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{y } www.habitatysociedad.us.es La gestión de la producción social del hábitat Víctor Saúl Pelli Resumen Construir abordajes adecuados para la gestión de la producción social del hábitat pasa por reconocer la naturaleza compleja del hábitat social en tanto sistema de situaciones en interacción con otros sistemas. Pasa igualmente por asumir la complejidad de sus procesos de producción, fuertemente determinados en su concepción, desarrollo y resultados por la mayor o menor presencia de cada uno de los grupos de actores afectados y sus respectivos paradigmas culturales. En este contexto la cuestión de la formación de los técnicos emerge como un vector fundamental de cara al acierto en el enfoque de la producción del hábitat, cuyo nivel de complejidad puede exigir un tránsito no sólo desde la actuación unidisciplinar a la transdisciplinar, sino hacia una gestión de naturaleza transectorial. Ello implica construir modelos de gestión participativa y concertada que nos remiten, más allá del plano técnico y político, a un nuevo e ineludible grado de conciencia sobre las implicaciones sociales y ambientales de la producción del hábitat. Palabras clave Producción social del hábitat; Gestión de procesos; Acción pública; Transectorialidad; Participación; Concertación; Formación; Actores técnicos. Abstract : Management of social production of habitat The construction of adequate approaches for the management of social production of habitat depends upon recognition of the complex nature of social habitat as being a system of situations in interaction with other systems and with other situations. It equally depends upon the acceptance of the complexity of their production processes, which are largely determined in the design, development and results by the degree of presence of each group of actors involved and their respective cultural paradigms. In this context, the question of technician training emerges as a fundamental vector with a view to the skill and commitment of every actor in the approach of production of habitat, whose level of complexity can demand a transfer not only from uni-disciplinary action into trans-disciplinary action, but also towards management of a trans-sectorial nature. This implies constructing models of participative and harmonized management which refer us, beyond the technical and political level, to a new and inescapable degree of awareness about social and environmental implications of production of habitat. Key words Social Production of Habitat; Processes Management; Public Action; Transectoriality; Participation; Conciliation; Training; Technical Actors. Recibido: 13/09/2010; aceptado: 15/10/2010 El texto de este artículo ha sido elaborado a partir de la transcripción de la conferencia inaugural del Máster en Gestión Social del Hábitat. Universidad de Sevilla, 12 de marzo de 2008. Universidad Nacional del Nordeste (Argentina). Director del Instituto de Investigación y Desarrollo en Vivienda (IIDVI) y de la cátedra Gestión y Desarrollo de la Vivienda Popular. E-mail: [email protected].
{ } Hacia una perspectiva compleja del hábitat Buenas tardes. Voy a empezar con algunas aclaraciones sobre el proceso de elaboración de esta conferencia. Inicialmente decidí encararla en torno a un tema específico, que se expresa en su título, y que en rigor se refiere a sólo una de las líneas temáticas del Máster que se está iniciando. Pero por detrás de este título inicial, en una disertación ubicada en el punto de partida de lo que se anuncia como un intenso trabajo académico de preparación profesional, se hacía inevitable ir delineando simultáneamente el perfil del técnico apto para ocuparse del tema, y algunas consignas cla- ve para su formación. Por detrás del título inicial, entonces, va a estar asomando este segundo enunciado, que no es subtítulo, sino título de una franja paralela de reflexión. La cuestión de la formación del técnico para la producción social del hábitat Una segunda aclaración se refiere a la modalidad adoptada para este recorrido. Se hacía difícil, en particular desde mis distancias, allí en Argentina, ubicar con suficiente claridad, aun con los datos precisos que me hacía llegar el Director del Máster, el perfil de la audiencia receptora de esta conferencia, y calibrar en consecuencia el carácter y tono de los argumentos a desarrollar. Más allá de que podía suponer que iba a encontrarme aquí con la mayoría de los alumnos del Máster y