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125 Apuntes de Psicología Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, ISSN 0213-3334 Universidad de Huelva, Universidad de Sevilla Los recursos personales como antecedentes del engagement M. Inmaculada VICENTE DE VERA GARCÍA M. Inés GABARI GAMBARTE Universidad Pública de Navarra (España) Resumen Los factores psicosociales en el trabajo son determinadas condiciones directamente relacionadas con el contenido del puesto, las exigencias de la realización de la tarea e incluso con el entorno, que tienen capacidad de afectar el desarrollo del trabajo de los trabajadores. Cuando estos factores tienen consecuencias perjudiciales para su seguridad, salud (física, psíquica o social) y bienestar, hablamos de factores de riesgo psicosocial o fuentes de estrés laboral. El estudio del burnout como factor de riesgo psicosocial es una necesidad orientada a mejorar la salud y la calidad de vida de los profesionales en las organizaciones. No obstante, las últimas tendencias en el estudio del burnout han dado un giro hacia el estudio del engagement como aspecto positivo y óptimo del desarrollo profesional y, en este sentido, entre las principales causas del engagement destacan los recursos personales, cuya revisión abordamos en este trabajo. Abstract Psychosocial factors at work are certain conditions directly related to the content of the job, the requirements of the accomplishment of the task and even with the environment, which have the capacity to affect the development of the work of the Workers. When these factors have detrimental consequences for their safety, health (physical, psychic or Social) and well-being, we talk about psychosocial risk factors or sources of occupational stress. The study of burnout as a psychosocial risk factor is a necessity aimed at improving the health and quality of life of professionals in Organizations. However, the latest trends in the study of burnout have taken a turn towards the study of engagement as a positive and optimal aspect of professional development and, in this sense, among the main causes of engagement highlight personal resources, whose Review we dealt with in this Work. Dirección de las autoras: Departamento de Psicología y Pedagogía, Campus Arrosadía (UPNA), 31006 Pamplona. Correo electrónico: [email protected] Recibido: octubre de 2018. Aceptado: septiembre de 2019. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoció en 1984 la influencia de los factores psicosociales en la salud de los trabajadores: “Los factores psicosociales en el trabajo consisten en interacciones entre el trabajo, su medio ambiente, la satisfacción en el trabajo y las condiciones de su organización, por una parte, y por la otra, las capacidades del trabajador, sus necesidades, su cultura y su situación personal fuera del trabajo, todo lo cual, a través de percepciones y experiencias, pueden influir en la salud y en el rendimiento y la satisfacción en el trabajo.” (OIT, 1984, pág. 12). En consecuencia, las organizaciones han ido reconociendo cada vez más la necesidad de identificar, evaluar y controlar dichos factores psicosociales, con el fin de evitar sus riesgos asociados para la salud y la seguridad en el trabajo (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, 2008). De hecho, los riesgos psicosociales son una de las principales causas de enfermedades y de accidentes laborales. Por este motivo, el principal reto que se plantea actualmente a las organizaciones, es trabajar y desarrollar las estrategias necesarias para la consecución de mayores niveles de salud y bienestar en los empleados (Gómez-Perdomo, Meneses-Higuita y Palacio-Montes, 2017).
