Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social
Abstract
La utopía es sueño consciente. Tratamos al sueño como metáfora: es decir, como una ilusión, un deseo, una sospecha que primero se presenta en la dimensión onírica, que pervive en nuestra mente y, a veces, dirige la vida social de las personas. Hubo cambios sociales que iniciaron siendo utopías. La crisis civilizatoria que vivimos actualmente, revitaliza al pensamiento utópico como estrategia y derecho a aspirar a otra sociedad.
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188 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. SOÑAR DESPIERTO: LA UTOPÍA COMO IDEOLOGÍA Y COMO ASPIRACIÓN SOCIAL DAYDREAMING: UTOPIA AS AN IDEOLOGY AND AS A SOCIAL ASPIRATION Jesús Enciso González Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. ORCID: 0000-0002-4806-3268 Resumen: La utopía es sueño consciente. Tratamos al sueño como metáfora: es decir, como una ilusión, un deseo, una sospecha que primero se presenta en la dimensión onírica, que pervive en nuestra mente y, a veces, dirige la vida social de las personas. Hubo cambios sociales que iniciaron siendo utopías. La crisis civilizatoria que vivimos actualmente, revitaliza al pensamiento utópico como estrategia y derecho a aspirar a otra sociedad. Palabras clave: utopía, capitalismo, crisis Summary: Utopia is conscious sleep. We treat sleep as a metaphor: that is, as an illusion, a desire, a suspicion that first presents itself in the dreamlike, that lives on in our minds and sometimes directs the social life of people. There were social changes that began as utopias. Today's civilisational crisis revitalizes utopian thinking as a strategy and the right to aspire to another society. Keywords: utopia, capitalism, crisis
189 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. “Quien no se atreve a concebir lo imposible, jamás puede descubrir lo que es posible. Lo posible resulta del sometimiento de lo imposible al criterio de la factibilidad” Franz Hinkelamert Utopías y mitos La conciencia social y la memoria colectiva están llenas, entre sus tantas representaciones e imaginarios, de utopías y de mitos. Por el momento, nos interesa hablar en particular del pensamiento utópico. Es curioso observar que una gran cantidad de autores se refieren a la utopía en términos de un sueño. 1 Esto no es casual, lo metafórico les da la posibilidad de describir una situación imaginaria de plenitud humana. Incluso, cuando se refieren a una situación ficticia de un gran desastre social, una distopía, usan lo contrario al sueño renovador; es decir, la llaman pesadilla. Así, el sueño parece convertirse en la mejor metáfora para entender qué pasa con el pensamiento utópico, 2 reivindicando con ello el valor de lo metafórico como fuente de conocimiento. Y es que, decíamos, las comunidades humanas no llenan sólo sus sistemas de creencias con utopías, también con ficciones de todo tipo, entre otros credos importantes. Partimos de una idea que puede ser provocadora: difícilmente habrá una sociedad que celebre su statu quo sin mitos, o una sociedad que inicie sus cambios sin utopías. Es decir, mito y utopía son los extremos de lo que hoy pudiéramos llamar izquierdas y derechas en el mundo de las ideologías políticas. En este sentido, nos colocamos fuera de la opinión de Savater 3 acerca de que la mitología de los pueblos es progresiva y nos colocamos más del lado de Pérez Tapias, 4 para quien el mito es conservador, un original y primitivo legitimador de lo que existe. Por el contrario, la utopía encuentra su racionalidad en la crítica social, la cual es capaz de impulsar una práctica social que intenta superar lo que le parece ya poco digno de ser vivido. En tal sentido, la utopía tiene también un elemento ético básico. Es este elemento ético, que critica lo real y busca una 1 Prácticamente todos los autores citados en este trabajo, llegan a referirse a lo utópico con ese término. 2 Inmaculada Jáuregui, Cuestiones epistemológicas en antropología, Jaén, España: Gazeta de Antropología, 2001, 17, artículo 16, p.1 3 Fernando Savater, Más allá de la utopía: el mito (Respuesta a Bloch), Barcelona: Conferencia leída dentro de un ciclo sobre “Utopía en el pensamiento alemán contemporáneo”, febrero de 1977, p.12 4 José Antonio Pèrez Tapias, Mito, ideología y utopía, Jaén, España:Gazeta de antropología, 1989, p.4
