Comercio de cerámica romana en "Carmo": la Terra Sigillata
Abstract
Este trabajo pretende mostrar los resultados obtenidos del estudio de la vajilla de mesa romana en “Carmo”. La clasificación tipológica de estos materiales posibilita el acercamiento a la realidad comercial de la ciudad durante el altoimperio.
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COMERCIO DE CERáMICA ROMANA EN CARmO: LA TERRA SIgILLATA por JACOBO VÁZqUEZ PAZ RESUMEN Este trabajo pretende mostrar los resultados obtenidos del estudio de la vajilla de mesa romana en Carmo. La clasificación tipológica de estos materiales posibilita el acercamiento a la realidad comercial de la ciudad durante el altoimperio. AbSTRACT This work tries to show the results obtained from the study of Roman table crockery in Carmo. The typological classification of these materials allow us to get a closer view to this city’s trading scene during the Early Empire. Palabras claves Carmona, Comercio, Terra Sigillata. Key words Carmona, Commerce, Terra Sigillata. INTRODUCCIÓN “Te aconsejo que no minusvalores en exceso una vajilla de Arretio: Pórsena era un exquisito por sus cacharros de barro etruscos.” (Marcial XIV 98) En los últimos tiempos, el conocimiento que poseemos sobre la Carmona prehistórica1, protohistórica2 e histórica3, se ha ido ampliando progresivamente4. Las distintas intervenciones 1. Recientemente ha sido publicada una revisión del estado actual de la investigación sobre la ocupación durante la Edad del Cobre en Carmona (Conlin 2003: 83-143). 2. A la larga tradición historiográfica que ha surgido en torno al yacimiento de Carmona desde finales del s. XIX, hay que añadir las excavaciones efectuadas en la necrópolis orientalizante de La Cruz del Negro (Amores y Fernández Cantos 2000: 157-163) y los resultados obtenidos en las Intervenciones Arqueológicas de Urgencia efectuadas en la Casa-Palacio Marqués de Saltillo (Belén et al. 1997) y en Diego Navarro 20 (solar recientemente excavado por lo que agradecemos a Juan Manuel Román Rodríguez la información al respecto, así como la consulta del informe preliminar SPAL 13 (2004): 215-242 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08 COMERCIO DE CERáMICA ROMANA EN CARmO: LA TERRA SIgILLATA ROMAN POTTERY TRADE AT CARMO: THE TERRA SIGILLATA
SPAL 13 (2004) 216 Jacobo Vázquez Paz arqueológicas efectuadas en los últimos años en la ciudad están permitiendo avanzar en el conocimiento del fenómeno de romanización que se produjo en la antigua Carmo5 y que tiene un punto crucial entre el reinado de Augusto6. En el yacimiento arqueológico de Carmona el inicio de la distribución de Terra Sigillata7 Itálica, salvo posibles elementos aislados que de momento deben ser estimados como esporádicos, coincide con el estreno de lo que supondría la verdadera romanización de la ciudad, así como con la consolidación de la red de distribución de servicios de mesa durante época augustea (Vázquez 2002). El inicio del proceso de producción de T.S. en la Península Itálica marca prácticamente el fin del período republicano y el inicio del Alto Imperio en lo que a nivel interprovincial se refiere. El nacimiento de esta nueva producción, y principalmente su importación a las provincias romanas, se origina en un momento clave, ya que el lento proceso de romanización que se había iniciado en el entorno del valle del Guadalquivir con la ocupación del territorio por el ejército romano en el 206 a. C, se había visto acelerado por los posteriores movimientos de tropas y personas que se ocasionaron como consecuencia de las guerras y conflictos entre cesarianos y pompeyanos, se activó con el periodo de calma que se produjo con el advenimiento al poder del joven Octaviano. La romanización de la zona se vio a su vez favorecida por toda una política territorial que provocó el asentamiento de colonos procedentes principalmente de la Península Itálica, por el cambio estatutario de determinados núcleos poblacionales y por la organización administrativa de la Bética en cuatro conventos jurídicos8. y planimetría asociada), que están permitiendo profundizar en el conocimiento del urbanismo y la religiosidad en la Carmona Protohistórica. 3. El conocimiento que teníamos sobre la ciudad romana de Carmo, fue ampliamente incrementado en el año 1999 con la celebración del IIº Congreso de Historia de Carmona, que trató prácticamente en exclusividad el periodo romano de la ciudad. Sin embargo, la esfera del comercio y distribución de cerámicas romanas altoimperiales no fue tratada debido a la falta de estudios concretos sobre el tema en cuestión. A excepción de los servicios de mesa de época romanorepublicana de barniz negro denominados “campaniense”, que han sido estudiados por J. J. Ventura (Véase Ventura 2001: 321-337 y Ventura 1990, Tesis Doctoral inédita), el resto de especies cerámicas romanas y el sistema de distribución que provocó su adquisición por los antiguos carmonenses, ha sido en parte obviado por la investigación en aras de otras manifestaciones culturales. Es el caso de la edilicia monumental de Carmona (Jiménez 1989; Ojeda 2001: 159-187; Márquez 2001: 251-262), o de sus necrópolis (Bendala 1976; Belén 1983: 209-226). 4. Una evaluación del panorama arqueológico carmonense en los últimos quince años del s. XX puede verse en Belén y Lineros 2001:109-134. 