España bajo el reinado de la casa de Borbon : desde 1700, en que subió al trono Felipe V, hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1788. T. 4
Abstract
Bibliografía de mss. : p. IX-XII
Full text
BAJO EL REINADO
DE LA CASA DE BORBON,
Desde 1109
9
en que subió al trono Felipe
11
.
9
hasta lt
muerte de Cárlos JIII,acaecida en ILISS.
ESCRITA EN INGLÉS
/
-
á)2 ZW21122220 MO2,23
Y TRADUCIDA AL ESPAÑOL CON NOTAS, OBSERVACIONES Y IIN
APÉNDICE,
POR DON JACINTO DE SALAS Y QUIROGA.
TOMO IV.
MADRID: 4847,
ESTAIBLECUMENTO TWOGILAFICO
DE
D. F.
DE
P.
MELLADO.-
-
Editor.
dit
Ics
Pa
re
cul
111
CAPITULO ADICIONAL.
Ensayo relativo al reinado de Fernando II.
SECCION PRIMERA.
.kDIIINISTRACION.-POIATICA ESTER/011.
No puede menos la historia de recordar con respeto
y gratitud, la memoria de Fernando VI. Aun cuando no
tuviese otra buena prenda' mas que su amor ardiente á
la paz de sus pueblos, bastaria este sentimiento para
darle un lugar distinguido entre los monarcas españo-
les. Dos siglos de guerras emprendidas las mas con fines
particulares, y atendiendo á los intereses de las familias
reinantes, y á veces por motivos menos dignos de dis-
culpa, tenían empobrecida la nacion y exhausto el teso-
ro público. Hasta el mismo reinado del padre de Fer-
nando no era otra cosa mas que la continuacion desas-
trosa de esta mala direccion , por que hahia sido necesa-
rio , para satisfacer la ambicion de Isabel Farnesio,
comprometer á España en largas y costosas guerras.
Apenas Fernando , pacífico á un mismo tiempo por
carácter y reflexion, subió al trono, se dió prisa á for-
mar la paz, en cuantó se le ofreció la ocasion de termi-
nar la guerra sin faltar al honor ni á la dignidad de su
corona. La reina Bárbara , poco dispuesta á partir con
6
CAPITULO ADICIONAL.
nadie, fuese quien fuese, su influjo y poder, y á 'quien
las gestiones de los ministros, ndó
tanto nacionales como
estrangeros , daban celos , segu maravillosamente
las disposiciones pacíficas del monarca. Durante los
trece años que duró este reinado, toda la política del
gabinete español se limitó á conservar la neutralidad
Inas
rigorosa entre las naciones europeas.
La línea de conducta de los ministros de un rey
como Fernando estaba trazada de antemano; no podian
cumplir mejor con las intenciones de este príncipe que
halagando su feliz pretension á la conservacion de la paz,
y luchando sin cesar contra los esfuerzos que hacían
los gabinetes estrangeros para comprometer á España
en
una guerra. Los dos ministros mas influyentes de
aquella época, Ensenada y Carvajal, estaban divididos
en cuanto á las alianzas que pudieran convenir á la
nacion, inclinándose el uno á la Francia y á Inglaterra
el otro ; pero, en medio de esta oposicion de sentimien-
tos existia un centro comun en el que se reunian , esto.
es la conservacion de la paz y la neutralidad de Esp.–
lía , objetos constantes de los deseos del soberano.
Como este fué el sistema político seguido constante–
mente, de que ningun ministro se apartó, ni siquiera
despues de la caida de Ensenada , no se podia dar á,
conocer mejor los pensamientos del gabinete español
que sometiendo al examen del lector el informe
(1)
dirigido á Fernando VI por este há ministro , el cual
encierra todo el pensamiento_de l go_ ierno en lo relativo
á
la política esterior , é i fi
d
ny os detalles importantes
que dicen relacion con los diferentes ramos de la ad–
ministracion.
El deseo del gobierno p
es añol era el de obrar, con
entera independencia , tanto con respecto á Francia
como á Inglaterra. A. este
j
beto se dirigían las miras
ilustradas y patrióticas del marqués de la Ensenada.
i
Carvajal, a juzgar
p
or las ideas que ha dejado consigna-
das en su
Testamento político,
al Mismo tiempo que
1;
toi
la
sEcelorz
PRIMERA.
mostraba hacia Francia un deseo que se asemejaba al
odio, no por eso , se hallaba tan dispuesto á favor de
Jnglatexra., que consintiese en sacrificar los intereses
nacionales. «Para que nuestra alianza con los ingleses,
interese
decia, sea sincera de ambos lados, preciso es allanar
los obstáculos que ahora existen. Que nos devuelvan á
Gibraltar y Máhon, porque el honor de nuestra nacion
no puede tolerar una colonia estrangera en las costas
del reino. » Hablando
,
de la marina , añade: «En tanto
que no tenga España cincuenta navíos de línea , de los
cuales sean veinte y cinco de setenta cafiones,y los otros
veinte y cinco desde setenta hasta ciento y veinte ,
.
j
veinte y cinco ó treinta fragatas desde vejete á
cincuen-
ta cañones, no podrá hacerse respetar, á lo que entien-
do ; por lo mismo , debe ocuparse sin treguas en
aumentar su marina (2).»
Estos sentimientos de Carvajal se fortalecieron mas
tarde, cuando, hallándose en el ministerio , fué testigo
del ardor con que su soberano queda la independencia
de su corona y la paz de su pueblo ; cuando vió sobre
todo su deseo de permanecer completamente entraño á
las querellas que agitaban á las denlas potencias. El
desacuerdo entre Carvajal y Ensenada tenia por objeto
mas bien ciertas hipótesis que la política que debia
seguirse. Las cuestiones en que podian hallarse divididos
eran mas bien teóricas; por lo lemas, estaban acordes
en la necesidad de aumentar las fuerzas de España,
guardando equilibrio entre las potencias rivales , tales
como Francia é Inglaterra.
En la córte de Fernando todo respiraba paz y neu-
tralidad. Don Ricardo Wall, nacido en Irlanda , afecto
á Inglaterra, cu
y
os agentes lo pintaban como favorable
a sus intereses,
cuyo
al llegar á Madrid, el re-
pentino influjo de esta pacífica atmósfera. Apenas se
encargó de la direccion de los negocios públicos , se
adhirió á la política cuerda y verdaderamente nacional
que
dominaba en el gabinete de Madrid. No sin un
CAPITULO ADICIONAL.
8
vivo dolor anunciaba el ministro británico á su gobierno
1
,11
que Wall no se atrevia, por lo menos de un modo ma-
\
nifiesto , á abrazar los intereses ingleses, y que se hacia
del todo español.
1'
/1
1
NEGOCIOS ECLESIASTICOS.
El concordato entre Fernando VI y Benedicto
se firmó á 20 de febrero de 4753.
Las principales disposiciones de este concordato
quedan relatadas en el capitulo LVIII, y por eso_, no
o
las repetimos aquí, limitándonos á consignar que Es pa-
ña se libertó por medio de este tratado, á enormes
sumas que, hasta entonces, acostumbraba a enviar á
los
Estados romanos. En el informe canónico legal, escrito
en virtud de real órden , en 4746, por el fiscal de
la
cámara de Castilla, don Blas de Jover , con motivo de
las supervivencias de beneficios, obra cuya redaccion se
atribuye á don Gregorio Mayans
5
se establece que,
segun la autoridad del historiador
de
Felipe II, Cabre-
ra, en un periodo de treinta años , este solo artículo y
el de las dispensas matrimoniales y otras, habla produ-
cido á Roma L500,000, ducados romanos enviados
solamente de España, añadiendo que, á principios del
siglo XVIII, todavía
ascendsan,
cada año, en todos los
estados de la monarquía española , á 500,000 escudos
romanos, que era con escasa diferencia, la tercera par-
te de lo que Roma sacaba de toda la cristiandad.
Es evidente que la disminucion de suma tan con-
siderable era un beneficio para España , aun sin mirar
el concordato masque bajo el aspecto únicamente econó-
mico , y haciendo abstraccion de las ventajas que
la
religion no podia menos de tener en que la eleccion de
personas investidas del poder espiritual se hicieran con
pleno
c
onocimiento de sus virtudes y saber.
Los
c
oncordatos con la córte de Roma,
tiempos
de Felipe V, habian dejado subsistir tdavía °Tan-
b
SECCION PRIMERA.
9
des abusos que era urgente destruir, entre otros, el que
merecía, por parte del gobierno una atencion especial
era la presentacion para los beneficios eclesiásticos,
para los que suponía el papa que tenia derecho de
eleccion faltando a la prerogativa de la corona llamada
patronato real. El concordato de
1753 restitu
y
ó este
derecho al rey de España , quedando
,
solo reservados
para el papa cincuenta y ocho beneficios
elesiasticos.
Esta transacion fué causa tambien de que cesase
el tráfico escandaloso de las cédulas bancarias. He
aquí en lo que consistía semejante abuso: durante
mucho tiempo la corte de Roma se habla atribuido el
nombramiento para los obispados de España , así como
para los beneficios, por cuya razon las mas de las veces
los desempeñaban estrangeros. Sus familias se enrique-
cían con sumas considerables sacadas de la nacion. Por
último se consiguió el devolver á la corona la eleccion
de
obispos: pero entonces se pensó en recargar los obispa-
dos y demas beneficios con pensiones. Tampoco tuvo
buen resultado esta medida , porque no tardaron en
abolirse las pensiones, lo cual no bastó para que retro-
cediesen los romanos, cuyo genio inventivo descubrió
el modo de cobrar una especie de impuesto al clero es-
pañol, con las cédulas bancarias, nombre que espresa
bien la naturaleza de los compromisos que vamos á
esponer.
La Dataría de Roma designaba á un español que
pudiese, en clase dé tal, obtener pensiones que habian
de pagarse de los beneficios. Era por lo general, un
hombre sin consideracion que vendía su nombre lla-
mándose por esta razon
testa ferrea.
Este era el agente
confidencial, como el que servia de escudo para las
pensiones concedidas á, él ostensiblemente, pero cuyos
propietarios eran otros designados por el papa. Por
muerte de estos cesaban las pensiones y no las del
testa ferrea ;
porque la
Datarla previsora designaba
siempre á otra persona
y
declarando que esta sustituta
110
.111:1111
:1
1
11
10
CAPITULO ADICIONAL.
n
el cobro
de las pensiones en caso de muerte natural
ó civil de la que prestaba su nombre. Las pensiones se
concedían tan solo por seis meses.
A menudo atonte tia que no se designaba las perso–
nas á quienes se destinaban las pensiones , de lo cual
resultaba que un poseedor de beneficios , que había
desde luego hecho la consignacion del imparte de la
pension de seis años, no tenia resguardo ninguno para
reclamar el reintegro. En otras ocasiones , la persona.
que se encargaba en la Dataria, de libertar el beneficio
de la carga de la pension, consentia en
hacer el sacrifi-
cio de un año, no debiendo recibir mas que el importe
de cinco , de lo cual resultaba que ,'si llegaba á morir
esta
persona, el poseedor del beneficio no tenia
medio
ninguno de recobrar las cantidades que 'labia desem-
bolsado.
lié
aquí , pues cual era la intervencion que los
banqueros
tenian en estos negocios. Cuando la Dataria
anulaba las cédulas con la condicion de pagar al conta-
do el valor de la pension. anual de cinco años, se exigia
que una casa de giro saliese responsable del pago, y
que hiciese una obligacion formal de hacer estos pagos
en seis años. Esta era la
cédula bancaria
que
debla siem-
pre preceder á la espedicion de las bulas. Como no
consentia el traficante á salir garante sino mediante
crecidos intereses, con estos pagaba el importe
de la
'suma total, y el capital entero le
quedaba como benefi-
cio de su operacion.
Los que habian sido
b
a
er
raciados con beneficios,
ficios,
muy
satisfechos con su nombramiento, llegaban
á menudo á
España sin haberse cuidado de poseer documento ninga
no que les
b
sirviese de garantia, y solo sabian que tenian
deber de pagar una pension , pero sin saber siquiera á
á
quien.
Si llegaba
morir la persona á favor de quien
se
Babia espedido
la pension ,
garantia de la Datar
i
a, conservaba lase
recogía
e
l abna
tindqaudeesroqusue
hubieran debido en aquel caso, al propietario del beim-
1
gl
,
sEccum
PRIMERA.
11
fiCiO.
Cuando las personas quo disfrutaban de una renta
anual con 'estas pensiones, se hallaban apuradas , les
proponia elbanquero el anular la cédula, contentándolos
con el valor de dos ó tres años de su pension. Si eran de
edad avanzada, ó estaban sujetas á una enfermedad
grave
y
peligrosa, se escribía al poseedor dolos benefi-
cios , proponiéndole el hacer anular la pension por el
valor de cuatro años, entregándole, al punto los otros-
dos. Por lo general, se aceptaba el ofrecimiento , v en
todo caso, resultaba que el prestamista beneficiaba el
valor de cuatro anualidades.
Omitiremos el hablar de otras infinitas especulacio-
nes parecidas, no menos vergonzosas que contrarias á
la dignidad del sacerdocio. Eran tau numerosas, que
Felipe Hl dirigió á su embajador en. Roma una memoria
reclamando contra los abusos de lo que se llamaba
testa l'urea ;
tambien las cortes de 1632
.
se elevaron
Contra las cédulas bancarias y contra los abusos es-
candalosos que nacian de ellas (3) .
Fué, pues , uno de los mas importantes beneficios
que tuvo que agradecer España al gobierno de Fernan-
do
VI,
laabolicion de este impuesto que pagaba el clero,
el cual hacia que saliese del reino para el estrangero
una parte considerable de la riqueza nacional. El con-
cordato•de
1753 conservó, empero á la córte de Roma la
posesion en que estaba • de conceder las dispensas de
los impedimentos canónicos del matrimonio , como asi-
mismo otras muchas varias prerogativas. A consecuen-
cia
de esta concesion salen todavía de España sumas
considerables. Segun la nota de las cantidades que
Vspaña,
ha debido pagar por bulas y breves á Roma en
los últimos tiempos , presentada por la cornision á las
córtes de 1821 , apoyando el dictamen para probar la
necesidad de impedir la salida de dinero para Roma, y
que
se hallaba firmada por el agente general de preces
don Gabriel de la Vega y Castillo y por-el agente
de S. M. don Manuel José Quintana, resulta que, desde
8
CAPITULO ADICIONAL.
4
4,000,000 , Francia 3.000,000 y
1.000e000
1
r
amo
(1h0a)_.
lié aquí las medidas adoptadas en
r
cienda en tiempo de Fernando:
1.
0
Un impuesto de 10 por 100 e n las rentas.
2.0 Cincuenta por 100 en las sisas y arbitrios de
las ciudades.
3.° Cincuenta por 100 impuesto á los gremios á
razon de sus respectivos capitales.
4.° Un empréstito de 500,000 duros adelantados
por la compañía de Gu
i
púzcoa.
5.° Se afectó al tesoro la tercera parte de las ren-
tas, derechos
y
cargas enagenadas en otro tiempo por
la corona.
6.° Los ministros y personas de la servidumbre
real, contribuyeron al tesoro con la décima de sus
sueldos.
7.° A los arrendatarios se exigió un donativo forzo-
so proporcionado á su riqueza.
8.° Se acuñó el oro y plata vendido en la casa de
moneda por los particulares.
9.° Se prohibió el usar carruages con mas de dos
mulas, bajo penas pecuniarias.
10.
Se vendieron los pastos de la Serena.
11.
La tesorería descontaba letras (11).
Con respecto á
.
esta última medida, proponíase
marqués de la Ensenada facilitar al comercio las ope-
raciones de comercio,
pagando en
el estrangero las
mercancias remitidas
álEspaña.
Como la circulacion
cambio estaban poco adelantados, la corona se vió en
la necesidad de adoptar negocios de giro, razon por la
que el gobierno habia tenido que establecer manufac-
turas. Tal vez habia mas benevolencia y deseo del
bien en estas medidas que verdadero conocimiento de
la ciencia económica Así es que el giro vino á menos
en cuanto se multiplicaron las
casas
de
comercio que
tomaron esta clase de negocios.
DEUDA PUBLICA.
De todos los monarcas que han reinado en España
durante el espacio de tres siglos, solo Fernando VI
murió sin dejar deudas que pagar á sus sucesores. Se
le acusa, empero, de no haber pagado las obligacio-
nes que la corona habia.contraido durante los reinados
anteriores, no por mala fé, verdad es, sino porque
asustado al considerar la pesada carga legada por los
gobiernos anteriores, trató de libertarse de ella, pen-
sando en hacerlo de modo que su conciencia quedase á
cubierto.
lié
aquí lo que pasó.
Hemos dicho ya, al analizar la administracion de
Felipe V,
cuál
era el desórden en que se hallaba la ha-
cienda, durante el reinado de los monarcas austriacos,
y que de allí nacieron los innumerables créditos lla-
mados juros. Felipe Y no solo habia reducido á la mi-
tad el interés de estas obligaciones, sino que en sus
dias, se tomaron varias medidas para su amortizacion,
especialmente en 4727 y 1732 (42).
A
su
advenimiento,
Fernando VI, asustado al ver las deudas crecidas que
hablan dejado su padre y los soberanos anteriores, con-
vocó una junta compuesta de obispos, de ministros y
letrados, á la que sometió la siguiente pregunta: «
A.
tal punto está obligado el rey á pagar las deudas de
sus antecesores, que no haya medio, de suspender el
pago de aquellas obligaciones ? Se decidió de un mo-
do negativo, lo cual dejó descargada la conciencia del
Tey.
Por un decreto
de
4748, se mandó que se hiciese la
liquidacion de todos los créditos anteriores
al adveni-
miento
del rey, cu
y
o pago se prescribia á medida que
lo permitiese el estado del tesoro. Al principio, se des-
tinaron para este objeto
60.000,000, pero otro decreto
-de 2 de diciembre de 4749, afectó, para esta atencion,
4.000,000 de reales. Esta suma se fijó, el 27 de oc-
Ejército.
.
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
.
500,000
50,000
.
600,000
500,000
.
750,000
•
.
Marina.
• •
•
.•
Servidumbre real. .
Ministros y tribunales.
Otros créditos. . .
20
CAPITULO ADICIONAL.
tubre de 1756, en 2.000,000 cuya distribucion se es-
tablecia así entre los diversos créditos atrasados:
Rs.
VN.
erize ./r/o.
Así, segun vemos, el deber de pagar las deudas de
la corona parecia sagrado á Fernando; pero quería sa-
tisfacer con preferencia las de su reinado. En su testa-
mento, encargó á su sucesor Carlos III, que en primer
lugar, pagase estas, sin olvidar las de los reyes, sus
antecesores, tan luego como lo permitiesen las cargas
de la corona.
Tal es la verdad de los hechos tocante á lo que se
llama la banearota de Fernando VI. No se puede cier-
tamente dar elogios á una medida que perjudicó tan
notablemente á los acreedores del estado, ni aprobar la
clasificaciou de deudas que tanta diferencia introdujo
en la condicion de los acreedores, pero en principio
reconoció Fernando que debia pagarlas el estado.
MARINA.
La administracion del marqués de la Ensenada fué
notable por el fomento de
la marina. Ya se ha visto,
por su informe, la atencion
con que se dedicó á este
ramo, y las miras estensas de este ministro hábil, al
calcular el influjo que
debia tener en la suerte de Es-
paña el poder marítimo.
lié aqui el estado del ejército naval, á fines del reí,-
lado de Fernando
VI en
4758.
•
•
•
SECCION
unan,
Componase de ochenta y cinco buques á saber:
•
2 de 80 cañoneS.
Navios de línea. •
, 44E36 de 70
6 de 60
Fragatas. •
•
•
•
2 de 50 cañones.;
3 de 30
19 7 de 26
2 de 24
5 de 22
Jabeques. .
1 de 30 cañones.
3 de 48
.
4 de 46
2 de 14
Pailebotes.
•
•
•
o
E
1 de 16 cañones.
1 de
14
Bombardas.
•
•
a
4
de 8 cañones.
Esta fuerza marítima
costó el mismo año:
Rs.
VN.
Para provisiones.
. .
. .
El departamento del Ferro'. .
El de Cadiz.
.
-
•
.
•
•
El de Cartagena. .
Total.
. .
4.637,405
49.980,890
. .
21.606,936
.
/6.978,275
63.203,206(13).
INDUSTRIA Y COMERCIO.
Las mejoras conseguidas en la
recaudacion
de
las
contribuciones facilitaron los adelantos de la industria
92%
CAPItULO ADICIONAL.
y del comercio. Espidiéronse varios
decretos para su
fomento.
t
o
Se concedió una esencion total de derechos
los aguardientes trasportados de un punto a otro de la
P
enínsula, ó que se esportasen al estrangero, sujetan
-
do al pago de los derechos comunes 'á los aguardientes
introducidos en España del estrangero.
2.° Se disminuyeron los dereehos,en los, te idos de
seda á la esportacion.
3." Concediéronse varias franquicias para favore-
cer la pesca en los puertos de la península.
4
.
° Se prohibió la esportacion de las pieles de co-
nejo y liebre.
5.° No se permitió la introdetecion en el reino de
los tenidos fabricados en el estrangero con plata y oro
falsos.
6.° Se dejó libre de derechos el trigo y el maíz,,
trasportados por mar de un punto á otro del reino.
7.° Se prohibió la esportacion de trapos.
8.° Se designaron las compañías, fábricas y objetos
manufacturados que debian disfrutar de la esencion
de
derechos, y las que continuarian sujetas al pago.
9.
Se permitió la esportacion libre de todo derecho;
real ó municipal, de los granos, vinos y aguardien-
tes, en buques españoles; estos artículos embarcados
en buques estraugeros tendrian que pagar los dere-
chos reales, pero no los municipales.
10.
41 mismo tiempo que se prohibia los objetos
fabricados en el estrangero con oro falso y plata de
igual clase, se designaban todos los de la misma na-
turaleza que seria licito fabricar y reunir en lo inte-
rior del reino.
Dificil fuera decir, á pesar de estos decretos, si elgo-
bierno se hallaba adornado de todas lasluces necesarias
para proteger la industria y comercio. Hasta á, veces
habia en estas concesiones algo que, revelaba un siste-
ma mezquino y pensamientos poco vastos. Cierto es
SE-CCION PRIMERA.
23
que, en 1756, se permitió á una compañía mercan-
til, formada en. Barcelona, que hiciese espediciones
para Santo Domingo, Puerto–Rico y b
Mar
o
urita; pero
concediese este, privilegio con tantas restricciones que
ni siquiera intentó hacer uso de él la compañía.
s
El ramo de industria y comercio que mas llamó en
todos fiemos la átencion del gobierno, fué el de las
pesquerías Rabian esperimentado estas una gran
decadencia, desde que, á consecuencia de la cesion
que hizo Terranova á Inglaterra en el tratado de
Utrecht, no sepermitió á los españoles que fuesen a
pescar allí: España, si damos crédito á Ustariz, con-
sumia bacalao y' pescados estrangeros por valor de
3.000,000 de duros al año; cantidad qne por sí sola
hubiera bastado, si se, hubiese gastado en las provin-
cias marítimas del reino, para aumentar el número
de pescadores, así como el comercio y consumo de
géneros nacionales. En el reinado de 'Fernando Vi
no se omitió gestion ninguna para fomentar este ra-
mo de industria. Se solicitó con empeño del gobierno
inglés que permitiese pescar en el banco de Terra-
nova; pero se negaron á conceder esta facultad los
mihistros de la Gran Bretaña, por manera que nin-
gun fruto sacó España de las muchas notas diplomá-
ticas que se cruzaron. El gabinete británico empe-
ñado por los reveses que hablan sufrido sus armas en
conseguir la cooperacion amistosa de España y que,
con objeto d¿ obtenerla, propuso varias concesiones
importantes tales como la devolucion de Gibraltar, se.
mostró obstinada y tenaz en el artículo de la pesca del
banco de Terranova.
El pebre ministro Pitt, conde de Chatam, decía
hablanZ de esto al conde de Bristol, en una carta
escrita en Whitehall, á 45 de agosto de
4
758• «Se com-
place el rey en creer que, despues de tantas pruebas y
hechos incontestables, no insistirá España en reclamar
su soñado derecho, porque nada hay en los tratados
Q4
CAPITULO ADICIONAL.
que pueda aplicarse al presente caso, á menos que
ño se quiera razonar, como hace el ministro espgiol
en la carta que de él me leyó el caballero Abreu,
en
la que me dice que siendo escaso en España el ba—
calao, ha juzgado conveniente S. M. C. autorizar a'
sus súbditos a pescar en aquellos parages, al oir
lo
cual no pude menos de preguntar al embajador
de
España que diría si el rey nuestro señor, por ser es-
caso el oro y plata, concediese á sus súbditos per-
miso para esplorar las minas de Méjico y el Perú.»
En la siguiente carta del mismo ministro, se
es-
presa de un modo que no deja esperanza ninguna
de
avenencias en este punto.
Whitehall 26 de setiembre de 1760.
((Ya se han transmitido á V. M. todas las instruc-
ciones apetecidas con motive de este asunto, las cua-
les contienen las pruebas mas evidentes y valederas
del derecho que tiene Inglaterra de pescar sola en el
banco de Terranova, esceptuando á,' Francia que tie-
ne la misma facultad bajo ciertas condiciones y res-
tricciones establecidas en el tratado de Utrecht. No
necesito repetir á V. E. que el amor que
S. M.
pro-
fesa á su pueblo y el honor de su corona, le impedirán
el que consienta en que se desconozca derecho tan
incontestable, ni tolerará, que un ramo de industria
tau
r
eproductivo como las pesquerías de Terranova,
que es un plantel de marinos, y casi, el fundamen-
to del poder marítimo de la Gran Bretaña sea objeto
de lucro para otros.
«No dejeis de manifestar al caballero
Web
que
es totalmente imposible el consentir en una peticion
tan
c
ontraria á los verdaderos intereses de la Gran
Bretaña , y al mismo tiempo , hacerle conocer
que
tenemos demasiado buen concepto de la justicia y
rectitud de este ministro ilustrado, para no esperar
De 1753 á 1774.
De 1774 á 4779.
. .
. .
22.430,000
•
•
4.7
460,000
WORM PRIMERA,
25
que la córte de España cese de exigir un sacrificio
imposible.como
condicion
de la armonía y buen acuer-
do que es de interés suyo, por lo menos tanto como
del nuestro, el conservar (14).»
A consecuencia de esta negativa obstinada tuvo
el
gobierno español que limitarse á, fomentar esta in-
dustria con alguua proteccion en las mismas costas.
CAMINOS Y • CANALES.
Entre las obras útiles empezadas en este reinado,
preciso es" incluir el canal de Campos, cuyo proyecto
se concibió en 4752.. Segun el plan primitivo, debian
entrar en él el Duero, el Pisuerga y otros ríos, y de-
bia recorrer este canal cuarenta y seis leguas, empe-
zando en Segovia y Espinar, y acabando en Olibia
á
legua y media de Reinosa. En los primeros años
se
trabajó en él con empeño, para lo cual destinó el te-
soro 3.336,889 reales vellon. Las ventajas que resulta-
rian de este canal para Castilla si algun dia se aca-
base, serian incalculables por cruzar un pais llamado
con razon- el granero de España, y en el que la abun-
dancia es para el cosechero casi tan temible como la
pobreza, á causa de la falta Lde medios de trasporte y
comunicacion. El señor Canga Argüelles presenta
el
siguiente
cuadro -de las cantidades gastadas para este
canal:
GASTOS.
RS. VN.
••
n
•
n
•
nnn
OwNIMINIM
••••••~.
10•1••
nn
•...
n
•••Mil..11 Me/
Total. .
.
69.800,000
.1•••••••
nn
.1011. •
n
•
nn
ffie
••
nnnn
•
n
.411
26
CAPITULO ADICIONAL.
1,01
01
BENEFICIOS Y GASTOS DE AD3IINISTRACION EN
1779.
1
0
Producto de los molinos y batanes. . .
464,848
Id. de los curtidos y fabricas de papel. .
232,406
i'
Total. . .
39
7
,254.
-...
11$
GASTOS.
1
Sueldos de los empleados. .
.
231,531
/\
Socorros para huérfanos.
. . • • •
12,344
5
Pagas de los empleados de las fábricas
de
1
curtidos y compras de los artículos nece-
sarios.
.
.
.
.
.
.
.
•
.
486,490
Id. á los de las fábricas de papel.
.
430,676
...
_
560,741
MINMIM• 1.1•••11.M mg.
nn
•
Déficit.
- .
463,493
No puede menos de lamentarse el abandono
en que
se
encuentran las obras necesarias para terminar es-
te canal y atender á su conservacion; pero mientras
no adopte el gobierno otros principios de economía
política y de 1
A
,gislacion, no se puede esperar que se
lleve á' cabo tan importante obra. Tantas causas pue-
den impedir el resultado prósperó de estas empresas
que
•
no es posible su ejecucion mas que en los paises
que gozan de una organizacion social bien entendida.
Lo que las hace tau costosas, es sobre todo, la mania
que tienen los gobiernos de dirigir estas empresas,
siendo así que bastarian contratas celebradas con al-
gunas compañías, para llegar en breve tiempo, al tér-
mino que no conseguirá , el gobierno sino al cabo de
....MEM."
1M
SECCIÓN
PRIMERA.
27
siglos,
porque
los
capitales con solo tener seguridad
buscan estas especulaciones. En donde quiera que las
leyes protegen la propiedad, no faltarán ciertamente
Con
uyen
fondos para realizar pensamientos que
t
á la prosperidad publica.
Los ministros de Fernando VI tambien pensaron en
abrir un canal desde Madrid a Aranjuez, haciendo desde
este punto navegable el Tajo hasta Portugal. Este seria
el medio único, no diremos de remediar la torpeza que
cometieron los monarcas españoles , estableciendo la
capital del reino , en medio de un árido desierto , sino
el
de disminuirla por medio de estas comunicaciones.
Siendo Felipe II dueño de Portugal habia conocido las
ventajas de la navegacion por un rio que baña varias
provincias y desemboca en el mar frente á Lisboa, por
lo cual dió órdenes á fin de hacer que desaparecieran
los obstáculos que á ello se oponian. Mucho mejor hu-
biera hecho , fijando su residencia en aquella capital,
porque segun todas las probabilidades , tendrian hoy
sus
sucesores á Portugal en el número de sus provin-
cias. Pero dejando esto
á
un lado, las cortes destinaron
400,000 ducados para empezar á ejecutar la gran-
de empresa de la navegacion del Tajo. Se confió su
direccion al ingeniero
.
Antonelli, y
.
en 4558, llegaron á
Lisboa al cabo de quince dias de viage las barcas que
hablan salido de Toledo.
Despues de la insurreccion que trasladó á Portugal
al dominio de la casa de Braganza , faltó el interés
principal para continuar las obras, puesto que ya no
habia medios de desembarcar en el mar. Sin embargo,
se trató en 4640 , cuando se estaba en guerra con
Portugal, y era necesario trasladar artillería y municio-
nes de toda clase , de abrir la comunicacion del Tajo
hasta Alcántara. Los ingenieros Luis Carduchi
y
Julio
Martinelli reconocieron con esmero la corriente 'del rio,
del que trazaron un plano muy detallado, sin resultado
ninguno. En tiempos de Carlos II, se tuvo tambien la
28
CAPITULO ADICIONAL.
idea de restablecer la antigua
navegacion
del Tajo,
y
de abrir canales desde Madrid á Aranjuez , y
desde
este
real
sitio hasta Alcaláotras ciudades, plan que
traza-.
ron
los ingenieros tjflamencos Grunember.
Quiso
Felipe
Y
adoptar estos proyectos; su ministro el mar-
qués de Villar
►
as, escribió en 4710 á la ciudad
de
Toledo , de real órden , pidiendo las cartas y planes
trazados por Antonelli, Martelli y Carduchi, pero
estos
papeles que remitió al punto la ciudad ,
permanecie-
ron entre las manos del marqués de Scotti (15 ) .
Tambien Carvajal trató de ejecutar el proyecto
de
hacer navegable el Tajo hasta Toledo, para lo cual tuvo
que luchar con muchos contratiempos Uno de lós argu-
mentos principales contra su sistema
era la supuesta
necesidad de conservar un gran número de
molinos
establecidos á orillas del rio. Don José Carvajal ,
á
fin
de demostrar la sin razon de esta observacion , mandó
construir molinos en barcas , segun el modelo trazado
y descrito en el décimo volúmen del
Espectáculo de
k&
naturaleza,
del abate Pinche. El
P. i urriel ,
que
con
frecuencia , habló con Carvajal de este asunto , v que
vió
en el despacho de este ministro los planos -d
Antonelli, Carduchi y Martelli, afirma
que estaba plena?
mente convencido de la posibilidad de hacer
desapare-
cer
todos los obstáculos para establecer la navegacion.
La muerte
de este ministro fué tambien causa
de
que
fracasase este proyecto
útil,
i
q
o
u
u
e
,
no se ha vuelto
á
pensar desde aquella época.
igoinice ,
Q
y
CO
razon
(16)
que es un descuido inconcebible
d
ible tratándose
de un gobierno
i
ierno tan ilustrado
y activo como el
de
Carlos
III.
Tambien, en tiempos de Fernando VI se abrió
la
soberbia carretera que va de Madrid á Castilla
zando el Guadarrama.
, et
SECCION SEGUNDA.
CIENCIA, LETRAS Y ARTES.
(17) .
Al leer la historia de la literatura española del últi-
mo siglo, no se puede menos de gemir al vera una de
las naciones mas ilustradas
,
y discretas de Europa,
$umida en la supersticion y fanatismo. Pero en cuanto
se desvanece esta impresion primera, no se puede ver
Sin
esperirnentar un placer vivo, á esta misma nacion
probar poco á poco , de sacudir el yugo de absurdas
preocupaciones, que habian arraigado intereses particu-
lares , y asombran los esfuerzos hechos con benévolas
intenciones por parte de los gobiernos que se han ocupa-
do de la civilizacion de aquel pueblo recomendable. En
efecto, hay en aquel hermoso espectáculo de la razon
que triunfa sosegadamente y paso á paso del funesto
imperio del error, algo del encanto misterioso é inefable
que eSperimentamos al aspecto del brillo Inatinal de la
aurora , cuando disipando poco á poco las sombras de
la noche, va arrojando lejos del astro brillador de que
es
precursora, las domas nubes que querian oponerse á
Su
lucida claridad.
Al advenimiento de Fernando VI habian sido coro-
nados ya de un éxito feliz los esfuerzos del gobierno que
hizo Felipe. V para restaurar las ciencias y las letras.
El nuevo monarca, al mismo tiempo queseguiaunsiste-
ma político diametralmente opuesto al de su padre, en
cuanto á las relaciones con el estrangero, no
tuvo mas
que
seguir sus huellas en punto á la pro teccion concedi-
da á la literaturaí es que se ve , durante su reinado
literatura. As
que se
cultivaron con esmero las ciencias matemáticas
30
CAPITULO ADICIONAL.
V
naturales. La poesía y
.
la
.
elocuencia , si bien e
co
riores
nta-
minadas todavía con los vicios de los tiempos ant
empezaban á salirse del torcido camino en que hasta
entonces habian estado empeñadas. Ya los principios
de la legislacion civil y canónica , se comprendian
mejor, y se ~ocia ya. generalmente la necesidad
de
útiles reformas, deseo que no puede ocurrirse mas
que
á los entendimientos ilustrados ó en vísperas de serlo.
En una palabra, todo hacia presagiar la época brillante
del reinado de Cárlos
III ,
en que fueron honradas las
ciencias, y las letras , y habian de poder contar en
el
numero de sus
protectores, á varios
hombres de estado,
su mas bello adorno y glorioso apoyo. Verdad
es
que
todavía eraomnipotente la ignoranciaen las universida-
des, y que era precise guardar con ella muchos
mira-
mientos,
porque la menor gestion que tuviese por
objeto mejorar la instruccion pública , ó la sola palabra
de reforma la asustaban. Continuábase enseñando
como antes , en aquellos vastos y oscuros edilicios,
algunas nociones del dogma y legislacion, mezcladas á
sutilezas y abstracciones inútiles , y con frecuencia
á
doctrinas erróneas. A. esto se daba el nombre de ciencias
y facultades , haciendo echar de menos el absurdo
dialecto de las aulas, la marcha franca de la barbárie
en la edad media. Empero Velase el gobierno obligado
á respetar lo que sin riesgo no podia destruir. Si, por
una parte, velase forzado á dejar en manos de la igno-
rancia su cetro de hierro en el interior de las universida-
des, por otra se esforzaba con toda la energia y medi
os
del poder, para multiplicar en el reino el'
numero de
escuelas y establecimintos útiles. Solo evitando el ata-
car de frente las trincheras en que el error era inespug-
nabte por entonces, podíase esperar el arrojarlo con el
tiempo completamente.
Para esponer con órden la parte
de la historia litera-
ria del reinado de Fernando
-
VI, empezaremos haciendo
mérito de las academias
e
stablecidas en tiempo de este
SECCION PRIMERA.
31
príncipe , dando la preferencia á la de bellas artes á,
que dió su nombre.
ACADEMIAS.
Academia de San Fernando ó de las tres nobles artes,
pintura, escultura y arquitectura.
Aun cuando Felipe V haya sido el verdadero funda-
dor de esta Academia, á la que se dió el nombre U
junta preparatoria,
las mejoras que recibió en los tiem-
pos de su hijo Fernando , el amor particular que le
profesó este soberano, son la causa de que se mire este
útil establecimiento corno obra suya especial. El obje-
to de esta institucion es el de conservar el buen gusto
en las artes y difundirlo en España. La Academia,
puesta bajo la inmediata proteccion del rey, ha hecho
ya grandes servicios distribuyendo cada tres años,
premios á los alumnos que presentan las mejores obras
de escultura y pintura , así como por los mejores mode-
los de arquitectura. Desde la instalacion de la Academia,
sostiene el rey en Roma á cierto numero de alumnos
notables á causa de sus buenas disposiciones ; costaba
este acto!de proteccion á Fernando 136,000 de reales al
año. La Academia ademas estaba bien dotada ; para la
de pintura, destinaba el rey 60,000 reales anuales, é
igual suma se daba á la de escultura y arquitectura.
Esta es la ocasion de decir que se concédia igual favor
á las academias de matemáticas de Cádiz y Barcelona.
Los numerosos cuadros pintados por Murillo,
Velaz-
quez ,
Alonso Cano, Zurbaran y otros antiguos
pino
res ,
son en el dia
j
obeto de admiracion de los mas in–
teligentes conocedores de Europa. Todos se han asom-
brado al ver que las diferentes escuelas de Sevilla,
32
CAPITULO ADICIONAL.
Granada y Valencia , rivalizaban en genio con
las de
Italia. Importaba , por lo tanto , y era digno de
la glo-
ria
nacional el consolidar este buen gusto con
buenos
modelos de la escuela española , creando una
academia
encargada especialmente de conservarla en toda su pu-
reza. Igual objeto se tuvo presente para la arquitectura,
que posee magníficas obras en España. Es la academia
el
tribunal supremo á que deben someterse los
planes
de
todos los edificios públicos, sagrados ó profanos,
que
se
construyen en cualquier parte del reino. Con
esta
institucion bastó para dar nueva vida á la arquitectura,
y
los edificios modernos manifiestan
va
sobrado la re-
volucion que ha experimentado desde el reinado de
la
dinastía de Borbon. Sin contar el palacio nuevo de Ma-
drid ,
merecen citarse las puertas de Alcalá y San
Vi-
cente
el edificio de la Aduana, el de Correos, y el so-
berbio colocado junto al Prado
.
