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Ser-implicado. Dejar de ser-objetivo para ser-ejercitante en la investigación social

Lay-Trigo, Sarahí

Abstract

En la investigación social el ser que investiga está siempre implicado en-con su realidad porque es imposible que el ser que quiere conocer se separe de sí-mismo. En ese sentido el sujeto es siempre parte de su realidad. Sin embargo, acercarse a la objetividad es posible, para lograrla es necesaria la comprensión de la implicación del ser en-con su mundo ya que a través de ello se dará cuenta de la necesidad de devenir en un ser-ejercitante que sea capaz, a través del ejercicio continuo de la reflexión, la voluntad y la disciplina, de crear/generar proposiciones que en un futuro se conviertan en formulaciones científicas.

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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 57, enero-junio (2018) pp.: 229-244. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2018.i57.13 SER-IMPLICADO. DEJAR DE ‘SER-OBJETIVO’ PARA ‘SER-EJERCITANTE’ EN LA INVESTIGACIÓN SOCIAL BEING-IMPLICATED. ABANDONING ´BEING-OBJETIVE´ IN ORDER TO ´BE-EXERCISER´ IN SOCIAL RESEARCH Sarahí Lay-Trigo1 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) Recibido: 5/10/2017 Aceptado 15/11/2017 Resumen: En la investigación social el ser que investiga está siempre implicado en-con su realidad porque es imposible que el ser que quiere conocer se separe de sí-mismo. En ese sentido el sujeto es siempre parte de su realidad. Sin embargo, acercarse a la objetividad es posible, para lograrla es necesaria la comprensión de la implicación del ser en-con su mundo ya que a través de ello se dará cuenta de la necesidad de devenir en un ser-ejercitante que sea capaz, a través del ejercicio continuo de la reflexión, la voluntad y la disciplina, de crear/generar proposiciones que en un futuro se conviertan en formulaciones científicas. Palabras clave: Ser-implicado; ser-ejercitante; reflexividad; ejercicio; investigación social. Abstract: It is normally considered that the researcher as a being is implicated in the reality that she/he is studying because it is impossible to be separated from her/his-self. In this sense, the subject is always part of her/his reality. In spite of that, in order to approximate us to objectivity is possible. To reach this extraction, it is necessary to understand the implication of the being in her/his world, insofar as this will result in being an exerciser capable of continuous concentration, reflection, will power and discipline that will generate/create hypothesis, which can be future scientific postulations. Key words: Being-implicated; be-exerciser; reflexivity; exercise; social research. 1. Estudiante del doctorado en educación de la Universidad de Guadalajara, becaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Su área de investigación actual es la educación, la filosofía y la danza. Maestra en Gestión y Políticas de la Educación Superior por la Universidad de Guadalajara y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por el ITESO. Bailarina, coreógrafa, gestora y promotora del arte, la ciencia y la cultura. Correo electrónico: [email protected]. Sarahí Lay-Trigo Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. 230 1. Ser implicado Ser-implicado es un concepto que permite dejar clara la postura de la que parte este ensayo en la que hacer investigación social —sea cuantitativa y/o cualitativa— se concibe como una fusión, un ensamblamiento entre sujeto (ser) y objeto2 (las cosas y los seres del mundo), un sistema de comunicación híbrido que debe ser entendido como espacio de interacción compartido en el que los seres en relación en-con el mundo comparten una misma estructura espacio/tiempo, la del ser humano en sociedad. Esto es importante porque en este trabajo el foco de interés se detiene en el ser que produce ciencia sin importar el problema de investigación, la distinción disciplinar3, el enfoque teórico o la aproximación metodológica. Dicho de otra manera, es el proceso de implicación del ser que investiga el que se quiere reflexionar. Así, mucho antes de que se quiera poner el dedo en la llaga sobre perspectivas teóricas, métodos y técnicas de investigación es necesario reflexionar sobre el propio productor de la ciencia: el ser humano, ya que al fin y al cabo, todo ser que investiga habrá de sentarse en un aquí y un ahora para someterse a un proceso de creación en el que sea capaz de confrontar-se con lo investigado y dar cuenta —a través de explicaciones, proposiciones y argumentos— de la realidad