Bajo el signo de Licurgo: el reformismo atávico de Agis IV y Cleómenes III
Abstract
En el presente estudio se abordan los intentos de reforma en Esparta por los reyes Agis IV y Cleómenes III, que ambos, con finalidad legitimadora, presentaron como una recuperación atávica del kósmos (orden) atribuido al legendario Licurgo, aquel que había formado ciudadanos virtuosos y sobre el que se había asentado el glorioso pasado de la ciudad. Se concluye que sus medidas no atacaron las raíces de los males que corroían la polis lacedemonia ni transformaron de modo significativo las vetustas estructuras sociales, políticas y económicas para adaptarlas a los nuevos tiempos, los del Helenismo.
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28 AÑO 2015 ISSN 1130-1082 E-ISSN 2340-1370 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II HISTORIA ANTIGUA REVISTA DE LA FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA 28 ESPACIO, TIEMPO Y FORMA AÑO 2015 ISSN 1130-1082 E-ISSN 2340-1370 SERIE II HISTORIA ANTIGUA REVISTA DE LA FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA http://dx.doi.org/10.5944/etfii.28.2015
La revista Espacio, Tiempo y Forma (siglas recomendadas: ETF), de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, que inició su publicación el año 1988, está organizada de la siguiente forma: SERIE I — Prehistoria y Arqueología SERIE II — Historia Antigua SERIE III — Historia Medieval SERIE IV — Historia Moderna SERIE V — Historia Contemporánea SERIE VI — Geografía SERIE VII — Historia del Arte Excepcionalmente, algunos volúmenes del año 1988 atienden a la siguiente numeración: N.º 1 — Historia Contemporánea N.º 2 — Historia del Arte N.º 3 — Geografía N.º 4 — Historia Moderna ETF no se solidariza necesariamente con las opiniones expresadas por los autores. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II está registrada e indexada, entre otros, por los siguientes Repertorios Bibliográficos y Bases de Datos: DIcE, ISOc (cINDOc), RESh, IN-REch, Dialnet, e-spacio, UNED, cIRc, mIaR, FRaNcIS, pIO, UlRIch’S, SUDOc, 2Db, ERIh (ESF). UNIVERSIDaD NacIONal DE EDUcacIóN a DISTaNcIa Madrid, 2015 SERIE II · hISTORIa aNTIgUa N.º 28, 2015 ISSN 1130-1082 · E-ISSN 2340-1370 DEpóSITO lEgal M-21.037-1988 URl ETF II · hISTORIa aNTIgUa · http://revistas.uned.es/index.php/ETFII cOmpOSIcIóN Carmen Chincoa · http://www.laurisilva.net/cch Impreso en España · Printed in Spain Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.
19ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATÁVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III1 UNDER THE SIGN OF LYCURGUS: THE ATAVISTIC REFORMISM OF AGIS IV AND CLEOMENES III César Fornis2 Recibido: 18/08/2015 · Aceptado: 29/09/2015 DOI: http://dx.doi.org/10.5944/etfii.28.2015.15124 Resumen En el presente estudio se abordan los intentos de reforma en Esparta por los reyes Agis IV y Cleómenes III, que ambos, con finalidad legitimadora, presentaron como una recuperación atávica del kósmos (orden) atribuido al legendario Licurgo, aquel que había formado ciudadanos virtuosos y sobre el que se había asentado el glorioso pasado de la ciudad. Se concluye que sus medidas no atacaron las raíces de los males que corroían la polis lacedemonia ni transformaron de modo significativo las vetustas estructuras sociales, políticas y económicas para adaptarlas a los nuevos tiempos, los del Helenismo. Abstract In this paper we analyze the attempts of reform of the Spartan state by the kings Agis IV and Cleomenes III. With legitimizing purpose, they presented them as an atavistic recovery of the kosmos (order) ascribed to the legendary Lycurgus, which had formed to the citizens in moral virtues and which had settled the glorious past of the city. We conclude that these measures did not attack the roots of the evils corroding the Lacedaimonian polis or significantly transformed the old social, political and economic structures in order to adapt them to the new times, those of the Hellenism. Palabras clave Esparta; época helenística; realeza; Agis IV; Cleómenes III; atavismo; reformas de la polis. Keywords 1. El presente trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación HAR2015-63549-P, del Ministerio de Economía y Competitividad. 2. Universidad de Sevilla. Correo electrónico: [email protected]
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED20 CéSAR FORNIS Sparta; Hellenistic period; royalty; Agis IV, Cleomenes III; atavism; reforms of the polis. El pEríodo dE la historia dE Esparta inmediatamente anterior a aquel del que nos vamos a ocupar en el presente trabajo, el que media entre el final de la guerra cremonidea en 262/1 y la ascensión al trono euripóntida de Agis IV en 244 a.C., es conocido como «la edad oscura» debido al completo silencio de nuestras fuentes3. Sabemos, sin embargo, que la Esparta de mediados del siglo III atravesaba una situación de profunda crisis económica y social en el orden interno que, sumado al progresivo declive político y militar en Grecia, imparable desde comienzos del Helenismo, suscitó en determinados sectores de la sociedad lacedemonia el sentimiento de que era necesario emprender reformas en el Estado. Especialmente preocupante para Esparta era el fortalecimiento de la liga aquea en el Peloponeso, que comienza cuando en 251 incorpora a la primera ciudad no aquea, la doria Sición, donde un joven Arato de apenas veinte años expulsa al tirano Nicocles, anexiona la ciudad a la confederación y se convierte en el líder indiscutible de la misma; en 243 Arato consolida su prestigio y el de la liga haciéndose con el bastión macedónico que era la ciudadela del Acrocorinto, uno de los «grilletes» de Grecia, y la propia ciudad de Corinto. Con este escenario local e interestatal el primer intento serio de reforma será acometido en 242 por el rey Agis IV, quien, además de revitalizar las viejas instituciones espartanas, propuso la abolición de las deudas (chreôn apokopé), la redistribución de tierras (gês anadasmós) y la ampliación del cuerpo cívico (anaplérosis), pero de estos tres puntos solo saldrá airoso del primero. Su proyecto reformista fue retomado seis años más tarde con mayor tesón por otro rey, Cleómenes III, con la ayuda de su mujer Agiatis, viuda de Agis