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Los cuidados paliativos y el derecho a la interrupción voluntaria de la vida

Casasola Fernández, María

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TEXTO Y FOTOGRAFÍAS DE María Casasola Fernández MORIR SIN DOLOR Los cuidados paliativos y el derecho a la interrupción voluntaria de la vida Nadie está preparado para enfermar, ni mucho menos para morir, pero si se evita el sufrimiento del efermo y se le facilitan las vías para morir dignamente, se disminuyen las horas de agonía del paciente y su familia. → MORIR SIN DOLOR Los Cuidados Paliativos (CP) para gran parte de la sociedad, todavía son una incógnita ya que no conocen la función y labor tan importante que llevan a cabo los profesionales que trabajan en esta rama de la medicina y la enfermería. Estos cuidados son el tipo de atención sanitaria que se debe de prestar antes de la muerte. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes y de sus familias cuando se enfrentan a una enfermedad en situación terminal. Es un recurso ante un dolor incurable, avanzado y progresivo, sin posibilidad razonable de respuesta a tratamientos curativos y con un pronóstico de duración limitado. En esta situación, aparecen múltiples necesidades a las que se puede dar respuesta y que son el objetivo de los Cuidados Paliativos. Para ello, es necesario realizar una valoración a partir de la cual se determinará un plan de actuación individualizado, activo y continuado para los pacientes y sus familias, respetando siempre sus deseos. Los profesionales sanitarios ayudan a prevenir y aliviar el sufrimiento (físico, mental, espiritual...) de la persona que se encuentra en esta situación. También contribuyen a mejorar su calidad de vida y la de su familia, por lo que permiten abordar el proceso de la muerte dentro del respeto de los valores y creencias de cada persona. Esta rama de la enfermería está dirigida a todas las personas de cualquier edad que padecen una enfermedad incurable, avanzada y progresiva (cáncer, insuficiencia cardiaca, respiratoria, renal, hepática, SIDA, demencias o enfermedades neurodegenerativas, etc.) Los pacientes pueden recibir la atención de los enfermeros tanto en su domicilio, como en el hospital o incluso en una residencia. Los Cuidados Paliativos tienen como principal objetivo aliviar el dolor y otros síntomas del paciente. Tanto la familia como el enfermo deben de estar bien comunicados e informadoss. Los enfermeros intentan prestarle el máximo apoyo posible a las familias en cada visita que hacen. “Es importante hacer una valoración al paciente y a la familia, van cogidos de la mano, esa es la función de los Cuidados Paliativos”, afirma Rita Fernández, enfermera del equipo de soporte de Cuidados Paliativos del Área Sanitaria Norte de Málaga. No solo van dirigidos estos cuidados a los pacientes, sino que también se atiende a la familia, ya que son los que más sufren al verse en esta etapa, sin saber cómo tienen que actuar en estos casos. Francisco Vargas, portavoz socialista de Salud en el Parlamento Andaluz, añade que “en unos buenos Cuidados Paliativos no puede faltar el acompañamiento familiar, tanto en el domicilio como en el hospital”. Los que conforman el equipo de Cuidados Paliativos ayudan a los familiares a sobrellevar esta tesitura, ya que repercute positivamente en la calidad de vida de los pacientes. Las familias pueden acabar teniendo complicaciones a nivel emocional y repercusiones en su salud, tanto a lo largo de la enfermedad como en el duelo. “Hay que cuidar también a la familia. Me llegan cartas de agradecimiento porque has estado con ellos en el proceso de la enfermedad”, argumenta la enfermera del equipo de Málaga. “Es importante hacer una valoración al paciente y a la familia, van cogidos de la mano, ésa es la función de los Cuidados Paliativos”, aclara Rita Fernández Área Sanitaria Norte de Málaga. El equipo de Cuidados Paliativos de la comarca de Antequera está compuesto por Antonio Ortega Morell, médico con un Máster en Medicina Paliativa; y Rita Isabel Fernández Romero, enfermera y con Máster en Cuidados Paliativos. Ambos llevan atendiendo a los pacientes paliativos de esta comarca desde 2006. Su función es apoyar la atención a los enfermos a través de los equipos Sanitarios de Atención Primaria y Hospitalaria y de los servicios de urgencia. “Intervenimos a petición de cualquier