comprendida, pues sabe que sólo a través de la palabra4 es posible hacer públicas sus intelecciones ante una comunidad científica. En ese sentido «hay que considerar al ser como una síntesis apoyada a la vez en el espacio y en el tiempo»5. Así ser y mundo no forman una realidad sujeto-objeto en extremos separados, sino una imbricación única en la que ser-mundo es una realidad dinámica que le da sentido a la investigación. Ibañez señala que el ser que desea conocer, tiene que situarse en posición trascendente o trascendental, único modo de reflexionar sobre sus partes –los estratos físico, vital, psicosocial y noológico que contiene-, pero esa posición le distancia irremediablemente del mundo que conoce y de sí-mismo 6, 2. Es necesario entender esta relación sujeto-objeto más allá de una linealidad que implique exterioridad o posición de un sujeto fuera de su objeto, es más bien una relación de resonancia en la que interactúan sujetos y objetos. 3. Hay que partir de la idea de que las disciplinas son sólo parcelas de un mismo terreno humano y que tienen como finalidad la comprensión de lo humano en sociedad. 4. La ciencia o las ciencias —en su sentido plural— dependen de que lo extraído e interpretado de la realidad esté escrito, poco importa si las intelecciones están impresas en físico o de manera electrónica, lo importante es que a través de la palabra la voz del científico pueda ser difundida. 5. Bachelard, G.: La intuición del instante. México: Fondo de Cultura Económica, 1999, p. 28. 6. Ibañez, J.: Del Algoritmo al Sujeto. Perspectivas de la investigación social. Madrid: Siglo XXI, 1985, p. 260. Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. Ser-implicado. Dejar de ‘ser-objetivo’ para ‘ser-ejercitante’ en la investigación social 231 Sin distanciamiento el ser no tiene posibilidad de ser-para-el-mun- do, sólo a partir de esa ruptura es posible la comprensión del sujeto epistémico. En otras palabras, es a partir de la escisión del ser con su realidad, de la acción de desdoblarse que puede disponerse conscientemente a comprender algo. Sin embargo, el ser no puede dejarse de lado. En ese sentido la implicación no sólo se vive cuando se está en terreno empírico, el ser está implicado en la realidad que investiga permanentemente porque no existe posibilidad de que abandone el tejido social al que pertenece. Creer que es posible una separación en el proceso de investigación que garantice la objetividad es un espejismo porque es imposible separar y seccionar la realidad social de su espacio/tiempo, es más bien sobre ese eje que se tiene que comprender lo real. De esto se hablará más adelante. Por el momento es necesario señalar que espacio y tiempo son estructuras continentes/limitantes que hay que reflexionar para entender el ser-implicado en la investigación y para que esa comprensión devenga la propuesta de ser-ejercitante. De ese ser, que al estar consciente de sus sombras, sabe que la antropotécnica —procedimiento de ejercitación— tiene como base fundamental la fuerza transformadora de la repetición, ya que sin repetición, sin una práctica continua, sin una actitud reflexiva cotidiana es casi imposible la generación de proposiciones que puedan —a posteriori— convertirse en formulaciones científicas. Dentro de esta dimensión antropotécnica7 espacio-temporal está implicado el ser que investiga —en todos sus momentos y procesos— con todo lo que involucra habitar las tensiones humanas del tejido social, ahí donde las pasiones (ímpetus y afecciones existentes) y los hábitos (adiestramientos y ejercicios dados a priori) dan movimiento a las trayectorias de los seres en la práctica de la investigación. Trayectorias siempre distintas ya que tanto los hábitos como las pasiones/emociones8 impresionan y/o modifican de manera distinta a los seres. «Las emociones nacen en un individuo preciso, una situación social y una relación particular con un suceso»9 que es lo que distingue la apropiación del mundo de un individuo a otro, ya la selección de una teoría para acercase a la realidad refleja mucho de la individualidad del que quie- 7. En Sloterdijk, P. (La Domestication de l’Être. Pour un éclaircissement de la clairière. Paris: Éditions mille et une nuits, 2000, p. 18), se afirma que el ser es producto de sus antropotécnicas, es decir, de largos procesos de producción, co-producción compartidos que nacieron a través de los modos en los que el ser se fue haciendo en-y-con los otros y lo otro. 8. «La emoción es a la vez evaluación, interpretación, expresión, significación, relación, regulación de un intercambio; se modifica según los públicos y el contexto; difiere en su intensidad y aun en sus manifestaciones, de acuerdo con la singularidad personal». Le Breton, D.: Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones. Buenos Aires: Nueva Visión, 1999, pp. 191-192. 