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La concepción de libertad-poder de Friedrich von Hayek

Millas, Jorge

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DOCUMENTOS La concepción de libertad-poder de Friedrich von Hayek::' Jorge Millas De la lectura de sus extensos, reiterativos y eruditísimos alegatos en favor del liberalismo total surge la inescapable conclusión de que sus estudios no parten del tema ni de los ásperos problemas de la libertad, sino del propósito de fortalecer intelectualmente, armar ideológicamente, hasta las últimas consecuencias, la sociedad de mercado. Su punto de vista no es científico ni filosófico, sino rudamente pragmático. Es en función de este resultado que pueden interpretarse las palabras de Hayek en el prefacio a su obra capital sobre Los fundamentos de la libertad: "Mi objetivo es describir un ideal, demostrar cómo puede alcanzarse y explicar lo que su realización significaría en la práctica. Para ello, la discusión científica es un medio, y no un fin. Creo que he hecho uso honesto de todo lo que conozco sobre el mundo en que vivimos. El lector decidirá si quiere aceptar los valores a cuyo servicio he puesto aquel conocimiento." y claro, uno podría conformarse con el rechazo de tales valores, que son los de la sociedad de mercado llevados a sus extremas consecuencias. Rechazar, simplemente, un sistema de valores de acuerdo con cuya naturaleza Hayek proclama el principio de que la libertad de unos pocos es buena para la mayoría que en función de ella no son libres. Rechazar, también, esa otra conclusión de nuestro filósofo: "El problema consiste en que numerosas libertades carecen de interés para los asalariados, resultando difícil frecuentemente * Documento presentado al Seminario "El neoliberalismo y la experiencia chilena", auspiciado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, realizado en Santiago de Chile, entre el 28 y el 30 de marzo de 1983. Este artículo, basado en una charla anterior, fue entregado a la Academia de Humanismo Cristiano por el profesor Jorge Millas como ponencia para el citado seminario, y publicado originalmente como documento interno por dicha institución. La concepción de libertad-poder de Friedrich van Hayek 193 hacerles comprender que el mantenimiento de su nivel de vida depende de que otros puedan adoptar decisiones sin relación aparente alguna con los primeros. Por cuanto los asalariados viven sin preocuparse de tales decisiones, no comprenden la necesidad de adoptarlas, despreciando actuaciones que ellos casi nunca necesitan practicar" 1. Pero el rechazo resulta demasiado fácil. Ni siquiera tenemos que imaginarnos en su plena vigencia la utopía de la auto gestión generalizada para apreciar la irracionalidad casi divertida de esta tosca justificación del poder decisorio de los propietarios del capital. Pero distinto es el caso si quien, al tiempo que nos propone la alternativa de seguirlo o no por esta vía del ad majorem mercatorii societatis, se propone formular una teoría. Entonces hemos de juzgarla como tal, y exigirle cartesianamente claridad y distinción de los conceptos, adecuación de los mismos para describir e interpretar la realidad, consistencia en sus aplicaciones y validez racional de los argumentos. De nada sirve entonces la excusa de haber uno elegido o no tales y cuales valores. La doctrina de von Hayek parte de la exclusión pseudoaxiomática de la idea de libertad como poder. Y digo pseudoaxiomática, porque un axioma es legítimo sólo en cuanto permite la formalización rigurosa de un campo de conceptos y sistema de proposiciones para el orden estrictamente formal del discurso. Con tal alcance, el axioma sólo requiere inequivocidad, que incluye su compatibilidad con otros axiomas del sistema. En este sentido, ni los axiomas ni sus deducciones necesitan ser verdaderos. Pero cuando pretenden serlo para valer como conceptuación de la realidad, cualquier deducción incompatible con los hechos los derrumba. La función ordenadora -por tanto, la validezdel axioma desaparece y pone al descubierto su índole de definición o principio arbitrarios. Se ha convertido en pseudoaxioma. Pseudoaxiomáticamente, pues, von Hayek excluye de la noción de libertad la dimensión del poder hacer. De esta manera, aunque su obra se presenta como una teoría y una defensa de la libertad -de la libertad a secas-, de hecho se refiere a un empleo restricto del término: a la libertad definida como ausencia de coacción. Para Hayek, en efecto, la libertad consiste en aquel "estado en virtud del cual un hombre no se halla sujeto a coacción derivada de la voluntad arbitraria de otro u otros" (lbíd.: 32). La describe también como "independencia frente a la voluntad arbitraria de un tercero". 