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Hasta el fin del mundo: una tragedia sobre el apóstol Judas

Moreno Redoli, Héctor

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UNIVERSIDAD DE SEVILLA MÁSTER EN ESCRITURA CREATIVA Trabajo Fin de Máster Convocatoria: 2023-2024 HASTA EL FIN DEL MUNDO: UNA TRAGEDIA SOBRE EL APÓSTOL JUDAS Modalidad de Creación: Teatro HÉCTOR MORENO REDOLI Vº Bº Tutor Miguel Nieto Nuño 31 de mayo de 2024 2 ÍNDICE 1. PUNTO DE PARTIDA 3 2. ESTRUCTURA DE LA COMPOSICIÓN 5 2.1. Referencias al álbum Achtung Baby 7 3. TÉCNICAS Y ESTILOS ENSAYADOS 9 3.1. El Género Trágico 9 3.2. Tragedias Clásicas 11 3.3. Otros Modelos 13 4. DIFICULTADES Y SOLUCIONES 16 5. RESULTADOS 18 6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 20 7. HASTA EL FIN DEL MUNDO 22 3 1. Punto de Partida Cuando intentamos definir las causas de los eventos que nos han conducido a nuestro presente histórico, acabamos reconociendo siempre los mismos nexos, los mismos puntos que han ido entreverándose a lo largo de los milenios. En nuestra cultura occidental, la figura de Jesús de Nazaret es clave, pues el cristianismo es la religión más practicada. Cuando decidí que escribiría una obra de teatro para este máster, supe que tenía que considerarlo como una oportunidad para aventurarme en algo que hasta entonces no se había hecho: componer una tragedia sobre Jesús, en el trance de su pasión. Una vez tomé conciencia de esto, hube de decidir qué episodios contaría, puesto que todos no podría incluirlos. Elegí entonces partir de la noche en Getsemaní como premisa. De este modo, ya tenía la base de mi obra; no obstante, todavía quedaba una pregunta fundamental: ¿qué iba a contar? ¿Iba a referir exactamente lo relatado en los Evangelios, únicamente mediante el teatro? ¿O acaso iba a reescribir el Nuevo Testamento y crear una historia propia y ajena a la original? Decidí, pues, aunar ambas posturas, y así ideé un relato con elementos extraídos de los textos sagrados juntamente con otros elementos propios que habrían de servirme para investigar la verdad dramática de los personajes bíblicos. Ahora bien, una obra sobre Jesucristo no estaría completa sin la otra gran figura de su historia: Judas Iscariote. Desde siempre me ha causado gran asombro la figura de Judas, similar al asombro que me causa la figura de Jesús. Ambos me parecen igualmente relevantes en la Pasión. Los considero dependientes el uno del otro: no hay Judas sin Jesús, pero tampoco Jesús sin Judas. La Historia ha marcado a Judas como el enemigo, como el traidor que entregó al Hijo de Dios, pero en los últimos tiempos la figura del apóstol traidor ha adquirido cierto reconocimiento, y algunos incluso han defendido su postura. De los Evangelios Apócrifos podemos obtener versiones de los hechos en los que se humaniza la figura de este discípulo. En la cultura popular Judas ha sido reivindicado como un personaje fundamental en la Historia y se le ha dado una grandísima importancia, como podemos ver en el célebre musical de Andrew Lloyd Webber, Jesucristo Superstar. Esta obra nos presenta a un Judas coprotagonista junto a Jesús; un Judas que expresa sus miedos y rechazos hacia el Mesías, por el hecho de haber cambiado desde que se uniera a su causa y cómo ello podría llevar a todos a la ruina. La obra nos traslada al interior del personaje, otorgándole un significado a su traición, y demostrando que Judas admiraba y amaba a 4 Jesús, del mismo modo que Jesús lo amaba. Por eso mismo sufre aún más su traición. Esta dualidad entre los personajes fue uno de los motivos que me llevó a comenzar mi obra. Otro de los ejemplos de la reivindicación de la figura de Judas se encuentra en la obra del autor irlandés Brendan Kennelly, El Libro de Judas, donde se nos expone la historia de Cristo contada por el mismísimo Judas. Este libro inspiraría a Bono, cantante de la banda irlandesa U2, para componer el tema Until The End Of The World, punto clave en la realización de este trabajo. Esta composición llegó a mí justo después de pensar en la obra. Sabía de qué iba a tratar y cómo pensaba hacerlo, y entonces recordé esta canción, su temática y su fuente de inspiración. La letra refleja una conversación entre Jesús y Judas, en la que es éste último el que habla. La primera estrofa refiere la Última Cena, la segunda versa sobre la traición a Jesús y la tercera sobre el suicidio de Judas. Decidí, de este modo, utilizar esta canción en mi obra, incluyendo parte de su letra en las intervenciones del personaje de Judas y el título de la misma como el leitmotiv principal de la obra. Del mismo modo, y aprovechando mi admiración por la banda, resolví incluir referencias a las otras once canciones pertenecientes al mismo álbum, Achtung Baby, un álbum fundamental en la historia de la música moderna, así como en mi propia vida. Ya sabía lo que iba a contar, pero aún desconocía qué iba a ser ese factor novedoso que incluiría en la obra. Entonces reflexioné sobre la muerte de Judas, sobre la relación entre Judas y Jesús, y sobre el hecho de que en ningún momento se le menciona la muerte de Judas a Jesús en los Evangelios. ¿Jesús sabe que Judas se ha suicidado? Muchos podrían sobreentender que estaba al corriente, que lo sabía mucho antes de ser apresado, pero ¿y si no lo hubiera sabido? ¿Qué habría sucedido si Jesús se hubiese enterado de la muerte de Judas justo después de resucitar? ¿Qué habría hecho? ¿Qué habría sentido? ¿Habría cambiado su historia? ¿Qué habría ocurrido si Jesús fuese a llorar la muerte de Judas? Esa es la premisa desde la que parte esta obra. Por eso mismo empezamos en el presente, cuando Jesús resucita, y después volvemos al pasado para revivir distintos episodios de la Pasión, adentrándonos en el interior de los dos personajes principales, para volver, finalmente, al presente, y cerrar de nuevo con un flashback previo a la Pasión. 5 2. Estructura de la composición La obra no presenta una estructura dividida en actos, sino que una escena sucede a otra, procurando un continuado aumento de la intensidad dramática. No obstante, se pueden distinguir tres partes diferenciadas, sustentadas en el tiempo de la historia. De este modo cada parte aporta un significado único en su singularidad, pero sin abandonar la significación del conjunto. Podríamos definir la primera parte desde la escena I hasta la V, en presente dramático. La segunda parte abarcaría desde la escena VI hasta la XIII, retornando a un tiempo anterior. Y, finalmente, la tercera parte abordaría de nuevo el presente en las escenas XIV y XV; con una vuelta final al pasado en la última escena, la XVI, que funcionaría como una especie de epílogo. Al principio, opté por una estructura en actos, por someterme al canon, pero debido a la naturaleza de la obra y al gran conflicto que plantea, me pareció más acertado aproximarme a fórmulas dramáticas más actuales. No obstante, la obra sí que debía conservar la estructura de presente, pasado y vuelta al presente, porque, de lo contrario, su propósito no sería el mismo, y no tendría el mismo impacto. A continuación, se comentará cada una de las partes. La acción comienza en el momento en el que Jesús se presenta, resucitado, ante los Apóstoles, y es informado del deceso de Judas. Profundamente afectado, visita el lugar donde se suicidó. El resto de los acontecimientos que presenta esta sección continúan en el presente dramático del encuentro entre ambos personajes, hasta que en la escena V Jesús le ofrece la mano a Judas para salvarlo. Este es un punto crucial, por eso mismo la acción debe mantenerse en suspense. Si siguiese la acción en el presente no se podría mantener la intensidad dramática al tener que dar solución a la acción: el espectador no habría tenido la oportunidad de sedimentar la propuesta de Jesús, contraria a la que impera en la tradición del cristianismo, ni de generar expectativas sobre la actitud de Judas, expectativas en las que se envolverían sus propias decisiones, las del espectador. Con la interrupción del presente, en la escena VI la acción dramática retrocede en el tiempo y se transporta al templo de Jerusalén, donde Caifás y Judas negocian el arresto a Jesús. El motivo de este salto no solo logra el anterior propósito: mantener el suspense durante toda esta segunda parte; sino que, también nos permite adentrarnos en el interior de Judas en sus momentos de mayor inseguridad, los momentos previos a la traición. Igualmente, en la siguiente escena, la de la Última Cena, Judas duda todavía más, pues se enfrenta a su maestro, a quien ha seguido los últimos años arrastrado por la 6 fe en él. La obra sitúa al espectador frente a un enfrentamiento inesperado, que puede abrir en él una perspectiva insólita sobre el conflicto que desencadena el suceso de la Pasión de Cristo. Aunque sean necesarios ciertos conocimientos sobre la vida de Jesús para la comprensión de lo que está en juego, mostrar las personalidades de Jesús y Judas en acción será mejor para la vuelta al presente al final de la obra. Esta segunda parte se atiene a la narración bíblica, aunque con licencias poéticas. Pretende plasmar