, mas allá, del Retiro,
no concluido aun, y que debe servir para Museo, á
don-
se
trasladará el gabinete.de historia natural, y en
donde
celebrarán
sus sesiones varias academias. Este
mo-
numento
'
dice Bourgoin, realzará la reputacion del ar-
quitecto Villanueva que lo ha trazado y empezado
á
construir.
La iglesia del convento de las
Salesas , fundado por
'
Fernando
VI y la reina Bárbara es ver
í
l
aderamente
imponente ; pero no puede citarse
.
como
modelo de
buen
gusto. La del convento
'
to de San Francisco el Gran–
desd
de de forma circular y adornada de columnas lla
ma
e luego la atencion, y aunque sin elegancia no
ca–
rece
su
arquitectura
de magnificencia.
Tendremos ocasion de
b
volver á hablar de
los
ade-
lantos que han hecho en Espada las bellas artes,
cuan-
do llegue nuestro relato al reinado de Carlos III.
SECCION SEGUNDA,
33,
PROYECTO DE
UNA ACADEMIA GENERAL DE
C
IENCIAS
Y
LETRAS.
Ya hemos dicho que Felipe V no se mostró satisfe-
cho de la proposicion que le sometió el marqués de Vi-
llena , con objeto de crear una _academia general, y
que provisionalmente se ciñó á la formacion de la de la
lengua española. Mas tarde creó tambien la de la his-
toria de Madrid. Ignorándose los motivos que le impi-
dieron crear una academia de ciencias , no es fácil ha-
llar ni uno
siquiera que parezca verosímil, á no
ser
que
se tenga en cuenta lo raro que era por aquellos días,
el que los españoles poseyesen conocimientos científi-
cos. En otros tiempos habian sido honradas las cien-
cias en España ; durante el siglo
XVI ,
cultivaban–
se con esmero la astronomía y las ciencias
matemáti-
cas , y hasta habia existido una academia real de cien-
cias de que hablan sido individuos el conde de
Puñon-
rostro , don Francisco Bobadilla y el marqués de Moya.
Enseñaba en ella matemáticas don Ginés de Rocamora,
regidor de Murcia y diputado á córtes , lo cual le ins-
piró deseos de publicar' un
tratado de la esfera.
Ferru-
fino comentó tambien en aquellas aulas los cuatro libros
de Euclides; Juan Cedillo , profesor de matemáticas
en
Toledo y Juan Angel enseñaban , el primero aquella
ciencia , y el segundo explicaba el tratado de Asquíme-
des ,
De his quw vehuntur aquis.
El alferez Muñoz tra
taba de los escuadrones y del modo de formarlos , así
como de los principios de aritmética y de la raiz cua-
drada , para
úso
de los sargentos mayores de los ejér-
citos. El capitail Rojas demostraba el tratado de las
fortificaciones , á cuyas lecciones asistia don Bernardi-
no de Mendoza, embajador de España en Francia.
Le-
maure , en su
Discurso de astronomía ,
impreso
en Ma-
drid ea 176'2, dice que la academia real de ciencias de
España debió crearse en 4 580
ó 1584, ochenta y ocho
1097
Biblioteca popular.
T. IV.
92
3 4
CAPITULO ADICIONAL.
años, por consiguiente, antes que la
.
de París ,y que
la sociedad real de Londres. En el reinado de Carlos 11
no quedaban ya huellas de esta acadefilita.,
En el reinado de Felipe V , no faltaron escritores
que demostraron que por no haber establecido una aca-
demia de ciencias en que hubiesen cultivado todos los
ramos de los conocimientos humanos , estaban en de-
cadencia las ciencias. Se quejaban de que no se aprove-
chasen los grandes servicios que hubiera podido pres-
tar al pais esta academia , como hablan hecho las de, 1a
lengua española y de la historia. U
-
stariz , en su
teor
í
a
y
práctica del comercio de marina ,
consagrado al exa-
men de los medios que era preciso emplear para el fo-
mento de la industria nacional , propuso el estableci-
miento de una academia de ciencias. «Sé por la espe-
riencia que he adquirido en paises estrangeros, dice,
que las corporaciones científicas egercen un influjo evi-
dente en la prosperidad de las manufacturas y del
co
-
mercio,
puesto que sin cesar , se ocupan de los descu
brimientos que se hacen diariamente en las ciencias .y
artes, y que del seno de estas academias brotan conoci-
mientos útiles para el adelanto de las fabricas y para la
direccion de las operaciones comerciales.»
Se conoció, en el reinado de Fernando VE, la nece-
sidad de remediar la falta del gobierno anterior. Luzan.
redacto de árdea del ministro Carvajal , el plan de una
academia general de ciencias , letras.y artes que debia
establecerse en Madrid. Contenia este plan los b
reola-
mentos , el número de académicos , clasiticacion en.
miembros efectivos , socios y corresponsales , los fon-
dos con que debia dotarse la academia y su, empleo y
hasta designaba las personas. que segun su opinion,
recian , á causa de su capacidad é instrucciou el ho-
nor de componer esta reunion literaria El gobierno,
-seoso de rodearse de todas las. luces
pos
iblesara. la
formacion de esta academia , comisionó al señor Orte-
sábio naturalista, para que recorriese los paises es-
SEGCION SEGUNDA.
35
trangeros y examinase la institucion de las denlas cor-
poraciones de Europa. Enviáronse á Roma, Paris,,Arri
terdam, Lóndres:, Bolonia y á otras varias ciudades
importantes , farmacéuticos , cirujanos, anticuarios y
otros sabios , sin olvidar á losa
literatos á
fin de cono-
cer los diversos métodos adoptados para la enseñanza
de las ciencias y letras en las ugiversidades y ande-
mías de los denlas paises. Tambien se compraron en
Londres para uso de la academia proyectada , instru-
mentos de física y matemáticas; pero como no se rea-
lizase el
proyecto, el
conde de Valparaiso, ministro de
hacienda, entregó todas estas noticias á los jesuitas,
que se encargaron de conservarlas depositadas ea el
Seminario de Nobles de Madrid.
Se creia generalmente que no podia tardar la crea-
cion de una academia universal, y mientras no se rea-
lizaba este pensamiento, se celebraron en Cádiz algu-
nas sesiones de una sociedad de amigos , cuyos indivi-
duos hubieran compuesto , segun todas las probabili-
dades , la de la capital. Don Jorge Juan , don Antonio
Ulloa y Godin , asistieron y representaron la clase de
matemáticas ; el doctor Porcell era representante de la
de medicina ; don José Carboner, como profesor de
lenguas orientales y bellas letras , y por último , como
versados! en historia y antigüedades , don José Ye-
lazquez y el marques de Valdeflores.
Sin embargo , quiso la: fatalidad que tampoco se
realizase entonces este pensamiento de una academia
general. Ta,mbien se ofrecieron obstáculos en tiempos
de Carlos
III,
y España se ve privada por estas razones
de un
,
establecimiento útil , en que los hombres distin-.
guidos en los diferentes ramos de los conocimientos hm-,
manos
'
se reunirian para, trabajar juntos en la propa-
gacion de las luces y en la mejora del estado social,
influyendo así en la' condicion individual de los
espa-
ñoles.
Por la misma época ,
,
exislia en Madrid una vade~
36
CAPITULO ADICIONAL.
rnia ó reunion de amigos , que impulsados por el amor
de las letras , se reunían en casa de la condesa de Le-
mas, que mas tarde fué marquesa de Sarria. El lugar
de las sesiones estaba situado en la calle del Turco,
que era donde vivia esta señora , y lo
,z
, fundadores de
la academia fueron personases distinguidos : los condes
de Saldueña y de Torre Palma_,_don Agustin Montiano,
y Luzando , del consejo de S. M. , secretario de la cá—
mara de Gracia y Justicia, y directorde la Academia de
la historia ; los duques de Befar , Medina Sidonia y Ar-
cos. Mas tarde , se admitieron en la Academia los mar-
queses de Scotti , Casasola , Montehermoso y la Olme-
da , Nasarre , Santos de Leon , Villaroel , marqués di
Palacio , Zamora , Porcel , Luzan , Velazquez y mar-
qués de Yaldeflores. Pero duró poco esta corporacion,
pues empezó el 3
,
de enero de 1749, y terminó en mayo-
de 1751 (48).
ACADEMIA DE BUENAS
LETRAS DE SEVILLA.
Algunas personas , impulsadas por el amor de las
ciencias y de las letras , se reunieron en Sevilla
en 1751 , con intei
►
cion de entregarse á toda 'clase de
trabajos científicos y literarios , en el vasto campo de
los conocimientos humanos. Desde luego concibieron el
proyecto de formar una enciclopedia á que se pudiera
recurrir para adquirir datos útiles.
Al siguiente año, el consejo de Castilla alentó á la
corporacion para que continuase sus trabajos y aprob&
la idea de formar una enciclopedia universal: el conse-
jo encargaba que se tratase de los asuntos que debian
componerla con prudencia, mesura y razonada critica,
tratando especialmente de conciliar en este tratado lo
verdadero y lo útil. Su primer director fué don Luis
German.
El rey erigió la corporacion en academia, por de-
creto de-48 de junio,de 4752, autorizándola á consti-
SECCION SEGUNDA.
estudio de la historia, debla ser el de conocer la de
las leyes, usos v acontecimientos de España. En estas
investigaciones fijo su atencion la 4caciemia, einpre,n-
diendo así el único camino que podia recorrer sin peli-
gro. El gobierno favoreció plenamente este pensannen-
to; el
P.
Burriel, don Francisco
PerezBave,r
y don Luis
Velazquez, marqués de Valdellores, recibieron encargo
de visitar, con algunos empleados subalternos, las pro-
vincias de España, y de examinar todos los archivos del
reino públicos y particulares ; una rica coleccion
de
trece mil seiscientos sesenta y cuatro documentos
originales de la historia de España ,en los que cuatro-
cientos -treinta y nueve historiadores eran contemporá-
neos de los hechos que relataban ; siete mil ocho
diplomas, cuatro mil ciento treinta y cuatro inscripcio-
nes, dos mil veinte y una medallas y doce monumentos
de pintura , escultura y arquitectura , sin contar
muchos estractos de autores antiguos.
Las
circunstan-
cias de este viage, asicomoel resultado de las investiga-
ciones, hállanse espuestas con claridad en las
noticias
que presentó cada uno de estos sabios, las cuales for-
man una parte considerable de la historia literaria de
aquella época , y por eso vamos á insertarlas á conti-
nuacion.
BAYER (FRANCISCO PEREZ),
preceptor de SS.
AA.
BR. los
infantes de España, del consejo y cántara del rey, ca-
nónigo dignidad de la iglesia de Valencia, biblioteca-
rio
mayor de la Biblioteca real del rey.
Cuando el gobierno de Fernando VI dispuso,
en
4750, el viage literario á las provincias de España,
Bayer, ya ventajosamente conocido por su saber en las
lenguas orientales, que enseñaba á los alumnos de la
universidad de Salamanca, tuvo el encargo de copiar
y
ordenar las inscripciones y otros documentos hebrai-
cos. Siguió ocupándose de esto en Toledo hasta el
O
; 01,1hig
rtel
año 1752, en cuya época recibió encargo de hacer un.
;
dlilli
?p•
14; 1
viage á Italia para recoger manuscritos, monedas y
1ler
ttl
11
otros monumentos antiguos.
IÇ',It
Bayer tuvo ocasion, mientras recoma la Italia, de
todas las bib liotecas, y conocer á los hombres mas
,
ll
v
1
ver
o: 1
,,,be,
ilustrados de aquel pais, recogiendo, durante su via–
111
ge, varias monedas rarísimas. y otros objetos precio–
l's/114
sos
para la literatura. Cuando por fin se halló esta–
blecido en Roma, hizo una coleccion numerosísima de
Oi
inscripciones, de epitatio3 y memorias de varios espa-
ñoles
011
que en todos tiempos han vivido en aquella ca–
0.
pital. Autorizado para examinar la biblioteca del Va–
lo
mano,
tuvo permiso para consultar muchos manuscri–
'III
tos raros, y tomar
apuntes que
pudieran servir para
10(
alcanzar el objeto de su mision,
ó
para sus designios
lel
particulares. Habiéndose propuesto, para uno de
los
do San Dámaso y San Lorenzo del número de estos,
:Ii:
ibjetos de su viage, recoger y coordinar las memorias
publicó una sabia disertacion con el título
Damasus
1::
de los españoles que habian estado en Roma, y sien–
et Larentius aserti , et vindican, Romce,
1756, refutan-
do á los que habian sostenido que estos dos persona-
ges no habían sido españoles.
1
La pureza de estilo, la erudicion esquisita
'
l.
fa."-
cilidad con que se espresa en las varias
esquinita,
en
que escr
i
ba, así como la novedad y la solidez
lidei de
los
raciocinios que se notan en esta obra, dieron
á
cono-
cer el mérito del autor.
De regreso á España encargó el infante don Ga-
briel á Bayer que habla sido su preceptor, que ilustra-
se este pasage de Salustio (acababa el infante de hacer
publicar la traduccion de este historiador):
Ejus civita-
tis
(Leptis)
lingua modo conversa conubio Numidarum;
lo que dió lugar á una disertacion de Bayer, sobre
el
alfabeto y lengua de los fenicios y de sus colonias,
en
que procura probar que
,
la lengua fenicia era un dia-
lecto de la lengua hebraica , sobre todo de la
de Sion
44
CAPITULO ADICIONAL.
SECC ION SEGUNDA.
45
y de. su colonia
Leptis.
Da cuenta de la controversia
entre Barthelemy y Sevinthon, á causa del alfabeto de
los fenicios, examina varias medallas y monedas del
tiempo de las colonias de los fenicios en la Sicilia, en
Malta, Ccsterra, Cartago, la Numidia, y la Maurita-
nia; lo que le trajo á hablar de las medallas españolas,
bartalo y beticofenicias. Al dar cuenta de esta obra de
Bayer, en las
Efemérides de Roma,
se dice que
su
autor se ha mostrado el primero en esta clase de lite-
ratura.
Francisci Peregii Beyebii ; archidiaconi Valentini
serhispa. Infantium Caroli III regid filiorum ins-
titutorts primarii de nummis hebro samaritanis.
Valentice edetanorum; ex oficina Benedicti Monfor-
tis
MD
CCLXXXL
He aquí el objeto de esta obra ; queriendo Bayer
abrir el camino para el conocimiento de las monedas
antiquísimas de España, consideradas corno desconoci-
das, porque nadie se habia creido bastante instruido
para emprender la esplicacion de ellas, hasta que hu-
biese publicado don Luis Velazquez
su Ensayo,
y. con-
vencido de que para esplicar bien los monumentos
antiguos greco-hispanos, é hispano-fenicios, sobre to-
do estos últimos, era menester ocuparse de antema-
no de las medallas
hebráico-samaritanas,
asunto que
todavía no habian tratado, ni los rabinos, ni los auto-
res modernos, pensó reunir acerca de esta materia to-
dos los monumentos que hallar pudiera. No sin fati-
ga, y al cabo de muchos años de trabajo é investiga-
ciones logró recoger treinta y una medallas , de cuyo
numero, debió doce hebraico-samaritanas al caballero
Savorgiani, quien, con una generosidad rara, se las
regaló, sin consentir en aceptar otros monumentos que
se le ofreció en cambio.
Acogieron esta obra los sabios anticuarios de Eu-
ropa con estraordinarto favor..
¿Quis non te magnifica -
ret?
dice en
su contestacion el caballero 'Woide,
vir
4-6
CAPITULO ADICIONAL.
averenclissiine,
qui
cuna eruditione
conswmata tamtam
111
modestiam,
111011111que
mansuetudinem conjungis,
ut
ah
n
iis velis discere, quos docere, et eruditionis lux
thesau-
vis potes ditare?»
Ta bien Barthelemy le escribió en
101-1
términos no menos lisongeros.
e debe tambien á la, erudicion y al. trabajo asiduo
111
S
de Bave,r, el
catálogo completo de los preciosos manas--
critos
'
de
la
Biblioteca del Escorial,
en la parte
concer-
riente á manuscritos castellanos, latinos y griegos, que
111
forma tres tomos en folio, y á cuyas noticias añadió
,1
varias notas v observaciones, del mismo modo que al–
',
T
unas muestras de los caractéres de los mas antiguos
t1
1/111
11
'
de ellos. liabíase encargado. Casiri del catálogo rela--
tivo á los manuscritos árabes.
Existia en Granada una secta de falsificadores de
documentos públicos, de monumentos sagrados y
pro-
Sn
fanos, de caractéres, de tradiciones, de reliquias y li-
bros antiguos: su gefe era. don Cristóbal Medina Con-
de. Fueron denunciados estos falsarios al tribunal ecle-
siástico de aquella misma ciudad, y siendo el sabio
Ba
y
er el juez natural en esta discusion, se adoptó su
parecer. Fiié Medina Conde á Toledo para defender su
pleito ante el sabio anticuarió; hizo mas, escribió al
P. Tassin presidente de la congregacion de San Mau-
ro, hombre muy versado en los conocimientos numis-
máticos, pidiéndole su dictamen sobre las antigüeda-
des de Granada: pero no habiendo llegado todavía á
manos del P. Tassin los dibujos de las medallas , es-
cribió este á Ba
y
er rogándole que se las enviase, lo
que se apresuró á hacer el sabio, añadiendo una nota
en que esponja algunos de los motivos que le bacian
creer que eran falsas. Confirmó el P. Tassin en su res-
puesta, todas las observaciones de Bayer. «He •enseña-4
do, dice á los señores de la Academia Real de
ins–
,
•
cripciones y á Bartheleiny, vuestras observaciones
sobre los monumentos de Granada. Les han parecido
muy juiciosas, y se han convencido de que en Es-
SECCION SEGUNDA.
47
parra, como en Francia, hay escelentes anticuarios.
Además de las obras publicadas
ya, y
los mate-
riales que habia reunido para la forrnacion de suran
g
trabajo de las
antigüedades españolas,
cu
y
a
dise-
rta
ciar'
de Nummi,s hebráieo.-samarathanis
se puede con-
siderar como la introduccion , habia preparado otras
varias tales corno _una disertacion de
Auctore sacra-
mentarii Veronensis,
y otra
Toletano liebrworum tem-
plo;
los orígenes de las palabras españolas derivadas
del hebreo, en tres volúmenes en cuarto; la respuesta
á la defensa de Medina Conde; varias notas en la bi-
blioteca de don Nicolás Antonio; sin citar un número
crecido de cartas dirigidas a los primeros sabios de
Europa, y otros trabajos mas.
Habiendo hecho Baver la traduccion
de la,Conspi-
raeion de Catilina y laVuerra de Yugartita
.
por
Caius
Sallastius Crispas,
aunque la publicase bajo el nom-
bre de su augusto discípulo, es necesario dar algunos
pormenores para la esplicacion de este aconteci-
miento.
Se habia Carlos TII cuidado en estrerno de confiar
la educacion de sus hijos á hombres ilustrados , que
pudiesen inspirarles á la vez, la aíieiou de la literatura,
y-sentimientos elevados. Como tal fié nombrado pre-
ceptor del infante don Gabriel , el sabio Bayer cuya
erudicion y gusto severo en el modo de espresarse en
las varias lenguas que poseia, alabamos de dar á co-
nocer. Tomó parte el augusto alumno ea la inclina-
cion al trabajo y el gusto de su maestro, y para afian-
zar este gusto emprendió Bayer la traduccion de Sa-
lustio, conocida despues de toda Europa sabia, y cu-
yo lujo tipográfico es enteramente digno del nombre
ilustre: que
lleva.
Salustio ha sido, en todos tiempos, un autor favori-
to
de
.
los espAñoles que le ball dad° la preferencia á
las denlas historiadores latinos, tomándolo por modelo
don Diego liudado de Mendoza, Juan
de Alar
►
ana, y
48
CAPITULO ADICIONAL.
Solis
'
en
los varios trabajos históricos U que se han
ocupado. Pedro Chacon y Gerommo de Zurita le han
enriquecido con notas que se conservan manuscritas
en la Biblioteca real del Escorial. No hablan todavía
los griegos restaurado las buenas letras en el
Occi-
dente,
cuando Vasco de Guzman, á ruegos de Fernan
Perez de Guzman, señor de Batres, habla hecho ya
una
traduccion
de este autor latino, que se conserva
igualmente en la misma biblioteca. Esta fué la que dió
lugar á la publicada en 1529, por
Francisco de Vidal
y
Noya,
que tuvo tres ediciones en el espacio de treinta
años, y á la de Manuel Suegro, publicada en Amberes
en 1615.
La del infante don Gabriel es notable, entre otras
cosas, por la pureza del lenguage ; habiendo procura-
do el traductor seguir los buenos modelos; de la len-
gua española en el siglo XVI, y evitar con cuidado la
introduccion de palabras y frases estrangeras.
Hase seguido , para
la
traduccion , el testo de la
edicion de los Elzevires, hecha en Leida en 4 634; y
no siendo este testo, del todo correcto en varios pasa-
ges , se han tenido á la vista á dos manuscritos de la
biblioteca del Escorial, otro manuscrito perteneciente
á S. A.
R.,
y otras varias ediciones antiguas, espe-
cialmente una de 4475, que no tiene nombre de im-
prenta ni de lucrar.
Nació Bayer
ea Valencia en
171 4 ,
y murió en Ma-
drid en 1794.
BURRIEL (ANDRES MARCOS).
Dá
principio á sus trabajos, este jesuita con el exá-
men de los manuscritos de la catedral de Toledo , en
cuya ocupacion tardó dos años , desde 4750 has-
ta 1752; acompañándole Bayer en sus
inv
estigaciones.
Fué encargado el P. Burriel de la direccion de esta
i
mportante empresa literaria,
com
unicándole los comi-
SECC1ON SEGUNDA.
49
sanos nombrados para, examinar todos los archivos del
reino, el resultado de sus investigaciones, y maadán-
dole copias de
los
documentos, cuya
cl
asificacion
dis-
ponía, dando cuenta al ministerio de los
a
delantos de
la cornision.
Se proponia formar una coleccion de todos los do-
cumentos antiguos relativos
á
la historia eclesiástica
de España, sobre todo de los concilios y de la litur-
gia. En la carta que escribió al
P.
Ravago, ea 4752
segundo
año de su comision , se ven expuestas las ri-.
quenas literarias que !labia ya recogido en este corto
periodo, en
que
.
habia reunido mas de dos mil docu-
mentos auténticos relativos
á
la historia eclesiástica
civil, cu
y
as fechas eran posteriores á la conquista d'e
Toledd. ha algunos pormenores muy importantes acer-
ca de la coleccion canónica de que se servia
h
iglesia
de España en tiempo de los godos., manifestando cue-
la de Isidoro Mercator era enteramente desconocida
en España antes de la invencion
de
la imprenta; tam-
bien habló de otras colecciones que se habian hecho
en España, y de que tenia copia. La de! código Góti-
co, en cuatro tomos en folio, la comparó el P. Burriel
con los manuscritos originales que existian, descu-
briendo además de esta preciosa coleccion , que ni
Loaysa ni A
g
uirre habiaa conocido, varios documon-
tos de concilios
)
y otros igualmente manuscritos. De-
clara tanibien haber descubierto una antigua Biblia
rarísima, cine segun cree fué escrita antes de la inva-
sion de los
y con este motivo , se arroja
á
hacer algunas conjeturas hablando de la Ora
Pe
obitu et interitu Patrum,
atribuida á San Isidro.
Ea una carta dirigida a don Pedro de Castro, que
le /labia pedido algunas noticias históricas acerca de
San Isidro,
á
fin de mandarlas al P. Zacharias, biblio-
tecario de/ duque de Módena, ocupado en hacer reim-
primir las obras de este doctor de la Iglesia, esplica
con muchos pormenores ,
Codex veterum canonum-
1098
Biblioteca popular.
T.
1v. 9a
5'0
CAi.'ITULO ADICIONAL.
c
lesice Ilispanice,
ea pie tuvo tan gran parte San Isidro,
y
nota un gran número de errores en
,
que hablan caido
él cardenal Aguirre
y
Cenia, En ella habla tambien de
las antiguas liturgias españolas, en las que trabajó tam–
bien San Isidro; de varios manuscritos antiguos de la
Biblia á los que puso prólogos; de otros egemplares del
Fuero-juzgo
y de varios antiguos manuscritos existentes
en España, en que trabajó el mismo doctor de la iglesia.
Se conserva tambien de Burriel, una carta llena de
hechos muy interesantes relativos á la navegacion del
Tajo, de que resulta que, en todos tiempos se han he-
cho tentativas para hacer que sea navegable este rio;
y
con este motivo habla de otros muchos proyectos de
canales para favorecer la agricultura, y el comercio de
España.
ikdernIts existe una carta escrita por el P. Burriel
al doctor Ánvaya, la cual se halla inserta en el
Sema-
nario de
los
Sábios,
núm. 23, sobré el deséuhrimiento
de un concilio nacional que tuvo lugar en Sevilla ea
tiempos de los reyes católicos.
D:5 las obras del P. Burriel, ninguna lleva su
nombre. He aquí sus títulos:
El prólogo,
que precede el relato del viage bajo el
Equador, por don Jorge Juan, y don Antonióülloa.
La
Paleografia española,
publicada por el, P. Ferr -
ros en 115:5, al fin del tomo XIII de la traduccion
es-
pañsla del
Espectáculo de la, Naturaleza-
se
publicó con
algunas ediciones hechas por distinta mano, en /758.
informe de • la ciudad imperial de To
l
edo al Consejo
de Castilla, para la uniformidad de los pesos
y m
edidas
ed
en todos los estados de la monaruía e
p
spa
so
ñ
s
ola,
segu
n
ias
las leyes; Madrid, '1758. Contiene esta obra varios he-
chos y consideraciones de la mas alta importancia, re-
lativos á las antiguas leyes de España, al gobierno y
á la administracion de .Toledo;, trata del valor compa-
rado de los metales, y de otros puntos de logisla
clon
economía.
y
SECCION SEGUNDA.
31
Noticia de la California,
redactada con arreglo
á
la historia manuscrita trazada por el P. Venegas, en
Méjico
en 1739, y de otras relaciones antiguas y mo-
dernas; publicada en Madrid en /757;
3 tomos
en 4.°
El P. Burriel, primero entre los sabios anticuarios
de España en el
último
siglo, murió á la edad de cua-
renta v dos años, en el de 1762.
En lacoleccion hecha por el P. Burriel de los cá-
nones de la Iglesia gótica española, se encuentra el
Codex Emilianensis,
el
mas antiguo de todos los de di-
cha iglesia del mismo modo que los de las iglesias de
Gerona y
.
Urgel. Esta coleccion de manuscritos hallán-
dose, hacia fines del siglo último, en Bruselas, en ma-
nos de don Cárlos de la Serna que la hacia heredado
de su tio don Juan de Santander, concibió el gobierno
español la idea de apoderarse de ella, ó de mandar
que se publicase, cuya utilidad era evidente para dar
á conocer el verdadero espíritu de la antigua discipli-
na de la Iglesia española antes de la introduccion de.
los falsos decretales de
Isidoro illereator.
Dirigia por entonces el gobierno de la monarquía
española el príncipe de la Paz, y contando con el apo-
yo y proteccion de este ministro omnipotente, el biblio-
tecario Blanco, su paisano y protegido, propuso la ini-
presion y publicacion del Código Emiliano, lo que cau-
só alarma á muchas personas. Er. efecto, habla algun
peligro para los intereses que hacia creado la disci-
plina moderna, en la publicacion de los cánones y re-
glamentos de la antigua disciplina de España. Se pu-
sieron por lo tanto en juego todos los medios
posibles
para
hacer creer á
Cárlos
IV, que el antiguo
Codex
contenia varios hechos y doctrinas poco favorables á la
dignidad y á la seguridad de la corona, puesto que se
trataba muchas veces de la eleccion de los monarcas
godos y de su destitucion, lo que pudiera ofrecer egem-
plos funestos. Creyóse generalmente que bajo este pre-
testo falso, para un gobierno asustado al ver la temen--
CAPITULO ADICIONAL.
cia de los ánimos, durante la revolucion francesa, á
las instituciones democráticas, se ocultaba el verdade-
ro motivo, que era el de impedir que se hiciere la
publicacion de los principios de derecho eclesiásticoa
contrarios las pretensiones de la corte de Roma. Se
á
como fuere, salió perfectamente la tentativa con el
monarca. Carlos IV concibió algun temor en este asun-
to, pero su ministro de Gracia y Justicia, que era el
marqués Caballero, pidió pa informe sobre esta ma-
teria á Sierra, entonces fiscal del Consejo de Castilla,
cuyo dictámen fué enteramente el mas á propósito para
hacer desaparecer todos los eScrúpulos.del devoto mo-
narca. Sia embargo, fué despacio la impresión, y cuan-
do ocurrió el trastorno político de '1808, se estaba en
las últimas hojas de la úbra. Se concluyó enteramente
la coleccion en 1820, en tiempo de las Córtes, á quie-
nes la presentó don Francisco Gonzalez, bibliotecario
del rey.
VELÁZQUEZ DE VELASCO,
marques de Valdefiores, caballera
de la Orden militar de Santiago , de la Academia .real
de Historia de Madrid de las de Buenas-letras de
Sevilla , de la de Inscripciones y _Bellas-letras de-
París.
El marqués de la Ensenada , que habia tornado bajo
su proteccion al marqués de Valdefiores , hizo que lo-
grase la cruz de Santiago
'
y lo nombró , en 1752 , á.
propuesta de la Academia de Historia., para el. vine-
literario que había mandado hacer el rey en las pro-
vincias de España, con el fin de recoger nociones exac-
tas acerca de la cronología y geografía peninsulares.
Se le señalaron 3,000 reales al mes para que pudiese
pagar al. dibujante que debia acompañarlo , así como
para los gastos de registro y de varios objetos que, le
habian mandado comprar. Debia dirigir su correspon-
lencia al director de la Academia de la Historia.
SEC CION SEGUNDA.
53
Empezó Velazquez su viage el 1.° de diciembre de
4752 por la ciudad de Mérida , de donde envió varias
medallas y dibujos de bajos relieves del templo de
Marte , con una memoria que daba la esplicacion de
ellas. Desde allí fue a Salamanca para reconocer la an-
tigua via, llamada vulgarmente de la Plata. Ea b
seouida
corrió los reinos de Córdoba , Jaen , Granada y Sevilla,
desde donde
dirigió igualmente varios dibujos de anti-
güedades. Fué en seguida ár Málaga , su ciudad natal,
á fin de redactar sus notas y observaciones ; v mandó á
principios de 1755 á la Academia un tomo que contenia
sus memorias relativas á las antigüedades de los varios
paises en que habia estado. Mas Carde fué arrestado Ve-
lazquez en casa de la marquesa de la Vega Santa María,
en cuya casa vivia, y fué conducido al principio al cas-
tillo de Alicante , y en seguida al de Alhucemas. Fué
puesto en libertad en el año 4772 , y al llegar á su pais
murió en el mismo año.
lié aquí el título de sus varias obras :
Ensayo para
constar los alfabetos de caracteres desconocidos de las me-
dallas mas antiguas, y los monumentos de España.
En
esta obra pasa la vista el autor por los diversos alfabe-
tos,
los cuales se pudiera intentar explicarlas me-
dalas desconocidas ; á saber : los alfabetos griegos an-
tiguos que formó Eduardo Bernard , y que corrigió
.
mas
tarde Spanbemines , que Velazquez mismo aumentó con
algunos caractéres griegos sacados de los diferentes
monumentos antiguos; el alfabeto etrusco de Luis Bout-
quet aumentado con el de Gori; el pelásgico y arcádica
por el mismo Boutquet , y publicado por la Academia.
etrusca ; el 'latino antiguo y gótico de Bernard, publi-
cado por Spanhemines ; el ruínico de Olans Normines,
sacado de los antiguos monumentos daneses , aumen-
tado por Velazquez ; los fenicios y samaritanos de Sca-
liger
l
Nochars Walton , Bernard , Montfaucon Rabb,
Azarilus y Juan Sevinthon ; el púnico , publicado por
Guizot de la Marne , con las observacione
s
de Foumont.
il~1111.11.1111•11m"-
51
CAPITULO ADICIONAL.
Compara en seguida Velazquez los caractéres entre sí
de
estos varios
alfabetos, haciendo notar su semejanza,
sobre todo entre los griegos , fenicios y hebraicos. Con-
cluye haciendo aplicacion de los principios que habla ya
establecido , relativos á las medallas y monumentos_an-
tiguos de España.
Origen de la poesía castellana.
El autor traza en esta
obra la historia del Parnaso español , dividiéndola en
cuatro épocas : es un escrito importante en esta clase de
literatura.
Anales de la nacion española desde los tiempos mas
antiguos hasta la entrada de los romanos , segun varios
escritores originales y monumentos contemporáneos.
Congeturas acerca de las medallas de los reyes godos.
y
suecos de España.
Dá prueba el autor en esta obra de
sus vastísimos conocimientos en la numismática.
Relacion del viage hecho de órden del rey, y noticia de
una historia general de España hasta
1 51 6 ,
estractada
de los escritores y monumentos recogidos durante este viage.
Existe Laminen una produccion ligera y jocosa de
Velazquez que tiene este título :
Coleccion de varios es-
critos relativos al Cortejo.
Es una sátira contra las estra -
vagancias y costumbres del tiempo,
‘
y contra los abusos
del poder. Fué este escrito el que le valió las persecucio-
nes que esperimentó en seguida ; porque cuando su-
cedió el levantamiento de Madrid en 1766 , se le crey&
autor de los folletos sediciosos que circulaban.
Dejó Velazquez gran número
de obras empezadas.
EL
PADRE FLOREZ ,
de la órden de San Agustin ,profeso
de teología en la Universidad de Alcalá, y sóciocorres—
ponsal de la Academia de Inscripciones y Bellas-letras
ras:
Fué el padre Florez uno de los hombres que presta-
ron en el reinado de Fernando VI el mayor servicio
á
historia de la nacion. española
SE GC/ON SEGUNDA.
55
Habia llegado
á
la edad de treinta y cinco años
y
publicado varios tornos sobre la teología escolástica,
cuando su genio le hizo advertir que existian estudios
de mucha mayor utilidad. La lectura de la Summa de los
concilios le hizo sentir que pudiera consagrarse á, otras
materias que tenian mas estrechas relaciones con los
intereses de la religion , y concibió la idea de entregarse
al estudio de la historia , y
particularmente á
la numis-
mática y al de las antigüedades.
Su primera obra de esta clase fué
la Clave historial,
o
introduccion á la Historia eclesiástica y política , á la
Cronología de los papas , de los emperadores , de los
reyes de España , de Italia y Francia , coa el origen de
todas las monarquías , concilios , hereges , santos, es-
critores , corno asimismo los sucesos memorables de,
cada siglo. Se han hecho al menos diez ediciones de
este compendio de historia , que salió á luz por la pri-
mera
vez en
4743 (en !L°) Habia el P. Florez tornado
la idea de este libro 'del abate de Vallemont ; pero al
apropiársela la mejoró con el método que en ella introdujo,
y con las varias ediciones con que supo enriquecerla.
La obra maestra histórica de Florez fué su
Espctúa
sagrada,
ó Teatro geográfico
é
histórico de la iglesia de
España ;
origen , divisiones y límites de todas las pro-
vincias; antigüedad, traslacion y estado pasado y pre-
sente de sus obispados en todos los estados de la monar-
quía: española y de Portugal , con varias disertaciones
críticas para ilustrar la Historia eclesiástica de España;
29
tornos en 4.° , reimpresos muchas veces y en varias
ciudades.
Se engañaría cualquiera persona de un modo estraño
si buscase en este
vasto trabajo histórico otra cosa mas
que una preciosa coleccion
de antiguos documentos;
pero ¿no es va prestar un gran servicio á la historia el
reunir tantas obras auténticas que hubieran permane-
cido desconocidas , v en consecuencia perdidas en el
fondo de los archivos? Ademas supone este trabajo una
56
CAPITULO ADICIONAL.
vastísima erudicion y un celo árduó por las investiga-
_ciones históricas.
Otra obra que hace mucho honor á la capacidad in-
vestigadora del P. Florez es la que sifgue:
Medallas de las colonias, municipios
9
de Fspaiia; coleccion de las que se
encuentran e
gua
y pueblos anti-
e
n
varios autores- de otras que todavía no se han publicado,
con la esplicacion
y
dibujo de cada una, por el P. Florez.
Madrid, imprenta de Antonio Marin,. 1757,
/
n
758, ,4 to-
mos en 4,.°
El estudio de las medallas habla disfrutado de poco
honor hasta los tiempos de Alonso Y de ¡Wagon , á
principios del siglo XV: ningun paso escaseó este mo-
narca para descubrir algunas ea toda la Italia, haciendo
que se colocasen en una caja de marfil que- llevaba, eón-
sigo en todos sus viages. Dice Ant. Panormitanus , al
hablar de la aficion de este príncipe á las medallas, que
consideraba las de los emperadores ilustres , v sobre
todo las de César , como un estímulo para la gloria y
la
virtud.
14ammari ad virtutem et gloriar.
Los diálogos
de Antonio Agustia sobre las medallas, formaron
la
primera obra de mérito que se publicase- sobre esta cien-
cia. En fin , otros varios españoles han hecho descubri-
mientos importantes en. esta clase.
Dice el P. Florez en su
Introduccion
que había con-
sultado treinta y ocho gabinetes de medallas para
la
formacion de su obra; pero tambien fue acogida ea Eu-
ropa con merecido favor. Pellerin , en su coleccion
de
medallas de pueblos y ciudades ,
que no se han publicado
todavía , o que son poco conocidas ,
diceál hablar del
P. Florez : «ala añadido á la des.cripcio¿de todas
estas
medallas disertaciones y observaciones-juiciosas y sa-
bias: es lo mejor que se ha publicado ea esta clase
de
obras hasta ahora. Deben existir pocas medallas que
-agregar y menos observaciones todavía que añadir a
una coleccion tan completa , y
hecha con tanto cuidado
investigaciones.»
1'
1
SEC CION SEGUNDA.
57
El emperador de Alemania, á quien hizo ver el car-
denal
Migazzi ,
arzobispo de Viena , la obra de Florez'
se quedó con el egemplar ; y á fin de honrar al autor,
le mandó una medalla de oro que llevaba su busto'. El
conde de Caylus , presidente de la Academia real de
Inscripciones y Buenas letras de París , propuso á está
sabia sociedad que nombrase al P. Florez sócio corres-
ponsal , lo que se aceptó el 1.° de enero de 1701.
Medallas de las oolonias, municipios y pueblos antiguos
de España , que todavía
no
han sido publicadas , con las
de los reyes godos.
Parte III. Madrid , imprenta de don
Antonio Sanchez , 4773 , 1 tomo en 4.°
Dieron lugar á este suplemento de la primera obra
del P. Florez nuevos descubrimientos de medallas he-
chos desde 4758 y la inspeccion de nuevos gabinetes,
entre ellos el del infante don Gabriel.
Memorias de las reinas católicas; Historia genealógica
de la casa real de Castilla y Leon. Trages de las reinas
representadas en láminas. Nuevo aspecto de la historia.
Madrid , imprenta de Marin. Segunda edicion ; la pri-
mera en 1761 ; la segunda en 4770 ; 2 tomos ea 4.°
Tan considerable era en España el número de
nobiliarios
y
genealogías ,
que la
Biblioteca heráldica
de
Gerardo Ernesto de Frangeneau , ó sea de don Lucas
Cortés
'
no contenia mas que apuntes de esta clase;
pero hacia falta una buena genealogía de la casa real.