IV, y del filósofo estoico Esfero de Borístenes, creador de todo un aparato propagandístico que idealizaba la época de Licurgo como una «edad de oro» que sirviera de modelo para las reformas pretendidas por Cleómenes4. Este atavismo acabará por sublimar también los reinados de ambos basileîs reformadores, colocándolos en el centro del mirage espartiata y procurando mucha «materia novelesca» para sendas biografías plutarqueas, las cuales se alimentan del emocionalmente coloreado relato de Filarco, autor casi contemporáneo de los hechos que escribía historia a la manera de la tragedia, pero del que solo sobreviven fragmentos y citas en autores posteriores5. Esta tradición filarquea favorable a 3. Para la Esparta de este período prerreformista, véase sobre todo BERnInI, Ughetto: «Studi su Sparta ellenistica. Da Leonida II a Cleomene III», QUCC, 27 (1978), pp. 29-59; cf. también LévY, Edmond: Sparte. Histoire politique et sociale jusqu´à la conquête romaine, Paris, éditions du Seuil, 2003, pp. 291-293; ChRISTIEn, Jacqueline: «évolution/révolution. Sparte de 260 à 188 av. J.-C.», en DEbIDOuR, Michel (ed.): Économies et sociétés dans la Grèce égéenne, Nantes, éditions du Temps, 2007, 247-251. 4. Consúltese a tal fin OllIER, François: «Le philosophe stoïcien Sphairos et l’ouvre réformatrice des rois de Sparte Agis IV et Cléomène III», REG, 49 (1936), pp. 536-570. 5. Véase especialmente GAbbA, Emilio: «Studi su Filarco. Le biografie plutarchee di Agide e di Cleomene», Athenaeum, 35 (1957), pp. 3-55 y 193-239 y AFRICA, Thomas: Phylarchus and the Spartan Revolution, Berkeley-Los Angeles, University of California Press, 1961. Cf. también TIgERSTEDT, Eugène Napoleon: The Legend of Sparta in Classical Antiquity, II, Stockholm, 1974, pp. 54-55; DAvID, Ephraim: Sparta between Empire and Revolution, 404-243 B.C. Internal Problems and their Impact on Contemporary Greek Consciousness, New York, 1981, pp. 145-148; CARTlEDgE, Paul y SPAwFORTh, Anthony: Hellenistic and Roman Sparta. A Tale of Two Cities, London-Nueva York, 1989, pp. 38; POwEll, Anton: «Spartan women assertive in politics? Plutarch´s Lives of Agis and Kleomenes», en HODkInSOn, Stephen y POwEll, Anton (eds.): Sparta. New Perspectives, London, Duckworth, 1999, pp. 401-413. ChRISTIEn, op.
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 21ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED Agis y sobre todo a Cleómenes es antagónica de aquella otra emanada de las perdidas Memorias de Arato, pero rastreable en Polibio y Pausanias, que obviamente hacía propaganda entre sus contemporáneos de la política social conservadora del líder aqueo6. A juicio de Ricardo Martínez-Lacy, Plutarco altera la verdad o incluso inventa hechos a fin de realzar el propósito moralizante de sus Vidas, por lo que hay que extremar la cautela a la hora de manejarlo y buscar confirmación en otras fuentes siempre que sea posible7. En este sentido, la estructura compositiva de las biografías de Agis y Cleómenes está claramente diseñada para dar relevancia a las mujeres, no solo por su patrimonio familiar –pues es cierto que su poder económico no ha dejado de incrementarse desde la centuria anterior–, sino porque algunas de ellas son elevadas a la categoría de heroínas que entregan sus vidas por el bien del Estado, un papel que en Esparta antaño representaron los hombres8. Polibio es nuestra otra fuente esencial para el período, al menos en lo que concierne a Cleómenes, ya que ni siquiera hace mención de Agis. Originario de la arcadia Megalópolis, sempiterna enemiga de Esparta en el Peloponeso desde que fuera fundada por Epaminondas en 370 (Paus. 8.27.8) o en 368 (D.S. 15.72.4), incorporada en 235 a la liga aquea gracias a la audaz empresa de Arato de Sición y destruida por Cleómenes en 223, Polibio pertenece además a una prominente familia local –su padre Licortas fue hiparco y estratego de la liga aquea y Polibio también desempeñó la hiparquía–, una razón añadida para alimentar prejuicios contra unos reyes que trataron de acabar con los privilegios de la aristocracia apoyándose en las clases más desfavorecidas. Esto explica que, pese a que Cleómenes presentó sus reformas como un restablecimiento del kósmos de Licurgo, tan del agrado de Polibio, a sus ojos tiene más de autócrata que de rey reformista (2.47.3); es más, para Polibio Cleómenes abatió la Constitución ancestral (τὸ πολίτευμα το πάτριον), que habría de ser restaurada (ἀποκαταστήσας), junto con la libertad (ἐλευθερία), por el monarca macedonio Antígono Dosón. Con todo, el historiador megalopolitano nunca utiliza el término τύραννος aplicado a Cleómenes, porque no pone en duda su legitimidad al trono, ni sus dotes como jefe del pueblo en armas –de hecho es Týche quien interviene, para su fatalidad, en la batalla de Selasia–, y el valor y sus cualidades estratégicas son destacadas a modo de breve elogio fúnebre (5.39.6)9. Una vez introducidos el tema y las fuentes, podemos pasar al desarrollo de los acontecimientos. En el año 244 Agis IV sucede a su padre Eudámidas II dentro de la cit., pp. 252-253 ve más problemas en Plutarco mismo y en otras fuentes helenísticas que pudo utilizar el erudito queronense que en Filarco. 6. MARASCO, Gabriele: «Storia e propaganda durante la guerra Cleomenica. Un episodio del III sec. a.C.», RSI, 92 (1980), pp. 5-34. 7. MARTínEz-LACY, Ricardo: Rebeliones populares en la Grecia helenística, Cuadernos del Centro de Estudios Clásicos 38, México (DF), Editorial Universidad Autónoma de México, 1995, pp. 138-144. 8. MOSSé, Claude: «Women in the Spartan Revolutions of the Third Century B.C.», en POMEROY, Sarah (ed.): Women´s History and Ancient History, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1991, pp. 138-153; POwEll, op. cit., 393-419. 9. LévY, op. cit., pp. 71-74; cf. ShIMROn, Benjamin: «Polybius and the Reforms of Cleomenes III», Historia, 13 (1964), pp. 147-155, que ve las incoherencias del historiador fruto de su silencio ante las reformas internas de Cleómenes. Será Pausanias el Periegeta quien vaya más allá al exculpar a los espartanos de la destrucción de Megalópolis y cargar toda la responsabilidad en un Cleómenes que, aquí sí, «había transformado su ordenamiento político de monarquía en tiranía» (8.27.16).
