scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El filósofo de la esperanza

Sánchez Sánchez, Manuel

Abstract

Hay motivos y razones para la esperanza, pero sobre todo hay posibilidad de encontrar fundamentos para esta esperanza. La reedición de la obra insigne de enrst bloch por la editorial taurus1 nos permite la posibilidad de recuperar una mirada abierta por e

Full text

400 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 EL FILÓSOFO DE LA ESPERANZA Manuel Sánchez Sánchez. Centro de Estudios Teológicos de Sevilla Resumen: Hay motivos y razones para la esperanza, pero sobre todo hay posibilidad de encontrar fundamentos para esta esperanza. La reedición de la obra insigne de Enrst Bloch por la editorial Taurus1 nos permite la posibilidad de recuperar una mirada abierta por Ernst Bloch. Parecen que han muerto las utopías y esperanzas cuando más necesarias son. La obra de Bloch es una invitación a recuperarlas. Abstract: There are motives and reasons for a new hope, but most of all there is a possibility to find fundamentals for this hope. The reedition of Bloch's distinguished work by Taurus2 publishing house give us the opportunity to recover a wide glance by Ernst Bloch. It seems like utopia and hopes have died when we need them the most. Bloch's work is an invitation to revive them. 1. EL ITINERARIO PERSONAL DE BLOCH COMO PRINCIPIO HERMENÉUTICO DE UN SISTEMA DE PENSAMIENTO. Bloch pertenece al género de hombres cuya vida y pensamiento se gestan y desarrollan en interacción recíproca. El dato biográfico se convierte en fuente fecunda de reflexión y esta de comportamiento práctico. Es, por ello, por lo que la vida de Bloch se constituye en pauta hermenéutica de los contenidos de su pensamiento. El itinerario humano del filósofo se distribuye en dos grandes etapas: una de búsqueda, emigración y exilio, cuyo acontecimiento filosófico fundamental es el descubrimiento de la utopía; otra, de mayor estabilidad, que aparece dominada por la idea de la esperanza como principio generador del proceso histórico, que conduce a las personas hacia la patria de la libertad3. 1.1. BLOCH DESCUBRE LA UTOPÍA. La situación histórica del hombre de la primera mitad del siglo XX ha sido caracterizada como tiempo en el que se ha perdido la esperanza y capitulado ante el despotismo de la nada. Una generación contempla y sufre el ocaso del mundo burgués, de sus ideales y valores. La guerra del 14 acelera el proceso de desintegración, sirviendo de pórtico de la nueva época que comienza con el adve- 1 En el 2004 esta editorial publica el primer volumen de “El principio esperanza”, y en el 2006 el segundo. 2 In 2004 this publishing house launched the first volume of "The principle of hope" and in 2006, the second one. 3 Para profundizar en la obra y vida de Bloch un buen trabajo es: Zudeick, P., “Ernst Bloch. Vida y obra”, Ed. Alfonso el Magno, Valencia 1992. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 401 nimiento del socialismo. El proceso se ve truncado en sus inicios por la experiencia fascista, que crea un paréntesis fatal en la historia del siglo XX, cargando la conciencia europea de irracionalidad, de temor y de angustia4. En esta circunstancia, la voz de Bloch, mezcla de entraña de mesianismo judeo-cristiano, de utopía marxista y de especulación hegeliana, se alza airada contra las versiones tardías del nihilismo y contra las tiranías fascistas, oponiendo a las primeras la esperanza, y a las segundas la libertad. Pensador situado más allá de las fronteras ideológicas y políticas de su época, desarrolla un sistema de pensamiento de quien podemos decir que la clase de filosofía que se elige, depende del hombre que se es, es decir, un sistema de pensamiento está animado por el alma del hombre que lo profesa. La vida y obra de Bloch son un éxodo permanente hacia la tierra de promisión, donde imperan la libertad y la esperanza. En nombre de la primera, huye de los dogmatismos de la derecha nazi y de las dictaduras del marxismo de vía estrecha. En nombre de la segunda, se entrega a la búsqueda afanosa de ideales humanistas en un mundo entrevisto como “laboratorium possibilis salutis”. Sus opciones e ideas llegaron a ser objeto de apologías por parte de los reformadores y de críticas por parte de las ortodoxias. Los 16 volúmenes de sus obras completas son los monumentos más logrados a su pasión por la utopía. Por ellas desfilan ideas filosóficas, ensayos sobre arte, crítica social, narrativa fantástica, investigación histórica, reflexión religiosa... Sus admiradores y detractores le han colgado etiquetas tan dispares como la de “mago de Tubinga”, “profeta con lengua de Marx y de ángel”, “hereje”, “apologeta de la esperanza”, “místico ilustrado”, “fanático enérgico”, “Schelling marxista”, “abogado de la paz”, “teólogo sin Dios”... Todas poseen el poco y el mucho de verdad de la caricatura. Todas nos descubren un rasgo característico de una vida y pensamiento plenos de creatividad. Las vivencias de los años de infancia y adolescencia serán fuente a la que Bloch tornará repetidamente para ilustrar intuiciones filosóficas. El fenómeno juventud, al que Bloch dedica un epígrafe de “El Principio esperanza”5, es lugar de lo nuevo y factor portador de conciencia utópica. Hoy es para nosotros un reto recuperar la esperanza de los jóvenes, sobre todo en la cultura occidental. Nacido de familia judía el 8 de julio de 1885 en Ludwigshafen, junto al Rhin, Bloch transcurre sus años de formación sin pena ni gloria, alternando la vida de familia con los trabajos escolares6. Antes protagonista de aventuras junto al Rhin que receptor atento de lecciones, prefiere la lectura de libros de evasión a la memorización aplicada de los manuales. Son los años del descubrimiento de los símbolos y figuras del bien y del mal, de los juegos y espectáculos, de las lecturas y andanzas. Es el mundo de K. May7 que se convertirá en depósito inagotable de 4 Bahr,E., E. Bloch, Berlín 1974, Praxis 4 (1968), p. 5. 5 Bloch, E., “El Principio esperanza”, I, Aguilar, Madrid 1977, 132 ss. 6 Para completar la biografía consúltense los trabajos de síntesis o ensayos introductorios sobre Bloch: J. Pérez, “Introducción a Bloch”, Convivium 26 (1968) 5-38; N. González Caminero, “E. Bloch”, Gregorianum 53 (1973) 131-176. 7 K. May, escritor popular, autor de narraciones de aventuras y novelas rosa, muy leído por los adolescentes germanos, y que se convierte para Bloch en símbolo de los sueños juveniles, tras los que alienta una conciencia anticipadora de futuro. 402 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 recuerdos para la época madura. Como contrapeso, encuentro prematuro con Hegel e iniciación progresiva en el ámbito de los filósofos y la filosofía. Lecturas en la biblioteca del palacio de Mannheim, correspondencia con Th. Lips, E. Von Hartmann, W. Windelband. Para estudiar filosofía, y como disciplinas adjuntas física y música, peregrina por la universidades de Munich y Würzburg (1905-1908). En la primera oye las lecciones de Th. Lips. En la segunda se adscribe al grupo de alumnos de O. Külpe. Bajo la dirección de éste redacta la disertación doctoral sobre la teoría del conocimiento en H. Rickert (1908). Aquí aparece ya la antítesis entre metodología positivista y metodología apriorística. Y surge también la pregunta por una metafísica nueva, capaz de aportar un encuadre adecuado para abordar el tema del futuro8. Acabada la formación académica, Bloch entra en un período en el que su vivir transcurre entre cambios de residencia, viajes y círculos de amigos. Éxodo en el existir que se traduce en escritos sobre la utopía y la esperanza. Berlín, Garmisch, Heidelberg, Grünwald y Viena acogen al inquieto peregrino. En Berlín entabla amistad con G. Simmel, con quien realiza un viaje a Italia (1908). En torno al filósofo cuaja un grupo de intelectuales jóvenes: G. Lukács, E. Bloch, M. Buber, A. Schweizer, que comparten la admiración por la filosofía de la cultura de aquel9. En Heidelberg se adscribe al círculo de M.Weber, al que también pertenecían Jaspers y Lukács. Este y Bloch se conviertieron pronto en los animadores espirituales del grupo. Bloch pasaba por ser el