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Postscriptum Terminus ante quem. Epílogo al libro 'Contra suelo. Argumentos y arquitectura bajo la cota cero'

Tapia Martín, Carlos

Abstract

Epílogo al Libro de Iván Guerrero

Full text

CONTRA SUELO ARGUMENTOS Y ARQUITECTURA BAJO LA COTA CERO Recolectores Urbanos Editorial Colección “máster” [TFM]_04 Edita: Recolectores Urbanos Editorial Plaza Ruiz Valle, 29018 Málaga Autor: Iván Guerrero Ramírez (c) de esta edición: Recolectores Urbanos, 2017 (c) de los textos: sus autores, 2014 (c) de los proyectos: sus autores (c) de las imágenes: sus autores Diseño Colección: Buenos días, Impresión: Ulzama Imagen portada: el autor ISBN: 978-84-944936-1-4 Depósito Legal: MA 1115-2017 MÁLAGA JULIO 2017 Esta obra está bajo una licencia Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España Creative Commons. Usted es libre de copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra Bajo las condiciones siguientes: • Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera • especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que • sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra). • No comercial. 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La licencia completa está disponible en: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/ ÍNDICE 8 Intenciones 14 Fábricas, palacios y ferias 34 Habitabilidad contemporánea 48 La contemporaneidad de lo subterráneo 60 Sistemas de inmunidad 68 El límite del objeto habitabilidad 84 Cota cero 92 Incursiones bajo la cota cero 112 Cortes 124 Epílogo 128 Post-Scriptum: Terminus ante quem Carlos Tapia Martín POST-SCRIPTUM: TERMINUS ANTE QUEM Diagrama de Athanasius Kircher que muestra la interconexión del fuego dentro de la tierra, 1664 por Carlos Tapia Martín Contra Suelo 129 —¿Qué es exactamente un artista? —Un observatorio subterráneo —replicó Van instantáneamente. Ada o el ardor. Nabokov. p.112 Que la palabra subterfugio se componga de un adverbio que significa ‘por debajo’ ( subter ) y de fugere , huir, provee un gambito alífero para entablar estrategias que acomoden la lectura de este “Contra suelo, argumentos y arquitectura bajo la cota cero” . Y debe ser entendido así desde un principio, por cuanto cabe esperar de este libro ciertas premisas de pertenencia y origen, que no van a ser finalmente homologadas para quienes esperen lo convencional. Afortunadamente, cumplir con la otra premisa, la de todo verdadero libro, por la que no se han de emplear esfuerzos, ni de escritura ni de lectura, para todo aquello que nos conduciría de vuelta a donde ya sabíamos que estábamos, sí que está garantizado para quien decida ahondarse en el que sostiene entre sus manos. Puesto que la premisa distractiva –un subterfugioregatea con lo aparentemente prometido, mi intención es que estas líneas no sean construidas a modo de precautoria, como un prólogo, sino más bien, una vez acabada su lectura por excavación, ayudar a leer lo que se muestra en la caverna a la que ha sido transferido. Por excavación queremos hacer significar un explorar más allá de los límites de este ensayo, buscando, consultando, multiplicando efectos. Y esta advertencia no es replicable a cualquier otro escrito de cualquier otro ensayista, lo que confiere al trabajo que ha realizado su autor, Iván Guerrero, un riesgo y una singularidad. El riesgo se conjura por parte del autor mediante el reconocimiento de su juventud y de la trazabilidad de sus estudios, realizados en Perú inicialmente, pero especializados en Sevilla, España. En estos últimos, dado que participo en ellos como profesor, puedo reconocer algunas de las claves que el arquitecto-zapador Guerrero ha empleado como asimilación de su formación aquí: donde la orgullosa episteme aguarda su cometido en emergencia y trascendencia, acontece mera y finalmente como contingencia. Esta espera para dotar(se) de sentido a lo que ha de tratar(se), lo que en este caso es el objeto de la investigación, satisfaría la máxima anglosajona del entendimiento. Y no es un subterfugio decir con estas palabras que verificaría el sentido científico de la literatura especializada, reconocida por la academia, si ella misma se posicionara en la traza de la palabra “ understand ”. Heráclito, anhelaba comprender la profundidad del alma, para lo que inició un camino abisal, buscando las conexiones invisibles, más productivas que las visibles. Palabra por palabra, colocarse debajo, o “ understand ”, significa recabar lo sabido pero para llevarlo a esa oquedad donde densidad, materialidad, historia, pero también miedos o desvelamientos dolorosos se ponen en formación. Y tal operación es arqueológica, mostrando los hallazgos en relación con las capas que lo contienen. Es lo que esos zapadores del conocimiento llaman, usando el latín, el “ terminus ante quem ”. Ese punto de referencia con datación confirmada, evidencia que todo lo que hay por debajo tiene una correspondencia temporal supeditada a esa base, pero que habita en la correspondencia de los materiales acumulados en los estratos que la envuelven. La originalidad de este manuscrito reside en ello: sólo así se puede secuestrar el Crystal Palace de Paxton para colocarlo en el zulo e interrogarlo. ¿Ante quién ha de responder Paxton? Ante toda la Modernidad y sus Aparatos epocales, reescribiendo su visibilidad, su