Waverley de Walter Scott, en la traducción de José María Heredia (1833)
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1 Waverley de Walter Scott, en la traducción de José María Heredia (1833) José Enrique García González Waverley; or ‘Tis Sixty Years Since (1814) constituye la primera producción novelística de Walter Scott, considerado el padre de la novela histórica. El marco en el que se sitúa la acción corresponde a la segunda y última revolución jacobita (1745), uno de los momentos claves en las relaciones anglo-escocesas. Junto a esta tensión histórica entre ambas naciones, el autor presenta el conflicto entre las Tierras Altas y las Tierras Bajas, otro aspecto fundamental de la historia de Escocia, a la vez que aboga por un espíritu de reconciliación. En esta obra Scott incorpora el dialecto escocés a los diálogos, lo que supone una innovación estilística con repercusiones lingüísticas y literarias. Por lo que se refiere a la recepción de Waverley en la cultura de salida, tanto la acogida de la crítica como la del público de la época son muy satisfactorias. Se valora, sobre todo, el carácter novedoso de la novela, el retrato de los personajes y las descripciones de las costumbres y paisajes escoceses. 1 Esta recepción tan entusiasta no está exenta de algún que otro comentario negativo, dirigido principalmente a las inexactitudes históricas y a la dificultad para entender los diálogos en escocés. 2 La favorable acogida, muy mayoritaria, se traduce asimismo en un gran éxito de ventas: los 1.000 ejemplares de la primera edición –7 de julio de 1814– se vendieron a los pocos días de su circulación, y para noviembre de ese año la novela iba ya por la cuarta edición, con una venta total de 6.000 ejemplares (Humphrey 1993: 108). Respecto al lugar que ocupa Waverley en la producción novelística de Scott, hay que señalar que esta primera obra –publicada de forma anónima– da nombre y fija el modelo para las restantes veintinueve novelas del autor, conocidas colectivamente como las Waverley Novels. La primera colección completa de estas novelas, con introducciones y notas del autor, se publica entre 1829 y 1833. Se trata de la denominada Magnum Opus, edición revisada y corregida por Scott, donde el anónimo «autor de Waverley» deja ya constancia de su propio nombre. 1 Véase, por ejemplo, la reseña de Francis Jeffrey en Edinburgh Review nº 24 (noviembre 1814), 208- 243. 2 Véase la opinión de John Wilson Croker en Quarterly Review nº 11 (julio 1814), 354-377.
2 En líneas generales, la crítica coincide en señalar el enorme entusiasmo con que son recibidas estas novelas por el público británico de la época, así como su repercusión en los ámbitos literario y cultural, e incluso en el terreno de la moral y de las costumbres; como señala Raleigh (citado por Colby 1967: 64): «To have been alive and literate in the nineteenth century was to have been affected in some way by the Waverley novels». En este sentido, junto a las numerosas (re)ediciones de su obra con amplias tiradas, se realizan versiones para niños, adaptaciones operísticas y teatrales, retratos de sus personajes, calendarios con citas de Scott, guías turísticas sobre Escocia, y exposiciones y acontecimientos varios, sin olvidar el hecho de que es la imagen de la Inglaterra medieval transmitida por el autor escocés la que generaciones de lectores tienen por auténtica. Por otra parte, son numerosas las novelas históricas que se escriben siguiendo –en mayor o menor grado– el patrón fijado por el maestro (véase Orel 1995). En las últimas décadas del siglo XIX comienza a decaer la popularidad de las obras de Scott, y este declive se mantiene y agrava hasta bien mediado el siglo XX. Movimientos estéticos como el realismo y el modernismo rechazan los valores románticos asociados al autor escocés, y Scott deja de ser considerado un artista serio. La repetición de comentarios estereotipados –la mayoría negativos– y la indiferencia son las actitudes más generalizadas. Sin embargo, el último tercio del siglo XX es testigo de un resurgir del interés de la crítica literaria por nuestro autor: de una parte, se consideran aspectos tradicionales –la dicotomía historia-ficción, la estructura de sus novelas, la caracterización de los personajes y el uso del lenguaje, entre otros– desde una perspectiva más rigurosa y objetiva; de otra, se lleva a cabo una relectura de la obra de Scott a partir de nuevos parámetros, tanto temáticos (el contexto sociopolítico y económico en el que surgen sus novelas, por ejemplo) como metodológicos (los enfoques desconstructivista, post-colonial, feminista y el del análisis crítico del