190 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. luz al final del túnel, lo que hace del pensamiento utópico algo rescatable. La distopía, en ese sentido, puede entenderse como conservadora, pues sugiere que todo tiempo futuro será peor, por lo que pareciera que pugna por el statu quo y porque las cosas sigan como están. Ahora bien, al decir de Laura Ortega, 5 la utopía que en griego nos lleva a pensar en un lugar inexistente, nos remite a un concepto que puede entenderse bajo varios sentidos. Utopía es a la vez: a) Un género literario que se expresa en narrativas sobre mundos ideales y deseables. Estas narraciones se verán catalizadas por la ciencia ficción tanto en el cine como en literatura. Es interesante señalar que, en el cine de los últimos tiempos, se ha trabajado más el problema de la distopía 6 que el de los mundos armoniosos. b) Una categoría de lo sociopolítico, en la cual se plantea una manera sui generis de analizar críticamente la sociedad. Pero también la utopía ofrece una alternativa. No se queda en la pregunta, avanza hacia las propuestas de nuevas organizaciones culturales y políticas. No le importa que estas opciones sean imaginarias o “soñadoras”. c) Una dimensión humana que hace referencia a sus capacidades de imaginar y pensar mundos posibles. Es decir, remite a la característica de la humanidad para construir mentalmente su futuro, su camino, su no estar determinada por una condición biológica. 7 Intentando definir mejor la utopía, y rescatando a Ortega, 8 podemos precisarla en términos de sus funciones para la dinámica social. En este sentido, podemos decir que el pensamiento utópico tiene una función orientadora, una valorativa, una crítica y otra esperanzadora. En su carácter orientador, las utopías marcan una dirección hacia dónde ir, las reformas por hacer, los cambios a realizar, las transformaciones que deberían darse en organizaciones políticas o estados concretos. En su sentido orientador, cobra 5 Laura Ortega, Las utopías sociales. Cádiz, España: La huerta filosófica, 2013, p.1 6 Jesús Enciso, Her, ficción urbana de un futuro inmediato: interactividad, confort y tensión de las nuevas tecnologías, en González, R.M., Flores, S. y Enciso, J. Expansión, apropiación y usos de las tecnologías de información y comunicación, Ciudad de México: Plaza y Valdés- Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 2018, p. 40 7 Marc Pallares y Jordy Planella, Utopía, educación y cambio social transformador. De Hinkelammert a Habermas, Maracaibo, Venezuela: Opción, Año 32, No. 79, 2016, p. 126- 144 8 Laura Ortega, op. cit. p. 1
191 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. relevancia lo aspiracional, aunque no necesariamente lo factible. En la función valorativa, el elemento ético cobra centralidad. Sin embargo, se habla también de la presencia de un ethos, de un camino trazado. La utopía marca rutas y advierte condicionantes históricas, obstáculos y limitantes para mejor entender el mundo y vivir en él los valores seleccionados. En su función crítica, ya lo habíamos abordado, la utopía sugiere una reconstrucción de la realidad, una visión inconforme ante las injusticias, las desigualdades, las arbitrariedades, las miserias y las crisis civilizatorias, es decir, un contraste de lo que debería ser deseable ante lo que existe. Así, la función crítica es subversiva y deslegitimadora, manifiesta variaciones en el ejercicio del poder y, por tanto, cuestiona determinados usos de la autoridad. Finalmente, en su aspecto esperanzador, la utopía pone en juego la capacidad, y el derecho, de la humanidad de darse normas propias, que a fin de cuentas se relaciona con el ejercicio de su autonomía. Lo que se ha planteado anteriormente, se ha presentado en la historia del hombre y del pensamiento. Hay utopías desde hace miles de años. Sin embargo, las