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Maestros y obras de ascendencia portuguesa en el tardogótico de la baja Andalucía

Romero Bejarano, Manuel

Abstract

Esta tesis doctoral demuestra que la influencia de los canteros portugueses de las primeras décadas del siglo XVI en la arquitectura de la Baja Andalucía fue muy importante. Baste como prueba la cantidad de maestros y edificios de filiación lusitana que desfilan por este trabajo. De entre estos últimos, unos están documentados y otros presentan una serie de rasgos inequívocos que me han hecho situarlos en la órbita del tardogótico del país vecino, un estilo inconfundible que la historiografía tradicional ha venido a denominar como Manuelino, término un tanto manido y no excesivamente correcto que en la actualidad es poco utilizado en las publicaciones más rigurosas. El estudio comienza exponiendo el modo en que la arquitectura de diferentes focos constructivos de la Península Ibérica, principalmente desde Burgos, llegó a Sevilla y Portugal, regresando desde este país de nuevo hasta Sevilla de la mano de Diego de Riaño. A continuación se detalla la vida y obra de una serie de canteros lusitanos afincados en Jerez y su entorno, como es el caso de Fernando Álvarez y la saga de los Pérez, además de Diego Ximénez y Rodrigo de Alcalá, que si bien no eran portugueses, contaron en sus cuadrillas con numerosos operarios de aquella nación. Luego se hace una relación profusamente documentada de edificios de Jerez y su entorno en los que se aprecian rasgos de la arquitectura tardogótica portuguesa, donde aparecen obras del propio Jerez, Arcos de la Frontera, Medina Sidonia, Gibraltar, Tarifa, Vejer, Rota y Sanlúcar de Barrameda. Más adelante hay un capítulo dedicado a la Andalucía Luistana, término con el que he querido hacer referencia a todas aquellas obras de las actuales provincias de Sevilla, Huelva, Badajoz, Córdoba y Sevilla en las que se aprecian rasgos de la arquitectura portuguesa del momento. Aquí se destaca la escasa incidencia del fenómeno en las tierras onubenses, algo extraño, ya que esta zona limita con Portugal, la importancia de Azuaga y su entorno y la gran difusión de la influencia lusa, que llega hasta puntos tan alejados como Antequera o Montilla. El trabajo concluye con la llegada del renacimiento y el agotamiento de las formas tardogóticas, un proceso lento y lleno de titubeos en el que patricipan los propios canteros del país vecino. También se hace referencia a la pervivencia del estilo en zonas que, aunque lejanas, reciben una clara influencia de Sevilla y su entorno: Canarias, La Española y México, en el que encontramos edificios muy similares a los estudiados.

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1 MAESTROS Y OBRAS DE ASCENDENCIA PORTUGUESA EN EL TARDOGÓTICO DE LA BAJA ANDALUCÍA. Tesis doctora l de Manuel Romero Bejar ano. 2 1. INTRODUCCIÓN . 3 En las páginas que siguen trataré de demostrar que la influ encia de los canteros portugueses de las pri meras décadas del siglo XVI en la arquitectura de la Baja Andalu cía fue m uy importante. Bas te c omo pr ueba d e lo que digo la can tidad de maestr os y edific ios de filiaci ón lusitana que desfilarán por este tr abajo. De entre estos últimos, unos están do c umentados y otros presentan una serie de rasgos inequívocos que me han hecho situarlos en la órbita del tardogótic o del país vecino, un estilo inconfundible que la historiografía tradicion al ha venido a denominar como Manuelino , término un tanto manido y no excesiva mente correcto que en la actualidad es poco utiliza do en las publicaci ones más rigurosas. Pero antes de entrar en materia, se hace necesario un capítulo introdu ctorio en el que se exponga e l estado de l a cuestión, la metodología utiliz ada y el objeto definido de este trab ajo. Cada uno de es os apartados requ iere cierta e xtensión, dada la c omplejid ad del asunt o que nos ocup a. 4 1.1. ESTADO DE LA CUESTIÓN Empezaré con una revisión bibliográfica de lo que se publicad o hasta el momen to al respecto lo que, desgraciada mente, no es mucho. D e h echo, si nos atenemos a los libr os y artículos qu e versan sobre este asunto, puede afirmarse que la influ encia portuguesa en la arquitectura de fines del gótico en la Baja Andalucía y su ento rno, no existe, o , m ejor dicho, se limita a unos pocos casos aislados que aparecen como por ensal mo. Al parecer, nadie se ha planteado el fenómeno en conjunto, ni como frut o de una verdadera invasión artística qu e sufrió la región a partir de 15 20. Pero antes de pasar a ello, es preciso citar a Fl orentino Pérez Embid, quien en 1944 lanzaba la tajante afirmaci ón, tomada como dogma de fe por los historiadores que l e siguieron, de que “fuera del territorio portugué s, el estilo (Manuelin o) sólo informa la decoración de algún vano aislado y casi siem pre en localidades españolas muy cercanas a la frontera” 1 . El único intent o de acercar se de m od o global a la infl uencia del arte tardogótico lusitano en la arquitectura española fue publicado por Álvarez Villar en 1983 y tiene el signific ativo título de “ Ecos hispánicos del Manueli no” , ya que como explica su autor, “ecos, no influen cia s quiero ver en obras menores del arte español, algunas muy conocidas y otras no tanto, que no por ello dejan de r epresen tar una tendencia , una corriente derivada de la eclosión artística qu e Portugal registraba” . Tal y como explica Á l varez, los edificios que cita y su r elación co n el arte luso, están ligados a la cercanía de la frontera, añadiendo que “ en algunos casos son sólo restos, testimonios más bien de algo más importante ya desaparecido. En otr o s son adiciones intrascendente s en el conj unto de la obra, q ue sirven de claro exponente de un deseo de actualiz ación, pero en ambas ocasiones solo detalles y nunca una obra de primera clase” 2 . Fiel a los principios ex presad os, analiza una serie de o bras cercanas a la frontera en tierras de Pontevedra, Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva, apuntando la influencia del tardogó tico portugués en tan sólo cinco edifici os de los que se es tudiarán en este trabajo: la parroquia de Nuestra Señora de Consola ción de Azuaga, el pala cio de los Zapata en Llerena, la parroquia de Salvatierra de los Barros, la po rtada principal de l a parroquia de San M artín de Almonaster la Real y la ventana d e una ca sa en Ayamonte. Pasando al ámbito de los estudios de la arq uitectura del periodo tard ogótico y protorrenacen tista en Andalucía, hay que indicar que tam poco ninguno de lo s autores que se han ocupado del tema ven una clara influencia portuguesa. Nada indican Pareja y Megía en su Arte de la Reconquista cristian a 3 , como tampoco lo hace Laguna Paúl 4 en su est udio s obr e el gótico andalu z publi cado e n 1 992. Por su parte, Rodríguez Estev e , en un interesante y exten s o artículo dedicado al lla mado Gótico Catedralicio , que no es otra cosa que el conjunto de obras bajoandaluz as y canarias qu e toman como modelo la Catedral de Sevilla, apena s si se ocupa del im portan te factor lusit ano que contribuyó a lev a ntar una buena parte de e stos edificios. 1 PÉREZ EMBID, Florentino: “La portada manuelina de Almonaster la Real (Hu elva)”. Arch ivo Españo l de Arte. Madrid. 1944. Tomo XVII. pp . 270 - 278. 2 ÁLVAREZ VILLAR, Julián: “Ecos hispánicos del Manuelin o”, en DIAS, Pedro (coord.) : As relaçoes artísticas entre Po rtugal e E spanha na época dos descobrimento s . Coimbra. Livraria Mi nerva. 1987. pp. 79 -95. 3 PARE JA LÓPE Z, En rique y MEGÍA NAVARRO, Matild e: E l Art e en la Reconqu ista Cristiana. Sevilla. Gever. 1990. pp. 214 y s s. 4 LAGUNA PAUL, Tere sa: “La Arquitectura”, e n FERNÁN DEZ LÓPEZ, José (coord .): La España Gótica . Andalucía. Madrid. E ncuentro. 1992. pp. 34 -65. 5 Rodríguez habla de o tras posibles influencias de focos como el toledan o, o el propio Renacimient o en estas construcciones, sentencia ndo : “más allá de estas corrientes, sólo cab e reconocer la existencia de algunas manifestacio nes, de menor incidenc ia, tales c omo las que se observan en la Sierra de Huelva , hasta donde lleg aron las aportaciones de canteros extremeñ os y portugueses. En este contexto puede justificarse la singularidad de la gran iglesia de Nuestra Señora de los D olore s en Aracena, y la portada eri gida en la parroquia de S an Martín, en Almonaste r la Real; la cual, ejecutada entre 1523 y 1538, debe catalog arse com o un ejemplar del más genuino g ótico ma nuelin o” 5 . Poco más aporta el mismo autor en su trabajo de 2011 sobre el gótico del sur de España, donde avanz a un poco más en sus po s tulados, afirmando que “la arquitectura tardogótica de este periodo, además de introducir elementos renace ntistas, estuvo sujeta a nuevas influ encias del gótico peninsular. En Almería se percibe el influjo de la tradic ión levantina, tal y como se observa en la iglesia de Santiago de Vélez Blanco. En las tierras occidentales de la provincia de Huelva, en la línea de la vieja Ban da Ga llega, se reconoce con nitidez el trabajo de lo s entalladores portugueses. Si en Ayamonte se vi slumbra la influencia del Algarve, en la Sierra de Huelva se hace patente el trabajo de maestros alentejan os, tal como puede apreciarse en la portada de la iglesia de S an Martín, en Almonaste r la Real. Engalanada con el escudo del Arzobispo M anriq ue de Lara (1 523-1538 ), halla su r eferente más inmedia to en la puerta principal de la iglesia ma triz de San Jua n Bautista en Moura ” 6 . En cuanto a los trabajos so bre el gótico en la actual prov incia de Cádiz , zona donde el fenómeno portugués alcan zó su mayor desarrollo duran t e este periodo, tan sólo García P eñ a dio una leve pincelada en s u Tesis Doctoral, publi cada en 1990. Allí, al trata r sobre las obra s del siglo XVI esc rib e que “ deb en corresponde r a este siglo algunos soportes adosados de fuste torso que se dan en la iglesia de San Mateo (de Jerez) , enma rcando los ventanales de la cabecera y en la capilla de la Misericordia de Arcos, f undación ducal, también en su cabecera. Aunque estos soportes proli feran en el XVI en nuestras iglesias góticas levantinas, pienso que en la zona de nuestra diócesis (en referencia a la de Jerez) ha de considerarse influ encia del manuelino portugués, tan evid ente en las tierras de la vecina provin cia de Huelva” 7 . Sin embargo, su atinado come ntario pas ó desapercibid o a Fernánd ez López, quien con un despis te considerable escribió lo siguien te en referencia a la arq uitectura de fines del gótico en Cádiz: “Durante el siglo XV y principio s del XVI, muchas de las primeras iglesia s fue ron sust i tuidas , remodeladas o const ruidas de nueva planta, debid o al apogeo económico de aqu ella etapa y a causas telúricas. Todo ello fomentó las forma s tardías de un gótico aristocrát i co, r epe rcutido por las ob ras d e la catedral de Sevilla, tanto en lo s elementos estructurales, como en los decorativos. De estos últimos, las portadas cua jaron un est ilo de características hispanofl amencas, cuyos mejores tipos los enc ontramo s en Arcos y J erez de la F rontera” 8 . 5 RODRÍGUEZ ES TÉVEZ, Juan Cl ement e: “El Gótico Cate dralicio. La influencia de la Catedral en el Arzobispado d e Sevilla”, en JIMÉNE Z MARTÍN, Alfonso (e d.): La Pied ra Postrera. V Ce ntenario de l a conc lusión de la catedral de Sevilla. Sevilla. Turri s Fortísima. 2007. To mo I, pp. 175 -255. 6 RODRÍGUEZ E STEVE, Juan Cl emente: “ El tardogótico del s ur: Andalucía y Canarias”, en ALON SO RUIZ, Begoña (ed.): La A rquitectura Tardogó tica Castellana entre Europa y América. Madrid . Sílex. 2011 . pp. 81 -109 7 GARCÍA PEÑA, Carlos: Arquit ectura gótic a religiosa en la provincia de Cádiz. Diócesis de Jerez. Mad rid. Universidad Co mplutense. 1990. Tomo I, p . 70. 8 FERNÁNDEZ LÓPEZ, José: “Cádiz Gótica”, en FE RNÁNDEZ LÓPEZ, J osé (coord .): La España Gótica. Andalucía. Madrid. E ncuentro. 1992. pp. 339 - 378. 6 En cuanto a Extremadura, resulta muy interesante la breve reseña que Pizarro Gómez incluy e en el estudio general que se pub licó sobre el gótico e n la región, afirmando que en la fase final del estilo “puertas y ventana s se perfilan e n arcos apuntados, carpaneles o conopia les y las fachad as se decoran con pinácu los florenzados, bol as, alfices, etc., así como con elementos procedentes del arte manu elino portugués, como los cordeles marineros, los caraco lillos o las columnas de fustes to rso s, además de en Olivenza (Bada joz), donde destacan construcciones como la iglesia de La Magdalen a o el Palacio de los Duques de Cadaval, podemos rastrear en otras poblacion es extremeñ as como Hoyos, Valve rde del Fresno, Mata de Alcá ntara, Trujillo, Badajoz , Zafra o Azuaga . El Hospital de Santiago de Zafra (Badajoz), en cuya portada el baquetón se transforma en caprichosa ondulación, o el Palacio de los Chaves-Cárdenas de Trujillo (Cáceres), cuya portada flanqu ean dos pila res de fustes entorchados, son algunos de los ejemplos más significa tivos de la resonancia que enc ontró en Extremad ura el manu elino portugués” 9 . Por su parte, y en referencia a la Baja Extre madura, Banda y Vargas aprecia “en las partes limítrofes, algú n eco del mundo artístico portugués ” 10 . Igual de ambig uo resulta Sánchez Lomba, quien en su artículo sobre el Renacimiento en tierras extreme ñas refiere que “a veces se detecta una posible relación con el vecin o y coetáneo Manuelino portugués en la utilizaci ón de complejas curvas, vástagos florenzados, caracolillos o fustes entor chados, como puede observarse en varios edificios, civiles y relig iosos, de la otr ora villa p ortuguesa de Olivenza , o en v entanas o puntos aislados de algunas casas de villas cercanas a la frontera, a la Raya : Valverde del Fresno, Mata de Alcántara, Eljas, Badajoz , etcétera” 11 . De v i sionario d e podría tachar a Fortea Luna 12 , quien afirma que v arias iglesias bajoextremeñas se encuentran influid as por la iglesia de la M agd alena de Olivenza por el sencillo hecho de tener una torre sobre la p ortada principal, sin tener en cuenta que esta disposición tuvo su orig en en el últ im o gótico eur opeo, con magn íficos eje mplares c omo la c atedral de Ulm , del siglo XV. El resto de referencias a la influencia de la arquite ctura portuguesa de finales del gótico en el ámbito de estudi o de este trabajo se reduce a edifici os individuales, como Santo D omingo, San Mateo y San Miguel de Jer ez 13 , el monasterio de La Victoria de El Puerto de Santa María 14 , la 9 PIZARRO GÓMEZ, Fran cisco Javier: “ Arquitectura” , en FE RNÁNDEZ LÓPEZ, José y PIZARRO GÓMEZ, Francisco Javier (coord .): E xtremadura gó tica. Madrid. Encuentro. 1995. p. 30. 10 BANDA Y V ARGAS, Anton io d e la: “Arq uitectura del R en acimiento y Barro co”, en TERRÓ N ALBARR ÁN, Manuel (Dir.): Historia de la Baja Extremad ura . Badajoz. Real Acad emia de Extremadu ra de las Letra s y las Artes. 1986. To mo II, pp. 547 y ss. 11 SÁNCHEZ LOMBA, Fran cisco Manu el: “Arquitectu ra del Re nacimiento en E xt remad ura”, N orba Arte. Cáceres. 1988. Nº. 8. pp. 69- 96. 12 FORTEA LUNA, Manuel: La iglesia de la Magdalen a de Olivenza . Modelo del Gótico Portugués. Badajoz. Caja d e Badajoz. 20 08. pp. 493 y ss. La s i glesias en las qu e aprecia la supuesta influencia d e la Magdalena d e Olivenza son la parroq uia de la Concepc ión de Hornach os, la parroquia de Nuestra Señora del Valle de Villafranca de los Barros, la parroqu ia de Nuestra Señora de Consolació n d e Azuaga, la parroqu ia d e San Pedro d e G arrovillas, la parroqu ia de N uestra Señora de los Ángele s d e Los Santos d e Maimona y la parroquia d e San Miguel d e Jerez de lo s Cab alleros, que para más inri, fue con struida durante el siglo XVIII. 13 SANCHO DE SOPR ANIS, Hipólito: Intro ducción a l e studio de la arquitec tura en Xerez. Je rez. Guión. 1934. pp. 13 y ss. 14 ROMERO MEDINA, Raúl: “Los can teros d e la obra tard ogótica del monasterio d e La Victoria de El Puerto de Santa María (1522 - 1544)”, Re vista de Historia d e El Pue rto. E l Puerto de Santa María . 2010. Nº. 44. pp . 59- 78. 7 iglesia de San Martín en Almonas ter la R eal 15 , algunas construcciones de Ayamont e 16 , la igl esia de Nuestra Señora de Consolaci ón en Azuag a 17 , la parroquia de Nuestra Señora de los Ángele s de Los Santos de M aim ona 18 , la parroquia de Santa Marta en Santa Marta de lo s Barr os, la parroquia de San Blas d e Salvatierra de los Barros 19 o el con vento de Santa Clara d e Montilla 20 . De todos ellos se dará cuen ta en su debid o lugar. 1.2. SOBRE EL ENREVESA DO OBJETO DE ES TA TES IS. 15 PÉREZ EMBID, Florentino: Op. Cit. ; MORALES M ARTÍNEZ, Alfredo J.: Arquite ctura medieval en la Sierra de Aracena. Sevilla. Dip utación Pro vincial d e S evilla. 1976. pp. 120 -121; FAL CÓN MÁRQUE Z, Teodoro: La iglesia p arroquial d e Almona ster la Rea l (Huel va)”. Laborato rio de Arte. Sevilla. 1989. Nº2. pp. 33 -43; LAGUNA PA ÚL, Teresa: “H uelva Gótica”, en FERNÁNDE Z LÓPEZ, Jo sé (coord.): La Españ a Gótica. Andalucía. Madrid. Encuentro. 1992. pp. 379-42 6; OLIVER CARLOS, Alberto , PLEGUEZUELO SÁNCHEZ, Alfonso y SÁNCHEZ S ÁNCHE Z, José María : Guía histórico -artística de la Sierra de Ara cena y Picos d e Aroche . Aracena . Iniciativas L eader Sierra de Ara cena y Picos de Aroche. 2 004. p p. 38 -41; CAR RASCO TERRIZA, Manuel Jesús: “La porta da Manuelina de Almona ster”, Bolet ín Oficial d el Obispado d e Huelva . Huelva. Octubre -diciembre de 2011. N º. 406. pp. 233 -252. 16 MORENO FLORES, María An tonia: “El Con ve nto de San Francisco en la ciud ad de Ayamonte”, en PELÁEZ DE L ROSAL, Manuel (ed.): Actas de l S imposio El Franc iscanismo en Andaluc ía. C ajasur. Córd oba. 2002. Tomo II, p p. 569-591; CARRASCO TERRIZA, Man uel Jesús, et alii: Guía artí stica de Hu elva y su provincia. Sev illa. Fundación Jo sé Manu el Lara. 2006. pp. 531 y ss. 17 ÁLVAREZ VILLAR, José: “Vila do Conde y Azuaga en la relación artística hispano- p ortuguesa”, en CAAMAÑO MARTÍNE Z, J esús María (dir.) : Relacio nes artísticas entre Portugal y España. Salaman ca. Universidad de Salamanca. 1986. pp. 33-46; AA. VV.: Azu aga y su arte. Azuaga. Ayuntamiento de Azu aga. 2001. pp. 53 y ss. 18 GARRIDO SAN TIAGO, Ma nuel: Arquitectura religiosa del siglo XVI en Tierra de Barros (Badajoz). Badajoz. I nstitución Cultural Pedro de Valencia. 1983. pp . 145 y ss. 19 GARRIDO S ANTIAGO, Manu el, NAVAREÑO MATEOS, An tonio y SÁNCHEZ LOMBA, Francisco Manuel: “Características tip ológicas de la arquitectu ra ecle sial de l Señorío d e Feria (Badajoz) ”, No rba Arte. Cáceres. 1991. Nº. 11. pp. 51 - 69. 20 CASADO ALCAIDE, J uan y JORDANO BARBUD O, María de los Ánge les: Mud éjar en la clau sura. El conven to de Santa Clara de Mon tilla. Córdoba. Dip utación Provincial de Córdoba. 201 0. pp. 28 y ss . 8 “La historia arquitectónic a de este periodo es extraordin ariamente enmarañada y confusa, por el sistema de trabajar de los artistas, que muchas veces la documentación contemporánea , cuando existe, con funde más que acla ra. Unos daban las trazas, modificad as de continuo p or la frecuente int ervención de otr os. Maestros de fama destajaban obras no traza das por ellos y que es f recuente pasen como suyas. El único medio es acud ir al análisis detenid o de las formas arquitectónic as, sin dejarse llevar pr i mordialm ente por lo que los documentos parecen sugerir” 21 . El o bje to de esta Tesis Doctoral es poner en evi dencia la importan cia que tu vi eron los maestros portugueses, y lo s elementos constructiv os y o rna mentales que trajeron de su país, en la arquitectura de S e villa y su entorno durant e la primera mitad del siglo XVI. Los document os localizados en diversos archivos dejan claro que hubo un importante grupo de canteros y alb añiles lusos en esta zona d urante ese periodo. Pero tal y c omo indican la s palabras de Torres Balbás que encabezan este epígrafe, el asunto es muy complicado y en muchos casos ha sido el análisis formal el que me ha llev ad o a relacionar con los portuguese s varias obras. Como se desarrollará en las líneas que si guen, las complejas redes sociales de los canteros peninsul ares del siglo XVI pr opiciaron qu e un importante grup o de op erarios se desplazasen a partir de 1520 desd e Portugal a la Baja Andalucía, donde import aron sistemas constructivos y motivos o r namentales que se venían desarrollando en su tierra desde hacía apenas quince añ os. El primer pr obl em a llega co n la denominaci ón d e estos maestros. Como se verá , ellos se llamaban a sí mismos canteros , albañiles y entalladores, pues ejercían estos oficios relacionad os con la c onstrucción y que comprendían la e xtracción de la pie dra, su talla y asentamient o o la construcción de los más divers os elementos que iban desde ta pias, cañerías o complejas bóvedas de crucería. No obstante, sabemos que alguno de ellos, como Fernan do Álvarez o Domingo Pérez, trazaron edificios o parte de ellos, por lo que bien podríamos calificarlos como arquit ectos. Pero no todos van a figurar como maestros mayores d e las obras en las que trabajar on, por lo que un segundo punt o que hay que dejar muy claro es el modo en que estos operarios se integraban en los edifici os en lo s que intervení an a la s órdenes de otros, pero con tal grad o de libertad que po dían alter ar los proye ctos originale s hasta el punto de que la huella portuguesa sea perfectament e visible en un grupo de construcciones dirig idas por otros. General mente este otro era Diego de Ria ño, principal v aled or de los lusitanos en Sevilla y su entorno tras su estancia en Lisb oa entre 1517 y 1522 22 . Sabemos que Francisco Bu elta, muy posib lemente Boytac y por tanto miembr o del impo r tante linaje de co nstruc tores lusos, trabajó como aparejad or de Riaño en las obras de la Catedral de Sevilla y la iglesia de San Miguel de Morón. En aquel tie mpo, el apareja dor no sólo se encargaba de ejecutar las trazas que daba el arquitecto. Hay dos testim onios de mediad os del XVI que hacen pensar que e l aparejad or era una suerte de arquitect o auxiliar a la s órdenes del maestro mayor. El 2 0 de d iciembre de 1546, vario s vecinos de la parroquia de San M igu el de Jerez llegan a un acu erdo para comenzar un pleito contra los maestros que estaban trabajan d o en la obra de la iglesia, al considerar que estab an realizand o un gasto excesivo. En el document o se dice muy claro que los acusad os eran “la persona que traço la dicha obra como 21 TORRES BALBÁS, Leop oldo: Arquitec tura Gótic a. Ars Hispaniae . Historia Universal del Arte Hispánico . Madrid. Plus Ultra. 1952. p. 374. 22 MORALES MARTÍNEZ, Alfredo J.: “Diego de Riaño en Lisboa”, Archivo E spañol d e Arte. Madrid. 1993. Nº. 264. pp. 404-408. 9 el que la hizo e labro que son martin de gainça e pedr o hernandes de la çarça” 23 . Sin embargo, lo que parece dejar bien dif erenciadas las funci ones de cada uno, se ve pu esto en entredicho al dejar Fernández de la Zarza su nombre inscrito en la bó veda de la capilla del Socorro de dicho templo, tan sólo un año después. Pensa mos que si alguien fir ma una obra, es p orque se encargó de algo m á s que la ejecución del diseño de otro y así, ese nombre grabado en la piedra es una muestra de o rgullo por una creaci ón con siderada como propia. Mucho más patente queda la confusión de funcion es entr e arq uitect o y aparejador en el document o de 1567 por el que Francisco Rodríguez se compromete a ser maestro auxiliar de Hernán Ruiz II en las obras de v arias parroquias jerez anas: San Salvador, San Miguel, San Juan de los Caballer os, San Mateo, San Ma r cos, Santiago y San L ucas. En el expedie nte se inserta una carta de Hernán Ruiz al provisor del Arzobispad o, en la que el m aestro cord obés ex plic a que “para la prosecuçion de las obras que están comensada s y de las que se an d e comensar di razón y tr aça a francisco Rodrigues maestro mayor de la dicha çibdad (de Jerez) al qual señale y señalo con facultad de vuestra merçed por maestro de las dichas o b ras y aparejador de ellas en my ausensya el qual dig o que es abil y sufisie nte y de su abilidad y sufisençia estoy satisfecho para la governasyon de las dichas ob ras según my administ rasyon y por que las dichas obras son de calida d y travajosas y çientificas en su governasion e traça conviene la persona del dicho francisco Rodrigues por la espirençi a que del se tiene y estando en las dichas obras bastara una sola visita mya una vez cada año”. Una vez expuestas la s razon es, Francisc o Rodríguez establece su contrato co n los mayord omos para asistir “a la s obras de las dichas yglezias durante los días d e my vida todo el tienpo qu e fuere menester para dar l a horden y las trasas que conveng an a las obras que a la sason labraren para que vayan bien as entadas e que yo sea obligado e nos obligamos a poner aparejado r que en las dichas obras de las dichas yglezias e cada una de ellas labrar en e sean abiles y sufisientes pa ra que trasen o trasas que se les dieren las entiendan ” 24 . Es decir, que no sólo el apar ejador de Hernán Ruiz daba trazas, sin o que contrataba a otro aparejador que también tenía la capacidad de trazar. De ahí se deduce que su presencia en la obra tampoco sería consta nte, lo que parece lógico si tenemos en cuenta que Francisc o Rodrígu ez simultaneaba este cargo con el de maestro mayor del Obispado de Cád iz. Pero si este modo de trabajar parece enrevesad o, no lo es menos el que se utilizó en la mejor documentada de las obras sobre las que se tratará: la de la capilla mayor de la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija, ejecutada entre 1518 y 1520. Allí los may ordomos, tras una visita de Gonzalo de Roza s, que se titula maestro mayor de la Catedral d e Sevilla, van a contratar en un periodo que no llega a tres años a un total de nueve maestros, dos de ellos portugueses, sin que quede clar o en ningún moment o quién dirigía las obras. 23 ARCHIVO DE P ROTOCOLOS NOTARIALES DE JERE Z DE LA FRONTERA (a partir de ahora APNJF). 1 546. Oficio XI. Leoní s Ál varez. To mo II, fol. 2009 vto. y ss. 2 0 de diciembre. Citado por ROMERO BEJARANO, Manuel: “ La con strucción de la Cap illa de la Limpia Concepción del monasterio de San Francisco d e Jerez de la Frontera”, en Actas de l Congreso de la In maculada en el Arte E spañol . San Lorenzo d el Escorial. Universidad María Cristina. 2005. Tomo II, p p. 1007 -1029. Los vecino s que pretendían entab lar el pleito eran Juan d e Grajales, Cristóbal de Grajale s, Diego Pavón y Silv estre de Fuentes. 24 APNJF. 156 7. Oficio XIII. Mi guel Jiménez. Fol. 465 vto. y ss. 30 d e julio. Se trata de un complejo documento por el que Fran cisco Rod ríguez presenta varias acr editaciones para ser nombrado aparejador de la obra de varias iglesia s jerezanas. La pri mera de el las es un tra slado d e una carta q ue Hernán Ruiz II es cribe al p rivisor d el Arzob ispado en 13 de noviembre de 1566. La segunda , es el cuerpo del contrato. 16 17 FIG. 1.2.1. CIUDAD ROD RIGO. CATED RAL. NAVE DENTRAL BÓVEDAS. FIG. 2.1.2. U TRERA. TOR RE DEL ÁGU ILA. VIST A INTERI OR. 18 FIG. 2.1.3. ME LGAR DE FERNAMENTA L. PARROQU IA DE LA ASUNCIÓ N DE NUESTR A SEÑOR A. CABECERA. BÓVEDA. FIG. 2.1.4. BURGOS. CATEDRAL. C APILLA DEL CONDES TABLE. BÓVEDA. 19 FIG. 1.2.5. V ALENCIA. LO NJA. CAPILLA. BÓV EDA. FIG. 1.2.6. LISBOA. MONASTERIO DE BELEM. IGLESIA. BÓVEDA. 20 FIG.1.2.7. JER EZ DE LA FRONTERA. PARROQUI A DE SAN MIGUE L. CRUCERO. BÓVEDA. FIG. 1.2.8. BRAGA. CATE DRAL. CAPILLA MA YOR. BÓVEDA . 21 FIG. 1.2.9. LEBRIJA. PAR ROQUIA DE NUESTRA SEÑOR A DE LA OLIVA. CAPILLA M AYOR. BÓVEDA FIG.1.2.10. ARCOS DE LA FRONTERA. B ASÍLICA DE S ANTA MARÍ A. BÓVEDA. 22 FIG. 1.2.11 . LA VID. MO NASTERIO DE SANTA MARÍA. CAPIL LA MAYOR . ENJARJES . FIG. 1.2.12 . BRAGA. CA TEDRAL. CAP ILLA MAYOR. ENJ ARJES. 23 FIG. 1.2.13 . LISBOA. MO NASTERIO D E BELEM. CLAUSTRO . ENJARJE. FIG. 1.2.14 . ALCOBAÇA. M ONASTER IO DE SANTA MA RÍA. ANTESA CRISTÍA. ENJARJE. 24 FIG. 1.2.15 . VILAR DE FRA DES. IGLES IA DE SAN SA LVADOR. ENJARJ ES. FIG. 1.2.16 . JEREZ DE LA FRONTERA. CARTUJA DE SANTA MARÍA DE LA DEFENSIÓ N. CLAUSTR ILLO. ENJARJES. 25 FIG. 1.2.17 . MORÓN DE LA FRONTERA. PARROQUI A DE SAN MI GUEL. PILAR . FIG. 1.2.18 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM. IGL ESIA. PIL ARES. 32 FIG. 1.2.30 . SETUBAL. CO NVENTO DE JESUS. IGLESI A. PILARES . FIG. 1.2.31 . OLIVENZA. PA RROQUIA DE L A MAGDALENA . PILARES. 33 FIG. 1.2.32 . LISBOA. MONASTERIO DE BELEM. CLAUSTRO . TRACERÍAS . FIG. 1.2.33 . GUARDA. CAT EDRAL. PILAR. 34 FIG. 1.2.34 . AZURARA. IGLESIA DE SANTA MARÍA. POR TADA. FIG. 1.2.35 . GOLEGA. IGLES IA MATRIZ . PORTADA. 35 FIG. 1.2.36 . SEVILLA. ATU NTAMIEN TO. APEAD ERO. FIG. 1.2.37 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN MATEO. CAP ILLA MAYOR . VENTANA. 36 FIG. 1.2.38 . ARCOS DE LA FRONTER A. IGLESIA DE LA MISE RICORDIA. PILAR. FIG. 1.2.39 . VALLADOLID . COLEGIO DE S AN GRE GORIO. POR TADA. DETA LLE. 37 FIG. 1.2.40 . VALLADOLID . IGLESI A DE SA N PABLO. PORTADA . DETALLE . FIG. 1.2.41 . BATALHA. MONASTERIO DE LA VIC TORIA. CAPELAS IMPERFEITAS. ARCO DE ACCESO. DET ALLE. 38 FIG. 1.2.42 . UTRERA. P ARROQUIA DE SA NTIAGO. PU ERTA DEL PERDÓN. D ETALLE. FIG. 1.2.43 . RONDA. IG LESIA DE S AN FRANCISCO. PORTADA. DE TALLE. 39 FIG. 1.2.44 . BURGOS. CATEDRAL. TRASCORO . DETALLE. FIG. 1.2.45 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM . CLAUSTRO. BÓ VEDA. DETALLE. 40 FIG. 1.2.46 . AZUAGA. P ARROQUIA DE NUESTRA S EÑORA D E CONSOLA CIÓN. BÓV EDA. DETALLE. FIG. 1.2.47 . MEDINA SI DONIA. IGLESIA DE S ANTA MAR ÍA CORONADA. BÓVEDA. DE TALLE. 41 FIG. 1.2.48 . OÑA. MONAST ERIO DE SA N SALVADOR . CLAUST RO DE LOS C ABALLEROS. IMPOSTA. FIG. 1.2.49 . VALLADOLID . COLEGIO DE S AN GRE GORIO. POR TADA. DETA LLE. 48 FIG. 1.2.62 . RONDA. AN TIGUO MO NASTERIO DE SA N PEDRO MÁR TIR. IGLESI A. MÉNS ULA. FIG. 1.2.63 . JEREZ DE LA FRONTERA . CONVEN TO DEL ESPÍR ITU SANTO . SALA CA PITULAR. ARTESONADO. DETALLE. 49 FIG. 1.2.64 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM . CLAUSTRO . BÓVEDA. FIG. 1.2.65 . JEREZ DE LA FRONTERA . PARROQUIA D E SAN MA RCOS. CAPI LLA MAYOR. BÓVEDA. 50 FIG. 1.2.66 . JEREZ DE LA FRONTER A. CARTUJA DE SA NTA MARÍA DE LA DEFENSIÓN . CLAUSTRO GR ANDE. BÓVEDA. FIG. 1.2.67 . JEREZ DE LA FRONTERA. CONVEN TO DE SANTO DOM INGO. IGLESI A. CORO. BÓVEDA. 51 FIG. 1.2.68 . BURGOS. CATEDRAL T RASCORO. DETALLE . FIG. 1.2.69 . CASALARREI NA. MONAST ERIO DE LA PIEDAD. CLAUSTRO . MÉNSULA . 52 FIG. 1.2.70 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM. PO RTADA MER IDIONAL. D ETALLE. FIG. 1.2.71 . JEREZ DE LA FRONTERA. CONVENTO DE S ANTO DO MINGO. IGLESIA. MÉ NSULA. 53 FIG. 1.2.72 . SEVILLA. CAT EDRAL. TRASALTAR MAYO R. DE TALLE. FIG. 1.2.73 . BAEZA. ARCO DE V ILLALAR. DETALLE. 54 FIG. 1.2.74 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM . CLAUSTRO. MÉ NSULA . FIG. 1.2.75 . LISBOA. MO NASTER IO DE BELEM. REFEC TORIO. MÉ NS ULA. 55 FIG. 1.2.76 . LEBRIJA . PARROQUIA DE NUESTRA S EÑORA DE L A OLIVA. CAPI LLA M AYOR. MÉNSULA. 56 1.3. METODOLOGÍA. Este trabajo se basa en dos pilares fundamentales: el análisis de la documentaci ón histórica y el análisis formal de la arquitectura conservada. En algunos casos se aplican ambos, per o hay veces que las obras han desaparecido o están muy modificadas, y en otras ocasion es no hay ningun a documentación, por lo que tan só l o se puede aplicar la analogía de los edificios con otros cuya aut oría y cronol ogía sí se cono ce. La mayor parte de los do cu mentos que se citan en esta tesis han sido locali zados en el Archivo Municipal de Jerez de la Frontera, bien en los fondos propios del Ayuntami ento, fundamental mente en las Actas Capitulares o el Arch ivo Históric o Reservad o , bien en los protocolos n otariales de la ciud ad, que se custodian a quí. Esta última secci ón, en la que apena s si realizó unas someras catas Sancho de Sopranis entre 1930 y 1960, constituye la base fundamental del cuerpo documental de este est udio . No o bs tante, también he consultado el Archivo de la Catedral de Sevilla para estraer datos de la historia del primer templo hispalense , el Archivo D i ocesano de Jerez de la Frontera para asu ntos relativos a las parroq uias Jerezanas, el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, para los protocolos notariales d e Medin a Sidonia y las obras contemporán eas del jerezano puente de Cart uja, y el Archiv o Históri co Provincial de Sevilla para los protoc olos notariale s de Utrera y Se villa . Además, se inclu yen algunos document os espigado s en el Archiv o Hist órico General de Simancas, el Ar chivo d e l a Cas a Ducal de Medinaceli, el Ar chivo Parroquial de Santa María de la Oliva de Lebrija, el Archivo de la Cofradía del Rosario de Jerez de la Frontera, el Archivo Municip al de El Puerto de Santa María y el Ar chivo Municip al de Antequera. A diferencia de o tr os histor iadores del arte, cuyo nombre oculto por vergüenza, que hablan de sitios que no han pisado, servidor ha v isitad o y fotog rafiado todos y cada uno d e los edificios analizad os en est e trabajo , a excepci ón de alguno s de los que se citan en el epílogo . Este último epígraf e no form a parte del cuerpo de est a tesis, y en él se habla de ciertas construcciones un tant o remotas: la iglesia de Nuestra Señora d e la Asunci ón de San Sebastiá n de la Gomera y una serie de templos ubicados en Mexico. Con dolor de mi corazón, por no tener medios econ ómicos para realizar estos desplaz amientos, he tenid o que contentar me con fotografías y planos a la hora de buscar afinid ades est ilísticas. En esta nómina de inmuebles no visitados he de incluir tamb ién la iglesia del co nvent o de la Purísi ma Conc epción de Carm ona, hoy cerrada. Pese a las gestiones realizadas por mi buena amiga L ola Rivas con el Ayuntamiento Carmonens e y la inmobiliaria fantasm a que en la actualidad es propietaria del edificio, no ha habid o man era de cons eguir franquear sus puertas. El resto se ha conocido in si tu en una serie de viajes pl aneados para document ar esta tesis. José María Guerrer o me acompañó en un primer v ia je a Portugal, do nde v isi tamos Coimbra, Oporto, Braga y Bragan za, mientras que con el propio Guerrero, Francis co Pinto, Raúl Rom ero y Ricardo Nunhes da Silva fueron compañero s en una segunda visita al país vecin o en la que pasamos por Est remoz, Év ora, Setúbal, Lisb oa, Batalh a, Tomar, G olegá y Guarda. Castilla ha sido otro de los destinos re currentes. Raúl Romero y y o vinos el espl endor de la Ribera del D uer o en primavera, mientras pasábam os por Roa, Peñaranda de Duero, Aranda de Duero, Burgo de Osma y un rosario de pueblos dimin utos y hermosos. Miguel Ángel Gómez Portolés y Raúl Romero fueron co mpañeros en una aventura veraniega que recorri ó Toled o, Segovia, Coca, Medi na de Rioseco, Palencia, Burg os, Oña, Medina de Pomar, Casalarreina , Briviesca, Castil de Lence s, Santo Doming o de la Calzad a y Peñafiel. Una tercera odise a 57 castellana tuvo lugar en enero de 2013, entre camp os nevados. Entonces, Raúl Romero y yo volvimos a Palencia y paseam os helados por las calles de Sasamón, Astudillo, Melgar de Fernamental, Villah oz y Sa nta María del Campo. La cuarta tu vo lugar en octu bre del mismo año, cuando Francisco Pinto y yo, después de haber participado en un co ngreso nacional de historia de la construcción, tuv imos lo s redaños de acercarnos desde Madrid a Carrión de los Condes, Medina del Campo, To rd esillas y Alcán tara y Arroyo de la Luz, y a en Extremad ura. La última d e las ex cursi ones castellanas también tuvo como compañero al clima helado, en enero de 2014. M anu el Romero e Isabel Bejarano junto con Ro salía Bejarano y Franc i sco González , mis padres y tío s respe ctivamente, v ini eron con migo a Ciudad Rodrigo y Salamanca , prolongándos e el viaje a Plasencia y Coria, en tierras cacereñas. Valencia, y la familia Gómez Portolés, me acogier on en las Fallas de 2013 para, entre petard os y fiesta, conocer las maravi llas del tardogóti co de la región, en Vil lena, Xáti va y la propia ciu dad valenciana. Más cortas, pero no por ello menos intensas, ha n sido las visitas efectuad as por ti erras andaluz as y del sur de Bad ajoz, esas que han llegado a convencer me de que vivi mos en una de las regiones más hermosas del mundo. Así vi, junt o a Javier Jiménez, al Mediterr áneo besar al Atlántico en Tarifa una luminosa mañana de verano. Subimos como cabras por las azoteas de la parroquia del Divino Sal vador de Vejer de la Fr ontera y acabamos en el exhu berante paisaje de Santa Lucía junto a Ramón Mera, recient emente fallecido. Nos tragamos todo el levante de Medina Sidonia, Paco Pinto, Alberto Sanjurjo, Enrique Rabasa y yo , a la par que una comitiv a en la que no fal taron el cura y varios co ncejales del Ayunta miento, nos recibió como a príncipes. Y crucé la verja de Gibraltar, y me paseé con Esperanza de los Ríos por la cal pura de Arcos de la Frontera y los callados jardines de Bornos. Co nqu istamos la sierra aquella lluviosa mañana entre Olvera y Setenil de las Bo d egas, con Pinto y Enrique Soler. Y d e nuevo volví al mar, al esplend or de Sanlú car y Rota en ma yo con Jav i Jiménez . El mismo Ja vi, Esperanza y Fernando Aroca vinieron a varias excursion es sevillan as, en las que no faltar on risas , t ropiez os y polv orones, canci ón española, monjas enanas, y muy, muy buenos moment os. Del calor y el menudo de Utrera a la galantería de Genar o en Marchena, de la hermosura sin par de Carmona a la disciplina de Rosario en Osuna y la visita al bizarr o museo del man tecado en Estepa. Aú n recuerdo aquel raro diciembre entre borracher as y averías aut omovilístic as con Miguel Ángel Gómez, paseand o por el precioso barrio de San Francisco de Ro nda, el esplend or de la Fuente del Rey de Priego y el convento de Santa Cl ar a de Montilla, donde una monja negra se esforzaba p or explicar en español los avatares his tóricos del con vento, para regocij o de los concurrentes. Como aquella otra ruta, mientras llovía y llovía, ju nto a Raúl Romero, por Fuengirola y Málaga. El propio Raúl, compañero inseparab le de fatigas , vino co nmigo a Úbeda y Baeza en un claro junio a probar las calores de La Lo ma y Las Villas, ader ezadas por su simpar Renacimient o. Con Guerrero y Pint o pase é por Niebla, Villalb a del Alcor y el solitari o y extraño monasterio de la Luz, per dido entre pinares y tierr as ro ja s cerca de Lucena del Campo. De nuevo con Fernando y Esperanza emprendí el camino, llegando hasta Ayamonte una clara mañana de jun io a buscar l a leve huella d e Portugal en la front era. En Extremadura, después de un so noro pinchaz o r eparado por E speranza y Aroca, conocí Calera de León con Curro y Beatriz para después hartarn os de setas; sentí, junto a Fernando Aroca y Ja vier Jiménez, hasta dónde puede llegar la hospitalidad de la tierra en Azuaga acogidos por la familia Bollo Marchirant y co nt emplé junto a María del Carmen Estudillo ese 64 2.1. BURG OS Y SIMÓN DE COLONIA. LA RENOVACIÓN ARQUITECTÓNIC A EN SE VILLA. “A maestre Ximón screbimos luego con nuestro mensajero que vaya a ver la obra desa nuestr a santa iglesia como nos screbistes por amor nuestro que vos conforméis en aqu ello con los que mas saben e no andades en opiniones de personas erradas porque al fin todo redunda en daño de la fabrica desa nuestra santa iglesia” 52 . El 8 de junio de 1495 el arzobispo de Sev illa Diego Hurtado de Mendoza, estando en sus tierras de Guadala jara, enviaba a Simón de Co l onia a la catedral de Sevilla 53 . Se trataba del maestr o burgalés, hijo del ale mán Juan de Colonia 54 , que ya había trabajado para Hurtado de Mendoza cuando era obispo de Palencia trazando el crucero de la catedral de San Antolí n. Esta obra se resuel ve m ediante una bóveda de nervi os combados que sobrepasan la clave p olar envolviendo toda la extensión de la planta 55 y fue cerrada en 1497 por Bartol omé de Soló rzan o 56 . El contenid o de esta carta se confirma en la documentaci ón catedralicia sevillana, pues el 8 de junio de 1495 está asentado el nombre del maestro Simón de Colonia 57 . El 15 de marzo de 1496 se le abonaban 20 doblas por los g astos de ese viaje realizado desd e Burgos a Sevilla 58 . Ya en 1 4 96 cobra como maestr o mayor de la obra sevillana 50.000 maravedíes de quitación anual y en mayo d e 1497 recibía l a m itad de su salario anual. Así las cosas, hay que señalar cómo su llegada se p roduce en un mo ment o crucial por cuanto había que garantizar la finalizaci ón de la constru cción en unas obras ya cercanas al crucer o. Su presencia su pondrá una verdadera ren ovación arquit ectón ica. El mismo Gest oso da cuent a de otro dat o, cual es la reunión celebrada en 149 6 entre Colonia , Alonso R odríguez “maes tro del Puerto” y Antón M artín de Aguilar, para redactar cinc o pareceres “en lo qu e toc aba al fazer d e la o bra” 59 . Alg unos autores han afirmado que el resultado de esta junta fue la incorporación d el maestro jerezan o Alonso Rodríg uez, responsable de las o bras de la P rioral portuense por encargo del I duque de Medinaceli 60 , 52 ARCHIV O DE LA CATEDRAL DE SEVILLA (a partir de ahora ACS). Cajón 8. Leg. 11, núm. 81. Citad o por GESTOSO Y PÉRE Z, José: Sevill a monume ntal y artística. Sevilla. El Conservador. 