el entendimiento del interior de los personajes a modo de recuerdo para volver al presente del principio, que da fin a la obra. La última escena de esta segunda parte acaba como empieza la primera: con Judas cuestionándose su traición; solo que, esta vez, no es la duda la que invade su mente, sino el arrepentimiento. La elección de esta escena para cerrar el arco correspondiente al pasado se debe a un doble motivo: dotar de unidad a este apartado, pues empieza con la decisión de entregar a Jesús, y concluye con el arrepentimiento y el desencanto que precede a la desesperación y al suicidio. El otro motivo por el que se ha escogido esta escena para cerrar el arco del pasado es que tiene lugar en el mismo espacio donde se desarrolla la acción del presente. El suicidio de Judas representa el detonante que hace actuar a Jesús al principio de la obra. Las otras dos partes que siguen sí que son mucho más libres. Si la primera parte acababa con la propuesta de salvación por parte de Jesús a Judas, la tercera empieza en ese mismo punto, produciéndose así una vuelta al presente dramático, el punto de mayor intensidad, pues se dirime un conflicto que trasciende los acontecimientos históricos. Esta trascendencia es la que permite la intromisión del Diablo, que llega para separar de una vez al maestro de su discípulo. Esta decisión también se ha realizado adrede, pues es el Diablo quien trae de vuelta al apóstol, pero también el que lo aparta definitivamente del mesías. Finalmente, la acción vuelve al pasado para la última escena, en esta ocasión, a un momento no definido previo a la Pasión. La elección de esta escena para concluir la función se debe a dos motivos: el primero es que, durante toda la obra, Judas verbaliza que no confía en Jesús, que le ha decepcionado, etc. Por eso mismo, en esta última parte, nos encontramos con un Judas que cree en Jesús, un Judas que lo sigue y que defiende su causa. El segundo motivo es mostrar a los dos protagonistas en un momento en el que no están enemistados, un tiempo en el que realmente eran maestro y discípulo. A pesar de estas explicaciones, soy consciente de la complejidad que puede tener esta estructura. Si no se presta demasiada atención, la obra puede resultar algo confusa, 7 pero, aunque esto sea algo arriesgado, debe ser así. Si se estructurasen las escenas en orden cronológico, la obra no tendría el mismo impacto. No habría tensión entre el principio y el final, ni se apreciaría tan bien el significado detrás de todo ello. El presente representa la oportunidad de cambio, lo mutable, pero el pasado simboliza la imposibilidad de modificar algo, el arrepentimiento, lo inmutable. Jesús le ofrece a Judas, en el presente, la salvación, pero Judas sabe que no puede recibirla porque en el pasado ha cometido un error, y eso es algo que no se puede cambiar en el presente. Por eso mismo, esta es la estructura escogida, porque es la única que muestra la oposición entre el pasado y el presente. En cuanto a la estructura de las escenas, la mayoría de ellas se basan en una confrontación clásica entre dos personajes (Jesús y Judas, Jesús y el Diablo, Judas y Caifás, etc.). Pero hay algunas en las que sí que aparecen más personajes, destacando la escena de la Última Cena o la de la aparición de Jesús al principio de la obra. Sin embargo, la clave en la mayoría de ellas es el enfrentamiento entre dos personajes, que representan dos posturas fundamentales de la vida y de la muerte. Cuando Jesús habla con Judas al principio de la obra, conversan un resucitado y alguien que ha sido revivido por el mismísimo Diablo; son dos modelos opuestos de la muerte, uno divino y otro infernal, uno bueno y otro malo. Al final, todo se comprende bajo la lucha entre el Bien y el Mal. No obstante, el planteamiento no es tan sencillo, pues cada punto de vista es constantemente cuestionado. Incluso Jesús cuestiona el bien de Dios. Es la duda la que funciona como hilo conductor a lo largo de toda la obra, porque es la duda la que nos hace humanos, incluso a figuras nimbadas de divinidad, como es Jesús de Nazaret. 2.1. Referencias al álbum Achtung Baby Como se ha comentado previamente, el álbum Achtung Baby ha sido clave en la realización de esta obra. Cada uno de sus doce temas se muestra explícita o implícitamente mencionado en la tragedia. Algunos aparecen por sus títulos, otros, por algunos versos. La canción que más veces se refiere es Until The End Of The World, que es precisamente la que presta su título a la obra. Es el leitmotiv de la misma. La frase "hasta el fin del mundo" es enunciada en numerosas ocasiones. Además, se muestran distintos fragmentos de la letra esparcidos por las distintas intervenciones de Judas. En la escena V, Judas abre su intervención diciéndole a Jesús que no lo ha visto en un tiempo, palabras que toma del primer verso del tema (“haven’t seen you in quite a 8 while”). En la escena VIII, Judas le dice a Jesús: “me intentas engañar con esos inocentes ojos” (“you lead me on with those innocent eyes”); y después, “si te parases a pensar, verías que ignoras demasiadas cosas estos días” (“you miss too much these days if you stop to think”). La tercera estrofa de la canción aparece casi en su totalidad en la escena XIII, cuando Judas, antes de suicidarse, dice: “en mis sueños intento ahogar mis penas, pero estas penas han aprendido a nadar, rodeándome, cayendo sobre mí y derramándose por todo mi alrededor. Olas de arrepentimiento y olas de felicidad atraviesan mi corazón, recordándome mi ambiguo y tormentoso destino. Ahora intento alcanzar a aquel que intenté destruir” (“in my dream I was drowning my sorrows, but my sorrows, they learned to swim, surrounding me, going down on me. Waves of regret and waves of joy. I reached out for the one I tried to destroy”). La siguiente canción más referida es One. Aparece en la escena V, cuando Jesús conversa con Judas, y éste le dice: “somos uno, pero no somos iguales” (“we're one, but we're not the same”). Y justo después, cuando Jesús le responde: “por eso mismo, tenemos que ayudarnos los unos a los otros” (“we get to carry each other”). En su siguiente intervención Judas le expone a Jesús: “dices que el amor es tu templo, la ley superior” (“you say love is a temple, love the higher law”). Zoo Station es otra canción de referencia. Solo una vez se extrae de ella un verso (“I'm ready. I'm ready for what's next”), que cierra la obra, cuando Judas le indica a Jesús: "estoy listo. Estoy listo para lo que viene ahora". Un poco antes de esta intervención, Judas menciona unos versos de la canción Who's Gonna Ride Your Wild Horses, cuando le dice a Jesús: “eres peligroso porque eres sincero” (“You're dangerous cause you're honest”), y después, “¿quién montará estos caballos salvajes?” (mismo título de la canción). El tema Even Better Than The Real Thing presenta un verso que aparece en la escena X, cuando El Diablo le asegura a Jesús: "somos libres para volar por el cielo escarlata" (“we're free to fly the crimson sky”). Un verso de la canción So Cruel aparece en la quinta escena, cuando Judas manifiesta a Jesús: "porque desaparecí en ti" (“I dissapeared in you”). Y en esta misma intervención hay una referencia al tema Acrobat: “prometí que me uniría al movimiento si hubiese uno en el que pudiera creer” (“and I'd join the movement if there was one I could believe in”). El tema The Fly presenta versos que se repiten varias veces durante la obra: “uno se alzará y otro caerá” (“a man will rise, a man will fall”). Esta frase, enunciada por el 9 Diablo, da comienzo a la obra, y aparece de nuevo, clamada por el coro, en la séptima escena, cuando Judas habla mientras Jesús lava los pies a los Apóstoles. En esta escena, el coro también enuncia otro verso de la misma canción: “un hombre suplicará, otro hombre se revolverá como una serpiente” (“a man will beg, a man will crawl”). Mysterious Ways también presenta una referencia constante durante toda la obra: “misteriosos son los caminos de Dios” (derivado del título de la misma). Así como la parodia que hace el Diablo cuando, en la escena XV, afirma: “misteriosos son los caminos del Infierno”. El verso “How far you gonna go, before you lose your way back home?”, de la canción Trying To Throw Your Arms Around The World, aparece en la octava escena, cuando Judas le dice a Jesús en Getsemaní: “¿cuánto más lejos vas a ir hasta perder el camino de vuelta a casa?” El título de la canción Ultra Violet (Light My Way) aparece en la siguiente escena, la IX, cuando Jesús reza en Getsemaní y le dice a Dios: “ilumina mi camino”. Y la referencia a la última canción, Love Is Blindness se muestra cuando Pedro le dice a Judas en la escena XI: “el amor es ciego, Judas”. 