Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada
Abstract
En este trabajo desarrollamos una revisión historio-gráfica sobre la crisis urbana e institucional de las ciudades hispanorromanas a finales del Alto Imperio. Al mismo tiempo, examinamos de forma sucinta los problemas que vivieron estas comunidades cívicas desde época antonina avanzada
Full text
Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada On the beginning of the urban and civic crisis in Hispania during the late Antonine age Resumen En este trabajo desarrollamos una revisión historiográfica sobre la crisis urbana e institucional de las ciudades hispanorromanas a finales del Alto Imperio. Al mismo tiempo, examinamos de forma sucinta los problemas que vivieron estas comunidades cívicas desde época antonina avanzada. Abstract In this paper, we develop a historiographical review of the urban and institutional crisis of the roman cities on the Iberian Peninsula at the end of High Roman Empire. Likewise, we synthetically analyse the problems that affected these cities as from the Antonine Age. Diego Romero Vera Universidad de Sevilla dr[email protected] - https://orcid.org/0000-0002-4562-2407 Fecha recepción 11.03.2019 / Fecha aceptación 15.05.2019 Palabras clave siglo II d.C., Hispania, urbanismo, época antonina, crisis municipal. Keywords second century A.D., Hispania, urban planning, Antonine Age, municipal crisis. Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215 EISSN: 2445-0057. doi: https://doi.org/10.20318/revhisto.2020.5491
195 Diego Romero Vera Miscelánea 1. Introducción Tradicionalmente, la historiografía había establecido que las ciudades hispanas experimentaron en el siglo II d.C. una etapa de relativo estatismo o estancamiento, después de recibir las infraestructuras urbanísticas y los edificios públicos necesarios en las fases previas. Debido a la ausencia de nuevas construcciones en esta fase, se conjeturó que los núcleos urbanos vivirían una prolongada etapa de mantenimiento o continuidad. En cierto modo, parecía que el frenético ritmo vivido entre las épocas augustea y flavia hubiera acabado, o lo que es lo mismo, que el tempo histórico de las ciudades hispanorromanas se hubiera ralentizado. Las comunidades cívicas habrían vivido, siguiendo con esta idea, entre la normalidad aparente y un lento declinar en época antonina. Esta situación cambiaría con la irrupción de acontecimientos traumáticos: invasiones, inestabilidad política, epidemias, que originarían la llamada “crisis” del siglo III. Desde el punto de vista arqueológico, en Hispania no se había constatado una clara retracción urbana hasta bien entrado el siglo III d.C.1, y todo ello a pesar de la trascendencia historiográfica de las propuestas de E. Gibbon y el testimonio de Dión Cassio2, según los cuales tras el reinado de Marco Aurelio se desarrolló un marcado cambio de tendencia que afectó, a grandes rasgos, a todo el Imperio. El avance arqueológico desarrollado en algunos enclaves permitió establecer excepciones a esta dinámica. Así, se constató una crisis precoz en determinados yacimientos tales como Lucentum, Emporiae o Baelo Claudia3. En los últimos años, este elenco inicial ha crecido considerablemente. De hecho, el registro arqueológico ha revelado que otras ciudades hispanas muestran también evidencias de retracción o colapso 1. AA.VV., Ciudad y comunidad cívica en Hispania (siglos II y III d.C.), Madrid, 1993. 2. Cass. Dio 72. 36; E. Gibbon, The history of the decline and fall of the Roman Empire, Londres, 1776. 3. M. Olcina y R. Pérez Jiménez, La ciudad ibero-romana de Lucentum (El Tossal de Manises, Alicante). Introducción a la investigación del yacimiento arqueológico y su recuperación como espacio público, Alicante, 1998; P. Castanyer et alii, “L’excavació del kardo B. Noves aportacions sobre l’abandonement de la ciutat romana d’Empuries”, Cypsela, 10, 1993, 159-194; P. Sillières, “Vivait-on dans des ruines au II siècle ap. J.C.? Approche du paysage urbain de l’Hispanie d’après quelques fouilles rècentes”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (siglo II y III d.C.), Madrid, 1993, 140-146. Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
196 antes del siglo III4. Estas trasformaciones han atraído la atención de los investigadores y en la actualidad existe un notorio interés por analizar el fenómeno de la crisis de las crisis de las ciudades desde un punto de vista material e institucional5. 2. La controversia historiográfica sobre el inicio de la crisis Sin entrar en el enconado debate historiográfico sobre la llamada “crisis del siglo III”, desde los años 80 del siglo pasado varios trabajos han puesto de relieve que ciertos hechos históricos propios de la transición a la tardoantigüedad –esto es, ralentización económica, contracción del evergetismo, falta de dinamismo interno de las ciudades, aumento del intervencionismo 4. Tomando en consideración la información arqueológica, podemos afirmar que un buen número de ciudades hispanas sufrió un declive material antes del siglo III d.C. Nos estamos refiriendo a: Bilbilis, C. García Villalba, C. y J. Sáenz, “Municipium Augusta Bilbilis ¿paradigma de la crisis de la ciudad julioclaudia?”, en L. Brassous y A. Quevedo (Eds.), Urbanisme civique en temps de crise. Les espaces publics d’Hispanie et de l’Occident romain entre le IIe et le IVe siècle, Madrid, 2015, 221-235; Carthago Nova, A. Quevedo y S.F. Ramallo, “La dinámica evolutiva de Carthago Nova entre los siglos II y III”, en L. Brassous y A. Quevedo (Eds.), Urbanisme… op. cit., 161-177; Emporiae, Castanyer et alii, “L’excavació…”, op. cit., 159-194; Labitolosa, P. Silliéres, M.A. Magallón y M. Navarro, “El municipium Labitolosanum y sus notables: novedades arqueológicas y epigráficas”, AEspA, 68, 1995, 112; Lucentum, A. Guilabert, M. Olcina y E. Tendero, “Lucentum (Tossal de Manises, Alicante). Estudio de caso de un municipium de la Tarraconense sur”, en L. Brassous y A. Quevedo (Eds.), Urbanisme… op. cit.,145-160; Iulia Livica, O. Olesti, J. Guàrdia y O. Mercadal, “El fin del sueño urbano en Iulia Livica (Llívia, Cerdaña)”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Eds.), Las ciudades de la Tarraconense oriental entre los s. II-IV d.C. Evolución urbanística y contextos materiales, Murcia, 2014, 61-88; Dertosa, R. Járrega et alii, “Elementos urbanísticos de abandono y una posible crisis estructural en la ciudad de Dertosa (Hispania Citerior) en el siglo II d.C.”