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La renovación periodística del primer tercio del siglo XX en España

Barrera, Carlos

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241 PARTE III La empresa, los periodistas, los lectores La renovación periodística 242 del primer tercio del siglo XX en España Carlos BARRERA Facultad de Ciencias de la Información Universidad de Navarra “Regeneración” y “renovación” fueron dos palabras profusamente utilizadas en el vocabulario político, cultural e intelectual del alborear del siglo XX en España. La pérdida de las últimas colonias ultramarinas en 1898 significó un duro golpe de naturaleza externamente política y bélica pero sobre todo espiritual y moral, en el más amplio sentido de dichos términos, es decir, desde un punto de vista más profundo que atañía al “alma española”. No en vano con ese mismo nombre –Alma Española– salió a la luz una significativa revista literaria a finales de 1903, en la cual colaboraron la flor y la nata de los hombres que formaban, aun sin tener conciencia de grupo la mayoría de ellos, la llamada “generación del 98”. Resultó un duro golpe porque España dejaba de ser, después de varios siglos, un imperio ultramarino. Cierto es que, de hecho, hacía tiempo que había dejado de constituir una gran potencia, pero la pérdida real y efectiva de Cuba y las Islas Filipinas significó la toma de conciencia clara y evidente de cuál era nuestra situación en el panorama internacional. Fue la crónica de una muerte anunciada, la puntilla aplicada a un toro ya agonizante que había doblado las rodillas. España quedaba relegada, nunca mejor dicho, a ser la piel de toro que nuestro contorno geográfico dibuja en los mapas de la península ibérica. Además de un duro golpe, constituyó un punto de inflexión en amplios ámbitos de la vida española. Hay un antes y un después de 1898. Es más, han sido y son muchos los historiadores que certifican la defunción del siglo XIX en España dos años antes de que sucediera desde una perspectiva estrictamente cronológica. Dado el régimen político vigente entonces –el de la Restauración canovista–, basado en las elites 243 políticas, sin partidos de masas, más bien alejado de los trajines diarios de los ciudadanos de a pie, la crisis del noventa y ocho no tuvo, sin embargo, apenas impacto en la población, que contemplaba con cierta indiferencia lo que ocurría a tantos miles de kilómetros de distancia. Las serias derrotas infligidas a las tropas españolas eran compatibles con el normal desarrollo de la vida ciudadana y de las fiestas populares 259 . Según recordara Francisco Silvela en un memorable artículo periodístico aquel mismo verano de 1898, España se había quedado “sin pulso”. Sus dos primeros párrafos resultaban bien elocuentes del estado de shock que había producido el también llamado desastre. Decía así el insigne político y, como tantas veces ocurría en aquellos tiempos, también periodista: Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo; pero no se oye nada; no se percibe agitación en los espíritus, ni movimiento en las gentes. Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal, discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos políticos, observa este singular estado de España: donde quiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso 260 . Periódicos y políticos, en líneas generales y salvando algunas excepciones generalmente situadas extramuros del sistema, hicieron causa común tanto en la preparación del ambiente bélico como en la minusvaloración del problema colonial y del adversario, fuese éste los rebeldes cubanos o las tropas norteamericanas. Así lo expresaba, lamentándose, el mismo Silvela en el artículo mencionado: En vano, la Prensa de gran circulación, alentada por los éxitos logrados en sucesos de menor monta, se ha esforzado en mover la opinión llamando a la puerta de las pasiones populares, sin reparar en medios y con sobradas razones en cuanto se refiere a errores, deficiencias e imprevisiones de gobernantes 261 . 259 P.Gómez Aparicio, Historia del periodismo español. V. III. De las guerras coloniales a la dictadura. Madrid, Editora Nacional., 1974, pp. 27-68. 260 Silvela, 1898. 