Historia de la economía política en Europa desde los tiempos antiguos hasta nuestros días ; seguida de una bibliografía razonada de las principales obras de dicha ciencia
Full text
3 5
zwoubana
.TbItánatA,
EN
HIST
IA
DE LA.
EUROPA
hesbc tos tienxpos antipos lasta nulstvos bi(m
SEGUIDA
de una
Bibliografia razonada de las principales obras de dicha Ciencia.
ESCRITA EN FRANCÉS
Por Mr. ADOLFO BL ANQUI, mayor,
Profesor de Economia industrial en el Conservatorio
de rIes
Director
de la Escuela especial de
COm
TRADUCIDA AL CASTELLANO
POR
D.
JOSE CARASA•
t72
.
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El objeta que me
.
propuse al
traducir esta obra
fue
solo emplear el" tiempo que me dejaba libre
mi profesion,
cultivando
.
el idioma frances . cuyo estudio, parece
.
en el día
útil y aun- necesario,, Esta sola idea abrigaba en mi, cuan-
do algunos amigos á quienes. di á leer el manuscrito me
animaron á darle
.
publicidad , ftndándose en las escalen-
tes lecciones que contiene y en el beneficio que podrían
,90 4
,
ar
mis compatriotas consz i
,
lectura. Esto,
obligacion que tiene todo español de ser útil 4 su
por cuantos medíos
este'n
á su alcance , me determina
en fin á
acceder á
sus
deseos; y yo me ¿are' por muy
recompensado si mi ;corto traba/o- obtiene la aprobacion
del público.
Cgffirde»
•
IV
•
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entre ésfas dos Ciencias , conexiones
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la otra, ni pro-
fundizarlas sepa radameill.Se -
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para el estudio de las cuestiones económICa'S
y's&láleSi:'heháj
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lilitó)jibbi'el'bn'lltdiiia
dii
Meliá ¿bino '161 l'ay
( n )
en París y Londres; me ha sido preciso confesar que los
pri.
vile
f
rios los impuestos, las vejacionesláscales, río eran mas
raras entre los antiguos que lo son en nuestros dias. Entonces
corno ahora, el menor destello de paz y de libertad era se-
guido de una lluvia de riquezas
y
de prosperidades3;rlas
mas causas siempre proclucen,los, mismos fectos,,á pesar de
la diferencia Je costumbres y de institgeipnes. La miseria de
Jos pueblos se reconoce 'siempre 'en, la desigualdad de las, car-
gas, en
,
distribucion. viciosa dejos productos del ;trabajo,,
y en -el predominio de algu
i
aas castas ingeniosas en poner
los abusos bajo la,proteccion, de lá ley„,-
,-z
Pero .el mur-
1
cl
°
no ha, 'permanecido siempre, indiferen
te , á presencia de, estas calamidades' sociales, y mas de una.
vez han estallado.maamánimas protestas en el transcurso de,
los siglos, á favor de los derechos de
,
la humanidad desco
nocidos malamente. Alninos nobles ,soberanos se han asocia-
do á ,estos esfuerzos , hora
.
seguidos con perseverancia, hora
interrumpidos poda desgracia de; los tiempos.
una Economía política entre los antiguos como
‘
entre los rrio;,»
demos; no una Economía
política sistemática y- formulada;
sino dedncisla los hechos
y
praciiÇada antes de ser escrita,
Tal ha sido, por otra parte,' la marcha de todas las. Ciencias
desde el ori
g
en de las
'
,sociedades. Los primeros -que _vienen
al mundo
g
conciben, obran
y.
ejecutan; los últimos razonan,
completan y
:
mejoran la obra de sus antecesores. Para apre-
ciar bien los trabajos de los economistas.modernos convenia
pues conocer las principales bases del movimiento social, cine
se continda desde Jo ,antio
.
uo al traves' de las revoluciones,
y
que presenta cp sulparc4a tantos rasgos- gloriosos
y
tantas
peripegias:drgynáticas.
,
Este rpo
,
vimiento es
el
que
procurado describir en lag
('
)
at
y
wkné,:tfri4zel al
público
Los grand'es estados dela ánti-
gtiedad
r
y lost-de-laledad media no`han 'caido°sin
e
motivo; 'tan-
tas riquezas no han 'sido mi creadas: ni- destruidas sin que
g
tverea
'
ciOn
y
,
su anóna.da.rniento 'se refieran á causas snscep-
tibles de'analisis,y dignas dé meditacion: Fs
hasta imposible
no dOnocer la mano
de la providencia en estás
transformació.-
nes sucesivas del principio social, que se refugia ya en una
inStitncion, ya en otra,
g
in distincion de tiempo ni de lugar,
¿orno
'
t)ara mantenerse sin
.
Cesará la disposición y al servi-
cio de la humanidad. Aquí, es un grande hombre quien con-
serva'
el fuego' -Salradó; en otra parte, es un esclavo quien
intenta reanimarlo: Sócrates en Atenas Espartaco en Roma'
Del seno mismo de la barbarie salen las primeras luces del
trabajo y del orden., Carlo-magno domó á la misma muelle-
dumbre
qué le
habia
alzado. Las ciudades anseáticas se eleva
iioh del fondo de tos'
I
panuanos que servian de
'
guarida á la
pira teria.
El sistema' feudal;
'
tan funesto álos trabajadores sujetos al
territivilo está todo lleno de doctrinas preciosas para la Eco-
nomía política. Era la
.
división estrema de la soberanía, así
córrits'altóta vetnos la
,
division mas estrema de la propiedad
El''iMperio romano; un 'momento reedificado por Carlo-mag-
no- había visto la centralizacion llevada al último grado;
la
feildalidad nds- hará ver este grande peíder
.
político redu-
cido ‘, á átotilól. Aqui- asistiremos á gigantescas síntesis; en
otra»'parte casi microscópicos. ¡Qué diferencia no
debia'h
i
aber entre lar EconoMía polítira
l
del`
.
gefe de 40 millo
nes de súbditos y la de un hidalgo que vela toda su campiña
de lo alto de s'u castillo!'
Peto
.
ta *lio 'de esté 'l'a
clase
me-
dia comenzaba
.
ár reunirse'
en las'
,
eincladeS, á orgaitíizarse
en
cofradías, y
,
haberse 'repletar
,
l
oor su
r
nárn
.
ee'o..No se les qui-
(yr)
taba ya
g
u
clinerQ, d'e
les
pedia. Iresiadb y
;de' este nhid0
en
apariencia insigni(ica.ute resulta para el écoñomistadá
‹ehl
plicacion de todo un :nuevo orden social.
He seguido, paso, á paso estos.grandes acontecirnientos, y
,me ha parecido que la Economía política de lo
s antituoáttio
tenia otras pretensiones mas
,
que la de los modernos.,;En. to-
das las revoluciones, no ha habido nunca nias que
,
flos:p¿ar-
tidos en presencia
:
: uno compuesto de los hombres que cruie-:
ren vivir de su trabajo, y otro de los que quieren. vivir .del
irabajo, 'ageno.. No se disputa , el
,
poder
y
los ,loonores 'sino
para descansar en esta region de bienaventuranza en donde
el .partido vencido n
9
deja jamas dormir tranquilamente á
los vencedores.
Patrkios y plebeyos, esclavos, y
(
libres, guel-*
fos y gibelinos rosas blancas
,
y.
rosas encarnadas ,,taba-,
lleros y pecheros , liberales y _serviles,
no son mas qffle
riedade.s de la misma especie, Sie
,
mpre. es Ja cuestiona
(Id
bienestar la que los divide, queriendo cada uno
1
(
osando
servirme de una espresion
tirár.la manta' pay,a
á
riesgo de descubrir á su vecino. Asi eá que en 4n,pais
.
;
es
por via de impuesto
01110
se arranca al trabaj
a
doi"3 'bajo
testo del bien del Estado, el :fruto'de Sirs sudares; --en'otr,0119
par medio de, los •privilegios, clecla
!
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,
tal
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de conces ion hacien,do pagarcaro, el
•de:techo:de
ea-,
tregarse á él, £l Anismp- ahuso
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fxeprGduce bajoffoonam Ana§
indicectas, peras ,no,.rnenos opresivasrcOando p
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J,cle,"4
(17)
iWsmas
paradojas abominables sobre la necesj-
pzraplos urtos
b
,
de ser
esplotados
por los otros. Es algo
ma
l
.
aflictivo que: lo que pasa entre los animales, cuyas
especies devoradoras viven de las especies devoradas, sin eri-
gir al menos su voracidad en sistema , y sola por que no
pueden hacer otra cosa. Todas estas horribles iniquidades
sociales
se
han propagado al traves de los siglos, bajo for-
mas diversas, algunas veces dulcificadas por el progreso de
la razon humana; pero siempre vivas en el fondo
y
por to-
das partes sostenidas, ya con audacia, ya con hipocresía.
Aquí es., el clero quien se apodera de todos los bienes ,
y
quien se digna dar limosna al género humano desposeida,
amenazando con: anatemas á cualquiera que osara turbar el
reposo de la casa del Señor. Mas allá, el diezmo pertenece
á
los seilores, porque ellos son señores y no hay selores sin
'diezmos. Los aldeanos se venden aun en Rusia corno utensilios
ide
.
agricultura, y la aristocracia inglesa vende á loa pobres;
irlandeses algunos haces de paja,
y
algunas patatas que di-
viden con el ganado.
NO,
hays,tanta distancia como
se cree
de la Economía po-
Iltica griega y romana, • cruel , insaciable:, á la Economía po-
lítica de mas de un pais en Europa.
En nuestra hermosa Francia , tan rica en pámpanos
y de
Espigas ,-muchos millones de hombres no comen-pan, y no'
beben' sitió agua. La sal abunda bajo
sus
plantas, pero el
impuesto pesa sobre
sus
cabezas,
y
la
gabela,
,la odiosa
0
4
14 de la
l
edad mediano hace mas que cambiar de nombre
y 4e vestido. Si se descubre una planta nueva , el tabaco por
vi
e
mp
l o
.
l
a
ley prohibe el cultivo de ella. Este es el caso de
efhelaeyar con,louseáu:
¡Todo es bueno al salir de
las, ma-
r04;del ,Cvi4d9r;, todo,,degetiera
.
entre las
manos
dp1 hombre!
.(xn)
do siempré nh refagio sea en un pais, 'sea en otro,
iimirous
,rando
por todas
,
partes la riqueza para ausiliar la libd.
-Ensayo en fin, enlazar mas- lo presente á lo pasado, en lu-
gar de tratar la Ciencia corno una híbrida fecundada al soplo
del siglo XVIII,
proleín sí/2e matre crea/
1
,a.
Yo he querido
dar
,
abuelos
á esta hermosa Ciencia que se ocupa de la felici-
dad del género humano
y
que tienen en depósito los medios
de
.
procurarse
la dósis compatible con los achaques de nues-
tra naturaleza y las exigencias de nuestro estado social. Al
ver con que lentitud llegan las reformas y apreciando en su
justo valor los obstáculos que han encontrado, los mas ardien-
tes reformadores de nuestra época aprenderán á moderar su
impaciencia y á no pedir al tiempo en que vivimos 'mas que
su parte de concurso para el movimiento que nos arras-
tra. He dicho respecto á esto todo lo que nuestras conquistas
pasadas nos permiten esperar en el mas próximo porvenir.
Yo no he creado ningun sistema: confieso ingenuamente que
no tengo en mi cartera un plan de regeneracion y de prospe-
ridad universales. Yo he referido lo que han hecho nuestros
mayores y lo que se han propuesto nuestros predecesores para
efectuar la pule realizable de esta generosa utopia. Algun
dia
sin duda, ampliaré mi libro si obtengo para este primer en-
sayo el solo éxito que ambiciono, que es el de popularizar
la
Ciencia económica, mostrando que se hallan los elementos de
ella en la historia de los pueblos asi como en los escritos de
l'os economistas.
Re terminado mi "trabajo por una bibliografía crítica
.tle'laá obras de Economía política las mas importantes que
se
'
han publicado en todas las lenguas europeas. Este catálo-
go seguramente está- lejos de ser completo; pero es el
mas
es-
tenso que ha .1alido á luz hasta este dia , y puede servir de
'(
XIII)
inkEdiallnaa140teCa
especial bastante importante. He
lela °
y
3
31
1
0
11k
loa
l
rnayor parte .de los escritos de los
,
que he dado los
:titulas y analizado la sustancia, de manera, que los amigos
'de la Ciencia sabrán en adelante cual
es
el, espíritu de un
autorantes de 'comprometerse en lectura. Se creerá facilmente
que esta parte de mi tarea no es la menos dura; pero espe
ro haber de este modo rehabilitado á mas de un economista
ignorado, y hecho conocer á nuestros conciudadanos un ma-
nantial fecundo-de indagaciones é informaciones. Este senci-
llo catálogo bastará el solo para manifestar que la Ciencia
es mas antigua que se piensa,
y
que era ya mayor de edad
cuando .se la creia aun en la cuna. He vacilado un momen-
to
si
comprendería en mi nomenclatura los escritores vivien-
tes,
y
sobre todo si podría permitirme caracterizar
impar-
cialmente
'sus
obras; pero su ausencia hubiera tenido mas in-
convenientes que azares puede acarrearme mi propio juicio,
y me hé determinado á hablar de
estos contemporáneos
corno
si hubiesen muerto, sin cesar por esto de desear que vivan
por largo tiempo.
Una razon importante ha motivado sobre todo mi deter-
minacion. La mayor parte de los economistas existentes, sal-
vo
algunas excepciones, forman una nueva escuela , tan dis-
tante de las utopias de Quesnay corno del rigorismo de Mai-
-thus y veo con
satisfaccion
filos(ilica y patriótica que esta es-
cuela ha nacido en Francia y que
se
compone casi enteramen-
te de franceses. Ellacs la que trazará la marcha de la Econo-
mía política durante el siglo XIX. Ella no quiere ya consi-
derar da produccion como una abstraccion independiente
de
la suerte de los trabajadores ; no basta que la riqueza sea
creada, sino
que sea
equitativamente distribuida. A
sus
ojos,
los hombres
son
realmente
iguales ante
.
la ley como ante el
( xiv
Eterno. Los pobres no son un testo de declamaciones,
aliño una
porcion de la gran familia, digna de
la mas ¿cita solicitud.
Ella toma el mundo tal como es y sabe detenerse en los
límites
de
lo posible; pero
su
mision
es
agrandar cada dia
el círculo de los convidados á los goces legítimos de la vida.
Digo que esta escuela es eminentemente francesa
y
me glorío
de ello por mi pais.
Séame permitido, al concluir , hacerla este homenage que
no. será disputado por nadie, puesto que resulta de la simple
esposicion de
sus
títulos. Ved los libros que la debemos des-
de una veintena de anos: los
nuevos principios
de Economía
política, de Mr. Sismondi; el
tratado
de Mr. Destutt de Tra,
cy, este hombre de valor, sublime á fuerza de sensatez y pro-
bidad ; el libro escelente de Mr. Duchkel sobre la
caridad;
el nuevo tratado de
E C0110712,frt
social de 11Ir. Dunoyer
tan
profundamente empapado en razon
y
en filantropía; el
tra-
tado
de
Legislacion
de Mr. Ch. Comte que ha dado el últi-
mo golpe á la esclavitud colonial ;
Economía política cris-
tiana
de Mr. el Vizconde de Villeneuve Bargemont, que ha
señalado de una manera tan nueva y tan notable la llaga del
pauperismo
en Europa; La
escuela politica
de Mr. Droz;
que ha hecho de la Ciencia un ausiliar de
la moral
y
el
En-
sayo sobre el espíritu de asociaclon,
por Mr. Delaborde,
á
que tenemos la dicha de acudir hoy dia en medio del desór-
den que nace de la concurrencia ilimitada. Estas obras han
modificado ya poderosamente las teorías áusteras de Maltbus y
las fórmulas algébraicas de Ricardo. Independientes por la for-
ina
y frecuentemente por la eleccion del asunto, ellas se enlazan-
sin embargo por medio de un pensamiento .coman, que es el
bien-
estar general de los hombres sin distincion de nacionalidad.
No he desconocido tampoco los servicios prestados á
la
NIT)
/urnanidacipor 1a escuela sansimon'iana en la
épocá
gil la
cordura
de
sus
fundadores habla sabido pre-
servarla de la invasion del misticismo y de utopias. Esta
escuela ha sembrado-`en Europa los
gérmenes dé una refor-
ma que
-
brota- por todas partes;
ella ha revindicado los de-
rechos de la clase artesana, y los ha defendido con un talento
y una cenviccion que-ha debido hacer irnpresion aun en
sus
mas ardientes adversarios. Los
Sansimonianos
han podido
frecuentemente engañarse , coma los
economistas
del siglo
XVIII, con los cuales tienen mas de un punto de semejanza;
pero sea lo que quiera lo que se haya dicho de sus intencio-
nes y de su moralidad, eran ante todo hombres de valor
y
de probidad. La misma Inglaterra que los 'labia ridiculizado,
los imita ,
y
las nuevas obras de Economía política publi-
cadas en este pais , estan todas impregnadas de sus ideas
reformadoras.. Es la escuela sansimoniaua la que ha marca-
do con mas e nergia los trabajos de las clases laboriosas, y
si
el gran problema del alivio de estas numerosas poblaciones
no está aun resuelto, ha quedado al menos al orden del dia
de todos los pueblos civilizados.
De aqui en adelante es sobre este terreno sobre el que
deben decidirse todas las cuestiones de Economía política. El
verdadero fin de la Ciencia es llamar en adelante al mayor
número de hombres posible, á la participacion de los bene-
ficios de la civilizacion. Las palabras
divíston del trabajo,
capitales, bancos, asociaciones , libertad comercial
no tienen
otra significacion. Tal es, á lo menos la tendencia de la escue-
la moderna á la que me glorío de pertenecer y bajo
cuyos
auspicios aparece la obra que ofrezco hoy dia al público. Si
algunos espíritus concienzudos se admirasen que haya podido
encerrar en
dos volúmenes
la
historia de una Ciencia
tan iak-
( ytvI)
portante
y
tan
vasta como la Economía política , tés -roipeniP
deré con uno de
sus
mas ilustres fundadores (1 ) "la historia
de una Ciencia no se parece á una narracion de atonté,
cimientos. Ella no puede ser mas qué la esposiciou de las ten-
tativas mas ó menos dichosas que se han hecho en diversas
ocasiones y en muchos sitios diferentes, para recoger
y
sóli-
damente establecer las verdades de que se compone. Ella lle-
ga á ser mas
y
mas corta á medida que la Ciencia se perfec-
ciona."
(i)
J. B. Say, curso completo de Economía política, torno
párrafo 352.
• r ,
RIZ21)21sa
DE
LA Ee 31(I
p
mÍA
ainehlo
CAPITULO PRIMERO.
La
Economia Política es mas antigua de lo que se ci ee.-- Los grie-
gos y los romános la conocieron.--Analogía
que presenta con
la de
nuestro tiempo.--Diferencias que las distinguen.7-711Odificaciones
sucesivas que esta ciencia ha Tufrido en su marcha.--Ojeada so-
bre la materia.
Es un hermoso espectáculo, y bien digno de meditarse, el de los
esfuerzos intentados, en las diferentes edades del mundo, para me-
orar
la condicion física y moral del hombre. Cada siglo trae su
tributo de fanatismo á esta grande creencia, que cuenta entre sus
mártires naciones y reyes. Jamas la humanidad descansa; una es-
periencia sucede sin cesar á otra, y marcharnos al traves de revo-
luciones, ácia destinos desconocidos. Cuando se estudia con cui-
dado la historia de lo pasado, se percibe que este,
movimiento vie-
ne
de lejos, que ha empujado á nuestros padres y que nos_arras-
tra con nuestros hijos. Algunas veces los pueblos parecen obede-
cerle ciegamente, como cuando la, Europa fue invadida por
los
bárbaros; lo mas frecuente es ceder á él con una idea confusa de
las leyes eternas que le rigen. Asi se esplican los innumerables en-
sayos, de gobierno, que se
y
en no obstante girar sin cesar al re
dedor de un corto número de principios inmutables , tales como la
seguridad de las personas y el respeto á la propiedad:
La historia de la Economía Política no puede pues
,
ser mas que el
resumen de los esperimentos que se han hecho por
los pueblos ci4i-
lizadós para,mejorar
la
suerte de la especie humana. Losantiguos
ncrapn
en esta carrera tan inferiores á los modernos corno
mochos
-autores suponen, asignando comunmente, y cort notable equ
ivo
--alejo:1, á ciencia
,
econó.mica
hm
origen tan reciente• como
.
es la
msgandaluaitad del siglo XVIII. Quién no conoce las irL5tilfudo,-
nes
al Esparta y de Atenas, y las magnificas obras 49 iA
(
2
)
tracion romana ? Nos parece dificil pasar en silencio la Economia
Política de aquellos tiempos, sobre todo cuando se encuentra en
ella el origen de casi
todas
las instituciones que nos gobiernan
y
de
los
sistemas que
nos dividen. A la verdad, habia en las
leyes
de
Licurgo mas sansimonismo de lo que se cree, y las querellas de
los patricios y de los plebeyos no han sido mas vivas en París en
la epoca del terror , que lo fueron en Roma durante las proscrip-
ciones de Sila. Y toda via hay semejanzas mucho mas sorprenden-
tes entre la insurreccion de los obreros de Lyon y la retirada del
pueblo romano al Monte Sacro. Cuantas veces, desde Menemnio
Agrippa acá, ha sido necesario repetir á las poblaciones sublevadas
la apologia famosa de los miembros y de el estómago?
Separando de la historia de la Economía Política todo lo que
tiene relacion con los antiguos, los economistas modernos se han
privado voluntariamente de un manantial fecundo de observacio-
nes y de comparaciones. ]Flan despreciado veinte siglos de espe-
riencias ejecutadas con la mayor osadía en una vasta escala por
los pueblos mas ingeniosos y mas civilizados de la antigüedad; han
desconocido la historia, que ha recogido cuidadosamente las mas
mínimas trazas de estos esperimentos que repetimos hoy dia, de-
masiado frecuentemente con menos
habilidad y
necesidad que
los
griegos
y los romanos. Está preocupacion de los economistas se de-.
Le á que los antiguos no han dejado ninguna obra especial que rea-
suma sus conocimientos 'sobre la ciencia económica; pero si estos
conocimientos no han sido consignados en un libro, se encuentran
en 'sus instituciones; en
sus
monumentos , en su jurisprudencia.
Las paradas de caballos establecidas desde Roma hasta York,
el
esmero particular de
los
romanos en la conservación de
los
ca-
minos y de los acueductos atestiguan en el mas alto grado su inte-.
ligencia en las printipales necesidades de la civilizacion. La legis-
lácion de las colonias griegas valia algo mas que la de las colonias
espalialál de la América:
- Esparta,
Atenas, Roma,
han
tenido
su
Economía
Política có-
mo
la Francia é Inglaterra tienen la suya. La usura, los •mpues-
tot etagerados , las tarifas, los arrendamientos exorbitantes, 1 •
, a in-
suficiencia
de los salarios, la mendicidad, han afligido tanto á las an-
tiguas sociedades como
álas
modernas', y nuestros antepasados
nrs
han
h
echdanevios esfuerzos que nosotros para :librarse de estas plagas.
• (3)
GeéSenmertte se
engailaria
el que creyese que no han
refle-
onado
jamas sobre las dificultades de las reformas cuya necesidad
•-conocian : cada página de su historia nos ofrece una prueba de
ello, y nosotros no dudamos que la gran insurreccion de los escla-
vos capitaneada por Espartaco hiciese pasar muy malas noches
á
los economistas de aquel tiempo. Si los historiadores no nos han
dado parte de sus angustias , es porque en Roma no se osaba ha-
blar de esta llaga secreta que minaba la república
.y que avergon-
zaba á los mas ilustres ciudadanos. Cuando mas adelante los em-
peradores acordaron distribuir víveres á los habitantes de la ciu-
dad Eterna, ¿no hacian uso de la Economía Política como los
frai-
les
en Espacia
á la puerta de sus conventos? ¿Hay mucha dife-
riencia
entre las máximas de los atenienses que prohibian la salida
dedos higos, á la de los franceses que prohibian no ha mucho la se-
da y los alamares? Todo lo que se puede decir, es que los griegos
no han hallado, como nosotros,
autores para apoyar estos
absurdos
con
sofismas; pero esto no nos da derecho para despreciarlos.
Cuando se estudia con atencion la legislacion
rentística
de
los
griegos y romanos, no se puede menos de reconocer que las mas
graves cuestiones de Economia Política han llamado en todo tiem-
po
la atencion de estos pueblos. Basta ver con que solicitud vela-
ron sobre sus relaciones internacionales, sobre el estado civil de los
estrangeros, sobre la naturaleza y los efectos de los impuestos, so-
bre el fomento de la agricultura,
y
sobre el régimen de la
navega-
cion. Tendré ocasion de citar en el curso de esta obra pruebas ir-
recusables de su perfecta inteligencia en estas materias. Ni aun los
fenómenos mas complicados de la distribucion del
,
trbajo han
po-
dido
escapar de sus indagaciones y se halla en
el
2.° libro de la
Re-
pública de Platon
un análisis que honrara al
mas
sabio rdiscípu-
lo
de Adan Smith, El
Económico de Xenofonte,
hasta el dia
mal
estudiado, encierra restírnenes hechos con suma claridad, y
.
no
conocemos mejor definicion de la moneda que la que nos ha dado
Aristóteles en el primer libro de su
Política (1).
Se engailaria no obstante el que considerase los ensayos
tentados por los gobiernos., ó preconizados por los escritores de
la Grecia y de Roma, como el resultado de un sistema econó-
mico concebido en virtud de datos verdaderament
e
científicos ó
(1)
da
Ariatateles ;.1i1,..1. o cap. 6
y
1)•
( 4 )
inspirado por una elevada filosofía. Los griegos y los romanos des•
preciaban el trabajo y deshonraban la industria como
una
ocupa—
.
don indigna del hombre libre. La esclavitud aparece en cada pá-
gina de su historia para desmentir á los escritos de sus filósofos y
á !as teorias
de
sus economistas. ¿Pero no se encuentran en nues-
tra historia contradiciones tan chocantes? Estudiándolas en los an-
tiguos donde podemos juzgarlas con mas imparcialidad, es facil re-
conocer entre nosotros el peligro 6 la inutilidad de una multitud
de tentativas, que aunque parezcan nuevas, no son sino renovadas
de los griegos y romanos.
Los antiguos han ensayado de todo, y nosotros les aseme-
jamos en demasiados particulares para descuidar su Econo-
mia Política. ,Atenas tenia sus Ilotas corno la edad media ha te-
nido sus siervos, y nuestras colonias sus esclavos. Algunos esta-
dos modernos tienen todavia sus castas proscritas, tales como las
de los ;tachos en Suiza, Prusia y Polonia: pero lo que distingue
princip do-lente la Economia Política de los antiguos de la de los
modernos, es la libertad del trabajo y el uso del crédito. Todo ha
cambiado al rededor nuestro desde la invencion de la imprenta,
de la brújula y de la polvora. Conocernos y beneficiamos, en pro-
porciones colosales, las primeras materias que eran desconocidas
á nuestros antepasados. El algodon, el hierro , los vinos, la una,
el vapor han llegado á ser para nosotros recursos inagotables. Tres
6 cuatro plantas, la patata, la remolacha, la caña dulce y el té,
suministran alimento á millones de hombres , y cargamentos a
millares de navios. Los antiguos vivían de la conquista, es decir,
del trabajo de otro; nosotros vivimos de la industria y del comer-
do, es decir, 'de nuestro propio trabajo.
El caracter distintivo de la Economia Política griega y roma-
na es la
esclavitud ;
la tendencia irresistible de la nuestra, es
la
libertad. Veremos coma la influencia del cristianismo ha contri-
buido á darla esta direccion, interrumpida ya por la invasion de
los bárbaros, ya por el fanatismo religioso; pero ningan obstácu-
lo
'há podido detenerla en su marcha. La servidumbre feudal ha te-
.
.
mdo par 'contrapeso las corporaciones gremiales que eran ya
un
progreso, puesto que desarrollaron el espíritu de asociacion; las cor-
poractones á su vez han desaparecidO ante la eananci`Pacion de
l'a
industria. Cada paso ha librado á el hombre. de una esclavitud
y
(
5
)
le
ha
remunerado,; con un
prod.u.cto útil; de suerte
Ti
a
se puede
e
tterirl,
•
que.la
libertad no ha aparecido jamas sin traer
consigo
algun
beneficio. Los griegos y romanos que oprimieron la humanidad
`g ajo apariencias engañosas, carecian de ropas blancas y no tenian
vidrieras en sus casas; nosotros mismos no hemos empezado á
gozar de alguna comodidad en la vida material sino despues.de la
conquista de la libertad.
Para apreciar en su justo valor estas diferencias radicales y
tam
l
aien la semejanza de la Economia Política de los antiguos con
la nuestra, es preciso. estudiar á la vez sus instituciones y sus'es-
critoS.,
es
decir: los hechos .y las. doctrinas de su. época. He prefe-
rido para este estadio, respecto á Grecia , el momento de mayor
prosperidad en Atenas, y en noma los primeros siglos del
pedo. En efecto es Atenas quien representa mejor la civilizacion
griega; y liorna imperial, la civilizacion romana. Las institucio-
nes y.lo.s escritos de estas épocas memorables han ejercido sobre
el inundo contemporáneo una influencia inmensa que se ha esten-
dido hasta la posteridad de la que somos representantes. Las le-
yes romanas deciden aun en. muchas ocasiones las mas graves
cuestiones de nuestro estado civil, presiden á nuestros matrimo-
nios, arreglan nuestras herencias y gobiernan nuestras propieda-
des. Las aduanas existian en Roma antes del. reinado de Neron
y los
atenienses han conocido
los
empréstitos pdblicos. Sabian
muy bien las riquezas que se pueden sacar del comercio; presta-
ban á todo riesgo y en todo tiempo dieron macha atencion á la
esplotacion de sus minas. Frecuentemente leyendo su historia se
cree leer la nuestra. ¡Tanto se parecen los hechos , y tan cierto es
que
;
la humanidad se agita eta' urda de pasiones y de necesi-
dades análogas!
A la caída del mundo romano, se verifica una revolucion
profunda en la marcha de la Economia Política. La esclavitud
..toma una forma nueva,. modificándose sin sentir por la influencia
del cristianismo.; las ideas de igualdad empiezan á difundirse. Al
desprecio afectado de las riquezas suceden los primeros elementos
de adquirirlas. Algunos grandes soberanos dan ejemplo de orden y
de Economia: (.;arlo uta'grko manda vender en el mercado los hue-
vos
de sus gallinas, y las legumbres de sus jardines .(i) Los coo-
NI4se el enúttlar da
.
ViiIi4 art. 39
edicion
(6)
istalores se convierten én conservadote
á
y es facil hallar
et
g
Cip"tulares
el germen de las ideas nuevas qua van reemplazan/a
á la decrépita política romana. Las cruzadas ejercen mas tarde 14
influencia, haciendo la fortuna de las ciudades marítimas de Ita-
lia ,
que
llegan á ser el refugio de la civilizacion contra la bar-.
barie de la edad media. La propiedad de las tierras concentrada
hasta entonces en manos de los señores, se divide en manos de los
ciudadanos que la compran á los guerreros que pelean en la Tier-
ra Santa. El contacto con el Oriente inspira gustos nuevos,- crea
necesidades de lujo que la industria de las repúblicas italianas se
apresara á satisfacer: hasta los errores de la época concurren á la
obra continua del progreso, y los judios perseguidos crean la cien-
cia del crédito y del cambio. San Luis aparece y organiza la in-
dustria. Los oficios se dividen en cofradias y se ponen bajo la pro-
teccion de los santos contra la tirania de los barones. Los comu-
nes se forman y lá clase media, donde se recluta el clero, princi-
pia
contra
la aristocracia esta larga lucha que apenas acaba en
los grandes dias de 178g.
Tres grandes acontecimientos, casi contemporáneos, el descu-
brimiento de la pólvora, el de la imprenta y el del Nuevo mundo
cambian á su vez la
faz de
Europa y las condiciones de la ri-
queza
1
3:alca. Los Metales preciosos, hasta entonces tan raros, se
hacen abundantes ; productos desconocidos circulan mas rápidos
con las ideas; la fuerza física brutal queda destronada por la pól-
vora. Yo no puedo comprender como en vista de estos maravillo-
sos elementos de regeneracion social se insista todavia en no fe-
char la Economia Política mas que de los últimos arios del siglo
XVIII. Con todo, entonces es ca
.
ando' el pauperismo renace 'con
la concentracion de las fortunas; entonces mismo el grande cisma
del protestantismo, destruyendo los conventos, hiere con una muer-
te lenta, pero segura, el principio de los diezmos y la esplotacian
religiosa del hombre, que habla reemplazado á la militar. d
Qaiért
osará afirmar que estas grandes revoluciones no
hanniodificado
cierto piado las instituciones económicas de lasliaciones europeas?
lían sido precisos sin duda muchos acontecimientos semejantes
para determinar á los hombres de estado y á los sabios á re-
montarse á sus primeras causas, cuyo estudio constituye hoy ola
la ciencia económica. Nuestros padrelhan usado largo tiempo de
( 7 )
la-Economia Política sin conocer sus principios
del mismo modo
que viven la mayor parte de los hombres sin estar
iniciados en
los
fenómenos fisiológicos de la vida. Colbert solo, entre todos los
mi-
Distros á los que fue dado hacer edictos sobre estas graves materias,
Colbert solo, parece haber tenido un. sistema, 'corno mas tarde Law.
dcbia tener el suyo, cuino los
economistas
del siglo XVIII han pro-
clamado:el suyo. Pero estas sublimes inteligencias no pueden ser con-
sideradas como el foco primitivo de donde ha salido la ciencia ente-
ramente hecha. Cuando espongamos las ideas de Platon , de Aris-
tóteles , de Xenofonte, sobre las cuestiones tan admirablemente
establecidas por Adan Smith , y tan vivamente controvertidas en
nuestros dias, será
dificil
no reconocer que estos genios antiguos
entrevieron su. importancia y prepararon su. solucion.
El error general nace sobre todo de los escritores del siglo
XVIII, que creyeron haber hallado el secreto de la ciencia social,
porque ellos habian analizado con una sagacidad hasta entonces
desconocida, algunos fenómenos esenciales de la produccion. A-
brieron el camino á las indagaciones , de una manera nueva y
atrevida, y pasaron por haber creado la ciencia, porque la hablan
entrevisto al trates de un prisma, rodeada de muchas ilusiones.
Los servicios de la agricultura habian sido demasiado deSconoci-
dos: la escuela de Quesnay les ha vuelto al sitio que debian ocu-
par en los agentes de la produccion. Despees de él, Adan Smith,
ha rehabilitado el trabajo y manifestado las verdaderas causas de
las riquezas de las naciones: Malthus ha dado un grito de alarma
ák
las poblaciones llegadas á ser, segun él, demasiado numerosas;
J.
B.
,
Say. ha. preconizado la libertad del comercio y las ventajas
de la concurrencia ilimitada, de la que Mr. de Sismondi selaló
bien pronto en un manifiesto elocuente y paradójico, las funestas
consecuencias.: Ricardo ha colocado osadamente las primeras bases
del edificio Monetario moderno, .que no se ha elevado,. segun
.
sus
miras, sino por un momento
en
América.
Tales sondas principales causas de la indiferencia general que
los sabios han
,
Tuostrado siempre en el estudio de los hechos
económicos de la antigüedad y de los tiempos posteriores lejanos
de nosotros. ,He creído, seria útil cegar: esta laguna,
y
esponer
su-
tintamente
y
colclarid,ad
los esfuerzos de nuestros predecesores en
la carrera que seguimos. Me limitaré á los, hechos y á las doctri-
(8)
nas mas características de diferentes épocas que pasarán
snice...
—
sivamente á nuestra vista. Atenas, Roma, los bárbaros, el cris-
tianismo, las cruzadas, el renacimiento de las letras, la reforma,
todo nos ofrecerá épocas llenas de tentativas atrevidas y de doc-
trinas memorables. Todo se enlaza , todo se encadena en la histo-
ria general del hombre; á vista de la irritacion de los ánimos, que
se manifiesta en los Estados-Unidos contra la emancipacion gra-
dual de los negros, es imposible no recordar las máximas odio-
sas de los antiguos sobre la esclavitud y desconocer, bajo nom-
bres diferentes, las mismas preocupaciones.
CAPITULO II.
Economia
Política entre los griegos.--Sus aleas sobre la esclavitud--
Admi istracion de sus rentas.--Vivían del trabajo de los esclavos
y de los tributos de los aliados.--Lo que era el Teórico.--De las
clérouquías
ó
países conquístados.--Cada ciudadano se conside-
raba corno censatario del estado.--Lo gire era preciso á una fami-
lia para vivir,--De las' propiedades públícas.--De las minas.--De
la moneda.--El templo de Delfos era un 'verdadero banco de
de-
pós
ito.--Cu
al
era en Grecia el interés del dinero.--Valor quQ
so
daba 4
las ,rentas.--Costumbres de los atenienses.
Sé
leen en el libro I.° capítulo 4. de la
PolZilca
de Aristóteles estas
palabras notables: "La ciencia del señor se reduce á saber usar
de su esclavo; es dueño de él-, no porque sea propietario del hom-
/are, sino porque se sirve dé él - El esclavo hace parte de la
rique.
za de la familia."
Xendonte (1)
propone tomo medio de renta
para la república, estancar los esclavos, y alquilarlos al mejor
pastor despues de marcados en la frente para que no se escapen,
Toda la &lantropia
de los antiguos era aquella, y tambien
tina bite-
na parte de
su
Economia Política. Es evidente que cuando sus fi-
lósofos hablan del pueblo, entienden
-solarnerite el'v:eciadarió
do-
miciliado para
el que trabajaban las masa§ sujetas al yugo mas
intolerable. Su irritacion era estrema cuantas veces. se trataba
de conceder un hombre el título de ciudadano,- es decir. , de ha-
rerle pasar del estado de trabajo al de ind'ependervcia.‘Ntv'habia
;
,
(1)
Medios de
l
atuldtai
:
Ili reatas dé la "Aticá cai)". XI.'
(
9)
lar nadie, hasta el particular' mas modesto', que to poseyese un es.
clavo para la conservacion de su, casa. Las cabezas de familia
de
una mediana fortuna. empleaban
muchos; en moler el trigo, cocer
el
pan, guisar y hacer los vestidos. Se ocupaban muchos millares
en talleres en los que Atenas era afamada ; pero generalmente es-
taban sujetos á Las trabajos mas duros: se les
embiaba
á beber
al
rio
con los caballos.
Era solo para un corto número de privilegiados para los que
las instituciones de la Grecia estaban creadas. Los atenienses no
mostraban mas simpatia ácia los padecimientos de sus esclavos
que
•
nuestras fabricantes esperimentan ácia los rodajes de sus má-
quinas. Pero cuando uno se coloca en el punto de vista de este
cruel estado social, no puede menos de reconocer en muchas de sus
combinaciones suma habilidad y profundidad. La administracion
de las rentas era dirigida con un orden y una exactitud notables.
Todos los impuestos regulares estaban arrendados á empresarios
que pagaban el importe al tesoro público, bajo la vigilancia de los
veedores. Se habla ,establecido una distincion saludable entre d
dominio público propiamente dicho, y los bienes particulares de
los comunes. El producto de las multas impuestas por los tribu-
nales, las rentas de los templos, 141 de las aduanas, eran pagadas á
perceptores responsables, que tomaban razon de las sumas recibi-
das y
perseguian
á los morosos. Un intendente de rentas públicas,
verdadero ministro de hacienda, tenia la direccion de todas la s
pagadurias , disponia los gastos y regularizaba estos gastos segun
las existencias. Administraciones particulares existian para la coas-
truccion de los caminos, de los navios, y de edificios públicos. Todas
estas administraciones tenían sus escritorios y por consecuencia sus
dependilntes, lo mas frecuentemente elegidos entre los esclavos por
que se podia darles tormento para obtener sus confesiones. La
desconfianza popular se llevaba tan lejos que ningun deudor podia
alejarse ni hacer su testamento, hasta que hubiese dado sus
cuentas á los (Adates públicos establecidos para recibirlos.
Todo lo que concernia á la hacienda era sometido al 'registro
de la publicidad.. Se' gravaban en piedra las cuentas dadas, á fin
de que cada uno tuviese conocimiento de ellas y pudiese censurar-
las, El tiempo
nns
ha conservado, casi intactas muchas inscripcio-
nes semejantes y aun alooas piedras en las
nue se halla ,el cuader-
2
(ro)
no de las cargas de
ciertas adjudicaciones, tal como el arrenda-
miento de las salinas, de la pesca
y
de los bosques. El devastador
de Atenas, Lord E!gin, ha traido una de estas piedras que está de.
positada en el Museo británico El pueblo se mostraba por otra
parte implacable contra los prevaricadores y deudores morosos-
Nada era mas peligroso que ser deudor público. Diez dias despues
de
esta declaracion pronunciada en juicio se 'decretaba la prisiom
el sentenciado quedaba escluido para siempre de los. negocios
públi-
cos:
sus hijos y nietos quedaban responsables de sus desgracias al
de sus culpas. Ninguno podia pedir gracia, á menos que el favor
de hablar sobre este asunto no se le concediese por decreto dado.
por 6.000 votos unánimes.. Esta •
estrema
desconfianza en materia
de hacienda no asombrará -á aquellos que conozcan la organizacion
social de las repúblicas griegas.
