Teatro escogido de Fray Gabriel Tellez, conocido con el nombre de El maestro Tirso de Molina; Tomo III
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TEATRO ESCOGIDO HE FRAY GABRIEL TELLEZ, CONOCIDO CON El. NOMKRP. DE EL MAESTRO TIRSO DE MOLINA. TOMO III. MADRID: EN LA IMPRENTA DE YENES, CALLE DE SEGOVIA, NUM. 6. 1859.
EL CELOSO PRUDENTE, COMEDIA. PERSONAS. EL REY DE BOHEMIA. SIGISMUNDO, principe. DON SANCHO, caballero. DISEÑA, dama. DIANA, dama. LEONORA, princesa. FISBERTO, viejo. ALBERTO, infante. La escena es en Praga, ENRIQUE, conde. GASCON, lacayo. CAROLA, criada. ORELIO, criado. LAURINO, criado. FULCIANO, criado. Acompañamiento. en una quinta inmediata. ACTO PRIMERO, Jardín de casa de Fisberta .— Es de noche. ESCENA I. diseña, diana. (Diseña tiene en la una mano un librillo de cera blanca encendido, y en la otr a un papel que Diana quiere quitarle.) DISEÑA. No has de verle.— Suéltale; que ya pecas de cansada.— Mira que le rasgaré. Tirso. Tomo III, '9
l3o EL CELOSO PRUDENTE. diana. ¿Tú has de encubrirme á mí nada? Bien lo que me amas se ve. ¡Tú á tal hora en el jardín sola, con luz y papel, sin que yo sepa á qué fin? ¿Merece saber mas de él que yo esta murta y jazmín? Si de testigos te enojas, que hablar puedan en tu mengua, cuando cuentes tus congojas, yo solo tengo una lengua, y infinitas estas hojas. Murmurar las siento aquí con cualquier aura liviana, y debe de ser de tí; porque siendo yo tu hermana, no te osas fiar de mí. Lisena, suelta el papel, ó dime lo que contiene, y á quien estimas en él. LISENA. Ni que lo sepas conviene, ni una letra has de ver de él. DIANA. ¿No soy tu hermana mayor? LISENA. ¿Qué importa aquí el parentesco donde el secreto es mejor ? diana. Pues que verle no merezco, venta será del honor; que por ser de iní estimado en el estreino que entiendes, ú encubrirle te ha obligado. LISENA. Bien sé, hermana, que pretendes que te diga mi cuidado; y por eso hablas ansí, aunque en diverso conecto estoy acerca de tí y pues te guardo el respeto
ACTO I, ESCENA I. * 3 i que tú me pierdes á mí, ni de esa suerte me trates, ni por fuerza saber quiei*as lo que es. DIANA. Cuando te recates de que sepa tus quimeras, y encubras tus disparates, como en cosas del honor no toquen, no soy curiosa; mas soy tu hermana mayor: esta es hora sospechosa, el papel encubridor de algún liviano suceso; la luz señal que procuras publicar tu poco seso; (que el yerro que se hace á escuras alivia á la afrenta el peso) el sitio no conveniente para quien profesa honor , y el riesgo que corre siente ; cabiloso tu temor, ó al menos impertinente, pues has dado en recelarte de mí con tan necio estremo.— Soy tu sangre, tengo parte en tu mal , ó bien, y temo no haya venido á engañarte quien á tal hora provoca tus deseos inconstantes; que una travesura loca es mal de participantes, que á todo un linage toca. diseña. En mejor í’cputacion este mi fama contigo. No sé yo por que razón me das antes el castigo, que mi culpa la ocasión. Mas pensamientos, si en ellos se han íundado los enojos con que intentas ofendellos,
138 EL CELOSO PRUDENTE. que no soy como el que cobra sin intención de pagar. Solo os quiero asegurar que en honesto amor me fundo , y que desmintiendo al mundo , contra el gusto y el poder , sabe amar sin ofender á su esposan Sigismundo. A tan segura firmeza , tan nunca visto valor, tan no esperada grandeza, ¿ qué mucho triunfe tu amor de la mudanza y pobreza? Solo Sigismundo es quien nombre puede adquirir de amante firme y cortés, que el hacer junta al decir , y da afrenta al interés. Ya por él perfeto queda el amor, á quien obliga á que estimarse en mas pueda; que estaba lleno de liga , como la baja moneda , y en el fuego del valor con que su fama acredito , sabe apartar del amor la mezcla del apetito , para acendrallc mejor. A amar tu pobreza vino, quilatando su decoro ; que amor desnudo y divino, cuanto es^i mas limpio de oro, tanto es mas perfeto y fino. Injuria, hermana, me has hecho el tiempo que no me has dado cuenta de tu honra y provecho. LISENA. Aunque amor comunicado dicen que dilata el pecho, temo la envidia , Diana , que le pudiera causar.
ACTO I, ESCENA L DIANA. No es mi inclinación villana. LISENA. No, mas es propio envidiar una hermana á la otra hermana. DIANA. ¿Pues puédeme estar mal, di, que en Bohemia el reino goces? LISENA. Ya lo ves. diana. Pues que de mí lo que te quiero conoces, deposita desde aquí secretos dentro la esfera de mi pecho , que constante, verte ya reinar quisiera. LISENA. Mal sabrás, no siendo amante, saber servir de tercera. DIANA. Todo el ingenio lo alcanza. Mas dime: ¿qué tanto há que entre el temor y esperanza, el príncipe por tí está dando guerra á la mudanza ? LISENA. Que me quiere bien, ha un año me jura , y que yo lo sé, un mes. DIANA. ¡Sufrimiento estraño! ¿Y quién el Mercurio fue de este provechoso engaño ? LISENA, Harto humilde, te prometo. Gascón , lacayo de casa , A falta de. otro sugeto, es arcabuz por quien pasa nuestro amoroso secreto. El príncipe le ha pegado parte de su discreción ,3 9
14 o EL CELOSO PRUDEN TE, y «le él el alma ha fiado. DIANA. Tiene buen humor Gascón. diseña. Bien conmigo lo ha mostrado; pues entre hurlas y veras, introducir ha sabido en mi pecho estas quimeras. DIANA. De ordinario, hermana , han sido las gracias lindas terceras. No desecha ripio amor , que es Dios muy aprovechado, pues al humilde favor de un hombre bajo ha obligado de Sigismundo el valor. DISEÑA. Y tanto, que él solo tiene de su secreto la llave. Con él solo á verme viene de noche; que otro no sabe la pena que le entretiene. De manera, que es de dia de nuestro padre criado , de los de menor cuantía; pero de noche privado del que menosprecia á Hungría. DIANA. ' Milagros del amor son, que coronas atropella. ¿Y entra oti'o mas que Gascón en la danza ? DISEÑA. Una doncella, á quien han dado ocasión mis desvelos de acecharme , sabe algo de esto también. DIANA. No haces, pues , mucho en fiarme tu pecho, si otros le ven. DISEÑA. No ha bastado el recatarme.
♦ ACTO I, ESCENA I. DIANA. ¿Fue Carola la curiosa? DISEÑA. Sí, hermana; mas solo sabe que de mi pena amorosa es el dueño un hombrg grave, que me sirve para esposa; sin que del príncipe tenga ni sospecha ni noticia , ni conmigo al jardín venga. diana. Importa que á la malicia amor discreto prevénga. Princesa has de ser, cu fin. ¿Y por dónde te entra á hablar? diseña. Llave tiene del jardín. diana. Seguro puede llegar, si eres tú su serafín; y mi padre, estando ausente, no estorbará tu ventura , que el cielo, hermana, acreciente. . DISEÑA. Mira ¡qué alegre murmura este jardín , esta fuente! Pues entre dientes me avisa que el príncipe viene ya. ¿No ves aumentar su risa? ¿No ves el olor que da el suelo en que llores pisa? Pues todas señales son de que Sigismundo ha entrado. diana. ¡ Sabrosa exageración !
42 Eli CELOSO PRUDEJ&’E. ESCENA II. Sigismundo y gascon, como de noche. —DISEÑA. DIANA. SIGISMUNDO. (Hablando con Gascón en el fondo.) La noche se ha desojado en ver mis dichas, Gascon. Ojos son esas estrellas, con que hecha un argos , pretende ver mi amor por todas ellas. GASCON. Pues luminarias enciende, tus bodas anuncia en ellas. SIGISMUNDO. Agrade'cele el favor con que á ayudarme ha venido vestida de resplandor. Dila algo. GASCON. En mi vida he sido . culto versificador; mas pues tú lo mandas, vaya. Zarca antípoda de Febo, que hecho este jardín Pancaya, para alumbrarle de nuevo, bordas de estrellas tu saya; tú que al amante prometes favores como al ladrón , y acompañando corchetes, como si fueras jubón, estrellas traes por ojetes; tú que sustentas con ellas ya el favor y ya el desden, * y mientras brillas centellas , haciendo el cielo sartén , sus yemas rubias estrellas; bien pudiera, pues que vuelas con tan estrellado bulto,
i43 ACTO I, ESCENA II. decirte (y aun lo i'ecelas)» con cierto poeta culto que estás llena de viruelas, ó que como eres curiosa, entre el resplandor hechizo nos muestras la cara hermosa con tanto lunar postizo , que ya pecas de pecosa. Pero solo digo, en fin , que mas bella que otras noches , vienes hoy á este jardin, llena de dorados broches desde el copete al chapín , y que de los cielos bellos donde es bien que te rotules, pudieras, á sufrirlo ellos, por lo que tienen de azules, cortar cambray para cuellos. SIGISMUNDO. Anda, necio. GASCON. Al uso es esto. diseña. ¡Ay Diana! vesle allí. DIANA. Despejarte quiero el puesto hasta que sepa de tí que soy de amor tan honesto medianera. diseña. La luz mato. (La apaga.) DIANA. Haces bien: aquí te espero; que siempre es cuerdo el recato. DISEÑA. ¿Y el papel? DIANA. Guardarle quiero, envuelto en él el retrato. (Échase Diana en la manga el retrato y el papel , y apártase á un lado.)
44 EL CELOSO PRUDENTE. USE NA. ¡ Príncipe ¡ SIGISMUNDO. Lisena mia, ya es medio dia, ya en verte se ausentó la noche liria. GASCON. Veremos de aquesa suerte estrellas al medio dia. SIGISMUNDO. Recelos húngaros son los que el deseo apresuran, pues para satisfacción del amor que en tí aseguran, te entregan su posesión. Dicen que viene la infanta á injuriar merecimientos, mi bien, de hermosura tanta; y para que impedimentos, con que amor niño se espanta, mi dicha no hagan dudosa, mi esperanza determina, Lisena del alma , hermosa, que esta noche sea madrina , y tú mi adorada esposa. LISENA. El crédito has restaurado, príncipe, que en los señores, por no pagar se ha quebrado; pues siendo todos deudores, tú pagas adelantado. No estados podré ofrecerte cual la infanta, Sigismundo, aunque mi amor es de suerte, que tiene cual mar profundo, infinitos en quererte. Rey serás desde este dia de un alma humilde que adora tu amorosa cortesía, puesto que envidio en Leonora, no el amarte, sino á Hungría. Mas ya que en estados reales
i45 ACTO I, ESCENA II. mas ilustre la haga Dios, consolaránse mis males en que, á lo menos, las dos somos en almas iguales. Y en esto mi dicha Tundo, mas que ella en su real hlason , pues siendo de Sigismundo, estimo en mas tu elección, que las coronas del mundo. SIGISMUNDO. Paguen esa Té, Lisena , mis brazos, de amor tusón. Noche alegre , quinta amena, si porque mis bodas son sin testigos, os dan pena, padrino el silencio sea; estos cuadros, reales salas, que himeneo alegre vea; las flores, telas y galas , que teja y vista Amaltea; mis deseos, convidados; músicos, aquestas fuentes y arroyos de amor templados, que den tono á sus corrientes, y hagan fugas por los prados; vos, jazmin, murta, arrayan, aromas que al aura pura fragancia en sus flores dan..., GASCON. Y yo vendré á ser el cura , ó al menos el sacristán.— Deja el arroyo templado, el arrayan, murta y flor, viento, fuente, jardín , prado, (que has de darle cuenta á amol¬ de este tiempo mal gastado) y empieza tus aventuras; que si amor anda con venda en fábulas y pinturas , es porque siempre encomienda al amante que obre á escuras. Estas violetas que ves, Tirso. Tomo III. 10
46 EL CELOSO PRUDENTE. su tálamo os pueden dar, si agora alfombra á tus pies. Solos os quiero dejar; que al tronco de aquel ciprés me espera un sueño liviano, y darle dos filos quiero. Tahúr es amor tirano, y este jardín tablajero; jugad los dos mano á mano, y tiraos como enemigos los restos; que yo os prometo que estáis picados, amigos. (Apártase.) SIGISMUNDO. . Al amor llamó un discreto, escritura sin testigos. No hace su honesta lucha de anfiteatros caso donde mira gente mucha. Dadme pues.... LISENA. Príncipe, paso; que hay aquí quien os escucha. No solo, os imaginéis ; que mi ventura ha traído un testigo que estiméis, y á sello agora ha venido de la merced que. me hacéis. -,¡ Diana fue salteadora de los secretos de amor, •. y aunque sus leyes ignora , ensalza vuestro Valor, y vuestra grandeza adora. , Dalda liceucia que os hable. SIGISMUNDO. Gracias le debe este gusto, por ella comunicable. lisena. A mi amor honesto y justo, el cielo se muestra afable, pues todos , le favorecen.— Hermana , el príncipe os llama. (Llega Diana.)
ACTO I, ESCENA II. DIANA. Tantas mercedes me ofrecen con que ensalce vuestra lama las glorias que os engrandecen, gran señor, que puesta en duda, para no haceros agravio, cuando á alabaros acuda , podré decir con un sabio , que la copia me hizo muda. Que como la admiración es del silencio señal, me ha causado concusión el ver que un sugeto real, digno de veneración , cual vuestra alteza, se agrada de ensalzar nuestra bajeza; aunque no ignoro espantada ser propio de la grandeza el dar ser á lo que es nada. SIGISMUNDO. Vos lo habéis dicho tan hicn , que á pesar de la opinión que culpa vuestro desden, la hermosura y discreción hermanarse en vos se ven. Estimad vuestra ventura; que porque os llevéis la palma, quiere que rindáis segura con la discreción el alma, los ojos con la hermosura. Y no reinos, ni riqueza creáis que son el tesoro, Diana, de mas grandeza: los diamantes, plata y oro, se crian en la aspereza de una infrutífera sierra; las perlas que el mundo estima, una concha las encierra; la púrpura que sublima la vanidad de la tierra , es sangre de un vil pescado; las piedras que el sol congela, *47
54 EL CELOSO PRUDENTE. FISBERTO. Y con ella abriósospecha á mi agravio cierta quién en él de noche entró. Alumbra. ¿Quién está aquí? LlSENA. ¡Oh señor! seas bien venido. FISBERTO. Vine, y vi; mas no vencí, pues miro el honor perdido que industrioso conseguí. ¿Qué hacéis las dos á tal hora y en tal sitio? DISEÑA. Es el calor del sueño enemigo agora, y huyendo de su rigor, pedimos alivio á Flora. FISBERTO. ¿Y abrístele, para cchallc , la puerta? diana. Lugar seguro es el jardín, sin cerralle , pues sale el postigo al muro, y no á la plaza y la calle. Deja agora, señor, eso, y diuos si traes salud. FISBERTO. Que lo imaginé confieso; mas la falta de virtud quitan la salud y el seso. La que yo tenia era cierta; pero tan mal me ha tratado quien darme muerte concierta , que el honor me ha registrado el cierzo de aquella puerta. ¿Qué hombre fue el que salió por ella agora ? DIANA. ¿Qué dices?
