Don José Romero Escassi
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DON JOSE ROMERO ESCASSI * por EDUARDO /BARRA HIDALGO No hace aún dos años y medio, el 23 de Mayo de 1993, resonaba en esta sala la pausada y bella voz del académico Don José Romero Escassi pronunciando su excelente y bellísimo discurso de ingreso en esta Real Corporación, que yo tuve el honor de contestar en nombre de la Academia. Hoy vuelvo a tomar la palabra con esa mi sma honrosa representación para recordarlo con motivo de su reciente fallecimiento. Pero quisiera que mi intervención en este acto en pleno mes de Noviembre llegara a un auditorio lleno de la misma alegría y esperanza con las que desarrolló el de aquel día luminoso del mes de Mayo, porque para los hombres de fé la vida se transforma, no se quita, y entre nosotros está el espíritu de José Romero Escassi, libre ya de las ataduras de aquella enfermedad que entonces ya minaba su robusta constitución, que tanto le hizo padecer, resueltas ya las dudas, las perplejidades que los misterios de la vida y de la muerte preocupaban a su clara inteligencia. Si, alegría y esperanza en el mes de Mayo y también en el mes de Noviembre, dos fechas que si son tan distintas para los que aún deambulamos por estos parajes, son la misma para el que por la misericordia de Dios gozará ya de la eternidad. * Intervenci ón de D. Eduardo Ybarra Hidalgo en la sesión Pública de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras en recuerdo de D. José Romero Es ccasi el 4 de Noviembre de 1994.
86 ED UA RDO YBARRA HIDA LGO ¿Qué ha de decir en este acto que no dijera en el de recepción de D. José Romero Escassi? El mismo me saca del apuro, porque examinando aquella mi in - tervención echo de menos en primer lugar una referencia a su humana personalidad en lo doméstico y otra referida a una más dete nid a consideración de su formación en las tan varias actividades, cien tífi - cas, artísticas y literarias, tan profundamente vividas y que voy a poner de manifiesto, desde un ángulo personal suyo, tan personal como unas notas manu sc ritas por él mismo. En la fa ceta de su humanidad, yo resaltaría las cualidades de D José Romero Esc<L<>si como amante padre, amoroso de sus hi jos. Las rel ac iones paterno filiales tantas veces desec ha s en los ti empos que corren, se mantuvieron no ya incolumes, sino extraordinariamente reforzadas a través de un a vida llena de las ci rcunstancias más diversas. Unido a sus hijos y a sus hijas supo mantener la unidad familiar. Bien puede recordarse con el salmista «son saetas en manos de un gue rrero los hijos de la juventud; dichoso el hombre que llena de ellas su alja - ba» , porq ue en la hora de la prueba, en la hora del dolor, ellos res pondieron co n esa co mp enetración con el padre para el que fueron auténticas saetas de su aljaba, al rodearlo siempre de car iño y cuidados. Tengo la suerte de tener tres folios escri to s de puño y letra de Don José Romero Escassi en los que hace referencia a su vida cien tífica literaria y artística desde su ju ventud, folios que conservo c omo inapreciable regalo de un amigo y que en parte me sirvieron para mi discurso de contestación al suyo de in greso. De forma sencilla, sin engolamientos, con un estilo direc to , cuenta su recorrido vi tal por esos tan variados campos. Junto a los hechos vividos, hace confesiones de su sentimientos de sus andas y perplejidades. Me parece que el me jor homenaje que puedo hacer en memoria de nuestro académico, para que a hí quede perennemente su recuerdo, es pura y sencillamente transcribirlos en su integridad. Su l ec tura s in comentarios ni interporlaciones es el mejor testimonio de esa polifacética, y para si mis mo exigente personalidad y de quien por último muy brevemente destacaré sus principales obras en las artes plásticas y literarias. * * * Empieza: «Han sido demasiadas las cosas que han atraído mi interés y mi curiosidad, para poder con mi s menguados medios abordarlas con provecho.
