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El Ateneo : periódico de literatura española, ciencias y bellas artes

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EL ATENEO. N." 1. MAKTEH l.'-Dlí DICrEMBRE 1874. LITERATURA. »<>•- UNAS NOTAS MAS ÁEL INGENIOSO HIDALGO. ImprcHiis liiH Notíis álii edición foto-tipográíica del Qnijote, í)iibó largo tiempo llanta (pie se publicaron, ylo tuvo ol autor para ver despacio lo cpio liabia oRcrito yadvertir las faltas do la impresión ylas jiropias suyas. Nació de aguí el extender unaé adiciones, á modo de fé de erratas, que no habiendo podido agregarse álas NotnH, salen ahora donde ol favor de un amigo los dá la acogida que tal vez no merecon, acogida mcrcíiodora por lo mismo do entrañable agradecimiento. Son éstas imes: En el prólogo ála primera parte de Don Quijote, aparece impreso el siguiente iHU'íodo, puesto en boca de un amigo del autor, el cual le aconseja que acompañe! su libro de notas eruditas: (iHi (trataredes) do capitanes valerosos,' el mismo Julio César os prestará ásí mismo en sus Comentarios, yPlutarco OH dará mil Alejandron.)) No hay más que un Alejandro éntrelos varones célebres que ineluyt! l’lutarco en sus Vidan parnlidtiít (ó comparadas ópareadas); elevar los Alejandros ámil, parece exageración desmedida, ynada cíhistosa,. Pero, como se a,dvierte, haciendo dcáenido .estudio del (jii¡J<jh-, (|ue Corvántes usaba con iVecueiicia, de al)revia.turas en su mamiserito, se puede sospoíduir que tal vez lauplt'iise a,i[UÍ una., que no fué bien entemlidíi de los impresores: una M mayus(!ula, para, expri^sa,r el a,djetivo Miiijmi, (pie suele iirecedi'r óHeguir al nomlire del bijo de Eilipo,(d Macedonio. En tal supuesto, lo (pu' se dedMuda entender que quiso Cerváiites decir, sería: "iSi tratáredes de capitanes valerosos.... Plutaríio os dará su Mwjno Alejandro:» No (>ra difícil (pie la alireviatura Mse entendiese por mil, porque eso signiflea esa letra en la numeración romana. I'cro la rounion do las tres asonancias Idiitairo, ]\Lt¡f)w yAlajund/ro no me suena bien. ('Habría escrito Cervántes adíiUílcif donde so imprimieron Alejandroa!- Adaliilas coresimndería bien con ('(ipitanas que leemos arriba, yaunque las Vidas que nos dejó Plutarco no llegan ácineuonta, en ellas se trata do varios insignes caudillos más, ypor consiguiente, la hipérbole de -mil por vi’iK'.hos sería más aceptable ypropia (pie la de mil por un sólo individuo. • En el primesr capitulo del Quijnin, ciontando Corvántes ([ue deleitaban mucho al ingenioso hida,lgo los libros do caballerías, compuestos por Eolieiano de Hilva, traen las ediciones diil Quijote las siguientes i^n-bdiras: dAípiellos re- (piicliroH yvartus de drsojias, donde en muchas partes hallaba escrito; Larazon de la sinrazón que ámi razón so hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermo- HUra.» Es el caso que entre, las cartas dc\ (hisafío que se hallan en los libros de Feliciano de Bilva, no se han hallado tales exprosiones, las cuales, en efecto, asoman alguna vez en el curs(j de la narración; yparece además que el (piejarse do una hermosura no ha de ser oportuno en muchas ni áiui en una carta do desafío; induciendo todo á teimu’ (pie las dicciones eurtos ydesojias estén (piizás í'ijuivocadas. Por lo méuos, es s(!guro que la cláusula (pro citamos, íu(!se do (¡arta óno, es una í/aeja; u/c (¡urjo de riiestrn J'ennosura dice el (juu habla óescribe. Y(fde (pié se quejaría ese nú, ([uo so dirigo áuna hermosa, yque doboremos creer que no fuesci hembra, sino hombre? De una sinrazón, so nos dice en el texto. Una sinrazón para un amante podría ser liara la persona que diese cuenta de ella, no más que un disfavor: cree por eso, el que hace estos reparos, que las palabras reqniehros ycartas de desafíos deliieron ópudieron ser en el original de Gervántes reqniehros yqnejas de. difarores: abundan en efecto unos yotros en los libros do Feliciano de Silva. Mientras Don Quijote so estaba en el lecho, para curarse do la paliza (pie le (lió el criado de los mercaderes de soda, la puerta, del (uiarto, donde tenía el doliente sus libros, le fué tapiada; y levantándose al ün, ipiiso entrar cu el cuarto yno Iialló por dónde. «IjIogaba (se leo en el ca]). vii) adonde solía tener la puerta, ytontáhida con las manos.» () habían quitado la puerta de su lugar ycerrado con tabique ópared ol vano, óhabían dejado en su lugar la puerta, cubriéndola con un tabi(pie: tan- to en el un caso como en td otro no podía Don (juijoto tentar la puerta, sino la pared ótabicpie. Palpando éste, como buscando en él la armazón do la puerta, los iibinoH que dobían formar sus largueros, piiinazoH ytahlerillos, lo (xue hacía Don Quijote era figurar, señahir, tantear en el muro la forma déla puerta, que no podía A'cr ni tentar; ypor (ionsiguicntf', lo que deliemos leer (ui a’OZ do tentaha es iaiiteaha, ypor (‘so añadió üervántes con las manos, (pie sería pleonasmo inútil después de haber usado ol verbo leniar; pues ordinariamente, con ellas tentamos, yno con los piés ni con la cabeza; jiei'o se puede tantear con la vista ó de memoria. Tentábala por tanteábala; errata indudable. En ol capítulo mdo la 2.'' parte del Iniienioso nidahjo óCaliallero, dice el Bachiller Sansón Carrasco que los molinos do viento le parecieron áDon Quijote Briareos ygigantes. He dicho yo en la nota 10S3 que gigantes debo ser erra- 2EL ATENEO N." 1 ta eii lujj;ai’ de Giiii'n, nombre de un hermano de Briareo, que tenía cien uuirius como éste: porque nombrando Cervántes !Í/irí(i;vo, excusado ei‘a añadir // iihjtintv: lo era Bria-reo ylo saliian Don Quijote y el Bacliiller. En comprol)acion de la breve nota citada, conviene añadir (pie D. Bernardo de Balbuena,, en su Gran- (h'Z'ii (impresa en Méjico en KiO-l, es decir, con anterioridad al Qtii- ,;bfi'),.hal)ía escrito en el capítulo in de dicho poema. Cuantas Quimeras, Briar(fOís, Gíi/i'h. Amhers en bronce yláminas retrata. La expresión ]>y¡iur.o>! yGií/c.s’ se lial)ia usado yá antes que la empleara Benengeli en su gran obra. En la nota 1140, léase, en lugar de las tres últimas líneas, estas otras; «Con intención de liusear el cahallci'o donde hismi'irsi^ yaitahlarse la.s costillas.» Lo principal de la errata ha de consistir en que habiendo escrito Cervántes, como Cira necesario, para que la cláusula tuviera conveniente sentido, las dos piahi- Ijras dcnhnlli’rn (está en abreviatura, mal hecha,) el impresor entendió erróneamente fdf/íoí liuiur. Otra errata, semejante áésta, se nota al lili del capítulo xvi de la 2.'* parte. Be dice allí que vió Don Quijote un carro vllrno dr banderas reales;» se dice al principio del capítulo siguiente que venía el carro con dos ótres handeras peqimñns:« dos ótres lianderas chicas no llenan un carro. Llano de ha de ser equivocación de imprenta: Cervántes habría seguramente escrito llauando. «Un carro llevando banderas reales» era lo que debieran haber impreso. Parte 2.", capítulo xxviii. Dice Balicho, óse le hace decir; dVolverénios álos maiiteaniientos de marras yáotras maf/iflc/ícn'ífís.» ¿Escribiría Cervántes mala veiitimis, donde se lee muchiche.ríns‘? En el capítulo xxxv déla 2.“ parte, -la Señora Dulcinea de Toboso dirige á Sancho Panza, para qiersuadirle áque se dé la friolera de tres mil ytrescientos azotes, esta dulce lisonja: «Saca de harón ese hrío, que sólo ácomer ymás comer te inclina.» No era gran cosa el brío de Sancho, que creyéndose poco antes perseguido de un jabalí, que pasó sin mirarle, dió ácorrer yse subió á una encina; pero, fuese óno Sancho persona de bríos, lo cierto es que no hace ordinaria muestra de ellos, yque piara comer e.staba contínuaniente apercibido: no es el brío cualidad que por sí despierte apietito; no nacía el buen apietito de Sancho do ser brioso. Sacar de harón (ó de hnroim Jparece que quiere decir sacar de pcrez'ii, do indoloiciit; desecharla ósacudirla, dejarla: del hombre de hrío, no parece la pereza muy propia; hi pirestoza, la diligencia le convienen mejor'. Alos lectores del Quijote estudiosos se ruega que mediten ai, hrío piüih'á ser errata de ódo óde vicio; ysi áun honilire como Sancho que en casa del Duque casi nada tendría que hacer en servicio de su amo, estaría mal el decirlo; «Haz una cosa l)uena, haz algo tú, que no haces nada al cabo del dia, y no p)iensas sino en comer; saca de liaron ese ócio (ó ose vicio); sacude esa pereza, de que nace tu gula. «Ocio tiene cuatro letras como hrío, ylas dos últimas sou iguales en ambas dicciones. Eñel capútrxlo de los coiisej os (xliii de la parte 2.'') se hallan estas palabras de Don (juijote áSancho: «Quierij decir que si has de vestir seis pajes, viste tres yotros tres pmhres.» Quiero decir que ha de ser equivocación de pluma óde impu’euta en lugar de quiero decirte. Decir que pediría que el imperativo riste fuera el subjuntivo vistas. Corre muy bien la frase, leyendo; «Quiero decirte: si has de vestir seis pajes, viste tres, ytros pobres.» En el mismo capítulo xliii hailarémos: «El apdar ácaballo, áunos hace caballeros, áotros caballerizas. a Ha de sobrar la sde caballerizas, lieale.s calndlcrizas decía el letrero que leíamos sobre la puerta del extenso edificio, inmediato al Real Palacio de Madrid, donde se tenían ycuidaban los caballos del Piey; ysegún el primer Diccionario de la Academia Española, caballeriza 'eran todos los criados ocupados en la caballeriza de la Real Persona, entendiéndose por esta última. caballeriza el establo óla cuadra. Caballeriza, también, según el mismo Diccionario, era el coiijimto de caballos ó ínulas, que tenía para su servicio un particular pudiente: querría, paos, Cervantes decir que el ir ácaballo, áirnos hacía parecer hombres de caudal yde buena pinta, yáotros gentecilla do escalera ahajo, mozos de cuadra, bestias quizá, tratándolos poco piadosamente. Yá so bahía dicho ántes en un ronuiuce: «No son todos caballeros los que cabalgan caballos.» Y' esto otro se lee en otro romance atril)uido áCalderón: «CoiTou, poeta, escudero he sido yseré: ¡oh suma paciencia do .Tob! ¿tuviste más oalíimiclades juntas! »Cou estas tros profesi<uio,s, ¿quién no imagina, quién duda, que liabré sido el men mis dias de cualiiuier suegra futura! »Y así, s.oltero hasta hoy me quedé, yhoy más quo nuncíi, por razones de que el Duque, mi señor, tiene la culpa; «Que, corno raballeriso me hizo su Excelencia augusta, huyen todas, por no ser caballeriza ninguna. » Afirma el Sr. D. José María xisensio que este romance no es de Calderón; por de Calderón se dá en nn manuscrito que posee el mismo señor Asensio, yen otro que ha recibido la Biblioteca Nacional, entre los once mil jtantos vohimenes que le ha regalado la bizarrísima Sra. D.“ María Sandalia del Acebal yArratia. Yo coprió lo que hallé escrito: si nadé locutiia sum, testiinonhun perhihc de malo, dijo Nuestro Señor. Parte 2.“ capítulo xlvi. El romanee de Don Quijote, dirigido ála maula de Altisidora, concluye con estos cuatro versos; La firmeza en los amantes es la parte más preciada, pior quien hace amor milagros, yasí niisnu) .los levanta. Parte significará prenda: con que está bien. Así mismo ¿será errata en lugar de altísimos'? Parece el superlativo más ápropósito que el adverbio. Algunas, bastantes pieqneñeces más, N." 1. EL ATENEO 3 pudieran añadirse aquí; pero nadie las leería, por su poea importancia, yporque tampoco se enteiidorían fácilmente si no iban acompañadas de una explicación prolija, que conviene excusar. Lo que no puedo omitir es la declaración de que el título que lleva mi libro no es obra mia, y(pío yo no le liubiera puesto ose de Tjü^ IbilB votm. Parece que se quiero dar áentender que el número do IGOO notas es crecidísimo; ylo cierto es que las do los Sros. Bowle yClernonciu son muchas más; ygran número do las mias recae sobre simples variantes de las ediciones, lo cual las priva de toda importancia. Htibierayo preferido, para la portada de la obra, el primer renglón de mi manuscrito después do la Adi-ertencid' preliminar: «Notas ála edición foto-tipográñea del Qnijote.» Poro dol)í advcu'tirlo, yno lo previne: no puedo quejarme sino do mí. Juan Eugknio Hautzenbuscii. FORTUNY. Poseídos do dolor profundo, lastimados en nuestro corazón como amigos do un artista inimitable^, caí muístrús más queridas ilusiones como españoles, amantes de la gloria de su patria, víimos ádar cuenta ánuestros lectores de una irreparable pérdida para las Artes, do un golpe tan fatal como inesperado, que priva ála pintura española del representante más lojítimo de sus gloriosas tradiciones. 