que han quedado registradas de manera escrita, se remiten a la antigüedad esclavista, la edad media, el renacimiento, la ilustración y el capitalismo moderno y contemporáneo. En lo siguiente, hablaremos de cómo se muestran las utopías en la dinámica social en diferentes momentos históricos. Utopía y humanismo: de la Grecia clásica al Renacimiento La utopía de “La República” de Platón es comúnmente un punto de partida para analizar el pensamiento utópico. Esta narrativa se encuentra vinculada con la teoría de los dos mundos. Es decir, con la concepción platónica de que existe un mundo de las ideas y un mundo real. En el mundo de las ideas existen los conceptos eternos y perfectos, en tanto en el mundo real se encuentran las malas copias, las defectuosas versiones de lo que existe en el Topus Uranus. Así, la dimensión ideal es el sueño que está en la mente, pero no tiene existencia material. Y, ello precisamente, porque la utopía platónica vive en el mundo de las ideas, 9 es decir, en un mundo no terrenal. Aunque pueda hacer una crítica, no tiene referencia empírica sino intelectual. Por esto, no hay ni puede haber 9 Platón, Diálogos. México: Porrúa, 1990, p. 120
192 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. revolucionarios platónicos, 10 ya que las revoluciones políticas sugieren acciones en el mundo empírico. A pesar de esto, tal forma de ver el mundo evidentemente fue aprovechada por el cristianismo medieval para pasar del relato mítico bíblico a una idea filosófica más elaborada que fuera deslegitimadora del statu quo del imperio romano. Quizá la “Ciudad de dios” agustiniana, represente el paso de lo mítico a lo utópico, 11 es decir a lo crítico. En este libro se hace una invectiva al mundo pagano de los romanos y, por tanto, se señala el camino para un estado cristiano. Con este estado, se marca también una ruta, un ethos de la humanidad, una respuesta a la crisis civilizatoria del mundo esclavista. Pero, si la Ciudad de Dios fue la utopía que señaló la transición, ya en la edad media y después de casi mil años de cristianismo, serán las utopías no escritas de los valdenses y cátaros 12 las que hablarán de las crisis de valores de la iglesia y por tanto la necesidad de un cambio, y la esperanza de una nueva dinámica social. Estos grupos disidentes, serán perseguidos y castigados por los cuerpos armados de la iglesia: la santa inquisición y el santo oficio. Y es que, más que utopistas, fueron catalogados de herejes, subversivos, rebeldes: es decir, a su pensamiento utópico se le reconocieron únicamente las funciones de crítica, pero nunca de propuesta. Más bien, sería hasta el renacimiento que la utopía como género se desarrollaría, particularmente con los escritos de Thomás Moro, Campanella y Bacon. Así, podemos encontrar en la Utopía de Moro, 13 una argumentación acerca de cómo debe de perfilarse un estado en la modernidad capitalista. El escrito de este pensador, tuvo la cualidad de haber innovado la literatura política de la época, por su sentido crítico y su propuesta de modificación del sistema de gobierno. Sin embargo, en su obra se vislumbra una contradicción, pues no se logra asomar por ningún lado una defensa a la disidencia o a la libertad del individuo, un factor central del liberalismo más revolucionario del siglo XVI. Quizá se trate de una visión inglesa de la necesidad de un Estado totalitario, que después será defendido por Hobbes 14 en su Leviathan. 10 Ute Schmidt, Platón y Huxley. Dos utopías. México: UNAM, Centro de Estudios de nuestros, clásicos,1975, p. 36 11 Ramón Xirau, Introducción a la historia de la filosofía, México: UNAM,2010, p.131 12 Stephen O’Shea, Los Cátaros, Barcelona, España: Ediciones B, S.A., 2010, p.43 13 Thomas Moro, Utopía, Ciudad de México: Grupo editorial tomo, 2016, p.6 14 Xirau, op. cit. p.257