El P. Florez , cuyos estudios y vasta correspondencia
hacían que estuviese en estado de llenar este vacío,
reunió muchos documentos , y apuntó con cuidado los
nombres y sucesos mas importantes , relativos a las
reinas
'
las favoritas de los re
y
es y á los hijos que na–
cieron de ellas. Se encuentran en esta obra hechos ra-
ros y poco conocidos, y las láminas ó estampas que
representan los varios trabes de las reinas en épocasdife-
rentes ,
contribuyen á realzar el mérito de esta
Historia
nobiliaria cronológica.
Viage de Ambrosio de Morales , hecho de &den
de Fe-
CAPITULO ADICIONAL.
58
Upe
II, por los reinos de Leon , Galicia
y
de
Principado
Asturias, para examinar las reliquias de los santos , las
tumbas de los reyes
y
los libros manuscritos de las cate-
drales y monasterios,
publicado por el P. Floreo retrato.
no-
tas, acompañado de la
vida
del
ator,
con su retrato.
Madrid , Antonio Marin , 4765 ,
tomo en fol.
De Formando theologice studio , libri
IV,
collecti
ac
restitati per
R. P. M. F.
Laurentium a Villavicencio, doc-
tor theologo
concionatorem ordinis ermitaruni San
Agustini. Tertia editio , ese autographo postrema autoras
mano concinnato. Curante
R. P. M. F. Enrico
Florez.
:
apud Ioachim Ibarra ,
1768 ,
in 4.°
El P. Florez publicó tambien en el mismo año otra
obra de Villavicencio titulada:
De sacris cancionibus,
seo de interpretatione Sacrarum Scriptarum populari,
libri
En casa de Ibarra. Añadió á la primera de
estas dos obras una noticia de la
vida
y
escritos del
P. Vi-
llavicencio.
Informe escrito á instancias del P. Rávago para di-
lucidar la cuestion de saber si convendria hacer impri-
mir los Códigos góticos de los concilios, que existen en
la Biblioteca del Escorial (manuscrito).
Informe hecho por encargo del Consejo de Castilla
tocante al método de conservar los libros. (Manuscrito).
Formóel P. Florez un gabinete de medallas y de ob-
jetosartísticos bastante considerable, y que conservaba,
así como su rica biblioteca, en el convento de San Fe-
lipe el Real de Madrid.
No es pequeño mérito el de haber adquirido ese
gusto esquisito en monumentos antiguos, y una erudicion
tan vasta como sólida en materias históricas „
.
't despe-
cho de la barbáriey del escolasticismo, en cuyos)rinci-
píos se 'labia educado el P. Florez en las escuelas mo-
násticas de aquel tiempo. Por una de aquellas felices
compensacionesque se notan en la suerte de los pueblos,
España, cuya muchedumbre de conventos había sumer-
gidoen la ignorancia, es deudor Mos mondes de algunas
•
SECCION SECUNDA.
39
buenas obras. Se vejan de cuando en cuando salir de la
soledad de
los claustros
a hombres
es
clarecidos, á quie-
nes
pareciaqueencargase la Providencia,
a mision hon-
rosa de esparcir luces entre sus compatriotas,
y
parecia
que el cielo, movido á cornpasion por la
desdicha de Es-
paña, ,
quería convertir en provecho
-
de aquel
pueblo
estas mismas instituciones que habian causado su igno-
rancia , y lo habian despoblado y empobrecido.
Otra circunstancia no menos notable de la vida del
P. Florez, es que , á pesar de los honores que le con-
cedióBenedicto XIV en su órden, para recompensarlo de
las inmensas investigaciones hechas en su
España sa-
grada,
en medio de la estirnacion evidente que le ma-
nifestaba su soberano , y no obstante el concierto uná-
nime &le todos los sabios nacionales y estrangeros para
hacer justicia
á
su raro mérito , le gustaba siempre el
retiro
y
una vida
o
consa
cr
rada
al estudio , sin jamás de-
jarse arrastrar por los consejos tantas veces pérfidos de
la
ambicion.
EL P. SARMIENTO.
Se debe contar entre los sabios españoles de la época
cuya historia literaria trazamos , el P. Sarmiento , be-
nedictino, quien publicó la
Donostracion crítico-apolo-
gética del Teatro crítico universal
del P. Feijoó. Madrid,
en casa de la viuda de Francisco del Hierro ; 1732,
2 tomos en 4.°
El P. Sarmiento , que era uno de los discípulos
queridos del P. Feijoó, habla firmado las aprobaciones
que se encuentran al frente de las obras de su sabio
maestro, y no pudo permanecer espectador indiferente
en la lucha encarnizada que promovieron las-preocu-
pacioaes generales, contra el
Teatro crítico
de este
autor ilustrado , costra quien se hablan publicado mas
gungsmigammum,.....-
60
CAPITULO ADICIONAL.
de cien folletos ó libros. No dió á
luz
pública
Sarmiento
otros escritos en su vida , publicándose stuosmoobrparsimpóest;
t
urnas poro despues de su muerte. E
consta de memorias para la Historia de la Poesía
y
los
Poetas españoles , que cuidaron de imprimir los mon-
(
Y
es del convento de San Martin de Madrid , 1775 ,
ea
casa de Ibarra , en 4.°
Trabajaba el P. Sarmiento para -acumular materia-
les para la Historia de
.
la Literatura ; pero sin propo-
nerse, publicarlas todavía , se contentaba con leer la.
retador' de sus descubrimientos á algunos amigos
su--
vos. No ofrecen , pues , sus manuscritos el orden
ni el
.encadenamiento que seria necesario para formar una
obra ; sin embargo , mas cuidado se manifiesta en. sus
memorias que en sus dernas_manuscritos , porque los.
entregó a su amigo el .cardenal Valentin Gonzaga..Flu,—
biéranse perdido estas memorias para la literatura sin.
la vi
g
ilancia de donClemente de Áróstegui-,.que
los
introdujo ea España, porque el
autor mismo no se
ha-
bia siquiera quedado con una copia de ellas.
Habia ya emprendido la misma tarea que él P. Sar-
miento el
marqués _de
Valdeflores, pero no labia teni-
do conocimiento de la carta del marqués de Santillana,
escrita en el siglo XV, que ha contribuido considera.
blernente
á esclarecer
los primeros tiempos de la poesia.
castellana.
En el Semanario erudito,
se- han impreso lós
si—
.guie
►
tes fragmentos del
P.
Sarmiento.-
Catálogo de
y
algunos
libros raros
escogidos para,
la biblioteca de
un
rico p
.
articular que
.'
quiera comprar
tres ó cuatro mil tornos.
Discurso crítico del
.
Origen de los maragatos.
El porque sí y porque
no, de• su conducta y repug-
nancia á
escribir para el público.
•
Origen de los villanos y otros varios.
LEGISLACION.
Empezábase ya á echar de menos una clasificad
ordenada de las numerosas leyes que encerraban los.
códigos antiguos y modernos. En_ lugar de contribuir
á causa de su inmenso número, á ilustrar á los jueces
en la discusion de los negocios, daban, por el contrario
lugar á las interpretaciones y desorden en la adminis-
tracion de justicia. En 4748, Mora y Jarava publicó su
,
estimable obra relativa á la jurisprudencia, cuyo titu-
lo revela claramente el objeto:
«De los errores en el de-
Techo Civil.»
El marqués de la Ensenada se lamentaba,
en su 'representacion á Fernando VI, de la falta de eje-
cución de las sabias instrucciones comunicadas por el
consejo de Castilla ó las universidades
.
, relativamente
á la enseñanza de la jurisprudencia. «La cine se apren-
de en las aulas, .añade, tiene poca ó ninguna relacion
con la práctica; porque no debiendo- de ser administra-
da la justicia sino conforme á las leyes nacionales, y
no habiendo para la enseñanza particular de esta cátedra
ninguna especial, resulta que los jueces y abogados,
despues de asistir durante varios años á las lecciones
de las universidades, no se hallan muy en estado de
desempeñar las funciones de su ministerio, habiéndose
visto precisados á estudiar separadamente y sin método
las materias cuyo conocimiento es indispensable.»
«Ea las universidades no se enseña mas que el de-
recho romano, en tanto que, para los tribunales del
reino, nada hav de -útil sino el
Resumen del derecho c_Ou
principios aplicados á nuestras leyes, considerac!on
que decidió á Antonio Perez á emprender la redaccion
de sus
instituto.»
Proponia el ministro la formacion de un coligo
nuevo de leyes nacionales con sus
instituto,
reducien-
do los
tres volúmenes de la coleccion á uno solo,
aten-
68
CAPITULO ADICIONAL.
indispensab
le
destruir primero para edificar luego, con
arreglo á, un plan determinado. Velazquez que en la
época á que nos referimos, publicó la historia de la
poesía castellana , creía que no son merecedores de
ocupar un lugar entre los buenos poetas de su tiempo
mas que Luzan y don Aquilino Montiano y Luyando.
Del primero hemos hablado ya ; del
,
segundo existen
dos tragedias:
Virginia
y
Ataulfo ,
que no se llegaron
á representar jamás, y cuyo mérito principal consiste
en la imitacion de los poetas dramáticos franceses , así
como en la ejecucion de las reglas y unidades , á que
he
conformó, y que hasta entonces se hablan mirado
con desden. Por lo demas, carecen estas tragedias de
movimiento y calor, y sirven tan solo para indicar los
antiguos escollos de la poesía dramática, no pudiendo
citarse corno modelos, porque les faltan las dos cuan-.
dades esenciales á la poesía, que son el estro y el in-
genio.
FILOLÓGIA.
Tenemos que hablar, en este lugar, de los dos li-
teratos españoles mas notables del siglo XVIII,
á
sa-
ber:
don Gregorio ilayans y Ciscar y don Juan Iriarte.
El
primero nació en Oliva, provincia de Valencia, y
fué nombrado bibliotecario de Felipe Ven 1732; pero,
como no lo dejase este destino tiempo suficiente para
él
ocuparse de las obras que tenia empezadas, renunció á
, á fin de entregarse completamente en el silencio
el retiro á sus estudios que formaban toda su felici-
dad. El autor del
Nuevo viage á España,
en 4778
y 4779, lo llama el Nestor de la literatura española,
y encarece su laboriosidad , conclu
y
endo por decir:
«le dió Voltaire con razon el dictado
`
de
Célebre:
Ro-
bertson lo consultó antes de redactar sus obras, y
SECCION SEGUNDA.
69
Taus siguió correspondencia epistolar con todos los sá-
Mos
de España.»
El catálogo de las obras que publicó es
s
ba t t
estenso. Case todas tratan de gramática, retórica
cuencia sagrada, filosofía moral, historia literaria' ecr°í:
tica, jurisprudencia, y en cada una de estas materias
dió pruebas de un gusto notable, escribiendo á veces
en latín y a veces en español. Su estilo es , sino del to-
do puro, por lo menos muy superior al que reinaba
por aquella epoca, en las producciones de la literatura
castellana. Puede verse el catálogo de sus escritos en
la biblioteca de Sempere. Nos limitaremos á citar al-
gunas de sus obras , que son las siguientes:
Varias disertaciones y comentarios á las leyes.
Discursos
en
que se trata de la verdadera elocuencia
española.
La república literaria de Saavedra y Fajardo ,
COITO-
gida ,
en que Mayans se dá á conocer como crítico pro-
fundo. Valencia , 4730.
Cartas morales, militares, civiles y literarias de va-
rios autores españoles.
Madrid , 1734. ,
Diálogos relativos á escudos de armas y genealogías,
escritos
por
don Antonio Aguslin , acompañados de
la
vida del autor.
Madrid , 473k..
Reglas de ortografia de la lengua castellana, por el
maestro Antonio de Lebriya , con algunas reflexiones de
Mayans
y
Ciscar.
Madrid , 4735.
Las epístolas de don Manuel Martí, deán de Alicank
con su vida , escrita por Mayans ,
en latín 1735.
Vida de Miguel Cervantes Saavedra.
Madrid 4737.
Origen de la lengua española.
4737.
Lectura cristiana de Arias Montan° , traducida al
español por Pedro de Valencia.
Madrid ,
1739,
con
un número inmenso de documentos , añadidos por
Mayans.
Retórica ,
publicada en 4737.
Ediciones de
Fr. Luis de Leon ,
con su vida. 4761.
70
cAPry
ULO ADICIONAL*
Ediciones de las obras de
Sanchez
(le las _Brozas,
conocido por el
Brocense.
Ginebra , 1766.
Eclicion de las obras de
Luis
Vives, con la
vida
de
este sáhio español ,
en latín.
-
Valencia , 1782.
_
El mérito principal de Mayans, consiste en haber
influido, con sus trabajos continuos é importantes , a
que se generalizase el gusto de las letras y de las
ciencias entre los españoles , promoviendo la reimpre-
sion y anotaciones de las mejores obras de los escrito-
res nacionales , relativas á la gramática , filosofía, his-
toria , legislacion , y en general, toda clase de cono-
cimientos,
y
facilitando de este modo, la lectura de los
autores mas notables de la literatura española del si
«
lo
XVI , de
los que, con razon , puede llamársele el
conservador. Tambien ha publicado escritos llenos de
mérito, en defensa de la autoridad civil contra las exi-
gencias de la córte de Roma. El fiscal de la cámara
de
Castilla, Jover , lo consultó acerca de este punto; corno
respuesta, le remitió Mayans escritos que afianzaron
en
su ánimo los verdaderos principios de derecho pú-
blico, estableciendo la independencia de la autoridad
temporal de la potestad eclesiástica (23).
Don Juan de Iriarte, bibliotecario mayor de S.
M.,
intérprete de la secretaría de estado , é individuo
de
la
Academia real española , nació en Orotava , puerto
de las islas Canarias , á 25 de diciembre de 1703.
Siendo todavía jóven le envió su familia á París , en.
donde aprendió , con estraña perfeccion , las lenguas
francesa y latina , prinutro en una casa particular de
educacion , y luego en el colegio del cardenal Lemoi-
re.
En seguida vivió
en Ruan , en casa del cónsul
de
Francia, en Canarias , y dió fin á
sus
estudios grama-
ticales con el P. Joanin
y Maudit. Al regresar á París,
siguió las lecciones del P. Porée, en el colegio de Luis
el Grande , adquiriendo grandes conocimientos en las
lenguas orientales.
En cuanto acabó la educacion , regresó á Canarias,
SECCION SEGUNDA.
71
pasando por Lóndres. Falleció
por entonces supadre
y en 172/ se embarcó para España , con intencion
estudiar leyes en las universidades , pero al llegar
á
Madrid , no pudo resistir á la viva inclinacion que pro-
fesaba á la literatura. Iba con frecuencia á la Biblio-
teca real , en donde se hizo amigo con el bibliotecario
mayor don Juan Ferreras , y el padre Clarke, confe-
sor de Felipe V; por cuya recomendacion logró un
destino de oficial ea aquel establecimiento. Muy pron-
to la reputacion de su instruccion y de sus definas pren-
das le valió el empleo de maestro del duque de Be-
jar , del duque de Alba y del infante don Manuel
de Portugal , y en 4789 , fué nombrado bibliotecario
del rey.
Poseia Iriarte toda la instruccion indispensable para
el
desempeño del destino que acababa de conseguir en
la Biblioteca real. Era ¡muy versado en los idiomas, co-
nocia perfectamente la historia literaria , la crítica y la
bibliografía. Así es , que de su propio puño copió va-
rios manuscritos , cuyo índice preparó. A su laboriosi-
dad se debe el catálogo de manuscritos griegos de
la
Biblioteca real , impreso con este título:
Regia Biblio-
tecw matritensis , codices 131. H. Joannes Iriarte ,
ejus-
dem custos , manuscriptorum museo olim prcepositus,
idemgue regis interpres intimus , excussit et recensuit,
notes , indicibus anecdotis pluribus evulgatis illustra-
vit. Opus regiis auspiciis et sumptibus in lucem edition.
Volumen prius. illatriti, typographia Antonii Perez de
Soto ,
aneo 1760 ;
in folio.
Este primer volúmen contiene las noticias de mas
de sesenta manuscritos copiado4 por el mismo Constan-
tino Lascaris , enriquecidos con notas y adicciones. Es-
tas noticias pertenecieron al principio al duque de Uce-
da don Francisco Pacheco y Mendoza , virey de Si-
cilia en tiempo de Felipe V , y en seguida pasaron á la
Biblioteca real. En ellas se esplica el asunto de que
trata cada manuscrito, el número de páginas de que
11~~11#01.1-1"45.---
1
71
CAPITULO ADICIONAL.
4
0
.
1
se compone, los caracteres y año ,- con los demas por.
menoreSnecesarios
.
p
ara
formarse una idea cabal. De
algunos se da el principio y fin del índice ; otros están
impresos todos; otros se han cotejada con algunos im-
pr
esos, indicando las variantes. Contienen ademas de-
talles relativos á la etimología, y un numero crecido
de
anédectas, y termina este trabajo con algunas diser-
taciones literarias, y
un índice de las obras del fecundo
Vicente Marinen.
Los catálogos de libros de la Biblioteca real de Ma-
drid , en dos volúmenes en fólio, de geografía, crono-
logía y matemáticas , son tambien obra de don Juan
Iriarte,
y
tienen los siguientes títulos:
Matritensis bi-
bliotheca geographica , anno
4729.
Matritensis biblio-
Meca mathematica , anno
4730.
Tambien trabajó en las correcciones y adiciones
de la
Biblioteca hispana
de don Nicolás Antonio , en
la
Paleografía griega ,
de que redactó un
volúmen.
en 4.° , y en el examen del gabinete de medallas
del rey, como compañero del célebre anticuario Pa-
blo Lucas.
El 21 de febrero de 4742, fué nombrado por Fer-
nando VI intérprete de la secretaría de Estado. En 4754
se le dió órden de redactar un
Diccionario latino-español
y
español-latino ,
para el que escribió mas de seiscien-
tos artículos de
la
►
letra A, notables por la claridad y
exactitud.
Fué nombrado en 6 de agosto de 1743 individuo
de la Academia real española, y contribuyó mucho con
sus
o
bservaciones á la redaccion del Tratado de orto-
grafía, del de Gramática castellana, así como á la
cor-
reccion y aumento del de la lengua.
Sus poesías latinas,. épicas y epigramáticas, son co-
nocidas universalmente. En la distribucion de premios
de la Academia real de las
tres nobles artes ,
de que
era socio honorario, leyó en 4754 un poema titulado:
Novus artiunt orbis
á
Fernando
VI rege repertus; en
SECCION SEGUNDA.
73
4759,
Caroli
regis
in regiam urbem
i
ngressus ab ingen-
-nis artibus exornation; en
1762,
Velascus et Gonzalides
ingenuarum artium monumentis consecrati.
Tambien es-
cribió en latín las dos obras siguientes :
Tauriniachia
Matritensis , sive Taurorum luda Matriti, die
julii 30
anno
4725
celebrati ; Merdidium Matritense , sive de
Matriti sordibus carmen arectum.
Don Juan de Iriarte escribió así
mismo
un número
inmenso de epigramas con que enriqueció la lengua
latina y la española, é insertó varios artículos en el
Diario de los literatos.
Era muy aficionado á los proverbios, de qué formó
una coleccion de veinte y cinco á treinta mil, en espa-
ñol. Para recogerlos, se mezclaba con las gentes del
pueblo, y á veces daba á sus criados una gratificacion
por cada proverbio nuevo que le traian.
Se ocupaba con esmero en la redaccion de una
Bi-
blioteca general
de autores que han hablado de España,
ya sea de geografía, ya de historia política y literaria,
hombres ilustres, comercio, etc. , etc. No se ha publi-
cado esta obra. Por amor
á su
pais natal,
reco-
gido muchos materiales para escribir la
istoria de las
Canarias , con una biblioteca de los autores que han tra-
tado de este asunto en todos tiempos.
Pero la obra en que con mas empeño trabajó Iriar-
te, durante toda su vida , es la
Gramática latina ,
que dió principio cuando estudiaba en París, y que
continuó durante cuarenta años en medio de otras- in-
finitas ocupaciones literarias. Bajo la proteccion espe-
cial del rey empezó la impresion de esta obra, que se
Iriar
te llamar con razon el primero y Ultimo trabajo de
Iriarte; porque ya estaba muy enfermo cuando se
rimió , é imposibilitado de vigilar la edicion , corno
hubiera deseado. Su sobrino ,
-
don Tomás Iriarte , el
fabulista, la dirigió;
se publicó en 1771 , con el título
siguiente:
Gramática latina,
escrita etc., etc. , con
un
método nuevo en versos castellanos y
esplicaciones
74'
CAPITULO ADICIONAL
en prosa , dedicada á sus altezas reales don Ga-
briel y don Anto
p
io. Mas tarde se hicieron varias edi-
ciones.
Don Juan Iriarte murió en Madrid á 23 de agosto
de 1771 á, la edad de sesenta y ocho años.
Don Casimiro Gomez Ortega escribió el siguiente
epitafio latino para Iriarte, que falleció cuando se im-
prunia su gramática:
¡lic licet et grecce doctus, doctusque latine
Et Musis carus jam Iriarte faces;
Librorum cestos , librorumque optimas auctor.
(Bibliothecw instar nausque locuentis eras)
Cantasti mor iens linguw prwcepta latina
Dulcius , heu moriens sic quoque cantat olor.
PERIÓDICOS LITERARIOS. -1?!
Despues del
Diario de los literatos ,
cuya pasagera
existencia hemos citado al hablar del reinado de Feli-
pe V, se empezó a publicar en Madrid , en 1757 , las
Memorias para la historia de las ciencias y bellas artes,
que publicaban en francés los padres de Ti évoux ; á
medida que se publicaba en Paris un número, se tra-
ducia al español. Se imprimieron dos volúmenes de
esta produccion periódica, cuyo traductor se llamaba
llustan.
Discursos mercuriales. Memorias relativas á la agri-
cultura, comercio
y
artes, tanto liberales como indus-
triales,
por don Juan Enrique Graes; solo se publicaron
-veinte y dos números de esta obra, de que se daban á
luz dos al mes.
Diario
curioso , sabio , comercial' y económico ,
por
don Manuel de Uribe (el autor verdadero se llamaba
Nifo). Las materias iban ordenadas así: la primera par-
SECCION SEGUNDA.
75
te
contenia la historia . y literatura nacional y estran-
gera ; la segunda nocion
e
s de comercio y economía,
anuncios, ventas, etc.
Este periódico gozó de escaso favor ; cambió á me-
nudo de redactor , hasta que en 1781 se
vendió
el
privilegio , por una cantidad módica , á Theveuin , li
,
brero de Madrid que le dió nueva forma.
CAPITULO LIX.
11159.-1100.
Advenimiento de Cárlos III.—Establece la órden de' sucesion á los tro-
nos de Nápoles y España.—Esclusion de su hijo mayor por causa de
imbecilidad.--Calda de Farinelli y nuevo valimiento de Ensenada.—
Llegada de Cárlos á Madrid y organizacion de su gobierno.—Des7-
cripcion de la córte de España y del ministerio , con un estado
del ejército y marina , segun las comunicaciones del conde de
Bristol.
Como no dejase hijos Fernando , recala la corona
en Carlos III, rey de Nápoles, que era su hermano
por parte de padre. En cuanto supo Carlos la muerte
de Fernando, tomó al punto el titulo de rey de Espa-
ña, y confirmó el nombramiento de su madre para la
regencia hasta su llegada ; pero no se dió prisa á, ir a
tomar
.
posesion del nuevo reino , hasta tanto que es-
tableciese la sucesion á la corona de Nápoles, lo cual
ofrecia algunas dificultades.
Por la paz de Viena se labia concedido á don Cár-
los
el trono de Nápoles, con la condicion de que
am-
has coronas quedarían para siempre separadas. Sin
embargo, por el tratado de Aquisgran , se garantiza-
ron á don Felipe los ducados de Parma y Plasencia,
con la reserva' de que si don Carlos heredaba el trono
de España
y
le sucedia en el de Nápoles y Sicilia don
Felipe, los ducados de Parma y Guastalla
YolVerian
á
4759. 1760.
77
la casa de Austria y el ducado de
P
lasencia, esceptuán-
dose las capitales y distritos del otro lado del Nura, se
cederla al rey de Cerdeña.
En virtud de este convenio, estaban
i
gualmente in-
teresadas Austria y Cerdeña en que se sentase don
Felipe en el trono de Nápoles , a lo cual se habia
opuesto tenazmente Carlos, conociendo harto
.
que si
llegaba este caso, esperimentaria una resistencia fuer-
te para la ,corona de
-
Nápoles á uno de sus hijos.
Afortunadamente para sus proyectos, el rey de Cerde---
ña, que era el mas dispuesto á suscitar turbulencias
en Italia , se-hallaba imposibilitado de oponerse solo á
cualquier arreglo que fuese; las córtes de Francia y
Viena, por su parte, por hallarse entonces empeñadas
en la guerra con Rusia, tenían interés en contempo-
rizar con
el
nuevo rey de España. En vista de esto se
verificó un arreglo , en virtud del que se daria al rey
de Cerdeña una cantidad determinada de dinero; la
córte de Austria abandonarla sus reclamaciones '
• la
union, verificada recientemente entre la córte de Aus-
tria y la de los Borbones, seria todavía mas estrecha
efectuándose una alianza entre las familias de Austria
y España. El archiduque José debia unirse á una prin-
cesa de Parma, y Leopoldo, designado como sucesor
en el gran ducado de Toscana,
debia
unirse á una in-
fanta, de España.
Sin embargo,
presentaba otra dificultad; la cual
era la incapacidd del hijo primogénito de Carlos , don
Felipe , que era el presunto heredero de la corona d e
España, el cual, sujeto desde niño á. serios ataques
de epilepsia, se hallaba en un verdadero estado de im-
becilidad. En esta triste situacion, no se mostró Carlos
menos cariñoso con su hijo que
j
usticiero con su pueblo.
Los médicos y el consejo real declararon al jóven prín-
cipe en estado de incapacidad mental , imposibilitado
para gobernar , sin presentar la esperanza mas ligera
de que pudiera llegar á recobrar la razon.
Ea
vista de
78
CAPITULO CINCUEN
T
A Y NUEVE.
.estas consideraciones , juzgó necesario el rey
deaten-
der á su hijo mayor , nombrando á, su hijo segundo,
Carlos , sucesor al trono de España , v declarando al
mismo tiempo al tercero, don
Fernand
u
o
,
rey de Ná-
poles y Sicilia. Para evitar todos los reparos , y aten-
der á las dificultades que pudieran ocurrir en lo suce-
sivo , dió la mayor publicidad á sus decisiones. Des-
pues de reunir en torno suyo á todos los ministros, á
los principales grandes de la córte , á los diputados de
la ciudad de Nápoles , á los embajadores de las cortes
estrangeras, y á un camarista de Castilla, subió al
trono y egerció su autoridad como rey de España y Ná-
poles , creando á varios grandes y confiriendo algunos
collares del Toison y
de
San Genaro. Entonces fué
cuando ceñidas las sienes con la diadema española,
mandó proclamar públicamente y con solemnidad el
acto siguiente de sucesion:
«Entre los cuidados y graves atenciones que me ocu-
pan , desde que , por muerte de mi augusto hermano
el señor don Fernando VI , estoy llamado á la corona
'
de España, la notoria imbecilidad de mi hijo primog é-
. hito , fija especialmente toda mi atencion. El espírit
u
de los tratados ajustados durante la última centuria,
a
prueba que toda Europa desea alejar de Italia el p re
minio de España, en cuanto sea posible hacerlo sin.
-
ofender las leyes de la justicia. Considerándome, pues,
en el caso de nombrar un sucesor para, mis estados de
Italia, en vísperas de emprender m"via
ge á España , y
de elegir entre los hijos que plugo al de ellos
me veo en el deber de decidir cuál e ellos debe de
ser considerado como el ''
se
cr
undo , por órden de liad-
: miento , capaz de dirigir el gobierno de mis estados de
. Italia , separados de Españay as Indias. Esta cir-
cunstancia que, por el bien de la tranquilidad eu-
pea, me impone la obligacion de apartar toda sos re-
cha de querer conservar en mi propia persona los esta-
:.(los de España é Italia , me mueve á tomar hoy una
df
li
11
s
el
di
la
1
4759.-4760.
19
arme resolucion en este punto. Un considerable núrne
ro de mis consejeros de Estado , un individuo del
a
-
cámara de Castilla, otro de la cámara de Santa Cla
ra
el lugarteniente de
.
la Sommaria de Nápoles y toda
la junta de Sicilia, representada por seis diputado
-
s, me
han espuesto unánimemente
que
despues de tentar to-
dos los medios posibles,_no han podido lograr el des-
cubrir en el desdichado príncipe, mi hijo primogénito,
ninguna señal de razon, de entendimiento ni rellexion,
y que no
habiéndose conseguido que varía este estado
desde su infancia , no solo es incapaz de sentimientos
religiosos, y privado de toda razon , sino que no es
lícito abrigar la mas remota esperanza para el porve-
nir. Todos , en vista de esto, son de parecer que no
puede este príncipe ocupar el alto puesto para que lo
destinaba la naturaleza, así corno el derecho y amor de
su padre. En esta situacion desdichada , viendo que
por la disposicion divina los derechos de mi hijo se-
gundo recaen en el tercero , don Fernando, menor de
edad todavía, es obligacíon mia, corno soberano y pa-
dre , al transmitirle los estados de Italia, el adoptar
las medidas convenientes durante el tiempo de su mi-
noría y fijar la tutela que yo no podré egercer de un
hijo, no menos independiente como soberano en Italia,
que yo mismo, como monarca de España (24).»
Así , pues , fijó Cárlos la sucesion , llamando , en
primer lugar, á los hijos varones de Fernando, y en
su defecto á las hembras; y por falta de ,unos y
otros , á cada uno do sus demas hijos y sus descen-
dientes, por el mismo órden; y en el caso de que se
acabase su propia descendencia totalmente , llamaba
para heredar á sus hermanos Felipe y Luis y sus su-
cesores. Firmó este acto y lo selló; y en seguida
presentando su espada á su hijo, le dijo: —Luis XIV,
rey de Francia, dio este acero á Felipe V vuestro
abuelo. De él le he recibido yo, y os le entrego. No
le
desenvaineis
jamás sino para defender la religion
80
CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE.
y vuestros súbditos (25). —Terminó aquella ceremonia
con las felicitaciones de costumbre al nuevo soberano,
y
e
Cárlos confió la direccion de los negocios publicas
durante la minoría de su hijo á una regencia, á cuyo
frente puso al marques de Fannucci.~,
Aquella misma noche, en compañía de la reina y
de toda la familia, esceptuando á Fernando, fue al lu-
gar del embarque en donde se hallaba anclada una
escuadra de diez y seis navios de línea., que le espe-
raba para conducirlo á sus nuevos estados. A su paso
por las calles de la capital, todas las casas estaban ilw-
minadas, y á medida que se acercaba al muelle , se
precipitaba para verlo una muchedumbre infinita, sa-
ludándolo con aclamaciones por su advenimiento al
trono de tan gran monarquía, á cuyas felicitaciones
iban mezcladas palabras de pesar y sentimiento, á "cau-
sa de la separacion de un monarca que habia mostra-
do ser el padre de su pueblo, y que habiendo hallado
á la ciudad de Nápoles en la decadencia, y tratada co-
mo
á capital de una provincia apartada de la monar-
la española, espuerta á los caprichos y vejaciones de
gobernantes pasageros, le habia devuelto su espíen--
dor antiguo. Con verdadero pesar vela el pueblo el via-
ge de un soberano amado que habia reformado las le-
yes, fomentado el comercio, estimulado los adelantos
de las artes y ciencias, disciplinado el ejército, resta-
blecido el honor del pabellon napolitano en los mares
vecinos, y, finalmente, que por sús virtudes y admi-
nistracion, recordaba los venturosos dias de los prínci-
pes normandos y la minoria grata de Federico II.
La naturaleza favoreció las esperanzas de Cárlos
durante su viage, porque una brisa bonancible lo lle-
vó, en cuatro dias, á la costa de Cataluña. Desembar-
có en Barcelona en medio del regocijo y de las aclama-
ciones de sus nuevos vasallos, y durante su corta per-
manencia en aquella capital,
dió
una prueba de cle-
mencia, restituyendo á los catalanes varios derechos
4759.-4 760.
81
y prerogativas de que habian sido privados en la épo-
ca de la rebelion de 9540, y cuando se resistieron á
reconocer por soberano á Felipe Y. Habiendo empren-
dido
el viage á
Madrid por Zaragoza, llegó el 9 á es-
ta
capital, en
donde inauguró su reinado
m
ostrando
un
amor filial que honra su memoria, yendo á visitar á la
reina madre que no habia visto hacia veinte años. En
seguida tomó las riendas del gobierno , y los primeros
meses de su reinado los empleó en las disposiciones y
arreglos indispensables en todo cambio de soberano-
Es notable que el primer acto de Cárlos, corno rev
de España, fué un decreto, aconsejado por la reina,
madre, mandando que Farinelli saliese al punto de
España, conservando, empero, la pensibn que le con-.
cedió la bondad del rey difunto (26).
Ensenada y sus parciales recibieron con ente sias-
mo la noticia del advenimiento del nuevo soberano,
porque esperaba aquel personage volver á recobrar su
valimiento durante el gobierno de un principe
d
, por
quien habia manifestado un afecto tan vivo y sincero.
Tanto él como sus amigos no tardaron mucho en notar
que se proponía Carlos seguir otros planes, y que te-
ma precision de satisfacer otras ambiciones. Asi es
que el único favor que se concedió al ministro caldo
y á
su
confidente Ordeñana fué un indulto y permiso
para
ri
re
o
nsar á
la corte. (43 de mayo).
Dió Cárlos un testimonio de respeto á la memoria
de su hermano, conservando á todos los ministros an-
tiguos, especialmente al general Wall. Tan solo sepa
ró á Valparaiso, para confiar la hacienda al marqués
de Squilace, cuya capacidad é integridad habla tenido
ocasiones de esperimentar en los estados napolitanos.
Nombró al duque de Losada, gentil-hombre de su
ca-
mara,
caballerizo de la reina, empleo de mucha im-
portancia en palacio; y aceptó la renuncia del duque
de Alba, si bien 'conservándole los mismos honores y
sueldo de que disfrutaba. Cuando se termina
95
u
estos
ro
1101
Biblioteca,
popular.
T. IV.
82
CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE.
arreglo
s
, entró públicamente en Madrid el 16 de julio,.
cuya ceremonia terminó con la fiesta nacional de to-
ros. Al siguiente día , despues de misa, que oficio el
'
arzobispo de Toledo, recibió los juramentos
prim,
acostumbrados y los parabienes de sus vasallos. Tam-
bien en Madrid se anunció la incapacidad y escInsion
del hijo primogénito del rey con la misma solemnidad
que en Nápoles, y Carlos, su hijo, fue reconocido por
príncipe de Asturias. y sucesor á la corona de Es-
paña.
Carlos, que habla estudiad() durante mucho tiempo
y con el ma
y
or esmero la teoría del comercio y
,
de la
hacienda, conociendo por esperiencia las ventajas que
producia, en sus estados de Italia, un sistema bien
dirigido de agricultura, inauguró el primer periodo de
su reinado con sabias operaciones de economía políti-
ca. Quiso remediar los males causados por la mezquin-
dad perjudicial del rey difunto, adoptando medidas
para pagar las deudas de su padre y creando títulos
con un
k-
6
por /100 de intereses, que empezaron á cor-
rer en 1762. Al mismo tiempo estableció una liquida-
don de las deudas anteriores á los -tiempos de Feli-
pe Y, cuyos intereses absorvian las principales rentas
de la corona. En seguida, fijó su atencion en la agri-
cultura, que habla sido el objeto de su predileccion
en sus estados de Italia. Absolvió á los colonós de An-
dalucía, Murcia y Castilla la Vieja, del pago de todas
las cantidades adelantadas por el real tesoro, durante
los últimos años de miseria y concedió permiso para
introdu-,.ir grandes cantidades de trigo, á fin de fomen-
tar la cultura de estas provincias en que tan decaida-
estaba, por falta de sembrados (27).
.
Damos á continuacion un cuadro fiel del nuevo so-
berano y su corte, trazado por el conde de Bristol, en.
una comunieacion que dirigió á Pitt, tan luego como
tomó posesion- de su destino de embajador de Ingla-
terra.
.
«Preciso es que se dé una idea cabal del .gobierno
4759.-=-4`760.
83
español; me aprovecho, pues, de esta ocasion para ha-
ceros una pintura no solo de los caracteres de
los
di-
ferentes personages que componen esta corte, sino de
sus relaciones y amistades , con lo que
podeis fácil-
mente
formar juicio de las cosas.
«Empiezo por el muy respetable rey católico, que
tiene capacidad, feliz memoria y un
-
gran imperio
so
bre si mismo en las ocasiones importantes; mas corno
ha sido engañado con frecuencia, es desconfiado. Gás-
tale mas que otra cosa el tratar de los negocios pú-
blicos, por -medio de la dulzura, y, tiene paciencia pa-
ra repetir sus exhortaciones , antes que valerse de su
autoridad, aun cuando sea para cosas insignificantes.
Sin embargo, con buenos modales y dulzura, hace
que sus ministros lo respeten, y con frecuencia
lo teman.
«Perteneciendo
á
la familia de los Borbones, pro-
fesa el rey católico afecto á Francia; pero como espa-
ñol y monarca poderoso, que ocupa un trono no me-
nos importante, no quiere que sus estados, durante su
reinado, se rijan segun los consejos de los franceses,
como acontecia, en tiempos de Felipe Y. Lb que desea,
ante' todas cosas, es el consolidar el trono de su her-
mano, el rey de Nápoles, y cada negociacion ó pro-
yecto en que trata de procurar la tranquilidad á Es-
paña, lleva envuelto el deseo de ayudar al monarca
napolitano, en caso de que deseara cualquiera
potencia turbarlo en la pacifica posesion de
su
reino.
«Se supone
á
la reina madre mucha mas capaci-
dad de la que en realidad tiene. A. lo
que
se puede
juzgar por las intriguillas que se han puesto en movi-
miento, no ha renunciado á, la idea de tornar parte en
los
negocios del gobierno. Se burla públicamente de
tres personages principales que aquí figuran, que son
el general Wall, el marques de Squilace y el duque
de Losada; yo mismo estaba presente últimamente a
84
CAPITULO
CAPITULO
CINCUENTA Y
NUEVE.
una conversacion en que los ponía en ridículo de un
modo poco decoroso a la dignidad de S. M. y á su ele-
vacion.
«El marques de Squilace es mas bien un hombre
incansable para el trabajo que persona de entendi-
miento brillante; jamás se queja de tener mucho que
hacer, á pesar -de los diferentes ramos que tiene á su
cargo. Podeis estar seguro de que se opondrá, en to-
dos tiempos, á la fuerza; y como el tesoro está muy
lejos de hallarse bien provisto, y que le han enajena-
do todas las voluntades las medidas tomadas hasta el
dia para llenarlo, vive convencido de que no pudiera
sostenerse si las necesidades del estado hiciesen nece-
sarios mayores subsidios, y fuese preciso imaginar
nuevos medios para exigir impuestos sstraordinarios...
Creo que S. E. es incapaz
.
de recibir presente ningu-
no; pero no responderla, del mismo modo, del desin-
terés de su muger.
-
Se sospecha que recibe ricos re-
galos de Francia; sin embargo, como no es posible
probar estas cosas, me limito á referir el rumor pú-
blico. La conducta del marqués de Osuna podria dar
algun peso á estas hablillas.
