La repercusión literaria del 98 en Puerto Rico
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LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO María CABALLERO WANGÜEMERT Universidad de Sevilla La crírica sobre la literatura hispanoamericana ha venido arravesando distintas fases al hilo de los avatares de la propia creación literaria. Si en los afios cincuenta, la novela de la tierra y el indio acaparaban la atención de las páginas dedicadas al Nuevo Mundo, las nuevas técnicas y la riquísima renovación que supuso el tópicamente denominado boom llevaron aparejada la presencia de una teoría y crítica literarias centradas en el siglo XX. Se sucedieron ininterrumpidamente los estudios sobre la nueva novela hispanoamericana ... Los narradores -Vargas Llosa, Garda Márquez ... y tantos otros encabezados por Alejo Carpentierreconocieron sus deudas con las cr6nicas de Indias, un género cuyos valores literarios se habían considerado casi nulos hasta entonces. A partir de aquí, el binomio historialficci6n marcó la crítica de la literatura hispanoamericana durante la segunda mitad de los setenta y ·parte de los ochenta; y llevó aparejada la revalorización de la literatura colonial Este mínimo excurso viene al caso para recordar que el vaivén pendular de modas críticas hace ya algunos afios puso sobre el tapete, como objeto de investigación, el siglo XIX. Hasta el punto de que el que fuera considerado desde esta óptica como "siglo cenicienta" cuenta en su haber con importantes trabajos -los de Hobsbawm, González Stephan, Ramos, Anderson, Bhabha ... y otros 1- destinados a bucear en las claves de lo que pudo Ser en su. momento . imaginar la ¡laci6n', o acotar la fitndación y fronteras de la ciudadanfa ... 3. Es evidente que la problemática de las nacionalidades -tema central en la Europa del XIX- irrumpe con fuerza en este final del siglo XX. Para el caso de Puerto Rico -y pretendo ir aterrizando por la falta de tiempo; dejamos una serie de cuestiones abiertas para el coloquio-, a la polisemia del término nación se afiade una consideración básica: en absoluto es obvio que exista un correlato entre la aspiración a la soberanía política y la identidad cultural de la Isla ... No· lo es en esta recta final de nuestro siglo. Pero tampoco io fue en el XIX, cuando al estallar los diversos movimientos de independencia se superponían múltiples identidades ... La nación tendrá mucho que ver -yen eso consiste la excepción americana (Guerra, 93-134)- con un pacto político dependiente de la unión de voluntades; y mucho menos con la tan traída y llevada identidad cultuml. ¡ULeE 15.1 (1')')') 187-2(10
188 CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO Pero ¿qué hay de la circunstancia y literatura puertorriqueñas a fines de! siglo XIX? De entrada podría decirse que presentan singularidades respecto de! continente, si bien a distip.tos niveles. La literatura sigue su curso tras su tardía aparición en e! primer tercio de siglo: cuadros costumbristas, la herencia romántica de Bécquer en él Aguinaldo puertorriqueño (1843) y El jibaro -colección de relatos ésta última escrita por Manue! Alonso en 1849-; los tanteos novelísticos de Tapia y Rivera dentro de la escuela realista como mandaban los cánones -por supuesto europeos, porque e! canon oficial no se hace eco de la problemática circunstancia política subyacente a la Isla, que no es otra que la dependencia de la vieja metrópoli-o Las tímidas propuestas autonomistas -incluso la concesión de un estatuto en esta línea por parte de Cánovas- serán incapaces de frenar los acontecimientos; y la invasión americana del 98 cierra un proceso que tuvo sus apóstoles en Betances (1827-1898) y Hostos (1839-1903). El abolicionismo, la búsqueda insistente de independencia para la patria -y no conviene olvidar que es éste término, patria, y no e! de nación el que se utiliza entonces-y la denominada cuestión antillana, es decir, e! anhelo de lograr una confederación ... "con