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Eds.), Las ciudades…op. cit., 149-174; Cartima, M. Berlanga y F. Melero, “Cartima a través de las fuentes arqueológicas y epigráficas”, en J. González y P. Pavón (eds.), Andalucía romana y visigoda. Ordenación y vertebración del territorio, Roma, 2009, 167- 190; Arucci/Turobriga, J. Bermejo, “El fin del modelo urbano y municipal en Arucci Turobriga: la transformación hacia la antigüedad tardía (ss. III-VII d.C.)”, Arqueología y territorio medieval, 18, 2011, 55-70; Lesera, F. Arasa, La ciutat romana de Lesera, Forcall, 2009, 81 y ss.; Torreparedones, J.A. Morena, “El foro de la ciudad romana de Torreparedones (Baena, Córdoba): primeros resultados de la investigación arqueológica (Campaña 2009-2010)”, Itálica, 1, 2011, 150 y ss.; Tiermes, C. Pérez González, E. Illarregui y P. Arribas, “Tiermes en los siglos II-IV. Evolución del poblamiento y del urbanismo de una ciudad de la cuenca del Duero”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Eds.), Las ciudades…op. cit., 250-251 y Los Bañales, J. Andreu,”Rationes rei publicae uexatae y oppida labentia”: la crisis urbana de los siglos II y III d. C. a la luz del caso del municipio de Los Bañales de Uncastillo (Zaragoza, España)”, en D. Vaquerizo, J.A. Garriguet y A. León (eds.), Ciudad y territorio: transformaciones materiales e ideológicas entre la época clásica y el Altomedioevo, Córdoba, 2014, 251-264. 5. No se puede negar que detrás de este interés historiográfico subyace nuestra perspectiva histórica, marcada por la actual regresión económica; J.M. Macias, “Querer y no poder: la ciudad en el conventus tarraconensis (siglos II-IV)”, en L. Brassous y A. Quevedo, (Ed.), Urbanisme civique en temps de crise. Les espaces publics d’Hispanie et de l’Occident, Madrid, 2015, 42. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
197 imperial, inestabilidad política– se hacen patentes en las provincias occidentales del Imperio desde el reinado de Adriano y se intensifican a partir de época de Marco Aurelio6. Así pues, en los últimos años, el tramo final del siglo II d.C. ha atraído el interés de los estudiosos, ya que las evidencias de la retracción urbana, política y económica que tradicionalmente se habían asignado al siglo III, parecen tener su verdadero origen unas décadas antes, es decir, en plena época antonina7. Muestra de este interés es la publicación de diversos trabajos centrados en esta materia8. Este campo de estudio está dominado por una línea historiográfica que defiende anticipar unos decenios la “crisis” del siglo III, situando en la segunda centuria el inicio del proceso regresivo que llegará a su culmen dos siglos más tarde. Igualmente, los trabajos publicados bajo un punto de vista que podríamos definir como “pesimista” o “catastrofista” analizan los casos más severos de decadencia urbana, dejando de lado el análisis de las ciudades que siguen esta misma dinámica evolutiva. Esta corriente investigadora para enfocar el estudio de las ciudades hispanas del siglo II desde la perspectiva de un final conocido de antemano: la Antigüedad tardía. De esta forma, la época antonina es concebida como preludio de la crisis, desvinculándose, al menos desde un punto de vista conceptual, a su adscripción tradicional al “Alto Imperio”, al mismo tiempo que se pretenden reconocer 6. G. Chic, “Datos para el estudio del culto imperial en la Colonia Augusta Firma Astigi”, Habis, 18-19, 1987-1988, 379-381; Id., “Marco Aurelio y Cómodo: el hundimiento de un sistema económico”, en L. Hernández (Ed.), La Hispania de los Antoninos (98-180), Valladolid, 2005, 567-586; G. Alföldy, “Hispania bajo los Flavios y los Antoninos: consideraciones históricas sobre una época”, en M. Mayer, J.M. Nolla y J. Pardo (Coord.), De les estructures indígenas a l’organització provincial romana de la Hispania Citerior, Gerona 1998, 21 y 22; Id.,”Spain”, en A.K. Bowman, P. Garnsey y D. Rathbone (Ed.), The Cambridge Ancient History Volume 11, The High Empire, AD 70–192, Cambridge, 2000, 459-461; Id., Nueva historia social de Roma, Sevilla, 2012, 264; Id., “El Imperio romano durante los siglo II y III: continuidad y transformaciones”, en J.M. Macias y A. Muñoz Melgar (Ed.), Tarraco christiana civitas, Tarragona, 2013, 25-28; G. Bravo, “La otra cara de la crisis: el cambio social”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (siglo II y III d.C.), Madrid, 1993, 156; Id., “¿Otro mito historiográfico? La crisis del siglo III y sus teóricos en el nuevo debate”, SHHA, 30, 2012,121; P. le Roux, “Peut-on parler de la cité hispano-romaine aux IIe-IIIe s.? Questions de forme et questions de fond pour une absence de synthèse”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (siglos II y III d.C.), Madrid, 1993, 187-195; J. Arce, “Inestabilidad política en Hispania durante el siglo II d.C.”, AEspA, vol. 54, nº 143- 144, 1981, 101-116; W. Jongman, “Gibbon was right: the decline and fall of the Roman economy”, en O. Hekster, G. de Kleijn y D. Slootjes (Ed.), Crises and the Roman Empire, Leiden, 2007, 187-197. 7. Así lo hemos constatado en la investigación derivada de nuestra tesis doctoral, D. Romero Vera, La ciudad hispanorromana en el siglo II d.C. Consolidación y transformación de un modelo urbano, Córdoba, 2016; J. Mata, “Crisis ciudadana a partir del siglo II en Hispania: un modelo teórico de causas y dinámicas aplicado al conventus Carthaginensis”, CAVN, 22, 2014, 219-259. 8. Entre los últimos trabajos consagrados a la transformación de la ciudad hispana a finales del Alto Imperio destacan: S.F. Ramallo y A. Quevedo (Ed.), Las ciudades de la Tarraconense Oriental entre los s. II-IV d.C. Evolución urbanística y contextos materiales, Murcia, 2014; L. Brassous y A. Quevedo (Ed.), Urbanisme cívique en temps de “crise”. Les espaces publics d’Hispanie et de l’Occident romain entre le II et le IV siècle, Madrid, 2015 y J. Andreu (Ed.), Oppida Labentia. Transformaciones, cambios y alteración en las ciudades hispanas ente el siglo II y la tardoantigüedad, Uncastillo, 2017. Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
198 en este momento los fenómenos que acarrearon la ruina de la ciudad clásica, y, en última instancia, el colapso de la civilización romana. Actualmente, el debate historiográfico sobre el inicio de la crisis urbana y municipal está de plena actualidad y ha sido objeto de valoraciones dispares9. Al tratarse de una línea de investigación joven, quizás no exista la suficiente perspectiva para evaluar con la clarividencia los testimonios de este complejo proceso histórico10. Con todo, si exceptuamos algunas posturas extremas, existe cierto consenso entre los especialistas sobre algunos de sus fundamentos. Por un lado, la transcendencia del siglo II debido a los importantes cambios que se operan en él, por lo que puede ser considerado, de alguna forma, como un periodo “bisagra”, a mitad de camino entre dos realidades históricas diferentes, de forma que ha sido considerado, indistintamente, como precedente de la tardoantigüedad o colofón del altoimperio. Por otro lado, parece evidente que, tras una época de relativa pujanza, ciertas comunidades cívicas empezaron a sufrir un proceso involutivo, cuyos testimonios son visibles desde el punto de vista material. El deterioro y amortización de la infraestructura urbana y los edificios públicos son la muestra más palpable de esta crisis urbana11. Este cambio de tendencia no se desarrolló a un