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SEXO EN EL CONVENTO Y SOR JUANA EN LAS NUEVAS NOVELAS DE MÉXICO Oswaldo Estrada University of North Carolina at Chapel Hill [email protected] RESUMEN: Este artículo analiza cuatro novelas sobre Sor Juana publicadas entre el 2007 y el 2010: La venganza de Sor Juana (2007) de Héctor Zagal (publicada con el seudónimo de Mónica Zagal); El beso de la virreina (2008) de José Luis Gómez; Yo, la peor (2009) de Mónica Lavín; y Los indecibles pecados de Sor Juana (2010) de Kyra Galván. En estas novelas que giran en torno a la llamada Décima Musa vemos algo parecido a lo que sucede con otros íconos de la cultura mexicana, como la Malinche o Frida Kahlo: su rearticulación literaria en el siglo XXI revela una perspectiva voyerista que explota la intimidad del mismo modo en que los medios y las redes actuales venden la privacidad, las prácticas sexuales secretas y las obsesiones prohibidas. Esta lectura confirma no solo que el neoliberalismo afecta la producción y comercialización literaria sino que las novelas escritas hoy siguen nuevos principios éticos y revelan otra estética, en consonancia con los cambios sociales del presente, la demanda de los bestsellers y el consumo masivo de la literatura light. Por eso mismo Sor Juana revela su interioridad y se desnuda en varias de estas obras recientes, donde tiende a comportarse como actriz de su propia telenovela. Palabras claves: Sor Juana, novelas, autoras mexicanas, reescritura, sexo. Sex in the Convent and Sor Juana in Mexico’s New Novels ABSTRACT: This article analyzes four novels on Sor Juana published between 2007 and 2010: La venganza de Sor Juana (2007) by Héctor Zagal (published under the pseudonym of Mónica Zagal); El beso de la virreina (2008) by José Luis Gómez; Yo, la peor (2009) by Mónica Lavín; and Los indecibles pecados de Sor Juana (2010) by Kyra Galván. In these novels that revolve around the so called Tenth Muse we see something that happens to other Mexican cultural icons, such as Malinche or Frida Kahlo: her literary rearticulation in the 21st century reveals a voyeuristic perspective that exploits intimacy in the same way that today’s media sells privacy, secret sexual practices and forbidden obsessions. This reading confirms not only that neoliberalism affects the production and commercialization of literature but also that novels written today portray new ethical principles and reveal other aesthetics, in sync with contemporary social changes, the demands imposed by bestsellers, and the massive consumption of light literature. Precisely because of that, Sor Juana reveals her interiority and takes off her clothes in several of these recent novels, where she tends to behave like an actress of her own soap opera. Keywords: Sor Juana, Novels, Mexican authors, Rewritings, Sex. ISSN: 2340-1176 Atalanta 2022, 10/2: 59-79
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Sexo en el convento y Sor Juana en las nuevas novelas de México 61 uchas son las escritoras que a lo largo del siglo XX y en las primeras dos décadas del siglo XXI han conversado con sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695) en repetidas ocasiones, ya sea para apuntalar sus propios feminismos o para debatir cuestiones irresueltas con respecto a la mujer y la intelectualidad femenina. Dentro del panorama mexicano, la renombrada escritora del período colonial aparece con insistencia en la obra de Rosario Castellanos, Margo Glantz, Beatriz Espejo, Elena Poniatowska y Elena Garro, María Luisa Mendoza, María Luisa Puga y Ángeles Mastretta, entre muchas otras 1 . No menos abundantes son los ejemplos más recientes. En la novela Alta infidelidad (2006), de Rosa Beltrán, una de las protagonistas es experta en estudios de género y se inspira en Sor Juana para escribir un libro sobre mujeres ilustres. En El complot de los románticos (2009), Carmen Boullosa hace que Sor Juana, vestida de jeans y con una copa de vino en la mano, converse desde la muerte con la escritora que se hizo famosa con el seudónimo de George Sand y que logró entrar a lugares típicamente masculinos vestida de hombre. En Cuerpo náufrago (2005), Ana Clavel no menciona a Sor Juana. Pero su protagonista Antonia se convierte en hombre y así comprueba en carne propia que el mundo está mal dividido, de acuerdo con el género