discurso, entre otros). A este respecto, subraya Rubenstein (1994: 2) que «By the early eighties, then, scholars are beginning to take for granted that Scott’s novels are reflexive, self-conscious, and more-or-less experimental, perhaps the single most striking divergence from the orthodoxies of traditional Scott criticism». Dentro de las Waverley Novels, hay que destacar que Waverley inaugura una serie de novelas sobre la historia de Escocia a partir del Tratado de Unión con Inglaterra de 1707 (las denominadas Scotch Novels), 3 consideradas por la crítica contemporánea las mejores dentro de las novelas históricas de Scott. En este sentido, las siguientes apreciaciones constituyen una muestra representativa de esta valoración: From 1814 to 1819 he produced work of merit and originality surpassed by few and of quantity equalled by none of our leading writers of any century. […] Waverley remains almost, if not quite, his greatest achievement. (Cockshut 1969: 11-13) 3 Además de Waverley, pertenecen a este grupo: Guy Mannering (1815), The Antiquary (1816), The Black Dwarf (1816), Old Mortality (1816), Rob Roy (1818), The Heart of Mid-Lothian (1818), The Bride of Lammermoor (1819), A Legend of Montrose (1816) y Redgauntlet (1824).
3 [Waverley] is still of major importance in literary history, for it introduces and classically exemplifies the historical novel in its typical modern form: an imaginary narrative based on actual events, whose characters embrace all ranks of society and include both real historical figures (Charles Stuart) and invented individuals who are nonetheless offered as ‘typical’ or ‘representative’ of the period. (Rollason 1996: 1) Waverley cuenta con siete traducciones al español. Únicamente la primera se publica en México (Imprenta de Galván, 1833, trad. de José María Heredia), mientras que las restantes ven la luz en el Viejo Continente: dos en Francia (Burdeos, Imprenta de Pedro Beaume, 1835, trad. de Pablo de Xérica; París, Garnier Hermanos, s. a., trad. de Francisco Gutiérrez-Brito e Isidoro López Lapuya), una en Madrid (Lecturas para todos, 1935, sin mención de traductor), y tres en Barcelona (Librería-Imprenta de Oliva, 1836, sin mención de traductor; Ramón Sopena, 1934, trad. de José Pablo Rivas; Mateu, 1958, trad. de Luis Solano Costa). A pesar de ser la primera novela histórica de Walter Scott, el número de traducciones de Waverley es bastante reducido. Es destacable que dos de ellas –las de Sopena y Mateu– ven la luz más de un siglo después de la obra original y en versiones simplificadas. Este hecho pone de manifiesto el limitado interés que ha suscitado la novela –tanto a nivel estético como en términos editoriales– en comparación con otras obras del mencionado autor mucho más populares en España y Latinoamérica, como Ivanhoe y Quentin Durward, con su temática medieval y caballeresca. Adoptando una perspectiva panorámica de las traducciones al español de la obra de Scott, hay que destacar que su presencia en México es bastante más reducida en comparación con España. La primera traducción completa de una obra de «el autor de Waverley» corresponde a Ivanhoe (1825), seguida de El talismán (1826), ambas publicadas en Londres y en México por Ackermann. Esta aparición conjunta en dos países pone de manifiesto la importancia de Hispanoamérica como receptora de la producción en español que se lleva a cabo en Inglaterra. A este respecto, apunta Llorens (1979: 156) que en la América hispana «sin cortapisas inquisitoriales ni otras limitaciones se abría un nuevo mercado de libros que a la España absolutista se le iba forzosamente de las manos». La crítica coincide en atribuir ambas traducciones a José Joaquín de Mora, traductor y escritor polifacético que forma parte del grupo de liberales españoles emigrados a Inglaterra, tras la restauración de la monarquía absolutista de Fernando VII a finales de 1823. La consulta de los catálogos de las principales bibliotecas mexicanas muestra que a lo largo del siglo XIX las traducciones de la obra de Scott apenas sobrepasan la decena. 4 Se trata, en su mayoría, de traducciones íntegras realizadas a partir de originales ingleses, y solo Ivanhoe cuenta con más de un texto meta. Más de la mitad de estas publicaciones corren a cargo de la Imprenta de Galván en México, y algunas de ellas ven la luz simultáneamente en México y Francia (París, Imprenta de Rosa) entre 4 Biblioteca Nacional de México (<http://bnm.unam.mx>); El Colegio de México (<www.colmex.mx>), Biblioteca Daniel Cosío Villegas (<http://codex.colmex.mx>); Dirección General de Bibliotecas, Universidad Nacional Autónoma de México (<www.dgb.unam.mx>).
