La construcción social del género (la imagen de las mujeres vista por los MCM)
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7 7 1. LA CONSTRUCCION SOCIAL DEL GÉNERO (LA IMAGEN DE LAS MUJERES VISTA POR LOS MCM) Felicidad Loscertales Abril Departamento de Psicología Social Universidad de Sevilla [email protected] 1.1 A la búsqueda del rol social de las mujeres Queremos ofrecer en este trabajo una noción de género, -entiéndase de las mujeres- a partir de su evolución histórica, pero sin perder de vista la actualidad, sumando al panorama general las matizaciones que muestran los medios de comunicación. Y para comenzar y aclarando conceptos ¿no habría que preguntarse por qué cuando se habla de temas de sexo y género se piensa en las mujeres? Quizás sea una especial consecuencia del incremento que ha experimentado la presencia de las mujeres en los escenarios sociales en los últimos tiempos. Parece algo innegable pero a través de un proceso muy gradual y desigual. En sociedades más civilizadas y avanzadas se ha producido con
8 8 mayor fluidez, mientras que en otras zonas el camino recorrido ha sido apenas perceptible, aunque positivo, sin que ello excluyera un gran sufrimiento en las mujeres que lo intentaban. El texto que sigue puede ser una muestra de esta postura: (Scientific Americain) Marzo de 1851. La pesada esclavitud de la aguja. “En la actualidad hay en el Reino Unido 650.000 mujeres empleadas como sombrereras, modistas, costureras y camiseras. Dada la naturaleza manual de su trabajo, constituyen, por término medio, la más esclava, subordinada y desdichada de las clases trabajadoras. Se necesitan medio millón de máquinas de coser, cuya introducción supondría doblar los salarios. Los hombres deben finalmente traspasar la monótona tarea de coser a mano a unas máquinas manejadas o atendidas por mujeres. Dos tercios de los oficiales y aprendices de Gran Bretaña -50.000 varones sanospodrían perfectamente emplearse en el servicio de la armada o en unos trabajos más adecuados que manejar una aguja.” (citado por D. C. Schlenoff en Investigación y Ciencia, nº 414, marzo 2011, pág. 96). El diseño de un rol social de un colectivo (las mujeres en este caso): a) Supone una categorización sólida que en su propia consistencia tiene la credibilidad necesaria. b) Se genera en la sociedad que rodea a ese grupo de personas ya que son las que interactúan con ellas y las conocen razonablemente bien. c) Suele tener un largo proceso histórico desde que se inicia hasta que se consolida. d) Es compartida por toda la sociedad que es, en definitiva, quien la ha creado y la mantiene. e) Puede, con toda probabilidad, estar cargada de estereotipos y prejuicios sobre las personas del colectivo objeto de atención.
9 9 La búsqueda de este rol social que las defina es para las mujeres, desde hace tiempo, una meta importante por la que trabajar y esforzarse, pero que aún no se ha logrado del todo. Ahí está la clave ya que, al menos hasta ahora, los hombres tenían claro quiénes eran y cuáles eran sus posiciones sociales y los roles que desempeñaban. De manera que está claro que está haciendo falta definir igualmente los de las mujeres que ya no quieren seguir estando en ese segundo plano que históricamente les había sido asignado y buscan su propia identidad. Curiosamente parece ser que la identidad se convierte en un problema para los hombres cuando las mujeres han definido la suya. La idea de lo que tenía que ser un hombre parecía clara pero al plantearse las mujeres la definición de su propia identidad, porque ellas son otra cosa y no una mera referencia al modelo único masculino, los hombres, de momento, se han encontrado perplejos: “si no somos el único y perfecto modelo al que todo se refiere... ¿quiénes somos entonces?” Y las numerosas líneas de investigación en torno a la masculinidad y sus matices psicosociales demuestran la pertinencia de este interrogante. Sin embargo, el hecho de que las mujeres conquisten una identidad propia llegará a producir un mejor equilibrio social puesto que también los hombres podrán encontrar y definir mejor su identidad y sus roles. Por sí mismos y no con el apoyo de una superioridad y una referencia ya insostenibles puesto que se basaba en una inferioridad de las mujeres que se ha demostrado que no existe. Hombres y mujeres, a partir de esta posición, habrán de marchar paralelamente por los senderos de la historia.