caracteres propios, que actúe como nivelador necesario entre la América sureña casi subdesarrollada, y e! norte representado por e! pujante poderío de los Estados Unidos"" son las cuestiones prioritarias. En otro lugar he recordado cómo pertenece a Hostos ... "la idea de una confederación antillana, idea lanzada en su Peregrinación de Bayodn (1863) y aceptada e incorporada inmediatamente por Betances y la mayoría de los independentistas cubanos y puertorriqueños" (Caballero 1992a, 237) ... No hay que olvidar que la gigantesca figura de Martí estuvo íntimamente conectada a los personajes e ideales que traigo a colación. Así las cosas, se produce el impacto de! 98, fecha emblemática para Puerto Rico. Los hechos políticos señalan e! umbral de una nueva época caracterizada por cambios radicales en varios órdenes. Pero, a corto plazo, la literatura no reacciona. Se ha constatado el retraso en la llegada de! modernismo ... con todo lo que este movimiento significó de esplendor para la literatura del Nuevo Mundo. En narrativa no se publica demasiado: se alarga e! naturalismo y la figura de ZeilO Gandía llena todo un cuarto de siglo de creación literaria desde La charca (1894) hasta Redentores (1923) ... Esa imagen de un mundo enfermo tan cercana a los determinismos naturalistas de Alcides Arguedas y algún otro, y que debe tanto, no sólo a la filosofía subyacente al naturalismo, sino también a una serie de textos relativos a la Isla como e! de! abate Raynal (1772)' y El viaje a la Isla de Puerto Rico de Ledrú (1810) 6, estudiado por Aníbal González; esa imagen de un mundo enfermo -decÍa- se aplica en e! caso de! último Zeno Gandía a la órbita urbana y al incipiente problema de la inmigración. Pero hay más: tal vez a causa de su larga existencia, Zeno Gandía alcanza a ver RllCE 15.1 lJ999) 187-200
CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO 189 cómo surge toda una nueva inquietud en torno a la identidad de Puerto Rico como pueblo. Inquietud que, en un primer momento, utilizará el ensayo como cauce de expresión adecuado a sus intereses. Y se plasmará en la denominada generaci6n de /ndice-que tomó su nombre de la revista editada a partir del 29, como una iniciativa paralela a la creación del Departamento de Estudios Hispánicos (1927)-. Inevitable citar dos ensayos que aglutinan los intereses de la generación del treinta: Insularismo (1934), de Antonio Pedreira y Pron- u/ario hist6rico de Puerto Rico (1935), debido a Tomás Blanco. En resumen: esa generación del 98, la que debió ser la generación del trauma, no cuaja lirerariamente en Puerto Rico en un grupo fuerte y compacto en torno a ese motivo. Y ello no se debe a la inexistencia de una generaci6n continental coetánea: existe y es la famosa de 1900 ... '. Pero parlo que se refiere a la Isla habrá que esperar más de veinte años para encontrarse una afirmación tan fuerte como la de Zeno, vertida en una famosa encuesta publicada en Índice el trece de julio de 1929 bajo el título "¿Qué somos? ¿Cómo somos?" Allí el escritor, con una cierta parquedad pero rotundamente; define a Puerto Rico como "nación de rehenes"; para~ a continuación; concluir: "fuimos mejo~ res que somos. En nuestro país hay depresión" ... No se hace eco directo del problema político; más bien sale al paso del tradicional enfoque determinista -al que él mismo se adscribiera en su díasegdn el cual, el puertorriqueño es "resignado". Esa caracterización deberla -según élaplicarse a la colectividad ... "tímida, perpleja, resignada'; pero no ~ los individuos concretos a quienes describe como valientes, con' innato sentido del ritmo, fuertes ante la indiferencia y el hambre, idealistas, adaptables a todos los climas, si bien poco dados a la risa fácil... El escritor termina su aportación -tan utópica en este momento; podría pensarse que está plasmando más un ideal que la realidad inmediatacon una preocupada referencia a las nuevas generaciones que imagina en brazos del placer muelle, materialista