Las artes de la existencia: un asunto de orden pedagógico y político
Abstract
El presente artículo destaca cómo la práctica pedagógica y política toma importancia en las artes de la existencia, en las que el otro se constituye en referente central en la construcción de sí mismo a través de dicho ejercicio pedagógico, en el que entr
Full text
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 141 ] LAS ARTES DE LA EXISTENCIA: UN ASUNTO DE ORDEN PEDAGÓGICO Y POLÍTICO Mario Germán Gil Claros, Universidad Santiago de Cali, Colombia. Resumen: El presente artículo destaca cómo la práctica pedagógica y política toma importancia en las artes de la existencia, en las que el Otro se constituye en referente central en la construcción de sí mismo a través de dicho ejercicio pedagógico, en el que entran en juego la libertad, la ética, la conversión filosófica, donde la amistad ha de cumplir su papel clave en dicha postura, en la consolidación de un sujeto político democrático en su formación. En consecuencia, significa repensar el sujeto, la filosofía, la pedagogía y la política, como una forma de asumir públicamente nuestra compleja actualidad. Abstract: The present article emphasizes how the pedagogical and politics practice takes importance in the arts of the existence, in which the Other is the center in the construction of himself on the pedagogical exercise which come into play the liberty, the ethics, the philosophical conversion, where friendship should accomplish its role, in the consolidation of a democratic political subject in his formation. Consequently, it means to rethink the subject, the philosophy, the teaching and the politics, like a form to assume our complex present time. Que el sujeto personal sólo se constituye reconociendo al otro como sujeto refuerza aún esa idea central: es el sujeto y no lo intersubjetivo, es la producción de sí mismo no la comunicación, los que constituyen el fundamento de la ciudadanía y dan un positivo a la democracia. Alain Touraine. Crítica de la modernidad. Nuestra actualidad El conocimiento en el sujeto moderno está retenido en la ciencia, en la tecnología, en el yo y no en el ser. Ya no es un problema del saber espiritual, sino de una verdad de orden científico la cual modifica su mirada ante el objeto, donde la interioridad pasa a ser un problema de exterioridad, de manipulación, y de resultados palpables, en la que el sujeto queda condicionado a este tipo de relación verídica. Hoy esta mirada científica se conjuga con viejas preguntas que aún giran en la existencia de la cultura, en nuestra condición de ser en la actualidad, en la constitución de la verdad de sí mismo como experiencia de vida filosófica, mediados por situaciones de orden social, económico, político, ambiental, entre otros; donde la democracia debe ser replanteada como una reflexión participativa ante la agonizante democracia representativa, en donde el papel de los actores sociales sea determinante en las maneras de vivir, frente a unas abusivas racionalidades políticas. En fin, el ejercicio de una democracia pasa por el examen del saber y del conocimiento, del dominio, del cuido y del
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 142 ] gobierno de sí, que han de cultivarse en aquellos interesados por estas formas de vida que rayan en una nueva estética política. El trabajo espiritual que hoy se puede adelantar a partir de una reflexión filosófica asumida como experiencia de sí, consiste en develar el manto ficticio en el que está envuelto el sujeto, impidiéndole liberar su condición de ser. Es la pregunta que deja entrever el pensamiento de Foucault y toma salida en lo que sería la elaboración de una actitud filosófica, por medio de unas artes de la existencia, dada en una constitución ética, principio de libertad y de gobierno de sí. Es la atención que la filosofía busca públicamente modificar, enseñar y descubrir en el espíritu del hombre: su condición de ser ciudadano autónomo. Nos hallamos ante una faceta concreta del ejercicio de la actitud filosófica: el gobierno político de la ciudad. Así, surge la pregunta por sí mismo y por el estatuto que juega el sujeto en ella, en la que la actitud ética asumida como actitud filosófica, precisa de la capacidad de gobernarse y gobernar a partir de una postura práctica. Acompañada por la pedagogía, sostén capital en la