Química agrícola : química del suelo
Full text
,
[ENCICLOPEDIA
AGRÍCOLA
publicada
bajo
la
dirección
de
G.
WERY
QUÍMICA
AGRÍCOLA.
QUÍMICA
DEL
SUELO
ENCICLOPEDIA
AGRÍCOLA
publicada
por
una
Junta
de
Ingenieros
agrónomos
BAJO
LA
DIRECCIÓN
be
G.
WERY
QUÍMICA
AGRÍCOLA
QUÍMICA
DEL
SUELO.
GUSTAVO
ANDRÉ
PROFESOR
DEL
INSTITUTO
NACIONAL
AGRONÓMICO
AGREGADO
DE
LA
FACULTAD
DE
MEDICINA
INTRODUCCIÓN
POR
EL
Dr.
P.
REGNARD
Director
del
Instituto
Nacional
Agronómico
-
Miembro
de
la
Sociedad
de
Agricultura
de
Francia,
A
BARCELONA
CASA
EDITORIAL
P.
SALVAT
dig
CaLuz
DE
MALLORCA
-
51
dd
0
1918
EDAD
ES
PROPI
meno
Establec!
INTRODUCCIÓN
En
justicia
no
me
correspondería
á
mí
firmar
este
prefacio.
1
Este
honor
debería
recaer
en
uno
de
mis
dos
eminentes
prede-
-
CeSores:
En
Eugenio
Tisserand,
á
quien
debemos
considerar
como
el
verdadero
creador
en
Francia
de
la
enseñanza
superior
de
la
agrl-
su
valer
científico
en
nuestros
gobiernos,
y
ha
conseguido
que
se
-Creara
en
París
un
Instituto
agronómico
comparable
á
aquellos
de
-
Que
nuestros
vecinos
se
mostraban
orgullosos
hacía
tiempo?
Eugenio
Risler,
también,
más
bien
que
yo,
habría
debido
pre-
sentar
al
público
agrícola
sus
antiguos
alamnos,
que
han
pasado
á
ser
maestros.
Unos
mil
doscientos
ingenieros
agrónomos,
esparcidos.
por
el
territorio
francés,
le
deben
Su
instrucción:
él
es
hoy
nuestro
venerado
decano
y
yo
recuerdo
siempre
con
dulce
agradecimiento
el
día
en
que
debuté
bajo
su
órdenes
y
el
día,
hace
poco
pasado,
en
-
Que
me
designó
para
ser
su
sucesor
(1).
Pero,
ya
que
los
editores
de
esta
colección
han
querido
que
fuera
el
director
actual
del
Instituto
agronómico
quien
presentase
á
los
lectores
la
nueva
Enciclopedia,
voy
a
tratar
de
decir
breve-
mente
con
qué
espíritu
ha
sido
concebida.
:
-
Ingenieros
agrónomos,
casi
todos
profesores
de
agricultura,
todos
ellos
antiguos
alumnos
del
Instituto
nacional
agronómico,
se
han
propuesto
resumir,
en
una
serie
de
volúmenes,
los
conoci-
mientos
prácticos
absolutamente
necesarios
hoy
para
el
cultivo
racional
del
suelo.
Han
escogido
para
distribuir,
regular
y
dirigir.
la
tarea
de
cada
uno,
á
Jorge
Wery,
á
quien
tengo
la
suerte
de
-
tener
por
colaborador
y
por
amigo.
|
:
La
idea
directora
de
la
obra
común
ha
sido
la
siguiente:
extraer
de
nuestra
enseñanza
superior
la
parte
inmediatamente
utilizable
para
la
explotación
de
la
propiedad
rural
y
dar
á
conocerá
la
vez
á
*
2
E
0)
Después
de
haber
escrito
estas
líneas,
hemos
tenido
la
desgracia
de
perder
á
nuestro
eminente
maestro
Risler,
el
6
de
agosto
de
1905,
en
Saléves
—seultura:
¿no
es
él
quien,
durante
largos
años,
ha
influído
con
todo
(Suiza.
Queremos
que
conste
aquí
el
vivo
dolor
que
nos
causa
esta
pérdida.
O
POS
Cl
Risler
deja
á
la
ciencia
agronómica
una
obra
inmortal.
AS
e
RA
.
-——G,
ANDRÉ.
—
Química
del
suelo,
1*
ls
;
1
de
A:
Ñ
í
IA
a
a
n
IL
INTRODUCCIÓN
ee
los
agricultores
los
datos
científicos
definitivamente
adquiridos
en
que
a
la
práctica
actual
está
fundada.
j
No
son
simples
Manuales,
ni
Formularios
sin
razonar,
lo
que
ofrecemos
á
los
agricultores;
son
cortos
Tratados
en
que
se
han
puesto
de
manifiesto
los
resultados
innegables,
al
lado
de
las
bases
científicas
que
han
permitido
llegar
á
ellos.
Yo
quisiera
que
se
pudiese
decir
que
representan
el
verdadero
espíritu
de
nuestro
Instituto,
con
la
restricción
de
que
no
deben
ni
pueden
contener
las
discusiones,
los
errores
en
las
vías,
las
rectifi-
caciones
que
han
acabado
de
fijar
la
verdad
tal
cual
es,
cosas
todas
ellas
que
se
desarrollan
largamente
en
nuestra
enseñanza,
porque
no
debemos
formar
sólo
prácticos,
sino
también
inteligencias
ele-
vadas,
capaces
de
hacer
progresar
la
ciencia
en
el
laboratorio
y
en
el
campo
de
cultivo.
,
Aconsejo,
pues,
la
lectura
de
estos
pequeños
volúmenes
á
nues-
tros
antiguos
alumnos,
que
encontrarán
en
ellos
la
huella
de
su
priméra
educación
agrícola.
E
También
la
aconsejo
á
sus
jóvenes
compañeros
de
hoy,
que
encon-
trarán
en
ellos,
condensadas
en
poco
espacio,
muchas
nociones
que
podrán
servirles
en
sus
estudios.
z
En
fin,
al
gran
público
agrícola,
á
los
cultivadores,
los
ofrezco
esperanzado.
Ellos
nos
dirán,
después
de
haberlos
leído,
si,
como
se”
ha
pretendido
alguna
vez,
la
enseñanza
superior
agronómica
excluye
todo
espíritu
práctico.
Espero
que
esta
censura,
ya
gastada,
des-
aparecerá
definitivamente.
Por
otra
parte,
nunca
ha
sido
acogida
or
nuestros
rivales
de
Inglaterra
y
de
Alemania,
que
han
desarro-
llado
magníficamente
en
sus
países
la
enseñauza
superior
de
la
agricultura.
Sucesivamente,
ofrecemos
al
lector
volúmenes
que
tratan
del
suelo
y
de
la
manera
como
debe
ser
trabajado,
de
su
naturaleza
química,
del
modo
de
corregirla
ó
de
completarla,
de
las
plantas
comestibles
ó
industriales
que
se
le
pueden
hacer
producir,
de
los
animales
que
puede
alimentar
y
de
los
que
le
perjudican.
Estudiamos
las
manipulaciones
y
las
transformaciones
que
la
industria
hace
sufrir
á
los
productos
de
la
tierra:
la
vinificación,
la
destilería,
la
panificación,
la
fabricación
del
azúcar,
de
la
man-
teca,
del
queso,
?
-
Terminamos
ocupándonos
en
las
leyes
sociales
que
rigen
la
pro-
piedad
y
la
explotación
de
las
fincas
rústicas.
Tenemos
la
firme
esperanza
de
que
los
agricultores
acogerán
favorablemente
la
obra
que
les
ofrecemos,
Dr.
PamLo
REGNARD,
Miembro
de
la
Sociedad
Nacional
de
Agricultura
de
Francia,
Director
del
Instituto
Nacional
Agronómico.
PREFACIO
E
El
libro
que
publicamos
hoy
con
el
título
de
la
Química
del
suelo
es
el
complemento
indispensable
de
nuestra
Quí-
mica
vegetal.
Estos
dos
volúmenes
forman
un
Tratado
ele-
mental
de
Química
agrícola,
esencialmente
destinado
á
la
:
enseñanza.
Apenas,
es
necesario
hacer
notar
el
interés
de
primer
orden
que
ofrece
el
estudio
del
suelo.
Es
éste
quien
nutre
la
planta,
quien
le
proporciona
el
nitrógeno
y
ciertos
elementos
minerales
capaces
de
contribuir
á
la
elaboración
de
sus
teji-
dos.
Por
consiguiente,
es
al
suelo
á
quien
el
hombre
y
los
animales
piden
su
propia
alimentación.
El
suelo
nos
ofrece
sus
riquezas
bajo
los
más
variados
aspectos:
también
todas
las
ciencias
humanas
encuentran
en
su
estudio
materias
para
investigar
de
fecundidad
inagotable.
Al
agrónomo
corresponde
avalorar
los
preciosos
materiales
que
cada
rama
de
la
ciencia
acumula
en
largos
años
de
labor.
Se
comprende,
pues,
que
el
que
se
arriesga
á
escribir
un
Tratado
de
Química
agrícola,
aun
cuando
sea
elemental
como
-la
presente
obra,
sienta
cierta
aprensión
pensando
en
la
suma
de
conocimientos
que
debiera
poseer
para
servir
útilmente
á
la
causa
de
la
agricultura
y
á:la
de
la
enseñanza.
Pueda
esta
consideración
hacer
que
el
lector
sea
indulgente,
cuando...
encuentre,
en
las
páginas
que
siguen,
errores
ú
1
Omisiones
+,
El
químico
que
se
ocupa
de
agricultura
considera
«el
pro-
blema
del
suelo
de
la
manera
siguiente:
Dadá
una
planta,
¿cuáles
son
los
elementos
que
toma
al
suelo,
en
qué
forma
le
>
son
ofrecidos
estos
elementos,
cuál
es
su
grado
de
asimila-
La
E
E
A
ZA
A
v
A
ARA
EY
*
E
Li.
.
E
23
“9
INTRODUCCIÓN
AL
ESTUDIO
DEL
CONOCIMIENTO
DEL
SUELO
formación
de
los
tejidos
de
la
planta
(1).
De
suerte
que,
si
se
hallara
en
algún
punto
una
tierra
absolutamente
despro-
vista
de
vegetación,
se
podría
asegurar
que
faltaban
en
ella
ua
ó
varias
de
las
materias
indispensables
á
la
planta;
suponiendo,
por
otra
parte,
que
la
temperatura
del
aire
-
ambiente
no
sea
demasiado
baja,
ni
demasiado
elevada,
para
¿ser
un
obstáculo
á
la
vida
vegetal.
El
suelo
es
un
medio
heterogéneo.
—
Examinemos
ahora
algo
más
detenidamente
la
masa
sólida
en
la
que
están
-
implantados
los
vegetales.
A
simple
vista
observaremos
que
-
esta
masa
presenta
exteriormente
muy
diversos
aspectos.
Su
color
es
muy
variable;
á
veces
es
blanco:
éste
es
el
que
se
nota
en
las
tierras
que
contienen
un
exceso
de
calcáreo;
con
-
frecuencia
es
blanco
agrisado:
así
ocurre
en
los
suelos
ricos
en
sílice;
en
muchos
casos
es
de
color
rojo
más
ó
menos
in-
tenso,
con
tendencia
al
pardo:
este
color
caracteriza
los
suelos
ferruginosos;
el
suelo
es
de
color
pardo
más
ó
menos
obscuro
en
la
mayor
parte
de
las
tierras
cultivadas;
por
último,
otras
veces
es
negro,
como
se
puede
ver
en
las
tierras
turbosas.
Se
puede
decir
que
á
cada
color,
por
más
que
diste
mucho
de
ser
verdad
en
absoluto,
corresponde
una
fora
espontánea
diferente;
significa
esto
que,
si
en
todas
estas
masas
sólidas
se
encuentran
los
mismos
elementos
fundamentales
propios
para
la
nutrición
de
la
planta,
estos
elementos
no
están
en
las
mismas
proporciones,
y
que
la
manera
como
están
dis-
puestos
en
tal
ó
cual
sitio
conviene
á
una
planta
y
no
á
otra.
Una
observación
superficial
nos
demuestra
también
que
ciertos
suelos
contienen
elementos
más
Ú
menos
volumino-
sos:
piedras,
guijarros
de
variadas
dimensiones,
mientras
que.
otros
parecen
estar
constituidos
por
elementos
mucho
más
finos.
Estas
son
las
nociones
muy
sumarias
que
podemos
(1)
Si
se
examina
el
con
encuentran
en
los
compuestos
que
constituyen
Jos
vegetales,
se
observa
que
un
número
relativamente
corto
es
en
realidad
el
que
predomina.
Pero
esto
no
quiere
decir,
en
modo
alguno,
que
no
se
encuentren
muchos
otros,
como
dice
el
autor
más
adelante.
Las
plantas
que
crecen
en
los
escoriales
de
las
minas
de
zinc
son
en
su
mayor
parte
zinciferas;
se
ha
encontrado
arsénico
en
algunas
cenizas
vegetales;
en
plantas
que
vegetan
en
terrenos
graníticos
y
Otros
terrenos
primitivos
se
han
hallado
indicios
de
cobre;
las
cenizas
de
muchas
plantas
contienen
boro,
etc.—Dr,
C.
BRUGUÉS,
junto
de
los
elementos
químicos
que
se
AA
Ad
A
A
A
A
.
A
d
A
AE
EA
,
,
,
E
k
,
ASPECTO
GENERAL
DEL
SUELO
3
adquirir
por
una
simple
ojeada
al
pasar
por
una
extensión
cualquiera
de
terreno.
La
conclusión
que
de
ello
sacamos
es,
pues,
la
siguiente:
esta
porción
de
nuestro
planeta
que
lleva
los
vegetales
es
esencialmente
heterogénea,
:
Esta
falta
de
homogeneidad
la
vamos
á
encontrar
hasta
en
las
menores
partes
de
la
masa
que
acabamos
de
examinar
sumariamente.
Tomemos
2
63
kg.
de
una
tierra
cualquiera
-
y
con
esta
palabra
entenderemos
desde
ahora
esta
parte
de
la
corteza
sólida
del
globo
donde
penetran
las
raíces
de
una
planta,
—pongámoslos
en
un
tamiz
cuyas
mallas
tengan,
por
ejemplo,
un
centímetro
de
abertura.
¡Según
la
naturaleza
de
la
tierra
que
se
ensaya,
quedará
en
el
tamiz
una
cantidad
mayor
ó
menor
de
piedras,
Podemos
ver
en
seguida
que
o
éstas
tienen
formas
y
colores
muy
variados.
El
tamiz
retiene
tam-
$
bién,
en
muchos
casos,
fragmentos
de
substaricias
amorfas,
blandas,
en
las
cuales
reconocemos
con
facilidad
restos
de
vegetales
muertos.
Tamicemos
mediante
tamices
de
mallas
cada
vez
más
apretadas
la
masa
de
tierra
que
ha
pasado
á
través
del
primero,
y
encontraremos,
prescindiendo
de
las
dimensiones,
los
mismos
elementos
que
el
primer
tamiz
había
retenido.
Finalmente,
acudamos
á
la
lente
para
examinar
¡e
lo
que
deja
pasar
un
tamiz
de
mallas
de
medio
milímetro.
Al
lado
ON
de
fragmentos
de
materias
duras,
que
á
veces
presentan
formas
geo-
-
métricas,
encontraremos
una
gran
cantidad
de
elementos
sin
con-
tornos
definidos,
opacos
unos
y
más
ó
menos
transparentes
otros.
Entre
estos
elementos
mezclados
se
hallan
esparcidas
partículas
de
materia
orgánica
que
con
frecuencia
es
fácil
distinguir
de
los
ele-
A
mentos
minerales.
Todas
ó
casi
todas
las
tierras
que
sometamos
á
este
tratamiento
AN
nos
darán
el
mismo
resultado:
solamente
variarán
las.
proporciones
'
de
estos
diversos
fragmentos
de
distinta
naturaleza,
La
tierra
está
e
formada,
pues,
hasta
en
sus
menores
elementos,
por
partículas
sin
homogeneidad.
Este
análisis
inmediato
(1)
puede
efectuarse
también
de
una
manera
muy
sencilla
echando
en
un
gran
vaso
transparente
lleno
de
agua
un
puñado
de
tierra.
Algunos
elementos
gruesos
caen.
rápidamente
al
fondo;
otros,
de
menores
dimensiones,
tardan
más.
>
A
tiempo
en
recorrer
el
líquido;
otros
quedan
bastante
tiempo
en
sus-
-
pensión,
por
su
extremada
pequeñez,
y
otros,
por
último,
sobrenadan,
y
en
su
mayor
parte
están
formados
por
restos
vegetales
de
tamaño
variable
y
eu
un
estado
más
ó
menos
adelantado
de
descomposición.
Próximamente
tendremos
ocasión
de
ver
cómo
y
por
qué
la
tierra
presenta
necesariamente
esta
particular
estructura,
(1)
Cuando
se
quiere
hacer
un
análisis
detenido
de
una
mezcla
debe
prin-
cipiarse
por
hacer
el
análisis
inmediato,
que
tiene
por
objeto
separar
las
materias
que
forimnan,
la
nrezcla,
cada
una
de
las
cuales
podrá
ser
sometida
al
-.
análisis
elemental
en
caso'de
ser
compnesta.
Así,
el
análisis
de
un
granito
-
comportará
primero
la
separación
del
feldespato,
el
cuarzo
y
la
mica
que
lo
forman;
después
seguirá
el
análisis
elemental
de
cada
uno
de
estos
tres
minerales,
—C.
B.
A
7]
PA
UNS
e
A
SE
á
pa
o
4
4
INTRODUCCIÓN
AL
ESTUDIO
DEL
CONOCIMIENTO
DEL
SUELO
¿A
qué
profundidad
penetran
las
raíces?
a
Tierra
de
labor.
—
¿A
qué
profundidad
penetran
las
raíces?
Esta
profundidad
varía
mucho,
no
sólo
con
la
naturaleza
de
los
vegetales,
sino
también
con
la
constitución
del
medio
sólido
en
que
éstos
se
hallan.
Las
raíces
de
los
grandes
árboles,
y
aun
á
veces
las
de
las
plantas
anuales,
pueden
penetrar
á
una
profundidad
de
muchos
metros
si
no
existen
obstáculos
en
la
masa
del
suelo.
Cuando,
por
el
contrario,
la
roca
com-
pacta
se
halla
á
corta
distancia
de
la
superficie,
las
raíces
tropiezan
en
ella
y
se
extienden
en
una
circunferencia
cuyo
diámetro
será
mayor
ó
menor.
Cuando
una
planta
no
puede
hallar
en
profundidad
los
elementos
nutritivos
que
necesita,
los
busca
extendiéndose
por
los
lados.
Esto
es
lo
que
-
se
observa
frecuentemente
cuando
las
raíces
de
un
vegetal
encuentran
una
capa
arenosa
muy
pobre
en
materias
ferti-
lizantes.
Se
puede,
pues,
en
muchos
casos,
juzgar
la
riqueza
de
un
suelo
examinando
la
cantidad
de
vegetales
que
se
desarrollan
en
él
en
una
determinada
superficie.
Las
plantas
abundarán
tanto
más
y
su
desarrollo
será:
tanto
mayor
cuanto
más
profundo
sea
el
suelo
donde
toman
sus
ali-
mentos;
estarán
tanto
más
espaciadas
y
su
vegetación
será
tanto
más
lánguida
cuanto
menos
profunda
sea
la
capa
de
tierra.
Importa
mucho,
pues,
en
agricultura,
disponer,
cuando
es
posible,
de
un
suelo
profundo,
capaz
de
contener
una
pro-
visión
suficiente
de
materias
apropiadas
para
suministrar
á
los
vegetales
que
en
él
vegetan
las
substancias
indispensables
para
su
existencia.
Sin
embargo,
la
fertilidad
de
una
tierra
así
no
podría
ser
indefinida,
salvo
en
casos
excepcionales.
-
Para
mantener
al
mismo
nivel
su
fecundidad,
es
indispensable
restituirle
los
elementos
de
que
ha
sido
despojado
en
virtud
de
las
cosechas
que
sucesivamente
de
él
han
sido
obtenidas.
Es
preciso,
y
esto
es
de
primera
importancia,
removerlo
en
ciertas
épocas
para
disminuir
su
compacidad
y
permitirle
almacenar
agua
y
aire.
Cuando
la
masa
térrca
está
bien
dividida,
la
siembra
de
las
semillas
es
más
fácil
y
se
asegura
mejor
su
germinación.
Este
trabajo
mecánico
es
el
de
la
laya
y
del
arado.
¿A
qué
profundidad
penetra
el
hierro
de
estos
aperos?
Apenas
á
algunos
decímetros,
aun
cuando
se
acuda
á
A
AS
a
A
f
A
A
A
A
SEN
1
CÓMO
PUEDE
ESTUDIARSE
EL
SUELO
5
los
instrumentos
más
perfeccionados.
Se ha
convenido
en
lla-
mar
tierra
de
labor
la
parte
de
la
superficie
del
globo
en
que
pueden
penetrar
sin
grandes
dificultades
los
aperos
de
labranza.
La
altura
de
esta
capa
es
infinitamente
pequeña
con
relación
á
la
masa
total
del
suelo,
y
la
mayor
parte,
de
las
raíces
se
extienden
en
regiones
mucho
más
hondas
que
aquellas
que
nuestros
instrumentos
de
cultivo
han
removido.
Importancia
de
la
capa
situada
debajo
de
la
tierra
de
labor.—Resulta
de
lo
que
precede
que
debemos
fijar
toda
muestra
atención
en
la
capa
de
tierra
accesible
á
los
instrumentos
de
cultivo:
podemos
modificar
profundamente
el
estado
físico
de
esta
capa,
aumentar
su
permeabilidad
con
frecuentes
labores,
enriquecerla
con
la
adición
de
abonos
apropiados,
limpiarla
con
la
escarda
de
malas
hierbas
que
disputan
á
la
planta
principal
el
agua
y
las
materias
ali-
menticias.
Pero.si
nuestros
medios
de
cultivo
se
limitan
á
la
mejora
de
una
costra
muy
delgada,
no
olvidemos
que
las
raíces,
como
hemos
dicho
antes,
penetran
en
regiones
más
bajas
para
buscar
también
en
ellas
el
agua
y
las
materias
nutritivas,
Es,
pues,
indispensable
cono-
cer
la
naturaleza
y
las
propiedades
de
estas
capas
inferiores.
La
planta,
efectivamente,
toma
con
frecuencia
de
ellas
la
mayor
parte
de
las
substancias
que
necesita,
Estas
nociones
serán
más
adelante
desarrolladas
detalladamente,
Il
CÓMO
PUEDE
ESTUDIARSE
EL
SUELO
Es
fácil
comprender,
aun
sólo
después
de
un
examen
superficial,
que
el
estudio
del
suelo
abarca
tres
órdenes
de
problemas
generales.
Los
elementos
minerales
cuya
presencia
hemos
recono-
cido
y
cuya
variabilidad
de
formas
hemos
hecho
constar,
tienen
grados
de
finura
muy
diferentes
según
las
tierras.
Parece
que
estos
restos
minerales,
de
tamaños
tan
variados,
son
los
productos
de
una
trituración
más
ó
menos
enérgica
de
masas
iniciales
mucho
más
voluminosas.
¿En
virtud
de
qué
serie
de
fenómenos
ó
de
accidentes
naturales
aparecen
estos
fragmentos
en
los
suelos,
constituyendo
sus
elementos
funda-
6
INTRODUCCIÓN
AL
ESTUDIO
DEL
CONOCIMIENTO
DEL
SUELO
mentales?
Ante
todo,
es
indispensable
estudiar
la
forma-.
ción
mecánica
del
suelo.
Basta
una
ligera
ojeada
para
ver
que
el
resultado
de
esta
forma-
ción
no
es
el
mismo
en
todas
partes,
Este
hecho
tiene
grande
impor=
;
tancia
cuando
se
trata
de
determinar
de
qué
manera
se
mueven
á
través
de
las
partículas
de
los
diferentes
suelos
el
agua
y
el
aire,
estos
dos
elementos
cuyo
papel
capital
estudiaremos
más
adelante.
¿Cuál
es
la
acción
de
las
heladas,
por
ejemplo,
en
las
masas
minera-
les
impregnadas
de
agua?
¿Cuál
es
la
¿nfinencia
de
la
vegetación
que
se
presenta
espontáneamente
en
muchas
de
estas
masas?
El
movimiento
del
agua
entre
las
partículas
térreas
debe,
a
+
priori,
efectuarse
de
una
manera
que
no
puede
ser
idéntica
en
todas
las
tierras:
una
tierra
almacena
mucha
agua
y
la
retiene
fácilmente;
«otra
se
comporta
inversamente.
En
la
una,
la
circulación
de
los
gases
es
fácil;
en
la
otra,
los
gases
pasan
con
lentitud.
Ciertas
tierras
con-
servan
el
agua
que
han
recibido
de
la
lluvia
Ó
de
los
riegos;
otras
la
dejan
escurrir
fácilmente
á
su
través,
Una
tierra
que
retiene
“los
líquidos
mucho
tiempo,
que,
cuando
llega
la
sequedad,
se
resque-
braja
al
desecarse
y
forma
masas
voluminosas
en
las
cuales
los
ins-
trumentos
de
labranza
entran
con
pena,
es
una
tierra
cuyo
cultivo
es
difícil
y
á
veces
imposible.
Recíprocamente,
una
tierra
permeable
al
agua
es
una
tierra
que
se
divide
fácilmente
cuando
viene
la
seque-
“dad:
los
instrumentos
de
cultivo
penetran
en
ella
con
facilidad
grande.
Así,
pues,
ya
que
las
tierras
no
se
comportan
del
mismo
modo
respecto
de
la
circulación
del
agua
y
delos
gases,
forzosa-
2
mente
deben
estar
constituídas
de
distinta
manera.
No
siendo
idén=
tico
su
origen,
resulta
que
su
cohesión.
su
aptitud
á
la
desecación,
su
permeabilidad,
difieren
precisamente
porque
los
elementos
funda:
mentales
de
que
están
formadas
no
son
los
mismos.
Se
concibe,
por
consiguiente,
que
el
primer
problema
que
se
presenta,
cuando
se
estudia
el
suelo,
es
el
de
su
constitución
y
de
sus
propiedades
fisi.
De
cas,
precedido
del
de
su
formación
mecánica.
P
4
e
En
segundo
lugar,
dada
la
diversidad
de
elementos
minerales
ES
que
contienen
los
suelos,
se
puede
pensar,
a
priori,
que
estos
elemen-
o
tos
se
comportarán
de
un
modo
muy
variable
respecto
del
agua
y
de
los
gases
de
la
atmósfera
que
circulan
alrededor
de
cada
una
de
sus
á
partículas.
Es
lógico
creer
que
el
gas
carbónico,
el
Oxígeno,
el
agua,
e
actúan,
según
los
casos
y
según
la
naturaleza
de
las
masas
minefa-
'
les
con
que
están
en
contacto,
ya
como
simples
disolventes,
ya
como
agentes
de
una
descomposición
más
ó
menos
profunda,
En
una
pala-
;
bra,
una
serie
dé
reacciones:
químicas
se
engendra
á
cada
momento
*-
en
el
interior
del
suelo,
formándose
soluciones
de
concentración
variable
conla
composición
de
la
masa
mineral.
Es
fácil
formarse
,
cargo
de
lo
que
ocurre
recogiendo
algunos
litros
de
agua
de
dre-
¿
¿A
nage,
esto
es,
de
las
aguas
que
han
atravesado
cierto
espesor
de
O
CÓMO
PUEDE
ESTUDIARSE
EL
SUELO
7
tierra,
Si
se
evapora
esta
agua,
se
encuentra
que
siempre
deja
de
residuo
materias
fijas,
cuyo
peso
y
composición
varían
de
unas
tierras
á
otras.
Los
restos
orgánicos
que
contienen
la
mayoría
de
las
tierras
desaparecen
parcialmente
por
la
acción
del
oxígeno
atmosfé-
rico,
en
virtud
de
una
oxidación
lenta,
pero
incesante;
en
cambio,
el
-
nitrógeno
de
estas
materias
aparece
frecuentemente
en
estas
aguas
en
una
nueva
forma,
en
la
de
ácido
nítrico
Estas
disoluciones,
estas
reacciones
entre
elementos
minerales,
son
de
orden
químico;
contribuyen
de
un
modo
muy
eficaz
á
la
nutrición
de
la
planta,
cuyas
raíces
están
bañadas
continuamente
por
estos
líquidos.
El
segundo
problema
que
se
nos
presenta,
y
cuya
gran
importancia
acabamos
de
señalar,
consistirá,
pues,
en
el
estudio
de
la
constitución
y
de
las
propiedades
químicas
de
los
suelos.
Para
comprender
la
naturaleza
del
tercer
problema
hagamos
el
siguiente
experimento:
Tomemos
un
líquido,
tal
como
el
que
emplean
los
bacteriólogos,
formado
por
azúcar,
una
sal
amónica
y
varias
otras
sales,
como
fosfatos,
sulfatos,
etc,
Después
de
haber
esterili-
zado
este-líquido
por
el
calor,
introduzcamos
en
él
una
pequeña
can-
tidad
de
una
tierra
cualquiera
y
calentemos
á
la
temperatura
de
unos
30?,
Al
cabo
de
algunos
días,
á
veces
ya
al
cabo
de
algunas
horas,
este
líquido
estará
muy
turbio.
Si
examinamos
una
gota
con
el
microscopio,
veremos
que
está
llena
de
una
multitud
de
muy
pequeños
organismos.
Existe,
pues,
en
el
suelo
una
fora
microscó-
pica
muy
variada.
En
su
mayor
parte,
los
individuos
que
componen
esta
flora
ejercen
un
papel
particular,
que
ha
podido
precisarse
en
algunos
casos
gracias
á
pacientes
investigaciones
emprendidas
desde
hace
unos
veinticinco
años.
De
estos
microorganismos,
el
uno
es
un
agente
de
combustión
de
la
materia
orgánica
en
que
vive;
el
otro
es
un
Oxidante
del
nitrógeno
de
esta
materia
orgánica;
un
tercero
trans-
-
forma
el
nitrógeno
orgánico
en
nitrógeno
amoniacal.
Todos
contri-
buyen,
cada
uno
según
sus
aptitudes,
á
modificar
profundamente
la
estructura
de
las
moléculas
tan
variadas
que
constituyen
la
tierra
vegetal.
Los
fenómenos
producidos
en
el
suelo
por
estos
microscópi-
cos
agentes,
en
conjunto
son
fenómenos
químicos,
pero
de
particular
naturaleza.
Un
fenómeno
químico
propiamente
tal
procede
de
una
coalición
entre
dos
ó
más
substancias
dotadas
de
cierto
grado
de
afinidad:
contacto
del
oxígeno
con
tal
ó
cual
elemento
oxidable,
seguido
de
una
oxidación
ó
de
una
peroxidación
de
la
substancia
ini-
cial;
contacto
del
gas
carbónico
con
una
materia
compleja
(por
ejem-
plo,
silicatos),
seguido
de
la
carbonatación
de
las
bases
y
de
quedar
en
libertad
sílice
y
diversos
silicatos
más
sencillos.
Estos
fenómenos
son
fenómenos
puramente
químicos,
están
regidos
por
las
leyes
de
la
-
mecánica
química,
La
elevación
de
la
temperatura
favorece
mucho
su
génesis,
y
frecuentemente
pueden
ser
obtenidos
en
el
laboratorio
con
una
intensidad
y
una
rapidez
que
no
observamos
nunca
en
la
naturaleza.
Los
fenómenos
biológicos,
por
el
contrario,
que
depen-
den
de
la
presencia
y
del
desarrollo
de
seres
vivos,
no
pueden
efec-
POH
A
ES
AA
E
AR
“
3
se
>
MB
,
A
AU
i
S
INTRODUCCIÓN
AL
ESTUDIO
DEL
CONOCIMIENTO
DEL
SUELO
tuarse
más
que
entre
los
límites
de
temperaturas
compatibles
os
xistencia
de
estos
seres.
En
vista
de
esto,
se
podría
creer
que
las
ereacciones
que
provocan
no
pueden
tener
más
que
una
débil
intensi-
dad,
Sin
embargo,
el
número
prodigioso
de
estos
seres
en
la
menor
parte
de
tierra
vegetal
y
el
inmenso
campo
de
su
acción,
puesto
que
pueden
actuar
sobre
las
más
diminutas
partículas,
compensan
la
pequeñez
relativa
de
su
acción
en
un
punto
determinado,
Los
fenó-
menos
químicos
que
están
subordinados
á
la
presencia
de
microorga-
nismos
son
una
consecuencia
del
modo
de
nutrición
de
estos
infinita-
mente
pequeños
(1),
;
De
lo
que
antecede
se
deduce
que
el
lercer
problema
relativo
al
estudio
del
suelo
es
de
orden
biológico:
que
debemos
conocer
aquellos
de
tales
microorganismos
que
trabajan
para
la
solubilización
de
los
elementos
del
suelo
destinados
á
nútrir
la
planta,
y
que
debemos
combatir
aquellos
que,
por
una
ú
otra
causa,
dificultan
la
vida
de
la
misma,
ya
por
producir
gases
nocivos,
ya
por
formar
materias
tóxi-
cas.
En
resumen,
pues,
deberemos
estudiar
las
propiedades
y
la
constitución
biológicas
de
los
suelos.
Tales
son
la
naturaleza
y
la
extensión
de
los
problemas
que
lleva
consigo
el
estudio
del
suelo.
Otra
cuestión
se
nos
presenta
ahora
y
vamos
á
tratar
de
resolverla.,
TH
COMPOSICIÓN
ELEMENTAL
DE
LA
PLANTA.
ELEMENTOS
MINERALES
ABSORBIDOS
POR
LA
PLANTA
El
análisis
viva
contienen
carbono,
hidy
sodio,
calcio,
cloro,
Estos
cuer
muy
variados.
La
parte
Orgánica
del
ve
químico
nos
enseña
que
los
tejidos
de
la
planta
siempre
los
catorce
cuerpos
simples
siguientes:
Ógeno,
oxigeno,
nitrógeno,
fósforo,
potasio,
Magnesio,
silicio,
hierro,
manganeso,
azufre,
Pos
.simples
existen
en
estados
de
combinación
des
li
getal,
esto
es,
la
que
desaparece
por
la
lcieración,
está
formada
de
carbono,
hidrógeno,
oxígeno
y
nitrógeno.
Comprende
substancias
ternarias
(1)
Al
parecer,
en
los
microor
tura
química
complicada,
Correspondientes
al
de
actuar
de
un
modo
semejante
á
los
catali
nando
transformaciones
químicas
de
masas
mu
/
grupo
de
las
enzimas,
capaces
Zadores
inorgánicos,
determi-
y
superiores
á
las
suyas.—C.
B.
An
e
7.
ST
DU
A
COMPOSICIÓN
ELEMENTAL
DE LA
PLANTA
'
9
(hidratos
de
carbono,
grasas,
esencias,
ceras,
gomas,
etc.)
y
substancias
cuaternarias
(albuminoides).
La
parte
mi-
neral
(1)
del
vegetal,
que
queda
después
de
la
incine-
ración,
contiene
los
otros
diez
cuerpos
simples.
Es
evidente
que
la
elevada
temperatura
necesaria
para
la
destrucción
de
la
parte
orgánica
modifica
profundamente
la
disposición
mo-
lecnlar
en
la
misma
parte
mineral.
Sabido
es,
efectivamente,
que
los
elementos
minerales
forman
én
la
planta
viva
com-
puestos
ó
asociaciones
íntimas
con
los
elementos
orgánicos.
El
carbono,
absorbido
por
la
planta
provista
de
clorofila,
procede
dé
la
atmósfera,
que
lo
contiene
en
forma
de
gas
carbónico;
el
hidrógeno
y
el
oxígeno
proceden
del
agua;
el
nitrógeno,
en
ciertos
casos,
es
tomado
por
el
vegetal
direc-
tamente
de
la
atmósfera
en
estado
gaseoso;
en
otros
casos,
que
son
los
más,
procede
del
suelo.
-
En
cuanto
á
los
elementos
minerales
fijos,
la
planta
debe
hallarlos
en
el
suelo
en
conveniente
cantidad.
Pero
no
basta
comprobar
por
el
análisis
químico
la
presencia
en
el
suelo
de
las
mismas
materias
minerales
que
contiene
la
planta
para
afirmar
que
ésta
forzosamente
las
absorberá
y
las
asimilará
luego.
En
efecto,
algunos
de
estos
elementos
podrían
hallarse
en
el
suelo
en
grandes
cantidades
y,
sin
embargo,
no
ser
de
provecho
alguno
para
el
vegetal,
incapaz
de
utilizarlos.
Aquí
entra
en
juego
un
factor
muy
importante.
Es
preciso
conocer
ante
todo
la
forma
en
que
están
en
la
tierra
estos
elementos
minerales
y
saber
si
esta
forma
es
realmente
la
que
reclama
la
planta.
Expliquemos
este
punto.
Cuando
se
trata
de
ave-
riguar
si
una
substancia
es
asimilable
por
un
animal,
no
hay
que
considerar
únicamente
los
cuerpos
simples
que
entran
en
su
composición.
La
gelatina
y
la
urea,
por
ejemplo,
son
-
substancias
que
contienen
ambas
carbono,
oxigeno,
hidrógeno
y
nitrógeno;
sin
embargo,
estas
substancias
no
son
materias
nutritivas.
La
cuestión
del
agrupamiento
de
los
diversos
cuerpos
simples
interviene
aquí
y
regula
la
cuestión
de
la
asimilabilidad.
Lo
mismo
ocurre
en,la
planta.
En
un
terreno
turboso,
que
contiene
un
exceso
de.nitrógeno,
la
mayor
parte
de
las
plantas
superiores,
y
especialmente
las
del
gran
cultivo,
1)
Véase
lo
dicho
en
la
nota
de
la
pág,
1.—0.
B.
da
INTRODUCCIÓN
AL
ESTUDIO
DEL
CONOCIMIENTO
DEL
SUELO
no
podrán
prosperar,
á
pesar
de
este
exceso
de
nitrógeno;
orque
la
agrupación
molecular
de
que
forma
parte
el
nitró-
lecliB
orgánico
en
la
turba
no
es
utilizable
por
los
vegetales
á
Les
que
1OS
referimos.
Lo-
mismo
ocurre
respecto
de
ciertas
agrupaciones
que
presentan
los
elementos
minerales:
fosfatos
en
los
apatitos,
potasa
en
los
granitos,
ete.
La
forma
de
estos
elementos
no
es
apropiada
para
la
nutrición
vegetal,
sea
por
efecto
de
su
agrupamiento
defectuoso,
sea
por
causa
de
falta
de
solubilidad.
El
estudio
del
suelo
no
debe
referirse,
pues,
únicamente
á
las
nociones
relativas
á
su
constitución
y
á
sus
propiedades
físicas,
químicas
y
biológicas,
sino
que
debe
ser
completado
por
el
estudio
del
grado
de
asimilabilidad
actual
de
los
elementos
que
la
planta
exige.
Desarrollaremos
más
adelante
esta
materia,
dando
los
pormenores
necesarios
para
su
comprensión.
?
Este
asunto.
de
la
asimilabilidad
es
tan
importante
y
-
ejerce
tal
influencia
en
la
producción
agrícola,
que
la
práctica
razonada
de
los
abonos
no
puede
tener
otra
base.
Porque
lo
que
debe
guiar
al
agricultor
en
el
empleo
de
las
materias
fertilizantes,
no
es
solamente
la
riqueza
absoluta
de
estas
-
materias
en
tal
ó
cual
elemento
indispensable
para
la
mutri-
ción
vegetal,
sino
que
es
sobre
todo
la
facilidad
con
que
la
planta
las
podrá
utilizar
para
la
producción
de
un
máximo
de
cosecha.
Las
cualidades
intrínsecas
de
un
abono
deben
ser
evaluadas
según
el
peso
de
esta
cosecha.
Resulta
de
lo
que
acabamos
de
decir,
que
un
estudio
profundo
del
suelo
ab
arcará
especialmente
los
estados
físicos
y
químicos
de
los
diez
elementos
fijos,
cuya
presencia
cons-
tante
en
los
tejidos
de
todo
vegetal
revela
el
análisis.
A
estos
diez
elementos
es
indispensable
añadir
el
nitrógeno,
porque
la
mayoría
de
las
plantas
toma
esta
substancia
de
la.
tierra.
Todas
las
intervenciones
mecánicas
ó
físicas,
todas
las
adiciones
de
materias
extrañas
que
tengan
por
objeto
modi-
ficar
cualitativa
ó
cuantitativamente
la
naturaleza:
de
estos
elementos
fundamentales
y
en
el
estado
más
favorable
para
su
evolución,
aumentarán
en
gran
medida
la
fertilidad
de
una
tierra.
«ponerlos
así
al
alcance
de
la
planta
id
A
RI
AS
A
E
eE
ES
,
El
a
»
no
a
ANA
a
PATO
y
IT
O
do
ci
MEW
COMPOSICIÓN
ELEMENTAL
DE
LA
PLANTA
11
Resumiremos
lo
que
acaba
de
exponerse
en
el
presente
capítulo
ia
de
la
manera
siguiente:
Debe
estudiarse
el
suelo,
por
de
pronto,
en
o
.!
cuanto
á
su
formación
mecánica:
la
estructura
de
los
restos
de
rocas
-
des
de
muy
variable
volumen
de
que
está
compuesto
ejerce
una
influen-
cia
de
primer
orden
en
sus
demás
propiedades,
La
diseminación
y
la
pulverización
de
ciertos
elementos
minerales,
aumentando
considera-
blemente
las
superficies,
abren,
en
efecto,
de
la
manera
más
eficaz
una
vía
á
los
fenómenos
de
disolución
por
los
agentes
naturales.
El
1
suelo
debe
ser
examinado
en
seguida
desde
el
punto
de
vista
desu
'
constitución
y
de.sus
propiedades
físicas
que
nos
orientan
respecto
Apo
de
su
grado
de
permeabilidad
para
el
agua
y
para
los
gases,
res-
APR
pecto
de
la
mayor
ó
menor
facilidad
con
que
podrá
ser
labrado,
y,
aun
respecto
de
la
naturaleza
de
las
substancias
artificiales
que
será
.
“conveniente
á
veces
incorporarle
para
modificar
en
determinado
sen-
tido,
á
lo
menos
en
la
capa
que
se
labra,
algunas
de
estas
propieda-
des.
El
conocimiento
de
las
reacciones
químicas
que
se
efectúan
en
el
suelo
deriva,
naturalmente,
del
estudio
antes
hecho
de
su
constitu-
ción
y
de
sus
propiedades
físicas.
La
química
del
suelo
nos
ilustra
sobre
el
grado
de
solubilidad
de
los
elementos
que
forman
las
rocas:
nos
deja
entrever
algunos
de
los
fenómenos
que
engendra
la
acción
concomitante
del
agua
y
del
gas
carbónico
sobre
las
múltiples
subs-
tancias
minerales
que
componen
el
suelo;
nos
suministra
algunas
“indicaciones
sobre
la
naturaleza
de
la
propiedad
especial
que
permite
“á
tal
ó
cual
suelo
retener
ciertos
elementos
de
fertilidad
é
impedir
su
marcha,
aun
después
de
largas
lociones
pot
el
agua
de
lluvia.
Por
último,
entre
las
numerosas
especies
de
infinitamente
pequeños
que
viven
en
el
suelo,
las
hay
que
provocan
reacciones
químicas
muy
especiales.
Estas
reacciones
tienden
á
solubilizar
ciertas
materias
indispensables
al
vegetal;
por
consiguiente,
juegan
un
papel
capital
por
lo
que
toca
á
la
nutrición
de
la
planta.
a
acción
sobre
ciertas
rocas
cuando
éstas
han
sido
atravesadas
rocas,
á
menudo
están
en
cuanto
se
refieren
á
la
química
de
la
tierra
de
labor.
18
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
han
modificado
por
metamorfismo:
lo
que
significa
que
estas
rocas
han
experimentado,
ya
sea
en
su
estructura,
ya
sea
en
su
composición
química,
cambios
más
ó
menos
profundos.
Entre
los
agentes
del
metamorfismo
debe
citarse
en
primer
término
la
temperatura.
Este
agente
físico
ha
ejercido
su
por
rocas
en
estado
de
fusión
ignea
(creta
transformada
en
.
mármol
cristalino
en
contacto
de
filones
de
basalto).
A
veces
se
trata
de
metamorfismo
químico
(silicificación
de
esquistos
arcillosos
en
contacto
con
el
granito);
á
veces
de
un
meta-
morfismo
mecánico,
que
ha
determinado
la
cristalización
de
ciertas
rocas
por
la
influencia
de
presiones
considerables,
tales
como
las
que
han
podido
originarse
en
las
disloca-
ciones
de
la
corteza
terrestre.
e
Las
hendiduras
que
frecuentemente
dividen
la
masa
de
ciertas
ocupadas
por
especies
minerales
no
silicatadas
(yacimientos
minerales),
de
las
cuales
citaremos
las
más
importantes
Estos
yacimientos
minerales
contienen:
óxidos
(alúmina
anhidra
é
hidratada,
aluminatos
de
hierro
y
de
magnesio,
óxido
de
titano),
nitratos,
boratos,
carbonatos,
aragonito
ó
carbonato
cálcico
orto-
rrómbico;
calcita
ó
carbonato
romboédrico;
carbonatos
de
bario
y
de
estroncio;
carbonato
doble
de
calcio
y
magnesia
ó
dolomía;
carbonato
magnésico
ó
giobertita,
sulfatos
anhidros
ó
hidratados
(yeso
ó
sul-
fato
cálcico
bihidratado,
clino
rrómbico,
anhidrita
ó
sulfato
anhidro,
ortorrómbico),
fosfatos
(fosfato
tricálcico
6
apatito,
fosfato
de
aluminio
ó
ambligonita),
cloruros
(sal
gema),
fnoruros
(fuoruro
cálcico
6
fluorina,
fluoruro
doble
de
aluminio
y
sodio
6
criolita),
etcétera,
etc,
Se
pueden
también
clasificar
las
rocas
según
su
estructura,
admitiéndose
entonces
las
principales
secciones
siguientes:
estruc-
tura
compacta,
cuando
los
elementos
extremadamente
finos
están
muy
aproximados
unos
á
otros;
estructura
sacaroide,
cuando
los
elementos
presentan
una
textura
cristalina
semejante
á
la
del
azúcar:
estructura
granujienta,
cuando
se
distinguen
en
la
roca
granos
más
ó
menos
voluminosos;
estructura
esquistosa,
cuando
la
roca.
presenta
hendiduras
de
determinada
dirección.
Si
la
división
de
la
roca
se
efectúa
en
hojas
más
ó
menos
delgadas,
se
dice
que
la
es-
tructura
es
hojosa
ó
foliácea;
es
tabular
si
las
hojas
son
de
algún
espesor;
es
romboidal
cuando
la
fragmentación
de
la
roca
da
masas
de
forma
geométrica
más
ó
menos
regular.
Se
dice
que
la
estructura
es
vítrea
cuando
la
roca
se
quiebra
como
el
vidrio
y
tiene
su
con-
sistencia
y
fragilidad,
CONSTITUCIÓN
DE
LAS
ROCAS
19
Pero,
desde
nuestro
punto
de
vista
especial,
no
hemos
de
hacer
la
descripción
de
las
rocas;
nos
hemos
de
preocupar
tan
sólo
de
la
naturaleza
de
sus
elementos,
esto
es,
de
la
composición
de
los
minerales
que
forman
su
masa.
Algunos
de
estos
minerales
nos
interesan
particularmente,
porque
sus
restos
constituyen
la
tierra
de
labor
y
porque,
entre
estos
restos,
hay
un
gran
número
cuyos
productos
de
descompo-
sición
por
los
agentes
químicos
son
substancias
nutritivas
para
los
vegetales.
Pasaremos,
pues,
brevemente
revista
de
los
principales
minerales
que
se
hallan
en
las
rocas
más
comunes
é
indi-
-
Caremos
su
composición.
Pero
antes
indiquemos
á
grandes
rasgos
el
modo
de
proceder
para
llegar
á
aislar
las
especies
minerales
que
las
rocas
contienen;
estos
procedimientos
se
conocen
con
el
nombre
de
análisis
mineralógico.
Análisis
mineralógico.
—
Los
procedimientos.que
em-
plea
el
análisis
mineralógico
tienden
á
aislar
las
especies
minerales
que
contienen
las
rocas
en
estado
de
mezcla.
El
examen
á
simple
vista,
y
mejor
con
ayuda
de
la
lente,
con
frecuencia
permite
reconocer
en
las
rocas
gruesos
granos
de
especies
bien
definidas
que
pueden
separarse
de
la
masa,
rompiendo
ésta
con
un
martillo
ó
valiéndose
de
un
buril.
En
seguida
se
verá
la
forma
cristalina,
la
dureza
de
los
frag-
mentos
así
aislados,
sobre
los
cuales
se
podrán
hacer
actuar
algunos
reactivos
(por
ejemplo,
ácidos).
Un
ensayo
al
soplete
proporciona
frecuentemente
datos
muy
útiles
sobre
la
natu-
raleza
de
los
cuerpos
simples
que
entran
en
la
constitución
del
fragmento.
La
separación
mecánica
de
los
elementos
constituyentes
de
una
roca,
puede
efectuarse,
después
de
la
fragmentación
de
la
misma,
usando
ciertos
líquidos
(1)
cuya
densidad
es
intermedia
entre
la
-
de
los
minerales
que
componen
la
roca:
unos
caen
al
fondo
del
líquido,
otros
sobrenadan.
El
empleo
del
imán
presta
también
grandes
servicios
para
la
separación
de
muchos
elementos
ferruginosos.
En
los
(1)
Para
el
análisis
mecánico
de
las
rocas
pulverizadas
se
emplean
diferentes
líquidos,
por
ejemplo
soluciones
de
yoduro
mercúrico
potásico,
que
puede
llegar
á
la
densidad
de
3,196.
Se
puede
emplear
también
el
yoduro
de
metileno,
cuya
densidad
es
3,314;
para
obtener
liquidos
de
menor
densidad,
se
diluye
con
benzol.—C.
B,
'
ee
>
A
"
y
"
ACA
la
Yo
ml
de
E
20)
Aso
Ú
ye
A
Ak
Ey
ES
90
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
minerales
que:contienen
una
notable
proporción
de
hierro,
el
empleo.
gradual
de
un
electroimán
de
potencia
variable
frecuentemente
es
-
muy
cómodo.
Pero
el
mejor
procedimiento
de
examen
de
las
rocas
consiste
en
cortar
éstas
en
placas
extremadamente
delgadas
que
se
observan,
no
simplemente
con
el
microscopio,
porque
los
colores
de
los
minerales
palidecen
hasta
el
punto
que
no
se
ve
más
que
una
masa
incolora,
sino
valiéndose
de
la
luz
polarizada
(luz
paralela).
La
lámi-
na
delgada
se
examina
entre
dos
nicoles
cruzados:
las
especies
mine-
rales
toman
colores
bastante
vivos,
característicos
con
frecuencia,
que
permiten
distinguir
unas
de
otras.
Este
examen
microscópico
de
las
rocas,
sobre
el
cual
no
podemos
extendernos
aquí,
ha
sido
espe-
cialmente
aplicado
en
Francia
por
Fouqué
y
Michel-Lévy.
3
Es
evidente
que
el
análisis
químico
completo
de
una
roca
se
impone
siempre;
este
análisis
es
el
único
capaz
de
poner
de
mani-
|
fiesto
las
verdaderas
proporciones
de
los
distintos
cuerpos
simples
+8
que
entran:en
su
composición.
E
»
€
e
11
-,
PRINCIPALES
MINERALES
QUE
SE
ENCUENTRAN
EN
LAS
ROCAS
MÁS
COMUNES.
COMPOSICIÓN
DE
ESTOS
MINERALES
«>
No
hay
que
perder
de
vista
que
sólo
un
corto
número
de
3
elementos
fijos
nos
interesa
especialmente,
ya
porque
se
yo
hallan
siempre
estos
elementos
eh
las
cenizas
de
las
plantas
hi
y
que
se
les
puede
asignar,
aunque
con
grandes
reservas
todavía,
un
papel
determinado
en
el
proceso
de
la
nutrición,
0
ya
porque
algunos
de
estos
elementos
desempeñan
un
papel
AS
físico
6
mecánico
importante
en
la
constitución
de
lo
que
¡
4
hemos
llamado
tierra
de
labor.
Este
papel
será
explicado
-
k
ion
MAS
adelante.