193 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. En el caso de Campanella y su Ciudad del Sol, 15 de los primeros años del siglo XVII, se nos remite a una narrativa en donde el gobierno es monárquico y de tipo cristiano. En esta Ciudad Estado, es delineado y prescrito todo un sistema cultural que va desde la educación, la ciencia, el trabajo, la tecnología y la política, hasta la reproducción biológica y la sexualidad de los habitantes. Esta utopía ha sido concebida como totalitaria y comunista, con fuertes influencias del milenarismo medieval, de Copérnico y de Moro. En ella vemos las cuatro funciones ya descritas en las utopías, pues presenta una crítica ética, una propuesta social, una promesa esperanzadora respecto a una sociedad mejor y orienta hacia nuevas formas de organizar el gobierno de una ciudad estado. La utopía de Francis Bacon, la Nueva Atlántida, 16 sigue la lógica de Campanella en cuanto a la confianza casi absoluta en la actividad científica como aquella que podrá dar felicidad a los habitantes. Es propio del renacimiento esta apología de la ciencia, de lo racional y, por otro lado, de un totalitarismo que se ve como necesario a fin de conducir la sociedad hacia la felicidad. En estas tres utopías renacentistas observamos que, aunque buscan el bien de la humanidad como un todo, quedan muy en claro los intereses de una clase en particular: hablamos de una burguesía en crecimiento que está pugnando por consolidar su poder económico, político e ideológico. Al respecto, las utopías de este período hunden sus raíces en la naciente ideología liberal, defensora del individuo, de la libertad, del mercado y de la ciencia. Y aunque caen en contradicciones al defender un totalitarismo (probablemente por influencia de La República, de Platón), conservan las funciones ya señaladas anteriormente y, por tanto, superan el mito y se insertan en una literatura sociopolítica 17 con sus tintes progresistas y también con los conservadores. A pesar de sus estrechas miras, seguirán alimentando el pensamiento social, muy particularmente en la etapa del iluminismo y hasta el siglo XIX, tiempo en que el capitalismo se consolida con sus primeras revoluciones industriales. 15 Tommaso Campanella, La ciudad del sol, Ciudad de México: Grupo editorial tomo, 2015, p.111 16 Xirau op. cit. p.254 17 Alberto Trejo, Luciano de Samósata o la utopía metapolítica, en Meza, J. y Trejo, A. Utopías y mitos, Ciudad de México: Universidad Autónoma metropolitana, 2016, p.100
194 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. Utopía y política: de la revolución francesa al siglo XIX Si el renacimiento fue la primera época capitalista, donde se inaugura un proyecto de modernidad, el siglo de las luces y el XIX serán tiempos donde el capitalismo dejará ver una de sus caras más amargas, fundamentalmente por la fuerte explotación de fuerza de trabajo que trajeron consigo tanto la empresa de la colonización como la primera y segunda revolución industrial. De este modo, serán famosas las utopías de un nuevo orden social jesuita en la América indígena, así como del nacimiento del socialismo utópico europeo. Durante el siglo XVIII, el colonialismo europeo tendrá importantes experiencias de creación de “reducciones” o “misiones” ideales entre los indígenas del cono sur de América. Se les llamó reducciones, toda vez que eran promovidas por la iglesia católica y se intentaba con los indígenas reducir la dispersión del aborigen, concentrarlos en aldeas de entre mil y siete mil habitantes. En estas aldeas, se pretendía educarlos en la forma de vida europea, con la previa evangelización. Fueron, en realidad, experimentos sociales que trataban de controlar el maltrato que significó la colonización y la explotación extrema de minas, campos y talleres artesanales durante el siglo XVIII en América. No se dio de igual modo en las colonias africanas, donde el dominio fue ejercido de manera no utópica sino abiertamente despótica. Sin embargo, todo el pensamiento renacentista, utópico y no utópico, había cuajado en ideales políticos sobre los derechos del hombre, del ciudadano, y en valores que se convirtieron en verdaderos programas políticos en varios países europeos. De ahí que, para 1785, la revolución francesa haya estallado teniendo como bandera los principios ya mencionados. A pesar de esto, esta revolución política no pudo dejar atrás elementos utópicos como aquellos de lograr la igualdad jurídica, pero con una inmensa desigualdad económica y social. En tal sentido, la revolución francesa, se consideró popular, aunque hay autores, como Edgar Faure, que ven esto muy romántico pues en el fondo la consideran aristocrática y excluyente. 