1. F. von Hayek, Fundamentos de la libertad. Madrid, Unión editorial, 1978, pág. 163 (3ra. edición). 194 Araucaria Nro. 2 La referencia a la "voluntad" de un tercero es de mucha importancia en esta fórmula, pues permite aplicarla por modo restrictivo justo a lo que al maestro del neoliberalismo realmente le interesa. Dicha referencia autoriza, en efecto, a ignorar como barreras de la libertad las consecuencias indirectamente organizadas en la voluntad ajena. Gracias a ella, el término queda apto para justificar los tejes y manejes de la famosa "mano invisible" de los mercados. Porque, en efecto, aseguradas a éstos las condiciones que los hacen plenariamente "libres", excluyendo toda coacción proveniente de la voluntad ajena, las consecuencias que de "las leyes naturales" del mercado puedan derivarse para trabar de todos modos a las personas -por ejemplo, excluyéndolas de la competencia o aplastándolas en ellano son problema de la libertad. Tales personas son "libres" -en el decir de Hayekpues no han sido objeto de un "querer coactivo de otro u otros". Y esto, llevado al extremismo del disparate, como para sostener, por ejemplo -y cito entre alguna docena de textos posiblesque "no puede decirse que sufra coacción si la amenaza del hambre para mí y mi familia me obliga a aceptar un empleo desagradable y muy mal pagado, o incluso si me encuentro a merced del único hombre que quiera darme trabajo". ¿Dije que esto era un disparate? No lo es, realmente, si nos atenemos a la definición de Hayek, destinada, más que a la dilucidación del complejo problema humano de la libertad, a la racionalización de un estado de cosas. Por eso se apresura a explicar cómo el desocupado de la situación descrita es libre, aunque carezca de opciones o poder decisorio: lo es, en cuanto la acción del potencial empleador no está encaminada a obligarlo a que actúe o deje de actuar "específicamente", "con tal -agrega- de que la intención del acto que me perjudica no sea obligarme a servir los propósitos de otra persona". Dejemos de lado la impropiedad lógica de este análisis, que introduce la arbitraria premisa de que poner a un cesante desesperado en la situación de tomar o dejar un ofrecimiento de trabajo no es obligarlo a "actuar específicamente" ni a servir los propósitos de otra persona. Atendamos sólo al hecho de que cuantas consecuencias adversas a los valores principales de la vida vengan aparejadas en el modelo de la "libre" competencia, se encuentran de antemano fundamentadas, a modo de verdaderas peticiones de principio, por la definición restrictiva de la libertad, reducida a ausencia de coacción voluntaria, orientada hacia "actos específicos" -cualquier cosa que esto último signifique. No puede escapar al ideólogo, naturalmente, que el tema libertario es harto más complejo que el que su perspectiva le ofrece. Un superficial conocimiento de la lucha por la libertad en la historia muestra a los hombres interesados tanto por ser libres en el sentido de que nadie bloquee el camino que hayan podido elegir, como en el sentido de haber podido elegir verdaderamente La concepción de libertad-poder de Friedrich von Hayek 195 algún camino. Pero esta complejidad del tema perjudica la intención pragmática de servirse ideológicamente del concepto de la libertad para la defensa de las instituciones capitalistas. Por eso, se han de simplificar las cosas desde la partida. Al axioma afirmativo de que la libertad es esencialmente ausencia de coacción se agrega su complemento negativo: la libertad no es en su esencia poder para hacer, no es efectiva capacidad de elección. "La cuestión -escribe Hayek (Ibíd.: 34)- de cuántas vías de acción se abren a la persona es, desde luego, muy