mismo tiempo, sino que cabe detectar una ligera fluctuación cronológica en función de cada ejemplo urbano12. La investigación está verificando que este proceso no afecta únicamente a las ciudades de las provincias hispanas, sino a buena parte del Occidente romano; por el contrario, en otras regiones del Imperio (África, Oriente) las ciudades gozarán aún de un vigor considerable13. En 9. Otra línea de investigación, en este caso bajo el prisma de la Historia Antigua, propugna que no se puede hablar de crisis institucional de la ciudad hispanorromana hasta al menos la segunda mitad del siglo III, momento en que la epigrafía cívica prácticamente desaparece. Los pedestales de estatuas dedicados a emperadores por parte de las curias locales testimoniarían la vigencia del culto imperial y la continuidad de los órganos rectores de las ciudades, F. Jacques, Le privilège de liberté. Politique impériale et autonomie municipale dans les cités de l’Occident romain (161-244), Roma, 1984, 358-378; I. Rodá, “Foros y epigrafía: Algunos ejemplos de Hispania Citerior”, Histria Antiqua, 5, 1999,121-130; P. Le Roux, “La «crise» des élites hispano-romaines (IIIe-IVe siècles)”, en M. Navarro y S. Demougin, Elites Hispaniques, Burdeos, 2001, 58- 61; E. Melchor, “François Jacques tenía razón: sobre el no declinar de las élites locales y de la vida municipal durante el siglo II y primer tercio del siglo III d.C.”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 217-244; E. Melchor, “Las élites municipales y los inicios de la crisis del urbanismo monumental en el Occidente romano: algunas consideraciones, con especial referencia a Hispania”, Latomus, 77 (2), 2018, 416-440 10. Macias, “Querer…”, op. cit., 42. 11. A. Cepas, Crisis y continuidad en la Hispania del siglo III, Madrid, 1997, 135-248; P. Diarte, La configuración urbana de la Hispania tardoantigua: transformaciones y pervivencias de los espacios públicos romanos (s. III-VI d. C.), Oxford, 2012: 247-304; M.D. Ruiz Bueno, Dinámicas topográficas urbanas en Hispania, el espacio intramuros entre los siglos II y VII d.C., Bari, 2018: 75-85. 12. Cabe recordar que ciertas ciudades hispanas, como Lucentum o Emporiae, muestran signos de crisis urbana desde prácticamente época flavia. 13. C. Lepelley, Les cités de l’Afrique romaine au Bas-Empire, París, 1979; H. Jouffroy, La construction publique en Italie et dans l’Afrique romain, Estrasburgo, 1986; L. Lamoine, C. Berrendonner y M. Cébeillac-Gervasoni (Dir.), Gérer les territoires, les patrimoines et les crises. II, le quotidien municipal, Clermont- Ferrand, 2012; J.H.W.G. Liebeschuetz, The decline and fall of the roman city, 2001, Oxford, 30-32; F. López Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
199 todo caso, parece claro que la decadencia de la ciudad clásica en las provincias occidentales es anterior a la crisis del siglo III y pertenece en determinados casos a la segunda centuria14. Esto ha ocasionado que el longevo debate sobre la “crisis” del siglo III haya resurgido. Como se ha indicado, la arqueología percibe una serie de transformaciones que ocasionaron una crisis urbana o, como mínimo, una merma del antiguo dinamismo de muchas comunidades. Por tanto, conocemos relativamente bien cuál es el reflejo material de este proceso, pero, en correspondencia, no reconocemos las causas de estos cambios en el registro arqueológico. Dicho de otro modo, la arqueología muestra las evidencias de la regresión urbana, pero no ofrece respuestas claras sobre su origen15. De hecho, varios autores han llamado la atención sobre la incapacidad de la arqueología urbana y de los espacios públicos para ofrecer respuestas al interrogante propuesto. Dilucidar los motivos que ocasionaron en última instancia el colapso de una gran parte de los núcleos urbanos hispanorromanos es una labor que todavía no se ha resuelto de forma satisfactoria. Más aún, todo apunta a que no existe una única causa para un asunto complejo que atañe, en mayor o menor medida, a todo el Occidente romano. Cuando se trata esta cuestión, se retorna indefectiblemente a la problemática de las causas de la “crisis del siglo III”, un nudo gordiano historiográfico que ha tenido, tiene y tendrá ocupados a muchos historiadores. Es evidente, por tanto, que no existe consenso sobre las causas de la crisis del modelo cívico y urbano altoimperial. Todo lo contrario, las interpretaciones sobre el origen de esta compleja problemática son numerosas y diversas, como corresponde a una línea investigadora de corta trayectoria a la que continuamente se suma nueva documentación, sobre todo, de carácter arqueológico. Por supuesto, con esta revisión superficial no pretendemos resolver un debate tan enconado, al cual continuamente se incorporan nuevos datos y perspectivas. 3. Causas e indicios 3.1 Pérdida de relevancia geoestratégica Si examinamos las ciudades que presentan una crisis urbana prematura, nos damos cuenta de que en su mayor parte son pequeños centros urbanos sin importancia económica. Igualmente, los núcleos que presentan una continuidad tienen una cierta trascendencia geoestratégica. A partir del siglo II redes económicas instauradas favorecieron a aquellas urbes Sánchez, “La crisis de las ciudades hispanas comenzó con Adriano: ¿decadencia interna o falta de estímulos externos?”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 158; A. Blanco, “Asia Menor y el fin de la Edad de Oro: continuidad, transformación y crisis entre los siglos II y III d.C.”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 315-332. 14. A este respecto, se ha hablado de una “pre-crisis”, que ciertos autores niegan. Vid., con abundante bibliografía, C. Witschel, “Hispania en el siglo III”, en J. Andreu, J. Cabrero y I. Rodà (Ed.), Hispaniae. Las provincias hispanas en el mundo romano, Tarragona, 2009, 474. 15. Por ejemplo: V. Escrivà, C. Martínez y X. Vidal, “Contextos cerámicos, desarrollo urbano y abandono del municipio romano de Edeta (Llíria, Valencia). S. III-IV d.C.”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Ed.), Las ciudades… op. cit., 267; Macias, “Querer…”, op. cit., 32. Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
