scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Charles Edmond Boissier en la Feria de Ronda (1837)

Riejos Ortega, José Alonso

Full text

Revista de Estudios Taurinos N° 3, Sevilla, 1995, págs. 153-184 CHARLES EDMOND BOISSIER EN LA FERIA DE RONDA (1837) José Alonso Riejos Ortega «El toreo queda, visto y entendido o creído : visible un momento, invisible una eternidad» (José Bergamín, 1985: 17-18). esde 1993 no se celebran corridas de toros en la feria de mayo de Ronda. Se ha quebrado así una tradición más antigua que la propia plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería (1785). El oficial británico Sir H. W. Dalrymple1, que pasó por Ronda en 1774 durante un viaje que realizó ese mismo año por España y fortugal, confirma, en un escueto escrito, la existencia de dicha feria: «celebran ·allí todos los años, en el mes de mayo, una feria muy frecuentada». El 19 de mayo de 1785, durante la feria, se inauguró la actual plaza de toros, pero sabemos por Garrido Domínguez, que «anteriormente a este coso, está documentado que se celebraban [corridas de 1 Sir Hew Whiteford Dalrymple ( 1750-1830) estaba .destinado en 1774 en Gibraltar cuando decidió acometer un viaje por España y Portugal impulsado por el deseo de conocer los astilleros de El Ferro! que estaban considerados como los más importantes del Reino. Años después, llegaría a ser gobernador de El Peñón. El relato de su viaje fue publicado, por primera vez, en 1783 en forma de cartas traducidas al francés. Fue vertido al castellano y publicado en la colección de viajes de García Mercada! (1962: III, 646a-718b). 154 José Alonso Riejos Ortega toros] en la Plaza del Pozo, donde la Virgen de Gracia, patr.ona de la Real Maestranza de Caballería, es decir, en la Plaza del Barrio de San Francisco vecindario de los Romeros. También [se corrían toros] en la plaza del Campillo, en la cornisa del Tajo y, muy probablemente con más reiteración, en la Plaza Mayor o del Ayuntamiento» (Garrido Domínguez, 1985: 42). Por lo tanto, con más de dos siglos de tradición contaban, en 1993, las corridas de toros de la feria de mayo, con un universo de acontecimientos tan amplio como su propia historia, y con una fama que traspasaba las fronteras de nuestro país. En inglés, alemán o francés podían leerse recomendaciones sobre el interés de estas fiestas, no sólo en textos de índole informativo, como guías de viajes o literatura dirigida especialmente a viajeros, sino también, y como veremos más adelante, en publicaciones de carácter científico, como la del botánico Boissier al que dedicamos estas páginas. La feria se mantiene como una tradición acrisolada, y así lo demuestran los numerosos testimonios de viajeros procedentes de diversos paises europeos que recorrieron España a lo largo del siglo XIX. En sus relatos se hace referencia a las magníficas corridas rondeñas y al ambiente inigualable de esta bella ciudad serrana. Daremos un repaso a estas opiniones antes de reproducir la amplia descripción que, sobre la feria de Ronda, dejó escrita, en 1837, el botánico suizo Charles Edmond Boissier. Richard Ford, por ejemplo, en su famoso Manual para viajeros por Andalucía, Reino de Granada, publicado por primera vez en Londres en 1845, recomienda vivamente la visita a la ya entonces famosa feria de Ronda. Allí, en efecto, escribe: Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda ( 1837) 155 «La bella Plaza de Toros, construida de piedra, está en la ciudad nueva, cerca de la Alameda llena de rosas que cuelga sobre el vacilante precipicio; la vista desde esta eminencia sobre el abismo que se abre a Fig. nº 33.-Antonio Ordóñez toreando la Corrida Goyesca de 1980. (Fot. de Salas. Apud .: Garrido, 1985: 87). los pies de uno, y el panorama de las montañas, son de lo más bello del mundo entero. Las Fiestas son de primer orden. El edificio mismo y todas las celdas de los toros y los ingenios que se han instalado para 156 José Alonso Riejos Ortega hacerles entrar y salir son dignos de examen. El 20 de mayo es el mejor día para ver Ronda, sus toros y sus majos en todo su esplendor. Esta es la gran feria del cuero, las sillas de montar, las polainas bordadas y los caballos, a la que acuden en sus monturas muchos destacamentos de soldados ingleses desde Gibraltar» (1980: 36) [Fig. nº 34]. También el viajero austriaco Moritz Willkomm en su libro Las sierras de Granada, publicado en Viena en 1882 , nos describe unas fiestas muy populares y concurridas gracias al reciente tendido del ferrocarril: «La antigua ciudad de Ronda, famosa en toda España por las buenas corridas que allí tienen lugar en mayo, durante los ocho días de la Feria, son las fiestas populares más grandes de Andalucía2; es justo por este motivo el destino de muchos viajeros, sobre todo ingleses. Hay en ella muchas fondas confortables de estilo europeo. Antes de que se construyera el ferrocarril de Córdoba a Málaga, los turistas estaban obli - gados a ir para allá en acémilas, bien desde Málaga atravesando la serranía, bien desde Gibraltar por el valle del Guadiaro» (1993: 273). 