formación de los jóvenes espíritus, en muchos casos de orden espiritual, seguidos por técnicas específicas en su aplicación, modificados con relación al saber y a la verdad. Es decir, hay una transformación y una cualificación del modo de ser ético. Este tipo de actitud ética está enraizado en las preocupaciones humanas en procura de un mejor modo de vida, signada por su brevedad. De lo anterior podemos decir: conocerse y cuidarse a sí mismo radica en la necesidad de reconocerse y en descifrar la verdad de sí como sujeto en el mundo. Para Foucault existen técnicas, denominadas por él como tecnologías de sí, desarrolladas como prácticas en la conducta, que buscan transformar a los sujetos, modificar su singularidad y hacer de la vida una obra de arte, tal como se manifiesta en el pensamiento antiguo. En estas técnicas apreciamos un sujeto dueño de su existencia, puesto a prueba en lo que respecta al desenvolvimiento de su condición de ser en el presente, en el que la libertad está en juego a través de dichas artes. O sea, el valor de la actividad filosófica radica en abordar estos interrogantes desde el presente, por medio de un pensamiento crítico de ella misma, en la hermenéutica histórica del sujeto irradiada al escenario público y político, en el que la vida ética se vuelve centro de preocupación, de problematización, en función de unas artes de la existencia. Afrontamos la posibilidad de volver la vida políticamente una obra de arte, a partir de una filosofía práctica que en esencia va en contravía del pensamiento cartesiano, en las que nos preguntamos por las condiciones por las cuales el sujeto se instala en el mundo, una vez develado en él. En consecuencia, tenemos unas prácticas de sí, un estilo de vida moderno reflejado en una actividad marcada por el ejercicio del poder y de la libertad, asumida como experiencia acorde con un comportamiento moral. Así, la actividad política precisa de su cuido como arte práctico, no abstracto, ni como ciencia, es el mundo del poder y de la palabra en la toma de decisiones que van a afectar a la comunidad política. En este sentido, la filosofía asumida como arte político nos invita al cultivo de ciertas características para lograr la obtención de lo que es la vida filosófica, siguiendo la pretensión platónica del asunto. Por tanto, nos vemos abocados a un conjunto de técnicas, de reglas, que significan la transformación del sujeto en la elaboración de una
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 143 ] postura de pensamiento, que involucra una nueva relación ante lo político y la verdad para nuestro presente. En este sentido, la filosofía, además de cultivar el amor al saber, es una terapia para el “alma” y para el cuerpo, a la cual pueden acudir hombres que procuran conjugar el saber con los asuntos de la vida. El êthos se convierte en un facilitador para los estilos de vida que asumen dichas posturas, que pretenden seguridad y tranquilidad en el orden espiritual. El alma en dicha comunidad ha de cultivar el principio de justicia en el gobierno de sí, para reflejarse en actitudes éticas. Hablamos de un sujeto libre cuando su pensamiento está ligado a un hacer. Por tanto, el hacer y el pensar se constituyen en piezas fundamentales para la actitud filosófica, en lo que sería la elaboración de una toma de postura ética del sujeto ante el mundo, ante el presente, y ante sí mismo, en un estilo de vida único. Constituir un estilo de vida emanado de la actitud filosófica, requiere una vida impregnada en la cultura, en la política, acorde con la actualidad en la que se encuentra circunscrita, de hombres y mujeres interesados por estas maneras de vivir, que intervienen en los asuntos de su presente. O sea, este modo de vida filosófico es un mundo activo, desplegado en múltiples formas, ya sea en el poder, en el saber, en la cultura, en la ciencia, en la amistad. En Sócrates esta vida filosófica nace en la adolescencia, en la que la figura del maestro hacia el joven es primordial en el paso a la vida adulta. Lo esencial en esta propuesta de vida es la reivindicación de la autonomía y la libertad creativa que ha de preservar el sujeto contemporáneo, en estrecha relación con el mundo cultural que ayuda al crecimiento de dichas artes de la existencia, mediado por una ética reflexiva y crítica. En este sentido, tanto la pedagogía como la actitud