En Atenas especialmente, el tesoro público era una especie de bol-
sa coman, no solamente para las necesidades colectivas de la po.
blacion, sino también para • los gastos de cada particular. Todo
Ciudadano era] censualista del :estado-, desde
,
la institucion del
Teórico
bajo Pericles;- verdadero- 'premia de asistencia concedido á
la desidia patriótica y charlatana, y que degeneró bien pronto en
una contribucion de pobres. Desde: entonces el pueblo ateniense
quiso ser alimentado y divertido
.
á cspensas
del
tesoro público.
Hubo festines periódicos, fiestas
.
ruinosas, cuyos ordenadores--
buscaban la popularidad á espensas de la prosperidad real del pais.
De aqui el furor de confiscaciones y. de multas, que se manifestaba.
casi siempre en las asambleas populares
.
y del cual Sócrates , Mil
ciades , Temístocles, Arístides
.
, Trasybu-lo, .Cinaon y el gran Pe-.
rieles mismo han sido heridos 6 amenazados sucesivamente. Estas
multas y estas
confiscaciones eran impuestas tanto á
los-
mas gran-
des crimeneS,
como á las mas ligera; contravenciones. El pueblo.
era embrollista , porque era Codicioso; desterraba con el menor
pretesto á los
ciudadanos
honrados,,-.que se .bacian conspiradores.
para volver á
su.
patria , -y
411e
la-asolaron
mas dé una vez porque
no habla sabido ser justa.
Los aliados no eran
mas que
tributarios á quienes
se
imponia
contribuciones en cambio de un contingente de soldados
entera-
mente
arbitrario. La Caria, la Tracia ,, las riberas del
HelesPonto,
Efeso ,
la
•
isla de
Rodas -vinieron asi;á ser verdaderos feudos grie-,
(10
ilr
l
tri
f
4rtel
Plot4/.Tas,
I,,ORO, ciüdadeac
sujetas al yugo
e ei
l
i
9
9
/
. y
PTP
onia
,g
rack
O
gie
l
lt
C
pclikeren cada.wia de,ellas 20
Tciudadanos atenienses de
Apropio,
Algunas veces el despotis mo
metropolitano iba
mas lejos; los atenienses se apoderaban bajo
yidículos pretestos del tercito
,
ride su.s aliados. Las tierras así con-
qu
is
l
q
441 tomaban.. el rnembre` de PkrQuquias;,
los conquistadores
hicieron de
;
ellas.,verd4deras .colonias
de
las qUe .los atenienses
micilidos.componian la aristocracia , siempre dependiente del go-.
laierno central :,
el padre de Platon era clerou,ca. Los ciudadanos
que
el estado, enfriaba: á sus colonias recibian habitualmente ar-
mas
y. dinero,, y llegallan
á,seú bien pronto odiosos á las poblacio-
nesindígenas, que, se,
sublevaron
ras
de una vez para reconquistar
§u independencia. Todo era pues consecuente en el sistema social de
los atenienses; se exigia,rescate dentro, se exigia rescate fuera; aqui
P
o
r Ponfiseaclones y las multas , alli por las contribuciones de
guerra ó por los. monópaless /Nadie pensaba en los recursos que se
1Pae
den hallar en el, trabajo. El furor del
Teórico
hacia inventar
Lada día espedientes nuevos para hacer frente al consumo de estos
sliscqrsistas exigentes, que deliberaban eternamente sin producir
jamas nada,
NO
Pbstante, si el sentimiento
exagerado de su superioridad ci.
ylcá no
hubiese, desviado á los atenienses de las vías regulares de
JA
produccion , ellos hubieran quizá resuelto el gran problema de
lá repartieion general de los productos del trabajo. Todas sus ins-
iauci
on
e
s
tetan por objeto hacer participar á los ciudadanos de
íos
,
beneficips 4e
la ,aso
9
lacion ;
pero excluian á los esclavos, que
formaban cerca de 10, tres cuartas partes de la poblador
'
. El estado
pagaba médieos públicos (Hipócrates lo fue en Menas), profesores,
.artistas encargados del ornato de los monumentos de los que cada
.piudadano
se consideraba
como
coo-propietario; las funciones de no-
tario
,
y de procurador ,
que han llegado á ser entre nosotros un
L94
1
1antial inagotable de exacciones muy onerosas para las fami-
lias,
,
e,staban asalariadas por.
el
:estado, La enseNanza era libre, Los
h
i
iPs_4 19$ soldados:p er
tos ,eq
campaña
recibían
s
,
u educacion á
expensas
del ,teso,ro
,
pli,blico,,y los
!ludamos hallaban en la
solici-
tad de los
Inlgislrabs
.
una
proteecion enteramente paterna
l
. De-
,rnMenes
.cPcrOinfi,
su
reputacion de
orador litigando
con sus tuto-
res, centra quienes ganó su primer pleito. Los atenienses tenian el
( 2 )
principio
tl
pio general
de que
nitIgn
ciudadano deb
-
la padecer necesi
dad y concedian socorros á aquellos qué sus achaques corporales ha-
ciau incapaces de proveer á su
r
Subsistencia. I
t
ero esta liberalidad
de que
usaban
ácia sí mismos, produjo bien pronto sus cmise-
cuencias naturales, málliplícando esCesiVaniente el número de ocio-
sos hde imprevisores;
y cuando
las desgracias • de 'la guerra del
Peloponeso agotaron los recursos-del itnpuesto,h miseria se mostró
con to los sus horrores. Fue preciso estiblecer urvi 'verla-ler
:
a con-
tri b.iciaa de pahres, cu
i
o intprte ha- discutido
,
con Su
aCostu mbra-
da claridad el profesor iloeckh ,
•
en s i escelente
obra
sobre la
Eco-
ala
de los 'atenienses
(i)
Al
mismo tiempo el' espíritu de
asociaciou les ayudaba á luchar contra
.
la
escasez: del tesoro. Mu.-
dios particulares se reunieron
.
en una sóciedad. llamada
Erarios
coa
la condieion cle poner una cantidad que era repartida segun las
necesidades de cada uno. Esta sociedad llevaba el nombre
de
co-
nu
►
idad de
los
eranistas
y- elgefe se llamaba -Eránarca:-
A este habito anti-económico de vivir casi siempre á
espensas
de! te
soto
público han debido los griegos •la pérdida de sur liben
tad y el pacodesarrolla- de su poder Habiendo to-
mulo un carac-ter periódica las distribucicnes públicas, todos los
ambiciosos que aspiraban á latopoptiTaridad , compraron el
afecta
de la muchedumbre con liberalidades que
agotaban el
estado,'
.
sin
enriquecer á los donatarios. Platon observa
(
con justicia que
este
fatal sistema habla hecho á los atenienses perezosos, codiciosos, in-
trigantes é inconstantes. Perkles, que fue autor de este
abusa
no
se hacia ilusion sobre sus
inconvenientes, pero
como
le era nece-
saria
para conservar su poder , persistió en él.. De aqui nacieron
los manejos perpetuos
de los oradores que tenian interés en adu-
lar
á este soberano de
20'.000
.
cabezas que se
llamaba pueblo,
y
cuya
codicia
no poda ser saciada sino con impuestos enormes
so-
bre
los ricos 6 por confiscaciones. Los demagogos llevaron esto
al
punto de declarar públicamente en
Sus-arengas que sino se con-.
denalm
.
á tal d cual cludadano,•
seria
imposible atender el
mante-
nimiento
del pueblo. Los ricos amenazados se suicidaban
algunas
veces para conjurar la
tempestad;
entonces se
hacia un reparti-
miento estraordinario en el que todos
los
descontentos tenian par-
te. De este modo (lió
principio el
Teórica,
y
Demades osó decir en
(1) Tomo
1. capítulo XVii.
(
13)
a
r
vtdque,las' distribuciones en
dineró
eran
el cimlento de la
de-.
ziriocrada. Y rtó se've
dispues dé
2.000
ri
años de distancia reno-
_
d
'vado el mismo sistema de los griegos en el salario, de
4o,sueldos,
por
dia,
senalada
en r 79a á los
seccionarios
de- Paris?
Toda estaba calculado entre los griegos, para asegurar los sa-
larios á cada clase de ciudadanos. Los oradores se hacian pagar por
hablar, y el pueblo por °irles; los jueces, verdaderos jurados, no
eran tampoco olvidados Sea por política, sea mas bien para
ase-
gurarempleos á las notabilidades populares , se acreditaban en ca-
da potencia, dos, tres. y hasta diez embajadores á la vez. Varios
pregoneros y ciertos, copiantes de los decretos del pueblo se hacian
alimentar en el
.
Pritaneo, en, el que sin duda tambien el estado les
daba habitaciones. Habla músicos'y poetas pagados; en fin la multi-
tud de asalariados era tan grande, que fue preciso establecer re-
glas severas contra la acutnulacion, esta lepra de nuestra hacienda
moderna. Es facil formar una idea de la enormidad de los im-
puestos que exigia el pago de todos estos salados , cuando se sepa
que
-
la mas pobre familia de cuatro personas no podía vivir con
menos de una renta equivalente
á 400
frs.
de nuestra moneda , si
no se contentaba únicamente con pan y agua: serian preciso pues
recursos mucho mas considerables para vivir decentemente. Ade-
mas, la piedad de los griego ácil los muertos les llebava frecuen-
temente
á hacer grandes gastos para los funerales, y para los sepul-
cros; empleaban una cantidad notable de riqueza en muebles, ves-
tidos y joyas: la mayor parte de las buenas casas no encerraban
solamente los objetos necesarios para los usos ordinarios de la vi-
da
i
sino generalmente los instrumentos indispensables, al ejercicio
de muchos oficios, tales corno el del tejido y la paoadeda, ejercido
tn él domicilio por los esclavos. La vanidad condujo al lujo de los
vasos preciosos de aro y de plata,
y se
multiplicaron de tal mo-
do que, para suministrarlos á los que no podían pagarlos, fue-
ron obligados á fabricarlos' de un espesor que rea escedia al de la
epidermis. Ahora bien si se considera que Babia cerca de .to.000
casas en Atenas, independientemente de las construciones
de
los
puertos, villas y aldeas, y al rededor de 36o.000 esclavos, se podrá
formar una idea de la riqueza acumulada en esta reptíblica, y por
analogía, del poder relativo de las otras repúblicas griegas.
presunta, tcida.via, con sorpresa, como los atenienses habian
(14)
llegado á pagar estos emolumentos universales
distribuidos:á lag
diferentes clases de ciudadanos. En el principio, los templos y,
logg
sacerdotes eran mantenidos comedio de los terrenos sagrados, con los
diezmos territoriales y con los sacrificios (1) ; los magistrados del
orden judicial recibían sus derechos en especie. Mas adelante, cuan-
do Solon dividió al pueblo en cuatro clases segun su grado de for-
tuna, á cada una se la impuso una contribucion tomando por ba-
se el capital que se suponia disfrutaba, de manera que la mas rica
pagaba en una proporcion de su renta mas considerable que
la
mas
pobre:
este
modo de imposicion parecia tener todos los caractéres
del impuesto por cuota. Para establecerle, sobre una base equitativa,
cxistia un catastro de propiedades que era revisado cada cuatro
arios. Este catastro no llenaba, con todo, el objeto de nuestros regis-
tros de hipotecas: el prestamista que quería tener garantia se con..
tentaba con poner un límite, sobre el que escribia su nombre, en
la finca de su deudor. Ademas del impuesto de cuota que produ-
cia por sí solo sumas considerables , y los tributos de los aliados,
especie de contribucion de guerra rigurosamente pagada en tiempo
de paz, los atenienses tenian las rentas de las minas, las multas y
productos de las confiscaciones de que ya hemos hablado, y los dere-
chos de aduanas. El estado y los comunes poseian propiedades cu-
yo arrienda producía sumas importantes. Estas propiedades consis-
tían ordinariamente en pastos, bosques, casas y salinas: se daban á
censo perpétuo ti par tiempo determinado á un asentista, el que se obIL
gaba á entregar las rentas, á plazos seaalados, en las cajas del tesoro.
Los griegos, y principalmente los atenienses , manifestaron
muy temprano su aversion á todo lo que pareciese impuesto per-
sonal y sobre todo impuesto territorial. No había
entre ellos con-
tribucion de puertas y ventanas. Sus rentas habituales procedian
de dominios públicos y de bienes de los comunes. Gustaban sobre
todo imponer euotas á los
estrangeros ,
y' recurrían_ desde luego
aun en circunstancias ordinarias , al arbitrio de impu
e
stos
indir
rectos, establecidos por otra parte con una gran moderacion. Pero
sobre todo al producto de
sus
minas es á lo que dieron, en todo tientr
po siempre una importancia particular, Las de la Ática y del
Lar
t
-
riurn parecian haber suministrado desde el origen tesoros
COU-,
(1) Se llamaban sacrificios en Atenas á las fiestas religiosas en lasque se inmolaba«
algo as veces basta
300
bueyes,
de
,
los cuales $e dislribuia
al
.
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y 'educar' á ids'hi5i3I'llhe'dieSét
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en donde cada 'ciudadano no'tehia mas qhe
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Mesa', seguro' de hallar la comida dispuesta con tal que él .tráges
et
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Iá‘vpue§f0k ni tesoro páblicol
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y iio"olisúante, sí heín'ost'de
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'
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álgsitkas
I
veces ;
el
ril.dio
dé Prestar' dinero. Habiendo `recurrido' á él los diputados de
SamOs ríos asegura Aristóteles que la asátnblea general dispuso un.
dé''24 'horas,-
corúp'rendi'enclo hornbr'és
y
.anitnktle'sf
pára-bbt'eíret'-
;
un li'géro
:
áliOrrá dar 'á los
aliados., Puesto
que
estsiha`
prohilMiido'cormprat'y
vender, para
,
qué
s
servia
.
éh dinero' en
Esparta? A pesar de todo mi respeto por la antigüedad, temo
mucha qUe estas historias de empréstitos y muchas mas sean ver-
daderlis Éthlas
f
. Dique hay de cierto ;sin
,
embargo ; es' que ha exis-
tido 'tina-época en 'que la idea de la propiedad pareció/ borrarse en
Esparta'; para
'
dar lugar á un indiferentismo patriótico fundado eri
la ausencia Casi total de las necesidades personales; porque la le-
gislación de Licurgoera muy consecuente: destruyendo las bases
de
,
la›propiedad,'debia hacer
una
guerra infatigable'al deseo de ad-
tiuiriefa
y
por consecuencia á todos los placeres que le sostienen.
Esto en
`
efecto, lo que el legislador había previsto. Todos los
nifiós, sustraidos desde la mas tierna edad á la influencia mater-
nal, cesaban de pertenecer á sus familias para
ser
propiedad del
estado. Se les educaba en comunidad
,
, cualquiera que fuera su ori-
ten
/
siguiendo principios invariables, bajo la
vigilancia
cielos ata-
Ilistrados
rcási
en la plaza pública.' El azote era mirado como una
ínstitucion, por excelencia: se despojaba á los !tinos de sus cabellos
en atencioa .á la limpieza; marchaban descalzos en todas las esta-
ciones; dortnian sobre una canta de hojasde
Se
les enseñaba á
'hurtar frutas para sus
cornid,as,
y,se, les .azotaba si eran descubier-
tos.
Llegados
á la •adolescencia,
un;nuevo
aprendizage, comenza-
iaa para ellos
/
el de la,guerra
4
, y se ejercitaban en ella con tal audacia
qué la sangre
corria en
aquellas
palestras repugnantes en donde se des-
pedazaban
ca4
destruidos, á vista de sus madres.
"Tu
me xuuerdes como
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la raza
y
de fortalecer las„ :generaciones?: No me sorprende que
el
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una
vez.
Esparta lato,intmt4
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reititol. Leemos en
uta
rpo
,
que las casas de los
Lacedémonlos
;
eran' muy pequeñas ,y construidas sin arte, No se
trabajaban las puertas mas que con la sierra, y
las
mesas sino con
el hacha; los troncos de árboles lapenas despojados de su corteza
sbrvián de vigas habitaciones .bieuldignas de tal:pueblo ,:
y,qUe,
pa-
recen, Mas bien-pertenecer á, tribus errantes que
:& ',una
nación ci-
zvilizada. ¿No tenia011orror, al:bien lenguage, á las ciencias que
llamaban vicios, y á todo lo que hace la gloriad-el encanto de la
vida? En• su teatro mismo, no preferian los luchadores á los
poe-
tia
l
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Es todo 'cuanto ise, puedefiedr,
•
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antes:_ industriales _tengan poco
lugar-en siMttnia Qn4
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caminaban frecuentemente descalzosy sin nada en
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Scitado
Irásta
el
mas alto grado la adnairacion de lóSántiguos• in:oder-nos: Aris-,
ióteles, Platon,
:
Xenofonte nos han: dejado de ellas pinturas
vivas
!
y
animadas. '¿Pera estas?pinturas
:
no. deberán
;
considerarse corno
obras de imaginacion';: mas biew
:
que coin'o: serios, tratados científi-r
cos?
No-e§(preciSo, ít-iiitarláS
.
conio
<
iina tesis: 'filosófica en lugar
de
tina doctrina económica?
YO-
,
rio pueda decidinne,enteramente'por
este dictamen.. Las instituciones •de la Grecia no son nacidas, del
acaso; l'a mayor parte de ellas han sido, el fruto de
.
meditaciones
de muchos hombres:célebres
q
ue, 'han,.ptoseguido
.
su desarrollo
con unainflexibilidadl de lógica entetatnente sistemática: Se diri
►
que querian 'ver el' resultado de sus' esperimentos, corno éntre no-
sotrcis el poder ejecutivo mira la aplicacion. de las leyes que su ini-
ciativa ha producido:
;Cnairdo Platon escribia los diálogos que
:
componen su
Tratado
de lit repúblicil,
probaba
"
bastante claramente que la Economía Po-
tát corno nosotros la com
i
reiidémos en nuestros. Bias , no
era estraila á sus mas ilustrados contemporáneos. Manifestó las
ventajas de la distribucion del trabajo con' una claridad completa
y nos' parece haber arrebatado á Adan Smith el mérito de
,
este
desetibrimiento
l
, yá que no la anterioridad de la
detnoStPacion.ESte
es
el momento
de citar los pasages in
g
s
í
)turiosos
.
dé esté diálogo
tan
natural, tan verdadero y tan ad niirable orsá exactitud y sencillez ( ).
"Lo
que da origen á
sociedad, es la imposibilidad len que
estamos< de bastarnos
:
á nosotros ntismos
i
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,
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11. Pr
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4 y, la, mayor de todas;
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segunda necesidad es:la de la habitacion ; la ,tercera
del vestido? -- Sin duda. -- ¿cómo nuestra ciudad: podrá atender
á
estas necesidades? No seria preciso para esto, que uno sea la-
brador , otro arquitecto „otro ¡tejedor ? Añadiremos un zapatero ó
algun artesano análogo ?--Preciso.-,-Lnego toda la ciudad está
CQ111.•
puesta de fnuc
-
has personas ; pero es: preciso que cada uno de los
habitantes trabaje para todos los denlas ; que el labrador por ejem,.
plo, prepare de comer para cuatro y que él ponga en esto cuatro
.veces mas de tiempo y de trabajo , ó ¿no seria mejor que, sin ocu
parse de los definas, emplease la cuarta parte del tiempo en pre-
parar su alimento y las otras
tres
partes en, edificar una
,
casa en
hacerse vestidos .y zapatos?--Me parece que el primer modo seria
mas -.cómodo para
él.
En efecto, no todos-nacemos con los mismos,
talentos y cada uno manifiesta disposiciones
,
,particulares. Las co-
131XS
irian pues mejor, si pada :hombre se limitase á un oficio , por:,
que la tarea es mejor hecha y mas cómoda cuando es adecuada al
gusto del individuo y le deja desembarazado de todo otro cuidado."
Seguramente que las ventajas de la distribucion del trabajo no
ha sido jamas definidas mas claramente que en este pasage notable:
Bien pronto vamos á ver con que ingenioso arte el autor será el' mis-
mó conducido á la definicion de la moneda. lie aqui pues,
,un
uno de los interlocutores de Platos) los carpinteros, los herreros,
y los otros obreros que quieren entrar en nuestra pequeña ciu-
dad y estenderla. Será casi imposible, desde luego, hallar un lu-
gar de donde ella pueda sacar todo lo que es necesario á su subsis-
tencia.--La ciudad tendrá necesidad de personas que hayan á bus-
car á la vecindad lo que podrá faltarlas.--Pero estas personas vol-
vieran sin haber nada recibido, si ellas no llevan á los vecinos con
que satisfacer tambien á sus demandas.--Seguramente, y será
precisogentes que se• encarguen de la
importacion y de la esportacion
de
las
mercancias. Estos son los que
se
llaman comerciantes,,Eso
es lo 'que
yo
,ereq, ,y tambien si el comercio
se
hiciese por. ,mar,
ahí una multitud de gentes necesarias para la navegacion.--Peroí
.en la ciudad, ¿cómo, nuestros ciudadanos participarán de su xnú.-
tuo trabajo?--Es evidente qne
,
será por venta y compra.--Nos
e$
preciso pues un mercado
y una moneda, símbolo del contrato.»
(25)
s'e.éreerial).a1
,
Jeer
éstas
.
líneas tan sencillas
y tan precisas,
D
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r4ores tratados- de Emnonaja política? Es
e,fecto,,esponer con mas claridad
la
marcha natural del
lesa
p
ollo industrial en, una. .ciudad naciente. A medida que es-
ta ciudad
iinaginarivse
enriquece, su
situacion
se complica; la
distribucion de las riquezas se hace en ella de una manera desi--
gual:r causa Mu'chas cuestiones que no son fáciles de resolver.
"¿ Qué
es
lo que. pierde á los artesanos
r pregunta Adimantes
(1)
Y
Socrates
responde: la opulencia y, la
.
pobreza, Cómo es esto?
Vedlo aqui. El alfarero llegando á ser rico, se ocupará mucho en su
oficio?--No. —¿Llegará á ser de dia en dia mas holgazan y mas
descuidado?,-Sin duda.,-Y por consecuencia mas mal alfarero?--
Si.--Por otra parte , si la pobreza le quita los medios de facilitarse
herramientas, y todo
,
lo que es necesario á su
arte,
su trabajo lo
padecerá; sus hijos y los obreros que el forme serán menos hábi-
les.--Esto es evidente.—Asi las riquezas y
la
pobreza dañan igual-
mente á las artes y ,á los que las ejercen, -- tlay probabilidad en
ello.--
He aqui pues dos cosas á las que nuestros magistrados tendrán
mucho cuidado de cerrar la entrada de nuestra ciudad, la opulencia y
la pobreza: la opulencia porque engendra la molicie y la desidia; la
pobreza, porque produce de la bajeza y la envidia: y una y otra con-
ducen el estado á una revolucion." Es preciso reconocer aqui la
perfecta competencia de los antiguos para examinar las mas graves
''cuestiones de la Economía Política, Despues de mas de
2000
años,
aun no hemos phtenido la realizacion del suelo de Platon , de
de este justo medio económico que asegurase á cada uno una igual
repartieron de los productos del trabajo. Tenemos siempre alfareros
enriquecidos que descuidan su arte, y obreros pobres á los que es
preciso suministrar herramientas que no tienen proporcion de ad-
quirir . Hace pues muy largo tiempo que se piensa en estos terri-
bles prablern ts estado social, que laS revoluciones tocan siem-
pre sin resolverlos ja;nas. Dictadura, esclavitud,libertad, violencia,
asociacion , aristocracia, democracia; todo se ha empleado para
ello y el enigma perrnanece
.
aun indescifrable; ¡dichosa nuestra ge-
-neracion, si la ciencia le "proporciona resolverle !
Despues de haber tan ingeniosamente definido la Ciudad y
el analisis de la distribucion del trabajo, Matan se detiene de re-
-
(1)
Uc la Repúblicalil›.it.
(26)
pente y aconseja la mancomunidad de las mugeres y de los
tillos.
"Yo propongo, dice , que las mugeres de nuestros guerreros sean
comunes,
todas d todos:
que ninguna de ellas viva en particular
con ninguno de ellos; que los hijos sean comunes, que estos no co-
nozcan á sus padres, ni sus padres á sus hijos. ( )" Cito
lite-
ralmente
este pasage admirable, para dar una idea del grado de
osadia á que el espíritu sisteinatico pudo conducir á uno de los
mas grandes genios de la antignedad. La comunidad de los bie-
nes, otra quimera, es tambien considerada por Platon como un
remedio soberano para las llagas mas inveteradas de la socie-
dad. No habria con ella ni turbulencias ni desórdenes, ni inso-
lencias, ni servilismo. La usura desapareceria con la avaricia y
-los vicios que el amor inmoderado á las riquezas multiplica, entre
los hombres. Ningun pleito, habria; por lo tanto tampoco sutile-
zas ; vivirian todos corno hermanos. " No esperemos , con todo
eso, añade Platon, realizar el plan de esta perfecta república. Co-
mo los pintores hábiles diseñan con grandes lineamientos los mo-
delos de una belleza ideal, imposible-de hallar en los individuos,
del mismo modo nosotros
no queremos mas que dar un tipo aca-
bado; cuanto mas los legisladores se aproximen á este modelo
mas propia será su constitucion para conducir á los hombres á la
felicidad." Tal es la opinion que el mismo Platon tenia de sus
doctrinas, miscelanea notable de observaciones exactisimas y. de
ilusiones, indignas de atenderse; por ésto no sabemos conciliar los
sueños de igualdad que agitan á este filósofo, con
e
,
s u profundo des-
precio para con las clases laboriosas." La naturaleza, dice ( ), no
ha hecho ni zapateros, ni herreros,; semejantes ocupaciones degra-
dan á los que las ejercen , viles mercenarios, miserables sin nom-
bre que estan escluidos por el estado mismo, de los derechos poi-
liticos. En cuanto á los comerciantes, acostumbrados á mentir y
engañar, no se les permitirá en la ciudad sino como un mal ne-
cesario. El ciudadano que se envilezca siguiendo el comercio de
tienda abierta
será perseguido por este
delito.
Si
es convencido, se-
rá condenado á un año de prision. El castigo
,
será doble á cada
reincidencia. Esta clase de tráfico no será permitidasino á los es-
trangeros que se hallase ser los menos corrompidos. El magistra-
- do tendrá un registro exacto de sus facturas y de sus ventas. No
se les permitirá obtener mas que una corta ganancia . " Xeno-
(
1) De la República. l.
(1) Tratad* de las leyes. lib. XI.
'J*7:1
Ponte no
-
es menos explícito. Dice que " las artes mecánicas son in-
fames
é
indignas de un ciudadano. La mayor parte desfiguran el
cuerpo. Obligan á sentarse á la sombra, ó cerca del fuego. No de-
jan tiempo ni para la república ni para los amigos."
Esta es la doctrina de los
hombres ociosos ( honunes (le loivir)
resucitada entre nosotros y que reasume toda la Economía Políti-
ca de los antiguos . Mr. de Sismondi (i)hace notar con mucho jui-
cio que á lo menos habian reconocido siempre que la riqueza no
tiene precio sino en tanto que contribuye á la felicidad general , y
por no haberla considerado abstractamente es por lo que han te-
nido frecuentemente en ésta materia ideas mas justas que las nues-
tras. La Economía Política de los Griegos era eminentemente gu-
bernativa y reglamentaria. Sus escritores quieren que la ley se
mezcle en todo y no deje casi nadad á la libertad individual de los.
ciudadanos. La ciudad no es para ellos mas que una vasta asocia
cion en donde cada habitante hace un papel convenido, 6 bien una
gran maquina de la que él representa una de sus ruedas. Ellos se
ocupan esclu;ivameute de las masas y descuidan á el individuo;
peligroso esceso junto al que no hay nada mas temible que el es-
ceso contrario:, en el que parecen caer en nuestros días las grandes
naCiones civilizadas por la industria. Y cuando se habla de ma-
sas en Atenas, es preciso no perder de vista que se trata solamen-
te de este pequeño número de hombres libres que se hacian ali-
mentar por multitud de esclavos. En este sentido Mr Dunoyer ha
tenido razon pállk decir "que la esclavitud de las profesiones útiles
liabia sido el rgirnen económico de toda sociedad naciente (2)." Bous-
sean 'pretende que este régimen sea indispensable «porque hay
posiciones desgraciadas en donde no se puede conservar su liber-
tad mas que á espensas
de ,la
del otro,. y donde el ciudadano no
puede ,ser perfectamente libre á menos que el esclavo no sea per-
fectamente esclavo( 3 ). Esta singular doctrina prueba hasta que
punto los mejores ingenios han podido estraviarse en su ciega
adiniracion por las instituciones de la antiguedad ; pero no es va
permitido hoy aja estraviarse con ellos. Un estudio mas filosó
fic.o de la
historia antigua
nos
manifiestará á los Griegos como pre-
sa de
las disensiones civiles, de la guerra estrangera, de las
in
(1) Nuevos principios de Economía Politica , I.
c. 11/.
12)
Nueve
tratado de Economia social, t. 1 paz. 234. (3) Contrato social. lib. HL
(
2
8 )
rigas del foro, por consecuencia
.
de la ociosidad en que le pera
rabia vivir el trabajo de los esclavos. Ellos sobresalian en con-
ducir un
carro en la
carrera, .en disputar sobre las sutilezas gra-
maticales, en
.
componer una
,
mala música , y
'
convirtiéndose en
retóricos despues de haber sido ladrones, hán perecida por fal-
ta de valor para defenderse -,y por falta de dinero para hacer-,
se defender por mercenarios.
La Economía Política de Xenofonte no estriba en otras bases
que la de Platon. Todas las veces:que se trata de analizar las ope
raciones del tra bajo,- de retroceder al origen; de las:rentas, de deter-
minar la utilidad de las cosas, la claridad de este-escritor es ad-
mirable; pero desde que se trata de la repartician de los produc-
tos, las preocupaciones griegas, recobran su imperio, y el autor re-
cae en la política de Platon y de Aristóteles„ fieles, intérpretes
de
la oligarquia contemporánea.: Que desgracia que estos hombres tan
hábiles en esponer los fenómenos esenciales de la produccion ,
no
hayan deducido mas j aiciosamentesus- consecuencias. Escuchese á Xe-
nofonte en sus definiciones:. "Es, necesario
na co
►
nprender
por
bien?
sino lo que puede sernos tierras que cultivamos no son
bienes, cuando perdernos sis caltivo.--E1 dinero, mismo
.
no es nn
bien, sino se hace usa de él." J. B. Say no ha dado una definicion
mejor de los capitales productivos
é
improductivos. El autor grie-
go dice en otra parte estas palabras. notables:
Se tienen los brazos
muy largos cuando se
tienen
,
los de todo un pueblo.
Propone con-
ceder gratificaciones á. los individuos del tribunale comercio que
terminen 'Os pleitos con mas justicia y celeridad ; pero nos'parece
means feliz cuando sostiene
que la 'grande abundancia de dinero
no le hada bajar de precio. Por lo demas , los escritos de Xe-
nofonte, aunque llenos de consejos ingeniosos á los agricultores y
de consideraciones muy importantes-para tos filósofos, no
pueden
darnos una cor.11eta idea dé las verdaderas
mira's ecóriórnicas'de
los
antiguos. El autor se hl lirnitádo á recome
'
r«-tár la tern'planza,
la
actividad, la buena dimribucion del trabajo. Ha trazado cuida-
dosamente las atribuciones del hombre y de la tringer bajo- la in,.
fluencia del tnatri'lñonici,
las
v
j
tvtáPis -"del orden , de 'la érnulacion
y
"de
recoinpensas.
Y
d
es
pués- rnanifeitabáCóri eiíergia' el''pro-
fundo
desprecio que
leinspiraban los trabajos manuales. "Las gen-
es- que se eutregan á' él nos dice, no son jamas
.
elevadas á empleos,
(
2g)
y se tiené.en esto mucha razon. La mayor parte, condenados á
estar sentados todo el dia, . algunos tambien
á sufrir un fuego
con-
tinuo, no pueden dejar de tener el cuerpo alterado, y es
muy di-
f
i
cil. queél espíritu no se resienta de ello.,Adetnas de esto, el tra-
bajo lléva
,
todo el tiempo; no se puede hacer nada por sus amigos,
-ni por el estado."
Esta
es la conclusion forzada de todas las teorías económicas
de los
.
antiguos.
No
se concibe al leer estas vehementes filípicas
contra la clase artesana ,corno sus
mismos
autores se hayan dignado
descender hasta escribir tan bellas cosas en favor
de estos
tra-
bajadores, á quien en todas ocasiones abruman con sus sarcasmos y
sus
desprecios. Solo la agricultura pasaba á los ojos de los antiguos
por una industria respetable, y es para ella sola para quien reserva-
ron su solicitud. y su admiracion. Xenofonte la consagra la parte
mas importante de su. Económico.. Trata en el de los medios de
formar buenos arrendadores, de conocer las propiedadesde un ter-
reno, los tiempos favorables á la labor , á las sementeras y plan-
tios, de los desmontes, y del comercio (te granos; pero tan sucin-
tamente, y de una manera tan sentimental , que su libro, á
pesar de los datos escelentes que encierra, perece mas bien un ca-
tecismo de moral que un tratado científico. No obstante se reprodu-
cen-en él las preocupaciones habituales de los antiguos sobre cier-
tas cuestiones importantes de la ciencia, particularmente en favor
de los metales preciosos. "El dinero, dice Xenofbnte, no se parece
á los dernas productos de la tierra. Que el Mermó el cobre lleguen
á
.
ser comunes, hasta el punto que las obras hechas con estas ma-
terias se
vendan á demasiado bajo precio, y he aqui á los obreros
arruinados completamente. Lo mismo digo de los labradores, en
el año en que el trigo, el vino 6 los frutos son muy abundantes.
Pero con el dinero sucede lo contrario. Cuantas mas minas
se
des-
cubran
y
masselas
-
esplote,
mas los
ciudadanos se esforzarán en
hacerse sus poseedores:... En caso de guerra, el (linero es necesario
tambien para alimentar á las tropas y pagar á los aliados. Se me
ob-
jetará
quizá
que el oro es por
lo
menos tan útil como la
pla
ta. Me
guardaré bien de'sóstener lo contrarió.Observaré
solamente que el
oro ..lIe`gadn á ser mas
Cómun que la plata, haría subir esta y ha--
¡aria el mismo? (r).
(1)
De
los
medios
de aumentar las rentas de la Mica , cap. IX.
( 3o )
De este modo, en los
gobiernos de la Grecia tan frecuente-,
mente citados como modelos de patriotismo, no se hacia la guer-
ra sino con dinero, no se encontraban defensores y aliados mas que
á este precio. iY corno hubiera podido ser de otro modo? La clase
rica era la única que tenia el privilegio de ciudadanía; estaba sin
cesar ocupada en intrigas políticas y se veia obligada á confiar á
mercenarios el honor de proteger la independencia nacional. Llegó
el dia en qne las leyes de Licurgo y las de Solon tubieron un des-
tino comun. Las partes que estos legisladores habian creido asegu-
rará cada ciudadano' en la propiedad del territorio, fueron al
fin
absorvidas par algunos ambiciosos, y cuando los peligros esterio-
res estallaron, nadie quiso defender una patria que habia llegado
á
ser
la propiedad de algunas familias.
Esta
crisis
fatal parece aun mas inevitable cuando se leen los
tratados económicos de Aristóteles. A decir verdad , estos escritos
pertenecen mucho mas á la política que á la Economía Política;
pero esponen con una claridad y un orden tan perfectos las doc-
trinas económicas de los griegos, que
se
debe considerarlos como el
monumento mas precioso de su historia. La política de Aristóte-
les está dividida en ocho libros; examínanse en ellos sucesivamen-
te los elementos de la formacion de las sociedades, las cualidades
que distinguen al buen ciudadano, las diferentes formas de gobier-
no, las causas de las revoluciones, y las bases sobre las que debe
reposar toda buena legislacion. Nada es mas singular que los razo-
namientos con que este publicista ingenioso ha procurado justificar.
la
esclavitud como una
institucion de derecho natural.
"Es la mis-,
ma naturaleza, dice (i), la que ha creado la esclavitud. Los anima-
les se dividen en machos y hembras El macho es mas perfecto?
manda. La hembra es menos perfecta, obededece. Luego hay en la
especie humana individuos tan inferiores á los otros como el cuer-
po lo es al
alma 4 como la bestia lo es
al
hombre; estos son seres
propios para solos trabajos corporales y que son incapaces de -ha-
cer nada mas
perfecto.
Estos individuos son destinados por la na-
turaleza á
la esclavitud, porque no hay nada mejor para ellos que
obedecer. ¿Existe pues, á vista de todo esto,
;
tan grande diferencia
ernre el esclavo y la bestia?
Sus servicios se,
parecen ; es por el cuer-
po solo por lo que nos son útiles. Concluyamos pues de
estos
prin.
(1) Política,
lib. I, cap. al.
(3i)
cipios
que la nataraleza crea hombres para la libertad, y otros
para la esclavitud; que es útil y que es justo que el esclavo obedezca."
Despues de haber proclamado estos raros principios sobre los
que descansa todo el edificio de su política, Aristóteles examina ba-
jo el nombre de
especulacion
la teoria de las riquezas de las que quie-
re hacer (
p
ila ciencia aparte, y que propone se llame Crematística.
D'ir. de Sismondi ha parecido dar mucha importancia á la adop-
cion de
,
esta denorninacion esclusiva,.que no
tiende
á nada menos
que á limitar la Economía Política á los simples elementos de la
producción de las riquezas. Pero los esfuerzos del sabio profesor de
Ginebra no han podido inocular á los economistas modernos esta
sutileza del filósofo de Estagyra. Hay otra cosa para nosotros mas
que el estudio de la produccion material, en la ciencia cuya histo-
ria trato de escribir; todo el mundo concuerda en hallar en ella
los medios de mejorar la suerte de la especie humana, y el mismo
libro de Aristóteles ofrece la prueba mas incontestable. ¿ Porqué
habria unido á
sus
ensayos atrevidos de organizacion social todo
lo que concierne á la ciencia de las riquezas, sino hubiese consi-
derado estas grandes cuestiones inseparables ? i0jala que hubiese
sido tan dichoso en lo uno como se ha mostrado ilustrado en lo otro!
Apenas ha espuesto en que consisten los bienes que el llama
naturales, cuando se entrega al estudio de los que llama artificia-
les. «Todo objeto de propiedad, dice ( ), tiene dos usos, ambos in-
herentes al objeto con un destino particular. El uno es el uso na-
tural, el otro el uso artificial. De este modo el uso natural del cal-
zado es de servir para andar, su uso industrial es ser un objeto
de cambio. «¿No se creeria leer la definicion del valor en uso
y
del valor en cambio, popularizada por Adan Smith, y llegada á
ser en nuestros dias la base de todos los tratados de Economía Po---
laica? Aristóteles no ha espuesto con menos verdad y claridad las
ventajas de la moneda. Despues de dar una ojeada sobre los dife-
rentes' géneros de comercio esplica muy bien como la necesidad
hizo inventar la moneda.
«Se convino, añade, en dar y recibir en las transaciones una
materia útil y de una circulación facil. Se adoptó para
éste
uso el
hierro, la plata y otros metales. Este primer signo
de
cambio no
varió desde luego sino enrazon del ,voiumen y del peso: en,segui-
Oa
Politica lib. 1 c. Vl.
X32)
da se la
hiv),
un:1
serial
Tia
mostrará el valor, á fin
de estar dis-i
pensada de to
da otra comprobacion. Despues de la adopcion
necesa-
ria
de la moneda para los cambios , se hizó•
una revolucion en la ma-
nera
de especular : el
tráfico aparecío. Quízá fue poco complica-
do
:
en su origen: luego se hicieron combinaciones mas hábiles,
á fin de. sacar de los cambios el mayor beneficio posible. De ahí
pro-
cedió
.
que se ha acostumbrado á limitar el arte de la especulacion
á solo la moneda;
se ha
creido que la canica funcion
del especula-
d ,r era ano a toaar in•!tales preciosos, porque el resultado definitivo
de sus
operaciones es ad
l
uirir
oro y rivezas.
Con todo ¿ la mo-
neda no será
un
bien imaginario? Su valor está todo en la ley.
¿Don-
de está .el
que tiene en
la naturaleza Si la opiniori que le admi-
te en
la
circulacion.liega.á
cambiar, ¿en donde está.su valor
po-
sitivo?
sqie
necesidad de la vida podrá aliviAr? Al
lado de un
monto!,
de, oro faltaran los mis indispensables alimentos."
¡Qué lo-
cura -llamar riqueza
á. una abundancia en cuyo seno se puede
rno-
•ir
de hambre
.Es
iniposibié
caracterizar
de
un modo mas justo las verdade-
ras
propiedades de
la moneda. En otra parte
Aristóteles ha
apre-
ciado con la misma exactitud las consecuencias de
la usura
y las
del espíritu de
monopolio. "Un
siciliano,
dice,
tenia una
cantidad
de dinero en.depOsito.
