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Lectura e interpretación de Juegos de la edad tardía de Luis Landero

Vázquez-Medel, Manuel Ángel

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de varia lecci6n literaria en homenaje a Josi. M." Capote Benot Departamento de L~teratura Espailola Facultad de F~lologia de la Univers~dad de Sev~lla Secretanado de Pubhcaciones de la Universldad 1992 Serie: FILOSOFIA Y LETRAS NGrnero: 141 - DATOS TCCNICOS DE ESTE LlBRO - Composici6n: Texros realizados en tipo Garamor cuerpo 10, interlineado 12, realizados Fotocomporici6n Textos y Formai Cubierta: Tapas sueltas forradas en Gelrex con rermoc rampaci6n. Interior: Papel Ofiset Dunamatt de 80 grim'. Encuadernaci6n: Cartone cosido en cuadernilios ah vegetal, reahzado cn Encuadernacioi Alan. o Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla O Facultad de Filologia o Departamenro de Liii-ratura Espaiiola Printed in Spain - Impreso en Espana I.S.B.N.: 84-7405-968-2. Dep6sito Legal: SE-1.344-1992 Imprime: Imprenra A. Pinclo Ardr dr lri Lniln, 17. Tfno (91) 439 921 1 11900 Czmah S~iill% Reservados iodos 10s derechos. Ni la rotalidad ni parre de este libio puede repioducirse o tiansmirirse por ningGn procedimiento electr6nico o mecbnico, incluyendo fotocopia, grabaci6n magnetic% o cualquier almacenamienro de infomaci6n y sistema de rscuperaci6n, sin pcimiso escriro del Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. LECTURA E INTEWRETACION DE JUEGOS DE LA EDAD TARDIA, DE LUIS LANDER0 Junto con 10s problemas genericos, estilisticos, temiticos y de grupos o escuelas, el problema de la pautacion cronolhgica es tal vez el mayor en cualquier investigacihn histhrico-literaria, Ello es consecuencia, simplemente, de la complejidad de algo tan vivo como ese coniunto de fenhmenos, realidades y relaciones que conocemos como literatura y cuya naturalera no nos corresponde ahora revisar o cuestionar. Con todo, parece innegable que, estando todo texto anclado a un conjunto muy vasto de textos culturales, priorizar las relaciones de este texto con aquel otro o con aquella otra realidad, sea por afinidad o por contraste es una operation en la que la intervencihn del analista (e incluso de cualquier lector) es ademas de inevitable, decisiva. No hay posible asepsia ante una obra literaria. Es evidente que un texto tamhien puede ser ahordado de forma aparentemente descontextualizada: antes se hahlaha de aproximaciones inmanentes (como si en lugar de 'hahitar' el texto en nosotros pudi6ramos asepticamente transitar el lugar del texto). Que esa descontextualizacihn es solo aparente lo demuestran diversos rnodos de des-constituciones textuales (no identificar con de-construcciones), ya que todo texto es6 constituido, precisdmente, por todo aquello que no es 61 mismo, pero que forma parte de t-1 y que a1 serlo en un juego de nuevas relaciones instaura una nueva singularidad. Todo texto es accesible a partir de aquello que le transciende: de lo que le une a otros textos (culturales, en sentido lotmaniano) que ya conocemos, y a partir de 10s cuales es posible construir 10s significados y proyectar los sentidos (M.A. Vizquez Medel, 1991). Obviar este principio incuestionable es mutilar en su funcionamiento el texto como product0 de la serie literaria. 356 Lectum e intepreiacidn dt.Jufios iicllu edad iardiu. de Luis Landen, Todo ello es pertinente desde el mismo momento en que nos ponemos ante un tsnto cualquiera. En nuestro caso, establecer varias propuestas de lectura de una novela exceptional como Juegos de la edad tardia, de Luis Landero, exige tambiitn algunas precisiones previas. No seri ocioso determinar el moment<) en que su escritura -e incluso su lecturase produce porque en parte su relevancia significativa (a1 menos ahora y para nosotros) proviene de ello. Yen este caso, de un mod0 muy particular como mis adelante veremos. Transcurrido ya mas de medio siglo desde la Guena Civil y abandonada la precariedad critica de tan solo hace unas dttcadas es posible tlzzar, grosso modo, el trayecto seguido por la narrativa espaiiola de posguerra. Trayecto, por cierto, nada lineal, m el que varias dimensiones temiticas pugnan con tratalllientos clistintos, estilos &versos y, en filtima instancia, tendencias constructivas que dan prioridad sea a la caracterizacihn de circunstancias, a la constmccihn