9. Le Breton, D.: Las pasiones ordinarias cit., p. 191. Sarahí Lay-Trigo Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. 232 re conocer/comprender, por eso es importante detenerse en la base afectiva del ser que investiga. 2. Pasión por el mundo Es de naturaleza humana apasionarse por las cosas y los seres del mundo, emocionarse —positiva o negativamente— con todo aquello con lo que co-habita en el complejo mundo social. El ser humano tiene intereses, deseos y aversiones, y aunque el científico focaliza la mirada en un espacio/tiempo determinado, o si se quiere, estudia y construye ‘objetos’ para su comprensión, no deja de estar dentro/fuera de lo que analiza, el ser es a la vez pensamiento y emociones. Hay que tener presente que «es muy difícil evitar la mezcla de los deseos con el entendimiento»10, tratar de separar lo puramente sensible de lo cognoscente es una quimera, como si el ser no dependiera tanto de sus emociones como de sus pensamientos para comprender el mundo. Por eso «cuando el conocimiento empírico se racionaliza, nunca se está seguro de que los valores sensibles primitivos no afecten a los raciocinios»11. De ahí la necesidad de que al investigar se mantenga una disposición de cuestionamiento, de duda, de inconformidad que permita plantear el problema12, ‘construir el objeto’, ya que en la vida científica los problemas no se plantean por sí mismos. Es precisamente este sentido del problema el que sindica13 el verdadero espíritu científico. Para un espíritu científico todo conocimiento es una respuesta a una pregunta14. Ahora bien «es importante notar que […] una pregunta no agota la construcción de un problema. En otras palabras, todo problema de investigación contiene una pregunta, pero no toda pregunta constituye un pro- 10. Bartra, R.: “Dilemas en las ciencias sociales” en Perfiles Latinoamericanos 41, 2013, p. 13. 11. Bachelard, G.: La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. México: Siglo XXI, 2000a, p. 17. 12. «Se debe enfatizar que todo problema, o pregunta de investigación, está conceptualmente condicionado, es decir, no es posible formular una pregunta a menos que se sepa algo». Aibar, J., Cortés, F., Martínez, L., & Zaremberg, G.: op. cit., p. 22. 13. El traductor de este texto utiliza la palabra sindica para la expresión en francés «donne la marque», sin embargo, la traducción literal es da marca y su sentido es imprime su sello. 14. Bachelard, G.: La formación cit., p. 16. Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. Ser-implicado. Dejar de ‘ser-objetivo’ para ‘ser-ejercitante’ en la investigación social 233 blema de investigación»15. En este sentido es fundamental tener claro que el surgimiento del problema da origen a la pregunta de investigación, es el mismo acto de ‘construcción del objeto’ lo que permite al ser la generación de cuestionamientos. Y puesto que «la construcción de un problema suele verse motivada por un diálogo con la propia experiencia»16, para encontrar respuestas, para problematizar la realidad es necesario estar dispuesto a cuestionarse, a experimentar, a apasionarse y a ser modificado17 por una determinada realidad, de otra manera es poco probable que el ser se dedique con ahínco a la investigación. Si se considera cierta la afirmación de Calhoun y Wieviorka según la cual «los investigadores en ciencias sociales tienen la pasión por el saber»18 entonces aquellos seres que estudian el mundo deben considerarse sujetos apasionados por el conocimiento y por lo tanto, para hablar de investigación y de saber es necesario adentrarse en las pasiones humanas. O ¿acaso es posible para un investigador estudiar algo sin pasión aunque ésta sea secreta, no manifiesta o encubierta? En sentido estricto —dejando de lado el fenómeno de los estudios financiados y las lógicas perversas que de vez en cuando sientan las bases, las temáticas y los universos de estudio en las comunidades científicas— toda persona que investiga tiende a escoger temas con los que siente algún tipo de pasión, de vínculo, de relación, de cercanía. De manera que la pasión hace bien al que desea investigar ya que lo mantiene interesado en lo que quiere comprender. Dicho esto ¿es posible hablar de objetividad en los estudios sociales? La respuesta es positiva si se considera que «lo que la investigación lleva a la superficie tuvo que ser extraído ‘a la luz del día’ o ‘desocultado’ en una especie de explotación minera cognitiva».19 De manera que la objetividad dentro de la investigación ha de ser entendida como esa capacidad que tiene el sujeto para iluminar, desplegar, extraer de la realidad lo que permanecía en la oscuridad. Sin olvidar que «el conocimiento de lo real es una luz que siempre proyecta alguna sombra. Jamás es inmediata y plena […] Lo real no es jamás “lo que podía creerse” sino siempre lo que debiera haberse pensa- 15. Aibar, J., Cortés, F., Martínez, L., & Zaremberg, G.: op. cit., p. 22. 