Compró con
ella .todo el hierro
que se. ha.
liaba en las herrerias.Presto'los.Comerciantes llegaron de diferentes
puntos •y
no-encontraron hierro mas
que en:su casa. Nohabia
Lid
°
demasiado el. precio ; pero no obstante dobló su fondo que
era de So
talentos».
Se ha
censurado ,
y
con razon , á mochos economistas moder-
nos de no haber comprendido. en sus valuaciones de la riqueza ptí-
Mica mas que á los productores materiales,
,
corno si el magistra-
do
`
-
que administra la Justicia no prestara á la sociedad tantos
servici')s-
coito los labradores ó
los artesanos..
'Platos mismo ha
eaido-en este error
que es refulado
,
con
:
viveza por Aristóteles "Y
que! la ciudad no será constituida mas que -para neeesidadesTi-
sicasHos zapateros
..;
y-
los labradores bastarán
-para
,
iodd!
¿Cual es
la
parte•el
hombre que le constitnye-esencialnuente? Es el alma
mas bien que el cuerpo. ¿Porqué pues lassolas'profesiones que pró-
veen,á las primeras
,
necesidades-com`pondrán,ellai una ciudad, mas
bien que
la profesion
es
de
arbitro
imparcial de los derechos, la de
(33)
senador deliberando por 'el 'bien 'del estado? Estas profesiones no
son el alma activa de la ciudad? (i) " De este modo, Aristóteles
habia rehabilitado mucho antes que J. B. Say á los creadores de
los productos inmateriales, cuyas clasificaciones pasaban por un des-
cubrimiento de nuestra 'época. Rabia
tarnbien indicado con una
precision admirable las causas de la antigua lucha que existe des-
de los primeros años del mundo entre la riqueza y la pobreza. "To-
da sociedad política, decia, se divide en tres clases, los ricos , los
pobres, y los ciudadanos acomodados que forman la clase inter-.
media. Los primeros son orgullosos y sin fé en los grandes llego,
cios; _los segundos llegan á ser maulas y bribones en las menores
cosas: de ahí mil injusticias, resultado necesario del embuste y de
la insolencia que les hace
igualmente impertinentes en un consejo,
en una tribu ,
y
muy perjudiciales en una ciudad. Los ricos ma-
man la independencia desde la infancia;
'e'ducados en el seno de
los goces, comienzan desde la escuela á despreciar la voz de la au-
toridad:
Los pobres, al contrario, rodeados de apuros, pierden to-
do sentimiento de dignidad: incapaces de mandar, obedecen como
esclavos, en tanto que los ricos, que no saben obedecer, man-
dan como déspotas. La ciudad no es entonces mas que una agre-
pelan de seriares
y
de esclavos; no hay allí hombres libres, Celos
de una parte, menosprecio de la otra ; ¿donde hallar ila amistad,
este afecto mútuo que es el alma de la sociedad?
COMO
'viajar con un
compañero que se le mira corno un enemigo!"
"Asi que, continaa Aristóteles, la clase media
es
la base mas
segura
de una buena organizacion social, y la ciudad tendrá indis-
pensableMente
un buen gobierno, si esta clase tiene la propende-
rancia sobre las otras dos reunidas á al menos sobre cada una de ellas
en particular. Ella es quien, colocándose á un lado, hará inclinar
el
euilibrio
que impedirá al uno ó al otro estremo dominar. S
el gobierno entra en manos de aquellos que tienen mucho ó dema-
siado paco, será una impetuosa demagogia ó bien una oligarquia
despótica. Es evidente que cualquiera que sea el partido dominante,
la furia de la democracia ú el ceño de oligarquia, la conducen
derechos
á la tiranía.
La
clase media está menos espuesta á todos
estos
esce-4
sos: ella sola no se subleva jamas; por todas partes en que ella es-
d en mayoria,no.se conocen ni estas inquietudes ni estas reaccio-
(;)
PR
II
IIca libe IV c,
5
( 34-)
nes violentas que conmueven los gobiernos. Los grandes estados es-
tán menos espuestos á los movimientos populares. Porqué? Porque
la clase media es
allí numerosa. Pero las pequeñas ciudades están fre-
cuentemente divididas en dos partidos.;Porqué)
. Porque nase encuen-
tran allí mas que pobres y ricos, es:decir
otremos
y
,
no
medias.
»,
Parece que estas líneas están escritas ayer y arro
j
adas á nues-
tros lectores por una de las mil bocas de nuestro tiempo. Las he
citado con alguna estension, porque dan una idea exacta de las
ras económicas de los mas célebres escritores de, la antiguedad.. De-
fendiendo con tanto calor la causa de las clases medias no se dejan
alucinar por la pretension de una vana ilusion;.sabian lo que pasa en
las luchas civiles en donde se trata de cuestiones sociales entre, el
rico y el pobre. «El partido que gana no queda dueño sin resisten-
cia. El se guarda mn,y, bien deestablecer una constitucion siguiendo
el justoequilibriadelw igualdad: El vencedor mira el gobierno
COMG
el premio de la victoria z.el le dala librea, de su partido ,(
i
)"
Cuanta
mas se relee á. Aristóteles mas sereconoce que este grande escritor ha
reasumido en un
todo las ideas mas adelantadas de la civilizador',
de su tiempo. Porque ha habido en Grecia , en Roma , corno en la
resto de la Eurapa,d.esde la era> cristiana, épocas y hombres: que
han merecida et privilegia
,de representar mejor que los otros d
caracter y el pensamiento de muchas generaciones.. Asi, es como se
puede esplicar el poderoso influjo de los grandes hombres y de los.
grandes escritores de la Grecia, á pesar de la diversidad de intereses
de odas las, repúblicas que ocuparan aquel pequeño territorio. A
pesar de los, numerosos cambios, qne las instituciones, de estas re-
públicas ha o sufrida en las diversas edades dela Grecia, descansa
ban sobre principios casi. invariables, pero cuya base era siempre
la esclavitud. Todo el que no era griega era considerado como bár-
baro; los sacerdotes, los filósofos, los legisladores, los guerreros y
los oradores„ han ocupado sucesivamente el poder- sin desquiciar
los
antiguos fandarnentos' de, la civilizacion griega, , el horror'al
trabajo industrial, el desprecia del cornerdo, la indiferebeia para
todo el que era estrangero d esclavo. En vano., las grandes es-
pediciones de Alejandro y el desarrollo de su poder máritimo fa-
cilitaron á las diferentes. naciones griegm el establecimiento de un
grande imperio oriental: sus disensiones intestinas y el abuso.de
(1) Política lib. 1Y. cap. XL
((
35
)
.servidumbre
lea
s
han
,
hechw perder-ésta probabilidad
gloriosa,
.
y
el
federalismo
griego_ dplapar4444fite unidad
rpulána
t
así que
esta
l'él
);
4,triostrarsm..„jr,
t
•
I" .`,
•;'•
••
n
•••
•
CAPÍTULO IV,
De las colonias
-
l
.
ríegi4sy ele
,:
sus rélacloOs e
p
a la 4metrópoli.---Ellas
' han contribuido á esparcir :eri';:ma gran parte :fié la Europa las
ideas cuyo
foco eStaba en Atenas
y
en
.
Esparta..-Han sido flap'.
dadas como
las nuestras, por las
.
:
emigra iones , pero han gozado
de mayor independencia.-
La
historia de la antigua Grecia presenta, -
como
la de
la mo.
ilerna
Europa, el fenómeno notable
,
de una federacion de peque-
'los pueblos' que tienen á raya comarcas inmensas, por el solo as-
cendiente de su superioridad moral. El mapa de las colonias grie-
gas parece á un
-
mundo cuando se le compara con- el del Peloponeso
y demas dependencias metropolitanas de tierra firme. Los griegos
tenían
én
efecto cólonías en el Asia Menor., las
'
orillas del mar
Negro, en Chipre, en Creta,ren Sicilia, en Gaula , en España y en
Africa. Ellos contaban alli ciudades por cintos y no se podrá
dudar que la mayor parte de estas ciudades han gozado de la
mas grande opulencia, aún en el 'sentido que nosotros aplicamos
hoy dia esta palabra. En el principio, fueron el producto de la con-
quista; se apoderaban de los habitantes como esclavos, y de
sus
tierras como de un dominio público. Mas adelante se capituló con
las naciones conquistadas; los griegos embiaron :á ellas el esceden-
te de
st).
poblacion famélica y turbulenta, y se formó una asocia-
don
verdadera
entre los indígenas y los emigrados. En tanto que
la
►
etróooli yodia mantenerlos en la obediencia por medio
de
sus
escuadras, la dependendencia era positiva; pero bastaba una inter-
rupcion en sus comunicaciones, para poner su supremacía en du-
da. Asi es que la derrota
de
Egos-potamos hizo perder á Atenas
todas
sus Clerouquías..
No 'pede dudarse sin embargo •,
que él
régimen colonial
'dedos antignos ha sido, en genéral mas independiente que el
tuestro, de la influencia de las metrópolis.Los griegos no tenían á
s
u
d
isposición las grandes escuadras de los pueblos modernos ni el
poder de la
•
artilleria que 'obra de lejos sin necesitar de los desem-
( 36 )
barcos. Siempre que una de sus colonias se sublevaba, era preciso
trasportar á ella tropas con excesivos gastos y estas tropas debian
ser muy la,ímerosas para resistir al choque del enemigo. Asi la
mayor parte de los establecimientos griegos acabaron por venir á
ser enteramente libres de toda influencia esterior. El trabajo era
honrado alli, floreciente el comercio y las
/
fortunas mas general-
mente repartidas que en las grandes ciudades metropolitanas. Efeso,
Esmirna, Focea y Mileto se elevaron á un grado de prosperidad
desconocido. Mileto solo tenia
4.
puertos y una flota de mas de
ioo
nav los. Se saben las maravillas de Rodas , la riqueza de Esmirna
la destreza los navegantes foceos, fundadores de Marsella . Los
grie
g
os asiáticos perfeccionaron muy pronto el tinte
de
lanas , la es..
plotacion de las minas , la fundicion de los metales. Todos
sus
sa-
bios han contribuido á los progresos de las ciencias ; la filosofía , la
astronomia les deben brillantes descubrimientos ; las bellas artes mo-
numentos magníficos. Tubieron tambien sus constituciones particu-
lares y llegaron á ser bastante poderosos para hacer conquistas. La
isla de Creta ha mantenido largo tiempo su independencia por medio
del
comercio y no ha sucumbido sino ante la dominacion romana.
Una gran parte de la Europa actual , las Galias , la Espafia
la Italia meridional han existido mucho tiempo en estado de co-
lonias griegas. La Sicilia sola era un verdadero imperio y los esta-
,
blecirnientos situados en la parcion actual del reino de Nápoles
que termina en las dos Calabrias, llegaron á tal grado de esplendor
que eclipsaron el brillo de la madre patria y merecieron el nombre
de
Gran Grecia .
Todos
estos estados comerciaban libremente en-
tre si, mediante ciertos tributos ligeros pagados á sus metrópolis
Dificilmente se comprenderia como no se libraron de éllos á tiem-
po', si sus discordias perpetuas y la rivalidad de sus intereses no
explicasen su permanencia en la esclavitud.
Las riquezas que sacaban del comercio no contribuyeron menos
áello, debilitando su tendencia guerrera y creando en el seno de
sus
opulentas ciudades una democracia
desenfrenada y debilitada por
los placeres, igualmente impropia
para
tolerar un gobierno y para rem-
plazarle. ¡Ved que magnífica situacion la de Corinto para el comer-
cio! Se hallaba colocada sobre dos mares; abrió y cerraba el Pelo-
poneso. Tenia un puerto para recibir las mercancías del Asia; te-
nia otro para recibir
las de Italia , y
la Italia era la Europa de
(
3
7 )
,aquel tiempo. Que almacenes! que navios!
que monumentos 1 pero
-bien pronto
se
3edicó á
editicár templos á Venus y á mantener en
ellos
á
millares de cortesanas; deplorable abuso de la civilizacion
y
de la riqueza , que ha hecho huir de estos hermosos lugares la
riqueza y la
civilizacioni
de
este modo han perecido todas las colo-
nias griegas, convertidas en naciones. Consagraron al lujo y
á
los
placeres
los tesoros que hubieran podido emplear en consolidar
su
independencia , y nosotros no hallamos hoy dia sino bajo
la
yerba los
restos de su antiguo esplendor. Nada hicieron para la des-
gracia ni para la pobreza ; ningun asilo , ningun socorro para las
-clases desgraciadas; ningun ahorro creador de capitales. Vivieron
solo
con el dia , consumiendo
sus
fondos con sus rentas , hasta el
momento en que arrastrados
á la órbita del inundo romano,
alli
se sumieron con su.
independencia y
su
fortuna.
CAPITULO. Y.
'De la Economía Política entre los Romanos , en las diferentes épo-
cas—Ellos son esencialmente guerreros y ladrones durante la re-
pública--Ingeniosos y administradores durante el imperio—Su des-
precio al trabajo--Inmensas desvastacions que causan--Ruina de
Cartago—Primeros ensayos de organizacion
por
los Emperadores.
Tres grandes épocas se distinguen , perfectamente caracteriza-
das, er, la historia de losjonce siglos que separan la
fundacion de Ro-
ma
del advenimiento de Constantino. La l
a
casi salvaje , acaba
en el principio de la guerra púnica: la
2*
toda guerrera , termina
en la batalla de Actium : la
3
a
comprende el reinado de los em-
peradores y es la del despotismo y la administracion. La verda-
dera Economía Politica de los Romanos no fecha sino
del siglo
de
Augusto; hasta entonces, no han sido mas que agricultores ó con-
quistadores: bajo el imperio, comenzaron en fin á civilizarse. En-
tonces solamente fue cuando su gobierno ejerció una influencia uní-
versal y ellos llegaron á ser positivamente los señores del mundo.
No obstante á pesar de estas modificaciones sucesivas en su consti-
tucion y en su politíca interior, los Romanos conservaron desde
l
os primeros chas de su histm
q
a hasta la caída del imperio , una
hunotnia siempre igual y: tendencias casi uniformes. Colocados en
( 38 )
el primer caso, en medio de estados independientes tales como los
L'pros, los. Volscos, los Sahinos ,:los-Sarntritas se hacen conquista-
dores par no ser conquistados. Vencedores , conservan sus costum-
bres militares, cuyo principal caracter es el desprecio del trabajo.
El trabajo, á sus ojos y desde los primeros tiempos , es negocio de
los prisioneros
y
esclavos. Por esto uno de sus historiadores pudo
decir
y
.aca
s
o con justicia , que en esta época su único oficio era el
de moler el grano y los hombres-Su religion estaba á igual altura
que sus costumbres, y levantaban templos á Júpiter ladron
(Jovi
prtEdaiorl).
Las bellas artes, la. industria, el comercio, les son total-
mente desconocidos. En la época de la i
a
guerra púnica, no saben que
hacer de las hermosas pinturas que hallarán en la ciudad de Tarento.
En Corinto, sus soldados juegan á los dados
.
sobre los mas magnificos
cuadros de los mas grandes
.
maestros , y uno de sus generales dice se-
r:a nente al patron de un navia cacargado de trasportar á Roma las
obras ina:st xs de la Grecia: «Si pierdes algn no tu le remplazaras,"
En dicha época ni aun su idioma existia; era lo que es entre -
nosotros la gerga de los curiales y alguaciles :-E1 curso del tiempo
Se 111.1rcaba por
un clavo clavado soleinneffil
,
nte cada año' al princi
pío de setiembre en la pared del templo de Júpiter
y
nohabia"mas
de tres divisiones del dia; una moneda tosca de cobre,bastaba á
to.
das las necesidades; y.J.oda la industria, corno en, las repúblicas
griegas, estaba concentrada en manos de los esclavos. Sus primeros
poetas han pertenecido .á esta casta infamada:
Ennio, Planto, Te-
rencio, y otros muchos grandes escritores
eran esclavos. Los ro-
manos de
este tiempo tenian sobre
todo horror á la navegacion,
y
su
ignorancia en este
arte les ha causado grandes desastres. De es-
.
t
e. modo hacian de la destruccion ,de
los navios la primera condi-
cion de sus tratados
.
con los vencidos ; mas de Soo de aquellos que-
maron en
Cartago. Esta aversion por la marina degeneró entre
ellos en una verdadera
manía y cuando llegaron á
.
ser dueños del
mar, no
ftW 'por
.
sus
navios,--sino
.-por la ausencia
.
de los navíos
enemigos.
A no
ser 'por
los.
piratas,- (pie los insultaban
-
mente en el
Mediterráneo, hasta el puntOde•bloquear sus puertos
.
y de llevarse á los funcionarios públicos, hubiesen de
buena gana
renunciado á
la
navegacion; la que'
por
otra
parte neo se
sostenía
entre ellos
.sino
.
con Iripulaciones estrangeras, compuestas de grie-
gos, egipcios ó sicilianos. El mismo Augusto
.
,qUe ganó
lá•
batalla
(
3
9
)
naval de
Actiams
.tenia un, miedo horrible al agua.
En el momento
alle
sus primeras luchas con
Cartago
se vieron
aparecer edictos que proscribian al comercio. «Los pueblos comer-
„ciantes ,deben trabajar para nosotros, decian, nuestro
oficio
es el
.vencerlos y exigirlos impuestos. Continuemos, pues, la guerra que
nos hace señores suyos, mejor
que
dedicarnos
al comercio que
los
convierte en
esclavos,
nuestros.” El
mismo
Ciceron ,á pesar de la
gran superioridad de su talento , participaba aun, en una época
mas avanzada de la república, las preocupaciones antisociales de
sus
conciudadanos: "z Qué puede. salir de honroso de una tienda?
(exclamaba con ingenuidad) El comercio es sórdido por sí, cuan-
do es de poca importancia, porque los comerciantes en pequeño,
no pueden ganar sin mentir ; es un oficio á lo mas tolerable, cuan-
do se ejerce en grande y para abastecer el pais (r). "Con tales doc-
trinas sobre el comercio no
es
admirable que
Ios
romanos hayan
buscado en la conquista y en el saqueo,
los recursos que hallaban
indigno d e ellos deberlos al trabajo . Sas primeras riquezas han
comenzado por el botin , y su historia se asemeja durante muchos
siglos á la de un pueblo de piratas.No se lee en sus autores masque
relaciones de robos y devastaciones: el primero es el saqueo de Sira-
cusa, despues el de Tarento , de la Siria, de las ciudades de Nurni-
dia, en fin el triunfo d ePaulo
Emilio
cuyo carro triunfal es segui-
do de
250
carretas llenas de oro y plata. Manlio robó el Asia menor
Sempronio la Lusitania, Flaco la España. Sesenta ciudades del Epi-
ro
son saqueadas y destruidas;
15°9
habitantes sor, reducidos á la
esclavitud ; solo la
ruina de Cartago produjo
2000
millones de
nuestra moneda. Buen dia fue para Roma aquel en que despojó aque_
lla ciudad
cuyos templos estaban cubiertos con hojas de oro, producto
de las
minas de España y del comercio inmenso del Mediterráneo!
Muchas veces se pregunta
que hubiera sido de la civilizacion,
si
Cartago hubiese
.
triunfado de boina y si el espíritu comercial
de la
grande ciudad Africana hubiese
[
'prevalecido sobre la po-
lítica guerrera de su implacable enerniga.'Baste decir que
Cartago
era á la vez una ciudad industrial y comercial y que
ella proveia
á todos los puertos del mediterráneo de sus mercancias
y
de sus
materias primeras. La naVegaciou estaba
álli eh un muy alto gra-
lb
de 'perfeccion para aquel tiempo,
hemos
de
inzv
.
ar de ello
(
1
)
Ció! en
3
ttatade de 195
deber
e5
libi
.
1 sección
►
2•
(4-6S
mos aun bajo la yerba qué las cubre,
no permiten
bid«,
la importancia que daban á la
.
pe
i
rfeCcion de estoS
s
prodigilMs eka
*tientos de poder y de civilizacloia. Y no obstante', estos grandes
miraos no parecen haber prestado á la civilizacion todos
los Sei,<,12.
cios que hoy dia saca de ellos; y para Roma no han llegado á ser
el mananilial de una gran prosperidad comercial; tara vez han evi-
lado la escasez y
las desgracias que arrastra en pos de si. Los roma-
nos no han visto en ellos 'Mas que el medio de transportar rápida-
mente sus armas del centro a la frontera; en una palabra , solo un
instrumento de conquista y no de industria. Jamas, en ningun pais
del mundo, tesoros mas cuantiosos fueron consagrados á esta obra
importante y jamas ningun pueblo recogió menos utilidad de tan
grandes sacrificios!
La razon de este hecho es muy sencilla. Los romanos no se ocu-
paban mas que de la agricultura, cuyos productos eran general-
mente consumidos en el mismo sitio ó en un radio muy poco leja-
no de los centros de la produccion. Los grandes abastecimientos
dé
la capital se hacian habitualmente por mar, (mica via por donde a
rri-
vaban los trigos de la Sicilia. y del Egipto llamados los dos grane-
ros del imperio No se puede pues esplicar la magnificencia de los
caminos romanos sino corno una consecuencia necesaria del siste-
ma militar de este pueblo anti4ndustrial y anti comercial. riaciail
contribuir,á «ellos
chn
igual ardor á sus soldados, á sus adminis.:.-
tradores' y,4 sus súbditas. La, vigilancia sobre los 'caminos era una
magistratura respetable con la que los mayores ciudadanos se mos-
traban honrados, ,Nlogan impuesto parecia demasiado subido
.cuark-
de se trataba de conservarlos, y la severidad del gobierno era ta--
grande con respecto á eso-auese
vierou:inas
de una vez las legio-
nes sublevarse, por consecuencia de los trabajos escesivos á que
Eran condenadas
,
para atender á este cuidado. Cualesquiera quélk:-
ya n sido las vicisitudes del imperio, ,jamas la conservacion délos
caminos fue abandonada;
los principies
Inas
perversos la han -vizi-
sol
s
kcitud qoe
jiAstql:
han construido tantos como Trajano y Adriana (I).
Se Iglbaj49
en
ellos por carga y por contribuciones, cada uno segun la importan-
cia, de sus dominios
,
cercanas,
apreciados P
or
;
M'
w
hitrios y sobrecar-
, (049114
p
onleIltlulia," slA
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J
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91/954Ne04-
(
4)
y,
Bergier. filawria de loe grandes caminos del imperio romano lib, 1 cap, XV '
( 47 )
jes
d comunales. Los primeros eran conservados,
por el estado y los
Segundos por las aldeas y villaa,
Obtertian las simpatias populares en todos tiempos, los
princi-
pes , los
magistrados,
y aun los simples
particulares,
que se dedi-
caban
á esta Ma
t
ea
dificil. Se les prodigaban 'coránas,
medallas y
arcos de triunfo. De este
modo
la
historia está,
toda
llena de
los es-
fuerzos
,
estraordinarios que se han hecho
pa
ra mere •er eq-as gra 9des
pruebas de
reconocimiento del pueblo romano. Desde el reinado de
.Tiberio se ,potli recor
f
er la Italia toda entera , la
'Galia y una
pgrte,;de
la.X'spaaa con
una
.
naOdezánaudith,,
y
Plinio cuenta
que
este prineipe hizo, en su viaje ácia lá Holanda mas de loo leguas en
24: horas. La naturaleza de esta obra nos priva de recordar aqui tos
pormenores,
por otra parte bien
conocidos,
sobre el modo de cons-
t
ruir los cáminos imperiales: pero es preciso confesar que en es-
,
te punto somas bien inferiores á los a.giguos , y aunque sus
ca-
minas mi hayan tenida una grande influencia en las destinos
del
c
omercio,
no se puede menos de admirar que
hayan durado Mas
de t.000 años cuando los nuestros, mas necesarios, á penas duran
algu
nos
años intactos. Nada se habla
olvidado allí, para los
de apio
rabia aceras y para los de á caballo guardacantones para montar
apearse;
,
los
monumentos consagrados á los difuntos
se levanta-
ban habitualmenre en su vecindad , corno para obtener los respe-
tos de los vivientes. La via Apia es en este genero la mas admira-
ble obra maestra que ha salido de las manos de el hombre.
Parece pues que los romanos hubieran debido sacar productos in-
mensos del buen sistema de
caminos con
que halan cubieto el impe-
rio á manera de una gran red. Pero estos caminos
veian rodar
mas frecuentemente los carros de los guerreros que !os pacificos carrua-
ges del comercio y de la
industria; ellos
no contribuian en manera
ninguna á la alza d baja de los productos y de los salarios, proque
el trabajo libre no esistia aun,, y todo se establecia
para la gran-
deza,
como lo hemos dicho, mas bien que, para utilidad. Los gran-
des caminos del imperio no tenias por objeto mas que facilitar el
transporte de los soldados y del producto de las
contribucion
es.
El
movimiento
de especies que se verificaba con
tinuamem
e
de todos
1,19
$
puntos de
la Gaulaáciapor
,
cuenta
del teso-
la ciudad de kora
rp„pyblie
?
era inmenso, pero
.
no
t
eoia »ioguna cireulacicia comer--
10,41
sentido,
1*
'
palabra. Cosa estraila!
}!a
que ap
ic
Ai
ncwi a es
a
48)'
bastado entre nosotros la inveneion
de
la letra de cambio para
remplazar la principal lffilidad de los grandes caminos de los roma-
nos, y el servicio especial para el cual parecen haber sido creados
es
precisamente aquel sin
e
el cual se pasa mejor hoy dia. Asi , los
ma
l
oificos trabajos de la administracion romana en materia de ca-
minos pablícos no han ejercido ninguna iníluencia sobre la produc-
clon general, por que participaban del caracter eselusivamente
mi-
litar
de
la nacion y del espirita general de sus instituciones.
Toda la legislaeion romana desde• los hermosos dias de la repú-
blica hasta la caiga del imperio,
no
Os atas que
la reproducion fiel
de las preocupaciones incurables de este pueblo contra el trabajo y
la industria. tina rapida ojeada bastará para' dar de ello una idea.
En el principio de su poder hacen una multitud de leyes agrarías,
todas inspiradas par un vano
deseo de
division de las tierras
y
de
equilibrio entre (as fin-tunas. La
ley Tcrencia
contiene que fueran
distribuidas á cada ciudadano indisente fanegas de trigo por mes.
la le
y
sampronía ere(
)
un maximum para el precio de granos que el
estado debia venderles; la
ley Codla
ordenaba la provision gratui-
ta. Otra ley fijaba el gasto de las comidas; la ley
Caminia
prohi-
Pa libertar los esclavos, pasado cierto número. Al mismo tiempo
que se fomentaba de esta manera por liberalidades inconsideradas
el
acrecentamiento del número de indigentes , se concedían premios
á la fecundidad: todo hombre , padre de
tres
hijos, gozaba
de una
multitud de privilejios, de los cuales el principal consistia en una
triple distribucion gratuita de trigo. En otras circunstancias ,
la
ley autorizaba á los deudores á libertarse, págando solamente la 41.
parte de sus deudas.
En tanto que el espiritu
de independencia y de
empresa estaba
paralizado por esta legislacion protectora de la ociosidad, se man-
tenian en la mas estricta subordinacion todas
las clases de dudada
nos, aun en el hogar domestico, en donde reynaba
como se-
ñor absoluto el padre de familia, arenado del derecho de vida y
muerte sobre sus hijos. La muger puesta como en tutela no era mas
que la criada de ou marido. En lo esterior , cada liberto reconocia un
patron, cada
soldado un
superior. La organizacion militar pesaba
obre toda la
ciudad , como un yugo
de hierro 'al que
nadie osaba
sustraerse.
Ningun 'ciudadano
podia'salir
de su casta , ni aun 'para
decaer, y
.
los trabajos industriales'éran
vedados'
como cosa vil y
sok4
1
41
á aquellos
(me no
U
al
mn
s
'I
do
C
onden
ados
,
á ellos
,
por su
nar,ianle
l
oo. Augusto impulso
pena
de muerte contra elt senador
Ovinio por haber derogado de su clase dirigiendo una maoufactu-
ra, y esta sentencia tan estraordinaria á nuestros ojo; pareció á
los romanos una cosa natural. Esto esplica ,clesde luego, como
toda industria fue imposible en Roma, puesto que se escluiande ella,
las inteligencias para no tolerar alli mas que las maquinas. !Y quc
mas, maquimas que estos desgraciados esclavos , embrutecidos por
los golpes, por el vejatniento de sus sellores, y sobre todo por la,
carencia de toda especie de salario! En las campiaas estas
conse-
cuencias fueron las mismas: nada de arrendatarios ni cultivadores
instruidos. La agricultura parecía á la de nuestras colonias de es
clavos , con la diferencia de que el suelo del tropico:suple por su fe-
cundidad á la insuficiencia dele trabajo del hombre , en tanto que
las campiilas romanas no ofrecian ningana compensaeion. La
concurrencia
y el
interes personal, estos grandes moviles, no obra-
ban sobre los espíritus, preocupados con las ideas de guerra y de
placeres. Se vejan acudir á Roma millares de aventureros, de in-
trigantes, de vagamundos, atraidos ponlas distribuciones de co-
mestibles y por los espectáculos de todo genero que los emperadores
prodigaban al populacho para obtener algunos aplausos (i,) Los arra-
bales de Roma llegaron á ser ciudades y el gobierno no tuvo pocas
dificultades que vencer para atender al alimento de esta multitud
innumerable de consumidores improductivos.
A pesar de las precauciones infinitas que se tomaban para evi-
tarlo, el hambre hacia por momentos funestos
estragos en la cap
j
-
tal y en las provincias. En vano la flota cargada de provisiones,
llevaba el
nombre
de
flora sagrada:
un viento contrario im.pedia;
algunas veces su llegada y ponía en peligro la seguridad imperial.
El arte de gobernar no fue bien pronto mas que el, de proveer
Ilas
necesidades cotidianas de un pueblo desidioso e inconstante; y la
menor circunstancia daba origen á abusos sin número cuya fre-
cuente repeticion hacia tener fuerza de ley
,
. La muerte de
una que-
rida del príncipe, el nacimiento de un sucesor, una guerra san-
grienta, un triunfo inocente, motivaban igualmente copiosas <lis-1
tribuciones. Los emperadores romanos conservaban á este precio
$11
corona, y no mantertian su autoridad sino pagando esaetamen-
(1) MItngotti• Del coiperein
(li
t
noma.
7
(50)
te la contribucion de pobres á sus subditos famélicos. "Estos
per-
ros, decia uno de los
Césares,
no cesan de ladrar sino cuando tie-
nen la panza llena." Se cuenta por el número de hambres el de
las mejoras verificadas en los negocios del comercio y de la nave-
gacion. La primera hambre bajo el reinado de Augusto fue segui-
da del establecimiento de una flota y de almacenes públicos para
la venta de los trigos; la segunda bajo el de Tiberio did lugar á un
sistema de premios para la importacion de los granos ; la tercera
bajo Claudio, decidió á este príncipe á reedificar el puerto de Os-
tia: la cuarta bajo Neron trajo á los comerciantes de trigo una exen-
cion de derechos y medallas de premio; otra bajo Antonino Pio hizo
restablecer el puerto de Terracina y el faro del muelle de Gaeta.
Durante el reinado de Marco-Aurelio, nueva hambre, seguida de
tina provision para siete años; en fin durante la administracion de
Cómodo, catástrofes del mismo género llegan á ser fatales á los co-
merciantes de trigo, perseguidos y castigados como monopolistas
He aqui todo lo aue se sabía hacer en Roma por el comercio de
subsistencias, único que se honraba como ya he dicho. No se en-
cuentra en ninguna parte una sola señal de medidas regulares; se
vivia de un dia para otro, sin pensar en los recursos que era faca
desarrollar en el seno del imperio, y apenas se daba alguna aten-
cion
á los demas ramos de la produécion.
Asi es que la lana, materia primera casi única de todos los te-
jidos empleados en Roma desde la vestidura de los senadores hasta
la de los mas ínfimos soldados, la lana con la que se hacian sábanas
7
cortinas, alfombras, muebles de toda especie, no ha sido jamas de parte
de los emperadores objeto de ningun sistema de fomento. Jamas un
hombrede estado romano descendió á los pormenores industriales de
modo que pueda siquiera sospecharse que comprendió la importancia
detanelevadas cuestiones. Cada pais pagaba su tributo, la Arabia sus
perfumes, el Africa sus cereales, la España su cera y su miel, la
Galia sus vinos, sus aceites y sus metales ; la Grecia los objetos ar-
tisticos y de buen gusto ; las riberas del mar Negro sus cueros y
pieles: Roma lo consumia y pagaba todo con el oro de los impues-
.
tos. Cuando estos no correspondian á la prevision del presupues-
to imperial, se establecia una contribucion nueva sobre la indus-
tria, como lo hizo muchas veces Alejandro Severo. A medida que
los emperadores se rodeaban de legistas y de juriscousultos,
sus
(51)
disposiciones venían
.
á
ser
cada dia mas terribles para
las
pr
oresib-
nes laboriosas. Los compiladores de leyes les sugerian
espedientes
vergonzosos que justificaban con sofismas; un procurador fue quien
les
ensenó
á alterar la moneda. Constantino, su mas digno discípu-
lo, asimilaba los comerciantes de tienda abierta á las rameras, y per..
seguia con sus formidables anatemas á los hombres que tenian el
honor de ganar su vida con el sudor de su rostro.
El modo con que se sacaban los impuestos no manifiesta me-
nos el rigor de los romanos en materias de hacienda. Enjambres
de
Publicanos
estaban apostados á la entrada de los puertos, á la
embocadura de los rios,á la salida de los valles, y allí sobrecarga-,
han implacablemente las mercancias. Juntaban tambiett frecuen-
temente á las cuotas de que eran. perceptores, las ganancias del
monopolio
de ciertos artículos de consumo. No habia ningun lí-
mite legal en los guarismos de los impuestos, llegados á ser de tal
modo elásticos en manos de estos funcionarios, que el cultivador no,
podia jamas saber exactamente con que parte de sus productos po-
dría contar. Neron mismo tubo mas de una vez deseos de reprimir
estos abusos que hacian la fortuna de sus favoritos; pero, halló di-
ficultades ante las cuales su poder absoluto se vio obligado á retro-
ceder. Se sabe hasta donde llegaban, ya en tiempo de Ciceron, las
exacciones de los procónsules: y los procedimientos rentísticos de
Yerres, nada tenian que envidiar á los espedientes de los bajás turcos.
Un solo ramo de comercio parece haber resistido durante lar--
go tiempo á las trabas de todo género que la codicia del gobierno,
y de sus agentes oponia á las relaciones con el estrangero: este es
el comercio de perfumes y de especerias de la India, cuyo consu-
mo en Roma escedia á todo lo que podemos imaginar. Sumas has–
_ ta exhorbitantes se malgastaban por los simples particularesen la
compra de estos géneros ruinosos
é
imítiles , que ocupaban en su
comercio casi tantas naves como el abastecimiento de la capital.
Ademas de los peligros positivos que se arrostraban por irlos á
buscar, en las costas mas lejanas, se hacian valer peligros imagi-
narios; dragones alados, monstruos feroces, se decia que era
preci-
so
vencer, para llegar al pais de la pimienta y de la canela. Por to-
das partes se respiraba en las habitaciones de los romanos el olor
de los perfumes mas esquisitos; sus cabellos y sus vestidos estaban
impregnados de ellos. Las salas de baños,
los
sitios de reunion pú-
(52 )
Mica no ofrccian menos lujo, bajo este respecto, (pe la resid'e'ncial
de los ciudadanos mas opulentos. Un dia trocable
El 'etn-periad¿ir
Adriano inundó el vestíbulo de los teatros con tina rociada (Te e'sdi-L
cias las tnas"delicadas y suaves. Los soldados
se
frotaban cOn
el cuerpo, y esta clase de racion no era de aquellas que los -ettitill
radores pudieran impunernénte 'descuidar en su distribución. LOS
diamantes y las . piedras preciosas, tan superfluas corno los per
fumes, dividian con ellos.el frenesí del pueblo romano; desde el siglo
de
.
Augusto se contaban colecciones inmensas, y Mecenas redactó el
catálogo de la suya, que nos han conservado sustancialmente lis
escríttísde Plinio el naturalista. El uso de las sortijas se hizo tan
general, que los romanos las llevaban en todas las articulaciones
de la mano y las cambiaban todos los dias de la semana. ¡Ele aqui
donde sesumergian capitales inmensos,de los que un mejor empleo
hubiera bastado para -preservar al imperio de las desgracias que
tubo despees que sufrir! El mismo Tiberio estaba horrorizado de
ello, pórque en una carta que escribia al Senado deploraba la sa-
lida del numerario, ocasionada por este estreno del lujo y de la
vanidad. (r) Uno de sus edictos prohibia cloro en la fabricacion de
las ba
b
illas de mesa, y el uso de la seda en la confeccion de los
vestidos. A pesar de todas estas prohibiciones, los romanos se
acostumbraron cada dia más á los objetos de fabricacion estrange-
ra los mas brillantes y lis mas 'caros. Las alfombras de Persia,
las
musólinas de la India, los dientes de elefante, la madera de ébano,
la concha de tortuga, las plumas de pájaros raros, habian llegado.
á ser entre ellos árticulos de primera necesidad. ¡Cuantas riquezas
debieron consumir estérilmente en la compra de estos productos
ostedtósós, en cambiO de los cáales no tenian quedar sino oro! (2)
hificilmente se dsplicará en vista de" este sistema de profusion,
de
.
liiro, y de desidia , 'corno los romanos han podido cubrir el ¡min-
.
do eón loI'moriuMentos
1
de Sh a'rqUitectára y los magníficos tra-
bajos de sis ingenieros: pero es preciso
considerar que estos tra-
bajos
asombrosos les han 'Costado muy poco. La invencion sola les
perténecia toda entera ;
.
la ejecucion'era obra de los pueblos venci-
dos. La mayor parte de 'estos edificios ha sido construida por me-
dio
de Servicios ó
de contribuciones especiales que se sacaban ade-
mas de los impnestbs' órdinari'os. Los cautivos ó esclavos forma-
_
1
)
'tácito.-An
al
es
cap. ;
,
3. (2) Plinio historia natural líb. Xll
cap. 18.
1(13)
ban la clase obrera de su tiempo, y marchaban á
la obr
e
c
s
o
te
m
s
o
i s
r
t
ee
barios, sín murmurar
nf'qtiejárse.
Volver
e
mos á h
p
aa en
los
servicios de los tiempos feudales, cuando la Europa cris-
.,
tiaña
y
Se cubrió' a s á vez. de 'Mond hien tós -inspirados:por otras creeá:-
Ciáis, pero ejectítádns par los'inismbs Media•S.
Sobre
tudó álds rdnuanoi
'no les han" fa'lla'do '
g
ama re&rsosu
cuantas veces les ha sido preciso'suplir por'imPuestos sobre si Mis-
mos á la insuficiencia de los tesoros suministrados por la co
q
t
i
nis-
,
ta d él 'pillaje (t). Teman tres clases de cuotas," el portoriurn irlos de-
techos de aduanas (una cuarentena del valor)
'Tic
se pagaban en
las importaciones-
y
las exportadónes, y de los cuáles tomaban los
colectores el nombre de
»or'titores
ó de atfuanerds; los diezmos,
de-
1.irrzcz,icOmprendiendó la 'décima parte fiel 'trigo y la quinta de
103
dema.s frutos, era 'él impuesto territorial; en fin , la cuota cono-
cida bajo el nombre de
scripturti
especie& imposicion sobre las pro-
piedades comunales, tales como
pastos
y
bosques Públitós llubd
allí
durante
mucho
tiempo un
impueSto sobre la
sal, pero fue
T‘i-g
primido en una época que los autores han deScUidakio deuerminar.
Todas estas cuotas eran arrendadas con publicidad'
y
concurren-
tia de los censores á los compradores
'
que daban fianzas,y quienes
dividian con sus fiadores los riesgos de pérdida ó ganancia. Una
Multittid de otras
é
uotas pasageras fueron establecidas bajo los em-
peradores; asi es que, Aligusto decretó el irnpueSto de `una vein-
tena sobre las sucesiones, `que exis,:,e aun `entre' nosotros; Calígula
impuso sobre los comestibles una
.
cuota cuya-percepcion estitó` las
las mas amargas quejas; (2)Vespasiano inventó la cuota de las gari-
las.
El derecho del 5 p.`
,"; sobre todas las•mercancias produjo tatn-
bien
sumas considerables. No se pagaba mas que por efectos es-
puestos en venta en la plaza pública, en las ferias sy los mercados,
ó vendidos por adjudicación; pero no podemos valuar el importe
de sus rentas sino de una manera aproximativa , á causa dela pér-
dida del famoso
rationarium í mperi ,
esta preciosa estadística del im-
perio redactada bajo Augusto y,destrnida bajo sus sucesores.'.15Yr.
Guizot aprecia sin embargo el total de los 'impuestos en la canti-
dad de
9
6o millones de francos por año (3).
(1) FI
R
ho
586 de
Roma, se perdonaron
al pue10 ios tributos anuales por haberse
llenado el
tesoro con las inmensas sumasque trajo'll:uito'l
• (I) Suetutno ín Galig. cap. 4A. (3) Notas a GibLun • Wan? ; P
á
g
..
377/
(5;4)
í
•
CAPITULO VII, .,;
.Decadencia
rápida del imperio.--Sus principales causas.-`-Primera
aparicion del
cristianísinp.--Influencia de las costumbres asíciti,"
cas en Constantinopla.--Modificaciones
las ideas civiles,
6
iosas, industriales y
comerciales.
