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Feminismos en la esfera pública. Estudios sobre la representación de la igualdad de género en la comunicación y la cultura

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FEMINISMOS EN LA ESFERA PÚBLICA. ESTUDIOS SOBRE LA REPRESENTACIÓN DE LA IGUALDAD DE GÉNERO EN LA COMUNICACIÓN Y LA CULTURA — Colección Comunicación y Pensamiento — FEMINISMOS EN LA ESFERA PÚBLICA. E STUDIOS SOBRE LA REPRESENTACIÓN DE LA IGUALDAD DE GÉNERO EN LA COMUNICACIÓN Y LA CULTURA Coordinadoras Elena Martínez-Pérez Belén Galletero Campos Bianca Sánchez-Gutiérrez Autores (por orden de aparición) Rosalba Mancinas-Chávez Elena Martínez-Pérez Belén Galletero Campos Bianca Sánchez-Gutiérrez Beatriz Aparicio Vinacua Paz Crisóstomo Flores Mª Cruz Tornay Márquez Regla Ismaray Cabreja Piedra Laura Manzano-Zambruno Ribamar José de Oliveira Junior Lore Fortes Esta publicación ha recibido una ayuda del VI Plan Propio de investigación y Transferencia de la Universidad de Sevilla. 2019. Resolución de la Comisión de Investigación de fecha 29 de abril de 2019 por la que se resuelve la convocatoria de Ayudas para Organizar Congresos y Reuniones Científicas con Proyección Internacional. (III.2). Referencia: VIPPIT-2019-III.2. FEMINISMOS EN LA ESFERA PÚBLICA. ESTUDIOS SOBRE LA REPRESENTACIÓN DE LA IGUALDAD DE GÉNERO EN LA COMUNICACIÓN Y LA CULTURA. Ediciones Egregius www.egregius.es Diseño de cubierta e interior: Francisco Anaya Benitez © Los autores 1ª Edición. 2019 ISBN 978-84-18167-22-5 NOTA EDITORIAL: Las opiniones y contenidos publicados en esta obra son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de Egregius Ediciones ni de los editores o coordinadores de la publicacion; asimismo, los autores se responsabilizarán de obtener el permiso correspondiente para incluir material publicado en otro lugar. Colección: Comunicación y Pensamiento Los fenómenos de la comunicación invaden todos los aspectos de la vida cotidiana, el acontecer contemporáneo es imposible de comprender sin la perspectiva de la comunicación, desde su más diversos ámbitos. En esta colección se reúnen trabajos académicos de distintas disciplinas y materias científicas que tienen como elemento común la comunicación y el pensamiento, pensar la comunicación, reflexionar para comprender el mundo actual y elaborar propuestas que repercutan en el desarrollo social y democrático de nuestras sociedades. La colección reúne una gran cantidad de trabajos procedentes de muy distintas partes del planeta, un esfuerzo conjunto de profesores investigadores de universidades e instituciones de reconocido prestigio. Todo esto es posible gracias a la labor y al compromiso de los coordinadores de cada uno de los monográficos que conforman este acervo. Editora científica Rosalba Mancinas-Chávez Editor técnico Francisco Anaya Benítez Consejo editorial Ramón Reig (Universidad de Sevilla) José Ignacio Aguaded Gómez (Universidad de Huelva, España) Ma. del Mar Ramírez Alvarado (Universidad de Sevilla, España) Augusto David Beltrán Poot (Universidad Autónoma de Yucatán, México) Rafael Marfil Carmona (Universidad de Granada) Amor Pérez Rodríguez (Universidad de Huelva) Carmen Marta-Lazo (Universidad de Zaragoza) Gloria Olivia Rodríguez Garay (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México) Mª. Ángeles Martínez (Universidad de Sevilla, España) Marta Pulido (Universidad de Sevilla, España) Martha Elena Cuevas Gómez (Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México) Martha Patricia Álvarez Chávez (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México) Edita: ÍNDICE PRÓLOGO .................................................................................................. 9 Rosalba Mancinas-Chávez INTRODUCCIÓN. Las miradas mediáticas a los feminismos contemporáneos .......................................................................................... 11 Elena Martínez-Pérez, Belén Galletero Campos y Bianca Sánchez-Gutiérrez CAPÍTULO I. La subversión de la violencia en manos femeninas en la ficción audiovisual ................................................................................... 17 Beatriz Aparicio Vinacua CAPÍTULO II. Género y poder: el tratamiento informativo de la prensa en un ballotage presidencial entre dos candidatas ....................... 33 Paz Crisóstomo Flores CAPÍTULO III. Habitando intersecciones: identidades, feminismos y autorepresentación desde los márgenes .................................................... 57 Mª Cruz Tornay Márquez CAPÍTULO IV. Apropiación ideológica y feminismo negro. La invisibilidad mediática del “Me Too” de Tarana Burke en la revista TIME ........................................................................................................... 75 Regla Ismaray Cabreja Piedra y Laura Manzano-Zambruno CAPÍTULO V. Géneros en escena y cuerpos brincantes en la devoción en el Reisado: subversiones en la cultura popular brasileña ..... 99 Ribamar José de Oliveira Junior y Lore Fortes AUTORÍA ................................................................................................. 117 — 15 — autorreconocimiento del origen y el orgullo identitario de pertenencia a grupos que podrían ser considerados marginales o sometidos. Los hallazgos de la investigación confirman cómo estas mujeres se han repensado a sí mismas en torno a valores como la resistencia, la libertad, pero también reivindicando sus figuras como matriarcas, a menudo responsables de una crianza en solitario. En la misma línea, la autora ha publicado otros trabajos de interés que ahondan en el papel de los medios comunitarios a la hora de promover el cambio social y facilitar el ejercicio del derecho a la comunicación. El capítulo IV corresponde al trabajo de Regla Ismaray Cabreja Piedra y Laura Manzano-Zambruno, que recupera el movimiento silenciado de la activista feminista negra Tarana Burke, a la hora de denunciar públicamente los abusos de poder y que llegó diez años antes del mediático #MeToo, y analiza el reportaje publicado sobre el caso en la revista TIME en 2017. Las investigadoras concluyen que el tratamiento de la publicación favorece la perspectiva individualista y neoliberal, poniendo el foco en los casos particulares sufridos por las mujeres y en la condición laboral de las víctimas de acoso, pasando por encima de cuestiones como los condicionantes socieconómicos, la etnia u orientación sexual, que, indudablemente, tuvieron influencia en cómo se gestaron las vejaciones. Así, la interseccionalidad o la diversidad que, en apariencia, recoge la revista, mediante la entrevista a 25 mujeres que habían sido víctimas de acoso, se convierte en mero escaparate para presentar una pluralidad de la que, en términos de discurso, el reportaje adolece. El estudio de caso se sustenta sobre la Economía Política de la Comunicación y recurre en su metodología al Análisis Crítico del Discurso, poniendo en relación las dinámicas de poder en los medios, con el encuadre de los mensajes transmitidos. Por último, hay que aludir al capítulo desarrollado por Ribamar José de Oliveira Junior y Lore Fortes, que analiza la participación de personas LGBTQ+ en la danza tradicional del Reisado en el Nordeste de Brasil. Esta manifestación de artivismo se estudia a través la metodología cualitativa conocida como cartografía sentimental, a partir de un trabajo de campo basado en entrevistas semiestructuradas y en profundidad con las personas brincantes. El objetivo que se plantean los autores es comprobar si estas personas subvierten o no los códigos de la tradición a través de la subjetividad puesta en escena mediante este baile, muy popular en los últimos meses del año en las regiones del Nordeste, pero también en el resto del país brasileño. Frente a los conceptos que se suelen asociar a lo popular, como la tradición o el pensamiento más conservador, la investigación refleja que los brincantes LGBTQ+ actúan de una manera performativa, otorgando nuevos significados y matices a esta expresión cultural tan arraigada, entendida como algo construido. Lo innovador de la propuesta es partir de la posibilidad de que el cuerpo disidente pueda ser partícipe de un folklore que, además, tiene raíces religiosas. — 16 — — 17 — CAPÍTULO I LA SUBVERSIÓN DE LA VIOLENCIA EN MANOS FEMENINAS EN LA FICCIÓN AUDIOVISUAL Beatriz Aparicio Vinacua Universidad de Zaragoza, España Resumen La industria audiovisual ha representado a través de gran parte de su producción cultural la desigualdad de género y la diferencia entre los roles atribuidos a hombres y mujeres. La violencia, representada casi siempre en manos masculinas en las pantallas, ha contribuido a mostrar esa desigualdad en las relaciones de género. El espectador ha terminado normalizándola y dejando a un lado el componente de discriminación que la acompaña. Se ha normalizado la representación de la violencia como arma legítimamente masculina, siguiendo con la dicotomía de los roles de masculinidad y feminidad, dejando a la mujer un rol pasivo y, rara vez, el control de la fuerza. Este capítulo plantea cómo la crítica feminista y la concienciación han derivado en nuevas narrativas en las producciones audiovisuales que subvierten el orden de género establecido. El control de la violencia por parte de los personajes femeninos supone una respuesta a la dominación masculina. A partir del ejemplo de papeles como el de Charlize Theron en Atomic Blonde (2017), de Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre (2012) y de Noomi Rapace en Millenium I (2009), se analiza por qué resulta subversiva la violencia en manos femeninas en la producción audiovisual y las justificaciones que, sin embargo, esconde para hacerla más atractiva al público dentro del orden de género establecido. La representación de personajes femeninos violentos en las nuevas narrativas puede contribuir a desvincular a las mujeres de su atribuida feminidad tradicional, creando nuevos modelos de identificación fuera de lo convencional para las espectadoras. Palabras clave Cine, representación, roles de género, feminismo, violencia. — 18 — — 19 — 1. Introducción El presente capítulo pretende analizar si el control de la violencia como herramienta en la ficción audiovisual esconde o no un componente de género tras él. A partir de una aproximación a este concepto en las representaciones audiovisuales, a la vinculación de este control con los roles de género de feminidad y masculinidad tradicionales, y a las situaciones en las que se subvierte el orden establecido, este texto analiza cómo de habitual es que las mujeres controlen y posean la violencia en la ficción, en qué supuestos se legitima su uso femenino y las consecuencias de esta cuestión para la creación de nuevos arquetipos de feminidad en las pantallas. La crítica fílmica feminista ha señalado desde sus inicios el paradigma de la representación del género masculino como el activo y poderoso y del femenino como pasivo y frágil, una cuestión que también se refleja en el control de la violencia en las narrativas audiovisuales. Son los hombres los que suelen tenerlo, de acuerdo con la idea de masculinidad tradicional que se les atribuye a los personajes masculinos. Este control mayoritario de la violencia, relacionado con la representación de los roles de género, supone la normalización de un patrón que genera discriminación dentro de la narrativa y fuera de ella, si se asume como una cuestión normalizada. El análisis del control de la violencia por parte de los personajes femeninos supone una novedad y un tema de interés por centrarse en nuevas narrativas que han subvertido el orden de género establecido. A partir de la aplicación de la crítica feminista y la concienciación de las mujeres (creadoras de cine o espectadoras), los nuevos discursos en la producción audiovisual, que desplazan la violencia a las manos femeninas, suponen una respuesta al androcentrismo y la dominación masculina. ¿Por qué resulta subversiva la violencia en manos femeninas en la producción audiovisual? ¿Es común? ¿Se les permite ser violentas sin una justificación (como se hace con los personajes masculinos) o existen supuestos que permiten legitimar el uso femenino de esta? Estas son las preguntas a las que el artículo pretende responder mediante el análisis teórico del control de la violencia por parte de los personajes femeninos, el análisis de ejemplos, como la lista de filmes de acción más reconocida por el público, y el análisis concreto de producciones recientes de éxito (como Millenium I de 2009, Los juegos del hambre de 2012, o Atomic Blonde de 2017). Todo ello para desentrañar cómo la representación de personajes femeninos violentos ayuda a deconstruir los roles de género en las pantallas y permite nuevos modelos o arquetipos de identificación femenina. La metodología empleada para este artículo parte, en primer lugar, de una revisión documental dirigida a comprender cómo se representa la violencia en producciones audiovisuales de ficción, quién la ejerce habitualmente y en qué supuestos se observa como un arma femenina. Tras el planteamiento — 20 — teórico, se ejemplifica lo desarrollado mediante los filmes más conocidos del cine de acción, que suele ir más acompañado de violencia desde sus inicios. Por último, para analizar los supuestos de legitimación de la violencia en manos de personajes femeninos en la ficción audiovisual, se parte de la exposición y reflexión sobre algunos personajes identificados como “mujeres fálicas” en la base teórica. 1.1. Objetivos generales y específicos El objetivo general del artículo es, por tanto, analizar si existe una subversión en el control de la violencia por parte de los personajes femeninos en las pantallas, de acuerdo con los roles de género habitualmente representados. De él se extrae otro objetivo general, el de analizar la existencia de filmes que representen esta subversión desde una perspectiva de género y plantear su importancia para la eliminación de roles dicotómicos y contrapuestos en la representación de hombres y mujeres. Como objetivos específicos, destacan el de analizar la habitualidad de representación de personajes femeninos violentos en géneros asociados al uso de la fuerza (en concreto en el género cinematográfico de acción) y el de plantear una lista de supuestos en los que se permite a la mujer utilizar la violencia tras una legitimación relacionada con la discriminación de género. 2. Violencia representada en la ficción audiovisual La industria cultural ha representado, a través de gran parte de su producción, la desigualdad de género y la diferencia entre los roles atribuidos a hombres y mujeres. La crítica feminista, en su búsqueda de la igualdad de género, ha intentado detectar cuáles son los orígenes de la desigualdad y los mensajes que la fomentan. El cine, siendo una producción audiovisual cultural, se ha comprendido como una de las ramas en las que ha realizado su estudio y reflexión. La crítica feminista de cine parte de la base de que existe un sistema de dominación hacia las mujeres, representado y normalizado en los mensajes audiovisuales, e intenta identificarlos y analizarlos. Dado que todo lo que vemos en la pantalla ha sido creado a partir de un filtro, de un sesgo personal y social, “no es de extrañar que la teoría cinematográfica se revelara como uno de los campos más interesantes para la interpelación feminista de la segunda ola, con el objetivo de desentrañar cómo se representa a las mujeres y por qué” (Albizu, 2010, p. 132). — 21 — La crítica feminista de cine se desarrolla en la década de los setenta, con el objetivo de visibilizar los silencios y contradicciones en torno a la construcción de las representaciones de feminidad y masculinidad en los textos fílmicos, así como en el contexto donde se generan dichos textos (Sandoval y Aketzalli, 2012, p. 1158). Es así como en la década de los años 70 del siglo XX comienza el trabajo de la crítica feminista de cine, que evidencia que las representaciones están cargadas de estereotipos y dicotomías por oposición de los roles de género. En una segunda fase, Laura Mulvey (1975) reflexiona sobre la necesidad de negarse a mirar estos mensajes sesgados y discriminatorios como arma política y de ser críticos con ella. En la última etapa, comienza la creación del contra-cine que se enfrenta a las convenciones del cine anterior para destruir la concepción de feminidad en las pantallas. Además, un punto clave para comprender su planteamiento es entender que existe una mirada androcéntrica creadora, que la mirada que ha marcado lo producido ha sido mayoritariamente masculina y que “el cine, que construye a la mujer como su objeto para deleite de la mirada del hombre, desde sus inicios ha tratado de mantenerla alejada de los puestos de control, le ha impedido ser sujeto y dominar la mirada” (Cruzado, 2009, p. 52). Entendiendo este desarrollo de la crítica feminista de cine, se puede realizar un análisis de la violencia representada en la ficción audiovisual con perspectiva de género. Los mensajes que normalizan la violencia, aunque sea representada y ficticia, son importantes porque “la forma