que, en atención a ese dato, la conferencia debería tener un cierto sesgo didáctico. Sin olvidarme, por otro lado, de que también tendríamos aquí a integrantes del cuerpo docente y a otras personas igualmente calificadas. Opté entonces por organizar las cosas en torno a un conjunto de nociones que supuse que podía dar por conocidas y transitadas en un espectro suficientemente amplio de niveles y modos de formación intelectual y profesional, tomar esas nociones como soporte e ir acompañándolas de una trama de comentarios que, en rigor, serán la esencia de esta exposición. Estos comentarios no serán explícitos en la mayoría de los casos; se van a expresar, por lo menos, de cuatro formas. Una de ellas será la selección misma de esas nociones de base “conocidas por todos”, y su organización; ésta es por sí misma un comentario, y además constituye la estructura de esta conferencia. Una segunda clase de comentarios serán los ejemplos e ilustraciones que se intercalan, que por cierto estarán lejos de ser neutros, si es que eso es posible, e introducirán un determinado sesgo de observación del objeto del que se está hablando. Son algo más que ejemplos ilustrativos. En tercer lugar algunos comentarios serán sólo preguntas que haré y me hago sobre las nociones que se irán exponiendo, preguntas que, también, estarán formuladas desde una particular forma de ver las cosas, pero aun así abrirán un horizonte de posibles respuestas suficientemente amplio como para hacer lugar a la posición propia de cada uno de los que las escuchan. Suelo pensar, adhiriendo a una modalidad antigua y siempre vigente de comunicación y docencia, que las preguntas en torno a un tema pueden ser más movilizadoras de la atención y de la creatividad del oyente que las afirmaciones que en forma taxativa pueda hacer la persona que está hablando. Y una cuarta forma de hacer comentarios, será, en fin, la de expresarlos en forma directa como tales, en el acompañamiento verbal de las proyecciones. Y en esta versión escrita. También me pareció conveniente aclarar que a lo largo de la conferencia se irán señalando caminos de exploración en temas y en campos laterales. Serán ventanas abiertas, indicadores de ruta para un esfuerzo de profundización que, si queremos dar a esta disertación una extensión razonable y una línea de intención suficientemente clara, que-
dará a cargo de aquellos entre los presentes que se interesen en hacerlo, si es que no lo han hecho ya. La caracterización del hábitat social (Las nociones “conocidas por todos”) Las funciones La producción del hábitat social, entendida como la generación de nuevas situaciones, físicas o relacionales, mediante la construcción, transformación o eliminación de objetos físicos -edificios, piezas de infraestructura, conjuntos edilicios, ciudades, fracciones territoriales, redes- y/o de objetos relacionales –sistemas de servicios, leyes, códigos y normas de ordenamiento y categorización-, es encarada, en la forma todavía predominante de entender las cosas, con la consigna de asegurar, en las nuevas situaciones a producir, el cumplimiento de funciones específicas, como las que se listan a continuación, u otras equivalentes, en beneficio de un determinado usuario, o de un sector social, o de la sociedad en su conjunto; con frecuencia, también en beneficio del promotor de la acción. El hábitat social entendido como: Estructura de protección; Soporte; Herramienta; Escenario de vida; Expresión de identidad; Bien de cambio; Patrimonio; Pueden agregarse otras y/o sustituirse estas. La naturaleza El hábitat social presenta, sin embargo, rasgos en su naturaleza que determinan los modos, los recaudos y los límites para el cumplimiento de aquellas funciones; y condicionan también, consecuentemente, las estrategias y procesos de producción. He seleccionado cuatro de estos rasgos, fuertemente representativos: 1. El hábitat social entendido como un sistema de situaciones: físicas, sociales, simbólicas, jurídicas, políticas, económicas, ambientales; interrelacionadas, interactuantes y coactuantes. Esta apreciación del hábitat social como sistema y no como mera agregación de piezas implica que cualquier acto de producción, eliminación o conservación de una parte o componente del hábitat modifica el equilibrio, el funcionamiento y la calidad de todo el conjunto y afecta los de otros componentes, existentes o futuros. Algunos fenómenos de formación urbana, típicos en la región latinoamericana, son ejemplos expresivos del juego de