Aproximación a los orígenes de la comunicación en Andalucía
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Aproximacion a los origenes de la Comunicacion en Andalucia Maria Jose Ruiz Acosta Universidad de Sevilla Hay pl-ovincias, tliste es confesal-lo, en clue la prensa es desdefiada y hasta escarnecida. S6lo guiados por el merit0 absolute, a1 ponerla en parang611 con la prensa de Madrid, desprecian la dc la regicin por infuna, olvidando il-reflexivav,unente que esos pndes dialios se han hecho tales, no poi arte sutil de encantaniiento sino porque tenfan lectores. Dad a un peri6dico de provincias cualro o cinco mil suscriptores y tendreis un buen periddico (EWEI?TA, 1998: 376-377). o le falta raz6n a Cesar Huerta cuando sostiene que cualquier acercamiento a la prensa provincial ha sido tradicionalmente desechado par 10s historiadores en virtud del convencimiento de que diarios y seinanarios perifericos constituyen s6lo una replica de las publicaciones madriletias. De ahi que, hasta bien entrada la pasada centuria, no se iniciaran estudios serios tendentes a conocer la evoluci6n de unos medios que, si bien de menor tirada, han influido profundamente en el contexto en el que se insertaban. Superada esa etapa de inicial recelo, el investigador actual se acerca a ese nuevo objeto atraido por la singularidad de lo que le ofrece. Primeramente, en raz6n de la abundancia y riqueza del material a analizar.Tambi&n par su singularidad: la prensa provincial se rnueve dentro de marcos estrechos sen donde 10s sistemas de relaciones en escasisima medida son objetivables, puesto que estjn sometidas a toda una compleja trana de relaciones personales y de intereses concretes>> (ALMWNA, 1995: 29). Junto a factores mQs o menos cuantificables (lo demogrifico, lo econ6mic0, lo cultural), la mayor parte de los elementos en juego escapan a cualquier intento mcdianamente riguroso de catalogaci6n. De ahi que el estudio de 10s medios de comunicaci6n provinciales,
insertos en sun especial marco de referencia y de relaciones,,, exija del investigador un conocimicnto muy especifico, puesto que la utilizaci6n dc referencias de imbito general, vjlidas para la prensanacional, no son aplicables en buena ~nedida a cada uno de 10s casos locales (ALMUINA, 1995: 29). Convencidos, pues, de la necesidad de incre~nentar estos esh~dios mcnores, centrados en publicaciones editadas fuera de Madrid, nos adentramos en el andisis del caso andaluz. Somos conscientes de que nuestro trabajo, par las limitaciones de espacio impuestas, no puede aspirar sino a lo que su titulo indica: una aproximaci6n. Dejamos para futuras iniciativas completar esta ardua labor que, antes que nosotros, iniciaran en la universidad hispalense profesores de la calidad de Alfonso Braojos Garrido, Rafael Sinchez Mantero, Antonio Checa Godoy o Eloy Anas Castafi6n. 1. La evolucion en la Edad Moderna En 10s inicios de la Edad Moderna, no faltaban en Espaiia motivos para que se incrementara el flujo de las comunicaciones. Lo prueba la necesidad de garanhzar las relaciones comerciales entre regiones pr6has y alejadas; de elaborar la ingente cantidad de docurnentos que exigia la cornplicada vida administrativa de la ciudad y de las Cortes; de satisfacer las demandas culturales planteadas por el Hu~nanismo o 10s deseos de las reformas eclesiristicas. En definitiva, numerosas actividadescrecientes .a medida que lo hacia la poblaci6n- que no renunciaban a la translnisi6n oral de sus contenidos, pero que hicieron del libro y 10s papeles manuscritos y, sobre todo, impresos un elemento imprescindible para la gesti6n de sus asuntos o la defensa de sus ideas. A las razones expuestas habriamos de afiadir la realidad de un pais que gozaba