16. Aibar, J., Cortés, F., Martínez, L., & Zaremberg, G.: op. cit., p. 20. 17. «El investigador es una parte de la sociedad que a través de él se investiga a sí misma. Al investigar se alteran el investigador (ningún individuo es él mismo después de haber sido sometido a una pregunta: ‹Caín, ¿qué has hecho con tu hermano?›) y la sociedad investigada (ninguna sociedad es la misma después de haber formulado una pregunta: ‹¿Por qué las cosas son así y no pueden ser de otro modo?)». Ibañez, J.: op. cit., p. 269. 18. Calhoun, C. & Wieviorka, M.: “Manifiesto por las ciencias sociales” en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales LVIII, 217, 2013, p. 29. 19. Sloterdijk, P.: Esferas III. Madrid: Siruela, 2006, pp. 68-69. Sarahí Lay-Trigo Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. 234 do»20. Así, el ser que investiga puede ser considerado un artista de la luz. Aquel que pueda iluminar mejor lo que le rodea puede llamarse a sí mismo investigador. Iluminar las cosas y los seres del mundo requiere de un alto grado de atención, ya que es necesario encontrar un equilibrio entre la oscuridad y la luminosidad, no vaya a ser que de tanto vivir en las sombras el que investiga se convierta en un ser incapaz de observar con claridad lo que trata de traer a la luz. Dicho de otra manera, es necesario tener presente que las pasiones tienen la capacidad de cegar: al estar tan cerca de la realidad que se quiere comprender es posible dejar de ver lo esencial, por eso es necesario equilibrar las emociones y convertirse a la vez en un ser que estudia y un ser que se estudia, un ser que ilumina y que se ilumina, que se auto-observa, que extrae de la realidad y se extrae, que aprende de sus errores21, en pocas palabras, practicar lo que se llama vigilancia epistemológica22. Dicho de otra manera el ser es un sí-mismo que se observa a sí-mismo […] De lo que se deducen dos consecuencias. La primera que el universo que conocemos está construido de tal modo que seamos capaces de conocerlo. La segunda, que para conocerlo, el universo se debe desdoblar en dos partes, una que mira y otra que es mirada23. Sin embargo, es posible preguntarse hasta qué punto el ser humano es capaz de conocer el mundo, cuál su capacidad de comprensión, ya que aún hoy, sin importar la información y el conocimiento disponible quedan velados para la intelección humana un sinnúmero de fenómenos sobre el funcionamiento del universo cósmico y social. No hay que olvidar que con el paso del tiempo las teorías cambian, evolucionan o se refutan, lo que hoy se considera creíble es posible que en un futuro no lo sea. En ese sentido, ¿qué tan bien el ser que investiga conoce el mundo que le rodea? ¿Cuáles son las certezas a las que puede asirse? Existen pocas certezas para el ser epistémico, una de ellas es la certeza de que su experiencia con los seres y 20. Bachelard, G.: La formación cit., p. 15. 21. «Al espectáculo de los fenómenos más interesantes, más chocantes, el hombre va naturalmente con todos sus deseos, con todas sus pasiones, con toda su alma. No se debe pues asombrar que el primer conocimiento objetivo sea un primer error». Bachelard, G.: La formación cit., p. 65. 22. «Es necesario someter la práctica sociológica a la polémica de la razón epistemológica, para definir, y si es posible inculcar, una actitud de vigilancia que encuentre en el completo conocimiento del error y de los mecanismos que lo engendran uno de los medios para superarlo» Bourdieu, P., Chamboredon, J.C., & Passeron, J.C.: El oficio del sociólogo. Pre-supuestos epistemológicos. México: Fondo de Cultura Económica, 1975: 14. 23. Ibañez, J.: op. cit., p. 260. Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. Ser-implicado. Dejar de ‘ser-objetivo’ para ‘ser-ejercitante’ en la investigación social 235 las cosas del mundo se ha de dar en ciertos lugares y determinados ahoras, por eso es necesario detenerse a pensar en cómo influyen tiempo y espacio en la experiencia de la investigación. 