filosófica se transforman en las terapeutas del “alma”. Sócrates es el filósofo emblemático de este trabajo sobre sí mismo. Esta manera de ver la filosofía se dirige no sólo a formas de vivir particulares, sino al grueso de los hombres, pues aspira en sus posturas ser universal, en la que el aprendizaje que se da al sujeto en cuestión, aspira ser miembro de la comunidad política. Así nos encontramos ante una postura de la existencia filosófica abierta al mundo, confrontada, mundana, que busca y gana audiencia al ser escuchada por medio de sus enseñanzas citadinas. El propósito es conjugar el cuido de sí mismo con las artes de la existencia. O sea, una ética y una estética de la vida manifestadas en una postura de pensamiento como actitud filosófica. Las artes de la existencia implican el conocimiento, el dominio, el gobierno y la libertad del sujeto, en su radical transformación. La importancia de esta transformación para nuestro presente descansa en romper con una mirada codificada, empobrecida e instrumentalizada de la vida, a pesar de los adelantos tecnológicos que la embellecen y alargan su existencia. Es quizá uno de los tantos problemas que nos aquejan en relación con la verdad, el sentido y la calidad de vida. Esta cultura de sí conlleva una nueva mirada, no sólo de sí mismo, sino de lo que es el mundo para el sujeto, en la modificación de su actuar con la verdad. Ahora bien, lo público y lo político toman relevancia en el arte del gobierno de los Otros. Sin antes mencionar, con palabras de Foucault, que todo êthos, toda actitud filosófica, asumida como arte de vivir, preserva su autonomía en los espacios comunes en los que se encuentran los sujetos. El arte de vivir, el arte de
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 144 ] sí mismo, son idénticos, se vuelven equivalentes o tienden a serlo, en todo caso. Cuidarse, gobernarse, ser el timonel de su propia vida, es articularse con la experiencia política de la ciudad, en relación con la verdad de sí mismo, del Otro y del gobierno de los demás. En ética, escuchar precisa de un serio trabajo de sensibilidad de lo que el Otro me platica, para así forjar el ejercicio sobre sí mismo a través de la constitución lógica del diálogo que se sostiene con el mundo, en el que la palabra modela la verdad en el sujeto. Según Foucault, existe el deber de un deber moral, a la vez que técnico, al decir la verdad por parte del sujeto. En el fondo, la unión entre ética y técnica de sí, obedece a la aparición de la actitud ética. Es la ética de la verdad del sujeto, puesta en el discurso por medio de unas reglas concretas, para ser asumidas y transformar a quien o quienes las recibe. Esto último es posible en una actitud reflexiva, principio de libertad y de verdad, dada en la actuación del buen gobierno de sí mismo y de la comunidad política. La elaboración de una actitud ética y su relación con la política, nos plantea el ejercicio del libre pensamiento, que en Foucault se encuentra ligado a las lecturas del mundo griego, en la pureza y simpleza del pensar, depurado de falsos adornos que impiden la transparencia del mismo. La conexión entre ética y política hace emerger con claridad la relación entre maestro y discípulo o, entre ciudad y ciudadano, en el momento de la libre circulación del razonamiento. La pedagogía, acompañada de la ética y de la libertad en el sujeto, ayuda a dar forma a los estilos de vida en lo que sería una actitud filosófica, apoyada por una infinidad de técnicas que tienen que ver con el cuerpo, con el pensamiento, con una filosofía espiritual; la cual no se niega a la vida en su voluntad, en su fuerza, acompañada específicamente por una ética de la resistencia, que ante todo busca y defiende la afirmación de sí en este mundo. Mediada por el principio de lucha, ante lo que queremos ser en la comunidad política, lugar en que ponemos a prueba lo que pretendemos para sí mismos, al demostrar la fortaleza y la capacidad de nuestra actitud de vida. En últimas, organizar la vida humana en su constitución y su transformación. Modernidad y verdad La pregunta por el sujeto en la modernidad se encuentra ligada a un asunto de orden filosófico: la verdad. Plantear el cuido de sí mismo a partir de la relación entre lo que el sujeto es y la verdad, está mediado por lo que sería la historia de la subjetividad, enmarcada en su objetivación