18 Aun así, la función orientadora de esta revolución fue básica para otros países de Europa y, de alguna manera, impactó en la independencia de las colonias en América Latina. 18 Ricardo Sánchez, El sentido de la revolución francesa y sus utopías, Medellín, Colombia: Práxis filosófica, No. 20, Universidad nacional de Colombia, 2005, p. 87-112
195 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. La revolución francesa y la apertura a nuevos derechos, fue el antecedente para que ya en los inicios del siglo XIX surgieran un grupo de pensadores que consideraran posible hacer cambios sociales sin recurrir a las armas: se trataba de los socialistas utópicos. Estos socialistas provendrían de varios países, siendo los más destacados, en Francia Saint Simon y Fourier, y en Inglaterra Owen. Al parecer, el término de socialismo utópico fue acuñado por Federico Engels 19 a fin de distinguir la visión marxista y pretendidamente científica. Los socialistas utópicos, haciendo honra a aquello de que la utopía tiene una propuesta y además una práctica, se caracterizaron por levantar colonias productivas llamadas falansterios y cooperativas. Tenían estudios más detallados de economía y uno de ellos era un abierto seguidor de Comte, por lo que pudiera decirse que estudiaba la sociología o la física social, como se le llamaba en ese tiempo. Con el socialismo utópico, el capitalismo encontró uno de sus más importantes críticos, pero también sus legitimadores, 20 ya que suponían que existía dentro del sistema, y con los mismos mecanismos capitalistas, los medios suficientes para dejar atrás las desigualdades y la miseria. Estos mecanismos se centraban en la filantropía, en el mercado justo, en las leyes que dan igualdad, en el estado como proveedor. Y, sin embargo, estos experimentos sociales no dieron fruto suficiente, si bien, como diría Marx 21 refiriéndose a las cooperativas de producción, demostraron que no es necesario el capitalista para organizar el sistema económico. El llamado socialismo científico de corte marxista tendrá una existencia teórica, pero no una existencia práctica en este siglo XIX. Habría que esperar a que, en la segunda década de la vigésima centuria, llegara la revolución en la Rusia zarista. Utopías y distopías del siglo XX Con el movimiento leninista se implanta el socialismo que se dice no utópico, el que llegó a los gobiernos por una revolución social. Sin embargo, este socialismo contaba 19 Federico Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, México: Ed. Progreso, 1985, p.87-88 20 George Cole, Historia del pensamiento socialista, México: Fondo de Cultura Económica, Tomo I,1975, p. 14 21 Karl Marx, K. Manifiesto inaugural ante la Asociación Internacional de Trabajadores, en Obras escogidas de Marx y Engels, Madrid, España: ed. Fundamentos,1977, p. 395
196 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. también con elementos utópicos. Uno de ellos era pensar que la historia es automática y que el socialismo es una etapa inevitable de la sociedad. Sin embargo, quizá no estaban del todo erróneos los marxistas del siglo XIX, al señalar que el socialismo era una sociedad de transición en la cual aún se encontraban vivas las bases capitalistas de una propiedad privada (aunque ahora monopolizada por el Estado, en manos de una camarilla), una tecnología que seguía siendo usada con fines de preservar el trabajo enajenado y un mercado que seguía fetichizando las relaciones sociales de la producción. Es decir, lo utópico del “socialismo real” venía de no ser crítico consigo mismo, 22 de no darse cuenta que no bastaba con el nombramiento de consejos de fábrica, soviets, cooperativas o sindicatos: había que hacer efectiva una autogestión comunitaria de medios de producción, otra forma de desarrollar el trabajo asalariado necesario a fin de liberar el excedente y una planificación del mercado que pudiera empezar a borrar todo rastro de fetichismo mercantil. Estos problemas que se vivieron en la Unión Soviética, se reprodujeron, con sus variantes, en todo lo que se catalogó como el bloque socialista. 