Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci
Abstract
Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967) puede considerarse como el introductor del lenguaje neobarroco en la imaginería sevillana del Novecientos. A pesar de su magnífi ca producción escultórica de temática profana, que alcanza la primera mitad de su vida, siguiendo la estética impuesta por su maestro Antonio Susillo, su gran popularidad se debe, sin embargo, a su faceta como imaginero. En el presente trabajo ponemos de manifi esto una serie obras de temática religiosa, realizadas en distintos materiales y técnicas, que ratifi can esta particularidad. Todas ellas están expuestas cronológicamente.
Full text
NUEVAS APORTACIONES A LA OBRA RELIGIOSA DE ANTONIO CASTILLO LASTRUCCI NEW CONTRIBUTIONS TO THE STUDY OF CASTILLO LASTRUCCI’S RELIGIOUS WORKS JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Universidad de Sevilla JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ Universidad de Sevilla Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967) puede considerarse como el introductor del lenguaje neobarroco en la imaginería sevillana del Novecientos. A pesar de su magnífi ca producción escultórica de temática profana, que alcanza la primera mitad de su vida, siguiendo la estética impuesta por su maestro Antonio Susillo, su gran popularidad se debe, sin embargo, a su faceta como imaginero. En el presente trabajo ponemos de manifi esto una serie obras de temática religiosa, realizadas en distintos materiales y técnicas, que ratifi can esta particularidad. Todas ellas están expuestas cronológicamente. Palabras clave: Escultura religiosa, imaginería, Sevilla, Castillo Lastrucci, siglo XX. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967) can be considered the introducer of the neo-baroque language in the imagery of Seville of the Twentieth century. Despite its magnifi cent secular-themed sculptural production, which reaches the fi rst half of his life, following the aesthetic set by his teacher Antonio Susillo, his popularity is due to its side as sculptor of imagery. In this study we identifi ed a number religious-themed works, made in different materials and techniques, which confi rm the above. All of them are exposed chronologically. Keywords: religious sculpture, imagery, Seville, Castillo Lastrucci, century XX (Twentieth century). Gracias a nuestra labor investigadora, se sabe que Antonio Castillo Lastrucci vino al mundo el 20 de febrero de 1878, en Sevilla, en el barrio de la Feria o de la Alameda Vieja de Hércules. Concretamente, nació, en el seno de una familia acomodada, en el número treinta y cuatro de la calle Quesos, hoy Antonio Susillo1. Era hijo de Eduardo Castillo del Pino, natural de Alahurín el Grande (Málaga), y de su esposa Araceli Lastrucci del Castillo, nacida en Sevilla. El primero regentaba una industria dedicada a la sombrerería, mientras que la segunda era ama de casa. Sus hermanos fueron cinco: 1 Registro Civil de Sevilla, Sección 1.ª, tomo 25/2, f. 346v, Certificado de nacimiento de D. Antonio Castillo Lastrucci, Sevilla, 22 de febrero de 1878. LABORATORIO DE ARTE 22 (2010) 429-451
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 430 Amalia, Eduardo, Adolfo, Arturo y Manuel, aunque, de ellos, Adolfo y Arturo fallecieron a una corta edad. Estudió en el Colegio San Luis Gonzaga.2 No obstante, contó con profesores particulares que acudían a su domicilio para complementar sus enseñanzas. Sin embargo, se ignora completamente el grado académico que llegó a alcanzar y el momento en el que decide abandonar los estudios para dedicarse por completo a la actividad artística. Su maestro fue Antonio Susillo, uno de los escultores españoles más reconocidos de la segunda mitad del siglo XIX, siendo, por tanto, condiscípulo de Viriato Rull, Fernando de la Cuadra, Joaquín Gallego, Miguel Sánchez-Dalp y Calonje de Guzmán, Gustavo Luca de Tena, Joaquín Bilbao Martínez y Lorenzo Coullaut Valera. Al mediar la década de los noventa, y, quizás, incentivado por Susillo, Antonio Castillo Lastrucci ingresa en la sección de Bellas Artes de la Escuela Industrial y de Artes y Ofi cios de Sevilla, situada en el Museo de Pinturas de la ciudad, sito en la Plaza del Museo, y ex Convento de la Merced