Reseñas, Fedro, 3
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52 RESEÑAS GONZALO MOLINA, POEMAS DESDE UNA TABERNA. LA OVEJA NEGRA. 2002. 21 POEMAS-PÁGINAS. Miguel Pastor Probablemente la mejor forma de comprender, tal vez mejor de deleitarse, con este poemario, que se lee en sí y por sí sólo, exija conocer la peculiar "taberna", entre tasca y bodega, que constituye el ámbito espacial y vital, poético, en el que nacen estos versos. En el cruce de Relator y Parra y frente a una Carboneria única, entre las únicas que quedan, en el corazón del eje que va de la Alameda al Pumarejo se asienta la taberna sostenida por vigas y poemas en las que el autor (no se muy bien distinguir si Gonzalo es el seudónimo de Manuel, o Manuel el socias de Gonzalo) al hilo de la amistad y las copas desgrana versos y servilletas o versos en servilletas. Pero no se piense que el frágil soporte sobre el que se genera este poemario quita valor a lo que contiene. Veintiún engarces que constituyen un preciosista anillo. Límpidamente sevillano, con adornos de patios, la voz del corazón profundo de Sevilla está en sus patios, de primaveras, de agua y de olvido, y como casi siempre en poesía, de amor, tiempo y muerte. Un anillo que se abre con el insistir de la vida por el amor, que es decir al amor y a la vida "se afana el amor en despertar la vida (...) con sueños de aventura en sus timones" y se cierra con la distancia, la rabia de las promesas y los proyectos rotos en el tiempo, "a patadas" ¿Que más da quien las dé? "Puede que fuera mía la promesa o tuya, ¡que más da!, si ni siquiera recordamos lo que prometimos, (...) Si ahora cogemos de la mano a nuestros hijos sin saber quiénes son... Si rompimos los proyectos para ellos a patadas... (...) Fedro, Revista de estética y teoría de las artes. Número 3, junio 2005. ISSN 1697 - 8072
53 ¡Qué más da que fuera tuya la promesa o mía!" Una poesía natural por urbana, que se llena de recuerdos a los que el tiempo obliga a recordar pero no ya a creer, y, que perdida la convicción, obligan al poeta a entegrarse al destino sin condiciones. "Tú, y el rayo traspasando la piel del tiempo. Tú, la voz de los patios (...) Cómo explicar que eras tú antes, mucho antes, de ser palabra" Poesía urbana, por natural, que se orienta y navega con marineros que siembran el mar, "A Rafael Alberti que en el mar descansa" (poema, página o engarce cinco) o en procelosas islas negras en las que "Es el verso canalla que me encuentra y estalla en el pecho y lo rompe. Panteras en los ojos frío, viento que hiela el corazón y deja sin color la mirada. Es volver a la nada." Y al fondo, pero siempre sobrenadando como principio de esperanza, la música hecha poesía, en coplas, canciones, recuerdos sonoros, capaz de transformar el cuerpo, "Te haré de canciones para prolongar tu tiempo para que otros las canten (...) Construiré manos, notas, acordes, guitarras, violines, armónicas, flautas, pianos y tambores; te haré de agua" el tiempo, "Enero tiene, a veces, tardes que se entretienen en obedecer sueños. (...)
54 Te recrean los oídos con canciones que ya nadie recuerda, y que en ellas suena como un desafio a muerte con el tiempo" la realidad, "Renuncio en ese instante Al cielo prometido y arranco, como puedo, de mí una oración, ¡oh Dios!... ¡deja mis ojos en esta tarde! y el ser. "Yo estaba sentado a la puerta de un pensamiento triste, qué limpio su sonido, cuando paso cantando, con que alegría invitaba a ser. (...) -parecía una verdadvenía tan bien vestida" Pero no es triste este conjunto de pensamientos hechos poesía, no quiere serlo, no puede serlo, es simplemente poético y por tal vital. Y la vida, al igual que la poesía, se compone de recuerdos y olvidos, de sueños y ensueños, de soledades sólo a veces compartidas, de esperanzas que no siempre esperan traspasar el tiempo, de dolor que también a veces logra sotenerse sobre el quicio de los versos, de amores prometidos en eternidad y de promesas eternamente rotas que se deshacen al contacto del ensueño de otra piel, de otro cuerpo, de otro 'otro'. "Somos un batallón de muertos vivos (...) Nos tapan los oídos para que no escuchemos las campanas que a vida tocan. Temen a nuestros ojos que desde el fondo de la tierra reclaman la flor, el pan, la flor, el pan y las estrellas."
