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Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomatología depresiva

Rodríguez Testal, Juan Francisco; Carrasco Ortiz, Miguel Ángel; Barrio Gándara, Victoria del; Catalán Mahindo, María Carmen

Abstract

Este trabajo trata de comprobar la relación entre la sintomatología depresiva y las distorsiones cognitivas en 1.288 jóvenes (683 varones y 605 mujeres), de 12 a 17 años enfinción de diversas variables. Los resultados indican una sólida relación positiva entre las distorsiones cognitivas y la sintornatología depresiva, principalrnente con la baja autoestima y 10s síntomas somáticos. La sintomatología depresiva experimenta un aumento paulatino con los años, similar a 10 que sucede con los errores cognitivos, siendo especialmente signijicativo el momento evolutivo de 10s 13 años. El incremento de las capacidades cognitivas en 10s jóvenes se relaciona con la aparición de distorsiones cognitivas, resultando predictivas de 10s síntomas de depresidn. Los sesgos cognitivos más frecuentes son el razonamiento emocional, el absolutismo y el tremendismo. En una fase inicial de la adolescencia destacan el absolutismo y la maximización, rnientras que en las edades ma's altas aparecen dos tipos de inferencias y el razonamiento emocional. Las mujeres presentan más sintomatología depresiva y distorsiones cognitivas, tendiendo a ser más emocionales y dramatizar, mientras 10s varones se caracterizan por la exigencia. Finalmente, todas las distorsiones estudiadas caracterizan a 10s sujetos con puntuaciones significativas en depresión y 10s considerados en riesgo para un trastorno del estado de ánimo.

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Anuario de Psicologia 2002, vol. 33, no 3,409-432 O 2002, Facultat de Psicologia Universitat de Barcelona Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomatología depresiva Juan Francisco Rodríguez-Testa1 Universidad de Sevilla Miguel Angel Carrasco Ma Victoria del Barrio Universidad Nacional de Educación a Distancia Ma Carrnen Catalán Universidad de Sevilla Este trabajo trata de comprobar la relación entre la sintomatología depresiva y las distorsiones cognitivas en 1.288 jóvenes (683 varones y 605 mujeres), de 12 a 17 años enfinción de diversas variables. Los resultados indican una sólida relación positiva entre las distorsiones cognitivas y la sintornatología depresiva, principalrnente con la baja autoestima y 10s síntomas somáticos. La sintomatología depresiva experimenta un aumento paulatino con los años, similar a 10 que sucede con los errores cognitivos, siendo especialmente signijicativo el momento evolutivo de 10s 13 años. El incremento de las capacidades cognitivas en 10s jóvenes se relaciona con la aparición de distorsiones cognitivas, resultando predictivas de 10s síntomas de depresidn. Los sesgos cognitivos más frecuentes son el razonamiento emocional, el absolutismo y el tremendismo. En una fase inicial de la adolescencia destacan el absolutismo y la maximización, rnientras que en las edades ma's altas aparecen dos tipos de inferencias y el razonamiento emocional. Las mujeres presentan más sintomatología depresiva y distorsiones cognitivas, tendiendo a ser más emocionales y dramatizar, mientras 10s varones se caracterizan por la exigencia. Finalmente, todas las distorsiones estudiadas caracterizan a 10s sujetos con puntuaciones significativas en depresión y 10s considerados en riesgo para un trastorno del estado de ánimo. Palabras clave: sintomatología depresiva, errores cognitivos, distorsiones cognitivas, vulnerabilidad, adolescentes, riesgo. This research examines the relation between depressive syrnptomatology and cognitive distortions, on the basis of a range of variables. The sample comprised 1,288 young people (683 males and 605 females aged Correspondencia: Juan Francisco Rodríguez-Testal. Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Facultad de Psicologia. Universidad de Sevilla. C / Camilo Jos6 Cela s/n. 41018 Sevilla (España) 410 J. F.Rodriguez-Testal, M. A. Carrasco, M" V. del Barrio y M" C. Cataldn between 12 and 17. The results revealed a solid positive relation between depressive symptomatology and cognitive biases, with lower self-esteem and somatic syrnptoms. The depressive symptomatology rises gradually with age, as do cognitive biases, which are particularly significant at age thirteen. The increase in the cognitive capacities of the young is related to the appearance of cognitive distortions. The cognitive biases predicted depression syrnptomatology. The most,frequent cognitive biases are emotional reasoning, absolutism and catasírophizing. At the beginning of adolescence, absolutism and maximization are prominent, whereas in later years two types of inferences and ernotional reasoning appear. Women show more depressive syrnptomatology and cognitive biases, and tend to be more ernotional and to dramatize; however, men are characterized by the presence of ccmustu. Finally, all kinds of distortion characterize the szibjects with significant scores in depressions and those considered at the risk of rnood disorder. Key words: Depressive symptomatology, cognitive biases, cognitive distortions, vulnerability, adolescents, risk. En el procesamiento de la información de 10s sujetos deprimidos, Beck (1991) señaló que se filtraban las señales negativas y se focalizaba la atención sobre 10s aspectos negativos o contrarios ante situaciones de pérdida o fracaso. Desde esta referencia precursora diversos estudios han apoyado empíricamente esta hipótesis (Clark y Beck, 1997; Ingram, 1984; Kuiper y Olinger, 1989) y han extendido su aplicación al ámbito infantil y juvenil. Ejemplos de esta ampliación son el análisis de las atribuciones causales y el estilo explicativo pesimista (Nolen-Hoeksema, Seligman y Girgus, 1992; Schwartz, Kaslow, Seeley y Lewinsohn, 2000); la percepción de contingencias y de control (Weisz, Stevens, Curry, Cohen, Craighead et al., 1989); la triada cognitiva depresiva y 10s pensamientos automáticos (Stark, Humphrey, Laurent, Livingston y Christopher, 1993); la autocritica, la dependencia y el lugar de control (Luthar y Blatt, 1993); la estimación de probabilidad de ocurrencia de eventos negativos futuros (Dalgleish, Neshat-Doost, Taghavi, Moradi, Yule et al., 1998) o el pensamiento disfuncional en adolescentes (Lewinsohn, Allen, Gotlib y Seeley, 1999). Uno de 10s componentes de procesamiento de la información implicados en las alteraciones emocionales señalado por Beck y colaboradores son 10s sesgos o distorsiones cognitivas. Se trata de proposiciones que suponen errores 1Ó- gicos y sistemáticos que facilitan el mantenimiento del humor