200 que contaban con productos de alto valor y poseían una óptima implantación en las rutas comerciales, especialmente en la red de tráfico marítimo. Por el contrario, normalmente los centros urbanos en decadencia ocupan una posición marginal en el entramado viario y en las rutas marítimas16. Así pues, se desarrolló un desplazamiento de estos enclaves en las rutas comerciales terrestres, fluviales y marítimas, quedando relegados a desempeñar un rol insignificante en sus áreas de influencia17. Al mismo tiempo, esta coyuntura benefició a otras comunidades mejor posicionadas en las redes de transporte, potenciando así su papel económico. Esta situación se ha podido comprobar con base en los núcleos costeros que languidecen ante la competencia de otros puertos18. Lucentum constituye un ejemplo bien documentado. La competencia del portus de Ilici, colonia mucho mejor situada en la red de comunicaciones, unida a la concesión del ius Latii a la vecina ciudad portuaria de Allon (Villajoyosa), hicieron mella en la función comercial de Lucentum19. Este desplazamiento acabó beneficiando a Ilici, que adquirió un papel hegemónico en la región como núcleo redistribuidor; de hecho, el vigor urbano y mercantil de este centro entre los siglos II-IV es coetáneo al declive de Lucentum20. Esta explicación también se ha empleado para el caso de otras comunidades costeras del litoral catalán, como Baetulo e Iluro, eclipsadas por Barcino, así como Emporiae, 16. Vid., entre otros: P. de Soto y C. Carreras, “La movilidad en época romana en Hispania: aplicaciones de análisis de redes (SIG) para el estudio diacrónico de las infraestructuras de transporte”, Habis, 40, 2009, 303-324; P. de Soto, “The costs of transport in Hispania”, en C. Carreras, y R. Morais (Coord.), The Western Roman Atlantic Façade: A study of the economy and trade in the Mar Exterior from the Republic to the Principate, Oxford, 2010, 31-46. 17. No hay que olvidar el importante papel geoestratégico de los puertos fluviales con conexión marítima. Dos ejemplos relevantes al respecto son Hispalis y Dertosa. Cfr. R. Járrega et alii, “Elementos urbanísticos de abandono y una posible crisis estructural en la ciudad de Dertosa (Hispania Citerior) en el siglo II d.C.”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo, (Ed.), Las ciudades… op. cit.,151-154; S. Ordóñez y D. González Acuña, “Colonia Romula Hispalis: nuevas perspectivas a partir de los recientes hallazgos arqueológicos”, en J. González y P. Pavón (Ed.), Andalucía romana y visigoda. Ordenación y vertebración del territorio, Roma, 2009, 78-84. 18. Estimamos que esta selección natural debió tener su correlato en el sistema viario. Un ejemplo en: C. Pérez González, E. Illarregui y P. Arribas, “Tiermes en los siglos II-IV. Evolución del poblamiento y del urbanismo de una ciudad de la cuenca del Duero”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Eds.), Las ciudades…op. cit., 238-239. Sin embargo, la pérdida del rol comercial de las ciudades de interior no es tan fácil de distinguir en base al registro arqueológico. En cualquier caso, las ciudades que no atraviesan por dificultades están perfectamente imbricadas en el sistema viario de la Península Ibérica. 19. M. Olcina y J. Ramón “Las cerámicas africanas de Lucentum (Tossal de Manises, Alicante): los fondos antiguos del Museo Arqueológico Provincial y consideraciones en torno a la decadencia de la ciudad romana”, en M. Olcina y J.A. Soler, (Coord.), Scripta in honorem Enrique A. García Llobregat Conesa, Alicante, 2000, vol. I, 416-417; A. Guilabert, M. Olcina y E. Tendero, “Lucentum (Tossal de Manises, Alicante). Estudio de caso de un municipium de la Tarraconense sur”, en L. Brassous y A. Quevedo (Ed.), Urbanisme… op. cit.,159-160. 20. M. Tendero y A.M. Ronda, “Nuevos datos sobre la Colonia Ilici Augusta (s. II-IV d.C.)”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Ed.), Las ciudades… op. cit., 275-320. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
201 cuyo puerto deja de ser recalado por las naves de largo alcance comercial y acabará siendo desbancada por una ciudad de interior, Gerunda21. 3.2 Crisis económica Muchos investigadores han defendido que a finales de época antonina el Occidente del Imperio experimentó una ralentización económica que afectó a todos los sectores productivos22. Esta crisis se relaciona con el colapso del modelo económico imperial, cuyos primeros trastornos comienzan en el reinado de Adriano y se perciben de forma clara en época de Marco Aurelio23. Una de los pilares de este sistema era la política expansiva, fundamental para el aprovisionamiento de metales en un momento en el que las minas empezaban a agotarse. Augusto ya emprendió un proceso de estabilización de fronteras. Los ricos yacimientos de oro y plata de Hispania y el tesoro de Egipto permitieron al emperador afrontar sus múltiples gastos sin recurrir al botín. Los dispendios y la bajada de la producción llevaron a Trajano a nuevas conquistas, sin embargo Adriano desarrolló una política de corte defensivo y acabó renunciando a los territorios conquistados por su predecesor, conservando únicamente la Dacia y Arabia Pétrea24. Esta estrategia quebró el equilibrio entre gastos e ingresos, sobre todo en una etapa en la que se redujeron los excedentes25. Al cabo de unas décadas, durante el reinado de Marco Aurelio, estallaron varias guerras fronterizas y, en consecuencia, los gastos militares aumentaron. A partir de entonces, el denario se devaluó y la inflación se disparó con la reforma monetaria26. Estos problemas se recrudecieron con la militarización del Imperio y con el creciente intervencionismo imperial27. Todo apunta, por tanto, a que estaríamos ante una crisis de carácter estructural. La minería constituía un sector económico básico para Hispania y también para el sustento del Imperio. Las minas de oro eran explotadas directamente por el estado, encabezando su gestión un procurador imperial28. No obstante, las minas de plata se arrendaban princi- 21. Castanyer et alii, “L’excavació…”, op. cit., 190-192; Macias, “Querer…”, op. cit., 46. 22.Vid. entre otros: R. Duncan-Jones, “Economic change and the transition to Late Antiquity”, en S. Swain y M. Edwards (Ed.), Approaching Late Antiquity. The transformation from Early to Late Empire, Oxford, 2004, 20-52; Chic, “Marco Aurelio…”, op. cit.; Jongman, “Gibbon was… “, op. cit. 23. Jongman, “Gibbon was… “, op. cit., 187-196. 24. F. de Martino, Historia económica de la Roma antigua, Madrid, 1985, 456-458; G. Chic, “Aspectos fiscales y de tributación a partir de Marco Aurelio: indicios de cambio”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit.,140-141. 25. G. Chic, La dinastía de los Antoninos, Madrid, 1990, 28-34 e Id., “Marco Aurelio…”, op. cit., 567-586. 26. M. Mazza, Lotte sociali e restaurazione autoritaria nell III secolo d.C., Roma, 1973, 273; De Martino, Historia... op. cit., 459-457. 27. Chic, “Marco Aurelio…”, op. cit., 579-583. 28. C. Hirt, Imperial mines and quarries in the Roman world: organizational aspects, 27 BC-AD 235, Oxford, 2010, 119-125. Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