1). Mariano Eoktuny ha muerto (m Itoma ála temprana edad dt! treinta ysois años, ysin embargo lega ála posteridad un nombro que ha sido orgullo de España yenvidia, de las mieiones extranjeras: nos lega también suseuadros, sus incomparables cuadros, vendidos en fabulosas sumas en (¡se centro artístico de París, que tan desdeñoso se muestra con los artistas que no son francHíses, sus ¡muirdim (pie nadie ha llegado áigualar, sus iitiiiiin-J'iii'rtrH cuya colis'ion es tan buscada ])or los añeionados como las de Pembrandt ólas do Goya. ¡Feliz id jénio que al abandonar la vida casi en los alboriís do olla ha inscrito yá su nombre en id templo de la inmortalidad! ¡Desventurado el país que tan prematnramento vé desaparecer sus más queridas esperanzas! Fobtdnv nació en Eous el 11 de Junio de 1838. Apénas había salido do de la infancia hizo oiiosicion áuna de las pensiones que el Ayuntamiento de Barcelona concedía; salió triunfante, y marchó áliorna áterminar sus estudios. Cuales fueran sus adelantos, excusado parece decirlo: en su ardiente fantasía so iban fundiendo las grandes tradiciones del pasado, su alta inl;elijencia descnbrííi las exij encías dol Arto on la edad presente, yenla volcánica actividad do su cerebro nacían yso desarrollaban insenBiblemcuite las ideas de un grande homlirc, do un artista sin rival. Porque cuantos han conocido ytratado áEortuny han podido obsoirvar quo si algo podía ser comparable con su elevado entendimiento, con su fogosa imajinacion, era su prodijiosa actividad. Unía áestas cualidades una pasmosa facilidad para aprwider, con disposición para ejecutar todo cuanto se ^imponía. De todas estas condiciones counmzó á dar señaladas muestras desde su primer viaje áPioma. bln su cartera so agrupal)an, en artístico desorden, cuadros y monumentos, antigüedades, animales, esculturas, armas, retratos ycuantos obji'tos detenían por un momento su Juvenil imajinacion. Yno era solamente en la cartera del artista donde aquellos objetospodian admirarse. Veía Eortuny una espada romana antigua, ytomando el liierro y la lima, la imitaba con jxu'fecta semejanza.; encontraba un vaso etrusco ylo cojiiaba eiibaiTo, óen madera, con extraordinaria, habilidad. Estos trabajos los ha hecho siempre, ysus amigos han admirado on su taller muchas obras de imitación, hijas de sus manos, muy dignas de llamar la atención, liefería Eortuny ásus amigos de confianza, que su afición al Arte se había mostrado por primera vez con nrotivo de una galería do figuras de cera que pasó por su puidilo, ántes de la oposición ála pensión de liorna. Bo componía la colección de” obras infelicísimaB, yel dueño era tan miserable ypasaba tales angustias ytan gran necesidad, que áveces vendía la cera de las caras ymanos de sus figuras para comer. Eortuny, niño aún, recorrió con la galería varios pueblos de Cataluña, ymoldeó algunas cabezas, que ciertamente valdrían más que las del miserable figurero. Concluido el iilazo jior que le fue concedida la pensión por la ciudad de Barcelona, el Br. Duque de Biánzares, esi>oso de la madre do D.‘‘ Isabel II, siguió facilitándole, por algunos años, la misma suma en que aquella consistía, hasta quo jai Eortuny empezó ávivir con RUS propios recursos ymuy luógo se vio en posieion de poder tender .su mano áotros artistas en voz do necesitar protectores. Bus ohras alcanzaron precios no conocidos; figuraron eniuimora línea en Londres, en Berlin, on Baii Petershurgo, yen el mismo París compartió BUS triunfos ydisinitó la palmíi con el célebre Meissonnier. Como lijera pruel>a de la consideración con que esto artista de tan grande estima on Francia distinguía ánuestro compatriota, citarémos el hecho do haherso prestado áservirle de modelo para una de las figuras del cuadro de La Vicaria. Bu3cal)a Eortuny un hombro quo leacomodase para representar al militar que allí se admira, apoyado on el corvo snble; yquería unas piernas de cnballista que tuvieran ese sello (¡special, (,'se desarrollo quo presta álos músculos la continuación do estar montados. Meissonnier, antiguomilitar, se ofreció gustoso, yes el orijinal de la figura que. allí admiramos. Hemos visto fotografía del estudio hecho por Eortuny, ipie (,!s un pcs’fecto retrato de Meissonnier, cu aquella posición soldadesca, qne distingue al que, al parecer, es padrino en la boda. El artista fijó su residencia cu Boma. Allí tiene un estudio acomodado á su talento, digno de su inspiración. Allí ha fallecido rodeado de los olq'etos de Arte que halda adquirido en sus viajes á costa de grandes deseinholsus, porque en tratándose de qtosiier objetos raros nunca se paraba en el precio. Acompañó en África al ejército español (pie tanta gloria dió ánuestro país, bajo el mando dol inolvidable duque de Tetuan, yallí estudió esos tipos do moro.s, esos interiores de baños ópatios, esas tiendas tan caracterizadas que so admiran en BUS olrnis; y, al propio tiempo trajo magnífico.s apimtes ptu'a su gran 4EL ATENEO N.“ 1. lienzo lie la Latíillíi de Tetiian, que iio sabomoH si lialu-á dejado sin conc-luir. En 1807 contrajo nuitrimcinio con una hija dd céldire pintor I>. Federico Madi'azo, ycntónce.s piitale decirse que, il-ia llegando al apojeo de su hiina. Mien- i tras estaldecido en la poética Granada se entregaba por completo álas delicias de su nuevo estado, que le animabíui al \ trabajo de artista, se espuso al público I 011 París yso vendió cm la suma de [ SñOOO francos el imponderable cuadro | La rifaría, admirado, aplaudido ycej lebrado por todo el público parisiense compuesto do lo mas entendido que liri- 11a en todas las esferas del arte en todos loa países. Uno de los críticos mas conocidos de Francia, Mr. ThoopliilG Gautier, publicó entóneos mi juicio de aquel precioso cuadro, que no queremos dejar de incluir en este sitio. Fice así: «Trátase del enluce de unviejo petimetre, que aún conserva restos de elegancia, con una preciosa mucliacha pobre: es una boda de eonvenitíucia. El novio se inclina sobre la lamosa con graciosa afectación, en q>ostura como de bailo, yfirma el documento en el sitio qno le indica un notario obsequioso. Viste el agraciado traje color de lila, de la forma más irreprochatúe ycon el estiramiento mas eoquetou: una calva insolente, que se le desculirc al bajarse, podría hacer exclamar ala novia: La que se casa con viejo tiene penitencia entera; de dia cruz ycalvario ydo noche calavera. Mas esta per.speetiva no parece inqniotar muclio ála desposada. No piensa en aquel momento más ipie en su trage de novia, que es fresco yencantador como ninguno: una falda de raso blanco recamada de encajes, cuyas flores brihaii como lentejuelas, cubre su airoso cuerpo, ypor todo adorno de cabeza, lleva, prendido por detrás de la oreja, entre un borboten de cabellos negros desordenados, im ramillete de flores do azahar. Miéutras una amiga le'liabla, ella está clistraida con los brillantes dibujos de su abanico, que es el mejor que ha tenido cu la mano. Nada tan bollo como aquella graciosa cabeza picante yespañola, oon sus lai’gas pestañas palpitando ámodo do maripiosas negras sobres las flores do su.s ojos. La amiga es también un prodigio de gracia, con su zagalejo aliuecado de tafetán color de rosa rabioso. =Al extremo opuesto de este grupo, se halla la madi-e, vieja vulgar que !bien puede llamarse la tia Tomasa 6la tia Pelona, especie de bruja vestida con deseclios del Puistro, la cual pretende extirpar de sus ojos secos algunas lágrbuas que no inicden acudüio, yque en su actitud ycon su facha domnestra que e.s la autora de aquellas nupcias irregulares. Un militar de caballeria, fieramente plantado, parece ser el paib'ino, yalgunas uiuchachas guapas ybien puestas, entre las cuales se distingue una morena que se empina para ver mejor ¡i la novia, compioneu el acompañamiento de los desposados. Por último, un torero cu traje del oficio yuna primorosa manóla, gallarda como el tipo, idea del género, parece que esperan turno para otra escena semejante, entro la venerable ysimpática figura del vicario, el acompañamien- to de torero.s, curas, monaeilloB ypúblico curioso qno animan yembellecen el cuaih'o. Es imposible figurarse el gusto encantador, la gracia exijuisita, la originalidad pasmosa de una pintura que tiene todo el encanto de una preciosidad ytodo lo sublime de una obra maestra. Goya yMeissoiiier parece que se han unido para hacerla, poniendo el primei'o su brillante fantasía yel segundo su inimitable verdad. El colorido es armonioso yvaliente, como si se destacara de una paleta japonesa; el tono, peculiar y exclusivo delpiutor, que ha creado sin copiar ánadie; la composición gentil yexpresiva hasta lo sumo; la ciencia del dibujo dominada; la gracia, la elegancia, la ligereza, el esplritualismo, en fin, campeando por entro aquellos grupos éimpregnando áaquellas pequeñas figuras de todo el movimiento de la verdad yde todos los atractivos de la belleza, esen conjimto laobradeFortimy.» Desde el iniueiiBO éxito obtenido por el ciiadi’o de La Vicaría, yá no tuvo límites la fama de Fortimy. Vivíaen Doma donde los aficionados de todos losq)aises del mundo coneurrian ádisputarse sus lienzos, sus dibujos y hasta sus mas lijei’os bocetos. Pero temiendo siempre los perniciosos efectos del clima de la cradad eterna, su constante aspiración era piroeurar una coyuntura favorable para trasladarse definitivamente áEspaña yveuir ávivir em Sevilla, donde quería comprar una casa con jardines esteusos yestablecer un estudio donde encontrase su centro la colonia artística sevillana. En una carta, fecha en Eoma en Octubre de 1873, decía sobre esto ásu amigo D. José Domingo de I. Goyena: «No le digo lo que llevo vendido porque yo mismo no lo creo, yespero áconcluir ycobrar los cuadros qxtra hacerme bien cargo de que es verdad. =^Sigo siempre muy disgustado en este jniís: aproveche. V. la primera ocasión que se le presente para compirarmo una. casa cu Sevilla, en sitio despejado, en donde pueda hacerme un estudio ycolocar mis trastos. tiEstoy haciendo propaganda áfin de que vuelvan ásus hogares los pñntores sevillanus: .si quieren luz ¿en dónde hay más que en Sevilla'} =Si quieren color local ¿en dónde mejor que en Sevilla} Nada, nada; allá iremos ó, morir todos.» Otra carta suj^a tenemos ála vista en que manifiesta sus temores, hablando de concluir muchos encargos que le rodeaban «,si las calenturas se olvidan de mí cu la estación presente.» El carácter de Fortuuy era franco, jovial, hasta infantil, si así puede decirse, en sus expansiones de alegría yen el seno de la amistad. Su correspondoueia, de la que teneuemos ála vista muchas muestras, patentiza tanto la nobleza de sus Bentimientos como su entusiasmo por el Arte, para el cual había nacido y al que consagraba toda su existencia. Muchas de sus cartas están eiuiquecidas con dibujos ála pluma, que son verdaderas joyas, yqvre representan ora el cuach’o que estaba pintando, ora la antigualla que aca])aba de adquirir, yáun áveces elretrato del amigo 'que estaba ásu lado cuando escribía, óel suyo propio, por vía de firma en la epístola.... Todo concluyó. Atacado de una tifoidea maligna ha dejado de brillar aquella intelijencia superior, se ha apagado aquella vida exhuberante, ysólo resta su memoria en su afiijida esposa yen el cariño do cuantos le trataron, su gloria para aumentar las muchas con que se enorgullece España. José MauLv Asensio. yVllGUEI. DE PeRVÁNTES, DE j^LCALÁ DE jÍENARES, YpÁRLOS jpMMANUEL DE _pABOYA, YSUS POLLINOS. POR SIR H. RAWDON BROWIT. I. En el año de 1688, miéntras que la Francia se encontraba pertiu'bada i)or las revueltas de la Liga, yla Inglaterra apenas se vela libre del temor de la N.“ 1. EL ATENEO invcncihlo armada española, ed Duque de Eaboya se apoderó del Marquesado de Saluzzo, paso atrevido que iio mereció la aiu'obacion do su suegro Felipe II, aunque para disculpar la agresión se alegó el intento piadoso de libertar aquella comarca de la infección de la doctrina Hugonote. Enrique III fué asesinado al año siguiente ySaboya contiiraó en posesión de su presa; pero cuando Enrique IV, j)or la fuerza de las .armas yayudado por el libelo político, que se tituló Sátira Mmijjm, estableció en Francia la dinastía borbónica, la cuestión del Marquesado se puso de nuevo sobre el tapete. La primera parte del libelo de Leroy apareció al público en 1593. Su objeto era patriótico; ysu estilo bajo ychocarrero fué el más apropósito para causar sensación en las rudas intelij encías de las tropas irregulares que liabi.an combatido contra los de la Liga. No era de extrañar, poy lo tanto, que la obra del joven hugonote so encontrase salpicada de chistes licenciosos yobscenos, tanto contra la Infanta Is.abel, como contra el Ecy católico, que más bien se dirijian contra todo el catolicismo. Pedro Leroy escribió con el propósito de incitar ásus conciudadanos áque se uniesen para expulsar álos españoles; yse dijo entonces que Einique IV debía tanto la corona ála Sátira Mmvipea, como álas tropas inglesas yálas 25,000 libras con que le había ayudado la Eeina Isabel. Doce años después de aquella primera aparición del innoble pero aplaudido libelo de Leroy, publicó Cervántes la Primeraparte (U El Ingenioso Hidalgo Don Qnixote de la Mancha. Á. diferencia de Leroy, que arrostraba todo linaje de censuras, Ceevántes tuvo que consultar el innato sentimiento de decoro y dignidad moral tan peculiares álos esi^añoles sus contemporáneos; ytuvo también que velar sus intentos_ lo bastante para evitar todo jónero de prohibiciones de parte de los censores, que, como todos los demás empleados de Valladolid en el año 1604, eran hechuras del Duque de Lerma, cuyo gobierno consideraba Ceevántes perjudicial para la Monai-quía española; por eso procuró sacarlo áplaza, no cargado de motes Fescenios ósucios '(*), sino con finísima yaguda ironía para poder llevar tras sí álos lectores sin cansarlos: ycomo una de las primeras aventuras del Quixotc se relaciona con la ocupación saboyana del Saluzzo, ómás bien con la conducta del Duque de Lerma en aquella ocasión, conviene que facilitemos la intelij encía do la alegoría refiriendo algunas circunstancias que precedieron ála paz estiquilada en Lyon entre Francia ySaboya, en 17 de Enero de 1601. En el estío de 1598 envióEnrique IV tan aq)reiniantes yrepetidos mensajes á Tmin sóbrela restitución del Marquesado, que CárlosEmrnanueljuzgóiu’udente qu’esentarlo como cesión áGabriela de Estrées con una joya que valia7,000 coronas (175,000 rs.) para ella yuna preciosa sortija óherrete de sombrero, estimado en 2,000 coronas (50,000 rs.), para su hijo Mr. de Vendóme. La cesión no obtuvo el premio que de ella se espernbír, pues áfines de Setiemlne de aquel mismo año dijo el Eey Enrique que deseaba evitar <al Duque de Saboya el trabajo do hacerle una visita, yse mostró más determinado que nunca árecojer el Saluzzo. En Diciembre, otra nueva treta de Cárlos Emmanuel (que recordó dolorosamente álos franceses la heterodoxia que sopretestó para arrebatarles aquella qirovincia) no tuvo mejor éxito. El legado