profesional sanitario, aunque será su médico de Atención Primaria quien, en última instancia, decida si el paciente cumple los requisitos para ser incluido en el programa de Cuidados Paliativos y el grado de complejidad, donde el equipo intervendrá o no”, explica la enfermera de esta comarca. Cuando el paciente recibe la solicitud, éste o sus familiares se tienen que poner en contacto con el enfermo en el plazo de un día hábil para decidir en ese momento qué atención necesita: si telefónica, cita en consulta o visita domiciliaria, que sería para aquellos pacientes que no pueden desplazarse al hospital. La jornada laboral de Antonio y de Rita es de lunes a viernes de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Son un equipo mixto, es decir, que atienden tanto a pacientes en domicilio como en hospital. Cuentan con un vehículo del SAS (Servicio Andaluz de Salud) para acudir a los domicilios de los enfermos: “Nuestro porcentaje es mucho mayor en domicilio y es dónde nos gusta a nosotros atender tanto al enfermo como a sus familias, así le evitamos traslados innecesarios al paciente, ya que le proporcionamos un control de síntomas hasta el final de la vida, con una adecuada sedación paliativa y rodeado de sus seres queridos”, se sincera Rita. A partir de las 8 de la mañana pueden recibir llamadas, tanto del paciente como de sus familiares, requiriendo su intervención o valoración. Cuando las atienden, el equipo evalúa donde es más necesaria su visita. “Si no podemos acudir, derivamos a su equipo de Atención Primaria para que ellos asistan y valoren. Posteriormente, si nosotros tenemos que hacer cualquier tipo de intervención o asesoramiento lo haremos a través de ellos, ya que estamos continuamente informados sobre el proceso del paciente. Es decir, hay un seguimiento de la información y una continuidad de cuidados por parte de su equipo de Atención Primaria, enfermería de enlace y ESCP (Equipo de Soporte de Cuidados Paliativos)”, expone Rita Fernández. Rita, tras llevar trece años ejerciendo de enfermera en la unidad de Cuidados Paliativos, asegura que es un gran recorrido, pero con muchos obstáculos y tabúes, porque nadie está preparado ni para enfermar ni mucho menos para morir. 3 PÁGINA SIGUIENTE Mapa del Área Sanitaria Norte de Málaga del equipo de Cuidados Paliativos. Este área abarca toda la comarca de Antequera. En el despacho de Rita Fernández, enfermera y Antonio Ortega, médico, empezando su jornada laboral antes de ir a visistar a sus pacientes. → MORIR SIN DOLOR La especialista confiesa que “ha costado mucho” sensibilizar a la población acerca de los Cuidados Paliativos, pero es “cierto, que desde la primera vez que el paciente y la familia conocen al equipo se sensibilizan con ellos”. Aun así, la población ya está más informada acerca de lo que son los Cuidados Paliativos y de que tienen la oportunidad y el derecho a las voluntades vitales, como el de morir dignamente y tener cuidados de calidad. “Hacemos que el paciente no tenga dolor, que tenga calidad de vida y, cuando llegue el momento, le proporcionamos calidad de muerte, abordando tanto las necesidades básicas de la vida diaria, como las necesidades espirituales. También ofrecemos apoyo psíquicomental y escucha activa en todo momento, tanto si se recibe una llamada como al realizar una visita”, matiza Rita. Primera visita. El objetivo fundamental en la primera visita domiciliaria es conseguir el máximo confort y bienestar para el paciente, evitándole el sufrimiento y logrando finalmente que tenga una muerte digna. No se pueden olvidar de la familia, ya que es el elemento fundamental en la atención del enfermo terminal. Las cualidades que se desarrollan en la primera visita son, sobre todo, la sensibilidad cuidadora, capacidad de escucha, empatía y compresión; respeto y tolerancia, capacidad de transmitir confianza y seguridad en uno mismo. Lo importante de esta primera visita es que los enfermeros se tomen el tiempo necesario para poder elaborar un diagnóstico adecuado, prestando especial atención a cualquier detalle que les pueda proporcionar información sobre la situación y el estado físico, psíquico y emocional, tanto del propio paciente como de su familia o cuidadores. Por otro lado, el primer contacto que van a tener con el paciente es vital para encauzar las relaciones que el equipo mantendrá con él durante el periodo que dure el seguimiento. En la