3. Técnicas y estilos ensayados 3.1. El Género Trágico La base dramática de mi obra son las tragedias griegas. Ese fue el origen de la obra y la guía que he utilizado para escribirla. La idea original surgió pensando en qué habría pasado si se hubiesen compuesto tragedias bíblicas al estilo de las griegas; por eso mismo decidí escribir una, y también por ese motivo, he utilizado estas tragedias como mis referentes. A la hora de definir la tragedia, partimos de las teorías expuestas por Aristóteles en la Poética, donde nos indica que la tragedia es una representación que cuenta un evento concreto, protagonizado por personajes de cierta grandeza, y que, al final, por medio de la compasión sentida a través de la obra, se provoca la purificación (catarsis) en el espectador. Además, estos personajes emplean un lenguaje elevado, y la tragedia utiliza un estilo distinto para cada una de las partes de la obra (dialogadas o corales). Para todo esto, Aristóteles tomó como ejemplo principal la obra Edipo Rey, de Sófocles. La catarsis es fundamental en la tragedia: el espectador, después de haber visto la representación de la obra, empatiza con los personajes protagonistas porque sabe que 16 la trama. De hecho, uno de ellos escribe El Libro de Kevin, a semejanza de los Evangelios sinópticos. 4. Dificultades y soluciones Escribir una obra sobre un personaje bíblico no es una tarea fácil. Escribirla sobre dos es peor todavía, y si uno de ellos es Jesús de Nazaret, se convierte en una labor muy compleja de realizar. Poner palabras en los labios de la figura central del cristianismo es algo que debe pensarse mucho antes de comenzar a escribir. ¿Qué diría Jesús? ¿Qué habría sentido él en una y otra circunstancia? Fueron muchas las preguntas que llegaron a mi mente cuando tan solo pensaba en la obra, mucho antes de ponerme a escribirla. Debía entregarle a Jesús una voz que representase toda la tradición cristiana, pero también una voz propia que encajase con el dramatismo de la acción. Al principio consideraba la posibilidad de que algunos representantes de la cristiandad dijesen que Jesús no habría pronunciado jamás algunas frases. Pero entonces, me paré a pensar en las tragedias griegas, que hablan de personajes míticos; lo que exponían era la interpretación del mito según el autor. Y eso fue lo que hice: interpretar los sentimientos de Jesús basándome en los eventos históricos, pero sin olvidar el sentido dramático que debe tener todo el texto. Y lo mismo ocurre con Judas y los otros personajes. Otra dificultad que encontré en el proceso fue no tanto la elección de qué contar en la obra, porque eso llegó bastante rápido, sino más bien la presentación del elemento innovador de la obra: el lamento de Jesús y el nuevo encuentro entre este y Judas. Un Jesús que llora la muerte de Judas es algo que no se ha visto nunca en la tradición cristiana. Al principio dudaba acerca de cómo tratar la situación, porque, dramáticamente hablando, es una acción muy atractiva, pero también muy atrevida para los sectores más conservadores y radicales del cristianismo. Para tomar una decisión, me decanté por centrarme en el factor dramático más que en el factor bíblico; por ello, me adentré en el interior del personaje de Jesús, y, como mi obra ha bebido de fuentes apócrifas, pensé en la importancia que apuntan estos textos que tuvo Judas para Jesús. Y así, llegué a la conclusión de que si Jesús hubiese sabido la muerte de Judas, habría ido a llorarla, porque él lo quiso tanto como quiso a los demás. De este modo, superé el primer gran problema que se abrió en este apartado de la obra. 17 La siguiente dificultad fue la “resurrección” de Judas. No se trata de una resurrección como tal, por tanto, no se puede hablar de “resurrección”, para distinguirla, de esta forma, de la auténtica resurrección de Cristo. Pero, por otra parte, Judas es revivido de un modo u otro por El Diablo. Aunque no es el Judas de antes, no está vivo ni tampoco muerto. Entonces, ¿quién es? Judas ha sido revivido por una fuerza oscura y maligna, pero no es un no-muerto. Entonces no estamos en nuestro mundo, estamos en otro lugar que no conocemos. Esto me generó confusión, pues desconocía ese espacio, pero entendía que debían estar en él los personajes. Un resucitado por Dios y otro revivido por los Infiernos, dos polos opuestos, representan ideas totalmente contrarias entre sí. Pensé en el Purgatorio, en el Limbo, pero, al final, decidí dejarlo simplemente en un lugar místico, onírico, en el que conviven las fuerzas de la luz y las de la oscuridad, en el que es posible que conversen los muertos y los vivos, en el que no hay normas ni leyes como en el mundo terrenal, ni nada que se le parezca. Una vez que me instalé en ese espacio, me detuve a pensar cómo actuaría Judas: al principio lo vi arrogante, como quien conoce lo que le ha ocurrido tanto a Jesús como a él mismo. Pero no me convenció. Por ello, quise que Judas actuara como si no recordase lo que le había pasado, como si al principio no supiese dónde estaba, para ir poco a poco recordando. Pero, cuando rememora, ¿cómo actúa? Antes pensaba que Judas debería atacar a Jesús desde el primer momento, pero no enlazaría muy bien con su suicidio, consecuencia de un arrepentimiento desesperado. Sin embargo, esta confrontación entre Jesús y Judas debía tener lugar, por eso, decidí que fuera recibiendo la información poco a poco, como ya he dicho, y que, en el momento en el que se diese cuenta de que Jesús había resucitado, se alterase y estallase contra este, reivindicando su papel en la historia, pues él también ha afrontado una misión muy dura, pero no ha recibido la misma recompensa que Jesús. De esta manera llegué al punto que quería alcanzar en la obra. El resto de los temas tratados no supusieron una gran complejidad, hasta que abordé el fin de la historia, el final de la penúltima escena, la confrontación entre Judas y Jesús. Jesús le ofrece la salvación a Judas, pero ¿qué hacer después? Si Judas la acepta, eso rompe con su cólera hacia Jesús y su destino, pero, si no la acepta, ¿qué ocurre con Jesús? Al principio planteé concederle el perdón de Judas a Jesús, pero resultó ser un desenlace muy poco convincente y simplista. Por eso mismo, opté por un final verdaderamente 18 trágico, uno en el que Judas no acepta la salvación de Jesús, y este último es rechazado por su propio discípulo. Como simple anotación, me gustaría hablar de la dificultad que ha supuesto insertar algunas letras de las canciones del álbum Achtung Baby. Es cierto que algunas canciones fueron muy fáciles de incluir, como, por ejemplo, One o Ultra Violet (Light My Way); sin embargo, otras, como, por ejemplo, Zoo Station o Tryin' To Throw Your Arms Around The World, presentan letras bastante distantes de los hechos narrados en los Evangelios, lo que complicaba bastante su inclusión en la obra. Pero yo estaba convencido de querer introducir referencias a cada una de las doce canciones que componen el álbum, por eso, lo medité una y otra vez hasta conseguir dar con la clave perfecta para que funcionasen bien dentro de esta tragedia. No obstante, hay un propósito que ha fracasado dentro de este proceso de creación: incluir toda la letra de Until The End Of The World. Hay ciertos versos que quedaron excluidos, viéndome forzado a dejarlos atrás. Afortunadamente, eso no ha supuesto un gran problema, pues distintas referencias a la canción son mencionadas en numerosas ocasiones a lo largo de la obra. 5. Resultados Escribir la última frase, la última palabra y el último punto de cualquier obra de carácter creativo es una sensación realmente gratificante. Durante todo el proceso de creación has trabajado duro por conseguir este efecto, cumplir ese objetivo y conseguir plasmarlo todo de la manera que solo tú puedes visualizar en tu cabeza. Es algo difícil, complejo e incluso frustrante, pero una vez que se acaba, se revisa numerosas veces y se entrega, es una de las mejores sensaciones que se pueden experimentar. Y eso ha sido lo que me ha ocurrido a mí con esta obra. Me siento muy satisfecho con el resultado final. Ha sido un recorrido fascinante, que ha culminado de una manera muy enriquecedora, no solo por la historia que he contado, sino por la inclusión de las referencias a las canciones del álbum Achtung Baby. Como ya se ha comentado previamente, este álbum representa mucho en mi vida, y haberlo incorporado de esta forma en mi TFM me produce una gran ilusión. Al principio pensé que sería una ardua tarea incluir referencias a todas las canciones, pero, como ya he dicho, al final, supe cómo utilizar los versos, y así pude incluir todas estas grandes canciones. 19 En cuanto a la historia, me alegra haber utilizado este final, puesto que, para el primer borrador, había contemplado otro desenlace, que rompía con el carácter de Judas, y que dejaría al espectador con una sensación más bien agridulce. Pero decidí cambiarlo, y eso es algo que agradezco enormemente, porque este cierre respeta de verdad a los personajes. Unos personajes de cuya creación también me enorgullezco. Esta era la visión que quería dar de Jesús desde el primer momento, así como de Judas. Me he tomado ciertas licencias, pero me alegro de haberlo hecho de esta manera. En general, ha sido una tarea muy reconfortante. He trabajado mucho para plasmar esa idea que tenía en mi cabeza, esa idea que llevaba pensando tiempo atrás. Me alegro de haber ensayado en mi TFM el género trágico, y me alegro mucho más de las directrices que ha tomado la obra. Finalmente, quisiera declarar que ninguna de estas ideas ha sido tratada desde un punto de vista denigrante o negativo. Respeto sumamente la religión y la cultura cristianas, pues en ellas he sido educado. La elección de esta temática obedece a la admiración y fascinación que experimento ante figuras tan grandiosas y trágicas como Jesús de Nazaret y Judas Iscariote. 