ACTO I, ESCENA IV. l55 lisena. ¿Hombre aquí? FISBERTO. Diréis que no; pero lo que tú desdices, colijo en la cara yo. DIANA. Si no volviera por mí, la opinión que de intratable en el mundo conseguí, temiera algún mal notable de ver que me hables ansí. ¿ Sabes que Bohemia sabe en lo que mi honor’se precia, sin que de humanarse acabe, y que en opinión de necia estoy por honesta y grave? Pues ¿qué sospechoso humor quitarme intenta este nombre , sin estima de mi honor ? La sombra no mas de un hombre suele causarme temor. Mi hermana, ya es cosa cierta lo que su fama procura. INo culpes jardín ni puerta. FISBERTO. Sin puerta aun no está segura la honra en mu'gcr y huerta, cuanto y mas haciendo prueba, abriéndola, del rigor con que un viento se la lleva; que á Adan le quitó el honor estando en un jardin Eva. Estáis en jardin, y crece el déseo, y cuando vaya al natural que apetece, podréis decir que bien haya quien á los suyos parece. Carola, di la verdad. ¿Quién era el que estaba aquí? CAROLA. Yo, señor....
56 EL CELOSO PRUDENTE. FÍSIiERTO. (Sara la daga.) De mi crueldad entenderás.... CAROT.A. i Ay de mí! Uno de la vecindad buscaba (aquesto es sin duda) de parte de la comadre.... Deja la daga desnuda....- Para cierto mal de madre, unos cogollos de ruda. FISBERTO. Vive el cielo, que ha de ser hoy sepulcro este jardin, vuestro , ó tengo de saber qué hombre, ó para que' fia arabais de hablar y ver. DIANA. Ya no se puede esperar tanta afrenta y vituperio. ¿Eso se ha de imaginar de mí ? Iréine á un monasterio, y podráste asegurar. FISBERTO. ¡Ah muger, al fin ligera ! DIANA. Por no serte inobediente , me voy. FISBERTO. (liare que se va , y tienda Fisberlo de la manga donde escondió el papel.) ¿ Dirás que es quimera lo que yo he visto? Detente. ¿ Qué papel es este ? Espera. (Sácale el papel y el retrato.) DIANA. ¿Es nuevo traer papeles en la manga una muger? FISBERTO. ¿Cuándo tú traerlos sueles? j Bueno ! ¿Estudios vengo á ver
ACTO I, ESCENA IV. 5 7 de plumas y de pinceles? {Lee.) Regalado está el papel, y el príncipe en. su retrato se muestra amoroso y fiel. ¿ Eres tú la del recato, la desdeñosa y cruel? ¡Creyendo á un príncipe estás, que mañana ha de casarse! ¡ Bien tu sangre honrando vas! ¿ Papeles que han de rasgarse cobras, cuando tu honra das? ¿ Es mas aquesta pintura de un papel en que trabaja el engaño, pues procura la deshonra en su baraja darte un rey solo en figura ? Dá crédito á firmas fieles, lunda en ella tus cuidados, sabrás , cuando mas receles, que á mugeres y soldados paga un príncipe en papeles. ¿ Eres tú la recatada ? diseña, aparte. Ya lloro de mi secreto, la dicha desbaratada. DIANA. {Aparte á Lisena.) Por sacarte de este aprieto, tengo de ser la culpada. FISBEKTO. ¿Y tú, Lisena, á terciar en mi afrenta te ensenaste? ¡ Bien te sabes estimar ! DISEÑA. Al punto que aquí llegaste, acababa yo de entrar , y el hombre que salir viste, de mí debió de irse huyendo, al tiempo que tu veniste; mas de aquí saco y entiendo que en un engaño consiste
i58 EL CELOSO’ PRUDENTE, cualquier vana hipocresía. Ya sabemos á que 'fin se echaba á dormir de di a : por velar en el jardín cada noche. diana. ¡ Hermana mia...! LISERA. Creyó subir á lo sumo «le la real autoridad , y de aquí á lo que presumo, crecen de su vanidad los humos, que al fin son humo. Di, necia, ¿locura tanta te hizo desvanecer. por un papel, que te encanta ? Por cierto ¡ hermosa muger para hacer ptírita á una infanta í Si mi padre ha tle tomar venganza, y me cree á mí, á tí te habiá dg quemar, y al í'etrato, porque así reinéis los dos á la par. Será un hecho sin segundo, si en pago de tu corona, os viese quemar el mundo, á tí por loca en persona , y en retraté* á Sigismundo. ¡En gentil reina habia puesto Bohemia su monarquía! Castígala, señor, presto. (A ella aparte.) Perdóname, hermana mia , que me va la vida en esto. (Vanse Lisena y Carola.)
ACTO I, ESCENA Vf. 59 Escena v. diana, fisberto. oreuo. * FISBERTO. Quien loca imposibles prueba, y á subir se desvanece á donde el viento la lleva, cuando caiga, bien merece que cualquiera se la atreva. De esc retrato te asombra, si á cobrar tu seso vienes, pues si su esposa te nombra , y en spmbra al príncipe tienes, princesa serás en sombra. Y mientras yo voy á hablar al rey y á poner cordura á quien te viene á burlar, descarta aquesa figura, y tu honor podrás ganar. (Fanse Fisberto y Orelio .) ESCENA VI. DIANA. ¡Gentil fraterna me han dado! Basta, que llevo la pena de lo que nunca be pecado; mas como reine Liscna , yo lo doy por bien empleado. Con éste enredo codicio darle á amor su posesión: pues de tercera es mi ofició, serc amante en opinión , pues no puedo en ejercicio. {Fase.)
EL CELOSO PRUDENTE. Salón de palacio. ESCENA Vlt EL REY. ALBERTO. ALBERTO. Una jornada , gran señor, de Praga queda Leonora, infanta, donde espera el pálio real, que en parte satisfaga la ausencia de su patria, en ella fiera. Si amor servicios de este modo paga, y el principe la dicha considera que los cielos le ofrecen con Leonora, no á la infanta de Hungría, al sol adora. Disimula prudente la tristeza que á pesar de su industria, por los ojos no agravia, antes aumenta su belleza; que suelen ser afeite los enojos: causarálos mudar naturaleza, si ya no es que acierten los antojos de quien afirma mas que fuera justo que se casa la infanta á su disgusto. Tibio también á Sigismundo advierto en estas bodas: poco se disfraza. Al camino creimos que encubierto saliera á ver la infanta, y que la caza su amor coloreara; mas lo cierto es que en otros empleos se embaraza voluntad que á tal tiempo es tan remisa, si amor á los principios todo es prisa. REY. Pues bien; ¿qué me quci'rás decir por eso ALBERTO. j Ay rey ! ¡ ay padre ! si el principio mío tu sangre fue, y es cierto que intereso de ella el amor, por quien vivir confio;
ACTO I, ESCENA VIL si aquesta mano que obediente beso, por afrentar larguezas de Darío, con que al monarca Macedón eseedes , se llama mano por manar mercedes; ansí al bohemio reino jamás falte tu vista venerable; ansí preserve el tiempo tu vejez, sin que le asalte decrépito rigor que en tí reserve; ansí la eternidad su trono esmalte en esa plata, donde se conserve una vida inmortal, sin (jue venganza des jamás al olvido, y la mudanza ; que el reino del amor no tiranices, ni voluntades con violencia enlaces; que no la fuerza doma las cervices del tálamo himeneo que deshaces: cuando campos de plata esterilices, que entre los lazos de amorosas paces, hijos producen con que eterno queda, no habrá quien en los reinos te suceda. Yo, padre caro, que á Leonora adoro, y en sus ojos recíprocos colijo correspondiente gusto, en lazos de oro de sus cabellos mi prisión elijo. Sigismundo no la ama; si el decoro de mi vida te mueve, el ser tu hijo, y no me quieres presto llorar muerto, agrada á Sigismundo, obliga á Alberto. Acción tengo á Sajonia : en su conquista feliz , asiste el español don Sancho; ya dicen que ha rendido á escala vista las poblaciones de su termino ancho; y como tu rigor no lo resista, si con Hungría su ducado ensancho, la fama vencerás de tus mayores, y dejarás dos reyes sucesores. REY. No merece respuesta quien no estima palabras reales que respeta el mundo: tu necio amor sus ímpetus reprima, sin culpar el que tiene Sigismundo; que ni Leonora el suyo desestima, Tinso. Tomo III. 1
16 a EL CELOSO PRUDENTE, ni túj que en nacimiento eres segundo, cuando en Sajonia por su duque quedes, es justo que como él, u n reino heredes. Alberto. Pues, vive el cielo.... REY. Loco , ¿qué es aquesto? ALBERTO. Que si á otro que á mí su esposo llama.... REY. ¡ Tú conmigo atrevido y descompuesto! ¡Hola! ¿No hay gente aquí? ALBERTO. Que en viva llama á Roma ha de imitar tu corte presto, y yo á Nerón, que á la tarpeya lama pondré en olvido. ( Vase .) REY. ¿No hay quien lleve preso este desatinado, este sin seso? ESCENA VIII. FISBERTO.— EL REY. FISBERTO. Vuestra magostad se sirva de oirme aparte un secreto, y esta prisa no le espante, porque la pide el remedio. REY. Si no es de tanta importancia, después me hablareis, Fisberto. FISBERTO. Vaos en ello, gran señor, el gusto, y la paz del reino. REY. ¡La paz del í'eino y mi gusto! ¿Qué será? ¡Válgame, el cielo! Llegaos aquí, y escusad
iG3 ACTO I, ESCENA VIII. preámbulos y rodeos. FISBERTO. La noticia que de mí os dieron mozo mis hechos, gran señor, aunque olvidada, no del todo se habrá muerto. De ella habréis ya colegido la lealtad con que os sirvieron mis nobles progenitoi'cs, imitándolos yo en esto. Testigo el pobre caudal con que su opinión sustento; que privar y salir pobre, limpio nombre da, aunque nuevo. Ilánme quedado dos bijas, con cuya vista consuelo servicios no bien pagados, sino es en merecimientos. RET. Querréis, Fisberto, pedirme sus dotes: yo os los concedo. ¿Es este el caso importante? FISBERTO. No dotes, señor, pretendo; que los de naturaleza tienen, y los que las dieron sus nobles antepasados, que son los que estimo y precio. Bástales ser hijas mías; que si nobles casamientos mi vejez apeteciera, no viniera á lo que vengo,, ni algún príncipe faltara , que llamándose mi yerno, ensalzara prendas rnias hasta su trono supremo.— Diana, que es la mayor, y en los altos pensamientos mi natural semejanza, tan sublimes los ha puesto, que el príncipe Sigismundo es, gran señor, por lo menos,
170 EL CELOSO PRUDENTE, pues mi pequenez levantas, y (las á mi dicha ser. Bien couo.zco cuánto agravio hace á mi hclla consorte el cielo, y que en esta corte esposo mas mozo y sabio correspondiera á su edad; (que amor que las almas mide, como en las costumbres, pide en años conformidad) y en tálamo juvenil gozaran justos amores; que no vienen bien las llores del amor, sino en su abril. Yo que del estío paso, y ya al otoño me allego, aunque al amoroso luego de esta belleza me abraso, por mas que la adoro tierno, temo, aunque el alma la doy, ver que en el otoño estoy, y á las puertas de mi invierno. Mas pues vuestra magostad por cuenta suya ha lomado el darme esposa y estado, y ella, aunque en tan tierna edad por esos estorbos pasa, tengo por cierto, y es justo, que reducirá su gusto al gusto de quien nos casa. FISKERTO. Diana, conde, es discreta, y conmigo ha consultado cuán bien dice con su estado vuestra edad sábia y disci'eta. Yo responderé por ella á vuestra cscusada duda; que en tal acción, el ser muda bace á la novia mas bella. En la juventud ha hecho el amor prueba infalible de que es mas apetecible;
7 1 ACTO II, ESCENA I. I mas no de tanto provecho como la viril edad , medio entre esti'cmos viciosos; pues si campos viste hermosos la joven amenidad del verano, y da en tributo las llores, que un aire seca, el otoño cuerdo trueca sus llores en fértil fruto, que á Ceres y á Baco alegre, sin que la vejez le espante; porque á un otoño abundante, se sigue un invierno alegre. Y así en el simil que loco , Diana, que es de este acuerdo, os ama por moral cuerdo, mas que por almendro loco. DIANA. Habló mi padre por mí, como mi padre en eleto. En su gusto comprometo todo el del alma que os di, rindiendo al rey mi señor las gracias de haberme honrado; que de tal mano , tal dado, tal premio, de tal valor. REY. , Pues aun no os be dado á vos ninguna cosa, condesa. DIANA. Lo que mi esposo interesa, es, gran señor, de los dos. REY. No: razón es que por él las arras pague; y ansí os llamareis desde aquí duquesa de Florabél. {Llegan á besar la mano al rey, don Sancho , Liana , FisbertO y Lisenai) FISBERTO. Dénos vuestra magcslad los pies.