5. El volumen de información procedente de las excavaciones efectuadas en Carmona ha sido publicado recientemente y ofrece unos porcentajes estadísticos en los cuales el periodo romano de la ciudad representa el 52% (12% republicano y 40% imperial) del total de la información documentada arqueológicamente; de este porcentaje (52%) el 77,77% corresponde a época altoimperial y el resto a momentos republicanos (Belén y Lineros 2001: 114, Fig. 5 y 6). 6. Durante el s. II a. C y gran parte del s. I a. C se continuó básicamente perpetuando la estructuración urbana, y las fábricas edilicias de carácter turdetano en Carmo. Las excavaciones arqueológicas están registrando que es en momentos correspondientes al período de Augusto cuando comienza a darse un cambio significativo en el urbanismo y se documentan las primeras fábricas típicamente romanas dentro del ámbito doméstico de la ciudad (Beltrán 2001: 135-158), mientras que en lo monumental, nuevos datos aportados recientemente han permitido fechar con precisión la construcción de la Puerta de Córdoba en Carmona entre fines del s. I a. C. y los primeros decenios del s. I d. C. (Ojeda 2001: 159-187). Para las remodelaciones de la Puerta de Sevilla en Carmona y la erección de un templo en su terraza superior durante época de Augusto, véase Jiménez 1989. Sobre los orígenes en el s. I a. C. de la necrópolis occidental de Carmona y su desarrollo durante el período imperial, véase Bendala 1976. 7. A partir de ahora T.S. 8. Véase Caballos 1986: 13-26; Caballos 1990 y Chic 1997. Un acercamiento al análisis del proceso de romanización en Carmo, en Caballos 2001: 3-17. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 217ComerCio de CerámiCa romana en Carmo: la Terra SigillaTa LA TERRA SIgILLATA ITáLICA: Fue a mediados del s. I a. C cuando surgió en la Península Itálica, y más concretamente en la ciudad de Arretium (Arezzo), la T.S. Itálica. ésta fue configurándose como una nueva producción, inicialmente de formas lisas barnizadas en rojo, que venía a romper la antigua tradición de vajillas de barniz negro, que desde el s. V a. C. habían dominado las mesas de amplias zonas mediterráneas. La moda de carácter firme que se había consolidado en los servicios de mesa romanos durante la República se fundamentaba principalmente en la importación de cerámica “Campaniense”, especie que pierde definitivamente su importancia y uso frente a los nuevos modelos de tonalidad rojiza, que comienzan a ser ampliamente demandados en torno al 30 a. C., cuando ya se incorpora la decoración y el uso del molde a las técnicas de producción de T.S.. Con ello, la manufactura de los servicios de mesa itálicos alcanza un alto grado de calidad y estandarización que ha llevado a que su fabricación sea considerada como una producción casi de carácter industrial (Pucci 1973: 255-257). La aceptación y demanda de estos servicios de mesa promovieron durante la 2ª mitad del s. I a. C. la creación en la Península Itálica de nuevos centros de elaboración. Este hecho se vio favorecido por la implantación de oficinas de producción dependientes de un taller matriz, que se consolidaron como sucursales que permitían un mayor acceso a los distintos cauces de distribución de cerámica, diversificando de esta manera la producción y permitiendo optar a mayores beneficios al ampliar el espectro de mercado. Esta expansión de los centros de producción itálicos se consolida con la formalización a fines del s. I a. C. (10 a. C. aproximadamente) del taller de La Muette (Lyon) en la Galia, entre cuyas oficinas se ha detectado la existencia de sucursales del taller matriz de Arretium (Wells 1977), así como moldes trasladados desde Arezzo a Lyon. El nivel de producción de la T.S., su calidad y la situación favorable que se produce para el comercio marítimo y terrestre con el inicio de la Paz Augusta, fueron algunos de los factores que contribuyeron a la comercialización y distribución de estos productos itálicos en la Península Ibérica. Las escenas representadas en las primeras producciones decoradas en T.S. Itálica comienzan a ser distribuidas en un momento en el cual la política estatal romana se encuentra dominada por un fenómeno unificador bajo la figura de César Octaviano, en donde los elementos propagandísticos “de lo romano” encuentran un medio favorable en el que difundirse y afianzarse. La posibilidad de adquirir servicios de mesa de importación por parte de un mayor número de individuos, en un momento de fuerte romanización provincial como era el principado de Augusto, se vio favorecida por la incorporación de los gustos romanos en la mesa. La decoración cerámica se dispone como un mecanismo portante de elementos culturales de tradición latina que viste las comidas y reuniones, a la vez que ofrece una lectura basada en la mitología, las acciones cotidianas o la decoración arquitectónica que se estaba difundiendo desde la Península Itálica. De estas primeras importaciones de T.S., los talleres itálicos representados en el conjunto que examinamos de Carmona son básicamente de procedencia aretina, con seis piezas seguras atribuidas a las oficinas de Felix (Fig. 1.4; Tab. 1.49), Vmbricius (Tab. 1.10), Rasinius sobre una forma Conspectus R-11 (Fig. 1.1; Tab. 1.5), M. Perennius (Tab. 1.6), A. Vibius Scrofula (Tab. 1.8) y Diomedes (Tab. 1.9), operario este último de A. Vibius Scrofula. De talleres aretinos o provinciales se han documentado cuatro piezas procedentes de las oficinas del conocido ceramista Ateius, de las cuales tres marcas pertenecen a sus trabajadores o libertos: dos firmadas por Crestus (Tab. 1.2 y Tab. 1.3), una perteneciente a Xanthus sobre una forma Conspectus 22.3, que por las características de la pieza podría proceder del centro galo de La Muette (Tab. 1.11) y una Conspectus 14 sellada 9. Las Tablas 1, 2 y 3 de marcas de alfarero referidas en el texto se encuentran publicadas en Vázquez 2002: 379-384, debido a ello se ha preferido no repetirlas en este trabajo remitiéndonos al anterior. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 218 Jacobo Vázquez Paz por el propio Ateius (Tab. 1.1), ceramista bien documentado en la península Ibérica en lugares como Augusta Emerita (Pérez Outeriño 1990), Valeria (Sánchez-La Fuente 1985), Baelo (Bourgeois y Mayet 1991) o Conimbriga (Alarçao 1975). De Puteoli hemos documentado con seguridad una pieza firmada por Q. Pompeius Serenus sobre una posible Conspectus 33 (Tab. 1.7). En total, en la ciudad de Carmona, el estudio de las marcas de alfarero de procedencia itálica, ha permitido identificar con seguridad a once alfareros, con marcas que responden a seis tipos distintos10. El resto del repertorio comprende formas como la Atlante XXVIII-Conspectus 7.4.1.211 (Fig. 1.8); Atlante XXII-Conspectus 1512 (Fig. 1.11); RITT. 5 A-Conspectus 2213 (Fig. 1.5); Conspectus 2614 (Fig. 1.10); RITT. 8-Conspectus 36.3.115 (Fig. 1.7); Conspectus 50.3.116 (Fig. 1.3); Atlante VIII-Conspectus 1217 (Fig. 1.13) o la Atlante X-Conspectus 1818 (Fig. 1.12), que conviven en contextos cerrados como el de Pozo Nuevo 5 (Belén, M. et al. 1998) y Calatrava 2 (Román y Vázquez. 2003), con cerámicas de imitación tipo Peñaflor, formas 9; 11; 12; 13 y 14 de Amores y Keay (1999), así como las formas IId y III de Martínez (1988). Otras formas documentadas son la Goudineau 7 (Fig. 1.9); Atlante XXIX- Conspectus 27.119 (Fig. 1.6); la RITT. 5 B-Conspectus 2320 (Fig. 1.4), así como la Atlante XXXIX-Conspectus 2821 (Fig. 1.2), forma más reciente de las documentadas. Estos productos itálicos llegarían a Carmo entre el 15 / 10 a. C., aproximadamente, y el segundo cuarto del s. I d. C., aunque tampoco hay que descartar que pudieron hacerlo en momentos anteriores, pero no contamos entre las piezas que hemos examinado con ningún sello en posición radial que pudiera adelantar estas fechas. La época tardo augustea, de acuerdo con las marcas que examinamos, supone el apogeo del comercio de T.S. Itálica en Carmo. La importación siguió 10. Rectangulares (uno de ellos intradecorativo), in planta pedis (tipo más frecuente a partir del 15 d. C.: Ettlinger et al. 1990: 14 y 147), cuadrangulares (tipo conocido desde el inicio de la producción de T.S. y que continúa durante todo el periodo augusto), trilobulados (tipo característico de los talleres de Ateius durante el periodo tardoaugusto y tiberiano: Ettlinger et al. 1990: 147), ovalados y uno intradecorativo sin cartela realizado a mano alzada sobre el molde. 11. Este tipo se fabricó en los talleres de Arezzo, Pisa, Lyon así como en la región padana. Su producción comenzó con anterioridad al 30 a. C., continuándose durante toda la primera mitad del s. I a. C. hasta enlazar con la forma sudgálica Dragendorff 33, que viene a ser una evolución del modelo itálico. Su mayor apogeo se encuentra circunscrito al principado de Augusto. 12. Este tipo fue producido en los talleres de Etruria, Campania y Lyon, siendo una forma más propia de los talleres provinciales. Su producción comienza en torno al 10 / 8 a. C. 13. La forma 22 es característica de la gran mayoría de los centros itálicos. Su cronología inicial de producción se estima entre el 10 y el 8 a. C. Estas copas muestran una amplia distribución documentándose en gran cantidad en casi todo el imperio romano junto a la forma 18 entre los principados de Augusto y Claudio. 14. A la copa carenada con borde recto, forma 26, es posible que pertenezca el ejemplar número 13, con borde ligeramente oblicuo al exterior con acanaladura que diferencia el borde de la pared del cuerpo. El tipo 26 es probable que fuera producida en los talleres del centro y del norte de Italia, durante la primera mitad del s. I d. C. 15. El tipo 36 se produce en los talleres etrusco-campanos hasta el principado de Tiberio, enlazando con la copa de producción gálica Ritt. 8. 16. Tipo producido en talleres aretinos y provinciales. 17. Producida en los talleres etrusco-campanos desde el 15 a. C. 18. La forma X, con borde vertical cóncavo-convexo, fue fabricada en todos los grandes centros de producción de T.S. Itálica, e introducida en la última década antes de Cristo, documentándose en pequeño número en Oberaden y Dangstetten. 19. Tipo producido en los talleres aretinos y provinciales. Su producción se inicia en torno al 10 a. C. difundiéndose sobre todo en el principado de Tiberio. 20. La forma 23 (Ritt 5 B) es producida en los talleres aretinos y provinciales. Aunque su morfología refleja una simplificación de la forma 22 (Ritt. 5 A), ello no implica una diferenciación cronológica clara. Su producción se inicia aproximadamente entre el 10 y el 8 a. C. Estas copas, muestran una amplia distribución entre los principados de Augusto y Tiberio. 