Los comerciantes estancieros en Yucatán y la gran propiedad de Nohpat
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LOS COMERCIANTES ESTANCIEROS EN YUCATÁN Y LA GRAN Profesora Titular de “Historia de América de la Universidad de Sevilla Es un hecho cierto que la prodigiosa expansión ganadera que el medio americano favoreció, llegó a imprimir carácter a muchas de sus regiones y a deter su posterior desarrollo económico. Las mesetas centrales de México, los llanos del norte de Nueva España y las zonas menos montañosas de las tierras calientes, a lo largo de sus costas, constituyeron un claro exponente de ello, iniciándose todo el proceso con el surgimiento y consolidación de la estancia, fruto típico del nuevo continente que, como afirma Cheva lier, “iba a marcar de manera decisiva los destinos de la Nueva España Es evidente que, aun encontrán pano, Yucatán queda excluida del aserto de Chevalier, no tanto por el marco territorial de su estudio, como porque, según él mismo reconoce, esta gobernación constituí mundo aparte. Pero un mundo que es infranqueables” 2 , sino sobre todo por unas características geográficas y ecológicas que claramente lo distancia ban de otras áreas más favorecidas del mundo virreinal novo hispano. Aun así, su “aislamiento”, su original geografía y sus limitaciones agrícolas y mineras serían los motores de su desarrollo ganadero, un desarrollo que iba a seguir, aunque a escala mucho más reducida y a un ritmo infinitamente más lento, un proceso simi lar al de otras zonas mexicanas. Orígenes de la ganadería yucateca 1 Chevalier, Francois: La formación de los latifundios en México. Contreras, Ramón Mª: Guadalajara ganadera, estudio regional novohispano. 1760 2 Chevalier, pág. 14. LOS COMERCIANTES ESTANCIEROS EN YUCATÁN Y LA GRAN PROPIEDAD DE NOHPAT Manuela Cristina García Bernal Profesora Titular de “Historia de América de la Universidad de Sevilla Es un hecho cierto que la prodigiosa expansión ganadera que el medio favoreció, llegó a imprimir carácter a muchas de sus regiones y a deter su posterior desarrollo económico. Las mesetas centrales de México, los llanos del norte de Nueva España y las zonas menos montañosas de las tierras calientes, a lo largo de costas, constituyeron un claro exponente de ello, iniciándose todo el proceso con el surgimiento y consolidación de la estancia, fruto típico del nuevo continente que, como lier, “iba a marcar de manera decisiva los destinos de la Nueva España Es evidente que, aun encontrán dose dentro de la jurisdicción del virreinato novohis pano, Yucatán queda excluida del aserto de Chevalier, no tanto por el marco territorial de su estudio, como porque, según él mismo reconoce, esta gobernación constituí mundo aparte. Pero un mundo que es taba separado no sólo “por selvas y pantanos , sino sobre todo por unas características geográficas y ecológicas que ban de otras áreas más favorecidas del mundo virreinal hispano. Aun así, su “aislamiento”, su original geografía y sus limitaciones agrícolas y mineras serían los motores de su desarrollo ganadero, un desarrollo que iba a seguir, aunque a escala mucho más reducida y a un ritmo infinitamente más lento, un lar al de otras zonas mexicanas. Orígenes de la ganadería yucateca La formación de los latifundios en México. México, 1975, pág. 125. Guadalajara ganadera, estudio regional novohispano. 1760 - 1805. 21 LOS COMERCIANTES ESTANCIEROS EN YUCATÁN Y LA GRAN Manuela Cristina García Bernal Profesora Titular de “Historia de América de la Universidad de Sevilla Es un hecho cierto que la prodigiosa expansión ganadera que el medio favoreció, llegó a imprimir carácter a muchas de sus regiones y a deter minar su posterior desarrollo económico. Las mesetas centrales de México, los llanos del norte de Nueva España y las zonas menos montañosas de las tierras calientes, a lo largo de costas, constituyeron un claro exponente de ello, iniciándose todo el proceso con el surgimiento y consolidación de la estancia, fruto típico del nuevo continente que, como lier, “iba a marcar de manera decisiva los destinos de la Nueva España ” 1 . dose dentro de la jurisdicción del virreinato novohis - pano, Yucatán queda excluida del aserto de Chevalier, no tanto por el marco territorial de su estudio, como porque, según él mismo reconoce, esta gobernación constituí a un taba separado no sólo “por selvas y pantanos , sino sobre todo por unas características geográficas y ecológicas que ban de otras áreas más favorecidas del mundo virreinal hispano. Aun así, su “aislamiento”, su original geografía y sus limitaciones agrícolas y mineras serían los motores de su desarrollo ganadero, un desarrollo que iba a seguir, aunque a escala mucho más reducida y a un ritmo infinitamente más lento, un México, 1975, pág. 125. - Serrera 1805. Sevilla, 1977.
No hay duda que el establecimiento y posterior expansión de las estancias de ganado en Yucatán se vieron propiciados por el fracaso de las primeras explo agrícolas empr endidas por los españoles. Las limitaciones ecológicas, ya aludidas, las medidas res trictivas de la Corona en su afán por proteger a los indios, y la poca rentabilidad que el maíz ofrecía, al estar su abastecimiento asegurado por la producción indígena y a bajo precio, fueron las causas de ese fracaso. Constituyeron también los factores que impul saron a los primeros colonizadores a canalizar sus es actividad ganadera, por ser ésta una de las pocas oportunidades, junto con la encomienda y el comercio, que la región brindaba para lograr una relativa prosp Lógicamente, fue en torno a Mérida, principal núcleo de población española y por tanto el mercado más importante, donde se concentraron las primeras estancia también favorecidas por los “ según el cabildo de Mérida, exist cantidad de ganado” . De ahí que en 1579 hubiera vacuno”, aunque su multi plicación se viera dificultada “ haberse de dar de beber a mano atención del fraile Alonso Ponce en su viaje por Yucatán en 1588, quien asi refirió la abundancia de pastos que había en el contorno de la ciudad y cómo abrevar el ganado tenían “ para extraer el agua 5 . A Ponce debemos también las primeras alusiones a la existencia de estancias en el área de Valladolid, ya que en la Relación que en 1579 hizo e hací a ninguna referencia a la actividad ganadera en su contorno, sino tan sólo a las posi bilidades que la región ofrecía para la crianza de ganado vacuno y porcino, de y cabras, dado que había “ pastos para ellos en la costa de la mar, diez y seis leguas de esta villa” 6 . De ahí que fuera en los alrededores de Tizimín Ponce en 1588 observara seis o siete estancias de ganado vacuno, al d 3 Patch, Robert: La formación de estancias y haciendas en Yucatán du Universidad de Yucatán”, vol. XVIII (Mérida, jul. Cristina: Población y encomienda en Yucatán. 4 Relación de la ciudad de Mérida, 18 febrero 1579, en 5 “Relación de las cosas que sucedieron a Fr. Alonso Ponce en las pro Colección de Documentas Inéditos para la Historia de España. (En adelante citada coma Ponce). 6 Relación de la ciudad de Valladolid, 9 abril 1579, en No hay duda que el establecimiento y posterior expansión de las estancias de ganado en Yucatán se vieron propiciados por el fracaso de las primeras explo endidas por los españoles. Las limitaciones ecológicas, ya aludidas, las trictivas de la Corona en su afán por proteger a los indios, y la poca rentabilidad que el maíz ofrecía, al estar su abastecimiento asegurado por la producción a bajo precio, fueron las causas de ese fracaso. Constituyeron también los saron a los primeros colonizadores a canalizar sus es actividad ganadera, por ser ésta una de las pocas oportunidades, junto con la el comercio, que la región brindaba para lograr una relativa prosp Lógicamente, fue en torno a Mérida, principal núcleo de población española y por tanto el mercado más importante, donde se concentraron las primeras estancia por los “ lugares des embarazados, fértiles y de mucha yerba según el cabildo de Mérida, exist ían en su comarca y permitían “ apacentar mucha . De ahí que en 1579 hubiera “pobladas mu chas estancias de ganado plicación se viera dificultada “ por la sequedad de la tierra y haberse de dar de beber a mano ” 4 . La existencia de estas estancias llamó también la atención del fraile Alonso Ponce en su viaje por Yucatán en 1588, quien asi de pastos que había en el contorno de la ciudad y cómo abrevar el ganado tenían “ hechos pozos y pilas muy grandes” , sirvién A Ponce debemos también las primeras alusiones a la existencia de estancias en de Valladolid, ya que en la Relación que en 1579 hizo e l cabildo de la villa no se a ninguna referencia a la actividad ganadera en su contorno, sino tan sólo a las posi bilidades que la región ofrecía para la crianza de ganado vacuno y porcino, de y pastos para ellos en la costa de la mar, diez y seis leguas de esta . De ahí que fuera en los alrededores de Tizimín -a diez leguas de la villa Ponce en 1588 observara seis o siete estancias de ganado vacuno, al d arse en dicha zona La formación de estancias y haciendas en Yucatán du rante la colonia, Universidad de Yucatán”, vol. XVIII (Mérida, jul. -ag. 1976), págs. 95-99.