en la que se tratan las relaciones, el modo en el que se representan los cuerpos, el lugar donde se sitúa el punto de vista, son elementos fundamentales en la construcción de las narraciones cinematográficas” (Bernárdez, García y González; 2008, p. 15) y estos ayudan a entender el sistema de subordinación que se representa y existe también en la sociedad y en las relaciones de género. Annette Kuhn señala así que la producción audiovisual sirve “de vehículo para transmitir significados que se originan fuera de ella: en las intenciones de los realizadores, quizá, o en las estructuras sociales” (1991, p. 89), determinando que la jerarquía de género social deriva en una jerarquía de género en las pantallas. El problema se intensifica con la representación de esta jerarquía a través de relaciones de poder que contienen violencia y con la representación de una violencia totalmente normalizada, en la que las mujeres son casi siempre sujetos pasivos, porque “las mujeres se construyen a partir de los efectos del lenguaje y la representación” (De Lauretis, 1992, p.29) y los significantes y significados en las pantallas construyen la idea de “mujer” y “mujeres” en la sociedad. — 22 — 2.1. Violencia: arma legítimamente masculina La violencia tiene siempre, también en las pantallas, un factor para tener en cuenta: en una situación violenta siempre hay uno que ejerce esa violencia y otro que la recibe. Y, como hemos señalado anteriormente, la violencia en el audiovisual tiende a estar de forma general en manos masculinas, en quienes tienen el poder en la jerarquía de género. Esto favorece que la “dominación masculina y la sumisión femenina se sustentan culturalmente en la imposición de un orden social jerárquico y patriarcal que se presenta como único y natural, por lo tanto, inamovible e inmutable” (Cases, 2016, p. 54). No solo existe una aceptación de la violencia dentro de la industria audiovisual de entretenimiento, llegando incluso a ser un reclamo para ciertos sectores del público que disfrutan con ella1, sino que existe por costumbre de representación una legitimación de esa violencia por parte del hombre, de la masculinidad. Se une la normalización de la violencia a gran escala con la aceptación de la representación del hombre como individuo poseedor de la misma y del poder a través de ella. Detrás de este problema se encuentra otro mayor y más complejo: la crisis de un orden institucionalizado (el patriarcado), basado en el reparto desigual de poder entre los géneros (sobra decir que en detrimento del cuerpo/género mujer), que ha puesto en crisis la masculinidad (Bernárdez, García y González, 2008, p. 43). El espectador ha normalizado la representación de la violencia sin reconocer el sistema de jerarquía de género que existe tras ella, normalizando su componente de discriminación y no identificándolo de una forma clara. Esta discriminación viene por tener en la mayoría de los casos un autor de la violencia masculino, por lo que se ha normalizado la representación de la violencia como arma legítimamente masculina siguiendo con la dicotomía de los roles de masculinidad y feminidad (Bernárdez, 2007), dejando a la mujer un rol pasivo y, rara vez, el control de la fuerza. 2.2. Violencia femenina: subordinación y enfrentamiento a los roles de género Desde la ficción audiovisual, en la que se acepta y normaliza todo tipo de violencia bajo la aceptación del código de la narración, desde las últimas décadas también son las mujeres las que han podido empezar a tener el 1 El conocido como Torture Porn es todo aquel cine con un alto contenido de violencia cuyo propósito es que el público disfrute con ella (Jones, 2013). Saw (2014) es uno de los ejemplos más representativos de este tipo de cine. — 23 — control de esta violencia tradicionalmente masculina, rompiendo con los roles de género. Este cambio en la representación se ha desarrollado de forma paralela a la crítica feminista de cine y ha supuesto la creación de nuevos modelos de identidad e identificación en la ficción, con los que la espectadora puede repensarse a sí misma fuera de lo convencional y de los roles de género. Al promover este cambio en los paradigmas de representación de los roles de género y esta aceptación de la violencia en las manos femeninas, “podemos obligar al cine a repensar el juego de los significados y percepciones contradictorias (…) y a desvelar las contradicciones de las mujeres en cuanto sujetos sociales” (De Lauretis, 1992, p. 113). La subversión que este control de la violencia supone al estar en manos femeninas, en manos de personajes que generalmente en la producción cultural han estado asociados a un papel pasivo, y la subordinación supone así un arma de empoderamiento femenino. Y es que “en la representación de las mujeres fálicas en el cine, hay cierto nivel de deconstrucción irónica de los modelos de género anclados en el imaginario tradicional” (Bernárdez, 2012, p. 110), entendiendo como mujer fálica aquella que se atribuye una característica que ha sido tradicionalmente asociada a la masculinidad. 2.3. Supuestos de legitimación de la violencia femenina Aunque existe subversión en el éxito de personajes femeninos que se enfrentan a los roles y estereotipos marcados por la producción cultural y adquieren el control de la violencia en sus filmes, cabe apuntar que existe una tendencia a legitimar ese uso de la violencia en manos femeninas. Esta reflexión parte, precisamente, del término “mujeres fálicas” (Bernárdez, 2012), en el que se muestra la existencia de una mezcla ambigua entre masculinidad y feminidad. De acuerdo con la producción cultural, no es que para la construcción de estas mujeres fálicas se haya deconstruido por completo la idea de feminidad y de masculinidad, sino que se han fusionado o se ha adaptado el modelo de feminidad a los arquetipos que antes se entendían como masculinos. Esta cuestión muestra que, al final, el uso de la violencia por parte de personajes femeninos sigue en cierto modo asociada a la idea de masculinidad tradicional para ser normalizada y admitida en las pantallas. Algunas de las producciones recientes de éxito que tienen personajes femeninos con el poder de la violencia y que pueden resultar útiles para ejemplificar esta legitimación son: Atomic Blonde (2017), Los juegos del hambre (2012) y Millenium (2009). Las tres cintas presentan personajes femeninos que utilizan la violencia habitualmente y que no toleran la dominación masculina sobre ellos, habiendo sido tildados desde la crítica actual como feministas debido a esta cuestión (Read, 2000). Sin embargo, estas narrativas — 24 — contienen cierta legitimación del uso de la violencia femenina, un elemento discursivo que no existe en otros filmes en el que el personaje masculino es violento, sin tener que cumplir ninguna condición o razonamiento externo. 3. Análisis de resultados A continuación, se detallan los resultados de la revisión teórica y se realiza un análisis de la subordinación de la violencia en las manos femeninas, de la habitualidad de la misma y de los supuestos en los que se permite y legitima su representación en las pantallas. Atendiendo a lo convencional, representando el canon de lo audiovisual conocido, aceptado y valorado por la crítica, solo hace falta revisar todo lo producido para ver la diferencia de género en cuestión de posesión del poder y de uso de la violencia. El ejemplo del que este artículo parte para ilustrarlo se centra en el género de acción, más vinculado al uso de la violencia, ya sea para narrativas o historias ficcionales relacionadas con superhéroes, con historias de venganza o de justicia. Dentro de ese canon de lo más conocido o valorado en el cine de acción, ¿en cuántos filmes es el hombre el protagonista poseedor del poder y la violencia y en cuantos lo es una mujer? Una de las bases de datos de cine y crítica más utilizadas en los países de habla hispana, FilmAffinity2, ofrece un tour con 51 títulos considerados como los más representativos del género de acción. De ellos, 46 filmes son protagonizados por personajes masculinos, destacando títulos como: La jungla de cristal (1988), Rambo (1982), Redada asesina (2011) o Terminator (1984). Tan solo 4 de estos 51 filmes son protagonizados por mujeres: Kill Bill: volumen 1 (2003), Kill Bill: volumen 2 (2004), Nikita: dura de matar (1990) y Aliens: el regreso (1986). Un solo título presenta un protagonismo compartido en su historia entre un personaje masculino y uno femenino, es el caso del filme de Mad Max: furia en la carretera (2015). Esta es una proporción representativa del protagonismo femenino en géneros tradicionalmente comprendidos como masculinos en los que el protagonista tiene poder y control de la violencia, es decir, una proporción representativa de la legitimación de la violencia en manos femeninas como poseedoras del poder, que se extiende en general a toda la producción cinematográfica. Estos personajes femeninos mencionados representan la rotura del sistema de jerarquía social de género impuesto hasta el momento. Suponen la deconstrucción del sistema patriarcal presente en la pantalla. Lo mismo sucede con los papeles de Charlize Theron como Lorraine en Atomic Blonde (2017), de Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen en Los juegos del hambre (2012) y de Noomi Rapace como Lisbeth Salander en Millenium I 2 Acceso disponible sin necesidad de registro en https://www.filmaffinity.com/es/main.html — 31 — identificación con los que las espectadoras podrían repensarse a sí mismas fuera de lo convencional. Así, la idea de “mujer” o “mujeres” representada en las pantallas ya no solo cumple los tópicos y arquetipos atribuidos a la feminidad tradicional, sino que esa ambigüedad que les permite cumplir con arquetipos de masculinidad al mismo tiempo contribuye a la destrucción de un canon establecido. La ambigüedad supone la destrucción de la normatividad de género, la apertura a nuevas posibilidades y a la creación de nuevos modelos femeninos en las narrativas audiovisuales. — 32 — Referencias citadas Albizu, N. (2010). Mujeres irrepresentables, la crítica feminista a la narratividad cinematográfica clásica. Bajo Palabra Revista de Filosofía, 5, 131-140. Bernárdez, A. (2007). Representación de la violencia y construcción de la masculinidad: un ejemplo del cine taquillero español. Circunstancia: revista de ciencias sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, 12, 1-12. Bernárdez, A. (2012). Modelos de mujeres fálicas del postfeminismo mediático, una aproximación a Millenium, Avatar y Los juegos del hambre. Anàlisi: Quaderns de comunicació i cultura, 47, 91-112. Bernárdez, A.; García, I. y González, S. (2008). Violencia de género en el cine español, análisis y guía didáctica. Madrid: Editorial Complutense. Cases, A. (2016). El género de la violencia. Mujeres y violencias en España (1923-1936). Málaga: UMA editorial. Cruzado, A. (2009). Mujeres y cine, discurso patriarcal y discurso feminista, de los textos a las pantallas. Sevilla: ArCiBel Editores. De Lauretis, T. (1992). Alicia ya no: feminismo, semiótica y cine. Madrid: Cátedra. Jones, S. (2013). The Lexicon of Offense: the meanings of torture, porn and torture porn. En Attwood, F., Controversial images (pp. 186- 200). Londres: Palgrave. Kuhn, A. (1991). Cine de mujeres: feminismo y cine. Madrid: Cátedra. Mulvey, L. (1975). Placer visual y cine narrativo. Arte después de la modernidad. Madrid: Akal. Sandoval, C. y Aketzalli, O. (2012). Hacer visible lo invisible, teoría feminista del cine y documentales mexicanos realizados por mujeres en el siglo XXI. I Congreso Internacional de Comunicación y Género. Libro de actas. 1158-1170. — 33 — CAPÍTULO II GÉNERO Y PODER: EL TRATAMIENTO INFORMATIVO DE LA PRENSA EN UN BALLOTAGE PRESIDENCIAL ENTRE DOS CANDIDATAS Paz Crisóstomo Flores Universidad Carlos III de Madrid, España Resumen ¿Cómo enfrentan los medios de comunicación una elección presidencial donde son dos las mujeres que pasan al ballotage? Este estudio investiga el tratamiento informativo de la elección presidencial de 2013 en Chile, por tratarse de la primera en la que dos mujeres llegan hasta la segunda vuelta electoral, representando a las dos coaliciones más grandes del país. Lo hace a partir de un estudio empírico basado en la teoría de agenda setting y la perspectiva de los estudios de género. La metodología de trabajo consideró 690 notas de prensa de los dos diarios escritos más influyentes de Chile, El Mercurio y La Tercera, considerando todas las publicaciones desde la fecha de inicio de la campaña electoral y finalizando el día después de la segunda vuelta electoral. Sobre esta muestra se realizó un primer análisis cuantitativo, que fue complementado por uno de tipo cualitativo a partir de un análisis crítico del discurso. En los resultados cuantitativos se establece que la prensa destacó los rasgos individuales de las candidatas, como género, profesión, familia y apariencia; mientras que el análisis cualitativo permite apreciar que aún existe cierta tendencia a estigmatizar a las mujeres que asumen cargos de representación popular. Palabras clave Elección presidencial, género, tratamiento informativo, agenda setting, medios de comunicación, política. — 34 — — 35 — 1. Introducción La participación de la mujer en política se ha encontrado relegada por varios períodos de nuestra historia a un segundo plano. Habermas (1999) establecía un foro de sociedad moderno, llamado espacio público, donde a través de la palabra hablada, los ciudadanos –que solo eran hombres– podían discutir sobre los problemas comunes. Mientras que, ante estas circunstancias, a la mujer se le reservaba exclusivamente su función en el espacio privado, ligado íntimamente al rol que cumplía en el interior del hogar. La incorporación de la mujer a la función pública ha sido progresiva en el tiempo. Uno de los hitos se registra en 1893 en Nueva Zelanda, donde por primera vez se le otorga el derecho a voto a la mujer. Tendrían que pasar algunos años para que Ecuador, en 1929, se convirtiera en el primer país de Latinoamérica en lograrlo y tras él siguieran Brasil y Uruguay en 1932 (Tuñón, 2002). En Chile, se realizó la primera elección presidencial con la participación de mujeres en 1952, y en el Congreso se observó que su presencia aumentó de 5 a 9 en el lapso 1953-2014 (Senado, 2019). A mitad de 2005, en Chile, dos mujeres se presentaron a las elecciones primarias de la centroizquierda chilena; se trata de la democratacristiana Soledad Alvear y la socialista Michelle Bachelet. Por primera vez una mujer sería la candidata del conglomerado que había ganado todas las elecciones desde el retorno a la democracia en 1990. Tras estas primarias y luego de dos elecciones más, a fines de 2005, el país elige como presidenta a Michelle Bachelet, una mujer con un perfil político distinto al de sus contendores y que, en la primera etapa de su gobierno, impulsaría un programa que iría en directo beneficio de las mujeres del país (Castillo y Montes, 2013). En la primera vuelta de las elecciones, con la participación de siete millones de votantes, la candidata Michelle Bachelet obtiene un 45,95% de los votos, mientras que los candidatos de la derecha, representados por Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, alcanzan el 24,41% y 23,22%, respectivamente, y el 5,4% restante lo obtiene el candidato de la izquierda extraparlamentaria Tomás Hirsch (López-Hermida, 2009). Sin haber logrado la mayoría relativa, los dos primeros lugares debían medirse en una segunda vuelta electoral, donde Michelle Bachelet gana las elecciones con el 53,5% de los votos, mientras que su contendor, Sebastián Piñera, candidato de la derecha chilena, alcanza el 46,5% de los sufragios (Morales, 2008). Sobre esta elección, Navia (2007) sostiene que el hecho de existir una sola mujer frente a cuatro candidatos hombres permitió que se comenzara a hablar de temas como la igualdad de género y la paridad. De acuerdo a un estudio realizado por Alberto López-Hermida (2009), fue la propia Bachelet que en su discurso utilizó su condición de mujer en la campaña televisiva y evidenció el hecho de que ella poseía las mismas fortalezas que tenía un — 36 — hombre para ser presidenta. Valenzuela y Correa (2006) afirman que los medios de comunicación cubrieron de manera diferenciada los rasgos individuales de la candidata, en comparación con sus contrincantes masculinos en temas como género, profesión, familia y estado civil, e incluso indicaron que fue ella quien destacó la novedad de tener a una mujer como presidenta. En 2013, Michelle Bachelet, luego de ir a primarias en su conglomerado político y tras dos elecciones populares, vuelve a ocupar el cargo de presidenta, tras enfrentarse a otra mujer, quien fuera su amiga de infancia: la candidata de la derecha chilena, Evelyn Matthei. En dicha elección, Bachelet se impuso con el 62,15% de los votos, mientras que Matthei obtuvo un 37,84% (Mardones y Toro, 2014). El presente estudio investiga específicamente esa elección por ser la primera –hasta la fecha– en que dos mujeres llegan hasta la segunda vuelta electoral, lo hace a partir de la teoría de agenda setting y reflexiones en torno a las perspectivas de género, con los objetivos de a) Determinar cuáles fueron los atributos que destacó la prensa de cada una de las candidatas durante la elección presidencial y b) Establecer una comparación en el tratamiento informativo de ambos medios de comunicación, El Mercurio y La Tercera. 