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10 | issn 1696-2079 El arte de habitar en común doi 10.15213/redes.n15.p10 francisco sierra caballero El mundo mudó. Lo sabemos. La esencia del modo de producción capitalista, y la modernidad, es la moda y la muda. El cambio es consustancial al espíritu innovador del capitalismo. Ahora, a diferencia de otras etapas en el proceso de desarrollo capitalista, hoy cabe apreciar un despliegue de lógicas y formas de organización que afecta sustancialmente a la economía y, como consecuencia, a las formas de pensar el oikos en la necesaria objetivación de la reproducción social general. Las formas mancomunadas de producción y cooperación social, más que una impugnación o puesta en crisis del modelo civilizatorio conocido, vislumbra a este respecto en los últimos tiempos nuevos horizontes de progreso de un cambio que puede resumirse en el paso del paradigma neoliberal de países como Chile al paradigma del Buen Vivir. La cuestión es cómo el pensamiento y la teoría social pueden contribuir a facilitar, desde la praxis, dicha transición a un nuevo escenario de socialización en este tiempo de colonización de la ciencia que niega todo discurso y pensar “otro” distinto a la ortodoxia neoclásica econométrica. La crisis financiera iniciada en 2008 ha constatado la inconsistencia de las instituciones y modelos de producción y organización económica capitalistas haciendo necesario iniciativas como los Bancos de Tiempo espacios de encuentro y autoorganización constituidos desde la resistencia y la necesidad de sobrevivir por la religancia, conectando a los actores que el principio de universal equivalencia había separado y aislado. Desde entonces los debates sobre los bienes comunes o las formas subalternas y emergentes de organización de la actividad económica han sido recurrentes y extendidas actualizando la pertinencia de un pensamiento crítico que potencie intempestivamente la praxis emancipadora de los actores locales del diagnóstico a la radical transformación del universo social. En función de las bases territorializadas de una nueva mirada socioeconómica en el contexto general de informatización y colonización de los espacios de vida y de agudización de las desigualdades y de la división internacional del trabajo que acompañan las lógicas excluyentes y empobrecedoras del proceso de acumulación por desposesión, la vindicación de nuevas formas de organización social como la denominada economía colaborativa
redes.com no 15 | 11 cobran pleno sentido retrotrayendo debates tradicionales del socialismo y el cooperativismo obrero en un nuevo marco sociotécnico y cultural que es preciso redefinir como horizonte de progreso. Un primer paso es situarnos en el marco general de referencia que está en el origen y es su razón de ser, de estas formas emergentes de socialización que aquí vamos a convenir caracterizar como Capitalismo Cognitivo por la centralidad que adquiere particularmente el llamado trabajo inmaterial, y en un sentido genérico la Comunicación, en la era de las redes distribuidas de intercambio y coproducción. La influencia del código, la determinación de la dimensión simbólica y las redes tecnológicas de intercambio de información en el proceso de valorización económica no significa que estemos ante un nuevo modelo de producción por el peso que adquieren las llamadas industrias creativas en el PIB de los países centrales del sistema-mundo. Antes bien, significa, cualitativamente, que las tendencias imperantes en la economía general, que el proceso de acumulación tiende a concentrarse en la dimensión inmaterial, tal y como ya avanzó en los años sesenta, a modo de hipótesis de trabajo Machlup y los teóricos de la Economía de la Información. En términos de Gabriel Tarde, diríamos, que la economía tiende a imitar a la cultura en su lógica de funcionamiento interno y la cultura, al mismo tiempo, procura organizarse como campo según la racionalidad o dialéctica del valor. Es desde este espacio liminar donde mejor podemos ilustrar, en la era Internet, cómo es posible que proliferen formas precapitalistas y modelos artesanales de producción en un escenario de industrialización intensiva y concentración, del mismo modo que se configuran espacios de intercambio y producción postcapitalistas con sofisticadas técnicas y tecnologías de cooperación social dentro y fuera de las fronteras institucionales. Desde este punto de vista, una primera lectura a modo de cautela que debe procurar el atento lector es poner en juego una lectura holística de las experiencias y procesos mancomunados que tienen lugar hoy en el escenario de la crisis capitalista que, a nuestro juicio, qué duda cabe, es una crisis civilizatoria sin parangón en la historia moderna. En otras palabras, no es posible pensar la economía colaborativa si no se pone en relación la forma Estado, el mercado, la capacidad reguladora de las corporaciones transnacionales, con sus procesos de concentración cruzada y monopolista, con las políticas públicas y los procesos de apropiación y autonomía del actorred que emerge como nuevo sujeto de la producción en la cultura ciborg. Si queremos comprender, cabalmente, la expansión de formas no mercantiles de intercambio y cooperación social en la economía postfordista, es preciso, en fin, generar un mayor conocimiento sobre los escenarios globales que permita arrojar luz sobre las formas, dispositivos e interplanos del poder autónomo