enfant terrible; Lukács por el aristócrata. Ambos viajan juntos a Italia, y de las preocupaciones compartidas brota la primera gran obra de Lukács: “Historia y conciencia de clase”. La cosmovisión de Bloch por estas fechas se componía de catolicismo, gnosticismo, apocalíptica judaica y sociología marxista. Este sincretismo irracional y la actitud profética de Bloch llegaron a irritar a M. Weber. Garmisch y Grünwald son lugares de reposo, meditación y producción literaria. Allí pergeña Bloch su teoría del “aún-no-consciente” y redacta “Espíritu de la utopía”. Pacifista a ultranza, Bloch pasa el último período de la guerra en Suiza, criticando a la inteligencia germana, mezcla de militarismo prusiano y protestantismo luterano, y redactando manifiestos antibelicistas. En 1920 le encontramos en Munich y al año siguiente fija la residencia en Berlín10. La obra de Bloch durante este período refleja la circunstancia en la que nace y la actitud personal del autor frente a ella. Su primer libro: “Espíritu de la utopía”, compuesto en Grünwald (1914-1917) y publicado en 1918, contiene ya in nuce el que será tema central del pensamiento blochiano: la utopía. Recogiendo la idea de la sociedad ideal, integrada en la tradición occidental por hombres como Platón, Agustín de Hipona, Moro, Campanella, Saint- Simón, Marx… cree encontrar en ella anclaje para una nueva ontología y axiología, la cual, en el momento de quiebra de la cultura burguesa, haga posible la esperanza. Incipit vita nova sería la fórmula para expresar la savia que corre por las páginas de un volumen en el que aparecen entremezclados teoría de la músi- 8 Bahr, E., o.c., 11-14. 9 Bahr, E., o.c., 21. Años más tarde (1914) Bloch rompe con Simmel a causa del nacionalismo beligerante de éste: “Por haber encontrado Simmel el absoluto en las trincheras”. 10J. Pérez, “Introducción a Bloch”, Convivium 26 (1968) 8-9. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 403 ca, mística mesiánica, sátira judía y clasicismo germano11. Tras la catástrofe de la Gran guerra, una sensación de liberación y novedad penetra en los espíritus jóvenes. Para Bloch la oferta salvadora a una situación de catástrofe está contenida en aquella palabra mágica: utopía. El punto de arranque es la oscuridad del momento vivido. Frente a él, el hombre esperanzado, que en actitud prometeica se entrega a la salvación de sí mismo. Aquí hace acto de aparición el marxismo, un marxismo “aún-no-acontecido” en plenitud, pero sí ya embarcado en la aventura de una revolución capaz de redimir al hombre. La estrella utópica, con carga revolucionaria, reaparece en el “Thomas Münzer, teólogo de la revolución”, publicado en 1921. Bloch se enfrenta aquí con el talante ético-político del protestantismo, viendo en el líder de la rebelión de los campesinos un arquetipo del espíritu utópico y un modelo del cristianismo anticonformista subterráneo. Malparado sale, en cambio, Lutero, paladín de libertades, cuando la libertad significa deshacerse de dogmas o cánones romanos, pero contemporizador con los poderosos y verdugo de la libertad, cuando esto implica justicia y redención del feudalismo de los príncipes. A esta época de Bloch pertenece también “Huellas”, recopilación de aforismos, cuentos, historietas, folclore judío...; es una muestra del talento poético de Bloch y de su búsqueda de utopía tras lo trivial cotidiano. El talante integrador y sincretista de Bloch aspira a mantener todo lo que contenga espíritu utópico, incluso aquello que pertenezca al aborrecido mundo burgués. Es lo que intenta la colección de reportajes, críticas, fragmentos y aforismos, recogida en el volumen “Herencia de esta época” y publicada en 1935. El libro contiene la obra periodística de Bloch durante la época de los veinte. A través de sus páginas desfilan el mundo burgués tardío, la frivolidad ciudadana, sus diversiones y chismorreos, sus anacronismos. También hacen acto de presencia los grandes de aquella cultura: la música de Strawinski, la pintura de Klee, la prosa de Kafka, el teatro de Brecht, la sociología de Mannheim... Bloch contempla la feria con el prisma de su marxismo caliente, coloreado de ira, de burla y de desprecio y, a la vez, cargado de admiración y reconocimiento para todo lo grandioso que hubo en ella. Aquí tienen su lugar sociocultural los montajes filosóficos del primer cuarto del siglo: Husserl, Scheler, Bergson, Heidegger. Son productos fabricados para consumo de liberales cultos y socialistas adinerados. Son los saldos filosóficos del siglo XIX, con Nietzsche como droga, contra los que Bloch moviliza sus reservas de ironía y sarcasmo, traicionados a menudo por una envidiosa admiración. La crítica más mordaz se endereza contra la que Luckács calificó de miércoles de ceniza del subjetivismo parasitario: el existencialismo de Heidegger y Jaspers12. Tras los análisis del ocaso del mundo burgués late un grave problema sociopolítico: ¿Cómo ha sido posible la subida al poder del fascismo?, ¿qué comportamientos subyacen al proceso fatal que conduce a la dictadura? Bloch subraya el anacronismo de la conciencia burguesa respecto a la si- 11 Las reacciones ante “Espíritu de la utopía” fueron diversas: M. Sussmann, “Una nueva metafísica”; Th. W. Adorno, “Sustancia medieval al alcance de la mano” (Bahr, o.c., 26); J. Pérez, “Aportación del pensamiento escatológico al acerbo filosófico”, en J. Pérez, “Introducción a Bloch”, Convivium 26 (1968) 9. 12 J. Pérez, o.c., 11-13. 404 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 tuación real del momento histórico. La contradicción entre un pasado no superado y un presente determinado por la técnica y la democracia. Es el tema del capítulo central: la asimultaneidad13. Se trata, también, de desenmascarar falsos usos y manipulaciones de lo “utópico” practicados por el fascismo. Despojar a éste de lo que no le pertenece, para devolvérselo a su legítimo heredero: el socialismo. Y para heredar, dirá sarcásticamente, es necesario esperar a que la anciana tía muera. Pero antes de que esto acontezca, puede echarse ya una ojeada por el cuarto donde habita. 1.2.- LA ESPERANZA COMO PRINCIPIO. El ascenso del nazismo al poder obliga a Bloch, como a tantos otros judíos, a ponerse en el camino del exilio. Sus libros fueron quemados, desposeídos de la nacionalidad alemana, e incluido en la lista de los proscritos. El nazismo no olvidaba a quien ya en los años veinte no había ahorrado críticas, incluso contra el nuevo evangelio, “Mein Kampf”, de Hitler. El exilio fue la salvación para existencialistas como P. Tillich, antropólogos como Plessner, neopositivistas como Popper o Wittgenstein y neomarxistas como Th. Adorno y H. Marcase. Las obras fundamentales del pensamiento alemán durante la época nazi no aparecerán en Berlín o Munich, sino en París, Los Ángeles o Moscú. Bloch marcha a Zurit, de aquí a Viena, de Viena a París y Praga, y finalmente se traslada a los Estados Unidos (1938-1949). Aquí no tarda en integrase y colaborar activamente en las organizaciones y publicaciones del exilio. Cultiva el periodismo político y se concentra en el estudio y en la redacción de proyectos ambiciosos. Redacta los manuscritos de “Historia y contenido del concepto de materia”; “Sujeto-Objeto: comentarios a Hegel”; “Derecho natural y dignidad humana” y buena parte de la obra, que le hará famoso: “El Principio esperanza”14. Los dos primeros estudios nos muestran a Bloch ocupado con las dos grandes coordenadas de su sistema; la materia como contenido y la dialéctica idealista como forma. El libro sobre la historia del materialismo, compuesto en 1936-1937, y publicado en 1972, contiene un análisis histórico del concepto de materia desde los presocráticos hasta la física contemporánea. La materia aparece concebida, conforme a la ontología blochiana, como realidad abierta, posibilidad, madre de las formas. La materia y la utopía se encuentran estrechamente vinculadas. El libro sobre Hegel se inscribe en el movimiento de retorno a éste, postulado por una serie de neomarxistas a partir de los años veinte (Lukács, Marcase…). Bloch aporta con ello su contribución, si bien no como repetidor epigonal del filósofo idealista, sino como quien le usa para rastrear el “de dónde”, “a dónde” y “para qué” del existir humano. La oferta de una cátedra de filosofía en Leipzig ocasiona el retorno de Bloch a Alemania, después de un exilio de casi 20 años. La flamante República Democrática Alemana le pareció campo adecuado para experimentar la “utopía concreta”, encarnada en el marxismo. 