Historia Universal. Tomo XVI
Abstract
T. I-VIII. Historia antigua -- T. IX-XX. Historia moderna -- T. XXI-XXV. Historia de Francia -- T. XXVI-XXX. Historia de España
Full text
Abrdtoria
Deriasad:
DEL
|
Conde
des
degus,
TOMO
XVI
A
Mo
,
y
o
E
pas
Lor
y
É
f
»
;
e
dad
¿e
A
A
PP.
E
,
,
*)
Ñ
¿
AAA
.
HISTORIA
MODERNA
Sor
el
¿Donde
De
ES
ur,
DE
LA
Acanegmia
Francesa,
Par
DE
Francia
Itaducida
al
español
Por
0)
Mlbeto
Listo
;
con
Correcciones
,
motas
y
adiciones.
TOMO
XVL
f.
MADRID,
acosto
DE
1832,
NY4
——
G
:
A
Tobbarta
de
DON
Tomás
JORDAN,
Calle
de
Toledo
,
frente
á
la
del
Burro.
Y,
ds»
aqiór
Wet.
HISTORIA
DE
FRANCIA.
CAPÍTULO
XXIV.
>
Lis
ocÍauo,
el.
Leor.
Luis
rin
el
Leon,
rey
de.
Francia.
Victorias
de
Luis
contra
los
ingleses:
tregua.
Falso
Balduino.
LD
rut
en
Lxroy,
rey
de
Francia
(1223).
El
hijo
de
Felipe
Augusto
fue
el
primer
rey
que
despues
de
tres
siglos
poseyó
al
subir
al
trono
la
verdadera
fuerza,
se
halló
libre
del
yu-
go
de
los
señores,
y
escedió
en
poder
á
todos
los
grandes
vasallos
de
la
corona.
Pero
si
el
valor
de
Luis
el
Gordo
y
el
genio
y
la
fortuna
de
Fe-
lipe
habian
clevado
hasta
tal
punto
la
autori
dad
real
á
pesar
de
los
obstáculos
que
les
opuso
el
feudalismo,
era
necesario
todavía
mucha
prudencia
y
firmeza
para
conservar
un
poder
cuyo
aumento
repentino,
no
sostenido
por
las
instituciones,
escitaba
tanta
envidia.
Los
reyes
de
Francia
no
tenian
autoridad
verdadera
y
le-
gal
sino
en
sus
propios
dominios.
Subyugados
poros
barones,
cuando
el
territorio
se
limita-
a
á
las
ciudades
de
Reims
y
de
Laon,
mas
res-
petados
cuando
el
cetro
pasó
á
manos
del
duque
(12)
tuvo
que-capitular.
El
rey
con
la
esperanza
de
hacerse
amar
de
los
rocheleses,
é
impedir
que
volviese
la
ciudad
al
poder
de
los
enemigos,
les
concedió
grandes
privilegios
que
se
conserva-
ron
hasta
que
el
cardenal
de
Kuichelieu
se
apo-
deró
de
ella.
La
indolencia
del
rey
de
Inglater-
ra
le
hizo
perder
muchos
aliados,
que
se
pasa-
ron
á
su
rival
favorecido
de
la
fortuna.
La
ma-
yor
parte
de
los
señores
de
Aquitania,
del
Li-
mosin,
del
Perigord,
y
aun
el
mismo
Maulcon,
prestaron
juramento
de
fidelidad
al
de!
de
Fran-
cia,
que
volvió
triunfante
á
París.
Inglaterra
envió
algunas
fuerzas,
que
solo
se
mostraron
al
fin
de
una
campaña,
cuyos
desastres
eran
fáci-
les
de
preveer.
Ricardo,
hermano
de
Enrique
m1,
llegó
á
la
ria
de
Burdeos
con
trescientas
velas,
El
título
que
tómo
de
conde
de
Poitou,
anun-
ciaba
sus
esperanzas:
y
algunas
ligeras
venta-
jas
parecieron
confirmarlas
al
principio:
pero
despues,
rechazado
por
los
franceses
en
las
cér-
canías
de
la
Reole,
no
se
atrevió
á
arriesgar
una
batalla,
y
se
embarcó
muy
desairado
para
Inglaterra.
Enrique
11,
mal
favorecido
por
sus
armas,
se
acogió
á
la
míediacion
del
papa
Honorio
1,
ue
escribio
á
Luis
exortándole
á
que
pusiese
fa
á
una
guerra
escandalosa
entre
príncipes
cris-
tianos.
Enrique
pagó
treinta
mil
marcos
de
pla-
ta,
y
se
firmaron
treguas
por
cuatro
años.
Sin
duda
los
recursos
pecuniarios
del
rey
eran
cor-
tos,
y
se
habia
disipado
el
tesoro
que
juntó
su
padre:
pues
se
Decó
la
ocasion
sb
arrojar
á
13
;
los
ingleses
á
su
e
ado
Ricardo
habia
uido
ignominiosamente,
habia
un
ejército
fran-
ces
victorioso
en
él
centro
de
Guiena,
y
Enrique,
mal
visto
y
abandonado
de
sus
vasallos,
no
pen-
saba
en
enviar
fuerzas
al
continente.
Algunos
autores
dicen
que
el
deseo
que
tenia
Luis
de
concluir
la
guerra
de
los
albigenses,
le
movió
á
hacer
aquella
tregua.
Entonces
era
ienorado
el
arte
de
conservar;
y
los
intereses
permanentes
de
los
estados
se
sacrificaban
á
los
caprichos
ya
de
los
príncipes,
ya
de
las
naciones.
Esta
fuela
época
floreciente
de
la
caballe-
ría,
de
la
cual
tendremos
que
hablar
muchas
veces,
porque
esta
institución,
mas
social
que
política
y
en
nada
semejante
á
las
otras,
tuvo
mayor
fuerza
é
influencia
que
las
combinacio-
nes
de
los
legisladores
mas
sabios.
Hemos
visto
que
la
caballería
nació
en
medio
del
desórden,
y
fue
su
remedio.
La
proteccion
que
dispensó
á
los
oprimidos,
y
las
hazañas
que
la
1lustra-
ron,
le
adquirieron
el
aplauso
universal,
y
1le-
80
a
ser
una
de
las
primeras
dignidades
mili-
tares,
y
aun
se
la
comparo
al
sacerdocio.
Un
caballero,
segun
sus
votos,
debia:
igualar
al
monge
en
devoción,
al
magistrado
en
justicia,
y
al
héroe
en
intrepidez.
A
pesar
de
esto,
el
amor
era
estímulo
y
premio
de
sus
hazañas;
y
juraba
servir
á
su
dama,
en
el
mismo
juramen-
to
que
hacía
de
servir
al
rey
y
á
Dios.
'Podos
los
palacios
y
castillos
se
transformaron
muy
pronto
en
escuelas
de
caballería.
Dábanse
lec-
ciones
á
los
niños,
desde
que
tenian
siete
años,
'
Y
14
para
enseñarles
la
profesion
militar,
y
el
ser-
vicio
de
la
corte.
Primero
acompañaban
á
un
señor
en
calidad
de
page,
doncel,
0
varlete,
y
despues
como
escudero.
Este
servicio
doméstico
era
entonces
tan
honroso
en
todas
las
casas
como
hoy
lo
es
en
los
palacios:
y
aun
el
nom-
bre
de
varlet
(cciado),
envilecido.
segun.
las
'
costumbres
modernas,
se
daba
en
aquel
tiempo
á
los
príncipes
jóvenes,
En
estas
escuelas
se
en-
señaba
á
las
señoritas,
ademas
de
los
princi-
pios
severos
de
la
religion
y
moral,
y
las
labo-
res
propias
de
su
sexo,
los
medios
de
agradar
con
las
artes
del
espíritu
4
los
caballeros,
cuyo
«valor
habian
de
inflamar
con
su
ternura,
y
cuya
loria
debian
premiar.
con,
su
mano.
Ningun
doncel
ascendía
á
escudero
hasta
la
edad
de
ca-
torce
años:
un
sacerdote
bendecia
la
espada
del
nuevo
aspirante
á
la
caballería.
Los
caballeros
y
grandes,
tenian
en
su
séquito
muchas
clases
de
escuderos.
El
de
la
cámara
recibia
á
los
fo-
rasteros
en
el
castillo,
y
hacía
funciones
de
ca-
marero.
El
trinchador:
debia
cortar
la
vianda
con
destreza
y
distribuirla
con
cortesía
:
era
tambien
copero
y
repartidor
del
pan:
la
bajilla
estaba
dinfida
á
su
custodia.
El
escudero
de
corps
acompañaba
al
señor
á
todas
partes;
Ue-
vaba
sus
armas
y
bandera,
daba
el
gr1to
de
ar-
mas,
propio
del
señorío,
en
los.combates,
le
ponia
el
arnés
y
los
brazaletes,
y
le
daba
el
es-
cudo,
la
espada
y
la
lanza:
en
la
pelea
no
se
apartaba
de
su
amo,
paraba
los
golpes
que
los
enemigos
dirigian
contra
su
señor,
le
levantaba
GOES
AAA
gg
O0
TK
AA
—
(15)
si
caía,
y
le
daba
otro
caballo,
si
el
que
tenia
estaba
herido.
Los
prisioneros
se
confiaban
á
la
guardia
de
los
escuderos.
ón
tiempo
de
paz,
se
ocupaban
incesantemente
en
los
ejercicios
mili-
tares,
en
la
carrera,
en
la
sortija,
y
en
el
ma-
nejo
de
la
lanza.
En
medio
de
las
fiestas,
los
torneos
ofrecian
la
imagen
de
la
guerra
,
harto
parecida
muchas
veces.
La
presencia
de
las
da-
mas
y
del
príncipe,
ó
señor,
animaba
á
los
combatientes,
que
recibian
de
manos
de
las
be-
llas
los
premios
señalados
á
la
fuerza,
á
la
des-
treza,
á
la
gallardía
y
á
la
agilidad.
Habia
dos
clases
de
caballeros:
los
de
la
primera,
se
llamaban
de
bandera:
los
de
la
se-
gunda,
bachilleres.
El
de
bandera
tenia
en
su
comitiva
muchos
caballeros,
seguidos
cada
uno
de
cierto
número
de
soldados.
Para
entrar
en
esta
clase
superior,
era
preciso
poseer
una
he-
redad
considerable,
y
probar
cuatro
generacio-
nes
de
nobleza.
Debía
mantener
á
lo
menos
cin-
cuenta
hombres
de
armas,
seguido
cada
uno
de
dos
caballeros,
y
acompañado
de
muchos
don-
celes,
Su
bandera
tenia
la
figura
de
cuadro:
la
del
bachiller
estaba
dividida
en
dos
puntas.
Solo
el
caballero
de
bandera
tenia
derecho
de
seña-
lar
gríto
de
armas,
como
estos:
Chatillon
al
noble
duque,
Flandes
al
Leon.
El
grito
real
era
Montjote
Saint
Denis:
el
de
muchos
príncipes
de
la
sangre,
Montjoie
al
gabilan
blanco.
A.
los
caballeros
se
les
daba
el
tratamiento
de
don,
sire
messire
6
monscigneur,
y
á
solas
sus
espo-
sas
el
de
madama.
Las
demas
se
llamaban
da-
|
o
|
miselas.
Solos
los
caballeros
gozaban
el
privile-
gio
de
comer
en
la
mesa
del
rey,
tener
beletas
en
sus
casas,
y
usar
en
sus
vestidos
oro,
pieles
finas,
terciopelo
y
brocado.
Eran
exentos
de
to=
do
derecho
en
los
géneros
de
su
uso.
Las
puer-
tas
del
templo
del
honor
estuvieron
cerradas
por
muchos
años
á
todo
lo
que
no
fuese
el
na=
cimiento,
la
opulencia
y
las
hazañas.
Dos
siglos
despues
se
permitió
entrar
por
ellas
á
las
virtu-
des
de
los
plebeyos
y
á
la
sabiduría.
Creose
una
tercera
clase
de
caballería
para
los
legistas
y
li-
teratos:
pero
el
orgullo
de
los
caballeros
anti-
guos
se
ofendió
de
esta
innovacion
,
despreció
á
los
nuevos,
y
aun
estendió
este
desprecio
á
las
leyes
y
letras;
desdeñaron
el
saber,
solo
cul-
tivaron
¿bat
de
las
armas,
desertaron
de
los
parlamentos,
se
alejaron
de
los
tribunales,
y
con
este
desprecio
im
político
y
esta
ciega
preocu-
acion,
dieron
el
golpe
de
muerte
al
sistema
-
Fudal
y
aceleraron
su
ruina.
Creyendo
vengar-
se,
abdicaron
realmente
lel
poder,
y
abrieron
á
los
plebeyos
el
campo
de
la
legislacion
y
del
go-
bierno.
Así
dejaron
la
presa
por
la
sombra:
y
aislados
en
las
grandezas
de
una
vanidad
qui-
mérica,
fueron
gobernados
en
lugar
de
ser
go-
bernantes.
Tal
fue
el
principio
de
la
revolucion
en
las
costumbres,
que
despues
produjo
Otra
mas
estensa
en
casi
todos
los
gobiernos.
Un
gran
rey
ha
dicho
que
el
ejemplo
de
los
monarcas
es
res-
petado,
y
obliga
á
imitarle,
Luis
el
gordo, Luis
el
menor,
Felipe
Augusto,
y
Luis
vin,
brillaron
“con
todas
las
cualidades
herdicas,
y
se
mostra-
E
(17)
,
ron
celosos
y
perfectos
caballeros.
Un
gran
nú-
mero
de
Ap
intrépidos
siguieron
las
pisa-
das
de
estos
ilustres
modelos
en
todos
los.
paises,
de
Europa.
Pero
mas
veces
fueron
imitadas
sus
proezas
que
sus
virtudes:
y
muchas
mas,
estos
protectores
del
desvalido,
arrastrados
por
los
vicios
del
siglo,
continuaron
robando
á
los
mer-
caderes,
tiranizando
á
los
débiles,
y
seduciendo
y
aun
robando
á.
las
damas,
que
debian
ser
0b-
jeto
de
su
culto
respetuoso.
Su
devocion
dege-
neraba
con
frecuencia
en
supersticion
y
fana-
tismo,
y
su
galantería,
en
libertinage.
El
aba-
te
Vely
dice,
que
muchas
señoras
mandaban
á
las
damiselas
aL
su
servicio
dividir
su
lecho
con
los
caballeros
que
iban
de
visita
al
castillo,
y
cita
un
pasage
de
un
poema
Antiguo,
que
pa-
rece
confirmar
su
asercion;
su
sentido
es
este:
not
"Llamó
una
doncella
suya,
Dti
do
a
mas
prudente
y
apuesta;
Y
con
secreto
le
dijo:
No
tardes,
amiga
bella,
En
ir
con
el
caballero,
Á
yogar.”
Sin
embargo,
ni
los
versos
de
un
poeta
de
la
edad
media,
ni
las
aventuras
de
Tirante
el
blanco
son
documentos
suficientes
para
afirmar
que
estuviese
en
uso
este
modo.estraordinario
de
ejercer
la
hospitalidad.
Á
pesar
de
estos
abusos,
mevitables
en
«el
crepúsculo
de
la
civilizacion;
a
institucion
de
la
caballería
produjo
grandes
TOMO
XVI.
>
(18)
bienes.
Si
no
púrificó
al
principio
las
costum-
bres,
á
lo
menos
las
suavizó:
dió
asilo
á
los
des-
.graciados,
vengó
la
inocencia,
animó
la
poesía,
elevó
las
armas,
prestó
á
la
virtud
el
atractivo
de
la
gloria,
y
creóen
el
honor
una
potencia
nueva,
que
á
falta
de
instituciones,
sirvió
por
mucho
tiempo
de
suplemento
á
la
moral,
de
de=
fensa
á
la
justicia
y
de
freno
á
la
tiranía.
Así
de
todos
los
castigos
y
suplicios
que
pudiera
ha-
ber
inventado
el
poder
mas
rigoroso,
ninguno
aterraba
mas
los
ánimos
que
la
degradacion
de
un
caballero,
convencido
de
infamia,
falsedad
y
deshonor.
Se
le
ponia
en
un
cadalso:
se
rom-
an
en
su
presencia
todas
sus
armas:
se
borra=
e
los
emblemas
de'su
escudo:
los
heraldos
le
llenaban
de
injurias:
le
llamaban
traidor,
des-
leal
y
fementido:
y
despues,
cubierto
de
un
paño
mortuorio,
se
le
llevaba
á
la
iglesia
en
un
car-
reton
y
se
le
rezaba
el
oficio
de
difuntos.
Puesto
en
libertad,
adonde
quiera
que
fuese,
si
se
atre-
viaá
sentarse
en
la
mesa
de
los
caballeros,
se
cortaba
el
mantel
por
el
sitio
que,
él
estaba,
y
se
le
echaba
con
ignominia.
De
esta
manera
esta=,
bleció
el
honor
poco
á
poco
su
imperio
y
su
cul-
to
en
Francia,
y
se
mantuvo
siempre
como
el
der
mas
irresistible,
como
una
especie
de
re-
Fito.
y
aun
ahora
sus
decisiones
son
mas
res-
petadas
que
las
mismas
leyos.
a
Falso
Balduino
(1225).
Balduino,
conde
de
Flandes,
y
uno
de
los
caballeros
cuyas
hazañas
hicieron
entonces
ilustre
el
nombre
frances
en
*
las
naciones
estrangeras,
se
habia
elevado
por
j
Az
su
valor,
como
hemos
ddeloral
trono
de
Cons-
tantinopla,
veinte
años
antes
del
reinado
de
Luis.
Este
fundador
de
un
nuevo
imperio,
ven-
cido,
hecho
prisionero
y
muerto
por
los
vúlga-
ros,
se
presentó
de
improviso
en
Francia;
ó
por
lo
menos,
un
hombre
que
se
le
parecia
entera=>
mente,
fingió
ser
él
y
fue
reconocido
por
mu-
chos
de
sus
vasallos.
La
mayor
parte
de
los
fla-
-
mencos
é
ingleses
fueron
engañados,
ó
afectaron
serlo,
por:el
impostor,
al
cual
favorecián
mu-
chas
circunstancias.
Juana,
hija
del
verdadero
Balduino,
gobernaba
entonces
á
Flandes.
Esta
princesa
altanera
y
avara;
reinaba
por
ausencia
del
desgraciado
Ferrando
'su
marido,
preso
siempre
en
el
castillo
del
Louvre,
porque
su
muger
no
queria
pagar
su
rescate.
Juana
era
aborrecida
de'
sus
vasallos:
el
odio
produjo.
la
credulidad,
y
la
esperanza'de
sacudir
su
yugo,
hizo
que
los
flamencos
diesen
fe
á
las
fábulas
del
BlieBaldiéao
á
quien
la
muchedumbre
aco-
gió
con
alegría
La
condesa
viéndose
abándo-
nada,
huyó;
y
pasó
á
París
á
implorar
la
pro-
teccion
del
rey
de
Francia:
que
le
prometió
so-
corro,
fue
á
Perona,
y
Ed
ea
allí
al
su-
puesto
Balduino
comparecer
ante
él.
Ai
Este
aventurero,
protegido
por
el
rey
de
Inglaterra
y
favorecido
por
la
opion
pública;tuvo
osadía
para
presentarse
al
rey
y
sostener
con
firmeza
su
impostura.
Encargóse
al
cardenal
de
Sat
Angelo
quele
hiciose
el
interrogatorio.
Juana
decia
que
el
impostor
era
Bernardo
de
Rays,
ermitaño
en
otro
tiempo
en
Ohampaña,,
y
que
(20)
efectivamente
se
parecia
mucho
al,
conde
Bal-
duino.
El
respondió
con
tanta
claridad
como
rontitud
á
la
mayor
parte
de
las
preguntas
que
e
hicieron:
pero
cuando
se
le
mandó
PR
tett
exactamente
las
épocas
en
que
prestó
homenaje
á
Felipe
Augusto
y
casó
con
María
de
Champa-
ña,
se
turbó
y
contradijo:
su
cortedad
ó
su
falta
de:
memoria
fueron
tenidas
por
pruebas
eviden-
tes
de
la
impostura.
Luis
le
echo
de
su
palacio
con
desprecio
y
le
mando
salir
del
reino.
Mu-
chos
creyeron
que
un
castigo
tan
suave
manifes-
taba
que
UOLEhá
algunas
dudas
en
los
áni-
mos
de
los
jueces:
sin
advertir
que
el
acusado
habia
comparecido
.con
un
salvoconducto
del
XeNo
ts
la
mo
tí
e
Pero
esta
clemencia
retardó..pocos
dias
su
suplicio.
Apenas
llegó
4
Borgoña
fue
sorprendi-.
do
por
unos
caballeros
de
la
condesa
Juana,
que
le
mando
dar
muerte,
despues
de
haberle
hecho
sufrir
mil
ultrages..En
vano
la
princesa
publi-
có
cartas
de
Constantinopla
en
que
se'contaban
los
milagros
obrados:en
el
sitio
de
Bulgaria
don-
de
tenia
sepultura
su,padre:
el
pueblo
'se-obsti-
nó
en.crecr
que
una
soberana
injusta
era
pres
ciso
que
fuese
mala
hija
:
y
las
crónicas
de
Plan-
dos,
segun
observa
M.
de
Sismondi,
dicen
que
"la
mayor
parte
del
pueblo
acusó
siempre
á
Jua-
na
de
haber
mandado
aborcar
á
su.
padre.”
Lo
que
contribuyó
quizá
á
propagar
esta
opinion
fue
la,condutta
interesada
del
juez;
pues
el
auxilio
que
prestó
Luis
ála
condesa,
fue:
vendido
mas
bien
que
dado,
por
las.
plazas
de
Douay
y.
de.la
|
2
Esclusa
y
grandes
a0ndla
de
dinero
que
exijió
de
Juana.
Sus
tropas
pacificaron
enteramente
y
con
prontitud
el
condado
de
Flandes,
que
vol-
vió
gimiendo
al
yugo
aborrecido
dela
condesa.
El
rey
de
Inglaterra
no
se
atrevió
á
hacer
mo-
vimiento
alguno
para
impedirlo,
no
teniendo
aliados
en
el
continente:
porque
el
año
antes
habia
hecho
Luis
alianza
contra
Inglaterra
con
Enrique,
rey
de
romanos
,
la
“cual
se
firmó
en
Vaucouleurs;
y
el
papa,
para
escitar
al
rey
de
Francia,
á
dirigir
todas
sus
fuerzas
contra
los
albigenses,
habia
prohibido
á
Enrique
con
pena
de
escomunion,
mover
armas
contra
este
prín-
cipe
mientras
durase
la
guerra
religiosa.
Jósta
continuaba
cubriendo
de
ruinas,
crímenes
y
sangre
las
provincias
meridionales
de
Francia.
Raimundo,
conde
de
Tolosa,
habia
muerto
es-
comulgado,
se
le
negó
sepultura
eclesiástica,
y
su
ataud
se
arrojó
al
campo
cerca
de
un'
cemen-
terio.
Rymer
asegura
que
tres
siglos
despues
se
conservaba
aun
el
esqueleto
de
este
paa
Su
hijo
Raimundo
v1
recobraba
la
herencia
de
su
padre
por
medio
de
las
armas,
con
valor
aplaudido
de
los
suyos
y
admirado
de
los
ene-
migos.
Su
rival
Amury
de
Montfort
iba
per-
diendo
poco
á
poco
todas
sus
conquistas.
Here-
dero
del
odio
y
del
valor
de
su
padre
Simon,
buscaba
ardientemente
todos
los
mediós
de
que
triunfase
su
partido,
y
á
este
fin
habia
cedido
al
rey
Luis
todas
sus
pretensiones
al
condado
de
Tolosa:
ahora
instaba
al
pontífice
que
reani-
mase
el
celo
de
los
cruzados
con
nuevas
indul-
(28)
á
la
censura,
el
pueblo
hizo
y
conservó
este
pro-
verbio:
mas
vale
nombre
honrado
que
cinturon
dorado.
Mandóse
por
ley
que
toda
muger,
con-
vencida
de
adulterio,
fuese
paseada
por
las
ca-
lles,
atada
con
una
soga
á.su
cómplice.
El
po-
der
de
los
grandes
y
la
oscuridad
del
pueblo
eludieron
facilmente
el
rigor
de
esta
ley
severa.
Al
mismo
tiempo
florecia
en
Italia,
y
en
breve
se
estendió
por
toda
Europa,
la
órden
de
los
hermanos
menores,
protegida
por
el
papa
Ho-
norio
11.
San
Francisco
de
Asís,
su
fundador,
dotado
de
ardiente
caridad
para
los
otros,
y
que
profesaba
una
moral
rígida,
enseñó
á
sus
numerosos
discípulos
á
practicar
virtudes
an=
gélicas
entre
las
abnegaciones
de
la
pentten-
cia,
y
á
perseguir
en
sus
vehementes
predica-
ciones
las
corrupciones
y
perversidad
del
siglo.
Luis
tuvo
once
hijos
de
la
reina
Blanca,
de
Jos
cuales
solo
cinco
le
sobrevivieron.
Luis,
su
sucesor;
Roberto,
conde
de
Artois;
Alfonso,
conde
de
Poitiers;
Cárlos,
conde
de
Anjou
y
de
Provenza,
y
rey
de
Nápoles,
é
Isabela,
que
“murió
en
el
monasterio
de
Longchamps,
fun-
dado
por
ella
misma.
Antes
de
morir,
declaró
el
rey
en
su
testamento,
que
segun
su
inten=
cion,
su
hijo
Luis
debia
suecderle
y
poseer
to=
dos
sus
dominios,
como
él
los
habia
poseido.
Por
otro
artículo
de
este
acto-hizo
el
rey
man-
das
á
dos
mil
hospitales
de
leprosos:
lo
que
demuestra
hasta
qué
punto
se
habia
propagado
en
Francia
esta
enfermedad
,
importada
de
Oriente
en
tiempo
de
las
cruzadas.
ds
a
CAPITULO
XXV.
Luió
nueve
Ad
el
Santo.
Luis
1x
el
Santo
rey
de
Francia.
Sumision
de
+»
losseñores
confederados.
Segunda
coalicionde
dos
grandes
contra
la
reina.
Fin
de
la
guer-
ra
de
Tolosa.
Guerra
con
Enrique,
rey
de
¿+Lnglaterra.
Fundaciones
de
Luís.
Casamien-
to
de
Luis
con
Margarita
de
Provenza.
Su-
mision
del
conde
de
Bretaña.
Rebelion
y
su=
mision
del
conde
de
Champaña.
Mayor.edad
de
Luis.
Donacion
de
religuias.
Casamientos
de
los
hermanos
del
rey.
Neutralidad
de
Luis
en
las
querellas
de
gúelfos
y
gibelínos.
Re-
-
belion
de
Lusignan:
sitio
de
Fontenay.
Guer=
ra.con
Inglaterra:
batallas
de
Taillebourg
y.
de
Saíntes.
Sumision
del
conde
de
la
Marcha:
tregua
con
inglaterra.
Enfermedad
de
Luts:
+
Concilio
de
León:
conferencia
de
Cluny.
Pre=
*
parativos
de
la
cruzada
de
sañ
Luis.
Mar-
cha
del
ejército
cruzado
á
Aguas
muertas.
¿Navegacion
de
san
Luis
á
Oriente.
Toma
de
Damiéto.
Batallas
de
Mi
anuray
y
Laca:
cau
tiverio.
de
san
Luis.
Tratado
de.
san
Luis
con
el
soldan
de.
Egipto.
Victorias
de
san
Luís
en
Palestina.
Muerte
de
la
reina
Blanca.
Vuelta
desan
Luis
á
E
uropa.
Causa
de
Guí-
llermo
de
Saínt
Amoúr.
Establecimiento
de
¿las
seguridades
Contestaciones
con
los
reyes
(30)
de
Aragoné
Inglaterra.
Tratado
de
Luis
con
Jaime,
rey
de
Aragon.
Paz
definitiva
con
Inglaterra.
Alborotos
de
los
flagelantes.
Nue-
va
invasion
de
los
mogoles
en
Europa.
Cár-
los
de
Anjou,
nombrado
rey
de
Nápoles.
Me-
diacion
de
san
Luis
entre
Enrique
11
y
los
barones
ingleses.
San
Luís,
árbitro
entre
En-
rique
y
sus
barones.
Tratado
de
Cárlos
de
Anjou
con
la
santa
Sede.
Batallas
de
Bena-
vento
y
del:
lago
Celano.
Reformas
de:san
Luis
en
la
cobranza
de
peages.
Contestacio-
nes
de
san
Luis
con
la
corte
de
Roma.
Es-
tablecimientos
de
san.
Lus::
espedicion.
de
Tunez.
oa
AY
p
qe
ix
EL
Santo,
rey
de
Francia
(1226).
Luis
ix,
destinado
por
la
providencia
á
refor-
mar
las
costumbres
de
Francia,
á
triunfar
del
sistema
feudal,
á
resucitar
el
reinado
de
las
le-
yes,
á
hallar
la
gloria
en
el
infortunio,
á
hacer
amable
su
severidad
y
respetable:su
bondad,
su-
bió.
al
trono
desu
padre
en
1226.
Pero
era
ni-
ño
y
su
madre
estrangera
El
cetro,
colocado
en
manos
que
parecian
tan
débiles,
estaba
á
peli-
gro
de
ceder
á
las
tempestades
suscitadas
por
la
nobleza
descontenta,
por
las
miras
ambiciosas
de
algunos
grandes
vasallos
y
por
las
intrigas
del
rey
de
Inglaterra
que
esperaba,
á
favor
de
los
desórdenes,
recobrar
algunas
de
las
provin-
cias
conquistadas
por
Felipe
Augusto.
En
el
momento
que
Blanca,
por
muerte
de
E
1
|
su
esposo,
se
scales
del
poder
soberano,
esta-
ba
para
manifestarse
un
movimiento
general.
Señales
harto
seguras
habian
advertido
á
la
rei-
na
del
peligro
en
que
se
hallaba
su
esposo:
y
sa-
liendo
de
Bars
para
recibirle,
supo
á
un
mis-
mo
tiempo
su
muerte
y
su
última
voluntad
que
le
entregaba
el
gobierno
de
la
monarquía.
-
Habiendo,
pues,
convocado
á
los
grandes
para
que
asistiesen
á
la
consagracion
de
su
hijo,
unos
se
negaron
sin
rebozo
á
acompañarle:
otros
consintieron
en
ello,
pero
bajo
condicion,
exi-
Ae
con
imperiosa
altanería
la
libertad
de
os
presos
por
delito
de
estado,
y
la
restitución
de
las
tierras
confiscadas
por
causa
de
felonía
en
los
reinados
anteriores.
Blanca,
sin
asus-
tarse
ni
sorprenderse,
prosiguió
su
designio,
é
hizo
consagrar
á
su
hijo
en
Reims
por
Santiago
de
la
Roche,
obispo
de
Soissons,
á
causa
de
es-
tar
vacante
á
la
sazon
aquella
sede
arzobispal.
Luis,
en
el
primer
acto
de
su
vida
monárquica
manifestó
sus
sentimientos
religiosos,
y
el
tez
mor
saludable
que
le
causaba
la
corona.
Mas
atento
á
su
lee
que
á
su
esplendor,
anunciaba
ya
que
era
digno
de
llevarla.
Al
recibirla,
re=
pao
con
fervor
estas
palabras
de
David:
“En
tos
solamente
confio.”
Juan
de
Brienne,
re
e
Jerusalen,
el
patriarca
de
esta
santa
ciudad!
el
duque
de
Borgoña,
los
condes
de
Dreux,
Bar
y
Blois,
el
señor
de
Concy
y
las
condesas
de
Flandes
y
Champaña
asistieron
á
esta
ceremo-
nia.
Estas
dos
señoras
tuvierón
la
pretension
Singular
de
tomar
asiento
entre
los
doce
pares,
!/
$
$
]
(32)
Ñ
representar
á
sus
maridos
y
llevar
la
espada
real.
Su
peticion
fue
desechada.
Teobaldo,
conde
de
Champaña,
enamorado
locamente
de
la
reinar
se
habia
puesto
en
camino
para
Reims:
peró.
sabiendo
que
se
le
sospechaba
de
haber
dadil
veneno
al
difunto
rey,
y
que
muchos
enemigos.
amenazaban
su
vida,
se
detuvo
y
fue
á
reunir?
se
con
los
grandes
vasallos
rebeldes,
que
resuel-
tos
á
vengar
la
autoridad
feudal
comprimida
abatida
por
la
monarquía
desde
el
reinado
de.
ds
el
Gordo,
querian
aprovecharse
de
la
me
nor
edad
del
hijo
de
Blanca
para
restablecer
su:
poder,
y
aun
segun
se
decia,
pára
poner
en
e
trono
otra
familia,
ón
estos
primeros
momentos.
no
solo
estaban
agitados
los
facciosos,
sino
aun
los
amigos
del
órden
se
indignaban
de
ver
la
atria,
enmedio
de
tantos
peligros;
gobernada
or
una
muger
estrangera,
que
segun
decian,
se
dejaba
dirigir
ciegamente
por
otro
estrangeros
el'cardenal
de
Sant
Angelo,
legado
del
pa
yd
dotado
por
la
naturaleza
de
ingenio
vivo
y
A
gre,
de
carácter
amable
y,
bello
rostro,
escitaba
en
todas
materias
la
envida
de
los
cortesanos:
yh
como
era
admitido
al
trato
íntimo
de
Blan-
ca,
ni
la
virtud
de
esta
reina,
ni
aun
su
edad
udieron
libertarla
de
las
flechas
envenenadas
-
do
la
calumnia.
Amenazada
y
despues
acometis
da
por
una
multitud
de
enemigos
conjurados
en
.
su
ruina,
supo
no
obstante
comprimir
las
fac-
ciones
con
vigor
y
disiparlas
con
maña.
+
-
Blanca,
no
menoscélebre
por
sus
cualidas
des
personales
que
por
las
de
su
hijo,
era
hero
A
id
q
33)
LN
mosa,
discreta
o:
magestuosa
sin
orgullo,
amable
sin
flaqueza.
Su
dignidad
enfrenaba
á
los
atrevidos:
su
dulzura
inspiraba
afecto.
“Te-
nia
el
arte
de
penetrar
los
designios
de
sus
ene-
migos:
sabia
pelear
con
ellos,
dividirlos
y
ga=
narlos.
Veia
el
peligro
con
serenidad
y
hallaba
*
facilmente
recursos
para
salir
de
él.
Su
celo
ar-
diente
por
la
religion
y
la
virtud
la
hacia
amar
del
clero
y
del
pueblo:
y
muchas
veces
decia:
“Mas
quiero
ver
muerto
á
mi
hijo
que
man-
chado
con
un
pecado
mortal.”
Por
otra
parte,
como
la
pureza
de
su
virtud
iranquibddl:
su
conciencia,
veia
sin
enojo
el
amor
novelesco
que
inspiró
á
algunos
señores:
y
recibiendo,
segun
to=
dos
el
espíritu
caballeroso
del
siglo,
los
homena-
ges
que
le
ofrecian,
arredraba
á.
los
temerarios
con
cierta
malignidad
alegre
mas
bien
que
con
altivez
pedantesca.
Y
aun
se
ha
dicho,
que
mu-
chas
veces
se
sirvió
para
sus
fines
políticos,
del
ascendiente
que
le
daba
su
hermosura
sobre
al-
gunos
barones
ambiciosos.
AS
Sas
enemigos
eran
muchos:
pero
el
afecto
de
sus
amigos
centuplicaba
sus
fuerzas:
era
magi
nánima,
no
le
faltaba
dinero,
sabia
elegir
bue-
nos
consejeros
y
marchaba
sin
temor
al
frente
de
sus
tropas
que
estaban
muy
aguerridas.
El
es-
plendor
de
la
gloria
de
Bouvines
ilustraba
to-
davía
su
corona:
el
anciano
Montmoreney
era
caudillo
de
sus
guerreros:
la
esperiencia
de
Gue=
rin,
prudente
en
el
consejo,
obispo
elocuente
en
el
púlpito,
y
capitan
intrépido
en
las
batallas,
dirigía
sus
planes;
y
la
amistad
del
legado
le
TOMO
XV1
(34)
aseguraba
la
proteccion
de
Roma.
Pero
lo
que
principalmente
contribuyó
á
sus
triunfos,
fue
su
mérito
personal,
y
su
fuerza
de
alma,
mez-
clada
de
tal
modo
con
la
dulzura,
que
los
mis-
mos
que
desde
lejos
eran
suscontrarios,
quedaban
rendidos
á
ella
cuando
la
veian
6
escuchaban.
El
mas
temible
de
sus
adversarios
era
Felipe,
conde
de
Boloña,
hijo
de
Felipe
Augusto,
y
tio
del
rey,
que
no
podia
mirar
sin
disgusto
la
tu-
tela
de
su
sobrino
y
el
gobierno
de
la
monar-=
guía
en
manos
de
una
española.
Sus
prelensto-
nes
á
la
regencia,
no
absurdas
á
los
ojos
de
la
|
razon,
eran
sostenidas
por
muchos
grandes
y
por
el
voto
de
los
pueblos.
Era
dificil
vencerle,
y
aun
mas
ganarle.
No
obstante,
Blanca
logró
desarmarlo:
con
importantes
concesiones,
con
deferencias
aparentes,
con
promesas
de
grande
confianza
grangco
el
afecto
de
Felipe:
el
cual,
contento
con
la
posesion
de
algunas
villas
y
con
la
soberanía
del
condado
de
San
Pol,
privó
á
la
liga
de
los
facciosos
de
su
apoyo
mas
formida-
ble.
La
reina
supo
buscar
en
las
orisiones
un
aliado
no
menos
poderoso
y
útil:
el
desgraciado
Ferrando,
conde
de
Flandes,
continuaba
caull-
yo
siempre
en
el
Louvre,
y
la
despiadada
con-
desa
su
muger,
no
queriendo
pagar
su
rescate,
le
dejaba
en
las
cadenas.
Las
cronicas
de
aquel
tiempo
atribuian
la
antipatía
recíproca
de
los
dos
esposos
á
un
orígen
rídiculo
y
que
parecería
in-
ercible,
si
pudiese
serlo
alguna
estravagancia
del
IO
DaRd
Dicen
que
jugando
al
al-
gedrez,
tuvieron
ung
disputa
cnardecida
de
la
pS
0
a
0
tr
o
e |
cual
procedió
su
aborrecimiento.
No
obstante,
arecen
causas
mas
verosimiles
de
esta
aversion
la
avaricia
y
el
orgullo
de
la
condesa.
Esta,
re-
suelta
á
romper
sus
lazos,
pensaba
en
casar
con
el
conde
de
ceda
Pedro
Mauclere,
enemigo
jurado
de
la
reina
Blanca,
la
cual
desconcertó
sus
proyectos
dando
libertad
á
Ferrando;
y
el
conde
pagó
su
generosidad
con
un
afecto
jamas
desmentido.
Tales
fueron
los
medios
que
la
há-
bil
regente
empleó
con
tanta
prudencia
como
rontitud
para
evitar
una
sublevacion
general
log
principales
confederados
eran
los
condes
de
Bretaña,
de
la
Marcha
y
de
Champaña,
deudos
de
la
familia
real.
Enrique
ur,
rey
de
Ingla-
terra,
fovorecia
al
conde
de
la
Marcha
su
pa-
drasto:
Ricardo,
ríncipe
ingles
y
duque
de
Guiena,
ofrecia
Aid
de
sus
tropas
á
los
condes
de
Bretaña
y
Champaña.
Estas
tropas
tenian
por
caudillo
al
célebre
Savary
de
Mau-
leon,
general
famoso,
que
pasó
el
Garona,
ame-
nazó
la
Rochela
y
sublevó
contra
el
rey
los
no-
bles
del
Poitou.
La
reina.
sabiendo
que
lascon-
federaciones
tardan
mucho
en
formarse
y
en
concertar
sus
planes,
no
dejó
4
los
rebeldes
ticm-
po
para
que
se
acordasen
entre
sí
y
se
fortifica-
sen;
y
marchó
contra
ellos
tan
rápidamenteque
los
aterró.
Teobaldo,
conde
de
Champaña,
soli-
citó
tener
con
la
reina
una
conferencia
que
le
fue
concedida;
y
apenas
se
halló
en
presencia
de
Blanca,
se
despertó
su
amor
y
triunfo
de
la
am=-
bicion
y
del
orgullo.
La
crónica
de
Francia
ase-
gura
que
cuando
la
vió,
dijo
estas
palabras:
|
66)
"os
juro,
señora,
por
mi
fé,
que
mi
corazon
es
yuestro,
y
lo
mismo
todo
mi
señorío.
Nada
hay
que
pueda
complaceros,
que
yo
no
haga
de
buena
gana:
y
jamás,
con
el
auxilio
de
Dios,
iré
ni
contra
vos
ni
contra
los
vuestros.”
“De
allí,
continua
el
cronista,
se
postró
sumergido
en
sus
pensamientos,
y
le
ocurrian
muchas
ve-
ces
á
la
memoria
las
suaves
miradas
y
el
lindo
talle
de
la
reina.
Entonces
entró
en
su
corazon
la
dalzura
amorosa:
pero
cuando
se
acordaba
de
que
era
tan
alta
señora,
de
tan
buena
fama
y
conducta,
y
tan
pura,
su
pensamiento
lison-
jero
se
mudaha
en
gran
tristeza
S
]
Sumision
de
los
señores
confederados
(1227).
La
reina,
vencido
este
contrario
sin
combate,
entró
en
Turena.
Su
rápida
marcha
habia
ya
amedrentado
á
los
caudillos
de
los
rebeldes,
contra
los
cuales
dió
sentencia
el
parlamento.
Humilláronse,
pues,
entraron
en
negociacion
y
pidieron
la
paz.
Despues
de
una
corta
discu=
sion,
se
presentaron
al
rey
en
Vendoma,
se
so-
metieron
á
él,
y
concluyeron
un
tratado,
en
ue
se
acordó
que
el
príncipe
Juan
de
Francia,
h
vien
Luis
vin
habia
legado
el
Anjou
y
el,
Maine,
casaría
con
Yolanda,
hija
del
conde
de
Bretaña,
recibiendo
en
dote
á
Bellesma,
Bric-
conte-Robert
y
algunas
otras
plazas;
y
el
con-
de
de
Bretaña
se
obligaba
á
no
hacer
alianza
alguna
ni
con
el
rey
de
Inglaterra,
ni
con
el
duque
de
Guiena.
El
conde
de
la
Marcha
cedió
al
rey
todas
las
pretensiones
de
su
muger
Isa-
bela,
viuda
de
yo
Sintierra,
á
los
dominios
O
-
ES
ds
El
PP
o
o
A
37)
DS%
que
Luis
vin"
le
habra
dado
ó
prometido,
reci-
biendo
en
recompensa
una
pension
de
mil
qui-
nientas
libras.
Los:
confederados
renovaron
so-
lemnemente
su
homenaje,
y
el
condestable
Ma-
teo
de
Montmorency
juró,
por
el
álma
del
rey,
observar
el
tratado.
Ya
no
quedaban
mas
enc-
migos
que
los
ingleses.
Sabary,
Su
caudillo,
fue
derrotado,
y
se
retiró
á
Gascuña.
Gregorio
IX,
atento
á
sostener
el
equilibrio
en
Occidente,
y
el
poder
vacilante
del
rey
de
Inglaterra,
su
va=_
sallo,
prohibió
al
rey
de
Francia
continuar
la
guerra
con
Enrique
nr
y
aun
le
exortó
que
Tes-
tituyose
á
los
ingleses
las
provincias
confiscadas
por
Felipe
Augusto.
Blanca,
no
obstante
estos
preceptos
y
consejos,
continuó
su
marcha:
pero
debilitado
su
ejército
por
la
ausencia
de
las
mi
licias
feudales
que
habian
cumplido
el
tiempo
de
su
servicio.
concedió
á
instancias
reiteradas
de
Enrique,
treguas
por
un
año.
Cuando
volvió
á
París,
firmó
un
tratado
con
el
emperador
Federico,
el
cual
le
prometió
romper
toda
alian-
>.
za
con
Inglatarra.
Algunos
autores
acusan
Ín=
.
justamente
á
Blanca
por
no
haber
proseguido
sus
victorias
contra
el
duque
de
Guiena,
ni
aprovechado
la
ocasion
de
arrojar
á
los
ingleses
de
Francia.
Pero
entonces
se
estaba
traman-.
do
una
basta
conspiracion
que
estalló
poco
des-"
pues
y
la
reina
siguió
la
máxima
de
prudente
política,
de
terminar
la
guerra
estrangera
quan-
do
amenazan
turbulencias
interiores.
Segunda
coalicion
de
los
grandes
contra
la
reína
(1228):
Hallándose
con
su
hijo
en
Urleans,
U
*
vencida
por
la
firmeza
de
la
reina.
En
este
tiem=
a
la
universidad,
ya
como
cuerpo
encargado
le
la
enseñanza,
ya
como
eqtortzara
por
la
igle-
sia
á
publicar
sus
decisiones
en
materia
de
doc-
trina,
declaró
que
sin
riesgo
de
condenación
eterna,
mo
se
podian
poscer
dos
beneficios
á
un
mismo
tiempo.
Esta
máxima,
aunque
no
refu-
tada,
fue
mal
cumplida:
pues
el
mismo
Felipe,
canciller
de
la
universidad,
continuó
poseyendo
muchos
beneficios
que
tenta,
y
como
en
el
ar-
tículo
de
la
muerte
le
advirtiese
un
obispo
el
peligro
que
corria
su
alma,
por
su
ostinada
avaricia,
respondió,
no
sin
impiedad:
“quiero
saber
si
los
juicios
de
la
otra
vida
son
confor-
mes
á
los
que
vosotros
dais
en
esta.”
Fin
de
la
guerra
de
Tolosa
(1229).
La
tur-
bulencia
del
conde
de
Bretaña
no
dejó
gozar
á
Francia
por
mucho
tiempo
de
la
paz
que
debia
á
la
prudencia
de
la
reina.
Reuniendo
sus
fuer-
zas/á
las
de
Ricardo,
duque
de
Guiena,
y
ani-
mado
por
las
promesas
del
rey
de
Inglaterra,
invadió
á
Purena
y
Anjou.
Blanca
convocó
un
LS
en
que
fuerón
condenados
estos
dos
-
arones.
El
rey
se
puso
al
frente
de
sus
tropas,
sitió
á
Belesma,
la
obligó
á
capitular
y
con
la
rapidez
de
sus
victorias
aterró
á
los
normandos,
que
parecian
dispuestos
á
sublevarse.
Los
baro-
nes
de
esta
provincia,
los
grandes
del
ducado
de
Guiena
y
los
señores
de
Poitou
representa-
ban
con
energía
al
rey
de
Inglaterra
cuán
ver-
gonzosa
era
su
inacción;
y
le
instaban
á
que
so*
corriese
á
los
bretones;
se
conquistase-las
pro-
«d
vincias
perdidas,
é
impidiese
que
Blanca
se
afir-
mase
en
un
trono
cuya
potencia
crecía
con
tan-
ta
rapidez.
Enrique,
estimulado
por
ellos,
pro-
metia
hacer
la
guerra:
pero
detenido
por
su
in-
clinacion
á
los
deleites,
no
podia
salir
del
agra-
dable
abismo,
en
que
su
privado
Dubourg
pro-
curaba:sumergirle.
Decíase
que
la
reina
Blanca
tenia
ganado
á
este
ministro
con
un
regalo
de
tres
mil
marcos
de
plata.
El
conde
de
Bretaña,
privado
de
los
socorros
de
Inglaterra
en
que
ha-
ta
confiado,
se
sometió
al
rey,
y
recibió
el
per-
don.
Hasta
entonces
el
Languedoc,
á
pesar
de
la
prudencia
de
Felipe
Augusto,
los
esfuerzos
belicosos
de
Luis
vm1,
y
la
hábil
política
de
Blanca,
era
teatro
de
todas
las
calamidades
que
pueden
producir
las
discordias
civiles
y
reli-
glosas.
A
Raimundo,
conde
de
Folosa,
defendia
va-
lerosamente
los
restos
de
su
poder
contra
Roma,
contra
Montfort
y
contra
la
cruzada
de
los
se-
ñores
franceses.
Oponiendo
invencible
valor
á
Jos
trances
de
la
guerra,
y
el
afecto
de
sus
va-
sallos.
al
número
temible
de
sus
enemigos,
los
aterraba
unas
veces
con
súbitas
acometidas,
los
admiraba
otras
con
retiradas
hábiles.
En
una
ocasion
instruido
de
sus
planes
y
de
sus
marchas,
los
sorprendió
en
Castel
Sarasin,
los
destrozó
é
hizo
prisioneros
mil
quinientos
ca-
balleros
y
dos
mil
hombres
de
armas.
amundo,
semejante
á
su
siglo,
peleaba
como
héroe
y
abusaba
de
la
victoria
como
bárbaro.
Puso
en
prision
á
los
nobles
que
habia
O
o
i
hecho
cautivos:
y
envió
los
plebeyos
al
campa=
mento
enemigo
con
las
narices
y
orejas
arran-
cadas.
A
esta
barbarie
correspondieron
repre-
salias
no
menos
atroces.
Entretanto
el
conde
seguia
su
marcha
vic='
toriosa
con
tanta
rapidez,
que
el
papa
pidió
so-=.
corros
al
rey
para
los
cruzados.
Convecose
un
|
concilio
en
Narhona,
y
fulminó
nueva
senten=-
cia
de
escomunion
contra
Raimundo
y
sus
ad=.
herentes.
En
el
mismo
concilio
se
mando
que
|
los
judíos
llevasen
en
sus
vestidos,
para
distin=
>
guirse,
la
figura
de
una
rueda.
|
En
él
se
confirmó
tambien
el
tribunal
de
la”
Inquisición,
poniendo
comisarios
en
todas
las.
parroquias,
se
escluyó
de
los
empleos
públicos
á
todo
hombre
sospechoso
de
heregía,
y
se
exi-
gió*1
presencia
del
cura
para
la
validez
de
los.
testamentos.
SE
Era
necesario
dar
al
rey
medios
con
que
subvenir
á
los
gastos
de
la
guerra,
cuyo
objetó
era
el
esterminio
de
la
heregía
de
los
albigen=-
ses;
y
el
legado
le
autorizó
á
tomar
una
parte.
del
dinero
eclesiástico.