«EL duque de Losada no está dotado de una gran
fortaleza de entendimiento; pero tiene el carácter mas
noble y estimable que se puede hallar. Basta decir
que S. M. C. lo ha distinguido constantemente, hace
mas de treinta años; y ciertamente, si este hidalgo
hubiese cometido la menor falta, la hubiera descubier-
to la penetracion de su soberano, quien. al punto le hu-
biese negado su confianza. No se mezcla el duque en
los negocios de Europa , y no hablo de él sino tan
solo á causa del eminente empleo que egerce en pa-
lacio.
«Como muchas personas han tenido motivos para
hablar al rey de España, á causa de los destinosue
desempeñan, y como por esta razon pueden qu
su
dictamen en tal ó cual negocio, aparentando no mez-
'759 —1760.
85
darse de nada, me parece, puesto que conozco á tan-
tos de estos personages, el haceros el retrato de ellos,
pensando que sus nombres no son del todo descono-
cidos en Inglaterra.
«El marqués de Montealegre, mayordomo mayor,
es un verdadero español
;
que no se ocupa mas que
g
en desempeñar los deberes de su destino. Es favora-
ble á toda idea de paz; pero su devocion es tal que
Baria la guerra á los que llama hereges, antes que, á,
los que piensan como él.
«Ya he dicho , en otra ocasion , que el duque de
Medinaceli es un personage ilustre por su nacimiento,
cuyo ilustre nombre le valió, además del empleo de
caballerizo mayor, el honor de acompañar diariamen-
te al rey á caza. Pero la capacidad de este magnate
no llega ni siquiera hasta el grado de saber gobernar
las caballerizas del rey, ni los empleados de su depen-
dencia. Creo que seria perder el tiempo el preguntar-
le qué lugar ocupa Inglaterra en el mapa; pero es tan
palaciego que se declararia al punto partidario de la
fuerza contra nosotros, en cuanto notare en su sobera-
no disposiciones poco favorables á la Gran Bretaña.
«Don Pedro Estuardo, nieto del
.
último mariscal du-
-que de Berwick, pertenece a la servidumbre de S.
M.
como caballerizo, y en las ausencias del duque
de
Medinaceli, desempeña las atribuciones de caballerizo
mayor. Es teniente de marina, y pasa por ser el mejor
marino que tiene España. Es muy vivo y de lozana
imaginacion, y posee, generalmente hablando, buenas
prendas. El rey lo ve con gusto , y su opinion, que
sin rebozo ha espresado, es que en todos tiempos,
no
puede menos de ser funesta para España una guerra
,
con Inglaterra.
«El príncipe de Masserano, los duques de Bour-
tonville y de Baños, capitanes los tres de las compa-
ñías de guardias de Corps, tienen ocasiones frecuen-
tes de hablar al soberano. El primero, que desciende
86
CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE.
Ogl
de italianos, es muy afecto á Francia. El duque de
t#
Bournonville posée grande capacidad; pero sus prin-
gel,
cipios morales son detestables
.
Es flamenco,
y
aun.--
110
que, al parecer, es muy apasionado á Francia, siem-
00'
las se hallará dispuesto a sostener y combatir todas
011
las causas, tratándose de su interés particular. El
le
rey católico no profesa afecto á ninguno de los dos,
l
pero, hace caso del duque de Baños, que es español
le
y pertenece á la antigua familia de Ponce de Leon,
0
porque solo se mezcla de sus deberes y sin haber in-
,
1110
v-entado la pólvora, se conduce de modo que lo res-
cuy'
petan todos los partidos.
11
«Arriaga; secretario de Estado y del despacho de
90
Marina, es persona muy amable, pero, está dominado
lol
por los jesuitas. Está convencido de que la marina es-
11
paula no se halla en estado de luchar con la marina
11
de la Gran Bretaña, y que no lo estará en mucho
tiempo, y cree firmemente por principios y esperien-
cías, que nada puede ganar España en interrumpir la
(I
dichosa tranquilidad de
,
que disfruta en el dia.
«No puedo dejar de hablar de don A gustin de Lla-
1
no, sobrino de don Sebastian de la Cuadra, secretarlo de
al
Estado en otro tiempo. Es oficial ma
y
or del ministerio
k
que dirige el caballero Wall,
y
es (la ien lo hace todo
porque S. E. hace mucho caso de sus opiniones y clic-,
o
e
táinenes. Aunque es jóven todavía, hace va, muchos
1
t
años que sirve en el ministerio; es tan hábil como el
1
que mas en este pais, i por cuya razon‘, desearia que
lo
fuese mas favorable á .Inglaterra de lo que es, á lo que
entiendo. El caballero Wa I,
1
reccion, confía á la
que no escribe con cor-
I(
pluma del señor Llano todas las
co
municaciones y notas
ti
sabido que la celebre
de alguna importancia. He
1
re nota, concebida en términos tan
duros, que me han entregado al principio de este año,
1
habla sido escrita
menos este caballero.
1
«No puedo me
de habla-r del marqués de la En-
sanada. Es vano y
pr
esumido en demasía este perso-
4764
93
singularmente notables á. causa de su rapidez, impor-
tancia y variedad. El príncipe Fernando, al frente de
un cuerpo aleman é inglés, echó á, los franceses de Ha-
llover, de Hesse y de Brunswick, los rechazó hasta el
Mein, debilitó sus fuerzas por medio de combates con-
tinuos, y logró á pesar de algunos reveses, que ocupa-
se todo su ejército de modo que la guerra se apartase
de las fronteras de Prusia y de aquellos señorios. En
medio de esta lucha encarnizada, algunos desembarques
repetidos en sus costas septentrionales llamaron su aten-
cion á aquel punto, aumentando los males
que ya espe-
iimentaban á causa de la guerra esterior y de la mise-
ria interior.
Los franceses, llenos de indignacion, hicieron una
tentativa osada para lograr que las fuerzas británicas
fuesen necesarias para la defensa de su propio pais.
Reuniéronse veinte y cinco mil hombres en las costas
de Bretaña; tambien se concentraron fuerzas en Dun-
ckerque
5
y por último el Pretendiente asomaba la frente
en
Vannes para dar aliento á esta tentativa. Debian
reunirse y proteger el paso de sus buques de conduc-
cion por el estrecho, en tanto que una escuadrilla de-
bia dirigirse desde Dunckerque á las costas de 1scocia,
y efectuar un desembarco en Irlanda, burlando la vi-
gilancia del gobierno inglés.
Ya no era tiempo de amenazar impunemente las
costas de Inglaterra. Un armamento considerable, á las
órdenes del almirante Rodney, se presentó á la vista
del Havre, y gracias á un bombardeo sostenido, causó
perdidas considerables en los almacenes franceses, y
en
los buques de conduccion. Al mismo tiempo varias
escuadras mas fuertes que las de Francia, á las or-
denes de Bovs, Hawke y Boscawen, bloqueaban los
puertos de Dunkerque, Brest y Tolon. El enemigo se
aprovechó de los momentos en que las torment
as
de
una
estacion
avanzada, obligaron á- las escuadras del
bloqueo á dejar su estacion respectiva.
Pero
no tardó
CAPITULO SESENTA.
94
ofrecérseles ocasion- de• conocer la habilidad de las
en o -
maniobra
s
inglesas para resistir al furor de los ele—
i
j
nentos. La escuadra de Tolon, mandada por el
rante La Cine, se
•
vió perseguida en el estrecho, y
desecha por Bos Caven cerca de la costa de Portugal
Quedaron completamente destruidos dos navíos, prisco
p
eros tres v el resto se dispersó, salvándose no sin gran:
dificultad (32)'. (Agosto de 1759).
El grande armamento de
Brest,
á las órdenes de•
Conflaus, sufrió un re
y
es mas terrible aun. Apenas se:
alejó de las costas de Francia cuando se vió claro que,
el almirante inglés hacia el mismo rumbo, indicando
esto que su propósito era
k
empeñar un terrible combate.
En vano se jactaba Conflaus de que el furor-de los ele-
mentos, las arenas y bajos de la costa serian un fre-
no que comprimiese el ardor de su adversario. El ata-
que fue tan pronto y certero corno si .se hubiese hecho
en las circunstancias mas favorables del viento y ma-
rea. Dos horas despues estaba ya completamente em—.
peñada la refriega; dos de los buques mas apartados
fueron echados a pique, otro cayó prisionero y el con
bate se generalizó en
.
toda la línea. Las tempestades.
y la oscuridad que reinaba salvó á los buques fran-
ceses de una destruccion total; pero la aurora del si-
guiente dia descubrió nuevos desastres. El navío almi—:
rante y otro mas perecieron estrellados en. la costa, y
otros siete se hablan refugiado á la Vilaine, despues
de arrojar al Mar su artillería, é igual número, hacién—.
dose á la mar, le habian refugiado, no sin trabajo, á:
la isla de Aix.
Ni siquiera el pequeño armamento de Dunckerque
pudo escapar al desastre general. Cinco fragatas que
tenian á bordo un número poco crecido de soldados,
se aprovecharon de una noche muy oscura para cruzar
la escuadra del bloqueo,. y tomaron la direccion de las
costas de
.
Suecia , costeando la Alemania. Despues de
sufrir frecuentes y horrorosas
-
tempestades, rehicieron.
1761.
los demas sus averías, é hicieron rumbo á la costa
septentrional de Suecia. Durante tres meses navega–
a–
ron por entre las islas occidentales con tripulaciones
molestadas por el cansancio y la miseria , tanto que
solo de siete quedaron tres fragatas. Estos marinos (in–
trépidos, acosados por el hambre y con
espíritu
em-
prendedor, tentaron un desembarque cerca de Carrik-
fergus, y obligaron á los habitantes de las vecinas co-
marcas á que proveyesen inmediatamente á sus nece-
sidades. Apenas hablan. salido del puerto , se vieron
atacados por tres navíos ingleses contra los que se ha-
' tieron como fieras, y con la pérdida de esta pequeña
espedicion quedó completo el triunfo de la marina bri-
tánica y la ruina de la de Francia (33) (26 de febrero
de 1760).
Las repetidas desgracias que esperimentaron en
Europa los franceses hicieron fracasar sus esfuerzos en
regiones apartadas. Despues de una lucha larga
y
san-
grienta, triunfaron las armas británicas en las Indias
orientales. El partido que habian ganado los franceses
entre los naturales del pais
perdió
completamente el
ánimo para resistir , y la toma de Pón.dicheri , centro
de sus fuerzas, y último establecimiento que les que-
daba , destruyó completamente su poder en aquellos
parages.
En América no tardaron los ingleses en rehacerse
de los desastres que habian esperimentado al principio
de la guerra. Varias espediciones considerables salie-
ron á un tiempo de la madre patria y de las colonias
para atacar los establecimientos de los franceses en el
Norte.
Louisbourg
se vió obligado á rendirse (22 de julio
de 4758) , y la espedicion inglesa subió por el rio San
Lorenzo en tanto que un cuerpo considerable , com
-
puesto de colonos y tropas reglamentadas , se abrió
paso por tierra hasta el Canadá , en donde los france-
ses hablan concentrado sus fuerzas principales. Gracias
al arrojo
del general inglés , una, parte considerable
96
CAPITULO SESENTA.
del ejército francés fué derrotado en la batalla de Que-
bec, célebre á causa de la muerte del general vence-
dor, Wolf, y de su heróico adversario Moutcalm (13 de
setiembre de 1759). El resultado de la refriega fué la
rendicion de la plaza. Al siguiente año hicieron los
franceses un esfuerzo para sorprender á Quebec , pero
fueron batidos, y Monreal, en donde hablan reunido el
resto de sus fuerzas , se vió precisado á someterse (34)
(setiembre de 4760).
En el mar de las Antillas, una espedicion inglesa,
despues de atacar á la Martinica , se apoderó de la
Guadalupe y de las islas adyacentes. Los franceses
fueron expulsados del mismo modo de la costa de
Africa á causa de la pérdida de Gorea y el Senegal.
La toma de Belle Isle , á la vista de sus costas , inter-
ceptó las comunicaciones entre sus puertos del Oeste,
y empezaron ya á temer la in vasion con que habian
amenazado á las Islas británicas (abril y junio de 4761).
Tan multiplicados reveses hicieron en Francia una
impresion profunda y dolorosa. La poblacion se habia
debilitado considerablemente a causa de los refuerzos
que sin cesar se enviaban á Alemania; el comercio pa-
decia mucho y sus recursos iban destruyéndose con la
pérdida de las colonias que no podían nutrirlo, sin con-
tar la superioridad naval de Inglaterra. Todas las ope-
raciones rentisticas tenian un éxito desgraciado ; todos
los sistemas inventados para socorrer al gobierno , se
convertian en daño de sus autores , y por último
se
aborrecia tanto la guerra como la alianza austriaca.
Aquella nacion orgullosa , que tres años antes dictaba
leyes á Europa, se veia reducida, á fin de asegurar su
Salvacion,
á la necesidad de dividir las potencias ene-
migas y buscar el apoyo de nuevos aliados.
En medio de sucesos tan faustos para Inglaterra
terminó su carrera Jorge II. Sucedióle en el trono su
nieto Jorge Hl, que se hallaba en la flor de la juven-
tud, y que no adolecia de las preocupaciones contra los
111
GG
1764.
97
estrangeros que habian abrigado sus antece
g
ores
,
por
hábito ó educacion. El cambio de soberano vario los
actores que figuraban en la escena política , y
otras va-
rias
circunstancias contribuyeron
á debilitar el P
oder
que un gran ministro habla sabido
desplegar con
tanto
éxito
contra los enemigos de Inglaterra. El
pueblo, es-
tremado en todos tiempos tanto en su confianza como
en
su temor, se olvidó pronto , como hizo antes de la
paz vergonzosa de Utrecht, de los peligros de que aca-
baba de salir. Casipesaroso estaba del triunfo en
vez de cuidar de su futura seguridad, y de considerar
que su grandeza se cifraba en la humillacion de Fran-
cia, no vió mas que las cargassacrificios, sin hacer,
de modo alguno, caso de los b
•I
'eneficios positivos que
debian resultar de la continuacion de la lucha con su
enemiga. Acostumbrado desde antiguo á mirar al Aus-
tria corno á su aliada natural , aquel pueblo no profe-
saba á Rusia ni afecto ni cariño, y lo
mismo
que en
Francia, pregonaban los clamores públicos que se es-
tenuaha el pais en beneficio de un antiguo enemigo;
de igual modo en Inglaterra rechazaba el descontento
general las alianzas germánicas, murmurando
sin
disi-
mulo que se sacrificaba la riqueza del estado en de-
fensa de un amigo , cuya fidelidad por lo menos ofre-
cia dudas.
Apoyaban estas máximas muchos personages im-
portantes que habia encumbrado el cambio de sobera-
no, sobre todo el conde de Bute , maestro y confidente
del nuevo gobierno.. Sus intenciones eran rectas
é
in-
teresadas; pero no abrigaba los
,
grandes pensamientos
que abrazan todo cuanto puede fijar la severa ateneion
de un ministro
tan
grande como sus deberes , á lo cual
hay que añadir que no podria soportar á cólega nin–
m
uno cuya reputacion eclipsase la suya. Ademas , era
as á propósito para entregarse á las ocupaciones cien-
tíficas de las ciencias y las letras que para combinar
royectos políticos, ó á ser el alma y regula
dor
de una
P
1101
Biblioteca popular.
T. IV. 96
98
CAPITULO SESENTA.
:;berra general , asombrosa y llena de complicaciones..
Así es que se ocupó solo, de captarse cierta popularidad:
orle se hallase en directa relacion con su carácter pace_
L
'
7
.
e todo con sus máximas en, materia de go–.
neo ,
so )1
bierno.
Al principio de este nuevo reinado , casi no se no to
este cambio. El monarca en su primer discurso dirigido
al parlamento , anunció su resolucion de seguir el
egemplo de su predecesor , continuando
,
la guerra que
habia producido tan felices resultados. Se dió. el para-
bien, lo mismo que su pueblo,, por el triunfo que,
habian alcanzado las. armas británicas: pero al nom-
bramiento de lord Bate para el puesto de secretario de
estado en el de,pacho del Norte, en vez de lord Svol-
dernesse , siguió una prueba mucho mas positiva de
su influjo,
y
aun cuando al principio lo contuviese la.
energía y capacidad de su cólega, fácil fue de preveer
que era inevitable una revolucion política. Las córtes
de Europa, á quienes tenia amedrentadas el poderío
de Inglaterrasupieron con júbilo los cambios que
habian ocurrid
'
o en su gobierno, especialmente la de
España , que habia visto con verdadera angustia todos
los trioafos que habia conseguido en uno y otro
con
-
tinente (3:5).
Los resultados que produjo en una y otra parte el
cambio de soberano , no fueron de menos importancia
para España que para Inglaterra., Babia seguido Fer-
nando su sistema de neutralidad con tanto provecho
para el comercio como felicidad para, sus súbditos. De-
seoso tan solo de conservar su. independencia , había_
desdeñado siempre los conflictos de la guerra , y desde
el advenimiento de la dinastía austriaca era el único
monarca que no habia aumentado las deudas d,e la
corona.
No tenia ciertamente España interés mas.urgente
que. la continuacion de este sistema ; pero por desdi-
cha no siguió estos principios el nuev&soberanoa
/ a–
4 761 .
99
tes bien se dejó arrastrar á otro órden de ideas, aten
diendo á consideraciones particulares y motivos'per
sa-
-
nales. Carlos abrigaba un odio profundo y antiguo
con-
ira
los ingleses , recordando el modo altanero %oil que
le habian obligado
á
abandonar la causa de su familia
durante la guerra 'de Italia (36). Este resentimiento no
le hacia abandonado á su advenimiento al trono de Es-
paña. Sus relaciones con la corte de Francia y sus par-
ciales probaron entonces su fidelidad á los principios
de su familia ,
á
los que no profesaba menor apego que
su padre. A su llegada á España, todavía tuvo otros
motivos mas para mirar con desvío á los ingleses , tales
como aquellas interminables disputas relativas á los es-
tablecimientos británicos, y al comercio de contraban-
do en las Indias Occidentales , así como á las frecuen-
tes vejaciones-que cometian los cruceros ingleses con
los buques españoles , perjudicando al comercio con
Francia. Otro motivo de descontento nació de las re-
clamaciones que hicieron los españoles para poder pes-
car en Terranova, concesion que jamás habla sido re-
conocida por el gobierno inglés, á pesar de la cláu-
sula algo ambigua, es verdad, del tratado de Utrecht.
Durante algun tiempo, aquellos sentimientos de
ódio no hicieron tanto daño , gracias á la sana razon de
la reina Amelia , su muger, princesa de la casa de Sa-
jonia , y muy favorable personalmente á. la causa de
Inglaterra ; pero á su muerte recobraron mayor fuerza
á causa de las circunstancias y por la situacion de las
potencias beligerantes. Alarmó á Carlos la ruina de la
marina francesa,
y
temió que las ventajas conseguidas
por los ingleses contra los establecimientos de los fran-
ceses en las dos Indias y en la América del Norte, les
inspirasen deseos de atacar los españoles, que eran tan-
to tiempo hacia Objeto de su codicia. No descono-
cia
que la parcialidad v vejaciones de los
oficiales ,
go-
bernadores y ministros españoles,
habian dado ocasion
á quejas repetidas , y no le parecia verosímil que una
A
00
CAPITULO SESENTA.
nacion grande y victoriosa, olvidase tan pronto seme-
jantes agravios.
La córte de Francia, con el ausilio de sus agentes,
se aprovechó con mucha destreza de esta
disposietont
particular de Carlos , y de los lemas motivos de des-
vio de que acabarnos de hablar. Renovó la proposicion
del cebo de Menorca, y sobre todo e
.
l proyecto de re-
conquistar á Gibraltar. Dando crecido á Francia y sus
b
a
o.
entes, no eran los ingleses mas que unos tiranos del
mar , y enemigos naturales de todas las potencias ma-
rítimas y comerciales. Despertaron los celos naciona-
les con motivo de las colonias , y confirmaron al sobe-
rano español en sus temores con respecto á sus pose-
siones. Como sabian que era un medio seguro de inte-
resar á Carlos á favor suyo, hablarle de la gloria
y esplendor de la casa de orbon , le presentaron el
cuadro de sus desdichas, mostrándole la necesidad de
romper con Inglaterra. Sin embargo , obligados á en-
tablar una negociacion con esta potencia , trataron
de interesar á Carlos , comunicándole todos sus pasos
y adhiriéndose completamente
á
su parecer. Tan airo-
sos salieron , que Carlos aprobó las condiciones que de-
bían someterse á Inglaterra , y hasta permitió, ó mas
bien invitó
á
la córte de Francia , á que reuniese to-
das sus pretensiones
y
reclamaciones á las de España.
Declaró tambien que si se negaba Inglaterra , como
era de presumir, á admitir estas reclamaciones reuni-
das, estaba dispuesto á poner en armonía los intereses
de las dos córtes de la dinastía de Borbon, por medio
de un pacto de familia. Ya no esperaba mas que la lle-:
gala de los galeones de América ; así es que dió órde-
nes para que se llevasen
á
cabo todos los preparativos
de guerra, á fin de tomar parte sinceramente en la que-
rella. Dirigió esta negociacion Grimaldi , embajador de
España en París , poniéndose de acuerdo con Choiseulr
primer ministro de Francia , sin anuencia de Wal , - y
quin, sin la del embajador
francés en Madrid.
1761.
101
Empero la córte de Francia continuaba en su nego-
ciacion particular con el gabinete inglés , y se convino
en que se abriria un congreso en Augsburgo para ar-
reglar las diferencias suscitadas entre las potencias de
Alemania y del Norte. El ministro Stanley salió para
París, y el conde de Bussy volvió á Lóndres , propo-
niéndose por ambas partes preliminares. Los ofreci-
mientos de Francia comprendian la cesion del Canadá,,
con algunas restricciones ; la restitucion de Menorca,
en cambio de la Guadalupe y Mari Galante; la Domi-
nica y San Vicente permanecerian neutrales ; se resti-
tuirian todas las conquistas inglesas hechas en el Orien-
te , corno así mismo se cederian Gorea y el Senegal,
corno mejor quisiera la Gran Bretaña; y se devolverla
Bello Isle. Los alemanes , por su parte , ofrecian eva-
cuar el pais que ocupaban en Hannover , y tambien á
Hesse y Hanau ; pero querian conservar las adquisicio-
nes hechas en Prusia hasta la paz. No debla Inglaterra
prestar ausilios á Prusia, y Francia debia retirar del
teatro de la guerra un número doble de tropas del que
retirase Inglaterra (julio 23).
Acompañaba á estos preliminares una nota confiden-
cial , en la que proponían los franceses terminar las de-
savenencias con España , corno medio único de evitar
otra guerra en Europa y América , y de pedirle la ga-
rantía del tratado de paz que se trataba de ajustar. Se
hacian al mismo tiempo tres peticiones á favor de Es-
paña , á saber: ra restitucion_ de algunos buques espa-
ñoles apresados como contrabandistas ; el privilegio de
pescar en el banco de Terranova , y la demolicion de
los establecimientos ingleses en el golfo de Honduras.
Todo esto concluía con la amenaza por parte del rey de
Francia , de que se creeria obligado á prestar socorros
á, España en el caso de que, no pudiéndose poner de
acuerdo acerca de los puntos en litigio, estallase la
'guerra.
No
ignoraba Pitt los motivos de esta conducta desu-
4 02
CAPITULO SESENTA.
sada hasta entonces en las negociaciones
diplomáticas,
pues por primera vez se veía a una-nacion belicosa in-
troducir en una discusion de esta naturaleza los agra-
vios de potencias que sa hallaban en paz, y todo para
conseguir el terminar la guerra existente. Así pu es,.
hizo por su parte otras proposiciones en cambio de las
que presentó Francia. Pidió la cesion absoluta del Ca-
nadá, del Senegal y Gorea ; la restitucion de todas las
conquistas de los franceses en América, en las indias
Orientales y en Europa ; la demolicion de Dunkerque
conforme al tratado de Utrecht , la evacuacion inme-
diata de Ostende y Newport , que ocupaban contravi-
niendo á la neutralidad con los Paises Bajos. Los nego-
cios de la India se reservaban para una negociacion
que debia entablarse entre las dos compañías ; por
úl-
timo,
las dos potencias conservaban la libertad de sos-
tener á sus aliados mútuos en. 'Alemania. A. estas pro-
posiciones agregó la declaracion de que el rey de
In-
glaterra no consentiria jamás en mezclar sus desave-
nencias con España , en una negociacion cuyo objeto
era la paz de las dos coronas , y que mirarla como
un
insulto á su dignidad, así como un paso incompatible
con la sinceridad de la negociacion , cualquier
men
-
cion
que se hiciese en lo sucesivo de este negocio.
A esta respuesta siguió una gestion directa con
la
corte de España , se autorizó al conde de Bristol , em-
bajador de España , para que declarase que la union
íntima del gabinete de Madrid con Francia , no podria
contribuir
Jamás á que se arreglasen los negocios pú-
blicos á satisfaccion de España , aun cuando la mode-
racion del rey les moviese á desear una avenencia
equitativa. Por lo tocante á la primera pregunta, se ha-
cia notar que los tribunales establecidos para entender
en
esta clase de asuntos , estarian siempre abiertos
para quienes quiera que reclamasen contra cualquiera
agravio, pero se rechazaba como de todo punto inad-
misible la segunda,
y en cuanto á la tercera, pódria
4764.
403
M.
hablarse de esto en lo sucesivo , en cuanto S.
C .
quisiera hacer proposiciones mas
e
quitativas de otro
modo que por mediaron de Francia. Finalmente
causa de los rumores esparcidos de intento dellunnterómá:
pimi
e
nto inevitable con España lord Bristol recibió
encargo 'de pedir -una, esplicacion clara y terminante
acerca de los preparativos marítimos que se hacían en
los puertos españoles.
La respuesta á esta nota diplomática , puso en da-
ro los sentimientos de las dos córtes de la casa de Bar-
bon. El
general
Wal declaró que la nota relativa á Es-
paña, habla sido presentada por Francia con pleno con-
sentimiento de S. M. C , y que ninguna considera-
cion seria bastante' para destruir la union de su gabi-
nete con el francés, ni impedir á los dos monarcas de
la familia de Borbon, el darse testimonios de su mú-
tua amistad y acuerdo.
A la pregunta relativa á los preparativos marítimos,
respondió verbalmente el general Wall que solo habia
veinte buques de guerra, incluyendo las fragatas , las
que se empleaban en servicios que especificó ,
y
que
las disposiciones v protestas de S. M. seguían siendo
las mismas , á sab°er: consolidar y cultivar la amistad
tan afortunadamente establecida entre España é In-
glaterra. En cuanto á, lo tocante
á
la respuesta que se
diere á las tres preguntas , que no entendía España Ja,
importancia que daba Inglaterra á su declaracion de no
querer considerar á los ministros franceses como á tri-
bunal competente , ante el que consentiria en.que
viesen sus reclamaciones. hablando del segundo y ter-
cer artículo que los españoles miran su derecho mil-
tuo incontestable , y terminaba comparando de un mo-
do poco comedido la conducta de Inglaterra,
á
lo que
en el trato privado, se llama ultraje y robo (37).
En tanto que se cruzaban estas notas , llegaban al
estado, de madurez los convenios de
a
las cortes de Fran-
c
ia
y
España , y se firmó solemnemen
te
en Versalles
04
CAPITULO SESENTA.
(45 de agosto) una alianza con el nombre
dada
pacto de
familia ,
poco despues de la respuesta dada por el ge-
neral Wall á la nota de lord Bristol.
En un preámbulo concebido en terrninos de una
oscuridad calculada , se dió por motivos de la conclu-
sion de este tratado , los lazos de familia y la mutua
amistad, objeto se declaró el de dar consisten-
cia á los deberes que emanan del parentesco y del afec-
to ,
y
el de establecer un monumento duradero , del
mútuo interés que debe formar la. base de los deseos
de los dos
,
monarcas y de la prosperidad de las dos
familias.
Coaviniéronse ambos monarcas en considerar -para
lo futuro
á toda potencia enemiga de uno , como si fuera
enemiga de los dos ,
garantizándose sus estados respec-
tivos en todas las partes del globo ; tales como los po-
seía en la época del ajuste de la paz. Estipuláronse
tambien en la forma ordinaria mútuos socorros por
mar y tierra , esceptuando empero de este convenio
las guerras en que Francia Se hallase empeñada á con-
secuencia de sus estipulaciones del tratado de Westfa-
falia , ó de sus alianzas con los príncipes y estados de
Alemania. No debia España prestar socorro ninguno
sino en el caso de que
alguna potencia marítima tomase
parte activa en aquellas guerras , ó
si Francia fuese in-
vadida por tierra:
No se podria hacer á sus mútuos enemigos p
‘
roposi-
cion ninguna de paz , sin consentimiento anterior de
ambas partes, tanto en tiempos de
.
paz como en tiem-
pos dé guerra. Cada soberano debia considerar los in-
tereses de su aliado como suyos propios, haciendo com-
pensaciones por sus pérdidas y 'desventajas , obrando
de modo como si las dos potencias no formasen mas
que una misma nación. Los súbditos de ambas coronas
debian disfrutar en sus estados de Europa de todos los
beneficios concedidos á los naturales del otro
así recíprocamente.
pais,
y
4761 .
105
Finalmente , se introdujo una cláusula relativaá la
ad.hesion del rey de Nápoles ; así como estipula-
cion, mediante la cual no se podria admitir á formar
o
d
trata
del
d
parte
tratado, príncipe ninguno que no perteue-
p
ciese.á la familia de Borbon.
De este modo, la cuestion
de la guerra ó de la p
se
hallaba
-
completamente decidida por
las
dos córtes
-te
paz
de la dinastía de Borbon; mas corno los galeones des
América no habian llegado aun, ni estaban concluidos
los preparativos, usaban los ministros españoles toda-
vía de un lenguage pacífico, si bien no negaba la union
concertada entre las dos coronas. Francia se • condujo
con el mismo disimulo , y una semana antes de firmar-
se el célebre pacto , se hizo á. Inglaterra otro ofreci-
miento que diferia poco de los anteriores , sin que ea él
se dijese ni una-sola palabra de las reclamaciones de
España, incidente que alió lugar á otra proposicion por
:parte de Inglaterra..
En tanto que se trataba (le deslumbrar al gabinete
inglés con fingidas negociaciones , v aun antes de que
la respuesta del gabinete francés pulese llegar á Lúa-
dres,
Pitt , con su vigilancia estraordiaaria descubrió
las huellas del tratado
secreto
celebrado entre las cór-
tes
de Madrid
y
Versalles. Le bastó esto para creer que
tenia pruebas decisivas de un principio de hostilidad;
por lo tanto rompió al punto la negociacion , ' con la
presteza que era la revelacion de su genio, resolvió
adelantarse á, España, declarando la guerra. Abrigaba
la esperanza de privarla de sus mas urgentes socorros,
interceptando la flota de América á su regreso, quitán-
dole los medios de asegurar sus operaciones por medio
de
ataques iucesaules á
sus colonias. Despues de so-
meter las islas francesas de las Indias Occidentales,
la espedicion destinada para aquella conquist
a
, refor-
zada con tropas de la América del Norte , debia diri-
girse á la Habana ,que no estaba preparada para de-
lenderse contra una -agresion repentina.
Tambien.
de-
4 06
CAPITULO SESENTA.
biaintentarse al mismo tiempo un ataque contra el ist-
mo de Panamá. Aquellos puntos que servían de
lazo
entre sí á las posesiones orientales y occidentales de
España , y de'unas y otras con la Metrópoli ; hallán-
dose así ocupadas , se debia enviar otra espedicion
á
las Filipinas , interceptando las comunicaciones entre
el Nuevo Mundo y sus regiones opulentas de Oriente.
Sin embargo , el ministro no daba de esta unjan
pruebas bastante terminantes para vencer los escrúpu-
los de sus compañeros , en quienes la rivalidad política
fortificaba la incredulidad. Indignado al ver esta oposi-
cion, y no menos irritado por los obstaculos que se ha-
bian suscitado anteriormente contra sus planes reforma-
dores en otras materias , soltó el timon de la nave del
estado , no queriendo , corno él mismo escribió, ser
responsable de las medidas que n6 le era lícito dirigir.
El conde de A.igremont le remf/lazó ; pero el vérdadero
depositario del poder del , gobierno fué el conde
de
Bute.
La repentina retirada de Pitt, y la necesidad en
que voluntariamente-se habia puesto el gobierno de
sostener el principio en
virtud
de que habla rechazado
la proposicion de aquel ministro , no solo salvó á Espa-
ña de un peligro contra el cual no estaba preparada,
sino que le dio medios para ir ganando tiempo hasta
tanto que se hallase en estado de empezar las hostal-
dades con mas ventajas. Por lo tanto, la córte de Ma-
drid apresuró sus preparativos , y al mismo tiempo que
continuaba las negociaciones, usaba poco
áoco del
lenguage atrevido de la reconvencion y de la queja.
No tardaron mucho en probar los resultados la sa-
biduría y prevision de Pitt , y los ministros ingleses á
pesar de su incredulidad impolítica con respecto á las
protestas de España, salieron por fin del error enque
''
estaban al reparar en el
,
tono lleno de arrogancia
de
la ,córte de Viena, al ver la actividad de
los preparati-
vos españoles, y al recibir las noticias que empezaban
4761 .
107
á circular acerca de la conclusion
y
términos del nuevo
pacto
de familia.
•
Con la Misma delicadeza intein )e t.
va, ó mas bien con la timidez que hasta entonces hald
a
servido 'de
.
' motivo
.
para tener resignacion , trataron
d
e''
impedir, por medio de una negociacion, que tonias
España parte en la guerra, hallando en la de,claraciote'
del monarca- la justificacion de , aquella hostilidad
,
_
• imon ( ea -
que mostraban
tanta repugnancia.
Las órdenes dadas
á lord Bristol debían dar
por resultado la dec
•
-
•
1 r
nitiva de
este negocio.
El general
Wall respondió con una -larga série
de
declamaciones ofensi'vas todas: «Mi soberano , decia,
jamás ha podido Conseguir respuesta á las reclamacio-
nes que os ha dirigido; vuestros triunfos os han envane-
cido, y
quereis arruinar
á Francia para atacar en se-
guida á, España.» Añadió en un tono muy animado'n
apariencia al menos: «Puesto que los estados de
S.M.. C.
están amenazados; yo seré el priméro que aconseje al
rey que llame á las armas á sus vasallos antes de ser
víctima de vuestra violencia. Vosotros tenéis la culpa
de que se haya vue!to desconfiada la nacion española;
habeis atacado y saqueado sus hageles, habeis insultado
nuestras costas y violado nuestra neutralidad ; habeis
desconocido nuestros derechos en nuestros dominios de
América, cortando maderas y formando nuevos esta-
blecimientos-en el golfo de
'
Honduras. Y esto no es
todo; habeis privado á los súbditos del rey de España
del derecho•que
.
tenían de pescar en el banco de Ter-
ranova. He rogado á mi augusto amo que esperase la
.satisfaccion que no podia !unos de dársele por tan re-
petidos agravios, y he recibido órdenes para pregun-
tar cuando , cómo y en dónde se hará esta repa-
racion.» •
Las instancias reiteradas del embajador inglés fue-
ron primero desatendidas y luego rechazada
s
, hasta
tantoquellegaron por último
.
los tesoros que se espe.-7
raban hacia tanto tiempo. Tan luego como no se temió
408
CAPITULO SESENTA.
que cayesen en manos de los marinos
,
de la Gran
Bretaña (38), el ministro español se espresó en terini-
nos nada equívocos acerca de las relaciones de España
con Francia:—Es ya tiempo, dijo, de que se corra la
venda que cubre vuestros ojos; nosotros no pódenlos
consentir que un vecino, un aliado, un pariente y ami-
go, corra por mas tiempo el riesgo de recibir la severa
le
y
que le imponga un vencedor insolente. El rey de
Francia , añadió, despues de comunicar al rey católico
los menores detalles relativos á, la última negociacion,
lía resuelto dar publicidad á las condiciones humillan-
tes á que se sometia para conseguir la paz , dando á,
conocer, al mismo tiempo, las exigencias arbitrarias
é
injustas de Inglaterra, las cuales han impedido el cum-
plimiento de los deseos que ha formado, é inutiliza-
do sus buenas disposiciones favorables á la huma-
nidad.
Lord Bristol insistió en que se le diese una respues-
ta categórica al pacto de familia, .y con respecto á esto
se remitió el gobierno español á, una comunicacion di-
rigida al conde de Fuentes, embajador de España en
Londres , quien debía dar cuenta de ella al secretario
de Estado. Este escrito • estaba
.
concebido én términos
harto duros; hablábase en él con desprecio de la pro-
posicion de anudar .las discusiones que se habian agi-
tado con tanta frecuencia
é
in-utilidad ; en él se defen-
dian las condiciones propuestas por Francia, que labia
rechazado Inglaterra; en el se presentaban las miras
del gobierno inglés como hostiles á todas las naciones
que poseian colonias en mares apartados ; y por último,
en él se justificaba la intervencion de Francia en las
disputas entre la Grau Bretaña y España , como deco-
rosa, noble y necesaria , no teniendo por objeto mas
que el impedir que estallase la guerra.
Como respuesta á la peticion relativa al tratado con
Francia, deciase en este escrito: «116 aquí nuestra res-
puesta clara
y positiva: si, y creemos que hemos hecho
1761.
409
muy bien.» Despues de 'emplear algunas otras espre-
siones desdeñosas , se terminaba así : «Estando aho-
ra Y. E. informado de todo , segun lo que acabo de es-
ponerle, podrá ilustrar al ministerio de viva voz
p
o
escrito , á fin de que no nos acuse -de no contestar
oz ó la
nota de lord Bristol, y que pueda conocer que seria
i
1
a
decoroso para la dignidad del rey el sa
t
isfacer en tod
as
n-
ocasiones la curiosidad del gabinete británico, en
tanto
que no se ha dado hasta el dia satisfaccion ninguna á
sus
justas reclamaciones (39).»
•
El general Wall , que no quería anunciar la resolu-
cion definitiva de su corte, trató por medios de conci-
liacion y prudencia de evitar las desgracias que temia
tanto como deploraba. No solo escuchó los argumentos
del ministro inglés con una condescendencia que daba
esperanzas de conseguir una avenencia , sino que difi-
rió la conclusion de la conferencia hasta el siguiente
dia , tal vez presumiendo producir en este plazo al-
guna impresion en el ánimo del rey. Empero, vana fué
su
esperanza, antes por el contrario recibió órden
de
usar de un enguage mas firme. En vista de este en-
cargo, cuando habló al embajador , hizo la siguiente
observacion:—He recibido de mi augusto soberano ór-
den
de repetiros, que en cuanto al tratado é intenciones
de España, no estoy. autorizado á dar mas respuesta
que la que contiene mi
corhunicacion
al conde de Fuen-
tes.— Lord Bristol insistió todavía en conseguir una
respuesta positiva, añadiendo que—la negativa de dar
esplicaciones sobre este punto, seria considerada corno
una declaracion de guerra.—El general Wall esclamó
entonces con una emocion que descubria sus sentimien-
tos:—¿Que sucederáVeneis, pues, órden de retiraros?—
Corno le contestasen afirmativamente, replicó:—L
a
pre-
gunta encierra un
ataque tan
directo contra la dignidad
del re
y
cr
católico, que no- me atreveré á dar dictamen
ninguno á, mi soberano, en negocio de esta graveilad.—
Sin embargo queriendo aprovecharse de todos
5
110
CAPITULO SESENTA.
testos de disculpa
dilacion , pidió que se le pidiese
por
escrito esta reclamacion. En vista de esto lord..
Bristol escribió al punto en estos términos: «¿Tiene
pósito la córte
propósito de Madrid de romper, con los &anee--
ses, de conducirse hostilmente ,con Inglaterra, ó de
apartarse de cualquier modo que sea de su neutralidad?