13 Bahr, E., o.c., 35 ss. 14 Bahr, E., o. c., 34. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 405 El Instituto de Filosofía de la Universidad de Leipzig, con Bloch al frente, se convirtió pronto en foco de atracción para la juventud estudiosa y en hogar activo del socialismo utópico. En un primer período, Bloch critica duramente a la Alemania Occidental, rehecha, según él, por los intereses americanos, a base de fuerzas reaccionarias y nazis rehabilitados. Hace apología, por el contrario, del experimento político intentado en la zona oriental. El agradecimiento del régimen no se hace esperar: Premio nacional de la Alemania comunista y Miembro ordinario de la Academia Alemana de las Ciencias de Berlín. Con telegramas de las más altas jerarquías del Estado y del partido, y miscelánea conmemorativa (1955) de su 70 aniversario. Esta luna de miel entre el filósofo y el régimen venía siendo minada, sin embargo, por los cancerberos de la ortodoxia. Desde tiempo atrás, Bloch no había ocultado su actitud crítica ante el marxismo vulgar, la burocracia del partido, el dogmatismo y el culto a la personalidad. Tales críticas le crean adversarios. Los políticos ignoran, en un primer momento, lo que se cuece en un rincón oscuro de una universidad. El ataque primero parte de colegas ideólogos de la ortodoxia, quienes le acusan de hegelianizante, revisionista, criptoreligioso, demagogo y anticientífico. Se procesa y encarcela a sus discípulos, y es desarticulado el comité de redacción del “Deutsche Zeitschrift für Philosophie”, que bajo la dirección de W. Harich había servido de vehículo de ideas blochianas. El régimen organiza incluso un simposio para discutir las doctrinas del filósofo, y en él reaparecen las acusaciones de heterodoxia, revisionismo, inconciliabilidad con el marxismo...15 En 1957 el secretario general del partido toma públicamente postura contra el revisionismo blochiano. Las consecuencias no se hacen esperar: jubilación forzosa, veto a la docencia, bloqueo a publicaciones, amenazas, aislamiento. Dada esta situación, Bloch, durante una estancia en Alemania Federal, y con ocasión de la edificación del muro de Berlín, decide abandonar Leipzig y aceptar una cátedra que le ofrece la universidad de Tubinga16. Las esperanzas puestas en la “utopía concreta” del marxismo experimentado en la Alemania oriental quedaron frustradas. Tras el exilio, Bloch reanuda sus publicaciones. A continuación de “Suje- to-Objeto” aparecen “Avicena y la izquierda aristotélica” (1952) y la obra capital: “El Principio esperanza” (1954-1959). Este extenso ensayo ha sido considerado como la réplica adecuada a otro libro fundamental del pensamiento del siglo XX: “Ser y tiempo “de M. Heidegger. En efecto, mientras que Heidegger localiza y responde a la pregunta sobre el sentido del ser en y desde la experiencia de la finitud radical del “Dasein”, Bloch rastrea las rupturas de la finitud a partir de la experiencia del futuro encarnada en la esperanza. Esta esperanza, en calidad de estructura fundamental del ser humano, deviene el tema central del filosofar, desbancando a la nada del puesto que le asignaron los nihilismos existencialistas. La obra, por tiempo, lugar de origen y temática, se inscribe en el contexto personal e ideológico del exilio. Es prolonga- 15 E. Bloch, “Revisión de los marxismos”, (Revisión des Marxismos. Kristische Auseinanadersetzung marxistischer Wissenschaftler mir der Blochschen Philosophie), Berlín 1957. Encabeza los trabajos y coordina el mismo R.O. Gropp, quien dos años antes había pronunciado la laudatio con ocasión del homenaje. 16 Bahr, E., o.c., 67 ss. 406 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 ción y complemento de los planteamientos pergeñados en “Espíritu de la utopía”. En medio de un ambiente poco propicio a la esperanza, clima provocado por los éxitos de los fascismos y las penurias del destierro, Bloch alza su voz para proclamar a la utopía como principio supremo y a la esperanza como alternativa válida al descorazonamiento de la emigración. El hombre, tras la corteza de los sueños de su vida cotidiana, se descubre a sí mismo como ser pleno de impulsos17. Desde el hambre de quien vive en carencia, pugna por salir de sí en busca de su propia esencia. Aquí entra en acción la esperanza, como afecto fundamental y como factor que alimenta los deseos con un futuro aún no acontecido, pero ya tenuemente entrevisto a través de los fenómenos históricos mediadores de conciencia anticipadora. La antropología y ontología blochianas se pueblan de nuevas categorías: frente, novedad, el todo, la nada, el “aún-no”, la posibilidad, que intentan verter la realidad intuida. La estructura de la conciencia consiste en lo “aún-no-sabido”, nueva modalidad de conciencia que refleja la estructura de la realidad objetiva, consistente en lo “aún-no-acontecido”. La realidad, que es devenir, comienza en el “no” que huye de sí y que camina, alentado por la docta spes, hacia una alternativa de fracaso o de éxito: la nada o el todo. En tal proceso, la utopía aparece como la “voluntad hacia el ser del todo”, consistente en la identidad entre el sujeto y el objeto, identidad a lograr al fin de los tiempos. Desilusionado, pero con la esperanza viva, Bloch abandona el experimen- to de la “utopía concreta” llamado República Democrática Alemana. En carta al presidente de la Academia de las Ciencias de Berlín justifica su marcha: “puesto que no existe espacio para la vida y obra de un pensador independiente, me veo obligado a emigrar”. Su primera lección de Tubinga tiene por tema: “¿puede frustrarse la esperanza?” La respuesta es afirmativa. Tarea del hombre es evitar la frustración y realizar su posibilidad. De esta tarea no deserta Bloch. Si en la Alemania marxista echó de menos la libertad, en la Alemania neocapitalista encuentra insuficiencia de justicia. Para promover esta justicia toma parte en debates políticos e ideológicos: antisemitismo, rearme atómico, ley de excepción, ayuda a los países del tercer mundo, conciliación entre las dos alemanias18. Reconoce en la juventud universitaria al nuevo portaestandarte de la conciencia revolucionaria. Fueron antaño los campesinos, ayer los burgueses y los proletarios quienes protagonizaron las revoluciones. Su espíritu ha cesado con el 17 “El Principio esperanza”, verdadera enciclopedia de los deseos utópicos, consta de tres tomos (1655 pp.) y cinco partes. La primera: “Informe”, hace crónica de los eventos del vivir cotidiano en los que subyace la esperanza. La segunda: “Fundamentación”, desarrolla la teoría sobre la “conciencia anticipadora”. Bloch propone una nueva modalidad de conciencia: lo “aún-no-consciente”, correlato subjetivo del “aún-no-acontecido”. La tercera: “Ilusiones en el espejo”, pasa revista a la fábrica de esperanzas que es la actividad diaria del hombre: diversiones, modas, consumo, amor, espectáculo. La cuarta: “Bocetos de un mundo mejor”, esboza la historia y fenomenología de los ideales del pasado y del presente: utopías médicas, técnicas, arquitectónicas, paisajísticas, artísticas, filosóficas, religiosas... La parte quinta: “Identidad. Ideales del instante colmado”, presenta prototipos del espíritu utópico: Fausto, Don Juan, Hamlet, Don Quijote... y modalidades de encarnación de la utopía: la música, la religión y el bien supremo. 18 Bahr, E., o.c., 79 ss. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 407 bienestar y la pérdida de la conciencia utópica. La juventud ha recogido hoy la antorcha del descontento hacia el presente y de la esperanza en otro futuro. La década de los sesenta es también importante para Bloch: suena la hora de su descubrimiento en occidente, de las alabanzas y de los premios literarios, de la crítica y de los malentendidos, de los intentos de asimilación y de manipulación. Diversos grupos de poder y corrientes ideológicas se disputan su benevolencia: la socialdemocracia, los teólogos protestantes y católicos, los movimientos anarquizantes... Bloch y su obra se resisten a toda instrumentalización. Son un material difícilmente domesticable. Se integran, solamente, en la medida en que el éxodo hacia la misma patria de la utopía es aceptada como status permanente del existir personal y social19. A partir de la aparición de “El Principio esperanza”, las publicaciones ulteriores de Bloch suenan a variaciones sobre un mismo tema: la utopía. Trabajos como “El libro sobre el materialismo”, datan de la época del exilio. Importante es la “Introducción tubingense a la filosofía”. En ella destaca el texto de la conferencia “Para una ontología del aún-no-ser”, en la que se explicitan aspectos insuficientemente desarrollados en “El Principio esperanza”. Tubinga, meca de la teología centroeuropea al decir de J. Moltmann, da ocasión a Bloch para retornar la filosofía de la religión en el libro “Ateísmo en el cristianismo” (1968). De acuerdo con la teología de la muerte de Dios, Bloch estampa en él la frase: “Sólo un ateo puede ser un buen cristiano, sólo un cristiano puede ser un buen ateo”20. A los 90 años de edad, Bloch propinó aún una sorpresa: la aparición en 1975 de “Experimentum mundi”, obra escrita durante el bienio 1972-1974, y en la que el autor bosqueja una teoría de las categorías filosóficas. Para un pensamien- to reacio al sistema, y basado en una versión de lo real como proceso y devenir, la empresa resulta paradójica. Bloch aspira a salir airoso del lance, estableciendo el sistema como expresión de la unidad organizada del mundo y, a renglón seguido, afirmando el carácter procesual, inacabado y posible de aquella totalidad en devenir. Lo que las categorías sistemáticas expresan no es un mundo cerrado, sino la actividad ininterrumpida de una materia-posibilidad, “aún-no”, que se encuentra en proceso de búsqueda de las cualidades utópicas aún no poseídas pero sí logradas desde su posibilidad. Los problemas con que la filosofía de Bloch se encuentra vienen dados por las circunstancias históricas que al filósofo le tocó vivir. Durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales (1914-1945), una generación, a la vez que protagoniza la transición del individualismo burgués a formas socialistas de co-existencia, crea la conciencia del hecho histórico que está aconteciendo. Bloch, comprometido como pocos en los avatares de su época, transforma lo que está aconteciendo en cantera inagotable de meditación. Su filosofía transcurre más bien como una reflexión sobre el acontecer. La compresión del devenir histórico dispone de horizontes diversos para 19 El impacto de Bloch en la filosofía occidental ha sido profundo. Para comprobarlo basta echar una ojeada a la abundante literatura a que ha dado lugar. 20 Sobre las ideas religiosas de Bloch se ha cimentado en gran parte su fama y expansión por las áreas culturales latinas y americanas. 408 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 plantearse y ser resuelta. Bloch, también aquí, toma opciones. Opciones en las que aparecen insistentemente elementos legados por la gran tradición cultural de occidente. Son la herencia que Bloch se anexiona, y reinterpreta a partir de las categorías “utopía” y “esperanza”. 1.3. CUESTIONAR EL FUTURO. Nos transmite el autor la idea de que un período de la historia de occidente toca a su fin. Estamos, por tanto, ante una censura profunda en el devenir de nuestra cultura, una convicción ampliamente compartida en el pensamiento contemporáneo21. Hegel se pregunta por la historia y juzga a su tiempo como cumplimiento y acabamiento de todo un pasado. Marx mira menos hacia atrás y más hacia adelante, y cree encontrar en las contradicciones económico-políticas de su época síntomas de un tiempo nuevo que está emergiendo. Otro espíritu atormentado: Nietzsche, postula ir más allá de la impronta dejada en occidente por el platonismo y el cristianismo, y vincular así el devenir a la experiencia dionisíaca de la vida practicada por los primitivos griegos. La convicción del fin de una época y del comienzo de otra se traduce en una conciencia de crisis en las generaciones que la viven. Tal conciencia de crisis va acompañada de experiencia del vacío de la negatividad, causada por la desaparición de los ideales y valores de una cultura que agoniza. Esta es la situación espiritual que caracteriza al hombre de la primera mitad del siglo XX. De ella dan cuenta las filosofías de la existencia, que proliferan en el período de entreguerras y la crítica negativa de la sociedad a la que tan propenso es el neomarxismo. Proliferan profusamente, por otra parte, las alternativas salvadoras a tal situación: nacionalismos fascistas, anarquismos religiosos, socialismos de uno u otro signo, personalismos cristianos... El pensamiento de Bloch se inserta en esta coyuntura histórica y comparte sus problemas. Por ello, consciente de la crisis y el vacío, critica las manifestaciones del “epigonismo burgués” en sus modalidades anarquistas, fascistas o nihilistas. Postula, por el contrario, una nueva configuración de la vida y la historia, tomando como pauta las posibilidades de orden nuevo que se vislumbran tras la opción socialista22. El problema central de la filosofía blochiana viene dado por y en el ser de la época en que aquella se desarrolla. La reflexión centra su interés en lo que está aconteciendo. El pensamiento tiende a diluirse en filosofía de la historia. Ser es acontecer y el acontecer remite a la temporalidad. Lo que en la metafísica aristotélica se adscribía al área peyorativa de lo accidental, adquiere el rango de sustancia: “ser es tiempo”. La ontología deviene cronología. Heidegger conduce el problema a un planteamiento preciso: la filosofía occidental se viene fundamentando ultimativamente en una ontología de lo “ya sido” (Dios, yo absoluto, espíritu). 21 Escritos fundamentales de la época de los años 20. “Espíritu de la Utopía” (Geist des Utopie). Munich y Leipzig 1918, “Thomas Mütnzer como teólogo de la revolución”, Munich 1922, “A través del desierto-Ensayos Críticos” (Durch die Wuste). Berlín 1923. Nueva edición de “Espíritu de la utopía”, “Huellas” (Spuren). Berlín 1930. 22 Bahr, E., o.c, 6 ss. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 415 todo por el “ser-posibilidad”, centrando su preocupación más en la meta que en el camino. Su concepto de lo real como algo abierto, perceptible, procesual y tendencial le lleva a la crítica de lo institucionalizado y establecido. El segundo, marxismo frío, centra su interés en lo inmediato, en la zona de los medios, en la praxis concreta. Dogmático y autoritario, rechaza la crítica y la evolución cuando el materialismo se instaló ya en el poder. El materialismo, es para él, más “un hecho absoluto y acabado” que una posibilidad. Este es el marxismo “posibilitante” en contraposición contra aquél, que es el “marxismo posible”39. Bloch, razona ambos marxismos del modo siguiente: “Tanto la precaución crítica que determina el ritmo del camino, como la fundada esperanza, que garantiza un optimismo militante a la vista de la meta, son condicionadas por la intuición que penetra en la correlación de la posibilidad. Y de tal manera que esta correlación vista para sentencia, como ahora se verá, tiene a su vez dos caras: un reverso que lleva escrita la masa de posibilidad de cada momento, y un anverso, donde el conjunto total de posibilidad, a fin de cuentas, se revela como incesantemente abierto. Es decir, que la cara anterior, la de las condiciones determinantes dadas, indica el comportamiento a seguir en la ruta hacia la meta, mientras que la cara posterior, la del conjunto utópico, permite evitar radicalmente que los logros parciales a lo largo de esa ruta, sean tomados como meta final y lleguen a ocultar a ésta... ‘Dos correlatos, la crítica observación de lo asequible y la fundada expectación de la asequibilidad misma’ dentro de la correlación que los abarca: la real posibilidad o materia. Tanto el frío como el calor de la anticipación concreta se hallan ahí prefigurados, referidos a los lados de