depresivo (Beck, Rush, Shaw y Emery, 1983). Para Beck se trata de un tipo de pensamiento inmaduro semejante al preoperatorio del niño, caracterizado como irreversible y categórico por Piaget. Su origen se sitúa en las primeras etapas del desarrollo, constituyendo un factor predisponente para la depresión, mantenedor de 10s esquemas depresivos y de la tríada depresiva cuando el trastorno anímico hace aparición (Beck, 199 1 ; Ruiz Caballero, 199 1). Desde una perspectiva dimensional se esperan ciertos sesgos cognitivos (Hammen, 1997) pero el estado de ánimo depresivo incrementa su probabilidad de aparición y en un circulo vicioso las distorsiones cognitivas agravan el humor (Clark y Beck, 1997). Pero a las dis- ! Errores cognitivos en jdvenes y su relacidn con la sintomatologiu depresivu 41 1 torsiones cognitivas no se les puede conceder un papel causal. Los pensamientos sesgados no generan las modificaciones neuroquímicas ni al revés, son 10s mismos procesos desde Ópticas diferentes como señaló Beck: son síntomas concomitantes y agravantes de las alteraciones anímicas (1991; 1997; Clark y Beck, 1997, Teasdale, 1983; 1988). Los principales errores cognitivos son: inferencia arbitraria (extraer conclusiones en ausencia o con evidencias contrarias), abstracción selectiva (filtrado, focalización sobre elementos aislados y desconsideración de otros), sobregeneralización (extraer una regla general y aplicarla indiscriminadamente), maximización y minimización (valoración exagerada de 10s elementos negativos y positivos, respectivamente), personalización (autorreferencias negativas) y el pensamiento absolutista, dicotómico o polarizado (percibir 10s acontecimientos de forma radical y extrema) (Beck et al., 1983). Burns (1990) ampli6 las distorsiones, añadiendo el catastrofismo (tendencia a ser negativo y a extraer siempre la peor conclusión), razonamiento emocional (percepción de 10s acontecimientos según 10s sentimientos del sujeto), 10s ((deberia)> (autoexigencias o imperativos categóricos) y la etiquetación (ponerse etiquetas o <<sambenitos>>). En población infanto-juvenil la relación entre las distorsiones cognitivas con la sintomatologia depresiva o 10s trastornos animicos ha sido ampliamente documentada. Los trabajos de Haley, Fine, Marriage, Moretti y Freeman (1985) y de Leitenberg, Yost y Carroll-Wilson (1986), han sido pioneros en la elaboración de instrumentos específicos para la recogida y valoración de las distorsiones cognitivas. Leitenberg et al. (1986) estudiaron 10s errores cognitivos en relación con problemas de autoestima y sintomatologia depresiva y ansiosa. Sobre una población de 637 niños de entre 10 y 14 años (3 11 varones y 326 niñas) obtuvieron cuatro sesgos cognitivos fundamentales tras el análisis factorial del cuestionario CNCEQ: catastrofismo, sobregeneralización, personalización y abstracción selectiva. Los niños con más síntomas depresivos exhibieron un mayor número de errores en cada tip0 de distorsión evaluada. Diferentes estudios han corroborado estos resultados con el mismo instrumento (Cole y Turner, 1993; Epkins, 2000; Kempton, Van-Hasselt, Bukstein y Null, 1994; Mazur, Wolchik y Sandler, 1992; Messer, Kempton, Van-Hasselt y Null, 1994; Terms, Stewart, Skinner, Hughes y Emslie, 1993). El estudio de Haley et al. (1985) con 39 niños de mis de 8 años de edad afectos de depresión pus0 de manifiesto que las distorsiones correlacionaban con la manifestación clínica de depresión y permitían diferenciar claramente a 10s sujetos con alteración anímica. En cuanto a la especificidad de las distorsiones cognitivas, Mazur et al. (1992) hallaron que el catastrofismo, la sobregeneralización y la personalización correlacionaron con sintomas autoinformados de ansiedad, depresión, baja autoestima y problemas de conducta, especialmente entre las féminas. De la generalización se ha verificado su prominencia en trabajos recientes dirigidos a adolescentes sin patologia diagnosticada, aunque con sintomatología depresiva (Kempton et al., 1994; Klar, Gabai y Baron, 1997) siempre que participen eventos vitales negativos, quedando fuera al darse eventos positivos o neutros. Cuando se considera el nivel trastorno, Messer et al. (1994), sobre una población de 94 pacientes de 11 a 28 años, 44 con un trastorno anímico, observan 412 J. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasca, M" V. del Barrio y Ma C. Catalán que en éstos se exhibieron mis errores del tip0 sobregeneralización. Kempton y colaboradores (1994), con 135 adolescentes con diagnósticos clínicos, indican que 10s afectos de trastornos depresivos inanifestaron sesgos cognitivos del tip0 catastrofismo y personalización pero, sobre todo, sobregeneralización. Los autores sugieren que la depresión era la responsable del alza en 10s errores de procesamiento. La comparación entre 10s sujetos con depresión y aquéllos con varios diagnósticos en 10s que la depresión era parte integrante, llevó a 10s autores a deducir que las distorsiones cognitivas se manifiestan si la depresión es el diagnóstico principal y no cuando es secundaria. Epkins (2000) comprueba, tanto en población clínica como no clínica, que 10s niños con valores significativos en la categoria internalizada exhiben un mayor número de sesgos cognitivos en comparación con 10s casos con puntuaciones externalizadas. Aunque la conexión entre las distoirsiones cognitivas con la sintomatología depresiva y 10s trastornos del estado de Animo parece un hecho consensuado, resulta difícil establecer la naturaleza de dicha vinculación, máxime, si se trata de verificar una relación causal o contribuidora (Segal e Ingram, 1994). Con un diseño mixto (transversal y longitudinal) Tems et al. (1993) compararon a un grupo de adolescentes con depresión mayor con dos grupos testigos, uno procedente de población clínica y otro de población general. Los sujetos deprimidos mostraron mayores errores cognitivos pero, con el transcurrir del tiempo, se produjo un descens0 paulatino de acuerdo con la remisión de la sintomatologia depresiva. Con todo, continuaron presentando mayores distorsiones cognitivas que 10s no deprirnidos. Para Cole y Turner (1993) 10s sesgos cognitivos median de forma moderada sobre la sintomatología depresiva y el nivel de competencia del sujeto, y de forma ligera, sobre 10s eventos positivos y negativos experimentados por el niño. Sus resultados respaldaron un modelo en el que la diátesis cognitiva incrementa la probabilidad de aparición de sintomatología depresiva ante sucesos ambientales específicos. Este seria el caso de 10s niños ante la separación de sus padres (Mazur, Wolchik, Virdin, Sandler y West, 1999). La presencia de errores cognitivos entre 10s