En
una
palabra,
debemos
conceder
particular
>
e
atención
á
toda
roca
6
á
todo
fragmento
mineral
que
con-
tenga
uno
ó
varios
de
los
siguientes
elementos
que
ordenamos
así:
1.
elementos
ácidos:
sílice
Si0?,
ácido
sulfúrico
SO4H?,
ácido
fosfórico
PO*H*,
anhídrido
carbónico
C0?,
cloro
Cl;
elementos
básicos:
potasa
K*0,
sosa
Na*0,
cal
CaO,
magnesia
Mg0,
alúmina
Al*0%,
óxido
ferroso
FeO,
óxido
férrico
Fet09,
óxido
de
manganeso
MnO.
Pero,
no
debe
olvidarse
que
el
8
St
e
A
A
SA
a
ESTTETIES
PRINCIPALES
MINERALES
21
análisis
4
menudo
descubre
en
las
cenizas
de
las
plantas
la
presencia
de
indicios
de
cuerpos
que
no
se
mencionan
en
la
lista
precedente:
ácido
titánico,
zinc,
flúor,
yodo,
ácido
bórico,
cobre,
cesio,
rubidio,
etc.
Es
probable,
sin
que
pueda
afir-
marse
con
seguridad
actualmente,
que
algunos
de
estos
cuerpos
desempeñan
un
papel
fisiológico
especial,
todavía
muy
obscuro.
Sin
embargo,
con
objeto
de
simplificar
aquí
el
estudio,
ya
bastante
complicado,
de
la
tierra
de
labor,
nos
limitaremos
á
examinar
sólo
los
elementos
que
hemos
dividido
en
elementos
ácidos
y
elementos
básicos.
-A.—Descripción
sumaria
de
algunas
rocas
eruptivas
«4.
Granito
en
general.
—Esta
roca
pertenece
al
grupo
de
las
rocas
ácidas;
está
formada
por
una
mezcla
de
cristales
de
cnarzo
(Si0?),
de
feldespatos
y
de
micas
[biotita]
(1),
El
cuarzo
se
presenta
con
contornos
irregulares;
es
de
color
blanco,
agrisado,
á
veces
rojo
ó
azulado.
La
ortosa,
blanca,
gris
ó
rosada,
á
menudo
va
acompa-
ñada
de
oligoclasa,
Las
láminas
brillantes
de
mica,
elásticas,
son
blancas
ó
negras.
Al
lado
de
estos
elementos
fundamentales,
se
encuentran
en
los
granitos
elementos
accesorios:
hierro
oligisto
(Fe?03),
hornblenda
(silicato
de
magnesio
y
calcio,
con
alúmina
y
hierro).
La
estructura
de
los
granitos
es
granujienta;
se
dividen
en
granitos
de
granos
gruesos,
medianos
y
finos.
Muy
esparcido
en
diver-
sas
regiones
de
Francia,
el
granito
se
halla
igualmente
en
muchos
puntos
del
globo;
es
una
de
las
rocas
más
comunes.
Los
feldespatos,
desde
el
punto
de
vista
de
su
composición,
cons-
tituyen
un
grupo
muy
homogéneo.
Son
silicatos
dobles
de
aluminio
y
de
álcalis
(K,0,Na,0),
ó
de
tierras
alcalinas
(CaO).
La
relación
del
oxígeno
de
la
alúmina
al
de
las
otras
bases
es
siempre
3
:
1.
Los
feldespatos
representan
polisilicatos
en
los
cuales
el
número
de
moléculas
de
sílice
va
aumentando
continuamente
de
una
unidad.
Si
se
toma
por
unidad
el
átomo
de
oxígeno
de
la
base
alcalina
ó
térrea,
-
el
número
de
átomos
de
oxígeno
de
la
sílice
es
el
siguiente
en
los
diversos
feldespatos:
anortita,
4;
labradorita,
6;
andesina,
8;
oligo-
clasa,
10;
albita,
12;
ortosa,
12.
Las
micas
se
caracterizan
por
la
facilidad
con
que
pueden
divi-
dirse
en
láminas
muy
delgadas
y
flexibles,
por
sencilla
exfoliación,
Cristalizan,
con
frecuencia,
en
prismas
ortorrómbicos.
Respecto
de
su
constitución,
puede
decirse
que
son
silicatos
de
aluminio
y
de
metales
alcalinos
ó
de
magnesio.
Las
micas
magnésicas
tienen
por
fórmula
(1)
Algunas
páginas
más
adelante
indicamos
la
composición
química
de
las
especies
mineralógicas
que
aquí
sólo
mencionamos.
92
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
2
RO.
SiO"
(R—=
Mg,
K?,
A1?/3);
las
micas
Me
di
ricas
que
las
primeras
en
magnesia,
contienen
óxido
ferroso,
a
en
micas
potásicas
y
micas
litiferas.
Las
micas
son
compuestos
ñ
$
substancias
distintas:
un
silicato
«de
aluminio
y
potasio,
en
e
e
el
potasio
puede
estar
parcialmente
substituído
por
el
sodio
ó
por
e
hidrógeno
(formando
agua
con
el
oxígeno);
un
silicato
magnésico,
en
el
cual
el
magnesio
puede
estar
substituído
por
el
hierro
ó
el
manga-
neso;
por
último,
un
compuesto
fluorado.
g.
La
granulita,
algunas
de
cuyas
variedades
se
presentan
finamente
cristalizadas,
no
difiere
del
granito
más
que
por
contener
mica
blanca
(muscovita)
en
substitución
de
la
biotita.
La
descomposición
del
granito,
que
examinaremos
ulteriormente
con
más
detalles,
suministra
sobre
todo
un
silicato
hidratado
de
E
aluminio
(arcilla),
más
6
menos
puro,
así
como
sales
de
potasio,
|
de
sodio,
de
magnesio,
de
calcio
(los
dos
últimos
en
proporción
muy
3
escasa).
Ciertos
granitos
contienen
también
pequeñas
cantidades
de
apatito
(fosfato
tricálcico
cristalizado).
3
1.
Pórfiro
cuarcifero.—Esta
y
á
la
precedente;
su
color
compacta
cuyos
element
Con
frecuencia,
á
los
vuarzo,
á
veces
de
horn
Oca
se
acerca
por
su
composición
generalmente
es
gris.
Está
formada
por
ortosa
S
Os
pueden
ser
invisibles
(pedrosílex;
eurita).
cristales
de
feldespato
se
unen
cristales
de
-
blenda,
de
mica
negra,
de
clorita,
de
apatito.
%.
Sienita.—Esta
roca
contiene,
como
elementos
fundamenta-
les,
ortosa,
oligoclasa,
hornblenda,
biotita,
augita.
Es
un
granito
desprovisto
de
cuarzo.
Se
encuentran
en
ella,
como
elementos
acce-
Y
sorios,
calcita,
apatito,
oligisto,
pirita.
Cuando
el
feldespato
ortosa
disminuye
en
su
estructura,
las
sienitas
reciben
el
nombre
de
pór-
firos
sieníticos,
es
e.
Diorita.—Es
una
roca
granitoide,
de
estructura
granujienta,
negruzca
ó
verde
obscura,
ó
blanca
con
manchas
negras,
formada
de
oligoclasa
(algunas
veces
de
anortita
ó
de
andesina),
de
biotita
y
de
hornblenda.
Existen
dioritas
de
ortosa.
Esta
roca
admite,
como
elementos
accesorios,
el
Cuarzo,
el
piroxeno,
etc.,
y,
como
productos
de
alteración,
la
epidota,
la
pirita
cúbica
(FeS?),
el
calcáreo
(á
,
veces
abundante).
El
apatito
es
más
raro,
M
B.—Descripción
sumaria
de
algunas
rocas
volcánicas
3
%.
Traquitas.—Son
rocas
volcánicas,
de
estructura
sacaroide
ó
porfiroide,
formadas
por
granos
muy
finos,
que
dejan
huecos
entre
sí.
Cierta
cantidad
de
materias
amorfas
puede
coexistir
al
lado
de
la
PRIMERAS
MATERIAS
23
masa
cristalina.
Los
elementos
esenciales
de
esta
roca
son
los
feldes-
patos,
á
los
cuales
se
unen,
ya
anfíboles,
ya
una
mica
magnésica,
ya
la
augita.
Ciertas
traquitas
contienen
elementos
ferromagnésicos
en
gran
abundancia;
en
otras,
se
encuentran
apatito
y
magnetita.
g.
Andesitas.
—Rocas
porosas,
frecuentemente
granitoides,
for-
madas
por
feldespato
vítreo
(andesina),
conteniendo
como
minerales
accesorios
hornblenda,
augita,
biotita,
magnetita,
apatito.
La
obsi-
diana
ó
vidrio
de
los
volcanes
es
un
tipo
vítreo
de
traquita.
y.
Basaltos.—Son
masas
eruptivas,
de
estructura
porfiroide,
que
han
sido
masas
líquidas
como
las
layas,
formadas
por
elementos
cristalinos,
como
la
labradorita,
la
augita,
la
peridota,
la
magnetita,
el
piroxeno,
en
el
seno
de
una
masa
vítrea
esparcida
entre
los
cris-
tales.
Los
basaltos
contienen,
como
elementos
accidentales,
carbona-
tos
de
hierro
y
de
calcio,
pirita,
silicatos
zeolíticos.
Algunas
muestras
contienen
hierro
nativo.
2.
Lavas
actuales.-
Son
rocas
fundidas,
de
composición
muy
variable;
unas
veces
ácidas
y
Otras
básicas.
En
el
momento
en
que
emergen,
pueden
tener
una
temperatura
de
1000”.
Contienen
gene-
ralmente
silicatos
más
ó
menos
básicos
y
son
ricas
en
elementos
de
fertilidad,
gracias
á
contener
de
ordinario
fosfatos.
C.—Descripción
sumaria
de
algunas
rocas
cristalofilinas
a,
Gneis.
-
Roca
de
estructura
esquistosa,
enteramente
crista-
lina.
formada
por
los
mismos
elementos
que
el
granito,
con
el
cual
se
confunde
á
veces
por
transiciones
insensibles.
Su
estructura
pro-
cede
del
paralelismo
de
las
láminas
de
mica,
que
alternan
con
los
cristales
de
feldespatos
mezclados
con
los
de
cuarzo.
Los
gneis
con-
tienen
algo
de
apatito
y
de
.magnetita
(Fe?0%):
el
cuarzo
va
mez-
clado
con
biotita.
Ciertos
greis
son
ricos
en
anfíbol.
Un
gneis
de
composición
media
contiene,
además
de
la
sílice
y
la
alúmina,
de
2
á
3
por
100
de
las
siguientes
bases:
K¿0,
Na,0,
Ca0.
g..
Micasquisto.
—
Esta
roca
está
compuesta
de
cuarzo
y
mica;
la
última
(generalmente
biotita)
forma
la
tercera
parte
y
con
fre-
cuencia
la
mitad
del
conjunto.
A
veces
el
cuarzo
domina
de
tal
modo
que
esta
roca
recibe
el
nombre
de
cnarzo
esquistoso
micáceo;
otras
veces,
por
el
contrario,
la
mica
forma
casi
la
totalidad
de
la
masa.
Cuanto
más
predomina
el
cuarzo,
más
susceptible
es
la
masa
de
divi-
dirse
en
hojas.
Los
micasquistos
se
confunden
con
el
gneis
cuando
contienen
grandes
proporciones
de
feldespatos.
Se
encuentran
en
-
granos
están
aglutinados
con
un
cemento
de
e
ad
a
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24
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
ellos,
como
elementos
accesorios,
grafito,
calcita
(CO3Ca),
andalu-
sita,
disteno,
granate,
turmalina.
Los
micasquistos
abundan
en
muchos
puntos
del
globo,
D.—Rocas
sedimentarias
a.
Gres.—Los
gres
son
rocas
silíceas
formadas
por
arena
cuyos
composición
variable,
pudiendo
ser
ésta
la
misma
que
la
de
los
son
cuarzosos
cuando
sus
elementos
está
cuarzo
unidos
por
un
cemento
silíceo.
En
los
gres
ferruginosos,
el
cemento
es
el
óxido
de
hierro;
en
los
gres
calcaríferos.
el
cemento
es
el
carbonato
de
calcio;
en
las
demás
variedades
de
gres,
el
cemento
es
4
la
vez
calcáreo
y
arcilloso
(esto
es,
margoso).
Los
gres
S
rojos
de
granos
gruesos
contienen,
como
substancia
aglutinante,
un
cemento
arcilloferruginoso,
-
,
Las
cnarcitas
son
gres
silíceos
cuyos
granos
se
han
soldado
unos
á
otros.
Cuando
los
gres
silí
acción
del
agua,
pierden
todo
6
parte
de
su
car
bonato
cálcico
y
se
forman
en
ellos
cavidades
(granvackes):
é.
Rocas
arcillosas.—Las
arcillas
están
constituídas
teórica-
mente
por
un
silicato
de
aluminio
hidratado,
pero
siempre
contienen
restos
arenosos,
mezcla
de
Cuarzo,
mica,
óxido
de
hierro,
y
con
fre-
cuencia
calcáreo.
La
variedad
más
pura
recibe
el
nombre
de
caolín
Al?
03,
281022520.
Las
arcill
' A
as
pueden
ser
compactas,
sin
seña-
les
de
estratificación,
6,
por
el
contr
ciones;
se
dice,
en
este
último
caso
Su
grado
de
dureza
y
su
alterabilidad
por
los
agentes
atmosféricos
son
muy
variables,
Una
arcilla
que
contenga
más
de
15
recibe
el
nombre
de
marga.
Entre
las
diferentes
especies
de
arcilla
conviene
señalar:
el
caolín,
que
acabamos
de
mencionar,
en
masas
blancas
ó
rojizas;
la
arcilla
Plástica
6
grasa,
más
rica
en
sílice
que
el
caolín,
de
color
muy
variado:
gris,
rojo,
amarillo,
verde,
azul,
Esta
arcilla
absorbe
bien
el
agua;
forma
con
este
líquido
una
pasta
flexible,
á
la
que
se
puede
dar
la
f
suave
al
tacto,
La
greda
y
la
tier
ario,
pueden
presentar
alinea-
á
20
por
100
de
calcáreo
Y.
Rocas
calcáreas.—
Est
án
formadas
principalmente
por
car-
bonato
cálcico.
Esta
sal,
cuando
es
pura,
cristaliza
en
romboedros
granos
de
arena.
Los
gres
n
formados
por
granos
de
-
ceos
de
elementos
calcáreos
han
sufrido
la
,
que
las
arcillas
son
esquistosas.
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PRIMERAS
MATERIAS
25
(calcita,
espato
de
Islandia)
ó
en
prismas
ortorrómbicos
(aragonito).
El
calcáreo
en
masa
puede
ser
cristalino;
entonces
va
mezclado
á
menudo
con
materias
esquistosas.
El
calcáreo
sacaroide
comprende
en
sus
numerosas
variedades
el
mármol
blanco;
frecuentemente
con-
tiene
mica,
talco,
magnetita,
granate,
piroxeno,
apatito,
etc.
En
el
calcáreo
compacto,
los
granos
son
extremadamente
finos
y
no
pueden
ser
vistos
más
que
con
grandes
aumentos.
Esta
variedad
de
calcáreo,
á
veces
porosa,
va
mezclada
con
óxido
de
hierro,
materias
arenosas
ó
bituminosas,
substancias
orgánicas
y
especies
minerales
cristaliza-
das
muy
variables,
Su
fractura
es
mate
y
su
color
amarillo,
Los
travertínos
son
calcáreos
compactos,
blancoagrisados,
llenos
de
cavidades
procedentes
del
desprendimiento
de
gas
carbónico
puesto
en
libertad
en
el
momento
en
que
se
depositó
el
calcáreo.
Las
tobas
calcáreas
presentan
cavidades
todavía
mayores,
Los
calcáreos
arcillosos,
mezclados
con
una
cantidad
más
ó
menos
considerable
de
arcilla,
corresponden,
según
las
proporciones
de
esta
última,
á
los
calcáreos
hidránlicos
6
á
las
margas
propia-
mente
dichas.
Los
calcáreos
pueden
contener
á
veces
una
fuerte
dosis
de
sílice
[hasta
45
por
100]
(calcáreos
silíceos)
6
de
óxido
férrico
(calcáreos
ferríferos).
En
el
calcáreo
grueso,
los
granos
están
cementados
por
una
materia
arcillosa
Los
calcáreos
térreos
(creta,
blanco
de
Meudon,
blanco
de
España)
son
blancos,
deleznables,
de
fractura
mate.
Están
formados
por
granos
cristalinos
extremada-
mente
finos
y,
sobre
todo,
por
una
infinidad
de
caparazones
de
fora-
miníferos.
2.
Rocas
dolomíticas.—Están
formadas
esencialmente
por
un
carbonato
doble
de
magnesio
y
de
calcio
romboédrico,
isomorfo
con
la
calcita.
Incoloras
con
frecuencia,
las
rocas
dolomíticas
tienen
á
veces
color
rojo,
amarillo,
verde
ó
pardo.
La
dolomía
contiene
á
menudo,
como
minerales
accesorios,
cuarzo,
talco,
mica,
apatito,
pirita,
oligisto,
magnetita.
Ciertos
calcáreos
contienen
una
notable
proporción
de
magnesia
(calcáreos
magnésicos).
Las
dolomías,
generalmente
compactas
y
parecidas
al
calcáreo
del
mismo
nombre,
pueden
tener,
sia
embargo,
una
estructura
caver-
nosa.
La
dolomía
granujienta
recuerda
el
calcáreo
sacaroide.
Puede
tener
también
un
aspecto
esquistoso,
Su
carácter
esencial
es
el
de
disolverse
lentamente
en
el
ácido
nítrico
y
sin
efervescencia
aparente;
pero,
si
se
pulveriza
y
se
opera
en
caliente,
se
disuelve
con
rapidez.
e.
Yeso.—Es
sulfato
cálcico
hidratado
CaSO*,2H?0,
crista-
lizable
en
prismas
clinorrómbicos.
El
yeso
admite
á
menudo,
como
ele-
mentos
accesorios,
arcilla,
calcita,
cuarzo,
Los
elementos
arenosos,
que
con
frecuencia
están
íntimamente
mezclados
con
él,
no
alteran
>
su
forma
cristalina.
Los
yesos
pueden
proceder
del
calcáreo
por“
*
metamorfismo:
llegando
emanaciones
sulfurosas
á
ponerse
en
contacto
5
Ñ
con
éste
han
expulsado
el
gas
carbónico.
HOY
A
A
J
1944
i
26
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
El
yeso
afecta
el
estado
laminar
de
brillo
nacarado,
el
estado
fibroso
de
brillo
de
seda;
el
yeso
sacaroide
se
parece
al
mármol,
pero
es
mucho
más
blando,
E.
Apatito.—Es
un
fluofosfato
cálcico;
el
flúor
puede
ser
subs-
tituído
por
el
cloro
ó
el
yodo,
El
apatito
cristaliza
en
el
sistema
hexa-
gonal,
Generalmente
es
incoloro,
pero
puede
ser
verde,
amarillo
6.
azul.
Se
halla
en
las
rocas
eruptivas;
muchas
rocas
basálticas
y
cier-
tas
lavas
contienen
notables
proporciones
de
fosfato
tricálcico,
el
cual
abunda
en
algunas
cretas,
1
.
Resumimos
en
los
cuadros
adjuntos
la
composición
de
algunas
rocas
comunes
é
indicamos
luego
la
nomenclatura
de
los
principales
minerales
que.en
ellas
se
hallan,
Esta
sumaria
exposición
está
des-
tinada
solamente
á
mostrar
el
grado
de
riqueza
de
estas
rocas
desde
el
punto
de
vista
de
la
nutri
“cialmente
en
la
obr
3
Auflage,
Stuttgar
a
de
Rosenbusch
(Zlemteller
Geisteinslehre;
t,
1911),
análisis
muy
detallados
sobre
este
tema,
donde
forma
glóbulos
concrecionados.
ción
de
la
planta.
Se
encontrarán,
espe-
SE
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PRIMERAS
MATERIAS
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b
34
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS.
lidad
que
el
agua.
como
agente
químico,
ejerce
sobre
las
rocas
una
he
acción,
cualquiera
que
sea
su
naturaleza,
tanto
más
profunda
cuanto
E
más
perfecto
sea
el
extado
de.
división
de
estas
rocas,
división
que
ha
sido
efectuada
por
los
fenómenos
mecánicos
que
estamos
*
examinando.
,
>
El
arrastre
de
materiales
por
las
aguas
torrenciales
disminuye
con
la
pendiente.
Los
fragmentos
mayores
que
el
agua
ha
llevado
e
consigo
se
detienen,
pero
muchos
fragmentos
siguen
su
camino
y
se
depositan
en
un
sitio
tanto
más
lejano
de
su
punto
de
partida
cuanto
más
pequeño
es
su
tamaño.
Los
elementos
más
tenues
hasta
pueden
permanecer
en
suspensión
mucho
tiempo
(1?,
no
depositándose
más
que
en
los
estuarios
de
los
ríos
(formación
de
deltas).
Sin
embargo,
en
este
último
caso,
la
precipitación
de
las
partículas
suspendidas
es
debida,
con
frecuencia,
á
una
reacción
especial,
de
naturaleza
fisico-
química:
las
más
finas
de
estas
partículas,
formadas
ordinariamente
+.
de
arcilla,
son
coagnladas
con
el
contacto
de
sales
disueltas
en
eS
agua
del
mar,
Explicaremos
más
adelante
esta
cuestión.
a
Se
da
el
nombre
de
a/nviones
á
los
depósitos
más
ó
menos
con-
siderables
que
las
aguas
dejan
en
las
orillas
de
los
cursos
de
agua
en
la
época
de
las
avenidas.
Estos
aluviones
enriquecen
á
menudo
las
tierras
donde
se
depositan
llevando
á
ellas
elementos
de
fertilidad
po
tomados
de
regiones
situadas
á
veces
á
una
gran
distancia
Pero,
recíprocamente,
un
depósito
de
aluvión
muy
arenoso
puede
empo:
brecer
el
suelo
donde
se
forma.
CO
-
Ge
P
D.
Acciones
destructoras
debidas
á
la
vegetación.
—
Ocurre
con
frecuencia
que
semillas.
llevadas
por
el
viento,
se
depo-
sitan
en
una
superficie
rocosa
(2).
Si
la
humedad
es
suficiente,
la
—
semilla
germina;
la
plantita
introduce
sus
raíces
en
las
grietas
que
la
roca
presenta
y,
cuando
se
trata
de
plantas
arborescentes.
estas
raíces
penetran
hasta
una
profundidad
bastante
grande,
Desgastan
la
roca,
de
la
que
toman
para
su
nutrición
ciertos
elementos
calcá
reos
6
potásicos,
y
ensanchan
así
las
cavidades
que,
á
no
ser
ellas
seguirían
á
veces
siendo
imperceptibles.
Si.
en
virtud
de
las
dimen-
siones
de
estas
cavidades,
el
agua
penetra
más
fácilmente
y
adquiere
el
estado
sólido
por
la
acción
de
las
heladas,
se
comprende
que
*
sx
(1)
La
arcilla
puede
mantenerse
en
suspensión
en
el
agua
pura
duran
Le
j
mucho
tiempo.
He
tenido
ocasión
de
obsery
A
hía
! 1
ar
que
un
líquido
en
que
había
puesto
arcilla
en
suspensión,
al
cabo
de
una
porción
de
semanas
aun
no
era
límpido.
—
O.
B.
10
(2)
Entre
los
gérmenes
de
vida
vegetal
que
los
vientos
transportan
figa-
ran
las
asociaciones
simbióticas
de
algas
y
hongos
que
constituyen
los
-
líquenes.
En
forma
de
corpúsculos
pequeños,
sumamente
ligeros
y
de
super-
ficie
relativamente
grande
con
respecto
á
su
peso,
son
llevados
das
el
viento
á
enormes
distancias
y
cuando
quedan
en
reposo
en
un
sitio
donde
hallan
elementos
suficientes,
principian
en
seguida
á
ejercer
su
actividad.
Ñ
Algún
autor
moderno
ha
llegado
á
suponer
qué
gérmenes
de
vida
podrán
pasar
de
la
tierra
á
los
espacios
interestelares
por
efecto
de
la
llamada
presión
de
la
radiación.—C.
B
AN
>
FENÓMENOS
DE
ORDEN
QUÍMICO
35
constituya
el
hecho
de
que
hablamos
una
causa
de
fragmentación
no
)
despreciable.
Además,
las
raíces,
cuando
han
adquirido
cierto
volu-
men,
actúan
á
modo
de
cuña
y
pueden
abrir
paulatinamente
masas
'
de
roca
aunque
sean
muy
resistentes.
Sobre
estas
masas,
así
dividi-
das,
que
tienen
una
superficie
mucho
más
extensa
que
la
de
la
masa
primitiva,
vendrán
á
ejercerse
nuevas
acciones
semejantes.
Otra
causa,
muy
lenta
aunque
muy
real,
de
destrucción
de
las
rocas
es
imputable
al
desarrollo
en
su
superficie
de
vegetales
infe-
riores,
musgos,
líquenes,
algas
microscópicas
y
hasta
microbios.
No
es
ésta
la
ocasión
de
discutir
la
parte
que
toman.en
la
erosión
de
las
rocas
las
secreciones
ácidas
de
las
raíces.
Cierto
es
que,
cuando
estos
vegetales
mueren,
dejan
la
materia
mineral
que
habían
tomado
de
la
roca;
de
aquí
la
presencia
en
la
superficie
de
ésta
de
una
capa
de
qe
mineral
que
las
lluvias
arrastran
y
llevan
á
regiones
más
ajas,
.
,
Todas
las
acciones
mecánicas
que
acabamos
de
analizar
conducen
á
una
fragmentación
de
las
rocas:
la
escala
de
tamaño
de
los
fragmentos
que
se
originan
abarca
desde
el
de
masas
que
pesan
muchos
kilogramos
hasta
el
de
elemen-
|
tos
imponderables
(1).
V
FENÓMENOS
DE
ORDEN
QUÍMICO
Los
fenómenos
de
destrucción
y
de
transformación
atri-
buíbles
á
las
acciones
químicas
son
enseñados
desde
largo
tiempo
en
la
forma
que
acabamos
de
exponer.
Sin
embargo,
hace
algunos
años
que,
á
consecuencia
de
observaciones
microscópicas
hechas
en
láminas
delgadas
de
tierra,
corta-
das
del
mismo
modo
que
la
roca
maciza,
apareció
una
nueva
teoría
según
la
cual
la
persistencia
casi
integral,
en
cuanto
á
su
composición
química,
de
los
fragmentos
rocosos
primitivos,
parece
ser
la
regla
general.
(1).
Entre
los
agentes
de
disgregación
mecánica
de
las
rocas
figuran
tam-
bién
los
vientos,
sobre
todo
cuando
llevan
consigo
partículas
duras.
La
corriente
de
aire
produce
al
tropezar
con
las
rocas
en
estas
condiciones
un
desgaste,
comparable
en
cierto
modo
al.
esmeri
idrio
por
medio
de
UN
'CHOYFO
de:
drena;
0;
Bi
alesmerilado
del
vidrio
por
m
36.
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
Expondremos
por
de
pronto
los
hechos
tal
como
se
acos
tumbran
á
presentar
según
el
método
clásico,
que,
nos
aprest
ramos
á
añadir,
explica
muy
bien,
á
lo
menos
en
la
mayorla
de
los
casos,
las
transformaciones
químicas
sufridas
por
las
rocas
y
la
naturaleza
de
los
productos
de
ellas
derivados.
Discutiremos
luego
estas
opiniones
clásicas
comparándolas
:
con
las
de
la
nueva
teoría.
E
Los
fenómenos
de
orden
químico
que
hemos
de
examina!
Es
se
caracterizan
por
la
acción
disolvente
del
agua
pura,
por
1038
del
agua
más
ó
menos
cargada
de
los
gases
normales
de
la
atmósfera,
oxígeno
y
gas
carbónico,
y
por
la
del
agua
que
contiene
en
solución
substancias
salinas
ú
orgánicas.
Hagd
mos
observar
que,
en
principio,
los
fenómenos
químicos
qué
ejercen
el
agua
y
el
gas
carbónico
sobre
las
rocas
están
reg!
>
4
dos
por
la
ley
de
la
acción
de
masa
(véase
más
adelante).
POE
débil
que
sea
el
efecto
de
estos
agentes
respecto
de
la
des
>
composición
de
una
roca
determinada,
esta
acción
se
repito
Y
continuamente;
los
productos
de
destrucción
formados
se
ei
minan
y
salen
del
campo
de
la
reacción,
de
manera
que
puede
efectuarse
un
nuevo
ataque,
porque
el
agua
se
renueva
SM!
cesar,
y
esto
ocurre
hasta
la
destrucción
total
de
la
rock
Podría
darse
el
caso
de
un
estado
de
equilibrio
únicamente
Y
los
productos
de
la
reacción
quedasen
en
contacto
unos
4
otros;
pero
esto
nunca
ocurre,
á
lo
menos
en
la
superfició
—
de
las
rocas
y
en
las
regiones
superficiales
del
globo-
Conia
todo,
este
estado
de
equilibrio,
de
que
acabamos
de
habla»
puede
realizarse
en
las
regiones
profundas
donde
pueden
coexistir
en
las
mismas
proporciones:
el
agua,
el
gas
carbó
E
nico
y
la
roca
atacada;
de
manera
que
la
alteración
de
ésto
a
será
infinitamente
menos
marcada
que
en
la
superficil
(Ramanmn).
E
A,
Disolución
por
el
agua
pura.—Si
suponemos
po!
un;
instante
que
el
agua
está
completamente
exenta
de
materias
salinos
A
y
de
gases
disueltos,
su
poder
disolvente
será
extremadamente
déb
respecto
de
la
mayoría
de
las
rocas.
La
sal
gema
y
el
sulfato
de
(08
solamente
se
disuelven
en
ella,
El
cuarzo
es
insoluble
en
el
ag%
pura.
Placas
de
este
mineral
resisten
la
acción
del
agua
á
la
temp?
>
FENÓMENOS
DE
ORDEN
QUÍMICO
31
ratura
de
25%
y
á
la
presión
de
1800
atmósferas
(Spezia).
Según
algunos
autores,
la
sílice
amorfa
se
disuelve
muy
escasamente
cuando
se
eleva
la
temperatura,
y
el
residuo
que
quedaría
después
de
la
evaporación
sería
el
ópalo.
Según
Le
Chatelier,
la
sílice
no
forma
hidratos
con
el
agua;
siempre
es
anhidra.
La
sílice
precipi-
tada,
en
estado
de
extremada
división,
sería
del
todo
insoluble
en
el
agua
y
la
misma
insolubilidad
explicaría
su
grado
de
finura.
Pero,
si
el
agua
completamente
pura
es
un
disolvente
bastante
malo
de
la
mayoría
de
las
rocas,
puede,
en
cambio,
en
contacto
con
algunas
de
ellas,
entrar
en
reacción
con
una
determinada
especie
mineral
y
suministrar
un
producto
de
hidratación.
Se
puede
citar,
como
ejemplo,
la
transformación
de
la
anhidrita
(sulfato
cálcico
anhidro,
ortorrómbico)
en
yeso
(sulfato
cálcico
bihidratado,
clinorróm-
bico),
así
como
la
conversión
de
ciertos
óxidos
de
hierro
anhidros
en
limonita
(óxido
hidratado).
Las
geolitas
(féw,
hiervo)
son
silica-
tos
hidratados
de
aluminio
y
bases
alcalinas
ó
alcalinotérreas
(K,
Na,
Ba,
Ca);
no
contienen
magnesia;
ordinariamente
llenan
las
cavidades
formadas
en
las
rocas
básicas;
estas
zeolitas
deben
ser
con-
sideradas
como
productos
de
alteración
de
ciertas
rocas.
La
acción
del
agua
es,
pues,
de
primera
importancia,
dado
que
los
fenómenos
de
hidratación
preceden
siempre
á
las
acciones
quími-
Cas
más
profundas.
B.
Disolución
por
el
agua
que
contiene
los
gases
de
la
atmósfera.—Las
aguas
naturales,
ya
procedan
de
la
lluvia,
ya
€
los
ríos,
nunca
son
puras.
En
primer
lugar,
siempre
disuelven
Cierta
cantidad
de
los
gases
del
aire.
Suponiendo
que
el
agua
pura
fuese
saturada
de
oxígeno
y
de
gas
carbónico,
contendría,
á
10”
y
por
litro,
53
miligramos
del
primero
de
estos
gases,
esto
es,
37
cen-
tímetros
cúbicos,
y
2,319
gramos
del
segundo,
ó
sea,
1170
centí-
metros
cúbicos,
á
la
presión
atmosférica
normal.
Pero
las
aguas
naturales
no
están
saturadas;
el
agua
de
lluvia
no
contiene
en
reali-
dad
más
que
algunos
centímetros
cúbicos
de
oxígeno
y
menos
aún
de
gas
carbónico.
.
Las
aguas
meteóricas
contienen
también
pequeñas
cantidades
de
IDAS
nitrato
y
carbonato
amónicos,
así
como
indicios
de
sal
marina.
in
embargo,
cerca
del
mar,
la
cantidad
de
cloruro
sódico
que
es
“rrastrada
por
los
vientos
á
veces
es
bastante
considerable.
Las
side
de
río
son
marcadamente
más
ricas
en
sales
minerales:
cloru-
ne
sulfatos,
nitratos,
carbonatos.
El
poder
disolvente
del
agua
umenta,
singularmente
con
la
presencia
de
gases
y
de
materias
sóli-
dla
que
contiene,
Además,
infiltrándose
á
través
del
suelo,
las
aguas
e
eóricas
se
enriquecen
en
ácido
carbónico;
disuelven,
por
otra
O
ciertas
substancias
salinas
y
orgánicas
(materias
húmicas)
que
ie
pan
su
energía
química,
Cuando
penetra
en
las
hendi-
es
e
las
rocas,
el
agua
pierde
una
gran
parte
de
los
gases
que
1enía
en
disolución,
y
éstos
pueden
actuar
de
una
manera
eficaz
38
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
,
sobre
ciertos
elementos
sólidos.
Pero,
cualesquiera
que
sean
la
inten-
sidad
y
la
continuidad
de
la
acción
del
gas
carbónico,
el
agna
a
actúa
primero
sobre
la
roca
como
agente
de
hidratación;
este
le
sd
meno
primordial
de
la
hidratación
precede
siempre
á
las
A
químicas
ulteriores
imputables
á
las
substancias
que
el
agua
lleva
5
disolución.
Admitida
esta
hidratación,
examinemos
los
efectos
qU
produce
en
las
rocas
la
presencia
de
los
gases
carbónico
y
OXÍgeno
disueltos
en
el
agua.
Acción
de
los
gases
carbónico
y
oxígeno.
—Estos
efectos
se
hacen
sentir
en
todas
las
rocas
silicatadas,
sin
excepción;
serán
tanto
más
profundos
cuanto
mejor
hayan
preparado
la
roca
las
accl0
nes
mecánicas
y
físicas
que
antes
hemos
estudiado,
esto
es,
según.
la
hayan
dividido
más
ó
menos.
Sabemos
que
las
rocas
silicatadas
contienen
sílice
combinada
COn
las
siguientes
bases:
potasa,
sosa,
cal,
magnesia,
óxido
de
hierros
alúmina
En
principio,
el
gas
carbónico
descompone
los
silicatos;
pone
en
libertad
una
par
álcalis)
y
se
combina
con
tod
alúmina
sola
resiste
á
est
cierta
cantidad
de
la
sílice
as
las
bases
para
formar
carbonatos.
A
a
carbonatación;
queda
combinada
Co!
primitiva.
El
silicato
de
aluminio
así
for:
mado
se
hidrata
y
constituye
la
arcilla.
Seda
el
nombre
de
caolint-
¿ación
á
esta
transformación
que
sufren
las
rocas
silicatadas
primr
tivas,
porque
el
producto
principal
es
una
substancia
cuyas
propit”
dades
físicas
se
parecen
algo
á
las
del
caolín
ó
silicato
de
aluminio
hidratado
puro.
Este
modo
de
formación
de
la
arcilla
fué
indicado,
por
vez
primera,
por
Fournet
(1833),
La
arcilla
propiamente
dicha
sólo
raramente
está
formada
por
contiene
siempr
de
la
roca
pr
composición.
En
la
gran
mayoría
de
casos
es
por
el
óxido
de
hierr
las
rocas
silicatadas
conduce
á
la
producción
de
un
carbonato
Lorca
éste,
extremadamente
oxidable,
suministra
óxido
férrico
con
de
imitiva,
de
la
cual
parece
ser
así
un
producto
de
des-
coloreada,
ya
en
gris,
ya
en
rojo
prendimiento
de
gas
carbónico:
de
donde
se
deriva
la
ersistencia
de
ed
este
óxido
en
la
mayor
parte
de
las
arcillas.
Pero,
además,
el
colo,
>
de
jas
ia
á
la
presencia
de
materid?
*
de
la
arcilla
es
atribuíble
con
frecuene
orgánicas:
insistiremos
más
adelante
en
este
asunto.
te
de
la
sílice
(otra
parte
queda
unida
á
los
silicato
de
aluminio
hidratado
dando
e
una
cantidad
más
ó
menos
notable
de
los
elementos
-
0;
porque,
si
el
ataque
del
hierro
contenido
el
El
caolín
puro
es
blanco
y
está
exento
de
hierro.
Cuanto
más
Se
mt
:
.
»
es
su
acerca
la
composición
de
una
arcilla
á
la
del
caolín,
mayor
€
$
A
.
p
e
plasticidad,
Estudiaremos
en
su
lugar
las
notables
propiedades
ql
comunica
la
arcilla
á
las
tierras
de
cultivo.
f
>
)
AS
E
ente
Examinemos
ahora
con
algún
cuidado
esta
acción
descomponenté
del
ácido
carbónico
sobre
los
silicatos.
La
sílice
que
el
ácido
Ear
nico
pone
en
libertad
puede
ser
arrastrada
en
disolución
(?)
Ó,
pers
FENÓMENOS
DE
ORDEN
QUÍMICO
39
tir
en
la
roca
así
alterada
en
forma
de
venas.
En
cuanto
á
los
granos
de
cuarzo
cristalizado
que
contienen
las
rocas
ácidas,
son
muy
poco
atacados.
Si
las
aguas
de
infiltración
están
en
cantidad
suficiente,
se
llevan
consigo
en
estado
de
bicarbonatos
los
carbonatos
que
acaban
de
formarse:
se
llevan
también
partículas
extremadamente
finas
de
arcilla:
finalmente
no
queda
más
que
el
cuarzo
(arenas).
La
cal
y
la
magnesia
disueltas
en
estado
de
carbonatos,
ó
mejor
dicho,
de
bicar-
bonatos,
no
se
depositan
hasta
qué,
por
una
causa
cualquiera,
se
desprende
el
exceso
del
gas
carbónico.
Después
de
haber
sufrido
la
carbonatación,
los
elementos
ferrosos
de
la
roca
primitiva
se
oxidán:
desprenden
gas
carbónico
y
se
convierten
en
óxido
férrico
hidratado.
-
Los
carbonatos
alcalinos
(potasa
y
sosa),
mucho
más
difusibles
porque
son
muy
solubles,
serían
arrastrados
sin
la
existencia
de
una
propiedad
muy
característica
que
poseen
muchos
suelos
de
retener
estas
bases
en
un
estado
particular.
Esta
eliminación
de
bases
de
la
roca
primitiva
por
la
influencia
del
gas
carbónico
nunca
es
completa:
la
potasa
y
la
sosa
siguen
en
parte
en
estado
de
silicatos
solubles
hidratados
después
de
la
marcha
de
la
cal,
de
la
magnesia
y
del
óxido
de
hierro.
La
acción
del
gas
carbónico
se
hace
sentirá
veces
hasta
á
gran-
des
profundidades
(muchas
decenas
de
metros).
Sin
embargo,
es
limitada
por
efecto
de
los
fenómenos
de
equilibrio
de
que
antes
hemos
hablado.
Pero,
en
los
países
de
clima
seco
y
de
temperatura
:
uniforme,
se
concibe
que
las
rocas
silicatadas,
y
el
granito
en
par-
ticulax,
que
es
la
más
común
de
estas
rocas,
no
sufran
más
que
muy
ligeras
alteraciones.
Acción
profunda
del
gas
carbónico.
—
Volvamos
un
momento
á
ocuparnos
del
poder
disolvente
del
agua
cargada
de
gas
carbónico.
Gracias
á
la
formación
de
bicarbonatos
alcalinotérreos,
mucho
más
solubles
que
los
carbonatos
neutros,
algunos
suelos
pue-
den
cambiar
completamente
de
naturaleza.
En
un
gran
número
de
regiones
el
carbonato
cálcico
frecuentemente
está
mezclado
con
arena
silícea
y
arcilla,
esto
es,
con
substancias
sobre
las
cuales
el
agua
no
tiene
prácticamente
poder
disolvente
alguno.
Actuando
las
aguas
meteóricas
sobre
este
calcáreo
impuro,
disuelven
el
carbonato
cálcico
en
estado
de
bicarbonato
y
lo
arrastran,
á
veces,
á
una
profundidad
de
muchos
metros.
Esta
descalci
ficación
va
acompañada,
pues,
de
la
formación
allí
mismo
de
una
capa
arcilloarenosa,
cuyo
color
primitivo
cambia
con
los
progresos
de
la
descalcificación,
por:
que
los
elementos
ferruginosos
que
contenía
la
roca
calcárea
inicial
se
oxidan
poco.á
poco
convirtiéndose
en
óxido
férrico.
Por
lo
cual
este
fenómeno
ha
sido
llamado
rubefacción.
Así,
á
causa
de
las
transformaciones
que
acaban
de
ser
descritas,
se
ve
que
un
suelo.
arcilloso,
á
veces
de
notable
espesor,
substituye
á
una
roca
primi-
tivamente
calcárea.
Councler
(1883)
ha
dado
un
notable
ejemplo
de
ello
relativo
á
40
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
un
suelo
calcáreo
del
distrito
forestal
de
Lorha
(1).
El
suelo
estaba
formado
por
una
capa
de
2
á
4
centímetros
de
arcilla
coloreada
por
el
humus,
debajo
de
la
cual
había
una
capa
de
25
á
30
centl-
metros
de
arcilla
cuyo
color
variaba
del
gris
al
pardo
negruzco.
un
nivel
inferior,
se
encontraba,
en
un
grueso
de
54
16
centímetros,
una
arcilla
amarilla.
Todo
este
conjunto
estaba
superpuesto
á
una
roca
calcárea.
He
aquí
la.
composición
centesimal
de
estas
dife-
rentes
Capas:
Capa
Capa
Capa
superior
media
inferior
Roca
COTAS
o
is
dy
2482
9,64
2.65
0,3)
So
20766
1,09
0,93
0,30
AMO
de
Y
OVA
1,16
1,16
52,98
Magnesia
+...
0.94
0.99-
0,881.
0,78
Óxido
de
hierro
.
3,82
3,90
6,53
0,51.
ANN
Alúmina
.
. .
9/8:
1213
17,60
0,903
Acido
fosfórico;
0.21
0/99
0:20
0,0375
llenos
a
68:67
67,74
54,13
2,06.
*
Acido
carbónico
.
0,14
0,56
11
Aa
ei:
69
4.96:
8,70
0,21
y
|
Así,
la
capa
arcillosa
en
contacto
inmediato
con
la
roca,
ha
sido
despojada
de
carbonato
cálcico
por
efecto
de
la
acción
disolvente
3
de
las
aguas
meteóricas.
Los
esquistos,
en
razón
de
su
estructura,
experimentan
fácil-
A
mente
la
caolinización;
se
transforman
con
mayor
ó
menor
rapidez,
á
veces
en
el
espacio
de
algunos
años,
en
ar
hullíferos
puestos
al
descubierto)
Lo
¿Qué
se
hace
de
las
aguas
cuya
acción
química
de
carbonatacióN
ha
producido
los
fenómenos
de
descomposición
que
acabamos
ag
mencionar,
y
que
se
infiltran
á
mayores
ó
menores
profundidades:
La
parte
de
estas
aguas
que
vuelve
á
la
superficie
del
suelo,
á
UN
nivel
forzosamente
inferior
al
del
punto
de
partida,
restituye
Und
parte
de
los
materiales
que
estas
aguas
habían
tomado
de
las
capas
por
ellas
atravesadas,
Su
riqueza
en
elementos
sólidos
está
eviden”
temente
subordinada
á
la
solubilidad
de
las
rocas
que
han
encon:
trado;
las
aguas
procedentes
del
granito
son
á
veces
diez
veces
más
pobres
que
las
que
han
estado
en
contacto
con
ciertas
rocas
calcá-
reas.
Así
es
que
en
los
puntos
de
emergencia
ó
de
escurrimiento
$e
cilla
plástica
(esquistos,
ven
formar
depósitos-ferruginosos,
debidos
á
la
descomposición
rápida
del
bicarbonato
de
hierro,
y
sobre
todo
depósitos
calcáreos
(tobas,
estalactitas),
de
formación
más
lenta
á
medida
que
la
diso—
lución
pierde,
en
contacto
con
el
aire,
el
exceso
de
gas
carbónico
que
contenía.
Los
fenómenos
de
caolinización
que
antes
hemos
descrito
pueden
(1).,
Citado
por
Ramann
(Bodenkunde,
2.*
edición,
Berlín,
1905,
pág-
10138
EXAMEN
COMPARATIVO
DE
LAS
ROCAS
41
á
veces
ser
observados
donde
ocurren;
pero
la
excesiva
lentitud
de
su
evolución
es,
con
frecuencia,
un
obstáculo
para
la
observación
directa.
Sin
embargo,
el
análisis
químico
permite
explicar
de
una
manera
notable
estas
reacciones
de
transformación,
cuando
se
aplica
al
estudio
comparativo
de
una
roca
no
alterada
y
de
sus
productos
de
alteración.
Un
gran
número
de
experiencias
síntéficas
autoriza
igualmente
la
interpretación
de
los
fenómenos
de
descomposición
en
el
sentido
que
acabamos
de
indicar.
Vamos
á
examinar
estos
diferen-
tes
puntos.
vI
EXAMEN
COMPARATIVO
DE
LAS
ROCAS
NO
ALTERADAS
Y
DE
LAS
ROCAS
ALTERADAS
Degradación
de
los
feldespatos.
—
Comparemos
por
de
pronto,
desde
el
punto
de
vista
teórico,
la
composi-
ción
centesimal
de
un
feldespato
ortosa,
suponiéndolo
puro:
K20.A120*.68i0?,
con
la
del
caolín
ó
silicato
hidratado
de
aluminio
puro:
APO?.2510?.2H*0
Ortosa
Caolín
O
A
A
di
PALO
ea
a
E
ne
>
y
SU
18,28
39,46
A
AE
A
Lolo
BO
.
E
0d
E
13,90
100,00
100,00
;
Se
puede
hacer
la
comparación
de
otra
manera
aún
más
clara.
100
partes
de
feldespato
suministran
—
si
se
supone
que
la
alúmina
no
sufre
pérdida
de
peso
alguno
al
pasar
del
feldespato
al
caolín
—
46,32
partes
de
este
último
cuerpo,
-
Cuya
composición
está
representada
por:
A
E
AR
A
EE
aro
do,
ARA
DAR/2S
H20;;
OS
:
6,44
46,32
“d
Ha
habido,
pues,
una
pérdida
de
64,86
—
21,60
=
43,26
e
Si0*;
pérdida
de
16,86
K?0
y
ganancia
de
6,44
de
agua,
49
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
-.
Investigaciones
de
Ebelmen.
—Se
debe
á
Ebelmen
(1845)
un
gran
número
de
investigaciones
sobre
la
composición
cr
PES
de
ciertas
rocas
primitivas
inalteradas
y
de
sus
productos
A
la
ración;
estos'
trabajos
confirman
claramente
el
mecanismo
de
El
;
»
0-40
formación
de
la
arcilla
tal
como
lo
hemos
expuesto,
Pero
pb
ductos
de
alteración
no
son,
en
conjunto,
substancias
Ta
o
mezclas:
complejas
en
las
cuales
el
análisis
revela
la
constante.
7
l
CN
Ñ
ÍA,
presencia
de
los
mismos
elementos
que
la
roca
primitiva
contes
h
pero
todas
cuyas
bases,
excepto
la
alúmina,
han
sufrido
una
mer
más
6
menos
considerable,
Citemos
algunos
ejemplos.
Ebelmen
examinó
un
fragmento
redondeado
de
basalto
del
Alto
>
Loira,
cuya
superficie,
hasta
taba
convertida
en
una
mate
)
la
llento,
quebradiza,
que
se
desprendía
fácilmente.
El
interior
de
masa
era
roca
compacta
de
col
ración
de
los
análisis
de
la
profunda
intacta
proporcion
.
>
also
Alb
5
a
como
hizo
Ebelmen,
se
refiere
la
composición
de
las
dos
materias
una
proporción
constante
de
alúmina,
por
ejemplo
100
partes.
£
Basalto
Basalto
no
alterado
alterado
Ana
ar
ds
000,0
100,00
A
E
118,30
A
ae
Ned
A
55,1
29,2
Oxido
de
hierro...
.
.,
138,7
14,1
Magnesia
.
ARAN
52,8
Y
Potasa
.
A
13,4
AÑ]
E
TEA:
20,3
3,5
PI
37,0
PL
;
Además
de
la
fijación
de
se
observa
una
pérdid
todas
las
subst
Ebelmen
e
con
el
de
sus
productos
de
alter
dividirse.
en
bolas
que
se
separan
nen
en
seguida
en
toda
su
s
estos
pedazos
es
gris
negr
mientras
que
el
basalto
no
exterior
de
las
bolas
e
blemente
del
color
agua
procedente
de
esta
descomposición»:
ancias,
fuera
de
la
alúmina.
uperficie
exterior,
La
parte
central
de
"Le
alterado
es
negro
y
muy
duro.
La
Le
s
de
color
blanco
agrisado;
se
pasa
inse
composición
á
una
proporción
constante
de
alúmina
(100):
56
6
milímetros
de
profundidad,
4
ria
térrea,
de
color
blánco
algo
amar!
or
negro
pronunciado.
La
Coro
pi
38
parte
superficial
alterada
y
de
la
par
8
a
datos
muy
interesantes,
sobre
todo
Sh
0%
y
5-4
138
.
A
em
a,
en
proporciones
más
ó
menos
notables,
4%
S
omparó
también
el
análisis
de
un
basalto
de
ponia
4
ación.
Este
basalto
principia
A
p
de
la
masa
principal
y
se
descomp
Ml
QA
a
uzca
y
de
aspecto
ya
térreo,
deleznable,
e
i
del
exterior
al
del
interior.
Mediante
el
análi
e
se
han
encontrado
las
siguientes
cifras,
refiriendo,
como
antes,
£.-
EXAMEN
COMPARATIVO
DE
LAS
ROCAS
43
Basalto
Basalto
Basalto
en
el
centro
en
la
superficie
no
alterado
de
los
trozos
de
los
trozos
Alúmina
ar
100.
100
100
SUICO
qe
IS
0
309
231
AR
IS
93
87
14
Magnesia.
.'.
.
76
52
19
Peróxido
de
hierro
.
29
39
6.
;
REO
de
hierro.
.
99
60
0
OL
ta
ara
6
AS
Pe
e
99
j
4
j
1
PEA
AN
36
68
114
En
el
primer
período
de
su
descomposición,
el
basalto
(del
centro
de
los
fragmentos)
ha
perdido
la
casi
totalidad
de
los
álcalis
y
una
cierta
cantidad
de
hierro
y
de
magnesia,
mientras
que
la
pérdida
de
cal
es
poco
notable.
Pero
en
la
superficie,
esto
es,
en
la
región
de
alteración
más
avanzada,
el
hierro
aun
ha
disminuído
y
ya
no
existe
más
que
en
estado
férrico;
la
cal
en
gran
parte
ha
desapa-
recido,
Como
hace
notar
Ebelmen,
el
primer
período
corresponde
al
arrastre
de
los
álcalis,
esto
es,
á
la
destrucción
del
elemento
feldes-
pático
(véase
lo
dicho
antes
en
la
pág.
23
sobre
la
composición
de
los
basaltos),
el
segundo
corresponde
á
la
alteración
del
piroxeno
y
de
la
peridota
que
pierden
una
parte
de
su
sílice
y
la
mayor
parte
de
sus
bases.
J
Importa
mucho
conocer
estos
fenómenos
de
destrucción
química
cuando
se
desea
formar
concepto
exacto
de
la
extremada
variedad
de
estructura
que
presentan
los
diferentes
suelos.
