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Albareda y la Ciencia española

Losada Villasante, Manuel

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A lb areda y la Ciencia española MANUEL LOSADA VILLASANTE Acadé mico de H onor de la Real Academia Nacional de Farmacia F ue don J osé Ma rí a Albareda un ho mb re de ciencia de relieve un iversal que co n excepcio na l ca p aci dad y total de di cac i ón co n sagró gene ro sa mente su in tens a y fecu nd a v ida a la bús qu eda de la ver da d y a la pr ác t ica del bi en ta nto en la enseñanza como en la in vestigación. Al fi na l de su v id a, des pu és de un in ca n sab le p eregr in ar por las di ver sas reg ion es de la pi el de Loro hispana, p or sus afor tunad as y para di sí acas islas y p or mu c ho s países de la Ti er ra y en so lida rid ad co n los h om bre s de to da s l as ra zas , se e nt regó por e nt ero a los d em ás y a su o bra y se or denó sacer do t e; se ha bía dad o cue nta de qu e la limi ta da c ien cia human a, u na vez desli ga da de sus a tadura s ter ren as y despo ja da de sus an sias de poder y glo ri a, podí a mi r ar con co nfian za al ci elo y a sce nder a las má s alta s ci ma s par a inflam ar se de a mor y ha ce rs e di v in a. En tod as sus reali zac iones fu e don J osé Ma ría un cr eat ivo id ea li sta, c om o don Qui jote, y un co ns um ado rea li sta, como Sancho; un co nvenc id o y co mpr ometido h om br e de p az y un pr ofu nd o y clar iv id e nt e pen sa d or p ara qu ien l as co nsideraciones de ca u sa lid ad y fin alidad h ab rían de r es ult ar de ci sivas en el plant ea mi ento, ej ec ución y d ese nlace de su vida. En 1923, só lo un año d es p ués de te rmin ar la licen cia tur a de Far ma ci a en Ma drid , publi có J osé Marí a Al bare da en Zar agoz a un not able li br o co n el sugestivo títu lo de Biologfa Polftica, en el qu e su leg ítimo ca riño a Aragón, como hi jo de la co mprom i so r ia ciudad de Cas pe , se desb or d ab a en fe rv ie nt e defensa del reg ion alismo, po ni én - d ose ta mbi én de manifiesto el e mpuj e y la capac ida d orga ni za li va del jo ven a ut or, qu e fr ag uarían a pa rtir de l os a ño s cuare nt a en el Con se jo. Pers on alme nt e creo qu e, a unqu e no ap arec iera ex plí cit ame nt e la id ea en el texto, su pri vilegiado ce rebro, pe rf ecta mente estruc tu r ad o, pa rtí a de la base de qu e los o rgan is mos vivos s up eriores, y espec ial men te el ho mbr e, fun cionan co n la m áx i ma e fi cacia 16 3 M At\LI::L LO SAl>A ANAL. REAl. ACAD. NA L. FARM. porque sus miembros están maravillo sa ment e organizados y gobernado s. España, una Europa en pequeño, no es un art ificio, sino una admi ra ble, compl eja y a mp lia rea li dad natural, un ca mbi a nte calido sco pio, un h ermo so m osa ico de comunidades dispa res pero firmemente u nidas por muy fue rte s l azos cu lturale s y por una fascinante his toria , qu e todo s de beríamo s es forzarnos en co noc er mejor y en no escarnecer. Ciertame nte es mu c ho lo que no s une y muy poco lo que nos se p ara. La un i dad y diversidad europea y españo la so n pu es vi rtudes sustanciales y no accidentales cada vez má s obvias, y tanto el centralismo opresor como los region a lismo s exacer bado s, di splicentes y excluyentes son leva dura de separa t ismos nefastos y funestos. Ni amarras que inmo vilic en ni ballenas qu e encorseten ni reinos de taifas qu e debiliten y disuelvan. Par a q ue España, con Hispanoam é rica de trás, sea un organ is mo sano, ágil y fuerte, de pujante vida acti va, no infectado ni debilitado por la inju sticia, la in so l ida r idad y el de sg obi erno ni aherrojado por la burocracia, neces ita au to nomía municipal, provincial, reg ional y n aciona l, pe ro s in qu e ninguna perjudique a otra, s ino qu e todas se beneficien, aut orreg ul en y potencien. Sólo ha y progreso verdadero cua n do se equi li bran la s fuerzas ce ntríp eta y cen trífu ga y el id ea l co incid e con el bien. El ac u sa do regio nali smo y es pañoli s mo de Albare da pu