importante. Ahora bien, también es algo muy diferente de hasta qué punto puede aquélla seguir sus propios planes e intenciones en su actuación y hasta qué extensión el patrón de su conducta es de su propio diseño". Con más claridad todavía, agrega: "El que yo sea o no dueño de mí mismo y pueda o no escoger mi propio camino y el que las posibilidades entre las que yo deba escoger sean muchas o pocas, son dos cuestiones totalmente distintas" (Ibíd.: 41). Distintas son, en efecto, como son distintas siempre las notas definitorias de una noción; como son distintas, por ejemplo, las rectas y los ángulos que forman el triángulo. Sin embargo, ni las rectas ni los ángulos son irrelevantes a la noción de la figura triangular. En el mismo sentido, mi libertad depende tanto de la independencia de mis actos posibles como de la situación que efectivamente me permite elegir entre tales actos. Sin embargo, enfáticamente Hayek proclama un principio monovalente de libertad: ésta sólo consiste en la no interferencia ajena: "El que una persona sea libre -explica- no depende del alcance de la elección". Por lo visto, entonces, la cuestión de cuántas vías de acción se abren a la persona no es, después de todo, tan importante como empezara proclamando el escritor. Esta, como muchas de sus afirmaciones, es del todo retórica. Lo sorprendente es que al autor le tenga sin cuidado no sólo esto, sino también la flagrante contradicción. Hemos de atenernos, pues, a su dictamen final, y tratar de seguirlo en su pensamiento de que tan libre es quien tiene sólo dos opciones, como quien dispone de cien, respecto de una misma decisión. Pero seguirlo resulta imposible, si uno utiliza el pensamiento para pensar las cosas, y no para encubrirlas. En efecto, ¿qué sucede en el límite, esto es, cuando una persona carece de opciones en relación con un género de acción, por tener ante sí una sola vía, o cuando no tiene vía alguna? Hayek no registra abiertamente el problema, en los términos generales que reclamaría una doctrina bien afirmada en sus cabales lógicos. Pero hemos visto que, casuísticamente, no vacila en reconocer como libre la decisión de quien enfrenta la alternativa entre la miseria y la aceptación de una desventajosa y única oferta de trabajo. 196 Araucaria Nro. 2 En verdad, el asunto ha de tratarse en términos de teoría general. Son dichos términos los que ponen de manifiesto la total inadecuación de la doctrina. ¿Hasta qué punto es admisible abstraer en el concepto de libertad la ausencia de coacción y eliminar el componente de capacidad o poder que normalm~nte la acompaña en la experiencia? ¿Es verdaderamente libre quien, en rclación con una actividad determinada, no se halla impedido ni obstaculizado por la voluntad directa de otros, pero tampoco puede actuar por carecer de capacidad o poder para hacerlo? Porque en las situaciones de libertad, ambos aspectos se encuentran coligados e integran la unidad de la situación. Esta unidad es real, y por eso estoy conceptualmente impedido de definir la libertad por la mera ausencia de coacción, y sin referencia a que la acción no coaccionada o permitida se halle o no dentro del poder de que uno dispone. En la estructura del pensamiento se refleja lo mismo bajo la forma de una necesidad lógica. Por eso, resulta extraño que van Hayek no se dé cuenta del sinsentido envuelto en la definición de la libertad como mera negatividad o ausencia de coacción. En verdad, sólo puede impedirse lo que alguien está en condiciones de hacer. Por tanto, sólo es libre, en cuanto a la ausencia de coacción, quien, pudiendo hacer algo, no encuentra trabas provenientes de la acción ajena. La noción de libertad no puede ser meramente negativa. El concepto, si ha de expresar esa cosa tan concreta que es la situación de libertad vivida y apetecida por el hombre, ha de construirse de forma tal que funcione con valencia positiva y negativa desde el punto de vista lógico. Será positivo, considerado en relación con el sujeto, porque entonces significa poder hacer; será negativo respecto de las circunstancias, porque significará también la no interferencia o no impedibilidad de dicho poder. De un modo aforístico, podemos decir: "No es libre aquel a quien se le permite hacer lo