Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico
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Revista de Estudios Taurinos N.º 11, Sevilla, 2000, págs. 107-116 IGNACIO SANCHEZ MEJIAS. UN HOMBRE A LAALTURA DE SU MOMENTO HISTORICO Carlos Martínez Shaw1 Fundación de Estudios Taurinos gnacio Sánchez Mejías fue un torero y no un político. Por tanto, no fue un protagonista activo de los dramáticos avatares de la vida política española del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, fue un ciudadano que tomó parte en algunas de las manifestaciones más conocidas de esa época de revitalización de la cultura hispana que a veces se pone bajo el epígrafe de la edad de plata y que se inscribe dentro del proceso más general de renovación de la vida nacional que, impulsado por una corriente alimentada de idealismo y de generosidad, llevó a la proclamación de la Segunda República. Ignacio Sánchez Mejías nació en Sevilla en 1891, en una década enmarcada por dos hechos tan relevantes como la promulgación en 1890 del sufragio universal, con su valor simbólico y su poderosa virtualidad para el futuro, y la reacción dolorida ante la guerra con los Estados Unidos y la pérdida del “imperio insular”, de las islas de Cuba, y Puerto Rico y del archipiélago de Filipinas, a lo que se uniría más tarde la 1Catedrático de Historia Moderna y Contemporánea de la UNED y director de su Departamento de Historia Medieval y Moderna. momento histórico»; Rogelio Reyes Cano, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que abordará el «mecenazgo» del torero en “Los actos del Ateneo de Sevilla (Diciembre de 1927)”; y Felipe Benítez Reyes, escritor, que hablará sobre “Sánchez Mejías y algunos poetas del 27”. Ellos tienen la palabra. Jacobo Cortines Torres 106
Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 109 Lám. n.º 14.– Ignacio entre los dramaturgos Eduardo Marquina y Honorio Maura; a la izquierda, el actor Fernando Díaz de Mendoza, que protagonizó Sinrazón (archivo familiar). liquidación de la Micronesia española, de los archipiélagos de las Marianas y las Carolinas (1898-1899). De este modo, su niñez y su adolescencia transcurrieron en un período de la historia de España caracterizado por la reacción provocada por este desastre finisecular, que ocasiona la aparición de un tímido movimiento de regeneracionismo político y social y de un sentimiento generalizado de que la nación debe sacar fuerzas de flaqueza y volver a recuperar el pulso perdido durante el Ochocientos, lo que permite hablar de una “generación del 98”, que adquiere carta de naturaleza en el terreno literario, pero que se manifiesta en muchos otros campos no sólo de la creación cultural, sino también de las mentalidades colectivas. De esta forma, sus primeros veinte años de vida coinciden, primero con la agonía del sistema canovista (que muestra en la última década del siglo XIX todas sus limitaciones) y, después, con el regeneracionismo político encarnado por hombres como Francisco Silvela y Antonio Maura, que incapaces de encontrar soluciones mejores que una mayor limpieza del juego político (ejemplificada en la conocida fórmula de “luz y taquígrafos”) acaban por ver desprestigiadas sus propuestas con el estallido en Barcelona del movimiento insurreccional de la Semana Trágica (1909) y con el posterior asesinato legal tras su condena por un tribunal militar del gran pedagogo racionalista Francisco Ferrer Guardia. La insuficiencia de algunas instituciones destinadas a paliar los efectos de las graves desigualdades sociales (el Instituto de Reformas Sociales creado en 1903 y el Instituto Nacional de Previsión fundado en 1908) es puesta de manifiesto por el desarrollo de una serie de corrientes al margen Carlos Martínez Shaw 108
Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 109 Lám. n.º 14.– Ignacio entre los dramaturgos Eduardo Marquina y Honorio Maura; a la izquierda, el actor Fernando Díaz de Mendoza, que protagonizó Sinrazón (archivo familiar). liquidación de la Micronesia española, de los archipiélagos de las Marianas y las Carolinas (1898-1899). De este modo, su niñez y su adolescencia transcurrieron en un período de la historia de España caracterizado por la reacción provocada por este desastre finisecular, que ocasiona la aparición de un tímido movimiento de regeneracionismo político y social y de un sentimiento generalizado de que la nación debe sacar fuerzas de flaqueza y volver a recuperar el pulso perdido durante el Ochocientos, lo que permite hablar de una “generación del 98”, que adquiere carta de naturaleza en el terreno literario, pero que se manifiesta en muchos otros campos no sólo de la creación cultural, sino también de las mentalidades colectivas. De esta forma, sus primeros veinte años de vida coinciden, primero con la agonía del sistema canovista (que muestra en la última década del siglo XIX todas sus limitaciones) y, después, con el regeneracionismo político encarnado por hombres como Francisco Silvela y Antonio Maura, que incapaces de encontrar soluciones mejores que una mayor limpieza del juego político (ejemplificada en la conocida fórmula de “luz y taquígrafos”) acaban por ver desprestigiadas sus propuestas con el estallido en Barcelona del movimiento insurreccional de la Semana Trágica (1909) y con el posterior asesinato legal tras su condena por un tribunal militar del gran pedagogo racionalista Francisco Ferrer Guardia. La insuficiencia de algunas instituciones destinadas a paliar los efectos de las graves desigualdades sociales (el Instituto de Reformas Sociales creado en 1903 y el Instituto Nacional de Previsión fundado en 1908) es puesta de manifiesto por el desarrollo de una serie de corrientes al margen Carlos Martínez Shaw 108
1912 a sus Campos de Castilla y Miguel de Unamuno escribe su obra tal vez más profunda, Del sentimiento trágico de la vida, que puede leerse a partir de 1913, justamente el año en que Ignacio, tras su aventura mexicana, hace su presentación como novillero en Madrid. A partir de ahora, Ignacio puede valorar en toda su crudeza la intensidad del enfrentamiento entre las dos Españas que se manifiestan cada vez más irreconciliables durante los veinte últimos años de su corta vida. En efecto, por un lado se suceden los hechos dramáticos que se sustentan en las raíces más hondas de la España negra del reinado de Alfonso XIII y cuya relación sería prolija, aunque baste señalar la terrible derrota de Annual ante las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim, en la que murieron doce mil españoles y con la que culmina una larga serie de irresponsabilidades en el marco de la descabellada guerra colonial de Marruecos (1921), o el alevoso asesina- to del moderado dirigente anarcosindicalista Salvador Seguí (el Noi del Sucre) en Barcelona en plena euforia del pistolerismo de la patronal amparado por las autoridades (1923). De este modo, mientras Ignacio Sánchez Mejías triunfa en las plazas de toros de toda España, la nación se desgarra y se desespera ante el desmoronamiento de sus cimientos políticos y sociales. La Monarquía no encuentra otra solución más que la de suspender el turnismo en el gobierno y entregarse a la acción quirúrgica de la Dictadura encarnada por el general Primo de Rivera. La Dictadura tropieza lógicamente con la oposición de todas las corrientes democráticas, mientras trata de movilizar a las fuerzas económicas y sociales con una empresa de gran aliento, la paralela organización de la Exposición Internacional de Barcelona y de la Exposición Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 111 del sistema de la Restauración, singularmente por la consolidación de una alternativa republicana y por el auge del anarquismo y el socialismo con sus respectivos movimientos sindicalistas. Esta situación de inquietud generalizada se trasunta en el ámbito de la cultura con la aparición de algunas instituciones y de algunas obras especialmente significativas del momento. Así, si en 1910 se funda la Residencia de Estudiantes (que habría de ser uno de los reductos de la agitación cultural auspiciada por un numeroso grupo de jóvenes intelectuales progresistas), en los años inmediatamente posteriores se publican dos de las obras más cumplidas y representativas de la Generación del 98: Antonio Machado da a luz en Carlos Martínez Shaw 110 Fig. n.º 9.– Sánchez Mejías, como presidente del Real Betis Balompié, en la tribuna del viejo campo del Real Patronato (García-Ramos y Narbona, 1988: 217).