DON JOSE ROMERO ESCASS! 87 Hubiera deseado desdoblar mi personalidad y mi persona: dedica ndo una de ellas a corretear mundo como perro callejero y otra viviría en clausura permanente, laboriosa y contemplativa. Al término de mi vida me encuentro in satisfecho de no haber saciado mi curiosidad ni haber perserverado en mi vida profesional con mayor profundidad. Este estado de zozobra, ya se puso de manifiesto en mis años escolares. Mi único suspenso en bachiller, se debió a mi inoportuno descubrimiento de Bécquer en un mes de mayo quinceañero. Estudié medicina con interés pero no fuí alumno empollón; mi expediente recon-ió toda la escala de calificaciones según los alicientes que encontré en las distintas materias y en el talance de los profesores. Podría decirse que fuí alumno heterodoxo, si consideramos la rectitud ejemplar en la pumual asistencia a las clases y al cumplimiento del programa oficial. Debo proclamar mi recuerdo imborrable del malogrado profesor Rodrigo Sabalete muerto prematuramente en la explosión de Cádiz. El fue mi mejor profesor en la ciencia y en la conciencia profesional. Fuí alumno interno en su cátedra! de Patología Médica de Sevilla; esta ocupación se compaginaba con mí asistencia esporádica al laboratorio de Arte y a las clases impartidas por Don Francisco Murillo que me ilustró en el saber histórico del A11e con su oratoria decimonónica. Pero en aquellos tiempos la biblioteca de arte se queda parada al llegar al impresionismo francés. También asistía las lecciones de Jorge Guillén que mi iniciaron felizmente en la literatura contemporánea estableciéndose así una relación personal que nos reunía semanalmente en casa de un anciano señor que vivía muy cerca de esta casa de los Pinelo, en la calle de Segovias. Se llamaba nuestro anfitrión Don Timoteo Orbe, jubilado de la Casa Ybarra, era muy amigo de Unamuno de quien guardaba una larga correspondencia. Este señor era un gran melómano y nos confeccionaba en la s tarde del domingo unos programas musicales que después comentábamos en el pequeño cenáculo que nos reunía. Así se inició mi experiencia musical junto con los conciertos de la Bélica de Cámara que dirigía Ernesto Halfter de quien fuí amigo tiempos después.
88 EDUARDO YBARRA HIDALGO Al filo de nuestra guerra civil mi dilema es taba en encontrar mi camino entre d os disciplinas de dedicación tan opuesta: la medicina me exigía permanecer radicado en mi sitio de trabajo y eso era incompatible con mis ansias de conocer mundo. El arte me ofrecía mas alicientes en ese punto, pero me faltaba formación y por supuesto el arte moderno era cosa aborrecida en estas latitudes. Fueron los de mi generación precedente del Grupo mediodía, quienes me estimularon con su amistad y sus saberes: Eduardo Llo - sent, Adriano del Valle, Joaquín Romero, Juan Sierra y Pablo Sebastián. Pero mi gran fortuna fue el encuentro con Pepe Caballero ya iniciado nuestro conflicto guerrero. Discípulo de Vázquez Díaz, que era a su vez mi mayor admiración, fue quien me alentó con un entusi as - mo y una cordialidad incomparable que decidieron mi dedicación al arte. Mi salto a Madrid pasando por Burgos en los últimos meses de nuestra guerra me permitieron entrar en las amistades para mí mas valiosas y duraderas: Ridruejo, Lain, Rosales, Vivanco, etc. Mis primeras obras fueron principalmente como ilustrador de poetas. Mi confirmación la hizo Eugenio D'Ors en su Academia Breve de Crítica de Arte donde fui presentado por Aznar. Vázquez Díaz fue mi norte en pintura aunque ya mi gran admiración se dirigía hacia Piscasso que se nos aparecía en un Olimpo inaccesible. Fue para mi un milagro ser recibido con tanta cordialidad algunos años después en París. Hice alguna in cursión en la escultura con el maestro Angel Ferrant». Así pone fin a las notas. * * * ¿Como empleó Romero Escas si esas sus cualidades en el arte y en la literatura? Debemos añadir a esas notas que terminó la licenciatura de Medicina en Madrid y que poste1iormente y hecha también la licenciat ur a en Bellas Artes, obtuvo la plaza de Catedrático numerario de Anatomía Artística en la Escuela, después Fa cultad de Bellas Artes de la Universidad Hispalense. Pero con independencia de su labor pedagógica, plasmó su arte en dos direcciones: un a la ilustración de libros y otra en obras de gran envergardura en edificios públicos.
