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¿Por qué elegimos ser profesores?

Sánchez Lissen, Encarnación

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Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 1 ¿POR QUÉ ELEGIMOS SER PROFESORES? Dra. Encarnación Sánchez Lissen Universidad de Sevilla [email protected] Hace unas semanas, mientras preparaba los contenidos para este artículo, uno de los periódicos del día me sorprendió con el siguiente titular: “Los sindicatos aducen que ser docente hoy puede ser una profesión de alto riesgo” (ABC, 13-5-2009). Pues bien, posiblemente no les extrañe excesivamente este argumento ya que casi a diario se asoman a los medios de comunicación noticias relacionadas con el malestar de los docentes. Muchas de ellas hacen referencia a las situaciones de riesgo que vive habitualmente este colectivo o bien a los conflictos que se generan en el día a día de la vida escolar y que tanto enturbian las relaciones entre padres, docentes y alumnos. Sin dejar de ser realista en torno a este tema, el titular no me parece irremediable pero como poco, sí es preocupante. A la vista del mismo y en aras de escribir ese artículo, el enunciado anterior me llevó a preguntarme cuáles pueden ser los motivos por los que una persona elige acceder a la enseñanza y hacer de ella su profesión, aun a riesgo de verse envuelto en episodios de este tipo. Todas esas experiencias negativas, que no son nada alentadoras para alguien que desea ser maestro, pueden empañar las ilusiones de muchos aspirantes por pertenecer a esta profesión. Quizás y a pesar de los inconvenientes, los que ya forman parte de ella han descubierto motivos suficientes para seguir apostando por la misma, pero también los han de encontrar aquellos que aún están por llegar. Indiscutiblemente y a pesar de los problemas que rodean la enseñanza, algo debe tener esta carrera para despertar en muchos de sus demandantes un gran interés, una enorme pasión por la misma y un deseo definitivo de ejercer como docente. Lo intentaremos descubrir a lo largo de este artículo. La motivación del docente: más que un motivo para ser profesor Los que nos encontramos inmersos en la enseñanza sabemos que la motivación surge de la propia tarea docente, pero también subyace en el espíritu de aquél que la ejerce. En cualquier caso, ambas alternativas pueden y deben coexistir. Tal como hemos apuntado, aunque la profesión tiene algunos momentos desapacibles o poco atractivos, sin embargo, creo que prevalecen los motivos más amables, sobre todo cuando el centro de la actividad son los propios estudiantes y comprobamos como crecen en lo personal y en lo académico, en el pensamiento y también en los sentimientos. Ya sabemos que los resultados de la educación no se suelen percibir a corto plazo sino que es necesario dejar pasar el tiempo para comprobar sus consecuencias, una circunstancia que a veces quiebra las ilusiones por Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 2 la tarea, pero a pesar de ello, existen motivos de regocijo. Pero también la motivación puede estar en el docente, en el profesional implicado y concienciado hacia la enseñanza, que pone en el ejercicio de su profesión toda la ilusión, esfuerzo y tiempo. En cualquier caso, ya lo decía antes, si ambos coinciden, el éxito y la calidad están asegurados. Probablemente todo ello tenga sentido si convenimos en afirmar que “enseñar es estar lleno de esperanza”. Esta reflexión que suscribo, la sugiere Larry Cuban en el prólogo del libro de David T. Hansen “Llamados a enseñar” (2001, 9) y que nos hace pensar en un doble objetivo: por un lado, en la filosofía que entraña la propia actividad y por otro, en lo importante que es la dimensión personal del docente. A pesar de encontrar muchas vicisitudes que enturbian una fascinante labor como es la docencia, y que llevan a exasperar y a impacientar a los propios enseñantes, sin embargo y a pesar de todo, suele prevalecer entre ellos un sentido de esperanza. En cualquiera de los momentos –ya dulces, ya agriosde esta profesión y desde lo más íntimo impera el deseo de seguir adelante. Las estadísticas universitarias nos demuestran que año tras año, las Escuelas de Magisterio cubren por lo general todas sus plazas. La carrera entusiasma a los jóvenes que terminan el bachillerato e incluso a muchos adultos que, ejerciendo ya otra profesión, aspiran algún día a dedicarse a la enseñanza. Varios estudios han analizado pormenorizadamente en nuestro país, cuáles son los factores que influyen en la elección de la carrera docente (Rosa Acosta, B., 1969; Ortega, F. y Varela, J., 1985; González Sanmamed, M., 1995; Sánchez Lissen, E., 2002, entre otros) y en general, encontramos dos grupos de resultados: el primero, los que buscan su satisfacción en los factores externos y el segundo, aquellos que encuentran en las motivaciones internas, el principal refuerzo para la elección de