2. Definiciones y conceptos 2.1. Género y política La incorporación de la mujer al espacio público introdujo un nuevo concepto: la perspectiva de género, que implica establecer una relación de manera equitativa entre hombres y mujeres (Carapia, 2004). Esta perspectiva es necesaria en la medida en que pone al descubierto lo que ocurre entre los poderes del Estado y la equidad, de tal forma que sean también las mujeres quienes participen en el desarrollo del país (Vélez, 2002). Julieta Kirkwood (1982) insiste en que los partidos políticos aceptan la participación de la mujer en política, pero como una aliada en la elección, no así como una contendora. Kirkwood apunta a que la mujer es vista como un instrumento electoral, más que como un contendor electoral; se la piensa como una aliada, no como una rival a vencer, no como un igual. Esta falta de acceso de la mujer a puestos e ingreso a la política se puede apreciar a partir de dos visiones diferentes: algunos autores aseguran que ante la diversidad de intereses de las mujeres, la representación de estas se torna un asunto difícil (Castells, 1996); pero otros creen que la paridad implicará, en sí misma, un cambio en la política, insistiendo en que la mayor presencia femenina generará cambios importantes en las instituciones y en la cultura política (Uriarte, 1997). — 37 — En América Latina, la mayor presencia de las mujeres en el ámbito legislativo coincidió con una atención sin precedentes a temas relacionados con sus derechos, tales como la violencia doméstica, la reproducción y el derecho de familia. Las mujeres de diferentes partidos se aliaron para colocar en la agenda política los temas relativos a la mujer y luego para presionar a sus colegas varones para que apoyaran la introducción de cambios en la legislación (International Institute for Democracy and Electoral Assistance, 2002). Sin embargo, para que la mujer pueda acceder a la política necesita un sustento partidario y ello es para Clarisa Hardy (2005) un problema, pues los partidos políticos son los que controlan el acceso y el avance de las mujeres en las estructuras de poder político. A fin de alcanzar posiciones de liderazgo, la mujer debe ascender dentro de los partidos, los cuales tienen la capacidad exclusiva de nominar a los y las candidatas a cargos públicos. En esta línea, estudios más recientes (O’Brien, 2015; Wylie y Dos Santos, 2016) evidencian que el acceso de la mujer a puestos de importancia se ve mermado y solo aparece en primera línea en aquellos en que se realiza una discriminación positiva con ellas. En el caso de Chile, Martínez y Navia (2019) opinan que el acceso de mujeres a cargos de elección popular –a partir de cuotas de género– permite romper los estereotipos y permite que una segunda mujer pueda ocupar un puesto de representación popular donde una ya ejerció ese cargo. Sin embargo, parece ser que el acceso al puesto de representación popular no es el único obstáculo, sino que también lo es la ambición política, pues la permanencia de las mujeres en cargos de poder se ve mermada y prefieren salir del ámbito público para integrarse al privado al considerarlos menos competitivos y asociados a trabajo comunitario (Martínez, 2009; Arévalo, 2017), mientras que los hombres incluyen dentro de sus planes el ingreso a la política como una de sus metas a futuro. 2.2 Relación entre medios de comunicación, política y género En las elecciones populares los medios de comunicación son una de las principales fuentes de información para los ciudadanos (García, D’Adamo y Gavensky, 2018). McLuhan (1964) consignó, en este sentido, que los medios no solo son capaces de comunicar una realidad, sino también de generar patrones de comportamiento que permiten establecer diferentes formas de interpretar sucesos y corrientes de opinión. Se puede aseverar que son los medios quienes constituyen una dimensión que no es posible de obviar: guían las percepciones hacia determinados objetos del ambiente, hacen sentir a las personas partícipes e implicadas en ciertos acontecimientos sociales. D’Adamo, García y Freidenberg (2000) determinaron que los corpus o sistemas de mensajes de los mass media — 38 — ocultan o desatienden otros aspectos y problemas de ese mismo ambiente social al tiempo que atienden otros. En esa misma línea es que Gomis (1991) establece que aquellas temáticas a las que los medios prestan más atención permiten el mantenimiento, por parte de las audiencias, de una orientación informativa que depende de lo dramático y llamativo que sería el hecho que se pretende mostrar. McCombs, a través del estudio de la teoría de agenda setting (1972), describe el impacto de los medios de comunicación sobre las audiencias en un nivel cognitivo: los medios son capaces de fijar la agenda del público, posicionando ciertos temas de conversación en la opinión pública. En concreto, lo que hipotetiza es que existe una alta correlación entre los temas que la prensa selecciona como importantes y los temas que el público declara como importantes. Es en este sentido que el medio de comunicación impone los temas más relevantes del día y a partir de eso se generan los debates que se establecen con la ciudadanía. McCombs afirma que con la agenda setting se puede ver de qué manera los medios de comunicación generan estereotipos de personalidades, lo que a su vez determina cómo son percibidos los candidatos por el público y qué atributos los identifica a unos por sobre otros (liderazgo, honestidad, etc.). Para medir este efecto, la teoría compara cómo los medios jerarquizan los atributos de los candidatos (enfatizando algunas características en desmedro de otras) con la respectiva jerarquización que hace de la audiencia. Se establece así que los medios no solo pueden influir en qué piensa el público, sino también en cómo piensa (McCombs, 1972). Basándose en esta teoría, Fridkin Kahn (1989) fue una de las pioneras en analizar cómo los medios de comunicación realizan la cobertura de las mujeres en campañas electorales, de acuerdo a los resultados que obtuvo. Habla de una prensa norteamericana que estereotipa a las candidatas y que destaca de ellas rasgos de su personalidad y vida familiar, más que las propuestas programáticas que ellas realizan. Sobre la estereotipación de las candidatas a las elecciones, Gómez- Escalonilla et al. (2008) siguen esa misma línea y demuestran que los medios de comunicación son capaces de trivializar el rol que poseen las mujeres en política, entregando información de ellas que se escapa del ámbito profesional y que son percibidas por la audiencia con ciertos atributos blandos que sus pares masculinos no poseen. Mientras que Bárbara Burrel (citada en López-Hermida, 2009) va más allá, detectando que los ciudadanos son capaces de conservar ciertos estereotipos de género, aunque existan ‒a su parecer‒ algunos temas más identificables con hombres que con mujeres. Al momento de instalar una competencia directa, donde se excluye el factor de género en los candidatos, pero sí se establece cómo el electorado toma la — 39 — información que entregan los medios sobre las campañas políticas y realizan conclusiones del carácter de los candidatos, se genera un intercambio pasivo de información, donde el ciudadano reafirma su punto de vista a partir de los insumos que le entrega el medio (Valenzuela y Correa, 2006). 3. Metodología Esta investigación realizó una revisión diaria de las secciones y suplementos de los diarios, El Mercurio y La Tercera, donde se hiciera alusión a las candidatas Evelyn Matthei y Michelle Bachelet. El intervalo de tiempo comprendió desde el día 16 de junio hasta el 16 de diciembre del año 2013. El comienzo corresponde al día siguiente de las elecciones primarias de ambos conglomerados políticos y el final al día siguiente a la realización de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales (Gobierno de Chile). La investigación se realizó en dos fases, la primera corresponde a un análisis cuantitativo desarrollado sobre la base de una matriz de datos, que incluyó 690 notas de prensa, con las siguientes variables: código, medio, fecha, noticia seleccionada en portada, titular de portada, titular de la noticia, bajada de la noticia, frase destacada, relevancia para la investigación, género del periodista que escribe la noticia, sección, espacio que se entrega a la noticia, foto o caricatura, número de fotografías, dimensión de fotografía, pie de foto, personaje principal, candidato habla, rol interpretado, tipo de noticia, foco de la noticia, atributos individuales de los candidatos y observaciones (García et. al., 2018; Gómez-Escalonilla et. al., 2008; Pellegrini et al., 2012). La segunda etapa corresponde a un análisis cualitativo, basado en los estudios que elaboró Van Dijk (1983, 1990, 2003, 2005a, 2005b y 2008), los que se asocian, en este caso, a la prensa chilena, que permite crear categorías de análisis buscando establecer el contexto y el nivel temático sobre los elementos que se repiten en las noticias. A partir de Titulares Muestra seleccionada Medio Fecha Titular Concepto Con esta matriz se adecuó el concepto de macroestructura desarrollado por Van Dijk (1983, 1990, 2003, 2005a, 2005b, 2008), con lo cual se buscó establecer los conceptos que permitan desarrollar las particularidades del discurso. Las notas que componen este análisis son aquellas que presentan una “Relevancia Alta”, que corresponden a 43 noticias, lo cual quiere decir que tenían características que decían relación con los objetivos de esta investigación –donde se destacan los atributos de la prensa de cada candidata-. Se — 40 — trabaja con noticias que presentaban a las candidatas en su ámbito privado o que a partir de una noticia, al parecer neutra sobre la campaña, se terminaban centrando en lo más íntimo de ellas. 4. Resultados cuantitativos Noticias relacionadas con candidatas presidenciales Gráfico 1: Cantidad de noticias sobre las candidatas. Elaboración propia. El movimiento de la agenda setting, se aprecia en el aumento de la cantidad de noticias diarias, en ambos medios, en la medida que se acerca la fecha de la elección presidencial que se realiza los días 18 de noviembre del año 2013 y 16 de diciembre del año 2013, que corresponden al día siguiente a la primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Gráfico 2: Distribución de la categoría Personaje Principal por Medio. Elaboración propia. EM; 368 LT; 322 0 200 400 600 800 130701 130710 130719 130727 130804 130812 130820 130828 130905 130913 130921 130929 131007 131015 131023 131031 131108 131116 131124 131202 131210 PPMB PPCMB PPEM PPCEM PPGP PPCR PPO LT 86 89 67 59 9 5 22 EM 43 148 32 147 11 3 22 0 50 100 150 200 250 — 47 — Nota 5: El Mercurio – 17 noviembre del 2013 Con esta entrevista no sólo se hace un guiño por parte de su equipo, al voto de centro al decir que la entrevistada es independiente pro Concertación. Sino que, además, entrega en una faceta desconocida y de la cuál debería sacar provecho: su rol de amiga, de familia, donde da cuenta de una imagen de ella un tanto más humana y conciliadora que en las otras notas más “neutras” que ha mostrado con anterioridad el medio de comunicación. Atributos individuales de los candidatos: Género En el caso del gráfico 5, la variable “género” se hace presente tanto en las notas que dicen relación con la candidata Michelle Bachelet y Evelyn Matthei. Esta situación es resaltada más por el diario La Tercera que El Mercurio. En el caso de El Mercurio, se puede apreciar que existe una tendencia a mencionar la idea del género sin existir una relación directa con la nota, presentando una disociación. Tal como se aprecia en la nota 6: Nota 6: El Mercurio – 16 de diciembre del 2013 — 48 — En este caso particular existe una disonancia en lo que dice el epígrafe y la bajada en relación con el género, donde sólo se usa éste como un dato y no dice relación a las materias que tratará el resto de la nota. Mientras que se percibe un cambio en la nota 7, de La Tercera. Nota 7: La Tercera – 27 de julio del 2013 Al analizar la superestructura del texto se aprecia que es una nota que dice relación con la carrera política de la candidata, pero una vez que se analiza la macroestructura se da cuenta que en 12 de los párrafos del texto se habla, ya sea tangencial como directamente, del género en la campaña. En la nota que aparece el 13 de octubre del 2013 en el diario El Mercurio (nota 8), se muestra una entrevista exclusiva a quién hasta ese entonces sólo había permanecido como un actor secundario en la vida de Matthei. Nota 8: El Mercurio – 13 de octubre del 2013 — 49 — Aquí se le presenta como el marido de Evelyn Matthei, mostrando por primera vez en segundo plano al género masculino. Recién en la bajada del texto, se da cuenta de su directriz académica y el motivo de la entrevista, pero el rol identificador que se le da en el titular es el de ser la pareja de Evelyn Matthei. Sólo por el hecho de que sean dos candidatas mujeres a la presidencia, se presentó un caso particular; que apareció en una nota en el diario El Mercurio el día domingo 11 de agosto del 2013 en la sección “Reportajes” (nota 9). Nota 9: El Mercurio – 11 de agosto del 2013 Esta nota tiene la particularidad de presentar al “guardaespaldas” de la presidenta lejos de ser una autoridad, sino más bien como “el hombre que más — 50 — tiempo pasa con ella”. Mostrándolo como un actor principal y activo de campaña de la mandataria. 6. Conclusiones Si bien la prensa destacó los rasgos individuales de las candidatas como género, profesión, familia y apariencia –como se pudo comprobar en el análisis cuantitativo–; no existió un número significativo de noticias que sólo se enfocarán únicamente en aquellos roles. Al realizar un estudio más en detalle –a través del análisis cualitativo– se pudo apreciar que aún existe cierta estigmatización de las mujeres que asumen cargos de representación popular. Los medios de comunicación, al ser un reflejo de lo cotidiano, se convierten en un modelo político de cómo se realiza la cobertura de prensa para Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, dando cuenta de estereotipos que se han ido incorporando con el tiempo. De acuerdo a lo que señala Habermas, ambas candidatas encarnarían cómo la mujer ha logrado entrar a la esfera pública, dejando de lado la marginación del mundo político al que está acostumbrado el sexo femenino, pero lo hacen con diferentes matices, situación que se expresa en la forma en que los medios de comunicación las percibieron. Evelyn Matthei es considerada por la opinión pública –tal como se puede apreciar en los antecedentes presentados– como una mujer de carácter fuerte; situación que explicaría por qué los medios, e incluso posiblemente su equipo de campaña, tendieron a mostrar más a su familia para destacar el rol de madre y esposa del que carecía. Por el contrario, Michelle Bachelet, que ya tenía los “atributos blandos” debió potenciar su capacidad de liderazgo mostrando una imagen más bien fuerte, situación que también ocurrió en la primera campaña que tuvo la mandataria, como lo destacó la investigación de Valenzuela y Correa (2006). Esto contratasta con lo encontrado en su investigación por Lisbona y Navia (2018), quienes establecieron que en el año 2013 la candidata Michelle Bachelet privilegió los temas propios dejando de lado la novedad de ser mujer y que, además, no necesitó demostrar dentro de su candidatura que era idónea para el puesto, pues existía consenso general de que había sido una buena presidenta en el periodo anterior. Al realizar un contrapunto entre ambas, se puede establecer que en el periodo de tiempo estudiado, la candidata de la Nueva Mayoría, obtuvo un total de 129 notas donde ella era el personaje principal; mientras que la candidata de la Alianza presentó sólo 99 noticias que se centraban en ella. Las notas de prensa en las que aparecían en su mayoría venían acompañadas de imágenes, las que no sólo se presentan como un complemento a la noticia, sino que un elemento imprescindible con el cual se entregan detalles que el texto no da. — 51 — El diario La Tercera tendió a mostrar, en aquellas notas que aparecían el mismo día y con una estructura similar, a ambas candidatas de manera diferente. Mientras Michelle Bachelet se le aprecia como una mujer trabajadora, en las imágenes de Evelyn Matthei se mostraba a la candidata como una mujer aplicada. Tanto en la primera campaña de Michelle Bachelet como en esta, se le liberó de la llamada “presión estética”. Su imagen no fue tema de conversación, se mostró a la candidata, como alguien que trabajaba en terreno y que si bien se preocupaba de su imagen esto no era central en la argumentación que hacía el medio. Situación que no ocurrió con Evelyn Matthei, pues