2 No todos los autores están de acuerdo en considerar la feria de Ronda como la más popular y más concurrida de Andalucía. Por ejemplo, para Estébanez Calderón, la más famosa de la época era la de Mairena del Alcor, que serviría, posteriormente, de modelo para la de Sevilla, establecida en 1847 (Véase la descripción de "La Feria de Mairena" en Estébanez Calderón, Serafín (1985: 117-124). Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda ( 1837) 157 Charles Davillier y Gustavo Doré en su fascinante Viaje por España, realizado en 1862, pasaron por Ronda en otoño y, aunque olvidaron mencionar la feria de mayo dejaron su impresión tanto dibujada, el uno, como escrita, el otro, del siguiente conmovedor suceso: «Los jóvenes rondeños juegan al toro, lo mismo que nuestros hijos juegan a los soldados. Un día que bajábamos por la mina de Ronda3, una escalera, o, por Fig. nº 34.-Vista de la Plaza de Toros de Ronda. (Ap ud .: postal). decir mejor, un despeñadero cavado en la roca y que lleva a los molinos árabes, fuimos testigos de una escena de esa clase, pequeño cuadro de familia que no deja 3 En la época árabe se construyó un camino subterráneo, con más de trecientos escalones cavados en la roca, conectando el palacio del rey moro con el cauce del río Guadalevín. Servía, entre otras cosas, para abastecer a la ciudad de agua en los tiempos de asedio. Realizaban este duro trabajo prisioneros a los que se denominaban zaques. Esta galería descendente está dotada de varias estancias en su recorrido para distin,tos usos militares, entre otros el de calabozos. 158 José Alonso Riejos Ort ega nada que desear y que Doré se apresuró a fijar en su álbum. El padre estaba de rodillas,' con la cabeza baja, en la posición del toro que va a lanzarse contra su adversario. Un chico de 8 años, en la posición de matador, tenía en la mano izquierda una chaqueta a modo de muleta y en la derecha un junco que le servía de espada. Otro chico, a caballo sobre su hermano, con un largo palo en la mano, parecía muy orgulloso de representar el papel de picado r. Los vecinos que se habían acercado miraban la lidia como consumados aficionados, y nosotros, por nuestra parte, pedimos permiso para asistir a la corrida» (1988: 346-347) (Fig. nº 35). La más extensa crónica sobre la feria de mayo la escribe el ginebrino Charles Edmond Boissier, en su libro Voyage Botanique dans le midi de l'Espagne pendant l'anée 1837 4. Su viaje tiene como objetivo principal el estudio de la flora de la 4 París, 1839-1845, 2 vis. La t ra ducción que aquí ofrecemos es de J. A. Riejos, el autor del prese nt e artículo. Posteriormente a su redacción el prof. Titos, de la Universidad de Málaga, con el patrocin io de la Fundación Caja de Granada, ha editado, en Colección Sierra Nevada y La Alpujarra de su experta dirección, el vol. l del libro de Boissier con el título Viaje Botánico al sur de Espaiia durante el ai'ío 1837. La traducción ha sido realizada por Francoise Clementi y el estudio preliminar lo firma Manuel Pezzi que lo aprovecha para amonestar con sus prejuicios antitaurinos. Esta interesante colección la componen diferentes textos de geógrafos, geólogos, botánicos, etc. del siglo XIX que recorrieron Sierra Nevada y otras elevaciones de la Cordillera Penibética realizando investigaciones científicas. Charles Edmond Boissier nace en Ginebra (Sui za ) en 18 l O. Fue alumno del famoso botánico De Candolle y, posteriormente, amplió sus estudios en París con Philip Barker Webb, el cual, había recorrido, en 1827, Andalucía. Resulta verosímil que Webb fuera qui en despertase en el joven Boissier el interés por nuestra región. Gran viajero, recorrió un buen número de países, entre otros, Argelia, Egipto, Grecia, Siria, Australia, etc. Visitó España en varias ocasiones. Coleccionó uno de los mejores herbarios de Europa. Pub li có un importante número de artículos y libros sobre botánica de dif erentes regiones del planeta, vari as de ellas sobre nuestro país. Murió en Vall egres en 1885. Charles Edmond Boissier en la.feria de Ronda ( 1837) Fig. nº 35.