En el seno de esta prosperidad aparente, el mundo romano
en-7
cerraba gérmenes activos de decadencia y de disolucion. La grande
abundancia de pueblos e,strangeros, que la conquista
tenia
reunidos
al imperio, modifica
° do insensiblemente sus costumbres , debilitó su,
poder. Estos pueblos no estaban refundidos sin resistencia en esta,
unidad, y muchos guardaban, fiel inente las tradicciones de su antigua
)
2
independencia. los numerosos privilegios de
,
que gozaban loshabi-r
(antes de Roma eran antbicionados por todos los hombres importan-
tes de las provincias, conquistadas,, de manera que nadie quería ya
ser del imperio, sino solamente de la ciudad. Una transforrnacion
profunda
se
verificaba de este modo poco á poco, favorecida
.
por el
advenimiento al, trono de la larga serie de candidatos italianos, es-
pañoles, galos ó batavos, elevados al poder por el homicidio, la,
ó las sedicciones militares. Despues vino su vez
,
á los. bár-
baros. Desde los Antoninos, no se vé
ya
mas que los tracios, los,
panonios, los dalmatas, y los illyrios disputarse el imperio: 6o de
ellos perecieron de muerte violenta, en siglo y medio. Esel primera
que abre esta serie infausta, Maximino, elegido por su talla y
su
fuer,
za colosal:hombre grosero, que sabiendo apenas hablar la lengua de,
los pueblos que gobernaba, sobresalia en conducir un carro, en tron-
char los árboles, en reducir las piedras á polvo, en domar los caba-
llos cerriles, y llenar muchas copas de su sudor. De este modo el`
reinado de la inteligencia acabó por dar entrada á la fuerza brutal.
La Economía Política no se encarga de explicar las largas sa-'
tunales del imperio
durante
este
periodo
de
infamia
y
de
decre-
pitud. ¿Quién podrá formarse una idea exacta de tal movimiento
de descomposicion, complicado por la esclavitud, por la invasion,
por la mezcla de razas, de lenguas, de costumbres, de vicios: es-
pecie de caos social en don
-
de la ciencia se detiene y lo
irnaginacion
se pierde? ¿Qué organizacion política hubiera
podido resistir á
(55).
las
estrivagáncias de monstruos tales como Cómodo, -Caraealla,'
Heliogábaló? Cuando semejantes seres aparecen
sobre la tierra, no
pueden figurar sino
corno elementos dé disoldeiOn , y algána
va luz no puede 'tardar en salir de la noche que ellos
-
han formado.'
Esta luz, que alumbró á los dltirnos horizontes del iMperio;'es'
cl cristianismo.'Provemos á estudiarle en 'Su nacimiento y esplicáú:
su grande influencia, destinada
.
á cambiar la faz del'inundó. Cuan-J
do comenzó á aparecer, fose previó mucho la brillante carrera
que
•
debia recorrer, y no obstante ya todo concurria á preparaV'sá,
triunfo.' La- filosofía atacaba á los dioses paganos: el escepticismo'
griego venido del pais dePlaton, hacia la guerra á las antiguas creen---
cias romanas, y desde entonces los augures no podian ya mirarse
sin reírse. En vano cada profesion habia tornado un dios por pro-
tector: los marineros á Neptuno, los herreros á Vulcano, los la-
bradores á Ceres, los viñadores á Baco, y los mercaderes á Mer,
curio. Ya los dioses tenia n mucho trabajo en protegerse á sí propios
y se preparaban á hacer sitio á otros patronos mas poderosos.
Las legiones acampadas en las fronteras y compuestas de sol-,
dados levantados en 1 os paises conquistados, volvieron caras y
•
de
ausiliares vinieron á ser enemigos. Mientras tanto
,
que
los
re
tóricos declamaban en las ciudades, los esclavos acostumbrados
.
por
sus señores á los deleites y á las sutilezas, se fatigaban del yugo.
Luciano, el Foltaire de aquel tiempo se burlaba de las superiori-.-
dades sociales: los estoicos, los epicureos, los académicos predicaL
han doctrinas atrevidas: toar, e-1 antiguo edificio de los romanos se
desplomaba. Una reaccion violenta en tiempo de Mitridates, el dia
tinque hizo degollar 6 o.000, los habla ya ad vertido que desconfiasen
de
la fortuna, y en otra época , cuando Espartaco, este gran gefe
de los esclavos, batió á cuatro de sus 'generales. ¿Quién pues quer-
ria en adelante verter su sangre por la antigua causa nacional? No
habia allí ya nacion propiamente dicha,- sin+) un conjunto confuso
de naciones. El imperio se cornponia de ciudades separadas por
desiertos, bosques ó pantanos impenetrables
'
; los habitantes de las
aldeas
(rústica proles)
se habian poco á poco infiltrado en
las
ciu-
dades, en donde los espectáculos, las distribuciones, los goces de
toda clase, los llamaban sin cesar y los enervaban.
. En este momento de decadencia decia universal el cristianismo
comenzó á mostrarse en algunos puntos del imperio. La primera<
5)
noticie
ofici
a
l Te
l
e se
ve,0.1,)jrí
de el se hal
l
a en mil carta de V11-
nig
.
.jove
t
v, gcnbernad,or de B.ytin
t
ioa,,
(1)
y al punto la doctrina:
nueva se esparció, como, un relámpago; tímidamente, es cierto, pe-
ro.-sin, que hubiese habido tienpo para divisarla. Apenas se acaba,
La de leer lo que decian los gobernadores de las provincias cuando
ya Tertuliano esclamaba atrevidamente: "No somos mas que de
ayer, y ocupamos vuestras colonias
.
, el ejército, el palacio, el se,
nado, el foro ; no os dejarnos mas que.vuestros templos." En vano al-
gupas persecuciones sangrientas procuraron sofocar en su origen la
religion nueva; Constantino la dio templos y su destino se cum-
plió. Los historiadores de esta grande época han trazado suficien-
temente todas las circunstancias que la han prevenido; nuestro pa-
pel
es
estudiar
los resultados humanos y de indagar por que dicho-
sa transicion la esclavitud griega y romana ha debido hacer sitio al
respeto del trabajo, al régimen de la libertad y de la igualdad.
La division del imperio en dos vastos trozos favoreció singu-
larmente á esta revolucion singular. Constantinopla era mas á
proposito que noma para recibir al Dios de los cristianos; ciudad
toda nueva, convenia maravillosamente á un culto nuevo. Es por
ingratitud por lo que este culto adoptó á Roma despues por cuna;
la verdadera cuna del cristianismo está en Constantinopla.
Alli es
donde
la religion cristiana, llegada á
ser
religion del Estado, co-
menzó a organizarse bajo bases regulares; alli donde ha sido es-
tablecida, radiante al salir de las catacumbas de Roma
y
de los
obscuros asilos de
.
la persecucion. Poco á poco todas las altas inte-
ligencias, cansadas del politeismo ronoino , se reunieron alli , y los
sacerdotes reemplazaron
por
todas partes á los
curiales
que eran los.
municipales de la época. Las leyes les empezaron á dar las atribu-
ciones que la confianza de los pueblos ratif
i
có, y que por do quiera
se esforzaron en justificar por su saber y
so
habilidad. Nada mas
curioso de
estudiar que
la, transicion por medio de 14 cual esta re-
volucion
se ha hecho. Constantina publicó en
el
mismo año das
edictos, de los cuales el uno recomendaba la_
observancia
del do-
mingo, y el otro prescribia el
consultare
los augures, Al mismo
(t) Es notable el parrar() de la cartq en qtie
Ole ha parecido el Asunto digno de
consideracion , principalmente por el número de. los acusados-: peligran personas de:
todas edades
'
sexos y condiciones. Est4superstieion
infest
i
ado no
,
solamente
ciu-
dades sino las aldeas
'y
campiñas
lAcostrimbran á reunirse cierto dia antes da
salir al sol
y
decir
jpntos
,
. á 'lis ,corol 1,44
.cantico
49.9.ist9retmaa
de
km Qio§.»
(b,).
tiéxi/P0
se'esita41>l<teian.
prinrterm dIskinclayes ent
e
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44
vosuto
plritual y el: poder temporal. Par ovra
193.1egisJa3
el imperiacon,testos subslylloyenklo de este moda
la
.
11-aufmai
A
,
40,
las
leyes
á la de la esp,ada, y 'Wanda 4 seriuquiza advert,i40,
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igion.
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n~€11.sn
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.
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.
naelea-
te
se
elevaba sobre montones de libros. Los a
b
olados,
y
Jo
l
149141—
t..
á 1(4
arquitectas y 4
los.
1,0„.5 /39/444„41,
Isditut a,
el
_Evang440
se dividieron cu adelante el
resystQ
4'44
pueblos y la influencia universal, El sarda nntArmullo
de lois Ilegal.
tos sucedió •á los gritos de las batallas, y sal. eLperfecto
del,pretp.
río empleaba.
7
So abogados. El patriciado no era ya mas que
una,
dignidad vitalicia; se le baria
qtlit3c10,
el, derecho
hereditaria.
El,
imperio dividido en
muchas
diocesis,
grand,es como reynns y gober
nadas por los
vicarios
vela acabar la obra de l.
que debia favorecer á la vez los ataques de loallírharos y los,
abni.
sos de la aplicacion de la justicia y de
.
los procedimientos. F
.
,1 mundo
vino á ser
presa de los leguleyos, quienes le amenazan mas
mente en
en
el momento
en que escribo. Sus
fortunas erap ian rapi-
das y sus exacciones tan escandalosas que el código Teadasiánattk,
y
o que amenazarlos
con la pena de muerte. (1)$e hallan
on
respecto
á esto en. Amia.nó Marcelino pormenores que podrian dar lugar 4
singulares comparaciones con los Abusos de
lallestral
La division, de la silla imperial acarred tambien notables cambio
en el sistema de impuestos. Constantino y sus
Auces
,,
ore5
prefirierola
una cuota sencilla y directa al rágimen mas complicado cde.
tal contAr
buciones de
origen
romano. Los. recaudadores
'
,que no recibianmiegnf
na retribueion , eran elegidos. entre
los anclia4nos. Mas_ 4iSkirigqi41;
bajo el nombre de
derari:ones:
como serian °Jure J10190114
-104
miembros de los jurados de: espropiacian por causa dezutilidad
hile& A ellos solos estaban confiadas las funciones penosa» de peparkir
dores, que les esponjan al descontento
y-
frecumwtnente á.las,,/tiolfinr
eias de las poblaciones, Todas las tierras del estado, sia escepluattial
patrimonio del Ernperador, estaban sujetas á lacuota ,, y cada ~ovo
propietario debia pagar las deudas del antiguo. Un catastro
exacto
re-
visado cada quince arios, perinitia fijar las cuotas
con
bastante im-
parcialidad, puesto que se tenia cuidado de designar en los regis•
(
1
)
li
b.
1
0
.
titulo 7
ley l
a
(2) Lib.
XXX
cap.
4.
8
(58)
tros la natnraleza particular de cada propiedad cuyo valor estahl
calculado por el término medio de la renta en un quinquenio. El
impuesto
se
pagaba generalmente en moneda de oro: pero se exi-
gia una gran parte en géneros de toda especie , como trigo, vino,
aceite, madera, y forrages que debian ser transportados de cuen-
ta de los contribuyentes á los almacenes del Emperador , lo que da-
ba lugar á horrorosas concusiones. Habiendo llegado las quejas á
ser
generales, tubieron los emperadores que recurrir á otros es-
pedientes entre los cuales
se
puede contar la invencion de las pa-
tentes impuestas á todos los géneros de industria y de comercio.
Fueron obligados tainhien á pagar á los funcionarios publicos en
especie, y Larnpridio nos enseña que prescindiendo de un sueldo
de cerca de
4,Goo
francos de nuestra moneda en especie los gober-
nadores de provincia recibian seis cántaras de vino, dos mulos y
dos caballos, dos vestidos de gala, uno sencillo, un baño, un co-
cinero, un mozo de mulas, y en fin , cuando no eran casados una
concubina ;
quod sine bis
esse
non possent
dice el autor. Cuando sa-
lían de su empleo estaban obligados á devolver los mulos, los ca-
ballos, el mozo y el cocinero. Si el emperador estaba satisfecho de
su
administracion , guardaban lo restante: sino, estaban obligados
á volverlo cuadruplicado. Se vé en otros escritos que los goberna-
dores de dos grandes provincias han recibido aceite para sostener
cuatro lámparas. Cada dia se introducia alguna cosa de las costum-
bres asiáticas en el gobierno, en la hacienda y en los hábitos del
imperio. Los eunucos, los espias , los sirvientes domésticos se multi-
plicaban infinito, y con ellos las bajezas, la adulacion y el favo-
ritisino. Entonces fue cuando los bárbaros esparcidos sobre las ri-
beras del Mar Negro, á las bocas del Danubio y sobre otras mu-
chas fronteras, comenzaban á reconocer las partes vulnerables del
imperio y á preparar la gran invasion que debia cambiar la faz del
inundo, despues que el cristianismo
les
hubiera cambiado á ellos
mismos. Examinemos pues cual ha sido la influencia del
cristianis,
"mg sobre el desarrollo social europeo, y que modificaciones trajo su.
establecimiento
difinitivo
en la Economía Politíca de los
autianes-
(39)
CAPITULO IX.
Mudanzas ocurridas en la economía social de Europa por la influen-
dd cristianismo.--Su organizacion vigorosa y sabía,--Los
mo-
nasterios
crean la vida cornun. --El principio religioso
origina los
hospitales y asilos.--El sacerdote es
en
el día inferior á su mi-
sion.--Opirtion sobre este punto:
Grande fue la sensacion en Europa cuando el cristianismo,
hasta allí proscrito y humillado, se elevó de repente al rango de
religion dominante y persiguió á su vez á sus perseguidores. ¡Que
mutacion tan inesperada! Todo cambia casi á la vez, todo se reor-
ganiza como por encanto sobre bases nuevas. El poder político,
hasta allí únicamente apoyado sobre la fuerza, brisca auxiliares
en la razon, en la creencia; se rodea y fortifica con el prestigio de
la autoridad religiosa, que ha echado ya profundas raices en
los
corazones. Es cosa maravillosa ver la prontitud con la que el mun-
do, todavia pagano en el culto, se
apresura
á sacar consecuencias
de la palabra evangélica,
y
el admirable justita to con que cada opri-7
mido adivina que la hora de la libertad va á llegar para
é
L
Aunque la iglesia cristiana apareció enteramente organizada
con su gerarquía noble
y
austera, todo el. inundo emprendió bien
pronto el principio de la igualdad que llevaba en su seno. Agra-
daba á los grandes por sus dogmas de suhordinacion
y
de obedien-
cia, y á los pequeños por sus doctrinas de independencia y de ni-
,
velacion ante
Dios.
Elevaba al esclavo sin deprimir al dudo y
presentaba á la especie humana agoviada bajo el yugo, un refugío
contra la tiranía de este mundo en las esperanzas del otro. El pa-
ganistno se habia mezclado
rara vez en la política; pero los prime-,
ros
sacerdotes cristianos tomaron parte en los negocios, y ellos go-
bernaban ya de hecho, sin que nadie hubiese notado su poder. Las
mismas heregias tambien que desolaban
al
cristianismo en su ore-,
gen no fueron inútiles á la causa del progreso social; ellas han abier-
to en Europa el derecho de discusion.
Aun cuando uno no sea cristiano muy aostéro, la magestad
de este bello edificio sorprende é impone
respeto. No
se puede ver
ain una viva emocion
e
esta organizacion vigorosa
y
lozana formar.,
(
6
o)
se toda de una pieza con sus magníficas dependencias, y
-
esparcir
se en el
mundo, por
todas partes parecida á si mismas, como la
mansa ola, sobre la superficie de la playa. Los primeros obispos,
'tan iMptriosos y 'de tanta dulzura á' la vez, tan intolerantes Con
la duda, tan indulgentes para con ¡las 'debilidades humanas, tan
altaneros con los grandes, como htiMildes con
los
pobres, varetea
tribunos populares gáé vienen á protestar én nornbre de 1
°
1d-di-e-
chos iinprescriptibles de la humanidad Todo en ellos recuerda las
antiguas máximas de la república, la eleccion pública, la predica-
tion rt.
,
noVatla
'
ella,'
las asambleas generales, la admision á las
in ás altas dignidades sin distinción de fortuna ó de nacimiento.
Nada 'quedaba de -eStáS antiguas prerrogativas del ciudadano, sino
récnerdu
estéril' y confuso; la religión Cristiana todo lo
ha re--
t avetado, todo ha vttelt¿rá 'honrarlo.
1
1
)ócOs aVos pasan después del reinadóde Constantino,yla
ma-
turia
j
i'sión
`
dé los estlavos 'se permite por él simple testimonio de utt
obispó,
concubinato es proStritó,
hos bienes de los menores y
de
las ningeres están ehentos de Con
t
fiscacion , las cárceles 'son visita-
das,
los pobres Son :socorridos, la'
Urce
,
eetzeia es
descubieda• Sé
forMulara mas adelante; pero entré tanto se ejerce.
1.4a
Economía POlitIca debe
.
taras' Muchas obligaciones al eristia-
nisnao c
i
fre 'hiíO desaparecer éste
sentimiento mezquino y
egoista de
nacionalidad, origen de las
pradn
e
gadas
querellas de Atenas y
de ES-
parta; de Cartago
y dé doma deplorables Ildesen donde se agotaron
tantos
,
réciirsos que cualquiera
otro principio hubiese
fe-
cundaáo. La sola:
Creación de los
'Concilios es una de las
mas
fe/i:-
Ch
.
tóiltépéionéS del genio 'clViliza dor 'cristiano , aun considerán-
&des sollinétite corno cóágresbá en donde todas las luces eran lla-
in'áASS
'paVa la d'iseiíSion de 'uña 'idea. ¡Cuanto tiempo no fue
ne-
6
1
1%46
1
pa%
eátls niablek inspiraciones triunfasen de la preo-
aiiMbra 'bárbara y gberrera
)
/2 Apenas, hace "al'gu'nos
arios gin
J. B.
'sYi bella teoría de las esiortacionds,
la
dillt'riña de
a
la tállródáad cOMer'eial'de
las nacidnes,•y no
sin
tra-
DaliiWiitieStrós Ta'Scducion`
de loá ba teS 'entre lOs pueblos ha
sido puesta en manos de la dilliiniaeiá íi-í al bien
l
que 'én ia 'espada.
j<1611(11 115 pleVarááo 'es151're
g
uliddá sino i cristianismo? ¿Y qué
értór-árá la
ritietbliavv;
comercial., sino 'el desarrollo
adliaeattfikánientáM
i
istikisáV Sin él
'
ilük's
?
o ji
:
incipió
;
de la igual-
(6 r)
dad ante
,
Dios
.
,,la esclavitud griega y'rotriana infestada
,
todaviálal
mundo,la debilidad'estaria'siempre á merced de la
fuerza
y
la ri-
queza seria aun: producida por los unos para ser consumida por los
otros sidindeinnizacion.
Urjo el. punto de vista de la distribucion del poder, no hay nin•
cuna instittueiondrumarialque pueda compararse al modo verdade-
rmac
ky
rte:adruirable eán que la iglesia ,está organizada desde la apa«.
rkion legal del cristianismo.
Un
SUMO Pontífice,
reside en Roma,
y
-tiene 'á
•sus Tí/leimos para los empleos á los individuos de la mili-
cia itafetior.
Toda esta milicia está sometida á las mismas reglas y
al mismo itrage dé París. al Japon y desde la China á Roma. El
Inisaio oficio se celebra en la misma lengua en las dos es•remidades
'del Mundo; los nombres de los
santds
del cristianismo figuran á
h cabeza de todas nuestras actas de nacimiento, y no distingui-
inoslos
dias del
año sino por
la nomenclatura de sus apóstoles y
de stis.mártires.
El domingo 'de los Cristianos ha llegado á ser dia
de,descanso universal ; en todas partes cuando la iglesia abre
sus
templos,
el trabajo cierra sus talleres. No hay una sola circuns-
tancia importante de la vida que escape de la influencia religiosa
&que pase sin ,su.intervencion. El sacerdote cristiano espera en las
fuentes
bautismales al
p
ifio que acaba ,de nacer y le impone un
nórnbre
' ; mas adelante le precede al altar para bendecir su matri-
monio: en fin cuando el término• de su vida és llegado
le acompa-
lia,
rogando por
.
él, al sepulcrO. ¡
.
Que ,poderosos medios de accion
há •inventado' el cristianismo, despues , para apoderarse de la exis.
tencia• entera
,
cleV hóriablel Por todas partes se
1T al sacerdote ha-
cerse institutor ó maestro, y dirigir la infankcia
.
can sus consejos.,
El' eatétisniOle Istigurá sin ¿fuerzo 'esta cónquista ; .nn primer
:
11We~ento Ma
l,
conatirtion, crea un lazo aras., estrechado por las co-
mdnitatiOnes'Enisteríosas 'y
;
temibles del confesonario. Desptws «co-
rno sino'fuesén'bastantes'catas primeros pasos,, el Obispb ,aparece
con toda la tnalesfaa del poder eclesiástico y «administra la confir-
macicm ,
concede dispensas ,‹pronuneia
cenkatas
ala
y
d
e
stila
co
-
mo árbitro supremo
y
vícario de Dios. De este modo aal ,
in.CanriN
ni
la edad madura, 'ni la vejez, hila-muerte misma mitoteo
so/traer -
se
de la intluent :sacerdote., más ‘aompletá
In,mas in
"
i
-labio' rine ha eíistidet jamas en el »tundo. Noies
,
osto
t
04
.
0
0
y .44,Fs
lemostapena•
.anas
que
indicar las atrribuoianesilimithda$
(62 )
r'etigioso. ;Quienes hoy dia el magistrado que dispone én 'la mas
peveña al le/ de un vasto local para reunir la poblacion,
de un
medio pronto y seguro para convocarla,
de una tribuna para las
arenas
á fin de comoverla d convencerla? El sacerdote. El
solo es
dueño del templo, del pálpito y de las campanas; él reune sus ove-
jas cuan to bien le parece y sin el permiso de la autoridad civil ; él
manda
y
se le obedece. A los ojos mismos de
los mas incrédulos.
Pascua, Natividad, Pentecostés, Todos los santos, todas las fiestas
cristianas son fiestas, lo; Bias de ayuno son dios de privacion.
Nues-
tras
calles
y
nuestras ciudades llevan el nombre de
santos ; las
artes v oficios, toman á los santos por patronos. Los marinos hacen
votos
á Nuestra Sra. de los Desamparados; se siega por San Juan; se
vendimia por San Miguel. De tiempo en tiempo el sacerdote irrita-
do dá ady'ectencias severas; tan pronto cabre nuestras frentes de
ceniza, para enseñarnos la vanidad de las cosas humanas, como
'
Tusa su asistencia á las oraciones de los heredero; de
un hom-
bre muerto en la impenitencia final. Sube al cadalso para re-
comendar en él los criminales arrepentidos, á
la
misericordia del
Señor ; aterra á la tfinida doncella pintándola
las consecuencias de
q
na
simple declaracion. Pinta el infierno y tiemblan los fieles ; entre-
abre el paraiso y esperan. Cuando alguna vez un malvado
atrevida
le
roba sus vasos sagrados , todo se conmueve y
se indigna; al cul-
pable se le llama impío, y al crimen un sacrilegio por
el que sede-.
he una espiacion solemne. Era preciso ver, en otros tiempos, á los
Geles consternados
besar con fervor
el
suelo
de los templos; y,soli-1
citar, á fuerza de llantos, de oraciones,
y des
ayunos , el perdon dq
estos grandes atentados!
Este
poder tan singular
,
y tan repentino de la religión,
y
las re-
voluciones profundas que ha causado en el orden social, se
oaaoi,
testan principalmente en el establecimiento de los monasterios
que
han movido y resuelto tantas cuestiones entre los hombres: En
Oriente estos
monasterios tubieron por
objeto la soledad
y
la con-
templacion, la necesidad de aislarse y de sustraerse á los placeres
y
á las relaciones humanas; en Occidente por el contrario han empe-
zado por la vida coman, por la necesidad de reunirse y ayudarse
mutuamente: mientras que la sociedad presa de una desmoralizacion
no ofrecia ya ningan centro de actividad nacional, provincial
4
tosuoiCipal á los ánimos elevados, . los monasterios abriau sus asiwp
(63)
1084
los que
-querían vivir, pensar y discutir en comun, y lle-
garon á
ser
bien pronto el foco el mas activo del movimiento inte,
kctual. De allí dimanaban las osadias teologicas
y
filosóficas sosteni-
das
con recursos tan ingeniosos, y los ensayos de mortificaciones
austéras, que regeneraban las almas abatidas por el régimen de
la
civilizacion pagana.
Una correspondencia activa, y frecuentemente luchasactivas se
tablecieron entre estas diversas soledades ya pobladas como ciuda-
des, por la afluencia de todos los hombres que llevaba á ellas
la
libertad del pensamiento y la regularidad de la vida material. Es-
te fue bien pronto el teatro de los ambiciosos para conseguir los
honores y el santuario de las letras desterradas de un mundo eschr
sivamente ocupado en placeres y sensualidades. Los habitantes
de estos oasis afortunados no tardaron en perfeccionar de todas ma-
neras las profesiones necesarias al sosten de su independencia y á
su
conservacion. La industria que era una profesion doméstica ejer-
citada por los esclavos en provecho de sus dueños bajo la republi_
ca y en los primeros tiempos del imperio, se convirtió en manos
de las comunidades religiosas en un estudio cientifico; no vivieron
mucho tiempo con frutas secas ó legumbres; necesitaron oficios, y
estos
oficios fueron ejercidos con la misma superioridad que distin-
guia en todo lo denlas á los nuevos socios. Yo no dudo que este sea
vérdadero origen de las corporaciones industriales, cuya organi-
zacion
se
ha atribuido .á San. Luis. Este arregló las comunidades
artísticas, pero no las creó.
Su origen se confunde con el de los con-
-"cotos. De, ellos es de donde la industria salió libre para estable-
.erte en el seno de las ciudades de la edad media, hajo la proteciou
del principio de asociacion.
Otra-creácion del cristianismo acaba de distinguirse de todo el
regirnen social' que se desplomaba: este es el precepto de la benevo-
lencia mutua puesto en práctica y convertido en
obligacion
sagra-
da para todas las ciudadanos. Si alguna cosa sorprende en el
poli-
telurio romano , es la
profunda indiferencia para con los sufrimien-
tos del pobre, y con los trabajos del oprimido. Habia en la antlr
pa
sociedad romana una
línea de dernarcaCion
l
e
entre
e
bl
era
p
nsu
i
rico y
pobre ,.
entre d patricio y el plebeyo ; se dir
ía
que
el seguak-
doidetria
ser
fatal ynecesariamente la
presa del primero como en ol
reino animal ciertas , especies están predestina
das
al afimente de
(64)
atrás.
'cristianismo.
ha,
estrechado las
distancias presnlkibW(ki
taxidad
.
.pliblica y privada cuya imperiosa neeesi4ad se hizo
sentir+
at mingeoemperador Jurtano,á este
filósofo tratado de apóstata.
4,1510i
debemos avergonzar, decia, de que estos impios galileos despues de
haber alimentado sus pobres, alimenten todavia los nuestros deja-
dos en una privacion absoluta." He aqui la creacion de, los hosplta-
ks,
de los asilos, de Las limosnas, indicada de una manera bien 'ter-
minante por el mas formidable enemigo del cristianismo
.
¡Que
paso tan grande acababa de dar la Economía Política! Si des-
pues esta grande mision del cristianismo no se ha cumplido
mas
completamente, sí ha sido dado á otras causas el detener
en
su mar-
cha el desarrollo del pensamiento sublime que convidaba á la hu-
manidad
entera al banquete de la vida sin distinción de fortuna y
de casta, tenernos la confianza de que ella ocupará
su.
lugar algun
día, y que 1(.z
voluntad. de Dios será cumplida.
Asi se transformó, bajo los auspicios de la religion cristiana
la
antigua civiiizacion fundada toda sobre la. esclavitud , en una ci-
stilizacion nueva apoyada en la libertad. Una
pacte
de este honor
pertenece
sin
embargo á los grandes genios de la antsiguedad, á Só-
crates, á Ciceron, á estos nobles filósofos cuyos escritos han
soi-
brevivido á la calda de Grecia y Roma, y que habian
columbra-
do ya estos, destinos mejUres áeia los que marchamos.
Todo era
aun
pagano en
Roma
y en el imperio, cuando la
revolucion cristiana era ya robusta. Luciano ponla, á los dioses
ert
ridículo en el momento en que Cristo destruia sus altares. Al-
gunos esclavos diestros emancipaban la industria fuerza de ta•-•
lento,
cuando
la religion vino á tenderles una
mano amiga; 'ellos
obligaron á sus (lucilos á miramientos ya antes que las docta-i
nas de la beneficencia y de la igualdad ante Dios, se lwinoptisie-
ra
como
un deber. Asi la transicion del
Antiguo:
régitnerúak fltievci
es dificil de ver ; los mas célebres escritos, se pierden en eoaje-
taras,
y
una de las mas bellas obras. consagradas á la
averigua-r
dor,
de- las
leyes, y eausao
,
de esta transGgiiiraion jeja ~Id
que;desear (4 y
Cuando repara la
InAginacion
trii les, gloriosos recuerdos de
los :rimeros
,
tieriipos del criatiatiisin4
perineilores'magesttte-
Iosde
esta ortsetlizitaon
,
tan sabialt
4am sencilla_ rió puede-eviiats
(1) IlIstórrádél
dCréélió
"edil
medid por Mi . de SavigO7';
(70
salir de la larga opresion en que habia yacido bajo
eslbyourl
Éo• de los emperadores romanos. Si la gerarquía y la u
dinacion son bellos elementos en el orden social, la lihertad indi-
vidual, no es un elemento, menos respetable, y aunque ella nos
haya venido á la grupa de los bárbaros , - es preciso no desconocer
por eso el servicio inmenso, que nos han prestado trayéndonosla.
Asi es como ellos han preparado la emancipaciou de los trabaja-
dores y la caida de la esplotacion , favoreciendo, la mezcla de las
castas irreconciliables-, y agoviándolas momentáneamente bajo una
.cornun opresion. No comprendemos como talentos insignes han po-
dido ver en éstos hechos tan sencillos y tan evidentes la justifica-
clon de una teoría condenada de antemano por la observacion y la
experiencia. ¿Qué pensar, que ejemplo, de aquellos que han divi-
dido á las naciones. europeas en dos castas , de las cuales la una se-
ria la posteridad de los vencedores y la otra de los vencidos ?
quién podria sostener seriarnente ea el dia que la iglesia debió ser
en todo tiempo señora del inundo, por que lo fue un momento de
Sus
señores? Doce siglos han pasado, sobre el polvo mezclado de es-
tas generaciones de orígenes tan diferentes, y si la reconciliacion
no es completa todavia entre los hijos de tantos muertos, se ade-
lanta cada dia mas en el altar de la igualdad civil y en el hogar de
la asociacion de los trabajos..
El contraste era notable entre los hábitos sociales de ros bár-
baros y la civilizacion romana en la que ellos acababan de mez-
clarse. Estaban casi todos acampados en pequeñas aldeas, mante-
niéndose de la vida pastoril y aoTícola, cuando partieron para la
conquista del mundo romano, y le hallaron casi todo entero esta-
blecida en las grandes ciudades. Por profunda que
fuese
la deca-
dencia. del poder imperial, su organizacion subsistia aun y las rue-
das de la
administracion
continuaban siempre su oficio, á pesar de
la decadencia general de la política. Habia pues en todas las ciu-
dades una gerarquía locaf todavia respetada, cuando la primera
oleada de los bárbaros vino á tocar á sus muros. (
,
)
.
_ctién podrá
de-
cir
cuales fueron las sensaciones de estas hOrdas irregulares, al as-
pecto del orden regular y metódico
de
las grandes
ciudades
roma-
nas espantadas de verlos? Al entrar en París los
cosaco
'
s
en
1814
sobre sus caballos cubiertos de pieles
de
bestias , no
debieron ad-
mirarse
mas del espectáculo de nuestra civilizacion. Poco á poco, á
(7
2
)
medida que la invasion se estendia , estos cqnquistadores
se hicie-
ron
propietarios; se apoderaron de una multitud de
dominios ru-
rales,
y sea por sirnpatia con
sus
aniguos hábitos agrestes, sea
por
el
desden áqia la estancia en Lis ciudades, se establecieron de
pre,
ferencia en las campirias, que no tardaron en cubrirse de
pueblos.
Desde allí mantenian á las ciudades en respeto y fundaban de es-
te modo la superioridad de la propiedad territorial. Los rústicos
galos, hatavos, italianos, e'spaiioles, que hallaban esparcidos,
ca-
yeron b:I;(1 su yo
.
,
o inmediato, cultivaron para ellos y fueron sus
colonos antes de ser sus esclavos; despues , la necesidad de defen-.
derse los unos de los otros , y quizá tainbien contra la sediccion
de las ciírlades, transíbrimí la choza en castillejo y la aldea en
piada
de armas, preparativos precursores del sistema feudal.
.Asi, aquellos ;efes puramente militares despues de haberse adju-
dicado su parte de bot in en vastas porciones de tierras , manantia-
les de grandes rentas,
se
acostumbraron á la riqueza y obligaron
í sus subordinados al trabajo y al censo. Su contacto
COlí1OS
hábi-
tos rotnanbs contribuyó cada dia á modificar las preocupaciones
que Rabian [raid() consigo del fondo de sus selvas; olvidaban sus
propias costumbres -(5 las modificaban bajo la influencia de
la po-
blarion
de las ciudades.
Ellos no
eran ya bárbaros puros,
puesto
que
habian hecho alto en medio de un mundo que iva áasituilarselos
por todas partes. Si
la fusion se hubiese verificado súbitamente y
sin
otra agitacion que
la llegada de los conquistadores,
el cambio
no hubiera costado
á
la humanidad tanta sangre-
y
lágrimas;
pero
el
cielo quiso que no teniendo ya enemigos
que vencer y.
pueblo
que someter, se despedazasen ente
si.
No
es
lat>primera invasion laque fue mas funesta , fue la se-
..
guuda , luego la tercera,
c
ego la cuarta;
lo fue esta serie de ktva-
siones de nuevas,
que se
é
mpujahan unas á otras
y que se dispu-
taban
los restos .del inundo romano aterrado y mudo de estupor.
Los
francos , los visogodos , los borgo
►
olles que han' ocupado mu-
chas vastas porciones de nuestro territorio, no han penetrado
en
él
todos juntos ; y se hari
establecido sobre bases muy diferentes.
Se
pensaba frécuentementeede una manera opuesta en la corte 'de To-
losa , á la de*Lyon , la de
Sois
s
sons , si es permitido dar el nom-
bre ae
Cortes,
á.estos cuarteles generales de la conquista pero do-
minaba en ellas una idea general, cual eta que la ociosidad era de
(7
3
)
derecho
soberarlo
y que el trabajo
era la herencia escinswa deols
vencidos y de los hombres sin' propiedad. Es preciso confesar que
los romanos
haliian preparado singularmente las
vias para esta tran.e.
/S'ideo,
parla manera con
que ellos trataron siempre á los pue,
blos sometidos; cuando los bárbaros vinieron, no tubieron mas que
tomar la plaza que est
4
há dispuesta y se les rindió sin resistencia.
¿Que vinieron á ser durante este tiempo la industria, y las ar-
tes , las instituciones romanas, el sistema de los impuestos, los
hábitos comerciales del mundo y sus grandes mercados, el África,
la España , el 4sia menor, la Sicilia y toda la Italia? Una revo-
lucion profunda se manifestaba de repente y destruia en un mo-
mento los grandes focos de la inteligencia y del progreso racional
Todo loa que el cristianismo habia aprovechado, en beneficio suyo,
de la filosofía griega y romana ; todas aquellas escuelas que habia
refundido
y
animado con su espíritu, desaparecieron ante las exi.
gencias de la conquista, hasta que la religion nueva bu
l
a() conquis-
ta-do á su vez á todos los conquistadores, y
los
hubo hecho servir
al
triunfo de stt mision. En el orden material , se efectuó tam-
bien ar
t
a gran mudanza ; las bellas
-
artes frieron, sino proscritas, al
menos abandonadas corno superfluas. Se vieron cesar casi repen.
tinamente las construciones gigantescas, las empresas atrevidas:
que inflamaban el entusiasmo de los romanos , aun en tiempo de
su mas triste decadencia. ¿Y de qué servian ya aquellas formas gra-
ciosas de muebles y de utensilios domésticos, aquellas estatuas, aque-
llos regidos elegantes, para consumidores medio salvajes que no hu-
bieran sabido
:
apreciar el
uso, ni querido recompensar la hechura?
El abandono vino á
ser
tal , que la mayor parte de los secretos in-
dustriales
se perdieron 'y much.s no han podido recobrarse. Alga-
nOS
artesanos conservaron en el fondo de sus talleres la tradicion
de los oficios' mas indispensables; pero
catre
el
arte romano
y el
arte
cristiano no hay nada de coman. Ninguna transicion sensible li-
ga
los templos del paganismo .á las basílicas del nuevo culto, y no 49
paja
reconocer un caracterrintermedio
en, ;os
rudimentos pesa.
dos é imperfectos del periodo puramente .1
1
árbaro, que no cieno
hombre en ninguna lengua. Para hallar alguna cosa
de
grande*
verdaderamente 'noble y :tnagestuo:So ,
es preciso agnarcla
r
que e,
P
ael
4
Weris
t
i
anó
:sumbliclo al
i
nel
k
to,
pconano, 4elpgj4ndon
de lwxorteza
Yítudglivá
•
io
(71)
No se
podrá
negar sin embargo , qua la
invasion bárbara ha pro-
ducido
cambios notables en la coaslitacion social
de la Europa. Ella
ha
simplificado la legislacion romana,
embarazada de testos y llega-
da
á
ser
ininteligible á fuerza -de sutilezas. Ella permitia
tambien
á los
pueblos con
l
uistadas adoptar cí rechazar el nuevo régimen,
bajo con licioa de aprovecii ir los privilegios que se les ofrecian
de
ser
privadoS de ellos, segun el partido qué ellos hubiesen adop-
tado. Dc este modo la
ley
sálica esta blecia que la vida de un roma
no era rrieno preciosa que la de un bárbaro, cruel insulto del ven-
cedor, del que no se halla correctivo sino en la ley ripuaria
que
colocaba los
miembros del clero sobre los mismos dominadores.
Insensiblemente , esta influencia de la iglesia
se
manifiesta con una
tal
eficacia que los bárbaros coosienten en abandonar sus títulos
para sustituir los nombres latinos
de
(br
i
ues , de condes y de pre-
fectos. A las pruebas regulares y minuciosas exigidas por la juris-
prudencia rom toa, se sastituven las pruebas religiosas por
el
fuego
y por el
agua; y muy poco despues los combates singulares,.
de
los que
hemos conservado la maldita costumbre. ¡Que testimo-
nio
mas
poderoso de su victoria y de su soberania! „Puesto
que.
Dios
dirige el éxito 'de las guerras nacionales y da la palma
al
partido
mas justo , parve no consaltarie por las armas en los ne-
gocios particulares:" "lie- aqui lo que decian , convencidos de que,,
en
sus
querellas privadas, los romanos
no intentarían torno indi-
viduos una
lucha
que les habia salido tan mal como nacion. Y
asi
e3
que
esta funesta innovacion introdujo en las disputas
humanas.
un
elemento deplorable del ere las generaciones futuras dehian
lar-
go
tiempo
sufrir las consecuencias. La porcion de las tierras
con-
quistadas que los bárbaros se habiten apropiado dio origen
á ve-
!aciones de toda
clase
y contimrí,
bajo
formas nuevas , el sistema
de nsurpacion que los roen tipos hablan seguido, do quiera que
sus
armas hablan penetrado. Los artesanos no
se
vieron mas libres
para
trabajar para Si mismos; fueron adjudicados por el dere-
cho
de
la
guerra
á los
gefe4
4e sus vencedores,
y
estos mismas
ro-
deados
de herreros, de carpinteros,
de zapteros,
de sastres,
de tin-
toreros; de plateros,
unieron á las
rentas de sus tierras los produc-
tos del tra
g
ado de estos obrero's..Seguia
.
todavia la esclavitud ro.
enana, ,conla diferencia'-desne
pnewantes
los.
:
rómanos
la explota.
han
por an cuenta
y que
ahora
la
s
uf r ia a
poi
cuenta de otro.
La
( 75)
eivilizacion no hubiera dejado de perder en
estecamblo,
si Mas tar-
de una mano poderosa no hubiera organizado los elementos espar
cidos del orden social
:
nuevo, asociando la inteligencia romana á
.la fuerza vandalica y plegando la independencia un poco salvaje de
esta fuerza, alregimen del temor y al respeto de la ley, Este gran-
de reformador fue Carloinagno.