- García Bernal, Manuela Población y encomienda en Yucatán. Sevilla, 1978, págs. 447-458. Relación de la ciudad de Mérida, 18 febrero 1579, en CoDoln Ultramar, vol. XI, pág. 48. “Relación de las cosas que sucedieron a Fr. Alonso Ponce en las pro vincias de Nueva España”, en Colección de Documentas Inéditos para la Historia de España. Madrid, 1872, vol. 58, págs. 385 y 425. (En adelante citada coma Ponce). Relación de la ciudad de Valladolid, 9 abril 1579, en CoDoln Ultramar, vol. XIII, pág. 36. 22 No hay duda que el establecimiento y posterior expansión de las estancias de ganado en Yucatán se vieron propiciados por el fracaso de las primeras explo taciones endidas por los españoles. Las limitaciones ecológicas, ya aludidas, las trictivas de la Corona en su afán por proteger a los indios, y la poca rentabilidad que el maíz ofrecía, al estar su abastecimiento asegurado por la producción a bajo precio, fueron las causas de ese fracaso. Constituyeron también los saron a los primeros colonizadores a canalizar sus es fuerzos hacia la actividad ganadera, por ser ésta una de las pocas oportunidades, junto con la el comercio, que la región brindaba para lograr una relativa prosp eridad 3 . Lógicamente, fue en torno a Mérida, principal núcleo de población española y por tanto el mercado más importante, donde se concentraron las primeras estancia s, embarazados, fértiles y de mucha yerba ” que, apacentar mucha chas estancias de ganado por la sequedad de la tierra y . La existencia de estas estancias llamó también la atención del fraile Alonso Ponce en su viaje por Yucatán en 1588, quien asi mismo de pastos que había en el contorno de la ciudad y cómo para , sirvién dose de norias A Ponce debemos también las primeras alusiones a la existencia de estancias en l cabildo de la villa no se a ninguna referencia a la actividad ganadera en su contorno, sino tan sólo a las posi - bilidades que la región ofrecía para la crianza de ganado vacuno y porcino, de y eguas y pastos para ellos en la costa de la mar, diez y seis leguas de esta diez leguas de la villa - donde arse en dicha zona rante la colonia, “Revista de la García Bernal, Manuela vol. XI, pág. 48. vincias de Nueva España”, en Madrid, 1872, vol. 58, págs. 385 y 425. vol. XIII, pág. 36.
unas circunstancias más propicias para su desarrollo que en las inmediaciones de Valladolid. Quizás también ello explique que la estancia más cercana descrita por Ponce -la de Techay, en la que sólo “ aunque poca, y se hace algún añil estuviera a media legua de Calotmul, viniendo de Tizimín de la villacuando en la comarca de Mérida un buen número de ellas a una legua de la ciudad 7 . No hay ninguna otra información sobre en el área de Valladolid a fines del siglo XVI y principios posi blemente porque no existió, ya que las estancias citadas serían su abastecer con creces las necesidades de los 80 vecinos que, según Ponce, com población de la villa en 1588, otros son mercaderes y tratantes, y otros oficiales, De igual modo, también es verosímil que la escasa población de San Francisco de Campeche - los 80 vecinos de 1588 se habían reducido en 1602 a 60 mayoría estuviese volcada a la actividad comercial, explique en parte que en los te stimonios encontrados nunca se haga referencia a explotaciones ganaderas en la comarca campechana, pues, aunque debieron existir, no parece que llegaran a alcanzar en estos primeros tiempos un desarrollo semejante al del área de Mérida es q ue Ponce, al hacer la descripción de los vecinos de la villa costera, alude a encomenderos, mercaderes, marineros, barqueros y oficiales, sin mencionar para nada el término estan ciero, como destacado algunos por sus empre llega a especifi car que en la villa campechana “ creer que el desarrollo ganadero en la zona de Campeche tuvo una evolución mucho más lenta, aunque no menos efectiva a la larga. Nos consta, por ejemplo, que en 1688 la estancia Nohakal, en el distrito de Campeche, absorbía el trabajo de 22 indios, 11 empleados como vaqueros y otros tantos como milperos este área por sus peculiares caracterís 7 Relación de Diego de Burgos Cansino, 8 mayo 1579, en págs. 396-397 y 399.- Espejo - Seventeenth Century. (Tesis doctoral presentada en la Universidad de California, Los Ángeles, 1974). Ann Arbor. Michigan, University Microfilms Internatio 8 Ponce, pág. 401. 9 Ibídem, pág. 451.- García Bernal, pág. 152. 10 Matrícula de los pueblos de Yucatán con certificación de sus vicarios, 1688. AGI, Contaduría, 920. unas circunstancias más propicias para su desarrollo que en las inmediaciones de Valladolid. Quizás también ello explique que la estancia más cercana descrita por Ponce en la que sólo “ se crían muchas moreras y se benefic ia seda muy buena, aunque poca, y se hace algún añil ”, sin ninguna m ención a su producción ganadera estuviera a media legua de Calotmul, viniendo de Tizimín - a unas siete leguas y media cuando en la comarca de Mérida un buen número de ellas a . No hay ninguna otra información sobre la expansió en el área de Valladolid a fines del siglo XVI y principios de la siguiente centuria, blemente porque no existió, ya que las estancias citadas serían su abastecer con creces las necesidades de los 80 vecinos que, según Ponce, com población de la villa en 1588, “ de los que unos tienen pueblos de indios en encomienda, otros son mercaderes y tratantes, y otros oficiales, pero todos so n pobres” De igual modo, también es verosímil que la escasa población de San Francisco de los 80 vecinos de 1588 se habían reducido en 1602 a 60 mayoría estuviese volcada a la actividad comercial, explique en parte que en los stimonios encontrados nunca se haga referencia a explotaciones ganaderas en la comarca campechana, pues, aunque debieron existir, no parece que llegaran a alcanzar en estos primeros tiempos un desarrollo semejante al del área de Mérida ue Ponce, al hacer la descripción de los vecinos de la villa costera, alude a encomenderos, mercaderes, marineros, barqueros y oficiales, sin mencionar para nada el ciero, como tampoco lo hace para Valladolid. Pensa mos que de haber algunos por sus empre sas ganaderas los habría citado, de igual forma que car que en la villa campechana “ pocos hay oficiales” 9 . Es por ello lógico creer que el desarrollo ganadero en la zona de Campeche tuvo una evolución mucho aunque no menos efectiva a la larga. Nos consta, por ejemplo, que en 1688 la en el distrito de Campeche, absorbía el trabajo de 22 indios, 11 empleados como vaqueros y otros tantos como milperos 10 , lo que además demuestra que por sus peculiares caracterís ticas - poca población india, escaso desarrollo de la Relación de Diego de Burgos Cansino, 8 mayo 1579, en CoDoln Ultramar, vol. XIII, pág. 166. - Ponce de Hunt, Marta: Colonial Yucatan: Town and Region in the (Tesis doctoral presentada en la Universidad de California, Los Ángeles, 1974). Ann Arbor. Michigan, University Microfilms Internatio nal, págs. 380-383. García Bernal, pág. 152. Matrícula de los pueblos de Yucatán con certificación de sus vicarios, 1688. AGI, Contaduría, 920. 23 unas circunstancias más propicias para su desarrollo que en las inmediaciones de Valladolid. Quizás también ello explique que la estancia más cercana descrita por Ponce ia seda muy buena, ención a su producción ganadera - a unas siete leguas y media cuando en la comarca de Mérida un buen número de ellas a penas distaban la expansió n pecuaria de la siguiente centuria, blemente porque no existió, ya que las estancias citadas serían su ficientes para abastecer con creces las necesidades de los 80 vecinos que, según Ponce, com ponían la de los que unos tienen pueblos de indios en encomienda, n pobres” 8 . De igual modo, también es verosímil que la escasa población de San Francisco de los 80 vecinos de 1588 se habían reducido en 1602 a 60 y el que en su mayoría estuviese volcada a la actividad comercial, explique en parte que en los stimonios encontrados nunca se haga referencia a explotaciones ganaderas en la comarca campechana, pues, aunque debieron existir, no parece que llegaran a alcanzar en estos primeros tiempos un desarrollo semejante al del área de Mérida . Prueba de ello ue Ponce, al hacer la descripción de los vecinos de la villa costera, alude a encomenderos, mercaderes, marineros, barqueros y oficiales, sin mencionar para nada el mos que de haber sas ganaderas los habría citado, de igual forma que . Es por ello lógico creer que el desarrollo ganadero en la zona de Campeche tuvo una evolución mucho aunque no menos efectiva a la larga. Nos consta, por ejemplo, que en 1688 la en el distrito de Campeche, absorbía el trabajo de 22 indios, 11 , lo que además demuestra que poca población india, escaso desarrollo de la XIII, pág. 166. - Ponce, Colonial Yucatan: Town and Region in the (Tesis doctoral presentada en la Universidad de California, Los Ángeles, 1974). Matrícula de los pueblos de Yucatán con certificación de sus vicarios, 1688. AGI, Contaduría, 920.
