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Historia Universal. Tomo XVI

Ségur, Philippe-Paul, comte de (1780-1873)

Abstract

T. I-VIII. Historia antigua -- T. IX-XX. Historia moderna -- T. XXI-XXV. Historia de Francia -- T. XXVI-XXX. Historia de España

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Abrdtoria Deriasad: DEL | Conde des degus, TOMO XVI A Mo , y o E pas Lor y É f » ; e dad ¿e A A PP. E , , *) Ñ ¿ AAA . HISTORIA MODERNA Sor el ¿Donde De ES ur, DE LA Acanegmia Francesa, Par DE Francia Itaducida al español Por 0) Mlbeto Listo ; con Correcciones , motas y adiciones. TOMO XVL f. MADRID, acosto DE 1832, NY4 —— G : A Tobbarta de DON Tomás JORDAN, Calle de Toledo , frente á la del Burro. Y, ds» aqiór Wet. HISTORIA DE FRANCIA. CAPÍTULO XXIV. > Lis ocÍauo, el. Leor. Luis rin el Leon, rey de. Francia. Victorias de Luis contra los ingleses: tregua. Falso Balduino. LD rut en Lxroy, rey de Francia (1223). El hijo de Felipe Augusto fue el primer rey que despues de tres siglos poseyó al subir al trono la verdadera fuerza, se halló libre del yu- go de los señores, y escedió en poder á todos los grandes vasallos de la corona. Pero si el valor de Luis el Gordo y el genio y la fortuna de Fe- lipe habian clevado hasta tal punto la autori dad real á pesar de los obstáculos que les opuso el feudalismo, era necesario todavía mucha prudencia y firmeza para conservar un poder cuyo aumento repentino, no sostenido por las instituciones, escitaba tanta envidia. Los reyes de Francia no tenian autoridad verdadera y le- gal sino en sus propios dominios. Subyugados poros barones, cuando el territorio se limita- a á las ciudades de Reims y de Laon, mas res- petados cuando el cetro pasó á manos del duque (12) tuvo que-capitular. El rey con la esperanza de hacerse amar de los rocheleses, é impedir que volviese la ciudad al poder de los enemigos, les concedió grandes privilegios que se conserva- ron hasta que el cardenal de Kuichelieu se apo- deró de ella. La indolencia del rey de Inglater- ra le hizo perder muchos aliados, que se pasa- ron á su rival favorecido de la fortuna. La ma- yor parte de los señores de Aquitania, del Li- mosin, del Perigord, y aun el mismo Maulcon, prestaron juramento de fidelidad al de! de Fran- cia, que volvió triunfante á París. Inglaterra envió algunas fuerzas, que solo se mostraron al fin de una campaña, cuyos desastres eran fáci- les de preveer. Ricardo, hermano de Enrique m1, llegó á la ria de Burdeos con trescientas velas, El título que tómo de conde de Poitou, anun- ciaba sus esperanzas: y algunas ligeras venta- jas parecieron confirmarlas al principio: pero despues, rechazado por los franceses en las cér- canías de la Reole, no se atrevió á arriesgar una batalla, y se embarcó muy desairado para Inglaterra. Enrique 11, mal favorecido por sus armas, se acogió á la míediacion del papa Honorio 1, ue escribio á Luis exortándole á que pusiese fa á una guerra escandalosa entre príncipes cris- tianos. Enrique pagó treinta mil marcos de pla- ta, y se firmaron treguas por cuatro años. Sin duda los recursos pecuniarios del rey eran cor- tos, y se habia disipado el tesoro que juntó su padre: pues se Decó la ocasion sb arrojar á 13 ; los ingleses á su e ado Ricardo habia uido ignominiosamente, habia un ejército fran- ces victorioso en él centro de Guiena, y Enrique, mal visto y abandonado de sus vasallos, no pen- saba en enviar fuerzas al continente. Algunos autores dicen que el deseo que tenia Luis de concluir la guerra de los albigenses, le movió á hacer aquella tregua. Entonces era ienorado el arte de conservar; y los intereses permanentes de los estados se sacrificaban á los caprichos ya de los príncipes, ya de las naciones. Esta fuela época floreciente de la caballe- ría, de la cual tendremos que hablar muchas veces, porque esta institución, mas social que política y en nada semejante á las otras, tuvo mayor fuerza é influencia que las combinacio- nes de los legisladores mas sabios. Hemos visto que la caballería nació en medio del desórden, y fue su remedio. La proteccion que dispensó á los oprimidos, y las hazañas que la 1lustra- ron, le adquirieron el aplauso universal, y 1le- 80 a ser una de las primeras dignidades mili- tares, y aun se la comparo al sacerdocio. Un caballero, segun sus votos, debia: igualar al monge en devoción, al magistrado en justicia, y al héroe en intrepidez. A pesar de esto, el amor era estímulo y premio de sus hazañas; y juraba servir á su dama, en el mismo juramen- to que hacía de servir al rey y á Dios. 'Podos los palacios y castillos se transformaron muy pronto en escuelas de caballería. Dábanse lec- ciones á los niños, desde que tenian siete años, ' Y 14 para enseñarles la profesion militar, y el ser- vicio de la corte. Primero acompañaban á un señor en calidad de page, doncel, 0 varlete, y despues como escudero. Este servicio doméstico era entonces tan honroso en todas las casas como hoy lo es en los palacios: y aun el nom- bre de varlet (cciado), envilecido. segun. las ' costumbres modernas, se daba en aquel tiempo á los príncipes jóvenes, En estas escuelas se en- señaba á las señoritas, ademas de los princi- pios severos de la religion y moral, y las labo- res propias de su sexo, los medios de agradar con las artes del espíritu 4 los caballeros, cuyo «valor habian de inflamar con su ternura, y cuya loria debian premiar. con, su mano. Ningun doncel ascendía á escudero hasta la edad de ca- torce años: un sacerdote bendecia la espada del nuevo aspirante á la caballería. Los caballeros y grandes, tenian en su séquito muchas clases de escuderos. El de la cámara recibia á los fo- rasteros en el castillo, y hacía funciones de ca- marero. El trinchador: debia cortar la vianda con destreza y distribuirla con cortesía : era tambien copero y repartidor del pan: la bajilla estaba dinfida á su custodia. El escudero de corps acompañaba al señor á todas partes; Ue- vaba sus armas y bandera, daba el gr1to de ar- mas, propio del señorío, en los.combates, le ponia el arnés y los brazaletes, y le daba el es- cudo, la espada y la lanza: en la pelea no se apartaba de su amo, paraba los golpes que los enemigos dirigian contra su señor, le levantaba GOES AAA gg O0 TK AA — (15) si caía, y le daba otro caballo, si el que tenia estaba herido. Los prisioneros se confiaban á la guardia de los escuderos. ón tiempo de paz, se ocupaban incesantemente en los ejercicios mili- tares, en la carrera, en la sortija, y en el ma- nejo de la lanza. En medio de las fiestas, los torneos ofrecian la imagen de la guerra , harto parecida muchas veces. La presencia de las da- mas y del príncipe, ó señor, animaba á los combatientes, que recibian de manos de las be- llas los premios señalados á la fuerza, á la des- treza, á la gallardía y á la agilidad. Habia dos clases de caballeros: los de la primera, se llamaban de bandera: los de la se- gunda, bachilleres. El de bandera tenia en su comitiva muchos caballeros, seguidos cada uno de cierto número de soldados. Para entrar en esta clase superior, era preciso poseer una he- redad considerable, y probar cuatro generacio- nes de nobleza. Debía mantener á lo menos cin- cuenta hombres de armas, seguido cada uno de dos caballeros, y acompañado de muchos don- celes, Su bandera tenia la figura de cuadro: la del bachiller estaba dividida en dos puntas. Solo el caballero de bandera tenia derecho de seña- lar gríto de armas, como estos: Chatillon al noble duque, Flandes al Leon. El grito real era Montjote Saint Denis: el de muchos príncipes de la sangre, Montjoie al gabilan blanco. A. los caballeros se les daba el tratamiento de don, sire messire 6 monscigneur, y á solas sus espo- sas el de madama. Las demas se llamaban da- | o | miselas. Solos los caballeros gozaban el privile- gio de comer en la mesa del rey, tener beletas en sus casas, y usar en sus vestidos oro, pieles finas, terciopelo y brocado. Eran exentos de to= do derecho en los géneros de su uso. Las puer- tas del templo del honor estuvieron cerradas por muchos años á todo lo que no fuese el na= cimiento, la opulencia y las hazañas. Dos siglos despues se permitió entrar por ellas á las virtu- des de los plebeyos y á la sabiduría. Creose una tercera clase de caballería para los legistas y li- teratos: pero el orgullo de los caballeros anti- guos se ofendió de esta innovacion , despreció á los nuevos, y aun estendió este desprecio á las leyes y letras; desdeñaron el saber, solo cul- tivaron ¿bat de las armas, desertaron de los parlamentos, se alejaron de los tribunales, y con este desprecio im político y esta ciega preocu- acion, dieron el golpe de muerte al sistema - Fudal y aceleraron su ruina. Creyendo vengar- se, abdicaron realmente lel poder, y abrieron á los plebeyos el campo de la legislacion y del go- bierno. Así dejaron la presa por la sombra: y aislados en las grandezas de una vanidad qui- mérica, fueron gobernados en lugar de ser go- bernantes. Tal fue el principio de la revolucion en las costumbres, que despues produjo Otra mas estensa en casi todos los gobiernos. Un gran rey ha dicho que el ejemplo de los monarcas es res- petado, y obliga á imitarle, Luis el gordo, Luis el menor, Felipe Augusto, y Luis vin, brillaron “con todas las cualidades herdicas, y se mostra- E (17) , ron celosos y perfectos caballeros. Un gran nú- mero de Ap intrépidos siguieron las pisa- das de estos ilustres modelos en todos los. paises, de Europa. Pero mas veces fueron imitadas sus proezas que sus virtudes: y muchas mas, estos protectores del desvalido, arrastrados por los vicios del siglo, continuaron robando á los mer- caderes, tiranizando á los débiles, y seduciendo y aun robando á. las damas, que debian ser 0b- jeto de su culto respetuoso. Su devocion dege- neraba con frecuencia en supersticion y fana- tismo, y su galantería, en libertinage. El aba- te Vely dice, que muchas señoras mandaban á las damiselas aL su servicio dividir su lecho con los caballeros que iban de visita al castillo, y cita un pasage de un poema Antiguo, que pa- rece confirmar su asercion; su sentido es este: not "Llamó una doncella suya, Dti do a mas prudente y apuesta; Y con secreto le dijo: No tardes, amiga bella, En ir con el caballero, Á yogar.” Sin embargo, ni los versos de un poeta de la edad media, ni las aventuras de Tirante el blanco son documentos suficientes para afirmar que estuviese en uso este modo.estraordinario de ejercer la hospitalidad. Á pesar de estos abusos, mevitables en «el crepúsculo de la civilizacion; a institucion de la caballería produjo grandes TOMO XVI. > (18) bienes. Si no púrificó al principio las costum- bres, á lo menos las suavizó: dió asilo á los des- .graciados, vengó la inocencia, animó la poesía, elevó las armas, prestó á la virtud el atractivo de la gloria, y creóen el honor una potencia nueva, que á falta de instituciones, sirvió por mucho tiempo de suplemento á la moral, de de= fensa á la justicia y de freno á la tiranía. Así de todos los castigos y suplicios que pudiera ha- ber inventado el poder mas rigoroso, ninguno aterraba mas los ánimos que la degradacion de un caballero, convencido de infamia, falsedad y deshonor. Se le ponia en un cadalso: se rom- an en su presencia todas sus armas: se borra= e los emblemas de'su escudo: los heraldos le llenaban de injurias: le llamaban traidor, des- leal y fementido: y despues, cubierto de un paño mortuorio, se le llevaba á la iglesia en un car- reton y se le rezaba el oficio de difuntos. Puesto en libertad, adonde quiera que fuese, si se atre- viaá sentarse en la mesa de los caballeros, se cortaba el mantel por el sitio que, él estaba, y se le echaba con ignominia. De esta manera esta=, bleció el honor poco á poco su imperio y su cul- to en Francia, y se mantuvo siempre como el der mas irresistible, como una especie de re- Fito. y aun ahora sus decisiones son mas res- petadas que las mismas leyos. a Falso Balduino (1225). Balduino, conde de Flandes, y uno de los caballeros cuyas hazañas hicieron entonces ilustre el nombre frances en * las naciones estrangeras, se habia elevado por j Az su valor, como hemos ddeloral trono de Cons- tantinopla, veinte años antes del reinado de Luis. Este fundador de un nuevo imperio, ven- cido, hecho prisionero y muerto por los vúlga- ros, se presentó de improviso en Francia; ó por lo menos, un hombre que se le parecia entera=> mente, fingió ser él y fue reconocido por mu- chos de sus vasallos. La mayor parte de los fla- - mencos é ingleses fueron engañados, ó afectaron serlo, por:el impostor, al cual favorecián mu- chas circunstancias. Juana, hija del verdadero Balduino, gobernaba entonces á Flandes. Esta princesa altanera y avara; reinaba por ausencia del desgraciado Ferrando 'su marido, preso siempre en el castillo del Louvre, porque su muger no queria pagar su rescate. Juana era aborrecida de' sus vasallos: el odio produjo. la credulidad, y la esperanza'de sacudir su yugo, hizo que los flamencos diesen fe á las fábulas del BlieBaldiéao á quien la muchedumbre aco- gió con alegría La condesa viéndose abándo- nada, huyó; y pasó á París á implorar la pro- teccion del rey de Francia: que le prometió so- corro, fue á Perona, y Ed ea allí al su- puesto Balduino comparecer ante él. Ai Este aventurero, protegido por el rey de Inglaterra y favorecido por la opion pública;tuvo osadía para presentarse al rey y sostener con firmeza su impostura. Encargóse al cardenal de Sat Angelo quele hiciose el interrogatorio. Juana decia que el impostor era Bernardo de Rays, ermitaño en otro tiempo en Ohampaña,, y que (20) efectivamente se parecia mucho al, conde Bal- duino. El respondió con tanta claridad como rontitud á la mayor parte de las preguntas que e hicieron: pero cuando se le mandó PR tett exactamente las épocas en que prestó homenaje á Felipe Augusto y casó con María de Champa- ña, se turbó y contradijo: su cortedad ó su falta de: memoria fueron tenidas por pruebas eviden- tes de la impostura. Luis le echo de su palacio con desprecio y le mando salir del reino. Mu- chos creyeron que un castigo tan suave manifes- taba que UOLEhá algunas dudas en los áni- mos de los jueces: sin advertir que el acusado habia comparecido .con un salvoconducto del XeNo ts la mo tí e Pero esta clemencia retardó..pocos dias su suplicio. Apenas llegó 4 Borgoña fue sorprendi-. do por unos caballeros de la condesa Juana, que le mando dar muerte, despues de haberle hecho sufrir mil ultrages..En vano la princesa publi- có cartas de Constantinopla en que se'contaban los milagros obrados:en el sitio de Bulgaria don- de tenia sepultura su,padre: el pueblo 'se-obsti- nó en.crecr que una soberana injusta era pres ciso que fuese mala hija : y las crónicas de Plan- dos, segun observa M. de Sismondi, dicen que "la mayor parte del pueblo acusó siempre á Jua- na de haber mandado aborcar á su. padre.” Lo que contribuyó quizá á propagar esta opinion fue la,condutta interesada del juez; pues el auxilio que prestó Luis ála condesa, fue: vendido mas bien que dado, por las. plazas de Douay y. de.la | 2 Esclusa y grandes a0ndla de dinero que exijió de Juana. Sus tropas pacificaron enteramente y con prontitud el condado de Flandes, que vol- vió gimiendo al yugo aborrecido dela condesa. El rey de Inglaterra no se atrevió á hacer mo- vimiento alguno para impedirlo, no teniendo aliados en el continente: porque el año antes habia hecho Luis alianza contra Inglaterra con Enrique, rey de romanos , la “cual se firmó en Vaucouleurs; y el papa, para escitar al rey de Francia, á dirigir todas sus fuerzas contra los albigenses, habia prohibido á Enrique con pena de escomunion, mover armas contra este prín- cipe mientras durase la guerra religiosa. Jósta continuaba cubriendo de ruinas, crímenes y sangre las provincias meridionales de Francia. Raimundo, conde de Tolosa, habia muerto es- comulgado, se le negó sepultura eclesiástica, y su ataud se arrojó al campo cerca de un' cemen- terio. Rymer asegura que tres siglos despues se conservaba aun el esqueleto de este paa Su hijo Raimundo v1 recobraba la herencia de su padre por medio de las armas, con valor aplaudido de los suyos y admirado de los ene- migos. Su rival Amury de Montfort iba per- diendo poco á poco todas sus conquistas. Here- dero del odio y del valor de su padre Simon, buscaba ardientemente todos los mediós de que triunfase su partido, y á este fin habia cedido al rey Luis todas sus pretensiones al condado de Tolosa: ahora instaba al pontífice que reani- mase el celo de los cruzados con nuevas indul- (28) á la censura, el pueblo hizo y conservó este pro- verbio: mas vale nombre honrado que cinturon dorado. Mandóse por ley que toda muger, con- vencida de adulterio, fuese paseada por las ca- lles, atada con una soga á.su cómplice. El po- der de los grandes y la oscuridad del pueblo eludieron facilmente el rigor de esta ley severa. Al mismo tiempo florecia en Italia, y en breve se estendió por toda Europa, la órden de los hermanos menores, protegida por el papa Ho- norio 11. San Francisco de Asís, su fundador, dotado de ardiente caridad para los otros, y que profesaba una moral rígida, enseñó á sus numerosos discípulos á practicar virtudes an= gélicas entre las abnegaciones de la pentten- cia, y á perseguir en sus vehementes predica- ciones las corrupciones y perversidad del siglo. Luis tuvo once hijos de la reina Blanca, de Jos cuales solo cinco le sobrevivieron. Luis, su sucesor; Roberto, conde de Artois; Alfonso, conde de Poitiers; Cárlos, conde de Anjou y de Provenza, y rey de Nápoles, é Isabela, que “murió en el monasterio de Longchamps, fun- dado por ella misma. Antes de morir, declaró el rey en su testamento, que segun su inten= cion, su hijo Luis debia suecderle y poseer to= dos sus dominios, como él los habia poseido. Por otro artículo de este acto-hizo el rey man- das á dos mil hospitales de leprosos: lo que demuestra hasta qué punto se habia propagado en Francia esta enfermedad , importada de Oriente en tiempo de las cruzadas. ds a CAPITULO XXV. Luió nueve Ad el Santo. Luis 1x el Santo rey de Francia. Sumision de +» losseñores confederados. Segunda coalicionde dos grandes contra la reina. Fin de la guer- ra de Tolosa. Guerra con Enrique, rey de ¿+Lnglaterra. Fundaciones de Luís. Casamien- to de Luis con Margarita de Provenza. Su- mision del conde de Bretaña. Rebelion y su= mision del conde de Champaña. Mayor.edad de Luis. Donacion de religuias. Casamientos de los hermanos del rey. Neutralidad de Luis en las querellas de gúelfos y gibelínos. Re- - belion de Lusignan: sitio de Fontenay. Guer= ra.con Inglaterra: batallas de Taillebourg y. de Saíntes. Sumision del conde de la Marcha: tregua con inglaterra. Enfermedad de Luts: + Concilio de León: conferencia de Cluny. Pre= * parativos de la cruzada de sañ Luis. Mar- cha del ejército cruzado á Aguas muertas. ¿Navegacion de san Luis á Oriente. Toma de Damiéto. Batallas de Mi anuray y Laca: cau tiverio. de san Luis. Tratado de. san Luis con el soldan de. Egipto. Victorias de san Luís en Palestina. Muerte de la reina Blanca. Vuelta desan Luis á E uropa. Causa de Guí- llermo de Saínt Amoúr. Establecimiento de ¿las seguridades Contestaciones con los reyes (30) de Aragoné Inglaterra. Tratado de Luis con Jaime, rey de Aragon. Paz definitiva con Inglaterra. Alborotos de los flagelantes. Nue- va invasion de los mogoles en Europa. Cár- los de Anjou, nombrado rey de Nápoles. Me- diacion de san Luis entre Enrique 11 y los barones ingleses. San Luís, árbitro entre En- rique y sus barones. Tratado de Cárlos de Anjou con la santa Sede. Batallas de Bena- vento y del: lago Celano. Reformas de:san Luis en la cobranza de peages. Contestacio- nes de san Luis con la corte de Roma. Es- tablecimientos de san. Lus:: espedicion. de Tunez. oa AY p qe ix EL Santo, rey de Francia (1226). Luis ix, destinado por la providencia á refor- mar las costumbres de Francia, á triunfar del sistema feudal, á resucitar el reinado de las le- yes, á hallar la gloria en el infortunio, á hacer amable su severidad y respetable:su bondad, su- bió. al trono desu padre en 1226. Pero era ni- ño y su madre estrangera El cetro, colocado en manos que parecian tan débiles, estaba á peli- gro de ceder á las tempestades suscitadas por la nobleza descontenta, por las miras ambiciosas de algunos grandes vasallos y por las intrigas del rey de Inglaterra que esperaba, á favor de los desórdenes, recobrar algunas de las provin- cias conquistadas por Felipe Augusto. En el momento que Blanca, por muerte de E 1 | su esposo, se scales del poder soberano, esta- ba para manifestarse un movimiento general. Señales harto seguras habian advertido á la rei- na del peligro en que se hallaba su esposo: y sa- liendo de Bars para recibirle, supo á un mis- mo tiempo su muerte y su última voluntad que le entregaba el gobierno de la monarquía. - Habiendo, pues, convocado á los grandes para que asistiesen á la consagracion de su hijo, unos se negaron sin rebozo á acompañarle: otros consintieron en ello, pero bajo condicion, exi- Ae con imperiosa altanería la libertad de os presos por delito de estado, y la restitución de las tierras confiscadas por causa de felonía en los reinados anteriores. Blanca, sin asus- tarse ni sorprenderse, prosiguió su designio, é hizo consagrar á su hijo en Reims por Santiago de la Roche, obispo de Soissons, á causa de es- tar vacante á la sazon aquella sede arzobispal. Luis, en el primer acto de su vida monárquica manifestó sus sentimientos religiosos, y el tez mor saludable que le causaba la corona. Mas atento á su lee que á su esplendor, anunciaba ya que era digno de llevarla. Al recibirla, re= pao con fervor estas palabras de David: “En tos solamente confio.” Juan de Brienne, re e Jerusalen, el patriarca de esta santa ciudad! el duque de Borgoña, los condes de Dreux, Bar y Blois, el señor de Concy y las condesas de Flandes y Champaña asistieron á esta ceremo- nia. Estas dos señoras tuvierón la pretension Singular de tomar asiento entre los doce pares, !/ $ $ ] (32) Ñ representar á sus maridos y llevar la espada real. Su peticion fue desechada. Teobaldo, conde de Champaña, enamorado locamente de la reinar se habia puesto en camino para Reims: peró. sabiendo que se le sospechaba de haber dadil veneno al difunto rey, y que muchos enemigos. amenazaban su vida, se detuvo y fue á reunir? se con los grandes vasallos rebeldes, que resuel- tos á vengar la autoridad feudal comprimida abatida por la monarquía desde el reinado de. ds el Gordo, querian aprovecharse de la me nor edad del hijo de Blanca para restablecer su: poder, y aun segun se decia, pára poner en e trono otra familia, ón estos primeros momentos. no solo estaban agitados los facciosos, sino aun los amigos del órden se indignaban de ver la atria, enmedio de tantos peligros; gobernada or una muger estrangera, que segun decian, se dejaba dirigir ciegamente por otro estrangeros el'cardenal de Sant Angelo, legado del pa yd dotado por la naturaleza de ingenio vivo y A gre, de carácter amable y, bello rostro, escitaba en todas materias la envida de los cortesanos: yh como era admitido al trato íntimo de Blan- ca, ni la virtud de esta reina, ni aun su edad udieron libertarla de las flechas envenenadas - do la calumnia. Amenazada y despues acometis da por una multitud de enemigos conjurados en . su ruina, supo no obstante comprimir las fac- ciones con vigor y disiparlas con maña. + - Blanca, no menoscélebre por sus cualidas des personales que por las de su hijo, era hero A id q 33) LN mosa, discreta o: magestuosa sin orgullo, amable sin flaqueza. Su dignidad enfrenaba á los atrevidos: su dulzura inspiraba afecto. “Te- nia el arte de penetrar los designios de sus ene- migos: sabia pelear con ellos, dividirlos y ga= narlos. Veia el peligro con serenidad y hallaba * facilmente recursos para salir de él. Su celo ar- diente por la religion y la virtud la hacia amar del clero y del pueblo: y muchas veces decia: “Mas quiero ver muerto á mi hijo que man- chado con un pecado mortal.” Por otra parte, como la pureza de su virtud iranquibddl: su conciencia, veia sin enojo el amor novelesco que inspiró á algunos señores: y recibiendo, segun to= dos el espíritu caballeroso del siglo, los homena- ges que le ofrecian, arredraba á. los temerarios con cierta malignidad alegre mas bien que con altivez pedantesca. Y aun se ha dicho, que mu- chas veces se sirvió para sus fines políticos, del ascendiente que le daba su hermosura sobre al- gunos barones ambiciosos. AS Sas enemigos eran muchos: pero el afecto de sus amigos centuplicaba sus fuerzas: era magi nánima, no le faltaba dinero, sabia elegir bue- nos consejeros y marchaba sin temor al frente de sus tropas que estaban muy aguerridas. El es- plendor de la gloria de Bouvines ilustraba to- davía su corona: el anciano Montmoreney era caudillo de sus guerreros: la esperiencia de Gue= rin, prudente en el consejo, obispo elocuente en el púlpito, y capitan intrépido en las batallas, dirigía sus planes; y la amistad del legado le TOMO XV1 (34) aseguraba la proteccion de Roma. Pero lo que principalmente contribuyó á sus triunfos, fue su mérito personal, y su fuerza de alma, mez- clada de tal modo con la dulzura, que los mis- mos que desde lejos eran suscontrarios, quedaban rendidos á ella cuando la veian 6 escuchaban. El mas temible de sus adversarios era Felipe, conde de Boloña, hijo de Felipe Augusto, y tio del rey, que no podia mirar sin disgusto la tu- tela de su sobrino y el gobierno de la monar-= guía en manos de una española. Sus prelensto- nes á la regencia, no absurdas á los ojos de la | razon, eran sostenidas por muchos grandes y por el voto de los pueblos. Era dificil vencerle, y aun mas ganarle. No obstante, Blanca logró desarmarlo: con importantes concesiones, con deferencias aparentes, con promesas de grande confianza grangco el afecto de Felipe: el cual, contento con la posesion de algunas villas y con la soberanía del condado de San Pol, privó á la liga de los facciosos de su apoyo mas formida- ble. La reina supo buscar en las orisiones un aliado no menos poderoso y útil: el desgraciado Ferrando, conde de Flandes, continuaba caull- yo siempre en el Louvre, y la despiadada con- desa su muger, no queriendo pagar su rescate, le dejaba en las cadenas. Las cronicas de aquel tiempo atribuian la antipatía recíproca de los dos esposos á un orígen rídiculo y que parecería in- ercible, si pudiese serlo alguna estravagancia del IO DaRd Dicen que jugando al al- gedrez, tuvieron ung disputa cnardecida de la pS 0 a 0 tr o e | cual procedió su aborrecimiento. No obstante, arecen causas mas verosimiles de esta aversion la avaricia y el orgullo de la condesa. Esta, re- suelta á romper sus lazos, pensaba en casar con el conde de ceda Pedro Mauclere, enemigo jurado de la reina Blanca, la cual desconcertó sus proyectos dando libertad á Ferrando; y el conde pagó su generosidad con un afecto jamas desmentido. Tales fueron los medios que la há- bil regente empleó con tanta prudencia como rontitud para evitar una sublevacion general log principales confederados eran los condes de Bretaña, de la Marcha y de Champaña, deudos de la familia real. Enrique ur, rey de Ingla- terra, fovorecia al conde de la Marcha su pa- drasto: Ricardo, ríncipe ingles y duque de Guiena, ofrecia Aid de sus tropas á los condes de Bretaña y Champaña. Estas tropas tenian por caudillo al célebre Savary de Mau- leon, general famoso, que pasó el Garona, ame- nazó la Rochela y sublevó contra el rey los no- bles del Poitou. La reina. sabiendo que lascon- federaciones tardan mucho en formarse y en concertar sus planes, no dejó 4 los rebeldes ticm- po para que se acordasen entre sí y se fortifica- sen; y marchó contra ellos tan rápidamenteque los aterró. Teobaldo, conde de Champaña, soli- citó tener con la reina una conferencia que le fue concedida; y apenas se halló en presencia de Blanca, se despertó su amor y triunfo de la am=- bicion y del orgullo. La crónica de Francia ase- gura que cuando la vió, dijo estas palabras: | 66) "os juro, señora, por mi fé, que mi corazon es yuestro, y lo mismo todo mi señorío. Nada hay que pueda complaceros, que yo no haga de buena gana: y jamás, con el auxilio de Dios, iré ni contra vos ni contra los vuestros.” “De allí, continua el cronista, se postró sumergido en sus pensamientos, y le ocurrian muchas ve- ces á la memoria las suaves miradas y el lindo talle de la reina. Entonces entró en su corazon la dalzura amorosa: pero cuando se acordaba de que era tan alta señora, de tan buena fama y conducta, y tan pura, su pensamiento lison- jero se mudaha en gran tristeza S ] Sumision de los señores confederados (1227). La reina, vencido este contrario sin combate, entró en Turena. Su rápida marcha habia ya amedrentado á los caudillos de los rebeldes, contra los cuales dió sentencia el parlamento. Humilláronse, pues, entraron en negociacion y pidieron la paz. Despues de una corta discu= sion, se presentaron al rey en Vendoma, se so- metieron á él, y concluyeron un tratado, en ue se acordó que el príncipe Juan de Francia, h vien Luis vin habia legado el Anjou y el, Maine, casaría con Yolanda, hija del conde de Bretaña, recibiendo en dote á Bellesma, Bric- conte-Robert y algunas otras plazas; y el con- de de Bretaña se obligaba á no hacer alianza alguna ni con el rey de Inglaterra, ni con el duque de Guiena. El conde de la Marcha cedió al rey todas las pretensiones de su muger Isa- bela, viuda de yo Sintierra, á los dominios O - ES ds El PP o o A 37) DS% que Luis vin" le habra dado ó prometido, reci- biendo en recompensa una pension de mil qui- nientas libras. Los: confederados renovaron so- lemnemente su homenaje, y el condestable Ma- teo de Montmorency juró, por el álma del rey, observar el tratado. Ya no quedaban mas enc- migos que los ingleses. Sabary, Su caudillo, fue derrotado, y se retiró á Gascuña. Gregorio IX, atento á sostener el equilibrio en Occidente, y el poder vacilante del rey de Inglaterra, su va=_ sallo, prohibió al rey de Francia continuar la guerra con Enrique nr y aun le exortó que Tes- tituyose á los ingleses las provincias confiscadas por Felipe Augusto. Blanca, no obstante estos preceptos y consejos, continuó su marcha: pero debilitado su ejército por la ausencia de las mi licias feudales que habian cumplido el tiempo de su servicio. concedió á instancias reiteradas de Enrique, treguas por un año. Cuando volvió á París, firmó un tratado con el emperador Federico, el cual le prometió romper toda alian- >. za con Inglatarra. Algunos autores acusan Ín= . justamente á Blanca por no haber proseguido sus victorias contra el duque de Guiena, ni aprovechado la ocasion de arrojar á los ingleses de Francia. Pero entonces se estaba traman-. do una basta conspiracion que estalló poco des-" pues y la reina siguió la máxima de prudente política, de terminar la guerra estrangera quan- do amenazan turbulencias interiores. Segunda coalicion de los grandes contra la reína (1228): Hallándose con su hijo en Urleans, U * vencida por la firmeza de la reina. En este tiem= a la universidad, ya como cuerpo encargado le la enseñanza, ya como eqtortzara por la igle- sia á publicar sus decisiones en materia de doc- trina, declaró que sin riesgo de condenación eterna, mo se podian poscer dos beneficios á un mismo tiempo. Esta máxima, aunque no refu- tada, fue mal cumplida: pues el mismo Felipe, canciller de la universidad, continuó poseyendo muchos beneficios que tenta, y como en el ar- tículo de la muerte le advirtiese un obispo el peligro que corria su alma, por su ostinada avaricia, respondió, no sin impiedad: “quiero saber si los juicios de la otra vida son confor- mes á los que vosotros dais en esta.” Fin de la guerra de Tolosa (1229). La tur- bulencia del conde de Bretaña no dejó gozar á Francia por mucho tiempo de la paz que debia á la prudencia de la reina. Reuniendo sus fuer- zas/á las de Ricardo, duque de Guiena, y ani- mado por las promesas del rey de Inglaterra, invadió á Purena y Anjou. Blanca convocó un LS en que fuerón condenados estos dos - arones. El rey se puso al frente de sus tropas, sitió á Belesma, la obligó á capitular y con la rapidez de sus victorias aterró á los normandos, que parecian dispuestos á sublevarse. Los baro- nes de esta provincia, los grandes del ducado de Guiena y los señores de Poitou representa- ban con energía al rey de Inglaterra cuán ver- gonzosa era su inacción; y le instaban á que so* corriese á los bretones; se conquistase-las pro- «d vincias perdidas, é impidiese que Blanca se afir- mase en un trono cuya potencia crecía con tan- ta rapidez. Enrique, estimulado por ellos, pro- metia hacer la guerra: pero detenido por su in- clinacion á los deleites, no podia salir del agra- dable abismo, en que su privado Dubourg pro- curaba:sumergirle. Decíase que la reina Blanca tenia ganado á este ministro con un regalo de tres mil marcos de plata. El conde de Bretaña, privado de los socorros de Inglaterra en que ha- ta confiado, se sometió al rey, y recibió el per- don. Hasta entonces el Languedoc, á pesar de la prudencia de Felipe Augusto, los esfuerzos belicosos de Luis vm1, y la hábil política de Blanca, era teatro de todas las calamidades que pueden producir las discordias civiles y reli- glosas. A Raimundo, conde de Folosa, defendia va- lerosamente los restos de su poder contra Roma, contra Montfort y contra la cruzada de los se- ñores franceses. Oponiendo invencible valor á Jos trances de la guerra, y el afecto de sus va- sallos. al número temible de sus enemigos, los aterraba unas veces con súbitas acometidas, los admiraba otras con retiradas hábiles. En una ocasion instruido de sus planes y de sus marchas, los sorprendió en Castel Sarasin, los destrozó é hizo prisioneros mil quinientos ca- balleros y dos mil hombres de armas. amundo, semejante á su siglo, peleaba como héroe y abusaba de la victoria como bárbaro. Puso en prision á los nobles que habia O o i hecho cautivos: y envió los plebeyos al campa= mento enemigo con las narices y orejas arran- cadas. A esta barbarie correspondieron repre- salias no menos atroces. Entretanto el conde seguia su marcha vic=' toriosa con tanta rapidez, que el papa pidió so-=. corros al rey para los cruzados. Convecose un | concilio en Narhona, y fulminó nueva senten=- cia de escomunion contra Raimundo y sus ad=. herentes. En el mismo concilio se mando que | los judíos llevasen en sus vestidos, para distin= > guirse, la figura de una rueda. | En él se confirmó tambien el tribunal de la” Inquisición, poniendo comisarios en todas las. parroquias, se escluyó de los empleos públicos á todo hombre sospechoso de heregía, y se exi- gió*1 presencia del cura para la validez de los. testamentos. SE Era necesario dar al rey medios con que subvenir á los gastos de la guerra, cuyo objetó era el esterminio de la heregía de los albigen=- ses; y el legado le autorizó á tomar una parte. del dinero eclesiástico. Los