El
hecho esencial y característico de la invasion de los pue-
bles designados con„ el nombre de bárbaros, fue su paso del estado
conquistador, y vagabundo á lacondicion de propietario. La mane-
ra conque
se distribuyeron una porcion del territorio conquistado,
cada uno segun sus habitos nativos, acarreó modificaciones pro-
fundas en el sistema de la propiedad, sin mejora notable en la
Suerte de los cultivadores. Se hatia
.
en las leyes de los visogodos y
de los borgoiíones que estos dos pueblos tnbieron las dos terceras
partes de las tierras ; los francos no siguieron el mismo plan y to-
maron lo que quisieron. Nu obstante
Po
lo tomaron todo, y los
borgoñones mismos no habían egercido su derecho de conquista
sobre la totalidad de las tierras disponibles , puesto que esta esti-
pulado en un suplementa de su ley que no se daria ya mas que
la
mitad
á
aquellos- que vinieran en lo sucesivo al pais. Duran te largo
tiempo, cada bárbaro
se
esta bleci
ó
corno alojado en casa de cada
romano
corvó
habian hecho los atenienses entre los puelibs con
quistados ,
como
los mismnós romanos habian
-
hecho á su vez, en-
t
f
e
.
las naciones desne se ha.bian. hecho (lucilos, De este modo la
propiedad cambiérale
.
mano, pero el sistema griego y romano de
vivir á expensas de otro, subsistia. siempre :.
y
bajo este aspecto,
noltabia allí nada
i
n
i
vlada a sino que la barbarie tomaba su des-
quite á espensas de los antiguos opresores , ahora oprimilps. Bajo
cualquier-punto de .vista que se considere esta dura transicion., no
se percibe
todavia en ella el germen de una revolucion econorrxica
decisiva. La aristrocracia territorial nueva no se distinguia de loe
antiguos prapictarios
de,
tabfitndía
sino por costumbres..menos ele-
gantes y menos ieultas;s peroJascrueldad en él fondo.
es
igual
ma
las-40s castas; la nuevacastiga ella' misma
á
sus Criados , la
anti-
•
gua,. mejor educada ,
,
los hacia castigar: he aqui
la
diferencia.
• El inundo romano estaba tan fuertemente impregnado de es-
tas ideas de esclavitud y.cle gera•quia desrtica , que los bárbarow
no tubieron por decirlo asi mas que skistituir sus denominaciones?
( 76)
las de la adrninistracion imperial. Los empleados eral casi loa
dos los mismos; el poder corría par los mismos 'canales. La ein,„
d
an
ia r
o
mana habla
(tejado
su lugar al estado mayor de los bár.‘
baros, y salvo
las
consecuencias
que.
dimanaron -de esta sustitu-
cion, la
revolucion que se verificaba hubiera podido
pasar prr
un
siniple cambia de funcionarios paillícos. Pero bien pronto
los ge.,
tes
conrinisti
les conce:liett,m esenciones de
cargas , dominios,
beneficios,
vitalicios
que
las
usurnacionessucesivas de sus
subordi-
tiados acabaron por
hacer hereditarios. Las distinciones
penetra-.
ron hasta
en las entraí^jas de la sociedad
civil
1
hubo 'alli tierras
li-
Lres de impuesto, sulica.s y
alorliaks ,
cuyos
propietarios
se
arro-
gaban poco á poco derechos sobre los habitantes vecinos y lle-
garon á ser bajo el titulo de
seniore.s, d
señores, verdaderos tira-
nos. La caza que amaban
con
pasioa fue .considerada por ellos' ca-
nto un derecho prohibido á los rusticos. Habia mas peligro en ma.,
tar un ciervo un javalí que en deshacerse de un hombre.
Sin
em-
Largo todas estas vejaciones no estaban establecidas por las leves
y jamas hubo entre ellos, propiamente hablando, un edicto de con-
tiscacioa general. Cuando' este abuso de la dorninacion fue inscrito
en los
codigos ,
hacía largo tiempo que figuraba entre los hechos :con-
sumados. El clero eaitipha
cada dia
sus rigores
pv-
medio de
la
in
f
luencia que ejercía sobre los depositarios de la fuerza: compues-
to enteramente de indígena,, gente hábil y despierta, no perdia
ninguna ocasion de hacer bajar al
,
yugo religiosa la
altiva cerviz-
de los dominadores.
Les
enseñaba el latin, corroMpiendole sin duda
perp en fin
les facilitaba de este. modo el medio de
.
entrar en
corno.-
nicacion mas intima con las leyes y las costumbres que debían
á
la
.
large influir sobre ellos.
Una circunstancia seiblada con razow como muy importante
por los historiadores, contribuyó tambien mucho á impedir que
la'
ineasiOn gerrnanica remplazase completamente al regiarien
ante-
rior, Los :
.
.tkárbaros tenian la costumbre de re
' unirse
.
en sus mon--
tes'
y' ¡agilitas-al rededor,d'e
la persona de sus
•
gefes
.
,,que tomaban
consejo d
i
e la asa mblea
.
general
yaleliberabau
can el laítiates de Obrar,'
Cuando
ellos se estendieroñ y fijaron sobre el territorio•denquista-•:
do,
se.presustaron
con menos eiactitud.en
.
las
reuniones, -y la
an-
%Wad
:no
sq estendia sino á un iole
:
rtó
.
radia,
uaLbárbaiwenWó:. crt las *dalles sagradas. y 'tial ájelas sus time
(7 7)
tarbres de intemperancia: las cuestiones de doctrina se decidie•
nen
frecuentemente por la fuerza. En España, los
v
isogodos
U -
.cieron'estender;
,
bajo la influencia de los Concilios, muchos
/mi
►
.
.gos de` leyes mezcladas de principios romanos y de preocupaciones
teligiasás. -En Inglaterra , la descendencia de-las Sajones encontró
t
í los habitantes abandonados á si mismos, y su establecimiento
-Da llegó allí
á ser definitivo sino despees de una lucha de mas
de cien
a
r
os. Durante larga tiempo esta isla famosa pareció bor-
rada del mapa y
frie
mirada como una tierra misteriosa de la que
se
contaban toda clase de prodigios. Cuando se la descubrí(i por la
segunda vez, todo habia cambiado en ella: Siete reinos indepen-
dientes se habian formado y aunque sin cesar agitados por la dis-
cordia, habian hecha desaparecer enteramente hasta los últimos
vestigios de la suprernacia romana.
Un
nuevo orden político aca.
baba de nacer. La Galia y la España estaban divididas entre los
dos poderes monárquicos de los francos y de los visogodos.
El
África,era presa de los vándalas propiamente dichos y de los nao-
ros. La Italia obedecia á estrangeras; no se velan ya huellas de
la
inagestad romana, si no es en el imperig, de Oriente que com-
prendia todavia desde las orillas del Danubio hasta las márgenes
del Nilo
y del Tigris. Fuera de estos limites lana multitud de na-
cionalidades nuevas se habian formado; veremos bien pronto el
desarrollo de su estado social,
•
CAPITULO XL
Ultirnds
'
destellos
,
de etvilízacion en Constantinopla balo Justinr`ana-
Este
emperador resume toda la legiSlacion de los romanos.--L)
.que
era sú
Código.--Las Pandectas.--Las leyes de Justinian- son
los
archivos' de lo pasado; los
capitulares de
Garlo magno, .d pro.
›.
grama de
lo
venidero.
Entre
eivilizacion
romana moribunda , y el nuevo
orden de
tosas emanado de la invasion bárbara , hay una época interme-
dia, digna de examen para el economista, aunque no
lsté
caractcri-
aada por uno
de los cambios profundos que
t
rastornan el siste-
ing
80
►
al
l
de todo unlatieblo. Esta época,
es el
reinado del empe
h
-~Tástiniand de
Oriente ,
reinado memorable, en verdad, que
( 7 8
)
.no tubo aurora, y que no tendrá crepúsculo; verdadera comunl*
cacion arrojada entre dos mundos, de los cuales el uno acabalo"
mi otro comienza. Parece, estudiándole, que el genio de la civiliza..
cioo antigua ha querido hacer
su
testamento, y ser envuelto, co
;roo la cri,atida,
en un sepulcro de oro
y
de seda, antes de
sufrir
la
tíltima
transformacion. Todo
se
reasume y se recopila, las leyes,
,
tes
r
a
as
las industrias,
los
procedimientos agrícolas. Por la
pri-
l
mera
vez,
una metería primera, la seda viene
á
ser el
objeto de la
so-
licitud im
l
)erial
y pesa en la balanza política, corno
el algodon, el
aricar,
el ti
;
, en lo; ti...n:)-)s en
(1
1
W vivirnos. Los
monopolios
se
es,
tablecen en beneficio del
tesoro
público; las monedas son alteradas;
los empleos
vendidos. No
es e
tn
que In admiremos, sino
lo
seaala-
mos
como el primer indicio de una Econornia política sistemáti-
ca. En las
cienciasmi:mv;, atrevidas esperimentos atestiguan
el
movimiento que
se v
eriíica ; los
espejos ustórios,
la pólvora
fulmi-.
nante, las bombas de
riego se
inventan y ensayan. La
medicina
abandona
sus antiguas
rutinas
y la arquitectura arriesga
so
pri-
mera
cúpula en los aires (1). Por todas partes se edifican palacios
y templos, se construya acueductos, puentes,
hospitales
en casi
t
odas las ciudades; parecen todos presurosos en
multiplicar
los
monumentos de
las artes, de miedo que la barbarie no llegue de-
masiado pronto á interrumpir su conclusion y con la esperanza
de que ellos les
sobrevivirán. Dcsd
eBeigrado
al Ponto Euxino
y
de la c)nfblencia del Save
á la embecadura del Danubio,
una
cadena de
mas de 8o
plazas fuertes se eleva paraproteger
las ri-
veras de este gran rio; se diría que el imperio romano coloca
sus
últimos límites y se establece en fin ya cansado de conquistas',
un campo atrincherado. Pero en tanto que Roma se fortificaba de
de este modo en el Oriente, en donde se refugiaron bien pronto
las letras y las artes, el resto de la Europa sufría la ley del vence-
dor y las instituciones
latinas
eran remplazadas en todas partes por
las costumbres bárbaras. El ingerto germánico aplicado sobre el
antiguo tronco romano comenzó á. dar frutos, á los cuales, que'da-
ba todavía alguna cosa del gusto del primitivo arbol.
A la muchedumbre de gefes devastadores que el cristianismo,
espantado teme y bautiza, sucede al fin un grande hombre,
el
verdadero representante del nuevo, orden social .que: !pone taat&
34
-
iglú&
4*
smtketofivos:Con•títatinopia.
4•1
'(79)
solicitud
en restaurar la civilizirion corno sus groseros predeceso.
res mostraron para destruirla. Elab!o de Carlo Magno, el primer
príncipe de la raza de los conquistadores vándalos, cuyo te
resume las ideas de estos
4 ó 5 siglos de invasiones.
El contraste de estas ideas con las de los emperadores romanos
110
parece en ninguna parte de un modo. mas patente que en la do-
ble empresa de Justiniano y de Carlo magno. En efecto, estos doa
principes han dejado, el uno y el otro,_ un monumento mas du-
rable que el recuerda de sus victorias , las Paridertas y las
Capitu-
lares.
No conozco fuente de estudio mas fecunda y mas vasta que.
estos dos grandes códigos de dos grandes soberanos, de los cuales.
el uno representa perictamente el sol que se pone, y el otro el sol
que sale. Allí es dUode la Economía .política debe buscar cual fué
la condicion de los pueblos en las dos estrernidades de la Europa,
cuando la civilizacion romana se retiró á Constantinopla para ha
Cer lugar á la monarquía casi universal de aquel .que clip") sus sie-
nes con la corona de Alemania, de Francia, y de Italia. Del mis-
n0
modo en nuestros dias, el có.ligo de Napoleon sobrevivirá á sus
'victorias y hará mas honor algun dia
á
su memoría que los mo-
numentos mas magníficos de su reinado. Alli
se
hallarán
los
he-
chos sociales los mas importantes de su época ,.conoo nosotros ha-
llamos en las leyes de Justiniano las huellas mas claras de la sa-
Iiduria
•
colectiva de los rumanos.
El conjunto de estas leyes fué reunido por la primera vez bajo
el reinado de este príncipe en tres libros
distintos,
el Cól;go,
los
Pandectas,y
los
Institutos.
Cuando subió al trono, la jurispruden-
cia estaba obstruida con una multitud confusa de téstos, cuya sim-
ple nomenclatura hubiese sido una obra superior á las fuerzas hu-
manas.
La suerte
le dió por auxiliar al famoso Trebon ia no que tra-
10
el orden y la luz á aquel caos y que acabó en menos de quince
meses la revision de las ordenanzas de sus predecesores. Este pri-
mer trabajo fué llamado el
Código Justiniano y
promulgado en todo
t'impedí) con una pompa
inusitada. Diez
y siete
jurisconsultos ba-
jo
la
direccion del mismo sabio, redactaron despues en
tres años.
l
os
Pandectas
resumen colosal de dos ¿í tres millones
de sentencias,
y
que habia
sido precedido de la publicacion de los
InsMutos
.
De
este
Sudo, les elementos del
derecho romano fueron seguidosde la expli-
eitchm
.
de la junsprudencia,
y
la justicia podia
.
en fin
consultar los
($o)
eternos orzle
►►
io.s.
(t) sin temor de
perderse en
nn laberinto de le-
yes. Desgracladamenie
tos
oráculos fueron engarlosos, como
-
lo
son
CáSi
todos: porque recogiendo las leyes se cuidó de adoptarlas
álay
costumbres contemporáneas.
Treboniano
se hizo cómplice de las
alteraciones que debian poner el código de una república en armo-
nio con el despotismo de una monarquía absoluta. Al mismo tierra+
vi
y para impedir que
en lo sucesivo no se hiciese sufrir al código
enmendado de este modo en beneficio del despotismo, una reforma
que pudiese aprovechar algun dia á la libertad, el emperador pro-.
híbi4, bajo pena del castigo
de
los
falsarios, el menor comentario
sobre e!
testo
nuevo. Pocos años despues, se hizo otra edicion
de
ci ,
aumentada
cou
las
Novellas
que completan el edificio respeta-
ble de su jori,prudencia.
Se encuentran en
los Irr,tittitos
detalles muy preciosos sobre el
estado
ele las personas en
Constautino
i
lla , ríela la mitad del VI si-
.ku ove los ciudadanos fuesen .ficti va mente por lo menos, igua-
les ante la ley , no habia
ya derechos
unidos á este título en
otro
tiempo tan
hermoso y tan vivamente apetecido. Los esclavos liben-
tos le obtenian sin transicirm , y esta facilidad ha .contribuido no
poco á la abolido)] de la esclavitud doméstica. La autoridad de los
señores sobre los .eiclavGs
era de este modo considerablemente re,-
(lucida. El derecho de =vida y .de muerte concedido á los padres so..
bre
sus hijos estaba abolido, y estos
podian .adquiriralgunas
pro-_
piedades que
cesaban desde luego de
pertenecer á 'los autores de
sus Bias.
El
abandono de
los
hijos,
largo iiempo tolerado comottn
riso disimulable, fue castigado
como
un crimen , cuando de él se-
pia la muerte de las víctimas: se pusieron algunas restricciones
á la 'libertad del divorcio que habia degradado al
matrimonio has-
ta el
punto de convertirle en el mas vil
.
concdrinato,.(2) y -la -in,
fluencia de la iglesia se manifestó de la
manera mas
'
visible en la
Lista de los
pecados
mortales
que ya por parte del hombre ya
,
de la
irntigér, podían dar lugar á la Separador). La religion habla pené:.
tracto ya en la lurlsprudencia. Sé nota principalmente su interven,»
-clon en la solicitud con que se preservan de todo atentado los de."
trechos de los huérfanos
y
de
.
ros menores.
(1)
Este
-
4
1
1rnoto
.
(lió Justiniauo,á sus códigos.
(2)
.
san ceróni
t
no
yik.,(4119:14 un ggrido quccutyfraba su 21 mugen', la
..
ctI31 hálP
bi
a
enterrado 22 ántocesOr'es do‘ aquel , mcuos
rolniltóitite'eL.Wilibeadecia"délitu,
lintgellts
opgylww191aul nibtiero., Sed i
l
iai
g
tf)1144WAIPS 14401
49.4114
Beueliciis, 111, 10»
-00
.
Esto en .enan4.0 4 Ifts personas; paro la ilroffie4a4.90.quold
alvidada:
.
Los
Institutos £ontienen
COQ
respecto á ella una Tnultitri4
ole disposiciones notables, adiñiten el principio de derecho beredi,
orlo, de los bienes, en-su estera >ion naas liberal. Nada de prerrom
nativa
de
primogenitára;
nada de distincion, para los derechos de
sucesion, entre
los varones y las hembras; á la. estincion de la lí-
pea
directa, los bienes.pasan'á los ramos colaterales. Las prescrip,
liones, sabiamente combinadas, conciliabautodos
los
intereses y de-
j
aban poca entrada á los pleitos. Estos
innICO5OS
pormenores oc
i
a,
-
pan
12
libros de las Pandectas. Los libros t
7
,
18, i
g
y 20
de
la
misma compilacion encierran tarabien disposiciones m'ay nota,
bles sobre los préstamos, sobre
[05
contratos de alquiler, sobre
la
paturaleza y las condiciones de los
arrendamientos cuya .duracina
•era
de 5 anos. La cuota del interes
sedó fijada en un
4_
p.
para
as
personas
de un rango ilustre y un 6 p. para todas las denlas,
esta
era la cuota ordinaria y legal. Sin embargo, se pertuitia el in-
terés de 8 p..-1 á los fabricantes y á los comerciantes y el de
12
para las fianzas marítimas. El clero, mas severo ó menos ilustrado,
ba,ondenado siempre er préstamo 4 imeeés, q.4-
►
e san Juan Cri-
póstorno y los padres de la iglesia perseguian con sus débiles argn-
n:tenlos
y ,que
Shakspeare Han-naba mas tarde en su lenguage
lorego,
la posteridad de un metal estéril.
No obstante, á pesar de estas mejoras en la composicion-de
las leyes
;
comparadas con lo que
.
eran antes, el pueblo sacó de
ellas- muchas menos ventajas que. se podria pensar. Aunque se las
habla reducido á lar, formas mas sencillas
y
á los términos mas%
precisos, quedaba en ellas aun bastante de vago y de contradicto-
rio para manten enjambres de abogados y de legistas. La resi,
dencia de los litigantes 'en provincias lejanas acarreaba dilaciones
incertidumbres, gastos considerables, cuantas veces halda que ape,
lar á la jurisdicion suprema. El derecho romano volvió á ser otra
vez una ciencia misteriosa que la. industria de los causidicos, dig-
pos maestros
de
los de nuestros mas, esplotaba con una audacia
inaudita.
El
rico arruinaba cruelmente el pobre,
-
y
los gastos de
los
pleitos
absorbian
habitualmente el valor de ellos. Sin ernbargol.
estas formal; y dilaciones-, aunque
muy costosas, protegían la per,"
mona> y
layropi
l
idad contra los
caprichos de la tirania
y la 4r14-.
,
triri
g
dad del
jw, e1410
4
-4 4ffibien
"4
un
progreso. 1
14011
re"
f f
(82 )
formas contenia esta so/a revista de las leyes romanas, acomoda-
das al
tiempo presente v que llevan tan profundamente la señal
de tales reformas
en
si mismas! Ouien diría que despues de
mas
de
1200
años presidirian todas la en el rnallor número de sus dis-
posiciones, al gohierno de una sociedad tan diversa? Pero en esta
lar ;a marcha al traes de los siglos, ellas debian penetrarse del
-tspílitu de muchas instituri,mes nuevas y suministrar á un gran-
,
de
hombre los elementos de una legislacion que tubo tambien su
gloria, ya
C WILULO XII.
Economía poriica de Carlo
►
agno.--Analísis de la parte económi-
ca de sus C:Jp
í
tulares.--Detalles singulares contenidos en el
'
,Titilar de Villis.--Consecuencias sociales del reinado de aquel
grande hombre.
El reinado de Carlo magno forma la transicion entre la bar-
barie y feudalismo. El restableció la unidad del poder y la•del
territorio igualmente destruidas por aquella multitud de pequeños
soberanos ó de pequeños estados (
l
ee llenan todo el periodo corrido
desdJ la priniera invasion. Los reinos de Metz, de Orleans, de
Soisons, de París, .de Aquitania, de Borgoña Vienen á confun-
dirse en la gran monarquía imperial; y todos estos miserables
despotismos, incapaces de concebir ninguna idea notab
l
e, se su-
men en uno solo capaz de e,ecutarlas. Por la primera vez desde
Cesar, vencedor
y
organizador, aparece un hombre digno de de-
jar su nombre á su siglo. Lo que caracteriza sobre todo á
este
hombre
notable,
es que era un
verdadero franco de Francia,
el
menos
mezclado de sangre romana que hasta entonces !labia sti
)ido al trono. Casi todos sus predecesores, bárbaros
ó
no, ha-
Lian
recibido el impulso romano y
.
cristiano; él,
se
sintió bas-;
tante .fuerte para darte. Los "os hablan reinado; Carlo
ti-tapió
quiso reinar.
Quizás hubiese impedido el advenimiento del
gimen fi
.
ndal comprimiendo fuertemente la tendencia aristocrá-
tica de su tiempo, si sus débiles sucesores no hubiesen dejáfia
perecer. su obra-y entregado al acaso
los
destinos de la humanidal
•
.Sus 53. espediciones fueron dirigidas porta pensamiento
que no tubo su originalidad.
(83)
fideo "que parecía perdido desde los romanos. Lo que él quiso des_
de luego, y.ante todas
cosas, fue •reedificar
en- Europa un gran
-poder, bastante fuerte para contener todas las ambiciones y
.
para
someterlas á
-
olla doininacion cornun. El
hizo la guerra á las in-
dependencias amenazadoras y á las creencias hostiles, y no se de-
tuvo sino luego que huyo conseguido su fin principal que era res-
tablecer un imperio. En el norte y en el medio di
►
halló dos
grandes resistencias, los sajones y los árabes. Desgraciadamente
sus victórias apenas le dejaron bastante tiempo para organizar , y
talló menos dificultades en la guerra que en la paz; pero aunque
sus grandes trabajos no le hayan sobrevivido, el impulso que ha7-
bia dado á la Europa fue demasiado vivo para que el movimiento
pudiera detenerse. Ella no volvió
.
ya á ser .despees de su muerte'
lo.que era antes de su r Binado; él la dejó dotada de un pensarnien
to que
se
manifiesta en los actos de sus sucesores, en la política
de los estados formados de la desinembracior
i
• de su monarquía,
en
las guerras mismas' que
se
harán mutuamente ó que sostendrán
Contra sus enemigos.
• Basta recordar el cuidado con que ensayó restablecer una ge-
rarquía:administrativa severa , vigilada por los inspectores aires
.buiantes,
missi doreiefei, embiados del
seiior,
encargados de darle
cuenta
del estado de las provincias, de la reforma de los abusos y
de-1áejecucion, de sus órdenes. El estaba de este
i
►
odo presente
en todas partes,, y podia estender su. mano hasta las estremidades
de suimperjo con una rapidez decisiva en aquellos tiempos de len-
titud y sobre aquella superficie inmensa casi enteramente despro-
vista de caminos. Las 3.5 asambleas generales tenidas bajo su rei-7
. nado, aunque no se asemejan mucho á nuestras sesiones parla-
mentarias modernas, no por eso han dejado
de
contribuir de una
Manera eficaz
.
á las mejoras que hizo ejecutar. Pereda que los di--
puta,dos á ellas.tenian solamente
.
vez consultiva; el emperador to-
maba
las resoluciones aun contra sus votos; pero recíbia precio-
sas comunicaciones sobre el estado del pais, sobre sus
ne
cesida-
des,
cesida-
des,
sobre sus trabajos. El arzobispo ilincrnaro nos ha dejado re-
velaciones curiosas sobre la manera con que se celebraban estas
asambleas generales, y sobre el origen de los
Capittdares
que re-
l
amia
')
'
SUS
trabajos:
"Era, dice,
ub uso'
de este
tiempo
el tener,-
cada afio
.
dos asambleas en las euales,
se
sometían á los grandes en
(
8
0
,
Virtud
de las
órdenes del rev,
los
artículos de
la
ley
llamados
raJ
paula,
que el mismo rey habla entendido por inspiracion de
Dios.*:
¡labia
pues
examen
pres
in, discusion en consejo de estado, por
que
no
ge
wi
t
-in
re
onocer otro raracter en
estas
reuniones paci-
ficas
s
cuyos debates eran
dirigidos por
el soberano,
en. eirtud de
/a
Jabidaria
que nula reelliido de Dios sean
la
espresion de
su
bis.
toriador.
Carlo magno no
por
eso tendrá á
nuestros
ojos
mena'
mérito, puesto
que el pensamiento dominante
de todas 'as mejo-
ras
de su reinado le pertenece todo entero. Y á la verdad jatuas
hubo actividad mas estraordinaria que la suya; aunque sus nu-
merosas guerras le
hayan forzado
á trasladarse muchas veces
de
an
estreyrin al otro de la Europa , no cesó de publicar edictos
de
reforma sobre una multitud de asuntos algunas veces con
tal minuciosidad, que cuesta trabajo comprender corno la ma-
gestad de su poder descendió hasta ellos. Es pues en sus
Cape
lulares
donde es preciso buscar cual fue su Econonia.política
'y
si es verdad que esta ciencia le debe algunas disposiciones esen-
dales. Antes de todo, debernos observar que se atribuye injusta-
mente á Carlo Magno solo, la coleccion de aforismos, consultas,
prescripciones
y leyes
que llevan su nombre. Cerca de la
mitad
pertenecen á
sus predecesores, y un gran ndmero á
sus
suceso-
res:
el titulo solo
de la obra
(Cay
.
tula regurn francorurn)
basa pa-
t.
ra
indicar su verdadera significacion
y
la naturaleza exacta de su,
contenido. La mejor edicion que poseernos
(t) no
es
mas que una
compilacion indigesta, sin orden, sin crítica, y cuyo testo escri4.
to en mal latin
de
la
decadencia, desanima á los
hombres esta-.
diosos mas íntr(!pidos; pero
es
una mina inagotable de documen-
tos
preciosos,
y seria de desear que existieran
otras
análoGas
de
todas las (pocas de nuestra historia.
Entre los 65 Capitulares de Carlo
magno, el que mas
in»
teresa á
la historia de la ciencia económica, á
pesar de la inco-
herencia
de
sus
pormenores,
es
el
famoso Capitular
de Fillts
en
el cual este
grande hombre procuró recopilar sus ideas -
bre la
hacienda y la administracion de
sus dominios. Se
compone
de
7
0 párrafos sin relacion entre sí, y que
se
parecen mucho
4
las instrucciones dadas por un rico propietario á su administra-,
olor.El príncipe pide, ante todo que se le sirva con probidad
y
(1) L
a
de nallize
ea dos
tomos eta folió. Paris
1G77.
(85)
que sus gentes sean tratadse con solicitn4,
-e modo que estén
Abrigo de la pobreza, No quiere que se lsitnponga servidumbre
trabajos penosos; "si trabajan de noche
se
les tendrá en cueri_
ta," á su
vez,
debian tener mucho cuidado del vino de
la cosecha
y
poeerlo en betelies, para que no se beche á perder.
Si se separan de los deberes
que
les son impuestos, podran ser
cas
t
lgadas con la pena de azotes , d segun la voluntad dei
rey y
.rde
la reina. Se cuidará de las abejas y de los gausoie se vigilará
sobre la,
c
o
nser
v
ada
"
-, y aumento de
104 viveros.
Las vacas, las
yeguas
de vientre,
las abejas serán tnultiplicadas, "Queremos,
de
d Seilor, que nuestros bosques sean tratados
con
inteligencia
que no
se,
les desmonten, que se conserven gavilanes y halcones,
Se tendrá siempre á nuestra disposieien los patos cebados y pollos
dispuestos; se veneleran en ele mercado los huevos que no hubie-
ren servido al consumo de nuestros cortijes. Cada ano de nuestros
dominios estará provisto de buenos lechos de plomas, colchones,
mantas, vasos de cobre, de pi:ala), de fierro, de madera, cade-
nas, cazos, hachas, tarros, artesas (..4ee. de mello que nada se
ten-
ga
que pedir prestado á nadie." Carlo magno queda tener tambien
la
cuenta, de sus legumbres, de su manteca, de sus quesos , de
su
miel, de su aceite y de su vinagre, y aun de sus nabos y
otra.s.
•minucías, coma lo--dice
.
e1.--t-elto de los C Titulares. Se pregunta
solamente en que rnomento hubiera podido examinar tales cuen-
tas
si se le hubiesen presentadas,
Se halla tambien en el mismo Capitular una curiosa enrame
raciona- de las diversas profesiones que juzgaba necesario reunir
en cada uno de sus grandes dominios. Eran precisos allí herreros,
plateros, sastres, torneros, carpinteros, pajareros, tejedores de
redes y hombres en estado de cuidar la fabricacion de la sidra.
Todo esclavo que quisiese hablar al soberano en queja de sus se-
bres debia tener acceso cerca de su. persona; no se,le porfia rea-
llar
este favor por ningun protesto. Carlo magno habia fiado la
época de Natividad para la entrega general de sus cuentas y
el
buen
Harpagon nó era mas exigente que este grande hombre sobre
esta
materia delicada. El artículo
8 a-
del Capitular
de Villlis
ofrece
la
prueba mas evidente de ello," "Es
importante dice que sepamos
todo lo que esas
cosas
nos producen."
y
enumera los bueyes, los
molinos
i
los bosques, los navíos, los viñedos las legumbres ,
(86 )
lana, el
lino, el cáñamo, los frutos, las abejas, el pescado,
las
pieles,
la cera y la miel, los vinos viejos y nuevos,
y todo lo de--
mas. Todo lo que no se hubiese consumido para el servicio del prin-
cipia debia ser inmediatamente vendido. El augusto
eCCilln1110
aña-
de ingenuamente." "
Esperamos
que todo esto no os parecera
demasiado duro, porque podeis erit2
,
ir otro tanto á vuestro turne
siendo cada uno señor de su casa." Su Real seiricitud iba aun mas
lejos cuando se trataba del transporte de los vinos y de las hari-
nas, detinadas á su uso personal. "Tendreis cuidado de hacer
conducir el vino en toneles debidamente rodeados de hierros,
y
nunca en pAlejos; en cuanto á la
3
harinas, quiero que sean
ciioca-
das en carretas forradas y cubiertas de cuero de una manera que
puedan atravesar los rios, en caso necesario, sin correr riesgo
de
averiarse. Quiero tambien que se me de buena cuenta de los cuer-
nos de mis machos cabrios y de mis cabras, del mismo modo
que
de las piolas de lobos que hubieran sido cojidos en el discurso
de
cada año. En
el mes de
mayo, no se
faltará tampoco en hacer
una
guerra
terrible á los lobeznos. " En fin el último párrafo de
este
estrafio
documento encierra quizá la. mas rara nomenclatura
que
existe en las pilotas de todo género
y de los árboles
frutales co-
nocidos en el siglo IX, y de quien el grande ordenador de los do-.
minios reales quería que no se descuidase la cultura en ninguno
de sus jardines (1).
Tal es, en sustancia, este celebre capitular
de
que resu,-
me
mucho mejor la economía doméstica que la Economía Política
deCarlo magno. Se hallan en otros Capitulares del nuevo Cesar dis-
posiciones exactas sobre cuestiones económicas especialmente en el
pasage siguiente, donde se, halla, como ha dicho con razon Mr. Guizot,
un verdadero ensayo de
ina:Lírnurn:
"El muy piadoso señor nuestro rey
ha decidido que ningun hombre eclesiástico ó seglar pueda,
sea en
tiempo de abundancia, sea
en
tiempo de carestía,
vender los víveres
mas caros que el precio recientemente fijado por fanega, á saber,&c."
(1) Deben citarse algunos
de los principales para satisfacion de los
aficionados á la
horticultnra..É1 lis, la 'rosa, la salvia , la ruda, el cohombro, la calabaza , el comi-
no, los chicharos , el anis, la
coloquintida ; la lechuga , la
bardana,
la mostaza ,
menta, la malva, la
cebolla, el cardo , las habas, los guisantes
cic, &c.. En plinto á
iirholes Carlo manó queria se cultivasen en sus dominios los manzanos, los ciruelos;
los perales, los castaños, los albérchigos los nogales , los avellanos. los almendros,,
las moreras, las higueras,
pido»
cétézoa..Y
designa
muchas
variedades al
áttpon94:.
,
•
!,x
(
8
7
)
•
En
otra parte se halla la creaccipa de
una contribucion de
pobres, á
fin
de evitar la mendicidad. «En cuanto á los mendigos que corren el
pais, queremos que cala uno de nuestros súbditos alimente á sus
pobres sea por su cuenta, sea en el interior de su casa , y no les
permita
ir
'á mendigar á otra parte. Y si se encuentran tales men-
digos, y que no trabajan con sus manos, nadie se atreva á darles
nada.
)
,
Algunas veces Ios mandamientos del legislador estan de-
,
v
cretados bajo apariencia de una simple iaterrogacion: -Preguntad
á los arzobispos y 'abades que nos declaren con verdad lo que quie-
ren
decir estas palabras de que se sirven frecuentemente;
renun-
ciar al sfklo,
y porque seriales se pue len distinguir los que re-
nuncia?' al siglo de los que no renuncian á él ; y si es solo por
que no llevan armas 6 porque no se han casado públicamente? Pre-
guntad tain bien si ha renunciado al siglo quien trabaja cada dia
no
importa por qué medios,
en aumentar sus posesiones, tan pron-
to
prometiendo la bienaventuranza del reino de los cielos , tan
pronto amenazando con los suplicios eternos del infierno: ó bien
bajo el
-
nombre de Dios, ó de algun santo, despoj mlo á algun hom-
bg
rico ó pobré, sencillo de co•azon ó poco avisado?),
El
lenguage de Carlo magno mera menos significativo
;
como
se vQ, en
sus insinuaciones que en sus prescripciones. Era preciso
que l'a corrupción y la dominacion de los sacerdotes hubieran ya
adquirido en su reinado un caracter bien grave, para que se hu-
biese determinadoá dirigirlestan
'
severas reprimendas. En otra par-
te, les
recomienda no jurar, no embriagarse, no frecuentar ¡Os ma-
los sitios, no mantener mozas , y no vender denrisiado ca-
ros los sacramentos. La usura era entonces un abuso tan habitual
al
clero corno al resto de los habitantes ; los Capitulares hablan de
ella en
mas de veinte pasages , -y no cesan de censurarla de todos
modos. Estas piadosas disposiciones no impiden , sin embargo,. al
emperador fijar el mismó el arancel por el que se deberá recibir su
moneda, buena ó mala, y condenar á grandes Multas á los
bres bastante atrevidos para disputar su bondad. Pero emuts P
res
-cripciones Tiránicas están compensadas con medidas frecuente/nen-
,
te
favorables-á los esclavos, á los rústicos, á Ins
pobres,
que está
táandado socorrer, recoger en asilos y cuidar cuando están enkr-
1110S;
Los
reglamentos eelesiást'etis "ocapan en los Capitulares
un
lugar considerable. No puede dudarse al ver su éstension, de
la
(58)
i
mportancia que se daba al clero y á
los
frailes,
doeríns de la ad,
ministracion por
la superioridad de sus luces y consultados
porCar-
'lo
ma
,
it
,m los mas mínimos dela!
les.
1...
...staban exentos del
servicio
militar,
carga penosa entonces, impuesta á todos,
paga,
y pQr
tiempo
casi i:imitado. Todo atentado á su
consideracion á su per,
sana
era castrarlo con terrible severidad.
Se bailan en
los capittulares de Carlo mamo
pocas scilalcs del
ninun
sistema de impuestos.
Parece que la
renta del estado
con,
sistia
principalml:nte en la
percepcion
de multas, que eran
nume-,
rusas y
crecidas, y
e[
los
arriendos de los dominios
del emperador
El
cuidado minucioso
con
que Carlo
magno babia arreglado tu-
do
lo que ct)!!cernia á este asunto
no
permite
dudar que la renta
de sus tierras
fuese la parte mas esencia! Je su presupuesto.
Algu-
nos porta
7
.1;os establecidos
en los caminos reales, cerca dolos
puen-
tes , so al is t ra ba n
un suplemento de
recursos,
que
eran 1,Yenefieiz-
dos
en
comuu con los
grandes propietarios y
que 11(,ga ron á ser
ba-
j
o el feudalismo el origen de las mas horrorosas exacciones. Es tarn-
bien
e!
reinado Je Car lo
magno al que es preciso
atribuir la
rea-
Lilitacion
de las leyes romanas
que prohibian la salida de los gra-
mos en el ,tietnpa de carestía, lijo
pena de
confiscacion. Ya-
hertihs
visto que no había retrocedido ante estos ensayos de
maximum,
que
tuvieron por resultado agravar
los
males que se
querian
remediar.
din
clubargo Carlo magno pn
%
je ser considerado, en estos tiempos
medio bárbaros, como el
príncipe
que ha comprendido _mejor
los
verdaderos intereses del
comercio.
Sus Capitulares contienen
una
multitud de dispDsHones mas liberales que todas las dolos empe-
radores romanos. [labia establecido en las fronteras oficiales cucar-
gados de proteger las relaciones con los estrangeros, y este fue el
que coloci.en la embocadura de los ríos los primeros buques .esta,
ciongrios,
sea para intimidar á los piratas, sea en interes de
la na-
vegaciou. [labia
emprendido
formar un canal navegable
.
para unir.
el Rin al Danubio. Manch; el establecimiento de un sistema regu-
lar
de pesos y medidas para todo el imperio; persiguió con pena;;
severas1a l
i
bricaeion dé la moneda falsa , y prohibió
has monopo,
líos, Sus edictos no fueron
menos opuestos
á la compra de los fru,.
:los
pendientes corno sistema de especulacion vergonzosa que tenia
por objeto especular sobre la
miseria
de los cultivadores y de hacer.
losseueros.
mi.noo geno dispuso la inmovilidad
perfil«
t
eta de los hiedes bias iglesias, o
l
ioniénd'ose á que reeNesen
mas otro &sino, y cuidaba de aumentarlos preseriblesdo las do-
:
p
acionés en tierras y los diezmos .que eran-pagados por sus propia's
dominios. Debemos forzosamente convenir que los esclavos de su.
:tiempo eran tratados con mas filantropía y pudor que' los desgra-
ciados negros de nuestras colonias. No se podía separar al marido
de
la•muger, y
artículo del Capitular que contenia esta dísposr-
ciorise apoya en las palabras del evangelio:
()tíos dele s conjunxit,
horno :non separe?.
Fila prohibido comprar
' óvender un esclavo de
otro rnodo que en presencia 'de los delegados del emperador. Toda
tienta secreta era anulada
y
castigada.
Se
esplica con facilidad esta solicitud por los esclavos en un
tiempo y bajo un- reinado en que la esclavitud tomaba cada dia.
ala
estension nueva:
1
1,as donaciones de tierras que el emperador
hacia sin cesar á los grandes y á las iglesias, disminnian cada dia
el número de cultivadores en estado de vivir del'uoducto de sus
rentas, y su condicion llega á ser tan desgraciada,' que ellos prefe-
rian la esclavitud ó mas bien la servidumbre. Poco á poco se vi6
desaparecer casi todos los hombres libres, y sus pequeiias hereda-
des agregarse á estos inmensos dominios concedidos por la munifi-
cencia imperial á la aristocracia militar y eclesiástica. De este
modo
se
confundian las ideas de soberanía política y de propiedad
territorial que llegaron á ser la base de la anarquía feudal, asi
que la mano del gefe supremo cesó de hacerse respetar Je
las
vasallos ambiciosos y poderosos. tal mismo preparó este grande
acontecimiento dividiendo el imperio entre S111;
hi
j
os, y debilitan-
do su propia obra; y por alli es por donde su reputacion es vultieT
rabie,• y es por el carácterefiniero.de sus obras por lo que muchos
historiadores se
.
han creido autorizados á juzgarle 'severamen-
te.
Es,
con todo, justo reconocer qué Cárlo magno nada tiene de
comun con la mayor
.
parte de sus predecesoros ni de sus suceso-
res. Todo lo que sabemos de su ilustrado amor por las ciencias
y
de los esfuerzos' generosos que hizo'para esparcirlas, estas ten tatiT
v.as atrevidas de Centralización en una 'época de desmembramiern•
to universal, esta creacion maravillosa de un grande
imperio
en
rnenos.de 4o arios, no pueden ser sino obra de un genio superior
,
y nos hace muy bien comprender porque
Carlo
magno fue 'hon-
rado con el nombre de
Grande
durante su vida, y canonizado des-
t
(96)
tk:upg.