e den co nsiderarse ho y dí a paradi gm át ico s ¡jam ás h ubi e ra don José Mar ía roto la unidad de Es paña ni dañado o empo brecid o a un o a cos ta del otro! y reflejan también co n claridad su concep to ecuá nim e del tanto monla, mon ta tanto. Mi id a a la capital de Es paña en 194 7 ha bría de ser deci siva para el rumbo de mi car rera cie nt íf ica, pues fue precisa m en te e nto nces cuando tuv e la su erte de co n ocer y co nt ar e ntr e mi s prof esores de la Facultad de Farmacia a Albareda. Era don Jo sé María entu sias ta , des in ter esado y de cidid o bu sca dor y prom o tor de inv es ti g ador es ci e ntífico s. El e ntr esacó de nu estro c ur so a se is pipiolo s, a quien es de inm ediato y s in esperar a que se gra du ase n inició en la inv es tigación en los l abor ator ios de su cá ted ra y del Instituto de Edafo l ogía y Biol ogía Vegetal qu e él mismo dirigía en el Consejo. Don J osé María fund ó el «C lub Edafos» con sus prim eros alumnos, a los qu e envió más tarde al terminar la carrera para com pl etar su formación a l as univ ers idad es y ce nt ros de invest i gació n de más prestigio de lo s paí ses científicamente más ade l an t ados de Europa y América. A este 164 Vo L. 68 (2), 163-174, 2002 ALBAREDA ' I.A ('IEr\CIA ES P A!\O LA atractivo y pr ivil egiado club de excel encia se incorporaría en cursos sig uientes un pla nt el de dist i ng u ido s est u dian tes, que también saldrían al extranjero e invadirían más tard e los centros de la Universidad y del Consejo espa rcidos p or España. Al comenzar nuestros estudios de Facultad había un matiz qu e distinguía fundamentalmente a Albareda en su qu e hacer universitario y que ejercía irr esistible atractivo y causaba enorme impacto en nuestro mund o estudianti l: su fervor por la in vestigación y su fe ilimitada , cas i de apóstol, en la ciencia y en el potencia l científico de España, es p ec ialm ente en el de sus gen erac iones jóvenes. Albareda ded icó efec ti vamente con gran cariño s us mayores esfue rzos y sus mejores páginas a la juventud investi ga d ora, a los jóvenes que comienzan a trabajar en la investigación, pero no só lo por afecto, sino por realismo. Su libro Consideraciones sobre la I nv estigación Cient-í- fica impre s iona por su form i da bl e conten i do y construcción y por estar escrito con lenguaje prec i so y contundente y ele ga nt e estilo; a pe sar de hab er transcurrido medio siglo des de su publicación, sigue t enie nd o e norm e act ualid ad y d ebería ser l eí do s in exce pción por t odos los inv es ti ga d ores españoles que hacen de la investigación su profesión, pues uno de los grandes lo gros de Albar eda fue sin duda hab er conseguido la profesiona li zación de la investi gació n. Don José María e ra enemigo de la rut i na, la vulgaridad y la ostentac ión, y sus exp li cacio nes eran, como él, sobrias, de sa liñada s y algo torpes en la forma, pero co nceptualmente mu y ricas y densas , mu y excitantes y formativa s, lle nas de admiración y resp eto por la s ma - ravillas de la naturale za y por los gra nde s inv es tigadores y los gran - des de sc ubrimiento s de la ciencia: la teoría de la grav itación , la teoría cinético - mo l ecu l ar, la teoría el ectromagnética, la teoría de l os cuanta . .. Para pon er al alcance de todos sus alumnos esta revolucionaria teoría que había dado n acimiento a la era atómica so lía decir , como ana logía, que no se da cuerda a un reloj de manera continua, sino di sco ntinua , a tra vés de una rueda dentada, piñ ón a piñón; era su estilo, sencillo y pedagógico. Ef ec tivamente , hablaba sin peda ntería ni es tridencia s, con voz sosegada y me lod iosa , con precisión y encanto, y sus l ecciones adq ui rían especia l relieve y vibraba n con alta frecuencia cuando se ad entraba en la descripción de los mine - rales, sus estructuras crista li nas , el análisis de l as propi e dades fisicoquímicas del s uelo , la problemática de su origen y evo lución , su 165 M ANUEL L OS ADA A KA L. RE AL A CA D. N A L. F AR . 