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED22 CéSAR FORNIS dinastía euripóntida tras medio de siglo de dominio de la casa agíada, reflejado en el hecho de que prácticamente desde que en 294 su abuelo Arquidamo IV sufriera en Mantinea una vergonzosa derrota ante Demetrio Poliorcetes (Plu. Demetr. 35.1; Polyaen. 4.7.9-10) ningún Euripóntida hubiera dirigido una campaña o expedición militar10. Ya desde su infancia Agis habría mostrado una preferencia por vestir con sencillez y austeridad, por comer frugalmente y por una observancia general de la díaita, el tradicional modo de vida espartano, aquel que según la tradición filarquea había caído por entonces en el olvido desde que el triunfo sobre el imperio ateniense a finales del siglo V trajera consigo la avidez por el lujo y los placeres, lo que de alguna forma anunciaba la «regeneración moral» de la que se alzará en paladín el futuro rey (Plu. Agis 4.2). Instituciones emblemáticas a las que se asociaba la identidad lacedemonia como la agogé o los syssítia habían caído en desuso, caso de la primera11, o habían visto desvirtuado su significado de dar cohesión al cuerpo cívico, caso de la segunda. Las principales causas que explican este proceso son la endémica escasez de ciudadanos con que engrosar el ejército y el cuerpo cívico (oliganthropía) y la desigual distribución de tierras y, por ende, de riqueza. Ambas distan de ser fenómenos novedosos, sino que habitan desde hace largo tiempo, casi podría decirse que desde los orígenes mismos, en el seno de la politeía espartiata, a la que han ido erosionando de manera paulatina tanto en sus fundamentos como en su proyección ideológica, pero se habían agudizado de manera considerable desde principios del siglo IV 12 . De hecho Plutarco (Agis 5.6-7) asegura que en el año 244 apenas quedaban setecientos espartiatas, de los cuales solo cien dispondrían de tierra propia, mientras que el resto constituía «una muchedumbre miserable sin recursos ni honor (óchlos áporos kaì átimos), dispuesta a rebelarse a la primera oportunidad». Este pasaje ha atraído la atención de los historiadores modernos, sobre todo por el aparente oxímoron de que hubiera ciudadanos sin tierra y por la posibilidad de que el cuerpo cívico espartiata hubiera quedado reducido a cien individuos, posibilidad quimérica, todo hay que decirlo, pues significaría que, además de una Apélla y de un ejército ciudadano ridículos, no habría manera de encontrar veintiocho ancianos con los que constituir la Gerousía. Es muy probable, por tanto, que lo que dé a entender el biógrafo de Queronea sea que ese centenar de espartiatas eran latifundistas que acaparaban un elevado porcentaje de la tierra cultivable, mientras los otros seiscientos dispondrían de una parcela de pequeña extensión, a veces hipotecada, pero que bastaba como requisito para contribuir a los syssítia o comidas comunitarias y no perder la ciudadanía13. 10. MCquEEn, E.I.: «The Eurypontid House in Hellenistic Sparta», Historia, 39 (1990), pp. 163-181. 11. KEnnEll, Nigel: The Gymnasium of Virtue. Education and Culture in Ancient Sparta, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1995, pp. 9-14 llega a decir que la agogé había cesado de existir desde aproximadamente 270- 250, pero véase la crítica de LévY, Edmond: «Remarques préliminaires sur l´éducation spartiate», Ktèma, 11 (1997), pp. 151-152. 12. Véase in primis HODkInSOn, Stephen: Property and Wealth in Classical Sparta, London, Duckworth-The Classical Press of Wales, 2000. 13. FukS, Alexander: «The Spartan Citizen-body in Mid-third Century B.C. and its Enlargement Proposed by Agis IV», Athenaeum, 40 (1962), pp. 244-259; DAvID, op. cit., pp. 148-150; OlIvA, Pavel: Esparta y sus problemas sociales,
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 23ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED En cuanto a la multitud empobrecida, con toda seguridad se trata de hombres libres que no disfrutan de la ciudadanía plena y, por tanto, en clara situación de dependencia: antiguos hómoioi que han sido privados de los derechos políticos, descendientes de éstos e hilotas liberados. Al proceso de concentración de tierras en manos de unos pocos privilegiados venía a sumarse otro, ya consignado por Aristóteles un siglo antes (Pol. 1270a31-32), por el cual un grupo social excluido de la ciudadanía, el de las mujeres, se había convertido en el principal beneficiario de la propiedad privada inmueble en Esparta (Plu. Agis 7.5) 14 . A este respecto cabe señalar que Agesístrata y Arquidamia, madre y abuela de Agis respectivamente, eran las personas de cualquiera de los dos sexos más ricas de Esparta y en concreto Agesístrata es descrita como «muy influyente en los asuntos públicos en virtud de su caterva de dependientes, amigos y deudores» (Plu. Agis 4.1; 6.7). Ambas mujeres habrían sido las primeras en ser persuadidas por el joven rey de la necesidad de promover un reparto más igualitario de la propiedad (Plu. Agis 7.1-4)15. Poco después, ante una Asamblea de ciudadanos impávida por el gesto, el propio rey, junto a otros familiares, amigos y clientes, seguirá su ejemplo y hará entrega al Estado de todas sus propiedades y seiscientos talentos para su posterior redistribución (Plu. Agis 9.5-6). Arropado por su tío Agesilao, Agis buscó llevar ante los órganos de poder político unas reformas que son presentadas como una recuperación atávica de la legendaria obra de Licurgo; el templo de Pasifae en Talamias, por ejemplo, pronunció un oráculo según el cual los espartanos debían ser iguales (ἴσοι), de acuerdo con la ley original de Licurgo (Plu. Agis 9.3). Se intentaba así ganar entre los estratos influyentes el mayor número posible de adeptos para su facción, habida cuenta que sus ideas contaban ab initio con el respaldo de los más pobres. Mientras tanto, los elementos más conservadores, entre ellos muchos ancianos y mujeres que repudiaban cualquier innovación o modificación de un sistema que garantizaba sus privilegios políticos y materiales, se agruparon bajo la jefatura del otro basileús, el agíada Leónidas II, que había regresado tras pasar varios años en el imperio seléucida sirviendo como mercenario de Seleuco, hijo y corregente de Antíoco I (razón por la cual Plutarco hace un retrato «orientalizado» de Leónidas). Se trata sin duda de una stásis latente y aún por explosionar, de un conflicto de naturaleza socioeconómica en el seno de la clase espartiata que para Plutarco (Agis 6.1-2) reviste la apariencia de un antagonismo generacional y moral, pues opone los virtuosos jóvenes (néoi) que apoyan a un Agis que no había cumplido los veinte años a los más adultos y ancianos (presbýteroi), ganados por la corrupción y la molicie16. Madrid, Akal, 1983 (orig. 1971), p. 216; PIPER, Linda J.: Spartan Twilight, New Rochelle (NY), 1986, p. 31; CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 42; FlOwER, Michael A.: «The Invention of Tradition in Classical and Hellenistic Sparta», en POwEll, Anton y HODkInSOn (eds.), Stephen (eds.): Sparta: Beyond the Mirage, Swansea, The Classical Press of Wales, 2002, p. 195. 14. Véase a este respecto MOSSé, op. cit. 15. El historiador checo Pavel OlIvA (op. cit., p. 226) ha sugerido que, si hay algo de verdad en esta historia de la conversión, el cambio de actitud de Agesístrata y Arquidamia podría explicarse desde una perspectiva política, no moral, como un mecanismo para reforzar el prestigio del poder real en Esparta. 16. CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 46.