4 1840 y 1841. De éstas, destacan especialmente las traducidas por Eugenio de Ochoa: El monasterio (The Monastery), Guy Mannering o El astrólogo (Guy Mannering; or, The Astrologer) y Las aguas de San Ronan (St. Ronan’s Well), que también se publican en España. Por lo que respecta al siglo XX y comienzos del XXI, de las obras de Scott es sin duda Ivanhoe la que encabeza la lista, seguida de lejos por El anticuario (The Antiquary), El pirata (The Pirate) y El talismán / Ricardo Corazón de León (The Talisman). Especialmente a partir de la década de los 50, el volumen de traducciones de sus novelas aumenta considerablemente, tanto por el progresivo desarrollo de la industria editorial como por las abundantes versiones incluidas en colecciones dirigidas a un público infantil y juvenil (por ejemplo, «Colección junior» de Roca; «Biblioteca juvenil Salvat»). Estas traducciones-adaptaciones se caracterizan por la inclusión de dibujos e ilustraciones y por las omisiones textuales. Algunos de estos textos meta se publican incluidos en volúmenes colectivos, que comprenden una serie de autores clásicos dentro del género de la literatura infantil y juvenil de la época (Dumas, Stevenson, Kipling, Verne, etc.). En relación con estas traducciones de Scott publicadas en México, hay que apuntar que se han detectado –en líneas generales– una serie de prácticas características de una política editorial que busca el incremento de las ventas y los beneficios económicos. Así, una casa editora saca a la luz la misma traducción en diferentes colecciones, recurriendo a veces a frecuentes reediciones; por ejemplo, Cumbre lanza al mercado Ivanhoe en «Colección ilustrada de obras inmortales» (1959, con hasta seis reediciones en la década de los 60) y «Obras selectas de la literatura universal» (1985). En otras ocasiones, se publican dos traducciones diferentes de la misma obra dirigidas a distintos tipos de lectores (por ejemplo, Editorial Porrúa y sus dos versiones de Ivanhoe: una en «Biblioteca Juvenil» (1992) y la otra en «Sepan cuantos» (2005, 11ª ed.). Por otra parte, se da el caso de que las mismas traducciones se publican en diferentes países al tener las editoriales filiales en los mismos. Así sucede con Bruguera (México y Barcelona) y Espasa Calpe, con su colección «Austral» (Buenos Aires, México y Madrid). El estudio descriptivo-comparativo de la traducción mexicana de Waverley se articula en torno a tres niveles de análisis: pretextual, macroestructural y microestructural (véase Lambert & Gorp 1985). El primero abarca una serie de cuestiones preliminares relativas a la edición del texto meta, incluyendo información sobre la editorial y el estudio de paratextos relevantes (por ejemplo, el prólogo del editor/traductor y artículos de crítica literaria). El nivel macroestructural comprende aspectos tales como la distribución del material textual por capítulos, la introducción y notas de Scott a la novela, y las cuestiones de la omisión y la adición extratextual. Por último, el nivel microestructural incluye el estudio de una serie de segmentos bitextuales pertenecientes a diversas categorías de análisis: nombres propios, objetos culturales, variedades lingüísticas, alusiones y citas, metáforas, y modificaciones textuales.