'v1 . función como soporte y sustento de la vida vegetal, temas que habían sido objeto de sus prop i as in vest i gaciones en el extranjero y que ha b ría de promover y desarro ll ar después ampliamente en España, pu bli cando sobre ellos varios li bros relevantes, como El suelo. Al bare ci a fue en nuestra nación pionero y fundador de las Ciencias del Suelo y de la Biología Vegeta l, bases de conocimientos científicos fundamentales y de la Agricul tura moderna. Si bien Albareda cumplió a lo l argo de toda su vida con comp etencia y el máximo escrúpu lo sus deberes académicos para con todos , no era hombr e de masa s, si no de minorías, de minorías se lecta s a l as que dedicaba todo su afán. No atraía grandes auditorios , con l os que jamás hubiera podido entrar en re sonancia y, aunqu e abi e rto a todos, su atención se polarizaba hacia la juventud industriosa, capaz e i dealista, a la que ganaba día a día, estimulándola a superarse, i nfundiéndole ansias de saber, abriéndole hori z ontes nuevos. En l as clases de don José Mar ía h abía orden y armonía, familiaridad y diálogo. Con frecuencia interrumpía su charla para provocar con naturalidad la reacción espontánea y abierta de los al umnos y establecer con ellos mejor contacto. Pos e ía Albareda un el evado sentido es tético, una sen s ibi li dad exquisita para el arte y para la be ll eza, grandiosidad y mag nifice ncia de la naturaleza: El Coto de Doñana, El Guadarrama , Los Alpes, El Pirineo -¡sí hay Pirineos !, repetía con énfasis para ensa l zar el esplen dor y poderío de esta formi d ab le cordillera, en contraste con los interesados en presentar la como barrera infranquea b le que nos ha manten i do aislados de Europa durante siglos-. Pocos maestros he conoc i do como él que disfrutaran tanto y tan noblemente trasmitie n do sus conocimientos y experiencias al mundo juveni l que él atraía y que a él se acercaba y al que s in regateos ded i caba todo su tiempo disponible, incluidos mu ch os fines de semana y días de vacación. Organizaba a menudo, con fines recreativo s, cultura l es y científicos, en compañía de l os al u mnos que más se interesaban por l as Ci encias Naturales, de co lab oradores de su Institu to y de algún p rofesor ex t ranjero visitan te, excu rsiones al campo y la montaña, a pa n tanos, ciudades, ermitas y aldeas. En estas salidas nu nca faltaban los mapas, el mar tillo, la azada y los saquitos de lona para la to ma de muestras de suelos. Era en tonces -en el au t obús , caminando por l os roquedales o por la or illa de un lago, o durante la comida 166 VoL. 68 (2), 163-174, 2002 ALBAR c OA v LA c rF.:-.~ c rA F. SPA_- O LA en una ven ta o al aire libre a la sombra de un pino o de una enc in acuando don José María tomaba contacto y se compenetraba mejor con sus discípulos, cuando eje rcía más marcada y directamente su hábil y profundo magisterio, cuando forjaba planes a corto, medio y largo plazo. Para mí, como para tanto s otros jóvenes, el e ncu entro con don José María - en su triple faceta de Catedrát ico, Secretario genera l del Consejo y Director de uno de sus institutoshabría de resultar determinante. Albareda creía, como San Ambros io -e l padre de la Igles ia y arzobispo de Mil án qu e convirtió a San Agustín-, que «la naturaleza es la mayor maestra de la verdad». Con singular habili - dad y pulso firme supo orientarnos y dirigirnos en su búsqueda por los apartados y arduos cam ino s de la investigación, aprovechando cuantas circunstancias se presentaban por in verosími l es que parecieran. Su preclara int eligencia, su prestigio cien tífico, su fe de pionero, su insobornable hon r adez, su delica d eza extrema y su bondad de padre conquistarían desde el primer momento nuestra simpa tía, admiración y afecto. Agrupados a su alrededor, le ayudamos a cul - tivar el árbol de la ci encia que él mismo es taba plantando y cuya sana y rica savia pronto daría abundante ramaje y sabroso y nutri - tivo fruto por toda la geografía española. Desde que ingr esé co mo b ecario en el Inst itu to de Edafología en 1953 