y a la orientación sexual, sin tomar en cuenta el intelecto. Esta problematización de género también atraviesa la obra entera de Cristina Rivera Garza, sobre todo en textos como Ningún reloj cuenta esto (2002), donde una mujer escribe una serie de cartas para obtener su libertad, o en La cresta de Ilión (2002), donde el o la protagonista comprueba, como lo hiciera Sor Juana en su tiempo, que las almas ignoran las divisiones sexuales. En este artículo fijo la mirada crítica sobre todo en cuatro novelas dedicadas a recrear la vida de Sor Juana publicadas entre el 2007 y el 2010. Hablo de La venganza de sor Juana (2007) de Héctor Zagal (publicada con el seudónimo de Mónica Zagal); El beso de la virreina (2008) de José Luis Gómez; Yo, la peor (2009) de Mónica Lavín; y Los indecibles pecados de sor Juana (2010) de Kyra Galván. 2 Lo que observo en estas novelas que giran en torno a la llamada Décima Musa es algo parecido a lo que sucede 1 Véase al respecto el trabajo de Sara Poot Herrera, «Traces of Sor Juana in Contemporary Mexicana and Chicana/Latina Writers», en Approaches to Teaching the Works of Sor Juana Inés de la Cruz, eds. Emilie L. Bergmann y Stacey Schlau, New York, Modern Language Association of America, 2007, pp. 256-264. 2 Estudio estas cuatro novelas porque son las únicas que tienen a Sor Juana como personaje principal en el nuevo milenio. La publicación de todas ellas coincidió con las celebraciones del Centenario de la Revolución Mexicana y el Bicentenario de la Independencia en México. M E L
Oswaldo Estrada 62 con otros íconos de la cultura mexicana, como la Malinche o Frida Kahlo: su rearticulación literaria en el siglo XXI revela una perspectiva voyerista que explota la intimidad del mismo modo en que los medios y las redes actuales «venden» la privacidad, las prácticas sexuales secretas y las obsesiones prohibidas. Mi lectura confirma no solo que el neoliberalismo afecta la producción y comercialización literaria sino que las novelas escritas hoy siguen nuevos principios éticos y revelan otra estética, en consonancia con los cambios sociales del presente, la demanda de los bestsellers y el consumo masivo de la literatura light. Por eso mismo Sor Juana revela su interioridad y «se desnuda» en varias de estas obras recientes, donde tiende a comportarse como actriz de su propia telenovela. Si algo tienen en común estas cuatro obras tan distintas en estilo y calibre literario es que intentan recrear la vida de Sor Juana tomando su Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1691) como un verdadero documento histórico, o al menos como punto de partida ficcional. Esto es comprensible, aunque sabemos que la carta que se presenta con el tono familiar de una autobiografía o como la confesión secreta de una monja, sigue en realidad la estructura de la retórica forense 3 , es un proceso literario de auto-representación 4 , una autodefensa espiritual, o un despliegue ingenioso de las estrategias empleadas por el débil 5 . ¿Funcionan estos experimentos con La respuesta? No siempre. El feminismo que Sor Juana despliega en ella es llevado a extremos inverosímiles en El beso de la virreina, donde la monja casi nunca lee o escribe, pero sí se comporta como un abogado en la corte y hasta forma una imposible liga de mujeres para probar que estas tienen el mismo talento que los hombres. En la novela de Zagal las batallas de Sor Juana son relegadas a la cocina, como si el hambre intelectual de una mujer solo pudiera calmarse en un ambiente doméstico. En Lavín y en Galván hay una clara intención de reescribir la vida de Sor Juana dentro de los parámetros de la ficción histórica poscolonial y feminista. Cada una de ellas hace lo posible por recrear una historia apócrifa, situando a las mujeres en el eje de una memoria colectiva casi siempre olvidada por los discursos nacionales. Solo que 3 Rosa Perelmuter, Los límites de la femineidad en sor Juana Inés de la Cruz, Madrid-Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2004, pp. 25-41. 4 Frederick Luciani, Literary Self-Fashioning in Sor Juana Inés de la Cruz, Lewisburg, Bucknell University Press, 2004, pp. 80-126. 5 Josefina Ludmer, «Las tretas del débil», en La sartén por el mango. Encuentro de escritoras latinoamericanas, eds. Patricia Elena González y Eliana Ortega, Río Piedras, Ediciones Huracán, 1985, p. 47.