5 A partir de las regularidades observadas en las estrategias utilizadas por el traductor, especialmente en el nivel microestructural, se puede intentar inferir la norma inicial o estrategia global de traducción para el texto meta en cuestión. Según Toury (1995: 56), la norma inicial puede dar prioridad al polo origen (adecuación) o someterse al polo meta (aceptabilidad). La primera elección supone privilegiar las normas de la cultura a la que pertenece el texto original, destacando las peculiaridades lingüísticas (y literarias) del mismo en la traducción. El principio de aceptabilidad, en cambio, da prioridad a las normas de la cultura receptora, buscando la efectividad de la comunicación del texto meta desde el punto de vista de su audiencia. Por lo que se refiere al estudio pretextual, hay que comenzar señalando que la traducción de Waverley de 1833 que realiza José María Heredia representa la primera que se hace de esta novela en lengua española, si bien su publicación y recepción tienen lugar en México. Además, se trata de la única traducción de la novela de Scott que se basa exclusivamente en un texto origen inglés, ya que los restantes textos meta en español son traducciones indirectas (totales o parciales) a partir de textos franceses intermediarios. La publicación corresponde a la Imprenta de Galván a cargo de Mariano Arévalo, con domicilio en la calle de Cadena, número 2, México. A este respecto, hay que mencionar que en el siglo XIX resulta difícil establecer una distinción clara entre los oficios de librero, editor e impresor, ya que a veces una misma persona puede desempeñar más de una tarea (Ferreras 1987: 100-101). Dentro de la producción de la Imprenta de Galván, destacan especialmente las obras literarias y las que versan sobre legislación, religión, política o historia. Dentro de este nivel pretextual resulta interesante considerar la faceta de crítico literario del traductor y poeta cubano José María Heredia (véase Padura 2002), especialmente en su «Ensayo sobre la novela» publicado en 1832, el mismo año de la muerte de Walter Scott. En la tercera parte de su artículo intenta ofrecer una visión equilibrada de la obra del autor escocés, a la vez que cuestiona la naturaleza de la novela histórica como género. Heredia considera que las novelas de Scott con sus tradiciones, paisajes y supersticiones, envuelto todo en un sencillo lenguaje poético, tienen la capacidad de entusiasmar a los lectores cansados de tanta novela sentimental y de costumbres. Pero a pesar de esta popularidad, el poeta cubano encuentra ciertos defectos en el arte narrativo del escocés: incapacidad para crear vidas, desorden estructural y mezcolanza de elementos varios, y errores y falsedades históricas: Walter Scott no sabe inventar figuras, revestirlas de celestial belleza, ni comunicarles una vida sobrehumana; en una palabra, le falta la facultad de crear, que han poseído los grandes poetas. Escribió lo que le dictaban sus recuerdos, y después de haber ojeado crónicas antiguas, copió de ellas lo que le pareció curioso. […] Para dar alguna consistencia a sus narraciones, inventó fechas, se apoyó ligeramente en la historia, y publicó volúmenes y volúmenes. (citado por Peers 1926: 148)
6 La valoración crítica de Heredia también alcanza el conflicto interno que plantea la novela histórica, es decir, la pugna entre historia y ficción, información y creación. En este sentido, Scott «no debe colocarse entre los Tácitos, Maquiavelos, Hume y Gibbon, y el último compilador de anécdotas tiene más derecho al título de historiador» (citado por Peers 1926: 148). Pero esto no impide que se le reconozca y admire su capacidad para presentar artísticamente relatos que produzcan asombro e interés: La novela es una ficción y toda ficción es mentira. ¿Llamaremos mentiras históricas las obras de Walter Scott? Haríaseles una injuria que no merecen, y sí nuestros elogios por más de un motivo. […] El movimiento, la gracia […] que presta Walter Scott a las escenas de los tiempos pasados; la rudeza, y aun la inelegancia de sus narraciones, que parecen en perfecta armonía con las épocas bárbaras a que se refieren; la variedad de sus retratos singulares […] han hecho populares las novelas que nos ocupan. (citado por Peers 1926: 148) Entre los paratextos de la traducción