Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera
Abstract
La piedra constituye el material por excelencia en las edificaciones y el paisaje urbano de Jerez de la Frontera. Su empleo no estuvo exento de conflictos con El Puerto de Santa María, propietaria de la mayoría de canteras de la Sierra de San Cristóbal, de donde se extraía principalmente el material utilizado para las obras. La cal y el yeso que producía Jerez actuaron en parte como moneda de cambio ante la presión de la vecina ciudad portuense.
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LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 CONTROVERSIAS Y LITIGIOS EN TORNO AL USO DE LA PIEDRA EN JEREZ DE LA FRONTERA CONTROVERSIES AND DISPUTES ABOUT THE USE OF STONE IN JEREZ DE LA FRONTERA Fernando aroca Vicenti Grupo de investigación HUM726: Ciudad, Imagen y Patrimonio. España [email protected] La piedra constituye el material por excelencia en las edificaciones y el paisaje urbano de Jerez de la Frontera. Su empleo no estuvo exento de conflictos con El Puerto de Santa María, propietaria de la mayoría de canteras de la Sierra de San Cristóbal, de donde se extraía principalmente el material utilizado para las obras. La cal y el yeso que producía Jerez actuaron en parte como moneda de cambio ante la presión de la vecina ciudad portuense. Palabras claves: arquitectura; piedra; cantería; canteros; Jerez de la Frontera. The stone is the material par excellence in the buildings and the urban landscape of Jerez de la Frontera. His employment was not without conflict with El Puerto de Santa María, owner of the majority of quarries in the Sierra de San Cristóbal, where was extracted mainly from the material used for the works. Lime and plaster producing Jerez acted partly as a bargaining under the pressure of the neighboring city of El Puerto de Santa María. Keywords: architecture, stone; masonry; masons; Jerez de la Frontera. INTRODUCCIÓN Conocida es la importancia de la piedra para la ciudad de Jerez de la Frontera, aunque su incidencia real en la arquitectura y el paisaje urbano aún no ha sido suficientemente tratada. Pese a su apreciable presencia en las edificaciones, la utilización de morteros o enjalbegados pueden hacer olvidar en muchos casos la composición de las mismas. A poco que se observen los edificios del casco histórico, desde los más monumentales a los más humildes –muchos de los cuales tras su deterioro permiten ver con más facilidad sus materiales–, se podrá constatar que, sin duda, Jerez es una ciudad donde predomina la piedra. Su auge Fernando Aroca Vicenti Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera
Fernando Aroca Vicenti422 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 constructivo ya desde el siglo XV, con la renovación de antiguos templos, origina una amplia difusión de este material, de lo que da fe la presencia de un numeroso grupo de canteros jerezanos en la construcción de la catedral hispalense1. La expansión del tardogótico, acompañada de una notable presencia de maestros2, dio lugar a una verdadera eclosión de la cantería local que ha llegado de manera ininterrumpida hasta bien entrado el siglo XX. La cercanía de canteras, tanto fuera como dentro del amplio término municipal jerezano, propició un constante uso de la piedra, cuyo transporte resultaba muy asequible, llegando a aventajar a otros materiales tradicionalmente considerados más económicos. Como es sabido, la mayor parte de la que se empleaba en Jerez provenía de las cercanas canteras de la Sierra de San Cristóbal, mientras que dentro del término fueron las de Martelilla y Gigonza las más explotadas, seguidas de algunas otras de menor entidad, enfocadas al abastecimiento de piezas muy concretas, como piedras para moliendas, empedrado urbano y algunas otras. Gran relevancia tuvieron también las extracciones para la fabricación de cal y yeso, materiales que, sin alcanzar la fama de los producidos en otros municipios –como fue el caso de Morón–, fueron muy demandados por importantes ciudades cercanas. 1 La presencia de canteros jerezanos, tanto sacadores de piedra como oficiales, en la catedral sevillana ha sido ampliamente tratada por RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Cantera y obra. Las canteras de la sierra de san Cristóbal y la Catedral de Sevilla. El Puerto de Santa María, 1998, pp. 73-79; RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Los canteros de la Catedral de Sevilla. Del Gótico al Renacimiento. Sevilla, 1998; y RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: “Los constructores de la Catedral”, en La Catedral Gótica de Sevilla. Fundación y fábrica de la obra nueva. Sevilla, 2006, pp. 147-207. 