de una situaci6n privilegiada para la distribuci6n de documentos, ya que, desde 1504, contaba con postas modernas que garantizaban la seguridad y regularidad del servicio de correos, De la misma manera, es menester recordar la existencia de redes comerciales y ferias, hbitos donde se hizo posible la diwlgaci6n de ideas y productos; el flujo de las lenguas verniculas, que incrementaron su campo de acci6n junto a1 latin; y, por liltimo, el avance general de la instrucci6n y la riqueza entre 10s laicos, lo que proporeionaria un gran nivnero de compradores de libros a afiadir a 10s adquirientes tradicionales (la Iglesia, la realeza, la nobleza y la universidad). No puede, as;, resultar extrafio que, cualdo el invento de la imprenta fue conocido en la Peninsula, se asentara con una fuerza inusitada, expandi6ndose pronto poltodo el
territorio gracias a la acci6n de hombres como Antonio Martinez,Alfonso del Puerto o Bartolorn6 Segura'. Aresultas de tal espiritu, Espaiia se vio pronto Uena de impresos de muy distinta naturaleza. En su conjunto venian a poner de manifiesto la multiplicaci6n de la capacidad comunicativa del hombre hasta cotas insospechadas en esos momentos. Pnxeba de ese espiritu lo constih1y6 la nueva hci6n que pasaria a adquirir el libro desde 10s primeros aiios dci siglo XVI, asi coma la profusi6n que adquirieron 10s diferentes tipos de papeles peri6dicos o noque inundaron la sociedad de aquellas dkadas. Respecto a bstos hernos de decir que progresivamente se fueron perfilando como canales que presentaban un claro afin de sesvir de media de comunicaci6n social. Consecuencia de la evoluci6n misma de la sociedad durante las $timas d6cadas de la Baja Edad Media, eiitre dichos escritos localizau~os 10s ejemplos de las primeras manifestaciones regulares organizadas. Herederas, en gran medida, de la comunicaci6n oral predominante en las centurias precedentes, entre ellas destacaron pronto las cr6nicas, o recopilacioi~es de 10s acontecimientos de destacado relieve; las carkas-diario, o textos redactados por 10s agentes de las casas comerciales a h de notificar a sus patronos cualq~uer asunto relativo a 10s negocios; 10s almanaques, de variado contenido predicciones astrales, pronbsticos, proverbios- y dirigidos especialmente a la poblaci6n no letrada; y 10s avissi o foggli a mano, acerca de informaciones utiles a la clase comerciante, amen de otros datos de inter& pCblico. En funci6n de lo anterior, no cabe duda alguna de que un instnunento como la imprenta, que permitia la ripida, eficaz y barata multipLicaci6n de ios papeles, fuera acogido con un gran entusiasmo por 10s que elaboraban y consumian estos productos.Y, aunque el noticierismo manuscrito no desapareci6 tras la creaci6n del mensaje impreso, lo cierto he que su btraducci6n~ a las formas que imponia la nueva industria influiria en gran medida en el exit0 de dichos documentos. Igualmente, es obligado destacar que el uso de la tipografia en el campo de 10s avisos prepar6 a1 pliblico para el seguimiento de las primeras f6rmulas del periadismo ixnpreso: 10s ocasionales y las relac' !oiles. Con el primero se hace referencia a publicaciones eventuales, impresas con motivo de al@ acontecimiento de singular relieve. De pequeiio tamalio (17 x 10 o 15 x 10 centimetros) y no mb de ocho pSpas, con portada ilustrada con un grabado, fecha y lugar de edici6n (que evidenciaban la necesidad de que la informaci6n que contenian ' Td situaci6ii dc bonanza seria dcsciitn por el maiqui.s de la Fuensanta del Vallc con estas palabias: ,,Aco@dos por el pfiblico inshuido, par el clero y por 10s Iteyes Cat6licos, la imprenta y 10s iinpicsoies goraron cn Espafia dc privilc@os)idc una libertad completan (1892: 257).