Veremos
más
adelante
nuevos
ejemplos
en
apoyo
de
esta
opinión,
Así,
el
gas
carbónico
separa
los
elementos
de
los
silieatos
complejos,
pone
en
libertad
cierta
cantidad
de
sílice
y
forma
con
las
bases,
excep-
tuando
la
alúmina,
bicarbonatos
más
ó
menos
solubles.
En
las
aguas
que
filtran
á
través
del
suelo,
el
gas
carbónico
está
en
gran
exceso
respecto
de
la
sílice.
Todas
las
aguas
minerales
contienen
sílice
y
carbonatos,
pero
nunca
silicatos,
y
sólo
indicios
de
alúmina,
Laterita.
—En
las
regiones
tropicales,
y
por
causas
mal
cono-
cidas
actualmente,
pero
que
parece
pueden
ser
referidas
á
acciones
Microbianas,
las
rocas
feldespáticas
experimentan
una
descompo-
sición
más
profunda
que
la
que
acabamos
de
examinar.
La
arcilla
abandona
la
casi
totalidad
de
su
sílice
y
deja
una
mezcla
de
hidrato
de
alúmina
(hidrargilita
AI[OHP")
y
de
hidrato
férrico,
conocido
con
el
nombre
de
/aterita
(de
later,
ladrillo).
Las
lateritas
tienen
Una
composición
análoga
á
la
de
la
banxita.
Las
lateritas
contienen
también
silicatos
alumínicos
hidratados
(Arsandaux,
1909).
Schlce-
sing
demostró
(1901)
que,
si
las
tierras
de
Francia
no
contienen
más
que
muy
pequeñas
cantidades
de
alúmina
libre
(cuya
presencia
50
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
disgregado
más.
La
presencia
de
vegetales
(habas,
e
8
muces,
cebada,
cuyo
desarrollo
estaba
asegurado
por
de
mictoóN
un
poco
de
nitrógeno
nítrico)
ha
favorecido
este
desmoro
iO
A
de
las
rocas;
pero
no
ha
habido,
en
este
concepto,
grandes
ll
de
cias
entre
las
diversas
plantas
cultivadas.
Desde
el
punto
de
beer
z
la
rapidez
de
la
descomposición,
se
observa
que
la
alteración
m
ee
e
ha
sido
en
el
gres
abigarrado,
después
en
el
basalto
y
la
gramiva
,
del
El
calcáreo,
conchífero
es
poco
atacado.
El
agua
de
lluvia
4
1
había
atravesado
los
vasos
tenía
los
siguientes
volúmenes:
A
Vaso
testigo
pe
e
sin
fragmentos
alcáre
;
de
roca
Gres”
Grauwacke
conchífero
Basalto
80,5
litros
45,9litros
54,4
litros
55
litros
47,5
1itr05
S
'
;
7 .
a
AR
He
aquí
la
riqueza
de
esta
agua
en
elementos
disueltos
(no
cen
¿8
remos
más
que
lo
relativo
á
la
cal
y
á
la
potasa)
y
la
propo!
3
inicial
de
estos
elementos
en
la
roca:
Materias
disueltas
de
ros
lola
Ante]
volumen
de
és
3
contienen
de
lluvia
o
Cao
K20
Ca0
S
E
el
1108
Gros:
Iaiae
e
0007
asa
167
0,18
008
Grauwacke.
. . .
3,30
1,74
1,03
0/005
E
Calcáreo
conchífero
.
52,90
0,34
1,40
0.054
el
asalto
nad
REL
00
1,90
0,15
00
ba
La
riqueza
de
las
aguas
en
cal
y
en
potasa
es,
pues,
tan
variable
y
como
la
riqueza
de
las
rocas
en
estas
dos
bases,
Los
vegetales
al
e
vados
en
estos
fragmentos
de
rocas
les
han
quitado
notables
e:
de
elementos
minerales;
estas
dosis
varían
con
la
especie
cola
0:
y
con
la
naturaleza
de
la
roca.
El
gres
abigarrado
es
quien
E
mejor
sus
elementos
á
la
vegetación
á
causa
de
su
más
fácil
ae
dal
ronamiento.
Parece
que
existe
la
misma
relación
entre
la
can
A
de
substancia
tomada
á
la
roca
por
la
planta
y
la
cantida
materia
que
se
disuelve
en
el
agua
de
lluvia,
pen
Se
observa,
pues,
en
este
experimento
sintético,
una
desea
gación
natural
de
la
masa
sólida
por
la
influencia
del
agua
de
YY
,
pr
R
Ñ
18
desagregación
que
suministra
á
los
vegetales
las
substancias
WM
]
pensables
á
su
desarrollo.
"%
Algunas
observaciones
relativas
á
la
estructu
A
|
química
de
los
silicatos.
—
Es
dificil
hoy
expresa!
fórmulas
racionales
la
composición
de
los
silicatos,
tanto
naturales
como
los
artificiales.
Ordinariamente
se
conte”
>
ALTERACIÓN
DE
LAS
ROCAS
51
como
hemos
hecho
aquí,
con
indicar
la
relación
existente
entre
el
anhídrido
silícico
SiO?
y
los
óxidos
que
están
con'
él
combinados.
El
agua
se
pone
aparte
en
el
caso
de
los
silica-
tos
hidratados,
aun
cuando
en
un
gran
número
de
ellos,
no
se
trata
por
cierto
de
agua
de
cristalización,
sino
real-
mente
de
agua
de
constitución.
Se
formulan
en
general
los
silicatos
como
se
anotan
los
carbonatos:
SiO?.M?0,
Si0?.M"0
representarán
silicatos
nentros,
ya
que
la
relación
entre
el
oxigeno
de
la
base
al
del
ácido
es
igual
á
1,2.
Los
silicatos
básicos
contendrán,
para
una
molécula
de
sílice,
una
cantidad
de
base
mayor
que
la
que
indican
las
dos
fórmulas
prece-
dentes;
los
silicatos
ácidos
presentarán,
por
el
contrario,
una.
relación
menor
que
1/2.
Cuando
se
trata
de
silicatos
comple-
Jos,
que
contengan
muchas
bases,
se
admite
en
general
que
estos
silicatos
son
combinaciones
moleculares
de
dos
ó
más
silicatos,
del
mismo
modo
que
el
alumbre
de
potasa,
por
ejemplo,
resulta
de
la
unión
del
sulfato
potásico
con
el
sulfato
alumínico,
á
los
cuales
se
añaden
veinticuatro
moléculas
de
agua:
SO'K?.(SO9?A1?.24HP0,
Entre
los
modos
más
racionales
de
representación
de
los
silicatos,
señalaremos
el
siguiente
que
permite
explicar
bien
la
descomposi-
Ción
hidrolítica
de
algunos
de
ellos.
En
vez
de
formular
la
ortosa,
por
ejemplo:
[K20.Al203,]
6802
=
K?A1*Si00%,
Se
puede
suponer
que
este
mineral
representa
una
sal
alúminopotá-
sica
del
ácido
complejo
H*Si?0*;
la
ortosa
resulta
entonces
[K'Al”]
Si0*,
6
sea
la
mitad
de
la
fórmula
precedente.
Pero,
dada
la
nota-
ble
estabilidad
del
silicato
de
aluminio,
se
ha
propuesto
considerar
el
aluminio
(y
el
hierro
que
le
substituye
parcialmente
en
muchos
Casos)
como
uno
de
los
componentes
esenciales
del
radical
ácido.
ste
debería
escribirse
así:
Si20%Al(H),
y
la
ortosa
sería
la
sal
monopotásica
Siv08A1(K).
Según
esta
manera
de
considerar
las
cosas,
la
separación
del
caolín,
ó
silicato
de
aluminio
hidratado,
proven-
tía
de
la
inestabilidad
del
ácido
alúminosilícico.
Este
se
descom-
Pondría
en
sílice
y
silicato
de
aluminio
anhidro
que,
en
contacto
con
el
agua,
se
hidrataría
ulteriormente.
-
HAISi20*
=
2810?
+
HAISIO1
9HAISiO*
+
H,0
=
Al20?.2H20
(Caolín)
V
52
PORMACIÓN
DB
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
:
¡ón
del
La
génesis
de
la
arcilla
será,
pues,
independiente
de
la
scoiarió
gas
carbónico
sobre
las
rocas
silicatadas
en
general,
y
es
o
de
concebir
su
formación
sería
corroborada,
según
ciertos
tra
08d
por
el
hecho
de
que
los
feldespatos
pulverizados
suminist
ía
que
contacto
con
el
agua
sola,
un
líquido
de
reacción
alcalina:
0
implica
una
separación
de
potasa.
Por
otra
parte,
parece
A
utivo
3
minerales
constituyentes
de
las
rocas
y
de
las
tierras
de
ón
¡cas!
representan
principalmente
las
sales
de
una
o
más
bases
en
EN
cido
K*0,
Na*0,
CaO,
MgoO,
FeO,
Mno,
etc.,
combinadas
con
carolisdód
-
débil
(alúmino
ó
ferri-silícico).
Tn
simple
fenómeno
de
la
oa
separa
la
base
y
vuelve
alcalino
el
líquido,
como
acabamos
Er
gas.
y
esto
aun
en
el
seno
del
agua
completamente
exenta
carbónico.
lante
al
Hay
aquí
hechos
de
que
volveremos
á
ocuparnos
más
adela
si
tratar
de
las
disoluciones
de
los
suelos;
estos
fenómenos
han
aclarados
por
Cameron
y
Bell.
antes
Pero
se
puede
suponer
también,
conforme
á
los
datos
a
mico
hemos
considerado,
que
la
ortosa,
en
contacto
con
el
gas
carbó
4
se
descompone
de
la
siguiente
manera:
2SiP0*AIK
+-2H20
+00?
=48i0*-f
CO*K*
+
A20%Si2H*
(Caolín)
p
VII
FENÓMENOS
DE
DESTRUCCIÓN
DE
LAS
ROCAS
3
CUYO
ORIGEN
ES
DE
ORDEN
FISIOLÓGICÓ
3
Existen
fenómenos
de
orden
biológico
que
contribuyen
be
la
alteración
y
á
la
descomposición
de
las
rocas
aun
dea
JR
más
compactas,
Hemos
mencionado
anteriormente
(pag:
nto
A
la
acción
de
las
raíces
como
capaz
de
atacar
mecánicame
a
las
rocas
en
las
grietas
de
las
cuales
poco
á
poco
se
intro
es
cen.
Las
raíces
segregan
ácidos
orgánicos
que
Ai
na
empeñar,
respecto
de
esto,
un
papel
disolvente
de
a
energía.
De
todos
modos,
las
raíces
exhalan
siempre,
E
E
tras
viven,
gas
carbónico,
y
se
concibe
que
las
supe!
ento
minerales
que
se
encuentran
en
la
proximidad
de
esta
fu
om
A
gaseosa
pueden
sufrir
más
fácilmente
fenómenos
de
ES
A
posición.
F.
Sestini,
ha
demostrado,
mediante
a
ción
E
comparativos,
que
la
vegetación
favorecía
la
desagregi
A
3
FENÓMENOS
DE
DESTRUCCIÓN
DE
ORDEN
FISIOLÓGICO
53
y
la
hidratación
de
las
rocas
feldespáticas:
las
raíces
se
apo-
deran
de
las
bases
(sobre
todo
de
la
potasa)
y
dejan
un
resi-
duo
arcilloso,
Destrucción
por
los
vegetales
inferiores.—Se
sabe,
por
Otra
parte,
cuán
numerósas
son
en
multitud
de
rocas,
y
esto
en
alti-
tudes
en
que
los
verdaderos
árboles
no
pueden
desarrollarse,
ciertas
vegetaciones
criptogámicas:
algas,
musgos,
líquenes.
Estos
organis-
mos,
cuando
tienen
clorofila,
fijan
el
carbono
del
gas
carbónico
del
aire;
su
nutrición
nitrogenada
se
efectúa
á
expensas
del
amoníaco
_imosférico
y,
probablemente
respecto
de
muchas
especies,
á
expen-
Sas
del
mismo
nitrógeno
gaseoso.
La
materia
mineral,
indispensable
para
su
desarrollo,
les
es
suministrada
por
la
roca
donde
están
implantados.
Sus
rizoides
excretan
gas
carbónico,
tal
vez
hasta
ácidos
orgánicos.
Al
terminar
este
capítulo
volveremos
á
este
asunto
á
propósito
del
humus.
pe
]
el
mismo
modo
que
los
vegetales
superiores,
las
plantas
inferio-
.
res
trabajan,
pues,
en
la
erosión
y
en
la
solubilización
de
la
masa
mineral.
Las
lluvias,
el
viento,
se
llevan
paulatinamente
una
parte
de
esta
vegetación,
sobre
todo
cuando
las
plantas
han
muerto:
se
concibe,
pues,
que
las
superficies
situadas
debajo
de
estas
rocas
pue-
den
enriquecerse,
lentamente
sin
duda,
pero
de
una
manera
continua,
en
los
elementos
físicos
que
constituyen
la
tierra
de
labor,
compren-
diendo
la
materia
carbonosa.
Esta
acción
dista:
mucho
de
ser
des-
preciable;
se
efectúa
en
extensiones
considerables
y,
si
está
suspen-
dida
durante
el
período
frío
del
año,
en
cambio
es
á
veces
muy
activa
en
la
época
del
calor.
Además,
en
los
mismos
sitios
donde
están
implantadas
las
raíces
de
los
vegetales
inferiores,
se
forman
poco
á
Poco
cavidades
en
donde
puede
penetrar
el
agua
atmosférica,
produ-
ciendo
en
superficies
mucho
mayores
que
antes
las
acciones
disolventes
£
que
anteriormente
hemos
hablado.
Cuando
se
presentan
las
heladas,
a
Corteza
superficial
de
la
roca
se
levanta
en
cierto
espesor
y
ofrece
!uevas
superficies
á
la
acción
corrosiva
ulterior
del
agua
y
del
gas
carbónico.
En
este
conce
to,
las
rocas
calcáreas
algo
blandas
están
particularmente
destinadas
á
sufrir
la
acción
destructiva
de
los
meteoros
acuosos.
Destrucción
por
los
microbios.—Otra
causa
de
destrucción
de
las
rocas,
y
no
menos
activa,
debe
atribuirse
á
los
organismos
Invisibles
á
simple
vista
que
se
agrupan
bajo
el
nombre
de
microbios.
gual
que
las
plantas
superiores
y
los
vegetales
inferiores,
cuyo
tra-
ajo
de
erosión
acabamos
de
mencionar,
los
microbios
no
pueden
£sarrollarse
sin
el
concurso
de
materias
minerales.
Estos
seres
oroscópicos,
desposeídos
de
clorofila,
encuentran
en
el
polvo
orgá-
:co
de
la
atmósfera
la
fuente
del
carbono
y
del
nitrógeno
que
nece-
Sitan,
y
en
la
materia
mineral
de
la
roca”
donde
están
diseminados
.
54.
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
los
elementos
inorgánicos
que
requieren,
Del
hecho
de
su
pululación
'
resulta,
pues,
el
desmoronamiento
de
las
materias
minerales
que
Nal
tomado
de
las
rocas.
En
este
punto,
los
microbios
nitrificadores
son
especialmente
activos.
Múntz
(1891)
ha
demostrado
su
constante
presencia
en
las
rocas,
y
sobre
todo
en
las
partes
de
las
rocas
que
están
en
vías
de
disgregación.
Estos
microbios,
como
expondremos
continuación,
son
capaces,
aunque
carecen
de
clorofila,
de
efectual,
á
expensas
del
gas
carbónico
del
aire,
la
síntesis
de
los
elementos
carbonados
que
les
sirven
de
alimento
y
que
entran
en
la
composición
pS
de
sus
tejidos.
El
carbonato
amónico,
uniformemente
difundido
en
aire,
les
suministra
el
nitrógeno
indispensable.
Estos
organismos
HUY
bajan
muy
activamente
en
la
alteración
de
las
rocas,
aun
de
las
M48
resistentes,
gracias
á
su
extremada
pequeñez,
que
les
permite
intro
ducirse
en
las
menores
rendijas:
de
aquí
la
producción
de
este
fenó”
meno
de
alteración
tan
notable
que
transforma
los
granitos,
los
esquistos,
los
calcáreos,
en
rocas
carcomidas,
esto
es,
en
rocas
qU
finalmente
caen
reducidas
á
polvo
por
la
menor
causa.
|
En
una
palabra,
las
algas,
los
líquenes,
los
musgos,
la
$
infinita
variedad
de
microbios,
y
principalmente
los
de
Hire
ficación,
concurren
en
una
inmensa
superficie
á
la
formación
de
la
tierra
de
labor,
de
la
cual
suministran
todos
los
ele
>
mentos
característicos,
minerales
y
orgánicos:
son
coadyYE
vantes
muy
potentes
de
los
fenómenos
de
orden
mecánico
Y
químico
examinados
antes
sobre
la
génesis
de
la
tierra
labor.
Existe
también
una
causa
bastante
eficaz
de
transtol”
mación
continua
de
los
elementos
de
la
tierra
de
labor,
CoM”
y
sistente
en
la
acción
de
ciertos
animales,
entre
los
cuales
hay
que
citar
en
primer
término
á
los
yusanos
de
tierra.
DiremosS
de
éstos
algunas
palabras
al
tratar
de
la
producción
humus.
Fijación
del
gas
carbónico
en
la
corteza
terrestre:
Dado
el
papel
de
primer
orden
que
hemos
atribuído
al
gas
carbónióó
en
la
descomposición
de
las
rocas
silicatadas,
resulta
que
la
atanós,
A
fera
primitiva
que
rodeaba
nuestro
globo
debía
ser
infinitamente
4
rica
en
este
gas
de
lo
que
es
actualmente.
Por
una
parte,
éste
sido
consumido
en
las
épocas
primitivas
por
los
vegetales
verdes
qUe.
han
precedido
evidentemente
á
los
demás
en
su
aparición,
poro
sólo
ellos
pueden
utilizarlo
como
fuente
de
carbono,
y
estos
yegev
a
les
han
concentrado
este
carbono
en
forma
de
hulla,
Por
otra
pW!
08
el
gas
carbónico
se
ha
fijado
en
forma
de
carbonato
en
los
pro
uct
¡08
de
descomposición
básicos
de
las
rocas
feldespáticas.
Por
con
guiente,
se
ha
inmovilizado,
y
su
proporción
inicial
forzosamente
MODOS
DE
DESTRUCCIÓN
DE
LAS
PRINCIPALES
ROCAS
0)
disminuido
de
un
modo
muy
notable.
Pues
bien,
como
los
vegetales
verdes
de
la
época
actual,
de
dimensiones
mucho
menores
que
las
de
sus
antepasados,
trabajan,
sin
embargo,
todavía
en
empobrecer
la
atmósfera
en
gas
carbónico,
y
los
fenómenos
de
desagregación
de
las
rocas,
seguidos
de
la
carbonatación
de
algunos
de
sus
elementos,
continúan
con
toda
seguridad
aún
á
nuestra
vista,
se
llega
á
la
con-
secuencia
de
que
la
cantidad
total
de
gas
carbónico
del
aire
debería
disminuir
incesantemente.
Pero,
todos
los
fenómenos
de
combustión,
esto
es,
de
oxidación
de
la
materia
carbonada,
combustiones
vivas
Ó
lentas,
tienden
á
restablecer
el
equilibrio.
Es
imposible
saber
hasta
qué
punto
es
afectado
este
equilibrio
y
decir
si
la
dosis
del
gas
car-
bónico
contenido
actualmente
en
la
atmósfera
está
destinada
á
man-
tenerse
constante
ó
no.
Todo
lo
que
puede
adelantarse
respecto
de
esta
cuestión
es
que
las
variaciones
bruscas
de
la
proporción
del
gas
carbónico
aéreo
son
atenuadas
por
efecto
de
un
regulador,
que
es
el
agua
del
mar,
según
expondremos
en
el
próximo
capítulo,
relativo
á
la
composición
de
la
atmósfera
terrestre.
Conociendo
el
mecanismo
general
de
la
destrucción
de
las
rocas,
vamos
á
ver
rápidamente
la
manera
especial
como
se
-
comportan
en
este
sentido
las
principales.
VII
MODOS
DE
DESTRUCCIÓN
DE
LAS
PRINCIPALES
ROCAS
Examinemos
el
modo
de
destrucción
particular
de
las
rocas
que
más
comúnmente
se
encuentran
en
la
superficie
del
globo,
así
como
también
los
productos
que
resultan:
esto
nos
dará
una
idea
bastante
clara
de
la
naturaleza
de
los
terrenos
que
proceden
de
tal
ó
cual
masa
de
rocas.
Se
encontrarán
en
el
tomo
1
del
tratado
de
Geología
ayrí-
cola
de
Risler
pormenores
sobre
una
materia
que
aquí
no
Podemos
más
que
apuntar.
bro
Rocas
primitivas.
Granitos.—El
granito
está
compuesto
de
DTi
A
minerales
principales:
cuarzo,
feldespato
y
mica.
El
5
20
no
constituye
un
elemento
de
fertilidad,
pero
ejerce
un
papel
Uy
importante
respecto
de
las
propiedades
físicas
de
los
suelos,
56
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
á
los
cuales
comunica,
según
su
grado
de
finura,
ie
PR
3
sidad
ó
de
impermeabilidad.
El
feldespato
ortosa
da,
al
«
a
he
nerse,
arcilla
y
potasa;
la
a/bita
da
sosa;
la
oligoclasa
pue
peri:
ó
nistrar,
además,
pequeñas
cantidades
de
cal
(en
forma
de
“il
así
de
carbonato).
La
mica
suministra,
descomponiéndose,
arcila,
de
Y
como
magnesia,
hierro
y,
según
sus
variedades,
algo
de
potasa
0
costl
sosa.
Además,
todos
los
granitos
contienen
algo
de
apatito,
á
za
o
fosfatos
de
hierro
y
de
aluminio.
El
ácido
fostórico,
en
este
Ú
Er
estado,
es
poco
atacable por
el
agua
cargada
de
gas
carbónico.
ha”
último,
los
granitos
contienen
frecuentemente
sulfuro
de
hien
E
cuya
oxidación
produce
ácido
sulfúrico,
esto
es,
el
elemento
azafi
A
en
una
forma
soluble
que
es
indispensable
á-las
plantas.
8
Los
granitos
de
grano
pequeño
resisten
mejor
á
la
dear
E
ción
que
los
de
grano
grueso.
La
desagregación
de
un
granito
4
tanto
más
rápida
cuanto
menos
sílice
y
cuanto
más
cal
y
ns
05%
ferroso
contiene.
Los
suelos
formados
por
la
destrucción
de
es
ee.
granitos
(con
oligoclasa,
andesina,
anortita,
labradorita)
contisnta
3
además
de
arcilla,
carbonato
cálcico,
y
son
más
fértiles
que
los
4
Be
derivan
de
un
granito
de
ortosa
ó
de
albita.
o
Las
micas,
cuyos
elementos
son
más
blandos,
presentan
grá
y
E
de
alterabilidad
que
varían
con
su
composición.
Las
micas
eL
pe
y
magnésicas
(biotita),
de
color
obseuro,
son
muy
“alterables
y
pro
oy
DN
cen
mucha
arcilla;
las
micas
alúminopotásicas
(muscovita)
son
M
den
poco
alterables
y
sus
escamas
se
hallan
intactas
en
los
productos
me
desagregación;
estas
escamas
pueden
permanecer
mucho
AN
e
suspensión
y
no
depositars
«on
la
arcilla
más
que
cuando
la
vel0t?
dad
del
agua
disminuye.
e
les
La
destrucción
de
las
rocas
graníticas
produce
masas
miner
[ed
4
de
todas
dimensiones:
desde
fragmentos
de
la
roca
primitiva
ina
23
rados,
y
á
veces
voluminosos,
hasta
las
arenas
más
finas,
ma
con
mica,
y
las
arcillas,
Siguiendo
la
pendiente
del
suelo,
estos
Írago
y ) z
ás
mentos
se
detienen
en
él
ó
son
arrastrados,
según
sus
dimensiones,
a
,
;
,
1
»
ata
distancias
mayores
ó
menores.
Al
pie
de
la
roca,
y
en
su
inmediaid.
Noa:
toS
proximidad,
se
puede
encontrar
un
suelo
formado
por
dr
s1Uesos,
muy
permeable;
más
lejos,
por
el
contrario,
un
sue
138)
3
mado
por
arcilla
y
arena
fina,
impermeable.
Pero
lo
que
carac
8
A
Pe
S
cas
ena
á
los
suelos
nacidos
de
la
descomposición
de
las
rocas
graníticas
(2.
general,
es
el
ser
v4
esencialmente
pobres
en
ácido
fosfórico
y
en
0
A
veces,
estos
dos
últimos
elementos
de
nutrición
serán
tan
E
pa
abundantes,
qué
el
suelo
no
será
capaz
de
alimentar
más
que
“Y.
vegetación
mísera,
¿sere
La
sienita,
en
la
cual
la
mica
va
acompañada
o
hasta
llega
mi
emplazada
por
la
hornblenda,
silicato
cálcico
y
magnésico,
:
que
sistra
por
su
descomposición
tierras
más
ricas
en
cal
que
las
Es]
proceden
del
granito
propiamente
dicho.
nes
ecoo
La
diorita,
voca
de
feldespato
y
anfíbol,
que
contiene
03
oligoclasa
y
labradorita,
es
con
frecuencia,
por
esto
mismo,
bas
MODOS
DE
DESTRUCCIÓN
DE
LAS
PRINCIPALES
ROCAS
7
rica
en
cal,
y
su
descomposición
produce
suelos
mucho
más
fértiles
que
aquellos
cuya
génesis
acabamos
de
examinar;
tanto
más
cuanto
la
diorita
contiene
una
proporción
no
despreciable
de
fosfato
trl-
cálcico,
Rocas
volcánicas.—En
estas
rocas,
menos
bien
cristalizadas
que
las
precedentes
y
conteniendo
con
mucha
frecuencia
una
masa
amorfa,
existe,
como
lo
demuestra
el
cuadro
de
la
página
27,
una
notable
cantidad
de
fosfato
tricálcico
y
de
silicatos
á
base
de
cal.
Las
traquitas,
los
basaltos,
las
lavas,
suministran,
pues,
por
su
descom-
posición,
suelos
infinitamente
más
ricos
en
materias
fertilizantes
que
los
que
derivan
de
rocas
eruptivas.
Los
basaltos,
en
particular,
están
formados
por
silicatos
básicos
cuya
alteración
al
aire
húmedo
es
bas-
tante
rápida,
Su
riqueza
en
potasa
es
escasa;
pero,
en
cambio,
están
suficientemente
provistos
de
cal.
Sufren
una
descomposición
tanto
más
rápida
cuanto
más
abunda
esta
última
base.
'
Ciertas
aguas,
procedentes
de
terrenos
volcánicos
de
Auvernia,
son
excepcionalmente
ricas
en
ácido
fosfórico.
Según
Truchot,
con-
tienen,
por
litro,
de
0,8á
1
miligramo
de
este
ácido
y
1,4
miligra-.
mos
aproximadamente
de
potasa,
|
Rocas
cristalofilinas.—Los
yneís
experimentan
una
descom-
posición
cuyos
productos
son
idénticos
á
los
de
los
granitos
propia-
"mente
dichos.
Los
gneis
de
feldespatos
cálcicos
producen
por
su
alte-
ración
silicato
de
calcio.
Los
micasquistos
no
contienen
feldespatos;
están
formados
por
capas
alternadas
de
cuarzo
y
mica,
y
presentan
menor
resistencia
á
-
los
agentes
atmosféricos
que
los
gneis.
Su
descomposición
origina
suelos
relativamente
ricos
en
magnesia,
pero
casi
totalmente
despro-
vistos
de
cal.
Si
predomina
la
mica
en
los
micasquistos,
la
descompo-
sición
de
éstos
es
bastante
fácil
y
suministra
tierras
arcillosas;
pero
si
abunda
mucho
el
cuarzo
en
la
roca
primitiva,
ésta
es
muy
dura,
de
difícil
descomposición
y
no
da
más
que
suelos
improductivos,
Rocas
calcáreas.
—Se
encuentran
en
muchas
formaciones
geo-
lógicas;
son
de
naturaleza
sedimentaria
y
están
casi
exclusivamente
formadas
por
carbonato
cálcico.
Su
estructura
es
muy
variable.
Cuando
son
muy
duras
(mármoles,
calcáreos
compactos),
no
son
ata-
cadas
por
el
agua
cargada
de
gas
carbónico
más
que
con
una
gran
lentitud,
Los
calcáreos
jurásicos,
oolíticos,
y
sobre
todo
las
cretas,
son
infinitamente
más
atacables.
En
todos
los
casos,
el
producto
del
ataque
es
bicarbonato
cálcico,
fácilmente
difusible,
capaz
de
suminis-
trar
de
nuevo
carbonato
cálcico
neutro
de
grano
muy
fino
tan
pronto
como
se
desprenda
el
exceso
de
gas
carbónico
que
le
mantiene
en
disolución,
La
mayoría
de
las
rocas
calcáreas
contienen
siempre
elementos
extraños,
como
el
carbonato
magnésico,
cuya
forma
de
disolución
!
58
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
por
el
gas
carbónico
ofrece
las
mismas
particularidades
que
las
del
carbonato
cálcico,
Los
calcáreos
son
frecuentemente
arenosos.
lado
de
la
sílice
amorfa
que
se
separa
de
su
disolución
en
el
agua
carbónica,
pueden
existir
cristales
de
cuarzo;
arena
ó
cuarzo
queda
“sin
atacar.
Muchos
calcáreos
contienen
arcilla,
la
cual
queda
después
de
la
disolución
del
calcáreo;
los
calcáreos
ricos
en
arcilla
constitu-
yen
las
margas,
Cuando
éstas
se
emplean
como
enmiendas,
sufren
al
cabo
de
cierto
número
de
años
una
suerte
de
disolución
que
eli
mina
el
calcáreo.
Casi
siempre,
los
calcáreos
contienen
óxido
4e
hierro
que
les
da
color
gris,
á
veces
hasta
llega
á
comunicarles
UN
tinte
ocráceo.
Este
óxido
de
hierro,
quedando
en
libertad
con
la
des”
aparición
del
calcáreo,
se
hidrata
y
se
transforma
en
limonita.
AlgW:
nos
calcáreos
contienen
fosfato
tricálcico,
mucho
menos
soluble
en
ñ
agua
cargada
de
gas
carbónico
que
el
carbonato
cálcico;
pero,
fuerú
de
algunos
casos
excepcionales,
la
dosis
de
fosfato
tricálcico
no
llega
más
que
á
algunas
milésimas.
Con
frecuencia,
también
contiene
le
33
Un
suelo
puramente
calcáreo
es
casi
calcáreo
un
poco
de
potasa,
infecundo,
porque
las
dosis
de
potasa
y
de
ácido
fosfórico
que
Col”
tiene
la
mayoría
de
las
veces
son
insuficientes.
En
conjunto,
el
cal-
ya
Cáreo,
que,
como
veremos
á
continuación,
tan
importante
es
en
e
economía
del
suelo,
es
una
roca
soluble
sin
descomposición
y
tan
más
soluble
cuanto
más
desmenuzable
ó
cuanto
más
preparada
se
ne
|
sido
la
diseregación
por
la
acción
de
los
agentes
mecánicos
y
fÍsicO?»
Lentitud
de
la
formación
de
la
capa
de
tierra
de
labor.—Se
puede
preguntar
cuánto
tiempo
se
necesita
part
la
formación
de
una
capa
de
tierra
de
labor.
Fenómenos
de
toda
naturaleza
contribuyen,
como
hemos
dicho,
á
esta
Lo!
mación,
y
la
capa
de
tierra
de
labor
contiene,
á
la
vez,
ele:
mentos
minerales
y
residuos
orgánicos.
y
Se
puede,
á
propósito
de
esto,
recordar
las
observaciones
. .
.
a
-
A
de
Semiatschenski
(citado
por
Ramamn:
Bodenkunde,
3.
edi
ción,
pág.
75,
1311).
Sobre
ruinas
calcáreas,
en
Austri,
se
había
formado
en
quinientos
ó
seiscientos
años
una
Cape
térrea
de
10
centímetros
de
espesor;
en
un
muro
de
fortaleza
en
Crimea,
se
formó
en
seiscientos
años
una
capa
del
misM
grueso.
Los
suelos,
en
la
proximidad
de
estas
localidades;
tenían:
el
primero,
un
espesor
de
38
á
40
centímetros;
%
segundo,
un
espesor
de
65
centímetros.
Según
,esto,
la
10
mación
de
estos
suelos
habría
exigido
un
tiempo
de
2400
4
3600
años.
O
A
o
Pe
ALIADA
Mob
“s
a
»
7
»
E
TAD
“dl
8
FORMAS
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS
EN
EL
SUELO
59
IX
FORMAS
PRINCIPALES
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS
QUE
SE
ENCUENTRAN
EN
EL
SUELO
o.
Elementos
ácidos.—SiLICE
Y
sILICATOS.—La
sílice
se
halla
en
el
suelo
en
forma
de
cuarzo
cuyos
ángulos
son
á
veces
muy
vivos
y
otras
más
Óó
menos
desgastados;
se
encuentra
también
en
forma
de
sílice
hidratada
(ópalo).
Tal
vez
se
debe
admitir
también
su
presencia
en
forma
de
sílice
gelatinosa,
esto
es,
amorfa,
procedente
de
la
eliminación
del
agua
que
antes
la
había
disuelto.
La
seudosolución
que
forma
la
sílice
en
el
agua
puede,
efectivamente,
sometida
á
diversas
accio-
nes
de
contacto,
coagularse:
de
ahí
el
origen
de
esta
sílice
gelatinosa.
Además,
la
hidrolisis
debe
ser
completa
en
las
soluciones
muy
diluídas
de
los
silicatos
(Graham,
Kahlenberg
y
Lincoln),
y
la
sílice
libre
afecta
entonces
el
estado
coloide.
-
El
suelo
contiene,
además,
una
multitud
de
desechos
de
silicatos
más
ó
menos
alterados,
procedentes
de
la
roca
inicial
que
los
ha
ori-
.£inado.
Veremos,
á
propósito
de
las
disoluciones
contenidas
en
el
suelo,
que
estos
silicatos
se
disuelven
con
lentitud
variable
en
el
agua
y
constituyen,
por
algunos
de
sus
elementos,
la
materia
mineral
absorbida
por
las
raíces
de
los
vegetales.
Pero
muchos
sili-
catos
están
alterados
en
el
suelo:
ya
sea
que
esta
alteración
se
haya
producido
en
la
roca
inicial,
ya
se
haya
efectuado
ulteriormente
por
acciones
químicas.
Así
es
que
los
cristales
de
feldespato
ortosa
pier-
den
su
brillo
y
se
colorean
de
rojo
por
efecto
de
la
peroxidación
de
Una
pequeña
cantidad
de
óxido
ferroso
que
contenían
en
su
origen.
lertos
cristales
experimentan
igualmente
una
caolinización
parcial.
2
peridota,
silicato
magnésico,
se
hidrata
y
se
transforma
en
ser-
Pl
PA
magnésico
hidratado;
el
óxido.
ferroso
se
convierte
e
del
7
érrico
y
el
color
del
Mineral
primitivo
pasa
á
amarillo.
ATAR
espatos
plagioclasas
se
hidratan
y
forman
calcita,
zeolitas
y
de
a;
pueden
igualmente
perder
toda
ó
parte
de
la
cal
y
de
la
sosa
di
A
en
caolín.
Las
láminas
de
las
micas
magnésicas
(bio-
al
n
rodeadas
á
veces
de
una
zona
más
clara
(clorita)
á
causa
bases
¡minación
del
hierro;
pueden
perder
la
mayor
parte
de
las
AIR
ape
las
constituyen
y
formar
arcillas
muy
ferruginosas.
Se
Cato
de
pues,
que
la
arcilla
nunca
es
pura
considerada
como
un
sili-
e
aluminio
hidratado,
Casi
siempre
la
acompaña
óxido
férrico,
i
66
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
encuentran
más
que
especies
minerales
de
una
puta
pe
esto
€s,
e
el
ei
da
eS
hallan
en
la
roca
de
01
3
a
gran
m
S
CASOS.
,
: o
ala
Eo
iMetéls:
muchos
han
sufrido,
sin
duda,
naaa
ds
ó,
en
otros
términos,
descomposiciones;
pero
las
mismas
pie
105
18
se
encuentran
en
los
mismos
minerales
que
forman
pa
coc
rocas.
Es
posible
que
estas
alteraciones
hayan
continuado
eleo
:
dose
en
el
seno
de
la
tierra,
pero
no
son
exclusivas
de
la
tierl
4
labor,
De
aquí
la
consecuencia
que
no
existiría
en
la
tierra
0%
>
labor
ninguna
especie
mineral
en
verdadera
descomposición.
ion
En
cuanto
á
la
arcilla,
es
una
mezcla
muy
compleja
que
Ronin
de
una
multitud
de
especies
minerales.
Los
elementos
de
esta
bn
qe
forman,
en
las
preparaciones
obtenidas
por
los
autores
antes
Cita
E
4
una
suerte
de
red
de
mallas
irregulares,
ocupadas
exactamente
dE
,
minerales
cuya
determinación
es
posible,
aunque
difícil
á
causa
3
su
pequeñez,
¡3
Hat
explicar
cómo
los
vegetales
que
se
desarrollan
en
el
de
1]
son
capaces
de
tomar
de
él
las
materias
indispensables
para
su
e
latinamente
y
con
muy
variable
rapidez
la
totalidad
de
los
elemen
de
una
especie
e
las
nece
pura
hasta
que
haya
desaparecido
integralmente.
Entre
>
diversas
disoluciones
que
originan
los
minerales
tan
diversos
po
componen
la
tierra
de
labor,
se
produce
una
serie
de
dobles
de
pe
posiciones.
Las
substancias
nacidas
de
éstas
constituyen,
en
red
1008
el
medio
líquido
nutritivo
en
el
cual
las
raíces
de
las
plantas
sona
y
los
elementos
salinos
que
son
indispensables
para
su
nutrición.
idea
de
la
persistencia
integral
de
las
especies
minerales
Y
¡mos
disolución
progresiva
en
el
agua
ha
sido
adoptada
en
estos
aa
años
por
muchos
agrónomos
americanos.
h
tura
Dejemos
por
un
momento
á
un
lado
cuanto
se
refiera
á
la
ra
leza
y
á
la
composición
de
las
disoluciones
contenidas
en
la
e
008
:
labor.
Volveremos
á
encontrar
esta
materia
á
propósito
de
la
ta
qU
“4
titución
química
del
suelo;
ocupémonos
sólo
en
examinar
has
;
punto
esta
opinión
está
bien
fundada.
133
y
Y
Objeciones
á
esta
opinión.
—A
priori,
las
objeciones
deben
ser
numerosas;
las
ha
formulado
principalmente
adi
En
realidad,
todas
las
tierras
de
labor
pueden
reduciT
ns
dos
tipos:
tierras
formadas
donde
se
hallan;
tierras
ds
Y
4
portadas
á
una
distancia
mayor
ó
menor
del
punto
e
005)
se
formaron.
Pues
bien.
en
el
primer
grupo,
los
fenomeno
-
NATURALEZA
Y
COMPOSICIÓN
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS
67
de
alteración
y
de
descomposición
forman
la
regla
general.
Si
se
estudian
los
terrenos
nacidos
de
rocas
eruptivas,
se
pue-
den
seguir
los
progresos
de
la
alteración
desde
la
roca
Inicial
intacta
situada
en
el
interior
hasta
la
capa
superficial
no
arrastrada
por
las
aguas
y
que
es
utilizada
como
tierra
de
labor.
Este
fenómeno
de
alteración
es,
por
otra
parte,
de
uma
extremada
lentitud.
Ya
que
la
observación
muestra
la
exis-
tencia
de
elementos
alterados
en
el
caso
de
una
tierra
formada
en
su
sitio
de
origen,
es
imposible
admitir
que
los
terrenos
de
transporte,
cuyo
origen
debe
buscarse
en
la
destrucción
de
las
mismas
rocas,
no
presenten
ya
los
fenómenos
de
alteración
señalados
en
las
tierras
formadas
donde
se
hallan.
Es
preciso,
en
realidad,
distinguir
en
la
tierra
de
labor
tres
cate-
gorías
de
minerales:
1.2
Los
que
no
sufren
alteración
alguna
y
que
deben
encon:
trarse
en
la
tierra,
si
no
con-la
forma
cristalina
perfecta
que
tenían
en
las
rocas,
á
lo
menos
con
la
misma
composición
química:
cuarzo,
zircona
(silicato
de
zirconio),
turmalina;
2.9,
aquellos
que
pueden
disolverse,
esto
es,
desaparecer
integralmente
por
la
acción
de
los
disolventes
naturales
(agua),
tales
como:
apatito,
yeso,
calcita,
creta,
Sal
marina;
3.?,
aquellos
que
manifiestan
señales
evidentes
de
altera-
ción:
feldespatos
diversos,
micas,
etc.
Estos
últimos
están
frecuente-
mente
epigenizados,
esto
es,
en
vías
de
descomposición
ó
más
bien
de
substitución
por
ciertos
elementos
muevos,
de
los
que
entraban
Originariamente
en
su
composición.
Es
éste
un
hecho
conocido
desde
ace
mucho
tiempo
y
sobre
él,
como
hemos
dicho
antes,
Delage
y
agatu
han
llamado
nuevamente
la
atención.
Posible
es
que
los
mis-
MOS
minerales
se
encuentren
en
la
roca
inicial
con
las
mismas
ept-
£énias,
y
que
éstas
no
continúen
en
la
tierra
de
labor
formada
por
Estos
mismos
minerales
más
ó
menos
divididos;
no
es
menos
cierto,
también,
que
no
se
trata
aquí
de
especies
puras.
Una
mica,
epigeni-
zada
por
la
elorita,
no
es
una
mica
pura,
y
es
difícil
admitir
a
pri077
que
la
acción
disolvente
del
agua
se
ejercerá
de
la
misma
manera
Sobre
la
mica
pura
que
sobre
la
mica
alterada.
Pero
dejemos
de
momento
á
un
lado
el
papel
del
disolvente;
volveremos
á
él
más
adelante,
La
epigenia,
como
observa
Cayeux,
ño
es
más
que
una
descor-
posición
respecto
de
los
minerales
que
no
se
disuelven
directamente
dengue
hemos
clasificado
antes
en
la
tercera
categoría).
Los
mine:
nes
ag
cros
que
reemplazan
por
substitución
al
mineral
primi-
»
Teconocen
tres
orígenes:
a.
La
materia
de
estos
minerales
secun-
arI0s
es
suministrada
exclusivamente
por
el
mineral
primitivo.
$.
Las
aguas
que
circulan
en
las
rocas
transportan
en
solución
substancias
Ñ
68
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
que
originan
minerales
secundarios.
«y.
Estos
no
proceden
más
quee
de
substancias
disueltas
llevadas
por
las
aguas,
y
el
mineral
primi
tivo
no
cede
ninguna
parte
de
su
materia.
E
Pues
bien,
un
mineral
que
sufre
la
epigenia
cede
forzosamente
E
una
parte
de
su
substancia:
el
mineral
secundario
que
lo
invade
difiere
del
mineral
primitivo
por
la
naturaleza
y
las
proporciones
e
las
bases
que
contiene.
Bastarán
dos
ejemplos,
tomados
de
Cayeux,
para
enseñar
el
mecanismo
de
esta
substitución.
La
ortosa,
silicato
le!
de
aluminio
y
de
potasio,
cuya
limpidez
está
alterada
por
parti”
las
de
arcilla
secundaria,
ha
perdido
una
parte
de
su
potasa.
Si
8
epigenia
es
total,
una
cantidad
de
potasa,
que
llega
4
14
por
100
dee
peso
del
mineral
primitivo,
es
puesta
en
libertad.
La
epigenia
4
E
biotita
por
la
clorita
deja
libres
diversas
bases
y,
sobre
todo,
la
potaót
(á
lo
más
11
por
100).
|
Resulta
de
esto
que,
si
se
quiere
apreciar
el
estado
de
conservi”
Gión
de
los
elementos
minerales
de
la
tierra
de
labor,
es
preciso
pre
cindir
de
las
dos
primeras
categorías
que
antes
hemos
citado:
mint
rales
inalterables,
minerales
que
desaparecen
completamente
por
disolución
sin
dejar
vestigios
de
alteración;
y
no
hay
que
retener
más
ño
que
los
de
la
tercera
categoría,
muy
numerosos,
que
se
descomport
por
epigenia
y
abandonan
sus
productos
de
alteración.
CayeuXx
00
mula,
pues,
la
siguiente
proposición,
tal
como
la
hemos
indicado
eN
primer
término:
«la
presencia
de
materiales
alterados
en
9”
ados.
muy
diversos
y
en
proporciones
muy
variables
es
la
regla
absoll
A
tamente
general»,
El
mismo
autor
señala,
á
este
propósito,
Un
pecho”
que
puede
inducir
á
error
en
el
análisis
microscópico
de
las
10CaS
«,
en
consecuencia,
de
las
tierras
de
labor.
Este
hecho
se
refiere
%
2
posible
presencia
de
minerales
secundarios.
Se
hallan
frecuel
de
mente,
en
efecto,
en
una
roca
eruptiva
en
vías
de
alteración,
18
de
patos
antiguos
cuya
descomposición
produce
en
el
mismo
sitio
!
despatos
nuevos.
Estas
dos
categorías
de
elementos
feldespát
pueden
existir
en
una
misma
tierra
de
labor.
Estos
feldespatos
_Puros,
derivados
de
feldespatos
antiguos,
son
la
señal
de
M4
d
li
composición
muy
avanzada:
lo
que
parece
una
paradoja.
En
ra
dad,
estos
feldespatos
secundarios
muy
puros
no
se
forman
á
A
sas
de
los
feldespatos
antiguos
más
que
á
causa
de
ponerse
e
libertad
una
base:
un
feldespato
cálcicosódico,
por
ejemplo,
€5
0
tituído
por
un
feldespato
exclusivamente
sódico,
Los
tenómenos
de
epigenia
continúan
en
la
tierí2
ó3
labor.—Esta
demostración
resulta,
según
Bieler-Chatelan,
Me
siguientes
observaciones,
El
vidrio,
expuesto
á
la
humedad,
$
1
bre
de
irisaciones
producidas
por
finas
láminas
de
silicatos
soli
a
que
quedan,
mientras
que
los
silicatos
alcalinos
solubles
son
*%
“ga:
trados
por
el
agua.
Este
último
autor
recuerda
el
experimen”
y]
Daubrée
en
el
cual
'se
ve
que
el
ataque
del
vidrio,
producido
%
A
agua
recalentada,
conduce
á
un
silicato
cálcico
fibroso
análog9
7.
E
NATURALEZA
Y
COMPOSICIÓN
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS
69
wollastonita.
Vidrios
naturales,
como
la
obsidiana,
presentan
ignal-
mente
fenómenos
de
irisación.
¿Se
disuelven
los
elementos
de
una
roca
tal
como
son?
—Le
todas
las
conclusiones
enunciadas
por
Delage
y
Lagatu,
ésta
es,
indudablemente,
la
más
difícil
de
admitir
si
se
toma
al
pie
de
la
letra,
Decir
que
un
cuerpo
se
disuelve,
por
ejemplo
en
el
agua,
es
decir
que,
con
una
cantidad
suficiente
de
este
líquido,
el
cuerpo
des-.
aparece
integramente
sin
cambiar
de
composición
y
que,
si
se
evapora
luego
el
disolvente,
se
encontrarán
los
elementos
del
cuerpo
disuelto
en
las
mismas
proporciones
que
tenían
en
el
sólido
primitivo.
Pues
cuando
se
trata
de
silicatos
tan
complejos
como
los
que
forman
parte
de
las
rocas,
y
que
se
hallan
luego
en
la
tierra
de
labor,
¿Puede
decirse
a
priori
que
su
disolución
integral
en
el
agua
es
posi-
le
sin
que
haya,
en
ningún
momento,
algún
cambio
en
la
composi-
ción
del
sólido
que
está
en vías
de
desaparecer?
Esta
afirmación
no
está
apoyada
hasta-ahora
por
ningún
experimento
que
tenga
valor.
Jelage
y
Lagatu,
como
muchos
agrónomos
americanos
que
les
Siguen,
admiten,
como
consecuencia
de
los
trabajos
de
Schlesing
hijo,
que
todos
los
suelos
contienen
disoluciones
de
elementos
mine-
rales
de
los
cuales
las
plantas
toman
directamente
su
alimento;
no
hay
duda
de
que
estas
disoluciones
son
extremadamente
diluídas,
pero,
á
medida
que
se
efectúa
la
absorción,
vuelven
á
regenerarse
continuamente.
Parece
que
esto
está
demostrado,
y
nos
explicaremos
respecto
de
este
punto
al
tratar
de
la
constitución
química
de
los
Suelos.
Sin
embargo,
por
una
generalización
prematura,
los
citados
autores
parecen
deducir
de
lo
dicho
que
todos
los
elementos
de
una
oca,
cualquiera
que
sea
su
naturaleza,
se
encuentran
en
disolución
en
las
mismas
proporciones
que
en
la
roca
inicial
que
ha
sido
objeto
de
esta
disolución,
Todos
los
hechos
conocidos,
y
son
muy
numero-
$0s,
hablan
contra
este
parecer
de
un
modo
absoluto.
Algunas
pala-
Y'as
nada
más
sobre
este
punto.
La
acción
disolvente
del
agua
va
siempre
acompañada
de
una
acción
destructiva.—
Hemos
indicado
antes
(pág.
43)
algunos
experimentos
en
los
cuales
se
hace
actuar
sobre
fragmentos
0
sobre
polvo
de
rocas,
el
agua
sola
ó
el
agua
cargada
de
gas
carbó-
tico,
Si
se
ha
observado
siempre
que
los
álcalis,
especialmente,
entra-
an
en
disolución
en
cantidades
que
con
facilidad
pueden
determi-
Narse,
no
ocurre
lo
mismo
con
otros
elementos
cuya
presencia
puede
Ser
reconocida
cualitativamente,
pero
cuyo
peso
es
difícil
de
apreciar,
dada
su
pequeñez.
Sin
duda,
prolongando
bastante
tiempo
el
contacto
e
la
roca
desmenuzada
con
el
disolvente,
se
obtendría
un
líquido
Más
cargado
de
elementos
disueltos;
pero
los
álcalis
solos
serían
los
dominantes,
Daubrée,
en
el
experimento
de
que
hemos
hablado
anteriormente,
ha
encontrado
que
3
kilogramos
de
feldespato
ortosa
*
abían
cedido
al
agua,
al
cabo
de
ciento
noventa
y
dos
horas
de
con-
70
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
tinuo
movimiento:
2,52
gramos
de
potasa,
0,03
gramos.
de
ani
y
0,02
gramos
de
sílice.
Es
superfluo
hacer
observar
que
no
put
tratarse
aquí
de
una
disolución
en
el
sentido
exacto
de
la
palabras
4
porque,
siendo
la
fórmula
de
la
ortosa
K?0,
Al*?03.
6si0”,
qu
corresponde
á
Si0?2=64,86
por
100,
Al?*03=18,28
por
100
y
K
0
16,86
por
100,
se
deberían
encontrar
en
disolución
cantidades
de
alúmina,
y
sobre
todo
de
sílice,
superiores
á
las
encontradas
respecto
á
de
la
potasa
en
el
experimento
de
Daubrée;
y
no
es
así.
+
Los
muchos
ensayos
hechos
en
el
mismo
orden
de
ideas,
ensayoS
—
relativos
á
supuestas
disoluciones,
demuestran
que
el
agua
se
3
apoderado
efectivamente
de
ciertas
substancias,
y
aun
de
todas,
pero
E
en
proporciones
que
no
guardan
relación
con
la
composición
del
mine”
ral
inicial,
Cuando
se
trata
de
minerales
más
solubles
que
la
sílice
£
la
alúmina,
existen
aún
notables
diferencias
en
la
manera
como
€
agua
se
lleva
sus
componentes.
%
En
cuanto
al
ejemplo,
que
se
pone
á
veces,
de
las
aguas
minert”
les
ó
de
ciertas
aguas
que
contienen
frecuentemente
muchos
gramos
de
substancias
salinas
disueltas,
se
puede
considerar
que
demuestra
a
tna
manera
irrefutable
que
existe
descomposición
de
las
rocas
seguida
de
disolución
y
no
primitiva
disolución:
todas
estas
aguas
|
10
contienen
más
que
indicios
de
alúmina,
mientras
que
á
menudo.
son
relativamente
ricas
en
sales
de
potasio,
de
sodio,
de
calcio.