que no puede". El analfabeto, por ejemplo, no es libre para leer o no leer, aunque nadie interfiera su teórica decisión: carece de poder para generar el acto alterno. En cambio, sí puede considerárselo libre para aprender a leer, contando con su capacidad de aprendizaje, y siempre, claro está, con la ausencia de todo obstáculo para poner en acción dicha capacidad. Por lo mismo, no hay libertad de mercado para todos los miembros de la comunidad social, aunque a nadie se le prohiba concurrir y aunque exista una regla general de no interferencia en las posibles acciones de concurrencia. Tales acciones son sólo lógica, pero no realmente posibles para todos. El mendigo, por ejemplo, no es libre para competir en la Bolsa de Valores, aun si nadie se lo prohibe. No es siquiera necesario considerar la fundamental diferencia entre la mera posibilidad lógica y la posibilidad fáctica -diferencia que al escritor neoliberal tiene sin cuidadopara comprender una cosa tan trivial. La concepción de libertad-poder de Friedrich von Hayek 197 Si se considera el asunto con mayor detenimiento, se reconocerá que el aspecto determinante de la idea de libertad es el positivo. Y ello en dos planos: primero en cuanto el elemento del poder hacer incluye conceptualmente el de no hallarse uno interferido, si al término "poder" se le confiere suficiente latitud; segundo, en cuanto la libertad como independencia frente a la voluntad de otros sólo puede constituirse en función lógica y real de mi capacidad efectiva para hacer algo. Por eso, el sentido de libertad que reconocemos en la independencia frente a otros es tributario del sentido de la libertad como poder, y no al revés. Somos independientes frente al prójimo justo en la medida de lo que realmente podemos hacer con independencia de su voluntad. Es la positividad de la situación libre la que le da sentido a su dimensión negativa. Sin embargo, uno puede engañarse fácilmente con Hayek, porque de hecho el aspecto más visible y dramático de la libertad es nuestra independencia frente a la voluntad ajena. Ello es comprensible; primero, porque la sujeción anula la libertad en su esencia, al inutilizar todo poder. No importa cuán- to yo pueda hacer -por ejemplo, desplazarme de un lugar a otro, comprar, elegir mi profesión, adoptar una forma de vida: mi poder hacer cesa ante la coacción insuperable. En segundo lugar, la dependencia es la negación más visible de la libertad. Otros factores, por ser más subjetivos, más complejos, más sutiles, son menos aparentes: por ejemplo, las limitaciones que se originan en la ignorancia, en la abulia, en el estatus social, en las consecuencias indirectas de las acciones no coactivas del prójimo. En tercer lugar, con lo ostensible que es, y justo por serlo, la situación de dependencia al poder ajeno, cuyas formas límite las hallamos en la relación del amo y del esclavo, y de la colonia con la metrópolis, es también lo que más nos hiere y excita a ensanchar nuestro campo de libertad. Es en este plano, en efecto, donde se desarrolla históricamente la lucha por la libertad. Ya en el mundo antiguo, y progresivamente hasta alcanzar su culminación en el siglo XVIII, la lucha se convierte en afán de libertad política, por ser el gobierno el que en las comunidades cívicas aparece como el sujeto real y virtual de la máxima coacción. Pero, como queda dicho, esto sólo destaca el aspecto más notorio históricamente, más dinámico del progreso hacia la libertad, y no significa que la libertad carezca de otros contenidos, ni tampoco que aquella fase no los contuviera ya en algunas de sus formas. De hecho, la creciente participación política con que se identifica el desarrollo de la democracia, no sólo ha consistido en las garantías civiles destinadas a poner límite al poder del Estado y a la arbitrariedad de los gobernantes; también ha contribuido al incremento del poder mismo, abriendo mayores campos de opción. Así, pues, tanto histórica como conceptualmente es posible oponer al teórico del extremismo liberal de nues- 198 Araucaria Nro. 2 tros días, una doctrina de la libertad más consistente que la suya. Dicha doctrina puede resumirse así: a) La libertad es, en su concepto límite, la situación de franquía o no