Los
cabildos
de
Reims.
"Tours
y
Ruan
se
negaron
á
pagar
este
subsiz.
dio.
Entonces
el
pontífice
le
permitió
embargaf
los
bienes
de
estos
cabildos,
y
"hasta
las
capas
de
los
canónigos.”
Luis
no
creyendo
necesarioS
tantos
esfuerzos
y
sacrificios
contra
cnemigo3-
tan
débiles
como
eran
los
albigenses,
se
con
tentó
con
enviar
al
mediodia
un
cuerpo
de
tro7
as
á
las
órdenes
del
condestable
Beaujcu.
e
'
Estas
tropas
empleaban
en
ejercicios
reli”
Í
:
7
pros
la
primer
parte
del
dia,
y
despues
toma-
an-la
espada
y
entraban
en
combate
con
el
ma-
yor
valor,
6
se
entregaban
al
saqueo
con
increi-
ble
ferocidad.
Todo
el
pais
de
Foix
fue
destruido;
y
el
Languedoc,
aterrado,
decayó
de
ánimo.
El
con-
de
de
Tolosa
abandonado
porsus
mas
intrépi-
dos
guerreros,
entró
en
negociacion,
se
sometió
á
las
condiciones
del
legado,
consiguió
una
bre-
gua,
y
paso
á
París
á
firmar
un
tratado
que
consumo
la
ruina
de
su
casa.
ón
él
juró
ester=
minar
á
los
hereges
y
á
sus
favorecedores,
aun>
que
fuesen
parientes
Ó
amigos
suyos:
sostener
los
privilegios
del
clero:
restituirle
los
bienes
que
se
le
habian
quitado,
y
dar
á
diferentes
aba-
días
vemte
y
cuatro
mil
marcos
de
plata.
De
los
¿estados
de.su
padre
solo
conservó
el
Agenes,
el
Royergue,
una
parte
del
Albiges
y
del
Querci
y
las
tierras
de
la
diócesis
de
'Polosa:
pero
es-
tos
dominios
debian
recaer,
despues
de
su
muer-
te,
en
su
hija
Juana
que
casaria
con
Alfonso,
hermano
del
rey.
Desde
que
se
firmo
el
tratado,
entro
Luis
en
posesion
de
los
bienes
que
el
conde
tenia
al
occidente
del
Ródano.
Las
fortificacio=
nes
de
Tolosa
fueron
dinuidas,
y
adjudicados
á
la
santa
sede
el
condado
Venaissin
y
la
ciudad
de
Aviñon,
Raimundo
hizo
penitencia:
en
la
Iglesia
de
Nuestra
Señora,
en
camisa
y
con
los
pies
des-
nudos,
y
allí
recibió
la
alublucind:
El
conde
de
Montfort,
que
algunos
años
antes
habia
recibi-
*
do
en
el
concilio
de
Letran
la
investidura
del
(48
condado
de
Tolosa,
lil
Í
renunciaba
sus
pretensiones
á
favor
del
rey;
y
recibió
como
indemnizacion
la
espada
de
con=
destable.
|
|
Y
Luis
celebró
con
mucha
magnificencia
las
bodas
de
su
hermano
Alfonso
y
de
Juana
de
"Folosa;
y
para
mayor
esplendor
de
la
solemni-
dad,
dio
á
Raimundo
la
orden
de
caballería,
le
admitio
entre
sus
amigos
Íntimos,
y
le
envió
al
Languedoc
colmado
de
favores
y
presentes.
El
mismo
año
se
celebró
un
concilio
en
Tolosa,
en
-
el
que
se
dió
una
forma
regular
al
tribunal
de
-
la
Inquisición,
y
se
amenazó
Con
severos
casti-
gos
¿Los
magistrados
que
no
pusiesen
en
ejecu
cion
sus
sentencias.
Jón
aquel
tiempo
se
mandó
que
los
hereges
reconciliados
con
la
iglesia,
He-
vasen_
dos
cruces
sobre
sus
vestidos,
y
que nO.
pudiesen
obtener
destino
público,
sin
espresó
ermiso
del
papa.
“Todo
herege,
dice
el
concis
o.
que
parezca
no
haberse
convertido
sino
por.
temor,
se
le
tendrá
en
prision
perpetua,
y
su
alimento
será
á
cargo
de
aquel
á
quien
se
hu-
biesen
cedido
sus
bienes.”
Jin
este
mismo
sínodo
se
manda
á
los
jueces
administrar
justicia
gra”.
tuitamente,
y
prohibe
á
los
barones
y
munici?
palidades
formar
ligas
entre
sí
como
no
sean
contra
los
hereges.
Las
máximas
que
dictarol
-
estos
decretos,
eran
conformes
al
principio
adop”
¡
tado
por
los
reyes
y
las
naciones,
que
colocaba
la
religion
sobre
todos
los
poderes
políticos,
Y
ue
miraba
la
infraccion
contra
su
pureza
com
el
mayor
crímen
de
estado.
E
a
23
«
49)
:
Blanca
rimialad
GON
de
su
hijo
una
ordenanza
conforme
á
los
cánones
del
concilio
de
Tolosa;
por
la
cual
se
privó
á
los
herejes
de
sus
empleos
y
bienes,
y
se
mandó
á
los
barones
y
bailíos,
so
pena
de
perder
su
libertad
y
sus.
propiedades,
ias
denunciar
y
prender
á
los
acusados
de
heregía
y
entregarlos
á
los
jueces
eclesiásticos.
En
este
mismo
edicto
se
mandaba
-
“embargar
los
bienes
de
aquellos
que
hubiesen
vivido
un
año
encenagados
en
la
escomunion
sin
solicitar
ser
absueltos.”
La
inquisicion
empezó
ejerciendo
con
severidad
sus
facultades:
ciento
ochenta
hereges
fueron
quemados
en
Champaña
en
presencia
de
diez
y
ocho
obispos.
Prohibióse
tambien
á
los
legos
la
lectura
de
la
Biblia,
y
solo
se
les
permitió
la
del
Salterio
y
del
Brevia-
rio
sino
en
latin:
providencia
á
que
dieron
orí-
gen
los
errores
y
abusos
de
los
valdenses,
que
interpretaban
á
su
arbitrio,
y
no
segun
el
espí-
titu
y
sentido
de
la
iglesia,
los
testos
de
la
sa-
grada
escritura.
El
principio
de
los
siglos
de
la
edad
media
se
ha
conservado,
á
lo
menos
en
las
fórmulas
,
hasta
nuestros
dias
:
pues
Luis
xv
y
Luis
xvr
juraron
cuando
recibieron
la
consagra=-
ción,
esterminar
los
hereges;
cuando
nadie
1g-
noraba
el
gran
número
de
calvinistas
que
habia
entonces
en
Francia,
protegidos
ó
tolerados
por
la
ley.
La
guerra
de
los
albigenses
que
duró
ven
y
te
años,
terminó
con
la
ruina
de
la
dinastía
ba
olosa,
y
con
el
aumento
del
señorío
real:
nas
no
se
estinguro
enteramente
el
germen
de
la
OPOSISION
contra
el
poder
de
Roma.
Conservóse
TOMO
Xv1,
4
;
:
(50)
oculto,
y
esperó
la
ocasion
de
tener
por
compli-
ces
las
potestades
seculares,
para
desenvolverse,
tres
siglos
despues,
con
mayor
furia
y
mayores
ruinas.
y
|
Guerra
con
Enrique,
rey
de
Inglaterra
(1230).
Los
progresos
de
la
autoridad
real
ir-
ritaban
cada
dia
mas
el
odio
y
la
envidia
de
los
grandes
vasallos.
El
conde
de
Bretaña
no
cesa-
“ha
de
formar
nuevos
proyectos
para
levantar
el
>
feudalismo
decaido
:
pero
como
no
podia
fundar
—ninguna
empresa
con
probables
esperanzas
de
luen
suceso
sin
el
socorro
de
los
ingleses,
hizo.
bos
mayores
esfuerzos
para
despertar
los
resen-
timientos
de
Enrique
11
y
animar
su
valor,
Sus.
artificios
le
salieron
tan
bien,
que
este
monarca,
creyendo
que
su
ministro
Dubouros
estaba
ga=.
nado
por
Blanca,
se
enojó
furiosamente
contra
él,
y
aun
quiso
matarle
con
su
propia
mano.
Resuelto
á
pelear
con
los
franceses,
hizo
un
tra-.
tado
con
el
conde
de
Bretaña
,
y
le
dió
el
con=.
dado
de
Richmont
y
cinco
mil
marcos
de
plata.
El
conde,
pareciéndole
a
que
podria
burlarse
impunemente
dela
ira
del
rey
frances,
violó
des-
vergonzadamente
sus
juramentos.
Un
caballero
del
temple
llevó
á
Luis
una
carta
suya
concebida:
en
estos
términos:
“Me
habeis
Gullad:
y
todas
las
tierras
que
yo
poscia
desde
el
trata-
do
de
Vendoma.
Estoy
determinado
á
hacerme
justicia
con
las
armas;
y
así
no
OS
reconozo
pot
señor
ni
soy
vuestro
yasallo;
y
ademas,
Os
de-
claro
guerra.”
El
rey
estaba
entonces
en
Sau»
mur
con
algunos
barones
y
tropas;
marcho
al
o
á
Belesma
51)
EE
momento
contra
el
AA
enemigo
y
tomó
á
-
Angers;
pero
abandonado
de
allí
á
poco
por
las
milicias
señoriales
que
solo
estaban
obligadasal
servicio
de
cuarenta
dias,
hubo
de
detenerse.
Los
rebeldes,
animados
con
esta
inaccion,
penetra-
ron
en
Champaña
y
llegaron
hasta
Provins.
Al
mismo
tiempo
desembarcó
en
San
Malo
el
rey
de
Inglaterra,
y
recibió
solemnemente
€
home-
nage
de
los
bretones.
Luisno
podia
rechazar
una
liga
tan
pode-
rosa,
sino
apoyándose
en
el
consentimiento
de
sus
barones,
y
enel
voto
nacional;
y
á
este
efecto
convocó
un
parlamento
en
Ancenis.
Las
fórmu-
las
de
sus
actas,
que
fueron
1muy
importantes,
merecen
ser
observadas:
porque
siendo
mas
con-
cluyentes
que
las
disertaciones
de
los
autores,
engañados
muchas
veces
por
el
espíritu
de
sis-
tema,
nos
dan
á
conocer
de
una
manera
cierta
los
derechos,
usos,
costumbres
y
leyes.
El
de-
creto
del
parlamento
de
Ancenis
está
redactado
en
los
términos
siguientes:
“Nos,
Gualtero,
pa
la
gracia
de
Dios,
arzobispo
de
Sens,
$c:
elipe,
conde
de
Flandes;
Teobaldo,
conde
de
Champaña,
Sc.
y
otros
barones
y
caballeros,
dd
sellos
estan
puestos
mas
abajo,
hacemos
saber,
que
en
presencia
de
nuestro
muy
querido
señor
Luis,
ilustre
rey
de
los
franceses,
hemos
:
pustdo
unánimente
que
Pedro,
antes
conde
de
retaña,
ha
perdido
por
justicia
el
arrenda-
miento
de
Bretaña
á
causa
de
las
faltas
que
ba
cometido
contra
dicho
señor
rey
,
y
que
los
ba-
rones
de
Bretaña
que
le
han
hecho
juramento
á
a
:
(52).
causa
de
dicho
arrendamiento,
quedan
libres
de
la
fé
que
le
debian,
y
das
or
tanto
no
estan
obligados
ya
á
obedecerle
ni
á
hacer
nada
por
él.
En
fé
de
lo
cual
hemos
hecho
poner
nuestros
sellos
á
estas
presentes.”
La
reina
Blanca
asis-
tia
al
juicio
del
tribunal
del
rey,
como
prueban
muchos
documentos,
citados
por
Ducange.
Tenia
indudablemente
derecho
para
ello
como
regente,
y
ademas,
antes
de
esta
época
habian
tenido
asiento
las
mugeres
en
dicho
tribunal.
Mafalda,
condesa
de
Artois,
habia
asistido
como
juez
y
par,
al
proceso
de
Roberto,
conde
de
Flandes.
Destituido
el
condado
de
Bretaña,
los
ba-
rones
trajeron
todas
sus
tropas
al
campamento
del
rey,
que
tomó
la
defensiva,
se
acercó
á
Nantes
y
se
apoderó
por
asalto
de
la
ciudad
de
Ouden.
£l
rey
de
Inglaterra,
testigo
OCIOSO
de
las
hazañas
del
enemigo
que
habia
provocado,
en
vez
de
mostrar
la
misma
actividad,
perdia
en
Nantes
el
tiempo
en
bailes
y
festines.
En
vano
vinieron
á
ofrecerle
sus
espadas
y
á
escitarle
al
combate
sesenta
caballeros
normandos,
célebres
entre
los
mas
valientes:
ninguna
instancia,
ninguna
reprension
pudo
sacarle
de
su
afemi-
nado
letargo.
Su
ejército,
corrompido
por
su
ejemplo,
se
entregó
sin
freno
á
toda
especie
de
escesos
y
disoluciones
que
fueron
castigados
con
enfermedades
contagiosas
y
lo
arruinaron.
Toda
Inglaterra
resonaba
con
quejas
é
imprecaciones
contra
la
cobarde
inaccion
y
vida
escandalosa
de
este
príncipe
débil.
El
odio
de
los
pueblos
se
repartió
entre
el
rey
y
su
ministro.
Luis
se
hu-
A
A
A
-
E
p
]
PAR
a
res
Ar
art
de
A
:
53)
bicra
aprovechado
in
las
ventajas
que
le
daba
la
flaqueza
de
Enrique,
á
no
haber
dete-
nido
sus
esfuerzos
la
desunion
de
los
barones,
que
conservaban
gran
parte
de
sus
fuerzas
para
sus
suena
privadas,
y
que
ademas,
temerosos
de
la
autoridad
real,
no
auxiliaban
sinceramente
el
poder
que
amenazaba
su
existencia.
“Blanca,
que
todo
lo
prevela,
conocio
la
ne-
cesidad
de
conciliar
aquellas
desavenencias
y
tranquilizar
los
ánimos
suspicaces
de
los
seño-
res:
y
así
convocó
á
Compiegne
todos
los
gran-
des
vasallos
del
reino,
y
con
diestras
y
hábiles
negociaciones,
logró
terminar
las
querellas
que
tenian
los
condes
de
Flandes,
Champaña
y
Bo-
loña.
Tambien
reconcilió
al
conde
de.
Chalons
con
el
duque
ds
Borgoña,
y
al
duque
de
Lorena
con
el
conde
de
Bar.
La
reina
y
su
hijo
confir-
maron
esta
pacificacion,
jurando
solemnemente
en
presencia
de
la
junta
que
mantendrian
los
privilegios
de
cada
uno,
que
observarian
las
an-
tiguas
leyes
y
costumbres,
y
que
harian
á
todos
justicia.
El
rey
de
Inglaterra
confiaba
para
el
buen
suceso
de
sus
designios
no
tanto
en
sus
armas
como
en
la
diórlal
Despues
de
un
corto
viage
que
hizo
á
Guiena,
entró
en
el
Poitou
y
tom0.
la
ciudad
de
Mirebeau.
Pero
cuando
supo
la
pacificación
interior,
debida
á
Blanca,
la
reu-
nion
de
todos
los
barones
franceses
al
re
edor
del
trono,
seapoderarondeél
el
desaliento
y
el
temor.
Mallándose
sin
aliados
ni
dinero,
y
contrariado
por
el
papa
que
predicaba
la
paz
en
Europa
para
(60)
;
«Sin
embargo
la
astucia
y
la
calumnia
pro-.
dujeron
algun
efecto
en
el
vulgo
necio,
incons»
tante
y
envidioso,
que
cree
consolarse
de
su
mi-
seria
aborreciendo
á
los
ricos
y
á
los
grandes.
-
Un
dia
que
el
rey
pasaba
por
París,
le
detuvo
una
muger
del
pueblo,
llamada
Sarreta,
y
le
insultó
asi
públicamente:
“tú
cres
indigno
de
reinar:
tú
no
eres
rey
sino
de
los
franciscanos,
dominicos,
sacerdotes
y
clérigos.
Es
lástima
que
estés
en
el
trono
de
Francia.”
Los
guardias
ul
us
4
no
permitió
que
le
pegasen,
ni
aun
que
la
arro-
:
.
Este
acto
de
clemencia
produjo
su
efecto
ordinario:
inspiró
justo
desprecio
á
la
-
rian
castigar
á
aquella
muger
insolente:
,
jasen
de
allí
ofensa
y
profundo
respeto
al
ofendido.
El
pueblo
de
París
tenia
necesidad
mas
que
otro
alguno
de
ser
instruido
por
las
luces
y
ejemplos
de
un
rey
virtuoso.
Para
formar
idea
de
la
grosera
corrupcion
que
reinaba
entonces
en
la
capital,
basta
citar
la
descripcion
que
ha-
ce
de
ella
el
cardenal
de
Vitry.
“En
este
tiem-
po,
dice,
de
calamidades
y
crímenes,
París,
así
como
las
demas
ciudades,
era
una
cloaca
de
inmundicias.
Sus
habitantes
caminaban
en
las
tinieblas;
la
corrupcion
del
clero
de
esta
ciu-
dad,
excedia
á
la
del
pueblo.
Los
eclesiásticos
corrompian
á
los
forasteros
con
su
ejemplo,
Y
la
deshonestidad
apenas
era
culpa
para
los
pa-
risienses.
Las
mugeres
públicas
detenian
en
las
calles
y
plazas
á
los
eclesiásticos,
y
los
injuria”
ban
con
el
infame
nombre
de
búlgaros,
st
se
nes
gaban
á
seguirlas
Los
vicios
ias
vergonzoso%
a
1
y
abominables
dominan
de
tal
modo
en
esta:
ciudad,
que
el
que
no
hace
mas
que
tener
mu-
chas
concubinas,
es
estimado
como
hombre
de
ejemplares
costumbres.
En
las
casas
se
ve
en
el
pea
ajo
una
escuela,
y
en
el
alto
un
lupanar:
e
modo
ss
arriba
disputan
su
presa
las
des-
vergonzadas
prostitutas,
mientras
abajo:
venti-
lan
y
discuten
los
estudiantes
y
maestros
cues-
tiones
de
filosofia
y
teología.”
Este
antiguo
car=
denal
no
era
muy
amigo
del
buen
tiempo
pasado,
tan
aplaudido
en
nuestros
dias.
DINO
AL.
Casamiento
de
Luis
con
Margarita
de
Pro-
venza
(1233).
Cuando
el
espíritu
de
faccion
destilaba
el
veneno
de
la
sátira
contra
las
vir-
tudes
de
Luis,
otros
procuraban,
atacando
su
moral,
hacerle
perder
la
veneracion
que
inspira
EE
sus
buenas
costumbres:
le
Asaban
á
un
mismo
tiempo
de
deshonesto
é
hi2
o
,
y
decian
que
se
entregaba
en
secreto
á
tó
eS
Blanca,
para
desacreditar
es-
ás
ten
E
calumniosos
y
preservar
á
su
Si
de
sol
A
E
á
que
le
esponía
sujuventud,
re=
dcendierí
a
le
dió
por
esposa
á
Margarita,
E
OA
de
la
casa
real
de
Aragon,
é
hija
Cho
de
su
y
o,
conde
de
1
rovenza,
por
el
dere-
boya.
El
a
,
que
era
hija
de
Pomás
de
Sa-
que
se
le
al
ofendido
de
la
injusticia
con
Piaceres
fi
pe
sacrificar
sus
deberes
a
sus
SIÓN,
aun
la
ca
desde
entonces
á
toda
diver-
24
Virtud
he:
Bla
caza,
que
le
gustaba
mucho.
a
de
su
hijo;
anca
estaba
tan
espuesta
como
10
á
los
tiros
de
sus
enemigos
comu-
(62)
nes.-y
se
sospechaba
que
tenia
trato
de
amor
con
«el.
legado.
y
con
el
conde
de
Champaña.
Mateo
Paris,
autor
muy
parcial
contra
Fran-
cia
,
dice,
que
estos
rumores
no
carecian
de
fun=.
damento:
Sin
embargo,
la
austeridad
rigorosa
de
la
regente
bastaria
para
acallar'á
sus
detracz
tóres
pero
como:
estas
culpas
y
flaquezas,
cuan-
do.
las
me
se-encubren
con
el
velo
del
miste-
rio,
la
malignidad
sacaba
partido.
de
sus
som=
bras,
que
roban
igualmente
las
pruebas
de
la
inocencia
y
del
delito.
Lo
cierto
es
quela
perse-
veráncia
de
de
Navarra,
y
los
muchos
romances
que
escri-
bió
á
la
señora
de
sus
pensamientos,
dieron
al-
gun
pretesto
á
los
malignos
para
acusar
á
la
rei-
na,
sinó
de
complicidad,
á
lomenos,de
demasiada
indulgencia.
El
carácter
de
Blanca
era
muy
fir-
me
y
altivo
para
temer
estas
sátiras
ni
para
11=-
ritarse
por
ellas,
Continuaba
manejando
con
vi=
orlas
riendas
del
gobierno,
y
obligaba
sus
pue-
los
á
la
gratitud,
los
estrangeros
á
la
admira-
cion
y
los
facciosos
al
silencio.
Sus
embajadores
|
fueron
á
Provenza
por
la
princesa
Margarita
que
se
desposd
en
Sens
cl
año
de
1233.
Las
cua-
|
tro
hijas
de
su
padre
Raimundo
fueron
todas
coronadas.
Margarita
casó
con
Luis
Ix:
Leonor,
con
Enrique
u1
rey
de
Inglaterra:
Sancha,
con
Ricardo,
hermano
de
Enrique
11,
y
despues
electo
rey
de
romanos,
y
Beatriz
con
Carlos
conde
de
Anjou,
hermano:
de
San
Luis,
y
qué
algunos
años
despues
fue
rey
de
Sicilia.
Las.
bodas
del
rey
se
celebraron
con
magnificencia
CARS
ida
asii
co
el
conde
de
Champaña,
despues
rey
AAPP
Cot
IEA
€
rt
y
q
17
63)
Luis
dió:la
órden
de
pallería
á
algunos
seño-
res,
y
segun
el
uso,
tocó
á
muchos
enfermos
de,
lamparones
:
porque
desde
el
tiempo
de
Roberto
la
credulidad
atribuía
á
los
reyes
de
Francia
la
virtud
de
curar
este
mal.
San
Luis
gustaba
mu-
cho
de
la
sencillez
en
su
vida
privada:
pero
en
las
fiestas
usaba
del
lujo
conveniente
4
su
dig-
nidad:
lujo,
que
sin
embargo
parecia
mez-
quino,
comparándolo
con
la
magnificencia
mo
derna
:
pues
que
en:el
banquete
nupcial
que
dió
coo
ciUSROR
admiracion,
como
una
precio-,
sidad
rara,
dos:
cucharas
de
oro
que
habia
en
la
mesa.
Las
particularidades
que
cuentan
las.
crónicas
con
motivo
de
las
bodas
de
Margarita,
prueban
que
continuaba
entonces
la
costumbre
dela
primera
dinastía,
de
asignár
sobre
las
rentas
de
muchas
ciudades
la
viudedad
de
las
reinas.
Vemos
tambien
que,
los
abusos
feudales
del
palacio
del
rey
vejaban
tanto
al
pueblo
como
en
las
cortes
de
los
grandes
barones.
Cada
uno
de
los
grandes
dignatarios
de
la
corona
cobraba
derechos
de
los
diversos
gremios
de
mercaderes:
y
así
los
mesoneros
y
taberneros
estaban
some-
tidos
á
la
administracion
del
copero
mayor,
y
le
pagaban
sumas
cuantiosas.
|
Sumision
del
conde
de
Bretaña
(1234).
lanca
quedó
libre
de
un
enemigo
tan
temible
para
ella
por
su
nacimiento,
como
por
sus
pren-
as
personales
que
le
habian
ganado
el
afecto
público.
Felipe,
conde
de
Boloña,
murió,
y
la
“Pimion
general
acusó
de
nuevo
á
Teobaldo,
con-
e
de
Champaña,
de
haber
empleado
la
pon-
A
zoña:
y
aun
se
llegó
hasta
acusar
á
Blanca
de
complicidad.
Teobaldo,
maltratado
por
los
ru=
mores
del
vulgo,
los
temía
tanto
menos,
cuanto
|
en
esta
ocasion
la
fortuna
lé
indemnizaba
con
nuevos
y
grandes
favores;
pues
ciñó
la
corona
de
—
Navarra,
que
heredó
su
muger.
El'mismo
año
terminó
el
conde
de
Flandes
su
larga
vida:
Blanca
perdió
en
él
un
aliado
agradecido
y
un
1
fiel
vasallo
A
El
conde
de
Bretaña
habia
conseguido
en-
«tonces
á
fuerza
de
ruegos
y
artificios,
que
se
rompiese
la
tregua
entre
Francia
é
Inglaterra.
Creyéndose
seguro
de
que
Enrique
le
auxiliaria,
comenzó
temerariamente
las
hostilidades.
Pero
el
rey
de
Inglaterra,
siempre
irresoluto,
difirió
tomar
las
drmas,
no
envió
socorros,
y
la
osadía
del
conde
de
Bretaña
se
trocó
en
consternación.
Viéndose
sin
apoyo
y
amenazado
por
las
fuer=.
zas
del
monarca
frances,
pidió
'una
suspensio”
de
hostilidades
que
se
le
negó;
y
no
le
quedo
otra
esperanza
para
conseguir
su
perdon,
que
entregar
al
rey
sus
estados.
Vino
pues
á
ofre-
cerlos,
se
echó
á
sus
pies
con
un
dogal
al
cuello,
é
imploró
humildemente
su
clemencia.
“Perver-
so
traidor,
dijo
Luis,
aunque
has
merecido
muerte
infame,
yo
te
perdono
por
consideracion
>
á
la
nobleza
de
tu
sangre:
pero
á
condicion
qué
entregarás
el
condado
de
Bretaña
á
tu
hijo:
y
se.
lo
dejo
no
mas
que
por
su
vida:
pues
muerto
él
quiero
que
se
agregue
á
la
corona
de
Francia:
|
j
,
,
MN
j
dl
A
>=
=
A
A
A
A
TI
A
eo
Algun
tiempo
despues
mitigó
la
severidad
de
este
decreto
;
el
conde
entregó
al
rey
muchas
Bn
65).
de
sus
fortalezas,
y
EA
servir.en
Palesti-
na
cinco
años,
apenas
su
hijo
fuese
mayor
de
edad.
Conservó
su
señorío
bajo
estas
condiciones,
y
aun
recibió
el
título
de
duque
por
el
derecho
desu
muger.
El
rey
de
Inglaterra,
cuando
suo
este
tratado,
se
enfadó
mucho,
y
aun
añadió
amenazas
á
las
quejas:
pero
el
conde
burlán-
dose
de
su
enojo,
armó
algunos
bajeles
que
a1-
ruinaron
el
comercio
inglés.
La
política
de
Blanca
y
de
su
hijo
era
muy
hábil:
porque
se
servian
diestramente
de
los.
mismos
abusos
del
sistema
feudal
para
impug-
narlo
y
encadenarlo;
y
como
la
mayor
parte
de
os
señores
no
permitian
á
sus
vasallos
formar
alianzas
ó
casamientos
contrarios
á
sus
intere-
ses,
Luis
quiso
tambien:
ejercer
el
mismo
dere-
cho
sobre
todos
los
señores
y
grandes
feudata-
rios
de
la
corona.
En
virtud
de
este
derecho
que
recordó
escrupulosamente
en
la
mayor
parte
de
sus
tratados,
se
opuso
al
casamiento
de
la
con-
desa
de
Flandes
con
Simon
de
Montfort,
conde
de
Leicester,
y
al
de
la
hija
del
conde
de
Pou-
thieur
con
el
rey
de
Inglaterra.
Por
el
mismo
motivo,
negó
su
consentimiento
al
matrimonio
de
la
princesa
Matilde,
viuda
del
conde
de
Bo-
loña,
con
Mant'ort.
Rebelion
y
sumision
del
conde
de
Champaña
(1236)...
El
indócil
Teobaldo»,
conde
de
Cham-
paña
y
rey
de
Navarra,
que
sucesivamente
era
Amante
sumiso
y
vasallo.
rebelde,
se
atrevió
á
casar
su
hija
con
Juan
de
Dreux,
hijo
del
conde
C.
Bretaña,
sin
haber
obtenido
el
permiso
del
TOMO
Xvr.
RN
y
3
(66).
4
rey,
Luis,
temiendo
las
consecuencias
de
este.
ejemplar,
nea
Id
contra
él,
der-
so18
sus
tropas
y
le
obligó
4
pedir
la
paz.
Teo-
¡
baldo
habia
tomado
la
cruz
y
era
protegido
por
loma:
pero
á
pesar
de
las
instancias
del
pon=
tífice,
el
rey
no
le
perdonó
sino
con
duras
con=
diciones
:
éstas
fueron
que
Teobaldo
le
cediese.
+
las
plazas
de
Bray
del
Sena
y
de
Monterecui-
faut
Joune,
y
le
prometiese
partir
inmediata=
meñie
ú
Palestina
y
no
volver
sino
despues
de
|
siete
años.
El
rey
de
Navarra,
vencido
y
humi-
1
Mado,'
se
presentó
en
palacio
y
leinsúltaron
gro-
séramente
los
pajes
del
conde
de
Artois,
her=
mano
de
Luis,
cortándole
la
cola
á
su
caballo
y
úiscadole
un
queso
á
la
cara.
Pero
en
vano
los
+
2oresores
confiaban
en
la
proteccion
desu
amos
la
justicia
del
rey
no
conocia
privilegios,
y
todos
fueron
condenados
á
muerte.
Blanca
in-
tercedió
por
ellos,
y
Teobaldo,
que
no
podia
ne=
zarla
nada,
solicitó
y
consiguio
que
fuesen
per-
donados.
Despues
de
este
servicio,
serctiró,
des
tando
á
la
réima
por
despedida
cuatro
versos,
cuyo
sentido
es
este:
*
|
Ella
manda
que
parta,
amor
me
obliga,
Y
gracias
doy
de
tan
cruel
ausencia:
Cuando
el
ángel
que
adoro
me
castiga,
No
hay
mas
razon
en
mí
que
la
obediencia.
En
vano
procuraba
Blanca
calmar
todas
las
¿$
agitaciones,
sosegar
todas
las
desavenencias
Y
reprimir
todos
los
malcontentos.
Deshecha
una
(67)
tempestad,
se
formaba
oira:
y
la
razon
mas
ilustrada
no
podia
mantener
en
reposo
los
ele-
mentos,
siempre
en
lid,
del
sistema
feudal.
La
sumision
de
Raimundo,
conde
de
Tolosa,
no
bastó
para
tranquilizar
el
Languedoc.
Los
al»
bigenses
se
sublevaron
y
dieron
muerte
á
mu-
chos
inquisidores
y
sacerdotes;
el
obispo
de
To-.
losa
tuvo
que
huir
de
la
ciudad,
y
en
Narbona
se
cometieron
iguales
desórdenes.
Entrambos.
artidos
tomaron
las
armas:
pero
el
rey
para
E
impedir
la
guerra
civil,
mandó
á
unos
y
Otros
que
presentasen
ante
los
tribunales
sus
quejas
respectivas.
El
pontífice
por
su
parle
amenazó
á
los
del
Languedoc
con:
las:
armas
eclesiásticas,
mando
á
todos
los
franceses,
so
pena
de
escomu-
ñion,
obedecer
las
órdenes
de
la
inquisicion,
y
desterró'4
Raimundo
á+Palestina.
San
Luis
y
su
madre
que
querian
proteger
á
su
vasallo,
solo
pudieron
conseguir
una
próroga:
de
ocho
meses
Pero
en
este
término
serecibieron
en
Roma
noticias
del
abuso
que
se
hacía
en
Francia
del
poder
inquisitorial.
Llegaron
al
sumo
pontífice
quejas
violentas
contra
Roberto,
que
era
el
prin.
cipal
de
los
inquisidores,
hombre
hipócrita,
cruel
y
escandaloso,
que
vivia
públicamente
con
una
muger
maviquea,
para:conocer
mejor,
se-
gun
él
decia,
los
secretos
de
los
hereges.
Se
jac-
taba
de
distinguir
por
la
fisonomía
á-los
enemi-
gos
de
la
£é,
y
así
sentenciaba
sin
misericordia
á
los
que
se
hacian
sospechosos
por
su
semblan-
te.
Al
principio
gozó
este
hombre
la
confianza
del
papa,
de
la
reina
y
del
rey,
y
fue
enviado
|
;
(68)
A
á
Champaña
,
Borgoña
y
Flandes,
donde
ques
mó
y
despojó
indistintamente
á
los
inocentes
sospechosos
y
culpables.
El
pueblo
le
llamaba.
Roberto
el
búlgaro
Pero
al
fin,
San
Luis,
in-
formado
de
sus
crímenes,
le
mandó
encerrar
en.
una
prision,
donde
terminó
su
vida.
La
mala
conducta
y
la
violencia
de
este
inquisidor
desas?
ereditaron
la
inquisicion
en
Francia,
la
imp
dieron
echar
raices,
y
produjeron
en
fin
su
abos
licion.
A
Mayor
edad
de
Luis
(1237).
Luis
habia
llegado
ya
á
ser
mayor,
y
tomó
en
sus
manoS
|
las
riendas
del
gobierno.
No
obstante,
Blanca
continuó
reinando.
La
ley
daba
al
jóven
prínci-
pe
entera
independencia:
pero
su
amor
filial
era.
'
tan
fuerte,
que
aun
en
los
negocios
de
la
vida
privada,
temia,
como
en
su
infancia,
dar
dis.
gusto
á
su
madre.
La
reina
Margarita
llevaba
muy
á
mal
esta
sujeción.
Blanca,
celosa
de
con
servar
este
ascendiente
que
tenia
sobre
el
cora”
zon
de
su
hijo,
ra
á
cada
instante
su$
conversaciones
secretas,
las
cuales
decia
que
Je
robaban
á
los
cuidados
del
gobierno.
Temianla
tanto
los
dos
esposos,
que
se
veian
obligados
42
encubrir
con
el
velo
del
misterio
sus
legítimoS
7
y
castos
amores.
Las
crónicas
de
aquel
tiempo
refieren
que
estando
un
dia
Luis
en
el
cuarto
de
Margarita,
sintió
venir
á
su
madre
y
se
oculto
detras
de
una
cortina.
Blanca
le
vió
y
le
d9
imperiosamente:
“¿
qué
haceis
ahí
perdiendo
Y
p
tiempo
?
idos.”
Margarita,
que
entonces
estabi
enferma,
esclamó:
“¡pobre
de
mí!
no
me
sort
.
(69).
>
permitido
ver
4
mi
señor,
ni
en
vida
nt
cn
muerte”
Luis,
valiente
en
los
combates,
intré-
pido
en
la
adversidad,
sostenedor
impertérrito
de
la
justicia,
no
desmintió
jamas
el
carácter
de
sumision
á
su
madre,
aun
cuando
parecia
que
ésta
ampliaba
sus
derechos
mas
de
lo
justo.
Su
obediencia
á
Blanca
era
una
parte
de
la
abne-
gacion
cristiana,
que
siempre
ejercitó
con
el
mayor
placer,
cuando
la
justicia
y
la
dignidad
del
trono'se:lo
permitian.
Los
sentimientos
y
virtudes
religiosas,
eran
en
este
rey
afectos
ve-
hementísimos
Su
imaginacion
se
exaltaba
cuan-
do
oia
contar
las
desgracias
de
los
cristianos
de
Palestina
y
los
ultrajes
que
los
musulmanes
co-
metian
contra
el
santo
sepulcro.
Bablaba
conti-
nuamente
de
esto
con
tanto
ardor
que
en
breve
se
estendió
en
el
Oriente
la
noticia
de
una
nue-
va
cruzada
dirigida
por
San
Luis
para
con-
quistar
la
tierra
santa.
>
|
E
Esta
noticia
escitó
el
terror
y
la
ira
del
Viejo
de
la
Montaña,
príncipe
de
los
asesinos.
La
mayór
parte
de
los
historiadores
aseguran
que
envio
al
Occidente
dos
emisarios
para
que
diesen
muerte
á
Luis;
y
que
despues,
mejor
1m-
formado,
arrepintiéndose
desu
primer
dosig-
nio,
despachó
dos
emires,
que
con
su
diligen-
cia
se'anticiparon
al
crimen,
y
avisaron
al
rey
el
peligro
que
le
amenazaba
Los
asesinos,
dete-
nidos
por
los
emires
en
Marsella,
los
acompaña-
ron
á
París,
y
se
echaron
¿los
pies
del
rey.
Este
príncipe
les
hizo,
por
cool
,
grandes
re-
galos:
pero
no
olvidó
lo
que
exija
la-preden-
1007
|
berto
de
Courtenay.
El
rey
de
Navarra
y
el.
conde
de
Bretaña
volvieron
sin
gloria
al
Oc-
cidente.
El
duque
de
Borgoña
y
Gualtero
de
Brienne
quedaron
en
Asia,
pero
con
fuerzas
E
demasiado
cortas
para
ofender
ó
para
defender"
se
largo
tiempo.
Por
felicidad,
legó
entonces
Ricardo,
hermano
del
rey
de
Inglaterra,
com
sococros
inesperados,
aunque
no
suficientes
para.
conquistas
de
importancia:
pero
supliendo
con:
la
pericia
la
falta
del
número,
peleó
ventajo-
samente
contra
el'califa
de
Bagdad
(á
quien
los
cruzados
llamaban
soldan
de
e”
le
obligó
á
hacer
treguas
y
dar
libertad
á
500.
prisioneros.
Poresta
hazaña
adquirió
el
príncipe.
inglés
mucho
renombreen
toda
la
cristiandad.
Ya.
declinaba
en
occidente
el
entusiasmo
delas
cru
zadas;
pocos
querian
consagrarse
á
una
guerra
lejana.
peligrosa
y
cuyos
resultádos
habian
sido
casi
siempre
infelices.
3
Entonces
se
encendió
en
Europa
una
nue
va
lid
entre
el
sacerdocio
y
el
imperio.
Los
sus
mos
pontífices
formaron
el
proyecto
de
asegurab
la
independencia
de
Htalia,
arrojando
de
ella
4
los
estrangeros,
norte
constante
de
la"
polítici
N
romana.
Los
emperadores
alemanes
pretendial
reinar
en
Roma
é
Italia
como
Carlomagno,
com
firmar,
juzgar
y
deponer
á
los
papas,
y
reduz
cir
el
pontificado
á
los
límites
de
la
autoridal
espiritual,
Esta
lucha
inundó
de
sangre
á
Alca
mania
é
Italia.
La
tiara
y
la
corona
imperial
tuvieron
partidarios
celosos
y
enardecidos.
Los
gue
sostenian
el
poder
de
la
santa
sede
y
lu
Ys
PA
bertad
é
independencia
de
Ttalia,
se
llamaron
gúel/os,
y
sus
adversarios
gibelinos.
Los
prime-
ros
defendian
la
nacionalidad
y
el
gobierno
de
su
pais:
los
otros,
la
prepotencia
germánica.
os
giielfos
se
apoyaban
no
solo
en
la
justicia
con
que
toda
nacion
defiende
sus
leyes
antiguas
y
su
independencia
contra
la
opresion
estran=
gera;
sino
tambien
en
los
beneficios
que
Italia
debia
á
la
potencia
pontifical:
pues
solo
por
ella
se
hallaba
todavia
al
frente
del
mundo
ci-'
vilizado.
Federico
n,
descendiente
de
la
¡lustre
casa
de
Suevia,
gobernaba
entonces
el
imperio:
sus
prendas
eran
dignas
de
tan
alto
puesto.
Habil,
ilustrado,
valiente,
heredero
de
vastos
domi-
nios
en
Suevia,
reunió
despues
á
su
corona
las
de
Sicilia
y
Jerusalen.
Rico,
emprendedor
y
vic-
torios0
,
aspiró
al
dominio
absoluto
de
ltalia,
Sus
eminentes
cualidades
y
los
derechos
de
Pi-
pino
y
Carlomagno
que
reclamaba,
le
hicieron
mas
temible
que
todos'sus
predecesores
á
la
sede
de
Roma
y
á
Jos
señores
y
pueblos
de
Lialia
que
no
podian
sufrir
el
yugo
de
los
alemanes.
a
se
habian
levantado
reyertas
y
altercaciones
muy
graves
entre
el
imperio
y
la
santa
sede
con
motivo
de
la
donacion
que
la
condesa
Matilde
hizo
á
la
iglesia
de
Roma,
de
sus
vastos
domi-
mios.
Una
nueva
causa
de
discordia
irrito
de
nuevo
los
ánimos.
Federico,
sin
consultar
al
papa,
hizo
elegir
á
su
hijo
Enrique
rey
de
Ro-
manos:.
sin
embargo
esta
tempestad
se
calmo
en,
el
momento
de
estallar.
Honorio
11
confir-
DA
P
.
E
Ex
a
(78)
|
y:
mo
la
cleccion
de
Enrique
y
le
cororió:
pero
odo.
tuvo
en
recompensa,
de
Federico,
la.
promesái
de
llevar
sus
armas
á
Palestina
y
de
confirmal
la
donacion
de
Matilde.
El
emperador
casó
con
Yolanda,
hija
del
famoso
Juan
de
Brienne
que
le
cedió
todos
sus
derechos
al
trono
de
Jerusar”
len.
Este
tratado
solo
fue
una
tregua
que
dió
4
la
animosidad
tiempo
para
afilar
las
armas.
a
emperador
reterdaba
su
espedicion
á
Palestii
na.
Por
otra
parte,
se
formo
en
Lombardit.
una
confederación
de
muchas
ciudades
y
seño”
res,
resueltos
á
no
reconocer
la
autoridad
ma
perial:
pero
el
jóven
príncipe
Enrique
acudió
y
ó
comprimió
esta
rebelion.
Los
rebeldes
amedrer
tados
acudieron
á
la
mediacion
del
pontífice
que
logró
que
se
les
concediese
una
tregua.
E
“Honorio
ut
murió
poco
despues,
y
fue
EP
sucesor
Gregorio
1x,
hombre
decarácter
ardic
;
te
é
imperioso.
Este
papa
intrmó
á
Federico
qUe
cumplicse
su
promesa,
y
le
amenazó
con
los
rá?
é
po
el
Vaticano
sino
aceleraba
su
viaje'á
Pat
estina:
El
emperador
se
embarcó,
pero
los
yi0
z
tos
le
fuerón
contrarios
y
cayó
enfermo;
por
cual
volvió
al
puerto
y
dejó
la
empresa
puto
otra
ocasion.
El
papa
se
enojó
cuando
lo
supo
escomulgó
al
emperador,
y
desató
á
sus
yasi
mi
'
llos
del
juramento
de
fidelidad.
Federico,
Y
menos
irritado,
escitó
á
sus
artidarios
de
ES
lia,
movió
una
sedicion
dh
Font
y
la
p!
pe
turbulenta
é
inconstante
arrojó
al
pontífice
E
esta
capital.
Federico,
contento
con
esta
ved
ganza,
se
embarcó
de
nuevo.
Llego
á
prol
(79)
maida:
su
fama,
su
valor
y
la
fuerza
de
su
-
ejército
amedrentaron
al
soldan
de
Egipto,
cu-.
yos
estados
eran
entonces
teatro
de
disenciones
intestinas.
Este
príncipe
musulman
entabló.ne-
goctaciones:
y
el
“afortunado
Federico
logró
con
un
tratado,
sin
combatir,
que
se
restituyesen
á.
lós
cristianos,
Belen,
Nazaret,
Sidon
y
Jerusa-
len.
Parecia
que
eran
debidas
acciones
de
gra-
cias
á
este
monarca
por
haber
libertado
en
tan
poco
tiempo
el
sepulcro
de
Jesucristo,
que
hasta
entonces
no
se
habia
podido
recobrar
con
tanta
sangre
derramada.
Pero
en
Koma:
solo:se
aten=
dió
á
la
situación
precaria
en
que
quedaban
los
estados
conquistados
en
Palestina,
los
cuales
volvieron
muy
pronto
al
poder
de
los
infieles.
Ademas
el
papa
'acuso
á
Federico
por.
ha-
berse'
atrevido
á
pelear
en
defensa
dela
cruz,
sin
ser
absuelto
de
la:
escomunion.
Cuando
entró
en
Jerusalen,
ningun
obispo
quiso
recibirle
ni
coronarle,
y
se
puso
él
mismo
la
coroña.
Gregorio
le
acusó
de
sacrilegio
por
ha=
ber
profanado
el
santo
templo,
y
de
perjurio,
or
haber
vendido
la
causa
de
los
cristianos,
DRAG
tratados
con
los
musulmanes.
Dos
fran-
ciscanos
llevaron
de
Roma
al
patriarca
de
Je-
rusalen
la
orden
de
promulgar
la
escomunion
contra
el
emperador,
y
prohibieron
á
los
gran=
des
maestros
de
las
órdenes
religiosas
recono-
cer
la
autoridad
del
monarca.
Gregorio,
á
pe-
sar
de
las
súplicas
de
los
príncipes
cristianos,
publicó
en
Europa
una
cruzada
contra
Fede-
rico;
y
tomó
las
armas
de
acuerdo
con
los
tos=
(Bo)
canos,
lombardos
y
otras
ciudades
de
Italias
ara
quitarle
los
reimos
de
Nápoles
y
de
Sicilias
Sl
duque
de
Espoleto,
general
de
Federico,
sorprendido.
por
esta
repentina
insurreccion;
fue
vendido,
y
sitiado
en
Sulmona.
El
empera-
dor,
informado
del
mal
estado
de
los
negocios,
volvió
á
Italia
con
prontitud,
hizo
levantar
el.
sitio
de
aquella
plaza,
y
recobró
su
antigua
su-
perioridad.
Gregorio
escribió
á
todos
los
fieles
para
que
tomasen
las
armas
contra
su
enemigo.
Jósta
querella
infausta
dividió.
el
mundo.
eristiano
en
dos
grandes
partidos,
enfurecidos
el
uno
contra
el.
otro.
Los
giielfos
para
distinz-
guirse
llevaban
dos
llaves..por
insignia
en
el
hombro,
y
los
gibelinos
una
cruz.
1ól
emperas
dor
venció
á
los
giielfos,
y
la
guerra
se
suspen”
Ra
dió
por
una
paz
muy
poco
síncera
para
qué
udiese
durar.
Federico
mostró
arrepentirse
Y
el
papa
le
absolvió.
Sin
embargo
las
injurias
continuaban
entre
los
partidarios,
aunque
ha-
bian
cesado
los
combates.
El
emperador
¡incas
paz
de
separarse
por
ningun
motivo
de
sus
vas”
tos
proyectos
de
ambicion,
caso
4
Jóncio,
su
h1]0
natural,
con
la
heredera
de
Cerdeña
y
erigl0
en
reino
aquel
señorío.
Como
el
mayor
de
sus
yerros,
á
los
ojos
de
la
corte
de
Roma,
era
4
aumento
de
su
poder,
la
adquisicion
de
la
¡sla
fue
mirada
como
un
delito,
bien,
que
en
aque?
la
ocasion
se
hablaba
mucho
de
un
libro
17
tulado
los
tres
impostores,
y
atribuido
á
Pos
dro
de
Vignes,
canciller
de
Federico.
En
Ro”
má
se
creyó
que
esta
obra
impía
se
habia
esci”
E
ds
—
O
ATAN
AS
E
a
cena
81)
z
to
por
influjo
del
A
para
destrulr
el
cristianismo,
y
con
él
la
potencia
del
pontífice:
y
así
no
es
estraño
que
en
las
bulas
se
le
com-
parase
ú
una
bestia,
llena
de
nombres
de
mal-
dicion,
que
se
habia
levantado
del
mar.
El
em-
perador
respondió
á
las
acusaciones
del
papa
con
tales
injurias,
que
justificaban
las
sospe-
chas
de
impiedad
que
habian
recaido
sobre
él:
Hamábale,
antecristo,
principe
de
las
tinieblas,
segundo
Balan,
y
gran
dragon
que
seduce
el
universo.
|
>
Estos
dos
implacables
enemigos
solicitaron
en
vano,
cada
uno
por
su
parte,
interesar
al
rey
de
Francia
en
su
querella.
Luis
permaneció
neutral:
pedíasele
el
auxilio
de
sus
armas
y
él
ofreció
dore
su
mediación
que
no
fue
aten-
dida.
Sus
embajadores
representaron,
tambien
€a
vano,
cuan
escandalosa
era
esta
guerra,
y
cuan
nesesaria
la
paz.
Los
legados
de
la
santa
sede,
mirando
á
todos
los
monarcas
como
vasa-
os
de
Roma,
cobraron
subsidios
en
sus
esta-
os.
Estos
subsidios
ascendieron
á
una
suma
muy
cuantiosa
en
Inglaterra.
Un
legado
quiso
acer
lo
mismo
en
Francia:
pero
san
Luis
no
0
permitió,
y
prohibió
toda
salida
de
dinero
uera
del
reino.
Su
religion
era
ilustrada,
y
sa-
1
cumplir
los
deberes
de
cristiano
y
de
rey.
44
corte
de
Roma
le
ofreció
para
su
hermano
Oberto
la
corona
imperial,
de
que
procuraba
spojar
á
Federico.
Luis,
despues
de
repre-
sentar
al
papa
que
admitiendo
la
oferta
pa
”1a
Contra
la
caridad
y
contra
lós
derechos
de
TOMO.
Xy,
6
RN
los
soberanos,
juntó
los
barones
para
consultar-
los
acerca
de
la
proposicion.
Estos
se
esplica-
ron
con
mas
vehemencia
que
el
rey.
"Sabemos,
dijeron
en
su
respuesta,
que
Federico
ha
pe-
leado
en
la
tierra
santa
por
la
causa
de
Dios,
_que
el
papa
le
persigue
en
vez
de
protegerlo.
No
entendemos
de
donde
haya
venido
al
pontí-
fice
la
facultad
de
deponer
al
emperador.
Aun
cuando
hubiera
merecido
este
castigo,
no
po-
dria
imponérsele
sino
en
un
concilio
general.
