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Piedad y devoción: las artes suntuarias en los mecenas y misiones de baja California

Suñer Tena, Juan José

Abstract

En 1697 se fundó Nuestra Señora de Loreto Conchó. Ese hecho marcó el inicio de las misiones jesuitas de Baja California y, por tanto, el comienzo del arte cristiano en la península. Así, la Compañía de Jesús apoyaría su labor evangelizadora con un amplio programa iconográfico y suntuario que ornamentaría sus iglesias. Un arte proveniente de diferentes lugares del virreinato, y financiado tanto por los ignacianos como por diversos donantes. Los jesuitas, y sus mecenas, pusieron todo el arte necesario al servicio de la evangelización, reforzando las devociones y el ornato suntuario en su beneficio. Así, todos los elementos artísticos no solamente tienen un motivo, sino que están relacionados entre sí para favorecer la obra de los misioneros.

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PIEDAD Y DEVOCIÓN: LAS ARTES SUNTUARIAS EN LOS MECENAS Y MISIONES DE BAJA CALIFORNIA 1 PIETY AND DEVOTION: SUMPTUARY ARTS IN PATRONS AND MISSIONS OF LOWER CALIFORNIA JUAN JOSÉ SUÑER TENA Universidad de Zaragoza, España [email protected] Resumen: En 1697 se fundó Nuestra Señora de Loreto Conchó. Ese hecho marcó el inicio de las misiones jesuitas de Baja California y, por tanto, el comienzo del arte cristiano en la península. Así, la Compañía de Jesús apoyaría su labor evangelizadora con un amplio programa iconográfico y suntuario que ornamentaría sus iglesias. Un arte proveniente de diferentes lugares del virreinato, y financiado tanto por los ignacianos como por diversos donantes. Los jesuitas, y sus mecenas, pusieron todo el arte necesario al servicio de la evangelización, reforzando las devociones y el ornato suntuario en su beneficio. Así, todos los elementos artísticos no solamente tienen un motivo, sino que están relacionados entre sí para favorecer la obra de los misioneros. Palabras clave: Baja California, misiones jesuitas, arte, devociones, pintura. Abstract: On 25th October 1697, Nuestra Señora de Loreto Conchó was founded. This event set the beginning of Jesuits missions of Lower California, and therefore, the start of the Christian arts in this place. By this way, Society of Jesus support their evangelizing project with a broad iconographic program that would garnish their congregations, and which would come from different places of the viceroyalty. It was paid by the Society of Jesus and a variety of donors. Jesuits and their patrons, put all needed art to service of this evangelizing mission, reinforcing devotions and sumptuary decoration to their benefit. So, all this has led us to reinforce the idea that every artistic element has not just one a purpose, but they are connected between them to support the missionary work. Keywords: Lower California, Jesuits Missions, Art, Devotions, picture. 1 La ponencia y el presente artículo se basan parcialmente en una parte de mi Trabajo Final de Máster “La Compañía de Jesús y su expansión misional en la región novohispana de la Baja California (1697-1767)”, 2018. 716 Para realizar esta investigación se ha optado por poner el foco en autores secundarios y en algunas fuentes impresas más que en primarias. El propósito ha sido ver cómo está la investigación de esta cuestión histórica en el mundo académico, sin renunciar totalmente a las fuentes originales, para lo que se han usado algunas crónicas jesuitas. Así, al comparar diversas fuentes y mayoritariamente autores, se capta una imagen más amplia de esta cuestión, que se ampliaría más adelante con una consulta directa de documentación. Con este artículo se plantea la hipótesis de que las misiones de Baja California, pese a ser un descalabro económico para los ignacianos, por su ausencia de rendimiento monetario directo, sí fueron un éxito en el afianzamiento de sus redes internas y clientelares, pues con la causa bajacaliforniana se aumentaron los donantes de la Compañía. Se lograba así, no solo aumentar la gloria de Dios como reza el lema ignaciano, sino aumentar la propia gloria de esta orden religiosa. Para ello no se dudó en utilizar todos los recursos en lo humano y en la fe disponibles para lograr el objetivo evangelizador. A su vez, estas misiones fueron un claro ejemplo de la importancia del mecenazgo para la élite y su uso en la evangelización, pues mediante diversas donaciones confirmaban su piedad religiosa y su lugar en la sociedad. Y en esas donaciones con carácter piadoso sin duda el arte y lo suntuario tenían un importante lugar. Sin embargo, no todo lo suntuario provenía de donaciones, sino que el Galeón de Manila aportó una nota distintiva al ornato religioso bajacaliforniano. Antecedentes: el sueño bajacaliforniano Baja California fue un proyecto largamente perseguido por la corona española. Ya en el siglo XVI se desarrollaron planes para su conquista, sin embargo, todos los intentos fracasaron. Unido esto al descubrimiento de las Filipinas, California paso a un segundo plano, pues estas islas daban más beneficios y las inversiones que en ella se hacían eran rápidamente recuperadas. 