261 Ídem. 244 Así lo han señalado habitualmente los historiadores de la prensa. María Cruz Seoane y María Dolores Sáiz, basándose en una abundante labor hemerográfica, comienzan su descripción del período 1898-1914 afirmando con claridad meridiana: “En los años inmediatamente posteriores al desastre del 98, la gran prensa madrileña entra en un período de desorientación, de pérdida de credibilidad y de lectores” 262 . Evidentemente no se debe extrapolar lo que ocurría en la gran prensa madrileña, que tenía vocación de difusión nacional habitualmente, con los mercados locales o regionales donde la dinámica no siempre fue la misma. Aquellos territorios más desarrollados y con menos contenidos políticos propios de la villa y corte, capearon mejor el temporal. En Cataluña, por ejemplo, donde el catalanismo fue bastante crítico con las políticas gubernamentales de las guerras coloniales, se convirtió en diario a finales de 1898 La Veu de Catalunya, que acabaría siendo el portavoz de la Lliga Regionalista, mientras el apolítico –pese a sus orígenes– La Vanguardia inició su despegue de la mano de Ramón Godó Lallana, hijo de uno de los fundadores. En el País Vasco surgió con ímpetu en 1903 un diario católico, llamado a tener larga vida, como fue La Gaceta del Norte, para competir con El Liberal. Fueron principalmente los grandes rotativos madrileños los que pagaron el mayor precio. Algunos, como La Correspondencia de España y El Imparcial, no lograrían ya recuperarse y acabarían pereciendo en 1925 y 1933 respectivamente, con una vida lánguida y precaria, lejos del liderazgo que otrora habían alcanzado. Otros, sin embargo, resistieron y consiguieron recuperarse si bien tomando medidas extraordinarias como su fusión en un mismo grupo: así lo hicieron El Liberal y Heraldo de Madrid desde 1906, formando la Sociedad Editorial de España en compañía de El Imparcial, que diez años más tarde prefirió seguir por separado. Continuaban proliferando los periódicos de partido, que representaban a líderes prominentes de diversas facciones de los partidos del turno o segregados de ellos. La fuerza de los números hablaba, sin embargo, en su contra y fue premiando a los periódicos de 245 empresa que, sin ser apolíticos estrictamente hablando, tenían claro que la información era el principal activo que tenían. Si en el campo de la política aparecieron “regeneracionistas” como el ya mencionado Silvela o después un Maura o un Canalejas desde dentro del sistema, más muchos otros intentos registrados desde fuera; si en el mundo de las letras brillaron con luz propia, también buscando regenerar o renovar la vida española, los escritores del 98 (Maeztu, Azorín, Baroja, Unamuno, Machado, etc.) y los posteriores de la generación del 15 (Azaña, Ortega, Pérez de Ayala y otros); también en el ámbito del periodismo surgieron unas cuantas iniciativas que marcaron la pauta de la renovación de la “vieja prensa” herida por la crisis. Dichas iniciativas, aun proviniendo de personas y de sectores muy diversos en lo ideológico, coincidieron en su audacia a la hora de plantear nuevas fórmulas para captar a ese público desilusionado y desengañado de las “mentiras” del 98, y en su perspicacia para ofrecer lo que ese público sí estaba dispuesto a consumir. Esas nuevas fórmulas se concretaron en diversos aspectos: en el puramente periodístico de los contenidos y las formas; en el planteamiento empresarial, considerado básico para la viabilidad del proyecto, para su rentabilidad, y por tanto para su éxito; y finalmente en el terreno ideológico-político, tratando de insuflar aires nuevos al cada vez más desgastado régimen de la Restauración. Es casi doctrina común, entre los historiadores de la prensa, considerar que hubo cuatro periódicos que llevaron la delantera y abanderaron la a todas luces necesaria renovación de la prensa durante el primer tercio del siglo XX en España: tres de difusión nacional como ABC (desde 1903), El Debate (desde 1910) y El Sol (desde 1917), más un cuarto editado en Barcelona: La Vanguardia que, aunque fundada en 1881, sufrió varias reconversiones, proviniendo la más decisiva del impulso que le dio Ramón Godó Lallana desde 1897. En el caso de El Sol, conviene recordar que la empresa de artes gráficas donde se editó, una sociedad anónima distinta de la empresa editora del diario, se denominaba significativamente “Sociedad Tipográfica Renovación”. 262 M.C. Seoane y M.D. Sáiz, Historia del periodismo en España,. 