Gregorio
manifiesta
menos
celo
por
la
religion
que
Federico:
pues
cuando
este
príncipe
ar-
rostraba,
por
la
causa
de
Jesucristo,
las
tem-
pestades
del
mar
y
las
espadas
de
los
sarrace-
nos,
Gregorio,
aprovechándose
de
su
ausencia,
le
despojaba
de
sus
posesiones.
Nosotros
no
to-
maremos
las
armas
contra
un
principe
pode-
roso,
defendido
por
la
justicia
de
su
causa
aun
mas
que
por
las
numerosas
tropas
que
tiene
á
sus
órdenes,
ni
derramaremos
nuestra
sangre
Pin
que
el
papa,
arruinado
Federico,
pueda
dominar
á
su
arbitrio
sobre
los
demas
reyes
cristianos.
No
obstante,
por.
respeto
á
la
reli-
gion
y
á
la
santa
sede,
enviaremos
diputados
á
Alemania,
que
se
informen
de
la fé
de
Fede-
rico.
Si
es
católico,
no
tomaremos
las
armas
contra
Cl:
pero
si
es
herege,
le
herémos
guerra
á
todo
trance,
como
la
hariamos
al
papa,
sl
fuese
enemigo
de
la
religion.”
En
este
discur-
so
se
vé
que
el
cristianismo
era
todavia
la
pri-
mera
ley
del
estado:
pero
de
ya
empezaba
á
desconocerse
«
Impugnarse
la
dictadura
ponti-
E
AN
A
a
dea
AR
TACRAS
OLOR
LAS
RA
AMELIA
2
AED
DAA
O
A
AA
>
83)
fical,
creada
por
Guido
vir;
ó
mas
bien
por
s
necesidades
de
su
siglo,
sobre
todos
los
re-
yes
y
naciones
cristianas.
Los
embajadores
fran-
ceses
fueron
á
Alemania
:
el
emperador
les
ase-
guró
con
lágrimas
que
era
buen
cristiano
y
buen
católico,
y]
j
por
las
ofertas
de
su
implacable
enemigo.
“Dios
mos
libre,
respondieron
los
barones
franceses,
e
Roberto
es
uno
de
nuestros
príncipes,
y
no
-liene
necesidad
de
corona:
le
basta
ser
herma-
no
del
gran
rey
Luis,
que
habiendo
subido
al
trono
por
derecho
de
nacimiento,
es
evidente-
mente
superior
á
todo
príncipe
electivo.”
Mateo
Aris
citá
estas
cartas
y
ptas:
el
abate
ely
y
otros
escritores
sospechan
que
son
apo-
/
crifas,
fundados
en
que
les
parece
inverosímil
el
lenguage
de
los
barones.
Sin
embargo,
todo
es
natural
en
estos
documentos;
todo
es
con-
forme
al
espíritu
de
aquel
siglo:
y
en
una
que-
rella
qe
hubo
con
motivo
de
Pedro
de
ol
taña,
hablaron
casi
de
la
misma
manera.
La
Tesistencia
de
Luis
descontentó
á
Gregorio,
que
€
manifestó
su
desagrado
en
la
primera
0ca-
SIÓN
que
representó.
Pedro
Charlot,
hijo
natu-
ral
de
Felipe
Augusto,
fue
nombrado
obispo
de
0yon:
su
eleccion,
aunque
regular,
fue
anu-
a
Ad
el
papa:
pero
el
monarca
la
sostuvo
e
tEmeza.
(Gregorio,
siempre
resuelto
á
Pr
Federico,
viendo
que
aunque
se
le
ES
á
la
corte
de
Roma
la
facultad
de
der-
“E-10S
monarcas,
se
le
atribuia
al
concilio
es
es
que
no
se
dejasen
seducir
-
e
cas
contra
vos
sin
motivo
legítimo.
El
con--
A
(84)
general
convocó
uno,
é
intimó
al
emperador
que
compareciese
en
él.
Federico
no
quiso
reconocer
la
competencia
de
este
tribunal,
y
respondió
á
la
citacion
en
cartas
llenas
de
espresiones
inde-
centes
de
enojo
y
menosprecio.
El
rey
persistió
en
su
neutralidad;
no
envió
embajadores
al
con-
cilio:
mas
no
prohibió
4
ningun
prelado
asistir
á
él.
Algunos
obispos
que
se
pusieron
en
camino
para
obedecer
al
papa,
fueron
Aid
en
el
mar
por
los
bajeles
de
Federico.
El
clero
francés
se
indignó
de
este
atentado
:
y
Luis
encargó
á
su
embajador
que
se
quejase
al
monarca
aleman
y
reclamase
los
prisioneros.
Esta
demanda
fue
mal
recibida
al
principio.
“El
rey
de
Francia,
dijo
Federico,
no
debe
lleyar
á
mal
que
César
enca-
dene
á
los
que
quieren
encadenar
á
César.”
Luis
le
respondió:
“No
ofendais
á
Francia
:
es
muy
poderosa
para
permitir
que
la
derribeis
á
los
pies
y
la
piqueis
con
las
espuelas.”
Los
obis-
pos
recobraron
inmediatamente
su
libertad.
*
Rebelionde
Lusignan:
sítio
de
Fontenay
(1241).
Al
mismo
tiempo
se
libertó
el
fteniidan
de
su
enemigo:
Gregorio
murió:
Celestino,
su
sucesor,
no
reinó
mas
que
diez
y
ocho
dias,
é
Inocencio
1v
ascendió
en
1241
al
trono
pontifical.
Como
en
todos
tiempos
se
habia
mostrado
afecto
á
Federi-
co,
los
gibelinos
estaban
muy
contentos
con
su
eleccion;
pero
el
emperador,
¡acrirdi
mas,
dijo
á
los
que
se
alegraban
de
el
a:
"estais
engaña-
-
dos:
Inocencio
era
mi
amigo:
pero
ya
es
pontí-
fice,
y
será
el
mas
ardiente
de
mis
adversarios.”
La
neutralidad
que
Luis
habia
observado
pru-
(85
dentemente
en
la
gran
querella
del
sacerdocio
y
del
imperio,
no
bastaba
para
dar
á
Francia
tranquilidad
estable.
La
turbulencia
de
los
se-
Ñores,
sus
pretensiones,
rivalidades
y
discor-
dias
hacian
temer
á
cada
instante
la
guerra
ci-
vil.
Aquellos
orgullosos
barones
ni
podian
yLvir
en
pazunos
con
otros,
ni
permanecer
sometidos
altrono,
y
el
aumento
de
la
autoridad
real
les
3
recia
un
atentado
contra
sus
derechos:
no
0bs-
tante,
su
propio
interes
los
obligaba
á
respetar
el
poder
Ñel
rey:
porque
si
los
grandes
barones
dejaban
de
reconocerlo
,
sus
propios
vasallos
po-
drian
con
igual
razon
sublevarse
contra
los
se-
Ñores
inmediatos.
Los
monarcas
capetos,
muy
hábiles
en
su
marcha
progresiva,
estendian
su
poder
apoyándose
en
las
usurpaciones
mismas
del
sistema
feudal,
y
solamente
en
calidad
de
señores
restituian
al
trono
los
derechos
que
le
habia
quitado
el
feudalismo"
Luis,
cuyas
miras
“eran
tan
elevadas
como
las
de
Carlomagno,
en
vez
de
temer
á
los
parlamentos,
los
citaba
como
auxiliares.
ln
ellos
decidia
las
desavenen-
clas
de
los
barones,
era
árbitro
de
sus
disputas,
reprimia,
juzgaba
y
condenaba
á
los
facciosos,
daba
inmensa
fuerza
á
su
voluntad
con
la
vo-
untad
de
todos.
Ningun
príncipe
convocó
mas
frecuente-
mente
á
sus
grandes
vasallos.
En
estas
solem-
pútades
pasageras
senunciaba
á
su
sencillez
al
y
mostraba
toda
la
magnificencia
de
bla
e
Nunéa
se
vieron,
dice
Joinville,
ha-
udo
del
parlamento
de
Saumur
,
tantas
(92)
E
¡das-sus
armas
contra
él.
Su
perdicion
parecia
cierta:
pero
los
franceses
nunca
¿borden
¿en
el
des
á
un
caudillo
amado
de
ellos:
al
“verle
en
el
riesgo,
todos
sus
caballeros,
dando
espantosos,
gritos,
atraviesan
el
rioá
nado:
su
número
y
celeridad,
sus
amenazas
y
clamores
bipantan
á
los
ingleses,
que
vencidos
antes
de
pelear,se
ponen
en
huida.
Solo
Enrique
con
al-
gunos
caballeros
opone
resistencia,
y
procura
en
vano
reunirá
los
suyos
:
cercado
á
su
vez,
iba
ya
á
ser
prisionero,
cuando
su
hermano
Ricar-
«do,
confiado
justamente,
en
la
generosidad
de
Luis,
arroja
las
armas,
toma
en
lugar
de
espada
un
baston,
se
presenta
en
medio
de
Ja
Saa
,
pide
que
se
suspenda
el
combate.
q
se
le
lleye
adonde
estaba
el
conde
de
Artois.
La:
nombradía
de
Ricardo,
los
servicios
que
habia
hecho
en
Oriente
á
los
cristianos,
sus
hazañas
contra
los
sarracenos,
y
la
franqueza
de
su
atre-
vida
resolucion,
detienen
á
los
combatientes.
Luis
le
recibe
con
honor,
y
le
concede
una
tre-
gua
de
veinte
y
cuatro
horas.
“Plegue
á
Dios,
edijo,
que
el
rey
vuestro
hermano
se
aproveche
del
tiempo
que
le
dejo,
para
reflexionar
sobre
sus
verdaderos
intereses.”
Este
consejo
no
era
necesario,
Enrique
11
harto
amedrentado
para
esperar
respuesta,
ha-
bia
abandonado
ya
cobardemente
su
ejércitos
y
partido
á
toda
carrera
á
Saintes.
Sus
tropas,
no
contenidas
por
su
presencia,
huyeron
dez
sordenadamente.
El
conde
de
la
Marcha
y
€
AA
A
A
A
A
A
A
A
E
5
¿
1
rey
deinglaterra,
que
poco
antes
soñaban
triun”
los
y:
conquistas,
despiertos
ya
de
su
ilusion,
exalaban
su
ira
en
mutuas
reprehensiones.
Ya
veis,
decia
el
rey
á
su
padrastro,
el
fru="
to
de
vuestra
ambicion
y
de
vuestros
perjul-'
cios.
Me
habeis
hecho
partícipe
de
vuestra
rui-
na
con
falsas
promesas.
¿Donde
estan
los
re-'
yes
de
Castilla,
de
Aragon
y
de
Navarra,
el
conde
de
Tolosa,
y
esos
numerosos
ejércitos:
con
los
cuales
íbamos
á
destronar
al
rey
de
rancia?”
El
conde,
en
lugar
de
justificarse,
echaba
la
culpa
de
la
derrota
de
Taillebourg'
y
de
los
reveses
de
la
campaña,
al
furor
de
Isa-
ela
y
ála
fuga
vergonzosa
del
monarca
inglés.
esde
entonces
los
dos
aliados,
se
despreciaron
y
aborrecieron
recíprocamente.
Pero
Luis
no
lgnoraba
que
no
sirve
vencer
sino
se
saca
uti-
lidad
de
la
victoria;
y
así
se
acercó
á
Saintes
con
prontitud,
precedido
de
un
cuerpo
consi-
erable,
destinado
á
juntar
víveres
y
forrages
y
á
reconocer
al
enemigo.
Este
destacamento
acometido
con
ardor
por
el
conde
de
la
Mar-
cha
y
por
un
cuerpo
de
ingleses
y
gascones,
hu-
bo
de
ceder
al
número:
y
perseguido
y
obliga-
o
á
hacer
alto
para
defenderse,
fue
comple-
tamente
cercado.
El
conde
de
Boloña,
que
lo:
mandaba,
embió
al
rey
un
caballero
para
in-
A
del
peligro
de
su
posición.
Luis,
ape-
De
E
sabe,
acude
al
Irente
de
sus
guerre=
mis
PE
UO
sale
de
Saintes
con
todas
sus
tro-
-
Y
la
escaramuza
se
convierte
en
batalla
campal.
A
Os
franceses
hicieron
resonar
el
aire
con
(94)
los
gritos
de
Montjoie
Saint
Denis
y
los
ingle»
ses
con
el
de
Realistes.
De
entrambas
partes
es
igual
el
furor
y
el
encarnizamiento.
En
esta
espantosa
y
sangrienta
pelea
no
pudiendo
los
caudillos
di
cuerpo
á
cuerpo
como
los
saldados.
La
fortuna
tuyo
por
largo
tiempo
incierta
la
balanza
en-
tre
las
dos
naciones,
émulas
en
poder,
en.
ya-
lor
y
en
gloria.
En
fin
el
valor
intrépido
de
Luis
decidió
la
accion:
los
ingleses
desbarata-
dos
se
retiran
precipitadamente
en
desorden,
y
se
llevan
en
la
fuga
á
su
rey
Enrique.
Los
franceses
persiguieron
al
enemigo,
é
hicieron
en
él
gran
destrozo.
Algunos
caballeros;
como
Juan
de
Barres,
enagenados
por
su
ardor,
en-
traron
en
Saintes
mezclados
con
los
enemigos
t
y
fueron
hechos
prisioneros.
Enrique
no
tenia
el
caracter
necesario
para
hallar
recursos
en
la
desgracia:
y
aunque
le
que-
daban
fuerzas,
se
creyó
enteramente
perdido,
salió
de
noche
de
la
ciudad,
abandono
el
ejér-
cito
y
espoleó
su
caballo
hasta
Blaye.
Su
par-
tida
causó
en
el
ejército
inglés
sumo
desorden
y
consternacion.
Nadie
queria
ni
mandar
nl
obedecer.
Jn
fin
cada
uno
miró
por
sí,
y
hu--
yeron
por
diferentes
caminos
á
Guiena:
Saintes
abrió
sus
puertas
al
vencedor,
que
halló
en
esta
plaza
los
pt
e
y
la
capilla
portatil
del
rey
de
Inglaterra,
La
mayor
parte
de
los
barones
rebeldes
se
sometieron
y
abandonaron
los
estandartes:
de
sus
caudillos.
Solo
Bertoldo,
señor
de
Mira-
isponer
movimientos
,
combatieron
AAA
rr
a
¡CELA
bal
bean,
dió
én
aquellos
dias
de
miedo
y
traicion,
varo
ejemplo
de
valor
y
lealtad.
Era
vasallo
del
rey
de
Inglaterra
:
se
presentó
á
este
prín-
cipe
y
le
pidió
que
pelease
con
él
para
defen*
er
su
castillo,
d
sino
podia
socorrerle,
le
de-
jase
libre
de su
juramento.
ps
hizo
esto
segundo:
y
entonces
el
hónrado
baron
fué
al
campamento
de
san
Luis,
y
le
dijo:
"Si
mi
so-.
erano,
vencido
por
el
capricho
de
la
fortuna,
ño
me
hubiese
vuelto
mi
libertad,
no
me
ve=
rlais,
sino
con
las
armas
en
la
mano.
Pero
pues
me
es
permitido
entregarme
á
vos,
creed
que
Os
seré
fiel
mientras
os
sean
agradables
mis
ser-
Vicios.”
“Yo
os
recibo
con
alegria,
respondió
el
rey:
entregaos
á
mí
con
toda
conbanza.
Guar-
ad
en
mi
nombre
el
castillo:
á
nadie
mejor
que
á
vos
puedo
fiar
su
defensa.”
Sumision
del
conde
de
la
Marcha:
tregua,
con
Inglaterra
(1243).
El
conde
de
la
Mar-
Cha,
privado
de
todo
auxilio,
no
tenia
mas
és-
po
aoza
cie
lá
bondad
del
rey,
y
pidió
HE
us
exigió
que
el
conde,
Isabela
y
sus
hijos
se
Entregasen
á
discrecion:
los
obligó
á
ceder
las
Plazas
que
se
les
habian
tomado,
el
feudo.
de
his
y
algunos
otros
territorios:
y
á
hacer
menage
/ge
al
rey
por
Angulema,
Jornac
y
“ASUres,
y
al
conde
de
Poitiers,
por
Lusignan
y
y
condado
de
la
Marcha.
El
conde,
que
era
0be
d
rbio
por
caracter,
perdió
el
orgullo
en
la
o
;
Y
Bo
conservó
aquella
dignidad
que
do
>
abandona
á
los
modestos
:
suscribió
a
lo-
Pito
perdon
al
rey
por
su
insolencia
y
por
6)
los
delitos
de
Isabela,
y
se
arrojó
con
ella
á
sus
pes:
Luis,
demasiado
pronto
quizá
en
olvidar
os
infames
atentados
de
la
condesa,
y
de
su
esposo,
los
mandó
levantar
y
los
perdono
ge-
nerosamente:
pero
ordenó
al
conde
que
le
acu-
diese
con
sus
tropas
para
marchar
contra.
el
ex-conde
de
Tolosa
y
contra
los
otros
prínci-
pes,
aliados
del
rey
de
Inglaterra.
Raymundo,
aunque
uno
de
los
miembros
de
la.
coligacion
formada
por
Enrique
y
Luisignan,
en
lugar
de
alles
socorros,
no
habia
hecho
mas
que
aprovecharse
de
su
guerra
con
que
detenian
las
armas
del
rey,
para
engrandecerse:
y
así
mien-
tras
que
Luis
peleaba
en
Taillebourg
y
en
Sain-
tes,
él
se,
habia
apoderado
de
Alby,
Narbona
y
otras
muchas
lazas.
Pero
la
fama,
espar-
ciendo
á
lo
lejos
É
noticia
de
las
victorias
del
rey,
trocó
la
suerte
de
Ra.::undo:
sus
aliados
le
abandonaron,
cuando
supieron
que
las
tro-
pas
de
Luis
se
acercaban,
y
le
dijeron
que
no
podian
conservar
amistad
alguna
con
un
prin-
cipe
en
cuyo
palacio
se
habia
dado
de
puñala-
das
poco
antes
á
un
inquisidor
y
á
muchos
sa-
cerdotes.
Raimundo,
acometido
de
fuerzas
su-
periores,
se
hallaba
sin
socorro
alguno:
soli-
citó
su
perdon,
y
lo
consiguió
por
la
interven-
cion
de
o
á
la
cual
se
acusó
juntamente
de
sobrada
indulgencia.
El
conde,
¡al
reconcl-
liarse
con
Luis,
le
mostró
cartas
del
empera-
dor
Federico
en
que.
le
instaba
4
rebelarse.
Ás
pagó
aquel
príncipe
ingrato,
inmoral
y
envir
dioso
del
rey
de
Francia,
la
neutralidad
gener
rosa
que
este
e
en
la:
guerra
del
im-
perio
con
la
santa
sede.
ono,
|
-
Enrique
un,
vencido
por
los
franceses,
des-
preciado.
de
los
ingleses,
robado
or
sus
mis-
mos
soldados,
estaba
en
Burdeos
sin
oder,
sin
dinero
y
sin
honor.
Abatido
por
el
infortunio
pidió
una
tregua
y.
Luis
se
la
concedió,
con
gran
disgusto
del
pueblo:
porque
todos
que-
ran
que
rodeaba
guella
ocasion
de
ar-
rojar
4
los
ingleses
del
reino;
cosa:
ue
parecia
entonces
bastante
fácil.
Pero,
la
MA
de
vis,
que,se,atribuia
al
amor
escesivo
de
la
paz
y
á
los
ercrúpulos
de
la
devocion,
tenia
Otros
motivos.
El
ejército
francés,
se
hallaba
disminuido
por
los
combates
y
las
fatigas,
por
€l
retiro
de
¿e
tropas
señoriales
cuyo
Servicio
«se
habia
acabado,
y,
en
£n,por,
una
enfermedad
contagiosa
de
la
cual
perecieron
en
el
mismo
año
veinte
mil
personas.
Alain
SUGAR
Este
terrible
mal,
no
perdonó
al
rey;
an-
tes
le
acometió.con
tanta
fuerza,
que
durante
-
algunos
dias
:se
perdjo,la
esperanza,
de
que
vi-
viese.
Todas
estas
circunstancias
obligaron
á
Blanca
y
á
su
hijo
4.
dejar
4
Enrique
algu-
has
reliquias
de
sus
posesiones
en
Francia.
Enrique,
deseando
volver
pronto
á
mgla-
lerra,
y.no
atreviéndose
á
correr
el
riesgo
de
que
los
bretones
le
apresasen
cn
el
mar,
pidió
a
Luis
permiso
y
pasaporte
para
atravesar
el
remo
de
Francia.
Algunos
harónes
digeron
que
se
le
debian
negar.”
No,
replicó
Luis:el
permi-
so
de
retirarse
es
un
favor
que
jamas
negaré
TOMO
xvi.
P
7
,
. .
.
a
(98)
;
h
á
miis
enemigos.”
Y
como
los
tortesanos
se
bur-
lasen.en
su
presencia
de
la
fuga
del
rey
de
In-
glaterra,
Luis
les
impuso
silencio,
diciéndoles:
“no
le
deis
pretesto
para
aborrecerme:
respetad
la
midaRnad
de
su
clase;
y
esperemos
pa
con
acciones
mas
piadosas
y
justas
reparará
los
yer-
ros
que
le
han
obligado
á
cometer
consejeros
malos
é
imprudentes.”
Despues
de
la
derrota
de
Enrique,
y
de
la
sumision
de
los
condes
de
Tolosa
y
de
la
Marcha,
los
reyes
de
Castilla,
Aragon
y
Navarra,
depusieron
prudentemente
las
armas
(1).
Así
esta
liga
numerosa
y
temi-
ble,
dirigida
á
trastornar
el
«trono
de
aráS
fue
disipada
en
pocos
meses
por
un
principe
apenas
mayor,
por
un
héroe
de
28
años.
"
El
nacimiento
del
príncipe
Luis,
heredero
de
la
corona,
aumento
la
alegría
de
la
corte
y
consolidó
las
esperanzas
de
los
pueblos.
La
tranquilidad
que
les
dió
el
rey,
no
pudo
esten-
derse
á
Europa,
mas
“qué
nunca
turbada
por
los
furores
de
los
giielfos
y
gibelinos.
El
emperador
tenia'entabladas
negociacio-
37
(1)
¿No
sabemos
que
Fernando
el
santo
,
rey
de
Castillas
rimo
de
san
Luis,
hijo
de
Berenguela,
hermána
amada
de
Bianca,
ocnpado
entonces
esclusivamente
contrá
los
moro$
de
Andalucía,
haya
entrado
sin
objeto
ni
utilidad
alguna
ara
sus
vasallos,
en
una
coligacion
injusta,
donde
ademas
Fabia
un
príncipe,
sospechoso
de
heregia
y
en
cuyo
palacio
se
asesinaba
á
los
sacerdotes.
Lo
mismo
decimos
de
Jaim*
de
Aragon.
Este
error
de
M.
de
Segur
no
ha
podido
prove”
nir
sino
de
las
mentirosas
esperanzas
con
que
Lusiguan
en”
gañaba
al
rey
de
Inglaterra.
(W.
del
T.)
:
nes
con
la
santa
e
habia
convenido
con
ella
en
las
bases
de
un
tratado:
pero
al
redac-
tarlo,
insertó
cláusulas
y
restricciones,
que
anulaban
el
efecto
de
sus
promesas
y
las
ha-
cian
ilusorias.
El
cardenal
de
Fiesco,
que:
as-
cendió
al
trono
pontifical,
con
el
nombre
de
Inocencio
1v,
escomulgó
de
nuevo
á
Federico,
]
mando
que
se
publicase
el
anatema
en
todas
as
iglesias
de
Europa;
lo
que
hizo
que
los
dos
partidos
volviesen
á
tomar
las
armas
con
es-
traordinaria
violencia.
Es
singular
la
manera
pe
tuvo
de
publicar
la
escomunion
un
cura
de
>arís;
subió
al
púlpito,
presento
á
los
fieles
la
ula
de
Inocencio
1
y
dijo:
“ya
sabeis,
her-
Manos
mios,
que
tengo
orden
de
fulminar
la
escomunion
lanzada
últimamente
contra
Fede-
Tico:
yo
no
sé
porque
causa:
solo
se
que
hay
grandes
desavenencias
y
odio
irreconciliable
en-
tre
el
pontífice
y
el
emperador.
Dios
es
quien
únicamente
conoce
cual
de
los
dos
tiene
culpa:
y
así,
escomulgo
con
todo
mi
poder
al
que
hace
Anjuria
al
otro
y
absuelvo
al
que
la
sufre.”
Pa-
rís
y
la
corte
se
rieron
de
la
estravagancia
del
Cura:
el
pontífice
le
impuso
penitencia,
y
el
€£mperador
Je
envió
presentes.
Esta
osadía
de
un
sacerdote
particular
manifiesta
cuan
acerta-
«da
es
la
providencia
que
han
adoptado
los
go-
ternos
católicos
en
los
últimos
siglos,
de
no
pu-
blicar
las
bulas
pontificias
sin
permiso
de
la
au-
toridad
civil.
:
Si
san
Luis,
ya
por
el
laudable
deseo
de
€vitar
la
efusion
de
sangre,
ya
por
el
amor
de
E
(100)
|
la
justicia,
que
para
él
era
el
primero
de
los
intereses
políticos,
no
se
aprovechó
tanto
como
hubiera
podido,
de
las
victorias
de
'Paillebourg
y
de
Saintes
para
aniquilar
en
Francia
la
ys
cia
Inglesa,
por
lo
meros
supo
valerse
de
la
oca-
sion
para
dar
un
nuevo
golpe
al
feudalismo;
y
se-
gun
su
costumbre,
le
atacó
con
las
mismas
ar-
mas
del
sistema
feudal.
Todos
los
grandes
baro-
nes
se
atribuian
la
facultad
de
prohibir
á
sus
vasallos
que
contrajesen
sin
permiso
alianza
con
otros
soberanos.
Luis,
como
soberano
de
todos
los
franceses,
prohibió
que
sus
vasallos
tuvie-
sen
feudos
en
paises
Asoc
por
tanto
que
siguiesen
legalmente
una
bandera
estran-
jera
y
enemiga
socolor
de
cumplir
obligaciones
feudales.
Hartas
veces
habian
tomado
las
armas
los
señores
de
Francia,
como
vasallos
de
Ingla-
terra,
contra
un
rey:
una
ordenanza
real
los
obligó
á
optar,
ó
abandonar
los
feudos
que
te-
nian
en
dominios
ingleses,
d
las
tierras
que
po-
seian
en
el
de
Luis.
Esto
era
atreverse
á
mu-
cho
para
aquel
tiempo,
y
la
obediencia
de
los
bárones
prueba
hasta
qué
punto
estaba
ya
con-
solidada
la
autoridad
régia.
Casi
en
el
mismo
tiempo,
usando
el
rey
de
los
derechos
de
supre-
mo
soberano,
prohibió
el
desafio
que
el
conde
de
la
marcha
debia
hacer
segun
la
costumbre
del
siglo
con
el
conde
de
Poitiers.
|
Con
esta
destreza
proseguian
los
capetos
Su
designio,
estendiendo
por
grados
y
con
rapidez
su
autoridad,
ya
con
leyes,
ya
con
sentencias
'confiscaciones
y
conquistas,
y
no
pocas
vecés
ni
e
Mom
co
(101)
'
-con
ordenanzas
aro
ASI
anticipadamente
con
algunos
duques,
condes
y
prelados.
Poco
á
poco
la
aristocracia
francesa,
mas
esforzada
y
tur-
lenta
que
política
ó
suspicaz,
se
humilló
al
pie
del
trono;
y
no
supo
oponer
al
cetro
sino
resistencias
parciales
mal
combinadas
0
Cnojos
impotentes.
No
sucedió
lo
mismo
en
Germania,
donde
la
nobleza
y
clero
sostuvieron
con
tanta
union
y
pertinacia,
no
solo
sus
derechos
legt-
timos,
sino
aun
las
pretensiones
mas
infunda-
das,
el
feudalismo
se
consolidó,
y
el
cetro
Impe-
rial,
despojado
de
todo
poder
verdadero,
no
tuvo
mas
fuerza
que
la
que
le
daban
las
posestones
hereditarias
y
privadas
del
emperador.
En
tiempo
de
San
Luis
tuvo
mayor
violen-
cia
que
nunca
la
lucha
perpetua
cntre
el
impe-
rio
y
la:aristocrácia.
Los
gibelinos
fomentaban
en
Ttalia
rebeliones
contra
la
santa
sede,
al
mismo
tiempo
que
los
giielfos
movian
en
Ale-
mania
grandes
sublevaciones
contra
el
empera-
or.
Federico
hizo
vasallos
de
su
corona
á
mu-
chos
señores
romanos
,
dándoles
en
Germania
lierras
y
títulos
de
príncipes.
Siendo
adictos
á
«Su
causa,
fomentaron
en
aa
una
gran
sedi-
Clon;
y
el
papa
obligado
á
huir
para
salvar
su
vida,
salió
precipitedamente
de
su
palacio,
se
escapó
á
Génova
vestido
de
soldado,
y
no
cre-
Yéndose
seguro
en
aquella
ciudad,
pasó
con
Prontitud
á
Francia,
Li
Confiaba
en
la
santidad
del
rey:
pero
la
po-
itica
le
privó
de
este
asilo.
Ni
Luis
ni
los
ba-
FOnes
quisieron
que
se
estableciese
en
su
reino
y
(108)
gonés.
Otro
pretendiente,
que
era
Raimundo,
conde
de
Tolosa,
alegaba
en
su
favor
una
promesa
que
le
habia
hecho
el
conde
de
Pro-
venza:
pero
al
acercarse
Luis
con
un
ejército
de
cincuenta
mil
hombres,
cesó
toda
1rreso-
lución
:
Cárlos,
que
ya
era
conde
de.
Maine
y
de
Anjou,
casó
con
la
princesa,
adquirió.con
esta
union
los
ricos
dominios
desu
suegro,
y
aumentó
en
gran
manera
su
poderío
sin
sa-
tisfacer
su
insaciable
ambicion,
la
cual
llenó
despues
á
Italia
de
turbulencias,
é
inundó
á
Si-
cilia
de
sangre
francesa.
Luis
habita
siempre
oido
los
consejos
que
le
daban,
y
él
mismo,
á
pesar
de
su
juventud,
enseñaba.
á
los
otros
con
sus
lecciones
y
ejemplos:
pero
el
deseo
de
re-
conquistar
el
sepulcro
del
Salvador
le
hizo
inac-
cesible
á
las
representaciones
de
sus
ministros,
á
los
votos
de
su'pueblo,
y
á
las
súplicas
de
su
madre.
No
obstante,
Blanca
hizo
el
último
esfuerzo
para
impugnar
su
resolucion,
y
juntó
un
gran
número
de
señores
y
prelados
que
encargaron
a
obispo
de
París
representaral
rey
sus
temores
y
su
dolor:
que
siendo
el
imperio
víctima
de
la
guerra
civil
y
religiosa,
y
cuando
apenas
estaba
terminada
la
querella
entre
los
condes
de
Pos"
tou
y
de
la
Marcha,
amenazada
la
paz
interior
or
los
manejos
de
los
ingleses,
la
agitacion
de
ls
normandos
y
los
movimientos
del
Langue-
doc
y
de
Aragon,
la
ausencia
del
monarca
y
de
sus
mejores
tropas
esponia
el
teino
á
los
peli-
gros
mas
inminentes
y
á
las
mas
espantosas
ca”
RS
a
:
109)
lamidados.
“En
fin,
Ñ
dijo
el
venerable
prelado,
si
habeis
de
corresponder
á
los
votos
de
vuestra
familia
y
de
vuestros
barones
y
calmar
los:
te-
mores
de
vuestro
pueblo,
ningun
escrúpulo
debe
conteneros.
Vuestra
conciencia
no
está
ligada
por
el
juramento
que
hicisteis
en
un
estado
tal
ecuerpo
y
ánimo,
que
apenas
gozábais
de
vues-
tras
facultades.”
Luis,
enternecido
del
amor
que
ictaba
aquellos
consejos,
no
por
eso.
se
mostró
Menos
inflexible
en
su
determinacion,
y
poniendo
a
mano
sobre
su
pecho,
dijo:
«esta
es
la
cruz
que
tomé,
segun
decís,
en
un
momento
en
que
Mi
espíritu
no.
estaba
libre:
Os
la
devuelva,
Pues:
pero
ahora,
que
indudablemente
tengo
el
Conocimiento
necesario
para
contraer
una
obli-
gacion,
la
recibo
de
nuevo,
jurando
pelear
con-
tra
los
infieles:
Esta
cruz
es
la
prenda
de
mi
vida:
dadmela,
porque
estoy
resuelto
á
no
to-
Mar
alimento
gua
sin
llevarla
puesta.
En
vano
me
pintais
con
terribles
colores
los
peli-
gros
que
amenazan
al
reino.
La
prudencia
acre-
ditada
de
mimadre,
el
amor
de
mis
pueblos
y
tUvalor
de
mis
soldados,
son
para
mí
fiadores
Siertos
de
la
tranquilidad
de
Francia.”
uls
tuvo:que
sostener
otro
ataque
mas
ter-
¿
Blanca
su
madre,
llenos
de
lágrimas
los
e
y
de
pesar-el:corazon,le
dijo:
“Dios,
cuan-
9
me
impuso
el
deber
de
velar
por
vuestra
im-
elo
q
ne
concedió
tambien,
hijo
mio,
el
dere-
At
A
soFdaros
las
obligaciones
que
0s
LR
voz
den
Pero:mas
me
agrada
haceros
otr
la
£
Una
tierna
madre,
one
los
discursos
de
rible
,
,
(110)
la
política.
Vuestra:
partida
me
presenta
solo
la
imágen
de
una
eterna
separacion.
Me
robais
toda
mi
felicidad.
Y
si
sois
insensible
á
mis
pe-
sares
,
¿podreis
olvidar
vuestros
hijos?
¿Habeis
tomado
irrevocablemente
la
cruel
resolucion
de
abandonarlos:en
la
cuna
y
privarlos
de
vuestras
lecciones
y
apoyo?
¿Os
son
por
ventura
menos
amados
que
los
cristianos
de
Palestina
porlos
cua-
Jes
vais
á
pelear?
Si
los
facciosos
en
vuestra
au-
sencia
suscitan
peligros
4
vuestra
familia,
¿no
dejarials
al
punto
el
Asia
para
venirá
libertaria?
Pues
esos
peligros
que
os
obligarian
á
volver,
solo
vuestra
partida
los
producirá.
¿Por
qu
vais
tan
lejos:
á
dar
testimonio
de
vuestro
valor
.
y
piedad?
Dios
os
proporciona
bastantes
ocasio-
nes,
sin
que
os
se
rareis
del
trono,
para
mostrar
vuestro
afecto
á
la
religion,
vuestras
virtudes
résias.
Ll
Señor,
decís,
exige
que
se
liberte
su
sepulcro.
Prodigad,
pues,
vuestros
tesoros:
en-
viad
al
Asia
numerosos
ejércitos.
Dios
hendecirá
“vuestras
armas:
pero
así
como
no
permitió
que
Abraham
consumase
su
cruento
sacrificio,
tam-
poco
os
permite,
creedme,
que
cumiplais
el
que
quereis
hacer
de
vuestra
vida,
de
la:
cual
pende
la:
suerte
de
vuestra
familia
y
la,
salvacion
de
vuestro
reino.”
Luis
amaba
á
su
madre;
pero
4
este
cariño
y
¿todas
sus
razones
solo
respondi2
las
palabras
de
una
voz
interior,
que
había
0100
durante
suenfermermedad,
y
eran
estas:
"Rey
de
Erancia,
ves
los
ultrages
que
sufre
la
ciuda
de
Jesucristo:
el
cielo
te
ha
escogido
para
ven”
garlos.”
.
111
:
"Preparativos
de
la
cruzada
de
San
Luis
(1246).
Perdida
toda
esperanza
de
que
Luis
Tenunciase
á
su
empresa,
solo
se
trató
ya
de
bus-
car
los
medios
para
asegurar
el
tiunfo.
El
car-
enal
de
Tísculo.
legado
del
papa,
predicó
la
Cruzada
en
todo
el
reino.
Una
parte
de
los
ba-
Tones,
animada
porsu
elocuencia,
y
aun
mas
e
ejemplo
del
monarca,
se
alistó
en
esta
elicosa
peregrinacion.
Otros
fueron
movidos
Or
un
artificio
singular,
y
poco
conveniente
a
a
gravedad
del
asunto:
pero
todos
los
autores
Coctáneos
refieren
el
hecho;
y
manifiesta
muy
ten
el
carácter
del
rey,
que
sin
dejar
de
ser
Santo
,
y
monarca,
sabía
mostrarse
con
sus
Amigos
y
cortesanos
jovial,
sencillo,
alegre,
y
fa-
Miliar.
ra
entonces
uso
que
en
las
fiestas
sO-
emnes
diese
el
rey
á
los
señores
de
su
corte
ca-
Pas
aforradas,
y
como
él
mismo
las
daba,
to-
Maron
el
nombre
de
libreas,
(liorée,
entrega-
“as).
Luis
mandó
en
secreto
que
las
que
se
hi-
“lesen
para
la
víspera
de
Navidad
llevasen
cru-
“es
muy
grandes.
En
medio
dela
noche
vinieron
“os
barones,
segun
la
costumbre,
á
dar
Jas
pas-
as
4
Luis:
las:
luces
estaban
apagadas
en
su
Cuarto,
Repartióles
las
capas,
y
apenas
se
las
Pusieron,
fue
con.ellos
á
Ja
iglesia.
Quedáronse
Admirados
cuando
á
la
luz
de
las
hachas
vieron
US
Cruces
que
todos
llevaban.
Esta
piadosa
urla.:en
vez:
de
irritar
:á
aquellos
valientes
Nte
los
divirtió
mucho.
Lo
mas
cs
santa
EE
que
se
les
mirasc
como
alistados
en
la
Mlicia,
y
dijeron
riéndose
á
San
Luis,
|
112)
sé
"merecia
el
título
de
pescador:
de
hombres,
pues
acababa
de
sacar
tan
linda
redada.”
En
un
parlamento
que
juntó
el
rey
para
tomar
las
pror
videncias
necesarias
al
gobierno
de
la.
monar-
quía
durante
su
ausencia,
y
al
buen
éxito
de-la
guerta
lejana
que
emprendíay
po
inflama»,
su
eb
en
el
celo
religioso.
que
e
abrasaba,
ció.
as»palabras
de
David
cuandose
indignó
porha-
ber
entrado
una,
gente
impía-
en
el
templo
del
Señor:
“¿Quién
podría
ver-sin-
enojo
ni
compar
sion,
añadió
el
príncipe,
los
arfoyos
de
sangre
“que
corren
en
las
murallas
de
Jerusalen,
LoS
viejos
degollados,
las
virgenes
ulírajadas,
los
ministros
del
Señor
escarnecidos
y
asesinados;
sus
cadáveres
privados
de
sepultura,
y
sirviendo
de
pasto
á
las
aves
del
cielo?
¿Quercis
que
«yuestraindifevencia
haga
creer
álas
naciones
que
hemos
perdido:el
valor
y
laspiedad
de
nuestros
-abuclos?
El
Oriente
celebra
todavía
las
hazañas
-de
Luis
var,
de
Felipe
Augusto
y
de
sus
compar
fieros
de
armas:
su
espada
es
la
que
lleyóz,con”
:servémosle
el
antiguo
esplendor;
cumplid,,
pues
caballeros,
vuestras
obligaciones
y
juramunto?
armaos
todos
á:mi
voz:
Dios'nos
llama:
;
pelee”
mos
por
su
gloria
la
de
Francia”
Los
tres
hermanos
del
rey,
oberióo;
Alfonso
y
Carlos
“se
obligaron
á
seguirle,
como
tambien
el
duqué
Marcha,
San
Pol,
Dreux,
Bar
y
Soissons
+?
condestable
de
Beaujeu,
Gauchero
de
Chato»
el
camarero
mayor
Beaumont,
Courlenays
4
p-
«quimbaldo
de
Borbon,
Barre,
Mailly,
Belhumt
de
Borgoña,
los
condes
de
Bretaña,
Flandes
44
A
A
TA
DIS
(113)
Nohailles,
Joinville
y
otros
muchos
señores
uchos
obispos
se
unieron
á
ellos:
porque
la
costumbre
y
el
espíritu
del
siglo
les
pa
militar
en
las
guerras
contra
los
infieles.
Se
echó
la
contribucion
de
un
diezmo
sobre
los
vienes
eclesiásticos.
Enrique,
rey
de
Inglater-
rá,
quiso
resistirse
á
que
en
sus
estados
se
co-
rasen
impuestos
para
esta
cruzada:
pero
el
papa
le
amenazó
con
la
escomunion,
y
cedió.
Los
enviados
de
la
corte
de
Roma
creyeron
que
podrian
sacar
dinero
de
Francia
para
la
guerra
contra
Federico:
pero
los
barones
se
Opusteron
ácllo,
amenazaron
que
no
reconocerian
á
Inocencio,
y
aun
formaron
liga
contra
él,
el
uque
de
Borgoña
y
los
condes
de
Bretaña,
Chatillon,
San
Pol
Angulema.
Inocencio
es-
Comulgo
á
los
de
la
hh
pero
Luis
la
sostuvo
€n
cuanto
al
efecto
de
no
permitir
que
se
saca-
sen
fondos
de
Francia,
y
se
prohibió
á
los
obis-
POs
prestar
dinero
á
la
corte
de
Roma.
Al
mis-
mo
tiempo
se
publicaron
muchas
ordenanzas
Para
impedir
las
contínuas
ampliaciones
de
la
Jurisdiecion
eclesiástica.
=
»
El
rey
á
quien
los
príncipes
y
señores
esta-
An
acostumbrados
á
invocar
por
árbitro,
de-
Ccidió
en
este
año
con
suma
prudencia
un.
eito
pro
o
como
importante,
relativo
á
la
su-
sión
del
condado
de
Flandes.
La
hija
de
todo
cr
soberano
de
este
condado,
había
es-
nos:
00
h
primero
con
Bouchardo
de
Aven-
dede
abiendo
recibido
este
primer
esposo
n
”
,
.,
ñ
;
eS
sacras
se
separó
de
él,
y
dió
su
mano
á
.
TOMO
XVL,
8
¿
114)
Guillermo
de
dai
La
condesa
Margari-
ta
tuvo
hijos
de
entrambos
matrimonios,
y
los
Avennces
y
Dampierres
disputaban
su
herencia
con
sumo
ardor,
queriendo
cada
una.
de
estas
dos
familias
apoderarse
esclusivamente
de
toda
ella.
Luis
adjudicó
el
condado
de
Flandes
á
los
Dampierres,
y
el
de
Henao
á
los
Avennes.
Harcha
del
ejército
cruzado
ú
Aguas
muer-
tas
(1247).
San
Luis,
estando
ya
todo
pron-
to
para
cl
viage
á
Oriente,
convocó
en
París
un
parlamento
para
asegurar
la
tranquilidad
del
yeino.
Habiendo
confiado
la
regencia
á
la
reina
Blaaca,
mando
á
todos
los
señores
sus
vasallos
ue
hiciesen
juramento
de
reconocer
la
autori-
dad
de
su
madre,
Tambien
prestaron
juramen-
to
de
fidelidad
á
los
hijos
dl
rey.
Soinville
dice
en
sus
memorias,
que
ha
biéndole
intimado
en
está
ocasion
que
prestase
juramento,
se
negó
á
hacerlo,
porque
no
era
vasallo
directo
del
rey,
sino
del
conde
de
Champaña.
Era
conveniente
para
la
seguridad
del
reino
levar
al
Asia
los
grandes
que
podian
turbar
la
paz
pública
en
ausencia
de
Luis.
Los
mas
turbulentos
habian
a
prometido
seguirle.
Raimundo,
conde
de
olosa,
procuraba
eludir
su
aroma
cierta
que
la
pobreza
de
sus
vasallos
le
impedia
juntar
el
dinero
necesario
para
el
viage:
pero
la
reina
Blanca
se
lo
prestó.
Luis
recibió
sumas
conside-
rables
de
los
arrendadores
de
sus
dominios,
y
magníficos
presentes,
de
los
concejos
de
los
pue-
«
blos.
Ln
este
mismo
año
firmo
nueva
tregua
con
los
ingleses:
y
los
condes
de
Salisbury
y
(115)
EN
Leicester
prometieron
militar
en
Palestina
bajo
la
bandera
real
de
Francia.
San
Luis
buscaba
en
todas
partes
aliados
contra
los
musulmanes:
envió
al
monge
Mateo
Paris
por
embajador
á
Bacon,
rey
de
Noruega,
á
exortarle
para
que
se
embarcase
con
él
y
pelease
contra
los
infeles.
Hacon
respondió:
“Yo
iré
á
Palestina,
pero
no
con
los
franceses:
porque
se
dice
que
son
arro-
gantes
y
burlones,
y
mis
noruegos
son
orgullo-
sos
y
poco
sufridos.”
Si
las
cruzadas
fueron
costosas
y
en
general
poco
felices,
produjeron
muchas
acciones
cari-
talivas
y
repararon
muchas
injusticias.
La
es-
periencia
de
lo
pasado
mostraba
que
en
estas
espediciones
lejanas
era
incierto
volver
J
pro-
bable
morir,
y
así
casl
todos
los
cruzados
ha=
cian
testamento
antes
de
embarcarse
y
solicita-
ban
la
proteccion
del
ciclo
con
restituciones
y
imosnas.
La
virtud
de
Luis
le
movia
á
restituir
los
bienes
cuya
posesion
le
parecia
dudosa.
Ricar-
do,
hermano
de
Enrique
11,
procuró
escitar
los
escrúpulos
del
rey
op
Francia,
y
en
el
mo-
mento
que
iba
á
partir,
llegó
á
París,
y
le
ins-
tó
á
que
restituyese
la
Normandía
y
demas
pro-
vincias
que
Felipe
Augusto
quitó
al
rey
de
In-
aterra,
Luis
cla
pero
la
firmeza
de
lanca
le
sostuvo,
demostrándole
el
daño
1n-
menso
que
haria
al
reino
y
el
descontento
gene-
ral
que
se
seguiria.
El
rey,
asegurada
su
con-
Ciencia,
dijo
á
Ricardo
que
la
confiscacion
era
una
ley
establecida
y
general;,
y
que
por.
otra
-
yo
(116)
parte;
nada
podia
ceder
de
sus
dominios
sin
el
consentimiento
de
los
pares,
que
nunca
lo
da-
rian.
San
Luis
era
timorato,
pero
no
triste
ni
áspero.
Los
que
vivian
familiarmente
con
él,
le
observaron
siempre
sereno,
suave
y
alegre.
Zoin-
ville
dice
que
este
buen
príncipe,
hablándole
un
día
de
los
bienes
mal
gallos
y
de
la
restitu-
cion,
añadió:
"es
tanto
peor
apoderarse
del
bien
ageno,
cuanto
es
muy
dificil
resolverse
á
resti-
tuirlo.
Pronunciar
la
palabra
rendre
(restituir)
les
desuella
el
paladar
con
las
dos
erres
y
dicen
que
estas
erres
quieren
decir
renta
para
el
día-
blo,
el
cual
sabe
muy
bien
conservar
bajo
su
do-
minio
á
los
que
quieren
restituir
el
castillo
age-
no.
El
diablo
es
muy
sutíl,
y
persuade
á
estos
usureros
ladrones
dar
á
la
iglesia
el
fruto
de
sus
rapiñas,
en
lugar
de
devolverlo
á
sus
due-=*
ños
legítimos.”
Entretanto
el
papa
procuraba
consumar
la
ruina
de
Federico,
y
despues
de
haberle
depues-
to,
nombró
emperador
á
Enrique,
Landgrave
de
Turingia,
que
fue
coronado,
de
orden
de
la
santa
sede,
por
muchos
obispos
alemanes.
Fe-
derico
llenó
de
sus
quejas
toda
la
cristiandad,
y
aun
acusó
al
papa
de
haber
enviado
emisarios
para
que
le
asesinasen.
Esta
lid
escandalosa
afligia
mucho
al
rey
de
Francia,
y
pidió
al
apa
una
nueva
conferencia
en
Cluny.
Pero
Derio
alegaba
que
solo
ponia
en
uso
armas
legítimas
para
defender
la
iglesia
contra
un
in-
fiel,
transgfesor
de
tolas
las
leyes
y
violador
de
todos
sus
juramentos,
San
Luis
respondió:
“Sx
a
a
PATAS"
AA
il
(117)
j
es
delincuente,
el
evangelio
os
manda
perdo-
narlo:
los
soldados
de
la
cruz
os
lo
suplican,
y
toda
la
iglesia
os
pide
que
acepteis
la
sumisión
de
Federico,
pues
Dios
mismo
no
desecha
la
del
arrepentido.”
Inocencio
se
mostró
inflexible:
es-
comulgó
á
dos
obispos
que
se
atrevieron
á
ase-
gurar
que
Federico
era
católico,
y
no
quedó
otro
recurso
que
el
de
las
armas
para
decidir
aquella
causa,
mas
política
que
religiosa:
pues
la
ver-
dadera
cuestion
era
la
espulsion
de
los
alemanes
de
Italia.
Conrado,
hijo
de
Federico,
peleó
sin
felici-
dad
contra
el
Landgrave:
pero
le
derrotó
com-
enc
en
otra
batalla,
y
el
véncido
murió
de
pesar.
Federico,
libre
de
este
competidor,
pues
á
Italia
con
su
ejército,
sometió
á
los
sici-
ianos,
volvió
despues
á
los
Alpes,
y
manifestó
á
las
claras
el
designio
de
sitiar.al
papa
en
Leon.
Luis
se
puso
al
frente
desu
ejército
para
defender
á
Inocencio:
y
el
emperador,
temeroso
de
enemistarse
con
el
rey
de
Francia,
pasó
segunda
vez
los
Alpes,
y
sitió
á
Parma,
guar-
necida
por
tropas
pontificias.
Pero
la
fortuna
le
fue
contraria:
los
sitiados
salieron
intrépida-
mente
de
las
murallas,
le
derrotaron
y
le
obli-
garon
á
refugiarse
en
Nápoles.
Al
mismo
tiem-
po
le
suscitaba
Inocencio
un
nuevo
enemigo,
ando
laseorona
imperial
á
Guillermo,
conde
de
Holanda.