historia clínica, el médico del equipo de Cuidados Paliativos recogerá los datos de afiliación (nombre, dirección, teléfono de contacto, fecha de nacimiento, número de la Seguridad Social, D.N.I y número de la historia clínica). Por otro lado, la procedencia, si es en un Centro de Salud o si es en un hospital. También, la inclusión del programa de paliativos (la fecha de presentación comité, de inclusión en programa, del primer contacto telefónico, primera visita, salida del programa y el motivo de ésta). Y, por último, la patología (oncológico o no oncológico). ¿Tiene cura? “Nunca se cura, lo único que hacemos es aliviar el dolor y el sufrimiento. Una vez que pasan a nosotros, lo único que podemos hacer es intentar que nuestro paciente tenga una muerte digna”, puntualiza Rita. La elección de un determinado fármaco depende del tipo y de la seriedad del dolor que se está tratando, así como de la enfermedad de cada paciente. Existe una amplia variedad de analgésicos disponibles, desde los más habituales (paracetamol, ibuprofeno...) a los más potentes (morfina, fentanilo...). A veces, se puede utilizar la quimioterapia, la radioterapia u otras técnicas para el alivio del mismo. La mayoría de las veces, los indicios que se presentan en la situación terminal se pueden aliviar con el tratamiento adecuado. En ocasiones, algunos síntomas se vuelven muy intensos y no responden a ninguna medicación. Se llaman síntomas refractarios a aquellos cuya única forma de controlarlos es disminuyendo el nivel de conciencia, por lo que se recurre a la sedación paliativa. La sedación paliativa consiste, así, en la administración de medicamentos, en las dosis adecuadas, para reducir la conciencia, tanto como sea preciso, de una persona en situación terminal con el fin de aliviar uno o más síntomas refractarios. “A nivel autonómico, hay unos excelentes profesionales dentro de los Cuidados Paliativos que tratan de aliviar y ayudar a que los pacientes sufran lo menos posible con la sedación paliativa, ya sea en el domicilio como en el hospital”, expone el parlamentario socialista, Francisco Vargas. Solo puede ser utilizada la sedación durante un intervalo de tiempo, hasta que se controle el síntoma, o mantenerse hasta el final de la vida si es necesaria. También puede ser más o menos profunda, dependiendo del alivio del indicio y de la voluntad de cada persona afectada. “Hay que hacerla sí o sí para que el paciente muera dignamente”, insiste la enfermera Fernández, que deja claro que la sedación paliativa ni adelanta ni acorta la muerte, sino que controla los síntomas del dolor del paciente. Solo se aplica cuando está indicada, tanto en las voluntades anticipadas como cuando el propio enfermo lo pide. Los familiares también pueden decidir que se le aplique la sedación siempre y cuando el paciente delegue en ellos. Para iniciar este proceso se requiere el diagnóstico de uno o más “Hay unos excelentes profesionales dentro de los Cuidados Paliativos que tratan de aliviar y ayudar a que los pacientes sufran lo menos posible con la sedación paliativa”, explica Francisco Vargas PÁGINA SIGUIENTE Rita y Antonio en la puerta de su de despacho revisando la historía clínica de cada uno de sus pacientes antes de ir a visitarlos. 5 síntomas refractarios, el consentimiento explícito de la misma, la aprobación como para cualquier otro procedimiento y el consentimiento del enfermo. No tiene que ser por escrito, pero sí quedará registrado en la historia clínica. “La historia clínica no es como un testamento vital, pero sí es un deseo de lo que ha expresado el paciente, independientemente de que tenga hecho o no su testamento. Siempre hay que cumplirlo porque es una planificación anticipada, ya que vale igual que el testamento vital”, aclara la especialista Rita Fernández. En el caso de que el paciente no sea capaz de decidir en el momento que precise la sedación paliativa, pueden pasar dos cosas. En primer lugar, el personal sanitario debe buscar si existe constancia de su voluntad en el Registro de Voluntades Anticipadas y, si es así, seguirán esta instrucción. Y en segundo lugar que, en ausencia de instrucciones previas, el equipo médico debe obtener el consentimiento de la familia o representante legal, considerando los valores y deseos previamente expresados. “Se ha avanzado mucho sobre los cuidados paliativos y en algunos de los derechos de la ciudadanía. Si un paciente