la posibilidad real. Su ‘inagotable plenitud de expectación’ ilumina la teoría-praxis revolucionaria a modo de entusiasmo; sus rigurosas e ‘incalculables determinaciones’ exigen un frío análisis, una estrategia cauta y precisa; lo segundo designa un rojo frío, lo primero un rojo cálido. Estos dos modos de ser rojo van juntos siempre, ciertamente, y sin embargo son distintos. Entre sí se comportan como lo innegable y lo indecepcionable, como el acto y la fe; cada uno en su lugar, y ambos hacia una misma meta. El acto marxista de análisis de la situación se encuentra entrelazado por el acto de entusiasmo prospectivo. Los dos actos se hallan unidos en el método dialéctico, en el pathos de la meta, en la totalidad de la materia a tratar; y no obstante se muestra claramente la diversidad de su vista y su situación. Esta diversidad ha sido percibida como una distinción entre la investigación de las condiciones dadas en cada caso según-la-posibilidad y la investigación de las perspectivas del ser-en-posibilidad... El análisis de las condiciones aparece en toda la ruta de las situaciones históricas, lo mismo como desenmascaramiento de las ideologías que como desencantamiento de la apariencia metafísica; esto forma parte precisamente de la más útil ‘corriente fría’ del marxismo. Con ello, el materialismo marxista se convierte no sólo en ciencia de las situacio- 39 Bloch, E., “El Principio esperanza”, I, 235 ss. 416 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 nes, sino al mismo tiempo en ciencia combativa y oposicional contra todas las rémoras y ocultamientos ideológicos de las condiciones de última instancia, que son siempre de índole económica”40. 2. ¿QUIEN ES BLOCH? Bloch se declara siempre a sí mismo marxista sin reservas ni atenuaciones. Nada de lo que añade o suprime es, según él, incompatible con las exigencias fundamentales del materialismo dialéctico. Su manera de escribir es personalísima y depende mucho de su singular temperamento judeo-renano, pero el núcleo de sus ideas fundamentales no contiene sino las afirmaciones de Marx y Engels. Que la materia sea el sustrato donde todo lo real se apoya, es una afirmación que Bloch no sólo reitera explícitamente al tratar del asunto, sino que se puede leer siempre entre líneas, aún hablando de otras cosas. Reducido a lo más esencial, el esquema de su filosofía sería el siguiente: la materia es el “brote del primer principio”, y el origen de todo el proceso cósmico social, pero es un origen autosuficiente, que se origina a sí mismo. Esencialmente es una dialéctica en el sentido hegeliano, aceptado y modificado por Marx-Engels; la materia es una realidad intermedia entre la Nada y el Todo. Es un no-ser- todavía y un no-tener-aún lo que se necesita. En este “no” dialéctico arranca el proceso dinámico que da origen al mundo y a la historia. En consecuencia, el proceso es también dialéctico. Ello significa, que el despliegue de la materia no es meramente progresivo, hacia resultados sustancialmente idénticos y sólo, cuantitativamente, mayores, sino esencialmente creador de realidades nuevas y cualitativamente diversas. Estos efectos nuevos sólo pueden obtenerse por “saltos” de transformación dialéctica. Realmente, así es cómo la materia, en virtud de su propio dinamismo, salta de la naturaleza inorgánica al reino cualitativamente superior de la vida y de éste al reino supremo del espíritu. Más aún, la fuerza primordial de la materia, con la colaboración de la conciencia humana surgida de ella, es también la que da el último salto, el definitivo, tras el cual todas las tendencias del mundo físico y todos los deseos del hombre conseguirán una plena realización. Todo esto es marxismo puro y si Bloch se hubiese limitado a no decir más que esto –ateniéndose a Marx, Engels y Lenin y a la interpretaciones oficiales de los marxistas contemporáneoshubiera pasado poco menos que inadvertido. No hubiera atraído hacia sí, por una parte, la reprobación de los camaradas y por otra la simpatía del mundo libre41. Pero Bloch es un marxista abierto. No por temperamento disconforme, sino por fidelidad a una exigencia del marxismo, que él cree además fundamental, ha pensado siempre que una filosofía posmarxista no debe ser una repetición de Marx y mucho menos una divulgación “catequética” de las consignas del partido. El marxismo, según él, es sobre todo apertura. Es asimilación de todos los 40 Bloch, E., “El Principio esperanza”, I, 19-20. 41 No obstante, los marxistas más atendidos filosóficamente han sido siempre los heterodoxos: Lefèbvre, Garaudy, Lukács, Horkheimer, Adorno, Marcuse, Kolakowski, Bloch. De todos ellos, el más tardío en llegar a la celebridad y el que en desquite la ha conseguido más resonante ha sido Bloch. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 417 valores humanos, aparezcan éstos donde aparezcan. Por su parte, no ha querido plantear una filosofía marxista digna y eficaz, sin confrontarla crítica y constructivamente con todas las concepciones filosóficas del pasado y de la actualidad. Naturalmente, muchas veces, ha sido para repudiarlas y subrayar sus deficiencias, pero otras muchas también para advertir sus aciertos y aprovechar sus intuiciones. Un ejemplo de esta manera, juntamente receptiva y desdeñosa como Bloch ha confrontado sus teorías con las más actuales de la filosofía contemporánea, podía ser su confrontación con Heidegger en el análisis de la angustia: “Todo sentimiento instintivo, que es más que un estado de ánimo, está referido a un algo exterior. La onda interna se abandona aquí, desde luego, con diferente velocidad e intensidad. El primero y fundamentalmente negativo afecto de la espera, la angustia, comienza todavía como el más indeterminado y más condicionado por el estado de ánimo. El angustiado no ve nunca claramente ante sí o en torno a sí el algo desde el que le sopla la angustia; tanto en su expresión corporal, como también en su objeto, este sentimiento es titubeante. Freud, como ya se ha dicho, veía el origen de la angustia primariamente en el alumbramien- to, en la primera opresión (angustia), en la respiración, en la primera separación de la madre. Todo sentimiento posterior de angustia hace actual, según ello, esta vivencia primaria de opresión y abandono; la reacción a todas las situaciones de peligro, incluso la angustia frente a la muerte, sería, por eso, solo de naturaleza subjetiva y, consecuentemente, de índole regresiva. Pero al eliminar aquí la situación social existente, que con tanta abundancia crea y puede crear, de por sí, angustia vital y angustia ante la muerte, y elimina también el contenido de referencia negativo, es decir, aquello que provoca objetivamente la angustia y sin lo cual no puede constituirse esta última. Heidegger hace de la angustia algo en sí, la ‘esencia’ indiferenciada en todo, el ‘encontrarse fundamental’ existencial, y ello de una manera que aísla subjetivamente al hombre, que le retrotrae a sí mismo como solus ipse. La angustia abre, según ello, al hombre ‘su más propio ser-en-el- mundo’; el ‘ante qué’, ‘el ante qué se angustia la angustia es el mismo ser-en-el-mundo’. Y este ‘ante qué’ es, en el fondo, lo mismo que aquello en lo que la angustia se disuelve, a saber: la nada, el ‘no era nada’; el ser mismo ‘pende sobre la nada’. La angustia sitúa así aquí, directamente y por excelencia, ante la nada, ante la base fundamental del ser abismal, del destino a la muerte de todo ser-en-el-mundo. El encontrarse fundamental de la angustia abre justamente, según Heidegger, este abismo, y de aquí además el estremecimiento constante, aunque la mayoría de las veces oculto, de todo existente, en tanto que tal. Con mucha intencionada inmediatez de la vivencia (vivencialidades), pero también, puede decirse, con mucha gesticulación afectiva, y además con un abuso de simples interpretaciones verbales, de las cuales la filosofía se avergüenza ante la filología, sin sacar de ellas más resultado que el diletantismo metafísico, Heidegger refleja y absolutiza, con su ontología de la angustia, ni más ni menos que el encontrarse 418 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 fundamental de una sociedad que camina