10 10 1.2 Un paseo por la historia (panorámica histórica sobre el rol social de las mujeres) Recorrer el tiempo histórico nos ayudará a delimitar y comprender la diversidad de los protagonismos de mujeres y hombres y a valorar el papel socializador de los medios en los momentos actuales. La pregunta básica sería: ¿quiénes son y han sido las mujeres a lo largo de la historia? Para responderla, aunque sea de forma somera y esquemática seguimos las etapas más generales y significativas aunque ello nos circunscriba en cierto modo a la cultura europea: Prehistoria e historia antigua: realidad y mitología El Medioevo: nace Europa a partir del legado grecorromano Renacimiento: de la ignorancia social a la Imprenta Ilustración y Revolución: El “siglo de las luces”. De los estamentos a las clases sociales Tiempos actuales: La postmodernidad y la cultura de las TICs No es este el momento de realizar un panorama completo de la mujer en la historia pero sí puede merecer la pena repasar, como apoyo conceptual, algunas circunstancias y datos significativos. Aceptando, desde luego, la parcialidad y las limitaciones que se suponen en toda selección. En primer lugar, hay que tomar conciencia de un cierto déficit para los estudios históricos sobre la mujer porque la más importante fuente para la Historia es la reseña por escrito y no se encuentran tan fácilmente textos válidos que tengan como tema a las mujeres y sus actividades consideradas como elementos sociales de importancia. No se puede descartar tampoco la visión (o el filtro) de quien investiga, que teniendo sus propias creencias y valores con respecto al papel que hombres y mujeres juegan en la sociedad valorando los datos que encuentra a
11 11 través de ese prisma. No obstante, la existencia de otras fuentes de datos históricos proporciona materia suficiente para diversas y atrayentes líneas de investigación y trabajo en torno a este tema. Sobre todas estas bases se pueden hacer ciertas reflexiones y señalar algunos hitos que parecen importantes. Mencionemos, por ejemplo, la hipótesis del papel decisivo que la mujer pudo tener en la revolución neolítica y en el hecho concreto de la aparición de elementos claves para la vida sedentaria. Así, por ejemplo, la agricultura o la cerámica y demás artes menores de tipo instrumental y de uso cotidiano. El culto a una gran diosa madre parece confirmarlo (Hawkes & Woolley, 1963). En la cultura grecorromana la mitología ofrece un estudio muy interesante y sin hacer aún, de las figuras femeninas siempre en interacción directa con los dioses masculinos, por lo general como algo secundario, aunque a veces están no solamente en pie de igualdad sino hasta en franca competencia. De la diosa Hera (la Juno romana), Steuding (1925, pág. 212) afirma: "...por su condición de esposa de Júpiter Rex, era Regina; y entre los Marsos se la llamó Jovia Regena, siendo algo así como un simple complemento femenino del dios". Así se hace patente que lo femenino sólo vale como subordinado, referente a, inferior a lo masculino. Otras diosas de la mitología grecorromana se afirman con características similares de referencia o complemento. Por ejemplo Afrodita (Venus) que representa al sexo femenino y sus valores frente a lo masculino o Palas Atenea (Minerva) la razón, el pensamiento, el equilibrio... que nace del cerebro de su padre Zeus (Steuding, 1925; Grimal, 1965; Girand, 1971). A pesar de estos modelos divinos, la mujer es la gran ausente de la democracia y la vida política griega, salvo en algunas figuras simbólicas, de ficción literaria por cierto, como la Lisístrata de Aristófanes (el poder oculto de la mujer: la