interferencia de nuestro poder individual frente a la voluntad de otros. b) Se trata de una noción que, a la par, y como parte del mismo significado, tiene un aspecto positivo y otro negativo: positivamente considerada, la libertad supone capacidad de hacer, potencia de acción; negativamente, franquía social, esto es, ausencia de interferencia originada en la voluntad ajena. Si bien se observa, en el limite, y ateniéndonos a su puro concepto abstracto, la libertad significaría omnipotencia del individuo y ausencia de toda interferencia ajena. Pero este concepto límite sólo tiene interés para reconocer en su dinamismo, y por referencia a sus componentes cuantitativos, el hecho real de la libertad humana, lo que podemos llamar la situación de libertad del hombre en cada momento de su vida como individuo y como miembro de alguna comunidad social. Según ello, la situación de libertad puede identificarse en cada caso por la mayor o menor amplitud del poder hacer de que se dispone y la mayor o menor amplitud del control social. Mayor potencia de acción y menor control significa más libertad. La libertad crece a medida que nuestra capacidad de hacer aumenta y las limitaciones sociales disminuyen. A la inversa, menos potencia de acción y mayores controles significan menos libertad. La libertad disminuye en función directa de nuestra capacidad de hacer, y en función inversa del control ajeno. A partir del referido concepto límite se ve muy bien el problema de la libertad en cuanto experiencia y valor. Como experiencia o situación de libertad, es un campo lábil sujeto a contracción y expansión, según las necesidades de la vida histórica. Como valor, es un modelo límite, que inspira y da dirección a los esfuerzos del hombre. Desempeña el papel de norma reguladora, pero no expresa ninguna forma concreta de vida realizada o realizable. Cualquier forma de vida efectiva corresponderá más o menos al ideal de libertad. Pero como dicha forma depende del material real de vida, la libertad encarnará siempre insuficientemente en ella desde el punto de vista del concepto, porque el concepto contiene ya en sí la idea de su imposible particularización. Su relación con la vida a que sirve como regulador y modelo, es asintótica. El material real de vida en que la libertad se realiza introduce tres factores limitativos en las situaciones de libertad, variables por cuya virtud la libertad es históricamente fluctuante en relación con su molde conceptual. Dichos factores son: la naturaleza humana como tal, las particularidades in- La concepción de libertad-poder de Friedrich von Hayek 199 dividua les de dicha naturaleza y la existencia de la sociedad humana. Por lo pronto, la naturaleza humana excluye la omnipotencia. Esta trivialidad ha de tenerse a la vista para poner de relieve el carácter asintótico del esfuerzo del hombre por ser libre: su poder hacer se orienta a un máximo, que, siendo inalcanzable, da dirección al proceso. No puede el hombre hacer lo que quiera, pero en su propia naturaleza limitada se halla el poder de hacer siempre algo más y mejor, por ejemplo perfeccionar el conocimiento, incrementar su control del mundo físico, hacer más estrecha la solidaridad humana. Las particularidades del individuo -por ejemplo, sus habilidades intelectuales y físicas innatasdeterminan también su poder de acción, y, con ello, su situación de libertad. El torpe se halla, en algún sentido destinado a ser menos libre que el inteligente. Pero aquí también, y por modo más determinante, hemos de considerar la posibilidad de aproximar la libertad al límite. Esa es una de las funciones pertinentes al cultivo del hombre o educación en el lato sentido del término. La libertad puede ser incrementada habilitando al hombre como individuo para tener mayor capacidad de opción. La lucha por la libertad humana sería en extremo insuficiente si no atendiera a la redención del individuo, que es un aspecto positivo de la libertad. Dicha redención se mira aquí no como exigencia de un ideal de justicia, ni de paz, ni de respeto a la dignidad del hombre, sino como consecuencia de reconocer en la libertad un valor y de proponernos su realización. Redimir socialmente al individuo es incrementar su poder, es decir, su