del personaje, a la progresiiin de la trama, a la installcia narrativa, a1 despliegue mismo del lenguaje, a la reconstit~~cihn de references miticos o fantisticos, etc. Recordaba Robert C. Spires (1978: 11) en el comienzo de su monografia sobre La novela espa3ola deposguelru que "La critica sobre la novela espafiola de posguerra tiende a basarse en dos mittodos fundamenlales: ofrecer panoramas muy amplios o crear categorias que dejan bastante que desear debido a su estrechez -novela subjetiva, existencial (lsta), objetiva, documental, social, neorealista, selectiva, experimental, intelectual, po&tica, etc: y ubicar la ohra de cada novelista en una o dos de ellas". Y anadia que a pesar de haber contribuido tales procedimientos criticos a la identificacihn de las plincipales obras y de la trayectoria global de la novelistica; "falla en un aspecto fundamental: tiende a disminuk la esencia din6mica de las obras mismas y reducirlas a documentos estiticos", Recordernos, por cierto, que para contemplar en su singularidad cada obra literaria Spires se fundamenta en dos principios metodoliigicos de inter&: la agrupacihn de novelas por di-cadas y la valoraci6n del lector implici- to como instancia reguladora entre lo abstract0 1, lo real, que permite llna interesante ohservacibn de la triada narrador ficticio/ oyente ficticio/mundo fictlcio. Si no fuera pclrque realismo es un rhtulo excesivamente generic0 para definir tendencias narrativas, sin duda serka el mis adecuado para abarcar, conjuntamente, los logros y carencias de 10s no~~elistas de la posguerra 1x2s imnediata (Ceia, Zunzunegui, Delihes, Torrente Hallester, Laforet, Pedro de Lorenzo, Garcia Serrano), algunos de 10s cuales se aproximan a ese "trernendismo" con que la critica ha caracterizado la dureza de algunas representaciones de personajes y sucesos. Pero tambien es el rcalismo el horironte de 10s narradores de 10s aiios 50, es decir, 10s estrictamente denominados "realistas": "es obvio que, a lo largo de 10s cincuenta, se producen hechos significdtivos que permiten fijar en esta prinlera mitad de siglo una frontera que responde a una nueva situaci6n: predominio de una literatura realista, de corte ohjetivista, atenta a los condicionamientos sociohisthricos del individuo, que se prolonga hasta bien entrada la septima decada del siglo" U.M. Martinez Cachen) - S. Sanz Villan~ieva - D. Ynduriin, 1981: 331). Aun sin entrar en 10s matices criticos entre una llamada novela "neorrealista" y otra social, ni en las hifurcaciones que desde inediados de la dGcada se dihujan, creemos que esa voluntad algo paternalistsdel narrador de poner delante del lectoi-, sea la precaria situacihn de la clase obrera o del campesinado, sea por subrayar la inmoralidad de una hurguesia decadence, le obliga a utilizar reciirsos y representaciones hastante similares de un ilarradc~r a otro. Pcro corn11 la realidad es una construccihn cultural, no esti nada claro saber cuil sea el contenido asignado a un discurso que intenta re-producir modos y efeclos de realidad (esto es: una escriiura volcada hacia la pr6zgmcitica del reconocimiento de lo real: un acto de fe: aquel r~emsi~~zil aiistotelico, preferihle a algo verdadero pero increible). Bien es cienn clue un analisis de las lineas hisicas de Ins argumentos narratives nos situaria frente a la obsesiOn por la con-temporaneidad, ante una voluntad rescatadora por pane del narrador de toda la conciencia perdida del hombre en relacihn con su mundo ... Una reflexion sohrc la instancia narrativa nos pone casi siempre ante el narrador omnisciente que sc encan:* en tercera persona, aunque cad21 vez mas volcado hacia lo intradiegetico; el estilo dialhgico resalta la huscada autenticidad, y la relativamente lineal progresihn de la trama (no sin anticipaciones y regresos) f.icilita el juego de una literatura que actua coino conciencia de su Gpoca. La superacihn de la novela realista no es ni generalizada ni automitied Se ha senalado en numerosas ocasiones que Tiewzpo de silencio de Luis Martin Santos (1961, publicada en 1962) rriarca el punto sohre el que comienza a ariicuiarse un nuevo modo de entender la accihn narrativa que, sin renunciar a la expresihn de valores mis 11 menos cotidianos, ahandona -a1 mcnos en lo inmediatola esfera cie representacihn piihlica para introyectar mucho rnis conflictos y prohleinas. Se