3. Obsesión por el orden El mundo de los humanos es un espacio obsesionado por el orden, está encerrado en una dimensión espacio-temporal en la que el tiempo es el dictador de las actividades, de los encuentros con lo otro y los otros, es la pauta para medir la duración, el instante en el que permanecen las pasiones-emociones en un ser que habita un determinado espacio. Para reflexionar este sentido de orden es necesario considerar al tiempo y al espacio como ejes que organizan los actos del ser, realidades que permiten al individuo comunicarse con el mundo de las cosas reales. Del tiempo es importante decir que «el individuo no inventa el concepto de tiempo por sí mismo, sino que aprende desde su infancia tanto el concepto de tiempo como la institución social del tiempo que le está unida de modo indisoluble»24. La investigación, por ser un fenómeno humano, no se escapa de esta doble dimensión —espacial y temporal— que es a la vez precisión de espacio (punto que se habita) y ritmo (instante que se vive). Toda práctica investigativa fluye en espacios y tiempos ya determinados para ello, en estructuras académicas, sociales o científicas cronometradas que establecen —de alguna u otra manera— los momentos precisos en los que se ha de dar el encuentro con la realidad que el investigador se ha propuesto conocer-comprender-aprehender. Si alguien quisiera escapar a esta dimensión dejaría de ser parte de este mundo. El tiempo y el espacio son la única estructura25 universal común a toda actividad humana, por lo tanto, todos los seres de este mundo están atrapados en sucesiones numérico-espacia- les que o les permiten fluir o los detienen. Esto afecta toda realidad social, individual y por supuesto histórica «así pues, lo que llamamos ‘tiempo’, es, en primer lugar, un marco de referencia que sirve a los miembros de un cierto grupo y, en última instancia, a toda la humanidad»26 y lo que se 24. Elías, N.: Sobre el tiempo. México: Fondo de Cultura Económica, 1989, p. 20. 25. La noción de estructura en este trabajo no debe ser entendida como algo estático sino como algo dinámico en la que el tiempo y el espacio son los dos elementos que dan orden al flujo de las relaciones humanas. 26. Elías, N.: op. cit., p. 84. Sarahí Lay-Trigo Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. 236 llama ‘espacio’ es la condición a priori de todos los actos del ser: en suma tiempo y espacio son el aquí y ahora de los seres humanos. 3.1. Del tiempo, la duración y el instante Al estar ceñidos a esta estructura topo-rítmica social de la que es imposible escapar, las acciones humanas se articulan y se ordenan —consciente o inconscientemente— a un ritmo determinado y en espacios precisos. De acuerdo con Henri Bergson existen tres marcos de referencia para comprender el tiempo, el universal/cósmico, el social/cívico y el individual/ durée, éste último puede ser experimentado únicamente por el ser que lo vive y «no es extensible ni reducible a voluntad. No se trata ya de lo pensado, sino de lo vivido»27. Gracias a esta durée el ser humano tiene conciencia de su propio trayecto, de lo que vive en comunidad y de su posible trascendencia. En un mundo de sucesiones temporales es necesario detenerse a reflexionar sobre la naturaleza de la duración28. Y aunque la cuestión del tiempo ha estado presente en el ser humano a lo largo de la historia de las ciencias hasta el momento no ha sido posible —ni en física ni en filosofía— imponer una sola postura sobre la naturaleza de la duración que explique contundentemente qué es el tiempo, ¿es el tiempo una unidad con duración (Bergson) o es una discontinuidad de instantes sin duración (Bachelard)? ¿Es la investigación una acción con duración o un acto discontinuo? Cuando se habla de investigar, o más bien, de crear ciencia —que es ese momen- to en el que el ser que investiga se dispone a aventurar sus intelecciones y pensar en serio29 la realidad para relacionar la esfera teórica con la esfera construida en el terreno empírico— es quizás más acertado hablar de instantes de reflexión/creación, que de una duración creadora continua. Así, para este trabajo es necesario entender la duración como una colección de instantes sin duración, tal y como la concibe Bachelard (1999) a propósito de Siloë de Roupnel y no como una realidad inmediata a la conciencia (falsa cesura) como la entiende Bergson, ya que lo que se quiere 27. Bergson, H.: Memoria y vida. Textos escogidos por Gilles Deleuze. Madrid: Alianza, 2004, 18. 28. La necesidad de reflexionar la duración surge con la intención de precisar la postura que se utilizará en este trabajo para reflexionar sobre la creación científica. 