e infecundo ... Está clara la referencia al gigapre del Norte que había recorrido el continente en los textos de la generación de 1900, la generación de Rodó quien en su Ariel condensara un problema detectado años atrás por otros muchos escritores modernistas ... El asunto es muy conocido y ha sido bien estudiado, entre otros, por el profesor Lago Carballo-'. Lo dejo también al margen, para un posible debate. Ahora me interesa una cuestión mucho menos trabajada y más actual en la que centraré mi comunicación. Me refiero al impacto del 98 en la lireratura puertorriqueña del último tercio de! siglo XX, concretamente en su narrativa. Porque es entonces cuando aparecen una serie de textos en que la referencia al 98 y sus secuelas en la Isla es importante. Su cauce es el de la novela histórica producida en Hispanoamérica a partir de los setenta, cuyo telón de RlLCE 15.1 {l9<)9l IS7~201}
190 CABALLERO. LA REPERCUSiÓN LiTERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO fondo es el revisionismo plasmado en el ensayo durante la primera mitad de siglo ... En Puerto Rico remite sin paliativos a la generación de lndice, la generación del treinta ya citada; y salta -con escasas muestras en textos aislados pertenecientes a escritores de la generación del cincuenta como Marqués- a los autores de la denominada generación del sete11ta. Ésta puede considerarse la última generación canónica, la más brillante y productiva hoy -dentto del rico panorama literario de la pequeña 1sla-; aunque empieza a vislumbrarse ya un nutrido grupo de jóvenes con deseos de instalarse también en el canon ... Sin ánimo de exhaustividad, voy a citar y glosar hasta donde sea factible unos cuantos textos cuyo eje escondido es el impacto del 98, la sustitución de la soberanía española por la norteamericana y las consecuencias de! hecho en la sociedad puertorriqueña del siglo XX: La llegada. Crónica con ficción (1980), de José Luis González; Seva. Historia de la primera invasión norteamericana de la ¡sla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898 (1983), de Luis López Nieves; Puertorriqueños. Album de la Sagrada Familia Puertorriqueña (1984), de Edgardo Rodríguez Juliá; El cruce de la bahía de Gudnica (1989), del mismo Edgardo; y La casa de la laguna (1995), de Rosario Ferré ... Por lo que se refiere a La llegada, el auge del género "crónicá' en su país y la cercanía del 98 han propiciado una segunda edición (Río Piedras, Huracán, 1997) de un texto pioneto, con el que José Luis González -conocido escritor de la generación del cincuenta exilado en México hasta su muerte acaecida en el 96- se adelantó a los autores del setenta. Se trata de un relato en trece capítulos o fragmentos numerados linealmente, cuyo sentido es reflejar el impacto de lo que eufemísticamente se denomina "la llegada", es decir, la invasión norteamericana de la Isla. El argumento es simple: los españoles se retiran dos semanas después de! desembarco en Guánica ... En esa retirada pasarán por un pueblo cuyas fuerzas vivas aguardan expectantes, obligadas a tomar posiciones frente a los yanquis invasores, quienes se instalarán allí pacíficamente en el último .capítulo ... Relato de estructura sencilla -que no descuidadaporque para su autor el texto debe ser testimonial y comprometido con un mensaje que debe quedar muy claro al lector. Desde su militancia marxista González enjuicia la realidad nacional como un todo fragmentado en clases sociales, en grupos que reacdonan de forma previsible~ En ese sentido, los personajes de La llegada son tipos, meros portavoces de las propuestas políticas que -según élse sucedieron en el 98: Benítez es e! liberal autonomista, para quien ... "entré ser colonia de España y estado de la Unión americana" (22) no existe demasiada diferencia. Simboliza a la élite oportunista que tras e! fracaso de la forzada autonomía que) en el último momento, propuso Cánovas para la Isla, se hizo la ilusión de poder ser un comensal privilegiado en el banquete de! 'nuevo orden que, con toda seguridad instauraría el país más poderoso del RIlCE 15,1 (1999) 187·200