(
19u:én no re.otioce facilmente
el antiguo pre,
dominio de la
L
oropiedad feudal
en
la lentitud de larespropriacion
por c.-.lusa de uti:idad pdblica
á
por causa judicial,
en-el régimen
vicia.,:,
de
las hipotecas, en la itistribucio• de los impuestos siewipre
favorable ;í la ri
T
ieza territorial y en el privilegio electoral que
garantiza to-ias
lemas? VearHe las iostitueiooes de Inglater-
.
ra ,
y de Alem tnia , rccorransc la E.spaa y la Italia: el feudalis.,
U
no esta vivo aun y se halla tainbie» en Francia., á -pesar .de las
le
,
: es revolucionarias que l
►
au refl,icido la
.
propiedad á átomos. El
iw1:1:stcl.11 y el c,inierciante sun t:-.)das.'ia los
Ojos
de muchas gen—
tes, ios hijos del liberto y del esclavo; al contrario, la presuncion
esta siempre en faaor del
t
ropietario. Este es protegido,
no
COMO
pg:icultor y
trabajador, sino.
kn
raros de su calidad' abstracta de
detentor del suelo, de legatario
de
los antiguos
a!
y de los barones Fitudales.V
:
Esto c lo que esplica como
pvicios —
ha salido alguna luz de civilizacion de esía noche feudal que pa,
rece haber cubierto el
►
taundo. durante muchos siglos. Si grandes.
ideas políticas han desaparecido alli, grandes. individualidades han
comenzado á brillar eu Gi , y se han penetrado de su propia im-
portancia, de modo que merecen una mencion en la historia. La
armadura caballeresca y el privilegio de combatir á caballo
ro-
Lustecieron entre los seliores el sentimiento de su independencia
y
de
sus der
e
chos , y conservaron á la dignidad- humana un asilo.
libre de esclavitud. Los barones feudales, venladeros caballeros re-.
publicanos, menos ilustrattos que los de Roma y Atenas
se crearon
un
derecho de gentes., fundado sobre la lealtad de las promesas y
sobre el respeto de la
fe
jurada. Buscaron en la santidad del jura,
Mento una garantia contra la violencia de sus pasiones, que un
gobierno poderoso y central
no
porfia ya contener. Colocaron á las
•
inugeres, por la primera vez, bajo la proteccion de la galanteria y
prepararon sin pensar quizá en ello, las mutaciones mas graves
ocurridas
el
los siglos posteriores. Vamos á verlos, unidos al clero,'
atizar el fuego sagradQ
por el
comercio, en tanto que sus discordias le regeneraron por la
libertad.
•
•
.
3:-.
.1
.
f
•.
.
“)
..
..
1
•
_
de
124eruzadas ,
que civilizaron al inundo
1
•
497)
•
CAPITULO. XIV.
De las erré
ádas y
SU
Myeneia en la
plorch
Je
la Economía
m'u_
iic-a en Ettiej3d—bleinio
en lis
costityn_
breis::
L
-
‘
Piogr
'
esos 1
2
e1a
.
nipeg{'zelon, tle la in(li
l
stria y
del c9.9derclo.
En medio de
fA,
n rattia feudal de la Europa , fue una dicho-
s&
idea la effipusa me^
caballeresca y medio
religiosa
¿k
las
Cro
l
adas. El primer peas; miento pertenece
al clero; la ejecuci:.)a
-
-
pertenece enterafnente á la whiep
gnien ez3
,
11
fiebre geoe•cHa
iebia cost:lr
tan cara; pero los pueblos han recojído ventajas do--
T
abes de las
cuales
la primera fue verse lilwes de una nube de
opresores. ¡Cuántos accintechnientos decisivos llevaban, en efecto,
pon seno estas fas
t
osas-cruzadas!
•
emancipcion 'de las
dpalidades,-la •ladificacion de la serviduinbre, la aparicion de la
Liase media, la res;:?eccion de la industria, ta ereacio
►
del
u/niel--
pío y ele la navegaelo
i
n,
y
la fortuna de aquella Pleyade tan bri-
•Jlante
y
tan poética de las repúblicas
italianas.
Esto no fue obra
.de
un-día; peró la obra,
una vez
comenzada, ha cesado de mar-
£h
r
l
r
4
.
paso #nular ,ácia su entera cunclusion.
NJ
ha corrido
un-momento sin que alguna generacion haya tr
a
ído su
.
tributo de
inteligencia .y. ác -entusiasmo. Cranto -el mando, cansada del caos
feudal, se ha
.
apresurado. á 'repasar en • una, idea de. gloria y de es--
peranzal Es sumamente interesante seguir los
progi-esas
de
est
a
revolucionenl* historia tan eonfusa del siglo Xl.,
y=
con,-
turre á ella, como, por encanto, desde la usurpaeinn de Hugo
Capeto hasta las peregrinaciones de los trobadores. Se hubiese di-
40 que la Europa entera iba á continuar en Oriente la i!lvasirra
nenas fijada en Occidente: ¡tantos yiageros se presentaron ppra
stai-sespedlciones-aventuradas! Estas no se eomponian ;ia
icarn
en-
te de
gu,errer
9
s;
¡bah en
pos de los soldados una
Jnaltitud
14 de obreros, de mercaderes, de curiosos, de pobres, de ricos,
.de monges, de
mageres
y
hasta .de níf'ios. de pecho. Esta turba es
quien
tantas. veces la salud del ejército con Sis des-
OrdeOs_
.
y con l mis,eri% que setnbraba por donde pasaba. .1.;,1
--hanybré la- leOió.'ina
.
s
.
estragos
:
en: ella que el hierro
enernígo,
y
no
.
podemos concebir hoy filia •e3cesa. de
apuro
seme
j
lnt
e
á
aquel
dl que
los. ,historiadores nos han transmitido .deta
lles
lairen-7
ti
't rpn
„
1$4a
laa
..
s
.
ido testigo
1•,a
.;
1
"
a ha
"
CY1"1;:i
.)
(98).
que el Papa no hubiese permitido
á los débiles tornar la cruz;
que huliese dado á los fuertes una espada en lugar de una cesta,
una haleta
lti
,f
ar de un Lar
.
tonl" Un funesto hábito del que
.
•
,
pernoura decir una pla
l
..)ra, pues que ha penetrado des–
despues en las costumbres europeas
,
tubo origen
(
-
21
,
est-rt
epoca entre los cruz-idos:
el furor del
jUle
rr
O.
Esta
e
S
ed de enriquener:ie con rapilez
tales progresos que todos
juiah
.
in desde los basia los illtimos sol:N(11'3. Deswie
.
7, de la
€:
'
1i. .ide Constantinop
l
a los caberos j11711an á los doolr-Js las
ciudades y lis provine:as del imperio grie
,
o. Los ecnnua7ieros
durame su oei-ntanencia en Damieta
,aran hasta
sus
:;11. ),
N
armas.
pre-
f
rinta
motivo humano llabia nodl
.
lo obligar z'E. una
t
"7)
nri
]
, i tul
de hombres á aLandonar
ST1
patria nana c•rL
rer sseniehnles azares. El en
.
¿Ltsi-asnio religinSo hizo tnuclló, pero
la p';nreza la
scrvilninbre,
la esperalvw de un
mejor
norveni-r
-
c eatrib,iyerón mucho mas.
_la
ley de Cruzadas conceclia una tier-
ra ,
casa, y aun una ciudad á aquel que primero enarbolase
ZH
•
1 111P, b[U:iler:I.
Los primeros cruzados estaban exentas de tribulos
v Hevon dispensados de pagar sus deudas (i) Sus po
s
esiones
ron pnes
t
as halo la protección de la iglesia, y por un fa,.-or
comrario á los usos del régimen feudal, pudieron e:Tipe–
i;ar sus feudos y venderlos, sea
á
los se
,
lares, sea á los
er
l
,C-
-
sií
t
san el p
p
r:ItISO
de su seuor. Los cruzaoos no quedaron
í
• 1
va .s!:
) mas que a
iriOnini
l
eS
eclesiástiens.
lie tal es:a fielwc
(1
.
los artesan-)`;, los comerciantes, los labradort's
ST 1 ',111;,,in; y
su profesion ; los barones y los
SrilOreS se d
ba-
f.,
ir;:
e
lo
prosa de sus dominios. Las tierras, los
P
astillos fue-
ron da !o n-
ir sumas
In
,
idicas, y es:a
circuluv.I.neb.,
trayendo
Trgdil--
prnrandas en el
o
no de la nroa
,
iedad, ha contribuido
E
Do
puco
runiu
4.rad nal y
detinitiva de los comunes
(
1
,
este
«Los .;(,eneros que
hnUieran
t.ruz , 1,1,dran para
l
inar sus deudas , tanto
á
!OS illdiOS
Colon
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1
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-; á rni11:11'
íle
la p•it,11Prl
núst.a de Todos loi
santos. El
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contar desde el (Ha (le la
bulla tlw 11 cruz.
Si nigua
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ch..;g:t
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s detrrntinados sn 'vivienda
O-StIS
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las
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InPiha
•11:,.:e1,)
¿i no guerrero
(
v
)
ci¿
.
igo no cruzado,
el
pereibir:i este
:Mío
los Cruicls de la tierra, u
SUS
rentas, y el acreedor en el
t¿
•
„;i
i
,„
(
Le lo; a
i
-
u,s durant,? lo;
en (1,,bia tener 4ligaeion (") el arriendo los re-
tendrá un ario mas por indeniniza
•
i3o del atío que ha perdido. Ningun cruzado
podr'á
ser
lIamadii á
la eiHeurion cic sus val:s,
desde el dia de
su
salida hasta el de su vuelta,
ií
t
!D
e
l
icti; que la instancia
no
haya tenido lugar antes que haya
tomado la cruz.),
( 99
1,4 elase,media sedentaria' se enriqueció„poco á poco con los dornh;
Hitos vendidos por';
.la nobleza vagamunda," el
poder pasó de este
modo con las tierras á las
manos-de
los .nuevos poseedores. 'tubo
un momento en que las propiedades no- hallaban ya compradores.
Los cruzados desdeilaban todo lo que no
podian
traer consigo; los
productos--de la tierra
se
,
vendian.á bajo precio, y la abundancia
reapareció de repeníe.en medio de la escasez.
Cuando se estudian con melad«, los
-
pormenores de este gran-.
-de movimiento, es imposible
.
no admirarse con la semejanza que
presenta Coa la Invasión de los bárbaros. gran los mismos sueños
de. goces y de riquezas, y asi como la Europa habia parecido á
aquellos una mansion. preferible á la de sus bosques y pantanos,
del mismo modo el Oriente parecía á los cruzadus un
Dorado
sin
igual en el mundo
un verdadero vestíbulo del Paraíso,
como decia
uno de ellos err
,
sa ingenuo lenguage(i).. El amor de Id vago
y
de la li-
bertad, la certeza de escapar á la esclavitud del terrazgo con sus
'
Tm-
geres
é
hijos convidaban allíá millares de hombres..Los inonges ,
cansados de la disciplina de sus
conventos,
podian sustraerse de esta
por el viag€ á la Tierra Santa; los malhechores mi;mos, absueltos
de sus Crímenes por las indulgencias, corrian en masa bajo los es-
tandartes de la cruz,• y tomaban el camino de Jerusalen. Áqu9llos
que tabierun discernimiento:de resistir al arrastramiento generallt
realizaron beneficios considerables por las adquisiciones de tierras
y_ de objetos de toda especie, y por la. venta de caballos .y de ar-
•
Jalas cuyos pedidos se acrecentaban, en proporciones
.
inauditas..Se
Bajen
los descalabros horrorosos que diezataron esta multitud
es-
túpida:y
grosera en su primera
,
camparía ácia el Oriente á donde.
pocosilageros llegaron sanes y salvos. Ea la época de la segunda
cruzada, se debió poner un poco de orden en los alistamientos y
se
:
impuso algunas condiciones á aquellos á quienes se autorizaba
la salida. La tercera vió nacer el diezmo s
,
aladino
(2) especie de
Otros eran mas ,esplícitás.• Alejo en su carta al.conde de Flandes citaba entre
los motivos , el amor al interés , y la esperanza de poseer las mas hermosas mugeres
del", .triundo Amor auri et firgeuti , et pulcherrimarurn• foeminartun voluptas, »
(2) El tenoi
;
de esta pieza curiosa 1/a sido conservado phr Rigord
'
Cronografo de
li
Felipe Augusto , que' redactaba en mal latin un diario del reinado de este príncipe.
}1 aqui el principio: «Todos aquellos que no sean cruzados daran este ano á lo menos
el diezmo de todos los
bienes,
muebles y de todas sus rentas. El guerrero no cruzado
dará al. señor cruzado de
quien sea
pechero el diezmo de sus prwios
bienes
muebles y
dei
feudo que tenga de él.
Todoi'los
legos da
'
ran sus diezmos- hay fe de juramento y
yéhá' de. anatema,,,
7
191 clérigos, bajo la de.
r
escoraiinion..» IIoy día no tenemos mate
que apremios.
ort
ipo)
citintrihicion fnrzusa cava producto era déstinab á socorrer
necesidades de los cruddos, y del que no se eximieron
'irás`
aquellos que se alistaban personalmente. .El re'gírnenfeodantábldd
tal modo penetrado en las costumbres y en las leves, que la princi,,,
pai queja contra !os pecheros contribuyentes morosas hacia de que
reusaban á Jesucristo, como selr>r feudal , el hornenage que
bida
buen vas-ilia
establ
ohligilo
á
prestar á su sef
.
ietr. Gualdo,-
á
pe-,
sar de estos fulincrosos reclusos
;
faltó cl dinero á los asentistas de
los cruzados, se entró á robar á
103
julios, á las griegos y aun á los
La escasez fne.algurta vez tan cruel y las necesidades
ta
que se
hasta imponer cargas á los bienes de las
y de
las
comunidades que puuian el grito en el cielo. Esta
era
lo
que los
fI1311
ainel tiempo
ilamalial_entregar
frtror
Pri
.
(M tv7ía
y
pintaban como aceiOn aborninable
di.Çoa de las penas del infierno.
Iaa
revoluciaa causada por las Cruzadas ha ejercido demasiada
influencia sobre el desarrolla de las instituciones
europeas para que
no se indague con cuidado Coma estas esped:ciones lejanas han
podido alimentarse. Al principio cama lo hemos visto, el entaSias
rito 13;150; las voluntarios se mantenian ellos mismos del producto'
de sus tierras vendidas ó de las fondos que habian tomado presta-
os; mas tarde fue preciso alimentados y pagarlos, porque
de
to-
das partes huian los habitantes á su aproximacion y no les•dejabad
I
l
t
ti
T
'
le
de
s
iertas que andar.
S¿
.
:
conserva una singular carta del.
papa 'nacencia III á los ;efes de la quinta Cruzada: "Estais
calas, les decir, al servicio del Crucificado á quien toda
la
tierra
Pertenece. Si se Os negasen las provisiones
necesarias un'
parecerá
injusto que las tameis do quiera que
11t
.
hallcis,sien2pr-e
toá: 1"ternor
de NOS •
i" COn
l
a
inte'nélot
ere restituir."
El sabio historiador- de las
Cruzad,;
qle
refiere esta carta, aáade con mucho' ¡nido : "No te-,
nemas neeesiiÚad de decir que los cruzados. estaban naturalmente
• inclinadkis á seguir los consejos
.
del papa, y que 'no
1ns
esperaban
para-
Ernee.rarse
los-
y
iveres que
liseran.,
neces¿vrios:Y
1
Sus
hábitos
(fe
Saqueo no les pre
*
srvaran siempre del
hambre,.
y
la historia de.
las Ci‘ázadas está llena de relaciones ele
sus.tratájds.
No hubo allí
regula/4(1nd alguna ea las
,
provisionis
,..
hasta la epoca en quc-las_es..
peakianes se hicieron por inar„ con
:
la intervencian
'
de
poten-
cias que cerca,ban
el litoral étaliauo
del Mediterráneo.
( o
i'esultadolde jás Cruzkában tido considerados dé di ver..
It
á
tid
aá"
legfi
n.el
-pun
t
o
de vista en
que los diversos historiado-
res'se itán
coloea,do. Consideradas con relacion á las libertades públi-
tás,nopodra neghr que Mit contribaiido á la
dulcificaeibn
de
la es-
clavitud, haciendo pasar una multitud de siervosde la nobleza á la
dependencia n
i
as tolerable del clero. Debilitando la fortuna y el
vnit
t
iero de los tenores ellas prepararon d'advenimiento de la clase
Media, El gran consumo de soldados que originaban sin cesar,lii-
20
escasear el número de hombres y valió á Tos que habian que.
dado en Occidente mejor trato. Al anis!~ tiempo, estos, investi-
dos del grfbierno d las localidades en la ausencia de sus seriores,
administraban con moderacion y dejaban tomar á las poblaciones
usos que los barones.no osaron contrariar á su vuelta. La paz reinó
en las can-kph
-
las durante todo el tiempo que los tiranos de los casa-
. llos guerreaban en la Tierra Santa.
L.1 tregua de
Dios, obra del clero,
que las espdici mes á Palestina hacian au mas sagrada, colocaba
bajo
la
salvaguardia de la iglesia á el labrador y
.
á su arado, y casi
está dicho su independencia. No se sabe hasta donde hubiera po-
dido esten lerse esta alianza si los siervos que partieron rara Jerusa-
len hubiesen tenido la idea de aprovechar en favor de su einanei-
pacion
el
entuslastrio que les impelía á
la conquista de un sepulcro,
Insensiblemente el clero ocupaba el sitio de la nobleza en la
administracion de la justicia, protegia á las viudas y á los huc:r.i.
fanos, á los estrangeros, á los pobres, ' á
.
tos leprosos. Se halda
• convertido en tutor de los tnenores, abandonados por los padres de fa-
.
•
mina, y limitando á castigos espirituales
.
la sanción penal de sus
decretos, substi-tula á la cuchilla de los seilores un arma menos
mortífera y con tolo mas respetada. Su superioridad todos los dias
creciente habla acabado par es-citar la envidia de los barones, que
formaron- en el siglo XIII una- liga contra
el clero pidiendo que
entregase al Cesar- lo pw era del Cesar:
Fue preciso la intervencion de los Papas para aplaear este.gra-
ve altercado que vereinos reproduCirse y den que fá libertad
se
apio=
.vbehará
arli
es de donde salieron los parlatVentos,
efa
jurstici
d
'
e'
11 clase rriedia, hila del clero, que ha p
reseadoá
la 110151-ártidrm1
tantos servicios, haciendwrOviv
Ir.
y respel'ar
a h tigná
ro¿l*iln'a ro-
Inána
;
C?daTte árala toic
G
.
És precisa reconorár ta-mrden que i ne-
cesidad
de preveer
el porvenir, .el gran
tic ro de te`stainf.
4
.ntos
y
(
102 )
de-contratos que los peregrinos dtbieron suscri
e
bir, hicieron co-
.
nocer la importancia
del derecho y de la justicia, y
por
consecuen-
,
cía secundaron el
progreso de la !e,;islacion y de la jurisprudencia.
Pero ;os
polgresos
se manifé.slaron de una uaanera mas brillante
en
L industria, la navegacion y el comercio. Pareci6 en un momen-
t
o
que lo'>
navegadores de todos los paises se hacian dado cita para
los
mares de Oriente. Brema y Lubeck entablaron relaciones con
Génova y Venecia. El mar liái tico, guarida misteriosa de los pi-
ratas normandos,
1-111)
désnbiertoe:olorado.Lasciudades Anséa-
,
.
ticas, pu.111 ) la li'ortad baj ) la pi
.
oteccion del comercio, pre-
pararon en el N wte una conft;:leracion rival de- las repd.blicas ita-
lianas y que trajo canto ellas su tributo de inteligencia y de rique-
zas al f,co (}e a civilizacion. La arquitectura naval agramó la for-
.
i
na de
los
navios para la facilidad del transporte de los peregrinos-
Quince despees de la tercera Cruzada,
se
vieron salir de los
puertos de Venecia y de Génova Gotas formidables que el Me-
diterráneo
no
habia ¡antas sostenido. Los nave-
,
antes de
-T
3arcelo-
.
na publicaron la
primera coleccion de leyes marítimas que
ha
te-
nido a utocidad ea Europa. Los
tri:iurz2les JL:rzzsalen
encierran
algunis disposiciones de este género , y la historia nos ha conser-
vado muchos reglamentos estendidos por ilicardo Corazon de lega
para el mantenitnielato del orden á bordo de sus flotas. La pirate-
ria fue reprimida. La policía de los mares, ejercida con rigor por
dos 6 tres potencias interesadas en hacerla respetar, contribuY6
mucho ;i los progresos del comercio dándole un principio de segu-
ridad. Los comboyes dc.
. navíos seguian las' costas de los paises
en
donde combatian los cruzados y se enriquccian
vendiéndoles
mu-7-
niciones de guerra y víveres..
La industria no se
ha aprovechado
menos que el comercio del
impulso dado
á
las ideas por las numerosas cs
g
edicione§
á Tierra
Santa. Se sabe que Jos
cruzados alistaban con preferencia los
hombres que tenian un oficio
y
ejercian una.profesion mecánica;
estos industriosos peregrinos no siempre hacian un viage inútil pa-
ra el pais, y en tanto que sus
compalieros
marchaban
á
la com-
quista
,
de los santos lugares, la industria tenia tambien su Cruza
-1a
y robaba á los sarracenos y
.
á los griegos secretos y oPera-
cionet mas preciosas que las victorias. (i) Los cruzados aprendie-
lnichaud historia de las Cruz
a
das
6 p. 346.
.( i oS)
•
,i,
rtm en l'amase
.
° á trabajar con buen &tito los metales y los tegt-
dós; hallaron
en Oriente wanufacturaskle carnelote cuyas mues-
tras escitaron la admiracion de la reina Margarita. Muchas ciu-
dades'griega
.
s'mantenian telares de seda , que dieron origen al cul-
tivo
de
•
la morera en Italia y por consecuencia una estension in-
mensa á sus preciosos productos. Las fábricas dMvidrio de Tiro
ayudaron á perfeccionar las hermosas fábricas de Venecia , tan
justamente afainadas en ra edad media. No hay nada, hasta los
molinos de viento, cuya introduccion en Europa no sea debida
á
los viages de los cruzados. La cana de azucar que vieran por pri-
mera vez en Trípoli, fué trasportada por ellos á' Sicilia desde el
siglo XII; una multitud de otras plag
i
os, no
<
Menos
útiles,
entre
ellas el maiz denominado desplies trigo de Turquía , les debela
tarabien haber sido naturalizadas en' Occidente. ¿Cuánto tiempo y
trabajo ha sido necesario sin embargo para que estas conquistas pu-
diesen dar sus frutos, sobre todo cuando se ve que los hombres
mas eminentes de la época, el señor de Joinville, por ejemplo, su-
ponian ingenuamente que la pimienta y la canela
venían del Paraí-
so terrestre
y que se pescaban las especerias en las aguas del Nilo
.•
á
donde eran arrojadas por los vientos?
(i)
En sáma,
las
Cruzadas han aumentado el poder de los pri
ci-
pes y traido iitiportantes modificaciones en el régimen
feada os
nobles convertidos en vasallos , la clase inedia en comerciantes,
las ciudades enriquecidas, han asegurado á las rentas públicas nue-
vos manantiales fecundos y regulares , que han consolidado el
•
poder de
los
soberanos. Desde este momento el estado llano pudo
oponerse á
,
la nobleza y vino á ser poco á poco, ba,o los auspicios
del trono, una clase poderosa y respétada. Estos resultados no se
han desarrollada hasta
:
el mismo punto y de la misma manera en
todas las comarcas de la Europa, pero*no han tenido causa mas
influyente que las Cruzadas. Examinaremos mas tarde los verla
s
deros elementos de la manurnision de los comunes; lo que hay de
cierto, es,
,
que no.
han comenzado á disfrutar de alguna indepe
n
-dencia sino después de' las grandes espediciones do los cruzados.
'El clmercio mismo
-
coyas -franquicias; habia-walganas
veces
res-
petado los bárbaros, hubiera sucumbido bajo el peso
de las
exaccio-
.ml con
que le 'agoviaba la anarquía feudal, si las necesidades de
(1) Memorias de Joinville 2.a parte pág. 31, édicion de Ducange.
•
(104)
la guerra santa no le hubiera hecho recobrar su antigua indepen-
dencia.
mientras que
ep
Constantinopla estaba monopolizado to-
do, el pin, el vino, los aceites, los comestibles de toda clase, (1) los gé-
riero.s circulabn libremente en el Mediterráneo y en Fas Ciudades
ítj
ili
as
bajo los auspicios de la Cruzada religiosa. Los yenecia-
ma
nos
hicieron adntar los principios de la libertad comercial por do
quiera
que se estendid su influencia política.. A
ellos se les
debe
el est
jbleciralento
de las primeras factorías d despachos que sirvie-
ron de ino.le;os á todos aquellos que las diversas naciones sostie-
nen liov dia. Los reyes de Jerusalen que tenia
'
) necesidad de es-
t
os a
i
rerídos coinerciantes concedieron numerosos priivlegios
y aun posesiones territoriales. De este modo nació el espíritu co-
lonial en Enro
?
a, y con ellas rivalidades sangrientas, las empre-
sas in.h.:
.
iales y las combinaciones rerttísticas, en las cuales los
estos astutos economistas de la
.
edad inedia , han hecho un
papel que merece fijar un momento nuesira atencion.
CAPITULO XV.
Consid8raciones salse la s'ir'riczelou y la injiriendo de los judíos
en
.1
.c.1
edad inedia.--Naturaleca de los servicios que han prestado á- la
Economia política.- --Son los primeros fundadores del eredito:--
igen de la letra de .eanil)io y de los montes
,
ti
r
e
piedad.
En tanto que el sistema. feudal cubria la Europa con regis-
tros, 9eages y trabas de toda clase
(2) el comercio se refugiaba en
el
seno
de una casta proscrita y ensayaba bajo su
.
.in
g
uencia los
magníficos destinos que debian asegurarle las Cruzadas. Es en
efecto un espectáculo digno de iuteres el desarrollo rápido de
la
riqueza cli medio de las tuilnticncias perpetuas del feudalismo, y
n
mallos de los hombres mas cruelmente •Yejadol en esta época de
de
saqueo y de espoliacin.
ISio carece de importancia para la his-
tor'a de la Viconotnia política la esposicion rápida de como este he..
(2)
(
1 ) lle
t
:ren , ensayo solo••
intliieneia de las Cruzaz.115.
l
'
-
Ara
dar mili idea t'e la singularidad y do la iliveesídasl de estos
.
-po
'
new,
,
has-
t,;11 .
4 citar' al
k
lunol,
p4gb.a por pasar los p
Wel
.
el Ill
•
ech0 ele polont4l
,
ieni.11,
el.de
portatieuM para entrar en los puertos. Los seaurev, lindan paga'r la Orilla dé lds ríos
la cuota
lla
t
uatki ripaticutu 4 los btelues inereautes que. kiayeigs-ban J kraves tl svs,do-
ininios ; exiginn,otro llaknaffij traoi.lirlurt para el permiso tse conducir jas raercantias
en carro. El tnansionaticuin se pa:
4
aba para evitar el alojamiento de la
tr4Va ,
y. ni
pul-
erativitio, por el
.
pplvo levantado cu Ips cal-pillos por los carrtiljas 4.1 comercio. Se
pagaba tamblewell tolottium, el parayerdum, el cespitaticum, el urnatieuin
)
y
muchog
otros cuyos nombre°
110 11111
bárbraros ni el objeto menos odioso.
•
( I
o )
cho notable tubo origen y vino á ponerse en
el rango de los acon-;
tecimientos mas decisivos, bajo el imperio de las
ci
rcunstancias -
menos propias para favorecer su desarrollo.
No recordaré con respecto á esto la historia del pueblo jadio
y de sus largas _tribulaciones. Proscritos por los paganos, pros-
critos por los cristianos y por los
.
musulmanes, los, judios parece
haber vivido con las persecuciones y estorsiones desquitándose en
silencio con el culto del oro de las afrentas prodigadas á su culto
y
‘
reapareciendo siempre mas poderosos á medida que eran mas
aborrecidos. Ya en tiempo de Carlo magno,
se les
ve muy busca-
dos en la corte, aunque no tengan estado civil y no sean conside-
rados-como ciudadanos. Baja Luis el benigno, se les rehusa el
fa-
.
vor
del juicio de Dios y de las pruebas del agua y del fuego; pero
en recompensa obtienen juzgados particulares y existe en 828 un
magistradoespecial, personage ilustre, revestido del cargo de
Maes-
tre de los
judios
para que les administre justicia y les proteja..
De este modo vinieron muchos á Francia bajo los reyes de la
segunda estirpe, principalmente á las ciudades del medio dia ,
en
donde las
necesidades del comercio, la facilidad de hallar un asilo
pasando las fronteras y los medios que tenias de corresponderse
con
sus .co,religionarios de Asia atrajeron un grandísimo número.
Por algun momento se pudo creer que llegarian á ser verdaderos
xrrandarines: su Maestre residia en la corte y era el consejero ín-
timo del soberano, los príncipes y los grandes buscaban su. pro-
teccion por medio de ricos presentes; se les concedieron hasta privi-
legios, envidiados por los hombres libres.
Vajo el régimen feudal, ningun rango fue señalado á los ja-
dios ; debieron sufrir la ley coman de la esclavitud y obedecer á
los señores de las tierras sobre las. que se hallaban. Su. calidad de
heréticos les impedia ser protegidos tanto como los dernas súbditos
(codales, y llegaron al punto de ser cambiados , vendidos y
pres7-
tados. corno ganado. Sin embargo, su. existencia era aun
,
soporta-
ble, hasta que las primeras persecuciones sistemáticas fueron dirigi-
das
contra ellos en el reinado de Felipe I. quien los arrojó
de sus
estados, en 1
99
6. Volvieron mediante. un .desembolso
.
algunos años
flespros., yilyabierao sido,Olvidados quizá
sin las Cruzadas que die
ron lugar á un aumento de fervor religioso y por consecuencia de
rieore's ácia ellos. Se les hiuí contribuir á los' gastos de mas de una
4
(ros)
campAaa en la Tierra Santa por medio
de
una multitud de acu-
saciones vagas y odiosas, que les obligaban á rescatar su vida cada
dia del furor del pueblo, con contribuciones exorbitantes. Un mo-
mento favorecidos por Felipe Augusto, acabaron por arrastrar en
su reinado una vida miserable, espuesta á toda clase de insultos:
y
mas adelante forzados á llevar un traje distintivo que les espuso
muy frecuentemente á los asesinatos y al robo. San Luis los
agovió con leves las mas intolerables, exoneró á sus deudores, pro-
hibió todo juicio en beneficio de los judios y llevó el rigor hasta
privarles contratar ( t). Un decreto de 1254 marcaba espresamente
"Que los judios cesasen en las usuras, blasfemias y sortilegios, y
viviesen de alijen adelante del trabajo de sus manos y otras tareas,
sin prestar dinero." Estos decretos eran ejecutados con una seve-
ridad tanto mas grande, cuanto que el rey declaraba haberlos da-
do para descansar su conciencia y proveer á su. salvacion. Se fue
mucho mas lejos en 123
9
, y se halla en Ios juzgados de Bretaña
una disposicion atroz, en virtud de la que era prohibido informar
contra cualquiera que matase á un Mit). (2) Mas tarde, en 1288, el
Parlamento de París los condenaba á pagar una multa por haber
cantado demasiado alto en sus sinagogas. Felipe el hermoso los pros-
cribió, y los llamó alternativamente, segun la necesidad que tenia
de sus caudales. Su sucesor trató de su existencia como de una
materia puramente comercial , y les prometió volver á la posesion
de sus créditos, á condicion de darle las' dos terceras partes de ellos,
Si por ventura, dice el decreto, no pueden recobrar sus sinagogas
y
sus cementarios, les haremos entregar habitaciones y edificios su-
ficientes
á precios proporcionados"
Pasados doce años, el rey no
podia echarles sino dándoles un año para sacar sus efectos. En fin,
les garantizaba una cierta libertad en sus personas y en sus pro-
piedades , lo que no les impidió ser saqueados y maltratados en
132
1
antes de espirar los doce años, bajo pretesto de connivencia
c
on los leprosos y aun con los infieles. Se
les atas6
tambien , si-
guiendo el uso , de haber envenenado las fuentes, y se quemaron
un gran número en consecuencia de ello. Muchos concilios les
prohibieron el ejercicio de la medicina, y amenazaron con esco-
'munion bis- cristianos
que
osasen recurrir á sus cuidados. No
(1))
Ordenanzas de los reyes de FranCia, tomo I. pá
g
. 53.y 54.
,
(2) D
c
Argentré historia de Bretaña lib. 4 cap. 23 pág. 2o1
(107)
sabriainos hóy dia como, caracterizar tales absurdos,
-
y no obstan
te
los i,
,
ni:tamos en nuestras colonias con los hombres
de color á
los que ciertas profesiones estan aun prohibidas; tan cierto es
que los tiempos cambian, pero que las preocupaciones son lentas
en desaparecer
La
historia de los judios no presenta de este modo mas que una
.serie monótona de vicisitudes sin cesar renacientes. En i 34o se
prohibe á sus deudores pagarlos ; en
t 346 , son forzados á conver-
tirse ó á salir del reino. En Italia, en España, en Alemania,
los
mismos insultos, las mismas persecuciones, algunas veces suspen-
didas cuando los
:
gobiernos tienen necesidad de su dinero, y con-
tinuadas tan pronto como esta necesidad era satisfecha. Al car-
go
de
Maestre de los judíos
sucede el de ,Guardían
en
135
9
, co-
mo
:si estos hombres hubiesen formado una nacion en medio de
otra nacion; despues viene la cautividad del rey Juan cuyo res-
cate ayudan á pagar y esta asistencia es seguida de un diluvio de
favores. Se restituye á los judios sus cementerios, se les autoriza
adquirir casas; son exentos de subsidios y gabelas., se les prohi-
ve 4 los jueces del rey mezclarse en sus negocios, y para lo que
les es debido se les autoriza á creerlos bajo su palabra. Fueron los
estados generales quienes les valieron todas estas ventajas. Dicho-
sa
y
singular consecuencia, para aquel tiempo, de la interven-
clon de la nacion en sus negocios! pero estos hermosos dias no
fueron de larga duracion, y vernos despues á los judios forzados á
rescatar á peso de oro y por decirlo asi una á una las franquicias
que
habian pagado tantas veces. Carlos
VI
los
arroja de Francia
en 1393 y los fuerza á retirarse á Alemania; en donde nuevas ve-
jaciones les esperan para durar mas largo tiempo que en ningun
otro pais. Lo cierto es que en ninguna época fueron populares:
los servicios que prestaban á los diferentes gobiernos como capi-
talistas eran caramente pagados por los pueblos y esplican como
se les ha visto casi en
el
mismo instante, tan vivamente protegi-
dos por los unos y tan cruelmente tratados por los otros. El ais-
lamiento en el que se vieron forzados á vivir y la prohibicion lar-
go'tiempo
sostenida de adquirir inmuebles, dirigieron
sus espe-
culaciones
ácia el comercio y la industria, en donde obtubieron
bien pronto una superioridad incontestable. Desgraciadamente,
se entregarán
á
él con suma desconfianza
y
sentimientos me--
(
'08)
&osos que los habituaron poco á poco á buscar en
,
la astucia -un
'asilo
contra
los abusos de la fuerza y de este modo es como fue-
ron conducidos á las transaciones vergonzosas de que- su historia
ofrece demasiados ejemplos.
Nada es mas curioso
de
estudiar que el estado comercial de
esta nacion que no ha tenido ni territorio propio, ni puertos, ni
ejércitos, y que 'bordeando sin cesar por un mar agitado con
vientos contrarios, ha acabado por arribar al puerto con ricos-car-
gamentos é inmensas riquezas. Los j
-
udios hicieron el comercio por
que les fue rara vez permitido hacer otra cosa y ejercer su indus-
tria con seguridad. En tanto que la multitud de peages y la tira-
nia
de los señores feudales hacia-n toda especulacion imposible,
escepto la de vendedores en villas y ciudades, los jadias mas atre-
vidos, mas móviles, pensaban en•operaciones mas vastas y trabaja-
ban en silencio para unir los continentes , aproximar los reinos.
Eludian con destreza los registros y castillos, ocultando cuidadosa-
mente baja apariencias miserables su opulencia positiva y el se-
- creto de sus transaciones. Iban á -buscar
•
á
grandes distancias
y
ponian al alcance de los consuinidOres acomodados los productos
poco conocidos de los mas distantes paises. A fuerza de andar rele
correr de comarca
en
comarca, Rabian adquirido un conocimien-
to exacto de las necesidades de todas las. plazas; -Sabia.n en donde
debian comprar y en donde debian vender: algunas muestras y un
libro de memorias les bastaban para las -operaciones mas impor-
tantes. Se correspondian entre si bajo fe de los juramentos que su
interes les obligaba á respetar, en presencia de los enemigos de toda
clase de que estaban rodeados. El comercio ha perdido el rastro
de las invenciones ingenioses que fueron el resultado de sus esfuer-
zos; pero es
á su intlencia á quien se deben los progresos rápidos
de los que la historia nos ha señalado el fenómeno brillante,.
en
medio de los horrores de la noche feudal. Insen3iblemente, los
judins
estancaban todo el numerario,- puesto que era la sola pro-
piedad que ponian adquirir y poner
.
en seguridad, y la
usura se
ofreció bien pronto á ellos como.
:
el
':medio mas seguro de enri-
quecerse. Libres de armar navios y,de emprender especulaciones
autorizadas, hubieran quizá renovado las maravillas de Tiro y de
'Cartago; esclavos y rescatados, se habituaron
.
á recuperar por la
Usara lo qae'se les arrebataba por la espoliaciOn.:En vano
se _pa-
( 1°9)
á
Minaban
l
M
eyel
SéNES
contra el prestante interés; estas leyes no
(servian inas v
al
e
"e
p
ar
a
-I
n
erAossem
P
r6
k
itós mas
d
ifíciles
y
por
consectiencia
.
el intereslitwas oneroso; Los prestamistas
sabían elu...-
dibeatónees. lo. mismo que' hoy
,
dia , las prescripciones que su¡eta-
ban::
sus
proyectos ,
y sus descuentos eran tanto mas
usurarios
cuanto
sus riesgos eran
mas
serios. Poco á
poco, ellos
se hicieron
señores de
todas las fortunas con
ayud
l
de algunos capitales, y mas
de una vez .1a desesperacion de sus deudores los
destruyó atroz-
mente
coma acreedores
.
, mas bien que
C041
-
10
heréticos.
Este estado de cosas ha durado hasta el descubrimiento del ca-
lo de Buena-esperanza y de la
América., época en la que
las na-
!eiones Europeas. se ~regaron á empresas mucho mas
importantes
• que
la
buhoneria de los judios y 'sus especulaciones de usura en
-pequeño. Pero:durante cerca de 1.5oo anos, es en la historia de
es-
ta
nacion donde es preciso estudiar la marcha del comercio y los
ensayos mas
ó
menos atrevidos
por
los que se elevó al rango de
poder político.
Lós judios comenzaron por vender esclavos bajo
la
primera estirpe;,1Iegaron á sertambien recaudadores de portazgos
(telonari)
y abusaran de tal modo de este encargo, que fue pre-
ciso quitársele. Mas tarde, sedes ve establecidos en Viena, del Del-
finado, en relacion con Marsella para el comercio del Levante;
ob-
tienen,
por la serie de sus relaciones, muchas misiones diplomá-
ticas
y
las llenan con habilidad. El monge de Saint Gall cita
- cierto mercader jadio, que habi
t
a llegado
á
ser favorito de
Carlo
magno y que iba á buscar al pais de ultramar los objetos mas
preciosos. Los sacerdotes y obispos habian llegado á ser sus tribu-
tarios, y mas de una vez los, vasos sagrados fueron puestos en pren-
da entre las manos de estos
heréticos, para hacer frente á los gas-
-
-tos ruinosos
del clero. Los judios
eran •
los depositarios de los utas
hermosos tegidos conocidos, y hacian el comercio con inmensos
beneficios; estendian al mismo tiempo su uso
.y su necesidad en los
castillos y
en las abadias.
Se apoderaron tambien
de Pa platería y
•
del trá
f
fica
de
la&materias de oro
y de
plata.
El feudalismo
turb(í
¿,
3nenos,que sgeng esta
ocupaciones lucrativas;
los
scaores
les
impusieron en ellas condiciones
severas, pero tuvieron el buen sen-
tidude respetarlas. Asi, en medio del terror general que no cesaba
amenazar„sobre
todos los caminos á todos
los
viageros, los ju-
.419 arpgdps de $aiyo-conductos rceorrian sin inquietud la Euro-
( r 'o)
pa entera y
disponian
como soberanos de todo el comercio. de la
Franci:.x en los siglos X y XL En esta época,
habian
ya simplificado
mucho las operaciones comerciales ysa correspondenciahubiera he-
cho honor á los mas hábiles negociantes de nuestras grandes ciudades.
La ap3ricion
de los comerciantes
de
Lombardia, de la Toscana
y de
otras partes de la Italia acabó de perfeccionar la obra de Ios
indios
y de
dar al comercio de lo edad media un impulso enérgi-
co
Estos
sacaron desde luego recursos de todo y- pusieron en circu-
lacio!
'
los
objetos muebles
é
inmuebles, tales corno caballos, tier-
ras v
ca;as:
el historiador Rigord llegó hasta decir que los judios
eran, en esta época , propietarios verdaderos de la mitad del reino.