2 2 LEON-PORTILLA, Miguel: Hernán Cortés y la mar del s ur. Madrid, 1985, pp. 85-111. 717 Durante el siglo XVII las autoridades consideraban que California debía ser poblada, pero primero había que explorarla y conocerla mejor para disminuir la posibilidad de nuevos fracasos. Se sucedieron entonces las licencias para explorar California. Navíos y aventureros recorrieron las costas de la península para averiguar si eran ciertos los rumores de una California muy rica. Aunque todos fracasaron en el intento de adentrarse en ella. El descalabro de todas las expediciones, unido a los gastos sin beneficio, provocaron un gran escepticismo en las autoridades, que llegaron a considerar California inconquistable. Aunque, para el conjunto global de la monarquía era un territorio de importancia por su situación geográfica. Así, avanzaba el siglo XVII y Baja California seguía sin conquistarse. Esto no era por falta de interés, entre 1553 y 1667 se habían realizado trece expediciones, pero todas ellas habían fracasado. Tras todos los descalabros sufridos la Corona acabó pensando que la única forma de conquistarla era la espiritual, por ello en varias expediciones misioneros de diversas órdenes religiosas acompañarían a los exploradores. 3 Franciscanos y jesuitas compitieron por ver a que orden se adjudicaba la California. En inicio, los franciscanos tenían la ventaja de que fueron en las expediciones de Hernán Cortés, Francisco de Ulloa, Fernando Grijalva, Nicolás Cardona, etc. Sin embargo, esta ventaja legal fue anulada por el fracaso de todas estas aventuras. La Compañía de Jesús se interesó debido a su trabajo en las misiones de la contracosta de Sonora y Sinaloa; acompañando las expediciones de Pedro Porter y Casanate e Isidoro de Atondo y Antillón. Ambas órdenes querían la Baja California. Además, hubo otras dos órdenes interesadas en esta zona: carmelitas, y agustinos, Pero la realidad era que solo jesuitas y franciscanos tenían oportunidad de que se les adjudicase. Las dos congregaciones pugnaron, hasta que una Real Orden especificó que los jesuitas se harían cargo de la península. El siguiente conflicto fue entre obispados; los de Guadalajara y Durango querían esa jurisdicción. Finalmente, la balanza se inclinó hacia el primero por el apoyo de la Compañía. 4 3 SALVATIERRA, Juan María, (S.I.): Misión de la Baja California . Con introducción, arreglo y notas por el R. P. C Bayle, S. I. Madrid, 1946, pp. 7-9. 4 RÍO CHÁVEZ, Ignacio: A la diestra mano de las Indias. Descubrimiento y ocupación colonial de la Baja California. México, 1990, pp. 57-73. 718 En 1683 se inició la expedición de Isidoro de Atondo y Antillón, nombrado almirante del Reino de la California y gobernador de la Armada Real de su conversión, para la buena realización de la misma. 5 Con el fueron los padres Kino y Copart, fundándose el Real de San Bruno, a unos 26º de altura, y pronto dieron comienzo las tareas de evangelización. Sin embargo, la expedición estaba condenada al fracaso, y en 1685 llegó a su fin. 6 Pese al final de la experiencia, algunos jesuitas siguieron trabajando en volver. En 1696, el padre Juan María Salvatierra presentó propuesta misional que recibió el apoyo del general de la Orden, Tirso González; de la Real Audiencia de Guadalajara y del Virrey de Nueva España, José Sarmiento y Valladares, conde de Moctezuma. El gobierno virreinal concedió la licencia solicitada y otorgo plenos poderes espirituales, civiles y militares a los misioneros que allí se encontrasen. Pero, a cambio, no se aportarían fondos del Real Erario. 7 Las misiones no iban a tener apoyo del Real Erario, pero ambas instituciones ganaban. La Corona incorporaba definitivamente la Baja California sin destinar más dinero para ello. Y la Compañía obtenía el control de un territorio desde el que establecer una gran red de lazos entre las nuevas misiones californianas con el resto de la Nueva España y con Asia, controlando las relaciones de la región fronteriza. 