Sexo en el convento y Sor Juana en las nuevas novelas de México 63 en la novela de Galván Sor Juana se siente más cómoda entre las ollas, preparando pavos, venados, chiles cubiertos de almendras… tal vez, suspiramos, porque en su Respuesta la monja escribe que «Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito» 6 . Al menos en la novela Yo, la peor, Sor Juana escribe. Y encontramos ahí cuatro cartas de su autoría que, aunque nada tienen que ver con el vuelo literario de la monja escritora, en su propio contexto ficcionalizan un doloroso ejercicio de escritura que traspasa el cuerpo de una mujer y su domesticidad asignada. En todos estos casos, el retrato contemporáneo de Sor Juana aparece en el texto ficcional no como una copia del original sino como una representación cubista que busca complementar lo ya dicho. La intimidad y sexualidad de Sor Juana, como sucede con otros personajes históricos en el presente, aparece casi siempre en medio de una historia de amor, con su propio discurso amoroso, caracterizado por la angustia, el erotismo y la pasión. En El beso de la virreina, la monja seduce a varios hombres, por ejemplo. Y en Los indecibles pecados de sor Juana la jerónima tiene un hijo con el pintor Cristóbal de Villalpando. Aparecen otros hijos ilegítimos, nuevas aventuras aquí y allá. El problema con la sexualización de la ilustre escritora en estas y otras novelas, como discuto a continuación, es que está destinada a fallar desde el momento en que cruza las fronteras de la lógica y los límites de lo posible 7 . En el muy citado libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Octavio Paz sugiere con cautela la posibilidad de que la joven escritora participara activamente en los llamados «galanteos de palacio», aquellos encuentros eróticos, sexuales entre las damas de compañía de la virreina y los cortesanos casados, como parte de una institución que apoyaba la libertad erótica y que al mismo tiempo limitaba su ejecución 8 . Al considerar la participación de Sor Juana en las tertulias de palacio, José Pascual Buxó también sostiene que estos encuentros eróticos de alguna u otra forma le sirven a Sor Juana para desarrollarse como escritora 9 . Es lo más probable, sobre todo si tomamos en cuenta el contenido «mundano» de su poesía amorosa y cortesana, escrita durante su vida 6 Sor Juana Inés de la Cruz, The Answer / La Respuesta: Including Sor Filotea’s Letter and New Selected Poems, eds. Electa Arenal y Amanda Powell, New York, Feminist Press at the City University of New York, 2009, pp. 74-75. 7 Desarrollo estos temas con mayor detenimiento en mi libro Troubled Memories: Iconic Mexican Women and the Traps of Representation, Albany, State University of New York Press, 2018. 8 Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, pp. 134-135. 9 José Pascual Buxó, Sor Juana Inés de la Cruz: amor y conocimiento, México, Universidad Nacional Autónoma de México e Instituto Mexiquense de Cultura, 1996, p. 236.