-Doré, Gustavo: Niños jugando al toro. Grabado. (Apud.: Davilliers, 1988: I, 339). 159 160 José Alonso Riejos Or tega Cordillera Penibética, la cual recorre herborizando, como él mismo señala, gran cantidad de plantas originales: «Habiendo retornado a Ginebra, pasé el invierno de 1837 clasificando mi inmensa cosecha compuesta por más de 1.800 especies y más de 100.000 muestras. En la primavera de 1838 publiqué un Elenchus, que contenía las descripciones abreviadas de 200 especies y que un estudio preliminar me [las] había distinguido como nuevas» (Boissier, 1995: 2). A pesar de su concentración sobre la flora penibética no olvida, sin embargo, hablarnos de la Guerra Carlista, del peligro de los caminos infestados de bandoleros, de las divisiones den-. tro del partido líber~ que gobernaba a la sazón en Madrid, del estado de abandono de la ciencia en España, de las gentes con las que trata y de las costumbres que observa. Aquel 1837 fue un año particularmente tumultuoso en España: se suicidó Mariano José de Larra, ajusticiaron a Luís Candelas y se aprobó, el 22 de mayo, la Constitución Progresista, coincidiendo con la feria de Ronda. Quizás Boissier compartiera los tendidos con otro espectador de las corridas de ese año. Nos referimos al maestro Pedro Romero bajo cuyo recuerdo se convoca la actual feria de septiembre. A título de curiosidad, recordemos con el ínclito Natalio Rivasque el matador Pedro Romero alcanzó los 85 años de edad sin sentir los achaques de la decrepitud y murió ejemplar y cris~ tianamente, tres años después, el 10 de febrero de 1839. Es posible que, por última vez, viera el gran maestro rondeño a su aventajado alumno de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, Francisco Montes Paquiro, desplegar todo su poderío sobre la plaza de la Real Maestranza de Ronda (Fig. nº 36). Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda ( 1837) 161 Fig .. nº 36.-Pedro Romero, Cobre, talla dulce, iluminada, 230 x 160 mms . Grabado por Devere. (Apud.: Carrete Parrondo y Martínez-Novillo, 1989: 125). 168 José Alonso Riejos Ortega nivel de la arena del combate, nadie dudaba: el serrano más pobre hubiera preferido vender hasta su última camisa antes de perderse el espectáculo de la corrida. La lidia debía empezar a las cuatro y, ya antes de las tres, todas las localidades situadas a la sombra estaban ocupadas. Se considera a la Plaza de Ronda una de las mayores y más bellas de España ; es propiedad de la Maestranza, es decir al cuerpo de la nobleza de Ronda, que la repara y la alquila cada año al empresario de las corridas. Un pórtico circular de dos plantas sostenido por una doble fila de columnas abraza por completo el ruedo; cada planta contiene un anfiteatro de gradas y la baja está separada del terreno de convate por un callejón y una resistente barrera de madera de unos cinco pies de alto. El edificio tendría un aforo capaz para unas cinco o seis mil personas. Es difícil hacerse una idea de la alegría y de la impaciencia que dominaban a esta multitud. Los jóvenes se agrupaban por pueblos; los oriundos de Málaga eran los más numerosos y, sin duda, los más turbulentos. Gritaban, se gastaban bromas entre ellos y también se las hacían a los otros, mientras saludaban a las mujeres con los cumplidos, un tanto gr.oseros, propios de los andaluces; cantaban aires populares al ritmo de las varas 7, que eran unos largos, bastones blancos 7 N. del E.: Richard Ford lo describe de la siguiente manera: «El bastón del majo elegante, cuando va a la corrida, es sui géneris. Se llama la chivata; tiene de cuatro a cinco pies de longitud, va agudizándose y termina en un nudo o bulto, mientras que la parte superior se bifurca y es allí donde se mete el dedo gordo. Esta chivata se talla, como la vara de Labán, en anillos alternos, blancos y n egros o rojos ». Añade Ford: «los toros blandos r ec iben buenos palos, provenientes de verdaderos bosques de bastones, cuando pasan junto a las tablas» (R. Ford, 1980: 80) . Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda (1837) Fig. nº 39.