cabildos de Reims. "Tours y Ruan se negaron á pagar este subsiz. dio. Entonces el pontífice le permitió embargaf los bienes de estos cabildos, y "hasta las capas de los canónigos.” Luis no creyendo necesarioS tantos esfuerzos y sacrificios contra cnemigo3- tan débiles como eran los albigenses, se con tentó con enviar al mediodia un cuerpo de tro7 as á las órdenes del condestable Beaujcu. e ' Estas tropas empleaban en ejercicios reli” Í : 7 pros la primer parte del dia, y despues toma- an-la espada y entraban en combate con el ma- yor valor, 6 se entregaban al saqueo con increi- ble ferocidad. Todo el pais de Foix fue destruido; y el Languedoc, aterrado, decayó de ánimo. El con- de de Tolosa abandonado porsus mas intrépi- dos guerreros, entró en negociacion, se sometió á las condiciones del legado, consiguió una bre- gua, y paso á París á firmar un tratado que consumo la ruina de su casa. ón él juró ester= minar á los hereges y á sus favorecedores, aun> que fuesen parientes Ó amigos suyos: sostener los privilegios del clero: restituirle los bienes que se le habian quitado, y dar á diferentes aba- días vemte y cuatro mil marcos de plata. De los ¿estados de.su padre solo conservó el Agenes, el Royergue, una parte del Albiges y del Querci y las tierras de la diócesis de 'Polosa: pero es- tos dominios debian recaer, despues de su muer- te, en su hija Juana que casaria con Alfonso, hermano del rey. Desde que se firmo el tratado, entro Luis en posesion de los bienes que el conde tenia al occidente del Ródano. Las fortificacio= nes de Tolosa fueron dinuidas, y adjudicados á la santa sede el condado Venaissin y la ciudad de Aviñon, Raimundo hizo penitencia: en la Iglesia de Nuestra Señora, en camisa y con los pies des- nudos, y allí recibió la alublucind: El conde de Montfort, que algunos años antes habia recibi- * do en el concilio de Letran la investidura del (48 condado de Tolosa, lil Í renunciaba sus pretensiones á favor del rey; y recibió como indemnizacion la espada de con= destable. | | Y Luis celebró con mucha magnificencia las bodas de su hermano Alfonso y de Juana de "Folosa; y para mayor esplendor de la solemni- dad, dio á Raimundo la orden de caballería, le admitio entre sus amigos Íntimos, y le envió al Languedoc colmado de favores y presentes. El mismo año se celebró un concilio en Tolosa, en - el que se dió una forma regular al tribunal de - la Inquisición, y se amenazó Con severos casti- gos ¿Los magistrados que no pusiesen en ejecu cion sus sentencias. Jón aquel tiempo se mandó que los hereges reconciliados con la iglesia, He- vasen_ dos cruces sobre sus vestidos, y que nO. pudiesen obtener destino público, sin espresó ermiso del papa. “Todo herege, dice el concis o. que parezca no haberse convertido sino por. temor, se le tendrá en prision perpetua, y su alimento será á cargo de aquel á quien se hu- biesen cedido sus bienes.” Jin este mismo sínodo se manda á los jueces administrar justicia gra”. tuitamente, y prohibe á los barones y munici? palidades formar ligas entre sí como no sean contra los hereges. Las máximas que dictarol - estos decretos, eran conformes al principio adop” ¡ tado por los reyes y las naciones, que colocaba la religion sobre todos los poderes políticos, Y ue miraba la infraccion contra su pureza com el mayor crímen de estado. E a 23 « 49) : Blanca rimialad GON de su hijo una ordenanza conforme á los cánones del concilio de Tolosa; por la cual se privó á los herejes de sus empleos y bienes, y se mandó á los barones y bailíos, so pena de perder su libertad y sus. propiedades, ias denunciar y prender á los acusados de heregía y entregarlos á los jueces eclesiásticos. En este mismo edicto se mandaba - “embargar los bienes de aquellos que hubiesen vivido un año encenagados en la escomunion sin solicitar ser absueltos.” La inquisicion empezó ejerciendo con severidad sus facultades: ciento ochenta hereges fueron quemados en Champaña en presencia de diez y ocho obispos. Prohibióse tambien á los legos la lectura de la Biblia, y solo se les permitió la del Salterio y del Brevia- rio sino en latin: providencia á que dieron orí- gen los errores y abusos de los valdenses, que interpretaban á su arbitrio, y no segun el espí- titu y sentido de la iglesia, los testos de la sa- grada escritura. El principio de los siglos de la edad media se ha conservado, á lo menos en las fórmulas , hasta nuestros dias : pues Luis xv y Luis xvr juraron cuando recibieron la consagra=- ción, esterminar los hereges; cuando nadie 1g- noraba el gran número de calvinistas que habia entonces en Francia, protegidos ó tolerados por la ley. La guerra de los albigenses que duró ven y te años, terminó con la ruina de la dinastía ba olosa, y con el aumento del señorío real: nas no se estinguro enteramente el germen de la OPOSISION contra el poder de Roma. Conservóse TOMO Xv1, 4 ; : (50) oculto, y esperó la ocasion de tener por compli- ces las potestades seculares, para desenvolverse, tres siglos despues, con mayor furia y mayores ruinas. y | Guerra con Enrique, rey de Inglaterra (1230). Los progresos de la autoridad real ir- ritaban cada dia mas el odio y la envidia de los grandes vasallos. El conde de Bretaña no cesa- “ha de formar nuevos proyectos para levantar el > feudalismo decaido : pero como no podia fundar —ninguna empresa con probables esperanzas de luen suceso sin el socorro de los ingleses, hizo. bos mayores esfuerzos para despertar los resen- timientos de Enrique 11 y animar su valor, Sus. artificios le salieron tan bien, que este monarca, creyendo que su ministro Dubouros estaba ga=. nado por Blanca, se enojó furiosamente contra él, y aun quiso matarle con su propia mano. Resuelto á pelear con los franceses, hizo un tra-. tado con el conde de Bretaña , y le dió el con=. dado de Richmont y cinco mil marcos de plata. El conde, pareciéndole a que podria burlarse impunemente dela ira del rey frances, violó des- vergonzadamente sus juramentos. Un caballero del temple llevó á Luis una carta suya concebida: en estos términos: “Me habeis Gullad: y todas las tierras que yo poscia desde el trata- do de Vendoma. Estoy determinado á hacerme justicia con las armas; y así no OS reconozo pot señor ni soy vuestro yasallo; y ademas, Os de- claro guerra.” El rey estaba entonces en Sau» mur con algunos barones y tropas; marcho al o á Belesma 51) EE momento contra el AA enemigo y tomó á - Angers; pero abandonado de allí á poco por las milicias señoriales que solo estaban obligadasal servicio de cuarenta dias, hubo de detenerse. Los rebeldes, animados con esta inaccion, penetra- ron en Champaña y llegaron hasta Provins. Al mismo tiempo desembarcó en San Malo el rey de Inglaterra, y recibió solemnemente € home- nage de los bretones. Luisno podia rechazar una liga tan pode- rosa, sino apoyándose en el consentimiento de sus barones, y enel voto nacional; y á este efecto convocó un parlamento en Ancenis. Las fórmu- las de sus actas, que fueron 1muy importantes, merecen ser observadas: porque siendo mas con- cluyentes que las disertaciones de los autores, engañados muchas veces por el espíritu de sis- tema, nos dan á conocer de una manera cierta los derechos, usos, costumbres y leyes. El de- creto del parlamento de Ancenis está redactado en los términos siguientes: “Nos, Gualtero, pa la gracia de Dios, arzobispo de Sens, $c: elipe, conde de Flandes; Teobaldo, conde de Champaña, Sc. y otros barones y caballeros, dd sellos estan puestos mas abajo, hacemos saber, que en presencia de nuestro muy querido señor Luis, ilustre rey de los franceses, hemos : pustdo unánimente que Pedro, antes conde de retaña, ha perdido por justicia el arrenda- miento de Bretaña á causa de las faltas que ba cometido contra dicho señor rey , y que los ba- rones de Bretaña que le han hecho juramento á a : (52). causa de dicho arrendamiento, quedan libres de la fé que le debian, y das or tanto no estan obligados ya á obedecerle ni á hacer nada por él. En fé de lo cual hemos hecho poner nuestros sellos á estas presentes.” La reina Blanca asis- tia al juicio del tribunal del rey, como prueban muchos documentos, citados por Ducange. Tenia indudablemente derecho para ello como regente, y ademas, antes de esta época habian tenido asiento las mugeres en dicho tribunal. Mafalda, condesa de Artois, habia asistido como juez y par, al proceso de Roberto, conde de Flandes. Destituido el condado de Bretaña, los ba- rones trajeron todas sus tropas al campamento del rey, que tomó la defensiva, se acercó á Nantes y se apoderó por asalto de la ciudad de Ouden. £l rey de Inglaterra, testigo OCIOSO de las hazañas del enemigo que habia provocado, en vez de mostrar la misma actividad, perdia en Nantes el tiempo en bailes y festines. En vano vinieron á ofrecerle sus espadas y á escitarle al combate sesenta caballeros normandos, célebres entre los mas valientes: ninguna instancia, ninguna reprension pudo sacarle de su afemi- nado letargo. Su ejército, corrompido por su ejemplo, se entregó sin freno á toda especie de escesos y disoluciones que fueron castigados con enfermedades contagiosas y lo arruinaron. Toda Inglaterra resonaba con quejas é imprecaciones contra la cobarde inaccion y vida escandalosa de este príncipe débil. El odio de los pueblos se repartió entre el rey y su ministro. Luis se hu- A A A - E p ] PAR a res Ar art de A : 53) bicra aprovechado in las ventajas que le daba la flaqueza de Enrique, á no haber dete- nido sus esfuerzos la desunion de los barones, que conservaban gran parte de sus fuerzas para sus suena privadas, y que ademas, temerosos de la autoridad real, no auxiliaban sinceramente el poder que amenazaba su existencia. “Blanca, que todo lo prevela, conocio la ne- cesidad de conciliar aquellas desavenencias y tranquilizar los ánimos suspicaces de los seño- res: y así convocó á Compiegne todos los gran- des vasallos del reino, y con diestras y hábiles negociaciones, logró terminar las querellas que tenian los condes de Flandes, Champaña y Bo- loña. Tambien reconcilió al conde de. Chalons con el duque ds Borgoña, y al duque de Lorena con el conde de Bar. La reina y su hijo confir- maron esta pacificacion, jurando solemnemente en presencia de la junta que mantendrian los privilegios de cada uno, que observarian las an- tiguas leyes y costumbres, y que harian á todos justicia. El rey de Inglaterra confiaba para el buen suceso de sus designios no tanto en sus armas como en la diórlal Despues de un corto viage que hizo á Guiena, entró en el Poitou y tom0. la ciudad de Mirebeau. Pero cuando supo la pacificación interior, debida á Blanca, la reu- nion de todos los barones franceses al re edor del trono, seapoderarondeél el desaliento y el temor. Mallándose sin aliados ni dinero, y contrariado por el papa que predicaba la paz en Europa para (60) ; «Sin embargo la astucia y la calumnia pro-. dujeron algun efecto en el vulgo necio, incons» tante y envidioso, que cree consolarse de su mi- seria aborreciendo á los ricos y á los grandes. - Un dia que el rey pasaba por París, le detuvo una muger del pueblo, llamada Sarreta, y le insultó asi públicamente: “tú cres indigno de reinar: tú no eres rey sino de los franciscanos, dominicos, sacerdotes y clérigos. Es lástima que estés en el trono de Francia.” Los guardias ul us 4 no permitió que le pegasen, ni aun que la arro- : . Este acto de clemencia produjo su efecto ordinario: inspiró justo desprecio á la - rian castigar á aquella muger insolente: , jasen de allí ofensa y profundo respeto al ofendido. El pueblo de París tenia necesidad mas que otro alguno de ser instruido por las luces y ejemplos de un rey virtuoso. Para formar idea de la grosera corrupcion que reinaba entonces en la capital, basta citar la descripcion que ha- ce de ella el cardenal de Vitry. “En este tiem- po, dice, de calamidades y crímenes, París, así como las demas ciudades, era una cloaca de inmundicias. Sus habitantes caminaban en las tinieblas; la corrupcion del clero de esta ciu- dad, excedia á la del pueblo. Los eclesiásticos corrompian á los forasteros con su ejemplo, Y la deshonestidad apenas era culpa para los pa- risienses. Las mugeres públicas detenian en las calles y plazas á los eclesiásticos, y los injuria” ban con el infame nombre de búlgaros, st se nes gaban á seguirlas Los vicios ias vergonzoso% a 1 y abominables dominan de tal modo en esta: ciudad, que el que no hace mas que tener mu- chas concubinas, es estimado como hombre de ejemplares costumbres. En las casas se ve en el pea ajo una escuela, y en el alto un lupanar: e modo ss arriba disputan su presa las des- vergonzadas prostitutas, mientras abajo: venti- lan y discuten los estudiantes y maestros cues- tiones de filosofia y teología.” Este antiguo car= denal no era muy amigo del buen tiempo pasado, tan aplaudido en nuestros dias. DINO AL. Casamiento de Luis con Margarita de Pro- venza (1233). Cuando el espíritu de faccion destilaba el veneno de la sátira contra las vir- tudes de Luis, otros procuraban, atacando su moral, hacerle perder la veneracion que inspira EE sus buenas costumbres: le Asaban á un mismo tiempo de deshonesto é hi2 o , y decian que se entregaba en secreto á tó eS Blanca, para desacreditar es- ás ten E calumniosos y preservar á su Si de sol A E á que le esponía sujuventud, re= dcendierí a le dió por esposa á Margarita, E OA de la casa real de Aragon, é hija Cho de su y o, conde de 1 rovenza, por el dere- boya. El a , que era hija de Pomás de Sa- que se le al ofendido de la injusticia con Piaceres fi pe sacrificar sus deberes a sus SIÓN, aun la ca desde entonces á toda diver- 24 Virtud he: Bla caza, que le gustaba mucho. a de su hijo; anca estaba tan espuesta como 10 á los tiros de sus enemigos comu- (62) nes.-y se sospechaba que tenia trato de amor con «el. legado. y con el conde de Champaña. Mateo Paris, autor muy parcial contra Fran- cia , dice, que estos rumores no carecian de fun=. damento: Sin embargo, la austeridad rigorosa de la regente bastaria para acallar'á sus detracz tóres pero como: estas culpas y flaquezas, cuan- do. las me se-encubren con el velo del miste- rio, la malignidad sacaba partido. de sus som= bras, que roban igualmente las pruebas de la inocencia y del delito. Lo cierto es quela perse- veráncia de de Navarra, y los muchos romances que escri- bió á la señora de sus pensamientos, dieron al- gun pretesto á los malignos para acusar á la rei- na, sinó de complicidad, á lomenos,de demasiada indulgencia. El carácter de Blanca era muy fir- me y altivo para temer estas sátiras ni para 11=- ritarse por ellas, Continuaba manejando con vi= orlas riendas del gobierno, y obligaba sus pue- los á la gratitud, los estrangeros á la admira- cion y los facciosos al silencio. Sus embajadores | fueron á Provenza por la princesa Margarita que se desposd en Sens cl año de 1233. Las cua- | tro hijas de su padre Raimundo fueron todas coronadas. Margarita casó con Luis Ix: Leonor, con Enrique u1 rey de Inglaterra: Sancha, con Ricardo, hermano de Enrique 11, y despues electo rey de romanos, y Beatriz con Carlos conde de Anjou, hermano: de San Luis, y qué algunos años despues fue rey de Sicilia. Las. bodas del rey se celebraron con magnificencia CARS ida asii co el conde de Champaña, despues rey AAPP Cot IEA € rt y q 17 63) Luis dió:la órden de pallería á algunos seño- res, y segun el uso, tocó á muchos enfermos de, lamparones : porque desde el tiempo de Roberto la credulidad atribuía á los reyes de Francia la virtud de curar este mal. San Luis gustaba mu- cho de la sencillez en su vida privada: pero en las fiestas usaba del lujo conveniente 4 su dig- nidad: lujo, que sin embargo parecia mez- quino, comparándolo con la magnificencia mo derna : pues que en:el banquete nupcial que dió coo ciUSROR admiracion, como una precio-, sidad rara, dos: cucharas de oro que habia en la mesa. Las particularidades que cuentan las. crónicas con motivo de las bodas de Margarita, prueban que continuaba entonces la costumbre dela primera dinastía, de asignár sobre las rentas de muchas ciudades la viudedad de las reinas. Vemos tambien que, los abusos feudales del palacio del rey vejaban tanto al pueblo como en las cortes de los grandes barones. Cada uno de los grandes dignatarios de la corona cobraba derechos de los diversos gremios de mercaderes: y así los mesoneros y taberneros estaban some- tidos á la administracion del copero mayor, y le pagaban sumas cuantiosas. | Sumision del conde de Bretaña (1234). lanca quedó libre de un enemigo tan temible para ella por su nacimiento, como por sus pren- as personales que le habian ganado el afecto público. Felipe, conde de Boloña, murió, y la “Pimion general acusó de nuevo á Teobaldo, con- e de Champaña, de haber empleado la pon- A zoña: y aun se llegó hasta acusar á Blanca de complicidad. Teobaldo, maltratado por los ru= mores del vulgo, los temía tanto menos, cuanto | en esta ocasion la fortuna lé indemnizaba con nuevos y grandes favores; pues ciñó la corona de — Navarra, que heredó su muger. El'mismo año terminó el conde de Flandes su larga vida: Blanca perdió en él un aliado agradecido y un 1 fiel vasallo A El conde de Bretaña habia conseguido en- «tonces á fuerza de ruegos y artificios, que se rompiese la tregua entre Francia é Inglaterra. Creyéndose seguro de que Enrique le auxiliaria, comenzó temerariamente las hostilidades. Pero el rey de Inglaterra, siempre irresoluto, difirió tomar las drmas, no envió socorros, y la osadía del conde de Bretaña se trocó en consternación. Viéndose sin apoyo y amenazado por las fuer=. zas del monarca frances, pidió 'una suspensio” de hostilidades que se le negó; y no le quedo otra esperanza para conseguir su perdon, que entregar al rey sus estados. Vino pues á ofre- cerlos, se echó á sus pies con un dogal al cuello, é imploró humildemente su clemencia. “Perver- so traidor, dijo Luis, aunque has merecido muerte infame, yo te perdono por consideracion > á la nobleza de tu sangre: pero á condicion qué entregarás el condado de Bretaña á tu hijo: y se. lo dejo no mas que por su vida: pues muerto él quiero que se agregue á la corona de Francia: | j , , MN j dl A >= = A A A A TI A eo Algun tiempo despues mitigó la severidad de este decreto ; el conde entregó al rey muchas Bn 65). de sus fortalezas, y EA servir.en Palesti- na cinco años, apenas su hijo fuese mayor de edad. Conservó su señorío bajo estas condiciones, y aun recibió el título de duque por el derecho desu muger. El rey de Inglaterra, cuando suo este tratado, se enfadó mucho, y aun añadió amenazas á las quejas: pero el conde burlán- dose de su enojo, armó algunos bajeles que a1- ruinaron el comercio inglés. La política de Blanca y de su hijo era muy hábil: porque se servian diestramente de los. mismos abusos del sistema feudal para impug- narlo y encadenarlo; y como la mayor parte de os señores no permitian á sus vasallos formar alianzas ó casamientos contrarios á sus intere- ses, Luis quiso tambien: ejercer el mismo dere- cho sobre todos los señores y grandes feudata- rios de la corona. En virtud de este derecho que recordó escrupulosamente en la mayor parte de sus tratados, se opuso al casamiento de la con- desa de Flandes con Simon de Montfort, conde de Leicester, y al de la hija del conde de Pou- thieur con el rey de Inglaterra. Por el mismo motivo, negó su consentimiento al matrimonio de la princesa Matilde, viuda del conde de Bo- loña, con Mant'ort. Rebelion y sumision del conde de Champaña (1236)... El indócil Teobaldo», conde de Cham- paña y rey de Navarra, que sucesivamente era Amante sumiso y vasallo. rebelde, se atrevió á casar su hija con Juan de Dreux, hijo del conde C. Bretaña, sin haber obtenido el permiso del TOMO Xvr. RN y 3 (66). 4 rey, Luis, temiendo las consecuencias de este. ejemplar, nea Id contra él, der- so18 sus tropas y le obligó 4 pedir la paz. Teo- ¡ baldo habia tomado la cruz y era protegido por loma: pero á pesar de las instancias del pon= tífice, el rey no le perdonó sino con duras con= diciones : éstas fueron que Teobaldo le cediese. + las plazas de Bray del Sena y de Monterecui- faut Joune, y le prometiese partir inmediata= meñie ú Palestina y no volver sino despues de | siete años. El rey de Navarra, vencido y humi- 1 Mado,' se presentó en palacio y leinsúltaron gro- séramente los pajes del conde de Artois, her= mano de Luis, cortándole la cola á su caballo y úiscadole un queso á la cara. Pero en vano los + 2oresores confiaban en la proteccion desu amos la justicia del rey no conocia privilegios, y todos fueron condenados á muerte. Blanca in- tercedió por ellos, y Teobaldo, que no podia ne= zarla nada, solicitó y consiguio que fuesen per- donados. Despues de este servicio, serctiró, des tando á la réima por despedida cuatro versos, cuyo sentido es este: * | Ella manda que parta, amor me obliga, Y gracias doy de tan cruel ausencia: Cuando el ángel que adoro me castiga, No hay mas razon en mí que la obediencia. En vano procuraba Blanca calmar todas las ¿$ agitaciones, sosegar todas las desavenencias Y reprimir todos los malcontentos. Deshecha una (67) tempestad, se formaba oira: y la razon mas ilustrada no podia mantener en reposo los ele- mentos, siempre en lid, del sistema feudal. La sumision de Raimundo, conde de Tolosa, no bastó para tranquilizar el Languedoc. Los al» bigenses se sublevaron y dieron muerte á mu- chos inquisidores y sacerdotes; el obispo de To-. losa tuvo que huir de la ciudad, y en Narbona se cometieron iguales desórdenes. Entrambos. artidos tomaron las armas: pero el rey para E impedir la guerra civil, mandó á unos y Otros que presentasen ante los tribunales sus quejas respectivas. El pontífice por su parle amenazó á los del Languedoc con: las: armas eclesiásticas, mando á todos los franceses, so pena de escomu- ñion, obedecer las órdenes de la inquisicion, y desterró'4 Raimundo á+Palestina. San Luis y su madre que querian proteger á su vasallo, solo pudieron conseguir una próroga: de ocho meses Pero en este término serecibieron en Roma noticias del abuso que se hacía en Francia del poder inquisitorial. Llegaron al sumo pontífice quejas violentas contra Roberto, que era el prin. cipal de los inquisidores, hombre hipócrita, cruel y escandaloso, que vivia públicamente con una muger maviquea, para:conocer mejor, se- gun él decia, los secretos de los hereges. Se jac- taba de distinguir por la fisonomía á-los enemi- gos de la £é, y así sentenciaba sin misericordia á los que se hacian sospechosos por su semblan- te. Al principio gozó este hombre la confianza del papa, de la reina y del rey, y fue enviado | ; (68) A á Champaña , Borgoña y Flandes, donde ques mó y despojó indistintamente á los inocentes sospechosos y culpables. El pueblo le llamaba. Roberto el búlgaro Pero al fin, San Luis, in- formado de sus crímenes, le mandó encerrar en. una prision, donde terminó su vida. La mala conducta y la violencia de este inquisidor desas? ereditaron la inquisicion en Francia, la imp dieron echar raices, y produjeron en fin su abos licion. A Mayor edad de Luis (1237). Luis habia llegado ya á ser mayor, y tomó en sus manoS | las riendas del gobierno. No obstante, Blanca continuó reinando. La ley daba al jóven prínci- pe entera independencia: pero su amor filial era. ' tan fuerte, que aun en los negocios de la vida privada, temia, como en su infancia, dar dis. gusto á su madre. La reina Margarita llevaba muy á mal esta sujeción. Blanca, celosa de con servar este ascendiente que tenia sobre el cora” zon de su hijo, ra á cada instante su$ conversaciones secretas, las cuales decia que Je robaban á los cuidados del gobierno. Temianla tanto los dos esposos, que se veian obligados 42 encubrir con el velo del misterio sus legítimoS 7 y castos amores. Las crónicas de aquel tiempo refieren que estando un dia Luis en el cuarto de Margarita, sintió venir á su madre y se oculto detras de una cortina. Blanca le vió y le d9 imperiosamente: “¿ qué haceis ahí perdiendo Y p tiempo ? idos.” Margarita, que entonces estabi enferma, esclamó: “¡pobre de mí! no me sort . (69). > permitido ver 4 mi señor, ni en vida nt cn muerte” Luis, valiente en los combates, intré- pido en la adversidad, sostenedor impertérrito de la justicia, no desmintió jamas el carácter de sumision á su madre, aun cuando parecia que ésta ampliaba sus derechos mas de lo justo. Su obediencia á Blanca era una parte de la abne- gacion cristiana, que siempre ejercitó con el mayor placer, cuando la justicia y la dignidad del trono'se:lo permitian. Los sentimientos y virtudes religiosas, eran en este rey afectos ve- hementísimos Su imaginacion se exaltaba cuan- do oia contar las desgracias de los cristianos de Palestina y los ultrajes que los musulmanes co- metian contra el santo sepulcro. Bablaba conti- nuamente de esto con tanto ardor que en breve se estendió en el Oriente la noticia de una nue- va cruzada dirigida por San Luis para con- quistar la tierra santa. > | E Esta noticia escitó el terror y la ira del Viejo de la Montaña, príncipe de los asesinos. La mayór parte de los historiadores aseguran que envio al Occidente dos emisarios para que diesen muerte á Luis; y que despues, mejor 1m- formado, arrepintiéndose desu primer dosig- nio, despachó dos emires, que con su diligen- cia se'anticiparon al crimen, y avisaron al rey el peligro que le amenazaba Los asesinos, dete- nidos por los emires en Marsella, los acompaña- ron á París, y se echaron ¿los pies del rey. Este príncipe les hizo, por cool , grandes re- galos: pero no olvidó lo que exija la-preden- 1007 | berto de Courtenay. El rey de Navarra y el. conde de Bretaña volvieron sin gloria al Oc- cidente. El duque de Borgoña y Gualtero de Brienne quedaron en Asia, pero con fuerzas E demasiado cortas para ofender ó para defender" se largo tiempo. Por felicidad, legó entonces Ricardo, hermano del rey de Inglaterra, com sococros inesperados, aunque no suficientes para. conquistas de importancia: pero supliendo con: la pericia la falta del número, peleó ventajo- samente contra el'califa de Bagdad (á quien los cruzados llamaban soldan de e” le obligó á hacer treguas y dar libertad á 500. prisioneros. Poresta hazaña adquirió el príncipe. inglés mucho renombreen toda la cristiandad. Ya. declinaba en occidente el entusiasmo delas cru zadas; pocos querian consagrarse á una guerra lejana. peligrosa y cuyos resultádos habian sido casi siempre infelices. 3 Entonces se encendió en Europa una nue va lid entre el sacerdocio y el imperio. Los sus mos pontífices formaron el proyecto de asegurab la independencia de Htalia, arrojando de ella 4 los estrangeros, norte constante de la" polítici N romana. Los emperadores alemanes pretendial reinar en Roma é Italia como Carlomagno, com firmar, juzgar y deponer á los papas, y reduz cir el pontificado á los límites de la autoridal espiritual, Esta lucha inundó de sangre á Alca mania é Italia. La tiara y la corona imperial tuvieron partidarios celosos y enardecidos. Los gue sostenian el poder de la santa sede y lu Ys PA bertad é independencia de Ttalia, se llamaron gúel/os, y sus adversarios gibelinos. Los prime- ros defendian la nacionalidad y el gobierno de su pais: los otros, la prepotencia germánica. os giielfos se apoyaban no solo en la justicia con que toda nacion defiende sus leyes antiguas y su independencia contra la opresion estran= gera; sino tambien en los beneficios que Italia debia á la potencia pontifical: pues solo por ella se hallaba todavia al frente del mundo ci-' vilizado. Federico n, descendiente de la ¡lustre casa de Suevia, gobernaba entonces el imperio: sus prendas eran dignas de tan alto puesto. Habil, ilustrado, valiente, heredero de vastos domi- nios en Suevia, reunió despues á su corona las de Sicilia y Jerusalen. Rico, emprendedor y vic- torios0 , aspiró al dominio absoluto de ltalia, Sus eminentes cualidades y los derechos de Pi- pino y Carlomagno que reclamaba, le hicieron mas temible que todos'sus predecesores á la sede de Roma y á Jos señores y pueblos de Lialia que no podian sufrir el yugo de los alemanes. a se habian levantado reyertas y altercaciones muy graves entre el imperio y la santa sede con motivo de la donacion que la condesa Matilde hizo á la iglesia de Roma, de sus vastos domi- mios. Una nueva causa de discordia irrito de nuevo los ánimos. Federico, sin consultar al papa, hizo elegir á su hijo Enrique rey de Ro- manos:. sin embargo esta tempestad se calmo en, el momento de estallar. Honorio 11 confir- DA P . E Ex a (78) | y: mo la cleccion de Enrique y le cororió: pero odo. tuvo en recompensa, de Federico, la. promesái de llevar sus armas á Palestina y de confirmal la donacion de Matilde. El emperador casó con Yolanda, hija del famoso Juan de Brienne que le cedió todos sus derechos al trono de Jerusar” len. Este tratado solo fue una tregua que dió 4 la animosidad tiempo para afilar las armas. a emperador reterdaba su espedicion á Palestii na. Por otra parte, se formo en Lombardit. una confederación de muchas ciudades y seño” res, resueltos á no reconocer la autoridad ma perial: pero el jóven príncipe Enrique acudió y ó comprimió esta rebelion. Los rebeldes amedrer tados acudieron á la mediacion del pontífice que logró que se les concediese una tregua. E “Honorio ut murió poco despues, y fue EP sucesor Gregorio 1x, hombre decarácter ardic ; te é imperioso. Este papa intrmó á Federico qUe cumplicse su promesa, y le amenazó con los rá? é po el Vaticano sino aceleraba su viaje'á Pat estina: El emperador se embarcó, pero los yi0 z tos le fuerón contrarios y cayó enfermo; por cual volvió al puerto y dejó la empresa puto otra ocasion. El papa se enojó cuando lo supo escomulgó al emperador, y desató á sus yasi mi ' llos del juramento de fidelidad. Federico, Y menos irritado, escitó á sus artidarios de ES lia, movió una sedicion dh Font y la p! pe turbulenta é inconstante arrojó al pontífice E esta capital. Federico, contento con esta ved ganza, se embarcó de nuevo. Llego á prol (79) maida: su fama, su valor y la fuerza de su - ejército amedrentaron al soldan de Egipto, cu-. yos estados eran entonces teatro de disenciones intestinas. Este príncipe musulman entabló.ne- goctaciones: y el “afortunado Federico logró con un tratado, sin combatir, que se restituyesen á. lós cristianos, Belen, Nazaret, Sidon y Jerusa- len. Parecia que eran debidas acciones de gra- cias á este monarca por haber libertado en tan poco tiempo el sepulcro de Jesucristo, que hasta entonces no se habia podido recobrar con tanta sangre derramada. Pero en Koma: solo:se aten= dió á la situación precaria en que quedaban los estados conquistados en Palestina, los cuales volvieron muy pronto al poder de los infieles. Ademas el papa 'acuso á Federico por. ha- berse' atrevido á pelear en defensa dela cruz, sin ser absuelto de la: escomunion. Cuando entró en Jerusalen, ningun obispo quiso recibirle ni coronarle, y se puso él mismo la coroña. Gregorio le acusó de sacrilegio por ha= ber profanado el santo templo, y de perjurio, or haber vendido la causa de los cristianos, DRAG tratados con los musulmanes. Dos fran- ciscanos llevaron de Roma al patriarca de Je- rusalen la orden de promulgar la escomunion contra el emperador, y prohibieron á los gran= des maestros de las órdenes religiosas recono- cer la autoridad del monarca. Gregorio, á pe- sar de las súplicas de los príncipes cristianos, publicó en Europa una cruzada contra Fede- rico; y tomó las armas de acuerdo con los tos= (Bo) canos, lombardos y otras ciudades de Italias ara quitarle los reimos de Nápoles y de Sicilias Sl duque de Espoleto, general de Federico, sorprendido. por esta repentina insurreccion; fue vendido, y sitiado en Sulmona. El empera- dor, informado del mal estado de los negocios, volvió á Italia con prontitud, hizo levantar el. sitio de aquella plaza, y recobró su antigua su- perioridad. Gregorio escribió á todos los fieles para que tomasen las armas contra su enemigo. Jósta querella infausta dividió. el mundo. eristiano en dos grandes partidos, enfurecidos el uno contra el. otro. Los giielfos para distinz- guirse llevaban dos llaves..por insignia en el hombro, y los gibelinos una cruz. 1ól emperas dor venció á los giielfos, y la guerra se suspen” Ra dió por una paz muy poco síncera para qué udiese durar. Federico mostró arrepentirse Y el papa le absolvió. Sin embargo las injurias continuaban entre los partidarios, aunque ha- bian cesado los combates. El emperador ¡incas paz de separarse por ningun motivo de sus vas” tos proyectos de ambicion, caso 4 Jóncio, su h1]0 natural, con la heredera de Cerdeña y erigl0 en reino aquel señorío. Como el mayor de sus yerros, á los ojos de la corte de Roma, era 4 aumento de su poder, la adquisicion de la ¡sla fue mirada como un delito, bien, que en aque? la ocasion se hablaba mucho de un libro 17 tulado los tres impostores, y atribuido á Pos dro de Vignes, canciller de Federico. En Ro” má se creyó que esta obra impía se habia esci” E ds — O ATAN AS E a cena 81) z to por influjo del A para destrulr el cristianismo, y con él la potencia del pontífice: y así no es estraño que en las bulas se le com- parase ú una bestia, llena de nombres de mal- dicion, que se habia levantado del mar. El em- perador respondió á las acusaciones del papa con tales injurias, que justificaban las sospe- chas de impiedad que habian recaido sobre él: Hamábale, antecristo, principe de las tinieblas, segundo Balan, y gran dragon que seduce el universo. | > Estos dos implacables enemigos solicitaron en vano, cada uno por su parte, interesar al rey de Francia en su querella. Luis permaneció neutral: pedíasele el auxilio de sus armas y él ofreció dore su mediación que no fue aten- dida. Sus embajadores representaron, tambien €a vano, cuan escandalosa era esta guerra, y cuan nesesaria la paz. Los legados de la santa sede, mirando á todos los monarcas como vasa- os de Roma, cobraron subsidios en sus esta- os. Estos subsidios ascendieron á una suma muy cuantiosa en Inglaterra. Un legado quiso acer lo mismo en Francia: pero san Luis no 0 permitió, y prohibió toda salida de dinero uera del reino. Su religion era ilustrada, y sa- 1 cumplir los deberes de cristiano y de rey. 44 corte de Roma le ofreció para su hermano Oberto la corona imperial, de que procuraba spojar á Federico. Luis, despues de repre- sentar al papa que admitiendo la oferta pa ”1a Contra la caridad y contra lós derechos de TOMO. Xy, 6 RN los soberanos, juntó los barones para consultar- los acerca de la proposicion. Estos se esplica- ron con mas vehemencia que el rey. "Sabemos, dijeron en su respuesta, que Federico ha pe- leado en la tierra santa por la causa de Dios, _que el papa le persigue en vez de protegerlo. No entendemos de donde haya venido al pontí- fice la facultad de deponer al emperador. Aun cuando hubiera merecido este castigo, no po- dria imponérsele sino en un concilio general. Gregorio manifiesta menos celo por la religion que Federico: pues