La verticalización como paisaje del poder: Reseña del libro: La dimensión vertical de la metrópolis: Surgimiento y evolución de los edificios altos en Bogotá, 1920-2017
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197 ASTRÁGALO. Cultura de la Arquitectura y de la Ciudad, 37 (2025). ISSNe: 2469-0503 Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Review https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2025.i37.11 LA VERTICALIZACIÓN COMO PAISAJE DEL PODER / VERTICALISATION AS A LANDSCAPE OF POWER / A VERTICALIZAÇÃO COMO UMA PAISAGEM DE PODER Barbara Gonçalves Guazzelli Escuela Internacional de Doctorado da Universidad de Sevilla, Espanha, e Instituto de Arquitetura e Urbanismo da Universidade de São Paulo, Brasil barbara.guazz[email protected] 0000-0001-7599-1521 Reseña del libro: La dimensión vertical de la metrópolis - Surgimiento y evolución de los edificios altos en Bogotá, 1920-2017 / Book review: The Vertical Dimension of the Metropolis - The Emergence and Evolution of Tall Buildings in Bogotá, 1920-2017 / Resenha do livro: A dimensão vertical da metrópole - O surgimento e a evolução dos edifícios altos em Bogotá, 1920-2017 Germán Montenegro Miranda Pontificia Universidad Javeriana. 2024 La ciudad puede analizarse desde diferentes perspectivas, siendo el paisaje urbano un concepto estructurado y analítico que permite comprender las dinámicas de la vida urbana y sus transformaciones a lo largo del tiempo. A partir de este concepto, la ciudad, compuesta por sus edificios, espacios públicos, infraestructuras, vegetación y elementos naturales, es también el resultado de la interacción entre factores físicos, sociales, económicos, históricos y culturales que modelan el espacio y su urbanidad a lo largo del tiempo. El paisaje urbano –o la ciudad– no es estático, sino dinámico, pues refleja las transformaciones de
lA vertICAlIZACIÓn Como pAIsAJe del poder 198 ASTRAGALO Nº 37 | Febrero / February / Fevereiro 2025 | Review | ISSN 2469-0503 la sociedad, los avances tecnológicos, los procesos políticos y las relaciones de poder que influyen en su desarrollo. Teóricos consagrados abordan el paisaje urbano como un fenómeno estructurado que influye en la vivencia de la ciudad y en la percepción espacial de los individuos. Para Henri Lefebvre, por ejemplo, el espacio no es un recipiente vacío, sino un producto social: es concebido, percibido y vivido. Para Kevin Lynch, el espacio urbano no es solo funcional, sino un medio de comunicación que expresa significados e identidades colectivas. Para Gordon Cullen, el paisaje urbano no es únicamente un conjunto de volúmenes y vacíos, sino una narrativa construida a partir de la manera en que los espacios son percibidos y utilizados. En el ámbito de la arquitectura y el urbanismo, el paisaje urbano se comprende como la expresión material de la ciudad, evidenciada en la morfología de los edificios, el trazado de las calles, la organización de los barrios y la presencia de elementos icónicos que caracterizan determinados territorios. Desde el punto de vista social, el paisaje urbano también es un reflejo de las desigualdades y de las relaciones de clase, dado que diferentes grupos sociales ocupan y experimentan la ciudad de maneras distintas. Además, el paisaje urbano está intrínsecamente ligado a la memoria y la identidad cultural de una ciudad. Monumentos históricos, construcciones emblemáticas, parques y espacios públicos desempeñan un papel fundamental en la manera en que las personas se relacionan con el entorno urbano y construyen su percepción de la ciudad. Sin embargo, la rápida transformación del paisaje urbano, impulsada por la verticalización, la especulación inmobiliaria y la reconfiguración del espacio público, puede conducir a su desfiguración y a la fragmentación de la experiencia urbana. El documental Espacio Modular (2013)1,dirigido por Bautista Cofré Yáñez y Nicole Ampuero Rodríguez, ejemplifica la noción de paisaje urbano y su dinamismo al abordar la transformación de Valparaíso, Chile, ante la creciente influencia del mercado inmobiliario. Aunque Valparaíso fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad en 2003, la ciudad ha sufrido intensas transformaciones con la construcción de altos edificios que han desfigurado su coherencia histórica y arquitectónica, impactando negativamente el paisaje urbano y la calidad de vida de sus habitantes. El filme presenta testimonios de residentes que, con la proliferación de estas nuevas construcciones, han perdido vistas privilegiadas del mar, un criterio fundamental para el título patrimonial de la ciudad, ahora bloqueadas por grandes estructuras de hormigón. Este proceso de financiarización no solo ha desplazado a los residentes tradicionales, sino que también ha resultado en la privatización de espacios anteriormente públicos, transformando radicalmente el acceso y el uso del territorio urbano. La narrativa del documental se enriquece con escenas panorámicas que contrastan la arquitectura vernácula de las colinas de Valparaíso con las nuevas edificaciones verticales, destacando la tensión entre la preservación del paisaje y el desarrollo urbano acelerado y desordenado. El paisaje urbano, por tanto, no se limita a su dimensión estética o formal, sino que representa un campo complejo de disputas, negociaciones y resignificaciones, siendo un elemento esencial para comprender los procesos urbanos contemporáneos. La creciente verticalización de las ciudades se ha consolidado como un fenómeno urbano de gran impacto, cuyas consecuencias trascienden el dominio de la arquitectura y repercuten directamente en la vida cotidiana de los habitantes y en la dinámica de las comunidades urbanas. El control de este proceso por parte de 1 Cofré Yáñez, Bautista, e Nicole Ampuero Rodríguez, dir. 2013. Espacio Modular. Chile: Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=_AAje7RzLBQ&t=887s.