3. El siglo XX: 1898-1936. Madrid., 246 ABC fue uno de los pioneros, como semanario desde 1903 y con periodicidad diaria desde 1905. Sus características “resultaron novedosas y hasta revolucionarias en el periodismo español de la época” 263 . Insólito y desacostumbrado era su pequeño tamaño, en comparación con el de sus competidores habitualmente asabanados. También se distinguió por la importancia concedida al elemento gráfico y sus populares sistemas de promoción. Destacó en suma por su moderno sentido empresarial de la prensa en una época en que comenzaba a hacer crisis el viejo estilo de los periódicos de partido. El Debate aportó la entrada en la modernidad por parte del hasta entonces marginal o marginado periodismo católico, que había triunfado en algunos lugares (El Correo de Andalucía en Sevilla desde 1899 y La Gaceta del Norte en Bilbao desde 1903) pero no encontraba hueco en la capital de España. Además, su preocupación por la formación intelectual y práctica de los periodistas le llevaría a crear la primera Escuela de Periodismo, la llamada “Escuela de El Debate”, en 1926, que funcionaría durante diez años hasta el comienzo de la guerra civil 264 . El Sol rompió moldes con su estilo culto e ilustrado, su cuidada preparación periodística, su alto precio (el doble que el habitual en los demás) y por constituir una pieza más de toda una serie de industrias culturales que su principal propietario, Nicolás María de Urgoiti, fue tejiendo a la par que introducía las ideas de un reformismo liberal muy crítico con el liberalismo clásico de la Restauración 265 . Por último La Vanguardia encarnó, desde Barcelona y para Cataluña, la transformación de un periódico de partido a uno de los más poderosos diarios de empresa, con una preocupación rayana en el perfeccionismo por obtener la más moderna tecnología y los mejores servicios informativos a nivel nacional e internacional. Todo ello con el objetivo de acaparar un público tan amplio como la Alianza, 1996, p. 69. 263 F. Iglesias, Historia de una empresa periodística. “Prensa Española”. Editora de ABC y Blanco y Negro (1891-1978). Madrid., Prensa Española, 1980, p. 15. 264 M. Vigil y Vázquez, El periodismo enseñado. De la Escuela de El Debate a Ciencias de la Información. Barcelona, Mitre, 1987, pp. 31-58. 247 propia y compleja sociedad catalana de su tiempo e identificarse con sus intereses básicos. En la mayoría de estos casos, y a pesar de algunas diferencias palpables en otros campos, se registraron una serie de factores comunes resumibles en los siguientes: una moderna concepción empresarial de la actividad periodística, la imitación consciente de exitosos modelos extranjeros, la elevación de la dignidad y consideración social de la profesión periodística, y el impulso dado a nuevas fuerzas políticas en el debate público del crecientemente débil sistema de la Restauración. La mera enumeración de estas características pone de relieve la diversidad de facetas a las que alcanzó su influencia. Y es que, en efecto, dichos periódicos y sus promotores eran conscientes de que no sólo debían proporcionar información sino también nuevas ideas y formas para el debate político, lo cual debía pasar por contar con unos medios económicos, técnicos e informativos fuertes y llevaba consigo la necesidad de que los periodistas estuviesen preparados para tal cometido tanto en el aspecto intelectual como en el práctico y organizativo. Por encima de otras secciones, la noticia se convirtió en el elemento básico de cualquier diario que de tal se preciase. Así lo expresaba en 1924 un testigo de primera mano de esta evolución, José Francos Rodríguez, periodista, en su discurso de recepción en la Real Academia Española: La noticia rompió la cárcel donde la tuvieron aprisionada murmuraciones y cominerías, haciéndose trascendental: orden, aviso, indicación; para muchos de positivo provecho, para otros simple deleite. Fue desde entonces base del periódico, su cimiento; sobre él se construiría cuanto el arte sugiriese a sus cultivadores; crónicas primorosas, artículos profundos, relaciones animadas del Parlamento, de las Sociedades, investigaciones, comentarios, alardes del ingenio, enseñanzas (…). En la noticia está todo: lo sublime y lo baladí, lo importante y lo minúsculo; pasan por ella el nacer y la muerte, las ostentaciones y miserias (…) Germen de unos trabajos, esencia de otros, nada representa hasta que el ingenio le infunde soplo alentador, entonces, no sólo satisface la 265 Vid. M. Cabrera, La industria, la prensa y la política. Nicolás Mª de Urgoiti (1869-1951). Madrid, Alianza, 1994. 