por saberes, que en la vida práctica se manifiesta en patrones concretos de orden cultural y social, con modelos de comportamiento, con cerrojos y válvulas de oxigenación. Es la historia de Occidente por conocer el entorno y la verdad del sujeto, a través del empleo de estrategias y tecnologías para llegar al meollo del asunto. Es el sujeto - objeto de visualización, de exposición y de manipulación ante el poder y el saber que se ejerce sobre él. El arte del gobierno de sí se encuentra mediado por la relación con el Otro y sus efectos en quien asume dicho arte. Tal como se destaca en la pedagogía, en el consejo, en la vida espiritual, entre otros. La anterior caracterización plantea el problema de la relación del sujeto y la verdad, asumida
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 145 ] en un estilo de vida ético y estético. Nos encontramos ante una mirada filosófica que apunta a un saber vivir acorde con las artes de la existencia, desde una postura práctica, terrenal, orientada por unas reglas de comportamiento específicas, pensadas a partir de una actitud ética y de su relación con la verdad. Esta mirada se desplaza de una filosofía especulativa, formal, “dialéctica”, a una filosofía práctica de la vida en el sujeto contemporáneo, que difícilmente se conoce a sí mismo; vieja preocupación socrática, que en su quehacer se extiende a las calles, a las plazas públicas. Conocerse a sí mismo, condición de toda virtud, implica llevar una vida recta con sus propias reglas, que en su devenir se encontrará con múltiples obstáculos y situaciones complejas que pondrán a prueba dicha vida. No es un mero discurso de orden retórico, sino una manera de ser que se ha de reflejar en un estilo de vida. En esto va lo que es la actitud filosófica, asumida por medio de una postura ética. Ésta encierra una mirada sobre la manera de conducirnos en nuestras cosas y en los asuntos inmediatos. Por ejemplo, un buen político o gobernante ha de estar precedido por un buen gobierno doméstico que nos permita un acceso a la vida filosófica; ya Aristóteles lo había dicho acerca de la necesidad de tener resuelto lo fundamental en la vida, para así poder dedicarnos al pensamiento filosófico. La actitud filosófica en el mundo moderno se encuentra mediada por la posesión del objeto. Para Foucault, el “momento cartesiano” marca esta nueva postura del conocimiento de sí y del cuido de sí mismo. Esta nueva forma de pensamiento, que se interroga a sí misma para lograr la verdad, requiere de un sujeto que se modifica, se transforma y se desplaza para manipular el objeto, en el que la verdad no se da al sujeto plenamente. Ella requiere para su acceso de una conversión y transformación del sujeto en el terreno espiritual. La verdad en el momento de conversión espiritual viene deductivamente (solipsismo) a iluminar armónicamente al sujeto, unido al trabajo que el propio sujeto realiza sobre sí mismo, punto de beatitud y tranquilidad espiritual. Es decir, en una relación entre el sujeto-determinante y el objeto-determinado; acompañado por unas condiciones en la formación del espíritu científico, que es lo que ha determinado en gran medida al mundo moderno a través de la educación, la cultura y una moral de corte positivista. Es una relación entre el sujeto y la verdad, que ha de transformar la condición y mirada hacia el ser, que Heidegger en sus diversos trabajos criticara con su olvido, su cuido, su atención y su saber. Por otro lado, la mirada filosófica inaugurada por Descartes, en la cual el nuevo sujeto está ávido de conocimiento de orden científico, busca alcanzar la verdad como satisfacción, ayudada por el método, en el que la contemplación se desplaza hacia las cosas de la naturaleza, fuente de riqueza. En suma, el sujeto moderno se caracteriza porque la naturaleza del ser, la del êthos antiguo, queda desplazada por una nueva forma filosófica, que busca la certeza de lo que se razona: pienso luego existo, “je pense donc je suis” y toma distancia ante el mundo. Sólo podemos deducir verdades y no errores, donde la verdad se ajusta entre el sujeto y el objeto, en el cual la presencia del ser es apartada. Igualmente la conversión, el cuido y el conocimiento de sí mismo pierden su importancia ante esta nueva mirada moderna, la verdad toma un rol objetivo, el objeto ocupa un lugar destacado en su contenido.