trata de una renovacihn mis en los medios utilizados (referentes y construcciones miticas, lexico de exiraordinaria riqueza cultural, fina recurrcncia de un huinorisnlo distanciador) que en 10s objetivos fijados, que en parie siguen siendo 10s mismos, aunque ya revelan un importante cambio de sensibilidad cultnral. "La tendencia del realismo critico se prolonga hasta bien entrados los sesenta e incluso penetra en los setenra, pero su disolucihn, tras el i~npacto de TienzDo de silencio, se produce en 10s rnismos sesenta" U.M. Martinez Cacherc) - S. Sanz Villanueva - D. Ynd~iriin, 1981: 338). El carnl3io de rumbo que marca la novela central de Martin Santos coimide, precisamente con el Premic Biblioteca Breve de Mario Vargas Llosa por La ciudud y losperros y el inicio del boom iatinoamericano. I\Iis adelante percihi- Inos el inicic~ de diversos experimentalismos, entre los que ocupa un lugar desracado la aponacihn de,Juan Goylisolo, el narrador e intelectual mis fascinante del medio siglo; con Selias de identidad(1966). A finales de 10s afios 60 se consuma una ruptura que en el caso de un autor tan decisivo en el cambio de escritura como Benet es ya manifiesta en lina nzeditaci6n (1969). "La I-econveraihn de la historia en tragedia y de la vida privada en destino afirtna Bitrtolo (1989: 38) representa la desaparicihn en nuestra n(1veia de la politica como materia narrativa expliciu. El mundo que Uenet proponia ya no era un ofrecirnienlo a1 lector para que 6ste conociese o reconociese el mundo en que %via, sino una prop~lesta etica o csti-tica sobre cbmo ser (1 sentirse en el niundo". Son tamhien 10s afios del boom lalinoamericano, de 10s realismos migicos y de rnuy diversos tnodos de experimentaci0~z narrativa. Que era experimentacihn se canaliza por caminos y senderos muy diversos se comprende tan s61o del colejo de la relacihn de autores y obras de aquellos afios: virajes bruscos hacia la narrativa anglosajona, rentabiliracihn de tl~ateriales mitico-cultuuaies y sinibhlicos, construcciSn de diversos ~nundos fantistic(~s, ere. Con todas las salveclades que puedan hacerse a ilna fecha como indicativa de un camhio, parece 1975 y no shlo, aunquc si decisivamente por razones politicas. el gozne de nuevas formulaciones cillturales que corresponden a una progresiva transformacihn de valores sociales en la sociedaci espanola. "Se puede proponer -afirma Sanz Villanueva, 1988: 47- 1975 como el ano que cierre el pel-:ado histhrico-cultural de la posguerra, en el que, sin embargo, se ha pn~duciclo una fuerte evolucihn desde la autarquia hasta la reivindicacihn de 10s valores artisticos de la obra literaria. La de 1975 es una fecha decisiva en la historia politica contemporanea de nuestro pais y, por lo que se refiere a1 mundc) de la cultura, la del inicio de un proceso que conduce, primordialmenle, a la recuperacihn de la libertad del escritor, no solo formal, sino interior, espirilual". Bien es veudad que toda libertad se ejerce en un marco de referentes. en relacihn con los cuales sc valida como ljbertad. En este caso, junto con 1:1 caida de las limitaciones del regimen franquista parecen desaparecer tambien esos referentes y, por tanto, 10s anos siguientes serin de desconcierto y desigi~ales productos esteticos. Situacihn; de la que, por cierto, nu solo no se ha recuperado la cilltura espafioia, sino qlte parece comiln a toda la cultura occidental, dejando a un lado, claro esti, mil nuevas formas drr fundamentalismos, entre ellos, 10s literarios. Esti claro que lo que parece inutil es coda disquisicihn acerca de afio m;is o afio menos, o el caricter decisivo de tal o cual autor u obua. como, por ejemplo y no sin fundamento, indica Asis Garrote (1990: 327-328): "El camhio de tumbo no sucedih en 1975, sino a partir de 1972, cuando Gonzalo Torrente Ballester publica La SugdFuga de JB. Con este libro la novela espafiola regresa a la fdntasia y a la accihn, como taml>i&n retorna la literatura eunlpea de este periodo" Con todo, este periodo de tres lustros transcurridos desde el inicio de la transition espanoia puede sin lugar a dudas coi~siderarse como una nuerra fase con pevsonaliclad distinliva: "Lo mis caracteristico de esta nueva novelistica es que surge sin aparentes vinculaciones de dependencia de los fenhmenos narrativos nntcriores. pero, a la vez; sin un proyecto artistic0 comCn. Sc