1890. Vol II, p . 41. 53 Llaguno y Amirola es el prim ero en citar la exi stencia de esta misiva, si bien la fecha un año después a la copia de la carta con serva da en el A rchivo de la Catedr al de Sevilla, cit ada p or Gestoso. LLA GUNO Y AMIROLA, Eugenio: N oticia de los arquitec tos y arquite ctura en España desde su restauración. Mad rid. Imprenta Real. 18 29. p. 85. 54 Una revisión d el maestro en G ARCÍ A CUETOS, María Pilar: “En los límites d e la sombra c omo arquetipo historiográfico. La llegada de Juan de Colon ia y su ap ortación a la arq uitectura tard ogótica en Castilla”, en ALONSO RUIZ, B egoña (ed.): Los últimos arquite ctos del gó tico. Madrid. Elecé. 2010. p p. 71 - 146. 55 H OAG, James: Rodrigo Gil d e Hon tañón. Gótic o y Renacimiento en la arquite ctura e sp añola de l siglo XVI. Madrid. Xara it. 1985. pp . 31 - 32 ; GÓME Z MA RTÍNEZ, Javier: El gó tico español en la Ed ad Moderna. Bóvedas de crucería. Vallad olid. Universidad. 1998. p . 93. 56 Alonso Ruiz documenta cómo en 1508 el Cab ildo palentino quiere tratar con Solórzano asuntos relacionados con los daños que sufre el crucero por él realizado y zanja la polémica at ribuyendo el diseño a Simón de Colonia y la ej ecuc ión a Solórza no. ALONSO RUIZ, Begoña: “E l laboratorio arquitectónico. La huella de la catedral de Se villa en la arquitectura religiosa d el tardogótico” , en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso ( ed.): La Piedra Postrera. V Cen tenario d e la c onclusión d e la catedral de Sevilla. Sevilla. Turris Fortísima. 2007. To mo I, p. 260. 57 FALCÓN MÁRQ UEZ, T eodoro: La catedral de Sevilla. Estudio arquitectó nico. Sevilla. Ay untamiento d e Sevilla. 1980. p . 126. 58 Ibídem. 59 ACS. Fondo H istórico General. Fábrica. 1496. Citado por GE STOSO Y PÉREZ, Jos é: Op. Cit. Vol. II, p. 41 . 60 ROMERO MEDINA, Raúl: “Fá brica, ob ra y mecenazgo arquitectón ico. Lo s Medinaceli y La Prioral de E l Puerto de Santa María entre Juan de Hoces y Alon so Ro dríguez (1476- 1 512)”, en Estudi os de Historia y 65 como maestro mayor de la obra sevillan a, junto a dos aparejador es, Alfons o Martínez y Antón Ruiz 61 . Esta afirmaci ón es correcta pero debe ser matizada. Así, de acuerdo con los últim os hallazgos documental es, ya en 1491 Alonso Rodríg uez formaba parte del taller sevillano, ocupándose al mism o tie mpo de las iglesias de Je rez de la Frontera y El Puerto de Sant a María 62 . Po r tanto, esta jun ta de maestr os debe s er entendida dentro de un co ntext o d e búsqueda de soluciones para el replanteo de la zona de crucero , la co ns trucció n de la Capilla de la Antigua, qu e iba a ser destinada a enterramiento del arzobispo Hurtado de Men doza, o el levantamient o de la Sacristía de los Cáli ces. Pero también como una oportunidad del Cabildo para seleccionar a una fi gura que pudiera hacer f rente a situacione s inesp eradas en las ausencias del maestro burgalés; ausencias que fueron frecuentes pues consta el pago qu e ordenó el Cabildo en 149 7 “al dicho Maestre Ximón d e presente quando vino a v er la obra este dicho año de 97, de un cuero de vino e 20 gallin as 835 mar a ravedis” 63 . To do apunta a que Simón de C olonia fue contr atado para labores de traza . Alonso Rodríguez, que ha bía demostrad o ser un h ombre de confianza del taller fue para el Cabildo una posible so luci ón ante la imposibilidad de monopolizar los servicio s de Colonia , quien se encontraba vinculado a números comitentes, entre ellos po der osas familias de la nobleza cas tellana co mo los Velasc o 64 . Suponemos que las aspiraciones de los resp onsables d e la Fábrica iban diri gidas a manten er a toda costa a un hombre que garantizara el fin de la o bra , aún a sabiendas de qu e su lenguaje constructivo no iba más allá de las bóvedas de crucería con terceletes y nervio espinazo. Sin embargo, c ontaba con la experiencia sufici ente como p ara ejecutar las trazas que daba Col onia. Consciente de ello, el Cabildo aprovechó esta coyuntura y contrató a Ro dríg uez con un salario de 1 0. 000 m ar avedíes, cifra cuatro veces inferior a los honorarios del burgalés. Pero lo que el Cabildo no tení a previsto era qu e Colonia marchara tan pronto, pues abandonó definitiva mente el taller en 1498 65 . Entonces, sus aspira ciones se vieron truncadas y Alonso Rodríguez se convirti ó en el máximo responsabl e de la o bra. Ello tendría nefastas consecuencias, como lo atestig ua la caída del cimborrio el 28 de dicie mbre de 1511 66 . El paso de Simón de Colonia por la catedral de Sevilla ha generad o un amplio debate historiográfico , aunque la crítica señala cómo su huella quedó patente en las trazas de unos elementos arquite ctónicos singulares, previa mente ensayados en el foco de Burg os. Se trata de la bóveda de la capilla de la Antigua, así co mo a la estructura del primer crucero sevillan o, cerrado con un cimborri o y arruin ado en 1511 67 . Ambas o bras se llevar on a cabo baj o la Arte. Cente nario del Laboratorio de Arte. Sevilla. Univer sidad de Sevilla. 20 09. Tomo I, pp. 401 -415; Id .: Arquitectura m edieval en E l Puerto de S anta María. Del Islam a l inic io del Renac imiento. Tesis doctoral inédita. Agradezco a l autor la amabilid ad que ha ten ido al dejarme consultar e ste trabajo. 61 RODRÍGUEZ E STEVE, Juan Clemente : Op. Cit. p . 324 y ALONSO RUIZ, Begoña: Op. Cit. p. 259. 62 ROMERO MEDIN A, Raúl y ROMERO BE JARANO, Manu el: Op. Cit. p. 178. 63 Ge stoso sostiene que e ste dato está asentado en el Libro de Fá brica d e ese año aun que no he podido comprobar est e extremo. GESTOSO Y PÉREZ, José: Op. Cit. V ol. II, p. 41 . 64 ALONSO RUIZ, B egoña: “Arq uitectura y arte al ser vici o del poder. Una visión de la ca sa de Ve lasco durante el siglo XVI”, en Patr onos y colec cionistas. Lo s condesta bles de Castilla y el arte (siglos X V -XVII). Valladolid. Univ ersidad de Vallad olid. 2005. pp. 123 -206. 65 FALCÓN MÁRQUE Z, Teod oro: Op. Cit. p. 1 26 y JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so: Op. Cit. p . 85. Llagun o afirmaba errónea me nte que el maestro continuó en Sevill a hasta 1502, fecha de su mu erte. LL AGUNO Y AMIROLA, Eugenio: Op. Cit. p . 85. 66 GESTOSO Y PÉRE Z, José: Op. Cit. Vol. II , p. 48. 67 ALONSO RUIZ, Begoña: “ El laborato rio arqu itectónico. La huella de la catedral de Sevilla en la arquitectura religiosa del terdogótico” , en JIMÉN EZ MARTÍN, Alfonso (ed.): La Pie dra Postrera. V Centenario de la con clusión de la cated ral de Sevilla. Sevilla . Turris Fortí sima. 2 007. pp . 260 -261; GAR CÍA 66 dirección de Al onso Rodríguez, quien además se encargó de conclu ir las cubierta s de las naves colaterales del templ o, co n el cierr e de sus b óvedas y el so lad o de az oteas, entre 1497 y 1499 68 ; el cierre en 1504 de la capilla mayor, la contigu a al tramo de crucero, cubierta con bóveda de terceletes y pl ementería decorada con caireles 69 ; y los trabajos iniciados en 150 9 para levantar un primer espacio para un a sacristía 70 , cuya traza es atribuida por Rodríguez Estévez al m aes tro 71 . Así, en 1511 la docu mentación ofrece datos que acreditan la terminación de una “capilla de los cálices nueva” 72 que debe iden tificarse co n la sacristía citada 73 . Como veremos, hubo v arias capillas de los Cálices y esta, “la nueva” , debi ó sustituir a la que existía en 1507 junt o al altar del c anónigo Diego de Sevilla , e n la actual cap illa de San Isi doro 74 . Este asunto se retomará má s adelante, volviendo de nuevo s obre la huella que Simó n de Colonia dejó en la catedral. CUETOS, María Pilar: Op. Cit. pp. 128- 130; N USSBAUM, No rbert: “Space and form r edefined. Paradigm shifts in german architectu re, 135 0- 1550”, en JIMÉNE Z MARTÍN, Alfonso ( ed.): La Piedra Postrera. V Centenario de la conclusión de la catedral de Sevilla. Sevilla. Turris Fortísi ma. 2007. Tomo I, pp. 326 -327; JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so: “Rareza s de la capilla d e la A ntigua de la Catedral d e Sevilla”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so (ed.): La Piedra Postrera. V Centen ario de la conc lusión de la catedral de Sevilla. Sevilla. Turris Fortísima. 2007. Tomo II, p p. 401 - 420. 68 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: “Las fechas d e la s formas”, en JIMÉNE Z MAR TÍN, Alfon so (ed.): La Catedral Gótica de Sevilla. Sevilla. Univ ersidad de Sevilla. 2006. p p . 82 - 86. 69 JIMÉN EZ MARTÍN, Alfonso: O p. Cit. p. 89; FERNÁN DEZ CASAN OVA, Adolfo: Memoria sob re las causas del h undimiento a caecido el 1º d e agosto d e 1888 e n la Catedral de S evilla. Sevilla. Imprenta de la plaza de la Constitución . 1888. p. 1 9. 70 Alfredo Morales recoge el testimonio de 26 de septie mbre de 1509 cuando se crea una comisión p ara entender “en la traça de la sacristía e po ner en obra to do lo q ue conveniere a la t raça de e lla” . ACS. Fondo Capitu lar 1498-1525, folio 277. Apenas quince d ías después, el 10 d e octu bre de 1509, comenzaban los trabajos “ entre las diez y las honze horas ante de m edio dia manda ron sus m ercedes fazer la sac ris tía de la santa iglesia a la cual fue todo e l c abildo a ver comença r acavalla” . ACS. Fond o Capitular 1498 -1525, folio 277. Citado por MORALE S MARTÍNE Z, Alfredo J.: La Sacristía Ma yor de la Catedral de S evilla. Sevilla. Di putación Pro vincial de Sevilla. 1984. p. 185. 71 RODRÍGUEZ ESTÉVE Z, Juan Clemente: “ El maestro Alon so Rodríguez”, en ALON SO R UIZ, Begoña (ed.) : Los últimos a rquitectos del g ótico. Ma drid. Elecé. 2010. p. 2 87. 72 E l 1 d e abril de 1511 se pag a al albañil Pedro Díaz “por solar la ca pilla de los c alices” . ACS. Fon do Capitular. Libros de Cargo y Data, núm. 26, 1511, folio 10. Citado por RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Clemente: Op. Cit. p. 287. El 7 de mayo del mis mo año se p aga al carpintero An tón García “p or las puertas que fiço para la capillas de los calices nueva”. ACS. Fondo Capitular. Libro de Cargo y Dat a, n ú m. 26, 1511, fol. 11 . El 15 de diciembre al do ctor H errera se le pagan 2.608 maravedíes “ de xxxi ce rr aduras que le comp ré para poner en los caxo n es de la capilla de lo s c álices” . ACS. Fondo Cap i tular. Libro d e Cargo y Data, núm. 26, 1511, folio 6 vuelto. Citad o s p or JIMÉNE Z MARTÍN, Alfonso: An atomía d e la Catedral de S evilla. Sevilla. Di putación Pro vincial. 2013. pp. 184 y ss. 73 Para Jiménez Martín se tra taría de la u bicación de la actual S acristía d e lo s Cálices, pues en el in forme redactado por Alonso Rod ríguez tras la caída del ci mborrio la descripc ión que hace d e la ubicación de este e spacio “ Comença ndo de sde la Capilla de los Santillan es hasta la sacristía que agora es to mado todo a la redonda” , coincide con la u bicación de su espa cio actual, justo en el muro d e levante d el crucero. A este respecto , véase JIMÉN EZ MARTÍN, Alfon so: “La s f echas de las formas”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso (ed. ): La Cat edral Gótica d e Sevilla. Sevilla. Universidad de Se villa. 2006. p . 103. 74 “ Item po r este mismo dia [martes 4 d e mayo de 15 07] m andaron que e l m aestro de la o bra h aga la libreria para lo s libros g randes del Co ro en la postre ra capilla que esta p or donde van a l Consistorio e q ue haga u na capilla d onde esta la capilla d e los Cálice s ju nto c abe el alta r de Diego de Sev illa, canónigo ”. Citado por JIMÉN EZ MARTÍN, Alfonso y PÉ REZ PEÑARANDA, Isabel: Cartog rafía de la Montaña H ueca. Sevilla. Cabildo Metrop olitano. 1997. p . 111. Según e stos autores s e tra ta de la actual cap illa de San Isidoro, pu es e staba al lado del alta r de Diego Alonso de S evilla , actu al altar de la Virgen del Madroñ o. 67 2.1.1. LA CA PILLA DE LA ANTIGUA Y EL CIMBORRIO DE LA CATE DRAL DE SEVIL LA. Simón de Colonia dejó su impront a en la traza de la capilla de la Antigua, un lugar que iba a ser profundament e reformad o para servir de enterra miento al arzobispo Diego Hurtado de Mendoza 75 . Aunque la documentación catedralicia nada dic e al respecto, el burgalés es el m ás firme candidat o a su autoría, máxime si tenem os en cuenta que es el espacio funerario diseñado para el comitente que lo trajo a Sev illa. L os aspect os estilísticos refuerza n esta teoría. La capilla fue diseñad a aten diendo a un modelo de bóveda que sigue la tradición ger mánica, como lo pone de relieve el juego de interseccion es con el característic o cruce de sus ja rjamentos 76 , algo rastreabl e en modelos de Burgos como los de la capilla del Condestable o en el claustr o de San Salvad or de Oña 77 . Ese mismo cruce de nervios es perceptible en la bóveda que cubre el espacio adosad o al muro meridional de la Capilla de la Antigua y que fue diseñado como sacristía (FIG . 2.1.1.) , a la que se le superpuso un piso superi or “ la segunda capilla de la sacristanya ” 78 al que se accedía por una e scalera desaparecida tras las reformas que realizara el arzobisp o Salcedo y Azc ona en el sigl o XVIII para colocar all í su en terramient o. La bóveda de la Antigua (FIG. 2.1.2.) presenta una solución estereot ómica nunca ensayada en Sevilla, por cuanto sus nervios diagonales en su salida desde la clave principal, reciben cuatro claves secundarias, en torn o a las cuales se articula v arias composiciones que juegan co n lo s terceletes. En sus enjarjes perimetrales (FIG. 2 .1 .3.) , hacia la caja de muros, se produce el juego de cruces con mayor complejidad en los ángul os (FIG. 2.1.4 .) . Se trata, sin duda, de la interpretaci ón burgalesa de las b óvedas ger manas 79 . Jiménez Martín 80 situa hacia en 1 496 el inici o de l a obra de la Antigua en la que Alonso Rodríguez trabajó activamente sobre la traza de su predecesor. L a atrib ución de la traza a Rodriguez queda descartad a, no só l o porque el estilo nada tiene que ver con el maestro local, sino porque cuando el 22 de febrero de 1502 el Car denal ordena continuar las obras señala que había de ser “conforme a la muestra que nos tenemos y ha visto el maestro mayor de la s obras de la dich a nuestra S anta Iglesia ” 81 , que por aqu el entonces era el propio Rodrígu ez . Consta que las obras se prolongaron a causa de la muerte del arzobisp o, pero que fueron concluidas despues del despi do del maestro jerezano. En dicie mbre de 1512 se c erraban sus 75 RECIO MIR, Álvaro: “ La llegada del renacimiento a Se vill a: el proyecto d el carden al Hurtado de Mendoza para la Capilla de la Antigu a de la Catedral”, A rchivo Español de Arte. Madrid . 2000. N º. LXXIII. pp. 182 - 190. 76 GÓMEZ MAR TÍNEZ, Javier: O p. Cit. pp. 67 - 68. 77 Aún así ha h abido autores q ue ponen en d uda su autoría, como el al emán Nussbaum, que plan tea la posibilidad d e Alon so Rodríg uez como au tor de su tra za : “ Isn´t it mo re likely that A lonso Rod ríguez, named a s ma estro mayor, i s responsable for th is de sign? ” (NUSSBAUM, Norb ert: Op. Cit. p . 326). Otros propon en au torías descabellad as al atribuir la obra a Lorenzo Vázqu ez d e Segovia, a p es ar de qu e el estilo de este maestro no gua rda re lación con la e scuela de Burgos (RE CIO MIR, Álvaro: Op. Cit. pp. 187 - 189 ). Sobre Lor enzo Vázquez, véase ROMERO MEDIN A, Raúl: “ La arquitectu ra en época de los Reyes Católicos. Lo renzo Vázquez de Se govia introd uctor del Renacimiento e n Castilla (c.1450- 1515 )”, en Anuario Científico Un iversidad Isabel I de Castilla . Burgos. 2013. Nº 2. pp. 479 -498. 78 ACS. Fondo Histórico Gen eral. L egajo 89, do cumento 6/1. Citado p or RECIO MIR, Ál varo: Op. Cit. pp . 182 -190. 79 MARTÍN TALAVE RANO, Ra fael y PÉRE Z DE LOS RÍOS, Car men: “Lat e german goth ic m ethods of vault design and their relationship s with Sp ain ribbed vault”, en Nuts and Bolts o f Const ruction History: Culture, Tecnolo gy and society. Paris. Gallimard. 20 12. Tomo I I, pp . 83 - 90. 80 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: O p. Cit. p. 82. 81 ACS. Fondo Histórico Gen eral. L egajo 89, do cumento 6/1. Citado po r RE CIO MIR, Ál varo: Op. Cit. pp. 182 -190. 68 bóvedas como l o prueban las cargas de jarras y cántaros comprados para enjarrarla 82 , si bien hasta 1517 no se soló la azotea. No obstante, en 15 09 el interior del espacio había de est ar concluido, pues ese añ o se instaló frente a la imag en de la Virgen de la Antigua el sepulcro del cardenal, que después fue removido e ins talado en su ubicación actual al trasladarse el fresco de la Virgen al tester o meridional de la capilla 83 . El cerramiento del crucero mediante un cim b orrio, arru inado el 28 de dic iembr e de 1511, es otra de las trazas atribuidas a Simón de Colonia y ejecutadas, quizás reinter pretadas, por Alonso Rodríguez. De haberse conservado los cinco pareceres escrit os en la citada reunión de 1496 entre Colonia, Rodríg uez y Antón Martón de Ag uil ar , hubiésemos podido tomar mejor el pulso a la obra diseñada por el burgalés. En cualquier caso, todo apunta a que el m aest ro Simón quiso llevar a Sevilla la tradición de esta estructura previamen te ensayada en la catedral de Burgos p or su padre, Ju an de Colonia, luego arrui nada 84 . Como señal a Guerrero Vega 85 el plano de Bidaurreta muestra un cimborrio dibujado co n una bóveda de crucería co n terceletes y, por tanto, no refleja las modificacion es que realizó respecto al diseño Simón de Colonia, pues este plano fue ejecutado como y a he mos señalad o sesenta y dos años antes d e la presencia del maestro burg alés en Sevilla. No obstante, el plan o de Bidaurreta no incluye la altura de la bó veda proyectada para el cim borri o, co mo sí lo hace con el resto de sus cubiertas. Ello permite plantear la hipótesis de que aunque se te nía clara una posible solución de planta cuadrada, no s e tenía tan definido su diseño final. Probablem ente Colonia trazó un plan acorde con las características del templo sevillano, con una forma de cimborri o de planta cuadrad a. La predela del retablo mayor de la catedral (FIG. 2.1.5. ) es el único testimonio gráfico que recoge una maqueta que representa el templ o gótico en esa fecha . Realizad a por lo s entalladores Jorge y Alejo Fernández Alemán, el crucero apare ce levantado de forma cuadrad a muy simplificada y aunque le falta una pieza superior parece que pudo ser el original 86 . Ello anima a Jiménez M artín a datar esta representaci ón en 1509 87 . Esta imagen coin cide con la idea que se ha propuesto de un cimbo rrio de planta cuadrada siguiendo los m odelo s normandos 88 . No obstante, la altura de la representación de la predela del retablo mayor parece contradecir el testi monio de Ortiz d e Zúñiga que lo describ ió como una “maquina tan alta, que descollando otro tanto sobre el Templo, lleg aua casi a iguala r el p rimer cuerpo de la Torre” 89 ; pero contradice la hipótesis de Pinto Puerto 90 que se inclina po r una estructura de 82 GESTOSO Y PÉREZ, José: En sayo de u n diccionario d e a rtífi ces que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII inc lusive. Sevilla. L a Andalucía Mo derna. 1899 -1 909. Tomo II, pp . 143 -248. 83 RECIO MIR, Álvaro: “Asensio de Maeda y la tra nsformación de la Cap illa de la Antigu a de la Catedral de Sevilla (1578- 1601)”, Cuad ernos de Arte. Gran ada. 1998. N º. 29. pp. 51 - 67. 84 GÓMEZ MAR TÍNEZ, Javier: O p. Cit. p. 71. 85 GUERRERO VE GA, José María: “E l inform e de 15 13 de Alonso Rod ríguez”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso (ed.) La Cate dral despu és de Carlín. Acta s d e la X VII Aula Hernán Ruiz. Sevilla. Taller De reçeo. 2010. pp. 32 - 33. 86 Se trata de d os maqueta s, una que representa a la catedral desde el sur y otra q ue representa la cabecera del templo junto a la Giralda, entre San Leandr o y San Isidoro. A este respecto , véase MORÓN DE CASTRO, María Fern an da: “Análisis h istórico artístico”, en El retablo mayor de la catedral de S evilla. Sevilla. El Monte. 1983. pp. 1 34-147. 87 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: O p. Cit. pp. 35 y ss. 88 GARCÍA CUE TOS, María Pilar: Op. Cit. p. 334 - 337. 89 ORTIZ DE Z ÚÑIGA, Diego: Annales ecl esiásticos y secvlares de la mv y noble y mvy le al Civdad d e Sevilla, metrópoli de la And alvzia que contien e n svs más principa les me morias. Desde el año de 1246 en q ue emprendió conquistarla del poder de lo s moros el gloriosísimo Rey San Ferna ndo hasta el de 1671 en que 69 planta ochavada u octogo nal, siguiendo el modelo de la sede val enciana, como ha propuesto Almagro Vidal 91 . En este se ntido habría que citar o tr a posible en una obra contemp oránea, como es el cimborrio de la Catedral de Zaragoza, que se estaba levantand o por aquellos años según las trazas de Enrique Egas 92 . El cimbo rri o fue decorado con un programa escultóri co encargado a Pedro Millán y azulejería blanca y verd e de Niculoso Pisano 93 . EL 10 de octubre de 1506 se cerr ó su estructu ra “entre las honze e las doze del día e pusieron la piedra postrera” 94 . El maestro Alonso Rodríguez recibió una gratificación de 100 ducad os 95 . Con ello se ponía fin a la etapa marcada por las trazas de Simón de Co l onia. El hundimiento del cimborrio en 1511 nos deja con la inc ógnit a de c uál sería su forma. A la par que se estaba cerrando el cimborrio , estaba haciéndose lo propio co n los brazos del crucero, en la z ona superior de cuyos hastial es hay una serie de elementos dec orativo s extraños al proces o constru ctivo del templo, que han sido puestos en relación por Jiménez Martín 96 co n el tándem formado por Simón de Colonia y Alonso Rodrígu ez. E n la fachada meridional (FI G. 2.1.6.) apa rece un gran óculo bordeado por un grotesco festone ado curvilíneo rodeado de grandes crochets, mientras que en el muro interior (F IG. 2.1.7.) , a su m is ma altura, en el muro interior, hallamos lo que Jiménez describe como “un gigantesco ceñidor que r ode a el óculo desde el rampant e hasta más abajo de su diámetro horizontal, donde se despega y enrosca sobre sí mismo, disminuyendo de anchura hasta cubrir el espacio de las jarjas; dentro, como un bordado, lleva tondos en los que una tracer ía lobulad a enmarca un motivo floral; en los espacios restantes aparecen las hornacinas ” 97 . L a torpeza de estos motivos nos lleva a pensar en la traza de Alons o Rodrígu ez, pues no parecen dignos de alguien tan refinad o co mo Simón de C olonia. No sucede lo mismo con la d ecoración de la fachada septentrional. A l exterior (FIG. 2.1.8 .) , la decoración se halla inacabad a, presentand o una extraña y gruesa tracería geométrica alrede dor del óculo, quizás debida al genio de Ro dríg uez, y en los estribos circulares unas columnillas entrelazadas con arcos ap untados (FIG. 2.1.9.) , co mo aparecen en la fachada de la Catedral de Ulm (F IG. 2.1.10.) . Al interior (FIG. 2.1.11 y 2.1.12 .) , hallamos una la Católica I glesia le conc edió el culto y tít ulo de Bienave nturado . Ed ición facsimilar. Se villa. Guadalquivir. 1988. p. 459. 90 PINTO PUE RTO, Francisco: “F ábrica y forma d el templo gót ico”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso (ed.) : L a Catedral Gótica de S evilla. Sevilla. Univ ersidad de Sevilla. 2 006. pp. 279-285. El autor sos tiene que parte de su caja mura ría pudo ser aprovechada por Juan Gil de Hontañón para levantar el segundo cimborrio. Aunque sostiene qu e lo con servado tras la ruina podría po rtar tanto u na estructura cuad rada como una octogonal. Po r tanto, su hip ótesis man tiene la incertid umbre sobre la forma qu e pudo ten er la estructura proy ectada por Simón de Colon ia. 91 ALMAGRO VI DAL, An a: “ Proyectos y fracasos en la Catedral d e Sev illa” , en JIMÉNEZ M ARTÍN, Alfonso (ed.): La Pied ra Postrera. V Centenario de la c onclusión de la cate dral de Sevilla. Sevilla. Turris Fortí sim a. 2007. Tomo II, p p. 183 -186. 92 FUENTES GONZÁLE Z, Pau la, et alii : “For ma, construc ción y estabilidad del cimbo rri o de la Seo d e Zaragoza”, en Actas del VII C ongreso N acional de Historia de la Construc ción. Madrid. I nstituto Juan de Herrera. 2011. To mo II, pp 431 -440. 93 GESTOSO Y PÉRE Z, José: Sevil la monum ental y artística. Sevilla. El Conservador. 1890. Vo l. II , p. 4 5. 94 Ib. Vol. II, p . 44. 95 RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Los c anteros de la Catedral d e Sevilla. Sev illa. Diputación Provincial d e S evilla. 1 998. p . 57 y AL ONSO RUIZ, B egoña: “El cimborrio de la Magn a Hi spalense y Juan Gil d e Honta ñón”, en Ac tas del IV Congreso N acional de Historia de la Construc ción. Madrid. In stituto Juan de Herrera. 20 05. p. 21. 96 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: p Anatomía de la Catedral d e Sevilla. Sevilla. Diputación Pro vincial. 2013 . pp. 200 y ss. 97 Ib. 70 cuidada decoración veget al formada por unos tallos leñosos que conectan una serie de hornacinas, “como un gran árbol de Jesé, pero sin Jesé” 98 . La inclusión de motivos naturalistas, tan caros al entorno tardogótic o burg alés, y la pr esencia de elementos tomados de la tradición gótica germáni ca, hacen pe nsar en la parti cipación en esta z ona de Sim ón de Co l onia. Pese a que su estancia en Sev illa no fue demasiad o duradera y estuvo salpicada de continua s ausencias, hay indicios para pensar que Colonia no sólo se limit ó a dar trazas p ara la Catedral de Sevilla. De hecho, hay dos o bras del ámbito hispalense que puede relacion arse c on est e maestro: la capilla de la Ca sa de Pilatos y el actual sagra rio de la jerezana iglesia de San Ju an de los Caballeros. 2.1.2. LA CA PILLA DE LA CASA DE PILA TOS. SEVILLA. La capilla de la Casa de Pilatos (FIG. 2.1.13. y 2.1.14.) es de las estancias m á s antiguas del inmueble, pues fue construida pocos años después de la adquisición del edificio en 1486 por Pedro Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía 99 . Y a Meyer 100 , en 1929, relacionab a est a capilla con Simón de Colonia y pienso que no le falta razón. El pequeño espaci o se cubre por dos tramos de bóveda rebajad a de crucería con tercele tes (FI G. 2.1.15.) . Lo que podría tomarse como alg o muy típico de la arquitectura sevillana del periodo, se torna en singular cuando observa mos los enjarjes (FIG. 2.1.16.) , que son cruzados, como lo s de la capilla de La Antigua. Ad emás, en la superficie de los nervios encontra mos una abundante decoraci ón vegetal, algo nada frecuente en la ciudad del Guadalq uivir, presentando un motivo de un vástago enrollad o por un tallo que s erá versionad o por el tardogótico portugués y lueg o regresó a Sevilla y su entorno, como se verá en varios ejemplos que serán posterior mente estudiados. La obra de la capilla de la Casa de P ilat os denota un gusto por la n ovedad y la sofisticaci ón por parte de los comi tentes, que quisieron para su palacio un espacio vanguardista, marcando un contrapunto en una ciudad tan anclada en la tradición en lo artístico como era la Sev illa de los primeros años del XVI. De hecho, los Ribera dese mpeñaron un papel crucial en l a introducción del Renacimient o en Sevilla 101 , levantando obras tan señeras com o la portada de la propia Casa de Pilatos, la pri mera obra a la antigua que conocieron las calles de la Ciudad del Guadalqu ivir. 2.1.3. EL SAGRARI O DE SAN JUAN DE LOS CA BALLEROS . JEREZ DE LA FRON TERA. Otra de las obras que se puede relacionar directame nte con Simón de Colonia es la pequeña capilla en la que actual men te se ve nera a Nuestra Señora d e la Paz y que hace las veces de sagrario en la iglesia de San Juan de los Caballeros de Jerez de la Frontera. Ubicada en el muro de la epíst ola, a este espa cio se accede directament e desde la contigu a capilla de los Zarzana mediante un sencillo arco de medio pu nto que pa rece realiz ado b ien entra do el XVI. No obstante, en el muro de la iglesia encontram os huellas por las que parece que la capilla estuvo en su día abier ta al templo. 98 Ib. p. 202. 99 LLE Ó CAÑÁL, Vicente: La Casa de Pilatos. Madrid. Electa. 1998. pp. 15 y ss; FALC ÓN MÁRQUEZ, Teodoro: El palacio de las Due ñas y la s ca sas -palacio sevillana s del siglo XVI. Se villa. Fundación Aparejadores. 2003. p p. 103 y ss. 100 MEYER, Augu st Liebmann: El estilo gó tico en España . Madrid. Espasa Calpe. 192 9. p. 30 101 A este r especto, véase LLE Ó CAÑAL, Vicente: N ueva Roma . Mitología y humanismo e n el Renacimien to sevillano. Madrid. Centro de Estud ios Europa Hispán ica. 2012. 71 Ni Mesa Xinete 102 , que escri bió su historia en el XV III, ni fray Esteban Rallón 103 , qu e hizo lo propio en el XVII, mencion an esta capilla en su detallado recorrid o por San Juan . Esto pued e deberse a qu e por esas fec has la capilla hacía las veces de sacristía, ya que el resto de capilla s existentes en la a ctualidad son menci onadas por estos autores co mo capillas pri vadas. De planta cuadrada, se cubre por una extraña bóveda de crucería (FIG. 2.1.17.) con espinazo transversal y lo ng itudinal, que entre espinazo y nervio inserta un tercelete, con lo que apenas si queda espacio para plemento. Con todo, podem os ver que las hiladas de plementería están colocadas de manera concéntrica. Los espinazos y los nervios de los tercelete s que confluyen en ellos, se insertan en el muro directament e, sin ningún tipo de enjarje. En el m uro meridional encontramos dos vanos cuadrados perfilad os por baquetones circul ares. En parte posterior de esta capilla, enco ntra mos una pequeña espacio rectang ular cubierto p or una bóveda de cru cería simple. Al exterior (FIG. 2.1.18.) , el co njunt o presenta cuatro estribos , una cantidad a to das luces exagerada para una edificación de estas dimensi ones, de los cual es tres son prismáticos y embutidos en estructuras cilíndricas y uno (el ubicado en el centro de la capilla entre las dos ventanas) es prismátic o. Estamos ant e un caso realment e complejo y únic o en la arquitectura gótica local . La existencia en las cla ves de l os escudos de las órdene s militares de Calatrava y San Juan de J erusalén (sólo se conservan la clave central y tres secundarias), y la presencia de una sacristía en la part e posterior, hac en pensar qu e en origen se trataba d e u na capilla propia de la s órdenes militares, que tuvieron en San Juan su sede, de ahí que la iglesia ostente el título de San Juan de los Caballeros. Tal vez por eso, y en conmemoraci ón del Santo Sepulcro de Jerusalé n y su planta circular, el plemento está colocado de esa forma, aunqu e esto no deja de ser más que una hipótesis. El abandono de lo s comitent es de la capill a en la Edad Moderna (pues ya por esta época s e usaba de sacristía), refuerza estas teoría s, pues las órdenes militares tuvieron importancia en Espa ña hasta el reinado de los Reyes Católicos, cuando pasan a estar supeditadas a la C orona, perdiendo el poder qu e d etentaron du rante la conquista de lo s territorios m usulman es. Después llegó un declive que en Jerez bien pudo traducirse en el abandono de su capi lla. Respecto al sistema constr uctivo, la abundancia de estribos en los muros y nervaduras en la cubierta, hac en pensar que el co ns tructor n o estaba muy s eguro d e que lo que estaba levantand o se fuese a man tiene en pie. Elem entos, como los pilares prismátic os embutid os en estructuras cilíndricas o los vanos, idéntic os a los de las capillas laterales de la Prioral de El Puerto, iniciada hacia 1480, me hicieron situar esta obra entre la década de los setenta y ochenta del XV 104 . Sin em bar go, la bóveda es algo únic o en la zona y no tiene nada que ver con lo que se estaba construy end o en la comarca por aquellas décadas. Por otra parte, una simple observaci ón de la m is ma permite reconocer q ue es co ntemporánea a la ca ja muraria. De hecho, se trata de una copia de la capilla de San Jerónim o de la Catedral de P alencia (FIG. 2.1.19.) , que fu e trazada e n 1440 por el can tero Dí ez Gómez 105 . Tanto el diseñ o como el enjarje de los nervios pe rimetral es hacia la caja muraria muros son idénticos a los que podemos 102 ME SA XINETE, Francisco de : Historia Sagrada y Política de la m uy leal ciudad de Tarteso, Turdeto, Asta Regia, Asido Cesa riana, Asidonia, Gera, Xera, S idonia, hoy Xerez d e la Frontera. Jerez. Imprenta d e Melchor García. 1888. Tomo II , pp. 136 y ss. 103 RALLÓN Y DE MER CADO, E steban : Historia de la Ciudad d e Xerez de la Fronte ra y de lo s reyes que la dominaron desde su primera funda ción. Cádiz. Universidad de Cád iz. 1999. Tomo IV, pp. 133 y ss. 104 ROMERO MEDIN A, Raúl y ROMERO BE JARANO, Manu el: Op. Cit. pp. 259 y ss. 105 RE VILLA VIELVA, Ra món: Ma nifestaciones artísticas en la Cated ral de Palenc ia. Palencia. Diputa ción Provincial de Pal encia. 1945. p. 32. 72 observar en la capilla de la cate dral palentina. P are ce más que probable que Simón de Co lonia trabajó para la catedral de P alencia, dando los planos de la bóveda del crucero y de algun as de las bóvedas del claustro 106 , así co mo en la decoración del trascoro 107 . Así pues, este maestro podría haber importado desde la ciudad castellana el modelo de bóveda, a la que añadió o tr o elemento novedoso a jer ez y que proven ía del fo co burgalés, como es la colocaci ón del plemento en hiladas redond as, algo que por aquellas fechas tampoco era conoci do en la Baja Andalucía. Por tanto, todo apunta a que Colonia pud o estar detrás de la traza de esta capilla. No o bs tante, no sería él qu ien ejecutase la o bra, enfrascado como se hallaba en asuntos de mayor imp ortancia, sino que dejaría que fuesen maestros locales los que se encargasen de la construcción. Por eso la capilla aparece tachonada de est ribos al exterior y por eso nos encontram os con los estribos embutidos en est ructur as cilíndricas, que buscaban reforzar un a obra jamás const ruida en J erez, y por tan to un experi mento para los canter os jerezan os. Rizando el riz o, podríamos plantear la hipótesis de q ue el propio Alons o Rodríg ue z se hubiese encargado de la dirección, poniendo en ella cierto grad o de experimentación, mezclado con miedo al der rumbe, es o sí . 106 GÓMEZ MARTÍNEZ, Javier: El gótic o españo l en la Edad Moderna. Bóve das de c rucería. Valladolid. Universidad de Vallad olid. 1998. p. 150. 107 REVILLA VIE LVA, Ramón: Op. Cit. p. 52. 73 IMÁGENES. 80 FIG. 2.1.13 . SEVILLA. CASA DE PILATOS. CA PILLA. PORT ADA. FIG. 2.1.14 . SEVILLA. CASA DE PILATOS. CAPILLA. I NTERIOR. 81 FIG. 2.1.15 . SEVILLA. CASA DE PILATOS . CAPILLA. BÓV EDAS. FIG. 2.1.16 . SEVILLA. CASA DE PILATOS. CAPILLA. BÓV EDA. ENJ ARJE. 82 FIG. 2.1.17 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN JUAN DE L OS CABALLE ROS. S AGRARIO. BÓVEDA. FIG. 2.1.18 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN JUAN DE LOS CABALLEROS. SAGRARIO . EXTER IOR. 83 FIG. 2.1.19 . PALENCIA . CATEDRAL. CAPIL LA DE SA N JERÓNIMO. 84 2 .2. LOS VÍNCULOS DE LA FÁBRICA SEVILLANA CON PORTUGAL. LA FIGURA DE JU AN DEL CASTILLO. Las relacione s de la Fábric a de la Catedral de Sevilla con Portugal fueron frecu entes durant e todo el proceso co ns tructivo. Éstas vinieron determi nadas tanto po r el aprovisionamiento de piedras venidas de Batalla , Setúbal, Coímbra y Lagos 108 , como por el tránsito de maestros canteros. El vecino reino estaba bien conectado p or barco a través del puerto de Sevilla y con un viento fa vorable la dist ancia entre Sevilla y Lisb oa podía cubrirse en dos j ornadas. El primer dato que aport a la do cum entación es de diciembre de 1440, ap enas seis añ os después de haberse iniciado la obra gótica. En ese año el m a yordomo Pedro García de Ayllón pagaba una serie de gast os que se habían ocasion ado por ciertas gestiones diplomática s necesarias para resca tar una emb arca ción de la fábrica “que fue tomada en Portugal” 109 . Ello prueba que los viajes fuer on frecuentes desd e los mis mos orígenes d e la obra. En las nóminas conservada s que recogen la composic ión del taller de cantería se pueden lee r algunos nombres de maestros que procedían de Po r tug al. Así, en los libros de 1446 co ns ta el trabajo de un tal Vas co Portugués 110 y en l os de 144 7se rec oge la presencia de D i ego de Santarém 111 . En principio, ello no reviste más importa ncia y se explica por la movilidad que experimentaba este colec tivo que se desplazaba a los talleres en l os que se registrab a actividad. Puede decirse que los lazos comenzaron a estrechars e cuando el buque p étreo avanzaba y lo s tramos de bóveda de los pies, correspondientes al sector occidental del temp lo, se habían concluido. Entonces se necesitaban unos material es distintos a lo s de la Sierra de San Cristóbal 112 , una caliza abund ante pero poco apta para realizar las solerías y otras labores de embelleci miento. Las primeras noticias de viajes a Portugal para buscar piedra datan del 5 de junio de 1449, cuando el mayord omo de fábrica pagaba a Cristóbal Sánchez y Gonzalo de Orense “por los días que fueron a Port oga l por mand ado del cabildo a ver una cantera para (sacar) pied ra para la obra” 113 . Hemos de sup oner que ese viaje guard a relación con el flete de 92 piedras por tuguesas qu e llegaron a la obra cinco años después 114 . 108 FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: La cate dral de Sevilla. E studio arquitectó nico. Sevilla. Ay untamiento d e Sevilla. 1980. p . 137 y RODRÍG UEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Op. Cit. pp. 142 y ss. 109 ACS. Fondo Cap itular. Libro d e Fábric a núm. 3, folio 104 vuelto. Citado por JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso : “Las fechas de las formas”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfons o (ed.): La Catedral Gótica de Sevilla. Sevilla. Universidad de Se vill a. 2006. p. 59. 110 ACS. IV-313, folio 50. Citado por JIMÉNEZ MARTÍN, Alfons o: Op. Cit. p. 63. 111 ACS. Fondo Capitular, Libro de Fábrica nú m. 4. Citado por RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clem ente: “Los canteros de la obra gótica de la Catedral de Sevilla (1433 - 1 528)”, Laborato rio de Arte . Sevilla. 1996. Nº. 9. p. 70. Si b ien lo trascribe er róneamente como Di ego de Santa nder. 112 A este respe cto, véase RODRÍGUEZ ESTÉVEZ: Juan Clemente: Cantera y obra. Las ca nteras de la S ierra de San Cristóbal y la Cated ral de Sevilla. El Puerto d e San ta María. Ayuntamiento d e El P uerto de Santa María. 