cuando este príncipe ar- rostraba, por la causa de Jesucristo, las tem- pestades del mar y las espadas de los sarrace- nos, Gregorio, aprovechándose de su ausencia, le despojaba de sus posesiones. Nosotros no to- maremos las armas contra un principe pode- roso, defendido por la justicia de su causa aun mas que por las numerosas tropas que tiene á sus órdenes, ni derramaremos nuestra sangre Pin que el papa, arruinado Federico, pueda dominar á su arbitrio sobre los demas reyes cristianos. No obstante, por. respeto á la reli- gion y á la santa sede, enviaremos diputados á Alemania, que se informen de la fé de Fede- rico. Si es católico, no tomaremos las armas contra Cl: pero si es herege, le herémos guerra á todo trance, como la hariamos al papa, sl fuese enemigo de la religion.” En este discur- so se vé que el cristianismo era todavia la pri- mera ley del estado: pero de ya empezaba á desconocerse « Impugnarse la dictadura ponti- E AN A a dea AR TACRAS OLOR LAS RA AMELIA 2 AED DAA O A AA > 83) fical, creada por Guido vir; ó mas bien por s necesidades de su siglo, sobre todos los re- yes y naciones cristianas. Los embajadores fran- ceses fueron á Alemania : el emperador les ase- guró con lágrimas que era buen cristiano y buen católico, y] j por las ofertas de su implacable enemigo. “Dios mos libre, respondieron los barones franceses, e Roberto es uno de nuestros príncipes, y no -liene necesidad de corona: le basta ser herma- no del gran rey Luis, que habiendo subido al trono por derecho de nacimiento, es evidente- mente superior á todo príncipe electivo.” Mateo Aris citá estas cartas y ptas: el abate ely y otros escritores sospechan que son apo- / crifas, fundados en que les parece inverosímil el lenguage de los barones. Sin embargo, todo es natural en estos documentos; todo es con- forme al espíritu de aquel siglo: y en una que- rella qe hubo con motivo de Pedro de ol taña, hablaron casi de la misma manera. La Tesistencia de Luis descontentó á Gregorio, que € manifestó su desagrado en la primera 0ca- SIÓN que representó. Pedro Charlot, hijo natu- ral de Felipe Augusto, fue nombrado obispo de 0yon: su eleccion, aunque regular, fue anu- a Ad el papa: pero el monarca la sostuvo e tEmeza. (Gregorio, siempre resuelto á Pr Federico, viendo que aunque se le ES á la corte de Roma la facultad de der- “E-10S monarcas, se le atribuia al concilio es es que no se dejasen seducir - e cas contra vos sin motivo legítimo. El con-- A (84) general convocó uno, é intimó al emperador que compareciese en él. Federico no quiso reconocer la competencia de este tribunal, y respondió á la citacion en cartas llenas de espresiones inde- centes de enojo y menosprecio. El rey persistió en su neutralidad; no envió embajadores al con- cilio: mas no prohibió 4 ningun prelado asistir á él. Algunos obispos que se pusieron en camino para obedecer al papa, fueron Aid en el mar por los bajeles de Federico. El clero francés se indignó de este atentado : y Luis encargó á su embajador que se quejase al monarca aleman y reclamase los prisioneros. Esta demanda fue mal recibida al principio. “El rey de Francia, dijo Federico, no debe lleyar á mal que César enca- dene á los que quieren encadenar á César.” Luis le respondió: “No ofendais á Francia : es muy poderosa para permitir que la derribeis á los pies y la piqueis con las espuelas.” Los obis- pos recobraron inmediatamente su libertad. * Rebelionde Lusignan: sítio de Fontenay (1241). Al mismo tiempo se libertó el fteniidan de su enemigo: Gregorio murió: Celestino, su sucesor, no reinó mas que diez y ocho dias, é Inocencio 1v ascendió en 1241 al trono pontifical. Como en todos tiempos se habia mostrado afecto á Federi- co, los gibelinos estaban muy contentos con su eleccion; pero el emperador, ¡acrirdi mas, dijo á los que se alegraban de el a: "estais engaña- - dos: Inocencio era mi amigo: pero ya es pontí- fice, y será el mas ardiente de mis adversarios.” La neutralidad que Luis habia observado pru- (85 dentemente en la gran querella del sacerdocio y del imperio, no bastaba para dar á Francia tranquilidad estable. La turbulencia de los se- Ñores, sus pretensiones, rivalidades y discor- dias hacian temer á cada instante la guerra ci- vil. Aquellos orgullosos barones ni podian yLvir en pazunos con otros, ni permanecer sometidos altrono, y el aumento de la autoridad real les 3 recia un atentado contra sus derechos: no 0bs- tante, su propio interes los obligaba á respetar el poder Ñel rey: porque si los grandes barones dejaban de reconocerlo , sus propios vasallos po- drian con igual razon sublevarse contra los se- Ñores inmediatos. Los monarcas capetos, muy hábiles en su marcha progresiva, estendian su poder apoyándose en las usurpaciones mismas del sistema feudal, y solamente en calidad de señores restituian al trono los derechos que le habia quitado el feudalismo" Luis, cuyas miras “eran tan elevadas como las de Carlomagno, en vez de temer á los parlamentos, los citaba como auxiliares. ln ellos decidia las desavenen- clas de los barones, era árbitro de sus disputas, reprimia, juzgaba y condenaba á los facciosos, daba inmensa fuerza á su voluntad con la vo- untad de todos. Ningun príncipe convocó mas frecuente- mente á sus grandes vasallos. En estas solem- pútades pasageras senunciaba á su sencillez al y mostraba toda la magnificencia de bla e Nunéa se vieron, dice Joinville, ha- udo del parlamento de Saumur , tantas (92) E ¡das-sus armas contra él. Su perdicion parecia cierta: pero los franceses nunca ¿borden ¿en el des á un caudillo amado de ellos: al “verle en el riesgo, todos sus caballeros, dando espantosos, gritos, atraviesan el rioá nado: su número y celeridad, sus amenazas y clamores bipantan á los ingleses, que vencidos antes de pelear,se ponen en huida. Solo Enrique con al- gunos caballeros opone resistencia, y procura en vano reunirá los suyos : cercado á su vez, iba ya á ser prisionero, cuando su hermano Ricar- «do, confiado justamente, en la generosidad de Luis, arroja las armas, toma en lugar de espada un baston, se presenta en medio de Ja Saa , pide que se suspenda el combate. q se le lleye adonde estaba el conde de Artois. La: nombradía de Ricardo, los servicios que habia hecho en Oriente á los cristianos, sus hazañas contra los sarracenos, y la franqueza de su atre- vida resolucion, detienen á los combatientes. Luis le recibe con honor, y le concede una tre- gua de veinte y cuatro horas. “Plegue á Dios, edijo, que el rey vuestro hermano se aproveche del tiempo que le dejo, para reflexionar sobre sus verdaderos intereses.” Este consejo no era necesario, Enrique 11 harto amedrentado para esperar respuesta, ha- bia abandonado ya cobardemente su ejércitos y partido á toda carrera á Saintes. Sus tropas, no contenidas por su presencia, huyeron dez sordenadamente. El conde de la Marcha y € AA A A A A A A A E 5 ¿ 1 rey deinglaterra, que poco antes soñaban triun” los y: conquistas, despiertos ya de su ilusion, exalaban su ira en mutuas reprehensiones. Ya veis, decia el rey á su padrastro, el fru=" to de vuestra ambicion y de vuestros perjul-' cios. Me habeis hecho partícipe de vuestra rui- na con falsas promesas. ¿Donde estan los re-' yes de Castilla, de Aragon y de Navarra, el conde de Tolosa, y esos numerosos ejércitos: con los cuales íbamos á destronar al rey de rancia?” El conde, en lugar de justificarse, echaba la culpa de la derrota de Taillebourg' y de los reveses de la campaña, al furor de Isa- ela y ála fuga vergonzosa del monarca inglés. esde entonces los dos aliados, se despreciaron y aborrecieron recíprocamente. Pero Luis no lgnoraba que no sirve vencer sino se saca uti- lidad de la victoria; y así se acercó á Saintes con prontitud, precedido de un cuerpo consi- erable, destinado á juntar víveres y forrages y á reconocer al enemigo. Este destacamento acometido con ardor por el conde de la Mar- cha y por un cuerpo de ingleses y gascones, hu- bo de ceder al número: y perseguido y obliga- o á hacer alto para defenderse, fue comple- tamente cercado. El conde de Boloña, que lo: mandaba, embió al rey un caballero para in- A del peligro de su posición. Luis, ape- De E sabe, acude al Irente de sus guerre= mis PE UO sale de Saintes con todas sus tro- - Y la escaramuza se convierte en batalla campal. A Os franceses hicieron resonar el aire con (94) los gritos de Montjoie Saint Denis y los ingle» ses con el de Realistes. De entrambas partes es igual el furor y el encarnizamiento. En esta espantosa y sangrienta pelea no pudiendo los caudillos di cuerpo á cuerpo como los saldados. La fortuna tuyo por largo tiempo incierta la balanza en- tre las dos naciones, émulas en poder, en. ya- lor y en gloria. En fin el valor intrépido de Luis decidió la accion: los ingleses desbarata- dos se retiran precipitadamente en desorden, y se llevan en la fuga á su rey Enrique. Los franceses persiguieron al enemigo, é hicieron en él gran destrozo. Algunos caballeros; como Juan de Barres, enagenados por su ardor, en- traron en Saintes mezclados con los enemigos t y fueron hechos prisioneros. Enrique no tenia el caracter necesario para hallar recursos en la desgracia: y aunque le que- daban fuerzas, se creyó enteramente perdido, salió de noche de la ciudad, abandono el ejér- cito y espoleó su caballo hasta Blaye. Su par- tida causó en el ejército inglés sumo desorden y consternacion. Nadie queria ni mandar nl obedecer. Jn fin cada uno miró por sí, y hu-- yeron por diferentes caminos á Guiena: Saintes abrió sus puertas al vencedor, que halló en esta plaza los pt e y la capilla portatil del rey de Inglaterra, La mayor parte de los barones rebeldes se sometieron y abandonaron los estandartes: de sus caudillos. Solo Bertoldo, señor de Mira- isponer movimientos , combatieron AAA rr a ¡CELA bal bean, dió én aquellos dias de miedo y traicion, varo ejemplo de valor y lealtad. Era vasallo del rey de Inglaterra : se presentó á este prín- cipe y le pidió que pelease con él para defen* er su castillo, d sino podia socorrerle, le de- jase libre de su juramento. ps hizo esto segundo: y entonces el hónrado baron fué al campamento de san Luis, y le dijo: "Si mi so-. erano, vencido por el capricho de la fortuna, ño me hubiese vuelto mi libertad, no me ve= rlais, sino con las armas en la mano. Pero pues me es permitido entregarme á vos, creed que Os seré fiel mientras os sean agradables mis ser- Vicios.” “Yo os recibo con alegria, respondió el rey: entregaos á mí con toda conbanza. Guar- ad en mi nombre el castillo: á nadie mejor que á vos puedo fiar su defensa.” Sumision del conde de la Marcha: tregua, con Inglaterra (1243). El conde de la Mar- Cha, privado de todo auxilio, no tenia mas és- po aoza cie lá bondad del rey, y pidió HE us exigió que el conde, Isabela y sus hijos se Entregasen á discrecion: los obligó á ceder las Plazas que se les habian tomado, el feudo. de his y algunos otros territorios: y á hacer menage /ge al rey por Angulema, Jornac y “ASUres, y al conde de Poitiers, por Lusignan y y condado de la Marcha. El conde, que era 0be d rbio por caracter, perdió el orgullo en la o ; Y Bo conservó aquella dignidad que do > abandona á los modestos : suscribió a lo- Pito perdon al rey por su insolencia y por 6) los delitos de Isabela, y se arrojó con ella á sus pes: Luis, demasiado pronto quizá en olvidar os infames atentados de la condesa, y de su esposo, los mandó levantar y los perdono ge- nerosamente: pero ordenó al conde que le acu- diese con sus tropas para marchar contra. el ex-conde de Tolosa y contra los otros prínci- pes, aliados del rey de Inglaterra. Raymundo, aunque uno de los miembros de la. coligacion formada por Enrique y Luisignan, en lugar de alles socorros, no habia hecho mas que aprovecharse de su guerra con que detenian las armas del rey, para engrandecerse: y así mien- tras que Luis peleaba en Taillebourg y en Sain- tes, él se, habia apoderado de Alby, Narbona y otras muchas lazas. Pero la fama, espar- ciendo á lo lejos É noticia de las victorias del rey, trocó la suerte de Ra.::undo: sus aliados le abandonaron, cuando supieron que las tro- pas de Luis se acercaban, y le dijeron que no podian conservar amistad alguna con un prin- cipe en cuyo palacio se habia dado de puñala- das poco antes á un inquisidor y á muchos sa- cerdotes. Raimundo, acometido de fuerzas su- periores, se hallaba sin socorro alguno: soli- citó su perdon, y lo consiguió por la interven- cion de o á la cual se acusó juntamente de sobrada indulgencia. El conde, ¡al reconcl- liarse con Luis, le mostró cartas del empera- dor Federico en que. le instaba 4 rebelarse. Ás pagó aquel príncipe ingrato, inmoral y envir dioso del rey de Francia, la neutralidad gener rosa que este e en la: guerra del im- perio con la santa sede. ono, | - Enrique un, vencido por los franceses, des- preciado. de los ingleses, robado or sus mis- mos soldados, estaba en Burdeos sin oder, sin dinero y sin honor. Abatido por el infortunio pidió una tregua y. Luis se la concedió, con gran disgusto del pueblo: porque todos que- ran que rodeaba guella ocasion de ar- rojar 4 los ingleses del reino; cosa: ue parecia entonces bastante fácil. Pero, la MA de vis, que,se,atribuia al amor escesivo de la paz y á los ercrúpulos de la devocion, tenia Otros motivos. El ejército francés, se hallaba disminuido por los combates y las fatigas, por €l retiro de ¿e tropas señoriales cuyo Servicio «se habia acabado, y, en £n,por, una enfermedad contagiosa de la cual perecieron en el mismo año veinte mil personas. Alain SUGAR Este terrible mal, no perdonó al rey; an- tes le acometió.con tanta fuerza, que durante - algunos dias :se perdjo,la esperanza, de que vi- viese. Todas estas circunstancias obligaron á Blanca y á su hijo 4. dejar 4 Enrique algu- has reliquias de sus posesiones en Francia. Enrique, deseando volver pronto á mgla- lerra, y.no atreviéndose á correr el riesgo de que los bretones le apresasen cn el mar, pidió a Luis permiso y pasaporte para atravesar el remo de Francia. Algunos harónes digeron que se le debian negar.” No, replicó Luis:el permi- so de retirarse es un favor que jamas negaré TOMO xvi. P 7 , . . . a (98) ; h á miis enemigos.” Y como los tortesanos se bur- lasen.en su presencia de la fuga del rey de In- glaterra, Luis les impuso silencio, diciéndoles: “no le deis pretesto para aborrecerme: respetad la midaRnad de su clase; y esperemos pa con acciones mas piadosas y justas reparará los yer- ros que le han obligado á cometer consejeros malos é imprudentes.” Despues de la derrota de Enrique, y de la sumision de los condes de Tolosa y de la Marcha, los reyes de Castilla, Aragon y Navarra, depusieron prudentemente las armas (1). Así esta liga numerosa y temi- ble, dirigida á trastornar el «trono de aráS fue disipada en pocos meses por un principe apenas mayor, por un héroe de 28 años. " El nacimiento del príncipe Luis, heredero de la corona, aumento la alegría de la corte y consolidó las esperanzas de los pueblos. La tranquilidad que les dió el rey, no pudo esten- derse á Europa, mas “qué nunca turbada por los furores de los giielfos y gibelinos. El emperador tenia'entabladas negociacio- 37 (1) ¿No sabemos que Fernando el santo , rey de Castillas rimo de san Luis, hijo de Berenguela, hermána amada de Bianca, ocnpado entonces esclusivamente contrá los moro$ de Andalucía, haya entrado sin objeto ni utilidad alguna ara sus vasallos, en una coligacion injusta, donde ademas Fabia un príncipe, sospechoso de heregia y en cuyo palacio se asesinaba á los sacerdotes. Lo mismo decimos de Jaim* de Aragon. Este error de M. de Segur no ha podido prove” nir sino de las mentirosas esperanzas con que Lusiguan en” gañaba al rey de Inglaterra. (W. del T.) : nes con la santa e habia convenido con ella en las bases de un tratado: pero al redac- tarlo, insertó cláusulas y restricciones, que anulaban el efecto de sus promesas y las ha- cian ilusorias. El cardenal de Fiesco, que: as- cendió al trono pontifical, con el nombre de Inocencio 1v, escomulgó de nuevo á Federico, ] mando que se publicase el anatema en todas as iglesias de Europa; lo que hizo que los dos partidos volviesen á tomar las armas con es- traordinaria violencia. Es singular la manera pe tuvo de publicar la escomunion un cura de >arís; subió al púlpito, presento á los fieles la ula de Inocencio 1 y dijo: “ya sabeis, her- Manos mios, que tengo orden de fulminar la escomunion lanzada últimamente contra Fede- Tico: yo no sé porque causa: solo se que hay grandes desavenencias y odio irreconciliable en- tre el pontífice y el emperador. Dios es quien únicamente conoce cual de los dos tiene culpa: y así, escomulgo con todo mi poder al que hace Anjuria al otro y absuelvo al que la sufre.” Pa- rís y la corte se rieron de la estravagancia del Cura: el pontífice le impuso penitencia, y el €£mperador Je envió presentes. Esta osadía de un sacerdote particular manifiesta cuan acerta- «da es la providencia que han adoptado los go- ternos católicos en los últimos siglos, de no pu- blicar las bulas pontificias sin permiso de la au- toridad civil. : Si san Luis, ya por el laudable deseo de €vitar la efusion de sangre, ya por el amor de E (100) | la justicia, que para él era el primero de los intereses políticos, no se aprovechó tanto como hubiera podido, de las victorias de 'Paillebourg y de Saintes para aniquilar en Francia la ys cia Inglesa, por lo meros supo valerse de la oca- sion para dar un nuevo golpe al feudalismo; y se- gun su costumbre, le atacó con las mismas ar- mas del sistema feudal. Todos los grandes baro- nes se atribuian la facultad de prohibir á sus vasallos que contrajesen sin permiso alianza con otros soberanos. Luis, como soberano de todos los franceses, prohibió que sus vasallos tuvie- sen feudos en paises Asoc por tanto que siguiesen legalmente una bandera estran- jera y enemiga socolor de cumplir obligaciones feudales. Hartas veces habian tomado las armas los señores de Francia, como vasallos de Ingla- terra, contra un rey: una ordenanza real los obligó á optar, ó abandonar los feudos que te- nian en dominios ingleses, d las tierras que po- seian en el de Luis. Esto era atreverse á mu- cho para aquel tiempo, y la obediencia de los bárones prueba hasta qué punto estaba ya con- solidada la autoridad régia. Casi en el mismo tiempo, usando el rey de los derechos de supre- mo soberano, prohibió el desafio que el conde de la marcha debia hacer segun la costumbre del siglo con el conde de Poitiers. | Con esta destreza proseguian los capetos Su designio, estendiendo por grados y con rapidez su autoridad, ya con leyes, ya con sentencias 'confiscaciones y conquistas, y no pocas vecés ni e Mom co (101) ' -con ordenanzas aro ASI anticipadamente con algunos duques, condes y prelados. Poco á poco la aristocracia francesa, mas esforzada y tur- lenta que política ó suspicaz, se humilló al pie del trono; y no supo oponer al cetro sino resistencias parciales mal combinadas 0 Cnojos impotentes. No sucedió lo mismo en Germania, donde la nobleza y clero sostuvieron con tanta union y pertinacia, no solo sus derechos legt- timos, sino aun las pretensiones mas infunda- das, el feudalismo se consolidó, y el cetro Impe- rial, despojado de todo poder verdadero, no tuvo mas fuerza que la que le daban las posestones hereditarias y privadas del emperador. En tiempo de San Luis tuvo mayor violen- cia que nunca la lucha perpetua cntre el impe- rio y la:aristocrácia. Los gibelinos fomentaban en Ttalia rebeliones contra la santa sede, al mismo tiempo que los giielfos movian en Ale- mania grandes sublevaciones contra el empera- or. Federico hizo vasallos de su corona á mu- chos señores romanos , dándoles en Germania lierras y títulos de príncipes. Siendo adictos á «Su causa, fomentaron en aa una gran sedi- Clon; y el papa obligado á huir para salvar su vida, salió precipitedamente de su palacio, se escapó á Génova vestido de soldado, y no cre- Yéndose seguro en aquella ciudad, pasó con Prontitud á Francia, Li Confiaba en la santidad del rey: pero la po- itica le privó de este asilo. Ni Luis ni los ba- FOnes quisieron que se estableciese en su reino y (108) gonés. Otro pretendiente, que era Raimundo, conde de Tolosa, alegaba en su favor una promesa que le habia hecho el conde de Pro- venza: pero al acercarse Luis con un ejército de cincuenta mil hombres, cesó toda 1rreso- lución : Cárlos, que ya era conde de. Maine y de Anjou, casó con la princesa, adquirió.con esta union los ricos dominios desu suegro, y aumentó en gran manera su poderío sin sa- tisfacer su insaciable ambicion, la cual llenó despues á Italia de turbulencias, é inundó á Si- cilia de sangre francesa. Luis habita siempre oido los consejos que le daban, y él mismo, á pesar de su juventud, enseñaba. á los otros con sus lecciones y ejemplos: pero el deseo de re- conquistar el sepulcro del Salvador le hizo inac- cesible á las representaciones de sus ministros, á los votos de su'pueblo, y á las súplicas de su madre. No obstante, Blanca hizo el último esfuerzo para impugnar su resolucion, y juntó un gran número de señores y prelados que encargaron a obispo de París representaral rey sus temores y su dolor: que siendo el imperio víctima de la guerra civil y religiosa, y cuando apenas estaba terminada la querella entre los condes de Pos" tou y de la Marcha, amenazada la paz interior or los manejos de los ingleses, la agitacion de ls normandos y los movimientos del Langue- doc y de Aragon, la ausencia del monarca y de sus mejores tropas esponia el teino á los peli- gros mas inminentes y á las mas espantosas ca” RS a : 109) lamidados. “En fin, Ñ dijo el venerable prelado, si habeis de corresponder á los votos de vuestra familia y de vuestros barones y calmar los: te- mores de vuestro pueblo, ningun escrúpulo debe conteneros. Vuestra conciencia no está ligada por el juramento que hicisteis en un estado tal ecuerpo y ánimo, que apenas gozábais de vues- tras facultades.” Luis, enternecido del amor que ictaba aquellos consejos, no por eso. se mostró Menos inflexible en su determinacion, y poniendo a mano sobre su pecho, dijo: «esta es la cruz que tomé, segun decís, en un momento en que Mi espíritu no. estaba libre: Os la devuelva, Pues: pero ahora, que indudablemente tengo el Conocimiento necesario para contraer una obli- gacion, la recibo de nuevo, jurando pelear con- tra los infieles: Esta cruz es la prenda de mi vida: dadmela, porque estoy resuelto á no to- Mar alimento gua sin llevarla puesta. En vano me pintais con terribles colores los peli- gros que amenazan al reino. La prudencia acre- ditada de mimadre, el amor de mis pueblos y tUvalor de mis soldados, son para mí fiadores Siertos de la tranquilidad de Francia.” uls tuvo:que sostener otro ataque mas ter- ¿ Blanca su madre, llenos de lágrimas los e y de pesar-el:corazon,le dijo: “Dios, cuan- 9 me impuso el deber de velar por vuestra im- elo q ne concedió tambien, hijo mio, el dere- At A soFdaros las obligaciones que 0s LR voz den Pero:mas me agrada haceros otr la £ Una tierna madre, one los discursos de rible , , (110) la política. Vuestra: partida me presenta solo la imágen de una eterna separacion. Me robais toda mi felicidad. Y si sois insensible á mis pe- sares , ¿podreis olvidar vuestros hijos? ¿Habeis tomado irrevocablemente la cruel resolucion de abandonarlos:en la cuna y privarlos de vuestras lecciones y apoyo? ¿Os son por ventura menos amados que los cristianos de Palestina porlos cua- Jes vais á pelear? Si los facciosos en vuestra au- sencia suscitan peligros 4 vuestra familia, ¿no dejarials al punto el Asia para venirá libertaria? Pues esos peligros que os obligarian á volver, solo vuestra partida los producirá. ¿Por qu vais tan lejos: á dar testimonio de vuestro valor . y piedad? Dios os proporciona bastantes ocasio- nes, sin que os se rareis del trono, para mostrar vuestro afecto á la religion, vuestras virtudes résias. Ll Señor, decís, exige que se liberte su sepulcro. Prodigad, pues, vuestros tesoros: en- viad al Asia numerosos ejércitos. Dios hendecirá “vuestras armas: pero así como no permitió que Abraham consumase su cruento sacrificio, tam- poco os permite, creedme, que cumiplais el que quereis hacer de vuestra vida, de la: cual pende la: suerte de vuestra familia y la, salvacion de vuestro reino.” Luis amaba á su madre; pero 4 este cariño y ¿todas sus razones solo respondi2 las palabras de una voz interior, que había 0100 durante suenfermermedad, y eran estas: "Rey de Erancia, ves los ultrages que sufre la ciuda de Jesucristo: el cielo te ha escogido para ven” garlos.” . 111 : "Preparativos de la cruzada de San Luis (1246). Perdida toda esperanza de que Luis Tenunciase á su empresa, solo se trató ya de bus- car los medios para asegurar el tiunfo. El car- enal de Tísculo. legado del papa, predicó la Cruzada en todo el reino. Una parte de los ba- Tones, animada porsu elocuencia, y aun mas e ejemplo del monarca, se alistó en esta elicosa peregrinacion. Otros fueron movidos Or un artificio singular, y poco conveniente a a gravedad del asunto: pero todos los autores Coctáneos refieren el hecho; y manifiesta muy ten el carácter del rey, que sin dejar de ser Santo , y monarca, sabía mostrarse con sus Amigos y cortesanos jovial, sencillo, alegre, y fa- Miliar. ra entonces uso que en las fiestas sO- emnes diese el rey á los señores de su corte ca- Pas aforradas, y como él mismo las daba, to- Maron el nombre de libreas, (liorée, entrega- “as). Luis mandó en secreto que las que se hi- “lesen para la víspera de Navidad llevasen cru- “es muy grandes. En medio dela noche vinieron “os barones, segun la costumbre, á dar Jas pas- as 4 Luis: las: luces estaban apagadas en su Cuarto, Repartióles las capas, y apenas se las Pusieron, fue con.ellos á Ja iglesia. Quedáronse Admirados cuando á la luz de las hachas vieron US Cruces que todos llevaban. Esta piadosa urla.:en vez: de irritar :á aquellos valientes Nte los divirtió mucho. Lo mas cs santa EE que se les mirasc como alistados en la Mlicia, y dijeron riéndose á San Luis, | 112) sé "merecia el título de pescador: de hombres, pues acababa de sacar tan linda redada.” En un parlamento que juntó el rey para tomar las pror videncias necesarias al gobierno de la. monar- quía durante su ausencia, y al buen éxito de-la guerta lejana que emprendíay po inflama», su eb en el celo religioso. que e abrasaba, ció. as»palabras de David cuandose indignó porha- ber entrado una, gente impía- en el templo del Señor: “¿Quién podría ver-sin- enojo ni compar sion, añadió el príncipe, los arfoyos de sangre “que corren en las murallas de Jerusalen, LoS viejos degollados, las virgenes ulírajadas, los ministros del Señor escarnecidos y asesinados; sus cadáveres privados de sepultura, y sirviendo de pasto á las aves del cielo? ¿Quercis que «yuestraindifevencia haga creer álas naciones que hemos perdido:el valor y laspiedad de nuestros -abuclos? El Oriente celebra todavía las hazañas -de Luis var, de Felipe Augusto y de sus compar fieros de armas: su espada es la que lleyóz,con” :servémosle el antiguo esplendor; cumplid,, pues caballeros, vuestras obligaciones y juramunto? armaos todos á:mi voz: Dios'nos llama: ; pelee” mos por su gloria la de Francia” Los tres hermanos del rey, oberióo; Alfonso y Carlos “se obligaron á seguirle, como tambien el duqué Marcha, San Pol, Dreux, Bar y Soissons +? condestable de Beaujeu, Gauchero de Chato» el camarero mayor Beaumont, Courlenays 4 p- «quimbaldo de Borbon, Barre, Mailly, Belhumt de Borgoña, los condes de Bretaña, Flandes 44 A A TA DIS (113) Nohailles, Joinville y otros muchos señores uchos obispos se unieron á ellos: porque la costumbre y el espíritu del siglo les pa militar en las guerras contra los infieles. Se echó la contribucion de un diezmo sobre los vienes eclesiásticos. Enrique, rey de Inglater- rá, quiso resistirse á que en sus estados se co- rasen impuestos para esta cruzada: pero el papa le amenazó con la escomunion, y cedió. Los enviados de la corte de Roma creyeron que podrian sacar dinero de Francia para la guerra contra Federico: pero los barones se Opusteron ácllo, amenazaron que no reconocerian á Inocencio, y aun formaron liga contra él, el uque de Borgoña y los condes de Bretaña, Chatillon, San Pol Angulema. Inocencio es- Comulgo á los de la hh pero Luis la sostuvo €n cuanto al efecto de no permitir que se saca- sen fondos de Francia, y se prohibió á los obis- POs prestar dinero á la corte de Roma. Al mis- mo tiempo se publicaron muchas ordenanzas Para impedir las contínuas ampliaciones de la Jurisdiecion eclesiástica. = » El rey á quien los príncipes y señores esta- An acostumbrados á invocar por árbitro, de- Ccidió en este año con suma prudencia un. eito pro o como importante, relativo á la su- sión del condado de Flandes. La hija de todo cr soberano de este condado, había es- nos: 00 h primero con Bouchardo de Aven- dede abiendo recibido este primer esposo n ” , ., ñ ; eS sacras se separó de él, y dió su mano á . TOMO XVL, 8 ¿ 114) Guillermo de dai La condesa Margari- ta tuvo hijos de entrambos matrimonios, y los Avennces y Dampierres disputaban su herencia con sumo ardor, queriendo cada una. de estas dos familias apoderarse esclusivamente de toda ella. Luis adjudicó el condado de Flandes á los Dampierres, y el de Henao á los Avennes. Harcha del ejército cruzado ú Aguas muer- tas (1247). San Luis, estando ya todo pron- to para cl viage á Oriente, convocó en París un parlamento para asegurar la tranquilidad del yeino. Habiendo confiado la regencia á la reina Blaaca, mando á todos los señores sus vasallos ue hiciesen juramento de reconocer la autori- dad de su madre, Tambien prestaron juramen- to de fidelidad á los hijos dl rey. Soinville dice en sus memorias, que ha biéndole intimado en está ocasion que prestase juramento, se negó á hacerlo, porque no era vasallo directo del rey, sino del conde de Champaña. Era conveniente para la seguridad del reino levar al Asia los grandes que podian turbar la paz pública en ausencia de Luis. Los mas turbulentos habian a prometido seguirle. Raimundo, conde de olosa, procuraba eludir su aroma cierta que la pobreza de sus vasallos le impedia juntar el dinero necesario para el viage: pero la reina Blanca se lo prestó. Luis recibió sumas conside- rables de los arrendadores de sus dominios, y magníficos presentes, de los concejos de los pue- « blos. Ln este mismo año firmo nueva tregua con los ingleses: y los condes de Salisbury y (115) EN Leicester prometieron militar en Palestina bajo la bandera real de Francia. San Luis buscaba en todas partes aliados contra los musulmanes: envió al monge Mateo Paris por embajador á Bacon, rey de Noruega, á exortarle para que se embarcase con él y pelease contra los infeles. Hacon respondió: “Yo iré á Palestina, pero no con los franceses: porque se dice que son arro- gantes y burlones, y mis noruegos son orgullo- sos y poco sufridos.” Si las cruzadas fueron costosas y en general poco felices, produjeron muchas acciones cari- talivas y repararon muchas injusticias. La es- periencia de lo pasado mostraba que en estas espediciones lejanas era incierto volver J pro- bable morir, y así casl todos los cruzados ha= cian testamento antes de embarcarse y solicita- ban la proteccion del ciclo con restituciones y imosnas. La virtud de Luis le movia á restituir los bienes cuya posesion le parecia dudosa. Ricar- do, hermano de Enrique 11, procuró escitar los escrúpulos del rey op Francia, y en el mo- mento que iba á partir, llegó á París, y le ins- tó á que restituyese la Normandía y demas pro- vincias que Felipe Augusto quitó al rey de In- aterra, Luis cla pero la firmeza de lanca le sostuvo, demostrándole el daño 1n- menso que haria al reino y el descontento gene- ral que se seguiria. El rey, asegurada su con- Ciencia, dijo á Ricardo que la confiscacion era una ley establecida y general;, y que por. otra - yo (116) parte; nada podia ceder de sus dominios sin el consentimiento de los pares, que nunca lo da- rian. San Luis era timorato, pero no triste ni áspero. Los que vivian familiarmente con él, le observaron siempre sereno, suave y alegre. Zoin- ville dice que este buen príncipe, hablándole un día de los bienes mal gallos y de la restitu- cion, añadió: "es tanto peor apoderarse del bien ageno, cuanto es muy dificil resolverse á resti- tuirlo. Pronunciar la palabra rendre (restituir) les desuella el paladar con las dos erres y dicen que estas erres quieren decir renta para el día- blo, el cual sabe muy bien conservar bajo su do- minio á los que quieren restituir el castillo age- no. El diablo es muy sutíl, y persuade á estos usureros ladrones dar á la iglesia el fruto de sus rapiñas, en lugar de devolverlo á sus due-=* ños legítimos.” Entretanto el papa procuraba consumar la ruina de Federico, y despues de haberle depues- to, nombró emperador á Enrique, Landgrave de Turingia, que fue coronado, de orden de la santa sede, por muchos obispos alemanes. Fe- derico llenó de sus quejas toda la cristiandad, y aun acusó al papa de haber enviado emisarios para que le asesinasen. Esta lid escandalosa afligia mucho al rey de Francia, y pidió al apa una nueva conferencia en Cluny. Pero Derio alegaba que solo ponia en uso armas legítimas para defender la iglesia contra un in- fiel, transgfesor de tolas las leyes y violador de todos sus juramentos, San Luis respondió: “Sx a a PATAS" AA il (117) j es delincuente, el evangelio os manda perdo- narlo: los soldados de la cruz os lo suplican, y toda la iglesia os pide que acepteis la sumisión de Federico, pues Dios mismo no desecha la del arrepentido.” Inocencio se mostró inflexible: es- comulgó á dos obispos que se atrevieron á ase- gurar que Federico era católico, y no quedó otro recurso que el de las armas para decidir aquella causa, mas política que religiosa: pues la ver- dadera cuestion era la espulsion de los alemanes de Italia. Conrado, hijo de Federico, peleó sin felici- dad contra el Landgrave: pero le derrotó com- enc en otra batalla, y el véncido murió de pesar. Federico, libre de este competidor, pues á Italia con su ejército, sometió á los sici- ianos, volvió despues á los Alpes, y manifestó á las claras el designio de sitiar.al papa en Leon. Luis se puso al frente desu ejército para defender á Inocencio: y el emperador, temeroso de enemistarse con el rey de Francia, pasó segunda vez los Alpes, y sitió á Parma, guar- necida por tropas pontificias. Pero la fortuna le fue contraria: los sitiados salieron intrépida- mente de las murallas, le derrotaron y le obli- garon á refugiarse en Nápoles. Al mismo tiem- po le suscitaba Inocencio un nuevo enemigo, ando laseorona imperial á Guillermo, conde de Holanda. El rey de Francia, perdida la esperanza de reconciliar con su mediacion al emperador y al papa, creyó que no debia retardar su partida, : (124) árbol de raiz. Proponian que se acometiese á Damieta, y se aniquilase el poder del soldan de Egipto, única esperanza