hasta mi boda en 1963, residí, salvo los seis años que estuve en Al emania, Dinamarca y Estados Unidos, en la famosa Residencia de Estudiantes del Consejo, otra de la s muchas vi vencias que tanto y en tanto s as p ectos me enr iqu ecerían y que tamb ién debo a don José María. No puedo o lvidar la impresión que nos causaba a los jóvenes investi gadores al regresar ocasionalmente a la Residencia a al tas horas de la noche ver encendidas las 1 u ces en su despacho de la se de central del Consejo, d onde él entregaba febrilmente al trabajo sus horas de descanso. A mi vuelta del extran j ero tenía ya decidido -s igui endo el ejem - plo de don José Maríad edicarme por comp leto, con fe y esperan - za, a la Universidad y al Consejo -nuestros grandes amores - , a la enseñanza y a la investigación, a la formación de la juv e ntud y a la creación de escuela, tratando tambi én -como él igualmente me enseñ óde buscar la verda d a toda costa y de practicar el bien por 167 MAI'\LEL LOSADA A I'\A L. RE AL A cA D. :-J"111.. FAR M. encima de todo, sin rehuir responsabilidades , esfuerzos ni sacrificios. El e norme pod er de captación de d on José María y su extraordinaria ca pacidad de planifi cac ión y organización lo graron el mila - gro de que l os cinco estudiant es del C lub Edafo s que h abíamos inici a do junto s nuestra carrera in vest igad ora en su instituto volviéramo s de nuev o a reunirnos en un o de los centros más emblemáticos que se esta ban crea ndo entonces en el Consejo, el Centro de Inves - tigacion es Biológic as (CIB) de la madril eña ca ll e de Velázquez. En el CIB y p or imp ul so inicia l de Albarcda se habí a concentrado en la s d éca das de 1950 y 1960 un g rup o h eterogéneo de jóvenes y en tu si astas biólogos de só lida form ación y reconocida capacidad inte l ectua l y de infinidad de orígenes. Con env idi ab le esp íritu y tesón, todos a un a se de dicaron al es tudi o de la vida en sus m ás di versas facetas, trabajando co n virus, mic roo r ga ni smos, pl antas, animales y human os y llegand o a alca n zar un nivel compara ble al de los mej ores centros ex t ranjeros, si bi en todavía con l as deficien ci as propia s de la po sg uerra y con l as co n sa bida s traba s y dificultades administrativas y presup u estarias inheren tes a un p aís de pobre t ra - dici ón cien tífica. Era indi sc utibl e que en el ce ntr o de Velázqucz se hacía y enseñaba la m ejor ciencia, y que en un ti empo record se convirtió en un fec und o vivero del qu e sa ldrí a un a pl éya de de bioquími cos, biólo gos mo l ecu l ares y ce lul ares , microbi ó lo gos, citólogos, his tólogos, fisiólogos, etc, que pronto irradiaría su podero sa influ enc ia por toda nuestra patria . Allí se gestó en gra n parte la revo luci ón que ha ex perim en ta do la biol ogía moderna en nu est ras Unive rsidades y Cen tros de In ves ti gac ión. El primer In s tituto de Biología Celul ar qu e con este no mb re hub o en Espa ña y del qu e tuve el honor de ser no mbrad o Dir ec tor na ció en 1964 en el CIB, a instancias y con el apoyo in est im a bl e de don Jo sé María, que desd e que se lo propu sim os co mpr e ndi ó su significac i ón en la mod e rna biología. N ue s tro In s tituto tu vo su or i gen en la fusi ón de la s seccio ne s de Citología, Microb iología y Fisiología Celular y Bioquímic a, que h abíamos co n sti tuido Gonza lo y Jorge, Juli o e I sa bel y lo s do s Manol os y que, a pesar de las limitaciones de espacio, pronto creciero n como la espuma. Al ma de nu est ro In stitu- to y de todo el centro fue Av e lin o, Secretario gen eral y una de la s per so nas más qu e rida s, operativas y dilige ntes en todo s los se ntid os. Avelino e ra de a sce nd e ncia asturiano -l eonesa y cubana, y es p os ible 168 VoL. 68 (2), 1 63-174, 2 00 2 A Lfl>IREDA Y LA C IE C IA ES PA ÑOLA qu e esta mezcla racial hubie ra pot enciado hasta gr ados in ve rosímil es su capacidad y aptit ud es para imitar con es peci al gracia, de sp arpajo y extrema f inu ra l os ademanes y ges to s de l as personas de su