Los samuráis del Guadalquivir
Abstract
En 1614 una expedición proviniente de Japón se queda durante algunos años en el pueblo dejando una huella imborrable: más de seiscientas personas se apellidan “Japón“ y la mayor parte del pueblo aunque no lo posea, sí que tiene algún familiar “Japón“. Este singular apellido se ha convertido en la seña de identidad de Coria del Río. Debido a la vaga idea que teníamos acerca del origen insólito de este hecho quisimos profundizar más en esta historia digna de convertirse en un reportaje.
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En 1613 un barco de japoneses llega a Coria del Río. Sus tripulantes se quedan en el pueblo y tienen descendencia. Los samuráis del Guadalquivir siguen presentes más de cuatro siglos depués. Su legado se hace cada día más fuerte. por Agripina Gamero
uan Manuel se levanta a las diez de la mañana como todos los días. Se toma el desayuno en el salón mientras observa sus numerosas fotografías con personalidades. En una estrecha la mano sonriente a Felipe González. Otra sale junto al Papa Juan Pablo II y un grupo de personas. Al lado de ésta, hay otra imagen donde se capta la reverencia que Juan Manuel le hace a la Reina Sofía. Son los recuerdos que le quedan de su pasada vida política como Consejero de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Su casa está llena de fotografías y condecoraciones, pero sobre todo de libros. Su despacho es un colmado de publicaciones, prácticamente un almacén de volúmenes históricos, biografías, y obras muy famosas entre las que se intercalan de vez en cuando fotografías de sus nietos y de japoneses con los que mantiene una estrecha amistad. No tiene prisa, ya es un hombre jubilado. Después de desayunar revisa unos documentos en su abarrotado despacho y va a la compra con su mujer. A la una de la tarde, Juan Manuel se prepara para recoger a su nieto del colegio. Hoy el niño ha tenido que redactar un haiku, una poesía japonesa. Su abuelo se siente orgulloso de que las nuevas generaciones sepan y aprecien el legado y la cultura de su pueblo, Coria del Río. Por eso, esa misma tarde, acude a la Asociación Hasekura Tsunenaga de la que es colaborador, para cerrar los últimos detalles del próximo acto cultural japonés en la que también participa el Ayuntamiento coriano, donde ondea desde hace varios años la bandera del país del Sol Naciente. Juan Manuel Suárez Japón, natural de Coria del Río, es una de las casi seiscientas personas que tienen este singular apellido. En el pueblo se les conoce como “Japones”. Su origen data del 1642 cuando aparece en el padrón de habitantes un tal Bartolomé Japón, el primer “Japón” que se conoce de la historia de Coria del Río. ¿Pero cómo surge el apellido de un país tan lejano en un pueblo de Sevilla como éste? Para conocer la respuesta hay que remontarse todavía más atrás en el tiempo. En 1613, cuando aún faltan cientos de años para que Japón deje de ser un imperio cerrado a Occidente, en Sendai, el señor feudal Date Masamune desea fervientemente mantener relaciones comerciales con Nueva España (la actual México), al darse cuenta de la gran oportunidad de negocio que le puede suponer. Como su honor no le permite hacer tal viaje, decide cargar el peso del mando sobre los hombros de Hasekura Tsunenaga, su samurái de confianza para que él lidere la expedición. También se percata de que necesitará a un traductor, ya que ninguno de sus hombres sabe hablar otra lengua más que el japonés. Inmediatamente piensa en un franciscano, Fray Luis Sotelo, cuya compañía lleva algunos años evangelizando por su país. Por ello lo manda llamar. Fray Luis acepta con la condición de que Date Masamune interceda para que a los cristianos se les siga