Calzada. Fue alumno, entre otros, de Francisco Marco, en Modelado y Escultura; del escultor Pedro Domínguez (1861- 1905), en Ensamblado y Vaciado; de Gonzalo Bilbao (1860-1923), en Colorido y Composición y José María Rodríguez de Losada. Junto a él, tiene como condiscípulos a los escultores Agustín Sánchez Cid y Enrique Pérez Comendador. Por estos años recibe la infl uencia pictórica del célebre Virgilio Mattoni (1842-1923), con quien mantendrá relaciones artísticas cuando, en 1938, se distribuyan las fi guras del Misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia de la Hermandad de La Macarena de Sevilla. Al suicidarse Susillo, nuestro artista instala su primer taller en la calle Quesos, en unas dependencias de la industria sombrerera de su padre3. Aquí permanecerá hasta 1923, cercano al obrador que en su día tuvo su maestro. De lo que empezarían siendo meras lecciones sobre modelado, Castillo cultivó durante gran parte de su vida los rasgos y recursos técnicos, la temática (sobre todo en sus primeros cuarenta años), las composiciones, los arquetipos y las características del estilo susillesco. Éste será fi el, tanto en el campo de la escultura como en el de la imaginería, al realismo historicista del siglo XIX, inspirándose en la pintura de historia y desarrollando sus obras con la máxima claridad narrativa. Del mismo modo, se verá infl uenciado en sus primeros años por las corrientes románticas y costumbristas. En sus primeras obras artísticas pueden apreciarse, aunque tímida y esporádicamente, rasgos modernistas. De hecho, con el título de ‘Modernismo’ se denominó y clasifi có la primera etapa del escultor4. En este primer periodo, infl uenciado además 2 ROSA MATEOS, Antonio de la, Castillo Lastrucci: su obra, Edita Hermandad del Silencio de Almería, Almería, 2004, p. 34. 3 TOBAJA VILLEGAS, Manuel, “XXV Aniversario de la muerte de Castillo Lastrucci” (I), en ABC, Sevilla, 30 de marzo de 1992, p. 48. 4 TOBAJA VILLEGAS, Manuel, “XXV Aniversario de la muerte de Castillo Lastrucci” (II), en ABC, Sevilla, 31 de marzo de 1992, Sevilla, p. 64.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 431 por el perfi l romántico de Susillo, Castillo Lastrucci realiza obras de carácter profano, fundamentalmente, en relieves, grupos escultóricos, bustos, retratos, sepulcros y monumentos públicos. Con todos estos formatos, aunque sobre todo con los últimos, participa en los certámenes y concursos públicos para la adjudicación de los mismos. Entretanto, compagina sus estudios en la Escuela Industrial de Artes y Ofi cios, circunstancia que se refl eja en los matices academicistas de estas piezas. Así, el 14 de abril de 1915, la Comisión Permanente de la Diputación Provincial de Sevilla le concede una beca o pensión para que durante ese año y el siguiente, 1916, pudiese realizar estudios más allá de nuestras fronteras. En concreto, se trataba de “un donativo mensual de 250 ptas., desde mayo próximo, para perfeccionar estudios en el extranjero. En el presupuesto próximo se incluye una pensión vitalicia de 3.000 ptas. anuales”5. Sin duda, Castillo Lastrucci tuvo la oportunidad de conocer, en primera persona, las obras maestras del Arte universal, ya que con la ayuda pretendía dirigirse hacia París y Roma. Sin embargo, el inicio de la Primera Guerra Mundial le impide llegar a la Ciudad Eterna, deseo inicial del escultor, por lo que permanecería una larga temporada en la ciudad del Sena. En la espléndida capital de Francia debió conocer los principales monumentos, museos y pinacotecas, además de inundarse de las fl orecientes vanguardias que, por estos años, acaparaban el panorama artístico parisino. Según Cascales Muñoz, Castillo, al ver que la situación bélica empeoraba y se dilataba, decidió abandonar París para viajar a territorio español, concretamente Madrid6. En la capital de España, más que con las vanguardias artísticas, debió emplear su tiempo en conocer de primera mano las obras de los grandes pintores españoles del siglo XVII. Sin embargo, Castillo Lastrucci permaneció arraigado al realismo decimonónico, siguiendo las pautas y los esquemas del estilo desarrollado por su insigne maestro Antonio Susillo. Es más, el escultor llegará a emplear el estilo neobarroco cuando comience su andadura profesional