causa-efecto entre las producciones puntuales de elementos “funcionales” y la salud del conjunto: Los “barrios cerrados” y “country clubs” para sectores con alto poder adquisitivo; Los asentamientos urbanos irregulares e ilegales de sectores sociales con mínimo poder adquisitivo y mínima inclusión social; Los “shopping centers” en la periferia de las ciudades; Los desarrollos turísticos en conflicto con el crecimiento orgánico del sector de hábitat en que se instalan; Los conjuntos habitacionales, de gestión pública o privada, levantados allí donde hubo un terreno disponible, en ciudades sin plan de desarrollo. Encarados como objetos a producir, su promotor busca, en los modos convencionales de gestación y producción, que estos “fragmentos de hábitat” cumplan las funciones convencionales, como las que se listaron al comienzo, con poca y en algunos casos ninguna atención a los efectos que pueda tener la presencia y la actividad de estos productos sobre el sistema general que las nuevas situaciones van a pasar a integrar; a menos que la
{ } atención a ese tipo de efectos sea impuesta por las normas institucionales. Efectos que, en los casos que se enumeran aquí, casi sin excepción, suelen ser nocivos y desestructurantes, más allá de la evaluación de las razones que justifican su producción y de la toma de posición que cada actor social adopta sobre estas razones y sobre el hecho mismo y su utilidad. 2. El sistema-hábitat, entendido como una parte o un subsistema dentro de sistemas mayores. Una alteración de nuestro sistema-hábitat, como puede ser la producción de cualquier nueva situación, modifica, a su vez, a los sistemas mayores, a las relaciones con ellos, a los otros subsistemas componentes de esos sistemas mayores y a las relaciones con ellos (también, a la inversa, significa que las modificaciones y alteraciones en los sistemas mayores y en los otros subsistemas plantean nuevos retos a la producción de nuevas situaciones en el hábitat social). El hábitat social, en este juego, vive de, y en, un intenso intercambio con el subsistema natural, y está sujeto a sus alteraciones. Muchas de ellas, como es tan notorio hoy, son a su vez consecuencias de los avances en la producción del hábitat social y sus componentes, entendiendo que la mayoría de estos componentes no son situaciones y objetos inertes sino mecanismos de consumo y desgaste de elementos y de estructuras naturales, y de expulsión de residuos y energía sobre el ambiente natural. Esta interacción es probablemente uno de los fenómenos globales más señalados y puestos en evidencia en nuestro tiempo, por lo que, sin dejar de resaltar su relevancia y prioridad, no me extenderé en este punto. 3. El hábitat social entendido como señal o marca en el tiempo. Hacia el pasado, como testimonio, memoria y registro de la vida en la historia de la sociedad que lo ocupó y de la que lo ocupa; en algunos casos severo condicionante de lo que se piensa hacer hoy. Y hacia el futuro, como estructura modeladora de la vida y de la organización social por venir, condición presente, consciente o inconsciente, en toda acción de modificación del hábitat. La producción de una situación nueva en el hábitat, supone, por un lado, una evaluación de lo existente, y también una decisión de realzar, negar, minimizar, ignorar o transformar su valor; o compartirlo -un ejemplo muy elocuente, es la implantación del palacio de Carlos V en la Alhambra. Y por otro, una intención de incidir en los pasos futuros de conformación no solo del hábitat futuro sino también de la sociedad futura. Cuando la modificación del hábitat social es gestionada por los propios habitantes, puede leerse como un acto de opción por un determinado patrón de vida y expresión de una determinada actitud frente a la estructura de la sociedad. Esto, no sólo a través del producto concreto de la modificación sino también a través de la forma de llevarla adelante, es decir, a través del proceso de producción de la nueva situación de hábitat, como se verá más adelante. Puede tratarse de simple alineamiento –lo hago así porque así es lo que se hace siempre, y además es como lo hacen los vecinos- y de aceptación y afirmación del estado de cosas vigente o pueden ser intentos de innovación y cambio. Un ejemplo al límite son los propuestas habitacionales de las comunidades hippies estadounidenses de los años ’60, estrechamente identificadas con propuestas de nuevas formas de vida y, en definitiva, con nuevas escalas de valores (Figura 1).