21. Este tipo fue elaborado en los talleres de Puteoli principalmente. Su producción se inicia en un momento anterior al 15 d. C., para posteriormente enlazar con la forma gálica Dragendorff 4. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 219ComerCio de CerámiCa romana en Carmo: la Terra SigillaTa durante la etapa tiberiana, como prueba la presencia de sellos in planta pedis característicos de este período22. LAS CERáMICAS DE IMITACIÓN TIPO PEñAfLOR La llegada de estas producciones itálicas al valle del Guadalquivir provocó la formalización en época de Augusto de un centro de producción de “Sigillatas de Imitación Tipo Peñaflor23” en la Baetica, antes de iniciarse la producción de T.S. Hispánica en los talleres de la Tarraconense o de la propia provincia Bética y momentos antes de comenzar la comercialización de la T.S. Sudgálica en el suroeste peninsular. Respecto a este grupo cerámico de producción en serie, y con un marcado carácter provincial en cuanto a sus principales áreas de distribución, no existe de manera consensuada un criterio terminológico unitario, ya que su estudio se encuentra aún en los inicios de su definición como “especie cerámica” o “grupo independiente” de la designada T.S.24. La previa existencia de clasificaciones tipológicas concernientes a las especies cerámicas imitadas permite su aplicación a los productos del alfar de Peñaflor mostrando de esa manera una equivalencia tipológica con sus modelos que simplifica su clasificación y perpetúa científicamente el criterio de imitación que caracteriza a estas producciones. Por ello se ha impuesto principalmente para su clasificación el uso del Conspectus Formarum para las imitaciones de T.S. Itálica o la tipología de Dragendorff para las imitaciones de sudgálicas, fomentando la aplicación de equivalencias entre originales y copias, no quedando aún del todo establecida una tabla tipológica propia. Recientemente ha sido publicada la tabla tipológica preliminar para las “formas precoces” de imitación de Peñaflor en las que se distinguen hasta 14 tipos distintos (Amores y Keay 1999: 249-250). Toda la producción sintetizada en Peñaflor refleja una clara adscripción más o menos próxima a modelos de importación comercializados en la zona. En el caso de la imitación de tipos sudgálicos, hispánicos o africanos, aún no ha sido presentada una tabla tipológica al respecto, aunque es aconsejable el uso de las existentes para los modelos imitados25. Del Primer Momento Imitacional, equiparable a las “producciones hispánicas precoces” (Serrano 1999: 231), se han documentado las formas 9 (Fig. 2.4); 11 (Fig. 2.7); 12 (Fig. 2.5); variante de la Forma 12 (Fig. 3.2); 13 (Fig. 2.2) y 14 (Fig. 2.1 y 2.6) de Keay y Amores. El Servicio “b” de Peñaflor (correspondiente a la Forma 14) compuesto por los Tipos Ib (copa) y IIb (plato), es el que 22. Uno de los factores que favorecieron la activación del comercio de vajillas de lujo durante el periodo tardoaugusteo y tiberiano, debió de ser la prosperidad que vivió la ciudad de Carmo bajo los dos primeros emperadores; prosperidad que no pasaría desapercibida a los comerciantes que debieron encontrar en Carmona un mercado más receptivo y con mayor demanda de productos. 23. Recientemente hemos tratado, a partir de los materiales de la necrópolis astigitana, el estado de la cuestión concerniente a las producciones celticenses, por lo que a él nos remitimos (Vázquez, García Fernández, y González Parrilla 2004, en este mismo volumen) 24. El actual conocimiento que poseemos sobre este grupo cerámico no ha permitido aún sentar unas bases firmes que permitan explicar una traza de producción como la detectada en Celti. El proceso de formalización y desarrollo que se desprende del análisis de los productos celticenses comporta unos datos que distinguen, por presentar unas características propias, la configuración de este centro productor de “sigillatas de imitación tipo Peñaflor” (Amores y Keay 1999: 235) de los procesos de formalización de talleres de T.S. Hispánica en la Bética o la Tarraconense. 25. El conocimiento de los materiales exhumados durante la V Fase de Excavaciones Arqueológicas de Urgencia en el solar del antiguo mercado de la Encarnación nos ha permitido documentar en Hispalis la comercialización de la copa (Drag.-Forma) 24 / 25 en T.S. de Imitación Tipo Peñaflor (agradecemos la información al Dr. Fernando Amores). De igual manera, la comercialización de imitaciones de modelos sudgálicos / hispánicos ha sido documentada en Astigi (Vázquez.; García Fernández, y González Parrilla 2004, en este mismo volumen). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 220 Jacobo Vázquez Paz presenta un mayor índice de producción y un mayor radio de comercialización en Carmona. El inicio de su producción coincide con el momento de mayor dispersión por la Bética de los productos de Celti en un momento, fines del principado de Augusto y el principado de Tiberio, en que ya se ha consolidado la red de distribución que a nivel terrestre se materializó con la finalización de la vía Augusta en el año 2 a. C. Alcanza su mayor índice de producción en tiempos de Claudio / Nerón, perdurando durante buena parte del s. I d. C., circunstancia que se ha documentado en San Felipe 1A, junto a imitaciones de Barniz Rojo-Pompeyano correspondientes a la forma III de Martínez (Fig. 3.4 y 3.5), e importaciones sudgálicas e hispánicas en contextos avanzados de mediados del s. I d. C. El tipo IId de Martínez (Fig. 3.3) se encuentra escasamente documentado. Similar a la forma itálica Consp. 