8 Con todos los permisos otorgados para que la Compañía se ocupase de “reducir a los gentiles de ella al gremio de nuestra santa fe católica”, es decir evangelizar; se dio comienzo a la empresa, acompañándose los jesuitas de soldados y marineros. Pero no solo deberían evangelizar, sino que también debían explorar el territorio y asentarlo dentro de los territorios del virreinato novohispano, como demuestran los mapas de los misioneros. 9 5 AGI. (Archivo General de Indias), INDIFERENTE, 131, N.30. 6 GÓMEZ PADILLA, Gabriel: “Kino en California: 1681-1686”. Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, 61, 2014, pp. 145-190. SALVATIERRA, Juan María, (S.I.): Misión de la Baja… op. cit., p. 15 7 HILTON, Sylvia: La Alta California Española . Madrid, 1992, p.58. 8 BAENA REINA, Fuensanta: “De ´tierra inhóspita´ a ´Tierra de Misiones´: Baja California y la última frontera jesuítica (1683-1767)”. Revista Americana de Historia Social , 4, 2014, pp. 88-110. 9 NAVAJAS JOSA, Belén: El padre Kino y la Pimería. Aculturación y expansión en la frontera norte de Nueva España. Tesis doctoral. Madrid, 2009, pp. 116-117. RÍO CHÁVEZ, Ignacio: A la diestra mano… op. cit., pp. 90-94. AGIMP-MEXICO, 95. ORTEGA, José, (S.I.): Historia del Nayarit, Sonora, Sinaloa y ambas californias. Que con el título de “Apostólicos adanes de la Compañía de Jesús, en la América Septentrional” 719 Así, el 25 octubre 1697 se fundaba la que sería la capital de Baja California, la misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó. Habían nacido las misiones de Baja California y comenzaba el que sería el siglo más importante para esta región novohispana, que se iba a convertir en un punto fundamental hispano en la costa del Pacífico. 10 La Compañía de Jesús y las devociones La Compañía de Jesús, igual que otras órdenes religiosas, siempre se valió de diversas devociones como apoyo a su labor evangelizadora. Estas devociones propias junto a las devociones particulares de los diversos donantes se reflejaron y marcaron no solo en la decoración y nomenclatura de las misiones, sino también en la toponimia geográfica; y la península bajacaliforniana no es una excepción. Los misioneros desempeñaban los mismos ministerios que en Europa, así la Compañía se esforzó por promover la sociedad sacramental, el arrepentimiento y el perdón a través de la confesión y la eucaristía. Y para ello no dudó en fomentar sus devociones, destacando la de la Virgen de los Dolores, la de la Luz y la de Loreto, siendo esta última muy importante para los jesuitas en todo el virreinato novohispano. A su vez, también era muy importante la devoción a los denominados Cinco Señores: Jesús, María, José, Ana y Joaquín; a los Sagrados Corazones (Jesús, María y José), y por supuesto a los santos propios de la Orden. 11 Entre estos últimos primaron por encima de los demás San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Con todos ellos los ignacianos buscaban no solamente aumentar la fe de los indígenas, sino también destacar en ellos una serie de hábitos y rasgos piadosos. Al mismo tiempo que afianzaban su pertenecía a la Iglesia católica y su devoción por la propia Compañía de Jesús. se publicó anónima en Barcelona el año de 1754. Siendo su autor el Padre José Ortega . México, 1887, pp. 349-355. 10 BAENA REINA, Fuensanta: “Rumbo al Oeste. Las Californias y el Pacífico en el siglo XVIII”, en Espacios de tránsito. Procesos culturales entre el Atlántico y el Pacífico . Granada, 2014, pp. 9-24. 11 TORALES PACHECO, Mª Cristina: “La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, del esplendor a la expulsión”, en Los jesuitas: religión, política y educación (siglos XVI-XVIII) . Madrid, 2012, t. III, pp. 1483- 1502. 