23 Y es que, para los años setentas del siglo XX, se había extendido el socialismo hacia Alemania Oriental, Polonia, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia, Rumania, Albania, Yugoslavia. Aunado a este “bloque del este”, ya también se encontraban los “Eurocomunistas”, Francia, España e Italia y, en oriente, China y Vietnam. Una de las preguntas básicas que se hacían los teóricos de esa segunda mitad del siglo XX era si el bloque socialista estaba haciendo real la autogestión de trabajadores, si se había erradicado la pobreza y, en fin, si efectivamente se había pasado de un discurso utópico a una mejor realidad sociopolítica, económica y cultural. Muchas voces se alzaron a favor y en contra. Lo cierto era que con la revolución rusa se llegó al experimento de un Estado Socialista, no a los islotes del siglo XIX. Ahora se trataba de estar viviendo un régimen, con sistemas nacionales; ya no eran colonias y comunas aisladas. Ahora el 22 Óscar Del Barco, Esbozo de una crítica a la teoría y práctica leninista, Puebla, México: Universidad Autónoma de Puebla, 1980, p.13 23 Dolores Ferrero, La crisis del socialismo real. semejanzas y diferencias entre las disidencias del bloque del este, España: HAOL, Núm. 11, Otoño, 2006, p. 65-86
203 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. en donde lo que se busca, de una manera o de otra, es detener la apropiación privada de la riqueza social. El socialismo (cuando existía el mundo bipolar) se presentó como la superación de las deficiencias y contradicciones del capitalismo. Fue algo deseado, un experimento que continuamente se deshacía en las manos de sus creadores. Y, sin embargo, no habría que desechar el diagnóstico: el problema sigue siendo la creciente colectivización de las fuerzas productivas y la dolorosa apropiación privada y privatizante en los medios de producción. Lo valioso del socialismo era, aparentemente, que funcionaba mejor que el capitalismo ya que se basaba en cobertura de necesidades y no en la producción para la ganancia. La utopía, entonces, era que por fin había un sistema donde lo esencial era el hombre y no la cosa. La posmodernidad nos ha mostrado un callejón sin salida. Ante el desplome de los metarrelatos en el siglo XX, y en lo que va del XXI, han florecido las utopías negativas en el campo de la literatura y el cine. Es importante considerarlas porque forman parte del imaginario popular y pueden conducir su sentir y su saber, lo cual también se refleja en su conducta política y económica. En la segunda mitad de la vigésima centuria, aparecieron dos novelas que nos hablaban de estos futuros distópicos: Un mundo feliz, de Aldous Huxley y 1984, de George Orwell. Ambas, novelas de importante repercusión por la cantidad de los lectores que las consumieron 37 y por los efectos en el estado de ánimo generalizado. Una constante que se plantea en esos textos es el temor ante el futuro y, en consecuencia, casi un llamado a la conformidad con el statu quo. Son verdaderas distopías donde se muestra una sociedad asfixiante, con estados totalitarios, despóticos, prácticamente dictaduras militares. También se muestra el avance tecnológico deshumanizado, un bienestar económico enajenante y un igualitarismo primitivo. Lo que de reaccionario pueden tener estas narrativas, con sus elementos de verdad innegables, es que presentan una total derrota de las fuerzas progresivas de la sociedad. Tienen la ventaja de que se lanzan a una crítica del utopismo, señalando en él su carácter fantasioso e ingenuo, su condicionamiento histórico, su estatismo social y su acercamiento al fascismo. 37 Un mundo feliz se publicó en 1932, y la novela 1984 se publicó en 1949. Desde ese tiempo a la fecha, ambas han sido traducidas a una gran cantidad de idiomas y han tenido altos tirajes en países de los cinco continentes.