5
embargo,
han
atravesado
muy
frecuentemente
terrenos
donde
abunde
la
sílice
combinada.
Citemos
aún
el
curioso
caso
del
granito
de
vine
estudiado
por
A.
Gautier
(1901).
Un
kilogramo
de
este
granito
hos
lixiviado
metódicamente
con
7
litros
de
agua
fría.
La
solución,
neutra
á
los
reactivos
coloreados,
es
evaporada.
Durante
la
concentracl
3
se
observa
que
el
gas
carbónico
del
aire
precipita
cierta
cantidad
sílice
y
que
el
líquido,
que
se
vuelve
ligeramente
alcalino,
contielt.
vestigios
de
carbonato
sódico.
El
residuo
de
la
evaporación
á
seque
lad
contiene
sosa
é
indicios
de
potasa
(y,
sin
embargo,
los
feldespato?
—
de
este
granito
son
muy
ricos
en
esta
última
base).
El
agua
»
A
d
disuelto
igualmente
algo
de
sulfato
y
de
carbonato
cálcicos,
indicio
de
magnesia,
de
hierro
y
de
ácido
fosfórico.
Este
ejemplo
demues
E
claramente
que
no
puede
tratarse
aquí
tampoco
de
una
yerdadert
-
disolución
de
la
roca
por
el
agua
en
el
sentido
que
en
química
Se
ti
¿4
esta
palabra,
E
_
Por
otra
parte,
puede
ocurrir
que
un
elemento,
alcalino
pon
ejemplo,
puesto
en
libertad
por
la
acción
del
agua,
pueda
nueva
reaccionar
sobre
la
roca
primitiva
despojada
de
este
álcali,
Y
4
cierta
medida
regenerarla.
En
efecto,
según
Cosyns,
se
restituy
1038
silicato
de
aluminio
una
parte
de
su
álcali
agitándolo
con
una
$9
ción
débil
de
potasa.
La
reacción
es,
pues,
reversible,
y
si
un
4
A
neutra
ó
ácida
puede
caolinizar
el
feldespato,
inversamente
8
solución
alcalina
puede
feldespatizar
la
caolinita.
En
cuanto
á
1
mineráles
solubles
sin
descomposición
(segunda
categoría
de
Cay
ea
á
pueden
desaparecer
enteramente
y
fal
como
son
por
la
acción
1
NATURALEZA
Y
COMPOSICIÓN
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS:
71
agua;
éste
es
el
caso
del
apatito,
que,
según
hemos
indicado
antes,
.
suministra
una
solución
de
fosfato
tricálcico
en
la
cual
el
ácido
fosfórico
y
la
cal
se
hallan
en
las
mismas
proporciones
que
en
el
Mineral
inicial.
De
todos
modos,
se
ha
indicado
que
el
fosfato
tricál-
cico
del
apatito
(PO%)?Ca?
parece
descomponerse
á
veces
en
cal
y
tostato
bicálcico
PO*CaH.
En
resumen,
la
palabra
disolución
empleada
á
propósito
del
paso
al
agua
de
los
elementos
ácidos
ó
básicos
de
las
rocas,
es,
en
el
caso
presente,
de
uso
absolutamento
inco-
rrecto.
Si
cada
elemento
de
un
mineral
determinado
se
disuelve,
parece
que
lo
hace
según
un
coeficiente
de
solubi-
,
lidad
propio.
En
la
pretendida
disolución
de
tal
ó
cual
silicato,
hunca
se
encuentran
en
los
líquidos
los
elementos
de
las
rocas
en
las
mismas
proporciones
que
tenían
en
la
roca
primitiva,
tanto
si
la
disolución
se
ha
efectuado
con
ó
sin
el
concurso
del
gas
carbónico,
como
si
ha
sido
á
la
presión
ordinaria
Ó
4
una
presión
más
elevada.
Lo
que
debe
admitirse,
á
lo
menos
en
el
estado
actual
de
la
cuestión,
es
la
descomposición,
es
decir,
la
hidratación,
después
la
separación
por
la
acción
del
agua
que
actúa
primero
como
agente
químico
de
tal
ó
cual
elemento
de
la
roca
(elementos
básicos
y
sobre
todo
alcalinos),
luego
disolución
de
estos
elementos
según
su
coeficiente
de
Solubilidad,
que
debe
ser
diferente
del
que
dará
el
agua
pura.
En
efecto,
esta
disolución
se
ha
efectuado,
en
las
condiciones
naturales,
en
presencia
de
agua
que
contiene
muchas
subs-
tancias:
se
comprende,
pues,
que
los
fenómenos
de
simple
disolución
vayan
acompañados,
casi
en
seguida,
de
fenómenos
de
doble
descomposición.
Tal
es
el
sentido
exacto
de
la
natura-
leza
de
las
reacciones
que
ocurren
entre
el
agua
y
las
partícu-
las
minerales
de
las
rocas
constituyentes
de
la
tierra
de
labor.
Probable
mecanismo
de
los
fenómenos
de
diso-
lución.
—
Vamos
á
emplear,
en
este
párrafo,
algunas
fór-
mulas
esquemáticas
que
nos
parecen
explicar
con
bastante
exactitud
la
acción
del
“agua
sobre
los
silicatos.
Estas
con-
Cepciones
teóricas
podrán
servir
para
resumir
los
diferentes
Puntos
que
hemos
desarrollado
anteriormente;
ya
sea
que
se
admita
la
manera
clásica
de
interpretar
los
fenómenos
de
72
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
;
¡en-
descomposición
de
las
rocas,
ya
sea
que
se
adopten
las
a
a
tes
ideas
sobre
la
estructura
mineral
de
la
tierra
de
labor
q
.
a
.
A
,
Usa
y
hemos
indicado
últimamente.
No
conviene
dar
á
estas
fórm
las
una
importancia
exagerada;
no
constituyen
más
que
se
medio
cómodo
de
explicar
el
mecanismo
de
la
génesis
de
;
disoluciones
del
suelo
y
se
adaptan
bastante
bien
á
las
obser-
vaciones
corrientes.
Esta
manera
de
interpretar
los
noción
por
otra
parte,
ha
sido
empleada
ya
en
muchas
formas
Pa
A
diversos
autores;
pero
nunca
se
repetirá
demasiado
sA
¡
ninguna
de
las
fórmulas
de
constitución
de
los
silicrin
4
propuestas
hasta
ahora,
representa
de
una
manera
perfec
las
diferentes
modalidades
de
este
grupo
tan
complejo
de
x
compuestos
químicos.
El
agua,
según
lo
que
hemos
dicho,
actúa
sobre
las
partículas
y
de
las
rocas
como
agente
de
hidratación,
luego
de
descomposición;
pa
acción
disolvente
se
ejerce
en
seguida
sobre
las
bases
que
ha
puesaaN
libertad.
Se
puede
representar
este
primer
efecto
de
hidro
A
empleando
las
fórmulas
de
constitución
de
los
silicatos
que
1
mencionado
antes
(pág.
51)
y
que
permiten
explicar
de
una
Nr
08
bastante
verosímil,
por
una
parte
la
naturaleza
del
ataque
ds
15
4%
elementos
silicatados
por
el
agua
y,
por
otra,
la
formación
arcilla
considerada
como
un
silicato
hidratado
de
aluminio.
edo
La
fórmula
de
la
ortosa
K20,A1?03,
6Si0?,
dividida
por
2,
pu
escribirse,
hemos
dicho:
[KAI]
SiBOS,
y
este
silicato
seria
la
dá
monopotásica
de
un
ácido
alúminosilícico
(H)AISiSOS.
El
e.
de
este
mineral
por
el
agua
eliminaría
el
potasio
en
forma
de
potastr
poniéndose
en
libertad
el
ácido
alúminosilícico:
KAISiP0*
+
H2?0
=
KOH
+
HAISi?0*
10
8
Este
último
ácido,
inestable,
se
desdoblaría
en
sílice
y
un
a
8
HAISiO0*,
el
cual,
por
hidratación,
formaría
caolín:
2HAISiO1
+
H20
=
Al*03.28i0?,2H20
(caolín)
as
E
Se
pueden
concebir
para
el
ácido
HAISIO*
y
para
el
caolín
105
siguientes
fórmulas
de
constitución
(Glinka):
0
mo-siá
>
AL.OM
9
[o=sik
41.081]
+E0=
0,
|
z
mo=siC
Sal
08
Nor
.
Caolín
NATURALEZA
Y
COMPOSICIÓN
DE
LOS
ELEMENTOS
DE
LAS
ROCAS
13
El
caolín
tendrá,
pues,
carácter
ácido,
á
causa
de
la
presencia
de
cuatro
grupos
hidróxilos
(OH),
de
los
cuales
dos
están
unidos
al
silicio
y
dos
al
aluminio.
Tendremos
ocasión
de
volver
á
ocuparnos
en
este
carácter
ácido
del
caolín
para
explicar
ulteriormente
una
de
las
causas
del
poder
absorbente
del
suelo
respecto
de
las
bases.
Notemos
que
el
ácido
HAISiO*,
monobásico,
puede
ser
considerado
Como
el
esqueleto
de
un
gran
número
de
silicatos.
Ejemplos:
La
anortita:
0a0
Al?03,
28i0?,
se
escribirá:
Ua
(AISi01)?;
la
labradorita:
Ga0.
Al0%,
3Si0?,
se
escribirá:
Ca
(AISiO%)*
+
SiO”;
la
oligoclasa:
Na?O.
AI20?.
58i0?,
se
escribirá:
(Na
AISIO)?
+
SiO?,
etc.
Está
permitido,
pues,
considerar
ú
todos
los
silicatos
como
sales
potásicas,
sódicas,
cálcicas,
magnésicas,
ferrosas,
eto.,
del
ácido
HAISiO*.
La
acción
del
agua
sobre
un
silicato
se
limitará,
en
Consecuencia,
á
separar
con
mayor
ó
menor
velocidad,
por
hidrolisis,
la
base
6
las
bases
alcalinas
de
los
silicatos
alcalinotérreos
de
estas
sales
complejas
y
á
poner
en
libertad,
según
los
Casos,
cierto
número
e
moléculas
de
sílice,
Pues
esto
es
exactamente
lo
que
se
observa
cuando
se
estudia
la
acción
del
agua
sobre
los
minerales
silicatados:
este
líquido
disuelve
proporciones,
á
veces
dosificables,
variables
con
el
tiempo
de
contacto,
de
potasa,
sosa,
cal,
magnesia,
Con
separación
de
sílice,
pero
no
toca
á
la
alúmina,
porque
ésta
forma
parte
inte-
grante
del
radical
del
ácido
complejo
HAISiO*.
Por
la
acción
del
agua,
este
ácido
simplemente
se
hidrata
y
engendra
la
arcilla,
como
antes
emos
dicho,
Este
ácido,
hipotético
sin
duda,
parece
ser
extremada-
mente
poco
soluble
en
el
agua:
de
ahí
la
presencia
de
indicios
de
alú-
mina
en
los
líquidos
que
han
estado
en
contacto,
aun
prolongado,
con
silicatos
pulverizados.
El
aluminio
puede,
por
lo
demás,
ser
reemplazado
parcialmente,
de
acuerdo
con
lo
observado,
por
el
hierro:
lo
que
explica
la
coloración
gris
de
la
mayoría
de
las
arcillas
Y
Su
mayor
ó
menor
riqueza
en
hierro
(férrico).
*
En
resumen,
existirían
tres
fases
sucesivas
en
la
acción
del
agua
sobre
un
silicato:
1.9
an
estado
de
hidrolisis,
en
el
cual
las
bases
son
separadas
del
ácido
alúminosilícico.
Este
queda
libre
y
con
frecuencia
va
acompañado
de
cierta
canti-
dad
de
sílice;
2.9
ana
hidratación,
esto
es,
la
unión
del
agua
con
el
ácido
alúminosilícico,
y
formación
subsiguiente
de
arcilla;
3.2
na
disolución
de
las
bases
que
la
hidrolisis
ha
Puesto
en
libertad:
tal
es
el
origen
de
las
disoluciones
del
suelo.
Estas
bases,
por
otra
parte,
pueden
sufrir
una
posterior
carbonatación,
originándose
calcáreos
y
dolomías.
yy
74
FORMACIÓN
DE
LOS
SUELOS;
ELEMENTOS
DE
LOS
SUELOS
13
XI
3
PRESENCIA
Y
ORIGEN
DEL
HUMUS
EN
EL
SUELO
—
Un
suelo,
cualesquiera
que
sean
su
naturaleza
y
su
Com
posición
mineral,
contiene
siempre
cierta
cantidad
de
mate
ría
orgánica,
esto
es,
de
una
materia
procedente
de
la
vida
La
proporción
de
esta
materia
es
extremadamente
variable:
de
un
terreno
á
otro,
pero
su
ubicuidad
puede
demostrarse
fácilmente.
No
existen,
en
efecto,
tierras
de
labor,
arenás
estériles
y
hasta
superficies
de
rocas,
que
no
den,
cuando
0
calcina
una
pequeña
cantidad
de
las
mismas,
desprendimiento
de
gas
carbónico,
á
veces
sin
duda
muy
escaso.
Si
se
efectl
"a
esta
calcinación
en
un
recipiente
cerrado,
mezclando
previó
mente
la
substancia
con
un
poco
de
cal
sodada,
se
despren”
Siempre
amoníaco:
la
materia
orgánica
existente
en
el
SU
E
ó
en
la
superficie
de
una
roca
contiene,
pues,
al
lado
del
can
bono,
cierta
proporción
de
nitrógeno.
0!
El
origen
de
esta
materia
debe
buscarse
en
los
restos
E
males
y
vegetales
(véase
antes
en
la
pág.
3).
Muy
á
men
,
pierde
pronto
su
estructura
y
su
aspecto
primitivos,
yA
E
que
sufra,
á
lo
menos
en
algunos
de
sus
constituyentes,
1
oxidación
más
ó
menos
profunda,
gracias
á
la
presencia
E.
oxígeno
del
aire
con
el
cual
está
en
contacto,
ya
sed
1
sufra.
fenómenos
especiales
de
descomposición
fuera
de
¿2
e
.,
.
po
a
1:
acción
del
aire
ó
en
tales
condiciones
que
el
aire
penetre
di
Ñ
cilmente.
|
2
Formación
de
la
tierra
vegetal.—La
materia
mineral
organiza,
sl
así
puede
decirse,
con
una
gran
rapidez,
Hemos
“4
antes
pruebas
concluyentes
de
ello;
pero
el
hecho
puede
demostri
de
tina
manera,
hasta
cierto
punto,
sintética,
tá"
Tomemos
algunos
kilogramos
de
una
tierra
cualquiera
y
some
jo
moslos
á
una
elevada
temperatura,
capaz
de
destruir
todo
a
de
elementos
organizados,
todo
ser
vivo
y
todo
compuesto
Mit02,
nado.
Expongamos
esta
tierra
calcinada
al
libre
contacto
con
el,
Y
Al
cabo
de
un
tiempo
que
variará
de
algunos
días
á
algunos
WO
ya
nos
será
fácil
comprobar
que
la
superficie
de
esta
tierra
ha
sido
W'2
f
PRESENCIA
Y
ORIGEN
DEL
HUMUS
EN
EL
SUELO
15
dida
por
vegetaciones
criptogámicas
(algas)
y
que
está
habitada
por
humerosas
especies
de
bacterias
llevadas
allá
con
el
polvo
de
la
atmósfera.
He
aquí
un
primer
estreno
de
organización
del
suelo
res-
pecto
de
sostener
vegetales.
Á
las
vegetaciones
inferiores
suceden
pronto
plantas
superiores
cuyas
semillas,
á
veces
muy
ligeras
y
espe-
cialmente
apropiadas
para
el
transporte
(Compuestas),
son
llevadas
consigo
por
las
corrientes
atmosféricas.
Los
primeros
de
estos
vege-
tales
(algas
verdes)
fijan
á
la
vez
el
carbono
del
ácido
carbónico
y
el
ttrógeno
gaseoso
del
aire
en
virtud
de
una
simbiosis
que
contraen
con
bacterias
específicas
que
continuamente
flotan
en
la
atmósfera.
a
materia
orgánica
vegetal
aparece
en
el
suelo
por
primera
vez.
La
Muerte
de
las
plantas
que
la
han
constituído
en
su
totalidad
engen-
dra
un
humus,
aun
poco
abundante
y
poco
rico,
sin
duda,
pero
cayo
peso
aumenta
después
por
efecto
de
la
acumulación
de
otros
yegeta-
es
parecidos,
De
manera
que,
al
cabo
de
cierto
tiempo,
una
planta
Superior,
cuya
semilla
haya
ido
á
parar
casualmente
á
este
medio,
encontrará
suficiente
cantidad
de
materia
nitrogenada
para
á
su
vez
desarrollarse.
Su
masa
orgánica,
mayor
que
la
de
las
vegetaciones
Criptogámicas
que
la
han
precedido,
producirá
una
cantidad
ya
impor-
tante
de
humus.
Parece,
pues,
que
ciertos
vegetales
inferiores,
con
tal
que
ten-
gan
clorofila
y
sean
capaces
de
fijar
el
nitrógeno
gaseoso
de
la
atmós-
tera
ó
de
absorber
los
indicios
de
amoníaco
que
ésta
contiene,
deben
ser
considerados
como
los
primeros
artesanos
que
elaboran
la
tierra
vegetal,
esto
es,
la
mezcla
compleja
de
materia
mineral
y
de
materia
Orgánica
á
que
damos
este
nombre.
En
consecuencia,
son
los
seres
inferiores;
microbios,
hongos,
algas,
los
que
preparan
á
las
plantas
Supériores
el
medio
en
que
éstas
podrán
encontrar
suficiente
cantl-
ad
de
substancias
alimenticias:
tal
ha
sido,
probablemente,
la
pri-
mera
etapa
del
desarrollo
de
los
vegetales
en
la
superficie
del
globo,
Considerado,
al
principio,
como
un
medio
exclusivamente
mineral.
e
ua
observación
cotidiana
nos
enseña,
por
otra
parte,
que
cuando
ó
Pone
al
descubierto,
por
efecto
de
excavaciones,
arena,
arcilla,
etc.,
U
Una
palabra,
una
masa
mineral
muy
pobre
en
elementos
orgáni-
COS,
y
especialmente
en
nitrógeno,
esta
masa
poco
á
poco
se
recubre
£
Una
flora
á
veces
muy
variada.
reed
parte
de
la
materia
orgánica
que
contiene
un
suelo
no
ánear
0
procede,
pues,
de
vegetales
que
se
han
desarrollado
espon-
dE
ente
en
su
superficie,
Después
de
muértos,
estos
vegetales
se
nica
ca
sus
restos
se
esparcen
á
una
y
otra
parte
y
su
masa
orgá-
ela
po
ormada
por
carbono,
hidrógeno,
oxígeno
y
nitrógeno,
se
mez-
0Hga
co
á
poco
é
íntimamente
con
la
materia
del
suelo.
Este
elemento
modo
de
£
de
los
suelos
no
sólo
interesa
estudiarlo
en
cuanto
á
su
dlent
e
tormación
y
á
las
múltiples
variaciones
que
sufre
lenta-
te
en
el
medio
en
que
se
encuentra
incorporado
después
de
haber
pertenecido
á
un
organismo
viviente,
sino
que
tiene
también
una
Portancia
de
primer
orden
respecto
de
las
propiedades
físicas
de
98
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
si
no
imposible,
porque
el
magma
obtenido
carecerá
de
cohe-
E
sión
y
se
desmoronará
entre
nuestros
dedos.
Este
sencillo
,
ensayo
nos
enseña
que
ciertas
tierras,
las
de
la
primera
cate
goría,
deben
contener
una
substancia
que
agintina
la
mast,
que
nos
permite
darle
la
forma
que
queramos
y
que
nos
de
2oa
tacto
la
sensación
de
la
almáciga
de
los
vidrieros.
La
analogió
4
con
esta
última
substancia
es
real,
porque
una
muestra
AN
éstas
frecuentemente
se
adhiere
á
los
dedos
y
deja
en
ela
una
materia
que
se
pega
con
fuerza.
En
las
tierras
de
a
dl
segunda
categoría
nada
de
esto
ocurre;
las
partículas
E
la
masa
no
tienen
entre
sí
ninguna
adherencia
y
no
puede
>
como
en
el
primer
caso,
ser
modeladas
á
voluntad.
Tomamos
adrede
aquí
dos
muestras
de
estructura
muy
diferente,
pero
es
claro
que,
si
nuestras
investigaciones
se
extendiesen
a
gran
número
de
muestras
de
tierras
bien
variadas,
encontrá”
ríamos
todos
los
términos
posibles
de
tránsito
entre
las
4%
una
vez
mojadas,
como
hemos
dicho
antes,
adquieren
E
notable
adherencia
y
dejan
en
los
dedos
cantidades
mayo
o
menores
de
substancia
agintinante,
y
aquellas
cuyas
pura
tículas
no
soldándose
entre
sí
dejan
en
la
mano
una
masa
94
cohesión.
La
materia
que
imprime
á
la
tierra
esta
propié
E!
particular
de
formar
una
masa
coherente
es
la
arcil-
3
preciso
tomar
la
palabra
«arcilla»
en
el
sentido
más
gu
el
de
una
mezcla
compleja
en
que
domina
la
presencia
E%-
silicato
alumínico
hidratado
(véase
anteriormente,
pág-
%
%]
La
presencia
de
la
arcilla
en
una
tierra,
cuando
su
proporció
es
algo
elevada,
comunica
á
esta
tierra
amasada
con
4
E
una
propiedad
característica.
Si
se
deja
desecar
espontáne
3
mente
la
masa
húmeda,
sufre
poco
4.
poco
una
contract
que
se
da
á
conocer
por
la
formación
en
su
superficie
de
ea
tas
de
longitud
y
profundidad
variables.
Según
lo
que
an
cede,
hemos
de
admitir,
pues,
entre
los
componentes
“2
suelo:
la
arena,
en
la
amplia
acepción
que
hemos
coa
dido
á
esta
palabra,
y
la
arcilla,
pudiendo
esta
última
fal
ó
no
existir
más
que
en
mínimas
proporciones.
3.”
Muchas
tierras
contienen
calcáreo,
cuya
r
se
reconoce
en
que,
tratadas
por
un
ácido
como
el
ácido
ed
43
hídrico,
desprenden
un
gas
con
efervescencia
y
la
Y
E
presencí!
El
FRE
AA
AAA
tEEoEe
EE
LOS
CUATRO
COMPONENTES
DE
LA
TIERRA
DE
LABOR
99
espumea.
El
gas
que
entonces
se
desprende
es
el
yas
carbó-
.
F
'
r
p
ñico.
Según
verémos
ulteriormente,
el
calcáreo
se
encuentra
en
los,suelos
en
estados
de
división
extremadamente
variables.
A
veces
parece
que
la
adición
de
ácido
clorhídrico
á
Cier-
tas
tierras
no
produce
efervescencia
alguna;
puede
ocurrir
que,
efectivamente,
estas
tierras
no
contengan
calcáreo
(Muchas
turbas,
tierras
de
brezo,
de
landas,
ciertos
suelos
forestales).
A
veces
esta
efervescencia
es
tan
débil,
que
es
Preciso
acudir
á
un
procedimiento
especial
para
apreciarla.
£
aquí
cómo
conviene
operar
en
este
último
caso.
Se
intro-
ducen
en
un
tubo
de
ensayo
2
6
3
gramos
de
tierra
y
una
cantidad
de
agua
más
que
suficiente
para
cubrirlos.
Se
hierve
algunos
minutos
á
fin
de
expulsar
las
burbujas
de
aire
rete-
idas
por
la
tierra;
se
deja
que
se
enfríe
y
se
forman
dos
Capas:
la
inferior,
de
tierra;
la
superior
de
agua
casi
límpida.
€
toman
entonces
de
un
frasco
que
lo
contenga,
mediante
'n
tubo
de
vidrio
estirado,
2
6
3
centimetros
cúbicos
de
ácido
Clorhidrico
y
se
introduce
el
tubo
estirado
en
el
tubo
de
en-
q
de
modo
que
la
punta
toque
el
nivel
superior
de
la
capa
0
tierra.
Se
deja
caer
suavemente
el
ácido
y
éste
penetra
en
*
Capa
de
tierra.
Si
sólo
hay
indicios
de
calcáreo,
se
perciben
Pequeñas
burbujas
de
gas
que
suben
á
través
de
la
capa
de
agua
que
recubre
la
tierra
y
que
son
claramente
apreciables,
“un
cuando
la
muestra
no
contenga
más
que
1/1000
de
calcáreo.
cla
Es
fácil
demostrar
la
presencia
en
la
tierra
del
éncue
id
la
materia
orgánica
6
hamas.
Esta
ai
E
2d
ra
casi
siempre,
cualquiera
que
sea
el
origen
de
la
Mente
Pero
sus
proporciones
varían
entre
límites
extremada-
e
as:
como
veremos
más
adelante.
La
A
AS
Vera
MES
es
evidente
á
primera
vista
la
mayor
parte
e
color
de
+
Em
efecto,
sabido
es
que
muchas
tierras
tienen
Si
están
q
0
menos
pardo
y
aun
negro,
sobre
todo
cuando
'nedas,
Basta,
para
mejor
convencerse,
calentar
10
a
de
tierra
seca
en
un
tubo
de
ensayo
para
ver
que
de
una
EOS
Se
ennegrece,
lo
que
es
señal
de
la
destrucción
calefa.
materia
orgánica.
El
olor
que
se
desprende
durante
la
cción
frecuentemente
es
muy
característico.
Además,
nd
2400...
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
puede
completarse
este
ensayo
con
el
siguiente,
que
Dr
E
más
concluyente.
El
humus
contiene
siempre
cierta
canti
4
ñS:
de
nitrógeno
cuya
importancia
es
capital
en
el
Rin
2
suelo.
Si
se
mezclan
en
un
tubo
de
ensayo
tapado
a
gunos
E
gramos
de
tierra
con
un
poco
de
cal
sodada
y
se
calcina,
ñ
8
nitrógeno
orgánico
se
convierte
en
nitrógeno
amoniacal,
tae
-
q
de
caracterizar,
por
de
pronto
por
su
olor,
y,
mejor
ab
introduciendo
en
el
tubo
de
ensayo
tna
tira
de
papel
de
tor
E
nasol
rojo
humedecido
con
agua,
el
cual
toma
en
seg
y
;
color
azul.
2
Acabamos,
pues,
de
reconocer
en
las
más
variadas
mues
“3
tras
de
tierra
de
labor
la
presencia
de
los
cuatro
componentes
fundamentales,
á
cada
uno
de
los
cuales
corresponde
un
papi
muy
especial,
ya
directo,
ya
indirecto,
respecto
de
la
mi
ción
de
la
planta,
Estos
cuatro
componentes,
cuyos
noo
recordamos,
son:
la
arena,
la
arcilla,
el
calcáreo
Y
2
humus.
Lo
que
constituye
la
extrema
variabilidad
dé
las
8
24
rras,
es
precisamente
la
misma
variabilidad
de
las
proporció
y
nes
en
que
cada
uno
de
estos
componentes
entra
€n
muestra
dada.
La
arcilla
y
el
calcáreo
pueden,
lo
repetim0
faltar
á
veces
en
absoluto.
y
q
1
se
0
Ló
1%
II
DEFINICIÓN
DE
LA
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
0
DE
LOS
SUELOS
Estando
este
capítulo
dedicado
al
conocimiento
de
la
Pe
-
titución
física
de
los
suelos,
definamos
qué
debe
entendo
de
con
esta
expresión
y
hagamos
ver
el
interés
que
obeB
To
estudio
del
problema
que
vamos
á
abordar.
sti
|
La
constitución
física
de
los
suelos
lleva
en
si
la
a
es
|
gación
de
la
estructura
de
los
cuatro
componentes
que
S
hemos
mencionado,
independientemente
de
las
propié
a
el
químicas
que
les
corresponden
y
que
pueden
producir
%-4,
masa
cambios
más
ó
menos
profundos
según
la
intensi
a
las
reacciones
de
que
sean
objeto.
La
constitución
ÁsICU
12
DEFINICIÓN
DE
LA
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS.
101
1014
Suelos
tiene
igualmente
como
fin
el
estudio
de
la
importa
e
(
telativa
de
estos
cuatro
componentes
y,
en
consecuencia,
manera
como
actúan
entre
sí.
Del
conocimiento
de
la
constitución
Física
de
un
suelo
educiremos
las
reglas
que
deben
seguirse
relativamente
á
las
Mejoras
mecánicas
y
químicas
á
que
será
preciso
someter
este
suelo
para
que
sea
capaz
de
tal
ó
cual
cultivo.
Corfstitución
de
la
arena.—La
arena
está
formada,
Como
sabemos,
por
restos
de
las
más
variadas
rocas,
E
POr
lo
que
toca
á
su
tamaño
como
en
cuanto
$e
refiere
á
su
—COmposición.
-
Este
componente
es
de
mucho
el
más
importante
en
la
Mayoría
de
los
suelos,
los
cuales
deben
sus
cualidades
0
SUS
efectos
4
las
dimensiones
de
los
granos
de
arena.
Estos
SON
agentes
de
división,
y
del
grado
de
finura
de
los
granos
“penden
la
compacidad
ó
la
permeabilidad
de
las
tierras.
demás,
la
arena
atenúa
ó
suaviza
las
propiedades
de
la
arcl-
la;
cuanto
más
rica
es
ésta
en
materias
arenosas,
más
muelle
ES
el
suelo
que
la
contiene
y
más
fácil
es
de
trabajar.
A
108
-S'amos
de
arena
está
adherida
siempre
cierta
cantidad
de
2
Materia
orgánica;
esta
especie
de
barniz
puede
ser
superficial
-——SUlOS
granos
de
arena
son
lisos;
pero'
generalmente
tienen
“ractuosidades
y
la
materia
orgánica
penetra
en
ellos
Has
“lérta
profundidad.
Este
fenómeno
de
adherencia
ó
ads07-
“1Ón
(1)
conviene
que
sea
conocido.
Gracias
á
él
la
materia
húmica,
siempre
nitrogenada,
llega
en
los
suelos
con
frecuen-
la
á
grandes
profundidades,
poniendo
así
el
nitrógeno
en
OA
muy
diseminada
á
disposición
de
las
raíces
de
las
Plantas;
en
último:
término,
se
oxida
y
se
convierte
en
nitró-
AE,
8%n0
nítrico
soluble.
Cuando
la
arena
es
algo
rica
en
calcáreo,
-
SOZa
entonces
de
propiedades
aun
más
precisas,
porque
dl
Su
-
Papel
de
agente
mecánico
de
división
se
añaden
nuevas
pro-
Piedades
físicas
(y
químicas)
relativas
á
la
coagulación
de
la
y
reñera
Po
debe
confundirse
la
absorción
con
la
adsorción.
Esta
Do
ae
-—
Verias
eo
d
Propiedad
que
tienen
muchos
cuerpos
de
retener
parte
pb
a
iMportane
venidas
en
los
líquidos
que:
las
atraviesan.
La
paid
cd
des
Pilas
nut
Cia
respecto
de
la
propiedad
que
tienen
las
tierras
de
retene
y
"itivas
de
las
plantas,
como
se
verá
más
adelante.—C.
B.
E
102
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
arcilla
(véase
más
adelante),
á
la
descomposición
del
humus,
á
la
transformación
del
nitrógeno
orgánico
en
nitrógeno
mineral,
etc.
Constitución
de
la
arcilla.
—Antes
de
hablar
de
la
cons”
titución
de
esta
substancia,
hemos
de
llamar
la
atención
sobre
un
término
que
emplearemos
á
menudo
durante
nuestros
estu-
dios
sobre
el
suelo.
ALGUNAS
PALABRAS
SOBRE
LAS
SUBSTANCIAS
COLOIDES.—>€
da
el
nombre
de
coloides
d
de
substancias
coloides
4
ciertas
substancias
como
la
goma,
la
gelatina,
ete.,
que,
puestas
en
contacto
con
el
agua,
parecen
desaparecer
en
el
seno
de
este
líquido
como
lo
haría:
un
cuerpo
soluble
propiamente
dicho,
pero
que,
en
realidad,
no
forman
con
el
líquido
verdaderas
disoluciones.
En
efecto,
el
líquido
no
es
homogéneo,
como
lo
sería
una
solución
de
azúcar
ó
de
sulfato
de
cobre,
donde
NO
se
pueden
distinguir
la
substancia
disolvente
y
la
substancid
disuelta.
En
cambio,
en
el
caso
de
los
coloides,
se
puede:
demostrar,
con
el
empleo
del
ultramicroscopio,
que
estas
pseudosoluciones
contienen
siempre
partíenlas
extremada:
mente
finas
y
que
una
solución
coloide
no
es
más
que
Wi
suspensión
de
una
materia
sólida
en
un
medio
líquido.
Recor-
damos
también
que
no
existen
coloides
considerados
aisladas
mente,
pero
que
existen
soluciones
coloides;
la
naturaleza
de
disolvente
desempeña
en
este
punto
un
papel
preponderante.
Cuando
un
coloide
está
en
suspensión,
por
ejemplo
en
el
aguas
puede
ser
precipitado,
con
una
velocidad
variable,
cuando
S€
viertan
en
el
líquido
ciertas
materias.
Esta
coagulación,
4%
se
manifiesta
en
forma
de
capas,
sólo
se
consigue
con
la
adi:
ción
de
electrolitos;
según
la
naturaleza
y
la
cantidad
de
éstos,
la
precipitación
es
más
ó
menos
rápida.
El
electrolito
añadido
puede
actuar
aún
en
muy
pequeña
cantidad
en
peso
que
no
guarda
relación
alguna
con
la
cantidad
del
coloide
que
se
coagula
por
su
influencia.
El
coágulo
retiene
siempre
M4.
cantidad
variable,
pero
muy
pequeña,
del
electrolito
que
ha
servido
para
producirlo.
Las
soluciones
coloides
desempeña!
en
el
suelo
un
papel
muy
importante.
Diferentes
veces
tendre”
APA
A
py
o
AR
nó
MS
PR
FS
so
bn
ear
q
E
A
A
A
A
A
GAITA
O
PODA
AA
ADAMO
AAREAR
ET
OEI
E
SSP
TSE
EAAASAANA
DEFINICIÓN
DE
LA
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
108
,
>
mos
ocasión
de
hablar
de
ellas
(véase,
á
propósito
de
los
Ooloides,
muestra
Química
vegetal).
Conocidas
las
precedentes
nociones,
vamos
á
ocuparnos
en
la
constitución
de
la
arcilla.
Esta
constitución
ha
sido
especialmente
bien
estudiada
por
Sehlesine.
Tomaremos
los
trabajos
de
este
sabio
agró-
nomo
como
guía
en-lo
que
vamos
á
exponer
á
continuación.
La
arcilla,
cuando
es
pura,
es
una
substancia
blanca,
de
tacto
suave;
teóricamente,
á
lo
menos,
como
hemos
dicho,
es
wn
silicato
de
aluminio
hidratado.
Hemos
visto
hace
poco
que
la
arcilla
formaba
con
el
agua
una
masa
plástica
que
Se
agrieta
por
la
desecación.
Pero,
en
los
suelos,
la
arcilla
hianca
es
pura;
siempre
es
más
Ó
menos
coloreada,
unas
veces
es
gris,
otras
verde,
otras
roja,
á
causa
de
la
presencia
de
materias
extrañas,
entre
las
cuales
se
halla
sobre
todo
el
óxido
férrico.
Además,
como
vamos
á
exponer
luego,
la
arci-
la,
aun
la
más
plástica,
esto
es,
la
que
se
amasa
mejor
con
el
agua
y
conserva,
después
de
la
desecación,
la
forma
que
se
le
ha
dado,
contiene
siempre
una
considerable
cantidad
de
elementos
arenosos
que
están
intimamente
mezclados
consu
masa.
La
presencia
de
estos
elementos,
restos
de
rocas
de
finura
y
composición
variables,
comunica
á
la
arcilla
cierto
grado
de
fertilidad
que
no
tendría
si,
como
el
caolín,
estu-
viese
únicamente
formada
por
silicato
de
aluminio.
Posible
es
convencerse
fácilmente
de
la
presencia
de
restos
arenosos
en
una
arcilla
determinada
malaxando
algunos
gra-
mos
de
la
misma
en
un
almirez
con
una
cantidad
de
agua
destilada
suficiente
para
que
resulte
una
mezcla
fiúida.
Llega
un
momento
en
que,
al
frotar
la
mano
del
mortero
con
el
fondo
de
éste,
se
nota
un
rechinamiento
especial
que
es
de-
bido
á
la
trituración
de
los
granos
de
arena,
Basta
decantar
el
líquido
turbio
y
volver
á
principiar
la
operación
algunas
Veces
para
que
finalmente
no
quede
en
el
mortero
más
que
un
depósito
que
evidentemente
es
de
arena.
La
arcilla
— y
desde
ahora
entenderemos
con
esta
palabra
el
silicato
de
aluminio
hidratado
puro,
suponiéndolo
separado
de
los
elementos
arenosos
que
le
acompañan
—
es
un
coloide.
104
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
La
ARCILLA
ES
UNA
MATERIA
COLOIDE.
—
Según
o
E
pueden
poner
fácilmente
de
manifiesto
las
notables
propiedades
coloides
de
la
arcilla
de
la
siguiente
manera:
Se
toma
cierta
canti--
dad
de
tierra
que
se
desmenuza
y
reparte
en
dos
filtros,
ó
que
se
reparte
en
dos
tubos
verticales
de
2
6
8
centímetros
de
o
y
de
unos
veinte
centímetros
de
longitud
y
estirados
en
su
parte
inle
rior.
En
uno
de
estos
filtros
y
en
uno
de
los
tubos
se
vierte
agua
ordinaria
En
el
segundo
filtro
y
en
el
segundo
tubo
se
pont
agua
destilada,
Si
se
prolonga
bastante
el
lavado,
de
los
dos
prime-
ros
aparatos
que
han
recibido
agua
ordinaria
escurrirá
siempre
Un
líquido
límpido,
De
los
otros
dos,
en
que
se
ha
empleado
agua
destilada,
primero
escurrirá
un
líquido
límpido;
pero,
paulatina-
mente,
se
volverá
turbio
y,
al
mismo
tiempo,
irá
disminuyendo
12
cantidad
de
agua
que
sale.
Estos
dos
experimentos
sólo
difieren
entre
sí
por
la
naturaleza
del
agua
empleada;
el
agua
ordinaria
contient
siempre
en
disolución
sales
y,
especialmente,
sales
cálcicas;
el
agua
destilada
está
exenta
de
sales.
Par
dez
del
líquido
en
el
primer
e
o
sales
cálcicas
en
el
agua
que
se
ha
empleado
en
el
lavado
de
la
tierra,
y
que
el
enturbiamiento
de
los
líquidos
escurridos
en
el
segundo
cas0
deb3
ser
atribuido
á
la
ausencia
de
estas
sales
en
el
agua
destilada.
Se
puede
justificar
temos
algunos
centenares
de
gramos
de
tier
lebrillo,
con
ácido
clorhídrico
diluído,
remoy
que
se
descompouga
todo
el
calcár
Decantemos
el
líquido
per
ra,
puestos
en
un
gran
amos
bien
la
masa
pará
eo
y
después
dejemos
que
se
post,
fectamente
límpido
que
hay
encima
del
magma
de
tierra
y
luego
vertamos
en
ésta
agua
destilada,
agite
mos,
dejemos
posar,
y
decantemos
el
líquido
límpido.
Después
as
repetir
varias
veces
esta
operación
veremos
que
el
líquido,
que
principio
se
clarificaba
con
facilidad,
poco
á
poco
toma
un
aspecto
turbio
y
finalmente
queda
opaco.
Vertamos
en
una
gran
campand
de
vidrio
una
parte
de
este
líquido
opaco
y
dejémosle
en
reposo.
NO
tardaremos
en
observar
que
algunas
partículas
sólidas
caen
Con
bastante
rapidez
al
fondo
de
la
campana;
pero,
después
de
muchas
horas,
aun
después
de
muchos
días,
la
parte
superior
del
líquido
quedará
siendo
turbia.
Existen,
pues,
en
tículas
sólidas
que
descienden
por
la
ace
que
Otras
pueden
permanecer
en
suspensión
durante
un
período
tiempo
considerable.
La
materia
suspendida
así
en
el
seno
del
agua
es
arcilla
y
presenta
esta
especial
propiedad
en
virtud
de
su
estado
coloide.
Si
nos
hallamos
realmente
en
presencia
de
un
coloide
en
ab
caso,
podemos
asegurarnos
«le
ello,
probando
de
coagularlo
con
la
adición
de
un
electrolito,
esto
es,
de
una
substancia
soluble
en
€
agua
y
cuya
solución
es
capaz
de
conducir
la
electricidad.
did
Vertamos,
pues,
enla
campana
de
vidrio
una
pequeña
contidal
de
una
sal
de
calcio,
por
ejemplo
cloruro,
y
agitemos.
No
tarda
ión
de
la
gravedad,
mientras
ece,
pues,
que
la
persistente
LAS
aso
puede
atribuirse
á
la
presencia
de
-
esta
suposición
de
la
siguiente
manera:
Tra
este
medio
heterogéneo,
pu"
'
DEFINICIÓN
DE
LA
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
105:
remos
en
ver
que
la
parte
superior
de
la
columna
líquida
se
aclara
poco
á
poco,
mientras
que
se
forman
Copos
de
una
materia
agrisada,
que
descienden
lentamente
y
finalmente
se
depositan
encima
de
los
elementos
que,
ya
al
principio,
habían
caído
rápidamente
al
fondo
de
la
campana,
Si
se
recoge
aparte
esta
materia
cuajosa,
se
le
quita
por
decantación
la
mayor
parte
del
líquido
que
la
baña
y
se
la
deja
desecar
al
aire,
se
convierte
en
una
masa
amorfa
que
se
agrieta
con
la
desecación,
Si
se
humedece
con
un
poco
de
agua,
se
puede
mala-
xar
entre
los
dedos;
tiene,
pues,
los
caracteres
que
hemos
dicho
poseía
la
arcilla
y,
además,
su
composición
se
aproxima
á
la
del
silicato
de
aluminio
hidratado
típico
que
representa
la
arcilla
pura.
Las
sales
Cálcicas
no
son
las
únicas,
entiéndase
bien,
que
son
capaces
de
pro-
ducir.
la
coagulación
que
acabamos
de
señalar.
Cualquiera
otra
sal
produciría
los
mismos
efectos,
pero
con
una
rapidez
variable
con
la
naturaleza
de
la
sal
empleada,
Las
sales
de
los
metales
monovalentes
son
menos
eficaces
que
las
de
los
metales
bivalentes.
Los
metales
de
la
misma
valencia
tienen
poco
más
ó
menos
el
mismo
poder
de
coagu-
£
E
;
lación,
Según
Schlesing,
5000
de
cal,
libre
ó
combinada
en
una
Sal,
produce
una
precipitación
inmediata;
en
la
proporción
de
30000
la
precipitación
requiere
algunos
días;
nO
se
efectúa
si
la
proporción
baja
4
_——.
Pero,
como
hace
observar
el
citado
autor,
estas
cifras
20.000
;
no
tienen
nada
de
absoluto;
varían
con
las
diversas
suertes
de
ljmos
empleados.
Los
ácidos
minerales,
por
ser
electrolitos,
deben
poder
coagular
la
arcilla,
como
coagulan
los
coloides
en
general,
y
especialmente
10s
coloides
minerales.
Esto
es,
en
efecto,
lo
que
se
observa
cuando
en
Vez
de
añadir
una
sal
cálcica
al
líquido
turbio,
como
hemos
hecho
anteriormente,
le
añadimos
una
pequeña
cantidad
de
un
ácido
mine-
ral
cualquiera.
Se
forman
los
mismos
grumos
y
se
depositan
con
una
rapidez
que
yaría
con
la
naturaleza
del
ácido
empleado.
El
poder
coagulante
de
una
substancia
depende
de
su
grado
de
disociación
6
lOnización,
Este
poder,
notable
en
los
ácidos
minerales,
es
mucho
más
débil
en
los
álcalis
y
en
los
carbonatos
alcalinos.
Volvamos
ahora
á
nuestro
experimento
inicial,
en
que
hemos
vado
la
tierra,
puesta
en
un
filtro
ó
en
un
tubo.
En
el
caso
en
que
hemos
hecho
uso
del
agua
común
para
el
lavado,
el
líquido
pasaba
ímpido,
por
más
tiempo
que
durase
el
lavado.
Esta:
agua,
efectiva-
mente,
contiene
siempre
una
pequeña
cantidad
de
sales
cálcicas
que
Mantienen
la
arcilla
en
estado
de
coagulación
y
que,
en
consecuen:
“la,
impiden
que
tome
el
estado
coloide;
“de
lo
cual
deriva
la
persis-
tente
limpidez
del
agua
que
filtra
á
través
de
la
tierra,
En
el
segundo
o
en
que
hemos
empleado
agua
destilada,
ésta
da
primero
un
íquido
límpido,
porque,
al
atravesar
la
masa,
disuelve
una
pequena
106
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
cantidad
de
calcáreo,
en
forma.
de
bicarbonato,
suficiente
Do
e
tener
la
coagulación
de
la
arcilla,
Pero,
si
el
lavado
s0
pr
Need
FA
deberá
prolongarse
tanto
más
cuanto
mayor
sea
la
E
a
calcáreo
contenido
en
la
muestra
de
la
tierra
_primitiva,
e
Pao
destilada
acabará
por
disolver
todo
el
calcáreo.
En
este
momen
z
existirá
en
la
tierra
sometida
al
tratamiento
el
agente
salino
ce
:
de
mantener
la
arcilla
coagulada;
la
arcilla
se
pondrá
en
pupe
y
obstruirá
los
intersticios
de
la
masa
de
tierra
á
través
de
los
cua
el
agua
antes
pasaba
con
facilidad.
Por
esto
el
agua
escurrirá
ca
vez
con
más
lentitud
y
el
líquido
irá
siendo
más
y
más
turbio
hasta
el
momento
en
que
el
agua
dejará
de
escurrir.
ed
Fácilmente
se
comprende
por
qué
es
preferible,
para
llevar
la
ed
E
lla.
al
estado
de
suspensión,
tratar
la
tierra
inicial
con
ácii
,
clorhídrico
y
lavarla
después
de
este
tratamiento
repetidas
veces
con
agua
destilada;
así
'ÁreO..
mo
que,
si
se
emplea
el
agua
destilada
sola
desde
el
principio,
á
vEGe
fa
necesita
muchísimo
tiempo
para
conseguir
el
mismo
resultado;
solubilidad
del
calcáreo
en
estas
condiciones
es
muy
escasa.
AB
Se
puede
también
hacer
con
la
arcilla,
coagulada
por
una
sa
cálcica,
un
interesante
experimento.
Vertamos
en
un
filtro
de
papel
colocado
en
un
embudo,
el
contenido
d
Al
coagulado
la
arcilla
mediante
una
sal
cálcica,
Saldrá
del
pico
de
embudo
un
líquido
límpido,
Si,
después
de
haber
escurrido.
ra
:
la
arcilla
con
agua
destilada,
ésta
se
carga
de
pequeñas
cantidades
de
sal
cálcica
retenidas
por
los
grumos
arcillosos
y
veremos
que
€
líquido
que
pasa
todavía
es
límpido,
Pero,
al
cabo,
de
cierto
tiempo:
principiará
el
agua
á
volverse
turbia
y
saldrá
más
lentamente.
E
este
momento
la
arcilla
ha
a
cálcica
que
la
mantenía
en
est
-
s
e
la
vasija
en
que
hemo
y
E
:-
ado
de
coagulación;
los
grumos
de
E.
lla
se
ponen
en
suspensión,
obstruyen
poco
á
poco
los
poros
del
£i
1
y
dificultan
así
el
paso
del
agua,
La
observación
de
esta
particu
j
a
; A
EE
el
EE
a
ridad
nos
servirá
ulteriormente
en
la
práctica
del
análisis
físico
de
]
tierra
de
labor.
Vertiendo
algunas
mina
de
nuevo
la
co
líquido
y
éste
es
límpic
gotas
de
una
sal
cálcica
en
el
filtro,
se
deter,
lo,
y
así
sucesivamente.
CONSECUENCIAS
PRÁCTICAS
DE
LAS
PROP
ARCILLA.
—
Schlesing
ha
deducido
de
los
uúmero
de
explicaciones
relativas
á
la
producidos
por
las
labores
y
aguas
naturales,
oe
El
objeto
del
laboreo
de
las
tierras
es
dividir
el
suelo
lo
me)
posible,
de
manera
que
se
for
agua
de
lluvia,
al
aire
y
á
las
r
cas
mantienen
la
arcilla
e
arena
é
impide
que
se
E
15
aíces
de
las
plantas,
Las
sales
>
oagulada
y
ésta
cementa
los
granos
ñ
'
4
a
es.
reúnan.
La
presencia
del
calcáreo
es.
PU
t
se
le
quita
más
pronto
el
calcáreo,
Mientras
cabado
de
ceder
al
agua
destilada
la
sl
2
;
di
jr
eL.
agulación
de
la
arcilla;
vuelve
á
escurrir
a
IEDADES
COLOIDALES
DE
peto
hechos
que
preceden
aa
ES
permanencia
de
los
AN
E
á
la
persistencia
de
la
limpidez
de
la
4
z :
som.
men
intervalos
capaces
de
dejar
paso.
E
PEA
ESA
a
e
seco
E
A
AS
Sra
A
AA
Yi
hi
y
a
,
ES
€
F
,
5
DEFINICIÓN
DE
LA
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
107
Indispensable,
y
se
comprende
que,
si
esta
substancia
llegara
á
des-
aparecer
á
causa
de
un
lavado
prolongado,
como
en
el
experimento
de
los
tubos
de
que
se
ha
tratado
antes,
sería
necesario
volverla
á
poner
en
el
suelo.
Este
efecto
de
la
presencia
del
calcáreo,
del
cual
tendremos
á
menudo
ocasión
de
hablar
á
continuación,
permite
Igualmente
comprender
la
necesidad
en
que
nos
encontramos
de
aña:
Ir
cierta
proporción
del
mismo
á
las
tierras
arcillosas
Cuyo
cultivo
es
difícil,
si
no
imposible,
á
causa
de
su
compacidad
y
de
su
aptitud
para
retener
el
agua
sin
dejarla
escurrir
á
las
partes
profundas
del
suelo.
En
estas
condiciones,
las
raíces
de
los
vegetales
se
ahogan,
Su
respiración
se
detiene
y
la
planta
muere.
El
agua
de-
lluvia,
que
es
un
agua
casi
pura,
al
caer
al
suelo
ebería
determinar
la
impermeabilidad
de
éste
á
causa
de
ponerse
la
arcilla
en
suspensión.
Pero,
géneralmente,
la
caída
del
agua
es
bastante
lenta
para
que
ésta
pueda
disolver
al
pasar
cantidades
Suficientes
de
calcáreo
para
mantener
coagulada
la
arcilla;
además,
encuentra
en
el
suelo
una
proporción
de
gas
carbónico
mucho
mayor
Que
la
que
contiene
el
aire
normal:
de
donde
se
origina
un
aumento
de
su
poder
disolvente
del
carbonato
cálcico.
Así
es
que
las
aguas
de
Mbiltración
y
las
aguas
de
fuente
son
casi
siempre
perfectamente
lím-
pidas.
Si,
por
el
contrario,
el
agua
de
lluvia
cae
en
considerable
Cantidad
en
corto
tiempo,
no
puede
disolver
al
atravesar
el
suelo
una
Proporción
de
calcáreo
suficiente
para
mantener
la-arcilla
coagulada:
-
£ntonces
ésta
entra
en
suspensión.
De
esto
deriva
el“enturbiamiento
Lemporal
de
las
aguas
de
fuente
y
de
infiltración.
Un
agua
de
río
ó
de:
torrente,
que
no
contenga
á
lo
menos
60
miligramos
de
calcáreo
por
litro,
queda
siempre
turbia:
así
ocurre
con
las
aguas
procedentes
de
los
ventisqueros
Cuando
estas
aguas
llegan
4
mezelarse
con
las
de
un
río
que
sean
bastante
ricas
en
Cal,
la
arcilla
se
precipita
y
determina
la
formación
de
depósitos
sedi-
Mentarios
á
una
distancia
que
varía
con
la
velocidad
de
la
corriente.
Zoda
agua
arcillosa
que
se
mezcla
con
el
agua
del
mar
forma
¡Sualmente
un
precipitado
en
seguida,
á
causa
de
la
gran
riqueza
de
gsta
última
agua
en
sales
de
muy
diversa
naturaleza.