EL CELOSO PRUDENTE- I 7 2 rey. Lisena, ¿también llegáis vos ? Pero hacéis bien. ¿Mercedes queréis? Alzad; que de Mons la baronía para dolé vuestro os doy. LISENA. A Alejandro cscedes hoy. SIGISMUNDO. (Aparte á Lisena.) jAy prenda del alma mia! ¡Gon qué venturoso engaño de mi padre se rie amor! Estorbos pone el temor en mi provecho y su daño. ¡ Casando á Diana, entiende que lo he de estar con Leonora! Que eres tú mi esposa ignora, y creyendo que me ofende , no sabe que me asegura cuando baronías te dé, y que yo el varón seré que he de gozar tu hermosura. REY. ¿Cómo, príncipe, no dais á don Sancho el parabién, si de su aumento y su bien , como es razón , os holgáis? SIGISMUNDO. (¿iparte. Fingirme sentido quiero de que Diana se case, para que adelante pase el engaño de que espero conseguir mi alegre intento.) Vuestra magostad le ha dado por todqs.... aunque escusado lucra aqueste casamiento. REY. ¿Por qué ocasión? SIGISMUNDO. Yo la sé, y aunque por no alborotalle
ACTO II, ESCENA I. 7 3 en esta ocasión, la calle, algún dia la diré. DON SANCHO. No quiera Dios, gran señor, que si esto no corresponde á vuestro gusto.... SIGISMUNDO. Andad, conde. DON SANCHO. ¿Que causa á tal disfavor lie dado yo ? SIGISMUNDO. Bueno fuera darme cuenta á mí, si es ley que á vuestro príncipe.... DON SANCHO. El rey nuestro señor.... SIGISMUNDO. Bien pudiera el rey mi padre.... REY. ¿Qué es esto? SIGISMUNDO. Sentimientos justos son. gascón, aparte. ¡Oh príncipe socarrón! ¡ Miren qué mustio se ha puesto! REY. ¿No basta ser gusto mió? SIGISMUNDO. Basta y sobra; pero.... REY. Andad, y A su casa acompañad los novios, infante.—El brio, príncipe, que os descompone, ya yo sé de dónde nace. Quien tau mala elección hace, y á riesgo palabras pone de su padre y rey, merece....
i 7 4 el celoso prudente. SIGISMUNDO. ¿Puédesmc «lar mas castigo que el que ahora usas conmigo? REY. Paso. SIGISMUNDO. Si intentas.... REY. ¡ Parece que los daños que prevengo , te dan causa de atreverte! Pues si eres príncipe, advierte que otros hijos sin tí tengo que me sucedan después, y que sabré á alguna alteza, corlándole la cabeza, humillarla hasta mis pies. ( Vasc .) ESCENA II. SIGISMUNDO. ALBERTO. DON SANCHO. DIANA. DISEÑA. EISBERTO. GASCON. SIGISMUNDO. Eres padre ; no há lugar á que contra tí me ofenda. {Al irse Sigismundo , pasa por junio á Liscna , y dícela.) ¡Ay mi bien! DISEÑA. {Aparte á Sigismundo.) ¡ Ay cara prenda! SIGISMUNDO. {Aparte á Lísena.) Todo esto es disimular. DON SANCHO, aparte. No entiendo aquestas caimas. ALBERTO. Vamos, condes. DIANA. {Aparte á Liscna.) ¡Que discreto
ACTO II, ESCENA III. I guarda el príncipe el secreto, Lisena, que en él estimas! USEN A. (Jparte á Diana.) Prudentemente ha fingido lo que que me case siente. fisiíekto , aparte. Estorbé este inconveniente, dando á Diana marido. Ahora que tiene dueño, él mirará por su honor. non sancho , aparte. ¡ Ay inconstante favor, cera al sol , tesoro en sucíío! ¿ Privar hoy y temer ya ? GASCON, aparte. ¡Gentil enredo va urdido! don SANCHO, aparte. ¡De mí el príncipe ofendido! ¡Válgame Dios! ¿qué será? (Vanse.) ESCENA III. ENRIQUE. Dos meses há que importuno, y ausente amor se ha cansado, porque ausente y olvidado ya yo sé que todo es uno. Principios tuve dichosos, que habrá deshecho la ausencia, pues siendo correspondencia los deseos amorosos que la firmeza celebra , ¿ quién los fiará de muger, si en la ausencia, es mercader que en faltando el caudal , quiebra ? Bien llamarte fuego intenta, amor, quien tus llamas siente, porque el fuego al que está ausente,
I - G EL CELOSO P1VU DENTE, ni le abrasa ni calienta. Y al cabo (le tantos (lias que Lisena no me vio, ¿quien duda que no dejó mi amor, ni aun cenizas frías? Mandóme que fuese el rey á ver al emperador ; partí por su ,embajador; su gusto tuve por ley. Y habiendo en principios sido venturoso pretendiente de su amor, estando ausente , ya lodo se habrá perdido; pues consistiendo en ventura el amar y el pleitear, ¿qué suerte puede esperar el que pierde coyuntura? Si otra vez mi dicha pruebo, bien sé que mi amor dirá: "pretendiente que se va, que vuelva á empezar de nuevo.” Haceldo ansí, pensamientos; que cuando halláis derribada la fábrica comenzada, en pie os quedan los cimientos. ESCENA IV. GASCON.— ENRIQUE. GASCON. (Sin ver ó Enrique.) ¡Brava máquina levanta sobre un engaito el amor! Peón soy de esta labor: cantera traigo que espanta. Al príncipe vengo á dar un recado de Lisena , que es la cal de aquesta arena, con quien se intenta mezclar;
1 7 7 ACTO II , ESCENA IV. y temo, aunque ando á destajo, si el rey sabe este edificio, que la obra ha de hacer vicio , y ha de cogerme debajo. ENRIQUE. ( Aparte . Este pienso que es criado del padre de quien adoro. Lo que sospecho y ignoro sabré de él.) Hola, hombre honrado. GASCON. Hombre sí; que esotro no. ENRIQUE. ¿No sois honrado? GASCON. Con ola no; que la honra viene sola ; y como ola me llamó, no puedo ser hombre honrado; que las honras , como es cierto, se suelen hacer á un muerto, pero nunca á un oleado. ENRIQUE. ¡ Buen humor gastáis! GASCON. Por casto los malos sudé primero, y á falta de otro dinero, humor es solo el que gasto. ENRIQUE. ¿No servís vos á Fisberta? GASCON. Inmediatamente, no: sirvo á sus caballos yo, porque los pulo y concierto. ENRIQUE. ¿Sois lacayo suyo, en fin ? GASCON. En fin , no lo quiera el cielo. Ser despensero es consuelo, que esotra plaza es ruin: hasta que hasta aquí me vea dando á sus caballos ripio, Tirso. Tomo III. VI
EL CELOSO PRUDENTE, y ser lacayo al principio, siu que al fin también lo sea. ENRIQUE. A estar en mi casa vos, yo os cumpliera ese tleseo, porque en vuestro trato veo donosas cosas, por Dios. No debeis de conocerme. GASCON. Si os saco por el olor, me vais oliendo á señor, y si es que habéis menesterme entre discreto y bellaco, os serviré de podenco para todo lo mostrenco; que por el olor lo saco. Porque nunca los señores, sino en las comedias, hablan con lacayos, si no entablan por sus medios sus amores. ENRIQUE. Vos habéis dado en lo cierto. GASCON. ¡Miren si lo dije yo ! Si es Diana la que os dio en las mataduras, muerto, ó matado estáis en vano, porque todo su desden paró en casarse, aunque bien, con uno, que ni es verano ni invierno. ENRIQUE. ¿Casada está? GASCON. Como venís de camino, en todo sois peregrino. La mano á don Sancho da de Urrea, y es ya duquesa de Florabcl y Alba Real. ENRIQUE. Es don Sancho muy leal, y la sangre aragonesa
79 ACTO II, ESCENA IV. I que ser le did, conocida, y de reyes descendiente. GASCON. Si fuérades maldiciente, hiciérades de su vida otro Flos Sanctorum. ENRIQUE. Soy de don Sancho muy amigo, y de sus hechos testigo. GASCON. Las gracias por el os doy, y colijo que no estáis de Diana enamorado, pues celos no os lian picado, y á su marido alabais. ENRIQUE. Acertáis como discreto. GASCON. Según eso, de Lisena debéis de ser alma en pena; y que lo erráis os prometo. Que aunque el gusto os alborota por las galas con que viene, dicen que mas faltas tiene que seis juegos de pelota. Yo como ladrón de casa, y que hablo con las doncellas, tal vez, que asisten con ellas, sé lo que en aquesto pasa. Si adoráis madejas rizas de sus espurios cabellos, agenos son los mas de ellos; trae pantorrillas postizas; tiene muchos cscremcntos, muchos hoyos de viruelas, háse sacado tres muelas de achaque de corrimientos. Tiene jiba, bien que es poca , calza diez puntos de pie, y lo peor que de ella sé, es que la olisca la boca.
86 EL CELOSO PRUDENTE» en mi corte? at.berto. De industria lo dilata; que su hermano, señor, la trae con pena. Uladislao, á quien la suerte ingrata en lo último tiene de la vida, antes que el tiempo el oro trueque en plata, es la ocasión que de su boda impida las fiestas que la aprestas , por agora, porque quiere que en todo sea cumplida. Si muere Uladislao, y triste llora su joven falta, cuando el reino hereda, ¿ cómo podrá gozar fiestas Leonora ? REY. Es la infanta muy cuerda: tiempo queda en que heredando el reino, que ya es cierto, con sus bodas mi corle alegrar pueda. Iréla á visitar mañana , Alberto, por ver lo que á Liscna se parece. ALBERTO. Y está puesto en razón. REY. Saldré encubierto. ALBERTO. (Mirando adentro.) El príncipe es aqueste. RET. Pues se ofrece á tan buena ocasión, hablalle á solas pretendo. Vete, infante. ALBERTO, aparte. Alegre crece mi tímida esperanza entre tus olas, v a mor, piélago inmenso: dame' ayuda , pues sigo las banderas que enarbolas. JN T o mudes tu bonanza; si se muda el mar que con borrascas se levanta, el viento en popa de tu gracia acuda : la infanta quiero, amor; dame la infanta. (Fase.)
187 a|ctO II, ESCENA VIII. ESCENA VIII. Sigismundo , por una puerta , y por otra don sancho , que se detiene viendo al rey hablar con el principe .—el rey. DON SANCHO. El príncipe se ha indignado porque de Diana soy dueño, y aunque de ella amado, si fe, sospechas, os doy, armas daré á mi cuidado.— Mas el rey está con él.— A dalle satisfacción venia.... Sospecha cruel, dejad mi imaginación; que alteráis su quietud fiel. No revolváis tantas cosas, todas contra mi sosiego ; que si pasiones celosas de amor alteran el fuego, mis penas serán forzosas. Oir quiero lo que tratan. REY. Príncipe, si á libertades, que descompuestas maltratan las reales autoridades, y de amor las llamas matan, hubiera de dar castigo, mi enojo esperimentaras, no hijo, sino enemigo; tanto, que otra vez no osaras descomponerte conmigo. Mas soy tu padre, y así templo leyes del rigor, que me inclinan contra tí, porque está embotando amor filos que al enojo di. llámele en parte templado
iSS EL CELOSO PBÜD ENTE, el haberme^dicho Alberto que de opinión has mudado; y si, como afirma, es cierto que á Leonora el alma has dado , y dejando otras quimeras, hacer mí gusto codicias, trocando burlas en veras, yo te perdono, en albricias de que ya á la infanta quieras. SIGISMUNDO. No puedo negar, señor, que cuando en Diana vi menospreciado el amor que la he tenido.... DÍ)N SANCHO. ¡ Ay de mí! ¿Qué oís, combatido honor ? SIGISMUNDO. Sin consultar la prudencia que justos respetos mira , ofendí tu real presencia, dando ocasión á tu ira mi alterada inadvertencia. Mas lo que mi dicha gana conozco, y que se mejora mi elección hasta aquí vana, pues restauro con Leonora, lo que perdí con Diana. REY. No con eso satisfecho das sosiego á mi cuidado: esperiéncia larga he hecho que de un amor arraigado reliquias conserva el pecho. Nunca sale de raiz una pasión encendida; que en el hombre roas feliz, aunque se sane la herida, se queda la cicatriz. Solo en tí no ha de haber tal; porque tu amorosa pena ha de ser (ó haráslo mal)
ACTO II, ESCENA VIH. 189 como ([uieu pisa la arena para borrar, la señal. Ya yo sé que de tal suerte Diana te. dió cuidado, que á no impedillo la suerte, tú vivieras mal casado, y aceleraras mi muerte. Lo que en el jardín, pasó sé también, y que por poco te hallara en él, cuando entró, Fisbcrto, y de tu amor loco los claros indicios vió. L1 con prudencia y recato, dió A su bija igual marido, y ella á lí te da en barato, pues juego su amor ha sido, este papel y retrato. ( Muc'str a setos .) Don Sancho es noble y leal} Diana es ya su mtiger; tú tienes esposa igual; ángel de guarda ha de ser suya mi respeto real. Si contra su honor porfías, y otra vez encender piensas, memorias que afirmas trias, de don Sancho las ofensas,’ no son suyas, sino mías. Fila tiene esposo honrado, Y P ara que no la ofendas,’ tu papel te da, y traslado; que pues te vuelve las prendas, su amor ha desempeñado. Si en papeles y pinturas eenso tu amor quiso echar, y redimí lie procuras, ya como censo al quitar, te vuelve las escrituras. Rásgalas; que en esto fundo tu dicha, y no seas ligero; que en agravios, Sigismundo, si te perdono el primero,
EL CELOSO PRUDENTE. 19 ° no se lo que haré al segundo. {Deja al príncipe el papel y el retíalo , y vase ESCENA IX. SIGISMUNDO. DON SANCHO; OCllllO. SIGISMUNDO. Todo lo va haciendo amor á medida del deseo. DON SANCHO. ¡ Ay sospechoso temor! ¡qué mala información veo sustanciar contra mi honor! Jardín, retrato y papel tienen, mi ventura en calma, siendo en pleito tan cruel tres enemigos del alma, y tres testigos en él. ¿Esto es, cielos , ser casado? ESCENA X. GASCON.-SIGISMUNDO. DON SANCHO, Oculto. GASCON. {Al príncipe .) Brevemente; que me llama cierta prisa. DON SANCHO. ¿No es criado de mi casa este? GASCON. A tu dama di, príncipe, tu recado, y responde que te espera esta noche en la ventana. Prosigue con tu quimera,
9* ACTO II, ESCENA X. y hablarás una Diana, que es tercera, y es primera ; que aunque en casa hay nuevo dueño, tú eres mas antiguo en ella, y estotro en tiempo pequeño, aunque tiene esposa bella, por mas bello tcndi'á el sueño, pues no hay mas blandos colchones para dormir, que los años. SIGISMUNDO. Gascón, las obligaciones pagaré de estos engaños. GASCON. Honrarás A los Gascones. ¿Qué es lo que metes ahí? SIGISMUNDO. El retrato, y el papel, que á mi amado dueño di. {Hace que los echa en la faltriquera , y cáensclc al suelo.) GASCON. Que diera en tierra por el, esta máquina entendí; pero bien se ha remediado á costa de un casamiento , un condado y un ducado. SIGISMUNDO. Diérale yo, Gascón , ciento, por salir de este cuidado. Vamos; que ya es tarde, y quiero vestirme de noche. GASCON. Y yo, que te sirvo de tercero, ¿tengo de medrar? SIGISMUNDO. ¿Pues no? GASCON. ¿De lacayo á caballero? ¡Bravo salto! SIGISMUNDO. Ya te vieras rico, si no me importara
,i9 2 En celoso Prudente. tanto, Gascón, que estuvieras en su casa. GASCON. Es cosa clara, porque á no estallo, no Hubieras logrado tanta fatiga. Si medro de aquestas trazas, por armas pondré una higa, y á sus lados dos almohazas, con una letra que diga: "para Carola.” SIGISMUNDO. ¿ A qué fin ? GASCON. Hácemc trampas. SIGISMUNDO. ¿Y tú las sufres? GASCON. No, que es ruin; escupidme y dijo: ¡puh! testigo todo un jardín. (Vanse los dos.) ESCENA XI. DON SANCHO. ¡Que bien, Honra, os acomoda el rey, autor de mi queja, pues casándome, aun no os deja gozar el pan de la boda ! Mi tragedia escuche toda. ¡Nunca el rey me diera estado, muger, privanza y ducado! pues si me desacredita y advierte lo que me quita, ¿qué vale lo que me ha dado? La muger mas noble y bella, ¿qué valor nunca ha tenido,
93 ACTO II, ESCENA XI. pues al mas bajo marido le dan dineros con ella? (Alza del La privanza que atropella títulos, ¿de qué interés, cielos rigurosos, es, pues en el mas alto puesto, para que caiga mas presto , de grillos sirve á los pies? ¿De qué estima es el estado que el rey puede dar mayor, ni qué valdrá, si el honor cae por él, de su estado? Ilonra, cuanto nos lian dado, lodo os incitad caer: la privanza es Lucifer , que cae al paso que sube, el estado rayo en nube, torre en viento la muger. vuelo el retrato y papel que dejó caer el príncipe.) L1 retrato y papel son ' estos que á mis pies están: cayéronsele, y querrán á mis pies pedir perdón. Mas no ; que en esta ocasión , donde su ser mi honra pierde, áspid entre la flor verde mi desventura los llama, que porque muera mi fama, sube al pecho, y el pie muerde. Casóme el rey sin mi gusto; Diana es moza y hermosa, mi edad poco apetitosa, lazo desigual y injusto, mozo el príncipe y robusto , sin respetos el poder; él amante, ella muger, y conformados los dos.... Honra, sospcchaldo vos; que yo no os oso ofender. Kn el jardín ¿no se vieron?/ ¿Luego es cierto...?—Calla, lengua que publicarán mi mengua, Tirso. Tomo III. 13
I g 4 - EL CELOSO PRUDENTE. , las paredes que te oyeron. ¡Ay ciclos! Si allí estuvieron.... y el príncipe gozar pudo....— Al pronunciar esto, un iludo de mi garganta es cordel; mas dígalo este papel, que da fácil y habla mudo. (Lee.) Mi pudre el rey, prenda mia , me da esposa , y no sois vos como si amor , siendo Dios, preciase estados de Hungría. No es deidad la tiranía: ese atributo condeno; justicia guarda el que es bueno; de Diana soy señor: ó no os llaméis dios, amor, ó no apetezcáis lo ageno. (Lee.) Antes que llegue este día , esta noche amor concierta daros la posesión cierta.... ¿Qué aguardáis, sospecha fria? ¡Posesión ! ¡Ay honra mia! Justo temor os espanta. (Lee.) Porque en viniendo la infanta , halle cerrada la puerta. La muerte la hallará abierta , si averiguo afrenta tanta. (Lee.) La mano os tengo de dar , sin poner mi amor por obra ; que no soy como el que cobra sin intención de. pagar. Volved, honra, á respirar; que si contra el común uso , su amor por obra no puso, y vos os quedáis en pie, yo, honra, os defenderé, sin que me tengáis confuso. (Lee.) Solo os quiero asegurar que en honesto amor me. fundo. Mentido habéis, Sigismundo, pues me queréis deshonrar. ¿Qué crédito os puedo dar,
ACTO II, ESCENA XI. 19 5 papel, viendo que mintió la mano que os escribió ? ¿Y quién creerá, aunque lo ignora, si intenta gozarla agora, que entonces no la gozó ? No leo mas. En conclusión, de mi sospecha haré alarde; que no hay amante que guarde palabras en la ocasión. Valientes escusas son las que este papel me ensena; pero no es señal pequeña las prendas que en contra están; que adonde prendas se dan, alguna cosa se empeña. Vos, retrato, habéis estado en su poder y su pecho, y habiendo asiento en él hecho, la posada habéis pagado. No sois vos el descartado, sino yo;> que á toda ley, si el amor no guarda ley, ¿quién duda, aunque os halle aquí, que me descartará á mí, por quedarse con un rey? Esta noche se han de hablar: ya Sigismundo previno el trage á su desatino: honor, hacer, y callar. El silencio sabe obrar; indicios he visto llanos; si á pensamientos livianos obras aplica en mi mengua Diana, calle la leng ua, porque el honor todo es manos. (Fase.)