3.1, y a la forma gálica Drag. 18 (Fig. 3.1), se ha documentado un ejemplar en San Felipe 1A, en niveles de la 2ª mitad del s. I d. C., mientras que no se ha asignado equivalencia tipológica a una pieza de contextos de mediados-2ª mitad del s. I d. C., que por sus características procede del taller de Celti (Fig. 3.3). LA TERRA SIgILLATA SUDgáLICA Durante el período tardo augusteo y el principado de Tiberio se formaliza en el este de la Galia el inicio de la producción de T.S. Sudgálica partiendo de la base de los conocimientos técnicos itálicos. La instalación de talleres se origina en un momento en el cual las redes de distribución se encuentran consolidadas y soportan un importante trasiego de mercancías de un punto a otro26. La creación de estos talleres responde por ello a un sistema de implantación de centros alfareros en puntos nodales concretos, con el objetivo principal de obtener una comercialización del producto en un radio de alto y bajo alcance, accediendo principalmente a enclaves de “consumo y comercio” como eran las ciudades o campamentos. Al producirse la implantación de estos centros alfareros de producción de T.S., en este caso Sudgálica, la tecnología hubo de importarse desde centros preexistentes por medio de artesanos especializados en su fabricación. Ello provocó la igualdad de técnicas y tratamiento, así como la manufactura de modelos existentes y conocidos de antemano por fabricantes, distribuidores y vendedores, consiguiéndose con ello asegurar el éxito del producto. De manera más o menos conjunta se fueron creando oficinas y pequeños centros alfareros que paliaban la demanda a nivel regional o local y que crearon una amplia red de talleres en el este de la Galia27. La instauración de estos centros de producción provocó la creación de nuevas series tipológicas, tanto en formas lisas como decoradas (Vernhet 1986), que junto con otras características propias de estos alfares permiten su individualización y caracterización como subespecie aparte de la Itálica, al igual que sucede con la producción Hispánica. De los treinta y ocho sellos de alfarero documentados (todos pertenecientes a formas lisas y ubicados en el fondo interno de las piezas)28, solamente se han podido identificar con claridad veinte que indican que las oficinas ubicadas en el centro de La Graufesenque (actual Millau) son 26. La comercialización de T.S. Itálica y T.S. Sudgálica encontró una situación favorable para su distribución en el movimiento y acantonamiento de tropas en el limes, como muestra el estudio de la procedencia de las piezas de C. Ateius en el campamento de Haltern (Wells 1977: 3-4) 27. Sobre la formalización de los talleres del Grupo del este (de La Graufesenque), véase Bemont y Bourgeois 1986. 28. Bien es cierto que alguna de las marcas conservadas y no adscrita a forma alguna pudiera corresponder a vasos decorados, pero nos es imposible saberlo ya que no podemos adscribirlo a forma alguna a partir de un resto fragmentario o de un fondo indeterminado. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 221ComerCio de CerámiCa romana en Carmo: la Terra SigillaTa prácticamente las únicas que comercializan sus productos en el mercado carmonense. Tenemos que tener en cuenta que hay determinados ceramistas cuyas oficinas también se documentan en centros como Montans29, aunque el análisis visual de las piezas nos inclinan a considerarlos procedentes del denominado “grupo de La Graufesenque”30. Todas los alfareros documentados lo están con una sola marca a excepción de la officina de época Flavia de Angius31 de la cual contamos con dos ejemplares, una en un fondo de forma indeterminada (Tab. 2.26) y otra sobre un plato Drag. 15/17 (Tab. 2.25). La forma sobre la que mayor número de marcas se ha documentado en Carmona es, con 12 ejemplares, la copa Drag. 27 (Fig. 4.3) seguida con 9 ejemplares del plato Drag. 18-18/31 (Fig. 4.5); sobre la forma Drag. 24/25 (Fig. 4.2) solo hay identificadas tres marcas32; del plato Drag. 15/17 (Fig. 4.6) hemos documentado un ejemplar; y de la copa Ritt. 8 (Fig. 4.1) otro ejemplar, mientras que no hemos identificado ningún sello que pertenezca a una forma decorada. Los productos fabricados con la característica técnica de la marmorata, propios del centro de La Graufesenque y que se fechan entre el 40 d. C. y el 70 d. C. aproximadamente, no son desconocidos en la ciudad de Carmona, aunque en este trabajo sólo presentamos una pieza (Tab. 2.34) con marca de alfarero no identificada debido a la mala impresión del sello sobre el fondo interno de una copa Drag. 24/25. Aunque se ha documentado piezas firmadas por alfareros cuya producción comienza en época de Tiberio, caso de Potitus (Tab. 2.47) y Amandus (Tab. 2.24) llegando la actividad del primero a Nerón y la del segundo a Vespasiano, la cronología de la mayoría de las piezas está comprendida entre los reinados de Claudio / Nerón y de Nerón / Vespasiano. De estos dos