esta carrera. En cualquier caso, dado que la enseñanza ha estado ancestralmente vinculada al valor de la vocación, es bastante habitual reconocer que es éste y no otro, el motivo principal que estimula a los aspirantes a maestro; sin embargo, se trata de un testimonio que conviene matizar ya que los datos que nos aportan estas investigaciones coinciden en reconocer que coexisten junto a la vocación otros factores como: el salario, el tratarse de una carrera corta o el número de vacaciones de las que disfruta un docente. Cada uno, aunque en distinta medida, han sido identificados entre los factores más destacados e influyentes en el proceso de elección de una carrera. Todos ellos son motivaciones –posiblemente ni suficientes ni necesariaspero motivos al fin y al cabo, que les llevan a inclinarse por esta carrera y por esta profesión. Sin embargo, de la motivación a la desmotivación sólo hay un paso en la carrera docente. El profesor Jurjo Torres en su libro: “La desmotivación del profesorado” (2006) expone las razones de esa desmotivación asociada a 18 factores; éstos son: Incomprensión de las finalidades de los sistemas educativos, formación inicial muy deficitaria, pobreza de Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 3 las políticas de actualización del profesorado, concepción tecnocrática del trabajo docente, un currículo obligatorio sobrecargado de contenidos, una Administración del Sistema Educativo burocratizante, falta de servicios de apoyo y de una inspección escolar, ausencia de una cultura democrática en los centros escolares, problemas de comunicación con el alumnado, dificultades para relacionarse con las familias, el profesorado como único responsable de la calidad de la educación, ambiente social de escepticismo y banalización, políticas de mercantilización y privatización, falta de incentivos al profesorado más innovador, una continua ampliación de las funciones encomendadas a la educación y finalmente, mayor visibilidad de los efectos del trabajo del profesorado. Todas ellas son reveladoras de las dificultades que conciernen a la docencia y la necesidad de cambios que lleva aparejada, aunque con algunos estaremos más de acuerdo que con otros. En cualquier caso, la pasión y la desmotivación colman esta profesión. Para argumentar lo primero bastará con vivirla desde el interior, desde la motivación interna ya que desde ella se obtiene una recompensa personal y profesional, que será a la vez un logro para la propia profesión. Para reconocer lo segundo sólo hace falta echar un vistazo a todos esos factores citados anteriormente que interfieren negativamente en el desarrollo de la actividad docente. Sobresalen entre ellos, aquellos que están relacionados con aspectos externos e internos de la profesión, con los procesos educativos y con los agentes implicados en la acción. Los profesores Bazarra, Casanova y García Ugarte (2004) advierten que entre las cosas que más apasiona al profesor se encuentra: el emprender nuevos caminos, los obstáculos como retos, el percibir y sentir que aprenden, las respuestas de los niños o sus miradas y sus sonrisas. Todos estos indicadores son motivos suficientes y necesarios para seguir confiando y apostando por la enseñanza. Por otra parte, el Informe de la OCDE del año 2005 registró un descenso considerable en el número de profesores en toda Europa y en él se señalaba, “que cada vez existen menos vocaciones, que la profesión envejece y que no somos capaces de generar nuevos candidatos”. Pues bien, hablando de motivaciones, cabe reconocer que la vocación no es baladí aunque su presencia sea muy distinta entre unos y otros docentes e incluso en un momento y otro de la historia de esta profesión. La vocación: un motivo decisivo entre los factores internos. Por lo general, la vocación siempre ha tenido un lugar muy destacado en el ámbito de la enseñanza y aunque tradicionalmente ha estado vinculada con un sentimiento religioso o con la inspiración a algún estado concreto; sin embargo, también hace referencia a la Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 4 inclinación que manifiesta un individuo hacia una profesión o por una carrera concreta. Aunque a veces parecía que la vocación y la profesión iban por caminos distintos, sin embargo ambos términos no son excluyentes sino más bien complementarios y de hecho, la práctica docente gozará de mayores éxitos si se combinan ambos de una manera equilibrada. Ciertamente, no nos parece fácil medir cuantitativamente la vocación de cada uno, ya que se trata de un término ante el que no cabe tan sólo la posibilidad de responder sí o no; la vocación es un concepto que necesita analizarse a través de distintos indicadores, de valorar su intensidad desde su proximidad con otros elementos o desde la racionalidad versus idealización del mismo. Desde el ámbito de la psicología, lo vocacional es para el profesor Rivas (1990, 26): "Un proceso