202 EL CELOSO PRUDENTE, ella , es espejo de honor , si ejemplo de la mudanza. A servilla comencé; principios tuve en su gracia, ausentéme, entrasteis vos; y amores que no se arraigan , hiélansc con una ausencia. Casaos, Arncsto: gozalda, pues que sois mas venturoso; que cuando vos saquéis galas, hagais fiestas, deis libreas, podrá ser, y Dios lo haga, que os corte funestos lutos la muerte que me amenaza. Deudo soy cercano vuestro; mas si amor deudas os paga á letra vista de gustos, y en Lisena os da libranzas, ¿qué os importará mi muerte? pues cuando sintáis mi falta, nunca mucho costó poco; lo mas caro mas se ama. Logre el ciclo vuestra suerte; que yo para no estorballa, de vos envidioso y de ella, iré á repasar desgracias. (Fase.) ESCENA XV. ALBERTO. SIGISMUNDO. SIGISMUNDO. Alberto, ¿no escuchas esto? ¿'No oyes que á Lisena casa en secreto con el duque su padre, y que. desbarata la máquina de mi amor? ¿No oyes confirmar palabras en contratos y escrituras?
2o3 ACTO II, ESCENA XV. ALBERTO. Todo lo oigo.' SIGISMUNDO. Pues ¿qué aguardas, infante? Dame la muerte: saca aqucse acero , saca este corazón ; primero que el duque con esto salga. ALBERTO. No sé , por Dios, qué sospeche de estas nuevas disfrazadas, sin conocer al autor, i»i el electo á que se causan. El duque Arnesto es mi amigo, y hasta aquí no sé que haya tenido amor,, que es señal que sale luego á la cara. ¿No podrá ser que este sea algún burlón de estos que andan dando picones de noche, y Miran su trato en gracias? SIGISMUNDO. No, hermano; verdades son, Crl '“i daño averiguadas, todas cuantas esle ha dicho: 111 las huge, ni me engaña. ALBERTO. i ues bien, cuando verdad sea, insería ¿ está ya casada ? ¿aborrécete por dicha? (1) SIGISMUNDO. ¡Ay Alberto! no sé. ALBERTO. Calla , y procura hacer de suerte que á ver á Leonora vaya; que si ella su intento ayuda, y le desposas mañana , ¿que celos hay que te inquieten, (1) Por acaso.
204 EL CELOSO PRUDENTE, ni qué escrituras que valgan contra consumados gustos y dichas anticipadas? SIGISMUNDO. Es ansí; mas ¿qué sé yo si su padre y la mudanza, habrán hecho lo que suelen? Al.15ER.TO. Gente sicqto á la ventana. Si es ella , buena señal, Sigismundo, es que te ama. SIGISMUNDO. ¿Y si viene á despedirme? ALBERTO. ¡Bueno es que te persuadas á que Lisena es tan necia, que mas estimación haga de un ducado que de un reino! SIGISMUNDO. No sosegaré hasta hablarla. ESCENA XVI. don sancho , como de noche, lisena , á una ventana.- SIGISMUNDO. ALBERTO. don sancho, para si. A desengaños tan ciertos, y A sospechas confirmadas, ¿de qué sirve, honor, buscar tanto indicio, prueba tanta? Pero si sois juez, haceldas; que todas son de importancia, hasta cerrar el proceso, y ejecutar la venganza. ¿Si habrá el príncipe venido? Mas este es; que quien agravia, y mas en casos de honor, diligente se adelanta. La ventana está también
20 5 ACTO II, ESCENA XVI. por mi deshonra ocupada. Escuchad, silencio cuerdo; que el dar voces es infamia. USEN A. Hablar sentí á Sigismundo.— ¿Sois vos, señor? SIGISMUNDO. ¿ Ks Diana? EISENA. Soy, y no soy. SIGISMUNDO. Ya lo entiendo: mi amor esc enigma alcanza. noN SANCHO , Ojiarte. Sospechas, ya no hay esfcusa; no salieron, honor, falsas has nuevas de mis desdichas; que no mienten si son malas. usena. ¿Cómo estáis, mi bien? SIGISMUNDO. Quejoso. USENA. ¿Por qué Ocasión? Porque asalta mi ventura un dueño antiguo, que me atormenta y os ama. don sancho, aparte. Como soy su esposo yo,' y dueño de aquesta casa, antiguo en años y en penas, su dueño antiguo me llama. lisena. ¿\o dueño antiguo, y no vos? SIGISMUNDO. Sí, cruel, que me amenaza con casamientos que estorban ct lograr mis esperanzas. noN sancho , aparte. -Ue mi casamiento tiene celos. ¡ Nunca se enlazara
2o6 EL CELOSO PRUDENTE, mi libertad, ya cautiva , en redes que el honor matan! lisena. Yo no conozco otro dueño, ni mientras influya el alma vida en este corazón, como amor dentro dé llamas, reconoceré otro esposo, ni daré á otro amante el alma, que no fuere Sigismundo. Si es querer probarme, basta. SIGISMUNDO. Luego el duque que os adora, ¿no es dueño vuéstro? don sancho, aparte. ¿Qué os falta, agravios, si á la vergüenza por las calles-mi nombre anda? ¡Nunca el rey me hiciera duque! SIGISMUNDO. Disculpas tendréis pensadas: diréis que de aquestas bodas es vuestro padre la causa. DISEÑA. Príncipe, yo no os entiendo; si porque ya amais la infanta, atidais mendigando escusas, no me culpéis, y gozalda; que yo me daré la muerte. don sancho, aparte. ¡Celos le pide la ingrata! SIGISMUNDO. Diana, si es que á mi amor queréis dar debida paga, ocasión se ofrece. LISENA. ¿ Cómo ? SIGISMUNDO. lisena. ¿Cuándo? Gozándoos.
20 7 ACTO II, ESCENA XVIII. SIGISMUNDO. Mañana. USE NA. ¿ Dónde ? SIGISMUNDO. Yo os lo avisaré; (¡ue en la calle es ignorancia liar secretos á piedras, que tienen ecos y habían. Estad, mi bien, prevenida, y pues no teme quien ama, no temáis inconvenientes, y A Dios, porque vienen hachas. (Vanse Sigismundo y Alberto.) escena XVII. USEnA, á la ventana, don SANCHO. USENA. ¿Qué celos, cielos, son estos, que mi dicha desbaratan ? Aguardar quiero este aviso, y de él sabré estas marañas ¿Que duque es este, que dice Sigismundo, que me llama su esposa ? Confusa voy. ¡Ay noche! ¡qué de ello engañas! (Quitase de la ventana.) escena xvm. don SANCHO. Fuése el príncipe, y entróse la que ocasiona mi infamia y ciega se determina quitarme el honor maí ¡ ana . ¡Válgame Dios! ¡Q uc l as i cycs
208 EL CELOSO PRUDENTE, del mundo fundado hayan la honra en una muger! ¡En una pluma liviana , el honor , de tanto peso! ¡Ciclo ! el matrimonio ¿ata con una tan frágil cuerda, que la mas fuerte es de lana ? A cabo de tantos dias, honra por mí conservada, con tanta industria querida, ilustre con tanta hazaña, ¿un pensamiento os destruye? ¿un soplo liviano os mata? ¿un poco de viento os quiebra? ¿una muger os maltrata? Mas sois de vidro: ¿qué mucho que si os derriba una ingrata, cayendo el vidro se quiebre , y el honor pedazos se haga? Mañana me ha de afrentar; mañana ha dado palabra de poner mi mal por obra: corta es, honor, la distancia. Dalde la muerte. Mas ¿cómo? Si ve el vulgo mi venganza, y estando hasla aquí secreto mi agravio, le saco & plaza, ¿satisfazse ansí ? No; que aunque mas le satisfagan, en público siempre queda la señal donde hubo mancha. Secretos, buscad remedios; discurrid, industria honrada; no sepa de mí ninguno cosa con que me dé en cara. No ha de haber quien imagine que una muger alemana osó afrentar atrevida la honra y valor de España. Pues si hoy no la doy la muerte , ha de afrentarme mañana ; si la mato, pregonera
aog ACTO II, ESCENA XIX. saldrá en mi ofensa la fama, j Ah peligros del honor! ¡nunca yo espérimentara, á cosía de mi sosiego, los daños que me amenazan! ESCENA XIX. GASCON, con una hacha encendida . Después CAROLA.— don sancho. GASCON. Esto de aguardar señores en el patio y con una hacha, hecho cofrade de luz, por Dios, que es cosa pesada. CAROLA. Gascón, ¿ha venido el duque? GASCON. ¿ Quién, lo pregunta? CAROLA. Quien anda buscando achaques por verle , gavacho de mis entrañas. ’ Un siglo há que estoy sin tí. Esto de tener en casa dueño nuevo, descomulga de los pages las criadas; y tú , como no me quieres, por ocasiones que haya, * aunque hecha un argos me veas por corredores y salas , sin volver á mí los ojos, como si yo te injuriara, como silla de dosel, te hallo siempre de espaldas. GASCON. Hágase allá: no me toque. CAROLA. ¡Ay traidor ! ¿ así me tratas ? Tirso. Tomo III. 14
2 IO EL CELOSO PRUDENTE. ¿Pues por qué? GASCON. Como cs-Carola, sopean muclios su ensalada. CAROLA. ¿ Cclitos? GASCON. Hágase allá; que la esconderé esta daga, si llega, en los menudillos, por lo que tiene de vaina. CAROLA. Si te he ofendido en mi vida, un rayo del cielo caiga sobre.... sobre.... GASCON. ¿Quién? CAROLA. El turco. GASCON. Linda pieza, buena lanza, ¿qué es del listón que la di para la cruz, esta pascua, á costa de dos raciones? CAROLA. ¿Listón? GASCON. No estoy para gracias. CAROLA. ¿El de carne de doncella? GASCON. Ese mismo , muía falsa ; que pierde en ella ese nombre, y no quiero que le traiga. ¿ Qué es de él ? CAROLA. Como me sangré de un tobillo, estando mala ayer, sirvióme de cinta; y el barbero, que mal haya, dijo que eran gages suyos, y dísele.
ACTO II, ESCENA XIX. 211 GASCON. Si se sangra ron barberos de palacio, y listona, á fuer de dama, pique; que no pico yo vena que está tan picada por jardineros bufones. CAROLA. ¡Ay qué testimonio! GASCON. Vaya, y no baga caso de mí; * que soy.... CAROLA. ¿Qué, Gascón del alma? GASCON. Soy un puerco socarrado, aunque ella no me socarra; un monazo de Tolú, y como seca en garganta, soy escupido. CAROLA. ( Aparte . ¡Osle, puto!) Gascón, esa ha sido maula. parte. Sopla vivo ha andado aquí.) No hagas caso de palabras, borreguito de mi vida. gascón. ¡Vive Dios...! CAROLA. No chero: encaja. (7 ó rnale la barba.) ' GASCON. ¡Que me engaite aquesta ansí? _ CAROLA. pichón.... ¡Ay qué barba! No te ofenderé otra vez por esta bendita. * GASCON. f Basta. ¿Querráme mucho?