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED30 CéSAR FORNIS tierra (gês anadasmós). Después de poner su patrimonio personal a disposición del fondo común y ser secundado en el ejemplo, primero por Megístono y otros amigos y después por el resto de los ciudadanos, Cleómenes dividió la tierra cívica en cuatro mil parcelas iguales que fueron asignadas a todos los antiguos ciudadanos y a una elite de periecos en edad militar y físicamente capaces hasta alcanzar el número de cuatro mil ciudadanos que componen el renovado cuerpo cívico (políteuma). Aunque no se habla de mercenarios extranjeros, no puede descartarse que, como propusiera Agis, también algunos accedieran a la ciudadanía y consecuentemente al lote de tierra (Plu. Cleom. 11.1-3)28. En la historia de Grecia es el único ejemplo documentado de una redistribución de tierras que no afectase exclusivamente a las propiedades de los ciudadanos derrotados en una stásis o conflicto civil 29 . Debemos recordar una vez más que el rey quebrantaba así la cláusula de la paz común de 338/7 –en la que sin embargo no participó Esparta– que advertía contra cualquier posible modificación violenta de un régimen político o de las relaciones de propiedad que lo sustentaban (Iust. 9.5.1-3; D.S. 16.89). Cleómenes sometió además a los nuevos polítai o ciudadanos a un estricto entrenamiento militar que seguía el modelo macedonio –lo mismo que en el equipamiento, donde la larga sarisa macedonia sustituye a la tradicional lanza hoplita– y a la obligación de contribuir a unas revitalizadas sisitías, mientras que las futuras generaciones habrán de pasar como antaño la agogé, el severo sistema educacional que hacía de los jóvenes unos ciudadanos virtuosos y obedientes a las leyes del Estado, que sufre ahora una profunda remodelación bajo la orientación de Esfero30. Finalmente, la pretendida recuperación de la legislación de Licurgo se corona con el restablecimiento de la diarquía, que sin embargo ahora se sustentará en una sola dinastía, ya que Cleómenes eligió a su hermano Euclidas para compartir el poder real en detrimento de los dos hijos dejados por Arquidamo (Plu. Cleom. 11.3-5; Plb. 4.35.13). La reforma constitucional de Cleómenes no fue tan licurguea cuando recortó los poderes de la Gerousía, que pierde su principal atribución en materia legislativa, la probouléutica, mientras que sus miembros son privados del carácter vitalicio del cargo, limitado en lo sucesivo a un año. Aún más, si aceptamos el testimonio de Pausanias (2.9.1), única fuente para este hecho, el Consejo habría visto sometidas sus facultades judiciales a la autoridad de los patronómoi o guardianes de la ley ancestral. Estos patrónomos, creados ex novo, constituyen un colegio de seis miembros –uno 28. ClOChé, Paul: «Remarques sur les régnes d’Agis IV et de Cléomène III», REG, 56 (1943), pp. 53-71 arguye que Cleómenes renovó y amplió el cuerpo cívico tras haber comprobado la falta de compromiso de muchos ciudadanos con las reformas de Agis. 29. Lo han subrayado CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 52. 30. HOFFMAn, op. cit., pp. 121-126 ha destacado la importancia de la agogé para educar en los valores a los nuevos ciudadanos fruto de la anaplérosis; CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 55 creen posible que esta asociación de Cleómenes con la renacida agogé pudo plasmarse en el reverso de la primera emisión de tetradracmas de plata acuñados por el rey, donde se representa la imagen anicónica de ártemis Ortia, así como en la reconstrucción del templo de esta diosa, de fecha incierta, y el cercano gran altar, quizá consagrado a Licurgo.