entorno, sobre todo cuando se trataba de p erso n as cercanas, qu er idas y a dmirada s, como don J osé María, qu e ad emás se prestaba extraord in ariame nt e a la mím i ca por sus frases cor t as y visajes muy peculiares y expres iv os en sus in ge nu os as pavi e nt os cua nd o se en - contraba a gusto co n quienes te nía co nfi anza . Avelino h ab ía s ido por lo demás du rante var i os años ayudante de cá te dra de Albareda, junto con Emilio Fernández Galiano, también fenomenal imitador. Ho y, lo s que tuv i mos el pla cer de disfrut ar de l as pantomimas de es t os dos genia l es actores, nos reímos a carca ja da s con só lo recordar sus ocurrencias . Po cos e pisodio s re fl ejan quiz ás la na tu ra lidad, se ncill ez y trasparencia del alma de don J osé Ma ría y su eno rm e gozo co n co sas pequ eñas como el que tu vo lug ar, sie ndo ya sacerdote, en el "C halet Suizo" en Madrid , en cuyo di st in gui do restaurante n os reu nió un a tard e para compa rtir una co mid a a l os mi e mbros del C lub Edafos con objeto de es t rec ha r nuestras re l aciones y acercarnos a é l. Habí amos charlado de lo lind o, nada o mu y poco de políti ca, mucho, mu chísim o del futur o de Es paña, del Conse jo, de la U ni vers idad, de l as jóvenes generacio nes, de cienc i a, de su poder cas i ilimitado como fuente de conocimien to, r iqu eza y bie nestar entre l as nac ion es si se cui d aba de qu e no rebasase sus pr o pi os límit es y re spe tase la conciencia, de qu e no se e nsoberbeci e ra y se ol vidara del h ombre y de la paz; también de in fin idad de cosas intrascendente s, de la s que llenan c ada día la v ida de la gente, de sus probl emas, de sus s ufri - mient os , de nu estras familias y amigos, de no sotros mi smos, de nue stros rec u er dos de est udiant es, de nuestras es t anc i as en el extranj ero, y de nu est ro s trabajos y pr oyec t os de investigaci ón. Al final, cua ndo es táb a mo s a punto de pe dir l os postres y el maitr e se acercaba para fac ilitarno s la carta, don Jo sé María, ves tid o de cura de puebl o, con un a so tana de sgas tada y de sgar bada y l as e normes b otas de campo e mp o lvada s y e mbarrad as qu e u sa ba en su vis ita a la s estaciones experimentales , se leva nt ó co n gran so le mnidad y sin mediar palabra e mp ez ó a sa car de sus e no r me s faldriqueras y a repa r tírnoslas , una a una , con el gesto resplandecient e de felicidad y la sonrisa cá ndid a que le era p ro pi a, pr ec i osas y esp lé ndida s 169 MA\IU EL LOSADA A AL. REAL A CAD. AL. F A R\<1. manzanas rojas re lucie nte s, co mo l as de Bl an can ieves. Mailre , camarero s y comensa les vecinos contemp l aban la esce na boqui abi er - to s; como es na t ura l pensaban que, par a ahorrarse los postres, el cura se había traído de l h ue r to de la parroqui a de su al dea las exquisitas frut as con qu e ob seq uiaba a sus pai sa n os . Eran l ógicame nt e fruto pr e ciado de la investigación rea liz ada en una g ranja agrí cola del Con se jo; de ahí el e norm e org ullo y la exu be rante al egría de d on Jo sé Ma ría al ofrecerlas a sus j óvenes invitado s, pond era nd o sus excelenc ia s c om o si de un vend ed or ambulante se tratara. Al gu nas de la s m ay or es e mo ci ones de mi vida tu vieron lu ga r en 1963, c uando don Jo sé Ma ría Albareda nos dijo a mi mujer, Antonia Friend , y a mí la mi sa de esp on sa les en la Ig le sia del Espíritu Santo , y diez a ños más tar de, en 1973, c uando tu ve el honor de pronuncia r, en ses ión so le mn e pr es id ida por mi ta mbi én qu er id o y admirad o don Manuel Lora-Tam ayo, mi discurso de in greso en la R ea l Acad emia de Ci enc i as par a ocupar la vacante que él h ab ía dejado. Aunqu e Albar eda muri ó relativamente joven, a la edad de 64 años, ha b ía luc had o mu cho y esta ba avejentado, p ero ya habí a sembrado en sue lo fért il, y su sem illa ib a a producir abundante y rico fruto y no só lo en el ca mp o de la ci encia s in o en infinid ad de aspectos. Alb areda fue a nt e todo y par a tod os un hombr e bueno y