psicológico cognitivo-comportamental gradual que lleva al individuo a la socialización de la vida adulta plena, realizable a través del empleo del tiempo útil o productivo, y desarrollado a lo largo de la vida en el mundo laboral u ocupacional". Desde otra perspectiva, los profesores González Blasco y González Anleo (1993, 75) han verificado el valor que tiene la vocación en las tareas docentes y el lugar que ocupa, al considerarla: "el motivo más importante para dedicarse a la enseñanza, junto a otras razones como el humanismo de la profesión o la facilidad y conveniencia de la carrera de profesor". Asimismo, la elección vocacional es una dimensión íntimamente vinculada a la elección profesional. Esta tarea está asociada a distintos momentos de nuestra vida, así como a distintas edades. En cada caso, las razones que la determinan son muy diversas y están supeditadas a circunstancias sociales, personales, culturales y económicas, entre otras, que influyen en dicha decisión. Ante ello, el "concepto" que tiene cada uno de sí mismo es un factor significativo en el proceso de elección y realmente, muchas de las "indecisiones vocacionales" que se originan se han suscitado por la falta de confianza en uno mismo, o bien, por mostrarse incompetente para asumir una serie de roles de cara a su familia o a la sociedad. En cualquier caso, entendemos que la orientación vocacional es prioritaria en ésta y en otras carreras y de hecho, será fundamental que dicha orientación pueda estar coordinada con cada sujeto, adecuándose a ellos, a sus condiciones y también a su propio sistema de valores que ayude a optimizar sus propias señas de identidad. Desde nuestro punto de vista, el proceso vocacional de la docencia conjuga tres grandes momentos: uno pre-vocacional, otro peri-vocacional y finalmente, otro vocacional propiamente dicho. Los tres suelen estar presente en la vida de cualquier persona que se acerca a esta profesión, aunque para algunos haya estado de manera latente. El primer momento, el pre-vocacional, nos sugiere una etapa de descubrimiento, de análisis y de acercamiento a algunas de sus funciones previas a la entrada en la universidad. Este Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 5 momento ha sido calificado por Guerrero Serón (1993) como un periodo de “vocación temprana”, incluyendo en el mismo a las clases particulares y a la experiencia que se desarrolla junto a ésta. En realidad, se trata de una actividad con varias interpretaciones ya que unos tratan de confirmar con este “entrenamiento” su propio entusiasmo por la enseñanza y otros quieren obtener, principalmente a través de ella, algún beneficio económico. Estas dos situaciones, muy lícitas por otra parte, pueden llegar a confundir al futuro enseñante sobre su verdadera función, sus tareas y la importancia que tiene el ejercicio de esta profesión. No obstante, esta facilidad para ejercer dicha actividad –sin ser maestrodicen algunos que ha devaluado tremendamente la labor docente. Sin embargo, también ha podido entusiasmar a otros y descubrir en él un oficio atractivo. El segundo momento, el peri-vocacional, surge o se afianza a lo largo de la formación inicial, es decir, en las Escuelas de Magisterio que también tienen en su haber, el fortalecimiento del sentido vocacional del sujeto. Se trata de un momento de análisis y de comprensión de las tareas docentes y de su identificación con las mismas. Finalmente, cuando el graduado accede al ejercicio de su profesión y lo incorpora a su vida diaria, es cuando más explícitamente está manifestando un sentimiento vocacional hacia la docencia. Por ello, sería más idóneo hablar de “interés profesional”, de “ilusión profesional” o incluso de “aspiración”, que de vocación. Como podemos comprobar, el tiempo es una característica que condiciona el primer momento y el último pero además, a lo largo de todo el proceso sobresale la maduración por parte de la persona, por su acercamiento a la carrera y posteriormente a la profesión; circunstancias todas ellas que a veces llegan a enfatizar o a disuadir el interés por la misma. Durante este proceso de formación podemos vislumbrar tres modelos de vocación que Ferrero (1994) califica de la siguiente manera: - Vocación subjetiva: si el sujeto siente atractivo por una actividad, pero carece de cualidades para ella. - Vocación objetiva: posee esas cualidades, pero no el atractivo hacia ella. - Vocación auténtica: si además de sentir atractivo por la actividad, tiene las cualidades suficientes para ello. Ciertamente, lo ideal sería la vocación auténtica, lo que supondría que la persona logra sintonizar lo atractivo de la actividad con la formación de aptitudes personales hacia la misma. Pues bien, en este caso, debemos ayudar al alumno a despertar sus cualidades, a optimizar sus posibilidades y además, insistir en los aprendizajes que son necesarios para el desarrollo personal y profesional