en ciertas notas de prensa, si bien no se hacía alusión directa a su imagen, sí se le mostraba su vestimenta en detalle; esto ocurrió por ejemplo el día de la elección en el diario La Tercera, donde, en vez de mostrar una imagen de ella votando en las urnas se hacía un plano cerrado a sus piernas y zapatos, mostrándola públicamente como una mujer de clase alta, con un alto sentido de la moda. Detrás de esta imagen que se proyectó de ambas, se muestran a dos diferentes tipos de mujeres: una trabajadora de clase media –Michelle Bachelet– y a otra de clase alta que tiene carácter pero que se preocupa de su apariencia personal –Evelyn Matthei–. Por contextura física la apariencia de Michelle Bachelet se asemeja más a los cánones de belleza de la mujer chilena tradicional –baja, pelo corto, con exceso de peso–; mientras que Evelyn Matthei, físicamente encarna a una mujer de clase alta –de estatura promedio, pelo corto (dado que es trabajadora, no tiene tiempo para preocuparse de su cabello), delgada y con prestancia– e inclusive sus “garabatos” cuando eran reproducidos, no concordaban con la imagen que proyecta sólo su cuerpo. Evelyn Matthei presenta una trayectoria política más extensa y más pública con el correr de los años que Michelle Bachelet, por eso resultaba interesante y a la vez hasta noticioso conocer a su “círculo cercano”. Sus hijos y esposo la “blindaron”, mostrando los atributos blandos que ella no poseía; por primera vez los medios de comunicación tenían acceso y les era de interés, quién es la mujer que por años ha sido considerada –como señaló en algún momento el diario La Tercera–: “La mujer fuerte de la derecha”. El humanizar a la candidata, era vital para poder capitalizar su liderazgo en la clase trabajadora. Mientras que con Michelle Bachelet, cuya familia se mostró muy activa en su primera campaña presidencial –incluso sus hijos subieron al escenario cuando ella ganó la elección– esta vez, los medios de comunicación no tuvieron acceso y ella tampoco quiso dárselos a su vida personal. Su familia constituida por sus tres hijos y su madre, casi no aparecen en los medios de comunicación. Por el contrario, surge nuevamente la imagen de su padre — 52 — como elemento de campaña dado el lazo que la une históricamente con el padre de Evelyn Matthei, Fernando Matthei. Esta situación concuerda con las imágenes que se mostraron de Michelle Bachelet en campaña en el diario La Tercera donde siempre se le mostró sola, dando cuenta de la situación personal que ella vivía, y tendiendo a mostrar lo difícil que fue unir a su conglomerado tras su candidatura; mientras que el mismo medio de comunicación mostró a Evelyn Matthei rodeada de gente, pese a que su campaña no logró generar consensos entre ambos partidos. Como se puede apreciar en la primera campaña que lideró Michelle Bachelet a La Moneda, ella utilizó su condición de mujer a su favor. Por el contrario, en esta segunda candidatura, ella debió resaltar su condición de liderazgo para la Nueva Mayoría. Por el contrario, Evelyn Matthei, intentó poner en la primera etapa de su candidatura el tema del género en la palestra, tratando de suavizar la imagen que ella ha proyectado durante estos años. Los medios estudiados, tuvieron que adaptar su agenda mediática y la competencia estuvo lejos de ser una guerra entre hombres y mujeres. Al estar en igualdad de condiciones, existen ciertos temas que no era necesarios tratar y podían enfrentarse de manera directa sin que se les acusara de sexistas. Mientras a Evelyn Matthei, se le feminizó, a Michelle Bachelet se le fortaleció su imagen de mujer trabajadora. En términos de espacio, la candidata Evelyn Matthei, presenta notas focalizadas que ocupan entre un cuarto de página y página completa; situación que también ocurre con la candidata Michelle Bachelet. El Mercurio fue quien entregó más espacio a la candidata Evelyn Matthei, porque era quién representaba los ideales del diario y un continuismo del Gobierno a quién el medio de comunicación habría prestado cierta adhesión. Por el contrario, La Tercera, entregó más espacio a Michelle Bachelet porque iba ganando en las encuestas y era quien había sido apoyada por los empresarios. En términos de atributos de las candidatas, se pudo establecer cómo en La Tercera se destacó más el rol de ex presidenta de Michelle Bachelet, mientras que El Mercurio lo que decía relación con su familia y estado civil. Para Evelyn Matthei, ambos medios de comunicación destacaron las temáticas referidas a familia y estado civil. En conclusión, a través de este estudio, se ha buscado trabajar la comprensión de la política y las limitaciones a las que se enfrentan las mujeres candidatas en los medios de comunicación. Ha quedado probado que aún existen temas pendientes de género que se refuerzan con el alcance de la concepción patriarcal, que en la actualidad tienen quienes conforman los medios de comunicación. Este estudio ayuda a generar las bases que permiten estudiar si existe una diferencia en relación al tiempo sobre comunicación — 53 — femenina y política; ampliando el conocimiento del área, que permite a los investigadores confirmar los patrones de conducta observados o esperados. A partir de esta investigación se pueden trabajar los estudios de género en el acceso que tiene la mujer a altos cargos al interior de la política. Sería interesante conocer de primera fuente las barreras que sólo por el hecho de ser mujeres se van generando en el camino y, si resulta necesario, para obtener el respeto de los pares masculinizar su actuar. En lo que dice relación a los estudios de género y medios de comunicación, una futura línea a seguir es el tipo de cobertura mediática que tienen aquellas mujeres que se encuentran en un puesto de representación popular, estableciendo comparaciones y diferencias de acuerdo al partido o conglomerado político al que pertenecen, analizando sí existe más o menos sesgo de género a partir de dicha variable. — 54 — Referencias citadas Arancibia, J. P. (2006). Comunicación Política. Fragmentos para una genealogía de la mediatización en Chile. Santiago: Universidad Arcis. Arévalo, M. I. (2017). Ambición o estrategia: estudio de carreras políticas regresivas en Ecuador (1979-2008). Tesis de Maestría en Ciencias Políticas. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Flacso Ecuador. Beauvoir, S. de. (2005). El segundo sexo. Madrid: Cátedra. Carapia, J. d. C. (2004). Perspectiva de género. Barcelona: Plaza y Valdés. Castells, C. (1996). Perspectivas feministas en teoría política. 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Autoras como la boliviana Julieta Paredes (2010) hablan de un “entronque patriarcal” con el que se refiere a la existencia de “una propia versión de la opresión de género en las culturales y sociedades precoloniales, y que cuando llegaron los espanoles se juntaron ambas visiones para desgracia de las mujeres que habitamos Bolivia” (p. 72). Los apuntes sobre la construcción de identidades y relaciones de género nos permiten profundizar en las experiencias de aquellas poblaciones que se sitúan en los márgenes de la identidad de género blanca, occidental, y que conducen a la visibilización de otros ejes de opresión y diferencias. 2.1. Intersecionalidad: una propuesta identitaria del feminismo desde los márgenes4 Una de las grandes aportaciones de los feminismos críticos en relación al feminismo blanco occidental fue la visibilización de la multiplicidad de formas de opresión que recaían sobre aquellas mujeres que no se identificaban con el sujeto político que lideraba el movimiento feminista en la década de los sesenta del siglo XX. Si bien ya encontramos un antecedente en la unión de las luchas por el sufragismo y la abolición de la esclavitud (Jabardo, 2012; Curiel, 2007), es el black feminist el que, a partir de la década de 1970, posiciona la interconexión del sexismo, el racismo y el clasismo5 (Moraga, 1988). En un contexto de luchas por los derechos civiles de la población negra y de emergencia del movimiento feminista, las mujeres negras denuncian el sexismo de compañeros negros, pero también el racismo y clasismo de las feministas blancas que eran incapaces de reconocer que sus discursos partían de un lugar de enunciación privilegiado (Espinosa, 2014). Desde el ámbito acádemico y literario se abordó la cuestión de la multiplicidad de dominaciones que se imbricaban en las relaciones de subordinación. Algunas de las obras referenciales que permitieron observar la diversidad de opresiones fueron la antología Todas las mujeres son blancas, todos los negros son varones, pero algunas de nosotras somos valientes (1982), desde el feminismo negro, y Esta puente, mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos (Moraga y Castillo, 1988), en el que aparecen escritos de feministas chicanas, negras, lesbianas, asiáticas e inmigrantes que revelaban la inexistencia de un único sujeto mujer. En 4 En relación a la referencial obra de bell hooks Feminist theory from margin to center (1984). 5 Declaración Feminista Negra de la Colectiva del Río Combahee (1977). — 64 — esta última obra, la escritora chicana Gloria Anzaldúa se refiere a sí misma como una Shiva que se extiende en diferentes mundos, “gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura. Todos abarcamos tantas opresiones” (1988, p. 168), y en su texto titulado La Prieta, describe su identidad de manera compleja: Soy un puente columpiado por el viento, un crucero habitado por torbellinos, Gloria, la facilitadora, Gloria, la mediadora, montada a horcajadas en el abismo. “Tu lealtad es a La Raza, al Movimiento Chicano”, me dicen los de mi raza. “Tu lealtad es al Tercer Mundo”; me dicen mis amigos negros y asiáticos. “Tu lealtad es tu género, a las mujeres” me dicen las feministas”. También existe mi lealtad al movimiento gay, a la revolución socialista, a la Época Nueva, a la magia y lo oculto. Y existe mi afinidad a la literatura, al mundo artístico. ¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y al misticismo. Me fragmentarían y a cada pequeno pedazo le pondrán una etiqueta. ¿Me dices que mi nombre es la ambivalencia? Piensa en mí como Shiva, con un cuerpo de muchos brazos y piernas, con un pie en la tierra color café, otro en lo blanco, otro en la sociedad heterosexual, otro en el mundo gay, otro en el mundo de los hombres, de las mujeres, un brazo en la clase obrera, los mundos socialistas y ocultos. Un tipo de mujer arana colgando por un hilo de su telarana (Anzaldúa, 1988, p. 165). La complejidad identitaria que abordan estos textos de manera poética fue traducida en el ámbito epistémico y metodológico en el concepto de interseccionalidad, definido por la abogada afroestadounidense Kimberlé Crenshaw ([1991] 2012) a partir de la experiencia de mujeres negras víctimas de violencia. Con el concepto interseccionalidad política, Crenshaw identifica en las mujeres de color al menos dos grupos subordinados con agendas políticas enfrentadas que colaboran para perjudicar los intereses de las mujeres negras, cuya voz no era tenida en cuenta en ninguno de los dos grupos. Para Crenshaw, el reconocimiento de las interseccionalidades se presenta como un problema “específicamente político”, en tanto que “las narrativas de género se basan en la experiencia de las mujeres blancas de clase media, y las narrativas de raza se basan en las experiencias de los hombres negros” (2012, p. 119). Así, el concepto de interseccionalidad se presenta como una forma de mediación entre “la tensión que se da entre reafirmar una identidad múltiple y la necesidad de desarrollar políticas identitarias”, y “ofrece una base para reconceptualizar la raza como una coalición entre los hombres y las mujeres de color” y los medios “para enfrentarnos también con otras marginaciones” (2012, p. 120). Si bien el concepto de interseccionalidad ha sido ampliamente reconocido por entender el género como una categoría dinámica interrelacionada con otras desigualdades (Platero, 2014), lo cierto es que no fue considerado — 65 — como un elemento novedoso en territorios donde la diversidad siempre estuvo presente entre las feministas (Viveros, 2016). En América Latina, se han presentado críticas a la incapacidad del concepto de interseccionalidad para identificar el origen común de la multiplicidad de opresiones y, autoras como María Lugones, proponen una “reconceptualización de la lógica de la intersección” para “evitar la separabilidad de las categorías dadas y el pensamiento categorial. Solo al percibir género y raza como entretramados o fusionados indisolublemente, podemos realmente ver a las mujeres de color” (Lugones, 2008, p.82). En este sentido, la afroestadounidense Patricia Hill Collins (2000) matiza las lógicas interseccionales y propone el concepto matriz de dominación que permite comprender la interactuación de las formas de opresión, siguiendo a Ochy Curiel, como elementos estructurales; aspectos disciplinarios; elementos hegemónicos o ideas e ideologías; y aspectos interpersonales, como prácticas discriminatorias usuales en la experiencia cotidiana (Curiel, 2014: 15). 3. Habitando intersecciones: identidades y auto-representación en el contexto de experiencias comunitarias La investigación realizada en territorios que guardaban un pasado (presente) de colonización determinó las aproximaciones epistémicas y metodológicas del proceso. Por una parte, la experiencia Avanzoras de Yoco se ubica en una pequeña localidad conformada prácticamente en su totalidad por población afrovenezolana, descendiente de antiguos esclavos procedentes de las Antillas. Entre esta población se conservan elementos identarios que remiten al origen africano de las víctimas de la trata transatlántica, mezclado con las otras culturas presentes en el Caribe. Por otro lado, en la intervención comunicativa comunitaria Alli Kawsaipak Jampikuna/ Medicina para el Buen Vivir participaron mujeres sanadoras indígenas de Chimborazo (Ecuador), provincia con mayor tasa de población indígena del país. Hasta la pasada década de los sesenta del siglo XX, la sierra central de Ecuador mantuvo un sistema feudal de haciendas en el que las familias indígenas vivían en relación servidumbre respecto al amo latifundista. El reconocimiento pleno de derechos en sucesivas constituciones no ha impedido que sea la población indígena —más aún, las niñas y mujeres— la que presente mayores obstáculos para el acceso a derechos y oportunidades, y que aún hoy se identifiquen estructuras de dominación que remiten a la prevalencia de un pasado colonial. La recogida de información en el caso de Avanzadoras de Yoco se llevó a cabo una entrevista grupal semi-estructurada con las comunicadoras más activas en la emisora: seis mujeres de entre 18 y 45 años que habían accedido a la gestión de la emisora sin experiencia previa en la comunicación. — 66 — En el caso de Ecuador, se llevó a cabo el diseño, implementación y sistematización de un proyecto comunicacional que permitiera el aprendizaje y desarrollo de las capacidades necesarias para el ejercicio del derecho a la comunicación. En la intervención participaron once mujeres de entre 32 y 65 años, sin experiencia previa en la comunicación y vinculadas a la medicina ancestral indígena. Aun estando de acuerdo con la imposibilidad de disociar las categorías que se tejen sobre las vidas de las mujeres racializadas, se considera pertinente para el análisis y la reflexión establecer dos categorías centrales en relación a la identidad y que se refieren a la identidad de género, y a la identidad como población racializada y subalternizada. Identidad de género Aunque es evidente que los dos grupos de comunicadoras se identifican como mujeres, existen matizaciones en relación a los significantes de la categoría mujer y cómo ésta se relaciona con otros elementos identitarios. En los testimonios de las mujeres afrovenezolanas se identifican alusiones a su identidad como mujeres, a su identidad como población afrodescendiente y, de manera recurrente, a su identidad como mujeres afrodescendientes, un resultado no identificado en el caso de las comunicadoras kichwa, que en raras ocasiones hicieron referencias a situaciones de discriminación derivadas del género, frente a las habituales menciones a una conciencia de discriminación como parte de una población inferiorizada. En uno de los testimonios de las comunicadoras venezolanas, se identificaban como forma de opresión aquellos roles tradicionales asociados a la identidad femenina blanca y que, precisamente, habían sido objeto de crítica por los feminismos negros: Antes nosotras estábamos muy excluidas porque la mujer era para la casa, para barrer, para cocinar, para atender a los ninos y al marido. El que salía a la calle a trabajar, el que estudiaba, el que se preparaba... más que todo era el hombre. Nosotras nacimos para atender al marido y ser esclavizadas en la casa (N.C.). Aunque el testimonio revela una identidad vinculada al espacio doméstico, lo cierto es que la mayor parte de las participantes hicieron referencia en su presentación al número de hijos, pero ninguna mencionó la existencia de un