2l8 EL CELOSO PRUDENTE. GASCON. Pues dos damas de nuestra infanta, y un coche, esperan que des principio á ventura tanta. Alto, á subir, pues me ves en cochero convertido. USEN A. Hermana , dame esos brazos. GASCON , uparte. Carola, ¿adúnde le has ¡do? Pagaré te á latigazos aquel pulí, que me ha escocido. DIANA. ¿Adúnde está el coche? GASCON. Está á la puerta del jardín. Ya es tarde: acabemos ya; que lia de hacerme volatín don Sancho si vuelve acá, y dame prisa esta pena. DIANA. Vamos; que te quiero ver partir á ocasión tan buena, que princesa has de volver, yendo no mas que Lisena. (/’anse por una puerta, y un momento después sale don Sancho por otra.) ESCENA III. DON SANCHO. En peligro, honra ofendida, por una mugen andais; á la muerte, mi honra, estáis; hoy no mas os dan de vida. ¡Qué sana os conocí yo! ¡con que contento y quietud! Mas la honra y la virtud,
2'9 ACTO III, ESCENA III. ¿cuándo en la muger duró? ¡Ay leyes fieras del mundo, de las de Dios embarazo! ¿Que boy no mas os da de plazo , honra mia, Sigismundo? ¿ que hoy os tiene de dar muerte ? ¿ que no admite apelación su cruel ejecución ? Buscaba una muger fuerte Dios, por la boca del sabio; mas i'csponderéisle á Dios que no sois la fuerte vos, pues me hacéis , Diana, agravio. Hoy no mas, honra, hay comedio: ¿ qué hacéis con tan corto espacio ? Quien va enfermando despacio, busque despacio remedio; que en leyes de medicina, no es el médico prudente, que á enfermedad de repente no da cura repentina. Muera Diana lasciva hoy, pues afrentarme qyiere; pero si en público muere , quedará mi afrenta viva. Mas no hará; que el mundo alaba al marido varonil, que su honra en sangre vil de los adúlteros lava. Mas ¿qué sangre habrá que pueda lavarla, si la divulgo, y en los archivos del vulgo inmortal la mancha queda? Manchas hay que salen luego, si aplicarse el jabón sabe, mas ¿quién habrá que se alabe de sacar manchas de fuego? Pero ¡ciclos! ¿quién no alcanza que la ley del duelo admite, porque el honor resucite , crueldades á la venganza? Esto ¿ no es el común voto ?
320 EL CELOSO PRUDÉNTE. Sí; mas si el honor se llama frágil vaso de la lama, vaso que una vez se ha roto, aunque le suelde el cuidado, no cobra el primer valor, ni es bien que quede el honor como vaso remendado. Si la doy muerte que asombre la corte cuando me vea , no de don Sancho de TJrrca conservaré el primer nombre; antes de aquí temer puedo que cuantos esto supieren, donde quiera que me vieren, me señalen con el dedo , y digan : " este es aquel á quien deshonró su esposa.” Fama, pues, tan afrentosa, nombre, cielos, tan cruel, que ha de quedar inmortal, ¿podré yo borralle luego? No, porque es mancha de fuego, que no pierde la señal. ESCENA IV. ORELIO.-DON SANCHO. ORELIO. (Mirando Inicia dentro . ) No es honra muy de codicia la que después de azotado, volverle al pobre ha mandado en público la justicia. DON SANCHO. ¿Qué es esto? ORELIO. ¡ Oh señor! venia riyéndome de una acción que he visto, en satisfacción
22 I ACTO III, ESCENA IV. de un azotado, este día. Acudió á cierta pendencia de noche un juez, y uno de ellos le hirió, queriendo prendcllos, sin que de esta resistencia se descubriese el autor. El sastre nuestro vecino, (que si ya no es con el vino, nunca ha sido esgrimidor) estando en su casa quieto, fue sin culpa denunciado de un enemigo taimado. Prendiéronle, y en cfeto, la furia del juez fue tal, que sin formalle proceso, ni averiguar el suceso, sobre el usado animal, entre la una y las dos le hizo dar aquella noche un jubón, cual él se abroche en galeras, ruego á Dios. Como era entonces tan tarde, cual ó cual tuvo noticia del rigor de la justicia ; pero él, haciendo alarde de su injuriada inocencia, del juez se querelló , y ante el consejo probó que cuando la resistencia sucedió, estaba acostado; con que mandó el presidente, en fé de estar inocente, y el juez haber mal andado, restituirle la honra; y así por las calles reales, con trompetas y atabales, de la pasada deshonra se purga, con gorra y calza, en medio de dos señores, donde de sus valedores toda la chusma le ensalza. Y cada cual admirado^
222 EL CELOSO PRUDENTE, romo no sabe quien es, pregunta: "¿cuál <lc los tres es, compadre, el azotado?" Y responden : "el de énmedio.” De modo que ya la faina el azotado le llama. ¡Miren qué gentil remedio de honrarlo en mitad del dia, si de noche le afrentaron , y de los que le asentaron cual ó cual el mal sabia! ITanle honrado, en fin, los jueces, y agora pasa esta calle; mas yo digo, que el honralle es afrentalle dos veces; pues después de paseado, y soldado su desastre , no le llamarán el sastre, sino solo el azotado. (Fase.) ESCENA V. DON SANCHO. "No le llamarán el sastre, sino solo el azotado." ¿Con que agravio publicado añade á la afrenta lastre? ¡Ah Orelio, ¡y á que ocasión vino tu «viso discreto! El agravio que es secreto, secreta satisfaeion pide. Cien me has avisado. Cuando al otro el juez honraba, el vulgo ¿no preguntaba, que quién era el azotado? Luego si en público os vengo, y agora, que cual ó cual de mi esposa desleal sabe el daño, ¿qué prevengo?
ACTO III, ESCENA VI. El que me viere vengado, no dirá cuando me vea: *' este es don Sancho de TJrrea sino: "este es el afrentado.” Alto, pues, honra discreta, haced que lo sea mi furia; pues es secreta la injuria, mi venganza sea secreta. Mirad que á aquel desdichado, que imita vuestro desastre, no le llamarán ya el sastre , sino solo el azotado. ESCENA VI. DIANA.—DON SANCHO. diana , aparte. Gracias al cielo que puedo , nombre mió, restauraros. No pienso otra vez prestaros : basta un peligro, y un miedo.— Pero aquí mi esposo está melancólico y suspenso. DON SANCHO. Dalla muerte agora pienso. diana, aparte. ¡ Cómo! ¿A quién la muerte da ? don sancho. Pero no lia de ser notoria la causa porque la doy, porque con Diana hoy he de enterrar su memoria. diana, aparte. ¿A Diana ha de enterrar? ¿Y hoy ha de ser? ¡Ay de mí! No en balde, cielos, temí la ocasión de este pesar. DON SANCHO. Yo he leido de un marido, 223
EL CELOSO PRUDENTE. á quien un gi'ande afrentó, que en secreto se vengó. diana, aparte. Que yo le ofendo ha creído. don sancho. Convidó, en medio el estío, á su enemigo á nadar, y á título de jugar, los dos entrando en el rio, abrazándose con él, á la mitad le llevó, donde su injuria vengó, siendo sus brazos cordel, y el verdugo su corriente. Después salió voceando: "favor, que se está anegando mi amigo; ayudaldc, gente.’' Y con este medio sabio, dió nuevo ser á su honor, paga justa al agresor, y nadie supo su agravio. Si no fuera Sigismundo el que deshonrarme intenta, yo vengara ansí mi afrenta, y no la supiera el mundo; mas es príncipe, en efeto; su sagrado es mi lealtad; honra, otro medio buscad, y advertid que sea secreto. diana , aparte. ¡De Sigismundo y de mí está celoso! Este engaño al fin resultó en mi daño. ¡Ay cielos! DON sancho. También leí que esttf marido prudente, después que dormida vió su esposa, fuego pegó al cuarto; que quien consiente, al agresor acompaña; y cerrándola la puerta,
225 ACTO III, ESCENA VI. después que tuvo por* cierta su muerte, y la llama estraná en cenizas esparció su agravio, porque no hubiese quien de él noticia tuviese, desnudo á voces pidió agua; mas no tiene eíéto cuando la honra incendios fragua, y ansí del fuego y del agua fió el honor su secreto. Fuego, yo también le fio de vuestra llama; y por Dios, que á no ser, fuego, de vos, de nadie fiara el mió. Con ella abrasad mis menguas, vengad injuriadas famas.... Mas ¡ay Dios! que vuestras llamas tienen la forma de lenguas, y que me afrenten presumo. Mas si en iguales desvelos, suelen ser humo los celos, no haya llamas, sed todo humo. diana , aparte. A quemarme con la casa se dispone. ¿Qué heregía cometéis, desdicha mia? Contaréle lo que pasa; que si hasta aquí fue prudencia callar, ya no lo será. Mi hermana á casarse va; la ocasión me da licencia á descubrir este engaño; que si para lo que he hecho fue el secreto de provecho, ya de hoy mas, será en mi daño. Seftor. W DON SANCHO. ¡Diana! ¡Oh mi bien! DIANA. Si yo, don Sancho, lo fuera , menos injurias oyera, Tirso. Tomo III. 15
226 EL CELOSO PRUDENTE, mas amor, menos desden. ¿Qué agravios de vuestro honor mi lealtad andan culpando, que con vos estáis hablando en ofensa de mi amor? ¿Que príncipe amenazáis? ¿qué esposa os quita el sosiego, que para ella encendéis luego, y para él agua buscáis? Rigurosos pensamientos mi fé deben de ofender, pues habéis querido hacer verdugos los elementos. Si admiten satisfacción vuestros injustos enojos, y no fiáis de los ojos indicios de la opinión, don Sancho, escuchad un poco. DON SANCHO. {Aparte. ¡Ah secretos mal nacidos Si el temor todo es oidos, y el que consigo habla es loco, ¿ no os pudiérades quedar dentro del alma guardados? ¡Ved agora escarmentados lo que importa el buen callar!) Esposa del alma mia, ya que escuchándome estáis, no las quimeras temáis que hace mi melancolía; pues ni agraviado me quejo, porque estéis, mi bien, culpada, ni habrá quien me persuada á que no sois claro espejo, en que se mira el honor. Poro como me case en años ya, y siempre fue de mí estimado el valor de la Honra en tanto eslremo, por ver la desigualdad de vuestra florida edad, y la mia, dudo y temo....
ACTO III, ESCENA VI. sin causa.... pues si la hubiera, nunca un español dilata la muerte á quien le maltrata, ni da á su venganza espera. Melancólico, cual vistes, entre mí, Diana mia, estos discursos hacia: propio efeto de los tristes. Si el príncipe, que primero que me casase, sii'vió á mi esposa y intentó el dulce estado que adquiei-o, con su intento prosiguiese, y ella (que al fin es muger) de su edad y su poder persuadida, me ofendiese, ¿ con qué castigo discreto seria bien me vengase, sin que el vulgo me aíren tase, ni hiciese agravio al seci'cto? Y dije: "haciéndole ahogar.’* Porque el agua, esposa mia, que mudos los peces cria, no lo había de parlar; ni el fuego, que esteriliza cuanto llega á su poder, diera lengua á la muger, esparciéndola en ceniza. Esto en un esposo honrado puede un agravio violento, no mas que en el pensamiento: ved ¡qué hiciera, averiguado! Pero de imaginaciones que conmigo á solas paso, no hagais vos, esposa, caso, cuando por tantas razones vuestra lealtad y inocencia satisfacerme procura; pues no hay cosa tan segura como la buena conciencia. (Fiase.)
234 EL CELOSO PRUDENTE. ENRIQUE. ¿Qué princesa? ¡Vive Dios, villanos...! GASCON. Poquito á poco. Enrique. ¡Princesa! ¿Soy yo algún loco? GASCON. Sois uno , y valéis por dos. Enrique. ¿ No sois el lacayo vos de Fisberto? GASCON. Fui primero su lacayo, y ya cochero de la princesa; c¡ue, en fin, voy de rocín á ruin. ENRIQUE. ¿ No me conocéis ? GASCON. No quiero. {Aparte. Que si quisiera , bien sé quien es el marques Enrique.) El seso teneis á pique. ( Aparte . Lindamente le engañé. ¡ Bien la burla le encajé de Arnesto! ) VOCES DENTRO. Plaza; que viene el rey. diseña, aparte. Aquí me conviene disimular. ENRIQUE. ¿No es Lisena esta ? ¿ Qué maraña ordena matarme? GASCON. ¡Buen tema tiene!
ACTO III, ESCENA XI. 235 ESCENA XI. r. REY. SIGISMUNDO. ALBERTO. ACOMPAÑAMIENTO.-DICHOS. REY. Alegrara, señora, su venida á este reino que espera vuestra alteza, si la muerte del príncipe , aíligida no enlutara á tal tiempo su belleza. (Aparte al infante ) No vi muger jamás tan parecida á Lisena, ni hará naturaleza, Alberto, olro traslado semejante. ALBERTO. (Aparte al rey.) Digno es de que la admires y te espante. REY. Pero pues nunca la fortuna ordena darnos cumplido el gusto, y es forzoso mezclar con él aquesta justa pena, de un hermano el pesar temple un esposo. (Aparte al infante.) Pienso que estoy hablando con Lisena, y divertido con el talle hermoso que en la princesa , copia suya , miro, cuanto mas la retrata , mas la admiro. ALBERTO. (Aparte al rey.) ¿No te lo digc yo? LISENA. Con haber visto á vuestra magostad, penas divierto, el llanto enjugo y el pesar resisto de Uladislao en tiernos anos muerto. GASCON, aparte. ¡Lindamente lo finge, vive Cristo! LISENA. Mas ya que no con lágrimas advierto que al príncipe podré volver la vida,
a36 EL CELOSO PRUDENTE, yo olvidaré su falta, agradecida. Pierdo un hermano que estimaba el mundo; mas cobrando un esposo, con quien puedo su muerte consolar, contenta fundo mi dicha en él. gascón, aparte. Famoso va el enredo. lisena. Quisiera yo ofrecer á Sigismundo con la corona húngara que heredo, el globo del imperio soberano, que besara sus pies al dar mi mano. SIGISMUNDO. Yo la beso mil veces, gran señora, no de mandos ni imperios codicioso, sino de la hermosura en quien adora la dicha que me llama vuestro esposo. •Enrique, aparte. A Lisena transforman en Leonora. ¿Qué enredo es este, cielo riguroso? LISENA. Para vos, gran señor, n\il fueran pocos. Enrique, aparte. O yo lo estoy, ó todos están locos. SIGISMUNDO. (Aparte á Lisena.) ¡Ay dulce esposa! LISENA. (Aparte al príncipe.) ¡Ay príncipe querido! Saque este engano amor á feliz puerto. SIGISMUNDO. (Aparte á Lisena.) Sí hará, mi bien; que es Dios agradecido. LISENA. Con vos e§te vi'nge, infante Alberto, el vi'agc se llame entretenido. (1) Enrique , aparte. ¡Que no estuviera agora aquí Fisbcrto! (1) Alusión al de Agustín de Rojas,
ACTO III, ESCENA XI. LISENA. Mucho le debo en él á vuestra alteza. Ni su enfado sentí, ni su aspereza. ALBERTO. Estar quejoso de él con razón pude, pues envidioso que os acompañase, sus leguas abrevió. GASCON, aparte. ¡Qué bien acude á todo la bellaca! ALBERTO. Y si dui’ase un siglo, me alegrara. ENRIQUE, aparte. No hay quien dude que aquesta no es Lisena. ¡Que esto pase, y se sufra en Bohemia! ¿Hay tal suceso? Yo debo de soñar, ó estoy sin seso. REY. (Reparando en Enrique.) ¡Marqués! ¡Sobrino! ENRIQUE. ¡Gran señor! REY. Parece que triste celebráis esta alegría. ENRIQUE. Ando sin ella», y por instantes crece, no sin causa, una gran melancolía. Un deseo , señor, me desvanece, que por ser imposible, ya podria dar treguas á mi mal su destino. LISENA. ¿A quién llamastes, gran señor, sobrino REY. Eslo mió el marques. lisena. ¡Válgame el cielo! Pci’donadme, marques, si inadvertida no os traté como en tales casos suelo; que con justa razón estoy corrida. Pero podréis culpar vuestro recelo,
238 EL CELOSO PRUDENTE, y el ser yo á alguna dama parecida, á quien amor tenéis. REY. Pues ltien, ¿qué ha habido? USEN A. Con el un lindo caso me ha acaecido. REY. ¿Con don Enrique? lisena. Ingrata me ha llamado; en la ausencia de un ines, dice que pudo no sé que duque, que es mi desposado, favores usurpar de amor desnudo: hasta el luto que traigo está injuriado, pues dice que si el Irage alegre mudo en él , es porque toda soy mudanza , y porque he dado muerte á su esperanza. ISo se me acuerda el nombre que me llama , puesto que en él mí ingratitud condena. En conclusión, señor, sin ser su dama, ni la culpa tener, llevo la pena. Hablóme, en fin, por la persona que amá. REY. jDonosa hurla! Si os llamó Lisena, no me espanto, Leonora, que se asombre. LISENA. Sí; Lisena imagino que era el nombre. REY. A todos nos causara el mismo engaito, si el conocer, señora, á vuestra alteza, no asegurara caso tan eslraño; milagro, en fin, de la naturaleza. gascón, aparte. ¡Qué fértil en mentiras corre el año! REY. Hay, señora, en mi corte una belleza, imagen vuestra y semejanza en todo, en la cara, en el talle y en el modo. I.ISENA. REY. A quien aquesto ignora, ¡Válgame Dios!