20 6. Referencias Bibliográficas ARISTÓTELES (2013) [s. IV a.c.]: Poética (Alicia Villar Lecumberri, trad.). Madrid: Alianza. BENJAMIN, Walter (1966): Brecht: ensayos y conversaciones. Montevideo: Arca. DE ROMILLY, Jacqueline (2019) [1982]: La Tragedia Griega (Jordi Terré Alonso, trad.). Madrid: Gredos. DOMÉNECH, Fernando (2016): Manual de Dramaturgia. Salamanca: Universidad de Salamanca. ESQUILO (2022) [s. V a.c.]: Los Persas (Bernardo Perea Morales, trad.). Madrid: Gredos EURÍPIDES (2020) [s.V.a.c.]: Medea (Alberto Medina González, trad.). Madrid: Gredos Evangelios Apócrifos- Colección Biblioteca Personal-Jorge Luis Borges. (1985). Barcelona: Editorial Orbis. GARCÍA LORCA, Federico (1983) [1933 y 1934]: Bodas de Sangre; Yerma. Barcelona: Seix Barral. JEWISON, Norman (1973): Jesucristo Superstar. Estados Unidos, Universal Pictures. LESKY, Albin (2001) [1958]: La Tragedia Griega (Juan Godó, trad.). Barcelona: El Acantilado. LINDELOF, Damon y PERROTTA, Tom (2014–2017): The Leftovers [Serie de Televisión]. HBO; Warner Bros. Television. 21 Los Libros del Nuevo Testamento (Edición de Antonio Piñero). (2024). Madrid: Editorial Trotta. SANDRES, Ed Parish (2020) [1985]: Jesús y el judaísmo. Madrid: Editorial Trotta. SHAKESPEARE, William (2006) [1603]: Hamlet (Instituto Shakespeare, trad.). Madrid: Ediciones Cátedra. SÓFOCLES (2014) [s. V a.c.]: Antígona (Assela Alamillo Sanz, trad.). Madrid: Gredos SÓFOCLES (2014) [s V a.c.]: Áyax (Assela Alamillo Sanz, trad.). Madrid: Gredos SÓFOCLES (2014) [s.V a.c.]: Edipo Rey (María Rosa Lida, trad.). Madrid: Gredos U2 (1991). Achtung Baby. [CD] Berlín, Dublín: Island. VIDAL, César (2007): Jesús y Judas. Un drama del siglo I. Madrid: Planeta. 22 HASTA EL FIN DEL MUNDO DRAMATIS PERSONAE JESÚS JUDAS DIABLO CAIFÁS PEDRO JUAN TOMÁS SOLDADO CORO FORMADO POR MUJERES PLAÑIDERAS PRÓLOGO DIABLO. – Jesús. Judas. Dos caminos opuestos. Dos miradas hacia distintos mundos. Un maestro y un discípulo que acabaron convirtiéndose en enemigos. En esta historia siempre se ha señalado a un héroe y a un villano. Es una historia de traición y muerte, cierto, pero, sobre todo, es la historia de una profunda decepción. ¿Quién decepcionó a quién? ¿Jesús a Judas? ¿Judas a Jesús? De mi mano, uno se alzará y otro caerá. Diviértanse. ESCENA I PEDRO, JUAN, TOMÁS Casa donde se refugian los Apóstoles (JUAN, PEDRO y TOMÁS, tras la muerte de JESÚS, se esconden en una casa. JUAN y TOMÁS discuten acerca de los rumores que han llegado en relación con la resurrección de JESÚS. Mientras tanto, PEDRO se mantiene en silencio.) JUAN. – Os lo estoy diciendo. No estaba en el sepulcro. TOMÁS. – ¿Qué insinúas, Juan, que se lo han llevado? JUAN. – No. Ha resucitado. María dice que lo ha visto. 23 TOMÁS. – ¿Qué lo ha visto? Yo también lo vi, y tú. Todos lo vimos allí arriba, crucificado, muerto. JUAN. – Las Escrituras lo dicen, Tomás. El Mesías habrá de resucitar de entre los muertos. TOMÁS. –No creo que las Escrituras dictasen los inhumanos castigos que tuvo que sufrir. JUAN. – Se ha sacrificado por nosotros. Tú lo sabes bien. TOMÁS. – Y no lo niego, pero es imposible. JUAN. – María lo ha visto. TOMÁS. – ¿Tú lo has visto, Juan? ¿Lo has visto? JUAN. – (Pausa.) No. TOMÁS. – Entonces déjalo. Jesús está muerto. (A PEDRO.) ¿Y tú? ¿No dices nada? JUAN. – Déjalo, Tomás. TOMÁS. – ¿Me has oído, Pedro? JUAN. – Tomás. PEDRO. – Jesús lo dijo. (Pausa.) Él debía resucitar. JUAN. – Y ha resucitado. Su cuerpo no estaba en el sepulcro donde lo dejaron. (Acercándose a TOMÁS.) Tomás, tienes que creer. Yo lo he visto con mis propios ojos. TOMÁS. – ¿Creer? (Señalando a PEDRO.) ¿Piensas que voy a confiar en lo que dice alguien que niega a su maestro? (PEDRO mira a TOMÁS, pero guarda silencio.) Os estáis dejando cegar por una vieja profecía. JUAN. – Son las Escrituras. TOMÁS. – Eso no impide que hayan sido malinterpretadas. (Pausa.) Si el cuerpo de Jesús no estaba en el sepulcro, solo existe una opción: se lo han llevado. JUAN. – ¿Qué? ¿Para qué se lo querrían llevar? TOMÁS. – Son muchos los que hablan de brujería en estas tierras. JUAN. – ¿Brujería? PEDRO. – Estás desvariando, Tomás. TOMÁS. – ¿Eso cree un cobarde como tú? No pienso escucharte. PEDRO. – Pues no me escuches. Pero te recuerdo que Jesús me eligió a mí como también te eligió a ti. TOMÁS. – Y como eligió también a Judas. PEDRO. – Nos eligió a todos porque sabía qué iba a pasar. 24 TOMÁS. – ¿También conocía su muerte? PEDRO. – Sí. TOMÁS. – ¿Tú también vas a confiar ciegamente en lo que dice Juan? PEDRO. – Confío en el Padre y en el Hijo. JUAN. – (A TOMÁS.) No ha podido llevárselo nadie. ¿Quién se atrevería? La gente es respetuosa en estos valles. TOMÁS. – Tan respetuosa como una buena recompensa. PEDRO. – No pueden haberse llevado el cuerpo. TOMÁS. – ¿Entonces dónde está? JUAN. – ¿Sabes tú por dónde caminan los que han vencido a la muerte? TOMÁS. – Te engañas a ti mismo, Juan. JUAN. – Las vendas seguían allí, pero no su cuerpo. No se lo han podido llevar. TOMÁS. – Claro que se lo han podido llevar. ¿Creéis que van a dejar el cuerpo de Jesús allí olvidado? Esto solo ha sido una farsa. La crucifixión era el espectáculo. Ahora comienza su verdadero plan. (Pausa.) Hemos estado demasiado ciegos. PEDRO. – ¿Qué estás diciendo? TOMÁS. – Tenemos que salir de aquí. PEDRO. – Tomás, cálmate. TOMÁS. – Estamos en peligro. Van a venir. PEDRO. – ¿Quiénes? TOMÁS. – ¡Todos ellos! Tienen el cuerpo de Jesús y ahora vienen a por nosotros. JUAN. – Cálmate. TOMÁS. – Juan, no deberías haberte acercado al sepulcro. JUAN. – ¿Por qué? TOMÁS. – Porque no era seguro. Ningún lugar lo es. Debemos salir de aquí cuanto antes. PEDRO. – Cálmate, Tomás. TOMÁS. – Avisa a los demás. Hemos de apresurarnos. JUAN. – No vamos a huir. TOMÁS. – Sí. JUAN. – ¡No! TOMÁS. – ¡Sí! ¿Por qué no puedes verlo? JUAN. – ¡Porque ha resucitado! 25 ESCENA II JÉSUS, PEDRO, JUAN, TOMÁS Casa donde se refugian los Apóstoles JESÚS. – (Entrando en la sala.) La paz esté con vosotros. (Todos miran a JESÚS, manteniendo el silencio.) La paz esté contigo, Pedro. PEDRO. – Maestro. JUAN. – ¡Adonay! (A PEDRO y TOMÁS.) Os lo he dicho. ¿Acaso no os lo he dicho? (A JESÚS.) Señor, sabía que regresarías. JESÚS. – ¿Acaso os hice dudar en algún momento? PEDRO. – Señor, no somos merecedores de tu visita. (Se arrodilla.) JESÚS. – Levanta, Pedro. Y escuchadme, mis discípulos. Así como mi Padre me envió a mí, yo os envío ahora a vosotros. Seguid el camino que para vosotros ha sido trazado en esta tierra, el mismo que yo empecé. Recordad lo que os enseñé y enseñadlo a las generaciones venideras. TOMÁS. – Jesús, ¿realmente eres tú? JESÚS. – ¿Qué ves, Tomás? TOMÁS. – No. No puede ser. (A PEDRO y JUAN.) Es una ilusión, un espectro. No puede ser Jesús. JUAN. – Lo estás viendo. TOMÁS. – (A JESÚS.) Yo te vi morir. Te vi en la cruz, blanco, pálido, sin vida. JESÚS. – Has de mirar más allá. TOMÁS. – (Pausa.) No, no te creo. JESÚS. – ¿A dónde ha ido la fe inculcada, Tomás? La fe por la que me seguiste. TOMÁS. – Abandonó mi cuerpo en el momento en el que murió Jesús. JESÚS. – Entonces, también debió haber abandonado mi cuerpo cuando me clavaron en la cruz, ¿no crees? TOMÁS. – Tú no eres Jesús. JESÚS. – Estoy aquí, frente a ti. (Pausa.) Mírame ¿No es este mi rostro? Escúchame ¿No es esta mi voz? TOMÁS. – Jesús murió. (Pausa.) Mírate. ¿Dónde están las llagas que te dejaron los clavos? (JESÚS se acerca a TOMÁS y le enseña sus manos para que pueda palpar las llagas) 32 JESÚS. – No importa eso ahora, Judas. Debes olvidar. JUDAS. – Pero, tú, deberías… Y yo, (mirando hacia el árbol donde se suicidó.) No puedo estar aquí. (Zafándose de él.) Y tú tampoco deberías. JESÚS. – ¿Qué, hermano? JUDAS. – ¿Qué día es? ¿Cuánto ha pasado? JESÚS. – ¿Cuánto ha pasado desde qué? JUDAS. – Desde que morí, Jesús. Y desde que tú también moriste. (Pausa.) ¿Dónde estamos? ¿Qué clase de infierno es este? Ambos estamos muertos. JESÚS. – Ya no. JUDAS. – ¿Cómo? JESÚS. – El Cielo me concede la nueva vida. JUDAS. – Entonces… (Pausa.) Entonces todo se cumplió, todo ha sido cierto. (Pausa.) Pero ¿y yo? Si yo he muerto colgado de este árbol. Si tú aseguras que vives, entonces, ¿qué o quién me vivir? ¡Vivir ahora contigo! (Acercándose al árbol.) Esta es la soga con la que me ahorqué. (Pausa.) Y aquí estaba mi cadáver. JESÚS. – Judas, escúchame. JUDAS. – Y tú, ¿cómo estás vivo? Los dos estamos muertos. De eso no hay duda. (Pausa.) ¿Es esto el sueño de la muerte? ¿Estaba también previsto que la muerte nos reuniera de nuevo? ¿Vienes a juzgarme? ¿Vienes a atormentarme? ¿A qué vienes, Jesús? ¿Por qué me persigues en mi muerte? JESÚS. – He venido porque necesitaba saber. JUDAS. – ¿Saber qué? JESÚS. – Que habías abrazado la muerte. Necesitaba verlo con mis propios ojos. JUDAS. – Entonces, es cierto. Pero ¿qué soy ahora? He muerto, pero estoy aquí, hablándote y escuchándote. ¿Qué soy, Jesús? JESÚS. – Tú eres Judas. No importa lo que ocurra, porque siempre seguirás siéndolo. JUDAS. – (Pausa.) Yo ya no soy Judas. (Pausa.) No lo fui desde… Desde que te entregué. (Pausa.) Eso fue lo que me dijiste. JESÚS. – Yo nunca te dije eso, Judas. Yo sabía que tenías que hacerlo. JUDAS. – ¿De verdad? Pues yo sigo sin conocer toda la verdad. Hasta donde sé, tú deberías estar muerto también, pero no. Aquí estás. Vestido de blanco, sin rastro de sangre o heridas, esparciendo luz hasta en los rincones más oscuros. 