2 ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel: “Un lugar llamado Jerez. El maestro Alonso Rodríguez y sus vínculos familiares y profesionales en el contexto de la arquitectura del tardogótico en Jerez de la Frontera”, en JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso (ed.): XVII Edición del Aula Hernán Ruiz 2010. La Catedral después de Carlín. Sevilla, 2010, pp. 175-274; ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel: “Arquitectura tardogótica en el sur del antiguo Arzobispado de Sevilla: los maestros canteros y la construcción del puente de Cartuja (1525-1541)”, Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, 10, 2010, pp. 251-288; ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel: “La obra tardogótica de la Cartuja de la Defensión de Jerez de la Frontera. Reflexiones sobre la intervención de Diego de Riaño”, De Arte, 16, 2017, pp. 31- 48; PINTO PUERTO, Francisco:Las esferas pétreas. Análisis de las soluciones del arte de la montera en la Provincia de Cádiz durante el Siglo XVI. Sevilla, 1998; ROMERO BEJARANO, Manuel: Maestros y obras de ascendencia portuguesa en el tardogótico de la Baja Andalucía. Tesis doctoral inédita, Universidad de Sevilla, 2014; y GUERRERO VEGA, José M.: Espacio y construcción en la arquitectura religiosa medieval de Jerez de la Frontera (s. XIII-XV). Tesis doctoral inédita, Universidad de Sevilla, 2016.
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 423 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 LA PIEDRA DE SAN CRISTÓBAL Y EL LITIGIO ENTRE DOS CIUDADES A medio camino entre Jerez y El Puerto de Santa María, la Sierra de San Cristóbal presenta un relieve de poca altura (cota máxima de 124 m), formada por arenisca con cemento calcáreo (calcarenitas), cuya piedra se extraía ya desde el III milenio a.C.3. Aun tratándose de un material de cuestionable calidad, la riqueza de sus canteras propició una explotación continua, con una actividad a gran escala a partir del siglo XV a raíz de la construcción de la catedral de Sevilla, que empleó un alto porcentaje de ella4. En la ciudad de Jerez esta piedra se manifiesta por cualquier zona de su casco histórico, bien a la vista o en muchos casos oculta tras enjalbegados, lo que explica en gran medida el ingente número de canteros que la utilizaron. Pero su extracción por parte de la ciudad no fue siempre fácil, pues la mayor parte de sus yacimientos se hallaban en el término municipal de El Puerto de Santa María, no faltando durante siglos reclamaciones de propiedad y libre disposición. Aunque fue en el siglo XVIII cuando se alcanzó la cima de las prohibiciones para el uso, estas se dieron desde siglos atrás5. Como propietario, el ayuntamiento portuense concedía las solicitudes de arrendamiento por seis meses, con la obligación por parte de los arrendatarios de entregar dos carretadas de cantos al semestre en el caso de que se realizasen obras públicas en la ciudad6. En 1732 se decide impedir a Jerez la explotación de los yacimientos ante las considerables mermas de la piedra de mejor calidad7, coincidiendo con el levantamiento del primer templo de la ciudad, la nueva colegial, para lo que se envió una carta al cabildo portuense solicitando el libre uso. Este, anteponiendo la buena relación entre las dos ciudades, respondía que la causa de tan drástica determinación 3 LÓPEZ AMADOR, Juan José; PÉREZ FERNÁNDEZ, Enrique y RUIZ GIL, José Antonio: “Historia y Arqueología en las canteras de El Puerto de Santa María”, Revista de Arqueología, 124, 1991, pp. 36-46. 4 RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Cantera y obra…, op. cit., pp. 43 y 54. 5 AMJF (Archivo Municipal de Jerez de la Frontera), Actas capitulares, año 1633, f. 1496. En este año el cantero jerezano Alonso de Pina se queja de los impedimentos de la ciudad de El Puerto para sacar la piedra libremente de las canteras. El Ayuntamiento jerezano acuerda enviar cartas a aquella ciudad, así como al duque de Medinaceli pidiendo “no se de motivo a questa ciudad siga pleito sobre la posesión inmemorial que tiene para poder sacar piedra de la canteras ynformandole de las causas y rrasones y previlegios que esta ciudad y sus vecinos tienen para ello”. 6 LÓPEZ AMADOR, Juan José; PÉREZ FERNÁNDEZ, Enrique y RUIZ GIL, José Antonio: “Historia y Arqueología…”, op. cit., p. 44. 7 Ibidem, pp. 44-45. El paulatino agotamiento de la piedra de mayor dureza dio lugar a excavaciones en mina en busca de nuevas vetas, con las consiguientes formaciones de cuevas. La primera explotación a cielo abierto se registra en 1758, aunque este sistema se desarrollará ampliamente a partir de principios del siglo XIX.