hacia su ocaso. Desde el pun- to de vista del pequeño burgués, refleja la sociedad del capitalismo monopolista, con sus crisis constantes, como situación normal: las únicas alternativas ante la crisis permanente son la guerra y la producción bélica. Lo que para el hombre primitivo era todavía el desamparo en medio de la inmensa naturaleza, lo es hoy para la víctima ingenua del capital monopolista... Lo único que queda de la hermenéutica de la angustia en Heidegger es, en el mejor de los casos, una especie de contacto pequeño burgués agudizado con la nada, que no es más que ingenuidad... La angustia no se halla referida distintamente a su algo externo, a diferencia del segundo afecto de la espera, del miedo, con su modo repentinamente concentrado, el susto, y su modo intensificado y concentrado, el horror...”42 De este modo, Bloch descubre puntos de vista inaceptables y con posibilidad de ser marxistas en el materialismo inmanente de los primeros pensadores jonios, en la utopía cósmico-social de los estoicos, en el concepto de materia expuesto por Aristóteles y por la izquierda aristotélica (Avicena, Averroes, Giordano Bruno, Jacob Böhme), en la interpretación historiológica de san Agustín y Joaquín da Fiore, en las utopías renacentistas de Moro y Campanella, en la filosofía de la naturaleza de los grandes pensadores alemanes (Leibniz, Kant, Schelling, Hegel). Después de Marx, el aprecio de Bloch por las corrientes filosóficas actuales no es en verdad tan positivo. Todas ellas, sin embargo, están aludidas en su obra y todas han dejado en su manera de pensar una repercusión favorable. En especial es visible, en sus análisis de la esperanza, el influjo de la analítica existencial de Heidegger y algunos aspectos de su concepción del tiempo. Toda esta polifonía cultural, que con más o menos armonía resuena en Bloch, convierte su concepción del mundo en un marxismo mucho más variado, amplio y rico que el que estábamos acostumbrados a escuchar en los pensadores comunistas estrictamente ortodoxos. De ahí la curiosidad y el creciente interés que ha despertado no sólo en el mundo occidental. Esta innegable dimensión de apertura intelectual, manifestada por un socialista convencido, ha hecho de Bloch una figura de primer plano. La mera apertura intelectual, sin embargo, no hubiera bastado a Bloch, si junto a ella no hubiese demostrado también una profunda independencia y un vivo sentimiento de imparcialidad. Bloch es, en efecto, un marxista sin vacilaciones, pero mucho más independiente y descomprometido que cualquiera de sus similares en ideología. La prueba mayor es que ni siquiera ante Marx ha depues- to nunca su actitud de crítica insobornable. “Los amigos de Marx, son amigos de la verdad” ha sido siempre un lema distintivo de nuestro autor. El predominio de lo económico atribuido por Marx al proceso del mejoramiento humano, con la consiguiente desatención a los aspectos morales del amor y la cultura, es sólo uno de los reproches que, entre tantos, podemos corroborar que realiza en “El Principio esperanza”. Tampoco ha perdonado Bloch a los mismos dirigentes del socialismo tota- 42 Bloch, E., “El Principio esperanza”, III, 263 ss. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 419 litario de los últimos regímenes caídos. Su denuncia contra ellos no solamente ha subrayado los efectos contraproducentes de su política violenta e inhumana, sino también, sobre todo, el error, ideológicamente gravísimo, de haber puesto frenos “indialécticos” al dinamismo franco del verdadero marxismo y de haber retrocedido a una concepción estacionaria de la materia, sin horizontes de libertad y apertura. De otra forma totalmente distinta ha expuesto su marxismo de la esperanza y del amor. En él ha encontrado su expresión, más valiente y sincera, el llamado marxismo del “rostro humano” que, no sólo en la práctica sino también en las exposiciones teóricas, muchos echaban de menos. Nadie, ni el mismo Bloch, ha experimentado un marxismo tal, con semblante humano, por lo que al aparecer en el mundo de las teorías filosóficas uno así, explica el hecho de que todos aquellos que todavía ponen al hombre por encima de cualquier valor terreno hayan vuelto los ojos a él. Más que como una doctrina económica y sociológica, encaminada a la liberación del proletario contra el capitalista, Bloch ha considerado el marxismo como una aspiración a mejorar a todo el hombre (no sólo en el aspecto económico-social, sino también en el afectivo-moral) y a todos los hombres (sin una radical distinción de clases). Pero más sorprendente, que el aspecto humanístico de la filosofía de Bloch, es su actitud de apertura y estima para con la religión. Es esto lo que, sobre todo, le ha hecho indeseable ante el marxismo oficial y lo que, en desquite, le ha ganado muchos lectores y simpatizantes cristianos. En este sentido, Bloch no oculta que una crítica radical de la religión ha sido imprescindible en el pasado para sacar al hombre de su alienación y de su esclavitud. Pero afirma también que esa crítica preliminar, aunque siempre deba permanecer activa, hoy ya no es tan necesaria. En el momento actual, se ha de trabajar, más bien, por asimilar al marxismo el contenido precioso que toda religión contiene. Bloch no tiene reparo en decir que los objetivos del ateísmo, una vez aniquiladas las creencias religiosas, son los mismos –desmitologizados pero los mismos- que las religiones proponían y con los cuales consolaban a los hombres de haber nacido. Sus exigencias son, sobre todo, explícitas cuando se refiere a la religión bíblico-cristiana. Esto le hace plantear un marxismo espiritual, el cual le impide avanzar hacia lo religioso; es un trascender sin trascendencia, que pierde el fin último de lo religioso. En definitiva, Bloch avanza en la búsqueda de lo común con la religión, especialmente con el cristianismo, pero es como un diálogo aún no terminado. Bloch no es cristiano, no lo ha sido nunca. Es y ha sido siempre un judío ateo. Sin embargo, conoce a las mil maravillas la Biblia y le es suficientemente familiar la historia del pensamiento cristiano. Le han interesado, de una manera especial, las expresiones espirituales y litúrgicas con que la Iglesia ha exteriorizado su devoción y su escatología. Por ello, de este lenguaje, más que del de la filosofía laica y secularizada, se ha servido él para expresar y describir los conceptos fundamentales de su teoría de la esperanza. No es sólo el lenguaje y la terminología. Bloch ha querido también integrar, a la actitud subjetiva y a los contenidos objetivos de la esperanza marxista, todas aquellas vivencias y verdades que en su opinión han sido la fuerza maravillosa del cristianismo. Tales son especialmente el mesianismo, el reino, la trascendencia del más allá y aún la creencia en Dios. Afirma estar convencido de que 420 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 la fraternidad, el amor y la feliz convivencia humana que el marxismo espera, como afectos hondos de religiosidad (previamente desmitologizados) y objetivos trascendentes de superación (previamente inmanentizados), pueden hacer que sean una realidad concreta. Según Bloch, la Biblia fue el arte de vivir al que los hombres se atuvieron antes de Marx. Hoy es el Capital. La Biblia no consiguió hacer del todo felices a los hombres porque no había sido aún desmitologizada, pero Marx tampoco lo logró porque la esperanza docta que él propuso es insuficiente e incompleta. Si se quiere que el marxismo triunfe, hay que integrar en él, limpios de toda escoria mitológica, los tesoros humanos del cristianismo. Y en esto consiste la filosofía de Bloch: una integración marxista de las verdades cristianas dentro de una inmanencia total de la vida y de la historia43. El cristiano y el ateo no son, según Bloch, dos hombres antagónicos. “Solamente un ateo puede ser un verdadero cristiano y, viceversa, solamente un cristiano puede ser un verdadero ateo” es uno de sus últimos aforismos44. No es pues, desacertada la opinión de J. Moltmann sobre la filosofía de Bloch. Según el teólogo de Tubinga, su colega de universidad se inspira en fuentes premarxistas y propone una meta final que está más