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Hugo Alvar Henrik Aalto: 1898-1976 el cálido viento del norte: Relatos de lo ya visto

Laborda Yneva, José

Abstract

A propósito de la conmemoración del centenario del arquitecto Hugo Alvar Henrik Aalto.

Full text

RELATOS DE LO YA VISTO HUGO ALVAR HENRIK AALTO, 1898-1976 El cálido viento del Norte José Laborda Yneva A propósito de la conmemoración del centenario del arquitecto Hugo 93 Alvar Henrik Aalto. S in duda, no es frecuente en la arquitectura un destello como el que supuso la trayectoria de Aalto. Un magnífico episodio cuajado de hermosas muestras edificadas cuya descripción no deseamos acometer ahora, seguros de que ocasiones habrá habido de que hayan podido ser abundantemente conocidas. Tampoco haremos cronología, ni catálogo, ni relación de obras principales. Recordaremos, en cambio, lo que entendemos esencial de su arquitectura: esa postura intelectual que supuso la renovación del concepto de relación entre lugar y edificio, siempre añorada por la arquitectura y completamente diferente en sus resultados desde que Aalto la supo proponer y demostrar a través de sus obras. Una actitud anhelantemente deseada por muchos de los buenos arquitectos contemporáneos que en ámbitos geográficos distintos y a veces contrapuestos a los del Norte, buscan en el arquitecto finlandés pautas externas e internas para componer sus edificios. Ése será nuestro recuerdo a Aalto en el centenario de su nacimiento. Un recorrido por la esencia de su pensamiento, origen y argumento de cuanto dio lugar a su obra construida. Comprenderemos así que su figura no resulta en absoluto clasificable en lo que ha dado en llamarse movimiento moder- - XCIII - ASTRAGALO, 09 (1998) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1998.i09.11 Arquitecto, crítico de arquitectura y editor, director de la Cátedra de Arquitectura de la Institución Fernando el Católico, CSIC. 94 no. Ni su cálida valoración del entorno, ni su respeto por la tradición, ni su expresión plástica permiten en modo alguno encontrar motivos para incluir la arquitectura de Aalto entre las pautas descontextualizadas de la arquitectura internacional, pese a los esfuerzos de muchos por captar su talen- to para ennoblecer tendencias racionalistas desprovistas de sentimiento. De igual forma resulta vano tratar de internacionalizar su arquitectura. La arquitectura de Aalto -aunque no quepa ser limitada a un ámbito meramente nacionalistaes, ante todo, nórdica y finlandesa y fue Finlandia el sustrato cultural y orgánico donde tuvo lugar el cúmulo de las circunstancias que permitieron madurar su genial comprensión del espacio edificado. En Finlandia, y en los restantes países del Norte, es donde aparece nítido el esmero secular por el oficio, por la valoración del interior de las cosas; donde la aceptación de las circunstacias geográficas y climáticas origina toda una cultura reservada al detalle, a la calidad de lo habitable, fruto de la necesidad de encontrar ambientes que mitiguen el rigor extremo de un exterior impracticable durante gran parte del año. El gusto por el encuentro con lo humano, el desarrollo íntimo de la relación entre las gentes, la necesidad de encontrar privacidad y abrigo en la arquitectura es lo que potencia en el Norte las actitudes basadas en el desarrollo de la pericia, en el diseño introspectivo de lo necesario, en la reflexión sobre la forma, lejos de las propuestas de otras culturas más cálidas y agrícolas -como lo es la nuestraque encuentran en la relación exterior su también admirable forma natural de expresión. Por eso, la arquitectura de Aalto, íntima, enraizada en su medio, respuesta genial a las condiciones de su entorno, no resulta en absoluto extrapolable a otras latitudes pese a que su manifiesto atractivo la convierta en tan deseable por muchos espíritus sensibles que buscan y no encuentran en su propia geografía referencias válidas para sus propósitos. Además, el hecho de que Aalto pertenezca por edad al ámbito temporal de los discípulos de los primeros maestros del Movimiento Moderno, permite establecer una primera gran diferencia entre su formación y la de quienes necesitaron adoptar la ruptura como forma de rechazo a los precedentes decimonónicos. Aalto no precisó ser militante para renovar la arquitectura, ni experimentó las circunstancias que otros arquitectos alemanes y centroeuropeos debieron afrontar para superar la Gran Guerra. Fueron Loos, Taut, Dudok, Gropius quienes se enfrentaron con la necesidad de señalar los cauces de la arquitectura del siglo XX. A Aalto le cupo la suerte de avanzar sobre ellos, de ejercer una vez más esa actitud elaborada que caracteriza la esencia finlandesa. Sus resultados, por eso, poco tienen que ver con el primer racionalismo, tan utilitario, tan ajeno a su entorno, tan extrapolable artificialmente por ello a cualquier lugar. La de Aalto, en cambio, es un arquitectura basada en la razón de las cosas, y contrapuesta en su esencia al ejercicio racionalista militante. Una