126 Apuntes de Psicología, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. M.I. Vicente de Vera García y M.I. Gabari Gambarte Los recursos personales como antecedentes del engagement Estrés laboral y burnout En este marco, numerosos datos objetivos señalan al estrés laboral como un verdadero problema social, económico y empresarial que tiende a ir en aumento (Grau Abalo, 2016). El impacto macroeconómico que origina es enorme, tanto en la disminución de la productividad como en los costes laborales y, a día de hoy, son insuficientes los programas de intervención y prevención para contrarrestarlo. Es decir, se observa una falta de cultura preventiva, especialmente en lo referido a los riesgos psicosociales, de los que forma parte el estrés laboral. Los estudios en este campo confirman que, cuando el sujeto se ve expuesto a una situación de estrés crónico en el trabajo y además utiliza estrategias de afrontamiento ante los estresores que no son eficaces, aparece el burnout o también llamado síndrome de estar quemado. La literatura científica describe el burnout como la fase avanzada del estrés profesional, que resulta básicamente de la interacción del sujeto con el ambiente laboral, o como producto de las relaciones interpersonales de éste y las personas para las que trabaja. Autores como Schaufeli y Enzmann (1998) lo definen el burnout como: “Un estado mental persistente, negativo y relacionado con el trabajo, en individuos normales que se caracteriza principalmente por agotamiento, se acompaña de malestar, sentimiento de reducida competencia y motivación y el desarrollo de actitudes disfuncionales en el trabajo.” (Schaufeli y Enzmann, 1998, pág. 36). El burnout tiene consecuencias que afectan a la organización y al ambiente de trabajo, que se manifiestan en un progresivo deterioro de la comunicación y de las relaciones interpersonales (indiferencia o frialdad), a la vez que disminuye el rendimiento y la calidad de los servicios que se prestan. En el sujeto surgen sentimientos que abarcan desde la indiferencia a la desesperación; se da un alto absentismo, mayor desmotivación y aumentan los deseos de dejar el trabajo, lo que le genera un creciente nivel de desmoralización (Arón y Milicic, 2000). Por ello, la mejora de entornos psicosociales supone una renovación en las instituciones para lograr mayor eficacia y eficiencia, y reducir la accidentalidad laboral. Y en esta búsqueda, de un entorno psicosocial más saludable, es donde la potenciación del engagement, entendido como vinculación psicológica con el trabajo, está realizando novedosos aportes. Engagement, o vinculación psicológica con el trabajo El engagement, es el constructo teóricamente opuesto al burnout o síndrome de estar quemado. Pese a que en la literatura se han propuesto múltiples definiciones de este constructo, todas coinciden en señalar que se trata de una vinculación que establece el individuo con la organización. Como consecuencia de este compromiso, los profesionales comprometidos crean en sí mismos mayor interés por aprender, por innovar y por superar desafíos a través de las actividades laborales. Así, el engagement es un estado positivo, afectivo-emocional de plenitud, que se caracteriza por tres dimensiones: el vigor, la dedicación y la absorción (Schaufeli, Salanova, Gonzalez-Romá y Bakker, 2002a). Este constructo tiene en cuenta características tales como el compromiso, la motivación, el entusiasmo, el esfuerzo, y todos aquellos aspectos que propician vínculos positivos entre los profesionales y la organización (Bernal Guerrero y Donoso González, 2017). Los mencionados autores añaden, que cuando el individuo se siente en un ambiente de satisfacción laboral y personal en el cual se están cumpliendo sus metas y deseos profesionales y personales, éste se siente más comprometido contribuyendo con su esfuerzo al éxito de la institución en la que trabaja (Oramas, del Castillo y Vergara, 2017). Los factores de riesgo psicosocial habitualmente actúan durante largos periodos de tiempo, de forma continua o intermitente y son numerosos, de diferente naturaleza y complejos, dado que no sólo están conformados por variables del entorno laboral, sino que, además, intervienen variables propias del sujeto, como las actitudes, la motivación, las percepciones, las experiencias, la formación, las capacidades y los recursos personales y profesionales (Perandones González, Herrera Torres y Lledó Carreres, 2014). De modo que, la personalidad y la situación vital del individuo influyen tanto en la percepción que tiene de la realidad, como en la respuesta que da ante las distintas situaciones laborales a las que se enfrenta. Por todo lo expuesto, la intervención en el ámbito de la prevención de riesgos psicosociales es una exigencia legal, pero además es una exigencia ética. En el presente trabajo, se realiza una revisión de aquellos recursos personales que los estudios han constatado posibilitan el adecuado enfrentamiento de los profesionales a los riesgos psicosociales que producen estrés laboral, cuyo desarrollo contribuye a la prevención del llamado síndrome de burnout. A continuación, se exponen algunas de las aportaciones recientes este ámbito. Recursos personales que propician el engagement Los recursos personales son autoevaluaciones positivas vinculadas a la percepción de la capacidad propia para controlar e influir en el entorno. Estas autoevaluaciones predicen el establecimiento de metas, la motivación, el rendimiento laboral y satisfacción con la vida (Aguado García, 2018). En este sentido, la denominada Psicología Organizacional Positiva focaliza su atención en el análisis de las características individuales que desarrollan un funcionamiento óptimo en las organizaciones. De acuerdo con este