Fernando Aroca Vicenti424 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 era la escasez de piedra para nutrir a las numerosas obras locales, citándose como ejemplos la nueva fuente, hospicio de Misiones de Indias y convento de capuchinas, así como las obras de particulares8. Ante esta determinación Jerez traslada el caso a la Real Chancillería de Granada, alegando la tradicional disposición y conducción del material en carretas a la ciudad, en las más de doce canteras que acogían entre diez y doce operarios cada una, como asimismo su uso en todos los edificios de la ciudad, tanto antiguos como modernos, y la paralización de la nueva colegial, para cuyas obras iban destinadas varias cargas que se vaciaron, con la consiguiente desocupación de un gran número de canteros9. La audiencia granadina resolvió no impedir a Jerez las extracciones, aunque siempre bajo la licencia del cabildo portuense, de forma que la libre disposición quedaba bastante condicionada. En medio de este litigio y ante la preocupación por la paralización de las obras, el cabildo colegial decidió enviar a la ciudad vecina a un canónigo para que intercediese10, logrando que se restituyese el suministro a esta obra, mientras otras quedaban excluidas11. La limitación del abasto se dejó sentir notablemente en Jerez mientras surgía una inflación en los precios de otros materiales, fundamentalmente ladrillo y cal, optándose por impedir su salida, como también la piedra de Martelilla y otras del término12. Con esta medida se intentaba paliar el vacío que la piedra de San Cristóbal dejaba en las obras, ya que solucionaba la firme y rápida ejecución de paramentos, portadas y cubiertas, cuya ausencia ocasionaría un mayor consumo de los otros materiales. Pero la medida adoptada era también una respuesta a la determinación portuense, una forma de presión de la ciudad, que gozaba de abundantes materiales en su amplio término municipal y abastecía a núcleos cercanos, entre ellos El Puerto de Santa María, sin intención de impedir el suministro destinado a obras públicas, como las murallas de Cádiz y otras de carácter oficial. En el transcurso del litigio aparecen también algunas referencias a licencias para apertura de nuevas canteras por parte de jerezanos, como la concedida a Leonardo Fernández, en zona perteneciente al término de Jerez13, cuestión no definitivamente resuelta hasta época reciente. De cualquier forma debió tratarse de una explotación de piedra de menor calidad, ya que las mejores –de mayor dureza– se localizaban en los yacimientos de la jurisdicción portuense. Las medidas de presión del cabildo jerezano ejercieron su efecto, provocando la permisividad de la ciudad vecina, como recoge la documentación a través de múltiples referencias al uso de la cantería en obras y nuevas construcciones. De 8 AMJF, Actas capitulares, año 1732, ff. 221 y 231. 9 Ibidem, f. 331; y AMJF, leg. 150, expediente 4576. 10 REPETTO BETES, José Luis: La obra del templo de la Colegial de Jerez de la Frontera. Cádiz, 1978, p. 391. 11 AMJF, leg. 150, expediente 4576. 12 AMJF, Actas capitulares, año 1732, f. 421. 13 Ibidem, f. 304.