encomienda y gran actividad mercantil de la estructura agraria yucateca, puesto que, según Patch, la intro ag ricultura maicera en las estancias se hizo tan lentamente que hasta 1754 no hay una prueba definitiva de ello, y todavía en 1773 los indígenas seguían prácticamente mono polizando la producción de maíz Encomenderos y estancias Queda, pues, demostrado alrededores, donde se estableci Alonso Ponce es muy significativo al respecto por la mención expresa que hace de los dueños de haciendas de ganado nos ocupa lo más inte resante de su referencia a la explotación ganadera de la jurisdicción de Mérida es la clara diferenciación que establece entre los 300 vecinos españoles que, según él, había para encomenderos que tienen pueblos de indios en encomienda, otros mercaderes y tratantes, otros son oficiales, y otros ciudadanos que se sustentan de sus haciendas, que son estancias de vacas y yeguas, con algunas de que viven de sólo esta granjería comerciantes y los ofi ciales de la administración civil y militar se mantenían al margen de la producción ganadera, por tener de una f permanentes? Creemos que no, pues los numerosos testimonios que poseemos demuestran que no ocurría así, que la con mucho más compleja y que todos estaban interesados en hall enriquecerse. Aun así, ¿fueron los encomendero abordar las explotaciones agropecuarias? Ciertamente sí. No hay duda que la encomienda proporcionaba a sus beneficiarios los me iniciativas en el terreno agrícola y ganadero, es decir, el capital, la mano de obra y el ascendiente social y político que les permitía obtener más fácilmente las mercedes de 11 EspejoPonce, págs. 442 y 458 Real entre Mérida y Campeche para fines del siglo XVII, lo que, según Patch, no deja de ser “más que una sospecha”.- Patch, págs. 9899, 111 y 114. 12 Ponce, pág. 425. encomienda y gran actividad mercantil - iba por de lante en el proceso de transformación de la estructura agraria yucateca, puesto que, según Patch, la intro ricultura maicera en las estancias se hizo tan lentamente que hasta 1754 no hay una prueba definitiva de ello, y todavía en 1773 los indígenas seguían prácticamente polizando la producción de maíz 11 . Encomenderos y estancias Queda, pues, demostrado que fue en la comarca de Mérida, e inicialmente en sus alrededores, donde se estableci eron las estancias. El testimoni o de la relación de Fr. Alonso Ponce es muy significativo al respecto por la mención expresa que hace de los dueños de haciendas de ganado , tanto mayor como menor. Ahora bien, para el tema que resante de su referencia a la explotación ganadera de la jurisdicción de Mérida es la clara diferenciación que establece entre los 300 vecinos españoles que, según él, había para 1588 en la ciudad, “ de los cuales unos son encomenderos que tienen pueblos de indios en encomienda, otros mercaderes y tratantes, otros son oficiales, y otros ciudadanos que se sustentan de sus haciendas, que son estancias de vacas y yeguas, con algunas de cabras y ovejas, aunque pocos son los que viven de sólo esta granjería ” 12 . ¿Es que verdadera mente los encomenderos, los ciales de la administración civil y militar se mantenían al margen de la producción ganadera, por tener de una f orm a u otra asegurados unos ingresos permanentes? Creemos que no, pues los numerosos testimonios que poseemos demuestran que no ocurría así, que la con figuración socioeconómica de la provincia era mucho más compleja y que todos estaban interesados en hall ar el medio de Aun así, ¿fueron los encomendero s, al igual que en México, los primeros en abordar las explotaciones agropecuarias? Ciertamente sí. No hay duda que la encomienda proporcionaba a sus beneficiarios los me dios necesarios para s iniciativas en el terreno agrícola y ganadero, es decir, el capital, la mano de obra y el ascendiente social y político que les permitía obtener más fácilmente las mercedes de Ponce, págs. 442 y 458 -459. La autora da como probable este proceso en la zona del Camino Campeche para fines del siglo XVII, lo que, según Patch, no deja de ser “más que 99, 111 y 114. -García Bernal, págs. 370-372 24 lante en el proceso de transformación de la estructura agraria yucateca, puesto que, según Patch, la intro ducción de la ricultura maicera en las estancias se hizo tan lentamente que hasta 1754 no hay una prueba definitiva de ello, y todavía en 1773 los indígenas seguían prácticamente que fue en la comarca de Mérida, e inicialmente en sus o de la relación de Fr. Alonso Ponce es muy significativo al respecto por la mención expresa que hace de los , tanto mayor como menor. Ahora bien, para el tema que resante de su referencia a la explotación ganadera de la jurisdicción de Mérida es la clara diferenciación que establece entre los 300 vecinos de los cuales unos son encomenderos que tienen pueblos de indios en encomienda, otros mercaderes y tratantes, otros son oficiales, y otros ciudadanos que se sustentan de sus haciendas, que cabras y ovejas, aunque pocos son los mente los encomenderos, los ciales de la administración civil y militar se mantenían al margen a u otra asegurados unos ingresos permanentes? Creemos que no, pues los numerosos testimonios que poseemos figuración socioeconómica de la provincia era ar el medio de s, al igual que en México, los primeros en abordar las explotaciones agropecuarias? Ciertamente sí. No hay duda que la dios necesarios para s ustentar sus iniciativas en el terreno agrícola y ganadero, es decir, el capital, la mano de obra y el ascendiente social y político que les permitía obtener más fácilmente las mercedes de proceso en la zona del Camino Campeche para fines del siglo XVII, lo que, según Patch, no deja de ser “más que
tie rras y, sobre todo, las licencias para poblarlas de ganado los únicos. Otros vecinos, aun sin poseer los mismos recursos y opor dedicaron a la producción ganadera en mayor o menor escala, según el nivel de sus ingresos y de sus relaciones sociales. De entre ellos cabe des pensiones sobre encomien das y de ayudas de costa sobre los tributos de los Montejo con rentas inferiores a las de las encomien directamente entroncados con encomenderos ellos contaron con indudables ventajas a la hora de iniciar la empresa, bien por dis de ingresos regulares, bien por poder utilizar en su provecho la influencia de sus familiares. La relación que Molina S XVI existían en la comarca de Mérida es bien expresiva al respecto, aunque presente omisiones - no recoge la estancia deán de la catedral de Mérida, que él mismo cita en otro volumen de su errores o incongruencias cronológicas, como el atri A lonso Carrió de Valdés, cuando figurar D. Jacinto de Montalvo como propietario de familia no llega a la provincia hasta la segunda década del siglo XVII ha permitido comprobar que de los 16 propietarios que cita sin el nombre de su poseedor Francisco de Loaiza, Bernardo de Sosa Velázquez, Juan Jiménez Tejeda, Alonso Carrió de Valdés, D. Cristóbal Solís Montejo, D. Jerónimo de Yanguas y D. Alonso Ro beneficiarios de pensión y ayud Jerónimo de San Martín) y 2 familiarmente entroncados con en Salís Osorio, esposo de D ª hijo de D. Diego García de Montalvo) 13 Chevalier. págs. 154160.- García Bernal, págs. 447 14 Molina Solís, Juan Francisco: Yucatán, 1904-1913, vol. I, pág. 291 y vol. II, pág. 399. la Real Audiencia de México, para poner cobro a una estancia de g de Diego de Segovia (1628). Archivo General de la Nación de México, Civil, 1550, exp. 1º, fol. 39v. Carta de Juan Sarmiento Palacio, tesorero de Yucatán, al rey. AGI, México, 3.117. 