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 146 ] Una filosofía política espiritual Retomando lo dicho, la conversión asumida como un problema de orden filosófico y no religioso, se ocupa del saber del mundo y del lugar que ocupamos en él. Este saber va a tener un sitio en el análisis y desciframiento del mundo interior, de quien en términos de actitud filosófica, asume una vida espiritual en su saber y en su hacer. Esta vida espiritual consiste en ocuparse de sí y de la libertad en nuestro presente, lo cual implica estar atentos en nuestras miradas, de lo que está en nuestro interior y del afuera. La vida espiritual a partir de una postura filosófica, permite abrir y desplegar la representación de sí mismo ante el orbe, por medio de dicha actitud y ejercicios espirituales, como trabajo de análisis, de definición y descripción; mostrándonos en esencia tal cual somos en la contemplación y en la verbalización. En consecuencia, se aprecia unconocimiento espiritual ante el objeto. El saber espiritual, a diferencia del saber de la mera conciencia, se caracteriza por ir al corazón de las cosas mismas, por tomarlas en su realidad y en valorarlas, por ser capaz de ver y tomar su realidad como verdad, por descubrir la libertad como un modo de ser. En esto consiste su saber como experiencia vital, articulado al pensar y al actuar como una sola expresión, en un modo de vida filosófico, caracterizado por una pedagogía del arte de la escucha, del arte del hablar y el arte de cuidar el cuerpo, entre otros. ¿Cómo llevar a cabo esta conversión espiritual en el sujeto contemporáneo a través de una estética de la existencia? El planteamiento de lo que es una ética y una estética de la vida tiene que ver profundamente con una propuesta política radical para nuestro presente, en mirar al sujeto por fuera de las pretensiones liberales a partir de la figura del contrato, que es lo que ha caracterizado al pensamiento político moderno. Asumir una postura política en la filosofía es partir de una experiencia, de una práctica de sí, de quién o quiénes viven en sociedad, lo cual exige descifrarse e instaurar una verdad que tanto preocupa al hombre actual, al hacer uso de su pensamiento público. Constituir una nueva mirada política sobre el sujeto no necesariamente ha de pasar por las técnicas dominantes de la racionalidad política, ante la cual hay profundas críticas y fisuras por el espíritu artificial que la alimenta. El sujeto político se ha de caracterizar ante todo por el dominio y gobierno de sí mismo, principio de libertad, inscrito en una ontología del presente. En consecuencia, la constitución política del sujeto en Occidente se puede apreciar bajo la lupa del diálogo entre ética y política, llevado a su praxis a través de la parresía. Para establecer la relación entre la parresía y lo político, es preciso asumirla a partir de las figuras emblemáticas de la filosofía griega. Este tema obedece a dos aspectos centrales: el gobierno de sí y la actitud filosófica, entendida como una toma de postura ética y política del pensamiento. Por otra parte, la parresía plantea su relación con el Otro en el ámbito de lo público, de lo político, en el que la amistad y la hospitalidad son determinantes en este tipo de relación. En palabras kantianas, nos permite ser autónomos y mayores de edad. Aspectos en los que la verdad como una forma de vivir y de pensar de otro modo, se vuelve objeto de preocupación central para los hombres. La figura del maestro cobra
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 147 ] importancia en el discípulo en el ejercicio de la parresía, pues tiene que ver con la preparación para la vida pública y política. La parresía, por tanto, requiere el valor de decir la verdad a pesar de cierto peligro. Y en su forma extrema decir la verdad tiene lugar en el "juego " de la vida o la muerte, tal como lo enseña la biopolítica. La parresía es una labor crítica de lo que somos y debemos ser, en el ejercicio de la libertad de pensamiento; es una crítica que abarca la actualidad y el presente. Kant lo plantea al cuestionar nuestro momento, desde una filosofía crítica, cuando el sujeto se atreve a pensar, en el que la verdad aflora sin condicionamiento; ella misma se vuelve un deber para el sujeto. Kant eleva esta postura del libre pensamiento, al imperativo categórico. Imperativo que se transforma en un deber: decir la verdad, donde los amigos no escapan a dicha verdad.