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 425 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 esta forma las aguas volvieron a su cauce, de lo que da buena muestra la documentación, que no recoge nuevos impedimentos hasta cinco décadas más tarde. En el año 1784 las reiteradas quejas por la escasez de piedra para las numerosas obras que se acometían en la ciudad llevó al síndico personero a realizar indagaciones al respecto, concluyendo que “era impedimento de la Ciudad del Puerto de Santa María en cuyo territorio se hallan las canteras”. Se trataba de una nueva oposición similar a la anterior, por lo que se volvieron a activar los protocolos, con envíos de cartas al cabildo vecino, que en una primera respuesta se mantiene firme en la prohibición. Jerez alegaba, entre otras cuestiones, que no se había impedido el abastecimiento de cal, yeso, ladrillos e incluso piedra de Martelilla a aquella ciudad, motivo que puso freno a la prohibición de 1732, lo que corrobora la medida de presión a la que antes aludíamos14. En una nueva respuesta, José Bernabé y Madero, síndico portuense, manifiesta el desorden y libertad con que los canteros se habían excedido en la saca de materiales y su conducción a Jerez para sus obras públicas y particulares, con la consiguiente escasez para las locales, dando motivo para actuar a los diputados de campo. Alegaba también que no era nuevo este impedimento y el correspondiente control, con solicitudes de permisos como tantas veces había hecho “ese ylustre Ayuntamiento para la fabrica y templo del S. San Miguel de esa ciudad y la de Sevilla para la del Sagrario de aquella Santa Yglesia”15. Esto último pone de manifiesto la relativa libertad para el uso del material con sus autorizaciones, aunque cabe pensar que esta situación sería más frecuente en la demanda de la piedra de mejor calidad. Los dos edificios referidos, el jerezano de San Miguel y el Sagrario hispalense, hicieron uso de esta piedra, aunque el primero en mucha mayor medida –además de resto del templo, su torre fachada, a la que con toda probabilidad se refiere el documento, se levantó íntegramente en piedra de San Cristóbal, en el tercer tercio del siglo XVII–, mientras que en el segundo tuvo mayor protagonismo la piedra de Martelilla16. Esta medida desencadenó de nuevo un circunstancial desempleo de los canteros jerezanos allí establecidos, al quedar muchas obras interrumpidas por la falta del material17. 14 AMJF, Actas capitulares, año 1784, ff. 159v y 160: “con la expresada razon se tuvo por reparable la determinacion que en otro tiempo tomo la ciudad del Puerto de impedir la extraccion de cantos de sus canteras”. 15 Ibidem, f. 406. 16 FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: El Sagrario de la Catedral de Sevilla. Sevilla, 1977. 17 AMJF, Actas capitulares, año 1784, f. 265. Se habla de la interrupción de obras en la ciudad, con especial mención al cuartel del Tinte. Sobre los cuarteles en el contexto urbano del Jerez del XVIII y en especial el del Tinte, de caballería, vid. AROCA VICENTI, Fernando: “Sobre arquitectura pública durante el siglo XVIII en Jerez”, en I Jornadas de Historia del Arte en Jerez de la Frontera. Arquitectura y diseño de la ciudad desde el siglo XVI hasta Isabel II. Jerez, 2014, pp. 116-124.