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 31ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED de los cuales será epónimo y dará nombre al año– que viene a sustituir al de los éforos como alta magistratura del Estado31. Lo cierto es que, con la abolición de la eforía y la restricción de las competencias de la Gerousía, Cleómenes quiebra los fundamentos que habían construido la primacía del principio oligárquico en Esparta en beneficio del monárquico –con una fachada de realeza dual–, pues en la práctica el rey asume el control absoluto de las funciones de gobierno32. En este perfil autocrático encajarían los tetradracmas acuñados por Cleómenes entre 226 y 223 con tipos que recuerdan los de los monarcas seléucidas y ptolemaicos33. Pese a la acumulación de poderes, Plutarco elogia el comportamiento de Cleómenes, que en nada se asemeja al de los tiranos y en todo momento se rige por la mesura, la justicia y la ausencia de soberbia (Cleom. 13). En definitiva, Cleómenes preserva o rehabilita, a su conveniencia, el primitivo ordenamiento constitucional atribuido a Licurgo, en la medida en que rescata leyes y costumbres que sirven a su proyecto político y abroga aquellas que pueden perjudicarlo34. Las reformas cleoménicas del año 227 tendrán particular eficacia sobre el ejército, que no solo acrecienta el número de sus efectivos, sino también su grado de motivación, entrenamiento y disciplina. Este fortalecido ejército espartano será el instrumento en el que deposite su confianza Cleómenes para recuperar la hegemonía en el Peloponeso, ahora ostentada por la liga aquea. La diferencia entre ambas concepciones hegemónicas radica en que mientras Esparta pretende construir una coalición de estados totalmente independientes vinculados entre sí por acuerdos de alianza en política exterior, como había sido en origen la liga del Peloponeso, Acaya interpreta que los estados deben perder su soberanía desde el momento mismo en que son absorbidos por la confederación35. Piedra de toque para el nuevo ejército será una invasión de Megalópolis que, amén de la consabida devastación de la campiña, procurará a Cleómenes un rico botín. Como gesto desafiante, el rey espartano y sus hombres se entretienen en territorio enemigo asistiendo a una representación teatral ofrecida por unos artistas dionisíacos ambulantes (Plu. Cleom. 12.2-3). Aunque el estado de guerra no había cesado durante el intervalo de tiempo en que Cleómenes había llevado a cabo sus reformas internas en Esparta, a su término las hostilidades intensificaron su virulencia. Conviene dejar claro, sin embargo, que en ningún momento se observa en 31. Sobre estos magistrados: AnDREOTTI, R: «Sulle origini della patronomia spartana», Athenaeum, 13 (1935), pp. 187-194; ShIMROn, Benjamin: «The Original Tasks of the Spartan patronómoi», Eranos, 63 (1965), pp. 155-168. 32. PIPER, op. cit., p. 55. 33. GRunAuER-VOn HOERSChElMAnn, Susanne: Die Münzprägung der Lakedaimonier, Berlin, De Gruyter, 1978, pp. 16-19 con figs. grupos IV-V; CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 55; ChRISTIEn, Jacqueline: «La monnaie à Sparte», en ChRISTIEn y LEgRAS, op. cit., pp. 29-39 con figs. 3 y 5-7. 34. BERnInI, Ughetto: «Studi su Sparta ellenistica. Euclida e Cleomene III», AIV, 136 (1977-78), pp. 345-362 percibe que Cleómenes intentó adaptar las instituciones espartanas a las nuevas exigencias de las sociedades helenísticas sin por ello renunciar a ciertas características del ideal de la polis. Por su parte, POzzI, Francesco, «Le riforme economico-sociali e la mire tiranniche de Agide IV e Cleomene III, re di Sparta», Aevum, 42 (1968), p. 383-402 ve tanto en Agis como en Cleómenes un interés por concentrar un poder sin cortapisas en sus propias manos, por erigirse en auténticos tiranos. 35. En palabras de Linda PIPER (op. cit., p. 58): «Cleómenes representaba el viejo ideal de la polis, Arato el nuevo estado federal».
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED32 CéSAR FORNIS Cleómenes la intención de «exportar la revolución» fuera de las fronteras laconias. Quizá consciente de la singular realidad sociopolítica espartana, o simplemente porque no entraba dentro de sus planes políticos y militares, el rey agíada desoyó los ruegos de la población marginada y pobre de muchas ciudades, que anhelaba para sí las reformas sociales aplicadas en Esparta 36 . Tal es el caso de Mantinea, donde una parte de la población llamará a Cleómenes para que intervenga en su ciudad y éste no dejará pasar la ocasión para apoderarse de ella gracias a un ataque nocturno, expulsar a la guarnición aquea y devolver a los ciudadanos su antigua politeía (Plu. Cleom. 14.1), aquella vigente antes de la toma de la ciudad por Arato, cabe entender37. No hay, empero, mención de reforma alguna en las fuentes. En cambio, la alianza con Mantinea reviste gran importancia estratégica para Cleómenes, pues permite de una parte garantizar el perdido control del corredor arcadio y, de otra, incorporar a su ejército entre mil quinientos y dos mil hombres. A finales del verano de 226 Cleómenes infligió una severa derrota a las fuerzas aqueas en Hecatombeo, cerca de la ciudad de Dime, al noroeste de Acaya, que le garantizó el control de la región (Plu. Cleom. 14.2-5 y Arat. 39.1). Es ahora, según Polibio (2.51.4), con Cleómenes en el corazón del territorio de la confederación, cuando Arato se decide a buscar la ayuda del tradicional enemigo reino de Macedonia, si bien parece que el inicio de las negociaciones con Antígono Dosón, mantenidas en secreto, se remonta al menos a un año antes (Plb. 2.48-50). Tampoco Plutarco (Cleom. 16) deja de comentar la ironía de que Arato, el héroe aqueo que en su juventud había arrebatado a los macedonios el control del Acrocorinto, tan decisivo para su definitiva salida del solar peloponésico, deseara la vuelta de éstos treinta años más tarde, para lo cual «se postraba a sí mismo y a Acaya ante la púrpura, la diadema y el despotismo de Dosón»; pero como importa el presente más que el pasado, para el pragmático estadista aqueo lo prioritario en estos momentos era parar a Cleómenes casi a cualquier precio y después ya pensaría cómo librarse de los macedonios. Así, poco después de que Arato obstruyera las negociaciones de paz entre Cleómenes y otros dirigentes aqueos, su hijo Arato el Joven viaja a Macedonia a finales de 225 para concretar la alianza con Antígono. Como contrapartida, Cleómenes comenzó a recibir fondos del rey egipcio Ptolomeo III Evergetes, que apoyaba financieramente a cualquier estado que combatiera a Macedonia en suelo griego (Plu. Cleom. 17.1-4; Plb. 2.51.2 y 5). Este giro copernicano de la política exterior aquea no se comprende sin tener en cuenta que la sucesión de triunfos espartanos había conducido a una creciente inestabilidad social en el Peloponeso. Las masas veían cada vez más cerca la posibilidad de que Cleómenes las liberara de su mísera condición socioeconómica en 36. OlIvA, Pavel: «Die Auslandspolitik Kleomenes III», AAntHung, 16 (1968), pp. 179-185 ha sostenido que los primeros éxitos militares de Cleómenes se explicarían por esa esperanza ilusoria que tenían los miembros de la liga aquea en que les trasladara sus reformas, pero al darse cuenta de que ello no sucedía, se rebelaron contra la ocupación espartana. GóMEz ESPElOSín, Francisco Javier: Rebeliones y conflictos internos en las ciudades del mundo helenístico, Zaragoza, Universidad de Zaragoza y Universidad de Alcalá de Henares, 1985, pp. 20, 77 cree que el ideario cleoménico era más nacionalista que revolucionario, primando por encima de todo la búsqueda de la hegemonía espartana.. 37. Cf. GóMEz ESPElOSín, op. cit., pp. 74-75.