El
rey
de
Francia,
perdida
la
esperanza
de
reconciliar
con
su
mediacion
al
emperador
y
al
papa,
creyó
que
no
debia
retardar
su
partida,
:
(124)
árbol
de
raiz.
Proponian
que
se
acometiese
á
Damieta,
y
se
aniquilase
el
poder
del
soldan
de
Egipto,
única
esperanza
y
apoyo
de
los
in-
fieles
en
el
Asia.
Esta
opinion
era
harto
favo-
rable
á
los
intereses
del
rey
de
Chipre
para
que
no
la
sostuviese
con
ardor;
y
así
prometió
to-
mar
la
cruz,
si
se
acomelia
á
Egipto.
Luis
se
resolvió
á
ello,
y
segun
la
gene-
rosa
costumbre
de
aquel
siglo,
envió
reyes
de
armas
al
soldan,
al
cual,
por
ignorancia
en
geografía
é
historia,
se
le
daba
tambien
el
tí-
tulo
de
soldan
de
Babilonia.
Los
reyes
de
ar=
mas
llevaban
una
carta
de
San
Luis,
en
la
cual
declaraba
guerra
al
soldan,
sino
se
convertia
á
la
fé
de
Cristo.
“Los
franceses,
respondió
el
orgulloso
Malech
Sala,
no
confiarian
tanto
en
sus
armas,
si
hubiesen
visto
desde
mas
cerca
el
filo
de
las
cimitarras
agarenas
que
acaban
de
destruir
las
murallas
de
los
cristianos
de
Pa-
lestina.
Dios
concede
muchas
veces
la
victoria
al
menor
número,
á
los
humildes,
á
los
pa-
cientes.
Los
sucesos
que
vuestras
amenazas
me
anuncian,
han
de
dar
materia,
como
predice
el
Alcorán,
á
las
conversaciones
de
los
venideros.
Sabed
que
nadie
ha
insultado
impunemente
á
Egipto,
y
estad
seguros
de
que
el
primer
día
que
acometais
á
los
musulmanes,
será
el
último
ara
los
cristianos.”
Algunos
sucesos
recientes
justificaban
las
orgullosas
esperanzas
del
sul-
tan.
Pocos
años
antes,
el
ilustre
y
valeroso
Brienne,
nombrado
por
Felipe
Augusto
rey
de
Jerusalen,
invadió
á
Egipto,
tomo
á
Da-
(125).
mieta
por
asalto
y
marchó
contra
el
Cairo:
poo
disminuido
su
ejército
por
las
enfermeda-
es,
asaltado
por
enemigos,
cuyo
número
aumen-
taba
incesantemente,
y
vencido
por
el
clima,
se
vió
obligado
á
retirarse,
á
evacuar
el
pais
y á
restituir
sus
conquistas.
Despues
Teobaldo,
rey
de
Navarra,
hizo
otro
desembarco
en
el
mismo
punto,
y
fue
rechazado
con
pérdidas.
Federico
tuvo
la
prudencia
de
entablar
negociaciones
con
el
soldan
de
Egipto,
en
vez
de
pelear
contra
¿l;
y
logró
por
fruto
la
ocupacion
momentánea
de
Jerusalen.
Cuando
los
yerros
de
los
templarios
atrajeron
nuevas
tempestades
sobre
los
cristia-
nos,
el
príncipe
Ricardo
de
Inglaterra
habia
conseguido
del
soldan
que
renovase
la
tregua,
y
pusiese
en
libertad
quinientos
cautivos
Cris-
tianos.
En
fin,
Malech
Sala
,'
cansado
de
las
continuas
infracciones
de
la
paz,
que
por
codi-
cta
ó
imprudencia
cometian
los
caballeros
del
Temple
y
del
Hospital,
entregó
la
Palestina
á
los
corasmios,
nacion
belicosa
y
feroz
que
sa-
queó
á
Jerusalen,
pasó
á
cuchillo
siete
mil
cris-
tanos,
y
derrotó
tan
completamente
á
los
tem-
plarios
y
hospitalarios,
que
apenas
sobrevivie-
ron
sesenta
caballeros
á
este
desastre.
Los
co-
rasmios'
se
hicieron
en
hreve
odiosos
pl
sus
átrocinios,
y
fueron
vencidos
por
el
so
dan
de
amasco
que
les
quitó
sus
conquistas.
Pero
no
Se
mejoró
por
esto
la
situacion
de
los
cristia-
nos.
Eran
castigados
por
las
ofensas
que
ha-
tan
hecho
al
soldan
de
Egipto;
tenian
reunt-
as
contra
sí
todas
las
fuerzas
de
los
inficles,
(126)
y
se
hallaban
sitiados
en
las
únicas
ciudades
que
les
O
y
eran
Ácre,
po
y
An-
tioquía.
Luis,
que
deberia
haber
desunido
á
los
soldanes
de
Egipto
y
Damasco,
fortificó
su
alianza
con
la
agresion,
y
salió
de
los
puer=-
tos
de
Chipre
para
desembarcar
en
las
ol
de
Egxipto.
LA
Batala
y
toma
de
Damieta
(1249).
Luis
no
tardó
en
esperimentar
la
inconstancia
de
la
suerte.
Una
horrible
tempestad
dispersó
sus
bá-
jeles,
y
no
le
dejó
mas
que
la
tercera
parte
de
hi
fuerzas
que
tenia
al
salir
de
Chipre:
pero
pocos
dias
despues,
el
duque
de
Borgoña
y
Vi-
le
Harduin,
príncipe
de
Acaya,
se
le
reunieron
con
algunos
navíos
y
tropas.
Animado
con
este
refuerzo,
se
dió
de
nuevo
á
la
vela,
llegó
á
vista
de
Damieta,
y
juntó
consejo
de
generales.
El
ardor
de
su
esfuerzo
le
encendia
y
hermoseaba
el
semblante:
su
no-
ble
ademan
inspiraba
respeto
y
admiracion,
al
mismo
tiempo
que
su
magestad
suave,
la
sen=
cillez
de
su
vestido,
y
la
bondad
que
brillaba
en
sus
miradas,
ganaba
el
afecto
aun
de
los
cora-
zones
mas
tibios.
Segun
Mateo
Paris,
el
discurso
de
San
Luis
á
los
gefes
fue
como
sigue:
“Compañeros,
no
sin
designio
nos
ha
traido
la
providencia
4
vista
de
los
enemigos
con
tanta
celeridad.
Su
voluntad
omnipotente
no
nos
ha
presentado
es
tos
bárbaros
para
que
escuchemos
con
serent-
dad
sus
amenazas.
Contemporizar
ahora
sería
dar
á
ellos
valor,
y
entibiar
los
corazones
de
'
127
los
guerreros
de
la
cruz.
Esta
playa
no
ofrece
ni
abrigo
ni
puerto
á
nuestros
navíos,
y
otra
tempestad
balisdó
dispersarlos
enteramente.
El
Señor
nos
ofrece
el
combate,
y
en
él
la
viclo-
ria.
Si
perdemos
esta
ocasion
de
vencer,
nos
castigará
su
justicia.
Despreciad
el
gran
nú-
mero
de
los
infieles
que
se
representa
á
vues-
tros
ojos,
y
pensad
solamente
en
el
poder
de
los
vuestro
caudillo.
Poned
en
él
vuestra
con-
fianza.
No
creais
que
la
salvacion
del
estado
]
de
la
iglesia
consiste
en
la
vida
frágil
de
vues-
tro
rey.
Vosotros
mismos
sois
el
estado
y
la
iglesia.
Yo
no
soy
mas
que
un
hombre,
cuya
existencia
es
un
soplo:
con
una
sola
palabra
Puede
aniquilarme
el
Altísimo:
fiad
solo
en
su
proteccion.
Marchemos
seguros
del
triunfo:
Porque
siguiendo
las
órdenes
de
Dios,
el
éxito
ño
puede
menos
de
ser
favorable:
si
vence-
mos
,
daremos
al
nombre
cristiano
una
gloria
que
solo
acabará
con
el
universo:
si
somos
vencidos,
lograremos
la
corona
eterna
de
los
Mártires.
Pero
¿por
qué
hemos
de
dudar
de
a
victoria?
Defealmos
por
la
causa
de
Dios:
el
Señor
del
mundo
quiere
triunfar
de
los
bár-
TOS
con
nuestras
armas:
celebremos
su
glo-
Ma,
y
preparémonos
con
fervientes
oraciones
x
ser
peon
instrumentos
de
su
poderío.”
Es-
as
palabras,
dichas
á
héroes
tan
religiosos
Co-
uo
valientes,
inflamaron
sus
Corazones
y
mul-
Apia
sus
fuerzas.
Ya
no
temiah,
sino
de-
PS
>
con
ardor
el
eligro,
y
miraban
con
admiracion
y
alegría
la
costa
africana,
e
(128)
|
cubierta
del
innumerable
ejército
del
soldan.
"Muc'os
convidados
nos
esperaban,
dice
Join-
ville
en
su
estilo
candoroso:
Facardin,
lugar-
teniente
del
monarca
egipcio,
estaba
armado
de
oro
fino,
tan
resplandeciente
cuando
el
sol
daba'en
él,
que
parecia
el
mismo
sol.
Sus
ins-
trumentos
militares
hacian
estruendo
horrible
y
muy
estraño
para
los
franceses.”
Sin
em-
bargo,
en
medio
de
los
gritos
que
daban
los
cruzados
pidiendo
la
señal
del
combate,
mu-
chos
gefes
aconsejaban
á
Sar
Luis
que
esperase
lo
restante
de
la
armada
dispersa.
El
rey
co-
nocia
que
este
consejo
era
prudente:
pero
te-
mía
las
dilaciones.
Ademas,
muchos
bajeles
sarracenos
habian
acometido
ya
á
la
escuadra
cristiana,
que
los
rechazó
con
pérdida.
“Ya
no
es
tiempo
de
deliberar,
dijo
Luis:
es
preciso
vencer,
”
y
dá
en
el
momento
la
se-
ñal.
Todos
sus
guerreros
se
arrojan
con
intre-
idez
á
las
lanchas:
el
oriflama
vá
delante.
Las
nubes
de
flechas,
que
disparan
los
mahometanos
oscurecen
el
dia.
Tanta
multitud
de
armas
arrojadizas
de-
tuvo
la
velocidad
de
las
barcas:
pero
como
es-
taban
á
corta
distancia
de
la
ribera,
Luis,
dan-
do
á
los
suyos
noble
ejemplo,
se
arroja
al
mar
las
ondas
espumosas
lo
cubren
hasta
los
hom-
bros:
pero
ni
las
aguas
ni
las
flechas
le
detie-
nen:
puesto
el
escudo
al
cuello,
el
yelmo
en
la
cabeza
y
espada
en
mano,
marcha
impertérri”
to
al
enemigo:
todo
el
ejército
le
sigue
llenan”
do
el
aire
del
grito
Montjoie
Saín
Denis.
Apt”
;
,
12
-
nas
los
franceses
e
la
playa,
fueron
aco-
metidos
furiosamente
por
seis
mil
ginetes
mu-
sulmanes:
pero
los
intrépidos
cruzados,
apiña-
dos
en
masa,
se
cubren
con
sus
escudos,
apo-
yan
en
la
tierra
sus
fuertes
lanzas,
y
presen-
tan
en
sus
puntas
una
barrera
impenetrable
á
los
bárbaros.
Detras
de
esta
muralla
de
caba-
leros,
llegan
y
se
forman
sucesivamente
todos
os:
cuerpos
de
la
infantería
francesa:
apenas
se
van
poniendo
en
orden
de
batalla,
se
arro-
jan
sobre
los
musulmanes,
los
acometen,
y
des-
pues
de
una
larga
resistencia,
los
desbaratan.
|
El
ejército
africano
es
derrotado,
yla
es-
cuadra
del
sultan
cortáda,
dispersada
y
entre-
gada
á
las
llamas:
Luis
prosigue
su
victoria
y
ataca
impetuosamente
los
reales
de
los
sarrace-
nos.
La
lucha
fue-allí
tan
obstinada
como
san-
grienta:
y
la
suerte
del
combate
entre
corazo-
nes
tan
valientes
estuvo
largo
tiempo
indecisa.
n
medio
de
aquella
terrible
pelea
quedó
muer-
to
el
conde
de
la
Marcha,
y
los
tres
emires
Principales
de
los
musulmanes
cayeron
atrave-
sados
por
las
cuchilladas
de
los
franceses.
En
in,
Luis
escediendo
en
intrepidez
á
los
mas
valerosos
,
decide
la
victoria,
se
apodera
de
los
Alrincheramientos
y
queda
dueño
de
la
orilla
Occidental
del
Nilo,
Parecia
natural,
que
los
sarracenos,
toda-
VIa
muy
fumerosos
á
pesar
de
su
derrota,
se
ncerrarian
en
Damieta,
y
que
la
toma
de
esta
Plaza
costaria
un
largo
sitio;
pero
se
apoderó
“ellos
el
terror;
y
demasiado
cobardes
para
TOMO
XVL
9
(130)
defender
ciudad
tan
importante,
demasiado
obstinados
para
entregarla
á
los
cristianos,
le
pegaron
fuego
y
huyeron.
Los
franceses
vo-
laron
á
ella
con
tanta
rapidez,
que
llegaron
á
tiempo
de
apagar
las
llamas.
Estinguido
el
in-
cendio,
entró
el
rey
en
la
ciudad,
mas
bien
co-
mo
humilde
peregrino
que
como
triunfador.
El
mismo
ejército
que
oxlesio
el
dia
ántes
con
horrible
griteria,
derramaba
en
todas
partes
la
sangre
y
el
terror,
marchaba
entonces
lenta-
mente
con
silencio
religioso,
solo
interrumpido
por
los
himnos
de
los
sacerdotes.
Al
frente
de
las
tropas
iba
descálzo
el
Santo
rey,
seguido
de
su
esposa
Margarita,
del
rey
de
Chipre,
del
legado
del
papa,
del
patriarca
de
Jerusalen
y
de
los
principales
caudillos
de
la
cruzada:
Hu-
millando
dos
sus
frentes
victoriosas
ante
la
bandera
de
la
cruz,
entonaron
el
Ze
Deum
en
la
mezquita
de
los
musulmanes,
purificada
ya
por
los
sacerdotes
y
convertida
en
templo
cris-
tiano.
Tantas
victorias
conseguidas
por
el
rey.
en
tan
poco
tiempo,
esparcieron
en
todo
el
mundo
la
fama
de
su
nombre:
pero
el
modesto
ríncipe
no
admitia
los
elogios
que
se
le
tri-
ahuE
atribuyendo
su
victoria
solo
á
Dios
“que
pone
á
su
arbitrio
en
los
corazones
el
denuedo
o
el
temor.”
Los
sarracenos,
huyendo
precipitadamente,
habian
dejado
en
danieta
todas
su
riquezas.
botin
fue
inmenso:
segun
la
antigua
costum”
bre
de
los
francos,
la
tercera
parte
perteneció
al
caudillo,
y
las
otras
dos
al
ejército:
pero
€
(131)
rey
quiso
que
se
esceptuasen
del
repartimiento
las
municiones
de
guerra
y
boca
necesarias
para
la
provision
de
la
plaza.
Esta
prudente
dea?
sion
escitó
grandes
murmuraciones.
Un
caba-
lero.
viejo,
llamado
Valeri,
se
atrevió
á
re-
p:chender
á
San
Luis
porque
quebrantaba
la
antigua:
costumbre:
pero
eb
monarca
fue
infle-
xible,
su
razon
triunfó
de
las
preocupaciones
en-
vejecidas,
y
lo
que
entonces
eta
muy:
raro,
obli-
go
el
interés
privado
á
ceder:al.
general.
Quizá
ebia
aprovecharse
del
terror
de
lós
enemigos
para
marchar
inmediatamente
contra
el
Carro,
sin
dar
tiempo
á
los.
musulmanes
para
reunir
nuevas
fuerzas
y
concertar
planes
de
campaña:
peró
esta
operación
se
creyó
temerariay
porque
se
acercaba
la
época
de
las
inundaciones
del
Nilo,
y
ademas
el
rey
queria
esperar
los
navíos
re-
tardados
por
los
vientos.
Resolvió,
pues,
dete-
nerse
en
Damieta
todo
el
estío.
:
No
tardó
en
esperimentar
los
funestos
efec-
tos
de
esta
resolucion,
dictada
al
parecer,
por
a
prudencia.
Ni
sus
súplicas,
ni
sus
órdenes
nt
suejemplo
pudieron
impedir
la
relajacion
dela
disciplina.
La
ociosidad
produjo
la
licencia:
y
se
sabe
hasta
que
punto
solian
mezclarse
en
aquel
siglo
de
ignorancia
el
celo
religioso
con
las
Malas
costumbres,
y
el
amor
caballeresco
de
la
gloria
ton
los
vicios
mas
vergonzosos.Los
guer-
Yeros
salian
de
las
iglesias
compungidos,
para
Pasar
lo
demas
del
dia:
y
dela
noche
en
los:
Cscesos
escandalosos
del
banquete,
el
juego
y
a
embriaguez,
Desde
el
mismo
cuarto
del
rey:
(133)
:
se
oián
los
cantares
oscenos
de
los
lupanares:
y
los
franceses
añadieron
á
los
vicios
propios
de
-
Africa
y
Asta,
los
que
ellos
tratan
de
Europa.
Violábanse
públicamente
la
justicia
y
el
orden.
Les
gefes
daban
el
ejemplo
del
latrocinio:
y
hasta
los
oficiales
de
le
casa
real
robaban
á
los
mercaderes.
A
tantos
desórdenes
se
siguieron,
-
como
era
de
esperar,
los
mas
espantosos
desas-
tres.
En
aquel
siglo
solo
se:sabia
pelear
y
ven-
cer:
pero
era
ignorado
el
arte
de
preparar
la
.
victoria
y
de
coger:
sus
frutos.
ín
vez
de.
to-
mar
informes
esactos
acerca
de
las
fuerzas
ene-
migas,
«delos
paises
que
iban
á
atravesar
y
de
los
medios
de
subsistir
y
defenderse,
no
se:
tenia.el
menor
conocimiento
de
la
naturaleza
del
territorio
en
que
se
hacía
la
guerra.
Join-
ville,
uno
de
los
paladines
mas
instruidos
de
su
siglo,
nos
dá
una
prueba
singular
de
su
1g-
norancia
en
geografia.
Tanto
él
como
sus
com-
añeros
creian
que
el
Nilo
tiene
su
fuente
en
el
ias
aida:
y
que
en
donde
sale
de
las
montañas,
echan
los
egipcios
muchas
redes
para
pescar
la
especeria
y
perfumes
que
trae
del
Pa-
raiso.:
El
soldan,
asegurado
por
la
inaccion
no
es-
erada
delos
latinos,
escribió
4
Luis
una
carta
irónica
y
desdeñosa.
“¿
Por
qué,
le
decia,
ha-
beis
traido
tantos
víveres
á
mis
playas?
A
mi
me
toca
hospedaros,
y
no
tengo
dificultad
en
dar
á
vuestro
ejército
las
subsistencias
necesarias
para,
el
poco
tiempo
que
ha
de
estar
en.
este
pais.”
“Desembarqué
en
Egipto,
le
respondió
San
/
1
Luis,
el
dia
que
habia
resuelto
desembarcar:
pero
aun
no
he
determinado
la
época
de
mi
sa-
lida”
El
altivo
sultan
le
desafió,
y
le
propuso
para
darla
batalla
el
dia
25
dejunio.
«No
acepto
ningun
dia
fijo
para
pelear,
respodió
el
rey;
porque
eso
sería
escluir
los
demas
dias.
Hoy,
mañana,
siempre
que
nos
encontremos,
pelearé
CON
vOS
y
OS
persegutré
como
enemigo
lrasta
el
feliz
momento
en
que
pueda
abrazaros
Como
hermano
mio
y
discípulo
de
Jesucristo.”
Las
hostilidades
comenzaron
poco
despues,
y
la
llanura
de
Damieta
se
pobló
de
nubes
de
árabes.
Los
franceses
tenian
un
campo
atrinche-
rado
junto
á
la
ciudad,
que
era
acometido
to-
dos
los
dias
por
los
habitantes
del
desierto,
cu-
ya
aridez
invariable
era”
fiel
imágen
de
aquel
De
siempre
errante
y
belicoso.
Estas
tribus
an
atravesado
treinta
siglos
desde
el
tiempo
de
Abraham,
sin
baber
alterado
sus
costum-
res.
Se
encuentra
en
ellos
la
misma
creencia
del
fatalismo,
el
mismo
trage,
la
misma
incli-
nacion
al
robo.
No
reconocen
mas
caudillos
que
os
padres
de
familia,
ni
mas
nobles
que
sus
caballos,
cuya
genealogía
conservan
con
sumo
cuidado.
Sus
frecuentes
batallas
con
los
cruza-
os
no
podian
producir
ni
victorias
ni
derrotas
ecistas.
Solo
eran
escaramuzas,
que
daban
Ocasion
á
los
guerreros
franceses
para
hacer
alarde
de
su
habilidad
y
valor.
Sargines,
Marly,
anteuil,
Beanjéu
y
Chatillon:
se
distinguieron
Por
sus
lecho
A
en
estaespecie
deguerra,
Los
socorras
que
esperaba
San
Luis,
tar-
Pe
'
(
140)
al
Egipto
sometido,
habria
logrado
en
este
solo
triunfo
la
libertad
de
Jerusalen
y
del
santo
se-
pulcro.
Una
ciega
imprudencia
lo
echó.
todo
á
perder.
Mientras
el
conde
de
Artois
se
em-
peña
delirante
en
perseguir
á
los
po
una
parte
de
sus
tropas
saquea
la
ciudad,
reconocen
en
fin
los
mabometanos
que
ban
sido
acometidos
y
ahuyentados
por
solo
un
puñado
de
franceses;
la
vergiienza
y
el
enojo
despier-
tan
su
valor:
el
intrépido
Bondocdar,
uno
de
sus
gefes,
los
reune,
y
vuelven
cara
al
débil
enemigo
que
los
perseguia.
En
vano
los
temi=
plarios
y
el
príncipe
pe
e
todas
partes
procuran
haciendo
prodigios.
de
valor,
resistir
al
torrente
que
los
arrebata.
Desbaratados,
fu-
gitivos
y
perseguidos,
vuelven
á
entrar
cn
Man-
sura
,
donde
les
esperan
nuevos
riesgos,
porque
el
pueblo
se
habia
sublevado
y
tomado
las
ar-
mas.
De
todas
partes
llueven
sobre
los
franceses
piedras,
dardos
y
llamas
que
les
arrojan
desde
lo
alto
de
las
casas,
al
mismo
tiempo
que
la
numerosa
caballería
de
los
musulmanes
los
ro-
dea
y
acomete.
El
conde
de
Artois,
Salisbury.
Radulfío
de
Concy
y
Roberto
de
Ver,
sin
mas
esperanza
que
la
de
vender
cara
su
vida,
la
disputan
algun
tiempo
defendidos
por
los
mon-
tonos
de
cadáveres
de
sarracenos,
inmoladosS
por
sus
cuchillas;
pero
ya
casi
no
tienen
san"
gro
habiéndola
perdido
por
innumerables
he-
ridas:
trescientos
templarios
mueren
á
sus
pies
ellos
mismos
caen
escitando
al
morir
la
rl
racion
y
el
respeto
de
sus
vencedores,
El
gran
E
|
-
(141)
maestre
de
los
templarios,
que
habia
quedado
casi
solo,
habiendo
perdido
un
ojo
en
esta
san-
be
batalla,
y
recibido
otras
muchas
heri-
as
graves,
se
abrió
paso
con
el
sable
en
mano
Por
medio
de
la
multitud
de
los
sarracenos,
Y
logró
reunirse
con
el
estandarte
real.
Luis
advertido
demasiado
tarde
del
peligro
Mminente
en
que
se
habia
puesto
su
hermano,
acababa
de
enviar
en
su
socorro
al
condestable
e
Beaugeu.
Las
tropas
de
este
caballero
detu-
Vieron
con
su
choque
vigoroso
la
fogosidad
de
Os
infieles.
En
esta
accion
atravesó
Joinville
con
su'espada
á
un
gigante
sarraceno,
y
poco
espues
cayó
y
fue
atropellado
por
los
escua-
rones
musulmanes,
cuyo
sinnúmero
crecía
á
cada
momento.
Los
guerrerosdel
condestable,
tiendo
á
la
muchedumbre,
estaban
ya
próxi-
Mos
á
perecer
como
los
templarios,
cuando.el
“onde
de
Anjou
legó
y
mejoró
el
combate.
Su
valor
hacía
mas
dudosa
la
lid;
mas
no
podia
po
la
victoria.
Luis
decidió
la
suerte
de
aque-
Jornada.
Mientras
los
cristianos
y
musulma-
Mes
se
daban
cuerpo
á
cuerpo
su
combate
á
Muerte,
el
rey,
el
yelmo
en
la
cabeza
y
la
espa-
Me
en
la
mano,
se
arroja
en
medio
de
la
bata=
*
Nunca,
dice
Joinville,
se
ha
peleado
otra
AS
encarnizada:
nadie
se
acordaba
de
las
fle-
957
y
todos
daban
grandes
golpes
con
buenas
Aza,
espadas
y
lanzas.”
Jl
valor
de
Luis
lidió
vas
0
tiempo
contra
la
fortuna,
es
algunas
$
pareció
su
enemiga.
Ya
cejaban
los
es-
Cuar..
s
adrones
franceses:
algunos
guerreros
se
echa-
E
|
(ata)
ron
al
brazo
del
Támesis
y
se
ahogaron
en
él:
los
sarracenos
dieron
el
grito
de
victoria:
Bon-
docdar
hace
el
último
esfuerzo
y
desbarata
la
tropa
que
estaba
alrededor
del
rey;
dos
sarra=
cenos
cojen
por
las
riendas
el
caballo
de
este
príncipe:
pero
Luis
los
derriba
muertos,
al
uno
con
la
maza,
al
otro
con
la
espada.
“Yo
creo,
dice
Joinville,
que
el
poder
de
Dios
doblaba
entonces
sus
fuerzas.”
lntretanto
el
condesta=
ble
habia
podidó
rehacer
su
caballería.
Los
fran=
coses
animados
al
ver
el
peligro
del
rey,
aco-
meten
de
nuevo:
su
valor
es
ya
rabia:
nada
le
resiste,
y
los
enemigos
desbaratados
y
disper>
sos
huyen
por
todas
partes:
victoria
gloriosa,
pero
funesta:
pues
no
hubo
«entre
los
vencedo=
res
ninguno,
cuya
sangre
no
tiñese
el
campo
de
batalla.
Joinville
recibió
en
esta
jornadacin-
co
heridas.
y
su
caballo
quince.
Pero
el
carác-
ter
frances
se
manifestó
entonces
como
siem-
pre,
alegre
y
festivo
enmedio
de
aquel
teatro
de
dolor
y
carniceria.
"Senescal,
decia
el
buen
conde
de
Soisons
á
Joinville
oyendo
Jos
gri
tos
furiosos
de
los
sarracenos;
dejemos
bramar
á
esá
canalla:
y
por
la
cuna:
de
Dios
(este
erd
su
juramento)
que
todavía
hablaremos
én
pres
sencia
de
las
damas
vos
y
yo
delos
sucesos
e
esta
jornada.”
Al
mismo
tiempo
vicron
llegar
al
conde
de
Bretaña,
que
habiéndose
escapado
de
Mansura
cubierto
de
heridas,
vomitaba
san”
ere
y
venia
asido
de
las
clines
de
su
caballos
porque
le-habian
cortado
las
riendas.
En
esté
miserable
estado
no
dejaba
de
insultar
y
de
de-
:
(143)
cir
sarcasmos
á
los
sarracenos
que
le
perseguian.
Poco
despues
encontró
Joinville
al
rey,
cubier-
to
de
polvo
y
sangre
y
muy
fatigado.
Un
caba-
lero
Je
preguntó
si
tenia
noticias
de
su
her-
mano
el
conde
de
Artois.
“No
se
mas,
respon
dió
llorando
Luis,
sino
que
está
ahora
en
el
Cielo,
y
que
debemos
adorar
con
resignacion
los
últimos
juicios
de
Dios.”
Desgraciadamente
el
rey
se
empeño
en
continuar
su
plan
de
cam-
paña,
aunque
ya
estaba
inutilizado
por
la
de-.
tencion
en
Damieta.
La
guerra
era
de
invasion
-
Y
solo
podia
esperarse
la
victoria,
de
la
rapi-
dez.
Los
musulmanes
habian
vuelto
en
sí
de
la
'
Primer
sorpresa
y
recibian
nuevas
fuerzas
dia=
Tiamente,
al
mismo
tiempo
que
las
de
los
cru-
Zados
se
debilitaban.
Todavía
eran
posibles
la
tetirada
y
la
paz:
pero
el
pundonor
mal
enten-
ido
no
permitió
A
oidos
á
la
razon:
perdié-
ronse
los
momentos
preciosos,
y
la
ruina
fue
Mevitable.
Los
franceses
eran
acometidos
todos
0s
dias,
y
estos
combates
parciales
en
que
bri-
laba
su
valor,
y
vertian
su
sangre,
iban
abrien-
9
poco
á
poco
el
abismo
en
que
la
ostinacion
Os
detenia.
No
solo
los
caballeros
hicieron
alar-
€
su
denuedo
en
aquellos
campos
de
batalla
Arto
célebres.
"Un
dia,
dice
el
buen
senescal
*o1mville,
salió
solito
el
limosnero
Juan
de
Vai-
PL
con
su
yelmo
y
espada;
se
mete
entre
los
Sarracenos,
que
le
tuvieron
al
principio
por'uno
de
los
rod
ataca
de
improviso
dárrelós
ta-
JOS
y
estocadas,
los
hace
huir,
despues
se
reti-
vá
peleando,
se
para,
vuelve
muchas
veces
con=
E
(144)
tra
los
musulmanes
que
le
persi
ya
se
veia
cercado,
acude
en
sn
socorro
un
des-
tacamento
francés,
le
saca
del
peligro
y
le
trae
en
triunfo
á
los
reales;
donde
unánimemente
se
le
concedió
el
título
de
esforzado
sacerdote,
que
conservó
siempre.”
El
valor
de
los
musul-
manes,
siempre
rechazados,
descaecia.
Bondoc-
dar
para
animarlos
les
mostraba
las
armas
del
conde
de
Artois
adornadas
de
flores
de
lis,
y
su
cabeza
todavia
ensangrentada;
y
les
hizo
ercer
que
estos
despojos
eran
de
San
Luis,
á
uien
decia
que
habia
muerto
en
el
combate.
Las
batallas
continuaron:
los
franceses
guar-
daban
con
vigilancia
de
dia
y
de
noche
y
de-
fendian
con
valor
sus
reales,
su
puente
y
las
dos
orillas
del
Nilo.
El
general
sarraceno
les
dió
batalla
campal
con
todas
sus
fuerzas:
duró
el
combate
todo
el
dia:
el
conde
de
Anjou,
der-
ribado
del
caballo,
fue
cercado
y
hecho
prisio-
nero
por
los
enemigos.
San
Luis
acudió
en
de-
fensa
de
su
hermano
y
le
sacó
de
entre
las
ma-
nos
de
los
musulmanes.
Chatillon
y
los
demas
caballeros
franceses
adquirieron
en
esta
acción
mucha
gloria
para
sí
y
para
su
patria.
Los
tem-
plarios,
no
menos
valientes
pero
mas
desgra-
ciados,
perecieron
casi
todos
á
imitacion
de
sú
gran
maestre.
El
ala
mandada
por
el
conde
de
Flandes
desbarató
4
los
sarracenos
é
hizo
en
ellos
gran
mortandad.
En
otras
partes
la
fortuna
fue
con”
iráriaá
los
cristianos.
Alfonso,
conde
de
Por
tiers,
hermano
del
rey,
mandaba
el
ala
izquiel”
guen,
y
cuando.
Y
ts
145)
da.
Losinfieles
dirigieron
contra
él
sus
mayores
esfuerzos,
y
despues
de
una
resistencia
vigoro-
sa,
le
rodearon.
y
prendieron.
Ya
le
llevaban
encadenado:
pero
en
su
infortunio
conoció
que
un
príncipe,
defendido
mas
bien
por
el
amor
que
por
el
miedo,
tiene
siempre
grandes
recursos
y
justos
motivos
de
esperanza.
Alfonso
era
muy
querido
de
todos:
y
cada
uno
al
ver
el
peligro
en:que
estaba
,
olvida
el
propio:
suyo,
sus
afa=
nes
y
sus
heridas:
lanzan
un
grito
de
furor,
y
no
solo
los
caballeros
y
soldados,
sino
tambien
losvibanderos;
criados
y
mugeres
del
campamen=
to
vuelan
en
su
socorro.
Nada:
resiste
ásu
choque
impetuoso:
las
cadenas
del
príncipe
se
rompen,
y.
los
enemigos
rechazados,
pierden
la
¿presa
y
la
victoria.
Jl
dia
espiraba
cuandolos
sarracenos
se
retiraron
vencidos
en
todos
los
puntos.
Despues
de
este
último-triunfo,
reconoció
el
ejército
yen-
-Cedor
que
habia
perdido
la
mitad
de
sus
guer=
reros,
En
uno.
exortaron
al
rey
para
que
volviese
á
Damieta;
adonde
todavía
era
posible
llegar.
2uis,
mas:caballero
que
monarca
en
esta
oca-
Slon,
desechó
el
consejo
creyendo
sin
razon
que
Una
prudente
retirada
sería:
fuga
ignominiosa.
El
nuevo
soldan
Alinoadan
llegó
al
campo
de
los
sarracenos
con
crecido
número
de
solda-
0S
que
traia
de
Asia.
En
estetiempo
el
ejército
cristiano
se
hallaba
Meido
con
un
azote
mas
formidable
que
la
Misma
guerra.
El
aire
se
infestó
con
los
mon-=
tones
de'
cadáveres
aglomerados
en
las
orillas
el
Nilo
y
corrompidos
por.
los
rayos
del
sol
ar-
TOMO
XvI.
10
$9
(146)
diente
de
Egipto.
Sus
exalaciones
envenenaban
las
aguas
y
alimentos.
Pocos
cruzados
se
liber-
taron
del
contagio:
unos
padecieron
calenturas
malignas
que
resistian
á
los
esfuerzos
del
arte:
otros,
escorbutos
terribles
que
disolvian
la
san-
gre,
enflaquecían
los
sólidos,
a
las
encias
y
aniquilaban
las
fuerzas.
Los
progresos
del
mal
fueron
mas
rápidos,
porque
San
Luis
no
quiso
que
se
echasen
al
agua
ó
se
quemasen
los
cadáveres
de
los
que
morian
apestados,
sino
que
se
enterrasen
religiosamente
como
mártires
y
sol-
dados
cristianos
muertos
por
la
fé
Ninguno
se
atrevía
á
rehusar
este
trabajo
peligroso,
porque
el
rey
mismo
daba
el
ejemplo
con
el
aculdn
en
la
mano.
Todas
las
desgracias
se
acumularon
en-
tonces:
un
Ap
numeroso
que
la
reina
Mar-
garita
envio
desde
Damieta,
donde
habia
que-
dado,
cayó
en
poder
de
los
sarracenos.
San
Luis
tan
infatigable
como
intrépido
,
consolaba
á
los
afligidos,
alentaba
á
los
débiles,
y
empleaba
todo
el
dia
en
visitar
y
asistir
á
sus
caballeros
moribundos:
hasta
que
al
fin
contrajo
la
enfer-
medad
cuyos
furores
arrostraba.
Este
último
1n-
fortunio
abatió
de
tal
manera
los
ánimos,
que
el
rey
se
vió
obligado
por
el
voto
general
á
en-
trar
en
negociacion.
Propuso
la
paz:
y
los
sar-
racenos
que
ignoraban
ppp
la
estre-
ma
miseria
de
los
cruzados,
convinieron
en
las
rimeras
conferencias
en
entregar
á
Jerusalen,
saliendo
de
Damieta
los
franceses;
á
los
cuales
se
darian
víveres
para
el
viaje,
tratando
con
la
mayor
humanidad
á
los
enfermos
que
quedasen
(147)
en
Egipto:
Despues
de
estipuladas
estas
condi-
ciones,
no
pudieron
convenirse
en
cuanto
á
los
rehenes.
Luis
consentia
en
dejar
uno
de
sus
her-
manos:
Almoadan
solicitaba
que
quedase
el
mis-
mo
monarca
por
rehen.
Entonces
Sargines
de-
claró
quelos
franceses
se
dejarian
degollar
antes
que
dejar
á:su
rey
por
prenda
en
poder
de
los
infieles.
En.
vano
el
santo
monarca
quiso
entre-
garse:
su
ejército
le
desobedeció
por
la.
primera
vez,
y
respondio
álas
órdenes
que
daba,
ercer
¿
morir.
Rompiéronse
pues
la
negociaciones,
y
se
emprendió
la
retirada,
llena
de
obstáculos
y
peligros.
SRL
"
—Embarcáronse
en
las
galeras
los
enfermos
y
equipages
:
Luis,
aunque
oprimido
por:
la
ca-
lentura
é
incapaz
de
llevar
sobre
sí
el
arma
mas
ligera,
quiso
marchar
con
las
reliquias
de
su
ejército.
Chatillon
mandaba
la
retaguardia.
Á
cada
paso
era
forzoso
pelear
en
tierra
y
agua:
pero
á
pesar
de
los
br
del
enemigo
Se
pasó
el
canal
de
Tauris.
El
legado
y
los,
obispos
se
embarcaron
para
Damieta
en
una
galera
y
todo.
el
ejército
suplicó
en
vano
al
rey
que
se
fuese
con
ellos.
“Jamas,
decia,
abandonaré
á
mis
valientes:
6
volveré
con
todos,
0
morirécon
ellos.”
Sin
espada,
yelmo
ni
peto
tomó
su
puesto
en
la
retaguardia,
ip
entre
el
valiente
argines
y
el
intrépido
Chatillon.
Estos
dos
guerreros,
semejantes
4
dos
torres
fortísimas,
Servian
de
defensa
al
rey,
y
los
sarracenos
que
Se
alrevian
á
acercarse,
caian
bajo
sus
terribles
cuchillas.
“El
rey,
dice
Joinville,
montaba
una
:
(148)
|
haquilla,
vestido
de
una
casaca
de
seda,
y
des-
pues
le
oí
decir
que
de
toda
su
guardia
solo
le
uedaron
Chatillon
y
el
buen
señor
Godofre
de
Señas
que
le
defendian
del
mismó
modo
que
un
buen
sirviente
defiende
de
las
moscas
la
mesa
de
su
amo.
E
Jn
Así
Megó
el
rey,
siempre
peleando
,
hasta
la
villa
de
Chamarzak
llamada
hoy
Zaca,
donde
la
postracion
de
sus
fuerzas
le
obligó
á
dete=
nerse
en
casa
de
una
muger,
natural
de
París,
aunque
casada
en
Egipto.
Viendo
la
suma
de-
bilidad
de
este
príncipe,
¡todos
creyeron
que
aquel
asilo
sería
su
tumba.
Los
musulmanes
1n-
vadieron
en
crecido
número
la
ciudad.
Solo
Chatillon
con
algunos
hombres
de
armas
se
atre-
vió
á
resistirles:
los
acometió
muchas
veces,
los
retiró,
y
volvió
adonde
estaba
el
rey,
con
el
es-
cudo
erizado
de
flechas.
Pero
el
número
de
los
infieles
se
aumentaba
incesantemente:
todos
los
soldados
de
Chatillon
perecieron,
y
solo
él
com-
batia
aun.
Cercado
y
acometido
de'todas
partes,
gritaba
:
“á
Chatillon,
caballeros,
á
Chatillon:
¿dónde
estan
mis
hombres
buenos?”
Estas
fue-
ron
sus
últimas
palabras
y
cayó
atravesado
de
mil
heridas.
Su
vida
habia
durado
veinte
y
ocho
años:
su
gloria
durará
siempre.
Felipe
de
Mons
fort
defendia
otra
parte
del
pueblo
con
las
re-
liquias
de
la
retaguardia,
y
con
orden
del
rey,
ididó
á
los
sarracenos
una
suspension
de
hosti-
idades.
El
gefe
musulman,
admirado
del
valor
intrépido
que
infundia
la
desesperacion
á
los
franceses,
consentia
en
la
tregua
:
y
ya
Montfort
FP
a
ii
E
(149)
él
dándose
las
manos,
iban
á
trocar
sus
ani-
los,
cuando
un
traidor
llamado'
Marcelo,
que
era
ugier,
grito:
“Señores
y
caballeros,
el
rey
me
manda
deciros
que
os
rindais
todos,
si
que-
reis
salvar
su
vida.”
Á
estas
palabras,
creyendo
que
el
rey
estaba
cautivo,
rindieron
las
armas.
Un
destacamento
de
sarracenos
fue
á,
cus-
todiar
al
rey
y
á
sus
hermanos.
Príncipes,
señores,
caballeros
y
soldados
sufrieron
todos
igual
suerte.
Los
prisioneros,
el
oriflama
y
los-
equipages
fueron
llevados
en
triunfo
á
Mansura;
sin
escaparsc.de
manos
de
los
1n-
fieles
mas
que
la
galera
en
que
iba
el
legado;
porque
las,
demas
fueron
apresadas
Ó
Comsu-
_midas
por
el
fuego
greciano.
Los
sarracenos
degollaron
en
estos
buques
gran
número
de
cautivos.
Joinville
cuenta
que
salvó
su
vida,
diciendo,
por:
consejo
de
un
sarraceno,
á
los
que
iban.
ya
á
matarle,
que
"era
primo
del
“rey.”
Este
príncipe
desgraciado,
mas
grande
quizá
entre.las
cadenas
que
en
su
palacio,
ens
nobleciós
el
infortunio
con
su
valor,
y
mani-
festó
en
las
prisiones
la
misma
intrepidez
que
habia
mostrado
en
los
dias
de
su
gloria
junto
á
los
muros
de
Taillebourg-
Enmedio
de
los
infieles
invocaba
con
fervor
al
Dios
de
sus
-
Padres,
y
obligaba
á
sus
fieros
vencedores
con
Su
noble
constancia
y
resencia
serena,
á
res-
Petar
la
magestad
di:
En
vano
procuraron
derribar
su
fé:
su
silencio,
lleno
de
dignidad,
lacía.
que
enmudeciese
el
fanatismo
de
los
mu-
sulmanes.
Los
infieles
ofrecieron
á
todos
los
(252)
francos
sus
iguales,
sino
de
sus
propios
tribu-
tarios
y
siervos.
Los
jueces
de
los
hombres
li
bres
eran
los
condes
y
duques,
nombrados
por
el
rey
y
amovibles
á
su
arbitrio.
Desde
el
rei=
nado
de
Clodoveo
y
de
sus
hijos
se
ve
á
mu-
chos
romanos
y
aun
á
algunos
libertos,
hechos
leudes,
antrustiones,
generales,
y
algunas
veces
duques
y
condes.
Aureliano,
elevado
por
Clo-
doveo
á
la
dignidad
de
conde
de
Melun,
y
en=
cargado
de
irá
pedir
á
Clotilde
en
casamiento
para
el
rey,
era
romano.
Leudaste
pasó
de
sier=
vo
á
ser
leude
y
conde,
y
se
atrevió
á
resistir
á
san
Gregorio
de
Tours
en
su
diócesis,
y
á
la
orgullosa
muger
de
Chilperico
en
su
palacio:
Era
dificil,
cuando
no
se
escribian
ni
pe
tes-
tamemos
ni
los
contratos
matrimoniales,
que
se
probase
el
derecho
hereditario
ni
se
esta-
bleciese
la
nobleza.
No
obstante,
algunas
fa-
milias
célebres,
como
la
de
Pipino,
transmi-
tieron
por
herencia,
durante
algunas
generacio-
nes,
las
Esc
pl
dignidades
de
la
monar-
guía.
Los
modernos
publicistas
se
engañan,
como
algunos
de
sus
predecesores,
cuando
di=
cen
que
la
nobleza
existía
ya
desde
los
tiempos
de
Carlomagno.
Entonces
no
habia
sino
linea-
mientos
de
ella
:
los
que
se
llaman
optíme-
tes
y
proceres
en
los
capitulares,
no
eran
mas
que
poscedores
de
dignidades
eminentes
y
oficios
importantes,
pero
amoviblos.
Es
ver-
dad
que
algunos
guerreros
atrevidos,
podero-
sos
y
afortunados
lograron
hacer
independien-
te
y
hereditaria
su
diguidad,
como
en
Francia
(253)
los
duques
de
Aquitania
y.los
condes
de
Gas-
cuña;
en
Alemania,
los
condes
de
Frisia,
y
duques
de
Baviera,
y
en
Italia
los
duques
de
Friul
y
de
Benevento.
A
ejemplo
de
estos,
los
demas
duques,
condes
0
seniores,
aprovechán=
dose
de
las
desavenencias
de
los
príncipes
y
del
desorden
de
las
guerras
civiles
bajo
los
débiles
sucesores
de
Ludovico
Pio,
usurparon
la
he-
rencia
de
los
oficios,
y
lograron
en
fin
que
Cár-
los
el
Calvo
la
reconociese
y
consagrase.
Este
fue
un
gran
paso:
mas
para
dar
alguna
exis-
tencia
á
la
nobleza,
producida
por
el
sistema
feudal,
era
necesario
que
estos
nobles
de
hecho
perpetuasen
la
ilustracion
de
sus
familias,
subs-
tituyendo
los
nombres
de
ducado,
condado,
se-
ñorío,
feudo,
ciudad
ó
aldea,
en
fin,
los
nom=
bres
de
familia,
á
los
de
bautismos,
únicos
que
se
usaban
hasta
aquella
época.
Los
nuevos
nombres
no
se
introdujeron
hasta
los
siglos
x1
Y
xn,
época
en
que
se
organizo
la
gerarquia
eudal.
Así
no
hay
en
Francia
ninguna
familia
noble
que
pueda
tener
fundadas
pretensiones
á
allar
títulos,
pruebas
6
vestigios
de
su.
orí-
pen,
anteriores
á
dichos
siglos.
Sea
como
fuere,
as
esplicaciones
de
los
diferentes
sistemas
sobre
“Sta
materia
son
mas
curiosas
que
importantes
Para
la
historia
del
reino
de
Francia.
e
mas
interesante
es
examinar,
empezando
de
e
la
época
conocida
en
que
el
feudalismo
pletamente
organizado
derribó
la
dinastía
WHovingia,
como
la
política
de
los
reyes
Ca-
Petos
logró
levantar
la
autoridad
del
trono
so-
(25%)
bre
lasruinas
de
la
aristocracia
francesa:
y
prin
cipalmente,
como
el
trono,
protegiendo
los
pue=
blos
y
humillando
los
grandes,
hizo
desaparecer
los
vestigios
de
los
campos
de
mayo,
de
los
par-
lamentos
carlovingios,
y
de
lasjuntas
deliberan-
tes
de
los
pares,
apoderándose
poco
á
poco
de
la
potencia
legistativa
y
de
las
facultades
abso-
lutas.
Solo
de
este
modo
se-esplicarán
los
pro-
gresos
del
poder
real,
templado
posteriormente
solo
por
los
estados
generales,
rara
vez
convo-
cados
y
reducidos
sim
autoridad
legislativa,
á
hacer
peticiones:
Para
medir
la
admirable
rapi-
dez
con
que
adelantó
el
poder
monárquico,
basta
recordar
que
los
sucesores
de
Carlomagno
ha-
bian
reconocido
y
proclamado
esta
máxima
fun-
damental
del
derecho
público:
de
los
francos:
la
ley
se
hace
por
la
constitucion
del
principe*Y
el
consentimiento
del
pueblo
:
y
que
en
pocos
st-
elos
el
espíritu
de
la
nacion
estaba
tan
muda-
de
que
Pis
no
reconociendo
mas
po-
der
que
el
del
rey,
llama
al
monarca,
custodio
de
los
usos,
y
Boutillier,
dueño
de
los
usos;
y
que
en
fin,
cuando
los
parlamentos,
sombra
delos
estados
generales,
oponian-al
trono
solamente
representaciones
sin
fuerza
legal
,
casi
todos
105
magistrados
reconocieron
este'principio,
que
to”
mado
á
la-letra,
pasa
mas
allá
del
gobierno
abr
soluto
y
di
al
desp
tiamdd
como
haser
el
rey
así
quiere
la
ley
(1).
A
pesar
de
los
esfuerzo?
delicada
bin
+
y
kmo
(1)
En
efecto,
si
el
sonido
de
esto
axtonia
es
que
la
volun
(255)
|
sucesivos
de
Luis
el
gordo
y
Felipe
Augusto,
todo
yacia
en
confusion,
ni
habia
concierto
al-
guno
en
el
cuerpo
social,
compuesto
de
elemen=
tos
opuestos,
inconexos,
y
sin
solidez.
La
corte
queria
ejercer
su
poder:
los
señores,
conservar
su
independencia.
El
combate
judicial
hacía
Uusorias
las
apelaciones
:
se
comenzaban
con
prontitud
las
guerras
privadas
pea
evitar
las
seguridades:
y
las
municipalidades,
que
habian
recobrado
sus
franquicias,
procuraban
subs-
traerse
á
la
autoridad
de
los
señores
y
aun
á
la
e
los
reyes,
Era
menester,
pues,
un
hombre
cuerdo
y
esforzado,
que
centralizase
el
poder,
uniese
al
trono
todas
las
partes
del
estado,
aboliese
los
desafios,
hiciese
efectiva
la
seguridad
prefijando
á,
todos
los
barones
un
término
cierto
antes
de
uscar
la
justicia
de
las
armas,
próroga
que:
se
amaba
la
cuarentena
del
rey;
estableciese
con
“egularidad
la
jurisdicion
y
facultades
de
los
dallíos,
estableciose
límites
á
las-
pretensiones
el
clero,
obligase
los
grandesá
la
sumision,
y
Dusiese
en
estimacion
á
los
plebeyos,
llamando
05
que
eran
dignos
á
los
empleos
públicos:
RA
sa
Privada
del
monarca
basta
para
abolir
y
aniquilar
las
lez
“L
forma
del
gobierno
será
despótica
,
como
en
los
reinos
A
Y
Pero
si
solo
quiere
decir
y,
que
el
roy
es
el
supre-
Mali
gislador
¿y
promulga
las
leyes
hechas
por
él
con
las
for
Mdades
competentes,
y
quesi
las
anula,
no
es
por
un
acto
tada,
,
SINO
por
su
voluntad
pública
ó
de
puncipes
mani=
Comi
con
la
debida
solemnidad
sel
gobierno
será
absoluto,
Eu
el
de
Rosia
,
Dinamarca
y
otros
reinos
eristianos
de
"Pa.