¿Quién tiene derecho a decir la verdad? Pregunta que se encuentra acompañada por otra: ¿Qué papel juega la ética en el proceso de decir la verdad? Así la parresía cobra un estatuto político y filosófico en la vida humana, con la particularidad de estar acompañada de la libertad de pensamiento y la libertad de actuar, muchas veces en franco conflicto con el poder, en el que sobreviene la resistencia y la lucha frente al abuso del mismo poder. En consecuencia, la libertad va ligada a la verdad, en la que lo ético y lo social cumplen su papel en la vida del individuo, que implica un cuido de sí, anticipo de todo trabajo político en aquel interesado en estos asuntos. Por tanto, asumir la parresía en la vida doméstica, así como en lo político puede llegar a transformar desde lo más profundo la voluntad política de los sujetos, de los pueblos y de los gobiernos. Es una relación compleja que atraviesa la democracia, el logos y la libertad. La cuestión se vuelve un asunto político, en especial cuando se trata de organizar la vida de los sujetos en el espacio público. El estilo de vida y la política se vuelven entonces un asunto central en su dinámica. Esto último ha de reflejar el comportamiento de la vida del filósofo y la verdad en el ámbito de la comunidad política. El problema de la verdad Decir la verdad se constituye en un modo de ser, acompañado en el ejercicio diario de saber administrar la vida en plena armonía con la comunidad. De ahí las políticas de amistad y la conflictiva parresía. Foucault nos dice que la parresía es una actitud ética, es una forma de vida que tiene sus riesgos, en el cuido de la verdad a partir de sí mismo, llevada como arte por medio de unas técnicas que se destacan por su franqueza, en el que la vida y la libertad de quien la asume se encuentran en peligro. Filosóficamente, es un ejercicio de poner ante la mirada del Otro, ante el público, lo oculto, lo no dicho, lo que debe anunciarse a través del pensamiento, en el que el ver y el escuchar son parte de dicho pensar, ligado en su formación a una conducta pedagógica que modifica a los implicados de manera crítica. Ser crítico frente a las acciones del gobierno, va de la mano de la conciencia, de una experiencia de sí, en la formación política del sujeto y de la comunidad política, en relación con la amistad, a partir de una simetría, cruzada por una
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 148 ] serie de prácticas pedagógicas, de consejos espirituales, de prescripciones en los modos de vida. Este esfuerzo se convierte en una transformación política y de respeto cultural que se realiza en el sujeto como experiencia, como verdad. Ahora bien, la estética de la vida se encuentra permeada por lo político a través de la amistad que modifica la conducta pública entre iguales y libres, en un presente pensado como espacio escénico, ante el cual cada quien asume una postura de vida, garantizada por medio de la elaboración de una actitud filosófica, en el que la amistad ha de cumplir un rol hacia el mundo político. Lo que encontramos en esta estética política son ciudadanos virtuosos, en los que el dominio y el gobierno de sí garantizan no sólo una amistad política, sino un Estado democrático. Es una existencia estética fundamentada en la verdad, visible ante los demás, dadas por medio de una libertad estilizada en sus acciones, tanto en el cuerpo como en el pensamiento. Es decir, la armonía que entre el cuerpo y el pensamiento se dan garantiza el cultivo de una estética de la existencia, que implica y exige el cuido de sí mismo, en la constitución como sujeto libre, reflejado en los asuntos diarios de la vida. En conjunto, estas actitudes dinamizan al sujeto al interior de la sociedad. Es un asunto que toca a todos aquellos conscientes en transformar sus existencias lo mejor posible, a través de unas técnicas y unas artes, que examinan permanentemente la condición del sujeto y su relación con la verdad en el cultivo de sí mismo. Estas prácticas son