compañero o esposo responsable de la economía familiar. Más bien, todas debían buscar la manera de reunir ingresos para sostener a sus familias. Como dijimos, las alusiones a la identidad como mujeres son recurrentes y quizá sea pertinente relacionar este aspecto con la amplia participación y reconocimiento que en ese momento tenían las mujeres como parte de la base social que sostenía el proceso liderado por Hugo Chávez, fallecido cinco meses antes de que tuviera lugar la entrevista: — 67 — (...) es las ganas de crecer como mujeres, y ser el ejemplo de mujeres revolucionarias, protagónicas, participativas. Como dice Argelia Laya, somos discriminadas tres veces: por ser negras, por ser mujer y por ser pobres. Ahorita somos respetadas tres veces y un poquito más: somos respetadas ahora porque somos la vanguardia de la Revolución, la mujer; somos afrodescendiente y tenemos el mismo derecho que cualquier otra etnia; y no somos ricas de dinero, pero somos ricas ahorita de sabiduría y conocimiento (J.G.). En el contexto de las mujeres indígenas sanadoras nunca se llegó a identificar un énfasis comparable en relación a la identidad como mujeres, pero, recordemos, es pertinente acudir a la sutileza de categorías en cada contexto. Se cuenta con estudios suficientes que observan la disolución de la agenda de derechos de mujeres en las reclamaciones identitarias como pueblos y nacionalidades indígenas, si bien, se trata de una realidad que no compete de manera exclusiva a estas poblaciones. En todo caso, en el contexto de la intervención comunicativa se contó con la participación de la Coordinadora Política de Mujeres de Ecuatorianas, una entidad en la que colaboran mujeres mestizas e indígenas que tiene, entre otros objetivos, la prevención de la violencia machista, el asesoramiento legal a las mujeres víctimas y la promoción del ejercicio pleno de la ciudadanía de las mujeres. Por tanto, las demandas de las mujeres indígenas también encuentran sus canales de posicionamiento, más allá de que, en los espacios comunitarios, sean priorizadas otras estrategias. Las actividades realizadas en el contexto de la intervención comunicativa permitieron la observación de elementos relacionados con la identidad de género que difieren notablemente de aquellos identificados en la experiencia venezolana que remitían al protagonismo de la mujer como parte de un proceso político desarrollado en la esfera pública. En el caso de Chimborazo —en el marco de una sociedad con gran influencia del catolicismo—, la exaltación del rol maternal de la mujer es un elemento central que conforma la identidad. Por ejemplo, en un acto celebrado por la asociación de mujeres para celebrar el Día de la Madre, se proyectó un video con frases extraidas de la Biblia relacionadas con el papel de la mujer como dadora de vida. También, en la radio comunitaria de la capital de la provincia se emitía un programa titulado Cosas de Mujeres en el que se ensalzaban y reconocían las figuras de mujeres del entorno que compartían perfiles similares: mujeres que con esfuerzo y dedicación sacaron adelante a sus hijos sin la presencia de una figura masculina. El relato sobre la abnegación de estas mujeres como forma de virtud era acompañado de frases como “ante todo somos madres, ante todo somos amas de casa”. La exaltación de la maternidad como elemento central de la identidad femenina no es compartida en otros contextos urbanos como Quito o Guayaquil, con agendas feministas centradas en la erradicación de la violencia y en la despenalización del aborto. Sin embargo, en un contexto en el que una — 68 — gran parte de las mujeres deben asumir la crianza en solitario, es posible valorar la importancia del reconocimiento social de las mujeres-madres, aunque en el discurso esté ausente la crítica al machismo estructural que descarga en las mujeres las tareas del cuidado. Adicionalmente, y en relación a las tensiones con el sujeto político mujer, es pertinente destacar que las participantes de la organización de mujeres mencionada no se identifican a sí mismas como feministas, siendo éste un concepto asociado a lo contrario al machismo. Al carácter urbano y mestizo al que se asocia el feminismo, se suma la existencia de una agenda de derechos que solo comparte la lucha por la erradicación de la violencia. El reconocimiento del matrimonio homosexual, las identidades trans o la demanda por el aborto libre y gratuito, está fuera de las demandas de las organizaciones de mujeres indígenas y, además, provocan su rechazo. Identidad como población racializada La conciencia de pertenencia a poblaciones subalternizadas como parte de un proceso de colonización es el elemento identitario que cobra mayor protagonismo. En el caso de las comunicadoras de Avanzadoras de Yoco, el componente racial es difícilmente separable de la identidad de género, ya que de manera recurrente se identificaron muestras de orgullo identitario como mujeres afrodescendientes. No obstante, el conocimiento de sus orígenes como descendientes de población esclava procedente de África había desencadenado un proceso de autovaloración individual y colectiva: Me siento orgullosa de nuestra cultura. Los espanoles, los llamados amos, nos encadenaban y nos obligaban a trabajar en la agricultura, ese es el origen de Yoco, que está alrededor de puras haciendas de cacao. Es una cultura que nos impusieron y hoy la defendemos y la amamos porque aprendimos cómo se trabaja el cacao y nos sentimos orgullosos. Gracias a la Revolución hemos logrado rescatar nuestra cultura y nuestra identidad (J.G.). Después de que el presidente empezó a instruirnos en esto, de reconocernos como afrodescendientes es que me entero quiénes son mis antepasados, y gracias a eso me siento orgullosa de serlo y me reconozco como afrovenezolana (N.C.). El conocimiento, por tanto, se convierte en un factor empoderador que genera la revalorización de una identidad históricamente inferiorizada como consecuencia del proceso colonial. La pertenencia a un grupo discriminado podría haber activado un proceso de aculturación o de negación de marcadores identitarios, sin embargo, muy al contrario, se evidencia el orgullo individual y colectivo de pertenencia. De manera simbólica, entre el grupo se utiliza el saludo “Hermana cimarrona” o “Hermano cimarrón”, poniendo de manifiesto la resignificación de una categoría asociada a la población esclava. La referencia al cimarronaje remite a la resistencia y huida de las y — 69 — los trabajadores esclavos que lograron convertirse en mujeres y hombres libres. De esta manera, el marcador racial que podría ser identificado como marcador de opresión, colabora al empoderamiento y autovaloración identitaria. Recordemos, además, que las comunicadoras dieron a su emisora el nombre de Juana Ramírez (1790-1856), una líder afrovenezolana de origen esclavo que destacó por su papel en la guerra de la independencia de Venezuela. En el caso de las comunicadoras kichwa, también se identifica el protagonismo de la cuestión racial, en este caso, a través de la asociación de la pertenencia a una población subalternizada con las situaciones de discriminación y violencia, si bien se hace referencia a que se trata de situaciones pertenecientes al pasado: Pensábamos que la televisión pertenecía para los que sabían, y nosotros como somos indígenas, no nos podíamos meter en eso porque no sabemos nada. Así pensábamos (S.L.) Antes nuestras mamás, nuestros abuelitos, los espanoles que han venido así, hacendados, ellos han tenido violando, pegando, dando azotes, así. Y no dejaban aprender en la escuela. (M.G.) Aunque en ese último fragmento se hace referencia a una forma de violencia perpetrada hacia las mujeres, lo cierto es que la conciencia de discriminación está vinculada de manera casi exclusiva a la identidad como población indígena y prácticamente no se pudieron recoger testimonios que hicieran referencia a la categoría mujer. En todo caso, la dedicación de estas mujeres a la medicina ancestral indígena, un tipo de sanación estigmatizada por su asociación a la población subalternizada, pone de relieve un orgullo y revalorización identitaria. Frente a la amenaza de la aculturación o la decisión de borrar aquellos rasgos asociados a lo indígena, estas mujeres utilizaron la radio comunitaria para promover la medicina ancestral, con presencia del idioma kichwa como forma de comunicación. 4. Conclusiones En este capítulo se han presentado resultados relacionados con la identidad en categorías que forman parte de las estructuras de dominación y que interseccionan en la vida de las mujeres racializadas. Aun siendo imposible la disociación de dichas categorías, el análisis de los testimonios y de la observación participante permiten establecer conclusiones respecto a los elementos identitarios relacionados con el género y con la racialidad, y con aquellos en los que interseccionan ambas categorías. Como hallazgo destacable y relevante se evidencia la resignificación de dos elementos que, a priori, podrían ser vividos como experiencias de dominación: la identidad racial por parte de las mujeres afrodescendientes y la de — 70 — género en el contexto de las mujeres ecuatorianas. En el caso de las mujeres venezolanas, se concluye cómo el acceso al conocimiento de su origen como descendientes de esclavos activa un orgullo como población que se conecta con valores que las mujeres defienden, como la resistencia, la lucha y la libertad. Prueba de ello es la resignificación del término cimarrón, que, además de estar vinculado a la libertad, presenta connotaciones de resistencia cultural. Adicionalmente, las mujeres tomaron como referencia a la líder afrodescendiente Juana Ramírez, una figura de referencia en tanto mujeres afrodescendientes con participación política y comunitaria. Respecto a la resignificación de la categoría de género en el contexto ecuatoriano, se considera apropiado hablar de una resignificación en relación a la maternidad. Desde los feminismos occidentales se ha problematizado la esencialización de la mujer como madre y, también, entre los movimientos feministas de Quito y Guayaquil estaría fuera de lugar la exaltación del rol maternal. Sin embargo, es posible pensar que, en este contexto, existe una resignificación del sentido de la maternidad en tanto que se da un reconocimiento y puesta en valor de mujeres invibilizadas y empobrecidas que asumen la responsabilidad familiar en solitario. Aunque no se cuestione el porqué las mujeres deben asumir dichas cargas en solitario -con escaso apoyo del Estado y sin que la interrupción de los embarazos sea una opción- , al menos el reconocimiento de la maternidad puede suponer la visibilización a ojos de la sociedad y de sus familias del sacrificio y renuncias que enfrentan estas mujeres, y así es entendido por ellas. En relación al marco de la interseccionalidad, se sugiere el análisis de categorías de dominación en su preciso contexto, tratando de advertir las sutilezas y mutabilidades que se presentan en las experiencias de vidas de las mujeres y, en este caso, de las mujeres racializadas. Aun siendo imposible separar las categorías que conforman la identidad, entre estos dos grupos sí se observaron diferencias respecto a la interrelación de las categorías: en el caso de las mujeres afrovenezolanas, las supuestas categorías de dominación referidas al género y a la raza se convertían en un orgullo identitario por su papel protagónico como mujeres y como afrodescendientes, impregnándose de las connotaciones de fortaleza derivadas de ambos elementos. En el caso de las mujeres indígenas kichwa, no se evidenciaron muestras de empoderamiento referidas al género -en los mismos términos que el caso anterior-, dando protagonismo al componente racial tanto en su asociación a un pasado de dominación, como al orgullo identitario asociado a la revalorización de los conocimientos de la medicina ancestral indígena. — 71 — Referencias citadas Anzaldúa, G. (1988). La Prieta. En C. Moraga y A. Castillo. (Ed.). Esta puente, mi espalda. 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Así sucedió durante el llamado “giro neoliberal”, que logró definir al neoliberalismo como la única opción viable para garantizar las libertades de la ciudadanía, cuando realmente el objetivo era una restauración del poder de clase que perjudicaría al común (Harvey, 2007). De hecho, ya Lippman definía el consentimiento como la forma para conseguir los fines de las élites políticas, con independencia de si éstos eran o no deseados por la ciudadanía (2002). Los medios de comunicación representan las opiniones y visiones de las élites sociales con el objetivo de construir ese consentimiento de la opinión pública (Van Dijk, 2008). La hegemonía es “aquello que llega a ser incorporado y rebatido como la forma natural, de sentido común, tomándola por descontado, de pensar el mundo, incluyéndolo todo, desde la cosmología hasta las prácticas sociales cotidianas pasando por la ética” a través de distintos medios, entre ellos el ya mencionado discurso” (Mosco, 2006, p.72). La hegemonía, en cuanto que instituye el “sentido común”, es equiparable a la visión o ideología dominante, la cual “se estructura sobre la premisa de la preservación del orden vigente y los intereses de las clases dominantes. Toda sociedad de clases se organiza en torno a los intereses de la clase dominante” (Echeverría y Castillo, 1973, p.18). Esto permite explicar cómo y por qué la gente puede llegar a actuar en contra de sus propios intereses y a favor de los de aquellos que están en el poder (Van Dijk, 2008). La disparidad de acceso a los medios de comunicación acaba convirtiéndose en un reflejo de la desigualdad social o, dicho de otro modo, la desigualdad social se reproduce en el acceso a los medios (Candón Mena, 2011). Hay que recordar que el contexto no sólo es neoliberal, también es, en teoría, democrático, de modo que este desequilibrio no puede ser evidente. De hecho, según Van Dijk (2008), otro de los recursos de los que parte la hegemonía para mantenerse es crear la ilusión de libertad y diversidad, incluyendo puntualmente en los medios opiniones disonantes, aunque midiendo cuidadosamente hasta dónde puede llegar esa supuesta tolerancia (Reig, 2004). Esta estrategia da lugar al “sincretismo homogeneizado”, que consiste en incluir contenidos variados que engloben a todas las audiencias, pero reduciendo “esa diversidad a un sistema de pautas fácilmente asimilables por todo el público”, adaptando dicha diversidad a los estándares del status quo (Martínez, 1973, p.113). Consecuencia de esto es que las opiniones que desafían las bases del orden social se encuentran con un muro infranqueable que les dificulta el acceso al discurso público y tienen que recurrir a distintas estrategias para hacerse oír, entre ellas adaptar su mensaje a los criterios mediáticos o constituir sus propias alternativas que, si bien — 80 — no disponen del mismo impacto, les permiten controlar y diseñar aquello que quieren contar (Rutch, 2013). 