(Ñ.
del
T.)
iva
(255)
|
San
Luis
se:atrevió
á
tan
grande
empresa,
sin
mas
apoyo
que
la
veneracion
tributada
á
su
jus-
ticia
y
su
virtud.
No
pudo
hacer
leyes
que
des-
truyesen
para
siempre
la
arbitrariedad:
pero
á
lo
menos
sustituyó
á
la
barbarie
feudal,
el
po-
der
protector
del
trono
que
dirigió
los
franceses
á
la
civilizacion,
y
adquirió
la
más
brillante
glo-
ria,
restableciendo
el
reinado
dela
justicia.
Así
sewvió,
en
aquellos
tiempos
de
iniquidad,
que
todos
los
príncipes
y
pueblos
tributaban
los
mayores
elogios
'á
su
sabiduría.
Los
mismos
bárbaros
de
Egipto,
que
le
habian
vencido
y
en-
cadenado
se
humillaban
á
sus
pies.
Los
papas
y
emperadores,
el
rey
de
Inglaterra
y
sus
no-
bles,
las
iglesias
de
Occidente
y
Oriente
le
nom-
braron
por
árbitro.
Hizo
renacer
en
Francia
el
reinado
de
las
leyes;
y
como
se
juzgó
muchas
veces
á
sí
mismo
con
severidad
y
sacrificó
sus
propios
intereses
á
los
derechos
agenos,
recibi0
unánimemente
el
título
glorioso
de
principe
de
la
paz
y
dela
justicia.
Wste
rey
escelente
Y
grande,
aunque
sometió
sus
barones,
fue
muy
amado
de
ellos,
porque
era
avaro
de
los
bienes
de
sus
vasallos,
pródigo
de
los
suyos
propios
caritativo
con
los
infelices,
y
estaba
pronto
4
verter
su
sangre
en
defensa
de
su
pueblo.
Reu-
nió
muchos
feudos
á
la
corona
con
habilidad
pero
sin
injusticia,
abolió
los
dobles
vasallageS
y
restableció
la
pa
entre
los
grandes
feudala-
rios
que
disputaban
el
condado
de
Flandes.
Pre”
firiendo
la
verdadera
gloria
á
la
falsa
grandezá
rehusó
la
corona
de
Inglaterra,
y
tuvo
por
má?
|
37)”
honorífico
ser
juez
de
sus
eternos
rivales
que
dominar
sobre
ellos
como
rey.
Si
no
pudo
disipar
las
calamidades,
produ-
cidas
por
la
guerras
intestinas
en
los
estados
de
sus
grandes
barones,
libertó
enteramente
de
ellas
sus
propios
dominios.
Las
costumbres
se
oponian
ála
abolicion
de
los
combates
judicia-
les:
pero
cd
su
ordenanza
de
1270
redujo
este
antiguo
delirio
á
casos
muy
raros
y
graves,
substituyendo
la
accion
de
la
justicia
á
la
es-
pada,
la
instruccion
ál
cartel
de
desafio
y
los
testigos
á
los
campeones.
Las
monedas
que
se
alteraban
antes
con
arbitrariedad,
recobraron
-Su
valor
intrínseco
y
fijo.
y
4
,
Restituyóse
la
gerarquía
á
las
apelaciones.
“ue
permitido
legalmente
falsear
el
juicio
seño-
vial,
lo
que
antes
era
felonía.
Pedir
la
reforma
€
un
juicio,
era
reclamar
contra
la
sentencia:
Alseareljuicio,
declinar
la
jurisdicion
del
juez.
n
este
último
caso,
pasaba
el
proceso
á
un
tribunal
superior:
y
así
no
era
posible
falsear
$
Juicio
del
rey,
porque
no
habia
tribunal
su-
Perior
al
suyo:
pero
para
conservar
el
derecho
€
apelacion,
se
apelaba
entonces
del
rey
al
mis-
Mo
rey.
Mitigáronse
las
leyes
penales
que
apli-
“aban
á
casi
todos
los
delitos
la
muerte
ó
la
Bérdida
de
un
miembro.
Los
jueces
dejaron
€
vender
sus
oficios,
y
les'
fue
prohibido
Tecibir
presentes.
No
se
les
permitió
casar
sus
SAN
ni
comprar
tierras
en
A
término
de
su
ju-
Isdiccion,
sino
con
el
consentimiento
del
rey.
labia
muchos
siglos
que
la
integridad
y
TOMO
xy.
17
.
(258)
sabiduría
delos
tribunales
eclesiásticos;
habia
estendido
su
jurisdiccion
á
un
gran
número
de
causas,
entre
ellas
algunas
cuya
relacion
con
la
disciplina
religiosa
no
era
evidente,
como
las
de
usura
y
los
pleitos
de
testamentaría.
Como
de
estos
tribunales
podia
apelarse
á
la
santa
sede,
la
jurisdiccion
de
Roma
era
efec-
tiva
y
universal.
En
el
reinado
de
Felipe
Au-
gusto
muchos
barones
pidieron
que
se
acortase,
y
se
nombró
una
comision
de
muchos
señores
pará
que
fijase
los
límites
de
ambas
autorida-
de:
espiritual
y
temporal.
San
Luis
prohibió
á
los
tribunales
eclesiásticos
la
facultad
de
con-
fiscar,
dió
á
los
litigantes
el
derecho
de
elegir
la
jurisdiccion
á
que
querian
someterse,
y
auto-
rizó
á
la
nobleza
á
apelar
de
las
sentencias
de
dichos
tribunales.
Prohibidó
ademas
toda
exac-
cion
de
tributos
para
Roma;
restableció
el
vi-
gor
de
los
antiguos
cánones,
la
autoridad
de
los
concilios
y
la
antigua
forma
de
elegir
los
obispos,
y
restituyó
á
los
propietarios
el
nom-
bramiento
de
los
beneficios.
Dióse
el
nombre
de
pragmática
sancion
á
esta
ordenanza
célebre.
espues
de
haber
referido
las
principales
innovaciones
que
hizo
San
Luis
en
la
legisla-
cion,
no
será
inútil
hacer
un
breve
estracto
de
las
leyesty
reglamentos
mas
notables,
com-
prendidos
án
la
coleccion
titulada
Estableci-
mientos
de
San
Luis:
porque
es
el
mejor
me-
dio
de
dará
conocer
el
espíritu
y
las
costum-
bres
de
aquel
tiempo,
los
males
que
era
for-
zoso
remediar,
y
las
obstáculos
innumerables
(259)
ue
la
diversidad
de
los
usos,
la
independen-
cia
de
los
grandes
vasallos,
la
barbarie
de
las
antiguas
tradiciones
y
la
ignorancia
del
siglo
oponian
á
las
miras
benéficas
del
mas
prudente
de
los
reyes
de
Francia.
Este
santo
monarca
esplicó
así
en
el
preám-.
bulo
los
motivos
y
objetos
de
los
establecimien-
tos:
“Jn
el
año
de
gracia
1270,
Luis,
rey
de
Francia
por
la
gracia
de
Dios
á
todos
los
bue-
Nos
cristianos
que
habitan
en
el
reino
y
señorío
de
Francia,
y
á
todos
los
demas
presentes
y
futuros,
saluden
nuestro
Señor.
Por
cuanto
la
malicia
y
la
mentira
se
han
introducido
entre
los
hombres
,
y
los
unos
hacen
muchas
veces
á
los
otros
daño,
ó
incomodidad
y
perjuicio
de
Muchas
maneras
contra
la
voluntad
y
mandato
de
Dios,
sin
miedo
ni
espanto
del
severo
juicjo
de
Jesucristo:
y
por
cuanto
queremos
que
el.
pueblo
sumiso
á
nos,
pueda
vivir
en
paz
y
Justicia,
y
que
los
unos
se
guarden
de
hacer
año
á
los
otros,
por
temor
del
castigo
del
Cuerpo
y
de
perder
los
bienes,
para
refrenar
Y
castigar
los
malhechores
por
medio
del
dere-
Cho
y
de
la
equidad
,
invocando
el
ausilio
de
lOs,
hemos
mudado
-
estos
«establecimientos,
Segun
los
cuales
queremos
que
se
haga
jus-
icia
en
los
tribunales
legos
en
todo
'el-
reimo
Y
Señorío
de
Francia.”
Despues
de
este
preám-
o
siguen
las
diferentes
disposiciones
legis-
Allvas
reunidas
sin
clasificacion
ni
orden
de
aterias,
Al
principio
designa
las
formalidades
que
p
(260)
”
debe
seguir
el
preboste
para
citar
las
partes,
oirlas,
tomarles
juramento,
oir
los
testigos,
ad-
mitir
ó
desechar
las
acusaciones,
y
juzgar
se=
eun
las
leyes
conocidas,
los
usos
y
el
Digesto.
Prohibe
espresamente
en
sus
dominios
termi-
«mar
las
demandas
y
contestaciones
por
las
ar-
mas,
dejando
en
vigor
los
demas
medios
de
de-
negación
y
justificacion.
Al
desafío
sustituye
las
pruebas
por
testigos
y
títulos.
Debe
eS
nirse,
só
pena
de
nulidad,
al
acusador
de
ho-
micidio,
que
si
es
vencido
en
la
causa,
sufrirá
la
pena
á
que
se
hubiera
condenado
el
reo
siendo
convicto.
Dos
testigos
bastan
para
la
prueba,
y
ésta
se
sustituye
al
desafío.
Así,
durante
mu-
chos
siglos
dependió
la
vida
y
el
honor
de
un
acusado
del
testimonio
de
dos
testigos,
á
ve-
ces
muy
parciales
6
muy
fáciles
de
comprar.
San
Luis,
arreglando
las
formalidades
que
han
de
observarse
en
su
tribunal,
usa
de
esta
espre-
sion:
en
los
países
donde
se
puede
apelar
de
un
juicio:
lo
que
prueba
que
el
derecho
de
apela-
cion
al
rey
no
estaba
aun
admitido
en
muchos
señoríos.
Los
falsos
testigos
son
condenados
4
multa:
se
les
prohibe
el
desafío:
el
rey
se
re-
serva
el
edi
de
modificar
sus
disposicio-
nes.
(Esta
pena
muy
débil
para
un
delito
tan
grave,
era
reliquia
de
la
ley
salica).
El
gent
hombre
ó
noble,
está
obligado
á
dejar
los
dos
te”
cios
de
su
patrimonio
al
mayor
de
sus
hijoS
ero
puede
disponer
en
favor
de
los
menores
del
caudal
adquirido.
Toda
herencia
se
repart*
con
igualdad
entre
las
hijas
que
no
tienen
het”
20
808)
mano:
la
mayor
tendiá
ademas
la
casa
y
el
vuelo
del
capon,
esto
es,
una
ó
dos
aranzadas
segun
la
costumbre.
El
marido
viudo
no
puede
heredar
á
su
hijo
si
éste
no
ha
vivido
la
edad
suficiente
para
gritar
(crier).
La
muger,
cuya
mala
conducta
antes
del
matrimonio
está
pro-
bada,
pierde
su
herencia.
La
muger
noble
puede
en
los
pleitos
de
viudedad,
acudir,
segun
quiera,
al
tribunal
del
Señor
ú
del
eclesiástico.
(Jste
reglamento
manifiesta
cuán
antigua
cra
la
in-
tervencion
de
la
autoridad
espiritual
endos
ne-
gocios
civiles).
Un
noble,
casando
á
su
hi-
jo
ó
haciéndole
caballero,
le
dará
la
tercera
parte
de
su
tierra:
Cuando
una
noble
casa
con
un
plebeyo,
los
hijos
han
de
repartir
con
igual-
dad
la
herencia:
pero
solo
el
mayor
prestará
ho-
menage
á
su
baron.
Una
baronía
no
se
repar-
te
entre
hermanos.
Si
el
padre
muere
sin
ha-
er
fijado
la
suerte
de
sus
Lts
el
mayor
debe
ar
una
porcion
conveniente
de
tierra
álos
me-
VOres
y
Ábtar
las
hijas.
(La
indivisibilidad
de
a
baronía
era
entonces
una
máxima
muy
fun-
Amental
para
que
San
Luis
se
atreviese
á
im-
Pugnarla).
El
baron
tiene
toda
justicia
en
su
lerra:
y
como
el
rey
no
puede
poner
bandos(edic-
los)
en
la
tierra
del
baron
sin
el
consentimiento
€
éste,
por
la
misma
razon,
el
baron
no
puede
Ponerlo
en
la
tierra
del
vavasor
(su.
vasallo
in-
Mediato)
si el
vavasor
no
consiente
en
ello.
En
aso
de
homicidio,
rapto,
violacion
y
violencias
A
caminos
reales,
el
delincuente
es
ahorcado
y
Wrastrado:
sus
muebles
pertenecen
al
baron»
]
(268)
pruebe
que
entre
los
oseedores
de
la
hacienda,
él
solo
ha
asistido
al
tribunal
que
administra
justicia
álos
vasallos.
El
señor,
que
tiene
tri-.
bunal,
puede
obligar
á
todos
habian
á
que
vengan
á
moler
á
su
molino,
so
pena
de
embargo
de
las
harinas.
El
derecho
de
horno
no
puede
pertenecer
á
un
vavasor
que
no
ten-
ga
pueblo.
Un
baron
que
es
poseedor
de
un
feudo
en
Otra
baronía,
no
adquiere
en
ella*el.
derecho
de
tener
tribunal.
Un
vavasor
puede
depender
de
dos
señores,
del
uno
en
cuanto
al
feudo
y
del
otro
en
cuanto
ála
justicia.
La
muger,
despues
de
casada.
no
puede
hacer
al
marido
donaciones,
que
son
nulas
poros
se
repartan
como
no
libres.
El
baron
no
puede
dar
su
hombre
de
fé,
sino
á
su
hermano
d
á
su
hermana,
repartiendo
los
emolumentos:
si
lo
da
á
otros,
no
puede
exigir
parte
en
los
emo-
lumento.
(Esta
era
una
modificacion
del
dere-
cho
de
transferir
el
dominio
de
los
vasallos
como
se
transfiere
el
de
los
rebaños).
S1
un
animal
dañino
hiere
6
mata
á
alguno,
su
amo
pagará
el
perjuicio:
si
dice
que
la
bestia
no
es
suya,
será
entregada
á
la
justicia.
Si
se
recla-
ma
contra
un
hombre
el
pago
de
la
deuda
de
su
padre,
es
menester
que
dos
testigos
decla-
ren
ser
el
crédito
legítimo.
'Poda
persona
esco-
mulgada
durante
un
año,
puede
ser
pre
en
prision
y
embargados
sus
bienes
por
el
obis"
po.
Pero
si'la
escomunion
es
por
deudas,
lá
justicia
no
embargará
su
persona,
sino
suS.
bienes,
dejándole
de
qué
vivir
hasta
que
sed
|
(269)
absuelto.
Los
padres
de
hijos
en
pequeña
edad
pueden
obligarse
á
su
futuro
matrimonio
y
darse
arras
en
heredades
6
dinero.
Si
una
de
las
partes
no
cumple
el
contrato,
la
otra
se
ocdará
con
las
arras.
Un
vasallo
no
puede
hacer
mandas
á
la
iglesia,
nila
iglesia
acep-
tarlas,
sin
el
consentimiento
de
los
señores.
(Esta
cláusula
daba
indirectamente
al
señor
pa
esto
es,
al
rey,
el
derecho
de
poner
ímite
al
aumento
de
los
bienes
del
clero).
No
o
ser
recibido
el
testimonio
de
un
judío.
odo
hombre
que
solo
es
noble
por
parte
de
“madre,
aunque
recibe
la
orden
de
caballería,
no
será
caballero
de
derecho,
porque
el
vientre
no
ennoblece,
En
este
caso
el
rey
ó
el
baron
po-
drán
prender
al
nuevo
caballero,
mandar
rom-
per
sus
espuelas
sobre
un
muladar,
y
embar-
gar
sus
bienes.
(Con
estos
castigos
tan
duros
é
ignominiosos
se
reparó
enteramente
la
nobleza
del
pueblo:
y
el
pueblo,
en
paga,
se
unió
al
rey
contra
la
nobleza).
El
plebeyo
no
puede
fal-
sear
el
juicio
de
su
señor.
(O
en
otros
térmi-
Nos,
no
habia
justicia
para
el
plebeyo).
Ll
que
se
Mega
á
pagar
el
peage
ó
el
que
vende
géneros
con
peso
falso,
paga
seserita
sueldos
de
multa.
(Un
mismo
castigo
para
dos
delitos
de
tan
di-
trente
gravedad).
Al
plebeyo,
que
hiera
pri-
Mero
á
su
señor,
se
le
corta
la
mano:
si
hiere
sargento
de
su
señor,
paga
sesenta
sueldos
€
multa.
Un
hombre
puede
coger
en
terreno
*
otro
el
enjambre
de
avejas
que
salió
de
su
Colmena,
Se
prohibéá
los
hermanos
pelear
unos
(270)
con
otros
por
contestaciones
civiles
ú
otra
cual-.
quier
causa
que
no
sea
traicion,
homicidio
ó
rapto
:
pero
nombran
campeones
para
que
combatan
por
ellos.
(Ley
propia
del
siglo,
pero
contraria
á
la
religion
y
á
la
naturaleza,
pues
legalizaba
en
algunos
casos
el
fratricidio).
Nin-
guna
justicia
puede
prender
sino
en
delito
no-
torio
al
súbdito
del
tribunal
del
rey:
y
en
este
caso
tiene
que
probar
la
notoriedad
:San
Luis
establece
muchas
formas
de
procedimientos,
y
ordena
como
han
de
instituirse
los
procura-
dores.
Da
prudentes
instrucciones
á
le
abo-
gados,
dejándoles
amplisíma
latitud
para
la
defensa.
Pero
les
prohibe
las
injurias,
y
toda
venta
ó
compra
con
su
cliente
mientras
dure
la
causa.
El
preboste,
cuando
administre
justicia,
debe
llamar
á:su
tribunal
cierto
número
de
hombres
buenos
para
que
voten
y
sentencien
con
él.
Deben
hacer
buena
justicia,
como
que
estan
en
presencia
de
Dios:
pues
nada
es
mas
funesto
mi
considerable
que
un
juicio
1nícuo.
(Esta
es
una
corta
reliquia-del
antiguo
juicio
por
pares).
El
hombre
sospechoso
y
de
mala
fama
debe
ser
preso
é
interrogado:
puede
ser
echado
del
señorío,
pero
no
juzgado
sino
cuan-
do
hay
cargos
suficientes
para
acusarle
de
deli-
to.
Golpes
ó
injurias
se
castigan
en
diez
suel-
dos,
cinco
para
el
que
hace
la
querella
y
cinco
para
la
justicia.
Si
es
una
muger,
paga
la
mi-
tad
de
la
multa.
(La
ley
no
impone
castigo
4
marido
que
apalea
á
su
gro
La
falta
de
comparecer
se
castiga
en
Ocho
sueldos
por
£
A
(271)
|
prono:
á
no
ser
que
el
multado
jure
no
ha-
er
recibido
la
intimacion.
El
señor
no
puede:
juzgar
en
su
tribunal
las
causas
de
sus
vasallos
9
habitantes
en
sus
dominios,
qe
se
querellan
de
él
al
rey:
porque,
dice
San
Luis,
son
nece-
Sarias
tres
cosas
para
la
justicia;
juez,
or
y
demandante:
y
en
este
caso,
sería
el
señor
juez
y
parte
á
un
mismo
tiempo.
En
cualquier
Señorío
que
se
halle
el
que
despues
de
haber
dado
seguridad,
es
acusado
ante
el
tribunal
del
rey
de
haber
roto
la
tregua,
no
puede
dis-
Pensarse
de
venir
á
defenderse
en
dicho
tribu-
nal.
Un
noble
no
puede
ser
baron
sino
tiene
aronía
por
herencia
ó
por
donacion
real,
y
si
d
tierra
no
tiene
mas
que
tribunal:
pero
es
aron,
si
tiene
mercado,
castellanía,
peage
0
clase
de
vasallos
liges.
En
caso
de
igualdad
de
Pruebas,
en
pro
y
contra
de
la
acusacion,
ha
€
sentenciarse
á
favor
del
acusado.
En
mate-
“la
de
acusación
capital,
ha
de
empezarse
pro-
indo
y
mostrando
el
cuerpo
del
delito,
do
tenes
del
homicida
se
configean
á
favor
de
su
Seior.
Todo
baron
que
entré
en
las
tierras
de
to
sin
causa
legítima,
puede
ser
perseguido
á
Peticion
del
agraviado
ante
el
tribunal
del
rey:
Cual
manda
hacer
perquisa
é
instruccion:
es
solo
el
rey
puede
autorizar
las
peleas
en
ed
tierras
donde
el
uso
no
dá
derecho
para
alas.
(Restriccion
que
prueba
que
muchos
Mores
no
consintieron
en
adoptar
esta
ley
dara
sus
dominios).
Os
conocimientostran
tan
raros
en
aquella
272
época
que
el
legislador
estaba
obligado
á
levar
de
la
mano,
por
decirlo
así,
á
todos
los
que
pe=-
dian
justicia,
plebeyos
y
aun
nobles.
Es
muy
“curioso
ver
con
que
candor
tan
paternal
espli-
ca
San
Luis
en
sus
leyes
todos
los
casos
y
cir=
cunstancias
y
prescribe
á
las
partes
los
trámi-
tes
que
han
de
seguir
y
hasta
las
voces
que
han
de
usar,
ya
para
acusar
ya
para
defenderse.
Citaremos
el
primer
ejemplo
que
ocurra.
“St.
algun
gentil
hombre
se
queja
'de
que
su
señor
no
le
hace
justicia,
podrá
decirle:
/a
sentencia
que
habeis
dado,
es
falsa
e
injusta:
no
quiero
pleitar
ante
vos.
Si
el
señor
esbaron,
apelará
el
noble
á
la
corte
del
rey
ó
del
señor
inmedia-
to:
y
si
es
vavasor,
llevará
su
queja
al
tribunal
del
baron
ó
señor
de
quien
dependa;
y
dirá
así:
señor,
fulano
ha
dado
sentencia
falsa
contra
mí,
y
por
eso
no
quiero
depender
de
el,
sino
de
vos
que
sois
señor:
principal.
Si
el
va-
vasor
se
deca,
el
demandante
podrá
decir.
yo
me
opongo
áque
se
defienda:
porque
en
pre-
sencia
y
conocimisñitoimio,
ha
dado
contra
Mi
que
le
debo
fidelidad.
sentencia
falsa
e
injustas”
y
estoy
pronto
á
probarlo
en
combate
partici”
lar,
si
se
obstina
en
defenderse.
;
Ademas
de
estas
disposiciones
legislativas
y
reglamentarias,
San
Luis
mejoró
con
orde-
nanzas,
0.
creó
algunas
instituciones
para
conservación
del
orden
público.
En
todos
dl
pos
estaban
obligados
lua
pueblos
4
dará
e
señores
una
guardia
ugyana,
llamada
ol
bo.
cho
4
ronda
(guet)
pará
la
policía
interjo
Arete...
oe
E
——
(273)
La
ronda
que
París
alistaba
y
armaba,
y
cuyo
mando
estaba
confiado
á
los
prebostes,
suc-
cesores
de
los
condes,
era
de
dl
cua-
renta
hombres,
San
Luis,
aumentando
esta
milicia
urbana,
formó
en
todo
el
reino
un
Cuerpo
mas
numeroso,
que
fue
el
principio
de
la
mariscalía.
El
amor
de
los
franceses
á
su
patria
pudiera
hacer
que
se
atribuyesen
á
par-
odos
elogios
que
hemos
tributado
al
mas
grande
de
nuestros
monarcas:
mas
para
demos-
trar
mejor
cuán
fiel
es
el
retrato
que
hemos
he-
cho
de
San
Luis,
citaremos
algunos
linea-
mentos
de
Mr.
Halam,
sábio
profundo,
escri-
tor
ilustre,
crítico
perspicaz,
y
natural
de
In-
glaterra,
siempre
rival
y
hartas
veces
enemiga
de
Francia.
-
Mr.
Halam,
despues
de
recordar
en
pocas
palabras
los
esfuerzos
que
hicieron
muchos
se-
Moros
franceses
para
recobrar
el
poder
que
se
les
escapaba
oponerse
al
acimento
de
la
autoridad
real,
cuyos
espantosos
progresos
habian
conocido
Muy
tarde,
cuenta
de
qué
modo;
cuando
Luis
era'
menor,
la
prudencia
y
vigor
de
Blanca
'cprimieron
y
humillaron
á
los
feudales.
“En
0s
15
primeros
años
del
reinado
de
San
Luis,
ice
M.
Halam,
se
renovó
la
lid
muchas
veces,
Í
fue
preciso
vencerlos
conlínuamente
para
que
egason
á
entender
que
el
trono
no
estaba
ya
licmado
sobre
sus
bases.”
“Luis
1x,
prosigue
di
mismo
antor,
tenia:para
conservar
su
ascen-
diente,
medios
muy
diversos
de
la
fuerza
de
las
mas.
De:
todos
ye
que
han
tenido
el
cetro,
TOMO
xvl
dd
(27
este
escelente
príncipe
ha
sido
quizá
el
modelo
mas
perfecto
de
irreprensible
probidad
y
de
conciencia
pura
y
verdaderamente
cristiana.
En
el
medio
siglo
que
gobernó
á
Francia,
no
hubo
en
su
conducta
el
menor
olvido
de
los
principios
de
moderacion,
y
desinteres:
y
no
obstante,
au-
mentó
el
influjo
de
la
corona
mucho
mas
que
el
mas
ambicioso
de
sus
predecesores.”
Digimos
ue
varios
historiadores
franceses
han
censura-
do
en
Luis
la
cesion
de
algunas
provincias
con-
fiscadas
á
los
reyes
de
Inglaterra.
El
autor
in-
glés,
no
solo
le
justifica,
sino
le
colma
de
elo-
gios
por
esta
generosidad.
“Las
almas
virtuo-
sas,
dias
son
las
únicas
que
pueden
discernir
cuán
prudentes
son
los
consejos
de
la
modera-
cion”
Ensalzando
esta
virtud
de
San
Luis,
tan
opuesta
al
maquiavelismo
vulgar,
continúa:
“¿qué
soberano
egoista
y
ambicioso
tuvo
jámas
|
la
cordurá
de
renunciar
al
atractivo
del
poder
inmediato?
En
el
estado
que
tenia
el
reino
de
Francia,
un
monarca
vulgar
hubiera
fomenta-
do
con
destreza,
6 4
lo
menos
con
placer,
las
disensiones
que
se
movieron
entre
los
vasallos
principales.
uls
Ela
siempre
que
era
obliga-
cion
suya
roconciliarlos:
y
en
esta
parte
su
be-
nevolencia
produjo
los
efectos
de
la
política
mas
profunda.
Sus
tres
predecesores
inmediatos
habian
tenido
la
costumbre
de
ser
mediadores
entre
el
clero,
la
nobleza,
las
clases
inferiores
y
los
habitantes
de
las
ciudades
privilegiadas»
Así
la
supremacia
de
la
corona
llegó
á4:ser
uná
máxima
universal;
pero
la
integridad
de
San
:
(275)
Luis
disipó
todas
las
sospechas,
y
acostumbro
á
los
qualallció:
,
aun
los
mas
celosos
de
'su
po-
er,
á
respetarle
como
juez
y
legislador;
y
como
la
autoridad
real
no
se
habia
desplegado
hasta
entonces
sino
en
sus
prerogativas
mas
benéf-
cas,
en
la
dispensacion
de
favores
y
en
la
repa-
Tacion
de
agravios,
hubo
pocos
observadores
bass
tante
suspicaces
para
notar
en
la
constitucion
francesa
el
tránsito
de
la
confederación
feudal
á
Ja
monarquía
absoluta.
“Luis,
continúa
el
mis-
mo
escritor,
se
distinguia
tanto
e
su
valor
y
firmeza,
prendas
sin
las
cuales
hubieran
sido
Mútiles
sus
demas
virtudes,
que
nadie
se
atre-
Vió
á
concebir
la
idea
temeraria
de
rebelarse
Contra
un
gobierno
justo
que
no
ofrecia
ningun
Pretesto
á
los
revoltosos.”
Despues
de
alabar
merecidamente
los
afanes
contínuos
del
monar-
“a
para
arreglar
la
administracion,
asegurar
a
tranquilidad
del
reino,
y
dar
por
la
vez
Primera
á
los
franceses,
con
el
nombre
de
establecimientos,
un
código
que
reunia,
mo-
Micaba
y
regularizaba
la
legislacion
feudal
y
de
costumbres
provinciales,
añade
que
“este
Príncipe,
no
contento
con
dirigir
todas
sus ac-
pones
por
la
justicia,
quiso
tambien
practicar
K
Virtud
de
la
restitucion,
tan
rara
entonces
Utre
los
particulares,
y
sin
ejemplo
entre
Jos
frándes,
Nombró
comisarios
para
examinar
los
A
que
se
habian
incorporado
sin
justicia
nad
ominio
de
la
corona
en
los
dos
últimos
ret-
pe
os;
fueron
restituidos
á
los
que
probaron
sus
dueños
legítimos,
y
se
repartió
á
los
,
pietario
no
pudo
descubrirse.”
M.
Halam
cen-
sura
en
San
Luis
las
espediciones
contra
los
im-
fieles,
de
las
cuales
una
le
costó
la
libertad
y
vtra
la:
vida,
sus
leyes
sobradamente
rigorosas
contra
los
delitos
religiosos
y
la
escesiva
con-
descendencia
que
manifestó
á
su
madre,
con
gran
disgusto
é
inquietud
de
su
esposa
Marga-
rita.
Pero
las
cruzadas
no
tuvieron
otro
defecto
sino
el
de
no
haberse
hecho
bien
por
la
falta
ge-
neral
de
conocimientos
militares
y
políticos
:
los
crímenes
contra
la
religion
eran
en
aquella
época.
traiciones
contra
el
estado;
y
no
sabemos
que
“San
Luis
faltase
á
ningun
deber
de
rey,
de
hom-
bre
ni
de
cristiano,
por
observar
estrictamente
las
leyes
de
la
piedad
filial.
El
Oriente
era
teatro
de
grandes
y
repen-
tinas
mudanzas.
Cuando
murió
el
emperador
Conrado,
Enrique
de
Lusignan
tomó
e
título
de
rey
de
Jerusalen.
El
valiente
Sargines,
á
pe-
sar
del
corto
número
de
sus
guerreros,
sosteni2
heródicamente
en
San
Juan
de
Acre
la
esperanza:
de
los
cristianos
y
el
honor.
del
nombre
francés
Durante
algunos
años
las,
disensiones
de
los
mur
sulmanes
permitieron
á
los
latinos
gozar
de
al-
gun
descanso:
pero;el
mameluco
Sefedin,
céle-:
bre
por.su
audacia
y
sus
hazañas,
ancadenó
victoria
y
se
creyó
cercano
á
someter
bajo
su
ce”
tro
todos
los
estados
del
mahometismo,
habicn”
do
humillado
6
vencido
á
sus
competidores.
Pero.
Bondocdar,
guerrero
mas,
famos%
276
pobres
el
valor
de
aquellos
cuyo
verdadero
pro-
mas
feliz
y
sobre
todo
mas
hábil,
que
habia
n27
|
277)
nas
cido
esclavo
y
ascendió
al
trono
dando
la
muerte
á
sus
amos,
detuvo
el
curso
de
las
victorias
y
de
la
vida
de
Sefedin;
reinó
como
un
príncipe
hábil;
sometió
á
sus
leyes
á
Egipto,
Siria,
Pa-
estina
y
Arabia,
restableció
el
orden
en
estos
paises,
protegió
las
ciencias
,
el
comercio
y
la
agricultura,
y
mostró
en
el
trono
tantas
cuali-
ades
herdicas
como
érímenes
habia
cometido
Para
llegar
á
él.
y
Los
latinos,
que
conservaban
algunas
for-
talezas
á
favor
de
una
tregua
que
se
hizo
du-
Tánte
la
guerra
entre
los
sultanes
de
Egipto
y
e
Damasco,
la
rompieron
y
se
atrevieron
á
desafiar
el
poder
formidable
de
Bondocdar.
Al
Mismo
tiempo,
poscidos
deldelirioque
es
precur-
Sor
de
las
grandes
calamidades,
en
vez
de
reu-
Mirse
contra
el
enemigo
comun,
se
dividieron,
y
tomaron
parte
en
las
disensiones
de
genoveses
y
Venecianos,
enemigos
en
Oriente
como
sus
repú-
cas
lo
eran
en
Italia.
Los
caballeros
del
Tem-
Ple
y
del
Hospital
se
agregaron
á
los
helijeran-
tes.
€
hicieron
las
querellas
mas
ostinadas
y
pe
isietmtas
Bondocdar,
aprovechándose
de
esta
anar-
Quía,
marchó
rápidamente
con
un
ejército
de
"escientos
mil
hombres,
asoló
á
Nazareth
,
Sitio
tomó
á
Cesaréa,
y
aunque
rechazado
de
la
ottaleza
de
Montfort,
vengó
su
derrota
to-
ando
por
asalto
la
plaza
de
Safet
y
de-
Sollando
á
sus
habitantes
á
pesar
de
la
ca-
Pitulacion
que
la
juró
solemnemente.
El
feroz
Acedor
mostraba
tanto
ódio
como
desprecio
á
(284)
rey:
Voltaire
le
censura
injustamente,
atribu-
yendo
esta
resolucion
á
su
condescendencia
con
Cárlos
de
Anjou
su
hermano,
que
codiciaba
las
provincias
de
Africa
cercanas
á
su
reino;
cuan-
do
se
sabe
que
Luis
reprimió
siempre
el
carác-
ter
ambicioso
de
su
hermano,
desaprobó
su
conducta,
le
obligó
hacer
justicia
á
sus
vasallos,
y
se
negó
á
sacrificar
la
tranquilidad
de
Fran-
cia
á
la
conquista
de
Nápoles,
Los
príncipes
musulmanes
se
valian
de
la
perfidia
para
alejar
las
invasiones
de
los
cris-
tianos,
dividirlos
y
paralizar
sus
esfuerzos.
Como
estaban
siempre
amenazados
por
las
for-
midables
legiones
de
Occidente,
creian
que
todo.
les
era
permitido
en
la
guerra
contra
los
latinos.
Muley
Moztaulza,
rey
de
Tunez,
escribiendo
muchas
cartas
á
Luis,
y
enviando
á
su
lado
emi-
sarios
ábiles,
le
hizo
creer
que
estaba
inclinado
á
abrazar
la
religion
cristiana.
Todos
los
his-
toriadores
convienen
en
la
verdad
de
este
hecho:
El
lazo
habria
sido
muy
grosero
en
otro
tiem-
po
y
con
otro
príucipe.
Pero
aquel
siglo
era
candoroso:
y
San
Luis
deseaba
con
mucho
ar-
dor
semejante
conquista
para
dudar
de
ella,
y
así
esclamaba
muchas
veces:
"¡qué
consuelo
sería
para
mi
sacar
de
pila
á
un
príncipe
maho-
metano!”
Se
asegura
ademas
que
envió
¿4
decií
al
príncipe
africano;
“de
buena
gana
pasaré
€
resto
de
mi
vida
en
una
mazmorra,
si
con
ello
logró
que
Muley
Maztaulza
y
su
nacion
reciban
el
bautismo.”
pa
esperanza
fijó
la
irresolu-
cion
de
San
Luis:
y
la
astucia
de
un
bárbar0
A
(285)
privó
á
Palestina
de
todo
socorro,
y
condujo
á
un
monarca
tan
prudente
y
á
su
ejército
á
la
árida
playa
que
fue
su
tumba...
Los
cruzados,
lejos
de
preveer
las
calamida-
des
que
les
amenazaban,
se
entregaron
á
las
ondas
con
tanto
ardor
como
confianza,
apenas
legó
la
armada
genovesa.
Impacientes
por
]le-
gar
á
la
costa
de
Africa,
y
engañados
por
una
falsa
voz
que
se
diseminó
en
el
ejército,
crejan
hallar
en
Tunez
tesoros,
aliados,
armas
y
tro-
pos
dispuestas
á
facilitarles
la
conquista
de
gipto
y
la
libertad
de
Jerusalen.
Desde
los
Primeros
dias
de
su
navegacion,
la
suerte,
mos-
trándoseles
contraria
,
pareció
anunciarles
el
unesto
éxito
dela
empresa.
Atormentados
por
Vientos
opuestos,
quisieron
arribar
á
Ja
isla
de
erdeña,
que
estaba
á
la
sazon
en
poder
de
los
ePisa;
y
estos
republicanos
manifestaron
á
los
tanceses
la
misma
desconfianza,
que
los
grie-
80s
de
Oriente
ávlos
primeros
cruzados.
Luis,
enojado
de
que
por
la
primera
vez
se
Sospechase
de
su
lealtad
se
hizo
con
prontitud
“Umar,
Reuniéronsele
en
el
camino
los
reyes
de
varra
y
los
condes
de
Poitiers
y
de
Flandes
“on
un
gran
número
de.
bageles.
A
pocos
dias
edo
toda
la
armada
en
una
playa
situada
Mtre
Argel
y
Tunez
cerca
de
la
antigua
Carta-
de
Solo
quedaba
ya
de
esta
célebre
competidora
a
¿o
diseminados
,
una
aldea
mu-
A
ana
con
el
nombre
de
ciudad
y
un
castillo
Arnecido
de
torres:
Al
ver
el
oriflama
y
los
ones
franceses,
los
sarracenos
que
coro-
a
(286)
naban
la
ribera,
huyen
asustados
por
todas
partes.
Se
creyó
que
esta
retirada
tan
pronta
era
una
asechanza,
y
nadie
desembarco.
Al
dia
siguiente,
habiéndose
reunido
en
la
playa
gran
multitud
de
mahometanos,
anunciaban
con
sus
ademanes
y
gritos
que
la
batalla
sería
ostinada
y
sangrienta.
El
rey
dá
la
señal
del
combate:
y
al
punto
los
franceses
sin
esperar
el
socorro
demasiado
lento
de
las
barcas
y
canoas
se
arrojan
al
mar
sable
en
mano,
arrostran
el
furor
de
las
olas,
las
puntas
de
los
escollos
y
las
armas
de
los
ene-
migos,
llegan
á
la
ribera,
se
reunen
y
apiñan,
se
arrojan
con
furia
á
los
infieles,
los
aterran
con
su
osadia,
los
desordenan
y
desharatan,
los
obligan
primero
á
retirarse,
despues
á
huir,
últimamente
á
buscar
asilo
en
completa
derrota.
Durante
esta
corta
pelea
y
triunfo
esclarecido,
Luis,
animando
con
su
voz
á
los
suyos,
dirigia
fervientes
súplicas
al
Señor:
y
su
limosnero,
bendiciendo
dl
estandarte
plantado
en
la
orilla,
proclamaba,
en
nombre
de
Dios,
que
tomaba
posesion
de
aquella
tierra
infiel.
Los
musulma-
nes
aterrados
abandonaron
'vergonzosamente
desfiladeros
gargantas
fáciles
de
defender.
La
victoria
de
Lis
ue
brillante;
pero
en
Africa,
como
en
Egipto,
debia
perderse
pronto
el
fruto.
del
valor
dirigido
sin
prevision
ni
plan.
No
tardó
en
conocerse
que
se
habia
elegido
mal
el
sitio
del
desembarco;
Los
franceses,
fa
tigados
r
los
rayos
del
sol
y
la
agitacion
de-la
pelea,
no
hallaron
en
la
abrasada
arena
(287)
|
donde
estaban
acampados,
ni
arroyo
ni
fuente
para
apagar
la'sed.
Enpieron
que
cerca
de
Car-
tago
habia
algunas
cisternas.
Los
primeros
des-
tacamentos
que
se
enviaron
á
ellas,
fueron
de-.
gollados
porra
africanos.
Entonces
Luis,
reu=
niendo
sus
valerosos,
acudió
á
reparar
este
re-
ves
imprevisto,
dispersó
á
los
bárbaros,
se
apoderó
del
agua,
y
cercó
la
ciudad.
Creíase
que
fuese
necesario
un
largo
sitio
para
redurir
esta
fortaleza:
pero
la
ardiente
osadia
de
los
franceses,
animados
por
el
ejemplo
de
su
rey,
“allanó
todos
los
obstáculos,
Pasaron
los
fosos,
escalaron
las
murallas,
degollaron
la
guarni-
cion,
y
se
hicieron
dueños
en
un
solo
asalto
de
la
tiudad
y
del
castillo.
El
Escipion
frances
igual
al
romano
en
valor,
y
superior
en
virtudes
aunque
no
en
ciencia
militar,
en
vez
de
entre-
garse
al
reposo
despues
de
la
toma
de
Carta-
go,
trató
de
poner
en
práctica
inmediatamente
todos
los
recursos
que
pueden
disminuir
las
ca-
lamidades
de
la:guerra;
y
estableció
con
pron-
titud
hospitales
para
aliviar
á
los
enfermos
y
bendar
las
heridas
de
vencedores
y
vencidos.
as
princesas
sus
hijas,
hermanas
y
sobrinas,
se
alojaron
en
el
castillo:
y
en
los
socorros
que
Prodigaron
á
los
que
padecian,
dieron
á
aquella
tierra
bárbara
el
espectáculo
nuevo
de
las
vir-
tudes
animosas
que
la
religion
de
caridad
ins-
Pira
y
ordena
al
sexo
mas
débil.
La
gran
resis.
tencia
que
encontró
Luis
al
desembarcar
en
úna
tierra,
en
donde,
segun
las
promesas
del
rey
de
Tunez,
debia
esperar
otro
acogimiento,
(288)
E
rompió
el
velo
que
la
confianza
y
el
desco
ha-
bian
puesto
en
sus
ojos;
y
si
aun
le
quedaba
alguna
vislumbre
de
ilusion,
se
disipó
con
una
carta
de
Muley
Moztaulza
,
enla
cual
este
príncipe,
en
vez
de
pedir
el
bautismo,
le
de-
claraba
que
iba
á
marchar
al
frente
de
cien
mil
musulmanes
para
esterminar
el
ejército
francés.
No
obstante,
mientras
de:una
parte
y
otra
se
preparaban
á
la
pelca,
los
sarracenos
procu-
raron
todavía
engañar
á
los
cruzados.
Estos
africanos
pérfidos
vinieron
en
gran
número
á
los
reales
franceses,
y
lograron
ser:admitidos
di
ciendo
que
estaban
resueltos
á
abrazar
la
reli-
gion
cristiana.
La
lealtad
francesa
fue
tambien
víctima
de
esta
hipocresía:
y
aquellos
valerosos,
olvidando
que
en
Exipto
se
les
habia
engañado
de
la
misma
manera,
recibieron
en
sus
tiendas
á
los
enemigos.
Apenas
fue
enteramente
oscu-
ra
la
noche,
los
traidores
se
levantan,
se
jun-
tan,
y
dan
de
puñaladas
á
sus
imprudentes:
huéspedes.
Pero
Luis
acude
al.
primer
grito
de
los
moribundos,
dase
el
alarma:
los
cristianos:
se
arrojan
sobre
los
bárbaros,
los.
desbaratan
Y
derriban.
La
mayor
parte
de
ellos
perecieron:
los
demas
no
libertaron
sus
vidas
sino
en
virtud
de
la
promesa
y
juramento
que,
hicieron
de
atrer
á
una
emboscada
un
cuerpo
de
dos mil
sarrá”
cenos
que
estaba
+
cerca:
pero,
como
debia.
e57
erarse,
no
se
volvió
á
saber
mas
de
ellos.
Las
innumerables
tropas
del
rey
de
Tunez
ocupaba?
toda
la
llanura.
El
ejército:
cristiano,
asaltado
de
noche
y
de
dia
y
obligado:á
estar
siemp!”
(289)
sobre
las
armas,
no
tenia
un
solo
momento
de
descanso.
Los
combates
no
eran
batallas,
sino
escaramuzas
sangrientas
y
semejantes
á
las
que
en
otro
tiempo
dieron
á
los
romanos
los
partos
en
Asia
y
los
númidas
en
Africa.
Los
moros,
ofaGeábles
,
ardientes
como
su
abrasado
celi-
ma,
veloces
como
los
monstruos
de
los
desiertos,
rápidos
como
la
gacela
de
sus
montañas,
igual-
mente
prontos
al
ataque
y
á
la
fuga,
ostigaban
continuamente
el
ejército
cristiano.
Los
cruza-
dos
les
oponian
inútil
valor,
peleaban
con
ellos
los
rechazaban
siempre
sin
poder
alcanzar-
os
ni
obligarlos
á
una
accion
decisiva.
Los
franceses,
oprimidos
por
la
violencia
de
los
rayos
del
sol
de
Africa
que
reflectaba
la
arena
AAN
fatigados
de
una
lucha
sin
término
ni
resultado,
y
que
apenas
tenian
para
_Tefrigerarse
el
agua
corrompida
de
las
cister-
Nas,
se
vieron
muy
pronto
acometidos
de
un
contagio
mas
destructor
que
el
que
sufrieron
antes
en
las
orillas
del
Nilo.
Los
condes
de
Vendoma,
de
la
Marcha,
de
Nemours,
de
ontmorency
,
de,
Tiennes,
de
Brisac
y
de
Apremout
fueron
las
primeras
víctimas
de
la
*pidomia.
El
conde
de
Nevers,
hijo
del
rey
y
el
Cardenal
legado
murieron
pocos
dias
despues.
El
Príncipe
Felipe
y
el
rey
de
Navarra,
aunque
Cayeron
enfermos,
se
libertaron
de
la
muerte:
Ca
fin
el
rey
sintió
circular
en
sus
venas
la
pon-
zona
del
contagio,
y
desde
el
primer
momento
“de
la
enfermedad
conoció
que
era
mortal.
El
Carácter
de
este
principe
brilló
siempre
con
má-
TOMO
xy.
,
19
A
.
yor
esplendor
en
el
infortunio.
Ninguno
dió
al
mundo
con
mas
heroicidad
el
triste
y
noble
espectáculo
de
la
virtud
lidiando
contra
la
des-
gracia.
En
vez
de
abatirse,
interrumpir
sus
afanes
y
buscar
algun
alivio
en
el
descanso,
parecia
olvidar
sus
males
y
atender
solamente
á
los
de
sus
compañeros.
Visitábalos
contínua-
mente
para
consolarlos:
hacía
que
le
pusiesen
al
frente
de
sus
soldados,
los
animaba,
y
el
valor
del
santo
rey
aterraba
“el
campo
de
los
infieles.
Llegó
en
fin
su
última
hora;
y
sus
fuer-
zas
vencidas,
no
por
los
hombres
sino
por,
la
naturaleza,
descaccieron,
sintiendo
la
muerte
róxima,
y
cumplió
los
últimos
deberes
de
rey,
ada
á
su
heredero
los
últimos
consejos
y
lec-
ciones.
Apartando
despues
su
atencion
de
la
co-
rona
terrestre
que
dejaba,
para
conquistar
las
palmas
de
la
vida
eterna,
hizo
el
último
es-
Mah;
se
hincó
de
rodillas
al
pie
de
la
cama;
recibió
el
santísimo
Sacraménto,
se
tendió
sobre
un
lecho
de
cenizas,
y
despues
de
haber
repeti-
do
estas
palabras
del
salmista:
“Señor,
yo
en-
traré
en
tu
casa,
te
adoraré
en
tu
santo
tem
lo
y
glorificaré
tu
nombre,”
murió
como
ha
12
vivido,
héroe
y
príncipe
cristiano.
San
Luis
fa-
leció
á
las
tres
de
la
tarde
del
dia
25
de
agosto
de
1270,
á
los
56
años
de
edad
y
44
de
reima-
do.
Este
príncipe,
cuyo
único
placer
fue
siem-
pre
el
cumplimiento
de
sus
obligaifonia
me--
reció,
como
marido
el
elogio
que
'Pácito
hace
de
Germánico.
Dando
en
un
siglo
licencioso
e
ejemplo
de
las
virtudes
domésticas,
guardó
10-
(291)
A
violable
fidelidad
al
único
lazo
matrimonial
que
contrajo.
Margarita
de
Provenza
,
su
esposa,
fue
digna
de
su
amor:
y
participó
esclusivamente
,
de
sus
penas
y
placeres,
de
su
lecho
y
trono.
Los
frutos
de
esta
feliz
union
fue-on
nume-
rosos.
El
primero
fue
el
príncipe
Luis,
arreba-
tado
en
la
flor
de
sus
años
:
siguiéronle
Fe-
lipe
11,
por
sobrenombre
el
atrevido,
que
heredó
la
corona,
Juan,
que
muriójóven,
Juan
Tris-
tan,
que
justificó
su
nombre
naciendo
en
Da-
mieta
y
muriendo
en
'Punez,
Pedro,
conde
de
Alenzon,
y
Roberto,
conde
de
Clermont,
el
cual
habiendo
casado
con
Beatriz,
hija
de
Juan
de
Borgoña
y
de
Inés
de
Borbon,
fue
por
sus
hijos
tronco
de
la
familia
de
este
nombre.
Enrique1v,
uno
de
sus
descendientes,
subió
al
trono
trescien-
tos
años
despues,
y
sus
nietos
reinan
actual-
mente.
Margarita
tuvo
ademas
cuatro
hijas:
Isa-
bel,
que
casó
con
el
rey
de
Navarra:
Blanca,
con
el
príncipe
de
Castilla:
Margarita,
con
el
duque
de
Bravante;
é
Inés
con
el
duque
de
Bor-
goña.
Entre
los
guerreros,
cuyo
valor
ilustró
el
reinado
de
Luis
1x,
los
mas
distinguidos
fueron
Mateo
de
Montmorency,
Amaury
de
Monfort,
Gil
Lebran,
Humberto
de
Beaujeu,
que
todos
cuatro
fueron
condestables
:
y
lol
mariscales
nrique
Clemente
de
Metz,
Verri,
Paste,
Guillermo
de
Beaumont,
Gauthier
de
Nemours,
toynaldos
de
Presigny,
Radulfo
de
Estres,
úrico
de
Beajeau.