trata, pues, n~is de una narrativa de individuaiidades que de tendencias o grupos. A1 menos esros no se presentan con un caricter progran~tico" (Sanz Villanueva, 1988: 199). Rhtulos aplicados sin tnucho &xito, por su FaIra de homogeneidad y coherencia, a 1:1 novela de 10s Gltimos anos en la voluntad de encasillar son novela fantastica, histhrica, de intriga p aventuua, poemitica; metaliccihn, autohiogrifica o de mcmorias. novela testinroniu o crhnica o report:~je ... Eduardo Mendoza y Juan Jose Millis, que coinciden en 1975 (el inicic de la transicihn politica) en la publicacihn de dos importantes novelas, La zxrdud sobre el caso Savolla y Cerbero son ias so?nbras respectivamente, van a sex para algunos criticos el inicio de lo que gent-ricamente se ha dado en llamar "narrativa espaiiola actual", rbtulo que a partir de 1985 se transforma, sintom5ti- camente, en el dc '.nueva n:~rrativa espafiola", un fenhmeno, al menos sociolbgico y editorial, en el que es precis0 ailn C~LI~ el tiempc y la distancia vuelvan miichas aguas a sus cauces. En tal contcxto -larga relacihn de autores clue no vamos a citarla novela espanola transciende tamhien nuestras fronteras. NII s6lo en la aceptacihn, sobre todo en Europa, dc muchos de nuestros narradores, sin0 por las propias tendencias constructivas internas de los textos. Estamos de acuerdo con Ferreras cuando concluye a1 analizar la novela iiltima: "La novela espafiola, hay que alirmau, ya no es exactamente o puramente novela espanola, es ciecir, ya no obecede a circunstancias y medios que ie fueron especificos durante tantr,.? afios, es y ya, ilna ni~vcia universal en lengua espaiiola (y en otras lenguas nacionaies) que ya no puede ser medida y asi explicada par una socieckid particular o con ciertas particularidades especificas. A partir de ahora, la produccihn novelesca no puede reducisse a tres o cuatro tendencias que hasta hace algunos afios englobahan la produccihn entera satislactouiamente Sc impone quizas la busqueda de nuevos conceptos operatorios (clasificatorios) y se impone tarnhien ia inclusihn de lendencias espaiiolas en tendencias mundiales" 0.1. Ferreuas, 1988: 153-l54). No esti ma1 -anadirnos ahoraque tras una fase de aherrantes encuadres pseucioes~ruct~~rales y que tras ahusav cie recetas explicativas de la condimentacihn literaria, nos volvamos a1 placer del text(, c intentemos, sin soslayar esas inter-ferencias textuales que lo constituyen, apreciar La dferencia, en lugar de trarar comunes denominadores que disipan la cxperiencia literaria. Aun nos quedan muchos interrc~gantes por resolve.er acerca de la especial eclosihn de la novela en 10s ultimos afios de la decada de 10s 80. Los fdclores a analizar son muchos: carnbio de la situacihn social y politica, mayor liberrad no 5610 extei-na, sino interna, a1 ceder cualquier dogma o preceptiva, la optimizacihn de una clase media rnis amplia e insralada en el conforl que suele ser la consumidora habitual de nuestra narrativa ... Pcro tambien cabria postular un motivo mucho rnzs rridical que no podemos desarrollar ahora y que no sblo afecva a la situacihn espafiola. sino n cierto generalizado reverdccitnienlo de la narrativa en los paises (posl)industrialirados de occidente: el hundimientc~ del iiltimo de los grandes metavrelatos de IegitimaciOn en terminologia de Lyotard, clue vuelve a poner en su lugar la importancia de los relatos en si mismos y no corno parte de una gramitica explicativa de la realidad ... Perdidos 10s refcrentes y el fundamento, cnestionado el centro como lugar de soporte de las rcaiidades, velatar y relatarnos, consu~nir relatos; se conviefle en una necesidnci viral. Para nosotros; como para Sclierezade, permitir la continuidad de relatos rs, tamhien, cuestihn de vida o muerte. iQue supone, en este contexto, la publicacihn de ./zdegos de Iu edad tardia de Landero? Aun seiialando. desdc el principio, que ha sido una novela de larga gestacibn y que incluso recoge en si misma, como integradas y sedimentadas varias de las capas o modos de escritura anteriormente esbozados, vamos a comenzar nuestra reflexihn por su fecha de publicacihn. Marca un ti-rmino ad qluefn que puede explicar muchas de sus caracteristicas, aunque como fmo de atraccihn y de tensihn. Ademis, el final de la di-cada dc l(>s ochenta supone en parte el apaciguamiento de un autentico fen01ncno