12 12 potencia de la sexualidad), la Antígona de Sófocles (la fuerza del ánimo y la fidelidad a los valores) o la Helena de Homero (la belleza y la seducción). Por otra parte está el Pater familias del Derecho Romano. La fuerte definición de su rol hace patente cómo en la sociedad grecorromana se prestaba escasa consideración a la mujer que aparece siempre por referencia a lo masculino, referencia que le permite saber quién es. Puede recordarse, a este efecto, la figura de Cornelia, una gran mujer que, conocida como la "hija de Escipión El Africano", cifró su orgullo (autoconcepto y autoestima, diríamos hoy) en llegar a ser "la madre de los Gracos". Sus hijos, Cayo y Tiberio, tribunos de la plebe, posibilitaron ese deseo con sus vidas notables y sus muertes heroicas. O aquella valoración ética en virtud de la cual, por el honor del César, su mujer no sólo tiene que ser honesta sino, además, parecerlo. La aportación cristiana, de una forma más o menos explícita pero muy real, dignifica la figura femenina tanto con el mensaje de salvación para todos los seres humanos como con la figura de la Virgen María… también una figura femenina que vale por referencia a una masculina, porque ella, en efecto, es nada menos que la Madre de Dios. La mujer medieval, una gran desconocida, ha llegado a nosotros a través de referencias muy indirectas y ocasionalmente contradictorias que pocas veces tenían a las mujeres como objeto directo. Sin embargo, las artes -pintura, escultura, poesía- si que tienen a las mujeres en el punto de mira de su interés. Pero aun así, ¡debió ser tan distinta en su aspecto ideal (el amor cortés, los trovadores, la poesía) que en la cruda realidad de un mundo hostil y difícil...! Si se recuerda que la Edad Media duró unos mil años, no será difícil comprender que no haya moldes ni uniformidades aplicables a las mujeres medievales. Reinas, abadesas, y hasta una importante escritora “protofeminista” Christine de Pisán, pueden dar fe de ello. Como dato algo desdibujado pero muy sugestivo se vislumbra ya en esta época (como en muchas otras de la historia) una innegable dimensión del quehacer femenino: el rol de liderazgo, la acción social, la política. Leonor de
13 13 Aquitania -que personifica el mito celta de la gran diosa, (Markale, 1992)-, Doña Berenguela o Doña Blanca de Navarra son, en efecto, ilustres predecesoras de Isabel de Castilla, Isabel de Inglaterra, Cristina de Suecia o Catalina de Rusia. Aunque si es preciso, pueden ser citadas también Golda Meir, la señora Bandaranaike, Margaret Thatcher, Simone Veil y tantas otras mujeres que están configurando una realidad: ellas van a estar siempre presentes en la vida política. El Renacimiento, por su parte, significó un cambio realmente definitivo con la difusión de la cultura gracias a la Imprenta y la apertura del orbe ante Europa gracias al descubrimiento de América y la primera vuelta al mundo. Para las mujeres (aunque sólo para las de familias poderosas y cultas) se va a empezar a abrir el mundo de los conocimientos y de la presencia activa en la vida social y cultural. Este hecho se produce ante todo, y de forma destacada, en la floreciente Italia renacentista (Burckhardt; 1990), y desde entonces se irá extendiendo, de forma muy lenta pero continuada, a toda Europa en un proceso que, a pesar de todo, está lejos de haber terminado. En un paso rápido sobre el Barroco y la Ilustración, cuyas damas de los salones dejaron más huellas en la literatura o los abanicos que en crónicas históricas, se puede encontrar en "Las preciosas ridículas" de Molière un paradigma revelador: ahora las mujeres se asoman atrevidas y curiosas a un coto cerradamente masculino: la Cultura, donde no habían sido bien vistas. Pero ellas descaradamente “abren sus salones” al brillo de la Ilustración e invitan a ellos a los más destacados personajes del mundo de las ciencias y las artes. Y ellos asisten y hasta establecen correspondencias interesantísimas con sus anfitrionas. Pueden citarse a título de ejemplo las mantenidas por Voltaire con Mme. Du Châtelet y Mme. Du Deffand. Ya al borde de nuestros tiempos, la Revolución francesa y la Revolución Industrial dan paso a una estructura de clases sociales muy semejantes a las que hoy conocemos. En ella el centro y eje es la burguesía, en la burguesía la familia,