del futuro docente. Está claro, la vocación no será un valor suficiente, pero sí es necesario en éste como en tantos otros ámbitos profesionales. Si el docente ejerce su profesión con una formación sólida, ello estabiliza el propio ejercicio profesional pero además, si la formación va Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 6 acompañada de vocación, lo estimula y lo fortalece. Despertar la vocación, o en su caso descubrirla será un buen reto para cualquier enseñante. Otros motivos para ser docente Además de la vocación, debemos reconocer que existen otros motivos que dirigen la elección de la carrera docente. Concretamente, en los últimos Informes Nacionales e Internacionales publicados en torno al profesorado, encontramos un amplio número de factores relacionados con el deseo que tienen los aspirantes para acceder a esta carrera. Entre ellos, los más reveladores y significativos son los siguientes: el salario, las vacaciones, la duración de la carrera, los exiguos requisitos para el acceso a esta formación y por supuesto, también la vocación. La mayoría de ellos los podemos catalogar como mitos en la elección de la carrera docente aunque bien es cierto que frente a los mitos debemos reconocer que la realidad ha marcado diferencias con algunos de estos factores. De todos, el más destacado es el factor referido a la brevedad de la carrera, algo que como sabrán cambiará en los próximos años debido al llamado Plan Bolonia, o Espacio Europeo de Enseñanza Superior que se propone convertir los actuales estudios universitarios (diplomaturas y licenciaturas) en títulos de grado de 4 años. Ciertamente el Magisterio se beneficiará de este cambio, algo tan reclamado durante tanto tiempo. Tradicionalmente, la condición de ser una carrera corta, era aprovechada por muchos estudiantes como trampolín para acceder a otra carrera de segundo ciclo o bien, para trabajar de manera inmediata. Y en relación al sueldo de los docentes cabe señalar que los datos facilitados en el estudio de la OCDE del año 2005, calificaba de muy favorables los sueldos de los docentes de Alemania y Luxemburgo y de muy deficientes los de Irlanda o Suecia. Asimismo se indica que el sueldo de los docentes españoles se encuentra por encima de la media de los países miembros de la OCDE y que, por lo general, se consideran bien pagados. No sé si todos los profesores que lean este artículo estarán de acuerdo o no, pero quizás haya que tener en cuenta que esas cifras no recogen el tiempo de dedicación y la diversidad de tareas a las que tiene que atender. En cualquier caso, aun contando con un sueldo muy aceptable, la diferencia que mantiene con países como Alemania, Dinamarca o Finlandia es bastante significativa dado que en este último caso, el importe total puede ascender a 3400 €. Ciertamente, si nos detenemos en el sueldo y en las horas de trabajo llevadas a cabo por los docentes, podemos sospechar que no siempre existe una relación directa para todos los profesionales entre el tiempo de dedicación y el sueldo recibido; ni siquiera la consideración tampoco es igual en todos los países. No sé hasta qué punto este factor puede llegar a ser decisivo en la elección de esta profesión, aunque hay que reconocer que Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 7 en la enseñanza todos los profesionales desarrollan una labor en la sombra que no siempre está considerada; ya saben que hay que corregir trabajos, hay que reunirse con los profesores, con los padres o con los alumnos incluso fuera del horario, o hay que preparar las clases, entre otras muchas tareas. Sin embargo, los estudios demuestran que la calidad de la enseñanza no es directamente proporcional al número de horas de ejercicio de la misma. A priori podríamos pensar que aumentando las horas de clase, mejoraríamos los resultados y sin embargo, esto no siempre es así ya que esa calidad también está en consonancia con las tareas “no visibles” que realiza el docente fuera del horario establecido; son tareas de formación, de preparación o de comunicación, entre otras muchas. De hecho, los países con una mejor evaluación en la escala del Informe PISA, son los que tienen menor número de horas de enseñanza por año. El Informe de la OCDE de 2005 señala que el número de horas lectivas que tiene un alumno desde los 7 a los 15 años en España es de 7731, mientras que en Finlandia es tan sólo de 6126; es decir, que los estudiantes del país que encabeza los resultados del Informe PISA entre el 2000 al 2006 tienen unas 1600 horas menos de clase que en nuestro país. Por tanto, parece más significativo para lograr una evaluación positiva, tener un mayor número de días lectivos en el curso, que un mayor número de horas al año. Posiblemente, si los resultados generales mejoraran, crecería aún más el atractivo por esta profesión así como su consideración social; una circunstancia que engancharía a nuevos docentes. La condición