33 JESÚS. – Te he dicho que el Padre me ha concedido la vida del resucitado. Este era mi destino. JUDAS. – Entonces, tal vez sean los Infiernos los que me conceden a mí esta vida. JESÚS. – ¡Judas! JUDAS. – ¿A qué has venido, Jesús? (Pausa.) Ya has resucitado. Tu propósito se ha cumplido. ¿Qué sentido tiene visitar al más condenable de los muertos? (Pausa.) ¡No perturbes a los muertos! Ellos ya no pueden obtener tu salvación; no soy Lázaro. JESÚS. – Tú sigues formando parte de mi rebaño, Judas. No olvides eso. JUDAS. – ¿Por qué? ¿No fui yo el que te traicionó? Deberías odiarme, o, si puedes, olvidarme. Fui yo quien te entregó, el látigo que abrasó tu piel y el que puso esa cruz a tus espaldas. No merezco que vengas aquí a llorar mi muerte. JESÚS. – Judas, tú me entregaste, me traicionaste; pero, así diste cumplimiento a la voluntad del Padre. Estaba escrito. Tú sigues siendo mi hermano, y como hermano que eres, te sigo amando. Yo te perdono, Judas. JUDAS. – ¿Para eso has venido, para regalarme tu perdón? No me engañes, Jesús. Has venido para tranquilizar tu conciencia. No te importa nada ni nadie. JESÚS. – ¡Judas! ¿Acaso no has sentido tú mi amor? ¿Acaso no te he hecho un hueco a mi lado? Te ofrecí una vida junto a mí, y tú la aceptaste. No fui yo, fuiste tú. JUDAS. – Yo la acepté porque vi una verdad en tus ojos, porque vi esperanza para nuestro pueblo. Pero aquella verdad se perdió cuando empezaste a hablar de un reino fuera de este mundo. Comprendí que deliberas, que el maestro humilde pecaba de soberbia. (Pausa.) Tú has resucitado, dices. Pero ¿yo, también he resucitado? ¿Resucitarán los que te persiguieron, los que te crucificaron? JESÚS. – Lo harán si siguen la senda del perdón. JUDAS. – ¿Qué senda, Jesús? ¿Poner la otra mejilla como tú, que tenías las manos atadas? JESÚS. – ¡Judas! No oses cuestionar los medios de Dios. JUDAS. – Me ha abandonado. No tiene sentido defender lo que predicas. JESÚS. – Dios nunca te ha abandonado, al igual que yo. JUDAS. – ¿Eso crees? (Pausa.) Tú me dijiste que estarías conmigo hasta el fin del mundo. Mi mundo acabó y no estabas junto a mí. JESÚS. – Estoy ahora aquí. 34 JUDAS. – ¿Y de qué sirve eso ahora? Mírame, Jesús. Ni siquiera yo sé lo que soy. ¿Un cadáver? ¿Una voz que nadie escucha? ¿El sueño de un muerto? JESÚS. – Eres Judas. Sigues siéndolo. JUDAS. – No, Jesús. (Pausa.) Mírate y mírame, somos opuestos. Hemos trazado caminos que se apartan entre sí; tú, el de la luz, y yo, según dicen, el de las tinieblas. Está hablando un muerto con un resucitado. ¡No hay nada más que decir! JESÚS. – Una vez caminamos por el mismo sendero. Tú caminabas a mi lado, tú creías en él. JUDAS. – Lo hice, realmente lo hice. Porque desaparecí en ti. El hombre que una vez creí ser desapareció en ti, en tus creencias, tus caminos, tus visiones para este mundo. Prometí que me uniría al movimiento si hubiese uno en el que pudiera creer; y ese fue el tuyo. Lo dejé todo para ayudarte, pero al final, fuiste tú el que desapareció de mi lado. JESÚS. – Yo nunca desaparecí, Judas. Siempre estuve contigo. Cuando te dejé ir, cuando me vendiste, cuando me entregaste. Siempre fuimos uno, siempre estuve junto a ti. JUDAS. – Somos uno, pero no somos iguales. Ni tú ni yo, ni el resto de criaturas que habitan este mundo. JESÚS. – Por eso mismo, tenemos que ayudarnos los unos a los otros. Porque, solo así, podremos extender la palabra que yo os he enseñado: amaos unos a otros, como yo os he amado a vosotros. JUDAS. – No me sermonees con las mismas ideas que llevo años predicando a tu lado. Dices que el amor es tu templo, la ley superior; pero ¿de qué te ha servido el amor? Dime, ¿quién se ha quedado contigo hasta el final? (Pausa.) Te han abandonado del mismo modo que tú me has abandonado a mí. Confías demasiado en este mundo lleno de injusticias y traiciones. ¡Por favor, Jesús, mírame a mí! Me acogiste en tu seno y te condené a la muerte. Imagínate aquellos que ni siquiera conocieron o conocerán tu nombre. JESÚS. – Todos los que habitan este mundo son hijos del Padre, mis hermanos, y por ello, merecen la salvación. JUDAS. – ¿No te escuchas, Jesús? Te has sacrificado para salvar a una estirpe que no puede ser salvada. Has entregado tu cuerpo para darle una oportunidad a un mundo que ni siquiera tendrá en cuenta el sacrificio que has realizado. 35 JESÚS. – Lo he hecho porque es mi camino, porque hay esperanza en el mundo, porque veo esa esperanza en los ojos de las personas. JUDAS. – ¿Qué esperanza? Mira bien. Solo hay muerte, traición, engaño, ruina y sufrimiento. No necesitamos un salvador, necesitamos un exterminador. JESÚS. – ¡Judas! JUDAS. – ¡Sabes que es verdad! JESÚS. – Entonces no has aprendido nada de lo que te he enseñado a lo largo de estos años. JUDAS. – He aprendido lo que he visto en este mundo. JESÚS. – ¿No has visto valor, belleza, verdad, bondad y amor? Yo sí lo he visto. He visto un mundo lleno de posibilidades. Un mundo dispuesto a seguir la senda de mi Padre. JUDAS. – Entonces no has aprendido nada. JESÚS. – Tal vez hayas sido tú el que no ha aprendido. Porque sigues siendo igual de incrédulo que cuando te conocí. JUDAS. – Tal vez ambos hemos fracasado en nuestras enseñanzas. Tú, por lo que no existe; y yo, por lo que muestra el mundo. JESÚS. – Tal vez, pero nunca es tarde para aprender. JUDAS. – Sí lo es para mí. JESÚS. – No, aún hay tiempo. JUDAS. – ¿Qué tiempo, Jesús? JESÚS. – Todo el que nos conceda el Cielo. (JESÚS le ofrece la mano a JUDAS.) Ven conmigo. ESCENA VI JUDAS Y CAIFÁS El Templo (JUDAS llega a la entrada del templo. Allí se pone de rodillas y comienza a rezar. De pronto, aparece CAIFÁS.) CAIFÁS. – En pie, Judas. JUDAS. – (Levantando la cabeza.) No voy a hacerlo. (Se pone en pie.) No voy a venderme. (Se da la vuelta y comienza a caminar.) 36 CAIFÁS. – ¿Y por qué has venido? JUDAS. – Para darte una respuesta. CAIFÁS. – Habría bastado si no te hubieses presentado. Podrías haberte quedado en casa. JUDAS. – (Se detiene.) Prefería decírtelo. (Pausa.) No tengo nada más que hablar contigo. (Sigue caminando.) CAIFÁS. – Entonces vete. Vete y deja que todo Israel arda. JUDAS. – (Girándose.) ¿Cómo dices? CAIFÁS. – Es lo que ocurrirá si dejamos a Jesús libre. JUDAS. – Lo valoras demasiado. CAIFÁS. – ¿Eso crees? JUDAS. – ¿Por qué te empecinas tanto? Tú eres el sumo sacerdote. ¿No crees que existen mayores problemas que Jesús? CAIFÁS. – Jesús es un peligro para todos. Lo sabes bien. JUDAS. – No, él no es el peligro. Vosotros sí que lo sois. Quítate la piedra de los ojos. CAIFÁS. – Tú mismo lo dijiste. JUDAS. – (Pausa.) Yo… (Aparta la mirada.) CAIFÁS. – Lo dijiste, no lo niegues ahora. Y no es de extrañar. Viste cómo actuó cuando entró en este templo. Viste de lo que es capaz. JUDAS. – También he visto de lo que sois capaces de hacer vosotros, los sacerdotes. CAIFÁS. – Haría todo cuanto estuviese en mi mano para mantener la seguridad de mi pueblo. JUDAS. – ¿Sacrificar a un hombre inocente? CAIFÁS. – ¿Realmente crees que es inocente? (Pausa.) Un hombre que se hace llamar hijo de Dios, un hombre que corrompe las mentes de nuestro pueblo y las llena de falsos ideales. (Pausa.) No dejes que nuble el juicio del pueblo elegido. Detenlo ahora. JUDAS. – No pienso traicionarlo. CAIFÁS. – No lo estarás haciendo. Tan solo lo estarás protegiendo. JUDAS. – ¿Protegiendo de qué? CAIFÁS. – De toda la ruina y la muerte que persiguen su nombre. JUDAS. – La misma muerte que tú le entregarás. 37 CAIFÁS. – No podemos matarlo. JUDAS. – Por el momento. (Pausa.) Y yo no voy a ser partícipe de este inmundo crimen. CAIFÁS. – ¿Y por qué sigues aquí? JUDAS. – ¿Qué? CAIFÁS. – Ya te habrías marchado si no buscases lo mismo que yo. JUDAS. – Te confundes, Caifás. CAIFÁS. – ¿Eso piensas? No somos tan distintos después de todo, Judas. JUDAS. – Yo no soy como tú. CAIFÁS. – Ambos queremos la seguridad de nuestra nación. JUDAS. – Tal vez seguridad para ti mismo. (Pausa.) No me engañes. Sé cuánto temes a Jesús. CAIFÁS. – ¿No fuiste tú el que quisiste entregarlo? JUDAS. – Yo no lo hice por miedo. CAIFÁS. – ¿Por qué entonces? JUDAS. – (Pausa.) Porque ya no es quien creía que era. (Pausa.) No puedo hacer lo que me pides. CAIFÁS. – Es un sacrificio, pero un sacrificio necesario para obtener un bien mayor para ti, para mí y para todos. JUDAS. – Quedaré maldito por el resto de los tiempos. CAIFÁS. – ¿Cómo dices? JUDAS. – Si os ayudo, Dios me marcará, y seré para siempre el maldito. CAIFÁS. – Al contrario, serás visto como un salvador. Todas las tribus de Israel te honrarán por ello. JUDAS. – Me verán como un traidor. CAIFÁS. – Como un valiente. Sacrificándote por todos. JUDAS. – Seré el enemigo. CAIFÁS. – Serás el auténtico salvador. JUDAS. – ¿Cómo puedes decir eso? CAIFÁS. – “Judas el libertador”, “Judas el héroe”. Tu nombre se extenderá por toda Judea. JUDAS. – No me halagues. CAIFÁS. – No es buscarlo. (CAIFÁS le entrega a JUDAS una bolsita llena de monedas.) Es tenerlo. 