Figura 1: Viviendas en cúpulas geodésicas, en “Drop City”, Colorado, Estados Unidos, 1965. Foto: Clark Richert. La modificación del hábitat, en cuanto acto de aporte al modelado de la sociedad futura, puede ser también consecuencia de una acción de pura supervivencia, por fuera del sistema jurídico y normativo vigente, frente a la ausencia de otras opciones realmente accesibles dentro del plazo de una vida, por gente que en ocasiones extremas expresa ese particular poder de que dispone quien no tiene nada que perder (Figura 2). Figura 2: Fragmento de la primera plana del diario Norte de la ciudad de Resistencia, en la Provincia del Chaco, Argentina, en su edición del 12 de febrero de 2008, en los días y en la ciudad en que se estaba preparando esta conferencia. En el caso reflejado en la figura la acción específica sobre el hábitat mediante la ocupación de terrenos fue simultánea y en alguna medida coordinada con otras acciones de protesta y reivindicación ciudadana, poco espontáneas en este caso, y no del todo desvinculadas de una apreciación consciente de las oportunidades “tácticas” brindadas por el proceso de elección de Gobernador en la Provincia del Chaco, que se definía en esos días. En América Latina y en otras regiones periféricas la ocupación ilegal de terrenos por familias en situación de pobreza para construir sus viviendas, va acompañada de una evaluación política de la factibilidad de una expulsión, evaluación hecha por los ocupantes, por los propietarios y por la fuerza pública, con conciencia de que en muchos casos la mera expulsión es políticamente dificultosa o costosa, o impracticable, más allá de lo establecido por las normas legales. La producción de nuevas situaciones de hábitat como acción política puede ser operada desde los poderes del Estado, desde la sociedad en su conjunto, desde alguno de sus sectores, o desde un actor individual, por dentro o por fuera del sistema legal vigente. La acción del Barón Haussmann en el París de fines del siglo XIX (Figura 3) es una de las referencias emblemáticas de la producción del hábitat como acción política desde los poderes del Estado, en la que es tan evidente (y explicitada) la evaluación hecha sobre lo preexistente (social y espacial) como la intención de organizar de una manera determinada el espacio urbano y la estructura social del futuro. Figura 3: El París del Barón Haussmann. Lo que sigue es una digresión, no tanto en su tema, que es una extensión de lo que venimos viendo, como en el relativamente mayor espacio que
{ } se dedica aquí a la faz política de cualquier intervención sobre el hábitat social y, sobre todo, la incidencia que tiene este aspecto en el planteo de la estrategia de trabajo para esa intervención y del escenario de formación del técnico para este trabajo. Figura 4: El asentamiento irregular Villa 31, en Buenos Aires. Aproximadamente 3.000 familias en situación de pobreza y en condición de ocupantes irregulares de terrenos del Estado, en un proceso de alrededor de 60 años. 15 hectáreas, aproximadamente, en medio de una de las zonas de mayor valor inmobiliario de la ciudad. Foto y datos del diario Clarín, Argentina, 2007. Las cifras y el perfil físico se han incrementado considerablemente desde entonces. Como casi todas las otras “villas” de la América latina, la Villa 31 de Buenos Aires (Figura 4) es una situación urbana y social, abierta e irresuelta, que a criterio de los actores sociales involucrados o interesados, incluidos los habitantes, cada uno con su propia visión de las cosas y sus propios intereses, debe ser regularizada, es decir integrada al sistema urbano, transaccional y legal vigente. La discusión, real o latente, entre todos estos actores, es sobre cómo se entiende lo que sucede ahí, y lo que le sucede a la ciudad como efecto de eso que sucede ahí, y cómo, consecuentemente, se entiende lo que se puede considerar regularización. Según la visión de cada uno de esos actores acerca de cómo