204 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. Ideología, proyecto de Nación y pensamiento utópico No quisiéramos abandonar la discusión sobre el papel de la utopía, en el sistema de creencias sobre lo político en la actualidad, sin referirnos a un problema que al presente ha venido resurgiendo a raíz de profundos fundamentalismos religiosos y civiles. Nos referimos al nacionalismo, como generador de utopías, de purezas étnicas. Con los nacionalismos, constatamos que el pensamiento utópico no ha desaparecido del panorama en los sistemas de creencias actuales 38 ni tampoco del comportamiento del ciudadano contemporáneo. Los nacionalismos oficialistas, parecen más utopías negativas e irracionales que sistemas de creencias positivas y constructivas. Como lo fue anteriormente, lo utópico sigue presente, primero como crítica social y después como un imaginario de futuro y un alimentador de prácticas cotidianas que a veces rozan con la filantropía, el romanticismo y las tantas expresiones de la solidaridad humana. Pero también pueden rozar con la discriminación y la dictadura. En este sentido, hay quien dice que existe un repunte del sentido de lo religioso en el hombre actual. Este sentido se expresa, aún en su versión laica o civil, en la creencia de que hay una promesa o un apocalipsis como porvenir. Con este ofrecimiento o advertencia se desarrolla, con tintes seculares, una forma de ver el mundo y de vivir en él. Podemos hablar también del crecimiento de una “política teológica” 39 que se fortalece. Este tipo de política se caracteriza porque tiene sus profetas, sus mesías, sus misterios, sus hechos, sus infiernos, paraísos, utopías y todo lo que puede aparecer en una visión religiosa de la vida. Sobre todo, con la ola de gobiernos de derecha en varios paíseslos Estados Unidos de Trump, Francia, Brasil, Bolivia etc.- el nacionalismo de tintes irracionales ha empezado a tomar nuevos bríos. Esto es notorio en la prensa escrita, donde cada vez es más frecuente el argumento de que las ideologías nacionalistas pueden ser otro tipo de fundamentalismo que a la larga se alimenta del pensamiento catastrofista, y nos comprueba que lo distópico nace de lo utópico. Los nacionalismos pueden tener un 38 Juan Antonio González, Utopías y nacionalismo cultural en América Latina. La interpretación de Andrés Sabella a la contribución de Mariátegui, Vallejo y Eguren, Medellín, Colombia: Estudios Políticos, 40, enero-junio de 2012, p. 120-143 39 Sophie Yaunches, La nueva religión estadounidense: el Nacionalismo y sus efectos en la unidad nacional, EU: Tesis, Universidad de Greenville, 2019, p.26
205 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. elemento racional que se denomina proyecto de nación. Tales proyectos, dependiendo del país de que se trate, rescatan mayores o menores aspectos utópicos 40 y alimentan esperanzas y expectativas de la población. Sin embargo, estos proyectos de nación, por lo común ponen más énfasis en la pureza de los grupos sociales que en la integración de una realidad social cada vez más colectivizada. El pensamiento utópico en el México contemporáneo Desde hace algún tiempo, empezaron a llegar las izquierdas al poder 41 en América Latina. Muchos analistas les han llamado populismos, aunque históricamente los populismos hayan crecido con el cobijo de la derecha. En referencia a esta ola de gobiernos izquierdistas latinoamericanos, diversos teóricos se preguntaron por qué en México no se llegaba también un gobierno de esa naturaleza. Ya Vargas Llosa había dado una respuesta previa: porque el Partido Revolucionario Institucional había establecido, desde mucho tiempo atrás, una “dictadura perfecta”, con una red de instituciones legitimadoras, entre las que se encontraba un ejército, un conjunto de medios de comunicación y un sistema electoral ad hoc. Si en el mundo, el nacionalismo se nutre de prácticas acercadas a lo religioso y de creencias cercanas a lo teológico, en el México contemporáneo se ha podido detectar en los últimos tiempos una presencia del “espíritu utópico” en el comportamiento sociopolítico del mexicano. Este comportamiento, se ha potenciado con el desencanto en las opciones electorales del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Sin el crecimiento de este espíritu utópico, de crítica, de esperanza, pero también de una insuficiente claridad sobre la situación nacional e internacional, no sería posible explicar el triunfo del Movimiento de Renovación Nacional (MORENA) en las pasadas elecciones presidenciales en México. Así, la irrupción de las masas en el triunfo electoral de López Obrador en 2018, con el antecedente de al menos dos dolorosos 40 Tur Donatti, op. cit.95 41 Baste señalar que en el siglo XXI había izquierdistas en el ejecutivo de Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, entre otros. Petras y Veltmeyer, sugieren que eran gobiernos de izquierda con políticas económicas de derecha. Ver Petras, J. y Veltmeyer, H. Espejismos de la izquierda en América Latina, México: Lumen, 2018, p.40