mexicana resulta también significativo el prólogo del traductor (pp. 3-4). Heredia, frente a la ya comentada actitud crítica que mantiene en su artículo sobre la novela, ahora sólo tiene elogios para el autor escocés y su obra, adoptando así una perspectiva más dirigida a la promoción editorial y venta del libro. El traductor presenta a Scott como el escritor que, después de Shakespeare, ha mostrado «un conocimiento más profundo del corazón humano» (p. 3). Esta es la causa principal del «éxito asombroso» de sus novelas. Alaba además la técnica de Scott para combinar lo histórico con lo novelesco, destacando que en los «caracteres y situaciones nada hay ficticio, y todo respira la verdad y sencillez de la naturaleza» (p. 3). Heredia resalta asimismo su habilidad para los diálogos y la viveza de sus descripciones, que consiguen transportar al lector a la época de la acción. Junto a esta «excelencia literaria», sitúa su traductor el decoro y el valor moral que caracterizan la novelística de Scott: «sus vastos y numerosos escritos no contienen un solo rasgo que puede improbar el más rígido moralista, y de que su autor deba arrepentirse en el lecho de la muerte» (p. 4). En relación con la novela concreta que nos ocupa, Heredia se lamenta de que a pesar del éxito obtenido por Waverley en la cultura de salida, todavía no cuente el público mexicano con una traducción de esta obra, mientras que Ivanhoe, El talismán, El abad y «otras de estas novelas preciosas han sido traducidas a nuestra lengua con más o menos felicidad» (p. 4). Por este motivo, decide aceptar el encargo que le hace su amigo Mariano Galván Rivera, a quien Heredia elogia por su amplia contribución al desarrollo de las letras de la República. Este papel de Galván como cliente o iniciador se extiende también a otras traducciones de obras de Scott, como ya se ha indicado. Otra de las observaciones interesantes que incluye Heredia en su prólogo guarda relación con su proyecto de traducción y el lector al que va dirigido el texto meta. En este sentido, su Waverley pretende cumplir con las expectativas del receptor mexicano
7 medio y su universo del discurso, lo cual conlleva una labor de manipulación orientada hacia el polo meta en algunos aspectos: Las numerosas alusiones que se hallan en esta obra á las costumbres, leyes é historia peculiar de Inglaterra [y de Escocia sobre todo], y cuya gracia y verdad forman considerable parte de su mérito, deben desaparecer en la traducción á los ojos de lectores poco versados ó ignorantes en aquellas materias; ni menos puede conservarse en ella el efecto que produce la introducción del dialecto escocés en muchos diálogos. (p. 4) 5 Heredia confía asimismo en que el público mexicano acoja su traducción de Waverley favorablemente, al igual que ha ocurrido con sus creaciones originales. A este respecto, no se tiene constancia de reseñas, anuncios u otros epitextos que puedan orientar acerca de la recepción y el posible éxito de esta traducción en la cultura de llegada. No obstante, hay ciertos indicadores significativos que pueden arrojar alguna luz respecto a la acogida general del conjunto de traducciones de Scott que publica Galván. En este sentido, la mencionada imprenta ocupa en la época una posición consolidada en el mercado y goza de prestigio; además, el hecho de que publique siete novelas de Scott traducidas (década de 1830 y comienzos de la siguiente) es indicio de que debe de obtener beneficios con la obra de dicho escritor. Aun así, como se ha comentado anteriormente, Scott no es tan popular en México en comparación con otros países latinoamericanos, especialmente Argentina. 6 En esta misma línea, la influencia del escritor escocés compite con otros modelos como fuente de inspiración para el cultivo de dramas de asunto medieval y de novelas que evocan las épocas de la Conquista y la Colonia: Alexandre Dumas, Eugène Sue, Alessandro Manzoni, James F. Cooper (considerado el Scott de Estados Unidos) y Alfred de Vigny (Pons 1996: 89). 