en el mundo de la imaginería polícroma procesional, a partir de 1922. Ese año será clave en su producción artística, ya que recibió sus primeros encargos para Semana Santa, circunstancia que determinaría para siempre su quehacer artístico. Fueron, concretamente, la Hermandad de La Bofetá de Sevilla y la Cofradía de La Humildad de Málaga quienes en primer lugar acudieron al artista. Es entonces cuando comienza el segundo periodo de su trayectoria profesional que se ha denominado ‘Ecléctico’, ya que compatibiliza la labor escultórica anterior con las importantes innovaciones que inserta en la imaginería procesional, campo que, por aquellos años seguía un camino estilístico diferente7. Al año siguiente, en 1923, abrió un taller en la calle San Vicente n.º 52, trasladándose desde su primer obrador en las ofi cinas de la empresa sombrerera de su 5 TOBAJA VILLEGAS, Manuel, Ob. cit., 30 de marzo de 1992, p. 48. 6 CASCALES MUÑOZ, José, Las Bellas Artes Plásticas en Sevilla. La pintura, la escultura y la cerámica artística desde el S. XII hasta nuestros días, Toledo, 1929, tomo II, pp. 80-81. 7 TOBAJA VILLEGAS, Manuel, Ob. cit., 31 de marzo de 1992, p. 64.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 432 padre, situadas en la calle Quesos. A la postre, el nuevo taller pasará por ser el de mayor producción de imágenes procesionales que haya existido en la ciudad de Sevilla. Por entonces se produce el cambio de una etapa a otra en la vida profesional de Castillo Lastrucci. Desde la perspectiva temporal, quedan perfectamente matizadas y diferenciadas. Es decir, parece ser que se trata de un primer periodo como escultor profano y dedicado a obras civiles, y un segundo como imaginero, realizando obras para hermandades y cofradías; una primera etapa gris y anónima y una segunda exitosa y de reconocimientos. Pero, sin duda, será a partir de 1936 cuando se entregue defi nitivamente a esta labor, empezando, de este modo, su tercera y última etapa profesional. Por ello es, quizás, el periodo más conocido y fecundo del artista. Estilísticamente pertenece al gusto neobarroco. Las primeras obras de este momento merecen un reconocimiento individual por su valor y calidad. En este sentido, destaca la imagen del Cristo de la Buena Muerte (1938) de la Hermandad de La Hiniesta de Sevilla, cuya buena factura se inspira en las tallas que realizaran Martínez Montañés, con el Cristo de la Clemencia de la Catedral, y Juan de Mesa, con el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes de la misma ciudad. Como reconocimiento a su ingente labor artística, entre otras condecoraciones, el 17 de julio de 1967, le concedieron la Medalla al Mérito en el Trabajo, cuya imposición estaba prevista para el 8 de diciembre8. Sin embargo, Antonio Castillo Lastrucci moría, según la partida de defunción, el 29 de noviembre de 1967, a los ochenta y nueve años.9 Sus restos reposaron en la calle San Antonio del cementerio sevillano, concretamente en la sepultura número cuarenta y dos. No mucho tiempo permanecerían allí, pues, el 18 de enero de 1993, el cardenal Amigo Vallejo concedió licencia para que fueran transportados hasta la Iglesia parroquial de San Julián. El traslado tuvo lugar el 9 de noviembre de 1995. Desde entonces yacen en la nave de la Epístola, junto a los pies de la iglesia10. Allí reposan, pues, bajo la imagen de una Piedad, gubiada por el artista en 1949. *** Las obras que a continuación analizamos ratifi can cuanto expuesto queda sobre la formación, el estilo y la evolución plástica que experimentó Antonio Castillo Lastrucci como escultor e imaginero a lo largo de su dilatada labor profesional. Gracias a dicho trabajo, en la actualidad, es considerado como uno de los máximos exponentes de la escultura neobarroca sevillana. 8 TOBAJA VILLEGAS, Manuel, Ob. cit., 31 de marzo de 1992, p. 63. 9 Archivo Parroquial de San Vicente Mártir de Sevilla, Libro de Defunciones n.º 32. Septiembre de 1961 y siguientes, f. 137r. 10 Diario ABC, Sevilla, 10 de noviembre de 1995, p. 10.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 433 1. EL BESO DE JUDAS Relieve en barro cocido. 0,36 x 0,65 m. Año 1911. Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: “A. Castillo / Sevilla 1911”. Inscripción en la zona central inferior: “el Beso de Judas”. Sevilla. Colección particular. Como se sabe, Castillo Lastrucci consagró mayoritariamente su quehacer profesional a la imaginería a partir de 1922, momento en el que recibe sus primeros encargos para la ejecución de misterios procesionales. Como consecuencia de ello, sus temas pasarán a ser, por tanto, principalmente religiosos. Esto no quiere decir que, antes de esa fecha, el artista no cultivara en su labor plástica los temas sagrados. Un buen ejemplo puede encontrarse en la obra que estudiamos. Se trata del relieve en barro cocido que representa El Beso de Judas (Figura 1), fi rmado por el propio autor y fechado en 1911. Aunque se tenían noticias periodísticas11 y bibliográfi cas12 de esta pieza, no se conocían reproducciones de la misma que la dieran a conocer. Actualmente en una colección particular sevillana, se hallaba al menos hasta los años treinta del siglo pasado, en la de Eduardo Fedriani, como así se desprende de la publicación de 1930 con las obras realizadas por Antonio Castillo Lastrucci. De formato rectangular y apaisado, este relieve sigue indiscutiblemente las maneras y el estilo llevados a cabo por el quehacer plástico de Antonio Susillo, maestro de Castillo Lastrucci, cuyas técnicas y procedimientos escultóricos marcaron el desarrollo profesional del discípulo. Así, más allá de la imaginería que le dio la celebridad, el relieve escultórico se muestra como una de las disciplinas artísticas más sugestivas de la obra de Castillo Lastrucci. El Beso de Judas representa el momento en el que el apóstol traidor entregó a Jesús en Getsemaní (Mt. 26, 47-49; Mc. 14, 43-45; Lc. 22, 47-48). La escena se divide en dos mitades fundamentales. En la de la izquierda, aparece el bullicioso y tumultuoso grupo que, como una turba sin freno, se agolpa en búsqueda del Mesías. El Hijo de Dios es besado por Judas casi en la zona central del relieve. En la mitad de la derecha, se representan, ya despiertos, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. Como se sabe, estos tres discípulos fueron los que acompañaron a Jesús a orar al Monte de los Olivos, árboles que a su vez los cubren y engloban en el relieve. Del grupo de la izquierda, numeroso y abigarrado, pueden distinguirse soldados romanos y sayones entre los nueve personajes representados en total. Dos de ellos, en primer término, dan la nota narrativa y anecdótica, señalando a Cristo mientras se 11 A.S.G., “Artistas sevillanos. Antonio Castillo”, en El Correo de Andalucía, Sevilla, 14 de septiembre de 1911, p. 1. 12 Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 434 disponen a prenderlo con una soga. Su presencia adelanta El Prendimiento de Cristo. La pormenorización de los personajes permite identifi car sin contemplaciones a los buenos y a los malos en la historia del Hijo de Dios, reforzando aún más la claridad de los hechos. De este modo, expresa ya el maniqueísmo que utilizará en sus futuros grupos de misterio. Y, además, manifi esta su especial habilidad para crear personajes secundarios únicos y originales. En este caso, la fealdad y lo maligno a la izquierda; la belleza y la bondad a la derecha, con los apóstoles. De los tres, Pedro, situado casi en el centro, está preparado para desenvainar su espada, atacando a la multitud. En el centro se hallan Jesús y Judas. El primero, impasible, se deja besar por el traidor. Mientras, Judas, al tiempo que identifi ca a su maestro ante la soldadesca con un beso, ilumina la escena con una antorcha. Ambos personajes recuerdan, especialmente, el mismo grupo que formaban en el Misterio de Nuestro Padre Jesús del Prendimien- to, realizado por Castillo Lastrucci en 1925 para la Hermandad del Prendimiento de Málaga (destruidos en 1931). Indudablemente, la técnica suelta y pictórica empleada por el artista en el barro contribuye a crear con mayor naturalidad una atmósfera más sugerente y dinámica que en la composición de madera policromada. 2. SAN JUAN EVANGELISTA Escultura en madera policromada. Año 1922 ó 1923. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro. La Palma del Condado (Huelva). Ermita de Nuestra Señora del Valle. Destruida en la Guerra Civil española. Los relatos apócrifos de la Pasión alumbran la representación plástica de la Virgen acompañada de San Juan Evangelista en la Via dolorosa. En las Actas de Pilato se puntualiza que fue precisamente este joven apóstol quien comunicó a María, en la mañana del viernes, que su Hijo había sido apresado, juzgado y sentenciado injustamente a muerte. De inmediato, la Madre, acompañada por el Discípulo Amado y por las Santas Mujeres, se dirigió al encuentro con Jesús.13 Sobre este pasaje abunda el Padre La Puente, en 1878, al decir: “Se ha de considerar, cómo, según piadosamente se cree, la Virgen Santísima, oída la nueva triste de la condena de su Hijo a muerte, salió con San Juan y la Magdalena y otras devotas mujeres en su busca”.14 Cuando el Evangelista acompaña a la Dolorosa responde, con pequeños distingos, al mismo modelo iconográfi co impuesto por Juan de Mesa con el San Juan que realizó para la Hermandad del Gran Poder de Sevilla, en 1620. Se trata, pues, de una imagen de vestir, de aspecto convencional y arbitrario muy distinto, sin duda, del que tuvo en 13 Los evangelios apócrifos. Recensión de Aurelio de Santo Otero, Madrid, 1985, p. 421, nota 35. 14 P. LA PUENTE, Meditaciones, 1978, tomo IV, p. 232.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 435 realidad el hijo del Zebedeo, a juzgar por las noticias transmitidas por los Libros Santos. En Sevilla, su indumentaria se compone de túnica verde y mantolín rojo.15 La literatura, como es de suponer, ha contribuido decididamente a fi jar la fi sonomía del Discípulo Amado. Buena prueba de ello nos la facilita, entre otros, Benito Pérez Galdós en sus famosos Episodios Nacionales. Al describir a uno de sus personajes lo hace en los siguientes términos: “Salvadorcillo Monsalud era un joven de veintiún años, de estatura mediana y cuerpo airoso y fl exible. Su rostro moreno asemejábase un poco al semblante convencional con que los pintores representan la interesante persona de San Juan Evangelista, barbilampiño y un poco calenturiento, con singular expresión de ansiedad inmensa o de aspiración insaciable en los grandes ojos negros”.16 Los imagineros sevillanos, desde el siglo XVI hasta nuestros días, han optado por representar a la Virgen con San Juan itinerantes, en sacra conversación. La tradición se remonta al último tercio del Quinientos, pues en el capítulo 20 de las Reglas de la Hermandad del Gran Poder de Sevilla, aprobadas en 1570, se prescribe ya la salida del evangelista acompañando a la Dolorosa titular.17 Documentalmente se sabe que Antonio Castillo Lastrucci ejecutó una imagen de San Juan Evangelista, tallada en madera policromada, entre 1922 y 1923, para la Hermandad de Ntro. P. Jesús Nazareno y María Stma. del Socorro de La Palma del Condado (Huelva) 18. Dicho simulacro, muy respetuoso con la iconografía tradicional del tema, desapareció en los lamentables sucesos de 1936. Pero, por suerte, se conserva la fotografía que reproducimos en estas páginas. Gracias a ello, observamos cómo la Dolorosa y el Evangelista, en sacra conversación, itineran bajo palio por la calle de la Amargura. El Discípulo Amado, de aspecto juvenil, señala, pues, a la Virgen del Socorro el camino a seguir (Figura 2). Esta efi gie, de acertada estética neobarroca, debe ser la primera que realizó tan afamado imaginero sevillano. Es obvio que guarda evidentes similitudes con el San Juan que el propio artista hizo para acompañar a María Santísima del Dulce Nombre, de la popular hermandad sevillana de La Bofetá, fi rmado y fechado en la zona escapular dorsal: “A. Castillo Lastrucci. Sevilla 1924”. 15 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel, “Iconografía procesional de San Juan Evangelista en Sevilla”, en Temas de Estética y Arte VIII, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Sevilla, 1994, p. 35. 16 PÉREZ GALDÓS, Benito, El equipaje del rey José. Episodios Nacionales 11, Madrid, 1993, p. 15. 17 MARTÍN DE LA TORRE, Antonio, “La imagen de San Juan en las cofradías sevillanas”, en revista Macarena, Sevilla, 1949, s.p.; PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel, Las Vírgenes en la Semana Santa de Sevilla, Sevilla, 1983, p. 72 y GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel, “Sentimiento y simbolismo en las representaciones marianas de la Semana Santa de Sevilla”, en Las cofradías de Sevilla. Historia, Antropología, Arte, Sevilla, 1985, p. 142. 