ArcILLA
coLooÉ
verpaDera.
—
Una
arcilla
natural
determinada
está
formada
siempre
de
arena
y
un
coloide
especial.
Este
no
consti-
Uye,
en
realidad,
más
que
una
muy
pequeña
parte
de
la
arcilla
en
tuto,
como
ha
demostrado
Schlesing
mediante
los
ensayos
siguien-
€s.
Se
toma,
como
antes,
una
tierra
ó
una
arcilla
y-se
somete
á
la
acción
del
ácido
clorhídrico
para
quitar
todo
el
calcáreo.
Se
lava
con:
agua
destilada
hasta
que
desaparezca
totalmente
la
acidez;
se
pone
Sl
residuo
en
una
gran
campana
de
pie,
luego
se
añade
agua,
desti-
ada,
adicionada
de
un
poco
de
amoníaco
para
favorecer
la
difusión
e
la
arcilla,
y
se
deja
en
reposo.
Sabemos
que
la
arena
se
precipi-
Wrá
poco
á
poco,
primero
los
granos
gruesos,
después
los
más
finos.
|
cabo
de
algunos
días
se
decanta
en
otra
campana
el
líquido
turbio
114
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
que
viven
dentro
de
la
tierra,
principalmente
los
gusanos.
Se
deberán
tener
también
en
cuenta
los
fenómenos
fisl-
cos,
como
las
heladas,
que
leyantan
la
superficie
del
suelo
por
efecto
de
un
aumento
de
volumen
debido
á
la
trans-
-
formación
del
agua
líquida
en
hielo.
Sabido
es,
en
efecto,
que,
después
de
fuertes
heladas,
la
superficie
del
suelo
parece
haberse
dilatado
y
presenta
una
serie
de
pequeños
montículos.
Veremos
más
adelante
cómo
se
puede
evaluar,
en
un
caso
deter-
minado,
el
volumen
de
los
gases
incluídos
en
el
suelo
mismo.
El
modo
de
operar,
tal
como
lo
indicaremos,
tiene
sólo
una
utilidad
práctica,
Pero,
se
puede
tratar
la
cuestión
desde
el
punto
de
vista
teórico
y
buscar
cuál
es
el
volumen
libre
que
dejan
entre
sí
las
par-
tículas
térreas,
suponiendo
que
éstas
tengan
formas
geométricas
bien
definidas
y
posiciones
también
bien
definidas
unas
respecto
de
otras.
He
aquí
algunos
ejemplos
destinados
á
fi-
jar
las
ideas
por
lo
que
$6
C
ENS
que
pueden
dar
una
noción
8
Cl
NESSS
?
Sy
009
aproximada
del
tamaño
AA
IS
CO
de
los
espacios
libres.
¿
1.2
Supongamos
que
Li
:
las
partículas
del
suelo
tienen
todas
ellas
la
forma
esferas
están
dispuestas
de
de
“esferas
de
igual
diámetro
y
que
estas
la
manera
indicada
en
la
figura
1,
*
j
La
textura
del
suelo
será
entonces
cúbica.
Supongamos
que,
eN
refiere
á
estas
partículas,
un
cubo
de
arista
a,
se
inscribe
primero
una
sola
esfera.
El
volumen
de
este
cubo
es
a?,
el
de
la
esfera
es
igual
á
2
ra3
(A).
Si,
en
este
mismo
cubo,
suponemos
inscritas
8
esferas
Adal
éstas
tendrán
por
diámetro
5
y
su
volumen
total
será
d
T
Le
85
E
7
a?(B).
En
el
caso
de
27
esferas
iguales,
(erica
en
out,
el
diámetro
de
a
:
cada
una
de
ellas
será
¡igual
e
y
su
volumen
total
será
igual
a?
:
á
E
Xx
37
Als
ey
ra?
(C),
y
así
consecutivamente,
De
modo
que
el
volumen
total
de
estas
esteras
es
independiente
de
su
diá”
metro,
Comparemos
el
volumen
del
cubo
que
las
contiene
todas
con
SU
to
p
>
das
las
esferas
el
mismo
diámetro,
/
ESTRUCTURA
DEL
SUELO
115
propio
volumen;
encontraremos
que
las
esferas
ocupan,
para
100
del
Volumen
total,
un
volumen
de:
3
PEN
A
oe
52,56.
ada
iS
6
6
:
Por
consiguiente,
los
espacios
libres
Ó
poros
ocuparán
un
volu-
men
de
100—
52,36
=
47,54.
Tal
es
la
expresión
del
volumen
intersticial
en
el
caso
de
las
esferas
del.
mismo
diámetro
dispuestas
como
hemos
dicho.
Es
el
espacio
máximo
que
puede
existir
teórica-
-
Mente;
por
lo
demás,
se
acerca
bastante
á
la
realidad.
Busquemos
ahora,
en
la
disposición
precedente,
cómo
varía
la
superficie
de
las
esferas
con
su
número,
porque
esta
noción
nos
Servirá
muy
á
menudo
en
lo
que
sigue.
Siendo
la
arista
de
nuestro
cubo
a,
su
superficie
total
será
igual
á
6a?,
La
superficie
de
la
esfera:
inscrita
(fig,
1,
A)
es
igual
á
ma?,
La
superficie
de
las
8
esferas
Cuyo
.
2
diámetro
=
2
e.
1,
B)
es
igual
á
x
8
=
2ra?.
La
super-
ficie
de
las
27
esferas
cuyo
diámetro
=
E
(fig.
1,
C)
es
igual
á
ra?
“y
Xx
21
=3
na?,
eto.
Es
decir,
que
la
superficie
total
de
las
esfe-
ras
inscritas
en
un
mismo
cubo
aumenta
con
el
número
de
estas
OS
varía
en
razón
inversa
del
diámetro
de
las
Mismas.
Así,
la
Stera
de
la
fig.
1
A
tiene
una
superficie
que
es
la
mitad
de
la
de
las
ap
asas
la
fig.
1
B,
las
cuales
|
|
n
en
conjunto
el
mismo
volumen
ci
esfera
A;
su
superficie
es
el
£rcio
de
la
de
las
27
esferas
de
la
AiZO
C,
las
cuales
en
conjunto
tienen
*
MISmo
volumen
que
la
esfera
A,
etc.
úpongamos
ahora
que,
teniendo
a
dispuestas
como
en
la
fig
2
(es-.
Ene,
Gira
piramidal).
El
espacio
vacío
dt
en
este
caso
el
mínimo
y
lle-
Pig.
2.
Otal
de
por
100
del
volumen
da
ester:
ste
espacio
será
también
independiente
del
diámetro
de
las
ras,
con
tal
que
éstas
sigan
siendo
todas
iguales.
cd
se
puede
también
considerar
el
caso,
ciertamente
más
o
á
la
realidad,
en
el
que
haya
esferas
más
pequeñas
que
n
pen
una
parte
de
los
espacios
q
entre
las
esferas
grandes.
A:
caso,
el
espacio
intersticial
disminuye
mucho
y
su
volumen
míni
e
disminuir
mucho
respecto
del
que
hemos
considerado
como
el
imo
en
la
precedente
disposición.
Inversamente,
si
las
esferas
en
MES
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
la
disposición
cúbica
fuesen
parcialmente
huecas,
el
espacio
Slds
cial
aumentaría
forzosamente
y
pasaría
de
la
cifra
47,64
por.
:
Los
cálculos
teóricos
que
pueden
hacerse
en
este
orden
de
ideas
no
carecen
de
interés;
sin
embargo,
debe
pensarse
que
nunca
existe
un
suelo
de
elementos
absolutamente
regulares
y
que
el
grado
de
compresión
nunca
es
homogéneo
de
un
extremo
á
otro
de
una
pieza
de
tierra
cuya
constitución,
determinada
por
el
análisis,
parecia
sensiblemente
uniforme
En
realidad,
los
espacios
intersticiales
varían
para
un
volumen
de
tierra
dado,
de
unos
20
460
por
100.
El
humus,
si
fuese
el
único
componente
de
la
tierra,
podría
presen-
tar
un
espacio
intersticial
mayor
del
75
por
100
del
volumen
total.
Por
otra
parte,
es
evidente
a
priori
que
un
conjunto
tan
com-
plejo
como
el
que
representa
la
tierra
de
labor,
que
contiene
restos
de
rocas
de
infinidad
de
tamaños,
como
veremos
al
tratar
del
análisiS
mecánico,
escapa
á
toda
definición
matemática,
Además,
y
nunca
se
repetirá
demasiado,
la
tierra
no
está
formada
por
partículas
aisla-
*
das,
sin
ningún
lazo
de
unión
con
sus
vecinas
y
comportándose
de
una
manera
autónoma,
sino
por
una
asociación
de
partículas
reunl-
das
entre
sí,
en
las
más
variadas
formas,
mediante
los
fermentoS
coloides
que
hemos
estudiado
en
las
anteriores
páginas.
Observemos,
además,
que
el
volumen
absoluto
de
los
espacios
intersticiales
serd
el
correspondiente
al
caso
ideal
de
que
la
tierra
estuviese
completa-
mente
desprovista
de
agua.
Este
flúido,
en
realidad,
ocupa
siempre
una
parte
del
espacio
intersticial,
por
delgadas
que
sean
las
películas
líquidas
que
recubren
las
partículas
de
tierra.
Hemos
indicado
antes
las
causas
artificiales
y
naturales
qu
aumentan
el
volumen
de
la
tierra;
laboreo,
acción
de
las
heladas,
trabajos
de
ciertos
animales,
penetración
de
las
raíces,
descomposi
ción
de
los
restos
vegetales
ó
de
abonos
orgánicos;
de
manera
ques
si
queremos
evaluar
el
espacio
intersticial
de
tal
ó
cual
suelo,
const
derado
en
su
estado
actual,
únicamente
podemos
acudir
á
la
exp”
riencia
directa.
Se
puede
hacer
la
determinación
de
una
manera
2120
grosera,
poniendo
la
tierra
en
un
vaso
de
capacidad
conocida.
averigua
luego
el
peso
del
conjunto
y
se
vierte
poco
á
poco
agul
en
la
tierra
agitando
con
una
varilla
para
expulsar
todas
las
burbt”
Jas
gaseosas.
Cuando
el
agua
llega
á
la
superficie,
se
pesa
de
nuevo»
y
la
diferencia
entre
las
dos
pesadas
indica
el
peso
del
agua
intro”
ducida
y,
también,
el
volumen
de
los
espacios
libres.
Pero,
operando
así,
nunca
se
tiene
la
seguridad
de
expulsar
completamente
los
gases
incluídos
en
la
tierra,
Además,
el
volumen
intersticial
natura
modificado
por
el
hecho
mismo
del
transporte
de
la
tierra
al
vaso
en
que
se
hace
el
ensayo.
Indicaremos
más
adelante
un
procedi
miento
más
correcto,
.
No
son
ciertamente
las
arcillas,
de
elementos
á
menudo
mi
finos,
las
que
presentan
menores
éspacios
intersticiales.
Hall
a
notar
que,
en
las
arcillas
compactas,
estos
espacios
llegan
ro
madamente
al
50
por
100,
mientras
que
varían
entre
25
y
30
por
1
EN
E
E
E
AA
O
e
rr
A
A
A
ESTRUCTURA
DEL
SUELO
117
en
las
arenas
gruesas
de
textura
uniforme.
Según
este
autor,
en
las
tierras
de»grano
fino
es
donde
se
debe
encontrar
el
máximo
de
espa-
cios
intersticiales,
porque
el
peso
de
los
granos
de
arcilla
es
demasiado
pequeño
para
vencer
el
frotamiento:
estos
elementos
no
pueden
cambiar
de
sitio
para
ocupar
la
posición
que
daría
el
mínimo
de
espacio
vacío.
Según
Ramann,
los
espacios
intersticiales
disminuyen,
en
un
suelo
no
labrado,
con
la
profundidad.
Pero,
á
partir
de
cierta
distan-
cia
de
la
superficie,
estos
espacios
tienen
un
volumen
poco
más
Ó
menos
constante;
suponiendo,
bien
entendido,
que
el
suelo
conside-
rado
sea
sensiblemente
homogéneo
en
su
formación.
Superficie
de
los
elementos
que
forman
el
suelo.
—
Se
puede
prever,
a
priori,
que
la
superficie
de
la
tierra
de
labor
debe
ser
considerable,
puesto
que
está
formada
por
una
infinidad
de
granos,
de
dimensiones
variables
sin
duda,
pero
á
menudo
muy
pequeños.
Hemos
dicho
anteriormente
que,
cuando
el
diámetro
de
las
esferas
(que
suponíamos
constituían
las
partículas
del
Suelo
y
ocupaban
un
volumen
determinado)
disminuía
de
la
mitad,
la
superficie
de
estas
esferas
pasaba
á
ser
doble.
Si
se
comparan,
pues,
entre
sí
dos
suelos
diferentes
en
igualdad
de
volumen,
la
superficie
de
las
partículas
de
que
se
componen
Será
tanto
mayor
cuanto
más
pequeñas
sean
estas
partículas.
Sobre
este
punto
se
han
hecho
cálculos
fáciles
de
imaginar.
Pero,
generalmente,
estos
cálculos
se
refieren
á
partículas
que
se
supone
tienen
una
forma
geométrica
y
un
tamaño
determinado;
lo
que
no
ocurre,
dde
ordinario,
en
la
realidad.
In
embargo,
si
se
trata
un
suelo
puramente
arenoso,
cuyas
partículas,
independientes
unas
de
otras,
tienen
una
dimen-
Sión
que
puede
determinarse
poco
más
ó
menos
por
medio
del
tamiz,
es
posible
calcular,
de
una
manera
que
se
acerca
á
las
condiciones
naturales,
la
superficie
de
cada
porción
de
tierra
que
tenga
un
volumen
ó
un
peso
determinados.
d
Limitémonos
á
los
ejemplos
siguientes.
Si
se
admite
que
la
arena,
efinida
como
arena
fina,
tiene
un
diámetro
medio
de
0,175
milí-
O
para
cada
una
de
sus
partículas,
la
superficie
de
1
gramo
e
esta
arena
será
de
129
centímetros
cuadrados.
Suponiendo
que
el
diámetro
medio
de
las
partículas
de
arcilla
sea
igual
á
0,00255
milí-
Metros,
la
superficie
de
1
gramo
de
arcilla
será
de
8878
centíme-
118
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
tros
cuadrados
(Garola).
Se
ve,
según
esto,
cuán
colosal
sería
la
superficie
de
un
suelo
arcilloso
considerado
solamente
hasta
la
pro”
fundidad
de
40
centímetros
y
en
una
extensión
de
1
hectárea.
|
El
diámetro
de
los
granos
de
las
arcillas
plásticas
varía
entr
0,0001
milímetros
y
0,005
milímetros;
el
diámetro
de
los
granos
de
arena
gruesa
es
de
unos
2
milímetros:
éstos
son
los
límites
extremos:
Se
da
el
nombre
de
cascajo
á
los
materiales
que
tienen
un
diámetro
de
245
milímetros
y
de
eascajo
grueso
á
los
materiales
de
un.
diámetro
de
5
á
10
milímetros.
Los
guijarros
ó
piedras
propi”
mente
dichas
tienen
un
diámetro
mayor
de
10
milímetros
(Wollny)-
Capacidad
del
suelo
respecto
de
los
fiñidos:
agua
y
gas.
—
Existe,
pues,
según
lo
que
precede,
un
espacio.
intersticial
muy
notable
en
el
suelo.
Este
espacio
sirve
purd
almacenar
el
agua
y
los
gases.
En
la
mayoría
de
los
suelos,
especialmente
en
los
sometidos
á
un
cultivo
regular,
estos
dos
flúidos
existen
siempre
y
su
presencia
es
indispensable
para
el
desarrollo
normal
de
las
plantas.
Veremos,
al
trata!
del
laboreo
del
suelo
cómo
se
pueden
aumentar
los
espacióS
intersticiales
en
provecho
de
la
vegetación.
Ocupémonos
ahora
sólo
en
la
presencia
en
él
de
gases
el
estado
estático,
y
busquemos
luego
un
medio
sencillo
y
prue”
PES
tico
que
nos
permita
determinar
el
volumen
total
de
los
fividos
(gas
y
agua)
que
están
incluídos
en
un
volumen
deter”
minado
de
tierra
de
labor.
A
propósito
de
la
permeabilida
del
suelo
respecto
de
los
gases,
estudiaremos-las
particular!”
dades
que
acompañan
á
sus
movimientos,
esto
es,
el
lado
dinámico
de
la
cuestión.
Récordemos
ahora
el
hecho
de
qu
todos
los
cúerpos
sólidos
condensan
gases
en
su
superficie:
A
esta
condensación
se
da
á
veces
el
nombre
de
adsorción
por
más
que
es
preferible
reservar
este
nombre
para
el
fenó-
eno
que
ocurre
cuando
una
solución
se
encuentra
en
contactó
con
un
cuerpo
sólido
capaz
de
modificar
su
concentración:
Es
evidente
que
el
volumen
del
aire
contenido
en
el
suelo
Sel
tanto
menor
cuanto
más
apretada
esté
la
tierra,
ya
sea
pol.
efecto
de
las
condiciones
naturales
que
hacen
que,
en
un
suelo
abandonado
4
sí
mismo,
los
poros
se
estrechan
espontáneY”
mente,
ya;
por.efecto
de
su
apelmazamiento
artificial
com0
el
debido
ú
la-acción
del
rodillo.
Es
evidente
también
qU%
CuatitO
Inás
agua
contendrá
un
suelo
y
cuanto
más
la
canti:
Sri
A
o
AN
,
a
_
ESTRUCTURA
DEL
SUELO
119
dad
de
ésta
se
acerque
al
límite
en
el
cual
el
suelo
está
saturado,
menos
espacio
libre
quedará
para
los
gases.
Así
no
puede
apreciarse
la
capacidad
habitual
de
una
tierra
respecto
de
los
gases
en
muestras
de
esta
tierra
empa-
pada
de
agua.
En
lo
que
sigue,
supondremos
que
la
propot-
ción
de
agua
del
suelo
es
de
10
á
15
por
100:
por
otra
parte,
es
fácil
apreciar
qué
es
lo
que
pasa
al
volumen
de
aire
incluído
en
el
caso
en
que
la
tierra
contenga
una
cantidad
mayor
ó
menor
de
agua;
el
volumen
del
aire
y
el
del
agua
son
complementarios
para
un
espacio
intersticial
dado.
Á
fin
de
tener
una
idea
del
volumen
de
los
gases
contenidos
en
un
volumen
determinado
de
tierra,
tomemos
un
vaso
metálico
cúbico
cuya
arista
tendrá
una
longitud
de
1
decímetro,
por
ejemplo,
y
cuya
capacidad
será,
por
consiguiente,
de
1000
centímetros
cúbicos.
ongamos
este
vaso
en
el
platilio
de
una
balanza
y
tarémosle;
luego,
llenémosle
de
tierra
desmenuzada,
privada
de
los
guijarros
mayores.
Apretemos
ligeramente
esta
tierra
mediante
repetidas
sacudidas,
nivelemos
su
superficie
mediante
una
regla
y
llevemos
el
vaso
á
la
balanza.
El
peso
del
decímetro
cúbico
de
tierra
variará
con
la
natu-
raleza
de
esta
tierra
y
con
su
proporción
de
agua;
supongamos,
como
poco
más
ó:menos
ocurre
en
la
práctica,
que
el
peso
obtenido
sea
de
1,300
gramos.
El
volumen
de
nuestro
vaso,
esto
es,
1000
cen-
tímetros
cúbicos,
se
compondrá:
1.”
del
volumen
de
la
tierra;
2.2
del
volumen
del
agua
que
ésta
contiene;
3.2
del
volumen
del
aire
ence-
trado
entre
las
partículas
térreas.
Admitamos
que
una
determinación
e
la
humedad,
efectuada
en
una
muestra
de
tierra
idéntica
á
la
que
hemos
empleado
aquí,
indica
una
proporción
de
agua
de
10
por
100,
ó
sean
130
gramos
de
agua
en
la
cantidad
de
tierra
con-
tenida
en
el
vaso,
El
peso
de
la
tierra,
suponiéndola
seca,
se
redu-
Cirá,
pues,
á
1800
—180
=
1170
gramos.
El
volumen
verdadero
de
a
tierra
se
obtiene
dividiendo
1700
por
el
peso
específico
real
de
la
Vierra,
que
es,
por
término
medio,
2,6;
es
decir,
que
450
centíme-
tros
cúbicos
representan
el
volumen
de
la
tierra
sola.
Resulta,
pues,
que
el
volumen
de
nuestro
vaso
está
ocupado
por:
1000
centímetros
cúb.
(volumen
del
vaso)
=1300c
+-4500c
442000
(agua)
(tierra)
(gas)
d
Así,
en
este
ensayo,
la
tierra
aprisiona
42
por
100
de
su
volumen
EDS:
Apretando
más
la
tierra
disminuirían
los
espacios
inters-
iciales;
pero,
en
las
condiciones
naturales
de
apretadura,
el
volu-
JUL
AO
1
men
no
disminuye
mucho
más
de
—+
Este
volumen
€s,
por
lo
demás,
5
ps
volumen
normal,
y
el
trabajo
del
suelo,
esto
es,
Su
esponjamiento
On
los
instrumentos
de
cultivo,
permite
aumentarlo
muy
sensible-
190
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
mente.
Este
volumen
aumenta
á
menudo
por
sí
solo
por
el
hecho
as
que,
favoreciendo
la
aereación
los
fenómenos
de
oxidación,
la
más
-
ria
orgánica
se
quema
poco
á
poco
y
desaparece
dejando
nuevo
espacios
vacíos.
EN
Se
puede
evaluar
el
volumen
gaseoso
de
una
manera
más
racioná
valiéndose,
como
ha
recomendado
Dehérain,
de
un
marco
cúbico
de
palastro,
sin
fondo.
Se
hunde
este
cuadro
en
el
suelo
en
el
sit10
donde
quiere
determinarse
el
grado
de
aereación,
se
hace
pasal
en
seguida
la
hoja
de
una
laya
rasando
la
parte
inferior
del
marco
*
á
fin
de
separar
el
cubo
de
tierra
contenido
en
el
mismo.
Luego
Sé
pesa
el
conjunto
(el
peso
del
marco
ya
se
sabe
de
antemano)
Y
se
continúa
del
modo
dicho
antes.
Para
determinar
el
espacio
intersticial
de
los
suelos,
Garola
emplea
una
sonda
cilíndrica
de
5
centímetros
de
diámetro,
provista
de
una
graduación.
Se
introduce
esta
sonda
en
el
suelo
á
una
pro”
fundidad
determinada,
y
luego
se
saca
con
la
tierra
que
contient:
El
volumen
de
esta
tierra
es
igual
á
la
sección
del
cilindro
multipli-
cado
por
la
altura
correspondiente
á
la
que
se
hundió
la
sonda.
Si
$0
divide
el
peso
de
la
tierra
seca
por
este
volumen,
se
obtiene
el
pes0
de
la
unidad
de
volumen
de
la
tierra,
Es
fácil
deducir
de
esto
€
espacio
vacío
(1).
y
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
Ocupémonos
ahora
en
el
agua
que
circula
en
el
suelo:
Pero
antes,
á
fin
de
comprender
mejor
los
movimientos
este
flúido,
recordemos
muy
sumariamente
algunos
dato?
relativos
á
los
fenómenos
capilares.
Fenómenos
capilares.
Tensión
superficial.
—Sabido
ea
que
cuando
se
inmerge
en
un
líquido
capaz
de
mojarle
un
tubo
vidrio
de
pequeño
diámetro
interior,
se
efectúa
una
ascensión
4
líquido
en
este
tubo.
La
superficie
libre
del
mismo
toma
la
forma
pr
una
Curva
cóncava
por
encima
(menisco
cóncavo).
A
estos
fenómel
de
ascensión
de
los
líquidos
en
los
tubos
estrechos
se
da
el
nombre
:
:
ER
in
fenómenos
capilares.
Las
leyes
de
la
capilaridad,
ó
leyes
de
Juril
|
son
Cuatro:
:
tÍ-
(1)
Para
determinar
el
volumen
de
los
espacios
que
hay
entre
las
Perra
culas
de
tierra,
Flúgge
desaloja
el
aire
de
un
volumen
determinado
de
U
:
Su
n-
-
mediante
gas
carbónico
y
recoge
el
aire
desalojado
en
una
campana
que
C0
tiene
lejía
de
potasa.
—
€,
B,
4?
Ab
¿
es
ei
ta
la
A:
is
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
191
1*%
Para
un
mismo
líquido
y
para
una
misma
temperatura,
las
-
alturas
medias
en
los
diversos
tubos
capilares
están
en
razón
inversa
del
diámetro
de
los
tubos.
Se
llama
altura
media
la
altura
de
un
cilindro
del
mismo
volumen
que
la
columna
de
líquido
que
ha
ascendido,
2.*
Para
un
mismo
líquido
y
para
una
misma
temperatura,
las
alturas
medias
de
las
columnas
no
dependen
de
la
forma
del
tubo
capilar
encima
y
debajo
del
menisco,
ni
de
la
materia
de
las
paredes
del
tubo,
ni
de
su
espesor.
3.2
Á
una
misma
temperatura,
las
alturas
medias
de
las
colum-
has
en
un
mismo
tubo
capilar
varían
con
la
naturaleza
del
líquido.
4,2
Cuando
sube
la
temperatura,
las
alturas
medias
de
las
colum-
nas
en
un
mismo
tubo
capilar
disminuyen
hasta
anularse,
ocurriendo
esto
en
todos
los
líquidos.
Para
un
líquido
dado
y
una
temperatura
determinada,
la
tensión
superficial
tiene,
por
unidad
de
superficie,
una
fuerza
constante.
a
el
seno
de
un
líquido
en
reposo,
las
moléculas
situadas
en
el
medio
de
la
masa
de
este
líquido
sufren
de
parte
de
las
moléculas
que
as
rodean
una
atracción
que
es
igual
en
todos
los
sentidos:
de
donde
Yesulta
un
estado
de
equilibrio.
Pero
las
moléculas
que
se
encuentran
en
la
superficie
misma
del
líquido
sólo
son
atraídas
por
las
moléculas
subyacentes.
Así,
la
superficie
libre
de
este
líquido
está,
en
cierto
modo,
como
prensada
contra
el
líquido
subyacente,
y
puede
compa-
Tarse
esta
superficie
libre
á
una
membrana
elástica
muy
delgada,
por
ejemplo
una
membrana
de
caucho,
que
estuviese
aplicada
Con
cierta
erza
contra
el
líquido.
Se
da
el
nombre
de
tensión
superficial
á
-£sta
fuerza.
La
demostración
de
la
existencia
de
esta
fuerza
puede
hacerse
de
Muchas
maneras,
Así,
una
gota
de
aceite
toma
una
forma
esférica
en
Una
mezcla
de
alcohol
y
agua
de
la
misma
densidad.
En
estas
condi-
clones,
la
gota
de
aceite
está
substraída
á
la
acción
de
la
gravedad.
y
ld
esfera
es
el
sólido
cuya
superficie
es
menor
para
un
volumen
eterminado,
Del
mismo
modo,
una
gota
muy
pequeña
de
agua
toma
a
forma
esférica
cuando
se
encuentra
en
contacto
con
un
cuerpo
seco
Pulverulento,
como
la
arena.
La
cohesión
debida
á
la
tensión
super-
Cial
permite,
entre
otras
cosas,
explicar
por
qué
la
arena
mojada
es
“Capaz,
cuando
se
malaxa
con
la
mano,
de
tomar
cierta
forma
que
Pierde
inmediatamente
si
se
deseca.
Movimientos
del
agua
en
el
suelo;
—Estudiemos
por
de
pronto
el
agua
del
suelo
en
estado
estático.
Considerados
de
manera
más
general,
los
movimientos
del
agua
en
el
suelo
que
no
dependen
de
la
acción
de
la
gravedad,
són
determina:
dos
por
la
tensión
superficial.
Supongamos
un
suelo
primero
Saturado
de
agúa,
esto
es,
cuyos
espacios
vacíos
están
llenos
199
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
de
este
líquido.
Una
parte
de
esta
agua
se
escurrirá
por
la
3
acción
de
la
gravedad,
pero
cada
partícula
térrea
quedará
rodeada
de
una
delgada
película
líquida
cuya
tensión
Supe”
ficial
equilibrará
el
efecto
de
la
gravedad.
Se
sabe,
además;
con
qué
energía
un
cuerpo
sólido
cualquiera,
inmergido
en
€
agua,
retiene
cierta
cantidad
de
este
fhúido:
efectivamente,
YO
se
puede,
ni
mediante
repetidas
sacudidas,
quitar
toda
el
agué
que
se
adhiere
á
la
superficie
del
sólido.
Gracias
á
estos
efec”
tos
producidos
por
la
tensión
superficial,
el
agua
avanza
Ol
el
suelo
de
un
punto
húmedo
á
un
punto
seco,
hasta
que
la
tensión
de
la
película
situada
alrededor
de
las
partículas
sed
igual
en
todas
partes.
En
su
mayoría,
las
substancias
salinas:
solubles
en
el
agua
y
utilizadas
como
abonos,
aumentan
Y
tensión
superficial
de
este
fido.
Cuando
se
emplea
un
abono
salino,
la
tensión
superficial
aumenta
en
las
capas
de
agUt”
que
reciben
y
disuelven
este
abono:
y,
á
causa
del
aumento
,
de
esta
tensión,
el
agua
sube
del
subsuelo
á
las
capas
supero
res
que
por
esto
se
vuelven
más
húmedas.
Las
soluciones
4%
materias
orgánicas
(purin)
se
comportan
de
una
manert
Inversa,
porque
su
tensión
superficial
es
inferior
á
la
del
agu%
En
estas
consideraciones
corrientes
Hall
ha
insistido
partici
larmente.
180
La
tierra
puede
cargarse
de
agua
de
dos
maneras:
Los
Ñ
está
encima
de
una
capa
arcillosa
impermeable
sobre
la
cuna
se
extiende
una
capa
de
agua,
cierta
cantidad
de
este
Mquit”.
podrá
ascender
en
la
masa
de
tierra
en
virtud
de
los
fenóWe
nos
capilares,
según
vamos
á
ver;
2.2,
el
agua
puede
penetra
en
la
tierra
de
arriba
abajo
por
efecto
de
lluvias,
del
empleo
de
aguas
de
riego
y
del
rocío
y
las
neblinas.
5
Como
aplicación
directa
de
las
nociones
sumarias
de
co
a
laridad
que
acabamos
de
exponer,
examinemos
primero
A
ascensión
del
agua
en
el
suelo.
La
masa
del
suelo,
amontonat”
ó
tomada
en
su
estado
natural,
por
el
hecho
mismo
de
su:
co0?
t
titución
particular,
está
formada
por
una
infinidad
de
canal”
>
independientes
ó
anastomosados
entre
sí.
=
cio.
.
.
.
0S
Ascensión
capilar
en
el
suelo.—Es
evidente
que
ps
canales,
de
calibre
variable,
no
tienen
paredes
regulares
y
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
'
123.
siempre
son
verticales.
Su
diámetro
es
muy
desigual,
salvo
tal
vez
en
el
caso,
muy
raro,
de
una
extremada
homogenel-
|
dad
de
materia.
Tratándose
de
un
elemento
particular
del
|
-Suelo,
por
ejemplo
la
arena,
mediante
un
tamizado
cuidadoso
Sé
pueden
aislar
granos
de
tamaño
poco
más
ó
menos
jgual.
Í
Luego
se
buscará,
para
una
arena
de
determinada
dimensión,
|
d
qué
altura
se
eleva
el
agua
en
su
masa
cuando
se
introduce
en
ella
un
tubo
de
vidrio
lleno
de
la
misma
arena
y
tapado
en
Su
parte
inferior
por
un
trozo
de
tela.
Estudiemos
con
aten-
ción
los
fenómenos
que
se
observan
cuando
el
agua
sigue
así
Una
marcha
ascendente,
y
cuáles
son
las
particularidades
que
Se
observan
cuando
varía
el
grado
de
finura
de
los
granos.
Si
suponemos
que
una
tierra
en
el
sitio
donde
natural-
mente
se
halla
está
por
su
base
en
contacto
con
una
capa
de
Agua,
ésta
se
elevará
en
su
masa
á
una
altura
tanto
mayor
Cuanto
más
finos
sean
sus
elementos.
Pero,
si
esta
ascensión
€s
mayor
en
los
suelos
de
elementos
finos
que
en
los
que
están
formados
por
elementos
gruesos,
la
velocidad
con
que
el
agua
|
Sube
será
tanto
menor
cuanto
menores
sean
las
dimensiones
|
de
los
elementos.
Es
preciso,
en
efecto,
tener
en
cuenta
el
obstáculo
debido
al
roce
que
experimenta
el
agua
con
el
con-
tacto
de
las
partículas
sólidas
que
forman
los
canales
del
Suelo.
Este
roce
es
tanto
mayor
cuanto
más
finos
son
los
gra-
2OS
y,
por
consiguiente,
cuanto
más
estrechos
son
los
canales
Capilares.
El
agua
sube
tanto
más
aprisa,
siendo
iguales
las
emás
cireunstancias,
cuanto
más
elevada
es
su
temperatura,
Sea,
doble
aprisa
á
25"
que.á
0%
pero,
por
otra
parte,
la
Altura
á
que
llega
es
tanto
menor
cuanto
mayor
es
la
tempe-
tatura.
Las
soluciones
salinas
cuya
viscosidad
específica
es
Inferior
á
la
del
agua,
suben
en
el
suelo
más
aprisa
que
el
|
gua
pura,
6
inversamente.
Resulta
de
lo
que
antecede
que,
EN
los
suelos
trabajados,
esto
es,
aquellos
cuyos
espacios
“apilares
están
más
ó
menos
profundamente
destruidos,
la
SESIÓN
del
agua
es
siempre
menor
que
en
los
suelos
natu-
|
ales
ó
artificialmente
apretados.
:
En
la
práctica
no
debe
exagerarse
la
importancia
de
la
ascensión
Ea
j
e
agua
en
los
suelos,
Es
evidente
que
las
ventajas
que
se
pueden
Car,
desde
el
punto
de
vista
de
la
humedad
necesaria
á
las
raíces,
180
*
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
dad
sólo
aumenta
con
mucha
lentitud
á
medida
que
va
cre.
ciendo
la
proporción
de
arcilla.
En
las
condiciones
naturales,
se
concibe
que
la
velocidad
de
la
penetración
del
agua
sea
bastante
variable,
aun
cuando
no
se
examine
más
que
una
pequeña
extensión
de
terreno.
Porque,
en
wnos
sitios,
el
agua
no
hallará
más
que
espacioS
estrechos
y
su
paso
será
tanto
más
lento
cuanto
menor
sea
el
Í
diámetro
de
los
tubos
capilares;
en
otros
sitios,
se
deslizard
rápidamente
á
través
de
grietas
ó
rendijas
que
sólo
ofrecerá
á
su
paso
un
obstáculo
fácil
de
vencer.
De
suerte
que
la
dosi5
de
humedad
del
suelo
no
llega
á
ser
uniforme
más
que
al
cabo
de
un
tiempo
á
veces
bastante
largo.
La
presencia
de
ciertas
sales
aumenta
la
permeabili-
dad
del
suelo.—
La
presencia
de
sales
cálcicas
(cloruro,
nitrato:
sulfato,
superfosfato)
favorece
el
mullido
y
aumenta
la
permeabilk
S
dad
del
suelo.
La
sal
marina,
á
la
fuerte
proporción
de 10
por
100
aumenta
la
permeabilidad;
la
cantidad
de
esta
sal
necesaria
put
provocar
la
coagulación
de
la
arcilla
es
mucho
mayor
que
si
se
trata
de
los
cloruros
de
calcio
ó
de
potasio.
Si
las
proporciones
de
sal
marina
son
escasas,
hay
disminución
de
permeabilidad
(acción
dele
a3
sosa).
El
nitrato
sódico
en
pequeña
proporción
disminuye
la
permea”
bilidad;
no
produce
efecto
en
la
arcilla
suspendida
en
el
agua
desti-
lada,
aun
en
la
proporción
de
13
gramos
por
litro.
El
sulfato
Y
3
fosfato
sódicos
se
conducen
del
mismo
modo;
el
carbonato
sódico
20%.
posee
una
acción
más
marcada.
Las
sales
sódicas
son,
en
realidad,
agentes
de
descoagulación
de
la
arcilla;
en
cambio,
las
sales
potás
cas
correspondientes
aumentan
la
permeabilidad
del
suelo.
El
cloruro
y
el
sulfato
magnésicos,
así
como
el
sulfato
amónico,
cuya
nitrii
en
Ae
el
nitrato
cálcico;
se
comportan
como-
las
sales
potásic?
-(Garola
AS
$
Ñ
y
Infiltración
del
agua
bajo
presión.—
Si
se
dispone
una
cope
de
agua
de
variable
altura
sobre
una
columna
de
arena
cuyos
grano
son
de
dimensiones
variadas,
la
cantidad
de
agua
que
pasará
á
trav
de
la
arena
al
cabo
de
un
tiempo
dado
será
tanto
mayor,
part
mismo
tamaño
de
los
granos
y
una
misma
altura
de
agua,
cuanto
menor
sea
la
altura
de
la
columna
de
arena.
Cuanto
más
alta
%
a
ésta,
mayor
es
la
cantidad
de
agua
que
la
atraviesa
en
un
tiempo
terminado,
siendo
la
arena
de
granos
de
determinado
tamaño.
Cuan
p
UN
mayores
son
los
granos,
á
igualdad
de
altura
de
agua
y
de
arena
mayor
es
la
cantidad
de
agua
escurrida,
A
e
y
pt
az
Ñ
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
131
Movimientos
del
agua
del
suelo
en
contacto
Con
Substancias
salinas
solubles.—La
distribución
del
agua
en
el
suelo,
á
lo
menos
en
las
capas
más
superficiales,
es
senti
llamente
homogénea
si
se
supone
homogénea
la
estructura
de
estas
capas
superficiales.
Desde
el
punto
de
vista
práctico,
importa
especialmente
estudiar
estas
capas
porque
las
visitan
las
raíces
de
las
plantas,
ya
durante
todo:
el
período
de
su
vegetación
si
estas
raices
son
rastreras,
ya
sólo
en
el
primer
Periodo
de
su
evolución
si
son
penetrantes.
Además,
las
capas
Superficiales
de
tierra
reciben
los
abonos
directamente.
Cuando
Se
distribuye,
en
las
condiciones
ordinarias
del
cultivo,
una
Substancia
salina
sólida
pero
soluble
(nitrato
sódico,
sulfatos
amónico,
potásico,
ete.),
se
establece
una
repartición
especial
el
agua
por
el
hecho
de
la
presencia
de
la
sal
soluble
empleada.
Los
notables
fenómenos
que
entonces
ocurren,
y
Cuyo
interés
teórico
y
sobre
todo
práctico
es
considerable,
an
sido
muy
bien
puestos
de
manifiesto
por
Miintz
y
Gaude-
Chon
(
1908).
He
aquí
un
resumen
de
los
resultados
á
que
han
llegado
estos
autores.
Parece
á
primera
vista
que,
cuando
se
esparce
en
la
superficie
de
Ma
hectárea
una
dosis
ordinaria
de
200
á
300
kilogramos
de
uno
€
los
abonos
salinos
antes
citados,
la
cantidad
de
agua
que
contiene
Ormalmente
el
suelo
es
más
que
suficiente
para
disolver
de
un
modo
Completo
un
peso
de
materia
salina
tan
pequeño
respecto
al
del
agua
Otal
que
impregna
la
tierra.
Si,
en
efecto,
suponemos
una
proporción
e
humedad
del
3
por
100
solamente,
repartida
en
un
espesor
de
¡étra
de
30
centímetros
de-altura
en
la
superficie
de
una
hectárea,
de
Volumen
total
del
agua
contenida
ensesta
tierra
será
de
90
metros
'bicos,
Si
la
tierra
contiene
una
mayor
cantidad
de
agua
á
causa
€
la
lluvia,
la
proporción
de
agua
del
suelo
puede
llegar
á
quintu-
Plicar
y
á
decuplicar.
Pero,
si
bien
esta
cantidad
total
de
líquido
es
E
que
suficiente
para
disolver
el
peso
total
de
los
abonos
salinos,
$
Preciso
notar,
cuando
se
considera
el
suelo,
que
no
se
trata
propia-
Mente
del
agua
líquida,
sino
del
agua
que
recubre
cada
partícula
Errea
de
una
película
delgada.
De
manera
que,
á
menos
de
suponer
We
la
mezcla
dela
tierra
con
el
abono
salino
sea
completamente
Rcta;
y
que
éste
haya
sido
empleado
en
su
máximo
de
división,
sustancias
que
nunca
pueden
ocurrir
todas,
es
evidente,
4
pri011,
Ob
depósito
de
una
materia
salina
soluble
en
la
Dd
E
as
Y
romperá
el
equilibrio
de
la
primitiva
distribución
de
:
agr
Superficie
de
esta
tierra,
En
realidad,
cada
grano
de
sal—y
nO:
132
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
.
sE
. .
.
E
todos
los
granos
de
sal
tienen
las
mismas
dimensiones—al
A
suelo,
queda
rodeado
de
una
zona
térrea
de
un
diámetro
may
al
Ó
menor
no
tocada
por
esta
sal.
Tomemos
tierras
de
diversa
natul
SS
que
no
hayan
recibido
aguas
meteóricas
desde
algún
tiempo
ed
se
han
desecado
al
aire,
Como
hacen
observar.
los
citados
suis
este
estado
de
sequedad
relativa
corresponde
á
una
ÓN
humedad
que
puede
variar
de
1
42
por
100
en
los
suelos
1gerú”
:
:
ras;
y
de
15
á
20
por
100
en
las
tierras
fuertes
ó
en
las
tierras
humiferas
Incorporemos
á
estas
tierras
un
cristal
de
nitrato
sódico
Ó
AE
potásico.
Al
cabo
de
algunas
horas
ó
de
algunos
días,
aparel
188
mancha
húmeda
ex
el
sitio
del
depósito,
lo
que
se
reconoce
po
0
aparición
de
un
tinte
más
obscuro
y
por
una
sensación
especia
A
:
se
nota
al
tacto.
Esta
mancha
persiste,
se
agranda
poco
á
poco
y>
Fig.
3.
AA,
sitio
donde
ha
sido
depositada
la
sal;
BB,.
zona
mojada
por
la
soluci
CC,
tierra
intermedia
desecada.
a
Y]
debajo
del
grano
de
sal,
la
masa
húmeda
ha
tomado
una
fome.
aproximadamente
esférica.
>
4
.
.
h
¡a
de
He
aquí
un
ejemplo
de
la
distribución
del
agua
en
presenta
de
una
sal:
Una
tierra
silícea
con
3,2
por
100
de
agua,
puesta
6
14
ón
salina;
caja
cuadrada
de
30
centímetros
de
lado
y
15
de
profundida
A
¿
recibido
en
4
puntos
equidistantes
un
cristal
de
nitrato
s6ditón
de
pesa
5
decigramos.
Se
ha
cubierto
luego
la
caja
con
una
1ámiD
30.
vidrio.
Al
cabo
de
ocho
días,
el
diámetro
de
las
manchas
era
cabo
de
bastante
enda
su
aspecto
húmedo
C0
trasta
con
el
resto
de
1
tierra
que
presenta
E
caracteres
de
una
tiens
seca.
Una
muestra
de
U8
|
rra
tomada
en
el
seno
estas
manchas
es
mu
al
más
rica
en
agua
que
un
muestra
tomada
fuerd.
ellas:
en
este
último
salina
después.
E
dd
terior
de
la
tierra
SLU”
MN
á
40
milímetros,
la
proporción
de
humedad
era
de
5,3
por
100
ex
S.
tierra
de
las
manchas
y
de
2,6
por
100
en
la
tierra
fuera
de
ellas.
Cualquier
sal
soluble
se
comporta
de
la
misma
manera.
Resulta
de
este
experimento
que
la
substancia
salina
1
en
100%
tendencia
alguna
á
difundirse
y
que
la
falta
de
homogeneidad
94
10)
tiene
LO
:
cia
distribución
del
agua
en
el
suelo,
ocasionada
por
la
presen
la
sal,
tiende
á
persistir,
Una
consecuencia
práctica
se
derl
Ñ
,
.
de
escu”
hechos
anteriores.
Si
se
siembran
simientes
en
un
suelo
que
Preso.
.,
=íg
:
aca
7
las
zonas
alternadas
de
desecación
y
de
saturación
salina
E
¡lla
mos
de
describir,
puede
que
no
se
efectúe
la
germinación:
la
Ay
sem
A
bo
E
7
siti0:
4
El
agua:
3
Se
yu
neon
primero,
hacia
la
solu”
va
de
1008
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
133
que
se
halla
en
contacto
con
una
solución
relativamente
concentrada
de
úna
sal
cualquiera
no
germinará;
la
que
haya
caído
en
una
por-
-
Ción
de
tierra
desecada
tampoco
germinará,
porque
no
tendrá
á
su
disposición
suficiente
cantidad
de
agua.
É
Si
en
vez
de
tratarse
de
una
tierra
seca,
se
opera
en
una
tierra
que
contenga:
mayor
proporción
de
agua,
se
observan
los
hechos
Siguientes:
En
una
tierra
silícea
ligera,
con
17,5
por
100
de
agua,
Puesta
en
un
cristalizador
de
11
centímetros
de
diámetro,
se
intro-
ducen,
á
1
centímetro
de
profundidad,
2
gramos
de
nitrato
sódico
cerca
de
uno
de
los
bordes
del
cristalizador.
Al
cabo
de
tres
días,
se
toma
una
muestra
de
tierra
á
una
profundidad
de
2
centímetros,
debajo
del
punto
donde
se
puso
la
sal,
luego
otra
muestra
del
medio
el
cristalizador
á
25
milímetros
del
primer
punto,
después
otra
en
el
borde
opuesto
del
cristalizador
á
50
milímetros
del
primer
punto:
Se
comprueba
que
la
sal
no
ha
llegado
á
ninguno
de
los
dos
últimos
puntos
y
que
no
ha
habido
difusión
salina.
En
el
mismo
tipo
de
tierra
(con
16,5
por
100
de
humedad),
Y
mediante
un
experimento
fácil
de
imaginar,
no
se
observa,
al
cabo
de
tres
días,
ninguna
difusión
salina
en
sentido
vertical;
la
sal
que
está
comprendida
entre
dos
capas
de
tierra
no
avanza
hacia
Arriba
ni
hacia
abajo,
en
una
distancia
de
40
milímetros
del
punto
£n
que
fué
colocada.
Múintz
y
Gaudechon
enseñan,
además,
que
sl
AS
tierras
son
mojadas
por
el
agua
de
lluvia,
y
después
se
secan
más
Ss
Menos,
no
existe
ya
atracción
del
agua
hacia
el
punto
en
que
fué
Cpositada
la
sal;
pero
la
difusión
de
la
sal,
aun
en
estos
suelos
?
medos,
es
casi
nula
durante
mucho
tiempo
y
no
se
hace
apreciable
Más
que
después
de
muchas
semanas
y
aun
de
muchos
meses:
existen,
EoÓ
aun
en
estas
tierras,
unas
zonas
ricas
en
sal
y
otras
desprovis-
as
de
ella.
La
difusión
salina
sólo
ocurre
cuando,
por
una
fuerte
O
esión,
se
aproximan
las
partículas
térreas
destruyendo
la
dis-
Mtinuidad
que
existe
siempre
en
una
tierra
disgregada,
Si,
además,
ll
tierra
está
empapada
de
agua,
el
medio
se-vuelve
continuo,
la
ión
salina
se
efectúa,
pero
menos
rápidamente
que
en
el
seno
de
a
masa
líquida.
ést
La
caída
de
la
lluvia
no
acelera
mucho
la
difusión
de
las
sales:
“as
avanzan
simplemente
de
arriba
abajo.
En
resumen,
la
discontinuidad
de
la
tierra
de
labor,
con
CSpacios
vacíos
llenos
de
gas,
constituye
un
obstáculo
muy
Serio
para
la
repartición
uniforme
de
una
materia
soluble,
“in
en
el
caso
de
que
la
cantidad
de
agua
contenida
en
el
Suelo
considerado
ó
la
que
le
llevan
las
lluvias
ó
los
riegos
sea
!Comparablemente
mayor
que
la
cantidad
necesaria
para
la
isolución
de
la
materia
salina
de
que
se
trata.
Era
útil
señalar
aquí
una
nueva
prueba
de
la
falta
de
194.
'
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
:
:
pes
ed
ez.
homogeneidad
de
la
tierra
de
labor
para
hacer
ver,
una
S
más,
con
qué
dificultades
se
tropieza
al
estudiar
los
movimié
tos
del
agua
y
de
los
gases
que
circulan
en
el
suelo.
Afinidad
del
agua
para
ciertos
elementos
del
suelo:
e
—El
poder
especial
que
posee
la
tierra
de
retener
el
agua
Y.
aun
de
quitarla
á
ciertos
cuerpos,
aparece
muy
claramente
e
el
fenómeno
de
la
germinación.
Sabido
es
que
una
semilla
nO
Es
puede
germinar
más
que
cuando
ha
absorbido
cierta
cantida
mínima
de
agua.
Cuando
esta
semilla
se
encuentra
€n
É
estado
de
vida
adormecida,
contiene
una
dosis
de
agua
10%.
mal
que
varía
de
5
4
15
por
100.
Esta
dosis
sufre
fhuctuació”
nes,
en
más
Ó
en
menos,
según
el
estado
higrométrico
de
a
atmósfera
ambiente.
He
Supongamos
una
semilla
enterrada
en
un
suelo
aya
ds
proporción
de
agua
sufrirá
las
variaciones
naturales,
COM
A
ocurre
en
las
condiciones
ordinarias
del
cultivo,
ó
en
un
sa
E
en
donde
se
produzcan
á
voluntad
estos
cambios
en
el
grat.
de
hidratación.
¿Cómo
se
establecerá
la
lucha
por
el
ag
entre
el
suelo
y
la
“semilla?
Este
problema
ha
sido
reciente”
A
mente
estudiado
por
Mimtz
(1910).
En
razón
de
su
interés
á
,
.
7
.
.
Y
Si
práctico,
este
problema
requiere
algunas
aclaraciones.
0
:
E
2
Los
granos
de
trigo
con
que
ha
operado
el
autor
tenían
m0
humedad
primitiva
de'
14
por
100;
germinaban
cuando
O
absorbido
bastante
agua
para
que
la
proporción
de
este
líquido
¡dos
á
lo
menos
de
36
por
100.
A
la
temperatura
de
11,
e
de
en
agua,
estos
granos
absorbían,
en
veinticuatro
horas,
34
por
capo.
agua,
sin
contar
con
la
que
ya
contenían,
y
47,9
por
1002
na
de
cuarenta
y
ocho
horas.
Aquí,
no
existe
la
lucha
por
el
ag
e
porque
este
líquido
se
encuentra
libre.
:
09d
2
gramos
de
estos
granos
fueron
sembrados
en
2
kilogra
tos
tierra.
En
una
tierra
de
jardín
con
2,96
por
100
de
agua,
gras
granos
no
habían
absorbido,
al
cabo
de
ciento
noventa
y
405
h
9
ases
más
que
2,36
por
100
de
este
líquido,
cantidad
insuficiente
PU
De
e
gurar
la
germinación.
A
pesar
de
la
presencia
de
59
gram
ode
agua
en
la
totalidad
de
la
tierra,
los
granos
no
han
podido
ón.
>
rarse
de
los
45
centigramos
de
agua
necesarios
para
su
germiad
ke
Cuando
esta
misma
tierra
fué
llevada
á
13,59
por
100
de
ag
es
granos
absorbieron
29,39
por
100
en
cuarenta
y
una
hor”
2
,
ad
sado
límite
de
saturación
de
la
tierra
respecto
del
agua
había
sido
PAT
PAS
$
RELACIONES
ENTRE
EL
AGUA
Y
EL
SUELO
135
los
granos
han
podido
absorber
una
cantidad
de
agua
suficiente
para
su
germinación.
Como
la
afinidad
de
la
tierra
para
el
agua
reside
casi
en
tota-
lidad
en
la
arcilla
y
el
humus
que
contiene,
la
influencia
de
estos
factores
ha
sido
examinada
especialmente
por
Miintz.
Al
cabo
de
seis
días,
he
aquí
cuáles
fueron
las
pérdidas
ó
ganan-
cias
de
agua
de
los
granos
de
trigo
en
tierras
que
contenían
propor-
“iones
variables
de
arcilla:
L.