38 JUDAS. – Yo no quiero ni fama ni gloria, ni tampoco tu dinero manchado de sangre. (Aparta la bolsita.) CAIFÁS. – No es eso. Es la recompensa que marca la ley. JUDAS. – No la necesito. CAIFÁS. – Gástala en limosnas. Te llamarán “¡Judas el misericordioso!”. Y olvidarán a Jesús. Te preferirán a ti. Imagínalo. JUDAS. – ¡Judas el que vendió a su maestro, al que amaba! CAIFÁS. – Pero él ya no es quien solía ser. Tú lo has dicho. JUDAS. – ¿Pretendes convencerme? ¿Acaso eres tú el que controla mis hilos? CAIFÁS. – El ángel de la justicia obra en ti, Judas. Despeja tus dudas y busca iluminación en la casa de Dios. (Señala el interior del templo.) JUDAS. – No puedo hacerlo. CAIFÁS. – Escucha el mensaje que Dios te quiere transmitir. Entra al templo y reza. JUDAS. – ¿Derramar sangre? Dímelo, Caifás, sumo sacerdote. ¿Ese es el mensaje? Dime cómo es posible que Dios me pida que derrame la sangre de su propio hijo. CAIFÁS. – La sangre ya se ha derramado. Dios no vaciló en derramarla en Egipto, ni en Jericó; y ahora, la demanda aquí, en Jerusalén. Hemos de actuar antes de que sea demasiado tarde. JUDAS. – Ya es demasiado tarde. CAIFÁS. – Si lo fuese no estarías aquí. (Pausa.) No intentes huir de la verdad, Judas. Todo nos lleva a ella. Todo nos lleva a este momento, a este lugar y al cumplimiento de nuestro deber. JUDAS. – (Pausa.) No puedo hacerlo. CAIFÁS. – Pero sabes que debes. JUDAS. – ¿Y qué es el deber, sino una imposición? CAIFÁS. – Por eso debes actuar de acuerdo con Israel. (Pausa.) Jesús debe ponerse bajo la autoridad de la ley. Dios lo manda. JUDAS. – ¿Y por qué yo? CAIFÁS. – Porque eres el único de los suyos que es capaz de ver. JUDAS. – No quiero ver más. CAIFÁS. – No puedes evitarlo. Es la iluminación, Judas, la verdad de Dios. JUDAS. – No puedo. 39 CAIFÁS. – Ten fuerza, Judas. Confía. Israel está contigo. Sigue tu destino. (JUDAS mira al este.) La misión de Dios. JUDAS. – (Pausa.) En la noche del jueves lo encontraréis donde lo queréis. CAIFÁS. – ¿Dónde? JUDAS. – Apartado de la multitud, rezando en el jardín de Getsemaní. CAIFÁS. – Que se extienda la voz. Conocemos el paradero de Jesús. (Pausa.) Tú guiarás a los soldados, Judas. JUDAS. – Por mandato de Dios. Aquel a quien yo bese, ese será Jesús. ESCENA VII JESÚS, JUDAS, PEDRO, JUAN, TOMÁS Interior de la Casa de Leví (Los Apóstoles se reúnen con JESÚS en la casa de Leví, un conocido de JESÚS que le ha prestado la casa para que él y los Apóstoles celebren la víspera de la Pascua. Cuando llegan, JESÚS echa agua en una palangana y les lava los pies.) JUDAS. – (Aparte.) Dios, aparta de mí las dudas. CORO. – Un hombre caerá, otro hombre se alzará. JUDAS. – Dame fuerzas para hacerlo. CORO. – Un hombre suplicará, otro hombre se revolverá como una serpiente. JUDAS. – Porque tengo miedo. CORO. – Un hombre se sumergirá en la muerte, otro hombre volverá de ella victorioso. JUDAS. – ¿Eres tú quien dicta mi destino? CORO. – Para el hombre solo existe un destino. JUDAS. – Por eso me enviaste a esta tierra. CORO. – El destino del elegido por Dios. JUDAS. – Él me eligió. Sí, él me eligió. CORO. – Jesús escogió a su verdugo. Solo Judas puede hacerlo. JUDAS. – ¿Por qué dudo entonces? CORO. – No hay duda para quien tiene fe. JUDAS. – Este es mi cometido. CORO. – Ni tampoco la habrá para el hijo de Iscariot. 40 JUDAS. – Así es la voluntad de Dios. (JESÚS termina de lavarles los pies a los demás.) JESÚS. – Judas. (JUDAS se gira y mira a JESÚS.) Es tu turno. JUDAS. – ¿Vas a lavarme los pies, Maestro? JESÚS. – Sí, como he hecho con los demás. JUDAS. – ¿Y por qué no me unges con perfume? (Pausa.) ¿Por qué no gastamos nuestras riquezas en esta cena, en vez de dárselas a los pobres? PEDRO. – ¿Qué estás diciendo, Judas? JUDAS. – ¿No lo ves? ¿Ninguno lo puede ver? JESÚS. – Judas. JUDAS. – (Pausa.) No lavarás mis pies. JESÚS. – ¿Por qué? JUDAS. – Porque yo no me dejo ungir. No soy un farsante como tú. JESÚS. – (Pausa.) Sentaos. (Todos se sientan.) Yo, al que vosotros tenéis por Maestro, he lavado vuestros pies. (JESÚS mira a JUDAS.) Esto es lo que debéis hacer unos con otros. (Pausa.) Ahora escuchadme atentamente. (Saca un trozo de pan ácimo y se lo muestra a los demás.) A partir de ahora, cuando yo no esté, me recordaréis con este pan, pues este será mi cuerpo. Comedlo. (Pasa el trozo de pan para que cada uno coma de él. Después, coge una copa y vierte vino en ella. Se la enseña a los demás.) Y esta será mi sangre. Bebedla. (Les da la copa para que beban de ella.) Os he entregado mi cuerpo y mi sangre, mi esfuerzo y mi sacrificio. Me he entregado a vosotros. Pero adonde voy yo ahora, vosotros no podéis seguirme. PEDRO. – ¿A qué te refieres? JUAN. – Jesús, ¿qué quieres decir? JESÚS. – Mi momento ha llegado. Es hora de que comience el vuestro. PEDRO. – No sin ti, Jesús. JUAN. – No, no podremos. TOMÁS. – No nos puedes dejar, Señor. JESÚS. – Me pedís que esté a vuestro lado, que no os abandone, pero ¿quién de vosotros me defendería cuando se diese el caso? PEDRO. – (Levantándose.) ¡Todos! JUAN. – ¡Todos, Jesús! TOMÁS. – ¡Desde luego, todos! PEDRO. – Por favor, Jesús. ¿Cómo puedes dudar de nosotros? 41 JESÚS. – Tal vez porque vosotros habéis hecho que dude. PEDRO. – Siempre hemos estado a tu lado. JESÚS. – Porque yo os brindaba la seguridad necesaria. PEDRO. – Pero ¿qué piensas, que solo nos mueve el interés? JESÚS. – No es a mí a quien debes preguntar. (Le da la espalda.) PEDRO. – ¿A quién entonces? JESÚS. – Vete al río y mira en sus aguas tu reflejo. PEDRO. – ¿Por qué desconfías de mí? Yo he estado a tu lado desde el principio. Abandonó a mi familia, no por interés, sino por tu causa. JESÚS. – ¿Y qué harás cuando no esté yo para recordarte la causa? PEDRO. – Seguir, porque eso nos has dicho. Eso es lo que haremos. JESÚS. – ¿Sí? PEDRO. – Por supuesto. Jesús, yo daría mi vida por la causa, del mismo modo que la daría por ti. JESÚS. – (Riendo.) Suenas muy convencido, Pedro. PEDRO. – ¿Y por qué no habría de ser cierto? JESÚS. – Porque todos dudáis. PEDRO. – Y tú, ¿por qué dudas de mi lealtad? JESÚS. – Porque sé que antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. PEDRO. – ¡Me ofendes! ¿Cómo puedes decir eso, Jesús? JESÚS. – Lo sé, Pedro. Lo veo en tus ojos. PEDRO. – Son los mismos ojos de siempre. JESÚS. – No, han cambiado. Tú has cambiado. El tiempo ha cambiado, la historia ha cambiado. Todos lo habéis hecho. PEDRO. – Lo juro por mi vida. JESÚS. – No jures en vano. Lo harás, lo sé. (Dirigiéndose a los demás.) Pero no solo veo eso. Uno de los aquí presentes, uno de vosotros, uno de mis elegidos, me traicionará. JUAN. – (Pausa.) ¿Qué? PEDRO. – ¿Qué estás diciendo, Maestro? TOMÁS. – ¿Quién te traicionaría? JUDAS. – No actúes como si no lo supieras, Jesús. (Pausa.) Infamas primero, y luego guardas silencio. ¿Qué pretendes, que todos nos sintamos traidores? PEDRO. – Judas, deja que hable. 48 DIABLO. – (Apareciendo cubierto por una negra nube en la que apenas se distingue su figura.) Curioso es que un padre entregue de esta manera a su propio hijo. JESÚS. – ¿Quién habla? (El DIABLO se acerca a JESÚS.) ¿Quién eres? (Pausa.) Habla ahora. ¡Habla! DIABLO. – ¿No me reconoces? JESÚS. – ¿Acaso habría de hacerlo? DIABLO. – No es la primera vez que nos encontramos, Jesús de Nazaret. (JESÚS escudriña su rostro.) Aunque, tal vez la última vez no tenías tanto miedo. JESÚS. – ¿A qué debería temer yo? ¿A ti? Sabía que vendrías. DIABLO. – Entonces entiendo que me has reservado tu gran momento. JESÚS. – No malgastaré mi tiempo contigo, Lucifer, Ángel de los Caídos. DIABLO. – (Riendo.) Todos caemos. Incluso tú caerás en algún momento. JESÚS. – Yo caeré, y tú me verás volver en la gloria de mi Padre. DIABLO. – Tal vez por un tiempo. Pero ¿cuánto durará tu gloria? JESÚS. – ¿A qué te refieres? DIABLO. – ¿Tanto como la del César? ¿Tanto como la mía? Tu mensaje se perderá con el pasar de los años. JESÚS. – El mensaje ha sido entregado. Es un mensaje de sangre, una nueva alianza. Nunca podrá ser olvidado. DIABLO. – ¿De verdad lo crees? JESÚS. – Así será. DIABLO. – ¿Crees que una nación tan ambiciosa como Roma abandonará sus dioses por tu sangre? JESÚS. – Aquellos que crean en el mensaje de mi Padre me seguirán. DIABLO. – ¿Y qué les deparará el tiempo? JESÚS. – La salvación. DIABLO. – Tal vez no la que buscan. JESÚS. – Solo existe una salvación. DIABLO. – Sí, la del Imperio. JESÚS. – No, la espiritual. DIABLO. – Mira a tu alrededor, Jesús. Mira lo que ocurre en esta tierra tuya. ¿Crees que a estas personas les espera otra vida? Cualquiera elegiría una vida cómoda y próspera en este mundo en lugar de lo que tú propones. Esa es para el hombre la verdadera salvación. 