ACTO III, ESCENA XI. 2.^9 difícil se le liará, si llega á veros, distinguir 4 Lisena de Leonora. SIGISMUNDO. Y aun á mí, que he llegado á conoceros. lisena. Ya no me espanto, si á Lisena adora, Enrique, vuestra suerte, que á atreveros su desden os obligue en nombre de ella. ¡Notablemente gustaré de vella. ENRIQUE. (Aparte. Alto: yo me engañé; ya ha sucedido una persona en otra retratarse.) Culpad mi engaño y condenad su olvido; V si esta burla puede perdonarse , perdón, señora, á vuestra alteza pido. REY. El suceso merece celebrarse. LISENA. La ignorancia me hizo que no hiciera de vos el caso, Enrique, que debiera. Mas no tratando por agora de esto, » el rey mi padre, en cuyo real estado tengo de suceder por el funesto fin del hermano mió malogrado, me acaba de escribir que está dispuesto, pues la muerte las cosas ha mudado , de darme al de Polonia, porque quede unida á Hungría , cuando el reino herede. Mándame que le niegue á Sigismundo la mano, cuando el alma le he ofrecido; de suerte que me da esposo segundo, viuda sin bodas del primer marido; y cuando me ofreciera todo el mundo, una vez en el alma recebido, lucra imposible echarle; que,amor ciego tarde suele salir, aunque entra luego. Por esto, y por no dar ocasión justa á guerras, que al poder hacen tirano, luego que supe su demanda injusta , de esposa á Sigismundo di la mano. Mi dueño es desde ayer, y si es que gusta vuestra real magostad que el soberano
2^0 EL CELOSO PRUDENTE, yugo de amor nuestras cervices ate, no hay para' qup la boda se dilate. Publíquese en la corte que hoy pretendo entrar en ella, el luto convertido en galas reales y festivo estruendo, pues la presteza su remedio ha sido. REY. En vos, princesa, estoy á un tiempo viendo vuestra belleza, que el amor ha unido á vuestra discreción: bella y discreta os llame el mundo; en todo sois perfeta. No quiero encarecer vuestra prudencia. La determinación ejecutada fue importante; el amor por escelencia, y mi injuria con tiempo remediada. Vea mi corte hoy vuestra presencia; entrad debajo el pálio, coronada por princesa de un reino que mejoi'a su trono real, gozándole Leonora. Yo voy á hacer la prevención debida á vuestro casto amor. Príncipe, vamos. SEGISMUNDO. Hoy, dulce esposa, en apacible vida los trances fuertes del amor trocamos. Enrique, aparte . ¡Que esta es Leonora, cielos! GASCON, aparte. Bien urdida hasta aquí tu maraña , amor, llevamos. ¡Oh Lisena taimada y socarrona! Por picara mereces la corona. (Fansc.) Sala en casa de don Sancho. ESCENA XU. don sancho. Hoy, honor, no moriréis:
ACTO III, ESCENA XIII. a 4 1 un dia mas os clan de plazo. Sigismundo en Valdellores, hoy no os ha de hacer agravio. Si mañana hacerle intenta, yo le atajaré los pasos: castigue el fuego adulterios, pues es elemento casto. Asegurar á Diana me importa; que si ha escuchado la muerte que dalla intento, y siempre teme el culpado, tiene de andar sobre aviso. Con amorosos engaños pienso quietar sus temores: fingid que la amais, regalos. (Llamando.) Diana. Mi bien. Esposa.— ¡ Ay cielos! ¿ Si la ha ausentado su poca satisfacción ? que es propio de los pecados el temer á la justicia, verdugo que á cada paso de sí mismo se recela, y trae la soga arrastrando.— Cardenio , Grison , Orclio. ¿No hay aquí ningún criado? ESCENA XIII. ORELIO.— DON SANCHO. ORELIO. ¿Qué manda vuestra escelencia? DON SANCHO. Llamad mi esposa. ORELIO. Buen ralo há que en un coche salió , y ha ido, si no me engaño, á Valdellores. Tirso. Tomo III. 16
EL CELOSO PRUDENTE. 24.2 DON SANCHO. ¿A dónde ? ORELIO. La fama que ha divulgado que la princesa de Hungría es de Lisena retrato, la obligará, gran señor, á ir á ver este milagro; que se despuebla la corle á lo mismo. DON SANCHO. No me espanto. Yo la mandé que lo hiciera; que en término cortesano, es bien que á Leonora vea. Andad con Dios. (Vise O relio.) ESCENA XIV. DON SANCHO. ¡Qué engañado hasta aquí, honor, estuvistes! ¡Ay infelice don Sancho! ¡Sigismundo en Valdellores! ¡Diana allí, y concertado para hoy verse los dos! ¿Vos sois cuerdo? ¿yo soy sabio? ¿Quién duda que en el camino su amor no apreste el teatro de mi desdicha, que sirva á mi afrenta de cadalso? Muerto os han, honor remiso. Diréis que no os lo avisaron; mas mentís, honor, mentís; que anoche oyó mi cuidado el concierto riguroso: tiempo habéis tenido harto. Socorro de España seis,
ACTO III, ESCENA XIV. siempre pei-dido por tardo. Ya ¿de qué sirve callar, cuando las aves, los campos, y las fuentes, que han de verlo, deben ya de publicarlo? Demos voces....—Pero no: mas vale morir callando. No os afrentéis á vos mismo, perdido honor; lengua, paso: no en balde el cuerdo silencio tiene en la boca un candado: silencio, deshonra mia, hasta llegar á vengaros. Dos modos hay de curar, y milagrosos entrambos. El preservativo es uno , con que se previene el sano, y se cura antes que llegue el mal que está recelando; porque el sangrarse en salud suele escusar muchos daños.- Ya no podéis usar de este: tarde, honor, habéis llegado; enfermo por vuestra culpa, y por mi desdicha, os hallo. Pues venga el segundo medio: procurad, honor, curaros, ya que en la cama caisles de la deshonra y agravio. Apliquemos medicinas. Lo primero, pues, que os mando, honor, es guardar la boca; que no sana el desreglado. La dieta es el remedio mas eficaz y ordinario: guardad, honor, pues , dieta de silencio cuerdo y santo. Pero es rigurosa cura : ¿qué médico tan estraño no os ha, honor, de permitir si estáis enfermo , quejaros ? Éntrase por las cavernas
a5o EL CELOSO PRUDENTE. La princesa gusta de esto. SIGISMUNDO. Templad, Fisberto, la ira; que el rey mi padre ha dispuesto esto por razón de estado. FISBERTO. ¿Es esto cierto? REY. Y muy cierto. FISBERTO. Pues ya yo estoy sosegado. ESCENA XVIII. DON SANCHO. ORELIO.-DICHOS. don sancho, aparte. Mi alterado pensamiento, sin saber adónde voy, me trac fuera de mí mesmo. Aquí está el rey, Sigismundo, Leonora, el infante, ¡ay ciclos! y la ingrata de mi esposa. ¿Quién duda que ya habrán hecho sacrificio de mi honor? Pero si no le hay sin fuego, callad, honra; que esta noche seréis su ministro cuerdo. REY. Decid, príncipe, quién es esta dama á quien Alberto trae de la mano, y su cara obliga á amor y respeto? LEONORA. Yo, gran señor, soy Leonora, bija vuestra, que á dar vengo al infante con la mano, de Hungría el antiguo reino. REY. ¡Cómo! ¿Vos sois la princesa?
ACTO III, ESCENA XVIII. a5l LEONORA. Amor, que todo es enredos, cuando á vuestra corte vine, quiso (y yo se lo agradezco) rendirme á la gallardía del infante, á quien yo tengo, como esposo y señor mió, aposentado en mi pecho. REY. ¿Luego Lisena es esotra? SIGISMUNDO. Y esposa mia. REY. Primero que tal consienta, su muerte servirá al mundo de ejemplo. LEONORA. A vuestros pies, gran señor, pido y suplico por ellos; y si fuistes mozo, amante, perdonad amores, v iej o. REY. ¿Cómo yo había de sufrir tal desigualdad? LEONORA. Ya vemos por las escalas de amor subir cayados á cetros. Dos hijos que tencis solos (1) dejais nobles herederos de dos coronas ilustres. ALBERTO. La princesa gusta de esto. LEONORA. Su perdón os pido, en pago de que por obedeceros, desobedezco á mi padre, (1) Tellez olvidó que en el acto segundo, escena primera, (página 174) habia dicho: otros hijos sin tí tengo ' que me sucedan después.
EL CELOSO PRUDENTE, y al rey de Polonia dejo. REY. ¿Pues no amabas á Diana, traidor ? SIGISMUNDO. No lo quiera el cielo. Lisena solo ha triunfado, señor, de mis pensamientos. don sancho , aparte. Honra mia, dadme albricias; que si lo que escucho es cierto, yo haré á mi silencio sabio de jaspe y marfil un templo. REY. Pues el papel y el retrato que halló á Diana Fisbcrto, y el dia que se casó las muestras de sentimiento que hiciste , ¿cómo se hermanan agora con este enredo? DISEÑA. El retrato y el papel Diana estaba leyendo, cuando entró mi padre airado en nuestro jardín; y viendo lo que guardalle importaba, le metió, gran señor, dentro de la manga en que le halló mi padre. DIANA. Y yo. que el deseo de ver reinar á Lisena he cumplido con aquesto, sufrí cuerda los agravios de mi padre, y al secreto encomendé la ventura de este dichoso suceso, pues de él ó don Sancho ilustre por señor y esposo medro. GASCON. Yo doy fé como escribano, corredor, aunque cochero L
253 ACTO III, ESCENA XVIII. arcaduz, estafetilla, y á pagar de.mi dinero, que es verdad todo lo dicho. REY. Alto; digno es este cuento que no se acabe en tragedia. Leonora, por amor vuestro los perdono. DON sancho, aparte. ¿Veis, honor, si el callar fue de provecho? Hablen los otros maridos en su afrenta y vituperio; que hasta agora nadie sabe, sino el cielo y yo, mis celos, que en mi honra averiguados, del alma alegre los echo. FISBERTO. ¿ En fin , señor, consentís que Lisena me dé nietos que reyes Bohemia llame? REY. Dios lo haga ansí, Fisberto. ENRIQUE. ¡Buen retrato de Leonora ! Convertido se ha en Arnesto el príncipe Sigismundo. GASCON. Yo fui quien os di ese trueco. (Al príncipe .) Pero ¿cómo no me pagas los jornales que merezco de esta cantera acabada? SIGISMUNDO. Hágote mi camarero. ORELIO. ¡ Cómo! ¡ un cochero! GASCON. Pasito; que el sol que alumbrando vemos, es mas ilustre que vos, y su oficio es carretero.