jóvenes de más edad (12 años) amplifica 10s efectos adversos de dicho acontecimiento, traduciéndose en un incremento en las manifestaciones depresivas y ansiosas (internalizadas). Cole, Martin, Peeke, Seroczynski y Hoffman (1998) obtienen datos contrarios al modelo de Beck en un estudio longitudinal. Las puntuaciones en depresión predijeron la infravaloración de las autocompetencias y el incremento de distorsiones cognitivas, pero no viceversa. Los resultados no se corroboraron cuando 10s sujetos alcanzaron la edad de 13 y 14 años. En estas edades, la desvalorización de las competencias predecía el cambio en la sintomatologia depresiva, no al contrario. De estas referencias se desprende que resta por determinar la dirección de la relación entre la sintomatología depresiva infantil y 10s sesgos cognitivos. Se respalda la opinión de que las variables cognitivas representan un atributo de estado, normalizándose tras la recuperacióri anímica (Coyne y Gotlib, 1983; Hammen, 1997; Sega1 e Ingram, 1994), si bien algunos datos sugieren la intervención de la diátesis cognitiva (Vázquez y Ring, 1993). Teasdale (1983, 1988) señala que el protagonismo de 10s pensamientos disfuncionales es sobre todo como agravante de la sintomatologia, en la instauración de una espiral depresiva. Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomatología depresiva 413 En población española las distorsiones cognitivas en jóvenes y adolescentes han sido menos estudiadas. En un grupo de 58 sujetos, algunos con trastornos depresivos, otros con sintomas depresivos según el inventario de depresión infantil CDI (Kovacs, 1992), Bas (1987a, b) halla una correlación significativa entre la sintomatologia depresiva y el número de distorsiones de 0.58 en jóvenes de 11 y 13 años. Carrasco, del Barrio y Rodríguez-Testa1 (2000) obtienen resultados en la misma linea: las distorsiones cognitivas correlacionaron con la sintomatologia depresiva (0.59) y consiguieron predecir el 34% de la varianza en las puntuaciones del CDI. Los autores observaron un aumento puntual de las distorsiones cognitivas que relacionaron con el desarrollo cognitivo. A partir de este último trabajo 10s autores, en la presente investigación, tratan de analizar las caracteristicas de las distorsiones cognitivas en la población general, ampliando las edades de 12 hasta 10s 17 años. Se parte de la consideración de las variables cognitivas como elementos predisponentes de la sintomatologia depresiva. El análisis de las distorsiones cognitivas permitiría aportar información en esta población en equivalencia con 10s adultos acerca de la vulnerabilidad cognitiva a la depresión, precisarnente, en el momento evolutivo en el que toma cuerpo o se consolida la estructura mental de una persona. Establecer su papel como predisponentes o como factores de riesgo tiene una evidente significación preventiva y terapéutica (Abramson, Alloy, Hogan, Whitehouse, Donovan et al., 1999). En el presente trabajo se abarcan 10s siguientes objetivos: 1) analizar la relación entre la sintomatología depresiva y las distorsiones cognitiva~ presentes en las respuestas dadas por 10s jóvenes de 12 a 17 años de la ciudad de Sevilla; 2) determinar las diferencias en las distorsiones cognitivas en función de la edad, sexo, presencia de sintomatologia depresiva significativa y de la consideración de riesgo para 10s trastornos animicos; y 3) analizar 10s contenidos o tipos de distorsiones cognitivas en función de la edad, sexo, presencia de sintomatologia depresiva significativa y riesgo para 10s trastornos del ánimo. Se espera hallar una relación positiva entre los sintomas depresivos y las distorsiones cognitivas, tanto en número como contenido, dependiendo de la mayor edad, sexo mujer, puntuaciones significativas en sintomatologia depresiva, la naturaleza cognitiva de ésta y de la categoria de riesgo para 10s trastornos del estado de ánimo. Método Participantes La población quedó constituida por 1.288 sujetos, 683 varones (53%) y 605 mujeres (47%). El promedio de edad fue de 14.03 años (1.5 de desviación típica). Rango de edades distribuido en: 12 años, 231 sujetos (17.9%); 13 años, 301 (23.4%); 14 años, 293 (22.7%); 15 años, 225 sujetos (17.5%); 16 años, 134 (10.4%) y 17 años, 104 sujetos (8.1 %). Los jóvenes se seleccionaron de 11 centros escolares distribuidos por tres áreas de la ciudad de Sevilla. 513 sujetos 414 J. F.Rodriguez.-Testal, M. A. Curmsco, M" V. del Barrio y Me C. Catalán (39.8%) procedieron de 3 colegios del centro de la ciudad, 388 (30.1%) de la zona media (3 centros) y 387 (30%) de la periferia (5 centros). Los sujetos no difirieron en la variable sexo con respecto a la situación del colegio (x2 = 4.49, p = 0.105), el centro escolar en concreto (x2 = 11.33, p = 0.332) o la edad (x2 = 3.67, p = 0.597). Instrumentos - Inventario CD1 de depresión (Children's Depression Inventory) (Kovacs, 1992). Creado para sujetos de 6 a 17 años, consta de 27 items graduados de O a 2 según la intensidad de la sintomatología depresiva. El contenido versa sobre aspectos cognitivos, afectivos, fisiológicos y motivacionales. Se obtienen varias puntuaciones: una global resultante de la adición de 10s valores correspondientes a cada ítem marcado por el sujeto (de O a 54 puntos) y una puntuación para cada factor. Se utilizó la versión de Polaino-Lorente (1988) con el corte establecido en 19 o mis puntos, 10 que indica sintomatologia depresiva significativa. Para la obtención de 10s factores se aplic6 una solución factorial propia, dado que se contaba con una población amplia y se pretendia comprobar si se ajustaba a la llevada a cabo por del Barrio, Moreno y López (1999) en población española. Se hallaron 5 factores (rotación ortogonal varimax) que explicaban un 37.8% de la varianza total: Autoestima (5 items, 16.6%), Humor/Disforia (4 items, 6.4%), Interpersonal (4 items, 5.3%), Síntomas biológicos (4 items, 5.0%) e Ineficacia (3 items, 4.5%), con un punto de corte en la saturación de 0.45 y autovalor mínimo de 1. El resultado es similar al hallado por del Barrio et al. (1999) y Kovacs (1992). La consistencia interna del CDI fue de 0.77 (a de Cronbach). Los factores del CDI correlacionaron con el global. del inventario: 0.73 para la autoestima (p < 0.001), 0.64 en el caso del humor/disforia (p < 0.001), 0.52 en el interpersonal (p < 0.001), 0.66 con 10s síntomas biológicos (p < 0.001) y 0.46 con la ineficacia (p < 0.001). La presencia de sintomatología depresiva (CDI 219) no es equiparable con un diagnóstico de trastorno del estado de Animo. En todo caso puede calificarse como grupo subclinico o disfórico como es habitual en la literatura al no formalizarse con criterios diagnósticos. - Cuestionario de Distorsiones Cognitivas para Niños, CDCN-1 (Bas, 1987b; Bas y Andrés, 1994). Esta prueba consta de 11 items, cada uno expresa una distorsión cognitiva. El sujeto ha de contestar si tiene habitualmente este pensamiento, por ejemplo, ítem 2: wuando pierdo en un juego pienso que nunca ganaré>> (Bas, 1987 a,b). La corrección se lleva a cabo sumand0 las respuestas afirmativas. El punto de corte establecido en 7 o mis respuestas positivas se basa en el promedio hallado por Bas y Andrés (1994) para un grupo de sujetos con depresión clínica (puntuación significativa en el CD1 y criterios DSM-111 positivos). Estos autores aplicaron el cuestionario a 58 sujetos (clínicos, subclínicos y de comparación) de 11 a 13 asos y obtuvieron una fiabilidad test-retest de 0.72 (p < 0,001) tras 15 semanas. En el estudio que se presenta se introdujeron edades con mayor amplitud y se alcanzó una consistencia interna de 0.61 (a de Cronbach). La fiabilidad de las dos mitades de este cuestionario es deficiente: Errores cognitivos en jóvenes y su relacidn con la sintomatologia depresiva 415 a, = 0.37 y a, = 0.43. Se aplicaron dos posibles soluciones factoriales (rotación ortogonal varimax para dos y tres factores) resultando más parsimoniosa la de dos factores (3 1.8% de la varianza explicada). Con una saturación de 0.40 o más y autovalor minimo de 1, en el primer factor participan 8 de 10s 11 items y en el segundo 2,lo que aconseja tomar el CDCN como unifactorial. Dado que una respuesta a un item implica una distorsión determinada, debe considerarse s610 como una aproximación a 10s sesgos cognitivos de un sujeto, siendo mis Útil tomar el conjunt0 o total de errores. La presencia de distorsiones por encima del punto de corte no implica un diagnóstico, si bien son esperables en mayor medida en personas que presenten síntomas depresivos (Bas y Andrés, 1994). En la presente investigación se considerarán sujetos de riesgo para un trastorno del estado de ánimo 10s casos que superen el punto de corte del CDI (219) y del CDCN (27) conjuntamente, sin que el10 indique diagnóstico clinico alguno. Al no disponer de más información acerca de este instrumento, se mantuvo el punto de corte en 7 puntos con independencia de la edad. Diseño, variables y condiciones de control Se empleó un diseño transversal (una única medida) para un método correlacional (multivariado) de comparación de grupos (en función del sexo y la edad). Las variables predictivas fueron el sexo (valor 1 varones y 2 mujeres) y la edad cronológica en años tomada como variable predictiva cualitativa (6 categorías) o de forma cuantitativa. Las variables criteri0 fueron las puntuaciones de cada una de las pruebas administradas. La medida CD1 se utilizó en algunos análisis como variable predictiva, categorizando sus valores como ccasintomáticos o con ausencia de sintomatologia depresiva,, (1) (CDI < de 19 puntos) y con sintomatologia depresiva,, (2) (CDI 219 puntos). Se consideró otra variable predictiva con tres niveles: <causencia de sintomatologia depresiva>> (1) (CDI < de 19 puntos); <<con sintomatologia depresiva,, (2) (CDI 219) y aujetos de riesgo,, (3) (CDI 219 y CDCN 27). La consideración de sujetos de riesgo se basa en la coincidencia de puntuación significativa en ambas pruebas, 10 que puede estimarse de mayor relevancia clínica que si se diera un resultado positivo Únicamente en una de ellas, en coherencia con 10s presupuestos de 10s modelos cognitivos para la depresión. Se descartaron 10s casos en que la cumplimentación de las pruebas no fue correcta o completa, personas que superaron la edad requerida, alumnos de integración (se descartaron para lograr una mayor homogeneidad), participantes de 10s que se tuviera constancia de que estaban en tratamiento psicológico o psiquiátrico (por el propio sujeto, 10s padres o el orientador del centro), asi como absentismo o negativa a realizar las pruebas, en aras a caracterizar a la población general e identificar sin contaminación la presencia de sintomatologia depresiva en el momento de recogida de 10s datos. El análisis estadístic0 se basó en pruebas descriptivas: frecuencias, porcentajes, correlaciones de Pearson a dos colas (p < 0.01), además de x2, U de Mann-Whitney, Kruskal-Wallis como pruebas de comparación de categorias 416 J. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasca, M" V. del Barrio y M" C. Catalán (p < 0.05). Entre las pruebas inferenciales se aplicaron análisis unidireccionales de la varianza (p < 0.05) (como contrastes post hoc, el análisis de rangos de Scheffé y la prueba t; para el cálculo de la condición de homocedasticidad se utilizó la F de Levene); análisis factoriales de la varianza 2 x 6 (sexo y edad); regresión múltiple por pasos y el Lambda de Wilks para el análisis multivariado de la varianza (todos con p < 0.05). Los análisis se realizaron con el paquete estadístic~ SPSSW~N versión 9. Para el cálculo de las tendencias en las gráficas se aplic6 el de análisis de 10s mínimos cuadrados. Procedimiento Para la determinación de la población y el número de participantes necesarios para cada grupo de edad se partió del censo de la ciudad de Sevilla (IAE, 1995). Se asumió un error predeterminado del 7% y un nivel de confianza del 95%. Se estableció un tamaño muestral de 1.176 personas (607 varones, 5 1.6% y 569 mujeres, 48.3%). Posteriormente se dividió a la ciudad en tres áreas, tomando como base el punto considerado como centro histórico. La distribución de estas áreas se hizo con forma de anillos circunscritos, cada uno con dos kilómetros de radio. Partiendo de una relación de centros públicos y concertados de Sevilla de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, se escogieron tres de la zona centro, y ocho para el medio y la periferia (debido a la mayor concentración de unidades escolares), en total 11 colegios e institutos (9 centros públicos y 2 concertados). Se contactó con la dirección de cada centro, se present6 el proyecto de trabajo y una autorización dirigida a 10s padres. Debido a que la capacidad de alumnado de 10s centros y 10s niveles académicos que abarcaban diferían notablemente, se solicitó la participación de dos aulas correspondientes a cada grupo de edad. Esto dio lugar a una gran cantidad de participantes pero se estimaron diversas fuentes de pérdida de datos. Para evitar la saturación de personas de un mismo lugar se tom6 el centro más pequeño en capacidad de alumnado como unidad. Se dividió el resto de 10s participantes de 10s centros de manera que se fueron escogiendo al azar las sucesivas unidades hasta completar 10s 1.176 sujetos de la población. Se superaron en 1 12 sujetos 10s estimados en un principio pero, dado que la rnortalidad de la muestra fue del 6.46%, el resultado final se consideró bastante bien ajustado a 10s parámetros poblacionales. Las edades de 16 y 17 años tuvieron menos representantes de 10 esperado. Esta particularidad se constat6 en todas las unidades escolares, por 10 que se consideró que reflejaba una característica real de esta población. La administración de las pruebas fue colectiva y realizada en una ocasión, con duración aproximada de una hora u hora y cuarto. El momento de realización de la evaluación fue diferente según cada centro, ya que se llevó a cabo en función de las posibilidades de cada uno de ellos. Se realizó una presentación ante 10s alumnos, se separaron 10s casos que no contaron con el permiso de 10s padres y se explicó que la finalidad del estudio era conocer cómo piensan 10s jóvenes sobre una serie de temas. Se devolvieron 10s resultados en un informe breve a la dirección de cada centro. CD1 Autoestima Humor Interpersonal Sintomas Ineficacia - Disforia biológicos CDCN 0.59 0.47 0.36 b.3 1 0.41 0.21 CD1 0.73 0.64 0.52 0.66 0.46 Autoestima 0.29 0.22 0.33 0.31 Humor 1 disforia 0.24 0.43 0.15 Interpersonal 0.24 0.10 Sintomas biológicos 0.16 Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomatología depresiva 417 Resultados Relación entre las variables de medida En la Tabla 1 se presentan 10s análisis de correlación entre las medidas consideradas incluyendo 10s factores del CDI. Puede observarse una relación positiva y estadisticamente significativa entre la puntuación global en distorsiones cognitivas y la sintomatologia depresiva (0.59, p c 0.001). Este resultado se complementa con la correlación del total de 10s sesgos con el factor autoestima del CD1 y con el referente al de 10s sintomas biológicos. También se observan correlaciones positivas entre las distorsiones cognitivas y el factor relativo al humor o disforia, 10s aspectos interpersonales o sociales y la ineficacia. Todos 10s guarismos son estadisticamente significativos, si bien ha de tenerse en cuenta que el gran tamaño de la población puede condicionar la relación, más claramente en el caso del CDCN y la ineficacia (0.21, p < 0.001), aunque se incluye dentro del valor minimo establecido por Cohen (1977) dado un nivel de significación p c 0.0001. TABLA 1. CORRELACIONES DE PEARSON (A DOS COLAS) ENTRE LAS MEDIDAS DE SINTOMATOLOG~A DEPRESIVA (CD1 Y FACTORES) Y LAS DISTORSIONES COGNITIVAS (CDCN-1) (N = 1.288) Todos 10s indices son significativos con p < 0.001. La aplicación de la prueba de esfericidad de Bartlett resulta significativa (x2 = 1720.641, 2 g.1. p = 0.0001) 10 que sugiere que ambos criterios están relacionados pero son independientes. El análisis multivariado de la varianza verifica que ambas medidas se pueden expresar en una combinación lineal o variante: Lambda de Wilks = 0.186, p = 0.0001, estadisticamente significativo en el caso de la edad (0.964, p = 0.0001) y el sexo (0.987, p = 0.0001), pero no en la interacción de las variables predictivas sexo x edad (0.994, p = 0.621). Por consiguiente, la varianza total va a depender de la propia variabilidad de 10s grupos para dicha combinación lineal de medidas. Seguidamente se analizan las variables predictivas sobre las medidas consideradas de forma independiente. 424 J. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasca, Ma V. del Barrio y Ma C. Catulán En la Tabla 4 se presenta la comparación por medio de x2 entre las categoria~ relativas a la sintomatologia depresiva y de 10s sujetos considerados de riesgo en relación con cada una de las distorsiones cognitivas y 10s sujetos asintomáticos. Como puede observarse en todos 10s casos, tanto si se trata de sintomatologia depresiva como de sujetos de riesgo, la presencia de cada uno de 10s tipos de sesgo cognitivo se relaciona de manera estadisticamente significativa con las categonas depresivas. Destaca, por el porcentaje de respuesta, en la comparación de 10s sujetos con sintomatologia y de 10s considerados en riesgo, el razonamiento emocional, el tremendismo, la maximización, la etiquetación y el absolutismo. TABLA 4. ANALISIS DE LAS DISTORSIONES COGNITIVAS DEL CDCB-1 EN FUNCI~N DE LAS CATEGOR~AS DE SINTOMATOLOG~A DEPRESIVA Y DE RIESGO FRENTE LA AUSENCIA DE MANIFESTACIONES DEPRESIVAS Número del item y distorsión del CDCN-1 1. Absolutismo 2. Generalización 3. Abstracción 4. Tremendismo 5. InferencladivinaciÓn 6. Inferenclfuturo 7. Maximización 8. Razon.emociona1 9. ((Deberiax 10. Etiquetación 11. Personalización - asintomáticos us. sintomas 14.78** (2, 57.5%) 31.13** (2, 15.1%) 48.61** (2, 30.1%) 61.11** (2, 70.5%) 18.96** (2,32.9%) 102.57** (2,26.7%) 112.50** (2,53.4%) 14.18** (2,78.1%) 51.17** (2,52.7%) 86.69** (2, 53.4%) 74.82"" (2, 24.7%) sintomas us. riesgo Categorias. Asintomáticos vs. síntomas: (1) CDI < 19 us. (2) CDI > 19; sintomas us. riesgo: (1) CD1 Z 19 us. (2) CD1 Z 19 y CDcN Z 7. Entre paréntesis se presenta la categoria que exhibe mayor porcentaje de respuestas afirmativas. CDI < 19 (n, = 1141); CDI > 19 (n2 = 147); CDI > 19 y CDCN > 7 (n3 = 39). En la comparación síntomas vs. riesgo n2 = 107 y n3 = 39 porque son excluyentes. * Significativo P < 0.05; ** Significativo P < 0.01. Por último, el análisis de regresi6n múltiple (por pasos), introduciendo Únicamente las distorsiones cognitivas para ver la capacidad predictora de cada contenido sobre la medida de depresión en la población, indica que, en el resultado final de la ecuación, se incorporan todas las formas de sesgos, dejando fuera a la inferencia tipo adivinación. Las distorsiones con mayor capacidad predictora fueron la maximización (16.94% de varianza explicada; P = 7.18; p = 0.0001), la etiquetación (6.66%; P = 6.49; p = 0.0001) y 10s <<deberia>> (3.6%; P = 6.58; p = 0.0001). Cuando se lleva a cabo este análisis en función del sexo se observa que la maximización se sitúa en primer lugar (15.98% y 18.23% de varianza explicada en varones y mujeres, respectivamente). En segundo lugar, 10s varones ubican la etiquetación (6.97%), y en tercero, 10s <<deberia>> (3.53%), hasta introducir en la recta 8 distorsiones. La mujeres sitúan en segundo lugar 10s Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomatología depresiva 425 <<deberia>> (6.25%) y en tercer lugar el tremendismo (5.19%), incorporando hasta 10 distorsiones en la ecuación. Tanto en varones como en mujeres la distorsión de inferencia tipo adivinación queda excluida de la recta final. Dado que son pocos los casos que llegan a presentar hasta 10 errores cognitivos y, como se indicó en la sección de instrumentos, el análisis factorial exploratorio sugería más bien una solución unidimensional, puede ser mis exacto, aunque menos informativo, observar la regresión del global del CDCN sobre la medida CDI: el global de sesgos cognitivos resulta un factor predictor estadisticamente significativo que explica un 35% de la varianza en la medida CDI de depresión. Los resultados alcanzados revelan que el procesamiento distorsionado de la información en la población púber y adolescente presenta una conexión significativa con la sintomatologia depresiva y cierta capacidad predictiva, confirmando la hipótesis general y la información procedente de la literatura (Cole y Turner, 1993; Cole et al., 1998; Epkins, 2000; Haley et al., 1985; Kempton et al., 1994; Klar et al., 1997; Leitenberg et al., 1986; Lewinsohn et al., 1999; Mazur et al., 1992; 1999; Messer et al., 1994; Tems et al., 1993). Tanto la sintomatologia depresiva global como sus contenidos especificos, especialmente 10s relativos a la baja autoestima y 10s sintomas biológicos, han mostrado una relación significativa con el número de sesgos cognitivos: se confirma pues la conexión positiva esperada. De acuerdo con otros estudios, 10s contenidos depresivos aparecen de manera prominente durante la adolescencia (Craighead, Craighead, Smucker e Ilardi, 1998; del Barrio et al., 1999; Orvaschel, Beeferman y Kabacoff, 1997), principalmente, en el caso de la relación entre el pensamiento distorsionado con la baja autoestima (elementos cognitivos) (Leitenberg et al., 1986; Schwartz et al., 2000; Terms et al., 1993). En el caso de 10s sintomas biológicos, se puede entender la relación porque en el análisis factorial del CDI se incorporan 10s items del llanto y de alteraciones en apetit0 y sueño, y el relativo a 10s pensamientos e impulsos suicidas. Tal vez la conexión que existe con un tip0 de actividad cognitiva muy especifica explique la importancia de esta correlación tras la autoestima. El análisis de 10s sesgos cognitivos en función de la edad indicó que 10s mayores promedios se obtuvieron a 10s 14, 16 y 17 años, siendo 10s jóvenes de menos edad, 12 años, 10s que muestran menos errores cognitivos (confirma otra de las predicciones). Contrariamente, Leitenberg et al. (1986) señalaron que se observa un mayor número de errores cognitivos entre 10s sujetos de menos edad (9 a 10 años). En la presente investigación se coincide en mayor medida con Schuster, Ruble y Weinert (1998) ya que la aparición de las distorsiones cognitivas no parece simple. Se demostró la ausencia de correlación significativa con respecto a la edad pero también la intervención como variable predictiva en el análisis de la varianza, observándose la emergencia gradual de sesgos cognitivos a 10s 13 años y la máxima a 10s 17. Este salto cuantitativo, casi con una media de 426 J. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasca, Ma V. del Barrio y Ma C. Cataldn 3 distorsiones cognitivas, permite especular acerca de que el incremento de las capacidades cognitivas en el joven confiere una mayor estabilidad a sus cogniciones, por 10 que adquiere una capacidad predictiva sobre la sintomatologia depresiva. Cuando se estudian 10s errores cognitivos y la sintomatologia depresiva con respecto a la edad, se registra una fuerte correlación de las primeras en 10s grupos de 13, 15 y 17 años (0.66, 0.61 y 0.59, respectivamente), 10 que sugiere que hay momentos puntuales en la aparición de 10s errores cognitivos acompañados de sintomas depresivos. Estas edacies coinciden con 10s momentos de promoción a etapas superiores en el sistema educativo. Pudiera ser, por tanto, que la sintomatologia especifica responda a las necesidades, demandas y preocupaciones de cada uno de 10s momentos que atraviesan 10s jóvenes a 10 largo de su desarrollo. En linea con 10 hallado se muestran 10s resultados de Cole y colaboradores (1998), pues la asociación entre las distorsiones de infravaloración y la sintomatologia depresiva resulta mis robusta entre 10s sujetos de más edad. Como asimismo hallaron Nolen-Hoekserna et al. (1992) en un estudio longitudinal con niños de 8 años: el estilo cognitivo depresógeno s610 se constituyó en un predictor de la sintomatologia depresi~va en 10s jóvenes de mayor edad (10 a 12 años). Cuando 10s niños son pequeños, el número de eventos negativos es el mejor predictor de 10s sintomas depresivos. Mazur et al. (1999) también señalaron que las distorsiones cognitivas mediaron entre 10s problemas internalizados de adaptación y 10s eventos estresantes Únicamente entre 10s adolescentes de mayor edad. La relevancia de un tipo particular de sintomatologia depresiva en 10s distintos grupos de edad puede ser considerado como un indicador de las propiedades evolutivas de esta manifestación (Weiss, Politano, Nelson, Weisz, Carey y Finch, 1991; Weiss, Weisz, Politano, Carey, Nelson y Finch, 1992). Es destacable, de entre todos 10s grupos de edad, el de 13 años, por la convergencia de diferentes contenidos depresivos (baja autoestima, dificultades interpersonales, sintomas biológicos y disfóricos) con las distorsiones cognitivas, 10 que lleva a la consideración de un momento evolutivo de alto riesgo para el posible desarrollo de un cuadro del estado de ánimo (Carrasco et al., 2000; Cicchetti y Toth, 1998; del Banio, 1997; Hankin, Abramson, Moffitt, Silva y McGee, 1998; Steinberg, 1993). En el resto de grupos de edad no apareció una confluencia tan nutrida, predominando cierta especificidad sintomática asociada a las distorsiones cognitivas: sintomas hipotalámicos de 10s 13 a 10s 15 años; baja autoestima y humor negativo en el grupo de 10s 16 años y la recuperación de las relaciones sociales, el sentido de eficacia personal y el humor positivo a medida que el joven gana en edad, siendo este Último factor el que parece restablecerse más despacio. Según 10 dicho, el periodo de transición hacia la adolescencia (entre 10s 12 y 13 años) va sujeto a unos cambios puberales, cognitivos y demandas psicosociales a las que el joven habrá de adaptarse, 10 que se traduce en un aumento de contenidos depresivos. En el transito de la adolescecia a la vida adulta la relevancia de esta sintomatologia en asociación con el procesamiento cognitivo distorsionado parece tender hacia una recuperación de las relaciones interpersonales, de la eficacia personal, de la autoeslima y del humor positivo. Tal vez tras esta primera fase de cambios tan significatives y relevantes, tocan a su fin las Errores cognitivos en jdvenes y su relación con la sintomatología depresiva 427 transformaciones fisicas, las relaciones interpersonales se vuelven más consistentes y permanentes (Fierro, 1990, Palacios, 1990) y el mundo académico sobre el que se fundamenta gran parte de la eficacia personal pierde cierta relevancia. La evolución descrita de la sintomatologia desde la etapa infantil a la adolescente resulta similar a la alcanzada por del Barrio et al. (1999) con motivo de la adaptación española del CDI sobre 1.880 niños. La sintomatologia referida a 10s aspectos sociales apareció como factor entre 10s niños de 7 a 12 años pero no en 10s adolescentes de 13 a 17 años. Entre estos Últimos perdia relevancia la sintomatologia del tip0 ineficacia (un potente factor entre 10s pequeños) al contrario que el humor negativo, predominante entre 10s mayores. Productos semejantes obtienen Craighead et al. (1998) en 10 concerniente a las dificultades sociales, baja autoestima y humor negativo (10s dos primeros pesaban entre 10s de menos edad y el tercer0 en 10s mayores), sin embargo, entre sus resultados y en 10s de Weiss et al. (1992), aparece de forma destacada la disfunción biológica de 10s adolescentes dato que no esta en consonancia ni con 10s resultados actuales, ni con 10s obtenidos por del Barrio et al. (1999) en 10s que no emerge dicho factor. Además de las diferencias de edad con respecto a las distorsiones y la medida de depresión también se observaron diferencias entre varones y mujeres, sugiriendo que éstas presentaban mayor promedio de distorsiones cognitivas y 1 de sintomatologia depresiva. Estas diferencias de sexo y edad se constataron en la aplicación del MANOVA al considerar a las medidas en una sola variante. Diferentes trabajos también coinciden en hallar diferencias de género, sobre todo con grandes grupos de participantes (Frias, Mestre, del Barrio Garcia-Ros, 1992; Hankin et al., 1998; Nolen-Hoeksema y Girgus, 1994; Reinherz, Frost y Pakiz, 1991), apelando tanto a elementos de naturaleza biológica ligados a la adolescencia, aspectos psicosociales como el apoyo social o a la presencia de sucesos estresantes que parecen ejercer un efecto diferencial en varones y mujeres en comparación con otros momentos vitales (Hankin et al., 1998; Lewinsohn, Gotlib y Seeley, 1997; Nolen-Hoeksema y Girgus, 1994). Sin embargo, estas diferencia~ son escasas, 10 que limita su utilidad clínica. Más bien parecen deberse a la amplitud de esta población y, como se apreció cuando se consideraron submuestras, las diferencias entre varones y mujeres se diluyen. Si bien no es posible considerar las puntuaciones significativas en depresión (cuestionwio CDI y CDCN) como identidad de un diagnóstico clinico, el estudio de las distorsiones cognitivas en relación con las manifestaciones depresivas subclinicas gener6 productos coherentes con aquellos trabajos en 10s que el procesamiento distorsionado discrirninaba a 10s sujetos clinicamente deprimidos (Dalgleish et al., 1998; Kempton et al., 1994; Lewinsohn et al., 1999; Messer et al., 1994; Tems et al., 1993). Esto se desprende de la relación encontrada entre las dos medidas aplicadas, con un promedio significativamente mas pronunciado de sesgos cognitivos entre quienes puntuaban por encima del punto de corte en el inventario CDI para cada edad y, sobre todo, en 10s sujetos considerados de riesgo. Mientras en la población general y la asintomática 10s guarismos de arnbas pruebas van con cierta coincidencia en función de la edad (subidas a 10s 13 y 16 años), en el caso de 10s sujetos con puntuaciones significativas en una o en ambas pruebas se distribuyen de manera independiente. Por tanto, en la población asintomática, 10s I 428 J. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasco, illa V. del Barrio y Ma C. Catalán cambios cognitivos acaecidos en estas edades acompañados de las transformaciones emocionales y sociales constituyen una asociación favorecedora de sintomatologia anímica y cognitiva, pero de una forma coherente hasta que el sujeto acaba por adaptarse a 10s cambios y finalizar su estructura personal. Cabe especular con el hecho de que se trata de una situación diferente con 10s jóvenes que ya presentan sintomatologia depresiva significativa^ y 10s considerados de riesgo. Las manifestaciones no son ligeras ni se expresan en función de la edad, sino que deviene una expresión sintomática intensa, con un procesarniento sesgado de la información en relación con 10s eventos vividos que dificulta la adaptación a 10s cambios y pueden llevar a la formación de una organización depresógena; una situación de riesgo o de vulnerabilidad para el desarrollo de un trastorno del estado de Animo (Cicchetti y Toth, 1998; Dodge, 1993). En cuanto al análisis de 10s contenidos o tip0 de distorsiones cognitivas, Schuster et al. (1998), con sujetos de 5 a 22 años, comprobaron que con el incremento de edad 10s sujetos son rnás pesimistas, por tanto, mis proclives a hacer atribuciones y producir sesgos interpretatives, pero también bastante rnás realistas. Las distorsiones mis frecuentemente apuntadas en la presente investigación con independencia de la edad, el sexo o la sintomatologia depresiva fueron el razonamiento emocional, el absolutismo y el tremendismo. Los errores que mostraron diferencia~ por la edad considerando toda la población fueron el absolutismo y la maximización asociados a la fase inicial de la adolescencia (13 a 14 años) y el razonamiento emocional, las inferencias de adivinación y fituro, a la fase posterior (16 a 17 años). Por tanto, las diferencias en 10s tipos de sesgos cognitivos dependiendo de la edad no respaldan la hipótesis de su vinculación con las mayores edades, ya que de las 11 distorsiones s610 tres correspondieron a 10s sujetos de mis edad (16 y 17 años) y dos a edades iniciales (13 y 14 años). Coincidiendo con Leitenberg et al. (1986), aunque de edades no exactamente equiparables (9 a 14 años), no aparecieron diferencias por edad en 10s errores de sobregeneralización y abstracción selectiva. Estos autores encuentran entre 10s mis pequeños un predomini0 de 10s sesgos del tip0 tremendismo y personalización que no pueden confirmarse en esta investigación. Errores como el razonamiento emocional, absolutismo, 10s <<debefia>> o inferencia arbitraria no se consideraron en 10s trabajos citados. La especificidad de las modalidades de distorsiones cognitivas en relación con el sexo indicó que las mujeres cometen un mayor número de errores cognitivos, en concreto y significativamente del tipo abstracción selectiva, tremendismo y razonamiento emocional, mientras 10s varones s610 destacan en 10s debería (esto respalda otra de las predicciones). El error mis frecuentemente señalado en ambos sexos fue el razonamiento emocional, el absolutismo en 10s varones y el tremendismo en las mujeres y, por último, 10s debería, tanto en hombres como en mujeres. Esto sugeriria que las mujeres tienden más a dramatizar y ser rnás emotivas y 10s varones a lla exigencia y a polarizar. Leitenberg et al. (1986) no hallaron diferencias en función del sexo en las distorsiones que analizaron, si bien algunas diferencias emergieron cuando tuvieron en cuenta el ámbito o dominio analizado, por ejemplo, académico, deportivo o conductual (Leitenberg et al., 1986; Mazur et al., 1999). Nolen-Hoeksema ha puesto de relieve un patrón cognitivo distorsionado (con un estilo autofocalizado y contem- Errores cognitivos en jóvenes y su relación con la sintomutologia depresiva 429 plativo) y con un afrontamiento menos activo característic0 entre las mujeres (Nolen-Hoeksema, Morrow y Fredrickson, 1993). Los sujetos con sintomatologia depresiva y considerados de riesgo se caracterizaron por presentar todas las modalidades de sesgos cognitivos de manera significativa, 10 que confirma completamente la predicción esperada y la utilidad de las distorsiones para su aplicación en un proceso de evaluación y valoración clínica. Tanto 10s sujetos asintomáticos como con puntuaciones significativas en el CDI y 10s de riesgo, emitieron preferentemente errores cognitivos del tip0 razonamiento emocional y tremendismo pero, mientras 10s primeros también tendian a ser absolutistas, 10s sujetos con una o ambas categorias depresivas eran proclives a maximizar 10 negativo y etiquetar. El análisis de regresión pus0 de relieve que la maximización y la etiquetación fueron las principales distorsiones por su capacidad predictiva. La sobre-generalización no destacó entre 10s sujetos con puntuaciones significativas, como aportan algunos estudios (Kempton et al., 1994; Leitenberg et al., 1986), aunque, como mostraron Klar et al. (1997), estas diferencias tal vez se hagan patentes en 10s deprimidos únicamente cuando procesan eventos negativos futuros. No pudieron hacerse comparaciones con otras distorsiones ante la inexistencia en 10s trabajos consultados. En definitiva, consideramos muy útil el análisis de 10s errores cognitivos pues representa un ingrediente que surge (o se consolida) con la maduración general de cualquier individuo, además de ser una variable contribuyente en 10s trastornos del estado de ánimo. Este componente del desanollo cognitivo tiene lugar en un momento particularmente desafiante representado por 10s cambios de la adolescencia (Arnett, 1999; Hankin et al., 1998), con una mayor posibilidad valorativa-interpretativa en el joven, incluyendo la producción sesgos cognitivos y que se suma a 10s eventos negativos y a la modificación del estado de ánimo consecuente. En este trabajo se ha asumido una perspectiva dimensional que hace esperable cierto grado de sesgos cognoscitivos pero, de comparecer el estado de ánimo depresivo, incrementan su aparición, al tiempo que las distorsiones cognitivas agravan el humor insertas ya en un circulo vicioso (Teasdale, 1983; 1988). Junto a estos elementos se añade la idea de Beck de que estos procesos cognitivos son comunes también a otros trastornos (sobre todo de ansiedad, 10s más estudiados junto con la depresión), cambiando Únicamente el contenido de 10s productos (Clark y Beck, 1997). Finalmente esta investigación tiene las limitaciones propias de un trabajo meramente exploratorio. En primer lugar, se precisa de otros estudios que confirmen las relaciones propuestas y abarquen contenidos equiparables a 10s aplicados en este trabajo. Como se señaló en la introducción, no abundan en nuestro contexto científic0 investigaciones relativas a las distorsiones cognitivas, 10 que limita la comparación y contrastación de 10s resultados. En este sentido, el instrumento aplicado para recoger 10s errores cognitivos, elaborado por Bas (1987b), no ha alcanzado gran difusión y, como se planteó en el apartado de instrumentos, tiene ciertos inconvenientes, por 10 que debe considerarse tan s610 como una aproximación a 10s sesgos cognoscitivos de un sujeto. En la presente investigación se plantea la opción de la unidimensionalidad en esta prueba dado el escaso porcentaje de varianza explicada global y por factores que se ha obte- 430 .I. F.Rodríguez-Testal, M. A. Carrasca, M" V. del Barrio y Ma C. Cataldn nido, pero esto podria deberse tarnbién al escaso número de items del cuestionario y merece analizarse en próximos trabajos. En segundo lugar, debe reiterarse que 10s instrumentos aplicados no proporcionan un diagnóstico, ni tan siquiera al utilizarlos de forma conjunta. En todo caso, son una ayuda al mismo, además de que no pueden representar más que una forma de recoger sintomas depresivos (que se ha equiparado a un número significativa de respuestas en 10s autoinformes). Sería interesante considerar el nivel trastorno con un diagnóstico clinico, de manera que la comparación con población clínica informe de la intensidad de las manifestaciones depresivas, pues como señalan Larsen, Diener y Cropazano (1987), condiciona la aparición de pensamientos distorsionados. En tercer lugar, seria preciso desarrollar un procedimie~~to más amplio en el que tengan cabida otras variables relevantes (sociales, familiares, biológicas), asi como analizar diversos elementos del procesamiento de lla información, a ser posible, no limitados a autoinformes. En cuarto y Último lugar, ya se ha mencionado el carácter transversal y correlacional de esta investigación, por 10 que el diseño utilizado no permite información sobre la causalidad de las variables ni el desarrollo de las medidas en el tiempo, que pudiera dar cuenta de 10s procesos madurativos y evolutivos implicados. En este sentido, seda más relevante poner a prueba el modelo cognitivo de Beck, en su parte descriptiva o causal (Clark y Beck, 1997), por medio de un diseño longitudinal y prospectivo, y sin que el tamaño de las muestras limiten la generalización de 10s resultados. Con todo, la literatura consultada y 10s resultados obtenidos en la presente investigación apuntan la relevancia de este tip0 de procesos cognitivos en relación con 10s estados emocionales, 10 que puede dar paso a nuevas lineas de investigación para constatar su importanci~a en el diagnóstico, prevención e intervención de las alteraciones emocionales. Abramson, L.Y., Alloy, L.B., Hogan, M.E., Whitehouse:, W.G., Donovan, P., Rose, D.T., Panzarella, C. & Raniere, D. (1999). Cognitive Vulnerability to Depression: Theory and Evidence. Journal of Cognitive Psychotherapy: An International Quarterly, 13,5-20. Arnett, J.J. (1999). Adolescent storm and stress, reconsidered. American Psychologist, 54, 317-326. Bas, F. (1987a). Distorsiones cognitivas en adolescentes deprimidos. I1 Congreso de Evaluación Psicológica. Madrid. Publicado en el Giornale Italiano di Scienzia e Terapia del Comportamiento, 22-23, 109-1 14, 1989. Bas, F. (1987b). 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