1998. 113 ACS. Fond o Capitular. Lib ro de Fábrica n úm. 5, folio 1 3. Citado por RODRÍG UEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Lo s canteros de la Catedral de Sevilla. Sevilla. Dip utación Provincial de Se vill a. 1998. p. 142. 114 ACS. Fond o Capitular. Lib ro de Fábrica n úm. 7, folio 6 3. Citado por RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Clemente: Op. Cit. Aunque por error señala el añ o de 1554, p ienso que qu iso decir 1454. 85 Las relaciones se intensific an po r est e motivo a partir de 1496, cuando la fábrica afrontaba su etapa final y Alonso Rodrígu ez ocupaba el cargo de maestro mayor. Así, cuand o se estaba realizando el pr oyecto de l a que iba a ser la futura Capilla Real, el 30 de abril de 1498 la fábric a decide enviar al maestr o jereza no a Portugal para la búsqueda de piedra 115 . Era frecuente que los maestros m a yores se desplazaran con asiduidad a las canteras para supervisar la calidad o la adecuaci ón del m a terial, como constan otros viajes del m aes tro a y aci mientos como los d e El P u erto de Santa María o Almadén de la Plata. Ello tendrá consecuencias mayores pues, dado qu e en Portugal había una gran actividad co nstructiva repartida en diversos talleres de cantería, se comprende que los maestros se despla zaron allí buscand o obras y trabajadores . De este modo se estrechar on las relaci ones artísticas. El 16 de m arz o de 1504 e l cabildo acordó mandar al maestro Alfons o Martínez, aparejador de la obra, a Portugal acompa ñado de un peón llamad o Tapia para la búsqueda de piedra para los escalones y pulp itos de la capilla mayor, cerrada por Alons o Rodrígu ez ese m is mo año 116 . Consta que dos días después fueron “llamados sus mercedes para platica r de qu e piedra y de que forman se haran las gradas y pulpitos del altar mayor […] Para que platic asen sobre ello tomen el parecer del maestro mayor dest a santa iglesia” 117 . Ello hizo que s e formara una diputación capitular para estudiar con Alonso Rodrígu ez la disposici ón de dichos element os 118 , pue s de sobra era conocid o cómo en “Portugal hay cierto minero de piedra mui bueno de que truxeron la muestra al cabildo” 119 . Concluye la informaci ón disponible co n el pago “al aparejador y el peon que sus mer c edes enviaron a Portugal a ver el minero de la piedra para fazer las gradas del alta r mayor” 120 . Sabemos que el viaje fue a Setúbal y que el material seleccionado fue jaspe 121 . En 15 07 las nóminas recogen a dos cantero s de origen portugués. Uno es Carau allo 122 , que actúa como asentand or del taller de cantería y el o tro Francisco de Segovia, quien realiza tareas como entallador y qu e se ha supuesto que es Francisco de Sego via Validés, po r tugués, que está activo en 1 522 en Belém junto a Juan de Montoya y Aparicio de Ramale s 123 . Con to da probabilidad estos m aestr os trabajaron activamente en e l taller sevillano, colaborando en las labores decorativas que Juan Gil de Hontañón dirigía en el cimborrio y en las cap illas de l os alabastros, junto con Diego de Riaño quien, al marchar a Lisboa en 1517, huyendo por d ar muerte a un cantero, pudo llamarles para colaborar en la efervescen te fábrica de Belé m. Pero la clave de este asunto s e localiza en las n ómin as del 1 6 de octubre de 1507, donde figura un maest r o llamado Castillo y que, semanas más tarde, es denominad o como Juan del 115 ACS. Secretaría, Autos Cap itulares, núm. 5, folio 24 vt o. Citado por RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Clemente: Op. Cit. p. 236; y JI MÉNEZ MARTÍN, Alfon so: Op. Cit. p. 85. 116 ACS. Secretaría, Autos Ca pitulares, nú m. 5, folio 31 6. Citad o por RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Op. Cit. p. 143. 117 ACS. Autos Capitulare s. 15 04, 18 de marzo . Citado p or AA.VV.: Do cumentos pa ra la Historia de l Art e en Andaluc ía. Sevilla. Universid ad de Sevilla. 1927. Tomo I, p. 10. Se citan p osteriores referencia s sobr e el asunto de fecha s de 20 de marzo, 19 de mayo y 3 de ju nio. 118 RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Clem ente: Op. Cit. p. 47. 119 ACS. Autos Capitu lares, nú m. 6, folio 74 vto. C itado por JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so: Op. Ci t. p. 90. 120 AA.VV.: Doc umentos para la Historia del Arte en Andal ucía. Se villa. Univer sidad de Sevilla. 19 27. Tomo I, p.10. 121 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: O p. Cit. p. 90. 122 ACS. Fondo Cap itular. Lib ro de Fábrica, nú m. 22. Citado por JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so: O p. Cit. p. 96. 123 RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Cl emente: Op. Cit. p. 425 - 428. 86 Castillo 124 . Este maestro procedía de Arnuero, Cantabria, y se presume que p udo llegar al taller catedralici o de Burg o s entre 1487 y 148 8 convirtiéndose en poco tiempo en el brazo derecho del maestro Simó n de Colonia, a quien pudo acompañar a la citada junta de m aes tros celebrada en el taller cate dralicio de Sevilla en 1496. El nombra miento de Simón de Co l onia como maestro mayor pudo provocar que Juan del Castillo permaneci era en Se villa, de manera de finitiva o de modo intermitente, incluso despu és de que el burgalés dejara el cargo. La formación de este maestro es netamente burgalesa y ello se explica por el pleno dominio de las nervaduras (sentido co rpóreo, dominio de combados), car ácter plano de l as bóvedas, la profusa decoración leñosa y el empleo de sofisticados caireles, entre otros. Esto deja entrever que Castillo pudo ser el que puso en ejecución, junto a Alonso Rod rígu ez, o incluso en solitario , los proyect os sevillanos de Simón de Col onia, como la decoración de los hastiales del crucero de la Catedral, la capilla de la Virgen de la Antigua en el mismo templo o la ya comen tada capilla de la Ca sa de Pilatos . Parece que Juan del Castill o se ganó pront o la confianz a del maestro mayor Alonso Rodríguez, como lo prueba el hecho de que en 1506 lo nombre como fiador en su testamento 125 . Así las cosas, es m ás que probab le que Juan del Castillo realizase viajes con su maestro m a yor par a supervisar la extracci ón de piedra de P ortug al. El 24 de mayo de 1508 la documentaci ón recoge un pago a Alons o Rodríguez de 4.800 maravedíes de “su yda a Setúbal” 126 . Se ha especulado con la posib ilidad de que, aprovechando este viaje, Juan del Castillo se afincara en Portugal y no regresará a Sevilla 127 . Allí co nclu iría la capi lla mayor de la iglesia del conven to de Jesús en Tomar y en 1509 se le contrataría para realiz ar el nuevo ábside de la catedral de Braga, la primera obra cubierta con combados en Po r tugal 128 . A p artir de ahí, el maestro desarrollará una fulg urante carrera en el vecin o reino con el nombre de Joã o de Castillo , l o que explicaría las posteri ores conexi ones lusas con Se villa. 124 Ib . p. 96, n ota 826. 125 ACS. Cab ildo de 1 de febrero de 1507. Libro d e Acta s núm. 4, folio 187. Transcrito por LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: A rquitectos, escultores y pinto res vecinos de Sevilla. Sevilla. Rodríg uez Giménez y Compañía. 1928. pp . 171 -172. 126 ACS. Fond o Capitular. Libro de Fábrica, n úm. 23, folio 4 vuelto. Citado por JIMÉNEZ MARTÍN, Alfon so: Op. Cit. p. 97. 127 Pese a que la historiografía portuguesa y a contempla esta posibilidad desde hace mucho s años (CORREIA, Vir gilio: A s obras d e S anta Maria de Belem . Lisboa. Tipografia do Anuario Comercial. 1922. p . 16), la más r ecie nt e, y un tanto exagerada, b iografía del ma estro ( EALO DE SA, María: E l arquitec to Juan del Castillo. E l constructo r del Mundo . Santand er. Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria. 2009) hace caso omi so d e la s evidencias y aún haciénd ole pa sar por mil y un lugare s en los qu e r esulta literalmente impo sible que estuviera, no mencion a su estan cia en Sevilla. 128 GEN IN, Soray a, MOREIRA, Rafael y DE JONGE, Krista: “As igrejas -salao portuguesas. A inovaçao de Joao de Castillo”, en ALONSO RUIZ, Begoña: La arquitectura tardogótica castellana e ntre Europa y América. Mad rid. Sílex. 2011. p. 545. 87 2.3 JUAN GIL DE HONTAÑÓN Y LAS HUELL AS DEL TARDOGÓTICO BURGALÉS. LA RENOVACIÓ N ORNAMEN TAL. La caída del cim borri o sevillan o el 28 de diciembre de 1511 supuso un punto de inflexión en la obra catedralicia. Hemos de suponer que Alonso Rodríg uez tuvo problema s para levantar la traza de Simó n de Colonia y por el l o debió pedir ayuda. Este hecho se colige de un reciente document o aportado por Castro Santamaría en el que consta que el propi o Coloni a acompañado de Enrique Egas, Martín d e Bruselas y Juan de Badajoz “ dieron por remedio para quel d icho zenborio no se ca yese” 129 , es decir, debieron acudir a Sevilla p ara reforzar los cimientos. A pesar de ell o el desastr e no pudo e vitarse. Estas circunstancia s obligaron al Cabildo a realizar rápidamente gestion es, empresa en la que no se embarc ó solo, pues consta que tuvo la a yuda de la Co rona y la nobleza, so bre todo en e l plano económic o 130 . A la luz proporcionada por las fuentes, se o bs erva que las gestiones se hicieron en el escaso plazo de un añ o, pue s cuando el Cabildo hubo encontrad o soluciones se produjo el despido del m a estro Alonso Rodríguez, hecho que se documenta en diciembre de 1512. Esas gestiones se rel acionan con la presencia de Enrique Egas 131 , Pedro Lóp ez 132 y otros colegas del oficio que se despla zaron a ver la obra. D el mism o modo, también contribuyó la orden que dio el rey don Fernando, de 5 de junio de 1512, para qu e los maestros que examinaban la Capilla Real de Granada se desplazaran a Sevilla. Así, consta que Juan de Ruesga y maestr e Martín acudieron antes del 10 d e diciembre de ese año, pero que Juan Gil de Hontañón, a pesar de estar convocado, no acudió a esa junta, pues lo hizo más tarde, el 17 de 129 ARCHIV O DE L A C ATEDRAL DE SEGOVI A. S eg. H -34, folio 6 recto. Citado por CASTRO S ANTAMARÍA, Ana: “La Cat edral de S evilla como mod elo: la catedral d e Sala manca” en JIMÉN EZ MARTÍ N, Alfonso (ed.): La c atedral sin catedral. Actas de la XVIII edició n del Aula H ernán Ruiz. Sevilla. Taller D ereçeo. 2 011. pp. 59 -115. La r eferencia e s indir ecta y s e recog e en un in forme que dio Juan Gil d e Hontañó n, El Mozo, en respuesta a otro infor me so bre la catedral d e Sala manca presentad o por Juan de Ála va y Alonso de Covarrubias en 1529. 130 E l rey d on Fernan do hizo merced con la li mo sna de 10.00 0 ducad os de oro en d iez año s, pagad eros en 1.000 ducad os an uales libr ados por tercios sobre los fondos de la Casa de la Con tratación d e In dias. Cédula d e 2 de julio de 1512. Citado por GES TOSO Y PÉREZ, José: Op. Cit. Tomo II, pp. 50 -51. E sta merced fue polémica y n o llegó a librarse completam ente, pu es los recursos d e In dias estaban destinados para otros asunto s. Ello obligó a la Corona a expedir o tra albalá d e 14 de marzo de 1520 en la que se ordenab a pagar lo que faltab a de o tros fondo s. De a cuerdo con Azcárate, ha sta 1524 no con stan lib ranza s par a el ci mborrio, que ascendieron a 1.00 0 ducado s. AZC ÁRATE RISTORI, José María: Colecc ión de doc umentos para la Histo ria del Arte e n España. Zaragoz a. Museo e In stituto d e Huma nidades Camón Aznar. 1982. Tomo II, pp. 193 -251. Por su parte, el d uque de Alba donó du rante 9 años la cifra de 100.000 mara vedíes anuales librados sobre un juro q ue poseía en la Casa d e la Contrata ción. ACS. Fondo Capitular. Lib ro de Mayordo mía 29, folio 8 rect o, c itado por CASTRO SANTAMARÍA, An a: “Las visita s a la Catedral d e Salamanca de Álava y Covarrubias en 1529 y de E gas y Bigarny en 1530 y sus consecu encias artísticas”, en NA VASCUES Y PALACI OS, P edro: Medievalismo y neomedieva lismo en la ar quitec tura española: L as catedrales de Castilla y León. Ávila. Fundació n Cultural Sa nta Teres a. 1994. pp. 235- 247. 131 El 24 de febrero de 1512 consta qu e se le pagaron 50 du cados por su desplazamiento a Sevilla. ACS. Fondo Cap itular. Libro de Mayordomía, nú m. 28, folio 4. Citad o por RODRÍGUE Z ESTÉVEZ, Juan Clemente: “El maestro Alon so Rodríguez”, en ALONS O R UIZ, Begoña (ed.): Los último s arquitec tos de l gótico . Madrid. Elecé. 2 010. p . 319. Del mis mo modo, el 26 de ab ril el cab ildo p agó a un peón para que fuera a Granad a para convocarlo d e n uevo jun to a o tro s col egas . E l 15 de mayo v isitó la ob ra por segunda vez y recibió 20 ducados. GESTOSO Y PÉREZ, José: Op. Cit. Tomo II, p. 55. 132 Era maestro mayo r de la Catedral de Jaén d esde don d e se d esplazó per cibiendo 20 ducad os. GESTOSO Y PÉRE Z, José: Op. Cit. Tomo II, p. 55. 88 agosto de 1513, junto co n Juan de Álava y Juan de Badajoz 133 . El 27 de agosto de 1 513 los maestros eran gratificad os con 100 ducad os de o r o p orque dieron su parece r “allende de tre s traças que hicieron” 134 , es decir, no sólo emitieron un informe sobre la situación del templo sino que d ieron traz as. Desgraciadamente nada de ello ha llegad o a nosotros y t odas las valoracion es que se pudier an dar qu edarían en mera s hip ót esis difí ciles de c ontrastar. Lo interesan te de tod o este trasiego de maestros canteros en Sevilla fue el la contratación de Juan Gil de Hontañón para tr abajar en su catedral. No parece que esta decisión hubiera sido muy meditada, a juzgar por el acuerdo que tom ó el Cabildo el 29 de agost o de 1513, pues contra todo pronóstico decidieron que la dirección de las obras fuese llevada por uno de los maestros v enid os de fuera, sin especificar quién, Álava, Badaj oz o Gil, junto al denostado Alonso Ro dríg uez, que quedab a relegado a ser a parejador y un tal Pedro de Tuesta 135 . Finalmente, Juan Gil de Ho ntañón es nombrado maestro mayor en solitario el 12 de septiembre de 1513 co n un salario de 50.000 maravedíes, 20 cahíces de pan más 2 reales por cada día trabajad o en la ob ra 136 . Esta contratación trajo muchos problemas al Cabildo S evillan o, pues Juan Gil de Hontañón simultaneó este puesto con el m ismo cargo que disfrutaba, desde el 6 de septiembre de 151 2, en la Cat edral de Sala manca. No deja d e ser curioso que Sevilla l e o freci era 1 0. 000 m ara vedíes anuales más que en Sal amanca, quiz á para obligarlo a permanecer más tiempo e n la ciudad del Guadalqu ivir, algo que no consiguió. El 18 de junio de 1516 el m aes trescuela, que seguía las órdenes del Cabildo, hubo de escribir a Hontañón para recordarle “que venga a residir e a servir en la iglesia o que d exe el salario” 137 . Como vemos, la maestría m a yor de Gil de Hontañ ón en Sevilla fue muy complicada e intermitente. Consta que f ue despedid o de su carg o, junto con todos sus oficiale s, antes de los dos años de su nombramie nto, el 18 d e julio de 1515, pues el Cabildo le abonab a 110 ducados de oro “por lo que estuvo e resydio en la obra e por las traças que hiço” 138 . Autores como Alonso Ruiz han manifesta do el descontento que la s autoridad es sevillanas tení an respect o a la forma de trabajar del maestro cántabro y ello propici ó su despi do 139 . La misma autora registra la inactividad en la obra entre el 21 d e julio de 1515 y el mes de marzo de 1516 140 apoyándose en las noticias ofrecidas p or Gestoso, quien señala la búsqueda infructuosa del Cabildo p o r contratar a un maestro provenient e de Europa, probándose a encontrarlo en Colonia, Fland es, 133 Se ha docu mentado que los maestro s s e alo jaron en casa del racionero Francisco Ló pez y p or las cuentas se colige q ue Ála va y Badajoz pasaron 13 días hospedados mientra s que Gil de Hon tañón es tuvo 20 días más. ACS. Fondo Capitu lar Libr o de Mayordomía 30, folio 7 v to. Ci tado por ALONSO RUIZ, Begoña: “E l cimborrio de la Magna Hispalen se y Juan Gil d e Hontañ ón”, e n Acta s de l IV C ongreso Nacion al de Historia de la Construcció n. Mad rid. Instituto Juan de Herrera. 2005. p p. 21-3 3. 134 ACS. Libro de Actas Capitu lares. Nº 7. Fol. 53 recto. Citado por GESTOSO Y PÉRE Z, José: Op. Cit. Tomo II, p. 56. 135 ALONSO RUIZ, B egoña: Op. C it. p. 23. 136 FALCÓN MÁRQ UEZ, Teodoro: Op. Cit. p. 130. 137 ACS. Sección 1. Nº 1º. Fol. 143 vto. Citado por ALONSO RUIZ, Begoña: Op. Cit. pp . 27-29. Como n o apareció en tod o el verano , el Cab ildo decide retirarle sus ho norarios de sde el día en qu e fue lla mado. Aunque, co mo se ñalare mos, el Cabildo siguió conta ndo co n el mae stro hasta finales d e 1518. 138 ACS. Fondo Capitu lar. Libro de Mayordomía, nú m. 33, fol io 6 vuelto. Citado por GESTOSO Y PÉ REZ, José: Op. Cit. Tomo II, p. 66. 139 ALONSO RUIZ, B egoña: Op. C it. p. 24. 140 Ib. p. 27. 89 Roma, Milán y Florencia 141 . Aún así, el 18 de juni o de 1 516, Juan Gil de Hontañón vuelve a aparecer como ma estro may or y en ese cargo permanec erá hasta final es de 1518 142 . No obstante, se sabe que durante su ausencia eran sus trazas las que regían la o bra sevillana , aparejada por los maestr os Gonzalo de R ozas y Juan d e Herrera 143 . Se ha señalado que los i nicios profesional es de Gil de Hontañón están en la provincia de Segovia en pequeñas obras públicas y que su fo rmaci ón la realiza con el bretón Juan Guas, en las obras de la Cartuja madrileña del Paular 144 . Desp ués desarr olla una a mplís ima carr era ligada a o bras en la Meseta castellana nort e y sur: Sigüenza, Alcalá de Henar es, M edina del Campo, Palencia, Toledo, Al morox, Fuentep elayo, Baqu erín, Belmo nt e de Campos, C oca y Tuérgano; así com o trabaj a al servicio de los duques del I nfantado: Buitrago de Lozoya; y la familia Velas co: Santa Clar a de Briviesca, Santa Clara de Medina de Pomar, el monasterio de la Vid, atruyénd osele San Fra ncisco de Medin a de Riose co 145 . Mantengo ciertas discr epancias con la vinculación de Gil de Hontañón co n la esc uela de Toled o y co nsider o que sus o br as, al menos sus inter venciones en Se villa y en l as iglesias del Arzobispado, así como en Salamanca, están directa mente vinculadas c on el círc ulo de cantería de Burgos y su renovación ornamental 146 . En este sen ti do, Castro Santamaría ha señalado las semejanzas entre las capillas hornacinas de la catedral de Salamanca y la de la sacristía de lo s Cá lices d e la Catedral de S evilla, parecid os que justifica p or la presen cia en ambas fábricas d e unos mismos m aes tros cantero s 147 . Aunque no hay constancia documental de la intervención de Juan Gil en la sacristía sevillana, la autora no va desencaminad a, pues ambas obras acusan la influencia de la escuela d e Burgos. Rodríguez Estévez ha señalado cómo la presencia de Juan Gil de Hontañón en la obra sevilla na supuso una verdadera renovación ornamen tal llevada a cabo en torno a la zona del crucero, destacando el cimborri o en el que emplea un rampant e casi plano 148 . Alonso Ruiz sostiene que los angrelad os del cruc ero forman parte del lenguaje de Simón de Colonia y los relaciona con 141 GESTOSO Y PÉRE Z, José: Op. Cit. Tomo II, p . 66. 142 En enero de 1519 el mayo rdo mo de fáb rica liquid ó las cu entas por su maestría mayor, pues consta que recibió 119.1 66 maravedíes. ALON SO RUIZ, B egoña: Op. Cit. pp. 27 - 29. 143 FALCÓN MÁRQ UEZ, Teodoro: Op. Cit. pp. 132 -133. 144 ALONSO RUIZ, Begoña: “ Juan Gil d e H ontañón en Segov ia: sus ini cios pro fesionale s”, Bolet ín del Semina rio de Estudios de Arte y Arqueo logía. Valladolid . 2000. Nº 66. pp. 153 -162. 145 CORTÓN DE LAS HE RAS, Ma ría Teresa: La construc ción de la Cated ral de S egovia. Segovia. Caja de Ahorros de S egovia. 1990. pp . 126 -171; AL ONSO R UIZ, Bego ña: “El cimborrio de la Magn a Hispalense y Juan Gil de Hon tañón”, en Actas del IV Cong reso Nacional de Historia de la Construcción. Madrid. Instituto Juan d e Herrera. 2005. pp. 21 -33; LÓPEZ DÍEZ, María: Lo s Trastamara en S egovia. Juan Guas maestro de las obras reales. Segovia. Caja de Segovia. 2006. pp. 71 -72; ALONSO RUIZ, B egoña y JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: Op. Cit. pp. 162 -166. 146 ROMERO MEDINA, Raúl y ROME RO BEJARANO, Manuel : “Burgos, Jerez y Salamanca. J uan Gil d e Hontañ ón y su influencia en la parroqu ia de San Miguel d e Jerez de la Frontera”, en De Fortis a Magna: 500 años de h istoria. Congreso In ternacional de la Cate dral de S alamanca. (en prensa). 147 La autora d a cuenta del trasiego de maestro s entre Sevilla y Salaman ca y cita los nombres de García de Ojevar y Diego de Ojeva r. CASTRO SAN TAMARÍA, Ana: “La Catedra l de Se villa como modelo: la catedral d e Salamanca” en JIMÉN EZ MARTÍN, Alfonso (ed.): La cat edral sin catedral. Actas de la XVIII edición d el Aula Hernán Ruiz. Sevilla. Taller Dereçeo. 2011 . pp. 71 - 72. 148 RODRÍ GUEZ ESTÉVE Z, Juan Clemente: Lo s can teros de la Catedral de Sevilla. Sevilla. 1998. pp. 339 - 355. 96 voluntad “que mis her ederos e la dicha my suegra por ellos juntament e con el dic ho my hijo del monton de mys bienes quy ten e saquen diez myll ma ravedis e aquello s los gaste n e distribuya n en labrar y Reparar y encala r y solar la dicha capilla que yo tengo en el monesterio de san francisco en fase r un Retab lo” 174 . Es decir, en 1542 la c apilla ya tenía algu nos años, pue s no sólo había servido d e enterramiento a los padres del testad or, sino que además, presentaba cierto grado de deterioro, hasta el punto que Francisc o de Sile s deja una cuantiosa suma para su reparaci ón. La capilla de Sil es de la iglesia del monasterio de San Francisco tan só l o con serva en la actualidad su portada, ya q ue el resto d esapareci ó tras el hundimiento que sufrió el templo en el siglo XVIII y que obligo a reconstruirl o casi por completo 175 . La portada (FI G. 2.3.9.) se resuelve por un arco de medio punto que apea en semic olumnas flanqueadas por un par de pilastras cajeadas y otro par de sem ic olumnas. Ninguno de los ele mentos sustent antes citad os presenta capit el, sino que los tres está n coronados p or una suerte de friso conti nuo en el que se superponen, una banda de gotas, otra de ovas y otra de de ntículos. L a s co lumnas y pilastras, rosca del arco y el intradós, están decorados co n un tosco mo ti vo de cand elieri en el que los vástagos y motivos vegetales alternan co n fig uras monstruosas, cabezas de querub ín y seres grotescos. La pareja de columnas má s externa se corona por dos estiliz ados jarrones sobre los que s e disponen sendo s blasones con las armas de los S il es (FIG. 2.3.10.) . Por su parte, el basa mento de lo s soportes presenta, del interior al exterior y por partida doble los siguientes mo ti vos i conog ráficos: el busto de una mujer togada y to c ada con un collar de gruesas bolas, una mujer deforme, desnuda y con las piernas abiertas, mostrand o descarada mente su sexo (FIG. 2.3.11.) , un hombre barbad o y togad o con una flor sobre el hombro (FIG. 2.3.12 .) , dos antorchas y un personaje arrodillad o c on el puño en alto, que en un lado es un hombre y en otro una mujer. Ciertamente desconozco qué pueden signifi car estas figuras, si bien el to gad o de la flor podría ser el Casto José y la mujer que enseña su se xo la mujer de P utifar. Esta interp retación toma fuerza si tenem os en cuenta que por est a portada se accedía a la clausura y que podría tratarse de una advertencia a los monjes para que no cometiesen el pecado de la lujuria. En la misma ciud ad de Jerez, en los claustros de Santo Domingo y la Cartuja encontra mos repres entacione s sex ual mente explícitas muy similares a esta que podrían tener el mismo sign ificado 176 . No se sabe c on exactitud cuándo se enterrar on los padres d e Fr ancisc o d e Siles, pero se habitualment e se establece que el arco temporal entre genera ciones es de 25 años, así que se puede estimar que fue 25 años antes del otorgamiento del testament o de éste, con lo qu e tendríamos que en 1518 la capilla ya hab ía de estar te rminada, si endo posible que lo estuviera algunos años antes. Por aquellas fechas aún el Renacimient o no había hecho acto de presencia en la arquitectura jerezana, ni siquiera en elementos d ecorativos como portadas y v entanas. De hecho, n o es hasta la década de lo s 30 de la centuria cua ndo el nue vo e stilo tiene las que haste el momento se consideraban sus primeras muestras en la ciudad en obras como la portada del refectori o 174 APNJF. 1542. Ofic io VII. Luis d e Llanos. Fol. 374 y ss . 2 9 de abril. 175 AROCA VICENTI, Fernando: Arquitectura y urbanismo en el Jerez del siglo XVIII. Jerez. Ce ntro Universitario de Estudio s Sociales. 2002. p p. 229 y ss. 176 Estas obras se encuentran en el claustro principal del monasterio de santo Domingo, en una ménsula inmediata a la portad a del orat orio de iego de Ribadene ira y en el arco de embocadu ra del pasillo que une el claustrillo con e l claustro gra nde de la cartuja de Santa María d e la Defe n sión. 97 de la Cartuja de Santa María de la Defensión, realizad a en torno a 1536, la ventana esquinad a del palacio de Ponce de León, fechada en 1537, o la portada de la capilla de la Virgen de Consolación de la iglesia conventual de Santo Doming o, cuya ejecuci ón fue contratada por Pedro Fernández de la Zarza ese mismo año 177 . Así pues, hay que buscar otro modelo en el que pudiese inspirarse el tracista de esta extraña portada que recuerda a las experiencia s decorativistas del pr imer renacimiento español. A unos 30 kilómetros de Burgos se encuen tra Melgar de Ferna mental , cuya iglesia parroquial de Santa María de la Asunción presenta nu meros os puntos de conexión c on los edifici os jerezanos de comienz os del XVI que se atribuyen en este trabajo a Juan Gil de Hontañón y su escuela. Por ejemplo, varias de las bóvedas (FIG. 2.3.13.) presentan el plemento colocado en hiladas co nc éntricas, algunas de ellas con tercelet es en una d isposici ón muy similar a l a cabecera de Santiago o La Merced de Jerez. Por otro lado, la portada ex t erior de la epístola (FIG. 2.3.14.) y la que desde el interior comunica con la sacristía (FIG. 2.3.15.) , están rematadas por una estructura pentagonal de baquet ones curvos idénti ca a la del baptisteri o de San Miguel. Por últi mo, la p ortada que se abr e a las escal eras que c omunican con la cubierta (FIG. 2.3.16) , es una versión de la de la capill a de los Siles. En el caso burgalés, el v an o es adintelad o y est á ro d eado por bandas de decoración v eget al, cuentas y ovas y flanquead o por dos colu mnas decorad as con grutesco s y remata das po r unos jarrones m uy similares a los de la capilla j erezana. Poco se sabe de la cr onología de la parroquia de Melgar, tan sólo que en 1526 el edificio ya es taba abierto al culto 178 , habiendo sido pues ta en relación con la obra de Francisco de Colonia 179 . Las estrechas afinid ades estilísticas entre ambas portadas, amén de las del propio edificio burgalés con otras o bras jerezanas, hacen pensar en la presencia en ambos lugares de los mismos maestros. Quizás el propio Juan Gil de Hontañón, quien se formó en tierras de Burgos y dejó numerosas obras en la zona, o alguno de los artífices de su ent orno que se trasladaron con él hasta Se villa. Resulta curioso comprobar cómo la portada de la capilla de los Siles no tuvo ninguna repercusi ón en la arquit ectura local. Es verdad que no sabe mos la fecha exacta de su construcción, per o no hubo de ser más allá de 1520 a tenor de los datos expuest os. Parece que la familia quiso construir una obra plenamente mod erna qu e no acabó de cuajar en una ciudad tan apegad a a la tradición gótica co mo era J erez entonces. De hech o, y c omo se v erá a continuación, en la década siguiente se estuvieron con struyendo portadas de capillas en San Marcos y San Mateo, sin que en ellas aparezca ning una concesión a la e stética r enacentista. 177 ROMERO BEJARANO, Man uel y ROMERO MEDINA, Raú l: “Pedro Fernán dez de la Zarza: un maestr o tardogótico de la Baja Andalucía (1494- 1569 )”, en ALONSO RUIZ, Begoña (ed.): La Arquite ctura tardogótic a castellana entre Europa y América . Madrid. Síle x. 2011. pp. 197- 212. 178 HUIDO BRO SERNA, Luciano: Apunte s para la histo ria de Melgar d e Fernamen tal. Burg os. Diputació n Provincial de Burgo s. 1947. pp. 43 y ss. 179 MARTÍN M ARTÍNEZ DE SIMÓ N, Elena y PAYO HE RNÁNZ, René: “La actu ación de Francis co de Colon ia en la igle sia d e Nuestra Señ ora de Villah oz, Burgos”, en ALONSO RUIZ, B egoña (ed.): La arquitectura tardogótic a castellana entre Europa y Amé rica . Madrid. Síle x. 2011. pp. 149 - 157. 98 IMÁGENES 99 FIG. 2.3.1. CATEDRAL DE S EVILLA. CIM BORRIO . FIG. 2.3.2. CA TEDRAL DE S EVILLA. CIM BORRIO. MUR O LATERAL. 100 FIG. 2.3.3. CATEDRAL DE S EVILLA. CIM BORRIO . EXTERIOR . FIG. 2.3.4. CATEDRAL DE S EVILLA. CAP ILLAS DE LOS ALABASTROS . BÓVEDA DE L A CAPILLA DE LA INMACUL ADA. 101 FIG. 2.3.5. CATEDRAL DE S EVILLA. CAPILLAS DE LOS ALABAST ROS. TACA. FIG. 2.3.6. CATEDRAL DE S EVILLA. TR ASALTAR MAYOR. 102 FIG. 2.3.7. JE REZ DE LA FR ONTERA. PAR ROQUIA DE SANTIAGO. VISTA GE NERAL. FIG. 2.3.8. JE REZ DE LA FRONTERA. PARROQU IA DE SANTIAGO. C APILLA MAY OR. 103 FIG. 2.3.9. JE REZ DE LA FR ONTERA. IG LESIA DE SAN FR ANCISCO. CAP ILLA DE SILES . FIG. 2.3.10 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN FR ANCISCO. CAP ILLA DE SILES . DETALLE. 104 FIG. 2.3.11 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN FR ANCISCO. CAP ILLA DE SILES. DETALLE. FIG. 2.3.12 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN FRANCISCO. CAPILLA DE S ILES. DETALLE . 105 FIG. 2.3.13 . MELGAR DE FERNAMEN TAL. PARROQUI A DE NUESTR A SEÑORA DE LA ASUNCIÓ N. BÓVEDA DE L ÁBSIDE. FIG. 2.3.14. MELGAR DE FERNAMENTAL. PARROQUI A DE N UES TRA S EÑORA DE LA ASUNCIÓ N. PORTADA DE LA EPÍSTOL A. 112 de arquitect os foráneos con la llegada de Ro drig o de Alcalá. El resultado fue la p rimera de una larga serie de obras en las que prima el gust o por la ex cesi va geometrizaci ón de las forma s arquitectónicas, sobre todo en las bóvedas, y por la complejida d decorativa, en clara contraposici ón co n la arquitectura gótica que se h abía realizado en la coma rca durante la segunda mitad d el XV y la s dos pri meras décadas d el XVI 208 . 2.4.2. LA SACRISTÍA DE LOS CÁLICES DE LA CAT EDRAL DE SEVI LLA. Según recientes estudios de Jiménez M ar tín 209 , en e l sector en que hoy está la llamada Sacristía de los Cálices se enco ntraban una serie de edificaciones adosadas a la fábrica de la Catedral que se ma ndaron derribar en 1502. Un documento de 1507 nos inf orma de que por esas fechas ya existía una capilla de los cálices, qu e al parecer se encontrab a en la actual capilla de San Isidoro, en el muro occidental del templo 210 . Esto indica que el término de los cálices , aplicad o a una capilla o una sacristía n o hace referencia a un espacio con creto, sino a la utilidad de ese espacio, que era la de guardar los vasos sagrad os, lo que sería equivalente al tesoro. A partir de 1509 el Cabildo Catedral inicia las gestio nes para construir una nueva sacristía, ordenándose su inicio en septiembre de ese año y formán dose una comisión de canónigos para supervisar el proyecto 211 . Las obras ya estaban concluidas en 15 1 1, pues en m ay o de ese año se adquieren p uertas “ para la capil la de los caliçe s nueva” 212 . Esta sacristía estaba ubica da en el emplazamiento que hoy corresponde a la Sacristía de los Cálices. Esto lo sabemos po rque en el informe que redactó en 1513 Alonso Rodr íguez 213 tras la caída del cim b orrio en diciembre de 1511, se hace un análisis del estado del edificio efectuand o un recorrido perim etral que se inicia en la actual capilla de los Evan gelistas, en el extremo del muro norte, y concluye en la sacristía, en el extremo del mur o sur, abarcando todo lo que hasta el mome nto se encontraba construido en el templo. Así llegamos a 1522, cuando en los libros de fábrica de la Catedral se recoge el siguiente gasto: “ Yten que dio a ximon perez cantero trezientos e setenta e çinco maravedis por las trazas qu e hizo para la sacr is tia e cap illa de los caliçes ” 214 , lo que parece indicar que estaba proyectando 208 ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BE JARANO, Manuel: “U n lugar llamado Jerez. E l maestro Alon so Rodríguez y sus v ínculos familiares y p rofesionales en el con texto de la arq uitectura del tardogót ico en Jere z de la Frontera” , en JIMÉN EZ MARTÍN, Alfonso (ed.) La Ca tedral después de Ca rlín. Actas de la XVII Aula Hernán Ru iz. Sevilla. Tall er Dereçeo. 2010. pp . 175 -28 8. 209 JIMÉNEZ MAR TÍN, Alfon so: “Las fechas de la s formas”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfo nso (ed.): L a Ca tedral Gót ica de Se villa. Sevilla. Universidad d e Sevilla. 20 06. p. 87. 210 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso y PÉ REZ PEÑARANDA, Isab el: Op . Cit. p. 111. 211 MORALES MARTÍNE Z, Alfredo J.: La Sacristía Mayo r de la C atedral de S evilla. Sevilla. Diputación Provincial de S ev illa. 1984. p. 185. 212 ACS. Fon do Capitular. Fáb rica. Libro de Cargo y Data. 1511. Fol. 11. Citado po r JIMÉ NEZ MARTÍN, Alfonso: Anatomía de la Catedral de Sevilla. Sevilla. Diputación Provincial. 2013. pp. 185 y ss. 213 El documento (cuyo p aradero se de scono ce) fue pub licado por primera vez por GESTOSO Y PÉREZ, José: “Noticia s hi stóricas de l a catedral de Se villa”, La Andaluc ía. 27, 28, 2 9 y 30 d e septiembre y 2 de octubre de 1888. pp. 2 y ss. No obstante, el análisis más serio del docu mento realizado hasta el momento se debe a GUERRERO VEGA, Jo sé María: Op. Cit. p p. 31 -74. 214 ACS. Fondo Capitu lar. Fáb rica. Libro d el cargo e descar go de la Receptoria e Mayo rdomia de la Fabrica, de q ue fue receptor Juan de Herrera, receptor e m ayordomo de la d icha Fabrica. 1522. Fol. 70. 113 la construcción de una nueva sacristía más una est ancia para guardar los v asos sagrados, algo que se ve reforzado por el asiento de 1524, de un pago “ fecho a XV de febre ro a pedro lopez maestro de cante ria dos ducados de oro por tres muestras que hizo para l a sacristia e vestuario” 215 . Quizás estas estancias para las que se hace un a maqueta fuesen complementarias a las que se diseñan en 1 522, aunque sólo podemos aventura rlo, ya que la documentaci ón es bastante parca al respecto. P edr o López era por aquel enton ces maestro mayor de la Ca tedral de M álaga. Sobre Si món Pérez, nada se sabe. El hecho de que se encarg asen planos para una nueva Sacristía y Capilla de los Cálices hace pensar que la primiti va sacristía había quedad o maltrecha tras el hundi miento del cim b orrio , algo que n o se señala en el informe de 1513, o bien que la estancia era demasiado pequeña y los capitulares decidieron levantar una m ás grande, en conso nan cia a la grandeza del nuevo templo. Sin em barg o, todo parece indicar que las o bras no co ncluy eron en este momento, ya que en l os años sucesi vos las referencias a las obras de la Sacristía de los Cálices fu eron frecuentes. En 1528, al poco de ser nombrad o maestro mayor de la Catedral 216 , Diego de Riaño recibe un pago “ por las mu estras que hizo e traça s para la sacristia e cabyl do e capillas del la do del coro de esta dicha santa yglesia” 217 . Dos añ os más tarde, el Cabildo ordenó “que se faga la sacristia mayor e sacristia de lo s caliçes juntamente segu n e como esta en la tr a ça que fizo el dicho maestro mayor diego de Riaño” , añadiendo en el mismo acuerdo “que el dicho maestro mayor diego de Riaño teng a liçençia e facultad e pueda alargar o cortar asi la dic ha sacristia e cabildo e sacristia de los caliçes segu n e como le pa reçiere e bien vi sto fuese que c onveng a para el ornato e deçençia de la d icha sacristia e cabild o e sacristia de los cali çes e vie re que conviene e conforme con la obra e gr andeça de esta san ta yglesi a” 218 . No parece que se hiciese nada hasta 1532, cuando comienza el acopio de materiales y se ordena a Riañ o que entreg ue las trazas de “ las dos sacristias que agora tiene començad as” 219 . Los trabaj os parec e que continuaron a buen ritmo hasta finales de 1534, cuand o muere Diego de Riaño. En abril del año siguiente es nombrad o maestro mayor de las obras Martín de Gaínza, quien concluy ó la s o bras de la Sacristía M a yor y la Sacri stía de los Cálices. A est e respecto sabem os que en enero de 1537 se efectuaron pagos por 4 4 claves para esta última dependencia 220 y que en juli o de ese año se comprar on ladrillos “para solar la sacristia de los Calices abaxo y aRiba” 221 , lo que ha sido interpretad o como el fin de las obras, ya que según Morales est os ladrill os habrían sido des tinados a cubri r suelo (abaj o) y azotea (arr iba). La Sacristía de lo s Cálices (FIG. 2 .4.9.) es un espacio rectangular cubierto por tres tramos de bóveda. El central, que es el más grande, es cuadrangular y es idéntico al de la cap illa mayor d e 215 ACS. Fond o Capitular. Fábric a. Libro del cargo e descarg o d el racionero Francisco López , mayord omo de la Fábrica. 1524. Fol. 56. 216 MORALES MARTÍNEZ, Alfred o J.: “La arquitectura de la Catedral de Se villa en los siglos XVI, X VII y XVIII”, en La Catedral de Se villa. Sevilla. Guad alquivir. 1991. pp. 173- 220 . 217 ACS. Fond o Capitu lar. Fábrica . Lib ro de mayordomía de la Fábrica de la Santa Iglesia de S evill a de que de que fue mayord omo el señor can onigo Juan de Herrera. 1528. Fol. 10 218 ACS. Autos Capitulares. 152 9-1530. Fol. 12 3 vto. y ss. 2 2 d e enero de 15 30. Citado p or MORALE S MARTÍNEZ, Alfredo J .: La Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla. Sevilla. Diputación Provincial de Sevilla. 1984. p . 29. 219 ACS. Autos Capitulares. 153 1-1533. Fol. 18 2. 29 d e julo de 1532. Citado por MORALES MAR TÍNEZ, Alfredo J.: Op. C it. p. 31. 220 RODRÍGUEZ E STÉVEZ, Juan Cl emente: Los c anteros de la Cate dral de Sevilla. Sevilla. 1998. p. 243. 221 ACS. Adventicio s. 1537. Fol. 2 9 vto. Citado por MORALES M ARTÍNEZ, Alfredo J.: Op. Cit. p. 42. 114 Lebrija 222 , si bien aquí (al no est ar enlucido el ple mento) podemos compr obar que en el sector central del rampante las hiladas de la plem entería se c olocan de manera concéntrica. Este tipo de solución fue relativame nte frecuente, y casi exclusiva, de la Baja Andalucía, en especial en Jerez y su entorn o, a partir de la década de l os veinte del XVI y supuso un tránsito de los modos de co ns trucción medievales al Renacimient o 223 . Hay que señalar que los dos primer os tramos tienen huellas que indican que han sido modificados, añadiéndos ele los combad os con posterioridad 224 . Los tramos de lo s extremos, mucho m ás estrechos y o chav ados que el central, intentan adaptar la m isma tracería a un espacio reducido. El más cercano a la entrada (FIG. 2.4.10.) se resuelve co n crucería y ter celetes, pres entando los m is mos combados que la bóveda centra l en el lado correspondien te al arco toral y sustituy endo el tercelete por dos combad os que se bifurcan en el sector correspondient e al muro. El tramo de bóveda o puest o (FIG. 2.4.11 .) presenta crucería, te rc eletes y un nervio circular en el rampante, sustituyendo el tercelet e correspondient e al muro p or dos co mbados que se bifurcan. Al igual que en Lebrija, hay una moldura en la línea de imposta y los nervios enjarjan en unas estructuras cilíndricas de aspecto columnari o (FIG. 2.4.12.), presentan do en los enjarjes correspondient es a los tramos cortos unas ménsulas muy similares a las de la b óveda lebrijana , si bien aquí están rema tadas en la p arte in ferior p or un baquetón acodado, algo que n o sabemos si tiene la o tra, pues esta zona queda ocult a por una galería de madera dorada de época barroca. El enjarje de la bóveda central es igual, si bi en las ménsulas han sido sustituidas por unos pilares (FIG. 2 . 