permitiendo evangelizar en Japón. Más tarde, ese mismo año, desde Ishinomaki, un pequeño pueblo de la bahía de Sendai, parte la gran nave San Juan Bautista, rumbo al Galeón de Manila, una ruta comercial muy rica, hasta llegar a su próximo destino, Acapulco. A bordo viajan el líder samurái y el fraile traductor, acompañados de comerciantes y marineros. A este viaje se le conoce como la Embajada Keicho y su misión es pedir permiso al virrey de Nueva España para comerciar con su país. Sin embargo al llegar a su destino se encuentran con la peor noticia posible para ellos: esa relación comercial no la puede autorizar el virrey de México, sino que es el propio rey de las Españas el que tiene que dar su consentimiento. Ante esta imposibilidad, algunos tripulantes de la embarcación deciden dar media vuelta y volver a Japón, pero otros emprenden un nuevo viaje hacia Madrid. El primer suelo español que pisan es Sanlúcar de Barrameda, ciudad donde reside el duque de Medina Sidonia. Cuando le comunican que acaban de llegar a su tierra unos emisarios que vienen en nombre de una especie de noble japonés muy importante, decide tener una recepción con ellos. Al enterarse de que su misión es ver al rey de España, el duque les facilita una galera, un barco más pequeño y ágil para que puedan navegar por el río Guadalquivir, En la doble página anteior, retrato de Hasekura Tsunenaga a su llegada a Roma. A la derecha detalle del azulejo del parque Carlos de Mesa que representa barco de la expedición. J Reportaje / Los samuráis del Guadalquivir
A BORDO DEL SAN JUAN BAUTISTA VIAJABAN EL LÍDER SAMURÁI, EL FRAILE TRADUCTOR Y OTROS JAPONESES
y comunica a la ciudad de Sevilla que se dirigen hacia allí. Y así en una mañana de 1613, los corianos, acostumbrados a ver llegar, cargar y descargar barcos con mercancías de las Indias, quedan sorprendidos y extrañados al observar cómo una embarcación con la insignia de la casa de Medina Sidonia llega a puerto, y que desembarcan unos hombres con ropajes extraños, ojos rasgados y una lengua totalmente ininteligible. “Al principio, la llegada de los japoneses no tuvo mucho impacto para la vida del municipio. Aun así, hoy sabemos que tuvo una consecuencia fundamental y es que en Coria hay alrededor de seiscientas personas con el apellido ‘Japón’ y que éste se ha difundido desde el pueblo al resto de España y del mundo”, destaca Juan Manuel. Durante algún tiempo este grupo de japoneses se aloja en Coria y los alrededores mientras Sevilla piensa qué hacer con estos lejanos extranjeros que querían llegar a Madrid para ver al rey. Uno de estos alojamientos es una finca llamada Mexina, ubicada en Espartinas de la que el hermano de Fray Luis Sotelo era propietario. Además su hermano es un Caballero Veinticuatro de Sevilla (antiguo nombre con el que se conocían a los concejales de la ciudad debido a que el gobierno lo componían veinticuatro miembros), lo que sin duda agiliza la resolución de la situación. Finalmente parten hacia Madrid donde el rey español los recibe pero les niega el derecho a comerciar. Por ello, deciden ir a Roma para que el Papa autorice a los franciscanos a seguir evangelizando. Sin embargo, debido a que durante el viaje de la expedición ha comenzado la persecución de los cristianos en Japón, el Papa también se niega a autorizarlo, con lo cual, en 1614 vuelven a Coria con sus dos únicos objetivos (comercializar con México y permitir la evangelización en Japón) sin cumplir. Durante tres años los japoneses permanecen en el pueblo antes de que puedan marcharse, y además tuvieron descendencia. Prueba de ello es Bartolomé Japón, cuya partida de bautismo se encuentra en la iglesia de San Juan Bau- Barcas de pescadores corianos en el río Guadalquivir.
