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La CNT durante el franquismo. Clandestinidad y exilio (1939- 1975) de Ángel Herrerín López; Madrid: Siglo XXI, 2004 [Reseña]

Carrillo-Linares, Alberto

Abstract

La presente obra, fruto de una tesis doctoral, viene a cubrir uno de los numerosos huecos en la historiografía sobre el franquismo. Resulta esclarecedora la diferencia entre la atención que el anarquismo español produjo en los investigadores nacionales e internacionales en sus estudios centrados en el periodo anterior a la guerra civil (1936-39) o ya durante la dictadura (1939-1975). Ello es reflejo, en el caso de la Confederación Nacional de Trabajadores, (CNT) –nacida en 1910-, de la propia evolución del anarquismo en general y de la organización en particular a lo largo del siglo XX, pasando de ser un sindicato de masas (que antes de la guerra contaba con cientos de miles de afiliados) a ser una estructura sin apenas apoyo social y con escasa implantación geográfica y consecuentemente sin capacidad movilizadora.

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HAOL, Núm. 11 (Otoño, 2006), 197-229 © Historia Actual Online 2006 214 “nopersonas” privadas de derechos civiles (pp. 453-454). La concepción totalitaria y la falta de ética de reciprocidad, piedra de toque de la moral nazi, no dista de la cosmovisión del franquismo en su consideración del “contrario”. Al respecto, Claudia Koonz nos recordaba no hace mucho en su obra La conciencia nazi (2005) que C. Schmitt, destacado teórico político y ferviente partidario de Hitler, parafraseó un eslogan empleado con frecuencia en los círculos nazis al oponerse a la idea de unos derechos humanos universales: “No todo ser con rostro humano es un ser humano”. Algo parecido debió pensar el franquismo tras su “victoria incondicional” con respecto a los derrotados republicanos, como demuestran los dramáticos años cuarenta del siglo XX español. Herrerín López, Ángel, La CNT durante el franquismo. Clandestinidad y exilio (1939- 1975). Madrid, Siglo XXI, 2004, 468 pp. Por Alberto Carrillo-Linares (Universidad de Huelva) La presente obra, fruto de una tesis doctoral, viene a cubrir uno de los numerosos huecos en la historiografía sobre el franquismo. Resulta esclarecedora la diferencia entre la atención que el anarquismo español produjo en los investigadores nacionales e internacionales en sus estudios centrados en el periodo anterior a la guerra civil (1936-39) o ya durante la dictadura (1939-1975). Ello es reflejo, en el caso de la Confederación Nacional de Trabajadores, (CNT) –nacida en 1910-, de la propia evolución del anarquismo en general y de la organización en particular a lo largo del siglo XX, pasando de ser un sindicato de masas (que antes de la guerra contaba con cientos de miles de afiliados) a ser una estructura sin apenas apoyo social y con escasa implantación geográfica y consecuentemente sin capacidad movilizadora. Esta transformación radical marcó no sólo la vida de la organización sino el propio interés de los historiadores. El tema quedó casi exclusivamente en manos de personas vinculadas con la ideología, lo cual desde el punto de vista interpretativo, suponía una limitación, pese al valor que pudiera tener como fuente en sí. De este modo contábamos con aportaciones parciales y no sistemáticas en cuanto al método de estudio. Resultaba necesario, pues, dar una explicación más homogénea a este fenómeno de indudable interés histórico. Aquí se inserta el trabajo de Ángel Herrerín. Dividido en cinco capítulos, los cuatro primeros siguen un orden cronológico en la descripción y análisis de los hechos. La espina dorsal del desarrollo la constituye la investigación sobre la organización CNT, reforzando implícitamente la tesis de que el estudio de los movimientos político-sociales es el estudio de sus organizaciones. El quinto capítulo, quizás el más interesante desde el punto de vista metodológico, aunque con limitaciones teóricoconceptuales, se centra en las «culturas políticas libertarias», y en él se aproxima a las dos culturas políticas que convivían en el seno de la CNT, cuyo enfrentamiento explicaría parcialmente el declive de la organización como consecuencia de las divergentes valoraciones, sobre todo en lo relativo a las tácticas a emplear (acción directa, defendida por los “ortodoxos” o “revolucionarios” frente a la vía políticosindical propugnada por los “posibilistas”). El conjunto del entramado queda contextualizado dentro de los espacios de sociabilidad de los anarquistas españoles, con sus similitudes y diferencias: variables interior-exilio, y en éste último caso en función del país de acogida – Francia y México-, o la posición ideológicaestratégica defendida. En este sentido, el último capítulo podría servir de marco general para la comprensión teórica de los cuatro primeros. Además de la represión que se abatió sobre el movimiento, dos serían las causas fundamentales, con sus correspondientes ramificaciones, del devenir de la CNT durante la dictadura: 1.