18 Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 436 3. SANTA TERESA DE LISIEUX O DEL NIÑO JESÚS Escultura en madera policromada. 1,14 m de alto, más 0,14 m de la peana. Hacia los años 1928-1929. Sevilla. Iglesia del Sagrado Corazón (Padres Jesuitas). Santa Teresa de Lisieux fue monja carmelita descalza, como Santa Teresa de Jesús. Nació en Aleçon en 1873. Ingresó muy joven, a los quince años, en el convento carmelita de Lisieux, en Normandía (Francia). En dicho cenobio murió de tuberculosis, en 1897, a los veinticuatro años de edad. Su vida, tan efímera, fue de total renuncia y entrega generosa a Dios. Ofreció, siempre, sus penosas enfermedades por el éxito de las Misiones.19 Antes de morir escribió su autobiografía, titulada Histoire d’une âme. Su primera edición es de 1898 y en 1955 se publicó un facsímil del texto original.20 Esta santa carmelita solía decir “Haré llover rosas” tras mi fallecimiento, es decir, mercedes o gracias celestiales. Fue beatifi cada por Pío XI en 1923 y, dos años después, en 1925, canonizada. Es patrona de las carmelitas. Los misioneros la tienen como especial protectora, haciendo pendant con San Francisco Javier. En Lisieux se le consagró una gran basílica que se convirtió, después de Lourdes, en el lugar de peregrinación más popular del país. Y en 1945 fue proclamada, al igual que Juana de Arco, patrona de Francia.21 Afortunadamente se conservan algunas fotografías y pinturas de la santa con valor de retrato, como el que hizo su hermana Celina, difundidas en estampas hasta la saciedad. Como era de esperar, todo ello ayudó a concretar y defi nir la iconografía de tan popular personaje femenino. En la versión que nos facilita Antonio Castillo Lastrucci, la santa, joven y bella, viste, como de costumbre, el hábito carmelitano de las descalzas, de color castaño al igual que el escapulario (Figura 3). Se complementa con toca blanca, velo negro y amplio manto de lana blanca abrochado ante el pecho y sandalias. Entre sus manos sostiene un simbólico manojillo de rosas, alusivo a sus frecuentes milagros. En esta ocasión, se omite o se ha perdido el crucifi jo que suele completar el repertorio iconográfi co de la santa. Por último, un nimbo circular sobre su cabeza insiste plásticamente en la sacralidad de la fi gura. Esta escultura, de grácil formato y acertado dibujo, carece de fi rma, aunque documentalmente consta que es obra de Castillo Lastrucci.22 Desde el punto de vista morfológico nos remite al tratamiento de los paños y a la expresiva plástica que dicho artista presenta en la escultura de Santa Teresa de Jesús de esta misma iglesia jesuita de 19 FERRANDO ROIG, Juan, Iconografía de los santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1950, p. 257. 20 RÉAU, Louis, Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la P a la Z, tomo II, volumen 5, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1998, p. 263. 21 Ibídem. 22 Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 437 Sevilla, que aparece fi rmada y fechada por el autor en 1928. Razón por la que datamos esta pieza entre 1928 y 1929. 4. SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Escultura en madera policromada. 1,25 m de alto. Hacia los años 1928-1929. Firmado en el lateral derecho de la base: “A. Castillo Lastrucci”. Sevilla. Convento de la Orden de las Hermanas de la Cruz. La devoción al Corazón de Jesús arranca de época medieval. Su germen está en las obras espirituales de Santa Matilde y Santa Gertrudis. Abundan sobre el particular, en el siglo XIV, los escritos y predicaciones de Santa Catalina de Siena y del Beato Enrique Susón.23 El verdadero iniciador de su culto litúrgico fue el normando P. Jean Eudes, fundador de los euditas, que compuso en 1668 el Ofi cio del Sagrado Corazón y en 1670 editó La dévotion au coeur adorable de Jésus.24 Esta devoción, como expiación y consagración del amor de Jesús ultrajado, nació en tiempos del jansenismo. Fue el propio Jesucristo quien dio a entender que su Divino Corazón es prenda segura de salvación para todos los creyentes y remedio efi caz para todos los males del mundo, al aparecerse a Santa Margarita María de Alacoque, un día de la octava del Corpus, el 16 de junio de 1675.25 Esta nueva devoción, auspiciada