momentos, hemos documentado los productos provenientes de las oficinas de Successus (Tab. 2.50), Modestus (Tab. 2.41), Passienus33 (Tab. 2.45), Masclus (Tab. 2.40), Sentrus (Tab. 2.49), Macer (Tab. 2.39), la asociación de los alfareros Valerius y Valerius (Tab. 2.52) del periodo Claudio / Nerón, así como la Forma decorada Drag. 30 (Fig. 5.2). Las marcas cuya cronología llega hasta Domiciano pertenecen a los alfareros Vitalis (Tab. 2.53), Sabinus34 (Tab. 2.48) y Patricius35 (Tab. 2.46), si bien es cierto que las formas Drag. 35 (Fig. 4.4), 36 (Fig. 5.1) y 37 (Fig. 5.3) están ampliamente representadas en registros arqueológicos que alcanzan el s. II d. C. Por lo tanto, durante el segundo cuarto del s. I d. C (entre fines del período tiberiano y el reinado de Calígula) podrían ser ya adquiridos en Carmona los primeros productos importados desde el centro alfarero de La Graufesenque y que formarían parte de las vajillas domésticas carmonenses 29. Amandus (Tab. 2.24), Potitus (Tab. 2.47) o Sabinus (Tab. 2.48) (Oswald 1920 red.1983: 14, 272 y 244). 30. Dentro de este grupo se encontrarían, entre otros, los centros de La Graufesenque y el de Banassac (Bemont y Jacob 1986). 31. A través del análisis de una serie de grafitos conservados en La Graufesenque que se relacionan con el alfarero Angios / Angius, se propone que éste podría haber iniciado su producción no en época Flavia sino a fines del periodo Claudio (Bemont 1976). 32. Sobre Drag. 27 se documentan los alfareros Cinus (Tab. 2.29), T. Iulius Apias (Tab. 2.31), Iustus (Tab. 2.32), Macer (Tab. 2.39), Passienus (Tab. 2.45) y Valerius y Valerius (Tab. 2.52); en Drag. 18-18/31 a Lentulus (Tab. 2.37), Modestus (Tab. 2.41), Patricius (Tab. 2.46) y Sabinus (Tab. 2.48); en Drag. 15/17 a (vof)Angius (Tab. 2.25); sobre Ritt. 8 a Cennatus (Tab. 2.28) y en Drag. 24/25 al alfarero Successus (Tab. 2.50) y Firmo (Tab. 2.30). 33. Esta marca se encuentra impresa en posición retrógrada, hecho ya documentado en Valentia (Ribera Lacomba 1981: Fig. 6 núm. 19). 34. La marca de la officina de Sabinus se encuentra sobre una Drag. 18, tipo que deja de fabricarse antes del reinado de Domiciano. 35. Aunque sabemos que el número de ejemplares con el que hemos trabajado es pequeño, nos ha permitido acercarnos a esta subespecie cerámica y empezar a acotarla cronológicamente. Aun así, es indispensable la pronta realización de un estudio sobre la decoración de las piezas sudgálicas con el fin de contrastar los datos extraidos de las marcas con los que se desprendan del estudio de las decoraciones y las formas sobre las que éstas se presentan. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 222 Jacobo Vázquez Paz junto con las ultimas importaciones itálicas que no superarían los inicios del reinado de Claudio36. En este momento las importaciones sudgálicas se hacen más frecuentes y regulares, consolidándose su comercio durante el reinado de Nerón y los inicios de Vespasiano, para decaer fuertemente bajo Domiciano-Trajano, cuando los productos hispánicos, que ya se encuentran presentes en Carmona desde mediados del s. I d. C.37, serían mayoritarios frente a los gálicos. Este descenso y práctica finalización de las importaciones gálicas desde el reinado del emperador Domiciano han sido constatados en muchos otros yacimientos peninsulares.38 LA TERRA SIgILLATA hISPáNICA En torno al 40 / 50 d. C. se inicia la producción de T.S. Hispánica en el Norte y Sur de la Península Ibérica de manera prácticamente sincrónica39. La formalización de los principales talleres peninsulares responde más a la activación de centros alfareros desde planteamientos “empresariales” y preestablecidos, que a un proceso imitacional basado en técnicas locales preexistentes, como es el caso del ya comentado centro imitacional de Celti. En la instalación de las primeras oficinas de T.S. Hispánica primaría, pues, el conocimiento de unas técnicas concretas, un repertorio tipológico existente vinculado a esas técnicas y la existencia de una situación favorable del mercado de cerámica fina de mesa en las provincias occidentales del imperio40. Se ha supuesto que la configuración del fenómeno de instalación de talleres de T.S. Hispánica en áreas concretas del norte peninsular, como el valle del Najerilla, responde a la implantación de una producción en una región concreta con la intención inicial de superar los marcos del mercado local o regional41. En el caso del principal centro productor de la Bética ubicado en Los Villares de 36. Siempre hemos de tener en cuenta el fenómeno de perdurabilidad de determinadas piezas, que por su valor económico, estético, funcional, familiar o personal prolongan su uso en el tiempo después de que éstas ya no se fabriquen o importen. 37. En las excavaciones realizadas en la Puerta de Córdoba (Carmona) se documentó una base de T.S. Hispánica fechada en época tiberiana y que apunta a “un estadio muy inicial, de ensayos” (Ojeda 2001: 183). 38. Es el caso de Elda (Poveda y Ribera Lacomba 1985: 158), Valencia (Ribera Lacomba 1981: 310), Cartagena (Castellano 2000: 158 y 164) o Ilici en donde “el reinado de Domiciano supone un mantenimiento medio, y el final de los Flavios el hundimiento de la importación” (Montesinos 1998: 193). 