di gno, de trato afable y generosa men te abier to a lo s demás, que emp l eó su portentoso talen to e ntre gá ndo se s in r ese rvas a el evar el ni vel cu ltu ra l, cie ntífi co y mora l de Es pañ a. Su ec ua nimidad y se n satez y su inte g ri - d ad y nobl eza le granjea r on la a dmira c ión y el respe to de cuantos le tr ataro n. Alba red a se exigió mu cho a sí mismo, per o fue mu y comprensivo e in d ul ge nt e co n l as debilidad es y exal taciones de l os demá s que sie mp re perdonó, a pesar de qu e, a veces, l as sufr ió co n muc ho dolor en su propia ca rn e. Su trato ex qui sito y su tala nt e m oderador sa li eron sie mpr e triunfan tes cuando fue n ecesar io su av i zar ges to s duros, e ndul za r ca ra s lar gas, limar ar ist as co rt an tes, amo rti gua r go lpes adversos , r eso l ver conflicto s, co n ci liar postura s ex t remas . No fue nunc a i ntransigente ni sec tario , pero en los m omentos difí ciles s up o aplicar su cr it e ri o co n forta l eza y rectitud de co ncie nci a, s in des mayos ni re nd iciones, aunque su re sis ten cia física se viese en oca si on es me rm a da por l as di fi cul tad es y co ntr at ie mp os. Yo le vi vari as veces caer agota do y deshecho en el so fá de su des pa cho del Consejo, pe ro si n dar la bat alla por pe rdid a y s in que su temp le de acero ni su vo lun- 170 V oL. 68 (2), 16 3-174, 2002 A LI3ARI:: DA Y LA CJ1:: 7\ CTA ESPA,- O LA tad indomabl e se dobl egase n jam ás por la adversidad o ce die ran pr esa del desánimo. Por ello, cua nd o su corazó n no pudo más, cayó fulmin ado por el rayo de la muerte y ent r egó co nfiado su al ma a Dios, su má s firme apo yo y su más d esea do anhelo. Albareda h ab ía soñado - co n la ilu si ón y la fe de un gran patriota y la visión univers al de un gran científi co y organi z adorcon qu e la Un ivers id ad es pañ ola pudier a ad qui r ir pronto la poten cia y capacid ad in vesti gador a que ca ract e rizaba e imprimí a su se llo a la Un iversidad alemana y angl osajona, pero era consc ie nt e de que esta reforma no se po dí a hacer f ác ilm en te desde dentro y co n c rit erio igua lit a ri o. En re la ci ón con el papel in vestigad or del profesor un ivers itario , Albareda escribió : "La Un ivers id ad ha pue sto como remate de su labor forma tiva oficia l la rea li zación de una i nvest i gación estricta, trabajo que exige pa ra otor gar el gra do de doctor. Está claro que existe un periodo universitario em i nentemente investigador: el doctor ado. Las t es is d octora le s so n la má s es tri cta l abor investigado - ra de sus Univ ers idad es." Tambi én era obvio para Albare da qu e, aunqu e la Un ivers idad y la s Escue l as T éc nica s -f orjador as de la me jor ju ve ntud y proveed oras de l mantenimiento y de sarro llo del paísotorga ban l os títul os de d oc tor, la s cá tedra s univ ers ita r ia s i nvestigadoras e ran más bien la exce pci ón y se crea ban s in dotarlas de perso nal, l aboratorios ni medios para la investi gació n. Además , tampoco le cabía duda de que la Univ ersidad no p odía er igir se co n la exclusiva de la invest igac i ón, y de que era urge nt e la neces id ad de crear centros de investi gación t éc nica y de ciencia b ás i ca y ap li ca da al m arge n de la propia Un i ver - sidad y de las Esc uel as T éc ni cas . T odos estos fin es podría c umpli rlos un or g anismo que tuvi er a como f inalidad fomentar, ori e nt ar y coor - dinar la in ves ti g ación cie ntífica nacional. Albareda fue, en nu es t ra época , el inspirador y ej ec utor del Consejo Superior de In vestigaciones Ci e ntíf icas, co mo en la anterior lo habían s id o Giner de los Rí os y Castille jo de la Junt a pa ra Ampliación de Estudios e In vestigaciones Cientí ficas. En sus últimos días, A lb areda repetía in cesa n te men te q ue la U ni vers id ad y l os Centros de l Conse jo debían so l aparse e i ntegrars e para pot en ciar s us esfuerzos y co n seg ui r niveles de excel encia en la in vesti gación y la doc encia. A menu do entre laza ba l os d edos de sus 171