Fernando Aroca Vicenti426 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 El nuevo recurso interpuesto por Jerez ofrece interesante información, a través de una serie de puntos, entre los que destacan el libre uso de las canteras desde el año 32 hasta la fecha (1784), como también la inexistencia en Jerez de yacimientos de piedra franca para las construcciones; igualmente el excesivo número de las de El Puerto, capaces de abastecer tanto a la demanda local como a la de las localidades próximas; asimismo la difusión del ladrillo como material sustitutivo, aunque “sumamente costoso y no capas de poder suplir su falta por la excases de su fabrica y no correr esta en tiempo de invierno”18. En este informe testificaron Juan Díaz, maestro mayor de obras de la ciudad, el maestro de albañilería Agustín Crespo y el alarife José de Vargas. La ciudad de El Puerto vuelve a reanudar su condición de legítima propietaria, obligando a solicitar licencias para las explotaciones, a la vez que incidía nuevamente en las necesidades de cubrir sus propias obras, como “el aqueducto de las aguas de Sidueña de orden de nuestro Consejo de Castilla”, el hospicio de las Misiones de Indias, convento de capuchinas o las futuras casas consistoriales, cárcel, pósito y muelle en el río. Manifiesta también el agotamiento de las minas, cuyo esquilmado en busca de las vetas de mejor calidad provocó el hundimiento de una de ellas19. Finalmente se reafirma en la libertad de conceder las licencias, sin negar a Jerez los permisos, aunque prevaleciendo siempre la prioridad de las obras locales. Ante estas circunstancias el cabildo jerezano vuelve a establecer un férreo control en los materiales de fabricación propia, principalmente cal y yeso, así como la piedra de Martelilla y Gigonza. El aumento de sus precios volvía a ser objeto de atención por parte de las autoridades, firmes en la decisión de impedir la extracción de estos productos sin el conocimiento del síndico personero y la expresa licencia del corregidor. La abundancia de piedra para la fabricación de cal y yeso, así como de la vegetación necesaria para alimentar los hornos para su cocción, repartidas por el amplísimo término municipal, solucionaban la tradicional demanda de las localidades cercanas, por lo que fue en este asunto donde más se incidió20. Pese a los continuos litigios y la aceptada propiedad portuense de la mayor parte de las canteras, la demarcación de los límites entre las dos ciudades era largamente debatida, hasta llegar a la actualidad. Sirvan como ejemplo algunas referencias al respecto plasmadas en los acuerdos capitulares, como en 1786 en que se acuerda elevar ante los tribunales la demarcación de límites a raíz de haberse despojado a Jerez de una cantera, aunque de mala calidad y escasa producción. Del mismo modo en 1796 se vuelve a plantear el establecimiento de la mojonera divisoria entre los dos municipios21. 18 AMJF, leg. 150, expediente 4575, año 1784, s. f. 19 Ibidem. En el hundimiento se habla de tres muertes. 20 AMJF, Actas capitulares, año 1784, doc. 96; y AMJF, leg. 150, expediente 4576, año 1784. 21 AMJF, Actas capitulares, año 1786 f. 60v, y año 1796, f. 416.
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 427 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Durante el siglo XIX la actividad por parte de los canteros jerezanos continuaba en plena efervescencia, con el dilatado debate de la demarcación de términos. Así, en 1862 se registra un pleito entre dos canteros por una explotación –algo frecuente desde siglos atrás–, con el abandono de una mina por parte de Juan Campos tras su explotación durante una serie de años, siendo ocupada por José Manzanero, que justificaba una inversión de más de seis mil reales en ella. El intento de reutilizarla por parte del primero llevó a la intervención de las autoridades jerezanas, dado la supuesta ubicación en su jurisdicción. Pero el verdadero interés de este caso reside en la mención al reglamento vigente de canteras, con referencia expresa al artículo quinto: “Podra cada cantero inteligente tener establecida dos canteras de distintas clases, por la diferencia de materiales que se necesitan extraer, entendiéndose que esta medida tiene por objeto el fomento de la industria de los trabajadores, pero con la prevención que el cantero que debe trabajar en ellas no tendra derecho de seguir labrando si dejase pasar el termino de un año sin escavarlas ni estraer materiales, pudiéndose poner otro individuo a trabajar en ellas sin disputa”. La comisión de Policía Rural acordó acudir a la cantera con el arquitecto titular y cuatro expertos en la materia, que también explotaban otras en la misma zona –una muestra más de la actividad de los operarios jerezanos en la Sierra de San Cristóbal–, determinando la vuelta del mencionado José Manzanero a la mina, aunque debiendo seguir una extracción en dirección frontal para evitar el encuentro con otra excavación. De cualquier manera la cuestión no quedaba del todo aclarada, pues la propia comisión añade que “no esta aun terminado el deslinde del termino de esta ciudad y el Puerto de Santa Maria”22. Estos frecuentes litigios plantearon la necesidad de un reglamento propio, ya que el mencionado artículo quinto correspondía al elaborado por la ciudad de El Puerto, habitualmente aplicado a todas las explotaciones. De esta forma, en 1863 se elabora un reglamento para las canteras que “son exclusivamente las que se encuentran radicadas y conocidas dentro del termino de esta ciudad y no las que están en cuestión con el Puerto de Santa María”, con envío el 18 de diciembre al gobernador civil de la provincia de Cádiz para su aprobación23. El proyecto abordaba a través de veinticinco artículos una serie de cuestiones, como la distancia para labrar en las canteras antiguas, o el permiso para tener dos canteras de distinta clase con la condición de que si se abandonasen por espacio de un año no se podría retomar el uso. Especial atención se dispensaba al sistema de cuevas surgidas por la extracción desde siglos atrás, por lo que se obligaba a mantener las arquerías con pilares, sancionándose a quienes los picaran para obtener material; también se prohibía abrir lumbreras a no ser que se formase un cercado a sus alrededores, no permitiéndose trabajar sin luz del día. El control de las explotaciones 22 AMJF, leg. 150, expediente 4587, año 1862, s. f. 23 Ibidem, expediente 4588, año 1863.