Pontificio, Cardenal AI- drobandini, después de haber asistido á las conferencias del tratado de Vervins, q^^e estipuló la paz entre Esqíaña y Francia, estaba en camino de vuelta á Italia; yGarlos Emmanuel, con el oljeto de poder jugar con dos barajas, asegurándose la iH’oteccion de Clemente VIII, al propio tiempo que la de Gabriela de Estrées, hizo salir áalgunos finjidos herejes Valdenses álas fronter.as de Saboya, para que se presentasen al legado con el projJÓsito de abjuivar yobtener la absolución apostólica; pero aquel fué advertido confidenciahnente de que aquellos pecadores, arrepentidos en la apariencia, venían ensayados por el {*) Pourtnnt hí jo stlia bnmetto, Amy n’on prúiioz CBmoy Car autant aymor eoulmitto Qu’uno plus blanoho quo moy. (InBoripoiou puesta xlebajo dol retrato do la Infanta Isabel, iSó,* tira Monipoa,* Vol. i. p, 848, odltíon do Butlsbona, 1709.) Duque para que defendieran su causa, yeran de hecho cristianos muy ortodoxo.s, sin el más lijero tinte de herejía (*). Clabriela do Estrées falleció en Abril de 1599, yal fin del año, Cárlos Emmanuel llegó inopinadamente áFontainebleau, desde Turiii, con el objeto de piresentar sus respetos áEnrique IV yrequerirle de viva voz áque permitiera la .anexión del Saluzzo al Ducado de Saboya. Al salir de la ju’escncia Eeal, se apjresuró ápasar álas habitaciones de Mlle. de Entragues, sucesora de la hermosa Gabriela, que en aquellos momentos abrigaba esperanzas do dar al Eey un heredero yse lisonjeaba de ser preferida áMaría de, Módicis. Eeconocido ála pn’omesa que le hizo la nueva favorita de que intercedería p)or él, Cárlos Emmanuel, en el día de año nuevo de 1600, le hizo el regalo de várias joyas yun estuche de ébano que contenía cUversidad de alhaja.s, cuyo total valor se graduó en 7,000 coronas (10,000 pesos fuertes), y en cambio recibió una lista de jiersonajes de la córte de Francia, que podían contribuir con su influencia áinclinar el ánimo de Enrique IV áque no conservase el Saluzzo. El Embajador c.sp<añol en Francia dcsaprobósemejantevisita, temiendo qiie la Síiboya se coligase con aquella, contra España; sospecha que se confirmó por las piropias p)alabras del Duqxxe, que yendo acompañado de xxn jesuíta, sxi confesor, el P. Julio, en un paseo, confió indiscretamente ácierto caballero francés (iqxie él no hahia venido áFrancia árenxxxieiar simpxlemente el Míu-quesado de Salxizzo, pxxes ésto podia luaherlo hecho más cómodamente desde sxx casa, sino ácoixfcrenciar con el Eey sobre pxxntos más impxortantes, olxligado pxor las graves injurias que le hxihiaix hecho los espxañohxs, álos cxxales tenía ól nxxxy poco afecto, pxorque conocía muy áfondo el carácter espiecial de la nación, halxiímdo residido por dos ocasiones exi sxi país,» ydeclaró solemixemente qxxe la Infanta, sxx esposa, por cuyo derecho él (*) Clli© cit’i aia stato ortiCcio ílolSignor Duca Savoin, il qualo per iutroíIurBi uoHa buona gratia clol Pontoñee, odu nied6»imo Cardinal^, cau iUii olía mii-ano ad avaiitufirgiarHl nel uegozio del Marebosato di Balnzzo, le habbia inviato xicrtteno pratticato por avontí, aquesto eífetto, efc olio por nüm capo bAvevano nota di iiorosio. t) EL ATENEO N.« 1. lialjia tomado título de lujante, lialiia muerto de uu ataque al corazón, causado por el trato desdeñoso ijue le lial)iaii hecho sufrir su padre ysus ministros; y el Embajador español aseguró positivameiite que entre otros proyectos de venganza, tenia el Duque de Hahoya, el de apoderarse, con la ayuda de Emáque IV, de todo el Ducado de Milán. Durante sn permanencia oula corto, Ciiiios Emmanuel couihinú varias diversiones con hombres políticos. Eué al elegante íaubourg Saint Ctermain ápresenciar los desafíos entre lacayos yestudiantes, que áveces llegaron átener funestos desenlaces de heridas ymuertes; ycompró regalos para Mllo. de Entragues, cujaa preñez supo el piildico por aquel tiempo, porque ella qmseó las ca. lies de París en la misma litera que áiites había usado Gabriela de Estreés en scuiüjautes ocasiones. El nltimatnm de Enrique IV, significó que el Duque de Saboya óhabría de poner en sus manos el Saluzzo con todas sus fortalezas depondieutos del Marquesado, como devueltas ásu lejítimo dueño, haciéndolo reconocer por el Papa en término de dos años, yeiitónces, en recompensa de la devolución, el Eey le restituiría la Bresse; óbien si el Duque insistía en la inmediata investidura del Saluzzo, S. M. recibiría en trueque la Bresse, Boiirg, el Condado do Barceloneta yPinerolo. Al Duque se le concedió el qrlazo de tres meses para que dentro de él manifestase su resolución. Hablando el Eey de este arreglo, dijo que la Saboya iba haoieaido cambios de su territorio cada dia, pero que al ñn yal postre Erancia concluiría por aqu’opiarse nuevamente el Marquesado; yañadió que le había hecho muchos más honores de los que eran convenientes (*). El doeuineuto de eompi’omiso fué firmado qror el Eoy en 26 de Febrero de 1600, yal dia siguion- to por el Duque; el cual, muy lejos de pensar que Enri(|ue IV le había tratado demasiado bien, se quejó do no haber sido recibido con las consideraciones debidas ásu rango; y, q)or su parte, el Eey halló al qu'etendiente falto de la franqueza necesaria; do manera que ambos quedaron disgustados el uno del otro. Sof'ghmso.cliü üUa hiivova houorato UDuca molto piü íli íiuuUü cUo aLci kí conveiiiva. El Duque de Saboya salió de París en la primera semana de Marzo, siendo acoinq)añado, hasta media legua de distancia, porEnrique IVy los qrríncipes de la sangre; en el momento de la despedida se arrodilló ante el Eey, permauccieudo algún tiempo en aquella postura, ydio gracias por la recepción que se le habla hecho con toda humildad. La siqraesta conversión de los Waldenses, los regalos ála querida del Eey, su qiorte humilde ante el mismo Monarca, yen suma, el viaje áParís, que costó ,al Duque más de 25,0000 coronas (más de 6.000,000 de reales), fueron sacrificios inútiles. En Julio de 1600, Emique IV declaró la guerra áCarlos Emmannel y tomó la Bresse, Bugey ySaboya. El 17 de Enero do 1601 se hizo la paz de Lyon, en la que el Duque renunció sus pretensiones sobre la Bresse, Bugey, Gex yYalromey, recibiendo en cambio la investidura del Marquesado de Saluzzo. Carlos Emmanuel no tenía partidarios en España; la Infanta Isabel había sido en otro tiempo el ídolo de los españoles, yprincipalmente después de la manifestación que hizo contra un libelo publicado en Madrid el año 1599, alabando el gobierno cid Duque de Berma ácosta de la buena memoria de su padre (*); yen acj^uel tiempo los españoles esperaban que ella pudiera dar ásu esposo el Archiduque Alberto mi dosccncliente varón, para no tener el temor de ser gobernados por los saboyanos, que sólo podrían reclamar ese derecho, como descendientes del Emp¡eraclor Gárlos V, q)or línea femenina. Pero al principiar el año 1601 se qjerclieron las esperanzas dol nacimiento de uu Infante en Bruselas; tanto, que cuando en Febrero del mismo año so anunció laqnlmerapreñez de lareinaMargarita, la alegría cpie se produjoen toda España noqruede compararse más que con el disgusto del Duque de Saboya, cuyos cinco hijos, no obstante sn impopularidad en toda la Monarquía española, eran, según sus intenciones y prop>ósitos, los presuntos herederos del trono do sn tio; ycomo entóneos las probabilidades disminiiian mncho=uo debe olvidarse que el nacimiento de Fe- (*) Véase p. 174, íeapaobo firmado on Madrid 21 Dioiombro 1599. lipe IV se hizo esperar hasta Abril de 1605,=Cárlos Ennnanuel, qu'ocurando obtener comqDensacion del territorio que le habíatomado Francia, trató de persuadir ásn cuñado de quo el sacrificio se había hecho únicamente qoor el provecho de España. El golpe fué audaz ydescarado como ninguno. El Gabinete español conocía bien lo que Carlos Emmanuel hal)ía qmopuesto áEnrique IV algunos meses áiites; yel Duque de Lerma, aunque eii disidencia con los españoles en todos los domas puntos, estaba de acuerdo con ellos en mostrarle francamente srt horror ála dinastía de Saboya, yrespondió ála demanda con fiereza, diciendo se sabía que el repentino viaje á París fué emqjrendido sin consentimiento de Esqjaña, yque otras muchas acciones del Duque de Saboya en su vida, estaban en consonancia con los caprichosos móviles que siemqu’e le guiaban. Tal filóla seca repulsa dada al Embajador de Saboya on Valladolid, por Marzo de 1601; yal conde de Fuentes se trasmitieron instrucciones áMilán diciónclole hiciese saber áCarlos Emmanuel que Felipe III consideraba subsistente el tratado de 17 de Enero, yque si S. A. tenía opinión contraria, debía sostener la guerra con sus propios recursos ysin ningún socorro por parte de España. Sin embargo, en el siguionto mes de Abril, cuando Enrique IV insistió en ocupar el Saluzzo, hasta que se qiagase la suma estipulada en el tratado de Lyon, el orgullo yla política española se alarmaron de consuno. El Eey recordó que cuando en 1585 su hermana Catalina contrajo matrimonio con el Duque de Saboya, Carlos Emmanuel y sus descendientes fueron declarados, ipsofació, Infantes de España; yel Duque de Lerma, aunque no era un hombre de estado de primera clase, siempre aspiraba á ser un buen esqiañol; así (no obstante que sabía que cuando estuvo en París el cuñado de Felipe III hizo vituperio dé España, ytramó separar el Milanesado de la Monarquía española),, al final de Abril de 1601 hizo algunos alardes de apoyo moral, que fueron ridiculizados por Ceevántes en la aventm'a primera de Don QuixoU, cuando des- N." 1. EL ATENEO pués de haber tenido el honor de ser armado caballero por las dos mujeres del partido, libertó al delicado InJ'aate Andrés del látigo dcl cruel ganadero Haldudo (*). El primer ministro do España ora de opinioji de ipie Enriciue IV hah'ui vaiudcfulo de lo lindo áGarlos Emmanucl, pero la confianza de E. Quijote en la voracidad de Haldudo, cpie prometió píigar al Infante sus salarios HahumadoH, sin descuento alguno por los tros pares de zapatos ylas dos sangrías, i'ué tan falaz, (pie ála concluBÍtm, cuando Andrés fuó intorrogadcj para (pie testimoniase, como persona (pie los habia experimentado, los lienoficios (pie había traído al jénoro humano la andante calialloría, (d Infante contestó, ipio tín la ocasión poiapio so le preguntaba, tan pronto como 1). Quixoto se alejó dol lugar, Haldudo lo ató do nuevo ála encina, ycon las bridas do bu yegua, en vez de darle hasta una ódos docenas, descargó tal lluvia do latigazos sobre su víctima, (pie Andrés rogó al cal>allero si alguna vez lo veia hacer trizas, nunca volviese áprestarlo su ayuda, sino (pie dejára (jue sus agravios continuasíni yliiégo, d((Kpués de haber maldcíádo á 1). (Quijote yátodos los caballeros andantes nacidos ypor nac.er, la dió á los talones, bíii (pío pudiera el cabell((- ro cojerlo entro sus manos para castigarlo ('*'*). Cervánte.H era do opinión (pie en voz do reconvenciónos verbales, el Conde Puentes, el iirimer capitán de España, debía haber marchado desde Milán sobre la Provonza. Las esperanzas dol Infante Ciirlos Emmiuincl, referentes ála sucesión do Españas'ii sus hijos, fueron mantenidas vivas por el primer alumlir amiento do la Peina, (pie no dió heredero varón á la Mominpua; yen in02, cuando España fpunia jireparar una ruptura con Prancia, Pelipe 111 deseó (pus su hermano politice le enviase tres do sas cinco hijos. El mayor, el Infante If'elipo, era un bravo mozo, como todos los do su faihilia, yvaliente cazador, de edad de (piiiuíc anos; inies yá en una cacería, elLúncs, Pascua florida de IfiOl, lo vimos saltando fuera de su barquilla yarrojado en una rápida yXJ-i'ofunda corlo T>un Q.iijole, pnítii l.«, onp. rv. (•) Don Quljvle, pura 1.», <mp, Jtxxi. riente, de la que fuó sacado con mucha dificultad pior sus dos ayudantes Antonio Porni yel Conde do Earbia. Bu carácter noble ycaballeroso, (¡ue le hizo muy amado de los intrépidos yleales saboyanos, le atrajo, por otra x)arte, un poligrcíso rival en el Du(|iie do Lorma, que desdo cntóuces jirocuró evitar que BC verificase su venida ála córte; y como jariuo al x)rimer Ministro, Carlos Emmanuel emliarcó finalmente en Yillafranca al Prínciiio Pelixie con sus dos hermanos con destino áBarcelona, áluu'do de una gah'ra con la enseña do los Caballeros de Malta, el Eomingo 17 de, Junio do 1003. La tristeza de los saboyanos, cuando en Marzo do aciucl mismo año determinó Cáiios Emmanuol enviar sus tres hijos áEspaña, no tuvo límites; el Senado del Piainonto lo dirijió una petición imra (xuo álo ménos no xaivara al Ducado de su xu'o- Bunto heredero, (xuci estaba más oxmes- to (pie nunca ásalir de su x'ais; yuna conmovedora instancia exue mostró de la x' 0])ularidad del [(obre joven, fuó x>romovida x*‘’i’ (d pueblo yloa halfitantes de Turin la ta,rde do su salida de aípiella ciudad. En la Catedral so (um- S((rva todavía una reli(xuia, conocida con ((1 nomlu'e de Lindmic, del Hopulcro dol Balvador, yCarlos Plmmanuol, (Xno combinaba sus creencias en los dogmas d(( la religión católica romana con sus calorosos alectos de familia, txiiiHo (jue sus tres liijos, antes do embarearso, fueran bendecidos con la reli(xiiia xhu' manos del Nuncio hxiohIóIíco, Pero en el (lia señalado para la eercauonia íué tanta la miicliedumbre (;u las calles de Turin, lo mismo (Ui la Iglesia (jiie fuera, tan grande (d populadlo lloroso, reunido para darle la ultima mirudaásu ídolo (y, en verdad, estaba escrito (xuolo fuese), que (d DiKpie demoró la beiidieion hasta el (lia siguiente, yentónces, sin ninguna noticia ihíl xaddiao, el Infante español rocihió la bendición con la mortaja (hd Balvador, yel Üde Pebrero de l(iU5 fuó envuelto en la suya xiropia yBepultado en el Escorial. En Junio de 1G08 el Dnque de Hahoija ten ía cinco hijas, ásaber: Felipo, Víctor-Amadeo, Emmanuel-Eilíberto, Mauricio