y apoyo de los in- fieles en el Asia. Esta opinion era harto favo- rable á los intereses del rey de Chipre para que no la sostuviese con ardor; y así prometió to- mar la cruz, si se acomelia á Egipto. Luis se resolvió á ello, y segun la gene- rosa costumbre de aquel siglo, envió reyes de armas al soldan, al cual, por ignorancia en geografía é historia, se le daba tambien el tí- tulo de soldan de Babilonia. Los reyes de ar= mas llevaban una carta de San Luis, en la cual declaraba guerra al soldan, sino se convertia á la fé de Cristo. “Los franceses, respondió el orgulloso Malech Sala, no confiarian tanto en sus armas, si hubiesen visto desde mas cerca el filo de las cimitarras agarenas que acaban de destruir las murallas de los cristianos de Pa- lestina. Dios concede muchas veces la victoria al menor número, á los humildes, á los pa- cientes. Los sucesos que vuestras amenazas me anuncian, han de dar materia, como predice el Alcorán, á las conversaciones de los venideros. Sabed que nadie ha insultado impunemente á Egipto, y estad seguros de que el primer día que acometais á los musulmanes, será el último ara los cristianos.” Algunos sucesos recientes justificaban las orgullosas esperanzas del sul- tan. Pocos años antes, el ilustre y valeroso Brienne, nombrado por Felipe Augusto rey de Jerusalen, invadió á Egipto, tomo á Da- (125). mieta por asalto y marchó contra el Cairo: poo disminuido su ejército por las enfermeda- es, asaltado por enemigos, cuyo número aumen- taba incesantemente, y vencido por el clima, se vió obligado á retirarse, á evacuar el pais y á restituir sus conquistas. Despues Teobaldo, rey de Navarra, hizo otro desembarco en el mismo punto, y fue rechazado con pérdidas. Federico tuvo la prudencia de entablar negociaciones con el soldan de Egipto, en vez de pelear contra ¿l; y logró por fruto la ocupacion momentánea de Jerusalen. Cuando los yerros de los templarios atrajeron nuevas tempestades sobre los cristia- nos, el príncipe Ricardo de Inglaterra habia conseguido del soldan que renovase la tregua, y pusiese en libertad quinientos cautivos Cris- tianos. En fin, Malech Sala ,' cansado de las continuas infracciones de la paz, que por codi- cta ó imprudencia cometian los caballeros del Temple y del Hospital, entregó la Palestina á los corasmios, nacion belicosa y feroz que sa- queó á Jerusalen, pasó á cuchillo siete mil cris- tanos, y derrotó tan completamente á los tem- plarios y hospitalarios, que apenas sobrevivie- ron sesenta caballeros á este desastre. Los co- rasmios' se hicieron en hreve odiosos pl sus átrocinios, y fueron vencidos por el so dan de amasco que les quitó sus conquistas. Pero no Se mejoró por esto la situacion de los cristia- nos. Eran castigados por las ofensas que ha- tan hecho al soldan de Egipto; tenian reunt- as contra sí todas las fuerzas de los inficles, (126) y se hallaban sitiados en las únicas ciudades que les O y eran Ácre, po y An- tioquía. Luis, que deberia haber desunido á los soldanes de Egipto y Damasco, fortificó su alianza con la agresion, y salió de los puer=- tos de Chipre para desembarcar en las ol de Egxipto. LA Batala y toma de Damieta (1249). Luis no tardó en esperimentar la inconstancia de la suerte. Una horrible tempestad dispersó sus bá- jeles, y no le dejó mas que la tercera parte de hi fuerzas que tenia al salir de Chipre: pero pocos dias despues, el duque de Borgoña y Vi- le Harduin, príncipe de Acaya, se le reunieron con algunos navíos y tropas. Animado con este refuerzo, se dió de nuevo á la vela, llegó á vista de Damieta, y juntó consejo de generales. El ardor de su esfuerzo le encendia y hermoseaba el semblante: su no- ble ademan inspiraba respeto y admiracion, al mismo tiempo que su magestad suave, la sen= cillez de su vestido, y la bondad que brillaba en sus miradas, ganaba el afecto aun de los cora- zones mas tibios. Segun Mateo Paris, el discurso de San Luis á los gefes fue como sigue: “Compañeros, no sin designio nos ha traido la providencia 4 vista de los enemigos con tanta celeridad. Su voluntad omnipotente no nos ha presentado es tos bárbaros para que escuchemos con serent- dad sus amenazas. Contemporizar ahora sería dar á ellos valor, y entibiar los corazones de ' 127 los guerreros de la cruz. Esta playa no ofrece ni abrigo ni puerto á nuestros navíos, y otra tempestad balisdó dispersarlos enteramente. El Señor nos ofrece el combate, y en él la viclo- ria. Si perdemos esta ocasion de vencer, nos castigará su justicia. Despreciad el gran nú- mero de los infieles que se representa á vues- tros ojos, y pensad solamente en el poder de los vuestro caudillo. Poned en él vuestra con- fianza. No creais que la salvacion del estado ] de la iglesia consiste en la vida frágil de vues- tro rey. Vosotros mismos sois el estado y la iglesia. Yo no soy mas que un hombre, cuya existencia es un soplo: con una sola palabra Puede aniquilarme el Altísimo: fiad solo en su proteccion. Marchemos seguros del triunfo: Porque siguiendo las órdenes de Dios, el éxito ño puede menos de ser favorable: si vence- mos , daremos al nombre cristiano una gloria que solo acabará con el universo: si somos vencidos, lograremos la corona eterna de los Mártires. Pero ¿por qué hemos de dudar de a victoria? Defealmos por la causa de Dios: el Señor del mundo quiere triunfar de los bár- TOS con nuestras armas: celebremos su glo- Ma, y preparémonos con fervientes oraciones x ser peon instrumentos de su poderío.” Es- as palabras, dichas á héroes tan religiosos Co- uo valientes, inflamaron sus Corazones y mul- Apia sus fuerzas. Ya no temiah, sino de- PS > con ardor el eligro, y miraban con admiracion y alegría la costa africana, e (128) | cubierta del innumerable ejército del soldan. "Muc'os convidados nos esperaban, dice Join- ville en su estilo candoroso: Facardin, lugar- teniente del monarca egipcio, estaba armado de oro fino, tan resplandeciente cuando el sol daba'en él, que parecia el mismo sol. Sus ins- trumentos militares hacian estruendo horrible y muy estraño para los franceses.” Sin em- bargo, en medio de los gritos que daban los cruzados pidiendo la señal del combate, mu- chos gefes aconsejaban á Sar Luis que esperase lo restante de la armada dispersa. El rey co- nocia que este consejo era prudente: pero te- mía las dilaciones. Ademas, muchos bajeles sarracenos habian acometido ya á la escuadra cristiana, que los rechazó con pérdida. “Ya no es tiempo de deliberar, dijo Luis: es preciso vencer, ” y dá en el momento la se- ñal. Todos sus guerreros se arrojan con intre- idez á las lanchas: el oriflama vá delante. Las nubes de flechas, que disparan los mahometanos oscurecen el dia. Tanta multitud de armas arrojadizas de- tuvo la velocidad de las barcas: pero como es- taban á corta distancia de la ribera, Luis, dan- do á los suyos noble ejemplo, se arroja al mar las ondas espumosas lo cubren hasta los hom- bros: pero ni las aguas ni las flechas le detie- nen: puesto el escudo al cuello, el yelmo en la cabeza y espada en mano, marcha impertérri” to al enemigo: todo el ejército le sigue llenan” do el aire del grito Montjoie Saín Denis. Apt” ; , 12 - nas los franceses e la playa, fueron aco- metidos furiosamente por seis mil ginetes mu- sulmanes: pero los intrépidos cruzados, apiña- dos en masa, se cubren con sus escudos, apo- yan en la tierra sus fuertes lanzas, y presen- tan en sus puntas una barrera impenetrable á los bárbaros. Detras de esta muralla de caba- leros, llegan y se forman sucesivamente todos os: cuerpos de la infantería francesa: apenas se van poniendo en orden de batalla, se arro- jan sobre los musulmanes, los acometen, y des- pues de una larga resistencia, los desbaratan. | El ejército africano es derrotado, yla es- cuadra del sultan cortáda, dispersada y entre- gada á las llamas: Luis prosigue su victoria y ataca impetuosamente los reales de los sarrace- nos. La lucha fue-allí tan obstinada como san- grienta: y la suerte del combate entre corazo- nes tan valientes estuvo largo tiempo indecisa. n medio de aquella terrible pelea quedó muer- to el conde de la Marcha, y los tres emires Principales de los musulmanes cayeron atrave- sados por las cuchilladas de los franceses. En in, Luis escediendo en intrepidez á los mas valerosos , decide la victoria, se apodera de los Alrincheramientos y queda dueño de la orilla Occidental del Nilo, Parecia natural, que los sarracenos, toda- VIa muy fumerosos á pesar de su derrota, se ncerrarian en Damieta, y que la toma de esta Plaza costaria un largo sitio; pero se apoderó “ellos el terror; y demasiado cobardes para TOMO XVL 9 (130) defender ciudad tan importante, demasiado obstinados para entregarla á los cristianos, le pegaron fuego y huyeron. Los franceses vo- laron á ella con tanta rapidez, que llegaron á tiempo de apagar las llamas. Estinguido el in- cendio, entró el rey en la ciudad, mas bien co- mo humilde peregrino que como triunfador. El mismo ejército que oxlesio el dia ántes con horrible griteria, derramaba en todas partes la sangre y el terror, marchaba entonces lenta- mente con silencio religioso, solo interrumpido por los himnos de los sacerdotes. Al frente de las tropas iba descálzo el Santo rey, seguido de su esposa Margarita, del rey de Chipre, del legado del papa, del patriarca de Jerusalen y de los principales caudillos de la cruzada: Hu- millando dos sus frentes victoriosas ante la bandera de la cruz, entonaron el Ze Deum en la mezquita de los musulmanes, purificada ya por los sacerdotes y convertida en templo cris- tiano. Tantas victorias conseguidas por el rey. en tan poco tiempo, esparcieron en todo el mundo la fama de su nombre: pero el modesto ríncipe no admitia los elogios que se le tri- ahuE atribuyendo su victoria solo á Dios “que pone á su arbitrio en los corazones el denuedo o el temor.” Los sarracenos, huyendo precipitadamente, habian dejado en danieta todas su riquezas. botin fue inmenso: segun la antigua costum” bre de los francos, la tercera parte perteneció al caudillo, y las otras dos al ejército: pero € (131) rey quiso que se esceptuasen del repartimiento las municiones de guerra y boca necesarias para la provision de la plaza. Esta prudente dea? sion escitó grandes murmuraciones. Un caba- lero. viejo, llamado Valeri, se atrevió á re- p:chender á San Luis porque quebrantaba la antigua: costumbre: pero eb monarca fue infle- xible, su razon triunfó de las preocupaciones en- vejecidas, y lo que entonces eta muy: raro, obli- go el interés privado á ceder:al. general. Quizá ebia aprovecharse del terror de lós enemigos para marchar inmediatamente contra el Carro, sin dar tiempo á los. musulmanes para reunir nuevas fuerzas y concertar planes de campaña: peró esta operación se creyó temerariay porque se acercaba la época de las inundaciones del Nilo, y ademas el rey queria esperar los navíos re- tardados por los vientos. Resolvió, pues, dete- nerse en Damieta todo el estío. : No tardó en esperimentar los funestos efec- tos de esta resolucion, dictada al parecer, por a prudencia. Ni sus súplicas, ni sus órdenes nt suejemplo pudieron impedir la relajacion dela disciplina. La ociosidad produjo la licencia: y se sabe hasta que punto solian mezclarse en aquel siglo de ignorancia el celo religioso con las Malas costumbres, y el amor caballeresco de la gloria ton los vicios mas vergonzosos.Los guer- Yeros salian de las iglesias compungidos, para Pasar lo demas del dia: y dela noche en los: Cscesos escandalosos del banquete, el juego y a embriaguez, Desde el mismo cuarto del rey: (133) : se oián los cantares oscenos de los lupanares: y los franceses añadieron á los vicios propios de - Africa y Asta, los que ellos tratan de Europa. Violábanse públicamente la justicia y el orden. Les gefes daban el ejemplo del latrocinio: y hasta los oficiales de le casa real robaban á los mercaderes. A tantos desórdenes se siguieron, - como era de esperar, los mas espantosos desas- tres. En aquel siglo solo se:sabia pelear y ven- cer: pero era ignorado el arte de preparar la . victoria y de coger: sus frutos. ín vez de. to- mar informes esactos acerca de las fuerzas ene- migas, «delos paises que iban á atravesar y de los medios de subsistir y defenderse, no se: tenia.el menor conocimiento de la naturaleza del territorio en que se hacía la guerra. Join- ville, uno de los paladines mas instruidos de su siglo, nos dá una prueba singular de su 1g- norancia en geografia. Tanto él como sus com- añeros creian que el Nilo tiene su fuente en el ias aida: y que en donde sale de las montañas, echan los egipcios muchas redes para pescar la especeria y perfumes que trae del Pa- raiso.: El soldan, asegurado por la inaccion no es- erada delos latinos, escribió 4 Luis una carta irónica y desdeñosa. “¿ Por qué, le decia, ha- beis traido tantos víveres á mis playas? A mi me toca hospedaros, y no tengo dificultad en dar á vuestro ejército las subsistencias necesarias para, el poco tiempo que ha de estar en. este pais.” “Desembarqué en Egipto, le respondió San / 1 Luis, el dia que habia resuelto desembarcar: pero aun no he determinado la época de mi sa- lida” El altivo sultan le desafió, y le propuso para darla batalla el dia 25 dejunio. «No acepto ningun dia fijo para pelear, respodió el rey; porque eso sería escluir los demas dias. Hoy, mañana, siempre que nos encontremos, pelearé CON vOS y OS persegutré como enemigo lrasta el feliz momento en que pueda abrazaros Como hermano mio y discípulo de Jesucristo.” Las hostilidades comenzaron poco despues, y la llanura de Damieta se pobló de nubes de árabes. Los franceses tenian un campo atrinche- rado junto á la ciudad, que era acometido to- dos los dias por los habitantes del desierto, cu- ya aridez invariable era” fiel imágen de aquel De siempre errante y belicoso. Estas tribus an atravesado treinta siglos desde el tiempo de Abraham, sin baber alterado sus costum- res. Se encuentra en ellos la misma creencia del fatalismo, el mismo trage, la misma incli- nacion al robo. No reconocen mas caudillos que os padres de familia, ni mas nobles que sus caballos, cuya genealogía conservan con sumo cuidado. Sus frecuentes batallas con los cruza- os no podian producir ni victorias ni derrotas ecistas. Solo eran escaramuzas, que daban Ocasion á los guerreros franceses para hacer alarde de su habilidad y valor. Sargines, Marly, anteuil, Beanjéu y Chatillon: se distinguieron Por sus lecho A en estaespecie deguerra, Los socorras que esperaba San Luis, tar- Pe ' ( 140) al Egipto sometido, habria logrado en este solo triunfo la libertad de Jerusalen y del santo se- pulcro. Una ciega imprudencia lo echó. todo á perder. Mientras el conde de Artois se em- peña delirante en perseguir á los po una parte de sus tropas saquea la ciudad, reconocen en fin los mabometanos que ban sido acometidos y ahuyentados por solo un puñado de franceses; la vergiienza y el enojo despier- tan su valor: el intrépido Bondocdar, uno de sus gefes, los reune, y vuelven cara al débil enemigo que los perseguia. En vano los temi= plarios y el príncipe pe e todas partes procuran haciendo prodigios. de valor, resistir al torrente que los arrebata. Desbaratados, fu- gitivos y perseguidos, vuelven á entrar cn Man- sura , donde les esperan nuevos riesgos, porque el pueblo se habia sublevado y tomado las ar- mas. De todas partes llueven sobre los franceses piedras, dardos y llamas que les arrojan desde lo alto de las casas, al mismo tiempo que la numerosa caballería de los musulmanes los ro- dea y acomete. El conde de Artois, Salisbury. Radulfío de Concy y Roberto de Ver, sin mas esperanza que la de vender cara su vida, la disputan algun tiempo defendidos por los mon- tonos de cadáveres de sarracenos, inmoladosS por sus cuchillas; pero ya casi no tienen san" gro habiéndola perdido por innumerables he- ridas: trescientos templarios mueren á sus pies ellos mismos caen escitando al morir la rl racion y el respeto de sus vencedores, El gran E | - (141) maestre de los templarios, que habia quedado casi solo, habiendo perdido un ojo en esta san- be batalla, y recibido otras muchas heri- as graves, se abrió paso con el sable en mano Por medio de la multitud de los sarracenos, Y logró reunirse con el estandarte real. Luis advertido demasiado tarde del peligro Mminente en que se habia puesto su hermano, acababa de enviar en su socorro al condestable e Beaugeu. Las tropas de este caballero detu- Vieron con su choque vigoroso la fogosidad de Os infieles. En esta accion atravesó Joinville con su'espada á un gigante sarraceno, y poco espues cayó y fue atropellado por los escua- rones musulmanes, cuyo sinnúmero crecía á cada momento. Los guerrerosdel condestable, tiendo á la muchedumbre, estaban ya próxi- Mos á perecer como los templarios, cuando.el “onde de Anjou legó y mejoró el combate. Su valor hacía mas dudosa la lid; mas no podia po la victoria. Luis decidió la suerte de aque- Jornada. Mientras los cristianos y musulma- Mes se daban cuerpo á cuerpo su combate á Muerte, el rey, el yelmo en la cabeza y la espa- Me en la mano, se arroja en medio de la bata= * Nunca, dice Joinville, se ha peleado otra AS encarnizada: nadie se acordaba de las fle- 957 y todos daban grandes golpes con buenas Aza, espadas y lanzas.” Jl valor de Luis lidió vas 0 tiempo contra la fortuna, es algunas $ pareció su enemiga. Ya cejaban los es- Cuar.. s adrones franceses: algunos guerreros se echa- E | (ata) ron al brazo del Támesis y se ahogaron en él: los sarracenos dieron el grito de victoria: Bon- docdar hace el último esfuerzo y desbarata la tropa que estaba alrededor del rey; dos sarra= cenos cojen por las riendas el caballo de este príncipe: pero Luis los derriba muertos, al uno con la maza, al otro con la espada. “Yo creo, dice Joinville, que el poder de Dios doblaba entonces sus fuerzas.” lntretanto el condesta= ble habia podidó rehacer su caballería. Los fran= coses animados al ver el peligro del rey, aco- meten de nuevo: su valor es ya rabia: nada le resiste, y los enemigos desbaratados y disper> sos huyen por todas partes: victoria gloriosa, pero funesta: pues no hubo «entre los vencedo= res ninguno, cuya sangre no tiñese el campo de batalla. Joinville recibió en esta jornadacin- co heridas. y su caballo quince. Pero el carác- ter frances se manifestó entonces como siem- pre, alegre y festivo enmedio de aquel teatro de dolor y carniceria. "Senescal, decia el buen conde de Soisons á Joinville oyendo Jos gri tos furiosos de los sarracenos; dejemos bramar á esá canalla: y por la cuna: de Dios (este erd su juramento) que todavía hablaremos én pres sencia de las damas vos y yo delos sucesos e esta jornada.” Al mismo tiempo vicron llegar al conde de Bretaña, que habiéndose escapado de Mansura cubierto de heridas, vomitaba san” ere y venia asido de las clines de su caballos porque le-habian cortado las riendas. En esté miserable estado no dejaba de insultar y de de- : (143) cir sarcasmos á los sarracenos que le perseguian. Poco despues encontró Joinville al rey, cubier- to de polvo y sangre y muy fatigado. Un caba- lero Je preguntó si tenia noticias de su her- mano el conde de Artois. “No se mas, respon dió llorando Luis, sino que está ahora en el Cielo, y que debemos adorar con resignacion los últimos juicios de Dios.” Desgraciadamente el rey se empeño en continuar su plan de cam- paña, aunque ya estaba inutilizado por la de-. tencion en Damieta. La guerra era de invasion - Y solo podia esperarse la victoria, de la rapi- dez. Los musulmanes habian vuelto en sí de la ' Primer sorpresa y recibian nuevas fuerzas dia= Tiamente, al mismo tiempo que las de los cru- Zados se debilitaban. Todavía eran posibles la tetirada y la paz: pero el pundonor mal enten- ido no permitió A oidos á la razon: perdié- ronse los momentos preciosos, y la ruina fue Mevitable. Los franceses eran acometidos todos 0s dias, y estos combates parciales en que bri- laba su valor, y vertian su sangre, iban abrien- 9 poco á poco el abismo en que la ostinacion Os detenia. No solo los caballeros hicieron alar- € su denuedo en aquellos campos de batalla Arto célebres. "Un dia, dice el buen senescal *o1mville, salió solito el limosnero Juan de Vai- PL con su yelmo y espada; se mete entre los Sarracenos, que le tuvieron al principio por'uno de los rod ataca de improviso dárrelós ta- JOS y estocadas, los hace huir, despues se reti- vá peleando, se para, vuelve muchas veces con= E (144) tra los musulmanes que le persi ya se veia cercado, acude en sn socorro un des- tacamento francés, le saca del peligro y le trae en triunfo á los reales; donde unánimemente se le concedió el título de esforzado sacerdote, que conservó siempre.” El valor de los musul- manes, siempre rechazados, descaecia. Bondoc- dar para animarlos les mostraba las armas del conde de Artois adornadas de flores de lis, y su cabeza todavia ensangrentada; y les hizo ercer que estos despojos eran de San Luis, á uien decia que habia muerto en el combate. Las batallas continuaron: los franceses guar- daban con vigilancia de dia y de noche y de- fendian con valor sus reales, su puente y las dos orillas del Nilo. El general sarraceno les dió batalla campal con todas sus fuerzas: duró el combate todo el dia: el conde de Anjou, der- ribado del caballo, fue cercado y hecho prisio- nero por los enemigos. San Luis acudió en de- fensa de su hermano y le sacó de entre las ma- nos de los musulmanes. Chatillon y los demas caballeros franceses adquirieron en esta acción mucha gloria para sí y para su patria. Los tem- plarios, no menos valientes pero mas desgra- ciados, perecieron casi todos á imitacion de sú gran maestre. El ala mandada por el conde de Flandes desbarató 4 los sarracenos é hizo en ellos gran mortandad. En otras partes la fortuna fue con” iráriaá los cristianos. Alfonso, conde de Por tiers, hermano del rey, mandaba el ala izquiel” guen, y cuando. Y ts 145) da. Losinfieles dirigieron contra él sus mayores esfuerzos, y despues de una resistencia vigoro- sa, le rodearon. y prendieron. Ya le llevaban encadenado: pero en su infortunio conoció que un príncipe, defendido mas bien por el amor que por el miedo, tiene siempre grandes recursos y justos motivos de esperanza. Alfonso era muy querido de todos: y cada uno al ver el peligro en:que estaba , olvida el propio: suyo, sus afa= nes y sus heridas: lanzan un grito de furor, y no solo los caballeros y soldados, sino tambien losvibanderos; criados y mugeres del campamen= to vuelan en su socorro. Nada: resiste ásu choque impetuoso: las cadenas del príncipe se rompen, y. los enemigos rechazados, pierden la ¿presa y la victoria. Jl dia espiraba cuandolos sarracenos se retiraron vencidos en todos los puntos. Despues de este último-triunfo, reconoció el ejército yen- -Cedor que habia perdido la mitad de sus guer= reros, En uno. exortaron al rey para que volviese á Damieta; adonde todavía era posible llegar. 2uis, mas:caballero que monarca en esta oca- Slon, desechó el consejo creyendo sin razon que Una prudente retirada sería: fuga ignominiosa. El nuevo soldan Alinoadan llegó al campo de los sarracenos con crecido número de solda- 0S que traia de Asia. En estetiempo el ejército cristiano se hallaba Meido con un azote mas formidable que la Misma guerra. El aire se infestó con los mon-= tones de' cadáveres aglomerados en las orillas el Nilo y corrompidos por. los rayos del sol ar- TOMO XvI. 10 $9 (146) diente de Egipto. Sus exalaciones envenenaban las aguas y alimentos. Pocos cruzados se liber- taron del contagio: unos padecieron calenturas malignas que resistian á los esfuerzos del arte: otros, escorbutos terribles que disolvian la san- gre, enflaquecían los sólidos, a las encias y aniquilaban las fuerzas. Los progresos del mal fueron mas rápidos, porque San Luis no quiso que se echasen al agua ó se quemasen los cadáveres de los que morian apestados, sino que se enterrasen religiosamente como mártires y sol- dados cristianos muertos por la fé Ninguno se atrevía á rehusar este trabajo peligroso, porque el rey mismo daba el ejemplo con el aculdn en la mano. Todas las desgracias se acumularon en- tonces: un Ap numeroso que la reina Mar- garita envio desde Damieta, donde habia que- dado, cayó en poder de los sarracenos. San Luis tan infatigable como intrépido , consolaba á los afligidos, alentaba á los débiles, y empleaba todo el dia en visitar y asistir á sus caballeros moribundos: hasta que al fin contrajo la enfer- medad cuyos furores arrostraba. Este último 1n- fortunio abatió de tal manera los ánimos, que el rey se vió obligado por el voto general á en- trar en negociacion. Propuso la paz: y los sar- racenos que ignoraban ppp la estre- ma miseria de los cruzados, convinieron en las rimeras conferencias en entregar á Jerusalen, saliendo de Damieta los franceses; á los cuales se darian víveres para el viaje, tratando con la mayor humanidad á los enfermos que quedasen (147) en Egipto: Despues de estipuladas estas condi- ciones, no pudieron convenirse en cuanto á los rehenes. Luis consentia en dejar uno de sus her- manos: Almoadan solicitaba que quedase el mis- mo monarca por rehen. Entonces Sargines de- claró quelos franceses se dejarian degollar antes que dejar á:su rey por prenda en poder de los infieles. En. vano el santo monarca quiso entre- garse: su ejército le desobedeció por la. primera vez, y respondio álas órdenes que daba, ercer ¿ morir. Rompiéronse pues la negociaciones, y se emprendió la retirada, llena de obstáculos y peligros. SRL " —Embarcáronse en las galeras los enfermos y equipages : Luis, aunque oprimido por: la ca- lentura é incapaz de llevar sobre sí el arma mas ligera, quiso marchar con las reliquias de su ejército. Chatillon mandaba la retaguardia. Á cada paso era forzoso pelear en tierra y agua: pero á pesar de los br del enemigo Se pasó el canal de Tauris. El legado y los, obispos se embarcaron para Damieta en una galera y todo. el ejército suplicó en vano al rey que se fuese con ellos. “Jamas, decia, abandonaré á mis valientes: 6 volveré con todos, 0 morirécon ellos.” Sin espada, yelmo ni peto tomó su puesto en la retaguardia, ip entre el valiente argines y el intrépido Chatillon. Estos dos guerreros, semejantes 4 dos torres fortísimas, Servian de defensa al rey, y los sarracenos que Se alrevian á acercarse, caian bajo sus terribles cuchillas. “El rey, dice Joinville, montaba una : (148) | haquilla, vestido de una casaca de seda, y des- pues le oí decir que de toda su guardia solo le uedaron Chatillon y el buen señor Godofre de Señas que le defendian del mismó modo que un buen sirviente defiende de las moscas la mesa de su amo. E Jn Así Megó el rey, siempre peleando , hasta la villa de Chamarzak llamada hoy Zaca, donde la postracion de sus fuerzas le obligó á dete= nerse en casa de una muger, natural de París, aunque casada en Egipto. Viendo la suma de- bilidad de este príncipe, ¡todos creyeron que aquel asilo sería su tumba. Los musulmanes 1n- vadieron en crecido número la ciudad. Solo Chatillon con algunos hombres de armas se atre- vió á resistirles: los acometió muchas veces, los retiró, y volvió adonde estaba el rey, con el es- cudo erizado de flechas. Pero el número de los infieles se aumentaba incesantemente: todos los soldados de Chatillon perecieron, y solo él com- batia aun. Cercado y acometido de'todas partes, gritaba : “á Chatillon, caballeros, á Chatillon: ¿dónde estan mis hombres buenos?” Estas fue- ron sus últimas palabras y cayó atravesado de mil heridas. Su vida habia durado veinte y ocho años: su gloria durará siempre. Felipe de Mons fort defendia otra parte del pueblo con las re- liquias de la retaguardia, y con orden del rey, ididó á los sarracenos una suspension de hosti- idades. El gefe musulman, admirado del valor intrépido que infundia la desesperacion á los franceses, consentia en la tregua : y ya Montfort FP a ii E (149) él dándose las manos, iban á trocar sus ani- los, cuando un traidor llamado' Marcelo, que era ugier, grito: “Señores y caballeros, el rey me manda deciros que os rindais todos, si que- reis salvar su vida.” Á estas palabras, creyendo que el rey estaba cautivo, rindieron las armas. Un destacamento de sarracenos fue á, cus- todiar al rey y á sus hermanos. Príncipes, señores, caballeros y soldados sufrieron todos igual suerte. Los prisioneros, el oriflama y los- equipages fueron llevados en triunfo á Mansura; sin escaparsc.de manos de los 1n- fieles mas que la galera en que iba el legado; porque las, demas fueron apresadas Ó Comsu- _midas por el fuego greciano. Los sarracenos degollaron en estos buques gran número de cautivos. Joinville cuenta que salvó su vida, diciendo, por: consejo de un sarraceno, á los que iban. ya á matarle, que "era primo del “rey.” Este príncipe desgraciado, mas grande quizá entre.las cadenas que en su palacio, ens nobleciós el infortunio con su valor, y mani- festó en las prisiones la misma intrepidez que habia mostrado en los dias de su gloria junto á los muros de Taillebourg- Enmedio de los infieles invocaba con fervor al Dios de sus - Padres, y obligaba á sus fieros vencedores con Su noble constancia y resencia serena, á res- Petar la magestad di: En vano procuraron derribar su fé: su silencio, lleno de dignidad, lacía. que enmudeciese el fanatismo de los mu- sulmanes. Los infieles ofrecieron á todos los (252) francos sus iguales, sino de sus propios tribu- tarios y siervos. Los jueces de los hombres li bres eran los condes y duques, nombrados por el rey y amovibles á su arbitrio. Desde el rei= nado de Clodoveo y de sus hijos se ve á mu- chos romanos y aun á algunos libertos, hechos leudes, antrustiones, generales, y algunas veces duques y condes. Aureliano, elevado por Clo- doveo á la dignidad de conde de Melun, y en= cargado de irá pedir á Clotilde en casamiento para el rey, era romano. Leudaste pasó de sier= vo á ser leude y conde, y se atrevió á resistir á san Gregorio de Tours en su diócesis, y á la orgullosa muger de Chilperico en su palacio: Era dificil, cuando no se escribian ni pe tes- tamemos ni los contratos matrimoniales, que se probase el derecho hereditario ni se esta- bleciese la nobleza. No obstante, algunas fa- milias célebres, como la de Pipino, transmi- tieron por herencia, durante algunas generacio- nes, las Esc pl dignidades de la monar- guía. Los modernos publicistas se engañan, como algunos de sus predecesores, cuando di= cen que la nobleza existía ya desde los tiempos de Carlomagno. Entonces no habia sino linea- mientos de ella : los que se llaman optíme- tes y proceres en los capitulares, no eran mas que poscedores de dignidades eminentes y oficios importantes, pero amoviblos. Es ver- dad que algunos guerreros atrevidos, podero- sos y afortunados lograron hacer independien- te y hereditaria su diguidad, como en Francia (253) los duques de Aquitania y.los condes de Gas- cuña; en Alemania, los condes de Frisia, y duques de Baviera, y en Italia los duques de Friul y de Benevento. A ejemplo de estos, los demas duques, condes 0 seniores, aprovechán= dose de las desavenencias de los príncipes y del desorden de las guerras civiles bajo los débiles sucesores de Ludovico Pio, usurparon la he- rencia de los oficios, y lograron en fin que Cár- los el Calvo la reconociese y consagrase. Este fue un gran paso: mas para dar alguna exis- tencia á la nobleza, producida por el sistema feudal, era necesario que estos nobles de hecho perpetuasen la ilustracion de sus familias, subs- tituyendo los nombres de ducado, condado, se- ñorío, feudo, ciudad ó aldea, en fin, los nom= bres de familia, á los de bautismos, únicos que se usaban hasta aquella época. Los nuevos nombres no se introdujeron hasta los siglos x1 Y xn, época en que se organizo la gerarquia eudal. Así no hay en Francia ninguna familia noble que pueda tener fundadas pretensiones á allar títulos, pruebas 6 vestigios de su. orí- pen, anteriores á dichos siglos. Sea como fuere, as esplicaciones de los diferentes sistemas sobre “Sta materia son mas curiosas que importantes Para la historia del reino de Francia. e mas interesante es examinar, empezando de e la época conocida en que el feudalismo pletamente organizado derribó la dinastía WHovingia, como la política de los reyes Ca- Petos logró levantar la autoridad del trono so- (25%) bre lasruinas de la aristocracia francesa: y prin cipalmente, como el trono, protegiendo los pue= blos y humillando los grandes, hizo desaparecer los vestigios de los campos de mayo, de los par- lamentos carlovingios, y de lasjuntas deliberan- tes de los pares, apoderándose poco á poco de la potencia legistativa y de las facultades abso- lutas. Solo de este modo se-esplicarán los pro- gresos del poder real, templado posteriormente solo por los estados generales, rara vez convo- cados y reducidos sim autoridad legislativa, á hacer peticiones: Para medir la admirable rapi- dez con que adelantó el poder monárquico, basta recordar que los sucesores de Carlomagno ha- bian reconocido y proclamado esta máxima fun- damental del derecho público: de los francos: la ley se hace por la constitucion del principe*Y el consentimiento del pueblo : y que en pocos st- elos el espíritu de la nacion estaba tan muda- de que Pis no reconociendo mas po- der que el del rey, llama al monarca, custodio de los usos, y Boutillier, dueño de los usos; y que en fin, cuando los parlamentos, sombra delos estados generales, oponian-al trono solamente representaciones sin fuerza legal , casi todos 105 magistrados reconocieron este'principio, que to” mado á la-letra, pasa mas allá del gobierno abr soluto y di al desp tiamdd como haser el rey así quiere la ley (1). A pesar de los esfuerzo? delicada bin + y kmo (1) En efecto, si el sonido de esto axtonia es que la volun (255) | sucesivos de Luis el gordo y Felipe Augusto, todo yacia en confusion, ni habia concierto al- guno en el cuerpo social, compuesto de elemen= tos opuestos, inconexos, y sin solidez. La corte queria ejercer su poder: los señores, conservar su independencia. El combate judicial hacía Uusorias las apelaciones : se comenzaban con prontitud las guerras privadas pea evitar las seguridades: y las municipalidades, que habian recobrado sus franquicias, procuraban subs- traerse á la autoridad de los señores y aun á la e los reyes, Era menester, pues, un hombre cuerdo y esforzado, que centralizase el poder, uniese al trono todas las partes del estado, aboliese los desafios, hiciese efectiva la seguridad prefijando á, todos los barones un término cierto antes de uscar la justicia de las armas, próroga que: se amaba la cuarentena del rey; estableciese con “egularidad la jurisdicion y facultades de los dallíos, estableciose límites á las- pretensiones el clero, obligase los grandesá la sumision, y Dusiese en estimacion á los plebeyos, llamando 05 que eran dignos á los empleos públicos: RA sa Privada del monarca basta para abolir y aniquilar las lez “L forma del gobierno será despótica , como en los reinos A Y Pero si solo