208 ciarum, constituían vías de promoción política. Igualmente, era favorable establecer relación con los miembros de la administración imperial66. No hay que olvidar que en el proceso para nombrar caballero a un ciudadano era muy importante el prestigio que éste gozara y la información que proporcionaran al respecto los gobernadores provinciales. De esta forma, estos “oligarcas de provincias” acabaron trasladando sus actos evergéticos a las capitales para captar fama y honores67. En cambio, sus núcleos de origen sufrieron la pérdida de los munera y del mecenazgo cívico de estos notables, recursos fundamentales para el mantenimiento de la vida urbana68. Como indicamos anteriormente, precisamente fueron los núcleos de segundo orden los que sufrieron de forma más acusada el impacto de la crisis. La dinámica que estamos comentado guarda una estrecha relación con el conocido éxodo de hispanos que hicieron carrera política en la capital del Imperio, así como en la administración provincial y el ejército en época antonina69. Igualmente, las familias senatoriales hispanas trasladaron sus gastos evergéticos e inversiones a Roma y esto, en consecuencia, acabó perjudicando a sus localidades de origen70. De hecho, la Historia Augusta refiere que los hispanos quedaron exhaustos en época de Marco Aurelio por la italica adlectio, alusión que hace referencia a la dinámica descrita71. 3.6 Mantenimiento de espacios monumentales sobredimensionados Según nuestro criterio, una dificultad considerable para muchas ciudades de época antonina avanzada fue el mantenimiento del equipamiento monumental creado entre época augustea y principios del siglo II. La monumentalización de muchas comunidades, especialmente con motivo de los procesos de promoción jurídica de los periodos augusteo y flavio, supuso que éstas adoptaran una infraestructura urbana y monumental extraordinaria. La Península Ibérica vive entonces una agitación constructiva insólita que confiere a las localidades todos los espacios y comodidades propios del modo de vida urbano. Las comunidades, enardecidas por la prosperidad económica y el mecenazgo cívico, rivalizan 66. Melchor, “Corduba…”, op. cit., 251-253. 67. Melchor, “Corduba…”, op. cit., 275-278. 68. No obstante, no siempre perdieron los lazos con sus comunidades; además, se ha comprobado que esas elites preferían enterrarse en sus lugares de origen, vid. Melchor, “Corduba…”, op. cit., 261-262. 69. A. Caballos, Los senadores hispanorromanos y la romanización de Hispania (siglos I-III), Écija, 1990; A. Canto, “Saeculum Aelium, Saeculum Hispanum: poder y promoción de los hispanos en Roma”, Hispania, el legado de Roma, Zaragoza, 1998, 209-224; C. Ricci, “Ispanici a Roma nel II secolo. La componente militare”, en L. Hernández (Ed.), La Hispania… op. cit., 267-271; P. Le Roux, “Soldados hispanos en el ejército imperial romano” en J. Andreu, J. Cabrero y I. Rodà (Ed.), Hispaniae… op. cit., 283-292. 70. R. Syme, “Hadrian and Italica”, JRA, 54, 1964,142-149. Los actos de evergetismo de senadores y caballeros hacía sus ciudades de origen, tanto en Hispania como en el resto del Imperio, fueron bastantes escasos, vid. Melchor, “Aportaciones...”, op. cit., 78-79. 71. SHA Vita Marci 11. 6. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
209 entre sí por demostrar su romanidad desde un punto de vista material72. Este exceso de ambición se distingue también en determinados proyectos edilicios llevados a cabo durante el siglo II. Algunos de ellos, pese al esfuerzo inicial, nunca llegaron a acabarse. Son los casos del circo de Segobriga, de las murallas de Munigua o del Traianeum y el anfiteatro de Italica, cuyos programas decorativos quedaron inconclusos73. Este gran esfuerzo tendría sus consecuencias una vez surgieran las primeras dificultades económicas. Tal despliegue monumental exigía no sólo un gran desembolso económico para su creación, sino también importantes sumas para su mantenimiento, y constituiría, con el paso del tiempo, una carga enorme que las comunidades con problemas no pudieron sostener74. Además, debemos considerar que cada construcción tiene su “trayectoria vital”. Si en las Hispania la mayor parte de los edificios se construyeron a inicios de época imperial, es normal que comenzaran a deteriorarse después de un siglo, necesitando, por tanto, importantes desembolsos para ser rehabilitados75. Precisamente, es muy significativo que Antonino Pío ordenara que el dinero donado para nuevas construcciones pudiera destinarse a la restauración de las preexistentes, en el caso de que la ciudad careciera de fondos para tal fin76. Este rescripto es muy revelador y viene a demostrar que las comunidades ya tendrían problemas a mediados del siglo II para preservar la decus urbana. Por otro lado, desde comienzos de época antonina, los emperadores mostraron su inquietud por los dispendios constructivos. Justamente, en la correspondencia de Plinio el Joven se comprueba como Trajano supervisaba directamente los proyectos edilicios sufragados con dinero público77. Tampoco hay que olvidar que las evergesias edilicias no solían 72. M. Martín-Bueno, “La ciudad Julio-Claudia, ¿una estrella fugaz?”, en R. de Balbín y P. Bueno (Ed.), II Congreso de Arqueología Peninsular, t. IV, Alcalá de Henares, 1997, 17-120; Witschel, “Hispania…”, op. cit., 494; Alföldy, “Hispania…”, op. cit., 19. 73. J. Ruiz de Arbulo, R. Cebrián y I. Hortelano, El circo romano de Segobriga (Saélices, Cuenca), Cuenca, 2009, 99-101; T.G. Schattner, Munigua: cuarenta años de investigaciones, Sevilla, 2003, 52-56; W. Grünhagen, “Cronología de la muralla de Munigua”, Homenaje a Sáenz de Buruaga, Badajoz, 1982, 315-321; P. León, Traianeum de Italica, Sevilla, 1988, 81; R. Corzo, “El anfiteatro de Itálica”, en J.M. Álvarez Martínez y J.J. Enríquez (Ed.), El anfiteatro en la Hispania romana, Badajoz, 1994, 203. Sobre este aspecto en general, vid. M. Aberson, y T. Hufschmid, “Bâtiments publics inachevés: crises et solutions”, L. Lamoine, C. Berrendonner y M. Cébeillac-Gervasoni (Dir.), Gérer… op. cit., 247-260. 74.Martín-Bueno, “La ciudad…”, op. cit., 120-121. Esta dinámica es especialmente visible en Clunia y Emporiae, cfr. M. A. de la Iglesia y F. Tuset, “El proyecto del foro de Clunia. Espacio y función”, en B. Soler et alii (Coord.), Las sedes de los ordines decurionum en Hispania. Análisis arquitectónico y modelo tipológico, Mérida, 2013, 106-107; J.M. Nolla, “Ampurias en la Antigüedad tardía”, AEspA, 66, 1993, 212-214. 75. Le Roux, “Peut-on parler...”, op. cit., 194. 76. Dig. 50. 10. 7. 77. Plin. Ep. 10. 23-24; 39. 1-5 y 40. 1-2; 39. 5 y 40. 3; 10. 37-38 y 90-91; 10. 98. En ocasiones, la mala gestión de las obras daba lugar a situaciones como la ocurrida en Nicomedia, cuyo acueducto no había sido terminado a pesar de que se habían empleado en su construcción más de cinco millones y medio de sestercios (Plin. Ep. 10. 37). O, por otro lado, el teatro de Nicaea, el cual presentaba grietas antes de ser inaugurado (Plin. Ep. 10. 39). Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