yTomás Ihauciscb. Los tres primeros desembarcaron el • Domingo 19 de Junio do 1603 en Barcelona, dundo fueron saludados yrecibidos, no como Príncixics do Baboya, Bino como Injantes de Esxmfla, dándoseles x^oi' lo tanto el tratamiento de Altezas (*). En 13 de Agosto de 1G08 los tres Infantes, tuvieron su x>i'Lncra entrevista con su tio Don Pelipe en el Camino Ecal, entro Yalladolid yBúrgos, junto á un caserío llamado Veiitosilla. El Bey escribió al Infante con focha on Valiadülid á10 de Julio, yla carta filé contrasignada x^or el secretario Don Pedro PAamxiicza. Eh la siguiente: ((Señor Hohrino, muy gran eontoutamionto lio tenido con las buenas mioviis quo mohaveia inviado con vuestra carta 22 do Junio (Hie) de vra llegada yde vros bonnanos con salud aestos Eoinos ydo la felicidad do vro viaje. Boa Dios loado (XU(j assi a favorecido la buena rosoliK/ioii que el Dtupio vro Padre, ymi Ilermauo, hizo en iuviaroH. Yo Imelgo (planto os doxo considerar do vra vonidii, y(puido con harto doHHo'o do veros, yagora ouvio a Don Enrique do Guzmiui gentil honj))ro do mi camiira, (pie os dura (¡sta xiar», que os vessite ydo el X'arabiou déla heñida, avos yavros Hermanos de mi xnirte, yme traiga buoiias nuevas de todos, yassi os ruego me lo despachéis luego, yque jier ser la sazón dol tiempo tan rezia, caminareis breves jornadas, yos guardareis mucho del calor, ydel sol, axu'ovecbamlo os dula frescura do las mañanas yde las tardes, ytmygaos uro tíoñor atodos tan bien, yténgaos de su saucta mano como desseo. Do Yalladolid, 1(1 do jullio 1003 Vro buon tio, yo el Bey. «Don Pjsmio Phanoiik/.a, Socretta'io.» Debo adverti.T ahora, quo este Don Pedro Franqneza fué la xiersona inmortalizada por Cervánics bajo el pseudónimo do Sancho Punza. Había sido Xirimoramente ayuda de cámara del Diujiie do Herma, quo obtuvo X’íirii/ él la p^ 11520' il-® Bocrotario de Estado, yá él filé, yáBU señor yáotro do sus dependientes ócólegas eu el Gabinete español, álos que Pelipe 111 encargó en el vorano de 1G03 de escribir la lie- Incion do la recepción (xuo so hizo al Duque de Nottingham; lieohoque recordó en estos íórminos al satírico Góngora: «Miindáronso oscrihir ostas hazañas ADon Quixoto, áBancho ysu jumento.» La novela liabía 'salido áluz al principiar el año, X’or lo quo el público español no tenía nocosidad do clave para C*) Le KalvB, ifoohi/oi raplauBü‘'fn gtondiselmo In Baroeollana, chiameitdall Kompi« In/aníi di Hpa^ina, non priiaclpl di Havula, da oUo dataUs dato Utitula di AltexxA. (Oturtu. di Fvoo. FríuU) Torluf dJuUo, 1000<> 8EL ATENEO N.“ 1. entender ol signiíieíido que, sin einlitir- I <^o lux sido mal interpretado en el presente siglo, yse lia escrito que versos los de Góngora signiiieau que Cervántes haWa escrito aquel yldleío con miras de sátira política. (*) La primera noticia impresa del Quixote se relaciona con ésto, ypor lo tanto, tiene conexión con Inglaterra, yla obra misma abunda en alusiones referentes ála lleiiia Isabel ysu reinado; pero son de tal naturaleza, que aunque S. ]\I. liiibiese estado viva, no podría haberse resentido del titulo de I>neuu cpxe se le daba, por más que Eobert Cecil pudiera quizá no haber aprobado que se le representase como eompach‘0 de Sancho; pero en nntchos puntos simpatizaba Cervantes con Inglaterra, yse inspiraba en loa pensamientos do sus autores (kamáticos; de manera que es satisfactorio conocer que en1614 el pirata autor, que le apostrofó de viejo, maneo yenvidioso, ypublicó una segunda ^xarte expixrea ieDon Quijote, ínéhien maltratado en llladrid por mandato de Sir John Digby, que, áim cuando arrogante yaltivo, como representante de Lord Clarendon, oii esta ocasión dio grandes muestras de indignación ydisgusto, que fueron altamente meritorias; yes de sentir que el Secretario oCapellán de Digby, James Mable, que parece haber estado con el en aquella sazón, ydespués publicó las Novelas ejemplares de Cervánfes en seis libros (Londres, 1640, folio) bajo el pseudónimo de Don Diayo Pitedeser, no hubiera anticipado Las criticas dd Itolliad para añadir una clave al Qiiixotc. Ambas sátkas fueron igualmente políticas; pero como el Gobierno do España era despótico, el libelo español de 1605 fué por esa causa más disimulado, tuvo mayor necesidad de revelación (á lo ménos para la posteridad, pues para sus coixtemporáneos Don Quixotü era perfectamente entendido en todas las Cortes de Europa) que las elucidu’aciones del injenio de Brook en 1784 (**). (Continuará.) (*) Dobeniof? ailvortir álos lectores tío este artículo, qno no fiou lo» vüiiiOB tío Gí'uigoro el único fimdameiito qno existo paraatrilmir ií7<*n’ti?iíC8 la Bdacion de laaJieHas de Valla’ tioluU IN. DEL T,) (**) Yt'ttsc Ixird Staulwpc, Yol. I.» Í382. POESIAS. LEYENDAS YTRADICIOHES SEVILLANAS, LA MÁS NOBLE CARIDAD. I. Es don Ambrosio do Espinóla Ai'zobi.sixo de alta.s prendas Que la andaluza metrópoli Con gran acierto gobierna. Noble ysensato ambiciona El esplendor de sxx Iglesia, Ypor la dicha del pueblo Clexncute al par se desvela. Celoso pastor, lo mismo Al que gime oii la indigencia Que al poderoso magnate. Tiende su mano benéfica. Asi su bondad sin limites Halla aplausos donde quiera. Que en él un padre amoroso Pobres yricos encuentran. Apesar de sus virtudes No falta quien le zahiera: ¿Cuándo en paz al que se encumbra Dejó la maledicencia? Quizá en su qiropio Cabildo La crítica audaz comienza, Yliay quienes de herhio acaso Ocasión siempre desean. YOcasión ahora propicia En verdad so los presenta, Que harto bien los rencorosos Para su objeto aprovechan. Yú la epi.scoiial morada Vieja yruinosa, no era Digna de prestar albergue Ápríncipes do la Iglesia: Don Ambrosio, no por él, Qiic infinita es su modestia, Ysí por deber, dispuso Su restauración completa. Nombró alarifes do faina; La obra emprendióse ligera, Y, en breve, de las ruinas Se alzó mansión digna ybella. Con ésto los descontentos Murmuran: «Ved la presteza Con que edifican palacios El orgullo yla sobeibia.» Yjuzgando que esto es poco, Argumentos que más fuerza Han de tenor para ol pueblo En su afán inicuo emplean. «El buen Arzobispo, añaden. Consume en obras sus rentas: lAy de los tristes mendigos Que el pan de su mano esperan! «Malgasta el caudal del pobre, Eepiten con insistencia. No hay caridad donde el lujo Yla vanidad imperan.» Estas críticas injustas Quizá Espinóla sospecha, Mas él prosigue tranquilo Su obra, que átérmino llega. Yá sólo por complemento Falta espaciosa escalera. Que ásu gusto so construye De limpio ja.sixe cubierta. Yel Prelado venerable Con gozo infantil contempla Colocar unas tras otras Las bien cinceladas qnedras. Fundando en aquel ornato Su ilusión más halagüeña. Sin temor do que lo acusen De pueril las malas lenguas. ¡Pxxeril! Los ángeles puros Guardadores do la tierra, Eepotii' deben gozosos Cuando tules seres vean: «¡Bien haya aquel que acercándose Do la vejez álas pxxertas. En sus gustos ydeseos Alma de niño conserva!» II. Don Amaro, loco insigne. De quien aún Sevilla guarda Memorias que harto revelan Su malignidad ygracia; En tiempo del noble Espinóla Eecorre calles yplazas. Sermones mil predicando Que siempre auditorio hallan. Como con otros dementes, Con él muchas veces pasa. Que le sobra de maheia Lo que de razop le falta; Ymás que loco, taimado. En sus atrevidas pláticas. Indirectas bien directas Ásus oyentes dispara. Yal considerar la astucia Conque sin piedad se ensaña Contra elevadas personas Yclases determinadas; Bien sospecharse pudiera Que hay quien sus dichos ensaya, Yque acaso algunos cuerdos Por boca del loco hablan. Él entretanto admitido Se encuentra en todas las casas; Hasta al benigno Arzobispo Mucho sus chistes agradan. Cuando en Palacio lo mira Lo hace subir ásu estancia, Yápredicar lo estimula yespléndido lo agasaja. N.“ 1. EL ATENEO 9 La acogida que halla el loco Observa la envidia ycalla; ¿Quién sabe si con el tiempo Soñará en aprovecharla? III. Es una alegro inañann: Arecorrer la ciudad Sale Amaro yvá cual siempre Al Palacio arzolúspal. Inmensas turbas le siguen, Mas todos logran entrar, Que Hal)on os don Ambrosio ' La .suma benignidad. Air dispúnoHO el Prelado Álíi santa Catedral, La escalera entre canóiíigos Con pausa bajando está. Conversando alegro llega. Prestes le siguen detrás, Ysus faniiliares todos Cerrando la marcha ván. Apenas al loco pudo En el patio divisar. Llamándolo, tal le dico Con franca jovialidad : «Tú, que pruebas do entendido Siempre en tus sermones dás, ¿Qué dirás do esta escalera (Juo he mandado fabricar?» Amaro, iingiendo asombro, Saidiguaso con afan. Cual si gran magiiiliconcift Lo llcgas(i ádeslumbrar. «Es Ijülla, dico, bien digna De la casa os en verdad: Í'íiiiin in ]nim trovahit, Como dijo San Pascual. »¡üli, señor oxcoloiitÍHÍmo! Ágritos prosigue audaz, Orgulloso con tal obra Sin duda debois estar. •Marmol de ))ü11os colores yterso como el cristal.. ¡ l‘ani» in ¡iHra Iriirahit,,.. iQué liazaaa más siiigularl •Por ella, do .Jesucristo .Sois la iniágim más cabal; El en pan trocé las piedras,. Vos trocáis en pitalra ol imn. •iQué agradecidos los pobres Con tal cambio han de (picdarl Aplausos sin íin alcance Vuestra inmensa caridad!» Tal dico, yhaciendo guiños Dirigose álos domas, Promoviendo sus visajes En todos la hilaridad. Los maldicientes npéuas Pueden la risa ocultar, Mas, fingiendo enfado, al loco Duras reprensiones dán. El taimado entre las turbas Aléjase sin chistar, yhaco grotescos saludos El rostro volviendo atrás. El buen Arzobispo al suelo Inclina roja la faz. Mas consigue su disgusto Benigno disimular. yentre bu séquito on breve, Con apacible ademan. Prodigando bendiciones Camina ála Catcdi-al. IV. Do la episcopal morada Ala Gstancia más modesta Apenas so extingue el dia El buen Arzobispio llega. Alli ásus pajes despide. Cierra callado la puerta, YOlí un sillón toma asiento Que áextenso bufete acerca. En él apoya ios codos; Sobro la mano siniestra Inclina torvo la fronte Einmóvil medita óreza. Do dos pálidas bngias La luz en su faz reileja, Yel sello do honda amargura ImprcsHo mirase en ella. Trascurro así largo tiempo, Mas do pronto la cabeza Levantundo, tal nuirmura con voz quo angustia revela: «¿Será verdad? ¿Do los pobres Osé malgastar la hacienda? ¿No os digno acaso el empleo Quo quise dar ámis rentas? «Esto la critica dice, Esto el cabildo moteja, Mas ¿por qué ála voz tranquila Poruianoco mi conciencia?» Tal dice: grueso legajo Desata con mano trémula, Ynumerosos pai)cles Extiendo .sobro la mesa. Allí larguísimas sumas llocorro su vista inquieta, ynombres cien pronunciando Becibos sin fin bojea. «Es verdad, trémulo añade; Amucho ascienden las cuentas; ¿Será quo ol pan de los pobres Habré convertido en piedra? •Hartos crecidos dispiendioB Tantos nombres manifiestan, Empero¿cómo tranquila PerruauocG mi conciencia?» Calla, ylas sumas reime, Los recibos enumera, Yloe nombres aUí escritos Vuelve áprommeiw sin tregua. Cansado al fin abandona Tan enojosa tarea. Febril reelinaudo en breve En el sitial la cabeza. Ycuando yá en la Giralda Comienza ásonar la queda, Duerme con el blando sueño De uña tranquila conciencia. Antonia Díaz de Lamauquií. (Cvnt (muirá.) MlADO DE LA TUMBA DE DA CONDESA DE VILCHES (*) DIÁLOGO LA VIDA. El claro resplandor do bolla aui’ora Irradiaba on la luz do su mirada; Ycual eco do célica armonía Su aconto resonaba. LA MUERTE. Breve os la vida do beldad torrena. Presto el encanto do la forma humana Bajo ol oscuro mármol do la tumba, Es humo, qjolvo, nada. LA VIDA. Admirando su noble gentileza. Por reina los salones la aclamaban, Yentro ol brillo yel fausto cortesano Bill rival dombiába. LA MUERTE. ¡Vanidad yno más! ¡Biieño do sombras! ¡Placeres sin iilacerl ¡Pompa mundana! ¿Qué valen las grandezas terrenales Bi desparecen rájudaa? . LA VIDA. Si al morir se convierto la belleza En humo, en polvo, en nada; Si las grandezas dol soberbio mundo Como, la sombra pasan; El rayo dol espíritu divino. Que do Amalia la monto iluminaba. Do Ledia yBerta lo dictara un dia Encantadoras iiúginas: Ellas, álas edades venideras Mostrarán quo su monto contemplaba Eso eterno ideal, claro reflejo Do bolloza bicroada. Las obras do su ingenio peregrino Vivirán en los ecos do la fama, Quo si la muerte triunfa on la-tnateria, No kinufa do las almas. Luis Vidabx. 26 de Jgúato de 1874« (’*') XüfltoB voraoa ostjuv clestiiuidOB á. íoñiiiir parto do lu oorcma poétioa que ha, de cLedioaj.'so ¿la moraoria de la aufcum do LtdUí iJBertOi notal>lea novena que vieron IaIue pjül^Uoa oii la Róvltta de JStjianch ir> iiueza tíui sin eonanouia alguna como lá huliieran BÍdo piilUnus. másliien (|ue [ireBuutüH hertdt'ros del tríuio del líey Felipe. Aünes de Setiembre d(d miemo iiño, la gran nniior de estado de España, que tanta iiiliuencia lialúa ejercido en liis afecciones dcd Diupie de Lerma, =Ccrváiites la llama su Dulcinea, = (pie en KiOl, en el nluml»ramiento do Ana, de Austria, la colocó corno aya de la Infanta, fue privada de sii encargo yexpulsada del palacio. Desde eutónces, ypava siempre, el primer Ministro yla ex-íiya fueron enemigos declarados, yasí se insinúa eu la carta qrre dirije !