15 García Bernal. págs. 205207, 314 encomenderos, beneficiarios de ayudas de costa y vecinos de Yucatán. Mérida, 8 febrero 1586, en Autos contra D. Diego García de Montalvo (1619), fols. 136 donativo con que los vecinos de Mérida sirvieron a S. M., 24 marzo 1600, recogido en García Bernal, rras y, sobre todo, las licencias para poblarlas de ganado 13 . Si n embargo, no fueron los únicos. Otros vecinos, aun sin poseer los mismos recursos y opor dedicaron a la producción ganadera en mayor o menor escala, según el nivel de sus ingresos y de sus relaciones sociales. De entre ellos cabe des tacar a los beneficiarios de das y de ayudas de costa sobre los tributos de los Montejo con rentas inferiores a las de las encomien das, pero también estables directamente entroncados con encomenderos - cónyuges, hijos o hermano ellos contaron con indudables ventajas a la hora de iniciar la empresa, bien por dis de ingresos regulares, bien por poder utilizar en su provecho la influencia de sus familiares. La relación que Molina S olís ofrece de las estancias que a fines del siglo XVI existían en la comarca de Mérida es bien expresiva al respecto, aunque presente no recoge la estancia Chucuaxim de D. Leonardo Gonzá lez de Zequeira, deán de la catedral de Mérida, que él mismo cita en otro volumen de su errores o incongruencias cronológicas, como el atri buir la propiedad de lonso Carrió de Valdés, cuando nos consta que éste la adquirió a fines de 1625, y figurar D. Jacinto de Montalvo como propietario de Pixyá, siendo con familia no llega a la provincia hasta la segunda década del siglo XVII 14 ha permitido comprobar que de los 16 propietarios que cita - muchas estancias aparecen sin el nombre de su poseedor - 8 eran en comenderos (Juan de Montejo M Francisco de Loaiza, Bernardo de Sosa Velázquez, Juan Jiménez Tejeda, Alonso Carrió de Valdés, D. Cristóbal Solís Montejo, D. Jerónimo de Yanguas y D. Alonso Ro beneficiarios de pensión y ayud a de costa respectivamente (Dª María Jiménez Jerónimo de San Martín) y 2 familiarmente entroncados con en comenderos (Diego de ª Catalina de Arellano y Montejo, y D. Jacinto de Mon hijo de D. Diego García de Montalvo) 15 . García Bernal, págs. 447 -464. Juan Francisco: Historia de Yucatán durante le dominación española. I, pág. 291 y vol. II, pág. 399. - Autos hechos por Ginés Alonso por comisión de la Real Audiencia de México, para poner cobro a una estancia de g anado mayor, llamada Nohpat, que fue de Diego de Segovia (1628). Archivo General de la Nación de México, Civil, 1550, exp. 1º, fol. 39v. Carta de Juan Sarmiento Palacio, tesorero de Yucatán, al rey. AGI, México, 3.117. 207, 314 - 332 y Apéndices de encomiendas y pensiones. encomenderos, beneficiarios de ayudas de costa y vecinos de Yucatán. Mérida, 8 febrero 1586, en Autos contra D. Diego García de Montalvo (1619), fols. 136 -139. AGI, Escribanía 305A. donativo con que los vecinos de Mérida sirvieron a S. M., 24 marzo 1600, recogido en García Bernal, 25 n embargo, no fueron los únicos. Otros vecinos, aun sin poseer los mismos recursos y opor tunidades, se dedicaron a la producción ganadera en mayor o menor escala, según el nivel de sus los beneficiarios de das y de ayudas de costa sobre los tributos de los Montejo - das, pero también estables - y a los cónyuges, hijos o hermano spues todos ellos contaron con indudables ventajas a la hora de iniciar la empresa, bien por dis poner de ingresos regulares, bien por poder utilizar en su provecho la influencia de sus a fines del siglo XVI existían en la comarca de Mérida es bien expresiva al respecto, aunque presente lez de Zequeira, deán de la catedral de Mérida, que él mismo cita en otro volumen de su obray algunos buir la propiedad de Teya al capitán nos consta que éste la adquirió a fines de 1625, y siendo con ocido que su 14 . Con todo, nos muchas estancias aparecen comenderos (Juan de Montejo M aldonado, Francisco de Loaiza, Bernardo de Sosa Velázquez, Juan Jiménez Tejeda, Alonso Carrió de Valdés, D. Cristóbal Solís Montejo, D. Jerónimo de Yanguas y D. Alonso Ro sado), 2 María Jiménez y comenderos (Diego de Catalina de Arellano y Montejo, y D. Jacinto de Mon talvo, Historia de Yucatán durante le dominación española. 3 vols. Mérida de Autos hechos por Ginés Alonso por comisión de anado mayor, llamada Nohpat, que fue de Diego de Segovia (1628). Archivo General de la Nación de México, Civil, 1550, exp. 1º, fol. 39v. - 332 y Apéndices de encomiendas y pensiones. - Relación de encomenderos, beneficiarios de ayudas de costa y vecinos de Yucatán. Mérida, 8 febrero 1586, en Autos Escribanía 305A. - Testimonio del donativo con que los vecinos de Mérida sirvieron a S. M., 24 marzo 1600, recogido en García Bernal,
También otro importante sector de la sociedad interesaba por la actividad ganadera. Mercaderes y comerciantes locales aparecen en diversas fechas como propietarios de sitios y estan los encomenderos sólo era una fuente de riqueza, para aq la consecución del prestigio y del poder que los en con sustancial al usufructo de la encomienda. Efectiva estancia podía ser, sobre todo para los mercaderes o comerciant medio de vincular su capital a la economía provincial y de consolidar su posición social; es decir, la base económica que los prestigiaba y que les per capitular o el entronque por matrimonio con la éli conquistadora. Ambas cosas, y más si se daban unidas, constituían el primer paso para alcanzar la meta soñada por todos los beneméritos de la provin Hay que reconocer que ello era de especial importanci fundamental para el desenvolvimiento económico de la región, pero desprovisto del ascendiente necesario para alcanzar los más altos peldaños de la pirámide social. Diego de Segovia, propietario de Nohpat El caso que aquí v amos a comentar ilustra con claridad todo este proceso, ya que del pleito en torno a una estancia, la de misma experimentó en el corto lapso de tiempo de catorce años (1611 extraerse una serie de co nclusiones sobre la realidad En primer lugar, se EspejoPonce de que antes de 1650 la propiedad de las estancias estaba mono por los encomenderos “ con exclusión c mediados de dicha centuria hay indicios de que comerciantes y burócratas enriquecidos hubieran accedido a su propie pero también encomenderos o entronca prueba de sus asertos y también de nuestras aseveraciones anterio Manuela Cristina: Apuntes sobre la hispánica durante lo s siglos XIII al XVI” (1981). (En prensa). 16 Autos hechos por Ginés Alonso, cit., fols. 1 Nohpat aparece en poder de doña Jimena de Avena, de la que no tenemos otra referencia. Molina Solís, vol. I, pág. 291. También otro importante sector de la sociedad local, el del comercio, se interesaba por la actividad ganadera. Mercaderes y comerciantes locales aparecen en diversas fechas como propietarios de sitios y estan cias. Ahora bien, mientras que para los encomenderos sólo era una fuente de riqueza, para aq uéllos era además una vía para la consecución del prestigio y del poder que los en comenderos tenían como algo sustancial al usufructo de la encomienda. Efectiva mente, la adquisición de una estancia podía ser, sobre todo para los mercaderes o comerciant es ultramarinos, el mejor medio de vincular su capital a la economía provincial y de consolidar su posición social; es decir, la base económica que los prestigiaba y que les per mitía la compra de un cargo capitular o el entronque por matrimonio con la éli te encomendera o de ascen conquistadora. Ambas cosas, y más si se daban unidas, constituían el primer paso para alcanzar la meta soñada por todos los beneméritos de la provin cia: una