tista. Según el gestor cultural del Ayuntamiento de Coria, Antonio Bizcocho, esta iglesia estaba vinculada al franciscanismo, por lo que Fray Luis Sotelo tuvo facilidad para alojar a algunos de los japoneses llegados. Por eso, esta iglesia más conocida como la parroquia de “El Cerro Alto” (ubicada en lo alto de un cerro), constituye uno de los lugares que muestra este guía en las visitas a los grupos de turistas. “La ruta turística que hacemos tanto para el público español como para el japonés se llama ‘La aventura del samurái’. A los japoneses les interesa mucho conocer lo que les une a Coria, por eso ‘El Cerro Alto’ es uno de los sitios que se les enseña en el itinerario”, apunta Bizcocho. Aun así, al contrario de lo que la mayoría de los que conocen esta singular historia creen, los japoneses no se quedan a vivir en el pueblo, sino que en 1617 vuelven a Japón. “No sabemos si se fueron todos o no, porque no sabemos cuántos partieron desde Acapulco ante la imposibilidad de hacer relaciones comerciales. Permanecieron Hasekura Tsunenaga y Fray Luis Sotelo y un grupo que no conocemos cuántos eran. Por eso no sabemos si se fueron todos o si se quedaron algunos. Sí que es cierto que la Corona Española, desde Sevilla y desde el Consulado de Indias, tuvieron mucho cuidado en que por lo menos Hasekura Tsunenaga y las personas más relevantes que le acompañaban volviesen”, asegura Juan Manuel Suarez Japón. Pero como sabríamos más tarde, los hijos de estos japoneses se criaron y son naturales de Coria, y son los que ahora se les conoce como “Japones” debido a lo difícil que les resultaba a las personas de la época escribir o pronunciar el apellido de estos extranjeros. Sin embargo, este sobrenombre es incluso más antiguo que esta anécdota, y aunque parezca extraño, algo más común de lo que se pueda pensar. En su libro Hidalgos y samuráis: España y Japón en los siglos XVI Y XVII, el profesor de historia medieval, Juan Gil cuenta que los primeros “Japones” datan de la década de 1590 (varios años antes de que partiera la Embajada Keicho), cuando en México aparecen de repente japoneses que habían llegado como polizones en los barcos de la ruta del Galeón de Manila. De entre todos, Gil se refiere concretamente a uno que se llamaba Xavier Japón. También el jesuita Jesús García Gutiérrez, que ha trabajado como profesor en Japón durante treinta años y se ha convertido en un gran experto en historia del arte japonés, en su libro sobre la compañía de Jesús en Japón, habla de una carta que manda San Francisco Javier durante su estancia en Filipinas, en la que cuenta que ha recibido a un portugués que se halla con él en las islas, que está pensando en ir a las tierras de Japón y que éste viene acompañado de un “Japón” que habla su lengua. “Era lógico que en Coria el primer japonés que engendrara, a su hijo se le llamase ‘Japón’. También era común que si un castellano se encontraba con algún japonés, dijera que se había encontrado con un ‘Japón’. El hecho especial de que la primera expedición que los japoneses hacen a Occidente deje la secuela de un apellido es un hecho singularísimo. Por eso cuando se enteraron se pusieron eufóricos”, explica Suárez Japón. Las consecuencias de la llegada de la Embajada Keicho a Coria del Río no fueron prácticamente ninguna en aquella época, pero hoy en día sí que se puede apreciar la huella de estos japoneses en el pueblo. La más significativa es el hecho de que aproximadamente seiscientas personas se apellidan “Japón” y “también es curioso porque cuando te encuentras a ‘Japones’ fuera de Coria, si indagas un poco acabarás remitiéndote a un origen que tiene que ver con este pueblo o con el entorno más inmediato. Por eso, desde el punto de vista histórico no hay duda” apunta Suárez Japón. Para confirmar este legado o coincidencia genética, el profesor de la Universidad japonesa de Nagoya, Toshimichi Yamamoto, realiza en 2013 una prueba de ADN mediante un análisis de sangre a noventa personas que tienen el apellido. Suárez Japón fue el primero ANTES DE REGRESAR A SU PAÍS, LOS JAPONESES SE QUEDAN DURANTE TRES AÑOS EN EL PUEBLO Y TIENEN HIJOS Doble página anterior estatua de Haskura y su descendiente, Fotografía de El universal En la página siguiente El r@astro del samurái . donde se muestran imágenes de más de 600 ‘Japones’. Fotografías de Eldiario.es yPhotomercado. Reportaje / Los samuráis del Gudalquivir