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 33ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED tanto el desasosiego cundía entre la minoría rentista que regía los destinos de las ciudades confederadas, impotente ante la amenaza ideológica y no solo militar que encarnaba el rey espartano (Plu. Cleom. 17.5). Sobre este telón de fondo, la captura de Argos por Cleómenes en 225, de manera sorpresiva e irrespetuosa para con la tregua sagrada que imperaba durante la celebración de los juegos nemeos, tendrá unos efectos devastadores. Jamás un rey espartano había sido capaz de adueñarse de la poderosa ciudad que antaño disputara a Esparta la hegemonía sobre el Peloponeso, como tampoco pudo hacerlo Pirro, el poderoso rey epirota (Plu. Cleom. 17.7-8 y Arat. 39.4-5). A su caída siguió la de otras importantes ciudades del nordeste peloponésico: Cleonas, Fliunte, Trecén, Hermíone y Epidauro. Cleómenes solo fracasó en su intento de tomar Sición, la patria de Arato, aunque la devastación de su territorio y el asedio de tres meses a la ciudad causaron gran malestar interno y el surgimiento de voces críticas contra Arato, que éste acalló con brutal violencia. La población de otra gran ciudad, Corinto, recibió a Cleómenes con los brazos abiertos e incluso votó obsequiarle con las propiedades que Arato mantenía en esta urbe, después de que éste lograra escapar por los pelos de una multitud exaltada38. El monarca espartano quiso completar su triunfo ofreciendo por dos veces al líder aqueo una considerable cantidad de dinero a cambio del control conjunto del Acrocorinto, la estratégica ciudadela corintia que aseguraba el control del istmo, pero Arato prefirió ponerla en manos de los macedonios junto con unos rehenes entre los que se encontraba su hijo, pagando así el precio que éstos ponían a la cooperación militar (Plu. Cleom. 19 y Arat. 40-41). La situación se hizo insostenible para la liga aquea, que como solución de emergencia llega a modificar su Constitución para nombrar a Arato strategòs autocrátor y concederle con carácter indefinido poderes excepcionales que desbordan los hasta entonces conferidos al estratego anual (Plu. Arat. 41.1). No en vano, a finales del año 225 Cleómenes estaba en posesión o tenía bajo su control las principales ciudades del Peloponeso, mientras la confederación aquea se encontraba al borde de la descomposición. La entrada en juego de Macedonia cambiará por completo este panorama. A principios de 224 Antígono Dosón se presentó en el istmo de Corinto con veinte mil infantes y mil trescientos caballeros, que no sirvieron sin embargo para desalojar a los espartanos de sus posiciones defensivas en Corinto (Plu. Arat. 43.1). La oportunidad surgió entonces en Argos, donde había estallado una revuelta contra el tirano Aristómaco II encabezada por un tal Aristóteles, amigo personal de Arato, que había aprovechado el descontento del dâmos contra Cleómenes por no haber emprendido reformas en el estado argivo. Antes de que arribaran las tropas enviadas desde Corinto por Arato, el pueblo argivo ya había puesto sitio a la guarnición espartana afianzada en la acrópolis. Consciente de la importancia estratégica de Argos, cuya caída significaría la subsiguiente invasión de Laconia mientras él quedaba bloqueado en el istmo, Cleómenes despachó para allá a su padrastro Megístono con dos mil hombres, pero nada más llegar murió en una refriega, lo 38. Ibid., pp. 76-77.
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED34 CéSAR FORNIS que forzó al rey espartano a abandonar Corinto a los macedonios y acudir él mismo a defender Argos. Aunque en un principio logró reunirse con la guarnición en la acrópolis merced a la utilización de unas galerías subterráneas, la aparición en el horizonte de las falanges macedonias hizo inútil cualquier deseo de resistencia, así que Cleómenes hubo de dejar la ciudad y retirarse hacia tierras arcadias (Plu. Cleom. 20-21 y Arat. 44.1-4; Plb. 2.53.2-6)39. Como corolario de sus desgracias, el basileús espartano recibe en las proximidades de Tegea la noticia de la muerte de su esposa Agiatis (Plu. Cleom. 22.1). El siguiente paso de Dosón fue convocar en el otoño de 224 una reunión de la liga aquea donde se fraguó la creación de una nueva liga helénica que, de acuerdo con la práctica establecida por Filipo II hacía más de un siglo, le tendría a él como hegemón o comandante supremo, pero con la notable diferencia de que ahora agrupaba ligas o federaciones más pequeñas, no póleis independientes (Plb. 2.54.4). Pasado el invierno, en la primavera de 223 el rey macedonio avanzó sobre Arcadia, donde tomó y saqueó las ciudades de Tegea, Mantinea –a la que cambia el nombre por el de Antigonea tras esclavizar a la población autóctona y promover una colonización con macedonios–, Orcómeno, Herea y Telfusa, con lo que confinaba el dominio espartano a los límites mismos de Laconia (Plu. Arat. 45.8-9; Plb. 2.54.6-13). Cleómenes recurre entonces a una medida desesperada, hasta hace poco inimaginable para la clase dirigente espartiata, la de liberar a los hilotas capaces de pagar la considerable suma de cinco minas áticas, el equivalente a quinientos dracmas, un detalle sintomático de que estos esclavos pertenecientes en teoría a la colectividad espartiata tenían el derecho de poseer y gestionar bienes propios40. De los seis mil hilotas que comparecieron, lo que significa una recaudación de quinientos talentos de plata, el rey solo armó a dos mil (δισχίλιοι) a la macedonia, como falangitas o infantes pesados, que pasaron a engrosar las filas de su ejército, según la lectura tradicional que se da a un pasaje de Plutarco (Cleom. 23.1) que presenta distintos problemas de interpretación41. Aprovechando la inactividad de los macedonios durante el invierno, Cleómenes dirige sus huestes contra una Megalópolis que había abrazado el bando aqueomacedonio y la toma por sorpresa. La resistencia ofrecida por un millar de ciudadanos 39. Ibid., pp. 77-80. 40. ChRIMES, Kathleen Mary Tyrer: Ancient Sparta. A Re-Examination of the Evidence, Manchester, Manchester University Press, 1949, 40 duda de que los hilotas pudieran pagar tan elevada cantidad. 41. AFRICA, Thomas: «Cleomenes III and the Helots», CSCA, 1 (1968), pp. 1-11, que cree que los dos mil recibirían además la ciudadanía (porque si no ¿qué sentido tendría combatir si ya tenían la libertad?); URbAn, Ralf: «Das Heer des Kleomenes bei Sellasia», Chiron, 3 (1973), pp. 95-102; PIPER, Linda: «Spartan Helots in the Hellenistic Age», AncSoc, 15-17 (1984-86), pp. 80-81; MARASCO, Gabriele: «Cleomene III, i mercenari e gli iloti», Prometheus, 5 (1979), pp. 45-62, quien sin embargo cree que estos dos mil no formaron parte de los seis mil hoplitas «lacedemonios» que combatieron en Selasia porque no recibieron la ciudadanía (y entonces habría que añadirlos). Por el contrario DAubIES, Maurice: «Cléomène III, les hilotes et Sellasie», Historia, 20 (1971), pp. 665-695 sostiene que los dischílioi enrolados como hoplitas serían periecos, no hilotas, pero sus argumentos fueron refutados por Urban (ibid.). Cf. también DuCAT, Jean: «Cléomène III et les Hilotes», Ktèma, 12 (1987), pp. 43-52 para una exposición general de los problemas del pasaje y una crítica de las distintas soluciones propuestas. En cuanto a los cuatro mil exhilotas restantes, CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 56 piensan que probablemente fueron equipados y entrenados como tropas ligeras, para no alarmar ni desanimar a los ciudadanos que formaban la falange, pero PIPER (ibid., p. 83) ha conjeturado que quizá fueran demasiado mayores para combatir y se quedaran cultivando los campos en calidad de arrendatarios.
