Relaciones entre Cansinos Assens e Isaac del Vando
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225 Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 43, 2015, pp. 225–231. laS RelacioneS entRe canSinoS aSSenS e iSaac del vando1 Por rogelio reyes cano No he publicado ningún trabajo centrado directamente en Cansinos pero me lo he encontrado muchas veces tangencialmente en mis clases y en mis investigaciones. La novela de un literato, por ejemplo, es un libro de obligada referencia para mis alumnos del curso sobre Luces de Bohemia de Valle–Inclán que he venido dando regularmente en la Facultad de Filología. Y siempre me admiró lo que Cansinos tenía no sólo de escritor o de crítico literario sino también de protagonista, testigo directo y hasta notario de lo que en el “fin de siglo” se conocía con más rigor que hoy como la “vida literaria”, tan volcada entonces hacia el exterior, hacia la tertulia, las librerías, los saloncillos de los teatros, la prensa, los cafés y cervecerías… , todo tan diferente al generalizado enclaustramiento en que los medios informáticos y la rapidez de la comunicación telefónica suelen reducir la labor de los escritores de hoy. Cuando más cerca estuve de la figura de Cansinos por razones de trabajo fue al ocuparme del también escritor sevillano 1. Palabras pronunciadas por vez primera en el ciclo de conferencias y mesas redondas sobre Rafael Cansinos Assens, celebrado en la sede de esta Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
226 Isaac del Vando Villar, cuyos “papeles perdidos” publiqué en el año 2003 en colaboración con mi querido amigo Paulino González Jiménez, ya tristemente desaparecido2. Esos “papeles” se guardan hoy en la Biblioteca de esta Academia gracias a la generosidad de María Luisa del Vando Figueroa, Blanca Martínez, viuda de Del Vando y otros descendientes del poeta. El tiempo disponible no me permite dar cuenta de la sugestiva personalidad de este “raro” sevillano , “apóstol”, más que creador o artífice, del ultraísmo, en las revistas Grecia (1918– 1920) y Tableros (1921–1922) y en su libro de poemas La sombrilla japonesa (1924) . Sólo les contaré un hecho anecdótico para mí muy significativo, pues yo llegué a conocer personalmente a tan excéntrico personaje –sin saber de quién se trataba– el 5 de junio de 1958, día del Corpus, ante los cuerpos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí expuestos en la iglesia universitaria de la Anunciación de la calle Laraña de Sevilla, camino ya de su reposo definitivo en el “nido limpio y cálido” de Moguer. De la larga fila que se había formado para rendirles homenaje, vi salir a un señor ya anciano, de andares difíciles, con un gran ramo de flores amarillas que depositó sobre el ataúd del poeta, que parecía dulcemente dormido tras un cristal, a los pies del Cristo de la Buena Muerte y bajo la cúpula solemne de la iglesia de la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Mucho más tarde supe, por una fotografía que también conservamos en nuestra Academia, que era Isaac del Vando y que aquélla había sido su última salida pública. Aquejado por una grave enfermedad mental que había dado la cara desde sus mismos años juveniles, murió en Sevilla, prácticamente olvidado, en noviembre de 1963, un año antes que su antiguo amigo y más tarde enemigo Rafael Cansinos–Assens. Poco después su amigo Ramón Carande trazaría su semblanza en la revista Ínsula3 después reproducida en su libro Galería de raros atribuidos a Regino Escaro de Nogal (1983), donde lo describe ya en sus años finales, en su taller de 2. Paulino gonzález y Rogelio reyes, Los papeles perdidos de Isaac del Vando (1890–1963).Documentos inéditos de un apóstol del ultraísmo, Sevilla, Real Academia Sevillana de Buenas Letras y Fundación El Monte, 2003. 3. “Isaac del Vando Villar”, Ínsula, 208 (marzo de 1964), p. 12. ROGELIO REYES CANO226
227 antigüedades de la Casa de los Artistas de Sevilla, como un personaje con “el porte pastoral de un obispo humilde ” y “la grave calma de un ser alejado de lo fugitivo”, mientras que en sus años jóvenes Guillermo de Torre había escrito que “su tipo grave y erecto –reencarnado silenciario de Bizancio– revela en él al meridional de anverso melancólico y reverso jocundo”. Que Isaac del Vando era cualquier cosa menos un personaje de vida ortodoxa lo prueban, entre otras muchas rarezas biográficas, sus extravagantes piruetas en la vida literaria de las primeras décadas del siglo XX, cuando tras su iniciación en la estética del Modernismo se convirtió en un entusiasta animador de la nueva fe ultraísta. Fue en esa común aventura en la que trabó una muy estrecha amistad con Cansinos, aunque pasado el tiempo, esa amistad