210 incluir los gastos que generaba el funcionamiento de estas construcciones. Antes bien, eran las ciudades las que se hacían cargo de su mantenimiento78. El problema que venimos describiendo parece afectar especialmente a las pequeñas comunidades que, con ocasión de su promoción jurídica, alcanzaron un desarrollo monumental y urbanístico que en muchos casos excedía las necesidades reales de su población79. El registro arqueológico viene demostrando que el vigor de estos centros cívicos había menguado bastante al cabo de unas generaciones, por lo que no les quedó otra opción más que abandonar algunas de espacios públicos80. Por tanto, debemos plantearnos si detrás de estos proyectos urbanísticos desmedidos y de esta euforia constructiva no se oculta una falta de planificación real y, en definitiva, un exceso de optimismo. Podemos esgrimir varios ejemplos al respecto, sin embargo, uno de los más significativos lo encontramos en Labitolosa. Esta pequeña comunidad recibió el ius Latii en época flavia y alcanzó una impresionante imagen urbana, como demuestra la construcción de una magnifica curia que incluía un completo programa escultórico en su interior dedicado a los notables locales, en especial al eques M. Clodius Flaccus, donante del citado edificio81. Sin embargo, la vitalidad de este municipio se truncó rápidamente, como revelan el abandono de sus dos complejos termales y del foro en su conjunto a finales del siglo II82. Asimismo, la munificencia imperial desarrollada por Adriano en Italica debió de originar importantes dificultades83. La ampliación y monumentalización del núcleo urbano no estuvo motivada por el crecimiento demográfico o florecimiento económico de la comunidad, sino por el empeño del príncipe. Tras su muerte el mantenimiento de un equipamiento monumental tan desmesurado debió de acarrear muchos problemas a los italicenses. 78. Melchor, “Aportaciones…”, op. cit.140-141. 79. D. Romero Vera, “Crisis urbana y estatuto jurídico. Una aproximación a la trayectoria de los municipia Flavia en época antonina”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 68-78; M. Martín-Bueno, “La ciudad hispanorromana: deseo y realidad”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 29-31; J. Andreu y I. Delage, “Diuturna atque aeterna civitas?: sobre la sostenibilidad de los municipia Latina hispanorromanos a partir de un caso paradigmático: Los Bañales de Uncastillo”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 266-269. 80. Witschel, “Hispania…” op. cit., 494. 81. P. Silliéres, M.A. Magallón y M. Navarro, “El municipium…” op. cit., 107-130. 82. P. Silliéres, M.A. Magallón y M. Navarro, “El municipium…” op. cit., 112; J.M. Labarthe et alii, “Las termas de la ciudad hispano-romana de Labitolosa: avance a su estudio”, en C. Fernández Ochoa y V. García-Entero (Eds.), Termas Romanas en el occidente del imperio, Gijón, 2000,193-198. 83. Cfr. E. Melchor, “La construcción pública en la Hispania romana: iniciativa imperial, municipal y privada”, Memorias de Historia Antigua, 13-14, 1992-1993, 133. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
211 3.7 Epidemia de peste Continuando con nuestra revisión de las adversidades que padecieron las ciudades en época antonina avanzada, hay que mencionar a la peste84. Se trata de un epidemia conocida por las fuentes literarias que azotó fundamente la parte oriental del Imperio85. Al respecto, existe cierta controversia sobre la difusión y el efecto que alcanzó86. En todo caso, no existe en la actualidad ningún tipo de evidencia que autorice a pensar que la enfermedad llegó a las provincias hispanas, si bien sus trazas, en el caso de existir, serían difíciles de reconocer desde el punto de vista arqueológico. Si la peste hubiera alcanzado la Península Ibérica, su impacto habría constituido otro agente desestabilizador para la mermada vitalidad de los centros urbanos87. 3.8 Crisis frumentaria Las fuentes de esta época reflejan dificultades con el suministro de cereales a la población. A partir de la segunda mitad del siglo II se desarrollan en el Occidente romano episodios de crisis frumentaria y hambrunas propias de sociedades en las que la agricultura tiene un peso fundamental en su economía. Ciertamente, era común que en el mundo mediterráneo se produjeran crisis de subsistencia generadas por las variables climáticas88. Para impedirlas, las ciudades contaban con órganos especializados, annonae municipales, que se encargaban de asegurar el aprovisionamiento de grano a la población local. Al respecto, es muy revelador el surgimiento de curatores annonae en las ciudades de Italia desde mediados del siglo II. De hecho, estas comunidades sufrieron tales capítulos de escasez de alimentos que tuvieron que ser auxiliadas por Marco Aurelio89. Las fuentes son menos elocuentes para el caso de 84. Además de la peste, ciertas ciudades fueron azotadas por otras catástrofes tales como incendios y seísmos. Cfr. Rossignol, “Il avertissait...”, op. cit. 452-454. 85. Entre otros: Cass. Dio 70. 3. 1; Eutr. 8.12; Amm. Hist. 31. 6. 24; SHA Vita Marci 13. 3; SHA Vita Verus 8. 1. 86. Vid. J. Gilliam, “The plague under Marcus Aurelius”, AJA, 82, 1961, 225-251; R. P. Duncan-Jones, “The impact of the Antonine plague”, JRA, 9, 1996, 108-136; C. Bruun, “The antonine Plague and the Third-Cen- tury Crisis”, O. Hekster, G. de Kleijn y D. Slootjes (Ed.), Crises…, op. cit., 201-218; E. Lo Cascio (Ed.), L’Impatto della peste Antonina, Bari, 2008. 87. Un epígrafe hallado en Dertosa (CIL II2/ 14, 384), que alude a una legación del concilio de la Hispania Citerior enviado al emperador Antonino Pío, se ha vinculado con la petición de ayuda ante una eventual catástrofe o necesidad. Cfr. R. Járrega, et alii, “Elementos urbanísticos de abandono y una posible crisis estructural en la ciudad de Dertosa (Hispania Citerior) en el siglo II d.C.”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Ed.), Las ciudades… op. cit., 168-169. 88. Además, entraban en juego otros factores como las plagas y el acaparamiento. Sobre este aspecto en general, vid. P. Garnsey, Famine and food supply in the Graeco-Roman world. Responses to risk and crisis, Cambridge, 1993. 89. SHA Vita Marci 11. 2-5, vid. S. Mrozeck, “Le problème de l’annone dans les villes italiennes du Haut-Empire romain”, Le ravitaillement en blé de Rome et des centres urbains des débuts de la République jusqu’au Haut Empire, Nápoles, 1994, 95-101. Se ha señalado para el caso de Italia una crisis de carácter Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