Oswaldo Estrada 64 en el convento, o los enredos amorosos tan presentes en su comedia Los empeños de una casa. Si consideramos que esos galanteos eran una práctica común en la corte e incluso dentro de los conventos 10 , no es difícil imaginar por qué muchas de las novelas de hoy presentan a una Sor Juana sexual, erótica, carnal. La serie de televisión Juana Inés, producida en México por Canal Once en el 2016 y comercializada por Netflix hasta hace unos años, en muchos sentidos ejemplifica la tendencia neoliberal tan presente en varias novelas del siglo XXI que recrean la vida de Sor Juana. Lo digo porque tanto en la serie como en diversas recreaciones literarias en torno a la ilustre escritora percibimos la exploración explícita de la orientación sexual de la monja, sexo ilícito en el convento, embarazos secretos y otras historias escabrosas que se ponen a disposición de una audiencia (de lectores, oyentes), interesada en consumir historias de amor transgresivas. Este afán de exhibir a un individuo que quiere confesar sus más íntimos pecados frente a una cámara (para un público amplio que hace las veces de un psicoanalista) 11 también está presente en la literatura que rearticula la vida de una figura famosa y enigmática del periodo colonial. La serie, en la que Arcelia Ramírez interpreta a Sor Juana, está hecha para que el público televidente conozca a la Décima Musa en los galanteos de palacio, en la cama de la virreina, en otras situaciones comprometedoras. Y las novelas no son menos discretas al respecto ni escatiman en detalles cuando se trata de explorar sus inclinaciones sexuales y amorosas. De acuerdo con la ya conocida hipótesis de que Sor Juana entró al convento por una decepción amorosa, Zagal recrea su compromiso con el Capitán Sandoval, el caballero que está dispuesto a aceptarla pese a su origen ilegítimo y a su modesta dote. El acuerdo, según el narrador, es favorable no solo porque le encuentra un lugar aceptable en la sociedad, sino también porque dicho matrimonio silenciaría «esos estúpidos rumores que circulaban sobre doña Leonor y su dama» 12 . Si esta primera alusión al lesbianismo de Sor Juana no es más que un rumor, su sexualidad es expuesta con lujo de detalles cuando su prometido, borracho, intenta violarla antes de la boda, y más aún cuando su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, implícitamente la culpa de haber producido dicha 10 Asunción Lavrin, Brides of Christ: Conventual Life in Colonial Mexico, Stanford, Stanford University Press, 2008, p. 209. 11 Carlos Monsiváis, Aires de familia: cultura y sociedad en América Latina, Barcelona, Anagrama, 2006, p. 237. 12 Mónica Zagal, La venganza de sor Juana, México, Planeta, 2007, p. 37.
Sexo en el convento y Sor Juana en las nuevas novelas de México 65 afrenta. Consciente de su belleza e inteligencia perturbadora, el sacerdote la cuestiona con fascinación morbosa: ¿Lanzó usted alguna mirada lasciva? ¿Vestía atrevidamente? ¿Intercambio complaciente de sonrisas? ¿Por qué le abrió la puerta? ¿No sabía que no deben recibirse visitas durante la noche? Por un momento, aunque fuese por un instante, ¿consintió usted en la propuesta indecorosa? ¿No consideró que sus versos podían enardecer las pasiones? 13 Mientras un padre Calleja ficcional intenta armar el rompecabezas de la vida de Sor Juana, este también es tentado por la imagen poderosa de una monja sexual y por ende justifica el cuestionamiento de su hermano jesuita: le preocupa la habilidad de la jerónima para cautivar a los hombres. La historia sobre los poderes sensuales de Sor Juana, que reproduce la idea de que las mujeres son los demonios detrás de la cruz, la debilidad del cuerpo, o inevitable tentación salvaje que debe ser controlada por los hombres 14 , es desarrollada por Gómez hasta cruzar los límites de la verosimilitud. En El beso de la virreina Sor Juana tiene sexo violento con el duque Fernando Manríquez, y hay toda una serie de referencias a ella como «Marimacho» 15 , «machorra» 16 , y «soneto de carne» 17 . En esta novela, la monja seduce a su peor enemigo, el misógino Francisco de Aguiar y Seijas, que está obsesionado con sus pechos, y tiene relaciones amorosas con varias mujeres de su entorno, dentro y fuera del convento. La narrativa falla desde el momento en que sacrifica la autenticidad de un mundo posible y se convierte en una escenificación irreal 18 . Que Sor Juana aparezca en una constelación de imposibilidades (hipnotizando insectos, hablando cuatro lenguas a la vez, o curando a los leprosos con besos lujuriosos) no borra, sin embargo, el deseo del autor de desmitificar su figura icónica. Aun cuando estos giros ficcionales no nos convenzan del todo, es evidente que el novelista busca debilitar nuestras nociones 13 Mónica Zagal, ibíd., p. 45. 14 Rosario Castellanos, Sobre cultura femenina, México, Fondo de Cultura Económica, 2009, pp. 58- 81. 15 José Luis Gómez, El beso de la virreina, México, Planeta, 2008, p. 97. 16 José Luis Gómez, ibíd., p. 229. 17 José Luis Gómez, ibíd, p. 103. 18 Lubomír Doležel, Possible Worlds of Fiction and History: The Postmodern Stage, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 2010, p. 31.