Barbara gonçalves guazzelli https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2025.i37.11 199 los grandes desarrolladores, a menudo facilitado por políticas urbanas que favorecen su actuación, plantea interrogantes sobre los efectos de esta transformación en la estructura de la ciudad y en la calidad de vida de sus habitantes. Si bien la verticalización no es un fenómeno nuevo, su contexto actual difiere sustancialmente del periodo de posguerra, cuando los principios modernistas orientaban la planificación urbana. En aquel entonces, la verticalización estaba impulsada por una visión funcionalista y racionalista de la ciudad, basada en la organización eficiente del espacio y en la promoción de viviendas accesibles. Hoy, los edificios residenciales no son solo soluciones arquitectónicas a la creciente demanda habitacional, sino que, al igual que las torres comerciales, se han convertido en activos estratégicos dentro de un mercado global, donde los flujos de capital modelan las decisiones urbanísticas. La producción del espacio urbano, por tanto, no responde únicamente a las necesidades de los ciudadanos, sino también a las dinámicas especulativas de los inversores y de las administraciones municipales, redefiniendo la lógica de crecimiento de las ciudades contemporáneas. De este modo, la investigación sobre la verticalización de las ciudades, especialmente en Sudamérica, debe trascender los análisis meramente formales y arquitectónicos, abordando sus consecuencias urbanas, sociales y políticas. Si en el pasado la verticalización estuvo impulsada por ideales de modernidad y progreso, en la actualidad se inscribe en una lógica de mercantilización del espacio que requiere un análisis crítico. La ciudad del siglo XXI es un espacio dinámico donde se entrecruzan intereses económicos, políticas de gestión urbana y dinámicas de exclusión, y comprender la verticalización bajo esta óptica implica adoptar una mirada más profunda sobre los procesos que modelan nuestras ciudades y los desafíos que enfrentan para convertirse, efectivamente, en espacios de inclusión y justicia social. En este sentido, la hipótesis planteada por el profesor Germán Montenegro Miranda en su libro La dimensión vertical de la metrópolis: surgimiento y evolución de los edificios altos en Bogotá, 1920-2017 es que la verticalización de la metrópoli no es solo un fenómeno arquitectónico o técnico. Se trata de un proceso social, económico y político que refleja y reproduce desigualdades espaciales y estructuras de poder. Este fenómeno es el resultado de dinámicas sociotécnicas que interconectan a diversos actores, como élites económicas, gobernantes, inversores y profesionales de la construcción, en la producción de la ciudad. Un argumento clave que expone es que la ocupación vertical no es homogénea y puede intensificar la polarización socioespacial, ya sea por la densificación desordenada en áreas informales o por la creación de enclaves verticales exclusivos. Profesor del Departamento de Arquitectura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Montenegro desarrolló el curso Paisaje Urbano, que sirvió de base para sus investigaciones sobre la verticalización urbana en Bogotá. Su investigación analiza cómo el aumento de la altura de las edificaciones, a través de procesos de reconstrucción y reurbanización, impacta la configuración del paisaje metropolitano. El estudio de Montenegro Miranda examina la evolución histórica de la verticalización en Bogotá entre 1920 y 2017, identificando los ciclos de crecimiento y retracción en la construcción de edificios altos y sus relaciones con las dinámicas económicas y políticas de la ciudad, aspecto esencial para comprender la perspectiva del autor. Este proceso ha transformado radicalmente el paisaje urbano, redefiniendo la percepción espacial de la ciudad y alterando sus dinámicas funcionales. La silueta urbana de Bogotá, antes dominada por edificaciones de menor escala, ha incorporado torres cada vez más altas, marcando físicamente las desigualdades espaciales y reflejando la concentración de capital inmobiliario en determinados sectores urbanos. Este fenómeno está intrínsecamente ligado a los factores políticos, económicos, tecnológicos y sociales
lA vertICAlIZACIÓn Como pAIsAJe del poder 200 ASTRAGALO Nº 37 | Febrero / February / Fevereiro 2025 | Review | ISSN 2469-0503 que han impulsado o limitado la verticalización en diferentes períodos, así como a las fuerzas que han determinado su ritmo e intensidad. Crucial en esta obra es también su investigación sobre la relación entre la verticalización y la segregación socioespacial, contrastando los edificios altos corporativos y residenciales con el crecimiento de la ciudad informal. La verticalización ha contribuido a la ampliación de las desigualdades socioespaciales, generando un escenario urbano en el que sectores privilegiados concentran inversiones en desarrollos verticales sofisticados, mientras que áreas menos favorecidas permanecen al margen del desarrollo urbano planificado. Este fenómeno refuerza la dicotomía entre espacios altamente valorados y accesibles solo