28 La iornuniiacion en Andalucla historia estruitura y nuevas tecnoioilias eshlviera bien emplazada), estos textos acotaban el relato de un iinico asunto. Extendidos par toda Europa, heron promovidos par individuos aislados -10s inenailti- e, igualmente, par 10s poderes politico o eclesiistico, que 10s dotaban de una fuerte carga persuasiva y propagan&stica2. Sobre su contenido, se ha de mencionar que trataban de sucesos muy &spares, aunque tenian en comh el ser n~estiones de marcada trascendencia piiblica: acerca de viajes y descubrimientos, asuntos h6licos, milagos, historias prodigosas o desastres naturales, como la peste nega; tamhien sobre temas locales, conio la entrada o salida de un personaje noble o su s6quito en la ciudad (Vid. MAL LARA, 1998). Encabezados por un titulo genPrico, estos textos an6nimos solian emplear g6neros identificables de inmediato -romances, colnedias- a1 objeto de que captaran al mayor niimero de lectores (CHARTIER, Roger: eLecturas y 1ectores"populares"desde el Renacimiento hasta la Ppoca clisican, en CAVALLO y CHARTIER, 1998: 413-434). Solian ser dishibuidos en imprentas, tiendas de libreros, a trav6s de vendedores amhulantes o buhoneros, quienes se beneficiaron aside la irtkaesmictura comunicativa que formaban las postas. Con el tPrmino de relaciones se alude a impresos an6nimos, de no mis de cuatro hojas, que narraban sucesos varios de forma irregular. Denominadas en Espafia acartas nuevass u ohojas de noticiasa, ve~<an a ser compendios resumidos de episodios dignos de divulgarse por su singularidad. La abundancia y el 6xito de 10s mismos en nuestro pais puso de manifiesto la buena coyunhra international de la que ,5026 Espaiia durante las d6cadas finales del siglo XV y todo el XVI; igualmente, el inter& de sus habitantes acerca de las cuestiones y temas que circulaban dento y fuera de sus fronteras, en especial acerca de aquellos aco~itecimientos en 10s que la naci6n se hubiera visto implicada. No seria extraiio, pues, que se llevaran a cabo numerosas reediciones y lraducciones de estos documentos, sobre todo de los que, por su tema, atraian a una gran cantidad de lectores. Entre ellos sobresaldrian el Descubrimiento deI N~revo Mundo, pou CrisMbal Coldn, La Omcidn Latinn, asi como las abundantes relaciones publicadas con motivo de diversos acontecimientos: las Comunidades, Pavia, las guerras en Alemania de Carlos I, San Quintin, Lepanto o el sitio de Amberes. En rclaci6n d protagonisma adquirido por uno dc cstos rrie,innti cl sevillano Andr6s Alrnansa y Mendoza-, afirrnaria vl marques de la Fucnsanta deIValle: .Es, pues, blendora ~ino de 10s prirneros ~UC cn Euiopa concibiri la idea de que !as noticias escritas que din+ a "arias pcrsonas para tcncilas a1 coiriente dc las navcdades dc la Cortc, pu~llcran scnnir, r,\ialii.ndosc dc la irnprenta, para que el piiblico hwiese coiiocirniento de ellas, friiidando poi este ~nedio ma empresa que p~idiera prod~icirie utilidad no dcsprcciablen (1892: 262).
I. Historia de la iornunicacidn en Andalucia En su conjunto, y como ya se ha apuntado, ejemplos hacia una creciente periodicidad, que se consolid6 no mucho mis tarde en publicaciones mensuales, quincenales y hasta semanales. A tenor de tal despliegue, no resulta extrafio que pronto destacaran determinadas capitales -Barcelona,Valladolid,Valencia-, centros que, por su importancia cultural, religiosa, politica o universitaria se convirtieron en destacados nficleos de informaci6n3. En la reg1611 andaluza, el nficleo mis sobresaliente seria Sevilla. Amen de la producci6n de avisos, cartas y relaciones sobre temas religiosos (relatos milagrosos y morales derivados del espiritu de Trento) y laicos (viajes del monarca, campafias militares, actividad de la corte), en la populosa urbe pronto sus muchos impresores elaboraron numerosas gacetas. Seiial de que la ciudad afin conselvaba parte de su esplendor pasado, estos papeies mensuales y luego semanales, ponen de manihesto el gran mercado de libros y hojas que circularon en la zona hasta bien entrado el siglo XVIU. Entre 10s textos tipogrificos mis demandados habriarnos de sefialar la semanal Auisos de Italia, Flandes, Romn, Portugal y otras partes, que en el primer tercio del siglo XVII ya gozaba de una continuidad y regularidad inusitadas para la bpoca. El auge hispalense lo confirma