248 curiosidad, además, sugiere, excita, esclarece 266 . Cada una de las empresas periodísticas que estuvieron detrás de estos cuatro insignes modelos de prensa diaria en España tuvo su propia filosofía o cultura empresarial, marcada muy a menudo por la personalidad de sus respectivos promotores: Torcuato Luca de Tena en el caso de Prensa Española, editora de ABC; Ángel Herrera Oria en La Editorial Católica que publicaba El Debate; Nicolás María de Urgoiti como impulsor de la sociedad editora de El Sol; y Ramón Godó al frente de la propiedad de La Vanguardia. Casi todas coincidieron, sin embargo, en apostar por la diversificación de productos en el ámbito editorial y cultural, en adoptar estrategias comerciales y de gestión típicas del mundo empresarial, y en tomar medidas conducentes a la protección profesional y laboral de los periodistas, hasta entonces bastante desatendidos por lo general. Se estaba asistiendo, en definitiva, al nacimiento de la industria periodística en España. Cierto es que aún no alcanzaba el mismo nivel que otros países occidentales donde la prensa de masas era ya una realidad consolidada, pero de ellos se extraían tanto experiencias y modelos que aplicar luego a los productos autóctonos como la tecnología y maquinaria con que hacerlos posible 267 . A esta transformación se refería también Francos Rodríguez en su discurso de 1924, admitiendo que “el complejo funcionamiento de la Prensa, cada vez más costoso, necesita el apoyo capitalista, pero –advertía frente al peligro de caer en una perspectiva excesivamente economicista– su fortaleza no estriba en los recursos proporcionados por el dinero”. Aludía con ello a que “los adelantos del periodismo en todos los órdenes nacen de su espiritualidad, la agudizan” 268 . La naturaleza material de la información, su producción en serie potenciada a niveles hasta entonces desconocidos, no debía ocultar su otra cara, la espiritual, la de su influjo en los individuos, en las sociedades, en la 266 J. Francos Rodríguez, Discurso leído ante la Real Academia Española en la recepción pública del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez el día 16 de noviembre de 1924. Madrid, J. Morales Impresor, 1924, pp. 37-38. 267 Vid. J.L. Gómez Mompart, La gènesi de la premsa de masses a Catalunya (1902-1923). Barcelona., Pòrtic, 1992. 268 Francos, op. cit., p. 39. 249 política, en la cultura. Los cuatro ejemplos que nos sirven aquí de guía para explicar la renovación de la prensa española en el primer tercio del siglo XX fueron conscientes de esta doble naturaleza de sus productos: los periódicos eran una mercancía pero también un medio de influencia social, económica y política. A todos ellos les interesó llegar a la máxima rentabilidad económica, porque era base de su independencia y de su poder orientador de la opinión pública de acuerdo con sus principios básicos ideológicopolíticos. Así, ABC, sin renunciar a obtener el mayor número de ventas, se erigió en fiel defensor de la monarquía, de un liberalismo conservador, del orden social y de los principios cristianos sin ser confesional. Su beligerancia a favor de Maura tras los sucesos de la Semana Trágica le granjeó, por más de uno, el calificativo de “maurista”, pero su línea fue independiente de partido político alguno. Tan fue así que prohibía la militancia de sus redactores en partidos, y el propio fundador predicó con el ejemplo rompiendo sus vínculos con el Partido Liberal, por el que era diputado. El Debate, diario estandarte de la prensa católica, pudo realmente influir en la vida política de la época porque al mismo tiempo cuidó su información: una tarea pendiente de este tipo de prensa y que sólo la clarividencia, la constancia y el buen hacer profesional de Ángel Herrera hicieron posible. El Sol, cuyos vínculos hacia el reformismo liberal eran notorios a través de la influencia de hombres como José Ortega y Gasset, líder intelectual del proyecto, y el propio Urgoiti, se preocuparon al mismo tiempo de diseñar una estructura redaccional innovadora y acorde con los nuevos tiempos y de dotar al diario de unos periodistas de prestigio. La Vanguardia, sabedora de su situación “central” en el periodismo barcelonés, combinó una sólida estructura informativa a la que el conde de Godó dotó de los más adelantados medios técnicos de la época, con unos principios ideológicos basados en el acatamiento de los poderes establecidos y el respeto al orden social como garantía de la estabilidad y el crecimiento económicos en España y en Cataluña. Especial esmero