4.13.) de planta circular con los baque tones colo cados de manera uniforme y una moldura de planta circular que les confiere aspect o columnari o. Estos pilares no so n la única difer encia entre Lebrija y Sevilla, y a que aquí lo s tramos m en ores so n ochavados, resol viéndose el ochavo con una trompa que no presenta ni ngún tipo de decoración. La Sacristía p resenta una portada interna que se resuelv e m ed iante un arco carpanel capialzado bordeado por una sencilla moldura coro nada por un florón y flanqueado por dos pináculos colgad os bajo l os que se coloca una ménsula id éntica a la de la s bóvedas. E n el frente, encontra mos dos pequeñas puertas resueltas por vanos adintelad os decorados c on baquetones y una hornaci na (FIG. 2.4.14.) , que en la actualidad alberga el cuadro de Goya Santa Justa y Rufina , fo rmada por un arco carpan el bordeado d e baquetones y bandas de decoración fit omorfa y c oronado por un c onopio r ematado por un fl orón. Según lo que se ha publica do hasta el momento, tod o parece apuntar a que esta sacristía fue trazada por Diego de Riaño en 152 8, a la v ez que se proyectaban la Sacristía Mayor y una s dependencias capitulares que finalmente no llegaron a co nstruirse. Sin embargo, la Sacristía Mayor y la Sacristía de los Cálices son edificios incone xos y de estilos muy difere nciados, pues frente al gótico enrevesad o de la depend encia que no s ocupa, se presenta la majestuosidad clásica de la gr an sacristía de la catedral. 222 La analogía ya fue det ectada por Pin to Puerto. A e ste re specto, véase PINTO PUERTO, Francisco: Op. Cit. 223 PINTO PUERTO, Francisco: L as esferas d e piedra. S evilla com o lugar de encuentro entre el arte y la ciencia en el Renacimiento. Sevilla. Diputación Pro vincial de Sevilla. 2001. p p. 56 y ss 224 A este respecto remitimos al lector a PINTO PUERTO, Fran cisco: “ La Sacristía de los Cálices. Aportaciones d esde el análi sis de sus fábricas y lo s sistemas de control formal”, en JIM ÉNEZ MARTÍN , Alfonso (ed.) : La Catedral entre 1434 y 1517: histo ria y conservación. Sevilla. Ta ller Dereçeo. 201 3. pp . 163 -235. 115 Además, suponer que la Capilla de los Cálices fue trazad a por Riaño implica atribuirl e a un maestro que de mostró con creces su capacidad creativa, el plagio de modelos retardatarios. Y esto no sólo lo decimos po r la bóveda de Lebrija, finali zada en 1 520, sino por otras dos obras contemporáneas en los que aparecen los mismos elementos: el Claustrillo de la Cartuja de Jerez y la basíli ca de Santa María de Arcos de la Frontera 225 . La o bra del Claustrillo de Santa María de la Defensión comenzó durante el priorat o de Dom Andrés de Salas, entre 152 5 y 1529, quien “co menzó a hace r el claustro chico y cubrió de el las capilleja s del r incó n” 226 . Las obras concluyer on durante el priorato de Bruno de Hariza, quien accedió al cargo en 1529 y en su gobiern o “ lo primero fue acaba r el claust ro chic o y en espaci o de dos años lo aca bó con l as dos ca pillas que en él están, que la una es el capítulo de lo s fr ailes y la otra es el tránsito de ellos para la iglesia ” 227 . En este claustro los enjarjes de las bóvedas (FIG. 2.4.15.) se efectúan en estructuras cilíndricas de aspecto columnari o idénticas a la de la Sacristía de los Cálices. Respecto a la iglesia de Arcos, comenzada en 1520 según la inscripción que se conser va a los pies del te mplo 228 , las similitud es son mayores, pues no s ólo aparecen l os mismos enjarjes, sino que las bóvedas son casi idénticas y apean en pil ares de aspect o columnario muy similares ( FIG. 2.4.16 .) . Además, en la obra sevill ana hay otr os elementos que la relacionan directament e con el tardogótic o portugués, como la disposici ón circular de las hiladas del plement o, algo que ya fue señalado por Francisco Pinto 229 , o las trompas (FIG. 2.4.17.) , que ya aparecen en la capilla mayor de la Catedral de Braga o en las Capelas Imperfeitas de la cabecera de la iglesia del monasteri o de Batalha (FIG. 2.4.18) , donde encontram os un as muy similares a las de la Sacristía de l os Cálices. Trataré de dar una so luci ón a este embrollo. Decíamos que los dos primer os tramos de la Sacristía de lo s Cálices presentan huellas que indican que los combados fueron añadidos con posterioridad. Curiosam ente, si elim ina mos todos los nervi os curvos del tramo central obtenemos una bóveda de crucería con tercel etes, del mismo tipo que la emplea da por Alon so Rodríguez en la capilla mayor de la Ca tedral. N o menos curi oso resulta que en este mis mo 225 ROMERO MEDINA, Raúl y RO MERO BEJARANO, Ma nuel: “ La Catedra l d e Sevilla y su co nexión con la arquitectura del tardogótico portugués”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: La Cate dral e ntre 1434 y 1517 : historia y conservació n. Actas de la XX ed ición del Aula H ernán Ruiz. Sevilla. Taller Dereçeo. 2013. p p. 237 -276. 226 Protocolo p rimitivo y de fundación de la Cartuja de Santa Ma ría de la Defensión. Edi ción a cargo de Juan Mayo E scudero. Salzb urgo. Analecta Cartu siana. 2001. pp. 84 y ss. 227 Ib. 86 y ss. 228 La inscripción, qu e fue tran scrita p or primera vez por Man cheño (MANCHEÑO Y OLIVA RES, Miguel: Las iglesias parroqu iales d e Arco s. Arco s de la Fron tera. Tipografía El Arcobricens e. 1 896. pp . 1 y ss .), reza así: EN AÑO DE MDXIX EN SETIENBRE E N ANO DE XX EN AGOSTO SE CO MENÇO ESTA OB RA SIEN DO MAYORDO MO CHRISTOV AL PERES (roto) LLER ALONSO (roto ) De la lápida se deduce que hubo un primer intento de come nzar las obras en 1519, si bien los tra bajos no comenzaron definitivamente hasta el año siguiente. 229 PINTO PUE RTO, Francisco: “La falsa apariencia. Las ple menterías en hiladas redo ndas en las fábrica s del Arzob ispado Hispalens e”, en Actas d el III Congreso Nac ional de Historia d e la Construcción. Ma drid. Instituto Juan de Herrera. 2000. pp . 827-839. 116 lugar donde se encuentra la sacristía hubies e en 1 5 13 una Sacristía de los Cálices qu e había sido trazada por el propio A lonso Rodrígu ez en 1510. Creo que esta primiti va d ependencia no desapareci ó, sino que fu e transformada c on posteri oridad. Pienso que la respuesta a este enigma está en Simó n P érez y su traza para la Sacristía de los Cálices de 152 2. El primero en localizar la noticia sobre Pérez que se ha citado antes fue Llaguno, quien nos dice l o siguien te: “ Ximon Perez buen arquitecto y floreció en Sevilla . Presentó al cabildo de la catedral el año 1522 unas trazas que había hecho para las sacristía s mayor y de los cálices, que se trataba de construir. Se adoptaron entre estas y las de otros profesores las de Diego d e Riaño, como se dirá en su lugar. No sabemos si este Ximon Perez era aquel maest re Ximon, de qu ien ya se ha habla do (en alusión a Sim ón de Colonia), y fue maestro mayor de esta santa iglesia el año de 1498: más bien habrá sido su hijo” 230 . Como v em os, el texto está trufado de err ores, principalment e confundir a Si món Pérez con Simón de Colonia (o con su hijo) y afirmar que las traz as eran para la Sacristía Mayor, cuand o el documento es cla ro y meridiano y dice que son para la Sacristía de los Cáli ces. Posterior mente José Gestoso escribió lo siguiente: “Desde el año de 1522 pensó ya el Cabildo en edificar ambas Sac ristías, la M ayor y de lo s Cálices, haciénd ose traz as de ambas, ‘por la s que se pagaron 375 mrs a Ximon Perez cantero’. La redacción ambig ua de est e asiento y la corta cantidad satisfecha al citado Xim on, nos hacen dudar qué clase de trazas serían, por lo cual nos concretamos a con signar el dato sin comentario alguno” 231 . En este texto Gestoso parece desentenderse de este dato incómodo argumentando que el asient o es ambiguo , cuando en realidad no da pie a error y en ningún m oment o se hace referenci a a la Sacristía Mayor, como él afirma. Por último Morales 232 vuelve a identificar la sacristía a la q ue se hace referencia en el pago de 1522 con la Sacristía Mayor asegurando, sin fundamen to alguno, que el Cabildo pagó a Simón Pérez no por realiz ar unas trazas, sino una copia de un plano ya existente. Como se pued e comprobar , nad ie sabe de d ónde ha salid o este Sim ón Pérez. Pero todo parec e indicar que se trata de un maestro portugués. Entre 1525 y 1544 figura como maestro mayor de la obra del Mo nas terio de la Victoria de El Puerto de Santa María Domingo Pérez 233 . P or un testamento que el maestro oto rg ó en 1545 sabe mos que su padre era portugués y que haci a 1515 él mismo v ivía en Bat alha pues ese añ o se m arc hó de su casa un herman o suyo llamado Mateo Pérez, qu ien nunca regresó 234 . Domingo Pérez p odría ser miembro de una fa milia de alb añiles lusos afin cados en la zona, pu e s está documentado un Gon zalo Pérez 235 , albañil, activo en Jerez entre 1535 y 1538; un Antón 230 LLAGUNO Y AMIROL A, Eugenio: Op. Cit. Tomo I, p. 164. 231 GESTOSO Y PÉRE Z, José: Sevil la monum ental y artística. Sevilla. El Conservador. 1890. Vol II, p. 400. 232 MORALES MARTÍNEZ, Alfred o J.: “La arquitectura de la Catedral de Se villa en los siglos XVI, X VII y XVIII”, en La Catedral de Se villa. Sevilla. Guad alquivir. 1991. pp. 173- 220 . 233 ROMERO MEDINA, Raúl: “L os can teros d e la obra tard ogótica del mona sterio d e L a Victoria de E l Puerto de Santa María”, Revi sta de Historia de El Puerto. El Pu erto d e Santa María. 2010. 2010. pp. 59 - 78. 234 APNJF. 1545. Oficio VIII. Gó mez Pa tiño. Fol. 942 y s s. 1 0 de noviembre. Segú n confiesa Domingo Pérez en su testam ento “puede aver treynt a años poco mas o m enos que mateo pe res my he rmano se fue d e la villa de bata lla que es en el Reyno de p ortugal y dexo sus bienes en p oder de francisco peres my hermano y hasta agora no ha venydo al dicho luga r ny se sabe del” . 235 APNJF. 1535. O ficio V. Rodrigo de Rus. Fol. 758 vto. y ss. 7 de septiembre. E l alb añil Gonzalo Pérez reconoce u n tribu to qu e paga a Juan de Qu intana, comendad or de Almendralejo, p or dos casas que 117 Pérez 236 , albañil documenta do en 1551; un Antonio P ér ez 237 , quien afirma ser albañil y portugués en su te stament o, otorgado en es ta ciudad en 1561 y un Luis Pérez 238 que trabaja en La Cartuja en 1565 . Adem ás, en la propia obra de La Victoria de El Puerto encontram os entre 1537 y 1 544 un Diego P ér ez, co n el que también podr ía estar emparent ado. Por otro lado, hay que señalar que los canteros de apellido Pérez desempeñar on un papel fundam ental en la construcción del monasterio de Belem en Lisboa, contabili zándose en las nóminas de obra un total de 28 maestros de este apellido 239 , dos de ellos llamado s Diego y uno Antonio que bien podrían ser los que posteriormente emigraron a la Baja Andalucía. Por último, como se verá en el desarr ollo de este trabajo, l os portug ueses J uan y Diego Pér ez c ontrataron en 1 545 l a ejecución de una par te d el patio principal d el jerezan o palacio d e Camporr eal. Simón Pérez bien podría ser un m ie mbro más de esta saga de maestros lusos co nstr uctor es que emigraron a la Baj a Andalucía animad os p or las posibilid ades laborales de la zona en to rn o a 1520, de ahí que en la Sacristía de los Cálices aparezcan elementos recur rentes del tardogótic o portug ués. Pero esta teoría plantea un serio inconvenie nt e: las continuas referencias a la construc ción de la Sacri stía de l os Cálices bajo la maestría m ayor de Diego de Riaño. Pese a que Riaño dio trazas para las sacristías y estancias capitulares, no emprendi ó la construcción de todas est a s dependencias, aunque durante el period o en que est uv o al frente de las obras lev ant ó facha da exte rna, lo que delimit ó el espacio en que estas se habían de edificar 240 . Como hemos v ist o, Riaño tenía autorizació n para modificar, tanto las traza s que había dado, como lo que ya se encontraba construido y esto es precisa mente lo que pensam os que hizo con la Sacri stía de los Cálices. poseía en la call e d e en medi o d el Barrio de la Ord en, en la collación de San t iago. El tri buto era de 225 maravedíes an uales y el r econocimiento efectivo s e hace en Gonza lo de Morale s, may ordomo d e Juan de Quintan a; APNJF. 1538. Oficio IV. Juan R odríguez. Fol. 361 vto. y ss. 3 d e may o. El albañil Gonzalo Pérez y su mujer Isabel Martín dan a tributo a Juana Gutiérrez, viuda de Diego Martín de Sant esteban, un palacio con un pedazo de solar en la casa qu e poseían en el Barrio de la Orden. El tribu to era de 375 maravedíes anuales pagad os en dos plazos: el 25 de d iciembre y el 24 de ju nio . 236 APN JF. 1551. Of icio XVIII (VII ). Simón García Cop ín. Fol. 6 89 y ss. 10 de noviembre. El albañil Antón Pérez y su mujer María Sánchez d an a tributo dos aranzad as de viña en el pago d e Ciguel o al corredor d e caballos Andrés Martín. Las viñ as tenían un ca rgo de d os florines de oro al añ o q ue se pagaban a Diego Martín de Astorga p or el día de San Miguel. E l censo era de cinco ducados an uales. 237 APNJF. 156 1. Oficio X V(X). Juan de Carmona. Fo l. 640 vto. 24 de mayo. En e ste testame nto no se hac e referencia a má s parientes q ue a su mujer, Juana Pér ez, a la qu e no mbra su heredera universal. Quizá s ella también fu ese del mismo clan, tal ve z un a prima. 238 APNJF. 1565. Ofi cio IX. Diego Ló pez de Arellano. Fol. 53 vt o. y ss. 2 de enero. E l alb añil Luis Pér ez s e obliga a hacer en el Claustro Grande dos tra mos de bóveda bajo la dirección del por entonces ma es tro mayor, And rés de Ribera. Má s adelante volv eré sob re este contrato . 239 E l primer estudio sobre las nó minas de lo s ma estros qu e intervinieron en el monasterio de Belem fu e DIAS, Pedro: Os portais ma nuelino s d o Mosteiro d os Jero nimos. Coimbra. Univ ersidade de Coimbra. 1993. pp. 277 y ss., donde se identifica n hasta 16 canteros con el apellido Piri s, versión po rtuguesa de Pérez. Más tarde un nuevo estudio (EALO DE SÁ, María : Op. Cit. Apéndice documenta l) aumentó el número hasta 28. 240 RE CIO MIR, Álvaro: Sac rvm Senatvm . Las estancias ca pitulares de la Catedral de S evilla. Sevilla. Universidad de Se vill a. 1999. pp. 96 y ss. 118 El proyecto de Diego de Riaño fue el primer o que se planteó de m aner a global las dependencias secundarias del te mpl o, que iban a ocupar un sector ubicado al sureste del mismo. Amén de unas estancias capitulares que no llegaron a levantars e en ese momento, junto a la sacristía que y a ex istía se proyectó levanta r una nueva, la actual Sacristía Mayor, y tras la qu e entonces era sacristía, la actual de los Cálices, un patio. Uno de los pri meros elementos en construirse fue un muro de cerrami ento que delimitase el espa cio a ocupar. Tras la Sacristía de l os Cáli ces el retranqueo del muro dejó un espacio de vari os metros que fue ocupado por un patio, hoy conocido como “de los Óleos”, que presenta un estilo renac entista muy depurad o, con colum nas clásicas, arcos de medio punto y bóvedas baídas, algunas de ellas acasetonadas, lo que lo sitúa en la misma onda que la Sacristía Mayor, por lo que se considera que fue l evantad o simultáneamen te a ésta, siendo co menzado por Ria ño y concluid o por Gaínza. Pienso que cuand o a partir de 152 8 en los do cumento s se hace referencia a la construcción d e la Sacristía de los Cálices, se habla de una modificación de esta estancia para dar espacio al Patio de los Óleos, ya que es m ás que probable qu e en un principio la Sacristía fue se más profunda. Ya se ha comentado que los dos primeros tramos de bóveda presentaban irregularid ades en los encuentros de los combados con las claves, lo que no s hace pensar qu e la bóveda original de Al onso Ro dríg uez fue modificada por Simón Pérez. Sin emba rgo, el último tramo de bóveda no presenta ninguna de estas irregularid ades, sino una uniformidad qu e asombra. Aquí estaría la intervención de Riaño, y la p osterior ejecución d e Gaí nza, en la modificación de la planta, acortando el espacio y leva ntando de nuev o la bóved a, adaptánd ola al conjunto ya existente. Un acuerdo capitular de 27 de octubre 153 3 sobre la capilla que en la actuali dad sirve d e acceso a la Sacristía Mayor resulta m uy esclareced or: “en este dia los dichos señores llamado s de ante dia aviendo otra vez por voto s determina ron que por la capilla que se quito a los deudos e parientes de guil len de las casas que aya glo ria por la libreria se le de agora la capilla que agora es transito a la sacristia mayor desta yglesia y ha de ser transito y entrada de la sacristia de lo s calices que agora se fase nuevament e y dansela para su enterramiento y lo demas que le s compliese co n cargo que la ad orne como de tales pe rsonas se e spera y con ca rgo del dicho transito y entrada a la dicha sacristia que es agora y sera despues de los caliçes y que tengan como oy en ella tie nen en ella el dormitorio los sacristan es y arcas y vel os y lo de mas de que agora sir ve hasta que el cabildo mande otra cos a o determine lugar para sacristia mayor donde esten los dichos sacristanes” 241 . Es decir, que en ese momento el espaci o que nos o cupa funcionaba como sacristía principal del templ o, guar dándose en ella “arcas y velos” , o sea, el ajuar litúrgico, pero con el nuevo proyecto iba a pasar a ser tan sólo sacristía de l os cálices, o lo que es lo mismo, tesoro. Resulta significativo que en el acuerdo se diga que en la capilla tenían su dormitorio sacristanes, cuando en la actualidad no hay en est a capilla ningún espacio que pudiese servir a este efect o. L a reforma, la obra “que agora se fase nuevamen te” , hubo de derribar dependencias secund arias ubicadas al fondo de la capilla, que serv ían para habitación de los citad os sacristanes. Con la nueva transfor mación, estas estancias quedarían integradas en el Patio de los Óleos, justo detrás de la Sacristía de lo s Cálices . La indefinición del proyect o, que se deja ver en el citado acuerdo de 1533, hi zo que finalmente la Sacris tía de los Cálices quedase como sacristía 241 ACS. Autos Capitulare s. 1531 -1533. Fol. 182. 2 7 d e octub re de 1533. Citado po r JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: Op. Cit. p. 185. 119 secundaria y el Patio de los Óleos como tesoro. Una v isita a esta escondida depend encia catedralicia resulta revelad ora al respecto. El Patio de los Ól eos tiene unas dimensiones reducidas y presenta dos pisos con tres pandas de arcos cada uno (FIG. 2.4.19) , siendo sustituida la cuarta p or el muro de cerrami ento meridional del c onjunto catedrali cio qu e diseñó Riaño para delimitar el espacio que había n de ocupar las sacristía s y est anci as capitulares. El espacio pre senta pocas concesi ones a la ornamentaci ón. Los arcos son de medio punto o carpaneles y las bóvedas baídas, estando acaset onadas las del piso bajo ( F IG. 2.4.20) . Tanto los capitel es de las columnas (FIG. 2.4.21.) como las ménsulas en las que los arco s mueren en los muros no responden a ninguno de los órdenes clásicos , m ás bien son esquemas o simplificaci ones de los mis mos, presentand o u na serie de molduras y volúmenes muy sencillos. Respec to a las estancias que se abren al p atio, se cubren por bóveda de cañón y apenas si presentan abertu ras al ex teri or. La funci ón de “cámara acorazada” de este espacio queda clara, m áxi me cuando comprobamos el grosor de los m ur os y o bs ervamos las reja s originales que aún s e conservan en puer tas y ventana s. Pero además, est e patio h abía de servir de habitación (e l “dormitorio” citado en el acuerd o de 1533) a los guardianes del tesoro, que no eran otros que l os sacri stanes. Esto explic a que la estancia de la entr eplanta fuese en su día letrina y que la cámara más aislada de todas, en el extrem o oriental del primero piso (FIG. 2.4.22.) , tenga una chimenea, coronada de púas m etálicas para evitar que nadie se deslizase al interior apro vechando es te conducto. Así pues, de la docu mentación consultada se desprend e que , pese a que ya se estaba trabajando en la reforma de la Sacristía de los Cálices y la co nstrucción del Patio de los Óleos en 1533, las obras no concluyeron hasta 4 años más tarde, una vez que Riaño había muerto y Martín de Gaínza era maestro mayor. Esto e xplica que en 1 537 se compren ladrillos “ para solar la sacristia de los caliçes abaxo y arriba” 242 , ya que se habrían concluido definitiva mente los trabajos y s e estaba sol ando tanto la azotea co mo el pavi mento. Respecto a las 41 cla ves que se c ompran ese mismo año para la Sacristía de l os Cálices hay que decir que en efecto son las que hoy se encuen tran en este espaciola, pero tamb ién hay que señalar que podría tratarse de claves decorativas s obrepuestas sobre las verdaderas claves de las bóvedas, que bien podría estar preparadas para recibir claves de madera tallada, dorada y policromada, alg o bastant e frecuente en la arquitectura de la época y s obre todo en la Catedral, d onde ha sido la tónica general, aunque al final se decidió sustituirlas por o tras pétreas. Por tanto, to d o apunta a que Simón Pérez pudo r ealizar una modificación de la primitiva Sacristía c onstruida por Alonso Rodríg uez. La R eforma c onsistió en la mo difi cación d e lo s pilares, la edificación de las dos bóvedas laterales y la redecoraci ón de la cen tral , a la que se le añadieron, de un modo un tanto chapucero, todos los com bad os para adaptarla ao modo portugues , de ahí que hubiese que reponer el plemento, aprovechán dose para colocar las hiladas del rampante de manera concéntri ca. Unos años más tarde, D i ego de Riaño modificarí a el espacio para integrarl o en su proyecto de orde nación global d el sect or sudoriental del templo, si bien las o bras se prolongaron tanto en el tiempo, que la Sacristía de los Cálices no estuvo terminada hasta 1 537, cuando Riañ o había muerto y dirigía las obras su sucesor, Martín de Gaínza. Con todo, no se descarta una intervenci ón de Juan Gil de Ho ntañón, quien durante su estancia en Sevilla pudo dejar las trazas par a la hornac ina en la que hoy se encuentr a el cuadro de Santa Justa y Ru fina, dadas las similitudes de este elem ento con ciertas portadas de 242 ACS. Adventicio s. 1537. Fol. 2 9 vto. Citado p or MORALES M ARTÍNEZ, Alfredo J.: Op. Cit. p. 42. 120 la Catedral Nueva de Sala manca trazadas por este maestro, como es el caso de la Capilla Dorada (F IG. 4.2.23.) . En relación con los trasvas es estéticos desde Portugal a la Catedral d e Se villa hay que poner el remate de una escalera que se encuentra sobre la portada meridional de la Catedral, unida a los muros de crucero (FIG. 4.2.24 y 4.2.25 .) . El cuerpo de la escalera es cilíndrico y liso, pero en la zona superior se decora con unos baquetones colocad os de manera helicoidal. De cada uno de esto s baquetones, a intervalos regulares , nacen unas pequeñas po rciones de decoración vegetal. Al finalizar el cuerpo cilíndrico los baqueton es se transforman en arcos apuntados, y se decoran flo r es. La caja de escalera queda r ematada por un segundo cuerpo cilíndrico, más estrecho y calad o, para permitir la ventilación, y se remata por un cuerpo cónico decorado con crochéts. La decoración hel icoidal en elementos sustentantes y estructural es es una constant e en la arquitec tura tardogótica portuguesa , apareciendo, por ejemplo, en las estructuras cilíndricas en las que enj arjan los nervi os en la capilla mayor d e la Cated ral de Braga , resultando las similitudes aún más evident es con los estribos d el claustro principal del monasteri o de Belem , en Lisboa ( F IG. 4.2.26.) . En la Baja Andalu cía aparec e con frecuencia en edificios de filiaci ón lusa, c omo la iglesia de San ta María de Arcos, donde lo pod emos ver en el interior y ext erior de la capilla d e la Virgen d el Rosario , la más antigua qu e se con struye en este templo durante el XVI. Por tanto, pensamos que el remate de la escalera Sevillana también tiene como fuente de inspiración la arquitectura portuguesa de las primeras décadas del XVI, en concret o los estribos del piso alto del claustro principal del monasterio de jeróni mos de Bele m, en Lisboa, de los que parec e ser una versión tosca. La última relación documentada de maestros portugu eses con la catedra l de Sev illa se remonta a 1529. Durante unos meses de este año aparece en las nóminas como aparejador de Diego de Riañ o Francis co Buelta, tal y como se recoge en un asiento de ese añ o por el que se da “ pago a Juan de herrer a aparejador que fue de esta sant a yglesia e a francisco buelta aparejador que asimysmo fue” 243 . Piens o que se trata de la castellaniz ación del apellido Boytac, y que este apar ejador era familiar del célebre Diego Boytac que trabajó en el monasteri o de La Vict oria de Ba talha y en los jerón i mos de Lisboa. Francis co Buelta era un hombre de confianza de Riañ o, y a que llega a cobrar el sueldo en nombre del m aes tro , tal y como se recoge en un acuerdo capitular de 1529 por el que se da libranza a un pago de “ och o myll e seteçiento s e çinqu enta maravedis a francisco buelta en nonbre de diego de Riaño que los ovo de aver el dicho diego de Riaño dende primero dia del mes de hebrero del año de quynientos e veynte e ocho fasta fin de este dicho mes de abril del present e año” 244 . Más adelante se verá có mo Fra ncisco Bu elta trabajó de nuevo como aparejador de Riañ o en la obra de la iglesia d e San Migu el de Morón. Hasta aquí hemos analizado el germen de la arquitec tura tardogótica de filiación portuguesa en la Baja And alucía, que, como todas la s innovaciones arquitect ónicas del momento, hubo d e pasar po r el gran taller constructivo del moment o que era la Catedral de Sevilla . No obstante, podemos decir que el fenómeno apenas si pasó de pun tillas por este monumen to, sobre todo si tenemos en cuentar su am plia difusión en la zona en los años siguient es. Así, encontramo s huellas de la arquitectura portuguesa de comienzos del XVI en edificios de J erez, Sanlúcar de 243 ACS. Fondo Capitular. Fábrica. Libro del cargo e de scargo d e del can ónigo Die go de Ribera, mayordomo d e la Fábrica de esta San ta Iglesia. 1529. Fol. 2 7. 244 Ib. Fol. 11. 121 Barrameda, El Puerto de Santa María, Vejer de la Frontera, Medina Sidonia, Tarifa, Gibraltar, Arcos de la Frontera, Almonas ter la Real, Utrera, Carmona, Marchena, M ontilla y Ronda. Además, la corrien te estéti ca sobrepasó los límites geográfi cos de Andalu cía, ext endiéndose a Extremadura (Azuaga y Lo s Santos de Maim ona) , Ca narias y A mérica. Llega el momento de emprender el camino para bu scar la huella lusitana en estas tierras. 128 FIG. 2.4.10 . CATEDRAL DE SEVILLA. SA CRISTÍA D E LOS CÁLICES . TRAMO M ERIDIONAL DE BÓVEDA FIG. 2.4.11 . CATEDRAL DE SEVILLA. SA CRISTÍA D E LOS CÁLICES . TRAMO SE PTENTRION AL DE BÓVEDA. 129 FIG. 2.4.12. C A TEDRAL DE SEVILLA. SACRISTÍA D E LOS CÁL ICES. ENJARJE . FIG. 2.4.13. CATED RAL DE SEVILLA. SACR ISTÍA DE LOS CÁLICES. P ILAR. 130 FIG. 2.4.14 . CATEDRAL DE SEVILLA. SA CRISTÍA D E LOS CÁLICES. TESTE RO MERIDION AL. 131 FIG. 2.4.15. JE REZ D E LA FRO NTERA. CARTUJA DE SANTA MARÍA DE LA DEFENSIÓN . CLAUSTRILLO. ENJARJE. FIG. 2.4.16. A RCOS DE LA F RONTERA. IGLESIA DE S ANTA M ARÍA. BÓV EDAS. 132 FIG. 2.4.17. CATED RAL DE SEV ILLA. SACRISTÍA D E LOS CÁLICES . TROMPA. FIG. 2.4.18. BA TALHA. MONASTERIO DE S ANTA MARIA DE LA V ICTORIA . CAPELAS IMPERFEITAS. 133 FIG. 2.4.19 . CATEDRAL DE SEVILLA. PAT IO DE LOS ÓL EOS FIG. 2.4. 20 . CAT EDRAL DE SEVILLA. PA TIO DE LOS ÓLEOS. BÓVEDAS DE L A PLANTA BAJA. 134 FIG. 2.4.21. CATEDRAL DE SEVILLA. PATIO DE LOS ÓLEOS. COLUMNA. FIG. 2.4.2 2. CATEDRA L DE SEVILL A. SACRISTÍA D E LOS CÁL ICES. ESTANCI A 135 FIG. 4.2.23 . SALAMANCA . CATEDRAL NUEV A. CAPILLA DOR ADA. FIG. 4.2.24 . SEVILLA. CAT EDRAL POR TADA MERIDIONAL . DETALLE. 136 FIG. 4.2.25 . SEVILLA. CATE DRAL POR TADA MERIDIONAL . DETALLE. FIG. 4.2.26 . LISBOA. MO NASTERIO D E BELEM. CLAUS TRO PRIN CIPAL. 137 3 . ARQUITECTU RA Y ARQUITECTO S POR TUGUESES EN JEREZ Y SU ENTORNO DUR ANTE EL XVI. 144 de la capilla m ayor. Es posible que el propio Alonso de Palencia diese también las trazas del coro, si bien estas resultar on alteradas p or los maestros portugue ses, quienes al d ibujo original añadieron numerosos eleme nt os o rnam entales propios de la arquitectura de comienzos del XVI de su país. A demás de la decoración, l a principal diferencia entre a mbas bóvedas reside en que la que nos ocupa es de planta rectangular, y por tanto más estre cha que la de la cabecera, que es cuadrad a. Así, en los lados más larg os, en los qu e hay menos lugar para las nervaduras, la bóveda hace muy cortos los do s combad os q ue mueren en el centro del m uro . A sí mismo en estos tramos se pierden dos de los nervios curv os q ue parten de las claves secundarias de los nervios diagonales, con lo que en estos tramos desap arece la forma similar a la de un co razó n que si se conserva transversalmente. El ple mento est á col ocado de manera circular en el espacio que delimitan los combados, alcanzand o el muro en cuatro puntos. Esta manera d e colocar el plement o, que ha sido estudiada por Pinto Puerto 268 , v a a aparecer con mayor o menor extensión en muchas de las bóvedas que vamos a est udiar , pudiend o considerarse un elemento genu ino de la a rquitectura c omarcal d e la época. La profusión decorativa de est a bóveda comienz a en lo s propios nervios (FIG. 3.1.7.) , que se encuentran dec orados a in tervalos en sus lad os por el ementos vegetal es como c ardinas, ram os de frutas o unas fl ores muy aplanadas que se puede apreciar, por ejemplo, en los laterales d e los nervios de la cabecera de la iglesia de Santa M arí a Coronada de Medina Sidi onia, de la que nos ocupare mos más adelante. Por su parte, las ménsul as en las que mueren los nervios (F IG. 3.1.8.) están decoradas con motivos vegetales. En ciertos puntos en que la bóveda se une al muro, se disp one un cairel aislado, a modo de pinja nte. Sin duda el lugar donde se co ncen tran los elementos ornamentales es en la embocadura del arco carpan el que se abre a la nave de la iglesia (FIG. 3.1.9.) . Aquí la deco raci ón ocupa casi todo el espacio en bandas superpuestas, comenzando en la inferi or con una de cardinas mu y carnosas , luego o tra de caireles, un a nueva de cardinas y una con las flore s planas coloca das a interval os que decoran lo s nerv i os, elemento que también remata el borde del coro ( FI G. 3.1.10) . Después sigue u na nueva ban da de cardinas, una de gotas y una en que se repres enta un vástago central en el que a intervalo s se enrrollan unas hojas de cardo (FI G. 3.1.12.) . Est a última banda nace de un mo ti vo que representa una cesta (FIG. 3.1.13 .) , algo típico del tardogótico portugu és que aparece, por poner tan sólo dos de los ejempl os más significati vos, en el refectorio del m onas terio d e jerónimos de Belem en Lisboa y en el co r o de la iglesi a del Convent o de Cristo, en Tomar (FIG . 3.1.14) . La ménsula en la q ue muere est a banda es un a versión de la que hallam os en la capilla mayor: dos molduras de planta estrellada entre las que se sitúa una de planta polilobulada, bajo ellas una banda de decoración vegetal, y rematándolo todo una moldura de planta hexagonal baj o la que se si túa un cuerpo troncopira midal anillado. Esta manera de incluir bandas decorativas de motivos divers os entre los diferente s baquetones del arco es algo típico de la última fas e d el tardogótico portugu és, s iendo su mejor exponente la monumenta l portada que desde la iglesia se abre a las llam adas capelas imperfeitas en el monasterio de Batalha ( F IG. 3.1.15. y 3.1.16.) . En esta puer ta u na decoración de muy variado aspecto invade todo el espacio disponib le entre los baquetones e incluso la superficie de los propios baquetones, confiriendo al edificio un aspecto abigarra do y suntuoso . 268 PINTO PUE RTO, Francisco: “La falsa apariencia. Las ple menterías en hiladas redo ndas en las fábrica s del Arzo bispado H ispalense”, en Actas del III Congreso Nac ional d e Historia de la Construcc ión . Sevilla. 2000. To mo II, pp. 827-839; Id .: Las esfera s pétreas. Análisis de las soluc iones de l arte de la monte a en l a provincia de Cádiz durante e l siglo XVI . Tesis docto ral inédita. 145 La obra, m uy r epresentativ a del arte luso del mo mento, fue realizad a bajo la dirección Mateu s Fernandes 269 , quedando concluida en 1 509. Algo así, aunque a menor escala, es lo que se ha querido reproducir en el coro del monasterio de La Vict oria. De h echo, Do mingo de la Ba talla provení a d el pequ eño pueblo en que se encuentra el célebre monasterio po rtugués y no s ólo hubo de conocer el delirio ornamental d e esta fábrica, sino que incluso es po sibl e que trabaja se en su elaboración, trayen do, al discurrir de los años, un trasunto de l mismo a la Baja Andalu cía. En el centro del arco (FIG. 3. 1.1 1.) enco nt ramos un blasón liso en el que con seguridad hubo de estar tallado el escudo del segundo duque, que fue realizado en 1 524 por los hermanos entalladores Pedro de Cárdenas y Nicasio de Roa, cuyo apellido parece indicar una proveniencia burgalesa. El escudo, cuy o blasón hoy e stá liso, se encuentra flanq ueado por dos cuernos de la abundancia decorados con cardinas, y se apoya en una ménsula formada por varias mo ldu ras de planta estrellada superp uestas pero giradas con respect o a la anterior, elemento que se repetirá hasta la saciedad en los monumentos que vamos a estudiar, y qu e también se encuentra en las ménsulas que recibe en las enjutas del cor o a la moldura más externa del arc o carpanel. Además de la o bra del coro, Domingo de la Batalha aparece documentad o en 1 524, junto al albañil portugués Agustín Ló pez, asentando la pared “de ençima de las capillas y quarto que salen al claustro del monasterio” 270 . Se hace alusi ón a una pequeña capilla que en tiempo se utilizó como librería y que está situada en el mur o de la epístola de la capilla may or. Se trata de un espacio rectangular de pequeñas dimension es cubierto por dos tramos d e bóv eda d e crucería con un rampante muy bajo, aunque sin llegar a ser plano (FIG. 3.1.17.) . Las ménsulas en las que mueren los nervios no son en la actuali dad visibles, pues se han cub ierto d e yeso para facilitar su co ns ervaci ón. La pared que levantab an Batalha y López sobre las capillas y lo plano del rampante, indican que estaba prevista la construcción de un piso superior, concluido en este momento. Este piso se remató con la constr ucción de un arteso nad o lab rado por lo s carpinteros Juan de Miranda y Cardona por cuyos trabajos, terminados en el oto ño de 1525, recibieron 36 ducados de oro. Se docu mentan, asimis mo, las labores de policromía corrieron a cargo del pintor Rodrigo Alonso para cu yo efect o reci bió 1500 maravedíes. Este artes onado n o se conserva en la actualid ad y esta z ona se encuentra en estad o de ruina. A partir de 152 5 y h asta 1544 figura como maestro mayor de la obra Domingo Pérez quien también tenía origen portugu és. Por un testamento que el maestro o t orgó en 1545 , se sab e que su padre era portugu és y que hacia 1515 él mism o vivía en Batalha, pues ese año se marchó de su casa un hermano suyo llamado Mateo Pérez que nunca regres ó 271 . Domingo Pérez p odría ser m i embro de una familia de albañil es lusos afin cados en la zona, pues está 269 Soy con sciente de que la b ibliografía sobr e el tardogótico e n Portugal es muy extensa, p or lo que aquí citamos un a de las obras más actualizadas y certera s que conocemo s, NUNES DA SI LVA, Ri cardo: Op. Cit. pp. 503- 541. 270 ADM . Sección Pu erto de Santa María. Legajo 15. Nº 25. Citado por ROME RO MEDIN A, Raúl: “Lo s canteros d e la obra tardogóti ca del monaste rio de La Victoria de E l Pu erto de Santa Marí a (1522 - 1544)”, Revista de Histo ria de El Puerto. Nº. 44. 2010. p p. 59-78. 271 APNJF. 15 45. O ficio VIII. Gómez Patiño. Fol. 942 y ss. 10 de noviembre. S egún con fiesa D omingo Pére z en su testamento “pued e aver treynta añ os poco mas o m enos que m ateo peres my herm ano se fue de la villa de batalla que e s en el Reyno de portugal y dexo sus bienes en po der de fran cisco peres my hermano y hasta ago ra no ha venydo al dic h o luga r ny se sabe del” . 146 documentado un Gonzalo Pérez 272 , albañil, a ctivo en Jerez entre 1535 y 1564, un Antón Pérez 273 , albañil documentad o en 1551, y un Antonio Pérez 274 , tal vez el mismo, quien afirma ser albañil y portugués en su testamento, otorgado en esta ciudad en 1561. Además, en la propia obra de La Victoria de El Puerto trabaja entre 1537 y 1544 un Diego Pérez, con el que también p odría estar emp arentado. Po r si fuera poco, ya veíamos c ómo el hasta por e l momento desconocido Si món Pérez, posiblemente emparentado con lo s mae stros que nos ocupan, daba en 1522 unas trazas para la Sacristía de los Cálices de la C atedral de Sevilla. P or otro lado, ya señalamos que lo s canteros de apellido Pérez desempeñaron un papel fundamental en la construcción del monasterio de Belem en L isb oa, contabiliz ánd ose en las nóminas de obra un total de 28 maes tros de este apell ido 275 , dos de ellos llamados Diego y uno Antonio que bien podrían s er los que p osterior mente emigrar on a la Baja And alucía. No o bs tante, estos supue stos lazos familiares de momento no han po did o ser esc lar ecidos y desde luego ninguno de estos cua tro maestros (Die go, Antón, Ant onio y Simón) alcanzó la importancia de Doming o Pérez en la comarca. Algo que parece confir ma d o es que su trabajo le dio la posibilidad de llevar una vida desahogada, lo que le permitió incluso invertir en otros negocios co mo el comer cio de seda 276 , actividad qu e aparece d esarrolland o en Jerez en 1 528. No resulta fácil establecer el alcance de la intervenc ión de Domingo P érez en el monasterio portuense y de hecho en la documentación conservada se le constata re alizando unas 272 APNJF. 1535. O ficio V. Rod rigo de Rus. Fol. 758 vto. y ss. 7 d e septiembre. El albañ il Gon zalo Pérez reconoce u n tribu to qu e paga a Juan de Qu intana, c omendador de Almendralejo, por dos casas qu e poseía en la call e d e en medi o d el Barrio de la Ord en, en la collación de San tiago. El tri buto era de 225 maravedíes anuales y el recon ocimiento e fectivo se hace en Gonza lo de Morales, mayord omo d e l citado Juan de Quin tana; APNJF. 1538. Oficio IV. Juan R od ríguez. Fol. 361 vto. y ss. 3 de mayo. El alb añil Gonzalo Pérez y su mujer Isabel Ma rtín d an a trib uto a Juana Gutiérrez, viuda de Di ego Martín d e Sante steban, un pala cio (entiéndase una habitación ) con un pedazo d e solar en la casa que poseían en el Barr io de la Ord en. El tributo era de 375 maravedñies anu ales pagados en d os plazos: el 2 5 de dicie mbre y el 24 de jun io; APNJF. 1564. O ficio I X. Diego Ló pez de Ar ellano. Fol. 92 0 vto. y ss. 5 de no viembre. E l albañil Gonzalo Pérez se obliga a hacer cinco tram os d e bóv eda del Claustro Grande de La Cartu ja de Santa María de la Defensión, b ajo la supervisión d el maestro mayor, Andrés d e Ribera. Se ampliará la infor mación de este contrato en su lugar correspon diente. 273 APN JF. 1551. Of icio XVIII (VII ). Simón García Copín. Fol. 6 89 y ss. 10 de noviembre. El albañil Antón Pérez y su mujer María Sánchez d an a tributo dos aranzad as de viña en el pago d e Ciguel o al corredor d e caballos Andrés Martín. Las viñ as tenían un cargo de dos florines de oro al año que se pagaban a Diego Martín de Astorga p or el día de San Miguel. E l censo era de cinco ducados an uales. 274 APN JF. 1561. Oficio XV (X). Juan de Carmona. Fol. 640 vto. E n este te stamento no se hace referencia a más pari entes qu e a su mujer, Juana Pérez, a la que nombra su heredera universal. Quiz ás ella también fuese del mismo clan , tal vez un a prima. 