social del maestro: un reto para transformar la profesión. Es muy habitual reconocer que la docencia es una profesión valiosa, sin embargo no siempre ha sido valorada justamente. Es ésta una circunstancia en la que influye su consideración social y que en muchos casos, incide en los jóvenes para su elección. Quizás todos participamos de este escaso reconocimiento y todos tenemos un poco de culpa; tanto los que dirigen y tienen capacidad de decisión política, por no reconocer el valor de esta práctica, como los propios docentes por no defender con más empeño o favorecer nuestra propia tarea. A nivel internacional, un estudio de Eurydice llevado a cabo en el año 2004, recogía una amplia muestra sobre las consideraciones que la opinión pública tiene de los docentes, lo que dice de ellos, así como lo que la sociedad declara al respecto. Básicamente, el estudio señala que la profesión docente goza de mejor imagen de lo que el profesorado piensa. En cualquier caso, es ésta una cuestión en la que no nos debemos relajar y habrá que procurar que nuestra profesión se mantenga viva y alcance la categoría que se merece. Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 8 Curiosamente, los buenos resultados obtenidos por Finlandia en los Informes PISA de los años 2000, 2003 y 2006 han llevado a los expertos a estudiar cuáles son los elementos que justifican esos excelentes datos. En este sentido, convergen en reconocer que buena parte de su secreto está en la popularidad –bien entendidade la carrera docente y de manera especial, en el prestigio social del maestro. En nuestro país, aún queda bastante por hacer sobre este tema. Para lograrlo habrá que anteponer varios factores afines a la calidad y que están relacionados con aspectos como: la formación, la autoconfianza (Serrano, Lera y Contreras, 2007), la equidad y la eficiencia. Los nuevos planes de estudio que impulsa el Espacio Europeo de Enseñanza Superior deben ser sugerentes en este sentido y deben arbitrar las estrategias necesarias para alcanzar un mayor éxito en la consideración de la carrera y de la profesión. Y otro factor de peso para esta valoración social del profesorado es el salario, que sin ser definitivo, es un elemento sugerente y significativo en todas las profesiones. Por tanto, aumentar la consideración social de esta profesión es un reto y para ello, no olvidemos que se siguen necesitando profesores bien formados, con ilusiones y con ganas de trabajar. Esto será un valor incontrovertible para lograr mejores resultados en la enseñanza y para seguir contagiando a otros candidatos hacia esta profesión. BIBLIOGRAFÍA: Bazarra, L.; Casanova, O. y García Ugarte, J. (2004): Ser profesor y dirigir profesores en tiempos de cambio. Madrid: Narcea. Esteve, J.M. (2003): La tercera revolución educativa. Barcelona: Paidós. 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Revista Diálogo Familia Colegio (2009). 281, 23-30 9 Melgarejo Draper, J. (2006): La selección y formación del profesorado: clave para comprender el excelente nivel de competencia lectora de los alumnos finlandeses. Revista de Educación. Nº extraordinario, pp. 237-262. OECD (2005): Education at a glance 2005. París: OECD. Rivas Martínez, F. (1990): La elección de estudios universitarios. Madrid: Consejo de Universidades, Secretaría General. Sánchez Lissen, E. (2003): La vocación entre los aspirantes a maestro. Educación XX1; nº 6; pp. 203-222. Serrano, J.A.; Lera, A. y Contreras, O. (2007): Maestros generalistas vs especialistas: claves y discrepancias en la reforma de la formación inicial de los maestros de primaria. Revista de Educación, nº. 344, septiembre-diciembre; pp. 533-555. Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia. Instituto de Evaluación. Torres Santomé, J. (2006): La desmotivación del profesorado. Madrid: Morata. UNESCO (2004): Educación para todos. El imperativo de la calidad. Resumen. Informe de Seguimiento de la EPT en el mundo. París: UNESCO. http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001373/137334s.pdf FRASES: Los docentes que ya forman parte de esta profesión han descubierto motivos suficientes para seguir apostando por la enseñanza, pero también los han de encontrar aquellos que aún están por llegar. Si el docente ejerce su profesión con una formación sólida, ello estabiliza el propio ejercicio profesional pero además, si la formación va acompañada de vocación, lo estimula y lo fortalece. Despertar la vocación, o en su caso descubrirla será un buen reto para cualquier enseñante. La docencia es una profesión valiosa, sin embargo no siempre ha sido valorada justamente. PREGUNTAS: ¿Cuál fue el motivo principal para dedicarse a la enseñanza? ¿Qué lugar ocupa la vocación en el día a día de su actividad docente? ¿Qué valores piensa que debe tener un profesor, una profesora, para dedicarse a la enseñanza? ¿Qué mejoraría de esta profesión? ¿Qué aspectos no deberían cambiar?