pusieron a la hora de seleccionar a los periodistas que habían de trabajar en ellos. Pronto se distinguió ABC, por ejemplo, por exigir de ellos dedicación completa al periódico (algo poco usual entonces en la profesión), a cambio de los 256 formidable técnica. Y esta visión francamente futurista (…) Ramón Godó la resumió en una fórmula admirable, en esta ecuación perfecta: Máquinas modernas x Toneladas de papel impreso = Millones de pesetas 279 . A medida que los años fueron pasando, la propia presentación de los grandes diarios se fue transformando de forma paulatina, adquiriendo una mayor similitud con sus homólogos europeos. Las escasas cuatro páginas de comienzos de siglo (excepción hecha de ABC debido a la apuesta por su característico formato reducido) fueron aumentando a ocho, doce, dieciséis, veinticuatro... La Vanguardia daba cuenta en 1931 de que el periódico, medio siglo después de nacer, salía con 56 páginas tipográficas, cuatro veces más que las del primer número, y otras 8 de huecograbado. Renovación y regeneración fueron palabras clave en la vida política y periodística de comienzos de siglo. Decía ABC el 1 de enero de 1903, en su presentación al público: “Pretende ABC ser, no un periódico más, sino un periódico nuevo por su forma, por su precio, por los procedimientos mecánicos que empleará y por la índole de sus trabajos” 280 . Titulaba El Sol su editorial de salutación el 1 de diciembre de 1917: “En período de renovación. El Sol viene a servir a su patria”. Bajo el signo de la renovación entendía Este período de nuestra historia, en cuyo vital aliento y luminoso amanecer, aunque harto tímido y confuso todavía, se complacen y honran todos los elementos que componen este periódico en fundar su razón de ser y su enseña para combatir en la pura región de las ideas, en la libre crítica de los hombres y las cosas 281 . Sobre la labor de El Debate, el conocido historiador Vicente Palacio Atard escribió: La mentalidad de las clases medias españolas y del clero rural recibió, sin duda, el impacto de la doctrina y de las orientaciones expuestas en sus páginas. Fue así un 279 Ídem, pp. 49-50. 280 Citado por C. Barrera, El periodismo español en su historia. Barcelona., Ariel, 2000, p. 147. 257 instrumento de renovación de la mentalidad de la derecha histórica española, probablemente el que en su tiempo ejerció una mayor influencia en esa renovación modernizadora 282 . Esa renovación consiguió, entre otras cosas, hacer de El Debate algo más que un periódico pío de buenas intenciones: lo convirtió en un buen y moderno periódico, en lucha y rivalidad con los mejores de la época. La Vanguardia, por su parte, había iniciado su renovación abandonando su carácter de diario de partido y acentuando su fórmula de “periódico que lee el público de Barcelona sin distinción de clases ni de partidos políticos” y que “ha logrado como ningún otro introducirse en todos los hogares, a donde lleva cotidianamente las palpitaciones de la ciudad y del mundo en forma que resulta la más grata y familiar al lector barcelonés” 283 . No fueron fáciles ni los tiempos políticos que vivió la prensa ni el ambiente social que la rodeó. Fueron más bien años convulsos, donde las crisis más que sucesos puntuales se convirtieron en escenarios habituales: la Semana Trágica de Barcelona y la campaña del “Maura, no”; la Gran Guerra europea y la división de políticos y periódicos entre germanófilos y aliadófilos; la triple revolución de 1917; el desastre norteafricano de Annual en 1921… hasta desembocar en la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera entre 1923 y 1930. En ese contexto, los principales diarios hubieron de tomar posición en muchas ocasiones. El fundador de ABC, defendiendo la actuación de Maura en 1909, dirigió un telegrama a los directores de los más importantes diarios europeos, en el expresaba su “profundo dolor” por “la calumniosa cruzada dirigida contra mi patria por la pasión de algunos y el desconocimiento de la verdad por parte de otros” 284 . El Sol, que nació a finales de 1917 justo tras los movimientos revolucionarios acaecidos a lo largo de ese año, declaraba claramente en el segundo párrafo de su editorial de presentación: “¿Por qué ocultarlo? Este diario, con todas las ideas que le alientan, y todos los estímulos que le dan vida, es un producto 281 Citado por C. Barrera, op. cit., p. 167. 