Manuel Chaves cuando rcsefia que el mismo afio en que empez6 a publicarse la que con el tiempo se llam6 Gaceta de Madiid (1661), naceria en Sevilla, editada por el impresor mayor de la ciudad -Juan G6mez de Blas-, una hoja singular. Si bien en gran medida era una reproducci6n de la editada en la corte, <<demuesha desde luego que en la capital de Andalucia tuvo su origen el periodismo, no s6lo a1 mismo tiempo que en Madrid, sino mucho antes que en otras importantes ciudades de Europau (1997: XVI). Su nombre: Gazeta Nueva de Ins cosas nzlis notables, assiPoliticas, como Militares, sucedidas en la nzayor parte de la Europa, hasta nzediado el mes de Margo de este atio de inil seiscientos y seselzta y ui1o. Pnblicaci6n mensual, de una media de ocho piginas y regular impresi611, se centraba preferentemente en el relato de sucesos politicos, mayormente noticiosos. Un avance, en suma, que confirmananan nuinerosos ejemplos en la centuria siguiente: Gaceta de Sa~z Hernlenegildo, folleto semanal sobre asuntos sedanos editado entre 1747 y ' Eii el caso concreto de Sevilla, hemos dc rcscliar la bueila co~wiitura quc atravcsaba, lo que le per initiri convertiise en el siglo XVI en la capital econSmica del Impe~io espaiol. En pste sentido, no debemos oividai que el desarroilo inducidu por la carvers de indias cxigi6 la arnpliaci6n de la urbc, cn la oric sc consh-uvcron imuortalrtcs inslilucioiies. iomo la Casa de Contrataci6n (1503) o la Univer- -4,. 13% 1.1 I : I .', ~ , I ,,.I I ./I .,I . a. . . . ., I I / . 11. 1 1 ., . 1, 11>., ,, 11, 11- ,I I . I I. I I , '.l I /.I 1I.I ,I, ' I :. I,. I... I,..,. \'..ll.\.l\~ll/~ /ll\hl 3
30 1 La comunicacibn en Anclali~cia hlstoria, estructura y nuevas lecnologids 1748; fIebdomadario Lkil Seuillnrzo, semanarioibisemanario de inforniaci6n sobre asuntos menores y que se public6 entre 1758 y 1762; El Er~zbronznrio, que vio la luz en 1760; o Dinrio Histdrico y Politico de Seuilln, qne, dirigido por el Bar6n de Bmere, abrid sus puerias a escritores de la talla de Alberto Lista, Fklix Josi. Reinoso, Jose Maria De Ajona o Jose Maria Blanco Crespo. A su desaparici6n tom6 el relevo el Correo de Sevilln; hto de la acci6n de hombres que, como Justino Matute o Reinoso, habian forniado parte de la disuelta Academia particular de Letras Humanas, el Correo constituye una muestra mis del ernpuje de la iniciativa privada que, junto a la pitblica de 10s Boletines Ojcinles, conforman el panorama periodistico hispalense hasta el estallido de la Guerra de la Independencia". 2. Hacia la libertad de imprenta Los coniienzos del siglo XD( Inarcan el arranque del gran ~novimiento periodistico en Espaiia, corriente a la cud ninguna capital permaneci6 indlerente. Pmeba de ello es que, si bien en Madrid se editaron publicaciones del alcance del Semarzario Patridtico o Efemirides del Ciudndn~zo Espnriol, en Barcelona veria la luz Ln Abejn Politico-Literaria; en Salamanca, El Correo Politico; en Santiago, el Dinrio Civico y en otros puntos del pais la Gacetn de Snntnnder, El Correo de Murcin, el Dinrio de Mallorcn o el Dinrio de in Ci~r~~rin. En Andalucia, la conmoci6n b6lica provoc6 el surgimiento de peri6dicos como Diario de Grannda, la Lirztenza Mdgica, El Espectador Sevillnno, El Voto de in Nuciin Esynfioln, el Semn~znrio Pntriitico o el Correo Politico y Liternria. A decir de Manuel Chaves, todos <<estaban escritos al calor del mQs acendrado patriotismo, todos cllos estaban dirigidos a1 pliblico en general, sin distinci6n de clases y todos los trabajos que insertaron se encamiliaban a identicos fines; fsto es, a mantener vivo el odio a los franceses y proclamar sin un molnento de vacilacidn la independencia de la patria), (1997: m)). Entre todas las capitales, y a tenor del protagonisino politico que iba cobrando, desk6 Cidiz, donde se concentr6 una ingente cantidad de peri6dicos y papeles de variada regularidad. Alli sobresaldrian lnodelos como El Coizciso, autodenorninado Diario de iniormacihn general y que, fundado el 24 de agosto de 1813, dirigid Gaspar Maria de Ogirando; el Diario de ins disc~rsiones y actns de ins cortes, editado pox la Imprenta Real entre 1811 y 1812, y que contenia las sesiones de las Cortes; o el Semnnnrio Pntriitico que, pleno de noticias y textos politicos, lider6 Quintana desde el 10 de novie~nbre de 1812 hasta la proclamaci6n de la Constituci6n de 19 de marzo de 1812. El origen dr los Boleiiiies Ofirioies se rernunta a1 mamci~to cn que los gobie~nos encumtran impuliosa la ncccsidad de colnunicarsc con 10s a)unlamientos de la provincia. En sus pb@nus incluian iodo lipa
