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Ramón Cabrera Bonet: Las fiestas madrileñas de 1803, Madrid, Unión de Bibliófilos Taurinos, 2000, rústica, folio menor, 132 págs. [Reseña]

Romero de Solís, Pedro

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Revista de Estudios Taurinos N.º 13, Sevilla, 2001, págs.219-224 Ramón Cabrera Bonet: Las fiestas madrileñas de 1803, Madrid, Unión de Biblióilos Taurinos, 2000, rústica, folio menor, 132 págs. Fig. n.º 46 -Cubierta del libro Ramón Cabrera Bonet Las fi estas madrileñas de J 803, editado en el año 2000 por la Unión de Bibliófilos Taurinos. 220 Pedro Romero de Salís La obra que nos presenta esta vez Rafael Cabrera Bonet, un historiador estrechamente vinculado a la Unión de Bibliófilos Taurinos, consiste en un enjundioso estudio de las fiestas de toros madrileñas de 1803 reconstruidas a partir de los artículos y noticias publicados por los diarios madrileños de la época. «El interés de este trabajo - nos adelanta Cabrerase cifra ... en la cantidad y calidad de información contenida en la prensa del momento, y en especial de los numerosos Bandos publicados por la misma» (2000: 7). La información que aportan los Archivos, en especial, el Archivo Municipal de Madrid no la incluye el autor dado que, mientras escribía el presente estudio, la Unión de Bibliófilos dio a la estampa el libro de Francisco López Izquierdo Los Toros en la Plaza Mayor de Madrid. Documentos {Madrid, 1993). Asimismo Cabrera nos . recuerda la aportación que ya hicieron otros autores sobre estas importantes corridas de toros: por ejemplo, el documentado artículo de José del Corral -"Una corrida de toros en 1 Plaza Mayor en 1803"-que publicó, en 1954, la Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid (Madrid, págs. 389-416) en el que hace abundante uso de los documentos municipales. Las fiestas a las que se referirá Cabrera Bonet son las que el Ayuntamiento de Madrid ofreció al Rey en felicitación por el enlace matrimonial de S.A.R. don Fernando de Borbón y Parma, príncipe de Asturias, con S.A. doña María Antonia, princesa de Nápoles y que consistió, entre otras cosas, en tres corridas de toros que se celebraron en la Plaza Mayor de Madrid. La obra de Cabrera da fe de todos los preparativos que fueron precisos hasta el logro y consecución de las corridas a Recensiones de Libros 221 las que, por supuesto, le dedica l.a mayor parte del libro que hoy tenemos la satisfacción de reseñar. El empeño de la Villa de Madrid por poner en pie unas fiestas lucidas y sonadas no era otro sino que el Rey, Carlos IV, había concertado un doble enlace con su hermano don Fernando I, rey de Nápoles: casar a los dos herederos varones de ambos reinos con una Infanta de cada Reino (dos enlaces de primos hermanos cruzados). La princesa napolitana se casó por poderes y a bordo de una fragata, después de una travesía de una semana, llegó al puerto de Barcelona. La Ciudad Condal, por su parte, festejó su llegada, para no ser menos que la Corte, también con tres corridas de toros. Cabrera va describiendo cómo se prepara Madrid para el acontecimiento a partir de la utilización de los Bandos que va, uno tras otro, publicando el Ayuntamiento a medida que se aproxima la feliz fecha con el de reclamar la colaboración de los vecinos en el adecentamiento de calles, plazas y fachadas. Mientras tanto, el Marqués de Perales, encargado por el Consistorio de la organización de las corridas, enviaba a sus veedores a buscar, por toda la geografía española, los 11 O toros de garantía que habrían de correrse. De las corridas de toros programadas sólo una, la de 20 de junio de 1803, fue una Función Real en el pleno sentido del vocablo. Asistió la Casa Real en pleno, con la Familia y los Consejos, los Tribunales, la Nobleza, en fin, todas las altas jerarquías del Reino. Realmente esta fue la única que disfrutó la Familia Real ya que, aunque la Villa le hiciera donación de las tres Corridas al Rey, éste, le devolvió las dos siguientes para que el Ayuntamiento pudiera vender las entradas a las