- Doré·Gustavo: Contrabandista de Ronda y su "maja". Grabado. (Apud.: Davilliers, 1988: I, 343). 169 170 José Alonso Riejos Ortega desollados y accesorio obligado del traje corto. De repente se estableció un silencio espectante, un pequeño destacamento de soldados acababa de entrar en la arena, numerosos vigilantes ocupaban plazas a lo largo del callejón para impedir que el público circulase por el ruedo o bajase de las localidades que, desde ese momento, estaba terminantemente prohibido pisarlo. Fig. nº 40.- Puerta de Cuadrillas de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Ronda. (Apud.: Carta postal). La escena siguiente constituyó la ceremonia y escenificación escrupulosa y brillante de un simulacro de antigua caballería: allí todos los usos de guerra están celosamente conservados. Los toreros hicieron su entrada al son de una música militar, íban vestidos con trajes de luces, al hombre un capote de paseo de color escarlata, y el pelo recogido en la nuca en una especie de moño; se aproximaron Charles Edmond Boissier en la.feria de Ronda ( 1837) 171 ordenadamente hasta detenerse bajo el palco que se hallaba ocupado por los representantes de la Maestranza, los toreros saludaron, y acto seguido se dispersaron por el ruedo. Le seguían los tres picadores montados a caballo empuñando una pica, semel.lll ' MO#l llOl'lll J H•lk ........ Fig. nº 41 .- Puerta principal de la Plaza de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. (Apud .: Carta portal). jante a una lanza, y con la cabeza cubierta con un enorme sombrero plano. Un momento palpitante de interés precedió a la apertura de una pequeña puerta que dio paso a un toro que se lanzó al combate, la 172 José Alonso Riejos Ortega cabeza baja, echando fuego por los ojos, mientras se golpeaba con la cola ·sus flancos y levanta la arena con sus inquietas pezuñas. Al divisar el caballo, primero duda, pero en seguida carga sobre él y, con sus cuernos, lo levanta. El jinete se afirma sobre sus estribos intentando parar el animal con su lanza. A veces lo consigue pero tal es la fuerza del choque que los dos antagonistas retroceden cada uno unos pasos y, a menudo, como el hierro de la lanza es demasiado corto, resbala el palo por la mano del picador, y el toro alcanza de lleno al caballo, le clava los cuernos en el vientre hasta derribarlo. Los chulos entran en acción con el cometido de dar tiempo al picador para levantar y para ello distraen la atención del animal furioso. Nunca he logrado entender cómo es posible que se encuentren hombres que quieran y sean, a la vez, capaces de ejercer este arriesgado oficio de picador puesto que; a pesar de su gran habilidad y mucha fortaleza, no sólo acaban, siempre, por el suelo, derribados de sus corceles sino que, además y por si fuera poco, ésto les ocurre unas cuantas veces en el transcurso de una corrida. Los picadores se exponen tanto que, en cualquier momento, sus piernas pueden verse aprisionadas bajo el peso de sus propias cabalgaduras y quedar a merced del toro por eso, muchos de ellos, vierten su sangre víctimas de feroces cornadas. En cuanto al caballo, si sucumbe en este primer asalto, lo dejan ahí, en el suelo, muerto, y hacen entrar otro de repuesto en el ruedo; pero en el caso de que aljamel- Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda (1837) 173 go le quedaran fuerzas para levantarse, el jinete, sin más, volvería, como si tal cosa, a montarlo. Estos pobres animales cuando son heridos por el asta terrible de los toros recorren patéticamente el ruedo perdiendo sangre por unas horribles heridas hasta que una nueva embestida del toro bravo logra poner fin al lamentable espectáculo de su agonía. Pero es preciso apartar la vista de tan horrible espectáculo y dirigirla, una vez más, sobre las habilidosas intervenciones de los chulos, los cuales, citan y excitan, cada cual a su manera, al toro, mientras que éste, se lanza con una veloz carrera a la persecución de aquellos los cuales, cuando se ven demasiado acorralados, llegan en su huida, incluso, a saltar, haciendo gala de una flexibilidad y una agilidad asombrosas. Unos, sujetan la capa por detrás y dan un salto de súbito cuando el toro está a punto de darles alcance de modo que la formidable cornada sólÜ desgarra la ligera tela; otros, tomando la capa cada uno de un extremo, dejan pasar el animal entre ellos al levantar los brazos8; algunos, incluso, llegan a saltar por encima de los cuernos (Figs. nº 6 y 7). Las corridas de toros si quedaran reducidas a estos ejercicios de los chulos, sin duda, ganarían en todos los aspectos; pero la gente del país, que valora sobre 8 N. del E.: Esta suerte se llama al alimón, consiste en que dos lidiadores, asiendo cada cual de uno de los extremos de un sólo capote, citan al toro y lo burlan, pasándole aquel por encima de la cabeza. 