Fernando Aroca Vicenti428 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 se haría en un libro donde habrían de inscribirse los canteros con los correspondientes permisos otorgados por el ayuntamiento y acreditación de experiencia en el oficio, inspeccionándose cada quince días todas las minas por la autoridad competente, como asimismo dos reconocimientos anuales por la comisión de Policía Rural. El gobierno provincial acordó aprobar el reglamento presentado, pero conminando a que sobre el aprovechamiento común se recordase el artículo 3º de la Ley de Minas de 1859, donde se establecía la vigilancia de la Administración en el uso de los minerales con aplicación a la construcción, agricultura o las artes. Igualmente que los controles y reconocimientos ejercidos por el municipio habrían de estar siempre subordinados a la dirección facultativa del cuerpo de ingenieros del ramo. Mientras se alternaban reglamentos y disposiciones legislativas, y ante la falta de acuerdo en los límites de términos, los canteros jerezanos continuaban explotando las minas dado la demanda del gran crecimiento urbano propiciado por la industria del vino. Sirva como ejemplo la petición en 1872 de Antonio López Galindo para trabajar la cantera llamada La Esperanza, situada “en el terreno de la Sierra de San Cristobal que litigan esta ciudad y la del Puerto de Santa María”24. La piedra de San Cristóbal está presente en la mayor parte de los trabajos de cantería desarrollados en la ciudad, y aunque sus cualidades la hacen poco propicia para el tallado ornamental –por ser fácilmente degradable debido a su composición–, no faltaron hábiles maestros capaces de extraerle las máximas posibilidades (Figura 1). LA PIEDRA DE MARTELILLA, GIGONZA Y OTRAS Pese a las reiteradas afirmaciones a la inexistencia de piedra franca en la ciudad, expuestas como argumento en los litigios con El Puerto, existían canteras propias que desde siglos atrás suministraban piedra no solo a Jerez sino también a otros núcleos cercanos. Es evidente que la demanda de la de San Cristóbal superaba ampliamente a las otras, considerándose como base para las construcciones. Dentro del término jerezano las más importantes eran las situadas en la dehesa de Martelilla, a unos 13 kilómetros del casco urbano en dirección a Medina Sidonia, cuya explotación, a cielo abierto, se inició a raíz de la construcción del puente de Cartuja (1525-1541), que exigía una piedra más compacta y resistente al agua que la de San Cristóbal25. Esta piedra caliza de grano fino26, pese a no ser de una 24 AMJF, leg. 150, expediente 4587, año 1872. 25 ROMERO MEDINA, Raúl y ROMERO BEJARANO, Manuel: “Arquitectura tardogótica en el sur…”, op. cit. Este puente sobre el Guadalete está a unos seis kilómetros del casco urbano. 26 VILLEGAS SÁNCHEZ, Rosario; ARROYO TORRALBO, Fátima; RODRÍGUEZ SANCHÍS, Jorge y MORENO PASCULVACA, Sandra: “La alteración de la
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 429 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 gran calidad, resultaba más idónea que la portuense para elementos más resistentes, como gradas, escaleras o solerías, así como la talla ornamental y labores escultóricas, lo que facilitó su difusión y demanda para obras de gran envergadura, como la catedral o las casas capitulares de Sevilla27. Como propietaria de las canteras, la ciudad exigía permiso para su explotación, llevada a cabo normalmente por canteros locales, aunque en algunos casos la saca por foráneos originó algunas reivindicaciones. Así ocurrió en 1538 cuando, tras la pertinente licencia, se enviaron a Sevilla para la obra de la catedral 1.200 carretadas de piedra