terminara desvaneciéndose como un episodio más de la entonces llamada “guerra literaria”, afortunada expresión formulada por Manuel Machado en 1914 en su famoso libro del mismo título. Las relaciones personales y literarias entre Cansinos e Isaac del Vando fueron durante bastante tiempo muy cordiales y fructíferas. Entre los citados papeles del segundo hemos hallado una fotografía de Cansinos, sin fecha, dedicada “a mi fraternal amigo Isaac del Vando”. Es un Cansinos joven, con el cabello algo ensortijado y bigote, y una mirada franca y clara. Sabemos también que su magisterio fue crucial para el desarrollo de la revista Grecia, llena de alabanzas al maestro. Como afirma Juan Manuel Bonet, “Grecia fue otra de las plataformas con que contó el propio Cansinos, nacido en la capital andaluza, por la que siempre sintió una gran nostalgia, tal como puede deducirse de la lectura de las prosas en las que la evocó”4. Soria Olmedo subraya las “encendidas alabanzas a Cansinos” que se revelan en las páginas de Grecia, y José Luis Bernal habla de ese órgano como una revista de la mano de Cansinos. Ojeando, en efecto, los 50 números de Grecia en la edición facsimilar de José María Barrera, he contabilizado 45 colaboraciones de Cansinos, casi siempre firmadas con su nombre y 4. En Juan Manuel bonet (ed..), El ultraísmo y las artes plásticas, Valencia, I.V.A., 1996. laS RelacioneS entRe canSinoS aSSenS e iSaac del vando 227
228 otras veces con el seudónimo de “Juan Las”. Y en ocasiones hasta dos colaboraciones en un mismo número, y casi siempre con honores de primera página, lo que denota la alta estima en que tanto Isaac como Adriano del Valle lo tenían. En Grecia publicó Cansinos bastantes textos bajo el título general de “Poemas del Ultra”. Como nota curiosa les diré que en el número de octubre de 1919, todavía en la etapa sevillana de la revista, Isaac, con su exacerbada tendencia al retoricismo, escribe una especie de manifiesto titulado “El triunfo del Ultraísmo”, que concluye con estos vítores en mayúsculas: “¡Viva Cansinos–Assens!, ¡Viva Grecia!, ¡Viva el Ultra!” ¿Cuándo comienzan a enfriarse estas buenas relaciones y aparecen los acerados, malévolos y con frecuencia injustos ataques a Isaac por parte de Cansinos? Sin duda en los últimos tiempos de Grecia ya en Madrid y de la aparición de Tableros (1921–1922). Es sintomático que en esta nueva revista de del Vando no aparezca ni un solo texto de Cansinos aunque éste figure teóricamente entre los “colaboradores” de la misma. También que en las páginas de “La nueva literatura” y “La evolución de la poesía (1917–1927), editadas por Alberto González Troyano5, no figure del Vando entre los autores analizados. Que la amistad estaba ya rota en los primeros años veinte lo prueba asimismo el hecho de que en La sombrilla japonesa (1923) Isaac dedique a la bailaora Pastora Imperio el poema “La calle de la Sierpes”, que ya antes en Grecia había dedicado a Cansinos con otro título diferente. Los ataques de este último se hacen explícitos en El movimiento V.P. (1921), novela que “marca la ruptura con el ultraísmo”6 y en la que de manera inmisericorde zahiere y ridiculiza a su antiguo amigo hasta extremos que entran directamente en lo personal, más allá de las discrepancias literarias que entre ambos hubieran podido surgir. Bajo el apelativo del “Poeta del Sur”, y otras veces del “Poeta del Sur y del Norte”, no pierde ocasión de degradarlo hasta límites de absoluta crueldad. La falta 5. Rafael cansinos–assens, Obra crítica, I, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1998. 6. Ibid., “Prólogo” a R. cansinos–assens, El movimiento V.P., Madrid, Viamonte, 1998, p. 16. ROGELIO REYES CANO228
229 de tiempo no me permite dar lectura a párrafos enteros en los que esa despiadada ridiculización contrasta inesperadamente con la amistad que parecía profesarle pocos años antes. Diré tan sólo que dos son sus acusaciones más reiteradas. En primer lugar, la de ser un escritor prácticamente ágrafo y de dedicarse más a hacer proselitismo de la estética ultra que a crear. Y en concordancia con ello, Cansinos afirmaba que su verdadero poema no existió nunca, que lo tenía en la cabeza pero que jamás lo culminó. Andando el tiempo, tales acusaciones no se confirmaron en absoluto, ya que Isaac, además de sus colaboraciones anteriores en Grecia, publicó poco después La sombrilla japonesa (1923), a juicio de Bonet “uno de sus mejores del ultra”7, necesitado aún de una edición moderna y de un estudio que algún día pienso afrontar. También estrenó en Sevilla, en 1926, la comedia Rompecabezas, escrita en 1921 en colaboración con Luis Mosquera. Poco más tarde sus reiteradas crisis mentales fueron apartándolo