no shlo literario sino culti~ral y social, inexplicable si no consideramos, ademis de 10s textos (niicleo ii~ndamenlal), esa curiosa interdccihn entre editores, critica y lectores que queda aun por analizar en detalle. Como afirma Loureiro (Lecr, 1990: 8): "Los editores siguen buscando nomhres nuevos. pero lo hacen con mayor discrecihn, conscientes de que, en caso de apuro, pueden echar mano de 10s que ya hay. Ya nc) es noticia la aparicihn de un nuevo autor -salvo que reuna ids caracteristicas de un Landero ..." Parece, pues, que ahora podemas aventurar algiinas claves que permitan comprender, en un marco ya estabilizado el de la nueva narrativa espanola la irrupcihn de una olxa (casi no sabemos si de un autor, ya cpe por ahora coinciden) exceptional: Juegos de Ju edad turdiu. 1989: UNA FECHA CARGADA DE SIMBOLISMO Es posihle que 1989, en el htun,, sea observado como referente de uwa concatenacihn de transformaciones que ni comienzan ni terminan en esa fecha, pero que en ella adquieren un proi'undo valor simb6lico y que marcan el inicio dc una determinada conriencia. En efecto, por shlo citar algunos acontecimientos en el orden politico inter~~acional, el 20 de enero comienza en USA la "era Bush", el 26 de marzo se celebran en la URSS las primeras elecciones pluripartidistas, el 3 de junio tienen lugar 10s sucesos de Tiananmen en I'ekin, el 4 de junio triunfa Solidanidad en Polonia, el 9 de noviembre cae el muro de Berlin, el 3 de diciembre Busli y C;orbachov celebran la cumbre de Malta sobre desx~n~c y aun antes de finaiizarel afio Estados Unidos invade Panama 20 diciembreante el silencio in~ernacional y el 25 de diciembre son ejecutados en Rumania Ceaucescu y su mujer tvas el airanliento del 21. En todas partes cornienza a hablarse del fin del comunismo, aunque tamhien del fin de Pa historia, del arte e incluso, chmo no, de la novcla y aun de la iiteratura ... Para Espana seri el anr) de la Presidencia de la CEE y de la terccra victoria en Elecciones Generales del PSOE. En el orden de la cultura oficial espaiiola Kosa Chacel es galardonada con el Premio Nacional de Literatura y el mexicano Carlos Fuentes con el Cervantes. Cela -por finconsigue el Prernio Sobel de Litcrati~ra. 1989 parece, ademis, ser el limite de la capacidad de sorpresa contempovi- nea. Y aunque acontecimientos mas graves y de mayor resonancia clue 10s de este ano han irrumpido muy recientemente en el panorama intern:lcional -y aun parece que podamos presenciar otros mayoreslo que diferencia la actit~lcl de la culrura occidental es que ya poco puede soulIrendernos. Algo que, por cierto, obligara a retrazar fronteras y limites productivos y operativos en el imbito de una ficcihn imprescindible para la conslruccihn artistica peso que parece hoy mas que nunca excedida por una realidad casi tan fictiva e inevila- I~lemente discursivizada. Sin convertir la siguientc relacihn en un caiJlogo, pero pasa que nos sirva de punto de referencia en nuestra reflexihn sobre la novela mb reciente, 1989 es el ano en clue se publican La islu innuditu~ de Eduardo Mendoza; En la penumbra, de Juan Benet; Beltenebros, de hlufioz Molina o, incluso exteni1ii.ndonos al imbito de la literatura latinoamericana El geizerul en su laherinto, de earcia Mirquez. O lo que es igual: obras que sin carecer de importancia aiiaden poco a la importzinte trayectoria narrativa de sus autores. Incluso, en algun caso significan un ostensible paso atds. Por lo que se rcfiere a la avalancha de titulos en 10s varios procesos de promocibn editorial de este ark], es preciso recordar Cr6nicn del 1-t?y pasmado, de Torrente Ballester. clue nos sigue demostrando que, sin entrar en si nueva o no, sigue sabiendo hncer hueiza y divertida narrativa; Todus las alnzus, del benetiano Javier bk~rias: La tievu serk unparaiso, seleccihn de cuentos de Juan Edual-do Zuiiiga; F?l./ll%ol, de Aj'icu, de Francisco IJmbral; Brasas de agosto, de Luis Mateo Diez; Hzstorza de no, de Mercedes Soriano; Perros verdes, de Agustin Ccrezales; Ijl mecandgrajo, de Javier Garcia Sanchez; Quedu la nuche, de Soledad Puerlolas, Premio Planeta del aim; La &a,n ilzrsi6n, Premio Anagrams, de Miguel Sanchez- Ostiz; El ma.yoTd0izo miupe, de Javier Tomeo ... Relacibn qque podriamos alnpliar considerablemente, sin olvidar dos importantes novelas respectivamente en cataMn (Cami de sirga, de Jesus