allá de la sociedad sin clases. La filosofía de la esperanza de Bloch es una escatología que ha inmanentizado la trascendencia judeo-cristiana dentro del esquema del marxismo. La elaboración de la tradición bíblica, en sentido marxista, pone la obra de Bloch en su verdadera luz y la hace aparecer como lo que es, es decir, como filosofía y religión, como ciencia y profecía45. El cristianismo, inmanentizado y desmitologizado, de Bloch no es el verdadero cristianismo. Pues, siendo la trascendencia y el más allá esenciales al mensaje cristiano, el cristianismo marxista de Bloch es la más rotunda negación del cristianismo auténtico. De esto no se puede dudar, ni dudan, en general, los cristianos que simpatizan con Bloch. A pesar de todo, el aprecio del filósofo marxista a los valores sociales y profundamente humanos del cristianismo –y precisamente de sus dogmas más verticales y trasmundanoses tan sincero y explícito (aunque reduzca esos valores a su dimensión meramente histórica) que un cristiano sensible a todo lo que se relacione con su fe no puede quedar indiferente. Un ateo declarado y convencido es el que reconoce esos valores, subrayando además que son indispensables para la felicidad del hombre. Esto explica la creciente curiosidad por Bloch de tantos cristianos. No es ningún secreto que los libros del filósofo marxista han sido leídos por creyentes católicos o protestantes con un gran interés y una profunda simpat- 43 Ya, a propósito de Marx –relacionando la cuestión con su procedencia judía-, se ha hablado de esta característica mesiánica (si bien completamente secularizada) que encierra su materialismo histórico. Sabido es, también, que algunos comentadores del marxismo soviético explican las peculiaridades que a éste distinguen en Rusia considerándolas como manifestaciones del mesianismo nacional que en Moscú surgieron después de la caída de Constantinopla. Después de la Roma occidental y de Bizancio, Moscú sería la tercera Roma, salvadora definitiva del Occidente y del Oriente. No obstante, la transformación marxista del cristianismo nunca se ha llevado a cabo de una manera tan sistemática y visible como en la filosofía de Bloch, de ahí el interés de este estudio. 44 Bloch, E., “Ateísmo en el cristianismo”, Taurus, Madrid 1983, 15. 45 Moltmann J., “Teología de la Esperanza”, Sígueme, Salamanca 1989461-466. Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 421 ía. Los mismos teólogos les han hecho objeto de discusión y comentario. Aunque ya algunos años antes de que sonara el nombre de Bloch corrían por el mundo los libros de Marcel, ha sido acaso el judeo-alemán y no el francés quien más ha estimulado a los teólogos e intelectuales cristianos a repensar, desde su fe, el problema de la esperanza y de la felicidad humana. El reconocimiento de los valores intrínsecos del cristianismo y el atractivo despertado aun en los creyentes hacia los problemas de la esperanza, en cuanto dimensión central de la existencia, ha sido reconocido por todos, y en especial por los cristianos, como un aspecto positivo de la filosofía de Bloch. El supuesto testimonio del marxista Bloch a favor de la verdad del hombre y también de la verdad cristiana no ha consistido en meras palabras, sino también en hechos. No han sido sólo sus escritos, sino también y principalmente, su vida la que le ha hecho aparecer al mundo como un hombre antes que nada sincero, más preocupado de trasformar humanamente la sociedad que de conquistar, a todo trance, el poder político. Su trayectoria biográfica es, en este punto, irreprochable. Biográficamente ha testimoniado Bloch que un profundo volver a pensar la filosofía marxista no puede llevarse a cabo sino en un mundo libre. Sin el largo período de tranquilidad que disfrutó en América, no le hubiera sido posible concebir y empezar a pergeñar el grandioso proyecto de su filosofía de la esperanza. Sin la huída a Tubinga, no hubiera alcanzado esta misma filosofía la repercusión mundial, que desde entonces ha obtenido, y la valoración positiva con que de hecho se la ha enjuciado. El Bloch de Tubinga sigue siendo el mismo que el de Leipzig. El mismo que el de siempre: es decir, el pacifista de la primera guerra, el escritor independiente y comunista de Berlín durante el decenio 1920-30, el tránsfuga de Hitler apenas inaugurado el III Reich, el marxista desterrado en los Estados Unidos hasta el final de la segunda guerra mundial. Marxista y ateo convencido toda la vida, lo mismo sigue siendo también hoy. Sigue, pues, esperando contra viento y marea, como antes, que el marxismo, debidamente encauzado, se impondrá y logrará hacer felices a las personas. Quizás la situación actual del comunismo, como residuo, lo hace situarse en el pasado más que nunca. ¡Ojalá pudiéramos hablar con Bloch de la situación actual! Aunque probablemente daría motivos para la esperanza. El fracaso, para él, estaría más en los actores y directores de obra, que en la propia obra. Nuestra situación política actual nos revela un comunismo autoritario en los países donde gobierna, o al menos se intenta llevar a cabo el proyecto del partido, y un socialismo cada vez más capitalista. Pero continúa también recalcando, acaso con más empeño que antes, los valores utópicos y esperanzables del cristianismo. Previamente desmitologizados y despenachados de toda alusión ultramundana, ellos son, según nuestro filósofo, la única corrección del marxismo, el único medio de obtener que éste sea más dinámico y más humano, lástima que fuera de la trascendencia no pueda existir un auténtico cristianismo, pues esta es un a priori irrenunciable. 422 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 5.- BIBLIOGRAFIA. 5.1.- OBRAS DE BLOCH: BLOCH, E., “El Principio esperanza”, I-II-III, Aguilar, Madrid 1977-1979-1980, (Traducción de Felipe González). Id., “Derecho natural y dignidad humana”, Aguilar, Madrid 1980. Id., “Sujeto-objeto. El pensamiento de Hegel”, FCE, Madrid 1982. Id., “Ateísmo en el cristianismo”, Taurus, Madrid 1983. Id., “Thomas Münzer, el teólogo de la revolución”, Ciencia Nueva, Madrid 1968. BLOCHA, E., “Avicena y la izquierda aristotélica”, Ciencia Nueva, Madrid 1966. Id., “Derecho natural y dignidad humana”; traducción de alemán por Felipe González Vicén, Aguilar, Madrid 1980 Id., “El futuro de la esperanza”, Ed. Sígueme, Salamanca 1973. Id., “Entremundos en la historia de la filosofía”, Taurus, Madrid 1984. Id., “Experimentum mundi. Question, catégories de l´élaboration, praxis”, Payot, París 1981. Id., “El Espíritu de la utopía”, Sígueme, Madrid 1982. Id., “La filosofía del Renaixement”, Edicions 62, Barcelona 1982. Id., “L’arc utopia-matèria i altres escrits”. Laila, Barcelona 1985ª. Id., “El pensamiento de Hegel”, Fondo de Cultura Económica, México 1949. Id., “La fórmula ‘incipit vita nova”, Diálogos 4 (1967) 85-96. 5.2.- ARTICULOS: Id., “La filosofía de la esperanza contra el nihilismo”, en El viejo topo 12 (1977) 7-11. Id., “El hombre como posibilidad”, en El futuro de la esperanza, Sígueme, Salamanca 1973, 60-77. Id., “El hombre del realismo utópico”, en En favor de E. Bloch, Taurus, Madrid 1979, 121-142. Id., “El hombre y el ciudadano según Marx”, en El humanismo socialista, Amorrortu, Buenos Aries 1968, 241-248. Id., “El hombre y el ciudadano según Marx”, en Fromm, E., Humanismo socialista, Paidos, México 1968. Id., “El hombre como posibilidad”, en El futuro de la esperanza, Sígueme, Salamanca 1973. Id., “El hombre del realismo utópico”, en En favor de Bloch, Instituto Fe y Secularidad, Memoria Académica 1979-1980, Taurus, Madrid 1979, 121-142. 5.3.