39. Sobre la formalización y producción de los talleres hispanos véase: Mezquíriz 1961, Roca 1976 y Garabito 1978. Actualmente los datos indican que es a mediados del s. I d. C. cuando se inicia la producción de T.S. Hispánica en los talleres del norte (Mezquíriz 1985: 97-174). En el caso de los talleres de Andújar, el inicio de la producción se sitúa entre el principado de Tiberio y Claudio, centrándose la primera fase con Claudio (Fernández 1987: 482-489). 40. El conocimiento de las composiciones decorativas que se estaban empleando en los talleres de la Galia y, la conformación exacta de las series gálicas que se ponen en producción en la Península Ibérica, evidencian la influencia que desde el conocimiento del funcionamiento de los talleres gálicos se dio en el inicio de las producciones hispánicas en el norte peninsular. La escasez de excavaciones arqueológicas en los centros alfareros del norte peninsular, impiden realizar una valoración acerca de la instalación de sucursales que pudo darse dentro del propio fenómeno de formación de talleres norteños con el fin de diversificar la producción. A este respecto hay que mencionar los estudios que apuntan hacia una vinculación entre el complejo de Tritium Magallum y los talleres de Calagurris (Sáenz y Sáenz 1999: 61-136) con base en estudios estilísticos y analíticas de espectrometría de emisión atómica con I.C.P., o con los de Andújar en la Bética sobre la base del hallazgo de marcas de alfarero idénticas, estando esta cuestión en sus inicios. En el sur peninsular los estudios apuntan hacia una relación directa entre la instalación de los talleres malagueños y granadinos con el centro alfarero de Los Villares de Andújar (Roca 1976 y Serrano 1991). 41. De ahí que la T.S. Hispánica se introduzca en las rutas comerciales entre provincias. Su comercio ha sido detectado como una constante durante la segunda mitad del s. I y los inicios del s. II en el norte de África (Boubé 1965) y sur de la Galia (Mezquíriz 1961: 210-214.). En las provincias romanas de la Península Ibérica, el comercio y distribución de la T.S. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 223ComerCio de CerámiCa romana en Carmo: la Terra SigillaTa Andújar su implantación42 debió de ser similar con el fin de satisfacer principalmente el mercado del sur peninsular y del norte de África. La distribución desde ambos focos productivos se fundamentó sobre la base de las principales vías de comunicación a su alcance, distribuyéndose por medio de una comercialización tanto terrestre como fluvial, en que jugaron un gran papel los grandes ríos como el Ebro43 o el Guadalquivir44, y terrestre; en el caso del complejo alfarero de Tritium Magallum se ha detectado un uso masivo de las vías terrestres hacia el noroeste peninsular y la Lusitania, en la que la ciudad de Augusta Emerita sería el principal centro redistribuidor45. En la distribución de los productos de Andújar el uso de la vía Augusta o los ramales que partían de ella permitieron una comercialización masiva de sus productos en el interior de la Bética y en la costa46. La comercialización marítima se vio fomentada por el contacto permanente entre los grandes centros portuarios de la costa peninsular, que contaban con un alto nivel de trafico de mercancías que enlazaba en ambas direcciones desde el sur de la Galia, y toda la costa hasta las ciudades de Baelo Claudia47 y Malaca, tradicionalmente vinculadas al comercio con el norte de África. Sobre las marcas de alfarero en T.S. Hispánica procedentes de Carmona y conservadas en el Centro de Interpretación de la Ciudad poco podemos decir dado el escaso número de piezas publicadas (diez en total) y el mal estado de conservación que éstas, tienen impidiendo una perfecta asignación a un centro productor determinado o a un alfarero concreto. Las formas que hemos identificado con marca son, con dos ejemplares, la copa Drag. 27 (Fig. 6.5), con un ejemplar el plato 18 (Fig. 6.6) y el plato Drag. 15/17 (Fig. 6.4). El análisis de las piezas nos indica la confluencia en Carmona de productos procedentes de dos áreas bien diferenciadas como es la jiennense (Los Villares de Andújar)48 y la riojana; Al ceramista Lapillius (Tab. 3.66), del taller de Tritium Magallum49, se ha asignado la pieza número 66, tanto por sus características físicas como por el análisis de la marca50. Las formas sobre las que no se ha documentado marcas de alfarero son la 8 (Fig. 6.1), 33 (Fig. 6.2), 35 (Fig. 6.3); 29 (Fig. 7.1) y 37 (Fig. 7.2 y 7.3). Hispánica es donde alcanza su mayor desarrollo en esas fechas (Escrivá 1989; Mayet 1984 y Roca 1991: 221-235); con menor intensidad se comercializaron en otras provincias romanas. 42. El centro alfarero de Los Villares de Andújar muestra en sus orígenes algunas influencias de las formas itálicas (Roca 1978: 285-302.), estando su repertorio inicial vinculado más al ambiente tipológico gálico y a la manufactura de formas exclusivamente hispánicas o propias del alfar (formas Andújar. 1-9). 43. que enlazaba la zona riojana con la importante ciudad de Caesaraugusta y la costa noreste peninsular. 44. El uso del Guadalquivir para el transporte de mercancías se encuentra ampliamente documentado a través de las fuentes clásicas, la epigrafía y los hallazgos de alfares anfóricos a lo largo de su curso que muestran un uso intensivo del río para el transporte. 