y la misma cantidad al año siguiente, todo ello extraído por canteros de aquella ciudad. La reacción de los operarios jerezanos no se hizo esperar, elevando sus quejas al cabildo mientras expresaban que “a sacado la dicha piedra con canteros de la dicha cibdad de sevilla traydos de ella lo qual a sido en prejuyzio nuestro […] pues en esta cibdad ay oficiales que lo saben hazer y dar recaudo de todo lo que se les demandare y emos gastado nuestro trabajo en desabrir las dichas pedreras suplicamos a V S que no se permita ny de lugar que de aquí adelante ninguna persona estrangera que no sea vezino pueda sacar piedra de la dicha pedrera”. Este hecho no debió ser muy frecuente, pues continúan expresando que “sevilla lo ha guardado continuamente de toda la canteria que a llevado a la iglesia mayor y para otras partes enbiando a conprar de los oficiales y ansy estamos nosotros prestos de sacarsela”28. También en 1538 se recoge una solicitud para la obra del nuevo ayuntamiento sevillano de “buena cantidad de carretadas desta piedra […] que no sea tan a menudo importunado de nuestra parte”29. Pese a las condiciones de sus canteras –no equiparable a la riqueza de las de San Cristóbal–, la piedra de Martelilla se distribuía entre algunas obras de la ciudad y otras del entorno, consolidándose como material idóneo para portadas y zonas destinadas a la ornamentación. Aparece así durante el siglo XVI en edificios como el ya mencionado puente de Cartuja, las casas capitulares o los palacios de Riquelme y Ponce de León, cuyos programas decorativos lograron un alto grado de refinamiento. En la siguiente centuria la portada de la iglesia del monasterio de la Cartuja es buena muestra de ello. También en Sevilla, además de las obras ya mencionadas, está presente en el Sagrario de la catedral o el palacio piedra en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz, España)”, en PEINADOS HERREROS, María de los Ángeles (coord.): I Congreso Internacional “El patrimonio cultural y natural como motor de desarrollo: investigación e innovación”. Sevilla, 2012, pp. 693-701. 27 RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente: Los canteros…, op. cit., p. 132. Esta piedra inició su presencia en la catedral en 1538, siendo más habitual en la segunda mitad de siglo. Su uso en las casas capitulares en MORALES MARTÍNEZ, Alfredo J.: La obra renacentista del Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1981. 28 AMJF, Actas capitulares, año 1539, f. 584v. 29 Ibidem, f. 611. No se especifica la cantidad del material.
Fernando Aroca Vicenti436 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Figura 1. Interior del sagrario, primera mitad del siglo XVIII, parroquia de San Miguel, Jerez de la Frontera.
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 437 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Figura 2. Juan de Vargas, Portada, 1777, palacio de Bertemati, hoy palacio Episcopal, Jerez de la Frontera.
Fernando Aroca Vicenti438 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Figura 3. Soportales con pilares de piedra de Gigonza, reformas tras el incendio de 1794, antigua Alhóndiga y Panadería, Jerez de la Frontera.
Controversias y litigios en torno al uso de la piedra en Jerez de la Frontera 439 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Figura 4. Bóvedas colaterales, primer tercio del siglo XVIII, catedral, Jerez de la Frontera.
Fernando Aroca Vicenti440 LABORATORIO DE ARTE 31 (2019), pp. 421-440, ISSN 1130-5762 e-ISSN 2253-8305 - DOI http://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.24 Figura 5. Juan de Vargas, Espadaña, 1760, parroquia de Santiago, Jerez de la Frontera.