Oswaldo Estrada 66 solidificadas en torno a la monja histórica, que ahora está atrapada en innumerables escenas sexuales, posturas eróticas y arriesgados actos sexuales. En Yo, la peor, Lavín no puede resistir la tentación de mostrar el cuerpo virginal de Sor Juana manchado por un hombre. En uno de los muchos momentos confesionales de la novela, la narradora sostiene que antes de entrar al convento «una parte de Juana Inés había sido descubierta entre las manos y los besos, las caricias y los apretujones, y la forzada entrada de quien le hacía prometer silencio» 19 . Muy al tanto de que las monjas han sido consideradas a lo largo de la historia como las mayores «frutas prohibidas» debido a las barreras físicas y morales de sus comunidades femeninas 20 , Lavín presenta a Sor Juana con un aura de misterio. Durante el día muestra un rostro inmaculado, protegida por la toca y el velo, y por las noches aparece despojada del hábito con el pelo amarrado. Si Fernando Benítez, en Los demonios en el convento, imagina que una monja desnuda dejaba de ser una religiosa para convertirse en una mujer sexual de hermosos pechos, una vagina ávida y piernas contorneadas cubiertas por un bello fino 21 , la narradora de Lavín visualiza a Sor Juana capturando la atención de la virreina María Luisa de Paredes: Mientras la virreina escuchaba, sus ojos miraban constantemente a la monja atrapada en un hábito intentando comprender por qué una mujer que le hablaba de Platón lo mismo que de Virgilio, y que luego citaba a Góngora y a Lope, tan novedosos, podía estar dedicada a la oración y al encierro. En tanto hablaba Juana Inés y soltaba algún giro gracioso, María Luisa le hurgaba los pedazos de piel visible. El atavío la confrontaba porque no podía pensarse encerrada en esas ropas sin colores, lisas y poco ceñidas al cuerpo, porque no imaginaba esconder el escote que paseaba en las recepciones de las cortes 22 . Por un lado, la narración novelística confirma la fascinación que las monjas y sus espacios conventuales han producido a lo largo de la historia 23 . A la vez, las sugerencias sutiles de Lavín sobre la mujer debajo del hábito crean suspenso en torno al posible 19 Mónica Lavín, Yo, la peor, México, Grijalbo, 2009, p. 170. 20 Asunción Lavrin, op. cit., p. 210. 21 Fernando Benítez, Los demonios en el convento: sexo y religión en la Nueva España, México, Era, 2000, p. 48. 22 Mónica Lavín, op. cit., p. 264 (el énfasis es mío). 23 Stephanie Kirk, «Power and Resistance in the Colonial Mexican Convent», en Approaches to Teaching the Works of Sor Juana Inés de la Cruz, eds. Emilie L. Bergmann y Stacey Schlau, New York, Modern Language Association of America, 2007, p. 50.