212 Hispania, aunque la epigrafía muestra ciertos episodios de crisis annonaria que fueron resueltos por evergetas en el siglo II90. Así, en el siglo II d.C. se han fechado cuatro inscripciones procedentes de Aeso, Dianium, Anticaria y Ucubi que reflejan este tipo de auxilia por parte de evergetas91. Entre todas sobresale el epígrafe de Ucubi, que documenta una donación de trigo por valor de 600.000 sestercios en la segunda mitad del siglo II o inicios del III. Otra inscripción de Tarraco homenajea a un decurión que dirigió una legación para abastecer de grano a la colonia en la segunda centuria92. Sin embargo, hay que indicar que en el caso de Hispania dichas crisis no se desarrollaron exclusivamente en época tardoantonina y tuvieron probablemente un carácter episódico. demográfico desde la segunda mitad del siglo II, vid. E. Lo Cascio, “La dinamica della populazione in Italia da Augusto al III secolo”, L’Italie d’Auguste à Dioclétien, Roma, 1994, 119-125. El abandono de viviendas y de sectores urbanos es reflejo de este fenómeno, como se ha indicado en Emporiae, vid. J. Nie- to, “Acerca del progresivo despoblamiento de Ampurias”, Rivista di Studi Liguri, 67, 1981, 34-51; Nolla, “Ampurias…”, op. cit., 212-214; Id., “Empuries. Creiximent, crisis i adaptació. Algunes consideracions”, en M. Mayer, J.M. Nolla y J. Pardo (Coord.), De les estructures… op. cit., 437-439. Sin embargo, no está claro si la despoblación de las ciudades es una consecuencia de la crisis urbana o una causa de la misma. Asimismo, también sería aclarador analizar la evolución del territorio de las ciudades. En este sentido, no existe un patrón común. En Carthago Nova y Lucentum el abandono de muchos establecimientos rurales es paralelo a la crisis de la ciudad, A. J. Murcia, “Poblamiento rural romano en el Campo de Cartagena (siglos III a.C.-VII d.C.)”, en J.M. Noguera (Dir.), Poblamiento rural romano en el sureste de Hispania: 15 años después, Murcia, 2010, 156-157; J.R. Ortega, “Aportaciones al estudio del poblamiento romano en el entorno de Lucentum (Alicante)”, XXIV Congreso Nacional de Arqueología, Cartagena, vol. IV, 1999, 471; M. Olcina, Lucentum (Tossal de Manises, Alicante): arqueología e historia, Alicante, 2009, 119-122. En otras poblaciones, como Iulia Livica, se ha atestiguado una continuidad en el territorio con respecto a periodos anteriores, O. Olesti, J. Guàrdia y O. Mercadal, “El fin del sueño urbano en Iulia Livica (Llívia, Cerdaña)”, en S.F. Ramallo y A. Quevedo (Ed.), Las ciudades… op. cit., 72-74. En Baetulo, por su parte, un buen número de villae acogieron remodelaciones arquitectónicas en el siglo II y pasaron a tener una función habitativa, M. Prevosti, Cronologia i poblament a l’area rural de Baetulo, Badalona, 1981, 32. Esto se ha relacionado con un desplazamiento de población del núcleo urbano al territorio, M. Comas, J. Guitart y P. Padrós, “Prehistòria i Història Antiga”, J. Villarroya, J. (Dir.), Història de Badalona, Badalona, 1999, 43-44. También en las villae de la Bética se detectan cambios de tipo arquitectónico y productivo en esta época, cambios que están en sintonía con la situación descrita, A. Fornell, “Evolución de las uillae béticas durante la dinastía Antonina”, L. Hernández (Ed.), La Hispania… op. cit., 587-596. 90. E. Melchor, “Evergetismo annonario y Alimenta en Hispania romana”, Veleia, 10, 1993, 95-104, Id. “Aportaciones…”, op. cit., 112-114. También es muy significativa la creación de una institución alimentaria en Hispalis durante el siglo II. La benefactora, Fabia Hadrianilla, instituyó un legado de 150.000 sestercios para que, con el interés del 6%, se llevaran a cabo dos repartos de dinero anuales a los niños y niñas de la colonia. La inscripción hace alusión asimismo al funcionamiento en la ciudad de dos instituciones más de este carácter, pueri ingenui Iuncini y puellae inginuae Titianae (CIL II, 1174). 91. CIL II, 4468; CIL II, 3586; CIL II2 /5 753; CIL II2 /5 457. 92. RIT, 364. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
213 3.9 La invasión de los mauri Otro episodio de inestabilidad, muy controvertido y circunscrito al sur de Hispania, lo constituyen las razias de los mauri93. En el año 172 y 177 d.C. tropas de origen bereber atravesaron el Mediterráneo para saquear las ciudades de la Bética. Las fuentes literarias y epigráficas que describen este suceso manifiestan que los ataques fueron bastante violentos94. Circunstancia que también se deduce por la respuesta adoptada para neutralizar los disturbios: la movilización del legado de la Citerior, C. Aufidius Victorinus, en la primera oleada y del procurador de la Mauretania Tingitana, C. Vallius Maximianus, en la segunda. Tradicionalmente, estos saqueos se interpretaron como un preludio de las grandes invasiones del siglo III y una de las razones del fin del esplendor de las ciudades béticas95. Actualmente, se tiende a relativizar estos hechos, ya que desde el punto de vista arqueológico no se detectan destrucciones violentas. Todo parece indicar que estaríamos ante escaramuzas y saqueos que pudieron ocasionar episodios de angustia, pero de ninguna forma poner punto y final a las ciudades afectadas96. 3.10 Inestabilidad política A finales del siglo II las provincias hispanas se ven envueltas en la guerra civil generada tras el asesinato de Cómodo. En el año 197 el gobernador de la Citerior, L. Novius Rufus y gran parte de la élite de Hispania y Gallia se decantan por Clodio Albino97. Así, dejando al margen la re- 93. La bibliografía sobre este aspecto es amplísima; vid. entre otros, M. Nieto, “Las incursiones de los Mauri en la Bética durante el reinado de Marco Aurelio. Nuevo estado de la cuestión”, España y el Norte de África. Bases históricas de una relación fundamental, Granada, 1987, 215-225; H. Rahmoune, “Le passage des Maures en Bétique au IIe siècle apr. J.-C.” Antiquités africaines, 37, 2001, 105-117; G. Bernard, “Les prétendues invasions maures en Hispanie sous le règne de Marc Aurèle: essai de synthèse”, Pallas, 79, 2009, 357-375. 94. SHA Vita Marci 21. 1: Cum mauri Hispanias prope omnes vastarent, res per legatos bene gestae sunt. SHA Vita Severi 2. 3-6: Sed dum in Africa est, pro Baetica Sardinia ei attributa est, quod Baeticam Mauri populabantur. La información epigráfica la proporcionan, principalmente, dos piezas procedentes de Italica y Singilia Barba (CIL II, 1120 y 2015). Para el resto de fuentes relacionadas con este suceso vid. G. Bernard, “Les prétendues…”, op. cit.,357-370. 95. Por ejemplo, para el caso de Baelo, P. Sillières, Baelo Claudia: una ciudad romana de la Bética, Madrid, 1997, 59. 96. Aun así, algunos autores han vinculado ciertos episodios destructivos con la intervención de los mauri. Entre otros, la destrucción del foro de Cartima a finales del siglo II, vid. M. Berlanga y F. Melero, “Cartima a través de las fuentes arqueológicas y epigráficas”, en J. González y P. Pavón (Ed.), Andalucía… op. cit., 179. O los disturbios y saqueos acaecidos en el área minera de Riotinto y el final de la actividad minera en esta región, J.A. Pérez Macías, Las minas… op. cit., 218; A.R. Birley, Marcus Aurelius. A biography, Nueva York, 2000, 168. Sin embargo, tales devastaciones pueden deberse igualmente a incendios fortuitos o revueltas. Sobre este último aspecto, la Historia Augusta narra que Hispania se vio afectada en época de Marco Aurelio por agitaciones sin llegar a explicar su origen: “devolvió la normalidad a Hispania, agitada especialmente a causa de Lusitania”, SHA Vita Marci 22. 11, vid. G. Bernard, “Les prétendues…”, op. cit., 360. 97. J. Arce, “Inestabilidad…”op. cit., 114; J. Fitz, “Réflexions sur la carrière de Tib. Claudius Candidus”, Latomus, 25, 1966, 831-846; A.R. Birley, The African emperor. Septimius Severus, Londres, 1988, 89 y ss. Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