La negativa de una respuesta categórica será conside-
rada como una declaracion de guerra.»
Despues de recibir esta carta , se separó Wall de
lord Bristol haciendo sinceras protestas de amistad y
sentimiento. Cuarenta y ocho horas despues , anunció
la declaracion de las hostilidades por medio de una
carta que no tuvo sin duda valor para entregar él mis-
mo , cu
y
o tenor era el siguiente: «llabienclome di-
cho Y. P. antes de ayer de viva voz y por escrito que
tenia órden para pedir una respuesta categórica á la
pregunta de saber si tiene intencion España de unirse
á Francia contra Inglaterra, declarando al mismo tiem-
po que considerarla la negativa de contestar como una
declaracion de guerra, retirándose en vista de esto de
la córie , estoy autoriz-ado á contestar que el espíritu
de discordia y orgullo que ha dictado esta gestion in-
considerada, y que por desdicha de la humanidad rei-
na todavía ea el gobierno inglés , hace en estos mo-
mentos inevitable la, declaracion de guerra , porque es-
ta gestion ofende la dignidad del re
y
. Y. E. puede re-.
tirarse cuando guste, y. del modo que mas le convenga;.
esta es la única respuesta que S. M. me manda dar-
le (40).
»
A
esta carta iba unida una esquela de despedida, en
la que por última, vez espresaha su sentimiento y afecto.
Despes de algunas dilaciones y hasta algunos in-
sultos recibidos, se retiró lord Bristol de Madrid,
y
desde el mismo dia en que recibió la respuesta del,
general all , se dio órden á los -comandantes espa-
ñoles de apresar los buques ingleses y embargarlos ea
todos los puntos de la monarquía española.
4761.
141
En tanto quz
,
ocurrian
estos sucesos , era tambien
Lóndres teatro de disputas y
co
ntroversias diplomáti-
cas cuyo término fue una declaracion de guerra
Pu
parte de las dos potencias. El 25 de diciembre el con
de de Fuentes entregó
á
lord Egretnont la
C01
11Utlica-
clon.
que tenia encargo de comunicarle ,. acomparián.-
do-la con una nota que podía considerarse como un lla-
mamiento á la nacion inglesa , en cuyo escrito trataba
de echar la culpa de este rompimiento al
insoportable
orgullo y desmedida ambicion de aquel
(Pita) ,
que habia
manejado las riendas del •Estado
y
que aun estando estas
en otras manos las maneja todavía.
Justificaba á su so-
berano por su negativa de contestar á la reclamacion
relativa al .tratado con Francia , diciendo que España
habla sido tratada de un modo insultante durante la
negociaciou.. Declaraba ademas que el malhadado tra-
tado era completamente inofensivo y que no decia re-
lacion ninguna con la guerra actual Se habia demos-
trado de antemano , decia, á lord Bristol que el modo
de obrar de Francia, ofendida por el ministro altanero,
no alteraba en lo mas mínimo las leyes de la neutrali-
dad ni la sinceridad de los reyes de Francia y Espa-
ña. Su augusto amo , continuaba habia ofrecido aban-
donar el pacto de familia si se miraba como un obstá-
culo para la paz; pero cuando el gobierno francés anudó
la negoci.acion sin hacer en ella mérito de España y
propuso condiciones muy benéficas y hasta muy honro-
sas para Inglaterra , el altanero ministro las habia re-
chazado con desdea mostrando su aversion á España,
con grande asombro de los individuos del gabinete
británico.
Par el mismo tiempo se puldicó en París un estricto
del tratado b
pacto de familia ,
con notas , cuyo objeto
era el quejarse de Inglaterra, 1:-1, quien se echaba la
culpa .de la agresion. Por su parte , el rey de España,
manifestaba públicamente su contento con motivo de la
nueva alianza, concediendo la grandeza deEspaña al du-
1 1 8
4762
1763.
El segundo comandante Gonzalez murió en la bre-
cha,
y el valiente Velasco, despues de luchar denodada-
mente contra fuerzas superiores mientras pudo reunir
algunos soldados á la sombra de la bandera española,
recibió una herida mortal en medio de los vencedores
que admiraron su valor.
Los sitiadores dueños ya de esta importante posi-
cion dirigieron todos sus esfuerzos contra la Habana
y contra el-fuerte del Puntal que esta enfrente al del
Morro. Establecieron al
Este
y Oeste del puerto. nueve
baterías é igual número de trincheras, y la plaza fue
acometida: con un fuego de canon horroroso, acompa-
ñado de un bombardeo sostenido.
Una ciudad rica, muy poblada y comerciante como
era la Habana, pudo resistir apenas al terror de tan,
terrible ataque. Sin embargo, hubo bastante energía
en los primeros' momentos; pero cuando se apagó el
fuego de casi todas las baterías de la plaza y cuando
fueron las tropas rechazadas de• sus posiciones, se
enarboló por fin la bandera de paz en diferentes pun-
tos de la muralla y en los buques del puerto. Se enta-
bló al punto una negociacion para la rendicion de la
plaza, y el gobernador fundándóse en las pérdidas
la
e habian sufrido los sitiados, y en la proximidad de
estacion de las tormentas, hizo vanos esfuerzos pa-
ra salvarla escuadra y lograr la declaracion de la neu-
tralidad del puerto. Se le concedió una
capitulaciort
honrosa, en virtud de la cual novecientos hombres que'
quedaban de la guarnicion debian enviarse á España;
la forma del gobierno y la religion continuarían bajo el
mismo pie que hasta entonces, los oficiales y gobernado-
res pertenecientes á otros departamentos coloniales, se-
rian conducidos áEspaña con todos los miramientos po-
sibles. Así es como despues de una lucha que habla du-
rado dos meses y diez días, los ingleses se apoderaron
de la Habana y de un territorio de sesenta leguas al
Oeste, con un botín de 15.000,000 de duros, im-
CAPITULO SESENTA Y UNO.
119
porte de las propiedades
per
tenecientes al gobierno
cantidad
de
_
ad
español, sin contar el valor de la inmens
los
ns
l
a antid
municiones militares y navales,
y el
d
la escuadra que no fueron destruidos durante ue de
el
sitio
ls
mea,
y
tres
v cuyo número era el de nueve navíos de
fragatas (43).
, p.st
Apenas habia llegado á Madrid la noticia de e
(
ali
desastre, cuando se supo la pérdida de Manila , t
de la isla de Luzon , plaza no menos importante
eri
t
Oriente que la Habana en el Occidente. De Madrás se
destacó una fuerza de dos mil trescientos
hombres
mandados por el general Draper , la cual llegó á•Luzort
(24
.
de setiembre) antes de que los españoles recibiesen
la declaracion de guerra. Esta espedicion desembarcó
protegida por la escuadra, ocupó el arrabal de la ciu-
dad, y se preparó para el ataque.
El arzobispo que desempeñaba interinamente el
destinó de gobernador, desplegó mayor denuedo y mas
distinguida capacidad militar de lo que era de esperar
de su estado. No pudiendo impedir el desembarque,
llamó á las armas á, los indios para hostilizar á los sitia-
dores , en tanto que una guarnicion de ochocientos sol-
dados trataba de impedir que se acercase el enemigo
al frente de la plaza. Pero ni las tormentas de la mon-
zon, ni los esfuerzos de los españoles y de los indios
aliados suyos , pudieron conseguir el moderar el
irn-
pe tu de las tropas inglesas. Los Indios fueron rechaza-
dos con *una pérdida considerable. Se empezaron las
obras del sitio con toda actividad, y doce dias despues
del desembarque , fueron tomadas por asalto las forti-
ficaciones. Al cabo de varios dias de saqueo y de de-
sórden, que fué imposible evitar al arzobispo y co-
mandante que se habían encerrado en la ciudadela, pu-
dieron por fin ajustar una capitulacion. Se salvó la ciu-
dad de una destruccion completa, gracias á la genero-
sidad del vencedor , ó mejor dicho
á
su avaricia , pues
aceptó como rescate 2.000,000 de duros
v una letra de
120
1762.-1763.
igual cantidad , pagadera por el tesoro español.
Apo-
kráronse
los ingleses de varios buques que
estaban
anclados en el puerto , y de una gran cantidad
de
mu-
niciones
de guerra. A este triunfo no tardó en seguirse
la toma de los navíos Manila y Santísima Trinidad,
valuados en 3.000.000 de duros (4k).
La sola compensador' de tantos desastres fué la
to-
ma
de la colonia del Sacramento, objeto dé tantas con
tiendas con Portugal. Los españoles apresaron allí
veinte y seis buques ingleses con ricos cargamentos,
ast como con muchas mercancías y municiones de guer-
ra y marina , valuadas en 4.000,000 de libras esterli-
nas. De este modo paralizaron los esfuerzos de algunos
aventureros tanto ingleses como portugueses , quienes
llevados de la sed de saqueo , se proponian atacar á
Buenos-Aires. Llegó en efecto la espedicion al rio
de
la Plata , poco tiempo despues de la rendicion del Sa-
cramento ; pero privados de los socorros que esperaban
allá, en esta colonia, limitaron los aventureros -á
vanas tentativas , en as cuales, empero, perdieron á, su
gefe , y una parte conside
r
able del armamento. No
sin
gran trabajo llegaron á ilio Janiero los restos de la es-
pedicion (45).
Los esfuerzos que hizo España no tuvieron
éxito
ninguno en Europa, y sin embargo, no tenia que luchar
mas que con un enemigo cuya situacion era lastimosa.
Todavía Portugal no se habla rehecho de los resul-
tados desastrosos del terrible terromoto que en 1755
habia convertido la tercera parte de la capital en
un
monton de ruinas. El descontento público, causado por
las sangrientas ejecuciones de los nobles que habían
conspirado contra el rey , y por la espulsion de los je-•
cuitas todavía no se había calmado. Cuantos , por lazos
de amistad ó vínculos de familia , se interesaban por
la
suerte de los perseguidos, y los que llevados de preo-
cupaciones religiosas eran partidarios de los jesuitas,
aquellos
en fin que se rabian opuesto al gobierno de
CAPITULO SESENTA Y DOs.
424
Pombal,
n
ciertamente no estaban
di
spuestos
á in
molar-
se en defensa de un gobierno que
a
borreciau
ini
y
qua«.
consideraban como despótico y
san
guinario. Etlel'
er.dt:
estaba en el mayor abandono
á
causa de la tenacidad
con que el ministro sostenía su sistema favorito de
p-.
°
Mica. Todas las fuerzas militares reunidas, no esced.
del número de veinte mil hombres mal armados é in-
disciplinados, tanto que los oficiales subalternos se
habían visto obligados á entregarse á ocupaciones me-
cánicas. Ninguna fortaleza se hallaba en estado de sos-
tener un sitio , y para colino
-
de desventura , se habia
el gobierno enagenado el favor de Inglaterra , constan-
te y natural aliada de la casa de Braganza , á, causa de
las infinitas violencias y vejaciones que su comercio es-
perimentaha por parte de los portugueses.
Recurrió el rey á las principales potencias con quie-
nes estaba ligado por tratados ó interés ; pero Inglater-
ra fué la única que le manifestó en su desdicha una
amistad generosa, sin mezciade ningun interés particu-
lar ó político. Sin embargo, antes de que recibiese ausilios
eficaces , sus estados fueron invadidos por el ejército
español. Un cuerpo de veinte y dos mil hombres man-
dado por el marqués de Sarria , penetró en las pro-
vincias situadas al Norte del Duero, sometió á Bragan-
za ,_ Miranda y Torre (le Moncorbo, asustando de tal
modo á los habitantes de Oporto , que se trataba ya de
retirar la factoría inglesa. Triunfante el ejército espa-
ñol halló resistencia en los paises montañosos , cuya
poblacion , valiente
y
atrevida, voló al punto á empu-
ñar las armas haciendo una guerra de puestos continua
y terrible dirigida por hábiles oficiales ingleses. Em-
pero , no logró esta resistencia pronta y animosa impe-
dir que un cuerpo de ocho mil hombres penetrase hasta
la provincia de Beira , al Sur del Duero , tomase posi-
ciones cerca de Almeida , y permaneciese allí durante
las grandes calores del estío. Entonces fué cuando las
cortes de la familia de Borbon juzgaron
que era opor-
e
422
1762.-1763.
tuno justificar su agresion por medio de una
declara-
cion de guerra. En el mes de agosto el conde
de
Aran-
datomó el mando del ejército, atacó á Almeida y des-
pues de un sitio de nueve dial , obligó á la guarnicion
que se componia de mil quinientos hombres á entregar-
se prisionera de guerra.
Durante estas operaciones , llegaron de Inglaterra
subsidios
y
socorros. El conde de la Lipp, oficial ale-
man , cuya capacidad era estraordinaria , mandaba las
fuerzas que deban ausiliar á los portugueses , las cua-
les concentró en Ponto de Marcella á fin de impedir
que los enemigos avanzasen al Norte. En tanto que se
hallaban ocupados en el sitio de Almeida , destacó al
brigadier general Bourgoyne con objeto de que cruzase
las montañas por Gasten da Vida , para atacar una di-
vision que se formaba en Valencia de Alcántara, con
objeto de efectuar una inva,sion. á las orillas del Tajo.
La espedicion fue dirigida con denuedo y habilidad;
hizo Bourgoyne una marcha forzada de cinco dias , á
través de un pais cortado y montuoso , sorprendió un
destacamento español que hizo prisionero, destruyó una
cantidad considerable de armas y municiones , y con-
tinuó gracias á este triunfo, dividiendo la atencion de
los españoles , y obligándolos á cambiar de plan de-
campaña.
Despues de la toma de Almeida, renunció el con-
de de Aranda á todo movimiento por la parte de la ciu-
dad, dejó en esta una guarnicion y otra en Ciudad-Ro-
drigo , dirigiendó su marcha hacia Caste! Franco , con
intento evidente de pasar el Tajo y penetrar en el Aten-
tejo ; pero se adelantó su vigilante adversario , quien
con el cuerpo principal corrió á Abrantes , que puede
llamarse la llave de Portugal en el Tajo , establecien-
do destacamentos considerables en Albite y Niza para
impedir el paso de este do á Villavelha.
El
general es-
pañol atacó y tomó la posicion de Albite; pero en tanto
que se ocupaba en perseguir
á
los portugueses poi'
las
CAPITULO SESENTA
Y UNO.
4 2 3
montañas , en la direccion dé Codigos , Bour
g
oyne q e
mandaba en Niza, envió un destacamento
de sus
t u-
del otro lado del Tajo, y sorprendió un
cuerpo de es
,a
_
fioles en Villavelha. Los españoles se vieron , po
''
r
lo
tanto empeñados eu una guerra de puestos, en unpais
montuoso y dificil. Las lluvias de
otoño atajaron pi un-
to el vuelo de los demas proyectos , así es , que los es-
pañoles se replegaron ásus fronteras , con propósito de
esperar la llegada de los refuerzos franceses que se ha-
llaban en camino. Los anglo-portugueses , alentados
con este triunfo, y reforzados por nuevas tropas , se
establecieron en una línea que se estendia desde Abran-
tes á Guarda, y el cuerpo de Bourgoyne se quedó en
Niza para cubrir el paiswal Sur del Tajo (46).
Harto conocía España el carácter atrevido y em-
prendedor de sus enemigos para no esperar , despues
de tan inútil campaña , que hubiese represalias en
las costas y fronteras. En tan notable ocasion, se agru-
pó el pueblo al rededor del estandarte de su soberano
y desplegó toda la firmeza y energía del carácter nacio-
nal. 'Los aragoneses , de acuerdo con las provin-
cias de Murcia, Granada , Valencia y Cataluña, pre-
sentaron al rey un mensage que recordó aquel espíritu
caballeresco que han mostrado, en todos tiempos, en
los grandes peligros que han amenazado á su pais.
Damos aquí traslado de este hermoso monumento de
patriotismo.
.
« La nobleza de vuestro reino, sosten de la corona
de Aragon , uno de los mas bellos florones de la vues-
tra, suplica á. V. M. que le confíe la defensa de las cos-
tas de este pais: pide ademas permiso para luchar con
los ingleses, quienes en escritos públicos é insolentes,
han ultrajado á vuestros vasallos, los intrépidos espa-
fioles. Si tina larga paz ó querellas de escasa importan-
cia han impedidte
el dia el que los nobles castella-
SEÑOR:
124
1762.-1763.
nos mostrasen aquel ardimiento de que en
tiempos
antiguos y modernos, han dado tan manifiestas prue-
bas, tanto en el viejo como en el nuevo mundo , ardí-.
miento que tan fatal
rué
á esos mismos inglese
atreven ahora á insultarnos; la lucha en que
peñada España, ha dado á conocer que su valor guer-
rero no se ha extinguido aun, y que todavía los animan
iguales hidalgos sentimientos. No merece , señor , ser
llamado noble, ni lo es, quien no ganó este hermoso
dictado con hazañas y hechos valerosos de armas aco-
metidos en defensa de la patria.
« Arde en nuestros corazones el deseo de luchar por
tan bella causa, volando á la defensa del pais. Rogamos
á V. M. que acepte la mitad de nuestras fuerzas para
combatir en tierra enemiga, sin esperar á que el con-
trario venga y nos ataque en nuestros mismos hogares;
bastante tenemos con la otra mitad de nuestras fuerzas
para rechazarlos de las costas, si tienen
la
temeridad
de
acercarse á ellas. No nos cuidaremos de la naturaleza
de
los
puestos á que quiera Y. M. destinarnos, ni menos
del pais á donde se nos envie ; no pedimos recompen-
sas; bastante es para nosotros el mostrar nuestro arrojo'
al enemigo, obligándolo á
que
conozca cuanto amamos
nuestro pais. Vuestros enemigos, señor, conocerán que
España es una nave sostenida por dos áncoras en la
tempestad, que son la religion y sus costumbres.
A.
imitacion de los romanos que mendigaron la paz
de nuestros antepasados , encarecidamente pedimos
á Y. M.
que no laconceda sino hallándose en el seno de
la victoria. Este es, señor , el momento de
dar cuanto
brillo merece á la gloria de la nacion: humillemos con
vuestro amparo á la altanera Inglaterra, que loca sueña
con la destruccion de toda la Europa. Corno su único
objeto es el comercio, esto es, su provecho avariento é
ilícito, con pesar lucha contra una nacion guerrera que
no
conoce la bajeza ni abriga mas sentimiento que
el
amor de
su rey y de su patria.
CAPITULO SESENTA Y
UNO.
125
«Puede necesitarse dinero en Lóndres, como en otro
tiempo se necesitaba en Cartagena ; pero la virtud, la
constancia y el arrojo no escasearon jamás entre noso-
tros, como jamás escasearon entre los antiguos romanos.
Vuestros enemigos, señor, se
.
destruirán por sí mismos
á
causa de !Os esfuerzos violentos que se verán precisa-
dos á hacer á
lin de poderse defender contra noso-
tros (47). »
Si las desdichas no habian entibiado el ánimo de
esta magnánima nacion, los anteriores desastres hahian
agotado los recursos de las dos monarquías de los Borbo-
nes. No alimentaban á España aquellos decantados
manantiales de riqueza ; las comunicaciones con las
colonias estaban cerradas, su marina destruida, su ejér-
cito mermado y sobre todo desalentado despues de
tantos esfuerzos inútiles hechos en la última campaña,
que habia empezado, empero, con tan lisongeras apa-
riencias de éxito. Francia , amenazada fuera por un
enemigo implacable , hostigada por continuos desem-
barques , sin comercio y sin crédito , presentaba el
mismo aspecto de miseria y desaliento que en la época
en
que el poderío de Luis
%
'XIN
sucumbió ante
los es-
fuerzos de la grande alianza. A tantas calamidades
públicas preciso es añadir el desarreglo de un monarca
que se entregaba á sus goces, á la avaricia, por no decir
.mas, de su manceba y parciales, y la impopularidad de-
un ministro
á quien ciertamente no
faltaban pensamien-
tos
elevados; pero cuy as buenas prendas afeaba un de-
sasosiego perturbador. Finalmente , se consideraba la
alianza con Austria como una calamidad pública, y hasta
$
e
miraba del mismo modo la union con España, aunque
•
a
Poyada por los lazos de familia y por la conformidad
de
las opiniones nacionales. Se creía que antes bien
era
-una
carga que un beneficio. En tan lastimosa situacion,
era la paz el objeto de los deseos de ambos soberanos,
que la anhelaban con tanta sinceridad
y empeño
como
era grande su
cornua
miseria. Afortunadamente
para
426
1762.-1763.
ellos no tenian que temer el hallar en el gabinete britá-
nico, la voluntad firme y resuelta de un hombre de
estado, que lleno de elevacion hubiera conocido y sabi-
do juzgar los beneficios que podían resultar de este
estado de cosas para su pais y que hubiese estado
dispuesto á, sacar partido de ella. Por el contrario, am-
bos ministros tenian que habérselas con un ministro
amigo de la paz por carácter y principios, que conocia
cuán inferior era al inmenso deber de dirigir con fruto
la máquina complicada confiada á su cuidado. Cierto
es
que, en cuanto renunció Pitt,
lord
Bute habia hecho
proposiciones al Austria y á, Prusia, con ánimo manifies-
to de arreglar sus desavenencias, pero se veia claro
que
era grande la frialdad con que se dirigía al
úl timo
reino. Retiró, al poco tiempo, el subsidio que se daba
á,
Prusia á fin de impedir que la lucha se prolongase en.
Alemania , manifestando así claramente , con el modo
como dirigía la guerra y con su política interior, que
deseaba la conclúsion de la paz. Su conducta con Prusia
dió lugar
á
la renuncia del duque de Newcastle , que
habia consentido en la calda de su enemigo , y que
habia continuado en el ministerio á pesar de su salud
delicada, con la esperanza de recobrar el ascendiente
de que !labia gozado en otro tiempo (26 de mayo)
Lord Bute fué sucesor su
y
o en el tesoro y concentró
en
su persona todo el poder delestado, y por efecto de las
últimas renuncias de los individuos del partido wigh,
quedó sin rival en el consejo. En vista de esto , fácil
le
fué proseguir ea
la ejecucion de sus planes con mayor
vigor y actividad igual.
Estas circunstancias produjeron una comunicacion
directa entre Francia é Inglaterra (setiembre)
). Su mú-
tua inclinacion á la paz las movió á una y otra, á man-
dar dos comisarios elegidos entre los nobles mas distin-
guidos de cada pais. El duque de Bedfort salió para
Paris, y el duque de
Nivernois
para Lóndres. No fué
dificil el
ponerse de acuerdo en punto á los primeros
CAPITULO. SESENTA Y UNO.
427
puntos que produjeron el rompimiento ; pero los %ego-
cios de Alemania dieron lugar á una
d
iscusion. bastante
complicada, si bien
,
de corta duracion, por la razon
que Austria y Prusia estaban ambas
des
contentas de
d
sus respectivos aliados, animadas hasta el mismo grado
del deseo de continuar la guerra. Se las dejó , pue
s,
que arreglasen sus desavenencias, y ambas córtes de
la
familia delBorbon, así como Inglaterra, convinieron con.
igual satisfaccion en llevar á cabo cuanto antes su
avenencia.
(10 de febrero de 4763) Mediante el tratado defi-
nitivo que se
,
firmó en París, cedió Francia á In-
glaterra la Nueva Escocia , el Canadá , con el pais
al Este del Mississipi hasta Ibbeville , que hasta
entonces habla formado parte de la Luisiana , la isla
del cabo Breton con los islotes y costas del rio San
Lorenzo , conservando tan solo el privilegio de pes-
car en el banco de Terranova , con ciertas restric-
ciones que se especificaron. En las Indias Occidenta-
les, cedió la Dominica, San Vicente y Tabag
.
o ; en las
costas de África, el rio Senegal. En el Oriente, abando-
naba las adquisiciones que Babia hecho en la costa de
Coromandel y Orija, desde 1749 ; no conservaba tropas
ningunas en Bengala. Dunkerque debía
quedar reducido
al mismo estado determinado en el tratado de Aquis-
gran
y otros posteriores, y todas las demas conquistas
habrían de devolverse por ambas partes.
Tambien España tuvo que rescatar la restitucion de
las conquistas de los ingleses con la cesion de la Florida
y de los territorios ál Este y Oeste del Mississipi. Reco-
noció ademas, en los súbditos del rey de Inglaterra el
derecho de cortar maderas en Honduras y en los demas
puntos del territorio español; pero tuvo habilidad para
eludir esta concesion, estipulando que serian demolidas
todas las fortificaciones edificadas en aquellas comarcas.
Tambien abandonó formalmente el derecho, reclamado
por tanto tiempo , de pescar en el banco de Terranova.
428
4762.
--463.
Las tropas francesas y españolas debian salir de Portu—
gal y la colonia del Sacramento debia restituirse otra
vez.
Por medio de un arreglo particular, logró España de
Francia lo que le quedaba de la Luisiana , como
com-
pensacion
de la pérdida de la Florida (48).
La querella que reinaba entre Austria y Prusia,
despues de una disputa muy viva , pero de corta dura-
clon, se arregló en la paz de Ilubertsburgh , que dejó á,
entrambas partes en el mismo estado que tenían antes
de la guerra. Los príncipes de Alemania fueron com-
prendidos individual y colectivamente en este trata-
do (49) .
CAPITULO LXII.
1764.
Renuncia de Wall—El marqués de Grimaldi esnombrado ministro de esta-
do.—Descripcion de la corte y del ministerio de España, por el conde de
Rochefort.Medidas de Cárlos para consolidar su alianza con Francia.
—Alianzas matrimoniales entre las casas de Austria y Borbon.--Nega—
tiva de admitir á la emperatriz reina á formar parte del pacto de familia.
En cuanto quedó ajustada la paz, se dispuso el ge-
neral Wall á dejar del todo el ministerio. Obligado á.
sacrificar sus principios á la política dominante de la
córte, víctima de los celos nacionales, espuesto cons-
tantemente á las intrigas de los partidarios del sistema
francés, y á las sordas intrigas de los napolitanos que
rodeaban á Cárlos III, tiempo haciá que seguía con pe-
sar desempeñando su empleo. Sus deseos todos se ci-
fraban en abandonar un puesto en donde se veia abru-
mado por un trabajo penoso, y por toda la respons,abili-
dad ministerial, aun cuando no tuviese ya poder. En
vista de esto, pidió varias veces al -monarca permiso
para retirarse; pero no pudo conseguirlo, porque no
solo profesaba Cárlos III aversion manifiesta á todo
cambio, sino que se hallaba sobrado satisfecho de su.
integridad y mérito para renunciar á sus eminentes
servicios. No pudiendo lograr lo que apetecia, creyó
que débia valerse de un pequeño ardid, harto perdo-
nable por cierto, á fin de conseguir su libertad y el re-
poso amado á que aspiraba Empezó á quejarse de su-
frir vabidos y de ir perdiendo notablemente la vista.
fin de probar mejor esta enfermedad supe esta, poco
1103
Biblioteca popular.
T.
98
13a
4764.
antes
de
presentarse ante el rey, frotaba los párpados
con un ungüento que producia una inflamacion momen-
tánea. Cuando salía, llevaba siempre antiparras, y este
ardid produjo el efecto apetecido, porque el rey, aun-
que muy á pesar suyo, aceptó la renuncia de tan buen
servidor. Dejó este, con júbilo, un ministerio incomo-
do, retirándose cargado de honores y recompensas,
premio de sus largos y leales servicios.
Era muy superior á los cálculos de la ambicion, y
demasiado contento de haberse escapado á las tor-
mentas de la vida política con estremada .felicidad,
para no renunciar á todo deseo de conservar ni sombra
de influjo, al salir del ministerio. Redujo sus relaciones
con la córte á las muestras de respeto y gratitud que
debia al
,
soberano, y le valió su conducta moderada y
comedida la estimacion y miramientos de los que an-
tes hahian intrigado contra él.. Despues de su renuncia,
residió unas veces en el
Soto
de Roma, palacio real si-
tuado en la vega de Granada, y otras en el Mirador,
hermosa casa de campo inmediata á tan nombrada ciu-
dad, Amáronle los habitantes de aquel reino
,
por su
cortesía, elegancia de modales, buenas costumbres,
y
gracias á los socorros caritativos que se complacia
en
distribuir. Murió en 4778 (50).
El duque de Choiseul dominaba completamente por
entonces en la córte de España, no teniendo rival su
influjo. A Wall lo remplazó en el ministerio Grimaldi,
embajador de España en París, estrangéro tambien,
pe-
ro
muy diferente de su predecesor por carácter v prin-
cipios. El marqués de Grimaldi era segundon
~
de una
casa ilustre de Génova. Estudió,, siendo niño, para se-
guir la carrera de la iglesia, y fué á Roma, tanto para
acabar, su
educacion,
como con intento de figurar
en
aquel vasto teatro de negocios religiosos
y
.
políticos. A.
lo que parece recibió órdenes
menores,
sin
continuar
despues la carrera eclesiástica.
A fines del reinado de Felipe V su pequeña
república
CAPITULO SESENTA Y DOS.
131
lo envió á España con una mision
di
plomática. Era mu
y
cuidadoso de su persona y le llamaban
g
eneralmente e
l
bello abate.
La amenidad de su trato y sus agradable
de su
modales hicieron tanta impresion corno l
ec
fisonomía. Estas ventajas le valieron el favor yrotec-
cion de varias personas que gozaban de mucho crédit
en Madrid. Halló medio de desplegar su capacidad y
amabilidad en una
córte
en que todo estrangero de al-
guna capacidad y de un estertor agraciado podia estar
seguro de ser bien recibido. Al cabo de. poco tiempo
abandonó el trage eclesiástico y el servicio de una pe-1
qUeña república para ocupar un lugar en la adminis-
tracion civil de España.
A lo que parece, á causa de sus principios políticos
y adhesioa á Francia, lo tomó Ensenada bajo su pro-
teccion , durante el reinado de Fernando. Á. causa de
esto mismo fué empleado en varias misiones 'á Viena,
Hanover, el Haya y Estocolmo. Llegó á tan tó)que En-
senada trabajó para que se le diese la embajada de In-
glaterra en lugar de Wall, mas tarde, lo nombró emba-
jador en París Cárlos III, en cuanto subió al trono.
Consiguió inspirarcompleta confianza al ministro Choi-
seul, y fué el agente principal del cambio político que.
produjo el pacto de familia. Desempeñó este impor-
tarte destino durante la guerra, y despues hasta tanto
que al verificarse la renuncia de Wall fué nombrado
ministro, pudiendo así realizar los pensamientos de los
dos monarcas de la casa de Borbon.
Nos parece oportuno el presentar aquí al lector el
retrato, no menos animado que verdadero, de los prin-
cipales personages de la córte de Españaen los momen-
tos en que se verificaba este cambio de la administra-
clon. Será. como una continuacion del que hemos dado
de la misma córte al advenimiento de Cárlos. El nuevo
embajador en Madrid escribia lo que sigue.
132
4764.
lar
«Lord Roche fort al conde de Hallifax
Madrid á 13 de
enero
de 1764.
SEÑOR CONDE;
« Como hace tanto tiempo que no hay embajador de
Inglaterra en esta córte, es harto natural el pensar que
tenga deseos S. M. de recibir algunos detalles relativos
á su
estado presente. Desde que he llegado á Madrid,
no solo he tratado de adquirir los mejores datos posi-
bles, sino que no he de
j
ado de asistir á la córte de
S. M. C.; ademas he cultivado el trato de las personas.
con quienes se consultan los negocios públicos, así co-
mo de otros personages que, por sí mismos
ó
por me-
dios indirectos, pero seguros, tienen motivos para sa-
ber todo cuanto pasa.
«Empiezo por S. M. C., y segun mi opinion es ine-
saeta la creencia de que es un príncipe débil y sin
energía. Si quisiera tomarse el trabajo de vencer su,
desmedida pasion á la caza, ocupándose de los nego-
cios del gobierno, os aseguro que seria muy superior
en el despacho á todos sus ministros. Pero la gran des-
dicha está en que esta diversion favorita le roba todo el
tiempo; por lo cual, deshaciéndose cuanto antes puede
de sus ministros para ir á caza, no tiene profundo co-
nocimiento de los negocios. Sin embargo, su modo de
ver el estado de Europa y lots intereses políticos de
España, es bueno y exacto, y dificil seria el engañarlo
en este
punto. Su permanencia, ó por mejor
decir, su
tenacidad
eirseguir
los
principios que ha
adoptado una
vez, impedirán que susministrosden paso ninguno
Con-
trario
á los pensamientos de su rey. Ciertamente que
S. M. C. no deseaba romper con nosotros, y los que
lo conocen bien, me han asegurado que se llenaron de
asombro
cuando lo vieron resuelto á esto,
p
orque fue;
esta
la vez primera
que cambió de parecer.
CAPITULO SESENTA Y DOS.
4 33
« He sabido, por el mismo conducto, y es autoridad
digna de tódo crédito, que muchas veces ha dicho et
embajador francés a sus confidentes que la revelacion
del pacto de familia fué una astucia del duque de Choi-
seul,.para empeñar á esta córte en la guerra, lo que
prueba evidentemente que él (el embajador) no habla
en esto tenido mucha parte, y sobre todo que el prin-
cipal instrumento fué Grimaldi. S. M. C. lo sabia tan-
to que cuando llamó á Grimaldi, escribió de
.
su propio
puño á S. M. cristianisima , nombrando al sucesor
de Grimaldi, á fin de quitar- cualquier protesto para
que permaneciese algun tiempo, tan persuadido estaba
del influjo que el gabinete francés tenia con 'Grimaldi.
Preciso es confesar que S. M. C.tiene elevada opinion
de su habilidad, en asuntos con gabinetes estrangeros.
«Lo que mas desea en la actualidad el rey de España,
es que no se altere la paz. Si no tiene conviccion com-
pleta de que lo engañó la córte- deFrancia, por lo menos
abriga bastantes sospechas para estar atento, y de vez
en cuando suelta algunas' palabras relativas á este pun-
to. Me parece oportuno contar á Y. E. lo que pasó úl-
tirnamente en esto , porque aunque el asunto no sea
muy importante , se puede empero traslucir el modo de
pensar- de este soberano. Como se. hallase examinando
las obras del palacio que mandó edificar, Grirnaldi, que
es poco callado, puso reparos á ciertos puntos de arqui-
tectura. Dirigiéndose entonces el rev al duque de Lo-
sada , le dijo :
—Quisiera que todo lo hiciera á la fran-
cesa, y á mí me gusta mas mi sistema.
Esta y otras muchas observaciones parecidas que
omito referir á V. E. , prueban que S. M. C. no está
dispuesto ventajosamente á favor de los franceses , y
que el que desee guiarlo por este camino se espone,
porque el rey tiene mucha penetracion ,
y
tal vez fin-
girá el acomodarse á las miras de sus ministros hasta
tanto que penetre su modo de pensar. Mas dé una vez
ha sucedido que les
,
ha dicho con suma sorpresa suya,
434
1764.,
que no entendian una palabra de tal ó cual negocio,
del cual quería encargarse el.
«Bien conoce el rey que el pais se halla estenuado,
-v no tardará en conocer que carece completamente de
recursos. Sus gastos particulares de caza , construccio-
nes , caminos , etc. , etc. , son muy crecidos, y Squila-
ce pasa muchos apuros para buscar dinero. Por eso
se
d&
tanto estímulo á la introduccion de géneros éstran-
geros , porque los derechos que pagan de introduccion
proporcionan recursos prontos y disponibles, de lo cual
resulta que las manufacturas del reino caen diariamen-
te por falta de capitales con que sostenerlas.
«El rey , los ministros y la nacion , no desconocen
su debilidad, el esperimento de la última guer-
ra y reparano en su presente situacion. Es, pues , evi-
dente, y harto me lo repiten que se conformarán con
los términos y condiciones del último ,tratado defi-
nitivo.
«V. E. conoce sobrado el carácter de Grimaldi; no
deja de tener cierto mérito ; pero ignora completamen-
te cuanto dice relacion con el comercio, ó mas bien
desconoce los verdaderos intereses de España en este
punto. En mis conferencias con él , le ha acontecido el
jactarse de haber deslumbrado á, los franceses y de ha-
ber conseguido ventajas considerables para el comercio
español , en el pacto de familia. Hablando de nosotros,
declara positivamente que lo único que desea es que
los últimos tratados entre España é Inglaterra sé eje-
cuten escrupulosamente , y en esto yo soy de su mis-
Ina opinion,
«A su
llegada
á Madrid, se condujo .Grimaldi de un
modo altanero é insolente en estremo , espresamente
como los ministros estrangeros, sin. esceptuar al emba-
jador de Francia. Todos lo trataban con una considera-
clon algo servil ; pero mas tarde han cambiado , que-
dando cada uno en el lugar que le corresponde.
En
cuanto á mí ,
desde el principio me trató de diferente
CAPITULO MIENTA Y DOS
135
modo ,
haciéndome mil distinciones y protestas de
aprecio;
Oro no cumpliria con mi deber si ocultase
á Y.
E. que su predileccion á Fran
c
ia aumenta de dia
en dia. Preciso es
.
que sea muy estremada paraue
inspire celos al mismo embajador francés , quien qu
hiendo que sigue Grimaldi, correspondencia particular
con el duque de Choiseul, es ahora mucho mas circuns-
pecto que antes en sus relaciones con el ministro espa-
ñol, que es mas francés que él mismo. Sin embargo, sé
por buen conducto que ha recibido órdenes de su
á
b
0.o-
bienio para ayudar á Grimaldi á derribar Squilace,
lo cual hace que su posicion sea mas desagradable to-
davía. A decir verdad , es completamente indiferente
para el duque de Ossun, embajador de Francia, que los
negocios de su córte se manejen por una ú otra perso-
na, porque lo único que desea es permanecer aquí tres
ó cuatro años mas.
((La última cosa que hizo antes de retirarse el gene-
ral. Wall , fué el dejar sus amigos á Grimaldi, que son
los únicos que este tiene aquí. Los principales son,
Fuentes que ha estado empleado en Lóndres , el prín-
cipe de Masserano , y el conde de Aranda, á quien se
creyó durante algun tiempo destinado para ocupar el
lugar de Grimaldi ; pero que en el dia trata de entrar
en el ministerio de la guerra , contribuyendo á la calda
de Squilace. A estos hay que añadir don Agustin de Lla-
no , oficial mayor de la secretaría de Estado , el cual,
aunque en tiempos del general Wall desempeñaba este
mismo destino , ha sido uno de los partidarios mas de-
clarados de los franceses.
«No se había reunido el consejo hacia mucho tiem-
po , pero Grimaldi con mucha destreza consiguió que se
acordase el celebrar una reunion una vez por semana
con Squilace y Arriaga , ministro de Marina. El mismo
soberano dió órden para que así se efectuase , lo cual
no agradó á los otros dos ministros. Sin esto no l!ullle-
ra podido tener conocimiento ninguno de lo que l'Itere-
436
1764.
-
sa saber á un ministro de Estado , en vez de que así se
hallará al corriente de cuanto dice relacion con los ne-
gocios interiores , y principalmente con et comercio,
hallándose en estado de hablar al rey de estos objetos.
«Squilace , ministro de Hacienda y Guerra , es per-
sona de humilde nacimiento , gran trabajador y amigo
de ocuparse de todo. A pesar de los clamores que con-
tra
él
se elevan de todas partes, creese completamente
seguro de su destino. Sin embargo , no lo están tanto-
sus amigos , porque oí el otro dia que decía á uno de
ellos rey me conoce , yo conozco al rey; así, pues
no abrigueis el menor recelo.—Las protestas de amistad
que me hace me parecen sinceras, y cada dia será mas
afecto á Inglaterra, aun cuando no sea mas que por
obrar de un modo diametralmente opuesto á Grimaldi.