hoy en día se niega a recibir un tratamiento o que a sus familiares se les intube, se le respeta la decisión siempre y cuando lo deje reflejado en su testamento vital, pues hace veinticinco años era impensable de que un enfermo pudiera decir qué hacer con su vida, ya que no era fácil aplicarlo”, matiza Francisco Vargas. Antonio Romero, ex portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento Andaluz, reivindica que “hay que lograr que la gente ejerza sus derechos en cuanto a calidad de vida y a las voluntades anticipadas que cada paciente tenga”. Y aclara: “La medicina no puede ejercerse de forma autoritaria, ni tampoco vulnerar los derechos de los enfermos ni de los familiares directos de los pacientes. La medicina siempre tiene que respetar los derechos del ser humano y más cuando le llega la hora de morir”. Son un derecho, ya que garantizan la atención al final de la vida, exigencia ética que está respaldada por el Estatuto de Autonomía de Andalucía, en sus artículos 20, 21 y 22. Éstos reconocen los cuidados paliativos como un derecho de las personas, así como la plena dignidad en el proceso de morir. La Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte regula el ejercicio de los derechos de la persona durante el proceso de su muerte. Así, en el artículo 12 se reconoce el derecho a los cuidados paliativos integrales; en el artículo 13, el tratamiento del dolor y en el 14, el derecho a la sedación paliativa, entre otros. Para hacer efectivo estos derechos son fundamentales la información y la comunicación que facilitan la participación, en la toma de decisiones, de la persona enferma y su familia. El paciente va a recibir toda la información que precise, desee y demande acerca de su enfermedad. De igual modo, tiene derecho a no recibirla si así lo desea y es su decisión. Este derecho está regulado en la Ley Básica de Autonomía del Paciente. Los enfermos también tienen el derecho a aceptar o rechazar el tratamiento indicado, aunque sea el más beneficioso para su situación clínica, si así lo deciden. Sólo en algunas situaciones, el personal sanitario puede actuar sin contar con la opinión de la persona afectada, cuando exista peligro para la salud pública, y ante una urgencia inesperada que no permita demora si no existe conocimiento previo de sus preferencias. Por otro lado, existe también la Declaración de Voluntad Anticipada (VVA), que es un documento donde se 6 “Hay que lograr que la gente ejerza sus derechos en cuanto a calidad de vida y a las voluntades anticipadas que cada paciente tenga”, defiende Antonio Romero EN ESTA PÁGINA Algunos de los premios que el equipo de Cuidados Paliativos del Área Sanitaria Norte de Málaga ha conseguido por el gran trabajo que realizan día a día con sus pacientes y los familiares de éstos. recoge la voluntad, los valores, los deseos y las instrucciones sobre las actuaciones sanitarias que se quieren recibir o no en el futuro, en el supuesto de que llegado el momento, la persona carezca de capacidad para decidir por sí misma. “En Andalucía cualquier ciudadano puede dejar reflejado sus derechos y voluntades en el testamento vital. De hecho, yo precisamente fui uno de los firmantes para que se aprobara esta ley”, confiesa el ex diputado de Izquierda Unida. El portavoz socialista añade que “todo ciudadano tiene derecho a dejar por escrito en su testamento vital lo que quiere que se le haga una vez que ya entre en una situación irreversible. Puedes anticipar todas las medidas que quieres que se te apliquen una vez que ya no puedas decidir por ti mismo, por ejemplo, negarte a recibir tratamientos”. Muchas personas interpretan las palabras de Francisco Vargas, portavoz socialista, como eutanasia, pero Fernández defiende que no es así, y aclara que “la sociedad sigue estando bastante confundida, porque cada uno en su testamento vital tiene derecho a decidir que si entra en estado vegetal se le puede desconectar de la máquina”. Por su parte la enfermera de la Unidad Especial de Málaga afirma que “la eutanasia es introducir en el cuerpo del enfermo un fármaco que le quite la vida de golpe, mientras que los cuidados paliativos ofrecen un medicamento para mantenerle la vida hasta el final sin sufrimiento”. Del mismo modo, se permite nombrar a una persona como representante para que, cuando sea necesario, vele por el cumplimiento de las instrucciones que la persona ha dejado establecidas. Esta