La incompletitud de lo claro
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© Cuadernos sobre Vico 36 (2022) [247] Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN 2697-0732 © de la traducción: George Leon Kabarity Centenario de la muerte de Charles E. Vaughan. «GIAMBATTISTA VICO: UN PIONERO DEL S. XVIII» (1903) CHARLES E. VAUGHAN (1854-1922) EDICIÓN ORIGINAL: «Giambattista Vico: an eighteenth century pioneer», Bulletin of the John Rylands Library, 6 (3), 1921, pp. 266-288. Traducción del inglés y nota preliminar por George Leon Kabarity EE. UU
La incompletitud de lo claro – The incompleteness of clarity – L’incompletezza del chiaro D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.19 © Cuadernos sobre Vico 36 (2022) [249] Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN 2697-0732 © George Leon Kabarity – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2022.i36.19 LA INCOMPLETITUD DE LO CLARO Nota al texto de Vaughan George León Kabarity EE. UU. ontra ambas teorías, por tanto […], el arma empleada por Vico es la apelación a la Historia – Esa es la tajante frase con la que Charles Vaughan, quien fue un profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Leeds hasta su muerte en 1922, resume la respuesta de Vico a la corriente imperante en su época: la que, dicho en términos muy generales, consideraba que todo podía ser penetrado por la racionalidad de la forma en que lo hacía en los campos científicos. Y es que el pensador napolitano no podía resignarse a aceptar que la filosofía política y los asuntos humanos en general pudieran ser abarcados satisfactoriamente por la racionalidad científica que con tanta eficacia podía predecir fenómenos naturales. Los asuntos humanos son diferentes, porque en ellos entra el misterio, la contingencia, el capricho personal y las decisiones no calculadas. Y es que, para Vico, poco respaldo en la realidad podría tener una sociedad cuyos miembros dirigen sus acciones regidos exclusivamente por la búsqueda del estricto interés individual. Basta con echar una mirada al mundo a nuestro alrededor. Las personas, en multitud de ocasiones, hacemos precisamente lo que va contra nuestro interés, especialmente contra nuestro interés económico. Por eso, a ojos de Vico, Espinosa andaba errado cuando consideraba que a los hombres los conduce el interés individual. Un hombre así solo puede ser producto de la ficción.
George León Kabarity 250 Cuadernos sobre Vico 36 (2022) Pero Vico no solo se oponía a Espinosa, sino también a Locke, quien plantea la historia como una lucha por parte de individuos por sus derechos. El napolitano, en este punto, se pregunta si tiene sentido hablar de derechos individuales, al menos de forma primigenia. Charles Vaughan anda acertado cuando señala que la teoría predominante en la filosofía política en la época en la que piensa y escribe Vico es la del contractualismo. También señala que esta teoría es muy profusa desde el punto de vista de sus posibilidades. En diferentes autores puede dar resultados muy diferentes. En Hobbes, dicho contractualismo nos lleva a la necesidad de instaurar un régimen tiránico que mantenga todos los excesos personales al margen para así evitar la guerra civil. En Locke, se convirtió en una herramienta que justificaba la lucha por los derechos individuales; y en Espinosa, se volvió en una posición que llevaba al utilitarismo y a la concepción de que los hombres andan movidos en sus quehaceres exclusivamente por la búsqueda del propio interés. Ahora bien, para nuestro pensador italiano, ni la teoría del Contrato en general, ni las ramas en las que fructificó podían encontrar respaldo serio en la realidad de las cosas humanas, a saber, en la historia. La historia está hecha de otra madera, está hecha de las acciones humanas, y las acciones humanas no son siempre predecibles. Tratarlas, por tanto, como si fueran fenómenos físicos o naturales que se pueden predecir racionalmente resulta necio. Hay que volver a la historia. Esa podría ser la premisa de Vico, y eso es lo que hace; en concreto, siempre vuelve, como consecuencia de su mentalidad conservadora, a las historias de Grecia y de Roma y de sus mitologías. Este continuo retorno a los hechos históricos es lo que puede protegernos de la racionalidad limitante y típicamente moderna que se limita a analizar y predecir hechos futuros. Es lo que puede, además, reavivar la filosofía política. Vico quiere reivindicar una filosofía política que no trabaja con modelos ficticios y conceptos con poca correspondencia fáctica, como son el Estado de Naturaleza de Hobbes o de Locke o los derechos naturales de Locke. De hecho, Vico señala que no hay de forma primigenia algo así como unos derechos naturales, sino unos derechos de clase o de casta que se van extendiendo poco a poco a capas más amplias del conjunto de los seres humanos. Charles Vaughan nunca puede insistir demasiado en que Vico es, ante todo, un pionero. Él abrió los caminos que serán más tarde explorados en el siglo XIX. Además, no hay que olvidar que Vico emprende una revitalización
La incompletitud de lo claro Cuadernos sobre Vico 36 (2022) 251 de la poesía que hasta entonces se limitaba simplemente a copiar y analizar la realidad. Vico se contrapone frontalmente a las ansias cartesianas por la claridad y la distinción. En este sentido, la racionalidad científica calculadora es falsa por incompleta. No se niega que puede ser útil, pero no da una descripción real –completa– de lo que existe. La realidad se abre inevitablemente a la indeterminación y, con ello, a la infinitud. Esto es lo mismo que decir que la realidad es impredecible. Y una poesía que se precie debe ser capaz de mostrar ese carácter. El texto de Vaughan es una introducción fantástica para cualquier lector que tenga un interés sincero en familiarizarse con la obra de Vico. Vaughan trata de forma sucinta y a la vez suculenta los aspectos más esenciales de su pensamiento, sin escatimar por ello en observaciones sobre el complicado contexto histórico en el que vivió. Además, el autor británico es en este sentido un privilegiado, porque su vida (1854-1922) transcurre en un periodo donde las potencialidades del pensamiento de Vico alcanzan su máxima expresión y donde puede sin duda vislumbrar el efecto claro de dicho pensamiento sobre los que le sucedieron. Por otro lado, no podemos ignorar el hecho de que Vaughan no es estrictamente un filósofo, aunque ello no le impidió dedicarse al estudio de la filosofía política. Sin embargo, él fue un doctor en Literatura. Quizás justo por eso (y no a pesar de eso, como muchos podrían pensar) es por lo que se sumergió en el rico surtidor de maravillas en que consistía la filosofía viquiana.