por la Compañía de Jesús, fue consagrada ofi cialmente en 1685. Gracias a ella, el catolicismo, ante protestantes y jansenistas, proclamaba el amor de Dios hacia todos los hombres sin excepciones. Por tanto, en 1765, fue aprobada por Clemente XIII. Durante el siglo XIX, experimentó un auge desmesurado. Así, Pío IX, el 23 de agosto de 1856, extendió la fi esta del Sacratísimo Corazón a la Iglesia Universal. Y León XIII elevó su rito a doble de primera clase. En el siglo XX, la tónica se mantiene sostenida, entre otros, por el cardenal Pedro Segura y Sáenz, que gobernó la Archidiócesis de Sevilla entre 1937 y 1957.26 Esta efi gie del Corazón de Jesús, realizada por Antonio Castillo Lastrucci entre 1928 y 1929, ha sido documentada por nosotros como la primera imagen del autor hasta el momento de esta iconografía.27 Responde al modelo tradicional del tema que, 23 MONTALBÁN, Francisco J., Historia de la Iglesia Católica. Edad Moderna (1648-1951), B.A.C., tomo IV, Madrid, 1953, pp. 384-385. 24 RÉAU, Louis, Ob. cit., Iconografía de la Biblia. Nuevo Testamento, tomo I, volumen 2, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1998, p. 53. 25 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel, “Escultura e iconografía de los siglos XIX y XX en Écija”, en Écija en la Edad Contemporánea, Écija (Sevilla), 2000, p. 26. 26 ROS, Carlos, Los Arzobispos de Sevilla. Luces y sombras en la sede hispalense, Ediciones Anel, Sevilla, 1986, pp. 282-296. 27 Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 444 Figura 1. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). El beso de Judas. Relieve en barro cocido. Año 1911. Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: “A. Castillo / Sevilla 1911”. Inscripción en la zona central inferior: “el Beso de Judas”. Sevilla. Antigua colección particular de Eduardo Fedriani.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 445 Figura 2. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). San Juan Evangelista. Escultura en madera policromada. Año 1922 ó 1923. Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro. La Palma del Condado (Huelva). Ermita de Nuestra Señora del Valle. Destruida en la Guerra Civil española.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 446 Figura 3. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Santa Teresa de Lisieux o del Niño Jesús. Escultura en madera policromada. 1,14 m de alto, más 0,14 m de la peana. Hacia los años 1928-1929. Sevilla. Iglesia del Sagrado Corazón (Padres Jesuitas).
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 447 Figura 4. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Sagrado Corazón de Jesús. Escultura en madera policromada. 1,25 m de alto. Hacia los años 1928-1929. Firmado en el lateral derecho de la base: “A. Castillo Lastrucci”. Sevilla. Convento de la Orden de las Hermanas de la Cruz.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 448 Figura 5. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Virgen Dolorosa. Imagen de candelero para vestir. 0,57 m de alto. Hacia los años 1929-1930. Huelva. Colección particular de María Teresa Bulnes Segura.
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 449 Figura 6. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Amaos los unos a los otros. Grupo en barro cocido. Anterior al año 1930. Inscripción en la peana de la fi gura de Jesús: “AMAOS LOS UNOS / A LOS OTROS”. Sevilla. Antigua colección particular de José Piedrabuena.
Juan Miguel González Gómez y Jesús Rojas-Marcos González 450 Figura 7. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). La Oración en el Huerto. Grupo en barro cocido. 0,46 x 0,40 x 0,20 m Año 1960. Firmado y fechado en la base: “A. Castillo Lastrucci / SEVILLA 1960”. Inscripción en la zona central inferior: “el Beso de Judas”. Sevilla. Colección particular .
Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci 451 Figura 8. Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Pedid con fe. Grupo en madera sin policromar. 0,45 x 0,21 x 0,18 m Fecha indeterminada. Firmado en el lateral izquierdo de la base: “A. Castillo Lastrucci”. Inscripción en la parte delantera de la base: “PEDID CON FE”. Inscripción en el lateral izquierdo de la base: “Boceto”. Sevilla. Colección particular.