declaración se inscribe en un registro que el personal sanitario tiene que consultar cuando la situación lo requiera. La declaración puede modificarse o anularse en cualquier momento por el mismo procedimiento por el que se hizo la primera vez. La realización de la Declaración de Voluntad Vital Anticipada es un derecho que está recogido en la ley 5/2003 de 9 de octubre y en la Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte de Andalucía. Esta declaración tiene validez en la Comunidad Autónoma hasta que se conecte al Registro Nacional, y entonces tendrá validez en España. Muy bien valorados. El equipo de Cuidados Paliativos del Área Sanitaria Norte de Málaga ha tenido varios reconocimientos, además de obtener numerosos premios a nivel nacional sobre escala validada en el paciente paliativo. Este equipo ha escrito artículos a nivel nacional e internacional en revistas de medicina paliativa. También ha hecho numerosas comunicaciones y póstes, cursos de formación a profesionales sanitarios, formación de médicos y enfermos residentes y han colaborado con la Asociación Española Contra el Cáncer. Rita Fernández Romero es referente de Andalucía como enfermera de cuidados paliativos. Pertenece a SECPAL y AECPAL. Es vicepresidenta de la Sociedad Andaluza de Cuidados Paliativos y miembro del Comité de Ética Asistencia del Área Sanitaria Norte. Tiene acreditación a nivel profesional por la Junta de Andalucía con el máximo nivel (excelente), ha sido la formadora de las demás enfermeras de los distintos equipos que se formaron posteriormente (Ronda, Vélez-Málaga y Osuna). También, es miembro de una red de investigación sobre el final de la vida. además de estar asociada a varias comisiones en el Hospital de Antequera, donde trabaja. Y por último, ha organizado varios Congresos y Jornadas sobre Cuidados Paliativos. “Me encanta mi trabajo. Si me ofrecen otra rama de la enfermería, ahora mismo no me cambiaría por nada del mundo. Aunque me dieran otra zona, me quedaría en la que estoy sin pensármelo dos veces”, expresa Fernández. La revista Enfermería en Desarrollo organizó el 24 de noviembre del 2016 el acto de entrega “Enfermería en Desarrollo 2016”, donde el equipo de Antonio Jesús Núñez Montenegro acabó ganando el primer premio gracias a su proyecto “Diseño y validación de la escala para valorar la fragilidad de los pacientes crónicos, EPADI”. Este proyecto también volvió a cosechar otro galardón el pasado mes de abril, tras ganar el I Premio Málaga SMARTCARE, organizado por la Fundación Pública Andaluza para la Investigación de Málaga en Biomedicina y Salud. El trabajo marca. “Sufro como si yo fuera su familiar, pero no puedo ponerme a la altura de ellos porque si no, me acaba afectando a mí también”, cuenta Rita. En cada visita que realiza, se le quedan grabadas las muestras de cariño que recibe por parte de los familiares. “Jamás te olvidaré. Has estado en lo más duro que me ha pasado en la vida, y tú, has estado ahí para ayudarme, acompañarme, escucharme y cuidar de mi familiar que ya → MORIR SIN DOLOR 7 no está”. Son muchas de las muestras de cariño que recibe la enfermera por parte de los familiares de los enfermos. Fernández confiesa que a veces le influyen tanto los pacientes como la familia. “Convivo permanentemente con el sufrimiento, el dolor... Mis pacientes sólo me llaman para preguntarme qué hago con el dolor, no duermo, no como, no me puedo mover... Y las familias con el sufrimiento de ¿qué hago?, de sentirse impotentes ante la situación. Llevo ya 23 años como enfermera, he pasado por muchos hospitales y servicios y estoy muy orgullosa de ser enfermera de cuidados paliativos. Cuando nacemos nos acompaña mucha gente, pero en el dolor, sufrimiento y muerte nadie quiere estar. Por eso, es una enorme satisfacción acompañar y cuidar en ese momento tan importante de la vida. Lloro, me emociono y me despido de mis pacientes. Esto me ha servido para valorar la vida cada día más, para vivir el presente y hacer cada día un poco mejor, a la gente que te rodea y quieres”, cuenta la especialista. Eutanasia y suicidio asistido son dos términos tabúes en España, ya que ambos procesos están prohibidos en nuestro país. Se trata de dos mecanismos que son distintos pero englobados por la sociedad con la misma definición. La palabra eutanasia es de origen griego y significa “buena muerte, muerte sin dolor o muerte rápida”. El Instituto