en las tardes de primavera en el parque a los niños jugando con grullas de papel, típicas de Japón que han hecho en el colegio, mientras sus madres se toman un café rodeadas de azulejos y pinturas que conmemoran la famosa historia. En las calles se distinguen algunos rasgos físicos que recuerdan a las personas asiáticas, que recobran más valor si se conoce la anécdota de los japoneses en Coria. Son estas mismas personas las que cuando se presentan, lo primero que dejan claro es que son “Japón” o que su familia lo es porque para ellos es su seña de identidad. Misako Fullan, una japonesa natural de Hiroshima, al igual que muchos japoneses, se queda totalmente sorprendida al ver estos rasgos físicos tan significativos de los corianos, pero se sorprende más aún cuando escucha la frase más repetida del pueblo: “Yo soy ‘Japón’ ”. A Misako, no solo le agrada conocer a los corianos con el apellido de su país, sino que curiosamente le llaman la atención apodos como “Muchimuchi” o “Taito”, por los que son conocidas algunas de estas personas. A ella, estos sobrenombres le suenan enormemente a Japón. Por eso, Misako no duda; es otra señal de que sus compatriotas dejaron una gran marca, una huella que literalmente todavía sigue viva. Sentadas en un banco al lado del río que un día vio llegar a una galera cargada de japoneses, Manuela Pérez Japón charla con sus amigas. “Más de una vez se me han acercado periodistas, sobre todo cuando vino Naruhito, para preguntarme si mis nietos tienen la mancha mongólica (una marca parecida a un cardenal que aparece en el trasero al nacer, propia de las personas asiáticas, y que se suele quitar a los tres años). Cuando les digo que sí, que casi todos mis nietos la tienen, algunos tienen el atrevimiento de pedirme fotografías de sus manchas. Pero por supuesto que no se las doy”, comenta Manuela con cierta indignación. Pero el legado o la seña japonesa no solo son estas pequeñas anécdotas de las gentes del pueblo o coinci- Barcaza que cruza a ambas orillas del río para el transporte de vehículos y personas.
dencias físicas, sino que va más allá. Es aquel que cada día se está promoviendo y se hace más visible en los jóvenes. A través del Ayuntamiento y la Asociación Hasekura Tsunenaga, creada por Virginio Carvajal Japón, se fomenta este sentimiento y la cultura del pueblo en los colegios. Es muy habitual, en ciertas épocas del año, ver salir de la escuela a muchos niños con banderitas de Japón que han coloreado en sus clases de plástica. También se hacen concursos de haikus, se promueven charlas, se cuentan cuentos típicos japoneses, etc. Todas estas pequeñas actividades, días a día hacen que el sentimiento cale hondo en las nuevas generaciones corianas. A nivel municipal, cada octubre el Ayuntamiento celebra la semana cultural japonesa, donde todo el que quiera puede acudir gratuitamente a diversos talleres, como por ejemplo caligrafía japonesa, pintura, ikebana, ceremonias del té, exhibiciones de danzas japonesas, etc. Esta primavera se celebra por tercer año consecutivo una fiesta típicamente japonesa, el Hanami, que en japonés quiere decir “ver flores” y consiste en observar la belleza las flores. Más concretamente se asocia a ese período de tiempo en el que los japoneses acuden a los parques con familiares o amigos para ver los cerezos en flor. El Hanami coriano se celebra en el parque Carlos de Mesa, cuando las flores de los árboles están en su esplendor, y junto a la estatua del samurái. Encarna Pineda muestra orgullosa todos los haikus, y los diplomas de concursos de redacción sobre Japón que su nieta más pequeña ha ganado. Su nieto mayor, Adrián, está aprendiendo japonés; ya sabe formular algunas frases sencillas. Para cuando sea mayor, su gran deseo es trabajar dibujando cómics manga. “Cada vez que en la clase de la pequeña hacen poemas japoneses, al recogerla del colegio me lee los que haya escrito, y el mayor dice que quiere casarse con una japonesa e irse a vivir a Tokio, aunque no creo ni que sepa lo