12 | issn 1696-2079 f. sierra caballero de la sociedad organizada a fin de ponderar en sus justos términos el alcance de las prácticas de autogestión y cooperación social como alternativa política e ideológica al capitalismo reinante en su forma ordoliberal. En este punto, la relectura contemporánea de los Grundrisse abre, con el neomarxismo italiano, líneas de fuga y potenciales interpretaciones liberadoras, más allá del canon de Althusser sobre El Capital, que, de acuerdo con Jameson, mucho tiene que ver con el proceso de mediación y las formas culturales vislumbradas antaño por el sabio de Treveris, y hoy de nuevo del todo vigentes por la sagacidad del viejo topo de la historia que siempre termina por operar con la deconstrucción de las apariencias y discursos como el de la innovación y el emprendedorismo. No viene al caso en este editorial proceder a desplegar este trabajo hermenéutico sobre la lógica del Capital en la llamada nueva economía colaborativa, describiendo los síntomas, las señales, huellas e indicios del malestar y crisis de representación. Ya sabemos que tras las apariencias y ruidoso mundo del mercado y los intercambios siempre late la vida y la pulsión de la carne y el sujeto sujetado. Ahora bien, si en el siglo XIX Marx revela el oscuro dispositivo de sujeción y explotación del trabajo a partir de una compleja operación semiótica que trata de demostrar que, en palabras de Jameson, el dinero no es en sí sino un síntoma de las contradicciones estructurales subyacentes (es decir, una mediación, una solución provisional, que no resuelve las contradicciones propiamente dichas, sino que apenas engendra la forma en que puede moverse, toca hoy formular una crítica radical de las formas de esclavitud que el semiocapitalismo construye por medio de la autodisciplina y el control de las formas de vinculación y religancia a partir de un nuevo aparato categorial de las lógicas sociales que despliega la política de los afectos y la comunicación en red. Es preciso reconocer y asumir hasta sus últimas consecuencias, que no habrá alternativas de progreso sin pensar, en este punto, lo común y, articular, en lógica coherencia, un programa de gobierno que aborde estas formas distribuidas y emergentes de socialización, reconociendo que existe un nuevo sensorium de la cultura mediatizada, objeto permanente de captura y colonización, al ser este, como decimo, un factor determinante de construcción de las formas contemporáneas de ciudadanía. Sabemos que el capitalismo es tanto sistema enajenante como dispositivo potente de subjetivación que hace posible liberar formas originales de resiliencia y empoderamiento, por lo que toda teoría crítica ha de dilucidar, desde dentro, a nivel interno, tal contradicción para liberar procesos creativos de autonomía en el plano económico y social. Ello solo es posible a partir de la praxis de los propios actores sociales y sus formas contemporáneas y emergentes de comunalidad. La mediación social y tecnológica en la producción del nuevo sujeto político sitúa, en este sentido, en el centro
redes.com no 15 | 13 el arte de habitar en común de la agenda política cuestiones originales hasta ahora negadas por el agujero negro del marxismo como por ejemplo los procesos de registro y regulación de los datos personales y los dispositivos de control del perfilado, que critica Mattelart, o por ejemplo la dificultad de regulación y organización de una nueva institucionalidad económica en un Estado en proceso de descomposición y debilitamiento por arriba (procesos de globalización) y por abajo (dinámicas de autonomismo y reanclaje territorial locales). La hipótesis de partida del monográfico que editamos en este número de REDES.COM es que, sin lugar a dudas, el mundo ha cambiado y los proyectos emancipadores, sea en el Sur Global, o en la izquierda clásica europea, han de mudar las bases de construcción de alternativas políticas abordando cuestiones nucleares como la economía colaborativa, hoy en la frontera del conocimiento científico social si bien el fenómeno de compartir en modo alguno es nuevo. El movimiento obrero desde su origen imaginó y proyectó formas marginales y autónomas de economía social. La diferencia no obstante, en nuestro tiempo, es que este llamado sector cuaternario (terminología popularizada desde Machlup a Daniel Bell y nuestros días) cumple una función estratégica en el proceso de acumulación, por lo que ocupa la atención prioritaria de instituciones y políticas públicas tanto a nivel internacional como a nivel nacional y regional. En el marco general del Capitalismo Cognitivo, asistimos a la configuración de un nuevo escenario atravesado por la centralidad de la cultura en las estrategias de desarrollo local y regional crecientemente dominado por la internacionalización y mercantilización de las industrias culturales y las plataformas de consumo e intercambio que han permitido un crecimiento exponencial de prácticas autónomas antaño marginales e irrelevantes, lo que de paso a terminado por afectar sobremanera a la disputa de la hegemonía (la lucha por el código, por la información y el conocimiento) con impacto en la división internacional del trabajo y las condiciones de desarrollo de la economía industrial. Esta situación nos enfrenta a la necesidad de reformular las acciones políticas que tradicionalmente venían mediando las complejas relaciones establecidas en el mundo contemporáneo entre cultura, economía y democracia, desde una perspectiva crítica. Un primer paso que corresponde abordar a tales propósitos es repensar, más allá del marco del Estado nación, las formas de organización del capital y los medios de producción distribuidos. ¿En qué sentido la economía uberizada contribuye a un intercambio y modelo de reproducción distintos a la sociedad industrial clásica ?. ¿ Qué líneas de desarrollo son prioritarias para una agenda pública de defensa de los derechos sociales y económicos de la ciudadanía ?. ¿ Cómo hemos de pensar la reforma de las instituciones en un tiempo-espacio otro abierto al intercambio y la cooperación social ampliada ?.