282 J.M. García Escudero, El pensamiento de El Debate. Un diario católico en la crisis de España (1911- 1936). Madrid, BAC, 1983. Prólogo de Vicente Palacio Atard, p. XXXVI. 283 La Vanguardia, 1928. 258 legítimo y directo, lógico y consecuente del período iniciado en la historia de España al comenzar el verano de 1917”. El mismo diario fundado por Urgoiti alabó en 1918 la acción de un periódico antagónico en cuanto a sus planteamientos políticos e ideológicos como era El Debate, con las siguientes palabras: De todos los periódicos que se disputan la adhesión de las derechas españolas, entre toda la Prensa germanófila honrada –que la hay– sólo podemos tener en cuenta a El Debate (…) No es de ahora esta opinión. En muchas ocasiones hemos observado que El Debate, dentro de su pensamiento, que no compartimos, aunque respetamos sinceramente, se esfuerza en ser un periódico moderno, original y eficaz 285 . Periódicos, en efecto, tan aparentemente distantes, convergieron sin embargo en el común denominador de criticar, si empleamos la terminología orteguiana, la “vieja política” de la “España oficial” para sustituirla por formas renovadoras que incorporasen al nuevo juego político a la “España real” que no estaba verdaderamente representada en las Cortes. Los cuatro diarios mencionados eran diarios políticos en el sentido amplio del término pero, cada uno desde su propia tradición e idiosincrasia, ni se describieron ni actuaron como diarios de partido pues estaban por encima de ellos. He aquí una de las claves de su éxito. La fuerza de la prensa de empresa, empujada por periódicos como los aquí referidos, consiguió entrar por sendas europeizantes en varios sentidos: en medios tecnológicos, en profesionalidad, e incluso en difusión. Si ningún diario superaba los 100.000 ejemplares a finales del siglo XIX, a la altura de los años veinte y treinta eran ya varios los que tiraban por encima de esa cifra: ABC, La Vanguardia, El Debate, El Liberal, La Libertad, Ahora, Heraldo de Madrid, El Diluvio… Se habla comúnmente del primer tercio del siglo XX como una época dorada de la prensa. En términos cuantitativos y en algunos parámetros cualitativos, bien puede afirmarse así. Si tenemos en cuenta otros factores, como la libertad de prensa, no siempre pudo alcanzarse el 284 F. Iglesias, op. cit., p. 159. 285 G. Redondo, Las empresas políticas de Ortega y Gasset: El Sol, Crisol, Luz (1917-1934). Madrid, Rialp, 1970, p. 208. 259 ideal. Sin embargo, las principales bases de la modernización y de la renovación de la prensa estaban puestas, y fueron sobre todo algunos periódicos y algunos prohombres como los que aquí han sido recordados, los que marcaron la pauta. El periodismo español les debe ciertamente mucho. Bibliografía -C. Barrera, El periodismo español en su historia. Barcelona., Ariel, 2000. -M. Cabrera, La industria, la prensa y la política. Nicolás Mª de Urgoiti (1869-1951). Madrid, Alianza, 1994. -J. Francos Rodríguez, Discurso leído ante la Real Academia Española en la recepción pública del Excmo. Sr. D. José Francos Rodríguez el día 16 de noviembre de 1924. Madrid, J. Morales Impresor, 1924. -J.M. García Escudero, El pensamiento de El Debate. Un diario católico en la crisis de España (1911-1936). Madrid, BAC, 1983. Prólogo de Vicente Palacio Atard. -Gaziel, Historia de La Vanguardia (1881-1936) i nou articles sobre periodisme. Barcelona, Empúries, 1994. -P. Gómez Aparicio, Historia del periodismo español. V. III. De las guerras coloniales a la dictadura. Madrid, Editora Nacional., 1974. -J.L. Gómez Mompart, La gènesi de la premsa de masses a Catalunya (1902-1923). Barcelona., Pòrtic, 1992. -F. Iglesias, Historia de una empresa periodística. “Prensa Española”. Editora de ABC y Blanco y Negro (1891-1978). Madrid., Prensa Española, 1980. -A. Martínez Tomás, “De diario localista y de partido a una gran empresa nacional”, en Gaceta de la Prensa Española, nº 157, 1964, pp. 43-46. -G. Redondo, Las empresas políticas de Ortega y Gasset: El Sol, Crisol, Luz (1917- 1934). Madrid, Rialp, 1970. 260 -M.C. Seoane y M.D. Sáiz, Historia del periodismo en España,. 3. El siglo XX: 1898- 1936. Madrid., Alianza, 1996. -J.J. Sánchez Aranda y C. Barrera, Historia del periodismo español. Desde sus orígenes hasta 1975. Pamplona, Eunsa, 1992. -J. Tanco, Manuel Aznar, periodista y diplomático (1892-1975). Tesis doctoral. Pamplona., Universidad de Navarra, 1989. -M. Vigil y Vázquez, El periodismo enseñado. De la Escuela de “El Debate” a Ciencias de la Información. Barcelona, Mitre, 1987.