2.2. Representación social: percepción y acción Las representaciones dan sentido al mundo, constituyen “la producción de sentido de los conceptos en nuestras mentes mediante el lenguaje” (Hall, 2009a, p. 4). Las formas en las que se hace corresponder el universo de objetos del entorno cotidiano con los conceptos componen los sistemas implicados en la noción de representación social. Desde su perspectiva construccionista se da el vínculo entre lo que denominamos el mundo de las cosas —la gente, los eventos y las experiencias—; el mundo conceptual —Los significados y clasificaciones que le aportamos a todo lo que nos rodea—; y los signos, organizados en lenguajes, que ‘están por’ o comunican estos conceptos (Hall, 2009b). El enfoque construccionista presenta dos miradas al análisis: una se concentra en la semiótica —el uso de signos en el lenguaje— , estudiado, entre otros, por Saussure y Barthes; y la otra se concentra en cómo el discurso y las prácticas discursivas producen conocimiento, estudiado por Foucault. El enfoque discursivo es en el que se ha considerado pertinente profundizar. Este es “el modo en que el discurso produce también el sujeto y define la posición-sujeto desde la cual se deriva el conocimiento y, también, el retorno ‘del sujeto’ al campo de la representación” (Hall, 2009b, p.43). Moscovici (1979 [1961) desarrolla el concepto de representaciones sociales, destacando la importancia que las normas y los grupos sociales tienen sobre la representación de la realidad social. Según Lacolla, “podemos considerar que, a pesar de que una Representación Social comprende una amplia gama de fenómenos, puede entenderse como un sistema de referencia que nos permite dar significado a los hechos. Es decir, nos permiten ver ciertos acontecimientos y establecer aserciones, pero también suponen una manera de clasificar fenómenos, imágenes, etc.” (2005, p.3). Tanto a nivel individual como grupal, las representaciones estimulan y condicionan percepciones y creencias. En la definición de sus rasgos distintivos, Moscovici señala que “las representaciones sociales son conjuntos dinámicos, su característica es la producción de comportamientos y de relaciones con el medio, es una acción que modifica a ambos” (1979, p. 33). Martín-Serrano (2004), por su parte, argumenta cómo la representación social puede tener tres usos independientes dentro de los procesos comunicativos que, a veces, se solapan. Según este autor, las representaciones pueden significar modelos para la acción —pues dan a las informaciones circulantes un sentido que afecta el comportamiento de los individuos—; modelos para la cognición —pues otorgan a esas informaciones significados que permiten construir un conocimiento particular del mundo—; y modelos — 81 — para la intención —al dotar a las informaciones aprehendidas de un valor normativo y una finalidad prescriptiva—. Éstas se encuentran estrechamente relacionadas con las dimensiones que propone Moscovici para su estudio con fines empíricos, y las define como “universos de opinión”. El autor se refiere a ellas en tres dimensiones. La dimensión “información”, referida a un hecho o fenómeno de la realidad social, se trata de conocimientos que muestran particularidades en cuanto a cantidad y calidad de los mismos; y facilita la lectura para la compresión de su carácter estereotipado, trivial u original. Se vincula con la relación de los conocimientos que posee un grupo respecto a un objeto social. La dimensión “campo de representación” permite visualizar el carácter del contenido y sus propiedades cualitativas e imaginativas. Remite a la idea de imagen, modelo social, contenido concreto y limitado de las proposiciones que se refieren a un aspecto preciso del objeto de representación. Por último, la dimensión “actitud”, se trata de la orientación favorable o desfavorable en relación con el objeto de la representación social (Moscovici, 1979). Los medios de comunicación, factores determinantes de la creación y formación de las representaciones sociales, como ya recogía Moscovici (1979 y 1984), ejercen influencia en la construcción de un universo común y consensuado y en la reproducción de estereotipos. Lo que redunda en la idea de que “los ciudadanos y las ciudadanas construyen, en una gran medida, sus imágenes mentales como conjuntos de creencias forjadas a partir de las informaciones de los medios de comunicación” (García Nieto, 2013, p.2). La cobertura de los medios en distintos temas determina nuestra propia percepción sobre los mismos; así como el contenido de esta información, determina la imagen social de los sujetos y sujetas productos de la enunciación. La importancia de la agenda mediática radica en lo que señala Reese: “La agenda informativa tiene un poderoso efecto estructurador en las percepciones de la audiencia, pero a su vez, ella misma es un indicador de las poderosas influencias que hay detrás de su creación" (2012, p.309). La capacidad de transferir a la sociedad la relevancia de una noticia por parte de los medios es conocida como “agenda setting” (McCombs, 1996). En el establecimiento de los temas existe una interrelación entre tres distintas agendas: agenda mediática o de los medios, en la cual se analizan los temas que son presentados en las otras dos; agenda pública o del público, que consiste en la medición de los temas existentes en la opinión pública; y agenda política, la cual se refiere a los temas que son presentados y discutidos por las organizaciones políticas. Para explicar la propia construcción de la agenda de los medios, McCombs se remite a la metáfora de la cebolla, la cual, en capas concéntricas, representa las “numerosas influencias que están en juego en la configuración de la agenda mediática, que es el corazón de la cebolla” (McCombs, 2004, pp. — 82 — 190-191). Dentro de estas capas de influencia se encuentran las normas informativas, referidas a la organización del propio medio, sus rutinas y dinámicas internas. Otro elemento lo constituyen los otros medios informativos, y sobre su importancia Gomis señala que: Un hecho es más noticia que otro en la medida que de él se deriven más hechos que sean noticia que del otro hecho que con él se compare. (...) Los periodistas consideran que si tres medios publicaron una misma noticia los tres acertaron. Los periodistas que trabajan en los medios tienden a pensar que han acertado si la noticia que destacaron tiene más repercusiones a lo largo de los días siguientes que aquella otra que finalmente desecharon. Los periodistas consideran implícitamente que son más noticia que otros los hechos que van a tener más repercusiones (1991, pp. 95-98). Por último, y no menos importante, se encuentran las fuentes informativas externas, las que influyen en la manera en que el profesional de información termina dando la noticia, derivando de ello que la misma termine pasando por los encuadres que hacen las fuentes. 3. Apropiación ideológica: feminismo y hegemonía El feminismo se basa en tres dimensiones, “es una teoría, es una militancia social y política y es una práctica cotidiana, una forma de entender y vivir la vida” (De Miguel, 2015, p.29). Aquí se entiende, más concretamente, como una “teoría crítica de la sociedad. Una teoría que desmonta la visión establecida, patriarcal, de la realidad” (De Miguel, 2015, p.29). El sistema patriarcal que critica se define como “un sistema de organización social en el que los puestos clave de poder (...) se encuentran, exclusiva o mayoritariamente, en manos de varones” (Puleo, 2006), y de él deriva el fenómeno cultural del machismo, “basado tanto en el poder masculino patriarcal, como en la inferiorización y en la discriminación de las mujeres producto de su opresión, y en la exaltación de la virilidad opresora y de la feminidad opresiva, constituidos en deberes e identidades compulsivos e ineludibles para hombres y mujeres” (Lagarde, 2005, p.91). El patriarcado ha encontrado en el neoliberalismo un provechoso aliado: el primero obedece a dinámicas de opresión y el segundo, de explotación (Lagarde, 2005, p. 101). Aunque se trata de dos sistemas diferentes, a menudo resulta difícil atribuir responsabilidades por separado, ya que ambos vertebran la noción de Estado, sociedad y cultura; así se observa en prácticas como la división sexual del trabajo en productivo y reproductivo, (masculino y femenino, respectivamente) o el control del cuerpo femenino por parte del hombre (Lagarde, 2005, pp. 99-101). Al trabajo reproductivo se le aplican “las mismas categorías y los mismos instrumentos de análisis que han sido elaborados para el ámbito de la producción”, considerándolo la — 83 — fábrica de fuerza de trabajo y generando una plusvalía debida a su gratuidad (Amorós, 1991, pp.233-234). Si bien es cierto que la necesidad de la igualdad entre hombres y mujeres ha alcanzado categoría de consenso público, sigue existiendo una resistencia a aceptar el “feminismo” como sinónimo que ha dado lugar a discursos neomachistas, “y no machistas a secas, porque vienen acompañados de una declaración de intenciones a favor de la ‘verdadera igualdad’ o de la igualdad ‘en el buen sentido de la palabra’” (De Miguel, 2015, p. 338). Argumenta Stanley (2015) que hay formas intolerables de dirigirse a un miembro de la sociedad por considerarse degradantes, pero existen otras estructuras que, si bien son de apariencia inocente, incluyen igualmente conceptos que incitan al odio y a la división, como sucede en este caso en el que el rechazo explícito a las mujeres no está bien considerado, pero vetar el feminismo es aún admisible. Aunque persistan las resistencias, las demandas del feminismo han alcanzado la categoría de problema social y cobertura mediática. Esto suscita no pocos interrogantes sobre de qué manera se sitúa en el debate, considerando que el feminismo es crítico con el sistema y el sistema hace lo posible por mantenerse. Gerodetti y McNaught-Davis (2017) argumentan que el feminismo ha accedido al discurso público gracias a suavizar su carácter y asociarse con la mujer y la feminidad, más que con los cambios estructurales. González Galiana, por su parte, cuenta cómo el “tema mujer” ha pasado a ser garantía de aplauso porque nadie se atreve a discutirlo, pero verdaderamente no encierra ninguna propuesta política de cambio (2000). Se ha convertido en “una herramienta de branding, en un hacedor de marca tan potente, que amenaza con desplazar mediáticamente el concepto original, vaciándolo en parte de su primigenio significado” (Fernández Hernández, 2017, p.462) y evitando así análisis más complejos como los que ofrece la perspectiva interseccional, declarándose obsoletos al tiempo que se reafirman las concepciones normativas ya asentadas (Genz, 2015). La aproximación estructural se sustituye por una más superficial, que ensalza valores como la libre elección y la meritocracia, y absorbe conceptos como “empoderamiento”. La libre elección es uno de los puntos en común entre el feminismo y neoliberalismo, aunque el primero la dirige hacia la transformación social y el último, al individualismo (Gerodetti y McNaught-Davis, 2017). El sentido de transformación social de la libre elección se ve claramente en el lema feminista Lo personal es político, que vincula las experiencias de cada mujer con un sistema de poder —es decir, político—, encontrando en su estructura gran parte de las explicaciones a las vivencias personales y privadas (De Miguel, 2015). En cambio, el enfoque neoliberal de la elección se orienta a no establecer límites al placer o al consumo por equipararse éstos a la liberación del individuo (Bohrer, 2015). — 84 — La meritocracia es propia del sistema neoliberal y enlaza con la falacia de la igualdad de oportunidades que considera a “la economía de mercado como una pulsión de fuerzas naturales” (Contreras Natera, 2015, p.63) capaz de asegurar las mejores condiciones de bienestar para todas las personas (ibid.). Si alguien no alcanza sus propósitos se argumenta que no se ha esforzado lo suficiente o que no ha sabido escoger el camino adecuado, dando lugar a “discourses where ‘the poor’ are blamed for their poverty” (Gerodetti y McNaught-Davis, 2017, p.357). Igualmente, el éxito está definido siguiendo lógicas patriarcales, por lo que se ajusta a un patrón masculino en el que la mujer con ambición debe aspirar a encajar (ibid.). El emprendimiento empresarial iniciado por mujeres se convierte en el epítome del empoderamiento liberal, generando la impresión de que la salida de la opresión de las mujeres está en el trabajo individual (Gill, 2016) a pesar de que los negocios no suelan idearse pensando en el interés colectivo (Čakardić, 2017). Consideramos que se trata de una tergiversación del sentido que el feminismo, como teoría crítica, tenía previsto para el empoderamiento, que se define como “la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres y que tiene que ver con la recuperación de la propia dignidad de las mujeres como personas”, encaminándose a la participación “los procesos de toma de decisiones y acceso al poder” (Mujeres En Red, 2007). Esta definición se sustituye por un empoderamiento ligero que aboga por acomodar a las mujeres en el orden establecido (Cornwall, Gideon y Wilson, 2008), sin remodelar el estatus quo, ignorando los problemas profundos sobre los que se asienta (Fernández Hernández, 2017). Estos son sólo algunos ejemplos que ilustran cómo, a través de las narrativas neoliberales, se produce una apropiación del léxico feminista, dinámicas que se pueden definir como “apropiación ideológica”. Son múltiples las formas en las que actúa, pero tienen en común que su resultado son símbolos y conceptos desprovistos de su potencial subversivo y adaptado a las exigencias del sistema. El femvertising ha sabido rentabilizar a través de la publicidad “la frustración que produce en las mujeres el modelo único e imposible de feminidad”, mientras que la presencia del feminismo en contenidos informativos ha dado lugar al “feminismo mediático”, un feminismo con un tono conciliador y que privilegia unas voces sobre otras, siendo predominante la presencia de celebrities (Fernández Hernández, 2017, p. 462). 4. Interseccionalidad: feminismos periféricos y feminismo negro Desde los años ochenta del siglo XX se han venido criticando los planteamientos del feminismo hegemónico por una oleada de feminismos otros, también llamados periféricos, término que alude directamente a localiza- — 85 — ciones geográficas de origen, pero también, y sobre todo, a posicionamientos en torno a coyunturas sociohistóricas concretas, reales y construidas (Rodríguez, 2011). La crítica ha sido dirigida a que las experiencias de las mujeres blancas de clase media han constituido la norma, mientras que las experiencias del resto de las mujeres se han tratado como “diferentes”, marcando su exclusión. Esto demuestra que las experiencias de vida de las mujeres blancas de clase media ha sido la base de la teoría y del análisis general. Esta norma se ha erigido como modelo representativo de la realidad de otros grupos de mujeres que han sido invisibilizadas en la universalidad de una categoría que no representa sus conflictos particulares (Morris, 1993). Desde sus orígenes, las feministas afroamericanas pusieron en tela de juicio el concepto de género, por concebirlo esencialista, y cuestionaron la exclusión de mujeres que no encajaban con la norma hegemónica, reconociendo que sobre las mismas pesaban sistemas de opresión diversos. Estas argumentaban que “la raza, la clase y la orientación sexual pluralizan y particularizan el significado de ser mujer” (La Barbera, 2017, p.192). Mediante la Declaración Combahee River Collective de 1977, se comenzó a apelar a la existencia de “sistemas de opresión entrelazados” para abordar la interconexión entre el patriarcado, la heterosexualidad, el racismo, el capitalismo y el nacionalismo. En adelante recibiría nombres particularmente similares que reconocían un mismo problema, el de la “múltiple exclusión” (King, 1988), la “matriz de opresión” (Hill Collins, 1990) o “consubstancialidad de las relaciones sociales” (Kergoat, 2012 [1978]). El feminismo afroamericano, también conocido como feminismo negro o “black feminism”, tiene sus antecedentes en el contexto socio-jurídico de los Estados Unidos de los años 80 del siglo XX, cuando el derecho antidiscriminatorio estaba siendo sometido a una importante evaluación crítica (La Barbera, 2017). Se comenzaron a cuestionar categorías legales tradicionales que excluían tanto a las mujeres como a las personas negras. Dentro de este campo de estudio y movimiento crítico destacan las contribuciones de la profesora de Derecho de la Universidad de Columbia Kimberlé Crenshaw, quien acuñó en 1989 el término “interseccionalidad” para indicar de qué manera la raza y el género interactúan y generan múltiples dimensiones de la opresión que definen las experiencias de las mujeres negras en los Estados Unidos (Crenshaw, 1989). El feminismo negro demostró cómo a partir de criterios de universalidad se reivindicaron los intereses de un grupo —mujeres “blancas”, occidentalizadas, heterosexuales y de clase media—, lo que marginó las demandas y necesidades de mujeres pobres, inmigrantes y afrodescendientes. Las denuncias del movimiento de mujeres negras pusieron una alerta, criticando su exclusión en las luchas que se llevaban en materia de su género y en función de su raza (Cubillos, 2015). — 86 — El análisis feminista de la interseccionalidad propone como centro de interés a las sujetas del feminismo que han sido marginadas y subrepresentadas, critica y denuncia al feminismo hegemónico. El enfoque interseccional permite explorar la construcción cultural de los sujetos desfavorecidos, considerando en qué medida la cultura popular y el discurso público (re)producen su exclusión y situación de marginalización (Verloo, 2006). Partiendo de un enfoque deconstruccionista, la interseccionalidad permite entender el posicionamiento social como un lugar de subjetivación, poder y privilegio que cambia dinámicamente a lo largo del tiempo y en los distintos contextos sociopolíticos en relación con las diferentes estructuras sociales y representaciones discursivas que conforman las relaciones sociales (La Barbera, 2017). Pone en evidencia la multiplicidad de discriminaciones que se dan a razón de género, orientación sexual, origen étnico, religión, origen nacional, incapacidad y situación socioeconómica en el nivel estructural, político y discursivo. A partir del legado del feminismo negro, el feminismo decolonial también teoriza sobre la propuesta de la interseccionalidad. “Hace suya la tarea de reinterpretación de la historia en clave crítica a la modernidad, ya no sólo por su androcentrismo y misoginia –como lo ha hecho la epistemología feminista clásica—, sino desde su carácter intrínsecamente racista y eurocéntrico” (Espinosa Miñoso, 2012, p. 144). Esta categoría enfatiza que la colonización ha configurado, desde tiempos remotos, las relaciones de poder que devienen del sistema hegemónico dominante. Estas dinámicas también tienen lugar en la actualidad con características propias. 