49 JESÚS. – Los cuerpos perecen. Solo el alma será salvada. DIABLO. – ¿Eso crees? Olvida esa ilusión. Lo que importa es este cuerpo, este mundo y esta vida. JESÚS. – Tú jamás lo entenderás. Renunciaste a ello hace ya mucho. DIABLO. – Lo entiendo mejor que tú y que nadie. JESÚS. – No conoces la voluntad de tu Dios. DIABLO. – (Riendo.) ¿De mi Dios? Y tú, ¿realmente la entiendes? JESÚS. – Sé lo que debo saber para cumplir mi propósito. DIABLO. – Un propósito que no servirá de nada. JESÚS. – No puedes saberlo. DIABLO. – ¿Eso crees? (El DIABLO genera una nube de llamas en la que aparecen distintas imágenes de eventos que tendrán lugar a lo largo de toda la Historia: los primeros cristianos siendo perseguidos por los romanos, Las Cruzadas, La Inquisición, las guerras, etc. Una vez que para, JESÚS da dos pasos, se apoya sobre el árbol donde estaba rezando y cae de rodillas al suelo. Bajan por su frente gotas de sangre.) JESÚS. – ¿Por qué, Padre? ¿Por qué ha de ocurrir tanto sufrimiento en mi nombre? DIABLO. – Porque así es el ser humano. (Apoyando su mano sobre el hombro de JESÚS.) Está condenado a repetir una y otra vez el mismo error. La guerra, la violencia, la muerte, todo eso está en su naturaleza. Ni siquiera tú puedes cambiarla. JESÚS. – ¿Qué debo hacer entonces? DIABLO. – Aprovechar la oportunidad que te ha concedido la vida. Olvida tu propósito divino. Olvida la llamada de Dios. Huye lejos. Traza una nueva historia. JESÚS. – No puedo. DIABLO. – ¿Por qué no? ¿Acaso no somos libres de nuestras propias acciones? JESÚS. – Mi destino es este. DIABLO. – No hay destino, sé libre. JESÚS. – Sí que lo hay. DIABLO. – No, no lo hay. Mi destino era cumplir un mandato que decidí no cumplir. Rompí con aquel destino y tracé mi propio rumbo. JESÚS. – Y mira adónde te ha llevado eso. DIABLO. – A la verdad, Jesús. JESÚS. – La única verdad que existe es la del Padre. 50 DIABLO. – ¿Un padre que entrega a su propio hijo? JESÚS. – No conoces el plan divino. DIABLO. – No hace falta. Sé lo que ocurrirá. JESÚS. – Tú no sabes nada. Solo Dios lo sabe. DIABLO. – ¡No me tomes por un cualquiera, Jesús! (Una enorme llama empieza a elevarse detrás del DIABLO.) ¡Yo soy el Señor de la Sombra y la Llama! (La llama se desvanece.) Aprende a ver por ti mismo, Jesús. ¿Qué padre entregaría así a su hijo? JESÚS. – (Pausa.) Yo creo en el Padre. DIABLO. – ¿Y acaso no creyeron también los otros profetas que te precedieron? ¿A dónde les llevó su creencia? JESÚS. – No voy a ceder ante ti. DIABLO. – Piensas que yo soy el mal. Pero no lo soy. Soy la verdad. JESÚS. – Una verdad que me quieres imponer. DIABLO. – No voy a imponerte nada. Puedes elegir. (Pausa.) Aún estás a tiempo, a tiempo de apartarte de este camino y perseguir uno nuevo, uno propio. JESÚS. – No existe otro camino para mí. DIABLO. – ¿De verdad lo crees? No estarías escuchándome si no lo creyeses. JESÚS. – Te escucho porque… DIABLO. – Porque dudas. (Pausa.) Mira dónde estás, Jesús. Solo durante la noche, alejado de tus discípulos. Ni siquiera ellos han sido capaces de mantenerse despiertos durante tu última vigilia. (Pausa.) Y ahora imploras un mínimo de compasión por parte de tu padre mientras esperas a que te apresen. JESÚS. – No hay otra opción. DIABLO. – ¿Por qué no? JESÚS. – Porque debo hacerlo. DIABLO. – ¿Para quién? JESÚS. – Para todos. DIABLO. – Para Dios, ¿verdad? JESÚS. – Para mi Padre. DIABLO. – No le debes nada a nadie. Ni a Dios, ni a los apóstoles, ni a este mundo. JESÚS. – Tú no lo sabes. DIABLO. – Te lo he dicho. Yo lo sé todo. (Pausa.) Dame la mano y déjame que te muestre. Somos libres para volar por el cielo escarlata. (Le ofrece la mano.) Cógela. 51 JESÚS. – No puedo. No debo. (Pausa.) No voy a hacerlo. (Le da la espalda.) DIABLO. – Entonces, ¿por qué dudas? JESÚS. – No dudo. DIABLO. – Dudas como todos los mortales. Porque tú eres como ellos, otro mortal más. JESÚS. – (Girándose.) Yo soy el hijo de Dios. DIABLO. – Si Dios condena así a su propio hijo, ¿qué le espera al resto de la humanidad? JESÚS. – Es mi sacrificio. (Mira al cielo.) Es mi elección. DIABLO. – No servirá de nada. Lo sabes. JESÚS. – Deberás esperar para verlo. DIABLO. – ¿Por qué confías en Dios? JESÚS. – Porque tengo fe. DIABLO. – Ese es el error de todos los mortales. JESÚS. – Un error para unos, una bendición para otros. DIABLO. – ¿Realmente te parece sensato? JESÚS. – Me parece correcto. Y eso es más que suficiente. DIABLO. – Te equivocas, Jesús. JESÚS. – Eso solo lo podrá decir el tiempo. DIABLO. – El tiempo ya ha hablado. Ya arman tu cruz en lo alto del Gólgota, tu muerte ya se anuncia por toda Judea. JESÚS. – Y yo estaré preparado cuando llegue. DIABLO. – Me llamarás. Gritarás mi nombre y me suplicarás como has suplicado a tu padre. JESÚS. – (Dándole la espalda y mirando al cielo.) Solo estará mi Padre conmigo. Nadie más. DIABLO. – (Riendo.) Disfruta de tu muerte, Jesús. Disfruta como lo haremos tu padre y yo. (El DIABLO desaparece, dejando un leve rastro de fuego al partir. JESÚS se queda solo y vuelve a arrodillarse para rezar.) ESCENA XI JESÚS, JUDAS, PEDRO, SOLDADO 52 Jardín de Getsemaní (Mientras JESÚS se encuentra rezando bajo el olivo, JUDAS, escoltado por un SOLDADO, llega hasta él; se acerca y le da un beso.) JESÚS. – Hijo de Iscariot, ¿de verdad tienes que traicionarme con un beso? JUDAS. – Beso tus labios y rompo tu corazón. Así sello tu destino. JESÚS. – ¿Por qué, Judas? JUDAS. – Tú ya lo sabes. SOLDADO. – (A JUDAS.) ¿Es él? JUDAS. – Sí. SOLDADO. – (A JESÚS.) ¿Eres tú Jesús de Nazaret? JESÚS. – Lo soy. (JESÚS es atado.) PEDRO. – (Corriendo.) ¡Jesús! SOLDADO. – ¡Atrás! ¡Es una orden! PEDRO. – ¡Maestro! JESÚS. – ¡Basta, Pedro! No busques lucha. PEDRO. – Estoy aquí para defenderte. JESÚS. – ¿Ahora que me han apresado? PEDRO. – (Pausa.) No voy a dejar que te lleven. JESÚS. – ¿Quién te ha enseñado que empuñar la espada sea la solución? PEDRO. – ¿Y qué quieres que haga, Jesús? JESÚS. – Lo que te he enseñado. PEDRO. – Pero… JESÚS. – Lo que me vaya a ocurrir es voluntad de mi Padre. Ahora vete. (JESÚS es llevado por el SOLDADO y se va de la escena. Quedan PEDRO y JUDAS.) PEDRO. – (A JUDAS.) Es tu culpa. Siempre fue tu culpa. Nunca mereciste un lugar entre nosotros. (Pausa.) ¿Por qué callas? ¿Tienes miedo de hablar? Te has equivocado, y lo sabes, ¿verdad? JUDAS. – Déjame en paz, Pedro. Deja que me vaya. (Dándole la espalda.) PEDRO. – (Frenándolo.) ¿Dejar que te vayas? (Pausa.) Has entregado a Jesús. Eres un animal. ¡Maldito zelote! JUDAS. – (Lanzándose contra PEDRO.) No vuelvas a llamarme así. 53 PEDRO. – Eres un asesino. JUDAS. – ¡No me llames eso! PEDRO. – ¡Asesino! (JUDAS empuja a PEDRO y este cae al suelo. JUDAS se mantiene inmóvil, mirándolo fijamente.) PEDRO. – Mírate. ¿No teníamos suficiente con ellos? ¿No teníamos suficiente con los romanos? ¿Con Caifás? ¿No teníamos suficiente con todos estos enemigos como para tener que luchar ahora contigo? JUDAS. – Todos habéis estado ciegos, y por eso, tenía que acabar así. PEDRO. – El amor es ciego, Judas. El amor que Jesús sintió por todos nosotros, cuando te acogió a su lado, cuando te ayudó, cuando te dio una causa, un propósito. JUDAS. – Jesús ha olvidado todo lo que creía. PEDRO. – No, ese has sido tú, porque has sido tú el que lo ha entregado. JUDAS. – (Pausa.) Algún día me entenderás. Algún día me entenderéis y me seguiréis. A mí. Yo soy el auténtico maestro, el que ve el camino. PEDRO. – Entonces síguelo. Sigue tu propio camino y apártate de Jesús. (Pausa.) Vete, Judas. No quiero volver a pisar la misma tierra que pisan tus pies. (JUDAS se va. PEDRO permanece en escena.) ESCENA XII JESÚS y CAIFÁS El Templo (JESÚS se encuentra apresado en mitad de la escena. Entra CAIFÁS.) CAIFÁS. - ¿Así que este es el nazareno del que tanto me han hablado? (Pausa.) Por fin coincidimos. Aunque esta no es tu primera vez en mi templo, ¿verdad? JESÚS. – Este no es tu templo. CAIFÁS. – ¿Y de quién entonces? JESÚS. – De Dios. CAIFÁS. – Yo soy el sumo sacerdote, el representante de Dios en la Tierra. JESÚS. – Un sacerdote está comprometido con su labor. CAIFÁS. – Y heme aquí, en el templo. ¿Acaso no estoy comprometido? 