7 El traductor finaliza su prólogo estableciendo una clara distinción entre la calidad de su trabajo y las versiones que producen ciertos «famélicos escritores» franceses, pues éstos «destrozan hoy lastimosamente las producciones mas nobles del ingenio humano» (p. 4). A este respecto hay que recordar, como observa Carilla (1958: 59-60), que Francia –considerada como modelo cultural de prestigio– ejerce en Hispanoamérica una mayor influencia en comparación con Inglaterra; como resultado, el francés se convierte en una lengua más accesible, de modo que las obras de autores ingleses se conocen mayoritariamente a través de las traducciones francesas, que a su vez actúan como texto fuente para un buen número de las versiones españolas. Por lo que se refiere al nivel de estudio macroestructural, hay que señalar que la traducción de Heredia recoge los 72 capítulos del original de Scott y los distribuye en 5 Según Lefevere (1992: 117): «When translators were commissioned to translate a given work of literature, most often because of that work’s success in another country, they increasingly tended to screen out those ideological and universe-of-discourse features of the original they believed would not be acceptable to their intended audience». 6 Carilla (1958: 83) cita la hiperbólica afirmación del escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, el cual «tradujo «a volumen por día, los sesenta de la colección completa de Walter Scott, y otras muchas obras». 7 Véase Lloyd Read (1939).
8 tres tomos de 16 centímetros: tomo I (cap. I - XXIII , 211 pp.), II (cap. XXIV - XLVII , 211 pp.), III (caps. XLVIII - LXXII , 224 pp.). Hay que mencionar, no obstante, que no se conserva esta secuenciación dentro de los tomos, ya que cada uno lleva su propia numeración de los capítulos. Ya desde el título de la novela se observa una orientación hacia el polo origen (incluye tanto el nombre del protagonista como la referencia a la época histórica en la que transcurren los acontecimientos). Esta tendencia, sin embargo, contrasta con la naturalización del nombre del escritor escocés en el subtítulo: «Novela histórica por Sir Gualterio Scott», opción ésta representativa de la norma que se va a seguir en la traducción de ciertos antropónimos. Por lo que respecta a los títulos de los capítulos, la traducción cuasi literal es reemplazada por la oblicua (destaca el uso de la modulación y el desplazamiento) cuando lo requiere la naturalidad de expresión de la lengua meta o por deseo del traductor 8 (por ejemplo, cap. XXXIII : A Confidant/«Un confidente»; cap. XXXIX : The Journey is Continued/«Continúa el viaje»). La traducción de Waverley objeto de estudio no recoge ninguno de los paratextos que Scott añade a su novela: el prefacio a la tercera edición (octubre de 1814) y la introducción y notas para la llamada Magnum Opus (1829). A este respecto, hay que señalar que por su fecha de publicación y otras evidencias textuales la traducción mexicana debe de estar basada en la primera edición de 1814 o en alguna reedición posterior de la misma. 9 Por lo que se refiere a las adiciones extratextuales, la traducción incluye solo dos notas a pie de página, de naturaleza semántica y cultural respectivamente: Nunc insanus amor duri me Martis in armis, Tela inter media atque adversos detinet hostes (*). (*) Hoy el amor insano me sujeta de Mavorte feroz entre las armas, entre los dardos, frente al enemigo. (Scott 1833: II , 171) La traducción de la cita latina de Virgilio (Bucólicas, X , 44-45) que Scott pone en boca del barón de Bradwardine (Scott 1972: XLIII , 312) constituye una excepción respecto a la norma del texto mexicano, pues éste opta por la simple repetición en el tratamiento de las otras citas en esta lengua clásica: ‘Yet why not class these acts of remembrance with other honours, with which affection, in all sects, pursues the memory of the dead?’ (Scott 1972: LXIX , 477) 8 En la traducción oblicua se recoge el sentido del texto fuente en el texto meta pero no hay una coincidencia de estructuras. Esta técnica engloba diferentes procedimientos, entre ellos la modulación, que consiste en el cambio de la base conceptual o punto de vista, y el desplazamiento, que es el cambio de posición de un elemento. Véase Vázquez Ayora (1977: cap. 8). 9 Véase, por ejemplo, Dusty-Foot, Ruffen (Waverley, 1814); White-Foot, Ruffin (1829); «Patasempolvadas», «Ruffen» (traducción de Heredia, 1833). Nótese que la primera edición de Waverley, que data de 1814, cuenta con diversas reediciones: 1814 (2ª, 3ª, y 4ª eds.), 1815 (5ª ed.), 1816 (6ª ed.), 1817 (7ª ed.).