En vano, decretos reales fijaban la cuota del interés, arreglaban
las hipotecas, el modo (le los juicios contra los deudores y una
mul-
titd
de
cuestiones de una importancia económica no menos gran-
de: los julios continuaban en prestar y vender á aquellos que
te-
dian necesidad
de
pedir prestado y de comprar, y que se guar-
daban bien de discutir demasiado las condiciones. Se pretende
tarribien que fue entonces cuando aparecieron las primeras letras
de cambio de las cuales los. unos hacen subir la.invencion ácia el
siglo VII y
los
otros solamente al medio del XII. Este es un pun-
to que no ha sido aun aclarado y que no merece serlo tanto como
algunos escritores han creido. La fecha
Ale
tal descubrimiento, su-
poniendo que se pudiese fijar de una manera auténtica, no ten.
dria mas que un simple atractivo de curiosidad; pero parece que
está destinada á permanecer siempre en la duda. Se cree con ra-
zon que la invencion es debida mas bien á los comerciantes italia-
nos que á los chalanes judios de este tiempo; aquellos no habian
tenido ocasion de entregarse tan pronto como los otros al comer-
cio de plaza con plaza que probablemente sugirió esta idea. El nom-
bre mismo de la letra de cambio, que era primitivamente italiano
parece indicar sus verdaderos autores, y la primera ciudad en
donde se hizo uso de ella, Leon„enlonces depósito de la hallar es
un indicio mas. Es probable que los Lombardos -y los
,
judiós ha-
yan tomado una parte igual y hayan adivinado
désde el
origénlus
importantes consecuencias.
Estos
inleniosos
T
inVentores entraron mas tarde en
lucha, y
la historia de
las repúblicas italianas de la edad media está toda
llena de debates piese elevaron entre ellos con motivo &tilos privi-
Cr'
legio
g
que
,
lOs
'unos
querian'esplotar con
esctusion de los otros.
Se
ve á los judios hacerse por todas partes mayordomos , ecónomos,
procuradores, hacendistas y tainbien mediadores de matrimonios
siegan que eran mas ó menos vivamente arrojados
de
todas las po-
siciones e
r
omereiales regulares por las bulas de los Papas, ó por
la
envidia de sus •competidores. Todo contribuye de este modo
á
encerrarlds en un círculo vicioso de donde no pueden salir mas que
por la usura y las negociaciones de dinero. Cuando la envidia les
ha forzado á abandonar una ciudad, el interés de los habitantes
los vuelve
á llamar á ella ; sus capitales son de tal modo necesarios
á estas ciudades industriosas que se desobedecen las órdenes de las
autoridades para impedir que los judios los lleven á otra parte.
También se vió bien pronto establecerse las casas de préstamo
hasta en las aldeas, y los judios de la Toscana dirigir de un punto
central una multitud de comisiones de sus casas de Florencia ó de
Pisa. Su opulencia y su fausto escedian á toda idea suscitándoles ad-
versarios fanáticos. Se sabe la historia del famoso Bernardino de
Feltre que llevó el entusiasmo hasta predicar una Cruzada contra
ellos, y que en todas ocasiones se mostró su enemigo mas implacable
Los perseguia por todas partes como usureros, sustentados con la
sangre de los pueblos, y para arruinar sus establecimientos ima-
ginó oponerles estas casas de préstamos sobre alhajas , que fue-
ron llamadas
Montes de piedad.
Al
principio, todo era gratui-
to allí, y las sumas prestadas lo eran sin interés, entanto que
los judios sacaban algunas veces de 3o á
4o
p. Asi el éxito fue
prodigioso, y la mayor parte de las ciudades de Italia tubieron sus
montes de piedad que debian sobrepujar algun dia en exacciones
usurarias á las mas audaces operaciones de los judios.
Sin embargo, estos montes de piedad no pudieron reemplazar
á los establecimientos de los judios, y esta circunstancia prueba
con que sagacidad habian adivinado estos las verdaderas necesida-
des de la circulacion. Aunque los montes de piedad prestasen dine-
ro
casi
sin interés, las formalidades que era preciso llenar para
tener derecho á sus socorros, la lentitud inevitable de su adminis-
tracion, la necesidad de justificar la legítima posesion
de los
artí-
culos „ernp'eRados,
y
-Sobre todo la ohl iga don
.
para los deposita n -
tes
,
deolarstls taémb
.
res á' la publicidád,;
.
nó fardaron en alejar de
ellos á los necesitados que
,
enc•ntraban fondos á cada instante, con
I 1:2
secreto y sin formali,dades , en
los
banqueros judíos. Ricos. y•
á -
tires, sefiores y
plebeyos, corrian a
e
llos
y
su. crédito
era tan
grande
en Liorna, en tiempo de los Medicis, que se decia,prover-.
billmente:
vale mas maltratar al p
.
ran duque :que á un judío.
El,
papa Sisto
V.
les labia vuelto á
.
a ht
.
ir los manantiales
de riqueza
que sus predecesores rabian cegado; sus tnercancias mismas
esta-
ban
exeritis de todo portazgo , y el
Sacro monte della m'eta
cesó de
hacerlos concurrencia , cuando los cristilnos encargados
de dirigir-
le
hubieron escedido los abusos de sus rivales. Despues de
menos
de diez ailos de existencia , los montes de piedad habían llegado
á,
ser lo
que s-tu hoy tija, abismos abiertos bajo los pies de
la desgra-
cia,
mas bien que
asilos para .escapar de ella.
Todo parece pues autorizarnos á reconocer que los judios
han
ejercido una influencia notable sobre la marcha de la
Economia
política
en Europa, conservando en
medio de la anarquía
feudal
el
depósito de tradiciones comerciales que llegaron á perfeccionar-
se y acrisolarse en el siglo XV. Es á las persecuciones de que fue-
ron
víctimas á quien somos deudores
de los primeros ensayos del
crédito y del
sistema
de la circulacion. Ellos
solos
quizá , recon,
centrando
sobre el comercio
del oro y de plata una atencion que
las preocupaciones de sus contemporáneos
les
,impedian
llevar
á
otra parte, ellos
solos
han
preparado la grande revolucion mone-
taria
que el descubrimiento de las minas de .-América y el esta-,
Mecimiento de los bancos europeos debitan cumplir en el mundo..
De este modo brilla y se conserva ,
.en
el. seno mismo de
los:acon
tecimientos , los mas sombrios, el astro luminoso del porvenir y
nosotros vamos á seguirle aun mas pronunciado en la historia de
las ciudades anseáticas.
CAPILULO XVI.
De las ciudades
anseálicas.--Causa
de
su
asociacion.--Singular
or•
ganizacion
de sus
factorías.--Importancia del depósito de Bru.4
jas.--Origen del comercio de
comísion.
i
En tanto que los judios creaban y estendian la ciencia: comer.
cial en Europa, á pesar de la anarquía feudal y las persecuciones
sin cesar nnacicAtes de que estaban agoviados, una asociacion
(113)
Coderosa se formaba en Alemania, y completaba la obra de laq
pruzadas despues de haberla adelantado. El Norte y el Mediodía
marchaban <le este modo
de concierto á la conquista de los grandes
elementos de la
riqueza pública, y el genio de la produccion ha-
lló siempre un asilo contra los abusos de la fuerza y las exaccio-
nes de
la tirania. Este progreso no es facil de seguir al traves de
las
vicisitudes que no cesaron de agitar á la sociedad europea desde
el
reinado de Carlo magno hasta el de Carlos V; pero es imposi-
ble desconocer los esfuerzos que se han intentado cada dia, sea
en
un pais, sea en
otro, para restituir al trabajador su rango y al tra-
bajo sus prerrogativas. Aun oprimiéndole se le honra, y la histo-
ria
de los judíos , sin cesar proscriptos y vueltos á llamar, no es
mas
que una serie de tanteos cuya necesidad sufren los gobiernos
antes de llegar
-
al empleo del crédito, es, decir., al respeto inviola-
ble de la fé prometida y de la propiedad. El establecimiento de
la liga anseática es uno de estos ensayos trabajosos, y debe ocupar
su
Sitio
en la historia de la Economia política.
No existe ningun monumento'auténtico de los primeros tiem-
pos de esta asociacion célebre por el cual se pueda fijar la época
exacta de su fundacion. La rnayi-a- parte de los actos de adhesion
á la union anseática han hasta desaparecido de los archivos de las
principales ciudades que hacian parte de ellas. Ningun registro de
deliberaciones, ningun sumario de conferencias nos ha llegado de
la primera edad de estas opulentas ciudades, mas ocupadas
en
obrar que en
hablar y escribir. Lo que es cierto es que desde el
si-
glo
XIII se veian ya muchas ciudades marítimas de la baja Alema-
nia unidas entre si para su defensa comun y sobre todo para la
proteccion de su comercio. principios fueron débiles, dice el
sabio historiador de estas ciudades, sus progresos rápidos, su resul-
tado admirables, y sin duda estaban lejos de preveer que algun
dia su opulencia reinaria como soberana sobre los dos mares del
Norte y baria gran peso en la balanza política de la Europa." Los
primeros tratados que hicieron entre si tubieron por fin la
repre-
sion de la pirateria y
la
abolicion de este latrocinio conocido bajo
el nombre de
derecho de naufragio,
entonces inhumanamente ejer-
cido contra
todos
los navegantes. A medida que
sus
beneficios
se
e
stendian, era preciso ponerlos
al abrigo de las rapiñas marítimas
"
le ÇO
I
T e
l
i
Pon ala u
de nna manera tan cruel á
las
exacciones de los
1S
OTO
barones territoriales. Se compraban los privilegios que no se yaz
dian obtener con el buen derecho ó por la fuerza; reuniéndose se
adquiria mas
influencia y poco
á poco se colocaron sobre bases
sólidas una multitud de franquicias que vinieron á ser el manan-
tial
de toda clase de prosperidades.
Las Cruzadas ofrecieron bien pronto un alimento activo á el
espíritu de empresa de las ciudades anseáticas. Sus navios tomaron
parte en las espedicinnes en Tierra Santa y visitaron frecuente-
mente el Mediterráneo ; desembarcaron en mas de una ocasion
acre pasageros que reconocieron fácilmente la superioridad del
comercio de larga duracion al cabotage pobre y reducido del mar
Báltico. En el Wcidente y en el mar de Alemania, Colonia, Bre-
ma, LuSeck, y I lamburgo se hacian otorgar privilegios
importan-
tes.
Se les habia concedido el favor de organizarse en corporacion
en Londres, de tener alli una casa y almacenes, y usaron de ellos
con tal habilidad, que en menos de quince años todo el comercia
inglés habia caido en sus manos. En Suecia, en Dinamarca,
en
Noruega, en Livonia, su preeminencia no conocia ya
límites,
y
hasta en la grande Novogorol los magistrados de Lubeck ejerciart
sobre las factorías anseáticas una influencia respetable. A fines del
siglo XIII se vieron ya siete ciudades marítimas del Báltico unir-
se para defender los privilegios que el rey de Noruega quería dis-
putarles en sus puertos ; ellas arman una flota para hacerlos res-
petar y triunfan de la resistencia del príncipe. En el siglo siguien-
te, su preponderancia es tan grande que
la
mayor parte de las
ciudades del interior de Alemania deciden unirse á ellas con pro-
vincias enteras. Todo el inundo quiso ser de esta asociación de
la
que resultaban tantos beneficios y se corrian tan pocos riesgos. Las
villas son admitidas á título
de clientes,
bajo
condicion de sopor.
tar la parte
de
cargas generales, como rescate de
su nueva inde-
pendencia. Se cree que fue en esta ocasion cuando se erigió el pri-
mer acto de confederacion general
en una asamblea tenida en Co-
lonia en 1364, en
donde la liga tomó e/ nombre de anseática
6 de
hanse que significaba,
en el antiguo lenguage del pais,
corporacion.
Lo que hay de cierto-es que á partir de esta época, no se oye ya
hablar ni de
mercaderes del imperio
ni de
navegantes de Alesna..
nia,
sino de factorías y agencias
de las ciudades anseáticas.
Desgraciadamente
esta liga llevaba en su. seno gérmenes de
111~111.1111~M.'
v
CS
~W
-
Y1 1 7
t y
ciudades
forte ádquirian importancia por sus
riq
uezas
eieron las meridionales tentativas para conquistar su
ind
ependen-
cia ;
qnerian disponer 'libremente de sus bienes y ar
►
adir á ellos ah-
pinos previlegios, en una época en que era una prueba de servir
dáinbre no tenerlos. Los ciudadanos consiguieron
ser
juzgados
par
"sus iguales y sustraerse de la justicia de los señores, opresiva , par-
cial y venal. Reclamaron
él
derecha de pagar solo de una manera
Tija y limitada, de arreglar ellos mismos sus intereses y de man-
-tener el orden en sus ciudades y villas.
"fue
aqui, (decia el abad
•
Guibert, cronista del siglo XII, ) he aqui lo que se entiende hoy
dia por esta palabra
nueva y detestable de comun.:
los pecheros no
-pagan ya mas que una vez al ario la renta á sus seilores; si cometen
-algun delito,
T'
elan absueltos mediante una multa legalmente
lijada, y en cuanto á las exacciones de dinero que se acostumbra
imponer á los siervos, estan exentos de ellas."
Y en efecto de este modo debia aparecer la libertad naciente,
á los ojos de un eclesiástico. -La iglesia tenia razon en alarmarse
por
la conspiracion universal que estallaba contra todos los privi-
legios, y que iba bien pronto
.
á
atacar los suyos. Porque poco á
po-
có
.
,
ella se 'labia sustituido á los sea ores , obteniendo exenciones de
pechos y prerrogativas fiscales de la mayor importancia. Veia au-
mentarse diariamente sus bienes par donaciones, y sus pretensio-
-nes crecian con su fortuna hasta el punto de inquietar á los reyes
en sus mismos tronos. .El mismo Luis IX á quien canonizó por
Santo,
se
vio obligado á poner orden en esto, y sus sucesores, fre-
cuentemente escomulgados, han tenido que sostener largas luchas
-contra el Pontificado, protector natural de las prelensiones
'siásticas en todos los tiempos. De este modo se continuaba la pro-
'testa permanente, eterna, de la especie humana en favor de una
4
•
eparticion mas equitativa de los productos del trabajo. La iglesia
se
asoció con ella en los dias de su tribulacion; y suministró ar-
'mas
poderosas á los defensores de la igualdad civil , en la época
en
que
todo el mundo se sujetaba al yugo feudal. Pero á medida-
que el feudalismo se debilitaba, la iglesia quiso á hacerse su he-
redera, y sustituirle en su dominacion sobre los
reyes,
qu
ienes
se
entregaron en manos de los pueblos y crearon el-estado
nano
en
el
Seno de los comunes enmancipados.
Esta grande revolueion no fne obra de un
vemos sus re--
16
(122)
saltados; pero no sabemos á punto fijo su fecha. Lo mas probable'
es que el movimiento comenzó por algunas ciudades opulentas,
y
se propagó insensiblemente segun las circunstancias, á todas. las le-
mas, pi tiendo unas la confirinacion de los privilegios que poseían
tiempo
arguyendo otras, servicios prestados y actos
desde largo empo
y
cumplido s, para hacer legitimar por la concesion lo que hablan
ganado ya por la conquista. Sin embargo, se atribuyen comon-
mente á Luis el Gordo las primeras cartas de franquicia ó fueros
por ser el primer rey ve recurrid al apoyo de la clase medía pa-
ra resistir las usurpaciones de la nobleza. Pero seria un error creer
que cuando las diversas ciudades se constituían en comunes, no
poseyeran ya alguna institucion popular local, encargada de velar
sobre los intereses de sus habitantes. En efecto tenian corregido-
res , procuradores, jueces, jurados, cónsules &c. Se sabe la lucha
enérgica y celebre que los habitantes de Vezelai sostubieron con-
tra el abad y monges, que pretendian tenerlos perpetua é irrevo-
cablemente bajo el yugo feudal. Nada mas curioso en la historia
que esta larga querella suscitada entre los monges que hablaban
en nombre de las libertades de su iglesia y los vecinos que recla-
maban los privilegios de su coman ; disputa seria que duró mu-
chos arios y en la que intervinieron obispos , señores , la corte de
Roma, y el Rey de Francia, para la ruina y la esclavitud de una pe-
queña aldea. Las ciudades de Tou rna y, Noyon, Mea ux, Dijon&c, go-
zaban de privilegios Indy estensos, en cuya primera fila figuran siem-
pre algunas franquicias comerciales, algunas prerrogativas partica-
lare;en materia de ca minos , de monedas, de sery idos y
de
impuestos.
El Abad Suger,
, que foe ministro y biógrafo de Luis el Gordo, di-
ce espresamente que
los lionil,res de las ftlIárr,‹»sicis del país
acampa-
i7aron á este príncipe al sitio de Thoury. Mas adelante la Reina
Blanca , durante la ausencia de san Luisconfió la guardia de las
,
ciudades á milicias urbanas. Cuanto mas se estudia esta materia,
mas convence que la riqueza acumulada en las ciudades fue la que
hizo nacer las ideas de libertad y preparó la emancipacion
dg
los comunes.
Si estos comunes no formaron corno en Alemania , una
confe-
deracion general, es por que hallaron apoyo en los soberanos tan
interesados como ellos mismos en cercenar el poder
de
los barones.
El trono nada podia
por si
solo
contra aquella nube de
señores
23 )
,qucatrincherldosen sus castillos esplotaban por sa cuentdpersonal
los recursos del pais. Los comunes no podian
nada
tampoco sin el
apoyo de los reyes; hubo entre unos y otros una verdadera alian-
za
ofensiva y defensiva que no contribuyó poco á fundar la inde-
pendencia y la unidad nacional. Las crónicas de san Denis celebran
la decision con que las ciudades de Corbia , Anilinas, Arras, Beau-
vois
y
Compiégne
enviaron sus contingentes á la batalla de
Bovi-
.
nes. El trono tubo la sensatez de declarar libres las ciudades que
no dependian sino de su autoridad y esta sabia resolucion le ase-
guró una multitud de sublitos decidi(
t
o', á quienes no siempre pa-
gó con ingratitud. No me atreveré á afirmar que los reyes y las ciu-
dades creyesen, al obrar de este modo, obedecer á un sistema, y
poner de comun acuerdo las bases de un nuevo orden social; pero
el
movimiento fue tan rápido que cuesta trabajo á la historia se-
guir sus progresos y se ocupa , aun en nuestros dias , en buscar
sus
causas. Con todo, no puede negarse que esta resolucion fue de-
bida á la influencia de la riqueza y del trabajo, quienes á su vez
se valieron de ella para nuevas conquistas. Se verificó en Europa,
en
aquella época , una verdadera renovacion, cuya aurora se vis-
lumbra en las primeras Cruzadas. Parecia que por todas partes las
ideas se engeandecian y tomaban violo; la inteligencia humana se
emancipaba baja la proteccion del gran principio de asociacion. Se
asociaban
los
hombres en el Sur para la connista de la Tierra
Santa y en el Norte para la seguridad del comercio. Las corpora-
ciones de artes y oficios, poco antes desconocidas, se multiplicaban
con tal abundancia que pronto fué menester regularizarlas , por te-
mor de que se hiciesen guerra unas á otras y llegasen á ser un
poder peligroso, en el seno del estado. Por todas partes el trabajo
es honrado, las magistraturas municipales son verdaderas sindi-
caturas, los regidores, los prevostes de mercaderes van á la par
de los seitores
y
disponen de la opinion y del poder de las ciudades.
Leanse las ordenanzas de lOscinco6 seis primeros
reyes
de la tercera
estirpe; y
se_
hallará un gran número que estan consagradas á ma-
terias de Ecoinía política, corno las fi e:as, los mercados,
las
mo-
nedas,
los cambios, las compras y ventas, los pesos y me
didas
,
la
l
ibertad del comercio y sobre todo los privilegios
de los
comunes.
El trono gobierna formalmente; interviene en todos
los
negocios,
Y
la
-
c
i
tada de la aduainistracion se manifiesta , principalmente
?t.
.( 1 2
en
la manera nueva y atrevida con que ventila las cuestiones
eca.,;
nómicas. Veremos bien pronto con que firmeza san Luis supo pre-
sentarlas ya que no tubo el tiempo 6 la dicha de resolverlas; y sor:.
prende el inmenso trabajo que se hizo en su reynado, en medié
de las preocupaciones esteriores de las Cruzadas y de las luchas in..!
ternas del espirita feudal contra el trono.
Se sabe que los reyes
tienen
las manoslargas,
decia ya el abad Suger en su vida de Luis el gor.,
do, y san Luis las tubo aun mas largas que sus predecesores.
-
Se ve con un vivo interés salir de este modo de las tinieblas
de la edad media los primeros albores de la brillante antorcha de
las artes y la industria, que fue á la vez el efecto y la causa de
nuestras libertades municipales. Los comunes tomaron el nombre
de
conjuracion ,
de
amistad,
de
confederacion,
de
hermandad ,
que
indican claramente el objeto de su existencia y de su organiza--
don. Cada uno de ellos se apoderó de una torre con su campana-
rio, como serial de reunion ó de combate; crearon su guardia y
sus magistrados; tuvieron una caja municipal , un sello comunal,
seriales distintivas de su poder y de su. individualidad. Prohibie-
ron la ereccion de toda fortaleza á tiro de sus murallas, capaz de.
inquietarlas
y
ejercieron en todas las circunstancias, actos de so-
berania local. F.41 ejemplo de las repúblicas italianas, el de las-
ciudagres anseáticas , que eran tambien poderes comunales, les
enseiíaron á hacer respetar esta soberania. Para bien comprender
la importancia
económica
de la manutnision comunal, es preciso
considerar á que duras vejaciones estaban sometidos los habitan--
tes de estas ciudades y villas. Los señores tenian la pretension de.
conservar entre aquellos ciudadanos un crédito ilimitado; las mas-
veces tomaban toda lo que les convenia, sin pagar jamas nada
y es sabido que de todas sus viejas costumbres esta es la que ha
costado á la aristocracia mas trabajo perder. Por esto se ve á los
ciudadanos (los de Soisons entre otros) estipular en su carta de-
fueros que "los habitantes de la ciudad no concederán mas que
tres
meses de crédito al obispo y sino paga en el término con ve--
nido, todo crédito ulterior le será reusado." Las asociaciones de,
oficios que han parecido presentar despues un carácter puramente
industrial,
:
eran cuerpos esencialmente consagrados al sosten de:
las libertades. del coman; tenian por objeto librarse de las veja-
ciinko
la.nobleza, y defenderse contra los empréltitos, forzosos,
(125)
'renavado para ellos, bajó,una 'apariencia
-
de liber4
Ud o.
»chalas miserias de
la
esclavitud.
de.costun
diferia
de las franquicias municipa,
les,eri la circunstancia de era becesario tubiese la sancion real, que.
le
conferia una gran fuerza. Algunas veces se adquiria por transa...
¿oa
CD11
el señor feudal á fuerza de dinero; pero como este pri-
vilegio arrastraba grandes modificaciones en la situacion rentísti,
ea
de las. ciudades, sea reduciendo, sea suprimiendo los censos que
pagaban á los barones, estos opusieron á menudo suma resistea-
cía á las tentativas do los ciudadanos que tubieron necesidad de
cuando en cuando de juntarse para vencerlos. Se lee en el preám-
bulo de una carta de fuero concedida
:.á lo
g
habitantes de Dourlens.
que "esta-carta es
concedida á causa de las; injusticias y de las
vejaciones ejercidas por los poderosos contra los vecinos de dicha.
ciudad." Felipe Augusto decia otorgando uina carta
.
d la ciudad de.
san Juan de Angely que a adheria á ella de todo corazon á fin de'
que los habitantes pudiesen mejor defender y guardar
tanto sus
derechos como los de él.".
Lo cierto es que la libertad marcha al
mismo paso que el trabajo
a
y que ninguna época
es
mas fecunda
en
desarrollos industriales y en conquistas sociales, que la en que
entramos. Mr. Guizot nota como una prueba evidente del movi-
miento general de /os espiritas ácia las reformas, que en los si-
glos XII y XIII se hallan doscientas treinta y seis actas del go-
bierno relativas á los comunes , á saber: nueve por Luis el gordo,
veinte y tres por Luis -VII, setenta y ocho bajo Felipe Augusto,
diez bajo Luis VIII,' veinte bajo san Luis
' , quince bajo Felipe el
atrevido, cuarenta_y seis bajo Felipe
'
el Hermoso, seis bajo Luis X,
doce bajo' Felipe el Largo, y diez y siete bajo Carlos el Hermoso-
Sin embargo, si se 'considera que los reyes no eran los
solos
que
daban las cartas é intervenian en los negocios de los comunes, se-
rá facil concebir la importancia del cambio que se habia verifica--
do
.
en la condicion de los pueblos.
Esta revolucion, pues lo es , fue el resultado inmediato y
recto de la inmensa creacion de las riquezas debida á las
ciudades'
industriosas de la edad media. Los barones,
'poseedores'
del
suelo,'
drsderíaban toda ocupaeion laboriosa y
dejaban á
los
vecinos e1.
cuidado de proveer á'sus necesidades y
á
sus placeres. Poco á poco
tilaanaerarlo
-
obtenido por- estos señores, por medio de las contrP
(
126 )
buciones, d de la violencia, iba á amontonarse en /os cofres de los
cindadados en cambio de los tejidos de lana, sederías, guantes,
cascos y demas objetos de lujo, que la aristocracia codiciaba.
Los
seriares eran pródigos, los vecinos, al contrario, pasaban por muy
avaros, y
11()
es
sorprendente qn.-! hayan de este modo creado
por la e&)noinia una masa con;ilLtrable de capitales ,
que adqui-
rieroo un gran valor, gracias á la seguridad consolidada por la
manurnision de los comunes.
halla la prueba de esto, en Join-
"illbia tantos malhechores y ladrones al rededor de París•
que todo el pais estaba lleno (le
ellos. El rey que ponia gran cui-
dado en que la plebe fuese observada, supo toda
la
verdad; man-
dó pesqaii-,s á todo el reino, á fin
de que se hiciese buena y pronta
justicia,
y que no se perdonara mas al rico que al pobre. La tier-
ra entonces comenzó á inejorarse , y el pueblo
llegó
á ello por el
buen derecho que en esto se hacia, y tanto
se
multiplicó y enmen-
dó, que
las ventas, ocupaciones, las compras, y las demas cosas
valían doble
que
cuando el rey mandó lo dicho antes."
De
este modo vemos establecerse casi simultáneamente los co-
munes en toda Europa , en
Italia , enEsparía ,
eta Alemania , en
Francia, en Inglaterra. Por todas partes los hay porque por todas
partes
la
industria y el comercio vuelven á tomar su vuelo. Géno-
va , Florencia, Venecia , Barcelona , BrIma , Lubeck , Hamburgo,
Brujas, París, Leon, Marsella, Londres, Bistol, parecen al mo-
mento regidas por las mismas leyes. La riqueza moviliaria se es-
tableció alli con arrogancia al lado de la propiedad territorial y
revindicó sus derechos. La tierra , incapaz en adelante de bastar
sola á las necesidades de la sociedad nueva, empieza á perder su
prestigio, y ve pasar á manos de los artesanos una parte del po-
der de
los
propietarios. La democracia aparece fuerte con el espí-
ritu de asociacion y con todos los recursos del trabajo organizado y
disciplinado. El estado llano se constituye; la clase media, soñada
en otro tiempo por. Platon y Aristóteles, llega á ser un cuerpo
deliberante, concede ó niega los
subsidios, se juzga, se guarda,
se
rige ella misma. La pnblacion
se
acrecienta con los medios de sub-
sistencia. Las industrias se perfeccionan, el comercio dá la seria[
de la aproximacion mutua de las naciones, y los castillos fuertes
vienen á ser tributarios de las manufacturas. Hay un testimonio
bien notable en la legislacion real contemporánea. El primer yo-,
(
12
7
)
lumen de la
>
totá,pilacian de estos ,decretos , por la tercera estirpe
comprende maa de ciento, todas consagrados á las cuestiones del
trabajo y de la industria,, de comercio y de cambios. Sin duda es,
tos decretos dejan mucho que desear , parque estan generalmen-
te
redactado
s
C
l
an
miras
,
fisealls
y
opresivas; pero su, ndatero y
Da
d
la-riedad misma
,
detnu.est
y an
,
la importancia, que, se daba ya á
las materias que querian definir
.
.,:
Vamos á esponer,e1 espíritu y los
hechos principales con algunos pormenores , porque su conjunto
forma el primer punta de partida conocido de la ciencia econó-
mica en Europa.
CAPITULO. XVIII.
De la ldgislacion económica de los primeros reyes- de Francia de la
tercera estirpe.--.Decretos sobre los judíos --Sobre las monedas:—
Contra la esportacion del numerario.--Sobre el comercio de gra-
nos.--Leye
s'
suntuarios.--Origen conocido de nuestras preocupacio-
nes coinerciales,
Existe,. hemos dicho, una prueba auténtica del movimiento-
prodigioso impreso en la produccion. de las, riquezas , sea por la
influencia de las Cruzadas, sea por el comercio de las ciudades
anseáticas, del sigla XII al XIV:. es la coleccion de ordenanzas de
los primeros reyes de Francia de la tercera estirpe. Se hallan en-
tre estos decretos mas de cien disposiciones, todas relativas á las
materias industriales y comerciales, pricipalmente sobre la usura
y sobre los julios, sobre las monedas, sobre los, obreros, sobre
los
pesos y medidas,. y tambien algunos ensayos de
maximun y
de re-
glamentos suntuarios. La Economia política del tiempo
se
descu-
bre toda entera en estos documentos notables, cuyo estudio nos ha
parecido merecer una atencion
particular,
porque resume perfec-
tamente las ideas de nuestros antepasados sobre muchas cuestiones
que nos dividen aun hoy dia. Seguramente, si el comercio y la
industria no hubiesen. adquirido, desde entonces, una estension
con-
siderable,
no
veriamos la administracion contemporánea tan
se-
riamente
ocupada. de
sus
negocios, hasta el punta que bajo el solo
reinado de Felipe
.
el Hermosa cincuenta y
seis
decretos se dieron
Itticamente sobre las monedas reales y señoriales,
y mas
de diez.
co
bre
.
los jadias
y
los comerciantes. italianos,
rlf1)
eÑarneri cuidadoso de estos,~numentos
'ede
la»: iégislacied
económica de la edad media nos
.
permite apreciar, con alguna exac4
titud , la naturaleza de la influencia ejercida por et gobierno eri
las cuestiones de hacienda y de industria en esta interesante época.
Tal estudio
es
tanto mas curioso , cuanto que la mayor 'parto dé
nuestras- preocupaciones 'comerciales
,
actnales
no tienen
otructirigen
que la legislacion esclusiva •intoleraute del siglo
Por esta razon nuestras leves sobre la usura, tan profundamen
te
discordes con la experiencia, con el buen sentido, con el interés
general de los prestamistas y los que reciben prestado, no
soil
mas nue una reminiscencia de los decretoS dados contra el presta-
1119
á in te.r sAre todo contra los judios bajo Luis IX y bajo sus
sucesor es. Nuestras malas leyes de aduanas , tan esclusivas tan
-
hostiles á el estrangero, son el fruto de los hábitos limitados ‘• de
n[vitnellidad y de egoismo esparcidos 'en la época en que la unidad
nacional tenia quizá necesidad- de, .ellas para consolidarse, pero no
para enriquecerse. La intervencion del gobierno en las compras y
ventas de las mereancias, y las tentativas del nw:eírniin renovadas
bajo el terror de
1793 ,
fechan del .dia en que
elige el }brilloso,
crey(i deber
fijar el precio
'
del trigo y obligar á
.
los mercaderes áprie;;.
Denlo en el mercado, cualquiera que fuese su carestía ). Toda nues-
tra legislacion de granos nace de los decretos que.probibian su es--
por(acion , y los primeros errores del sistema de
balanza
se hallan.
en el decreto de 28 de julio de i3o-3,- que prohibia la salida del
oro y la plata. ¡Quien puede decir hasta que punto estas- prescrip
(iones , sin cesar repetidas , han contribuido á-robustecer en el
pleito; de los pueblos preocupaciones deplorables!
minaremos pu:•s rápidamente y segun el orden cronológi-:
Co los decretos dados desde el
.
advenimiento de Felipe Augusto'
Basta la (
:
poca
de Carlos el Hermoso;
es
decir, cerca de dos sigloS;:
De todos los reyes nue han ocupado el trono en este tiempó,
hay ninguno que no haya ereido deber sefialar su poderio ó
su
ór-,-
todoxismo con medidas severas contra los indios
.
: diariamente
S-é'
velan aparecer decretos contra estos parias de la edad media , con;
siderándoios como materia pechera por escelencia. Felipe Augusto'
did cuatro muy célebres; el primero les amenaza, 'el segundo los'
despoja , el
.
tercer'o • los espuba y el cuarto- perdonó sns deudóres1;
(1) Ordenanza de uiarzo
de'lluf,
en la eole'eciort del Lotí-vre.t.-1
Luis VIII pátlieó tarnbienel suyo. Suprimió toda clase de interés,
é
hizo pagaren beneficio de los señores las sumas
debidas
á los
judios.
1-ternos
ya visto que san Luis no
se
mostró menos severo
Con respecto á ellos; Felipe el Hermoso, Luis Hutin, continuaron
el sistema
de
sois
predecesores. Despues de los Judíos, vienen las
monedas, y ningun reinado se pasó sin que la autoridad real ha-
ya dado algunos decretos sobre esta materia. San Luis mandó que
la
moneda de su gobierno se sustituyese en todas partes á la de
los señores, y esta disposicion ya intentada por sus predecesores,
hubiera tenido resultados favorables, si los reyes no hubiesen abu•
sado de ella despues multiplicando artificialmente sus recursos,
por medio de alteraciones fraudulentas. Estas alteraciones se re-
novaron con una perseverancia inaudita,
á
pesar de los desastres
que se seguian de casi todos. Ya
se
prohibia á los que poseian me-
nos de seis mil francos de renta el tener vagilla de oro y de pla-
ta. Ya se mandaba
á
los que la tenían, llevar la tercera parle
á
la casa de moneda, donde los agentes de la corona la compraban
al precio viejo para revenderla con beneficio, en forma
de escudos
de mala ley (i). El mismo rey se veia obligado á pedir perdon
á
us propios súbditos de esta vejacion prometiendo indemnizarles (2).
Los reglamentos sobre cereales ocupan un lugar notable en la
coleccion de estos decretos. Una guerra, una escasez, una mala
cosecha, bastaban para prohibir la esportacion de los comestibles,
bajo muy grandes penas; pero estas prohibiciones parecen casi
siempre represalias y van generalmente acompafiadas con algun
correctivo. "Considerando, dice una ordenanza, que nuestros ene-
migos podrían aprovecharse de nuestros víveres y que importa
mucho abandonar sus mercancias, hemos ordenado que aquellos
no puedan salir ni estos entrar." Era pues, una idea hostil la que
hacia que Felipe el Hermoso rechazase en 13(4 las mercancias
tstrangeras, como la Convencion nacional en 1
79
3. Hoy dia
en plena paz, y cuando se blasona de civilizacion, el mismo sis-
tema prevalece apoyado en los mimos argumentos! Alguna vez
con todo, las ordenanzas iban marcadas con el sello de una sabia
y razonable solicitud: como cuando prescribian la estadístic
a
de
las provisiones de granos por ciudades v por provincias,con inten,
(1) Ordenanza de Felipe el Hermoso, en la coleceion del Louvre t. 1. pág. 234,
-(
2
)
9
rd
euanzan de los reyes de Francia t. 1. pág. 235,
J7
( t
30 )
cion de tranquilizar á los ciudadanos y de ilustrar á los magis-
trados. El edicto de febrero de 1304. , debido á Felipe IV,
prueba una prevision y una
r)
sa
,
acidad notables. «Se envia-
rá (dice) por todas las ciudades y lugares del vizcondado de
París á saber cuanto trigo, morcajo, centeno, cebada y avena y
toda otra clase de grano hay, y cuanto en cada ciadad y sus ter-
ritorios, y cuanto será necesario para su manutencion hasta la
nueva cosecha, y cuanto para sembrar: y lo que hubiere de esce-
so se hará llevar á los mercados del vizcondado no
todo junto
sino poco á poco, á fin de que el grano pueda durar hasta la pri7
mavera y no será permitido que sea sacado fuera
.
de dicho vizcon-
dado sin permiso especial. A quien el grano
.
ó el trigo quisiere com-
prar se le venderá al contado; pero ninguno comprará grano para.
almacenarlo, bajo pena de perderlo."
A pesar de estas precauciones que tenian el doble objeto de
evitar los terrores. populares y los monopolios, el mismo príncipe
se vió obligado el mes siguiente á promulgar un decreto de
maxi-
mum
en virtud del cual ninguno. podia. vender
bajo pena de confis-
eacion de bienes,
el sextario del mejor trigo, medida de. París, á mas.
de cuarenta sueldos parisies. y el sextario de trigo de calidad infe7-
rior, á proplarcion. El sextario de las. mejores habas y de la
.
mejor
cebada, deLia venderse á treinta. sueldos; la mejor avenaá: vein.
te, el mejor salvado á diez., Cualquiera que tuviese mas trigo que
el que perinitian las necesidades de su provision. y de sus siem-
bras, debla enviarlo al mercado, y si despues de echado el pregon
se hallase entre algunas personas mas de la cantidad necesaria,,
todo era confiscado en beneficio del rey (1). Quien hubiera.crei,
(1) Nos parece astil poner en parangon el
eonsidernado
de esta or-
denanza con el del decreto de la Convencion nacional, que proclarnó
el Tm/ni/num. Principiemos por la ordenanza de Felipe
el
Hermoso.
Phi/nous De/ Franeorunt rex , I3cillú o
riromandensi salu-
tem.
Sient iri snbirlorunz nobis
po
i
rEzlortim lranqullillale, et- prospera-
lote ventura'
gloriarnur uberias, sic el, in- ipsorunz crfflirtíone et adver-
sitale
opressis
compatimur el condolemos afflictts
vías ex-
<mírenles el modos, fuslri. elcrtanz nobis ci Deo
pQtentiam, quibus
et
eo-
rum suecurraler
dispendiis obvietur.
Cnnz ¿laque vidunlium
(minium el prceeinné bladorum-, piso•um,
fabarum,
ca.tero•unque grariorum, quibus
sustentari
e
onsue(
.
11
multítudo,
aleo ín regni nostri par/ibas,
domino
per-
/ni/unte
líes diaus,
quid liumilis plebis
a
.de
j
con.
-
todo, rentonces, que
despees de
este decreto terrible, la et-
,
casez se aumentaTia y que los mercados "escarian desiertos? Pues
bumerabilis, nisi eis indilato succuratur remedio,
diutius, absque gra-
-tolírts volgi dispendio , non polen"! sustentad.
-Generali
condolentes
excidio,
prsertim
.
cum necessitatis
'temporal
omnia feré communia jura publicé proterantur,
consult¿, doximus or,-
dinandum, quod baillivías, vire comztatus, preposíturas, el alía loca
Tegni Hostil, de
quzbus
expediae viderimus, faczernus publícé
ac
etiam
sub omni omissione bonorurn, ne quis subdi-
torum
nostrorum
sextarium frumenti
melioris, ad mcnsuram parísien-
sem, ultra summam quadraginta solidorum pa
•
ísiensium , vendere,
Izetemere seu vendí, and erni facere, quoquomodo prceesumal el se
-
t-
tarium frumenti , sea Madi mino,*, pro minori pretio , vendí aut
.
caza'
descendendo, prcecipimus , habild consideratione ad valorem el pretium
wzolzkris se.ttarii, aut pr'sorkzin Mellor-un , ad mensuram prcedíctarn
itimllater,
pro
quadraginta Solidis Parisicnsibus, et minora pro mino-
ri
descendendo, vendí prcecípimus , ut est diclum.
Fabas quoque, el hordeom, pro triginta solídis, avenanque pro vi-
¿
P
ina solídis , et l'arfar pro decen solídis paririensibus , sextadom ad
weensurampariskasem, de melioribus el de alias pro minori pretío des-
rendendo,
ac celera grana, habito respecta ád meliora, juxta eorizro
tjtzanicztem , vendí volunzuS: modo , quo superius est exprescum.
robis- itaque prxdpirrzus, el Mandamos quédenos in civitatibus op-
pdis ,
bonis
vállis et aliis locis baillíce vestroe , de quibus expedir-e vi-
derítís
ordinalionem, et statuturn pradieturn publIce él soleinníter pro-
clamarí, et in qualibct sui parte facíavzs firmzter observad. Si quem,
ve! quos ipsius transgressores inverzeritiá, annhadversione ín eosdem
expressa ponientes, nerníni in hac parte paf cendo, nisi nosird Spe-
dolí lieentíd, scu mandato.
Veamos ahora la esposicion de los motivos de la ley del
nzaXírnon,
presentada á la Convencion por Coupé del Oise, en nombre de la co-
MiSiOn de subsistencias
«Me apresuro á presentar á la Convencion nacional el resultado
de las discusiones de vuestra comision acerca del
maxlínun que
debe
fijarse respecto de las diferentes mercancias de primera necesidad, es-
eepto la lela y carbon de que os ocupasteis ayer en un decreto especial."
«¡La presente ley se espera con la mayor impaciencía , y la male..
valencia , la codicia , combinando sus detestables operaciones con las
de
nuestros enemigos esteriores , no nos permiten diferirla. liemos cono-
cido toda su estension y dificultad, la cual ha parecido arredrar á al-
gunos de nuestros cólegas i hemos quedado en' corto número sostenidos
menos por
la
confianza
en nuestras
fuerzas, que por
nuestra buena
voluntad. »
"En
los tiempos ordinarios el precio de las cosas se compone
y
for-
ma
naturalmente del interés recíproco de vendedores y
compradores:
tea;
balanza es
infalible. Es pues inutil al mejor gobierno pasiblé,
-
mez
d
'
ane
eitt
,
dllo:
por
ilustrado, por benéfico que
seo, no
encuentra
jamas
II verdadero equiliorio, y se expone' siempre á
alterar
l
o.
