Rose, Hillary; Rose, Steven: "Can neuroscience change our minds?", 2016 [Reseña]
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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 56, julio-septiembre (2017) pp.: 337-339. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X Rose, HillaRy; Rose, steven: Can Neuroscience Change Our Minds? Polity, Cambridge, 2016. 179 pp. Carlos Ortiz de Landázuri Universidad de Navarra (España) ¿Puede la neurociencia cambiar nuestra mente?, pretende delimitar los diferentes ámbitos donde sigue siendo posible aplicar la neurociencia, desde la economía, hasta la ética o el psicoanálisis. Según Hilary Rose y Steven Rose, el crcimieento de la neurociencia ha adoptado proporciones enciclopédicas, convirtiéndose en el centro sobre el que giras un conjunto del resto de las ciencias unificadas, con mucha mayor amplitud de lo que lo hicieron el programa genoma humano propiciado por James Watson en 1990. Su gran ventaja ha sido propiciar un desarrollo de la capacidad de empoderemiento de la mente humana, desde los desarrollos más elementales hasta los más complejos, sin adoptar una actitud meramente pasiva ante los indicadores bio-moleculares como ocurre en la genética. Al menos así lo han señalado el psiquiatra británico David Healy, al igual que los filósofos analíticos John Searle, Raymond Tallis o Mary Migley. En cualquier caso ahora se analiza el papel de la técnicas de la neurociencia en la configuración de la sociedad, o del propio yo. Hoy las técnicas de la neurociencia se han hecho presentes en la concepción de las corrientes políticas neoliberales, tanto respecto de la innovación informática como respecto de las políticas de crecimiento o la propia concepción de la vida cotidiana, tanto a nivel vegetal, animal o propiamente humano, Sus posibilidades de manipulación del cerebro han sido crecientes, ya se formularan con fines terapéutico o incluso militares. Concretamente la antropóloga Rayna Rapp las ha utilizado para diagnosticar los trastornos de dislepsia, o para justificar criterios de neuro-diversidad. Por su parte, los filósofos Fernsndo Ortega y Francisco Vidal han resaltado la aparición de una nueva mentalidad neuro-cultural donde el cerebro permite reconfigurarse como el centro del propio yo, con la consiguiente asignación de una determinada neuro-identidad. Al menos así lo expresa claramente los títulos de las obras de Jean-Pierre Changeux, El hombre neuronal, o de Joseph Leroux, El yo sináptico. Las tecnologías de las ciencias neuronales han ejercido un especial impacto en el neoliberalismo. A este respecto se contrapone el modelo neoliberal
Carlos Ortiz de Landázuri Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 337-339. 338 americano y el europeo respecto del tratamiento otorgado rn cada caso a estas nuevas tecnologías neuronales, según se conciban o no al nivel del ejercicio de un derecho humano. Por su parte, se retrotraen estos dos modelos a la aparición del kynesianismo económico con posteridad a 1945, así como a la nueva escuela de los economistas de Chicago, que adoptaron una postura más restrictiva en la defensa de estos derechos. Entre ambos planteamientos ahora se sitúan el “individualismo posesivo” de C. B. Macpherson, prolongado por la “sociobiología” de E. O.Wilson en 1973. Posteriormente, en 1990, surgiría la psicología evolutiva que trataría de reconstruir la génesis de la naturaleza humana desde el Pleistoceno, a través de los cambios sociales, culturales y tecnológicos ocurridos a lo largo de 200.000 años. Se describen igualmente los diversos modelos patriarcales de tipo jerárquico, individualista y competitivo O la aparición del estado del bienestar como u sistema de cuidado recíproco y solidaria. Al menos así lo propone Wilson, aunque al coste de perder gran parte de la eficiencia del sistema. Evidentemente todas estas corrientes han influido en el neoliberalismo. En su caso se ha contrapuesto una visión solidaria del la neurociencia a una interpretación individualista que gira alrededor del “yo-neuro- nal”. Este seria el único responsable del logro d su propio bien estar, así como de la posible atención personalizada de su propio cuidado médico. En este contesto se analiza la influencia tan distinta que las diferentes concepciones de la neurociencia han tenido en el modo como en Inglaterra se ha concebido la educación, o las políticas sociales de empleo. En gran medida contribuyeron a aumentar el “capital mental” de los diversos agentes sociales y a optimizar las aspiraciones de los jóvenes. De este modo se pretende reconstruir la progresiva preeminencia que la neurociencia ha ido adquiriendo a lo largo del siglo XX y XXI. Para llegar a estas conclusiones se dan cuatro pasos: 1) El progresivo crecimiento de las neurociencias. Se analizan los orígenes, en nacimien- to, el creciente poder, su pugna con la interpretación molecular de la locura, los límites del modelo animal, la feliz complementariedad entre las dos ciencias; 2) La neurociencia como mega ciencia. Se analiza el proyecto del cerebro humano, los compromisos públicos de la ciencia, sus inicios en el estudio del ratón, las diferencias entre el proyecto DARPA y el cerebro, las iniciales reconstrucciones del cerebro, la posibilidad de alcanzar grandes pruebas en la neurociencia, la proliferación de modelos neurocientíficos diversificados: 3) Recientes intervenciones. El capital mental y otras cuestiones, donde también se analiza el paso desde la cooperación al individualismo, el significado político de la redefinición de pobreza mental, el lugar de los informes en la neurociencia, el origen de las imágenes MRI de normalidad y su crítica, el desarrollo de le neurociencia y las nuevas interpre-
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 337-339. Rose, HillaRy; Rose, steven; Can neuRosCienCe CHange ouR Minds? 339 taciones, en cinco fases: a) la sinapsis, o la búsqueda del más dentro de los mejor; b) diferenciación entre los entornos enriquecidos y empobrecidos; c) Los diferentes periodos sensitivos; d) el “strees” y los corticoides; e) Anexo conclusivo acerca de la dificultad de superar el puente; 4) La neurociencia va a la escuela. El éxito de una iniciativa Interpretando los hallazgos educativos, mejorando el cerebro, los mitos de le neuroeducación, los límites y la ética de la investigación, la enseñanza espaciada, los sueños y el punto de vista de los adolescentes, la neurociencia y la diversidad, la dislexia, el discálculo, 5) Conclusiones: el compromiso público con la neurociencia, esperanzas, autobombo y neoliberalismo, ¿pesimismo del intelecto y optimismo de la voluntad? Para concluir una reflexión crítica. Hilary y Steven Rose plantean un dilema entre fundamentar la educación en la biología molecular o en la neurociencia, entre la escuela tradicional y la neoliberal, cuando de hecho caben otras muchas alternativas. Pero con independencia de esta objeción de principio, cabría plantear: ¿Cuál sería el lugar de la libertad y de la voluntad en unas tecnologías educativas basadas en la neurociencia, cuando su ámbito de actuación desaparece, sin tenerlo en ningún momento en cuenta?