275 El prim ero estudio sobre las nóminas de los maestros que intervinieron en el monaster io de Bel em fue DIA S, Pedro: Op. Cit . pp. 277 y s s., don de se identificanhasta 16 cantero s con el apell ido Piris, ver sión portuguesa de P érez. Más tarde un nuevo estudio (EALO DE SÁ, María: Op. Cit. ) aumentó el número hasta 28. 276 APNJF. 152 8. Oficio I V. Juan Ro dríguez. Fol. 842 y ss. 11 de octub re. Domingo P érez, “alb añil, maestr o mayor de la obra d e la yglesia de nu estra seño ra santa maria de la vito ria de la v illa de el pu erto d e santa maria” reconoce su d euda con el mercader Franci sco de Ayala, quien se encon traba ausente, actuand o en su nombre Ma t eo de Aguilera. La deuda era de 22500 marav e díe s por cierta cantidad de paño d e seda. Lo elevado d e esta cifra, h ace pen sar q ue no se tratab a de un a cantidad pequeña de género, sino que había adquirido seda b astante para co merciar con ella. El albañil se compro metía a pagar su deud a en un añ o. 147 escaleras y construyendo se is capillas, es decir seis tramos de bóveda, sin especificarse su ubicación. Del mismo modo, hay ref erencias m en ores a o tr as obras como las que entr e octubre y noviembre de 1525 realizó junto a Agustín L ópez, cuando se les paga porque “encalaron los arcos que están en el cuarto y paso que va al coro” 277 . Para la fecha en que es nombrado maestro mayor, la iglesia est aba ya concluida, por lo que su actividad hubo de centrarse en las depend encias monásticas, muy alter adas al haberse transfor mado el inmuebl e en presidio tras la desam ortización y exclaustraci ón de 1835. En la actualidad , se conserva en el m ona sterio de La Victoria una escalera fechab le en la épo ca que Domingo Pérez ocupó la m aestría mayor. Se t rata de la escalera ubicad a en el hueco de la torre de la iglesia, a la que se accede desde el claustro principal. L a esc alera se cubre con una bóveda (FIG. 3.1.18.) de crucería con terceletes y unos combados que arrancan, no de claves , sino de unas guirnaldas ubi cadas hacia el tercio más cercano a la clave c entral desde d onde se dirigen al centro del muro más próxim o, atravesando los tercelet es. La sustitució n de las claves de las bóvedas por guirnal das es un motivo ornamental genuin o del tardogóti co p ortugués, apareciendo en mo nu mentos tan repres entativos co mo el claustro del monasteri o de Jerónimos d e Belem en Lisboa (FIG. 3. 1.19.) . La construcci ón de esta bóveda i mplica que Domin go Pérez, que parece s er su autor, también sería el responsab le de la construcción de la torre, pues am bas han de s er c ontemporáne as , ya que la bóveda apoya en los muros de la citada torr e. Este edificio (FIG. 3.1.20.) , de planta cuadrada y con un estribo prismático en la única esquina que no queda flanqueada por o tra construcción, tiene pocas concesiones a la ornamentación. Hacia el centro de su frente occidental presenta una v e ntana cuadrada bordeada por un baquetón cilíndrico co n capiteles fitomorfos (FIG. 3.1.21.) . Este baquet ón se encuentra flanqu eado por ambos lados por una banda de flores planas dis puestas a interval os , id éntica a la que flanqu ea los ne rvios del coro bajo. Esta misma decoració n floral la podemos ver en la línea de im posta ubicada un po co más arriba de la ventana. A co ntinu ación v ien e un segundo cuerpo totalmente ciego rematado por una sencilla moldura, y rematando un te rc er cuerpo cuya única dec oración con siste en un par de arcos de m edio punto q ue se abren en c ada cara. También par ece ser de la mano de Do mingo Pérez el claustro que h oy se conse rva, o al menos una parte del m i smo y quiz ás las “ sei s capillas” a las que hace referencia la documentaci ón sean seis tramos de bóveda de esta zona. El claustro ( FI G. 3.1.22. y 3.1.23.) hubo de iniciarse junto co n la obra de la igle sia y su traza hubo de estar en manos de maestr os l ocales, pues las similitudes de su parte más antigua co n el claustro mayor del jerezano monasterio de Santo Domingo, comenzad o como se verá hacia 1430, son innegables. El claustro po rtuense está formado por un gran patio cuadrad o. En sus pandas se abren galerías compuestas por seis arcos apuntados siendo de distinta luz los de l os extremos, pues son más estr echos que los cuatro restantes, iguales entre sí. Los pilares que dan apoyo a estos arc os se ven reforzados al exterior por un poderoso co ntrafuer te m uy m asiv o y saliente. Estos estribos (FIG. 3.1.24 y 3.1.25.) están traspasados en su parte inferior por un arco conopial, a l igual que sucede en Santo D oming o. A diferen cia de este, los estribos de la Victoria presentan en sus esquinas su periores un pináculo en relieve y en el frente de uno de ellos, el escudo de armas del II duque de M edinaceli. Las crujías se resuelven con arcos muy peraltados que generan bóvedas de crucería simple , excepción hecha de las situadas en las esquinas ( F IG. 3.1.26.) que se resuelven con nervi os 277 ADM. Sección P uerto de Santa María. Legajo 15. Nº 25. Cit ado por ROME RO MEDINA, Raú l: Op. Cit. 148 combados. Se trata de bó vedas de crucería con terceletes en los que la bifurcación de cada tercelete se reali za con nervios curvos, resolviendo la tracería de un modo bastante extrañ o que tiene su origen en la capilla m a yor de la catedral de Braga y que hemos descrito en la cabecera de la iglesia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija y en el tram o central de la Sacristía de los Cálices de la Catedral de Sevilla. Los nervios mueren en ménsulas (FIG. 3.1.27 .) talladas de motivos decorativos en el lado de la pared, no visibles po r estar ocultas con cal para su co nser vación, bajo las cuales corre una impos ta co ntinua ; por el lado de los pilares l os arcos ta mbién mueren en ménsulas con capitel de moldura. No obstant e, por fotografí as anteriores a la ocultación, se puede apr eciar el arcaísm o de estas claves, muy similares a algunas de las que se encuentran en el claustro gran de de la jerezana Cartuja de Santa María de la Defensión, siendo muy significativa una que aparece en amba s obras que representa a u n personaje con l os braz os alzados que sostiene unas ra mas en sus manos. Respecto a las clave s, en ellas se representa el escudo de los duques de Medinaceli, las virtudes cardin ales, el escudo de la Orden Mínima, querub ines y algunos santos co mo San Ant oni o de Padua, San Cristóbal, San Juan Bautista, San Pedr o y san Sebastián (F IG. 3.1.28 .) . Como se ha señalado, la traz a del claustro obedece al taller jer ezano, en concreto al círcul o del maestro Alonso Rodríguez, que hubo de ejecutar sólo el ala noroeste, e s decir, la paralela al muro de la igl esia, entre 1504 y 1517. Al maestr o D oming o Pérez se le debe atribuir la construcción de la m itad del claustro, e s decir, de l as crujías meridionales, cuyas m énsulas , algunas visibles o tras tapadas con cal, presentan un programa iconográfi co don de se mezclan elementos tardogóticos con otros muy del gusto renacentista. Aunque no es fácil precisar la cronología, los dat os sobre los pagos al m a estro de 91.000 maravedíes po r la realización de capillas se lo calizan en el libro de fábrica datado de 15 3 7 a 1544, por lo que es posible que en esas fechas finalizara parte del claustro, cuyas obras pudo asumir desde su vinculación como maestro may or a partir de 1525. El claustro n o lleg ó a conclu irse durante el trascurso de la ob ra tardogótica, siendo cerrado en su crujía nororiental en 1618, cuando el maestro Domingo Calafa te se concertaba c on la comunidad de religiosos para hacer tres cap illas y tres pilares. El contrat o seña la que eran los más cercanos a la iglesia y que su eje cución tenía que levantarse “ confo rme a las hechas sin que se innove en cosa alguna” 278 colocándose en la decoración de sus claves “el santo de la orden o figura que el Padre Corrector ordena re en cad a capilla ” 279 . Mayor compl ejidad presenta el piso superi or (FIG. 3.1.29.) , al que la histori ografía ha deslig ado de las o bra s de patrocinio ducal 280 . Está formad o po r una galería de arcos escarzan os que apoyan sobre columnas toscanas en tres de sus lados y capiteles decorados con cabecillas de leones, m ien tras que el cuarto, el correspondient e a la crujía nororiental, lo hace en pilastra s barrocas. Por una intervención posterior los v an os de las arcadas fueron transformados en 278 ARCHIVO DE PRO TOCOLOS NOTARIALES DE E L PUERTO D E SANTA MARÍA . Juan Escude ro. 1618. Sig. 121. s/f. Tran scripción de RO MERO MEDINA, Raú l: Op. Cit . Citado po r JÁCOME GONZÁLE Z, José y ANTÓN PORTILLO, Jesús: “ Apuntes h istórico - artísticos de Jerez de la Frontera en los siglo s XVI y X VIII (3ª parte)”, Revista de Histo ria de Jerez . J erez de la Frontera. 2 002. Nº. 8. p . 104. 279 ARCHIVO DE PRO TOCOLOS NOTARIALES DE E L PUERT O DE SANTA MARÍA. Juan Escude ro. 1618. Sig. 121. s/f. Tran scripción de RO MERO MEDINA, Raú l: Op. Cit . Citado po r JÁCOME GONZÁLEZ, José y AN TÓN PORTILLO, Jesús: “ Apuntes h istórico - artísticos de Jerez de la Frontera en los siglo s XVI y X VIII (3ª parte)”, Revista de H istoria de Jerez. J erez de la Frontera. 2 002. Nº. 8. p . 104. 280 SANCHO DE SOPRAN IS, Hipólito y BARRÍS SANCH EZ, Rafael: Rinc ones Portuenses. Cádiz. Tipografía Ordóñez. 1925. p p. 33 y ss. 149 óculos y v entanas. La relación est ilísti ca entre las tres crujías que utilizan com o soporte la columna toscana y otras obras jerezanas del maestro jerezano Pedro Fernández de la Zarza 281 , como los capiteles de la capil la de la Limpia Concepción de la iglesia del jerezano monasteri o de San Francisc o 282 , permite v incularla con el maestro y s ituar su obra entr e 1535 y 1545. 3.1.2. DOMINGO PÉREZ VE CINO DE JEREZ. LA OBRA DEL MONASTERI O DE LA VIC TORIA. La primera n oticia que t enemos de Domingo Pérez en Jerez se remonta a 1541, cuand o ya estaba finalizand o su maestría mayor en el monasterio portuense de L a Victori a. Ese año los canteros portugues es Fern ando Álvarez, Diego y Domin go Pérez, est os d os últi mos rezan como vecinos de El Puert o de Santa María, se conci ertan con el fraile dominico fray Jordán para construirle un o ra torio en el claustro principal d el monasterio de Santo Domingo 283 . Volve ré sobre este asun to en el epí grafe dedicado a Álvarez, dond e profundiz aré en la obra. En 1542, Dom íng o Pérez ya aparece como vecino de Jerez. El 25 de marzo del citado año recibe el traspaso del a rrendamient o de una c asa en la collación de San Miguel 284 . Unos meses más tarde se obliga a hacer a destajo junto a D ieg o Ximénez una casa de dos plantas para el boticario Crist óbal Tama yo en un solar ubicad o en las inmediaciones de la Puerta de Sevilla. La obra no hacía grandes concesiones a la ornamentaci ón pues consistía en levan tar los m uro s perimetrales con tapias de tierra alternando con hiladas verticales de cantería, paredes de ladrillo en el interior, reali zando para el acceso desd e la calle por “do s portad as de canteria llana” 285 , o lo que es lo mism o, sin ningún tipo de adorn o. 281 Sobre Pedro Fernán dez de l a Zarza véase ROME RO BEJA RANO, Manuel y ROMERO M EDINA, Raú l: “Pedro Fernán dez de la Zarz a: un maestro ta rdogótico de la Baja Andalu cía (1494 - 156 9)”, en ALON SO RUIZ, Begoña (ed.): La Arquite ctura tardogótic a castellan a entre E ur opa y América . Madrid, Sílex. 2011, pp. 197- 212. 282 ROMERO BEJARANO, Ma nuel: “La con strucción de la capilla de la Limpia Concepción d el Monasterio de San Francisco de Jerez de la Frontera”, en Actas del Simposium La Inmac ulada Concepción en E spaña . San Lorenzo del Escorial. Univ ersidad María Cristina. 2005 . Tomo II, pp. 1009 - 1029. 283 APNJF. 1541. Ofic io VI. Alvar Pérez Granados. Fol. 367 vto. y ss. 8 de junio. 284 APN JF. 1542 Oficio II. Alons o Sarmi ento. Fol. 308 y ss. 25 de marzo. Rodrigo de León traspasa al albañil Domingo Pér ez una casa en el barrio d e San Miguel que él tenía arrend ada de la viuda de Juan Lucero. E l tiempo de alq uiler era de dos años a conta r des de el 2 4 de ju nio próxi mo. El p recio anual del alquiler era de 10 du cados pagad os en tres veces. 285 APNJF. 1542. Oficio III (VIII ). Rodrigo de Cu enca. Fol. 902 y ss. 30 de o ctubre. Cristób al Tamayo se obligaba a d ar hechas las za njas (con la profundidad que él es ti mase conveniente), tod os los mate riales, el agu a y “toda la madera de tablas e palos que fueren men ester para faser los andamyos en toda la dicha obra” . El pr ecio po r t apia era de dos reales, contá ndose lo hu eco de pu ertas y ventanas como tapia. La obra comenzaría cuando Tamayo llamase a los alb añiles, sin d ejar éstos de trab ajar hasta que la terminasen. S e e specifica en el contra to que las hilada s verticales de canter ía se colocarían cada tres tapias de anchura. El grosor de las tap ias había de ser de dos ladrillos y medio en la zona de los cimientos y dos ladrillos en la zon a superior de lo s muros perimetrale s de la primera pla nta, menguan do medio ladrillo en el piso superior. Las paredes in ternas (que podían ser de tapia o can tería) tendrían siempre lad rillo y medio de anchura. En el contra to se d ice que la mezcla p ara la s ta pias s e haría a cuatro p artes de tierra por cad a una de cal. 150 Dos años más tarde D oming o Pérez había comprad o una casa en la calle M olineros 286 . En Jerez, el maestro siguió desarrol lando una importante actividad laboral. Esto lo sabemos po rqu e entre 1544 y 1545 toma a tres m uchacho s por aprend ices: Gonzalo García 287 , natural de Lebrija, Juan Gil 288 , de Gibraltar, y Bernabé de Cuenca, vecino de Jerez. En los tres casos el periodo de aprendizaje era de cuatro años y ningu no de los aprendic es pagaba nada al maestro. Antes al contrario, Domingo Pérez estaba obligado a la manutención de los tres y a entregarles al final del pe riodo de ap rendizaje cier ta cantidad d e dinero y la herra mienta necesaria para desarrollar co n normalidad el oficio. Esto indica que durante el tiem p o en que estuvieran formándose , los tres trabajarían en algun a obra a las órdenes del maestro y no en una obra cualqu iera, dado el núm ero de apren dices que to ma. Ademá s, la posición desahogada de Domingo Pérez queda clara en el contrato de apr endizaje del citado Bernabé de Cuenca, quien se obliga a serv irle “en todas las cosas que vos me mandarde s ansi tocantes al vuestro ofiç io como en la s viñas” 289 , de donde se d educe que el ma estro p oseía otras fuent es de riqueza aparte de su pr ofesión. Cuando todo auguraba un futuro próspero para el maestro, a finales de 1545 P ér ez co nt rae una grave dolencia hasta el punto de que el maestro otorga su testamento el 10 de nov ie mbre del citado año. Este documento es de gran v al or, pues en el se contiene bastante información. Para empezar se confir ma que poseía una ex plotaci ón agraria, pues se especifica que había dado un lagar como fianza para una deuda que tenía con Francisco de Medina. Además, queda de manifiesto su desahoga da posición econ ómica incluso cuando vivía en P ortu gal, pues trajo como dote al matrimonio “ veynte myll maravedis en dos taças de plata que los montaron e valieron y despues tr ux e de portugal çinco myll maravedis que cobre que me devian antes de casado de herençia de mi padre” . Su casamiento con la portuense Catalina Díez no hizo sino 286 APN JF. 1544. O ficio X. Barto lomé Gil de Pa lencia. Fol. 257 vto. y ss. 3 d e abril. El alb añil Doming o Pérez reconoce su deuda con Diego de H inojosa y su muje r Juana de Mend oza. Pérez hab ía comprado una casa en la calle Molinero s a Marcos Medina, guardador judicial de los hu érfanos del aperado r Hernán Martín . La casa e staba gravada con vario s trib utos, entre ello s 1 430 maravedíes anuales que se pagaban a la citada Juana de Mendoza. Por est e docu mento, Pérez reco no cía su deuda en la señora de Mendoza. 287 APN JF. 1544-1545. O fici o XVI II (VII). Simón García Copín . Fol. 554 vto. y ss. 17 de ago sto de 1544. El lebrijano Gonzalo García, huérfano del trabajad or Di ego Martín, entra por aprendiz con el alb añil Domingo Pérez. El periodo de ap rendiza je era de cu atro años y dura nte el mismo el m aestro hab ía de costearle la manutención, el vestido y el aloj amiento. Al final de lo s cuatro años, Pérez había de d arle las herramientas del oficio y cuatro ducados para que se comp rase vestido y calzado. En el momen to del otorgamiento de la ca rta Gon zalo García tenía 18 añ os. 288 APNJF. 1545. O ficio X. Bartol omé Gil de Palencia. Fol. 177 vto. y ss. 15 de marzo. E l gibraltareño Juan Gil entra por ap rendiz con el albañil Domingo Pérez. El t iempo de aprendizaje era de cuatro añ os y durante el mismo el ma estro h abía d e costearle la manu tención y el alo jamiento. Además, había de darle cad a año 1000 maraved íes para que s e compra se ro pa y calzad o, amén de otros 2000 maravedíe s al final del per iodo de ap rendizaje para el mismo fin. Ta mbién debía proporcion arle al final del aprendizaje las herrami entas del oficio. E n el mo men to del otorgami ento de la carta Juan Gil t enía 20 años. 289 APNJF. 1545. Oficio X. Bartol omé Gil de Palencia. Fol. 17 7 vto. y ss . 15 de marzo. El jerezano Bernab é de Cuen ca, hu érfano de Pedro Gallego, entra por ap rendiz con el alb añil Domingo Pérez. El tiempo de aprendizaje era de cuat ro año s y durante el mismo el ma estro había d e costearl e la m anutención y el alojamiento. Ade más, hab ía d e d arle cad a año 1000 mara vedíes par a que se compras e ropa y calzado, amén de otros 2000 mara vedíes al final d el period o de a prendizaje p ara el mismo fin. También debía proporcion arle al final de l aprendizaje las h erramientas del oficio. En el momen to del otorgamiento d e la carta Bernab é de Cuenca tenía me nos de 25 añ os. 151 mejorar su posición, pues ella aportó “ çin quenta e çinco o sesenta myll m ara vedis en una s casas en la villa del puer to det rás del ca stillo de ell a y en axua r y p reseas de casa y u n esclavyllo” . Del matrim onio nacieron dos hijos: Juan, quien como veremos tam bién fue maestro constructor, y Ju ana, que se había casado co n M ate o de Medina. Ambos son declarados co mo sus hered eros universal es. Por otra parte se puede comprobar que la relación entre Domingo Pérez y Diego Pérez, el entallador portugué s que había trabajado a sus órdenes en El Puerto, aún co nti nuaba, pues se declara en el testamen to que Diego debía a Dom ing o “catorze Reales de cuenta que con el he tenido” . Que la relaci ón entre a mbos era buena l o demuestra qu e Diego firma como testig o del document o. También se pone de m anifi esto en esta carta la relació n del ma estro con sus aprendices, ya que al referirse a la deuda que tenía c on Francisco de Medina, explica que “ yo y mis moços trabajamos en sus ataraçanas” , con lo que queda claro que los gastos de la formación que c osteaba Pérez tenían su contrapart ida en mano de obra. Ade más, el otorgant e se declara herman o de las co fradías jerezanas de la Vera Cruz y Los Remedi os y pide ser enterrado “en el moneste rio de nuestra señora de la vytoria de esta çibdad en la sepoltura que a mis albaçeas paresçiere vestido my cuerpo en el abyto de la dicha orden” , pero esta última manda no se debía sólo a la devoción, ya que confies a “ que el convento de fr ayl es de nuestra señora santa maria de la vytoria de esta çibda d me deve dos ducados de oro de Resto de toda la obra que yo hize en d icho mones ter io ” 290 . D e este modo queda desvelada la obra de envergadura en que se hall aba trabajan do el maestro. El final de las obras en el monasteri o portuense y la sa tisfacción de los m onjes por el desarroll o de las mismas hizo que, cuando la Orden Mínima s e decid ió a fundar una ca sa en Jerez, el elegido para dirigir los trab ajos fuese Doming o Pérez. Las prim eras noticias que t enemos de los mínimos en Jerez se re montan a 1543, cuando estaban labran do el primer convento. De hecho, el monasterio se f unda ese año, ya que fuen tes de la propia Orden de lo s Mínimos recogen que “en la Ciudad de Xe rez de la Frontera se fundo nuestro con vento dia de pascu a del Espiritu Santo del año mil y quinientos cuarenta y tres” 291 . La primera edificación hubo de ser muy modesta, pues las obras de albañilería ya estaban concluidas en 1546, cuando se contratan v arias labores de carpin tería, tales com o puertas, v igas y armaduras d e la iglesia y la única sala con la que por entonces contaba el cenobio 292 . Así, Domingo Pérez se encargó de construir un primer convento cuyo carácter de provisionalidad queda de manifiesto con l os trabajos iniciad os en 1561, que eliminaron toda huella del convento primitivo h asta renovarl o por completo c on un edificio que ha llegado hasta nosotros en parte. El único elemento que se conserva del conjunto levantado por Domingo Pérez es la portada de la iglesia (FIG. 3.1.30.) , fechada por una inscripción en 1546. Est á for mada por un arco de medio pun to flanquead o por pilastras cajeadas con una m énsula en la clave y dos di scos concéntri cos en las enjutas. Esta estructura es a su vez flanqueada por un par de columnas toscanas sob re plinto que 290 APNJF. 1545. Ofic io VIII. Góm ez Patiño. Fol. 942 y ss. 10 de noviembre. 291 AMJF. Archivo Históri co Reservado. Cajón 12. E xpediente 2. Vida d el Ven erable Siervo de Dios Juan d e Santa María, donado del Orden d e Minimos del Convento de Nuestra S eñora de La Vic toria de Jerez de la Frontera, murio el 2 de febrero de 1605. Copiada de la crónic a escrita por el padre Luca s Montoya. Se trata de u na copia manu scrita fechad a en Sevilla el 8 d e n oviembre d e 1 884 y firmada po r las in iciales J.L.H, que no sabemos a quien correspon den. 292 ROMERO BEJARANO, Manuel: “E l monasterio de La Vict oria en Jerez de la F rontera entre 1543 y 1613. Génesis y desarrollo de una fundación de la Orden Mínima”, en SÁNC HE Z RAMOS, Valeriano ( ed.): Los Mínimos en Andaluc ía. Actas del Congreso Los Mínimos de San Francisco de Pa ul a en An d alucía. Almería. Diputación Provincial. 2006. pp . 455- 496. 152 sostienen un entablamento de triglifos y metopas en cuyo centro halla mos el escudo de la Orden Míni ma. El conju nto se cor ona por d os j arr ones que flanquean un extraño frontón semicircular (FIG. 3.1.31.) en cuyo interi or pode mos apreciar una pequeña hornacina rematada por un frontón triangu lar y flanqueada por roleos (FIG. 30.1.32.) . En el interior de la citada hornacina hallamos u na pequeña escultura de la Vir gen. Con est a portada se puede comprobar la velocidad a la que viajaban las ideas estéticas en la época y la facilidad de los canteros para adoptar nue vos elementos decorativ os. El orden que se utiliza en esta portada está tomado di recta mente del IV Libro de Arquitectu ra 293 de Serlio (FIG. 30.1.33 .) , que había sido publicado en Italia tan sólo siete años antes de la realización d e esta obra 294 . Vemos que la columna y el entablament o son muy similar es a los que aparecen en la página XXI del citado tratado, libro que te ndrá muchísima influencia en la arquitectura bajoandaluz a a partir de ese moment o, en especial en la obra de Hernán Ruiz II, Francisco Rodríguez y An drés de Ribe ra. No obstante, el front ón de la portada de la jerezana iglesia de La Vict oria delata la falta de formación en la arquitec tura clásica de Domingo Pér ez. Este frontón está falt o de co nexi ón con el resto de la obra y más bien parece una suma de elementos decorativ os realiz ada de for ma arbitraria. Así pues, se comprueba que el maestro tenía gran habilidad para llevar a la piedra modelos impresos, p ero ca recía del conocimiento de l a sintaxis de los elementos co ns tructiv os de la Antigüedad Clásica. Pese a otorgar su testamen to, Domingo Pérez no murió en 1545, v iviend o al m en os veinte años más. No obstante, apenas si tiene actividad relacionada con la construcción, o al meno s eso es lo que se desprende de los document os , al no haber se podido localiz ar casi ningún contrato referente a obras durante ese periodo. Quizás la edad o la enfer medad que le llevó a dictar testament o lo incapacitaron, o sencillamente decidió v ivir de las explotaciones agraria s que poseía. 3.1.3. ÚLTIMAS NO TICIAS DE DO MINGO PÉREZ. LA OBRA DEL CLAUSTRO GRANDE DE LA CARTUJA DE SA NTA MARÍA DE LA DEFEN SIÓN. En 1560 Domingo Pérez vende a Juan Diego unas fincas que po seía en M ar tiago, localidad cercana a Ciudad Rodrig o 295 . El hecho de que estuvieran en su poder estas fincas n os hablan de una conexión familiar del m aestro con la ciudad salmantina y muy posible mente una estanci a en aquella tierra , donde incluso pudo trabajar. La proximidad de Portugal hace que en Ciudad 293 SERLIO, Seba stiano: Libro Q varto de Arch itectura. Edición de Francisco de Vill alpando . Toledo. Casa de Juan de Ay ala. 1552. p. LXI vto. 294 El Libro IV d e Arquitectura de Sebastian o Serlio s e pu blicó en V enecia en 1537, si endo editad o en español en 1552 por Francisco de Villalpando en Toledo . Para m ás información al respecto, véase PA NIAGUA SOTO, José Ramó n: Sebastiano Se rlio y su influen cia en la arquitec tura e spañola. (La traducció n de Francisco de Villalpa ndo) . Madrid. Universidad Complutense. 1991. 295 APNJF. 1560. Oficio X VIII. Juan Sánchez. Fol. 724 y ss. 17 de noviembre. El albañ il Domingo Pérez vende a Juan Diego, vecino d e Martiago, en la jurisdicción d e Ciudad Rodrigo, unas fincas en Martiago. Las fincas eran tr es. La primera eran tres hanegas d e tierra qu e hab ía heredado de María Hernández, su madre. La segunda, media h anega d e tierra co lindante con la anterior qu e había her edado de su tío Juan Rubio. La tercera, una casa en Martiago, ta mbién heredad a de su madre. El precio de la s tres fincas era de 4500 maravedí es . 153 Rodrigo encontrem os algu nos edifici os muy influid os por el tardogótico luso, como el palacio de los Ávila y Tiedra (FIG. 3.1.34.) , que presenta en su fachada dos columnas entorchadas, elemento que aparece co n frecuencia en la arquitectura del país vecino. Es posible que la dinastía de los P érez, o el propio Domingo estuviese n al cargo de esta obra, vista la rela ció n entre el maes tro y esa c omarca. Además, en la c atedral de Ciudad Rodrigo hay una serie d e bóvedas (FIG. 3.4.35 .) que se pueden poner en r elación con los edificios jer ezanos de las prim eras décadas del XVI en las qu e intervinier on l os maestros po rtugueses. En ciertas zonas del templo, por ejemplo en la na ve central, encontram os unas bóvedas de crucería con espinazo transversal y longitu dinal que tienen el plemen to dispuesto de for ma concéntrica. Est as bóvedas, que tien en su origen en Angers, de hecho se conoc en como bóvedas ange vinas, fueron construidas dura nte el siglo XIII. En el supuesto de que los Pérez hubiesen trabajado en Ciu dad Rodrigo, pudieron haber servid o de inspiración a la hora de l evantar otras b óvedas en la Baja An dalucía. Sin em bargo, l a co n exión salm antin a de Pérez no concluye aquí. En 15 63 el m a es tro, junto al calero Alonso Martín, v en de a la Cartuja de Santa María de la Defensión 1500 carretadas de ripio de las cantera s de Martelilla 296 . El ripio estaba formado po r pequ eños trozos de piedra y se utilizab a para fabricar cim ient os, en este caso lo s del Claustro Grande, cuyas obras est aba dirigiend o por aquel enton ces And rés d e Ribera. No parece probable que fuese Domingo Pérez quien extrajese personal mente el material, sino que más bien actuaría como una empresa, delegando en otros canteros más jóvenes el penoso trabajo manual. Dos años más tarde el propio Andrés de Ribera llega a un acuerdo con Pérez, quien ya no vivía en Jerez, sobre el p ag o de una deud a de ocho ducados, “los quales son por Rason que yo os los devo de Resto de todas cuentas Rematadas ent re mi e vos de presta mos y servicio y otras cosas que entre nos a avid o en Rason de lo qual tratamos pleito ” 297 . En el docume nto queda claro que había existido una relación laboral entre amb os, al menos a eso alud e el termino serviçio que se cita en el texto. El enigma qu eda desvelad o cuando co n ocemos que D oming o Pérez se encontraba en 1564 trabajando a las órdenes de Andrés de Ribera, pues está documen tado que el 9 de mayo de ese año se obligó a constr uir 14 pilar es 298 y el 5 de noviembre siguiente 10 tram os de bóveda para el citado claustro cartu jano 299 , cuyas o bras estaban a cargo de Ribera, m aes tro mayor de las o bras del cenobio. No obstante, la avanzada edad que por aquel entonces había de tener Pérez quien , record emos ya era maestro mayor de La Victoria en El Puert o en 1525, hacen pensar que Pérez actuaba como contrati sta, y d e hecho, la obligación la firma junto a o tr os maestros (Melch or Jiménez y Antonio Hernández en el caso de los pilares y An tón Esteban y Melchor Ji ménez para las b óvedas) que serían los que realm ente realizasen el trab ajo. 296 APNJF. 1563. Oficio IX. Rod rigo López de Arel lano. Fol. 146 vto. y ss. 31 de enero. E l alb añil Doming o Pérez y el calero Alonso Ma rtín venden 1500 carretadas de piedra de martelilla a un precio de 20 maravedíes la carreta da. Como ad elanto, habían recibido 4 ducad os, abonánd osele s el resto confor me fuesen entregando el materia l. El plazo de entrega abarcaba desde el 1 de febrero hasta el 30 de abril siguientes. 297 APNJF. 1565. Oficio II. Migu el Morate. Fol. 784 y ss. 1 8 de noviembre. Por este d ocumento Ribera se compromete a paga r a Pérez u n ducado al mes a p artir de enero de 1566. Domingo P érez s e declara estante y no vecin o de Jerez, lo qu e indica que ya n o resid ía en esta ciudad. 298 APNJF. 1564. Ofic io IX. Diego Lóp ez de Arellano. Fol. 383 vt o. y ss. 9 de mayo. 299 APNJF. 1564. Ofic io IX. Diego Lóp ez de Arellano. Fol. 921 vto. y ss. 5 de noviembre . 256 FIG. 3.2.11 . SANLÚCAR DE BARRAMEDA . LAS COVA CHAS. FIG. 3.2.12 . VALLADOLID . IGLESI A DE SAN PA BLO. FA CHADA. DETALLE. 257 FIG. 3.2.13 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEO N. PATIO. FIG. 3.2.14 . JEREZ DE LA FRONTERA. PALACIO DE PONCE DE LEÓ N. PATIO. DETALLE. 258 FIG. 3.2.15 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEÓ N. PATIO. DET ALLE. FIG. 3.2.16 . JEREZ DE LA FR ONTERA. P ALACIO DE PON CE DE LEÓN. PATIO. M ÉNSULA. 259 FIG. 3.2.17 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALAC1IO DE PONCE DE LEÓN. PATIO. MÉ NSULA. FIG. 3.2.18 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEÓ N. PATIO. M ÉNSULA. 260 FIG. 3.2.19 . JEREZ DE LA FRONTERA. PALA CIO DE PONCE D E LEÓN PAT IO. FIG. 3.2.20 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEÓ N. PATIO. D ETALLE. 261 FIG. 3.2.21 . JEREZ DE LA FRONTERA. CASA DE CALLE CASTEL LANOS, Nº 3. PAT IO. FIG. 3.2.22 . JEREZ DE LA FRONTERA. CONVENTO DE SAN JOSÉ. CLAUSTRO 262 FIG. 3.2.23 . JEREZ DE LA FRONTERA. CASA DE CAL LE CHAN CILLERÍA Nº 14. PATIO FIG. 3.2.24 . JEREZ DE LA FRONTERA. CASA DE CALLE CH ANCILLERÍA Nº 14. PA TIO. DETALLE. 263 FIG. 3.2.25 . JEREZ DE LA FR ONTERA. P ALACIO DE PON CE DE LEÓN. VENTA NAL ESQUIN ADO. 264 FIG. 3.2.26 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEÓ N. VENTAN AL ESQUINADO . DETALLE FIG. 3.2.27 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO DE PONCE DE LEÓ N. VENTAN AL ESQUINADO . DETALLE. 265 FIG. 3.2.28 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO PO NCE DE LEÓN. VEN TANAL ESQU INADO. DETALLE. FIG. 3.2.29 . JEREZ DE LA FRONTERA. P UENTE DE CARTUJA. 272 FIG. 3.2.40 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SANTO DOM INGO. PU ERTA DE GRA CIAS. DETALLE. FIG. 3.2.41 . JEREZ DE LA FRONTERA. PALACIO RIQUELME. G ALERÍA IN TERIOR. 273 FIG. 3.2.42. JERE Z DE LA FR ONTERA. PALA CIO RIQUE LME. PO RTADA. 274 FIG. 3.2.43. JERE Z DE LA FRONTERA. PALACIO RIQUELME. POR TADA. FIG. 3.2.44 . JEREZ DE LA FRONTERA . PALAC IO RIQUEL ME. PORTADA . DETALLE. 275 FIG. 3.2.45 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ALACIO RIQUE LM E. PORTADA. DETALLE . FIG. 3.2.46 . JEREZ DE LA FRONT ERA. PALAC IO RIQUELME. POR TADA. DE TALLE. 276 FIG. 3.2.47. JERE Z DE LA FR ONTERA. PALA CIO RIQUE LME. PO RTADA. DETALLE . FIG. 3.2.48. JERE Z DE LA FR ONTERA. PALA CIO RIQUE LME. PO RTADA. DETALLE . 277 FIG. 3.2.49 . JEREZ DE LA FRONTERA . PALACIO R IQUEL ME. PORTADA . DETALLE. FIG. 3.2.50 . JEREZ DE LA FR ONTERA. P ALACIO RIQUE LME. PO RTADA. DET ALLE. 278 FIG. 3.2.51 . JEREZ DE LA FR ONTERA. P ALACIO RIQUE LME. PO RTADA. DET ALLE. FIG. 3.2.52 . JEREZ DE LA FR ONTERA. P ALACIO RIQUE LME. PORTADA . DETALLE. 279 FIG. 3.2.53 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN M ATEO. CAPILL A DE LOS S PINOLA . AZULEJOS. FIG. 3.2.54 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN M ATEO. CAPILL A MAYOR. 280 FIG. 3.2.55 . JEREZ DE LA FRONT ERA. IGLESIA DE S AN MATEO. CAP ILLA MAYOR. DETALLE. FIG. 3.2. 56 . JEREZ DE L A FRONTER A. IGLESIA D E SAN MATEO. CAP ILLA MAYOR . ARCO DE EMBOCADU RA. DETALLE. 281 FIG. 3.2.57 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN M ATEO. CAPILL A MAYOR. ARCO DE EMBOCADUR A. 288 FIG. 3.2.68 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN MATEO . CAPILLA MA YOR. VENTANA . DETALLE. FIG. 3.2.69 . JEREZ DE LA FRONTERA. IG LESIA DE SAN M ATEO. CAPIL LA MAYOR. VE NTANA. DE TALLE. 28 9 FIG. 3.2.70 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN MATEO. LAUDA SEPULCRAL DE ALONSO RIQUEL. FIG. 3.2.71 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN MATEO. CAP ILLA DE LOS RIQUELME. BÓV EDA. 290 FIG. 3.2.72 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLES IA DE SAN MA TEO. CAPILLA DE LOS R IQUELME. BÓVEDA. FIG. 3.2.73 . FRONTERA. IGLESIA DE SA N MATEO. CAP ILLA DE LOS R IQUELME. EXTERIOR . 291 FIG. 3.2.74 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN MATEO. I NSCRIPCIÓ N. FIG. 3.2.75 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN M ATEO. INSCRIP CIÓN. 292 FIG. 3.2.76 . JEREZ DE LA FRONTER A. IGLESIA DE S AN MATEO. CAP ILLA DE ÁNIMAS. FIG. 3.2.77 . JEREZ DE LA FRONTER A. IGLESIA DE SAN MA TEO. CAPILLA DE Á NIMAS. DETALLE. 293 FIG. 3.2.78 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE SAN M ATEO. BÓVEDA . 294 FIG. 3.2.79 . JEREZ DE LA FRONTERA. IGLESIA DE S AN MATEO. BÓV EDA. DETALL E FIG. 3.2.80 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVE NTO DE LA ME RCED. CLAU STRO. 295 FIG. 3.2.81 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVE NTO DE LA MERCED . CLAUSTRO . ESTRIBO. FIG. 3.2.82 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVE NTO DE LA MERCED . CLAUSTRO . DETALLE. 296 FIG. 3.2.83 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVENTO DE LA MERCED. CLAUS TRO. BÓVEDAS . FIG. 3.2.84 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVENTO DE LA MERC ED. CLAUSTRO . BÓVEDA RINCONER A. 297 FIG. 3.2.85 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVE NTO DE LA ME RCED. MÉNS ULAS. FIG. 3.2.86 . JEREZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO CONVE NTO DE L A MERCED. MÉNSULA. 304 La nave de San Marcos estaba ya cerrada por completo en mayo de 1534, pue s entonces se compran “diez myll ladrill os de barro Ro sados (entién dase surcados) pa ra solar la dic ha yglesia” 565 , lo que indica que todo el trabajo había concl uido en el interior. La nave de San Marcos p resenta d os fas es bien diferenciadas. La primera a barca los dos tramos de bóv eda de los pies, que aprovechan l os muros construidos en la segunda mitad del XV, pues en ellos pode mos ver ad osados los medios pilares de planta poligonal que también se encuentran en San M iguel y Santiago, fechadas en e s a época. Los dos tramos (FIG. 3.3.1.) son idénticos y se cubren por una bóveda de crucería co n tercelete s, espinazo l ongitudinal y transversal y un nervi o o ctogonal en el rampante. Este o ctóg ono era hasta el m om ento algo desconocido en la arquitectura local. El origen de este elemento puede rastrearse en Burgos, donde aparece en la capilla de la Concepción de la catedral (FIG . 3.3.2.) y las bóvedas de l a iglesia del monasterio de Oña, pero también en el claustro principal de l os Jerónimos de Lisboa (FIG. 3.3.3.) , de donde es posible que llegas e a Jerez con los maestr os que acompañaron a su vuelta a Diego de Riaño. Además, el segundo tramo de bóveda presen ta el plemento disp uesto de m odo concén trico, ele mento qu e halla mos ta nto en el en torno b urgalés como en la arquitectura tardogótica portuguesa y que Pinto Puerto relaciona co n una de las bóvedas del jerezano claustro de Santo Dom ing o 566 , en el que, como se verá, m uy posiblemente interviniera Rodrigo de Alcalá, quiz ás pariente del maestr o que nos ocupa . Al inicio de esto s dos tramos de bóveda se abre la fachada principal del templo, en parte oculta por la portada que levantaron en 161 4 los hermanos Doming o Fernández Calafate y Antón Martín Calafate 567 . En la zona que queda v isible se pueden apreciar dos potentes estructuras octogonal es ( FIG. 3. 3.4.) q ue alb ergan sendas escaleras, como en San Miguel, decoradas en las aristas con un par de co lumnas superpuestas so bre las que se co l oca un pináculo. La estructura girad a de las molduras de l os capiteles de la columna superior ( FI G. 3.3.5.) , muy similar a lo que se hace en las m énsulas realiz adas en la zona bajo la influencia del tardogótic o portugués, me inclina a datar esta portada en el mismo momento que se hacen los dos primeros tra mos de bóveda. P er o aún hay otro elemento que me hace reforzar mi teoría, como es la ventana que oculta la fachada del XVII . D esde el coro de la iglesia se puede accede r a un pequeño cuarto ocupado por el fuelle mecánico del órgano en el que se aprecia parte de un arco apuntado decorad o con toscas figuras (FIG. 3.3.6.) muy similares a las que podemos apreciar en la capilla mayor de San Mateo, fechada en la década de lo s veinte del XVI o el claustro grande de la Cartuja de Santa María de l a Defensión, que tiene una cro nologí a idéntica. Po r tanto, parece lógico pensar que la primitiva fachada de San Marco s se construyese en ese mismo periodo. La segunda zona de la iglesia, que abarca lo s tres tramos de bóveda restante, present a también el plemen to en hilad as redondas en el te r cer y quinto tramo. No o bst ante, aquí las bóvedas se cubren con una profusión de combados nunca vista en J er ez. El tercer tramo (FIG . 3.3.7.) , de plan ta cuadrada, es una bóv eda de cruc ería co n terc eletes y un nervi o circular en e l 565 APNJF. 1534. O ficio VII. Lu is de Llano s. Fol. 3 06 y ss. 7 de mayo . E l tejero Alon so H ernández vende a Alonso de Natera, co mo mayordomo de la Fáb rica de San Marcos, 10 000 ladril los, a un precio de 60 0 maravedíes cada 100 0 ladrillos. En el momento del otorga miento de la carta, el t ejero h abía recibido 12 ducados, abonán dosele el r esto del precio en los veinte días siguient es. El plazo de entrega de los ladrillos abarcab a desde el día d el otorgamiento hasta el 3 1 de mayo 566 PINTO PUERTO, Francisco: O p. Cit. 567 JÁCOME GONZÁLEZ, José y ANT ÓN PORTILLO, Jesús: “ Apuntes histórico artísticos de Jerez de la Frontera en los s iglos XVI- XVII I (2ª serie)”, Revista de Historia d e Jerez. Jerez. 2 001. Nº 7. p . 108. 