legibilidad y por supuesto, su inteligibilidad. Nada es factible ya desde lo consabido, sino, diríamos, desde el inframundo de lo cognoscible. No es sólo la técnica del ingeniero de invernaderos, ni del ascensor, sino la colonización de mundo en su conjunto al acondicionar y sujetar el aire: es lo etéreo cavernoso lo que mueve a Sloterdijk a retomar ese caso canónico de la arquitectura. Uno de los enfoques que empleamos en los cursos de especialización a los que alude nuestro autor en su introducción se mostraría próximo a lo que los psicoanalistas llamarían terminus ante quem 130 Contra Suelo 131 “ undersense ”. James Hillman lo ha explicado en alguna breve ocasión y a raíz de sus intervenciones en las famosas conferencias de Eranos con el término hyponoia (que es de Platón, claro, hablamos de cavernas, en La República). Mediante la deformación del sentido habitual, se opera con la intención de descomponer sus formas. Así, contingentemente, es posible que irrumpa el sentido recóndito de una imagen de entre los velos que encubrían su construcción y, dice Hillman, que “aparezca como una epifanía resucitada”. Para quienes traducen literalmente la hyponoia es más bien una patología clínica. Y entonces el exalcalde Boris Johnson acaece con camisa de fuerza queriendo resucitar el Pabellón de Cristal para recolocarlo en su segunda ubicación tras su desmontaje y remontaje en Hyde Park, y en pleno siglo XXI. No consiguiendo romantizar suficientemente su mandato con la resurrección la vieja estufa para máquinas, debió sentir un vacío sólo consolable con un proyecto de aislamiento mayor: envolver en aire purificadamente británico al conjunto de sus islas. Cavernas hay para todos los inframundos imaginables aún en su presencia superficial. Para nosotros, sin embargo, es entender la manera de conocer de Joyce para la elaboración del Ulysses, el topo que quiso ser Nietzsche escribiendo Aurora, las descomposiciones lingüístico-estructurales del canon en la deconstrucción derrideana o, por intentar internarnos en el acceso a la imagen, el grabado de Den Aardkloot de 1694 retirando de la vista de la Tierra toda el agua y dejando aflorar sus profundidades. En ese grabado, lo creativo del proceso de desvelamiento al vaciar el planeta azul de su azul, es el redibujado de límites orientadores, administrativo-estatales, y el derrumbe de la imagen de esfera perfecta y proveedora, que nos protegía orgullosamente como especie superior. Llevada esa imagen a nuestra caverna de conocimiento, se establece en ella un terminus ante quem y allí religamos los estratos generados por el paso del tiempo. No es desdeñable que hubiera causa común in illo tempore en los intentos por excavar el inframundo (usando el término como lo trata Hillman) en la época de Aardkloot. Así, el espeleólogo matérico-cultural del momento, antes que el holandés, sería el jesuita alemán Athanasius Kircher, quien previamente a su Mundus Subterraneus quo universae denique naturae divitiae (1664), ya intentó ser un vano Champollion del siglo XVII. Al escribir lo que fue calificado como la más erudita monstruosidad de todos los tiempos, su Egyptian Oedipus , allanaba al camino al Hegel de oquedades y pirámides que aparecería un siglo después revolucionando pensamiento y arrastrando a sus fondos la arquitectura. Debe recordarse al director de la tesis de Derrida, Jean Hyppolite, compilando en 1970 una disección a Hegel para alfombrar el pensamiento moderno, con la alcatifa de lujo de su discípulo Derrida dispuesta como tapiz cuyos motivos decorativos engendran subrepticiamente un plano de sección vertical para la fantasía y la imaginación: “La pirámide y el pozo” es su título. Y debe recordarse porque va a ser el propio Sloterdijk, con carburo y pico usando ese plano, el que dé con la carta de la nacionalidad egipcia del “marrano” Derrida, registrado el hallazgo en su pequeño pero intenso diario “Derrida, un egipcio”. Marrano, como los judío-conversos que no pertenecen a la comunidad de destino, ni se presentan con la de origen, pero que eligen la ocultación soterrada de seguir siendo lo que eran. Y egipcio, en tanto que es el predicado de todas las construcciones que pueden someterse a la deconstrucción. Esta última es frase literal de Sloterdijk, quien añade: todas, salvo la pirámide, que se levanta allí para todos los tiempos, inconmovible, porque está construida desde el inicio con el aspecto que ocuparía luego su derrumbe. El alma, esa preocupación heraclitana, confinada en la cava de la pirámide, busca en los estratos ruinosos del inframundo su comprensión ( understand ) ante la vida y su más allá. Si vemos el dibujo hermosísimo de Sverre Fehn que elige Iván Guerrero para contar esto mismo, no es posible sino encontrar en él la definición de la arquitectura, entre el pozo y la pirámide, entre el monumento y la tumba, como escribió Loos. Podemos suponer coincidente el argumento Fehn lo que escribe en la revista Perspecta 24 en 1998 junto a Per Olaf Fjeld ( Has a doll life? ), con los nuestros si nos apropiáramos del agua que Aardkloot sustrajo a través de su pozo, y la devolviéramos paulatina e intencionalmente de nuevo a la tierra, concluyendo que completaríamos una acción arquitectónica y el relato de la vida misma. Fehn ha dicho, respondiendo a si todo ha de pertenecer a la tierra, esto: terminus ante quem 132