lejos que está”, dice entre risas Encarna. En 2011, tras el tsunami y el desastre de la central nuclear de Fukushima, la relación entre Coria del Río y Japón se hace oficial; el pueblo se hermana con la ciudad de Sendai. A raíz de esto, cada once de marzo tiene lugar uno de los actos más importantes que refuerza esa alianza coriana-japonesa: frente a la estatua de Hasekura, el eterno anfitrión de todos los eventos, se rememoran tanto a las víctimas de Japón como a los fallecidos por el atentado terrorista en Madrid, que tuvo lugar ese mismo día algunos años atrás. El acto de este año tiene lugar en un sábado soleado y de temperatura calurosa impropia para la época del año. Todos los asistentes se reúnen bajo el samurái, el lugar habitual. A sus pies, hay dos ramos de flores, uno de la Asociación Hasekura Tsunenaga. Mientras el alcalde pronuncia un discurso, una niña se aleja un poco del grupo y deposita una flor bajo la estatua. Son estos pequeños gestos los que hacen percatarse de lo hondo que ha calado el sentimiento japonés, que pervive y se hace más visible día a día en los niños, y que como dice el alcalde Modesto González, “este sentimiento es tanto de los que se apellidan ‘Japón’, como de los que no”. A su lado hay una pintura que representa a un cerezo, que florece con los deseos y las condolencias que los asistentes pegan al llegar. Tras su discurso, el alcalde es el primero que se dirige hacia una plataforma que está sobre el río, y arroja flores en memoria de las víctimas. Todas las demás personas le siguen y tiran las suyas al río, el mismo Guadalquivir por donde llegaron hace cuatro siglos sus antepasados. En la calle Cervantes, una ancha vía peatonal salpicada de grandes macetones, se halla el Ayuntamiento de Coria del Río, un gran edificio pintado de amarillo y blanco (los colores de la bandera del pueblo). Al pasar por su lado parece inevitable pararse y levantar la vista, para descubrir que el cabildo del pueblo tiene algo especial, algo muy singular que sin duda consti- CADA PRIMAVERA SE CELEBRA EN CORIA EL HANAMI, UNA FIESTA TÍPICA JAPONESA. ESTE AÑO SERÁ EL TERCERO Momentos de la ceremonia en memoria de las víctimas del tsunami y Fukushima. Reportaje / Los samuráis del Guadalquivir
tuye otro símbolo de que Japón pervive en Coria y que cada día se hace más fuerte. Se trata de la bandera del país nipón, que desde 2011 (año del hermanamiento con Sendai) soporta el calor sevillano junto con la bandera de Europa, Andalucía y Coria. “Cuando los japoneses recorren quince mil kilómetros para ver una cultura y un pueblo totalmente distintos al suyo y nada más llegar se encuentran en el Ayuntamiento la bandera de su país, se quedan asombrados. Además colocar una bandera que no era española en un edificio municipal, público, no fue fácil. Se tuvo que pedir permiso al gobierno civil”, recuerda Suárez Japón. Sin duda es otra de las características que hacen especial a este pueblo. Este contacto o relación con Japón es no es solo puramente sentimental o intangible, sino que algunos corianos han sabido ver una gran oportunidad de negocio relacionado con el turismo. Uno de ellos es el gestor cultural Antonio Bizcocho que además es propietario de una empresa turística en Coria: “El proceso que estamos viviendo con Sendai supone un gran potencial como imagen porque Japón es una potencia de primer orden mundial. Por lo tanto, el interés no solo en el hermanamiento sino en las posibles repercusiones o relaciones empresariales que pueda tener con España, Andalucía o con Coria del Río son siempre bienvenidas y son vistas muy positivamente. Es decir, si Coria tiene buenas relaciones con ciudades del norte o del sur de Japón, o con el país entero, dará una imagen importante al municipio además de poder repercutir beneficiosamente sobre su tejido empresarial”. Sin embargo, aunque las relaciones llevan un buen ritmo e “irán a buen puerto”, actualmente las repercusiones que tienen en el desarrollo económico y empresarial del pueblo están todavía en un nivel incipiente. Las relaciones empresariales no se han consolidado del todo. No obstante este guía turístico defiende que aunque es cierto que el municipio no tiene una gran tradición