deben ser las cosas, la Villa (utilizada aquí como ejemplo de la generalidad de los asentamientos latinoamericanos) puede ser vista como: Una anomalía urbana que debe ser eliminada, o neutralizada; Un terreno incomparable para un desarrollo inmobiliario, que convendría limpiar de ocupantes; Un escondrijo de maleantes, una amenaza que requiere intervención policial; Un campo propicio para desarrollar operaciones proselitistas; Un ámbito apto para servir como base operativa para el tráfico ilegal; Una concentración de gente en situación crítica que requiere apoyo y contención; Un embrión de nuevo barrio que necesita asistencia para consolidarse e integrarse al conjun- to urbano; Una evidencia de políticas habitacionales erradas o insuficientes; Un emergente de una estructura social brutal e inequitativa; Un acto político de rebeldía y de presión popular;
Un modo típico e imparable de conformación de la ciudad latinoamericana; El resultado de distintas combinaciones de los anteriores. Cada una de estas formas de entender lo que está pasando, me permito reiterar, conduce a muy diferentes caminos de acción y a muy diferentes soluciones, con diferentes consecuencias, en el hábitat general y en la sociedad. Este listado de reacciones y posturas frente a un fenómeno singular, irregular pero típico y predominante en Latinoamérica, es una expresión del entrecruzamiento entre los datos objetivos del caso y los encuadres ideológicos de los actores involucrados. Aquí es importante advertir que este mecanismo también está presente, de manera generalmente menos visible y difícil de detectar, y un poco más acotada por las normativas vigentes, en las situaciones más formales y legales de producción del hábitat. El caso, así presentado, puede dar lugar a preguntas como las siguientes, un anticipo de aproximación al perfil del técnico, que se desarrollará más adelante, hacia el final de la conferencia: ¿Qué papel le cabe al técnico en este escenario de tan diversos significados, interpretaciones e intencionalidades?: al diagnosticar; al trazar una política; al diseñar un programa; al planificar una acción; al trabajar con la gente. ¿A qué clase de técnico? ¿Un mismo técnico es apto para encarar un trabajo con cualquiera de estas interpretaciones? ¿Es necesario (o es conveniente, y para quién) que este técnico tenga madurada una postura personal ante estas opciones? ¿Qué debe saber hacer? ¿Qué debe saber ver? ¿Cómo debe ser su formación? Lo retomamos, entonces, hacia el final de la conferencia. Volvamos a la secuencia de caracterización de la naturaleza del hábitat social. 4. El hábitat social entendido como estructura coherente con los paradigmas culturales de una determinada sociedad, o de un determinado grupo social, y funcional a su propia versión de las necesidades humanas. El hábitat social no es un texto de lectura universal. En cada caso representa y es funcional a valores propios de la cultura que lo produce y ocupa, a los modos que esa cultura ha desarrollado para relacionarse con su ambiente natural, e incluso al estado de situación de esa cultura en un determinado período: florecimiento, bonanza, decadencia, confusión, catástrofe, violación, crisis. Podemos leer una ciudad, o un fragmento de hábitat, desde esta óptica. Figura 5: Componente del hábitat residencial de los wichí (o matacos), en el nordeste argentino (provincia de Formosa), hasta fines del siglo XIX. En el caso de los wichí (Figura 5), “una «banda» se conceptualizaba como familia aunque superara el centenar de personas… la totalidad del espacio que utilizaba y por el que circulaba a lo largo del ciclo anual… ese territorio era en definitiva una gran vivienda que una enorme familia utilizaba completamente en un período largo de tiempo” (Braunstein, 1998). Ese espacio era su ámbito de caza y de recolección de alimentos y de medicamentos. Y también el de procesamiento de sus residuos. El ámbito productivo era coincidente con el ámbito doméstico.