29. Pensar en serio «significa usar conceptos, postulados generales sobre clases completas de fenómenos en lugar de postulados específicos de hecho, postulados aplicables a personas y organizaciones en todas partes y no sólo a determinadas personas aquí y ahora, o allá y entonces». Becker, H.: Trucos del oficio. Cómo conducir su investigación en ciencias sociales. Buenos Aires: Siglo XXI, 2011, p. 145. Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. Ser-implicado. Dejar de ‘ser-objetivo’ para ‘ser-ejercitante’ en la investigación social 237 reflexionar es sobre la creación de la ciencia, que es ese acto complejísimo de poner en blanco y negro el proceso de intelección ya re-flexionado, re-formulado, interiorizado de la realidad. Cabe señalar que esta posición a favor del instante no quiere decir que se coincida con la postura de Bachelard, aquella en la que afirma que la filosofía de la duración bergsoniana y la filosofía del instante roupneliana son incompatibles. Pues a pesar de que el autor de La intuición del instante creía imposible la concordancia entre ambas formas de entender el tiempo, se intuye que es posible conciliarlas. Tarea que por ser de naturaleza titánica se dejará para otro momento. Pero se señala la posibilidad de compatibilidad, ya que aunque aún no exista una teoría que explique formalmente el inicio del tiempo —que es lo que permitiría llegar con mayor profundidad a la comprensión del tiempo— es posible hablar tanto de la duración como del instante. Lo que se dirá es que cada una de estas filosofías pretende iluminar momentos distintos sobre la realidad temporal en el ser. Por un lado Bergson, aporta elementos importantes para el entendimiento del tiempo en sus tres dimensiones (universal, social e individual) y por el otro, la poética de Bachelard ayuda a la comprensión del momento creador, ese acto de intelección que se decide en un instante: el de la creación. A manera de ejercicio se puede decir que para constatar esa duración de la que habla Bergson basta con poner atención a la respiración, al dolor, a la acción continua del pasar de los años dictado por el tiempo cósmico, a los modos en los que cada individuo se forma con la vida (donde la duración depende de cada ser), al inicio y al final de los individuos: las trayectorias. Sin embargo, la idea de que «nuestro pasado se manifiesta […] íntegramente en nosotros por su impulso y en forma de tendencia, aunque sólo una débil parte se convierta en representación»30 es muy difícil de corroborar, es indemostrable señalaría Ibañez (1985), ya que el ser sólo tiene acceso a esa mínima parte (los recuerdos) y no hay manera de acceder a esa totalidad para colocarse de golpe en el pasado, de manera que de la vida como un todo, como una duración, sólo quedan los instantes. De ahí la importancia que Bachelard otorga a la filosofía del instante roupneliana en la que no hay cabida para esa posible duración, sino sólo para los instantes que se han quedado guardados en la memoria31, de modo que no 30. Bergson, H.: op. cit., p. 56. 31. Hay que tener en cuenta que la memoria no es sólo imagen sino también olor, sabor, sensación como señala Proust, M. ( En busca del tiempo perdido 1: Por el camino de Swann. Madrid: Taurus, 1999, p. 42), «Cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más y recuerdan, y aguardan, y esperan sobre las ruinas de todo y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo». Sarahí Lay-Trigo Thémata. Revista de Filosofía Nº57 (2018) pp.: 229-244. 244 investigación: metodología en tesis de ciencias sociales. México: FLACSO, 2013. Bachelard, G.: La formación del espíritu científico. Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo. México: Siglo XXI, 2000a. Bachelard G.: La poética del espacio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000b. Bachelard, G.: La intuición del instante. México: Fondo de Cultura Económica, 1999. Bartra, R.: “Dilemas en las ciencias sociales” en Perfiles Latinoamericanos 41, 2013, pp. 7-17. Becker, H.: Trucos del oficio. Cómo conducir su investigación en ciencias sociales. Buenos Aires: Siglo XXI, 2011. Bergson, H.: Memoria y vida. Textos escogidos por Gilles Deleuze. Madrid: Alianza, 2004. Bourdieu, P., Chamboredon, J.C., & Passeron J.C.: El oficio de sociólogo. Pre-supuestos epistemológicos. México: Siglo XXI, 1975. Calhoun, C, & Wieviorka, M.: “Manifiesto por las ciencias sociales” en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales LVIII, 217, 2013, pp. 29-59. Elías, N.: Sobre el tiempo. México: Fondo de Cultura Económica, 1989. 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