para determinados estratos sociales y sectores urbanos marcados por la precariedad y la falta de infraestructura adecuada. Además, la concentración de edificios altos en determinadas áreas ha generado impactos significativos en la movilidad urbana, aumentando los atascos y presionando la infraestructura del transporte público. La densificación desordenada sin una planificación adecuada para el desplazamiento de los habitantes puede resultar en una sobrecarga de los sistemas viarios, dificultando el acceso a diferentes partes de la ciudad y la circulación entre los centros económicos y las áreas periféricas. Así, la producción de torres y condominios de lujo ha impulsado el desplazamiento de poblaciones de bajos ingresos hacia áreas periféricas, profundizando la fragmentación territorial de Bogotá. De esta forma, es posible comprender cómo la verticalización ha sido utilizada tanto como instrumento de valorización inmobiliaria como mecanismo de exclusión social, profundizando las desigualdades urbanas. En última instancia, Montenegro propone una lectura crítica de la verticalización a partir de una ontología del espacio urbano, entendiéndola como un proceso sociotécnico que redefine la estructura de la ciudad y las relaciones de poder en ella insertas, siendo esta una de las contribuciones más ricas de la obra. El enfoque ontológico de Montenegro Miranda permite comprender la verticalización como un fenómeno que trasciende la simple construcción de edificios altos y pasa a interpretarse como un dispositivo sociotécnico de organización del espacio urbano. La verticalización, desde esta perspectiva, no es solo una respuesta al crecimiento demográfico o una tendencia arquitectónica, sino un proceso que refleja e intensifica dinámicas políticas y económicas que moldean la ciudad. Al analizar la materialidad de los edificios verticales, el trabajo destaca cómo estos desarrollos se convierten en signos de estatus y vectores de financiarización urbana, transformándose en activos estratégicos dentro de la lógica especulativa del capital inmobiliario. El paisaje urbano, a su vez, no solo se transforma visualmente con la presencia de estas torres, sino también simbólicamente, redefiniendo las percepciones sobre centralidad, exclusividad y segregación territorial. El estudio de los procesos sociotécnicos involucrados en la verticalización evidencia cómo la convergencia de conocimientos tecnológicos, regulaciones urbanísticas e intereses corporativos moldea la estructura de la ciudad, generando nuevas formas de desigualdad espacial y acceso diferencial a los recursos urbanos. De este modo, este enfoque permite interpretar la verticalización no solo como un fenómeno físico y económico, sino también como una práctica social y política que reconfigura la experiencia urbana, impactando desde la circulación y el uso de los espacios públicos hasta la formación de identidades urbanas y la distribución del poder en la metrópoli. Además, esta perspectiva posibilita una lectura más amplia de la verticalización, yendo más allá del análisis puramente formal y considerando sus efectos en la experiencia cotidiana de la ciudad, en la producción del espacio y en la estructuración de las relaciones de poder urbano. La configuración del paisaje metropolitano
Barbara gonçalves guazzelli https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2025.i37.11 201 de Bogotá refleja, en gran medida, el aumento de altura en los procesos de reconstrucción y reurbanización. Mientras que la reconstrucción ha sido impulsada por el desarrollo inmobiliario, que con frecuencia no actualiza la infraestructura existente, la reurbanización, en cambio, exige intervenciones estructurales más profundas, a menudo desatendidas por el sector privado. La mayor transformación del paisaje urbano en Bogotá se produjo, sobre todo, a través de la reconstrucción, generando un desequilibrio entre la modernización urbana y la degradación física y social de áreas que necesitan urgentemente reurbanización. Mientras que barrios relativamente nuevos y urbanísticamente cualificados continúan sometidos a constantes renovaciones, muchas regiones enfrentan bolsas de indigencia y deterioro estructural sin atractivo para los inversores, lo que refuerza las desigualdades espaciales y exige estrategias de desarrollo urbano más equitativas. Al entender la verticalización como parte de un proceso más amplio de producción del espacio urbano, es posible ir más allá de una visión puramente funcionalista y adentrarse en el campo de las disputas políticas y simbólicas que configuran la ciudad. La verticalización no es solo una solución técnica o un reflejo del crecimiento poblacional, sino un fenómeno que expresa las contradicciones del desarrollo urbano contemporáneo. Así, reflexionar críticamente sobre esta dinámica es fundamental para pensar modelos de ciudad más inclusivos, sostenibles y socialmente justos. Después de todo, la ciudad no es solo un espacio construido, sino un territorio vivo, cargado de significados, relaciones e historias que deben ser consideradas en la búsqueda de un futuro urbano más equitativo.