14 | issn 1696-2079 f. sierra caballero Este tipo de cuestiones, para quienes estamos interesados en la tecnopolítica y la cibercultura nos vienen asaltando sin solución de continuidad. Como es bien conocido, los principales debates en los organismos internacionales (UNESCO, OMC, UIT, etc.) que afectan a las industrias culturales y de telecomunicación se han venido desarrollando a partir de un profundo desacuerdo acerca del estatus de la cultura, y en general la información, como bien público o como servicio sujeto a la lógica mercantil. La tendencia general apunta hacia una progresiva retirada de los actores estatales que reducen sus funciones a la de simples gestores del patrimonio cuya capacidad de intervención sucumbe ante la vertiginosa integración y concentración de grandes plataformas, como tradicionalmente ocurre con los GAFAM en los procesos de apropiación corporativa de los bienes comunes. Es en este contexto donde toma sentido la reivindicación del papel activo de la política a la hora de actuar sobre el ámbito de la gestión de la información y el conocimiento y la infraestructura que hace posible el florecimiento de la economía digital frente a la deriva actual que prima lo comercial a lo creativo, lo rentable a lo innovador o lo nacional a la idea de bienes comunes de la humanidad. Es decir, hay un espacio y margen de intervención ante el reto de construir una cultura económica de verdad colaborativa a condición, claro está, de tener una visión, un espacio y agenda multinivel de actuación y de exigencia de mayor transversalidad, contando con actores con los que es posible construir formas sostenibles de apropiación de la riqueza social en tiempos de precarización y mercantilismo sin ir en menoscabo de los beneficios propios de los usuarios de las redes que han nacido para quedarse y procurando que estos dejen de ser considerados prosumidores para convertirse en sujetos históricos o actores red para una nueva política de lo común. Tal apuesta no está exenta de peligros. La sharing economy tiende a reproducir la dialéctica de dominio y destrucción creativa del capital articulando en tiempos y espacios separados las formas regionales y locales de vida de las llamadas sociedades del conocimiento a costa de privatizar los bienes comunes de información y conocimiento, como se observa en la UE. La doble dinámica de desterritorialización y centralización cultural constituye, de hecho, la paradoja más significativa de la realidad de esta economía colaborativa. En resumen, nuevas fracturas y jerarquías acompañan al cambio tecnológico que supone, al mismo tiempo, una oportunidad de desarrollo para las economías periféricas tanto como una amenaza soterrada. De cualquier forma surge al tiempo con la economía digital una sinergia entre el desarrollo territorial y las actividades inmateriales (capital social, comunicación, conocimiento, cultura) que, queramos o no, va a determinar las líneas de acción de los principales programas públicos de integración en el escenario de convergencia en torno a las plataformas de telecomunicaciones afectando no ya solo al sector
redes.com no 15 | 15 el arte de habitar en común terciario y a a industria, sino incluso a la propia industria pesada, del mismo modo que ya de hecho cambia el ethos, en el sentido de Bolívar Echeverría, del oikos, del hogar como unidad de reproducción social. Por lo que hemos de repensar la nueva sensibilidad de las generaciones de jóvenes consumidores y las prácticas que las comunidades y los nuevos agrupamientos o conjuntos de acción que se visibilizan en los nuevos circuitos de intercambio y cocreación del mismo modo que hemos de explorar las culturas populares y sus formas de apropiación de la tecnología. En esta tarea, surgen una serie de retos y obstáculos generales a la hora del óptimo desarrollo de las potencialidades que ofrece esta economía reticular. A saber: En un escenario marcado por la domesticación de las creatividades y las identidades culturales por unas pocas transnacionales, la defensa de la diversidad cultural y lingüística se convierte en una prioridad al tiempo que un problema de difícil resolución y encaje en las políticas públicas. La disminución de las barreras de entrada a productos y productores independientes se enfrenta a la tendencia a una integración vertical extrema entre nuevas redes y