una serie de ejercicios que nos modifican y nos ponen en estado de alerta y de competencia. Es decir, es una actitud filosófica que regula la existencia diaria. En esta dirección, las artes de la existencia han de conjugarse en un idioma común, en lo que sería la constitución del sujeto político. Este ejercicio político está en comunión con la visión y la postura moral de quien la asume, o sea, lo que argumentan todos aquellos estudiosos del mundo antiguo, la política va acompañada de la virtud. Conclusión Finalmente, esta reflexión en torno a las artes de la existencia y su relación con la pedagogía y la políticanos revelan como éstas inciden en el sujeto y la libertad contemporánea, en el cual están en juego la mirada estética y la verdad del sujeto. En tal sentido, la filosofía toma vida no sólo en el pensamiento, también en el cuerpo, nos invita a asumir nuestra actualidad, nuestro presente, a partir de la misma vida, en una postura divergente, disensual, en lo que sería una actitud filosófica que nos impulsa a redescubrirnos todos los días, como acto de libertad que evita el pensamiento homogéneo. Las artes de la existencia en el presente se caracterizan porque el sujeto, por medio de sus ricas expresiones, es autocreativo en su razón y en su hacer, en la manera de relacionarse y de decir la verdad de sí mismo, que lo constituye no sólo como sujeto histórico, sino de razón, de placer, entre otros. Políticamente es pensar las relaciones entre los sujetos de manera diferente, por medio de estas artes de la existencia que significan un desplazamiento de la mirada que tradicionalmente tenemos del ejercicio de la política, que cuestiona la representatividad y sus consecuencias negativas para un sujeto que aspira ser mayor de edad. Las artes de la existencia son la plena
Thémata. Revista de Filosofía. Número 45. 2012 [ 149 ] afirmación de sí mismo, no existe la negación como se puede ver en la histeria, como ejemplo a destacar en el mundo moderno. El asunto es ser libre y poder seguir siéndolo, como plantea Foucault, en donde el sujeto se encuentra en una permanente interrogación de su existencia, en el cuido de sí en relación con la verdad que se da a través de una historia significativa. Es una actitud de vida que tiene que ver con nuestro ahora, nuestra vida terrena, con la libertad, mediada ontológicamente por el dominio sobre las cosas. Por lo tanto, nos lleva a la constitución de una voluntad política desde el sujeto en su genealogía o hermenéutica, que cuestiona el presente. Es decir, el trabajo político sobre sí mismo, en lo que obedece a una problematización que busca alternativas concretas en el ejercicio de la libertad y la verdad contemporánea, en la formación de una voluntad política, en la que el intelectual no sólo modifica su pensamiento sino que incide y modifica a los Otros. Manifestada en un modo de ser, tal como lo vivieron los griegos, y que hoy se manifiesta en ciertos estilos de vida contemporáneos. Es una manera de mirar al sujeto en su postura ética - estética – política, en su modelación. En último lugar, las artes de la existencia descansan éticamente en cuatros puntos centrales: primero, el conocimiento de sí mismo; segundo, el cuido de sí mismo; tercero, el dominio de sí mismo; cuarto, el gobierno de sí mismo, unidos a las artes de la escucha, de la reflexión, de la toma de conciencia, de la administración de la vida, para un sujeto presente carente de esta visión y estilo de vida libre. Bbibliografía citada Alejandría, Clemente de. (1998). El pedagogo. Gredos. Madrid, España. Cornelius, Castoriadis. (2004). Sujeto y verdad en el mundo histórico-social. F. C. E. Buenos Aires, Argentina. Descartes, René. (1981). El discurso del método. Porrúa. México Descartes, René. (1981). Meditaciones metafísicas. Porrúa. México. Foucault, Michel (2001). L’herméneutique du sujet.Gallimard. Paris, France. Foucault, Michel (2004). Discurso y verdad en la antigua Grecia. Paidós. Barcelona, España. Kant, Emmanuel. (1989). La metafísica de las costumbres. Tecnos. Madrid, España. Touraine, Alain. (1993). Críticade la modernidad. Temas de hoy. Madrid, España. Mario Germán Gil Claros, Universidad Santiago de Cali, Colombia. [email protected]