14 14 tal como hoy se conoce y en la familia, la mujer. Y aquí, en la familia burguesa, aparece ya esa mujer-tipo tan nombrada en los últimos tiempos: la mujer desempeñando ese rol aparentemente eterno, fijo y específico de madre, ama de casa, centro del hogar y conservadora de valores, reina y esclava al mismo tiempo de un mundo interior que no se asoma apenas a la realidad externa ni participa de sus beneficios. Y eso se puede comprobar si se analizan contrastadamente las tasas de analfabetismo y las cantidades de mujeres que no saben leer: En el mundo existen 771 millones de personas adultas que no saben leer ni escribir, de las cuales un 64% son mujeres.1 En España viven 868.000 personas mayores de 15 años que son analfabetas y siete de cada diez son mujeres (588.800), según se deduce de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de 2010. Esta Encuesta añade igualmente que más de la mitad de todos los analfabetos (489.200) tienen 70 ó más años, de los que el 75% son de sexo femenino. Pero lo que de verdad sucede es que ese rol no sólo no es eterno ni fijo, ni específico, sino que, aunque generado en unas situaciones no tan lejanas, ya está evolucionando hacia otros modelos más adaptados a la sociedad postindustrial, tecnológica y de comunicación masiva. En relación con el analfabetismo también se pueden percibir nuevos aires. Baste recordar el film titulado: “Buda explotó por vergüenza” dirigida por la jovencísima Hana Makhmalbaf, una mujer consciente de los problemas de sus compatriotas. En esa película una pequeña afgana decide, ante el asombro y la incomprensión de su entorno, que quiere ir a la escuela y aprender a leer como su vecino. Así evoluciona también hoy la familia nuclear y reducida, fruto de la misma concepción burguesa de la sociedad y todavía mayoritaria en Occidente. Estos 1 http://www.analitica.com/mujeranalitica/organizacionesfemeninas/9334333.asp
15 15 cambios están siendo importantes y posiblemente sin parangón con etapas pasadas, ni en lo cuantitativo ni en lo cualitativo. Y es que, entre otros muchos elementos que afectan a todas las dimensiones de la vida social contemporánea, se ha producido una circunstancia nueva y definitivamente importante tanto para la familia tradicional, como, y sobre todo, para las mujeres. Se trata del hecho de que la sexualidad se ha separado de la procreación (Marías, 1979) permitiendo que las mujeres asuman nuevas responsabilidades y ocupen posiciones sociales que hasta ahora se le negaban. Lidia Falcón (1985) comentaba ya hace tiempo este hecho con las siguientes palabras: "antes de que el control de natalidad y el avance de la medicina permitiese a una mayoría de mujeres (en los países occidentales industrializados) sobrevivir a la adolescencia de su último hijo, y, lo que es mejor, a la adultez de éste y a veces a la de sus nietos, tras haber visto crecer sanos a todos los hijos que dio a luz: las mujeres tenían muy pocos periodos de infertilidad en su vida. Desde la menarquía hasta la menopausia -y pocas alcanzaban este feliz estado-, las hembras humanas se reproducían y reproducían en el mayor despilfarro de vidas humanas." Pilar del Río (2011, págs. 9-10) en la misma línea pero con espíritu más optimista afirma: “Rompimos, sí, lo hicimos junto a algunos hombres, los mejores, que hoy siguen siendo nuestros compañeros y reconocen que por donde pasamos removimos el aire. El que hoy se respira afortunadamente. Claro que no todo es idílico, que las mujeres seguimos sin dirigir la sociedad y codirigirla exige un esfuerzo agotador que deberíamos emplear en otras causas,
22 22 c) se asumen valores personales y sociales. Y efectivamente, a través de las pautas de socialización y de troquelado de conductas se va acentuando la diferencia natural que existe entre los sexos. Por eso es tan importante el hecho de la transmisión de estereotipos sobre los sexos, su naturaleza, sus caracteres y rasgos identificadores y el espacio social que le corresponde a cada uno según los papeles que tengan asignados. Las creencias sociales sobre las desigualdades (que no las diferencias) entre hombres y mujeres, que se han ido generando durante generaciones hasta tomar carta de naturaleza en el conocimiento social y tener la fuerza de una ley normativa o de una tesis científica demostrada, consolidan esa situación de desigualdad y aumenta, hasta medidas abismales, unas distancias entre los géneros que la naturaleza nunca estableció entre los sexos. Pero la especie humana es la única especie en que las conductas de tipo parental -socialización, atención educativa, guarda y cuidados materiales, etc.- no son una impronta de tipo biológico sino fruto del aprendizaje y las normas sociales. Y ahí están, hoy en día, los medios de comunicación presentando a mujeres y hombres en sus diferencias y similitudes. Los modelos de socialización masculinos y femeninos son todavía muy diferentes en nuestra cultura por actuales que creamos que somos. A las chicas se les enseña a ser sumisas, con originalidad y resistencia para realizar tareas y capacidad para comprender a los demás. Los hombrecitos son enseñados para que sean en el futuro atrevidos y seguros. Han de tener autoconfianza, agresividad e inteligencia para presentarse y persuadir. Son condiciones del mismo tipo de las que se piden en muchos puestos de trabajo. La mujer “dicha” por los medios puede resumirse en las siguientes afirmaciones (Gonzalez y Núñes, 2000)
23 23 1. Lo que dicen los medios sobre la mujer (y el género) es lo que son a efectos de la opinión pública. 2. Porque los medios consolidan socialmente temas, ideas, opiniones..., con mayor firmeza y profundidad que ningún otro agente social a través de cualquier procedimiento. 3. Un primer paso en el estudio y comprensión de la mujer en los medios es la determinación de la función social de éstos. 4. Y es que, desde un punto de vista positivo, podemos entender que ellos son el mejor exponente de lo que la sociedad manifiesta, siente, expresa en todas sus vertientes, respecto a estas cuestiones. 5. También (y esto es mucho más grave) de lo que se promueve ideológicamente. 6. Se “dicen” cosas que no se oyen o ven inmediatamente. La mujer no es solo dicha por elección, sino también por omisión. Porque se está diciendo mucho cuando se oculta y mucho cuando se insinúa. 7. La publicidad es un claro exponente de las posibilidades estratégicas del implícito y de lo que éste perfila y detalla sobre lo dicho o mostrado. 8. En general puede afirmarse que estamos lejos de un trato igualitario. En los medios, la mujer aparece habitualmente de forma arbitraria: bien por lo poco y lo mal que se muestra respecto al hombre; bien porque es utilizada como un “bien comunicativo” de comprobada efectividad. 9. Puede hablarse de una cierta “artificialidad” de la mujer en TV –son “dobles” de mujer (dos mundos, dos realidades que no siempre la audiencia sabe distinguir)- porque su apariencia física y psíquica dista mucho de los moldes establecidos. 10. El resultado es un distanciamiento más que ostensivo entre la imagen que dan los medios de la mujer y lo que sucede realmente en nuestros encuentros cotidianos.
24 24 11. La mujer en TV es: joven, guapa, delgada, sencilla y laboriosa. Los estereotipos son parte constitutiva de los medios en su relación con la sociedad, y su presencia en los medios en relación con la mujer no hace sino confirmar estas hipótesis. 12. Y nos falta una parte esencial de la mujer dicha; para que sea “dicha” tiene, necesariamente, que ser entendida y compartida. 1.5 El siglo XXI… ¿y ahora qué? Las mujeres estamos presentes en la sociedad desde que el ser humano existe, esto no hace falta ni decirlo, es algo evidente... sin embargo no está tan claro que esa presencia haya sido notable y visible y por ello reconocida. Es más, parece que entre las virtudes de una mujer estaba la de la discreción, el saber ser humilde, el pasar desapercibida. De ahí el fenómeno de la invisibilidad aún por encima de la presencia. Ambas igualmente reales y atribuibles a las mujeres a lo largo de mucho tiempo y a lo ancho de muchas circunstancias. Hoy ya no es así: si estamos, estamos, y hay que tomar conciencia de quienes somos las mujeres en la sociedad de hoy y de cómo nos presentamos a la vista de la opinión pública. En la sociedad actual, por lo tanto, aparece un nuevo e interesante matiz: las mujeres, presentes siempre pero prácticamente mudas e invisibles desde los tiempos más remotos, han decidido cambiar esa forma de presencia para hacerse ver y adquirir voz. Y en efecto, han comenzado a hablar y están diciendo muchas cosas. Las están diciendo con voz alta y clara y la sociedad las está oyendo. Su llamada es a todos, hombres y mujeres, mayores y pequeños, situados y marginados... y desde un "compromiso con el progreso de la humanidad y la defensa de los derechos humanos apostamos por la construcción de un mundo solidario y en paz".
25 25 Estas son la palabras iniciales del Nuevo Contrato Social mujeres-hombres redactado por la Federación de Mujeres Progresistas en 1999. Bellas palabras para bellas y realistas ideas que se plasman en tres propuestas tan simples como trascendentales: - Compartir las responsabilidades familiares, construyendo nuevos modelos de familia y promocionando otros estilos en lo que se refiere a la vida pública y privada y a la conciliación entre ambas. - Compartir el trabajo a base de repartir adecuada y equilibradamente el empleo, respetando la igualdad en el trato, en el salario y en las condiciones laborales. - Compartir el poder entendiendo que toda persona está preparada para la toma de decisiones y que así se podrán generar nuevas ideas y valores que nos lleven a una sociedad más justa. La formulación de este Nuevo Contrato Social despierta un mundo de reflexiones y de comentarios. Al hilo del estímulo extraordinario que puede representar para las mujeres y para la sociedad en su conjunto, van las siguientes líneas que son una aportación a los nuevos modelos de la mujeres en una nueva sociedad que, ciertamente se quiere más justa y mejor con la presencia activa y comprometida de todas sus mujeres y todos sus hombres. (Loscertales 2010). Se trata, en suma de poner en práctica modelos de conducta totalmente inéditos a consecuencia de los cuales están cambiando los roles de hombres y mujeres en sus ámbitos vitales de una forma diferente a cuanto se había conocido hasta ahora y al ritmo vertiginoso propio de los tiempos que corren. La visibilidad que se pretende, puede considerarse el resumen y espejo de todo este conjunto de aspiraciones. Y no se trata de un hecho aislado. Por todas partes, con mayor o menor firmeza la voz de las mujeres se oye y su presencia se hace notar. Desde los despachos del gobierno hasta puestos en las jerarquías eclesiásticas, hasta ahora inexpugnables (porque ya hay mujeres “Obispas”), las mujeres trabajan, actúan y ofrecen objetivos y estilos de trabajo propios y eficaces.
26 26 Estos impulsos han generado un amplio movimiento de cambio social y eso es lo más importante porque aunque se hable continuamente de lucha, una lectura decisiva del feminismo y de las actitudes de las mujeres más avanzadas y preocupadas por estos temas, es su carácter educativo: enseñar al mundo qué son realmente las mujeres y educarlo en la línea adecuada para que la paridad se produzca. Ese es el gran objetivo. Bibliografía Benito, A. (1990) Ecología de los M.C.M. Madrid: Eudema Burckhardt; (1990) La cultura italiana del Renacimiento, Madrid: EDAF. D. C. Schlenoff Investigación y Ciencia, nº 414, marzo 2011, pág. 96. Falcón, L. (1989) Cartas a una idiota española, Madrid: Vindicación Feminista Girand, (1971); Mitología general, Barcelona: Labor. Grimal, (1965); Diccionario de Mitología griega y romana; Barcelona, Paidós. Hawkes & Woolley, (1963), Historia de la Humanidad,(bajo el patrocinio de la UNESCO). Barcelona: Planeta. Ed. en español, 1977. Loscertales, F. (2010) Ser mujer hoy: la nueva imagen de una constante presencia (mi visión del feminismo) Sevilla: Secretariado de Pub. Universidad de Sevilla Marías, (1979); La mujer en el siglo XX, Madrid: Alianza. Rio, Pilar del (2011), Prólogo, en Mujeres de palabra, Almería: Diputación de Almería, Instituto de Estudios Almerienses. Steuding, (1925); Mitología griega y romana, Barcelona: Labor