mismas y, con su producto, resarcirse de los cuan- 222 Pedro Romero de Salís tiosos gastos invertidos en la colosal bienvenida (2000: 19- 20). En esos días la prensa madrileña publica los precios de salida de la subasta (2000: 23-25) en que los interesados rematarían las entradas para después revenderlas ya que, corno explica Cabrera Bonet, la demanda de localidades era mucho mayor que el número de asientos que sumaban graderíos y balcones (2000: 29). A cinco días de la Función Real, los Alcaldes de Casa y Corte publican un Edicto con las observaciones que los espectadores habrían de cumplir, así como las penas que recaerían sobre aquellos que las contravinieran (2000: 33- 34). La lectura de dicho bando, como nos sugiere el propio Cabrera, es de un interés excepcional puesto que puede considerarse como un «esbozo de Reglamento, al menos en lo referente a deberes y obligaciones del público» (2000: 33). De sumo interés, igualmente, es el contenido del Bando publicado por el Corregidor de la Villa sobre los encierros de las reses que habrían de entrar por la Puerta de Toledo, aun:. que eran empujadas desde unas dehesas próximas a la Villa. Este edicto le permite a Cabrera recordar otros itinerarios que recorrieron, en ocasiones anteriores, los toros hasta llegar a los oriles de la Plaza Mayor y, por supuesto, algunas sucesos consecuencia de la pasión que ponían los madrileños en esta parte emocionante de la fiesta y de la que los aficionados hemos sido, con el tiempo, expropiados. Los periódicos de la época se solazan en la descripción de la imponente Comitiva Real, que trasladó a la Familia en seis coches dorados, desde el Palacio de Oriente hasta la Plaza Mayor, rodeados por los timbales y clarinas de la Real Caballeriza, y acompañados por las berlinas de los Gentiles- Recensiones de Libros 223 hombres, Mayordomos, Sumilleres, las numerosas estufas, tiradas cada una por sendos troncos de seis caballos, de los servidores de la Casa de la Reina ... Un gentío abigarrado y ruidoso de madrileños contemplaba entusiasmado el polícromo espectáculo. Por toda la carrera, de las fachadas de las casas colgaban vistosos tapices y lujosos tapetes y reposteros (una descripción minuciosa en 2000: 36-45). Cabrera reproduce dos documentos de un interés excepcional: por una parte, a partir de Luis Carmena y Millán, la Lista de los Toros, sus edades, nombres, Bacadas y divisas ... para las próximas Fiestas Reales, con motivo de los Desposorios de los serenísimos Príncipes de Asturias NN SS. y, por otra, gracias a un golpe de fortuna en un librero madrileño, otro impreso con la Lista de los Caballeros Rejoneadores, Picadores de Vara de detenar y Toreros de a pie, destinado para las Fiestas Reales de Toros. .. (2000: 46/47, 14 págs. s. n.). Por ambas publicaciones sabemos que de primeros espadas oficiaron Josef Romero, Bartolomé Ximenez, Antonio de los Santos y Agustín Aroca, dándose la curiosa circunstancia que estos mismos primeros espadas, en parejas, acompañaron, ejerciendo de chulos, a los dos caballeros rejoneadores. Según contaba,. en un libro publicado por Pineda y Ceballos, el célebre Josef Romero de Ronda, aquel día «se lució por su maestría». No tengo palabras para ponderar el interés de la descripción de la corrida y de los comentarios de Rafael Cabrera. Las páginas siguientes el historiador las dedica a la descripción de las otras dos corridas de toros arriba anunciadas (para la segunda aporta un cartel que se reproduce entre las págs. 66/67). Destaca Cabrera que ni en las reseñas publica- 224 Pedro Romero de Salís das en los periódicos ni en el cartel que reproduce hay la menor mención a los toreros de a pie y ni siquiera los jefes de cuadrillas son nombrados. Extraño. ¿Un retroceso? ¿lidiaron sólo aventureros? ¿repitieron los mismos espadas que torearon la Función Real? Esas y muchas más son las preguntas que se formula y resuelve brillantemente Rafael Cabrera Bonet en este interesante trabajo sobre Las Fiestas Reales madrileñas de 1803. Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos