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Tres retablos menores en Sta. María de la Oliva de Lebrija

Cordero Ruiz, Juan

Abstract

Con motivo de la reciente restauración del gran retablo de Alonso Cano, situado en el presbiterio de la Iglesia Parroquial de Santa María de la Oliva de Lebrija, se ha incrementado considerablemente el número de visitantes que acuden a visitar tan espléndida obra. Acapara de tal modo la atención tan excepcional retablo, que apenas se repara en otras notables del mismo templo, que pueden quedar ignoradas o infravaloradas, dada su aparente modestia. Es por ello que hemos elegido, como contraste, tres pequeños retablos, señalando algunas cualidades histórico-artísticas, cualidades que pueden pasar desapercibidas al visitante, pues no ostentan, a primera vista, el evidente esplendor estético del retablo mayor. Los tres pequeños retablos elegidos son muy dispares; los tres se sitúan en torno al siglo XVI, lo que también dificulta más la conexión directa y el goce de un espectador menos iniciado.

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TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA. Juan Cordero Ruiz Universidad de Sevilla 160 RESUMEN Con motivo de la reciente restauración del gran retablo de Alonso Cano, situado en el presbiterio de la Iglesia Parroquial de Santa María de la Oliva de Lebrija, se ha incrementado considerablemente el número de visitantes que acuden a visitar tan espléndida obra. Acapara de tal modo la atención tan excepcional retablo, que apenas se repara en otras obras notables del mismo templo, que pueden quedar ignoradas o infravaloradas, dada su aparente modestia. Es por ello que hemos elegido, como contraste, tres pequeños retablos, señalando algunas cualidades histórico-artísitcas, cualidades que pueden pasar desapercibidas al visitante, pues no ostentan, a primera vista, el evidente esplendor estético del retablo mayor. Los tres pequeños retablos elegidos son muy dispares; los tres se sitúan en torno al siglo XVI, lo que también dificulta más la conexión directa y el goce de un espectador menos iniciado. SUMMARY Due to the recent restoration of the main altar-piece of St. Mary’s Church in the town of Lebrija (Sevilla), a work by Alonso Cano (XVII cent.), the number of visitors has increased notablely. The tremendous value of the main altar-piece monopolizes the attention so much, that other artistic works do not attract the attention of people visiting the church. This is the reason why three small altar-pieces have been selected to be studied, pointing out its historical and artistic values that could be unnoticed in comparison with the main altar-pìece. Three of them are works of the XVIth cent. 161 TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA (Fig. 0) Es conocido universalmente el monumental retablo que preside el presbiterio de la iglesia parroquial de Santa Maria de la Oliva de Lebrija. Esta obra de Alonso Cano puede eclipsar por sus excelsas cualidades a otros muchos retablos, ciertamente más “modestos”, que comparten vecindad, repartidos por el excepcional templo lebrijano. Queremos fijarnos hoy en tres desiguales retablos, que podemos calificar de “menores”, más por su tamaño que por su interés histórico artístico. I.- VIRGEN DE LA PIÑA Se trata de un pequeño retablo situado en la Capilla de la Vela, en la nave de la epístola, de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija. (Fig. 1) Está formado por un basamento o banco que soporta cuatro columnas de orden dórico, fustes retallados en el tercio inferior y estriados los dos tercios superiores; forman tres calles, la central más ancha contiene un arco de medio punto a modo de hornacina que cobija la imagen escultórica de la Virgen de la Piña; las dos calles laterales conforman rectángulos que enmarcan las pinturas de San Francisco y Santo Domingo, y soportan un friso de triglifos y metopas con cabezas de ángeles alados, más una cornisa que sostiene un gran ático con frontón, el cual enmarca una medio figura en alto relieve de Dios Padre. Las dimensiones son “de tamaño académico” o menor del natural, como se describe más adelante. En su sencillez de sobria elegancia y proporciones equilibradas, hay una magistral lección del arte manierista de Juan Bautista Vázquez, el Viejo. Oía en mi infancia, seguro que como tantos otros lebrijanos, que la Virgen de la Oliva era la escultura de “más mérito” de Lebrija, seguida de la Virgen de la Piña. Todavía la primera, por su tamaño, prestancia ostentación y preeminente lugar hacía comprensible este elogio. Pero, ¿cuál era el mérito de la segunda? ¿Porqué su importancia? Ni su tamaño, presencia, belleza y lugar que ocupaba, parecían relevantes. ¿Dónde su mérito? Sirvan las siguientes líneas, que el estudio y los años me han proporcionado, para arrojar alguna luz sobre este tema. Casi todos tenemos, de manera más o menos consciente, un canon o metro propio por el que medimos las obras de arte, con un subjetivo e insobornable “me gusta” o “no me gusta”. Siempre ocurre así, y salvo aquellas personas sin criterio e insensibles al arte, el “gusto personal” marcará su ley. Este subjetivismo está muy presente en este momento de “pensamiento débil” y carencia de 162 JUAN CORDERO RUIZ verdades absolutas, cuando confundimos el respeto que debemos a las personas con la sumisa aceptación de sus juicios arbitrarios. Es verdad que nuestro criterio personal es importante al valorar la obra de arte, pero nuestro criterio no puede caer en adanismo, ni formarse de espaldas a lo que es el conocimiento y la evolución de las ideas, sino que requiere el establecimiento de normas y pautas que profundizan y perfeccionan nuestra sensibilidad natural, enseñándonos a valorar las obras en su contexto y circunstancias. Solo así podremos exprimir y degustar el bello mensaje que porta la verdadera obra de arte, cuyo lenguaje inefable se basa mucho en el sentimiento, pero también en la razón y la lógica. Una obra escultórica del siglo XVI, que tiene en Lebrija reconocimiento universal, es la Virgen de la Piña (Fig. 2);incluso el nombre de su autor, Juan Bautista Vázquez, es bien conocido por todos los estudiosos del arte. Efectivamente, se trata de una obra de excepcional y sobria belleza que, junto al prestigio de su autor y al papel que este representa en la historia del arte, adquiere la importancia capital que le reconocemos. Mi profesor Hernández Díaz, al referirse a ella, dice: “es uno de los más bellos ejemplos del ensamble del manierismo con las características escultóricas locales” (A.H. 1944). Aunque en otro lugar (Instituto D.V.del C.S.I.C. 1951) recurre a ese estilo de historiador ambiguo, que se guía por su intuición y experiencia, cuando le faltan los datos escritos, y dice: “De este maravilloso taller (de Bautista Vázquez) derivan no pocas imágenes de mucho interés artístico. Citaré por todas ellas la magnífica escultura de la Virgen de la Piña, obra sugestionada por los temas análogos de Vázquez, y que sólo en su círculo podría razonarse”. Esto lo escribía el profesor H. Díaz, con la evidente intuición del experto que era, mucho antes que el profesor Palomero diese a la imprenta la escrituracontrato de la obra. (Archivo Hispalense. 1986) En efecto, en 1577, Juan Bautista Vázquez, el Viejo, se comprometía a realizar “un retablo de madera y pintado y dorado que tenga de ancho tres varas y de alto quatro varas y media, y en el medio del una imagen de nra sª de bulto redondo para sacar en procesión de seys palmos de alto, y encima de la dha imagen una figura de dios padre de medio relieve, y en dos tableros que an de yr a los lados de la dha imagen se an de pintar al olio dos figuras de pincel, las que me pidierdes”. (Fig. 3) ¿Tan importante fue como artista Juan Bautista Vázquez? Sin duda alguna es uno de los grandes maestros del siglo XVI, creando esa gran escuela de imagineros que va a sentar las bases de lo que será la gran imaginería sevillana del siglo XVII. Nacido en Ávila, allí se casó por tres veces, y del 163 primer matrimonio tuvo su hijo de igual nombre apodado “El Mozo”, también gran escultor en la Sevilla de finales del siglo XVI. De su formación italiana no cabe duda, como de la huella que le dejó Miguel Ángel, testimoniándolo en la “Piedad”, que se conserva en la catedral de Ávila, y fue expuesta en el Pabellón del Vaticano de la Expo 92, en Sevilla. Escultor de amplio registro, con obras en bronce, mármol y madera, pintor y grabador. Asentado en Sevilla, aquí pasó casi los treinta últimos años de su vida, hasta 1588, marcando con su influencia y multitud de obras todo el renacimiento del siglo XVI sevillano. El pequeño retablo de la Virgen de la Piña constituye una perfecta obra de unidad compositiva y armonía de las tres bellas artes; se adelanta en ello a lo que será la obra cumbre de la parroquia: el retablo mayor de A. Cano. La composición arquitectónica tiene la proporción y elegancia de las mejores obras retablísticas del renacimiento. Se conjuga en perfecto equilibrio, con la escultura de bulto, el bajorrelieve de Dios Padre, las pinturas de San Francisco y Santo Domingo, más la decoración polícroma de sus superficies. (Fig. 4) Naturalmente que este conjunto no obedece su ejecución a un solo hombre, sino a obra de taller, pero, eso sí, bajo una dirección exigente de un solo creador. Aprovechando que no hay firma ni documento que lo desmienta, yo me atrevo a sugerir una hipótesis. Dado que Bautista Vázquez también era pintor y, abusando de ese sexto sentido que da la observación y la experiencia, me atrevo a asegurar que el autor de las dos pinturas de los intercolumnios es un escultor. Observando el tipo de sombreado y modelado de las formas (que ignoran la luz puntual y unitaria que usa el pintor), viendo la simplificación de los plegados y la sobriedad de los medios tonos o matices que suelen ver los pintores, sumado a nuestra continua relación con muchas pinturas hechas por escultores, no solo contemporáneos, sino en toda la historia (véanse las pinturas de Miguel Ángel, las de Bernini, Alonso Cano, y otros muchos, es evidente para el ojo sagaz, que se nota la huella de cuando el escultor pinta) Notamos unas características comunes como el acentuado modelado de los volúmenes, la ausencia de perspectiva aérea y el predominio del color local sin matices, que también se dan en estas pinturas del retablo de la Virgen de la Piña. No es por ello disparatado suponer que realizara un escultor estas pinturas, con lo que, de ser cierto, tendría este retablo otro valor añadido, al mostrarnos esta faceta pictórica poco conocida de Bautista Vázquez el Viejo. Son datos no suficientemente investigados, pero hay indicios para suponer una mayor vinculación de Bautista Vázquez con Lebrija, que la mera ejecución del profesional de esta Virgen de la Piña. Está por aclarar el hecho que, su hija Sor Juana Bautista, tomando los hábitos de Franciscana TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 164 JUAN CORDERO RUIZ Concepcionista, en 1586, lo hiciese en el Convento de Lebrija, lo que es posible por la vinculación que tuvieron estas monjas lebrijanas con las de San Juan de la Palma de Sevilla. Todo ello justificaría una particular relación, más allá de la profesional, del gran maestro con este pueblo. Hay en Lebrija algunas obras escultóricas e intervenciones que nos remiten al entorno de este singular maestro, bien directamente o en relación con otros maestros. Aunque falto de documentación que lo acredite, queremos referirnos a la escultura en madera policromada del Cristo de la Buena Muerte que se conserva en la lebrijana Parroquia de Santa María de Jesús. (Fig. 5, 6, 7). Es obra maestra de la imaginería manierista sevillana que solo puede encajarse en el estilo propio de Bautista Vázquez el Viejo, al compararlo con otras obras ciertas de su mano. Por este conjunto de circunstancias podemos comprobar que el retablo de la Virgen de la Piña de Lebrija, no es una obra cualquiera, sino un conjunto singular dentro del arte español, el cual une a su evidente belleza formal, unas características históricas, que pueden ayudar a descifrar y comprender mejor lo que significó el movimiento “manierista” en la baja Andalucía, como estilo complejo de la transición del pleno renacimiento al posterior barroco. No está de más aprovechar la ocasión, ya que ha salido varias veces la expresión “manierista”, de reivindicar este término de la historia del arte, siempre mal entendido, y que en ocasiones se tradujo como amaneramiento de las formas, como estilo de transición entre la plenitud del renacimiento y el esplendor del barroco; teniendo otras veces un aspecto negativo y peyorativo, incluso de impotencia, decadencia y agotamiento creativo. Pero la más reciente investigación historiográfica ha puesto de relieve el singular carácter de este momento artístico, que se nos manifiesta como uno de los periodos más creativos del pensamiento humano, y que solo puede ser plenamente valorado a la luz de los avances técnicos, científicos y artísticos de nuestro tiempo. Es por ello que, bajo este prisma que revaloriza la originalidad, la innovación, el riesgo de la novedad, la exploración de lo absurdo, la ruptura de la norma clásica aceptada como garantía de seguridad, y la búsqueda de lo inédito con etiqueta de “modernidad”, recobran estas obras manieristas del siglo XVI, un renovado interés que reclaman nuestra mayor atención sobre obras tan aparentemente modestas, pero tan llenas de significados, como el “modesto” retablo de la Virgen de la Piña de Lebrija. 165 II.- RETABLO DEL CRISTO DE LA VIGA. El Crucificado, la Virgen y San Juan, forman uno de los más interesantes conjuntos escultóricos de Lebrija, situado hoy en la Sacristía Mayor de la Parroquia de Santa María de la Oliva, convertida en museo parroquial, a expensas de D. José Cortines Pacheco, desde 1978. Se trata de un retablo crucifijo que enmarca las formas del crucificado central, dejando bajo los brazos horizontales de la cruz los espacios para componer el Calvario con las figuras de la Virgen y San Juan. Atribuye Palomero Páramo este pequeño retablo al escultor abulense Gaspar del Águila, sin que nos fundamente esta atribución, máxime cuando sabemos que la estructura actual (Fig. 8, 9) ha sufrido muchas alteraciones debido a sus variados orígenes y diferentes emplazamientos. (Véase “El retablo sevillano del renacimiento”. J.M.Palomero Páramo. Diputación de Sevilla, 1983) Lo sitúa Palomero en torno a 1580, quizás forzando la autoría de Gaspar del Aguila, pero ello creemos que no concuerda con los elementos pictóricos y decorativos, que se corresponderían con la presencia en Lebrija de Pablo Legot, y no antes de 1630. A menos que aceptemos la tesis de tratarse de un retablo “recompuesto” por el escultor lebrijano Juan de Santamaría, cuando rehizo el retablo de Alonso Cano, ya en el siglo XVIII, modificando partes del mismo al hacer el camarín de la Virgen de la Oliva, y aprovechase materiales d iversos. a procedencia primera de las tres imágenes pudo ser la viga o i conostasio de la primitiva cabecera del templo, en su ampliación arquitectónica r ealizada desde 1475 hasta muy avanzado el siglo XVI. ay constancia de los trabajos realizados entre 1519 a 1523 por Alejo F ernández y su hermano Jorge, pintor y escultor respectivamente, quienes c obraron 91.200 maravedises, “entre otros trabajos”, por las imágenes de la V irgen y San Juan, “de talla dorada” que acompañaban a un Crucificado. C reemos que esas imágenes formaban parte del primitivo retablo mayor, y se r efieren a las que hoy nos ocupan. uando en 1628 se replantea el presbiterio con el monumental retablo d e Alonso Cano, estas esculturas ya están trasladadas a la capilla de la cabecera e n la nave del Evangelio, denominado hoy “Retablo de Santiago” o de “los S antos Patronos”, debido a la iconografía de su posterior reforma. l confeccionarse el actual retablo de Santiago, por el que pagó la H ermandad de los Santos dos mil reales, en 1694, el Crucificado pasaría al l ugar que hoy ocupa en la sacristía-museo, y la Virgen