- División y conflicto interno en la organización: verdaderas luchas ideológicas entre el exilio y el interior, que saltarían especialmente y de manera irreversible desde poco después de acabada la II Guerra Mundial. En realidad, como el propio autor recuerda, una herencia que se recibía del pasado y que se prolongaría en el futuro hasta la actualidad. En este sentido, todo estallaría finalmente, de manera abierta, con la crisis habida durante la celebración del V Congreso, ya en diciembre de 1979, a raíz del estudio del punto 5º: “Principios, tácticas y finalidades” (conceptos que aplica Herrerín para analizar el movimiento anterior a esta fecha, que queda fuera de su estudio, y hallar las raíces profundas de las diferencias). De esta escisión nacería la actual realidad libertaria: un sindicato anarquista más vinculado con los postulados ideológicos heredados del pasado, CNT-AIT, y uno renovado, la Confederación General del Trabajo RESEÑAS © Historia Actual Online 2006 215 (CGT); el primero reacio a cualquier tipo de participación en consultas sindicales y la consiguiente ocupación de cargos representativos, y el segundo partidario de ello. 2.- Crisis generacional. Esto afectó, por un lado, a la continuidad de la militancia y, por otro, al discurso que se elaboró, cada vez más distanciado de la realidad y con menos capacidad para adaptarse a la nueva realidad socioeconómica española y mundial. Ambas causas se interrelacionan permanentemente. El conocido como cincopuntismo, que supuso la colaboración de un sector de los anarquistas con el régimen franquista –que de esta manera pasaba a controlarlo-, o la creación de la Alianza Sindical Obrera (ASO), una plataforma nacida en 1962 que integraba al sindicato socialista UGT, la CNT y la central Solidaridad de Obreros Cristianos de Cataluña (SOCC), fueron probablemente algunos de los proyectos donde se percibió más claramente esta combinación de factores. Ambos fenómenos son estudiados en el libro. En este sentido, a lo largo de la obra se pueden detectar numerosos casos que ilustran lo anterior. En ocasiones las diferencias de antiguos militantes entre ellos, hizo que algunos miraran con optimismo a las nuevas generaciones, como medio de impulsar la organización y hacerse un hueco en la dirección de las mismas. Las Juventudes Libertarias se convirtieron en otra fuente de conflicto táctico y fueron quienes emprendieron las acciones más virulentas contra la dictadura, tanto en el interior como en el exilio. La represión se cebó especialmente con ellas dada la peligrosidad que suponían para el orden social y político. El impulso de las Juventudes Libertarias en los años sesenta y la creación de grupos de acción directa (Grupo Primero de Mayo) que – siguiendo ejemplos anteriores de los años cuarenta, abandonados en los cincuentabasaban parte de su táctica en sabotajes, secuestros, atracos, etc., revitalizando así la teoría de la propaganda por el hecho, aumentó la ya de por sí insalvable brecha en el movimiento anarquista. La implantación de la filosofía ácrata, por primera vez en su historia, afectaba a un sector que apenas si había sido considerado como fuerza de choque y que más bien fue interpretado como una fuerza contrarrevolucionaria carente de conciencia de clase: el estudiantado. Paradójicamente, las universidades se convirtieron en una importante cantera del anarquismo. El Mayo del 68 obligó a ver las cosas de otro modo: “Fue –explica el autorcomo el descubrimiento por parte de los confederales de la juventud, y de un movimiento, el estudiantil, que aunque ahora fuera observado con cierta ilusión, siempre había sido mirado con reparo porque “tienen poco que ver con los trabajadores”, concluye citando fuentes cenetistas. Más bien fue la aceptación del movimiento porque el poder movilizador y revolucionario de la juventud ya había sido reconocido en los años treinta, por las izquierdas y las derechas, y ahora en los sesenta se recuperaba y no sólo por los anarquistas. En el abanico de temas tratados para explicar la historia de la central anarquista queda probablemente uno pendiente. Pese a que se reconoce su importancia (“la represión fue una de las causas fundamentales de que la CNT de España prácticamente desapareciera a inicio de los años cincuenta”), creo que se deja un tanto de lado este factor (de difícil investigación), aunque se apunta en varias ocasiones el impacto que supuso el control policial de la organización, bien por la vigilancia a la que fue sometida durante toda la dictadura (Rodríguez Vázquez, Francisco Calle, etc.) o a la infiltración directa en la misma. A los factores internos para explicar la evolución de la CNT y que magistralmente analiza el autor (disensiones, discurso ideológico, proselitismo, relevo generacional), hay que añadir los externos (control abierto por parte del régimen o colaboración con el mismo que lo fagocita (cincopuntismo, estudiado por Herrerín), infiltraciones, controles y colaboraciones esporádicas o sistemáticas que minaron desde dentro la organización o incluso que la dirigieron o trataron de dirigirla en la oscuridad. Es éste último, probablemente, un aspecto minimizado y que habrá que atender en futuras investigaciones para completar el mapa de las causas. En cualquier caso, esta visión supone que la mayor parte del fracaso del proyecto estaba ligado al fracaso de la organización (tanto por causas internas como por causas externas a la misma), una