Í Dulcinea, yque se dió de memoria áSiUicdio, auiiijue iba con la orden de los pollinos, eu la que Don Qui- Xüte líi apo.strofá así: liOh hi'lla iiipivta, amada enemiija mia.» Volviendo ál(js pollinos, la letra do cáinl)io ilustró el sentimiento del publico español, que era igualmente adverso al gran favorito yá. los Infantes saboyauos; pero al principio del año 1(304 Felipe III pareció niúiu.rt contrario á ellos, aunque sólo íué ésto un relámpago pasajero; sus proyectos dinásticos tuvieron fatales auspicios. En Febrero, Antonio Forni, mayordomo del Infante Felii)e, que lo lialúa salvado do aliogarso algunos meses tintes, nmrió eu Valbidolid; ypara aumeuttir la tristeza dei los pobres jóx'eues, veinticuatro de ,sus servidores italianos fueron, reemplazados 2>oi’ españoles. Lii compensación que se les dió por esta muestra de disgusto, filé una toxqie excusa do lo mal tratados que luibían sido en su viaje desde Génova áBarcelona, por D. CárloB Doria, al cual .se dió al ñu una ropreusiou, por la afrenta que nunca les hubiera hecho si no hubiera sido por mandato del Din^ue de Lerma. En Mayo, el mayordomo mayor de los Infantas siguió al scqiulero áAntonio Forni, yel Príncipe quedó con cuatro serviilores sahoyanos únicamente. El valeroso D. Felipe luchó hravamente contra su adversa fórtmia, yal mismo tiempo trató de jireparar el terreno piara pioder combatir con ventajas. El brazo del Infante se dirijía contra elfaquin (*), Duque de Lerma; yuna (MUua í{ÍD!*tra ül íui;Liao. EL ATEFEO lanzii de muerte luilña yá señalado al justador. La residencia de Eelipie de Sahoya en la córte de su tio fué altamente lamentable, pero él la sopiortó siempire como caballero de levantado ánimo. La lista civil de los tres Infantes en E'spiaña montaba cerca de 130,000 coronas por año (3.250,000 rs.), de las cuales 90,00.0 eríiu pagadas iior el Gran Maestre do Castilla yel Priorato de San .Juan de Portngiil, ylas 40,000 restantes les hablan sido señaladas por el Eey. Pero el donativo regio fué un mito, miéntras que la generosidad de sil sobrinu=no obstante haber sido perseguido hasta Espauiipornna molesta liandada do acreedores piamonteses y lombardos, álos que debía 0,000 coronas gastadas en los preparativos de su viaje =se ostentó en el mes de Setiembre de 1(503 con el regalo do un caballo tordo piorceiana con admirable cola, el más hermoso animal que pinedo imajiuarse, yque dió al Eey, poniéndolo en escuela de un modo tan perfecto, que aumentó la envidia del Duque de Lerma, considerado basta entónees como el mejor jinete de España. Al mismo tiempo regaló también al Eey una armadura completa, adornada con pedrería, ydos ricos juegos de unieses, regalo que al Eey pareció agradar mucho; tanto que en el momento eu que el Infante se apeó,, monto ácaballo, yá BU vez justiñeó pierfectamente la bien adquirida reputación yla fama de los jinetes de la casa de Austria. La causa del desafio fué la siguiente: el Duque de Sahoya, no obstante el vapmleo que recibió de manos de Ilaldudo, era siempire sospiechoso de partidario de Eraueia, ypor eso determinó consignar una protesta contra aquel cargo de deslealtad pior manos de ,sus hijos, con la ocasión de querer ganar piúblicameute sus espmebis. El mantener las justas, aun para el que justaba en la tela, era una diversión muy costosa, ylos sobrinos del Eey no tenían medio do procurar se le plagasen las 7,000 coronas que se les debían por cuenta del donativo de su tio; pero salvadas todas las dificultades pecuniarias, el piresuuto heredero sabo- ,yano ==valiente ydecidido por su abolengo =p)ublicó su cartel en Valladolid N." 2. iel 18 de Mayo de 1(504 diciendo que ;estaría pironto ábacer frente átodos los Ijustadores el 30 del mismo mes. En las justas de esta clase, como también en otras en que se corrían mayores peligros, ora costumbre jeneralmente sc'guida que so piroclauiasen en honor de alguna dama, por su belleza ópor otras pirerogativas del sexo; pero en esta ocasión el Infan te de Sahoya declaró que Bolameiito lo guiaba el deseo de servir áSu Magosta,dCa,tóliea, haciendo constar que a,quella piasion predominaba en él, yque ána, dio cedía en ella, sin embargo de lo que cualquiera alirmase en contra; como diciendo impilíuitaraeute que su padre no tenia intención de aliai’He con la Ifrancia. El atrid contenía también una aluBioii á la encidia, golpe que so dirigía ai Duque de Lerma por sus esfuerzos en impiedir la visita de los sobrinos del Eey, eu alusión ála cual el constante caballero, eRcojió pior divisa una sierpe de anua óhidra, con el mote, oqirinúda, 'pero no vencida: Aesta sierpe,, yála servidumbre en que tenía al Eey sn pirimer ministro, aludió Gervántes en la respniosta que dió Don (Quijote áSancho que le aconsejaba entrase al servicio de un Empierador, óde a,lguii otro pioteutado, dieiéndüle: «Fo dices mal, Sancho, mas antes que se llegue áese término es lu^iiiester andar pior el munilo, oonio en apirobaciun, buscando las aveiituras, piara que, acaba,ndo algunas, se cobre nomlire yfama tal, que cuando se fuere ála córte de algiiu gran Monarca, yá sea el caballero conocido pior sus obras, yque apiéiias lo liayau visto entrar los inuciiaciioB pior la la pmerta de la ciudad, cuando todos le sigan yrodeen, dando voces diciendo: Este es el caliallero del Sol óde la Sierpe, (*) óde otra insignia alguna 'debajo de la cual hubiere acabildo grandes hazañas; este es, dirán, el que venció en singular batalla al gigiintazo Brocabrimo de la gran fuerzíi, el que desencantó al gran mameluco de Persia del largo encantamiento en que bahía estado casi novecientos años.» (**') El 25 de Mayo de 1604, pasó el Eey {'*') Eu la edición de Madrid do 100í> duda de la Sierpe’, on la do lüü8 hü xiuao de la Serpiente, poro la díftireiicia xio ts importauto. (**) Don Qaixotc, parte 1.a, cap. xxi. N." 2. EL ATENEO 17 Eelipe desdeVeiitosilla áYíilladolid 3^el constante, caballero esperaba ])oder recojer el guante arrojado en ol paloiu|ue del dia 80; ¡)ero se vió obligado ¡í aplazar indefinidamente las jiistíis, poiapie el Eey anuuoió (pie el dia del comlMite se ñjaria por edicto real. En el entretanto deciau los salioyanos que aquella dilación se tomaba para hacer mejor ostentación do armas ytrajes; pero l'ué muy conocido en la córte (¡ue tal aplazamiento procedía de los tíiaoninos en que se puso ol cartel tan iialadinamento dirijido contra el Duque dc>. Lísriua, debiéndose, ásus ciuvidiosas maípiinaciones (pie se supusiera que las justas se habían prohibido (Uiteramento, no obstante (d quebrantamiento quo ésto causalai cu la órdím do caballería, (pío ol)ligaba ií Eelipe de Saboya áesperar á sus advcírsarioH óádar buena razón de su ausencia. La Itüiníi Margarita ora muy aficionada áaquellos CBpectáculüH, yaumpie tenia señalada profereneia ásus liermanos solm! los sobrinos de su esposo, Ro deleitaba como toda la córte, con la idea (lo mortificar al Diupio do Liu'uui. Hu int((r(!OHÍou, yalguna pcnpieña confiidoracion álos gastos hechos por el consldiite cahaUcro ysus competidores, indujeron por último al Koy ápermitir la justa, yol Domingo 19 de Julio, los tres infantes aparecí,eron en la liza. El presunto heredero de Saboya Be mostró digno descendiente de suguerrera estirpe, ydesde medio dia hasta puestas de sol combatió infatigable con numerosas cuadrillas do los mejores caballeros de España. Estuvo cargado con una pesada armadura, ytodos convinieron en que había mostrado bríos iñuy supe- .rioroK lí BU odad. Miuíhos príouios le fueron adjudicados por los jueces del campo; ysus hermanos tambiem hicieron un papel brillantí! (aumpio ol mayor do ellos estaba cnfíU'mo (le asma), de modo que, en rcisúmen, los tres mayores de los cinco hermanos so distinguieron /acnf, miéntras (pie Mauricio yTomás ]>erman(;dtíron en su. casa. El menor do ellos, Tomás, aunque diispues se distinguió como soldado al servicio de la Francia, puede también ser mirado como un insigne ilustrador de la buena policía en las faenas domésticas, como uno de sus descendientes en línea recta, que ahora es Eey de toda Italia; miéntras el hijo de S. M. (][ue hace pocos meses era Eey de España, ahora al presente, =como el Príncipe do Cariguano en la infancia, cuando decidió quedarse en sucasa,=:ha vuelto sábiamente áhacer cabriolas en ed paríiuo del papá. La Justa tuvo lugar el 18 de Julio do 1604. Ihié una manifestación política contra el ¡irán favorito (*') yaumpie su antagonista era un extranjero, ysabo3Ui- no, toda España so alegró del arranquey porsoyeranciadelcflbííWcríj constante, cuyo acto fuó mirado como un triunfo nacional, siendo Valhidolid el lugar de la escena; yallí, (?« 26 de Setiemhre,delC)Oi, firmó Felipe III la licencia para la publicación de la Primera parto de Don Quixotc, en cuya sátira la primera aventura representa al Dmpie de Haboya como m\ fastnr (zagal de ovejas), yla penúltima alegoría es parodia del bofetón rociliido por (d primer ministro do manos del hijo delmismo Du(pie,áquieu representa con el disfraz de mhre.ro, profesión muy propia do la rejion de los Alpes (**). Desimes do haber recobrado Eugenio su estraviada cabra, ycontado la historia do su rival Anselmo ydel bravo Vicente delaEoca, quo sedujo ásu señora Loandra, la reunión cumplimenta al cabrero jior la elegancia do su dicción (el cartid de la justa, del (jual tengo copia, haiiia sido escrito por un literato llamado GiovanniBotero, secretario del Principo Eelipe), ipie más liiiui que parecer do rústico cabrero, hubiera podido honrar al más cumplido cortesano; el cura declaró quo el narrador había justificado muy bien el axioma de quo en las montañas so producen hombres do letras. Don Quixotc, como los demás, ofrece sus servicios al cabrero, sintiendo que sus promesas áDulcinea lo impiden tomar ásu cargo ninguna () Por BHto apotlo bo «loHlgnaba on Inífluterm fil Dmjnn íli) Lrnutt. VíMiHO tíl HBcrito por el HtmontUlft Hir UoiH^r llownrd, íimprobo ou la Hnho\ta^ por Htmríco H«rrbiK«mii, kla üUHtiña (luí Axiooru un ol Lowcur-Walk du luKuuva llulgai 11368. (**) Torio esto trozo quo slffue corresponda lü oap. ui do la Primera porte, —Aun piidluru el sutil iirtioullata íjikK'h haber ím/orziulo BU conjetura óinitirprotacíon do quo iMpii hü (iludia lUoH Biiboyonoii, 7Agolpes íMoor 7luonilospor ellos (ItuloH yrooibidoB, record anclo que til fin de eso ijnlarno capitulo, llogniuln Don Qulxoto maltreolio á«u uosa, lo pregunta su mujer d Rancho. ¿Qué aahoyma rao traola?... Ylo que Uoto.- baÍ)ou Qtilxotoora un gacrotozol— á&l T») nueva aventura; pues de otro modo él hubiera (pierido sacar ¡i Ijcandra del convento, ádespecho de la abadesa y de todos los obstáculos, yponerla en manos do Engoniq, cu la seguridad do que él se conducirla como cabalh,'ro; añadiendo, que esiicraba en Dios (pm el maligno encantador, en cui3'0 poder s(.( encontraban entóiicés, sería pronto sustituido por otro mejor iuteucionado, y ]iara ontónces prometió al cabrero todo favor yayuda. Eugenio clava la vista en él, ycuando vé á.Don Qnio;ote tan flaco yen tan mal ]ielaje ycatadura, (pioda perplejo ydice al liarliero, (juc estaba sentado al lado suyo: «Heñor, (;(púón os este boinbro, que tal talle tiene yde tal manera habla? ¿Quién ha do ser, respondió ol harlicro, sino el famoso D. (juixoto de la Mancha, desfacedor do agrávios, eu- (h'rezador do tuertos, el amparo do las domadlas, el asombro do los gigantes y yel vencedor de las liatallas? Eso me semeja, respondió el cabiauo, álo (pie se lee en los libros do caballoros andant((H, ípK! hacían todo oso que de este hombro vm^stra uuuxiod dice, puesto (pie para mí tengo, ó([ik! vuestra merced so burla, ó(pie este gcntilliombre dcbfi do tener vacíos los aposentos do la cabeza, f-íois im grandísimo bellaco, dijo áesta sazón Ih Quixote, yvos sois el vacío yel menguado, que yo estoy mas lleno que jamas lo estúvola muy hidepnta, puta quo os parió: ydiciendo y liacieudo, arrebató nn pan que junto ásí tenia, ydió con él al cabrero en todo el rostro con tanta furia, quo le romaclió las narices; mas ol cabrero, que no sabía do burlas, viendo con cuantas veras le maltrataban, sin tener respeto ála alliomlira, ni álos mantelos, ni á todos aquellos (pie comiíuido fistabau, saltó sobre Don (,)uix()to, yasiéndole, del cuello con entrambas manos, no dudara de allegarlo, si Banoho bauza no llegara en aquel punto, yle asiera por las espaldas, ydiera con él encima do la mesa, quebrando platos, romjiiemlo tazas, yderramando ye.sparciondo cuanto en olla estaba. Don Quixote, que so vió libre, acudió ásulurse sobre el cabrero, el cual, lleno do sangre el rostro, molido áooees de Sancho, andaba buscando ágatas alguu 18 EL ATENEO N." 2. cvicliillo de la inosa para hacer alguna Siiugnhioleiitii venganza; jiero estorbároiiselü el canónigo yel cura; mas el harhero liizode suerte, que el cabrero eogiii debajo de sí ú1). (^luixote, sobre el cual llovió tanto número de niogicones, ipie dt'l rostro del pobre caliallero llovía t;uita sangre como del suyo. IlovcntaJia.n de risa el canónigo yel ciña, saltaban los cuaikilleros de gozo, znzalian los unos ylos otros, como hacen á los ])i:‘rro3 ciuiudo en pendencia están trabados: isolo Sancho Panza, se desesperaba, ])or(pic no se podía desasñ de un criado del canónigo (jue lo estorbaba ipie ásu amo ayudase.D (*) Esta alegoría ha sid:> cansa de quo los e,spaiioles, (que no la entendían por ser tan ignorantes dol .sentido moral do Thm Qiñxntc, corno todo.s sus comentadores estranjeros) han tratado áCervantes brutalmente; ypor interpretarla literal, yno metafóricamente, sn sentimentalismo se hace ridículo; (como puedo verse en la nota que insertanros al pié(**') que también contiene un uoinliro inesaoto); pues yo demostraré muy luego, con evidencia interna ycircunstancial, que el autor de la Begimda parte csjifiren de Don Qjáxotc, no íiié Fernandez de Avellaneda, sino el conocido libelista Gaspar Scbóppe, el protqjido ypensionado, del Duque de Lerma. Cervantes fuó bieir entendido basta cerca de los lines del sigdo XVII; entonces la llave do la sátira se fué enniobecieudo gradualmente; yel trabajo de forjar ysacar áluz otra nueva lia sido muy grande, sin esperanzas de jeueral aprobación; pues la humanidad, después de todas las necedades que so han di- (dio dcl gran satírico español en el espacio de 150 años, quiere ser ahora muy circunspecta en consentir que se bagan nuevas guardas en aquella llave, aunque con ellas, según me lo prueba el sentido común, jira en la cerradura tan perfectamente como según las circunstancias puede exijirse. (Cim/inucirá.) I ) Don Qttlxoie, poi’to l.n, cnp. i.ir. (^) Este es im pacaje hnlitnic> ile Cervántos, qno siRinprcf po mnostm tan diUbti ytan hmnano; hace ejecutar al ciu'a yal cimóuiRO im impel ajtíiioilü su earúetiT, ycae predaalututu ou el (lefectn quü tchó desiiues on cav>i su pliijiavio l'tfmuulez tlt* Avollftni'dfl.