Arcilla
por
100
de
II.
Arcilla
por
100de
III.
Arcilla
por
100
de
tierra
=
2,35
tierra
=
561
tierra
=
13,22
E
a
A
_
A
la
Agua
Pérdidaóganan-
Agua
Pérdidaóganan-
Agua
Perdidaóganan-
POr
100
ciadeagua
por100
ciadeagua
porl00
ciade
agua
en
la
por
100
en
la
por
10u
en
la
por
10u
Viérra
de
granos
tierra
de
granos
tierra
de
granos
0
Bo
0
e
A
—
11,25
O
e
Ara
AA
640.5
18
707
270,90
7
1,93
1635
260.
+
o
a
A
e
200
TB
3116
2,50.
210
415
Estas
cifras
demuestran
que
la
germinación
se
ha
realizado
en
la
tierra
menos
rica
en
arcilla
cuando
ésta
contiene
sólo
2,50
por
100.
de
agua;
ha
sido
necesario
4,15
por
100
de
agua
para
llegar
al
Mismo
resultado
en
la
segunda
tierra,
y
7,7
por
100
de
agua
en
el
caso
de
la
tierra
más
arcillosa.
AS,
Los
resultados
que
se
obtienen
con
el
humus
son
todavía
más
Interesantes:
Tierra
muy
ligera.
.
Mantillo
de
jardinero
A
A
A
A
Agua
p.
100
Pérdida
ó
ganan-
Agua
p.
100
-
Pérdida
ó
ganab-
1
gn
ciadeagua
p.
100
en
cia
de
agua
p.
100
A
tierra
de
granos
la
tierra
de
granos
E
IR
0,89
—
4,50
0,52
19
87
E
4.71
OS
1,16
+
24,12
6,70
+
6,04
3,49
+3741
13,38
+
12,45
4,27
+
89,76
16,42
+
17,36
5
(dt
18,96
+
21,55
rn
—=
22,30
+
23,86
DE
A
26,98
+
26,63
ANS
—
31,10
>
+
28,51
0
sn
Sí,
cuando
una
tierra
muy
ligera
no
contiene
más
que
tid
por
100
de
agua,
el
grano
de
trigo
encuentra
en
ella
una
Can:
Acad
suficiente
de
este
líquido
para
germinar;
la
germinación
del
ee
no
está
asegurada
en
el
mantillo
más
que
cuando
su
propor-
1Ón
de
agua
llega
á
19
por
100.
PP
186
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
Miintz
ha
examinado
también
lo
que
ocurre
cuando,
después
Pe
:
haber
inmergido
el
grano
en
el
agua
para
permitirle
absorber
y
35
por
100
de
este
líquido
indispensables
para
su
germinación,
$
lleva
en
seguida
á
la
tierra,
¿En
qué
sentido
se
llegará
al
equilibrio:
¿Cederá
el
grano
agua
al
suelo
ó
se
efectuará
lo
contrario?
As
ae
Al
cabo
de
cuatro
días
de
contacto
de
los
granos
así
hidratado?
e
con
suelos
de
diversa
proporción
de
arcilla,
se
han
obtenido
10!
:
siguientes
resultados:
las
cifras
de
la
segunda
columna
de
C%
Fl
z
muestra
indican
el
agua
que
queda
en
el
grano
á
más
de
la
humeda
eS
natural
de
14
por
100:
ee
É
e
Al
1
:
1%.
A
A
A
an
IA
A
NS
a
+
Agua
Aguaquequeda
Agua
Aguaquequeda
Agua
Aguaquedl
en
100
en
100
en
100
s
Se
100
en
100
en
100
detierra
de
granos
detierra
de
granos
detierra
degranoS
o.
5,90
0
4,10
0
2,1
0,67
11,20
1,41
11:0
9,56
10,8
1:55
18,60
2,20:
*
13,20
3,20
11,9
Resulta,
pues,
que
la
tierra,
cuando
no
está
satisfecha
su
anio
dad
para
el
agua,
quita
este
líquido
al
grano
previamen
inmergido,
y
o
En
resumen,
la
semilla
no
puede
germinar
más
que
cuando
queda
agua
disponible
en
la
tierra
después
que
ésta,
segúl
,
naturaleza,
ha
satisfecho
primero
sus
afinidades
respecto
del
ag
Se
ve,
pues,
qué
interesantes
problemas
suscitan
estos
fenóme»
del
aprovisionamiento
del
agua
en
el
suelo,
de
su
circulación.
ra
atracción
por
las
partículas
sólidas,
cuando
se
trata
de
resol
.
la
cuestión
del
esparcimiento
de
los
abonos
ó
de
sembrar
las
semilieó
en
una
tierra
de
labor,
y
E
A
AN
5
SAS
AI
A
v
COLOIDES
DEL
SUELO
El
estudio
de
la
constitución
del
suelo,
tal
como
acaba”
;
mos
de
presentarla,
sería
incompleto
si
no
considerásom
7
las
diferentes
formas,
$
mejor
los
diferentes
estados
paa
en
que
pueden
presentarse
algunos
de
sus
componente
o
Hemos
llamado
ya
la
atención
respecto
de
que,
por
€
o
;
de
la
circulación
del
agua
y
del
gas
carbónico
entre
las
PO
ñ
tículas
térreas,
los
elementos
de
la
roca
experimentabal
A
descomposición
más
ó
menos
profunda.
Estos
fenómenos
4e
|
COLOIDES
DEL
SUELO
137
composición
conducen
á
la
producción
de
substancias,
algunas
de
las
cuales
se
disuelven
en
el
agua
y
forman,
por
consi-
guiente,
un
medio
homogéneo
con
este
liquido.
Pero
otras
substancias,
prócedentes
también
de
procesos
de
descompo-
sición,
no
entran
en
disolución
verdadera;
quedan
en
estado
de
Suspensión
muy
fina
en
el
agua
que
las
impregna
y
originan
falsas
soluciones,
de
las
cuales
la
arcilla,
que
hemos
llamado
coloidal,
antes
estudiada
(pág.
106),
representa
wo
de
los
tipos
más
comunes
y
más
perfectos.
Se
llaman
á
menudo
micelas
(de
mica,
migaja)
las
partículas
de
substancia
que
quedan
así
en
suspensión
en
el
seno
de
un
líquido,
á
pesar
de
la
acción
de
la
gravedad.
La
arcilla
no
es
la
única
mate-
Pla.
que
se
halla
en
el
suelo
que
sea
capaz,
en
las
condiciones
ya
explicadas,
de
dividirse
en
el
seno
del
agua
sin
disolverse
en
ella
y
de
afectar
una
forma
micelar.
El
suelo
contiene
idrato
férrico,
hidrato
de
aluminio,
sílice,
humus
coloide,
así
como
diversos
silicatos
que,
por
la
acción
de
los
electro-
litos
(sales
disueltas),
pueden
perder
momentáneamente
este
estado
de
suspensión
y
precipitarse
en
forma
de
copos
sin
Ungnúna
estructura
geométrica.
Cuando
el
estado
de
suspen-
SIÓn
cesa,
se
dice
que
hay
coagulación.
Recordamos
que
la
Materia
en
suspensión
recibe
el
nombre
de
sol;
se
dice,
por
Cjemplo,
un
hídrosol
de
ácido
silícico;
se
llama
yel
la
mate-
'la
coagulada:
hidrogel
de
ácido
silícico.
Inversamente,
Cuando,
por
tal
ó
cual
influencia,
el
electrolito,
causa
de
la
p
'ecipitación,
desaparece,
la
materia
cuya
precipitación
abía
ocasionado
podrá
ponerse
en
suspensión
ó
en
sendo-
Solución
en
el
agua.
a
El
ejemplo
de
la
arcilla
es
característico
en
este
concepto.
In
embargo,
no
debe
olvidarse
que
la
coagulación
arrastra
Siempre
indicios
del
electrolito
que
ha
producido
este
fenó-
Meno.
Estos
indicios
no
pueden
ser
quitados
al
coágulo
más
que
mediante
prolongadas
lociones;
pero
pueden
ser
desalo-
Jados
mediante
lavados
con
agua
que
contenga
otros
elec-
brolitos.
>
A
Los
coloides
retienen
siempre
una
gran
cantidad
de
agua
,
Su
estado
especial
de
suspensión
no
subsiste
más
que
Y
causa
de
la
existencia
de
este
exceso
de
líquido
que
rodea
ú
CONSTITUCIÓN
FÍSICA
DE
LOS
SUELOS
las
micelas.
Algunos
de
ellos
pueden,
en
efecto,
coagl:
larse.
espontáneamente.
(Graham
demostró,
hace
mucho
mi
tiempo,
que
una
seudosolución,
por
ejemplo
de
sílice,
tien6
una
relativa
estabilidad
cuando
su
concentración
no
pasa
de
142
por
100;
si
la
concentración
es
mayor,
puede
ocur
una
coagulación
espontánea
al
cabo
de
algunas
horas
Ó
de
algunos
días.
|
OS
Cuando
la
coagulación
es
completa,
muchos
coloides,
la
A
sílice
en
particular,
pueden
volver
al:
estado
de
suspensión
—micelar
si
se
les
añade
una
cantidad
de
agua
suficiente.
Pero
esta
operación
no
da
resultado
más
que
si
no
se
deja
past!
Es
mucho
tiempo
después
de
terminada
la
coagulación,
de
otro
modo
el
coágulo
queda
definitivamente
insoluble.
En
efecto,
E
el
mueyo
estado
molecular
que
afecta
se
modifica
entonces
CN
*
tal
manera,
que
la
reversibilidad
del
fenómeno
ya
10
SN
posible.
:
:
Eo
Así,
la
sílice
es
capaz
de
existir
en
forma
micelar
en
An
pensión
en
el
agua,
y
esta
seudosolución
es
apenas
turbit
esta
misma
sílice,
en
el
momento
de
su
coagulación
esponti”
E
nea,
ocupa
aún
un
volumen
considerable,
y
el
líquido
en
A
se
coagula
pierde
mucho
de
su
transparencia;
por
último;
a
cabo
de
algunos
días
de
reposo,
esta
sílice
se
va
rewnien
de
po
Y
e
s
A
a
A
e
di
poco
4
poco,
como
una
esponja
empapada
de
agua
cuando
sa
pS
-
la
exprime,
y
se
separa
del
líquido
en
el
seno
del
cual
WM
se
hallaba
suspendida.
Todas
estas
variaciones
representa
la
e
Le
y
diferentes
estados
de
la
molécula
SiO?,
en
grados
de
condenst?
ción
cada
vez
más
avanzados:
pero,
como
se
admite
hoy
gon
ralmente,
no
se
encuentran
en
nineuno
de
ellos
combinacioné
definidas
entre
el
agua
y
el
cuerpo
sólido.
Dicho
en
otros
19
minos,
no
existen
hidratos
silícicos.
La
sílice
eristalizadds
cuarzo,
puede
ser
considerado
como
la
molécula
elemental
s
|
la
que
derivan
por
polimerización
las
otras
formas
incapit?
de
cristalizar.
E
Estudiaremos
más
tarde,
á
propósito
del
poder
absorbente
de
De
suelos,
la
singular
propiedad
que
tienen
los
coloides
de
Com
ota
con
gran
número
de
substancias
salinas
indispensables
á
los
a
ps
les,
Estas
combinaciones,
llamadas
por
van
Bemmelen
combinó
nes
de
absorción,
no
parece
que
se
formen,
por
lo
general,
el
;
E
COLOIDES
DEL
SUELO
AB
Porciones
definidas.
El
hecho
de
que
una
substancia
en
seudosolu-
ción,
y
que
se
precipita
en
contacto
Con
los
electrolitos,
retenga
Siempre,
según
hemos
dicho
antes,
cierta
cantidad
de
estos
electro-
litos,
permite
también
explicar
por
qué
el
coloide
que
se
coagula
puede
aprisionar
muchas
sales
útiles
á
los
vegetales.
Estos
coloides,
por
ejemplo
la
sílice,
son
capaces
de
descomponer
los
carbonatos
Ó
os
fosfatos
y
de
retener
una
parte
de
la
base
de
estas,
sales,
deter-
-
Minando
la
formación
de
bicarbonatos
ó
de
fosfatos
ácidos.
Graham
la
hecho
ver
que
los
silicatos
así
formados
se
disociaban
por
efecto
de
la
diálisis
con
separación
del
ácido
y
de
la
base.
Dada
la
varle-
dad
de
los
fenómenos
químicos
que
se
efectúan
en
el
suelo,
y
cuya
naturaleza
cambia
en
cada
momento
á
consecuencia
de
los
móvimién-
tos
del
agua
y
del
ácido
carbónico,
es
fácil
concebir
que
ciertos
com-
Ponentes
de
la
tierra,
tanto
minerales
como
orgánicos,
toman
el
Pstado
coloidal
y
en
seguida-lo
pierden
á
causa
de
la
presencia
de
los
tlectrolitos
coagulantes.
:
sta
coagulación
tiene
por
resultado
producir
sobre
los
cascajos
Puramente
silíceos
una
especie
de
revestimiento
arcillosó
y
húmico
que
se
puede
hacer
desaparecer
por
un
tratamiento,
primero
con
una
Solución
de
ácido
oxálico
y
después
con
amoníaco,
como
ha
demos-
tado
J.
Dumont,
Fenómenos
de
adherencia.—Á
propósito
de
esta
adhe-
Féncia
particular
de
ciertas
materias
minerales
y
orgánicas
4
0S
granos
de
arena,
es
conveniente
citar
los
siguientes
hechos,
-Observados
por
Sehlesing.
Se
pueden
destruir
Jos
efectos
de
95
cementos
arcillosos
y
húmicos
con
un
lavado
con
ácido
Mibrico
muy
diluído
hasta
eliminación
de
las
sales
cálcicas
que
Cterminan
la
coagulación
de
la
arcilla
coloide.
Los
humatos
Entonces
se
descomponen
y
el
ácido
húmico,
puesto
en
liber-
ad,
se
disuelve
fácilmente
en
un
líquido
algo
amoniacal.
Una
Solución
nítrica,
cuya
riqueza
es
inferior
á
*/1000,
10
quita
más
Ue
indicios
de
hierro
y
no
toma
más
que
la
parte
del
ácido
Ostórico
que
está
en
combinación
con
la
cal
y
la
magnesia.
espués
de
este
tratamiento,
los
diversos
elementos
del
suelo
Se
hallan
libres
y
pueden
ser
clasificados
por
levigación
en
“ierto
número
de
grupos
de
tamaño
decreciente.
e
tomarán,
por
ejemplo,
50.
gramos
de
tierra,
pasada
POr
un
tamiz
de
1
milímetro,
que
se
someterán
á
las.
Opera-
“lones
descritas
antes
y
después
se
desleirán
en
dos
litros
de
gua
destilada.
Se
decanta
al
cabo
de
18
segundos,
después
*
haber
agitado
el
líquido;
se
decanta
nuevamente
al
cabo
de
PROPIEDADES
FÍSICAS
DE
LOS
SUELOS
consideradas
como
una
serie
de
aplicaciones
prácticas
de
las
leyes
que
rigen
la
circulación
del
agua
yde
los
gases
el
el
suelo.
Schiibler
fué
el
primero
en
definir
de
un
modo
preciso
que
debe
entenderse
con
esta
expresión
de
propiedades
físicas
(1830);
pero
este
autor
las
estudió
mediante
procedimientos
4
menudo
imperfectos
y
las
consecuencias
que
dedujo
de
Sus
experimentos
han
sido
reconocidas
alguna
vez
como
inexactas-
Numerosos
experimentadores,
después
de
Schibler,
han
dedi-
cado
sus
esfuerzos
al
examen
de
estas
propiedades.
Recorda-
remos
principalmente,
por
haber
contribuído
mucho
al
estudio
de
la
física
de
los
suelos,
los
nombres
de
Wollny,
Haberlandt,
A.
Meyer,
Ramamn,
Hilgard,
Hall
y,
más
recientemente,
E.
A.
Mitscherlich,
ete.
Desde
hace
muchos
años,
toda
uni
falange
de
agrónomos
americanos
considera
como
su
misión
profundizar
los
problemas
relativos
á
las
propiedades,
á
la
constitución
física
y
al
análisis
mecánico
de
los
suelos.
Pero»
por
encima
de
los
nombres
que
acabamos
de
citar,
justo
8
colocar
el
de
Schlesing.
Debemos,
en
efecto,
á
este
sabl0.
agrónomo
las
primeras
nociones
verdaderamente
exactas
(3
sobre
las
relaciones
recíprocas
de
la
tierra
con
el
agua,
nodo
nes
de
las
cuales
citaremos
buena
parte.
Tienen
el
mérito
haber
sido
presentadas
por
su
autor
con
una
gran
sencillez
unida
á
una
gran
precisión;
su
interés
teórico
y
práctico
le
de
primer
orden.
Las
propiedades
físicas
de
los
suelos
deben
ser
estudiadas
primero
en
sí
mismas,
esto
es,
independientemente
de.
SA
circunstancias
del
medio
en
que
se
encuentran
las
tierras:
así
es
como
las
estudiaremos
aquí.
Pero,
veremos
más
adelanté
ORG
a
3
.
”f
1
S
que
estas
propiedades
sufren
en
sus
atributos
modificacion
bastante
profundas
que
provienen
de
que
el
medio
en
qué
9
encuentra
una
tierra
reacciona
sobre
ella
de
un
modo
Co.
tinuo.
Así
es
que,
el
espesor
de
la
capa
de
la
tierra
de
labo”
el
subsuelo
sobre
que
descansa
esta
capa,
la
cantidad
de
aguó
de
lluvia
que
almacena,
el
clima
en
que
se
halla,
su
situaci
respecto
de
los
cuatro
puntos
cardinales,
son
otros
tanto
factores
capaces
de
modificar
la
naturaleza
de
las
propiedad
físicas
de
los
suelos.
E
Mir
;
E
16
]
E
+
Ao
PESO
ESPECÍFICO
DE
LA
TIERRA
DE
LABOR
I
PESO
ESPECÍFICO
DE
LA
TIERRA
DE
LABOR
Es
preciso
distinguir
dos
cosas
en
esta
cuestión
del
peso
específico
de
la
tierra
de
labor
respecto
del
agua:
el
peso
espe-
-Cífico
real
y
el
peso
específico
aparente.
El
primero
se
obtiene
mediante
mediciones
físicas
rigurosas,
como
cuando
se
trata
de
uma
determinación
análoga
en
un
cuerpo
bien
definido
(procedimiento
del
frasco,
por
ejemplo).
Se
encuentran
enton-
Ces,
para
algunos
elementos
de
rocas.
muy
comunes
y
para
diversos
tipos
de
tierras,
las
siguientes
cifras:
Feldespatos,
95
4
2,8
|
Arcilla
en
bruto
.
2,44
42,59
Micas
.-
:
98
4
3,2
|
Humus
y
turba.
.
1,2341,51
Cuarzo...
..254
258
|
Tierra
arenosa
ri-
>
Espato
de
Islandia.
26
á
9,8
ca
en
humus.
.
-
2,45
olomía,
98
4
3,0
|
Tierra
arcillosa.
9,62
Yoso,
199
4
24
|
Tierra
de
labor
de
-
Arena
Cuarzosa
92,644
92,74
buena
calidad
rena
calcárea.
.
2,47á2,81
(media)...
2,60
aolín
9,36
4
2,50
Entre
los
elementos
normales
del
suelo,
la
arena
Cuarzosa
65
el
que
tiene
el
peso
específico
más
elevado;
éste:
disminuye
-
Cuando,
en
las
condiciones
ordinarias,
esta
arena
está
mez-
-Plada
con
proporciones
variables
de
arcilla
y
humus.
Un
suelo
Plramente
humifero
tendrá
un
pequeño
peso
especifico.
Pero
-
£sta
constante
física,
tomada
así
en
sentido
absoluto,
no
tiene
Más
que
un
valor
muy
secundario.
Sólo
permite
conocer,
Como
emos
indicado
antes,
el
volumen
de
aire
que
contiene
un
Volumen
determinado
de
tierra
de
labor
(pág.
119).
General:
Mente
se
admite
la
cifra
de
2,65
como
representante
del
peso
SSpecífico
medio
de
las
tierras
de
labor.
/
El
único
dato
interesante
desde
el
punto
de
vista
práctico
es
el
peso
específico
aparente,
6
dicho
en
Otros
términos,
el
Peso
de
un
cierto
volumen
de
tierra
tomado
en
las
condiciones
Abituales,
conteniendo
en
sus
intersticios
una
cantidad
varia-
2
de
agua
y
de
vas
de
la
atmósfera.
Este
peso
especifico
“Parente
es
muy
variable.
Se
admite
que
el
peso
de
un
metro.
Cúbico
de
tierra
de
labor,
definido
como
se
ha
dicho,
es
de
148
PROPIEDADES
FÍSICAS
DE
LOS
SUELOS
unos
1200
kilogramos.
Pero,
el
grado
de
humedad
de
la
tierra,
la
compresión
más
ó
menos
enérgica
á
que
se
somete,
Como
también
el
cultivo,
pueden
afectar
de
una
manera
muy
nota-
ble
la
cifra
que
acabamos
de
admitir.
Y
Si
se
trata
de
una
tierra
que
contenga
muchos
guijarros
voluminosos,
el
peso
especifico
aparente
subirá
en
razón
de
tamaño
de
estos
guijarros.
Inversamente,
baja
mucho
Sl
la
tierra
es
rica
en
elementos
orgánicos
(humus).
Hemos
visto
(pág.
119)
cómo
se
puede
evaluar
con
bas-
tante
exactitud
el
peso
de
un
decímetro
cúbico
de
tierrá
tomada
del
suelo
y
en
las
condiciones
variables
que
se
pueden
imaginar.
El
peso
específico
aparente
aumenta,
en
general,
con
la
profundidad
á
que
se
toma
la
muestra.
TI
IMBIBICIÓN
DE
LAS
TIERRAS
POR
EL
AGUA
Volvamos
aquí,
en
cierto
modo
desde
el
punto
de
Dista
práctico,
á
la
cuestión
de
la
relación
del
suelo
con
el
agU
que
hemos
considerado
antes
(pág.
119)
en
concepto
teórico-.
1.”
Penetración
del
agua
de
arriba
abajo.—La
pu
tración
del
agua
de
lluvia
ó
del
agua
de
riego
no
se
efechil
de
la
misma
manera
en
los
diversos
suelos.
Sabemos
que
la
rapidez
de
esta
penetración,
asi
como
la
cantidad
de
agUé
retenida
por
la
tierra,
varían
con
diversos
factores
de
10
cuales
el
más
importante
es
el
grado
de
finura
de
los
canal
capilares
y,
por
consiguiente,
el
tamaño
de
los
granos
que
2
¡
.
Pis
determina.
Pero,
por
homogénea
que
sea
una
tierra
de
labor,
nunca
tiene,
como
veremos
mejor
algo
más
adelante,
WY
3
estructura
taxi
uniforme
que
el
tamaño
de
sus
granos
y
eL
4%
metro
de
sus
canales
capilares
deban
considerarse
idénticos:
Así
es
que
sólo
de
un
modo
bastante
grosero
se
puede
forms
concepto
de
la
marcha
del
agua
en
el
suelo;
cada
suelo
on
respecto
de
este
punto
una
suerte
de
coeficiente
propio.
,:
minemos
primero
los
componentes
de
la
tierra
solos
Y
hag
mos
los
siguientes
experimentos:
o
IMBIBICIÓN
DE
LAS
TIERRAS
POR
EL
AGUA
149
-
En
una
serie
de
tubos
algo
anchos,
de
2
á
3
centímetros
de
diámetro,
cerrados
en
su
parte
inferior
con
un
trozo
de
tela
fuerte-
mente
sujeto
á
sus
bordes,
pongamos
100
gramos
de
arena
fina
seca
pasada
por
un
tamiz
de
mallas
de
1
milímetro,
100
gramos
de
creta
pulverizada
seca,
100
gramos
de
caolín
y
100
gramos
de
humus
(1).
En
cada
uno
de
estos
cuatro
tubos,
suspendidos
encima
de
vasos
de
vidrio
que
permitan
recoger
el
líquido
que
escurrirá,
vertamos
00
gramos
de
agua.
Observaremos
que
el
agua
desaparece
muy
rápidamente
en
el
humus,
menos
aprisa
en
la
arena,
con
más
lenti-
tud
en
la
creta
y
muy
lentamente
en
la
arcilla.
Examinemos
ahora
cuáles
son
las
cantidades
de
agua
que,
después
de
haber
atravesado
con
una
velocidad
muy
variable
los
diversos
elementos,
han
escurrido
en
los
vasos
subyacentes.
El
vaso
que
corresponde
á
la
arena
es
el
que
contiene
mayor
cantidad
de
líquido,
y
contendrá
tanto
más
cuanto
mayores
sean
los
granos
de
la
arena;
el
que
corresponde
á
la
Creta
contiene
menos,
pero
contiene
más
que
el
vaso
correspondiente
á
la
arcilla,
En
cuanto
al
tubo
que
contiene
el
humus,
no
deja
escurrir
agua,
Se
deduce
de
este
ensayo,
que
los
elementos
constl-
tuyentes
del
suelo,
desde
el
punto
de
vista
de
la
penetración
del
agua
de
arriba
abajo,
pueden
sér
definidos
así:
el
humus
absorbe
muy
rápidamente
el
agua
y
conserva
una
gran
cantitad;
con
la
arena,
la
absorción
es
aún
bastante
rápida,
pero
este
elemento
retiene
poca
agua;
la
creta
se
imbibe
lentamente
y
retiene
mucho
líquido;
en
cuanto
á
la
arcilla,
se
deja
penetrar
todavía
más
lenta-
mente
por
el
agua,
de
la
cual
conserva
grandes
cantidades.
El
cal-
Cáreo,
y
sobre
todo
la
arcilla,
presentan
canales
capilares
mucho
más
finos
que
los
de
la
arena
empleada;
el
roce
del
agua
es,
pues,
considerable:
de
donde
la
Jentitud
con
que
penetra
este
líquido.
Si
la
cantidad
de
agua
que
escurre,
al
cabo
de
un
tiempo
á
veces
muy
largo,
es
pequeña,
se
debe
esto
á
la
exigiiidad
de
los
canales,
que
retienen
tanto
más
líquido
cuanto
más
finos
son
y,
por
consiguiente,
MáS
numerosos.
;
Es
necesario
hacer
aquí
una
observación
que
nos
sugieren
los
hechos
que
hemos
estudiado
antes.
Cuando
se
vierte
agua
sobre
una
arena
muy
Zeca,
esta
agua
no
penetra
inmediatamente;
pero,
cuando
la
arena
ha
sido
llevada
primero
á
cierto
grado
de
humedad,
se
deja
atravesar
mucho
más
rápidamente
por
el
líquido.
En
lo
que
concierne
al
humus,
es
indispensable
hacer
notar
que.
-
Cuando
este
elemento
es
seco,
parece
que
el
agua
no
le
moja.
líquido
resbala
en
cierto
modo
sobre
su
superficie.
Se
debe
esto
á
que
as
partículas
húmicas
están
recubicrtas,
generalmente
en
pequeña
()
Se
obtiene
éste
fácilmente
tomando
algunos
centenares
de
gramos
mantillo
de
jardinero
y
poniéndolos
en
un
barreño;
se
añade
per
y
malaxa
la
masa
de
manera
que
se
separen
los
elementos
minerales
pesados
e
Contiene.
La
mayor
parte
de
la
materia
mineral
sobrenada;
se
Tecoge
y,
£spués
de
haberla
dividido
bien,
se
deja
desecar
aj
aire,
hasta
que
no
se
da
á
los
dedos
cuando
se
coge
un
puñado.
Se
introduce
en
el
tubo
procu
ndo
que
quede
en
él
ligeramente
apretada.
150
e
PROPIEDADES
FÍSICAS
DE
LOS
SUELOS
A
¡ón
-
cantidad,
de
materias
resinosas
que
las
protegen
a
mp
del
agua.
Además,
la
tensión
superficial
del
agua
se
opon
Ao
AO
por
este
medio
muy
seco:
es
preciso,
á
veces,
esperal
Do
Es
antes
de
que
el
agua
penetre
en
la
masa
de
humus.
Por
es
e
eEAN
se
quiere
hacer
el
experimento
antes
descrito,
es
necesa!
Ed
de
agui
cuidadosamente
primero
el
humus
seco
con
cierta
cantida(
Lo:
que
deberá
ser
tenida
en
cuenta
en
un
experimento
cuantitativo.
El
anterior
experimento,
realizado
con
los
cuatro
compo
nentes
de
la
tierra
de
labor,
no
puede
aplicarse
con
aa
á
la
práctica,
porque
los
suelos
exclusivamente
calcáreos,
arenosos,
arcillosos
6
humiferos
son
muy
raros.
¿NN
Sin
embargo,
podemos
enunciar
algunas
propoON
generales,
como
las
que
siguen.
Un
suelo
en
que
a
>
arcilla
es
poco
permeable
para
el
agua,
pero,
en
cam
dé
retiene
bien
este
liquido.
Un
suelo
pobre,
formado
sobre
to
,
por
elementos
arenosos,
absorbe
fácilmente
el
agua,
pero
se
conserva
de
ella
más
que
pequeña
cantidad.
Finalmente,
€
A
145
un
suelo
muy
seco,
la
penetración
del
agua
es
tanto
H
difícil
cuanto
más
abunda
el
humus:
y
y
:
.
.
42
k
11-
2.”
Penetración
del
agua
de
abajo
arriba.
—
Exa
nemos
ahora
el
movimiento
inverso.
Para
ello
tomemos
tubos
análogos
á
los
que
acaban
de
servira
para
la
demostración
de
la
facultad
de
imbibición,
y
llenémosie
pt:
los
mismos
elementos
que
antes,
prescindiendo
ciertamente
del
duz-
con
humus,
que
no
daría
resultado
alguno
en
este
caso.
td
camos
sólo
una
pequeña
modificación
consistente
en
mezclar,
reilla
de
ponerlas
en
los
respectivos
tubos,
la
arena,
la
creta
y
la
e
de.
con
una
trigésima
parte
de
su
peso
aproximadamente
de
sulfa
ntre
cobre
anhidro
(esta
sal
es
blanca).
En
seguida
hagamos
que
ea
"la
parte
inferior
de
estos
tres
tubos
en
un
cristalizador
que
EE
e
Una
capa
delgada
de
agua.
No
tardaremos
en
ver
que
el
líquido,
qu
rápidamente
en
la
arena
y
lo
reconoceremos
por
el
color
azu
:
idro
se
toma
la
columna
de
arena,
porque
el
sulfato
de
cobre
anhid
vuelve
azul
en
contacto
nes
adquiridas
en
el
ca
ascensión
del
agua
será
t
des
sean
los
granos
de
é
cuanto
más
finos
sean
|
reconocida
por
el
az
la
arena;
sin
embargo
Esto
es
debido
ue
pítulo
precedente,
hemos
de
pensar
q
ran:
auto
más
rápida
en
la
arena
cuanto
más
8
,
reta,
Os
granos.
La
ascensión
del
agua
en
la
a:
>ñ
ulado
de
su
masa,
es
mucho
más
lenta
qUé
y
izada
á
que
los
canales
capilares
de
la
creta
pulverizada,
A
A
ocio".
con
el
agua.
Teniendo
en
cuenta
las
Y
Z
ya
da
ye
sta;
tanto
más
lenta,
pero
tanto
más
ele
4 ;
e
cilla.
,
€s
más
rápida
que
la
ascensión
en
la
ar
MN
TO
AE
IMBIBICIÓN
DE
LAS
TIERRAS
POR
EL
AGUA
151
sobre
todo
los
de
la
arcilla,
son
infinitamente
más
estrechos
que
los
e
la
arena
que
pasa
por
el
tamiz
de
1
milímetro.
Pero,
al
cabo
de
un
tiempo
bastante
largo,
la
altura
á
que*
llegará
el
líquido
será
mucho
más
considerable
que
en
la
arena.
Sin
embargo,
no
se
repe-
tirá
demasiado
que
el
roce
del
agua
con
las
paredes
de
tubos
muy
estrechos
puede
ser
tal
que
el
líquido
no
pueda
elevarse
por
encima
le
cierto
nivel,
Se
deduce
de
esto
que,
desde
el
punto
de
vista
prác-
tico,
una
tierra
arenosa
que
reposa
sobre
un
subsuelo
impermeable
en
la
superficie
del
cual
se
extiende
una
capa
de
agua,
dejará
pasar
bastante
fácilmente
el
líquido
á
su
través;
por
el
contrario,
una
capa
Ye
arcilla
debajo
de
la
cual
se
hayan
infiltrado
las
aguas
formará
un
obstáculo
casi
infranqueable
á
la
ascención
del
agua
á
una
tierra
Situada
encima
de
esta
arcilla,
Medida
de
la
capacidad
de
imbibición.—El
lado
teó-
rico
de
esta
cuestión
ha
sido
expuesto
ya
en
la
pág.
124
del
Capítulo
anterior,
donde
hemos
estudiado
las
capacidades
Máxima
y
mínima
de
la
tierra
respecto
del
agua.
Examine-
mos
ahora
cómo
conviene
operar
para
medir
la
cantidad
de
agua
de
que
puede
cargarse
una
tierra
normalmente.
Entre
una
tierra
exclusivamente
arenosa
que
retendría,
en
general,
poca
agua,
y
una
tierra
exclusivamente
arcillosa
que
Gjaría
mucha,
hay
muchos
grados
intermedios.
Es
necesario
Conocer,
para
satisfacer
las
exigencias
del
cultivo,
cuál
es
Aproximadamente
la
proporción
de
agua
que
puede
retener
ta
tierra
cuando
ha
sido
regada
de
una
ú
otra
manera,
dejando
escurrir
el
exceso
del
líquido
que
la
impregnaba.
fué
La
medida
del
poder
absorbente
de
un
suelo
respecto
del
agua
SS
efectuada
por
primera
vez
por
Schiibler
de
la
siguiente
manera:
ca
en
un
embudo
provisto
de
un
filtro
de
papel
mojado,
escu-
0
y
pesado
luego,
un
peso
conocido
de
tierra,
se
vierte
encima
A
y
se
espera
que
el
líquido
excedente
haya
escurrido
completa-
¿Ate
por
el
pico
del
embudo.
En
seguida
se
pesa
el
filtro
y
la
tierra
dede
eda.
El
peso
de
esta
tierra
húmeda,
comparado
cOn
A
de
JS
Se
a
seca
inicial,
indica
la
proporción
de
agua
que
la
tierra
ha
co
tvado,
Empleado
en
muestras
muy
variadas,
este
método
da
cifras
cmasiado
altas:
100
gramos
de
tierra
de
labor
ordinaria
retendrían
asi
de
60
4
80
gramos
de
agua.
Este
experimento
suministra
sola-
Mente
la
capacidad
máxima
de
una
tierra
respecto
del
agua...
de
e
aquí
cómo
demostró
Serlesing
la
incorrección
de
esta
manera
r
Operar,
Se
toma
un
tubo
de
vidrio
de
3
4
4
centímetros
de
diáme-
poca
de
40
centímetros
de
longitud
que
se
tapa
por
o
remos
mediante
ún
trozo
de
tela
fijado
sólidamente
en
sus
00!
es.
159
.
PROPIEDADES
FÍSICAS
DE
LOS
SUELOS
Se
inmerge
este
tubo
en
una
gran
campana
que
contenga
ds
LE
teñida
con
fucsina
ó
con
violeta
de
París.
Cuando
el
nivel
del
un
igual
en
el
exterior
y
en
el
interior,
se
vierte
suavemente
€
de
tubo
arena
fina
hasta
los
dos
tercios
de
su
altura;
de
esto
pue!
Mo,
>
formarse
cargo
determinando
antes
la
capacidad
del
tubo.
prod
10%
mente
se
habrá
pasado
la
arena
á
través
de
un
tamiz,
cuyas
m2
E
o
sean,
por
ejemplo,
de
1
milímetro.
Operando
así
la
arena
se
reparto
ES
en
el
líquido
en
capas
sensiblemente
homogéneas;
lo
que
no
ocur
As
ría
si
primero
se
llenase
el
tubo
de
arena
y
se
inmergiese
lueg9
4
$57]
el
líquido
coloreado.
Después
se
saca
el
tubo
de
la
campana
Y
:
1
deja
escurrir
verticalmente.
Desde
que
principia
á
escurrir,
la
O
ss
superior
de
la
arena
se
descolora
sensiblemente
y,
cuando
ha
aca
8
E
e
de
escurrir,
el
tubo
queda
dividido
claramente
en
dos
regiones:
a
superior,
en
la
cual
la
arena
es
poco
coloreada,
y
la
inferior
la
cual
la
arena
tiene
un
color
rasi
tan
subido
como
en
el
moment?
5
en
que
se
sacó
el
tubo
de
la
campana.
¡ted
Sabemos,
en
efecto,
que
entre
los
elementos
de
la
arena
exito
,
>
y
í
LE
verdaderos
canales
capilares.
Estos
canales,
en
el
momento
€
q
el
tubo
sale
del
líqui
ea
o
sa
do
coloreado,
están
completamente
JlenoS
7
:
este
líquido;
por
esto
el
color
de
la
arena
es
en
este
momel
tniforme.
Pero,
á
medida
que
el
agua
escurre,
los
canales
Se
Y
poco
á
poco
en
la
parte
superior;
en
su
parte
inferior,
por
el
rio,
siguen
llenos,
y
la
altura
de
sus
columnas
líquidas
€S
aga
oi
la
de
las
columnas
de
agua
cuyo
peso
puede
ser
equilibrado
Y
cal.
la
capilaridad.
Los
granos
de
aréna
de
la
parte
superior,
|
canales
son
vacíos,
retienen
simplemente
por
la
atracción
deso
al
e
ems
ficie
una
delgada
película
líquida:
de
donde'su
débil
coloración
24
caso
presente,
Sá
-
La
exactitud
de
esta
explicación
se
deduce
del
hecho
siguien
Si
se
toman
muestras
de
arena
bien
homogéneas,
pero
cada
Y
er
e
finas,
y
se
repite
con
ellas
el
experimento
anterior,
se
debe
eres
encontrar,
después
de
dejar
escurrir
los
tubos
regiones
inten
pa
coloreadas
de
una
altura
tanto
mayor
cuanto
más
fina
sea
la
*
ap
empleada
y,
por
consiguiente,
cuanto
más
estrechos
sean
los
4
la
lares.
Y
esto
es,
efectivamente,
lo
que
ocurre.
Así,
pues,
SE
yÓn
manera
de
proceder
de
Schiibler,
la
tierra,
como
observa
COM
ee
1es
Schlosing,
no
pierde
su
agua
cuando
está
en
el
filtro;
sus
Cy
capilares
siguen
llenos
de
líquido
en
toda
su
extensión,
de
od
modo
que
en
la
región
inferior
de
los
tubos
en
los
últimoS
pas
;
Se
obtienen
pues,
forzosamente,
operando
como
Schiblel,
corri
demasiado
elevadas;
porque,
en
las
condiciones
naturales,
2%
ops
se
deseca
siempre
después
de
la
lluvia
ó
del
riego,
á
lo
menor
950%
capas
superiores.
Que
ciertos
suelos
muy
compactos,
muy
0
debe
ceden
su
agua
con
gran
lentitud,
es
cosa
evidente;
Pero
ón
de
creerse
que
entonces
se
está
en
presencia
de
una
propora
¡ones
humedad
normal.
La
cifra
que
se
obtendría
¿en
estas
com
correspondería
á
una
proporción
de
agua
demasiado
alta.
515
78
ES
y
;
.
]
Ya
IMBIBICIÓN
DE
LAS
TIERRAS
POR
EL
AGUA
153
Como
proporción
normal
de
humedad,
la
cantidad
de
agua
retenida
Por
los
elementos
arenosos
de
la
parte
superior
de
los
tubos
cuando
Cesa
de
gotear
el
agua,
se
halla
que
esta
proporción
varía
con
la
Jinura
de
los
elementos
y
que
es
tanto
mayor
cuanto
más
finos
són
08
granos.
Schlosing
ha
comprobado
el
hecho
experimentalmente
Preparando
mezclas
con
pesos
conocidos
de
diversas
arenas
cuarzosas
£
dimensiones
desiguales,
á
las
cuales
añadía
agua.
Una
vez
conse-
Suida
la
homogeneidad
de
estas
mezclas,
se
dejan
abandonadas
á.
sl
Mismas
durante
veinticuatro
horas.
Al
cabo
de
este
tiempo
se
deter-
Mina
la
proporción
de
humedad
total,
luego,
después
de
un
taml-
zado,
la
proporción
de
humedad
en
cada
una
de
las
partes
que
for-
Maban
la
mezcla.
Se
encuentra
entonces
que
la
arena
más
fina
Contiene,
á
igualdad
de
peso,
mucha
más
agua
que
la
arena
más
eStuesa:
y,
si
la
mezcla
artificial
está
formada
por
pesos
iguales
de
08
arenas
de
dimensiones
muy
desiguales,
se
observa
que
la
media
Atitmética
de
la
proporción
de
agua
de
cada
una
de
estas
dos
arenas
es
sensiblemente
igual
á
la
proporción
de
agua
de
la
mezcla
inicial.
e
deduce,
pues,
de
lo
que
precede,
que
una
tierra
bien
escurrida
contendrá
una
proporción
de
humedad
tanto
mayor,
para
un
peso
ado,
cuanto
más
finos
sean
los
elementos
de
esta
tierra.
Imbibición
de
la
tierra
vegetal.
—
Veamos
cómo
Son
AS
cosas
cuando
«se
efectúa
el
anterior
experimento,
no
ya
Con
una
arena
de
un
tamaño
determinado,
sino
con
tierra
Vegetal.
En
este
caso,
no
es
posible
emplear
agua
coloreada;
d
diferencia
de
intensidades
de
color
no
podría
percibirse.
“Ongamos
una
tierra
medianamente
arcillosa
desmenuzada
pS
Un
tubo
de
40
centímetros
de
altura
inmergido
en
agua
Ordinaria
y,
después
de
dejarlo
escurrir,
estudiemos
la
'epartición
del
agua
por
pesada
de
muestras
tomadas
ú
“ferentes
alturas.
Veremos
entonces
que
el
tubo
puede
ser
lvidido
en
tres
regiones.
Una
región
superior
en
la
cual
la
Cantidad
de
agua
es
constante
y
débil,
una
región
media
en
Y
cual
la
cantidad
de
agua
es
variable
y
aumenta
de
arriba
“bajo,
por
último
una
región
inferior
en
la
cual
la
cantidad
£
agua
es
constante,
pero
mayor
que
la
de
la
región
supe-
"lor.
En
efecto,
los
canales
capilares
que
existen
en
la
tierra,
ispuesta
como
acabamos
de
hacer,
funcionan
como
los
de
la
“rena;
la
existencia
de
dos
regiones,
superior
é
inferior,
Se
explica
del
mismo
modo
que
respecto
de
la
arena.
Pero,
“omo
la
tierra
no
ha
sido
tamizada,
es
evidente
que
los
cana-
£S
Capilares
que
surcan
su
masa
deben
ser
desiguales
y
154
PROPIEDADES
FÍSICAS
DE
LOS
SUELOS
a
¿
5
ta
quedan
llenos
de
líquido
en
alturas
muy
did
he
e
desigualdad
de
diámetro
de
los
tubos
capilares
ce
e
ad
precisamente
la
región
media
del
tubo
en
la
cual
ac
:4
de
agua
retenida
va
aumentando
de
arriba
abajo.
«ido
Cuando
se
trataba
de
la
arena
sola,
hemos
admniti'
7
00
el
agua
que
mojaba
esta
substancia,
después
de
a.
mA
encontraba
en
cada
grano,
suponiéndole
esférico,
en
inde-
de
una
delgada
película
cuyo
espesor
era
probablemente
diera
pendiente
del
diámetro
de
la
esfera.
En
el
caso
de
la
jadar
de
labor,
los
elementos
minerales
tienen
formas
A
sE
mente
variables,
y
si
existe
una
película
de
are
E
vi
|
adhiere,
después
del
escurrimiento,
á
la
superficie
de
pos
uno
de
ellos,
se
puede
además
concebir
que
los
A
os
4
provistos
frecuentemente
de
cavidades,
retienen
pr
d
de:
poros
de
muy
pequeñas
dimensiones
una.cierta
canúl
10€
|
líquido
que
no
fluye
aun
después
de
dejar.
escurril
E
nales
1
tiempo
la
tierra.
En
realidad,
los
poros
constituyen
Cá
F
di
capilares
muy
cortos
en
los
cuales
el
agua
ha
oxpulss
que
aire;
estos
canales
no
tienen
que
sostener,
pues,
Mé
columnas
líquidas
muy
pequeñas.
Si
se
comparan
las
cifras
dadas
por
Schibler,
0
Joesing
+
por
medio
del
procedimiento
del
filtro,
con
las
que
Seh
dejar
%]
ha
determinado
por
el
método
de
los
tubos
después
de
Ep
los
escurrir,
se
tienen
los
resultados
siguientes:
7
Le
5
E
ra
era
rlis
AAA
AA
que
'
d
“ds
;
r
100
pario
Cantidades
de
agua
o
ta
M7
.
de
arena
ó
de
tie
A
e
meat
10
eN
método
Según
el
método
según
sesine
de
Sehúbler
de
E
A
Arena
fina...
0,
90
EA
e
LBS
Roa
16
Tierra
desleída
Tierra
desmenu-
en
agua
zada
puesta
y
vertida
en
el
filtro
y
en
Tegada
el
filtro
con
agua
50
1.*
Tierra
arcillosa,
,
47,7
49,0
E
2.”
»
arcillocalcárea
43,5
51,7
eo:
3.»
arcilloarenosa
457
54,7
157
4.”
>»
de
bosque
for-
42.0
mada
porarena
muy
fina
UT
61,8
a
5.*
Calcáreo
arenoso
.
40
41
32
IMBIBICIÓN
DE
LAS
TIERRAS
POR
EL
AGUA
155
-
El
método
del
escurrimiento
es,
pues,
el
solo
que
Sumi-
Wistra
la
proporción
normal
de
agua
que
contiene
un
suelo
determinado;
esta
proporción
varía
de
30
4
40
por
100
del
beso
de
la.
tierra
seca.
;
Schlesing
añade
que,
si
el
escurrimiento,
practicado
_F0mo
hemos
dicho,
se
aproxima
más
á
las
condiciones
natu-
Tales,
difiere
sin
embargo
en
que
la
tierra
empleada
ha
sido
Mecesariamente
desmoronada;
y
la
división
en
partículas
“Jerce
influencia
en
la
cantidad
de
agua
retenida
por
el
suelo,
j
Como
conclusión,
diremos
que
la
determinación
de
la
tidad
de
agua
contenida
en
una
tierra
determinada
debe
ACerse
mediante
un
experimento
directo.
De
una
tierra
ada
por
las
aguas
de
lluvia
y
bien
escurrida,
se
tomarán
Muestras
¿4
profundidades
determinadas
y
se
desecarán
en
la
SStufa
á
una
misma
temperatura;
las
cifras
así
obtenidas
"Cpresentarán
la
verdadera
proporción
de
humedad
respecto
S
cada
capa
examinada.
Las
tierras
que
más
fácilmente
tienen
el
agua,
y
cuyo
escurrimiento
es
muy
difícil,
son
iS
tierras
de
elementos
arenosos
muy
finos,
cuya
división
en
Partículas
ya
no
está
asegurada
por
una
cantidad
suficiente
+
ircilla
Ó
de
humus.
Sus
elementos,
muy
poco
coherentes
Ml
este
caso,
se
sueldan,
y
quedan
entre
ellos
canales
capt-
Yes
de
tal
finura,
que
no
sé
vacian
más
que
con
una
extre-
Mada
lentitud
cuando
esta
tierra
está
mojada:
testimonio
de
»
la
tierra
n.?
4
de
la
tabla
precedente.
AE
ecky
determina
la
capacidad
absoluta
del
suelo
para
el
gene
£dio
de
un
procedimiento
que
consiste
en
cortar
un
prisma
de
con.
de
volumen
conocido,
impregnarlo
completamente
de
agua,
luv
Puede
«estarlo
la
capa
superior
de
una
tierra
después
Le
pe
Un
-
Prolongada,
y
desecar
este
prisma
aplicándolo
por
su
base
“apa
de
tierra
de
la
misma
naturaleza,
desecada
al
aire
y
puesta
Se
Ma
caja.
Cuando
la
pérdida
de
peso
ha
llegado
á
ser
O
o
el
prisma,
y
la
cantidad
de
agua
que
contiene
en
este
La
Pa
representa
la
capacidad
absoluta
del
suelo
para
el
ee
calen.
Minación
del
peso
aparente
y
la
del
peso
específico
permi
:
“lar
el
espacio
total
existente
entre
las
partículas
térreas,
€8
0
oros
o
osidad
de
la
tierra.
Restando
del
volumen
que
expresa
la
sidad
el
volumen
que
expresa
la
capacidad
para
el
agua
se
e
=
A
Lis
;
Í
ERAL
258
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
MIN
¿
“dos
COM
una
He
aquí,
respecto
de
este
punto,
los
Val
TI
dos
con
muestra
de
tierra.
Cincuenta
gramos
de
ésta
durante
yeinticua
5
veces
su
peso
de
ácido
clorhídrico
al
centésimo
la
temperatura
,
tro
horas
en
frío,
y
luego
durante
cuatro
horas
e
PGHRAl
clorur
la
ebullición.
Después
de
filtrar,
lavar
y
EE
á4
un
kilograM
bárico,
se
obtuvo
(refiriendo
la
cantidad
hallada
Ae
correspon
de
tierra
seca):
azufre
=
0,189
gramos.
Esta
C
sistentes:
E
verosímilmente
sólo
al
azufre
de
los
sulfatos
Lea
ebullición
4%.
segunda
muestra
de
la
misma
tierra,
sometida
$
AmO
de
morra
quince
horas
con
el
ácido
nítrico
dió
(para
un
kilogr
e
la
precedenta
azufre
=
0,212
gramos.
Esta
cifra,
más
elevada
tantes
a
corresponde
á
la
vez
al
azufre
de
los
sulfatos
aa
orgánico
cedente
de
los
sulfoconjugados
y
á
una
parte
del
azuíl
do.
4
o
meno
el
ácido
nítrico
ha
oxidado.
Pero,
esta
oxidación
ha
la
risa
Él
en
este
caso,
poco
enérgica,
porque
otra
muestra
de
la
kilo
sl
dy
..
ara
un
4%
tratada
con
oxígeno
y
carbonato
sódico
al
rojo,
dió
de
qu
do
gramo
de
tierra):
azufre
=
1,411
gramos.
Se
ve,
P
tan
considerable
de
azuf
>,
da
.
amina
re
orgánico
contenía
la
tierra
€X
(Berthelot
y
André)
|
rox"
Todas
las
tierras
se
comportan,
en
cuanto
al
o
orra
;
mado
de
las
cifras
obtenidas,
del
mismo
modo
que
cuyo
análisis
acabamos
de
citar.
Es,
pues,
posible,
mediante
la
*+prsas
z
s
diver
precedentes,
definir
de
un
modo
bastante
exacto
la
formas
que
afecta
el
azufre
en
la
tierra
de
labor.
ue
hemos.
Repetiremos
respecto
del
azufre
orgánico,
10
oxidación
dicho
á
propósito
del
fósforo:
los
procesos
de
microbia
Ú
:
ste
az
ha
actúan
lentamente,
transformando
€
orgánico
en
ácido
sulfúrico.
aplicación
de
los
M9
E
«90
E
peanis
C.
Potasa.
—
Esta
base,
indispensable
al
0I8
vegetal,
existe
en
el
s
emos
uelo
en
los
múltiples
estados
Pd
indicado
anteriormente;
principalmente
está
rd
¡do
sílice
en
silicatos
complejos.
No
existe
ningún
2%
ujera
0
que
pueda
disolver
la
totalidad
de
la
potasa,
cuald
¡car
sea
la
concentraci
;
en.
ión
y
la
temperatura
que
se
o
en
mente
el
ácido
fluorhídrico,
capaz
de
eliminar
la
a
1
...
.
Y
forma
volátil
de
fuoruro
de
silicio,
permite
evalua
manera
rigurosa
la
totalidad
de
este
álcali.
obs
:
,
E
de,
10%
Veamos
cuáles
son
las
informaciones
que
puede,
»
DIFERENTES
FORMAS
DE
LA
MATERIA
MINERAL
209
tante,
suministrar
la
acción
de
los
ácidos
fuertes,
diluidos
0
no,
frios
ó
calientes,
sobre
una
muestra
de
tierra,
de
la
cual
se
habrá
determinado
previamente
la
potasa
total
con
el
ácido
fuorhídrico,
como
término
de
comparación.