arquitectura fundada también en el sentimiento -se diría que eso la vuelve también partidaria del Surimposible de compaginar con la linealidad a ultranza. Arquitectura infrecuente, repleta de anomalías, de sabias adaptaciones al uso, de esmero, de respeto por la tradición visual y ambiental. Una organicidad necesaria para encontrar respuesta -XCIV- a la necesidad orgánica del desarrollo de la actividad humana. Por eso su arquitectura aparece tan vinculada con la valoración de la escala, con el entendimiento del hombre como motivo final de la creación del espacio. Aalto permanecerá fiel a las raíces atávicas del diseño, y en su deseo de adaptarse a las circunstancias del paisaje, establecerá en su arquitectura una continua relación con las referencias visuales de cada lugar. Su arquitectura aparece plena de matices, sujeta a los estímulos señalados por el detalle en la calidad material y, al mismo tiempo, definida por el entronque entre la forma y su implantación. Es la unión entre arquitectura, entorno, oficio y función: una relación que produce un resultado permanentemente en pos del hombre y su circunstacia. Un estilo, irrepetible, fmjado en la revisión de las propuestas ortodoxas de la modernidad que habían supeditado a la técnica y a la serie el resultado de la arquitectura. En Aalto, en cambio, la serie no tiene lugar y la técnica aparece como un factor constructivo, sin condicionar con su fría eficacia la razón de ser de la arquitectura. Una opción poética, diversa en su resultado y en su capacidad evocadora, provista de todo el indescriptible atractivo que traduce una esencia interior susceptible de ser interpretada de manera siempre distinta. Es la libertad compositiva, la propuesta de lo orgánico, el rechazo de la rigidez, el método matizado por la intención, la intiución que sólo pueda lograrse mediante el largo desarrollo de la reflexión; la búsqueda, en fin, de una idea capaz de reunir mediante la forma las variables intelectuales y funcionales que convienen a cada propuesta. La arquitectura de Aalto surge entonces como un conjunto de la evaluación de factores subjetivos 95 en busca del ritmo y la sugerencia que dimana del ejercicio de la sensibilidad. Una influencia espiritual que todo lo comprende. Es la reunión entre razón y sentimiento perseguida desde el tiempo de la Ilustración como paradigma del concepto último del arte. A ello cabe añadir el esfuerzo por la transformación del medio, la busqueda de la armonía entre el hombre, la arquitectura y la naturaleza, aprendida a través de una capacidad de percepción infrecuente, dispuesta a relacionar lo subjetivo con lo material. Desde esa opción de sensibilidad permanente, la arquitectura se convierte en un vínculo de relación con la realidad natural. Un sistema diverso y sugerente, matizado por el efecto siempre cambiante de una luz que permite diferenciar el espacio, asumir el paso de las horas, introducir variedad en la percepción de la sombra, de la penumbra, de la claridad natural y del afecto artificial de la iluminación nocturna. Luz que resbala sobre la textura, que ordena y diferencia ambientes y promueve sensaciones apoyadas por el color, entendido en sí mismo como una nueva fuerza argumental de la expresión poética. Aalto recupera el valor de lo natural en toda su múltiple expresión, síntesis del encuentro con la riqueza secular que proviene de las pautas visuales del paisaje que el hombre ha tratado siempre de interpretar. Una percepción diferente de la que propuso un Movimiento Moderno alejado interesadamente de su entorno, ignorante del perverso efecto de contraste entre lo lineal y lo orgánico. - XCV - ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 96 Aalto, por el contrario, propone en su arquitectura una fluencia espiritual y espacial infrecuente, plena de una modernidad sin estereotipos, sin soluciones de repertorio; una moderna manera equiparable a la poética que Bramante fue capaz de sugerir a través de sus espacios transgesores, en el lejano tiempo de la vanguardia antigua. La arquitectura de Aalto se sustenta sobre todo en la libertad, en su arbitrariedad aparente, en la sorpresa de sus ritmos. Un conjunto de sensaciones visuales que participa de la expresión de los contornos, allá donde la abstracción de la forma orgánica se hace reconocible a través de las imágenes y enraizada en la memoria de las cosas, capaz de relacionar la estricta linealidad con la sensualidad ondulante del espacio interior. Un espacio repleto de sensaciones diferentes, dispuesto siempre a relatar una relación entre función y habitabilidad plena de ese carácter abstracto y admirable que evoca el recuerdo. Estamos en el centenario de Aalto y acaso debamos ahora ser capaces de interpretar el sentido último de su arquitectura más que asumir directamente su literalidad construida. Por eso es tan importante difundir la teoría como factor intelectual, generador de posibilidades en un tiempo tan necesitado de respuestas coherentes a la relación entre el hombre y la arquitectura. - XCVI -