— Yiaídut,—í/)í)n Quíxaíc anotado lioi-D. Adolfo tlü Castro, oapitulo 53, pátj. 35Ü. Ediáon do MuOrid, 1851.) POESIAS, LEYENDAS YTRADICIONES SEVILLANAS. LA MÁS NOBLE CARIDAD. (Conclusión.) .V. Sombras son de los recuerdos Que nos afligen óhalagan, Oimágenes apacibles De ilusiones yesperanzas, Esos fiiiitasina.s sin número Que en los on.sucños so alzan Ytomando forma yvida Por ignoto espacio vagan. ¿Qué vó dormido el Prelado? De.spierto júzgase yáiisia Begnir do nuevo el exiimen Que sn mente fatigaba. 8u mano extiende ála mesa Mas con mudo horror la aparta, ¡Aialer los papeles mira Do humo immdaudo la ostauoia! Quiere gritar, mas en vano, Aliento yvida le faltan, Ysu respirar inquieto Harto su( angustia declara. iqOb! lo,s recibos..,.)) murmura, Ytras inciertas palabras Torna áprommeiar los nombres Que en los recibos se bailan. Como ála voz do un conjuro, De entro el humo se levantan Téiiues, inqialpalilos sombras Que adquieren figura humana. Yvoz misteriosa dice: «Noble señor, ¿qué nos mandas? tjuieres saber cuántos fuimos Los que admitiste en tu casa? «Helos aqui.» Yvé el Prelado Que su habitación se agranda Yásu lado cien obreros Sin rumor piasaii ypuisan. Los Conoco, baldarlos quiere, Su acento empero desmaya, Ycon \dvo afan esoueba La voz que de nuevo halda: «¿Eecuordas? ¿Hacia nosotros Tendióse tu mano franca, Todos te 8omo,s deudores De bienestar yesperanzas; «Premiar supliste el trabajo, Tu bondad nos alentaba, Ypuros triste hora te vemos Noble señor, ¿que nos mandas?» Calla. La luz de una idea Hiere de Espimola el alma, Ylas manos extendiendo Dice átodos «¡gracias, gi’acias!» Qniere seguir, mas do pu'oiito Su apacible oiisuouo acaba, Que al eco del sacro lironco Despierto la frente alza. Vuelvo en .si yáDi.os bendice, Miéntras la grave caiupaiia Con lentos sones anuncia El nuevo fulgor del alba. V.I. El día do san Aralu’o.sio Ordena el Prelado insigne Diir eKqiléiidida comida Átodos cuantos le sirven. (jiiiorc (pie el fin do la obra Eli ella se soloiiuiice, Ysus lielcM ¡U'tesanoK De tal liosta ]iavticipim. Mírese daimo el cnciuero, Afanoso poi,' lncir.se, Asados yextnulos guisos Con gran acierto dirijo: Yacóqiiimso en la cocina Cbulelíiis, magras, pernilo.s, Ygallhias por docenas Yqier cientos las perdices. Ala vez el i-oqíost.ero En pi'ojmrar so dosvive Eimeros de blancos panes, Eiuic.ios vinos, yci.mlitns. Iiiirgas mosiis se dlsjioueii Que limpios miiuteles visten: Altoriiaii con bi vajilbi Eamos do lloros ámiles. Yoiitre grii])os do íLmiyaiieB AiguiiloH distancias miríiii.so Colmadas do bollas frutaíS Gallíirdas cesta.s do mimbre. Lo.s sii'viont.es do lii, Ciisa Álos do J'uerib rocibou, Los que., cuiil mandó el Prelado. Con sus familiiis ¡isistou. 1'" aneianos, mnjoros, niños Con pliiccr iiidoscrijdiLjle En trago do iiosta acnilou Atan filogro couvito. Muchos son, niiis tod(.)S Cíibeii: Ya ol mayordomo consigno (jne vayan toiuíiadi,) a.sicnto Sin omnlaciou ui qiiqnes. Ni ontro los más avezados Arounionoa yfostinos Mayor compostura yórdou Puodü en verdad oxigirso ; Que los hijos do esto pueblo Son cuando su instinto siguen, Erauoos sin sor atrüvitlo.s, Modosto,s sin ser bnmildos. You las ocasiones todas , Si no hay quien los estravíe, Aun con los más iln.strados N." 2.EL ATENEO 10 En i^rLaiiidad comiiiten. Un anciano sacerdote Yá los manjares bendice, Ysit plato ácada uno Al 2aiuto los pajes sirven. Yácomer todos empiezan Sin cortar.se ni aturdirse, Entre pláticas .alegres Ybien síizonados cliistos. YII. Entretanto don Ambrosio, Con su agrado habitual , Eocibe ácuantas iKn’SOuas Áfelicitarlo van. Bu Cabildo lo acompaña, Yél viendo en la o.stanuia yá Alos muchos (2ue sn.s actos Batirlzan sin piedad; «Boñores, átodos dice: >iVais conmigo áiiresonciar »Ija más alegro comida «Que iimijinarse imdrán, «Son mis fíeles industriales «Que lio querido convidar, «Y hoy, dichosos, de mi casa «Posesionados están.» Levántase olhuou Prelado, Todos le signen detrás, Yen otra estancia imráiidoso Vuelve ypro.sigue jovial: "¿No es vea'dad que hay varios modos »I)ü ejercer la caridad, «Y que c.s siempre grato al Ciclo «Cuanto áloa pohroB so dá? »Bi OH justo dar al mendigo, «¿No lo os tanihien evitar «Que ámendigar otros lleguen «En la triste ancianidad? «Protección dar al trabajo, «Aliento úla industria dar.... «lié aquí donde alcanza el pobre «Bill humillación ol pan. «y eso amor ála belleza »(juc obliga al hombro áiiivontar «Objetos mil cada dia, «¿No será jirovidcncial? «Oid: en los puclilos todos «Hiempi'ü se han visto brillar «Génios yartistas .sublimes, «Huella dejando inmortal. «Los royos, los poderosos «En obligación están «I)c tender liáeia esos séres «Mano franca yliberal; «Y sus obras acogiendo «Deboülos estimular «En las mágicas tardas «Que boiiran ála humanidad. «Aquel que no* pueda tanto, «Al niéiios debe anhelar «Protejer en cuanto alcance «Al honrado moue.stral; .«Que esqjaroiendo beneficios «Al pobre yal rico al liar, «Digno ministro es la imliistria «De la santa caridad.» Dice, yalzando los brazo, s Añade con vivo afan Todo el fuego do su alma Drillaiidü eu su noble faz: «üb, si mis preces basta Dios Llegáran Al elevar mis consagradas inano.s, Colnuidos de riquezas .se olovaraii Herreras yEoldanos yTicianos, «Ensalzára su,yniágico.s portentos: En mí su géiiio protección tcuíEúa, Yen sus obras graiidioBos inonumentos Ami (¡uerida qnitria legaría. »No puedo empresa acometer tan alta Aunque noble ambición al alma sobra, 'Mas yá que medio ámi desoo falta Mis protegidos ved: bé aquí mi obra.» Tal exclama, yancha i>uerta Abriendo do piar en piar. Entra en el salón adonde Bus convidados están. l’odoH lovántanse al verlo. Mas él con gracia, ospiecial Hace que á sentarse vuelvan, Ycon su innata liondad Les dico: «Deuda sagrada Vengo, limigos, ápiagar: Pues que todos me sorvísteis Con suma pnmtualidad, »Hoy á serviros yo vengo. Que nunca remunerar Beneficios logra ol oro Si con amor no se dá.» Yrepartiendo los pibitos Con extraña agilidad, Vuélvese ásu comitiva Que absorta signo detrás, Añadiendo: «¿Veis cual puiedo «La maledicencia errar «Pues consigo, venturoso, "Trocar las piedras en ]ian?» Túrbanso los aludidos: ¿Quieren su error confesar? Acaso nú, que es inmonsa Del hombro la vanidad. Antonia. Díaz de Lamakque. LA CALLE DE LA AMARGURA, Apuntes para un paq,uoBo poemo, áimitación • de loa que escribe el Maestro Campoamor. I. Léjos del mundo yde su cruda guerra, Pava andar apoyándose en el cielo, El Padre Sebastian cruza la tierra. De sacerdotes ejomplíu.' modelo. Mundo, domoiiio yearno, en otro dia, Sobre él se avalanzaron ápiorfia, Yluchando con ellos vigoroso Salió do la contienda victorioso; IMa.s siempre quedan do batallas tales Impirc.sas en el alma las señale,s; Yel vencedor vaiieiito, Que dol triunfo so ufana, En su cabeza, al fin, baila una cana Yuna arruga en su fronte. ¡Quiénl jay! como aquel Padre déla historia. No cuenta eii su carrera una victoria! Yo, triste ysiil fortuna, Aj’er entre delicias arrullado En mi dicbo.sa cuna Do mi madre infeliz por los cantares. Tanto be luchado yá, tanto be vencido, Que corono mi frente do piosares Ytengo ol corazón do muerte herido! II. Vive solo aquel hombre, si ea que vive • (Juieii siempire vive ú.sobis,. Eu un lugar que bañan incesantes Del oceáno las revueltas olas. Compuu'te con el rezo yla lectura Ijo.s ratos de su vida más risueños; Bueña áorillas del mar.,. jTionon sus sueños Ija grandeza dol mar ysu amargura! Ageno álos piosares ydesvelos, (^ue saltan do la vida en los abrojos, Biempvo al cielo yal mar miran susojos Amaiitos do los maros ylos cielo,s, Kl bi.'U iiin’niuuis nl liimi, ii(H'<(noií»UÍLiíimisraii, Bu corazón inflama, Yde su corazón en el abi.sino Ardo do la virtud la pura llama. Bi alguien con vivo anbolo «Biempro estáis solo,»—dícele—al instanto Contesta con la risa en ol semblante: «En la tierra está el mar; Dios, ouol cielo.» Sin que muioa so escapo de su boca Una queja, un suspiro éun roprodie, Entro las olas dol íeyuelto mundo. El Padre Sebastian os cual la roca Que en raédio el marycula callada noche, El alto ciclo con la frente toca. III. Al pié de árida loma, Dol Padre Sebastian so v¿ bi casa, Humilde como un nido de pmloina: , El viento de la mar, que alegro pasa Por sus muros, la orea, Agitando la piarra que sombrea El piortal donde roza átodas horas. Allí una tarde, como todas, piensa, Con el libro que tiene entre sus manos, En que es de Dios, como la mar, inmensa La bondad álos míseros humanos. «Señor,““dice, dejando la lectura 20 EL ATENEO N.“ 2. Yfijando los ojos ou el cielo, — Calma, Señor, el incesante anhelo Que siento tic volar hasta la altura: Ageno al mundo, ásu esplendor ygalas. Cruzo la tierra ou vuelo presuroso , Ave tpio pasa el oeeáuo undoso Sin tocar las espumas con sus alas.» Yáalgo atentos la \i.sta yel oido. Creyó escuchar, entro el rumordel viento. Una voz nunca oida, un vago acento Del azul de lo.s cielos desprendido: "Espera enini, con esperanza cierta; Mas para estar conmigo es necesario Llegar hasta la cumbre del Calvario Que abro del cielo la cerrada puerta.» Dijo la voz, ypor los aires suena Un rumor apacible, semejante Al de, la ola cuando vá es2m’antc Ábesai' por vez última la arena. IV. Ante el buen sacerdote arrodillada. Una mujer hermosa ysin fortuna, Contando está sus pteiias una áuna. En la dulce esperanza confiada De (pie aliviar consiga su quebranto Con su bondad ysu virtud el santo. «Yo nací para amar,—así decía, Eijos siomijre los ojos en el snelo; — Cuando vino áeste mundo, aUá en el cielo La estrella del amor mo sonreía. «Muy niña aún, soñando en lo ignorado, Pragnaba con hulúcil pensamiento Lo que llaman castillos en el viento, Lo que soñó yno he visto realizado. «Sola en el mundo, con el alma inmensa, Con ansias de querer yser querida Pensaba en el amor como se piensa Al pisar los umbrales de la vida. «¡Amar! Amar, yunida en lazo eterno Aun'sór qno con el alma nos adora, Yo no sé si G.s la gloria óel infierno, 3Ias .si el infierno es ¡venga cu buen hora!» Yel Padi’e Sebastian escucha mudo Ála mujer postrada ante su planta, Yquiere hablar, ysiente como un nudo Que aprieta fuertemente su garganta. «Siempre han sido los sueños mi manía (Igual átodas las mujeres piasa); Más que todo.s, uno era ini alegría: ¡El sueño de mis hijos ymi casa!, «Ah ¡mis hijos, mi casal»—Ysonriendo, Aquí dejó su historia interrumpida, Miró al Padre ysiguió—«Yo no comprendo Lo que sería sin amar la vida! «Como jamás ha sido amado un hombre, Áun hombre amé, yle adoré tan loca, Que todavía, al pronunciar su nombre, Siento abrasarse de placer mi boca.» —«Calmad esapasion; ved, Magdalena, — Dijo el Padre por fin,—que es humo vano„ El amor que sentimos por lo humane); Humo, sombra, visión, grano de arena.» Yla mujer, en loco desvarío, Clavando en la del Padre su mh-ada. Dijo, por la qjasion arrebatada: «¿Vos muica habéis amado, Padre mió?» i«Amo áDios, el amor do los amores, — Contesta el Padi-e Sebastian turbado — El alumbra en el sol, vive en las lloros Yel mar ásu qioder ha encadenado: «Sólo este amor es grande yverdadero; Creoíhne, Magdalena; en el camino De la vida, él alumbra al jnisajero Guiándolo al final do su destino.» Ysiguió Magdalena do esta suerte, Mirando al sacerdote un largo rato: «Herido el corazón tongo de muerto Desdo qno fui olvidada dol ingrato! «Mas jnniito acabarán estos dolores, Pronto hallaré consuelo ámis pesares; ¿No sabéis? El amor do mis amores Me aguarda en lo profundo de los mitres! «¡En el fondo dol mar! Si cruda guerra Al amor hace el mundo despiadado, En el fondo dol mar ahí se encierra El amor do los cielos desterrado!» El Padre Sebastian clava anhelante Su mü-ada en la pobre pecadora, ycreo ver en su pálido semblante Algo del mar, del cielo ydo la aurora. Yviendo aquellos ojos, donde ardía De un amor infinito el descousnelo, Sintió unafan... el mismo que sentía Cuando áorillas del mar miraba al cielo. Ysiguióla mujer; «Mi desventura Mofa os del mundo que mo llama loca, Loca, os verdad; do amor esmiloonral» Yalzándose la qMbre penitente: «¡Loca do amor!» exclama, yentonando Una canción se aleja de repiente, Como la dulce Ofelia, Cogiendo flores yála par llorando. Yel Padre, sin creer lo que estii viendo. Mira aquella visión desvanecida Einconsciente repite: «¡No comprendo Lo que sería sin amor la vida!» V. Áorillas de la mar, que duerme en calma, Vagando un hombre, asólas, Piensa en el mar, hermano de su alma, Del alma que también tiene sus olas: «¿Puede el que áDios su corazón entrega Amar áun sér en el que Dios reside?» Yen vano, en vano la respuesta j)ido Al mar que hasta sus pies tranquilo Uega, «Desde la tarde aquella 4la que inmolo La mitad yalgo más de mi conciencia, Toco la realidad, me encuentro solo Ybendigo, no obstante, mi existencia. ¡Pobre loca! su amor infortunado Será, tal vez, lo que me causa pena... ¡Qué hermoso debe sor verse adorado Por un ángel do amor cual Magdalena! Amar! Amar! Mi corazón abrasa Una hoguera voraz nunca sentida; Ysueño, yallá léjos veo mi casa, Mis hijos ylili amor, ¡toda mi vida!» Yaquel hombre tres voces desgraciado Exclama con dolor: «¡Si yo no puedo, Si yo vivo áestar solo condenado! Si mi insensato amor me cansa miedo!» Yel mar, dejando su aqiacihlo cahna, Azota con violencia las arenas; Poro os mayor la tempestad d(3lalma, Del alma, que es océano do ponas! VI. Áorillas do la miir, vagando ásolas, Dol mar al parecer enamorada, Vó el pueblo áuna mujer desventurada Áquien llama la loca do las olas. ¡La loca de lasolas! Magdalena, Imágon fiel de la tristeza mia, Que edifica castillos en la arena, (jno jura ({uo el amor no os flor do un dia; Que llorando el dolor do loa dolores Espora liallur cousiudo ásus posares, Pues cree ¡loca feliz! (2uc sus amores La ns2)oran ou el fondo do los maros. Ycroe, dichosa con su orror viviendo, Que orillas de lii mar está ásu lado ybesa el ¡igna con pasión, creyendo Besar la fronte do bu dulce amado. ¡Loca, feliz! inmousa os tu ventura, Pues Dios, do tus jKJsaros conmovido, To hizo loca do aiinor yos tu locTira Muro que to doñondo del olvido! VII. Pasa un dia yun año jia.sa luégo, Yel Padre Sebastian, en cruda guerra Consigo mismo, abrásase en el fuego Do su imi)OHÍblo amor aquí cu la tierra. Ysiempro en lucha, exclama suspirando Fijos los ojos 011 la inmousa altura: «Mi pasión os amar: yá voy entrando Por la callo fatal do la Amargura.» YOH el recuerdo do la iiohro loca Lo (|UG abato su frente dolorida, Yáuii dormido, se escapa de su boca ün nombre que es tormento do su vida. Yaqiiol hombro, tres voces desgraciado, Exclama sin cesar: «¡Si yo no puedo! Si yo vivo áestar solo condenado! Si mi insensato amor me cansa miedo! vm. ¡Loca feliz! Pensando en sus amores, Cree verlos en el fondo do los mares yjunto al mar cantando, Está la relación de sus pesares. De pronto, la mirada N.