libertad. No otra cosa hacemos cuando enseñamos a leer al analfabeto, cuando abrimos más oportunidades para la educación profesional, cuando difundimos las artes y las letras; pero es también lo que hacemos al buscar las mejores condiciones posibles de salud, alimentación y vivienda para el común de los hombres, procurando el esfuerzo social para tales servicios, o la seguridad de remuneraciones mínimas. Las remuneraciones mínimas y la gratuidad de determinados servicios no son única ni principalmente procedimientos destinados a evitar que la fuerza de trabajo experimente merma; son también mecanismos de incremento de la libertad en su aspecto positivo: en su virtud se promueve el ascenso de nivel, o siquiera el mantenimiento de un nivel básico de expectativas, el incremento de la libertad como capacidad de hacer. Finalmente, la sola circunstancia de que el hombre sea social y que ese poder hacer suyo dependa de lo social en su desarrollo y en su ejecución introduce otro factor determinante en esa dinámica pulsatoria que rige el movimiento de progreso hacia la libertad plena. Por lo pronto, surge aquí el viejo principio de las esferas individuales de libertad: "la libertad de cada cual llega hasta donde llega la libertad de los demás". La ruptura de este equilibrio trae 200 Araucaria Nro. 2 consigo o el conflicto o la integración de las esferas por la vía de la cooperación y de la asociación en esferas de libertad mayor. y con ello enfrentamos un límite en el horizonte negativo de la libertad: por el solo hecho de que exista la sociedad, la ausencia de coacción y aun la mera interferencia, no pueden llegar a cero. La limitación recíproca de las libertades individuales y la necesidad de regular las reacciones conflictivas y de cooperación que ella origina dan lugar a ese mayúsculo invento del derecho. El derecho cumple la función de asegurar mediante un mínimum fluctuante de coacción, una máxima franquía social para el poder hacer de los individuos. Sin embargo, no se reduce a esa función limitativa el papel de la sociedad en función de las libertades individuales. De manera inevitable, ella se convierte en medio para la expansión del poder de las personas. Lo inevitable de la situación consiste en que, por una parte, los individuos se esfuerzan por incrementar ese poder: demandan mejores oportunidades de educación y recreo, más altos ingresos, y, en general, una ampliación de su campo de opciones o de libertad real. Por otra parte, la propia sociedad, en cuyo seno y ante cuyo poder tiene lugar esta pugna, puede actuar, y de hecho actúa, como ha ocurrido en los tiempos actuales, a partir de la revolución industrial, como órgano destinado a expandir esa libertad positiva que se identifica con el campo de las opciones. Ello pasa a ser interés de la sociedad en la medida en que haya alcanzado vigencia la idea de la libertad como valor y como medio necesario para el fin de la plenitud humana. Y claro, el grado en muchos sentidos incierto en que esta injerencia social en el desarrollo de la libertad se manifiesta o resulta eficaz dará lugar a otro tipo de fluctuación en el acercamiento de la libertad a su concepto límite. Ahora bien, era importante que pusiéramos en evidencia el alcance del concepto plenario de la libertad en su estructura positivo-negativa de poder individual y franquía social (ausencia de acciones interferentes) para juzgar los principios que Hayek asocia al concepto puramente negativo de la libertad o que derivan de él. Los más directamente asociados de tales principios son los de la coacción, pues la esencia de la libertad consiste, para este sistema (como ocurriera ya en el pensamiento liberal, con John Locke a la cabeza, a partir del siglo XVII) en la negación de la coacción. Pero el término "coacción" no es simple, y sus componentes fluctúan de tal manera que, en definitiva, la idea significada sólo consigue hacerse inequívoca en usos particulares. Ello permite, como ocurre a menudo con la terminología de las ciencias sociales, y sobre todo con los conceptos de valor, poder utilizarlos de una manera casuística, de acuerdo con nuestras intenciones. Pero la labor del filósofo y del científico consiste precisamente en realizar la crítica