Citaremos
los
gnsayos
siguientes,
como
informaciones,
para
demostrar
la
manifiesta
incertidumbre
á
que
conducen
en
la
apreciación
de
la
cantidad
de
potasa
utilizable
por
los
vegetales.
Hemos
estudiado
antes
la
acción
de
los
disolventes
natu-
rales,
agua
y
gas
carbónico,
sobre
la
tierra,
y
hemos
expuesto
a
proporción
de
álcali
que
estos
reactivos
podían
extraer
de
'
suelo
determinado
(pág.
241:
Observaciones
sobre
los
estados
de
la
potasa
en
el
suelo).
Sobre
la
misma
tierra
arcillosilicea
se
han
hecho
las
experiencias
que
siguen.
Re-
Cordaremos
que
contiene
8,192
gr.
de
potasa
total
por
llogramo
de
tierra
seca
y
pasada
por
el
tamiz
de
1
milí-
Metro.
'
%.
Acción
per
Ácipo
acético.
—Cincuenta
gramos
de
tierra,
mez-
clados
con
200
gramos
de
agua
adicionada
de
4
gramos
de
ácido
acético,
han
cedido,
al
cabo
de
hora
y
media
de
contacto
en
frío,
,200
gr.
de
K20
por
kilogramo
de
tierra
seca;
el
residuo,
pena
por
la
misma
cantidad
de
líquido
ácido,
ha
cedido
0,090
gr.
de
K
después
de
un
contacto
de
veinticuatro
horas
en
frío;
ó
sea,
en
Con”
Junto,
0,290
gr.
de
K20.
Esta
última
cifra
es
una
vez
y
medía
mayo
que
la
que
representaba
la
solubilidad
de
la
potasa
en
el
agua
GS
sada
de
gas
carbónico,
en
las
condiciones
del
experimento
cita
o
úutes
(0,198
gr).
Este
poder
disolvente
del
ácido
acético
puede
sel
wousiderado
como
análogo
á
un
efecto
natural,
porque,
como
ya
emos
dicho,
este
ácido
existe
en
algunos
suelos
humíferos;
pero
la
Proporción
de
ácido
empleada
en
el
ensayo
que
acabamos
de
Pra
-
y
ertamente
mayor
que
la
que
debe
encontrarse
aun
en
los
sue
1á
di
q
micos
más
provistos
de
este
ácido.
$.
Acción
pe
nico
piLuiDo
Y
rrío.—
El
mismo
peso
'
de
tierra
que
ea
Cd
io
de
agua,
conteniendo
ésta
4
gra-
mos
de
ácido
HCL.
Después
de
un
contacto
de
hora
y
media
en
frío,
*
potasa
disuelta
era
de-0,242
gr.
de
K?0
por
kilogramo
de
Ned
Seca.
El
residuo,
tratado
con
una
cantidad
igual
de
ácido
clort
>
NICO.
ha
dado,
después
de
veinticuatro
horas
de
contacto
en
110,
conjunto,
0,404
gr,
d
¡
¡or
á
la
que
ha
suminis-
Es
,
de
K20,
cifra
algo
super
q
rado
el
ácido
efi:
260
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
MINERAL
y.
+
ACCIÓN
DEL
ÁCIDO
NÍTRICO
DILUÍDO
Y
Frío.
—
La
misma
del,
tración
que
con
el
ácido
clorhídrico,
al
cabo
de
hora
y
¡duo
contacto:
K20
=
0,202
gr.;
al
cabo
de
veinticuatro
horas,
el
eE
0"
ha
dado
0,064
gr.
de
K*0;
ó
sea,
en
conjunto,
0,266
gr.
de
orto
Así,
los
ácidos
acético,
clorhídrico
y
nítrico,
dan
resultados
á
Pe
-
diferencia
comparables,
en
las
mismas
condiciones
de
temperatú
de
dilución.
co
Es
evidente
que,
en
estos
ensayos,
una
parte
de
los
EN
empleados
ha
neutralizado
primero
'el
carbonato
cálcico,
Y
qu
efecto
del
ácido
real,
esto
es,
del
que
ha
quedado
libre
$0
;
¡
us
sn
inferior
tierra,
debe
atribuirse
á
un
ácido
de
una
concentración
infer
á
la
inicial.
De
todos
modo
,
0
S,
la
tierra
de
que
aquí
se
trata
era
P
rica
en
calcáreo,
O.
ACCIÓN
DE
LOS
ÁCIDOS
MÁS
CONCENTRADOS
EN
FRÍO
Y
EN
cane
Br
—El
ácido
clorhídrico
al
1/,4
(de
ácido
real),
empleado
á
la
tamb.
ratura
del
baño
maría
hirviente.
durante
dos
horas,
ha
e
frio
Ney.
K*0
=0,789
gr.,
ó
sea
una
proporción
triple
de
la
obtenida
Ce.
de
El
ácido
nítrico
da
cifras
análogas.
Por
último,
una
ebullici
|
diez
y
seis
horas
con
ácido
nítrico
del
comercio
(N20”,
4
sólo
lo
dado
1,026
gr,
de
K*0
por
kilogramo
de
tierra
seca;
Ó
Sea,
$
aJtimo
de
la
cantidad
de
potasa
total
que
la
tierra
contenía.
Este
pará
ataque
corresponde
á
las
prescripciones
que
á
menudo
se
indienra,
obtener
la
proporción
de
potasa
llamada
ntilizable
por
los
Ves"
ES
sa
UA
Las
cifras
que
acabamos
de
exponer
demuestran
la
DEE
ee
103
2
contacto
y
la
temperateo
no
da,
acidos
sobre
la
solubilización
de
la
potasa.
Esta
solubilización
pj
pidio
¡dar
cier
oa
sólo
como
ácido
y
el
ácido
nítrico
que
puede
pe
dife
modo
que
se
ha
ácido
clorhídrico
diluíd
la
tien
nes
LO
IA
Cinad
o
la
cantidad
de
potasa
así
solubilizada,
some
da
muy
inferior
s
ermi
mediante
el
ácido
fluorhídrico.
|
EN
_.
Se
puede
deducir,
pues,
de
lo
que
precede,
que
5
0
sible
definir,
con
el
empleo
de
ácidos
fuertes,
las
formas
la
potasa
presenta.
en
el
suelo.
El
uso
de
tales
reactivos
del
ácido
nítrico
particularmente,
todavía
es
recomen
por
muchos
autores,
y
es
utilizado,
aun
en
los
métod%
DIFERENTES
FORMAS
DE
LA
MATERIA
MINERAL
261
análisis
oficiales,
porque
se
cree
equivocadamente
que,
entre
los
mumerosos
silicatos
del
suelo,
los
silicatos
zeolíticos
hidratados
son
los
únicos
que
son
atacados
por
los
ácidos
fuertes
y,
como
tales,
capaces
de
suministrar
á
la
planta
la
potasa
que
contienen.
Gracias
á
esta
detención
en
el
ataque
de
los
silicatos
por
los
ácidos
fuertes
concentrados,
se
puede
llegar
á
resultados
poco
más
ó
menos
concordantes
en
muchos
análisis
hechos
de
una
misma
muestra.
Sin
embargo,
tal
conclusión
no
está
en
modo
alguno
justificada;
existen,
en
efecto,
muchas
tierras
que
ceden
mucha
potasa
á
los
áci-
dos,
pero,
por
el
contrario,
ceden
muy
poca
á
las
plantas.
Por
otra
parte,
no
se
pueden
dividir
los
silicatos
en
atacables
€
inatacables:
esta
distinción
no
representa
apenas
más
que
grados
desiguales
de
la
velocidad
de
disociación
progresiva
por
los
agentes
atmosféricos
de
los
diversos
silicatos
conte-
Midos
en
las
rocas
primitivas
(Berthelot
y
André).
El
grado
de
finura
de
las
partículas
térreas
debe,
4
Pri0ri,
desempeñar
un
papel
importante
en
la
nutrición
vegt-
tal.
Supongamos
que
una
substancia,
útil
á
la
planta,
esté
tepartida
en
proporciones
desiguales
entre
los
elementos
sruesos
del
suelo
y
los
elementos
finos;
es
lógico
pensar
que,
Si
esta
substancia.
predomina
en
los
elementos
finos,
presen-
tará
por
este
motivo
mayor
superficie
de
acción
á
los
agentes
naturales
de
disolución
y
suministrará
con
más
facilidad
4
la
planta
el
alimento
que
ésta
requiere.
Reciprocamente,
Sl
la
substancia
en
cuestión
predomina
en
los
elementos
grue-
SOs,
la
facilidad
de
disolución
y,
por
consiguiente,
la
asimila-
Ción
será
menor.
Esto
es
lo
que
Dumont
(1904)
ha
comprobado
respecto
de
la
Potasa.
Cuando
se
quiere
saber
si
una
tierra
requiere
ó
no
abonos
Potásicos,
es
conveniente
determinar
la
potasa
total
(por
el
ácido
uorhídrico)
contenida
en
cada
una
de
las
porciones
de
esta
tierra,
que
el
análisis
físico
ha
aislado
(arena
gruesa,
arena
fina,
arc
la).
Entonces
se
observará
á
menudo
el
hecho
siguiente:
Dos
tierras
que
contienen
la
misma
cantidad
de
potasa
total,
serán
influídas
"ny
desigualmente
por
la
adición
de
abonos
potásicos;
la
primera,
pon
ejemplo,
se
aprovechará
poco
6
nada
de
la
adición
de
estos
abonos,
porque
el
análisis
habrá
enseñado
que
en
esta
tierra
la
potasa.
Y
7
AS
Sa
*
262
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
MINERAL
está
sobre
todo
localizada
en
los
elementos
finos
(arena
fina
Y
arcilla);
la
segunda,
por
el
contrario,
cuya
potasa
predomina
en
los
elemento?
gruesos,
debe.
resultar
beneficiada
con
el
empleo
de
dichos
abono
2
Esta
observación
puede
aplicarse
á
todas
las
substancias
nutritivas.
He
aquí
un
ejemplo
de
la
distribución
del
ácido
fosfórico
en
qn
tierra
del
Yonne
(Rousseanx
y
Brioux,
1909).
Acido
fosfórico____—
es
de
3
en
cada
uno
de
€n
1000
parte
108
A
Composición
fí-
“estos
elementos
cada
Uno
m
sica
de
la
tierra
para
1000
de
tie-
elemen
en
100
partes
rra
inicial
cos
Arena
gruesa,
silícea
897
0.112
er
0,135
—
fina,
silícea
-.
150
0,172
E
1,146
ETA
fina,
calcárea,
3,3
0'180
»
4.0%
Hal
la
AA
PETRO
15,2
0.088
>
5,18
:
O
Hs
O
0,150
>»
33,33
1000,0
:
tra
en
muchos
estados
en
el
suelo.
El
carbonato
y
pue
la,
Suna
de
los
dos
estados
de
esta
base
que
Som
útiles
á
los
vegetales.
Pero,
y
éste
es
un
punto
mayor
importancia,
no
se
define
de
esta
manera
Cl
ga
de
finura
del
calcáreo.
El
calcáreo
fino
es
el
único
útil
Y
su
actividad
es
tanto
mayor,
respecto
de
las
reacciones
id
dc
pe
el
suelo,
cuanto
más
noe
nt
rra
a
Ea
olveremos
á
ocuparnos
más
a
Ads
10
debe
determinarse
este
grado
de
anal
cico
D
os
diluidos
disuelven
también
la
cal
del
fosfato
ls:
En
Ma
Edd
para
determinar
la
cal
que
corresp
o
solo,
es
preciso
determinar
el
volumen
(%
5:
carbóni
:
bónico
que
desprende,
en
contacto
con
un
ácido,
VW”
4
go
ao
de
tierra.
En
cuanto
á
la
cal
que
se
ene
E
a
en
los
silicatos
complejos,
resiste
ú
los
ci
¡dos
uidos.
Se
la
puede
solubilizar
algo
con
el
empleo
ES
ee
de
concentrados
sobre
todo
en
caliente.
Pero,
la
mayor
PU.
ty
7
es
9
el
nu
0
|
2
E
esta
base
permanece
inalterada.
Para
evaluarla
en
$7
DIFERENTES
FORMAS
DE
LA
MATERIA
MINERAL
263
lidad,
es
necesario
acudir
al
ataque
de
los
silicatos
mediante
el
ácido
fluorhídrico.
Resumen
—Casi
la
totalidad
de
los
elementos
minerales
de
un
suelo
son
extremadamente
poco
solubles
en
los
disol-
ventes
naturales:
agua
y
gas
carbónico.
Si
estas
disoluciones
no
se
renovasen
á
medida
que
van
siendo
absorbidas
por
las
plantas,
éstas
deberían
tomar
directamente
Su
alimento
de
los
fragmentos
de
rocas
alrededor
de
los
cuales
crecen
Sus
raíces.
Las
múltiples
reacciones
de
doble
descomposición
que:
se
efectúan
en
el
suelo
tienden
á
hacer
creer
que
las
disolu-
ciones
de
éste
se
renuevan
con
una
rapidez
suficiente,
á
lo
menos
en
ciertos
casos,
para
suministrar
á
las
plantas
los
elementos
minerales
que
ellas
requieren.
El
empleo
de
disolventes,
distintos
de
los
disolventes
naturales,
proporciona,
generalmente,
indicaciones
Muy
imperfectas
sobre
la
cantidad
de
materia
actualmente
asimi-
lable
por
el
vegetal:
los
resultados
así
obtenidos
deben
inter-
pretarse
siempre
con
prudencia
y
deben
comprobarse
mediante
un
estudio
comparativo
directo
hecho
en
el
«suelo
de
la
can-
tidad
de
substancia
vegetal
producida.
Discutiremos
nuevamente,
con
algunos
pormenores,
la
trascendencia
de
las
nociones
que
acabamos
de
adquirir
cuando
trataremos
del
análisis
químico
de
los
suelos,
respecto
de
cuyo
estudio
el
presente
capítulo
puede
ser
considerado
como
una
introducción.
CAPÍTULO
VIH
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
ae
MATERIA
ORGÁNICA
DE
LOS
SUEL
Generalidades
sobre
la
m
entre
el
carbono
en
carbono
,
mi
en
Turba.
—
Propiedades
químicas
8
10:
á
ó0eno
etiene
materias
minerales
y
pi
y
del
apel
del
humus
respecto
de
los
vegetales.
—Com
taco.
Conti
s
minerales
y
con
el
E:
de
lo8
tución
química
del
núcleo
nitrogenado
del
humus;
acc
:
es
que
ácidos;
acción
de
los
álcalis.—Acciones
químicas
pd
em
simplifican
el
nitrógeno
complejo
del
e
e
la
tierra
sión
de
amoníaco
por
la
tierra
de
labor.
—Olor
propio
determina”
ce
—Atmósteras
confinadas
de
los
suelos.
—Naturaleza,
ción,
variaciones
de
los
gases
contenidos
en
los
suelos.
és
Generalidades
sobre
la
matería
orgánica
de
lo5
de
los.—La
materia
mineral
de
la
tierra
de
labor
está
ad
mezclada
con
una
cantidad
variable
de
residuos
ri
se
Y
origen
vegetal
y
animal.
Hemos
visto
ya
(pág.
99)
A
tancia
puede
demostrar
fácilmente
la
presencia
de
una
subS
solar.
combustible
en
la
tierra.
Esta
substancia
a
eno-
mente
carbono,
oxígeno
é
hidrógeno,
sino
también
ni6l
1edioS
Presenta
todos
los
erados
de
descomposición
nr
050
entre
los
tejidos
de
la
planta
viva
(hojas,
tallos)
cuy0S
terior
cubren
el
suelo
después
de
su
muerte
ó
quedan
en
50
extrt
(raices),
y
las
partículas
negras
ó
pardas,
á
menudo
105
A
;
4d
pe
pen
madamente
finas,
que
recubren
los
elementos
más
peg
de
las
rocas.
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
265
an
pd
Dd
fuertemente
cargados
de
restos
vegetales
ad
1%
A
on
más
6
menos
avanzados,
tales
pobres
en
deta
y
los
suelos
puramente
arenosos,
muy
de
transición
E
os
orgánicos,
hay
una
infinidad
de
estadios
dci
a
Le
transformaciones
que
sufre
un
vegetal
Substancia
pe
Es
E
penzOa
este
estado
particular
en
que
Su
MA
StETó
sr
de
ará
íntimamente
con
la
substancia
mineral
a
a
e
mente
4
un
lad
ÓN
le
microbiológico.
Dejaremos
provisional:
estas
transform
os
fenómenos
vivientes
que
intervienen
en
la
cuestión
o
y
consideraremos,
en
este
capítulo,
:
NA
ont
a
solo
punto
de
vista
químico.
ción
de
esta
E
EUA
de
preguntarnos
enál
es
la
constitu
e
los
elementos
e
papel
químico
desempeña
respecto
Papel
físico.
que
io
No
volveremos
tratar
de
su
Página
109).
do
emos
definido
y
estudiado
anteriormente
en
lo
que
es
E
de
4
recordaremos
de
la
química
del
humus,
Conocimiento
de
:
ecir;
los
hechos
que
pueden
servir
para
el
ales
SUperior
e
la
nutrición
directa
6
indirecta
de
los
vege-
DE
ÓN
10
puede
ele
sy
priort
que
la
materia
orgánica
de
los
suelos
Presenta
en
de
substancia
homogénea.
En
efecto,
se
nos
0s,
dada
a
'ados
de
descomposición
más
ó
menos
avanza
intensidad,
variable
según
las
circunstancias,
de
la
ace;
eció
Ls
n
de
los
agentes
atinosféricos
por
una
parte
y
de
.
OS
age
ntes
mierobi
]
s
microbianos
por
otra,
sobre
la
substancia
vegetal
ca
ha
recibido
diversos
e
do
10m
cd
o
Esta
materia
orgáni
Megra,
AB
neralmente
se
la
llama
materia
húmica,
materia
Wa
especie
0
ácido
húmico.
No
puede
ser
considerada
como
0S
y
de
od
es
una
mezcla
de
cuerpos
hidrocarbona-
8
Otros.
Se
E
á
nitrogenados,
muy
difíciles
de
separar
unos
Ciable
de
do
a
también
en
¿l
humus
una
proporción
apre
Ormarse
en
a
ó
de
hidratos
de
carbono
que
pues.
Usados.
AS
por
los
procedimientos
ordinariamente
A
materia
or
SOS
tentativas
hechas
con
objeto
de
aislar
lerra,
A
sola,
partiendo
de
una
muestra
dada
de
stran
que
este
humus
arrastra
siempre
consigo
Cierta
a
canti
:
tidad
de
elementos
minerales
sin
que
Se
pueda
saber
den
trans-'
4
j
ÁNICA
266
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGANI
.
¡ÓN
]
JR
;
ibinación.
si
se
trata
de
un
arrastre
mecánico
ó
de
nna
com
Es
probable
que
ocurran
las
dos
cosas
á
la
vez.
cal,
2
,
,
z
bases,
Y
y
considerándolo
como
un
ácido
capaz
de
unirse
con
a
expresión.
potasa,
magnesia,
para
formar
sales:
de
donde
deriva
gables,
ya
que,
dd
que
se
ponen
en
contacto
qe
nimica
0,
nO
representa
una
especie
¿binas
:
húmico
nunca
cristalizan,
y
la
respoD
¿Na
ción
de
este
ácido
con
una
base,
si
desprende
calor,
pe
absor”
sobre
todo
á
la
categoría
de
las
combinaciones
llamadas
y
propor
ción
cuyos
caracteres
principales
son:
1.9,
no
efectuarse
€
eso,
,
¿ ,
de
ide
de
PP.
ciones
definidas;
2.9.
realizarse
entre
una
base
cristaloid
ó
molecular
r
un
cuerpo
elativamente
pequeño
(cal,
potasa,
etc.)
y
una
mezcla
res
L :
olecula
de
cuerpos
esencialmente
coloidales
de
pesos
M
muy
elevados,
El
carácter
esta
substancia
un
volumen
con
ue
se
transforma
en
una
substancia
parda,
córnea,
amorfa,
4
mente
se
reduc
semejanza
con
humus
se
sep
del
color,
$
Quiera;
se
forman
copos
pardos,
amorfos,
que,
fuera
solución
de
asemejan
á
la
sílice
gelatinosa
que
se
precipita
de
una
-q
púmico:
silicat
te
un
ácido
mineral.
El
coloide
e
la
electricidad.
sodades
del
Á
veces
se
estudian,
para
mayor
sencillez,
las
des
qu
ES
coloides
húmico,
no
partiendo
de
la
substancia
complej
;
ecipiti”
extrae
del
suelo
por
la
acción
de
un
álcali
seguida
de
LISnO
fácil;
ción
por
un
ácido,
sino
en
un
producto
sintético
que
se
Obt
054).
mente
tratando
en
calient
C
e
un
hidrato
de
carbono
(azúcar
ces
m0
por
un
ácido
concentrado:
sulfúrico
ó
clorhídrico,
Se
a
4110
i
masa
negra,
voluminosa,
muy
ligera
después
de
EEE
us
de
y
que
se
aproxima,
por
muchas
de
sus
propiedades,
HE
ógeno,
suelo.
Como
está
naturalmente
exento
de
cenizas
y
de
nir
Son
más
reacciones
que
presenta
con
las
bases
y
las
sales
minerales
en”
E 1
mus.
fáciles
de
examinar
que
cuando
se
emplea
el
verdadero
hu
1
cOmO
dremos
ocasión
de
Usar
algunas
veces
este
humus
ao
a
defi:
|
objeto
de
investigaciones:
pero
esta
materia
tampoco
Us
en
pdo
nida
químicamente,
por
más
que
su
composición
REA
muy
ha
sido
desecada
á
la
temperatura
constante
de
110%,
y
omo
y
qe
s
odo
€
coloide
del
humus
se
manifesta
por
el
dé
ocupa!
se
comporta
con
el
agua;
se
hincha
y
PU
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
267
Poco
de
una
muestra
á
otra
(véase
más
adelante).
Del
mismo
modo
ce
el
humus
natural,
el
humus
artificial
se
comporta
como
un
Coloide
Papel
múltiple
de
la
materia
orgánica
en
el
suelo.
—
Ll
humus—con
este
nombre
designaremos
generalmente
desde
Ahora
la
materia
orgánica
de
los
suelos
—desempeña
un
papel
importante
en
el
medio
natural
donde
se
deposita
y
CoM
el
cual
se
mezcla
de
una
manera
íntima.
Por
su
origen
es
a
Materia
nitrogenada.
Cuanto
más
humus
hay
en
el
suelo,
tanto
más
nitrógeno
hay
en
él;
el
humus
€s
la
fuente
primot-
dial
del
nitrógeno
de
los
suelos.
Pronto
veremos
que
este
Mtrógeno
afecta
en
la
molécula
húmica
una
forma
muy
Com-
bleja,
inasimilable
para
la
mayoría
de
los
vegetales
en
Si
estado
actual.
No
puede
ser
utilizado
por
la
planta
más
qué
cuando
ha
sufrido
una
serie
de
transformaciones
químicas
y
"icrobiológicas
destinadas
á
simplificar
la
estructura
de
Su:
molécula
inicial.
Si
el
humus
es
una
fuente
de
nitrógeno,
también
es
"ná
fuente
de
carbono.
Este
carbono
del
humus
debe
ser
consido-
tado
como
un
alimento
para
muchos
organismos
desprovistos
de
clorofila
que
pueblan
el
suelo;
tal
vez
hasta
juega
un
papel
“limenticio
respecto
de
algunas
plantas
superiores.
Además
—y
éste
es
un
hecho
mny
importante,
—cuando
el
nitrogono
mico
toma
sucesivamente
las
formas
amoniacal
7
nítrica,
el
carbono
se
oxida,
pasa
al
estado
de
gas
carbónico,
y
la
Atmósfera
interna
de
los
suelos
se
enriquece
de
un
poderoso
disolvente
de
las
rocas
de
toda
clase
que
constituyen
la
tierra
e
labor.
:
En
su
calidad
de
materia
coloide,
el
humus
retiene
gra”
£S
proporciones
de
agua.
Forma
fácilmente
combinac!
cd
e
absorción
con
casi
todos
los
elementos
minerales
a
AS
plantas
y,
mientras
estas
combinaciones
dia
e
Wimento
mineral
es
retenido
en
las
capas
sn
E
Suelo,
donde
precisamente
se
han
depositado
los
restos
ES
cales
engendradores
del
humus:
así
este
elemento
minera
:
úlla
4
disposición
de
las
raíces.
Cuando
por
el
a
ja
A
Oxidación,
el
núcleo
carbonado
desaparece,
la
substanci
ES
/
974
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
Es
evidente
que
la
cantidad
de
humus
que
contiene
0
LA
puede
contener
un
suelo
depende,
ante
todo,
de
la
presen
del
factor
que
es
el
origen
mismo
del
humus,
esto
€5,
;
%
mayor
6
menor
facilidad
con
que
las
plantas
Se
desarrolla
en
el
suelo
considerado.
Á
una
tierra
que
recibe
poca
e
corresponde
una
vegetación
lánguida,
sobre
todo
si
la
mer”
anual
de
la
temperatura
es
elevada.
Esta
tierra
será,
por
siguiente,
pobre
en
humus.
Por
el
contrario,
en
las
regionó
que
reciben
suficiente
cantidad
de
agua
de
lluvia
ó
de
riegó
la
masa
de
la
materia
vegetal
producida
será
mucho
mayor
y
el
humus
que
de
ella
procede
podrá
alcanzar
un
pes0
na
notable.
En
una
palabra,
la
proporción
de
humus
está
razón
directa
de
la
fertilidad
del
suelo.
No
hablamos
2
más
que
de
las
tierras
de
labor,
esto
es,
de
las
tierras
pro
vistas
de
una
proporción
suficiente
de
calcáreo:
dejaremo
aparte,
por
ahora,
las
tierras
turbosas.
la
La
eremacausia,
la
yolatilización
lenta
del
carbono
de
%
materia
orgánica,
ó,
lo
que
viene
á
ser
lo
mismo,
la
desap!”
rición
del
humus,
dependen
ante
todo
de
tres
factores
o
pales:
el
aire,
la
humedad
y
la
temperatura.
Si
uno
de
sua
,
factores
llega
á
faltar,
no
se
efectúa
la
eremacausia,
0
le
fenómeno
es
más
ó
menos
retardado.
Si
falta
aire,
el
desprA
dimiento
gaseoso
es
débil
y
el
gas
carbónico
va
acompañi
de
metano
ó
de
hidrógeno;
la
materia
orgánica
persiste,
pe
de
se
modifica
poco
á
poco
su
composición.
Se
trata
aquí
fenómenos
de
reducción
ó
de
putrefacción.
Si
el
aire
poda
bien
en
la
materia
orgánica,
y
si
la
temperatura
es
basta»
E
elevada,
pero
el
clima
es
seco,
el
humus
se
destruy0
rar
damente.
Si
el
aire
es
suficiente
y
la
proporción
de
humeda
es
bastante
elevada,
pero
la
temperatura
exterior
eS
baje
Er
combustión
del
humus
es
lenta.
La
oxidación
no
leg
pe
S
á
su
máximo
más
que
cuando
los
tres
factores
prece
E
están
reunidos.
Boussingault
ha
observado,
hace
má
a
tiempo,
que
en
ciertas
regiones
tropicales
no
se
formé
e.
de
humus
ó
que,
á
lo
menos,
ésta
desaparece
muy
rap
mente,
dada
la
elevación
de
temperatura
cuya
acción
[AY
o
a
,
5
ble
se
añade
á
la
de
los
otros
dos
factores
indispensables
aire
y
humedad.
DIFERENTES
VARIEDADES
DE
HUMUS
275
Observemos
que
las
propiedades
físicas
del
suelo
juegan
Un
papel
importante
en
la
oxidación
del
humus,
porque
el
aire
penetrará
tanto
mejor
en
la
tierra
cuanto
más
permeable
ésta
sea.
Resulta
de
lo
que
antecede
que
se
puede
acelerar
la
eremacausia
aumentando
la
inten-
sidad
de
uno
de
los
tres
factores
de
su
producción.
El
trabajo
del
suelo,
por
ejemplo,
determina
la
disgregación
de
la
tierra;
favorece,
por
consiguiente,
los
fenómenos
de
oxidación
y
aumenta
las
facili-
dades
de
contacto
del
agua
de
lluvia
con
las
partículas
térreas,
Los
suelos
incultos,
pero
que
están
cubiertos
de
vegetación
durante
muchos
años
(bosques,
praderas),
se
enriquecen
en
humus,
porque
Os
restos
vegetales
que
caen
en
su
superficie
(hojas),
Ó
los
que
quedan
en
su
interior
(raíces),
permanecen
en
su
sitio,
sin
que
ningún
tra-
bajo
intervenga
para
modificar
las
condiciones
de
aereación
propicias
d
su
Oxidación.
La
repartición
de
la
materia
húmica
en
el
suelo
nunca
es
unt
forme.
Por
regla
general,
la
cantidad
de
esta
materia
húmica
dis-
Minuye
cuando
crece
la
profundidad.
Volveremos
á
hablar
de
esta
istribución.
La
alterabilidad
de
la
materia
vegetal
varía
igualmente
con
el
estado
físico
de
esta
materia
y
con
la
naturaleza
de
los
Órga-
nos
de
la
planta
que
la
han
producido.
Una
planta
seca
es
menos
alterable
que
una
planta
fresca;
según
Wollny,
la
paja
de
las
legu-
Minosas
se
altera
más
pronto
que
la
de
los
cereales.
Las
hojas
secas,
Sobre
todo
las
que
son
resinosas,
se
descomponen
muy
lentamente.
ero
la
tarba,
de
la
que
vamos
á
decir
algunas
palabras,
de
todas
as
substancias
orgánicas
procedentes
de
los
vegetales
es
la
más
fija.
Turba.—Se
designa
con
este
nombre
un
producto
espon-
3050,
pardo
ó
negro,
que
procede
de
la
descomposición
lenta
ebajo
de
una
capa
de
agua
de
ciertos
vegetales
acuáticos,
Principalmente
del
género
Sphagnim.
Se
forma
en
el
aire,
en
las
aguas
límpidas
que
no
contienen
sulfato,
mi
carbonato
de
cal,
ni
arcilla
en
suspensión:
substancias
todas
estas
que
impiden
el
desarrollo
de
los
Sphagnum.
Cuando
estos
vege-
tales,
cuya
base
está
inmergida,
mueren,
se
descomponen
en
condiciones
de
aereación
muy
incompleta,
y
la
mayor
parte
de
su
carbono
queda
en
forma
de
esta
masa
esponjosa
y
ne-
gruzca
que
constituye
la
turba.
Muchos
otros
vegetales
dis-
tintos
de
los
Sphagnum,
y
aun
vegetales
fanerógamos,
pue-
en
tomar
parte
en
la
formación
de
la
turba.
La
fijeza
de
ésta
Se
debe
á
que
los
organismos
inferiores,
que
primero
han
modi-
ficado
la
materia
vegetal
inicial
hasta
un
primer
estadio
de
humificación,
han
acumulado
en
la
masa
notables
cantidades
-
de
substancias
ácidas
(humus
ácido)
que
dificultan
el
des-
Í
GÁNICA
276
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
OR
Ñ
ivOS
;
más
activos
arrollo
de
las
bacterias.
Y
éstas
Son
los
ee
del
humos.
de
la
destrucción
completa
del
núcleo
caz
ona
¿
un
pro:
L
»
ruzco;
$
ardo.
En
un
nivel
inferior,
la
turba
tiene
un
color
neg
ue
su
riquezá
DORE
y
e
nitrógeno
aumenta,
A
contiene,
de
en
oxígeno
disminuye.
Una
turba
de
esta
EE
“N
—
2.10;
cen
término
medio:
(
=
62,09,
H
==
0,917
0:=590:04,,2
ta,
pues,
con
la
edad
de
la
e
raposiciÓn
e
los
numerosos
análisis
que
r
lepósito;
an
as
localidades
y
la
edad
cda
e
en
ni
E
riqueza
en
carbono
oscila
entre
52
y
64
por
ie
1d
cenizas
y
A
geno,
entre
0,8
y
5
por
100,
Cuando
se
descuenta
o
y
el
oxígena
establece
la
relación
atómica
entre
el
OREA
hidrógeno
se
encuentra
que
esta
relación
indica
un
exceso
El
eso
de
las
18
la
cantidad
capaz
de
formar
agua
con
el
oxígeno.
te
ariablo.
de:
Zas
que
dan
100
partes
de
turba
es
Ea
mente
de
aio
a
composición
de
la
turba
difiere,
pues,
De
:to,
la
composició?
los
tejidos
vegetales
propiamente
dichos,
En
e
E
MonidiB
DEN
centesimal
media
de
la
parte
orgánica
de
una
capo
á
los
númel
geno
descontados,
a
A
ON
e
siguientes:
(
=
50,
H=6,
0=44,
y
muy
:
E
La
composición
de
Za
matería
mineral
de
la
turba
es
ble,
En
general,
la
turba
co
por
100;
su
rique
meable
sea
el
su
filtrasen,
arrast
cent
varito
00:
0,04
4
0,2%
ntiene
poco
ácido
o
impo:
za
en
potasa
es
tanto
más
elevada
Caco
si
las
agUl
elo
donde
se
halla
la
turbera,
porque,
rarían
á
esta
base.
1001
:
S
PROPIEDADES
QUÍMICAS
GENERALE
DEL
HUMUS
s
auto”
:
»
muchos
tn
Estas
propiedades
han
sido
estudiadas
q
5
pe
wollay
res,
y
han
sido
resumidas
de
un
modo
magistra
da
caso.
á
cuyos
trabajos
siempre
es
bueno
recurrir
en
es
PROPIEDADES
QUÍMICAS
GENERALES
DEL
HUMUS
ET
humus
puede
ser
definido,
desde
el
punto
de
vista
de
sus
pro-
piedades
químicas,
como
una
materia
hidrocarbonada
que
retiene
con
una
gran
energía
el
nitrógeno
y
las
substancias
minerales.
Es
evidente
que
la
presencia
de
estas
substancias
en
el
múcleo
carbonado
del
humus
es
una
consecuencia
de
su
orl-
gen:
los
tejidos
vegetales
contienen
durante
la
vida
numero-
sos
compuestos
nitrogenados
y
salinos,
por
lo
tanto
es
nabu-
ral
que
se
encuentre
á
lo
menos
una
parte
de
estos
compuestos
en
los
productos
de
la
alteración
de
la
materia
vegetal.
Núcleo
orgánico.
—
De
hecho,
debe
considerarse
al
humus
como
una
especie
de
materia
albuminoidea.
Partiendo
de
este
concepto
es
como
se
han
llegado
muy
recientemente
d
aislar
de
la
materia
negra
del
suelo
ciertas
substancias
de
peso
molecular
poco
elevado
(ácidos
amínicos,
entre
otros),
empleando
procedimientos
de
desdoblamiento
análogos
á
los
que
se
han
usado
respecto
de
las
materias
albuminoideas
pro-
Plamente
dichas.
]
Mulder
(1840)
distinguía
cuatro
materias
húmicas
artificiales
principales;
la
nimina
y
el
ácido
úlmico,
que
se
pueden
preparar
haciendo
actuar
sobre
el
azúcar
de
caña
ácidos
enérgicos,
pero
diluí-
dos,
á
una
temperatura
inferior
á
la
de
la
ebullición.
Los
copos
Negros
que
se
forman
en
esta
reacción
serían
una
mezcla
de
a/mina,
insoluble
en
los
álcalis,
y
ácido
úlmico,
soluble
en
ellos.
Si
se
trata
el
azúcar
por
ácidos
concentrados,
en
contacto
con
el
aire,
y
se
pro-
longa
la
ebullición,
se
forman
entonces
hamina
y
ácido
húmico,
cuerpos
negros;
insoluble
el
primero
y
soluble
el
segundo
en
los
álcalis.
La
humina
y
el
ácido
húmico
son
más
ricos
en
carbono
y
menos
ricos
en
hidrógeno
que
la
ulmina
y
el
ácido
úlmico.
Estos
dos
últimos
cuerpos
se
encontrarían
de
preferencia
en
el
humns
pardo,
05
Otros
dos
en
el
humus
negro,
que
es
un
producto
de
descomposl-
ción
más
avanzado
que
el
humus
pardo.
Según
Mulder,
el
ácido
húmico
artificial
ó
natural
es
capaz
de
unirse
Con
el
amoníaco.
Por
Otra
parte,
el
ácido
húmico
natural
contiene
siempre
nitrógeno
en
Una
forma
muy
estable,
porque
los
reactivos
más
enérgicos
nunca
le
quitan
más
que
una
parte
de
este
nitrógeno:
parece,
pues,
que
pdas
de
los
componentes
carbonados
del
humus
es
un
Cuerpo
nitrogenado.
En
la
composición
de
estos
productos,
tanto
artificiales
COMO
Maturales,
existen
algunas
diferencias.
En
principio—y
la
mayor
parte
de
los
experimentadores
están
de
acuerdo
sobre
este
punto
—
los
ácidos
húmicos
cambian
de
composición
cuando
se
les
trata
durante
de
LAA
A
A
hi
278
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
ae
un
tiempo
prolongado
con
ácidos
minerales
hirvientes.
Su
propor
de
carbono
aumenta
y
su
proporción
de
hidrógeno
disminuyo-
te
64
El
ácido
húmico
del
azúcar
contendría
aproximadames
ácido
por
100
de
carbono
y
4,5
de
hidrógeno,
mientras
que
»
50
húmico
de
la
tierra
contendría
de
56
á
59
por
100
de
carbolt»
4,5
45,1
de
hidrógeno
y
de
2
á
4
por
100
de
nitrógeno.
ene-
Para
darse
cuenta
de
la
diferencia
de
composición
entre
Is
e
ctas
radores
de
las
materias
húmicas
(celulosa
y
albuminoides)
Y
cada
mismas
materias,
basta
comparar
los
análisis
centesimales
uno
de
estos
productos:
'
a
es
húmi-
Celulosa
Albúmina/según
Parte
0rga-
Acido,
¡oral
(C*H1905)n
la
fórmula
de
nica
de
las
ia]
(des
Í
dia
le
raices
de
al-
[mé
las
CARUENiCO9S)
falfa
(des-
contadas
122.
contadas
las
Ceniza?
'
cenizas)
00
,
Carbono
.
.
44,44
53,59
47,23
0
Hidrógeno.
,
6,18
6,95
*
6,53
350
Oxígeno.
.
49,38
21,84
44,18
2200
Nitrógeno
par
A
»
:
15,64
2,06
'
AZUITO
E
1.98
ES
cd
100,00
100,00
00,00
100%:
,
ar
Comparado
con
la
celulosa,
el
ácido
húmico
es
más
rico
el
E:
bono
y
más
pobre
en
hidrógeno
y
en
oxígeno.
El
nitrógeno
q
a
tiene
este
ácido
procede
de
los
albuminoides
de
las
plantas.
"ralla,
composición
de
la
parte
orgánica
de
una
planta
(raíces
48
a
por
ejemplo)
y
la
del
ácido
húmico,
se
observa
igualmente
está
E
Ja
reucia
esencial
de
mayor
riqueza
en
carbono
del
ácido
húmicO-
proporción
del
nitróg
a
eno
contenido
en
el
ácido
húmico
€8,
er
ral,
mayor
que
la
proporción
del
nitrógeno
contenido
en
la
2
ha
esto
se
debe
á
que
una
parte
del
carbono
de
la
materia
Ve8t
oy
desaparecido
en
forma
de
gas
carbónico
durante
la
humificaó
m-
que
el
nitrógeno,
que
no
se
elimina
en
estado
elemental,
queda
binado
con
la
molécula
carbonada.
ud,
Considerado
en
su
conjunto,
el
humus
es
poco
soluble
en
2
ps
pero
se
hincha
mucho
en
contacto
con
este
líquido.
Cuando
$0
“Ya
por
un
álcali
(potasa,
amoníaco)
una
tierra
rica
en
pa
0170
misma
turba,
una
parte
de
la
substancia
carbonada
Se
$
mini
(ácido
úlmico,
ácido
húmico),
y
otra
parte
queda
insoluble
(Y
jjerds
humina).
De
la
solución
alcalina,
adicionada
de
un
ácido
cualqu
%
O.
q
3e
l
z
.
;
z
Ai
mió
se
precipitan
copos
pardonegruzcos
de
ácido
úlmico
ó
de
ácido
h
4
«orales
Y
:
El
humus
contiene
siempre
materias
mineral
con
nitrógeno.—El
ácido
húmico
se
combina
fácilmel
estas
bases
como
la
cal,
la
magnesia,
el
óxido
de
hierro;
pero
di
Mitrógeno
parece
comportarse
como
PROPIEDADES
QUÍMICAS
GENERALES
DEL
HUMUS
219
combinaciones
sólo
son
de
absorción,
no
en
proporciones
defi-
nidas.
Los
humatos
alcalinotérreos,
y
especialmente
lo
que
se
llama
/hamato
de
cal,
desempeñan
un
papel
muy
importante
en
los
suelos.
Bajo
esta
forma,
el
ácido
húmico
es
particular-
mente
oxidable,
y
sabido
es
con
qué
rapidez
desaparece
á
veces
la
materia
orgánica
de
una
tierra
cuando
se
le
incor-
pora
cal
viva
ó
carbonato
cálcico.
:
Hay
un
punto
capital
que
no
debe
olvidarse
de
mencionar
en
la
historia
del
humus.
Cuando
se
disuelve,
como
hemos
dicho
antes,
la
materia
orgánica
del
suelo
en
un
álcali
y
se
precipita
la
solución
parda
por
un
ácido,
los
copos
así
obte-
nidos
contienen
siempre
nitrógeno
en
una
forma
compleja
que
trataremos
pronto
de
definir,
así
como
substancias
mine-
rales,
cuyas
proporciones
varían
con
la
naturaleza
de
la
ma-
teria
húmica
inicial,
pero
en
las
cuales
se
encuentra
general-
mente
ácido
fosfórico,
cal,
magnesia,
alúmina,
potasa,
azufre,
hierro,
sílice.
Este
hecho
es
de
extremada
importancia:
por-
que,
y
no
se
repetirá
nunca
demasiado,
estas
substancias
asi
aprisionadas
en
el
coloide
orgánico
no
son
puestas
á
dispo-
'Sición
de
las
plantas
más
que
cuando
el
humus
es
destruído
Por
oxidación
y
su
núcleo
carbonado
desaparece
en
estado
de
gas
carbónico.
Examinaremos
ulteriormente
algunas
de
las
propiedades
de
estas
seudocombinaciones
que
contrae
el
úmus
con
las
substancias
minerales.
En
cuanto
al
nitrógeno,
está
unido
de
una
manera
tan
enérgica
con
el
múcleo
carbonado
que,
si
se
hierve
humus
con
ta
solución
de
sosa
ó6
de
potasa,
no
se
elimina
más
que
una
parte
de
este
nitrógeno
en
estado
de
amoníaco;
el
resto
queda
combinado
en
la
molécula
carbonada,
de
donde
no
se
desprende
Más
que
después
de
un
tratamiento
muy
prolongado.
¡lización
por
los
vegetales,
este
las
materias
minerales
de
que
se
acaba
de
tratar.
Unido
al
núcleo
carbonado,
verosímilmente
es
poco
activo
ó
tal
vez
inerte
respecto
de
la
mayoría
de
las
plantas:
no
se
vuelve
activo
más
que
cuando
queda
libre.
Y
como
no
es
probable
que,
en
las
condiciones
habituales,
la
oxidación
del
carbono
húmico
Al
a
acompañada
de
desprendimiento
de
nitrógeno
en
estado
gaseoso,
€
debe
admitir
que
el
núcleo
nitrogenado
del
humus,
después
de
Desde
el
punto
de
vista
de
su
ut
A
AN
A
NI
UI
II
280
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
pos
A
a
entes
haber
experimentado
una
serie
de
PAPA
O
asitoria
activos
son
seres
microscópicos,
toma
finalmente
la
Or
A
encuentran
de
amoníaco
y,
definitivamente,
la
de
ácido
nítrico,
sl
so
tinuació:
realizadas
ciertas
condiciones
de
medio.
Hablaremos,
á
d
-
examinó
de
estas
metamorfosis
sucesivas
del
complejo
nitrogena
0
Pe
remos
su
estructura
y
veremos
más
adelante
cuáles
son
vivos
que
transforman
el
amoníaco
en
ácido
nítrico.
5
gravitan
Relativamente
á
la
multiplicidad
de
las
materias
0)
ña
da
alrededor
del
núcleo
carbonado
del
humus,
Eggertz
oa
do
uN
los
siguientes
análisis
de
18
precipitados
obtenidos
bre
solución
alcalina
de
humus
por
un
ácido
mineral,
En
100
partes:
4561
Carbono.
E
á
6,6
Hidrógeno
.
9064
64
Nitrógeno
0504
380
Oxígeno
.
044
10,4
Silice,
—.
0154
100
Fósforo
.
0:55
4
Ea:
Azufre
.
CTN
TO
04
430
ii
Alúmina
y
óxido
férrico
e
1aS
Variaciones
de
la:proporción
del
nitrógeno
Y
ps:
de
materias
minerales
en
los
diversos
e
E
Wollny,
el
nitrógeno
se
acumula
tanto
más
en
el
falta
1
forma
de
compuestos
difícilmente
alterables
cuando
y
de
los
factores
de
la
eremacansia;
inversamente,
e
¿rece
estos
factores
actúan
al
máximo,
el
nitrógeno
rica:
rápidamente
en
forma
amoniacal,
después
en
forma
ári
Hilgard
ha
demostrado
que
el
humus
de
las
reo
e
giont
es
infinitamente
más
rico
en
nitrógeno
que
el
de
las
dl
pel
húmedas.
Se
ve,
pues,
aquí
la
influencia
del
factor
491%:
“y
,
:
:+pógen
mismo
modo,
cuando
la
temperatura
es
baja,
el
nitrog”
10
¿
j
Ire
es
>
acumula.
De
todas
maneras,
la
ausencia
del
factor
4
40
que
produce
en
los
humus
la
mayor
riqueza
en
Anos
,
Relativamente
á
la
proporción
de
la
materia
11
4
.
,
ás
a
5
tenida
en
el
humus,
puede
decirse
que
ésta
es
tanto
M
pus
al
cod”
I
dante
cuanto
más
difícil
es
la
descomposición
del
e
Todas
las
cáusas
que
dificultan
que
se
ponga
en
li
A
nitrógeno
en
una
forma
difusible
(amoníaco,
Ear
constituyen
igualmente
un
obstáculo
á
que
se
pongan
opO
tad
las
materias
minerales.
Esto
explica
por
qué
las
P
PROPIEDADES
QUÍMICAS
GENERALES
DEL
HUMUS
281,
ciones
del
carbono,
del
nitrógeno
y
de
las
cenizas
aumentan
en
la
turba
á
medida
que
se
arranca
ésta
de
capas
más
pro-
fundas:
se
ve
entonces,
paralelamente,
disminuir
las
propo!-
ciones
del
hidrógeno
y
del
oxígeno.
Como
hace
observar
Wollny,
las
variaciones
del
nitrógeno
y
de
las
materias
minerales
en
los
humus
de
la
tierra
de
labor
propiamente
dicha
son
difíciles
de
conocer,
porque
estos
humus
están
mezclados
íntimamente
Con
la
tierra,
y
entonces
los
análisis
no
tienen
más
que
un
valor
muy
limitado.
El
humus
recubre
las
partículas
térreas
de
una
suerte
de
revesti-
miento;
cuando
se
estudia
la
repartición
del
nitrógeno
de
este
humus
en
100
partes
de
los
diversos
elementos
constitutivos
del
suelo,
se
observa,
según
Dumont,
que
los
elementos
más
finos
son
los
que
tienen
mayor
riqueza
de
nitrógeno.
Acción
del
oxígeno
sobre
el
humus.
—Berthelot
y
André
(1899)
han
examinado
la
acción
del
oxígeno
sobre
un
ácido
húmico
artificial
derivado
del
azúcar
(que
contenía
C=
66,41,
H=
4,57
y
O
=
29,00).
En
frío
y
en
la
obscuridad,
esta
acción
€s
inapreciable
ó
dudosa,
aun
al
cabo
de
mucho
tiempo;
pero,
á
la
luz,
no
ocurre
lo
mismo.
Si
se
introducen
en
un
gran
frasco
algunos
gramos
de
este
ácido
húmico
ligeramente
mojado
con
agua
y
Se
expone
-el
conjunto
á
la
luz
solar,
se
ve
que
la
materia
parda
poco
á
poco
se
vuelve
ama-
Yillenta:
al
mismo
tiempo
se
desprende
gas
carbónico,
cuya
presencia
puede
comprobarse
aspirando
el
aire
del
frasco
y
haciéndolo
pasar
por
agua
de
cal.
Se
consigue,
también,
con
el
humus
natural
extraído
del
suelo
mediante
un
álcali
y
precipitación
por
un
ácido:
este
humus
se
vuelve
amarillo,
al
mismo
tiempo
que
se
desprende
gas
carbónico.
El
humus
natural
parece
menos
alterable
que
el
humus
artificial:
se
debe
esto
al
mayor
grado
de
división
de
este
último.
Esta
oxidación
€s
atribuí-
le,
en
el
caso
presente,
á
un
fenómeno
puramente
químico.
En
las
condiciones
naturales,
intervienen
también
ciertos
microorganismos:
existe,
pues,
aquí
una
doble
causa
de
destrucción
de
la
materia
orgá-
nica
de
los
suelos.
La
absorción
del
oxígeno
poz
la
materia
húmica
es
más
rápida
en
presencia
de
un
álcali
como
la
potasa.
:
Nikitinsky
(1902)
ha
confirmado
estos
resultados:
la
elevación
de
a
temperatura,
la
insolación,
la
humedad,
aceleran
mucho
esta
0Xi-
dación
puramente
química.
Pero,
cuando
existen
microorganismos,
la
oxidación
es
incomparablemente
más
rápida.
Papel
del
humus
respecto
de
los
vegetales.
—
El
umus
desempeña,
respecto
de
la
vegetación,
UN
papel
¿ndi-
989
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
recto
y
un
papel
directo.
Su
papel
indirecto
no
puede
E
negado,
porque
la
oxidación
del
humus
engendra
el
gas
de
bónico
cuyas
propiedades
disolventes
de
las
materias
minerd”
les
han
llamado
más
de
una
vez
nuestra
atención.
Se
U%
también
que,
cuando
un
suelo
está
cubierto
de
una
espest
capa
de
materia
vegetal
en
vías
de
descomposición
(capa
hojas,
por
ejemplo),
los
elementos
minerales
sufren
e
por
una
acción
de
disolución.
Además,
el
núcleo
nitrogen
de
este
humus
y
su
núcleo
mineral
son
puestos
en
liber
E
1
todo
á
los
del
gran
eultivo—más
que
cuando
la
destrucción
A
:
,
1
es
posible,
esto
es,
que
se
realicen
las
Corto
suelo
que
contiene
este
humus
será
estéril
porque
el
po
pco
difícilmente
oxidable
fuera
de
las
condiciones
de
co
retendría
enérgicamente
el
cid
e
materias
minerales
útiles
á
las
plantas
4%”
Ea
IL
aprovecharse
de
ellas.
No
se
puede
fijar
42
eE
ic
do
la
proporción
óptima
de
humus
a
E
eL
,
asia
esta
proporción
depende
esel
a
ne
e
oxidantes
que
el
suelo
poses.
,
Peal
A
e
humus
persistirá
mucho
tiempo
ene”
e
;
si
es
demasiado
compacto,
el
aire
10
.
y
la
materia
orgánica
seguirá
como
tal.
cial:
10
Busquemos
ahora
cuál
es
el
papel
directo
que
el
humus
po
Oo
de
la
vegetación.
Antes
de
la
aparición
la
ancdlsad]
Ao
de
Liebig
(1840)
sobre
la
nutrición
minera
ds
E
Ae
ya
de
que
un
suelo
es
tanto
más
fértil
cuanta
MáS
p
pía
naa
ntiene,
Esta,
procediendo
de
la
vida
de
la
plantas
yo,
td
ente
volver
directamente
á
ella.
Liebig,
como
S€
atló
victoriosamente
esta
opinión,
y
demostró
que
la
DU
PROPIEDADES
QUÍMICAS
GENERALES
DEL
HUMUS
283
vegetal
era
puramente
mineral.