encomienda. Hay que reconocer que ello era de especial importanci a para este sector, un sector fundamental para el desenvolvimiento económico de la región, pero desprovisto del ascendiente necesario para alcanzar los más altos peldaños de la pirámide social. Diego de Segovia, propietario de Nohpat amos a comentar ilustra con claridad todo este proceso, ya que del pleito en torno a una estancia, la de Nohpat, y de los cambios de propiedad que la misma experimentó en el corto lapso de tiempo de catorce años (1611 nclusiones sobre la realidad socioeconómica de la región se pone de manifiesto que es discutible la afirmación de Ponce de que antes de 1650 la propiedad de las estancias estaba mono con exclusión c asi total de otros” , basada en que sólo para mediados de dicha centuria hay indicios de que comerciantes y burócratas enriquecidos hubieran accedido a su propie dad. Los casos que ella cita de comerciantes estan pero también encomenderos o entronca dos con familias encomenderas, constituyen una prueba de sus asertos y también de nuestras aseveraciones anterio res, pero en modo Apuntes sobre la sociedad urbana de Yucatán, en Actas del Coloquio sobre “La ciudad s siglos XIII al XVI” (1981). (En prensa). Autos hechos por Ginés Alonso, cit., fols. 1 -72. - En la relación de estancias que facilita Molina Solís aparece en poder de doña Jimena de Avena, de la que no tenemos otra referencia. Molina Solís, 26 local, el del comercio, se interesaba por la actividad ganadera. Mercaderes y comerciantes locales aparecen en cias. Ahora bien, mientras que para uéllos era además una vía para comenderos tenían como algo mente, la adquisición de una es ultramarinos, el mejor medio de vincular su capital a la economía provincial y de consolidar su posición social; mitía la compra de un cargo te encomendera o de ascen dencia conquistadora. Ambas cosas, y más si se daban unidas, constituían el primer paso para cia: una encomienda. a para este sector, un sector fundamental para el desenvolvimiento económico de la región, pero desprovisto del ascendiente necesario para alcanzar los más altos peldaños de la pirámide social. amos a comentar ilustra con claridad todo este proceso, ya que y de los cambios de propiedad que la misma experimentó en el corto lapso de tiempo de catorce años (1611 -1625) pueden socioeconómica de la región 16 . pone de manifiesto que es discutible la afirmación de Ponce de que antes de 1650 la propiedad de las estancias estaba mono polizada , basada en que sólo para mediados de dicha centuria hay indicios de que comerciantes y burócratas enriquecidos dad. Los casos que ella cita de comerciantes estan cieros, dos con familias encomenderas, constituyen una res, pero en modo en Actas del Coloquio sobre “La ciudad En la relación de estancias que facilita Molina Solís aparece en poder de doña Jimena de Avena, de la que no tenemos otra referencia. Molina Solís,
alguno la única o casi exclusiva realidad, como parece deducir dicha autora Segovia, propietario de la estanci mercader con evidentes recursos económicos, un vecino q regidor y depositario general del cabildo de Mérida pero no era encomendero, ni e desprende de su te stamento Debió ser en los primeros años del siglo XVII cuando Diego de Segovia consiguió, gracias a la venta de oficios implantada por Felipe la administración provincial, puesto que en la relación de los vecinos de Mérida que en 1599 sirvieron con un donativo al rey aparece consignado sólo como mercader. De todas formas, tanto su ubicación en dicha relación como la ya bien expresivas de su situación socioeconómica: si a nivel social aparece en un segundo plano, inmediata encomenderos, en el terreno económico resalta su importancia, no sólo p de 100 pesos, evidentemente superior al de algunos capitulares y beneficiarios de encomiendas, sino también porque figura a la cabeza de los restantes vecinos, por delante incluso de Diego Os en comendero de Valladolid Sin embargo, en 1611 era depositario general y por tanto regidor, si nos atenemos al testimonio de López Cogolludo de que sólo los regidores podían ostentar este cargo, cuando en realidad no hay constancia legal de este requi que, aun siendo sólo citado en los testimonios del pleito como deposi Diego de Segovia ostentaba los dos cargos, como lo evidencia la venta que de ellos se hizo inmediatamente después de su fallecimiento. Es más, la e oficios en dos personas dis 17 Espejo-Ponce, págs. 385-386 . 18 Por el trasunto que se hace d herederos a su hijo natural Pedro de Segovia Autos hechos por Ginés Alonso, cit., fols. 54 19 Testimonio del donativo con que los v 20 López Cogolludo, Fr. Diego: Mañé. 5ª ed. Méxic o, 1957, lib. IV. cap. X (vol. I, pág. 204) 15-21, tít. X, lib. IV.- Avell á Vives, Joaquí Constantino: Los cabildos seculare nada sobre el particular e n Castillo de 1978. alguno la única o casi exclusiva realidad, como parece deducir dicha autora Segovia, propietario de la estanci a de Nohpat a su muerte en 1611, era, además de un mercader con evidentes recursos económicos, un vecino q ue por sus cargos capitulares regidor y depositario general del cabildo de Mérida - debía gozar de gran predica pero no era encomendero, ni e staba emparen tado con ninguno de ellos, como se stamento 18 . Debió ser en los primeros años del siglo XVII cuando Diego de Segovia consiguió, gracias a la venta de oficios implantada por Felipe II , entrar a formar parte de la administración provincial, puesto que en la relación de los vecinos de Mérida que en 1599 sirvieron con un donativo al rey aparece consignado sólo como mercader. De todas formas, tanto su ubicación en dicha relación como la cuantía de su donativo son ya bien expresivas de su situación socioeconómica: si a nivel social aparece en un segundo plano, inmediata mente detrás de los miembros del cabildo y de los encomenderos, en el terreno económico resalta su importancia, no sólo p de 100 pesos, evidentemente superior al de algunos capitulares y beneficiarios de encomiendas, sino también porque figura a la cabeza de los restantes vecinos, por delante incluso de Diego Os o rio Maldonado, alcalde de la Santa Hermandad y comendero de Valladolid 19 . Sin embargo, en 1611 era depositario general y por tanto regidor, si nos atenemos al testimonio de López Cogolludo de que sólo los regidores podían ostentar este cargo, cuando en realidad no hay constancia legal de este requi sito que, aun siendo sólo citado en los testimonios del pleito como deposi Diego de Segovia ostentaba los dos cargos, como lo evidencia la venta que de ellos se hizo inmediatamente después de su fallecimiento. Es más, la e najenación de dichos oficios en dos personas dis tintas reviste especial importancia, no sólo porque de . Por el trasunto que se hace d e parte de su testamento parece que era soltero, ya que nombra por herederos a su hijo natural Pedro de Segovia y a su hermana Gerónima de Segovia, ambos menores. por Ginés Alonso, cit., fols. 54 -55. Testimonio del donativo con que los v ecinos de Mérida sirvieron a S. M., 24 marzo 1600, cit. López Cogolludo, Fr. Diego: Historia de Yucatán. Prólogo, notas y acotacion es por J. Ignacio Rubio o, 1957, lib. IV. cap. X (vol. I, pág. 204) .