circunstancia que sin duda fue clave, como demuestra el autor, quien también enuncia la incidencia de aspectos culturales, sociales, políticos, del desarrollo general de la sociedad y el aislamiento de teorías radicales de transformación de la realidad, etc. En cuanto al apartado de las fuentes empleadas, son múltiples y variadas. Los numerosos archivos (tanto públicos como privados, HAOL, Núm. 11 (Otoño, 2006), 197-229 © Historia Actual Online 2006 216 nacionales y extranjeros) con documentación de procedencia muy diversa (interna de la CNT, policial, militar, judicial, de partidos políticos, correspondencia privada, informes laborales o de autoridades gubernativas, etc.) ponen en evidencia la amplitud de fuentes que sostienen un trabajo bien elaborado. Junto a todo ello, se ha servido de prensa clandestina (exilio e interior) y legal, así como de una bibliografía específica sobre la materia, donde se detectan pequeños errores en el aparato crítico o el sistema de citas (citas incorrectas, desaparición de las referencias de capítulos de libros en la relación bibliográfica final, etc.). Completa el apartado de fuentes el empleo de la, cada vez más utilizada, fuente oral (casi medio centenar de entrevistas) y de recursos audiovisuales. En definitiva, el lector se encontrará en las manos con una obra muy esclarecedora sobre la CNT durante la dilatada y sombría dictadura franquista, un espacio incomprensiblemente desconocido desde el punto de vista histórico. Escasísimas son las investigaciones de base que han visto la luz (artículos o libros) y ello convierte el estudio de Herrerín en una referencia de obligada consulta pues ilustra claramente sobre algunas de las posibles causas de evolución de la CNT y de la práctica desaparición del movimiento anarquista y sus estructuras orgánicas. Obra, en fin, de obligada lectura para cualquier interesado en el tema. Hyde-Price, Adrian, European Security In The Twenty First Century. The Challenge Of Multipolarity. Oxon, Routledge, 2007, 241 pp. Por Javier Lión Bustillo (Universidad de Cádiz) El proceso de integración europea en la vertiente de la seguridad es un tema que ha proporcionado abundante literatura en los últimos 15 años, sin duda en razón de que el fin de la Guerra Fría dejó en el continente una situación de transitoriedad e incertidumbre con respecto a la configuración de una estructura que hiciera frente a los futuros desafíos en ese terreno. Las dudas en torno a la evolución de instituciones como la UEO, OTAN, OSCE o UE y la falta de una clara división en sus respectivas tareas suscitó un gran interrogante en torno a la efectividad de las mismas en un escenario de crisis (por ejemplo Duke, S., The New European Security Disorder, 1994). La escuela neorrealista de Relaciones Internacionales siempre ha tenido serias dificultades a la hora de explicar de manera plausible el desarrollo de la integración europea, debido fundamentalmente a que su rígido intergubernamentalismo le hacía difícil dar cuenta de los avances en la construcción de instituciones supranacionales. De hecho, su visión de la comunidad internacional (incluyendo nuestro continente) es la de un sistema anárquico, en el que la principal preocupación de los Estados es salvaguardar su seguridad y autonomía. La paz en el continente no sería más que una situación transitoria, de ahí que el objetivo de los gobiernos sea el incrementar su poder relativo, única garantía de su futura seguridad. Esta línea intelectual ha tenido como principales exponentes en los últimos años a Kenneth Waltz y a John Mearsheimer, quienes destacaron por sus pesimistas predicciones con respecto al mantenimiento de la paz en el continente tras el fin de la Guerra Fría, basándose en el abandono de un sistema de carácter bipolar, controlado por dos superpotencias nucleares. Ésta habría sido la clave de la larga etapa de paz en el continente, que sin embargo habría quedado anulada con la transición a un nuevo sistema de carácter multipolar y, por lo tanto, más proclive a la inestabilidad y al conflicto. Adrian Hyde-Price es uno de los más prestigiosos teóricos de esta corriente de pensamiento, minoritaria en el Reino Unido. Su trabajo se propone aplicar los principios básicos del realismo, pero adaptándolos al contexto específico europeo, tratando de salvar los reproches de excesivo determinismo tradicionalmente achacados a esta escuela. Así, la distribución relativa del poder configuraría un contexto estratégico, dentro del cual los Estados tendrían capacidad para perseguir sus objetivos recurriendo a diferentes medios, configurando lo que denomina “realismo estructural” (pp. 52- 63). A partir de este marco básico, el autor pasa a analizar la evolución del sistema europeo de Relaciones Internacionales en los últimos siglos, separándose aquí de los análisis otros teóricos del realismo. Si Waltz propugna la persistencia de una cierta “bipolaridad modificada” y Mearsheimer se inclina por una “multipolaridad desequilibrada”, Hyde-Price considera más adecuado el caracterizar la situación actual como de “multipolaridad equilibrada” (balanced multipolarity). Esto implicaría que ninguna potencia estaría en condiciones de intentar alcanzar la hegemonía continental (pp. 69-71).