45. En un principio, Augusta Emerita fue identificada como sede de los talleres de Valerius Paternus y Lapillius (Mayet 1970: 5); posteriormente, la revisión efectuada sobre la ubicación de las oficinas de estos alfareros, que se encuentran ampliamente documentados en la zona de Tricio, avalan la hipótesis que ve a Augusta Emerita como un gran centro redistribuidor de T.S. Hispánica. 46. Se ha propuesto que el uso de las vías que enlazaban el centro alfarero de Andújar con la costa malagueña facilitaba la comercialización de los productos fuera de la Península Ibérica a través del puerto de Malaca, que funcionaría como uno de los principales puertos redistribuidores hacia el norte de África. Sobre la comercialización de los productos de Andújar véase: (Sotomayor 1972: 263-289; Serrano 1983: 151-157). 47. Los trabajos realizados en el yacimiento de Baelo muestran que la mitad de la T.S. Hispánica documentada procede de los talleres de la Rioja y la otra mitad de los talleres béticos (Bourgeois y Mayet 1991), indicando la importancia de las ciudades costeras del sur como centros receptores y distribuidores de las producciones hispánicas hacia otros puertos o hacia el interior de la Península Ibérica; en el caso de Valentia, las importaciones son principalmente desde talleres del norte de Hispania (Escrivá 1991). 48. Véase Sotomayor (1998) y Sotomayor et al. (1999). 49. Sobre este taller véase Garabito 1978. 50. De este sello solamente se conserva ...OLA..., con la letra L en grafía arcaica; el uso de letras arcaicas es frecuente en las producciones hispánicas (Mezquíriz 1961: 45) y, dentro de éstas, está ampliamente documentado en las del alfarero tritiense Lapillius (Garabito y Solovera 1976: 16). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
SPAL 13 (2004) 230 Jacobo Vázquez Paz existencia también de Adonias en la Carmo de época augustea / tiberiana. A pesar de la diferencia cronológica, si atendemos a la narración de lo acaecido en Hispalis, podríamos extrapolar la situación a la Carmo del cambio de Era e intuir que durante la celebración de éstas u otras festividades concurriría un mercado, quizás amparado en el propio evento, que surtiría a los participantes o espectadores de los productos que precisasen, ya fueran macetas, plantas, perfumes, animales, o cerámicas79, como las documentadas en la Intervención Arqueológica de Urgencia efectuada en la calle Pozo Nuevo nº 5 (Belén et al. 1996). El conjunto de “Cerámicas de Imitación Tipo Peñaflor” documentado en Carmona supone un material básico para el conocimiento de los circuitos comerciales que enlazaron las distintas ciudades del entorno del río Betis durante el Alto Imperio. Un estudio exhaustivo de la distribución y del número de fragmentos documentados por yacimiento receptor permitiría llevar a cabo una discriminación de enclaves, al ser un tipo cerámico con una comercialización marcadamente provincial. Su estudio podría reflejar (especialmente para fines del s. I a. C y época Julio-Claudia / Flavia) unas pautas de contactos no esporádicos y entendibles como comercio periódico entre yacimientos, en el cual se mezclarían piezas de procedencia regional, con piezas de producción foránea destinadas a un mismo fin: comercio y consumo80. fUENTES CORPUS DE INSCRIPCIONES LATINA DE ANDALUCíA. (González Fernández, J.): Volumen II: Sevilla, Tomo I. La Vega (Hispalis), Consejería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Dirección General de Bienes Culturales, Sevilla, 1991. CéSAR.: Guerra Civil, Biblioteca Clásica de Gredos (trad. Calonge Ruiz, J.), Gredos, Madrid, 1986. ESTRABÓN.: Geografía, Biblioteca Clásica de Gredos (trad. Meana, M. J.), Gredos, Madrid, 1998. MARCIAL.: Epigramas, Biblioteca Clásica de Gredos (trad. Fernández Valverde, J. y Ramírez de Verger, A.), Gredos, Madrid, 1997. bIbLIOgRAfÍA ALARÇAO, A. M. (1975): “Les sigillées italiques”, Fuilles de Conimbriga, IV: 3-66, París Difusión, E. de Boccard, París. AMORES, F. (2001): “Entre campo y ciudad. La periferia urbana en Carmo”, Carmona Romana, Actas del II Congreso de Carmona (Caballos Rufino, A., Ed.): 447-463, Universidad de Sevilla, Sevilla. AMORES, F. y FERNÁNDEZ CANTOS, A. (2000): “La necrópolis de La Cruz del Negro”, Argantonio rey de Tartessos (Aranegui, C. Ed.): 157-163, Fundación El Monte, Sevilla. 79. En Marcial podemos encontrar a través de sus epigramas numerosas referencias sobre la festividad de las Saturnales en Roma y la costumbre de intercambiar regalos de diversa índole (p.e. II 85; IV 46; IV 88; V 19; V 30; V 84; VII 53; VII 91; X 29; XI 6; XIV 1 y XIV 71). Como nos transmite el autor, muchos echan mano de lo que no quieren y sobra en sus casas, mientras que un poeta como él regala durante esas celebraciones sus propios escritos y vasos de barro (V 18 y 59) que posiblemente adquiría en la Subura (VII 31). 80. La existencia en el valle del Betis de mercaderes itinerantes, que vivían de su continuo movimiento de un asentamiento a otro ofreciendo productos procedentes de todo el Imperio Romano, ha sido eclipsado por la importancia del comercio fluvial y marítimo a gran escala que se encontraba protagonizado principalmente por intereses estatales y annonarios. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.08
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