producción de contenidos, por lo que reivindicar servicios universales o neutralidad de la red no resuelve, por ejemplo, el poder y control de Google, Aple, Facebook, ATT o Microsoft (GAFAM). El enorme potencial de generación de empleo del sector infocultural contrasta con la generalización de un modelo de precariedad en las condiciones de trabajo y en los salarios que dificulta la constitución de un nuevo sujeto emancipatorio si pensamos en los llamados emprendedores que al final son los que más sufren la tercerización o la creciente explotación postfordista. Las políticas públicas que asumen acríticamente el discurso o panoplia de Silicon Valley corren el peligro de caer en el hipnotismo tecnológico y olvidar que la verdadera integración social pasa por la formación de recursos tecnológicos apropiados a la cultura local según una estratégica y visión geopolítica definida. La teoría crítica que renuncie a la politicidad de este campo inmaterial o de lo simbólico está condenada bien a reeditar las fórmulas dominantes del Capitalismo Cognitivo o, por el contrario, a ampliar el alcance de la lógica neoliberal que privatiza el campo de lo común siguiendo el ejemplo de la teoría de difusión de innovaciones. La toma de conciencia de estos obstáculos pasa, por consiguiente, por reconocer la necesidad de adaptar los objetivos y las herramientas de las políticas emancipadoras de a los nuevos desafíos que se dibujan, a medio y largo plazo, en el ámbito de disputa contrahegemónica por el sentido que acompañan las formas de consumo abierto y a la carta de esta nueva economía digital.
16 | issn 1696-2079 f. sierra caballero A pesar de la tendencia a reducir la intervención pública, el espacio social nunca ha sido ajeno a la articulación de políticas activas en materia de comunicación o modernización tecnológica, con lo que el seguimiento y análisis de éstas se hace hoy más necesario que nunca ante los retos derivados de la creciente interrelación entre dispositivos tecnológicos y desarrollo territorial. Una propuesta en esta dirección es definir al menos cuatro ejes centrales que han de guiar la agenda de toda acción de gobierno y política de los movimientos sociales si en verdad la apuesta es una economía social para el Buen Vivir: • I.- Sistemas y modelos de comunicación y participación ciudadana. La cultura digital, las nuevas generaciones de prosumidores, han tomado la palabra para compartir y tomar partido. Ello implica trascender las formas de organización centralizadas, despóticas, por ilustradas que sean, o unidireccionales, de comando, militancia partidaria o movilización en favor de una mayor flexibilidad y autonomía de los actores locales. Pero siempre a partir de modelos definidos de comunicación y participación ciudadana. Toda política pública de transformación social pasa, en otras palabras, por una mediación articulada en la lógica de IAP, socioanalíticamente construida sobre la praxis y abierta a la cultura deliberativa y de participación integral de la ciudadanía. De lo contrario lo que tendremos son modelos radicalizados de individualismo posesivo que reedita el mito de la transparencia y la cultura atomizada. Es por ello que a partir de la experiencia ganada en las últimas décadas es imprescindible radicalizar los procesos de empoderamiento ciudadano y repensar las mediaciones que han venido permeando las concepciones al uso de la acción política institucional. • II.- Organización de alternativas comunales de desarrollo local. La cultura red implica una clara y decidida voluntad de promover políticamente el lenguaje de los vínculos retomando experiencias ricas, como las de las comunidades indígenas, en la autogestión y desarrollo local de sistemas de información y conocimiento endógenos. En este empeño de repensar la gestión local, el movimiento comunista (caso del laboratorio audiovisual italiano) y el movimiento indígena tienen un amplio capital político y social que han de ser actualizados al confrontar el reto de las nuevas tecnologías para la promoción social comunitaria y la planificación del territorio. Hablamos de memoria, patrimonio inmaterial, organización de la economía y políticas activas de socialización de la información de dominio público que, lejos de ser un problema accesorio, representa todo un reto de imaginación emancipadora que cabe construir con los actores