Sexo en el convento y Sor Juana en las nuevas novelas de México 67 comienzo de una relación amorosa entre Sor Juana y la virreina. Aunque la novela no las muestra en ningún acto sexual, hay en ella descripciones de la pasión que Sor Juana despierta en el cuerpo y la mente de la virreina. A medida que la monja y la embarazada María Luisa de Paredes se unen más, pese a las paredes que las separan: La virreina leía por enésima vez las líneas de Juana Inés mientras acariciaba su vientre fuerte, restirado por aquella vida que palpitaba próxima a aflorar. Y al hacerlo rozaba sus pechos frondosos, sus pezones reventando de vida. Estar próxima a parir la exaltaba y aquellas bondades del cuerpo no las podía expresar más que a la vera de Juana Inés, más mujer que monja, más cercana que su propio marido tan preocupado por ella… necesitaba los versos de la monja, su amistad, su amor y la generosidad de sus palabras… la vida le había dado la oportunidad de estar ante una inteligencia poco usual, una mujer como no había conocido alguna. Y aquello la regocijaba; la sapiencia la entusiasmaba, pero la sensibilidad de su persona transmutada en Lysi en los versos de la monja la extasiaban 24 . Los fragmentos que aluden al amor y la amistad entre Sor Juana y la virreina nos recuerdan no solo el hecho histórico de que la monja compuso varios romances para su amiga María Luisa 25 , sino también el mal hábito de leer su poesía como el espejo de una relación amorosa o como el diario de sus imposibles historias amorosas y pasiones truncas 26 . Al leer estos pasajes solo podemos estar de acuerdo con Georgina Sabat de Rivers, cuyo extenso conocimiento sobre Sor Juana no le impidió a finales de los años noventa señalar que estábamos muy lejos de entender a fondo la personalidad de la monja 27 . Lo único que nos queda claro al pasar por estos y otros pasajes de la novela es que Lavín busca presentar a Sor Juana y a otras mujeres de su entorno con sus inseguridades internas, tribulaciones y miedos propios de cualquier ser humano 28 . Cierto es que la 24 Mónica Lavín, op. cit., p. 273. 25 Sara Poot Herrera, Los guardaditos de sor Juana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1999, pp. 290-291. 26 Verónica Grossi, «Hacia una revisión de la historia y cultura coloniales a través de una relectura de la obra (y de la crítica de la obra) de sor Juana Inés de la Cruz», en Mujeres y re-presentación: entre muchas plumas andan, ed. Lucía Melgar, México, El Colegio de México, Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, 2007, p. 37. 27 Georgina Sabat de Rivers, En busca de sor Juana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1998, p. 11. 28 Ángel Vargas, «Mónica Lavín desmitifica a sor Juana Inés de la Cruz para hacerla más cercana», La Jornada, 2 de mayo de 2009.
Oswaldo Estrada 74 situaciones verosímiles, trabajando de cerca, muy de cerca con el archivo histórico 49 . En las novelas discutidas aquí, el alineamiento ficcional con las redes mediáticas que comercializan la privacidad y venden historias truculentas, de fácil consumo, resulta contraproducente. Trabajar con una figura tan conocida como Sor Juana es meterse en camisa de once varas. O entrar a la casa del jabonero, donde el que no cae, resbala. El resultado final tiende a repetirse de obra en obra: la confección sensacionalista de varias de estas historias increíbles en torno a la monja escritora sacrifica una y otra vez su valor literario y, desde luego, su capacidad para sobrevivir la prueba del tiempo. ¿Funcionan, entonces, los diálogos ficcionales con Sor Juana? A veces y en pocas dosis. En La esclava de Juana Inés (2019), ganadora del Premio de Novela Histórica Grijalbo / Claustro de Sor Juana, la ilustre monja es una «madre poeta» que escribe a todas horas 50 . La novela de Ignacio Casas es sobre la esclava que la sirve, pero a través de ella vislumbramos a Sor Juana con la pluma y el tintero, anotando en el papel. Vemos a la jerónima en la intimidad de su celda, en camisola, pero sobre todo sentada frente a su