Moncada) y euskera (Ohabakoak, dc Bernardo Atxaga). Y a pesar de esta cantidad que destiia tambien excelente calidad, parece que, por una vez, 10s Premios de la Critica y el Nacioxll de Literatura habian distinguido la mejor de lodas las novelas publicadas cn espaiiol en 1989 y una de las mejores de las illLimas decadas: Jz~e~qos 6le la c61ud tardia. Juegos clt. la edad turdia, que escapa a cualquier adscripcihn y qur rehiiye cualquier afinidad &recta con la rial-rativa illtima, -que con todo tvansita en tecnicas y recursos por sus piginases, antes que nada y por encima de todo; al margen de consideraciones criticas, una obra que nos reconcilia con el placer de la literatura, que nos hacev sentir la densidad de la palabua, que nos arrastra en su saber contar, pero a la vez en saber perspectivizar por mecanismos muy sutiles lo que se relata, y que sahe transcender y volvev en un juego metanarrativo sobre lo narrado. Una nowela que lleva a su centro mismo no solo el suceder y su caracterizacihn detallista (a veces excesivamente auseiile) como sucede con ciertos tipos de ralismos, no s0lo los actantes y su procesi) de constmccihn como personajes singulares, no s61o el despliegue misnro ile la 368 Leciura e inteqt-etaci6n de juegoc de la edad lardia, de Luis Londero anterior, el proceso de animalizacihn, aunque no en sentido estricto, sino como giro coloquiai en el caso de Olias ... Mucho mis importante que las referencias de detalle lo es la evaluacibn macroestructural: ,Juegos de la edad lardia es una novela de metamorfosis, como veremos mas adelante. El propio Landero reconoce su predileccibn por Kaka, entre otros autores que es conveniente tener en cnenta cuando leemos su novela: "He frecuentado 10s clisicos, y sigo haciendolo, y me apasiona la novela del XIX. Del XX, iqutpoMa clecifle? Por citar algunos nombres: Proust, Camus, Kafka, Hermann Broch, Thomas Mann, Conrad, Virginia Woolf, Joyce, Shemood Anderson, Faulkner, Scott Fitzgeral, Lampedusa, Calvino, Torga, Valle Inclan, muchos latinoamericanos" 0. GorX, 1990: 31). De entre 10s narradores espanoles actuales, cita Landero especialmente a Mendoza, Mnfioz Molina, Llamazares, Ziifiiga; Azua y Vila-Matas. El anilisis de la transtextualidad en Juegos de la edad tardia ha de revelar procedimientos, recursos e influencias fascinantes que ya adivinamos desde la primera lectura. Asi, por ejemplo, una parte considerable del campo de remisihn de experiencias, de evocacihn entre el autor y el lector implicit0 esrin constituidos por el comiin nexo literario. Ya desde las primeras piginas, para establecer esa compliciclad imprescindihle para que nos representelnos las cualidades del edificio en que quedaba instalada la Academia B.A. Co~nercial System, en la que Gregorio conocih a Angelina, se nos dice que era "un inmueble de historia )I ambiente galdosianos" (p. 15). Mis adelante, se adopta el estilo formulario de la enciclopedia, el mis extraordinario de entre 10s tres libros que encomendaria el tio Felix a Gregorio, ademis del diccionario, en el que vienen todas las palabras, y el atlas, "porque trae por orden alfab6tico todos 10s conocimientos de la humanidad, desde sus origenes hasra hoy" (p. 24). Plathn, Aristhteles, Santo Tomb, Kant, Hegel, el Majabarata y el Ramayanu, (p. 2591 Ernest Hemingway -en cuyo nombre se falsifica el prhlogo a 10s Versos completes de la uida artis'tica; Cabeza de Vaca o Hernin Cartes, son algunas de las muchas referencias culturales directas. Ademis, en juegos de intertextualidad implicita, podemos leer versos de Fray Luis o de Garcilaso ... Toda la obra ha quedado densificada por un Inundo de referencias culturales y literarias, a veces innegablemente sometidas a la parodia, de entre las cuales las de motivo o tern religioso, y especialmente la interdiscursividad con la Biblia, nos parece notoria. EL NIVEL DEL DISCURSO: LA DENSIDAD DE LA PALABRA Ya helnos indicado en varias ocasiones que, para nosotros, el valor literario y estetico de Juegos de la edad tardia no radica shlo en la construcci6n de una fsbula en la que las acciones -y 10s actantes en su intrinseca dimensihn actancialasi como ias coordenadas espacio-temporales no son, precisamente, lo mas decisivo Como tampoco nos encontramos con complicadas vertebraciones en el nivel narrativo en el qne la fibula se transforma en historia. Es mis, quizis