{ } La choza se abandonaba en cada desplazamiento dentro del ciclo anual de migración. Al volver al mismo lugar, un año después, había sido biológicamente absorbida por el medio natural, que proveía material nuevo para las nuevas construcciones. La propiedad del terreno y de la construcción solo se entendía como apropiación circunstancial, mientras se estaba asentado allí. No había cerraduras ni puertas: la protección y la seguridad descansaban en la capacidad defensiva del habitante, más que en su hábitat y, en mayor medida y, frente a otros niveles de agresión, quedaban a cargo de la organización social. La choza, como componente de un sistema amplio de hábitat doméstico, era satisfactoria y funcional a los códigos de sus habitantes y de la sociedad que estos integraban. Los que la habitaban no eran “pobres” ni este concepto existía en esa cultura. Un cobijo más sólido, más amplio y “mejor equipado” que éste, pero desvinculado de su sistema original de hábitat y de producción, y sin llegar a estar plenamente inserto en el sistema de hábitat y de producción de la organización social circunstancialmente contenedora, resulta, en la ciudad moderna-occidental, miserable y un testimonio de exclusión. 1 Aun si se acepta que la asimilación de los pueblos originarios a la cultura conquistadora es inevitable e irreversible (lo que, como sea, es materia de discusión, y un tema caliente desde hace 500 años en Latinoamérica), las enormes dificultades, para ellos, de entender y vivir -y en algunos casos aceptaresta transición, merecen ser contempladas, además de con respeto humano y con sabi- 1 Sobre este punto interesa observar que en la fotografía se dejan ver elementos (una rejilla para cama, una silla) que no corresponden a la cultura wichí sino a la cultura que en ese momento, fines del siglo XIX, los está desplazando, exterminando y/o sometiendo. Estos dos elementos mudos bastan para ilustrar la pérdida de sentido y la precariedad de la choza, una vez que ha sido desconectada de su sistema económico, social y cultural de sostén y depositada como una reliquia, o un botín, o a lo sumo como un accesorio nostálgico, en un ámbito físico del que se ha apropiado la cultura invasora. duría, con visión política en el diseño y en la gestión, tanto del hábitat como del proceso de producción, adecuados a estas circunstancias. En las situaciones de contacto entre culturas (conquista, evangelización, cooperación, ayuda, descubrimiento, fusión, aproximación, intercambio, comercio, etc.), cuando la solución habitacional es un instrumento y un capítulo de ese contacto, se presenta el desafío, para cada uno de los protagonistas, y en particular para los que cuentan con mayor poder, de reconocer y respetar las formas de vida del otro como otra cultura, con su propia escala de valores. Lo que es útil, bello, desechable, desagradable, ofensivo, sagrado, en una cultura, puede no serlo en la otra (aunque no son infrecuentes, tampoco, las situaciones de fascinación cruzada). La versión más usual de ayuda en la solución de necesidades habitacionales, entre culturas distintas, aun en los casos de mejor disposición para brindarla, consiste en identificar las formas de vida de la gente “ayudada” como lastimosas situaciones de degradación, y en “resolver” las carencias de los “ayudados” con soluciones de hábitat propias de la cultura que está brindando la “ayuda”. Sin la debida actitud de apertura hacia diferentes escalas de valores, y la debida tarea de diálogo y negociación entre las dos culturas que entran en contacto a través de, entre otras cosas, la donación, muchas veces inconsulta, de piezas de hábitat, la vivienda, pensada quizá como solución (por ejemplo en los casos de cooperación internacional), termina sumándose a la lista de problemas. Aquí se hace necesario subrayar, en una referencia a las preguntas de hace un momento, que el técnico, en el trabajo de producción de situaciones habitacionales para o con culturas diferentes de la suya, aparte de su capacitación específica, y de una imprescindible afinidad con la intencionalidad de la operación, necesita un especial adiestramiento, o un don, más bien las dos cosas, para
observar, escuchar, dialogar, entender y respetar, desde antes de trazar una línea. Y mientras la va trazando. Parecería que esto debe ser parte de su adiestramiento. Lo que ocurre, con relación a este tema, en la acción pública de vivienda en nuestra sociedad actual Este escenario se reproduce de manera más difícil de verificar, pero más frecuente, entre sectores de una misma estructura social, en gran parte de las acciones públicas de vivienda que transfieren las pautas habitacionales en particular y culturales en general, de los sectores a cargo de las decisiones (funcionarios, profesionales) a los sectores “beneficiarios”, que cultivan sus propias versiones de esas pautas, que tendrán dificultad y requerirán tiempo y buen trato para adecuarse a las que les impone su nuevo hábitat y que carecen de canales para introducir sus criterios en la gestación de la casa en la