- Recopilación de las Leye á Vives, Joaquí n: Los cabildos coloniales. Madri d, 1934, pá Los cabildos seculare s en la América española. Madrid, 1952, pá g. 268. n Castillo de Bovadilla: Política para corregidores. Edición facsí 27 alguno la única o casi exclusiva realidad, como parece deducir dicha autora 17 . Diego de a su muerte en 1611, era, además de un ue por sus cargos capitulares - debía gozar de gran predica mento, tado con ninguno de ellos, como se Debió ser en los primeros años del siglo XVII cuando Diego de Segovia , entrar a formar parte de la administración provincial, puesto que en la relación de los vecinos de Mérida que en 1599 sirvieron con un donativo al rey aparece consignado sólo como mercader. De cuantía de su donativo son ya bien expresivas de su situación socioeconómica: si a nivel social aparece en un mente detrás de los miembros del cabildo y de los encomenderos, en el terreno económico resalta su importancia, no sólo p or su donativo de 100 pesos, evidentemente superior al de algunos capitulares y beneficiarios de encomiendas, sino también porque figura a la cabeza de los restantes vecinos, por rio Maldonado, alcalde de la Santa Hermandad y Sin embargo, en 1611 era depositario general y por tanto regidor, si nos atenemos al testimonio de López Cogolludo de que sólo los regidores podían ostentar sito 20 . Lo cierto es que, aun siendo sólo citado en los testimonios del pleito como deposi tario general, Diego de Segovia ostentaba los dos cargos, como lo evidencia la venta que de ellos se najenación de dichos tintas reviste especial importancia, no sólo porque de muestra ya que nombra por a su hermana Gerónima de Segovia, ambos menores. ecinos de Mérida sirvieron a S. M., 24 marzo 1600, cit. es por J. Ignacio Rubio Recopilación de las Leye s de Indias, leyes d, 1934, pá g. 103.- Bayle, g. 268. - Tampoco hay Edición facsí mil. Madrid,
que el oficio de depositario general no impli sobre todo porque nos hace pensar que Segovia tuvo que pag parte de la cerrada comunidad dirigente de Yucatán, Los remates logrados en dichas ventas así lo hacen presumir, pese a que los 800 pesos que en 1611 pagó Alonso Rosado Contreras por el regimiento estuvieron dentro de los valores que alcanzar en la provincia. Mucho más, sin embargo, tuvo que abonar por la depositaría general el capitán Andrés Lorenzo de Andrada Nohpatpues los 2.600 pesos que ingresó en la Caja Real sugieren pesos, ya que se especifica que el pago del mismo debía ¿Tanto prestigio o rendimiento tenía este último oficio? Es evidente que sí, sobre todo porque Andrés Lorenzo de Andrada se inclinó por él, cuando para comprar los dos o, al menos, para haber conseguido el regimiento si lo hubiera preten dido, ya que nos consta que no ocupaba dicho oficio estuviera en que su posesión opor tunidades de lucro, dado que las depositarías gene los [oficios] nuclea res o típicos de la Hacienda, intervenían activamente en materias fiscales o parafiscales” 23 . De ahí que los que servían dichos oficios estuvieran obligados a depo sitar las correspondientes fianzas económica, mediante la revisión anual de sus fianzas y haciendas De todo lo expuesto se deduce que Diego de Segovia debía haber alcanzado con el comercio una posición económica desahogada y por ello había po la administración municipal, con local. Poco más sabemos de él. Sólo tenemos refe largo del pleito, sobre sus negocios y patrimonio. En realidad, es nos facilita indicios de su pros según se deduce de las deudas que parece dejó tras de sí. Lo que da idea del volumen de sus negocios es el consorcio o compañía que tenía vecino de México y “ uno de los principales corres 21 Cu entas de Real Hacienda de Yucatá Bernal, págs. 431-433. 22 Recibimiento de D. Francisco de Figueroa como tes 1613, anejo a Re al Cédula a D. Carlos de Luna y 23 Tomás y Valiente, Francisco: La venta de oficios en India 24 Recopilación, leyes l8 y 19, tí t. X, lib. IV. que el oficio de depositario general no impli caba necesariamente el de regidor, sino sobre todo porque nos hace pensar que Segovia tuvo que pag ar bastante por formar parte de la cerrada comunidad dirigente de Yucatán, Los remates logrados en dichas ventas así lo hacen presumir, pese a que los 800 pesos que en 1611 pagó Alonso Rosado Contreras por el regimiento estuvieron dentro de los valores que estos oficios solían alcanzar en la provincia. Mucho más, sin embargo, tuvo que abonar por la depositaría general el capitán Andrés Lorenzo de Andrada -comprador tam bién de la estancia de pues los 2.600 pesos que ingresó en la Caja Real sugieren un remate de 5.200 pesos, ya que se especifica que el pago del mismo debía ser efectuado en dos plazos ¿Tanto prestigio o rendimiento tenía este último oficio? Es evidente que sí, sobre todo porque Andrés Lorenzo de Andrada se inclinó por él, cuando parecía tener recursos para comprar los dos o, al menos, para haber conseguido el regimiento si lo hubiera dido, ya que nos consta que no ocupaba dicho oficio 22 . Su atractivo quizá estuviera en que su posesión suponía tanto influen cia política y social como tunidades de lucro, dado que las depositarías gene rales, “ aun sin ser equiparables a res o típicos de la Hacienda, intervenían activamente en materias . De ahí que los que servían dichos oficios estuvieran obligados sitar las correspondientes fianzas y a probar en todo tiempo su solvencia económica, mediante la revisión anual de sus fianzas y haciendas 24 . De todo lo expuesto se deduce que Diego de Segovia debía haber alcanzado con el comercio una posición económica desahogada y por ello había po di do introducirse en la administración municipal, con virtiéndose en un elemento destacado de la sociedad local. Poco más sabemos de él. Sólo tenemos refe rencias aisladas, desperdigadas a lo largo del pleito, sobre sus negocios y patrimonio. En realidad, es el pleito mismo el que nos facilita indicios de su pros peridad, una prosperidad, por otra parte, un tanto fic según se deduce de las deudas que parece dejó tras de sí. Lo que da idea del volumen de sus negocios es el consorcio o compañía que tenía con Francisco de Arlanzón Güemez, uno de los principales corres ponsales del comercio de Mérida entas de Real Hacienda de Yucatá n: cargos correspondientes a 1611. AGI, Contadurí Recibimiento de D. Francisco de Figueroa como tes orero de Yucatán por el cabildo de M al Cédula a D. Carlos de Luna y Arellano de 14 agosto 1609. A GI, México, 3. La venta de oficios en India s (1492-1606). Madrid, 1972, pág. t. X, lib. IV. 28 caba necesariamente el de regidor, sino ar bastante por formar parte de la cerrada comunidad dirigente de Yucatán, Los remates logrados en dichas ventas así lo hacen presumir, pese a que los 800 pesos que en 1611 pagó Alonso Rosado estos oficios solían alcanzar en la provincia. Mucho más, sin embargo, tuvo que abonar por la depositaría bién de la estancia de un remate de 5.200 ser efectuado en dos plazos 21 . ¿Tanto prestigio o rendimiento tenía este último oficio? Es evidente que sí, sobre parecía tener recursos para comprar los dos o, al menos, para haber conseguido el regimiento si lo hubiera . Su atractivo quizá cia política y social como aun sin ser equiparables a res o típicos de la Hacienda, intervenían activamente en materias . De ahí que los que servían dichos oficios estuvieran obligados y a probar en todo tiempo su solvencia De todo lo expuesto se deduce que Diego de Segovia debía haber alcanzado con do introducirse en virtiéndose en un elemento destacado de la sociedad rencias aisladas, desperdigadas a lo el pleito mismo el que peridad, una prosperidad, por otra parte, un tanto fic ticia, según se deduce de las deudas que parece dejó tras de sí. Lo que da idea del volumen de con Francisco de Arlanzón Güemez, ponsales del comercio de Mérida ” con AGI, Contadurí a, 912.- García orero de Yucatán por el cabildo de M érida, 6 julio GI, México, 3. 117. Madrid, 1972, pág. 13.