I Historia de la cornunicacldn en Andalucia 31 3. Modalidades de prensa regional en el siglo Xlx El fin de la guerra no propici6, sin embargo, el despegue que auspiciaban ejemplos como 10s citados. For el contrario; en el inicio del nuevo siglo surgieron graves impedimentos que frenaron el asentarniento y modernizaci61i de las publicaciones Peiisemos, primeranente, en el bajo nivel de vida que caracteriz6 en esos afios a la poblaci6n de la periferia, grupos cuyos escasos recursos apenas dejaban margen para todo lo que no fueran bienes de primera necesidad.Tan precario nivel de desarrollo social y econ6mi- co rehas6 en provincias la adquisici6n de medias IPcnicos relativos a la composicib-r y la reproducci61-r impresa, condiciones indispensables para que el periodico se convirtiera en un producto aseyuible a la generalidad. Indesligable del panorama descrito, las altas tasas de analfabetisnio: si bien la pingesiva cobertura de la enseliana primaria permitiir en el XD( un mayor acceso a la lectura, habria que tener en cuenta la persistencia de numerosas bolsas de iletrados, lo que haria de 10s peri6dcos un elemento privativo de la alta y niedia burguesia, algo, en suma, deskado a un pilblico resbingido. A lo dicho habriarnos de afiadir la mala situacibn de las v'as de comunicacion en el pais, que impidi6 a lnuchas regiones editar diarios hasta que contaron con una red postal aceptable. De ahi que, casi toda la centuria, la mayoria de 10s peri6dicos provinciaies estuvieran subordinados a la informaci6n que les suminishaban 10s madrilefios: en la capital del reino ... se generaban los acontecimientos lnis importantes de la vida oficial y politica o se recibian noticias de otras zonas del pais y del extraljero. Por ello, inucl-ros peri6dicos tuvieron secciones con titulos coino ~cr6nica macirilefian, ade Madrid,,, iiEcos de Madridn, dcsde Madrid,,, corroborando el modelo centralista que desde el siglo XVII se habia establecido en Espafia (SANCHEZ ShCHEZ, 1998: 166). No cabe duda de que la cercania fisica al poder snponia contar con medios y recursos que no estaban al alcance de las publicaciones de la periferia, especialmente en una Ppoca en la que lo liemos apuntadolas comunicaciones eran mis deficientes y resultaba lenta la recogida de noticias. Ademis, las posibilidades de la capital -mL populosa, con mayor nivel culhnal y lnejores condiciones econSmicasdestacaban sobre las de cualquier otra ciudad. Como sefida JosP Javier SBnchez Aranda, eel ser centro politico del pais suponia que fuel-a nilcleo generador de las principales noticias: casi todo lo periodistico relevante acaecia allia (1997: 393-394).
32 1 La cornunicacibn en Andaiucia historia. estruitura y nuevas tecnologias Fese a1 panorama descrito, intentos por rivalizar con la prensa ma&leiia no faltaron. Con el claro objetivo de luchar contra las desigualdades, en 1859 via la luz, como cooperativa de 33 publicaciones, una asociaci6n denominada <<La Prensa de Provinciasn, cuyo fin era prestar a sus miembros un servicio en aspectos relativos a la informaci6n y a la compra de anuncios en la capital. Aunque la iniciativa fracas6, no deja de Uamar la atenci6n que constituya el primer sintoma de la reacci6n mancomunada de la prensa provincial en aspectos econ6micos (intercambiar publicidad, compartir gastos en la compra de papel, etc.) e, igualmente, politicos, pues su fin Gltimo era lograr la independencia respecto de 10s grandes peri6dicos nacionales partidarios. En cualquier caso, y aunque progresivamente la periferia vaya cobrando vigor5, lo cier- to es que hasta finales de esa centuria la difusi6n provincial de 10s peri6dicos ma&- lefios en otras localidades era alta. Aqu&Uos penetraban con facilidad en el imbito regional, planteando una fuerte competencia a 10s pequefios peri6dicos comarcales. La estrategia mb comcnmente empleada por 10s grandes diarios consistia en elaborar ediciones especiales que, compuestas en la carte, se remitian a un impresor municipal, el cual rellenaba la cuarta plana -que venia en blancocon noticias y anuncios