CABALLERO. LA REPERCUSiÓN liTERARiA DEL 98 EN PUERTO RiCO 191 mundo. El capítulo segundo recoge un intercambio de opiniones entre Benítez y su mujer que deja muy dara la postura anexionista: ~¿Y no tendremos que dejar de hablar español para ... ? -No veo por qué tendríamos que renunciar a nuestro idioma y a nuestras costumbres. Es lo que estaba diciéndote: cada una de esas repúblicas federadas conserva su personalidad, sus tradiciones, sus ... (.,,). Tendremos que aprender inglés, eso sr, pero sólo para entendernos con ellos; y. ¿a quien le viene mal saber un idioma más? ( ... ). Y. por otra parte. hay que pensar en las ventajas económicas que significará ser paree de la nación más rica del mundo. Sobre todo si consideramos que, siendo la más rica, no puede producir el azúcar que necesita. Puerto Rico; dentro de ese mercado, estará destinado a convenirse e'n un verdadero emporio ... (23-24). Su postura se contrapone a la del independentista nato, D. Adrián Colomer, que aparece recogida en el capItulo siguiente. Es ... "un hombre en espera" (32), al que duele la inoperancia de un separatismo isleño que hubiera debido aprovechar la debilidad española; debilidad evidente, ya que la invasión norteamericana se estaba convirtiendo en un simple "paseo". Es el portavoz del separatismo histórico: respeta a Betances y Martí y se siente traicionado por Muñoz Rivera, el líder que está gestionando el futuro de la Isla en Washington. La ptoclama del general Miles -... "sedicente portador de las bendiciones de la libertad y" la civilización" ... (34). apunta ir6nicamente el texto, con un guiño al lector que conoce toda la polémica civilizaci6n/barbarie subyacente en la literatura hispanoamericana desde el Facundo hasta hoy-, esa proclama levanta en su ánimo una serie de amargas reflexiones que el estilo indirecto libre se encarga de subrayar: ¡Pueblo inocente!", pensaba don Adrián. "Le hacen cuatro promesas, le cambian un pabellón ajeno por otrO más ajeno aún, y se siente redimido. ¡Pueblo inocente!" (34). El espectto político básico en el momento de "la llegada" se completa con la figura del alcalde Camuñas, fugazmente entrevisto en los capítulos cinco, siete, ocho y trece. Es el español débil y acomodaticio que lo mismo acoge al compatriota herido, que preside resignadamente la ~ntrada americana con la inevitable ceremonia de cambio de banderas. De hecho la novela se cierra así: y se imaginó, con absoluta buena conciencia, preguntándole al capitancito traductor cómo se decía en inglés aquello de que lo canés no quita lo valiente (152). Está claro que no hay resistencia alguna ... la vieja épica, el honor hispano del barroco no aparece ni por asomo en este relato posmoderno en el que las fuerzas vivas han perdido las ilusiones muchos años atrás -si alguna vez las tuvieron-o No son únicamente los políticos quienes danzan según soplen los vientos; sucede lo mismo con el pueblo, desde el cura -escéptico y débil, caracterizado a partir del consuethdmario anticlericalismo-; hasta el negro Quintín o Nila, sti anciana mujer. Se mueven en el ámbito de la pasividad, convencidos de· que serán eternos marginados en cuaiquier situación política RlLCE 15.1 (l'>')')) 187-200
192 CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO -sobre todo si son negros, y hay que decir que el texto sugiere la presencia de un racismo social como residuo de esa no tan lejana esclavitud en las Antillas-. Por último y para cerrar esta desolada y antiheroica galería de personajes-tipo, podría citarse al anarquista Catalina Romero, quien no será sino una pobre e inoperante caricatura temblorosa ... Hablé de cerrar esta galería de personajes, pero ¿qué pasa con los norteamericanos? Ocupan los capitulas diez y doce del relato. Funcionan desde la doble óptica de la superioridad racial y la incomprensión hacia e! país que se ven