este narrador extradiegetico, narrador en tercera persona, narrador no omnisciente, sino navador-con el personaje principal, Gregorio Olias, no constituya el punto mis fuerte de la novela, aunque su transparencia, la capacidad de transferir el estilo indirect0 a directo o viceversa, le constituyen en la instancia imprescindible para hacer fluir la palabra. En efecto, estamos ante una novela mis del decir que del actuar, o mejor aun, en la que el decir implica y transforma las actuaciones de modo prodigioso y casi migico, a la vez que vuelve a reinterpretar cada suceso. no vela hemzeniuticu, interpretativa? Hasta cierto punto, si, aunque shlo este aspecto requiere una reflexihn monografica especifica. Tal vez la profusihn -en cantidad y calidadde la novela ultima nos ha hecho olvidar que novela es literatura, esto es, busqueda de valores y emociones esteticas a travi-s de la palabra. Paladeo de la palabra en acciones, personajes, tiempos, lugares, situaciones, reflexiones, etc. Asi lo ha reconocido Landero en las 'Tornadas de Novela Actual": "Hay que enamorarse de continuo de las palabras, olerlas, tocarlas, gustarlas, verias y oirlas estableciendo con ellas una reiacion apasionada y personal. Si las paiabras se gastan es porque tenemos un conocimiento superficial y neutro de las cosas. Cuando se conocen bien y apasionadamente las cosas o se las imagina con vigor, 10s nombres no se gastan jamis". Y, es ciesto, percibimos en Jz~egos de la edad tardia esa dimensihn de la palabra como energeia, en sentido humboltiano, y no s61o como eqon, como mero producto y disponihilidad neutra de un pacto en el qur la palabra no quedara con la huella de quien la usa. Tal vez, por ello, una de las dimerisiones ds notables de Juegos de la edad tardia sea su capacidad polifhnica, el dialogismo , en sentido bajtiniano, en el que cada personaje queda constmido no shlo por su actuar, sino sohre todo por su decir, por 10s temas, construcciones y elementos recurrentes de su despliegue verbal. No deja de ser iluminador a este respecto que cuando en el num. 44-45 de El Urogallo piden a Landero que cuente algunos sucesos de su vida, nuestro autor se vueive hacia la palabrd y 10s vertebra en torno a tres enunciados suficientemente ilustrativos: 1) El lenguaje como poder de dominacihn. 2) El lenguaje como bellera y evasion. 3) El lenguaje como seduccihn. Y concluye su reflexihn indicando: "Asi que yo descubri la literatura como arte instsumental: para intentar transformar la realidad, para huir de ella y para trampearla". Tal vez no exista mejor explicacihn que esta acerca de la capacidad de fascinacihn que despiesta este texto en cierto tipo de lectores con un horizonte de expectativas que coinciden con el despliegue que las va consumando. Toda literatura mide sus fuerzas con la realidad, que en cada momento es y se vive de un mod0 distinto. Que a finales dc: la decada de 10s ochenta, en las puertas mismas del cmce del milenio se abra un portillo, por exiguo que sea, a la esperanza no es poco. No. El hombre no tiene por que aceptar resignadamente nada de lo que le ha sido dado. Tiene pleno derecho a transgredir el faturn como iinposicihn, a1 menos en el mundo de sus sueiios. Pero no debe confundir los marcos en 10s que su ilusihn -su juegose proyecta. El corolario es claro: toda realidad puede terminar ficcionalizindose y toda ficcihn puede terminar por convertirse en realidad ... El drama radica en que ulna realidad ficcionalizada pierde el peso y la consistencia de lo real a lo que -mb o menosesti anclada, para pasar a depender de un mundo interior en el que (aunque sea cornpar~ido) es mas dificil la intetsubjetividad, y en el que no deja de ser realidad pero, ficcionalizada, se hace frigil. y a veces peligrosa. Poi el contrario, la ficcihn realizada, volcada a1 niundo no s61o de nuestros suenos y nuestra experiencia, sino tamhi6n hacia el de Ins demis, gana peso, pero ese peso mismo puede aplastarnos y anularnos y -adernas provoca un profnndo vaciamiento Por eso Gregorio Olias puede ser -a su mod(,- anodinamente feliz inserto en un conjunto de relaciones ya esclerotizadas y muertas, a1 menos mientras no tenga conciencia de ello ... Hahia sido un nine y lin ioven con suenos, pero en la niiiez y en la adolescencia los suefios son un imperativo propio de nuestra misma realidad, toda ella proyecto ... En