locales. De esta manera el lector de la provincia disponia de la informaci6n nacional, am&n de informaciones de su imbito mis cercano. A 10s obsticulos mencionados, deberiamos aiiadir uno mis: la excesiva ideologizaci6n de diarios y semanarios, raz6n por la que el periodismo decimon6nico se convirti6 en fie1 reflejo de las numerosas convulsiones politicas y sociales que vivi6 el siglo. De ahi que la ampliaci6n del espacio politico que auspiciaran momentos como 10s del Sexenio no promoviera el surgimiento de productos mb libres; mis bien termin6 de asentar las concepci6n que hacia de las publicaciones instrumentos de la lucha social y politica entre 10s distintos sectores predominantes en la sociedad decimon6nica. Inevitablemente, la provincia asumib e hizo suyo el modelo informativo imperante en la capital: el de una prensa ode partido, muy poco inoderna, de corta tirada, con una calidad informativa que dejaba bastante que desear y unos beneficios, si 10s habia, obtenidos gracias a sus estrechasvinculaciones politicas, a las m'seras remuneraciones de sus redactores y a conhatos muy favorables en la adquisici6n de papel,, (CABRERA, 1994: 51)6. Una prensa que, en iiltima instancia, reproducia las mis intimas contradic- $Lo qu" porotra parte, nonos prtede harer olvidar la realidad de unas puhliraciones mayoritxiamente de corta duraci6n wid. GARCfA GALINDO, 1999). qA' , , ju~clo de la autora, la prcnsa espaiiola ilegb a ser c,sustihttiua dc unas elecciones donunadas poi el caciquismo; quim quisierv hacer caircra politica necesitaba contar con un peribdico adicto y los di-
ciones de sus promotores, mis preocupados por el mantenimiento de sus prebendas politicas -a nivel nacional y provincialque por el ensanchamiento de sus bases sociales. El intimo vinculo establecido enhe poLiiica y prensa (no era infrecuente que 10s hombres pfiblicos crearan, dirigieran o colaboraran en 10s diarios) llevaria a esta filtirna a ser concebida mis como un arma de combate en la elevaci6n o derribo de 10s gobiernos que como un sector moderno, que operara seen las leyes del mercad0.Y as;, mientras en Europa la prensa recibia un tratamiento similar a1 de oho Bmbito industrial, en Espaiia se desarrollaba cerca de 10s centros de poder. Derivado de lo anterior, la ausencia en el pais de una organizaci6n empresarial que sustentara a las publicaciones. Los peri6dicos constituian, en la inayoria de 10s casos, actividades que dependian de otras mis arnplias de impresi6n.Y aunque, en numerosas ocasiones, la importancia de 10s diarios alcanzara tales niveles que llegaron a rebasar el Bn~bito del negocio individual o familiar, lo cierto es que, coma indica Ricardo Manuel Ma*in de la Guardia, mads o muy poco importaba una posible rentabilidad econSmica>, (1989: 652-653). L6gico es pues pensar que la concepci6n artesaiial caracterizara a la informaci6n irnpresa. Es a lo que se refiere Manuel Martin Sei~ano cuando afirma que ... la i1iforrnaci6n no se ofrecia jerarquizada, mediante artificios @ficus tales como la cornposiciijn en cuerpos de diferentes tamalios. Tan~poco era frecuente que el contenido del texto se presentase desmigado en peq~~efias unidades independientes de sentido, coino ahora sr hace por el recurso a 10s tituiados. El tratarniento del tema suele ser lineal, desde el p~ilner a1 Gltimo rengl6n: las cabeceras, cnmpuestas en cuerpos muy semejantes al texto no sintetizm el conteiiido, liinitiiidose a enunciarlo. No es posible hojear el peri6dico y darse por enterado de su contenido sin una lectura detenida y a veces sin una relectura del texto (1990: 12). No obstante lo dicho y aun careciendo de medios suficientes, fuerza social o grandes tiradas, dicha modalidad periodistica -tambien llamada <<personal,,, <,de opini6no o <<de partido.- present6 una importancia decisiva en la conformaci6n ideol6gica de la vectorcs iie 10s ~njs ilnportantcs diarios erm diputados casi pennanentes en las Corlesn. l'aie Manuel de la Rosa, cra hecuenle en la prensa del rnoincnto cl cjercicio dc emla propaganda yoiitica cn pus de coi~seguir la vara dc la alcaldiu o el munfc en deter~i~inadas candidutul-as para diputados a cortcsm (DE LA ROSA GONZhLEZ, Manuel: .La prcnsa peri6dica en Cicra y su comurca (1870-1939)~, en GONZALEZ CASTANO, 1996: 136-137).
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