1912 a sus Campos de Castilla y Miguel de Unamuno escribe su obra tal vez más profunda, Del sentimiento trágico de la vida, que puede leerse a partir de 1913, justamente el año en que Ignacio, tras su aventura mexicana, hace su presentación como novillero en Madrid. A partir de ahora, Ignacio puede valorar en toda su crudeza la intensidad del enfrentamiento entre las dos Españas que se manifiestan cada vez más irreconciliables durante los veinte últimos años de su corta vida. En efecto, por un lado se suceden los hechos dramáticos que se sustentan en las raíces más hondas de la España negra del reinado de Alfonso XIII y cuya relación sería prolija, aunque baste señalar la terrible derrota de Annual ante las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim, en la que murieron doce mil españoles y con la que culmina una larga serie de irresponsabilidades en el marco de la descabellada guerra colonial de Marruecos (1921), o el alevoso asesina- to del moderado dirigente anarcosindicalista Salvador Seguí (el Noi del Sucre) en Barcelona en plena euforia del pistolerismo de la patronal amparado por las autoridades (1923). De este modo, mientras Ignacio Sánchez Mejías triunfa en las plazas de toros de toda España, la nación se desgarra y se desespera ante el desmoronamiento de sus cimientos políticos y sociales. La Monarquía no encuentra otra solución más que la de suspender el turnismo en el gobierno y entregarse a la acción quirúrgica de la Dictadura encarnada por el general Primo de Rivera. La Dictadura tropieza lógicamente con la oposición de todas las corrientes democráticas, mientras trata de movilizar a las fuerzas económicas y sociales con una empresa de gran aliento, la paralela organización de la Exposición Internacional de Barcelona y de la Exposición Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 111 del sistema de la Restauración, singularmente por la consolidación de una alternativa republicana y por el auge del anarquismo y el socialismo con sus respectivos movimientos sindicalistas. Esta situación de inquietud generalizada se trasunta en el ámbito de la cultura con la aparición de algunas instituciones y de algunas obras especialmente significativas del momento. Así, si en 1910 se funda la Residencia de Estudiantes (que habría de ser uno de los reductos de la agitación cultural auspiciada por un numeroso grupo de jóvenes intelectuales progresistas), en los años inmediatamente posteriores se publican dos de las obras más cumplidas y representativas de la Generación del 98: Antonio Machado da a luz en Carlos Martínez Shaw 110 Fig. n.º 9.– Sánchez Mejías, como presidente del Real Betis Balompié, en la tribuna del viejo campo del Real Patronato (García-Ramos y Narbona, 1988: 217).
Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 113 Lám. n.º 15.–Ignacio convaleciente de una cornada recibida en México. A causa de su toreo valeroso fue muy castigado por los toros (archivo familiar). Iberoamericana de Sevilla. Cuando Primo de Rivera se retire, el restablecimiento del sistema parlamentario y del régimen de libertades no bastará a los grupos de la oposición, que lanzarán los dardos de su crítica contra la propia Monarquía, que había apoyado el golpe militar del general y la represión implantada durante su mandato. Se produce así la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Ignacio, que se ha retirado de los toros por segunda vez en 1927, alcanza en esta época (entre aquel año y la fecha de su reaparición, en 1934) sus mayores cotas de protagonismo en la vida cultural española. Un protagonismo que, es preciso subrayarlo, se ejerce bajo el signo del progresismo ideológico y de la exploración de nuevas vías de expresión, en contacto con algunos de los grandes nombres de la creación artística de la época. Es el momento de su intervención en un medio que pronto se ganará un lugar en el universo de las artes, el cinematógrafo (no en vano Luis Buñuel rueda El perro andaluz en 1928), con la interpretación de un papel en La Malquerida (obra sobre el texto dramático homónimo de Jacinto Benavente) y con la asesoría taurina en la película El embrujo de Sevilla, de Benito Perojo sobre la obra homónima de Carlos Reyles. Es el momento también de la producción de sus textos para el teatro: Sinrazón (donde se trasunta alguna observación personal en el sevillano hospital de Miraflores, no muy alejado de su finca de Pino Montano), Zaya (donde se dramatiza los sentimientos de un torero retirado), Ni más ni menos (donde, aunque nunca se ha señalado, tal vez se escucha un eco del Valdés Leal del Hospital de la Caridad) y la incompleta Soledad. Son los mismos años en que escribe el texto de Las calles de Cádiz para el ballet de La Argentinita (estrena- Carlos Martínez Shaw 112
Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 113 Lám. n.º 15.–Ignacio convaleciente de una cornada recibida en México. A causa de su toreo valeroso fue muy castigado por los toros (archivo familiar). Iberoamericana de Sevilla. Cuando Primo de Rivera se retire, el restablecimiento del sistema parlamentario y del régimen de libertades no bastará a los grupos de la oposición, que lanzarán los dardos de su crítica contra la propia Monarquía, que había apoyado el golpe militar del general y la represión implantada durante su mandato. Se produce así la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Ignacio, que se ha retirado de los toros por segunda vez en 1927, alcanza en esta época (entre aquel año y la fecha de su reaparición, en 1934) sus mayores cotas de protagonismo en la vida cultural española. Un protagonismo que, es preciso subrayarlo, se ejerce bajo el signo del progresismo ideológico y de la exploración de nuevas vías de expresión, en contacto con algunos de los grandes nombres de la creación artística de la época. Es el momento de su intervención en un medio que pronto se ganará un lugar en el universo de las artes, el cinematógrafo (no en vano Luis Buñuel rueda El perro andaluz en 1928), con la interpretación de un papel en La Malquerida (obra sobre el texto dramático homónimo de Jacinto Benavente) y con la asesoría taurina en la película El embrujo de Sevilla, de Benito Perojo sobre la obra homónima de Carlos Reyles. Es el momento también de la producción de sus textos para el teatro: Sinrazón (donde se trasunta alguna observación personal en el sevillano hospital de Miraflores, no muy alejado de su finca de Pino Montano), Zaya (donde se dramatiza los sentimientos de un torero retirado), Ni más ni menos (donde, aunque nunca se ha señalado, tal vez se escucha un eco del Valdés Leal del Hospital de la Caridad) y la incompleta Soledad. Son los mismos años en que escribe el texto de Las calles de Cádiz para el ballet de La Argentinita (estrena- Carlos Martínez Shaw 112
Ignacio Sánchez Mejías murió poco antes de que el movimiento de regeneración nacional, que culminaría con el advenimiento de la Segunda República, fuera cercenado de raíz por el levantamiento militar de 1936, que significó la persecución, el exilio y, en algunos casos (como en el paradigmático de Federico García Lorca), el asesinato de muchos de sus mejores amigos y compañeros en la empresa de renovación cultural que caracterizó aquellos años llenos de ilusiones y de impulsos creativos. Su figura, de múltiples aristas, se nos aparece como la de un torero valiente, de gran vuelo artístico y gran sabiduría para impregnar de emoción sus actuaciones. También como la de un amante de la cultura con la que mantuvo relaciones múltiples, como crítico taurino, como conferenciante ocasional, como actor circunstancial, como esforzado escritor de obras dramáticas y como promotor de la gran empresa literaria de 1927. Finalmente, fue un hombre de talante abierto, que, sin una adscripción ideológica explícita, supo rodearse de los intelectuales que estaban a la vanguardia de la creación cultural del período y compartir con ellos sus ideales de transformación de un panorama literario y artístico que aparecía como rancio y obsoleto. En definitiva, Ignacio Sánchez Mejías fue un hombre que apostó por la modernidad y que con un fino olfato que le hizo captar, siquiera fuera de un modo difuso, los rumbos hacia donde caminaba el mundo, supo estar a la altura de su momento histórico. Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 115 do en 1933) o en que pronuncia su conocida conferencia en la misma Universidad de Columbia que había acogido a Federico García Lorca y cuyo análisis hiciera Pedro Romero de Solís bajo el conseguido epígrafe de Torero en Nueva York (1929). Es, finalmente, la hora en que dejará para siempre inscrito su nombre en la historia de la cultura española al patrocinar la famosa reunión del Ateneo de Sevilla en homenaje a Luis de Góngora, de donde saldrá bautizada la brillante pléyade de escritores de la Generación del 27. Si la fotografía ha dejado fijada para siempre la imagen de Ignacio empuñando una garrocha desde el automóvil que en esta ocasión irrepetible sustituye al caballo en estos menesteres (Lám. n.