La
lealtad
y
herdico
valor
de
Chatillon
,
de
Sargines
y
del
senescal
Joinville,
Unirán
eternamente
sus
nombres
con
el
de
san
S
(292)
Luis.
Nuestros
fastos
conservarán
tambien
la
memoria
de
los
ministros
que
honró
con
su
con-
fianza
este
sabio
monarca;
los
principales
fue-
ron
los
cancilleres
Duerin,
Algrin,
Juan
de
Lacour,
£'mon
de
Brioud
,
que
despues
fue
sumo
pontífice
con
el
nombre
de
Martino
1v.
A
estos
Lobo
añadirse
el
señor
de
Nesle
que
fue
regente.
Entre
los
hombres
mes
célebres
de
esta
época,
en
que
San
Luis
llamaba
las
ciencias
en
ausilio
de
La
civilizacion,
los
mas
célebres
fue-
ron
Estevan
Boileau
6
Boisleve,
Pedro
de
Fon-
taines,
Gil,
arzobispo
de
Tiro
y
confesor
del
rey,
Guillermo
de
Saint
Amour,
Mateo
París,
Pedro
des
Vignes,
Roberto
de
Sorbona,
Escoto,
santo
Tomás
de
Aquino
y
san
Buenaventura.
Estas
fueron
las
primeras
luces
que
brillaron
en
medio
de
las
tinieblas
Apenas
supo
el
ejército
cristiano
que
su
rey
estaba
en
la
agonía,
esta
desgracia
hizo
que
se
olvidasen
todas
las
demas.
El
fuego
devorador
del
clima,
los
asaltos
contínuos
del
feroz
ene-
migo,
los
tormentos
de
la
ficbre
epidémica;
nada
en
fin
podia
separar
á
los
franceses
del
fúnebre
objeto
de
su
dolo:
Aquellos
intrépidos,
que
tantas
veces
habian
arrostrado
la
muerte,
tem-
blaban
al
verla
acercarse
á
Luis,
y
sus
ayes
Y
gemidos
resonaban
al
rededor
de
la
tienda
del
monarca.
Este
gran
príncipe,
cercano
ya
á
la
muerte,
tuvo
que
hacer
el
último
ensayo
de
sus
fuerzas
para
alentar
á
sus
compañeros.
Mando
llamar
á
los
gefes,
y
con
su
acostumbrada
sere-
nidad
les
dijo:
“Amigos
mios,
acabóse
mi
Car”.
y
|
(293)
rera:
no
Os
quejeis
por
eso:
pues
siendo
vuestro
caudillo,
es
natural
que
vaya
delante
de
voso-
tros.
Debeis
seguirme:
y
así,
estad
siempre
pre-
parados
para
el
viaje.”
Sus
hijos
y
sus
herma-
nos,
á
escepcion
de
Cárlos
de
Anjou,
que
llegó
des-
pues
de
su
muerte,
rodeaban
su
lecho
y
loregaban
con
sus
lágrimas:
todos
los
corazones
estaban
subyugados
por
el
dolor,
escepto
el
suyo.
Este
buen
rey,
fiel
ásus
deberes
hasta
el
último
ins-
tante,
entregó,
antes
de
morir,
á
su
heredero
Felipe
una
instruccion
escrita
de
su
mano;
ins-
trucción
paternal
y
religiosa
4
un
mismo
tiempo,
que
se
ha
conservado
hasta
nuestros
dias:
y
es
monumento
tanto
mas
precioso,
cuanto
mas
bien
se
pinta
San
Luis
á
sí
mismo,
dando
con-
sejos
á-su
hijo:
se
ven
en
él
sus
virtudes,
su
bondad,
las
costumbres
de
su
siglo,
y
su
piedad
pura,
evangélica
y
síncera.
"Tal
era,
dice
Join-
ville,
el
mejor
de
los
reyes,
que
ha
vivido
tan
santamente
y
que
ha
hecho
tan
buenas
obras
para
con
Dios;
el
príncipe
mas
santo
y
justo
que
ha
tenido
corona;
cuya
fé
era
tan
grande,
que
pa-
recia,
no
que
creía
los
misterios,
sino
que
los
veía:
modelo
en
fin
el
mas
perfecto
que
presenta
Aa
historia
Fe
los
soberanos
pS
quieren
rej-
har
segun
Dios
y
para
bien
de
sus
vasallos.”
úl
original
de
esta
instruccion,
dada
por
San
uis
á
su
hijo,
fuc
hallado
en
1374
por
Gerardo
e
Montaigu,
archivero
del
tesoro
de
las
cartas,
y
presentado
al
rey
Cárlos
v,
que
lo
regaló
4
su
cuñado
el
duque
de
Borbon,
descendiente
de
San
Luis.
Enla
cámara
de
cuentas
se
deposita-
...
(300)
|
ns
de
los
mismos
italianos
:
pues
si
se
esceptua
a
inmensa
influencia
de
la
santa
sede
en
toda
la
cristiandad,
suceso
que
pertenece
á
la
histo-
ria
del
cristianismo
y
no
á
la
de
Italia
en
parti-
cular,
la
política
que
dirigió
los
varios
sucesos
fue
propia
de
los
pueblos
dominadores,
no
del
subyugado.
Cuando
los
restos
de
tantas
naciones
y
monarquías
derribadas
sucesivamente
sobre
as
ruinas
de
las
anteriores,
se
llegaron
á
con=
fundir
con
la
poblacion
primitiva
de
Ttalia:
cuando
esta
alusion
de
diversas
gentes
y
fami-
lias
legó
á
tener
un
espíritu
nacional
y
el
amor
de
la
propia
independencia,
entonces
empieza
verdaderamente
la
historia
de
los
italianos
mo-
dernos:
y
esto
no
se
verificó
sino
á
mediados
del
siglo
xn,
época,
en
que
descubrimos
ya
en
esta
nacion
carácter,
política,
literatura
y
fisonomía
individual.
-
El
periodo
histórico
que
habemos
de
recor-
rer,
comprende
la
dominacion
de
cuatro
pue-
blos
célebres
en
Italia,
que
son
los
ostrogodos,
lombardos,
francos
y
alemanes:
y
así
lo
dividi-
remos
en
cuatro
secciones
que
abrazan
un
inter-
valo
de
ocho
siglos.
En
la
narración,
procura”
remos,
como
siempre,
abreviar
aquellos
sucesos
*
que
hemos
contado
con
suficiente
estension
CR
las
historias
del
imperio
de
Oriente
y
de
Fran-
cia:
pero
antes
de
empezarla,
16,
será
fuera
de
caso
dar
una
idea
general
de
1S
épocas
y
revo”
luciones
principales
de
este
pais.
La
conquista
de
Italia
por
los
hérulos
y
os
trogodos
en
el
siglo
y
no
destrayó
la
unidad
(301)
gobiérno
:
ya
porque
Odoacre
y
Teodorico
la
sometieron
toda
entera,
ya
porque
la
sombra
ilustre
y
grande
del
imperio
y
los
nombres
de
senado
y
pueblo
romano,
subyugando
los
áni-
mos,
sometian
naturalmente
toda
la
península
al
que
fuese
señor
de
la
ca
ital
del
Piber.
Cuando
en
el
siglo
vi
ion
Belisario
y
Narses
el
imperio.de
los
ostrogodos,
y
some-
tieron
la
Italia
á
Constantinopla,
quedó
des-
truido
aquel
lazo
de
unidad
:
porque
los
empe-
radores
griegos,
no
queriendo
que
hubiese
mas
centro
de
poder
hiba
ciudad
del
Bósforo,
aca-
baron
con
el
senado
romano,
y
dividieron
el
pais
en
provincias
ó
ducados,
gobernados
arbitraria-
mente
por
duques
y
exarcas.
La
señora
del
mun-
do
no
fue
mas
que
la
capital
del
ducado
de
oma.
Los
lombardos,
que
invadieron
en
el
Mismo
siglo
la
parte
septentrional
de
la
penín=
Sula,
hallaron
establecida
esta
division,
y
la.
conservaron
como
muy
apropósilo
para
conso-
idar
el
régimen
feudal,
tan
acomodado
á
sus
Costumbres
y
á
su
posicion.
Roma
ofendida,
abandonada
por
los
monarcas
de
Constantino-
Plaála
ambicion
de
los
lombardos,
y
protegidas
Por
la
influencia
de
los
sumos
pontífices,
recono-
ió
la
soberania
de
la
santa
sede:
primer
acto
fe
la
emancipación
de
los
italianos.
Venecia,
Undada
por
los
que
buscaron
asilo
y
patria
en
OS
islotes
del
golfo
Adriático,
huyendo
de
los
Urores
de
Atila
en
el
siglo
v,
tenia
ya
en
el
vr
Marina
y
poder;
y
era
aliada
natural
de
Roma
Contra
lombardos
y
griegos.
302)
Pero
las
débiles
fuerzas
de
estas
dos
ciuda=
des
no
bastaban
á
resistir
á
enemigos
tan
po-
«derosos.
Fue
preciso
implorar
el
ausilio
de
los
francos
que
en
el
[siglo
vr
destruyeron
la
do-
minación
de
los
lombardos
y
establecieron
la
suya
en
Italia,
renovando
el
imperio
de
Occi-
dente.
Sin
embargo,
los
italianos
fueron
mas
independientes
bajo
la
dinastía
de
los
Carlo-
vingios,
tanto
porque
los
francos
no
emigraron
como
los
ostrógodos
y
lombardos
para
estable-
cerse
en
Itália,
como
porque
el
poder
de
los
sumos
pontífices
sobre
toda
la
cristiandad
au-
mentaba
diariamente.
Cuando
en
el
siglo
x
acabó
la
dinastía
de
los
Carlovingios,
los
alemanes
que
habian
con-
servado
la
gran
parte
de
su
imperio,
hicieron
valer
sus
derechos
en
Italia
al
favor
de
las
dí-
visiones
que
asolaban
este
pais.
Pero
su
domi-
hacion,
siempre
contestada
por
Roma,
fue
des-
truida
en
el
siglo
xm.
Esta
era
la
ocasion
de
fundar
en
Italia
un
imperio
compacto
é
inde-
pendiente:
pero
la
multitud
de
repúblicas
y
es-
tados
pequeños
que
nacieron
de
las
ruinas
de
la
dominacion
germánica,
las
guerras
de
ambie
cion,
las
convulsiones
democráticas,
los
odio$
provinciales,
y
el
influjo
activo
de
las
poten”
cias
estrangeras
que
siempre
miraron
á
[tala
como
su
presa,
impidieron
la
fundacion
de
NE
poder
central.
Los
sumos
pontífices
quisicro?
establecer
á
lo
menos
una
confederacion
de
fuer”
zas
como
la
que
existía
en
Alemania:
pe
tampoco
fue
posible:
porque
ningun
estado
$
(303)
fiaba
de
otro,
y
todos
aspiraban
áengrande-
cerse
á
costa
agena.
|
Los
aragoneses
disputaron
á
los
angevinos,
en
los
siglos
xn
y
xtv
el
reino
de
Nápoles.
Los
franceses
en
este
último
siglo
y
en
el
xv
disputaron
á
los
españoles
y
á
los
austriacos
el
ella
y
el
norte
de
Italia.
España
triunfó
enel
siglo
xv1,
y
hasta
el
xvn
conservó
la
supre-
macía
en
Italia,
merced
á
su
cordura
y
á
las
riquezas
del
nuevo
mundo,
con
que
pagaba
la
ia
de
los
italianos
y
los
enriquecia.
La
guerra
de
la
sucesion
de
España
hizo
á
los
aus-
triacos
potencia
dominante
en
ltalia:
y-4
pesar
del
establecimiento
de
una
rama
de
la
familia
de
Borhon
en
el
reino
de
las
dos
Sicilias,
to-
davía
lo
son,
por
la
adquisicion
de
los
estados
de
la
estin
cade
república
de
Venecia.
Así
los
Malianos
han
reconocido
en
todas
las
épocas
de
Su
historia
la
supremacía
de
alguna
nacion
es-
trangera.
Su
carácter
sutil
y
aficionado
á
la
as-
tucia,
ha
sido
el
resultado
de
su
contínua
posi-
cion
entre
señores
que
los
oprimian
y
liberta-
dores
que
so
color
de
alianza
aspiraban
tambien
Y
Oprimirlos.
La
pasion
de
los
celos
y
los
fu-
tores
de
la
venganza
son
hijos
del
Rea
ar-
tente
del
mediodia,
como
tambien
su
estraor-
Maria
aptitud
para
las
bellas
artes,
las
cien-
“las
y
la
política.
Háles
quedado
de
los
anti-
$10s
romanos
el
amor
de
las
grandes
empre-
Sas
y
la
constancia
en
sus
designios
:
pero
jamás
Sus
fuerzas
han
sido
suficientes
para
llevarlos
á
Cecucion,
O
En
medio
de
esta
versatilidad
del
poder,
de
esta
política
necesariamente
falsa
y
variable,
de
tantas
calamidades
como
debió
producir
el
estado
perpétuo
de
guerra
estrangera
y
civil,
descollaba
el
poder
de
la
santa
Sede,
como
un
obelisco
cesidindo
que
servia
de
punto
de
reu-
nion,
no
solamente
á
Italia,
sino
tambien
á
todo
el
orbe
cristiano.
Su
potencia
política
de-
bida
á
las
necesidades
sociales
de
los
siglos
de
la
edad
media,
y
aumentada
por
Gregorio
vi,
empezó
á
decaer
cuando
los
remados
de
Luis
1x
en
Francia,
y
de
Fernando
1
en
Castilla
en-
señaron
á
los
demas
monarcas
de
Europa
á
substituir
el
imperio
de
la
justicia
y
de
las
má-
ximas
del
cristianismo,
al
de
la
as
brutal
que
fundó
los
estados
modernos
de
Europa:
no.
siendo
ya
tan
necesario
el
poder
político
del
cristianismo
,
fue
poco
á
poco
perdiendo
su
1n-
fluencia,
hasta
que
se
redujo
á
los
estrechos
límites
de
las
provincias
que
componen
ahord
el
estado
de
la
iglesia.
Mas
no
por
eso
abdicó
la
santa
Sede
ni
abdicará
jamas
la
supremacid
moral
y
civilizadora
que
le
concedió
el
divino
legislador
de
los
cristianos.
En
los
siglos
bár”
baros
templó
con
las
virtudes
é
instituciones
cristianas
la
ferocidad
de
las
costumbres,
Con”
servó
los
monumentos
del
saber
que
dejára
la
antigiiedad
,
abrió
las
sendas
de
ciencias,
y
artes
á
las
generaciones
modernas
y
mostro
verdaderos
principios
del
régimen
de
los
yes
blos.
Cuando
ya
la
civilizacion
se
ha
esten
ido,
y
tocado
y
aun
pasado
de
sus
justos
Límites,
(305)
muestra
á
todas
las
naciones
en
las
máximas
indestructibles
de
la
doctrina
evangélica,
las
únicas
reglas
de
moral
que
pueden
corregir
los
vicios,
alentar
las
virtudes
y
hacer
felices
á
un
mismo
tiempo
á
los
pueblos
y
á
los
indi-
viduos.
SECCION
PRIMERA.
DOMINACION
DE
LOS
OSTROGODOS
EN
ITALIA.
Odoacre,
rey
de
Italia
(476).
Los
hérulos
y
turimgios,
que
bajo
el
mando
de
Odoacre,
dieron
al
imperio
de
Occidente
el
golpe
mortal,
eran
originarios
de
las
selvas
que
se
estienden
á
lo
largo
del
Elba,
donde
este
rio
sale
del
randemburgo
actual
para
estenderse
en
las
lanuras
de
la
baja
Sajonia;
y
aun
todavía
hay
€n
aquellos
paises
una
provincia,
que
conserva
el
antiguo
nombre
de
Turingia,
y
su
capital
es
"lurt.
Segun
puede
conjeturarse,
estos
pue-
Os
eran
escandinavos.
Pasaron
de
las
orillas
“del
Elba
á
las
del
Danubio
en
el
movimien-=
to
general¡que
hicieron
en
el
siglo
y
los
pueblos
del
norte
contra
el
imperio.
comano;
y
cedieron
Su
nueva
morada
á
los
lombardos,
procedentes
le
las
orillas
del
bajo
Oder,
pe
Odoacre
e
hizo
pasar
los
Alpes
para
la
conquista
de
talia.
El
pueblo,
pues,
que
acabó
con
el
imperio
“e
Roma,
fue
quizá
el
menos
célebre
y
pode-
050
de
cuantos
invadieron
entonces
el
Occi-
te
Europeo:
pues
ni
antes
ni
despues
de
Oacre
tuvo
fama
ni
nombradía.
Apareció
TOMO
xy1.
20
/
P
(506)
como
un
espectro
para
cumplir
la
terrible
mi-
sion
que
la
providencia
le
confiaba,
y
volvió
a
sumerairse
inmediatamente
eu
las
tinieblas
de
oivido.
q
Odvacre
concluyó
su
conquista
casi
al
mis-
mo
tiempo
que
la
empezo.
Preso
y
muerto
en
Pavía,
Orestes,
padre
del
emperador
ÁAugus-.
tulo,
cantivó
este
emperador
en
Ravena,
y
en-
viado
al
castillo
de
Luculo
en
la
ciudad
de
Ná-
poles,
Hamado
hoy
del
Ovo,
donde
acabo
sus
dias,
quedó
el
rey
Hérulo
dueño
absoluto
de
Ktalia.
Rieinaha
entonces
en
Oriente
el
empera-
dor
Cenon,
que
entregado
á
las
disputas
rel
glosas,
reconoció
fácilmente
el
derecho
de
1
fuerza.
Galia
estaba
repartida
entre
francos
borgoñones
y
visigodos;
estos
últimos
eran
los
mas
poderosos
por
la
reciente
conquista
de
Jus"
paña
hecha
por
su
rey
Kurico,
insigne
como
guerrero
y
como
legislador.
Los
vándalos
po”
seian
el
Africa;
los
ostrogodos,
la
Pannonia
y
la
Mesia:
y
Germania
estaba
sometida
á
4
versas
tribus
de
las
cuales
ninguna
queria
Y
jarse
en
aquel
pais,
mientras
no
oefdia
la
es
peranza
de
lograr
conquistas
y
establecimientos
en
ltalia
ó
en
las
Galias.
Tal
era
entonces
24
situacion
del
mundo
político.
“>
guórase
á
cual
de
estos
dos
pueblos,
héru”
los
y
turingios,
pertenecia
Odoacre;
solo
$
sabe
que
era
oficiaben
la
guardia
del
empera
e
Augustulo,
y
que
conociendo
la
situación
de
imperio,
formo
el
“proyecto
de
destruirle,
marido
'á
Halia
á
aquellas
dos
naciones
dá!
e
S
(307)
ras.
Despues
de
conquistada
la
península
con
felicidad,
la
gobernó
como
buen
príncipe
y
po-
lítico
hábil.
Su
primer
cuidado
fue
solicitar
de
Cenon
el
título
de
patrició,
que
equivalia
al
de
vicario
del
emperador,
e
legitimar
su
A
Esta
pretension
de
Odoacre
halló
gran-
e
oposicion
en
la
corte
de
Constantinopla,
porque
Julio:
Népote,
antecesor
de
Augustulo
y
destronado
por
él,
conservaba
todavía
en
Dalmacia
a
ciudades
y
el
título
de
em-
ir
y
era
obedecido
en
Provenza;
siendo
ermano
de
Verina,
emperatriz
de
Constanti-
nopla,
y
habiéndole
enviado
á
esta
corte
á
ser
emperador
de
Roma,
no
podia
Cenon
acceder
decentemente
á-su'
despojo:
y
así
aconsejó
á
Odoacre
que
solicitase
de
Népote
el
título
de
Patricio.
Ódoacre
lo
hizo
así,
y
entretuvo
á
este
príncipe
con
vanas
esperanzas
de
resta-
hlecerle
en
el
trono,
mientras
reinaba
verda-
deramente.
Igual
felicidad
tuvo'en
su
negocia-
cion
con
Genserico,
rey
de
los
vándalos:
pues
por
una
suma
de
dinero
y
algunas
fortaledas
de
Sicilia,
logró
la
posesion
de
esta
isla,
que
habia
estado
en
poder
del
vándalo,
desde
la
espedicion
que
hizo
de
Africa,
en
el
reinado
del
emperador
Máximo,
para
saquear
á
Roma
y
devastar
á
Htalia.
Odoacre
conservó
en
el
mismo
estado
que
antes
tenian,
las
leyes
y
gobierno;
y
dejó
al
Senado
romano
todas
sus
facultades
y
prero-
|
pots:
pero
se
hizo
odioso
á
los
pueblos
de
-Malia,
repartiendo
el
tercio
de
todas
las
pro-
(308)
piedades
á
los
bárbaros
que
le
habian
ausiliado”
para
la
conquista:
providencia
necesaria,
sl
habia
de
conservar
la
fuerza
á
la
cual
debia
su
elevacion.
Pero
si
se
escepiúa
este
acto
obli-
gado
de
injusticia,
triste
producto
de
la
usur-
pacion,
en
todo
lo
demas
gobernó
con
pruden-
cia,
rectitud
y
bondad.
p
'
La
única
espedicion
militar
que
se
cuenta
*
de
él,
siendo
ya
rey,
fue
al
Norico,
hoy
Aus-
tria,
provincia
de
Alemania.
Los
rugios,
pue-
blos
de
las
orillas
del
Báltico,
de
orígen
escan=
dinavo.
se
habian
establecido
cerca
del
Danu-
bio
de
Baviera
é
infestaban
á
los
habitantes
ro-
manos
del
Norico,
que
imploraron
los
socorros
del
patricio
de
Italia,
poniendo
por
intercesor
á
su
amigo
san
Severino,
obispo
de
aquel
pais,
Odoacre
pasó
á
él
dos
veces,
y
rechazó
á
Faba,
rey
de
los
rugios,
que
huyó
á
Pannonia
á
la
corte
de
su
pariente
Teodorico,
rey
de
los
0s-
trogodos.
Odeacre,
á
pesar
de
su
victoria,
te-
mió
dejar
espuestos
los
pueblos
del
Norico
4
nuevos
ataques
de
los
rúglos,
y
así
ersuadi0
á
sus
protegidos
que
pasasen
á
establecerse
en
Italia,
donde
les
distribuyó
nuevas
tierras.
Esta
espedicion
que
le
pareció
útil
para
acrecentar
su
poder,
ya
con
la
fama
de
sus
victorias,
ya
con
el
aumento
de
sus
súbditos
en
Italia
,
contribuz
yó
de
dos
maneras
á
su
ruina.
La
primera,
ha-
ciendo
mas
intenso
el
odio
de
los
italianos,
pot”
ue
hubo
de
despojar
á
muchos
de
sus
propi”
dude
para
darlas
á
los
huéspedes
que
trajo
¿e
Norico:
la
segunda,
dando
nuevo
pábulo
á
24
q
(309)
animosidad
del
estrogodo
Peodorico,
bastante
dispuesto
ya
por
su
ambicion
á
pasar
á
Italia
con
su
pueblo.
..
Cesion
de
la
Provenza
ú¿
Eurico,
rey
de
los
estrogodos
(479).
No
obstante,
todavía
le
fue
enigua
la
suerte.
Julio
Népote
murió,
y
le
li-
berto
de
un
rival,
cuyos
derechos
temia.
Enton-
ces
el
emperador
Cenon
le.
confirmo
sin
escrú-
pulo
alguno
el
título
de
Patricio,
y
se
agrega-
ron
al
reino
de
Htalia
las
tierras
de
Dalmacia
y
Provenza
que
aun
conservaba
el
difunto
ex-
emperador.
Es
verdad
que
Odoacre,
para
tener
á
su
devocion
á
Eurico,
rey
de
los
visigodos,
ge
era
entonces
el
monarca
mas
poderoso
de
Occidente,
le
cedió
todas
las
tierras
que
Népo-
ta
habia
poseido
al:
otro
lado
de
Los
Alpes
Marítimos.
soba
Pontificado
de
Felix
111
(483).
Despues
de
la
muerte
del
papa
Simplicio,
que
tuvo
el
do-
lor
de
ser
testigo
de
la
runa
del
imperio
de
Occidente,
fue
elevado
4
la:
silla
pentifical
Fe-
lixona,
que
sostuvo
una:
terrible.
lucha
contra
el
emperador:
Cenon,
acérrimo
partidario
de
Os
eutiguianos,
y:
contra
Acacio,
patriarca
de
Constantinopla,
cuya
ambicion
se
valia
de
la
inclinacion
de
Cenon
4
dicha.secta,
con
el
fin
e
hacer
la
silla
de
Bizancio
superior,
ópor
lo
Menos
iguál
ác
la
de
Roma.
Los.
legados
del
a
a
que
pasaron:
á;
Oriente!
á
transigtr
estas,
'erencias,
fueron:
maltratados:
y
presos;
*
y
cacio”
borró
de
los
dípticos
clinombie
del
pa-
Pa:
y
al
mismo:
tiemporque
lá:
fé
cristiana
y
z
(316)
afecto
á
la
heregía
de
Eutiques;
hizo
que
sus
partidarios
dedo
al
arcediano
Laurencio.
Concertóse
para
terminar
el
cisma
que
causaba
esta
doble
eleccion,
que
ambos
pasasen
á
Ra-
vena,
donde
Teodorico
residia
ordinartamente,
y
que
alegasen
su
derecho
ante
él.
Teodorico
decidió
que
la
primera
eleccion:
debia
ser
la
le=
gítima,
y
Simmaco
fue
reconocido
por
sumo:
pontífice.
Sus
enemigos
¡irritados
le
acusaron,
cuando
volvió
á
Roma,
de
crímenes
horribles:
pero
fue
declarado
inocente
en
un
concilio
de:
ochenta
obispos:
y
para
que
se
celebrase
con
la:
debida
tranquilidad
y
reprimir
á
los
facciosos
que
querian
torbarla,
pasó
Teodorico
á
Roma,
y
conservo
el
orden
con
su
presencia
y
autor
dad.
Floreció
en
este
tiempo
en
letras
y
santi-
dad,
Epifanio,
obispo
de
Pavía,
muy
estima-
do
de
Teodorico.
3
Guerra
entre
francos
y
borgoñones
(500):
Clodoveo
deseaba
conquistar
la
Borgoña,
y
mo=
vió
cruel
guerra
á
Guindebaldo.
Para
no
tenet
contra
sí
las
armas
de
dos
enemigos
poderosos:
se
coligó
con
Teodorico.
Este
príncipe,
que
mi
rába
como
muy
arriesgado
para
el
reino
de
Tta-
lía
la
cercanía
de
un
monarca
jóven
y
ambici0-
so
á
sus
fronteras,
entró
en'la/altanza
propues”
ta:
pero
á
pesar
de
la
batalla
de
Dijon
que
gano
Clodoveo,
le
obligó
con
sus
persuasiones
á:
as
cer
la
paz
con
el
horgoñon,
mediante
un
tri”
buto:
siendo
lo
mas
singular
que
al
mismO
tiempo
que
privaba
al
franco
del
fruto
de
se
victoria,
él
ganó
para
sí
en
virtud
de
la
alian”
(317)
za
muchas
ciudades
de
Provenza,
señaladamente
á
Marsella.
:
Tutela
del
reino
de
los
visigodos
confiada
ú
Teodorico:
su
guerra
con
Clodoveo
(508)...
En
la
historia
de
los
visigodos
y
en
el
reinado
de
Clodoveo,
comprendido
en
el
segundo
tomo
de
la
historia
de
Francia,
contamos
muy
á
la
lar-
ga
la
guerra
entre
Alarico
y
el
fundador
de
la
monarquía
francesa
:
los
esfuerzos
de
Teodorico
para
evitarla,
y
la
sangrienta
batalla
de
Vou-
glé,
en
que
pereció
o
y
que
puso
en
manos
de
Clodoveo
el
mediodia
de
Fran-
cia.
Teodorico,
no
queriendo
tener
tan
cercano
á
sus
dominios
un
principe
tan
valiente
y
activo,
e
declaró
la
guerra,
y
envió
con
un
ejército
á
su
general
Tulun
en
defensa
de
la
ciudad
de
Arlés,
que
Clodoveo
sitiaba.
Los
francos
fue-
ron
derrotados.
Anastasio,
emperador
de
Oricn-
te,
enemigo
de
Teodorico,
pero
enemigo
débil,
Procuró
encender
mas
los
odios
entre
las
dos
na-
“iones
beligerantes,
y
tener
á
favor
suyo
á
Clo-
Oveo:
para
conseguirlo,
le
envió
los
títulos
de
Patricio,
cónsul
y
augusto,
que
segun
la
diplo-
Macia
de
la
corte
de
Oriente,
le
daban
dere-
chos
sobwe
Italia.
Al
mismo
tiempo
tenia
Veo-
Orico
que
pelear
contra
Gesalico,
hijo
bastar-
0'de
Alarico,
por
la
razon
siguiente.
Alarico
e
su
-muger,
la
princesa
ostro
oda
'Teudi-
do
a
Peodorico,
un
hijo
lejítimo
lla-
rape
malarico,
peroen
menor
edad:
por
lo
cual
'Visigodos
prefirieron
á
Gesalico,
que
aunque
sStardo,
era
jóven,
Teodorico
sostenia
los
de-
A
rechos
de
Aínalarico,
su
nieto
tanto
mas,
cuanto
el
nuevo
rey
de
los
visigodos,
cobarde,
cruel
y
deshonesto,
no
era
apropósito
para
de-
fender
la
monarquía
en
circunstancias
tan
crí-
ticas.
dol
Paz
entre
francos
y
visigodos
(510),
Teo-
dorico
triunfo
de
ambos
enemigos.
Gesalico
fue
vencido
y
muerto.
Los
francos
sufrieron
una
nueva
derrota
é
hicieron
la
paz;
en
la
cual
Peo=
dorico
adquirió
algunos
territorios
en
Proven=
za,
los
visigodos
conservaron
la
provincia
nar=
bhonense,
y
Clodoveo
adquirió
la
inmensa
esten
sion
de
pais
que
media
entre
el
Loira
y
el
Piri-
neo
occidental.
El
rey
de
Italiaclogró
dos
venta-
jas:
una,
tener
defendidas
sus
fronteras
contra
Clodoveo,
con
la
provincia
de
Karbona:
otra,
ser
reconocido
por
tutor
de
Amalarico,
lo
que
le
daba
tanta
toflacncia
en
la
monarquía
visigo-
da,
que
algunos
historiadores
le
cuentan
entre
los
reyes
godos
de
España.
Ll
general
Teudis,
á
guien
envió
de
Italia
para
que
gobernase
en
su
nombre
el
reino
de
su
nieto,
despues
dela
muerte
de
éste
ascendió
al
trono
de:
los
'visogodos.
Los
cuidados,
que
causaban
á
Teodorico
la
ambicion
delos
francos,
cesaron
con
la
muerte
de
Clodo-
veo,
acaecida
en
511
y
con
el
repartimiento
de
su
monarquía
entre
sus
cuatro
hijos.
Pontificado
de
Hormisdas
(514).
A:
Siimaco
sucedió
en
el
sumo
pontificado
Hormisdas;
€
cual
siguiendo
ebejemplo
de
Gelasio
y
Sinmacos
exijió
que
loz
orientales
condenasen
la
memo”
vid
y
nombre
de
Acacio.
Despues
de
largas
con”
|
(319)
testaciones
logró
en
fin
salir
triunfante
de
esta
lucha
contra
las
últimas
reliquias
del
cutiquia-
nismo,
y
las
dos
iglesias
de
Constantinopla
y
Roma
volvieron
á
reunirse
en
520,
habiéndose
quitado
el
principal
obstáculo
para
ello,
con
la
muerte
del
emperador
Anastasio.
Sucediole
en
el
trono
Justino1.
|
Muerte
de
Sínmaco
y
Boecio
(525).
Yeodo-
rico
gobernaba
en
paz
y
justicia
sus
estados,
cuando
el
penúltimo
año
de
su
vida
echó
sobre
'
su
gloria
un
borron
que
no
le
ha
perdonado.
la.
historia,
dando
muerte
á
los
dos
ilustres
sena-
“dores
Sinmaco,
y
Boecio
su
yerno.
Este
era
gran
filósofo
y
escritor,
patricio
distinguido,
hom-
bre
rectísimo
independiente,
y
que
nada
temia
cuando
se
trataba
de
defender
la
virtud.
Los
aduladores
de
'Peodorico
le
inspiraron
primero
temores
y
despues
sospechas
contra
este
insigne
varón,
que
muriden
un
cadalso,
víctima
de
acu-
saciones
calumniosas,
Á
su
muerte
se
siguió
la
de
su
suegro
Sinmaco,
á
quien
se
le
Atributo
el
Proyecto
6
el
desco
de
vengarle.
El
remordi-
miento
de
esta
injusticia
abrevió
los
dias
de
Peodorico.
25
Antes
de
fallecer
puso
en
prisiones
al
pon-
Vílice
Juan
1,
que
habia
sucedido
á
Hormisdas
en
523
:
su
delito
fue
no
haber
podido
recabar
e
Justino,
emperador
de
Oriente,
que
trata-
Seá
los
arrianos
con
la
misma
mansedumbre
plo
"Teodorico
trataba
á
los
católicos.
A
pocos
NS
murió
este
príncipe
despues
de
treinta
y
Ocho
años
de
un
reinado
glorioso,
solo.
mancha-
(320)
Odoacre,
Sinmaco
y
Boe-
cio
y
con
la
sevicia
gratuita
é
inútil
que
usó
con
el
papa
Juan
1.
Dejó
por
heredero
ón
su
reino
á
Atalarico,
sa
nieto,
hijo
de
Amalasunta,
su
hija,
y
de
Eutarico,
principe
de
la
familia
real
de
los
Amalos.
Como
Atalarico
era
menor,
que-
dó
encargada
de
la
re
encia
del
reino
su
madre
Amalasunta,
digna
Ta
de
Teodorico
por
su
valor,
prudencia
y
virtudes.
ÁAtalarico,
rey
de
Ftalía
(526).
Apenas
Amalasunta
tomó
en
sus
manos
las
riendas
del
gobierno,
escribió
al
emperador
Justino
para
que
reconociese
la
autoridad
de
su
hijo:
porque
los
reyes
godos
no
se
creian
con
derecho
de
rei-
nar
en
Italia,
sino
como
lugar
tenientes
del
¡m-
perio.
Justino,
que
habia
incitado
á
los
lombar-
dos
para
que
acometiesen
á
los
godos
en
Pan-
rionia
despues
de
la
muerte
de
Teodorico,
viendo
á
sus
ausiliares
vencidos
por
las
tropas
de
Ama-
lasunta,
hubo
de
reconocer
á
Atalarico
por
rey
deltalia.
La
reina
cedió
á
Amalarico,
rey
de
los
visigodos,
algunas
ciudades
de
Provenza,
para
conservar
la
alianza
y
buena
amistad
con
aquella
nacion
del
mismo
orígen
que
la
suya.
Así.SU
prudencia
y
vigor
conservaron
la
paz
y
prospe-
ridad
de
Italia,
durante
su
regencia.
Puyo
por
ministro
á
Casiodoro,
el
primer
literato
y
polí-
tico
de
su
siglo,
que
fue
privado,
historiador
Y
do
con
la
sangre
de
ape:
Po
de
Teodorico.
n
el
mismo
año
que
ascendió
al
tron0
Amalasunta,
murió
en
la
prision
el
papa
Juani,
tuyo
sucesor
fue
Felix
1y.
0
(321)
-
Fundacion
del
monasterio
de
Monte
Casí-
no
(529).
San
Benito,
natural
de
Nursia
en
el
pais
de
Sabinia,
dotado
de
las
virtudes
propias
del
verdadero
cristiano,
introdujo
en
Occidente
las
reglas
é
institutos
.monacales:
pues
aunque
ya
habia
en
Italia
y
en
otras
paris
muchas
ermitas
y
algunas
comunidades
de
monges,
ca-
recian
de
cánones
fijos
y
determinados
para
su
régimen
y
disciplina.
Fundó
el
monasterio
de
'
Monte
Casino
cuna
de
los
demas
de
Europa:
pues
poco
despues
san
Martin
Dumiene,
el
apóstol
de
los
suevos,
llevó
á
España
la
regla
de
san
Benito,
y
san
Mauro
la
propagó
en
Fran-
cia.
Los
votos
religiosos,
el
trabajo
corporal,
la
frecuente
oracion
y
el
estudio
constituían
la
parte
principal
de
esta
regla.
Las
virtudes
de
san
Benito
y
de
sus
discípulos
consolaron
la
humanidad
en
medio
de
los
males
contínuos
¿Que
la
afligian
por
las
guerras
é
invasiones
de!
los
bárbaros,
y
adquirieron
á
los
monges
la
veneración
merecida
del
orbe
cristiano.
El
mis-
mo
año
murió
el
papa
Felix
y
le
sucedió
Bo-
mfació
1,
el
cual
designó
por
sucesor
suyo
al
diácono
Vigilio
en
un
concilio,
que
le
con-
cedió
esta
facultad;
mas
fue
revocada
despues
en
otro
«concilio,
en
cuya
presencia
entregó
á
las.
llamas
Bonifacio
el
decreto:
anterior
de
nombramiento.
Teodato,
rey
de
Italia
(534).
Amalasunta,
fulada
tanto
de
su
propio
dictámen,
como
de
Os
consejos
de
Casiodoro,
procuró
dar
á
su
hijo
una
educacion
esmerada,
é
hizo
que
se
le
TOMO
XVL.
21
|
(322)
instruyese
en
las
ciencias
y
literatura
de
los.
romanos.
Los
godos
llevaron
muy
á
mal
que
se.
apartase
á
su
príncipe
de
los
ejércicios
milita=
res
y
de
las
costumbres
groseras,
pero
candoro-
sas
de
la
nacion,
para
iniciarlo
en
las
artes
de
la
civilizacion,
que
ellos
llamaban
astucia,
afe-
minación
y
perversidad.
Movíalos
á
pensar
así
el
contraste
que
hacian
las
recientes
virtudes
y
hazañas
de
Meodorién;
que
nunca
supo
escribir
con
el
carácter
horrendo
de
su
sobrino
Teodato,
hijo
de
una
hermana
suya
y
gobernador
de
Toscana,
que
siendo
muy
sábio
en
todas
las
ciencias,
y
letras
que
entonces
se
estudiaban,
era
pérfido,
cruel,
avaro
y
cobarde;
reuniendo
todos
los
vicios
de
los
griegos
y
habiendo
per-
dido
todas
las
virtudes
de
los
godos.
Atalarico
no
sostuvo
con
mas
felicidad
el
honor
de
la
educacion
literaria.
O
por
su
mala
índole
6
por
los
vicios
de
sus
compañeros,
se
entregó
á
toda
especie
de
disoluciones
con
tanto
ardor
y
ahinco,
que
arruinó
su
temperamento
y
contrajo
una
enfermedad
de
languidez
,
que
en
breve
le
llevó
al
sepulcro.
E
Era
Teodato
el
único
heredero
baron
de
la
familia
de
los
amalos,
y
por
consiguiente
el
legítimo
sucesor
al
trono,
no
siendo
costumbre
de
los
godos
reconocer
el
dominio
de:
las
hem-
bras.
Justiniano,
emperador
de
Constantino=
la,
que
acababa
de
subyugar
el
Africa
y
de
tido
en
ella
la
monarquía
de
los
vándalos
'por
el
valor
y
la
pericia
de
su
célebre
genera
lisario,
meditaba
ya
emplear
en
la
conquista
|
Ba
de
Italia
el
mismo.
brazo
que
habia
triunfado
de
Cartago.
Amalasunta,
perdido
su
hijo,
ena-
genado
el
afecto
de
los
ostrogodos
que
la
cul-
paban
por
la
mala
educacion
y
ad:
muerte
del
heredero
de
Teodorico,
amenazada
por
las
fuerzas
del
imperio
que
dirigía
un
gene-
ral
hábil
y
afortunado,
abrazó
la
única
tabla
q
en
tantos
peligros
le
ofrecia
la
fortuna:
y
¡simulando
el
desprecio
que
le
inspiraba
el
-
Carácter
vil
de
Teodato,
le
dió
la
mano
de
es-
Posa
hajo
la
condicion
secreta
de
que
ella
con-
Servaria
el
mando.
Así
esperaba,
reunidas
las
fuerzas
de
entrambos
y
dirigidas
por
su
habili-
dad,
salvar
el
reino
de
todos
los
peligros
que
€
amenazaban.
Teodato
prometió
cuanto
ella
quiso;
pero
ape-
Mas
se
vió
en
el
trono,
la
desterro
á
una
isla
del
ago
del
Bolsena
en
Toscana,
donde
la
hizo
Matar
al
año
siguiente,
movido
tanto
de
su
Perversidad
propia
como
de
las
sugestiones
y
emisarios
de
Teodora,
muger
de
Justiniano,
que
temia
el
ascendiente
de
la
hermosura
y
del
ta-
ento
sobre
el
ánimo
del
emperador
su
marido.
on
la
muerte
de
Amalasunta
empezó
á
des-
Caecer
la
gloria
y
fortuna
del
nombre
ostrogodo
€n
Italia.
Ll
mismo
año de
535
falleció
el
papa
uan
n
y
le
sucedió
Agapito.
La
corte
de
Constantinopla,
que
habia
sido
:
el
Principal
mobil
de
la
muerte
de
Amalasunta,
Se
dispuso
á
vengarla,
y
declaró
á
'Leodato,
que
era
preciso
que
restituyese
la
Htalia
al
im-
Perio.
El
vil
ostrogodo
prometió
hacerlo,
con
tal
324)
.
que
se
le
asignase
una
renta
cuantiosa,
y
envió
con
cartas
suyas
al
santo
pontífice
Agapito,
cuyas
virtudes
eran
veneradas
en
todo
el
mun-
do
cristiano,
para
que
sostuviese
sus
intereses
ante
el
emperador.
Éste
papa
era
tan
limosnero
y
pobre,
que
fue
necesario
empeñar
los
vasos
de
la
iglesia
de
Roma
para
los
gastos
de
su.
viaje.
Parecia
ya
concluido
el
tratado
de
cesion,
cuando
Teodato
supo
que
los
godos
habian
con-
seguido
una
señalada
victoria
sobre
los
impe-
riales
en
la
frontera
de
Pannonia.
Este
feliz
suceso
alentó
sus
esperanzas:
se
preparó
á
hacer
la
guerra
con
firmeza
y
rompió
las
negociacio-
nes
ya
casi
concluidas.
Toma
de
Nápoles
por
Belisario
(536).
Entre
tanto
pasaba
Belisario
con
el
ejército
que
domo
los
vándalos
de
Africa,
á
la
isla
de
Sicilia,
donde
halló
muy
poca
resistencia,
ya
fuese
por
la
inepcia
de
'Peodato,
ya
porque
los
godos,
nO
siendo
poderosos
por
la
mar,
no
la
miraban
sino
como
un
punto
abanzado
de
la
frontera:
De
Sicilia
pasó
al
Brucio,
se
apoderó
de
Regio»
y
marchó
sobre
Nápoles,
arrojando
de
la
parte
meridional
de
Italia
las
tropas
ostrogodas.
Ná-
poles
era
fortaleza
del
primer
orden,
y
habria
detenido
por
mucho
tiempo
al
caudillo
impe-
rial,
si
no
se
hubiese
introducido
un
cuerpo
44
su
ejército
por
un
acueducto,
que
daba
desde
€
campo
al
centro
de
la
plaza,
y
que
le
habiA
mostrado
un
desertor.
La
guarnicion
goda,
ac0
metida
á
un
tiempo
por
este
cuerpo
y
por
*
grueso
de
las
tropas
imperiales
que
asaltaroD
f
(638)
:
los
muros,
se
vió
obligada
á
rendirse.
La
po-
sesion
de
Nápoles
facilitó
á
Belisario
penetrar
en
el
centro
de
la
potencia
de
los
godos,
y
em-
prendió
sin
dilacion
la
conquista
de
Roma.
Este
mismo
año
murió
en
Constantinopla
el
papa
Agapito,
y
tuvo
por
sucesor
al
sub-
diácono
Silverio,
hijo
del
pontíce
Hormidas,
habido
en
legítimo
matrimonio
antes
de
su
ele-
vacion
á
las
ordenes
sacras.
Veliges,
rey
de
Italia
(537).
Los
ostrogo-
Os,
indignados
contra
Teodato,
á
quien
atri-
uian
justamente
todas
las
desgracias
de
la
na-
cion,
le
quitaron
el
cetro,
y
lo
dieron
á
Vitiges,
general
valiente
y
activo,
que
para
aumentar
Sus
derechos
y
consolidar
su
ai
casó
con
Matasunta,
hija
de
Amalasunta.
Teodato,
des-
Pues
de
su
destitucion
huyó
á
Ravena:
Vitiges,
temeroso
de
su
perfidia
y
del
partido
que
po-
cian
formarle
sus
grandes
tesoros,
le,
perst=
guió,
le
alcanzó
en
el
camino
y
le
dió
muerte
Con
su
misma
espada.
Así
acabó
aquel
peryer-
$0
príncipe,
causa
principal
de
la
ruina
de
su
Patria.
y
|
a
ea
Pero
Belisario
era
ya
dueño
de
Roma,
del
Samnio,
del
Piceno
y
de
la
Umbra.
Vitiges,
biendo
reunido
todas
sus
fuerzas
sitió
á
Ro-
A:
pero
vencido
en
una
batalla
que
Je
dió
m
Belisario
junto
á
los
muros
de
esta
ciudad,
se
Volvió
á
Ravena,
y
mientras
juntaba
nuevo
ejór-
Sito,
imploró
el
ausilio
de
'Peodoberto,
rey
de
Ustrasia,
al
cual
cedió
los
territorios
que
po-
Sian
en
Galia
los
ostrogodos,
de
los
lombar-
(332)
cito
se
componia
de
gépidos,
lombardos
y
otros
bárbaros,
que
militaban
á
sueldo
del
imperio:
po
la
disciplina
era
romana,
y
el
general
que
os
dirigia,
Migas
de
los
primeros
siglos
de
la
república.
Desembarcó
en
el
campo
Piceno
con
todas
sus
tropas,
marchó
á
Riavena,
donde
hizo
su
plaza
de
armas,
y
salió
al
encuentro
á
Totila
SS
venia
de
Roma
contra
él
con
todas
sus
uerzas.
Encontráronse
los
dos
ejércitos
en
la
llanura
de
Urbino,
célebre
ya
por
una
victoria
de
Camilo
contra
los
galos,
y
por
la
rota
de
Asdrúbal,
el
hermano
de
Anníbal.
Allí
fue
com-
letamente
vencido
el
ejército
de
los
ostrogodos.
'Totila,
despues
de
haber
peleado
con
el
valor
*
ue
acostambraba,
se
retiró
con
solo
cinco
sol=
dd
de
caballería,
y
fue
herido
en
un
costado
por
el
rey
de
los
gépidos
que
le
perseguia.
Po-
cos
dias
despues
murió
de
su
herida:
príncipe,
-
que
hubiera
consolidado
el
poder
de
los
godos
en
Italia,
si
hubiese
reinado
inmediatamente
despues
de
Teodorico
6
de
la
regencia
de
Ama-
lasunta.
Los
ostrogodos
no
pudieron
hacerse
fuertes
sino
en
las
orillas
del
Sebeto,
y
faldas
del
Ve-
suvio.
Eligieron
por
rey
á
Toya,
llamado
por
SU
intrepidez
el
mas
valiente
de
los
godos:
Ñ
cua
se
preparó
á
pelear
de
un
modo
digno
de
su
re-
nombre.
Pero
sus
esfuerzos
fueron
inútiles
con*
tra
la
fortuna
y
la
pericia
del
eunuco,
Despues
de
la
batalla
de
Urbina,
marchó
rápidamente
sobre
Roma,
la
tomó
por
asalto,
y
prosigwo
(333)
su
marcha
hasta
encontrarse
con
el
ejército
ene-
migo
junto
al
Vesubio,
donde
se
dió
la
segun-
da
batalla,
que
acobó
con
la
potencia
ostrogoda.
Teya
peleó
con
la
temeridad
de
un
soldado,
y
despues
de
cuatro
horas
de
combate,
pereció
con
'
gloriosa
muerte:
sus
tropas
en
vez
de
desani-
marse,
redoblaron
su
ardor
con
la
ira;
de
modo
que
Nárses
no
pudo
llamarse
victorioso
,
hasta
que
fueron
esterminados
casi
todos
sus
enc-
MIgos.
Aligerno,
último
rey
de
los
ostrogodos
(553).
as
reliquias
de
estas
dos
batallas
se
refujiaron
á
Cumas,
plaza
fuerte
donde
los
ostrogodos
ha-
tan
feunido
todas
sus
riquezas;
y
eligieron
por
rey
á
Aligerno,
hermano
de
Teya.
Al
mismo
tiempo
infestaba
á
Italia
un
ejército
compuesto
de
francos
y
alemanes,
que
Teodoberto,
rey
de
Austrasia,
receloso
ya
del
escesivo
poder
de
Jus-
Uniano,
envió
en
ausilio
de
los
godos,
bajo
las
Órdenes
de
Lotario
y
Bucelin
sus
generales.
Es-
tos
impidicroná
las
tropas
de
Nárses
apoderar-
Se
de
Verona,
derrotaron
junto
á
Parma
un
Cuerpo
del
ejército
imperial
y
se
hicieron
fuertes
€d
Luca.
Esta
plaza
y
Cumas
eran
los
dos
obs-
tículos
que
le
telón
á
Nárses
que
vencer.
¿a
Su
actividad
triunfó
de
todas
las
dificulta-
Ss,
Despues
de
haber
derrotado
á
los
francos
ly
Liguria
,
sitió
y
tomó
la
plaza
de
Luca:
per-
Noi
á
los
generales
de
Peodoberto,
que
mar-
an
á
Campania
para
reunirse
con
el
grueso
€
las
fuerzas
ostrogodas,
y
se
presentó
con
“do
su
ejército:
delante
deCumas.