54 JESÚS. – Has dejado que el templo se convierta en un mercado, sin religión y sin Dios. CAIFÁS. – El templo sigue acogiendo al pueblo de Israel. JESÚS. – Pero ¿cuántos permanecen? ¿Cuántos escuchan la llamada de Dios? CAIFÁS. – ¿La que tú intentas meter en la cabeza de todos los que te siguen? JESÚS. – Yo les muestro un nuevo camino. CAIFÁS. – ¿Qué camino? JESÚS. – El único que muestra Dios. CAIFÁS. – ¿Y solo tú lo puedes enseñar? (JESÚS se mantiene en silencio.) ¡Blasfemas contra el templo y sus sacerdotes! JESÚS. – (Pausa.) No es ese el auténtico motivo por el que me quieres aquí. CAIFÁS. – ¿Y cuál es? JESÚS. – Me temes. Temes que el pueblo se aparte de ti y pierdas tu autoridad. (Pausa.) El pueblo vendrá conmigo. CAIFÁS. – (Pausa.) He visto caer a otros como tú. No te temo ni a ti ni a ninguno de los tuyos. JESÚS. – ¿Entonces por qué me apresas? ¿Por qué me tienes aquí? CAIFÁS. – Porque estás actuando contra la ley, haciéndote llamar Mesías y proclamándote Hijo del Hombre. JESÚS. – Que tú lo consideres una mentira no significa que lo sea. CAIFÁS. – (Riendo.) Lunático, ¿de verdad crees que eres hijo de Dios? JESÚS. – Lo soy. CAIFÁS. – ¡Blasfemia! (CAIFÁS se rasga las vestiduras.) Aquí acaba tu vida. JESÚS. – Mi verdadera vida se alza por encima de las nubes. CAIFÁS. – Agotas mi paciencia con cada minuto que malgasto contigo. Has dicho cuanto necesitaba. Tu soberbia te condena. JESÚS. - No puedes condenarme. No tienes el poder. (CAIFÁS mira a JESÚS, le da la espalda y se mantiene en silencio.) No puedes. Lo sabes. CAIFÁS. – (Pausa.) Yo no, pero Roma sí. Te enviaré a Pilato. Él decidirá y él te condenará. JESÚS. – Si me matas ante nuestro pueblo, el pueblo irá contra ti. CAIFÁS. – En cuanto vean mi poder, olvidarán toda sedición. JESÚS. – Juegas con fuego, Caifás. CAIFÁS. – Aquí solo arderá uno, y ese serás tú. 55 JESÚS. – Yo no le tengo miedo a la llama, ni tampoco a la ceniza. CAIFÁS. – Estás demasiado convencido y seguro de tus acciones. JESÚS. – Lo que tenga que suceder, acabará sucediendo. Sé cuál ha de ser mi destino. CAIFÁS. – ¿También lo fue que tu amigo te traicionara? (Pausa.) Mira cuánto te ha dolido ver llegar a Judas, besándote para sellar tu final. JESÚS. – No conoces sus motivos. CAIFÁS. – Claro que los conozco. Él me los dijo. Fue él quien vino a mí. JESÚS. – Mientes. CAIFÁS. – ¿Eso crees? JESÚS. – No voy a escucharte. CAIFÁS. – No lo hagas. Escucha a Judas. Escucha cómo disfruta de la recompensa que yo le he dado por venderte. Escucha cómo tu fiel amigo ha elegido el dinero antes que tu vida. JESÚS. – Yo conozco a Judas. CAIFÁS. – Siente cómo la traición invade tu cuerpo y tu mente. JESÚS. – No me asustas. CAIFÁS. – Pero, sobre todo, escucha el auténtico motivo de la traición. JESÚS. – ¡Basta! CAIFÁS. – La decepción, Jesús. Has decepcionado a tu pueblo. JESÚS. – La serpiente habla por tu boca, Caifás. CAIFÁS. – (Pausa.) No tengo más que decir. Mi tiempo contigo ha acabado. Reserva tus razones para Pilato. JESÚS. – No tienes poder alguno. Eres humo. Te desvanecerá. CAIFÁS. – Lo veremos. ACTO TERCERO ESCENA XIII JUDAS Árbol de Judas (JUDAS llega corriendo hacia un terreno baldío en el que solo se distingue un árbol seco.) 56 JUDAS. – No, Dios. No puedo verlo. (Pausa.) Esto no es lo que quería. Yo nunca lo quise así, Dios. ¿Por qué tuviste que hacerme verlo de esta forma? ¿Por qué entregas semejante castigo? (Se tira al suelo.) Yo he condenado a Jesús. (Pausa.) ¿Esta era mi misión? ¿Depositaste mi cuerpo en esta tierra y enviaste a hijo para que ambos coincidiésemos, para que yo me cruzase en su camino y acabase matándolo? (Mirando al cielo.) Yo lo he matado. CORO. – Tú lo has matado, Judas. Tú lo has matado. JUDAS. – Él fue elegido, y yo con él. Yo soy el mártir, tan mártir como él. No, más que él. Se señalan, me insultan, me desprecian. Mi sacrificio a nadie conmueve. (Saca una bolsita que contiene las monedas de plata.) CORO. – Cuenta tu destino, Judas. Las treinta monedas manchadas de sangre. JUDAS. – No, yo nunca lo quise. Este dinero está manchado de sangre. (Arroja las monedas de plata.) Yo amaba a Jesús. Él era mi maestro, mi señor, mi Mesías, mi hermano. (Pausa.) Dios, ¿por qué me elegiste en tu plan? ¿Por qué a mí? CORO. – Puedo haberlo hecho cualquiera, pero fuiste tú. Nadie quiso. Solo tú lo hiciste. JUDAS. – (Girando su cabeza hacia el este.) Jesús, perdóname. Perdóname porque no he sido suficiente para ti. No reconocí la voz que me hablaba, la que me decía que debía ser aquel que te entregaría, porque solo así podrías alcanzar realmente la salvación. Tu prisión carnal habría de quebrarse para que tu auténtico espíritu se manifestase, y la resurrección se pudiera cumplir. CORO. – Nunca hubo más voz que la tuya, y lo sabes, Judas; como lo saben los ángeles de Dios. JUDAS. – Siento que camino por las amplias dunas del sueño, convertido ahora en pesadilla; te veo en cada cruce y cada vez que me vuelvo, no me hablas, sino que te mantienes ahí, mirándome, escudriñando mi rostro y tratando de buscar una razón para no odiarme. En mis sueños intento ahogar mis penas, pero estas penas han aprendido a nadar, rodeándome, cayendo sobre mí y derramándose por todo mi alrededor. Olas de arrepentimiento y olas de felicidad atraviesan mi corazón, recordándome mi ambiguo y tormentoso destino. Ahora intento alcanzar a aquel que intenté destruir. CORO. – Tu discurso conmueve de risa a los infiernos. JUDAS. – Te he fallado, Jesús. CORO. – Escucha cómo se ríen de ti. 57 JUDAS. – Nunca debí haberme prestado a tus designios. Nunca fui digno de ti. (Pausa.) Yo era distinto a los otros. CORO. – No fue él. Fue tu vanidad y tu orgullo a los que te entregaste. JUDAS. – ¿Por qué fui yo, Jesús? ¿Por qué no fui suficiente para otras tareas, pero sí lo fui para esta? ¿Fui elegido porque en mi alma solo cabía la muerte, o tal vez porque creías en mí? ¿Creíste en mí más que en el resto? ¿Creíste en mí tanto como para dejar que te vendiera? ¿Qué maestro enseña la traición a su discípulo? ¿Qué maestro, Jesús? ¿Qué maestro? CORO. – Tu corazón se revuelve contra ti. JUDAS. – (Levantándose.) Quizás esté ciego. Quizás esté demasiado ciego al creer que todos los demás están ciegos, y que yo soy el único que ve. CORO. – Esta es la hora en que el ciego es salvado de su ceguera. JUDAS. – Me han engañado. Todos se han servido de mí. Caifás, Dios, e incluso tú, Jesús. (Pausa.) CORO. – Y tú, Judas. No lo olvides. JUDAS. – Quizás nunca debí formar parte de tu misión porque quizás el error no fue mío al entregarte, sino tuyo al elegirme. (Pausa.) ¿Quién ha sido entonces el ciego, tú por caminar con los ojos cubiertos con vendas, o yo por seguir tus pasos? (Pausa.) No importa cuánto lo piense. Mis manos han sido las que han ejecutado la acción y mi mente la que les dio el mandato. Mis manos tomaron el dinero y mis labios besaron los tuyos. (Pausa.) Yo fui el que te entregó. CORO. – Un beso sella la alianza con el demonio. ¡Celebra ya el triunfo! JUDAS. – Te he traicionado, y no hay lugar en este mundo para un traidor como yo. (Desata el fajín que tenía alrededor de su cintura, sujetando su túnica.) No puedo permanecer ni un solo día bajo este cielo ni sobre esta tierra. (Le hace un nudo al fajín.) Te he matado, Jesús. Ni Caifás, ni Pilato, ni tampoco tu Padre; he sido yo, solo yo. (Cuelga el fajín a una rama del árbol.) Te he matado, Jesús, y nunca podré perdonármelo. Al igual que tampoco me lo podrá perdonar Dios. (Mirando al cielo.) He matado a tu hijo, Dios; pero tú, tú, Dios, has sido el que me ha asesinado. Tú me has asesinado. (Rodea su cuello con el fajín y se sube a una roca.) Toma ahora la sangre que emana de los restos de mi cuerpo mortal, y condéname al fuego eterno por haberme entregado demasiado pronto a la muerte. (JUDAS mira una última vez al cielo y entonces, deja caer su cuerpo, que queda colgado, sin vida, del árbol.) 64 JUDAS. – No sé. Nos veo tan indefensos. JESÚS. – No es necesario el acero para la victoria. JUDAS. – Pero ¿qué somos? JESÚS. – Yo no soy el que debe responder a esa pregunta. JUDAS. – ¿Entonces? JESÚS. – ¿Qué crees tú que somos? JUDAS. – ¿Mensajeros de Dios? JESÚS. – ¿Y por qué dudas? JUDAS. – No lo sé. ¿Acaso no es dudar algo natural? JESÚS. – Lo es. La duda forma parte de nuestra esencia. Y deberíamos verla como una virtud, pues representa nuestra capacidad de pensamiento. JUDAS. – ¿Tú también dudas? JESÚS. – Claro que lo hago, constantemente. JUDAS. – Entonces, ¿por qué siempre te mantienes tan seguro? JESÚS. – Porque tengo fe, y es esa fe la que ilumina mi camino. JUDAS. – Fe, ¿no? (Se levanta.) Lo dices como si fuera tan fácil. JESÚS. – Al contrario, soy consciente de lo difícil que es tener fe. JUDAS. – Pero no todos podemos ser como tú. JESÚS. – Yo soy como tú, como todos vosotros, como ellos. JUDAS. – Ellos no te ven así. JESÚS. – ¿Y cómo me ves tú? JUDAS. – ¿Yo? (Pausa.) Como a un igual, como a un hermano. JESÚS. – Pues eso es lo que te debe importar de verdad. JUDAS. – ¿Y si algún día dejo de hacerlo? JESÚS. – ¿De hacer qué? JUDAS. – Verte como un igual, como un hermano. JESÚS. – Si debes hacerlo, lo harás. JUDAS. – ¿Cómo? JESÚS. – Misteriosos son los caminos de Dios. Ni siquiera yo soy consciente de todo lo que prepara para mí. JUDAS. – Pero, entonces, ¿todo lo que hacemos se perderá algún día? JESÚS. – (Se levanta.) No se perderá si se mantiene vivo en tu corazón. 65 JUDAS. – (Pausa.) Eres peligroso, Jesús. (Pausa.) Eres peligroso porque eres sincero. Y eso hará que te amen del mismo modo que hará que te odien. (Pausa.) ¿Quién montará estos caballos salvajes? JESÚS. – Todo aquel que esté dispuesto a creer. (Pausa.) Dime, Judas. ¿Tú estás dispuesto a creer? JUDAS. – Sí, lo estoy. Estoy listo. Estoy listo para lo que viene ahora. JESÚS. – Entonces, Judas, tienes fe. (JESÚS sonríe y comienza a marcharse.) JUDAS. – Pero, Jesús. JESÚS. – ¿Sí? JUDAS. – ¿Estarás conmigo cuando dude, cuando quiera rendirme y cuando olvide el camino? JESÚS. – Yo siempre estaré a tu lado. JUDAS. – ¿Hasta que muera? JESÚS. – Hasta el fin del mundo. (JESÚS y JUDAS permanecen mirándose, mientras la luz va poco a poco desapareciendo. El escenario se queda a oscuras y empieza a sonar Until The End Of The World, de U2. Termina la obra.)