720 Unidas a estas devociones propias en Baja California destacaron también las devociones privadas y es que los diferentes donantes marcaron en algunos casos el titular al que debía ir su donación, por ello nos encontramos con misiones colocadas bajo la protección de Santa Rosalía, Santa Gertrudis o Santa Rosa entre otros. Así, los jesuitas utilizaron devociones en principio ajenas a ellos para lograr un mayor afianzamiento en el territorio donde se situaban tal y como hicieron con San Juan Nepomuceno en Europa, y en este caso también para lograr donaciones. Muestra de este uso parece ser la representación de la virgen de Loreto realizada por José de Páez. (Fig. 1) En esta obra no solamente se ve a la advocación lauretana, sino que sobre ella están la Trinidad, y la Virgen de Guadalupe. Y a ambos lados de la figura central tres filas de personajes representando a santos, muchos de los cuales nos recuerdan a Baja California por ser nominales o de gran importancia por su representación para estas misiones: San Pedro, San Joaquín, San José, San Juan Bautista, Santa Ana y San Juan Evangelista, en la primera. A San Francisco Javier y San Juan Nepomuceno en el centro. Y a Santa Gertrudis y Santa Catalina, en la inferior. Por último, en la parte inferior, la casa de la Virgen de Loreto a la que rodean los arcángeles San Gabriel, San Miguel y San Rafael. Además, hay varias figuras sin identificar que podrían asociarse con otras advocaciones presentes en la península. Así, este cuadro podría ser una síntesis pictórica de lo que fueron las devociones más importantes de la Baja California. Donaciones, donantes y el Fondo Piadoso de las Californias Antes de fundar las misiones, la Compañía de Jesús creó el Fondo Piadoso de las Californias, donde se guardaban y administraban las donaciones con las que se financiaba el proyecto misional. Un Fondo muy rico que poseía propiedades por todo el virreinato novohispano. Y aunque se trataban de vender los productos en las regiones donde estaban las haciendas, los principales clientes estaban en la Ciudad de México. Allí residía el procurador general del fondo, que al menos una vez al año se enviaban a las misiones mercancías de diversa índole: ropa, alimentos, libros y objetos necesarios para la vida, el culto y la catequesis. 12 12 VELÁZQUEZ, María del Carmen: El Fondo Piados de las Misiones de Californias. Notas y documentos . México, 1985, pp. 22-27. 721 Que el procurador principal del Fondo residiera tan lejos de las misiones no era casual. Si bien hacía que no siempre fuera consciente de las necesidades reales que tenían los establecimientos, a cambio lo acercaba a los principales miembros de la sociedad novohispana, haciendo que estuviera siempre junto al poder para defender las misiones y recaudar nuevas donaciones. En un principio el Fondo estaba constituido por donaciones en dinero en efectivo y objetos, pero al quebrar uno de los donantes, el Fondo comenzó a invertir las donaciones en explotaciones agrarias. Así, la Compañía obtenía bienes por dos medios, mediante la compra y mediante la donación. Ambos medios eran igual de importantes, pues contribuían al mantenimiento de las misiones y de quienes allí vivían, tanto material como espiritualmente. De este modo como demuestran los estudios de María del Carmen Velázquez encontramos donaciones y propiedades del Fondo que oscilan desde los bienes inmuebles, ranchos y haciendas, cabezas de ganado, embarcaciones, objetos litúrgicos, lugares de pastos y agostaderos hasta obras artísticas y objetos de todo tipo. Si bien es cierto que se preferían las donaciones en metálico con las que adquirir haciendas que les reportaran beneficios, recibieron muchos bienes en donaciones también. De esta forma, en 1717, el Fondo comenzó a adquirir bienes raíces. 13 Es importante en este caso resaltar los donantes que tuvo el Fondo, que fueron muchos. La sociedad novohispana pareció acoger con entusiasmo la entrada de los ignacianos en California, pues realizó importantes donaciones tanto de personajes destacados, como donaciones menores anónimas. Si bien el problema para conocerlas exactamente es que solo las grandes donaciones eran apuntadas, las donaciones pequeñas no solían aparecer en los registros. Unos de los primeros donantes, y de los más destacados, fueron Ventura de Medina Picaso y su madre, no por la cuantía de su donación, sino por lo simbólico de la 13 VENEGAS, Miguel: Noticia de la California y de su conquista temporal y espiritual hasta el tiempo presente. México, 1944, t. II, pp. 153-154. 722 misma. En 1698 donaron, una imagen de la Virgen de Loreto que presidiría la iglesia de la primea misión. 