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Juan Maestre Alfonso: Recuerdos y percepciones de un aprendiz de sociólogo rural. Dictus Publishing, Saarbrücken (Alemania), 2013 (156 páginas) [Reseña]

Gómez y Méndez, José Manuel

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• RESEÑAS • • 179 • José Manuel Gómez y Méndez Juan Maestre Alfonso: Recuerdos y percepciones de un aprendiz de sociólogo rural. Dictus Publishing, Saarbrücken (Alemania), 2013 (156 páginas). Nos encontramos con un libro que aporta un trozo de los años sesenta de la Sociología en España, aparte de ser un testimonio biográfico de su autor, el catedrático Juan Maestre. A lo largo de sus páginas disfrutamos con pormenores, detalles, aspectos que nos dejan patente el desarrollo de una disciplina científica surgida en el día a día del quehacer de muchas personas desde su trabajo y la incidencia en el entorno. Sabido es que la Sociología se desarrolla a lo largo del siglo XX y cuanto ofrece esta obra es un testimonio de cómo estaba el aspecto rural en su ámbito sociológico en una parte de la segunda mitad de la indicada centuria. A lo largo de las páginas, el autor, con una prosa amena, fresca, fluida nos va dejando un retazo del transcurrir de diversos proyectos locales/comarcales en distintas provincias españolas en los que él mismo fue protagonista en servicios oficiales del sistema gubernamental en los años de ubicación temática, toda vez que actuaba como agente de desarrollo social y comunitario –ese era el apelativo profesionalpara planes del Ministerio de Agricultura. Y no por ello todo sería a favor del transcurrir político de aquellos años, toda vez que el doctor Maestre dejó su cometido en cuanto pudo y encontró opción para trasladarse a otros cometidos fuera de España, en concreto a América Central para proyectos de organizaciones posibilitadas por la UNESCO. Sobre la realidad de aquél entonces, escribe: “A mi entender, España atravesó en esa época una transición estructural, también a mi entender, la más decisiva. Y en ese proceloso mar de cambios me veo más que como navegante, como un náufrago que arriba a una isla desconocida, a la sociedad rural, donde los residuos de la cultura tradicional permanecían más vivos y a la vez sufrían con más dureza los efectos del metabolismo de aquella época”. Y expresa: “La contradicción se incrementaba porque, precisamente, la promoción del cambio, al menos del económico, procedía del poder político”. Cuanto narra Juan de sus caminatas profesionales, sirve para ir enjuiciando la realidad de la España que se vivía: “Desajustes y desequilibrios sociales y regionales, la pobreza y malas condiciones de vida sufridas por una considerable parte de población, como la escasez de productos, bienes y servicios que llegó a generalizarse, afectando de una u otra manera a todas las categorías sociales, no justificaban adjudicar la categoría de ‘subdesarrollo’”. Matiza: “No existía dependencia colonial, ni las estructuras sociales eran homologables a la imperante en los países subdesarrollados”. Y puntualiza: “El dualismo social: dos universos social y económicamente aislados, pero coexistentes en un mismo espacio territorial y político, no se manifestó entre los españoles ni en los peores momentos de su convulsionada historia. Entre los más ricos y los más pobres existía una paulatina continuidad”. Nos paseamos por la profunda Palencia, por su comarca de El Cerrato: “Ropa vieja, poblaciones un tanto polvorientas, mujeres disfrazadas de brujas, o más bien las brujas imaginadas con los ropajes de aquellas mujeres. Resplandecían arideces en campos desforestados. En algunos lugares, el edificio del ayuntamiento o las oficinas de las Cajas de Ahorros eran modernos; quizás sea más correcto calificarlas como Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 13 - 2014 • 180 • nuevas”. Hasta se nos detalla cual manual viajero: “No se podía decir que ‘por la noche todos los gatos son pardos’ pero en la taberna, los juegos, las festividades y los ritos de pasaje, todos parecían pardos o más bien pardos y pardas, parditos y parditas...”. Nos refleja el vivir de Segovia donde trabajó para la ordenación rural denominada como Río Pirón con epicentro en Carbonero El Mayor: “No se apreciaban signos de modernidad ni, por supuesto, de progresismo. Tampoco se vislumbraba mucha inquietud intelectual. Como en toda, o para ser justo en casi toda, España”. Queda expresado el momento del transcurrir ciudadano: “Dominaba una asimetría social como en otras partes, incluidos los modelos utópicos”. El tercer pilar del libro es Andalucía a través de su Campo de Gibraltar: “El gran problema de Andalucía radicaba en las condiciones sociales en que se encontraba una parte, entonces mayoritaria, de la población. El Campo de Gibraltar contaba con una considerable bolsa de pobreza y subdesarrollo diferencial con respecto a otras partes de España [...]. Fue uno de los lugares en donde se decidió inducir modificaciones económicas”. Tras narrar sobre el ayer y sus planificaciones, manifiesta sobre el hoy: “Se encuentra inmerso en un ámbito sociopolítico de carácter internacional. El grueso de los problemas sociales del área tiene su origen más en la reconversión industrial o los efectos de la crisis que en la falta de una reforma agraria que ya nadie reivindica”. Un libro testimonio de un trozo de la España del tardofranquismo siempre que consideremos esa etapa a partir de 1964 como algunos historiadores la ubican. Una narrativa para conocer una parte de la Sociología en España, que también a partir de entonces tenía su atención en parcelas políticas a través de su Instituto de Estudios Políticos (posteriormente, Centro de Estudios Constitucionales, llamándose actualmente Centro de Estudios Políticos y Constitucionales). Una aportación de Juan Maestre Alfonso donde reconoce que “muchos sociólogos de mi generación arribamos a esa profesión como les sucede a esos pianistas que tocan el piano de oído. En Palencia, en Segovia o en Cádiz, aprendí a leer y escuchar música”.