obligados a invadir por haber sido invitados a ello ... El corone! es un hombre desencantado, que considera la guerra como asunto de políticos de salón, planteado desde Washington para pescar dólares y votos ... El monólogo sirve como cauce adecuado para expresar su malestar por saberse simple instrumento de intereses que le sobrepasan: y en todo caso. ¿qué les habría costado decidir Jo de Puerto Rico al mismo tiempo que lo de Cuba? Pero, no; tuvieron que esperar el Verano, el endemoniado verano tropical, para resolver que a los españoles había que echarlos también de la otra isla. Esta otra isla que ni siquiera sabían bien dónde quedaba, y por eso tuvieron que echar mano de los mapas cuando aquellos puertorriquefios hijos de ingleses o irlandeses mestizados (eso tenfan que ser el tal Henna y el tal Todd que le habían mencionado en los pasillos del Departamento de la Guerra) corrieron de Nueva York a Washington con el recordatorio de que España tenfa otra colonia en el Caribe. ¡Y todavía pretendieron que los incorporaran a la fuerza en representación de quién sabía qué comité de buscabullas revolucionarios! (l05-106). El corone! es un conquistador lúcido y amargado, un simple agente de los acontecimientos ... Por lo que se refiere a la óptica americana, el narrador se apoya siempre en la ironía desacralizadora que le permite acusar no s610 a los norteamericanos, sino también a tantos puertorriqueños que jugaron bazas no muy limpias; y no hay que ser muy perspicaz para descubrir agazapado detrás de ese narrador tan transparente a un José Luis González con opiniones muy radicales al respecto. Según él, los puertorriqueños han sido incapaces de detectar y oponerse a la manipulación lingüística que, desde sus raíces históricas, los tiene sojuzgados. El corone!--<¡ue en este caso es su portavoz-plantea muy claramente la cuestión según va avanzando hacia e! pueblecito que debe conquistar: ... porque era. la primera plaza en la que entraba como jefe de los conquistadores. No, no, conquistadores no, enmendó enseguida su pensamiento: libertadores era la palabra apropiada. He ahí, se dijo, en qué consistía el arte de la poiítica: saber expresar algo con una palabra que significa exactamente lo contrario de lo que se tiene en menee ... (140). En conclusión y dejando al margen los valores indudables de! texto que intenté subrayar en otro ",.amento', González ha querido poner de relieve e! entreguismo de los suyos glosando la -según élp • .cífica y vergonzosa ocupación americana a fines del XIX. Cabría añadir que La llegada debería leerse RILCE 15.1 (19')')) 187_200
CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO 193 junto a su correlato, el popular ensayo El pafs de cuatro pisos (1980), en el que se reafirma en sus tesis. Ese es un asunto muy interesante sin duda) pero que de nuevo escapa a estas páginas. Lo he tratado en parte en mi artículo sobre esta ('cr6nica con ficci6n" y a él les remito. Muchos 10 otros escritores -y evidentemente los que ya pertenecen a una generaci6n posterior, la del setenta, como Rodríguez Juliá o Rosario Ferrétocan este asunto en sus textos. Ferré lo hace en La ctlSa de la laguna ll , concretamente en su capítulo dos, en el que llega a la Isla el español Buenaventura, creador de la futura saga familiar de los Mendizábal. Y llega justo a tiempo de presenciar como turista asombrado la famosa parada de 4 de julio del 17. Ferré utiliza el sumario para poner en antecedentes al lector sobre la historia de Puerto Rico desde el siglo XVIII. Su destino estuvo siempre unido al cubano y por ello... "cuando España perdi6 a Cuba, dej6 ir también a Puerto Rico. ¿Será una isla tan pobre que no vale la pena luchar por ella? -se preguntaba Buenaventura. ¿O estaría España tan exhausta al final de la guerra hispanoameriqma que no le fue posible seguir luchando?