“ ‘2. EL ATENEO 21 Olava en el mar ansiosa, Lanza al aire una alegre carcajada Abrasa en ilusión ahjuna cosa Ynyá soy tuya» oxclania emigonada. Luego, ála luz de la argentada luna, Vióse flotar sobro las ondas irlas Auna mujer hermosa ysin fortuna, (Jue enloqueció de amor oii otros dias. Fueron las flores que ciñó ú su frente Ijas algas míistias; las espumas, velo (¿ue acarició su rostro ’sobrelnuuauo; El rugido del mar indiferente, Fué la canción de .sus malditas bodas Yel tfilaino nui)cial el oceáno. IX. Vagando sólo con su amarga pena Aorillas do la mar aquella nocJie Vil el l’ailro fcJeliastiau áMagdalena Al parecer, dormida yobre la blanda arena; «Magdalena!» exclamó, pero fuóon vano; «Magdalenal» grité eoji desconsuelo, Y- al tociirla cu la frente con la mano: <i|Fría,—exclamó— tan fria como elliielu!» Yclavando sus ojos en la altura. Ante aqui'lla mujer arrodillado; «Señor, —gritó—Señor de lo creado, Muévafic mi dolor ymi amargura. Con mi destino en guerra. Olvidó un tiempo el cielo por la tierra, Yun tiempo fué que en fatigoso anhelo. Me olvidii do la tierra por el cielo, Heñor, si es necesario Para volar ii la celeste altura Idegar hasta la cuml)i’u del Calvario ,;Para mi cuando empieza la ventui^ai’* Yel mar, dejando .su apacible ca,hua, Azota con violencia las arenas; Pero es miiyor la tempestad del alma. Del alma ipie e.s océano do penas. X. En un ángulo oscuro Del triste cementerio, Al pié del j)ardo muro, líuvuelta di! lasombra en el misterio. Una fosa cavaron Yun cadáver en ella sepultaron. Un rayo de la luna silenciosa. Movida ácompasión, cao desde el cielo Sobre la triste fosa; Ypor designios de la airada suerte. Quien siempre vivió solo, La soledad, también, halló en la nuua-to. Luis Montoto. I GOSTUMBRCS. LAS UÑAS. (U 8i jiljí'nnDí eariciituriis por oiifiniilitliul Ko x>ii>i'ocioK(jii úiilgniout t'n lujíiir <hi com'ií¡r noKOtroB t*l i rutmto iiconHt'iiimtw ul origiiml I fHio tío ttoiTija. I IjAkua. j El cernícalo yel alguacil, el tigre y! el loelinzo, aiitíguaiiioiite puhlicano, el j sacro yel gallego, hou toilos auimale.s ¡ doíolu.s', de laH cualoH iioa libro Dios; | poro mi ánimo no es hablar do garras . tan encopetadas yso limita ií considerar esta (’sayitu'ncin como objoto do moda. Porque habéis do saber, lectoras liermosas yniodcstos lectores, los ylas que viviendo en honesta yagradable medianía sólo conocéis el lado Imeiio de la moda, ignorando la parte ridicula ygrotesca de osa Diosa dol oiqndcho, (pie las ‘liñas también lian sido presa de la moda, sino es (que la moda ha sido prcsíi, de ellas. Antiguamente, en aipiellos tiempos salvnjes, cuando no se bahía inventado el corsé, cincha humana, ni el eorhatin aliogal)a los miolloH, ni las trabillas hahian aprisionado las piernas; (¡n aquellos timnpoH en que no había fraques do colado gorrión, ni Homlireros dotar- 1 ros l)oea-abajo, por no deeir otra cosa, I en aquellos tiempos, repito, era moda | ol cortarse las uñas yasearse las ma- | nos. ¡Menguados! Eu ol siglo xix bahía j de enmendilrseles la plana. j Pero no creáis que úntea de esto feliz ! siglo rá}vido, no so ha pensado en lucir ' las uñas; nada inéuos qiU! eso. El muii- | do es fértil do tontos, nécios ha halfldo ¡ cu todos tiempos, y. por lo mismo minea ha faltado alguno que haya querido j distinguirse de los demás ánn cuando haya sido ácosta de su propio decoro. Cuenta la historia, que una mafíaua i cierto lindo D. Diego tuvo pujos de haj eorsü notar entre sus semtgantoB, ypor | hacer algo, ya que nú inventó la polvo- | i (*) KHtoavLiüulo Xn6 OHcrito píu* su autor ou ol añolB-J?, Pimuilo Ho oxtotuüó In moda de Iüb nñaít larpa». Aposar de Iuh aíiüH quü lumtniHüiin'Ulo non paruoo ipio puede Ioui-mo toilaviu con {Urfuuftx>mvoühanilouto.-~lCHta .Voía aorvirá tambliui pura üKplicur luH HluHionuB á¿rujoB ypuiuodoH quo en el mismo ko coutiüuon. —En ol Teatro social que eBoribldFraJi OoruiKlío,lui.y otro articulo dirigido (i OQuuarar oetamiuma r,r{ 0rZa, yqiiotiuuo por toma lüíiimlabrtia dn Omnínfes. Eh lo luiloo on quo bo parooon diuboR trabuJoB; poro ol autor dol proaonto declara» para dcBourgo eouoionoiu, qno cuando lo eooribló uo uouooia o] ; do U. Modeoto Loíuonto. i ra, ni la imprenta, ni el telégrafo eléctrico, se dcíjó de cortar las uñas, yálos quince dias ostentalia unas manos dignas de un gavilán; ycomo 'wwnado imciieiitra siempre otro más iiéeiu que lo imite (*}, resultó que álos dos mi!- ses no hahia tonto ni pedante en Madrid que no llevase la divisa en las puntas do los dedos. Las míos vinieron á ser lo que las gafas en imestros dias. Pero en aquella edad Imhia mi escritor. Cervantes pnso en boca do Don Quijote nn consejo áyaneho yle decía: «en lo que toca ácomo has de gobernar tu persona yeasa., Hancho, lo primero que te encargo es ipio seas limpio yque te cortes las mías sin dejarlas crecer, como algunoshaeoii, ¡í quien su ignorancia los ha dado áentender que las uñas lar//as les hermoHea.n las manos, como si aquella escrcjiiencia yañadidura que se dejan de cortar fuese uña, sieudo ántes gurra do corníwilo lagartijero: puerco yestraordinario abuso. « Con seniijante ñlípiea, en la que ni tonto ni néeio quedó impune, no hubo reacio que no se cortase las uñas. Mas cuenta con (pie los tontos del siglo XIX no qui(ii.'on ceder la pahua ¡I los de siglo alguno pretérito, ni futuro. Después do haber cubierto con largos trajes yhorribles gorros los pies y los cabellos de la mitad hermosa; después de haherse envaiamdo en los pantalones más "tiránicos del orbe, ytras del cdsavé ylas cocas, resucitan audaces la moda eeruícala, yhételos aquí de nuevo con los dedos coronados. ¡Oh dicha! ¡Pero que corona! Jílogante tendréis que Usa los guantes dos dedos más largos que su mano para envolver aquella aña ála cual llama el Diccionario de la lengua escrcxumda dura y•prolonyada de. la misma iiatiindeza que el cuerno. ¿Y hay quien use las uñas Innjasl Hí señor; los que no han saludado el Diccionario, los que uo sallen que ádejarse crecer las nuas, llevan eu las manos cuernos perfectos yacabados, predestinándose á... ¡coi'neolos! nada; que hay consujra. Hombres hay que valiéndose de to- (*) Ün sot fcrcmve toiiyouin, tan plussot qni rmlmia-e. (JícflUau.J 0 ' 2'2 EL ATENEO N." ‘2. dos los resortes de la moda, procurau revestirse de (dios como de un autifaz para (pie la vista dcteuiéiidosc admirada eu la siiiuu'fieie, no penetre yvt'^a la desnudez interior. Estos son los cpie todo lo estudian. Pero nada, señores máscaras, no os molestéis; porque atraxés de vuestros vanos oropeles, por encima de vuestros lujosos trages ymagnítieo a,tiii-ío, yádespecho de <pie eu lo esterior todo sea completo, hasta las nada podrá impedir epte debajo de tan brillante corteza se reconozca á mi necio óáun pedante. líOQUE GUIN^UIT. CURIOSIDADES. COtÍFESIOK CQfl CARGOS DEU SIGNIFICADO PROPIO IJENUINO ' IlE LOS NDMURES FESTIVOS ALJAMÍ, MALAGON, FARFALLA. pon I). RARTflI.OnÉ JOSÉ GALLARDO, El coiifasanto, según fuero iestilo corrioiito cu Li Pop. de las Letras, babieiiilo (le uoinlirnr ocasioualmeiiti; ,al Escritor Estévanoz Galdoroii, le nombró no por su nombro ju-opio ivulgar, sino por un nombro perifriistico yfestivo: —Aljanñ, 2[alaiiim J-’nrfaUa; ajielativos todos iiioceutos, como lo demostrará cd aiiálisi.s gramatical ietimológico do cada uno: asaber. Aljfimi os nombro alusivo ala pericia del Br. Estávíinez en la lengua Moruna, perito’ ademas, como se precia D. Serafín (le serlo on la Castellana: la cuál raja i corta, como es de vor por sus o.scritos, i señaladamente de lo.s joco.sos, por In.s JA- Mui.'i Andaluzas (p publicó años pasados. Slorn aljamiado so llamaba en tiempo de Moros al qe era ladino cu la lengua Mor, a ien la Cristiana, como dezian entóneos. Por zierto, (p su afizion al Arabo se la debo Calderón al cojifesanto; aqien abienclo (liá más de vointo año.s) enviado eu borrador desdo Málaga áSevilla, donde Gallardo residía, sus roesian al May, para qci .sobre su mtdito údesmérito le dijese lo qe oiitendia: Gallardo, viendo rutilar en ellas ziertos dosttdloa do pompa oriental, le aeoii,sojó qo para desarrollar por este gusto ñxás. su injenio, soaplicaso al estudio del Arabe: con.sejo qc siguió luego dócil el jóvon entonces D, Serafin. Malwjim se le llama propiamente por dos razones: la 1.“ por .ser Calderón natural do Málaga. Iauaqe por esta razón se lo puede Uamar .simplemente Malariueño, 30 lo llama en forma aumentativa mas apropiadamente Malaijon, por ser S. 111 .“ia persona granada, gruesa irebolluda: fortuna qe deben agradezer los ombres áiqienes el Cielo echo tale.s; porqe el ser así porsonudo yde gran eoramvobis debo de dar autoridad álos sujetos: iasí es qe el Príncipe de la Elocuencia Komana en sus célebres Harengas, para engríuideeer álos Senadores, ante qienos oraba, los llamaba ,umjiliítíiiiHiis jiidicen. Por esta primera ipotísima razón el confesante, qe so pnezia de castizo leiigiíista, u.só en este caso del aumentativo con jireferonzia al positivo. Begunda razón. Ijlama G. al Sr. Estévauüz Calderón con el aumentativo, como Esoritorazo qe es de iilálaga, para distiuguii'le do otro escritorzillo Malagueño priiicqiiaiite, llamado Cánovas, soluino de Don Serafin (cqe vá li ser otro tioü). Icomo es muyfactible qo el confesante, tiempo aiidamdo, tonga (pe nombrar de moldo, juntos al tioi al8übrino;-para pn-ozoder con la debida distinzion, jugando del vocablo propia i debidamente, al uno Uama Malai/idUa, ial otro Malaijon. Elepíteto Farfulla tiene esta etimología. El vocablo do orijen latino, compuesto del infinitivo ,/arí, do For-farts, qo sinifica hablar: de alia, terminación pdural de alias (-otras cosas). Ide estas dos vozes juntas, alteradas en pronunciazionie.scriturn,, conforme al jenio de la Loiigna Gastellaiia, dupdicado el fari, (-hablar, hablar) resulta el nombro Far... Jar... alia, iFarfalla: convertida, según reglas do ortopicya, la terminación lia en Ua: de qe pudiera aqí el confesante pn-odiizir multitud de ejempdoa de nuestro Yooabulario, si el Tribunal ante (pieu tiene la oiira de confesar, fuese la Academia de la Lengua Castellana. Este nombre alude ala vena versátil i pu’osáicade Calderón, qien .siempre féeuudo, fácil iaun facilitón, es una espezie de Fa-iiresh), un A^aniscopfio viviente qo en vaziando la cornucopia de su injenio exbuboraute, qe ablo óqo escriba, en verso íi eii prosa, nos asombra en la variedad de sus producciones, eu todos jéueroy estilos, anónimas, seudónimas iantóniinas... El Sulitariu... ....las Escenas Andaluza.s Eatil copiado esto docuruento de bu original autógprafo, que poseía el Exorno. Sr. I>, Eduardo Eenmudoz Sau Uomun, yletgalú en o2 año 1872 al difunto Sr. D. J‘os6 Moría de Álava. CARTA DE D. BARTOLOMÉ JOSÉ GALLARDO Á D. CAYETANO A. DE LA BARRERA. Córdoba 30 mayo 1848 Amigo qbbido: Yapiarezió ol pan picrdido. Albrizias! Me átenido V. con vivísimo cuidado: yendo abuscar-le en la Corte de Puerta de Moro.s, ni rastro de tal ombre: el puijaro ya voló: ni aun el nido oiieontraba. No se qeilii mas estupefacto cd in.sigiio Caballero do la Manelia, cuando buscando sus negros libros de Caballerías, ni libro.s, ni librería, ni nada encontró. Pero ¡qiéu abia de dezir-me amí qo abia de ir V. a parar con sus güesos a ese destierro! Ala PoñadoMártos! Aesa Lei'icade por pasiva de los Caballeros de márras! Tanto valiera ala Peña-piobre. Como-qiera, yo me lo alio aV. ai como nuevo. Yo estarcí aqí n.lgmioa dias: voi a Cádiz. Vivo on el convento qo fuá de Monjas de Jesus-Maria. Espresioiiea al Papá, isalud. Afectísimo do V. S. S. S. B. J. Gallaudo. Mem." de Pavón. SONETO DE D. JOSÉ MARÍA BLANCO WIHTE ÁSU SOBRINA DOÑA MARIANA EOECK, QUE LE HABÍA PEDIDO VERSOS PARA SU ALBUM. Cual tañedor de armónico instrumento Que, deseando compdacer, lo mira, Hiere ol azar sus cuerdas, y.suspira lucierto, temeroso ydescontento. Si eaeuoba nn conocido, tierno acento, Anhelante despierta, en torno gira Los arrasados ojos, yrespira Poseído do un nuevo yalto aliento. Tal, si aún viviese en mí la pura llama Yel don de la divina poesía, Pudiera yo cantar á tu mandado; Mas el poeta humilde, que te ama, Teme tocar, ¡oh Mariana mía! Un laúd quo la edad ha destemplado. Liverpool 27 ño Enero dn 1840. Esta composición os la última de I). José María Blanco; fue hecha tres meses antes de morir, cuando se encontraba hacía años impiedido. Ocurría que N." 2. EL ATENEO 22 Hu soLriiia le pidió yersos para su álbum, contestándole su tio negativamente, fundado en sus achaques yen que hacía más de treinta años no componía en castellano. Cuando lo vió fil siguiente dia le manifestó que hahía preocupado tanto ásu imajinacioii la exijencia hecha por aquella de escribir versos castellanos, que eir la noche pasada no habíapodido dormir, yentónces escribió el soneto que antecede. ALMANAQUE HISTÓRICO-LITERARTO. MES DE DICIEMBRE. Lia 1. llovolneion do Portugal;, ésto so sopara do España yproclama Eey al Duque do Braganza, año l(i40. —Muerto en Madrid del célebre literato D, Agustín Duran, Director do la Biblioteca Nacional. Nació en Madrid, en 1781). 