su vida de oficinista sin otras aspiraciones, de matrimonio conventional -con suegi-a pintoresca incluida-, de actividades que se repiten una y otra vez sin un avance y sin una modificaciOn, Olias intenta, jornada tras jornada, arreglar un reloj que nunca marcha ... Despertados sus sueiios por una expectdtiva externa -Gil- que pronto tl mismo va interiorizando, recupem el sentido rnismo de la ilusihn y de la felicidad. Diriamos que OKas es plenmente feliz cuando puede rnantener sin conflicto dos planos en su existencia: el Olias oficinisya, casado y monhtono en el nivel del mundo intersut>jetivo y prictico; y el hroni, poeta, intelectual progresista e ingeniero, viajero y seductor. joven y activo en el mundo de la fibula que va urdiendo t-1 mismo para su oyente, para su lector Gil, en un universo que no puede tener interferencias con el otro. Por eso la desgracia se desencadena cuando se rompen las fronteras entre realidad y ficcihn y, huyendo de la ficcihn, Olias/Faroni fugitivo, ficcionaliza la realidad.. . La salida, pese a lo que algunos criticos indican -y a mi juicio tamhien es de lo rnjs debil de la novela-, tal vez no podia ser otra: o el suicidio en el plano de la realidad, ante la incapacidad de mantener esa sostenida ficciSn a dos de Augusto Faroni / Dacio Gil Monroy; o el suicidio en el plano de la ficcihn -con el consiguientc daiio a1 Gil de la realidad y al propic Olias-, o, finalmente, ral como se nos prrsenta, esta huida en la que la realidad puede ser reescrita de un modo nuevo, a1 precio cle romper con todo lo anterior y lanzarse a la deriva de la incertidumbre. Pasado el tiempo, este nuevo personaje que ya no es Augusto Faroni, porque ha trnido que deshacerse de el en la huida, pert, que ya t;lmpoco purde ser para 10s deds Gregorio Olias, es hautizadn por Gil como Lino Uruii~~ela ... So10 que -y eso no constituye ya el contenido de la novela, aunque ahi podriamos postular cierta circularidad-, pasado el tiempo, la ficcihn, tejida sobre la realidad, puede volver a ancluilosarse y requerir, como siempre, nuevos suefios. De ahi la necesidad de narrar, de ahi la necesidad de oir relatos. . LO REAL Y LO IMAGMARIO "Creo que las relaciones entre lo real y lo imaginario (0. si se quiere, la indagacion de los limitcs de la realidad) es el tema central de la literaturd y de la filosofia, y en 61 cahe casi todo lo demis", declara Landero a Javier Gofii (1990: 30). En efecto -y con ellos concluimos este breve progralna o propuesta de lectura que nos comprometemos a desarrollar en detalle lo que resta en nosotros tras la lectura de Ju.egos de la edud tardia son numerosas preguntas accrca de la naturaleza de la realidad, sobre la consistencia del marco en el que se desenvuelve nuestro vivir cotidiano, en torno a Pas razones por las que renunciamos a todo aquello que constituye, como espacio proyectado de nuestra memoria y de nuestra fantasia lo mejor de nosotros rnismos. Tal vez a1 final quede un serio interrogante: la imposicihn de lo real y la perdida de elementos de interposition i~naginarios para constmir nuestra propia realidad acaba destruyendo. Aunque tambitn destruye la impostura dc quien quiere desplegar en un universo que no es el suyo y que le opone sus cortantes aristas, 10s contenidos de la ilusion. Y no olvidemos que illusio viene de l~du.7~ que lz~dus es juego, y que sin jucgo no puede haber ilusi6n. Tal vez, sin ilusion, tampoco pueda existir la vida. No otra cosa que esto es lo que nos ofrece Landero en csta su primera novela, acerca de la cual hemos trazado posibles recorridos que nos proponemos, en breve, transitar. No en vano esra es una de las mejores novelas contemporineas en nuestra lengua.. . KEFEWNCIAS Pas citas referidas al texto dc la ohra lo son de la edicihn dc LAKDERO, L. (1990): Jnegos de la @dad tardia. Circulo de Lectores, Bdrcclona. Esta ediciim coincide plemamentr con la dc ihsquets, Barcelona, 1989/ ASiS GARROTE, M. D. (1990): Ultima hora de la novela en EspnEa. Eudema, Madrid. BASANTA, A. (1990): Lu nouela espaliola de n~~estYc& 6poca. Anaya, Madrid. DE LA CALLE, R. (1981): En tomo a1 hecho anislico. Pcrnando Torres, Valencia. EL UROGALLO: La awlancha esjlaliolu inamntivn ultlntai. Mdyii 1989. PERREKAS, J.1. (1988): La ~zovela en el siglo XX (desde 19391. Taurus, Madrid. GONI, J. 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