Veracruz y la metrópoli 25 . Son precisamente los herederos de éste, sus hi Juan Bautista de Gü emez, los que consiguen de embargo de los bienes de Diego de Segovia pesos” - parece que era la parte que les correspondía de los bienes de la compañía mercantily los que originan el pleito al considerar impr de Nohpat 26 . ¿Tenía Diego de Segovia ese capital o el suficiente patrimonio como para responder a una demanda de tal envergadura? Lo ignoramos. Nos consta, efectiva su so ciedad con Francisco Arlanzón Gü el pago de l os derechos correspondientes a había llegado a la provincia en un navío de aviso fue Arlanzón 27 . Asimismo creemos que Diego de Se de los tributos de los pueblos de la Real Corona que eran sacados en almo pues las deudas por concepto de man recla maron los Oficiales Reales hacen presumi pesos que sus compras alcanzaron sólo en el tributo de junio de 1610 ascendieron en diciembre de 1609 hizo Juan de Magaña Pacheco en 1612 de las mant Tabuctzotz por valor de 203 pesos. Ello y la almojarifazgo p or las mercancías manifiesto que las acti vidades mercantiles de Segovia iban más a traduciéndose en un activo intercamb produc tos de su estancia debían jugar un papel importante en de los beneficios que el abastecimiento de carne a la ciudad de Mérida debía producirle. Sin embargo, la propia dinámica de sus negocios, es decir, el riesgo con que desarrollaba sus empresas comerciales, fue quizá lo que motivó que a su encontrara endeudado con la Real Hacienda e c antidad que inexplicablemente quedó luego reducida a 5.100 pesos, no llegándose a 25 Autos hechos por Ginés Alons 26 Autos hechos por Gi nés Alonso, cit., fols. 10 27 Cuentas de Real Hacienda de Yucat documentos. AGI, Contadurí a, 912. 28 Autos hechos por Ginés Alonso, cit., fols. 8 cor respondientes a 1612. AGI, Contadurí . Son precisamente los herederos de éste, sus hi emez, los que consiguen de la Audiencia de México una orden de los bienes de Diego de Segovia “ que quedaren en cantidad de 100.000 parece que era la parte que les correspondía de los bienes de la compañía y los que originan el pleito al considerar impr ocedente la venta de la es ¿Tenía Diego de Segovia ese capital o el suficiente patrimonio como para responder a una demanda de tal envergadura? Lo ignoramos. Nos consta, efectiva ciedad con Francisco Arlanzón Gü emez en e l comercio con la metrópoli, al asumir os derechos correspondientes a “ un cajón de ropas de Castilla había llegado a la provincia en un navío de aviso fue ra de registro y a nombre de Asimismo creemos que Diego de Se govia debía ser un comprador habitual de los tributos de los pueblos de la Real Corona que eran sacados en almo pues las deudas por concepto de man tas, fanegas de maíz y gallinas que a su muerte maron los Oficiales Reales hacen presumi rlo. Es más, la elevada cantidad de 4.285 pesos que sus compras alcanzaron sólo en el tributo de junio de 1610 ascendieron en diciembre de 1609 - con trastan grandemente con la que, por ejemplo, hizo Juan de Magaña Pacheco en 1612 de las mant as y gallinas del pueblo de Tabuctzotz por valor de 203 pesos. Ello y la deuda de 500 pesos en concepto or las mercancías “ de entrada y salida de la Nueva España vidades mercantiles de Segovia iban más a llá del ám traduciéndose en un activo intercamb io con las costas mexicanas 28 . Indudablemente los tos de su estancia debían jugar un papel importante en sus expo de los beneficios que el abastecimiento de carne a la ciudad de Mérida debía producirle. Sin embargo, la propia dinámica de sus negocios, es decir, el riesgo con que desarrollaba sus empresas comerciales, fue quizá lo que motivó que a su encontrara endeudado con la Real Hacienda e n la considerable cantidad de 6. antidad que inexplicablemente quedó luego reducida a 5.100 pesos, no llegándose a Autos hechos por Ginés Alons o, cit.- Molina Solís, vol. II, pág. 399. nés Alonso, cit., fols. 10 , 59 y 65-67v. Cuentas de Real Hacienda de Yucat án: relación de datas, pero incom pletas por de a, 912. por Ginés Alonso, cit., fols. 8 -9 y 27.- Cuentas de Real Hacienda de Yucatán: cargos respondientes a 1612. AGI, Contadurí a, 912. 29 . Son precisamente los herederos de éste, sus hi jos Andrés y la Audiencia de México una orden de que quedaren en cantidad de 100.000 parece que era la parte que les correspondía de los bienes de la compañía ocedente la venta de la es tancia ¿Tenía Diego de Segovia ese capital o el suficiente patrimonio como para responder a una demanda de tal envergadura? Lo ignoramos. Nos consta, efectiva mente, l comercio con la metrópoli, al asumir un cajón de ropas de Castilla ” que en 1605 ra de registro y a nombre de govia debía ser un comprador habitual de los tributos de los pueblos de la Real Corona que eran sacados en almo neda pública, tas, fanegas de maíz y gallinas que a su muerte rlo. Es más, la elevada cantidad de 4.285 pesos que sus compras alcanzaron sólo en el tributo de junio de 1610 -a 2.435 pesos trastan grandemente con la que, por ejemplo, as y gallinas del pueblo de deuda de 500 pesos en concepto de de entrada y salida de la Nueva España ” ponen de llá del ám bito local, . Indudablemente los sus expo rtaciones, aparte de los beneficios que el abastecimiento de carne a la ciudad de Mérida debía producirle. Sin embargo, la propia dinámica de sus negocios, es decir, el riesgo con que desarrollaba sus empresas comerciales, fue quizá lo que motivó que a su muerte se considerable cantidad de 6. 000 pesos, antidad que inexplicablemente quedó luego reducida a 5.100 pesos, no llegándose a pletas por de terioro de los Cuentas de Real Hacienda de Yucatán: cargos
que vivían con él 42 . Luego, la celebración de los oficios religiosos en las fincas rurales no era algo habitual, a n o ser que hubiera una población suficiente que lo demandara. En realidad, todas estas consideraciones podrían avalar la tesis, un tanto arriesgada, de que en el siglo XVII algunas estancias, aun sin incluir la actividad agrícola, llegaron precozmente a co económicas, adelantán dose al cambio q de Yucatán a mediados del siglo XVIII. Este podría ser el caso de af irmación de Patch de que hecho de que, al no necesitar un gran número de operarios, no pudieron convertirse en centros de p oblación como las haciendas De estancieros a encomenderos También es importante comprobar cómo el se haciéndose notar en el desarrollo agrario, pues tres al menos aparecen vincu explotación de una estancia ganadera: Diego de Segovia y Alonso Domínguez en la de Nohpat, y Alonso Carrió de Valdés en la de exponente de la trayectoria se enriquece rse con el comercio, Efectivamente, Alonso Carrió de Valdés, un asturiano de ascendencia hidalga y propietario al menos de un navío con el que debía desarrollar su actividad comercial, había conseguido no sólo entroncar con la encomendero mediante el matrimonio con D conquistador Cristóbal Lucero. Ya era sargento mayor y encomen Teya en 1625 y, pese a que su situación financie siguiente fue distinguido con la concesión de una ayuda de costa anual de 400 pesos de oro de minas y 100 fanegas de maíz sobre los tributos de los Mon considerarse con la encomienda esposa” . Había conseguido, por tanto, encumbrarse económica y socialmente, y la consecuencia natural fue una noto al canzar gran predicamento, primero obteniendo la re 42 Espejo-Ponce, pág. 388. 