9 –Mas ¿por qué no igualar estos actos piadosos con los otros honores, que en todas las sectas tributa el cariño á la memoria de los muertos? (*). (*) Adviértase que el autor fué protestante, y supone que lo era Waverley. (Scott 1833: III , 199-200) La segunda nota a pie de página, de tipo cultural, se incluye a raíz de la reflexión de Waverley sobre la práctica católica de dar donativos para cultos en memoria de los difuntos. Finalmente, el análisis macroestructural también tiene en consideración las omisiones. En este sentido, Heredia opta por una política de pocas supresiones textuales, que normalmente no son sistemáticas, no sobrepasan la oración, ni privan al lector de contenido básico para el desarrollo de la novela. Por último, el análisis descriptivo-comparativo de Waverley en el nivel microestructural se centra en el estudio de los segmentos bitextuales (pares problemasolución) pertenecientes a una serie de categorías lingüístico-textuales. Las regularidades observadas en las estrategias o procedimientos utilizados muestran que la norma inicial en HER está orientada hacia el polo origen en un buen número de las categorías analizadas. Esta primacía de los estímulos del texto fuente se manifiesta en el trasvase de los topónimos y onomásticos, donde se opta por: a) la repetición, cuando los nombres son convencionales o su contenido resulta poco transparente o no relevante, además de no contar en la lengua meta con un equivalente (por ejemplo, «Sterling»; «Holyrood» [nombre del palacio real de Edimburgo]); y b) la traducción lingüística, 10 para los segmentos que disponen de una traducción prefijada distinta del nombre original (Britain/«la Gran Bretaña»), y para los expresivos que se muestran poco opacos aunque no exista dicha traducción consagrada (el periódico the Caledonian Mercury/«el Mercurio Caledonio»). Se privilegia asimismo el polo de la adecuación en el tratamiento de algunas de las variedades lingüísticas: se repiten los términos en gaélico (con modificaciones ortográficas a veces), se incluyen las aclaraciones del autor acerca de esta lengua, y se recrea el lenguaje metafórico y proverbial característico del inglés osiánico; 11 se opta por mantener la presencia textual del francés; y se recogen en la lengua meta el idiolecto del barón de Bradwardine (repetición de los latines y los galicismos), y los registros burocrático-legal y religioso típicos de determinados personajes (como el administrador Macwheeble y el estricto presbiteriano Gilfillan). Además, Heredia se decanta por la traducción cuasi literal para trasladar la mayor parte de las alusiones literarias y las referencias bíblicas (he concluded, with logic something like Falstaff’s 10 La traducción lingüística consiste en sustituir el significante que compone el segmento textual fuente por otro perteneciente a la lengua meta, pero que culturalmente apunta hacia el universo del texto original; véase Franco Aixelá (2000: 86-87). 11 Convención literaria usada por Scott para representar la lengua gaélica a través de un inglés de estilo poético, formulista, proverbial y metafórico, con el que se intenta reflejar el pensamiento celta (Toda 1991: 44-45).