Borja de Bioética de Barcelona, de orientación católica, adscrito a la Universidad Ramón Llull definió en 2005 la eutanasia como “la conducta de un médico o de otro profesional sanitario bajo su dirección que causa de forma directa la muerte de una persona que padece una enfermedad o lesión incurable con los conocimientos médicos actuales y que, por su naturaleza, le provoca un sufrimiento insoportable y le causará la muerte en breve tiempo, respondiendo a su petición expresa de forma libre y reiterada, con la intención de liberarla de este sufrimiento, haciéndole un bien y respetando su voluntad”. De este modo, la bioética de los años ochenta y noventa introdujo una clasificación diferenciando varios tipos de este mecanismo. En primer lugar, la eutanasia voluntaria, definida como el acto que provoca la muerte de una persona a petición explícita de ésta (exigencia libre y consciente de quien va a morir). En segundo lugar, la eutanasia no voluntaria, que provoca la muerte de una persona sin la voluntad del sujeto, por la imposibilidad de obtener el consentimiento, como es el caso de los enfermos en coma, enajenados mentales y niños pequeños. Después, la eutanasia involuntaria o impuesta, que quita la vida de una persona sin la petición de ésta. A continuación, la eutanasia pasiva, que suprime o simplemente no se adaptan las medidas que prolongarían la vida ya que está abocada al final. También encontramos la eutanasia activa, que provoca la muerte o acorta la vida mediante la administración de un fármaco. La eutanasia directa implica acciones que producen la muerte de un paciente de forma inmediata. Y por último, la eutanasia indirecta que son acciones que se llevan a cabo con fines distintos de la eutanasia pero que causan la muerte. El suicidio asistido es aquel en el que se le proporciona a una persona, de forma intencionada y con conocimiento, los medios necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción o el sufrimiento de los mismos. Es el paciente, en este caso, el que voluntariamente termina con su vida. El ser humano, en todo lugar y tiempo, quiere vivir bien, evitar la enfermedad y el sufrimiento, y morir con el menor dolor posible. “Yo estoy convencido de que la eutanasia llegará en las sociedades modernas y avanzadas. No es un mecanismo para quitar del medio a los enfermos, sino un mecanismo para garantizar los derechos de la sociedad, porque todos nos morimos y la gente tiene dignidad para morirse y decidir su voluntad”, expresa Antonio Romero, ex diputado de Izquierda Unida. La gente reclama la eutanasia y el suicidio sin pensar antes qué consecuencias podría tener implantar → MORIR SIN DOLOR 8 ambos procesos. Por un lado, acabar con la vida de las personas más vulnerables y, por otro, que los enfermos podrían solicitar la aplicación de la eutanasia, no por enfermedad patológica, sino porque se sienten un estorbo para sus cuidadores. Los requisitos para solicitar la eutanasia son que el paciente sufra una enfermedad terminal o esté en proceso irreversible; que le cause un padecimiento insoportable sin perspectiva de mejora; o que el enfermo exprese su voluntad de morir y que su caso sea revisado por dos o más facultivos. Si se regula la eutanasia habría que reconocer el derecho a decidir cuándo y cómo morir, lo que exige modificar el Código Penal. En España cada vez son más los pacientes y familiares que piden un cambio en la sanidad española y que se empiece a debatir si es buena opción permitir que estas medidas se legalicen en nuestro país para que los enfermos dejen de sufrir. Todo lo contrario a lo que recoge nuestra Constitución en el artículo 15, donde todo español “tiene derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o denigrantes”. Si nuestra Constitución recoge que un ciudadano español no puede sufrir, ¿por qué se deja a los pacientes que sufran a raíz de las enfermedades terminales que tienen y no se les da derecho a aplicar la eutanasia y el suicidio asistido? Antonio Romero es tajante al respecto y deja claro que “la eutanasia es para una sociedad de gran altura moral, humanitaria, civilizatoria que no quiere que se le prolongue la agonía, el dolor y el sufrimiento”. En España no existe una ley específica de muerte digna. La norma que está EN ESTA PÁGINA Hospital de Antequera y de toda la comarca donde Rita y Antonio atienden a sus pacientes y a los familiares que los acompañan. 9