305 rampante. Dentro de este nervio circular encontram os cuatro nervi os circulare s que nacen y mueren en la clave central, llegando al punto en que los ne rvios principale s se unen al rampante, amén de otros cuatro combados que une n las claves en que los tercel etes se unen al nervio circular del rampante. De los mismos tercel etes, a los dos tercios de su longitud de nacer, parten dos combad os, que se dirigen uno a la clave en que el ner vio prin cipal inmediato se une al nervio circul ar del rampante, y el o tr o al arco to r al más cercan o. Hay que señalar que estos últimos combados no nacen de claves, sin o de guirn aldas , motivo presente en el tardogótic o portugués, como ta mbién parec e influen cia portuguesa la col ocación del plemento en hiladas red ondas en el i nterior del sect or de la bóv eda que deli mita el nervi o circular . El cuarto tramo (FIG. 3.3.8.) , de planta rectang ular, también presen ta crucería co n terceletes , pero la abundancia de ner vad uras es tal, que casi dan el aspecto de una red. D e la clave central parten nervios circular es que llegan hasta las claves en que los espinazos se unen a los terceletes, más otros d e doble inflexión que m u eren en lo s arcos formeros y fajones. De la mitad de los nervios principales nacen combados que mueren uno en la mitad del ner vio principal contigu o y el otro en el centro del arco tor al inmediato, mientras que de una altura de dos te r cios desde el enjarje de los terceletes nacen sendo s combados que van uno al centr o del fajon in mediato y el o tro al tercelete inmediato. La manera en que se unen los nervios en esta bóveda es mediante claves o sencillamente siendo absorbid o por otro nervio, s in ningún tipo de elem ento orname ntal. Además, pode mos ver una guirn alda anillando la parte más lejana al centro de los nervios rectos. En los dos últimos tramos, l os nervi os que mueren en el centro de los m ur os se prolongan sobre éste hasta m orir en una piña decora da co n motivos vegetales, justo encima de la ventana inmediata (FIG . 3.3.9.) . En esto hallamos un elemento característic o de l a arq uitectura d el m omento en l a zona en la que int ervie nen ma estros portugueses, como y a se señaló en la jerezana parroqu ia de San Mateo y como vo lvere mos a ver en la iglesia de Santa María de Arcos de la Frontera. Además, en las v ent anas más cercanas a la cabecera, la ménsula que queda ubicad a sobre l a clave del v an o queda re matada en su parte inferior por una su erte de tro nc o es trecho (FIG . 3.3.10.) , que recuerda al elemento vegetal que se sitúa en la clave del arco de acce s o a la capilla m ayor de la parroquia de Nuestra Señora de la Oli va de L ebrija y que resulta un trasunto de la trasformación de elementos arquitec tónicos en otros que imitan a la na turaleza, algo que fue mu y frecuente en el último gótic o portugués. El quinto tramo (FIG. 3.3.11.) , correspondien te a la cabecera, es de planta o cha vada y cuenta con una serie de nervios rectos que nacen d e la clave central del arco toral, alternándose lo s que mueren en el enjarj e directa mente y los que s e bifu rcan para morir en el enjarje c ontiguo. De los primer os, nace de una guirnalda un combado que se une a la clave en que se bifurca n los segu ndos, mientras que de esa clave, y aprovech ando el hueco de la bifurcación, nace un nervio fusiforme que muere en el m uro. Pint o Puerto ve en e sta profusión decor a tiva un intento de simbolizar el crucero que no p osee la i glesia, re marcand o que aq uí las hiladas redondas del plemento se ex tienden más allá de la con a central de la bóveda, o c upándola casi en toda su superfici e 568 . Los d os arco s torales en los que se abren los dos últim os tram os de bóveda presentan un a banda de decoración v eg etal. P or su parte, las capillas del muro de la epístola (FIG. 3.3.12.) , que pertenecieron a las familias Grajales y Pesaño, aún co nser van el diseño que realizó para su acceso Diego Ximénez, ya que la zona inferior de las otras dos fueron alteradas entre 1750 y 568 PINTO PUERTO, Francisco: O p. Cit. 306 1762 por el arquitec to Pedro de Cos para albergar el nuevo sagrario de la pa rroquia 569 . Los arcos m ás pr óximos a la cab ecera son apuntados (FIG. 3.3.13.) y los más lejanos carpanel es (FIG. 3 .3.14.), presentando todo s decoración vegetal muy tosca en la línea de imposta. Quizás lo m ás novedos o de estas capillas es que los baquetones mueren en una estru ctura circular (FIG. 3.3.15 y 3.3.16.) , al modo del pilar adosado al muro en que mueren los nervios de las bóvedas del segundo tram o en adelante. A este respecto hay que señalar que el primero de estos pares de pilares presenta planta circular, pero el resto de la estructura es la clásica del pilar gótico jerezan o del XV, mientras que el segundo de estos pares, inmedia to a la capilla mayor, mantiene la plant a circular hasta la zo na sup erior, rema tándose por una est ructura circular (FIG. 3 .3. 17.) que le da cierto aire columnari o y que está formada en su parte inferio r por una danza de arcos apu ntados y en la superi or por una ancha banda de decoración vegetal. Los element o relacionado s con Burgos y con Portug al son varios y se pueden apreciar en otros edificios de Jerez, tales como la disp osición del plemento en hiladas redondas, los pilares de base circular, la profusión de combad os o las guirnald as que susti tuyen a las claves en algunos puntos de las bóv edas, que están presentes, por ejemplo, en el claustr o del mo nas terio de Belem en Lisboa y en la bóveda de la esc aler a del mo nas terio de La Victoria de El P uert o de Santa María. Un elemento novedos o para Jerez y su comarca es el remate circular de los pilar es adosados al muro c ercano s a la cabecera que, salvando las dis tancias, recuerdan a lo que hizo Simón de Colonia en los remates de los pi lares adosados al m ur o en la capilla del Condestabl e de la catedra l de Burg os. Pese a que la nave de la iglesia estaba terminada hacia 1 534, la obra de San Marcos n o concluyó hasta unos años m ás tarde. En 1539 se efectúa una compra de canterí a, entre la que figuran 350 “ pied ras de canteria de peña del Rey que se nonbran las pied ras elgiba s” 570 y 500 sillaretes. Las primeras, lla madas aljibas, se utilizab an habitualment e para hacer cornisas y las segundas para los muros, p or lo que tod o parec e ind icar que lo que se estaba con struyendo en aquel momento era la sacri stía, que se encuentra ados ada a la capilla mayor, tras el muro de la epístola. La bó veda de la sacristía (FIG. 3.3.18.) es una versión a menor escala de las bóveda s que cubren la única nave de la iglesia. Se trata de una bóveda de crucería con terceletes que presenta cuatro nervios ap roximadamente circulares que nacen en la clave central y llegan hasta la clave int ermedia de lo s ter celetes, otros cuatro nervi os fusiform es que nacen en estas claves secundarias para morir en el centro del arco f ormero o fajó n inm ediato y otros combados que nacen en el tercio superi or de los terc eletes respecto a su enjarje, dirigiénd ose uno al centro del muro c ontiguo y el otro al lugar en q ue el nervio princip al se une a los ner vios circulares que nacen en la clave central. La b óveda presenta tan sólo cinco claves, la central y la s secundarias de lo s terc eletes, realizándose la unión del resto de los nervios directa mente, sin ningún tipo de elemento adici onal. L a continuidad con la obra de la iglesia hace pensar en un diseño d el propio D ie go Ximénez para esta de pendencia, si bien aquí encontramos un 569 AROCA VICEN TI, Fernando: O p Cit. pp. 220 y ss. 570 APNJF. 1539. Oficio VIII. Alon so de Cuenca. Fol. 13 2 y ss. 1 0 de febrero. E l cantero Hernán Rodríguez vende a Alonso d e N atera, como mayordomo de la Fábrica de San Marcos, la sigui ente p artida de piedra de las canteras de El Puerto de Santa María: 350 alj ibas a u n precio de 9’5 maravedíes cada una y 500 sillaretes a un p recio de 11 maravedíes. Como ad elanto del pago de las alj ibas hab ía recibido 1760 maravedíes, pagán dose el resto cuan do h ubiese acabado d e entregarla s y a cuenta d e los sillar etes cuatro ducad os de oro, ab onándosele el resto conforme l os fue se dando. El plazo de entrega de las aljibas com enzaba el 15 de de f ebrero siguiente y e l de l os sillaret es el mismo día d el otorgamiento, entregando cad a día tres carretad as. 307 elemento original, que so n las cuatro m énsulas ( F IG. 3.3.18.) en las que enjarjan los nervios en las esquinas, en las que pode mos apreciar element os o rnamentale s extraíd os del repertorio del arte clásico, tal es como gotas u ovas, si bien dispu estos de una manera p oco ort odoxa. Esta fue la tónica general d e la introducci ón del Renaci miento en una co marca en la que los maestros adpotaron las novedades estéticas pero, salvo alguna excepción, no llegar on a entender la sintaxis del len guaje de la Antigüedad Clá sica. 3.3.2. LA PARRO QUIA DE SAN DIONISIO. A la par que dirigía la o bra de la parr oquia de San Marcos Diego Ximénez iba mejorando su situación económica y buscando fuentes externas de ingresos, tal y como hemos visto que hacían otros m aestro s dada la escasa seguridad laboral que ex istía en la época en el mundo de la construcción. En 1531 Ximénez aparece comerciando co n paño 571 , al igual que había hecho algunos años antes Doming o Pérez. Además, era propietario de dos inmu ebles que le producían una renta anua l: una cas a en la call e Lancería 572 y unas v iñas 573 , además de un tributo que le hacía embols arse cada año casi 500 maravedíes 574 . En el campo de la arquite ctura ya se ex pus o antes cómo en 1535 sustituía a Pedro Fernández de la Zarza como maestro m ay or de las obras del puente de Cartuja, dirigiend o los trabajos desde 1537 junto a Fernando Álvarez 575 . T ambién ese mismo año aparecía, junto al propio Álvarez y a un desconocido Benito Sánchez como testigo en el contrat o de remat e de la obra del arco que había que hacer bajo el campanario de la jerezana parroquia de San Mateo 576 , del que incluso p odría ser el tracista. Es precisamente en 1535 cuando Diego Ximénez de Alcalá aparece documentad o al frente de las obras de la parroquia de San Dio nisio. El 19 de abril del citado año ciertos vecinos de las inmediaci ones de la iglesia “ junto par del ospital de la mysericordia” , presentaron una queja al Ayuntamiento “diziendo que por mandado del mayordomo de san dionis en una plaçuela que esta junto par del dicho os pital e çerca de sus casas donde todos los que por alli pasan tienen 571 APN JF. 1531. O ficio III. R odrigo de Cuenca. Fol. 172 vto. y ss. 22 de marzo. El albañil Diego Ximén ez reconoce su d euda d e 48 r eales con el trap ero Sancho García por cierta cantidad de paño. Por este documento se obligaba a pagar su deuda el siguiente 24 d e junio. 572 APNJF. 1531. O ficio IV. Juan Rodríguez. Fo l. 172 y s s. 21 de enero. El albañil Diego Ximénez arrienda al tonelero Gaspar Rodríguez una casa en la calle Lancería. E l tiempo d e alquiler era d e tres año s a contar desde el siguiente 24 d e ju nio. El p recio an ual del alq uiler era d e 3375 mara vedíes, p agados en tr es tercios. 573 APNJF. 1534. Oficio IV. Juan Rod ríguez. Fol. 963 vto. y ss. 3 de dicie mbre. El mantero Fran cis co Martí n reconoce su deuda con el ab añil Diego Jiménez por la renta de unas viñas. La deuda era de 350 maravedíes y se ob ligaba a pagarlos el pró ximo 29 de se ptiembre. 574 APNJF. 1534. Oficio IV. Juan Rodríguez. Fol. 298 vto. y ss. 24 de noviembre. El alb añil Diego Xim énez da p oder a Cristóbal Ortiz p ara q ue pueda cobrar de Pedro García Lob atón los 986 maravedíes q ue le debía de dos anualid ades de la paga de un trib uto. En realidad se trata de un tra spaso d e d euda, ya que Diego Ximénez ad eudaba esa cantid ad a Cristóbal Ortiz. 575 ROME RO MEDINA , Raúl y ROME RO BEJARANO , Manu el: “Arq uitectura tard ogótica en el sur d el an tiguo Arzobispado de Sevilla: los maestro s can teros y la construcción d el puente de Cartuja (1525 - 1541)”, Boletín de l Museo e Instituto Camón Aznar. Za ragoza. 2010. Nº 106. pp. 251- 288 576 APNJF. 1535. Oficio V. Rod rigo de Rus. Fol. 660 vto. y ss . 25 d e ju li o. Remito al lecto r al epígrafe dedicado a Fern ando Álvarez, d onde se contiene más infor mación sobre este asun to. 308 lugar de pasar mandava abrir una çanja para encorporar en la dicha yglesia de san dionys la dicha plaçu ela lo qual hera en perjuizio de esta çibdad e de sus vezinos [...] e pareçe que con tra la volun tad de la çibda d abren la dicha çanja e toman la dicha plaçuela para encorporalla en la dicha yglesia syendo de uso publico” . Ante esta situación, el Ayun tamiento mandó interru mpir la obra “a los albañies que labran en la dicha plaçuela e abren la dicha çanja para met e r la di cha plaçuela en la dicha yglesia e sy la tienen abierta que la çieRen e no labren en ello so pena a los alba ñies de un año de destieRo de est a çib dad e de sus termynos e a l os moços çie n açotes” , que n o es poco. Acto segu ido el escribano del Cabildo “notefico lo suso dicho a diego ximenes alba ñy y a un n egro q ue estaba abri endo la di cha çan ja” 577 . Según se desprende del document o, Ximénez se encontraba dirigien do los tra bajos mientras que un peón negro, era el que se encontraba cavand o. El lugar al q ue se hace referencia en el document o es la actual calle C onde Cañete del P in ar, en otro tie mpo conocid a como calle Misericordia por que en el XVI en el solar de la que h oy es plaza del Pro gre so se encontraba el Hospital de la Misericordia 578 . Po r lo que parece, se estaba intentando agran dar la suerficie del templo en aquel se ctor. Por aquel ent onces l a cabecera ya estaba t erminada, así que las zan jas iban destinad as a la nueva sacristía. Per o hay que empezar por el princip io. La parr oquia de San D ioni sio 579 es una de las seis primeras que instituyó Alfonso X tras la conquista definitiva de Jer ez en 1264. Si bien duran te el XIII se le añadi eron dos ábsides en los extremos de las nave s laterales 580 , el grueso del te mplo, de marcado caráct er mudé ja r y cubierto por una armadura, se construyó hacia mediados del XV en una fase que incluyó las arcadas que sirve n de se paración entre las na ves y la zona inferior de la cabecera, donde aparece la misma decoración de mocarabes tallados en piedra que en la contigua To rre de la Atalaya 581 , en cuyos muros se halla grabad o en piedra u n diseño de la decoración de los pilar es del templo 582 . No se sabe con exactitud cuándo se levantaron los dos tramos orientales de la bóveda de la capilla ma yor, resuelt o uno mediante cru cería con tercelet es y el otro con b óveda de crucería con espinazo longitudin al. L o común de esta solución en la arquitectura jerezan a entre 146 0 y 1510 y la sencil lez de las ménsulas, dec oradas con tosc os element os vegetales, n o dan lugar a más precisión e n la datación de esta zona del templ o. Por su parte, Mesa Xinete 583 , citando el testamento de Alonso Fernández de Caxa, afirma qu e la cap illa mayor del te mplo se 577 AMJF. Actas Capitu lares. 153 5. Fol. 264 y ss. 19 de ab ril. 578 MUÑOZ Y GÓME Z, Agustín: Op. Cit. p . 62. 579 Hasta el momento, el trab ajo más co mp leto sobre este templo e s LÓPEZ VA RGAS -MACHUCA, Fernando: E l edificio medieva l de S an Dionisio de Jerez de la Frontera . J erez. Peripecias Libros. 2014. 580 LÓPE Z VARGAS - MACHUCA, Fernan do: “E n torno a la arq uitectura gótica andaluza en el siglo XIII: el caso de Jerez de la Frontera”, en S evilla 1248. Ac tas del Co ngreso Inte rnacional Conmemorativo de l 750 aniversario d e la Conqu ista de S evilla po r Fernando II I, rey de Castilla y León . Sevilla. Ayunta miento de Sevilla. 1998. p p. 949-960. 581 LÓPE Z VARGA S- MACHUCA, Fernan do: “En torno a la cron ología del t emplo de San Dio nisio d e Jere z de la Frontera”, Archivo Españ ol de Arte. Madrid. 1999. Nº. 287. p p. 345-349. 582 GUERRERO VEGA, José María: La Torre de la Atalaya de Jerez de la Frontera. Trabajo d e investigación inédito. Agradezco a l autor la gentileza q ue ha tenido al d ejarme consultar este intere sante texto. 583 ME SA XINETE, Francisco d e: Op. Cit. Tomo II, pp . 181 y ss. E l texto de Mesa reza a sí al hablar del citado testa mento, otorgado el 3 d e febrero de 1457 por Fernández de Caxa, quien “expr esa haber comprado una sepultura junto al altar m ayor que se esta ba labrando” . Pese a que he tratado de localizar este te stamento en el Archivo Histórico Diocesan o de Jerez, la búsqueda ha sido infructuo sa. No o bstante, el rigor que demuestra Mesa Xinete en to da su obra, hace p ensar q ue el documento existió. 309 estaba levantand o en 1457, si bien e ste dato podría corresponder al muro, dada las similitudes de esta zona con la Torre d e la Atalaya y la proximidad cron ológica de a mbas obras. Las diferencias entre eso s primeros dos tramos ( FI G. 3.3.19.) y el tercer o que cierra la capilla mayor (FIG. 3.3.20.) , casi igual al primer tramo de la capilla mayor de San Marcos, hacen pensar en un imp ortante parón en la construcci ón, que no hubo de reanudar se hasta bien entrado el XVI. La pri mera noticia que co n ocemos referente a obras en esta centuria se remonta a 1532, cuando dos carreteros se obligan a traer “ çiento e çinquenta caRetadas de cantos syllares de tablas e medias tablas” 584 . Las tablas que se citan en el documento son un corte de piedra aplanado con el que se fabricaban lo s plementos, por lo que todo parece indicar que se estaba traba jando en el cie rre de la capi lla mayor. El último de los tramos construidos en la capilla m ay or de San Dionisio es prácticamente idéntico al tramo an terior de la capilla mayor de San Marcos, centrándose las v a riaciones en la colocación de los nervios fusiformes y en la eliminac ión en la bóveda de San Dionisio de los combados secundario s que parten de los terceletes. Aquí tam bién apar ecen las guirnaldas anilland o la parte m ás lejana al centro de los nervios rectos, añadiéndose cua tro guirnaldas más in mediatas a la cla ve p olar. Asímism o ha y gran des similitudes en la estructu ra circular que sirve de remate a los pila res que abren la capilla mayo r de ambos edificios, si bi en en San Dionisio (FIG . 3.3.21.) la ban da de arquillos apuntados entrelazad os está volada, formand o un hermoso c onjunto con l os arquil los cieg os de raig ambre mudé jar que decoran los arcos formeros del templo. La s enormes simili tudes con otra obra documentada de Diego Ximénez, y la presencia del maestro al fren te de las mismas en 1535, parecen no dejar lug ar a dudas sobre la autoría de e ste tra mo de bóveda. Una vez que estuvo cerra da la capilla mayor, los es fuerzos de la Fábrica se centraron en la sacristía, cuyos cimient os s e estaban labrando en 1535 cuando el Ayuntamient o im pide que se realizase una ocupación de suelo público para incorporarlo a las dependencia s del templo. De hecho, la sacristía no sobresale de la línea de facha d a de la cabecera de la iglesia, por lo que parece que el M unicip io hi zo valer su aut oridad en este ca so. Pese a que en la ejecución de lo s cimientos se encontraba Diego Ximénez al frente de las o bras, no parece que la participación del maest r o en la construcción de la sacristía fue se demasiado importante, ya que en vez de optar por un cierr e de pi edra, se decidi ó cubrir este nuevo espacio c on una armadura de madera que ya se encontraba co ncluid a en 1537. En enero de ese año la Fábrica hace acopio de ladrillos y te jas “ para la obra de la techumbre de l a sacristia de la dicha yglesia” 585 y unos meses m á s tarde el pintor Alonso Sánchez El Viejo se o blig a a pintar a destajo “la obra y 584 APNJF. 1532. Oficio VI. Francisco d e Sanabria. Fol. 465 y ss. 27 d e a bril. Lo s carr eteros Juan Ruiz d e Porras y Francisco Muño z se obligan con Fran cisco de Espino, como mayo rdomo d e la Fábrica de San Dionisio, a tra er la citada cantería d es d e las canteras d e El Puerto d e San ta María. Se c omprometían a alternar una carretada de sillares con una de tablas, comenzan do a traer la piedra desde el uno de mayo siguiente y acab ando el 30 de junio. Respecto al precio, s e estipulaba el mi smo q ue s e pagab a p or el acarreo d e piedra que se ef ectuaba en la parroquia de San Miguel, que al p arecer era un refere nte en las obra s de la ciudad en aquel momento. Con to do, se dice q ue lo que h ubiese de ab onar a Juan Ruiz se había de d es contar de la deu da q ue éste tenía contraída con la Fábrica, mientras que a Francisco Muñ oz se le abonarían los p ortes qu e hubiese realizado s emanalmente cad a domingo. 585 APNJF. 1537. Oficio V. Rod rigo de Rus. Fol. 85 vto. y ss. 18 de enero. Los hermanos t ejeros Alonso Gil Lorenzo y Pedro Fernánd ez Lorenzo venden a Francis co López de Espino, como mayord omo d e la Fábrica de San Dioni sio, un to tal de 7000 t ejas y 10 00 ladrill os a pr ecio de 600 maravedíes cada millar d e tejas y 630 maravedíes el mil lar d e lad rillos. El deterioro d el docum ento impide que po damos obtener más información d el mismo. 310 enmaderado de la sacristia de la dicha yglesia” . No obstante, no se descarta la participación de Ximénez en la elaboración del reperto rio ornamental que se había de pintar en las v igas, ya que en el contrato se pide al pin tor que realizase “ que ntas del Romano” , “viga s del Romano” , y frentes de alfarjía “del Romano” , por lo que puede que el arquitecto, quien y a había introducido algun os elemen tos del repertorio clásico en las ménsulas de la sacristía de San Marcos, die se algunas dir ectrices en San Dionisio. Aun así, cuesta creer que el autor de la s complejas bóvedas de combad os que hemos analizad o diseñase por complet o un artesonado que hubo de ser una explosión de color, y a que los ladrillos por tabla fueron sustituidos p or azulejos y en el repert orio de pigm entos a aplicar so bre la m adera aparecen el carmín, el colorado, el azul, el blanc o, el anaranjad o, el negro y l a “hoja de yedra verde” 586 . Por desgracia , la sacristía del XVI fue reconstruida por complet o en el XVII 587 y brutalmente transformada a mediados del XX 588 , sin que se haya conservad o ningún resto de la pri mitiva. Tras la finalizaci ón de la sacristía, la s obras queda ron interrumpidas du rante más de d os décadas. Posiblemente est a interrupción tan prolongada se debiese a proble mas financieros, ya que las obras emprendidas en 1 560 fueron bastante modestas. Aunque en un principio estaba previsto que se rec onstruyese la totalidad de la nave con bóvedas de piedra, desde el exterior aún se aprecian las adarajas (FIG. 3.3.2 2.) de los muros de la capila mayor, en julio de ese añ o el visitador del Arzobispad o ordenó “que se labre de madera la techumbre y lo s bezino s querian que se labrase de piedra ” 589 , por lo que el Ayuntamiento escribi ó al proviso r eclesiástico para que desde Sevilla se modificasen l os planes. Pe ro todo fue en v an o, ya que tres meses antes se había firmado el cont rato para realizar la techumbre de la nave central co n el carpin tero Al onso Martín 590 , y en el mismo mes de julio se adquirieron del mercader flam enc o Co niell es de Leid a 360 tablas y 25 pin os para la o bra 591 . Como dato significativo, el mayordomo del templo con siguó que el mercader le diese car ta de pago por la totalidad del dinero que costaba la madera, cuando en realidad sólo le había pagado el 30 % del precio total. Este tipo de manejos parecen reforzar la teoría de la falta de fondos a la h ora de conclui r la obra de la na ve del tem plo. 586 APN JF. 1537. Oficio V. Rodrig o d e Rus. Fol. 2 44 y ss. 6 d e m arzo. La obra (que Sánchez h abía de hace r en compañía d e otros mae stros) había d e estar acaba da en un me s, a contar desde el día d e otorgamiento. El p recio tota l era de 18 d ucados, can tidad en la qu e se in cluían las pi nt u ras. Sánchez había recibido un tercio del pago total, abo nándosele el s egundo tercio el día qu e hub iese acabad o la mitad de la p intura, y el último t ercio al finalizar la obra. 587 GARCÍA PEÑ A, Carlos: Op. Cit. Tomo I, pp. 410 y ss. 588 ÁLVARE Z LUNA, María d e los Ángeles, GUERRERO VE GA, Jo sé Ma ría y ROMERO BEJARAN O, Manuel: Op. Cit. pp. 249 y ss. 589 AMJF. Actas Capitu lares. 156 0. Fol. 821. 24 de ju lio. 590 APN JF. 1560. Oficio XVIII. Juan Sán chez. Fol. 228 vto. y ss . 5 de abril. Por mandato del visitador d el Arzobispado (el licenciado A mado) la obra hab ía salido a concurso y s e h abía rematad o en Sánchez en 160 du cados. El plazo de ejecución abarcab a desde la fecha del otorgamiento hasta el 3 1 de d iciem br e de 1560. En n ombre de la Fáb rica de San Dionisio actuab a su mayo rdomo, el clérigo Juan García. 591 APNJF. 1560. Oficio XVIII. Juan Sánchez. Fol. 5 10 vto. 17 de julio. El clérigo Juan García, com o mayordomo de la Fábrica de San Dionisio, reconoc e su deud a con el mercader flamenc o Corneilles de Leida, quien había vendi dio a la iglesia la citad a madera a u n precio de 2’5 d ucados cad a docena de tablas y un ducado cada pino. Pese a que el mercader había otorgad o carta de pago por l os 100 ducados que costaba tod a la madera, en realidad sólo hab ía recibid o 30. Por este docu m ento de reconocimiento de deuda, el may ordomo s e o bligaba a paga rle 35 ducados el siguiente 1 de noviembre y los otros 35 el día de carn es tolendas de 1561. 311 3.3.3. ÚLTIMAS OB RAS. EL PROBLE MA DE DIEGO JI MÉNEZ DE SEVILLA. Se desconoce la fecha de nacimiento de D ieg o Ximénez de Alcalá, aunque est á documentad o como maestro albañil por primera vez en 1508. Por joven qu e fuese, no podría tener menos de 25 años por esas fechas, as í que en 1538 había de contar al menos co n 55. Es este año cuánd o los documentos nos plantean un serio pr oblema que nos impid e saber con exactitud cuand o acabó la carrera del maestro, pues hablan de la existencia de un hijo albañ il llamado Diego Ximénez de S evilla. Por lo general, los contrat os consultad os sólo incluyen el primer apellid o de los otorgantes, po r lo que a partir de cierto moment o nos enfr entamos con un Diego Xi ménez que no sabemos si es padre o hijo, a menos que aparezcan los dos en el mismo docu mento, como sucedió el 20 de m arz o de 1538, cuando el padre dota al hijo para su boda con María Ji ménez de Jayna, huérfana de Luis Núñez de Cortegana. La d esahogad a situación económica de Ximén ez de Alcalá queda de manifiesto al entregar a su hijo una casa en la calle Calderero s, una aranzada y media de oli var en el pag o de Pie de R ey y 200 00 maravedíes para comprar el aj uar 592 . La única obra qu e sabemos co n seguridad que fue contratada por Ximénez hij o está fechada en 1539. Se trata de una nori a que D i ego Ximénez de Sevilla, como caso extraño en est e contrato se incluyen los dos apellidos del otorgante, se obligó a hacer a Hernando de P adil la Dávila en una Hu erta ubica da en las Mesa s de Asta 593 . Por su part e, Ximénez padre volvía a alquilar ese mismo año la casa que p oseía en la calle Lancería, en esta o casi ón al p intor Benito D íaz. Por esas fechas volvía a ser vecino de San Miguel, pues se especifica en el co n trato que el in mueble que se daba a renta colind aba con la casa del albañil 594 . Por raz ones que se nos es capan, ni la cuantiosa d ote ni sus trabajos como maest ro albañil, sirvieron para que Diego Ximénez hijo llevase una v ida desahogada. Pese a haber recibido d e su padre una casa en la calle Caldereros, en 1542 se veía a obligado a vivir realquilado en un cuarto en una casa de vecinos de la calle Puerto “co n ser vicio de paso a pila e cozina e 592 APN JF. 1538. Oficio VII. Lu is de Llanos. Fol. 221 y ss. 20 de marzo. La casa de la calle Calderero s estaba gravada con un trib uto an ual. En el documento se d ice qu e la esposa de Ximén es y madr e d el receptor de la dote ( Juana Martínez) h abía fallecido. 593 APN JF. 1539. Oficio III (VIII). Rodrigo de Cuenca. Fol. 588 y ss. 20 de agosto. Se trata de u na ob ra bastante sencilla consistente en la estructu ra circular d el p ozo hasta la profun didad en q ue se hallase el agua, con do s arcos de ladri llo en la boca p ara colocar la rueda d e madera para sacar el agua y la estructura en la q ue iba sujeta la bestia que d ab a vueltas alred edor. Los material es cor rían por cu enta de Hernand o de Padilla, mientras que Diego Ximénez sólo tenía que p oner su trabaj o, el de sus operarios y las herra mientas y pertrechos necesarios. El precio de la ob ra era de 10 ducados, que se irían paga ndo conforme s e fuese haciendo la obra. Si el comitente no estaba satisfecho con el trabajo d e Ximénez, podría llamar a dos maestros albañ iles q ue det erminasen los defectos que p udiese ten er la obra, los cu ales h abían de ser reparad os por Xim énez sin r ecibir retribu ción alguna. Además, se especifica q ue si en el lugar en qu e s eñalase Hernan do de Pa dilla no hubiese agu a, Ximénez había d e realizar la perforación en o tro lu gar, abonándosele el trabaj o realizado en el primer pozo. 594 APN JF. 1539. Oficio V. Rodrig o de Rus. Tomo I, fol. 816 vto y ss. 19 de jun io. El alquiler er a p or un año y empezaba a contar el siguie nte 24 de ju nio. El precio anual de la renta era de 10 ducado s pagados en tres tercios. 312 trascorral” 595 , en unas condiciones poco dignas para alguien que pocos años antes había sido depositario de una respeta ble cantidad de din ero y pr opiedades. En 1543, tal y como se indicaba al analiz ar la o bra de Domingo Pérez, un Diego Ximénez se obligaba junto a éste albañil portugués a levantar desde los ci mientos una casa al boticari o Cristóbal Tamayo a las afu eras de la Puerta de Se villa 596 . La última obra que he mos po did o documentar de Ximénez se remonta a 1543, cuando se o blig a junto a Melchor García a hacer para Diego Estopiñán de Figueroa “en las casas de vuestra mo rada çierta obra sygun d y conforme a una memoria” 597 . Melchor García era hasta hace poco un albañil completam ente desconocido. Sin que tengamos noticia de que se trate de un artífice especial mente prolífic o, se sabe que se encargó en 1570 de la construcción de la primera capilla de Las Angustias 598 , correspondient es a los dos tramo s de bó veda baída inmediatos al ingreso del actual templo . No se especifica en el contrato qué tipo de o bra se obligaban a hacer García y Ximénez en la casa de D ieg o Estopiñ án, pues la memo ria que se cita en el documento , no se adjunta. No obstante, el precio de la m is ma n o era demasiad o elev ad o, sólo 80 ducados , por l o que no parece que se tratase de una intervención de i mportancia. Con todo, la ausencia de más dat os nos dejan por el mo mento c on la inc ógnita de si fu e Ximén ez padre o hijo el que firmó lo s contratos para hacer las d os últimas obra s que he mos citado. Un Diego Ximénez albañil se encontraba pres o en 1546 por no haber hecho frente al pago del alquiler de las casas en la s que vivía en la collación de San Miguel 599 . El hecho de aparecer avalado por su suegra para el pago de la deuda, hace pensar que se trata del hijo o que el padre habría c ontraido de nu evo matrimonio. No o bstan te, la desesperad a situación del otorgante parece dejar claro que se trata del hijo, ya que el padre había gozado de un a desahogada posición económica y resulta extraño que en tan poco s añ os hubiese sufrido una ruina tan grande. Aún más, pode mos especular con que por esas fechas Ximénez padr e hubiese muert o ya, pues n o sale en ayuda de su hijo e n semejante trance. Más desconcertante aún es el último docum ento que hemos po did o localizar referent e a la saga de los Ximénez. Está fechado en 1560 y en él Catalin a Álvarez, v iud a de Diego Ximénez, vende a su hijo, el alb añil Francisco Xi ménez, u n tributo sobre unas casas que poseía en 595 APN JF. 1542. Oficio V. Rodri go de Rus. Tomo I, fol. 77 1 vto . y ss. 25 de mayo. El arrendatario de la habitación era el coh ombrero Agustín Ruiz de Por ras, q uien a su vez tenía alqu ilado el in mueble a Juan López de San tiago. El plazo d el alquiler era d e un año q ue se empezaba a contar d e sde el siguient e 24 de junio. E l precio total de la renta era de 3 d ucados pagados e n tres tercios. 596 APNJF. 1542. Ofic io III (VIII). Rodrigo d e Cuenca. Fol. 902 y ss. 30 de octu bre. Remitim os al lector al epígrafe dedicad o a la saga de lo s Pérez, donde se amplía la información sobr e esta obra. 597 APNJF. 1543. O ficio X. Bartol omé Gil de Pal encia. Fol. 766 vto. y ss. 18 de ju lio. El plazo para realizar la obra abarcaba desde el siguiente 23 de julio en adelante sin parar hasta dejarla terminada. En e l momento del otorgamiento los albañile s habían recibid o 4 ducádo s, abonán doseles el resto con forme fuesen haciendo la obra. El comitente d ebía poner todos lo s materiales nec es ar ios. 598 ROMERO BEJARANO, Manuel : “En torno a los orígenes de la Hermandad de Las Angust ia s de Jerez d e la Fron tera”, en VELA, José Manuel: Tras las Huella s de Nuestra S eñora de Las Ang ustias. Cuenca. Hermandad d e Las Angustias de Cuenca. 2009. p p. 73- 90. 599 APNJF. 1546. O ficio II. Alon so Sarmiento. Fol. 359 vto. 8 de mayo. El albañ il Diego Xi ménez y su suegra Catalina Martín reconocen su deuda con Juan de Pina. Ximénez hab ía arrendad o una casa a Pina por tiempo d e un añ o p or u n precio an ual d e 6 ducados y 8’5 r eales. Al no h aber h echo frente a los pagos, la justicia había encarcelado a Xi ménez . Por este documento se obligab an a ab onar el import e íntegro de la d euda el siguiente 24 de jun io. 313 Bornos 600 . Si es Ximénez padre, habría co ntraid o segu ndas nupcias, pues su prim era mujer había muerto con anteriori dad a 1 538. Si es Ximénez hijo, habría enviudado y se habría casado de nuevo, pues su primera m ujer se llamaba María Jiménez. Si es un te rc er D iego Ximénez , esto sólo hace complicar la situación. Hemos visto cómo Diego Ximénez fue un maestro d e transición entre el gótico anquil osado que se realiz aba en la comarca jerezan a d urante la últimas décadas d el XVI y una nueva manera de entender la arquitectura, much o m ás ornamentada y sun tuosa. Su o bra m ás conseguida es la parroquia de San Marcos, donde despliega una serie de elementos estructural es y o rnam entales traidos de Castilla y Portugal. Su evoluci ón estilística tuvo que deberse al contact o co n maestros fo ráne os, quizás con Juan Gil de Hontañón y seguro con artífices portugueses, pues de lo co ntrari o resulta imposibl e que Ximénez hubiese co n ocido todas esas n ovedades a men os que hubiese via jado a Po r tugal, algo que se nos antoja complicado, pu es no parece que en J erez le faltas e trab ajo a lo largo de su carrer a. 600 APNJF. 1560. Ofic io XII. Martín de la Cruz. Fol. 221 y ss. 1 de julio. E l tributo anu al era de 3 ducados y el precio de venta era de 30 ducad os. 320 FIG. 3.3.11 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN MA RCOS. BÓVE DA. FIG. 3.3.12 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN MA RCOS. CAPILLAS LATERALES . 321 FIG. 3.3.13 . JEREZ DE LA FRONTERA. PARROQU IA DE SAN MAR COS. ACCESO A LA CAPILLA DE LOS PESAÑOS . FIG. 3.3.14 . JEREZ DE LA FRONTERA. PARROQUI A DE SAN MAR COS. ACDESO A L A CAPILLA DE L OS GRAJALES. 322 FIG. 3.3.15 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA DE SAN MAR COS. ACCESO A LA CAPILLA DE LOS PESAÑOS. DE TALLE. FIG. 3.3.16 . JEREZ DE LA FR ONTERA. PAR ROQUIA DE SAN MARCOS. ACCESO A L A CAPILLA DE LOS PESAÑOS . DETALLE. 323 FIG. 3.3.17 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN MA RCOS. REM ATE DE PILAR . FIG. 3.3.17 . JEREZ DE LA FRONTERA. PARROQU IA DE SAN MARCOS. SAC RISTÍA. BÓV EDA. 324 FIG. 3.3.18 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN MARCOS. SACRISTÍA . MÉNSULA . FIG. 3.3.19 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN DION ISIO. CAP ILLA M AYOR. BÓVEDA. 325 FIG. 3.3.20 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN DION ISIO. CAP ILLA M AYOR. BÓVEDA. FIG. 3.3.21 . JEREZ DE LA FRONTERA. P ARROQUIA D E SAN DION ISIO. CAP ILLA M AYOR. PILAR. 326 FIG. 3.3.22 . JEREZ DE LA FRONTERA. PARROQUI A DE SAN D IONISIO. EXTERIOR . ADARAJAS DE LA CAPILLA MAYOR. 327 3.4. RODRIGO DE AL CALÁ. Un caso sim il ar al de D ieg o Ximén ez de Alcalá es el de Rodrigo de Al calá qu ien, por las fechas en que v iv e bien pudiese ser su hermano, si bien este extrem o n o ha sido confirmado po r la documentaci ón consultada. Rodrigo de Alcalá también es m aestr o constructor jerezan o, pero en su obra encontram os ra sgos que lo relacionan directam ente con la arquitectura tardogótica de filiación burgalesa y portuguesa. En su caso , la conexión es bien clara, pues hay no ticia de que a sus órdenes estuvo, al m en os, un maestro portu gués: el albañil Juan Vázquez, quien en 1535 llega a un pleito con Alcalá al no haberl e abonado éste lo que le debía por hab er trabajado para él. La cosa parece que llegó a mayores, pues Vázquez habí a entrado a escondidas en la c asa de R odrigo de Alcalá, sustra yendo herra mientas y otros efect os 601 . Las primeras noticias que se conocen de Alcalá se remontan a 1515, cuando toma por aprendiz por poco menos de un año al toledano Diego de Toledo. Resulta curioso que un toledano viniese a aprender el o fi cio de la cantería a Jerez, teniendo en cuenta las edificaciones que se estaban levantando por aquel entonces en la Ciudad Imperial 602 , pero el caso es que acabó en la Baja Andalucía. El dato nos sirve para c onocer que en 1515 Ro drig o de Alc alá, “maestro de canteria” 603 , era ya un oficia l activo y co n el prestigi o y trabajo necesario como para tom ar aprendices. No hay m á s noticias de él hasta 152 6, cuando alquila una casa en la calle Lancería 604 . 3.4.1. DORMIT ORIO Y CLAU STRO DEL MONAS TERIO DE SANTO DOMIN GO. El claustro principal del jerezano monasteri o de Santo D oming o comenzó su construcción en torno a 1430, le vantándos e en ese momento do s de sus pandas. La obra, que aprovechaba lo s muros de una construcción militar de origen islámico, no quedó concluida hasta la segunda década del XVI, y a que dos de sus tra mos de bóveda presentan hiladas de plement ería colocada de forma concéntrica, algo descon ocido en Jerez hasta la llegada a las o bras de la catedral de Sevilla de Juan Gil de Hontañón en 151 5. Por su parte, es conocido que la reina Isabel de P ortugal, hija d e los Reyes Ca tó li cos, dio una lim osna en 149 8 para conclu ir el claustro y levantar un dormitorio y sus celdas ane xas 605 . Ambas obras se dilataron en el tiempo. 601 APNJF. 153 5. Oficio IV. Juan Rodríguez. Fol. 45 y ss. 1 8 d e febrero. Por este documento ambos llegan a u n acuerdo , declarando el portugués que se d aba p or pagad o de lo qu e le debía Alcalá, sin que se especifique cuál era la cantidad a deudada. 602 Má s información al respecto en MARÍAS FRANCO, Ferna ndo: La arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541 -1631). Madrid. Con se jo Sup erior de Investiga ciones Científicas. 1 983 -1986. 603 APNJF. 1512-1539. Ofi cio IX. Pedro Sarmiento y Juan Ambr án. Fol. 36 vto. y ss. 21 de mayo d e 1515. Alcalá se obligab a a la manut ención, alojamiento y vestim enta del toledano . E l periodo de aprendiza je abarcaba desde el día del otorgamiento de la cart a has ta el siguente día d e pascual florid a, es de cir, sobre marzo o ab ril de 1516. 604 APNJF. 1526. Oficio descono cido. Alonso Guarnido. Fol. 330 vto. y ss. 30 de junio. Alon so Ló pez, hijo de Alonso López d e Cab ra, arrienda al albañ il Rodrigo de Alcalá u na casa e n la calle La ncería, por una renta an ual de 6 du cados pagados en tres tecios. El plazo d el alquiler hab ía comenzad o el pasado 24 de julio. 