2, Batalla de Austorlitz ganada pollos frauciwes, 180Í5. (lolpo de E.stado on Francia. Napoleón 111 se proclama Eniponidor, 1HÓ2. 8. Tja i.sla do b’rancia es tomada pollos ingloKc.H, 1810. •1. Muerto dol Cardonal do lücheliou (Armando Juan du Plossis), naciilo on 1.785, 1(!42. n. Ija rojníblica de Génova sacudo el yugo de los austriacos, 1740, 0. Muerto do Alfonso I, Bey de Portiignl, 118,7. 7. Eh fusilado on París el Mariscal Noy (Miguel), nacido on 17(11), 1815. 8. IVIuorto do Boiijainin Gonslant, eólobro orador yescritor francés, 18!)0. í). Apertura dol Gongroso do Bastadt, 17í)7. —Muerto de D. .Tuan Nicasio Gallego, gran poeta, on 185.8. Había nacido on Zamora on 1777. 10. Bondioion do Gerona, después do siete niosoH do un sitio heróicamonte resistido, 180!). 11. Muerte do Cárlos XIT, Boy do Suecia, 17)8. 12. línriipio III, Bey do Francia, se declara Jefo du la Liga, 1577. 18. Apertura dol Concilio do Tronto, ol cual, con varias intorrupciones duró hasta ol 4do .Diciombro do 15ÍJ8. 14. Nacírnionto do D. Nicasio Alvarez do Cionfuogos, oxoolonte poeta. Falloció en Francia el (ha 7de .lulio do 1801). =Muerto de Cárlos III, Roy do España, il la odad do 78 años, 1788. . 15. Muorto de Casimiro V,Eey do Polonia, 1072. 10. Disolución dol matrimonio entro Napoloon yJosefina, 1800. 17. Muerte do líolivar (Simón), nacido el 80 de Julio de 1788 on Caracas, 1880. 18. Toma de Tolon por el ejército republicano francés, 1793. 19. Croacion de los asignados (revolución francesa), 1789. =Nació en Quel, provincia do Logroño, el gran poeta dramático D. Manuel Bretón de lo,s Herreros, en 1790. AInrié en Madrid el dia 8 de Noviembre do 187.8. 20. Protocolo para la indojioiidencia do Bélgica, 18.80. 21. Fallo do la Cámara do los Paro.s. contra los ox-mini,stros de Cárlos X, Boy do Francia, 1880. 22. Bill dol Congreso de los Estados- Unidos en favor del general Lafayetto, 1824. ' _ 28. Sentencia dol Tribunal do Casasion do París, solire la religión ódoctrina Sanshuoniana, 1881. 24. Explosión en París de nna máquina infernal para quitar la vida al jn-imer Cónsul Bonaparto, 1800, 25. Muerte do Enrique III, Bey de Castilla, ála edad do 27 años, 1400. 20. Muerto do D. -José Nicolás do Azara, nacido on Barlniñales on 1780.-1804. 27. Atentado de Mounior contra la vida do Luis Felipe, Boy de los íranccHos, 1880. 28. AInortc dol Conde de Eloridablauca, on Bovilbi, ála odad de H1 años, IHOH. 29. Publicación de la Bula do oro, 1850. 80. Muerto dol Papa Inocencio IX (Antonio Faoliinotti), nacido on 151Í), 1591. 8) .Muorlii! d(! Madama do Gonlis (Estofania Eolidilad Dncriwt do Saint-Aubin), nacida cu 17-10 cu Horgoña,.lH80. TEATROS. REVISTA SIN REVISTA. éTonla la zarzuela un jónio protector? Pregunta os osa ála cual no nos atrovoríamos ádar rcsjuiosta do ningún jónoro, ora afirmativa, ora nogativamonto; así como tampoco Roria fácil cosa decir, caso do conceder ([uo nu jónio so ontretuviora on presidir los dostinos do la zarzuela, si ésto ora el que inspiraba sus crcacionOH áMoroto yáBretón do los llorreros, ó])ortüuocia ála clase do aquel otro quo llevó áD. Leandro Poroz de Zambullo por los tejados yazoteas do Madrid para pono'i'lo do manifiesto los dramas ysainetes que on la vida real se repreflontaban en aquella entónces coronada villa. Lo ciorto yvordadero es, que bueno ó malo, cojo ir alado, brillante li opaco, aquel jónio no' ha vuelto áremontar el vuelo desde que so mojó las alas on el agua bufa; yen la actual temporada el público de Sevilla, cforao ol de Madrid yol de toda España, está condenado árepeticiones, ysalo del Molinero de Subiza para caer enel Diahlo mel Poder óen Pl Diablo lae earr/a, ysi huye de las orojas dol lien MidaH vicno á dar en Lew injienum de Madrid. Porque oso sí, en cuanto áponer ácontribución ol reino Plntónico ha sido fecunda la zarzuela; por lo cual o.stamos toutados ácreer que su jónio ora el misnii.simo Asmodeo, ó álo mónos algún pariente coreano. No hay cosa nueva ea el jónero anfibio óhorrnafrodito. Los pocos triunfos quo la crónica teatral rojistra en la presento tcinqiorada pertenecen al drama yála comedia. Con éxito más ómóiios lisonjero, lian llamado al público do Madrid yhan llenado las colnmiias do los periódicos ocupando álos críticos más ilustrados yprofundos, Ki Cid Campeador yIhír en el hlaneo, Kl eal.óvia¡io yTj(t Viri/en do la Lorena, La repuea delvenpador y¡lü f/ranjll(m!,.. Do zarzuelas.... coro. Ni una sola lia logrado roverdocor los antiguos laureles. í;Es esta una Imena señal, óes un fatal augurio? í-íegnn y conformo; hay opiniones. Los ipie un el teatro sólo mii-an el local como bella obra arquitectónica, yaproiáan el salón iior el lujo délos adornos yla profusión del alninlirado, yse. deleitan con el ]nileo OHcónico cuando las actrices abandonan sus trajes yvisten con listravagancia, ylos actores corren yse ilan do puntapiés yHou áun tiempo capaces yliáliiles para la doclamaeion ypara el canto, pava (d bailo yparo la jiranasia, para el dolor y para la risa, yhasta para la imitación do animales, instrumentos, juegos yfuegos artlíieialoH, formulan nna opinión exajorada, Siesoiicbamos áosa parte dol público, es altamente th'plorablo la decadencia do la zarzuela, porque on la comedia torenciana óln-otnniana no caben tales cosas, ni otras do (j\io altas consideraciones no nosqiermitcn liablar. Otros; que siguen con curiosidad yafición los balaucns del gusto, las jieripeeias del injénio, dicen alborozados; «la densa niebla quo ha oscurecido el Arto dramático durante tanto tiempo comienza álevantarse; no está lejano el dia en que veamos reanudados los felices tiemjios on que Bretón y Gil yZávate, Hartzeulmseh yGarcía Gu-' tieiTOz, Hanz, Tamayo, Eguilaz yAyala adornaban con verdaderas joyas la escena española. Muchos de ellos viven todavía, y^ con ol prestijio de su nombre contribuirán áayudar ála mieva plójmdo do jóvenes quo con talento ycon fé queman incienso en los altaros del Arto verdadero, yjuntos acabarán do cahar la fosa donde ha de sepultarse ol Asmodeo de la zarzuela.» ¿Cuál de estos señores tiene razón? ¿Ppdrán alegwse algunas eil favor dol jó- * -V* ’ N." •> EL ATENEO 24 iK'i'o nue agouiüa? ¿Era todo malo cu la ziuv.ucla? ¿No eucoutravíainos en cUa algún laili.) ((ue porniitiera hacer su defousa? Eli verdad lu ciiestiou mereceriii tratarse cu sérin, ycon la detención yespacio necesarios. Nosotros la hemos iniciado en imrla pnniiio no tenemos ocasión para otra cosa; ]iero úiin asi liemos de decir cuatro paliiliras dirijidus al fondo de aquéllas, aunque sólo sea con el propósito de dar lugar ;i que escritores competoutes so ocupen en examinarla con la madurez «pie redama. su importancia en los dominio.s del arte oscciiico. (¿uc lii zarzuela, en el terreno en que lioy la vemos es insostenible, no creemos lia de haber quien lo ponga en duda. (Julocada en una fatal pendiente, la ha recorriilo con vertijinosa rapidez, yyá ha llegado al fondo de donde no ]mede salir. Después del Pofusi Siihmariiw ylos fitinlon de Oro, agotado el injenio en capricliü.sas decoraciones ytrajes raros, pasado el efecto' de las luces de bengala rojas, blancas yverde,s, yá no hay medio de llamar la atención al público que vé yno juzga, áese 2Hihlico que concurro al teatro con c-1 mi.smo criterio que áunos fuegos de artificio, que se imqiresiona de novedades yque, llamado por mil circunstancias que no pueden cxplanar.se en un articulo, ha .sido el alimento ysosten de las zarzuelas bufas. El repertorio do las extravagancias no puedo yá dar más productos; se han visto decoraciones de corales yde perlas, de palacios fantásticos yde cámaras de vapores, de locomotoras, de trenes enteros.... Se lia vestido álas actrices yfigurantas (le tambores yde qieees, do marineros yde pajes, se las ]ja paseado en velocípedos y 011 forro-earriles.,.. Todo pasó. Pero para el Arte ha quedado algo. Al mismo -tiempo que todo lo malo que hemos indicado, hemos visto nacer, subir yllegar átener buena ysólida reputación áBarbieri, Arricta, Gaztambide, Oiuhid yotros muchos maestros españoles, ycomo en el touqilo del Arte tienen siemqirc franca entrada los hombres de jénio, preciso os coníosíir .iiuo por medio de las zarzuelas se han liéclio popularos aquellos maestros yque han ganado sus laureles abriendo’ nuevos Imrizoutes al injénio español. ¿En qué cousi.ste, pues, el pecado de la zarzuela? Eu nuestro coneeqito su jiecado es pecado orijinai. Nació eu brazos de los aetoro.s de dedctnMeiün, hubo de plegarse á que el interés dramático la sostuviera yla sacára adelante; el libreto fué lo principal yla música lo accesorio, ypor éstas yotras razones no ha nacido de ella, como debió suceder, la úqiera e.siiañola. Honrosas excepciones hemos visto (tenores como Sauz, por ejemqilo, bajos como Barba, Becerra y Jimeno, tiple,scomo la Eamirez yla Bcriial), 2>ero jenerahueiite en la zarzuela •siempre ha brillado luils yha sido mejor recibido el que era buen actor que el (jne solamente .sabia cantar. No piiiede, no debe rechazarse eu absoluto la zarzuela; pero deben los buenos maestros dirijir sus esfuerzos ásepararla (lela comedia; la creación del ibama lírico, seria un verdadero adelanto. Mientras el gracioso sea nu obligado pura sostener el interés, yhaya precisión de ayudarle con el travestimentü do la pudmera tijile, ya de guardia, ya de colegiala, ya de criado, y cou la jircsontaeion do las coristas, no se fijará el interés cíi la música, yla zarzuela, en vez de elevarse, doscondorá, como lo hemos ido viendo sucesivamente. Ycu verdad sea dicho, el haber toen,do esta cuestión nos ha salvado do un conflicto en la ocasión presente. Ausente de Sevilla el docto cronista teatral del Ain- NEO, quiso encargarnos, áúltima hora, que llenásemos por e.sta vez su penoso cometido. Hacer una lleduta cuando todo lo que so ha piuesto ou escena es yá conocido del piiiblico yestá juzgado repietidameiite por doctos literatos, ycuando los actores son los mismos áquienes .se ha aplaudido on diferentes tcmpioradas, es tarea por demás ingrata yque requiere dotes que no poseemos. Bien hubiéramos querido hacer una critica dramátíca tratando en ella de obras tan recomendables ytan celebradas como La T'úy/cí! do la Lorena y;A7.¡franjilun! picro no lo hemos intentado pior dos razones piodorosas; primera, por no p^rivar álos lectores del Ateneo de leer lo que acerca de ámhas produccione.s tiene escrito nuestro cronista de teatros el Sr. D. Gonzalo Segovia, ysegunda, por no puivaruos á nosotros mismos de lo mucho que c.speramos aprender eu sus atinados juicios. José Maiíía Asensio. PASATIEMPO. CHARADA. Está visto, amigo caro,, no pnicdn escribir charadas si en sueño no me las forja una aparición fantástica; yallá vá lo que soñé: ni quito ni pongo nada. Las olas embravécidas jugaban con uno barca de míseros pescadores que ele rodiüas oraban, cuando pnúícra yse//mtda les dió la vida yla calma. Eu el fondo del barquillo dos personas se ocultaban, que al verse átierra llegados áDios tributaron gracias, yluego liambrientos yápné emprendieron lenta marcha. La Divina Providencia sin duda alguna velaba por estos dos caballeros, que pirisioneros eu África escajiaron por milagro en aquella frágil barca. Para reineiliar el hainlirc cuarta y¡iriincra onoontraraii, picro una lluvia copiio.sa yla iiriimra yla marUi pieiioso baciau su viaje pior el campo do so hallaban. Otra vez la Providencia vino ásu ayuda aiúadada; dos caballos encontraron con la tercia ycon la ciKirla ysaltando .sobro ellos el mío dijo: «á Granada, busquemos nuestros hermanos que, siguiendo la cruz santa piolean cou fé, bajo el mando de Caf.ól¡coB Monarcas.» «Maldita mil vccc.s .sea la primera con la cuarta que su fatal hormo.sura nos causó tales desgracias.» Juro no entrar eu el todo, ni ver mi familia amada, hasta lanzar los mnri.scos de nuestra (jnerida España.» Armas éinsignias buscaron que el todo roiirosontahaii, yunidos álos guerreros que hermanos suyos se llaiuíin, cuinplioroii sus juramentos ytornaron ásus casas, libros de duras pirisiouos, llenas do encantos las almas. Que desde Oriento áOccidoiite yde Norte áBur do Espwña tremola orgullosa ylibro do la Cruz la enseña santa ypara siompiro iiarticron los Barracenos al Africa. E. M. A. SUMARIO. Literatura.—I. Yenid,v uf. Nahucodonosoii á ESPAfj.C, su CONQUISTA OH SUVII.I.A, por I). .TOÍUllÜIl GuicluH.-n. MlOUlil. IIE OlillVÁNTUS, DF. Al.C,U,.i DE HENAUES, VCÁRT.OS E.MMANUKI. lili SAIÍDYA Y sus UOI.UNOS, por Sir II. RawUou Ilruwn. -Poe- sías.—Leyendas YTllAIlIOIONES SUV1I.I.ANAS.-1II. La wa.s Noiii.E oAuiiiAp.por la Sra. I),“ Antonia Diaz (le Lamarque-IV. La cat.i.e he la Amaiiou- RA, apuntes para im PEQUEÑO POEMA, porU. Lilis Moiitoto—CoatinnUres. —V. Las Uñas, por Roque Uulnart.—Curiosidades.-VI. C’onfe.sion con caiifios, por n. Bartolomé .losé Oallardo.— Vil. C.uita AD. Cayetano du la Bahueha, por I). Bartolomé José Gallardo.— VI IT. Ultimo soneto de D, José M." Blanco.-IX. Almanaque HistiIkioo Litehaiuo. Teatro.—X. Euvista sin Be-vista, por D. .lüsii M.« Aaeuslo.—Pasatiempo.-XI. OnAiuDA,por F. M. A. ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FRANCISCO ALVAREZ YCOMPAÑlA.-EDITORES Tktüan 2'1,*=8kvlla.