254 EL CELOSO PRUDENTE. ORELIO. Otro cargo pueden darle. ¿No es á su Sí, Gascón. GASCON. ( ■ d Lisenct.) gusto este premio? diseña. GASCON. ¿Vénlo vustedes? La princesa gusta de esto. don sancho , aparte. El celoso como yo, calle y averigüe cuerdo sospechas, mil veces falsas, como las mias salieron; y si fueren verdad, cobre satisfacion con secreto; que la pública da causas al vulgo, siempre parlero. Don Sancho soy; si he callado ú vuestro gusto, por esto al buen callar llaman Sancho : (1) en mí tenéis el ejemplo. (1) Este título lleva dente. una reimpresión que se hizo del Celoso Pru-
EXAMEN 1)E EL CELOSO PRUDENTE. El maestro Tcllez, como ya anunciamos en la lista de sus obras colocada al principio del primer tomo, incluyó esta comedia en Los Cigarrales de Toledo. S.upuso que los personages introducidos en aquella novela representaron el Vergonzoso en palacio , Cómo han de ser los amigos , y el Celoso Prudente ; y hablando de la ejecución de la úl¬ tima, y del efecto que produjo en los que la vieron, dice lo siguiente, aludiendo sin duda á los aplausos que había obtenido en los teatros públicos de la península. "Bien afortunada fue en todo esta comedia; pues ni en los que la representaron hubo que notar menos que alabanza, ni en ella los escrupulosos bailaron cosa que no fuese á satisfacción de los gustos y del arle. Afilen ago¬ ra, dijo don Juan de Salcedo, los zoilos murmuraciones en la piedra de la envidia: veamos si hallarán los que par¬ ten un pelo, alguno en esta digno de reprensión; censu¬ ren los Catones este entretenimiento; que por mas que 1c registren, no tendrán las costumbres modestas ocasión de distraerse. Aquí pueden aprender los celosos á no dejarse llevar de espcricncias mentirosas, los maridos á ser pru¬ dentes, las damas á ser firmes, los príncipes á cumplir palabras, los padres á mirar por la honra de sus hijos, los criados á ser leales, y todos los presentes á estimar el entretenimiento de la comedia, que en estos tiempos, es¬ pulgada de las imperfecciones que en los años pasados se consentían á los teatros de España, y limpia de toda ac¬ ción torpe, deleita enseñando, y enseña dando gusto.” Avínole bien al padre Tellez escribir en una época en que los españoles eran menos descontentadizos en el teatro que son hoy dia; porque si hubiera alcanzado nuestros tiempos, ó hubiera omitido ciertas espresiones en el Celoso Prudente , ó hubieran sido muy mal recibidas. ISi el fin
EL CELOSO PRUDENTE. 256 moral «1c la composición, ni la claridad de su argumento, ni la regularidad de sus formas, ni el interés que escita el liéroe, ni el ingenio que resplandece en el diálogo, hu¬ bieran bastado á disculpar lo aventurado de algunas ideas. Críticos severos hubiera hallado el reverendísimo (y no pocos) que le arguyesen, diciéndole que si desde el princi¬ pio de la comedia nos pintaba los amores de Sigismundo y Lisena como encaminados á un fin honesto , que si la cita de ambos en el jardín era tínicamente para darse ma¬ no y palabra de esposos, ¿á qué propósito decía Gascón que los dejaba solos porque estaban picados? ¿Por qué, añadirían, por qué Sigismundo en la escena XVI del se¬ gundo acto pide á Lisena que se le entregue á merced, y ella sin oponer, ni aun por melindre, un reparo, se li¬ mita á preguntar, como si se tratase del asunto mas indife¬ rente, que cuándo y dónde? De los labios de una doncella virtuosa, cual Lisena aparece hasta allí, de los labios de una inugcr en cuyo corazón se conserve una chispa de pundonor y vergüenza , no pueden salir tales palabras: esta es una impropiedad de carácter gravísima. La primera objeción es bastante justa, la última peca de exagerada. Aquí hay una falta de plan, de ejecución; no de pensamiento, no de moralidad. Lo que Sigismundo quiere proponer á Lisena, como se vé claramente después en la escena undécima del acto tercero, es el casarse am¬ bos con el beneplácito del rey. Tellez, al evitar cuidadosa¬ mente servirse de la palabra matrimonio , ó de sus sinó¬ nimas (porque oidas por don Sancho, se halda de desvane¬ cer el eri'or en que importaba mantenerle) supuso que Lisena conocia en la voz y en el tono la verdadera inten¬ ción del príncipe, (como quiera que los amantes se ven los corazones) y contó con que el auditorio, instruido mas que la dama , por el razonamiento de los dos hermanos antes de la salida de Enrique, no llcvaria á mal que una doncella se manifestase dócil y dispuesta á cambiar legí¬ timamente de estado. El vulgo ignorante del tiempo de Tellez comprendía estas cosas sin dificultad, y las interpre¬ taba sin malicia; el público ilustrado de ahora no quiere conocerlas, ó las interpreta de otro modo. Esto que en una composiéion escénica de un moderno seria un defecto grave, no lo es en una del padre Tellez. Por una razón análoga, es decir, porque Tellez de.or-
EXAMEN. 2^7 dinarío hace hablar á los reyes y príncipes de su teatro como personas particulares, disfrazando á caballeros espa¬ ñoles, contemporáneos suyos, con nombres fingidos, perdo¬ naremos lo del cambio de Lisena por Leonora. Pasaremos también el que don Sancho crea que oye á su muger en la escena á oscuras del acto segundo, figurándonos que el buen Urrea hacia pocó que conocía á Diana, y que la voz de Lisena podia parccérsele mucho. Lo que no admite disi¬ mulo es el no haber motivado la circunstancia de dar Si¬ gismundo á Lisena en aquella ocasión el nombre de su hermana. Engañados Fisberto y el rey por el papel y el retrato del príncipe, cuanto hacen .este y Lisena para ar¬ raigar aquel error es completamente inútil, porque el ob¬ jeto está conseguido. Que Sigismundo bable á su dama por el terrero, va bien; pero ¿á qué la llama Diana, si ni el rey ni persona alguna enviada por él, los escucha? Este inconveniente estaba salvado con mucha facilidad. El prín¬ cipe podia saber que de orden de su padre le acechaba los pasos un palaciego. No habia podido averiguar quién fue¬ se aquel hombre; veia venir un embozado, pensaba que era el espía, queria alucinarle, hablaba para que le oye¬ sen, y el que le oia era el esposo de Diaria. Con dificultad se hallarán en la comedia del Celoso Prudente mas lunares que los que dejamos indicados, y esos desaparecen casi del todo á vista del pensamiento fun¬ damental del drama y de su brillante desempeño. El dolor del honrado marido, que se cree agraviado de un prínci¬ pe, su respeto al heredero de la corona, el temor del qué dirán, el disimulo que le aconseja su honor, su templan¬ za con la esposa que se le figura culpable, y el desalien¬ to que sus años le infunden, están espresados de un mo¬ do admirable. Tal vez pueda decirse sin cavilosidad que don Francisco de Rojas tuvo presente la figura de don Sancho al escribir su magnífico' drama García del Casta¬ ñar. La situación de ambos esposos es muy semejante; los afectos que les dan guerra, son los misinos; la espresion es parecida; el desenlace varía, porque en el un caso hay ofensa, y en el otro no. Hasta el cariño de Diana á su esposo, el sentir que no esté siempre á su lado, y el viaje de Valdellorcs, tienen cierta analogía con el carác¬ ter de Blanca y con su fuga á Toledo por disposición del conde de Orgaz. Tirso. Tomo III. 17
♦ 358 EL CELOSO PRUDENTE. La bellísima versificación de Palabras y Plumas vuelve á aparecer en el Celoso Prudente , y.acaso con mas igualdad y tersura. Preciosas son las quintillas de la esposicion, y las décimas de la escena once en el acto se¬ gundo. El monólogo de don Sancho al fin del mismo acto, y los otros dos del tercero, están llenos de senti¬ miento y poesía: abundan los soliloquios en esta pieza; pero no repugnan, porque se ve que don Sancho no debía hablar de sus celos con nadie. Sentimos hallar, en esos magníficos trozos , aquí un jabón que lava la honra, allá un honor opilado, y acullá una cigüeña sin lengua; se siente tropezar en las octavas del acto primero con Ja que principia: que el reino del amor no tiranices (1), por que es muy de sentir leer despropósitos, ó no entender lo que se lee; pero ubiplura nitcnt , todo se disimula. Co¬ media sin defectos aun no se ha escritor el sol con sus manchas e3 el astro del dia. (1) Página 161.
VENTURA TE DE DIOS, HIJO. COMEDIA. PERSONAS. EL DUQUE DE MÁNTUA. CLEMENCIA, su hija. CLAVELA, dama. ENRIQUE, conde. CRISELIO, caballero. GRIMALDO, viejo. OCTAVIA, su muger. OTON, su hijo. CÉSARO, letrado. ROSELA, su hermana. HONORATO, viejo. FULVIO , gramático. LISENO, caballero. RAMON, alcaide. AGUDO , criado. ALBERTO, soldado. G1L0TE, villano. UN PAGE. Acompañamiento , soldados, pages , alabarderos. La escena es en Pádua, en Mántua, y en otros puntos. ACTO PRIMERO» Sala en casa de Grimaldo, en Pádua. ESCENA I. OTON j de estudiante , con el arte de Antonio (1 ) en la mano. ¿Qué os hice yo, estrellas pías, que tanto rae perseguís ? (1) Nebrija.
266 VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO. Sala en casa de Honorato, en Pádua. ESCENA IV. ROSELA. AGUDO. ROSELA. De modo contenta estoy, que pues no hago acciones locas, no muestro que hermana soy de Césaro: albricias pocas por tales nuevas te doy. ¿Que mi hermano tanta estima por sus letras ha alcanzado? AGUDO. Toda Italia le sublima por el roas noble letrado que lé cátedra de prima. No tiene jurisperito Europa sabio con él; su nombre en Bolonia escrito por las calles, el laurel le ofrece. ROSELA. Gozo infinitó con esas nuevas me das. ¡Qué alegre estará Honorato, mi padre! AGUDO. No quieras mas que él solo al de Monlerrato, cuya guerra ya sabrás que con el de Mántua tiene, ha sido causa total de las paces que previene. ROSELA. Cuéntame eso.
267 ACTO I, ESCENA IV. AGUDO. Gloria igual á ganar su valor viene. Dos años há, como sabes, que sobre la posesión de algunas ciudades graves, que en esta comarca son de Italia y Milán las llaves, el duque de Mántua viejo, y el marques de Mpnferrato, los dos de la guerra espejo, con militar aparato perturban paz y consejo; y remitiendo á la guerra pareceres de letrados, (que el mas sábio tal vez yerra) de Italia á los potentados lian convocado á su tierra. Peleaban cada dia, y combatiendo murallas la dicha y la valentía, en asaltos y en batallas se abrasaba Lombardía; y sin poder componellos los que la paz intentaban , la ocasión andaba entre ellos, de quien ciegos procuraban , sin verla, asir los cabellos. Cansados de guerra, pues, entró el papa de por medio, llamando al duque y marques, y para poner remedio en tan prolijo interes, mandó que buscar hiciesen al mas ilustre letrado que las leyes conociesen, en cuyo estudio y cuidado sus pleitos comprometiesen. Dio la diligencia prisa, y volando á las ciudades iie Italia la fama, avisa á las universidades
2 g s VENTURA TE DÉ DIOS , HIJO, de Perusa, Ferino y Pisa. Vienen letrados de Roma, los suyos Bolonia apresta; mas Césaro que los doma, como el sol se manifiesta cuando entre estrellas asoma. Rindiéronse á su opinión cuantos ser jueces quisieran, y no fue grande blasón, pues también lo mismo hicieran Bártulo, Baldo y Jason. Juez árbitro le nombraron el duque y marques al fin, y después que le informaron, de dar á sus guerras fin y pasar los dos juraron por su sábio parecer , en la justicia resuelto , que no admite corromper. Y después de haber revuelto todo el derecho, á vencer vino el duque; pci'o dió Césaro tales razones, y tan eficaz habló, que á pesar de disensiones , á los dos apaciguó con que la hermosa Clemencia, hija del duque, se case con el conde de Placencia, hijo del marques, y pase la guerra á bodas y herencia. Vinieron los dos en esto; y d Césaro aficionados, en el gobierno le ha puesto el duque, de sus estados; y el marques, que ve compuesto tan á su satisfacción pleito tan largo y renido, en muestras de su afición, de joyas le ha enriquecido, y una villa en posesión de mayorazgo le ha dado;
ACTO I, ESCENA IV. 269 premio (le su mucha ciencia, y para vos lia alcanzado , siendo dama de Clemencia, esperanzas de un condado, con el esposo que os dé. Ved lo que el estudio alcanza. ROSELA. Pues de estado mejoré, voluntad, á la mudanza cstátuas levantaré. Villano padre dió el ser al xnio, que mejoró con el trato mercader: vieldos en varas trocó, y el sembrar por el vender. Admití la voluntad que mostró tenerme Otón, ilustre en esta ciudad, creyendo de su afición interesar calidad á mi sangre con su amor; (que aunque pobre, es caballero) pues dándome ébsu valor, y yo en trueco mi dinero, lucieran los dos mejor; pero pues la diligencia de mi hermano le sublima á tan noble preminencia, y en le de su mucha estima, he de privar con Clemencia, Otón mude su cuidado; que ya los cielos serenos de mi amor, se han anublado; porque no pienso ser menos que esposa de un titulado. AGUDO. A eso y mas puede animarte Césaro, del mundo espejo. (Fase.)
270 VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO. ESCENA V. OTON.— ROSELA. OTON. Rósela, por adorarte, odiosos estudios dejo; que al natural cansa el arte. ¿Qué gramática mejor, que mas noble facultad, qué ciencia de mas valor, que la que llalla en tu beldad mi correspondido amor? Estudie nominativos quien como yo no se asombre, y aplíqueles adjetivos, como declinen tu nombre mis deseos siempre vivos. Conjuguen á sum , es fui sin raí los demas desde hoy, pues solo de él aprendí, mi bien, con el sum, que soy tuyo, y no vivo sin tí. Si se enojare mi padre porque en su gusto no vengo, ya, le cuadre ó no le cuadre, á tu amor por padre tengo, y á tu hermosura por madre. Abre el amoroso labio, hónreme tu sí dichoso, no hagas á mi fé agravio; que mas quiero ser tu esposo, que no siéndolo, ser sabio. ROSELA. (Jparte. ¡Qué donoso impertinente!) Otón, pobreza y valor no son dote competente, ni anda ya desnudo amor en la opinión de la gente.
2 7 ACTO I, ESCENA V. Si ya que eres ignorante, tuvieras hacienda, Olon, estimárate constante; que el tener es dicrecion, y el oro se ha vuelto amante. El cielo á mi hermano ha dado tantas letras, que le ven por ellas entronizado, y siendo sabio, no es bien darle á un necio por cuñado. De tu ignorancia me pesa. Césaro me ha prometido, por lo que en esto interesa, • que no ha de ser mi marido quien no me llame condesa. OTON., Respondes como muger, pues en la hacienda reparas: liija, al fin, de urt mercader , que mide su amor á varas en la tienda del tener. ¿Al interes amor llamas? Amor no es mas que valor de la voluntad que infamas. ROSELA. Pues tú , ¿ qué sabes de amor, si aun no has llegado á amo, amas? Anda, vete á sum, es, fui. OTON. Sí haré; que soy caballero, y seré siempre el que fui, y el ser villano y grosero dé un terrón al que hay en tí. Yo, soy yo.... ROSETA. ¿Dasmc lición? OTON. Y tú, eres tú. ROSELA. A conjugar te vas enseñando, Otón; mas tu amor no ha de llegar
272 VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO, conmigo á conjugación, ni á sor mi amante tampoco ; que mas adelante pasa. OTON. A no estimarte t'an poco, villana.... rose t A. ¿No hay quien de casa á palos me eche este loco? ESCENA VI. AGUDO.— ROSELA. OTON. AGUDO. Albi'icias, señora mia. Tu padre y hermano están en casa, y á Mantua van. Por ellos el duque envía, y por tí, porque madama Clemencia te hace favor. ROSELA. ¿Es justo estimar tu amor, cuando un príncipe me llama? Bien pudiera castigar tu ignorante desacato , si á Césaro y á Honorato cuenta de él quisiera dar; mas en fe de tu desprecio, bástete, Otón, por agravio, que él venga á ganar por sabio, lo que tú pierdes por necio. Y pues de tí no hago caso, por lo que te falta de hombre, declina casos de un nombre, mientras en Mántua me caso; que musa, musan te escusa, pues mientras te corresponde, me casarán con un conde y á tí', ignorante, con musa.
ACTO I, ESCENA VIL 2 7 3 OTON. ¿Que esto sufro? ¿que esto escucho? ¿que esto causa el no saber? ESCENA VII. césaro , de letrado galan. Honorato.—oton. rósela. (Agudo se va.) HONORATO. ¡Hija! CÉSARO. ¡ Hermana! ROSELA. Si el placer da la muerte cuando es mucho, no sé, hermano, como vivo. Si honró el laurel tu cabello, honre mis brazos tu cuello, en que el alma te apercibo. Ya sé cuán sabio te nombra la fama que te engrandece; que el duque te favorece , y á mí, que estoy á tu sombra. Ya sé que él con el marques, por bastar á apaciguallos, te hacen señor de vasallos, y conde te harán después. Ya sé que entro en la privanza de madama, y que por mí vienes, levantando ansí hasta el cielo mi esperanza; que á mi padre da valor la vara , que en tí mejora, si de medir hasta agora, ya en tí de* gobernador; sé que á tu sangre enriqueces; y aunque honrarte tanto escucho, sé, en fin, si te han dado mucho, que infinito mas mereces. Tirso. Tomo 111\ 18
VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO. CÉSARO. Yo sé, Rósela querida, lo que hasta á ennoblecer mi linage, sangre y ser. Preven luego tu partida; que te esperan dos carrozas. ROSELA. ¿Dos? HONORATO. ¿Pues eso te ha espantado Yo espero verte en estado, si un año á tu hermano gozas, que te llame su muger un Colona, ó un Gonzaga. ROSELA. ¡ Ay padre! el cielo lo haga. oton, aparte. Saber y ensoberbecer todo es uno: la ambición de estos me’ ha causado risa. CÉSARO. Yo, hermana , vengo de prisa. ROSELA. Vamos. CÉSARO. ¡Oh señor Oton! ¿ aquí está vuesamerced ? OTON. Con el contento y el gusto, que en esta ocasión es justo. CÉSARO. Todo es hacerme merced. Ya estará bravo latino. ¿Cómo va de construir? Versos sabrá ya medir; no envidiará á Calepino. ROSELA. ¡Y cómo! No hay quien le iguale. Es en sum , es, fui la prima; que tanto lo que es estima, que del sum , es , fui no sale.