5. Objetivos generales y específicos El reportaje “Person of the Year” 2017 de la revista TIME se analiza partiendo, como hipótesis general, de que los valores interseccionales ocupan una posición anecdótica dentro del discurso; y de otra hipótesis específica, que afirma que la aparición de dichos valores sucede por motivos ideológicos, más concretamente, por mecanismos de apropiación ideológica de estos valores. Se determinan dos objetivos: analizar el reportaje desde una perspectiva feminista e interseccional y determinar los motivos que posibilitan la aparición de los valores interseccionales. De esta forma, se centra el interés en estudiar cómo se representan las comúnmente consideradas “voces silenciadas”, identificadas como “la otredad”. — 87 — 6. Método El objeto de estudio de este trabajo es el reportaje “Person of the Year” que la revista TIME presentó en 2017, como hace cada año. En este caso, coronó como personaje del año a las denominadas “Silence Breakers”, aquellas mujeres que en el contexto del #MeToo compartieron sus experiencias como víctimas de acoso sexual y laboral, y reivindicaron sus derechos. La autoría la lideran tres mujeres: Stephanie Zacharek, Eliana Dockterman y Haley Sweetland Edwards. La elección de este texto se debe fundamentalmente a la enunciación de varias voces protagonistas en el relato, desde celebrities hasta mujeres trabajadoras de diversos campos profesionales. Se trata de un discurso que se propone como una denuncia al problema del acoso sexual, poniendo en valor a múltiples historias de personas que han alzado la voz contra el abuso. La revista TIME es una referencia relevante, por lo tanto, su análisis resulta pertinente. El Análisis Crítico del Discurso (ACD) permite poner énfasis en el reconocimiento del otro, es decir, en quien es marginado, así como en la legitimación de sus procesos de identidad y de construcción de conocimiento como forma de retar los saberes y las prácticas sociales hegemónicas (Pardo, 2012). Igualmente, el ACD hace posible entender el texto periodístico en cuanto que discurso contribuyente al ejercicio de las relaciones de poder, su reproducción o contestación en la sociedad (Godeo, 20039). De ese modo, “estudia primariamente el modo en que el abuso del poder social, el dominio y la desigualdad son practicados, reproducidos, y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto social y político (Van Dijk, 1999, p.23). De aquí se obtienen las herramientas necesarias para entender y explicar el discurso teniendo en cuenta las estructuras internas, las acciones que se logran o los procesos cognitivos que ocurren en el uso del lenguaje (Van Dijk, 1992, p.12). Esta perspectiva se enriquece con las categorías propuestas por Moscovici en su obra El psicoanálisis, su imagen y su público (1979) sobre las dimensiones presentes en el análisis empírico de las representaciones. Estas categorías, descritas con anterioridad en el marco teórico, permiten elaborar un cuestionario con el que se interroga al reportaje “Person of the Year” de 2017 para aproximarse a la contestación de las hipótesis y los objetivos. Éste es el cuestionario: — 88 — Elaboración propia. La categoría de “información”, traducida en la pregunta “¿qué dice el medio sobre las protagonistas de la información?”, resulta útil si se atiende, como es el caso, a la definición de los medios de comunicación como transmisores de las opiniones y visiones de las élites, con la intención de construir el consentimiento de las mayorías necesarias para la consecución de sus objetivos (Van Dijk, 2008). Se espera de esta pregunta una respuesta que alumbre las contradicciones de un reportaje que, si bien pretende representar la Categorías de Moscovici Estudio de las “voces” según el ACD Valores interseccionales 1. Información 1. 1. ¿Qué dice el medio sobre las protagonistas de la información? Etnia/raza Clase social Identidad de género Orientación sexual Edad Nacionalidad Origen migratorio 2. Campo de representación 2.1. ¿Qué dicen las protagonistas de sí mismas? (citas directas) Etnia/raza Clase social Identidad de género Orientación sexual Edad Nacionalidad Origen migratorio 2.2. ¿Qué protagonistas no dicen nada? (sin citas directas) Etnia/raza Clase social Identidad de género Orientación sexual Edad Nacionalidad Origen migratorio 3. Actitud 3.1. ¿Cómo se posiciona el medio en relación a cada mujer? Favorable No favorable — 95 — Hall, S. (2009a). Introduction. En Hall, S. (Ed.), Representation: Cultural Representations and Signifying Practices (pp. 1-11). Londres: Sage Publications. 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Por lo tanto, utilizamos la cartografía sentimental como metodología para seguir los procesos subjetivos y las políticas de subjetivación, tanto en el exterior, en las instancias de creación de los escenarios, como en el interior, en la performance. La Teoría Corpomedia aparece como un concepto importante para repensar los movimientos del cuerpo de lo que puede moverse de los rígidos códigos de tradición y oralidad. El estudio señala que cuando el brincante disidente del sistema de género y sexo ocupa un personaje en la trama de Reisado, un espacio legítimo para la presentación y el reconocimiento del género abre el devenir para el cuerpo. Si la identidad del noreste se asocia con la construcción del género masculino en el corte regional, sostenemos que la performance de las diferencias sexuales y de género puede deshacer los límites de la representación corporal. Palabras clave Género, cultura, identidad, Reisado, desviado, danza. 7 Término utilizado para denominar a las personas que bailan, o sea, brincan Reisado como práctica cultural en la cultura popular brasileña. 8 Investigación producida con fondos de la Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior (CAPES) para el Programa de Posgrado en Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río Grande del Norte (UFRN), Brasil. — 100 — — 101 — 1. Introducción A partir de la emergencia de los artivismos de las disidencias sexuales y de género en Brasil, con énfasis en los últimos diez años (Colling, 2018), se percibe la presencia de la performance de personas LGBTQ+9 en la danza tradicional del Reisado10 en Juazeiro do Norte, en el interior de Ceará, Brasil. El estudio parte de los grupos de la danza en el barrio João Cabral y Pirajá para percibir la potencia de creación transviada11 (Bento, 2017) en las escenas del cortejo de la cultura popular, aún cristalizada en la masculinidad hegemónica (Albuquerque Junior, 1999). Reisado es una manifestación de la cultura popular muy común en el Noreste y en todo el territorio brasileño. Sin embargo, aparece con más fuerza en el estado de Ceará y la región de Cariri. En Juazeiro do Norte, una de las ciudades de la región, es posible ver que la tradición religiosa sigue siendo más activa, quizás debido a la influencia de las peregrinaciones religiosas promovidas por el sacerdote Padre Cicero Romão Batista. El Ciclo de Reis es el período en que los Reisados se bailan como un ritual, aunque se practica durante todo el año en varios barrios. De noviembre a enero, los grupos se reúnen para actuar en calles y plazas. Las actuaciones se bailan en honor al nacimiento de Jesucristo. La actuación se divide entre la figura del mestre y tiene dos filas de al menos seis jugadores en cada una. La procesión es de devoción y parece mediada por la improvisación escénica. Cada canción permanece en la oralidad, al igual que cada paso elaborado por el brincante. Para ello, a través de la metodología cualitativa evidenciada en la cartografía sentimental (Rolnik, 1989) es posible discutir cómo la agencia de brincantes disidentes en las mediaciones culturales (Martín-Barbero, 1997) puede realizar movimientos de desterritorialización en las tradiciones populares en una perspectiva de saberes localizados y de imaginarios colectivos. En un primer momento, una revisión de literatura sobre género y cultura, con énfasis en la teoría de la performatividad (Butler, 2016) y en el 9 LGBTQ+ es el acrónimo de lesbiana, gay, bisexual, transexual o transgénero y queers. El signo positivo busca abordar cuestiones de género y sexualidad de manera más amplia. 10 Para ver más detalles de uno de los puntos de rendimiento de Reisado, el juego de la espada: <https://www.youtube.com/watch?v=0kf4brQbmrA>. 11 El término “transviado” nombra los estudios de género y sexualidad en Brasil sintonizados desde una perspectiva de teoría queer. Bento (2017) entiende que lo queer no incluye las dimensiones brasileñas debido al contexto cultural específico en el que se ubican los cuerpos y los géneros. Por lo tanto, sugiere una traducción del término norteamericano para el contexto sudamericano, centrado en Brasil. — 102 — concepto de identidad (Hall, 2006), nos ayuda a la realización de entrevistas semiestructuradas y en profundidad con las personas brincantes. Los resultados del estudio consideran que la recepción de brincantes no aparece en la performance como un paso en el proceso de comunicación, pero sí como un posible nuevo lugar para el desafío de las normas de sexo y género en el contexto regional. En lo referente al Reisado, fue posible percibir que, dentro de las nociones de teatro como encantación (Barroso, 2013), el cuerpo mediático del brincante evidencia tránsitos en el cortejo bailado por la ciudad, sobre todo, en un paso de lo abyecto hacia lo político, pues la actuación del Reisado produce en los brincantes ejes de encantación, o sea, magia, cuando los mismos incorporan majestuosas y figuras míticas, y ejes de desencanto cuando los brincantes vuelven a la condición de precariedad a la que están sometidos. En el teatro como encantamiento, hay dos momentos clave en la celebración del ritual. El primero, cuando el brincante está encantado para entrar en la escena, es decir, incorpora una majestad o un personaje, y el segundo, cuando se desencanta al abandonar la escena, es decir, desencarna al personaje fantástico para volver a la vida diaria. Por lo tanto, pensamos en cómo una estética diaria puede influir en la forma en que los brincantes proyectan el arte en el personaje. El comodín es, sobre todo, un reflejo de los procesos subjetivos de la persona que participa en el Reisado. En esta investigación, usamos la cartografía como un método para seguir, con un mayor énfasis, la parte lúdica LGBTQ+ fuera de la performance, para así comprender si estas personas subvierten o no los códigos de la tradición, a través de la subjetividad dentro de la escena. De este modo, discutimos que la agencia del cuerpo mediático del brincante aparece en la investigación cartográfica como un mediador de rituales, encuentros y singularidades posibles de reversión de los esquemas corporales regulatorios y de las construcciones cristalizadas de la identidad en el Noreste brasileño. 2. Cuerpo y arte en la región Nordeste de Brasil Pensar en la relación entre los cuerpos en las artes apunta a una reflexión sobre los espacios y las operaciones de poder involucradas en sus prácticas. “La palabra región, por lo tanto, se refiere a comando, dominio y poder.”12 (Albuquerque Junior, 2008b, p. 57). La cartografía de la performance artística de una práctica cultural en la región de Cariri Cearense, a partir de la noción de región en De Albuquerque Junior (2008b), aparece como una estrategia para mapear las líneas de fuerza y escapar de los espacios de po- 12 “A palavra região remete, pois, a comando, a domínio e a poder” (texto original). — 103 — der que son en sí mismos espacios para resistencia. Para Albuquerque Junior (2008b, p. 58) “hacer la historia de la región es mapear las líneas de fuerza, el diagrama de poderes que dan forma, sostienen, mueven y dan sentido al perfil regional”13. La performance de los brincantes LGBTQ+ en el Reisado, centrada en el entrelazamiento del cuerpo, el género y la sexualidad, puede estar relacionada con el dominio y la conquista de un espacio regional. El análisis que empieza en el cuerpo desencantado como el punto de las disidencias sexuales y de género en el Reisado refleja la posibilidad de escapar del dispositivo de identidad, visto por De Albuquerque Junior (2008b) como una estrategia para sostener y legitimar un discurso regional. Se problematiza el conocimiento sobre la región del Cariri Cearense mediante la posibilidad de que se pruebe la relación entre el género y sexualidad con el dominio de un espacio regional, ya que el objetivo es explorar los paradigmas de identidad y las lógicas que los apoyan desde la cultura popular. “Los regionalismos son parte de los innumerables dispositivos inventados por el mundo moderno para dividir, clasificar y jerarquizar a los hombres, a fin de gobernarlos, explotarlos y dominarlos mejor”14 (Albuquerque Junior, 2008b, p. 67). De esta manera, la investigación considera las manifestaciones sociales que tienen lugar en el Reisado como una práctica cultural inserta en una dimensión regional, que produce discursos y conocimiento sobre los cuerpos en la escena. El Reisado, como arte del Noreste, es parte de una regionalidad sobre el Cariri Cearense, compone un repertorio tradicional que legitima la realidad cultural de la región. La cartografía como método para acompañar la performance escénica de los brincantes LGBTQ+, además de permitir el mapeo de los discursos que apoyan el perfil regional, muestra un trayecto curvado fuera de la realidad dada, al manifestar una práctica cultural de la región hace posible dudar de la aparente esencialización de los discursos reales al respecto. La actuación se sitúa en el eje de emergencia e insurgencia del cuerpo en la escena y esto permite cuestionar la cristalización de identidad en la reflexión sobre la región. Destacar los movimientos micropolíticos de las minorías sexuales y de género en la cultura popular dentro de la práctica del Reisado, legitimado por la noción de pertenencia y tradición, puede contribuir a la percepción de la región como una invención del discurso imaginario. Se trata de cuestionar las prácticas discursivas y no discursivas que se encontraron en la región de 13 “Fazer a história da região é cartografar as linhas de força, o diagrama de poderes que conformam, sustenta, movimentam e dão sentido ao recorte regional” (texto original). 14 “Os regionalismos fazem parte dos inúmeros dispositivos inventados pelo mundo moderno para dividir, classificar e hierarquizar os homens, para melhor governá-los, explorá-los e dominá-los” (texto original). — 104 — Cariri de Ceará, centrándonos en Juazeiro do Norte, a partir del surgimiento de la performance de los brincantes LGBTQ+ en una manifestación cultural de la tradición religiosa. No nos interesa una identidad regional sobre el Reisado que no sea la posibilidad de cuestionarlo y extrapolarlo a las pautas sociales que producen jerarquías y prejuicios de lugar, por la posibilidad de que la identidad contribuya a “estereotipos regionalistas, que generan discriminación y odio, desprecio y falta de solidaridad, que autorizan y legitiman la explotación y la violencia sobre los datos regionales de los sujetos”15 (Albuquerque Junior, 2008a, p. 67). Cuando hablamos del regionalismo como un dispositivo que inventa una región, consideramos la invención histórica de la región del Noreste para pensar en las tramas de la tradición que legitiman al Reisado como tal. El hecho es que, como lo refleja Albuquerque Junior (2008a), el Noreste emerge a fines de la primera década del siglo XX como un paisaje imaginado a partir del anhelo y la tradición. “Antes de que una unidad importante llamada Noreste se constituyera ante nuestros ojos, era necesario que innumerables prácticas y discursos ‘del Noreste’ surgieran de manera dispersa y se agruparan previamente”16 (Albuquerque Junior, 2008a, p. 128-129). Al tratar una reflexión sobre la disidencia sexual y de género en una tradición del Noreste, uno piensa en los códigos de lectura fijos que ordenan las formas de ver y expresar la identidad en los puntos sociales, culturales y artísticos. Al reflexionar sobre la tradición como un campo sesgado por el discurso regionalista, se elabora una reflexión sobre el desorden en la dirección de los efectos de la verdad que disciplina los cuerpos y ordena los recuerdos. Entre el regionalismo y el tradicionalismo, es posible resaltar que el Noreste fue mapeado como un espacio regional, sesgado en prácticas que, según Albuquerque Junior (2008a), buscaban cristalizar un conjunto de conocimientos sobre el corte espacial inventado y legitimado. Aunque había estrategias políticas e intereses económicos que enfrentaban la institucionalización de una región, el autor señala que para fundar el Noreste sería necesario instruir un origen para la región y, por lo tanto, era necesario recurrir a hechos históricos que evidenciaran la búsqueda de raíces regionales. La necesidad de inventar una tradición sobre el Noreste ha dado lugar a una identidad regional como reacción a la modernidad. “Al inventar tradiciones, intentamos establecer un equilibrio entre el nuevo orden y el anterior, 15 “Os estereótipos regionalistas, que geram discriminação e ódio, desprezo e falta de solidariedade, que autorizam e legitimam a exploração e a violência sobre dados sujeitos regionais” (Texto original). 