empresarial, sí que tiene algunos bienes que les puede interesar a los japoneses, como por ejemplo el río y sus recursos fluviales como la pesca. También productos de la zona, como los “Pestiños” o las “Orejitas de haba” típicas del pueblo y que recientemente han sido patentadas por una coriana. Sin duda la gran baza o la oportunidad empresarial más potente que el pueblo puede aprovechar es la turística, aunque como afirma Antonio Bizcocho, “más que de japoneses, de los españoles, de los andaluces”, ya que curiosamente no es el turismo nipón el que abunda en el pueblo, sino el nacional. El turismo japonés tuvo un gran despunte durante el año dual (2013-2014) pero más tarde se fue desinflando (aún hay pero en menor medida), al contrario que el turismo español que fue en aumento. “Tenemos una excelente relación con la embajada y el consulado de Japón, pero la que tenemos con los turoperadores japoneses es mejorable; no es mala pero Coria todavía no está en el circuito que los japoneses hacen por España o Andalucía”. Por eso Bizcocho apuesta por potenciar la historia y la cultura para crear una seña de identidad, una imagen más “japonesa” del pueblo, y así repercutir positivamente en las empresas locales que ya empiezan a ver esta “nueva imagen” como una oportunidad. Prueba de ello son los menús japoneses que algunos restaurantes ofrecen, o rotulaciones en sus cartas en ambos idiomas haciendo un guiño a esa identidad. Como en todo cuento japonés, esta historia tiene un guardián que se encarga de que ese legado que dejó la Embajada Keicho no muera. En este caso, el guardián de los “Japones” se encuentra en la misma calle que el Ayuntamiento, como si ambos velasen por los corianos: uno por la infraestructura del pueblo y el otro por su alma. Se trata de la “Asociación Hispano-Japo- nesa Hasekura Tsunenaga”, cuyo fundador Juan Fran- “CUANDO LOS JAPONESES VEN LA BANDERA DE SU PAÍS EN EL AYUNTAMIENTO SE QUEDAN ASOMBRADOS” Tienda de mebutidos con nomblecaturas en español y japonés. Reportaje / Los samuráis del Gudalquivir
cisco Japón Carvajal la creó en honor de su tío Virginio Carvajal Japón. Virginio, propietario de una tienda de repuestos de bicicletas, fue un hombre muy representativo ya que fue el primero que se percató que de que tendría que haber una gran historia, una gran anécdota tras este apellido tan coriano. Comenzó entonces a investigar hasta descubrir el origen de la frase más repetida en Coria: “Yo soy ‘Japón’ ”. Él fue la motivación para que Suárez Japón escribiese su primer libro tras su muerte en 2005. “Era un hombre muy culto, que le encantaba estudiar. Sin él nada de esto hubiera sido posible”. Así recuerda Juan Manuel a su primo Virginio. Su segundo libro también tiene un origen muy curioso: “Son incontables las veces que he tenido que contar esta historia o bien en privado o en conferencias. Y la conté una vez más en noviembre de 2012, cuando me invitan a clausurar el foro España-Japón, un encuentro de economistas de científicos de alto nivel que se reúne una vez cada dos años una vez aquí y otra vez en Japón. Ese año la reunión tuvo lugar en Sevilla, en el Archivo de Indias, y me pidieron que relatara la historia de los “Japones” en Coria. Al terminar el acto, el antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de Aznar, Josep Piqué, se me acerca y me pregunta si esta historia estaba escrita en algún sitio. Al darme cuenta de que no estaba escrita, le dije que no lo estaba, pero lo que iba a dejar de estar. Esa misma Navidad del 2012 empecé a redactarla porque me di cuenta de que con la muerte de Virginio, si yo no la escribía, no lo sabría contar nadie porque yo había estado al lado de mi primo desde el principio. Entonces, de ser así, quedaría en el olvido. Por eso me puse a escribir y en la primavera del 2014, dentro del año dual, presentamos el libro en Sevilla”. Así nace De Sendai a Coria del Río. Historia de Japoneses y Japones, el primer y único libro que recoge al completo y cada detalle de la aventura en la que se embarcaron Hasekura Tsunenaga y Fray Luis Sotelo acompañados de marineros y comerciantes con la misión de llegar primero a México y luego a Madrid. Pero el afán de Juan Manuel por