quiere decir y, que el roy es el supre- Mali gislador ¿y promulga las leyes hechas por él con las for Mdades competentes, y quesi las anula, no es por un acto tada, , SINO por su voluntad pública ó de puncipes mani= Comi con la debida solemnidad sel gobierno será absoluto, Eu el de Rosia , Dinamarca y otros reinos eristianos de "Pa. (Ñ. del T.) iva (255) | San Luis se:atrevió á tan grande empresa, sin mas apoyo que la veneracion tributada á su jus- ticia y su virtud. No pudo hacer leyes que des- truyesen para siempre la arbitrariedad: pero á lo menos sustituyó á la barbarie feudal, el po- der protector del trono que dirigió los franceses á la civilizacion, y adquirió la más brillante glo- ria, restableciendo el reinado dela justicia. Así sewvió, en aquellos tiempos de iniquidad, que todos los príncipes y pueblos tributaban los mayores elogios 'á su sabiduría. Los mismos bárbaros de Egipto, que le habian vencido y en- cadenado se humillaban á sus pies. Los papas y emperadores, el rey de Inglaterra y sus no- bles, las iglesias de Occidente y Oriente le nom- braron por árbitro. Hizo renacer en Francia el reinado de las leyes; y como se juzgó muchas veces á sí mismo con severidad y sacrificó sus propios intereses á los derechos agenos, recibi0 unánimemente el título glorioso de principe de la paz y dela justicia. Wste rey escelente Y grande, aunque sometió sus barones, fue muy amado de ellos, porque era avaro de los bienes de sus vasallos, pródigo de los suyos propios caritativo con los infelices, y estaba pronto 4 verter su sangre en defensa de su pueblo. Reu- nió muchos feudos á la corona con habilidad pero sin injusticia, abolió los dobles vasallageS y restableció la pa entre los grandes feudala- rios que disputaban el condado de Flandes. Pre” firiendo la verdadera gloria á la falsa grandezá rehusó la corona de Inglaterra, y tuvo por má? | 37)” honorífico ser juez de sus eternos rivales que dominar sobre ellos como rey. Si no pudo disipar las calamidades, produ- cidas por la guerras intestinas en los estados de sus grandes barones, libertó enteramente de ellas sus propios dominios. Las costumbres se oponian ála abolicion de los combates judicia- les: pero cd su ordenanza de 1270 redujo este antiguo delirio á casos muy raros y graves, substituyendo la accion de la justicia á la es- pada, la instruccion ál cartel de desafio y los testigos á los campeones. Las monedas que se alteraban antes con arbitrariedad, recobraron -Su valor intrínseco y fijo. y 4 , Restituyóse la gerarquía á las apelaciones. “ue permitido legalmente falsear el juicio seño- vial, lo que antes era felonía. Pedir la reforma € un juicio, era reclamar contra la sentencia: Alseareljuicio, declinar la jurisdicion del juez. n este último caso, pasaba el proceso á un tribunal superior: y así no era posible falsear $ Juicio del rey, porque no habia tribunal su- Perior al suyo: pero para conservar el derecho € apelacion, se apelaba entonces del rey al mis- Mo rey. Mitigáronse las leyes penales que apli- “aban á casi todos los delitos la muerte ó la Bérdida de un miembro. Los jueces dejaron € vender sus oficios, y les' fue prohibido Tecibir presentes. No se les permitió casar sus SAN ni comprar tierras en A término de su ju- Isdiccion, sino con el consentimiento del rey. labia muchos siglos que la integridad y TOMO xy. 17 . (258) sabiduría delos tribunales eclesiásticos; habia estendido su jurisdiccion á un gran número de causas, entre ellas algunas cuya relacion con la disciplina religiosa no era evidente, como las de usura y los pleitos de testamentaría. Como de estos tribunales podia apelarse á la santa sede, la jurisdiccion de Roma era efec- tiva y universal. En el reinado de Felipe Au- gusto muchos barones pidieron que se acortase, y se nombró una comision de muchos señores pará que fijase los límites de ambas autorida- de: espiritual y temporal. San Luis prohibió á los tribunales eclesiásticos la facultad de con- fiscar, dió á los litigantes el derecho de elegir la jurisdiccion á que querian someterse, y auto- rizó á la nobleza á apelar de las sentencias de dichos tribunales. Prohibidó ademas toda exac- cion de tributos para Roma; restableció el vi- gor de los antiguos cánones, la autoridad de los concilios y la antigua forma de elegir los obispos, y restituyó á los propietarios el nom- bramiento de los beneficios. Dióse el nombre de pragmática sancion á esta ordenanza célebre. espues de haber referido las principales innovaciones que hizo San Luis en la legisla- cion, no será inútil hacer un breve estracto de las leyesty reglamentos mas notables, com- prendidos án la coleccion titulada Estableci- mientos de San Luis: porque es el mejor me- dio de dará conocer el espíritu y las costum- bres de aquel tiempo, los males que era for- zoso remediar, y las obstáculos innumerables (259) ue la diversidad de los usos, la independen- cia de los grandes vasallos, la barbarie de las antiguas tradiciones y la ignorancia del siglo oponian á las miras benéficas del mas prudente de los reyes de Francia. Este santo monarca esplicó así en el preám-. bulo los motivos y objetos de los establecimien- tos: “Jn el año de gracia 1270, Luis, rey de Francia por la gracia de Dios á todos los bue- Nos cristianos que habitan en el reino y señorío de Francia, y á todos los demas presentes y futuros, saluden nuestro Señor. Por cuanto la malicia y la mentira se han introducido entre los hombres , y los unos hacen muchas veces á los otros daño, ó incomodidad y perjuicio de Muchas maneras contra la voluntad y mandato de Dios, sin miedo ni espanto del severo juicjo de Jesucristo: y por cuanto queremos que el. pueblo sumiso á nos, pueda vivir en paz y Justicia, y que los unos se guarden de hacer año á los otros, por temor del castigo del Cuerpo y de perder los bienes, para refrenar Y castigar los malhechores por medio del dere- Cho y de la equidad , invocando el ausilio de lOs, hemos mudado - estos «establecimientos, Segun los cuales queremos que se haga jus- icia en los tribunales legos en todo 'el- reimo Y Señorío de Francia.” Despues de este preám- o siguen las diferentes disposiciones legis- Allvas reunidas sin clasificacion ni orden de aterias, Al principio designa las formalidades que p (260) ” debe seguir el preboste para citar las partes, oirlas, tomarles juramento, oir los testigos, ad- mitir ó desechar las acusaciones, y juzgar se= eun las leyes conocidas, los usos y el Digesto. Prohibe espresamente en sus dominios termi- «mar las demandas y contestaciones por las ar- mas, dejando en vigor los demas medios de de- negación y justificacion. Al desafío sustituye las pruebas por testigos y títulos. Debe eS nirse, só pena de nulidad, al acusador de ho- micidio, que si es vencido en la causa, sufrirá la pena á que se hubiera condenado el reo siendo convicto. Dos testigos bastan para la prueba, y ésta se sustituye al desafío. Así, durante mu- chos siglos dependió la vida y el honor de un acusado del testimonio de dos testigos, á ve- ces muy parciales 6 muy fáciles de comprar. San Luis, arreglando las formalidades que han de observarse en su tribunal, usa de esta espre- sion: en los países donde se puede apelar de un juicio: lo que prueba que el derecho de apela- cion al rey no estaba aun admitido en muchos señoríos. Los falsos testigos son condenados 4 multa: se les prohibe el desafío: el rey se re- serva el edi de modificar sus disposicio- nes. (Esta pena muy débil para un delito tan grave, era reliquia de la ley salica). El gent hombre ó noble, está obligado á dejar los dos te” cios de su patrimonio al mayor de sus hijoS ero puede disponer en favor de los menores del caudal adquirido. Toda herencia se repart* con igualdad entre las hijas que no tienen het” 20 808) mano: la mayor tendiá ademas la casa y el vuelo del capon, esto es, una ó dos aranzadas segun la costumbre. El marido viudo no puede heredar á su hijo si éste no ha vivido la edad suficiente para gritar (crier). La muger, cuya mala conducta antes del matrimonio está pro- bada, pierde su herencia. La muger noble puede en los pleitos de viudedad, acudir, segun quiera, al tribunal del Señor ú del eclesiástico. (Jste reglamento manifiesta cuán antigua cra la in- tervencion de la autoridad espiritual endos ne- gocios civiles). Un noble, casando á su hi- jo ó haciéndole caballero, le dará la tercera parte de su tierra: Cuando una noble casa con un plebeyo, los hijos han de repartir con igual- dad la herencia: pero solo el mayor prestará ho- menage á su baron. Una baronía no se repar- te entre hermanos. Si el padre muere sin ha- er fijado la suerte de sus Lts el mayor debe ar una porcion conveniente de tierra álos me- VOres y Ábtar las hijas. (La indivisibilidad de a baronía era entonces una máxima muy fun- Amental para que San Luis se atreviese á im- Pugnarla). El baron tiene toda justicia en su lerra: y como el rey no puede poner bandos(edic- los) en la tierra del baron sin el consentimiento € éste, por la misma razon, el baron no puede Ponerlo en la tierra del vavasor (su. vasallo in- Mediato) si el vavasor no consiente en ello. En aso de homicidio, rapto, violacion y violencias A caminos reales, el delincuente es ahorcado y Wrastrado: sus muebles pertenecen al baron» ] (268) pruebe que entre los oseedores de la hacienda, él solo ha asistido al tribunal que administra justicia álos vasallos. El señor, que tiene tri-. bunal, puede obligar á todos habian á que vengan á moler á su molino, so pena de embargo de las harinas. El derecho de horno no puede pertenecer á un vavasor que no ten- ga pueblo. Un baron que es poseedor de un feudo en Otra baronía, no adquiere en ella*el. derecho de tener tribunal. Un vavasor puede depender de dos señores, del uno en cuanto al feudo y del otro en cuanto ála justicia. La muger, despues de casada. no puede hacer al marido donaciones, que son nulas poros se repartan como no libres. El baron no puede dar su hombre de fé, sino á su hermano d á su hermana, repartiendo los emolumentos: si lo da á otros, no puede exigir parte en los emo- lumento. (Esta era una modificacion del dere- cho de transferir el dominio de los vasallos como se transfiere el de los rebaños). S1 un animal dañino hiere 6 mata á alguno, su amo pagará el perjuicio: si dice que la bestia no es suya, será entregada á la justicia. Si se recla- ma contra un hombre el pago de la deuda de su padre, es menester que dos testigos decla- ren ser el crédito legítimo. 'Poda persona esco- mulgada durante un año, puede ser pre en prision y embargados sus bienes por el obis" po. Pero si'la escomunion es por deudas, lá justicia no embargará su persona, sino suS. bienes, dejándole de qué vivir hasta que sed | (269) absuelto. Los padres de hijos en pequeña edad pueden obligarse á su futuro matrimonio y darse arras en heredades 6 dinero. Si una de las partes no cumple el contrato, la otra se ocdará con las arras. Un vasallo no puede hacer mandas á la iglesia, nila iglesia acep- tarlas, sin el consentimiento de los señores. (Esta cláusula daba indirectamente al señor pa esto es, al rey, el derecho de poner ímite al aumento de los bienes del clero). No o ser recibido el testimonio de un judío. odo hombre que solo es noble por parte de “madre, aunque recibe la orden de caballería, no será caballero de derecho, porque el vientre no ennoblece, En este caso el rey ó el baron po- drán prender al nuevo caballero, mandar rom- per sus espuelas sobre un muladar, y embar- gar sus bienes. (Con estos castigos tan duros é ignominiosos se reparó enteramente la nobleza del pueblo: y el pueblo, en paga, se unió al rey contra la nobleza). El plebeyo no puede fal- sear el juicio de su señor. (O en otros térmi- Nos, no habia justicia para el plebeyo). Ll que se Mega á pagar el peage ó el que vende géneros con peso falso, paga seserita sueldos de multa. (Un mismo castigo para dos delitos de tan di- trente gravedad). Al plebeyo, que hiera pri- Mero á su señor, se le corta la mano: si hiere sargento de su señor, paga sesenta sueldos € multa. Un hombre puede coger en terreno * otro el enjambre de avejas que salió de su Colmena, Se prohibéá los hermanos pelear unos (270) con otros por contestaciones civiles ú otra cual-. quier causa que no sea traicion, homicidio ó rapto : pero nombran campeones para que combatan por ellos. (Ley propia del siglo, pero contraria á la religion y á la naturaleza, pues legalizaba en algunos casos el fratricidio). Nin- guna justicia puede prender sino en delito no- torio al súbdito del tribunal del rey: y en este caso tiene que probar la notoriedad :San Luis establece muchas formas de procedimientos, y ordena como han de instituirse los procura- dores. Da prudentes instrucciones á le abo- gados, dejándoles amplisíma latitud para la defensa. Pero les prohibe las injurias, y toda venta ó compra con su cliente mientras dure la causa. El preboste, cuando administre justicia, debe llamar á:su tribunal cierto número de hombres buenos para que voten y sentencien con él. Deben hacer buena justicia, como que estan en presencia de Dios: pues nada es mas funesto mi considerable que un juicio 1nícuo. (Esta es una corta reliquia-del antiguo juicio por pares). El hombre sospechoso y de mala fama debe ser preso é interrogado: puede ser echado del señorío, pero no juzgado sino cuan- do hay cargos suficientes para acusarle de deli- to. Golpes ó injurias se castigan en diez suel- dos, cinco para el que hace la querella y cinco para la justicia. Si es una muger, paga la mi- tad de la multa. (La ley no impone castigo 4 marido que apalea á su gro La falta de comparecer se castiga en Ocho sueldos por £ A (271) | prono: á no ser que el multado jure no ha- er recibido la intimacion. El señor no puede: juzgar en su tribunal las causas de sus vasallos 9 habitantes en sus dominios, qe se querellan de él al rey: porque, dice San Luis, son nece- Sarias tres cosas para la justicia; juez, or y demandante: y en este caso, sería el señor juez y parte á un mismo tiempo. En cualquier Señorío que se halle el que despues de haber dado seguridad, es acusado ante el tribunal del rey de haber roto la tregua, no puede dis- Pensarse de venir á defenderse en dicho tribu- nal. Un noble no puede ser baron sino tiene aronía por herencia ó por donacion real, y si d tierra no tiene mas que tribunal: pero es aron, si tiene mercado, castellanía, peage 0 clase de vasallos liges. En caso de igualdad de Pruebas, en pro y contra de la acusacion, ha € sentenciarse á favor del acusado. En mate- “la de acusación capital, ha de empezarse pro- indo y mostrando el cuerpo del delito, do tenes del homicida se configean á favor de su Seior. Todo baron que entré en las tierras de to sin causa legítima, puede ser perseguido á Peticion del agraviado ante el tribunal del rey: Cual manda hacer perquisa é instruccion: es solo el rey puede autorizar las peleas en ed tierras donde el uso no dá derecho para alas. (Restriccion que prueba que muchos Mores no consintieron en adoptar esta ley dara sus dominios). Os conocimientostran tan raros en aquella 272 época que el legislador estaba obligado á levar de la mano, por decirlo así, á todos los que pe=- dian justicia, plebeyos y aun nobles. Es muy “curioso ver con que candor tan paternal espli- ca San Luis en sus leyes todos los casos y cir= cunstancias y prescribe á las partes los trámi- tes que han de seguir y hasta las voces que han de usar, ya para acusar ya para defenderse. Citaremos el primer ejemplo que ocurra. “St. algun gentil hombre se queja 'de que su señor no le hace justicia, podrá decirle: /a sentencia que habeis dado, es falsa e injusta: no quiero pleitar ante vos. Si el señor esbaron, apelará el noble á la corte del rey ó del señor inmedia- to: y si es vavasor, llevará su queja al tribunal del baron ó señor de quien dependa; y dirá así: señor, fulano ha dado sentencia falsa contra mí, y por eso no quiero depender de el, sino de vos que sois señor: principal. Si el va- vasor se deca, el demandante podrá decir. yo me opongo áque se defienda: porque en pre- sencia y conocimisñitoimio, ha dado contra Mi que le debo fidelidad. sentencia falsa e injustas” y estoy pronto á probarlo en combate partici” lar, si se obstina en defenderse. ; Ademas de estas disposiciones legislativas y reglamentarias, San Luis mejoró con orde- nanzas, 0. creó algunas instituciones para conservación del orden público. En todos dl pos estaban obligados lua pueblos 4 dará e señores una guardia ugyana, llamada ol bo. cho 4 ronda (guet) pará la policía interjo Arete... oe E —— (273) La ronda que París alistaba y armaba, y cuyo mando estaba confiado á los prebostes, suc- cesores de los condes, era de dl cua- renta hombres, San Luis, aumentando esta milicia urbana, formó en todo el reino un Cuerpo mas numeroso, que fue el principio de la mariscalía. El amor de los franceses á su patria pudiera hacer que se atribuyesen á par- odos elogios que hemos tributado al mas grande de nuestros monarcas: mas para demos- trar mejor cuán fiel es el retrato que hemos he- cho de San Luis, citaremos algunos linea- mentos de Mr. Halam, sábio profundo, escri- tor ilustre, crítico perspicaz, y natural de In- glaterra, siempre rival y hartas veces enemiga de Francia. - Mr. Halam, despues de recordar en pocas palabras los esfuerzos que hicieron muchos se- Moros franceses para recobrar el poder que se les escapaba oponerse al acimento de la autoridad real, cuyos espantosos progresos habian conocido Muy tarde, cuenta de qué modo; cuando Luis era' menor, la prudencia y vigor de Blanca 'cprimieron y humillaron á los feudales. “En 0s 15 primeros años del reinado de San Luis, ice M. Halam, se renovó la lid muchas veces, Í fue preciso vencerlos conlínuamente para que egason á entender que el trono no estaba ya licmado sobre sus bases.” “Luis 1x, prosigue di mismo antor, tenia:para conservar su ascen- diente, medios muy diversos de la fuerza de las mas. De: todos ye que han tenido el cetro, TOMO xvl dd (27 este escelente príncipe ha sido quizá el modelo mas perfecto de irreprensible probidad y de conciencia pura y verdaderamente cristiana. En el medio siglo que gobernó á Francia, no hubo en su conducta el menor olvido de los principios de moderacion, y desinteres: y no obstante, au- mentó el influjo de la corona mucho mas que el mas ambicioso de sus predecesores.” Digimos ue varios historiadores franceses han censura- do en Luis la cesion de algunas provincias con- fiscadas á los reyes de Inglaterra. El autor in- glés, no solo le justifica, sino le colma de elo- gios por esta generosidad. “Las almas virtuo- sas, dias son las únicas que pueden discernir cuán prudentes son los consejos de la modera- cion” Ensalzando esta virtud de San Luis, tan opuesta al maquiavelismo vulgar, continúa: “¿qué soberano egoista y ambicioso tuvo jámas | la cordurá de renunciar al atractivo del poder inmediato? En el estado que tenia el reino de Francia, un monarca vulgar hubiera fomenta- do con destreza, 6 4 lo menos con placer, las disensiones que se movieron entre los vasallos principales. uls Ela siempre que era obliga- cion suya roconciliarlos: y en esta parte su be- nevolencia produjo los efectos de la política mas profunda. Sus tres predecesores inmediatos habian tenido la costumbre de ser mediadores entre el clero, la nobleza, las clases inferiores y los habitantes de las ciudades privilegiadas» Así la supremacia de la corona llegó á4:ser uná máxima universal; pero la integridad de San : (275) Luis disipó todas las sospechas, y acostumbro á los qualallció: , aun los mas celosos de 'su po- er, á respetarle como juez y legislador; y como la autoridad real no se habia desplegado hasta entonces sino en sus prerogativas mas benéf- cas, en la dispensacion de favores y en la repa- Tacion de agravios, hubo pocos observadores bass tante suspicaces para notar en la constitucion francesa el tránsito de la confederación feudal á Ja monarquía absoluta. “Luis, continúa el mis- mo escritor, se distinguia tanto e su valor y firmeza, prendas sin las cuales hubieran sido Mútiles sus demas virtudes, que nadie se atre- Vió á concebir la idea temeraria de rebelarse Contra un gobierno justo que no ofrecia ningun Pretesto á los revoltosos.” Despues de alabar merecidamente los afanes contínuos del monar- “a para arreglar la administracion, asegurar a tranquilidad del reino, y dar por la vez Primera á los franceses, con el nombre de establecimientos, un código que reunia, mo- Micaba y regularizaba la legislacion feudal y de costumbres provinciales, añade que “este Príncipe, no contento con dirigir todas sus ac- pones por la justicia, quiso tambien practicar K Virtud de la restitucion, tan rara entonces Utre los particulares, y sin ejemplo entre Jos frándes, Nombró comisarios para examinar los A que se habian incorporado sin justicia nad ominio de la corona en los dos últimos ret- pe os; fueron restituidos á los que probaron sus dueños legítimos, y se repartió á los , pietario no pudo descubrirse.” M. Halam cen- sura en San Luis las espediciones contra los im- fieles, de las cuales una le costó la libertad y vtra la: vida, sus leyes sobradamente rigorosas contra los delitos religiosos y la escesiva con- descendencia que manifestó á su madre, con gran disgusto é inquietud de su esposa Marga- rita. Pero las cruzadas no tuvieron otro defecto sino el de no haberse hecho bien por la falta ge- neral de conocimientos militares y políticos : los crímenes contra la religion eran en aquella época. traiciones contra el estado; y no sabemos que “San Luis faltase á ningun deber de rey, de hom- bre ni de cristiano, por observar estrictamente las leyes de la piedad filial. El Oriente era teatro de grandes y repen- tinas mudanzas. Cuando murió el emperador Conrado, Enrique de Lusignan tomó e título de rey de Jerusalen. El valiente Sargines, á pe- sar del corto número de sus guerreros, sosteni2 heródicamente en San Juan de Acre la esperanza: de los cristianos y el honor. del nombre francés Durante algunos años las, disensiones de los mur sulmanes permitieron á los latinos gozar de al- gun descanso: pero;el mameluco Sefedin, céle-: bre por.su audacia y sus hazañas, ancadenó victoria y se creyó cercano á someter bajo su ce” tro todos los estados del mahometismo, habicn” do humillado 6 vencido á sus competidores. Pero. Bondocdar, guerrero mas, famos% 276 pobres el valor de aquellos cuyo verdadero pro- mas feliz y sobre todo mas hábil, que habia n27 | 277) nas cido esclavo y ascendió al trono dando la muerte á sus amos, detuvo el curso de las victorias y de la vida de Sefedin; reinó como un príncipe hábil; sometió á sus leyes á Egipto, Siria, Pa- estina y Arabia, restableció el orden en estos paises, protegió las ciencias , el comercio y la agricultura, y mostró en el trono tantas cuali- ades herdicas como érímenes habia cometido Para llegar á él. y Los latinos, que conservaban algunas for- talezas á favor de una tregua que se hizo du- Tánte la guerra entre los sultanes de Egipto y e Damasco, la rompieron y se atrevieron á desafiar el poder formidable de Bondocdar. Al Mismo tiempo, poscidos deldelirioque es precur- Sor de las grandes calamidades, en vez de reu- Mirse contra el enemigo comun, se dividieron, y tomaron parte en las disensiones de genoveses y Venecianos, enemigos en Oriente como sus repú- cas lo eran en Italia. Los caballeros del Tem- Ple y del Hospital se agregaron á los helijeran- tes. € hicieron las querellas mas ostinadas y pe isietmtas Bondocdar, aprovechándose de esta anar- Quía, marchó rápidamente con un ejército de "escientos mil hombres, asoló á Nazareth , Sitio tomó á Cesaréa, y aunque rechazado de la ottaleza de Montfort, vengó su derrota to- ando por asalto la plaza de Safet y de- Sollando á sus habitantes á pesar de la ca- Pitulacion que la juró solemnemente. El feroz Acedor mostraba tanto ódio como desprecio á (284) rey: Voltaire le censura injustamente, atribu- yendo esta resolucion á su condescendencia con Cárlos de Anjou su hermano, que codiciaba las provincias de Africa cercanas á su reino; cuan- do se sabe que Luis reprimió siempre el carác- ter ambicioso de su hermano, desaprobó su conducta, le obligó hacer justicia á sus vasallos, y se negó á sacrificar la tranquilidad de Fran- cia á la conquista de Nápoles, Los príncipes musulmanes se valian de la perfidia para alejar las invasiones de los cris- tianos, dividirlos y paralizar sus esfuerzos. Como estaban siempre amenazados por las for- midables legiones de Occidente, creian que todo. les era permitido en la guerra contra los latinos. Muley Moztaulza, rey de Tunez, escribiendo muchas cartas á Luis, y enviando á su lado emi- sarios ábiles, le hizo creer que estaba inclinado á abrazar la religion cristiana. Todos los his- toriadores convienen en la verdad de este hecho: El lazo habria sido muy grosero en otro tiem- po y con otro príucipe. Pero aquel siglo era candoroso: y San Luis deseaba con mucho ar- dor semejante conquista para dudar de ella, y así esclamaba muchas veces: "¡qué consuelo sería para mi sacar de pila á un príncipe maho- metano!” Se asegura ademas que envió ¿4 decií al príncipe africano; “de buena gana pasaré € resto de mi vida en una mazmorra, si con ello logró que Muley Maztaulza y su nacion reciban el bautismo.” pa esperanza fijó la irresolu- cion de San Luis: y la astucia de un bárbar0 A (285) privó á Palestina de todo socorro, y condujo á un monarca tan prudente y á su ejército á la árida playa que fue su tumba... Los cruzados, lejos de preveer las calamida- des que les amenazaban, se entregaron á las ondas con tanto ardor como confianza, apenas legó la armada genovesa. Impacientes por ]le- gar á la costa de Africa, y engañados por una falsa voz que se diseminó en el ejército, crejan hallar en Tunez tesoros, aliados, armas y tro- pos dispuestas á facilitarles la conquista de gipto y la libertad de Jerusalen. Desde los Primeros dias de su navegacion, la suerte, mos- trándoseles contraria , pareció anunciarles el unesto éxito dela empresa. Atormentados por Vientos opuestos, quisieron arribar á Ja isla de erdeña, que estaba á la sazon en poder de los ePisa; y estos republicanos manifestaron á los tanceses la misma desconfianza, que los grie- 80s de Oriente ávlos primeros cruzados. Luis, enojado de que por la primera vez se Sospechase de su lealtad se hizo con prontitud “Umar, Reuniéronsele en el camino los reyes de varra y los condes de Poitiers y de Flandes “on un gran número de. bageles. A pocos dias edo toda la armada en una playa situada Mtre Argel y Tunez cerca de la antigua Carta- de Solo quedaba ya de esta célebre competidora a ¿o diseminados , una aldea mu- A ana con el nombre de ciudad y un castillo Arnecido de torres: Al ver el oriflama y los ones franceses, los sarracenos que coro- a (286) naban la ribera, huyen asustados por todas partes. Se creyó que esta retirada tan pronta era una asechanza, y nadie desembarco. Al dia siguiente, habiéndose reunido en la playa gran multitud de mahometanos, anunciaban con sus ademanes y gritos que la batalla sería ostinada y sangrienta. El rey dá la señal del combate: y al punto los franceses sin esperar el socorro demasiado lento de las barcas y canoas se arrojan al mar sable en mano, arrostran el furor de las olas, las puntas de los escollos y las armas de los ene- migos, llegan á la ribera, se reunen y apiñan, se arrojan con furia á los infieles, los aterran con su osadia, los desordenan y desharatan, los obligan primero á retirarse, despues á huir, últimamente á buscar asilo en completa derrota. Durante esta corta pelea y triunfo esclarecido, Luis, animando con su voz á los suyos, dirigia fervientes súplicas al Señor: y su limosnero, bendiciendo dl estandarte plantado en la orilla, proclamaba, en nombre de Dios, que tomaba posesion de aquella tierra infiel. Los musulma- nes aterrados abandonaron 'vergonzosamente desfiladeros gargantas fáciles de defender. La victoria de Lis ue brillante; pero en Africa, como en Egipto, debia perderse pronto el fruto. del valor dirigido sin prevision ni plan. No tardó en conocerse que se habia elegido mal el sitio del desembarco; Los franceses, fa tigados r los rayos del sol y la agitacion de-la pelea, no hallaron en la abrasada arena (287) | donde estaban acampados, ni arroyo ni fuente para apagar la'sed. Enpieron que cerca de Car- tago habia algunas cisternas. Los primeros des- tacamentos que se enviaron á ellas, fueron de-. gollados porra africanos. Entonces Luis, reu= niendo sus valerosos, acudió á reparar este re- ves imprevisto, dispersó á los bárbaros, se apoderó del agua, y cercó la ciudad. Creíase que fuese necesario un largo sitio para redurir esta fortaleza: pero la ardiente osadia de los franceses, animados por el ejemplo de su rey, “allanó todos los obstáculos, Pasaron los fosos, escalaron las murallas, degollaron la guarni- cion, y se hicieron dueños en un solo asalto de la tiudad y del castillo. El Escipion frances igual al romano en valor, y superior en virtudes aunque no en ciencia militar, en vez de entre- garse al reposo despues de la toma de Carta- go, trató de poner en práctica inmediatamente todos los recursos que pueden disminuir las ca- lamidades de la:guerra; y estableció con pron- titud hospitales para aliviar á los enfermos y bendar las heridas de vencedores y vencidos. as princesas sus hijas, hermanas y sobrinas, se alojaron en el castillo: y en los socorros que Prodigaron á los que padecian, dieron á aquella tierra bárbara el espectáculo nuevo de las vir- tudes animosas que la religion de caridad ins- Pira y ordena al sexo mas débil. La gran resis. tencia que encontró Luis al desembarcar en úna tierra, en donde, segun las promesas del rey de Tunez, debia esperar otro acogimiento, (288) E rompió el velo que la confianza y el desco ha- bian puesto en sus ojos; y si aun le quedaba alguna vislumbre de ilusion, se disipó con una carta de Muley Moztaulza , enla cual este príncipe, en vez de pedir el bautismo, le de- claraba que iba á marchar al frente de cien mil musulmanes para esterminar el ejército francés. No obstante, mientras de:una parte y otra se preparaban á la pelca, los sarracenos procu- raron todavía engañar á los cruzados. Estos africanos pérfidos vinieron en gran número á los reales franceses, y lograron ser:admitidos di ciendo que estaban resueltos á abrazar la reli- gion cristiana. La lealtad francesa fue tambien víctima de esta hipocresía: y aquellos valerosos, olvidando que en Exipto se les habia engañado de la misma manera, recibieron en sus tiendas á los enemigos. Apenas fue enteramente oscu- ra la noche, los traidores se levantan, se jun- tan, y dan de puñaladas á sus imprudentes: huéspedes. Pero Luis acude al. primer grito de los moribundos, dase el alarma: los cristianos: se arrojan sobre los bárbaros, los. desbaratan Y derriban. La mayor parte de ellos perecieron: los demas no libertaron sus vidas sino en virtud de la promesa y juramento que, hicieron de atrer á una emboscada un cuerpo de dos mil sarrá” cenos que estaba + cerca: pero, como debia. e57 erarse, no se volvió á saber mas de ellos. Las innumerables tropas del rey de Tunez ocupaba? toda la llanura. El ejército: cristiano, asaltado de noche y de dia y obligado:á estar siemp!” (289) sobre las armas, no tenia un solo momento de descanso. Los combates no eran batallas, sino escaramuzas sangrientas y semejantes á las que en otro tiempo dieron á los romanos los partos en Asia y los númidas en Africa. Los moros, ofaGeábles , ardientes como su abrasado celi- ma, veloces como los monstruos de los desiertos, rápidos como la gacela de sus montañas, igual- mente prontos al ataque y á la fuga, ostigaban continuamente el ejército cristiano. Los cruza- dos les oponian inútil valor, peleaban con ellos los rechazaban siempre sin poder alcanzar- os ni obligarlos á una accion decisiva. Los franceses, oprimidos por la violencia de los rayos del sol de Africa que reflectaba la arena AAN fatigados de una lucha sin término ni resultado, y que apenas tenian para _Tefrigerarse el agua corrompida de las cister- Nas, se vieron muy pronto acometidos de un contagio mas destructor que el que sufrieron antes en las orillas del Nilo. Los condes de Vendoma, de la Marcha, de Nemours, de ontmorency , de, Tiennes, de Brisac y de Apremout fueron las primeras víctimas de la *pidomia. El conde de Nevers, hijo del rey y el Cardenal legado murieron pocos dias despues. El Príncipe Felipe y el rey de Navarra, aunque Cayeron enfermos, se libertaron de la muerte: Ca fin el rey sintió circular en sus venas la pon- zona del contagio, y desde el primer momento “de la enfermedad conoció que era mortal. El Carácter de este principe brilló siempre con má- TOMO xy. , 19 A . yor esplendor en el infortunio. Ninguno dió al mundo con mas heroicidad el triste y noble espectáculo de la virtud lidiando contra la des- gracia. En vez de abatirse, interrumpir sus afanes y buscar algun alivio en el descanso, parecia olvidar sus males y atender solamente á los de sus compañeros. Visitábalos contínua- mente para consolarlos: hacía que le pusiesen al frente de sus soldados, los animaba, y el valor del santo rey aterraba “el campo de los infieles. Llegó en fin su última hora; y sus fuer- zas vencidas, no por los hombres sino por, la naturaleza, descaccieron, sintiendo la muerte róxima, y cumplió los últimos deberes de rey, ada á su heredero los últimos consejos y lec- ciones. Apartando despues su atencion de la co- rona terrestre que dejaba, para conquistar las palmas de la vida eterna, hizo el último es- Mah; se hincó de rodillas al pie de la cama; recibió el santísimo Sacraménto, se tendió sobre un lecho de cenizas, y despues de haber repeti- do estas palabras del salmista: “Señor, yo en- traré en tu casa, te adoraré en tu santo tem lo y glorificaré tu nombre,” murió como ha 12 vivido, héroe y príncipe cristiano. San Luis fa- leció á las tres de la tarde del dia 25 de agosto de 1270, á los 56 años de edad y 44 de reima- do. Este príncipe, cuyo único placer fue siem- pre el cumplimiento de sus obligaifonia me-- reció, como marido el elogio que 'Pácito hace de Germánico. Dando en un siglo licencioso e ejemplo de las virtudes domésticas, guardó 10- (291) A violable fidelidad al único lazo matrimonial que contrajo. Margarita de Provenza , su esposa, fue digna de su amor: y participó esclusivamente , de sus penas y placeres, de su lecho y trono. Los frutos de esta feliz union fue-on nume- rosos. El primero fue el príncipe Luis, arreba- tado en la flor de sus años : siguiéronle Fe- lipe 11, por sobrenombre el atrevido, que heredó la corona, Juan, que muriójóven, Juan Tris- tan, que justificó su nombre naciendo en Da- mieta y muriendo en 'Punez, Pedro, conde de Alenzon, y Roberto, conde de Clermont, el cual habiendo casado con Beatriz, hija de Juan de Borgoña y de Inés de Borbon, fue por sus hijos tronco de la familia de este nombre. Enrique1v, uno de sus