605 JIMÉNEZ LÓP EZ DE EGUILETA , Javie r y RO MERO BEJARANO , Manuel: Op. Cit. pp. 53 y ss. 328 El 28 de julio de 1527 el albañil Rodrigo de Alcalá otorga un contrato por el que se obliga a construir cinco tramos de bóveda “en el dorm y torio que esta ydyficando en çierta forma e manera segun que esta conçertado e platica do” 606 . La nueva obra había de aprovechar l os arcos torales preexi stentes, lo único que se había construid o con el patrocini o d e la reina lusa, haciendo nue vos enjarjam ientos y ménsulas en los m uros , así como las azote as preparada s para evacua r el agua, de donde se deduce que en ningún mom en to estaba previsto l evantar el segundo piso qu e tiene en l a actualidad. Rodrigo de Alcalá era ha sta hace bien poco un arquite cto absolutamente desc onocido. Hipólito Sancho no lo menciona en el elenco de maestr os constructor es del XVI 607 , pero su i mportancia queda manifiesta en el contrato del dor mitorio de Santo Domingo. Pese a que no sabía escribir, pues ha de firmar un te stigo por él, se encarga de la traza de la obra sin intervenir en ella, pues el trabajo lo habí an de hacer cua tro oficiale s, exigi éndose la presencia de Rodrigo de Alcalá tan sólo cuando se cerrase cada tramo d e bóveda. Resulta significa tivo que en el contrato se estipule una gratificaci ón al maestro si concluía la obra antes del día de Navidad de 1527. P or dispara tado que pueda parecernos, los firmantes veían posible construir cinco tramos de bóveda de crucería de algo más de siete metros de ancho en tan poc o tiempo, ya qu e se incentiva a Rodrigo d e Alcalá con una b ota de vin o si acababa en plaz o. Hay constancia de que por esas fechas Rodrigo de Al calá cambió de do micilio, alquiland o en 1528 una casa en la call e Algarve 608 por un precio inferior a la que tenía alquilada co n anterioridad en la Lancería. Lo que en un princip io pu eda parecer un sínt oma de la pérdida de poder adquisitivo por part e del maestro, ha de analizarse con det enimient o. Alcalá acababa de realizar la obra del dorm it orio de Santo Domingo, por lo que no debí a estar pasan do apuros económicos en ese m ome nto. Un hecho significati vo es que la s dueños de la casa que ahora alquilab a era los Cartujos de Santa María de la Defensi ón, por lo que un alquiler ventajoso bien podría ser parte del pag o d e un servicio que Rodrigo estuvies e prestando en el monasterio. No obstante, no se han localiz ado documentos que c orroboren e sa hipótesis. La premura y el sobresuel do que los dominicos ofrecier on por una rápid a terminación del dormitorio apuntan a que los monjes contaban co n fondos para esta fase de la obra, que tal vez estuvo concluida a finales de 1527. Sin embargo, a mediados de 1528 la situación era bien distinta. El 6 d e mayo d e este año los monjes presenta n una petici ón a Carlos V e xplicando que en el convento residían “ quarenta frayles [que] no tienen çeldas que han menester en que puedan buenamente abitar porque las que ay estan muy estr agad as son muy envexeçidas todas se llueven ” 609 . En vista de lo expu esto, y alegando q ue la reina Isabel de Port ugal, tía del 606 APN JF. 15 27. Oficio VI. Franci sco de Sanabria. Fol. 323 vto. y ss. 2 8 de julio. Citado por JIMÉNEZ LÓPEZ DE EGUILETA, Javier y ROMERO BE JARANO, Manuel : Op. Cit. pp . 56-57. E l p recio de cada tramo de bó ve da era de 4500 maravedíes (que se paga rían po r tercios) más un cahiz de trigo. Los materiales y herramientas hab ían de corre r por cuenta del convento. P or parte del monast erio otorgaro n la carta el prior, fray Jerónimo de Carr iedo, el subprior, fray Ambrosio de Alcázar, fray Pedro d e Sierra, fray Baltasar de los Áng eles y fray Luis de Sa nto Tomá s. 607 SANCHO DE SOP RANIS, Hip ólito : “La arquitectura jerezan a en el siglo XVI”, Archiv o Hispalense . Sevilla. 1964. N º 123. pp. 1- 73. 608 APNJF. 1528. Oficio V. Antón García del Pecho. Fol. 256 vto. y ss. 5 de may o. El precio a nual era de 5 ducados p agados en tres ter cios. E l periodo d e alquiler e ra un año q ue e mpezaba a conta r desde el siguiente 24 de ju nio. 609 AHGS Cámara de Castilla. Memoriale s. Legajo 19 4. Expedie nte 18 -2. 6 de may o de 152 8. Petición del convento de Santo Domingo de Jerez a Carlos V de una limosna para la conclu sión d e la s obras del dormitorio con ventual. Se especifica en la petición qu e el trigo se iba a vender exclusi vamente “para 329 emperador, había hecho li mosna al co nvent o para iniciar la obra de un dormi torio, solicitaban al rey licencia par a vender f uera de Jer ez 600 cahice s de trigo 610 durante 15 29. No se conoce la contestaci ón de la Cor ona a los frail es, lo que unido a la azarosa historia del dormitorio bajo del co n vento de Santo Domingo hace difícil establecer una cronología fiable. Hay que tener en cuenta que esta depend encia fue transformada a mediados del siglo XX, cuando la familia Díez era propietaria del edificio. Entonces, los tres t ramos de bóveda del extremo meridional fueron derribad os y sustituidos por una estructura de tres pisos. Además, los dos tramos del extrem o septentri onal se hundieron poco antes de que comenzasen los últimos trabajos de restauración en 1999. Por o tra parte, la estructura general del dormitorio (FIG. 3.4.1.) es muy sencilla, constando de bóvedas de crucería simple, ele mento que se venía utilizand o en la arquitectura local desde fine s del XIII. No obstante, el análisis de l as ménsulas y las claves o rigin ales nos remite a un momento preciso de la arquitectura local, coincidente con el contrato fir mado con R odrigo de Alcalá. En la ornamentación del dormitorio bajo no s encont ramos dos de los element os recurr entes en las o bras de influencia c astellano-portuguesa : unas ménsulas (FIG. 3.4.2.) formadas por una serie de mo lduras superpuestas giradas 90 grados con respecto a la inferior y unas estructur as cónicas, tan co r tas que presentan el aspecto de una piña, decoradas co n band as dispuestas de manera helic oidal. El primero lo podem os ver en varios edificios, por eje mplo en la cabecer a de la iglesia de San Marcos, en la qu e trabajaba Diego Jiménez por las mismas fech as en que se levantaba el dormi torio dominico. El segund o se encuentra en las ventanas de San Mateo, en los arcos del patio de la casa de Ponce de Le ón, ambos en Jerez, o en la capilla del Rosario de la basílica de Santa M aría de Arcos. Al respecto, en las ménsulas de Santo Domingo el acanalami ento d el fuste está decorado con cascabele s, elemento genuino de l arte tardogóti co portugués que en Jerez pode mos observar también en la parroquia de San Miguel, en las jambas del interi or de la portada de la capilla bautismal. Respect o a las claves, hay modelos idénticos en la obra que se está construy endo por esos mi smos años por Pedro Fernández de la Zarza en San Miguel, y e n el cerrami ento de la cabe cera de San Marcos. Atendiendo a la cronología de l os edificios citados, es decir, en torno a las décadas de los veinte y treinta del XVI , el dormitori o bajo de Santo Do mingo encaja perfectament e en la estética de este periodo, por lo que se puede afirmar que lo conservado en la actualidad del edificio origin al data de 1527 o de la fas e posteri or iniciad a a partir de 1 528. Frente a las penurias padecidas por los dominicos hasta el m omen to, la década de los treinta del XVI va a conocer una fiebre constructi va inusitada . La demanda de material era tal que en 1535 el convent o arrendó un tejar a Francisco Ca macho Gines, quien se oblig ó a fabricar 140 00 ladrillos y 4000 tejas 611 para los frailes. Un año más tarde se concierta con Pedro Hernández cualqu ier pa rte de c hristianos que con vuestra ma gestad esten aliados” . El cah iz es una medida d e capacidad que equivale a 666 litros. JI MÉNEZ LÓPE Z DE EGUILE TA, Javier y ROMERO BE JARANO, Man uel: Op. Cit. pp. 57 y ss. 610 Para evitar crisis de subsite ncia, estaba prohibid o vende r trigo fuera de su lu gar d e p roducción, a menos que a sí lo autorizase La Corona. 611 APNJF. 1535. Oficio V. Rod rigo de Rus. Fol. 792 y ss. 19 de septiembre. Citado por JIMÉNE Z LÓPEZ DE EGUILETA, Javier y ROME RO BEJARANO, Manuel: Op. Cit. p. 60. E l precio de los ladrillos, en el que se hallaba incluid o el alquiler del tejar, era de 21 r eales el millar d e labor, din ero que se iría pagando conforme se fuese entregand o el material. Toda la obra h abía de es tar concluida para mediados del mes de octubre siguient e. Por p arte del convento o torgaron el docu mento el prior, fray Álvaro Melgarejo, 336 FIG. 3.4.3. JE REZ DE LA FR ONTERA. AN TIGUO MONA STERIO DE S ANTO DOMIN GO. CLAUSTRO. FIG. 3.4.4. JE REZ DE LA FRONTERA. ANTIGUO MONASTERIO DE SANTO DOMINGO. CL AUSTRO. TRACERÍA. 337 FIG. 3.4.5. BATALHA. MO NASTER IO DE NUESTRA SE ÑORA DE L A VICTOR IA. CLAUSTRO REA L. TRACER ÍA. FIG. 3.4.6. O ÑA. MONAST ERIO DE S AN SALVADOR . CLAUSTRO DE LOS CABAL LEROS. TRACERÍA. 338 FIG. 3.4.7. JE REZ DE LA FR ONTERA. AN TIGUO MO NASTERIO DE SANTO DOM ING O. CLAUSTRO . BÓVEDA DEL RINCÓN . 339 4. OTROS EDIFICIOS DE JEREZ Y S U ENTORNO REL ACIONADOS CON LA ARQUITECTURA TARDOGÓTICA DE FILIACIÓN PORTUGUESA. 340 Tanto en Jerez como en las poblaciones en las que tradicionalmente trabajaban los maestros constructores jerezanos, zona que podemos delimit ar como la actual provinci a de Cádiz más Gibraltar y Lebrija, se conservan una serie de edificios directamente relacionados con los que se han descrito en el capítulo anterior. Los elementos ornamentales y construc tivos extraídos del repert orio tardogó tico l uso que apar ecen en portadas, bóvedas y ventanas se v an a repetir hasta la saciedad en estos monumentos en lo s que pienso que interviniero n los mismo s maestros, con lo que se puede afirmar que los can teros que llegar on del otro lado de la raya, crearon una escuela al sur de la Baja And alucía. El problema es que la docu mentación qu e hemos podido localizar s obre es os edificios no hace re ferencia directa a m aestros port ug ueses, de ahí que s e incluyan en u n epígrafe difer ente. 341 4.1. LA PARROQUIA DE S AN MIGUEL. JEREZ DE LA FRONTER A. Fundad a en el si glo XIII en un edificio islámico de carácter m ilitar, la ermita de San Miguel, que con el tiempo fue transf ormada en parroquia, se quedó pequeña en el siglo XV debido al aumento de p oblación d el arrab al en que se encontrab a. Hacia 1460 comenzaro n las obras del nuevo templo, que sigue el modelo de la catedral de Sevilla: una gran fábrica realiza da en piedra co n bóvedas de crucería cuya altura decrece desde la nave central a las laterales y pilares de planta polig onal. Por una inscripci ón ubicada en l a portada del ev an gelio, se sabe que la primera fase de la obra estaba concluida en 1484 y un testimonio de 1479 nos indic a que ya ese año el edific o estaba en uso, habiénd ose levantando por estas fechas los tres primeros tram os de bóved a y el arranqu e, quizás alg o más, de los pilare s del cruc ero 621 . Una v ez co ncluid os l os tres primero s tramos del templo, las obras tuvier on que sufrir una interrupción, pues la diferencia estilística con el crucero así l o delata. Aún en esta zona podemos encontrar ele mentos dispare s, aunque unidos en lo estilís tico al tardogótic o burg alés y portugués. 4.1.1. LA CON STRUCCIÓN DEL CRUCERO. Al igual que en la cate dral de Sevilla, el crucero de la parroquia de San Miguel se distingue en altura pero no en plan ta. Está fo r mado por tres tram os de bóveda, encon trándose dos tipologías de cerra miento bien diferenciadas: po r un lado el tramo sur y por el otro los tram os central y sep tentrional. El tramo meridional (FIG. 4.1.1.) está cubier to por un a bóveda de crucería con terceletes y espinazo longitu dinal. Además, de cada uno de los pilares parte un nervio que se dirige al centro del lado longitudin al o pues to, dividiend o así la bóveda en d os b óvedas de crucería yuxtapuestas. En el muro del Evangelio estos nervios, que terminan en el centro del lad o longitudinal, se insertan directament e en el muro, sin ningún tipo de enjarje. L os laterales de los ner vios de esta bóved a están decor ados con un a serie de arcos caireles bajo los que se desarrolla una banda de cardinas tras la que se dispone una carnosa decoraci ón v ege tal que desciende por el sector meridional de los pilare s en el espacio formado por los baquet ones hasta su basa. Esta deco ra ción v ege tal alterna en ambos pilares con una banda d e elementos figurativos, tanto ani males como se res hu manos, tosca mente lab rados y en el pilar má s cercano a la o bra antigua co n dos bandas verticales de grutescos. L a misma deco raci ón de caireles, cardinas y motivos vegetales carnosos se rep ite en l os ar cos que forman la bóveda del crucero (FIG. 4.1.2.) y l os pilares septentrionales qu e la sostienen, a sí como en lo s m ur os perimetrales de las capilla s que rematan las naves laterales , titulada del So corro en el de la Epístola, y del Santo Cristo en el del Evangelio. En l a clave central de este tramo de bóveda encontram os representad o un jarro de azuc enas, en alusión a la Virgen Marí a, en las ocho claves que rodean a ésta hallamos los símbolos de los Cuatro Ev angelis tas alt ernados con el 621 Más información sobre la pr imera fa se constructi va del templo pued e verse en ROME RO MEDINA, Raúl y ROMERO BE JARANO, Manuel: “Un lugar lla mado J erez. El ma estro Alonso Ro dríguez y sus vínculos familiares y profesion ales en el contexto de la arq uitectura del Tardo gótico e n Jerez d e la Frontera”, en JIMÉNE Z MARTÍN, Alfonso (ed.): La Cate dral después de Carlin. Acta s d e la XVII edición del Aula Hernán Ruiz. Se vill a. Taller D ereçeo. 2010. p p. 173 -288; ROME RO BEJARANO, Man uel: Del mudé jar al gótic o. Arquitectura religi osa en Jerez a finales del siglo XV. (en prensa). 342 escudo de la parroquia. Cuatro de las seis claves restantes están decoradas con motivos vegetales, otr a con una es trella de cinc o puntas y la úl tima con un qu erubín. Sancho de Sopranis 622 relaciona la decoración de la bóveda con el arte m udéjar y atribuye la realización de lo s motivos escultóric os al entallador Francisco de Ortega, quien está documentado realizando trabajos de su oficio antes de 1522 en la jerezan a iglesia de San Mateo 623 , y que incluso se llegó a concertar con la parroquia de San Miguel para hacer un tabernáculo y una v iga de im agin ería que finalmente realizaron sus hijos 624 . Sobre la relación de la bóveda con el arte mudéjar, hemos de decir que nos parece que no tiene ninguna y respecto a la intervención de Ortega se ant oja bastan te improbable, ya que no se conocen obras en piedra de este artífice, que desarrolló su carrera entre la carpintería de lo blanco y la escultura en madera 625 . Formalmente este tipo de bóveda supone un avance respecto a lo qu e se venía haciendo en Jerez y su entorno constru ctivo en las últimas décadas del XV y las dos primeras del XVI, cuyos ejemplos más notables son las iglesia de la cartuja de Santa María de la Defensión y la parroquia de Santiago de Jerez y la Prioral de El Puerto de Santa María. En los tres casos encontram os bóvedas de crucería co n terceletes, que fueron elim inad os en bue na parte en el segundo de lo s templos citados po r una restauración decim on ónica 626 y en el tercero por la ruina del XVII 627 , pero respec to a e ll os hay numerosos elementos noved osos en la bóveda de San Miguel. En un principi o los n ervios que mueren en el centr o de los arcos longitud inales y la decoración de las nervaduras me h icieron pensar que esta bóveda había sido trazada por Alonso Rodríguez 628 , pero u na observación m ás detenid a me ha hecho rec onsiderar est a atribución. Coincidiendo con la v uel ta de Riaño a Sevilla, en 1523 hay constancia de la reactivación de l os trabajos en San Miguel. El 19 de marzo de ese año el calero Pedro García de Villanueva se obligaba con el m a yordomo de la iglesia, Cristóbal González, a cocer un horno de cal para fabricar los morteros de l a o bra de la iglesia 629 . Es en este momento cuando pienso que se 622 SANCHO DE SOPR ANIS, Hipólito : Introduc ción al estu dio de la arquitectura e n Xerez. Jerez. Guión . 1934. p. 63. 623 AA.VV.: Docu mentos p ara la H istoria del Arte en Andalucía . Se villa. Universidad de S evilla. 1931. Vol . III, p. 29. Catalina Bernal, vi uda d e Franci sco d e Ortega, d eclara que su hijo Nufro de Ort ega hab ía cobrado 22000 marav edíes de la Fábrica de San Mateo de Jerez por un trab ajo q ue su difunto esposo había realizad o para esta iglesia. 624 AA.VV.: Docu mentos pa ra la H istoria del Arte en Andalucía . Se villa. Universidad de S evilla. 1933. Vo l. VI, pp. 64 - 65. 625 GE STOSO Y PÉREZ, José: Ensayo de un d iccionario de los artífices que florecieron en S e villa desde el siglo XIII al XVIII in clusive . Se villa. La Andalu cía Moderna. 1899. p. 196. 626 ÁLVARE Z LUNA, María d e los Ángeles, GUERRERO VE GA, José Ma ría y ROMERO BE JARANO, Manuel: Op. Cit . 2003. p p. 75 y ss. 627 RÍOS MARTÍNE Z, Esperanza d e los: Op. Cit. p p. 215 y ss. 628 ROMERO BEJARANO, Manu el: “Los maestros mayore s de la Cated ral de Sevilla y su actu ación en e l entorno constructivo d e la misma: Alonso Rod ríguez y Dieg o de Riañ o en la parro quia de San Migu el de Jerez d e la Frontera”, en La Piedra Postrera. Actas del S impo sium Internac ional sobre la Catedral de Sevilla en el contexto del gótico fina l . Sevilla. Turris Fortisima. 2007. To mo II, pp. 451-463. 629 APN JF. 15 23. Oficio I. Fran cisco Román de Trujillo. Fol. 68 vto. y ss . 19 de marzo. Citado por ROMERO BEJARANO, Ma nuel : Op. Cit. El plaz o para entregar la cal era el siguiente 1 5 d e ab ril. El mayordomo debía pagarle 63 75 maravedí es y ade más proporcion arle t oda la palma q ue n ecesitase para q uemar en el horno. 343 tuvieron que iniciar los trabajos del crucero, pues tanto en la decoración de los pilares com o en las bóvedas, hay elementos clarament e identifica bles con el arte portugu és del momento . La planta de los pilares del tramo meridional (FIG. 4.1.3.) fue alterada para incl uir numerosas bandas de decoración veg etal y figurativ a (FIG . 4.1.4 y 4.1.5.) , al modo de la gigantesca portada de las llamadas Cap elas Imperfeitas del monasterio de Batalha, pero gua rdan aún más similitud con la portada d e la iglesia del Convento de Cristo en Tomar ( FI G. 4.1.6.) , obra de Juan del Castillo en la que alternan los grutescos con las bandas de decoraci ón vegetal. En el coro de este monasteri o tam bién podemos ver un elemento que imita al trabajo de ces t ería (FIG. 4.1.7.) , que también aparece en la base d e los p ilares de San M igu el. Además, en la zona superior de alg unos de los baquetones q ue d escie nden desde los ner vios encontramos el acodamient o (FI G. 4.1.8.) propio de mucha s o bra s burgalesas del XVI, que fue transpl antado a Portugal y que encontramos en numer osos edificios de la com arca jerezan a. Por si fuera poco , en uno de los medallones que se ubica entre l os grutesc os está lo que parece el r etrato de Carlos V adulto (FIG. 4.1.9.), lo que de ser cier to reforzaría esta cron ología, y a que el emperador naci ó en 1500 y no lleg ó a la Peníncul a Ibérica por primera vez hasta 1517. Por si fuera poco, el modelo de bóveda que encontramos en San Miguel, también aparece en Portugal, en la iglesia monacal de Vilar de Frades (FIG. 4.1.10.) , curiosamente proy e ctada por Juan Del Castillo 630 , do nde hay cerramientos idéntico s al jerezano. Así pues, todo parece indicar que este tram o de bóveda fue labrad o por maestros portugueses, quizás a las órdenes de D ieg o de Riaño, quien en 1523 ya se encontraba en la zona. Más paten te es aún l a influencia de Riaño en los otros dos tramos del cruce ro, realizados inmedi atamente despué s, s i bien co n un cambio de proy ecto que queda patente en los element os orname ntales y so br e todo en los pilare s, ya que se vuelve a modificar la pla nta redondean do el sector del crucer o de los dos correspondien tes al tramo meridional, mientras que los otros dos que se levanta n nuevos pres entan planta o ctogonal con basa circular. La construcción tuvo que a vanzar a buen ritmo, lo que se deduce de un documento fechad o en 1527. El 7 de m arzo de este añ o v a rios vecinos de la parroquia presentaban una petición al Ayuntamiento solicitand o su ayuda. Al parecer, el provisor del Arzobispa do de Sevilla pretendía tomar el dinero destinado a San Miguel, a lo que los vecinos alegab an que si se quedasen sin fondos “pod rya ser todo lo obrado venyr al suelo” . En la misma petici ón explicaban que la obra estaba en m archa “y tiene mucha neçesydad de se cobrir dos capilla s prinçipales que son del cruz ero enmedio de la dicha yglesia y el agua que cahe del çielo se queda d entro y trahe mucho perjuizio a la obra que ya esta fecha y cala fasta l os muertos” 631 , es decir, se intr oducía en los enterra mientos practica dos en el paviment o del t emplo. Como se puede comprobar, aún las bóv eda s no estaban cerradas, pues el agua entraba en el edificio, si bien la estructura de las mismas tenía que est ar muy avanzada, probablemen te encimbrada, de ahí que l os vecinos augu rasen una rui na de no c ontinuarse los trabajos. El Municipio atendió a los vecin os y escribió al Arzobispado obteniend o un resultado satisfactori o, pues al año siguiente se constata una compra de cantería de la Sierra de San 630 DIAS, Pedro: A a rquitectura manu elina. Oporto. Civilizaçao. 1988. p p. 61 y ss. 631 AMJ F. Actas Capitulare s. 15 27. Fol. 616 vto. y ss. 7 de marzo. Citado por ROME RO BEJ ARAN O, Manuel: Op. Cit. Los v ecinos q ue p resentaban la petición eran Antó n de Salamanca, Pedro Rodríguez d e Grajales, Francisco de Cuenca , An tón García C opín, el licen ciado d e la Guardia, Juan de Grajale s, Pedro Díaz Bonifac io, Pedro Sánchez del Po stigo, Diego d e Villafranca, Baltasar de Ureña, Di ego Martín de Astorga, Pedro Díaz Hino josa, Cristóbal Riquel, Antón Díaz, Simón Martínez, Alonso d e Mesa, Antón Gil, Francisco Alemán, Pedro Alemán y otros de los que no se especifica el nombre. 344 Cristóbal para la obra, por la que el cantero Pedro Díaz Bo nifaz vende al mayordomo de la iglesia, Alonso Jiménez de Arriaza, 200 sillares y 100 tablas 632 . Si se tiene en cuen ta que este último tipo de corte era el utilizad o para realizar los plementos, podemos deducir que se estaban cerran do las bóve das por estas fechas. En el d ocumento aparec e como maestro may or de la obra Pedr o Fernández de la Zarza quien , según se especifica, debía examinar cada piedra que llegase a la obra, desec hando la que tu viese algun a falta. La bóveda central del crucero de San Miguel ( F IG. 4.1.11.) es de planta cuadra da y present a crucería y terceletes. El rampante está ocupado por un nervio circul ar que organiza la distribución de las restant es nervaduras. En el interior del círculo, cuatro com bados gen eran cuatro lóbulos cuya forma se apro xima a la del círcu lo y además halla mos espin azo longitudina l y trasversal que sobrepasa n ligeramente la circunferencia. Al exteri or del citad o círculo, dos combados parten a cada uno de los lados de los nervi os que conforman la crucería hasta unirse en una clave secun dari a de los terceletes inm ediatos. D e este mis mo punto parten otros combados que mueren en una clave ubicada en el centro de cada uno de los arcos f ormeros, clave de la que parte otro combado que vuelve sobre sí mismo tras confluir con los espinazos. Respecto a los plementos hay que decir que las hiladas del rampante están dispuestas de forma concéntrica y que en to da la bóveda están decorados con roleos y figuras monstruosas, a excepción de los cuatro espacios formados por los combados que vuelven sob re sí, en cad a uno de los que hallamos un querubín. Además, en algunas de las claves hay re presentacione s figurativas, algunas de ellas cabezas humanas grotescas, que no pare cen tener ning ún significado iconográfico mas q ue el del di vertimento d e u nos can teros que explayaron s u creatividad en estas pieza s. A una altura de un tercio de su nacimient o, tanto l os nervi os principales co mo los terc eletes están anill ados con una gu irnalda. La bóveda septentrional (FIG. 4.1.12 .) es rectang ular, presenta crucería y tercel etes. De cada una de las claves secund arias parten seis combados distribuid os de la siguient e manera: d os parejas se dirigen al nervio diagonal principal inm edia to, uniéndose mediante una guirnalda a la altura del tercio superior e inferior, m i entras que los dos restantes del lado cort o se dirige n al muro realizando una bifurcación curva del espinazo. En lo s lados más largos este nervi o curvo bifurcad o que mu ere en el muro es doble y nace de unas claves secundarias. El plemento está decorado co n roleos y medall ones en los que enc ontram os mo tivos vegetale s. Se ha dicho que Pedro Fernández de la Zarza aparece en varios documentos como maestro mayor de la o bra, pero lo que pudiera parecer un dato esclarecedor de la autoría de am ba s bóvedas plantea serias dud as. Tanto Sanch o de Sopranis 633 como Pinto Puerto 634 piensan que 632 APN JF. 1528. Oficio X. Balta sar d e Lueña. Fol. 17 5 vto. y ss. 20 de febrero. Citado por ROMERO BEJARANO, Manuel: “La construcción de la capilla de la Limpia Concepción d el Monasterio de San Francisco de Jerez d e la Fron tera”, en Actas de l Simposium La Inmacu la da Concepción en España . San Lorenzo d el E scorial. Universidad María Cristina. 200 5. Tomo II, pp . 1009 -1029. E n el contrato se especifican las medidas d e la can tería : los sillares debía medir 1’5 palmo s (unos 3 1,5 cm. ) de altura, 2’5 palmos (uno s 52,5 cm.) d e anchura y 4’5 palmos (u nos 94,5 cm.) de profun didad, mientra s que las tab las habían de medir 1’5 palmo s de altura, 3’5 pal mos (unos 73,5 cm.) de anchu ra y 4,5 pa lmos de profundid ad. El precio d e cada sillar era de 40 maravedíes y el de cad a tabla de u n real. En el momento de la firma del con trato el mayord omo entregó al cant ero 6 ducados, qu edando en p agar el resto cuando fuera entregando la cantería. Díaz Bonifaz se comprom etía a entregar cad a semana 12 carretadas de sillares y 6 de ta blas, obligánd ose a entregar tod a la piedra antes del primer d ía de junio de 1528. 633 SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: Op. Cit. pp . 19 y ss. 634 PINTO PUERTO, Francisco: O p. Cit. 345 estos dos tramos de bóve da fueron diseñados por D iego de Riañ o, atendiénd ose a motivos formales en ambos casos, si bien Sancho se basa también en un documento fechado en 152 5 cuya ex is tencia no se ha podid o constatar 635 , según el cual en este año Riaño estarí a dirigiendo en Jerez las obras de la Car tuja de la Def ensión y de la Parr oquia de San Migu el. En un artículo publicado en 2000 Francisco Pinto ponía de manifiesto las similitud es constructivas entre la b óveda del crucero de la igles ia del monas terio de Bele m de L isb oa y algunas de iglesias de Jerez y su entorno, entre las que se cuen tan las de la i gle sia de la Cartuj a de Santa María de la Defensión y la del crucero de la Parroquia de San Miguel. En todas ellas, y como caso singular en el arte de la m on tea del XVI de la P enínsul a Ibérica, la pleme ntería del centro de la bóveda, en al gunos casos el plement o complet o, se sitúa en hiladas concéntricas , formando una suerte de cú pula en una solución arquitect ónica a caballo entre el ar te gótico y el renacentista 636 . Estos datos hacen pensar que Riaño practicó esta técnica co ns tructiva en su exilio po rtugu és y que a la vuelta a Sevilla en 1 523 la aplicó en las primeras o br as en que fue contratado. Tras la m archa de Gil de Hontañón de la maestría m ay or de la cate dral de Sevill a en 1519 la construcción d el edificio sufre una interru pción que dura casi una década. Riaño hubo de buscar trabajo en las fábricas pétreas del Ar zobispado, recalando en Jerez donde se conservan varias bóvedas de crucería con hilad as circulares datadas en torno a 1525: en la Cartuja de Santa María de la Defe nsi ón las del refecto rio y los p ies de la iglesia, la de la capilla mayor de la iglesia de San Mateo y la del crucer o de San Miguel , que c omo se ha visto, terminaba de c onstruirse en 1528. Respecto a la bó veda de la capilla mayor de San Mateo hay que decir que las similitudes con San Miguel no se limitan a la co l ocación de las hiladas del plemento. El arco de la embocadura de esta capilla presenta caireles y bandas de decoración vegetal casi idénticas a las del brazo sur del crucero, y en el testero, al exterior, hallamos dos estructuras prismática s destinadas a albergar sendas escaleras, m uy si milar a la que presenta en el s ector o rient al el br azo sur del crucer o y que hoy se halla ocul ta por la obra d e la sacristía 637 . Además, el análisis documental corrobora la hipótesis de que son o bras contemporáneas, ya que la capilla mayor de San Ma teo estaba concluida en 1529 , pues en ese año se compran l os azulejos para decorarla 638 . Todo parece indicar que el autor de las bóvedas que nos o cupa es D i ego de Riañ o, pero, pes e que en un trabajo anterior me inclinaba por esta opción 639 , el análisis de nuevos datos me 635 SANCHO DE SOPRAN IS, Hipólito: Op. Cit. p. 20. El historiador po rtuense hace alusión a este documento y añade que fue publicado por Cel es tino Ló pez Martínez (LÓPEZ MARTÍN EZ, Celestino: Arquitectos, escultores y pintores vecino s de Sevilla . Sevilla. Rod ríguez y J iménez. 1928 ) llegando a dar incluso u na referencia con creta en unas páginas en la s que , si bien se cita a Diego d e Ri año, en ningú n momento se le vincula con las obra s jere zanas. 636 PINTO PUE RTO, Francisco: “La falsa apariencia. Las ple menterías en hilada s redondas en las fábrica s del Arzo bispado H ispalense”, en Actas del III Congreso Nac ional d e Historia de la Construcc ión . Sevilla. 2000. T o mo II, pp. 827-839; PALACIOS GONZALO, Juan Carlos: Trazas y c ortes de c antería en el Renacimien to Español. Madrid. Ministerio de Cultura. 19 90. 637 PINTO PUE RTO, Francisco y ROMERO BEJARANO, Man uel. “Espacios de tra nsición: la bóveda de la capilla del So corro de la igl esia d e San Mi guel de Jerez d e la Frontera”, en ALONSO RUIZ, Begoña: La arquitectu ra tardogótica castella na entre E uropa y América. Madrid. Sílex. 2011. p p. 213- 222. 638 APNJF. 1529. Oficio V. Antón García d el Pecho . Fol. 3 45 y ss. 2 d e agosto. Hern ando d e Hariza , como mayordomo de la parroqu ia de San Mateo, da p oder al albañil Alonso del Oli va para que fuese a re coger en Triana los azu lejos que Diego Po lido había h echo para la iglesia. 639 ROMERO BEJARANO, Manu el: “Los maestros mayore s de la Cated ral de Sevilla y su actu ación en e l entorno constructivo d e la misma: Alonso Rod ríguez y Dieg o de Riañ o en la parroqu ia de San Miguel de 352 Como tampoco lo hace Fra ncisco de Mesa Xinete en su historia eclesiástica de la ciudad , en la que dedica un capítu lo en tero a la parr oquia de San Lucas 656 . Sancho ve como una muestra más de la relació n de C isneros co n Jerez al supuesto establecimien to en la ciudad de un hermano del cardenal cuya hija, Isabel de Cisn eros, fue una de las primeras abad esas del m onasterio de franci scanas de Madre de Dios. Tamp oco e s posible aclarar este punto, cuyas bases documentales son un m anu scrito de la genealo gía de los Villavicenci o, a cuyo linaje supuesta mente se acabó por un ir el de los Cisneros jerezanos, escrito por un do minico a finales del XVIII, cuya existencia n o se ha podido constatar 657 . Aunque Mesa Xinet e rec oge e n su o bra la abadía de Isabel de Cisneros a comienz os del XVI, en ningún m oment o la relaciona con el prelado. Por su parte Rafael Sánchez Saus, en su minucioso estudio de los linajes m edie vales jerezanos en el que incluye un frondoso árbol genealógic o de lo s Villavic encio que abarca desde el siglo XIV al XVI, no m enci ona a ningún Cisneros en los nu merosos matrimonios de la casa nobiliaria 658 . Volviendo a la extensa y muy bien do cumentada obra de García Oro , encontramos que el cardenal tuvo dos hermanos , ambos menores que él. Bernard ino, el m ás pequeñ o de los dos, fue en su juventud soldado, pero en la décad a de los ochenta del XV pr ofesó como franciscan o. Hombre vi olento y problemátic o, residi ó en varios conventos caste llan os, aunque debido a su carácte r acabó sus días viviend o exclaustrad o en u na casa de Alcalá de Henares gracias a la ge nerosidad del cardenal, que en su testa mento legó una suma para su manutención. No consta que tuvier a descendencia 659 . El otro hermano, Juan Jiménez de Cisn eros, heredó la casa f amiliar de Torrelagu na, donde residió hasta su muerte. En 1496 contrajo matrim onio con Leonor de L uján, hija del seño r de Barajas, con la que tu vo tres hijos. Juana, la m ayor, se casó c on Al onso L óp ez de M endoza, hijo del conde de L a Co ruña. El mediano fue Benito, quie n se desposó con P etronil a de M endoza . Beneficiari o de un mayo ra zgo instituido por su tío para gloria de su linaje que incluía unas casas en Alcalá de Henares, acabó, tras innumerables problemas con la Universidad Complutense, viviend o en Madrid privado de sus fa cultad es mentales. La menor de las hijas de Juan, María, también co ns iguió un matrimonio ventajoso gracias a los m an ejos del cardenal, celebrando su bo da co n Juan Zapata Osorio, regid or de Madrid 660 . Como se puede comprobar, 656 MESA XINE TE, Francisco de: Op. Cit . Tomo II, p p. 127-134. 657 SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: Op. Cit. p. 73. En la nota sexta del cap ítulo dedicad o a la parroquia de San Miguel, Sancho escribe lo siguiente: “So bre los Cis nero s en Xer ez y su desce ndencia de un hermano del ca rdenal est ablecido aquí, cfr . C antero. Fr. José. Ap untaciones…para…la genealogía de Villavicencio. ape llido Cisneros. dond e cita la lápida de su entierro en S anto Do mingo ante la c apilla de Consolación , una ejecu toria protoc olada y otras fuente s de informació n igua l mente seguras.” . En efecto, en 1926 Hipó lito Sancho y Rafael Barrí s, pu blicaron un pequeño opúsculo (CANTERO PALACIOS, José: Historia genea lógica de la Casa de Villavic encio . Edición d e Hipó lito Sancho de Sop ranis y Rafa el Barrís Gómez. Cádiz. Tipolitografía Rodrígu ez d e Sil va. 1926) en el q ue se anun cia una segunda p arte en la que “daremos el te xto pa leográfico de su Historia de la ca sa de Villavicencio según el ma nuscrito autóg rafo y definitivo de la misma obra puesto en limpio p or Cantero con la p ulcritu d que le caracteriza y venido providencialm ente a nuestras manos” . Sin embargo, no hay constancia de qu e llegara a publicarse la segunda parte. Para colmo, y como aco stumbraba a h acer el ru fián de Sanch o, n o se especi fica en el texto que vio la i mprenta la lo calización del mi sterioso man uscrito, por lo que po dríamos es tar ante otro de los mucho s infundios del más vil de los historiadore s portuenses. 658 SÁNCHEZ SAUS, Ra fael: Op. C it. Tomo I, pp. 216 y ss; Tomo II, p p. 310- 311. 659 GARCÍA ORO, Jo sé: Op. Cit. p p. 304 y ss. 660 Ib. pp. 458 y ss. 353 no aparece por ningún resquicio de la parentela directa de Cisneros un her mano avecindado en Jerez ni una monja clari sa profesa en esta ciudad. La única razón clara de entre las que aduce Sancho para relacionar la capilla bautismal de San Miguel c on Cisnero s es su actuación a fa vor de los Fran ciscanos Obser vantes en detriment o d e los Franciscan os Conventu ales. La Orden Francis cana sufrió una refo r ma a fines de la Edad Media que per mitía a los conventos que así l o qui siesen acumular biene s en previsión de periodos de carestía. Lo s que decidieron adoptar la reforma fueron llamados Franciscano s Conventuales, mientras que los que permanecie ron fieles a la regla se denominaron Franciscanos Obs ervantes. Por orden del pap a Alej and ro VI, el Cardenal Cisneros , que también era franciscano, se encargó de aplicar en Castilla una nueva refo r ma de la Orden, que suprimía la rama Conv entual. En Jerez, los Conventuales ocupaban el actual mo nasterio de Sa n Francisco, entregado en 1495 a los Observantes, quienes por aquel ent onces ocupaban el actual monasterio de Madre de Dio s , que a los pocos años acab ó por ser entregado a las Clarisas, que hasta ese momento vivían en ínfimas co ndicion es en varias casas jerezanas 661 . Según Sancho, el baptisterio de San Miguel sería una muestra de agradecimien t o de los Franciscanos Observant es a su benefacto r. Respect o a la ausencia de las armas del prelado en el campo del escudo, el historiad or portuense especula co n la posibilid ad de que éstas hubiesen sido borradas en el tiemp o en que fue arzobispo de Sevill a Diego de Deza ( 1 503- 1523), “aunqu e muy alto material y mor al mente el i nsigne Deza para descender al bajo detall e de hacer borra r las armas de su rival de una capilla que en realidad no había construido ; sus visitadores -el canónigo Lucero de triste historia y menguadas luces; ruin en sus pasiones y exagerado en sus mandatos lo fue- procedentes del foco de la oposición -Sevilla- han podido muy bien hacer d esaparece r la lauda conme morativa” 662 . Como ven, la teoría de Hipólito Sancho no puede ser más rocambole sca, tratand o de justificar un patrocinio imposible de aceptar. Empezando por las fuentes documentales que utiliza don Hipólito, hem os dejado claro que no es que no sean co ncluy entes, sino que más bien parecen infundad as y en ningún momento confir madas por otros autores fiables como García Oro, Rallón, Mesa Xinete, Bartolomé Guti érrez o Sánchez Saus. Tampoco parece tener mucho sentido la co ns trucción de una pequeña capilla en una parroquia jerezana por parte de un mecenas que había dejado su impronta en monumentos como las estancias capitulares de la Catedral de Toledo o el Colegio Mayor de San Ildef onso en Alcalá de Henares, como tampoc o parece lógico qu e los franciscan os jerezan os costeas en la obra del baptisteri o de San Miguel, por m ás que los convento s masculino y femenino de la Orden estuviesen en la feligresía de esta parroquia. Además, si en realidad se hubies e querido exaltar la figura de Cisneros, no parece raz onable que su símbolo, el cordón francisca no, no aparezca en un lug ar destacado, como lo hace en la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, sino m ezclad o con cascabeles y en el interior de una capilla diminuta y sin m ás luz que la que pudiese entrarle desde el te mplo. Pero aún así, la justificaci ón histórica de la obra podrí a quedar en un segundo plano si la capilla bautismal de San Miguel presentase rasgos estilísticos que se pudiesen relacionar con el o t rora llamado Estilo Cisneros , algo de lo que carece. El propio Sanch o pone en relación co n el arte manuelino esta capilla, mencionando element os como las p omas, los cascabele s, o la cuerda , que él insiste en relacionar con el cordón franciscano, e incluso compara la bóveda con la de la 661 Más infor mación sobre los alcances de la reforma francisc ana en Jerez puede encontra rse en MESA XINETE, Fran cisco de: Op. Cit. Tomo II, pp. 425 y ss. 662 SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: Op. Cit. p. 63 354 capilla mayor de la iglesia del monasterio de la Victor ia de El P uer to, obra de Colina y Batalla, y la de la capilla de Nuestra Señora de Consolaci ón de la iglesia del monasterio de Santo Domingo, trazada por Pedro Fernández de la Zarza en 1537. Pero su obcecaci ón cisneriana le hace pasar por alto estos detalles. Una si mple visita a los pilar es del cr ucero d e San Miguel, le habría serv ido para comprobar que allí aparecen lo s mismos pequeños pilares co locad os al bies y coronados por piñas de m otiv os vegetales e incluso los cascabeles, por lo que la filiación portuguesa d e la capilla parece evidente. Ad emás, la estructura pentag onal que corona el arco carpanel de la capilla tiene similitudes, por poner sól o algunos ejemplos, con portadas de las Capelas Imperfeitas del monasterio de Batalha (FIG. 4.1.27.) , la iglesia de Santa María de Marvila de Santarem (FIG. 4.1.28.) y la iglesia matriz de Go l ega (FIG . 