escribir acerca de Japón no queda ahí; este año ha coordinado un nuevo libro “Tohoku Crossing” donde se narra crónica de la carrera solidaria del atleta coriano Eduardo Fernández-Agüera a través de las áreas afectadas por el tsunami de 2011, deteniéndose en los puntos más importantes para transmitir el apoyo de los corianos y de toda Andalucía a las víctimas del desastre. Aun así, como en todas las historias, no todo es de color de rosa y si de algo se lamenta este ex político y profesor es de la poca colaboración o entusiasmo por parte de la Junta de Andalucía. “En la visita de Naruhito creo que estuvieron porque no tuvieron más remedio ya que era una visita oficial, de Estado y estaba la Delegada de Gobierno y el Consejero de Justicia que vino por parte del Gobierno andaluz. Sin embargo, en general en los últimos 30 años que llevamos actuando, no hemos tenido ni presencia ni mucho menos apoyo material ni de las autoridades provinciales, es decir Diputación, ni del Gobierno de la Junta de Andalucía”, se queja Suárez Japón. “Al día de hoy La Junta no subvenciona ningún proyecto cultural relacionado con el tema. Quizás sea culpa de ambas partes; puede ser que no hayamos sido capaces de presentar un proyecto que les resulte realmente atractivo. Pero la sensación que tengo es que no se han dado cuenta de la gran proyección y valor que tiene este tema desde el punto de vista del turismo de Andalucía, no de Coria. Un ejemplo de esta poca poca colaboración ha sido la publicación de este último libro, que ha sido posible gracias al convenio que hemos firmado la Fundación Cajasol y al Real Betis Balompié que nos pagó los billetes a Japón”. Pero todo esfuerzo tiene sus frutos. En el caso de Juan Manuel su empeño y constancia para que se co- Suárez Japón en su despacho sostiene una fotografía del descendiente de Haskura Tsunenaga. A J. M. SUÁREZ JAPÓN EL GOBIERNO DE JAPÓN LE OTROGA LA CONDECORACIÓN DE LA ORDEN DEL SOL NACIENTE Reportaje / Los samuráis del Guadalquivir
“ NO RECIBIMOS APOYO DE LA JUNTA. NO SE HAN DADO CUENTA DEL GRAN POTENCIAL DE ESTE TEMA”
nozca la historia de su pueblo y promover la cultura japonesa en él, ha sido reconocido por el gobierno nipón, que el año pasado le otorgó la máxima distinción que concede a las personalidades extranjeras: “La Orden del Sol Naciente” con la que Japón condecora a aquellos que promueven o trabajan a favor de su país y su cultura. Esta condecoración le fue entregada también a su primo Virginio Carvajal Japón a título póstumo. Sin duda, algo que no se puede negar es que cuando se camina por las calles del pueblo se respira por todas partes Japón. Se vaya a donde se vaya, y se mire y donde se mire, siempre hay un poco, una gotita, una muesca, en algunos sitios más y en otros menos, pero siempre hay una seña del país del Sol Naciente ya sea en comercios y restaurantes, en las banderas, o en los ojos de aquel hombre que mira al otro lado de la calle. Sin embargo todos estos detalles no tendrían valor si no se estuviese inculcando este sentimiento a los más jóvenes. Eso es lo importante; no de querer ser o sentirse japoneses, sino de saberse diferentes al resto de su país, conocer que la mayoría descienden de extraños y lejanos extranjeros de ojos rasgados que ni se podrían imaginar las repercusiones que su estancia en el pueblo han dejado actualmente. Al igual que Bartolomé Japón, mientras recoge como todos los días las redes del río tras la jornada de pesca pensando en la recaudación de la mañana, no puede ni imaginarse la importancia que tendrá cuatrocientos años después que su nombre apareciese escrito en un antiquísimo padrón de habitantes del pueblo. Las familias corianas han dimensionado el valor de este apellido. Esto no quiere decir que el apellidarse “Japón” haga a alguien superior a otro, sino que llevarlo tiene ese plus de saberse pertenecientes a un grupo que tiene algo diferente, ni mejor ni peor, pero sí especial. Como explica Suárez Japón: “Gracias al conocimiento de este hecho, cuando dices que eres de Coria del Río, ya no te preguntan si ese es el pueblo de los futbolistas, sino que ahora te dicen que si este es el pueblo de los japoneses”. Restaurante con decoración oriental.