Apuntes de Psicología, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. 127 M.I. Vicente de Vera García y M.I. Gabari Gambarte Los recursos personales como antecedentes del engagement planteamiento, todas las personas poseen creencias, rasgos de personalidad diferenciales, estilos de pensamiento, y un conjunto de competencias sociales y emocionales que moderan el efecto negativo del estrés laboral y el impacto que éste ejerce sobre la salud física, psicológica y social del individuo (Vargas-Cruz, Niño-Cardozo y Acosta-Mal- donado, 2017). Por ello, las variables personales ejercen un papel significativo en la presencia/ausencia del burnout (Esteras Peña, Chorot Raso y Sandín Ferrero, 2018). Y, dado que el engagement es el constructo teóricamente opuesto al burnout, dichas variables influyen también en la menor/ mayor presencia de engagement (figura 1). Autoeficacia La autoeficacia es un valioso recurso especialmente vinculado con el desarrollo del engagement en el trabajo, así como para afrontar las demandas laborales, ya que actúa como amortiguador de los estresores. Los juicios de autoeficacia influyen en las metas que las personas se marcan y en sus respuestas afectivas ante los niveles de logro alcanzados (Arís Redó, 2009). Estas creencias, han mostrado su potencial predictivo en el desarrollo del síndrome de burnout. Autores como Dios, Calmaestra y Rodríguez-Hidalgo (2018), entre otros, corroboran que, a medida que baja la autoeficacia, aumentan los sentimientos de agotamiento emocional y despersonalización que llevan al burnout. En la misma línea, Arias, Infante y Montes (2017) subrayan que la autoeficacia actúa como variable mediadora o moduladora entre el proceso de pérdida de energía que lleva al burnout y el proceso motivacional para llegar al engagement. De manera que, cuando se posee una fuerte sensación de eficacia, se potencia el control sobre las tareas a realizar y este control ayuda a percibir el trabajo como retador, lleno de significado y propósito (Lozano-Paz y Reyes-Bossio, 2017). En síntesis, podemos decir, que la autoeficacia es tanto causa como consecuencia del engagement; es decir, las creencias en las propias competencias para realizar bien el trabajo influyen positivamente en la vinculación psicológica (altos niveles de vigor, dedicación y absorción) que, a su vez, influyen en consolidar aún más esas creencias en la propia eficacia. Por el contrario, la ineficacia está promovida por altos niveles de burnout, síndrome relacionado principalmente con la percepción de obstáculos. Por consiguiente, una autopercepción de baja eficacia es un desencadenante del burnout (García Padilla, Escorcia Bonivento y Pérez Suárez, 2017). Optimismo El optimismo es otro recurso que ha adquirido relevancia dentro del proceso de burnout y del engagement, siendo objeto de estudio por sus implicaciones adaptativas tanto en área de la salud como en el ámbito laboral. Dentro de la psicología organizacional positiva, el optimismo es un proceso realista que incluye una evaluación de lo que se puede o no se puede lograr en una situación particular (Oriol-Granado, Mendoza-Lira, Covarrubias-Apablaza y Molina-López, 2017). Los sujetos optimistas son persistentes, no dudan ni vacilan ante condiciones adversas y esperan obtener buenos resultados, aunque las cosas se pongan difíciles. Se ha encontrado, que una actitud optimista ante situaciones retadoras se relaciona con la confianza y la persistencia en la conducta. Por el contrario, una actitud pesimista hace que las personas se manifiesten dudosas y vacilantes (Caldera Montes, Aceves Lupercio y Reynoso González, 2016). Al respecto de estas afirmaciones, diferentes estudios destacan que el optimismo ejerce una influencia diferencial en la va- Figura 1. Recursos personales que fomentan el engagement. Fuente: Elaboración propia. Recursos personales como antecedentes del engagement Autoeficacia Resiliencia Elevación Descanso después del esfuerzo Contagio emocional fuera del trabajo Esperanza Optimismo Inteligencia emocional