43 Patch. pág. 108. . Luego, la celebración de los oficios religiosos en las fincas rurales o ser que hubiera una población suficiente que lo demandara. En realidad, todas estas consideraciones podrían avalar la tesis, un tanto arriesgada, de que en el siglo XVII algunas estancias, aun sin incluir la actividad agrícola, llegaron precozmente a co nstituir pequeñas unidades sociales, además de dose al cambio q ue habría de producirse en la estruc de Yucatán a mediados del siglo XVIII. Este podría ser el caso de Nohpat, irmación de Patch de que “las esta ncias no fueron unidades sociales hecho de que, al no necesitar un gran número de operarios, no pudieron convertirse en oblación como las haciendas 43 . De estancieros a encomenderos También es importante comprobar cómo el se ctor de los comerciantes estaba haciéndose notar en el desarrollo agrario, pues tres al menos aparecen vincu explotación de una estancia ganadera: Diego de Segovia y Alonso Domínguez en la de y Alonso Carrió de Valdés en la de Teya. Este último, no obstante, es un claro exponente de la trayectoria se guida por los que emigraban a la península y, tras rse con el comercio, lograban integrarse en la cerrada sociedad local. Efectivamente, Alonso Carrió de Valdés, un asturiano de ascendencia hidalga y propietario al menos de un navío con el que debía desarrollar su actividad comercial, había conseguido no sólo entroncar con la élite yucateca, sino incluso con encomendero mediante el matrimonio con D ª María de Argü elles, descendiente del conquistador Cristóbal Lucero. Ya era sargento mayor y encomen dero cuando compró en 1625 y, pese a que su situación financie ra no debía ser despreciable, al año siguiente fue distinguido con la concesión de una ayuda de costa anual de 400 pesos de oro de minas y 100 fanegas de maíz sobre los tributos de los Mon considerarse con la encomienda “suficientemente grati ficados sus méritos y los de su . Había conseguido, por tanto, encumbrarse económica y socialmente, y la consecuencia natural fue una noto ria influencia en la es cala política, donde llegó a canzar gran predicamento, primero obteniendo la re pres entación de la provincia ante 36 . Luego, la celebración de los oficios religiosos en las fincas rurales o ser que hubiera una población suficiente que lo demandara. En realidad, todas estas consideraciones podrían avalar la tesis, un tanto arriesgada, de que en el siglo XVII algunas estancias, aun sin incluir la actividad nstituir pequeñas unidades sociales, además de ue habría de producirse en la estruc tura agraria Nohpat, pese a la ncias no fueron unidades sociales ”, por el simple hecho de que, al no necesitar un gran número de operarios, no pudieron convertirse en ctor de los comerciantes estaba haciéndose notar en el desarrollo agrario, pues tres al menos aparecen vincu lados a la explotación de una estancia ganadera: Diego de Segovia y Alonso Domínguez en la de último, no obstante, es un claro guida por los que emigraban a la península y, tras lograban integrarse en la cerrada sociedad local. Efectivamente, Alonso Carrió de Valdés, un asturiano de ascendencia hidalga y propietario al menos de un navío con el que debía desarrollar su actividad comercial, élite yucateca, sino incluso con vertirse en elles, descendiente del dero cuando compró ra no debía ser despreciable, al año siguiente fue distinguido con la concesión de una ayuda de costa anual de 400 pesos de oro de minas y 100 fanegas de maíz sobre los tributos de los Mon tejo, por no ficados sus méritos y los de su . Había conseguido, por tanto, encumbrarse económica y socialmente, y la cala política, donde llegó a entación de la provincia ante
las autoridades me tropolitanas, y luego asumiendo en 1635 como alcalde ordinario, junto con Alonso Magaña Padilla, el go primera autoridad 44 . Por supuesto los encomenderos desenvolvimiento de la región. Sin que se pueda poner en duda su influjo en las esferas social y política, también en la actividad eco primera mitad del siglo, una capacidad fina para estar presentes en todos los negocios medianamente rentables. El caso mismo de Carrió de Valdés lo atestigua, así como la compare Juan de Magaña Pacheco, Sebastián Vázquez y Juan Bautista Rejón Arias, en la subasta y remate de lo s bienes de Alonso Domínguez Lozano No obstante, la conclusión última que se extrae del pleito en torno a que ya se apuntaba el surgimiento de una peligrosa competencia para los en Una competencia que primero se haría patente e tras cendería a la esfera política. Así, mientras que en 1580 y 1600 el acaparamiento por los encomenderos de los cargos capitulares era un hecho mani como “ alcaldes, regidores y escribanos de de más consideración y muy emparentados expansión del sector comer pero no creemos que en ello hubiera sector de los encomenderos, sino de integración, porque si en 1616 eran los tratantes y mercaderes quienes dominaban los cabildos, se debía a que muchos de ellos se habían transformado en encomenderos o habí tanto ficticia, porque sólo se daba en el terreno económico, sin llegar a materializarse en el plano social. En el mo mento que se conseguía la integración de una forma u otra en la élite encomendera, los co mpetidores dejaban de serl Segovia y Alonso Domínguez Lozano, murieran antes de lograrlo. 44 López Cogolludo, vol. I, pá gs. XV X, cap. XIX); vol. II, pág. 480. García Bernal, págs. 29 45 Autos hechos po r Ginés Alonso, cit., fols. 42v 46 García Bernal, pág. 428.- Real Cédula al Gobernador y Oficiales Reales AGI, México, 1.065, cuad. 6, fols. 154v tropolitanas, y luego asumiendo en 1635 como alcalde ordinario, junto con Alonso Magaña Padilla, el go bierno interino de la provincia a la mue Por supuesto los encomenderos seguían teniendo un peso decisivo en el desenvolvimiento de la región. Sin que se pueda poner en duda su influjo en las esferas social y política, también en la actividad eco nómica mantenían, sobre todo en esta primera mitad del siglo, una capacidad fina nciera lo suficientemente desahogada como para estar presentes en todos los negocios medianamente rentables. El caso mismo de Carrió de Valdés lo atestigua, así como la compare cencia de los también encomenderos, Juan de Magaña Pacheco, Sebastián Vázquez y Juan Bautista Rejón Arias, en la subasta s bienes de Alonso Domínguez Lozano 45 . No obstante, la conclusión última que se extrae del pleito en torno a que ya se apuntaba el surgimiento de una peligrosa competencia para los en Una competencia que primero se haría patente e n el plano económico, pero que después cendería a la esfera política. Así, mientras que en 1580 y 1600 el acaparamiento por los encomenderos de los cargos capitulares era un hecho mani fiesto, en 1616 aparecían alcaldes, regidores y escribanos de aquellos cabildos los tratantes y mercaderes de más consideración y muy emparentados ” 46 . ¿Se había iniciado ya el proceso de expansión del sector comer cial que se haría patente a finale s de siglo? Es posible que sí, pero no creemos que en ello hubiera influido un deseo de emulación o competencia al sector de los encomenderos, sino de integración, porque si en 1616 eran los tratantes y mercaderes quienes dominaban los cabildos, se debía a que muchos de ellos se habían transformado en encomenderos o habí an entroncado con ellos. Era, pues, una pugna un tanto ficticia, porque sólo se daba en el terreno económico, sin llegar a materializarse en mento que se conseguía la integración de una forma u otra en la mpetidores dejaban de serl o, aunque algunos como Diego de Segovia y Alonso Domínguez Lozano, murieran antes de lograrlo. gs. XV III, LXIX, 175 (lib. IV, cap. II) , 316 (lib VI, cap. III), 601 y 602 (lib. García Bernal, págs. 29 4, 318, 329, 398, 505 y 515. r Ginés Alonso, cit., fols. 42v -43v. Real Cédula al Gobernador y Oficiales Reales de Yucatá AGI, México, 1.065, cuad. 6, fols. 154v -156. 37 tropolitanas, y luego asumiendo en 1635 como alcalde ordinario, bierno interino de la provincia a la mue rte de la seguían teniendo un peso decisivo en el desenvolvimiento de la región. Sin que se pueda poner en duda su influjo en las esferas nómica mantenían, sobre todo en esta nciera lo suficientemente desahogada como para estar presentes en todos los negocios medianamente rentables. El caso mismo de cencia de los también encomenderos, Juan de Magaña Pacheco, Sebastián Vázquez y Juan Bautista Rejón Arias, en la subasta No obstante, la conclusión última que se extrae del pleito en torno a Nohpat es que ya se apuntaba el surgimiento de una peligrosa competencia para los en comenderos. plano económico, pero que después cendería a la esfera política. Así, mientras que en 1580 y 1600 el acaparamiento por fiesto, en 1616 aparecían aquellos cabildos los tratantes y mercaderes . ¿Se había iniciado ya el proceso de s de siglo? Es posible que sí, influido un deseo de emulación o competencia al sector de los encomenderos, sino de integración, porque si en 1616 eran los tratantes y mercaderes quienes dominaban los cabildos, se debía a que muchos de ellos se habían an entroncado con ellos. Era, pues, una pugna un tanto ficticia, porque sólo se daba en el terreno económico, sin llegar a materializarse en mento que se conseguía la integración de una forma u otra en la o, aunque algunos como Diego de , 316 (lib VI, cap. III), 601 y 602 (lib. de Yucatá n, 14 mayo 1616.