El
humus
es
inútil
como
materia
carbonada;
su
papel
no
principia
hasta
que:
$6
destruye
y
cuando
devuelve
así
al
medio
ambiente,
en
forma
inorgánica,
los
Cuerpos
simples
que
entrar
en
su
composición:
el
carbono
en
estado
de
gas
carbónico,
el
nitrógeno
en
estado
de
amoníaco,
el
hidrógeno
en
estado
de
agua.
Sin
embargo.
muchos
observadores,
á
pesar
de
admirar
la
exactitud
de
estas
ideas,
habían
observado
que,
donde
el
humus
falta,
aparece
la
esterilidad,
aun
cuando
el
suelo
contenga
suficientes
cantidades
de
las
materias
fijas
indispensables
á
la
planta.
De
donde
deriva
la
idea,
formulada
en
diversas
ocasiones,
de
la
posibilidad
de
la
absorción
por
el
vegetal
de
una
parte
de
la
materia
carbonada
del
suelo.
Hemos
visto
antes
el
resultado
de
los
experimentos
de
Gran-
deau
y
de
Petermann
sobre
la
diálisis
de
las
tierras.
Dumont
(1897)
ha
demostrado
también
que
los
humatos
solubles
son
dializables,
y
que
cierta
proporción
de
materia
orgánica
acompaña
slempre
en
esta
diálisis
á
la
materia
mineral.
Para
acelerar
el
paso
de
los
líquidos
á
través
de
una
membrana
de
papel
pergamino,
es
necesario
disminuir
algo-la
presión
en
el
interior
del
dializador.
uesto
que
la
materia
orgánica
puede
atravesar
la
membrana
de
Un
dializador,
es
permitido
creer
que
atravesará
también
las
mem-
ranas
de
una
raíz
viva.
La
cosa
no
es
dudosa
en
el
caso
de
los
vege-
tales
desprovistos
de
clorofila,
especialmente
los
hongos,
que,
la
mayor
parte
del
tiempo,
viven
en
el
humus
ó
en
suelos
muy
carga-
0s
de
materia
orgánica.
Ciertas
moléculas
carbonadas
y
nitrogena-
as,
contenidas
en
el
complejo
que
hemos
llamado
humus,
deben
ser
consideradas
como
el
origen
del
carbono
y
del
nitrógeno
de
estos
vegetales,
Además,
estas
plantas
superiores
que
no
contienen
cloro-
fila
(Orobanques,
Monotropa,
Neottia
nidus
avis,
etc.)
deben,
como
0s
hongos,
tomar
su
alimento
del
medio
orgánico
complejo
en
que
vegetan
sus
raíces.
Lo
mismo
Ocurre
verosímilmente
con
ciertos
vege-
ales
superiores
que
viven
en
los
restos
de
plantas
muertas
(saprofi-
tismo)
y
cuyas
hojas
son
con
todo
verdes
(Rinanteas),
así
como
Con
las
plantas
en
cuyas
hojas
la
clorofila
es
poco
abundante
ó
está
mal
distribuida,
Erank
publicó,
en
1885,
un
notable
trabajo
que
aclara
con
nueva
uz
esta
cuestión
que
hasta
entonces
estaba
muy
obscura.
Si
se
examinan
las
raíces
de
muchos
vegetales
que
viven
en
el
humus
en
suelos
muy
cargados
de
materias
orgánicas,
como
las
de
ROS
árboles
de
bosques
que
crecen
en
suelos
llamados
ácidos
onde
la
nitrificación
del
nitrógeno
no
se
efectúa,
se
observa
que
estas
raíces
viven
en
simbiosis
con
ciertos
elementos
micelianos
Ó
Mycorhizas.
Estas
criptógamas,
de
naturaleza
especial,
seri
,
Cierto
modo
un
lazo
de
unión
entre
la
planta
cuyas
raíces
1
levan
y
el
propio
humus.
Las
materias
nutritivas
que
éste
contiene,
tant
SI
son
carbonadas
como
nitrogenadas
ó
minerales,
serí
|
d
geridas
POr
las
mycorhizas
y
ofrecidas
luego
á
la
raíz
hospitalari
en
par
9tma
apropiada
para
la
asimilación
Y
la
utilización.
.
A
sencía
hr
It,
ná
tanto
e
UD
-——
A
a
A
a
,
j
'
ÁNICA
1102008
290
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORG
%
id0,
3%
brá
sulr
sación,
no
puede
aprovecharla
más
que
Po
E
Capaz
por
vía
química
ó
microbiana,
una
hidrataci
convertirlo
en
sal
amoniacal.
El
signiente
experimento
responde
á
esta
it
o
un
ácido,
E
Tratemos
un
peso
conocido
de
tierra
vegeta
LS
como
el
clorhídrico,
en
diversos
estados
de
A
raNGilE
est
tiempos
variables
y
á
diferentes
temperaturas.
tl
que
ción,
filtremos
y
lavemos
el
precipitado
en
el
fi
cd
chada
de
M48?
eliminado
el
ácido.
Al
líquido
filtrado
se
adiciona
valorado
el
am
nesia
en
exceso
y
se
destila:
se
recibe
en
un
Pdo
ción
se
deseca
ho
níaco
que
se
desprende.
El
residuo
de
esta
a
cantidad
q
luego
se
calcina
con
cal
sodada:
así
se
recoge
E
ógeno
amida
si
nitrógeno
en
forma
amoniacal,
que
llamaremos
21
El
magma
AN
,
soluble.
Por
fin,
y
como
comprobación,
desequemos
luego,
€
os
luble
en
el
ácido
clorhídrico,
y
anotemos
su
PA
18
suma
de
parte
del
mismo,
determinemos'
el
nitrógeno
tota
“1a
magnesia,
ple
pesos
del
nitrógeno,
del
amoníaco
desprendido
por
la
ma,
insoluió
nitrógeno
amidado
soluble
y
del
nitrógeno
O
del
nitrógo
en
el
ácido
clorhídrico,
es
sensiblemente
igual
á
la
erdido;
PLA
total
contenido
en
la
muestra
primitiva.
No
se
ha.
dee
Y
nitrógeno
en
una
forma
desconocida
en
las
manipulacl
a
opera
quede
inistrd
A
.
e
sumi
Examinemos
ahora
el
valor
de
las
cifras
que
semejante
tratamiento.
mo”
j ;
E
¡ón
de
A
Acción
hidrolizante
de
los
ácidos;
eN
dos
co2
níaco.—He
aquí
un
ejemplo
de
los
resultados
ne
Mendo
una
tierra
de
la
Estación
de
química
vegeta
>
.
">
Ed
total
po
esta
tierra
contenía
1,744
gramos
de
nitrógeno
gramo
de
materia
seca.
inserito
en
1
MES
Recordamos
que
el
nitrógeno
amoniacal
inscr
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DEL
NÚCLEO
NITROGENADO
DEL
HUMUS
991
Junta
tabla
es
el
que
ha
desprendido,
por
destilación
en
con-
facto
con
la
magnesia,
el
líquido
ácido
filtrado,
y
que
el
nitró-
geno
amidado
soluble
representa
el
nitrógeno
que
se
desprende
en
estado
de
amoníaco
cuando
se
calcina
con
cal
sodada
el
residuo
de
la
precedente
destilación:
Nitrógeno
Nitrógeno
amoniacal
amidado
soluble
en
1
kg.
0/,
del
en
1
kg.
0/7
del
de
tierra
nitróge-
detierra
nitróge-
no
total
no
total
A
A/A
A
AT
MAT
(A)
(B)
Después
de
un
contacto
de:
:
a
18
horas
en
frío.
.
0%:0048
0,27
050277
1,58
B
5
días
en
frío
.
0
0087-
0,550
0
0302
1,73
y
2
horas
á
1009.
0
0488
2,79
O
1236
7,08
1
a
18
horas
en
frío.
.
0
0144
0,82
O
0606
3,47
£
5díasenfrío
.
.
0
0214
1,22
0
095
5,18
Y
2horasá
100%
.
0
1010
-
5,79
O
3569
20,46
1
a
18
horas
en
frío.
O
0149
0,85
O
0686
3,93
p
5
días
en
frío
0
0304
1,74
0.0965
5,53
Y.
2
horas
4100.
.
0
1241
7,11
O
4803
24,67
>
Y
e
de
estas
cifras
enseña
que,
por
lo
que
se
refiere
al
riqueza
o
amoniacal,
1.?,
la
proporción
de
éste
aumenta
con
la
dr
en
ácido
clorhídrico
del
líquido
empleado
para
atacar
res
que
1
así,
los
números
de
la
primera
serie
(columna
A)
son
meno-
que
los
de]
de
la
segunda
serie,
los
cuales,
á
su
vez,
son
menores
niacal
e
a
tercera
serie;
2.”,
la
proporción
del
nitrógeno
amo-
Peratura
Ce,
para
una
misma
proporción
de
ácido
y
una
misma
tem-
ácido:
3
e
la
duración
del
contacto
de
la
tierra
Con
el
líquido
Concentraci
a
proporción
del
nitrógeno
amoniacal,
para
una
misma
con
la
ada
del
ácido
y
una
misma
duración
del
contacto,
crece
Mperatura,
a
de
los
tres
factores,
duración
del
contacto,
con-
Urea
Co.
Be
Ácido,
temperatura,
merece
ser
notada,
En
efecto,
la
Pa
H2)?,
amida
bien
caracterizada,
que,
por
fijación
de
e
Hno
de agua,
regenera
el
carbonato
amónico,
se
comporta
contacto
EE
con
los
ácidos.
En
frío,
y
para
un
mismo
tiempo
de
a
de
urea
que
se
transforma
en
carbonato
amó-
cuando
AO
del
ácido
clorhídrico,
por
ejemplo,
es
tanto
mayor
de
la
mi
“oucentrado
es
el
ácido.
Todas
las
amidas
se
comportan
ea
manera,
amida
a
nitrogenado
del
humus
se
comporta,
pues,
como
una
vitrógen
ale
dicha.
Al
mismo
tiempo
que
la
proporción
de
antes
est
dial
oniacal
aumenta
bajo
la
influencia
de
los
tres
factores
udiados,
la
proporción
del
nitrógeno
que
hemos
llamado
992
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
Dan
tajo
|
nitrógeno
amidado
solnble
(columna
B)
aumenta
paralelamente
ro-
la
influencia
de
los
mismos
factores,
sin
que
haya,
sin
emba
de
geno
porcionalidad
entre
la
formación
del
amoníaco
y
la
del
D
amidado
soluble
(Berthelot
y
André,
1887).
S
Dada
la
presencia
constante
del
nitrógeno
en
E
io
se
puede
preguntar
si
será
posible
separar
la
materia
Hasta
carbonada
del
humus
de
la
materia
carbonitrogenada..
La
ahora,
esta
separación
nunca
ha
sido
intentada
con
M
q
el
vegetal
vivo,
los
principios
carbonados
y
nO
nitrog?
¡pios
son,
ante
todo,
celulosas
ó
materias
azucaradas:
108
a
e
carbonados
y
nitrogenados,
principalmente
albumino!
E
eno
puede,
cuando
se
ha
determinado
el
carbono
y
€l
nit
E
A
totales
en
la
materia
seca
de
un
vegetal,
deducir,
4
lo
¡pun
E
aproximadamente,
de
la
cantidad
del
nitrógeno
la
de
iso
noides
que
existían
en
la
planta.
Se
podría
aplicar
€
ó
pres
cálculo
al
humus
y
suponer
que
el
nitrógeno
de
éste
*
pide.
ponde
á
una
materia
que
aun
tiene
la
forma
de
alba
ger
:
Este
albuminoide
húmico
estaría
así
asociado,
en
0
"icnfico
1]
orgánica
de
los
suelos,
con
cierta
cantidad
de
ácido
popie
(no
nitrogenado)
próximo,
por
su
composición
y
sus
Se
esta
dades,
al
ácido
húmico
artificial.
Señalamos
simplemez
os
aproximación,
pero
sin
insistir
en
ella:
se
compre”
¡ón
caracteres
aleatorios
que
presenta
semejante
especulaci
E
Ñ
tr
El
agua
sola
puede
actuar
sobre
la
materia
orgánica
Pio,
H6
formar
en
amoníaco
una
fracción
de
este
nitró
complejo
:
geno
;
á
«
(1889)
ha
demostrado
que,
si
se
calienta
una
tierra
húmeda
o
.
.
de
100”,
se
produce
siempre,
por
una
acción
puramen
ó
cierta
cantidad
de
amoníaco
procedente
de
la
fijación
del
:%
d
pación
7
compuestos
amidados,
y
que
su
proporción
aumenta
con
de
la
calefacción.
.
. .
am
É
J
Acción
hidrolizante
de
los
álcalis:
formación
ce
abon
níaco.—Haciendo
actuar
los
álcalis
sobre
la
tierrá
E
,se
obtiene
una
acción
hidrolizante
análoga
á
la
qUe
iO
Dm
el
ácido
clorhídrico,
Para
ello
se
calienta
en
Un
1%
cgptt
peso
conocido
de
tierra
con
potasa
diluida
(1/10)
astrós
doce
horas.
Mediante
una
corriente
de
hidrógeno
Se
*
pidroo
á
medida
que
se
forma,
el
amoníaco
producido
en
0
0
-
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DEL
NÚCLEO
NITROGENADO
DEL
HUMUS
293
lisis;
se
recoge
este
gas
en
un
ácido
valorado.
El
magma,
de
donde
se
ha
desprendido
este
amoníaco,
contiene
todavía
una
fuerte
proporción
de
nitrógeno
(unos
75
por
100)
que
la
potasa
ha
solubilizado
y
que
es
fácil
determinar.
Por
último,
cierta
cantidad
de
nitrógeno
queda
insoluble
en
el
residuo.
La
suma
de
estas
tres
formas
del
nitrógeno
es
sensiblemente
igual
á
la
cantidad
total
de
nitrógeno
de
la
muestra
primitiva.
|
Aquí
también
encontramos
francamente
el
carácter
amt-
dado
del
nitrógeno
contenido
en
la
tierra
de
labor.
La
pro-
porción
del
nitrógeno
solubilizado
por
la
potasa
varía
COn
el
tiempo
que
se
calienta
(Berthelot
y
André).
Si
se
trata
en
frío
la
tierra
por
una
solución
concentrada
de
potasa,
se
desprende
amoníaco;
pero
este
desprendimiento
Se
produce
con
gran
lentitud,
subordinada
á
la
misma
lenti-
tud
de
la
hidratación
de
las
amidas.
-
Teníamos
razón
al
decir
al
principiar
que
la
materia
orgánica
Nitrogenada
del
suelo
se
comporta
como
un
complejo
en
el
núcleo
del
Cual
se
hallan
amidas
muy
condensadas,
insolubles,
que
la
acción
de
los
ávidos
6
de
los
álcalis
hidroliza
poco
á
poco,
y
Cuyo
término
nitro-
genado
final
de
descomposición
más
sencillo
parece
ser
el
amoníaco,
-
Sin
que
se
pueda,
en
momento
alguno,
observar
desprendimiento
de
nitrógeno
gaseoso.
Si,
en
fin,
se
determina
ú
la
vez
el
carbono
que
se
encuentra
en
cada
uno
de
los
productos
del
desdoblamiento
efec-
tuado
por
la
potasa
y
se
compara
la
cifra
que
se
obtiene
con
la
de
"ltrógeno
correspondiente,
se
puede
enunciar
la
ley
siguiente
que
es
general
en
todos
los
desdoblamientos:
la
fijación
del
agua
que
*e
-
Plectúa
bajo
la
influencia
de
los
álealis
transforma
el
núcleo
orgánico
insoluble
“del
humus
en
compuestos
solubles
menos
condensados,
Siendo
los
compuestos
condensados
á
la
vez
los
menos
solubles,
los
Más
pobres
en
nitrógeno
y
los
más
ricos
en
carbono,
be
Se
observan
fenómenos
análogos
á
los
que
acabamos
de
describir
en
todas
las
tierras.
Si
se
comparan
entre
sí
las
cifras
obtenidas
Con
Umus
de
diversos
orígenes:
buena
tierra
de
labor,
mantillo
ordina-
PA
turba,
tierra
de
brezo
que
se
sometan
á
un
tratamiento
alcalino
idéntico
(la
misma
concentración,
la
misma
temperatura,
la
misma
ad
de
la
acción)
seguido
de
un
idéntico
tratamiento
Con
el
a
clorhídrico,
se
llega
á
la
conclusión
de
que
la
proporción
Ae
'rógeno
finalmente
solubilizado
es
aproximadamente
la
misn
cuando
el
ciclo
de
las
reacciones
ha
terminado
(unos
95
por
100
del
Mitrógeno
total).
Estos
diversos
humus
nO
difieren
entre
sí
más
que
Por
la
manera
como
se
comportan
en
los
estadios
intermedios:
UN
Umos
será
más
sensible
á
la
acción
de
los
álcalis
que
otro,
Pero,
é
ÁNICA
294
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE LA
MATERIA
ORG
ds
;
»
¡bró
end.
D
desde
el
punto
de
vista
de
la
solubilización
final
del
M
8
hay
diferencia
(G.
André).
e
|
opor
Productos
intermedios
obtenidos
en
la
¿ba
del
pucha
ción
del
humus
por
los
ácidos.
—Tratando
41910),
median
|
gán
por
los
ácidos
clorhídrico
6
sulfúrico,
Jodidi
terizar,
entre
da
reacciones
específicas
conocidas,
ha
podido
carac
del
amoníaco,
l-
productos
de
esta
descomposición,
la
presencia
(
ácidos
ma
|
como
la
de
ácidos
amidados,
ácidos
pomos
y
«or
Ha
encon
;
nicos.
En
estas
dos
últimas
categorías
de
ácidos,
e
A
piscina
trado
cuerpos
análogos
al
ácido
aspártico,
á
la
iS
de
dos
muere.
á
la
arginina,
á
la
lisina.
Robinson
(1911)
ha
aisla
pá
amínicoS
bit
;
de
suelos
turbosos,
tratados
por
los
ácidos,
dos
áci
ye
conocidos:
la
leucina
y
la
isoleucina.
nada
los
Y:
-
tu
eq
polisió
Estos
ensayos,
que
completan
de
una
manera
ao
la
pido
hemos
explicado
antes,
demuestran
muy
claramente
4
Dr
de
la
ma
e
;
+
.
y .
r
vetal
eng
pa
teria
nitrogenada
contenida
en
la
tierra
|
ed
AÑ
ab
substancias
próximas,
si
no
idénticas,
á
las
que
sum
minoides
propiamente
dichos.
o
AS
a
Acciones
químicas
naturales
que
simplifican.
js:
e
geno
complejo
del
humus.—En
las
o
a
c0ppia
los
agentes
principales
que
atacan
á
la
materia
!
,
modo
de
$
del
humus
son
seres
vivos.
Veremos
más
tarde
de
jodio
Acción.
Pero,
no
debe
olvidarse
que
la
Da.
amonÍ
ejerce
una
influencia
capital:
no
hay
formación
ulterió
á
lo
menos
en
cantidades
notables,
y
CES
cárco
ÓN
este
amoníaco,
más
que
cuando
el
suelo
contiene
S
objetos
Ñ
9
práctica
del
encalado
y
la
del
margado
tienen
Pa
si
eL
sea
provocar,
si
el
suelo
es
ácido,
ya
de
TÍA
nitros
A
ya
es
algo
calcáreo,
esta
descomposición
del
eg
re8.C
Y
|
nado
complejo.
Entonces
hay
que
preguntar
Sl
bona
co
"
cálcicos
así
introducidos
en
el
suelo
(cal
viva,
e
¡nde
:
cico)
poseen
un
poder
descomponente
químico
pe
convi
piel
pendiente
de
la
presencia
de
microorganismos
A
oniaca
Si
el
nitrógeno
amidado
complejo
en
nitrógeno
al
nsfor
aa
|
caso
afirmativo,
se
podrá
deducir
que
las
E.
ni
LA
¡
nes
que
hacen
sufrir
estos
agentes
á
la
matel
tasa)
cop
+
nada
se
acercan
á
las
de
los
álcalis
enérgicos
(PO
pe
á
á
t0
es
'
estudio
hemos
hecho
antes.
Y
precisamente
es
Ocurre.
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DEL
NÚCLEO
NITROGENADO
DEL
HUMUS
295
Boussingault
determinó
una
vez
las
cantidades
de
amoníaco
for-
madas
en
una
tierra
encalada,
según
las
cantidades
de
cal
añadidas
y
según
la
duración
del
contacto.
El
procedimiento
de
determinación
del
amoníaco
empleado
por
Boussingault
no
está
al
abrigo
de
obje-
ciones;
por
esto
las
cifras
adjuntas
no
tienen
más
que
un
valor
com:
parativo:
Cal
empleada
por
kilogramo
de
tierra
Duración
del
contacto
NH?
formado
IS
O
ea
To
1
mes
0,0050
gr.
e
e
cl
AS
6
días
0,0120
»
A
9
días
0,0340
>
A
as
Rd
ó:
1 mes
0,0760»
ds
2
meses
0,0790
>»
.
.
. .
.
.
.
.
Resulta
del
examen
de
estas
cifras
que,
al
cabo
de
un
tiempo
astante
corto,
aun
cuando
las
proporciones
empleadas
sean
escasas,
la
cal
determina
por
su
contacto
con
la
tierra
vegetal
una
notable
formación
de
amoníaco.
Pero,
cuando
el
exceso
de
cal
es
considera-
le,
los
fenómenos
biológicos
quedan
suspendidos
—especialmente
la
Mnitrificación,
—mientras
que
el
desprendimiento
de
amoníaco
es
muy
pronunciado,
La
nitrificación
vuelve
á
efectuarse
cuando
la
caustici-
ad
de
la
cal
disminuye
á
causa
de
su
combinación
con
el
ácido
car-
bónico.
Esta
acción
química
de
la
cal
es
todavía
más
profunda
sobre
el
estiércol
ó
sobre
los
abonos
verdes
que
en
el
suelo.
Se
puede
ade-
antar—y
esto
está
por
otra
parte»
de
acuerdo
con
lo
que
se
observa
en
la
práctica—que
la
simplificación
del
nitrógeno
complejo
conte-
nido
en
estos
abonos
es
tanto
más
rápida
cuanto
más
íntimo
es
su
contacto
con
la
cal.
Si
las
condiciones
de
la
nitrificación,
que
examl-
Uaremos
más
tarde,
están
realizadas,
resultará
que
la
transformación
del
nitrógeno
orgánico
en
nitrógeno
nítrico
es
notablemente
acelerada
Por
el
encalado,
el
cual
da
lugar
á
la
formación
de
amoniaco.
Tal
-
Yapidez
en
la
producción
del
amoníaco,
y
después
del
ácido
nítrico,
KO
debe
temerse
más
que
en
el
caso
en
que
la
vegetación
10
pueda
-
Aprovecharse
de
esta
solubilización
del
nitrógeno:
en
efecto,
el
ácido
Mítrico,
ó
mejor
el
nitrato
cálcico,
sería
entonces
llevado
por
las
llu-
vias
al
interior
del
suelo
y
luego
arrastrado
po!
las
aguas
de
nfiltración.
Aun
cuando
actúe
con
menos
energía
que
la
cal
viva,
el
carbonato
cálcico
ejerce,
sin
embargo,
una
acción
MUY
apreciable;
hasta
E
á
menudo
la
ventaja
de
movilizar
cantidades
de
nitrógeno,
Sin
duda
Menos
considerables,
pero
que,
por
esto
mismo,
están
menos
expues-
tas
á
las
pérdidas
debidas
al
agua
de
infiltración.
En
realidad,
se
trata
siempre,
en
semejantes
acciones,
de
a
hidrolisis
de
la
materia
nitrogenada;
esta
hidrolisis
5
tanto
más
rápida
y
tanto
más
profunda
en
cuanto
es
producida
POr
agentes
más
enérgicos
y
á
una
temperatura
más
elevada.
296
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
Absorción
y
emisión
de
amoníaco
por
la
tierra
de
|
labor.
—
De
los
hechos
precedentemente
estudiados,
*
deduce
una
consecuencia,
Ya
que
existen
reacciones
quimica
y
microbianas
que
convierten
en
el
suelo
el
nitrógeno
Com”
plejo
del
humus
en
nitrógeno
amoniacal,
¿qué
ocurre
cuan
no
se
efectúa
la
nitrificación?;
¿se
desprende
el
amoniaco
e
estado
gaseoso
en
la
atmóstera?.
Cuando
se
examinan
las
relaciones
del
amoniaco
con
A
suelo,
son
posibles
dos
acciones:
el
amoníaco
atmosÍó”
rico
(pág.
85)
es
absorbido
por
el
suelo,
puede
nitrificarse
%
se
hallan
realizadas
las
condiciones
del
fenómeno
nitrificató”
concurriendo
así
4
la
alimentación
nitrogenada
de
las
;
tas.
En
realidad,
se
puede
hacer
absorber
artificialmente
una
tierra
proporciones
bastante
notables
de
amoníaco,
E
sea
haciendo
pasar
por
esta
tierra
una
corriente
de
este
g%%
ya
poniéndola
en
contacto
en
un
vaso
cerrado
con
uná
an
A
fera
cargada
de
amoniaco.
Pero,
inversamente,
na
tierra
PE
4
saturada,
por
fuerza,
pierde
rápidamente
la
mayo!
par
gas
que
ha
absorbido
cuando
se
la
expone
nuevamen
A
ó
cuando
se
hace:
circular
en
St
superficie
los
7
eds
ga
En
las
condiciones
naturales,
ocre
A
ad
nos:
el
amoníaco
atmosférico
es
absorbido
ba
GRAO
aL
proporción
que
varía
con
la
oxistenc
dl
E
e
de
de
los
cuales
el
principal
es
la
comp0
o
em
?
RE
ESTE
si
el
amoníaco
o
ha
a
Ss
las
acciones
químicas
y
e
4
atmóstera
Parece
a
lo
ERA
par
e
ES
fre:
cuente,
y
aunque
Ni
debil
deja
da
ql
A
normalmente
su
intensidad
es
*2
co
es
ed
verdad
que
este
desprendimiento
de
ai
o
e
e
hacer
perder
al
suelo
cierta
cantidad
de
nitróg*
cl
pa
del
amoníaco
atmosférico
sería,
pues,
E
íaco
que
del
suelo
se
exhala.
He
aquí
la
demos
te
A
tración:
ALA
sde
ALELEa
En
de
una
tierra
que
no
había
recibido
abonos
eS
de.
cultivo
de
la'Est
é
tomado
de
la
superficie
de
una
de
las
parco,
qna
AS,
>
iaa
de
química
vegetal
de
Meudon,
desp
K
ag
(perdia
as
de
lluvia,
Esta
muestra
contenía
171
gramos
1
pérdida
á
100%;
se
la
puso
en
un
frasco
atravesado
a
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DEL
NÚCLEO
NITROGENADO
DEL
HUMUS
297
corriente
de
aire
(6
litros
por
hora)
que
burbujeaba
á
través
de
una
solución
diluída
de
ácido
sulfúrico
valorado.
La
proporción
de
amoníaco
obtenida
llegó
0,012
gr-
(para
un
kilogramo
de
tierra
suponiéndola
seca),
siendo
el
error
de
la
determinación
en
este
caso
de
0,006
gr.
en
más
ó
en
menos.
A
Un
kilogramo
de
tierra
tomado
€n
el
mismo
sitio,
á
0,20
Mm.
de
profundidad,
que
contenía
142
gr.
de
agua,
fué
tratado
de
la
misma
-
manera,
Se
encontró:
NH?
desprendido
=
0,035
mer.
Así,
pues,
en
este
punto,
la
capa
superficial,
lejos
de
haber
tomado
amoníaco
á
la
atmósfera,
había,
por
el
contrario,
cedido
cierta
cantidad
de
este
álcali
libre,
contenido
en
las
capas
más
profundas
(Berthelot
Y
André,
1887).
La
emisión
del
amoníaco
por
el
suelo
es,
pues,
U»”
fenó-
meno
general
que
depende
de
muchos
factores:
temperatura,
grado
de
humedad,
de
alcalinidad
y
de
permeabilidad
del
Suelo,
riqueza
de
éste
en
nitrógeno
total.
Es
probable
que,
al
tre
libre
y
en
las
condiciones
naturales,
esta
emisión
10
Sea
siempre
uniforme.
Si
la
temperatura
del
suelo
es
más
baja
que
la
del
aire
ambiente,
el
desprendimiento
debe
disminuir;
tal
vez
llega
á
anularse
de
momento
y
es
substituido
por
el
fenómeno
inverso
de
la
absorción
del
amoníaco
aéreo
por
el
suelo.
Pero,
cuando
la
temperatura
del
suelo
es
más
elevada
-
que
la
del
aire,
la
emisión
del
amoníaco
vuelve
4
empezar.
Existen
pequeñas
cantidades
de
amoníaco
en
el
suelo,
hasta
astante
profundidad.
Se
puede
determinar
este
amoniaco
mediante
el
procedimiento
de
Longi,
de
que
hablaremos
á
propósito
del
aná-
isis
químico.
A
fin
de
invierno,
hacia
el
mes
de
abril,
la
cantidad
e
esta
base
varía
con
la
altura
á
que
se
toma
la
muestra
y
aumenta
con
la
profundidad.
Es
probable
que
la
nitrificación,
poco
intensa
en
aquella
época
del
año,
no
ha
transformado
aún
en
nitrógeno
nítrico
odo
el
nitrógeno
amoniatal
que
procede
de
la
descomposición
de
la
Materia
nitrogenada
en
la
superficie
del
suelo,
Una
pequeña
porción
de
este
amoníaco
avanza
hacia
el
interior
y
puede
pasar
á
las
aguas,
£
infiltración,
como
ha
sido
comprobado
con
frecuencia;
otra
pol”
ción,
mucho
más
importante,
es
retenida
por
la
materia
en
las
capas
superiores
del
suelo.
Al
terminar
el
período
de
calor
(octubre),
la
cantidad
de
amoníaco
que
se
encuentra
en
las
diferentes
capas
de
Suelo
es
mucho
menor
que
al
principio
de
la
primavera
á
causa
e
la
Witrificación
de
esta
base
á
medida
que
ha
ido
formándose.
Por
otra
parte,
esta
proporción
de
amoníaco
es
siempre
escasa
y,
ComO
a
da
á
propósito
de
la
composición
de
las
aguas
de
infiltración,
un
tidad
de
álcali
arrastrado
por
estas
aguas
05
despreciable
elación
4
la
del
ácido
nítrico
(G.
André,
1905).
998
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
q
vto
1
:
á
Olor
propio
de
la
tierra.
—
Cuando
la
tierra
e
mojada,
principalmente
á
causa
de
una
lluvia
tempestuosd
.
,.
07
siendo
la
temperatura.
poco
elevada,
despide
un
olo!
dl
mático.
Berthelot
y
André
(1892)
han
demostrado
que
el
principio
os
cial
de
este
olor
es
debido
á
un
compuesto
orgánico
neutro,
qU
bs-
arrastrado
por
el
vapor
del
agua
de
la
misma
manera
que
1a8:8
m
tancias
cuya
tensión
es
pequeña.
Si
se
calienta
tierra
ligeramó
se
:
húmeda
en
un
alambique,
calentado
en
bañomaría
á
unos
90
200
obtiene
un
líquido
acuoso
dotado
de
un
olor
aromático
bastante
Y
3
Rectificando
el
líquido
así
obtenido
y
recogiendo
aparte
188
a
porciones,
el
olor
de
éstas
es
mucho
más
pronunciado,
e
zo
]
por
esto
de
tener
olor
el
residuo
de
la
destilación.
El
producto
1
Mos
9
alcalino,
contiene
amoníaco
y
reduce
el
nitrato
de
Po
o
en
contacto
con
carbonato
potásico
forma
"»l
:
ei
dd
arrastra,
pues,
en
la
destilación
muchas
E
Rullman:
a
materia
aromática?
Es
imposible
afirmar:
a
y
Salzmart,
el
olor
propio
de
la
tierra
seria
E
¡fe
presencia
un
organismo
microscópico:
Streptothrix
000
Ta
'
e
es
odorifer,,
y
existiría
una
relación
entre
la
cons”
0
a
ne
;
AS
pd,
carbonadas
apropiadas
para
st
ind
al
cet
OS
Tal
vez
este
producto
volátil
conteng
impor”
e
s
se
ha
hecho
desempeñar
en
estos
últimos
añ05
un
yenó”
e
papel
en
los
fenómenos
de
intoxicación
del
suelo.
Este
cier
.
.
io
y
.
Er
Un
explicar,
según
algunos
autores,
po!
ge
Seidda
de
Pe
A
en
la
misma
parcela
de
tierra
a
te
de
mpo
algo
largo,
Volveremos
á
tratar
más
este
punto
especial,
3
a
Rohland,
el
olor
que
presentan
ciertas
arcillas,
p
subs
EA
e
su
naturaleza,
debe
atribuirse
á
la
presencia
en
esta
as
de
indicios
imponderables
de
materias
orgánicas.
ancias.
seguia
ido
41%
V
ATMÓSFERAS
CONFINADAS
DE
LOS
SUELOS:
VARIACIONES
DE
LA
COMPOSICIÓN
DE
LOS
GASES
'
eii
le
¡dad
de
En
diferentes
ocasiones
hemos
insistido
en
la
necesid:
del
la
circulación
en
el
suelo
de
los
gases
del
aire.
1
rabo
de
A
suelo
tiene
principalmente
por
objeto
asegurar
ú
la
t1er
tancia.
ATMÓSFERAS
CONFINADAS
DE
LOS
SUELOS
299
0
labor
una
provisión
suficiente
de
oxigeno,
capaz
de
satis-
facer
las
exigencias
respiratorias
de
las
raices.
Pues
pol
lo
mismo
que
absorben
oxigeno,
emiten
las
raices
gas
carbó-
nico;
además,
la
presencia
del
oxigeno
provoca
la
combus-
tión
más
ó
menos
rápida
de
la
materia
orgánica:
ya
Se
esta
combustión
de
orden
puramente
químico
Ó
que
se
efectúe
por
mediación
de
microorganismos.
:
Resulta
de
esto
que
los
gases
contenidos
en
el
suelo
deben
enriquecerse
en
ácido
carbónico,
y
que
la
proporción
de
este
gas
será
tanto
más
elevada
cuanto
más
intensas
sean
las
combustiones
internas.
Este
es
un
fenómeno
de
grande
impor-
La
cuestión
que
se
presenta
es,
Pues,
saber
cuál
puede
ser
la
proporción
del
gas
carbónico
que
contiene
la
atmósfera
interior
del
suelo,
y
cómo
varía
la
composición
de
esta
atmoós-
tera
en
los
diversos
suelos,
según
SU
cultivo
y
según
la
can-
tidad
de
materias
orgánicas
que
contengan.
A
priori,
deben
haber
cambios
continuos
entre
esta
atmósfera
y
el
aire
exte-
rior;
porque,
si
fuese
de
otro
modo,
el
gas
carbónico
se
alma-
cenaría
en
tales
proporciones,
que
las
raices
no
podrían
respr
Far;
quedaría
suspendida
toda
vegetación.
Esto
es
lo
que
se
Observa
en
algunos
casos,
según
expondremos
más
adelante.
No
nos
ocuparemos,
en
lo
que
sigue,
de
los
agentes
Que
producen
el
desprendimiento
del
gas
carbónico
en
el
suelo;
estos
agentes
son
de
orden
químico
y,
sobre
todo,
de
orden
fisiológico.
Sólo
examinaremos
la
resultante
de
los
fenó-
Menos
de
oxidación.
Naturaleza,
determinación
y
variaciones
de
los
gases
en
los
suelos.
—Exprrimentos
DE
BOUSSINGADE?
y
LewY.—
:
E
deben
á
Th.
de
Saussure
las
primeras
investigaciones
rela-
AS
al
papel
comburente
que
desempeña
el
oxigeno
as
los
velos,
Habiendo
introducido
mantillo
en
una
campana
lena
9
are,
el
sabio
fisiólogo
observó,
al
cabo
de
algunos
días,
que
el
oxigeno
había
sido
parcialmente
reemplazado
por
8%
carbónico
sin
cambio
de
volumen:
había
habido,
pues»
com-
Ustión
del
mantillo.
y
-diÓ
9ussingault
y
Lewy
emprendieron,
en
1852,
un
eS
306
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE LA
MATERIA
ORGÁNICA
Mangin
compara
entre
sí
los
gases
del
suelo
recogidos
en
dife-
rentes
puntos
de
un
jardín
público
(Luxemburgo),
en
el
cual
$8
pueden
encontrar
todos
los
grados
de
aereación,
por
efecto
de
la
existencia
ó
de
la
ausencia
de
apisonamientos
producidos
por
los
pies
de
los
paseantes.
0
En
los
parterres,
donde
el
suelo
está
esponjado
por
los
trabajos
de
los
jardineros,
la
aereación
es
muy
satisfactoria:
la
media
del
gas
carbónico
encontrado
a
50
centímetros
de
profundidad
es
de
0,7
por
100;
el
oxígeno
es,
pues,
abundante.
En
el
suelo
de
laS
pelonses,
que
es
raramente
removido,
pero
que
no
está
apisonado,
se
encuentra,
aun
en
verano,
una
proporción
de
gas
carbónico
qu
no
excede
de
2
por
100,
á
excepción
de
un
solo
caso
en
que
llega
á
5,3
por
100:
aun
aquí
la
Aplaadlón
es
satisfactoria.
En
el
suelo
de
los
paseos,
que
sin
cesar
son
apisonados
por
los
paseantes,
y
en
€
cual
solamente
una
pequeña
superficie
es
removida
al
pie
de
108
árboles
para
abrir
los
hoyos
de
riego,
la
aereación
no
es
tan
buent,
-
si
bien
que
la
proporción
de
CO?
no
ha
pasado
nunca
de
5
por
10:
En
realidad,
á
pesar
de
las
dificultades
de
la
renovación
de
la
atmósfera
interna
á
causa
del
apisonamiento
de
la
superficie
0
suelo,
existe
en
el
seno
de
la
tierra,
aun
á
la
profundidad
de
90
do
tímetros,
una
suficiente
cantidad
de
oxígeno
que
basta
para
%
necesidades
de
las
raíces,
Otra
comparación
hizo
Mangin,
relativa
4
la
composición
de
sE
atmósferas
confinadas
debajo
del
asfalto
de
los
bonlevards,
y
Y
P*
de
los
árboles
protegidos
del
pisoteo
mediante
enrejados
de
fundí-
ción.
Los
suelos
asfaltados,
y
provistos
de
un
enrejado
al
pie
de
los
árboles,
presentan
algunas
ventajas
sobre
los
suelos
apisonados
desde
el
punto
de
vista
de
su
riqueza
en
oxígeno.
Sin
embargo,
si
el
asfalto
impide
el
apisonamiento
del
suelo,
se
opone
á
la
renovación
del
a1I9-
Solamente
en
el
suelo
subyacente
al
enrejado,
ya
puede
efectuarsé
esta
renovación,
como
lo
demuestran
las
cifras
obtenidas
en
el
20%
lisis
de
los
gases;
á
1
metro
de
distancia
del
borde
del
enrejado,
debajo
del
asfalto,
se
encuentra
frecuentemente
una
elevada
propo!
ción
de
gas
carbónico,
como
se
ve
en
las
siguientes
cifras:
CO?
encontrado
en
100
volúmenes
de
gas
rn
—
en
el
sitio
del
enrejado
Tes
á
1
metro
del
¿a
'
99
de
¡
li
1,03
(á
0,50
m.
de
rof.)
10,20
(á
0,25
m.
de
pro
¿
eN
1,82
(40,70
m,
de
hiato)
9,09
(40,70
m.
de
prof.)
El
oxígeno
se
encuentra,
pues,
en
proporciones
bastante
débiles
en
los
suelos
asfaltados,
mientras
que
la
proporción
del
gas
cal
e
nico
es
muy
elevada.
Uno
de
los
inconvenientes
que
tiene
la
o
aereación
de
los
suelos
se
manifiesta
por
el
retraso
que
experime
a
en
abrirse
las
yemas
de
los
árboles,
Sin
embargo,
cuando
el
sister.
radicular
comprende
cierto
número
de
raíces
horizontales
Supe"
*
ATMÓSFERAS
CONFINADAS
DE
LOS
SUELOS
307
ciales,
el
árbol
sufre
menos:
tal
es
el
caso
del
castaño
de
Indias.
ambién
debe
citarse
entre
las
causas
de
la
mortalidad
de
los
árboles
|
e
ciudades,
la
presencia
en
el
suelo
de
gases
tóxicos
(gaS
del
alumbrado).
Se
puede,
pues,
en
resumen,
admitir
que,
en
una
buena
lérra
de
labor
convenientemente
trabajada,
la:
aereación
Siempre
es
suficiente
en
la
profundidad
á
que
penetran
las
rtlces.
Si,
á
causa
de
una
aplicación
de
estiércol
cuya
com-
Dustión
será
favorecida
por
la
elevación
de
la
temperatura,
Y
Proporción
del
gas
carbónico
se
eleva
de
una
manera
Votable,
los
cambios
gaseosos
con
la
atmósfera
exterior
¿ablecerán
pronto
el
equilibrio
y
el
oxígeno
nunca
faltará
Ste
suelo.
No
sucede
lo
mismo
cuando
se
trata
de
un
suelo
eo
rabajado
y
apisonado,
sobre
todo
si
este
apisonamiento
la
Permanente,
como
en
el
caso
del
suelo
de
los
paseos
6
de
es
Doulerards:
así,
el
vigor
del
árbol
y
su
existencia
misma
¿sá
subordinados
á
la
facilidad
mayor
ó
menor
con
que
el
o
por
una
parte,
puede
penetrar
en
las
inmediaciones
ce
del
árbol,
y
el
ácido
carbónico,
por
otra
parte,
puede
o
á
la
atmósfera
exterior.
Pero
este
defecto
de
aereación
10
es
Perjudicial
á
todos
los
árboles
de
la
misma
manera.
ES
PRETO
AI
E
in
A
*
y
A
AA
7
IT
El
ca
mbustión
de
la
materia
orgánica
en
el
ce
e
SADO
Suelo
contiene
casi
siempre
cierta
cantidad
de
ES
dE
;
A
de
"ica,
cuya
combustión
es
mucho
más
lenta
que
la
de
+
Te
pS
Schlesing,
á
quien
debemos
algunas
observaciones
eo
de
este
punto,
llenó
dos
frascos
iguales,
de
unos
ler
sos
de
cabida,
el
uno
de
tierra
del
suelo,
el
otro
de
se:
ec
del
subsuelo,
tomada
en
el
mismo
sitio
(de
0,60
estab
o
de
profundidad).
Los
cuellos
de
los
dos
a
a
“unidos
con
un
tubo
dos
veces
doblado
en
ángulo
1.0
inmergido
en
mercurio.
Éste
subía
poco
á
poco
en
el
Su
id
indicando
así
la
marcha
de
la
absorción
del
oxigeno
z
Ulea,
Ustormación
en
gas
carbónico,
que
era
fijado
po
A
el
O
Pues
bien,
la
ascensión
era
mucho
más
rápi
mo
tiene
>
del
primer
frasco
que
en
el
del
segundo;
Se
de
de
al
cabo
de
tres
días
en
aquél;
se
prolonga
durante
más
095
meses
en
éste.
En
invierno,
las
diferencias
(entre
308
CONSTITUCIÓN
QUÍMICA
DE
LA
MATERIA
ORGÁNICA
4%
y
8%)
son
aún
más
pronunciadas.
La
materia
orgánica
del
subsuelo
se
consume,
pues,
mucho
más
lentamente
qué
la.
del
suelo.
En
las
condiciones
naturales,
no
podrá
atribuirse
esta
diferencia
á
una
aereación
insuficiente,
porque
sabemos
que
el
oxigeno
se
halla
aún
en
notables
proporciones
€n
la
atmósfera
del
subsuelo.
Es
precisamente
á
causa
de
la
lenti-
tud
de
la
combustión
que
esta
atmósfera
no
se
empobrece
mucho
en
oxígeno,
aun
cuando
los
cambios
gaseosos
en
€
exterior
sean
bastante
difíciles.
:
Schlesing
atribuye
á
dos
causas
principales
esta
lentitud
relativa
que
presenta
la
combustión
de
la
materia
orgánica
del
subsuelo.
La
mayor
parte
de
la
materia
orgánica
que
llega
al
subsuelo
ha
experimentado
ya
una
combustión
par-
cial;
no
es,
pues,
más
que
un
resto
de
oxidación
que
pene
tra
en
las
capas
más
profundas.
Además,
el
subsuelo
10
es
alcanzado
nunca
por
los
instrumentos
de
cultivo,
nunca
es
a
no.
sufre,
pues,
la
acción
directa
del
oxigeno
el
aire.
Resumen
del
estudio
de
la
constitución
química
de
la
materia
orgánica
del
suelo.—La
materia
orgánica
de
suelo,
constituida
por
los
restos
de
las
vegetaciones
até:
-
Mores,
se
halla
en
un
estado
perpetuo
de
transformación.
>
el
oxígeno
penetra
fácilmente
en
el
interior
de
la
tierra
de
labor,
el
carbono
se
oxida
paulatinamente
y
se
desprende
en
estado
de
gas
carbónico.
Cuanto
más
elevada
sea
la
tem”
peratura,
más
fácil
es
la
circulación
del
aire
y
más
rápida
mente
desaparecerá
el
carbono
del
humus,
suponiendo
que
€
suelo
contenga
una
suficiente
proporción
de
calcáreo.
En
1
condiciones
habituales,
la
acumulación
del
gas
carbónico
el
el
interior
del
suelo
no
es
un
obstáculo
para
la
respiración
de
las
raices,
porque
en
virtud
de
los
cambios
gaseosos
COM
la
atmósfera
exterior
la
renovación
del
oxígeno
se
efectúa
de
una
manera
satisfactoria
en
general,
o
Cuando
el
suelo
es
ácido,
es
decir,
desprovisto
de
calod-
reo,
la
oxidación
es
notablemente
retardada.
Si
la
compi”
cidad
del
suelo
pone
un
obstáculo
á
la
oxidación,
la
falta
“
calcáreo
y
la
amsencia
de
organismos
aerobios
activos
“0%
e
a
2
EDESA
NIP
a
OEA
a
E,
IAS
AS
a
j
últi
ATMÓSFERAS
CÓNFINADAS
DE
LOS
SUELOS
309
Curren
igualmente
á
disminuir
mucho
la
destrucción
de
la
materia
carbonada:
testimonio
de
ello
es
la
acumulación
de
esta
materia
en
las
turberas.
Eo
El
carbono
del
humus
siempre
va
acompañado
de
nitró-
Sono.
Este
forma
parte
integrante
de
la
molécula
carbonada:
Procede
de
los
albuminoides.
vegetales,
y
parece
que
Corres”
Ponde
á
muchos
núcleos.
En
este
estado,
el
nitrógeno
es
erte
respecto
de
la
nutrición
de
la
mayoría
de
los
vegé-
.
tes;
no
adquiere
forma
soluble
y
difusible
más
que
cuando
Y
sufrido
una
serie
de
transformaciones
imputables,
en
las
condiciones
naturales,
á
fenómenos
químicos,
y
sobre
todo
Microbiológicos,
para
los
cuales
parece
ser
indispensable
la
Presencia
del
calcáreo.
Los
experimentos
de
laboratorio
|
Muestran
que
el
múcleo
nitrogenado
complejo
del
humus
P
|
1
A
+4
. .
Baco
cierto
número
de
amidas:
por
fijación
de
agua
en
05
ámidas
es
que
se
efectúa
la
producción
de
amoniaco,
M0
término
de
la
simplificación
del
nitrógeno
orgánico.
CAPÍTULO
IX
PODER
ABSORBENTE
DE
LOS
SUELOS
RESPECTO
DE
LAS
MATERIAS
FERTILIZANTES
Ses
5
E
Definición
del
poder
absorbente;
naturaleza
de
los
fenómenos
4
entran
en
juego.-—Primeros
trabajos
relativos
al
poder
2
de
ente.—Dobles
descomposiciones
de
orden
químico.
—Fijación
amoníaco,
del
ácido
fosfórico,
de
la
potasa.
—Fenómenos
-
1
absorción
atribuíbles
á
la
presencia
de
coloides
minerales
y
8
d
nICOS;
fenómenos
de
equilibrio,
ley
de
acción
de
masa.—AÁ
nida
capilar;
acciones
de
superficie;
fenómenos
de
adsorción.
Definición
del
poder
absorbente;
naturaleza
de
108
fenómenos
que
entran
en
juego.—Cuando
se
estudia
composición
de
las
disoluciones
del
suelo,
como
hemos
dicho
anteriormente
(pág.
226),
y
la
de
las
aguas
de
infiltración
que
expondremos
más
adelante,
se
observa
en
seguida
S
siguiente
hecho:
Ciertas
substancias
fijas
se
encuentran
Ad
estas
aguas
en
cantidad
relativamente
notable:
por
ejemplos
la
cal,
en
forma
de
bicarbonato,
de
nitrato,
de
sulfato,
d
cloruro.
Otras,
por
el
contrario,
abundan
poco:
potasa;
otra
,
por
fin,
no
existen
más
que
en
indicios:
ácido
fosfórico,
ana
níaco.
Si,
además,
se
analizan
las
aguas
de
infiltración
de
sh
suelos
que
han
recibido
abonos
químicos
variados,
solubles
dE
el
agua
(sales
amónicas
6
potásicas,
superfosfatos,
etc.),
ds
observan
hechos
análogos.
Las
aguas
que
han
atravesado
ñ
tierras
así
enriquecidas
están
á
veces
mejor
provistas
de
M4
BA
rias
fijas
que
en
el
primer
caso,
pero
estas
materias
pS
as
ponerse
en
el
mismo
orden
respecto
de
la
cantidad
que
de
$
A
A
A.
A
PODER
ABSORBENTE
DE
LOS
SUELOS
311
Se
encuentra.
Resulta
de
esto
que
el
suelo,
ó
á
lo
menos
algu-
10S
suelos,
son
capaces
de
retener
enérgicamente
la
mayoria
de
las
materias
útiles
á
la
planta.
A
esta
propiedad
particu-
lar
se
da
ordinariamente
el
nombre
de
poder
absorbente.
lgunos
autores—con
razón—han
propuesto
substituir
este
nombre
por
el
de
poder
selectivo,
porque
realmente
se
trata
aquí
de
una
selección
de
substancias.
Schlosing
da,
a
priori,
la
explicación
siguiente
de
esta
selección:
la
Potasa,
el
amoníaco,
el
ácido
fosfórico
son
elementos
primordiales
“especto
de
la
nutrición
de
la
planta;
por
esto
el
suelo,
por
efecto
9
cultivo,
es
desposeído
más
ó
menos
completamente
de
estas
subs-
inicias.
Se
comprende
entonces
por
qué
es
siempre
apto
para
fijarlas
Cuando
se
le
presentan
en
forma
de
abonos.
La
sosa
no
penetra
más
ue
en
débiles
proporciones
en el
vegetal;
en
cuanto
á
la
cal,
gene-
'almente
abunda
en
las
tierras
de
labor.
Así
un
suelo,
abundante-
ente
provisto
de
estas
dos
últimas
bases,
no
tiene
tendencia
alguna
AdSorber
nuevas
cantidades,
Pero
existen
otras
razones,
de
orden
físico
y
sobre
todo
JUÍMICO,
que
regulan
este
poder
selectivo,
como
vamos
Y
manifestar.
f
El
interós
que
despierta
el
estudio
de
los
fenómenos
que
¿óman
el
objeto
de
este
capítulo
es
fácil
de
comprender:
Cterminar
la
naturaleza
de
los
factores
que
entran
en
juego
“Ya
retener
las-
substancias
alimenticias;
modificar,
si
se
“ode,
estos
factores,
á
fin
de
aumentar
la
intensidad
del
er
absorbente
y
hacerlos
aparecer
en
un
suelo
que
n0
los
. .
A
y
..
-U8a:
tales
son
los
problemas
cuya
solución
vamos
d
buscar;
*
esta
solución
dependerá
en
gran
parte
la
fecundidad
de
a
tierra.
ex
Diterentes
modalidades
del
poder
AD
0
Eoosión
de
poder
absorbente,
que
data
de
las
prim
:
cIvaciones
hechas
sobre
la
facultad
que
posee
el
suelo
de
ar
Y
unas
substancias
con
exclusión
de
otras,
parece
indi-
-
Que,
en
el
ejercicio
de
este
fenómeno,
sólo
intervienen
las
Propiedados
físicas
del
suelo.
Y,
en
efecto,
la
infiuencia
de
dl,
a
E
;
,
Superficies,
la
adhesión
capilar,
desempeñan
aquí
Un
papel
10
€s
despreciable.
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