De algun tiempo á esta parte se muestra muy asiduo
con Ensenada,
á
cuya disposicion esta
el
duque de Lo-
sada. La capacidad de este es muy escasa; pero es un.
hombre muy de bien , por lp que le estima el rey mas
que
á
nadie, dispensándole hace muchos años una con-
fianza ilimitada que nunca ha sido turbada por ningun
recelo. Squilace , pues, á Losada por medio
de
Ensenada , y á esto dee á lo que entiendo, el gozar
de mas valimiento con el rey que el mismo Grimaldi.
Toda su sistema se limita á conservar la amistad de su
amo , conducta que es mucho mas grata á S.
M. C. que
todas las máximas que quisiera inspirarle Grimaldi.
«Don Juan de Arriaga , ministro de Marina y de
In-
dias es persona de rectas intenciones , pero sometido
ciegamente á los
jesuitas y aun
cuando se reune á,
menudo con los otros dos ministros , jamás se le pide
su parecer en materia que no diga directa relacion con
su ministerio. Debo añadir que segun mis observacio-
nes , trata Grimaldi de inspirarle mas
energía; pero
ya
sea por indolencia 6 por hipocresía , no contraria
á lo
que entiendo en lo mas mínimo, los planes del podero-
so
ministro (51).
-~"1"1111.1~11~
CAPITULO SESENTA Y T RES.
443
tre Francia y España
por una parte , y por otra
In
er
la-
terra y
Portugal , las cuales llegaron á un que
ue
un año despues de la conclusion de la paz , las princi—
pales potencias que habian tomado parte en las guer-
ras anteriores manifestaban ya deseos de lucha.
Las disputas interminables entre Inglaterra y Es-
paña relativas a los'establecimientos y comercio inglés
en el golfo de Honduras se aumentaron con los artículos
mismos del tratado que tenia por objeto el terminarlos.
El consentimiento impolítico de Inglaterra para la de--
molicion de todas las fortificaciones en aquella cos-
ta (57) , hizo que los colonos cayesen en manos de los
españoles. Mientras los límites no se hallaban bien es-
pecificados, daba lugar este descuido á frecuentes vio-
laciones del territorio español y á vejaciones por una y
otra parte. El mal crecia á causa de los continuos es-
fuerzos que hacian los colonos para comerciar subrep-
ticiamente en el interior hasta en la misma ciudad de
Méjico, y de la proteccion que daban los españoles á
los negros
cimarrones
ó prófugos , que eran quienes se
empleaban principalmente en el corte de maderas.
En virtud de órdenes comunicadas por el ministro
Arriaga, obligando á los colonos á ceñirse á la letra del
tratado , el gobernador de Yucatan y el comandante de
Bacalaar prohibieron toda comunicacion en general , y
exigieron que los colonos presentasen un permiso for-
mal , ya fuese de su mismo soberano , ya del rey de
España. Siguió á esta interrupcion la espulsion de los
colonos de la costa , por no considerarlos como com-
prendidos en los límites determinados por el último tra-
tado (dicieMbre de 4762); se les mandó que saliesen de
Rio Hondo en el espacio de dos meses, y fueron confi-
nados á la orilla meridional de Rio Nuevo, y tanto ea
este punto como en Rio Wallis se les prohibió que
gasea á distancia mayor de veinte leguas lejos del mar.
A causa de estas disposiciones ,
lle—
fueron. espulsados
de
sus habitaciones mas de quinientos colonos con pérdida
444
.1764.-1765.
de sus bienes , que podian valuarse en 108,000 du-
ros (58).
Por la misma época , la enemistad secreta que ha-
bia contra Portugal se manifestó en la repugnancia que
mostró España en restituir la colonia del Sacramento,
en las quejas relativas al comercio de contrabando en.
Buenos-Aires é interior del Paraguay, y en la disputa
relativa á las fronteras mal señaladas de las dos colo-
nias.
Dirigiéronse inmediatamente varias representacio-
nes á la córte de España ; y en tanto que el ministro
español trataba de alucinar á la córte de Inglaterra con
una negociacion aparente reuniéronse tropas en Gali-
cia y Estremadura , y se hicieron todos los preparativos
necesarios para que empezasen de nuevo las hostilida-
des. Por el mismo tiempo , concibió ó aprobó Choiseul
un plan infernal (59) , cuyo objeto era el incendiar los
astilleros y arsenales de Plymouth y Portsmouth. Ya se
habian encargado algunos ingenieros franceses de eje
cutar este funesto proyecto ; Grimaldi estaba en el
secreto , y los dos ministros solos (porque no es nuestro
intento acusar á los soberanos de Francia y España),
esperaban con impaciencia la señal de la conflagracion
que debla destruir la fuerza marítima de Inglaterra
para dar principio á las hostilidades y realizar la gloria
humillada de la casa de Borbon. Afortunadamente la
vigilancia de lord Rochefort descubrió la trama , y las
precauciones del gobierno inglés, hicieron que fraca-
sase tan fatal proyecto.
Las negociaciones entre Inglaterra y España, se re-
sintieron de este abortado é infame proyecto. Trató
Grimaldi de ganar tiempo , aparentando que esperaba
informes; una tarde eludió las instancias de lord Roche-
fort remitiendo la discusion de
,
estos puntos al príncipe
de Masserano , embajador de España en Londres. Pero
tropezó su pensamiento con la rotunda negativa del go-
bierno inglés que no quiso dar oídos á la proposicion de
CAPITULO SESENTA Y TRES.
445
la transaccion menor de sus indisputables derechos , y
con la peticion que hicieron los ingleses de restablecer
los colonos, de castigar á los gobernadores y compen-
sar las pérdidas. Las comunicaciones
s
iguientes del
embajador de la Gran Bretaña , darán mejor á conocer
la impresion que produjeron estas medidas decisivas.
17
de setiembre.
«Conociendo esta córte, y persuadido corno estoy de
que nada hay que temer tanto como un rompimiento en
estos momentos , sé muy bien que cuanto mas la asuste
mas seguro debo estar de triunfar. Empecé quejándo-
me de Grimaldi que me tendió un lazo , asegurando á
V. E. que el príncipe de Masserano se conformada con
todo.
«En seguida, le di conocimiento de las últimas ór-
denes que recibí de V. E. , y á fin de darle pruebas de
confianza le leí la parte mas esencial de vuestra carta:
cuando escuchó que no entrariais en discusion ninguna
con el príncipe de Masserano, alzó las manos al cielo y
le saltaron las lágrimas.—iDios mio! esclarnó, si no
quieren vuestros ministros entenderse con el embaja-
dor del rey , ¿qué medio queda de arreglar negocio
ninguno?
«Notando que esto era ir demasiado lejos , me valí
de un lenguage mas suave.—Deseo, le dije, que os colo-
queis en mi lugar , y que juzgueis entonces si podemos
consentir
entablar discusiones acerca de un asunto ter-
minado -ya.—Pero añadió interrumpiéndome , cuanto
hubieseis pedido se hubiera concedido , y todavía se os
concederá. Quedareis facultados para ir á
Hondo, á
Rio Nuevo y á las costas de Honduras, y lejos de modi-
ficar el tratado , queremos darle mayor estension ; pero
puesto que
queno
téneis derecho ni imaginais siquiera te–
nerlo , ¿qué inconveniente habrá en que lo declareis?
porque si intentarais alegar títulos para esto, á
pesar
de,
pibliotew popuior.
t
9
445
l764._.,_1765..
la aversión que profeso
á
la guerra ,.s
.
eré el primero
lie todo
á fin
que
aconseje al rey mi amo , que sacrifiq
de aclarar este punto.
«Esto me ha ofrecido la ocasion , señor conde ,
de
decirle que el primer paso para negociar en este nego-
cio ó cualquiera otro , debia ser el empezar dando res–
puesta
puesta completa y satisfactoria
á mi
nota del 27 de Ju-
lio, lo cual no pudiera producir la dificultad menor, es-
tando va de acuerdo en el punto mas esencial, el
:
a° es,
en conceder que los súbditos del rey no serán en lo su-
cesivo molestados en el corte de maderas
en el golfo de
honduras y en los otros puntos del territorio español de
aquella parte del mundo.
«Por la tarde me instó para que entrase en su des-
pacho , y al punto anudó la conversacion que habia
quedado interrumpida por la mañana , diciendo que
si
bien estaba dispuesto á concedernos cuanto le pidamos,
hay una diferencia muy esencial para ellos , entre
hacer otra concesion ahora y reconocer un derecho an-
terior ; porque si quisiéramos, añadió , detenernos en
el espíritu y no en la letra del tratado, podríamos abri-
gar pensamiento de
ir á
Méjico , puesto que es territo-
rio español en aquella parte del mundo. Continuó di-
ciendo , que aun cuando nuestra interpretacion fuese
justa y conforme al sentido natural del tratado , no era
ciertamente literal ;
.
y ¡cuán injusto añadió , seria el
rey de España
á
los ojos de sus súbditos, si castigase á un
gobernador por haberse adherido estrictamente álos tér-
minos de un tratado , ó si diese satisfaccion por una in-
juria imaginaria ó que no lo fuese siquiera cuando se
verificó el caso?
Sin
embargo , estaba dispuesto
á
de-
clararla como tal si se repetía , y terminó diciéndome
que nuestros buques podrian regresar
á
aquellos mares
con.
la seguridad mas completa.
«En esto nos hallábamos de la
co
nversacion, cuando
me levanté diciéndole que me'doliael ver que se pasaba
el
tiempo en fruslerías ; pero que si no se daba una sa-
CAPITULO SESENTA Y TRES.
4 7
tisfaccion, se vería el rey en. la necesidad de tornar me-
didas para reintegrar a sus vasallos ofendidos ,
á
y
que como venia, equivaldria esto declarar la guer-
ra. — Teneos razon , dijo , y bien sabe Dios que ha-
ré cuanto de mí dependa para evitarlo.—Como le pro-
pusiese yo que le enviarla mi nota al siguiente dia pa-
ra que pudiera dar contestacion y remitirla yo á
y
.
E.,
me rogó que antes le diese yo un estracto exacto de las
órdenes que habia recibido , del cual me ofreció hacer
buen uso.—En negocio de tamaña importancia, añadió,
nada haré por mí mismo; mañana 14 daré al rey cue,n-
la exacta del negocio ; el 45 , convocaré al consejo , y
el 4 6 , ya veis que no pierdo tiempo, podéis volver a
y
erme. Lo mejor será que prepareis la nota , y la trai-
gais vos mismo para entregármela ; entonces os daré
al momento una respuesta satisfactoria.
45.
«S. M. C. ha comido á las diez para ir á caza, y no
he tenido ocasion de hablarle en San Ildefonso, pero he
ido á, la secretaría de Squilace,
marchó
quien hallé conferen-
ciando con Ensenada , que se archó en cuanto llegué
yo. Despues de hablarme , durante algunos minutkils de
asuntos indiferentes, viendo que no tocaba el negocio
principal , le dije que entonces se presentaba la oca-
sion de ver si las intenciones pacíficas eran tan sinceras
como siempre habia, dicho. Entonces empecé á infor-
marlo exactamente de lo que había, pasado ; tomándo-
me las manos me dijo :—Ahora vereis si conozco vues-
tras intenciones ó no; será bien que sepais que se alar-
mó mucho el rey al saber vuestras exigencias ; pero yo
lo calmé. Como no sé si puedo tener confianza entera
con vos,
qué es lo que pedís ; sino he enten-
dido mal es que desaprobemos la conducta de nuestros
gobernadores , y que se devuelva el uso de sus dere-
chos á los vasallos del rey , vuestro señor. Dado este
448
4764.-1765.
primer paso, ¿pensais oponeros mas tarde
á
la discusion
de este negocio , y lijar los puntos á donde debeis ir ,
á
fin de que no os apropieis el derecho ilimitado de re-
correr toda América?—Conteste á esto, que aun cuando
nada fijásemos para lo sucesivo , no podian tener in-
conveniente en conceder ahora este primer punto, por-
que si mas tarde no estuviesen satisfechos con nuestro
modo de portarnos , podrian cuando quisieran obrar
del mismo que ahora, y expulsarnos nuevamente de Rio
Hondo , puesto que de ellos es , pero que podia asegu-
rarle que nuestra intencion no era ni seria jamás obrar
de modo que se justificase la repeticion de las mismas
escenas, y que habiendo tenido lugar cuanto ha suce-
dido sin provocacion por parte nuestra , no les tocaba
abrigar recelos de nuestra conducta futura.—No dejeis,
me dijo, de ir mañana á ver á Grimaldi , por mi no
ha
de quedar sin arreglar este negocio.—Entonces me hizo
las protestas mas vivas y solemnes , asegurándome
que
nada hay que no esté dispuesto
á
hacer para conservar
nuestra
amistad.
16.
Esta mañana muy temprano fui á la
córte
y al
salir
de la cámara de S. M. me dirigí al despacho de
Grimaldi. Despues de un debate largo y animado en el
que me dijo que se le hablan dado instrucciones
en
el
consejo celebrado la víspera , no me habló mas que de
dos puntos de mi nota, á saber, la desaprobacion de la
conducta de los gobernadores, y la reinstalacion de
los
que cortaban maderas en las costas de Campeche. Al
Irle
á
entregar la nota que llevaba conmigo y que estaba
concebida, á decir la verdad, en los términos mas enér-
gicos,
me rogó que no se entregase, puesto que tenia--
mos intencion los dos de arreglar el asunto y no agriar
los ánimos;
que por otra parte, puesto que no tenia
yo
nuevas proposiciones que ,hacer, no habla necesidad de
CAPITULO SESENTA Y 'TRES.
ninguna
otra nota. Como la víspera le
habia
dado y
no puse dificultad
d
o
no
un
estracto de este documento ,
ym
re
,d
acceder á sus deseos; entonces, tomó la
plum
la minuta de la carta que se iba á copiar
para
la al punto al gobernador de Yucatan, de la cuaa
lnde
entregarme un duplicado, ofreciéndome que la enviaría
sin pérdida de tiempo. Modificó' en seguida algunos
de este documento en el cual escribí yo mismo
os
las tres últimas líneas , y quedamos ambos
acordesen.
este punto.
« Cuando llegó el momento de hablar de los desagra-
vios, que eran el tercer punto de la nota, dijo lo que
creyó necesario para tranquilizarme y manifestó una
disposicion sincera á entrar en tratos de paz por parte
de los supuestos ofendidos; pero hacer concesiones por
lo que llamamos nosotros injuria y ellos juzgan de dis-
tinto modo, era esto cosa , segun él, que no podia exi-
girse y sirviéndome de sus mismas espresiones , era
esto cosa tan estravagante que no se habia atrevido a
hablar de ello á su amo. Entonces le dije que las órde-
nes que yo tenia eran. terminantes, y que tenia yo moti-
vos para creer que
mi
córte no quedarla satisfeella de
esta cláusula.
«El otro dia (1 de diciembre) tuve una larga confe-
rencia con Grimaldi con motivo de vuestra carta del 23;
le manifesté que tan luego como Y. E. estuviese infor-
mada de las pérdidas que nuestros buques han sufrido
á causa de la obligacion forzosa y violenta de salir de
la bahia de Honduras, era natural que mi gobierno espe-
rase de la equidad de S. M. C. que se diesen órdenes á
fin de. que se concediesen las indemnizaciones conve-
nientes. Carece el idioma de espresiones mas
fuertes
que
aquellas que empleó Grimaldi para asegurarme
que S. M. C. está en la resolucion fija y constanta_de
seguir en cabal amistad con el rey ; pero añadió estas
palabras notables: No sabeis con qué mona
.
rca tengo
que habérmelas: cuando toma una resolucion, no hay
450
1765. 4765.
quien le haga variar , sobre todo si esta persuadido de
q
u- lo que se le propone no es justo y natural,
y
accediend
o
a ella darla lugar
á
una interpretacion
mas
lata del artículo 17 del 'tratado definitivo (60). Juz-
gando que todos los argumentos eran inútiles , no dije
ni
una palabra mas ; bastante era esta esplicacion para
renovar la reclamacion cuando esté eompletamente
autorizado para ello , lo cual le anuncié que no podio,
tardar mucho en suceder (64).»
Lord Rochefortconoci
a
tanto como Grimaldi el carác-
ter inflexible del rey y que se negaria Carlos á casti-
gar á los gobernadores, pues lo único que habían he—
cho estos era dar cumplimiento á las órdenes que tenian;
ni tampoco ignoraba que era muy dificil sacar dinero de
un tesoro empobrecido. No hizo , pues , caso de las
reclamaciones de castigo é in.dernnizacion, abandonán-
dolas á la lista de los agravios que cada día se aumen-
taban entre las dos. naciones , recibió órdenes del go-
bierno para restablecer á los colonos, acompañados de
una carta particular en que se censuraba la conducta
ligera de los oficiales , prohibiendo para lo sucesivo
cualquiera clase de violencia contra los propietarios,
aun cuando obrasen igualmente, sin dar antes. aviso al
gobierno. Para terminar esta transacion, el re
y
recibió
con mucho agasajo al embajador inglés , á quien dió
repetidas muestras de satisfaccion y de amor á Inglater-
Por
su
parte, lord Rochefort, sin hacer mérito
ring —
no de los puntos que ofendian tanto la susceptibilidad
del monarca, se contentó con manifestar
la resolucion
en que estaba su soberano de impedir el comercio
de
contrabando, así como el abuso de los privilegios
de
que gozaban los
súbditos
ingleses (62).
Aun cuando este triste altercado se terminase , al
parecer amistosamente por la concesion que hacia
Espafia de una parte , y de otra por la indulgencia y
dulzura
que 'labia 'mostrado Inglaterra, todavía la ir-
ritadon no se había calmado. El .gobierno español no
CAPITULO SESENTA Y TRES.
451
descuidó sus preparativos militares , y Grimaldi volvió
á tornar un tono que se avenia mal con sus protestas de
amistad.—Los ingleses, decia con
d
estemplanza en una
conferencia que tuvo con el embajador, son un pueblo
tienen sin cesar proyectos
demasiado emprendedor , y
que no se pueden tolerar (63)
Durante este tiempo, la disputa con Portugal se tia-
bia agitado con
,
mas ardor que el desacuerdo con In-
glaterra. Las respuestas ambiguas y el aspecto amena-
zador de España, así corno la idea evidente concebida
por Grimaldi de prolongar las negociaciones, irritaron á.
la córte de Portugal. Pombal, ministro altanero, se des-
deñaba de contemporizar , y mirando el rompimiento,
como inevitable , reclamó el apoyo de Inglaterra que
estaba Portugal en derecho de exigir, en virtud de su.
alianza.
El gobierno inglés, mezclando la dulzura á lafirme-
za , calmó el resentimiento de Portugal ; pero declaró
al mismo tiempo á España la resolucion de no tolerar
la menor agresion contra los estados de su aliado,
anunciando que el primer cañonazo disparado contra
Portugal seria considerado ccmo una declaracion de
guerra. Las instigaciones y sordas intrigas de Choiseul
nutrieron la animosidad del gobierno español pero
todas las gestiones para conseguir el apoyo de Francia
se eludieron por medio de promesas vagas y ambiguas,
y
,
COMO
al
mismo
tiempo , abortase el horroroso pro-
yecto contra la marina inglesa, gracias á la vigilancia
y precauciones de aquel gobierno, procuró el ministro
salir de la situacion peligrosa en que se halla-
ba, sobre todo con un tesoro exhausto, y un ejérci-
to y marina que se resentían de los resultados de una
guerra malhadada. Para colmo de desdicha, era
Grimaldi objeto del resentimiento popular, por solo ser
estrangero.
El cambio que se verificó en los sentimientos y en
la conducta del ministro francés no se ocultó á la pene-
153
1761.-1765.
trante mirada de lordllochefort. «Debo creer, juzgando
por la conducta, presente, corno asimismo por el cambio
repentino en. el lenguage y modales de los ministros
aquí, que los franceses sospechan
-
que ha sido descu
bierto su gran plan , y que de ello han dado noticia
á
esta córte. En efecto, las tropasespañolas que se prepa-
raban
á
marchar se han detenido, y los coroneles de
varios regimientos que tenian licencia hasta el mes de
febrero, han conseguido una próroga hasta el mes de
ma
y
o. Tres correos han llegado de París en los últimos
diez días; uno de ellos, ayuda -de cámara de Choiseul,
ha estado encerrado en casa de Grimaldi, desde que
llegó sin que se le haya permitido el hablar con los
demas criados de la casa (64) .»
En vista de esto se prodigaron á la córte de Portugal
las mas lisongeras atenciones, y por último, terminó la
disputa sobre poco mas ó .menos como la anterior con
Inglaterra. Los puntos del litigio se arreglaron en parte,
y lo denlas quedó para servir de pasto á las negociacio-
nes y guerras futuras (65).
Otra causa de irritacion era el rescate de Manila..
Cuando se rindió aquella ciudad, conviene no olvidar-
lo, compró el gobernador la exencion
del
saqueo con
la promesa de
4.00,000
de duros, y dió letras sobre
el tesoro español por la mitad de esta suma. Cuando se
hizo formal reclamacion, la rechazó Grimaldi eón desden
protestando que dicha contidad se habla arrancado' por
la fuerza y que el saqueo anterior á la capitulacion, era
una violacion del
.
arreglo .•
Los conquistadores obraron ciertamente con mas
humanidad que política aceptando una compensacion
espuerta
á
tantos percances ; pero el clamor público,
poderoso siempre entre los ingleses, obligó á los minis-
tros á hacer reclamaciones reiteradas y amenazadoras
para lograr el pago de la suma esplicada. La córte de
España, que no desconocia que un. gobierno prudente
no se espondria á tantos riesgos ni
p
aria los
gastos
CAPITULO SESENTA TRES.
453
qué cuesta una guerra por un motivo de tan ténue im-
portancia , miró estas reclamaciones con indiferencia
ó ligereza. «El arzobispo, dijo G-rimaldi contestando á
las instancias de lord Rochefort, hubiera podido ta,mbien
estipular
á nombre del rey la cesion de la . provincia
de Granada, ó la de Madrid. Mi amo pelearla eterna-
mente antes que consentir pagar un solo doblon por re-
clamacion tan deshonrosa, y por mi parte quiero que me
hagan añicos antes que hacerle semejante proposicion.»
No era Squilace mas accesible en este punto, y en tono
algo irónico , dijo :—Devolvednos los 2.000,000 de
durusquehabeisrecibido ya, y en desquite os devolvere-
mos á, Manila con todas sus dependencias (66).—Las
reclamaciones hechas posteriormente iban en lenguage
mas moderado; pero gestion ninguna pudo alcanzar de
España la menor señal de condescendencia. Durante
todo el reinado de Carlos III esta reclamacion poco im-
portante , pero molesta por sus resultados , se renovó
en varias ocasiones, y siempre fué eludida ó rechaza-
da. El gobierno inglés no tuvo mas medio que el de re-
compensar á sir W. Draper con una pension, calmando
á los otros interesados con promesas de indemnizacion
que jamas se cumplieron. Los mismos soldados, parte
agraviada en este asunto, trataban de ella mas tarde
con su acostumbrada ligereza, y se consola
r
on de su.
chasco diciendo que en lo sucesivo no se dejariaa
engañar por un general tan
sabio
cuyo
latín
les habia
quitado el
botin (67) .
Los celos y mal humor que estas transaciones es
citaron de nuevo contra Inglaterra, asi como las reite-
radas instancias del ministro francés, á fin de que se
reuniesen fondos para llevar á cabo los planes concer-
tados entre las dos córtes de Borbon, inspiraron medi-
das que agravaron la miseria del pais, aumentando los
conflictos, del gobierno.
Choiseul y sus partidarios, convencidos de que
la
fuente de las rentas públicas estaba cegada en España,
X15
1764.-1765.
4,
pero persuadidos al mismo tiempo de que las regiones
vastas y ricas del Nuevo Mundo podian dar poderosos
ausilios, recomendaron con empeño el que se adoptase
un sistema mejor de administracion y hacienda- en las
colonias (68). Se encomendó el plan. de estas mejoras á.
Carrasco fiscal de Castilla, sin duda ayudado por ren-
tistas franceses y por Ensenada. Este proyecto fué apro-
bado por el mismo Squilace á quien teman indignado
el fraude y las malversaciones de los corregidores de
América.
En cuanto se,celebró la paz de 1763, se sometió el
provecto á la aprobacion del rey. El autor trataba de
probar que todos los ingresos del Perú,. Chile, Méjico,
-v Tierra firme no escedian la cantidad de 4.000,000 de
duros de los cuales nó entraban mas en las arcas . pú-
blicas que 840,000, de lo cual deducia que habla abu-
sos infinitos en la administracion, declarando que en
Ninguna parte se robaba al rey con mas descaro que
en Méjico. Segun él, este reino se hallaba en el estado
mas floreciente, con diez y ocho millones de habitantes,
y diez y seis ciudades tan .pobladas como Madrid. La
capital solamente. tenia mas de doscientos cincuenta
mil habitantes; los paises circunvecinos estaban perfec-
tamente cultivados; y el pueblo, en general, vivo, con
el mayor desahogo.
Por
lo tanto, proponia que se hiciese un ensayo de
su sistema en aquel reino rico y floreciente, y presa-
giaba, lleno de con tianza'que el resultado de las mejo-
ras propuestas seria de 1.000,000 de duros por año.
Aseguraba que las cuatro grandes clases de la ma-
gistratura, la milicia, los frailes v el clero, se aprove-
chaba casi esclusivamente de todo el comercio del pais
y proponia el que se valiera el gobierno de sus desave'l
nencias y frecuentes disputas á fin de-ganar dos de es-
tas
g
randes corporaciones y..arruinar las otros dos. El
pueblo, así se esperaba al menos, al verse menos sobre-
cargado que en tiempos de la administracion. última
CAPITULO SESENTA Y TRES.
4 55
abrirla los ojos y conoceria sus intereses verdaderos, y
ejecutando este plan en las denlas colonias, seria el
rey de España el soberano mas rico de Europa.
No podia menos de aprobarse un proyecto que pro-
metia tan Crecido aumento de ingresos, con tan. escaso
gasto. Carrasco se negó á aceptar el encargo de ejecu-
tar su plan, y se eligió en su defecto á don Andrés de
Galvez, alcalde de casa y córte, como persona que reu-
nia todas las prendas necesarias para encargo tan de-
licado. A fin de apoyar estas medidas, se embarcó un
refuerzo de dos, mil hombres para Veracruz, y en vez
de españoles veteranos, se prefirió á
walones
y otros
estrangeros, por no hallarse estos ligados con ninguna
especie de conexiones. Se confirió el mando de la es-
pedicion á don Juan de Villalba, último capitan gene-
ral de Andalucía, oficial de mucha firmeza y de grande
energía, á quien se dieron poderes mas estensos de lo
que se solia hacer con los gefes militares en las colo-
nias.
La noticia de las innovaciones proyectadas esparció
una alarma r descontentos universales en todas las
clases del Nuevo Mundo. Apenas llegó el comandante á
su destino, sé ió empeñado en una disputa con el vi-
rey á consecuencia de la cual quedó suspenso elpago del
haber de las tropas, y reducido el prest á dos terceras
partes. Ocurrieron al punto conmociones entre los sol-
dados, quienes despues de entregarse á toda clase de
desórdenes, desertaban para internarse en el pais, en
donde los acogían muy bien los habitantes descontentos.
En medio de semejante crisis llegó Galvez á Méji-
co, y no sin mucho trabajo, logró reconciliar al virey y
Villalba, pero tuvo que consentir en aplazar la ejecu-
cion de las órdenes de que era portador, á instancias
de los principales habitantes del vireinato, y la capi-
tal- sola, por este favor, concedió un donativo gratuito
de 200,000 duros. Dió de todo cuenta á su córte y
es-
peró
nuevas instrucciones.
Iklet
(,11
456
476 .-1765.
La impresion de un riesgo lejano era demasiado li-
gera para vencer las instancias del partido francés y el
canto seductor de un ingreso soberbio. Se nombróá
otro virey y se dieron órdenes á Galvez para que con-
tinuase, enviando á dos personas con encargo de aya-
darlo y acelerar las operaciones. Con arreglo al nuevo
provecto, se establecieron aduanas desde luego.
t
Estas medidas cambiaron el descontento general en
abierta
-
insurreccion, de resultas de la cual Galvez
uno de sus ausiliares, tuvieron que huir de Méjico. El
otro no pudo escaparse y se vió precisado á sufrir los
ultrages del populacho. La sublevacion se comunicó
rápidamente á las comarcas-vecinas.
El pueblo de los Angeles, situado en el camino real
de Méjico á Veracruz, se armó, sin pérdida de tiempo,
y aquellos robustos y atrevidos habitantes, descendien-•
tes de los
antiguos
tlascaltecas, rechazaron á las
tropas
que tuvieron que
refugiarse á los montes. Los subleva-
dos destruyeron las casas que servian de aduanas, y
no sin trabajo lograron calmar la conrnocion los prin-
cipales vecinos que periaanecian fieles á la autoridad
real y vestian. y mantenian la milicia á sus espensas.
En otras partes del vireinato, siguieron á !as mis-
mas medidas los mismos resultados. Pero la insurrec-
cion de Quito fué de peor naturaleza, porque despues
de espulsar á los empleados reales, ofrecieron la sobe-
ranía a uno de ellos, rechazando todos los ruegos que se
les hicieron de volver ala obediencia, mediante el ofre-
cimiento de un indulto general.—Nosotros, esclama,ban.
no necesitamos indulto porque no hemos cometido cri-
men ninguno, continuaremos pagando las mismas con-
tribuciones, con tal que no tengamos en lo sucesivo
gobernadores españoles, y que nombremos nosotros
mismos á nuestros magistrados.—Los españoles y los
que conocian mejor el carácter de los, americanos esta-
ban acordes, por último, en desaprobar el nuevo siste-
ma de impuestos; empeñándose en. probar que seria
CAPITULO SESENTA Y TRES.
157
menos productivo que el antiguo, y en vista de esto,
insistieron, con mueho ahínco, en lo arriesgado que
era el irritar á un pueblo dispuesto
tan universalmente
á la rebelion. Estas manifestaciones
produjeron turba-
cion en el gobierno, que
dió
tiempo de calmarse á la
agitacion naciente (69).
Sin embargo, cundió la fermentacion hasta Cuba,
y un impuesto nuevo sobre el tabaco dió causa á una
sublevacion. El populacho de todos los puntos de la is-
la, destruyó una parte considerable de los ricos inge-
nios de donde sacaban las arcas reales mucha parte de
sus ingresos (70).
CAPITULO LXIV.
Máximas y disposiciones de Cárlos con respecto á los estrangeros.—
Carácter y rivalidad política de, Grimaldi y Squilace.—Reformas eje-
cutadas por Squilace.—Motin del pueblo de Madrid.—Retírase la córte
á Aranjuez.—Renuncia d e Squilace.—Cambios en la administracion.—
Gobierno vigoroso del conde de Aranda.—Restablécese la tranquili-
dad.—Regreso del rey á Madrid.
Pronto se desvaneció la alarma producida por insur-
recciones de tan distantes paises ante un motivo mu-
cho mas peligroso de que fué testigo la misma capital.
Causáronlo la misma inquietud, el mismo espíritu de
intriga.
Aunque habia nacido y educádose en España, Car-
los habia salido de su pais demasiado jóven para con-
servar una predileccion visible á los usos, leyes y len–
o
lla de España. Su permanencia en. el estrangero, el
g
u
trato que habla tenido con franceses, le ha-
hian iuspirado una inclinacion harto natural al ca-
racter francés y alas instituciones de aquel reino. Ade-
mas de esta causa, profesaba un afecto declarado á
las costumbres y modales diferentes de los españoles, á
causa de su larga permanencia en Italia, y del amor
que tenia á los napolitanos. Cuando se verificó su ad-
venimiento al trono y emprendió su viage á Madrid, lo
rodeaban infinitos palaciegos italianos quienes llevaban
consigo muchos criados del mismo pais. El marqués
de Squilace, de quien hemos hablado ya, y que era
CAPITULO SESENTA Y CUATRO
4 59
uno de
estos favoritos, fué nombrado para desempe-
ñar el ministerio de hacienda y Guerra
.
Por otra par–
rios
te, informes estrangeros, insinuacion:sc
Y
de
consejos
igual procedencia habian decidido
confiar
á Grimaldi, que era tambien italiano, el despacho de
estado, vacante por renuncia de Wall.
La elevacion de Grimaldi fué causa de una rivalidad
política entre estos dos ministros italianos algo secreta,
es verdad, pero no menos activa y constante que l
que habla existido durante el reinado anterior, entre
Carvajal y Ensenada.
El resorte comun que impulsaba
á
los dos
á
la vez,
era un miedo extremado á su soberano, y el temor de
desagradarle, contradiciéndolo directamente,
si
se es-
ceptúa, este sentimiento, diferian completamente en
todos los demas puntos. Grimaldi, descendiente de una
familia ilustre y acostumbrado
á
la sociedad culta de
las cortes, era elegante en sus modales, grande, ge-
neroso, amigo del lujo, gustando mucho de tener casa
abierta y de obsequiar á los que le favorecian. Despa-
chaba los negocios con facilidad suma, y en sus rela-
ciones resplandecia un brillo y exactitud que agrada-
ba infinito á su soberano. Gustábale el recreo; pero,
jamás sacrificó á las distracciones los serios deberes de
su empleo (74). En chanto á los principios de su polí-
tica, era afecto á Francia, haciendo alarde de esta in-
clinacion, y constantemente se dirigía, en sus opera-
ciones, por el consejo de Choiseul; pero temiendo los
resultados de preocupaciones nacionales contra las alian-
zas francesas, halagaba diestramente a su soberano
con un celo aparente por el honor é independencia
de su corona. Aunque era de caracter tímido, no ha-
bia adquirido aquella circunspeccion que es peculiari-
dad de los diplomáticos encanecidos en las intrigas
A menudo mostrábase hablador
y
espansivo mas de lo
que debiera. Sin embargo, tenia sumo cuidado de ce–
ñirse
á las atribuciones de su ministerio,
y
reprimia
4
60
4766.
su amor al
t
poder para dejar á, Squilace la direccion,
y, al mismo tiempo, la parte odiosa del gobierno in-
terior.
Este último, de nacimiento humilde, como no hu-
biese frecuentado la sociedad elevada en. la época en
que se forman los hábitos de la vida, era de modales
duros, impolítico y casi grosero en la conversacíon,
sin el menor tinte de literatura ni de ciencia. Su es-
mero y aplicacion no podian suplir su falta de alcances,
y todo lo que porfia hacer, era emplear su celo en el
despacho material y mecánico de los negocios, en su-
ma, este ministro no era mas que una máquina. Natu-
ralmente circunspecto, de carácter receloso , no tenia
sentimientos elevados y su vida era mezquina. Acos-
tumbrado á una economía severa desde su tierna edad,
y atormentado por la incertidumbre y la fluctuacion de
valimiento palaciego, no se saciaba jamás de dinero, y
queriendo poner su fortuna á cubierto de las preo-
cupaciones nacionales y revoluciones políticas estaba
entonces en tratos para comprar una magnífica' posesion
que la familia de Alba tenia en Sicilia. Como ministro
de hacienda, aborrecía la guerra, temiendo empobrecer
el tesoro de donde sacaba sobrado para su propio
provecho, y sin duda tambien no queriendo aumentar
los conflictos del gobierno. Este único motivo era causa
de que fuese enemigo de los franceses y que estuviese
bien dispuesto á favor de los ingleses; pero no se atre-
vía á manifestar abiertamente su modo de ver, á fin
de no desagradar á su soberano. Por otra parte, era
severo, inflexible, no tomaba jamás en cuenta la opinion
pública, y permanecia afecto de- corazon y gustos á
los hábitos é instituciones en que habi a nacido.
Por su posicion y á causa de su carácter, era Squi-
lace el instrumento de las medidas que mas habiande-:
sagradado á la nacion, y por consiguiente, era objeto,
mas que los demas ministros, de la animadversion
A.costumbrado a
' los pormenores de
la hacienda
CAPITULO SESENTA Y CUATRO.
464
napolitana, halló establecido en España un sistema to-
talmente diferente, tanto en sus combinaciones, como
en sus principios. -Como carecia
de
capacidad y habi-
lidad, hizo que fuesen todavía mas odiosas las medidas
á que se vela precisado á recurrir para llenar las ar-
cas del monarca, tales como la imposicion de nuevas
cargas y la concesion de varios monopolios. Verdad es
que introdujo, preciso es confesarlo, muchos métodos
muy buenos para el fomento de las fábricas. También
se le deben planes que se ejecutaron para el ornato,
seguridad y recreo de la capital. Las calles, hasta sus
dias muy sucias, estuvieron, desde entonces, gracias á
él, muy cuidadas y se pusieron mas de cinco mil faro-
les para alumbrar la poblacion. Se prohibió el uso de
armas ocultas, y se tomaron otras medidas para el es-
tablecimiento de una policía activa y regularizada; pe-
ro en tanto que se ejecutaban planes tan útiles, su
amor algo exagerado á la reforma de los abusos, y su
desprecio de la opinion pública, lo movieron á intro-
ducir una innovacion 'de la naturaleza mas delicada.
Quiso hacer que cambiase de forma el trage nacional,
que segun él, encubría los crímenes y asesinatos. En
vista de esto, prohibióse el uso de sombreros cham-
bergos y capas, y si damos crédito al relato de los
viageros, empleó, para obligar á que se acortasen varias
prendas del trage nacional, del mismo medio que usó
Pedro el Grande contra la crecida barba y trages tala-
res de los moscovitas.
Sin contar con el ódio de semejantes innovaciones,
por beneficiosas que fuesen, el valimiento casi esclusi-
y
o que tenia Squilace con el soberano espuso á este
ministro á los celos de los denlas ministros
y
á la en-
vidia de los palaciegos. Tenian al clero ofendido cier-
tas disposiciones dictadas con ánimo de disminuir su
poder , y terma otras invasiones en los privilegios de su
estado. Al pueblo traíanle descontento los resultados de
la última guerra, empezada contra la opinion general,
F105
Biblioteca popular
T. IV.
400
468
CAPITULO SESENTA Y CUATRO.
que no se fijasen en él ni las sospechas del re
y
ni el
ódio popular. Lejos de esto continuó gozando de
v
mayor
valimiento ; pero no se volvió á dar ningun ministe-
rio á estrangros. El despacho de hacienda se dié a don
Miguel Muzquiz , que habia sido oficial mayor en tiem-
po de Squilace ; el de la Guerra á otro español , resta-
bleciéndose la elevada dignidad de presidente de Cas-
tilla á favor del conde de Aranda , reuniéndola á la de
eapitan general. La firmeza y vigor de este eminente
personage , bastó para que pronto se restableciese la
subordinacion y renaciese la tranquilidad. Se hizo sa-
lir de la capital á los vagos y ociosos , que habian he-
cho tan notable papel durante el último motín. Muchas
personas de la servidumbre de los grandes de España
contra quienes habla sospechas, que no pudieron jus-
tificarse , fueron arrestadas y castigadas. Se mandó
Cambien que todos los eclesiásticos que se hallaban sin
ocupacion en Madrid , saliesen para sus respectivas
diócesis. El fatal decreto , que habia sido el principal
motivo del motín , se cumplió aunque á medias, tan
solo en la capital y sus cercanias. A fin de que se ob-
servase , se recurrió al singular medio de que el ver-
dugo y sus ayudantes usasen chambergo y capa (73).
or
CAPITULO LXV.
1701.--1169.