214 presión de la élite senatorial hispana, el triunfo de Septimio Severo tuvo serias consecuencias para las ciudades hispanas. Por un lado, es posible que Severo castigara a algunas poblaciones que habían tomado partido por el bando de Albino, sin embargo no existe suficiente información sobre este asunto, puesto que las fuentes epigráficas y literarias son parcas al respec- to98. La venganza también se proyectó en el plano económico, puesto que Severo confiscó una gran cantidad de propiedades99. En la Bética se ha podido rastrear este proceso a partir de la información que proporciona la epigrafía anfórica100. En efecto, se registran cambios en los sellos de las ánforas que contuvieron aceite procedente de fincas confiscadas a partidarios de Albino, que pasaron a formar parte del patrimonio privado de Severo y sus hijos101. Este hecho tuvo que repercutir necesariamente sobre las élites béticas que fueron despojadas de sus predios y también, en correspondencia, en sus comunidades cívicas. 4. Consideraciones finales A pesar de la multiplicidad de problemas que se han expuesto, creemos que ninguno fue tan perjudicial para las ciudades en general, y las hispanas en particular, como el desgaste de los fundamentos del sistema municipal romano102. Es incuestionable que el sostenimiento económico de las ciudades no podía basarse exclusivamente en los ingresos ordinarios. Para la supervivencia de este modelo de ciudad era necesario el desarrollo del 98. Las fuentes de este carácter con respecto a la represión en Hispania son: SHA Vita Alex. Sev. 9. 6-8; 13.7 y RIT, 130. Precisamente, se ha achacado la decadencia de la ciudad romana de Torreparedones (colonia Virtus Iulia Ituci) a la represión ejercida por Septimio Severo, vid. A. Ventura, “Torreparedones (colonia Virtus Iulia Ituci) entre Severo y Constantino: ¿oppidum labens uel damnatum et adtributum?”, en J. Andreu (Ed.), Oppida… op. cit., 473-778. 99. Alföldy, “Hispania…”, op. cit., 31-32. 100. J. Remesal, “Mummius Secundinus. El Kalendarium Vegetianum y las confiscaciones de Severo en la Bética”, Gerión, 14, 1996, 200-202; Id. “Nuevos datos sobre las confiscaciones de Septimio Severo en la Bética”, en J. López Vilar (Coord.), Tarraco Biennal. Govern i Societat a la Hispània Romana. Novetats epigràfiques, Tarragona, 2013, 233-246. 101. Al menos las figlinae Barba, Ceparia y Grumense y sus correspondientes fincas olivareras, localizadas en el curso medio del Baetis, fueron confiscadas y, posteriormente, explotadas como propiedad imperial por los severos. Un ensayo de reconstrucción del proceso en base a los sellos de las ánforas Dressel 20 en J. Moros, “La intervención severiana en la producción del aceite bético”, en J.M. Blázquez y J. Remesal Ed.), Estudios sobre el Monte Testaccio (Roma) VI, Barcelona, 2014. 102. Esto es algo en lo que coinciden un gran número de especialistas en nuestro campo de estudio, entre otros: J. Arce, “La ciudad en la España tardorromana: ¿continuidad o discontinuidad?”, Ciudad y comunidad cívica en Hispania (siglos II y III d.C.), Madrid, 1993, 181; Melchor, “Aportaciones…” op. cit., 194-198; J. Andreu, “Rationes rei publicae uexatae y oppida labentia: la crisis urbana de los siglos II y III d. C. a la luz del caso del municipio de Los Bañales de Uncastillo (Zaragoza, España)”, en D. Vaquerizo, J. A. Garriguet y A. León (Ed.), Ciudad y territorio: transformaciones materiales e ideológicas entre la época clásica y el Altomedioevo, Córdoba, 2014, 185; J.M. Macias, “Querer…”, op. cit., 30 y 42. Miscelánea Acerca del inicio de la crisis urbana y municipal en la Hispania de época antonina avanzada Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215
215 evergetismo espontáneo y el pago de sumas honorarias por parte de las élites103. Como hemos visto, en época antonina el mecenazgo cívico llega a su culmen, pero, a partir de mediados de siglo, este fenómeno fue desapareciendo gradualmente104. Los problemas económicos afectaron a los notables de las ciudades, al tiempo que las ventajas resultantes de la autorrepresentación y el desempeño de magistraturas y cargos religiosos eran cada vez menores105. Igualmente, el desarrollo de inmunidades por parte de la dinastía antonina tuvo que ser sumamente perjudicial para los núcleos urbanos. El servicio al estado proporcionaba riquezas, prestigio y posibilidad de promoción, aparte de la exención de los munera, precisamente en un tiempo en el que las cargas municipales habían aumentado considerablemente106. Todas estas circunstancias causaron un cambio de mentalidad de las élites, que se plasma en el descenso de los actos evergéticos y la percepción de los cargos locales como una carga no recompensada, de forma que las aristocracias urbanas pasaron a emplear sus caudales en sus propiedades y en su propio bienestar107. Pensamos que, en última instancia, la desarticulación de la ciudad altoimperial, incluida la hispanorromana, tiene su raíz en este proceso lento y gradual, cuyo inicio se halla en época antonina y cuyas últimas consecuencias dieron lugar a la ciudad tardoantigua. 103. R.P. Duncan-Jones, The economy of the Roman Empire, Cambridge, 1974, 88; Melchor, “Aportaciones…”, op. cit. 49 y 198; El mecenazgo… op. cit., 225. El conocido rescripto que prohibía el acceso a las magistraturas a decuriones tenues et exhausti refleja la existencia de una aristocracia local empobrecida en época de Marco Aurelio (Dig. 50. 4. 6. pr.). Sin embargo, esto no significa necesariamente que esa fuera la situación económica de la mayoría de los decuriones, cfr. Melchor, “François…”, op. cit., 222-223. 104. Melchor, El mecenazgo… op. cit., 54. En este punto, hay que recordar el golpe que supondría la desaparición del evergetismo edilicio para artesanos y obreros de la construcción. 105. L. Curchin, “El fin de los magistrados locales en el Imperio romano”, Gerión 32, 2014, 271-287. En este sentido, se ha tendido a confundir dos conceptos: crisis monumental o urbanística y decadencia institucional de las ciudades, vid. Melchor, “François…” op. cit., 240-241. Ambas cuestiones no se desarrollan al unísono, o al menos no con la misma intensidad. Sin embargo, sí es cierto que desde época antonina avanzada se registran episodios de negligencia o relajación de las funciones de los ediles, encargados de velar por la decus urbana, y, en última instancia, de los curiales como responsables del buen desempeño de las magistraturas. En nuestra opinión, sucesos como la amortización del alcantarillado, la aparición de basureros intraurbanos, las ocupaciones parasitarias del viario y el expolio de edificios público revelan, sino directamente una decadencia de los gobiernos locales, sí al menos su incapacidad para el cumplimiento de sus obligaciones. 106. Millar, “Empire…” op. cit.,76-96; Guichard, “Politique…”, op. cit. 65-66. 107. P. Brown, El mundo en la Antigüedad tardía. De Marco Aurelio a Mahoma, Madrid, 1989, 81-82. Diego Romero Vera Miscelánea Revista de historiografía 33, 2020, pp. 193-215