que van a vivir. El valor propio de los procesos de producción del hábitat Más allá de los cuatro enfoques de la naturaleza del hábitat social revisados hasta aquí, una de las líneas de intención de esta conferencia, puesta de manifiesto en su título y en varias acotaciones posteriores, es dirigir la atención también hacia los procesos mismos de producción del hábitat, y hacia el valor propio con que cuentan como factores de modificación del sistema hábitat social y de los sistemas que lo incluyen, en particular el sistema social. La diversidad de las formas de producción del hábitat residencial que coexisten en los países periféricos adscriptos a la economía de mercado, entre los que se cuenta la casi totalidad de los latinoamericanos, es un ejemplo. Las tres formas de producción del hábitat residencial en América Latina y los diversos modelos de proceso de producción Desde un esquema teórico básico, en el juego del mercado hay una sola forma de acceso a bienes y a servicios: su adquisición, en distintas modalidades pero siempre dentro de las redes de un complejo mecanismo, que en casi todos los casos incluye el sistema monetario; el sistema normativo: leyes, normas, reglamentos; el manejo de instrumentos de comunicación, como el lenguaje escri- to; y otros elementos de un andamiaje indispensable, del que en teoría se supone que es accesible a todos los ciudadanos. En los países periféricos un importante porcentaje de la población no tiene en los hechos acceso a estos elementos, de los que el más evidente es el dinero, aunque en rigor el problema no está, como sabemos, en la carencia de dinero, sino en la carencia de situación social y adecuación cultural que le permitan obtenerlo. Esta situación da origen a un sistema paralelo de acceso a bienes y servicios, entre ellos los que conforman la vivienda, por fuera del mercado legalmente organizado, pero dentro del ámbito de la misma sociedad. Este sistema irregular es la forma concreta de acceso de los sectores en situación de pobreza a algún tipo de solución habitacional -posibilidad que no les brinda el mercado regular-, aunque en una situación de insuficiencia esencial para alcanzar los estándares que la sociedad occidental-moderna-urbana tiene establecidos para considerar digna a una vivienda. Lo concreto es que la ciudad latinoamericana se va construyendo por estas dos vías, coexistentes dentro de un mismo ámbito. Sectores de ciudad “reglamentaria” coexistiendo con sectores de ciudad “no reglamentaria”. 2 No puede caber duda de que esta coexistencia se expresa en un estado de fricción, tensión, inequidad, insalubridad e inseguridad a la vista, dañino y degradante no solo 2 O, más crudamente, aunque con una quizá excesiva simplificación de las cosas, “la ciudad legal y la ciudad ilegal”, como es el título del libro de J.E. Hardoy y D. Satterhwaite.
{ } El compromiso Estos esquemas hablan de especiales requerimientos metodológicos e instrumentales, y de complicaciones logísticas no despreciables, pero también representan una apertura indispensable, una vez que se acepta y se absorbe el nivel de conciencia a que ha arribado hoy la humanidad sobre los efectos y significados de la producción de cada nueva situación de hábitat. La producción del hábitat tiene firmemente consolidada, desde largo tiempo atrás, como ha sido señalado en varios momentos de esta conferencia, su condición de tema técnico, y también su condición de tema político. Quizá no sea exagerado, a la luz de los datos del presente, y pensando en la formación del técnico a cargo, pretender consolidarla también como un tema de conciencia. Conciencia del verdadero lugar donde están los límites últimos de cada acción de producción del hábitat social, y de la posibilidad de incidir –para bien o para mal- en la evolución, de signo positivo o de signo negativo, de los sistemas propios, en especial el sistema social, y de los otros sistemas coexistentes, en especial el sistema natural. También, en última instancia, de la estructura global. Este nuevo grado de conciencia está, a su vez, induciendo cambios cada vez menos eludibles en los repertorios técnicos y en las lecturas políticas de la producción del hábitat. El técnico, ahora, se encuentra frente al desafío de adecuarse a este panorama, complejo, diverso, inestable, exigente y fascinante y de saber moverse en él con plena idoneidad y con auténticas ganas de hacerlo. Bien, al Máster que se inicia: buena travesía, buenos frutos, y renovación constante. Muchas gracias. Referencias BRAUNSTEIN, José. La vivienda tradicional. In AGUILAR, F.; BRAUNSTEIN, J.; GONDAR, R.; SEGHESO, S. Forma y función de las viviendas de comunidades indígenas wichí de la localidad de Las Lomitas. Informe de investigación. Formosa, Argentina, 1998. HARDOY, Jorge E. y SATTERHWAITE, David. La ciudad legal y la ciudad ilegal. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1987. Cita del artículo PELLI, Víctor S. La gestión de la producción social del hábitat. Hábitat y Sociedad, 2010, nº 1, p. 39-54. <www.habitatysociedad.us.es>.