Causas que decidieron al rey de España á espulsar de sus estados á los
jesuitas.—Misterio singular y precauciones para la ejecucion de esta
medida.—Correspondencia entre
Cárlos Id y el papa Clemente XIII
relativa á este asunto.---Espulsion de los jesuitas de Nápoles y
Par-
ma.---Bula del papa contra el duque
de Parma.--Disputas de los prín-
cipes de la familia de Borbon con la Santa Sede.--Muerte del papa y
eleceion de Clemente
XIV.
--Logra el rey de España la abolicion de la
órden de los jesuitas.—Terminacion de las disputas á causa de mate-
rias religiosas.
El año que siguió al motin de Madrid , fué notable
por un suceso tan
importante como
inesperado , la es-
pulsion de los jesuitas de los estados del rey de España.
No es menester referir aquí la historia del nacimiento
y del desarrollo de esta órden célebre ; basta notar que
su espíritu de intriga , sus doctrinas perniciosas y su
ambicion insaciable , lo habian hecho obj eto de temor
y celos de muchos gobiernos de Europa. Ninguna ope-
racion política ni conmocion popular se hacia, sin que
los jesuitas se hallasen realmente implicados en ello , ó
al menos sin que se les atribuyese una gran parte en
cuanto sucedia. Tal era, sin embargo , el influjo que
egercia esta órden con el número y capacidad de sus
individuos, con el monopolio que se [labia arrogado de
instruir á la juventud, con la consideracion pública que
sacaba de él , con el poder que tenia en el gabinete
470
CAPITULO SESENTA
Y CINCO.
de los príncipes católicos cuyas conciencias dirigía ; y
en fin
'
con su ascendiente sobre todos los ánimos, que
antes de mediados del siglo pasado , apenas se en-
contraba un hombre de estado que se hubiese atrevido
á atacar este coloso, cuyas pretensiones y arnbiciou de-
sordenadas , parecian aspirara invadir el mundo civi-
lizado. Fué en el pequeño reino de Portugal en donde
le dió el primer golpe el ministro Carvalho , marqués
de Pomba] , durante el reinado de un monarca débil y
supersticioso , que habia llenado su palacio y su córte
de los personages y prosélitos de esta sociedad.
Una de las causas que contribuyeron en sumo grado
á la decadencia de los jesuitas en este reino, nació de
la conducta que tuvieron en los establecimientos de sus
misiones en el Paraguay; en donde escitaron violen-
tas conmociones. Por esta causa llegaron á ser objeto
del ódío del gobierno, prendióse á-los confesores de las
personas
de
la familia real , y se prohibió 'á todo jesui:-
la el que se presentase en la
córte,
preparando así su
entera espulsion. Mas tarde , sospechándose con razon
ó sin ella , que se rabian mezclado en' la con.spiracion
formada por algunos nobles con intento de asesinar al
rey, se dieron órdenes para una proscripcion, irrevo-
cable. Conliscáronse sus bienes poniendo en,
arresto
á
todos los individuos de la. sociedad ,, que fueron des-
terrados á las costas de Italia , ó á los estados de la
iglesia.
Disipó en
un
momento la espulsion. de los jesuitas
el
terror que:inspiraba su nombre , y el prestigio que
nacía de su poder. Dirigiéronse violentos ataques
con-
tra,su doctrina y su moralidad por parte de los literatos
franceses , entre los cuales y los autores distingui-
dos de la órden , una polémica habia preparado dema-
siado este último combate. El ódio universal á que se
hallaban espuestos los jesuitas,, favoreció los designios
del duque de Choiseul , su, antiguo enemigo ' , . y allanó
los obstáculos que se habian.opu
á
esto su espulsion del
4
4767.-1769.
471
reino de Francia. Este
gran suceso tuvo lugar en 176.1
pero sin que se les
:
hiciese sufrir mal
--
trato;
r
e
'
d
d
usando con ellos de mucha mas
moderacion
ea
Portugal. Desde entonces, propúsose el ministerciolefran.--
ces promover su calda en todos los denlas paise
p
s
cet
y
a
sdoe-1
bre todo se ocupó en lograr su espulsion
territorió de España. Choiseul no escaseó con este ip.-
testo ningun medio y ninguna intriga para inspirar re-
celos acerca de sus principios y carácter , atribu
y
én-
doles todos los defectos que parecian deber causar la
derrota de su Orden. No tuvo el menor escrúpulo de
hacer que circulasen cartas apócrifas bajo el nombre
de su general y otros superiores , y esparcir odiosas
calumnias contra algunos individuos de la sociedad (74).
No sorprenden estos ardides y esta persecucion,
cuando se considera que en España fué donde nació
esta institucion , que en este pais se le profesaba un
afecto particular , que el rey , que era muy devoto, se
había dec'arado él mismo su protector, y que habla
permanecido inalterable á pesar de las insinuaciones
de las córtes.de Portugal y
,
rancia,, que le rogaban
que siguiese su egemplo. No es probable que las re-
flexiones hechas acerca de los principios dobles ó po-
der de 'esta Orden, hubiesen tenido suficiente .influjo
en el espíritu de Cárlos , si no hubiesen ido acompa-
ñados de circunstancias mas positivas que contrariasen.
sus opiniones personales ó los intereses del reino ; así,
y
como no escaseaban estas circunstancias , hicieron
naturalmente efecto. Varios documentos auténticos le
habían ya sido entregados para manifestar que el P. Ra-
vago , confesor de :Fernando VI , liarla animado á los
jesuitas en las Indias Occidentales para que se opu-
siesen á lasejecucion del tratado .de límites , ajustado
con.el Portugal
en.
1
1750 , á que resistiesen á la ce-
sion de las misiones. del Paraguay , en trueque de la
olonia del Sacramento (75). Tambien echábase en cara
0
,
1
1
mon á
.
los
jesuitas , el monopolio del comercio
472
CAPITULO SESENTA Y
CINCO.
de la América meridional, con perjuicio de la renta
pública y detrimento de los particulares. Un informe
de don Manuel Damas , virev del Perú, afirmaba que
tenian casas de comercio en
u
Lima y en otras ciudades
de la América del Sur, que hacian un gran comercio
con los indios sin pagar contribuciones , arruinando así
los mercaderes establecidos.
En Europa se les acusaba de turbar la tranquili-
dad pública , con publicaciones sediciosas, hallándose
en
casa del P.
Payons , rector del colegio de Zaragoza,
miles de egemplares de una obra impresa secretamen-
te , sobre la espulsion de su órden fuera de Francia,
y en la que se a
mncillaba la reputacion de los magis–
trados, y aun se atacaba la persona del rey. En todas
partes se esparcieron rumores relativos á sus tramas
supuestas y sus conspiraciones contra el gobierno es-
pañol, y para darle apariencia de verdad á esta acusa-
cion , se fabricó una carta , que se suponia escrita por
el general provincial en España , en que se mandaba
escala las insurrecciones, enviándola de modo que fue-
se interceptada. Se hablaba de las riquezas inmensas
y posesiones de la órden, lo que era un atractivo para
lo
g
rar su abolicion. Los jesuitas mismos perdian mu-
cho de su influjo en el ánimo de Carlos , oponiéndose
á la canonizacion , que deseaba vivamente el rey , de
don Juan de Palafox, que habla sido obispo de la Pue-
bla de los Ángeles en Méjico , y mas tarde en Castilla
la Vieja. Pero la causa principal que ocasionó su espul-
sion ,
fué
el buen éxito de los medios que emplearon
sus enemigos para hacer creer al rey que el levanta-
miento que acababa de verificarse en Madrid habia sido
eseitado por sus intrigas, y que estaban formando de
nuevo otras intrigas contra su propia familia, y aun
contra su persona. Dominado por esta opinion, Úárlos,
que hasta entonces habla sido su protector celoso, se
.declaró
su enemigo implacable, y se apresuró a
' se-
guir el egemplo del gobierno francés , echando fuera
1767.-4769.
4,73
tan p
de sus estados
á
una sociedad que le
-
parecía t
eli
grosa
d
es
Confió la ejecucion de está medida al
con I d
e
asi
Aranda , que habia aquietado tan hábilmente el
levan-
tamiento de Madrid, en quien la reserva era i
trable la vigilancia extraordinaria, grande la Ppeonpeu--
i.
laridad, y sobre todo estrenado el influjo con los prin-
cipales habitantes de la capital, haciendo este que fue-
1,
se el instrumento mas
,
propio para la ejecucion de un
designio tan delicado. Trazó su plan con el re
y
solo,
en
su calidad de presidente de Castilla , pero como
se sabia que el rey no solea firmar mas que los docu-
mentos presentados por los ministros, tuvo el conde
la precaucion, en apariencia de poca importancia,
aunque en realidad muy útil , (le llevar un tintero de
bolsillo y papel, á fin
muy
burlar mas eficazmente
la
vigilancia de los jesuitas; y disipar las sospechas que
pndieran concebir al ver un tintero de despacho en
la
cámara del rey. Este príncipe escribió de su puño el
decreto , y mandó las cartas de aviso á los gobernado-
res de cada provincia , con la orden de abrirlas á cierta
hora y en lugar determinado.
Llegado el momento convenido para la ejecucion
del proyecto: los seis colegios de los jesuitas en Ma-
drid fueron rodeados á media noche por las tropas que
habían llevado con los agentes de policía. Al entrar
estos en los colegios, se aseguraron al instante de las
campanas; pusieron una centinela á la puerta de cada
celda, mandando al rector que reuniese la comunidad,
Dieron permiso á cada religioso para tomar un brevia-
rio, alguna ropa, chocolate, tabaco y otras cosas
ne-
cesarias
de su uso, así como el dinero que tenias, con
tal que declarasen la cantidad por escrito. Despues de
cerradas las puertas, fueron conducidos en compañías
de diez individuos al lugar donde habían parado los
coches para llevarlos; en los cuales fueron repartidos
y
conducidos hasta la costa; yendo cada coche escol-
474
CAPITULO SESENTA. Y CINCO.
fado por dos dragones, para impedir toda comúnica-
cion. Los hermanos legos y otras personas agregadas
la órden fueron encerrados durante algun tiempo , y
luego puestos en libertad. Tomáronse las may
.
ores pre-
cauciones, y fué, tan pronta y ordenada la ejecucioa,
que los habitantes de la capital no supieron lo que ha--
bia ocurrido hasta por la mañana, cuando ya estaban
lejos (76).
En las provincias de España, todos los colegios de
los jesuitas fueron cercados del
mismo
modo ; y con-
ducidos los religiosos á, la costa, y embarcados con las
mismas precauciones y la misma celeridad. Escoltaron
á los trasportes varias fragatas, con rumbo á los esta-
dos del papa, anclando en Civita-Vecchia, en donde
tienen óc.‘den los comandantes de depositar su desgra-
ciado cargamento. rabia preparado estas medidas una
sociedad compuesta de los principales ministros y de
cinco prelados formada tan pronto
como
habia sido
promulgado el decreto de espulsion.
No teniendo instrucciones relativas á esto el go-
bernador de
.
Civita-Vecchia, mandó un correo á Roma
pidiéndolas; pero el papa prohibió que recibiese á los
desterrados, alegando que, si los re
y
es católicos de
Europa imaginaban que podian abolir las órdenes re-
ligiosas, y mandar á todos sus individuos á los estados
de la iglesia, serian demasiado estrechos sus dominios,
y
demasiado pobre
,
su
tesoro para
poderlos mantener.
Mientras tanto, los infelices jesuitas permanecian
amontonados corno criminales á bordo de los buques
de trasporte, durante la estacion mas enfermiza , y en
un clima mortífero. Un número considerable de ancia,
nos, de enfermos, ó de los que habian padecido al
cambiar de repente su, modo sedentario de. vivir ,
recieron á, vista.de tierra; y en fin,: des:pues de haber
cruzado por el Mediterráneo, durante muchos días es-
puestos á las tempestades y borrascas, fueron- aco
g
idos
i
en la isla de Córcega.: Los que tuvieron iwdesgraci
ba',de
1
.
4767.-4769.
475
sobrevivir á las-fatigas anteriores fueron depositados}
culos almacenes como fardos de mercancias, acostados,
en
el
suelo, y careciendo casi de las cosas necesarias
á
la vida. Permanecieron en tan deplorable situacion
hasta que se fijó su suerte por medio de una transac-
clon ajustada con Su Santidad, mediante la que se les
permitió que pasasen á Italia en donde cobraron una
débil suma otorgada por el rey de España para su sus-
tento (77).
Adoptáronse iguales precauciones en los paises in-
mensos y lejanos de la América del Sur, y separado
que fue don Pedro Cevallos, gobernador de Buenos-
Aires, lo reemplazó el marques de Bucarelli que tenia
conocimiento del proyecto, y llegó á Buenos-Aires á
principios del año 1767. Despues de recibir en el mes
de junio el decreto, envió correos al Perú y Chile por-
tadores de las cartas de aviso de Madrid. En cuanto á
su propia provincia, entregó al momento el decreto á
los gobernadores inferiores, encargándoles que lo
abriesen en época determinada y en presencia de las
principales autoridades civiles y eclesiásticas. Fué,
pues, ejecutada , en las colonias, la sentencia de la
espulsion con no menos misterio y prontitud que en la
metrópoli; en el mismo dia y en la misma hora fueron.
invadidos los colegios de los jesuitas, arrestadas sus
personas embargados sus papeles.
Se miraba la ejecucion del decreto corno muy di-
fícil en el Paraguay, temiéndose que los jesuitas que
se habian opuesto con las armas
á
las cesiones hechas
al Portugal, acostumbrados como estaban, hacia tanto
tiempo, a gobernar con un poder absoluto á reciea
convertidos que los adoraban , se negasen á someterse
tranquilamente á lo que de ellos se exigia; pero no
hubo allí tampoco la menor oposicion. Manifestaron:
los jesuitas la mayor resignacion;
y
todavía mas nota-
ble porque humillándose ante la mano que'los oprimia,
sosegaron á la muchedumbre irritada, y se dejaroa
476
CAPITULO SESENTA Y CINCO.
conducir hasta la costa, donde los embarcaron para
llevarlos á Europa.
Pages, que fué testigo de su espulsion de Filipi-
nas, refiere así la conducta de aquellos hombres (los
jesuitas de la isla de Sainar); «hallándose en una posi-
cion en que hubiera podido el estremadó afecto de los
indios hacia sus pastores con muy poca ayuda de su.
parte, dar lugar á todos los desórdenes que acompa-
ñan á, la violencia é insurreccion, les he visto obede-
cer el decreto de su abolicion, con la deferencia debida
á la autoridad civil , y al mismo tiempo con la calma
y firmeza de almas verdaderamente heróicas (78).»
Al considerar esta medida sosegadamente, y al
juzgarla con imparcialidad, no se puede menos de con-
fesar que, por mas conveniente y
.
aun necesaria que
pareciese la espulsion de los jesuitas, se ejecutó con
tanta arbitrariedad y crueldad que al ,considerarla se
oprime el corazon y se llena de indignacion. Los indi-
viduos de una respetable órden religiosa fueron arres-
tados de improviso, como si hubiesen sido culpables,
de los crímenes mas grandes; desterrados de su patria
sin ser juzgados, expuestos á los padecimientos mas
horrorosos, y precisados, en fin á permanecer en los
Estados del papa, bajo la pena de perder su mezquina
cantidad de dinero concedida para su subsistencia,
sin que se alegase razon alguna para justificar me–
didas tan. rigorosas , sino la absoluta
voluntad
del
rey (79).
Despuzs de reducirlos á tal estado de prosCripcion
no solo les fué prohibido el justificar su conducta, sino,
que se declaró, que, si un solo jesuita trataba de pu-
blicar la mas pequeña defensa a favor suyo, se qui-
taria á todos al instante la pension, y que todo súbdi-
to de España que se atreviera á publicar un escrito,.
fuese en pro ó en contra de la órden abolida, seria
castigado como culpable de lesa magestad, cuyas me-
didas serian apenas inteligibles para nosotros que vi-
4767.-1769.
477
vimos bajo un gobierno libre, sino fuese probada su
verdad por el edicto mismo de su espulsion (80). La
única razon que se podia ofrecer para justificar tan se-
vera medida, es que, hallándose todos los individuos
de aquella órden ligados con un juramento de obede-
cer esclusivamente a su general, ninguno de ellos po-
dia
publicar un escrito, cualquiera que fuese, sin la
aprobacion de su superior; su influjo en las concien-
cias de personas de toda clase y condicion era grande
á tal punto, que, si se hubiese permitido á. algunos
que se quedasen en España ó que volviesen á ella, al
momento en que subsistía todavía la fermentacion de
la
insurreccion, hubieran podido escitar conmociones
peligrosas en el populacho.
Dió parte Cárlos de esta resolucion al gefe de la
iglesia en términos respetuosísimos, .pero enérgicos.
«El primer deber de un monarca, decía, es cuidar del
mantenimiento de la tranquilidad de sus estados, doi
honor de su corona, y de la paz interior de sus vasa-
llos. Para cumplir con este deber, me veo en la nece-
sidad urgente de espulsar á los jesuitas fuera de mis
reinos y de hacerles conducir á los estados de la Igle-
sia, con el fin de que puedan vivir bajo la tutela é
inmediata direceion de Y. S. como padre comun de
los fieles. No queriendo empero, que fuese recar-
gada la cámara apostólica con su sostenimiento, he
dado órdenes terminantes para que sea pagada á ca-
da
durante su vida, una pension mas que su-
ficiente para subsistir. Ruego á Y. S. que consi-
dere esta resolucion como medida de seguridad indis
pensable que no he adoptado sino despues de un exa-
men serio y la reLlexion mas profunda. Espero, pues,
que V. S. y la corte de Roma harán á esta reso-
lucion la justicia que se merece, y que reconocerán
que
resultará de ella la mayor gloria de
dIemin
plao:
ro
vuestra benediccion santa y apostólica.
yo
de 1761.»
4106
Biblioteca popular.
T.
xv.
101
478
CAPITULO SESENTA Y CINCO.
No era de esperar que aprobase el papa una es-
R
ulsion tan repentina, que no miraban con buenos
ojos los partidarios mas celosos de la Santa Sede; me—
nos todavía que un pontífice tan ardiente é irritable
como Clemente XIII que estaba ya exasperado con las
disputas que rabia tenido con los príncipes católicos,
permitiria esta usurpacion de autoridad, de modo que
manifestó su pena y disgusto en el mismo estilo de
amonestaciones que habian empleado sus predecesores
con buen éxito en tiempos menos ilustrados, pero que
no puede de ningun modo salir bien en el siglo en
que estamos. Despues de hacer un elogio pomposo
del mérito y los servicios de la órden de los jesuitas,
y
despues de insistir en el daño que haria á la reli-
o
'ion católica su abolicion, concluía invocando viva y
estraordinariamente la devocion y los sentimientos del
monarca (16 de mayo de 1767). «No os presentaremos
la súplica de vuestra augusta esposa, que se acuerda
tal vez, en la celeste morada, de vuestro antiguo afec-
to hacia la compañía de Jesus; sino los ruegos de la
esposa de Jesucristo, la santa iglesia, que no puede
ver, sin verter lágrimas, 'la ruina total de una institu-
cion religiosa de tanta utilidad. Unimos nuestros de-
seos particulares á los de la iglesia romana, que se
regocija del afecto que V. M. y que sus augustos pre-
decesores han profesado siempre á, la Sede de San Pe-
dro, honrándole en haber dado á la persona de V. M.
así como á la monarquía española , los mayores tes-
timonios de amor y consideracion particular. Ruego
a V. M., por el dulce nombre de Jesus, que es la glo-
riosa divisa de los hijos de Ignacio, por el nombre de
la Virgen Santísima cuya concepcion inmalculada
siempre han defendido, os rogamos por nuestros mu-
chos años, que desistais de severidad tan grande, y
que consintais en la revocacion ó al menos en la sus-
pension de vuestro decreto, con el fin de que sean
discutidos sus motivos con calma y reflexion. Dejad
4767.-1769.
479
á la justicia y á la verdad el tiempo de disipar las nu-
bes que forman las
.
preocupaciones y _
las sospechas;
escuchad a los ancianos de Israel,
1
prelados y
religiosos esperimentados en un negocio
al estado, á la prosperidad de la iglesia, a la-snamelvianctieorned
sentirá,
las almas y á vuestra propia conciencia. y
estamos persuadidos de ello, que seria injustsoen
,
-
truir la órden entera, por castigar los crímenes
des-
si
existen, de algunos individuos. Igualmente conveni
cs
dos de la gran devocion. y de la rectitud reconocida de
V. M. tenemos plena confianza de que escuchará
nuestra tierra exhortacion y que seguirá nuestro con-
sejo paternal, cediendo á nuestros ruegos tan razo-
nables como justos. Confiados en esta esperanza , da-
mos á V. M. y á su augusta familia nuestra hendicion
apostólica (84).»
La contestacion del rey (2 de junio) manifestaba,
como se verá, respeto y afecto hácia el gefe de la
iglesia, pero tambien una firmeza inmutable en la re-
solucion que habla tomado. ((Lleno está mi corazon
de amargura y dolor al recibir la carta de Vuestra
Santidad, en contestacion á mi comunicacion relativa
á la espulsion de los jesuitas de mis estados, ¿Cuál es
el hijo que no se conmoveria al ver á su padre vene-
rado y amado lleno de afliccion y anegándose en lá-
grimas? Amo sinceramente la . persona de V. S.,
en lo que reverencio las virtudes mas egemplares,
no inferiores á las que debe practicar el vicario
de Jesucristo , y por eso podrá juzgar V. S. de
la parte que tomó en las penas que le afligen ; pero
los motivos y las consideraciones que me han he-
cho tomar la resolucion de que se trata son dema-
siado poderosos , Santísimo Padre , y demasiado
manifiestos para que me limite á espulsar de mis es-
tados á, un puñado de jesuitas en lugar de la ór-
den entera. De nuevo lo aseguró á V. S., porque
nai conviccion con respecto á esto , puede contri-
480
CAPITULO SESENTA Y CINCO.
huir á vuestro consuelo, y ruego á Dios que se con--
venza Y. S. de lo que afirmo. Además , la divi–
na Providencia ha querido que en este negocio;
haya tenido constantemente presente en la mente la
cuenta estricta que debo dar un dia de la goberna-
cion de mi pueblo, cuyos bienes temporales no sola-
mente estoy obligado á defender, sino tambien su
felicidad espiritual.
((Dirigido, pues, por semejante principio , y no
teniendo en vista mas que estos poderosos intereses,
he tomado las medidas oportunas para que no falten
aun en los paises mas lejanos, ninguno de los socor-
ros que son debidos á los hombres revestidos del ca-
rácter eclesiástico. Vuestra Santidad puede estar sin
ningun cuidado sobre este punto, que parece ser pa-
ra vos el mayor objeto de dolencia. Dignaos fortifi-
carme, dándome vuestra benediccion paternal y apos-
tólica (82).»
El rey de Nápoles no tardó en seguir el egemplo
del rey de España. Los jesuitas fueron espulsados de
aquel reino con las mismas precauciones que se ha-
bian tomado en España; y fueron conducidos hasta
la frontera de los estados de la Iglesia.
Temiendo ofender á los poderosos monarcas de
Francia y España; habia limitado hasta entonces el
papa su oposicion á meras amonestaciones y quejas
de la violacion de su territorio; pero cuando vió que
un pequeño soberano como el de Parma se atrevía
tambien á echar fuera de sus estados á los jesuitas, y
establecer varios reglamentos para restringir la auto-
ridad papal, empezó á salir de
Sto
estupor y juzgó que
era llegado el momento favorable para egercer , con
toda seguridad, su poder espiritual, sin que tuvie-
se que temer ninguna consecuencia molesta. A este
efecto espedió un breve contra el duque, amenazando
á sus estados' con una interdiccion, y á su persona
con esa comunicacion, si no devolviese las órdenes que
4767.-1769.
481
habia dado en contra de los privilegios y derechos de
la iglesia.
Los
t''
príncipes de la casa de Borbon, que buscaban
la ocasion de poner límites á las
e
xigencias de la gl
sia de Roma, no toleraron, de ningun modo, aell'
n-
sulto que se hacia á un individuo de su familia, y les-
torba,ron el ejercicio de la autoridad papal del modo
mas enérgico. Apoderóse Francia de A.villoa y del
cOndado Venaisino, y Nápoles tomó posesion de Be-
nevento. Todas las potencias católicas se pusieron
de acuerdo para vituperar el breve del papa, como
ilegal y redactado
ab trato.
Particularmente el rev
de España hizo una declaracion en que manifestaba
que los mas devotos de sus predecesores se habian
negado á la ejecucion de semejantes breves de exco-
munion, y mandó ea consecuencia á los prelados que
impidiesen su publicacion formal en
sus
diócesis
respectivas. Al mismo tiempo, hizo restablecer la prag-
mática sancion contra los repartidores de bulas ó bre-
ves, atentorios á la prerogativa real , y amenazó con
la pena
de muerte , y la
de confiscacion de bienes a
todos los que contribuyeron á esparcir el breve contra
el duque de Parma, y la bula
in Cena _Domini
en que
se apoyaba (83).
Las grandes potencias católicas, y sobre todo el
rey de España, tenian á cada momento pruebas evi-
dentes de los esfuerzos é intrigas que hacian los je-
suitas para volver á entrar en los establecimientos que
habian perdido, haciendo conocer mas que nunca
á
este monarca la necesidad de acabar con la destruc-
don. de tan peligrosa sociedad , que seria mas formi-
dable todavía
á
causa de su resentimiento y mortifi-
caciones que habia sufrido en su reciente persecucion.
Túvose en Madrid, un año despees de su espulsion,
una prueba notable y alarmante en estremo de su in-
flujo. El dia de San Cárlos, cuando el monarca se
asomaba al balen de palacio, se quiso seguir la cos-
482
CAPITULO SESENTA Y CINCO
Lumbre que habia de otorgar en aquel dia alguna sú-
plica general, y con grande asombro de toda la corte,
poblaron el aire los clamores de un gentío in menso
que manifestaba el deseo de que fuesen amnistiados
los jesuitas, otorgándoseles el permiso de vivir en Es-
paña
y
usar el hábito del clero secular. Este suceso
inesperado alarmó é incomodó al rey , que, despues
de tomar algunos informes, juzgó á bien desterrar el
cardenal arzobispo de Toledo y á su vicario , acusados
de haber sido los instigadores de esta súplica ruidosa.
Aumentó , pues , Carlos sus esfuerzos para lograr
del papa la abolicion de la árdea , pidiendo esta con-
cesion como una condicion
sine qué non
para arreglar
la disputa con Parma. Fué esta peticion objeto de sé-
rias deliberaciones en el sacro colegio; pero fueron otra
vez los partidarios de los jesuitas bastante numerosos
para rechazarla. La decision del sacro colegio fué que
el papa debía seguir dirigiendo breves á los príncipes.
católicos, intercediendo por la órden perseguida, y
procurando escitar el interés y la compasion á los pa-
decimientos que les habian hecho sufrir. Pero mientras
se dilataban estas altercaciones, los pesares, la contí-
nua inquietud, el disgusto, aceleraron la muerte de
Clemente XIII, que estaba ya debilitado por su edad,
lo que abrió un nuevo paso á la lucha del poder civil
en contra del poder eclesiástico.
Cuando fué reunido el cónclave para la eleccion de
un nuevo papa (2 de febrero de 1769), los príncipes ca-
tólicos no escasearon paso ninguno para aniquilar el
influjo de los jesuitas y lograr que se eligiese un pon-
tífice que entrase en sus miras, y se desistiese de cier-
tos privilegios de la iglesia que estaban muy decidi-
dos á, combatir y destruir. Se estableció en el cónclave
una lucha vigorosa, en que fueron bastante numerosos
los individuos agregados á los varios poderes conten-
dientes para escluir á sus adversarios, pero no tanta
para hacer elegir á uno de sus partidarios.
4767. 1769.
183
Triunfaron
los
,
esfuerzos reunidos de Francia y Es-
paña, y llegaron á hacer nombrar á Ganganelli , fraile
franciscano, prelado de vastísima instruccon hombre
v cuyos
de carácter benigno y desinteresado
senti-
mientos -á favor de una reconciliacion con las.ipotencias
católicas le habian grangeado algunas señales e
dis-
gusto
de parte de su predecesor.
Conseguida la victoria, no se trataba mas por parte
de las potencias católicas que_ de presentar peticiones
al nuevo pontífice y exigir la abolicion absoluta de la
órden de los jesuitas, la renuncia á las pretensiones
eclesiásticas, que consideraban como una denresion de
su autoridad
civil,
y aun. la cesion de Aviñon y de Be-
nevento. Clemente
XIV,
por mas que fueron grandes
sus empeños anteriores, no quiso envilecer la dignidad
de su carácter con una deferencia demasiado servil á
sus instancias, y exigió que le diesen tiempo para exa-
minar la cuestion relativa á. los jesuitas. Declaró que
como padre comun de los fieles, en su calidad de gefe
de todas las comunidades religiosas, no destruiria una
órden tan célebre sin tener motivos que pudiesen
justi-
ficarlo
delante de Dios y á los ojos de la posteridad. En
cuanto á los demas puntos, manifestó su deseo de con-
tentar á las potencias católicas. Admitió un embajador
de Portugal que el último papa se habia negado á re-
cibir , revocó el breve dirigido al duque de Parma,
hizo varias concesiones relativas á la disciplina ecle-
siástica
,
y á los derechos de la iglesia, acerca de los
puntos que se creian perjudiciales á la felicidad de la
sociedad civil.
En cuanto al rey de España en particular , á quien
debia principalmente Ganganelli su elevacion , le dió
las señales mas vivas de consideracion
y reconoci-
miento ;
y entre otras pruebas de condescende
ncia
á,
sus
deseos, beatificó al obispo Palafox. En fin , se rin-
dió al empeño repetido de las potencias católicas , abo-
liendo el 21 de julio de 1773 la órden de Jesus por
4 84
CAPITULO SESENTA Y CINCO.
medio de una bula en que declaró que consentiá en
esta abolicion por respeto a las manifestaciones del rey
de España; que reclamaba con instancia esta medida
como necesaria á la tranquilidad de la cristiandad y á
la paz de sus estados (84).
Satisfecho Cárlos de haber aniquilado el poder de
los jesuitas y asegurado la tranquilidad de su reino
con
la destruccion de su influjó como corporacion peligro-
s,, volvió á su dulzura natural, publicando un decreto
en que permitió á los individuos de la órden que habian
sobrevivido á su desdicha, que regresasen. á España y
que disfrutasen de los bienes que les pertenecían por
derecho de herencia (junio 1783) (85).
CAPITULO ADICIONAL.
SECCION PRIMERA.
Prevenciones personales de Cárlos III contra lo s jesuitas.--Medios-d;3
que se valieron los enemigos de los jesuitas para decidir al mo-
narca que consintiese en la espulsion de la compañía de Jesus.
Al leer este relato histórico de la espulsion de los
jesuitas de España , no se puede menos de admirar no
diré la energía sino la animosidad de Cárlos III contra
esta sociedad. No fué una importancia meramente po-
lítica la que daba á la medida de su espulsion, porque
habia en todos sus pasos relativos á esto algo que se
parecia á un interés personal. ¿Cuál era la causa de
esta animosidad tan viva del monarca , y cómo se ha-
bia llegado á hacer que entrase con ardor tan grande
en los planes de los enemigos de la órden espulsada?
Esto
-
es lo que vamos á tratar de esplicar.
Al subir al trono de España abrigaba ya Carlos una
disposicion poco favorable á los jesuitas. No hubieran
bastado tal vez para disponerlo en contra de estos re-
ligiosos las querellas en que se hallaba constantemente
empeñado su gobierno de, Nápoles con la córte de Ro-
ma , aunque en Nápoles como en todas partes mere-
ciesen los jesuitas el nombre de milicia papal; sino
que fueron las ofensas personales de que creyó tener
186
CAPITULO ADICIONAL.
que
quejarse por parte del padre Ravago, confesor de
su hermano Fernando , las que habian sido causa de
que tomase aversion á esta sociedad poderosa y ambi-
ciosa. Los celos de la reina de España , Bárbara , á
quien tenia alarmada el influjo que pudiera tener en
los consejos del rey su
esposo la córte de Nápoles , no
menos que los sistemas políticos opuestos que seguían
las dos córtes, habian convencido á los jesuitas que
no podian estar en buena inteligencia con ambas a la
vez. Fué menester elegir entre las dos, y no previendo
la muerte prematura de Fernando ni la esterilidad ,de
su muger, se habian muy naturalmente declarado á
favor de la poderosa corona de España , sin nada esca-
sear para conservar su agrado , y prefiriendo su pro-
teccion á la de la córte, menos importante, de Nápoles.
Tuvieron muchísima satisfaccion en poder colocar cer-
ca de Fernando al padre Ravago; y sea de intento, sea
por descuido , dejaron á Cárlos dueño de elegir su
confesor en el clero secular.
Protegia la reina Bárbara á los jesuitas, y á imita-
clon suya, su favorito el eunuco Farinelli les dispensa-
ba su amistad. El marqués de la Ensenada, sobre todo,
ministro de un gran mérito bajo el reinado de Fernan-
do , era su protector declarado , su confidente , y en
fin, un ardiente partidario de su instituto, y despues
de la desgracia de este ministro el imperio que egercia
la reina en el ánimo de su marido
habia
garantizado á
la sociedad la misma estabilidad , que se hallaba de-
masiado asegurada para sufrir menoscabo. Pero á la
muerte de Bárbara , á la que siguió inmediatamente la
del rey, sufrieron los jesuitas un cambio de fortuna
que fué tan súbito como funesto , variando de repente
la política de la córte de Madrid. No habia Cárlos olvi-
dado las causas de su resentimiento contra Inglaterra,
estando todavía presente á su memoria el almirante
inglés que habla dejado anclada su escuadra en el
puerto de Nápoles para pedirle, con el reloj en la ma-
.
•
SECCION PRIMERA.
4 93
partibus infedilium,
era un fraile recoleto, sin instruc-
11
clon ninguna, y sin alcances ni grandes
ñi c
ortos.
5
1,
111
tenia
ni
mas que á su orden, que amabap
)íl
o,r .tcoNs-o
tambre; por lo demas, era estraño á todo es'
1
partido ó ambicion, y carecía completamente de
l
q
u
de
11
Ba fuerza de caracter, de aquella vehemencia t
g
File-
1
ginacion que mueven á los hombres
á
emprendpero
rveTni
catna--
1
des cosas ó
á
reunirse á otros para ejecutar
a donde
11.
arriesgados. Sin embargo, Rosa, que sa
b
ia hasta
-t
CI
°s
b ra, pueden llevar los afectos nutridos en la vida monás-
tica, no tardó en imaginar los medios capaces de cap-
tarse-la voluntad del P. Osma. No es fácil formarse
11
idea exacta del efecto que produce ea un entendimien--
ái
to
limitado el género de vida de los conventos, si ue
.1
cerca no se ha examinado; porque el convento y la al-
n;
dea remplaza, en el corazon de los frailes,
el
afecto
)11,
que los mundanos profesan á sus padres, mugeres é
poi
hijos.
11
El P. Osma habia nacido en Castilla la Vieja, en el
voto
obispado que habia regido el ilustre y venerable Pala-
ba-
fox. La santidad de este prelado eminente, su ferviente
eli-
devocion, su beneficencia activa, así como la firmeza
TI -
evangélica de su carácter, le habian dado la reputacion
de santo,
y
segun la opinion. de los españoles, merecia
coa
111
ser canonizado (89). Era notorio y Roda lo sabia me-
jor que nadie que los jesuitas miraban con aversion la
,s110
memoria de Palafox, á causa de las grandes disputas
Ill
que habian sostenido con el prelado en las regiones
rel
de
América; era por lo tanto, fácil de presumir que se
;11.
opondria esta corporacion con todo su poder, á que se
,0/
1
canonizase al santo Palafox. En vista de esto, hizo en-
l
oí
tender al P. Osma que seria una grande gloria para
10
él
y para su ciudad natal, el que se
consiguiere aque—
P;
hla tan justa canonizacion, pintándole con los mas vi-
1
vos
colores el reconocimiento que este hecho inspira-
13
.
,
Tia
á España, la admiracion que causaria,
su
persona
en
toda la cristiandad, si por medio de su empeño,
el
i
11
,
i
'
9
107
Biblioteca popular.
T.
iv. 102
4 94
CAPITULO ADICIONAL.
nombre de un eminente prelado español de tan precia—
n
ra alcurnia se incluyese en el catálogo de los santos.
Con
grande satisfaccion, pero no sin sorpresa, vió que
el P. Osina abrazaba la causa de Palafox con un ar-
dor estrado en su carácter. No solo el confesor dijo al
rey que debia poner en juego todo su valimiento con
el papa para conseguir esta canonizacion, sino que lo
hostigaba:para que sostuviese esta reclarnacion justa
con todo el poder é influjo que da la corona. En esto
se hallaba el asunto, cuando se presentó una dificultad
_imprevista, de que Roda se aprovechó diestramente y
se sirvió para suscitar cierta frialdad entre la córte de
Madrid y la Santa Sede. Cárlos III se prestó de muy
buena gana á sostener los derechos del santo que pro-
tegia el confesor; pero tenia por su parte, otra peticion
igual que hacer á la corte de Roma, y solicitó por lo
mismo la cooperacion del P. Osma para conseguir
la canonizacion del hermano Sebastian.
La historia de este personage oscuro es á tal punto
curiosa y dá á conocer el carácter de Cárlos III , que
no será inútil el contarla.
Durante la permanencia de Felipe V en Sevilla, el
hermano Sebastian servia en el convento de San Fran-
cisco en clase de donado , que pedia para el convento
en las casas principales de la ciudad, llevando siempre
consigo una imágen del niño Jesus. El aspecto de san-
tidad
'
la humildad que manifestaba en su conducta y
modales , las máximas de moral que tenia costumbre
de inculcar á las mugeres y á los niños, le habian,dado
la reputacion de santo entre algunas beatas. Con esto
bastó para que el donado se creyese un inensagero de
Dios ; compuso, pues , algunas oraciones y Cárlos,
que era entonces niño, tomó al punto inclinacion suma
al hermano Sebastian
del niño de Dios ,
que así 'O lla-
maban comutimente á causa de la imágen que llevaba
cuando pedia limosna para el convento. Este anciano
trató de captarse
la voluntad-del jóven príncipe , rega-
SECUION PRIMERA.
4 95
lándole algunas oraciones escritas de su puño, di-
ciéndole con aire misterioso y santo que estaulloCierto
d
e que con el tiempo seria rey de España , e
mio de las precoces inclinaciones de resignacion vpdree--
vocion que descubria. Cárlos recibió con júbilo lo
ü
s re-
galos , y aunque era tan joven aun , hicieron en su es-
píritu supersticioso profunda impresion las palabras y
sentido de la profecía. Rara vez , empero , habló de
-
esta circunstancia durante muchos años; pero siempre
llevó consigo el regalo del hermano Sebastian , de que
nunca se apartaba , ni cuando dormia. Pero cuando se
realizó la profecía del donado con el advenimiento de
Cárlos al trono de España , aquel manuscrito fué para
para él un verdadero tesoro. La conviccion en que es-
taba de la santidad del hermano Sebastian se fijó mas
en su mente , y el agradecido y crédulo monarca ve-
neró con mayor ardor la memoria de un hombre tan
hábil. Cuando se trató de conseguir de Roma la cano-
nizacion de Palafox , diérouse órdenes al embajador
español á fin de que pidiese igual honor para el hu-
milde hermano Sebastian, y semejante encargo se con-
fió al maligno y gracioso Aura. Puede suceder que si
no conservó como deseaba los documentos de esta im-
portante negociacion , conservase algunas notas entre
sus papeles , en los que se hallaron pormenores rela-
tivos á esta correspondencia, contados, segun tenemos
datos para creerlo , con exactitud , y el genio festivo
y delicado que son en él una peculiaridad.