Aligerno
(334)
cuyas
tropas
eran
pocas
y
desanimadas,
y
que
por
otra
parte
preveía,
que
aunque
Nárses
fue-
se
A
ucidós
el
triunfo
de
la
victoria
no
sería
para
él
sino
para
los
francos,
cuyas
fuerzas
eran
muy
superiores
á
las
suyas,
capituló
con
Nár-
ses,
que
habia
vuelto
á
aser
dejando
sitiada
la
plaza,
le
entregó
las
insignias
reales
y
las
llaves
de
Cumas,
y
se
declaró
con
todos
los
suyos
súbdito
del
imperio
romano.
Así
acabó
en
Italia
la
monarquía
de
los
ostrogodos,
que
habia
durado
sesenta
y
tres
años.
Lotario
y
Bucelin
continuaron
asolando
la
Italia,
hasta
que
dos
años
despues
fueron
ven-
cidos
por
Nárses
junto
á
Cápua
con
muette
sde
treinta
mil
francos
y
alemanes.
Los
que
sobre-
vivieron
á
esta
derrota
y
á
las
enfermedades
propias
del
clima
6
producidas
por
los
escesos:
pasaron
los
Alpes
y
se
restituyeron
á
su
patriá:
Quedaban
solamente
en
ltalia
siete
mil'os-
trogodos,
mandados
por
un
caudillo,
lamado
Ragnario,
que
se
habia
hecho
fuerte
en
Conisa*
Este,
fingiendo
que
deseaba
capitular,
pidió
und
conferencia
con
Nárses,
lobo
se
negó
4
todas
las
condiciones
que
sele
proponian,
y
4
retirarse
rota
la
negociacion,
se
volvió
dere”
pente,
y
lanzó
un
dardo
que
llevaba
oculto
c00”
tra
el
general:
mas
no
acertó
el
tiro,
y
la
guar”
dia
de
Nárses
le
hizo
pedazos
en
el
momento:
Los
siete
mil
godos
se
rindieron,
y
Nárses
SS
miendo
su
valor
y
conociendo
que
dificilmen
se
reducirian
á
obedecer
en
un
pais
donde
pe
|
bian
sido
señores,
mandó
que
fuesen
transfer
335)
dos
á4
Tracia,
donde
Si
le
dieron
tierras
en
que
Vivir.
'
Así
volvió
á
incorporarse
Italia
con
el
im-
Pano
romano,
que
habia
nacido!
en
ella;
pero
ajo
condicion
muy
diferente.
La
península
no
ue
ya
el
centro
de
la
dominación,
sino
una
Provincia,
como
el
Egipto
y
la
Siria.
Cesaron
Cnteramente
los
cnleias
del
pueblo
romano
Y
las
facultades
del
senado,
tan
cuidadosamente
“onservados
por
Odoacre,
Teodorico
y
sus
su-.
Cesores.
Roma
no
fue
mas
que
la
capital
de
un
istrito
militar,
llamado
ducado,
como
otros
Muchosen
que
se'diyidió
entonces
Italia.
Justiz
Wano
reservó
para
sí
y
sus
sucesores
la-confirma-
“ion
del
romano
pontífice,
nombrado
hasta
aque-
lla
época
con
entera
independencia
por
el
pue-
blo
y
clero
de
Roma;
receloso
de
la
grande
in-
Uuencia
moral
que
egercía
en
Italia
la
dignidad
de
los
papas.
Así
que
la
conquista
de
los
grie=
80S
privó
á
la
península
de
sus
libertades
polítiz
“as
y
religiosas,
y
solo
le
dejó
las
civiles:
es
de-
“tt,
el
gobierno
municipal,
antiquísimo
en
ella
“sde
los
primeros
tiempos
de
supoblacion.
Alle-
pose
á
estos
males
la
avaricia
y
corrupcion
de
9
magistrados
enviados
de
Constantinopla,
y
"e
solo
pensaban
en
atesorar
riquezas
por
me-=
19
de
las
estorsiones
y
sobornos
para
ir
des-
plas
gozarlas
en
su
patria
entre
el
lujo
y
los
“Gres
de
Bizancio.
Es
verdad
que
estas
cala=
vlades
no
comenzaron
á
sentirse
hasta
que
Pri
dejó
el
gobierno
de
Italia:
pues
mien-
Permaneció
en
ella,
gobernó
con
suma
mo.
(336)
deracion
y
justicia
el
pais
que
habia
conquista-
do
con
valor
y
pericia.
¿
Pontificado
de
Pelagío
(555).
El
papa
Vi-
gilio
murióen
Siracusa,
de
vuelta
de
o
tinopla,
donde
habia
celebrado
el
v
concilio
general,
que
condenó
los
escritos
de
Peodoro
de
Mopsuestia,
Teodoberto
é
Ibas,
célebres
con
el
nombre
de
los
tres
capítulos,
y
fa-
vorables
á
la
heregía
de
Nestorio.
Sucediole
Pe-
.lagio,
arcediano
de
la
iglesia
romana
,
y
fue
muy
dificil
encontrar
obispos
que
le
consagra-
sen,
porque
se
le
acusaba
de
haber
dado
muerte
á
Vigilio
con
veneno:
sin
embargo
se
justificó
de
esta
calumnia
en
presencia
de
todo
el
pue-
blo,
y
gobernó
la
iglesia
de
Roma,
con
aplauso
universal
cuatro
años.
'Puvo
por
sucesor
4
Juan
ur
en
559.
Establecimiento
del
exarcado
(568).
.
Nár-
ses
dominó
en
ltalia,
y
conservó
su
crédito
en
la
corte
de
Constantinopla
hasta
la
muerte
del
emperador
Justiniano,
acaecida
en
567.
La
em”
peratriz
Sofía,
muger
de
su
sucesor
Justino
1h
y
que
ejercía
grande
imperio
sobre
el:débil
ca?
rácter
de
su
marido,
aborrecia
á
todos
los
hom”
|
bres
que
habian
tenido
autoridad
en
el
reinado
anterior;
y
con
respecto
á
Nárses
se
añadía
*
este
ódio
el
desprecio
tan
natural
en
las
mug”
res
á
su
condicion
física.
Fue,
pues,
exhont”
rado
del
mando
con
insulto:
pues
los
historiado?
res
cuentan
haberle
escrito
Sofía,
que
le
neces
taba
en
su
palacio
para
distribuir
á
sus
criá
pe
las
telas
que
debian
labrar.
Nárses
se
retro
=
(337)
Nápoles
eon
los
resentimientos
de-un
eunuco
y
Apia
las
virtudes
y
cualidades
de
grande
orabre,
diciendo
“que
él
urdiría
una
tela
im-
posible
de
désenredar.”
-
"
La
corte
envióá
Longino
por
sucesor
suyo,
con
el
nombre
«de
Exarca
,
originado,
segun
petscas
de
las
seis
provincias
en
que
se
dividió
a
administracion
civil
de
Italia.
El
gobierno
militar
se
dividió
en
los
ducados
de
Roma,
Náz
poles,
Surrento,
Amalfi,
Gaeta,
Bari,
Bene=
vento,
Espoleto,
Brescia,
Turin
y
el
Friul.
uso
su
residencia
en
Ravena,
cuyo
territorio
se
llamó
el
ezarcado,
por
ser
la
corte
del
Exar.
Ca,
y
empezo
á
dar
impulso
al
sistema
de
dez
Pedacion
que
los
griegos
ejercian
en
todas
las
Provincias
sujetas
al
imperio.
4
Nárses
entretanto
meditaba
la
venganza
Mas
cruel
contra
la
corte
de
Constantinopla.
ura
amigo
suyo
Alboino,
rey
«de
los
lombar=
SOS:
conocía
su
valor
y
ambicion,
y
la
fuerza
€
su
pueblo:
á
éste
elijió:
por
instrumento
de:
Sus
furores.
Lxortóle
en
sus
cartas
á
que
inva=
ese
4
Italia,
pintándole
las
delicias
de
este
pela
y
la
facilidad
de
la
empresa
por
el
ódiode
Os
italianos
á
la
dominacion
griega,
y
por
la
Mulidad
de
las
fuerzas
imperiales.
oral
Cuandohubo
persuadido
á
Alboino,:se:ar=
pintid,
ya
por
las
exortaciones
del
santo
pon-
tífice
Juan:
im
y
amigo:
ya'
por
los
hábitos:dé
SU
vida
heroica
tan
agena
dela
traicion,
ya
por
95
remordimientos
que
le
inspiraba
la
proxi-
Midad
de
Ja
muerte.
Bera
ya
era
tarde.
Nárses
TOMO
xy1.
22
(338)
:
exaló
el
último
suspiro
al
estruendo
de
las
trompas
lombardas.
,
SECCION
SEGUNDA.
DOMINACION
DE
LOS
LOMBARDOS.
Alboino,
rey
de
Italia
(569).
En
el
mes
de
abril
de
568
se
puso
en
movimiento
Alboino
con
toda
su
nacion,
á
la
cual
se
agregaron
con
el
deseo
de
nuevos
establecimientos,
veinte
mi
sajones
y
gran
multitud
de
hunnos,
búlgaros
ípidos.
A
esteúltimo
pueblo
habia
vencido
Al-
Ela
en
Pannonia,
dando
muerte
á
su
rey
Cunimundo,
de
cuyo
cráneo,
segun
la
costum-
bre
bárbara
de
los
pueblos
escandinavos,
hizo
un
vaso
para
beber
en
los
combites.
A
Rosa-
munda,
hija
de
Cunimundo,
tomó
por
muger
enamorado
de
su
hermosura.
Antes
de
pasar
los
Alpes
Julios,
dejó
esta-
blecidos
á
los
avaros
en
Pannonia
y
á
los
escla-
vones
en
el
Norico,
á
condicion
que
si
volviese
vencido
de
su
empresa,
le
cederian
los
paises
Y
territorios
que
solo
les
dejaba
en
depósito.
Entró
¿smiprecójialia:
ocupó
sin
oposicion
á
For0
Julio,
llamada
hoy
la
ciudad
de
Friul,
todo
el
ducado
de
este
nombre,
á
Treviso,
Vicencia,
Verona
y
demas
ciudades
de
la
provincia
de
Venecia,
escepto
Pádua
y
Monselice,
plazas
fuertes,
y
bien,
guarnecidas:
porque
el
exarc2
Longino,
hallándose
sin
el
ejército
necesari0
para
salir
en
campaña,
y
no
esperando
refuer”
|
|
|
(339)
zos
de
Grecia,
habia
repartido
las
pocas
tropas
o
tenia
en
las
fortalezas
y
castillos.
Alboino
llegócon
sus
avanzadas
hasta
Mántua,
y
vién-
dola
fortificada
y
guarnecida
tambien,
resolvió
no
pasar
adelante
dejando
plazas
fuertes
á
sus
espaldas:
dió
el
ducado
de
Fruil
á
su
sobrino
Gisolfo,
con
el
cuerpo
de
ejército
necesario
para
defenderlo,
y
tomó
cuarteles
de
invierno
entre
el
Piave
y
el
Adige.
|
o
Apenas
empezó
la
primavera
siguiente,
continuó
la
carrera
de
sus
conquistas
sin
que
en
ninguna
«parte
hallase
mas
resistencia
que:
la
que
Te
oponían
las
guarniciones
de
las
ciu=
dades
fortificadas.
Tomó
á
Mántua,
Brescia,
odi
y
Como:
asaltó
a
Milan,
capital
de
la
Galia
cisalpina,
provincia
que
desde
entonces
empezó
á.
lamarse
Lombardía;
y
cuando
fue
dueño
de
la:
plaza,
sus
tropas
le
proclamaron
rey
de
Htalia
,
poniéndole
una
lanza
en
lamano
Segun
la
costumbre
de
su
nacion.
Penetró
des-
pues
en
Liguria,
y
la
ocupó
toda,
escepto
las
plazas
marítimas
que
le
hicieron
gran
resisten-
cia.
Imitólas
Pavía,
ciudad
entonces
de
mas
im-
Portancia
militar
que
Milan,
por
su
posicion
Central
y
por
el
gran
rio
uelabaña.Albomo
puso
Sitio
á
Het
que
se
defendió
ostinadamente
Urante
tres
años
y
algunos.
meses,
mientras
Sus
generales
conquistaban
la:
Toscana,
la
Um-
ría
y
el
ducado
de
Benevento;
cuyo
primer
du-
e
fue
un
capitan
lombardo,
llamado-Zoton.
rey
¡irritado
de
la
resistencia
de
los
pavia-
Nos,
habia
jurado
esterminarlos
cuando
se
apo-
(340)
derase
de
la
ciudad:
mas
no
cumplió
tan
im-
pío
juramento:
antes
bien
la
hizo
capital
del
nuevo
reino
que
fundaba.
Solo
Li
en
Íta-
lia
bajo
el
dominio
del
emperador
de
Constan-
tinopla
el
exarcado
de
Ravena,
algunas
plazas
en
la
marca
de
Ancona,
el
ducado
de
Roma
y
todo
lo
que
hoy
se
llama
reino
de
Nápoles,
es-
cepto
el
ducado
de
Benevento.
El
resto
de
Ita-
lia
cayó
en
poder
de
los
lombardos,
los
cuales,
conservando
la
diyision
en
ducados,
hecha
por
Longino,
atribuyeron
á
la
dignidad
de
duque,
ue
Bicieron
hereditaria,
no
solo
el
supremo
dominib
militar,
sino
la
administracion
de
la
justicia,
y
la
propiedad
suprema
del
territorio,
distribuido
entre
los
vencedores
con
la
obliga=
cion
de
asistir
al
duque
en
la
guerra.
Así
em-
pezó
en
Europa
el
régimen
feudal,
que
fue
poco
á
poco
destruyendo
el
antiquísimo
sistema
municipal
de
Italia.
Los
pueblos
subyugados,
en
vez
de
ser
esclavos
como-en
la
religion
pa-
gana,
quedaron'sometidos
á
la
servidumbre
del
terruño:
transacion
debida
á
los
progresos
del
cristianismo,
cuyo
espíritu
templo
la
crueldad
y
avaricia
de
rá
vencedores.
Los
lombardos
-
eran
cristianos,
aunque.
el
rey
y
la
mayor
parte
de
la:nacion
profesaban
la
secta
arriana.
Es
Clefo,
rey
de
Italia
(573
).+Alboino,
dueño
ya
de
toda
la
parte
septentrional
dé
Italia
y
se
dedicó
á
arreglar
el
gobierno.
para
continual
despues
sus
conquistas:
pero
la
muerte
le
sor
prendió
en
medio
de
sus
triunfos
y
por
un
suceso
mas
digno
que
de
la
historia,
de
la
novela
maS
es
(341)
)
horrible
y
espantosa.
Hallábase
en
Verona,
y
-diótun
banquete
á
sus
generales
para
celebrar
,
sus
victorias.
Enardecido
con
el
vino
y
orgulloso
con
su
valor
que
le
habia
elevado
á
tanto
po-
der,
mandó
que
le
tragesen
el
vaso
en
que
es-
taba
infariado
el
cráneo
de
Cunimundo,
y
lo
presento
á
la
reina,
diciéndole
que
bebiese
en
el
y
se
hallaría
en
compañía
de
su
padre.
Ko-
samunda
óbedeció
disimulando
su
despecho,
juró
venganza,
y
conspiró
con
Elmigiso,
oficial
de
palacio
y
hermano
de
leche
del
rey,
al
cual
sobornó
con
el
adulterio,
para
dar
la
muerte:á
Alboino.
Quisieron
seducir
á
Perides,
soldado
de
grandes
fuerzas,
para
la
ejecucion
del
gol-
pe:
pero
le
hallaron
fiel
y
resuelto
á
no
come-
ter
semejante
maldad.
|
La
reina
sabia
que
una
de
sus
damas
tenia
trato
ilícito
con
Perides,
y
le
introducia
mu-
chas
noches
en
su
aposento
á
favor
de
la
oscu-
tidad.
Conviénese“con
ella,
pónese
en
su
lugar,
y
el
guerrero
engañado
injurió,
sin
saberlo,
el
10nor
de
su
príncipe.
Rosamunda
le
manifiesta
Chtonces
quien
es,
y
le
declara
que
no
babia
medio
entre
la
muerte
de
Alboimo
ó
la
del
adúltero.
Perides
se
decide
por
el
primer
estre-
Mo,
y
enuna
siesta,
que
el
rey
estaba
durmien-
o
despues
de
comer,
introducido
en
su
apo-
Sento
por
la
infernal
Rosamunda,
le
dió
muer-
te
á
estocadas.
Alboino
fue
lorado:de
los
lom-
ardos
que
le
amaban
mucho
por
sus
prendas
Militares,
las
mas
apreciadas
en
una
nacion
drbara
y
conquistadora.
(348)
las
cuales-ganó
inmenso
botin,
y
estendió
el
territorio
de
su
reino:
conservando
al
¿mismo
tiempo
la
paz
y
justicia
en
el
centro
de
Lom-
bardía.
En
589
casó
con
Teodolinda,
hija
de
Ga-
ribaldo,
duque
de
Baviera
y
vasallo
de
la
co-
-
rona
de
Austrasia.
Paulo
Diácono,
historiador
lombardo,
refiere
las
circunstancias
de
este
ca-
samiento,
que
copiaremos
aquí
para
dar
una
idea
de
las
costumbres
de
aquel
siglo
en
mate-
ria
de
galantería.
Entre
los
embajadores
envia-
dos
para
pedir
al
duque
de
Baviera
la
mano
de
su
hija,
fue
él
mismo
disfrazado:
y
cuando
el
gefe
de
la
embajada
espresó
su
peticion,
-dij0
Autaris
á
Garibaldo,
que
tenia
comision
de
su
rey
para
ver
la
princesa
é
informarle
si.su
hermosura
correspondia
á
su
fama.
El
duque
hizo
venir
á
su
hija,
y
Autaris,
al
verla,
escla-
mó
que
era
digna
del
trono
de
los
lombardos-
Pidió
despues
al
duque
que
le
fuese
lícito,
e2
prueba
de
que
la
admitia
por
su
soberana,
Te”
cibir
de
ella
el
vaso
de
vino
segun
la
costum”
bre
de
su
nacion,
Garibaldo
condescendid
en
ello:
Teodolinda
dió
el
vaso
á
su
disfrazadO
amante,
Autaris
bebió,
y
al
devolverlo
á
22
princesa,
le
toco
la
mano
recatándose
de
los
circunstantes.
Despues,
al
besar
el
vaso,
segun
la
costumbre,
hizo
que
la
misma
mano
de
la
princesa,
se
pusiese
sobre
su
rostro.
Queer,
dose
despues
Teodolinda
entre
sus
damas
A
este
atrevimiento
del
embajador,
una
de
ella
le
dijo:
ese
es
Autarís:
nadie
sino
vues!
(349)
esposo
hubiese
tenido
tanta
osadía.
Peró
procu-
rad
que
nada
sepa
el
duque.
Soís
muy
dichosa
en
tener
por
marido
un
príncipe
de
tanto
meri-
to
y
tan
hermoso.
Cuando
se
volvieron
los
em-
bajadores
á
Lombardía,
al
despedirse
en
las
fronteras
de
Baviera
de
los
señores
y
caballe-
ros
del
duque
que
los
acompañaban,
se
levantó
Autaris
se
los
estrivos,
y
tiró
contra
un
árbol
vecino,
la
pequeña
segur
que
llevaba
en
a
mano,
con
tanta
fuerza,
que
se
clavó
profun-
amente
en
el
tronco,
y
despues
dijo
á
los
bá-
varos:
Estas
heridas
sabe
hacer
Áutarts.
Poco
espues
se
celebraron
magnificamente
en
Vero-
Ma
sus
bodas
con
la
princesa
Teodolinda.
.
Alaño
siguiente
se
verificó
la
cuarta
y
úl-
ima
invasion
de
Childeberto
en
Lombardía.
Sta
fue
la
mas
peligrosa,
porque
Esmaragdo,
Fxarca
de
Ravena,
habiendo
recibido
algunas
“Opas
de
Oriente,
cooperó
á
ella
acometicodo
Or
la
orilla
meridional
del
Po:
y
ocupando
á
loo
uena
]
Regio
y
Parma,
al
mismo
tiempo
que
$
q
dustrasios,
apoderándose
de
los
lagos
,'
y
Méndose
de
la
traicion
de
Misulfo;
duque
de
e
Julio,
isla
del
lago
do
Omegna,
que
les
eel
ón
penetraron
en
el
centro
de
Pts
ardía.
El
mismo:
Áutaris
tuvo
que
encer-
cp
cen
Pavía
para
defender
esta
capital:
pero,
ese
mala
combinacion
de
los
generales
aus:
dos
10S
é
imperiales,
6
habilidad
de
los
lombar-
ércitos
pudo
lograrse
la
reunion
de
“los
dos
!Los
coligados:
los
francos
y-alemanes,
dis-
“idos
por
los
escesos
y
las
enfermedades,
j
(350)
se
volvieron
á
su
patria,
y
Esmaragdo
hizo
treguas
con
Autaris.
Mauricio
risndo
volver
á
Constantinopla
á
su
lugarteniente,
y
le
dió
“por
sucesor
á
Romano,
tercer
exarca
de
Ra-
vena.
bertado
su
nacion
de
tan
gran
peligro,
algunos
dicen
que
de
veneno.
Al
mismo
tiempo,
por
muerte
del
papa
Pelagio,
ascendió
á
la
silla
de
san
Pedro
uno
de
los
barones
mas
grandes
que
la
han
ilustrado.
Este
fue
san
Gregorio,
pri-
mero
de
este
nombre,
apellidado
merecidamen-
te
el
magno,
por
sus
virtudes
civiles,
políticas
y
religiosas,
por
sus
escritos
llenos
de
uncion
de
sabiduría
cristiana,
por
la
conversion
de
lá
anglo
sajones,
debida
á:su
celo
y
al
mong?
Agustin
que
envió
á
la
Gran
Bretaña,
por
la
bondad
y
firmeza
con
que
gobernó
la
cristian”
>
dad,
y
en
fin
por
la
prudencia
y
vigor
con
qué
libertó
á
Roma
del
furor
de
los
lombardos
.Estl
ran
pontífice
fue
verdaderamente
el
fundado!
del
poder
temporal
de
la
sede
apostólica:
or-
ue
sus
virtudes
hicieron
tan
adictos
los
pue
los
de
Italia,
abandonados
por
otra
parte
de:
corte
de
Constantinopla,
que
en
el
hecho
no
1%
conocieron
por
ol
tiempo
otros
soberan
gue
á
los
sumos
pontífices,
sus
libertadores
bienhechores.
da
Teodolinda
era
tan
amada
de
los
lombardo
4
sf
.
h
pel”
por
su
benignidad,
prudencia
y
virtudes
losas,
que
á
pesar
de
ser
católica
y
ellos
É
mayor
parte
arrianos,
no
solo
le
confiaro?
pa
1
Autaris
murió
poco
despues
de
haber
li-
(351)
gobierno
de
la
re
>
sino
le
dieron
per-
miso
para
elegir
segundo
esposo,
y
asociarlo
al
trono.
Teodolinda
determino
recibir
por
marido
á
Agilulfo,
duque
de
Turin,
pariente
de
Auta=
ris.
El
modo
de
declararle
su
resolucion,
fue
muy
singular.
Mandole
venir
á
Pavía,
y
ella
misma
salió
á
recibirle
á
Lomelo.
Pidió
de
be-
ber,
y
habiendo
bebido
la
mitad
del
vaso,
lo
dió
4
Agilulfo,
que
bebió
y
le
devolvió
el
vaso,
besándole
al
mismo
tiempo
la
mano
como
Á
su
reina.
Teodolinda
le
dijo
que
"no
debia
esar
la
mano
á
quien
tenia
derecho
de
besar
en
la
boca.”
Las
bodas
se
celebraron
en
Pavía:
Y
al
año
siguiente
la
dieta
de
los
lombardos
le
"econoció
y
coronó
por
rey.
Agilulfo,
rey
de
Italia
(G91)
Los
prime-
YOS
actos
de
Agilulfo
fueron
el
castigo
del
du=
que
Misulfo
á
quien
mandó
cortar
la
cabeza
Y
la
guerra
contra
Gandolfo,
duque
de
Berga-
AS
y
Ulfario
,
duque
de
Treviso,
que
se
rebe-
o
sucesivamente
contra
él,
Ambos
fueron
tados
y
se
sometieron,
bien
que
Gandolfo
rebeló
otras
dos
veces
en
el
reinado
de
Agi-
vlfo
:
ambas
fue
vencido
tambien,
y
solo
á
la
torcer
.
E
E
:
y
boa,
que
se
verificó
el
año
de
600,
fue
cas-
gado
de
muerte,
juntamente
consu
cómplice
y
tado
Zangrulfo
,
duque
de
Verona.
áM
Ntre
tanto
el
exarca
romano,
sobornando
:
aAuricio,
duque
lombardo
de
Perusa,
logró
de
a
entregase
esta
importante
fortaleza.
Rota
a
Sta
traicion
la
tregua
que
habia
entre
im-
tales
y
lombardos,
al
mismo
tiempo
que
los
352)
duques
de
Espoleto
a
Benevento
movieron
sus
armas
contra
Nápoles
y
Koma,
marchó
Agi-
lulfo
sobre
Perusa,
recobró
la
plaza
é
hizo
cor-
.
tar
la
cabeza
al
traidor
Mauricio.
Acometió
despues
á
Roma,
defendida
por
un
corto
nú-
mero
de
motas
y
por
la
firmeza
de
san
Grego-
rio
Magno.
Los
asaltos
de
los
lombardos,
aun-
que
vigorosos,
fueron
rechados
con
tanto
valor,
que
Agilulto,
mediante
una
suma
de
dinero
que
le
dió
el
papa,
convino
en
dejar
libre
la
ciu-
dad
y
evacuar
el
ducado.
A
pesar
de
la
guerra
con
los
lombardos,
esperaba
el
santo
pontífice
gran
remedio
á
los
males
de
Italia,
de
la
piedad
de
Teodolinda,
princesa
católica,
y
que
profesaba
á
Grogorio
el
mayor
afecto
y
veneracion.
Al
mismo
tiempo
rocuraba
atraer
al
rey
su
marido
al
gremio
de
ha
iglesia,
persuadiéndole
á
que
imitase
el
ejem-
lo
reciente
de
Recaredo,
rey
de
los
visigodos
de
España
,
que
abjurando
el
arrianismo,
habia
he-
cho
triunfar
la
fé
católica
en
sus
dominios.
Ayudábala
en
esta
santa
empresa
su
hermano
Gundebaldo,
que
pasando
con
ella
á
Italia,
se
casó
con
una
señora
lombarda
y
recibió
de
Agr
lulfo
el
ducado
de
Asti.
"
El
deseo
mas
ardiente
de
Gregorio
era
la
conversion
de
Agilulfo
y
la
paz
de
Italia
que
miraba
como
una
consecuencia
necesaria
aquel
grande
acontecimiento:
pero
Komant
exarca
de
Ravena,
hombre
codicioso
y
para
*
cual
el
estado
de
guerra
era
una
mina
abun”
dante
de
ganancias,
producto
de
las
vejacion
:
(353)
aa
de
los
pueblos,
asegurado
en
Rayena
con
la
for-
taleza
de
la
plaza,
y
la
proximidad
del
mar,
ni
hacía
caso
de
los
infortunios
que
snfria
el
centro
de
Italia,
ni
atendia
á
las
quejas
de
Ro-
ma
y
de
su.
santo
obispo,
espuestos
siempre
al
furor
de
los
enemigos.
Los
romanos
elamaban
que
0
se
hiciesen
paces
con
el
lombardo,
ó
se
les
amparase
con
fuerzas
suficientes
para
la
de-
fensa.
La
dominadora
del
mundo
mendigaba
entonces
algunas
cohortes
de
un
miserable
lu-
gar
teniente
del
señor
de
Bizancio.
En
fin,
el
emperador
Mauricio,
que
no
fiaba
ya
en
la
alianza
de
los
austrasios,
porque
“Leo-
doberto,
hijo
y
sucesor
de
Childeberto,
fue
re-
chazado
constantemente
por
Agilulfo,
en
las
es-
Waits
que
hizo.
á
Hralia,
quitó
4
Romano
a
dignidad
de
exarca,/y
la
dió
á
Calinico,
el
cual
en
59y
firmo
con
los
lombardos
la
primer
paz
que
hubo
entre
ellos
y
los
imperiales.
Por
ella
adquirió
Agilulfo
la
cesion
de
Pádua,
Monselice,
Cremona
y
Mántua
,
plazas
que
ha-
ia
conquistado
de
los
imperiales,
yun
tributo
e
doce
mil
libras
de
oro,
que
sele
dió
con
el
título
de
presente.
Agilullo
coronó
las
grandes
acciones
de
su
reinado;
cediendo
ádasinstan-
Clas
de
su
esposa,
y
de.san.
Gregorio
,
y
abju-
rando
lá
secta
arriana.
Des
este
modo:
hizo»una
Sola
familia
de
los
lombardos:y
de.Jositálianos
Orla
unidad
de
creencia,
y
abrió
el
camino
á
Y
elvilizacion
de
su
pueblos
0000
Lobo
o
última
espedicion
militar
fue-contra:los
e
»
*
.
Selávones,
quese
habian
establecido
en
da
pro-
TOMO
xyl.
23
354)
vincia
de
Miria,
Mamada
actualmente
Esclavo-
nia.
Estos
hicieron
una
irrupcion
en
el
Friul,
cuyo
duque
era
entonces
Gisulfo
m1.
Su
madre
Romilda,
locamente
enamorada
del
Kan:ó
rey
de
aquellos
bárbaros,
les
entregó
la
ciudad
de
Friul,
les
abrió
las
puertas
del
ducado,
y
fue
causa
de
su
ruina
y
de
la
de
su
familia.
Gisolfo
pereció
en
esta
guerra,
y
sus
hijos
Grimoaldo,
tan
célebre
despues
en
la
historia
lombarda,
y
Rodoaldo,
cayeron
cautivos
en
poder
de
los
es-
clavones.
Romilda,
despues
de
A
servido
á
la
lubricidad
del
Kan
y
de
sus
oficiales,
fue
em-
palada
por
orden
del
bbáea
Agilulfo
acudió
con
prontitud
á
remediar
aquella
desgracia,
venció
á
los
bárbaros,
los
arrojó
del
territorio
lombardo,
y
dió
el
ducado
de
Friul
á
Grasolfo,
hermano
de
Gisolfo.
Adaloaldo,
rey
de
Italia
(6x6).
A
Agilulfo
sucedió
en
el
trono
de
los
lombardos,
su
hijo
Adaloaldo,
á
quien
en
sus
últimos
años
hab12
hecho
su
colega.
Unido
con
Teodolinda
su
ma-
dre,
gobernó
con
justicia
y
felicidad
los
prime-
ros
años
de
su
reinado.
San
Gregorio
Magno
habia
muerto
en
604
y
Ocuparon
sucesivamente
despues
de
él
la
silla
de
Roma.
Saviniaño,
Bonifacio
1,
Bonifacio
YY
y
Deusdedit,
que
murió
en
617.
Toda
la
aten”
cion
de:estos
sumos
pontífices
se
dirigia,
des”
ues
del
gobierno
de
su
iglesia,
á
libertar
a
toma
la
de
los
lombardos,
que
siem”
re
la
amenazaban,
y
á:
consolar
con.
sus
lniceñas
y
exortaciones-
las
infelices
victima?
(355)
de
una
guerra
inmediata,
cruel
y
contínua.
Adaloaldo,
despues
de
algunos
años
de
rei-
nado
próspero,
cayó
en
estado
de
demencia,
de
resultas
de
un
veneno
que
le
dió
Eusebio,
en-
viado
á
su
corte
por
Eraclio,
emperador
de
Constantinopla.
Empezó
desde
entonces
á
mos-
trarse
cruel
y
tirano:
dió
muerte
á
muchos
se-
Ñores
rincipales,
entre
ellos
al
duque
de
Tu-
rin,
cuyo
hijo
y
sucesor
Ariobaldo,
poniéndose
al
frente
de
los
descontentos,
á
pesar
de
estar
casado
con
Gundeberga.
hermana
del
rey,
mo.
vió
guerra
civil
contra
él.
Esta
se
continuó
con
vario
suceso
hasta
el
año
de
625
en
que
Ada-
oaldo
pereció
4
manos
de
los
suyos.
Con
él
cayó
cl
poder
de
Teodolinda,
que
murió
dos
años
Cspues
en
un
retiro,
consumida
de
pesadum-
tes:
princesa
digna
de
todo
elogio,
por
sus
Virtudes
religiosas
y
políticas
y
por
haber
con-
guido
ser
alabada
de
san
Gregorio.
Los
lom-
ardos
elevaron
al
trono
á
Ariobaldo,
cuñado
Y
competidor
del
último
rey.
|
.Ariobaldo,
rey
de
Italia
(625).
A
Deusde-
dir,
que
falleció-en
617,
sucedió
Bonifacio
y.
Este
murió
el
mismo
año
que
subió
al
trono
triobaldo:
y
fue
elegido
sumo
pontífice
Hono-
9
1,
que
vió
nacer
en
Oriente
la
heregía
de
los
Monotelitas,
especie
y
residuo
del
eutiquianis-
0,
la
cual
no
admitiendo
en
Jesucristo
mas
y,
una
voluntad,
destruía
el
misterio
de
la
tación,
Estaba
apoyada
por
Sa
y
dein*
Patriarcas
de
Constantinopla
y
Alejan-
*
los
cuales
desfigurando
los
hechos,
sor-
(356)
rendiendo
la
religion
de
Honorio
y
pintándole
l
cuestion
como
una
mera
disputa
de
palabras,
dirigida
á
reconciliar
con
la
iglesia
á
muchos
eutiquianos,
lograron
del
sumo
pontífice
una
carta,
que
aunque
ortodoxa,
les
sirvió
para
es-
tender
sus
principios
en
Oriente,
proclamándola
como
favorable
á
su
partido:
artificio.
de
que
se
habian
valido
otros
muchos
heresiarcas,
se-=
ñialadamente
los
arrianos,.no
solo
con
respecto
á
los
papas,
sino
tambien
á
otros
obispos
y
es-
critores,
insignes
en
virtudes
y
doctrinas.
Ariobaldo
ocupó
gran
parte
de
su
reinado
en
las
turbulencias
que
se
suscitaron
en
el
Friul
por
la
ambicion
de
Grimoaldo
y
Ro-
doaldo,
hijos
del
duque
Gisulfo,
que
habiendo
caido,
como
ya
dijimos,
en
poder
del
Kan
de
los
avaros,
habiendo
logrado
escaparse
de
su
prision,
volvieron
al
ducado
de
su
padre,
donde
mandaba
ya
su
tio
paterno
Grasolfo:
mas
no
udiendo
sufrir
la
vida
dependiente
que
lleva-
n
en
un
pais,
donde
el
nacimiento
los
habia
destinado
á
reinar,
huyeron
á.la
corte
de
Art"
giso,
duque
de
Benevento,
que
habia
sido
ayo
Y
maestro
de
ambos,
y
que
por
su
valor
adquiri?
aquel
ducado
en
el
reinado
de
Autaris.
Pero
de-
jaron
la
corte
de
Friul
tan
agitada
de
facciones
que
muerto
Grasolfo,
se
sublevaron
contra
el
nl
sus
dos
hijos
y
sucesores
en
la
dignidad
ducá!
Esta
guerra
causó
á
Ariobaldo
no
solo
cui?
dados
esteriores,
sino
grandes
pesadumbres
40”
mésticas,
porque
recayó
sobre
Gundeberga,
esposa,
la
sospecha
de
favorecer
en
secreto
lat”
(357)
a
surreccion
de
los
duques
del
Friul,
en
venganza
de
la
muerte
de
derhoridab
Adaloaldo;
y
es-
tuvo
presa
tres
años,
hasta
que
puesta
su
causa
en
tela
de
juicio,
fue
reconocida
su
inocencia.
El
rey
no
queriendo
consumirlas
fuerzas
deLom-
bardía
contra
los
dos
rebeldes,
hizo
trato
con
el
exarca
de
Ravena,
que
los
ausiliaba
en
secre-
to,
de
perdonarle
el
tributo
impuesto
por
el
rey
Agilulfo,
á
condicion
de
que
acabase
con
ellos,
El
exarca
aceptó,
y
un
enviado
imperial
los
mató
á
traicion:
olítica
infame,
aunque
muy
comun
en
aquel
siglo.
Rotaris,
rey
de
Italia
(636).
Muerto
Ario-
baldo
sin'
sucesion,
los
grandes
del
reino
se
reu-
nteron
para
elegir
monarca:
y.no
pudiendo
cón=
venirse
entre
sé,
acordaron
repetir
con
la
reina
viuda
Gundeberga,
el
mismo
ejemplar
que
ha-
bian
hecho
con
“Feodolinda,
y
dejar
á
su
arbi-
trio
el
nombramiento
del
rey
de
los
lombárdos,
que
sería
al
mismo
tiempo
su
esposo.
Gunde-
berga
eligió
4
Rotaris,
duque
de
Brostias
que
fue
inmediatamente
jurado
y
reconocido
por
rey
de
Italia:
|
|
|
Este
príncipe
en
los
primeros
años
de
su
reinado,
manifestó
grandes
vicios,
que
compen-
só
en
los
últimos
con
brillantes
cualidades.
En-
tregóse
á
la
deshonestidad,
llenó
el
palacio
de
concubinas,
persiguió
á
los
duques,
que
ó
movi-
dos
de
ambicion
propia
ó
reprendiendo
sus
cos-
tumbres,
se
mostraban
descontentos
ó
agravia-
dos
de
él:
dió
muerte
á
muchos
con
mas
cruel.
dad
que
justiciaz
mandó
encerrar
en
el
palacio
(364)
capitan
y
hombre
clemente
y
generoso:
pero
la
imposibilidad
de
conservar
con
huenas
artes
ló
injustamente
adquirido,
le
hizo
tal
vez
des-
mentir
la
nobleza
de
su
carácter.
Persiguió
á
Pertarito
en
el
remoto
asilo
que
habia
hallado,
*
y
declaró
al
rey
de
los
ávaros
que
le
haría
guerra
sí
continuaba
dando
hospitalidad
á
su
competidor,
Pertarito,
obligado
a
salir
de
Pan-
nonia,
en
vez
de
E
á
otra
parte,
tomo
la
resolucion,
única
en
los
anales
del
mundo,
de
ponerse
en
manos
de
su
enemigo,
y
así
lo
avisoá:
Grimoaldo
por
medio
de
un
confidente.
La
mag-
nanimitud
del
principe
fugitivo
despertó
los
sentimientos
nobles
que
eran
naturales
en
Gri--
moaldo;
y
este
usurpador
acogió
benignamente”
ásu
rival,
le
dió
un
palacio
en
que
viviese,
y
le
asigno
rentas
:
pero
el
júbilo,
imprudente-
mente
manifestado,
de
los
ciudadanos
de
Pá-
vía
cuando
vieron
á
su
principe
legítimo,
y
la:
malignidad
de
los
cortesanos
acostumbrados
4
especular
sobre
las
sospechas
de
los
monarcas,
le
inspiraron
temores
de
perder
la
corona.
En-
vió,
pues,
satélites
para
que
asesinasen
á
Per-
tavito
despues
del
banquete
de
bienvenida
que
dió
á
sus
amigos.
Onulfo,
amigo
y
sirviente
fiel
del
rey
destronado,
isblefi
ale
que
se:pre-
paraba,
sacó
del
palacio
á
Pertarito
disfrazado
de
page
por
medio
de
los
guardias,
los
cuales
cuando
penetraron
en
el
cuarto
donde
creia
ue
estaba
durmiendo
embriagado,
se
halla”
ron
burlados.
No
obstante,
Grimoaldo
tuvo
suficiente
magnanimidad
para
dar
puemio
4
(365)
Onulfo
y
á
otros
sirvientes
fieles.
que
favore-
“
cieron
la
fuga
de
Pertarito.
Este
infeliz
prín-
cipe
tuvo
en
Francia
su
segundo
asilo.
Allí
reinaba
á
la
sazon
Clotario
11,
que
conmovido
de
susno
merecidas
desgracias,
envió
á
Italia
un
ejército
contra
Grimoaldo:
pero
el
lombardo,
cea
era
habilísimo
capitan,
con
una
retirada
ngida,
dejó
en
poder
de
sus
enemigos
el
cam-
pamento,
eno
de
víveres
y
de
gran
cantidad
de
vino.
Los
franceses
se
entregaron
á
los
pla-
ceres
de
la
mesa
con
tanto
desórden
y
confian-
za,
que
cuando
Grimoaldo
volvió
á
media
no-
che
sobre
ellos,
casi
no
encontró.
resistencia;
hizo
gran
matanza,
y
muy
pocos
volvieron
á
pasar
los
Alpes.
Este
combate
se
dió
en
Rio
no
lejos
de
la
ciudad
de
Asti.
'
Al
año
siguiente,
que
fue
el
de
666,
se
rebeló
contra
Grimoaldo
el
duque
de
Fruil,
llamado
Lupo,
temiendo
el
castigo
que
merecia
pe
las
vejaciones
que
habia
ectida
en
Lom:
ardía,
siendo
gobernador
de
ella
en
ausencia
de
Grimoaldo.
Este,
no
queriendo
emplear
con-
tra
el
rebelde
sus
propias
fuerzas,
incito
al
rey
de
los
ávaros
á
que
le
hiciese
guerra.
Los
ávaros
entraron
en
el
Fruil;
y
vencieron
y
teron
muerte
á
Lupo
en
una
obstinada
bata-
a
que
se
dió
junto
á
Fiume;
pero
queriendo
conservar
el
ducado
que
habian
conquistado,
Marchó
contra
ellos
Grimoaldo,
y
los
obligo
á
Salir
de
Italia
con
el
terror
de
su
nombre:
y
con
la
astucia
de
que
se
valió
pasando
rovis-
A
á
su
pequeño
ejército
en
presencia
de
los
366)
embajadores
ávaros
pa
haciendo
desfilar
un
mismo
cuerpo
muchas
veces
con
diferentes
uni-
formes:
lo
que
hizo
creer
al
enemigo
que
traia
fuerzas
muy
considerables.
Las
dos
espediciones
que
hizo
al
año
si-
guiente,
deslustraron
mucho
su
gloria:
pues
destruyó,
por
resentimientos
personales,
las
dos
ciudades
de
Opitergio
y
del
foco
de
Popilio.
r
otro
nombre
eciardfol
;
la
primera,
sometida
á
los
exareas
de
Ravena,
porque
ha-
bia
insultado
tanto
á
él
como
á
sus
mensageros,
en
los
viajes
que
hacian
de
Pavia
á
Benevento:
la
segunda,
perteneciente
al
ducado
de
Friul,
porque
dentro
de
sus
murallas
habian
sido
muertos
dos
hermanos
suyos
en
el
reinado
de
Rotaris.
Este
príncipe
nunca
fue
amado
de
los
lom-
bardos
que
le
miraban
como
un
usurpador.
Go-
bernó
sin
embargo
nueve
años
con
justicia
y
ha-
bilidad.
Restringió
en
cuanto
le
fue
posible,
la
bárbara
costumbre
de
sentenciar
los
pleitos
juicios
por
medio
del
desafio.
Aumentó
la
po-
Also
del
reino,
dando
tierras
en
el
ducado
de
Benevento
á
una
tribu
búlgara
que
dirigida
or
su
duque
Alacon,
paso
á
Italia,
y
se
esta-
Dleció
en
las
montañas
del
Samnio.
Este
duque
prestó
homenage
al
rey
de
Lombardía
con
el
tí-
tulo
de
Gastaldo,
que
equivalia
al
de
conde,
po"
los
territorios
de
Isernia,
Boviano
y
Supmos
que
poblaron
él
y
los
suyos.
A
Romualdo,
hijo
de
Grimoaldo,
á
qute
p
su
padre,
cuando
pasó
á
usurpar
el
trono,
habi
A
A
|
367)
cedido
el
gobierno
al
ducado
de
Benevento,
manifestó
tanto
valor
y
IS
como:
su
pa-
dre,
y
mucha
mas
mo
eracion
y
bondad
de
alma.
El
emperador
Constante,
que
aborrecido
en
Bizancio,
hacía
su
residencia
en
Sicilia,
vien-
do
los
alborotos
de
los
lombardos
con
motivo
de
la
guerra
entre
los
dos
hermanos
Godoberto
y
ertarito,
y
de
la
revolucion
¿e
puso
en
el
trono
á
Grimoaldo,
concibió
el
esignio
de
in-
vadir
el
ducado
de
Benevento:
pasóá
Italia
con
todas
sus
fuerzas,
tomó
á
Nácera
y
Cirenza,
lazas
muy
fuertes,
y
puso
sitio
á
la
ciudad
de
enevento.
Como
Grimoaldo
habia
llevado
al
Norte
de
Italia
la
mayor
parte
de
sus
tropas,
no
tenia
Romoaldo
fuerzas
suficientes
para
defen-
erse;
y
aunque
su
resistencia
fue
dad
de
su
Valor,
hubo
de
escribir
á
su
padre,
que
sino
Acudia
á
su
defensa,
no
podria
darla
plaza.
leyó
esta
carta
Sesualdo,
amigo
de
Romualdo.
U
padre
que
ya
era
señor
pacífico
de
Lombar-
Ía
y
se
movió
con
todas
sus
tropas
hácia
Bene-
-
Vento
en
socorro
de
su
hijo,
enviando
antes
á
Se-
Sualdo
con
la
respuesta
4
las
cartas
que
le
habia
"ado,
Sesualdo
cayó:en
poder
de
los
griegos,
y
“Xigiéron
de
él
que
diestá
lossitiados
la
falsa
no-
¡Cla,
de
que
Grimósldwno
podia
socorrerlos.
sualdo
condescendió;
lega,
con
una
escolta
Sricga,
al
pic
de
las
murallas
de
Benevento:
“ide
que
se
presente
Romualdo
para
hablar
con
él
y
apenas
le
ve
entre
las
almenas,
le
pta:
"defiéndete
cuanto
puedas:
Grimoaldo
“ga
con
todo
su
ejército.”
Apenas
dijo
estas
(368)
|
alabras;
cayó
el
noble
jóven:
atrávesado
de
mil
aries
que:
le
dieron
los
griegos.
Constante
se
retiró,
pasó
4
Nápoles
y-4
Roma,
dejando:
en
odas
partes
señales
de
su
latrocinio,
y
fuedes.
pues
á
ocultar
en
Sicilia
su
oprobio,
sus
vicios
y
su
cobardía.
Cinco
años
despues,
en
668,
quito
Romualdo
á
los
griegos
las
ciudades,
y
territo-
rios
de
Tarento
y
Brindis,
y
'aumento
con
ellas
el
ducado
de
Benevento:
0.000
)
boat
Restauracion
de
Pertarito
(671).
Grimoal-
do
murió
de
habérsele
abierto
y
enconadola
cl+
sura
de
una
sangría
por-la
fuerza
que
hizo
cuando
aun
estaba
bendada,
para
fechar.
un
arco.
En:
Pavía
se
proclamo:á
Garibaldo
su
hijo,
que
á
la
sazon
era
niño,opor
rey:
de'
los
lombardos:
mas
Pertarito
queen
este,
mismo
tiempo
estaba
embarcado:
ya
¿para
pasar
ádn-
glaterra,
temiendo
las
asechanzas
que
le
ponían
en
Francia
los
emisarios
de
Grimoaldo,
apenas
supo
la
muerte
del
usurpador
¿volvió
ádialias
se
presentó
en
Pavía,
y
súubio/4
su
trono:sin
4
guna
dificultad.
Romualdo
le
reconociópor
mo”
narca,
y
le
envió.
su
ésposa
y
su
hijo.
que:hasta
entonces
habian
estado
reclusos:
eh
la
fortalezó
de
Benevento.
Gáribaldo
descendióidel
trono)
vivió
en
la
clase
qué
le.correspondia,
com0
hijo
que
era:
de
un
principe
tan
ilustre,
y“
una
hermána
de
Pertaritos
|
-
O
El
reinado
de
este
buen
rey,
que
duro
di
y
sicte
años,
fue
el
siglo.de-
oro
de
los
lombar”
dos.
Paz
no
interrumpida,
amor
y
respeto
los
vasallos
al
mionarca,
la
heneficencia
Y
(369)
|
justicia
enlazadas
en
el
trono
fueron
los
signos
con
que
se
distinguió
esta
época
afortunada
y
que
por
tanto
dá
muy
pocas
páginas
á
la
histo-
ria.
Solo
hubo
una
rebelion,
y
fue
la
de
Aligiso,
duque
de
Trento,
que
orgulloso
por
algunos
triunfos
que
habia
conseguido
contra
los
báya=
Tos,
sus
confinantes,
se
atrevió
á
desconocer
la
au-
toridad
real,
Pertarito
le
venció,
y
queria
casti-
garle:
pero
movido
de
los
ruegos
de
Cuniberto
su
hijo,
á
quien
habia
asociado
al
trono,
le
per-
donó,
no
sin
sospecha
de
que
esta
misericordia
tra
inoportana
y
mal
empleada.
El
papa
Vitaliano
falleció
en
el
mismo
año
que
Pertarito
fue
restituido
al
trono.
Sucedié-
ronle,
Deusdedit
11,
que
gobernó
la
iglesia
cua-
tro
años,
Domno,,
cuyo
pontificado
fue
de
solo
ún
año,
y
Agaton.
Éste
sumo
pontífice,
ausi-
lado
por
Constantino
Pogonato,
emperador
.
Muy
católico,
solicitó
y
logró
la
paz
de
la
igle-
Sta,
anatematizando
la
heregía
de
los
monote-
tas,
en
el
sesto
concilio
general,
celebrado
en
“Onstantivopla.
Murió
en
682
y
le
sucedió
con
11,
y
á
éste,
despues
de
un
año
de
pontifi-
“ado,
Benedictorr,
que
murió
pocos
meses
des-
ye
de
su
exaltación.
Juan
v
y
Conon,
cuyos
go-
Iernos
no
llegaron
á
un
año,
y
Sergio
1,
que
llegó
hasta
el
primer
año
del
siglo
vi.
Todos
“stos
pontífices
sostuvieron
grandes
disputas
“Ontra
los
arzobispos
de
Ravena,
que
por
ser
uella
ciudad
eds
del
arerdidos
querian
ROzar
del
privilegio
de
autocefalía
6
indepen-
£ncia,
dado
por
el
impio
emperador
Constante
TOMO
xy1.