128 Apuntes de Psicología, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. M.I. Vicente de Vera García y M.I. Gabari Gambarte Los recursos personales como antecedentes del engagement loración y afrontamiento de las dificultades, en el desenvolvimiento en el mundo social y académico y en el bienestar psíquico y físico de las personas y, señalan, que optimismo y pesimismo correlacionan de manera significativa con la vinculación laboral (engagement), con la autoeficacia, y con desgaste profesional de manera diversa (Pulido y Herrera, 2018). Como es de suponer, estas diferencias tienen consecuencias en la forma de afrontar los cambios, la adversidad y la experiencia de estrés en el trabajo. Resiliencia La resiliencia forma parte de un factor de la condición humana y un importante recurso en el mundo laboral actual que posibilita adaptarse a los estresores, sobreponerse y recuperarse de la adversidad. La resiliencia se define como: “una capacidad psicológica positiva que ‘rebota’ la adversidad, incertidumbre, conflicto y fracaso; que supone un cambio positivo, progreso y aumento de responsabilidad. No es la capacidad para salir ileso de una batalla, sino ser vencedor” (Luthans, 2002, pág. 702). Se ha comprobado, que las personas resilientes son competentes socialmente, tienen capacidad para solucionar problemas, y afrontan mejor los cambios, adversidades y riesgos; además, se desenvuelven mejor en ambientes difusos que aquellas otras con baja competencia en resiliencia (Barradas Alarcón, Delgadillo Castillo, Gutiérrez Serrano et al., 2018). Del mismo modo, las investigaciones apuntan que la resiliencia disminuye la vulnerabilidad al burnout (Cruz y Puentes, 2017), siendo la capacidad de afrontamiento a los estresores una de las tendencias claves de la resiliencia. Así, el uso de estrategias de afrontamiento constructivas centradas en el problema (como la búsqueda de apoyo social instrumental, la reinterpretación positiva y la aceptación), previene el desarrollo del síndrome (Véliz Burgos, Dörner Paris, Soto Salcedo y Arriagada Arriagada,, 2018); mientras que el uso de estrategias de afrontamiento pasivas centradas en la emoción (como desahogo, negación y búsqueda de apoyo social emocional), facilita su aparición (Félix Verduzco, García Hernández y Mercado Ibarra, 2018). El burnout aparece cuando las estrategias de afrontamiento están más centradas en la emoción y la evitación. Cabe señalar, la literatura científica sugiere que el efecto de la resiliencia sobre el burnout está mediado por la variable engagement. Por ello, las personas con bajas puntuaciones en resiliencia tienen menores niveles de engagement, y estos menores niveles en compromiso laboral están asociados con altas puntuaciones en burnout (López Cánovas y Chiclana, 2017). Contagio emocional El contagio emocional es otra variante a destacar en el desarrollo del engagement. Este concepto se refiere al proceso mediante el cual sentimos e interiorizamos emociones similares a las que observamos en otra persona (Montoya Zuluaga, Castaño Hincapié y Moreno Carmona, 2016). Así, teniendo en cuenta la capacidad de contagio de las emociones positivas, una de sus aplicaciones más directas consiste en la gestión de las emociones en el ámbito laboral. En esta línea, la mayoría de los estudios sobre el tema apoyan que las emociones positivas son un potente licitador de resultados positivos y de engagement en los equipos de trabajo (Carrillo, 2018). También se ha reportado, que los sujetos que llevan sus sentimientos positivos del trabajo a la casa o viceversa, presentan mayores niveles de engagement comparados con aquellos que no hacen este intercambio positivo entre dichos contextos (Gabini, 2017). Esto significa que el engagement es, digámoslo así, contagioso. Descanso Igualmente, investigaciones como las de López Alonso, López Aguado, Fernández Martínez et al., (2016) y Martos, Pérez-Fuentes, Molero et al., (2018), entre otros autores, corroboran que el nivel de engagement que se experimenta en el trabajo está asociado positivamente con el grado de recuperación que presentan las personas al día siguiente de un día laborable. Es decir, los sujetos que se sienten suficientemente recuperados de la tensión generada por el trabajo del día anterior, al día siguiente se sienten con niveles de engagement mucho más altos que aquellos que no se han recuperado durante su tiempo libre de los esfuerzos realizados. Los mencionados autores respaldan que estos niveles de engagement ayudan al a tomar nuevas iniciativas y establecer nuevas metas de trabajo. Por el contrario, cuando el balance entre esfuerzo realizado y recuperación se rompe, las demandas se convierten en estresores que promueven respuestas psicológicas negativas, generalmente burnout, y pueden conducir a trastornos cardiovasculares, depresión, enfermedades psicosomáticas y ansiedad. Esperanza Asimismo, poseer un alto nivel de esperanza ayuda a elevar los niveles de bienestar psicológico y bienestar subjetivo en las personas. La esperanza, es un estado motivacional positivo que genera un intento por conseguir objetivos por medio de un sentido de agencia personal que provee de la fuerza de voluntad necesaria para ello (Alder, 2017). De manera que, los sujetos con altos niveles de esperanza, suelen mostrar mayores niveles de desempeño, satisfacción laboral y mayor compromiso con la institución en la que trabajan (Cernas, Mercado y Davis, 2018). Elevación Otro importante recurso que repercute en el fomento del engagement, es la elevación. En el ambiente laboral la