-" (26). A través del mon610go interior indirecro y desde el asombro de la otredad, el narrador contrapone la 16gica del emigrante extremeño a los hechos que se están produciendo en la Isla, en ese momento isla de ciudadanos de ninguna parte, prisioneros de sus doscientos setenta kil6metros cuadrados y a los que la conce- si6n de la ciudadanía norteamericana llevaba a celebraciones como la mítica parada que contempla Buenaventura -reflejada con cierta distancia ir6nica en el texto-o Como fen6meno de masas, el espectáculo no tiene despen!icio y funciona con la falta de 16gica habitual en estos casos: Una muchedumbre enorme se encontraba reunida sobre la acera para ver la paráda. Una 5eñora que llevaba una gorra blanca y almidonada sobre la cabeza, con una cruz roja cosida encima. se le acercó y le ofreci6 un banderfn americano. -Agite el banderfn cuando pase el gobernador Yager en su Studebaker descapotable, y grite: God Biess America! -le dijo con entu~iasmo. J3~enaventura aceptó el banderín, quitándose el sombrero corcésmente (29). Lo hace así, no sin recapacitar sobre ... "la ingenuidad refrescante, una confianza en el futuro y en la bondad del pr6jimo, que le resultaban asombrosas" (30) ... acostumbrado como estaba al desengaño hispano. No obstante, al escribir esa misma noche al amigo extremeño, señalará con agudeza: ''Aquí hay que estar dando pruebas de lealtad ci.udadana a diestra y siniestra" ... (32). . Dejemos por el momento La casa de la laguna para retornar atrás. Y retornar a dos textos de un escritor de la misma generaci6n que Ferré. Me refiero a Edgardo Rodríguez Juliá que ha tocado el terna que nos ocupa, de manera más o menos extensa, al menos en dos oblas: PuertolTiqueños. Album de la Sagrada Familia Puertorriqueña a partir de 1898"; y El crllce de la bah/a de Guánica". En otro RllCE 15.1 (l<)')')) 187·200
194 CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO lugar tuve ocasión de enmarcar ese género "crónica)) en que destaca Juliá ... 14. No lo toco ahora. No obstante, desearía subrayar que la recreación que mediante sumario hiciera Rosario Ferré de la famosa parada de 4 de julio dell? corresponde a un tratamiento intertextual del capítulo cuarto de Puertorriqueños ... que se titula: "¡Llegaron los americanos!" (19-33). Quiero dedicar unas líneas a glosar un poco este asunto, estudiando el desarrollo de Juliá, mucho más amplio y teiíido por la ironía que caracteriza habitualmente sus textos. El capítulo se abre así: y mientras tanto, ¿qué pasó en Puerto Rico? ¿Cómo cambió el paisito en ese salto de la hacienda Maricao al esdlo californiano Miramar? Pues entre otras cosas, ¡llegaron los americanos!" (19). El diminutivo apunta a uno de los signos del escritor, la ternura con la que contrarresta su ácida ironía, utilizada para diseccionar a sus compatriotas. Aquí desde esa ironía -que se manifiesta en el distanciamiento lingüístico del narradorcontrapone las dos versiones del 98: el trauma/ la "oportunidad de modernizar y democratizar a Porto Rico bajo el protectorado de ese gigante del Norte, modelo de Progreso, Democracia, Sanidad y Orden" (19). En la ficción, el asunto se desencadena a partir del comentario de un supuesto álbum fotográfico de los antepasados y amigos. Ello permite realizar toda una indagación entre psicológica y sociológica de esos tristes trópicos (21) de los que hablaran tanto Levi-Strauss como Clara Lair ... Escritura voluntaria y obsesivamente intertextual, que se inserta en la tradición puertorriqueña de este siglo preocupada por encontrar una identidad a la Isla. El capítulo está estructurado a base de dualidades: el civismo yanquilla disposición gregaria del puertorriqueiío ... ; el atraso hispanolla sanidad yanqui: "había que sacar al país de la inmundicie en que nos dejaron los gallegos" (19- 20) -dirá el texto, contraponiendo ese patético estado a la obsesión por la higiene propia de los estadounidenses y amparada por la bandera de una cruz roja omnipresente en las emblemáticas fotografías (23)-. Narcisismo y presunción del nuevo orden, al que el viejo orden colonial se pliega como las