escritorio. Contando sílabas, buscando rimas, leyendo un libro y otro. Tratando de sacar en limpio una composición musical. Y cuando entra a la cocina la utiliza como lo describe Sor Juana en su propia Respuesta a sor Filotea, a manera de laboratorio empírico 51 , analizando las propiedades del agua y el aceite. Su esclava la retrata haciendo sumas y restas, llevando las cuentas del convento, rodeada de compases y astrolabios, recitando algunos versos del Sueño, escribiendo villancicos, leyendo comedias, sonetos. Y hacia el final de la vida: pasando por el trago amargo de tener que deshacerse de sus libros. Esta Sor Juana, pese a sus contadas apariciones en la novela, nos convence mucho más que otras actuales porque se parece a la que ya tenemos grabada en la mente. Es, por encima de todo, y pese a cualquier invención ficcional, una mujer escritora, una intelectual fuera de serie. A su manera, cada una de estas novelas recientes confirma la presencia icónica de Sor Juana en un México contemporáneo. La consigna del presente es nombrar, escribir, dar a conocer, revelar el misterio, bajo el velo de la pasividad y la obediencia, empleando estrategias defensivas ante el poder masculino. Atrapada en una maraña de 49 Véase su libro Latin America’s New Historical Novel, Austin, University of Texas Press, 1993. 50 Ignacio Casas, La esclava de Juana Inés, México, Grijalbo, 2019. 51 Juan Ochoa, «Sor Juana, Food, and the Life of the Mind», Approaches to Teaching the Works of Sor Juana Inés de la Cruz, eds. Emilie L. Bergmann y Stacey Schlau, New York, Modern Language Association of America, 2007, pp. 229-237.
Sexo en el convento y Sor Juana en las nuevas novelas de México 75 representaciones contradictorias que no siempre le hacen justicia, la monja ficcional cruza las fronteras del mito y la historia y aparece reconfigurada y renovada como símbolo nacional 52 . Hoy por hoy Sor Juana vive en la misma morada literaria donde hallamos, también entre luces y sombras, a otras figuras icónicas de la cultura mexicana, como la Malinche, Isabel Moctezuma, Leona Vicario, las soldaderas de la Revolución Mexicana y Frida Kahlo. Ahí está la Décima Musa, con y sin el hábito de las jerónimas, escribiendo, cocinando, teniendo encuentros y tropiezos amorosos. Aun cuando ella insista en decirnos una y otra vez, con la misma fuerza de hace más de trescientos años, «y diversa de mí misma entre vuestras plumas ando» 53 . Aún está por escribirse la novela que retrate desde diversos ángulos contradictorios, problemáticos, su genio y figura. Esto nos queda claro. Y también que no está dicha la última palabra sobre su paso por el mundo y su legado. Eso sentimos al leer la biografía de Sor Juana publicada por Francisco Ramírez Santacruz en el 2019 54 . Tomando en cuenta las diversas hipótesis sobre los últimos años de la monja jerónima, el crítico la retrata triunfante, sabiéndose leída en México y España, en el Perú y en Portugal. No sabemos todavía qué pasó durante sus últimos meses de vida, pero los hallazgos de su celda —concuerdo con Ramírez Santacruz— no son los de una monja que terminó sus días dedicada a rezar y a flagelarse. Hay en ella ciento ochenta libros, un niño Dios muy alhajado, una virgen bizantina incrustada en concha, quince legajos de escritos. Pero ni un solo cilicio. Esta es la imagen de una Sor Juana intelectual hasta la muerte. La que nos gusta, la que queremos conocer más a fondo. La que nos convence. 52 Eva Valero Juan, «Salir del blanco y negro: sor Juana Inés de la Cruz, de la historia a la ficción», en Mujeres novohispanas en la narrativa mexicana contemporánea, eds. Cecilia Eudave, Alberto Ortiz y José Carlos Rovira, Alicante, Universidad de Alicante (Cuadernos de América sin Nombre 33), 2014, p. 229. 53 Sor Juana Inés de la Cruz, Obras completas, ed. Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, I, p. 159. 54 Francisco Ramírez Santacruz, Sor Juana Inés de la Cruz: la resistencia del deseo, Madrid, Cátedra, 2019.
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