descendientes, subió al trono trescien- tos años despues, y sus nietos reinan actual- mente. Margarita tuvo ademas cuatro hijas: Isa- bel, que casó con el rey de Navarra: Blanca, con el príncipe de Castilla: Margarita, con el duque de Bravante; é Inés con el duque de Bor- goña. Entre los guerreros, cuyo valor ilustró el reinado de Luis 1x, los mas distinguidos fueron Mateo de Montmorency, Amaury de Monfort, Gil Lebran, Humberto de Beaujeu, que todos cuatro fueron condestables : y lol mariscales nrique Clemente de Metz, Verri, Paste, Guillermo de Beaumont, Gauthier de Nemours, toynaldos de Presigny, Radulfo de Estres, úrico de Beajeau. La lealtad y herdico valor de Chatillon , de Sargines y del senescal Joinville, Unirán eternamente sus nombres con el de san S (292) Luis. Nuestros fastos conservarán tambien la memoria de los ministros que honró con su con- fianza este sabio monarca; los principales fue- ron los cancilleres Duerin, Algrin, Juan de Lacour, £'mon de Brioud , que despues fue sumo pontífice con el nombre de Martino 1v. A estos Lobo añadirse el señor de Nesle que fue regente. Entre los hombres mes célebres de esta época, en que San Luis llamaba las ciencias en ausilio de La civilizacion, los mas célebres fue- ron Estevan Boileau 6 Boisleve, Pedro de Fon- taines, Gil, arzobispo de Tiro y confesor del rey, Guillermo de Saint Amour, Mateo París, Pedro des Vignes, Roberto de Sorbona, Escoto, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura. Estas fueron las primeras luces que brillaron en medio de las tinieblas Apenas supo el ejército cristiano que su rey estaba en la agonía, esta desgracia hizo que se olvidasen todas las demas. El fuego devorador del clima, los asaltos contínuos del feroz ene- migo, los tormentos de la ficbre epidémica; nada en fin podia separar á los franceses del fúnebre objeto de su dolo: Aquellos intrépidos, que tantas veces habian arrostrado la muerte, tem- blaban al verla acercarse á Luis, y sus ayes Y gemidos resonaban al rededor de la tienda del monarca. Este gran príncipe, cercano ya á la muerte, tuvo que hacer el último ensayo de sus fuerzas para alentar á sus compañeros. Mando llamar á los gefes, y con su acostumbrada sere- nidad les dijo: “Amigos mios, acabóse mi Car”. y | (293) rera: no Os quejeis por eso: pues siendo vuestro caudillo, es natural que vaya delante de voso- tros. Debeis seguirme: y así, estad siempre pre- parados para el viaje.” Sus hijos y sus herma- nos, á escepcion de Cárlos de Anjou, que llegó des- pues de su muerte, rodeaban su lecho y loregaban con sus lágrimas: todos los corazones estaban subyugados por el dolor, escepto el suyo. Este buen rey, fiel ásus deberes hasta el último ins- tante, entregó, antes de morir, á su heredero Felipe una instruccion escrita de su mano; ins- trucción paternal y religiosa 4 un mismo tiempo, que se ha conservado hasta nuestros dias: y es monumento tanto mas precioso, cuanto mas bien se pinta San Luis á sí mismo, dando con- sejos á-su hijo: se ven en él sus virtudes, su bondad, las costumbres de su siglo, y su piedad pura, evangélica y síncera. "Tal era, dice Join- ville, el mejor de los reyes, que ha vivido tan santamente y que ha hecho tan buenas obras para con Dios; el príncipe mas santo y justo que ha tenido corona; cuya fé era tan grande, que pa- recia, no que creía los misterios, sino que los veía: modelo en fin el mas perfecto que presenta Aa historia Fe los soberanos pS quieren rej- har segun Dios y para bien de sus vasallos.” úl original de esta instruccion, dada por San uis á su hijo, fuc hallado en 1374 por Gerardo e Montaigu, archivero del tesoro de las cartas, y presentado al rey Cárlos v, que lo regaló 4 su cuñado el duque de Borbon, descendiente de San Luis. Enla cámara de cuentas se deposita- ... (300) | ns de los mismos italianos : pues si se esceptua a inmensa influencia de la santa sede en toda la cristiandad, suceso que pertenece á la histo- ria del cristianismo y no á la de Italia en parti- cular, la política que dirigió los varios sucesos fue propia de los pueblos dominadores, no del subyugado. Cuando los restos de tantas naciones y monarquías derribadas sucesivamente sobre as ruinas de las anteriores, se llegaron á con= fundir con la poblacion primitiva de Ttalia: cuando esta alusion de diversas gentes y fami- lias legó á tener un espíritu nacional y el amor de la propia independencia, entonces empieza verdaderamente la historia de los italianos mo- dernos: y esto no se verificó sino á mediados del siglo xn, época, en que descubrimos ya en esta nacion carácter, política, literatura y fisonomía individual. - El periodo histórico que habemos de recor- rer, comprende la dominacion de cuatro pue- blos célebres en Italia, que son los ostrogodos, lombardos, francos y alemanes: y así lo dividi- remos en cuatro secciones que abrazan un inter- valo de ocho siglos. En la narración, procura” remos, como siempre, abreviar aquellos sucesos * que hemos contado con suficiente estension CR las historias del imperio de Oriente y de Fran- cia: pero antes de empezarla, 16, será fuera de caso dar una idea general de 1S épocas y revo” luciones principales de este pais. La conquista de Italia por los hérulos y os trogodos en el siglo y no destrayó la unidad (301) gobiérno : ya porque Odoacre y Teodorico la sometieron toda entera, ya porque la sombra ilustre y grande del imperio y los nombres de senado y pueblo romano, subyugando los áni- mos, sometian naturalmente toda la península al que fuese señor de la ca ital del Piber. Cuando en el siglo vi ion Belisario y Narses el imperio.de los ostrogodos, y some- tieron la Italia á Constantinopla, quedó des- truido aquel lazo de unidad : porque los empe- radores griegos, no queriendo que hubiese mas centro de poder hiba ciudad del Bósforo, aca- baron con el senado romano, y dividieron el pais en provincias ó ducados, gobernados arbitraria- mente por duques y exarcas. La señora del mun- do no fue mas que la capital del ducado de oma. Los lombardos, que invadieron en el Mismo siglo la parte septentrional de la penín= Sula, hallaron establecida esta division, y la. conservaron como muy apropósilo para conso- idar el régimen feudal, tan acomodado á sus Costumbres y á su posicion. Roma ofendida, abandonada por los monarcas de Constantino- Plaála ambicion de los lombardos, y protegidas Por la influencia de los sumos pontífices, recono- ió la soberania de la santa sede: primer acto fe la emancipación de los italianos. Venecia, Undada por los que buscaron asilo y patria en OS islotes del golfo Adriático, huyendo de los Urores de Atila en el siglo v, tenia ya en el vr Marina y poder; y era aliada natural de Roma Contra lombardos y griegos. 302) Pero las débiles fuerzas de estas dos ciuda= des no bastaban á resistir á enemigos tan po- «derosos. Fue preciso implorar el ausilio de los francos que en el [siglo vr destruyeron la do- minación de los lombardos y establecieron la suya en Italia, renovando el imperio de Occi- dente. Sin embargo, los italianos fueron mas independientes bajo la dinastía de los Carlo- vingios, tanto porque los francos no emigraron como los ostrógodos y lombardos para estable- cerse en Itália, como porque el poder de los sumos pontífices sobre toda la cristiandad au- mentaba diariamente. Cuando en el siglo x acabó la dinastía de los Carlovingios, los alemanes que habian con- servado la gran parte de su imperio, hicieron valer sus derechos en Italia al favor de las dí- visiones que asolaban este pais. Pero su domi- hacion, siempre contestada por Roma, fue des- truida en el siglo xm. Esta era la ocasion de fundar en Italia un imperio compacto é inde- pendiente: pero la multitud de repúblicas y es- tados pequeños que nacieron de las ruinas de la dominacion germánica, las guerras de ambie cion, las convulsiones democráticas, los odio$ provinciales, y el influjo activo de las poten” cias estrangeras que siempre miraron á [tala como su presa, impidieron la fundacion de NE poder central. Los sumos pontífices quisicro? establecer á lo menos una confederacion de fuer” zas como la que existía en Alemania: pe tampoco fue posible: porque ningun estado $ (303) fiaba de otro, y todos aspiraban áengrande- cerse á costa agena. | Los aragoneses disputaron á los angevinos, en los siglos xn y xtv el reino de Nápoles. Los franceses en este último siglo y en el xv disputaron á los españoles y á los austriacos el ella y el norte de Italia. España triunfó enel siglo xv1, y hasta el xvn conservó la supre- macía en Italia, merced á su cordura y á las riquezas del nuevo mundo, con que pagaba la ia de los italianos y los enriquecia. La guerra de la sucesion de España hizo á los aus- triacos potencia dominante en ltalia: y-4 pesar del establecimiento de una rama de la familia de Borhon en el reino de las dos Sicilias, to- davía lo son, por la adquisicion de los estados de la estin cade república de Venecia. Así los Malianos han reconocido en todas las épocas de Su historia la supremacía de alguna nacion es- trangera. Su carácter sutil y aficionado á la as- tucia, ha sido el resultado de su contínua posi- cion entre señores que los oprimian y liberta- dores que so color de alianza aspiraban tambien Y Oprimirlos. La pasion de los celos y los fu- tores de la venganza son hijos del Rea ar- tente del mediodia, como tambien su estraor- Maria aptitud para las bellas artes, las cien- “las y la política. Háles quedado de los anti- $10s romanos el amor de las grandes empre- Sas y la constancia en sus designios : pero jamás Sus fuerzas han sido suficientes para llevarlos á Cecucion, O En medio de esta versatilidad del poder, de esta política necesariamente falsa y variable, de tantas calamidades como debió producir el estado perpétuo de guerra estrangera y civil, descollaba el poder de la santa Sede, como un obelisco cesidindo que servia de punto de reu- nion, no solamente á Italia, sino tambien á todo el orbe cristiano. Su potencia política de- bida á las necesidades sociales de los siglos de la edad media, y aumentada por Gregorio vi, empezó á decaer cuando los remados de Luis 1x en Francia, y de Fernando 1 en Castilla en- señaron á los demas monarcas de Europa á substituir el imperio de la justicia y de las má- ximas del cristianismo, al de la as brutal que fundó los estados modernos de Europa: no. siendo ya tan necesario el poder político del cristianismo , fue poco á poco perdiendo su 1n- fluencia, hasta que se redujo á los estrechos límites de las provincias que componen ahord el estado de la iglesia. Mas no por eso abdicó la santa Sede ni abdicará jamas la supremacid moral y civilizadora que le concedió el divino legislador de los cristianos. En los siglos bár” baros templó con las virtudes é instituciones cristianas la ferocidad de las costumbres, Con” servó los monumentos del saber que dejára la antigiiedad , abrió las sendas de ciencias, y artes á las generaciones modernas y mostro verdaderos principios del régimen de los yes blos. Cuando ya la civilizacion se ha esten ido, y tocado y aun pasado de sus justos Límites, (305) muestra á todas las naciones en las máximas indestructibles de la doctrina evangélica, las únicas reglas de moral que pueden corregir los vicios, alentar las virtudes y hacer felices á un mismo tiempo á los pueblos y á los indi- viduos. SECCION PRIMERA. DOMINACION DE LOS OSTROGODOS EN ITALIA. Odoacre, rey de Italia (476). Los hérulos y turimgios, que bajo el mando de Odoacre, dieron al imperio de Occidente el golpe mortal, eran originarios de las selvas que se estienden á lo largo del Elba, donde este rio sale del randemburgo actual para estenderse en las lanuras de la baja Sajonia; y aun todavía hay €n aquellos paises una provincia, que conserva el antiguo nombre de Turingia, y su capital es "lurt. Segun puede conjeturarse, estos pue- Os eran escandinavos. Pasaron de las orillas “del Elba á las del Danubio en el movimien-= to general¡que hicieron en el siglo y los pueblos del norte contra el imperio. comano; y cedieron Su nueva morada á los lombardos, procedentes le las orillas del bajo Oder, pe Odoacre e hizo pasar los Alpes para la conquista de talia. El pueblo, pues, que acabó con el imperio “e Roma, fue quizá el menos célebre y pode- 050 de cuantos invadieron entonces el Occi- te Europeo: pues ni antes ni despues de Oacre tuvo fama ni nombradía. Apareció TOMO xy1. 20 / P (506) como un espectro para cumplir la terrible mi- sion que la providencia le confiaba, y volvió a sumerairse inmediatamente eu las tinieblas de oivido. q Odvacre concluyó su conquista casi al mis- mo tiempo que la empezo. Preso y muerto en Pavía, Orestes, padre del emperador ÁAugus-. tulo, cantivó este emperador en Ravena, y en- viado al castillo de Luculo en la ciudad de Ná- poles, Hamado hoy del Ovo, donde acabo sus dias, quedó el rey Hérulo dueño absoluto de Ktalia. Rieinaha entonces en Oriente el empera- dor Cenon, que entregado á las disputas rel glosas, reconoció fácilmente el derecho de 1 fuerza. Galia estaba repartida entre francos borgoñones y visigodos; estos últimos eran los mas poderosos por la reciente conquista de Jus" paña hecha por su rey Kurico, insigne como guerrero y como legislador. Los vándalos po” seian el Africa; los ostrogodos, la Pannonia y la Mesia: y Germania estaba sometida á 4 versas tribus de las cuales ninguna queria Y jarse en aquel pais, mientras no oefdia la es peranza de lograr conquistas y establecimientos en ltalia ó en las Galias. Tal era entonces 24 situacion del mundo político. “> guórase á cual de estos dos pueblos, héru” los y turingios, pertenecia Odoacre; solo $ sabe que era oficiaben la guardia del empera e Augustulo, y que conociendo la situación de imperio, formo el “proyecto de destruirle, marido 'á Halia á aquellas dos naciones dá! e S (307) ras. Despues de conquistada la península con felicidad, la gobernó como buen príncipe y po- lítico hábil. Su primer cuidado fue solicitar de Cenon el título de patrició, que equivalia al de vicario del emperador, e legitimar su A Esta pretension de Odoacre halló gran- e oposicion en la corte de Constantinopla, porque Julio: Népote, antecesor de Augustulo y destronado por él, conservaba todavía en Dalmacia a ciudades y el título de em- ir y era obedecido en Provenza; siendo ermano de Verina, emperatriz de Constanti- nopla, y habiéndole enviado á esta corte á ser emperador de Roma, no podia Cenon acceder decentemente á-su' despojo: y así aconsejó á Odoacre que solicitase de Népote el título de Patricio. Ódoacre lo hizo así, y entretuvo á este príncipe con vanas esperanzas de resta- hlecerle en el trono, mientras reinaba verda- deramente. Igual felicidad tuvo'en su negocia- cion con Genserico, rey de los vándalos: pues por una suma de dinero y algunas fortaledas de Sicilia, logró la posesion de esta isla, que habia estado en poder del vándalo, desde la espedicion que hizo de Africa, en el reinado del emperador Máximo, para saquear á Roma y devastar á Htalia. Odoacre conservó en el mismo estado que antes tenian, las leyes y gobierno; y dejó al Senado romano todas sus facultades y prero- | pots: pero se hizo odioso á los pueblos de -Malia, repartiendo el tercio de todas las pro- (308) piedades á los bárbaros que le habian ausiliado” para la conquista: providencia necesaria, sl habia de conservar la fuerza á la cual debia su elevacion. Pero si se escepiúa este acto obli- gado de injusticia, triste producto de la usur- pacion, en todo lo demas gobernó con pruden- cia, rectitud y bondad. p ' La única espedicion militar que se cuenta * de él, siendo ya rey, fue al Norico, hoy Aus- tria, provincia de Alemania. Los rugios, pue- blos de las orillas del Báltico, de orígen escan= dinavo. se habian establecido cerca del Danu- bio de Baviera é infestaban á los habitantes ro- manos del Norico, que imploraron los socorros del patricio de Italia, poniendo por intercesor á su amigo san Severino, obispo de aquel pais, Odoacre pasó á él dos veces, y rechazó á Faba, rey de los rugios, que huyó á Pannonia á la corte de su pariente Teodorico, rey de los 0s- trogodos. Odeacre, á pesar de su victoria, te- mió dejar espuestos los pueblos del Norico 4 nuevos ataques de los rúglos, y así ersuadi0 á sus protegidos que pasasen á establecerse en Italia, donde les distribuyó nuevas tierras. Esta espedicion que le pareció útil para acrecentar su poder, ya con la fama de sus victorias, ya con el aumento de sus súbditos en Italia , contribuz yó de dos maneras á su ruina. La primera, ha- ciendo mas intenso el odio de los italianos, pot” ue hubo de despojar á muchos de sus propi” dude para darlas á los huéspedes que trajo ¿e Norico: la segunda, dando nuevo pábulo á 24 q (309) animosidad del estrogodo Peodorico, bastante dispuesto ya por su ambicion á pasar á Italia con su pueblo. .. Cesion de la Provenza ú¿ Eurico, rey de los estrogodos (479). No obstante, todavía le fue enigua la suerte. Julio Népote murió, y le li- berto de un rival, cuyos derechos temia. Enton- ces el emperador Cenon le. confirmo sin escrú- pulo alguno el título de Patricio, y se agrega- ron al reino de Htalia las tierras de Dalmacia y Provenza que aun conservaba el difunto ex- emperador. Es verdad que Odoacre, para tener á su devocion á Eurico, rey de los visigodos, ge era entonces el monarca mas poderoso de Occidente, le cedió todas las tierras que Népo- ta habia poseido al: otro lado de Los Alpes Marítimos. soba Pontificado de Felix 111 (483). Despues de la muerte del papa Simplicio, que tuvo el do- lor de ser testigo de la runa del imperio de Occidente, fue elevado 4 la: silla pentifical Fe- lixona, que sostuvo una: terrible. lucha contra el emperador: Cenon, acérrimo partidario de Os eutiguianos, y: contra Acacio, patriarca de Constantinopla, cuya ambicion se valia de la inclinacion de Cenon 4 dicha.secta, con el fin e hacer la silla de Bizancio superior, ópor lo Menos iguál ác la de Roma. Los. legados del a a que pasaron: á; Oriente! á transigtr estas, 'erencias, fueron: maltratados: y presos; * y cacio” borró de los dípticos clinombie del pa- Pa: y al mismo: tiemporque lá: fé cristiana y z (316) afecto á la heregía de Eutiques; hizo que sus partidarios dedo al arcediano Laurencio. Concertóse para terminar el cisma que causaba esta doble eleccion, que ambos pasasen á Ra- vena, donde Teodorico residia ordinartamente, y que alegasen su derecho ante él. Teodorico decidió que la primera eleccion: debia ser la le= gítima, y Simmaco fue reconocido por sumo: pontífice. Sus enemigos ¡irritados le acusaron, cuando volvió á Roma, de crímenes horribles: pero fue declarado inocente en un concilio de: ochenta obispos: y para que se celebrase con la: debida tranquilidad y reprimir á los facciosos que querian torbarla, pasó Teodorico á Roma, y conservo el orden con su presencia y autor dad. Floreció en este tiempo en letras y santi- dad, Epifanio, obispo de Pavía, muy estima- do de Teodorico. 3 Guerra entre francos y borgoñones (500): Clodoveo deseaba conquistar la Borgoña, y mo= vió cruel guerra á Guindebaldo. Para no tenet contra sí las armas de dos enemigos poderosos: se coligó con Teodorico. Este príncipe, que mi rába como muy arriesgado para el reino de Tta- lía la cercanía de un monarca jóven y ambici0- so á sus fronteras, entró en'la/altanza propues” ta: pero á pesar de la batalla de Dijon que gano Clodoveo, le obligó con sus persuasiones á: as cer la paz con el horgoñon, mediante un tri” buto: siendo lo mas singular que al mismO tiempo que privaba al franco del fruto de se victoria, él ganó para sí en virtud de la alian” (317) za muchas ciudades de Provenza, señaladamente á Marsella. : Tutela del reino de los visigodos confiada ú Teodorico: su guerra con Clodoveo (508)... En la historia de los visigodos y en el reinado de Clodoveo, comprendido en el segundo tomo de la historia de Francia, contamos muy á la lar- ga la guerra entre Alarico y el fundador de la monarquía francesa : los esfuerzos de Teodorico para evitarla, y la sangrienta batalla de Vou- glé, en que pereció o y que puso en manos de Clodoveo el mediodia de Fran- cia. Teodorico, no queriendo tener tan cercano á sus dominios un principe tan valiente y activo, e declaró la guerra, y envió con un ejército á su general Tulun en defensa de la ciudad de Arlés, que Clodoveo sitiaba. Los francos fue- ron derrotados. Anastasio, emperador de Oricn- te, enemigo de Teodorico, pero enemigo débil, Procuró encender mas los odios entre las dos na- “iones beligerantes, y tener á favor suyo á Clo- Oveo: para conseguirlo, le envió los títulos de Patricio, cónsul y augusto, que segun la diplo- Macia de la corte de Oriente, le daban dere- chos sobwe Italia. Al mismo tiempo tenia Veo- Orico que pelear contra Gesalico, hijo bastar- 0'de Alarico, por la razon siguiente. Alarico e su -muger, la princesa ostro oda 'Teudi- do a Peodorico, un hijo lejítimo lla- rape malarico, peroen menor edad: por lo cual 'Visigodos prefirieron á Gesalico, que aunque sStardo, era jóven, Teodorico sostenia los de- A rechos de Aínalarico, su nieto tanto mas, cuanto el nuevo rey de los visigodos, cobarde, cruel y deshonesto, no era apropósito para de- fender la monarquía en circunstancias tan crí- ticas. dol Paz entre francos y visigodos (510), Teo- dorico triunfo de ambos enemigos. Gesalico fue vencido y muerto. Los francos sufrieron una nueva derrota é hicieron la paz; en la cual Peo= dorico adquirió algunos territorios en Proven= za, los visigodos conservaron la provincia nar= bhonense, y Clodoveo adquirió la inmensa esten sion de pais que media entre el Loira y el Piri- neo occidental. El rey de Italiaclogró dos venta- jas: una, tener defendidas sus fronteras contra Clodoveo, con la provincia de Karbona: otra, ser reconocido por tutor de Amalarico, lo que le daba tanta toflacncia en la monarquía visigo- da, que algunos historiadores le cuentan entre los reyes godos de España. Ll general Teudis, á guien envió de Italia para que gobernase en su nombre el reino de su nieto, despues dela muerte de éste ascendió al trono de: los 'visogodos. Los cuidados, que causaban á Teodorico la ambicion delos francos, cesaron con la muerte de Clodo- veo, acaecida en 511 y con el repartimiento de su monarquía entre sus cuatro hijos. Pontificado de Hormisdas (514). A: Siimaco sucedió en el sumo pontificado Hormisdas; € cual siguiendo ebejemplo de Gelasio y Sinmacos exijió que loz orientales condenasen la memo” vid y nombre de Acacio. Despues de largas con” | (319) testaciones logró en fin salir triunfante de esta lucha contra las últimas reliquias del cutiquia- nismo, y las dos iglesias de Constantinopla y Roma volvieron á reunirse en 520, habiéndose quitado el principal obstáculo para ello, con la muerte del emperador Anastasio. Sucediole en el trono Justino1. | Muerte de Sínmaco y Boecio (525). Yeodo- rico gobernaba en paz y justicia sus estados, cuando el penúltimo año de su vida echó sobre ' su gloria un borron que no le ha perdonado. la. historia, dando muerte á los dos ilustres sena- “dores Sinmaco, y Boecio su yerno. Este era gran filósofo y escritor, patricio distinguido, hom- bre rectísimo independiente, y que nada temia cuando se trataba de defender la virtud. Los aduladores de 'Peodorico le inspiraron primero temores y despues sospechas contra este insigne varón, que muriden un cadalso, víctima de acu- saciones calumniosas, Á su muerte se siguió la de su suegro Sinmaco, á quien se le Atributo el Proyecto 6 el desco de vengarle. El remordi- miento de esta injusticia abrevió los dias de Peodorico. 25 Antes de fallecer puso en prisiones al pon- Vílice Juan 1, que habia sucedido á Hormisdas en 523 : su delito fue no haber podido recabar e Justino, emperador de Oriente, que trata- Seá los arrianos con la misma mansedumbre plo "Teodorico trataba á los católicos. A pocos NS murió este príncipe despues de treinta y Ocho años de un reinado glorioso, solo. mancha- (320) Odoacre, Sinmaco y Boe- cio y con la sevicia gratuita é inútil que usó con el papa Juan 1. Dejó por heredero ón su reino á Atalarico, sa nieto, hijo de Amalasunta, su hija, y de Eutarico, principe de la familia real de los Amalos. Como Atalarico era menor, que- dó encargada de la re encia del reino su madre Amalasunta, digna Ta de Teodorico por su valor, prudencia y virtudes. ÁAtalarico, rey de Ftalía (526). Apenas Amalasunta tomó en sus manos las riendas del gobierno, escribió al emperador Justino para que reconociese la autoridad de su hijo: porque los reyes godos no se creian con derecho de rei- nar en Italia, sino como lugar tenientes del ¡m- perio. Justino, que habia incitado á los lombar- dos para que acometiesen á los godos en Pan- rionia despues de la muerte de Teodorico, viendo á sus ausiliares vencidos por las tropas de Ama- lasunta, hubo de reconocer á Atalarico por rey deltalia. La reina cedió á Amalarico, rey de los visigodos, algunas ciudades de Provenza, para conservar la alianza y buena amistad con aquella nacion del mismo orígen que la suya. Así.SU prudencia y vigor conservaron la paz y prospe- ridad de Italia, durante su regencia. Puyo por ministro á Casiodoro, el primer literato y polí- tico de su siglo, que fue privado, historiador Y do con la sangre de ape: Po de Teodorico. n el mismo año que ascendió al tron0 Amalasunta, murió en la prision el papa Juani, tuyo sucesor fue Felix 1y. 0 (321) - Fundacion del monasterio de Monte Casí- no (529). San Benito, natural de Nursia en el pais de Sabinia, dotado de las virtudes propias del verdadero cristiano, introdujo en Occidente las reglas é institutos .monacales: pues aunque ya habia en Italia y en otras paris muchas ermitas y algunas comunidades de monges, ca- recian de cánones fijos y determinados para su régimen y disciplina. Fundó el monasterio de ' Monte Casino cuna de los demas de Europa: pues poco despues san Martin Dumiene, el apóstol de los suevos, llevó á España la regla de san Benito, y san Mauro la propagó en Fran- cia. Los votos religiosos, el trabajo corporal, la frecuente oracion y el estudio constituían la parte principal de esta regla. Las virtudes de san Benito y de sus discípulos consolaron la humanidad en medio de los males contínuos ¿Que la afligian por las guerras é invasiones de! los bárbaros, y adquirieron á los monges la veneración merecida del orbe cristiano. El mis- mo año murió el papa Felix y le sucedió Bo- mfació 1, el cual designó por sucesor suyo al diácono Vigilio en un concilio, que le con- cedió esta facultad; mas fue revocada despues en otro «concilio, en cuya presencia entregó á las. llamas Bonifacio el decreto: anterior de nombramiento. Teodato, rey de Italia (534). Amalasunta, fulada tanto de su propio dictámen, como de Os consejos de Casiodoro, procuró dar á su hijo una educacion esmerada, é hizo que se le TOMO XVL. 21 | (322) instruyese en las ciencias y literatura de los. romanos. Los godos llevaron muy á mal que se. apartase á su príncipe de los ejércicios milita= res y de las costumbres groseras, pero candoro- sas de la nacion, para iniciarlo en las artes de la civilizacion, que ellos llamaban astucia, afe- minación y perversidad. Movíalos á pensar así el contraste que hacian las recientes virtudes y hazañas de Meodorién; que nunca supo escribir con el carácter horrendo de su sobrino Teodato, hijo de una hermana suya y gobernador de Toscana, que siendo muy sábio en todas las ciencias, y letras que entonces se estudiaban, era pérfido, cruel, avaro y cobarde; reuniendo todos los vicios de los griegos y habiendo per- dido todas las virtudes de los godos. Atalarico no sostuvo con mas felicidad el honor de la educacion literaria. O por su mala índole 6 por los vicios de sus compañeros, se entregó á toda especie de disoluciones con tanto ardor y ahinco, que arruinó su temperamento y contrajo una enfermedad de languidez , que en breve le llevó al sepulcro. E Era Teodato el único heredero baron de la familia de los amalos, y por consiguiente el legítimo sucesor al trono, no siendo costumbre de los godos reconocer el dominio de: las hem- bras. Justiniano, emperador de Constantino= la, que acababa de subyugar el Africa y de tido en ella la monarquía de los vándalos 'por el valor y la pericia de su célebre genera lisario, meditaba ya emplear en la conquista | Ba de Italia el mismo. brazo que habia triunfado de Cartago. Amalasunta, perdido su hijo, ena- genado el afecto de los ostrogodos que la cul- paban por la mala educacion y ad: muerte del heredero de Teodorico, amenazada por las fuerzas del imperio que dirigía un gene- ral hábil y afortunado, abrazó la única tabla q en tantos peligros le ofrecia la fortuna: y ¡simulando el desprecio que le inspiraba el - Carácter vil de Teodato, le dió la mano de es- Posa hajo la condicion secreta de que ella con- Servaria el mando. Así esperaba, reunidas las fuerzas de entrambos y dirigidas por su habili- dad, salvar el reino de todos los peligros que € amenazaban. Teodato prometió cuanto ella quiso; pero ape- Mas se vió en el trono, la desterro á una isla del ago del Bolsena en Toscana, donde la hizo Matar al año siguiente, movido tanto de su Perversidad propia como de las sugestiones y emisarios de Teodora, muger de Justiniano, que temia el ascendiente de la hermosura y del ta- ento sobre el ánimo del emperador su marido. on la muerte de Amalasunta empezó á des- Caecer la gloria y fortuna del nombre ostrogodo €n Italia. Ll mismo año de 535 falleció el papa uan n y le sucedió Agapito. La corte de Constantinopla, que habia sido : el Principal mobil de la muerte de Amalasunta, Se dispuso á vengarla, y declaró á 'Leodato, que era preciso que restituyese la Htalia al im- Perio. El vil ostrogodo prometió hacerlo, con tal 324) . que se le asignase una renta cuantiosa, y envió con cartas suyas al santo pontífice Agapito, cuyas virtudes eran veneradas en todo el mun- do cristiano, para que sostuviese sus intereses ante el emperador. Éste papa era tan limosnero y pobre, que fue necesario empeñar los vasos de la iglesia de Roma para los gastos de su. viaje. Parecia ya concluido el tratado de cesion, cuando Teodato supo que los godos habian con- seguido una señalada victoria sobre los impe- riales en la frontera de Pannonia. Este feliz suceso alentó sus esperanzas: se preparó á hacer la guerra con firmeza y rompió las negociacio- nes ya casi concluidas. Toma de Nápoles por Belisario (536). Entre tanto pasaba Belisario con el ejército que domo los vándalos de Africa, á la isla de Sicilia, donde halló muy poca resistencia, ya fuese por la inepcia de 'Peodato, ya porque los godos, nO siendo poderosos por la mar, no la miraban sino como un punto abanzado de la frontera: De Sicilia pasó al Brucio, se apoderó de Regio» y marchó sobre Nápoles, arrojando de la parte meridional de Italia las tropas ostrogodas. Ná- poles era fortaleza del primer orden, y habria detenido por mucho tiempo al caudillo impe- rial, si no se hubiese introducido un cuerpo 44 su ejército por un acueducto, que daba desde € campo al centro de la plaza, y que le habiA mostrado un desertor. La guarnicion goda, ac0 metida á un tiempo por este cuerpo y por * grueso de las tropas imperiales que asaltaroD f (638) : los muros, se vió obligada á rendirse. La po- sesion de Nápoles facilitó á Belisario penetrar en el centro de la potencia de los godos, y em- prendió sin dilacion la conquista de Roma. Este mismo año murió en Constantinopla el papa Agapito, y tuvo por sucesor al sub- diácono Silverio, hijo del pontíce Hormidas, habido en legítimo matrimonio antes de su ele- vacion á las ordenes sacras. Veliges, rey de Italia (537). Los ostrogo- Os, indignados contra Teodato, á quien atri- uian justamente todas las desgracias de la na- cion, le quitaron el cetro, y lo dieron á Vitiges, general valiente y activo, que para aumentar Sus derechos y consolidar su ai casó con Matasunta, hija de Amalasunta. Teodato, des- Pues de su destitucion huyó á Ravena: Vitiges, temeroso de su perfidia y del partido que po- cian formarle sus grandes tesoros, le, perst= guió, le alcanzó en el camino y le dió muerte Con su misma espada. Así acabó aquel peryer- $0 príncipe, causa principal de la ruina de su Patria. y | a ea Pero Belisario era ya dueño de Roma, del Samnio, del Piceno y de la Umbra. Vitiges, biendo reunido todas sus fuerzas sitió á Ro- A: pero vencido en una batalla que Je dió m Belisario junto á los muros de esta ciudad, se Volvió á Ravena, y mientras juntaba nuevo ejór- Sito, imploró el ausilio de 'Peodoberto, rey de Ustrasia, al cual cedió los territorios que po- Sian en Galia los ostrogodos, de los lombar- (332) cito se componia de gépidos, lombardos y otros bárbaros, que militaban á sueldo del imperio: po la disciplina era romana, y el general que os dirigia, Migas de los primeros siglos de la república. Desembarcó en el campo Piceno con todas sus tropas, marchó á Riavena, donde hizo su plaza de armas, y salió al encuentro á Totila SS venia de Roma contra él con todas sus uerzas. Encontráronse los dos ejércitos en la llanura de Urbino, célebre ya por una victoria de Camilo contra los galos, y por la rota de Asdrúbal, el hermano de Anníbal. Allí fue com- letamente vencido el ejército de los ostrogodos. 