con San Juan se trasladaron TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 166 JUAN CORDERO RUIZ a la Capilla de la Veracruz, formando Calvario con el Cristo del mismo nombre, titular de dicha capilla. Hoy, debido quizás a ese trasiego, cada una de estas imágenes presenta apariencias diferentes por algunas restauraciones y limpiezas, que pueden confundirnos sobre su origen común; pero basta contemplarlas en su colocación actual, desde 1978, para comprender que tienen una unidad estilística y compositiva que las hacen un todo inseparables. Tal vez en ese momento histórico se sitúa el crucificado en el retablo que menciona Palomero, sobre la cajonería de la Sacristía, bajo el arco toral de levante en una estructura que nosotros hemos alcanzado ver y que se corresponde con el dibujo que presenta Palomero en su obra”. (Fig. 10) Ese “retablo crucifijo” tenia un cuerpo único, rematado con arco circular rebajado, de radio menor que el arquitectónico en que se circunscribe, a modo de frontón sobre una cornisa, estructuras que enmarcan una pintura del Dios Padre, obra de Pablo Legot. Tiene en su arranque dos aletones en espiral, hoy desaparecidos. Predomina la estructura centrada de la cruz, y en los huecos bajo su brazo horizontal, dos pinturas terminadas en arcos de medio punto, que representan a la Virgen y San Juan, y que también se conservan independientes en este mismo museo parroquial. Todo el rectángulo de la composición descansa sobre un friso a modo de banco que contiene en el espacio de las metopas, cinco pinturas de Pablo Legot, compartimentadas por seis triglifos a modo de ménsulas que sustentan una cornisa base del retablo. Hemos de añadir, citando a Bellido Ahumada, (La Patria de Nebrija. I.S.B.N.: 84-398-3421-7) que en 1694 se adquirió este retablo de la iglesia de San Nicolás de Sanlúcar de Barrameda, compuesto por el arquitecto Juan Andrés Bravo, siendo Juan de Santamaría Navarro, escultor lebrijano, quien construyó una peana para el Cristo, y José de Guevara, pintor, quien lo retocó y encarnó. (Fig. 9) Por lo anteriormente expuesto podemos decir que nos encontramos ante un “original” retablo, compuesto de los más variados elementos tanto por su morfología como cronología, lo que nos induce a pensar que más que una traza unitaria y predeterminada de un autor, se ha formado de piezas ocasionales, eso sí, armoniosamente conjuntadas. Pero lo verdaderamente importante son las tres esculturas que hoy podemos contemplar en lugar preferente del Museo Parroquial. Sin que exista un documento definitivo que lo afirme podemos decir, basados en nuestra experiencia y conocimientos de obras semejantes, que todas 167 Figura 0. Retablo principal de Santa María de la Oliva de Lebrija Figura 1. Retablo Virgen de la Piña. Figura 2. Virgen de la Piña, (Figura central del retablo) TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 174 JUAN CORDERO RUIZ Figura 4. Retablo Virgen de la Piña, (fragmento) Figura 3. Virgen de la Piña, (detalle). 175 Figura 5. Cristo de la Buena Muerte TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 176 JUAN CORDERO RUIZ Figura 7. Cristo de la Buena Muerte (cabeza) Figura 6. Cristo de la Buena Muerte (torso) 177 Figura 8. Retablo Cristo de la Viga (foto Mario) TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 178 JUAN CORDERO RUIZ Figura 9. Calvario Cristo de la Viga. 179 Figura 10. Esquema del Retablo del Crsito de la Viga (Palomero) Figura 11. Virgen y San Juan del Calvario de la Viga, en 1945. TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 180 JUAN CORDERO RUIZ Figura 12. San Marcos por Pablo Legot, (detalle del banco actual) Figura 13. Cristo de la Viga, (detalle antes de su reciente restauración) 181 Figura 14. San Juan del Calvario de la Viga, (reciente restauración) Figura 15. Detalle del Calvario de la Viga. TRES RETABLOS MENORES EN STA. MARIA DE LA OLIVA DE LEBRIJA 182 JUAN CORDERO RUIZ Figura 17. Retablo de Villavicencio, (parte primitiva). Figura 16. Retablo de Villavicencio (conjunto actual) 183