º 10), en otra muestra de su apuesta por la modernidad, su consonancia con las actividades deportivas se pone también de manifiesto cuando en 1930 acepta la presidencia del Real Betis Balompié, en el momento de mayor gloria del club, cuando consigue reunir aquella plantilla justamente celebrada de los Urquiaga, Areso, Aedo, Lecue, Timimi, Unamuno, Peral. La Segunda República le ve ejerciendo una actuación cívica, al asumir la presidencia de la Cruz Roja de Sevilla en 1934, justamente el año de su muerte en los ruedos después de su última reaparición y de su transfiguración poética por obra y gracia de los escritores que fueron sus amigos y, especialmente, de Federico García Lorca, que lo inmortaliza en el famoso Llanto. En efecto, Ignacio muere en agosto de ese año, sin tiempo de compartir la preocupación de sus compañeros por la más grave crisis del joven régimen republicano, la que culmina en el mes de octubre con la insurrección de Asturias y su represión por el ejército mandado por el general Franco. Carlos Martínez Shaw 114
Ignacio Sánchez Mejías murió poco antes de que el movimiento de regeneración nacional, que culminaría con el advenimiento de la Segunda República, fuera cercenado de raíz por el levantamiento militar de 1936, que significó la persecución, el exilio y, en algunos casos (como en el paradigmático de Federico García Lorca), el asesinato de muchos de sus mejores amigos y compañeros en la empresa de renovación cultural que caracterizó aquellos años llenos de ilusiones y de impulsos creativos. Su figura, de múltiples aristas, se nos aparece como la de un torero valiente, de gran vuelo artístico y gran sabiduría para impregnar de emoción sus actuaciones. También como la de un amante de la cultura con la que mantuvo relaciones múltiples, como crítico taurino, como conferenciante ocasional, como actor circunstancial, como esforzado escritor de obras dramáticas y como promotor de la gran empresa literaria de 1927. Finalmente, fue un hombre de talante abierto, que, sin una adscripción ideológica explícita, supo rodearse de los intelectuales que estaban a la vanguardia de la creación cultural del período y compartir con ellos sus ideales de transformación de un panorama literario y artístico que aparecía como rancio y obsoleto. En definitiva, Ignacio Sánchez Mejías fue un hombre que apostó por la modernidad y que con un fino olfato que le hizo captar, siquiera fuera de un modo difuso, los rumbos hacia donde caminaba el mundo, supo estar a la altura de su momento histórico. Ignacio Sánchez Mejías. Un hombre a la altura de su momento histórico 115 do en 1933) o en que pronuncia su conocida conferencia en la misma Universidad de Columbia que había acogido a Federico García Lorca y cuyo análisis hiciera Pedro Romero de Solís bajo el conseguido epígrafe de Torero en Nueva York (1929). Es, finalmente, la hora en que dejará para siempre inscrito su nombre en la historia de la cultura española al patrocinar la famosa reunión del Ateneo de Sevilla en homenaje a Luis de Góngora, de donde saldrá bautizada la brillante pléyade de escritores de la Generación del 27. Si la fotografía ha dejado fijada para siempre la imagen de Ignacio empuñando una garrocha desde el automóvil que en esta ocasión irrepetible sustituye al caballo en estos menesteres (Lám. n.º 10), en otra muestra de su apuesta por la modernidad, su consonancia con las actividades deportivas se pone también de manifiesto cuando en 1930 acepta la presidencia del Real Betis Balompié, en el momento de mayor gloria del club, cuando consigue reunir aquella plantilla justamente celebrada de los Urquiaga, Areso, Aedo, Lecue, Timimi, Unamuno, Peral. La Segunda República le ve ejerciendo una actuación cívica, al asumir la presidencia de la Cruz Roja de Sevilla en 1934, justamente el año de su muerte en los ruedos después de su última reaparición y de su transfiguración poética por obra y gracia de los escritores que fueron sus amigos y, especialmente, de Federico García Lorca, que lo inmortaliza en el famoso Llanto. En efecto, Ignacio muere en agosto de ese año, sin tiempo de compartir la preocupación de sus compañeros por la más grave crisis del joven régimen republicano, la que culmina en el mes de octubre con la insurrección de Asturias y su represión por el ejército mandado por el general Franco. Carlos Martínez Shaw 114