14 Pero entre todos los donantes de las misiones de Baja California, el más relevante fue José de la Puente Peña y Castejón, marqués de Villapuente. No lo hizo únicamente por la cuantía de sus donaciones, sino porque también convenció a otras personas para que escogieran el Fondo piadoso como destinatario de sus obras pías. El marqués de Villapuente, fue uno de los principales mecenas de la Compañía en todo el orbe en el siglo XVIII, aunque las misiones bajacalifornianas fueron uno de sus mecenazgos más importantes. A lo largo de cuatro décadas donó más de cien mil pesos en haciendas, cabezas de ganado y en metálico. Muestra de ello es el volumen de sus donaciones, hasta 1706 había donado al menos 22.100 pesos, en 1714 donó ovejas por valor de diez mil pesos. Mientras que en 1748 donó diez haciendas, con todo lo que en ellas había, por un valor aproximado de cincuenta mil pesos. 15 Además, en su testamento añadió más ranchos por valor de unos veinte mil pesos, con los que se debían contribuir a la evangelización de la California. 16 Por su parte su esposa, Gertrudis de la Peña, marquesa de Torres de Rada fundo también la misión de San José del Cabo, y cuando esta misión se clausuro con el capital se fundó la misión de Santa Gertrudis por deseo de la donante. Y la hermana de esta, Rosa de la Peña, marquesa de la Peña, financio Santa Rosa de las Palmas, luego Todos Santos. 17 Por su parte, el presbítero de Querétaro, Juan de Caballero y Ocio, albacea del marqués de Villapuente, aportó el capital para fundar dos misiones, además de algunas embarcaciones. La Congregación de los Dolores del Colegio Máximo pagó otra de las misiones. Pedro Gil de la Sierpe donó varias embarcaciones de diferentes tamaños, además de importantes limosnas en metálico. A su vez el matrimonio formado por Nicolás de 14 DÍAZ, Marco: Arquitectura en el desierto: misiones jesuitas en la Baja California . México, 1986, pp. 92. 15 NEGRO, Sandra, y MARZAL, Manuel: Esclavitud, economía y evangelización: las haciendas jesuitas en la América virreinal . Lima, 2005, p.144. 16 FONSECA, Fabián, y URRUTIA, Carlos de: Historia General de Real Hacienda. México 1853, t. VI, pp. 303-304. 17 BERNABÉU ALBERT, Salvador: “California o el poder de las imágenes del discurso y las misiones jesuitas”, Contrastes: Revista de Historia Moderna, 12, 2001, pp. 159-186. 723 Arteaga (o Erniaga) y Josefa Vallejo fundó Santa Rosalía de Mulegé. El capitán de caballos corazas Luis de Velasco Altamira y Mendoza, dotó la misión de San Luis Gonzaga. Mientras que el padre Juan Bautista Luyando creo con su legítima, la de San Ignacio, y el padre José Guevara donó el capital para la fundación de una más. Otra de las grandes donantes fue María Ana de Borja Aragón, duquesa de Béjar y Gandía, con un donativo de más de sesenta mil pesos, que debían duplicarse a la muerte de sus criados pensionados. Para ello la condición era que una de las misiones fuera nombrada como su antepasado, que el general de la Compañía San Francisco de Borja. 18 Además, existen otros donantes como Dámaso Zaldivia con cuatro mil pesos, las ciudades y villas de México con 115 mil pesos, los jesuitas misioneros de Sonora, Sinaloa y Tarahumara con bienes por un valor total de 105 mil pesos y el duque de Linares en su etapa como virrey de la Nueva España con once mil pesos. 19 No hay que olvidar al último gran donante conocido, el rey. Y es que, aunque en principio la Corona no iba a mantener nada de las misiones de California, finalmente acabó haciéndose cargos del mantenimiento de los soldados y puntualmente de proveer de alhajas e instrumentos a las iglesias misionales. Desde 1703 las misiones californianas recibieron financiamiento, aunque según parece no de forma puntual. Esto cambio a partir de 1734 con las rebeliones sufridas en el sur, la Real Hacienda un total de 32.000 pesos al año para el sostenimiento de la guarnición militar. 20 Si bien no aportó dinero al Fondo, descargó a este de muchos gastos, tanto militares como ornamentales. Algo común a muchos de los donantes parece ser la preocupación por el nombre, pues muchos de ellos pidieron que las misiones que fundaban fueran nombradas de una manera concreta, como hicieron la duquesa de Béjar y Gandía o la de la Peña. El marqués de Villapuente pidió que sus misiones fueran nombradas en honor a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, San Gerónimo, Santiago el Mayor y San Miguel Arcángel o Nuestra 18 SALVATIERRA, Juan María, (S.I.). Misión de la Baja… op. cit., pp. 1946: 58-60; 155-157; 188-189; 207- 209. BERNABÉU ALBERT, Salvador. “California o el poder…”, op. cit., p. 178-182 NEGRO, Sandra, y MARZAL, Manuel: Esclavitud, economía y…, op. cit., p.145. 19 PÍCCOLO, Francisco María: Informe del estado de la nueva cristiandad de California, 1702, y otros documentos. Madrid, 1962, pp. 301-302. 20 VELÁZQUEZ, María del Carmen: El Fondo Piadoso… , pp.15-20. 724