DON JOSE ROMERO ESCASSI 89 En el primer aparta do señalaremos que ilustró las obras literarias y poéticas de los escritores más significados de la época: -» Los Angeles de Compostel a» de Gerardo Diego. -» Retablo Sacro del Nacimiento del Señor» de Luis Rosales. -»A nt ología Poética 1993-1948" de Agus tín de Foxa. -» Juegos de Agua» de Dulce María Loymaz. -» La doncella y el río» de Dionisio Ridruejo. - »Tierra y Canción» de Joaquín Romero Murube. -» Cuaderno de Soria» de Gaspar Gómez de la Serna. -»Moguer» de Juan Ramón Jiménez. -» Centro de Lu z» de Miguel Hernández. -» La Muert e» (ensayos) de Scbas ti án García Díaz. En el otro aspecto son suyas: -La pintura mural del Salón de Actos del Colegio Español de París. En el edificio NO-DO de Madrid. En el edificio central de la Lotería Nacional de Madri d. En la Casa Shering, S.A. de Madrid. Mosaico en el Frontón de la Universidad Laboral de Córdoba y en el edificio central del Banco Hispano Americano de Sevill a. Vidriera s: Univer si dad laboral de Córdoba. -Iglesia de los Sagrados Corazon es de Sevilla. -Banco Andalucía de Sevilla. -Colegio de las M.M. Irlandesas de Sev ill a. Esta dedicación a las artes plá sticas, no fue obstáculo para continuar su actividad literaria, sobre temas artísticos o biográficos sobre artistas, entre los que destacan sendas monografías: «El dibujo Español Contemporáneo» y «El Grabado Español Contemporáneo» ambas publi ca da s por la Dir ección General de Bellas Artes. En la colección «Ar ti stas Españoles contemporáneos» publi có la biografía de An ge l Ferrant, un o de los mejores escultores de la p ri - mera mitad de nu estro siglo, a qu ie n mu cho conocía por haber sido su di scípulo. Un estudio sobre el universal Pablo Rui z Pi casso, titulado «Picasso en persona», publicado por la «Revista de O cc idente». Es i nt eresa nt e co mprobar como empiezo a co no cer la obra del artista malagueño, en un a sesión del Ateneo de Sevilla de 19 35. Desde entonces estudió su s obr as distinguiéndolo el pintor como a su mejor a mi go «sevillano» (Quizas el ún ico).
90 EDUARDO YBARRA HIDALGO Su último escrito no creo fuera otro que el bellísimo discurso de ingreso en esta Academia, que tituló «Lenguaje Visual». Nos decía, en respuesta y conclusión final al problema plantea - do sobre cual sería la mejor forma para manifestar nuestros pen samientos, como traducir en arte los fenómenos psíquicos que el impulso artístico se manifiesta en sus orígenes con franca superioridad sobre la actividad intelectual coherente y mientras el arte adquiere toda la grandeza que podemos constatar en todo su recorrido histórico, el razonamiento estético propiamente dicho, ha quedado rezagado sin apenas sobrepas ar los rudimientos. De todas las ciencias del espíritu, ha sido seguramente la estética, la de desarrollo más despacioso y problemático y añade -y lo transcribo porque es digno de escucharlo por sus propias palabras por lo que de trascendente tienen para su final que tan cerca acechaba- «el arte no da contestaciones absolutas; da significados que no anulan otras significaciones posibles, ele aquí las grandes diferencias que vemos entre unas y otras formas de representación. Por igual condicionamiento el arte no alcanza la totalidad de la realidad presente y hasta el arte más detallista y meticuloso no pasa de ser una sí ntesis parcial un conocimiento fragmentado de la gran complejidad que nos rodea. Tampoco la ciencia alcanzará nunca el saber total de lo que se propone; siempre quedará una cara oculta. Y en la frontera de ese incierto panorama donde se debate nuestro vivir entre dos luces, unas sentidas y otras presentidas, o deseadas, en tanto que la totalidad de la realidad nos sobrepasa». Con ese planteamiento el que José Romero Escassi deja clara la limitación humana, que si la considera en relación con la imposibilidad de obtener la verdad total y completa, en el arte y en la ciencia, ello es extensivo a los demás problemas de la existencia y por ello es digno de consignar el acto de fe con el que terminaba su discurso: «Verlo todo en acto único, de una sola vez, es el atributo que la teología reconoce en el Ser Supremo». Y José Romero Escassi después de un largo sufrimiento corporal y espiritual llevados con ejemplar talante, tuvo la dicha de poner en las manos de ese Ser Supremo, de Dios, sus perplejidades, sus dudas, ante los incomprensibles misterios -fuera de la fe- , de la vida, y de la muerte. Por eso en definitiva el acto que celebramos es de alegría y de esperanza.