En todos tiempos ha sido fértil para hallar recursos
la córte de Roma , sobre todo tratándose de suscitar
tropiezos y crear dificultades para un objeto cualquiera
de su propio interés ; por lo tanto , el espediente para
la canonizacion de Palafox se prolongaba mas de lo na-
tural. Podia facilmente conocerse que los jesuitas em-
pleaban todo el influjo que tenían con el sacro colegio
para suscitar cada dia nuevos obstáculos á la canoniza-
cien de su adversario. La corte de Roma no pensó
4 96
CAPITULO ADICIONAL.
jamás
sériamente
en dar lugar entre los santos al
hermano Sebastian ; mas sin embargo , entretuvo á
Carlos
III
con largas discusiones relativas a sus virtu-
des y mérito, entregándose con exactitud minuciosa á
las formalidades anteriores para probar la conducta.
sin tacha que se exigía para la canonizacion.
Es costumbre establecida y máxima general que
todo escrito original de la persona cuya beatificacion
se pide , debe verse y examinarse por el sacro colegio,
y
.
que ninguna copia , cualquiera que sea la autoriza—
clon
.
que le acompañe, no pueda ser admitida como
suficiente prueba, no prestándose fé absolutamente
á
nada que no sea el original. Se pidió , pues , en Roma
el librito á que tenia Carlos
III
tanto amor , y esto
causó muchas dilaciones y dificultades , porque el rey
no queria consentir en separarse de su tesoro , y.por
otra parte, el sacro colegio no podia sin este requisito
continuar en sus investigaciones. Finalmente , Carlos,
arrastrado por el ardiente amor que profesaba al santo
hermano , cedió , no sin manifestar que hacia un gran
sacrificio desprendiéndose de su manuscrito amado,
que era para él una reliquia. Azara recibió órden de\
reunir el sacro colegio para que estuviese preparado
en el dia y hora señalado , calculando antes el tiempo
que necesitaba un correo para ir con toda presteza
desde Madrid á Roma , llevando consigo el librito de
tan subido precio. Carlos
III
entregó él mismo la santa
reliquia al correo en quien mas confianza tenia , ro-
gándole infinitas veces y con el acento »de la mayor
angustia que la conservase con el cuidado mas escru-
puloso , y que no dejase de salir de Roma y empren-
der su regreso tan luego como el sacro colegio se en.-
terase del contenido de aquel interesante manus-
crito,
El intérvalo que fué preciso pareció
á
Carlos III un,
verdadero sueño triste y penoso, una pesadilla que
le
quitaba el descanso y el sueño. Durante muchos dial
SECC ION 'MENTE It A
497
apenas tomó alimento, y su modo de vivir.
gularidad era tal , que ni los negocios públicos ni los
afectos de familia podian jamás cambiarlo , en
1
1
ocasion cambió de un modo notable , y hasta descuide
el placer de la caza , que ni las enfermedades y muerte
Ilt
de sus hijos pudieron suspender, todo porque le faltaba
el talisman del libritó del hermano Sebastian. X veces
se asomaba al balcon y se entretenia en contar las gotas
de agua que la lluvia dejaba en los cristales, lanzando
de vez en cuando profundos suspiros. Los negocios,
lós placeres , la conversacion , la comida , todo fué in.-
terrumpido ó variado hasta la vuelta del tesoro que
rea
podía tan solo lograr que tornase el monarca á sus
ocupaciones ordinarias.
ey
Sin embargo, cuando notó el confesor que la córte
p
or
de Roma no se conformaba á sus deseos mostrando re-
pugnancia á canonizar á Palafox ; cuando por su parte
el rey empezó a sospechar que se habia sometido inú-
filo
tilmente á tan grandes sacrificios , y que á pesar de la
raa
dolorosa separacion que de él se habia exigido no habia
Jo,
la menor intencion de concederle su peticion , tanto
de
Carlos como el confesor se incomodaron de veras. No
ido
faltó entonces algun enemigo de los jesuitas que les
dió á entender con maña que tan tenaz oposicion hacia
'1\V
-de la sociedad de Jesus.
Por entonces sobrevino 'el motin de Madrid (1766),
tol
sublevándose el pueblo, corno hemos dicho ya, á causa
del decreto que prohibia el uso de los chambergos y
de las capas con que se ocultaban los criminales. Esta
)11
:
medida y otras no menos impopulares se atribuian al
marqués de Squilace , quien
'
--
como estrangero y fa
11
vont» ,
era un objeto general de ódio. Ya hemos con-
;10
todo cómo se vio el rey precisado á separarlo, y cómo
el conde de Áranda , postergado en tiempos de Fer-
nando VI , habia sido nombrado , primero capitan
neral de Valencia', y despues presidente del Consejo
1/1
de Castilla. Esperabase
que este personage calmaria á
498
CAPITULO ADICIONAL.
los perturbadores , y en efecto , su vigor enfrenóal
populacho.
Aranda aprobó sin dificultad todos los planes de
Roda, corno buen aragonés, y sobre todo corno enemi-
go declarado de los colegios ma
y
ores , porque estos
desdeñaban á los de aquel reino. Ádemas, como hom-
bre ilustrado , anhelaba la supresion de los jesuitas.
Por aquella época circularon rumores falsos ó ciertos
contra la compañía , y los dos elevados personages les
daban acogida. Decíase que los jesuitas hablan pagado y
• dirigido las turbulencias de Madrid , y repetiase con el
ma
y
or descaro, que se habian conocido á muchos entre
los grupos á pesar de su disfraz, y hasta se citaba al
padre Ignacio Lopez , asturiano , á quien se tenla por
uno de los hombres mas influyentes de la sociedad,
asegurando que se le hala visto guiando al populacho.
Lo que confirmaba los rumores esparcidos contra los
jesuitas , era la indicacion que hizo el populacho de
Ensenada, para reemplazar á Squilace, habiendo sido
aquel personage el mas acérrimo defensor de los jel-
-mi-
tas, durante el reinado anterior. A decir verdad, si
no
existian motivos ciertos, no escaseaban las apariencias
para atribuir el descontento de la capital á las intrigas
de los jesuitas ó de sus protectores.
Es presemible que, con pretesto de profundizar
las
causas del último motín, Aranda y Roda trataron de
recoger todos los datos que pudiesen inflamar el áni-
mo del rey contra la sociedad que se
habian
propues-
to destruir. Con este motivo, recordaron la conducta
del venerable Palafox, é hicieron que se fijase la aten-
cion de Carlos y del público en las cartas célebres de
este prelado, en
.
que cuenta las intrigas de los je-
suitas en la América española, cartas que gracias al
influjo de la compañía se
.
quemaron algunos años mas
tarde
.
en la Plaza mayor Ge•Madrid.
Pero, aun pudiendo contar con el apo
y
o del P. Os-
ma, con el consentimiento del rey y col"
la coopera-
SECCION PRIMERA.
499
cion de algunos estrangeros enemigos de lasociedad,
todavía necesitaban
Roda
y
A
sanda
b
otros so
co
rros
sa
b
er
CJ
r r
c
o
a
s
r c
u e
les hablan de suministrar
la
capacidad,
ter de los personages; tan necesario era un conjunto
de
de sabiduria y prudencia para que tuviese buen éxito
un proyecto tan vasto por su naturaleza , cuyos
pormenores eran en éstremo, delicados, y de ejecu-
clon tan dificil. Afortunadamente todas las cualidades
apetecibles se hallan reunidas en el célebre conde de
Campomanes. Puede acontecer que Jovellanos, á quien
debemos estos detalles, dominado por el recuerdo de
los servicios que debia á Campomanes, y sin dar oidos
mas que á su carácter generoso, haya elogiado dema-
siado la capacidad y virtudes de su primer protector,
que fué, al mismo tiempo , su maestro en los ramos
que luego cultivó con tanto aprovechamiento; pero de
todos modos debe mirarse á Campomanes como á un
sabio laborioso y como á un magistrado ilustre á quien
debe España gratitud sincera por sus útiles trabajos
y escritos notables. En la época de que se trata, era
fiscal y gobernador interino del consejo y cámara de
Castilla y gozaba , con razon, del mayor prestigio en-
tre los togados, así como con las cor
p
oraciones comer-
ciales y políticas de toda España, que lo consideraban
como oráculo infalible en
,
cuanto decía relacion con la
administración interior del reino. La
coleccion de pro-
videncias tomadas por el gobierno sobre el estraña,mtento
y
ocupacion de las temporalidades de los regulares de la
compañía
pasa por un monumento eterno de su celo, de
su sagacidad y energía.
La carta, de donde hemos tomado estos deta-
lles (90) cuenta los que hemos referido ya, hablando
del decreto aboliendo la compañía de Jesus, y finaliza
con estas palabras:
«Los padecimientos son conocidos de todo el mun-
do, así como la constancia con que los soportaron; lá-
grimas y elogios han arrancado á los mismos que es-
200
CAPITULO ADICIONAL.
tabas convencidos íntimamente de su influjo funesto
en las córtes de Europa. Sin duda alguna, fué mayor
la inhumanidad de la espulsion y persecucion de
los
clérigos, durante la revolucion francesa; pero á pe-
nas si estas mismas medidas fueron mas acerbas que
los sufrimientos y penas impuestas por gobiernos le-
gítimos y ordenados á aquellos jesuitas que babiau fa-
vorecido v protegido de un modo manifiesto , desde la
creacion °de la órden. Aparte esta persecucion. , la su-
presion de la sociedad fué muy favorable á la causa
de, la libertad, de la moral y de la, iastruccion univer-
sal de los pueblos, dando crédito á, la opinion de mil
chas personas; porque se alabará, cuanto se quiera,
dicen estas, su sistema de educacion, pero existe un
he-
cho
constante,
y
es que ea España la literatura se ha-
llaba en visible decadencia, y la ignorancia se gene-
ralizó desde la época en que se encargaron los jesui-
tas de la educacion de la juventud. Si se puede juzgar
del estado de la educacion en un pais por los frutos.
que produce, añaden estas personas, los jesuitas han
sido causa que se paralicen estos adelantos en España.
Los españoles estaban mucho mas adelantados en las
ciencias y en las letras durante el siglo XV y XVI com-
parativamente .á los denlas estados de Europa, que du-
rante los siglos
XVII y
XVIII. Solo despues de la su-
presion de ,la compañía, en /767, y no antes,, empezaron
á renacer entre ellos, la aficion. a la buena literatura y
el espíritu de progreso.»
Cualquiera que sea la exactitud de estas últimas
reflexiones, se puede poner en duda, á lo que enten-
demos, la grande importancia literaria que se da, ya
sea á la existencia, ya á la destruccion de los jesuitas:.
La aurora de la filosofia y de la buena literatura ha-
bia empezado á brillar en España, y hasta la claridad
lucia de un modo visible, aun antes de la espulsion
de los jesuitas. Feijóo , Sarmiento , don Jorge Juan,
Nasarre, Luyando, Burriel, Mayans, .Baye,r y otros
SECC1ON PRIMERA
201
muchos sabios y literatos españoles habian ya ilustra-
do á su patria, por entonces,
escritos y trabajos,
útiles. Sin negar el hecho evdente de los adelantos de
la buena literatura en España desde 1767, es de creer:
que hubieran sido iguales, si no hubieran sido espul-
sados los jesuitas. Esto mismo habla sucedido en
Francia; porque su poder no era bastante fuerte para
atajar el desarrollo que hubiese habido , á pesar de
ellos mismos. Montesquieu ¡lizo brillar las leyes con
la antorcha de la filosofía; Voltaire salió de las mismas
aulas de los jesuitas; los enciclopedistas y lo que se
llamó partido filosófico, á que sé atribuyó la destruc-
cion de la compañia existiaa ya_ ¿Qué podía hacer con-
tra el ascendiente progresivo de
.
la razon humana una
sociedad tan desacreditada, á causa de sus doctrinas?
Es en verdad honrarla demasiado el suponer que hu-
biera bastado ella sola para atajar este movimiento len-
to y
.
gradual, pero constante, que empezó con la in-
y
encion de la imprenta y que es universal é irresisti-
ble desde el último siglo. Pero terminemos la historia
de la destruccion de los jesuitas en España.
Los hombres de estado que habian concebido y
realizado el proyecto de destruir á la sociedad de Je-
sus, trataron, despues de la espulsion de sus indivi-
duos, de rodearse de las luces y consejos de los pre-
lados cuya cooperacion les era tan necesaria en las
continuas disputas que ocurrian con la córte de Ro-
ma; de este modo querian tatribien justificar la me-
dida que acababan de tomar y otras que preparaban.
Cuando viese el
.
público que una especie de concilio
compuesto -de cinco obispos, auxiliaba al gobierno,
debia ser un hecho evidente que no corria riesgo nin--
gano ni la reli?Jon, ni la iglesia. En cuanto se verifi-
có la espulsion de los jesuitas, se formó un consejo
estraordinario- de que eran individuos Rodriguez de
Arenan°, arzobispo de Burgos; Buz caga, arzobispo de
Zaragoza; Plana
y
Castelló, obispo de Tarazona;
902
CAPITULO ADICIONAL.
mo, de Orihuela,
y
Molina, de Albarracin. El estilo
de las cartas y comunicaciones con Roma, relativas 111
este punto, de que hemos hablado ya, indica sobra
do la cooperacion de estos prelados.
Empero todavía quedaban á los espul
g
ados protec-
tores activos,
entre los que era
el mas poderóso la
inquisicion. Don Manuel Qintano y Bonifaz era en-
tonces inquisidor general. El santo oficio actuaba se-
cretamente contra Roda, Aranda y Campomanes , y
tambien se trató de encausar á los obispos del conse-
jo estraordinario. No se culpaba á ninguno de ellos
por las medidas tornadas contra los jesuitas, y todos
los cargos que se les hacian eran relativos á su espíri-
tu anti-religioso y filosófico en general. Afortunada-
mente para los reos, la inquisicion conocía su flaque-
za, y á causa de esto, eran sus gestiones tibias y po-
co firmes. Además, no se podía acusar á los
ministro S
de la corona, por haber combatido proyectos contrarios
al poder de la corona y haber tratado de purificar la reli-
gion de la impura liga de máximas ultramontanas; no se
los podía motejar por esta conducta, sin declararse ene-
migos de la corona, y de las libertades de la iglesia na-
cional; por estas razones, la causa contra los minis-
tros no pudo pasar adelante. Por lo tocante á los obis-
pos, no se pudo tampoco probar que hubiesen acogido
proposiciones ningunas contrarias al dogma, y todo se
reducía á espresiones vagas y generales que, reuni-
das en un cuerpo de doctrinas, se presentaban corno
el lenguage de un espíritu filosófico que rayaba en
impiedad y era favorable á los enemigos de la iglesia.
Mas adelante, los obispos del consejo estraordinario
se reconciliaron con la inquisicion, emitiendo la idea
de reformar algunas proposiciones del
juicio imparcial
contra el monitorio (le Parma,
que consideraban como
algo contrarias á los derechos de la iglesia. Consiguie-
ron el que se mandasen recoger todos los egemplares
de la primera edicion, y se corrigieron muchas tnáxi-
SECCION PRIMERA.
203
mas en, la segunda. De este modo , alcanzaron la
proteccion del señor Osma, que Roda habia podido
ganar para la supresion de los jesuitas, pero que en
los demas puntos, era inaccesible, siendo sobre todo
acérrimo defensor de la inquisicion, que ciertamente
hubiera caido con los jesuitas, si aquel fraile ignorante
pero omnipotente con el rey no la hubiese amparado.
Débese, empero, agradecer á Roda , y á los hombres
ilustrados que lo ayudaban en sus planes, el bien
que hicieron con algunas medidas provechosas ,
y
tambien el que deseaban hacer en asuntos muy impor-
tantes, si bien no pudieron vencer los obstáculos con
que tuvieron que luchar. Cárlos III hubiera consen-
tido fácilmente en la - abolicion de la inquision, á la
que ningun afecto profesaba, y hasta se presume que
así lo manifestó á Roda, añadiendo que había reinado
en Nápoles donde no existia la inquisicion sin que la
religion estuviese desatendida pero le manifestó que
les 'media tomar esta medida la opinion general del
pueblo de España que tanto respeto profesaba al tri-
bunal de la fe. Mas tarde diremos cómo, durante su
reinado, se pusieron trabas al poder de la inqui-
sicion.
SECCION SEGUNDA.
Firmeza del gobierno cóntra invasiones de la autoridad eeleslástica.—
Destierro del inquisidor general.—Quejas del obispo de Cuenea
Carvajal,
Enloscapitulos adicionales á los reinados de Felipe V
y Fernando VI , hemos tenido ocasion de hacer notar
que la habilidad de los partidarios de las doctrinas
904
CAPITULO, ADICIONAL.
ultramontana
s
no pudo vencer en España el
celo y las
luces de la magistratura, tan distinguida siempre ea
defensa de la autoridad real contra las invasiones de la
córte de Roma. La inquisicion que apoyaba con "todas
sus fuerzas las usurpaciones de la autoridad espiritual,
Babia obligado , cierto es , al célebre ministro Macanaz
á espatriarse
5
evitando así los ,tormentos que le espera-
ban en los calabozos del Santo Oficio; pero esta persecu-
cion no tuvo resultado ninguno, porque Macanáz:
des-
terrado.y perseguido , había tenido el consuelo de ver
bien acogidos por sus compatriotas sus principios en
materia de autoridad eclesiástica. El concordato
de
1
1737, si bien distante todavía de establecer la inde-
pendencia de la corona, anunciaba sobrado que el
gobierno cuidaria en lo sucesivo de impedir los abusos
del poder eclesiástico. Las disposiciones que contenta
el de 1753 eran un gran paso dado para conseguir la
separacion del poder temporal y del espiritual. Los
reyes de España, como representantes de sus pueblos,
recobraban mediante este concordato facultades que
jamás debieran haber abandonado. En tiempo de
Carlos III, adelantó todavía teas. el espíritu de lude"-
pendencia
'
porque á los argumentos tomados _ de la
historia de la disciplina eclesiástica española, se agrega-
ban los consejos y luces de la filosofia.
El gobierno de Carlos tomó varias medidas relativas
á materias eclesiásticas , {lude dan todas testimonio del
espíritu ilustrado que las dictaba.
En 4761 , el inquisidor general don Manuel Quintó
noy Bonifaz ,
influido de, acuerdo con el nuncio
del papa , para, que se publicase un breve en que se
probibia el catecismo de Mesengui titulado:
Esposicion
de la doctrina cristiana, ó instruccion de las principales
verdades de la iglesia,
sin ponerlo antes'en conocimiento
del gobierno corno debla. Carlos III, irritado por seme-
jante abuso de poder, mandó al inquisidor general que
.suspendiese la publicacien del breve, recogieado,todos
--SECCIGN SEGUNDA.
205
los
egemplares
repartidos ya. El inquisidor general
espuso que causarla escándalo el dictar una disposición
lismo
contraria á otra del Santo Oficio ,corno así m
á la
obediencia que se debia, al gefe supremo de la iglesia,
s
b
obre todo en un punto que afectaba al doo-rill
y
la
á
doctrina cristiana, y cediendo á esta manifestlCio
se dio cumplimiento al decreto. Empero el inquisid
or
no
salió desterrado de Madrid,' retirándose á San
Ant
onio
tic la Cabrera, convento situado en medio de riscos. Al
cabo de algun tiempo confesó el inquisidor su error,
pidió perdon y volvió á disfrutar de la benevolencia
real. Pero, queriendo que en lo sucesivo no ocurriesen
casos análogos , pidió el rey al consejo un informe
detalfado acerca de este asunto.
Este informe fué muy instructivo é interesante: «La
censura de los libros ,
decía en tan notable docu-
mento, no depende tanto del inquisidor y de los conseje-
ros como de la inteligencia y opinion
y
los censores,
que ponlo general son personas devotas y retiradas , y
que á causa de su profesion , profesan amor á esta
máxima del Evangelio: «
Dad c Dios lo que es de Dios»
sin recordar del
mismo
modo la segunda parte;
«.Dad
-á Cesar lo que es de Cesar.
.»
A consecuencia de las doc -
trinas establecidas en aquel informe , se publicó
en 4762, un real decreto mandado: 4.° que en lo sucesi-
vo, ningun breve, bula , rescripto ó carta pontificia.:
dirigidos á un tribunal cualquiera que fuese , á una
j
unta
ó
á un magistrado, á los arzobispos, obispos en.
general ó á uno de ellos en particular , cualquiera que
fuera la materia de que se tratase en estos documentos,
ya se tratase de establecer leves, reglas ó
precepto
s
, 6
-tan solo de meros avisos , q6 estas bulas,
escritos etc.
no pudieran circular ni ser obedecidos sin haber
.
sido
antes presentados á S. M. por el conducto ordinario..
2.° Que cualquier bula ó breve relativos á negocios
entre partes ó personas partículas, ya sea de gra
c
ia
,ya de justicia , se habia de presentar
.
al consejo,
906
CAPITULO ADICIONAL.
á
a su entrada en España y que el consejo antes de
conceder su ejecucion examinaria si podia resultar de
su contenido alguna contravencion al concordató,
menoscabo á los derechos de la corona , á los bue-
nos usos y costumbres legitimas , á la tranquilidad
del reino, ó á los derechos de los particulares. Se escep-
tuaban de esta obligacion general los breves y dispen-
sas espedidas por la penitenciaria.
3.° Que en lo sucesivo no podia públicar el in-
quisidor general edicto ninguno que no le fuese remiti-
do por el rey.
4.° Que antes de condenar libro ninguno por la
inquisicion, se oiria la defensa de las partes interesadas,
á quienes se citaría conforme á la regla prescrita á la
inquisicion de Roma por el papa Benedicto
XIV ,
ea
constitucion apostólica
sollicita et providct.
Este decreto ei4,-
4
, hostil á la córte de Roma y á la
inquisicion , y al establecer que segun las reglas de la
justicia, se oyera á los autores antes de condenar libro
alguno , se
daba la razon de que los
escritores deben
saber mejor que nadie el sentido de sus expresiones.
De este modo, se añadia, podrán disipar las persecucio-
nes contra su doctrina, suscitadas con frecuencia por la
sola ignorancia de los calificadores, sin fundamento
ninguno.
Por justo que fuese este decreto, que
r'
aco
o
ieron con
aclamaciones cuantos hombres ilustrados habla en.
Europa, fué posteriormente anulado. Es de creer que
el motivo verdadero de este paso retrógrado fué el mal
uso que hizo el P. Osma del influjo que con el
-
rey
egercia ; porque este fraile ignorante sostenia con
todas sus fuerzas la inquisicion y las exigencias de la
córte de Roma. Cárlos Hl se hallaba colocado entre
ministros ilustrados y su confesor. Los primeros traba-
jaban abiertamente por libertar al gobierno de las trabas
con que tropezaba la accion de la autoridad pública
á,
cada paso, pensando en destruir todas las instituciones
SECCION SEGUNDA.
207
funestas ; el otro, movido por los partidarios de estas
mismas instituciones, atemorizaba la conciencia de su
penitente pintando
los peligros de destruir el esplen-
dor de la religion en España..
A pesar de estas trabas, cuando los ministros ven-
cieron mas tarde y se dieron órdenes
segunda vez para
que se ejecutase el decreto, Campomanes,
b
maoistrado
amante de la dignidad de la corona, no menos que
ministro íntegro é ilustrado, dió por disculpa de haber
suspendido el decreto, que concedia al inquisidor
general mas facultades de las que debia tener relativa-
mente á los breves contrarios a la circulaeion de libros,
porque el
exequatur,
,
como la suspension de dichos
breves, no era atributo de la inquisicion , sino que
pertenecía al consejo de Castilla, único depositario en-
cargado de custodiar la prerogativa real. « Si se sus-
pendió este decreto, decía Campomanes , fué solo para
esplicar mejor el pensamiento verdadero del rey , porque
el gobierno tiene un deber de honor de fijar los limites
de estas facultades, á fin de poderlas luego ejecu-
tar acompañando la -pragmática y el decreto de las
esplicaciones oportunas. Los obispos, añadia, tienen en
esto demasiado interés á causa de sus derechos ; pues
por falta de esta declaracion , un clérigo de Mallorca
tuvo la'audacia, en 1766, apoyándose en decisiones de
la cancilleria romana, de escomulgar al obispo de
Mallorca , prelado respetable por muchas razones.
Publicamente manifestó estas cartas en Menorca, con
escándalo y asombro de la autoridad pública ; por lo
cual interesa á los mismos obispos que =gua breve de
Roma se admita en el reino, á fin de que los prelados
puedan egercer libremente sus funciones.»
Campomanes trataba, como se ve, de persuadir
á
los obispos que las disposiciones del gobierne les eran
'favorables. Era esto tanto mas necesario que acahaha
de estallar repentinamente una oposicion violenta y po-
co meditada contra las miras del gobierno, por parte
2O8
CAPITULO ADICIONAL.
de un prelado que gozaba de mucho prestigio a causa
de su nacimiento y virtudes.
El obispo de Cuenca don Isidoro Carvajal, no vió
en las sabias reformas que el ministerio introducía para
consolidar el poder de la corona, y desarraigar los abusos
introducidos por la autoridad espiritual, mas que un
plan concertado de destruir los altares, y el poder de la
iglesia. En una carta que dirigió al confesor, decia que
España, no solo corría, sino que volaba á su ruina; que
se decia públicamente en. la corte que el reino estaba
perdido, á causa de la persecucion que padecia la igle-
sia; que á fin de que no recayese sobre él aquella mal-
dicion:
Vce mihi quia tacui,
y
á causa del interés que
profesaba al monarca, le habia dirigido algunas amones-
taciones en diversas ocasiones; pero que por desdicha,
no hablan logrado arrancar al religioso monarca de
su
letargo. En seguida el obispo entraba en pormenores
relativos á los agravios que tenia que esponer la auto-
ridad eclesiástica contra lo que él llamaba invasiones
del gobierno. El cuadro que trazaba de los males de la
iglesia parcela una pintura de los tiempos del empera-
dor Juliano. El confesor enseñó al-rey esta carta del pre-
lado, cuyos temores le parcelan, sin duda fundados, y
Carlos, lleno de recelos ya, dió órdenes á su confesor
para
que
escribiera á Carvajal encargándole que se es-
plicase con mas claridad y exactitud, diciendo en qué
consistía la
persecucion de la
iglesia; cuales eran los
ultrages, las ofensas; los saqueos hechos en daño de los
bienes de la iglesia ó de sus ministros é inmunidades;
de qué medios se habia hecho
uso
para ilustrar á S. M.
de diferente manera que por conducto de su confesor,
y finalmente, que
motivos
habia tenido para suscitar
esta cuestion. El ministro Roda fué quien aconsejó al
rey que pidiese mas amplias esplicaciones al prelado,
a
medrentado con el peligro de riesgo que correa la
iglesia.
El obispo notó entonces,
5i
bien algo tarde, que
SECCION SEGUNDA.
209
habia ido mas lejos de lo que debla y que no era facil
justificar los asertos atrevidos que contenía su carta.
Así, pues, se disculpó de que no podía redactar por en-
tonces, sus cargos, ,á causa del mal estado de su salud;
pero como se le instase, no pudo presentar mas capí-
tulos de culpa que las bajas declamaciones de suri-
mer carta. Todo se reducia á decir que sobre el estado
eclesiástico pesaban demasiados subsidios, y el clero
estaba abrumado de cargas
.
y contribuciones; que no se
respetaba la jurisdiccion
é
inmunidad local de los tem-
plos, ni á los ministros de los altares; que se leian en
losperiódicos hechos y noticias injuriosos
na
uriosos al papa y á
los jesuitas; que era preciso convocar concilios ciona-
les y provinciales; que el gobierno se mos
t
raba hostil
al derecho de poseer que tenia la iglesia, que ademas
que ría, disminuir el número de clerigos y religiosos, y
finalmente mediante á la pragmática de que hemos ha-
blado antes, se habia llevado la falta de respeto á
la
iglesia hasta el estremo de pedir que las bulas del papa
se presentasen al consejo, antes de ser ejecutorias.
Esta acusacion de Carvajal se sometió al consejo
de
Castilla, á fin de que examinase los puntos que encer-
raba don Pedro Ramirez, despues conde de Campo-
manes, y don José Moñin.o, mas tarde conde de Florida
Blanca, eran por entonces, fiscales del consejo. Sus in-
formes se encuentran en el
espediente del obispo de Cuen-
ca, Carvajal,
y llamaron mucho la atencion pública, en
aquella epoca, á causa de las doctrinas que sostenian
favorables á, los derechos de la autoridad real, y de los
principios de legislacion eclesiástica que defendian,
opuestas á las exigencias de la córte de Roma. El resul-
tado de este negocio fué que el rey, despues de oír al
consejo, mandó recoger las cartas del obispo, y las co-
pias que de ella habian circulado. Se intimo al obispo
que compareciese ante el tribunal para ser amonestado;
se escribió de real órden, una circular á todos los obis-
pos y
arzobispos del
reino, instruyéndolos de la con-
1108
Biblioteca
popular
T • IV .
4 03
210
CAPITULO ADICIONAL.
docta, imprudente del obispo de Cuenca, que desapro-
barían sin duda, decia la circular. 41 mismo tiempo,
se les prometia que «S. M. no cesaria de escuchar coa
benevolencia sus manifestaciones, y que las acogerla
bien siempre que se le dirigiesen con los datos, verdad,
moderacion v respeto que era de esperar de su carác—
ter dignidad episcopal. »
Én efecto, el obispo compareció ante el consejo
de
Castilla, y fue amonestado por el presidente. Este ne-
gocio terminó así, consolidando los principios que pro-
fesaban los ministros de Carlos III. Veremos, en lo que
sigue, que continuaron estos introduciendo reformas
y
mejoras en la administracion eclesiástica.
CAPITULO LXVI.
1764.-1111.
Mejoras hechas en el ejército, marina y hacienda de
España.—Estado de
Francia.—Situacion de Europa.—Union
íntima entre Francia y España.
—Cesion de la Luisiana.—Proyectos hostiles de Grimaldi y Choiseul cona
tra Inglaterra.—Ocupan los franceses la isla de
Córcega.-
-
Disputas y
avenencias relativas á las islas Falkland.
Cuando se restableció la tranquilidad, se ocupó el
gobierno con mayor empeño de establecer su sistema
político, tanto interior como esterior, teniendo en cuen-
ta los cambios que acababan de verificarse. Grimaldi se
limitó al despacho que le estaba confiado, y no , pensa-
ba mas que en realizar los planes que habia trazado,
de acuerdo con 'Choiseul. Por su parte, el conde de
Aranda, cuya imaginacion era tan fecunda, contando
con el apoyo de un gobierno absoluto, no descuidaba
atencion ninguna para reformar conforme á un plan
nuevo
la administracion interior y restaurar el
ejército
'y marina.
Introdujéronse en la hacienda mejoras con-
siderables, gracias al celo
y cooperacion
de los dos mi-
nistros, y adoptóse para el ejército aquella sábia tácti-
ca -que los triunfos de Federico II presentaban á la
ad-
miracion de todas las naciones. El embajador inglé
hablaba con tanto asombro como dolor de la estraordi-
naria perfeccion de la táctica que adoptaba Esp-aria,
sobre todo del aumento de su ejercito. Anunciaba que.
iguales mejoras se introducian en la marina , llamando
•
948
CAPITULO SESENTA Y SEIS.
dera española , la insurreccion fué general. Algunas
personas influyentes propusieron el no dejar que des-
embarcasen las tropas , sino que se procurasen destruir
los buques que las !levaban , y otras volvieron a su
pensamiento antiguó de buscar refugio en territorio
inglés. Finalmente , la mediacion del gobernador fran-
cés v
las
amonestaciones de los magistrados calmaron
la indignacion general , y las tropas españolas desem-
barcaron y tomaron posesion de la colonia. No
supo,
empero el nuevo gobierno adoptar las medidas-opQr-
tunas á fin de conciliarse el afecto de los nuevos súb-
ditos , á quienes se trató como á. rebeldes. Seis de sus
gefes murieron á manos del verdugo , -y otros perecie-
ron en los calabozos .de la Habana. Esta severidad pro-
dujo una surnision violenta , pero indudable , sobre
todo desde que los propietarios mas ricos abandonaron
sus ingenios y posesiones. Los habitantes de las cer-
canías cesaron poco á poco de frecuentar un mercado
que
,
era tan precario , y se notó con razon , que . con
aquella adquisicion lo único que habia hecho España era
agregar un desierto á su imperio (94).
En tanto que este negocio se alargaba asf, Choiseul
y Grimaldi concertaban sus planes de hostilidades pe-
ro
como
los caracteres pacíficos de sus soberanos res-
pectivos eran un obstáculo para su ejecucion , toda su
sagacidad se empleó en suscitar disputas que pudieran
provocar ataques y hacer necesarias las estipulaciones
del pacto de familia.
Uno de estos motivos de discordia,
la apropia–
cion de Córcega por los franceses. Cl;
p
oiseul des ues
de buscar inútilmente un pretesto para intervenir-en
la
disputa que existia entre los insulares y los genoveses,
sus señores , fomentó una lucha queestenuo'
genoveses
los dos
partidos , y en seguida
aprovechánd
ose
de su mútua
flaqueza , ocupó la isla,suponiendo que Francia la
habia comprado á la república
aquel,
v
a
le rso
patriota que
durante
habla,
habi
de-.
e
taato
ég
ti
o
e
va.
tie
mp
o
4764.-1774.c-
.2 49
fendido animosamente las libertades de su pais, se vió
obligado á buscar un asilo en Inglaterra. La isla de
Córcega ,.tan importante á causa de su posicion en el
Mediterráneo , quedó reunida formalmente á Fran-
cia. Esta manifiesta usurpacion hecha ea medio de la
paz , produjo en Inglaterra una indignacion general,
y fue esta tanto mas
,
fuerte cuanto que todo el mundo,
grandes y pequeños, habla cobrado interés á un pueblo
que luchaba por su independencia , especialmente á la
persona , carácter y padecimientos del general pa-
triota , cuya llegada á Londres escitó un entusiasmo
universal. Aun cuando los ministros ingleses hubieran
tenido bastante desidia para cerrar los ojos ante esta
hazaña de los franceses, no les hubiera dejado la
opinion pública guardar silencio. Lord Rocheford , que
acababa de dejar su, embajada de Madrid , llegó á Pa-
rís con encargo de exigir la pronta evacuacion de Cór-
cega.
Pero á despecho de las protestas mas vivas de amor
á la paz , la conducta y lenguage de Choiseul presenta-
ba una serie de insultos bastante graves
,
para provocar
un rompimiento en los momentos mismos en que que-
ria evitar las operaciones de una agresion. Negóse á
retirar las tropas , valiéndose del gastado pretesto de
que siempre se valla para justificar la agresion de Fran-
cia, á saber, el deshonor de retroceder en una empresa
una
T
ez empezada. Declaró varias veces que , si bien
no deseaba la guerra, no la temia tampoco ; y hasta
tuvo la serenidad de terminar una conferencia con esta
observacion ofensiva:—Cumpliremos escrupulosamen-
te las condiciones del último tratado; pero os engaña-
riais singularmente si os imaginaseis que las amenazas
pueden impedirnos que ejecutemos los proyectos que
no son contrarios á, nuestros compromisos. No daré ni
un solo paso en mi despacho para calmar vuestro re-
celo (95).
Un ministro vigoroso y resuelto como Pitt , hubiera
I
920
CAPITULO SESENTA Y SEIS.
'II'
I
contestado
á
esta mezcla de
engaño e'
insulto con la in.-
II
10
ato
t
rmentado
por turbulencias políticas , testigo de un
descontento universal en todos los puntos del reino, sin
111
esperanza de cooperacion ninguna esterior, no pensaba,
11/11/
mas que en la continuacion de la paz. Los ministros
111
0
1(
a
rr
otaron toda su elocuencia para probar que la Córcega
era una adquisicion de escaso interés. Contemporiza-
1
ron mientras el entusiasmo nacional predominaba ,
y
0
entonces anunciaron al gobierno francés que consentían
,Ii5
en esta adquisicion (96).
1,1
Semejante condescendencia no impidió , empero,
1/9
que de tiempo en tiempo cometiese Inglaterra algunos
Irl
actos pequeños de provocacion con propósito de enco-
talló mas y mas con motivo de las tentativas que hicie-
l'II:
nar los ánimos. El carácter irritable que los españoles
b.1
mostraban siempre que de sus colonias se trataba, , es-
ron los ingleses para establecerse en las
-
islasAlaluinasó
'II
de Falkland , situadas en la parte opuesta á la entrada
oriental del estrecho de llagallanes, y que habian sido
reclamadas ó visitadas por los ingleses , holandeses,
franceses y españoles. El editor del famoso
viage
del
,,
almirante Auson al rededor del mundo había encareci-
,
1
i
1
do mucho la fertilidad de aquellas islas, y su posicion
geográfica como ventajosa tanto para el comercio ,
co—
mo
para las operaciones militares en el Océano Pacífi-
co , y á consecuencia de esto , se preparó en 4;48 una
espedicion destinada á
.
esplorarlas , cuyo proyecto se
abandonó á causa de quejas de Carvajal (97).
Queriendo Choiseul llamar á eSte punto la atencion
de las potencias marítimas , y principalmente la de In-.
glaterra, envió al célebre navegante Bougainville
COD.
encargo Je tomar posesion de la parte mas oriental de
aquellas islas, en donde formó en 1764 una colonia á
que puso el nombre de Puerto Luis, e
'
n tnemoria del
rey de Francia.
Esta
de
terminaeion tuvo el resultado que era de es-.
1111
dignacion que merecia pero el gobierno de entonces,
1764.-1771.
224
perar. El gobierno inglés , envidioso de esta hazaña de
los franceses , alegó el derecho que le a
a
sisti
l
a
t
por ha-
ber hecho el primer descubrimiento
iir
al capitan
apar-
tadas regiones , y al mismo tiempo envio
Byron á
.
esplorar y ocupar la isla mas
o
ccidental.
caP
l C
oa
arreglo á su informe, se formó en 1;66 una colonia
el puerto llamado puerto Egmont, en memoria delprgil:
-1-
mer lord del almirantazgo. Los franceses é ingleses
publicaron relaciones de sus viages , acompañadas de
descripciones exageradas relativas á los nuevos esta-
blecimientos.
La córte de España se quejó sériamente á la
de
Versalles de la ocupacion de aquellas islas , que con-
sideraba corno parte de su territorio. Se atendió al
punto á esta reclainacion , y Bougainville , á nombre
de susoberano, hizo una renuncia con toda formalidad,
y regresando á aquellas regiones, entregó la colonia al
gobernador enviado desde Buenos Aires que cambió el
nombre de Puerto Luis en el nombre de Puerto So-
ledad.
Aquellas Islas tan alabadas se vió entonces que no
eran mas que un pais estéril que no ofrecia, ventaja
ninguna. Es probable que la colonia inglesa hubiera
quedado abandonada , si la viveza de los ministros de
Franciay España les hubiese dejado tiempo para re-
flexionar; pero en vez de una queja formal dirigida á
la
córte de Inglaterra, atencion que se tuvo con Fran-
cia , el comandante del Puerto Soledad envió órdenes á
los nuevos colonos para que se retirasen ; y como estos
se negasen á ello , se presentó un buque español para
reconocer el puerto. Las medidas del capitan Hunt de
Tamar que era el oficial mas graduado de la escuadra,
obligaron al buque á retroceder. Poco tiempo despues,
una espedicion de mil y seiscientos hombres , armada
por don Francisco Buccarelli , gobernador de Buenos
Aires , se presentó á la vista de Puerto Egmont.
En
cuanto recibió permiso para entrar , con pretesto de
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