206 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. y recientes fraudes en el imaginario popular, 42 dejó en claro que este resurgimiento de lo utópico llevaría, tarde que temprano, a una sanción popular al statu quo. Pero, también llevó al ciudadano a creer, a pie juntillas, que esta opción política “acabaría con la corrupción” y con el abuso. Las actuales circunstancias en las que se mueve el capitalismo mexicano (una pandemia, la crisis internacional, los poderes fácticos, el narcotráfico, entre otros), tenderán a fortalecer lo utópico o lo distópico. Sin embargo, un buen diagnóstico de esta situación, en conjunto con el pensamiento claro de las fuerzas sociales progresivas, tenderá a promover un pensamiento “realista” que ubique las cosas en sus justos términos. Este pensamiento, debe hacer comprender que la muy nombrada Cuarta Transformación (4T) es un punto de partida ideal que, poco a poco, podría acercarse a una finalidad por el momento inconmensurable. Por lo pronto, consideramos que salir de la utopía significaría, para el ciudadano, darse cuenta de que: a) La izquierda nunca había gobernado desde el ejecutivo, razón por la cual en este primer intento se cometerán mil y un fallos. b) No se terminará con la corrupción, esta parece ser uno de los males del poder en sí mismo, pero es posible que disminuyan los fraudes políticos y económicos. b) No se acabará con la desigualdad, quizá se reduzca por la vía de una ampliación del presupuesto público y de los programas sociales. Acabar con ella, significaría transformar las bases del capitalismo. c) No se hará completa justicia para los desaparecidos políticos, pero probablemente puedan aclararse algunos casos icónicos y que permanecen en la memoria colectiva como profundas ofensas a la integridad de activistas y no activistas. d) No se detendrá la ola de muertes y la violencia, pero es posible que se no aumenten. Son demasiado fuertes las redes del narcotráfico, las cuales se encuentran coludidas con los poderes fácticos, quizá con la dinámica electoral y con los cuerpos policiacos. Tampoco se podrá erradicar el feminicidio, el problema hunde sus raíces no sólo en la corrupción económica y política, sino además en una realidad cultural que pone a las mujeres en desventaja física y social. 42 Fraudes realizados con estrategias muy similares en 1988 y 2006.
207 Número 45, diciembre 2020, pp.188-207 Jesús Enciso González Soñar despierto: la utopía como ideología y como aspiración social Dossier El Sueño: Análisis multidisciplinar. Es curioso observar que, después del triunfo de MORENA y hasta la fecha, no han dejado de pronunciarse defensores y atacantes en calificar a la 4t como una utopía 43 . Aunque es notorio que, para unos y otros, este término tiene un status muy distinto. Conclusiones Dice Carlos Montemayor, 44 tratando de explicar el fenómeno de la guerrilla en tiempos en que se le creía superada: mientras haya injusticias, habrá guerrilleros. Tal vez algo similar ocurra con la utopía. Así, en la medida en que se siga presentando la miseria, la enajenación, la muerte, el abuso o cualquier otra tropelía del sistema, el pensamiento utópico, soñador, se hará presente, pues representa la indisponibilidad de resignarse a las sinrazones. Y es que, la falta de confianza en la utopía se manifiesta cuando ésta es demasiado cerrada, demasiado prescriptiva, totalitaria, cuando niega un espacio a las libertades de la persona. Habrá otra forma de construir utopías donde predomina lo crítico, lo ético, lo propositivo, la práctica orientadora que conoce y marca sus límites. Una forma de pensar donde ha desaparecido el mito, el cual es legitimador y fundacional, por lo que es la antítesis de lo verdaderamente utópico. Es decir, se trata de construir una utopía que tienda a extinguirse, pues el aproximarse a su realización se inserta en una finalidad menos de política coyuntural y más de impacto antropológico 45 o de largo alcance. 43 Entre la gran cantidad de declaraciones al respecto, citamos, como ejemplo a: Adriana Dávila, La utopía de la Cuarta Transformación, México: El Heraldo de México, 10 de septiembre de 2018, p.1 44 Carlos Montemayor, La guerrilla recurrente. México: Debate, 2007, p.13 45 José Antonio Pérez Tapias, op. cit. p.11