55 GIAMBATTISTA VICO, RETÓRICA (INSTITUCIONES DE ORATORIA), ANTHROPOS, BARCELONA, 2004, 267 págs. Esther Aguilar de la Torre La recuperación y reivindicación del pensamiento de Giambattista Vico (1668- 1744) por los románticos del XIX, pero sobre todo, a lo largo del siglo pasado, por autores tan relevantes como Isaiah Berlin, hace impensable que en el nuevo milenio pasemos por alto su obra, máxime cuando en pleno auge ilustrado Vico tuvo la osadía de enfrentarse a esa razón abstracta e ignorante de su propia historicidad, que hoy es tan denostada. No es de extrañar que la metafísica tradicional relegara a un segundo plano el papel de la historicidad -reconocida en nuestro tiempo como inherente al hombrepues su sueño de trascendencia, en su intento por salvarse del devenir, pasaba necesariamente por el olvido de la temporalidad. De este error vino a rescatarnos Vico. La Retórica, recogida en el segundo volumen de esta colección dedicada a recopilar las obras del napolitano 1 , cuya edición se encuentra a cargo de Emilio Hidalgo-Serna, presidente de la Fundación Studia Humanitatis (Zúrich), y José M. Sevilla, director del Centro de Investigaciones sobre Vico (http//www.us.es/civico), además de suponer la primera traducción española de las Instituciones oratoriae, nos permite acercarnos a ese universo viquiano en el que la obra y el pensamiento se muestran indesligables de la propia vida. En este sentido, veremos plasmada la preocupación del autor por rehabilitar esa preeminencia de la palabra que ha sido desatendida a lo largo de la metafísica en la pregunta por el ente. Éste es el problema que no sólo lo sitúa como culminación de una corriente filosófica del humanismo, en la que podríamos incluir, asimismo, a nuestro Juan Luis Vives (que se percata de la corrupción de las artes y por tanto, también, del pensamiento), sino que nos permite reconocer en Vico a un autor que formula con dos siglos de anterioridad la tesis del segundo Heidegger acerca de cómo el lenguaje poético y metafórico es el único que puede llegar a desvelar el ser. Precisamente sería su heterodoxo discípulo Ernesto Grassi quien advirtiera una vinculación entre su maestro y la tradición de aquel humanismo al que hacemos referencia. Grassi advierte en primer lugar la ignorancia de Heidegger respecto al humanismo, lo que le llevó a considerarlo una variante más de la
56 metafísica tradicional (Carta sobre el humanismo). Pese a este desconocimiento, Heidegger termina descubriendo aquello que los pensadores humanistas -y por supuesto Vicohabían reivindicado: el valor de la palabra metafórica, retórica. Dicho humanismo es el que surge en el Renacimiento italiano a partir de la nueva y original pregunta formulada, no ya respecto al ente, sino a la palabra, frente a la filosofía tradicional, que mantenía la pretensión de atrapar la res mediante el concepto abstracto, que la captara de manera definitiva. Para desligarse de este tipo de pretensiones no es de extrañar que el pensamiento humanista-retórico se auto denominase `filológico´, pues en él se reconocía la palabra como respuesta a las necesidades históricas concretas; al tiempo que se reivindicaba del papel de la poesía, no como simple ornato estético, sino como instrumento gnoseológico. En este sentido, tanto la poesía como la metáfora son vistas como bases del lenguaje originario; a su vez, la retórica pasa de ser mero arte de la persuasión, a verse en su sentido originario: un modo fundamental de pensar, de hacer filosofía. Particularmente esta obra suscita hoy día mayor interés, teniendo en cuenta que dentro de la interpretación más tradicional que se había elaborado sobre Vico, autores como Benedetto Croce no sólo la habían infravalorado sino que incluso había sido vista como una distorsión dentro del pensamiento viquiano, debido a la concepción que Croce mantuvo acerca de su compatriota como predecesor del idealismo alemán. Hoy, sin embargo, la interpretación íntegra y fiel que se hace del autor de la Scienza Nuova (1725; 