palmas de coco, fascinado por ese mito del progreso al alcance de la mano ... El repaso de los personajes de la foro sirve al narrador para ejemplificar quiénes son los entreguistas entusiastas del momento: Polida montado, el poder público, señor de sombrero panamá. quizás el alcalde del pueblo, la -pequeña burguesía acomodaticia, entonces, sólo entonces el mularaje, la negrada y los anémicos jipatos de la ruralla que se inician en el civismo yanqui ... (24) . ... "la fotografía permanece como ruina de la personalidad y monumento del nuevo orden" (20). Un pueblo cuasibobalicón y deseoso de cambios, se entrega a un invasor, cuyo instrumento de docilización será las paradas ... eternas fiestas con que embriagar a su gente. Las crio//itas detrás de las banderitas RllCE 15.1 (1')')9) 187_200
CABALLERO. LA REPERCUSIÓN LITERARIA DEL 98 EN PUERTO RICO 195 -y el diminutivo además de la ternura, implica la valoración de la Isla y sus habitantes por parte del invasorsólo pueden oponer a los blondos alcoholizados el sudor tropical de un mundo que seduce y traga ... En la segunda parte del capítulo, ]uliá compara las fotos de los soldados, teniendo como referencia intertextual la Crónica de la Guerra Hispanoamericana, de Don Ángel Rivero: el manco negro, orgulloso de la gesta en que perdió el brazo por defender la patria; el español, de mirada melancólica, cuyo modo de agarrar el Máuser premonitoriamente sugiere una suave decadencia; y el yanqui, agresivamente equipado, pero ¡paradojas del destino!... "arropados con una lana insoportable en un clima que es mezcla de lluvia, calor y humedad" (29). Todo una sociología de mundos que mostrarán su incomprensión hasta hoy y que habría que estudiar más despacio. De cualquier forma, en esta recta final de siglo, las cosas no son como fueron. Tal vez sea lo que quiere advertir Rodríguez ]uliá con ese texto doble que es El cruce de la bahfa de Gudnica: conmemoración del trauma para unos, fiesta-concurso yanqui en el aniversario de la invasión que --como es bien sabidose realizó por este lugar geográfico. Losindependentistas protestan con su pequeña movida; yel "carnaval colonial boricua" (14), que arrastra ya sus 86 años, sigue impertérrito su destino. El narrador autobiográfico -:-trasunto del propio ]uliá que, como todos los años se ha desplazado allí para realizar la travesía ritual de la bahíase sitúa en esa ... "ardiente barriada de techumbres bajas" (11), con una foto del 98 por delante, para comentar con el destinatario lo absurdo y antiheroico del desembarco americano y la circunstancia puertorriqueña. Y lo hace desde la broma, desde la ironía, para desdramatizar lo que ha constituido un trauma en la historia del siglo veinte isleño: El Gloucesrer fue el primero en violar la entrada a la bah la·, Esperaba algún fuego. Los pro~ mantarios cercanos seguramente servidan para ocultar las baterías españolas. Pero sólo encontró un silel)cio onírico ( ... ) Desembarcaron los marinos, se desplegaron las tropas para cubrir la playa; ni un sólo proyec~or de máuser español perfor6la lancha de desembarco, que venía defendida por un cañón Cale automático de seis milímetros. En la casa oficial del cabo de Mar fue izada la primera bandera noneamericana. ¡Esto es el colino, hombre!. .. (12-13). El narrador situado en el ticmpo presente Se introduce en el texto para opinar, para tratar de comprender lo incomprensible ... Es lógico que durante años el puertorriqueño medio haya sentido la necesidad de borrar la mancha, de cambiar radicalmente el rumbo de la historia. Eso es lo que hizo Luis López Nieves con su Seva: historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico oCllrrida en Mayo de 1898", causando una revolución que llegó hasta \'l/ashington ... Y ello se debió a que fue considerado un texto científico y "real" que modificaba la historia del desembarco americano en la Isla durante el 98. Vale la pena analizarlo .un poco más detenidamente. R1LCE 1~.1 (1999) 11:17-200