Apuntes de Psicología, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. 129 M.I. Vicente de Vera García y M.I. Gabari Gambarte Los recursos personales como antecedentes del engagement elevación se concreta en comportamientos de apoyo y ayuda a un compañero o compañera ante las demandas del trabajo. Este estado afectivo se valora muy positivamente por su tendencia prosocial. También se ha relacionado con la conducta extra-rol conducta cívica o ciudadanía organizacional (Shankland, 2018). Al ser un valor socialmente valorado, las personas que lo experimentan son bien aceptadas e integradas dentro de los equipos de trabajo, y mantienen buenas relaciones sociales. Inteligencia emocional Es preciso resaltar, que en el desarrollo de todos estos recursos interviene la inteligencia emocional del sujeto y, por ende, ésta juega un papel crucial en el crecimiento del engagement. El término inteligencia emocional se conceptualiza como una forma de inteligencia social que implica la capacidad de relacionarse con las emociones y sentimientos de uno mismo y de los demás de una forma eficiente (González, González y San José, 2017). Estos autores confirman, que la inteligencia emocional se encuentra dentro del grupo de factores individuales (nivel de experiencia, autoestima, estilo atribucional, personalidad, etc.), que explican por qué algunas personas son más resistentes a los estresores por su capacidad de percibir, comprender y regular tanto sus emociones, como las de los demás. La literatura científica apoya que la inteligencia emocional se relaciona con los procesos de adaptación, facilitando respuestas adecuadas a los diferentes acontecimientos que una persona ha de afrontar en su vida diaria, disminuyendo las reacciones emocionales desadaptativas, posibilitando la experimentación de estados de ánimo positivos, y reduciendo la incidencia de los negativos (Pérez-Escoda, Filella, Alegre y Bisquerra, 2012). Diferentes estudios manifiestan que las personas con inteligencia emocional cuentan con habilidades sociales, establecen vínculos afectivos de calidad y defienden sus derechos. Estas habilidades son un factor de protección frente a las adversidades, que aseguran una mejor adaptación social y desarrollo psicológico (Hernández-Fer- nández, Bravo-Hernández y López-Sánchez, 2017). Otros trabajos, como el de Peñalva Vélez, López-Goñi y Barrientos González (2017), reportan que la inteligencia emocional influye en la calidad de las relaciones interpersonales y en el rendimiento académico y laboral. Además, los autores subrayan la importancia de crear herramientas cognitivas, emocionales y conductuales desde la práctica clínica para la generación de factores protectores que disminuyan el riesgo frente a contextos laborales altamente desgastantes. Discusión Trabajar implica invertir esfuerzo físico y/o mental; esfuerzo que invertido repetidamente o sostenidamente se traduce en altos niveles de fatiga y estrés por el que requerimos un descanso para reponer las energías agotadas. Trabajar hasta el agotamiento físico o psíquico puede desencadenar problemas crónicos de salud (estrés, enfermedades cardiovasculares) y problemas laborales (absentismo por enfermedad, accidentes laborales, bajo desempeño, alta rotación de empleados y conflictos interpersonales, entre otros). El cuerpo y la mente son los primeros en enviarnos señales del cansancio acumulado, suponiendo la recuperación una necesidad inherente de nuestra capacidad limitada como seres humanos. Es necesaria la recuperación después del esfuerzo diario. El descanso del trabajo reduce y previene la acumulación de agotamiento y estrés que conduce al deterioro de la salud. Así, desde una perspectiva psicológica, incorporamos la recuperación en la prevención de los riesgos psicosociales, ya que restaura nuestros recursos y energías preparándonos para las actuales o nuevas demandas laborales. Adicionalmente, las relaciones establecidas entre emociones positivas y otras variables organizacionales como el desempeño, el clima, apoyo social, etc., son bidireccionales. Dado que el estado afectivo de un empleado o empleada se transfiere al equipo de trabajo, resulta imprescindible proponer la expresión y propagación de emociones positivas como estrategia hacia la felicidad en el ámbito laboral. La autoeficacia es otro aspecto relevante dentro del funcionamiento organizacional positivo. Cuando el sujeto se siente autoeficaz, los obstáculos ejercen en él menor repercusión, pues no los percibe como tal. Por el contrario, si la persona está agotada emocionalmente, manifiesta mayor sensibilidad y tiende a percibir las demandas ambientales como estresantes, lo que le impide ver los aspectos positivos del trabajo. La