4 .1. 29.) , claro s exponentes del arte tardogótic o portugu és . Afinand o aún más, se podría afirmar que en el caso de est a portada tamb ién podríamos sopesar la posib ilidad de una traza castellana, quizás del propio Juan Gil de Ho ntañón, reinterpretada por maestros portugueses. El modelo de la portada de la capilla baust imal de San Miguel tiene su o rig en en algun as sillerías de coro de finales del XV y comienz os del XVI, co mo las de las catedrales de Plasencia, C iudad Rodrigo 663 (FIG. 4.1.30.) y Co ria 664 (FIG. 4.1.31.) , y aparece por primera vez en arquitectur a en tierras burgalesas en las portadas de las parroquias d e Melgar de Fernamental (FIG. 4.1.32.) y Villahoz (FIG. 4.1.33. ) , en las que trabajó Francisco de Co l onia en la primera década del XVI 665 . El modelo tuvo ciert o éxito y no sólo viajó a Portugal, sin o que aparece en otros edi ficios alejados de la influencia lusa, com o la portada de la sacristía de la catedral de Almería (FIG. 4.1.34.) o l a iglesia del Sagrar io de la ca tedral de Málaga 666 (FIG. 4.1 .35.) . Respecto a la desaparici ón del cam po del blasón en la capilla bautismal de San Miguel, Sancho pasa por alto los devastadores efec tos de la restauraci ón decimonónica, quiz ás por desconocer el exacto alcance de la misma. Dentro de un proceso de intervenci ón general en el interior de San Miguel dirigido por e l arqu itecto José Estev e, entr e 1 861 y 1863 y en una obra patrocinad a por Francisco García Pér ez, se elim inó la cal de la portada del baptisterio, quedando prácticamente sin orname ntación, por l o que fue recons truida fielment e según un dib ujo previo a la intervención realizado por el arquitec to 667 . Si, como sospecha Sanch o, el campo del blasón estaba en origen pintado, los encalados aplica dos durante siglos, ocultar ían las armas, que no habrían podido ser co piadas. Al eliminarse la cal, se iría también la pintura original, sin que nadie hubiese podido conocer que había allí representado, por lo que antes que co locar al azar las ar mas de un arzobi spo del XVI prefiri eron deja r el camp o del escudo liso. 663 KRAUS, Dorothy y KRAUS, H enry: Las sillerías gótic as españ olas . Madrid . Alianza. 1984. pp. 129 y ss. 664 GAR CIA MO GOLLÓN, Florencio Javier: La Catedral de Co ria. Arcón de Historia y Fe. L eón. E diles a. 1999. pp. 88 y ss. 665 MAR TÍN MARTÍNEZ DE SIMÓN, Elena y PAYO H ERNÁNZ, René: Op. Cit. ; APARICIO AH EDO, Óscar I. : Las iglesias parroquiales del Bajo Ar lanza. La iglesia par roquial d e Villahoz. Burgos. Parroquia de Villahoz. 2012. pp . 27 y ss. 666 Sobre la porta da d el Sagrari o d e la catedral d e Málaga, véase SUBER BIOLA M ARTÍNEZ, Jesús: “L a portada gótica de la antigu a mezquita -catedral de Málaga, hoy del sagrario (1514 - 15 25)”, Bolet ín de Arte. Málaga. 1995. Nº 16. p p. 113 - 136; SUBERBIOLA MA RTÍNEZ, Jesús: “Política arq uitectónica de lo s obispos de Málaga tras la con quista (1485 - 1540)”, Baeti ca. Estudio s de Arte, Geog rafía e Historia. Málaga. 1997. N º 19-2. pp. 67- 82; SA URET G UERRERO, Teresa: La cated ral de M álaga. Málaga . Diputación P rovincial de Málaga. 2003. p p. 34 y ss. 667 ÁLVARE Z LUNA, María d e los Ángeles, GUERRERO VE GA, José Ma ría y ROME RO BEJARA NO, Man uel: Op. Cit. p. 51. 355 4.1.3. CAPI LLAS DE LA CAB ECERA. “…y quando de my acaesçiere finamyento mando que my cuerpo sea sepultado en la yglesia de señor san myguel de est a çibdad en la sepoltura donde est a enteRado juan ximenes de gatica my padre que e s en el al tar mayor de la dicha yglesia y si por Razon de deshaze rse la capilla d e la dicha yglesia que oy dia se deshaze para se tor na r a hazer no pudiere ser mando que my cuerpo se deposite en el monesterio de san francisco de esta çibdad en la c apilla de santa catalina ” 668 . Con estas palabras declaraba en su testam ento su última voluntad Juan Xim én ez de Gatica el 6 de dicie mbre de 1536. Una lectura ate nta de este fr agment o aporta datos interesantes sobre la cons trucción de la cabecera del te mpl o. E n 1536 existía ya una capilla mayor, que se estaba derribando para hacerse de nuevo. Esto no quier e decir que esa capill a mayor est u viese c oncluida, sino más bien parec e que estarían levantad os sus m uros pe rimetrales has ta cierta altura, tal vez hasta la línea de imposta, y en este momento s e decidió ampliar la cabecer a, por lo que se derribó el muro que cerraba esta capilla hacia el este. Esto demuestra que el perímetro del templ o que ahora se modificaba estaba delimitado con bastante antelaci ón, lo que se puede poner en relación con una tr aza pri mitiva de la obra, que no co n ocemos, y un plan co ns tructivo general, pues queda claro que estaba asegurada la propiedad del su elo que ib a a ocupar el edificio. Hipólito Sancho, quien hubo de conocer la existencia de este testament o po r referencias d e otros autores pero no llegó a leerlo, afirma que “no cabe duda que en 1 536 la capilla mayor no estaba aún terminada, acaso fuera más conforme con la verdad decir que ni aún comenzada ” 669 , algo que s e demuestra falso teniendo en cuenta los datos conte nidos en la última voluntad de Juan Xi ménez de Gati ca. No obstante, la docu mentación analizad a pone de manifies to que el año in dicado por el historiador portuense era el último de un periodo de inactividad en las obras, pues una vez mu ert o Diego de Riaño en 1534, no hay más noticias referentes a la obra de San Miguel hasta 1537. En el citado añ o comien zan de nuevo las compr as de cantería destinadas a la obra de la capilla mayor y sus adyace ntes, la del Cristo de la Salud culminando la nave del Evangelio y la de Nuestra S eñora del S ocorro, rematand o la de la Ep ístola. Pedro Díaz B onifaz, quien ya algunos años atrás habí a suministrado piedra a la obra, vende en 1537 500 carretadas de cantería de la Sierra de San Cristóbal de di stintos cortes, principalmente sillares y sillaretes, utilizados para levantar los muros 670 . Con todo, la parroquia comenzó los trabajos sin tener resuelta la propiedad del suelo so br e el que iba a co ns truir. En un principio la obra nueva iba a ocupar la vía pública, pero el v i sitador general del Arz obispado decidió ese mismo año de 1537 replantear el edifi cio, ocupando en lugar de la calle una 668 APN JF. Oficio X. Baltasar de Lueña. 1536. Fol. 78 6 vto. y ss. 6 de diciembre. Citado por MUÑOZ Y GÓMEZ, Agustín: Op. Cit. p. 1 30. 669 SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: Op. Cit. p. 66. 670 APNJF. Oficio X. Balta sar de Lueña. 1537. Fol. 124 y ss. 4 d e febrero. Citad o por PINTO PUER TO, Francisco y ROMERO BEJARA NO, Man uel: Op. Cit . El cantero se obligaba a proporcionar 1000 sillarete s (de lo s q ue cabían cinco por carretada), 100 sillares sevill an os (d os por carretad a), 50 tab las (una p or carretada) y 200 “ piedras ma lucas” (dos p or carreta da). El p recio variaba según el cort e d e la pi edra, siendo el d e cada sillarete 11 maravedíes, 38 cad a sillar sevillano, 51 por cad a ta bla y 19 cada piedra maluca. El importe total y a había sido satisfecho. El plazo de entrega comenza ba el primero de mayo de este añ o, debi endo entregar 6 carretad as d e can tería al día. Unos días más ta rde ( APNJF. Oficio X. Baltasar de Lueña. 1537. Fol. 191 vto. y ss. 27 de febr ero ) el mismo cantero se ob liga a entregar a la fábrica otros 500 sillaretes co n las mismas condicion es . 356 casapuerta, un corral y un est ablo de la casa de Cat alina Suárez, viuda de Diego de Trujillo, linderas con la citada v ía. Para ello , la Fábric a de Sa n Miguel compró la citada parte de las casas por la cantidad que apreciaron los albañiles Pedro Fernández de la Zarza, Alonso de la Oliva y el juez alarife de la Ciudad, Antón de Salinas 671 . Unos m ese s más tarde, en est a ocasión según el parecer de P edro Fernánd ez y Antón de Salinas , la Fábrica se obligó a construir en otro lugar un almacén de las casas del caballero vein ticuatro Diego de Fuentes “para hase r calle y sementerio junto a la obra y capilla que se haze en la di cha yglesia” 672 , además de pagarle una cantidad en concepto de indemnización. P or tanto, se comprueba cómo en estos años se v a conf ormando el espacio urban o que queda tras el templo, las actuale s calles Pavón y Santo s, llamadas durante siglos Callejón de los Muertos por estar a quí ubicado el cementeri o parroquial. En los años siguientes continu aron las compras de cantería bajo la atenta supervi sión de Pedr o Fernández de la Zarza, q uien seguía titulándose en la documentación consultada como maestro mayor. Así, entre 1538 y 1539 se adquieren 48 tablas, 3700 sillarete s, 250 sillares sevillanos, destinados estos últimos seguramen te a los muros perimetral es 673 . Entre 1540 y 1542 comienza la compra de piedra para cubrir la bóveda de la actual Capilla del Cristo de la Salud, que remata la nave del evangelio, y de la capill a anexa, que acabó siendo vendida a los Ceballos pero que fue construida en un principio co mo sacris tía. Así, en este bienio co ntinúa el acopio de materiales 674 y llegan desde las canteras de El Puerto de Santa María 850 tercele tes , 671 APN JF. Oficio X. Balta sar de Lu eña. 1538. Fol. 45 vto. y ss. 14 de enero. Citado por PIN TO PUER TO, Francisco y ROMER O BEJARA NO, Manuel: Op. Cit. El vi sitador del Arzob ispado era el ra cionero Anto nio de Moya. El precio en que se tasó la parte de las casas era de 15000 m aravedí es, qu e fueron desembolsado s en el acto por el may ordomo de la parro quia, Antón García Copín. 672 APNJF. Oficio X. Baltasar de L ueña. 1538. Fol. 6 02 vto. y ss. 29 de agosto. Citado por PINTO PUERTO , Francisco y ROME RO BEJARA NO, Manuel: Op. Cit. Tanto el visitador como el mayo rdomo seguían siend o los mismos que en el contra to an terior. El precio que la Fáb rica p agó por la p arte del inmue ble fue d e 12000 maravedíe s. 673 APNJF. 1538. Oficio X. Baltas ar de Lueña. Fol. 253 vto. y ss. 23 de abril. Lo s cantero s Ant ón Sánchez y Alonso Cap illa v enden 30 0 sill aretes (de los que cabían cinco por carretada) a precio de 11 maravedíe s por cada sillarete. Hab ían cobrado por adelantado y se obligaban a entregarlos desde ese día d ando dos carretadas por d ía. El mayordo mo de la Fábrica seguía si endo Antón García Copín; APNJF. 1538. Oficio X. Balta sar de Lueña. Fol. 2 89 vto. y ss. 5 de mayo. El cantero Martín Su rillo vende 600 sillaretes con la s mismas cond iciones; APNJF. 1538. Oficio X. Balta sar de Lueña. Fol. 653 y ss. 15 d e septie mbre. El cantero Juan Sánchez vende 1000 sillaretes con las mismas co ndiciones; APNJF. 15 38. O ficio X. Baltas ar d e Lueña. Fol. 831 vto. y ss. 10 de noviembre. De nu evo Martín Surillo vende 1000 sillaret es con las mismas condicion es; APNJF. 1539. Oficio V. Rod rigo de Rus. Fol. 12 y s s. 28 d e diciembr e de 1538. Lo s her manos canteros Francisco Gil y Ló pez Gallard o venden al mayord omo de l a Fábrica de San Miguel, Nuño de Vera, 400 sillaretes (de lo s d e cinco p or carretada) a precio de 10,5 maravedíes po r carreta da. La p iedra se t enía que entregar desd e mediados d el mes de febrero próximo hasta el fin del mes d e marzo siguiente ; APNJF. 15 39. O ficio V. Rodri go de Rus. Fol . 13 vto. y ss. 28 de diciembre d e 1539. El cantero An tón Sánchez vende 4 00 sillaretes con la s mismas condiciones; APNJF. 1539. Of icio V. Rodrigo d e Rus. Fol. 14 vto. y ss. 28 d e diciembr e de 15 39. Los can teros And rés Núñez del Río y H ernán Rodrí guez venden 250 sillares sevillan os (d e los que cabían dos por carretad a) a precio de un real cada un o y 40 tablas (una por carretad a) a 45 maravedíes la unidad. Todos los documentos, citado s por PINT O PUERTO, Francisco y ROM ERO BEJARANO, Man uel: Op. Ci t. 674 APN JF. 1540. Oficio V. Rodrigo de Rus. Fol. 1175 y ss. 6 d e diciembre. Los can teros Ant ón Sánchez y Hernán Rodríguez venden al may ordomo de la Fáb rica, Nuño de Vera, 400 terceletes (de los que cab ían seis en cad a carretada) a p recio de 8,5 maravedíes cada uno y 200 prendientes (diez p or carretada) a 357 900 prendientes y 70 formalet es, 400 sillaretes y 60 tabletas, pieza s que hacen las veces de plemento en la curiosa bóveda de la primitiva sa cristía, de la que me ocuparé más adelant e. Todo ello se realizaba baj o el control de Pedro Fernández de la Zarza, muy pre ocupado por la calidad y medida d e las piedras, h abida cuen ta d e la complejida d de las bó v edas que s e pretendía fabricar. Incluso en uno de los contratos se especifica que la piedra debía ser “de buena peña e buen as pie ças de arbol e cabeça e corne jales e sanos e syn pelo” 675 y en o tro que unos terceletes, cuya m edi da solía estar estand arizada entre canter os y constructor es, tenían que ser “de la medida que nos ha de dar pedro hernández de la çarça maest ro de la obra de la dicha igl esia” 676 En 1544 la Fábrica de San Miguel vendía la actual capilla del Cristo de la Salud, “donde había de ser el Sagrario de dicha Igl esia” 677 a Gaspar de Pastrana, lo que indi ca que por esas fe chas e staba a punto de terminarse, siendo muy posible que la p rimitiva sacri stí a estuviese ya acabada. En ese mism o año comenzó a la compra de cantería para el cierre de la bóveda de la capilla del Socorro, aunque la llegada del mate rial a la obra no se efectuase hasta 1545 678 . La compl ejidad de la construcción o bligó a Pedro Fernánd ez de la Zarza a contratar, a precio de dos real es por u nidad. En el mome nto d e la firma del contrato recibían el pago de u n tercio del precio to tal de la can tería, co brando el segundo tercio cua ndo hubiesen entr egado el p rimer t ercio de la piedra y el resto con forme fueran entregando el último tercio. El plazo d e entrega ab arcaba desde el día de la firma del contrato hasta el primero de mayo del mi smo año; APNJF. 1540. Oficio V. Rodrigo de Rus. Fol. 1234 y ss. 14 de dici embre. Lo s can teros Diego García y Alonso d el Valle v enden 400 sillaretes (5 por carretada) a precio de 11 maravedíes cada uno, 200 prendientes (10 po r carretad a) a precio d e 2 reales la uni dad y 70 formaletes a ocho marav edíes cada uno. El p lazo de entrega abarcab a desde el día d e la firma del contrato hasta el último día de marzo del año siguiente. Las condiciones de p ago eran idénticas a las d el contrato a nterior; APNJF. 154 0. Oficio V. Rodrigo de Rus. Fol. 1137 vto. y ss. 13 de diciembre. El y e sero Alonso García vende a la Fábrica de San Mi guel, representada p or su may ordomo N uño de Vera, 50 cahices de cal a precio de 110 maravedíes c ada cahiz. En el momento de la f irma del contrato recibía a cuenta 5 ducados, cobrand o el resto con forme fuera en tregand o la cal. El plazo de entrega iba desde el día d e la firma del contrato h asta el último día de febrero de 1541; APNJF. 1540. Ofi cio V. Rod rigo de Ru s. Fol. 1 180 vto. y ss. 30 d e n oviembre. Lo s ca rreteros Alon so Martín, Juan Fran co, Pedro Sán chez Mon talvo y Francisco Rod ríguez se obligan con el mayordomo de la Fábrica de San Miguel, Nuño de Vera, en tra er p ara la obra de la iglesia 600 carr etadas d e cantería (cuy a venta he mos recogido en la s obligaciones contenidas en esta nota ) entre el un o de enero y el 15 de junio d e 1541, a pre cio de 57 maravedíes p or carretada. E n el momento de la firma del contrato recibían el p ago de un tercio del precio tota l del tran sporte, recibiend o el segundo terci o cuand o h ubie sen entregado el prim er tercio de la piedra y el resto confor me fueran entregand o el último tercio; APNJF. 1542. Ofi cio V. Rodrigo d e Rus. Tomo I, fol. 168 vto. y ss. 2 de f ebrero. Los canter os Juan Sánchez, Alonso d e Ariza y Juan de Ariza venden 500 prendi entes (de los que cab ían 10 por carreta da) a precio de 2 reales p or carretada, 4 50 tercelete s ( 6 p or carretada) a razón d e 10 mara ve díes cada terc elete y 60 tabletas (tre s por carretada) a precio de 25 mara ve dí es la unidad. E n el momento de la firma del contrato los can teros recibían 100 real es, cob rando otro s 1 00 el día q ue h ubiesen acaba do de entregar la tercera parte d e la piedra y los 100 restante s el día que dies en el segundo tercio del material. Se obligaban a entregar la piedra desde el día de la firma del con trato hasta el primero de mayo sig uiente. Todos los docu mentos, citados por PINTO PUER TO, Francisc o y ROMERO BEJARANO, Man uel: Op. Cit. 675 APNJF. 1540. Ofic io X. Rodrigo d e Rus. Fol. 123 4 y ss. 14 de diciembre. Citado en la n ota anterior. 676 APNJF. 1540. Ofic io V. Rodrigo d e Rus. Fol. 1175 y ss. 6 de diciembre. Citado en la n ota anterior. 677 MESA XINE TE, Francisco de: Op. Cit. Tomo II , p . 244. 678 APN JF. 154 5. O ficio XVIII (VII) . Simón García Copín. Fol. 116 vto. y ss. 21 de febrero. Citado por PIN TO PUERTO, Fran cisco y ROMERO BEJARANO, Ma nuel: Op. Cit. El carretero Franci sco Cano se obliga a traer 400 carretadas d e cantería desde las cant eras de Pedro Día z Bonifaz en la Sierra de San Cristób al hasta la Parroquia de San Miguel. El c arretero se ad aptaba a los plaz os del contrato de venta d e can te ría (qu e como veremos, estipulaba la entrega d e cuat ro carr etadas al día), cobrand o 2 reales por cada una de las 358 través de la Fábrica, co n el cantero Pedro Díaz Bonifaz una partida especial de piedra en la que se incluían tablas para pl ementos, prendientes para n ervaduras, la s nu eve claves con su s diferentes tamaños, “terce letes para los conba dos” y un corte cúbico de pequ eño formato al que el documento original denomina “algiba” 679 , probablemente destinado a la realización de la decoración escultórica que se halla entre las nerva duras. Además, se adquiría n otros cantos para los muros de la capilla mayor y los primeros enta blament os para su cornisa. La cart ela con la data y la firma que se puede ver en la bóveda de la capilla del Socorro, nos indican que en 1547 Pedro Fernánd ez de la Zarza la terminaba y, o rg ulloso de su trabajo, plas maba en piedra su nombre para memoria d e generaciones futuras 680 . Pero aunque hoy la capill a del Socorr o sea motivo de admiración a quien es la conte mplan, parece que los contempor áneos de Pedro fernández de la Zarza no estaban muy conformes con su trabajo, puesto que en 1546 Juan de Grajales y o tr os tres parroquianos de San Miguel se plantearon de mandar a los maestr os de la iglesia “asy a la persona que tr aço la dicha obra como al que la hizo e labro que son martyn de gain ça e pedro herna ndes de la çarça canteros ” 681 por el exce sivo gasto que habían realizado hasta el momento, que asc endía ya a la suma de 4000 ducad os, una verdad era fortuna para la época. L os vecinos est aban dispu estos a asumi r el coste del proceso judicial, indignados po r el derroche que se estab a reali zando en San Miguel. Hay que decir que hasta la fecha, h echa exce pción de las obras de la Ca rtuja de Santa María de la Defensión, que permanecían ocultas a los ojos de la gran mayoría de los jerezano s de la época por tratarse de un monasterio de estricta clausura, la explosión decorativa del crucero y la capilla m ayor de la parroquia de San Mig uel era algo desc onocido en la ciudad. Hasta el momento la ornamentación en la arquitectura local había quedado limitada a portadas, cornisas y en algun os casos a l os plementos de las bóvedas , per o nunca con la profusión que se hacía en este templo. Por ello no es d e extrañar que un sector de la carretadas de la s dos prim eras terceras part es y 6 0 mara vedíes po r carr etada del últi mo tercio. E n el momento de la firma del contrato el mayor d omo, que era Alonso Fernández, le entregó 20 d ucados, obligándose a p agarle el resto con forme fuese trayendo la p iedra. 679 APNJF. 1 544. Oficio XVIII (VII). Simón García Copín. Fol. 990 vto. y ss. 2 6 de nov iembre. Citado por PINTO PUER TO, Francisco y R OMERO BEJARANO, M anuel: Op. Cit. El can tero Pedro Díaz Bonifaz v endía a Alonso Hernán dez, mayordomo d e la parroqu ia, 150 sillare s sevillanos (de los qu e cabían dos por carretada) a precio de 38 maravedíes por carretada, 50 tablas (una por carretada) a real y medio cada una, 80 enta blamentos d e 3’5 palmos (unos 63,5 cm.) de profun didad y 2’5 palmos (uno s 52,5 cm.) d e anchura a 30 maravedíes cad a uno, 300 prendientes (10 por carretada) a 2,5 reales cada carretad a, cinco claves cuad radas d e 4 palmos (unos 84 cm.) de lad o y 3 palmos (unos 63 cm.) d e pr ofundidad a 13 reales cad a una, cuatro claves cuadrad as de 3 palmos de l ado y 3 palmos de p rofundidad, 50 “algíbas” cúbicas d e 2’5 palmos (unos 52,5 cm.) de lad o a 25 maravedíes cada una, 500 sillaretes (5 por carretada) a precio d e d os reales cada c arretada y 150 terceletes cúbi cos d e 1’5 palmos (unos 31,5 cm.) de lado. E l cantero se obligab a a empezar a entregar la piedra en la cantera desde el 4 de febero de 1545, dand o cuatro carretad as cada día hasta acabar, pagán dose conforme la fuera entregand o. 680 El primero en ad vertir la presencia d e e sta cartela fu e el historiad or decimonó nico Lui s de Grandallana y Zapata (GRANDALLANA Y ZA PATA, Luis de: Op. Cit. p. 23), quien sólo alcan zó a ver la fecha. Fue Manuel Esteve ( ESTEVE GUERRERO, Man uel: Jere z de la Fronte ra. Guía Oficial de Arte. Jerez. Jerez Gráfico. 1933 . p. 79), quién pu blicó por prim era vez el n ombre d el arq uitecto con tenido en la inscripción. 681 APNJF. 1546. Oficio XI. Leonís Álvar ez. Fol. 200 9 vto. y s s. 20 de dici embre. Citado por PINTO PUER TO, Francisco y ROMERO BEJARAN O, Manuel: Op. Cit. Juan de Grajale s, Cristóbal de Grajales, Di ego Pavón y Alvar de Fuentes d eclaran su intención d e po ner u na deman da a los maestros qu e e staban trabajando en la Parro quia de San Miguel, repartiendo entre ellos a partes iguales los gastos del proceso. El encargado de tener cu enta de tod o ello sería el c itado Juan d e Grajales. 359 población, quizás con un gusto artístico más sobrio y retrógrad o, se opusiese a una o bra en la que la talla escultórica cobraba una importancia tal que se constituía casi en parte esencial de la arquitectura. El pleit o lle gó a la Chancillería d e Granad a en 1547 682 , pero de momento no ha sido posible su localizaci ón 683 . Puede que el juicio se celebras e, habiénd ose perdido l a documentaci ón, p ero en tal caso los maestros salie ron a irosos de él, pues continuaron al frente de la obra algunos años más y los trabajos no se interru mpieron por esta causa. Aunqu e quizás lo más probable, en v ista d e que la actividad c onstructiva continuó en el templ o, es que el pleito no sigu iese adelan te. Así, durante 1546 y 154 7 continuar on las compras de cantería para la capilla mayor, adquiríend ose m ás entabl amentos para las cornisas y prend ientes para l os nervios 684 . La adquisición en octubre de 1550 de “dozien tas q uarenta varas de piedra de la cantera de varguetas (en referencia a Martelilla) […] para las gradas y pulpitos de la dicha yglesia” 685 indica que la capil la ma yor ya se hab ía cerrado p or estas fechas. Como queda demostrado mediante la documentació n analizada, las o bras de la cabecera de San Miguel se desarrollan entre 1537 y 1550, siendo los resp onsables de los trabajos Martín de Gainza, tracista, y Pedro Fernánd ez de la Zarza, como aparejad or, según nos indicaba el citad o document o de 1546. Con todo, esta divisi ón de tar eas no es tan sencil la como p udiera parecer 682 1547. APNJ F. Oficio XI. Leo nís Álvarez. Fol. 64 y ss. 4 de enero. Citado por ROMERO BEJARAN O, Manuel: Op. Cit. pp. 1029 y s s. Diego Pavón, Bartolo mé Jiménez de Tocina, Diego Rodríguez Monedero, Juan de Grajal es Mejía, Cristóbal de Grajal es , García Bernal de Tocin a, Antón Martín de de G atica, Alonso de Salazar, Alvar de Fuentes, Alonso Cintado, Francisco Ruiz de Hino josa, Alon so H ernández Arrobas, Francisco Gil de Toci na, Cristóbal López Palomino y Pedro Jiménez de Tocina dan p ode r a Juan de San ta Cruz, procurad or de cau sas en la Real Audiencia d e Granada, para que pueda presentar en esta ciudad la demanda con tra Pedro Fernández de la Zarza y Martín de Gainza por el excesivo ga sto de la obra de San Miguel. 683 La visita al Arch ivo de la Chan cillería d e Granad a ha resulta do infructuosa. En las s eries de pleitos, catalogadas y descritas en su mayor parte, no figura ninguno d e los feligreses d e San Miguel contra los maestros q ue estaban al fre nte de las obra s del templo, lo que no impide que en el futuro pudiese aparecer docum entación referente a esta d emanda ju dicial. 684 APNJF. 1546. Oficio XII. Ma rtín de la Cruz. Fol. 296 y ss. 15 de febrero. El yesero Gr egorio Ma rtín y el cantero Di ego García venden a Pedro Fernán dez d e la Zar za, como mae stro mayo r d e la ob ra de San Miguel, 400 sillares (de lo s que cab ían cinco por carr etada), 360 prendientes ( 10 p or carretad a) y 120 entablamentos, de los qu e cab ían tres en carretada y que medían 3´5 p almos (un os 73,5 cm.) de alt o, 2’5 p almos (unos 52,5 cm.) de ancho y 1´5 palmos (unos 31,5 cm.) d e fondo. El plazo de entrega abarcaba desde el 17 d e f ebrero hasta el día de carn estolendas siguiente, obligándos e a entregar dos carretadas diarias. N o se especifica prec io en el documento ; Apnjf. 1547. Oficio VIII. Gó mez Patiño. Fol. 160 y ss. 13 de f ebrero. Los canteros Alonso d e Ariza y su hi jo Juan de Ariza vend en a la Fábrica de San Miguel y a Alonso Guarnid o, su mayordomo y Pedro Fernández de la Zarza como ma estro mayo r, 700 sillar es (d e los que c aben cinco en carreta da), 150 prendientes ( 5 en carreta da) y 10 0 entablamentos (5 en carr etada) a p recio cada uno de es to s cort es de 60 maravedíes cada carretada. Ademá s, los can teros se obligan a suministrar el ripio que les pidie se n, a precio de medio real la carretada, además de to da la cantería que les fue se solicitada. El plazo de entrega abarcaba un año que comenzab a a contarse el día del oto rgamiento. 685 APNJF. 1550. Oficio XVIII (VII). Simón García Copín. Fol. 555 y ss. 26 de octubre. El can tero puertorrealeño Juan Alon so r econoce haber recibid o de la Fábrica de San Migu el, representada por su mayordomo Antonio del Alcázar, 660 reales en pago de la citada cantidad de piedra, al precio de tres reales meno s un cuar tillo cada vara, medida histórica equi valente a unos 83´5 cm.. La piedra hab ía de entregarse desde el día de la firma del documento co nforme la iglesia la fuese demand ando y tenía qu e estar entregada por completo a finales del mes de noviemb re siguiente. 360 a primera vista, al igual que sucedía en el caso de Riaño y el propio Fernández de la Zarza , o como sucedi ó con Hernán Ruiz y sus ma estros colaborad ores 686 . Martín de Gainza, que había trabajado como aparejad or en las obras de la catedral sevillana , dirigid as por Diego de Riaño desde 1529, ocupa el puesto de éste a su m uert e continuand o las dependencias inconclusas tras su falleci miento en 1534. Se co ns tata su intervención en la conclusión de varias depen dencias de la Catedral Hispalense, como la Sacristía de los Cálices y el Patio de los Óle os, así como en el cerra miento de la Sacristía Mayor de dicho templ o , efectuado entre 1538 y 1543. Además, bajo su dirección s e inician las obras d e la Capilla Real del mism o edificio, ejecutá ndose la mayor parte del edificio bajo su atenta mirada. M oral es, le califica como un “cantero metido a arquitecto ” , llega ndo a afirmar que “Gainz a es una persona que domina su oficio de c antero, que tiene habilidad para la construcción. S i n embargo, n o posee dotes para el diseñ o, careciendo asimismo, de las cualidades específica s de un buen arquitecto: le falta la capacid ad creadora. De todo ello dio buena prueba a lo largo de su vida profesional, tanto en la catedral sevillana como en las demás obras que efectuó fuera de este recinto” 687 . En el caso de San Miguel no se puede deci r que su actuación sea excesivamente arriesgada, si bien pienso que aquí su aparejador, Fernández de la Zarza, tuv o que gozar de amplias libertades en su oficio. Es to queda manifiesto por dos motiv os. Gainza es taba o cupad o en varias obras del Arzobispado Hispalense, dirigiendo la construc ción de iglesias en Carmona , Arcos de la Frontera, Aroche, Encinas ola, Aznalcázar, Aracena y Chipiona, además de la s citadas en la Catedral de S evilla, que eran de gran envergadura. Por o tr o lado, Fernánd ez de la Zarza era un maestro experimentado que po sible mente había llegado a intervenir en las trazas de San M igu el, edificio en el que llevaba trabajand o, al menos, desde 1 528. Así que no deb e extrañar que Gainza dejara libertad al aparejador, o cu pándose tan sólo de la traza de algunos elementos y de la supervisión del resto de la obra, teoría que se ve reforzada por la inclusión de la firma de Fernández en la bóveda de la capilla del Socorr o, en la que plasma su no mbre como reivindica ción de su papel creativ o. Además, la colaboraci ón entre ambos maestr os n o se acabó en la obra de esta iglesia, sino que es casi seguro que ambo s fueron los creadores del cuarto de esfera con que se remata la capilla de la Lim pia Concepción del convento de San Francisco, com o ya se indicó en un artículo publi cado en 2005 688 . A título informativo, hay que indicar que el aparejador era contra tado por la Fábric a de San Miguel anualm ente y que, s egún se desprende de la docume ntación analizada, r ecibía de salari o anual do s cahices de trigo 689 . La culminación de la nave de la iglesia de San Miguel no fue exces i vamente arrie sgada, si bien esta afirma ción merece ciertas m a tizaciones que se realizarán conforme se analicen uno por uno los element os que la componen, lo que se hará siguiendo el o rden cronológico de su construcción. 686 Remito al lector al epígrafe 1.2. en el q ue se analiza la relación labo ral que mantuvieron Hernán Ruiz II y Francisco Rod ríguez respe cto a la dirección d e las obras de las parroq uias jerezanas. 687 MORALE S MARTÍNE Z, Alfred o J.: “La arquitectura de la Catedral de Se villa en los siglos XVI, X VII y XVIII”, en La Catedral de Se villa. Sevilla. Guad alquivir. 1991. pp. 190 y ss . 688 ROMERO BEJA RANO, Manuel : Op. Cit. pp. 1009 y ss. 689 APNJF. 1548. Oficio VIII. Gó mez Patiño. Fol. 925 y ss. 13 de noviembre. Normalmen te el trigo se entregaba al maestro a comienzos d e cada año, pero en 1548 Fernán dez de la Zarza solicitó al mayordomo de la Fábrica de San Miguel, Antonio del Alcáz ar, adelantar el cobro a noviembre, a lo que éste ac cedió. En este docu mento el caballero veinticuatro F rancisco de Cuenca dab a fianzas asegurando que, pese a haber cobra do antes, el alb añil cumpliría con su obligación du rante tod o el año de 1549. El cahiz es una medida de capacid ad usada an tiguamente para áridos y gra nos. Equivale a uno s 666 litros. 361 La capilla del Sant o Cristo (FIG. 4.1.36.) , que hasta el siglo XVIII cumplió las funciones de Sagrario, construi da entre 1542 y 1544, supone una continuación, con leves v ari acio nes, de lo que se había efe ctuad o en el cerramient o del crucero, pues presenta una bóve da de crucería con combados. En esta ocasión hay cuatro claves secundarias ubicadas en el t ercio m á s cercano a la clave central de cada nervio diagon al. De esta s claves secundari as parte n combados, unos ultrase micircu lares que se diri gen h acia la clave secu ndaria más pr óxima tocando el extre mo del arco f ormero, y otros que van hacia el arranq ue de cada nerv io diagonal. En el interi or de cada uno de los combados ultrasemic irculare s hallamos un tondo con un motivo de candelieri en el centro, mientras q ue en cada uno de los peq ueños espacios conformad os por estos combados y los que se dirige n a los arranques de los n ervios diag onales aparecen un flor ón o un querubín. En los puntos en que lo s nervios principales realizan el enjarje con el muro perimetral se puede ver un par de m énsulas. La que está ubicada en el muro septent rional (FI G. 4.1.37.) tiene un marcado aspect o gótico, pues presenta una banda de decoraci ón vegetal situada entre do s baquetones mixtilíneos, quedando rematada en s u parte inferior po r una suerte de card ina. L a m á s cercana a la capilla mayor (FIG. 4.1.3 8.) presenta en la parte supe rior el mismo esquema de una banda de deco raci ón vegetal entr e dos baquetones, si bien éstos s on más anchos que en la otra ménsula y su planta es cilíndrica , dándole cierto aspecto columnari o. No obstante, la ménsula que remata la estructur a en su parte inferior, de planta poligonal y decorada con cardin as, tiene una apariencia gótica. Se aprecia como poco a poco van apareciendo en la obra con m á s frecuencia los elem entos d e la arquitectura clá sica, produ ciéndose un a lenta entrada en el te mplo de la est ética renacentis ta. La capilla inmediata, en la actualidad capilla de la Encarnaci ón (F IG. 4.1.39 y 4.1.40 .) , reviste bastante más interés, pues se trata de una o bra muy peculiar. Pese a que Hip ólito Sancho en 1934 aportaba datos inequ ívocos s obre la utilidad de est e espacio, que sirvi ó de sacristía hasta la construcción de la actual 690 , la terquedad de Esteve 691 en negar la ev id encia le hizo afirmar que era este espacio, y no la propia capilla del Santo Cristo, el antiguo sagrari o. En realidad, la actual capilla de la Encarnación era la primiti va sacri stía del templo, como ya habían indicad o Rallón 692 , Mesa Xinete 693 y el propio San cho. De idéntico sistema construc tivo que la capilla de 690 SANCHO DE S OPRANIS, Hip ólito: Op. C it. p. 68. El hi storiador portu ense cita a M esa Xinete y e l documento de venta de la cap illa del Santo Cristo a Gaspar de Pa strana, don de se indica que ese espacio (y n o la cap illa anexa ) es sagr ario. Por tanto, y an te pruebas documenta les irrefutab les , conclu ye qu e la custodia esculpida sobre el acceso de la Capilla de la E ncarnación, ind icaba q ue no era dentro de este espacio, sino junto a él, donde recibía cu lto el Santísimo Sacramento. 691 E STEVE GUERRE RO, Ma nuel: Jerez de la Frontera. Guía Oficial de Arte. Jerez. Jerez Gráfico. 1952. pp. 97 y ss. P ese a lo e scrito por Sancho , Esteve in sistía en 1952 en ub icar el an tiguo sagrario en la capilla de Nuestra Señora de la Encarn ación, “según consta en el archivo de la misma parroqu ia -a la que se ingresa por un ar co de medio pu nto almohadillado y sobre el que, en la c ornisa está un a c ustodia sostenida por áng eles- p rueba d e su an terior destino y c uya c apilla, interiormente cubierta por u na bóveda de cañón acaseton ada, e s ob ra de fines de l XVI” . Con estas línea s q ueda d em ostra do el escaso rigor d el señor Esteve, d el qu e permítaseno s dud ar que fuese capaz de trascribir ni siqui era un cinco por ciento de los docum entos que se guard aban en el Archivo P arroquial de San Miguel. 692 RALLÓN Y DE MERCADO, Est eban: Op. Cit. Tomo IV, p. 138. Rallón , que escribió su hist oria en el sigl o XVII, d escribe lo que ve e n el inter ior de San Miguel: “E n la nave de l Evange lio hac e testero otro hermosísimo retablo también de ta lla con la historia de Cristo Se ñor Nue stro, no tie ne altar ni si rve de mas que de a dorno del Sagra rio de la Par roquia donde se e ncierra el Biatico (Sic.) y se da la Comunión a los parroquiano s”. 693 MESA XINETE, Franci sco d e: Op. Cit. pp. 249 y s s. El canón igo, hab itualmente c ertero en sus apreciaciones y meticuloso a l c itar documentación original, afirma al hab lar de San Miguel que “hay asimismo en esta Iglesia la Cofradía del S anto Crucifijo , que sale de penitenc ia la S emana Santa , cuya 368 portada y se adentra hasta morir en el rincón de la capi lla. Justo en este punto, donde se produce el enjarje, hallamos bajo la banda una nue va m énsula formada por o tra de arcos apuntados co n caireles en su interior, rematada en su parte inferior por una nueva banda de motivos veg etales. El espacio se cubre con un a bóveda de crucería (FIG. 4.1.55 .) cuyos nervios repiten el mism o trazado del de la capilla del Socorro que, n o por cas ualidad, co menzó a constr uirse en 1 545. Quizás esta capilla de lo s P avones fue un ensayo de la solución que Pedro Fernánd ez de la Zarza tenía proy e ctada para su o bra maestra, si bien aquí ni se incluye deco raci ón escultórica en el plemento, ni las hiladas del mismo son concéntricas. En los rincones de la capilla lo s enjarjes no terminan en ménsulas, sino que desciend en hasta el suelo en estructura s circulares. Las dos corresp ondientes al muro meridional de la capilla son muy similares a los pilares primitivos del templo 714 : los baquetones recogen las nervaduras y los llevan hasta un ancho basa mento, si bien aquí el r emate superior del pilar, formado por una banda de decoración vegetal, no p resenta planta mixtilínea, sino circul ar, quizás por l o estrecho del espacio, lo que confier e a estas estructuras un asp ecto col umnari o. El enjarje correspondient e al muro septentri onal sustituye las líneas de baquet ones por una estructura cilínd rica, con lo que el aspect o columnari o se ve acentua do. La capilla ma yor, última parte en construirse del cuerpo de la igl esia, es t ambién la qu e muestra una mayor influencia de la estética renace ntista, sin dejar de ser una obra gótica, pues bien por vo lun tad de los maestr o s o de los beneficiados de la parroquia el edificio se concluye con un marcado acento medieval. Los muros est án coronados por un grueso entablamento (F IG. 4.1.56 .) compuest o por una banda de ondas sobre la que se ub ica o tra con ovas, otra con gotas, un ancho toro, otra banda con ovas y por último otra de gotas. Estos muros están abiertos en su primer tramo por sendos arcos apuntado s que dan acceso a las capillas del Socorro y del Santo Crucifijo. En el tramo de muro que sube d esde el entablamen to hay a ambos lados una ve ntana formada por un arco de medio punt o que, tan to al interior como al exterior del tem pl o, presenta un friso rodeán dola compuesto por una banda de gotas, otra d e ovas y otra nuevamente de gotas. Este prim er tramo de la capilla m ayor se cubr e con una bóveda de crucería (FIG. 4.1.58 .) con terc eletes en los cuatro campos de plemento que forman los nervios diagon ales. De la clave de lo s tercele tes ubicados sob re los muros perimetrales parten tres combados. Do s de ellos se bifurcan para acabar m u ri endo en un pa r de guirnald as de filiación portuguesa ubicadas en el nervio principal más cerc ano, mientras que el otro también se bifurca, m uri endo en el nervio perimetral. En la zona media de lo s terceletes ubicados sobre l os arcos f ormeros se puede apreciar un a cla ve secundaria de la que parten do s pares de combados, dirigién dose uno de ellos al arco formero más próximo para morir en él, y el o tr o al nervi o principal más cercan o, encontránd ose co n los combados qu e partían de los tercelet es ubicad os sobr e el mur o. En todo el ple mento hay tondos con representacion es figurati vas y en los tramos inmed iatos a la zona más alta de los arcos formeros, s e halla un m ot ivo de candelieri unido a roleos, figuras fan tásticas y tondos que, alternando con algunas de las claves, presentan representaci ones figurativa s entre las que se pueden disting uir los símbolos de los Cuatr o Evangeli stas, el pelícano como sí mbolo eucarístic o o San Miguel. 714 Recordemos q ue los ún icos qu e con se rvan el a specto ori ginal son los que se encu entran ad osados a los muros y la par te externa de los pilare s del crucero. [Document text truncated for crawler view.]