1744) dista mucho de aquélla, siendo de sobra conocido que su mayor caballo de batalla lo protagonizó el racionalismo, de ahí que se sitúe su pensamiento, tras el estudio completo de sus obras, en dirección opuesta al cartesianismo tanto como al idealismo. De hecho, uno de los motivos que lo separaban del cartesianismo (la moda intelectual que se prodigaba en el momento), además de la manifiesta actitud antihistoricista de éste y el desprecio que demostraba hacia las ciencias humanas, era su método, el modo y orden del razonar en cuanto conducía a resultados insatisfactorios. Justamente, una de las principales preocupaciones de Vico fue sin duda el método aplicado en la educación de los jóvenes. Por lo cual, no debe pasarse por alto que esta obra de retórica no es sino el manual de apuntes de los cursos que van desde 1699-1700 a 1739-1740. Precisamente en Del método de estudios de nuestro tiempo manifiesta su descontento con el cartesianismo, puesto que aquella filosofía de Descartes rechaza todo
57 aquello que entra en relación con lo clásico y humanista, al tiempo que termina por reducir al ámbito de lo opinable toda materia que no se deje encorsetar en las ciencias objetivistas. No obstante, al negar la posibilidad de conocer la realidad tal y como es, es decir, realidad humana, negamos la posibilidad de conocer con verdad. Por ello, a propósito del enfrentamiento que supone la obra viquiana a toda la tradición racionalista, cabe señalar cómo Vico establece una primacía de la retórica frente a la lógica, pues se trata del fundamento que permite unificar las ciencias, así como articula las categorías de lo verosímil y lo probable, pilares del espacio vital humano. Todo lo cual implica una reivindicación de la naturaleza ingeniosa frente a la racional, y expone la prioridad de la tópica, entendida como arte de descubrir los puntos en común, sobre la crítica, que enjuicia conforme unos criterios de verdad ya presupuestos. La Retórica parte necesariamente de la conciencia de la historicidad, ya que toda realidad humana se presenta de modo histórico. La propia historicidad de la palabra concede un valor primordial a la etimología, entendida como medio de llegar a los principios. No es causalidad que el propio término “retórica” señale su origen en el verbo reo, que hace referencia al discurrir y al movimiento. El papel de la retórica en Vico, considerada como el saber que habla, es nuclear, y esto se debe a que no podía seguir siendo concebida tan sólo como arte de la persuasión, puesto que se trata de un modo fundamental de pensar, de filosofar. Pero la reivindicación de Vico acerca de la primacía de la palabra poética y metafórica frente al concepto racional, así como la importancia que concede a la tópica como previa a la crítica, no supone en modo alguno un rechazo de estas últimas. Precisamente su interés por rehabilitar las facultades de la imaginación, la fantasía y el ingenio, no tiene como objetivo una desestimación de la racionalidad humana, sino, muy al contrario, un enriquecimiento de la misma mediante su articulación con aquéllas, eso sí, evitando caer en el reduccionismo y absolutismo racionalista. Sin lugar a dudas uno de los valores que encontramos en Vico es su faceta integradora. Finalmente, descubrimos en toda su obra, y en ésta en particular, el interés por legitimar, frente a una serie de elucubraciones abstractas, que llegan a cegarnos con su intensa luz, el lugar preeminente que le corresponde a una filosofía concreta, humana, cercana a la propia vida, ya que, como decía Nietzsche, un conocimiento que destruye la vida termina por acabar consigo mismo.
58 1 El primer volumen de la Obras de Giambattista Vico (Obras. Oraciones inaugurales y la Antiquísima sabiduría de los italianos, Anthropos Editorial (serie Humanismo, 6), Barcelona, 2002) contiene las Oraciones Inaugurales (1699-1701), Del método de estudios de nuestro tiempo (1708), Sobre la revelación de la antiquísima sabiduría de los italianos (1710) y Sobre la mente heroica (1732)