'Totila, despues de haber peleado con el valor * ue acostambraba, se retiró con solo cinco sol= dd de caballería, y fue herido en un costado por el rey de los gépidos que le perseguia. Po- cos dias despues murió de su herida: príncipe, - que hubiera consolidado el poder de los godos en Italia, si hubiese reinado inmediatamente despues de Teodorico 6 de la regencia de Ama- lasunta. Los ostrogodos no pudieron hacerse fuertes sino en las orillas del Sebeto, y faldas del Ve- suvio. Eligieron por rey á Toya, llamado por SU intrepidez el mas valiente de los godos: Ñ cua se preparó á pelear de un modo digno de su re- nombre. Pero sus esfuerzos fueron inútiles con* tra la fortuna y la pericia del eunuco, Despues de la batalla de Urbina, marchó rápidamente sobre Roma, la tomó por asalto, y prosigwo (333) su marcha hasta encontrarse con el ejército ene- migo junto al Vesubio, donde se dió la segun- da batalla, que acobó con la potencia ostrogoda. Teya peleó con la temeridad de un soldado, y despues de cuatro horas de combate, pereció con ' gloriosa muerte: sus tropas en vez de desani- marse, redoblaron su ardor con la ira; de modo que Nárses no pudo llamarse victorioso , hasta que fueron esterminados casi todos sus enc- MIgos. Aligerno, último rey de los ostrogodos (553). as reliquias de estas dos batallas se refujiaron á Cumas, plaza fuerte donde los ostrogodos ha- tan feunido todas sus riquezas; y eligieron por rey á Aligerno, hermano de Teya. Al mismo tiempo infestaba á Italia un ejército compuesto de francos y alemanes, que Teodoberto, rey de Austrasia, receloso ya del escesivo poder de Jus- Uniano, envió en ausilio de los godos, bajo las Órdenes de Lotario y Bucelin sus generales. Es- tos impidicroná las tropas de Nárses apoderar- Se de Verona, derrotaron junto á Parma un Cuerpo del ejército imperial y se hicieron fuertes €d Luca. Esta plaza y Cumas eran los dos obs- tículos que le telón á Nárses que vencer. ¿a Su actividad triunfó de todas las dificulta- Ss, Despues de haber derrotado á los francos ly Liguria , sitió y tomó la plaza de Luca: per- Noi á los generales de Peodoberto, que mar- an á Campania para reunirse con el grueso € las fuerzas ostrogodas, y se presentó con “do su ejército: delante deCumas. Aligerno (334) cuyas tropas eran pocas y desanimadas, y que por otra parte preveía, que aunque Nárses fue- se A ucidós el triunfo de la victoria no sería para él sino para los francos, cuyas fuerzas eran muy superiores á las suyas, capituló con Nár- ses, que habia vuelto á aser dejando sitiada la plaza, le entregó las insignias reales y las llaves de Cumas, y se declaró con todos los suyos súbdito del imperio romano. Así acabó en Italia la monarquía de los ostrogodos, que habia durado sesenta y tres años. Lotario y Bucelin continuaron asolando la Italia, hasta que dos años despues fueron ven- cidos por Nárses junto á Cápua con muette sde treinta mil francos y alemanes. Los que sobre- vivieron á esta derrota y á las enfermedades propias del clima 6 producidas por los escesos: pasaron los Alpes y se restituyeron á su patriá: Quedaban solamente en ltalia siete mil'os- trogodos, mandados por un caudillo, lamado Ragnario, que se habia hecho fuerte en Conisa* Este, fingiendo que deseaba capitular, pidió und conferencia con Nárses, lobo se negó 4 todas las condiciones que sele proponian, y 4 retirarse rota la negociacion, se volvió dere” pente, y lanzó un dardo que llevaba oculto c00” tra el general: mas no acertó el tiro, y la guar” dia de Nárses le hizo pedazos en el momento: Los siete mil godos se rindieron, y Nárses SS miendo su valor y conociendo que dificilmen se reducirian á obedecer en un pais donde pe | bian sido señores, mandó que fuesen transfer 335) dos á4 Tracia, donde Si le dieron tierras en que Vivir. ' Así volvió á incorporarse Italia con el im- Pano romano, que habia nacido! en ella; pero ajo condicion muy diferente. La península no ue ya el centro de la dominación, sino una Provincia, como el Egipto y la Siria. Cesaron Cnteramente los cnleias del pueblo romano Y las facultades del senado, tan cuidadosamente “onservados por Odoacre, Teodorico y sus su-. Cesores. Roma no fue mas que la capital de un istrito militar, llamado ducado, como otros Muchosen que se'diyidió entonces Italia. Justiz Wano reservó para sí y sus sucesores la-confirma- “ion del romano pontífice, nombrado hasta aque- lla época con entera independencia por el pue- blo y clero de Roma; receloso de la grande in- Uuencia moral que egercía en Italia la dignidad de los papas. Así que la conquista de los grie= 80S privó á la península de sus libertades polítiz “as y religiosas, y solo le dejó las civiles: es de- “tt, el gobierno municipal, antiquísimo en ella “sde los primeros tiempos de supoblacion. Alle- pose á estos males la avaricia y corrupcion de 9 magistrados enviados de Constantinopla, y "e solo pensaban en atesorar riquezas por me-= 19 de las estorsiones y sobornos para ir des- plas gozarlas en su patria entre el lujo y los “Gres de Bizancio. Es verdad que estas cala= vlades no comenzaron á sentirse hasta que Pri dejó el gobierno de Italia: pues mien- Permaneció en ella, gobernó con suma mo. (336) deracion y justicia el pais que habia conquista- do con valor y pericia. ¿ Pontificado de Pelagío (555). El papa Vi- gilio murióen Siracusa, de vuelta de o tinopla, donde habia celebrado el v concilio general, que condenó los escritos de Peodoro de Mopsuestia, Teodoberto é Ibas, célebres con el nombre de los tres capítulos, y fa- vorables á la heregía de Nestorio. Sucediole Pe- .lagio, arcediano de la iglesia romana , y fue muy dificil encontrar obispos que le consagra- sen, porque se le acusaba de haber dado muerte á Vigilio con veneno: sin embargo se justificó de esta calumnia en presencia de todo el pue- blo, y gobernó la iglesia de Roma, con aplauso universal cuatro años. 'Puvo por sucesor 4 Juan ur en 559. Establecimiento del exarcado (568). . Nár- ses dominó en ltalia, y conservó su crédito en la corte de Constantinopla hasta la muerte del emperador Justiniano, acaecida en 567. La em” peratriz Sofía, muger de su sucesor Justino 1h y que ejercía grande imperio sobre el:débil ca? rácter de su marido, aborrecia á todos los hom” | bres que habian tenido autoridad en el reinado anterior; y con respecto á Nárses se añadía * este ódio el desprecio tan natural en las mug” res á su condicion física. Fue, pues, exhont” rado del mando con insulto: pues los historiado? res cuentan haberle escrito Sofía, que le neces taba en su palacio para distribuir á sus criá pe las telas que debian labrar. Nárses se retro = (337) Nápoles eon los resentimientos de-un eunuco y Apia las virtudes y cualidades de grande orabre, diciendo “que él urdiría una tela im- posible de désenredar.” - " La corte envióá Longino por sucesor suyo, con el nombre «de Exarca , originado, segun petscas de las seis provincias en que se dividió a administracion civil de Italia. El gobierno militar se dividió en los ducados de Roma, Náz poles, Surrento, Amalfi, Gaeta, Bari, Bene= vento, Espoleto, Brescia, Turin y el Friul. uso su residencia en Ravena, cuyo territorio se llamó el ezarcado, por ser la corte del Exar. Ca, y empezo á dar impulso al sistema de dez Pedacion que los griegos ejercian en todas las Provincias sujetas al imperio. 4 Nárses entretanto meditaba la venganza Mas cruel contra la corte de Constantinopla. ura amigo suyo Alboino, rey «de los lombar= SOS: conocía su valor y ambicion, y la fuerza € su pueblo: á éste elijió: por instrumento de: Sus furores. Lxortóle en sus cartas á que inva= ese 4 Italia, pintándole las delicias de este pela y la facilidad de la empresa por el ódiode Os italianos á la dominacion griega, y por la Mulidad de las fuerzas imperiales. oral Cuandohubo persuadido á Alboino,:se:ar= pintid, ya por las exortaciones del santo pon- tífice Juan: im y amigo: ya' por los hábitos:dé SU vida heroica tan agena dela traicion, ya por 95 remordimientos que le inspiraba la proxi- Midad de Ja muerte. Bera ya era tarde. Nárses TOMO xy1. 22 (338) : exaló el último suspiro al estruendo de las trompas lombardas. , SECCION SEGUNDA. DOMINACION DE LOS LOMBARDOS. Alboino, rey de Italia (569). En el mes de abril de 568 se puso en movimiento Alboino con toda su nacion, á la cual se agregaron con el deseo de nuevos establecimientos, veinte mi sajones y gran multitud de hunnos, búlgaros ípidos. A esteúltimo pueblo habia vencido Al- Ela en Pannonia, dando muerte á su rey Cunimundo, de cuyo cráneo, segun la costum- bre bárbara de los pueblos escandinavos, hizo un vaso para beber en los combites. A Rosa- munda, hija de Cunimundo, tomó por muger enamorado de su hermosura. Antes de pasar los Alpes Julios, dejó esta- blecidos á los avaros en Pannonia y á los escla- vones en el Norico, á condicion que si volviese vencido de su empresa, le cederian los paises Y territorios que solo les dejaba en depósito. Entró ¿smiprecójialia: ocupó sin oposicion á For0 Julio, llamada hoy la ciudad de Friul, todo el ducado de este nombre, á Treviso, Vicencia, Verona y demas ciudades de la provincia de Venecia, escepto Pádua y Monselice, plazas fuertes, y bien, guarnecidas: porque el exarc2 Longino, hallándose sin el ejército necesari0 para salir en campaña, y no esperando refuer” | | | (339) zos de Grecia, habia repartido las pocas tropas o tenia en las fortalezas y castillos. Alboino llegócon sus avanzadas hasta Mántua, y vién- dola fortificada y guarnecida tambien, resolvió no pasar adelante dejando plazas fuertes á sus espaldas: dió el ducado de Fruil á su sobrino Gisolfo, con el cuerpo de ejército necesario para defenderlo, y tomó cuarteles de invierno entre el Piave y el Adige. | o Apenas empezó la primavera siguiente, continuó la carrera de sus conquistas sin que en ninguna «parte hallase mas resistencia que: la que Te oponían las guarniciones de las ciu= dades fortificadas. Tomó á Mántua, Brescia, odi y Como: asaltó a Milan, capital de la Galia cisalpina, provincia que desde entonces empezó á. lamarse Lombardía; y cuando fue dueño de la: plaza, sus tropas le proclamaron rey de Htalia , poniéndole una lanza en lamano Segun la costumbre de su nacion. Penetró des- pues en Liguria, y la ocupó toda, escepto las plazas marítimas que le hicieron gran resisten- cia. Imitólas Pavía, ciudad entonces de mas im- Portancia militar que Milan, por su posicion Central y por el gran rio uelabaña.Albomo puso Sitio á Het que se defendió ostinadamente Urante tres años y algunos. meses, mientras Sus generales conquistaban la: Toscana, la Um- ría y el ducado de Benevento; cuyo primer du- e fue un capitan lombardo, llamado-Zoton. rey ¡irritado de la resistencia de los pavia- Nos, habia jurado esterminarlos cuando se apo- (340) derase de la ciudad: mas no cumplió tan im- pío juramento: antes bien la hizo capital del nuevo reino que fundaba. Solo Li en Íta- lia bajo el dominio del emperador de Constan- tinopla el exarcado de Ravena, algunas plazas en la marca de Ancona, el ducado de Roma y todo lo que hoy se llama reino de Nápoles, es- cepto el ducado de Benevento. El resto de Ita- lia cayó en poder de los lombardos, los cuales, conservando la diyision en ducados, hecha por Longino, atribuyeron á la dignidad de duque, ue Bicieron hereditaria, no solo el supremo dominib militar, sino la administracion de la justicia, y la propiedad suprema del territorio, distribuido entre los vencedores con la obliga= cion de asistir al duque en la guerra. Así em- pezó en Europa el régimen feudal, que fue poco á poco destruyendo el antiquísimo sistema municipal de Italia. Los pueblos subyugados, en vez de ser esclavos como-en la religion pa- gana, quedaron'sometidos á la servidumbre del terruño: transacion debida á los progresos del cristianismo, cuyo espíritu templo la crueldad y avaricia de rá vencedores. Los lombardos - eran cristianos, aunque. el rey y la mayor parte de la:nacion profesaban la secta arriana. Es Clefo, rey de Italia (573 ).+Alboino, dueño ya de toda la parte septentrional dé Italia y se dedicó á arreglar el gobierno. para continual despues sus conquistas: pero la muerte le sor prendió en medio de sus triunfos y por un suceso mas digno que de la historia, de la novela maS es (341) ) horrible y espantosa. Hallábase en Verona, y -diótun banquete á sus generales para celebrar , sus victorias. Enardecido con el vino y orgulloso con su valor que le habia elevado á tanto po- der, mandó que le tragesen el vaso en que es- taba infariado el cráneo de Cunimundo, y lo presento á la reina, diciéndole que bebiese en el y se hallaría en compañía de su padre. Ko- samunda óbedeció disimulando su despecho, juró venganza, y conspiró con Elmigiso, oficial de palacio y hermano de leche del rey, al cual sobornó con el adulterio, para dar la muerte:á Alboino. Quisieron seducir á Perides, soldado de grandes fuerzas, para la ejecucion del gol- pe: pero le hallaron fiel y resuelto á no come- ter semejante maldad. | La reina sabia que una de sus damas tenia trato ilícito con Perides, y le introducia mu- chas noches en su aposento á favor de la oscu- tidad. Conviénese“con ella, pónese en su lugar, y el guerrero engañado injurió, sin saberlo, el 10nor de su príncipe. Rosamunda le manifiesta Chtonces quien es, y le declara que no babia medio entre la muerte de Alboimo ó la del adúltero. Perides se decide por el primer estre- Mo, y enuna siesta, que el rey estaba durmien- o despues de comer, introducido en su apo- Sento por la infernal Rosamunda, le dió muer- te á estocadas. Alboino fue lorado:de los lom- ardos que le amaban mucho por sus prendas Militares, las mas apreciadas en una nacion drbara y conquistadora. (348) las cuales-ganó inmenso botin, y estendió el territorio de su reino: conservando al ¿mismo tiempo la paz y justicia en el centro de Lom- bardía. En 589 casó con Teodolinda, hija de Ga- ribaldo, duque de Baviera y vasallo de la co- - rona de Austrasia. Paulo Diácono, historiador lombardo, refiere las circunstancias de este ca- samiento, que copiaremos aquí para dar una idea de las costumbres de aquel siglo en mate- ria de galantería. Entre los embajadores envia- dos para pedir al duque de Baviera la mano de su hija, fue él mismo disfrazado: y cuando el gefe de la embajada espresó su peticion, -dij0 Autaris á Garibaldo, que tenia comision de su rey para ver la princesa é informarle si.su hermosura correspondia á su fama. El duque hizo venir á su hija, y Autaris, al verla, escla- mó que era digna del trono de los lombardos- Pidió despues al duque que le fuese lícito, e2 prueba de que la admitia por su soberana, Te” cibir de ella el vaso de vino segun la costum” bre de su nacion, Garibaldo condescendid en ello: Teodolinda dió el vaso á su disfrazadO amante, Autaris bebió, y al devolverlo á 22 princesa, le toco la mano recatándose de los circunstantes. Despues, al besar el vaso, segun la costumbre, hizo que la misma mano de la princesa, se pusiese sobre su rostro. Queer, dose despues Teodolinda entre sus damas A este atrevimiento del embajador, una de ella le dijo: ese es Autarís: nadie sino vues! (349) esposo hubiese tenido tanta osadía. Peró procu- rad que nada sepa el duque. Soís muy dichosa en tener por marido un príncipe de tanto meri- to y tan hermoso. Cuando se volvieron los em- bajadores á Lombardía, al despedirse en las fronteras de Baviera de los señores y caballe- ros del duque que los acompañaban, se levantó Autaris se los estrivos, y tiró contra un árbol vecino, la pequeña segur que llevaba en a mano, con tanta fuerza, que se clavó profun- amente en el tronco, y despues dijo á los bá- varos: Estas heridas sabe hacer Áutarts. Poco espues se celebraron magnificamente en Vero- Ma sus bodas con la princesa Teodolinda. . Alaño siguiente se verificó la cuarta y úl- ima invasion de Childeberto en Lombardía. Sta fue la mas peligrosa, porque Esmaragdo, Fxarca de Ravena, habiendo recibido algunas “Opas de Oriente, cooperó á ella acometicodo Or la orilla meridional del Po: y ocupando á loo uena ] Regio y Parma, al mismo tiempo que $ q dustrasios, apoderándose de los lagos ,' y Méndose de la traicion de Misulfo; duque de e Julio, isla del lago do Omegna, que les eel ón penetraron en el centro de Pts ardía. El mismo: Áutaris tuvo que encer- cp cen Pavía para defender esta capital: pero, ese mala combinacion de los generales aus: dos 10S é imperiales, 6 habilidad de los lombar- ércitos pudo lograrse la reunion de “los dos !Los coligados: los francos y-alemanes, dis- “idos por los escesos y las enfermedades, j (350) se volvieron á su patria, y Esmaragdo hizo treguas con Autaris. Mauricio risndo volver á Constantinopla á su lugarteniente, y le dió “por sucesor á Romano, tercer exarca de Ra- vena. bertado su nacion de tan gran peligro, algunos dicen que de veneno. Al mismo tiempo, por muerte del papa Pelagio, ascendió á la silla de san Pedro uno de los barones mas grandes que la han ilustrado. Este fue san Gregorio, pri- mero de este nombre, apellidado merecidamen- te el magno, por sus virtudes civiles, políticas y religiosas, por sus escritos llenos de uncion de sabiduría cristiana, por la conversion de lá anglo sajones, debida á:su celo y al mong? Agustin que envió á la Gran Bretaña, por la bondad y firmeza con que gobernó la cristian” > dad, y en fin por la prudencia y vigor con qué libertó á Roma del furor de los lombardos .Estl ran pontífice fue verdaderamente el fundado! del poder temporal de la sede apostólica: or- ue sus virtudes hicieron tan adictos los pue los de Italia, abandonados por otra parte de: corte de Constantinopla, que en el hecho no 1% conocieron por ol tiempo otros soberan gue á los sumos pontífices, sus libertadores bienhechores. da Teodolinda era tan amada de los lombardo 4 sf . h pel” por su benignidad, prudencia y virtudes losas, que á pesar de ser católica y ellos É mayor parte arrianos, no solo le confiaro? pa 1 Autaris murió poco despues de haber li- (351) gobierno de la re > sino le dieron per- miso para elegir segundo esposo, y asociarlo al trono. Teodolinda determino recibir por marido á Agilulfo, duque de Turin, pariente de Auta= ris. El modo de declararle su resolucion, fue muy singular. Mandole venir á Pavía, y ella misma salió á recibirle á Lomelo. Pidió de be- ber, y habiendo bebido la mitad del vaso, lo dió 4 Agilulfo, que bebió y le devolvió el vaso, besándole al mismo tiempo la mano como Á su reina. Teodolinda le dijo que "no debia esar la mano á quien tenia derecho de besar en la boca.” Las bodas se celebraron en Pavía: Y al año siguiente la dieta de los lombardos le "econoció y coronó por rey. Agilulfo, rey de Italia (G91) Los prime- YOS actos de Agilulfo fueron el castigo del du= que Misulfo á quien mandó cortar la cabeza Y la guerra contra Gandolfo, duque de Berga- AS y Ulfario , duque de Treviso, que se rebe- o sucesivamente contra él, Ambos fueron tados y se sometieron, bien que Gandolfo rebeló otras dos veces en el reinado de Agi- vlfo : ambas fue vencido tambien, y solo á la torcer . E E : y boa, que se verificó el año de 600, fue cas- gado de muerte, juntamente consu cómplice y tado Zangrulfo , duque de Verona. áM Ntre tanto el exarca romano, sobornando : aAuricio, duque lombardo de Perusa, logró de a entregase esta importante fortaleza. Rota a Sta traicion la tregua que habia entre im- tales y lombardos, al mismo tiempo que los 352) duques de Espoleto a Benevento movieron sus armas contra Nápoles y Koma, marchó Agi- lulfo sobre Perusa, recobró la plaza é hizo cor- . tar la cabeza al traidor Mauricio. Acometió despues á Roma, defendida por un corto nú- mero de motas y por la firmeza de san Grego- rio Magno. Los asaltos de los lombardos, aun- que vigorosos, fueron rechados con tanto valor, que Agilulto, mediante una suma de dinero que le dió el papa, convino en dejar libre la ciu- dad y evacuar el ducado. A pesar de la guerra con los lombardos, esperaba el santo pontífice gran remedio á los males de Italia, de la piedad de Teodolinda, princesa católica, y que profesaba á Grogorio el mayor afecto y veneracion. Al mismo tiempo rocuraba atraer al rey su marido al gremio de ha iglesia, persuadiéndole á que imitase el ejem- lo reciente de Recaredo, rey de los visigodos de España , que abjurando el arrianismo, habia he- cho triunfar la fé católica en sus dominios. Ayudábala en esta santa empresa su hermano Gundebaldo, que pasando con ella á Italia, se casó con una señora lombarda y recibió de Agr lulfo el ducado de Asti. " El deseo mas ardiente de Gregorio era la conversion de Agilulfo y la paz de Italia que miraba como una consecuencia necesaria aquel grande acontecimiento: pero Komant exarca de Ravena, hombre codicioso y para * cual el estado de guerra era una mina abun” dante de ganancias, producto de las vejacion : (353) aa de los pueblos, asegurado en Rayena con la for- taleza de la plaza, y la proximidad del mar, ni hacía caso de los infortunios que snfria el centro de Italia, ni atendia á las quejas de Ro- ma y de su. santo obispo, espuestos siempre al furor de los enemigos. Los romanos elamaban que 0 se hiciesen paces con el lombardo, ó se les amparase con fuerzas suficientes para la de- fensa. La dominadora del mundo mendigaba entonces algunas cohortes de un miserable lu- gar teniente del señor de Bizancio. En fin, el emperador Mauricio, que no fiaba ya en la alianza de los austrasios, porque “Leo- doberto, hijo y sucesor de Childeberto, fue re- chazado constantemente por Agilulfo, en las es- Waits que hizo. á Hralia, quitó 4 Romano a dignidad de exarca,/y la dió á Calinico, el cual en 59y firmo con los lombardos la primer paz que hubo entre ellos y los imperiales. Por ella adquirió Agilulfo la cesion de Pádua, Monselice, Cremona y Mántua , plazas que ha- ia conquistado de los imperiales, yun tributo e doce mil libras de oro, que sele dió con el título de presente. Agilullo coronó las grandes acciones de su reinado; cediendo ádasinstan- Clas de su esposa, y de.san. Gregorio , y abju- rando lá secta arriana. Des este modo: hizo»una Sola familia de los lombardos:y de.Jositálianos Orla unidad de creencia, y abrió el camino á Y elvilizacion de su pueblos 0000 Lobo o última espedicion militar fue-contra:los e » * . Selávones, quese habian establecido en da pro- TOMO xyl. 23 354) vincia de Miria, Mamada actualmente Esclavo- nia. Estos hicieron una irrupcion en el Friul, cuyo duque era entonces Gisulfo m1. Su madre Romilda, locamente enamorada del Kan:ó rey de aquellos bárbaros, les entregó la ciudad de Friul, les abrió las puertas del ducado, y fue causa de su ruina y de la de su familia. Gisolfo pereció en esta guerra, y sus hijos Grimoaldo, tan célebre despues en la historia lombarda, y Rodoaldo, cayeron cautivos en poder de los es- clavones. Romilda, despues de A servido á la lubricidad del Kan y de sus oficiales, fue em- palada por orden del bbáea Agilulfo acudió con prontitud á remediar aquella desgracia, venció á los bárbaros, los arrojó del territorio lombardo, y dió el ducado de Friul á Grasolfo, hermano de Gisolfo. Adaloaldo, rey de Italia (6x6). A Agilulfo sucedió en el trono de los lombardos, su hijo Adaloaldo, á quien en sus últimos años hab12 hecho su colega. Unido con Teodolinda su ma- dre, gobernó con justicia y felicidad los prime- ros años de su reinado. San Gregorio Magno habia muerto en 604 y Ocuparon sucesivamente despues de él la silla de Roma. Saviniaño, Bonifacio 1, Bonifacio YY y Deusdedit, que murió en 617. Toda la aten” cion de:estos sumos pontífices se dirigia, des” ues del gobierno de su iglesia, á libertar a toma la de los lombardos, que siem” re la amenazaban, y á: consolar con. sus lniceñas y exortaciones- las infelices victima? (355) de una guerra inmediata, cruel y contínua. Adaloaldo, despues de algunos años de rei- nado próspero, cayó en estado de demencia, de resultas de un veneno que le dió Eusebio, en- viado á su corte por Eraclio, emperador de Constantinopla. Empezó desde entonces á mos- trarse cruel y tirano: dió muerte á muchos se- Ñores rincipales, entre ellos al duque de Tu- rin, cuyo hijo y sucesor Ariobaldo, poniéndose al frente de los descontentos, á pesar de estar casado con Gundeberga. hermana del rey, mo. vió guerra civil contra él. Esta se continuó con vario suceso hasta el año de 625 en que Ada- oaldo pereció 4 manos de los suyos. Con él cayó cl poder de Teodolinda, que murió dos años Cspues en un retiro, consumida de pesadum- tes: princesa digna de todo elogio, por sus Virtudes religiosas y políticas y por haber con- guido ser alabada de san Gregorio. Los lom- ardos elevaron al trono á Ariobaldo, cuñado Y competidor del último rey. | .Ariobaldo, rey de Italia (625). A Deusde- dir, que falleció-en 617, sucedió Bonifacio y. Este murió el mismo año que subió al trono triobaldo: y fue elegido sumo pontífice Hono- 9 1, que vió nacer en Oriente la heregía de los Monotelitas, especie y residuo del eutiquianis- 0, la cual no admitiendo en Jesucristo mas y, una voluntad, destruía el misterio de la tación, Estaba apoyada por Sa y dein* Patriarcas de Constantinopla y Alejan- * los cuales desfigurando los hechos, sor- (356) rendiendo la religion de Honorio y pintándole l cuestion como una mera disputa de palabras, dirigida á reconciliar con la iglesia á muchos eutiquianos, lograron del sumo pontífice una carta, que aunque ortodoxa, les sirvió para es- tender sus principios en Oriente, proclamándola como favorable á su partido: artificio. de que se habian valido otros muchos heresiarcas, se-= ñialadamente los arrianos,.no solo con respecto á los papas, sino tambien á otros obispos y es- critores, insignes en virtudes y doctrinas. Ariobaldo ocupó gran parte de su reinado en las turbulencias que se suscitaron en el Friul por la ambicion de Grimoaldo y Ro- doaldo, hijos del duque Gisulfo, que habiendo caido, como ya dijimos, en poder del Kan de los avaros, habiendo logrado escaparse de su prision, volvieron al ducado de su padre, donde mandaba ya su tio paterno Grasolfo: mas no udiendo sufrir la vida dependiente que lleva- n en un pais, donde el nacimiento los habia destinado á reinar, huyeron á.la corte de Art" giso, duque de Benevento, que habia sido ayo Y maestro de ambos, y que por su valor adquiri? aquel ducado en el reinado de Autaris. Pero de- jaron la corte de Friul tan agitada de facciones que muerto Grasolfo, se sublevaron contra el nl sus dos hijos y sucesores en la dignidad ducá! Esta guerra causó á Ariobaldo no solo cui? dados esteriores, sino grandes pesadumbres 40” mésticas, porque recayó sobre Gundeberga, esposa, la sospecha de favorecer en secreto lat” (357) a surreccion de los duques del Friul, en venganza de la muerte de derhoridab Adaloaldo; y es- tuvo presa tres años, hasta que puesta su causa en tela de juicio, fue reconocida su inocencia. El rey no queriendo consumirlas fuerzas deLom- bardía contra los dos rebeldes, hizo trato con el exarca de Ravena, que los ausiliaba en secre- to, de perdonarle el tributo impuesto por el rey Agilulfo, á condicion de que acabase con ellos, El exarca aceptó, y un enviado imperial los mató á traicion: olítica infame, aunque muy comun en aquel siglo. Rotaris, rey de Italia (636). Muerto Ario- baldo sin' sucesion, los grandes del reino se reu- nteron para elegir monarca: y.no pudiendo cón= venirse entre sé, acordaron repetir con la reina viuda Gundeberga, el mismo ejemplar que ha- bian hecho con “Feodolinda, y dejar á su arbi- trio el nombramiento del rey de los lombárdos, que sería al mismo tiempo su esposo. Gunde- berga eligió 4 Rotaris, duque de Brostias que fue inmediatamente jurado y reconocido por rey de Italia: | | | Este príncipe en los primeros años de su reinado, manifestó grandes vicios, que compen- só en los últimos con brillantes cualidades. En- tregóse á la deshonestidad, llenó el palacio de concubinas, persiguió á los duques, que ó movi- dos de ambicion propia ó reprendiendo sus cos- tumbres, se mostraban descontentos ó agravia- dos de él: dió muerte á muchos con mas cruel. dad que justiciaz mandó encerrar en el palacio (364) capitan y hombre clemente y generoso: pero la imposibilidad de conservar con huenas artes ló injustamente adquirido, le hizo tal vez des- mentir la nobleza de su carácter. Persiguió á Pertarito en el remoto asilo que habia hallado, * y declaró al rey de los ávaros que le haría guerra sí continuaba dando hospitalidad á su competidor, Pertarito, obligado a salir de Pan- nonia, en vez de E á otra parte, tomo la resolucion, única en los anales del mundo, de ponerse en manos de su enemigo, y así lo avisoá: Grimoaldo por medio de un confidente. La mag- nanimitud del principe fugitivo despertó los sentimientos nobles que eran naturales en Gri-- moaldo; y este usurpador acogió benignamente” ásu rival, le dió un palacio en que viviese, y le asigno rentas : pero el júbilo, imprudente- mente manifestado, de los ciudadanos de Pá- vía cuando vieron á su principe legítimo, y la: malignidad de los cortesanos acostumbrados 4 especular sobre las sospechas de los monarcas, le inspiraron temores de perder la corona. En- vió, pues, satélites para que asesinasen á Per- tavito despues del banquete de bienvenida que dió á sus amigos. Onulfo, amigo y sirviente fiel del rey destronado, isblefi ale que se:pre- paraba, sacó del palacio á Pertarito disfrazado de page por medio de los guardias, los cuales cuando penetraron en el cuarto donde creia ue estaba durmiendo embriagado, se halla” ron burlados. No obstante, Grimoaldo tuvo suficiente magnanimidad para dar puemio 4 (365) Onulfo y á otros sirvientes fieles. que favore- “ cieron la fuga de Pertarito. Este infeliz prín- cipe tuvo en Francia su segundo asilo. Allí reinaba á la sazon Clotario 11, que conmovido de susno merecidas desgracias, envió á Italia un ejército contra Grimoaldo: pero el lombardo, cea era habilísimo capitan, con una retirada ngida, dejó en poder de sus enemigos el cam- pamento, eno de víveres y de gran cantidad de vino. Los franceses se entregaron á los pla- ceres de la mesa con tanto desórden y confian- za, que cuando Grimoaldo volvió á media no- che sobre ellos, casi no encontró. resistencia; hizo gran matanza, y muy pocos volvieron á pasar los Alpes. Este combate se dió en Rio no lejos de la ciudad de Asti. ' Al año siguiente, que fue el de 666, se rebeló contra Grimoaldo el duque de Fruil, llamado Lupo, temiendo el castigo que merecia pe las vejaciones que habia ectida en Lom: ardía, siendo gobernador de ella en ausencia de Grimoaldo. Este, no queriendo emplear con- tra el rebelde sus propias fuerzas, incito al rey de los ávaros á que le hiciese guerra. Los ávaros entraron en el Fruil; y vencieron y teron muerte á Lupo en una obstinada bata- a que se dió junto á Fiume; pero queriendo conservar el ducado que habian conquistado, Marchó contra ellos Grimoaldo, y los obligo á Salir de Italia con el terror de su nombre: y con la astucia de que se valió pasando rovis- A á su pequeño ejército en presencia de los 366) embajadores ávaros pa haciendo desfilar un mismo cuerpo muchas veces con diferentes uni- formes: lo que hizo creer al enemigo que traia fuerzas muy considerables. Las dos espediciones que hizo al año si- guiente, deslustraron mucho su gloria: pues destruyó, por resentimientos personales, las dos ciudades de Opitergio y del foco de Popilio. r otro nombre eciardfol ; la primera, sometida á los exareas de Ravena, porque ha- bia insultado tanto á él como á sus mensageros, en los viajes que hacian de Pavia á Benevento: la segunda, perteneciente al ducado de Friul, porque dentro de sus murallas habian sido muertos dos hermanos suyos en el reinado de Rotaris. Este príncipe nunca fue amado de los lom- bardos que le miraban como un usurpador. Go- bernó sin embargo nueve años con justicia y ha- bilidad. Restringió en cuanto le fue posible, la bárbara costumbre de sentenciar los pleitos juicios por medio del desafio. Aumentó la po- Also del reino, dando tierras en el ducado de Benevento á una tribu búlgara que dirigida or su duque Alacon, paso á Italia, y se esta- Dleció en las montañas del Samnio. Este duque prestó homenage al rey de Lombardía con el tí- tulo de Gastaldo, que equivalia al de conde, po" los territorios de Isernia, Boviano y Supmos que poblaron él y los suyos. A Romualdo, hijo de Grimoaldo, á qute p su padre, cuando pasó á usurpar el trono, habi A A | 367) cedido el gobierno al ducado de Benevento, manifestó tanto valor y IS como: su pa- dre, y mucha mas mo eracion y bondad de alma. El emperador Constante, que aborrecido en Bizancio, hacía su residencia en Sicilia, vien- do los alborotos de los lombardos con motivo de la guerra entre los dos hermanos Godoberto y ertarito, y de la revolucion ¿e puso en el trono á Grimoaldo, concibió el esignio de in- vadir el ducado de Benevento: pasóá Italia con todas sus fuerzas, tomó á Nácera y Cirenza, lazas muy fuertes, y puso sitio á la ciudad de enevento. Como Grimoaldo habia llevado al Norte de Italia la mayor parte de sus tropas, no tenia Romoaldo fuerzas suficientes para defen- erse; y aunque su resistencia fue dad de su Valor, hubo de escribir á su padre, que sino Acudia á su defensa, no podria darla plaza. leyó esta carta Sesualdo, amigo de Romualdo. U padre que ya era señor pacífico de Lombar- Ía y se movió con todas sus tropas hácia Bene- - Vento en socorro de su hijo, enviando antes á Se- Sualdo con la respuesta 4 las cartas que le habia "ado, Sesualdo cayó:en poder de los griegos, y “Xigiéron de él que diestá lossitiados la falsa no- ¡Cla, de que Grimósldwno podia socorrerlos. sualdo condescendió; lega, con una escolta Sricga, al pic de las murallas de Benevento: “ide que se presente Romualdo para hablar con él y apenas le ve entre las almenas, le pta: "defiéndete cuanto puedas: Grimoaldo “ga con todo su ejército.” Apenas dijo estas (368) | alabras; cayó el noble jóven: atrávesado de mil aries que: le dieron los griegos. Constante se retiró, pasó 4 Nápoles y-4 Roma, dejando: en odas partes señales de su latrocinio, y fuedes. pues á ocultar en Sicilia su oprobio, sus vicios y su cobardía. Cinco años despues, en 668, quito Romualdo á los griegos las ciudades, y territo- rios de Tarento y Brindis, y 'aumento con ellas el ducado de Benevento: 0.000 ) boat Restauracion de Pertarito (671). Grimoal- do murió de habérsele abierto y enconadola cl+ sura de una sangría por-la fuerza que hizo cuando aun estaba bendada, para fechar. un arco. En: Pavía se proclamo:á Garibaldo su hijo, que á la sazon era niño,opor rey: de' los lombardos: mas Pertarito queen este, mismo tiempo estaba embarcado: ya ¿para pasar ádn- glaterra, temiendo las asechanzas que le ponían en Francia los emisarios de Grimoaldo, apenas supo la muerte del usurpador ¿volvió ádialias se presentó en Pavía, y súubio/4 su trono:sin 4 guna dificultad. Romualdo le reconociópor mo” narca, y le envió. su ésposa y su hijo. que:hasta entonces habian estado reclusos: eh la fortalezó de Benevento. Gáribaldo descendióidel trono) vivió en la clase qué le.correspondia, com0 hijo que era: de un principe tan ilustre, y“ una hermána de Pertaritos | - O El reinado de este buen rey, que duro di y sicte años, fue el siglo.de- oro de los lombar” dos. Paz no interrumpida, amor y respeto los vasallos al mionarca, la heneficencia Y (369) | justicia enlazadas en el trono fueron los signos con que se distinguió esta época afortunada y que por tanto dá muy pocas páginas á la histo- ria. Solo hubo una rebelion, y fue la de Aligiso, duque de Trento, que orgulloso por algunos triunfos que habia conseguido contra los báya= Tos, sus confinantes, se atrevió á desconocer la au- toridad real, Pertarito le venció, y queria casti- garle: pero movido de los ruegos de Cuniberto su hijo, á quien habia asociado al trono, le per- donó, no sin sospecha de que esta misericordia tra inoportana y mal empleada. El papa Vitaliano falleció en el mismo año que Pertarito fue restituido al trono. Sucedié- ronle, Deusdedit 11, que gobernó la iglesia cua- tro años, Domno,, cuyo pontificado fue de solo ún año, y Agaton. Éste sumo pontífice, ausi- lado por Constantino Pogonato, emperador . Muy católico, solicitó y logró la paz de la igle- Sta, anatematizando la heregía de los monote- tas, en el sesto concilio general, celebrado en “Onstantivopla. Murió en 682 y le sucedió con 11, y á éste, despues de un año de pontifi- “ado, Benedictorr, que murió pocos meses des- ye de su exaltación. Juan v y Conon, cuyos go- Iernos no llegaron á un año, y Sergio 1, que llegó hasta el primer año del siglo vi. Todos “stos pontífices sostuvieron grandes disputas “Ontra los arzobispos de Ravena, que por ser uella ciudad eds del arerdidos querian ROzar del privilegio de autocefalía 6 indepen- £ncia, dado por el impio emperador Constante TOMO xy1. 