24
370)
á
los
obispos
de
ciudades
considerables,
en
odio
de
la
iglesia
romana
porque
rechazó
su
/po
0
formula
de
fé.
Las
pretensiones
de
los
prelados
de
Ravyena
no
pudieron
sostenerse
á
vista
de
la
supremacía
de
la
sede
de
Roma,
reconocida
en
todo
el
orbe
cristiano.
:
Cuniberto,
rey
de
Htalía
(688).
Pertarito
falleció,
y
fue
reconocido
porúnico
rey
delos
lombardos
su
hijo
Gumiberio,
que
ya
habia
rei-
nado
diez
años
asociado
con
su
padre.
Fue
se-
mejante
á
Pertarito
en
boudad,
prudencia
y
justicia,
y
reinó
con
acierto
doce
años
des-
pues
de
la
muerte
de
su
antecesor:
pero
no-
tábasele
de
ser
aficionado
al
vino,
y
de
en-
tregarse
al
placer
de
beberlo
con
mas
frecuen-
cia
y
desorden
que
el
que
permite
la
dignidad
de
rey:
pretesto
de
que
se
valió
Alagiso,
duque
de
Trento,
para
acometerle
y
apoderarse
del
trono,
Usurpacion
de
Alagiso
,
duque
de
Trento:
batalla
de
Coronata
(690).
Alagiso
justificó
los
temores
de
Pertarito,
y
colmó
la
medida
de
iniquidad
é
ingratitud,
levantándose
contra
su
El
y
bien
hechor,
por
quien
conservaba
la
vida
y
la
dignidad,
que
debió
perder
en
la
primera
sublevacion.
Aprovechándose
de
la
oportunida
de
estar
Cuniberto
fuera
de
Pavía,
y
ayudado
de
Aldon
y
Granson,
hermanos
y
ciudadanos
ricos
de
Brescia,
y
de
otros
lombardos,
mar-
chó
á
la
capital,
se
hizo
dueño
de
la
fortalezás
y
fue
proclamado
rey
de
los
lombardos,
sin
de-
jarle
á
Cuniberto
mas
recursos
que
el
de
reius
371
giarse
en
la
isla
del
lago
de
Como,
en
la:
cual
habia
un
castillo
inespugnable.
+
El
nuevo
rey
era
cruel,
codicioso
€
impío,
y
en
breve
fue
odioso
y
despreciable
á:
sus
vasallos.
Los
mismos
que
le
elevaron
al
trono,
conspiraron
contra
él.
Estaba
un
dia
contando
dinero
sobre
una
mesa
y
cayo
en
el
suelo
una
moneda
de
oro.
El
hijo
de
Aldon,
niño
de
corta
edad,
que
segun
la
costumbre
del
tiempo
se
educaba
en
palacio
en
calidad
de
page
de
la
corte,
cogió
la
moneda
y
se
la
dió
á
Alagiso.
Este,
al
tomarla
dijo:
“muchas
como
esta
tiene
tu
padre:
y
Dios
mediante,
no
tardará
en
dár-
Mes
El
niño
repitió
á
Aldon
las
palabras
del
rey
en
la
primera
ocasion
que
fue
á
su
Casa,
y
Aldon,
considerada
la
ingratitud
y
co-
dicia
de
Alagiso,
tomo
el
partido
de
evitar
la
Confiscacion
Ó
muerte
que
le
amenazaba,
cons-
Pirando
con
su
hermano
Granson
para
la
res-
titucion
del
príncipe
legítimo.
Persuadieron,
pues,
á
Alagiso,
que
se
ce-
lebrase
una
gran
montería,
á
que
eran
muy
aficionados
los
lombardos,
en
la
selva
de
Orba;
Y
mientras
el
rey
se
entregaba
á
esta
diversion,
Pasaron
los
dos
hermanos
secretamente
á
la
isla
el
lago,
'se
echaron
á
los
pies
de
Cuniberto,
Pidieron
que
les
perdonase
ha
rebelion
de
que
Cstaban
arrepentidos,
le
manifestaron
el
bli
Y
los
medios
que
tenian
para
su
restitución,
Je
jp
oton
á
Pavía,
y
con
sumo
júbilo
del
pue-
blo,
clero
y
nobleza
volvió
á
subir
al
trono.
lagiso
se
refujió
en
el
Austria
(Hamábase
así
-
(372)
la
parte
oriental
de
Lombardía,
y
la
occidental
-Neustria,
á
imitacion
de
los
nombres
que
se
daban
en
Francia
á
las
provincias
situadas
en
la
misma
posicion
con
respecto
al
curso
del
sol):
en
ella
juntó
un
ejército,
pasó
el
Adda
y,
en
el
territorio
de
Como
halló
4
su
competidor
que
le
salió
al
encuentro
junto
á
una
villa,
lla-
mada
entonces
Coronata
y
hoy
Corna.
Cuni-
berto
le
convidó
á
decidir
la
querella
en
un
combate
particular
entre
los
dos.
Alagiso
res-
pondió
que
“aunque
Cuniberto
era
borracho,
se
acordaba
de
haberle
visto
levantar
dos
car-
neros
castrados
muy
grandes,
agarrándolos
por
la
lana
de
las
espaldas:
lo
que
él
no
podia
ha-
cer
por
no
tener
tantas
fuerzas.”
Un
capitan
toscano
que
habia
acudido
con
su
gente
en
au-
silio
de
Alagiso,
oida
su
respuesta,
le
dijo:
"pues
no
te
atreves
á
pelear
con
Cuniberto,
ni
yo
tampoco,”
y
se
pasó
con
los
suyos
á
las
banderas
enemigas.
—'
Trabóse,
pues,
la
batalla.
Cenon,
diácono
de
Pavía,
pidió
á
Cuniberto
que
entrase
en
la
lid
como
guerrero
particular,
y
le
permitiese
4
él
llevar
las
armas
é
insignias
reales
para
lla-
«mar
contra
sí
la
atencion
del
ejército
contrario,
y
libertar
la
vida
del
rey
de
los
peligros
del
combate.
Cuniberto
se
lo
concedió,
nosin
repug”
nancia.
Sucedió
lo
que
el
diácono
habia
pre”
visto.
Alagiso
reunio
la
flor
de
su
ejército
con?
tra
el
fingido
rey,
y
lo
derribaron
mucrto
en
€
campo:
pero
conociendo
su
yerro
cuando,
e
quitaron
la
celada,
esclamó
enfurecido
:
"na
2
(373)
hemos
conseguido:
pero
si
Dios
me
concede
la:
victoria
hago
voto
de
llenar
un
pozo
con
na-
.
rices
y
orejas
de
clérigos.”
Cuniberto,
en
lo.
mas
fiero
de
la
pelea,
volvió
4
desafiar
al
ti-
rano
:
y
como
los
capitanes
de
éste
le
¡ucitasen
á
aceptar
el
desafio,
y
áevitar
tanta
efusion
de
-
“sangre,
Alagiso
les
respondió
:
“no
puedo:
so-
bre
aquella
imágen
del
arcangel
san
Miguel,
q
lleya
Cuniberto
en
su
bandera,
le
juré
fideli-
ad
en
otro
tiempo.”
“Muy
tardías
son
esas
refle-
xiones,”
le
respondieron
los
suyos.
Mas
no
por
eso
dejaron
de
pelear
con
el
valor
propio
de
los
lombardos.
La
victoria,
aunque
muy
costosa,
quedó
por
Cuniberto.
Alagiso
cayó
muerto
en
el
campo
de
batalla.
En
lo
restante
del
reinado
de
Cuniberto,
que
duró
basta
fin
del
siglo
yx,
gozó
Lombardía
de
paz
no
alterada.
Liutberto,
rey
de
Italia
(700).
Despues
de
a
muerte
de
Cuniberto,
fue
proclamado
rey
de
os
lombardos
su
bijo
Liutberto:
pero
no
bien
|
rabia
pasado
un
año
de
reinado,
se
rebeló
con-
tra
él
Regimberto,
duque
de
Turin,
é
hijo
de
Godeberto
el
hermano
del
rey
Pertarito.
Este
Príncipe
fue
prisionero
de
Grimoaldo,
cuando
19
muerte
en
Pavía
á
su
padre
Godeberto,
y
Usurpo
la:
corona:
pero
restituido
Pertarito
al
trono
,
le
trató
como
á
príncipe
de
la
sangre
real
Y
le
hizo
duque
de
Turin.
Regimberto
ocultó
su
Ambicion
durante
los
reinados
de
su
tio
y
de
Mtmiberto
su
primo;
pero
se
despertaron
las
es-
Peranzas
de
subir
al
trono
de
su
padre,
cuando
*
vio
ocupado
por
Liutberto,
príncipe
de
corta
(380)
ciado
despues
al
trono
de
sú
tio.
Este
suceso:
obligó
4
Liutprando
á
alterar
sus
combinacio-
nes
políticas,
y
á
coligarse
con
Kutiquio,
exar-
ca
de
Ravena.,.
prometiéndose
mútuo
ausilio
para
sujetar
á
los
romanos
quese
habian
levan-
tado
contra
el
emperador,
y
á
los
duques
de
Espoleto
y
Benevento,
que
no
querian
recono-
cerse
dependientes
del
rey
de
Lombardía.
Liut=
prando
consiguió
su
fin,
y
aun
estuvo
dos
veces
á
vista
de
Roma
con
el
objeto
de
apoderarse
de
esta
capital:
pero
ambas
fue
Stutido
por
la
elo-
cuencia
y
los
ruegos
de
Gregorio
11,
en
729
y
en
742
del
papa
Zacarías
que
el
año
anterior
habia
sucedido
á
Gregorio
m,
nombrado
sumo
pontífice
en
731
despues
dela
muerte
de
san
Gregorio
11.
El
mismo
papa
libertó
al
año
siguiente
á
Ra-
vena
de
la
guerra
que
Liutprando
queria
hacer
al
exarca,
y
concluyó
la
paz
delicado
cl
impe-
vio
al
rey
y
la
tercera
parte
del
exarcado.
No
solamente
fue
poderoso
Liutprando
en.
Italia,
sino
tambien
estendió
sus
relaciones
po-
líticas
mas
allá
de
los
Alpes.
Aquejábale
el
ver
como
crecía
en
Europa
la
potencia
de
los
sar-
racenos,
que
subyugada
la
península
española,
no
solo
entraron
en
Francia,
sino
se
apodera-
ron
dela
isla
de
Cerdeña:
Y
así
formó
con
Cár-
los
Martel,
gobernador
del
palacio
de
Francia,
y
único
héroe
capaz
de
tener
á
raya
la
potencia
de
los
árabes,
alianza
tan
íntima,
que
Pipino,
hijo
de
Cárlos,
pasó
á
la
corte
de
Pavía
para
ue
Lintprando
le
cortase
el
cabello,
símbolo
de
la
adopcion
entre
los
lombardos.
Cuando
(381)
*
¡
Cárlos
estermino
en
la
célebre
batalla
de
Poi-
tiers
el
ejército
de
los
sarracenos,
los
nuevos
generales
de
esta
nacion,
que
pasaron
de
Espa-
ña
á
Francia
en
vez
de
continuar
sus
marchas
hácia
el
norte,
donde
tenia
Martel
concentra-
das
sus
fuerzas,
pasaron
el
Ródano,
é
invadie-
ron
la
Provenza.
Liutprando
temiendo
que
pa-
sasen
los
Alpes,
y
en
virtud
de
su
alianza
con
os
franceses,
marchó
con
su
ejército
á
aquella
provincia,
y
obligó
á
los
bárbaros
á
evacuarla
y
á
retirarse
al
Languedoc,
que
aun
estaba
'
por
ellos.
Tldebrando,
rey
de
Italia
(744).
Udebrando
era
generalmente
aborrecido
por
su
crueldad,
y
Así
no
reinó
mas
que
siete
meses
despues
de
la
Muerte
de
su
tio.
Sus
vasallos
le
depusieron,
y
colocaron
en
el
trono
á
Ráguis,
duque
del
rial,
que
se
habia
ya
distinguido
por
muchas
Uazañas
militando
bajo
las
órdenes
de
Liut-
Prando
en
las
guerras
contra
los
duques
de
Es-
Poleto
y
Benevento.
:
Ráguis,
rey
de
lHalía.
Apenas
Ráguis
su-
16
al
trono,
el
papa
Zacarías
le
envió
embaja-
Ores
para
conservar
la
paz
entre
lombardos
y
"omanos,
y
consiguió
que
se
firmase
una
tregua
€
veinte
años.
ÁAstolfo,
rey
de
Ttalía
(749)
Ráguis,
6
por
ambicion,
ó
por
algunas
injurias
que
hu-
lese
recibido
de
los
griegos,
determinó
ven-
Sárse,
juntó
un
numeroso
ejército
y
puso
sitio
á
Crusa,
plaza
que
pertenecia
entonces
al
exar-
“ado.
No
quedaba
á
los
griegos,
abandonados
(382)
de
la
corte
do
Constantinopla,
mas
recurso
.
que
los
ruegos
y*la
elocuencia
del
papa
Zaca-
rías.
Jl
pontífice
pasó
á
los
reales
del
Lombar-
do,
y
le
habló
con
tanta
vehemencia,
que
no
solo
le
persuadió
á
levantar
el
sitio
de
la
pla-
za,
sino
tambien
á
abandonar
el
cetro
y
árer
tirarse
al
monasterio,
de
Monte
Casino,
donde
recibió
el
hábito
de
monge.
Los
lombardos
nom-
braron
rey
en
su
lugar
á
su
hermano
Astolfo,
no
menos
esforzado
que
él,
pero
mas
ambicioso.
En
752
falleció
el
papa
Zacarías,
célebre
or
haber
sancionado
con
su
voto
la
traslacion
del
cetro
de
los
francos
de
la
familia
de
Clodo-
yéo
á
la
de
Cárlos
Martel,
en
la
persona
de
Pipino,
su
hijo
y
sucesor
en
la
dignidad
de
gobernador
de
palacio,
y
primer
rey
de
Fran-
cia
de
su
dinastía.
Mucho
se
ha
declamado
contra
esta
usurpación,
cal
en
realidad
solo
fue
de
nombre:
pues
el
verdadero
poder
estaba
ya,
por
la
costumbre
de
la
nacion
francesa,
en
manos
de
los
gobernadores
de
palacio;
y
el
pas
a
no
hizo
masquecortarderaiz
lasguerrasclvr
les
dando
el
feo
de
la
autoridad
regia
á
quien
era
poseedor
de
dicha
autoridad.
La
palabra
rey
pcia
á
los
últimos
merovingios,
nada
significaba:
aplicada
á
Pipino,
se
asociaba
4
las
ideas
de
fuerza
y
poder
de
estado
y
de
na-
cion.
A
Zacarías
sucedio
Istéban
1.
En
el
mismo
año
empezó
el
rey
Astolfo
la:
guerra
contra
los
griegos,
tan
feliz
para
el
4
principio,
y
A
tan
funesta.
"Tomó
á
Ka-
vena
y
demas
plazas
del
exarcado,
y
aniqu!
0
(383)
el
poder
de
los
emperadores
de
Constantinopla,
eu
toda.
la
THalia
septentrional,
inclusa
la
1s-
tria
que
agregó
tambien
al
reino
de
Lombar-
día.
Despues
emprendió
la
conquista
de
la
ciu-
dad
y
ducado
de
Roma.
Al
papa
Estéfano
recurrió
á
las
súplicas
Que
habian
sido
las
armas
de
sus
antecesores,
Y
logró
una
tregua
de
cuarenta
años,
que
Ás-
tolfo
violó
pocos
dias
despues
de
haherla
firma-
0,
cuando
su
ambicion
volvid
á
hablar
mas
fuerte
que
la
elocuencia
del
sumo
pontífice,
espues
que
Estéban
hubo
agotado
en
vano
los
tuegos,
los
regalos
y
las
amenazas,
pidió
so-
Corro
al
emperador
Constantino
Coprónimo
.
Yunque
iconoclasta
furibundo.
Constantino
le
"espondió
que
acometido
en
el
Oriente
por
los
"usulmanes,
y
estragado
el
imperio
con
disen=
Mones
intestinas,
no
tenia
fuerzas
disponibles
Para
socorrer
la
Italia.
Hallábase
entonces
esta
península
en
la
si-
ación
mas
crítica.
Los
pueblos
del
mediodia,
Parte
estaban
sometidos
al
duque
de
Beneven=
Rs
parte
al
imperio
griego
:
los
del
septen-
"ton
obedecian
á
los
reyes
lombardos:
el
cen-
9,
es
decir,
el
ducado
de
Roma
y
el
exarcado
y
abian
puesto
en
abierta
rebelion
contra
los
Mperadores
de
Constantinopla
desde
los
edic-
05
de
Leon
Isauro
contra
las
santas
imágenes,
Pa
reconocian
mas
gobierno
que
el
de
los
Mol
á
quienes
debian
esclusivamente
desde
di
tiempo
antes
el
consuclo,
la
defensa,
la
1Cla
misma
y
la
conservacion
de
las
pocas
S
(384)
laces
y
conocimientos
que
quedaban
en
el
occi=
dente
de
Europa.
Por
otra
parte,
un
enemigo
feroz
amenazaba
á
la
cristiandad
por
el
Orien-
te,
cl
mediodia
y
el
occidente,
y
aunque
el
mahometismo,
quebrantado
por
Cárlos
Mar-
tel
en
la
batalla
de
Poitiers,
mostraba
menos
fuerzas
en
Francia,
era
dueño
de
España,
po=
seía
la
isla
de
Cerdeña
y
amenazaba
la
Pro-
venza
y
la
barrera
de
los
Alpes,
desde
el
Lan-
uedoc,
y
la
isla
de
Sicilia,
y
el
mediodia
de
talia
desde
Africa.
En
fin,
las
misiones
evan-
gélicas
que
en
poco
tiempo
habian
convertido
al
cristianismo,
las
islas
británicas
y
la
Ger-
mania,
no
podian
salir
sino
de
Roma
inde-
pendiente
é
1lustrada.
Los
lombardos,
dueños
de
toda
Italia,
ha-
-
brian
destruido
las
últimas
luces
de
la
civiliza-
cion:
porque
su
existencia
social
dividia
natu-
ralmente
la
poblacion
en
dos
clases,
la
de
se-
fiores
y
la
de
siervos;
y
su
gobierno
político
era
á
propósito,
no
para
la
felicidad
general,
sino
para
el
predominio
de
la
nacion
vencedo-
ra.
Esto
no
podian
sufrir
los
romanos,
acos”
tumbrados
desde
tiempo
inmemorial
4
vivi
bajo
el
imperio
de
la
ley
y
derecho
comun»
igual
para
todos
los
ciudadanos.
Roma
no
que
ria
á
los
emperadores
de
oriente,
porque
olen”
dian
la
religion
cristiana,
gobernaban
mal
y
no
le
dispensaban
la
proteccion
necesaria
par?
defenderse
de
sus
enemigos.
Roma
no
querté
á
los
lombardos,
porque
aborrecia
el
sistem
feudal,
y
de
tiranía
doméstica,
contrario
4
(385)
|
Organizacion
social
qua
Epa
tantos
siglos
ha-
bian
gozado
los
pueblos
del
Tiber.
Fue
necesa-
rio,
pues,
buscar
un
protector
que
la
libertase
del
rey
de
los
lombardos,
y
la
conservase
bajo
el
gobierno
de
los
sumos
pontífices
al
cual
es-
taba
acostumbrada.
No
se
trataba
ya
de
dere-
cho;
pues
los
de
la
corte
de
Constantinopla
habian
caducado,
por
el
abandono
y
por
ds
ofensas
hechas
al
culto
y
religion
de
los
pue-
los:
solo
se
trataba
de
conservar
la
existencia
de
la
república
romana,
esto
es,
del
orden
ci-
vil
y
religioso
que
existia
en
Roma
y
en
los
pucblos
del
centro
de
Italia:
orden,
que
á
lo
menos
en
la
parte
civil
arruinarian
losa
nba
Os
en
el
caso
de
ser
vencedores.
El
papa
Estéfano
1
imploró,
pues,
la
pro-
teccion
de
Pipino,
rey
de
Francia,
contra
As-
tolfo.
En
754
pasó
Pipino
con
su
ejército
por
ii
primera
vez
á
Lombardía:
la
macia
e
sus
fuerzas
sobre
las
de
Astolfo
era
tal
que
el
lombardo
ni
aun
pudo
hacer
resistencia
hon-
Jos
en
las
gargantas
de
los
Alpes.
Cercado
en
vía,
y
viéndose
en
peligro
de
perder
su
rei-
MO,
hizo
las
paces
con
Pipino,
cediendo
el
“xarcado
á
la
república
romana,
cuyo
gefe
era
Mtonces
el
sumo
pontífice,
Astolfo,
imitando
en
su
conducta
á
todos
95
príncipes
pérfidos
y
débiles,
apenas
Pipino
Pasó
los
Alpes
y
se
volvió
á
Francia,
acometió
“ducado
de
Roma
y
puso
sitio
á
esta
ciudad.
pino
volvió
4
Italia,
obligó
á
Astolfo
á
reti-
Yarse
del:
Tiber
para
defender
su
capital,
á
TOMO
XVI.
2)
(386)
pedir
vergonzosamente
clemencia
y
perdon,
á
confirmar
la
cesion
estipulada
antes,
y
á
pagar
una
gran
suma
de
dinero.
Esta
vez
no
se
volvió
á
Francia
sin
que
quedasen
los
paises
cedidos
en
poder
del
papa,
y
las,
llaves
de
las
ciudades
depositadas
sobre
el
altar
de
san
Pedro
de
Ro-
ma.
Al
año
siguiente
murió
Astolfo
de
ua
caida
del
caballo,
que
dió
cazando.
-
Desiderio,
rey
de
Italía
(757).
Los
lom-
bardos
eligieron
por
rey
á
Desiderio,
duque
de
una
de
las
ciudades
de
Toscana;
pero
su
nombramiento
tuyo
dificultades,
porque
Ra-
guis,
antecesor
de
Astollo,
6
cansado
de
la
vida
quieta
del
monasterio,
0
pesaroso
de
que
el
cetro
de
Italia
saliese
de
su
familia,
dejó
á
Monte
Casino,
pasó
á
Lombardía,
y
formo
un
artido
contra
Dendetia:
Pero
el
papa
Esté-
es
u
favoreció
la
eleccion
del
nuevo
rey,
y
envió
en
su
ausilio
algunas
tropas
francesas
de
las
que
habian
quedado
en
ltalia
á
disposl-
cion
dela
corte
de
old
para
asegurar
el
cum-
plimiento
del
segundo
tratado
de
Pavía,
aña-
diendo
á
ellas
un
cuerpo
de
milicias
romanas
El
partido
de
Ráguis
enmudeció,
Desiderio
fue
reconocido,
y
el
monge
ex-rey
se
volvió
4
acabar
sus
dias
en
Monte
Casino.
Muchos
si-
glos
despues
conservaba
un
pago
del
monaste-
rio
el
nombre
de
viña
de
Liáguis,
plantada,
segun
la
tradicion,
por
las
manos
de
est
ríncipe.
E
das
de
este
beneficio:
de
lá
corte
de
Koma,
á
Desiderio,
y
del
que
Desiderio
hizo
4
(387)
|
la
corte
de
Roma
despues
de
la
muerte
de
Pau-
lo
1,
sucesor
de
Estéban
1
en
757,
librándola
de
dos
antipapas
ensalzados
por
la
violencia
de
algunos
señores,
y
favoreciendo
la
eleccion
legítima
y
canónica
de
Estéfano
11
en
768,
era
imposible
que
hubiese
buena
armonia
entre
los
sumos
pontífices
y
el
rey
lombardo.
Indigná-
base
este
de
la
dependencia
en
que
se
hallaba
de
la
corte
de
Francia,
del
freno
impuesto
á
su
ambicion,
de
la
pérdida
del
exarcado
que
los
lombardos
habian
adquirido
á
fuerza
de
Armas,
y
en
fin,
de
ver
destruida
la
esperanza
de
la
conquista
entera
de
Italia
por
la
creacion
de
un
nuevo
poder
pair
en
el
centro
de
a
península,
apoyado
por
los
ejércitos
numero-
Sos
y
aguerridos
de
la
nacion
franca.
Los
papas
Por
su
parte,
conociendo
las
intenciones
de
la
Corte
de
Pavía,
estaban
en
contínua
sospecha,
y
la
inspiraban
á
Pipino
mientrag
vivió,
y
des-
Pues
á
Cárlos,
por
sobre
nombre
el
Magno,
y
i
Carlomagno,
sus
sucesores.
Desiderio
,
que
Conocia
la
debilidad
de
sus
fuerzas,
mas
bien
Manifestaba
su
mala
voluntad
á
Roma
ponien-
9
dificultades
diplomáticas
al
cumplimiento
€
los
tratados
de
Pavía,
que
cometiendo
hos-
Uidades
manifiestas
:
porque
si
aborrecia
el
Poder
de
los
pontífices,
le
refrenaba
el
temor
elos
ejércitos
franceses.
Su
política
era
pa-
ciente:
pero
la
indignacion
represada
estalló
causa
de
una
injuria,
y
perdió
en
solo
un
12
el
fruto
de
diez
y
siete
años
de
mii
arlomagno
repudió
á
Desiderata,
hija
de
(388)
Desiderio,
con
la
cual
se
había
casado,
y
la
envió
á
la
corte
de
su
padre.
El
lombardo,
ivritado
de
este
agravio,
no
puso
freno
alguno
á
su
ira.
Favoreció
la
rebelion
de
Miguel,
ar-
zobispo
intruso
de
Ravena,
contra
el
sumo
pon-
tífice
adriano
1,
que
habia
sucedido
en
772
4
Estéfano
11:
se
apoderó
de
las
plazas
de
Faen-
za,
Ferrara
y
Comaquio
inclusas
en
el
célebre
tratado
de
cesion,
recibió
en'
su
corte
á
los
hijos
de
Carlomagno,
que
falleció
en
esta
época:
las
cuales
huian
sospechosos
de
que
su
tio
Cárlos,
ES
quedó
único
poseedor
de
todo
el
imperio
e
los
francos,
los
hubiese
á
las
manos
y
los
matase
6
tuviese
en
prision,
para
estinguir
los
derechos
de
su
hermano:
exigió
del
pontífice,
que
fuese
á
Pavía
á
consagrar
y
ungir
como
reyes
á
aquellos
jóvenes:
y
rabiéndose
negado
á
hacerlo
Adriano
por
no
AspcitAs
á
su
protec-
tor
el
roy
de
Francia,
entró
con
poderoso
ejér-
cito
por
las
tierras
de
la
iglesia,
y
se
apoderó
de
Simigalía,
Urbino,
Montefeltro
y
Gubio.
Los
embajadores
de
Carlomagno
protestarol
contra
estas
hostilidades:
Desiderio
persistió:
El
ejército
francés
pasó
los
Alpes
por
la
ter
cera
vez,
puso
sitio
á
Pavía,
defendida
por
€
rey
ea
persona,
y
se
apoderó
de
ella
despues
de
un
cerco
de
ocho
meses;
Desiderio
prisiónt”
ro
acabó
sus
dias
en
Francia
en
el
monasterió
de
Corbré,
su
hijo
Adelgiso,
á
quien
habia
as0”
ciado
al
trono,
huyó
á
Constantinopla,
y
el
ceLro
de
Italia,
que
habian
poseido
los
lombardos
20
años,
fue
transferido
á
los
francos
en
774
(389)
-
SECCION
TERCERA.
DOMINACION
DE
LÓS.
FRANCOS.
Carlomagno,
rey
de
Francia
e
Italia
(774).
a
invasion
de
Carlomagno
fue
muy
diversa
en
su
carácter
y
consecuencias
de
las
de
Odoa-
cre,
Teodorico
y
Alboino.
stos
caudillos
de
pueblos
bárbaros
trageron
consigo
sus
naciones
y
las
establecieron
en
Italia,
dándoles
casas
y
tierras
á
costa
de
sus
antiguos
poseedores:
Cár-
os
mandaba
á
un
pueblo
civilizado,
y
no
trajo
á
Lombardía
mas
que
un
ejército,
del
cual.
Una
gran
parte
habia
de
volver
á
Francia,
á
lemania
y
á
los:
demas
paises
donde
le
llevase.
A
suerte
de
la
guerra.
Venia
ademas
llamado
Por
los
italianos
mismos
para
que
los
libertase
de
la
tiranía
de
Desiderio;
hasta
los
lombardos
e
eran
favorables,
como
lo
prueban
dos
hechos:
Cl
primero,
que
no
se
movió
contra
él
mas
su-=
blevacion
que
la
del
duque
de
Friul,
que
fácil-
Mente
vencido,
perdió
el
gobierno
de
aquel
ucado;
el
condi
que
en
casi
todas
las
ciu-
ades
de
Italia
dejó
condes
de
aquella
nacion.
Por
otra
parte
los
italianos
no
eran
ya
aquel
Pueblo
muelle
degenerado
del
antiguo
valor
*
Roma,
que
hallaron
en
sus
invasiones
Ala-
Ico,
Genserico
y
Odoacre.
Mezclados
con
los
rulos,
ostrogodos
y
lombardos,
habian
ad-
Wirido
la
fuerza
é
intrepidez
de
estos
pueblos
Mismo
tiempo
que
habian
suavizado
sus
(396)
deposicion
y.
muerte
de
Bernardo,
gobernó
el.
reino
de
Htalia
por
medio
de
sus
ministros
du-
rante
algunos
años.
En
$817
juntó
la
dicta
general
de
los
francos
en
la
corta
de
Aquisgran,
tomó
por
compañero
en
la
dignidad
imperial
á
su
hijo
mayor
Lotario,
y
dio
á
sus
dos
hijos
menores
Luis
y
Pipino,
las
coronas
de
Bavie-
ra
y
Aquitania.
Parece
que
la
asociacion
de
Lotario
fue
hecha
con
aprobacion
de
la
santa
sede.
13l
título
de
emperador
daba
preeminen-
cia
sobre
los
demas
príncipes
cristianos,
sola-
mente
de
honor:
pero
sobre
los
reyes
de
la
fa-
milia
de
Carlomagno
“esta
preeminencia
era
tambien
de
jurisdiccion.
Mas
todos
los
dere-
chos
se
confundieron
0
se
despreciaron
con
los
al-
borotos
y
guerras
civiles
que
se
encendieron
en
el
largo
y
funesto
reinado
de
Luis.
En
la
mis-
ma
dieta
quedó
Lotario
declarado
heredero
y
sucesor
de
su
padre
en
toda
su
vasta
monar-
quía,
escepto
Aquitania
y
Baviera.
p
Lotario,
rey
de
Italia
(820).
Luis
cedió
a
su
hijo
mayor
Lotario,
ya
declarado
su
com-
pañero
en
el
imperio,
la
corona
de
Ttalia,
que
obtuvo
durante
todo
el
reinado
de
su
padre.
Ya
se
han
referido
con
mucha
estension
en
el:ct-
tado
tomo
tercero
de
la
historia
de
Francia,
la
muerte
de
Ermengarda,
primera
muger
de
emperador
Luis
1;
su
casamiento
en
segundas
nupcias
con
Judit,
hija
de
Guelfo,
conde
de
un
distrito
de
Baviera
y
de
la
familia
de
los
antiguos
duques
de
este
pais;
el
nacimientó
de
Cárlos,
hijo
de
Judit
y
del
emperador;
el
(397)
-
empeño
de
sus
padres
en
formar
un
estado
para
este
último
hijo,
á
costa
de
los
que
ya
se
ha-
tan
asignado
á
sus
hermanos
mayores;
la
re-
sistencia
de
estos
que
produjo
las
guerras
ci-
viles;
la
deposicion
de
Ísio
por
dos
veces
y
su
restauracion;
su
reconciliacion
con
Lotario,
de
la
cual
resultó
dársele
á
este
príncipe
la
Aus-
trasia,
que
de
su
nombre
se
llamo
Lotaringia
y
despues
Lorena,
y
á
Cárlos,
el
hijo
de
Judit,
la
Neustría
y
la
aia
las
dos
rebeliones
de
Luis,
rey
de
Baviera,
contra
su
padre;
la
muerte
de
éste
en
840,
y
el
convenio
entre
Cár-
los
y
Lotario,
por
el
cual
adquirió
este
empe-
rador
la
Neustría,
y
se
contentó
Cárlos
con
Aquitania,
Languedoc
y
Provenza.
Durante
estas
conmociones
que
desquicia-
ron
de
sus
cimientos
el
trono
de
los
Carlovin=
gos,
gozaron
Lombardía
y
el
estado
pontificio
de
inalterable
paz
por
allgolueria
benigno
y
Justo
de
Lotario,
y
del
papa
Gregorio
1v,
que
Conservaron
siempre
entre
sí
la
mayor
armonía.
A
Pascual
r
hahia
sucedido
en
824
Eugenio
11,
¡este
en
827
Valentino,
que
solo
reinó
un
Mes,
y
del
cual
fue
sucesor
Gregorio
1v.
Pero
el
mediodia
de
Italia,
fue
teatro
de
sangrientas
"evoluciones
y
guerras.
Sicon
caballero
lombar-
9,
con
el
ausilio
de
Radelgiso,
conde
de
Con-
Sa,
destronó
y
dió
muerte
á
Grimoaldo
Stores-
Sarz,
duque
ó
principe
de
Benevento
como
se
titulaban
entonces.
Sicon
hizo
contínua
guerra
á
los
griegos,
que
poseían
aun
los
ducados
de
Nápoles,
Gaeta
y
Amalfi,
gobernados
por
un
:
(398)
patricio
que
nombraba
la
corte
de
Constanti-
nopla,
y
los
obligó
á
pagar
tributo.
Tambien
arece
que
hizo
independiente
su
principado,
Lo
la
corona
de
Italia:
pues
ningun
acto
consta
de
que
rindiese
vasallage
á
Lotario,
d
pagase
el
tributo
á
que:
se
habia
obligado
Storesaiz.
A
Sicon,
que
murió
en
833,
sucedió
su
hijo:
Sicardo.
'
Cinco
años
antes
emprendieron
los
sarra-
cenos
de
Africa
la
conquista
de
Sicilia,
some-
tida
hasta
entonces
al
imperio
de
Oriente.
Ya
en
el
siglo
vii
habian
hecho
invasiones
en
la
isla,
mas
solo
para
coger
botin
y
cautivos:
pero
en
828
fueron
movidos
á
emprender
una
espe=
dicion
militar
por
Eufemio,
siciliano,
y
que
servia
en
las
tropas
del
emperador
de
Oriente
con
el
grado
de
capitan
de
milicias
de
la
1sla.
La
causa
de
la
traicion
se
cuenta
de
dos
modos:
los
historiadores
griegos
dicen
que
Eufemio,
enamorado
de
una
monja,
la
robo;
que
perse-
guido
por
la
justicia,
huyó
con
ella
al
Africa,
é
indicó
á
los
sarracenos
los
medios
de
apode-
rarse
de
Sicilia:
pero.
los
escritores
sicilianos
dicen,
que
Lufemio
tenia
contraidos
es
sonsales
con
una
jóven
de
singular
belleza,
y
d
que
€
gobernador
griego
de
la
isla,
sobornado
por
otro
pretendiente,
se
la
quitó
á
Eufemio
y
la
dió
por
esposa
á
su
rival.
El
capitan,
irritado
or
esta
injuria,
pasó
al
Africa,
incitó
á
105
Dásbaros
á
la
empresa
y
les
sirvió
de
guia.
E
hecho
es
que
los
sarracenos
desembarcaron
con
ejército
poderoso
en
la
playa
oriental
de
la
isla,
|
(399)
se
apoderaron
de
Catania;
donde
hicieron
ter-
Tible
matanza;
sitiaron
á
Siracusa,
que
les
pa-
gó
un
tributo
de
cincuenta
mil
sueldos
por
su
libertad,
se
estendieron
por
toda
Sicilia,
toma-
ron
á
Mesina
dos
años
despues,
y
en
832
á
Palermo,
enseñoreándose
de
toda
la
isla
escep-
to
de
Siracusa
que
quedó
en
poder
de
los
cris-
tianos.
Desde
Sicilia
empezaron
á
infestar
con
sus
piraterías
el
golfo
de
Venecia
y
el
mar
Tir-
reno:
muchos
buques
y
aun
escuadras
de
los
venecianos
cayeron
en
su
poder:
saqueaban
las
ciudades
marítimas
que
no
tenian
amparo:
lo
que
obligó
al
pontífice
Gregorio
1v
á
fortificar
á
Ostia;
única
defensa
de
Roma
por
la
parte
del
mar.
]
Sin
embargo,
la
ceguedad
de
los
cristianos
era
tal,
que
Andres,
duque
griego
de
Nápoles,
acometido
por
Sicardo,
príncipe
de
Benevento,
á
quien
negó
el
tributo
impuesto
por
Sicon,
lamó
en
su
ausilio
á
los
sarracenos
de
Sicilia,
Comunes
enemigos
de
todos
los
fieles.
Sicardo
aAparentó
hacer
la
paz,
apenas
los
bárbaros
se
Volvieron
á
la
isla,
estrecho
á
Nápoles
de
ma-
era,
que
obligó
al
duque
á
pagar
el
tributo
degado.
Sicardo
era
odioso
á
los
beneventanos
por
la
Crueldad
con
que
gobernaba
sin
perdonar
á
su
Misma
familia,
y
pereció
en
839
en
una
cons-
Piracion,
tramada
contra
su
vida,
y
cuyo
gefe
Cra
un
caballero
lombardo,
llamado
Adal
ferio.
e
elegido
por
sucesor
Radelgiso,
que
babia
Sido
su:
tesorero.
El
nuevo
príncipe
siguió
las
(400)
|
máximas.
de
su
antecesor
sin
haber
escarmen-
tado
con
su
ejemplo:
desterró
á
Dauterio,
sue-
gro
de
Sicardo,
y
á
sus
cuatro
hijos,
y
mandó
arrojar
por
una
ventana
de
su
palacio
4
Adel-
giso,
pariente
de
Dauferio
y
muy
querido
del
príncipe
asesinado
:
Daufino
y
sus
hijos
se
retiraron
á
Nocera,
se
entendieron
con
los
de
Amalfi,
ciudad
griega
*
que
tenia
inteligencias
gon
Salerno,
poblada
cn
gran
parte
de
amalfitanos
emigrados
á
eausa
de
disensiones
intestinas
que
habian
tenido
ante-
riormente
con
los
de
Nápoles,
pasaron,
disfra-
zados
de
mercaderes
á
Tarento,
donde
estaba
preso
Siconolfo,
hermano
de
Sicardo,
le
sa“
caron
de
la
prision,
le
llevaron
á
Salerno,
le
hicieron
dueño
de
la
ciudad,
y
derrotaron
al
príncipe
de
Benevento,
que
se
presentó
con
su
ejército
para
recobrarla.
Al
mismo
tiempo
Lan-
dolfo,
gobernador
de
Cápua
por
dicho
príncipe,
amigo
de
Adelgiso,
el
que
fue
arrojado
por
E
ventana,
tomo
de
su
muerte
una
venganza
útil
para
él.
Salió
á
escondidas
de
Benevento,
donde
se
hallaba,
y
volvió
á
su
gobierno,
St
hizo
fuerte
en
Cápua
y
negó
la
o
eivida
á
Ra-
delgiso.
Así
el
principado
de
Benevento,
ilus”
tre
reliquia
de
la
dominacion
lombarda
en
Ita-
lia,
perdió
sus
fuerza
y
esplendor,
desmem-
brándose
en
tres
principados
que
tomaron
los
nombres
de
Benevento,
Cápua
y
Salerno.
Jssta
revolucion
se
verificó
en
840,
último
año
de
reinado
de
Ludovico
Pio.
Al
año
siguiente
$
dió
la
célebre
y
funesta
batalla
de
Fontenayo
“oriente
de
8
(401)
en
que
pereció
la
mayor
parte
de
la
nobleza
francesa,
entre
los
tres
hermanos,
hijos
de
Lu-
dovico
Pio.
Cárlos
de
Aquitania
y
Luis
de
Ba-
viera
se
confederaron
entre
sí
para
seda
á
¿Lotario
á
ceder
la
Neustria,
y
someterse
al
re-
partimiento
último
de
pa
que
se
hizo
en
vida
de
su
padre.
Lotario
fue
vencido
en
aquella
batalla,
é
hizo
la
paz
con
sus
herma-
nos,
bajolas
condiciones
siguientes:
Cárlos,
por
sobre
nombre
el
calvo,
poseyó
toda
la
Francia
occidental
desde
el
Océano
hasta
el
Mosa
y
el
Ródano
:
Lotario
la
Lotaringia,
la
Helvecia
y
la
Italia;
y
Luis,
todos
los
paises
que
estan
al
Í
Rhin,
con
el
título
de
rey
de
Ger-
mania.
|
Continuaba
la
guerra
entre
Siconolfo,
prín-
cipe
de
Salerno,
y
Padel,
príncipe
de
Be-
nevento,
con
tanto
furor,
que
habiéndose
apo-
derado
los
sarracenos
de
Sicilia,
de
toda
Cala.
bria
y
de
las
ciudades
de
Tarento
y
de
Bari,
-
favorecidos
por
las
disensiones
de
los
lombar-
dos,
Rádelgiso
tomó
á
su
sueldo
un
ejército
de
aquellos
bárbaros;
y
su
rival,
por
no
contri-
buir
menos
á
la
ruina
de
Italia,
recurrió
á
los
moros
de
España,
que
enviaron
un
cuérpo
con-
siderable
de
tropas
en
su
ausilio.
Estos
dos
Príncipes,
igualmente
detestables
,'se
dieron
ba-
talla
en
las
Horcas
Caudinas,
tán”
célebres
por
a
capitulación
afrentosa
de
los
romanos:
Sico-
nolfo
quedó
vencedor,
y
se
apoderó
de
casi
todas
las
ciudades
de
su
rival,
á
escepción
de
cnevento
y
Siponto.
id
ds
TOMO
XV1.
26
Aa
(402)
Luís
xt,
rey
de
Italia
(844)...
Lotario,
ue
necesitaba
tener
su
residencia.en
Aquis-
gran
para
atender
á
los
movimientos
de
sus
dos
hermanos
los
reyes
de
Francia
y
Germania,
y
preste
de
la
ambicion
de
ellossn
reino
de
otaringia,
colocado
entre
dos
enemigos
tan
'
oderosos,
dió
á
su
hijo
mayor
Luis
la
corona
e
Lombardía.
Al
mismo
tiempo
falleció.
el
papa
Gregorio
1v,
y
le.
sucedió
ergio
1:
fue
consagrado
sin
confirmacion
del
emperador
Lo-
tario;
y
ofendido
éste
de
la
injuria,
mando
á
su
hijo
Luis
que
pasaseá4
Roma
con
un
ejército.
Las
tropas
imperiales
hicieron
mucho
daño
en
los
campos:
pero
Sergio
1
no
pomo
que
en-:
accion
á
Luis,
y
trasen
en
la
ciudad,
dió
satis
le
coronó
y
ungió.como
á
rey
deltalia...
Continuaban
entre
tanto
su
guerra
impía
los
príncipes
de
Salerno
y
Benevento,
mientras
los
sarracenos
hicieron
por
mar
una
inyasion
terrible
en
la.
campaña
de
Roma.
Forzaron
la
entrada
del
Tiber,
llegaron
á
las
puertas
de
la
capital
y
saquearon
la
basílica
de
san
Pedro
que
estaba
entonces
fuera
de
las
murallas:
pasaron
despues
á
Fundi,
la
robaron
y
redugeron
á
ce-
nizas,
se
apostaron
á
las.
orillas
del.
Gare-
llano,
con
intento
de
pasar
este
rio
para
robar
el
monasterio
de
Monte
Casino,
y
no
pudiendo
-
lograrlo
por.
una
crecida
inesperada
,
de
las
aguas,
despues
de
derrotar
un
ejército
que
Luis,
rey
deJtalia.
envió
contra
ellos,
pusieron
sit1
á
Gaeta.
Pero
una
furiosa
tempestad
que
sobre
vino,
dispersó
O
destruyo
su
armada,
y
pensa”
(ná)
ron
en
retirarse
á
Sicilia:
y
era
tanto
el
terror
que
inspiraban,
que
el
duque
de
Nápoles
les
ió
bajeles
para
hacer
su
viaje
á
pesar
del
es-
tado
crítico
en
que
se
veían,
teniéndose
por
muy
dichoso
en
que
saliesen
de
sus
estados.
Durante
esta
invasion
(en
847)
murió
el
papa
Sergio
11,
y
le
sucedió
Lon
1v,
sin
que
se
esperase
á
la
confirmacion
del
emperador
para
consagrarle,
por
la
necesidad
que
tenia
Roma
de
un
gefe
en
la
consternacion
y
espanto
que
causaban
los
sarracenos.
Este
santo
pontífice
empleó
los
ocho
años
de
su
reinado
en
fortificar
las
playas
y
la
ciudad
contra
los
ataques
de
los
infieles.
Cerró
la
entrada
del
'Piber
con
una
ca-
dena:
pobló
á
Ostia
y
Porto
con
los
habitantes
de
Córcega
que
se
habian
refugiado
al
conti-
nente
huyendo
de
los
estragos
que
hacian
los
moros
asaltando
frecuentemente
aquella
isla:
fundó
junto
á
la
antigua
ciudad
marítima
de
Centurucelas,
espuesta
á-las
piraterías
de
los
sarracenos
y
abandonada
por
eso
de
sus
ve-
_Cinos,
otra
plaza
fortificada,
y
en
fin,
construyo
uña
nueva
ciudad
al
rededor
de
la
basilica
de
san
Pedro,
llamada
ciudad
Leonina
y
la
rodeó
de
murallas,
para
preservar
de
los
ataques
ene-
migos
aquel
templo,
el
primero
de
la
cris-
tiandad.
Luis
1,rey
de
Italia,
asociado
por
su
padre
Lotario
á
la
dignidad
imperial
(849).
Lotario,
cuya
ambicion
inmoral
habia
causado
las
des-
gracias
de
su
padre,
de
la
dinastía
carlovingia
Y
las
suyas
propias,
se
entregó
en
los
últimos
|
404)
años
de
su
vida
á
la
disolución
en
'el
palacio
de
Aquisgran;
y
para
libertarse
enteramente
del
cuidado
de
los
negocios
de
Italia,
cuando
ape-
nas
le
dejaban
tiempo
los
placeres
para
atender
á
los
de
Lotaringia,
nombro
colega
suyo
en
el
imperio
á
Luis,
su
hijo
mayor.
El
largo
reinado
de
Luis
n
fue
próspero
para
Lombardía,
donde
se
conservó
inalterable
la
paz.
Este
principe,
activo
y
esforzado,
se
dedi-
có
á
crear
una
gran
potencia
en
Italia,
y
estuvo
cerca
de
conseguirlo.
Cuando
pasó
á
Roma
en
850
á
recibir
la
corona
imperial,
los
prín-
cipes
de
Benevento,
Cápua
y
Salerno,
y
los
du-
ues
de
Nápoles,
Gaeta
y
Amalfi,
escarmenta-
des
en
fin
de
sus
guerras
crueles
que
habian
dadoá
los
sarracenos
oportunidad
para
devas-
tar
y
dominar
el
dieleas
de
Italia”,
le
presta-
ron
homenages
como
vasallos,
é'
imploraron
el
ausilio
de
sus
armas
contra
los
infieles,
Desde
entonces
Luis
fijó
su
atencion
en
los
paises
me-
ridionales
é
hizo
frecuentes
espediciones
contra
los
sarracenos.
Las.
de
852,
867
y
869
fueron
desgraciadas:
porque
salieron
triunfantes
105
mahometanos
en
los
combates
que
se
ofrecieron
bien
que
en
la
última
se
apoderó
Luis
de
Ma-
tera,
Venusa
y
Canosa,
y
fortificó
estas
plazas;
con
lo
cual
puso
freno
álas
correrias
de
los
ent-
migos
en
el
principado
de
Benevento.*
:
En
855
falleció
elemperador
Lotario,
y
Ye-
artió
de
esta
manera'sus
estados
entre
sus
tres
hijos:
á
Luis,
aunqué'era
el
mayor;
dejó
el
rel”
no
de
Italia,
que
ya
poscia,
y
la
corona
imp?
(405)
rial:
á
Lotario,
el
segundo,
dió
la
parte
sep-
tentrional
de
los
estados
que
tenia
en
Francia,
esto
es,
la
Frisia,
la
Lorena
actual
y:
parte
de
la
Borgoña,
y
al
tercero,
que
se
llamaba
Cár-
los,
el
resto
de
Borgoña
y
la
Provenza.
El
em-
perador
Luis,
aunque
disgustado
de
este
re-
partimiento
,
no
quiso
mover
sus
armas
contra
sus
hermanos,
cuando
estaba
empeñado
en
la
guerra.con
los
sarracenos;
y
se
contento
con
las
ciudades
y
territorios
de
Ginebra,
Lausana
y
Siou,
que
por
un
convenio
le
entregó
su
herna-
no
Cárlos,
rey.
de
Provenza.
Este
principe,
que
gozaba
de
muy
poca
salud,
falleció
en-863,
y
sin
dejar
sucesion:
y
sus
estados
se
repartieron
entre
sus
dos
hermanos,
Lotario,
rey
de
Lota=
ringia'
y
el
emperador
Luis:
éste
adquirió
la
mayor.
parte
de
Provenza,
y
aquel.
lo
restante
de
esta
provincia
y
lo
que
le
faltaba
de
Borgoña,
Sitio
de
Bari
(870).
Fóste
año
fue
.el
mas
glorioso
dela
vida
militar
de
Luis
u.
Ponién-
dose
al
frente
de
un
poderoso
ejército,
y
ausi-
liado.con
las
tropas
de
sus
vasallos
los
señores
de
Benevento,
Salerno,
Cápua,
Nápoles
y
de
las
ciudades
de
Calabria
que
estaban
aun
por
os
cristianos,
las
cuales
le
prestaron
homenage
de
fidelidad
abandonando
al
emperador
de
Cons-
tantinopla,
de
quien
ni
esperaban
protección
ni
Socorro,
pasó
el
Aufido,
derrotó
completamente
en
tres
batallas
campales
á
los
sarracenos,
los
obligó
á
encerrarse
en
Bari,
centro
entonces
del
poder
de
estos
bárbaros
en
Italia,
cerco
esta
plaza
fortificada
y
defendida
con
la
mayor
10-
SS
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