ACTO I, ESCENA VIH. CÉSARO. Hace Lien , que es caballero. Estudie, haga lo que manda su padre; que el tiempo ablanda el ingenio mas grosero. Sus treinta años, poco”mas, debe tener: muchacho es. Tiempo le queda después para aprender lo demas. ¿ Azótale el preceptor? OTON. Por la lición, honra fuera; mas si el verdugo los diera en cás de algún labrador, fuera afrenta conocida. CÉSARO. ¿Tan presto se ha de picar? OTON. Muchos suelen azotar porque dan mala medida. Como mercader no fui, no temo azotes por esto. CÉSARO. Yo no me corro tan presto, aunque lo diga por mí. HONORATO. ¡Vive Dios, hidalgo pobre...! CÉSARO. Basta, padre; que la ciencia es madre de la prudencia. Humos con su sangre cobre.... Y advertid que entran acá sus padres.—Estudie, hermano; que yo le daré la mano. OTON. ¡ Qué de callos que tendrá! 275
3;8 VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO, que el duque tornará de él, mi envidia quieta y amansa. escena XXVI. CLEMENCIA. OTON. CLAVELA. ROSELA.--DICHOS. CLEMENCíA.. : : {A Otón al salir.) Cruel, ¿qué traición es esta? ' OTON; " >’» ■ > ■ ¿ ¿Yo traición, cuando te llamas mi esposa, cédulas firmas, y en este jardín riie aguardas? ' ■ DUQUE. ' ■ ¡ Prended este hombre. OTÓN. Señor, humilde estoy á tus plantas. DUQUE. No te levantarás de ellas con vida. OTON. Si tú lo mandas, dichosa será mi muerte; pero no sé que haya causa, para tan cruel sentencia. •duque!. ¡Cuando de afrentarme acabas , dices que no hay causa, infame! OTON. Por este papel, madama, que me envió con Rósela, como á su esposó me trata, á sus bodas me convida, y si vine á celebrarlas, es por ser, señor, tu gusto. duque. ¿Mi gusto ?
AC'L'0 III, ESCENA XXVI. 3/9 OTON. No habrá íhudanza que niegue, 1 duque, ser tuya esta cédula firmada de tu nombre, en que me das seguridad y palabra de casarme'¿on ¡Clemencia. 1 ' ¡DtfQUÉ. J ■ :,,i - Yo para que gobernaras á Monferrato te di la provisión. •< OTON. Hablen cartas. CRISELIO. A mí, gran señor, mediste la gobernación que acabas de decir. OTON. Y á mí de ser sucesor tuyo,-esperanza. DUQUE. ¡Troquélas! Vuestra ventura, Otón , estas cosas traza. Caballei-o noble sois , de lo mas limpio de Italia: lo que la ventura ha hecho , no es bien que yo lo deshaga: ella os casó cori Clemencia. (Vdse Gilute .) CLEMENCIA. Y ella ha sido quien me engaña; que yo el papel que escribí , con Rósela le enviaba al conde Enrique. ROSELA. Eso no; que si á Enrique me nombraras, yo fuera esposa'de Otón. Al conde dijiste. DUQUE. Basta; que la fortuna se esmera en hacer por vos hazañas.
3So VENTURA TE DÉ DIQS, HIJO. Clemencia es ya vuestra esposa. CLEMENCIA. Hasta en. arques lo le ampara su dicha; que le he cobrado tanto amor, que es suya el alma. DUQUE,:. , , Dalde, Criselio, á Clávela la mano , y sereis de .Pádua y de Cremona marques. CRISELIO; Yo beso las tuyas francas, CLEMENCIA. Al conde Enrique perdona. DUQUE. Criselio tiene una hermana; su estado le restituyo, si Enrique con ella casa. ENRIQUE. Con el sí te doy, sejior, debidas y justas gracias, sin que en tu sangre y la mia . inas enemistades haya. DUQUE. Otón, pues Ccsaro quiso daros muerte, cjecutalda en él, ó haced vuestro gusto. CÉSARO, aparte. ¡Cielos , esto me faltaba! OTON. Dóile, en fé de esa licencia, dos villas, porque así paga á las letras envidiosas, cuando es noble, la ignorancia. CÉSARO. Disculparme es ofenderte: no hay en el mundo venganza como es el dar bien por mal, que afrenta y obliga. OTON. Basta. A Rósela porque cumpla de ser condesa las ansias,
ACTO III, ESCENA XXVII. que há tanto la traen inquieta, con el conde he de casalla de Florel. ROSELA. Beso tus pies. ESCENA XXVII. GILOTE.-DICHOS. GILOTE. Tus padres , señor, acaban de llegar, que á verte vienen. DUQUE. Vamos, pues, á ver á Octavia, y á Grimaldo, pues que son vuestros padres. GILOTE. ¿Y sin nada me dejas? OTON. Por tuya queda la hacienda, prados y granja, principio de mi ventura. GILOTE. Vivas mas que una madrastra. DUQUE. En vos, Otón, quede ejemplo, con que inmortalice Italia lo que puede la ventura. OTON. Sin ella no valen nada sangre, hacienda, armas ni letras pues es proverbio de España: Ventura te dé Dios , hijo ; que el saber poco , te basta.
••• ■ ■ t - v! api íW.-t! ¡ú oilu:: . • ‘•’ s.l ’¡¡>¿:o-> ,! ■ > su.-: * . . ■ ‘í s •;!. .ií-: ■ ¿.^>3 i -- - v ' y .•n<wrrs, . | i*l ■ • . ¡ ■ - /• ■ t ' : «• -•o] , i ’filí, .1 .ZitOWiJÉtoh uiiji-jiihíj . ■ ru.?)j ™ . • í.. . ¿r. 7 ¡ 7 .»í!qfc:p -j>mp , tío:') , •-'»•/ ■ a.T ::! f>bjir ; . -mi'/ ?• . «ir'jfíiY tw ¡-.‘lo ¡; ¡ ^ : J :, r •• ' W<>r,' ' ’ i ■ • ■■ ! •••*.' ; • .-•••• '*•.’» íU/Á jv ** : \wV. . V>
EXAMEN »« VENTURA TE DE DIOS* HIJO. Comedias en prosa llamó Lope de Vega por vituperio á las novelas de Cervantes: con mas justicia se podria cali¬ ficar de novelas dialogadas á casi todas las comedias del in¬ genio fénix, y aun á casi todas las de nuestro antiguo tea¬ tro. Una novela es, en efecto, la comedia de Ventura te dé Dios, hijo, y novela con tantos lances, que no pudiendo el autor acomodarlos sin estrechez en el espacio de que no podia salir, hubo de renunciar á darles la preparación, desarrollo y coherencia suficientes; por lo cual esta vez, para seguir al maestro Tcllez, nos será preciso examinar por actos y escenas su obra, á fin de que sea mas fácil apuntar, tanto sus principales bellezas, como los defectos de mas bulto. Un adagio vulgar dió á Tellez el título y el argumen¬ to de esta composición; pero el espíritu filosófico con que está escrita no fue ciertamente inspiración del adagio. No quiso nuestro eminente poeta predicar el abandono del es¬ tudio; no pretendió ridiculizar el saber, ni mostrar con un ejemplo que la prosperidad es el patrimonio de los mentecatos: quiso manifestar que es injusto, que es des¬ acertado violentar la inclinación del hombre en la elec¬ ción de carrera ó modo de vivir, y que los decretos de la Providencia se cumplen á despecho de lodos los cálculos de la humana cordura. Para que Otón amparase á una princesa fugitiva, para que se apoderase de un conde que acababa de ganar una victoria, para que recibiese dos cai¬ tas que le encaminasen á los brazos de la hija de su so¬ berano, ninguna falta le hacia saber latín; pero acaso sin el empeño de Grimaldo en hacér^pfo estudiar contra vien¬ to y marca, Otón no hubiera sido confinado en la granja donde tuvo el encuentro, primer escalón de su ventura, á la cual era mas acreedor ciertamente que el impostor
384- VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO. Criselio, ni el menguado Enrique. El Lien de Otón nace de la persecución que sufre, del mal que le quieren hacer: nunca aparece la fortuna mas justificada que cuando con las armas que asestan á la inocencia sus enemigos, le for¬ ma el escabel de su elevación, el trofeo de su victoria. ACTO PRIMERO. ESCENAS I , IX Y III. No hay que molestarse en averiguar si en Italia se en¬ senaba latín por el arte de Nebrija: diversas veces hemos dicho que para nuestros antiguos dramáticos no habia mas mundo que España, ó que en todas partes veian los hom¬ bres y las cosas de nuestro pais. El monólogo de Otón es bueno: ahora nos parece largo; pero cien versos ¿qué suponian para espectadores que escuchaban atentos, al prin¬ cipio de una comedia, relaciones mas largas que actos en¬ teros de una tragedia de Alfieri ? Nada hubiera que pedir á esta esposicion, si se nos hubiera dicho que Otón residia en Pádua. El maestro que halla al discípulo con el libro caído en el suelo , que le anima al pronto, y un momento después le amenaza, es sin duda un preceptor de aquella época en que se infundía la ciencia á latigazos ; pero actor que ha¬ lda de retirarse inmediatamente y no volverá figurar, no debia haberse introducido en la fábula. Lo mismo puede decirse de los personages de Honorato y Agudo. Pues decí el tiempo presente.— ¿No fué en ese tiempo Adán? Este olvido de Otón es chistoso. Cuando el maestro re¬ pite la pregunta después, y Otón le dice: "el presente es bien bellaco” $( c., entonces ya no responde distraído, si¬ no amostazado , y resuelto á no tomar en la mano jamás la gramática. La última redondilla de Ful vio era un insulto á Ips espectadores: afortunadamente los insultaba en latín. ESCENA VII. Es muy buen pensamiento el de introducir en esle dra¬ ma un hombre de humilde cuna á quien ha sublimado,
EXAMEN. 385 no la casualidad, ñola fortuna, sino su aplicación, su in¬ genio. Si la estrella de Césaro se oscurece luego ante el as¬ tro esplendente de Otón, no hay que eslrañarlo: justo es que brille mas la virtud qué el orgullo y la envidia. ¿Quién no ve á un doctorazo que rebienta de presunción en estas palabras enfáticas? Estudie, haga lo que manda su padre; que el tiempo ablanda el ingenio mas grosei’o. Sus treinta años , poco mas, debe tener: muchacho es. ¿Azótale el preceptor ? ESCENAS VIII, IX Y X. Grimaldo y Honorato son vecinos: es muy natural que el padre de Otón vaya á felicitar á Césaro, y que ha¬ ga el cotejo de .la ciencia del villano con la rudeza del noble; pero después que el letrado, su padre y su engreí¬ da hermana se han retirado, ofreciendo por mofa sus ser¬ vicios ó Grimaldo, á Octavia y Otón, estos no deben per¬ manecer en una casa donde ven que les hacen burla, y no es creíble que el padre irritado mande allí á su hijo cam¬ biar de trage con un pastor. La sumisión de aquel es pro¬ pia de un mancebo virtuoso, y el espectador desea que sé cumpla el vaticinio de Octavia, de la buena madre. La dicha que Dios te guarda tu obediencia solicita. ESCENA XII. El despecho de Criselio está perfectamente espresado: los versos son robustos, los afectos naturales. ¿Yo, Liscno, á Clávela ? ¿yo su esposo? ¿Qué importa que del duque sea sobrina? ¿Qué importa que su dote caudaloso incline al interes, si á amor no inclina? ¿Yo autor infame de mi propia injuria? ¿yo vil ejecutor de mi sentencia? ¿yo amante suyo á intitular me atrevo? ¿ yo que la adoro, yo , á casar la llevo ? Así habla la pasión. Tikso. Tomo III. 25
36G VENTURA TE DÉ DIOS, HIJO. ESCENAS XIII, XIV Y XV. CLEMENCIA. Sin verle, me dan marido: no sé si mi padre yerra; pero sí que su hija soy, y que es fuerza obedecelle. CLAVELA. Hoy, prima tienes de velle. CLEMENCIA. Y-tambien me casan boy. ¿Cuándo lias'visto tú, Clávela, boda y vistas en un dia? La repugnancia de la princesa al casamiento que va á contraer, está ingeniosamente ideada para que Clemencia crea sobre su palabra á Criselio. El lector desearla mas preparación , mas artificio, para que apareciese mas verosí¬ mil y disculpable la credulidad y atolondramiento de Cle¬ mencia , que la determinan á huir del castillo: en el tea¬ tro, interesado el espectador, no echa menos estos toques delicados. ESCENAS XVI Y XVII. Otón desterrado al campo, no desmiente su carácter de obediencia y respeto á sus padres: no piensa en huir la pena que le han impuesto, sino que la sufre con resigna¬ ción. Con la princesa se muestra generoso, valiente, cor¬ tés y precavido. Concluye oportunamente el acto; creemos traslucir la ventura de Otón, y se la deseamos grande, porque le vemos digno de ella. ACTO SEGUNDO. escena i. Yo be procurado ver si á solas se hablan, y fian sido tantas las muestras y tales de amor, que me han persuadido á que en lazos desiguales se han de casar, si no impido este desatino luego.
EXAMEN. 38 7 Grimaldo se equivoca muy verosímilmente; pero en¬ gaña sin necesidad á los espectadores, y perjudica á Cle¬ mencia que ha de manifestarse después inclinada á Enrique. ESCENA II. Odiosa hasta lo sumo nos parece Clemencia al calum¬ niar vilmente á Enrique, aunque lo haga en un romance magnífico. No es natural tampoco que el hombre á quien se imputa un crimen que no ha cometido, escuche con pa¬ ciencia la larga relación de su acusadora, sin interrumpir¬ la indignado cien veces. Los endecasílabos de esta escena son admirables. escena xi. La prontitud con que nos lleva el autor desde las cer¬ canías de Mántua á las de Monfcrrato, no deja de repug¬ nar. Hasta Lope de Vega en su arte de hacer comedias prescribe que si un actor tiene que hacer un viage, se su¬ ponga este verificado en un intermedio. ESCENAS XVII, XVIII Y XI*. El duque espera que sus armas obtengan un triunfo señalado porque las dirigen un caudillo valiente y un le¬ trado docto. Las letras, empero, y las armas vuelven ven¬ cidas, culpándose mútuamente de la derrota. En estas cir¬ cunstancias , Otón conduce prisionero al hijo del soberano enemigo. Su corto razonamiento al duque respira senci¬ llez, modestia y generosidad. El favorito de la fortuna es un modelo de cuerda templanza, que solo se venga de Césaro y Rósela haciéndoles con sinceridad un ofrecimien¬ to muy superior a^ que ellos anteriormente le hicieron de burlas. El acto segundo concluye bien; pero en su to¬ talidad es muy inferior al primero. ACTO TERCERO. ESCENA III. Clemencia, que prendada de Enrique se halla dispues¬ ta á favorecer amores ágenos, quiere recordar á Otón los