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 35ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED permitirá, no obstante, que el resto de la población tenga tiempo de huir a Mesene, donde encontrará refugio. El rey espartano prometerá restituir su ciudad a los megalopolitanos si éstos se alían con él, pero la intervención de un joven Filopemen, en el que ya barruntaba el talento militar y la capacidad de liderazgo que le convertirían en uno los más insignes generales de la historia griega, persuadió a sus conciudadanos de que debían declinar la proposición. La reacción de Cleómenes será destruir Megalópolis hasta los cimientos, después de haber expoliado trescientos talentos y las numerosas obras de arte que atesoraba la ciudad (Plu. Cleom. 23.2-25.1 y Phil. 5; Plb. 2.55 y 61-62; Paus. 2.9.2; 8.27.15-16 y 49.4). En plena recuperación militar de Cleómenes, Ptolomeo Evergetes decidió prescindir de él para sus fines políticos y, por consiguiente, le retiró los subsidios. Es así que el numerario en bronce que acuña Cleómenes III entre los años 223 y 222 presenta tipos inequívocamente laconios: Heracles o los Dióscuros en el anverso y la maza de Heracles en ambos casos en el reverso42. Este hecho condicionó los futuros movimientos en el campo del monarca espartano, que no tenía medios suficientes ni para alimentar a sus tropas ni para pagar a sus mercenarios (Plb. 2.63.1-2; Plu. Cleom. 22.9; 27.4). Apremiado por la escasez de recursos, Cleómenes buscará acabar la guerra cuanto antes en un choque definitivo, que para su desgracia tendrá lugar en Selasia, comunidad perieca a escasos 14 km de Esparta, en julio de 222. Apenas dos días después de la decisiva batalla, mensajeros macedonios urgían a Dosón para que regresara cuanto antes a su reino, invadido por los ilirios. Tanto Plutarco (Cleom. 27.5-11) como Polibio (2.70.2-3) atribuyen a los caprichos de Fortuna que Cleómenes no hubiera demorado un poco el enfrentamiento, pues la retirada de los macedonios hubiera abierto necesariamente una vía de diálogo hacia la paz con la liga aquea que le habría permitido conservar su pequeño imperio. En Selasia Cleómenes dispuso de veinte mil hombres y de una ventajosa posición estratégica para afrontar a un ejército enemigo que, entre macedonios, aqueos y demás aliados, sumaba veintiocho mil infantes y mil doscientos caballeros. El arrojo y determinación de los lacedemonios, que casi compensó la desigualdad numérica, quedan plasmados en el balance final: de los seis mil ciudadanos espartanos que participaron, únicamente doscientos sobrevivieron, y la misma proporción se dio entre los periecos y mercenarios (Plb. 2.65-69; Plu. Cleom. 28 y Phil. 6; Paus. 2.9.2; 3.10.7; 7.7.4; 8.49.5-6; Iust. 28.4.9 habla sin embargo de cuatro mil supervivientes lacedemonios)43. Cleómenes perdió a su hermano Euclidas, pero él consiguió escapar a Egipto, donde tenía a su madre y a sus hijos como rehenes de Ptolomeo, exigidos por éste a cambio de la ayuda financiera facilitada. En la corte alejandrina Cleómenes recibirá del rey lágida una pensión anual de veinticuatro talentos y la promesa, que 42. GRunAuER-VOn HOERSChElMAnn, op. cit., pp. 20-21 con figs. grupos VI-VII. 43. Para el desarrollo de la batalla, PéREz RubIO, Alberto: «Selasia, el último aliento de Esparta», Desperta Ferro, 14 (2012), pp. 42-47, esp. 44-46.
ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED36 CéSAR FORNIS se probará vana, de una futura ayuda para regresar a Grecia y recuperar su reino (Plu. Cleom. 32.4-5)44. Una consecuencia más de la batalla fue que, por primera vez en su historia, Esparta abría sus puertas a un conquistador extranjero. Tras ocupar la ciudad, las fuentes se hacen eco de la magnanimidad de Dosón para con los vencidos, indicativa de que la guerra se había hecho contra Cleómenes y no contra Esparta, al limitarse a restaurar la Constitución ancestral (pátrios politeía), vocablo ambiguo con el que Polibio (2.70.1) y Plutarco (Cleom. 30.1) aluden esta vez al ordenamiento político anterior a las reformas de Cleómenes45. La nueva metabolè politeías o cambio constitucional tendrá como estandarte legal, como es lógico, a la recuperada eforía, máxime cuando por el momento la basileía queda vacante. Existen dudas, sin embargo, acerca de si se anuló por completo la obra cleoménica, pues si las fuentes parecen denotar que se conservó la magistratura de la patronomía, callan sobre aspectos tan importantes como si la Gerousía recobró sus originales poderes o si los nuevos ciudadanos perdieron su estatuto jurídico y las tierras recibidas46. Sea como fuere, una inscripción hallada en la comunidad perieca de Gerontras (IG V 1.1122) saluda al rey macedonio como «salvador y benefactor de Esparta», honores que tanto pudieron ser concedidos por unos pocos ciudadanos agradecidos como por periecos desafectos hacia el dominio que la clase espartiata ejercía en el estado lacedemonio47. Territorialmente se cercena a Esparta la región de la Denteliátide, al occidente de Laconia, que según recoge Tácito en sus Anales (4.43) pasa a control mesenio, lo que viene a añadirse a la pérdida dos años antes de la Belminátide y la Egítide, ambas en el alto valle del Eurotas, en favor de Megalópolis (Plb. 2.54.3). Finalmente Esparta hubo de convertirse en aliada de aqueos y macedonios, pero es incierto si llegó a ser miembro de la liga helénica (Plb. 4.24.4-6). Como colofón a esta agitada etapa de la historia espartana podemos decir que Agis y Cleómenes no fueron reyes revolucionarios, todo lo más reformadores, ya que no atacaron la raíz de los males que corroían Lacedemonia. En otras palabras, no transformaron de modo significativo las vetustas estructuras sociales, políticas y económicas del Estado para adaptarlas a los nuevos tiempos48. La apertura del cuerpo cívico a población perieca y extranjera se hizo de una forma restringida y sin cuestionar en ningún momento la diferenciación estatutaria entre los ciudadanos de pleno derecho y el resto de los grupos dependientes, mucho menos del hilotismo, 44. Para la etapa del exilio, BEngTSOn, Hermann: «Kleomenes III, ein spartanischer König im Exil», en PRInz, Friedrich, SChMAlE, Franz-Josef y SEIbT, Ferdinand (eds.), Geschichte in der Gesellschaft. Festschrift für Karl Bosl zum 65. Geburtstag, Stuttgart, Hiersemann, 1974, pp. 1-13. 45. Sobre este punto, MEnDElS, D.: «Polybius, Cleomenes III and Sparta´s Pátrios Politeía», PP, 33 (1978), pp. 161- 166. Esta «generosidad» que libró a Esparta del destino que habían sufrido ciudades como Mantinea o Megalópolis es explicada por OlIvA, op. cit. Esparta…, p. 267 en virtud de que, colocando en el poder a los antiguos exiliados, enemigos acérrimos de Cleómenes, Antígono se aseguraba la simpatía del régimen. 46. Así, por ejemplo, para ShIMROn, Benjamin: «The Spartan Polity after the Defeat of Cleomenes III», CQ, 14 (1964), pp. 232-239 y Late Sparta. The Spartan Revolution 243-146 B.C., Buffalo (NY), Arethusa, 1972, pp. 61-62 Antígono se limitó a restaurar la eforía y, por razones políticas, no abolió las reformas cleoménicas, que se dejarían sentir en el futuro de Esparta. 47. CARTlEDgE y SPAwFORTh, op. cit., p. 58. 48. TExIER, Jean-Georges: Nabis, Paris, Les Belles Lettres, 1975, p. 6.
BAJO EL SIGNO DE LICURGO: EL REFORMISMO ATáVICO DE AGIS IV Y CLEÓMENES III 37ESPACIO, TIEMPO Y FORMA SERIE II · hISTORIA AnTIguA 28 · 2015 · 19–38 ISSn 1130-1082 · E-ISSn 2340-1370 unED que seguía siendo el sistema socioeconómico que garantizaba la subsistencia y el modo de vida de la clase dirigente espartana. Habrá que esperar a Nabis, el llamado rey tirano, para que la «revolución» inunde verdaderamente Esparta unas décadas después, y ello sin que entendamos por revolución una participación activa de las masas, que no la hubo, sino más bien una política reformista de gran calado impuesta desde el poder establecido, desde la propia elite dirigente49. En cuanto al papel internacional de Esparta, con Cleómenes fracasa el último designio genuinamente imperialista, en el sentido de ejercer, extender y sostener una dominación territorial más allá de las fronteras laconias. En adelante Esparta luchará por no ver invadido su propio territorio ni desmembrado su propio estado. 49. MARTínEz-LACY, Ricardo: «The Application of the Concept of Revolution to the Reforms of Agis, Cleomenes and Nabis at Sparta», QS, 46 (1997), p. 103.
SERIE II HISTORIA ANTIGUA REVISTA DE LA FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA ESPACIO, TIEMPO Y FORMA AÑO 2015 ISSN: 1130-1082 E-ISSN 2340-1370 28 11 Prf. Dr. José Mª Blázquez Martínez, In Memoriam Artículos · Articles 19 CéSAR FORnIS Bajo el signo de Licurgo: el reformismo atávico de Agis IV y Cleómenes III / Under the sign of Lycurgus: the atavistic reformism of Agis IV and Cleomenes III 39 JORgE GARCíA SánChEz & AnTOnIO LóPEz GARCíA Las bibliotecas del Oriente romano como Heroa. Evergetismo cultural y propaganda familiar / Eastern Roman Libraries as Heroa. Cultural evergetism and family propaganda 65 YAnn LE BOhEC Conueteranus, -i, et les solidarités militaires / Conueteranus, -i, and military interdependences 75 HElEnA GOzAlbES GARCíA La corona cívica en la moneda provincial de la Hispania romana / The civic wreath in the provincial coinage of the Roman Hispania 97 NARCISO SAnTOS YAnguAS La inscripción de Pentio Flavio hallada en Corao (Cangas de Onís) y los vadinienses del oriente de Asturias / Pentio Flavio’s inscription found in Corao (Cangas de Onís) and the vadiniense population from orient Asturias 109 JOAquín L. GóMEz-PAnTOjA & MARIAnO RODRíguEz CEbAllOS & DOnATO FASOlInI Minima Epigraphica Cluniensia / Minima Epigraphica Cluniensia 121 COnSOl GARCíA RIbOT I SERRA Nuevos Testimonios del culto a Cibeles-Attis en la província de Barcelona (España) / New testimonies of the cult to Cibeles-Attis in the provincial of Barcelona (Spain) 137 JOSé Mª BlázquEz MARTínEz (†) La Traditio Legis de Cristo a Pedro y Pablo en un plato de vidrio de Cástulo, Linares (Jaén) / Traditio Legis of Christ to Peter and Paul in a glass bowl from Cástulo, Linares (Jaén) 147 EnRIquE GOzAlbES CRAvIOTO Visiones del áfrica Romana / Views of Roman Africa Reseñas · Book Review 181 Bravo Jiménez, Salvador: Control ideológico y territorial en el Estrecho de Gibraltar en la Antigüedad (Siglos X-I a.C.) (MARTA BAIlOn GARCíA). 183 Azcarraga, Cámara, Sandra: El ocaso de un pueblo. La Carpetania centro-septentrional entre la segunda Edad del Hierro y la época romanana (Siglos III A.C.-I D.C.) El valle bajo del Henares (PIlAR FERnánDEz URIEl).