174 José Alonso Riejos Ortega todo la presencia de lo sangriento y de lo inhumano, no aprobaría, en absoluto, el mencionado cambio9. Pasado un tiempo el toro comienza a cansarse, ya no recorre furiosamente la arena sino que se aproxima a la barrera donde se queda aculado contra las tablas; a partir de ese momento el toro pasará a la defensiva. Quiere decir que ha llegado el momento de acabar con él: el matador se aproxima ante la presidencia que, en este caso, ostenta la Maestranza y solicita la autorización para matarlolO. Inmediatamente, vuelve al toro, se coloca delante de sus peligrosas astas, coge su capa [sic] éon una mano y, con la otra, monta su largo estoque dispuesto a hundirlo en el cuerpo del animal. Esta tarea no es fácil de realizar. Exige, primero, un gran conocimiento técnico de su ejecucción técnica así como del comportamiento y de querencias o inclinaciones del animal. Si el toro es del tipo que llaman boyante, es decir, si a su comportamiento le une la impetuosidad con la nobleza, hallándose, por tanto, desprovisto de astucia, el matador sólo tiene que echarse a un lado cuando el toro cargue sobre 9 N. del E.: Esta es, a mi entender, una afirmación sorprendente pero interesantísima: al fin y al cabo, el botánico suizo no hace sino prefigurar lo que ll egara a ser la corrida moderna: el triunfo de los hombres a peón. 1 O N. del E.: A pesar de que las Maestranzas de Ronda y Sevilla arrendaban las con-idas de toros a un empresario o matador, debido a sendos privilegios reales por los que tenían autorización para celebrar corridas de toros (privilegios del cual gozan en la actualidad), también, las presidían. El triunfo posterior de la burguesía supuso la expropiación de ese ejercicio que pasó al responsable estatal del orden público: por eso suele presidirlos un comisario de policía. Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda ( 1837) 175 él, al tiempo que dirige la punta de la espada a la cruz del animal donde, si ejecuta con precisión los movimientos, la clavará hasta la empuñadura. Hay otros tipos de toros mucho más peligrosos a la hora de matarlos; son aquellos que sin llegar a tomar, claramente, la ofensiva, se quedan inmóviles mirando fijamente a su adversario; si se intenta un ataque precipitado se corre el riesgo de ser atravesado de una corna - da y si, por otro lado, la situación se alarga, el público se impacienta y prodiga al desgraciado matador los reproches y epítetos más ultrajantesl 1. Habitualmente, es un espada de renombre el que está encargado de esta función o suerte, a la cual se considera la más impor - tante de todas. El nombre de este famoso espada se anuncia en letras grandes en el cartel que se coloca en los muros de la ciudad para atraer al público, corno lo haría un Lablache o un Rubini 12, y cuando cede su 11 N. del E.: Parece claro que el autor, en primer lugar, describe una estocada recibiendo y, a continuación, las dificultades que presentaba un toro que no fuera franco a la hora de ponerlo en suerte de matar. Como se sabe, son tre s las formas de ejecutar la suerte de la muerte: recibiendo, al encuentro y al volapié. Esta última es la más moderna, ideada por Costillares para acabar lo antes posible con Jos toros sin embestida. Esta estocada ha terminado por imponerse. Por el contrario, en las fechas en que Boissier viaja por España, la suerte reci - biendo era normalmente, la más uti li zada. f 2 N. del E.: Luis Lablache, cantante de ópera italiano, nacido en Nápoles ( 1794-1858). En 1817 hace su presentación en la.Scala de Milán, su hermosa voz de bajo produjo una explosión de entusiasmo en el entendido público y desde entonces recorrió Europa triunfalmente sin conocer rival. Juan Bautista Rubini, tenor italiano nacido y muerto en Roma ( 1795-1854). Recorrió los principales teatros de ópera europeo con gran éxito. El zar de Rusia, encantado con su voz, lo nombró coronel del ejército y director general de ca nto. Se retiró en posesión de una inestimable fortuna y en plenitud de"facultades en 1844. 