16 “Antes que unidade significativa chamada Nordeste se constituísse perante nossos olhos, foi necessário que inúmeras práticas e discursos “nordestinizadores”, aflorassem de forma dispersa e fossem agrupados anteriormente” (Texto original). — 111 — cuánto lo intentes, es lo que más escapa a las normas, y es a través de él que se revela que las líneas de escape son absurdamente poderosas y variadas”29 (Colling, 2018, p. 165). Así, como se cuestiona a Canclini (2012) sobre la posibilidad de que la crítica cómica de la puesta en escena popular, abriendo el camino a las transformaciones sociales en las tradiciones, se considera que la agencia de la risa del brincante, con énfasis en el brincante LGBTQ+, o transviado (Bento, 2017), puede desviarse de la simple autoafirmación y reconocer “las formas locales de simbolizar conflictos, de usar alianzas culturales para construir pactos sociales”30 (Canclini, 2012, p. 254). 4. El cuerpo de mediático del brincante en la danza de Reisado: performance LGBTQ+ A través de la pregunta “¿qué destaca los estudios del cuerpo como la matriz de comunicación y cognición y la danza como una especialización que básicamente funciona con el movimiento metafórico?”31 (Katz y Greiner, 2005, p. 1), intentamos discutir antes de la teoría corpomedia los movimientos de los brincantes en el baile Reisado, sobre todo, la actuación LGBTQ+. Los autores sostienen que la teoría busca capturar el movimiento de la matriz, por lo que, en este sentido, desarrollamos el pensamiento para el cuerpo subversivo en las representaciones de la cultura popular. Con énfasis en el camino recorrido por los cuerpos brincantes en las recreaciones de Reisado, dibujamos una cartografía capaz de delinear los procesos subjetivos y las estrategias del artivismo para la procesión de Reisado. Es posible hablar de corpomedia en la cultura popular, porque siempre están en procesos constantes de flujos y apertura de devenir. En el caso del rendimiento LGBTQ+, destacamos la posibilidad de que estos organismos cuestionen las normas de género por la forma en que aparecen en la performance. ¿Es el cuerpo de brincante LGBTQ+ una especie de media radical (Downing, 2002) frente a los parámetros de legibilidad de género y cuerpo? Porque “el medio al que se refiere la corpomedia se refiere al proceso evolutivo de selección de información que constituye el cuerpo. La información se 29 “Porque o desejo, por mais que se tente, é o que mais escapa às normas, e é através dele que as linhas de fuga se revelam absurdamente potentes e variadas” (Texto original) 30 “As formas locais de simbolizar os conflitos, de usar alianças culturais para construir pactos sociais” (Texto original). 31 “Que singulariza os estudos do corpo como a matriz da comunicação e da cognição e a dança como uma especialização que trabalha basicamente com o movimento metafórico” (Texto original). — 112 — transmite en el proceso de contaminación”32 (Katz y Greiner, 2005, p. 7). Así, la tradición de Reisado parece estar en el tránsito entre el cuerpo y el entorno, como mediador cultural de la obra, porque si para los autores los símbolos revelan las estructuras de las experiencias, vale la pena reflexionar sobre la posibilidad de comunicación del cuerpo en busca de reconocimiento, es decir, de encanto. Teniendo en cuenta la teoría corpomedia para la cartografía de los procesos subjetivos del juego equivocado, por así decirlo, es posible gracias a los procesos de comunicación durante la ejecución y los estados adquiridos por el cuerpo en la producción de significado. Hablamos de performatividad, como explica Butler (2016) en materia de teatralidad de género, para explicar cómo ocurren las disidencias sexuales y de género en el diseño de representaciones subversivas de la cultura popular en el Noreste de Brasil. El teatro encantado de Barroso (2013) puede estar asociado con la dimensión performativa del acto escénico de Reisado, especialmente cuando el estudio considera que los compañeros de juego LGBTQ+ reclaman un espacio para ellos a través del entrelazamiento de los procesos de encantamiento y desencanto. Como destacan Katz y Greiner (2005): “Estos procesos tienen lugar en tiempo real a partir de los cambios que están por venir, en el medio ambiente, en el sistema sensorio, motor y nervioso. Quien inicia el proceso es la sensación de movimiento. Es el movimiento lo que hace del cuerpo una corporación”33 (p. 10). Por lo tanto, cuando mencionamos los Reisados que participan activamente en el brincante LGBTQ+, nos referimos a espacios legítimos para la aparición de cuerpos subversivos dentro de las normas de género en la tradición. Qué decir con esto es que cuando una travesti canta en el Reisado Sagrada Familia y saca una canción para Nossa Senhora Aparecida, o cuando una mujer lesbiana dice que ha aprendido a bailar con hombres, no sabe cómo representar la delicadeza en el juego. De las espadas, los brincantes transviados pueden mover la tradición y los modelos hegemónicos de transferencia a través del privilegio del cuerpo en la escena, no solo la oralidad. Es importante destacar el papel del cuerpo disidente en la formación de nuevas formas de ver y decir sobre el Reisado. Cuando no solo la voz sino también el cuerpo aparecen en la narrativa contestataria de la actuación, es 32 “A mídia à qual o corpomídia se refere diz respeito ao processo evolutivo de selecionar informações que vão constituindo o corpo. A informação se transmite em processo de contaminação” (Texto original). 33 “Esses processos têm lugar no tempo real de mudanças que ainda estão por vir, no ambiente, no sistema sensóriomotor e nervoso. Quem dá início ao processo é o sentido do movimento. É o movimento que faz do corpo um corpomídia” (Texto original). — 113 — decir, como elemento central de la tradición, aparecen otras formas de bailar. Por cuanto, “La pregunta guía no es 'qué es el cuerpo' o 'qué mueve el cuerpo', sino ‘qué puede mover el cuerpo’”. 34 (Greiner, 2012, p. 1). La teoría corpomídia ofrece una visión general, junto con la metodología de cartografía, un punto de partida interesante para pensar en lo que el cuerpo del brincante LGBTQ+ puede mover en la devoción del Reisado. Cuando un hombre homosexual explica que casi vendió su acordeón para comprar prótesis de silicona y convertirse en un travesti, e incluso como músico brincante de Reisado, el Maestre lo aceptó por la forma en que quería reconocer su género y presentar su cuerpo, estamos trazando una cartografía de procesos subjetivos capaces de evadir la naturalización y normalización de los códigos de género y sexualidad. 5. Consideraciones finales La performance de los brincantes LGTBQ+ en el Reisado puede estar relacionado con la idea de que nunca tenemos cultura, sino trayectorias y flujos culturales de las redes de conexión, como lo refleja Albuquerque Junior (2007), especialmente en la posibilidad de la insurrección de singularidades en la tradición regional de la danza impiden la cristalización de las relaciones de poder y el conocimiento popular. Este proceso está relacionado con la posibilidad de contraproducir, en el pensamiento de Preciado (2014), el Reisado al revelar la hipóstasis del falo mediante el ejercicio performativo disidente del brincante LGBTQ+, por ejemplo, manipular la espada. Como la risa del brincante es siempre colectiva (Barroso, 2018), la asocia con la “multiplicación de lo singular”. La característica de Reisados presentada por Barroso (2013) para presentar una serie de pinturas con una escenificación distante de una imitación naturalista de la vida cotidiana y más cercana a las narrativas del imaginario colectivo evidenciado por rasgos místicos, ofrece una alternativa para evitar los códigos naturalistas de género en la identidad del Noreste. Porque si el Reisado es un rito de renovación del mundo, sugiero que la revolución anal puede ser acuñada por la aparición de disidencias sexuales y de género en el juego, especialmente en la posibilidad del encanto del espectáculo escénico, relacionado con el artivismo en la incorporación de la memoria colectiva y el evadir las subjetividades tóxicas de género producidas por el actual régimen farmacopornográfico (Preciado, 2018), que legisla los órganos de la sociedad. 34 “A pergunta norteadora não é ‘o que é o corpo’, nem ‘o que move o corpo’, mas ‘o que o corpo pode mover” (Texto original). — 114 — Referencias citadas Albuquerque Junior, D. M. (1999). A invenção do Nordeste. Recife/São Paulo: Fundação Joaquim Nabuco e Editora Cortez. Albuquerque Junior, D. M. (1999). "Quem é frouxo não se mete": violência e masculinidade como elementos constitutivos da ima-gem do nordestino. Projeto História: Revista do Programa de Estudos Pós-Graduados de História, (19), 173-188. Albuquerque Junior, D. M. (2007). Fragmentos do discurso cul-tural: por uma análise crítica do discurso sobre a cultura no Brasil. Teo-rias & políticas da cultura, 13-49. Albuquerque Junior, D. M. (2008a). Enredos da tradição: a invenção histórica da região Nordeste do Brasil. A invenção do Nordeste. Albuquerque Junior, D. M. (2008b). O objeto em fuga: algu-mas reflexões em torno do conceito de região. Fronteiras, (10), (17), 55-67. Albuquerque Junior, D. M. (2013). Nordestino: invenção do “falo” — uma história do gênero masculino. São Paulo: Intermeios. Barroso, O. (2018). O riso brincante do Nordeste. Rebento, (7), 233-265. Barroso, O. (2013) Teatro como encantamento: bois e reisados de caretas. Fortaleza: Armazém da Cultura. Bento, B. (2017) Transviad@s: gênero, sexualidade e direitos humanos. Salvador: EDUFBA. Butler, J. (2016) Problemas de Gênero: Feminismo e Subversão da Identidade / Judith Butler; tradução de Renato Aguiar. 10ª edição. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira. Butler, J. (2018). Corpos em aliança e a política das ruas: notas para uma teoria performativa da assembleia; tradução Fer-nanda Siqueira Miguens; revisão técnica Carla Rodrigues. – 1º Edição – Rio de Janeiro: Civilização Brasileira. Canclini, N. G. (2000) A encenação do popular. Culturas híbri-das: estratégias para entrar e sair da modernidade, 3, 205-264. Downing, J. D. (2002). Mídia radical: rebeldia nas comunicações e movimentos sociais. Senac. Greiner, C. (2012). Repensando As Artes Do Corpo. ILINX-Revista do LUME, 2, 1-6. Hall, S. (2006). A identidade cultural na pós-modernidade. Tu-pyKuru- min. — 115 — Katz, H. y Greiner, C. (2005). Por uma teoria do corpomídia ou a questão epistemológica do corpo. Colección Teoría de las Artes Es-cénicas Archivo Virtual: Disponible en http://artesescenicas. uclm. es/index.php. Martín-Barbero, J. (1997). Dos meios às mediações: comunicação, cultura e hegemonía / Prefácio de Néstor García Canclini; Tradução de Ronald Polito e Sérgio Alcides. Rio de Janeiro: Editora UFRJ. Preciado, B. (2014). Manifesto contrassexual. São Paulo: Editora Travessa. Preciado, P. B. (2018). Testo Junkie: Sexo, drogas e biopolítica na era farmacopornográfica. São Paulo: N-1 edições. Rolnik, S. (1989) Cartografia Sentimental Transformações Contemporâneas do Desejo. São Paulo: Estação Liberdade. — 116 — — 117 — AUTORÍA Elena Martínez-Pérez (coord.) Universidad de Castilla-La Mancha [email protected] Profesora en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Ha participado en proyectos de investigación internacionales de i+D+i y ha impartido docencia en la Universidad de Buenos Aires y en la UCLM, en las áreas de estructura mediática, diseño de información, infografía y visualización de datos, género, antropología, publicidad e investigación. Es miembro del Grupo de Investigación GISOCOM, del SEHISP y del Grupo de Investigación MEDIASOCIOSEX, entre otros. Sus intereses principales de investigación son los feminismos y estudios de géneros, el análisis del discurso mediático, el diseño gráfico, los movimientos sociales y la música popular. Belén Galletero Campos (coord.) Universidad de Castilla-La Mancha [email protected] Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y doctora por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Ha trabajado como periodista durante una década en medios de comunicación, principalmente en televisión, y en proyectos de comunicación corporativa y política. Es profesora Ayudante Doctora de la Facultad de Periodismo de la UCLM, donde imparte materias relacionadas con la redacción audiovisual. Ha realizado estancias de investigación en el Centro de Estudos de Comunicação e Sociedade de la Universidade do Minho (Portugal). Algunas de sus contribuciones científicas han sido publicadas en revistas de impacto como Comunicación y Sociedad y El profesional de la información. Además, ha dirigido proyectos de investigación en colaboración con entidades como el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha o la Fundación Plan Internacional. — 118 — Bianca Sánchez-Gutiérrez (coord.) Universidad de Sevilla, España [email protected] Licenciada en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Vocal de Acción Universitaria de la Asamblea de Mujeres Periodistas de Sevilla y Provincia. Miembro de los Grupos de Investigación GREHCCO y LADECOM, y colaboradora de IDECO, donde investiga, entre otras cuestiones, sobre feminismo en la cultura de masas. Coordinadora de los libros Aquelarre: la emancipación de las mujeres en la cultura de masas (Advook, 2020) y Feminismo, investigación y comunicación: una aproximación plural a la representación de las mujeres (Egregius, 2018). Beatriz Aparicio Vinacua Universidad de Zaragoza, España [email protected] Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad San Jorge. Máster en Estudios de Género con especialización en Investigaciones Feministas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente está realizando el Doctorado en Relaciones de Género y Estudios Feministas en la Universidad de Zaragoza, en la línea de Género y Construcción Cultural, centrándose en la perspectiva de la dirección femenina en las películas de violación y venganza. Paz Crisóstomo Flores Universidad Carlos III de Madrid, España [email protected] Doctoranda en Investigación en Medios de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid, Magíster en Comunicación Política de la Universidad de Chile, Licenciada en Comunicación Social y título profesional de Periodista otorgado por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Desarrolla líneas de investigación sobre calidad periodística, tratamiento informativo, televisión, movimientos sociales, medios comunitarios y teoría de la comunicación. — 119 — Mª Cruz Tornay Márquez Universidad de Sevilla, España [email protected] Doctora en Comunicación y máster en Estudios de Género y Desarrollo Profesional (US). Miembro del Grupo de Investigación de la Imagen y la Cultura Visual de la Universidad de Sevilla. En sus trabajos de investigación aborda el papel de los medios del tercer sector como herramienta de empoderamiento y transformación social para mujeres. Es co-coordinadora del libro Comunicación, periodismo y género: Una mirada desde Iberoamérica (Egregius Ediciones). Regla Ismaray Cabreja Piedra Universidad de Sevilla, España [email protected] Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Habana, Cuba. Máster Oficial en Comunicación y Cultura por la Universidad de Sevilla. Doctoranda en el Programa de Doctorado Interuniversitario en Comunicación de las Universidades de Sevilla, Málaga, Huelva y Cádiz (línea de investigación: Periodismo). Investigadora en temas de comunicación, raza y género. Laura Manzano-Zambruno Universidad de Sevilla, España [email protected] Graduada en Periodismo y Máster en Comunicación y Cultura, ambos en la Universidad de Sevilla. Actualmente, doctoranda del Programa de Doctorado Interuniversitario en Comunicación por la vía de periodismo. Su línea de investigación asume el feminismo como una teoría crítica del poder, siendo éste el enfoque para abordar el estudio de la cultura de masas y la ideología. En concreto, su tesis doctoral profundiza en la relación entre el feminismo y las redes sociales. — 120 — Ribamar José de Oliveira Junior Universidade Federal do Rio de Janeiro, Brasil [email protected] Doctorando en Comunicacion por la Universidad Federal do Rio de Janeiro, Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Federal do Rio Grande do Norte, Especialista en Género y Sexualidad en la Educación por la Universidad Federal da Bahia y Graduado en Periodismo por la Universidad Federal do Cariri. Estudia género y sexualidad desde la perspectiva del artivismo queer y de la cultura popular en el Noreste brasileño. Lore Fortes Universidade de Brasília, Brasil [email protected] Profesora en el Programa de Posgrado en Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río Grande del Norte. Doctora en Sociología por la Universidad de Brasilia con un posdoctorado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España. Máster en Planificación Urbana y Regional de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul y Graduada en Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Paraná.