resiliencia forma parte de un factor de la condición humana y un importante recurso en el mundo laboral actual que posibilita adaptarse a los estresores, sobreponerse y recuperarse de la adversidad. El sólo hecho de resistir, ayuda a modificar las situaciones. Igualmente destacamos la influencia que la esperanza ejerce en la persona, ya sea a partir de un sustento lógico o en base a la fe; puesto que, quien tiene esperanza, siente que puede conseguir algo o alcanzar un determinado logro. Por último, la inteligencia emocional es otro de los factores de protección frente a las adversidades, además de asegurar una mejor adaptación social y desarrollo psicológico. Las personas con inteligencia emocional son sensibles a los sentimientos de los demás y se sienten seguras para expresarse emocionalmente. Son personas que establecen vínculos afectivos de calidad y defienden sus derechos. Por ello, el adecuado desarrollo de la inteligencia emocional aparece como un factor preventivo del malestar en los profesionales, un potente recurso personal y una opción del desarrollo humano dirigida a conseguir el éxito en las distintas facetas de la vida, entendido como el logro de la
130 Apuntes de Psicología, 2019, Vol. 37, número 2, págs. 125-132. M.I. Vicente de Vera García y M.I. Gabari Gambarte Los recursos personales como antecedentes del engagement felicidad, la automotivación para conseguir los objetivos que nos proponemos, para solucionar los conflictos interpersonales, y dirigida también a adaptarnos a las circunstancias, haciendo uso de esa capacidad de conocimiento y manejo de nuestra emocionalidad y de las habilidades empáticas que nos permiten mejorar la comunicación con los demás. Conclusiones En este trabajo hemos pretendido reflexionar acerca de la magnitud de algunos recursos personales y guiar en la implementación de medidas basadas en la potenciación del engagement que puedan prevenir riesgos psicosociales como el burnout, o minimizar sus efectos. Hacemos hincapié en la relevancia que adquiere el desarrollo de la resiliencia para afrontar las demandas laborales. Concluimos, que la resiliencia predispone a menores niveles de burnout en la medida que se incrementan las dimensiones de engagement. De modo que, en presencia de situaciones de adversidad laboral los sujetos más resilientes tienen la capacidad de utilizar su energía e implicación laboral para sobreponerse a las dificultades y adaptarse adecuadamente; mientras que los sujetos menos resilientes tienen predisposición a sobrevalorar el riesgo e incrementar su efecto con cansancio e indiferencia en el trabajo. En definitiva, las características positivas del engagement (vigor, dedicación y absorción) y la fortaleza de la persona (resiliencia), son aspectos que diferencian a unos individuos de otros para una buena adaptación al medio, ya que actúan como protectores ante el riesgo de burnout. De igual modo, la investigación empírica en contextos laborales ha establecido sólidas relaciones entre autoeficacia y bienestar. Desde estas referencias, apoyamos la idea de que la autoeficacia percibida forma parte de un proceso o círculo virtuoso que actúa como motor del engagement. Incidimos en la influencia determinante que la autoeficacia tiene en el rendimiento exitoso, en la motivación y en la persistencia de las personas. Concluimos, que la autoeficacia es tanto causa como consecuencia del engagement. En sentido contrario, la falta de autoconfianza de los empleados en realizar bien las tareas aumenta la probabilidad de sufrir burnout. Asimismo, es necesario implementar actividades formativas orientadas al desarrollo de las competencias emocionales de los profesionales para promover su salud. Resulta indiscutible el papel de la formación en competencia emocional, ya que facilita y favorece un clima laboral saludable. Consideramos que estimular los recursos personales es una estrategia de prevención adecuada ante aquellos estresores inevitables en las organizaciones. Es esencial, para ello, elaborar intervenciones eficaces que promuevan dichos recursos, con el objetivo final de alcanzar unas óptimas condiciones de trabajo. Por último, pensando en futuras líneas de desarrollo, se propone profundizar en otras variables de estudio a relacionar con el engagement, por ejemplo: recursos laborales, beneficios, clima laboral o calidad de vida, entre otros; pilares fundamentales a la hora de desarrollar políticas organizacionales para optimizar la productividad y el bienestar de sus trabajadores y trabajadoras y, en consecuencia, actuar en la prevención de los riesgos psicosociales. Referencias Adler, A. (2017). Educación positiva. Educando para el éxito académico y para la vida plena. Papeles del Psicólogo, 38(1), 50-57 [DOI: 10.23923/pap.psicol2017.2821]. Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (2008). EU-OSHA Annual report 2007: bringing safety and health closer to European workers. UE-OSHA. Aguado García, D. (2018). HR Analytics. 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