-OBRAS SOBRE BLOCH: BAHR, E., “E. Bloch”, Berlin, Praxis 4 (1968). BORGHELLO, U., “Ernst Bloch: Ateísmo en el cristianismo”, Magisterio Español, Madrid 1979. CAFFARENA, J.G., ‘En favor de Bloch’, “Memoria del Instituto Fe y Secularizad”, Taurus, Madrid 1979- 1980, 378-398. COMÍN, A., ‘E. Bloch, entre utopía y esperanza’, “Por qué soy marxista y otras confesiones”, Laia, Barcelona 1979, 118-126. Id., “Dialéctica de la esperanza. Una interpretación del pensamiento utópico de Ernst Bloch”, Ediciones Búsqueda, Buenos Aires 1979. GEFFRE, C., ‘La hermenéutica atea del título Hijo del hombre en Ernst Bloch’, en “El cristianismo ante el riesgo de la interpretación. Ensayos de hermenéutica teológica”, Selecciones de Teología, 129-145, Madrid 1984. GIMBERNAT, J.A., “E. Bloch. Utopía y esperanza”, Cátedra, Madrid 1983. GÓMEZ-HERAS, J.M., “Sociedad y utopía en E. Bloch. Presupuestos ontológicos para una filosofía social”, Sígueme, Salamanca 1977. HÄSLER, A., “El odio en el mundo actual: 21 conversaciones con Ernst Bloch”, Alianza, Madrid 1973. HURBON, L., “Ernst Bloch. Utopie et espérance”, Editions du Cerf, París 1974. JIMÉNEZ, J., “La estética como utopía antropológica”. Bloch y Marcuse, Técnos, Madrid 1983. KIMMERLE, H., ‘La filosofía de la religión de Ernst Bloch como ateísmo humanista’, en Varios, “A favor de Bloch”, Instituto Fe y Secularizad, Memoria Académica 1979-1980, Madrid 1979, 79-96. LUKÁCHS, G., ‘Sobre Herencia de esta época de E. Bloch’, en M. Vicatello, “György Lukács”, Península, Barcelona 1977, 223-245 (texto incorporado como apéndice). MOLTMANN, J.-HURBON, L., ‘En diálogo con E. Bloch’, en “Utopía y esperanza. Diálogo con Ernst Bloch”, Sígueme, Salamanca 1980, 107-182. Id., “El marxismo cálido: E. Bloch”, Mañana, Madrid 1977. Id., “Teología de la esperanza”, Sígueme, Salamanca 1989 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 423 Id., ‘Homo absconditus. La antropología de E. Bloch’, en AA.VV., “Antropologías del siglo XX”, Sígueme, Salamanca 1976, 216-236. RAMOS CENTENO, V., “Utopía y razón práctica en E. Bloch”, Endymion, Madrid 1992. Id., “Moral y utopía. La fundamentación de la moral en el pensamiento de Ernst Bloch”, Sistema 64, 1985. SERRA, F., “Historia, política y derecho en Ernst Bloch”, Trotta, Madrid 1998. TAMAYO, J. J., “Religión, razón y esperanza. El pensamiento de E. Bloch”, Verbo Divino, Navarra 1992. TAMAYO, J.J., “La muerte en el marxismo. Filosofía de la muerte de Ernst Bloch”, Mañana, Madrid 1979. Id., ‘Utopía y esperanza en el cristianismo, según Ernst Bloch’, en “Cristianismo: profecía y utopía”, Verbo Divino, Estella 1987, 178-203. Id., “La constitución utópica de lo humano. Introducción y anotaciones críticas a la filosofía de Ernst Bloch”, Anthropos, Barcelona 1979. UREÑA PASTOR, M., “E. Bloch ¿un futuro sin Dios?”, BAC, Madrid 1986. Id., ‘Fe cristiana y cultura marxista’. “Impacto de Ernst Bloch en la teología contemporánea”, Actas del III Simposio de Teología Histórica, Valencia 1984, 281-291. Id., ‘Ernst Bloch. Una interpretación escatológica inmanente de la realidad’, “Impacto de Ernst Bloch en la teología contemporánea”, Actas del III Simposio de Teología Histórica, Valencia 1984. ZECCHI, S., “Ernst Bloch: utopía y esperanza en el comunismo”, Península, Barcelona 1978. ZUDEICK, P., “Ernst Bloch. Vida y obra”, Ed. Alfonso el Magno, Valencia 1992. 5.4.- ARTICULOS SOBRE BLOCH: BLANCO RODRIGUE, M., “Utopía y esperanza en Ernst Bloch”, en Verdad y Vida 38 (1980), 427-442. COMIN, A.C., “En la muerte de Ernst Bloch. Contra el marxismo frío”, en Cuadernos para el diálogo, 1977, 956 ss. DOGNIN, P.D., “El marxismo como doctrina de la salvación en E. Bloch”, en Estudios Trinitarios 3 (1976) 394-414. FERNANDEZ, B., “Ernst Bloch: La esperanza de la razón”, en Diálogo Filosófico (Madrid), año 2, nº 4, (enero-abril 1986), 89-90. FERNANDEZ CARVAJAL, R., “El ‘doctor Esperanza’, sistematizado”, en Saber leer (Madrid), nº 22 (febrero 1989), 5 ss. FRAIJO, M., “Ernst Bloch y la utopía del reino”, en Razón y fe, 956-957 (1977). FURTER, P., “La teoría de la imaginación en la obra de Ernst Bloch”, en Revista ECO, Vol. 20-21. Bogotá, mayo 1979, pp. 58-87. GARCÍA MATEO, R., “Ernst Bloch, filósofo de la utopía”, en Arbor 98 (1977) 113-117. GARCÍA ORTEGA, L., “E. Bloch o la religión como utopía”, en Archivos Leoneses, 55-56 (1974) 161-187. Id., “La crítica de la religión en E. Bloch”, en Proyección 103 (nov.-dic. 1976) 288-296. Id., “Introducción a E. Bloch, un filósofo marxista”, en Sistema 20 (1977) 53-66. Id., “Utopía y religión en la filosofía de Ernst Bloch”, en Razón y Fe 1041 (1985) 535-544. Id., “El Espíritu de la utopía en el pensamiento de Ernst Bloch”, en Fe y Secularidad, Memoria Académica 1981-1982, 119-124. GOMEZ CAFFARENA, J., “Ernst Bloch, profeta de la razón utópica”, El País 10-VIII-1977. Id., “A favor de Ernst Bloch”, Prólogo, Instituto Fe y Secularidad, en Memoria Académica 1979-1980, Madrid 1979, 7-10. Id., ‘En favor de Bloch’, Instituto Fe y Secularidad, en Memoria Académica 1979-1980, Taurus, Madrid 1979-1980, 109-116. Id., “Ernst Bloch: In Memoriam”, n Cuadernos salmantinos de filosofía IV (1977) 281-296. GONZÁLEZ CAMINERO, N., “Ernst Bloch”, en Gregorianum 54 (1973) 131-177. GONZÁLEZ VICEN, F., “E. Bloch y el derecho natural”, en Sistema 27 (1978) 45-55. LAÍN ENTRALGO, P., “Bloch y la esperanza”, Barcelona, en Anthropos, Ediciones del Hombre, N. 146- 147 (jul.-ago. 1993), p. 52-64. MAYER, H., “Ernst Bloch, utopía y literatura”, en Varios, En favor de Bloch, Instituto Fe y Secularizad, en Memoria Académica 1979-1980, Taurus, Madrid 1979, 11-27. MORRA, G., “Ernst Bloch. La ‘docta spes’ como ateísmo cristiano”, en Ethica 10 (1971), 203-222. MUGUERZA, J.,”Identidad y alteridad. ¿Bloch o Horkheimer?”, en Memoria del Instituto Fe y Secularidad 1979-1980, 57-66. PARADINAS, J.L., “Hacia una teología crítica: la contribución de E. Bloch”, en Ciencia Tomista 67 (1976) 479-496. DOMINIQUE, P., “El marxismo como doctrina de salvación en Bloch”, en Estudios Trinitarios 10-3 (1976) 395-414. PENA BUA, P., “Teología y filosofía. Jürgen Moltmann y Ernst Bloch”, en Abula nº 3, 69. 424 Thémata. Revista de Filosofía. Número 41. 2009 PÉREZ DEL CORRAL, J., “Introducción a Bloch”, en Convivium 26 (1968) 5-38. Id., “Por un marxismo filosófico: Ernst Bloch, sujeto-objeto”, en Revista de Filosofía CSIC (Madrid) 2º serie, año VII (julio-diciembre 1984) 357-364. RIBEIRO, I., “Ernst Bloch: socialismo humano”, en Protéria, mayo-junio 1975, 443-467. RIEZU, J., “E. Bloch: permanencia de lo utópico”, en Arbor 369-370 (1976) 51-58. RUBIO FERRERES, J.M., “Feuerbach-Bloch: la humanización de la teología”, en Communio 20 (1987) 77-103. Id., “Símbolo religioso, razón utópica y secularización en el pensamiento filosófico de E. Bloch (I)”,en Communio 24 (1991) 241-269. Id., “Símbolo religioso, razón utópica y secularización en el pensamiento filosófico de E. Bloch (II)”, en Communio 24 (1991) 387-346. RUIZ DE LA PEÑA, J.L., “Ernst Bloch: un modelo de cristología antiteísta”, en Communio 4 (1979) 66- 77. RUIZ DE LA PEÑA, J.L., “Sobre la muerte y la esperanza. Aproximación teológica a E. Bloch”, en Burgense 18 (1977) 183-224. SÁNCHEZ, R., “Ernst Bloch, Avicena y la izquierda aristotélica”, en Aporía 2, 1966. SÁNCHEZ, R., “Ernst Bloch afronta la muerte”, en Leviatán 7, 1982, 85-93. Id., “Ernst Bloch. Filosofía de la religión en clave de utopía”, en Biblia y fe (1994) 46-68. UDINA COBO, J.M., “Ernst Bloch (1885-1977) en el año de su muerte. Bibliografía blochiana 1977”, en Actualidad bibliográfica de Filosofía y Teología 29, 1978, 60-91. UREÑA PASTOR, M., “Ernst Bloch. Doctrina de las categorías I”, en Anales Valentinos VI, 1980, 325- 356. Id., “E. Bloch y la interpretación del Cristianismo”, en Anales Valentinos 4 (1978) 17-57. Id., “Hegel, Marx, Engels y Schelling en la síntesis de Bloch”, en Anales Valentinos 20 (1984) 221-232. VARELA, P., “Ernst Bloch, el filósofo de la esperanza”, en Agora (Santiago de Compostela), Vol. 5, 1985, 269. 5.5.- WEBGRAFIA: KELLNER, D. (1998url): “Ernst Bloch. Utopia and Ideology Critique”, a Illuminations. <URL: http://www.uta.edu/english/dab/illuminations/kell1.html>. Austin: University of Texas (en línea). LAVALLE, A.G. (1997url): “Incitación para recuperar el futuro. Una lectura de la Razón Esperanzada de Ernst Bloch”, Cuadernos de Filosofía Alemana, núm. 3, pp. 21-44. <URL: http://www.uol.com.br/cultvox/revistas/cadfilos1/cf1texto2.pdf >. São Paulo: Facultat de Filosofia, Universitat de São Paulo (en línea). 5.6.- OTRAS OBRAS: LÖWITH, K., “El sentido de la historia”, Alianza, Madrid 1968. BENJAMIN, W., “Discursos interrumpidos I”, Taurus, Madrid 1973 Manuel Sánchez Sánchez Centro de Estudios Teológicos de Sevilla (España) Arroyo 78, 1º Izquierda. 41008-Sevilla [email protected]