24 370) á los obispos de ciudades considerables, en odio de la iglesia romana porque rechazó su /po 0 formula de fé. Las pretensiones de los prelados de Ravyena no pudieron sostenerse á vista de la supremacía de la sede de Roma, reconocida en todo el orbe cristiano. : Cuniberto, rey de Htalía (688). Pertarito falleció, y fue reconocido porúnico rey delos lombardos su hijo Gumiberio, que ya habia rei- nado diez años asociado con su padre. Fue se- mejante á Pertarito en boudad, prudencia y justicia, y reinó con acierto doce años des- pues de la muerte de su antecesor: pero no- tábasele de ser aficionado al vino, y de en- tregarse al placer de beberlo con mas frecuen- cia y desorden que el que permite la dignidad de rey: pretesto de que se valió Alagiso, duque de Trento, para acometerle y apoderarse del trono, Usurpacion de Alagiso , duque de Trento: batalla de Coronata (690). Alagiso justificó los temores de Pertarito, y colmó la medida de iniquidad é ingratitud, levantándose contra su El y bien hechor, por quien conservaba la vida y la dignidad, que debió perder en la primera sublevacion. Aprovechándose de la oportunida de estar Cuniberto fuera de Pavía, y ayudado de Aldon y Granson, hermanos y ciudadanos ricos de Brescia, y de otros lombardos, mar- chó á la capital, se hizo dueño de la fortalezás y fue proclamado rey de los lombardos, sin de- jarle á Cuniberto mas recursos que el de reius 371 giarse en la isla del lago de Como, en la: cual habia un castillo inespugnable. + El nuevo rey era cruel, codicioso € impío, y en breve fue odioso y despreciable á: sus vasallos. Los mismos que le elevaron al trono, conspiraron contra él. Estaba un dia contando dinero sobre una mesa y cayo en el suelo una moneda de oro. El hijo de Aldon, niño de corta edad, que segun la costumbre del tiempo se educaba en palacio en calidad de page de la corte, cogió la moneda y se la dió á Alagiso. Este, al tomarla dijo: “muchas como esta tiene tu padre: y Dios mediante, no tardará en dár- Mes El niño repitió á Aldon las palabras del rey en la primera ocasion que fue á su Casa, y Aldon, considerada la ingratitud y co- dicia de Alagiso, tomo el partido de evitar la Confiscacion Ó muerte que le amenazaba, cons- Pirando con su hermano Granson para la res- titucion del príncipe legítimo. Persuadieron, pues, á Alagiso, que se ce- lebrase una gran montería, á que eran muy aficionados los lombardos, en la selva de Orba; Y mientras el rey se entregaba á esta diversion, Pasaron los dos hermanos secretamente á la isla el lago, 'se echaron á los pies de Cuniberto, Pidieron que les perdonase ha rebelion de que Cstaban arrepentidos, le manifestaron el bli Y los medios que tenian para su restitución, Je jp oton á Pavía, y con sumo júbilo del pue- blo, clero y nobleza volvió á subir al trono. lagiso se refujió en el Austria (Hamábase así - (372) la parte oriental de Lombardía, y la occidental -Neustria, á imitacion de los nombres que se daban en Francia á las provincias situadas en la misma posicion con respecto al curso del sol): en ella juntó un ejército, pasó el Adda y, en el territorio de Como halló 4 su competidor que le salió al encuentro junto á una villa, lla- mada entonces Coronata y hoy Corna. Cuni- berto le convidó á decidir la querella en un combate particular entre los dos. Alagiso res- pondió que “aunque Cuniberto era borracho, se acordaba de haberle visto levantar dos car- neros castrados muy grandes, agarrándolos por la lana de las espaldas: lo que él no podia ha- cer por no tener tantas fuerzas.” Un capitan toscano que habia acudido con su gente en au- silio de Alagiso, oida su respuesta, le dijo: "pues no te atreves á pelear con Cuniberto, ni yo tampoco,” y se pasó con los suyos á las banderas enemigas. —' Trabóse, pues, la batalla. Cenon, diácono de Pavía, pidió á Cuniberto que entrase en la lid como guerrero particular, y le permitiese 4 él llevar las armas é insignias reales para lla- «mar contra sí la atencion del ejército contrario, y libertar la vida del rey de los peligros del combate. Cuniberto se lo concedió, nosin repug” nancia. Sucedió lo que el diácono habia pre” visto. Alagiso reunio la flor de su ejército con? tra el fingido rey, y lo derribaron mucrto en € campo: pero conociendo su yerro cuando, e quitaron la celada, esclamó enfurecido : "na 2 (373) hemos conseguido: pero si Dios me concede la: victoria hago voto de llenar un pozo con na- . rices y orejas de clérigos.” Cuniberto, en lo. mas fiero de la pelea, volvió 4 desafiar al ti- rano : y como los capitanes de éste le ¡ucitasen á aceptar el desafio, y áevitar tanta efusion de - “sangre, Alagiso les respondió : “no puedo: so- bre aquella imágen del arcangel san Miguel, q lleya Cuniberto en su bandera, le juré fideli- ad en otro tiempo.” “Muy tardías son esas refle- xiones,” le respondieron los suyos. Mas no por eso dejaron de pelear con el valor propio de los lombardos. La victoria, aunque muy costosa, quedó por Cuniberto. Alagiso cayó muerto en el campo de batalla. En lo restante del reinado de Cuniberto, que duró basta fin del siglo yx, gozó Lombardía de paz no alterada. Liutberto, rey de Italia (700). Despues de a muerte de Cuniberto, fue proclamado rey de os lombardos su bijo Liutberto: pero no bien | rabia pasado un año de reinado, se rebeló con- tra él Regimberto, duque de Turin, é hijo de Godeberto el hermano del rey Pertarito. Este Príncipe fue prisionero de Grimoaldo, cuando 19 muerte en Pavía á su padre Godeberto, y Usurpo la: corona: pero restituido Pertarito al trono , le trató como á príncipe de la sangre real Y le hizo duque de Turin. Regimberto ocultó su Ambicion durante los reinados de su tio y de Mtmiberto su primo; pero se despertaron las es- Peranzas de subir al trono de su padre, cuando * vio ocupado por Liutberto, príncipe de corta (380) ciado despues al trono de sú tio. Este suceso: obligó 4 Liutprando á alterar sus combinacio- nes políticas, y á coligarse con Kutiquio, exar- ca de Ravena.,. prometiéndose mútuo ausilio para sujetar á los romanos quese habian levan- tado contra el emperador, y á los duques de Espoleto y Benevento, que no querian recono- cerse dependientes del rey de Lombardía. Liut= prando consiguió su fin, y aun estuvo dos veces á vista de Roma con el objeto de apoderarse de esta capital: pero ambas fue Stutido por la elo- cuencia y los ruegos de Gregorio 11, en 729 y en 742 del papa Zacarías que el año anterior habia sucedido á Gregorio m, nombrado sumo pontífice en 731 despues dela muerte de san Gregorio 11. El mismo papa libertó al año siguiente á Ra- vena de la guerra que Liutprando queria hacer al exarca, y concluyó la paz delicado cl impe- vio al rey y la tercera parte del exarcado. No solamente fue poderoso Liutprando en. Italia, sino tambien estendió sus relaciones po- líticas mas allá de los Alpes. Aquejábale el ver como crecía en Europa la potencia de los sar- racenos, que subyugada la península española, no solo entraron en Francia, sino se apodera- ron dela isla de Cerdeña: Y así formó con Cár- los Martel, gobernador del palacio de Francia, y único héroe capaz de tener á raya la potencia de los árabes, alianza tan íntima, que Pipino, hijo de Cárlos, pasó á la corte de Pavía para ue Lintprando le cortase el cabello, símbolo de la adopcion entre los lombardos. Cuando (381) * ¡ Cárlos estermino en la célebre batalla de Poi- tiers el ejército de los sarracenos, los nuevos generales de esta nacion, que pasaron de Espa- ña á Francia en vez de continuar sus marchas hácia el norte, donde tenia Martel concentra- das sus fuerzas, pasaron el Ródano, é invadie- ron la Provenza. Liutprando temiendo que pa- sasen los Alpes, y en virtud de su alianza con os franceses, marchó con su ejército á aquella provincia, y obligó á los bárbaros á evacuarla y á retirarse al Languedoc, que aun estaba ' por ellos. Tldebrando, rey de Italia (744). Udebrando era generalmente aborrecido por su crueldad, y Así no reinó mas que siete meses despues de la Muerte de su tio. Sus vasallos le depusieron, y colocaron en el trono á Ráguis, duque del rial, que se habia ya distinguido por muchas Uazañas militando bajo las órdenes de Liut- Prando en las guerras contra los duques de Es- Poleto y Benevento. : Ráguis, rey de lHalía. Apenas Ráguis su- 16 al trono, el papa Zacarías le envió embaja- Ores para conservar la paz entre lombardos y "omanos, y consiguió que se firmase una tregua € veinte años. ÁAstolfo, rey de Ttalía (749) Ráguis, 6 por ambicion, ó por algunas injurias que hu- lese recibido de los griegos, determinó ven- Sárse, juntó un numeroso ejército y puso sitio á Crusa, plaza que pertenecia entonces al exar- “ado. No quedaba á los griegos, abandonados (382) de la corte do Constantinopla, mas recurso . que los ruegos y*la elocuencia del papa Zaca- rías. Jl pontífice pasó á los reales del Lombar- do, y le habló con tanta vehemencia, que no solo le persuadió á levantar el sitio de la pla- za, sino tambien á abandonar el cetro y árer tirarse al monasterio, de Monte Casino, donde recibió el hábito de monge. Los lombardos nom- braron rey en su lugar á su hermano Astolfo, no menos esforzado que él, pero mas ambicioso. En 752 falleció el papa Zacarías, célebre or haber sancionado con su voto la traslacion del cetro de los francos de la familia de Clodo- yéo á la de Cárlos Martel, en la persona de Pipino, su hijo y sucesor en la dignidad de gobernador de palacio, y primer rey de Fran- cia de su dinastía. Mucho se ha declamado contra esta usurpación, cal en realidad solo fue de nombre: pues el verdadero poder estaba ya, por la costumbre de la nacion francesa, en manos de los gobernadores de palacio; y el pas a no hizo masquecortarderaiz lasguerrasclvr les dando el feo de la autoridad regia á quien era poseedor de dicha autoridad. La palabra rey pcia á los últimos merovingios, nada significaba: aplicada á Pipino, se asociaba 4 las ideas de fuerza y poder de estado y de na- cion. A Zacarías sucedio Istéban 1. En el mismo año empezó el rey Astolfo la: guerra contra los griegos, tan feliz para el 4 principio, y A tan funesta. "Tomó á Ka- vena y demas plazas del exarcado, y aniqu! 0 (383) el poder de los emperadores de Constantinopla, eu toda. la THalia septentrional, inclusa la 1s- tria que agregó tambien al reino de Lombar- día. Despues emprendió la conquista de la ciu- dad y ducado de Roma. Al papa Estéfano recurrió á las súplicas Que habian sido las armas de sus antecesores, Y logró una tregua de cuarenta años, que Ás- tolfo violó pocos dias despues de haherla firma- 0, cuando su ambicion volvid á hablar mas fuerte que la elocuencia del sumo pontífice, espues que Estéban hubo agotado en vano los tuegos, los regalos y las amenazas, pidió so- Corro al emperador Constantino Coprónimo . Yunque iconoclasta furibundo. Constantino le "espondió que acometido en el Oriente por los "usulmanes, y estragado el imperio con disen= Mones intestinas, no tenia fuerzas disponibles Para socorrer la Italia. Hallábase entonces esta península en la si- ación mas crítica. Los pueblos del mediodia, Parte estaban sometidos al duque de Beneven= Rs parte al imperio griego : los del septen- "ton obedecian á los reyes lombardos: el cen- 9, es decir, el ducado de Roma y el exarcado y abian puesto en abierta rebelion contra los Mperadores de Constantinopla desde los edic- 05 de Leon Isauro contra las santas imágenes, Pa reconocian mas gobierno que el de los Mol á quienes debian esclusivamente desde di tiempo antes el consuclo, la defensa, la 1Cla misma y la conservacion de las pocas S (384) laces y conocimientos que quedaban en el occi= dente de Europa. Por otra parte, un enemigo feroz amenazaba á la cristiandad por el Orien- te, cl mediodia y el occidente, y aunque el mahometismo, quebrantado por Cárlos Mar- tel en la batalla de Poitiers, mostraba menos fuerzas en Francia, era dueño de España, po= seía la isla de Cerdeña y amenazaba la Pro- venza y la barrera de los Alpes, desde el Lan- uedoc, y la isla de Sicilia, y el mediodia de talia desde Africa. En fin, las misiones evan- gélicas que en poco tiempo habian convertido al cristianismo, las islas británicas y la Ger- mania, no podian salir sino de Roma inde- pendiente é 1lustrada. Los lombardos, dueños de toda Italia, ha- - brian destruido las últimas luces de la civiliza- cion: porque su existencia social dividia natu- ralmente la poblacion en dos clases, la de se- fiores y la de siervos; y su gobierno político era á propósito, no para la felicidad general, sino para el predominio de la nacion vencedo- ra. Esto no podian sufrir los romanos, acos” tumbrados desde tiempo inmemorial 4 vivi bajo el imperio de la ley y derecho comun» igual para todos los ciudadanos. Roma no que ria á los emperadores de oriente, porque olen” dian la religion cristiana, gobernaban mal y no le dispensaban la proteccion necesaria par? defenderse de sus enemigos. Roma no querté á los lombardos, porque aborrecia el sistem feudal, y de tiranía doméstica, contrario 4 (385) | Organizacion social qua Epa tantos siglos ha- bian gozado los pueblos del Tiber. Fue necesa- rio, pues, buscar un protector que la libertase del rey de los lombardos, y la conservase bajo el gobierno de los sumos pontífices al cual es- taba acostumbrada. No se trataba ya de dere- cho; pues los de la corte de Constantinopla habian caducado, por el abandono y por ds ofensas hechas al culto y religion de los pue- los: solo se trataba de conservar la existencia de la república romana, esto es, del orden ci- vil y religioso que existia en Roma y en los pucblos del centro de Italia: orden, que á lo menos en la parte civil arruinarian losa nba Os en el caso de ser vencedores. El papa Estéfano 1 imploró, pues, la pro- teccion de Pipino, rey de Francia, contra As- tolfo. En 754 pasó Pipino con su ejército por ii primera vez á Lombardía: la macia e sus fuerzas sobre las de Astolfo era tal que el lombardo ni aun pudo hacer resistencia hon- Jos en las gargantas de los Alpes. Cercado en vía, y viéndose en peligro de perder su rei- MO, hizo las paces con Pipino, cediendo el “xarcado á la república romana, cuyo gefe era Mtonces el sumo pontífice, Astolfo, imitando en su conducta á todos 95 príncipes pérfidos y débiles, apenas Pipino Pasó los Alpes y se volvió á Francia, acometió “ducado de Roma y puso sitio á esta ciudad. pino volvió 4 Italia, obligó á Astolfo á reti- Yarse del: Tiber para defender su capital, á TOMO XVI. 2) (386) pedir vergonzosamente clemencia y perdon, á confirmar la cesion estipulada antes, y á pagar una gran suma de dinero. Esta vez no se volvió á Francia sin que quedasen los paises cedidos en poder del papa, y las, llaves de las ciudades depositadas sobre el altar de san Pedro de Ro- ma. Al año siguiente murió Astolfo de ua caida del caballo, que dió cazando. - Desiderio, rey de Italía (757). Los lom- bardos eligieron por rey á Desiderio, duque de una de las ciudades de Toscana; pero su nombramiento tuyo dificultades, porque Ra- guis, antecesor de Astollo, 6 cansado de la vida quieta del monasterio, 0 pesaroso de que el cetro de Italia saliese de su familia, dejó á Monte Casino, pasó á Lombardía, y formo un artido contra Dendetia: Pero el papa Esté- es u favoreció la eleccion del nuevo rey, y envió en su ausilio algunas tropas francesas de las que habian quedado en ltalia á disposl- cion dela corte de old para asegurar el cum- plimiento del segundo tratado de Pavía, aña- diendo á ellas un cuerpo de milicias romanas El partido de Ráguis enmudeció, Desiderio fue reconocido, y el monge ex-rey se volvió 4 acabar sus dias en Monte Casino. Muchos si- glos despues conservaba un pago del monaste- rio el nombre de viña de Liáguis, plantada, segun la tradicion, por las manos de est ríncipe. E das de este beneficio: de lá corte de Koma, á Desiderio, y del que Desiderio hizo 4 (387) | la corte de Roma despues de la muerte de Pau- lo 1, sucesor de Estéban 1 en 757, librándola de dos antipapas ensalzados por la violencia de algunos señores, y favoreciendo la eleccion legítima y canónica de Estéfano 11 en 768, era imposible que hubiese buena armonia entre los sumos pontífices y el rey lombardo. Indigná- base este de la dependencia en que se hallaba de la corte de Francia, del freno impuesto á su ambicion, de la pérdida del exarcado que los lombardos habian adquirido á fuerza de Armas, y en fin, de ver destruida la esperanza de la conquista entera de Italia por la creacion de un nuevo poder pair en el centro de a península, apoyado por los ejércitos numero- Sos y aguerridos de la nacion franca. Los papas Por su parte, conociendo las intenciones de la Corte de Pavía, estaban en contínua sospecha, y la inspiraban á Pipino mientrag vivió, y des- Pues á Cárlos, por sobre nombre el Magno, y i Carlomagno, sus sucesores. Desiderio , que Conocia la debilidad de sus fuerzas, mas bien Manifestaba su mala voluntad á Roma ponien- 9 dificultades diplomáticas al cumplimiento € los tratados de Pavía, que cometiendo hos- Uidades manifiestas : porque si aborrecia el Poder de los pontífices, le refrenaba el temor elos ejércitos franceses. Su política era pa- ciente: pero la indignacion represada estalló causa de una injuria, y perdió en solo un 12 el fruto de diez y siete años de mii arlomagno repudió á Desiderata, hija de (388) Desiderio, con la cual se había casado, y la envió á la corte de su padre. El lombardo, ivritado de este agravio, no puso freno alguno á su ira. Favoreció la rebelion de Miguel, ar- zobispo intruso de Ravena, contra el sumo pon- tífice adriano 1, que habia sucedido en 772 4 Estéfano 11: se apoderó de las plazas de Faen- za, Ferrara y Comaquio inclusas en el célebre tratado de cesion, recibió en' su corte á los hijos de Carlomagno, que falleció en esta época: las cuales huian sospechosos de que su tio Cárlos, ES quedó único poseedor de todo el imperio e los francos, los hubiese á las manos y los matase 6 tuviese en prision, para estinguir los derechos de su hermano: exigió del pontífice, que fuese á Pavía á consagrar y ungir como reyes á aquellos jóvenes: y rabiéndose negado á hacerlo Adriano por no AspcitAs á su protec- tor el roy de Francia, entró con poderoso ejér- cito por las tierras de la iglesia, y se apoderó de Simigalía, Urbino, Montefeltro y Gubio. Los embajadores de Carlomagno protestarol contra estas hostilidades: Desiderio persistió: El ejército francés pasó los Alpes por la ter cera vez, puso sitio á Pavía, defendida por € rey ea persona, y se apoderó de ella despues de un cerco de ocho meses; Desiderio prisiónt” ro acabó sus dias en Francia en el monasterió de Corbré, su hijo Adelgiso, á quien habia as0” ciado al trono, huyó á Constantinopla, y el ceLro de Italia, que habian poseido los lombardos 20 años, fue transferido á los francos en 774 (389) - SECCION TERCERA. DOMINACION DE LÓS. FRANCOS. Carlomagno, rey de Francia e Italia (774). a invasion de Carlomagno fue muy diversa en su carácter y consecuencias de las de Odoa- cre, Teodorico y Alboino. stos caudillos de pueblos bárbaros trageron consigo sus naciones y las establecieron en Italia, dándoles casas y tierras á costa de sus antiguos poseedores: Cár- os mandaba á un pueblo civilizado, y no trajo á Lombardía mas que un ejército, del cual. Una gran parte habia de volver á Francia, á lemania y á los: demas paises donde le llevase. A suerte de la guerra. Venia ademas llamado Por los italianos mismos para que los libertase de la tiranía de Desiderio; hasta los lombardos e eran favorables, como lo prueban dos hechos: Cl primero, que no se movió contra él mas su-= blevacion que la del duque de Friul, que fácil- Mente vencido, perdió el gobierno de aquel ucado; el condi que en casi todas las ciu- ades de Italia dejó condes de aquella nacion. Por otra parte los italianos no eran ya aquel Pueblo muelle degenerado del antiguo valor * Roma, que hallaron en sus invasiones Ala- Ico, Genserico y Odoacre. Mezclados con los rulos, ostrogodos y lombardos, habian ad- Wirido la fuerza é intrepidez de estos pueblos Mismo tiempo que habian suavizado sus (396) deposicion y. muerte de Bernardo, gobernó el. reino de Htalia por medio de sus ministros du- rante algunos años. En $817 juntó la dicta general de los francos en la corta de Aquisgran, tomó por compañero en la dignidad imperial á su hijo mayor Lotario, y dio á sus dos hijos menores Luis y Pipino, las coronas de Bavie- ra y Aquitania. Parece que la asociacion de Lotario fue hecha con aprobacion de la santa sede. 13l título de emperador daba preeminen- cia sobre los demas príncipes cristianos, sola- mente de honor: pero sobre los reyes de la fa- milia de Carlomagno “esta preeminencia era tambien de jurisdiccion. Mas todos los dere- chos se confundieron 0 se despreciaron con los al- borotos y guerras civiles que se encendieron en el largo y funesto reinado de Luis. En la mis- ma dieta quedó Lotario declarado heredero y sucesor de su padre en toda su vasta monar- quía, escepto Aquitania y Baviera. p Lotario, rey de Italia (820). Luis cedió a su hijo mayor Lotario, ya declarado su com- pañero en el imperio, la corona de Ttalia, que obtuvo durante todo el reinado de su padre. Ya se han referido con mucha estension en el:ct- tado tomo tercero de la historia de Francia, la muerte de Ermengarda, primera muger de emperador Luis 1; su casamiento en segundas nupcias con Judit, hija de Guelfo, conde de un distrito de Baviera y de la familia de los antiguos duques de este pais; el nacimientó de Cárlos, hijo de Judit y del emperador; el (397) - empeño de sus padres en formar un estado para este último hijo, á costa de los que ya se ha- tan asignado á sus hermanos mayores; la re- sistencia de estos que produjo las guerras ci- viles; la deposicion de Ísio por dos veces y su restauracion; su reconciliacion con Lotario, de la cual resultó dársele á este príncipe la Aus- trasia, que de su nombre se llamo Lotaringia y despues Lorena, y á Cárlos, el hijo de Judit, la Neustría y la aia las dos rebeliones de Luis, rey de Baviera, contra su padre; la muerte de éste en 840, y el convenio entre Cár- los y Lotario, por el cual adquirió este empe- rador la Neustría, y se contentó Cárlos con Aquitania, Languedoc y Provenza. Durante estas conmociones que desquicia- ron de sus cimientos el trono de los Carlovin= gos, gozaron Lombardía y el estado pontificio de inalterable paz por allgolueria benigno y Justo de Lotario, y del papa Gregorio 1v, que Conservaron siempre entre sí la mayor armonía. A Pascual r hahia sucedido en 824 Eugenio 11, ¡este en 827 Valentino, que solo reinó un Mes, y del cual fue sucesor Gregorio 1v. Pero el mediodia de Italia, fue teatro de sangrientas "evoluciones y guerras. Sicon caballero lombar- 9, con el ausilio de Radelgiso, conde de Con- Sa, destronó y dió muerte á Grimoaldo Stores- Sarz, duque ó principe de Benevento como se titulaban entonces. Sicon hizo contínua guerra á los griegos, que poseían aun los ducados de Nápoles, Gaeta y Amalfi, gobernados por un : (398) patricio que nombraba la corte de Constanti- nopla, y los obligó á pagar tributo. Tambien arece que hizo independiente su principado, Lo la corona de Italia: pues ningun acto consta de que rindiese vasallage á Lotario, d pagase el tributo á que: se habia obligado Storesaiz. A Sicon, que murió en 833, sucedió su hijo: Sicardo. ' Cinco años antes emprendieron los sarra- cenos de Africa la conquista de Sicilia, some- tida hasta entonces al imperio de Oriente. Ya en el siglo vii habian hecho invasiones en la isla, mas solo para coger botin y cautivos: pero en 828 fueron movidos á emprender una espe= dicion militar por Eufemio, siciliano, y que servia en las tropas del emperador de Oriente con el grado de capitan de milicias de la 1sla. La causa de la traicion se cuenta de dos modos: los historiadores griegos dicen que Eufemio, enamorado de una monja, la robo; que perse- guido por la justicia, huyó con ella al Africa, é indicó á los sarracenos los medios de apode- rarse de Sicilia: pero. los escritores sicilianos dicen, que Lufemio tenia contraidos es sonsales con una jóven de singular belleza, y d que € gobernador griego de la isla, sobornado por otro pretendiente, se la quitó á Eufemio y la dió por esposa á su rival. El capitan, irritado or esta injuria, pasó al Africa, incitó á 105 Dásbaros á la empresa y les sirvió de guia. E hecho es que los sarracenos desembarcaron con ejército poderoso en la playa oriental de la isla, | (399) se apoderaron de Catania; donde hicieron ter- Tible matanza; sitiaron á Siracusa, que les pa- gó un tributo de cincuenta mil sueldos por su libertad, se estendieron por toda Sicilia, toma- ron á Mesina dos años despues, y en 832 á Palermo, enseñoreándose de toda la isla escep- to de Siracusa que quedó en poder de los cris- tianos. Desde Sicilia empezaron á infestar con sus piraterías el golfo de Venecia y el mar Tir- reno: muchos buques y aun escuadras de los venecianos cayeron en su poder: saqueaban las ciudades marítimas que no tenian amparo: lo que obligó al pontífice Gregorio 1v á fortificar á Ostia; única defensa de Roma por la parte del mar. ] Sin embargo, la ceguedad de los cristianos era tal, que Andres, duque griego de Nápoles, acometido por Sicardo, príncipe de Benevento, á quien negó el tributo impuesto por Sicon, lamó en su ausilio á los sarracenos de Sicilia, Comunes enemigos de todos los fieles. Sicardo aAparentó hacer la paz, apenas los bárbaros se Volvieron á la isla, estrecho á Nápoles de ma- era, que obligó al duque á pagar el tributo degado. Sicardo era odioso á los beneventanos por la Crueldad con que gobernaba sin perdonar á su Misma familia, y pereció en 839 en una cons- Piracion, tramada contra su vida, y cuyo gefe Cra un caballero lombardo, llamado Adal ferio. e elegido por sucesor Radelgiso, que babia Sido su: tesorero. El nuevo príncipe siguió las (400) | máximas. de su antecesor sin haber escarmen- tado con su ejemplo: desterró á Dauterio, sue- gro de Sicardo, y á sus cuatro hijos, y mandó arrojar por una ventana de su palacio 4 Adel- giso, pariente de Dauferio y muy querido del príncipe asesinado : Daufino y sus hijos se retiraron á Nocera, se entendieron con los de Amalfi, ciudad griega * que tenia inteligencias gon Salerno, poblada cn gran parte de amalfitanos emigrados á eausa de disensiones intestinas que habian tenido ante- riormente con los de Nápoles, pasaron, disfra- zados de mercaderes á Tarento, donde estaba preso Siconolfo, hermano de Sicardo, le sa“ caron de la prision, le llevaron á Salerno, le hicieron dueño de la ciudad, y derrotaron al príncipe de Benevento, que se presentó con su ejército para recobrarla. Al mismo tiempo Lan- dolfo, gobernador de Cápua por dicho príncipe, amigo de Adelgiso, el que fue arrojado por E ventana, tomo de su muerte una venganza útil para él. Salió á escondidas de Benevento, donde se hallaba, y volvió á su gobierno, St hizo fuerte en Cápua y negó la o eivida á Ra- delgiso. Así el principado de Benevento, ilus” tre reliquia de la dominacion lombarda en Ita- lia, perdió sus fuerza y esplendor, desmem- brándose en tres principados que tomaron los nombres de Benevento, Cápua y Salerno. Jssta revolucion se verificó en 840, último año de reinado de Ludovico Pio. Al año siguiente $ dió la célebre y funesta batalla de Fontenayo “oriente de 8 (401) en que pereció la mayor parte de la nobleza francesa, entre los tres hermanos, hijos de Lu- dovico Pio. Cárlos de Aquitania y Luis de Ba- viera se confederaron entre sí para seda á ¿Lotario á ceder la Neustria, y someterse al re- partimiento último de pa que se hizo en vida de su padre. Lotario fue vencido en aquella batalla, é hizo la paz con sus herma- nos, bajolas condiciones siguientes: Cárlos, por sobre nombre el calvo, poseyó toda la Francia occidental desde el Océano hasta el Mosa y el Ródano : Lotario la Lotaringia, la Helvecia y la Italia; y Luis, todos los paises que estan al Í Rhin, con el título de rey de Ger- mania. | Continuaba la guerra entre Siconolfo, prín- cipe de Salerno, y Padel, príncipe de Be- nevento, con tanto furor, que habiéndose apo- derado los sarracenos de Sicilia, de toda Cala. bria y de las ciudades de Tarento y de Bari, - favorecidos por las disensiones de los lombar- dos, Rádelgiso tomó á su sueldo un ejército de aquellos bárbaros; y su rival, por no contri- buir menos á la ruina de Italia, recurrió á los moros de España, que enviaron un cuérpo con- siderable de tropas en su ausilio. Estos dos Príncipes, igualmente detestables ,'se dieron ba- talla en las Horcas Caudinas, tán” célebres por a capitulación afrentosa de los romanos: Sico- nolfo quedó vencedor, y se apoderó de casi todas las ciudades de su rival, á escepción de cnevento y Siponto. id ds TOMO XV1. 26 Aa (402) Luís xt, rey de Italia (844)... Lotario, ue necesitaba tener su residencia.en Aquis- gran para atender á los movimientos de sus dos hermanos los reyes de Francia y Germania, y preste de la ambicion de ellossn reino de otaringia, colocado entre dos enemigos tan ' oderosos, dió á su hijo mayor Luis la corona e Lombardía. Al mismo tiempo falleció. el papa Gregorio 1v, y le. sucedió ergio 1: fue consagrado sin confirmacion del emperador Lo- tario; y ofendido éste de la injuria, mando á su hijo Luis que pasaseá4 Roma con un ejército. Las tropas imperiales hicieron mucho daño en los campos: pero Sergio 1 no pomo que en-: accion á Luis, y trasen en la ciudad, dió satis le coronó y ungió.como á rey deltalia... Continuaban entre tanto su guerra impía los príncipes de Salerno y Benevento, mientras los sarracenos hicieron por mar una inyasion terrible en la. campaña de Roma. Forzaron la entrada del Tiber, llegaron á las puertas de la capital y saquearon la basílica de san Pedro que estaba entonces fuera de las murallas: pasaron despues á Fundi, la robaron y redugeron á ce- nizas, se apostaron á las. orillas del. Gare- llano, con intento de pasar este rio para robar el monasterio de Monte Casino, y no pudiendo - lograrlo por. una crecida inesperada , de las aguas, despues de derrotar un ejército que Luis, rey deJtalia. envió contra ellos, pusieron sit1 á Gaeta. Pero una furiosa tempestad que sobre vino, dispersó O destruyo su armada, y pensa” (ná) ron en retirarse á Sicilia: y era tanto el terror que inspiraban, que el duque de Nápoles les ió bajeles para hacer su viaje á pesar del es- tado crítico en que se veían, teniéndose por muy dichoso en que saliesen de sus estados. Durante esta invasion (en 847) murió el papa Sergio 11, y le sucedió Lon 1v, sin que se esperase á la confirmacion del emperador para consagrarle, por la necesidad que tenia Roma de un gefe en la consternacion y espanto que causaban los sarracenos. Este santo pontífice empleó los ocho años de su reinado en fortificar las playas y la ciudad contra los ataques de los infieles. Cerró la entrada del 'Piber con una ca- dena: pobló á Ostia y Porto con los habitantes de Córcega que se habian refugiado al conti- nente huyendo de los estragos que hacian los moros asaltando frecuentemente aquella isla: fundó junto á la antigua ciudad marítima de Centurucelas, espuesta á-las piraterías de los sarracenos y abandonada por eso de sus ve- _Cinos, otra plaza fortificada, y en fin, construyo uña nueva ciudad al rededor de la basilica de san Pedro, llamada ciudad Leonina y la rodeó de murallas, para preservar de los ataques ene- migos aquel templo, el primero de la cris- tiandad. Luis 1,rey de Italia, asociado por su padre Lotario á la dignidad imperial (849). Lotario, cuya ambicion inmoral habia causado las des- gracias de su padre, de la dinastía carlovingia Y las suyas propias, se entregó en los últimos | 404) años de su vida á la disolución en 'el palacio de Aquisgran; y para libertarse enteramente del cuidado de los negocios de Italia, cuando ape- nas le dejaban tiempo los placeres para atender á los de Lotaringia, nombro colega suyo en el imperio á Luis, su hijo mayor. El largo reinado de Luis n fue próspero para Lombardía, donde se conservó inalterable la paz. Este principe, activo y esforzado, se dedi- có á crear una gran potencia en Italia, y estuvo cerca de conseguirlo. Cuando pasó á Roma en 850 á recibir la corona imperial, los prín- cipes de Benevento, Cápua y Salerno, y los du- ues de Nápoles, Gaeta y Amalfi, escarmenta- des en fin de sus guerras crueles que habian dadoá los sarracenos oportunidad para devas- tar y dominar el dieleas de Italia”, le presta- ron homenages como vasallos, é' imploraron el ausilio de sus armas contra los infieles, Desde entonces Luis fijó su atencion en los paises me- ridionales é hizo frecuentes espediciones contra los sarracenos. Las. de 852, 867 y 869 fueron desgraciadas: porque salieron triunfantes 105 mahometanos en los combates que se ofrecieron bien que en la última se apoderó Luis de Ma- tera, Venusa y Canosa, y fortificó estas plazas; con lo cual puso freno álas correrias de los ent- migos en el principado de Benevento.* : En 855 falleció elemperador Lotario, y Ye- artió de esta manera'sus estados entre sus tres hijos: á Luis, aunqué'era el mayor; dejó el rel” no de Italia, que ya poscia, y la corona imp? (405) rial: á Lotario, el segundo, dió la parte sep- tentrional de los estados que tenia en Francia, esto es, la Frisia, la Lorena actual y: parte de la Borgoña, y al tercero, que se llamaba Cár- los, el resto de Borgoña y la Provenza. El em- perador Luis, aunque disgustado de este re- partimiento , no quiso mover sus armas contra sus hermanos, cuando estaba empeñado en la guerra.con los sarracenos; y se contento con las ciudades y territorios de Ginebra, Lausana y Siou, que por un convenio le entregó su herna- no Cárlos, rey. de Provenza. Este principe, que gozaba de muy poca salud, falleció en-863, y sin dejar sucesion: y sus estados se repartieron entre sus dos hermanos, Lotario, rey de Lota= ringia' y el emperador Luis: éste adquirió la mayor. parte de Provenza, y aquel. lo restante de esta provincia y lo que le faltaba de Borgoña, Sitio de Bari (870). Fóste año fue .el mas glorioso dela vida militar de Luis u. Ponién- dose al frente de un poderoso ejército, y ausi- liado.con las tropas de sus vasallos los señores de Benevento, Salerno, Cápua, Nápoles y de las ciudades de Calabria que estaban aun por os cristianos, las cuales le prestaron homenage de fidelidad abandonando al emperador de Cons- tantinopla, de quien ni esperaban protección ni Socorro, pasó el Aufido, derrotó completamente en tres batallas campales á los sarracenos, los obligó á encerrarse en Bari, centro entonces del poder de estos bárbaros en Italia, cerco esta plaza fortificada y defendida con la mayor 10- SS > E .d ESAL La AA <a Porro rr E y ISTORIA. inn eR rn dar ercer dr red secs cdi resido A Mi . y ñ 2 2 A AA ES de bA A: % ú FSA 73 “e ete errada eo colorchecker cLAssic 4 Ñ ] | i ] p ¿ . ] | | . t J . É 3 b 4 Á . ] Í ' d Í p ] y i [ , ; j ] E Y ; de A UA rd nl add ió DI A A A AN ri did 1») a | CM ll