Pero, cuando
e
I»
corispiration general de malevolencia, de perfidia y de furor de
que
t 32 )
esto es lo que sucedió en efecto, porque entonces como ahora toda
ley semejante debe producir sus frutos. En vano Felipe IV habla
cuidado de añadir que
podría traerse con seguridad toda clase de
paz
• al mercado, con un salvo-conducto real
y
sin que ninguno
pudiese
detener ni tomar caballos ni carretas:
su infraccion
á las
leyes eternas de la materia no tardd en agravar el mal que tenia
por objeto prevenir, y se vid obligado á revocar el decreto de
rna-
ximunz
casi al momento que le habia dado. Los términos de los que
se sirve en esta ocasion son bastante notables para que los repro-
duzcamos testualinente; ellos pertenecen por otra parte á
la lis.
no ha
y
ejemplo, se trama para romper este equilibrio, para estrechar-
nos por hambre, y aniquilarnos,
la salud del puebla es la suprema ley.
La s
J
ciedad tiene el derecho de resistir á esta guerra comercial y tirá-
nica, restablecer y asegurar con mano firme el equilibrio que debe exis-
tir entre nuestras producciones y nuestras necesidades. Con todo,
es
preciso calcular con iiiteligencb,, es preciso por medio de un
maximum,
contentarse
con establecer límites prudentes y
justos, que no puedan
traspasarse. Conviene delir al comercio su libre accion y no lastimar
los intereses,
que san
innumerables en todas. las localidades que com-
prende la Francia, y mucho mas por la circunstancia de tantas guer-
ras diferentes y de la conjuracian inaudita
de toda el resto de
Europa
contra nosotros.
Vuestra comision ha observado que. sería
un
trabajo infinita,
un
Laberinto confusísimo, el descender á todos los pormenores sobre cada
ramo de subsistencias en particular, y á las relaciones de localidad ,
y
sobre todo que la ley seria entonces indefinida é impracticable. [la pro-
curado por lo tanto partir de un principio general y sencillo que pu-
diese aplicarse en todo tiempo
y
lugar y s?gun las infinitas variedades.
de la necesida 1 de comprar y vender. Para conseguirlo ha escojido una
base que las representa en su estado natural y espontáneo? el.
valor
respectivo de las subsistencias en
17
90.
Entonces cada género estaba en sis
tasa natural, nacida de la relacion entre los paises productores y
los.
consumidores,
y la distribucian de las diferencias necesarias para la
actividad del comercio estaba hecha: no queda pues mas que aumentar
á. cada precio una cantidad proporcionada á las circunstancias mas 6
menos agravantes en que nos hallamos."
Seguia el proyecto de decreto cuyo articuló primero dice asi.
"Los,
o
l
bjetos que la Convencion nacional ha reputado de primera necesidad
y cuyo maximun
ó mas alto precio ha creido de su deber fijar,
son
los siguientes. Carne salada y fresca, tocino, manteca, aceite de comer
y
arder, ganados, pescado salado, vino, aguardiente , vinagre, sidra, cer-
hen
y 14a,
rarbowcómun
y mineral , velas, sal , Sosa y potasa, jabono
azucar, -miel, papa blanco,. cueros, hierros y fundlcion•dorno, ace-.
rp, cobre, ,cáiiárno,, lana ,y suS•
tejidos, telas, zapatos
zuecos,
colz.al
y
uay iza,.
tab
l
eo y las materias primeras que sirven para las' fábricas
. (133)
toria
de la
ciencia que halla rara 'vez en el lengnage d
e
los 'reyes
una franqueza tan esplícita.
"Felipe por la gracia de Dios, rey de Francia, al Baitio
Senlis, salud. Corno
para refrenar la general' calamidad
y necesi-
dad de
hoy dia, por la carestia del trigo, guisantes , habas , ceba-
,da y.otros granos de los que el comen del pueblo se mantiene, he-
mos no ha mucho mandado y estatuido y hecho
publicar y prohi-
hfr
en
nuestro reino que ninguno de nuestros súbditos, bajo pena
de perder todos sus bienes, osára vender trigo el mejor
á mas de
cuarenta sueldos; liabas y cebada á mas de treinta; avena á mas
de veinte; y salvado á 'mas de diez; del cual estatuto y
decreto
es-
..perábamo.s
el mayor alivio y
mejor provisio
.
n
para nuestro pue.-
lo. que
aura
no,
ha
sucedido,
puesto que por nuevas causas so-
brevenidas conviene cambiar los consejos y decretos. Nos para que
mas pronto pueda ser socorrido en caso de necesidad nuestro pue-
blo,
hemos revocado
y revúcamos el
precio
que hablarnos puesto.
en
dichos granos y hemos mandado
y
estatuido, que cualquiera
de nuestro reino que tenga los susodichos granos pueda venderlos
en
el mercado
y darlos por el precio que pueda haber.
Y queremos
y mandamos que segura y pacíficamente se pueda venir á los
mercados, sin temor por
los
caballos ni carretas."
Y vease como la experiencia de algunas semanas bastó para
demostrar la inutilidad de
los
medios violentos en materia de pro-
visiones.
Los decretos de Felipe el Hermoso son muy instructivos,
en
este sentido pues forman corno un pequelio drama ecónotnico,
donde la accion principia , se complica y se desenlaza , precisa-
mente segun las reglas de la ciencia, es decir en beneficio de la
libertad. Cuesta algun trabajo comprender como,
despues
de he-
chos tan decisivos se renueva la lucha en muchos reinados y
aun
ál fines
del siglo XVIII. , entre el abate Galiani y Turgot , entre
los administradores y los
ecónom(stas.
Hay Pilas ; desengaí'iado por
estos ensayos aciagos de
maximum,
Felipe
el
Hermoso fue mas lejos
que á nosotros nos ha sido dado llegar ,
en
París mismo, en el mo-
mento en que escribo: Un alo despues de la revocacion
de sus
de-
cretos
y la rehabilitacion del libre comercio de granos libró á los
Consurnidares•, del monopolio de los panaderos y pero
-litio S
todo
-"
ciudadano
adquirir
el,
pan,
corno- bien'
le
p
areciere. Mandamos
Y queremos que -cada
vecino deParís,6 en el permanente, pueda ha-
(134 )
eer
paa y pras
r
eer
sa casa,
casa,1y
vender á
sus vecinos, haciendo panes
suficientes y arreglados, y pagando los derechos acostumbrados.
Mandarnos y queremos que todos los días de la semana todo él que
quiera, pueda traer á París pan y trigo y todas las denlas vitua-
llas y venderlas segura
y
pacíficamente. Querernos igualmente que
iodos
los
comestibles que vengan á París desde
que
sean
aforados
(
puestos en el mercada ) todo el coman pueda tener por tal precio,
corno
los comerciantes por mayor los compraren". Cosa admira-
ble Cerca de quinientos años despees St-Just se vea obligado á
reconocer en el seno de la Convencion nacional casi en los mismos
términos que Felipe el Hermoso, la ineficacia del
maximum
para
conjurar la escasez. " Las diferentes ley-es que disteis no ha mucho
sobre las subsistencias hubieran sido buenas, decia ,
si
los hom-
bres no hubiesen sido malos. Cuando disteis la ley del
maximum,
los enemigos del pueblo, mas ricos que el ,
compraron mas, del
maximum.
Los
mercados cesaron de ser provistos por la avaricia
de los que vendian: El
precio del genero habla bajado; pero el gene,..
ro fue escaso.
Los comisionados -de un gran número de comunes
compraron en concurrencia, y como la inquietud se alimenta
y se
propaga por
si
misma, cada uno quiso tener almacenes y preparó
el hambre por preservarse de ella. " z Quien no se admirara de la
semejanza de estas declaraciones, á pesar de los cinco siglos que las
separan? Pero en ninguna época se han podido violar impunemen-
te las leyes esenciales que presiden á la produccion de las ri-
quezas, sin que se experimenten casi inrn,!,diatarricate los funestos
efectos de esta violacion
y
la historia está llena de semejantes leciones,
que no impiden sin embargo, se renueven los mismos
errores.
Prueba evidentemente de esto es la persistencia infatigable de
los soberanos en trastornar
á medida de su deseo,
la legislacion
de la moneda. Cuesta trabajo comprender la paciencia de los pue..
blos en soportar esta*mudanzas perpetuas en el valor of
i
cial
de las
piezas de oro
y
de
plata,
verdaderos sofismas de que el comercio
es
víctima, y
que no pueden ser considerados sino como bancarro-
tas.
Tan pronto
agradaba al rey declarar que los
realitos tubieran
curso por oncestteldos parisies; tan
pronto que se vol viera á la buena
Moneda del
tiempo del
:Mor san Luis,
y que ninguno se
atreviese
á
pagar en otra, especie; ya se prohilia
el curso
de las monedas es-.
trangeras , ya por último el de las dePedion. Despaes de haber con
35 )
Uta alterado= los precios, fue: preciso intervenir en los. contratos,.
en los alquileres,. ent los arriendos, y acabar por mandar que los:
pagos se hiderancada ario, cada semestre,
en !amoneda corriente(1)
Nadie
:
, -desde-entonces pudo contar con rentas regulares, y el mis-
mo, rey se
:
vicS,
°
litigado á retractarse publicamente para poder
vender sus leñas que nadie quería, y declarar, que aquellos que
hablan. comprado ‹en
el tiempo de la buena
moneda
pagaran en bue-
na. moneda,, y aquellos. que compraron en el tiempo. de
la
feble
moneda,
p3garian en la
feble.
Cada decreto de alteracion era
seguido de una cátastrafe la que se' creia: remediar' con reglamen-
tos tiránicos. Lucha interesante de estudiar•, por, que demuestra
el peligro y la inutilidad de la intervencion soberana en las tran-
.
saciones , á las cuales•el gobierno debe solamente libertad y segtx-
ridad..Separándose de estas doctrinas, fundamentales, los reyes de
Francia abrieron_ el camino á las. crisis_ comerciales
y
comenzaron
la larga y dolorosa serie de esperiencias que ocupan la primera
época de nuestra historia económica. Que (le tentativas para im-
pedir la salida de oro y para. hacer llegar de todas partes á la casa
de moneda los metales preciosos que losartífices de la corona trans-
forman dia y noche- en escudos de mala ley!. Los peregrinos mis-
mos apenas son escept (lados de la. regla severa que prohibe la espor-
tación. del numerario: Parece que deteniéndole', se retiene la rique-
za, no se comprenden todavia las mas sencillas leyes dela circula-
cion, y
se
establecen los fundamentos de este culto del oro del
cual
el sistema esclusivo:
vendrá á ser mas tarde la últiina espresion.
Los unos estan obligados á vender su bajilla de plata , los otros á
fandir sus collares y anillos. Se cree multiplicar la riqueza , hacien-
do, de un- buert.escudo dos malos, y cuando los precios suben á
presencia. de estos asignados , hijos del fraude real , no se halla otro
correctivo en esta consecuencia inevitable que proclamar leyes sun-
tuarias é imponer límites al consumo.
«Queremos.-(dice una ordenanza de 1294., ) que toda clase de
gentes que no tengan seis mil libras tornesas de renta no use ni pile-
da, usar vajillas de oro y de plata , ni para beber ni para comer
(1)
Si los contratos estan hechos á una -suma
cí cantidad á pagar en diversos
años
v• g., por cinco mil libras a.pagar en diez años , cada año quinientas libras ,pagarán
estas en tal moneda cual sea la que corra por nuestras
ordenanzas en
el
tiempo
q"
se pagar
ocurra el vagos .
Ordenanza
.
tomo 1. fa.
4441.
( 136)
ni otro uso, y que ninguno, bajo pena corporal y pecuniaria, ha.:
ga fraude en ello ; y de la plata susodicha queremos hacer nues-
tras monedas para
el comun beneficio de nuestro reino.
»
-
Otra ordenanza del mismo ario dispone lo siguiente. "Ninguno
de la clase media tendra coche: ninguno ni ninguna de dicha clase
llevará vestidos verdes, gris ni- armiños, y se desharán de los que
tengan, desde las pascuas próximas en un
ario. No llevarán, ni
podran llevar oro, ni piedras preciosas, coronas de oro, ni de plata
Los duques, los condes, los barones de seis mil libras en tier-
ras , ó mas , podran hacer cuatro vestidos por año y nada mas y
otros tantos las
mugeres.
El caballero que tenga tres mil reales de
tierra podra tener tres pares de vestidos por año , y nada mas y
será uno de estos tres vestidos para el estio. Ninguno usará en la
comida mas que dos platos y una sopa con tocino, sin fraude,
Y si
es vig7ia
podra dar dos sopas de pescado y dos platos.
Está maudado que ningon prelado ó bacan pueda tener vesti-
do de mas de veinte
y
cinco sueldos tornescs la vara de París".
()alca creerá que todos estos mandamientos, dignos de las
mas estra vagantes utopias de Esparta , y que
estas sopas de haren-
ques,
no menos ridículas que el negro pisto de los lacedemonios,
pertenecen á una epoca en que la industria hacia esfuerzos estraor-
dinarios para renacer y en que las ciudades anseáticas y las repá--
Micas italianas se hablan ya elevado á un grado muy alto de ri-
queza y de esplendor ? Pero el aspecto mismo de esta riqueza bas-
ta para esplicar la perseverancia ciega de los reyes en prohibir la
salida
del.oro.
La Francia tenia en esta época poco que ofrecer
en cambio de los productos de que tenia necesidad:: y en vano an-
tiguos decretos prohibian traficar de otra manera que por cambios
de mercancías, puesto que de un lado no hacia mas que -escudos
y _del otro productos. Era preciso absolutamente que el
núrnera-
ria
saliese y que fuese á amontonarse en
las arcas de los gobiernos
italianos , que veremos bien' pronto sostener ejércitos mercenarios
.con Joro de las naciones tributarias
de
snaconaercio
y de su-
in-
dástriaa
I u vano., de cuando
etucuando,
la .eéleraa
coal
alcanza,
bajo el nombre de lombardos, de usureros y de
caorsins ,
á estos
comerciantes intrépidos: el interes general los ha hecho necesarios
y
.
vuelverá
.
apare
ter siempre, despues de pasado .el chubasco que
.sembraba
del
tol pliel)1(4
— ..141
.
Príipeias 4$0,A,
(137)
flautas, que aun existen contra la esportacion del oro (1). Tal
es
el
verdadero punto de partida de nuestras preocupaciones en Econo_
mía
politica:
obra de resentimientos políticos, cuando se
prohibia
todo comercio con los flamencos (2),6 del fanatismo- religioso,
cuando
se perseguia á los judios. Estas preocupaciones se .han perpetuado
de edad en edad en la administracion y en el espíritu de los pue-
blos, y están revestidas de la sancion suprema de los gobiernos,
Esto esplica porque cuesta, aun en el dia, tanto trabajo destruir-
las, á pesar de las terribles lociones de la experiencia y de la histo-
ria. Tal es la fuerza de todo lo que ha sido vigorosamente organi-
zado, y nada lo ha sido con mas talento
y
habilidad que las cor-
poraciones industriales, cuyos principios en el reinado de san Luis
vamos á estudiar.
-CAPITULO XIX.
Organizadon de las corporaciones bajo el reinado de san Luis—Del
libro de los Oficios , por Esteban Borleau-Idea del sistema de las
corporacioues.-Sus venta
j
as antiguas y sus inconvenientes modernos,
'Se ha podido
j
uzgar por los decretos que hernos citado, del es-
tado de anarquia en que se hallaba la sociedad Europea á fines del
siglo XII y principios del Mil. No habla en ella descanso ni
estabilidad mas que para la propiedad territorial: esta sola reasu-
mia todos los goces, todos los privilegios, todas las libertades. Pe-
ro ya se elevaba al lado de ella la riqueza mobiliaria creada por
el trabajo de la democracia, y en vano se la rehusaba en el estado
el rango que ambicionaba y que bien pronto llegó á ocupar. Poco
á poco se emancipa en las ciudades, sea que compre, sea que se
apropie la ciudadania; cada dia se ve salir un nuevo edicto en su
favor
y
su poder se consolida por los cefuerzos mismos que se ha-
cen para arruinarla. Los comunes que estaban emancipados cuando
obtubieron la concesion de sus franquicias, y las persecuciones
contra los judios, sin cesar proscritos y siempre vueltos á llamar,
(1)
0
Y
como hemos sabido que muchos italianos esta» en nuestro
reino, ejerciendo
tratos que no son honrosos , nuestra intenciOn
no es
dar á dichos italianos
ta/ea
fran-
quicias
y
libertades». Ordenanza de Luis Ilutin , 9 de junio de 1315•
(2)
Vease otra ordenanza de Luis Hutin de 28 de febrero de 1315 y lata 70 ú 80
da-
das contra los judios en menos de cuatro reinados.
1
8
(138)
Prueban ya la importancia de los
capitales.
1.4 legislacIon se sua-1.
viza á
medida que los plebeyos adquieren riquezas. Se les• protege
en las ferias, en los mercados: se les conceden tribunales com-
puestos de iguales suyos y se les exime de una multitud de vejacio-
nes
con que se les abrumaba antes. Pero pasa en el momento de
su
emancipacion un hecho muy notable, que caracteriza de una.
manera evidente el espíritu feudal de la
época :
este es la organi-
zacion gerárquica de los trabajadores bajo el régimen de
las
corpo-
raciones gremiales. No ocurre á nadie libertar al hombre como
hombre: el principio de igualdad no..existe aun. Era preciso que
hubiese maestros y aprendices corno habia seiiores y vasallos, y
derecho de mando para el taller como exi.stia u.n derecho solariego
para la agricultura. Nadie concibe el trabajo libre, es. preciso ab-
solutamente que el obrero trabaje para un maestro, asi corno el
villano para un sefior..La libertad está á este precio, el rey la ven.-
de como un género, pero no faltan compradores. ¿Y cómo habian
de faltar en aquel ejército industrial que vernos salir de repente
de las tinieblas del feudalismo? Siempre será honroso para 1.ui IX
haberle ocurrido el pensamiento d.e someter este ejército al yugo
de la disciplina. Ganó en poder y en vitalidad lo que parecia per-
der en independencia, y desde esta época es cuando.. la industria ha
tomado un vuelo que no se detendrá jamas. Es imposible no admi-
rarse al ver con que ingeniosa sagacidad fue todo clasificado-en el mo-
mento de legislacion tan curioso que se llama
Establecimiento
(i)
de los oficios de .París,
y que ha llegado á nosotros todo entero. des-
de el reinado de san Luis. Fue á Esteban Boyleau á quien Luis IX
confió el cuidado de poner en ejecucion el grande pensamiento que
labia concebido de dar á la industria y al comercio reglamentos
protectores y una disciplina capaz de asegurar su prosperidad..
Este
Establecimiento
han ejercida demasiada influencia, en. el
desarrollo de la•riqueza pública
y en
los destinos de la industria
para
no
ocupar un lugar en la historia de la Economía política,
y
nosotros vamos á
consagrarle
un• examen particular. La simple
ta del preámbulo dará idea de
él".
Esteban Boyleau, Gran - Prebos,-
te de París, á todos los habitantes y
residentes en él
&c.
salud. Por
10
,
que hemos visto en París que nos desagrada y disgusta, tanto.
(1)
Existen S ü 4 manweritos. El mas antiguo pertenece á la Biblioteca
real. 1t1'
relli vo
de la
poli
(tia posee uua buena copia que me proporcionó
la generalidad do
Labat su
conler,vadoc•
i3g)
por la perfidia
-
, Madre de los pleitos y reyertas que desmoralizan
al
.
pUeblo, cua4to- pOreLengai
l
io que se emplea
á
sabiendas para
con
los
forasteros por los de la ciudad que no tienen ni ejercen ningun'oa.
cio , y en rázon á que
estos venden á los
estrangeros tnercancias
que no son tan buenas como debian ser; nuestra intencion es in-
sertar en la
primera parte de de este reglamento, y lo mejor que
nos sea posible, todo lo • relativo á los oficios de París, sus ordenarla.
zas, y penas por traspasarlas. En la segunda parte trataremos de
los conductos, riberas, trasportes, mercados, pesos, rodajes , má-
quinas y
de todos los demas objetos que estan sujetos á reglas. En
la tercera parte se consideran los tribunales y las juridiciones con
relacion á todos aquellos que ejercen justicia en la ciudad
y
arra-
bales de París, lo que hemos hecho en beneficio de todos .
y par-
ticularrnente
de los pobres y los estrangeros que vienen á comprar
mereancias á París, á fin de que estas sean, buenas y que sus com-
pradores no sean engaaados por culpa de los vendedores; y para
castigar á aquellos que perciban ganancias indebidas, 6 que por
mala fé las piden y toman contra Dios, contra derecho y contra
razon. Esto se ha hecho por consejo de los mas sabios, mas leales,
y mas ancianos de París, de los que deben entender de estas cosas,
los cuales reunidos alabaron mucho esta obra; por lo cual condena-
mos á todos los oficios de París, á todos los que en ellos interven-
gan, que no hagan ni vayan en contra de ello".
Se
ve
que el rey tenia especialmente la mira
de
poner tértnino
á los fraudes numerosos que se cotnetian en detrimento de
los
compradores, y redactar para cada oficio reglamentos particulares.
Algunas industrias permanecieron libres; muchas quedaron suje-
tas á pagar ciertos derechos, y hubo un corto nTímero que no po-
dian ejercerse sin licencia del soberano. Tales
eran
(quien lo creye-
ra?) la profesion de zapatero y mercaderes de cebollas y verdura (1).
Las prescripciones mas minuciosas obligaban á los obreros á con-
formarse, bajo penas pecuniarias , con una multitnd de prácti-
cas trazadas de antemano en el
Establecimiento.
Era prohibido á
los hilanderos mezclar hilo
de
caftamo con hilo de lino. El pa
na
-dero con real licencia, podia vender pescado; carne
cocida ,
dati-
(
I
)
Ninguno podra ser zapatero sin licencia del
rey.
Ninguno
podra ser reptan
re
vendedor ;
de frutos
y
verduras , es
,
decir ajos , ccbollas
&e:,
siria tiene pernálo del
rey , ( Libro de los of
i
cios ).
(14G
d
arte de los abusos fiscales, estaba en armonia con la constituz
clon política del tiempo en que nació. Habia pocos oficios, pero
tarnbien habla aduanas en cada distrito: habia poca produccion
y
poca salida. Las aduanas interiores aseguraban á la
fabricacion
local la venta de sus artículos y los conventos ofrecian pan y un
asilo á los oficiales desocupados. La poblacion estaba contenida por
-el celibato de los religiosos y de los obreros, en límites proporcio-
nados á los medios de subsistencia contemporáneos. El aprendiz
no ganaba nada ; pero despees de un corto número de anos su
ali-
mento estaba á cargo del maestro. La concurrencia no hacia ba-
jar el precio de los salarios, y no se esperimentaban en el comercio
las variaciones de precio repentinas y frecuentes que desconcier-
tan algunas veces entre nosotros á los mas hábiles especuladores.
Hemos emancipado el trabajo y, ¡ cosa estraña ! su condicion, ba-
jo muchos aspectos, es mas dura y mas precaria. Esto nace
de
que hemos ejecutado muy imperfectamente la grande
obra
de
la
manumision de los trabajadores; hemos proclamado la libertad
ilimitada de producir, pero nos hemos negado á la libertad de dar
salida á nuestros productos. Nuestro sistema de libre concurrencia
es incompleto, y no hemos conquistado, desde la destruccion
de
la obra de san Luis, mas que la facultad de obstruir la circulacion:
las guerras de aduanas han sucedido á las luchas gremiales.
CAPITULO
XX.
Del
mopimiento
ciado á la Economía política por las repúblicas ita-
lianas de la edad media.--Influencia creciente del trabalo.--Acie-
centamiento de la riqueza movillaria.--Cambios que han resultado
en el estado social europeo.--Fundacion del crédito.--Banco d6
Venecia.-- Origen del sistema prohibitivo moderno.
Cuando se estudia con atencion la historia de los últimos tiem-
pos del feudalismo, es imposible no admirarse de los esfuerzos in-
tentados c
u
los diferentes puntos de la Europa para asegurar á
todos los pr
o
ductores uña justa parte en la distribucion de tos be-
neficios del trabajo. La manumision de los comunes en Francia,
el establecimiento-de la liga anseática en Alemania, la creacion
de
laS repúblicas italianas .de la edad media , no son mas que epi-
sodios de
,
esta grande,obra de emancipacion que prosigue de siglo
en
siglo con una perseverancia inalterable. La organizacion
de las
(47 )
Corlora¿iónés',Ii*
el reinado de san
.
tuis pagel
S. tributo, eon.
tribu.yendo poderosamente á
<
ella:
1
En todas partes donde los arte-
- sanos y mercaderes se reunen, procuran crearse una existencia
independiente del capricho de los señores y de los gobiernos. La
facilidad que hallan en disimular sus riquezas ó en trasladarlas á
otra parte, cuando la tempestad amenaza; su aglorneracion; la ne-
cesidad de sus servicios, les aseguraron franquicias que no fueron
'en ninguna parte tan estensas
•
corno en Italia , puesto que llegaron
á
darlas el monopolio de la soberanía.
Desde el año de 1282 la industria era tan poderosa en Pio-
rencia , que los ciudadanos de esta república crearon una magista-
tura exclusivamente, compuesta de comerciantes, bajo el nombre
de
priores
de artes.
Estos delegados del pueblo, reunidos en un co-
iegio supremo de seis miembros, estaban revestidos del poder ege-
elativo,
y
alojados en el palacio de la nacion. Sus funciones no du-
raban mas que dos meses, pero podían ser reelegidos al cabo de
dos años. Los priores eran elegidos por sus predecesores reuni-
dos con los gefes de las
artes-mayores
y de un
cierto número
de no-
tables. En Siena se hizo lo mismo, y los quince señores que gover-
Daban esta pequeña república fueron remplazados por nueve ciu-
dadanos escojidos exclusivamente entre los comerciantes. En Geno.-
va, en
Venecia, las fortunas comerciales se substituyeron á la aris-
tocracia 'territorial
y
crearon un poder mas absoluto que el
de
los
barones feudales Era preciso, en la mayor partede estas repúblicas
egercer
un
arte d un
oficio
para ser ciudadano
y para poder aspirar,
al gobierno del estado. Los comerciantes quisieron ser ennoblecidos
por su profesion misma: hubo alli una
nobleza de seda y una no-
bleza de lana ,
esta se creyó bien pronto con derecho de desprecia r
á aquella. Al principio del siglo XIV se notaba en toda Italia mu-
cha diversidad en las constituciones repriblicanas ; pero conve-
nían todas en el hecho de no permitir
que en ninguna parte la
aristocracia prevaleciese sobre la clase media de la industria y del
comercio. Bien pronto las armas de
fuego
y la imprenta dieron el
ultimo golpe al'
:
poder del feudalismo
nivelando las fuerzas y las
inteligencias.
Que hombre del pueblo no sintió latir su corazon de esperan.»
7,14 aspecto de
los
progresos cada dia crecientes de la
libertad
italia-.
334
1
.
Jaulas
las repúblicas
de
'
Roma y de Atenas habian gozad() 'di)
14.8)
una libertad semejante liorna y en Atenas se
comLatia
por la
soberania de algunos, en la Italia de la edad media se defendia la
independencia de todos. Se escogian los magistrados en los mostra-
dores y en los
talleres y se mantenia á
los nobles
á distancia y
en
respeto. Se trabajaba para sí, no para maestros. Pocas vejaciones
y pocos
impuestos; libertad
absoluta de comercio y vigorosa orga--
nizacion de la industria. El hábito de reuniones publicas y priva.
das hizo
bien pronto nacer oradores, y hombres de estado, y
la
práctica
de
los negocios mercantiles dió
impulso á
las primeras ideas
de hacienda que se han popularizado en Europa. No se crea que estos
gobiernos de comerciantes estubiesen exclusivamente ocupados del
comercio; su política se mostró frecuentemente mas liberal que la
de los sefiores á quien habian remplazado.
Concedieron á las
bellas
artes fomento, y multiplicaron, con la mas laudable solicitud, los
establecimientos de beneficencia , de instruccion , de utilidad publi-
ca. Treinta hospitales con mil camas para los enfermos y para los
pobres ; mas de doscientas escuelas en donde diez
mil
niños apren-
dian á leer ; recompensas esplendidas prodigadas al genio de los
pintores, de los arquitectos y de los escultores,. atestiguan el celo ilus-
trado de los administradores de Florencia en el siglo. XIV.
La prosperidad del comercio no era menos, digna de notarse.
Se contaban doscientas fábricas de tejidos de lana que producian
cada a
►
o unas ochenta mil piezas de paño, cuya venta aseguraba
salarios á mas de treinta
mil
obreros. Ochenta escritorios estaban
destinados al comercio de banca, y sus númerosos corresponsales
favorecian por todas partes el descuento, y el crédito
.
,, ya familia-
res
á
los habitantes de aquel pais , antes que el resto de la Euro-
pa tubiese conocimiento de ellos. Florencia igualaba entonces en
riqueza y en fuerza productiva
á
la república de Venecia que aven-
tajaba á la mayor parte de los demas estados. Sus rentas públicas
ascendian á treinta mil florines. Villani hizo en esta época
una
de;cripcion bastante completa, seguida del presupuesto
de
gastos,
monumento de hacienda,
bien digno de
meditacion,
si
se considera
el poco
progreso que habian hecho en esta
,'época,,
en, el
arte de ha-
cienda, las naciones mas
famosas (1). Se ve en él no sin sorpresa,
(i.)
Este
importante
documento
.
'la cita Mr..de Sismondi ea
su esce-
lente
Historia de
las
repúblicas italianas.
Le
reproduzco íntegro,
mo et único presupuesto completo de aquel tiempo, que se ha consera-
..
do 'parala ,citnela. •
-
•
(149)
que la república no- coneedia ningun sueldo á sus
f
uncionarios pu-
blicoS, á menos que
1)0
fuesen estrangeros. La milicia ciudadana
I,Il•
n
•
nn
•
Rentas- de la eiiidad
y
república de Florencia desde
133G
á 133s
-en
florines de
vro
.
de
72
graws
de p:so y
24
quilates de ley.
llors.
Gabela de puertos, ó derecho de entrada y salida en
las
"mercancias y víveres ; arrendado en
go.20o,
Gabela sobre el vino al por Menor ( -- de su valor ) ..., • 59.3oo
3
.
E ' si jrno
)
,
ó imposicion territorial sobre
predios rusticos .
30.loo
-Gabela
de
la sal ( 4o sueldos por fanega á los ciudadanos y
20 sueldos á los aldeanos ) . . . ;
,4,45c,
Renta de los bienes confiscados á los rebeldes y desterrados.
7.000
'Gabela
sobre los prestamistas y usureros
3.000
hl. de los nobles, que tenia!
'
posesiones
territoriales .
2.00o
Gabela de los contratos ( inscripciones en hipoteca )
. . 1 1.00o
Id. sovre las carnicerias de la ciudad . .
• .
, .
15.
o o o
Id. , id, de la campiiia .
. . .
• • •
/ /00
-f
•
-I-
Id. sobre los arriendos
• ,
4
050
Id. sobre los molinos y la harina . .
• .
. • 4.28a
Id. sobre los ciudadanos nombrados
Podestás
para paises es-
trangeros
3.5 0 o
Id. sobre acusaciones ó denuncias
.
..
•
.
1.400
Beneficio de amonedaje de las especies de oro
.
2.300
Id.
id. en las de cobre
..
.
•
•
1.500
Rentas de propios y peages
.
.
•
•
•
•
1
.
1
6
5
°
0
°
Gabela sobre los vendedores de ganados en la ciudad
Id. sobre contraste de pesos
y
medidas
.
.
6 o
o
Arriendo de los muladares del
Orto S. Háchele
.
.
.
75o
Gabela sobre arriendos de fincas rústicas.
.
55o
Id. sobre
los
vendedores por las aldeas .
.
2:0 ro
?Multas y sentencias conmutadas
.
.
.
.
.
2
Exencioces del servicio de milicia
.
7.000
.
Gabela sobre las puertas de las casas en Florencia
.
.
5 55
0
--Id. sobre las fruteraSy revendedoras
.
.
.
.
45o
Permiso para usar armas (20 sueldos por cabeza )
/.300
Gabela llainada
.
de sargentos
.
.
.
100
Id. sobre las maderas cortadas y transportadas por el Arno
100
Id. de las revisores de las garantias comunales
200
Parte correspondiente al fisco, en los derechos percibidos por
los cónsules de artes
.
.
.
.
.
.
9
..00
Gabela sobre los ciudadanosque tienen su morada en la eampiii.a. 1.000
Las
4
gabelas sobre casas de campo, batallas sin armas, Fi-
renieda
y molinos y pesca producian unos
.
.
.
3.000
Total
.
.
.
.
.
.
300.0oo
'Gastos de la república
de
Florencia desde 1336
al 1338
en libras
florentinas, de las
cuales vale el brin de oro,
3 libras y
2
sue
l
dos.
Salario
,
del
Podestá
y
su
familia -( arqueros, y esbirros)
15.24o
Id.
del ca
8$
pita». ,del pueblo
y
su. familia
•
.
5.0
•
n
•
•
121.270
( 15o )
servia de ejercito durante la paz y los mercenarios á sueldo del
arlo no figuraban
mas
que en los gastos extraordinarios,de guerra.
Los impuestos indirectos escolian
macho en número
y
en valor á
los
i m
pae s tos directos , y particularmente
á
la contribucion territo.
Irial ,
que era dos veces menor que la sola renta de las bebidas,
El
producto de las multas y condenas hace un gran papel en el presu-
pues
t
o de entradas, triste prueba del poco respeto que
se
tenia á
sus leyes ú de la dureza con que se egecutaban estas. (,?11.e podian
ser los productos del amonedaje de especies de oro y de cobre,
si-
no una concesion del mismo género que las alteraciones de
mone-
das de que esta llena nuestra historia desde Felipe Agusto hasta
Carlos el Hermoso? Sin embargo el balance de gastos y rentas
de
Florencia manifiesta vivamente la sencillez del régimeu guberna-
Id. del ejecutor de las ordenanzas de justicia
conservador con 5o caballos y
1
00 infantes (
Este
estranr,linario fue abolido muy pronto
Juez de apelaciones sobre les derechos comunales
Oficial encargado de
reprimir el
lujo
de las mueres
Oficial del mercado del Orto S. Michele
Oácio de sueldo fi la tropa
Id. de retiros á los soldados
Teso•et
•
os del coinun, sus oficiales y notarios
Oficios de impuestos territoriales
del
COMIII2
Carceleros y guardas de las prisiones
mcsa para los priore.;
y
su familia en palacio
&dacio fle los donceles del coman y guardianes de las
del l'odesta y los
pri
ores
•
Sesenta arqueros y un capital
'
al servicio de lospriores
iNutari
►
pala
correcciones y su ayinknte
Luces y otros gastos para el palacio
Notario para el palacio de los priores
Salario de los arqueros y porteros
'Fccowtas del cotona
Limosnas a los religiosos y á los hospitales
Sesenta serenos
guardias
nocturnos en la ciudad
Banderas para las fiestas y carreras de caballos
Fspias y mensageros
cointin
Embaladores
Castellanos y guardianes de las fortalezas
p•ov-ision a.uual de armas v flechas.
.
Lo que
hace
4.119
[bocines. Las obras de reparacion
de los muros.
los puentes y las iglesias forman el gasto estraordinario con el sueldo
de
la gel-de de
guerra. 'En tiempo de paz la república tema
á
su
suele()
de
7oo
-á
i.000• gendurtnes á calado y
otros tantos de pie.
•
•
4.goo
oficio
•
26.040
1.10o
•
1.000
•
1.300
1.000
250
.
1.400
200
•
800
•
3.6(20
torres
•
550
.
5.700
•
45o
2.400
▪
loo
1.500
1.000
2.000
10.800
9
•
•
..110
1.200
15.500
12.40o
4.65o
11,1111.
1
_,
141~1.1~
(t5 )
vos nobles
tivo de la
república ; dichosa , si las rivalidades de los nue
y demasiado frecuentemente la opresion del pueblo por patricios
salidos de su seno, no hubiesen abierto la entrada á las discordias
civiles y las fronteras al estrangero?
Las repúblicas italianas de la edad media pueden ser considera-
das como grandes casas de comercio administradas con habilidad
y economia. Las rentas creadas por el trabajo se sugetaban dificil-
mente á los impuestos, y producian cada dia capitales nuevos que
la
libertad de las transaciones permitia hacer fructificar con ven-
taja. Las ciudades de Hamburgo y Génova, tan ricas, á pesar de
la exiguidad de su territorio , recuerdan con bastante exactitud hoy
dia la prosperidad de las grandes poblaciones municipales de la
edad media. Sus alrededores cubiertos de casas de campo y de
()l-
ilas d
alqucrias deliciosas , donde la opulencia descansa de las fati-
gas del comercio, son la imagen fiel de las moradas suntuosas de
los comerciantes italianos, entonces casi todos alojados en los pa-
lacios de que sus sucesores actuales apenas pueden sostener el
mueblaje. Asi tambien llegaron á ser los prestamistas de las prin-
cipales potencias de Europa
y
se les buscaba para intendentes
y
administradores de rentas y acienda. Siempre sedirigian á ellos los so-
beranos en sus apuros, y eran sus florines de oro los que los reyes
de Francia se complacian especialmente en alterar, porque ellos
los hacian valer á treinta sueldos en vez de los diez que representa-
ban legalmente. Eduardo tercero de Inglaterra habia elegido sus dos
.banqueros en Florencia, y los empréstitos que hacia por ellos es-
cedian de tal molo á
sus
reembolsos, que los 13a rdi se hallaron ha ber-
le anticipado ciento ochenta mil marcos esterlines , y los Peruzzi cien-
tu treinta y
cinc
o
mil; y juntos diez y seis millones trescientos ochen-
ta mil de nuestros francos, en un tiempo en
T
ic el dinero era cin-
co ó seis veces mas raro que en nuestros dios. Los ciudadanos de las
repúblicas italianas disponian en esta
época
de la mejor y mayor
parte del comercio europeo. Sas obreros eran buscados por todas
partes como los mas hábiles, y sus productos como los mas
perfec-
tos.
Llegaron á ser arbitras del gusto y los únicos afamados en
los tejidos, las modas, las armas, y los muebles. Sas
capitales les
proporcionaban de este modo beneficios inmensos, sin hablar de
l
os que tenian como armadores de navios, como
banqueros ,
y co-
mo asociados en todas las empresas de alguna importancia. Las
( 52 )
leyes que ellos mismos hacian, en calidad de legisladores revestl.
dos del poder supremo, favorecían de la manera
mas
liberal todas
las transaciones
mercantiles; y probaron teórica y prácticamente
l
as ventajas , aun desconocidas por muchos, de la libertad mas ili-
mitada del comercio, Génova y Venecia no han tenido otro ele-
men
t
o
de
esplendor.
Esta es la ocasion de manifestar la parte importante que ta-
vieron los italianos en la fundacion de los primeros establecimien-
t
os del crédito. Su inmenso comercio
les
hala hecho sentir á tiem-
po la necesidad de simplificar las combinaciones de toda clase de
nue se compone este ramo de la produccion, y desde fines del si-
glo XII, Venecia habia visto levantarse en su seno un banco de
depósito que abria créditos á los ca-pitalistas, para facilitar los pa-
gos y giros. La caja no cobraba ningun derecho por depósito ni co-
mision
y
no pagaba ningun interés; pero sus certificados de depó-
sito hacian las mismas funciones que el numerarlo-.- Mediante una
caja llamada del contante , se pagaban á la vista , y en especie los
efectos que eran presentados, y se elogia para estos pagamentos la
mejor moneda que vino á ser la del banco. Se estableció que el banco
no pagaría y no descontaria mas que en ducados efectivos, cuya pasta
era mas fina y la alteracion menos comun que la de las otras espe-
cies. Desde este momento, el papel del banco obtuvo sobre todos los
efectos de comercia ntes la ventaja de poder ser cambiado por una mo-
neda de la Jena ley, y el crédito de este establecimiento fue funda-
do sobre bases sólidas. Poco á poco el gobierno introdujo el uso de
hacer
sus
pagos en papel moneda sobre el banco, en vez de
dee-
tuarlos
en especie, -y añadió de .este modo un nuevo elemento de
prosperidad á todos
los
de que ya estaba en posesion. En fin la aper_
tura de una cuenta de cargo y data que
permitia
á los capitalistas
transmitirle sus créditos, acabó de completar los medios de accioa
del banco, lo que bien pronto alió origen á muchos establecimientos
semejantes (i).
La posicion de Venecia, la
'hizo, desde su origen, una necesi-
dad de la perfeccion industrial y comercial. Venecia era una repti-
blica sin territorio, y su capital una flota de navíos amarrados y
(1) Mr. Dará pone cn su s(
T
timo
y
o
-
himen de la historia de Venecia una memoria
sobre el banco de Venecia
ebn
fechado :3o de Junio die 17h3 sacada de la corresponden-
oia del abate Bernis, entonces, enibl
,
ladorde Francia.
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