176 José Alonso Riejos Ortega puesto a un suplente, aunque sólo fuera para matar una sola vez, se produce un disgusto en el público espectador, mientras se eleva un murmullo general de protesta. En Ronda teníamos como matador nada menos que al célebre Montes 13, considerado como la primera espada de España, así como la gloria de la tauromaquia; su fama había contribuido, poderosamente, a la recuperación del entusiasmo por la fiesta, atrayendo a las corridas una afluencia considerable de gente 14 Aquella tarde Paquiro acabó con todos los toros que tenía que matar con una destreza magistral, haciéndolo, por eso mismo, bajo el cont~nuo fragor de entusiastas aplausos . En la corrida, que duró más de tres horas, se sacrificaron seis toros y murieron una decena de caballos. El público cuando salió de la plaza, una vez concluida la corrida, seguía comentando y discutiendo con vehemencia las incidencias de la lidia, a la vez que tomaba apasionadamente partido por el mérito de cada lidiador. Ni un solo torero fue herido aquella tarde. Y 13 N. del E.: José María de Cossío nos da las siguiente información sobre Paquiro en el año 1837: «apareciendo, pues, Montes, no sólo era, como matador, el más eminente en su arte sino que, también, destacó como legislador y refor - mador del toreo, alcanzando con ello, el máximo prestigio al que, hasta entonces , había podido aspirar un profesiona l. Ya en estos años había planteado Montes ante las empresas la pretensión, siempre espinosa, de la prioridad en la alternativa. Sin duda, por cuestiones de esta naturaleza, fracasa su contrato en la temporada de primavera en Madrid en 1837, no apareciendo en la plaza de la corte hasta la décimo tercera media co 1Tida celebrada el 4 de septiembre» (Cossío. 1969: III, 631 a) . ~4 N. del E.: Este comportamiento colectivo parece haber sido una cons - tante en España. So n l os grandes toreros los que han llevado público a los cosos . Charles Edmond Boissier en la feria de Ronda ( 1837) 1 77 me atrevería a decir que lo sentí por lo odioso y cobar - de que me parecía este desigual combate. En la lidia de toros · se enfrentan, de un lado y, ventajosamente, un grupo de hombres aguerridos y avezados que casi no corren peligro pues se hallan dotados de técnicas de combate que les permiten gozar de la mínima exposi - ción y, de otro, un pobre animal, de antemano condenado a muerte y sin apelación posible, que va siendo len - tamente torturado hasta su aniquilación final. No pueden hacerse una idea, ni aproximada, hasta qué punto la pasión por este espectáculo está generalizada en España; en su descargo y para la honra de los españoles, hay que añadir que, una buena parte de ellos se avergüenza por lo que considera los residuos de una antigua pero indigna barbarie de una nación civilizada y lamentan que esta cruel diversión familiarice, aun más, con lo sangriento a un pueblo ya, de por sí, bastante acostumbrado. La desaparici~n de las corridas de toros es hoy día un hecho poco probable. Estas celebraciones se rodean hoy día de una gran solemnidad siendo, en muchas ocasiones, anunciadas en nombre de la Reina, con el permiso de la autoridad y bajo su presencia y patrocinio. La lidia de los toros está consi - derada en España como un arte que se ha ido depurando a lo largo del tiempo y sometiendo a unas reglas precisas y determinadas 15. El difunto rey 15 N. del E.: nos parece muy interesante que el suizo Boissier recoja esta opinión; sin duda, el esfuerzo codificador de l os toreros, desde Pepe-Hillo, 184 José Alonso Riejos Ortega García Mercada!, José (1962): Viajes de extranjeros por España y Portugal, Madrid, Aguilar. Garrido Domínguez, Francisco (1985): La Plaza de toros de la Real Maestranza de Ronda, Ronda, Real Maestranza de Caballería de Ronda. Luján, Néstor [1954] (1993): Historia del toreo, Barcelona, Ediciones Destino. . Montes, Paquiro, F., [ 1836] (1994): Tauromaquia completa, o sea, el arte de torear en plaza tanto a pie como a caballo, escrita por el célebre lidiador Francisco Montes y dispuesta y corregida escrupolosamente por el editor, Madrid, Ed. de A. González Troyano, Turner. Rivas, Natalio [1946] (1987): Toreros del Romanticismo. Anecdotario taurino, Madrid, Aguilar. Sánchez Neira, José [1880] (1988): El Toreo . Gran diccionario tauromáquico, Madrid, Turner. Willkomm, Moritz [ 1882] (1993): Las sierras de Granada, Granada, Fundación Caja de Granada.