definitivamente de la actividad literaria. Circuló, sin embargo, por los corrillos literarios madrileños una leyenda que llegó a ser asumida por el propio Borges: que los poemas de La sombrilla… se los había escrito prácticamente su íntimo amigo Adriano del Valle. Es decir, que desde el punto de vista literario Isaac no pasaba de ser lo que se dice un impostor. Sobre esa idea se centran los juicios más corrosivos de El movimiento V.P, como éste :“ El único que se sentía feliz en su condición de poeta moderno era el Poeta del Sur y del Norte, autor del poema increado, del poema verdaderamente moderno y futuro, puesto que no se había escrito aún, y sólo existía en su cerebro en calidad de embrión” (ed. cit., p. 116). O ese otro en el que el mismo poeta habla de “mi propia cabeza, preñada de un poema maravilloso” (p. 151). Los exabruptos más insultantes pertenecen, sin embargo, a La novela de un literato , memorias escritas por Cansinos muchos años después, en las que habla del “pomposo” y “orondo” Isaac, “con los pies siempre fatigados como si pensara con ellos, puestos amorosamente sobre una silla”, sonriendo “con aire de superioridad”. Y el más sangrante de todos, a tantos años de dis- 7. Ibid., p. 29. laS RelacioneS entRe canSinoS aSSenS e iSaac del vando 229
230 tancia, bajo el título de “El pánida sin pan”, referido al tiempo en que del Vando vivía en Madrid, casado en 1924 con Margarita Martínez, viuda con hijos y propietaria de un hotel cercano a la Gran Vía. Este hecho mejoró notablemente su situación económica, aunque más tarde, cuando el matrimonio se separó en 1933, se dedicará, primero en Madrid y finalmente en Sevilla, al negocio de antigüedades. Cansinos traza su retrato con argumentos ad hominen que descubren a las claras un odio personal cuyas razones de fondo son hasta ahora para mí desconocidas: Don Isaac del Vando Villar, el jefe del Movimiento Ultraísta, cayó al fin de su Olimpo gastronómico. Su vetusta cónyuge se hartó de soportar su tiranía de genio y de buen mozo, e hizo causa común con sus hijos, que nunca pudieron ver con buenos ojos al padrastro, despótico y voraz. Y los hijastros se encargaron de echarlo de allí a patadas. Según parece, hubo otra razón para eso y es que don Isaac, preocupado ante todo de su cerebro creador, no cumplía nada bien con los deberes que impone el matrimonio. El hombre se encontraba en un dilema terrible; o más bien en un círculo vicioso. Si reponía fuerzas en el refectorio, tenía que perderlas en la alcoba. Y si no las perdía en la alcoba, no podía reponerlas en el refectorio. La ecuación, en total, reducíase a cero. La actividad conyugal restaba energías al Poeta. Y eso, no. Él, Poeta ante todo. Famélico, errabundo, pero Poeta. Don Isaac respiró libremente, al recobrar otra vez su independencia, la libertad para ejercer su hipotética labor creadora… porque don Isaac, poeta ultraísta, cultiva el lirismo increado, sugerido y no formulado en palabras. Desde el momento que quieres decir algo, la Poesía se te escapa – es uno de sus apotegmas – . El mejor poema es el que no se escribe, el que se lleva en la cabeza. La cabeza de don Isaac está llena de poemas en germen y por eso padece tan frecuentes jaquecas, y tiene que apelar al empleo de laxantes. La fuente Hipocreme de don Isaac es el agua de Carabaña. ROGELIO REYES CANO230
231 Ahora don Isaac ha vuelto a dedicarse a la búsqueda de Grecos y Murillos y ha formado una sociedad lírico–mercantil con ese otro poeta, estreñido y acartonado, que se llama Goy de Silva. Se les ve a ambos juntos, por el Rastro o sentados melancólicamente en las terrazas, convertidas por ellos en vitrinas de anticuario. Don Isaac, gordo y lustroso, parece un Rubens. Goy de Silva, flaco y alargado, semeja un Greco. Alguien comenta: – El mejor día desaparece uno de ellos. Y será que el otro se lo ha vendido a un turista… 8 De tantos dicterios y ridiculizaciones parece obvio deducir que Cansinos nunca se tomó la obra de Isaac del Vando demasiado en serio, hecho que sin embargo contrasta con sus numerosas colaboraciones en Grecia y con las afinidades y declaraciones de afecto mutuo prodigadas en los años cruciales del éxito ultraísta. También yo, al igual que Juan Manuel Bonet, me pregunto sorprendido: “¿por qué tanta saña” hacia quien tanto lo admiró y le abrió las páginas de su revista? Una cuestión que habrá que indagar con más tiempo y detalle tal vez en el momento en que podamos acceder a la lectura del epistolario de Cansinos. 8. R. cansinos–assens, La novela de un literato (Hombres–Ideas– Efemérides– Anécdotas…), ed. de Rafael M. Cansinos, Madrid, Alianza Editorial, 1995, 3, pp. 180–181. laS RelacioneS entRe canSinoS aSSenS e iSaac del vando 231